El Dubitativo Tomás y su entusiasta Exclamación
Por Sir Anthony F. Buzzard (Unitario)
Pero, ¿qué del dubitativo Tomás? Cuando este ex-escéptico exclamó al resucitado Jesús, “Mi Señor y mi Dios” (Juan 20:28), ¿tuvo él, en una simple frase, y delante de sus compañeros (como admiten los Trinitarios) alguna idea de la Deidad de Jesús, y de fundar una teología que hiciera a Jesús parte de una Trinidad y por tanto “Dios verdadero de Dios verdadero,” junto a los lineamientos de las fórmulas de Nicea y Calcedonia?¿Declaró él que Jesús era parte de una Deidad de dos personas como otros afirman. A pesar de la clara aplicación de Tomás del término “Dios” a Jesús en Juan 20:28, el bien conocido teólogo Emil Brunner hace la siguiente observación significativa:
La historia de la teología y del dogma Cristiano nos enseña a considerar el dogma de la Trinidad como el elemento distintivo en la idea Cristiana de Dios…Por otro lado debemos admitir honestamente que la doctrina de la Trinidad no formó parte de los Cristianos primitivos del Nuevo Testamento…nunca fue la intención de los testigos originales de Cristo en el Nuevo Testamento establecer ante nosotros el problema intelectual— aquel de tres personas divinas—y luego decirnos que adoremos en silencio este misterio de tres en uno. No hay huella de semejante idea en el Nuevo Testamento. Este “mysterium logicum,” el hecho de que Dios es tres y aún uno, se encuentra totalmente fuera del mensaje de la Biblia. Es un misterio que la iglesia coloca delante del fiel en su teología…pero que no tiene ninguna conexión con el mensaje de Jesús y los Apóstoles. Ningún Apóstol hubiera soñado en pensar que aquí hay tres personas divinas cuyas mutuas relaciones y unidad paradójica están más allá de nuestras comprensiones. El misterio de la Trinidad…es un seudo-misterio el cual apareció de una aberración en el pensamiento lógico de las líneas escritas en la Biblia, y no de la doctrina bíblica misma.
El significado de las palabras debe buscarse dentro del ambiente en donde fueron escritas. La Biblia no fue compuesta en el siglo 21, ni tampoco sus escritores supieron nada de los credos subsecuentes y de los concilios. El contexto es del todo importante para determinar la intención del autor. Dentro de las páginas del Evangelio de Juan Jesús nunca se refirió a sí mismo como Dios. El hecho es que el Nuevo Testamento aplica la palabra Dios—en su forma Griega ho theos—a Dios, el Padre solamente unas 1350 veces. Las palabras ho theos (i.e., el único Dios), usadas absolutamente, no son aplicadas con certeza en ninguna parte a Jesús. La palabra que Tomás usó para describir en Juan 20:28 fue en efecto theos. Pero Jesús mismo había reconocido que el Antiguo Testamento llama a los jueces “dioses,” cuando él se refirió en Juan 10:34 al Salmo 82:6: “¿No está escrito en vuestra ley: ‘Yo dije, dioses sois’”? Theos (aquí en el plural, theoi) aparece en la versión Septuaginta Griega del Antiguo Testamento como un título de los hombres que representan al único Dios verdadero.
Jesús en ninguna ocasión se refirió a si mismo como Dios en el sentido absoluto. ¿Qué precedente tenía Tomás para llamar a Jesús “mi Dios”? Indiscutiblemente, los Cristianos primitivos usaron la palabra “dios” con un amplio significado de lo que es hoy habitual. “Dios” fue un título descriptivo aplicado a un rango de autoridades, incluyendo al emperador Romano. No estaba limitado a su sentido absoluto como un nombre personal para la Deidad suprema como solemos usar hoy. Fue de la Iglesia primitiva que las palabras bíblicas llegaron a nosotros, y es de ese ambiente Neo Testamentario que nosotros debemos descubrir sus significados.
La idea de Martín Lutero de que “las Escrituras comenzaron muy despacio, y que nos condujeron a Cristo como hombre, luego a uno que es Señor sobre todas sus criaturas, y después de eso a uno que es Dios” encuentra poco apoyo en el Nuevo Testamento. Ella refleja la presión de tener que cuadrar la tradición recibida con el texto de la Biblia. La enseñanza registrada de Jesús está en contra de cualquier desviación del estricto monoteísmo unipersonal de la Torah. Afirmando el credo de Israel, Jesús había proclamado: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29). El expresó su lealtad a la más enfática declaración de creencias de Israel. Sus palabras fueron difícilmente calculadas para inducir a los discípulos “muy suavemente” a creer en otro que es Dios. Semejante concepto es muy contradictorio. La absoluta confirmación de Jesús del principal credo del Judaísmo, cuando es leída asintiendo sus palabras claras que retienen su significado prístino, debería ya ser vista como una prueba de su aprobación del monoteísmo unitario del Antiguo Testamento.
