LA VIRGEN MARÍA Y LO QUE LA BIBLIA DICE DE ELLA

 

 

        

  

¿María o Mariolatría?

  

  Un elemento de la fe Católica que claramente la aleja del llamado “Protestantismo” es el énfasis que aquella pone sobre la veneración de la virgen María, la madre de Jesús.

 

          Los así llamados “protestantes” generalmente quedan confundidos al tratar de comprender el porqué María se ha convertido tan universalmente amada, ocupando un lugar especial y preponderante en los corazones católicos. Este sentir especial se deja ver en las innumerables estatuas e imágenes de ella en todas partes  donde se ha propagado esta fe. Es claro que los católicos le dan a la virgen María un lugar sublime en sus pensamientos y devociones.

 

          El dirigirse a ella por medio de prolongados rezos se ha convertido en algo tan natural como el dirigirse al mismo Dios eterno. Amor, dedicación y servicio son dirigidos a ella de manera abundante y con toda honestidad, que nadie lo puede poner en tela de juicio, sin duda.

 

          La explicación que dan los católicos de tal honor y gran veneración es bastante simple: “… porque ella es la Madre de Dios, y por consiguiente sobrepasa (a todos los ángeles y otros santos) en gracia y gloria y en su poder de intercesión… María es nombrada ‘Reina de los ‘ángeles’ y ”Reina de todos los santos’ porque los ángeles y los santos la miran a ella y la honran como su reina.”

 

          Además, en el rosario encontramos que los católicos repiten: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte…amén.”

 

          Los Protestantes, por cierto están empapados con todo esto y aceptan la narración de las Escrituras respecto a ella. Como tal, creen que es digna de recibir honor y estima y debe ser considerada bendita según se nos enseña en dichas Escrituras (Lucas 1:48). No obstante, todo varón que confía en Dios, es igualmente bendito para Dios (Jeremías 17:7). Por tanto, María tiene un lugar especial en el corazón de los llamados Protestantes, pero sólo al grado que permiten las Sagradas Escrituras. La Biblia es la regla de fe del cristiano protestante, y sólo ella.

 

             Comencemos dando un vistazo más de cerca al título “Madre de Dios“. esta expresión muy usada por los católicos, no se halla en ninguna versión de la Biblia (sea Católica o Protestante). Es obvio que Dios, quien por esencia es eterno, no puede tener progenitora o Madre. Esto lo puede fácilmente comprender un niño de pocos años de vida. Si María es Madre de Dios, entonces ella es más que Dios por ser su progenitora. Lo que sí podemos aceptar los no católicos es que María fue la madre del hombre Jesús, o de su humanidad, pero nada más. Así se ve que el título “Madre de Dios” expresa un grave y serio error, pues el que existe por sí mismo, y nunca tuvo comienzo, ni tendrá fin; no podría haber nacido de alguien que fuese producto de su misma creación.

 

La Inmaculada Concepción 

 

             Otra creencia católica en relación a María, que perturba a los cristianos no católicos, tiene que ver con la llamada “inmaculada concepción” de María. Este dogma nada tiene que ver con la impecabilidad del niño Jesús. Más bien se refiere al nacimiento de su madre María. En su pronunciamiento, el Papa dijo que la bendita virgen María “En el primer instante de su concepción y con un singular privilegio y gracia otorgada por Dios en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador de la raza humana, fue preservada exenta de toda mancha del pecado original.”


             No obstante, autoridades católicas admiten no poder hallar sustento en las Escrituras para semejante dogma. De lo que no se han dado cuenta es que la enseñanza de la Biblia claramente la refuta y no provee base alguna para apoyar dicha posición.

 

             Según las Escrituras, sólo Adán y Eva fueron creados perfectos directamente por Dios mismo. Pero por su rebelión aquella perfección duró poco. Así, la condenación cayó sobre ellos y su prole aún no nacida.  La Biblia nos dice: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condición a todos los hombres...” (Romanos 5:18). Y también nos dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…” (Romanos 3:23).

 

             La única excepción a esta regla que encontramos en la Biblia es Jesucristo, y la razón para ello está dada con mucha claridad. De él está escrito que fue “santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores” (Hebreos 7:26). Además: “No pecó, ni se halló engaño en su boca.“(1 Pedro 2:22).

 

             La razón del porqué Jesús nació libre de la contaminación del pecado se debió al hecho que el Padre celestial intervino milagrosamente en el curso natural de la concepción humana. Sí, fue el poder del Todopoderoso el que cubrió a María causando que ella concibiese en su vientre y más tarde diese a luz al Salvador de los hombres. Fue de este modo como Jesús pudo nacer libre de pecado y de su condenación que ha plagado a toda la humanidad.

