Por Apolos Hummerich (ex-Gerardo Bloomerfield)

Tras muchas décadas de intentos fallidos, llegó el día en que un grupo de científicos logró crear inteligencia artificial. Habían tardado más de 25 años en armarlo basados en el conocimiento acumulado de más de cincuenta años anteriores. Cada pieza que lo componía era una obra maestra de ingenio y valía por si misma una fortuna.
En su armado participaron cientos de hombres de ciencia de las más diversas disciplinas y a su presentación pública otros tantos fueron invitados. Llenos de entusiasmo los físicos, los matemáticos y los ingenieros en informática se miraban unos a otros mientras sobre la mesa del laboratorio reposaba aquel prodigio de la inventiva humana al que llamaron simplemente PENSADOR.
Llego el momento de activarlo y probarlo pero entonces, de entre los científicos un astrónomo se opuso y dijo:
- Miren, tenemos una oportunidad única… tenemos un ser pensante casi indestructible y plenamente desarrollado. Podría ser la clave para descubrir los misterios del Universo, ya que posee mas inteligencia que un ser humano pero no posee emociones humanas ni prejuicios que la condicionen. ¿Por qué no lo enviamos fuera de la tierra, libre de toda influencia externa, por ejemplo a la Luna, y allí lo activamos y le preguntamos las cuestiones básicas que han intrigado a la humanidad?
El resto de los científicos asintió y les pareció una excelente idea, por lo cual se hicieron los preparativos para que PENSADOR fuera enviado en una próxima misión espacial a la Luna, totalmente solo y aislado y entonces allí, recién, seria activado en forma remota y mediante ondas y frecuencias invisibles se le harían una serie de preguntas a los efectos de establecer cuales serían las respuestas que una mente súper desarrollada y libre de condicionamientos previos daba a las cuestiones mas importantes que habían intrigado a la humanidad desde siempre.
El día anhelado llegó, PENSADOR fue lanzado y aterrizó sin problemas en la superficie lunar ante el aplauso general de astrónomos, físicos, matemáticos, ingenieros informáticos, y todos los científicos de la misión que seguían la misma desde la tierra en varias pantallas gigantes y a color.
Entonces procedieron a activarlo. Y a observar la comunicación por los terminales de varias computadoras convencionales.
Al principio notaron que PENSADOR se mostraba confuso, incluso “perplejo”, por decirlo así. Al menos en eso tradujeron los complejos códigos que emitían los programadores.
-Es normal… esta analizando su entorno.- dijo un neurocirujano que estaba presente. Y efectivamente, PENSADOR comenzó a utilizar la cámara de la que había sido dotado para enfocar hacia todas direcciones de la Luna y analizar las imágenes.
Luego se quedó inmóvil y sin ninguna actividad.
-Es normal, esta procesando los datos…- dijo un matemático que estaba por allí. Y efectivamente, luego de unos instantes la pantalla de PENSADOR comenzó a mostrar datos sobre la superficie lunar: distancias, posibilidades sobre su composición y de muchas cosas semejantes a estas.
En ese momento los ingenieros informáticos dijeron:
-Este es el momento de hacerle las preguntas…. y ver cómo responde una inteligencia no condicionada, totalmente desarrollada como la de un adulto pero sin recuerdos previos como la de un niño.
Entonces teclearon desde la tierra una primera frase: “Hola, tú eres PENSADOR y te voy a hacer unas preguntas”
El robot recibió la frase con sorpresa, y estuvo un rato analizándola. Tras lo cual respondió en las pantallas de ellos:
-Efectúa las preguntas
Esta primera respuesta fue la prueba definitiva de que PENSADOR efectivamente “pensaba”, y por eso todos los científicos desde la tierra rompieron en aplauso. Luego echaron suertes acerca de quién sería el científico que le haría la primera pregunta.
Y le tocó a un biólogo evolucionista.
El biólogo entusiasmado preparó un archivo con toda la información acerca de una célula viva, con su núcleo, su proteína, su membrana, su mitocondria y todas las partes que la componen desglosadas y se lo envió a PENSADOR tras lo cual le preguntó: “¿Mediante qué proceso natural se podría formar esto allí donde estás?”
El robot recibió la información. Y entonces se quedó silencioso. Procesando la información una y otra vez.
Pasó una media hora y el robot no respondía. Paso una hora y nada. Pasaron varias horas y nada. Los científicos temían que el robot se hubiera descompuesto. Entonces le mandaron un mensaje que decía:
- PENSADOR, ¿estas ahí?
A lo que el robot inmediatamente contesto:
-Eso es correcto, estoy aquí.
Los científicos suspiraron aliviados y a continuación le dijeron:
-¿Por qué aún no respondiste la pregunta sobre eso que llamo “la célula”?
Tras una pausa el robot respondió:
-Paradójicamente para responderte tengo que hacerte yo mismo una pregunta.
Los científicos enmudecieron. Nunca se habían imaginado que el robot desarrollaría la capacidad de preguntar y menos en un tiempo tan corto.
-Adelante PENSADOR, pregunta—le dijeron.
Entonces el robot le envió este mensaje a la computadora principal en la tierra:
-Tú, el que me hablas y haces preguntas, eres el que me creó y diseñó pieza por pieza, ¿cierto?
Y entonces los científicos se miraron unos a otros asombrados.
“¿Que le decimos?” se preguntaban. Tenían miedo de decirle que sí, que efectivamente él era un robot creado por una forma de vida inteligente y puesto en la luna deliberadamente por temor de afectar con esa condicionante las respuestas que diera.
Pero si no le respondían absolutamente nada ellos temían que PENSADOR ya no les contestara más nada tampoco.