Tomás, quien no pudo creer que una resurrección había tenido lugar hasta que él tuvo una fuerte evidencia verificable, comprendió finalmente la exaltada posición que asumió Jesús como el resucitado Mesías. La anhelada grandeza nacional para Israel parecía ser una posibilidad real. La afirmación de Jesús de ser el prometido Mesías estaba ahora confirmada. Jesús finalmente se convirtió en el Señor de Tomás y en el “Dios” de la era venidera del Reino. Tomás estaba bien familiarizado con las predicciones del Antiguo Testamento acerca del Reino. La promesa a Israel era que “un niño nos es nacido, hijo no es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isa. 9:6).
Esta fue una declaración clara e inequívoca acerca de un Mesías venidero. Pero este “Dios Fuerte” de Isaías 9:6 es definido por el destacado Léxico Hebreo del Antiguo Testamento como un “héroe divino que refleja la majestad divina.”
En cuanto a la expresión “Padre Eterno”, el título fue entendido que significaba para los Judíos “el padre de la Era (Mesiánica) Venidera.” La palabra Septuaginta (Griega) para “eterno” en este caso no necesita transmitir la idea de “siempre y para siempre,” “por toda la eternidad” pasada y futura, como normalmente lo entendemos, sino que contiene el concepto “relacionado a la era (futura).” Verdaderamente Jesús, el Señor Mesías, será el padre de la Era Venidera del Reino de Dios en la tierra hasta que “todas las cosas le estén sujetas. Entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Cor. 15:28). Es extensamente reconocido por la comunidad Judía que un líder político humano podía ser llamado padre. Isaías afirma de un líder en Israel: “y entregaré en sus manos tu potestad; y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá” (Isaías 22:21).
Tomás, al igual que Judas, vino a reconocer a uno que sería “Dios” de la Era Venidera, que reemplaza a Satanás, el “Dios” de la presente era (2 Cor. 4:4). Tomás no había arribado sorpresivamente a una nueva creencia revolucionaria de que Jesús era “verdadero Dios de Dios verdadero”. No había nada en el Antiguo Testamento concerniente al Mesianismo de Jesús que predijera que un ser eterno inmortal vendría a ser una persona humana como el prometido Rey de Israel. Sin embargo el rey humano podía en raras ocasiones ser llamado como “Dios” como en Salmo 45:6, dónde a él también se le da el título “señor” (v.11). Ambos “Señor” y “Dios” son títulos Mesiánicos, y usados apropiadamente por Juan quien escribió su libro entero para convencernos de que Jesús era el Mesías (Juan 20:31).
La realidad dio en el clavo para el escéptico Tomás cuando él reconoció que era a través del resucitado Jesús que Dios iba a restaurar las fortunas de Israel. Así Jesús vino a ser “Dios” para Tomás en una forma paralela al sentido en el que Moisés había disfrutado del estatus de “Dios” en la presencia del Faraón: ‘Mira, yo te he constituido Dios ante Faraón’ (Exodo 7:1). Estos títulos de gran honor otorgados sobre los instrumentos humanos de Dios no usurpaban el estricto monoteísmo del Antiguo Testamento. Tampoco deben implicar el derrumbe del primer principio de la Biblia: Dios es una persona, no dos o tres (Marcos 12:29). El ángel del Señor en el Antiguo Testamento pudo también ser llamado “Dios” como un representante del único Dios de Israel (Gén. 16:9,10,11,13). La autoridad de Yahweh fue transferida a él porque “el nombre de Dios estaba en él” (Exo. 23:20,21). En el mundo contemporáneo “Dios” no significa lo que significa para nosotros hoy. Una inscripción datada en el 62 AC llama al Rey Ptolomeo XIII “el señor rey dios.” Los judíos medievales se refirieron a David como “nuestro Señor David” y “y nuestro Señor Mesías,” basados en el Salmo 110:1 (cp. Lucas 2:11).
Un teólogo Trinitario del siglo diecinueve tiene esto que decir de la forma cómo Tomás se dirige a Jesús: “Tomás usó la palabra ‘Dios’ en el sentido en que es aplicado a los reyes y jueces (quienes son considerados como representantes de la Deidad) y extraordinariamente al Mesías.”
Pero ¿qué del posterior Apóstol Pablo? Hay evidencia bíblica de que este ex-Fariseo estricto abandonó su herencia Judía del Antiguo Testamento y que amplió su concepto de Dios para incluir a una segunda y tercera persona, construyendo así un fundamento para la doctrina de la Trinidad?
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