La Comprensión de Lucas del Origen de Jesús

 

 

Por Sir. Anthony F. Buzzard (Unitario)

 

     Lucas, el médico, fue un historiador cuidadoso y un observador perspicaz. El fue un ardiente discípulo y evangelista del Cristianismo apostólico. Como explicó él en la introducción a su primer volumen, él deliberadamente tuvo la intención de investigar y documentar la fe Cristiana como la conoció, por medio de consultar a testigos de primera mano que conocieron a Jesús (Lucas 1:1-4). En su segundo volumen, el libro de los Hechos, Lucas da a entender que él ha dedicado mucho tiempo en la compañía de Pablo mientras viajaban juntos. Sería bastante extraordinario si Pablo y Lucas estuvieran divididos sobre el asunto del origen de Jesús. En su relato del milagro del nacimiento de Jesús, él no hace mención del todo de Jesús como habiendo existido previamente. Su registro describe la concepción milagrosa de una persona humana que vino a existir en el vientre de su madre. Lucas escribió dos volúmenes completos de la Biblia (contribuyendo más en la escritura del Nuevo Testamento que cualquier otro escritor) sin siquiera hacer alusión de una creencia en un segundo miembro preexistente de la Trinidad. Cuando el ángel Gabriel anunció la llegada del largamente prometido Mesías a María, él le informó a ella que “concebirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande…y el Señor le dará el trono de David su padre” (Lucas 1:31,32). Gabriel habló de una futura grandeza que sería conseguida a través de un nombramiento divino al trono del célebre ancestro de Jesús. No había indicación proveniente del ángel que María llevaría en su cuerpo a uno que había preexistido como Dios o como un ángel superior. Las buenas noticias era que ella concebiría y llevaría un hijo, quien sería de este modo el Hijo de Dios así como hijo de David. La fe de Lucas, y de la comunidad Cristiana para quienes él escribió, difícilmente podría ser definida más claramente.

 

     Lucas registra el hecho de que el hijo de María sería concebido en una manera milagrosa, por una especial intervención divina: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:35). No hay palabra  de una “eterna filiación”aquí; simplemente la promesa de que su descendiente sería llamado Hijo de Dios debido al milagro que Dios llevaría a cabo en ella—un milagro que implicaría directamente al único Dios en el nacimiento de un singular ser humano, el Mesías prometido de Israel.

 

       Se nos presenta en estos versos, por la autoridad del emisario de Dios, con una clara declaración acerca del origen de Jesús como Hijo de Dios. La milagrosa concepción en María, de acuerdo a Lucas fue la causa inmediata de la divina Filiación de Jesús. Es “por esta razón” (Lucas 1.35)—La concepción por María a través del poder del Espíritu Santo Dios—que Jesús sería llamado el Hijo de Dios. Un comentarista francés sobre este pasaje traduce muy bien el Griego, dio kai, como “c’est précisément pourquoi” (“es por eso precisamente,” “por esa razón realmente”) que él será llamado el Hijo de Dios.8

 

     No es difícil ver que la opinión de Lucas sobre la Filiación de Jesús está en desacuerdo con la idea tradicional de que uno, que ya existía como Dios e Hijo de Dios, había entrado en el vientre de María. Si esto fuera así, la concepción de Jesús no sería la causa de la Filiación divina de Jesús. El ya hubiera sido el Hijo de Dios. Alfred Plummer hace una honesta evaluación del relato de Lucas sobre el comienzo de Jesús: “El título ‘Hijo del Dios Altísimo’ (1:32) expresa alguna relación cercana entre Jesús y Jehová pero no la Filiación divina de la Trinidad.”9 El autor llama nuestra atención al hecho de que los Cristianos son también llamados “hijos del Altísimo” (Lucas 6:35), pero esto no los hace a ellos seres eternamente preexistentes. Es sólo bajo la influencia del pensamiento doctrinario Trinitario y una distorsión del uso Hebreo del título “Hijo de Dios” que muchos leen dentro del relato de Lucas  un “Dios el Hijo” desconocido para Lucas.

