CARTA DE UNA ESPOSA ANGUSTIADA POR SU HOGAR EN CRISIS
Hola, soy una mujer cristiana de 30 años desde el vientre de mi madre. Hace 2 años y medio me casé con un hombre cristiano, y hace una semana estamos separados, ya que él se fue de la casa porque no aguantaba más mis insultos.
Soy de carácter fuerte, impulsiva, rebelde, aún cuando nací en un hogar cristiano. Yo nací prematura y con una condición auditiva no buena, y eso hizo que me sobreprotegieran demasiado permitiéndolo todo en mi vida. Aun eso me duele ya que actualmente se me hace difícil tomar decisiones, y valerme por mi misma.
Me casé con un hombre extraordinario, buen padre, buen abuelo, ya que cuando lo conocí ya tenía 3 hijos (27, 24 y 6 de un mismo matrimonio). Se divorció porque para él convertirse fue un caso. Ahora bien, en mi caso, como le decía, soy de carácter fuerte y por eso llegó un momento en que lo insultaba emocionalmente, sicológicamente, y le llegué a agredir. Había celos, obsesión, y hostigamiento por teléfono. El siempre me decía que cambiara porque estaba cansado de lo mismo, que estaba en cero, negativo, a punto de llegar al abismo, etc, etc. Hoy reconozco que lo amo y que lo extraño, me hace falta y quiero restaurar mi matrimonio. Le pregunto cómo lo puedo lograr. Deseo:
1. Cómo puedo restaurar mi matrimonio.
2. Saber qué hacer para ser la esposa que él quiere que yo sea.
3. Cómo le hago saber a él que aunque él dice que necesito cambiar y él regresar, no solamente por él, sino por mí, que yo voy a cambiar.
4. Cómo hago para que él vea frutos, no de palabras, sino de hechos.
5. Qué hago para que mi marido vea en mi un cambio y así restaurar mi matrimonio.
Delia
CONSEJO:
Estimada hermana:
Te saludo en el poderoso nombre de Nuestro Señor, deseando que su luz te ilumine siempre.
Es evidente que estás muy clara acerca de cuál es la causa de tu problema, y eso es muy importante. Cuando conoces a tu adversario, puedes vencerlo. En este caso, tu enemigo, al parecer, es tu “carácter fuerte”.
Pero… tranquila. ¿Sabes qué? Tengo excelentes noticias para ti. Creo que no eres nada de lo que dices, sólo te estás dejando utilizar por Satanás. El es nuestro astuto enemigo, siempre al acecho y decidido a debilitarnos la fe y destruir nuestra comunión con el Señor. No darle ocasión es nuestra decisión más acertada.
Recuerda que el Señor, a través de su sacrificio en la cruz, nos dio una nueva vida. Un niño cuando nace, no es malo ni bueno ni tiene carácter fuerte. Es una criatura que depende de su madre para vivir.
Algo semejante ocurre con nosotros. Separados del Señor, nuestra vida espiritual colapsa y somos presa fácil del enemigo. Su Palabra es el alimento que nos hace fuertes para resistir todas las pruebas que tengamos que enfrentar. Y sin duda alguna, para ser felices.
Dices que naciste prematura. Tengo la impresión de que a raíz de esas limitaciones aprendiste un patrón de conducta que te permitió, cuando eras niña, conseguir todo lo que querías. Una vez adulta, tal vez esperando conseguir de tu marido el mismo amor y la atención absoluta que tenías de tus padres, sigues haciendo uso de un comportamiento que, a estas alturas de tu vida, lejos de beneficiarte te perjudica a ti y a quienes te rodean. Y es lógico. Ya no eres una niña.
Eres una mujer casada. La esposa cristiana debe sujetarse a su marido y respetarlo. Pero esta no es una sujeción a regañadientes, sino por amor. Así como amas al Señor y te sujetas a él, debes hacerlo con tu esposo (Ef. 5:22).
Tus pasadas frustraciones no tienen porqué interferir ahora en tu vida y menos en la de las personas que amas. Tú debes asumir responsablemente el cuidado de lo que Dios te ha dado: un hogar y un excelente esposo. No permitas que los celos, el hostigamiento y los gritos, se enseñoreen de ti. Haz uso del dominio propio que el Señor te dio.
No olvides que las palabras son espíritus. Cuida siempre lo que hablas para que no desates tempestades. Lo que siembres, eso cosecharás. Ama y respeta a tu marido, y verás que él también hará lo propio.
Ahora bien, has dicho algo sumamente importante: amas a tu esposo y deseas restaurar tu matrimonio. Así las cosas, sé que estarás dispuesta a cambiar tu conducta, pues el amor no hace nada indebido. A cultivar ese espíritu apacible que agrada al Señor (1P 3:4), a darle cabida al Espíritu Santo en tu vida, para que puedas experimentar la paz verdadera. Requiere de tu esfuerzo. Solicita la ayuda del Señor en oración. El Espíritu Santo no mora en un templo contaminado.
Habla con tu esposo y explícale que estás arrepentida. Dile cuánto le amas y cuánto lo necesitas. Hazle saber que reconoces todos tus errores y también tu firme decisión de no volverlos a cometer. Procura su perdón.
Quiero dejarte, para finalizar las hermosas palabras que una vez pronunciara el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo; mas vive Cristo en mí …”. (Gal. 2:20). Si Cristo ahora vive en nosotros, ¿cómo podemos decir “yo tengo mal carácter”? ¡Eso no existe, hermana! ¡No permitas que Satanás te siga engañando!
En la esperanza de que el Señor te permita disfrutar de una vida feliz junto a tu esposo, se despide de ti, y queda a tus gratas órdenes, amiga y hermana,
Rosa
Archivado bajo: General | Etiquetado: conflictos, esposos, matrimonio
