Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. (Rom. 12: 1)
La madurez espiritual es el punto en el cual empezamos a vivir una vida cristiana normal. Para cuando lleguemos a la madurez, podremos mantener la plenitud del Espíritu durante largos períodos de tiempo. Cuando esto sucede, estamos listos para usar todos los recursos que Dios pone a nuestra disposición. Al llegar a la madurez reconocemos lo tremendas que son las responsabilidades y oportunidades que Dios nos ha dado, y la pregunta que nos tenemos que hacer es ésta: “¿Seré fiel en usar lo que Dios ha provisto para cumplir la tarea que me ha encomendado?” Si contestamos que sí, empezaremos a ver de qué se trata realmente el sacrificio.
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. (Rom. 12: 1)
Con la expresión “así que” Pablo reúne todo lo que ha enseñado hasta ahora en esta epístola, y lo lleva a la aplicación práctica. Quiere que pongamos en práctica nuestra teología. Está diciendo que, en alguna etapa, nuestra teología tiene que estar relacionada con nuestra vida.
Oiktirmos significa más que “misericordia”. Por un lado se refiere a la compasión que brota al reconocer la necesidad de alguien, pero por otro, siempre implica una provisión para suplir esa necesidad. Dios tiene compasión de nosotros porque reconoce nuestra necesidad, y también nos ofrece los recursos, las provisiones y la riqueza de Su gracia.
“Presentéis” es paristemi, de histemi, que significa “estar de pie o colocar” y para, “junto”. Significa poner algo a disposición de otro. La palabra usada en Lucas 2:22 para expresar la presentación del niñito Jesús en el templo indica que José y María estaban, de hecho, poniéndolo a disposición de otro. En Romanos 6:13, se nos exhorta que pongamos los miembros de nuestro cuerpo a disposición de Dios como instrumentos de justicia.
El punto en la vida cristiana nunca es nuestra habilidad; Dios tiene recursos para hacerse cargo de ella. El punto es nuestra disponibilidad. Dios nos ha escogido para darnos libre albedrío. Como incrédulos, teníamos el derecho de creer en Jesucristo o de rechazarlo. Como creyentes, tenemos el derecho de utilizar las provisiones de la gracia de Dios o de malgastarlas.
Pablo les está diciendo a sus lectores que el propósito de Dios es que presentemos nuestros cuerpos físicos como ofrendas o sacrificios vivos. Esto ha de haber sido una sorpresa para la gente a quienes les escribió en el año 65. Para la mentalidad grecorromana, el cuerpo era algo a ser despreciado; sólo la mente importaba. Pero Pablo quiere que comprendan que el cuerpo es importante porque es el templo del Espíritu Santo y él quiere que sea un instrumento que Dios pueda utilizar para realizar Su plan.
Según Hebreos 10:5-10, cuando Jesús nació físicamente El dijo al Padre: “No querías aceptar sacrificios y ofrendas animales como purificación del pecado para la raza humana, pero preparaste un cuerpo para mí. … He venido a hacer tu voluntad”. La segunda Persona de la Trinidad vino a la raza humana para ofrecer Su cuerpo como un sacrificio por el pecado.
En el Antiguo Testamento, todos los sacrificios tenían que ser muertos. Pero Pablo dice que nuestro sacrificio ha de ser “vivo” y “santo”. El plan de Dios es que cada creyente se ocupe todo el tiempo, las 24 horas, en el servicio cristiano. “Santo” significa “apartado” y se refiere a la plenitud del Espíritu Santo. Cuando tenemos en nuestra vida todos nuestros pecados confesados, y estamos llenos del Espíritu, somos aceptables a Dios. Como creyentes, estamos siempre en una posición justa y santificada. En la práctica somos justos y santificados sólo cuando andamos en el Espíritu.
Este es nuestro “culto racional”. “Culto racional” se deriva de dos palabras logikos, que significa “lógico”, “razonable”, “sensato” y latreia, palabra usada para indicar un servicio sacerdotal, pero refiriéndose en la antigua Grecia al trabajo de un peón. Es lógico y razonable que Dios requiera 24 horas de servicio de Sus siervos. Ser cristiano es una ocupación de tiempo completo y dedicándonos tiempo completo a serlo es un acto de adoración.