 

     Otro reconocimiento sincero de que Lucas no pensó de Jesús como alguien  preexistiendo a su nacimiento viene de un destacado erudito Católico Romano, Raymond Brown. El enfatiza el hecho de que Mateo y Lucas “no mostraron conocimiento de la preexistencia; al parecer para ellos la concepción lo hizo (engendramiento) Hijo de Dios”.10 Brown señala que el concepto tradicional de la preexistencia significa que la concepción de Jesús fue el rompimiento de una existencia como Dios y el comienzo de una carrera terrestre, pero no el engendramiento del Hijo de Dios. Sin embargo, para Lucas, Jesús comienza a existir en el vientre de María—“la concepción está  relacionada de un modo causal a su Filiación divina.”11 Jesús fue engendrado como Hijo de Dios en su concepción. Lucas no pensó que Jesús había tenido una vida pre-humana. Por tanto, Lucas no pudo haber sido un creyente en la Divinidad Triuna.12

 

     Con referencia a la frase “por tanto” en Lucas 1.35, Brown dice que ella “envuelve una cierta causalidad.”13 La Filiación de Jesús proviene de la milagrosa concepción. Esto, dice él, es una vergüenza para muchos teólogos ortodoxos porque en la teología encarnativa tradicional una concepción por el espíritu santo no provoca la existencia del Hijo de Dios.”14 Brown luego hace referencia a teólogos que “tratan de evadir la conexión causal ‘por tanto…’ en Lucas 1.35 por medio de argumentar que la concepción de un niño no trae a la  existencia al Hijo de Dios.”15 Brown se halla a si mismo incapacitado de concordar con ellos. Lo que Brown ha mostrado es simplemente una renuencia del promedio de estudiantes de la Biblia a admitir que la Escritura, en este asunto crítico del origen y naturaleza de Jesús, no concuerda con lo que él o ella a aceptado como verdad sin un cuidadoso examen.

 

     Si las conclusiones de los Concilios de Nicea, y más tarde, las de Calcedonia fueron complejas y confusas, el relato de Lucas es exactamente lo contrario. De acuerdo a él, Jesús fue una persona humana cuya existencia y personalidad derivaba de su madre, María, siendo ella misma una descendiente de David. Si él no fue una persona humana completa, ¿cómo pudo ser él el prometido Mesías, la simiente (descendiente) de Abraham y de David? ¿Cómo pudo una persona, que ha existido desde la eternidad, ser un descendiente de David en cualquier sentido significativo? Las ideas Trinitarias sobre Jesús parecen eliminar su ascendencia de David, y así su afirmación de ser el Mesías.

 

     Hubiera tenido sentido para Lucas el concepto de una segunda persona en la Deidad, un ser divino preexistente convertido en un feto indefenso en el vientre de su madre, María, mientras que retenía todo el tiempo su condición de Dios? Si alguna revelación especial suministrada por Dios le fue otorgada a alguno, Pablo, Pedro o María, con quienes Lucas debió haber verificado a fondo antes de componer su historia de los fundamentos de la fe original, ¿no habría él hecho alguna ligera mención de este trascendental evento? Debemos recordar que la enseñanza Trinitaria mantiene oficialmente que Jesús poseyó una “naturaleza humana impersonal” (la doctrina conocida técnicamente como “anhypostasia”), pero que él no era una persona humana. Esta negación proviene lógicamente de la premisa equivocada de que Jesús es Dios, un miembro eterno de la Deidad Triuna. El argumento es éste: Si el ego de Jesús, el único centro de su personalidad, es Dios, debe resultar que el elemento humano en él no puede ser otro ego o yo. Así debe decirse que su humanidad es realmente una “naturaleza humana impersonal”. Decir que Jesús tuvo un segundo ego humano lo hubiera hecho a él dos personas.

 

     Toda esta extraordinaria complejidad es desconocida para cualquier escritor de la Escritura. Es significativo que Gabriel, Lucas y Mateo que trataban con el origen de Jesús, no tomaron nota del todo de una supuesta eterna preexistencia del Hijo de Dios que vino a ser hombre, y están inadvertidos de alguna de las complejidades acerca de la humanidad del Salvador. Juzgados por los estándares religiosos de hoy y por las opiniones de muchos teólogos, Gabriel, Lucas, y Mateo fueron de lo más heterodoxos y pudieron incluso ser acusados de no ser Cristianos.

 

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