 

             Pero en relación a María, su madre, no se puede hallar alguna evidencia bíblica que nos indique que ella fue preservada de la mancha del pecado “original“. Ella fue concebida naturalmente de la manera usual, y por lo tanto, cayó sobre ella la misma condición caída y pecaminosa que el resto de la humanidad en todas las épocas. Por eso ella misma exclamó en la anunciación del ángel Gabriel: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:47). Y, ¿Por qué necesitaría una supuesta “María Inmaculada” un Salvador? Pues, como María misma confiesa: “Porque ha mirado (Dios) la BAJEZA DE SU SIERVA…” (v.48). Es evidente que María no sabía nada de la inmaculada concepción, ni menos, millones de católicos por espacio de muchísimos siglos. No fue sino el Papa Pío IX, Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854, quien dijo: “En el primer instante de su concepción, por un privilegio y gracia singulares concedidos por Dios, en vista de la raza humana, la virgen María fue conservada exenta de toda mancha del pecado original”. Y en el día de Navidad de 1931 (Encíclica Lux Veritatis) decretó que todo buen católico tiene que creer en la virgen María como mediadora e intercesora con Dios”.

 

             Es obvio que la virgen María ha llegado a tener una alta estima y veneración en el catolicismo en los últimos ciento cincuenta años y gracias al Papa Pío IX. Antes de él, nada se sabía de María sino sólo lo que verdaderamente está registrado en las Escritura. La posición que ella ha “ganado” hoy no se fundamenta en la Biblia, sino en las invenciones humanas y sus tradiciones.

 

             Sí, ciertamente María fue como uno de nosotros, tratando de vivir una vida recta en sus esfuerzos por vencer sus imperfecciones y debilidades de la carne las mismas que son inherentes a la condición adámica, y propias de la raza humana.

 

Dogmas de la Perpetua Virginidad 

 


             Otro dogma respecto a María se refiere a su supuesta virginidad perpetua. Aquí también parece existir sobrada evidencia de las Escrituras para refutar esta idea, no habiendo razón alguna para sostenerla. Léase lo que nos dice Mateo 1:24,25: “Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció HASTA que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.” Aquí encontramos una evidencia clara que efectivamente José no tuvo intimidad marital con María HASTA QUE DIO A LUZ A SU PRIMOGÉNITO. No dice que nunca tuvo intimidad marital con su mujer María. Lo que dice es que José “no la conoció” (sexualmente) HASTA que nació Jesús, pero después sí la conoció.

 

             Con relación al matrimonio, este es un sacramento válido y santo para todos los cristianos. Dios ha bendecido el matrimonio, y no hay nada malo en él si está dentro de las estipulaciones de Dios. Las relaciones sexuales de los esposos son benditas y no hay pecado en ellas dentro del matrimonio, pues Dios dijo: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). Este mandato divino nos lleva a pensar que José y María se casaron para unirse y ser una sola carne, y no, más bien, para convivir separados.

 

             El hecho que Jesús haya tenido hermanos es prueba suficiente de que María tuvo más hijos. Y en una oportunidad unas personas que estaban reunidas con Jesús le dijeron: “Tu madre y TUS HERMANOS están afuera, y te buscan” (Marcos 3:32). Aunque en descargo se nos dice que la palabra hermano también significa primo, nosotros nos inclinamos a creer que eran sus hermanos carnales que acompañaban a su madre María. Si la palabra significa en este caso: “primo”, entonces debemos leer el versículo 35 de esta manera: “Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi primo (no hermano), y mi prima (no hermana), y mi madre“. ¿Cree usted que se constituye en primo de Cristo al hacer la voluntad de Dios? Pues, ¡claro que no! Nos constituimos en hermanos de Cristo, en el buen sentido de la palabra, y consecuentemente, en hijos de Dios. Por ello, cuando en el verso 32 habla de HERMANOS de Jesús no debemos pensar que son sus primos. (Leer también Marcos 6:3).

 

La Asunción Corporal de María

 

             La asunción corporal de María a los cielos es otra creencia abiertamente admitida y que no halla sustento en la Biblia. Puede decirse con seguridad que a través de toda la Biblia no hay la más mínima referencia de que a María se le mostró preferencia por encima de los apóstoles y otros santos, en recibir su recompensa “celestial” antes que los demás. Más bien encontramos en las Escrituras que TODOS  los creyentes JUNTOS tendrían que esperar el tiempo de su cambio (transformación), en la primera resurrección, al volver Cristo por segunda vez (1 Tesalonisenses 4:15-17; 1 Corintios 15:51,52). Será en esa magna ocasión cuando los santos tendrán herencia en el reino de Cristo, preparado desde la fundación del mundo. La iglesia, pues, recibirá la herencia completa cuando venga el Señor Jesucristo a resucitar a todos los creyentes de todas las épocas (Véase Mateo 25:31-34).