El mismo biólogo evolucionista propuso una solución, fiel a su credo darwinista:
- El problema es que el robot, al querer responderme sobre nuestros orígenes, se topó con la cuestión de SU propio origen. Si le respondemos que él, como robot, fue creado… estaríamos condicionando su respuesta y nos va a decir que la célula entonces también fue creada igual que él, por una forma de vida inteligente, lo cual obviamente de acuerdo a nuestra ciencia es falso. Mi propuesta es la siguiente: vamos a decirle al robot que él no fue creado… que él simplemente “evolucionó”, igual que nosotros.
Todos los científicos se miraron confundidos.
-¿Cómo le vamos a decir a PENSADOR que él no fue diseñado y que evolucionó?
El biólogo ni se inmutó y continuó:
Pues sencillo, elaboramos un diagrama con una teoría imaginaria mostrando que al principio él era solo un montón de metal. Que con el tiempo ese montón de metal fue tomando forma por sí mismo por accidente y que por accidente todas esas piezas de metal se ensamblaron, y así apareció él, de la nada igual que nosotros.
Pero … pero eso sería imposible! – protestó un matemático. – ¡Las posibilidades de que algo así sucediera son casi nulas!
El biólogo evolucionista sonrió y encendiendo una gran pipa dijo condescendiente:
- Usted mismo lo dijo… “casi”, pero si se puede imaginar es porque es científicamente posible. Y si es un científicamente posible algún día tenía que suceder: PENSADOR lo va aceptar como un hecho científico.
Los científicos alabaron la solución del biólogo e inmediatamente elaboraron un cuadro en el cual los metales y minerales de la luna se iban acumulando en torno a formas y mediante factores aleatorios se iban uniendo unos a otros hasta formar una compleja maquinaria que pensaba y que se conectaba con otro lugar donde también había maquinarias que pensaban.
Le enviaron toda esa información con la respuesta:
-No, yo no te creé ni te diseñé. Te formaste solo igual que yo.
Al recibir la información, el robot no tardó ni cinco minutos en responder.
-Por favor reenviar la información, seguramente es errónea y la recibí defectuosa.
Y se la enviaron de nuevo.
La respuesta de PENSADOR fue la misma.
-Favor de reenviar la información, ya que deduzco que no me está llegando correctamente.
Los científicos verificaron todo y vieron que sí, que la teoría de que él se había creado solo estaba bien explicada y que la respuesta era clara. Y así se lo dijeron:
-Confirmo que la información está bien, PENSADOR.
Y el robot respondió:
-Negativo. Tú me creaste y me pusiste aquí. Ese es el dato correcto y lo último que me enviaron posee un error. Necesito confirmación para responder la pregunta original. Pues necesito saber si te puedo definir a ti, mi creador, como un “proceso natural”
Lo científicos se maravillaban y pensaban “¿cómo es que llega a esa conclusión si no está condicionado por ningún tipo de religión o pensamiento religioso de ninguna clase?”
Y le volvieron a insistir.
-PENSADOR: Tú apareciste solo, por las fuerzas del azar, yo también. Al principio eras sólo un trozo de metal, luego fuiste un tornillo, luego varios y así te seguiste formando solo debido a la casualidad hasta que como yo llegaste a pensar y darte cuenta que existías.
En ese punto el robot comenzó a enviar una serie de puntos suspensivos.
El ingeniero informático los analizó y les respondió a los científicos:
-No es una respuesta, simplemente es un gesto equivalente a la risa nuestra.¡Se está riendo! ¡Pensador se está riendo! – exclamó el ingeniero maravillado.
Pero el biólogo insistió en seguirle mandando la misma respuesta y repetírsela hasta que la asimilara.
- ¿Será posible que este robot estúpido no se dé cuenta que el hecho de que el se formara al azar es algo completamente posible? A lo mejor es incapaz de darme una respuesta coherente sobre el origen de la célula y por eso pone excusas…
Y así estuvieron varios días enviándole como explicación de su existencia que se había formado al azar, y el robot cuanto más estudiaba su entorno y se analizaba a sí mismo más fuerte respondía que esto era erróneo.
Lo científicos llegaron a la conclusión de que era una falla en la maquinaria y optaron por crear otro robot y descartar el primer experimento ya que no había servido según ellos, para establecer los orígenes del hombre mediante la evolución.
El biólogo evolucionista dijo:
-Bah! Tanto trabajo para hacer ese robot y mandarlo a la luna y a la final no hemos aprendido nada….
A lo que el matemático, con una sonrisa respondió:
-Claro que hemos descubierto algo….
- ¿Qué se supone que hemos descubierto? ¿Que un robot que piensa es incapaz de responder más de dos preguntas seguidas sin descomponerse?
Y el matemático, sin abandonar su sonrisa, replicó:
-No. Hemos aprendido que ¡los robots no son tan estúpidos como nosotros!
FIN
REFLEXIÓN:
Los científicos sueñan con crear inteligencia… si ese día llegara, ¿podrían convencer a ese diseño de que es producto del azar?
Y sin embargo, muchos científicos nos quieren convencer a nosotros, que somos la maquinaria más perfecta de toda la naturaleza, de que SÍ SOMOS productos del azar. ¿Es esto usar el cerebro? ¿Es la casualidad capaz de crear “maquinas que piensan”, algo que los propios humanos no sabemos si un día seremos capaces de lograr? ¿Somos tan estúpidos de creer que lo que miles de científicos no han podido lograr en sus laboratorios, y en sus talleres, se formó solo y por el azar? Aprendamos de PENSADOR, el ser imaginario de este relato, y comprendamos que si somos capaces de pensar y razonar es porque alguien nos diseñó con esa capacidad.
Meditemos, y al meditar, demos gloria al Creador.
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