EL FUNDAMENTO DE LA PALABRA

 

 

 

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”(Mateo 7 : 21)

 

Amada Iglesia: 

Un querido hermano de nuestra congregación, nos comentaba sobre la gran confusión que reina en nuestros días por las muchas cosas que son objeto de culto, en las que han puesto su confianza equivocadamente, por falsas doctrinas que les han sido enseñadas, como verdaderos dioses ajenos, apartándose de la voluntad del verdadero Dios.    

Vemos a muchos que confían en sembrar semillas de dinero, otros confían en la cantidad de obras propias o en las que Dios les ha permitido hacer, otros se protegen con aceite de olivas y hasta con aceite Johnson, que ha venido a reemplazar el agua bendita o el incienso de los católicos.  Otros confían en dioses como las ceremonias, los ritos, las fórmulas aprendidas, las tradiciones, etc.   Las cosas que hacen o deberían hacer para Dios, han reemplazado a Dios mismo.  Por ejemplo, para algunos, el ayuno que debería ser una ofrenda de corazón contrito a Dios, ha venido a ser un ejercicio ritual, a manera de un verdadero dios en el cual confían, a veces más que en el mismo Dios, de tal manera que a veces se preguntan:   

¿Por qué si tantos días de ayuno hicimos no obtenemos lo que deseamos?  Y Dios debería contestarles, ¿Es el ayuno o soy Yo quien te concede lo que necesitas?   

El ayuno no debe ser un pre-pago o una “siembra” para exigirle a Dios.   Ayunemos como una ofrenda de amor y de humillación ante Dios, no para exigir ni para recibir un pago a cambio.     Podríamos estar cambiando la “siembra” de dinero por el ayuno. 

Permítannos compartir esta meditación sobre el fundamento de la Palabra de Dios que nos ha sido dada.  

LAS “BUENAS” OBRAS EQUIVOCADAS 

Un refrán popular dice que “Las paredes del Infierno están llenas de escritos con las buenas intenciones de los condenados”

Se puede tener muy buena intención al hacer algo o practicar una religión, y al mismo tiempo estar en un error de muerte, por eso dice la Palabra de Dios: 

“Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12) 

EL QUE HACE LA VOLUNTAD DE MI PADRE

Los musulmanes son muy religiosos, ellos no solo ayunan frecuentemente, sino que oran tres veces al día a la misma hora, en el lugar donde se encuentren, arrodillándose con el rostro en tierra, en dirección a La Meca.  Algo parecido podríamos decir de muchas otras religiones, como el budismo, el hinduismo, el judaísmo y el catolicismo.

Podemos orar mucho, ayunar mucho, cantar, hacer muchas actividades religiosas y tratar muy duro nuestra carne, pero todo eso puede ser en vano y habremos perdido el tiempo.     Solo hay una gran diferencia que nos hace aceptados a nosotros y a nuestras obras ante Dios:   Que hagamos su voluntad. 

Tan importante es que busquemos hacer su voluntad y no hacer cosas que pensemos que le agradan, que el mismo Señor Jesucristo nos dijo:

“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios” (Juan 7:17) 

Así descubrimos, o mejor, nos revela Jesucristo que la voluntad de Dios es su doctrina.

Solo conociendo la doctrina verdadera de Dios, podremos hacer su voluntad. 

De allí que quien no conozca la voluntad de Dios manifestada por su doctrina, perece y es destruido, tal como dice la Palabra de Dios: 

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6)  

LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO

Hace poco tiempo, recién llegado de viaje, transité por el centro de mi ciudad un día prohibido para los vehículos con placas terminadas en el dígito de mi propio carro.   Era la nueva ley restrictiva del “Pico y placa” que yo desconocía por estar de viaje.   A pesar de mis explicaciones, los agentes de tránsito me impusieron la multa respectiva, aduciendo con razón que el desconocimiento de la ley no exime del cumplimiento ni de la sanción. 

El desconocimiento de la Ley no es excusa para no pagar los errores y sufrir las consecuencias. 

Hay personas que dicen y creen ser cristianas, pero nunca estudian los estatutos o Nuevo Testamento que nos dejara Jesucristo.   Se conforman con hacer lo que otros o todos hacen y creer solo lo que les dice un predicador en su sermón.  Si ese predicador está ciego espiritualmente, igualmente con él caerán en el hoyo o en la perdición eterna.      Por eso la conveniencia de buscar el conocimiento de la Palabra de Dios escrita, la cual nos enseña la doctrina verdadera del Evangelio, el cual es la voluntad de Dios revelada en su Hijo Jesucristo en estos últimos tiempos que estamos viviendo.

 Ese conocimiento de la verdad es lo que nos conduce a la salvación, no nuestras buenas intenciones y nuestra ocurrencia o parecer humanos.  

Jesucristo mismo nos dio la clave a quienes queremos creer en él: 

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:

Si vosotros permaneciereis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;  y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32)  

SOLO SI PERMANECEMOS EN SU PALABRA

Solo si permanecemos en su Palabra, la Palaba de Cristo, su Evangelio, seremos verdaderos cristianos, haciendo la voluntad de Dios Padre y recibiremos la salvación y la vida eterna.  