 

             Con el relativo nuevo dogma de la asunción de María al cielo proclamado por el Papa Pío XII el 1 de Noviembre de 1950, los católicos consideran que María posee el rol de intercesora en tiempos de necesidad. Los católicos creen que ella es nuestra MEDIADORA… entre los hombres y su hijo a fin de que pueda suplicar a favor nuestro ante su Hijo Divino, quien a su turno intercederá por nosotros ante Su Padre.

 

             De otro lado, hay hechos específicos de la Biblia que son ineludibles. No sólo no dijo Jesús que los creyentes debían de acercársele por la mediación de María u otro santo, sino que declaró enfáticamente que todos debían hacerlo directamente a él: “Vengan a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28). Nótese que Él no dijo que viniéramos a él por medio de su madre u otro santo, sino más bien directamente a él, sin intermediarios. En Juan 14:6 Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida: Nadie viene al Padre sino por mí.” Nótese que Jesús dice: “Yo soy el camino (al Padre)” y no, como los católicos sostienen: “Yo soy UN camino (al Padre)”. Y en Juan 6:35,37 Jesús nos dice algo muy hermoso que los católicos debieran entender: “Al que viene a mi…NO LE ECHO FUERA.”


             Recordemos lo que le escribe San Pablo al joven Timoteo: “Porque hay un solo Dios, y un SOLO MEDIADOR entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5). En ninguna parte de la Biblia se nos dice que María es mediadora entre nosotros y Cristo, como creen los católicos. Léase también Romanos 8.33,34; Hebreos 7:25.

 

             Demos ahora un rápido vistazo a algunos de los títulos y oficios conferidos a María por el catolicismo: “Nuestra Vida”, “Refugio de Pecadores”, “Asiento de Sabiduría”, “Estrella de la Mañana”, “Nuestra dulzura y esperanza”, “Nuestra Madre”, “Mediadora”, y “co-Redentora”. En el lenguaje y significado de las Santas Escrituras, dichos términos (excepto los últimos, no son bíblicos) propiamente pertenecen a nuestro Señor Jesucristo. Removerlos de él y aplicárselos a otra persona equivale a una usurpación de su justo lugar en el corazón de los fieles.

 

             La Biblia es consistente en dirigir nuestra atención hacia Aquel que es más que merecedor de recibir nuestra alabanza: “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe” (Hebreos 3:1). En Colosenses 1:13-18 se nos dice: “…y él (Cristo) es antes que todas las cosas…él es la cabeza del cuerpo, tenga en todo la primacía.” Ciertamente fue Jesús quien se halló fiel, aun hasta la ignominiosa muerte en la cruz. Por esta razón su Padre “le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús SE DOBLE TODA RODILLA de los que están en el cielo, y en la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.” (ver Filipenses 2:8-11).

 

             No estamos desdeñando a la persona de María en modo alguno, o disminuyéndola ante la honra que se le debe. Incuestionablemente, para merecer el honor de haber sido seleccionada ‘entre‘  (no ‘sobre’) todas las mujeres, ella debió de tener las más finas y virtuosas cualidades de la raza humana. Sólo pretendemos señalar que los hombres pueden caer en el serio error de otorgarle reverencia y adoración indebidas, al extremo de establecer un rival para Jesucristo o aun para Dios mismo, cuando se deja de lado lo que enseña la Biblia.

 

             Debido a su gran sacrificio, Jesucristo se ha convertido en nuestro gran Sumo Sacerdote, Abogado y Redentor (1 Juan 2:1). Él es el único Mediador que existe para recibir el perdón de Dios y Su gracia. Cristo sí se compadece de todos los que se le acercan en su nombre  (Hebreos 4:14-16). Él nunca nos rechazará, por ser “manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Su “política” consiste en no echar a nadie fuera cuando se le acercan a él en oración y con sinceridad de corazón (Juan 6:35,37).

 

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3 pensamientos en “LA VIRGEN MARÍA Y LO QUE LA BIBLIA DICE DE ELLA

  1. Estimado devoto Mariano, ¿y dónde dice en la Biblia que Jesús y María nos conducirán al Padre? Lo que las Escrituras sí dicen que Jesús es el único que nos puede llevar al Padre, y nadie más (Juan 14:6). Ah, y no se olvide de mencionar de vez en cuando a ANA, la madre de María, quien, al fin al cabo cuidó de su hija para convertirla en lo que fue…una mujer bendita entre todas las mujeres.

    Un abrazo,
    Apologista

  2. Doña Cata, ¿cómo es eso que no hay fronteras para la fe? ¿Quiere decir usted acaso que un budista, un mahometano y un cristiano se salvan igualmente si son sinceros en su fe y práctica?¿Quiere usted decir que uno puede ser católico y espiritista y aún así salvarse? ¿Hasta este punto es su apertura de fe? ¡cuidado!
    Apologista

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