Pensemos en lo que esto significa. Cuando nos ponemos nuestra ropa de trabajo a la mañana para ir a trabajar debiéramos estar yendo a adorar. Si trabajamos en una oficina, debiéramos decir “Tengo que ir a la oficina para adorar de 9 a 5″. Para el carpintero el lugar lógico para adorar es allí afuera donde todos los días serrucha maderas y clava clavos. El que cuida puercos para ganarse la vida, debiera tener una actitud que se expresa así: “Llevo en mi cuerpo el Espíritu de Dios. Soy el santuario y porque llevo al Espíritu en mí cada cosa que hago es importante para El, y haré que sea un culto a El.”
La primera indicación de que estamos llegando a la madurez espiritual es que adoramos todos los días, estemos donde estemos. ¿Qué significa tener esta actitud? Requiere enfoque. Tenemos que ser capaces de concentrarnos, de fijar nuestra mente en la realidad y no ser absorbidos por las mentiras que nos rodean.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (ROM 12:1, 2)
“Conforméis” es suschematizo. Schema significa apariencia exterior. Pablo usa aquí el imperativo presente pasivo. El imperativo es una orden; el tiempo presente nos dice que no sigamos conformándonos. La voz pasiva nos dice que somos susceptibles a esta acción porque vivimos en este mundo. El mundo constantemente nos presiona, y las presiones nos obligan a amoldarnos. Aquí el problema es la conformidad exterior.
La palabra traducida “siglo” viene del griego aion, “era”. Se refiere a las tendencias en la historia humana. Pablo está diciendo: “No te dejes amoldar por las tendencias de la sociedad. No tomes la apariencia exterior del mundo, de la era en que vives”.
En cambio, hemos de ser transformados, metamorfóo. Meta significa “cambiar”, morfo significa “forma”. Se refiere a una transformación o un cambio interior e incluye la esencia. Pablo nos está diciendo que cambiemos interiormente. Al ser transformados, los cambios que empiezan adentro irán saliendo a la superficie y afectarán nuestro aspecto exterior. Este pasaje pide un poco de inconformismo espiritual. Es un desafío para nosotros como creyentes ir contra la corriente, permanecer firmes, basados en nuestro propio entendimiento y conocimiento de la Palabra de Dios.
Esto es exactamente lo que quiere decir Pablo cuando escribe en Filipenses 2:12 “que nos ocupemos de nuestra salvación”. El principio es éste: Todo en este mundo, en el sistema cósmico, obra de afuera hacia adentro, tratando de cambiar al hombre interior haciendo que el hombre exterior se vea o hable o actúe de ciertas maneras “aceptables”. Pero el plan de Dios es distinto. Obra desde adentro hacia afuera. El cambio que Dios quiere, sucederá primero en lo más recóndito de nuestra esencia, nuestro espíritu y nuestra alma, transformando entonces nuestro exterior. El crecimiento cristiano se verá por último en lo que hacemos.
¿Cómo es, justamente, que hemos de ser transformados? “Por medio de la
renovación de vuestro entendimiento”. “Renovación” es anakainóo. Ana significa “constantemente”. Kainos significa “nuevo en su calidad”. La renovación del entendimiento significa una mejora constante de la calidad de nuestra mente por la repetición de la enseñanza de la Palabra de Dios. Isaías 28:10 nos dice que el plan de Dios es “mandamiento tras mandamiento, mandato sobe mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá”. Ponemos promesa sobre promesa, precepto sobre precepto y avanzamos paso a paso por medio de la renovación de nuestro entendimiento.