NO ES POR LAS OBRAS, ES POR LA FE Y LA OBEDIENCIA A LA PALABRA DE DIOS 

Cuando creemos en la Palabra de Dios, en la verdadera doctrina, DESCANSAMOS.  Porque en todas las religiones pretenden alcanzar la salvación por la cantidad de obras que hagan, buscando la perfección y la santidad por sí mismos, con sus propias fuerzas y por méritos propios.   Eso significa una zozobra permanente de insatisfacción y de inseguridad, pues nunca podremos estar seguros de haber hecho lo suficiente para merecer.   Es como una pesada carga que lleva el hombre religioso en sus espaldas, entre más pesada, piensa que merece más la salvación.  

Pero, cuan equivocados estábamos antes de Cristo y cuán equivocados están muchos todavía, pues dice la Palabra de Dios que es gratuita la salvación, no hay que pagar nada, solo creer.    Como nos dice Dios en su Palabra (de allí la importancia de conocer la Palabra de Dios): 

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros, pues es don de Dios;  no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8) 

Esta declaración es el meollo del Evangelio de la gracia, la buena nueva que nos diera Jesucristo.    Por eso él nos dijo: 

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;  porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28) 

Es un verdadero descanso conocer la Palabra y saber que la voluntad de Dios es que seamos salvos por la fe y no por las obras.      

LA PALABRA DE DIOS NO SOLO NOS DA CONOCIMIENTO SINO VIDA 

La Palabra de Dios está manifestada y contenida en la sagrada Escritura bíblica, ella es “La Palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos” (2 Pedro 1:19) 

“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido;  y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:14) 

LA PALABRA DE DIOS ES SEMILLA O SIMIENTE

La Palabra de Dios no solo nos da el conocimiento de la doctrina y la voluntad de Dios, sino que ella misma, de manera misteriosa, nos produce una nueva vida, pues ella lleva la vida en sí misma, como una verdadera semilla.     

“El sembrador salió a sembrar su semilla…. Hablando estas cosas, decía a gran voz:   El que tiene oídos para oír, oiga. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? Y él dijo:  Esta es, pues, la parábola:   La semilla es la Palabra de Dios” (Lucas 8:5) 

De manera misteriosa, porque no sabemos cómo se produce esa nueva vida dentro de nosotros, y el crecimiento, semejante a la formación de un niño en el vientre de su madre, a partir de la simiente que deposita el padre en la madre. 

“Decía además:   Así es el Reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra;  y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo” (Marcos 4:26) 

Nacemos de nuevo por la simiente de la Palabra, no por la música que oímos, ni por las imágenes que vemos, ni por las obras que hacemos, tal como dice la sagrada Escritura:

“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23)

Por eso le fue anunciado y prometido por Dios a Abraham, el padre de la fe: 

“En tu Simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:18) 

LA PALABRA DE DIOS NOS PRODUCE LA FE QUE NOS SALVA 

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17) 

LA PALABRA DE DIOS ES EL PAN DEL CIELO

Ella nos da el crecimiento espiritual, pues ella es un verdadero alimento, es el pan bajado del Cielo.    Como bien dijera nuestro Señor Jesucristo, citando a Jehová sobre el Maná bajado del Cielo en el desierto: 

“Escrito está:   No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4) 

Muchos buscan a Jesús solo por el pan que alimenta el cuerpo, el pan terrenal, es decir el pan perecedero o los bienes terrenales que sacia los deseos de la carne y de este mundo.  Por eso Jesús, después de multiplicar los panes, para saciar ese hambre terrenal, les dijo:  

“Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (Juan 6:26) 

Luego, 

“Jesús les dijo:  Yo Soy el Pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre;  y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35) 

Ante esta declaración, difícil de entender, Jesús les explicó: 

“El Espíritu es el que da vida;  la carne para nada aprovecha;  las Palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63)   

CONCLUSIÓN 

La llave del Reino de los Cielos es la Palabra de Dios y nos ha sido dada a usted y a mí, amado hermano y amigo que amablemente nos lee. 

Para terminar, como dijo el mismo Señor Jesucristo, los que escuchamos, creemos y obedecemos su Palabra, somos tan bienaventurados o más, que el vientre de su santa madre que lo parió: 

“Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste.

    Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).

El estudio – que no sólo la lectura – de la Biblia es un elemento esencial de la vida cristiana.

¿Cuántas veces al día lee y medita las Escrituras?

¿Cuántas veces al año ha apagado el televisor para leer la Biblia?

¿Cuántas veces al año lee la Biblia completa?

¿Cuántas veces ha leído la Biblia completa? 

“Nunca se apartará de tu boca ESTE LIBRO DE LA LEY, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas CONFORME A TODO LO QUE EN ÉL ESTÁ ESCRITO; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

Bienaventurado eres, hermano y amigo, si amas, buscas y obedeces a la Palabra de Dios, adorando así a Dios en Espíritu y en verdad, no por ocurrencia y tradición de hombres

Reciban con esta meditación, el gran amor y la fe en la bendita Palabra de Dios, amor que estoy sintiendo en este momento por nuestro Señor Jesucristo y por todos ustedes, amada Iglesia.  

Dios les bendiga.  

Vicente Mercado Santamaría. 

Cristianos en Acción

www.elevangeliodelreino.org

www.yeshuahamashiaj.org

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