John Biddle, Padre de los Anti-Trinitarianos Ingleses

     John Biddle  (1615-1662), educado en los clásicos y la filosofía en Oxford, se embarcó en una “investigación imparcial de las Escrituras” después que empezó a cuestionar la doctrina recibida de la Iglesia. Desde 1641-1645 Biddle fue director del Colegio Crypt, Gloucester. Fue durante este periodo que su estudio minucioso del Nuevo Testamento le causó que se convirtiese en un desafecto con la doctrina de la Trinidad. El asunto fue de tal naturaleza seria que los magistrados emitieron una orden para su arresto y encarcelamiento. Siguiendo un debate con el Arzobispo Ussher (famaso en cronología), Biddle resumió el resultado de su estudio del Cristianismo primitivo: “Los Padres de los dos primeros siglos, o por ahí, cuando los criterios de los cristianos estuvieron todavía libres, y no encarcelados con las determinaciones de los Concilios, afirmaron que el Padre era solo el único Dios.”

 

     Biddle se quejó de que el lenguaje filosófico Griego fue “primero incubado por la sutileza de Satanás en las cabezas de los Platonistas, para pervertir la adoración del verdadero Dios.” El Parlamento no perdió tiempo en ordenar que la obra de Biddle fuera quemada. En 1648 el gobierno Británico pasó lo que ha sido llamado la “Ordenanza Draconiana” para el castigo por muerte de “blasfemias y herejías,” dirigida a la afirmación de Biddle de que la doctrina Trinitariana introduce “tres Dioses, y así subvierte la Unidad de Dios, tan frecuentemente inculcada en la Escritura.” El Credo de Atanasio no es respuesta al problema: “¿Porque quién hay allí (si al menos se atreviera a hacer uso de la razón en su religión) que no vea que ésta (La Trinidad) es tan ridícula como si uno dijera, Pedro es un Apóstol, Santiago un Apóstol, y Juan un Apóstol; y a pesar de esto no hay tres Apóstoles sino un solo Apóstol?”

 

     En 1655 Biddle estaba internado en la prisión de Newgate por “negar públicamente que Jesucristo era el Todopoderoso o el Altísimo Dios.”

 

     Los partidarios de Biddle estuvieron prestos en señalar que todos los Cristianos deben ser considerados culpables de muerte por el último intento del parlamento para suprimir el anti-Trinitarismo, pues “el que dice que Cristo murió, dice que Cristo no era Dios, porque Dios no pudo morir. Pero cada Cristiano dice que Cristo murió, por tanto cada Cristiano dice que Cristo no era Dios.” 

 

     Una petición para liberar a Biddle lo describió como “un hombre, si bien difiriendo con muchos de nosotros en muchos grandes temas de la fe, ya sea por razón de su estudio diligente de la Sagrada Escritura, o por su soberbia e impecable conversación, con quien algunos de nosotros intimamos y de quien tenemos buen conocimiento, no podemos sino considerar toda manera posible para la libertad prometida en el Gobierno.”

 

     Aunque con sólo cuarenta y siete años de edad, Biddle había pasado diez años de su vida en prisión por su insistencia de que Dios era una sola persona. El murió en prisión en 1662, “una víctima de odium theologicum y de las condiciones asquerosas del lugar en donde él estuvo alojado.” Un biógrafo compasivo escribió del gran celo de Biddle para promover la santidad de vida y del modo de ser; pues este fue siempre su fin e intención en lo que enseñó. El valoró no sus doctrinas para la especulación sino para la práctica.”

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