El plan de Dios no es cambiar a la gente exigiendo que usen cierta ropa o que hablen de cierta manera. Su plan es que la Palabra sea enseñada y, dondequiera que la Palabra es recibida, cambiará al que la recibe en su interior y después el exterior. Cuando alguien cambia su actividad por su propia voluntad como resultado de la Palabra de Dios, hay crecimiento verdadero. El plan de Dios empieza en la salvación cuando fuimos nuevas criaturas habiendo sido regenerados por nuestra unión con Jesucristo (2 Cor. 5:17). Después pasamos a Romanos 12:2, a la renovación de nuestro entendimiento. El resultado será que, al final, Romanos 6:14 será una realidad en nuestra vida. Andaremos en novedad de vida. Si renovamos nuestros pensamientos por medio del estudio constante de la Palabra de Dios durante mucho tiempo encontraremos experiencias de novedad de vida; nuestra vida será de calidad porque nuestro pensamiento es de calidad.
El propósito de este crecimiento, Pablo dice en Romanos 12:2 es “comprobar” algo. Dokimazo es un término atlético que significa “probar por medio de un examen”. Dios tiene pruebas (tribulaciones, presiones, adversidades y hasta prosperidad) planeadas para cada vida. ¿Cuándo hemos de presentar nuestro cuerpo como un sacrificio vivo? Cada vez que enfrentamos una prueba. ¿Y qué vamos a probar? Lo que aquí se llama “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. “Perfecta”, teleios, es una palabra usada en la Biblia para denotar madurez. Significa estar completo, no faltarle a uno nada. Cada vez que somos probados, enfrentando y venciendo la presión, tenemos la oportunidad de probar que la voluntad de Dios obra en la vida.
Haya, pues en vosotros este sentir; que hubo también en Cristo Jesús… (Fil.25)
“Haya en vosotros este sentir” es el imperativo presente activo del verbo fronéo, que significa “pensar”. Este es un mandato a seguir pensando como Jesucristo pensó. La voz activa nos dice que nosotros escogemos si lo hacemos o no. 1 Corintios 2:16 dice que la Biblia es la mente de Cristo. Si tenemos la esperanza de pensar como Cristo tenemos que conocer y comprender cómo pensó El. Esto se logra sólo por medio del estudio y la aplicación constante de la Palabra en la plenitud del Espíritu Santo. Para conformarnos a Cristo, tendremos que empezar cambiando nuestra manera de pensar.
Sin el estudio de la Palabra, no podemos saber cómo debemos de pensar o que debemos de pensar, porque la mente de Cristo es totalmente contraria a toda percepción y lógica humanas. Pablo lo ilustra en los versículos anteriores y posteriores al mandato de que tengamos la mente de Cristo.
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. (Fil. 2:3, 4)
El Señor Jesucristo trató a cada criatura de la raza humana considerándola más importante que El mismo, y El era Dios encarnado. Le hacía ver a las personas que eran de valor por la manera como las trataba. Su vida toda fue un constante cuidar los intereses de otros. Marcos nos dice que Jesús “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” (MAR 10:45), y todos los relatos de los Evangelios dan fe del hecho de que sirvió todos los días de Su vida sobre esta tierra.
Qué cambio radical habría en la sociedad si pensáramos de esa manera. Considere lo que significaría en su vida y la mía si 24 horas al día estuviéramos ofrendando nuestros cuerpos como un sacrificio vivo a Dios de esta manera. ¿Qué sucedería si ofreciéramos el aliento, consuelo, afecto y la compasión de Cristo a cada persona con quién tenemos contacto hoy? ¿Qué sucedería si pusiéramos a los demás y sus necesidades antes que las nuestras? ¿Qué sucedería si nuestra actitud fuera que las vivencias de otras personas son tan importantes, sus problemas tan urgentes, sus sentimientos tan dignos de ser tomados en cuenta como los nuestros?
Si tuviéramos esa actitud, entonces cada día sería un día de auténtica adoración, porque estaríamos viviendo cada hora como un sacrificio a Dios, experimentando la propia vida de la persona de Jesucristo. Pero sólo puede suceder de una manera: la mente se tiene que colmar de la Palabra de Dios, el alma tiene que saturarse de la Palabra de Dios. Al estar de fiesta con la Palabra día tras día, la transformación lentamente va sucediendo, y nos lleva a pensar y actuar como pensó y actuó Jesucristo.
El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Fil. 2:6-11)
