¿EXISTEN REALMENTE TESTIGOS DE JEHOVÁ Y DE CRISTO EN ESTE SIGLO XXI?

 

Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

 UNA SERIA REFLEXIÓN

Los llamados “Testigos de Jehová” se basan en Isaías 43:10-12 para decir que su denominación es la bíblica y verdadera, la única organización de Jehová. Ahora resulta que también han incluido en su denominación el nombre de Cristo, pues también dicen dar testimonio de Cristo (Hechos 1:8).  No obstante, al examinar éstos y otros pasajes que hablan de dar testimonio, o de ser testigos de algo o de alguien, siempre se refieren a testigos presenciales, a personas que ven u oyen por sí mismas, cosas y hechos transcendentales. Obviamente no se puede ser un “testigo” de algo que uno no ha visto y/u oído directamente con sus propios sentidos. Un juez no aceptaría el testimonio de personas que no han sido verdaderamente testigos presenciales de algún hecho crucial o vital. Definitivamente un juez no aceptaría que alguien le diga: “Señor juez, a mi me contaron por allí que tal persona es el asesino”. Este testimonio es inválido, y de poco peso. Habladurías y chismes no tienen mucho valor, sólo lo que se ve y se oye personalmente o de primera mano. El verdadero testigo es aquel que dice:”Señor juez, yo vi a fulano de tal asesinar al occiso con un puñal a las doce de las noche.”  

Si yo digo que hace más de 500 años Cristóbal Colón llegó a América, eso no me hace a mí un “testigo” de ese hecho histórico. Simplemente estoy repitiendo un hecho histórico que otros sí lo vieron personalmente como testigos presenciales. Yo puedo decir y creer que Cristo nació en Belén, que murió en la cruz, y que resucitó al tercer día, pero eso no me hace a mí un testigo de esos hechos. Los testigos verdaderos de Dios y de Cristo fueron aquellos que vieron directamente con sus ojos los hechos que ahora son historia. Allí tenemos a los hebreos que estuvieron presentes en el Sinaí y que vieron los portentos en la dación de la ley, a los apóstoles y demás discípulos del Señor que nos han legado su testimonio escrito de lo que vieron y oyeron de nuestro Señor.  Léase por ejemplo 1 Pedro 5:1. Aquí Pedro dice ser TESTIGO de los padecimientos de Cristo, pues él los vio con sus propios ojos. Y en Lucas 24:46-48 se nos dice que los discípulos fueron testigos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo–¿por qué?—¡Porque ellos lo vieron directamente sin que nadie se los contara! De este modo los Evangelios Sinópticos se convierten en excelentes testimonios escritos de los testigos presenciales de la vida y obra de Jesús, así como también lo son las cartas y epístolas de los apóstoles en general.

Igual ocurre con Isaías 43:10,12. Aquí el pueblo hebreo fue testigo de eventos espectaculares en los cuales Dios intervino directamente en contra o a favor de su pueblo, y en los cuales el pueblo vio u oyó la intervención divina de primera mano. El pueblo fue testigo presencial de las maravillas de Dios en Egipto, las plagas, el castigo de las soldados de Faraón, la división del mar rojo, la bajada del maná celestial, la roca que brotaba agua, la serpiente sanadora de bronce, la voz de Dios en el Sinaí, la entrega de las tablas de la ley, la conquista de Jericó, etc. Esos hombres, que fueron testigos presenciales de los hechos maravillosos de Dios, se convirtieron en testigos de Jehová para sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, etc. Y otro hecho indiscutible es que jamás en el Nuevo Testamento se menciona que tenemos que ser “Testigos de Jehová”. Y esto no es sorprendente, pues en el Nuevo Testamento Dios ya no habla por sus mensajeros angélicos, sino por el Hijo (Hebreos 1:1,2). Sí, Jesús se ha convertido en el  Testigo de Jehová por excelencia, pues él conoció bien a Su Padre y tuvo una comunión personal con Él.  Su testimonio era de primera mano y de gran peso y valor. Aun los apóstoles fueron testigos de cómo Dios resucitó a Su Hijo, de modo que en este aspecto ellos fueron testigos de la obra y milagros del Dios Padre en la persona de Su Hijo (1 Corintios 15:15). Pero todo este testimonio acabó con los apóstoles. Hoy todos vivimos por fe, y no por vista (2 Corintios 5:7).

Nosotros, como cristianos, no estamos en condiciones de afirmar que somos “testigos de Jehová ni  de Cristo”. Pero tenemos, gracias a Dios, el testimonio de los testigos presenciales que nos aseguran que lo ocurrido realmente sucedió, y que no fue una invención o mito. Ellos nos dejaron su testimonio escrito en las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos. De allí el valor de la Santa Biblia. Sin ella hubiéramos estado en tinieblas.  Por eso, en nuestra predicación siempre recurrimos al testimonio de los apóstoles, que son las doce columnas de la iglesia, y que se han convertido en testigos por excelencia de los hechos que nosotros creemos por fe y no por vista. Igual sucede con el Antiguo Testamento, cuando queremos enseñar sobre los hechos históricos del pasado, recurrimos a los testigos bíblicos. Ellos son los profetas y sacerdotes, personajes éstos que trataron con Dios personalmente y dejaron su testimonio escrito.  Por todo esto nos preguntamos con toda la razón del mundo: ¿Son Realmente los “Testigos”: “Testigos de Jehová y de Cristo”?¿Puede usted realmente llegar a ser un “Testigo de Jehová y de Cristo”? ¡Piénselo!

Más sobre los Testigos de Jehová en:

www.elevangeliodelreino.org

Escribe un comentario

Tu email nunca será publicado o compartido. Los campos requeridos están marcados con *

*
*