El Debate Contemporáneo sobre la Preexistencia de Cristo

 John Knox

     El tema de la preexistencia fue el foco del ensayo iluminador de John Knox sobre la Humanidad y Divinidad de Cristo. Su principal punto es que “la aseveración de la preexistencia de Cristo colocó una tensión, por así decirlo, sobre la humanidad de Jesús el cual fue incapaz de soportar.” El prosigue para sostener que en el Evangelio de Juan la humanidad de Cristo es “en el sentido formal, afirmada ambiguamente, pero que en el hecho real ha sido transformada por su supuesta divinidad, como si ya no fuera más un varón propiamente dicho. Con estas palabras él refleja su objeción al retrato que tiene el apóstol Juan de Jesucristo. ¿Pero realmente Juan se contradice a sí mismo? Sólo si es interpretado según los credos posteriores. Si, en efecto, Juan pensó de Jesús como personalmente preexistente como Hijo, ¿acaso esto no niega automáticamente su real humanidad? Knox está convencido de que sí lo niega: “podemos tener la humanidad sin la preexistencia y podemos tener la preexistencia sin la humanidad. No hay absolutamente manera posible de tener a ambas.” Knox cree que “es simplemente increíble que una persona divina se hubiera convertido en una persona humana completamente y normalmente —esto es, si es que él también continuaría siendo, en su identidad esencial, la misma persona.”

 

     La figura tradicional de Jesús como la Encarnación de un Hijo preexistente es un problema agudo para Knox. El considera la Cristología ortodoxa como “mitad historia y mitad dogma, una mezcla de mitología y filosofía, de poesía y lógica, tan difícil de definir como de defender….Esto es verdad de la Cristología patrística generalmente (y por tanto de la Cristología formal que hemos heredado).”

 

     Estos asuntos han sido recientemente abordados por un número de distinguidos teólogos, que muestran que el problema antiguo de la naturaleza de lo divino y humano en Jesús está tan vivo como nunca.

 

     Knox considera que es una distorsión el desarrollo hacia el Cristo preexistente, que envuelve, nos guste o no, una negación de la completa realidad de la humanidad de Jesús. El señala que las protestas de los Padres de la Iglesia de que su Jesús era plenamente humano son menos que convincentes, porque “hay, en el caso de las palabras, no menos que con otras cosas, formas de quitar con una mano lo que uno acaba de dar con la otra. Uno puede afirmar la humanidad como un hecho formal y luego proceder así a definirla o describirla como negando su realidad en cualquier sentido ordinariamente aceptado.”

 

     En esta opinión él está completamente respaldado por Norman Pittenger quien hace el siguiente juicio importante sobre la Cristología patrística, la cual obtuvo su inspiración en gran parte de su lectura de Juan:

 

     En mi juicio una dificultad fundamental con la Cristología de la edad patrística es que mientras ella en teoría afirmaba la realidad de la humanidad de Jesucristo, de hecho, ella no tomó esa humanidad con suficiente seriedad…[curiosamente, ésta excluye a Pablo de Somosata de esta crítica.] La tendencia del  pensamiento Cristológico en la corriente dominante de lo que fue creído que era “ortodoxo” fue mucho más pesadamente  cargada sobre el lado de la divinidad que en la humanidad de  Jesús. La Cristología Ortodoxa, aun cuando los excesos de la enseñanza Alejandrina fueron un tanto contenidos en Calcedonia en el 451 AD, ha tendido hacia una humanidad impersonal que es, creo yo, una humanidad no genuina del todo.

 

     Este parece ser precisamente el problema. Pero Knox está equivocado de acusar a Juan por introducir esta distorsión. Juan no fue culpable de ninguna semejante disimulación sobre la humanidad de Jesús. Más bien, el problema radica con el malentendido de los Padres de la Iglesia Nicena, y algunos de sus predecesores, del “logos” de Juan y así del significado de la preexistencia. La posterior fórmula oficial de que Jesús era “hombre” pero no “un hombre” (que permanece en los libros del Trinitarismo tradicional hasta nuestros días) no refleja del todo la intención de Juan, pues no hay manera concebible de ser “hombre” excepto siendo “un hombre”.

 

     A la luz de estas consideraciones, no es difícil ver que el cargo de docetismo puede muy bien ser etiquetado a la definición ortodoxa de Cristo. Si ser humano significa ser un hombre, y la ortodoxia tiene que rehuir decir que Jesús era “un hombre,” tal vez esta crítica debería ser aceptada. Pero, ¿acaso Juan nos demanda a que creamos en un “Dios, el Hijo” preexistente? Muchos han pensado así, y se han ceñido a la creencia ortodoxa de la preexistencia a pesar de la peligrosa aproximación al “Apolinarismo” (i.e., una herejía que niega la humanidad de Cristo) en que puedan verse enfrascados. La reciente obra de tres importantes eruditos muestra no sólo la naturaleza aguda del problema sino que sugiere la manera para solucionarlo—una solución que no es nueva, aunque el crédito no es siempre dado por los escritores modernos a aquellos que en la historia de la iglesia primitiva habían ya señalado en la correcta dirección. La solución resulta de la exégesis de Juan que fue propuesta antes.

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