¿ES LA GUARDA DEL SÁBADO PARA EL CRISTIANO?

¿ES LA GUARDA DEL SÁBADO PARA EL CRISTIANO?

 

Seis días se trabajará, y el séptimo día sábado de reposo será, convocación santa: ninguna obra haréis; sábado es de Jehová en todas vuestras habitaciones (Levítico 23:3)

 

 

 

LA PALABRA SÁBADO es prominente en el vocabulario cristiano. Su significado literal es “descansar”. La palabra aparece en la Biblia por primera vez en Éxodo 16:23. Al recoger el maná diario que el Señor les proveyó, los israelitas tuvieron que recoger doble la cantidad en el sexto día para que tuvieran una fuente adecuada para el séptimo, el cual el Señor declaró como un Sábado, o día de descanso. Luego, cuando la Ley de Dios fue dada a Israel, la observancia del séptimo día de la semana como un Sábado, o tiempo de descanso, llegó a ser el cuarto de los Diez Mandamientos. Para Israel, la observancia del Sábado era una parte vitalmente importante de su servicio a Dios, tanto que la penalidad de muerte sería infligida sobre los que no obedecían este mandamiento. (Éxod. 35:1, 2) El Nuevo Testamento no contiene ninguna instrucción en cuanto a la observancia de un Sábado semanal, pero ha sido asumido por muchos que fue la intención de Dios de que el mandamiento de la Ley concerniente al Sábado continuara en la iglesia cristiana.

 

En su Sermón del Monte, Jesús dijo, “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” Para la raza condenada y moribunda de la humanidad el cumplimiento de la Ley fue imposible, puesto que ninguno de ellos pudo estar a la altura de su estándar perfecto de la justicia. Pero, Jesús, siendo perfecto, pudo guardar la Ley invioladamente. Siendo un judío y, por eso, bajo el pacto de la Ley, él observó el Sábado del séptimo día, aunque tenía un concepto diferente de su significado que tenían los líderes religiosos de su día.

 

A causa del hecho de que Jesús curó a un hombre enfermo en el Sábado, sus enemigos “procuraban matarle”, y hubieran sido obligados a hacerlo si él hubiera quebrantado el Sábado de verdad. La respuesta de Jesús a sus enemigos fue, “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Juan 5:17) Esto enfatiza que la mera abstención de toda actividad no era el significado verdadero del Sábado, porque tanto el Padre celestial como Jesús trabajan en este día. Jesús curó a los enfermos.

 

En Marcos 2:23, 24, 27, 28 hay otra lección importante que Jesús lleva a nuestra atención. Él y sus discípulos caminaban por un campo de maíz en el Día Sabático, y mientras andaban, los discípulos arrancaban espigas, evidentemente para su propio uso. Esto fue algo distinto de la curación de los enfermos en el Sábado, y de acuerdo con la letra estrecha del cuarto mandamiento hacer esto fue incorrecto, así que los fariseos le preguntaron, “¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito?” La respuesta de Jesús fue, “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.”

 

Evidentemente el pensamiento en este caso es que el mandamiento que requirió que los israelitas descansaran cada séptimo día fue diseñado para su bien, no para su daño. Los discípulos tenían hambre, y hubiera sido un mal entendimiento del propósito del Sábado suponer que la Ley al respecto significaría que debieran abstenerse de satisfacer su hambre. Y estamos felices por la declaración de Jesús que llegó a ser el “Señor aun del día de reposo,” porque sabemos que su interpretación de ello es correcta. Cualquier cosa que Jesús impuso sobre sus seguidores en cuanto al Sábado se debe obedecer.

 

En su Sermón del Monte, Jesús dijo, “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos.” (Mat. 5:19) ¿A cuales mandamientos se refiere Jesús? Podemos ser guiados solamente por los siguientes comentarios en los cuales él cita parcialmente cuatro de los mandamientos — dos del Decálogo y dos que no fueron parte de él. Los primeros dos fueron requisitos morales — “No matarás” y “No cometerás adulterio.” — vss. 21, 27

 

El tercer mandamiento citado por Jesús fue la expresión de la justicia de la Ley — “Ojo por ojo, y diente por diente.” (vs. 3 8) En cada caso, refiriéndose a uno u otro de los mandamientos, Jesús les dio un significado superior a lo que jamás había enseñado antes. En vez de insistir en “ojo por ojo”, él exhortó a sus seguidores a no resistir lo malo, sino “antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” — vs. 39

 

El cuarto mandamiento citado por Jesús fue, “Amarás a tu prójimo,” al cual la tradición judía había añadido, “y aborrecerás a tu enemigo.” (vs. 43) Se hará patente que todos los cuatro mandamientos que Jesús dijo que no se deben quebrantar pertenecen a las relaciones humanas, enfatizando el estándar alto de la ética moral que debe gobernarlos, especialmente cuando los examina a la luz del significado más fino y exacto que Jesús les dio.

 

¿Mandó Jesús a sus seguidores, en cualquiera de sus enseñanzas, a observar el Sábado del séptimo día? Además, si fuera el diseño de Dios que el cuarto mandamiento continuara en la dispensación cristiana, entonces sería obligatorio para los que tienen puestos de autoridad en la Iglesia de imponer la penalidad mencionada en la Ley al fallar de obedecerlo. Como hemos visto, esa penalidad era la muerte. ¿Enseñó Jesús esto?

 

Jesús comenzó su Sermón del Monte con la presentación de las bienaventuranzas — “Bienaventurados los pobres en espíritu”; “Bienaventurados los que lloran”; “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”; “Bienaventurados los misericordiosos”; “Bienaventurados los de limpio corazón”; “Bienaventurados los pacificadores”; y “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia.” — Mat. 5:1-10

 

Si la observancia del séptimo día de la semana como uno de descanso hubiera sido considerado por Jesús como algo vital para la salvación, hubiera sido lógico para él de añadir, “Bienaventurados los que guardan la santidad del día sabático,” pero no lo hizo. En su Sermón del Monte, Jesús se refirió a muchos detalles de la vida cristiana — las relaciones domésticas, el quitar la vida humana, el amor por nuestros enemigos, la oración, etc. — pero no dijo nada acerca de observar el Sábado. No hay mención del Sábado tampoco en las numerosas parábolas de Jesús.

 

 

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