
Cuatro siglos antes de Cristo, Aristóteles dijo, “Al juzgar de las vidas que viven, la mayoría de hombres identifican el bien, o la felicidad, con placer.” El gran filósofo griego no compartió aquel punto de vista. Al contrario, para él el hombre feliz “se dedicará a la acción virtuosa y contemplación, y aguantará los cambios de esta vida en un forma noble y completamente decorosa.” (Ética A Nicomaco, Libro 1, capitulo 10)
A veces me río cuando algunos dicen que estamos cayendo en el “paganismo” o que la gente de hoy “actúan como paganos.” Yo sé lo que están tratando de decir, que nuestra conducta muchas veces es decadente. Sin embargo, la verdad es que los paganos eran más serios en cuanto a la virtud que nosotros hoy. Los autores que más admiraron, como Aristóteles y Séneca, pusieron mucho énfasis en la búsqueda de una vida virtuosa. Analizaron con profundidad las virtudes como valentía, justicia, prudencia y templanza. Como ya noté, Aristóteles enseñó que solamente las acciones virtuosas conducen a la sólida felicidad. Y Séneca dijo, “Si la virtud nos precede, cada paso de la vida estará segura.”
Los paganos nobles no estuvieron muy lejos de las enseñanzas que hemos escuchado en el evangelio sobre la ética o las virtudes en general. Sabían que, mientras la rica comida, el dinero, la actividad sexual, la dominación sobre otros, etc. pueden conducir al placer, no necesariamente traen la felicidad. También sabían que una persona puede sufrir varias aflicciones – mala salud, pérdida económica, derrota en una batalla, muerte de seres queridos – y aún poseer la felicidad interna. Los paganos lo sabían, pero no sabían porqué.
Jesús nos dice porqué es posible ser dichosos en medio de las aflicciones. Antes de todo, hay que notar que él asume la búsqueda de la virtud. Por ejemplo, que la persecución viene “a causa de la justicia” y que los que las cosas malas que hablan de nosotros son “falsas.” Pero para Jesús, la base de la felicidad es más profunda que la consciencia tranquila que resulta de una vida de virtud. Jesús añade una frase pequeña: “por causa mía.” Es decir, lograremos la felicidad si abrazamos la desgracia por Jesús.
Aquella frase debe haber chocado a los oyentes de Jesús – al menos los que prestaban atención cuidadosa. Implica que podemos ser dichosos solamente si entregamos nuestras vidas completamente a él.
¡Sí! Buscar la virtud – como Aristóteles y todos los paganos nobles dicen. Pero cuando – como ellos – caemos, llégate a Jesús. Solo en él hay felicidad duradera, empezando con los ateos.
porque de ellos es el Reino de los cielos.
porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
porque ellos alcanzarán misericordia.
porque ellos verán a Dios.
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
porque de ellos es el Reino de los cielos.
y digan -mintiendo- todo mal contra ustedes, por causa mía.
Alégrense y regocíjense, porque es grande la recompensa
que ustedes tendrán en los cielos. Pues así persiguieron
a los profetas anteriores a ustedes.
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