PAUTAS PARA SOLUCIONAR LOS CONFLICTOS MATRIMONIALES

 

Dice el Dr. Clayde Narramore: “No debe sorprendernos que no exista ni una sola pareja que pueda cruzar los mares del matrimonio sin encontrarse en alguna tormenta “. Él mismo sugiere que quizá la razón de esta realidad es que “nadie está emocionalmente sano en todas las ocasiones”.

Aunque los conflictos son naturales en el matrimonio, es preciso reconocer que hay diferencias o grados de conflictos, los cuales muchas veces se ven agravados en su complejidad o en su dimensión por no saber cómo manejarlos. Los principios de Resolución de Conflictos están íntimamente ligados a los principios de “comunicación efectiva”, Una buena comunicación permite evitar o disminuir el conflicto. Por el contrario, una mala comunicación permite crear o complicar más los existentes. Prestemos atención a alguno de ellos:

1.      Trate de atacar el motivo del conflicto, no a la persona.

Es común que en medio del ardor de una discusión alguna de las partes se olvide del tema y ataque (aún con temas viejos) a la otra persona. También, es posible que los términos que se utilizan hagan que la persona se sienta ofendida, en lugar de resolver el tema que les preocupa. Sintiéndose atacada, una persona normalmente devuelve la agresión con más agresión (Leer: Proverbios 15:1; 25:15; Efesios 4:26-3 l).

2. No acumule malestar ni rencor

Los problemas no resueltos se agravarán con el paso del tiempo. El guardar rencor, irritaciones o disgustos pueden llevarle a decir o hacer cosas que luego lamentará. Es necesario resolver “cada día su propio mal”, de lo contrario, no estará sabiendo por qué pelea (Proverbios 17:14; 20:3; Romanos 13:13). 

3. Sepa perdonar y olvidar

Obviamente, no se puede olvidar por completo, pero tampoco se debe mencionar todo lo que uno recuerda. El usar datos viejos confunde el cuadro de discusión. Un conflicto puede llegar a ser crónico por la incapacidad de alguien en el área de perdonar. No sólo hay que saber perdonar, sino también saber perdonarse (Santiago 5:16; Colosenses 3:13; Proverbios 17:9; 1 Pedro 4:8).

4. Sepa escoger el tiempo y lugar de discusión

Aunque la mayoría de las veces reaccionamos impulsivamente, debemos tener la mente fría como para poner distancia del problema a fin de actuar con mayor calma, con menos enojo. Esto nos permitirá ser más objetivos en el conflicto. Esto también incluye el evitar testigos ajenos al problema, que pueden traer vergüenza a una de las partes intromisiones que no ayudan. Postergar la discusión no significa evadir el problema. (Proverbios 15:23,28; Santiago 1:19; Proverbios 18:21).

5. Sea honesto acerca de lo que es el problema en sí

No pelee con problemas imaginarios o inexistentes. Busque el problema real, las raíces y no las excusas. No presuponga que su cónyuge lee su mente. Dígale con sinceridad cómo interpreta usted el conflicto. Diga la verdad con amor, pero cuidado, no exagere. (Efesios 4:15).

6. Enfréntese con quien realmente es el problema

No descargue su frustración con los niños porque no tiene el valor de hablar con su cónyuge del conflicto. No descargue en su esposo(a) su sentimiento de impotencia para con su jefe. Evite hacer transferencia hacia terceros (1a Pedro 3:10).

7. No pelee sobre cosas insignificantes

Antes de hablar, tome un momento para evaluar si la falta merece el gasto de tiempo y atención. Muchas veces las peleas son sobre temas que no valen la pena, sino sólo por el oculto deseo de dominar o controlar al otro (Proverbios 19:13).

8. Escoja las armas adecuadas

No deje que un pequeño problema estalle hasta que se transforme en un caso de vida o muerte. No hay que llevar la discusión hasta una situación límite o de no retorno. El utilizar sabiamente la presión, persuasión, argumentos o silencios es sumamente importante para dejar a buen resguardo el afecto, el amor y las correctas y permanentes relaciones.

9. Acepte que ninguno está siempre en lo correcto

Algunos simplemente no pueden dejar de decir la última palabra al otro. La madurez se destaca por la capacidad de respetar la opinión que difiere de la suya propia. Quien actúa como si fuera el único sabio con todas las respuestas, es repulsivo a todo el mundo, inclusive a su propia familia.

10. Si sus hijos han presenciado una discusión, deben ser testigos también de la reconciliación

Los niños deben saber que el mundo no es color de rosa, pero deben desarrollar la pericia de resolver los problemas que inevitablemente surgirán en sus propias vidas. El mejor lugar para este aprendizaje es el hogar, siguiendo el modelo de sus padres.

11. Oren juntos acerca de su conflicto

Por lo general quien está en conflicto tiene la tendencia a dejar de orar. No deben dejarse engañar en cuanto a la oportunidad de orar cuando se está en conflicto. Es el momento más oportuno de reconocer la incapacidad de resolverlo y recurrir juntos a Dios. Es maravilloso lo que ocurre a personas enojadas cuando hablan con Dios. Muchas cosas cambian después de orar juntos, franca y abiertamente.

12. No tema ni tenga vergüenza de buscar ayuda de otros

A veces la pareja no logra buena comunicación y necesita que alguien los ponga en contacto otra vez. En muchas ocasiones se hace necesario que alguien objetivamente nos ayude a entender lo que nos sucede. Buscar ayuda y aceptar consejos no pone en duda la hombría ni la capacidad de nadie y a menudo ayuda a recomponer la relación. 

* Hugo Márquez

Es pastor de la Primera Iglesia Bautista en Neuquén- Argentina
Extraído de El Expositor Bautista, págs. 18 – 19. Octubre 1999

 

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