PARA UNA INTERPRETACIÓN ARMÓNICA DEL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS SEGUN JUAN

Por: David Macías Isaza

 

Para un lector principiante de la Biblia en algunas de las versiones más populares de hoy en día, no es extraño encontrar que Mateo, Marcos y Lucas, presentan una línea similar de narración revelando a un Jesús de origen divino pero descrito como un hombre mortal en todo sentido, su genealogía, como fue anunciado, como fue engendrado por Dios, su nacimiento como el de cualquier hombre salvo por la celebración de los ángeles, la visita de los sabios de oriente y como los profetas que vivían en su época reconocieron en él al Mesías cuando lo fueron a llevar al templo para hacerle la circuncisión, luego nos dicen que fue creciendo en sabiduría y en gracia, y que a los doce años en la época de su bar mitzva se queda en el templo hablando con los ancianos y ellos se asombraban de su sabiduría precoz, no dicen mas hasta que nos cuentan su ministerio después del bautismo de Juan, al ser ungido con el Espíritu Santo; este punto de vista de un Jesús con naturaleza humana, como un hombre ungido, está en Mateo, Marcos y Lucas y hasta en el libro de Hechos, pero algo ocurre al llegar al libro de Juan, las cosas se complican un poco, aparece una figura turbia y enigmática que parece no dejarnos ver claramente la misma naturaleza en Jesús, pareciera a simple vista que Juan quiere decir que Jesús fue el creador del universo o que literalmente existía con Dios desde antes de todo, parece que Juan nos quisiera decir que Jesús es Dios también y este punto de vista es el que se da por sentado y se asume popularmente en la gran mayoría de exposiciones exegetas y en muchas de las escuelas de teología cristianas actuales. ¿No ha notado que hay algo en el evangelio de Juan que no armoniza con los demás evangelios?

 

Si uno escudriña leyendo en diferentes traducciones, puede darse cuenta de que hay diferentes posturas al respecto y que a través de la historia los traductores han tomado decisiones que han llevado implícito cierto punto de vista en particular, es decir, las traducciones tradicionales comúnmente imprimen las interpretaciones y deducciones personales de los traductores acerca de ciertos temas cruciales, temas que para un estudioso serio distan de armonizar con el resto de la escritura y que además parecieran contradecirse o contradecir otras revelaciones de la Biblia. Principalmente lo que ocurre es que los términos que usaron los escritores del nuevo testamento en griego, tienen generalmente varios significados: por un lado está su “significado literal”, el que se usaba en el lenguaje cotidiano, pero también un “significado filosófico”, que se conocía en las escuelas de filosofía de la época e inclusive contaba con muchas definiciones diferentes. Varios traductores de los primeros siglos eran filósofos antes de ser cristianos y tomaron las palabras de los escritores bíblicos muchas veces su significado filosófico para interpretar pasajes que eran difíciles de entender para sus mentes educadas en la cosmovisión griega, ya que la mentalidad hebrea y la mentalidad griega son muy diferentes entre sí, inclusive antagónicas en los temas más profundos que tienen que ver con la naturaleza del hombre y la naturaleza de Dios. Los filósofos griegos estaban convencidos que a la filosofía griega debía dársele la misma relevancia que a los escritos bíblicos y pensaban que sus “verdades” podían ser reconciliadas, incluso pensaban que Platón había sido iluminado por el mismo Dios de los hebreos, cosa que sería imposible desde el punto de vista moral y ético ya que son esencialmente diferentes en todo sentido. Los filósofos griegos entonces imprimieron una traducción que pudiera contener ambas cosmovisiones pero el resultado ha sido el desastre más grande de la historia, y se ha producido una confusión de la que la cristiandad no se ha podido recuperar. Entre los términos que los filósofos griegos interpretaron con su “significado filosófico” esta por ejemplo, el vocablo griego “logos” que se ha traducido por el termino en español “el verbo”, esto se ha hecho así porque los traductores han decidido que aquí Juan hablaba de Jesús, entonces usaron un término que es masculino, ya que en el griego no hay género en los sustantivos. En la enciclopedia libre Wikipedia encontramos esta información:

 

“Muchas interpretaciones han surgido en torno al significado del Logos en este versículo. Algunos lo relacionaron con el Logos de la filosofía griega, dándole un ingrediente cristiano. Los gnósticos se inclinaron más por el primer componente. Los Cristianos apologistas del siglo II, veían en él al Hijo de Dios, pero algunos como Tertuliano, diferenciaban entre el Logos como atributo interno en Dios, y otro el Logos que engendró Dios, que se tornaría en una persona. Otros teólogos lo entendían ontológicamente como “la razón de Dios” e inseparable de él. Los que se oponían a esta visión alegaban que al Logos se le predica sin artículo definido en Griego, y esto indicaría que este Logos era un “segundo Dios”(δευτερος θεος) (véase Orígenes de Alejandria), pero no el Dios Todopoderoso, El Dios (ο θεος), que lleva artículo definido.

 

Heráclito utiliza esta palabra en su teoría del ser, diciendo: “No a mí, sino habiendo escuchado al logos, es sabio decir junto a él que todo es uno.” Tomando al logos como la gran unidad de la realidad, Heráclito pide que la escuchemos, es decir, que esperemos que ella se manifieste sola en lugar de presionar.

El ser de Heráclito, entendido como logos, es la Inteligencia que dirige, ordena y da armonía al devenir de los cambios que se producen en la guerra que es la existencia misma. Se trata de una inteligencia sustancial, presente en todas las cosas. Cuando un ente pierde el sentido de su existencia, su pensamiento se aparta del Logos; en la filosofía platónica es visto como el principio de las ideas y en la mitología griega es el nombre que recibe uno de sus dioses. Por esta cantidad de interpretaciones digo que son irreconciliables las cosmovisiones griega y hebrea, otra razón, y tal vez la más importante es que los griegos son politeístas mientras que los hebreos estrictamente monoteístas. Por querer reconciliar los puntos de vista, los traductores del siglo II, pensaron que cuando Juan escribió el “logos”, estaba hablando directamente de Jesús, entonces  usaron el término “el verbo” por ser un término masculino ya que en el griego no hay términos masculinos ni femeninos, sino que el artículo define el género. Por esto es que otros traductores han preferido el término “la palabra” que es el uso que tiene este vocablo “logos” en su “significado literal” y cotidiano. Un estudioso serio de las escrituras nunca pasaría por alto este punto crucial, ya que es evidente que algo no concuerda con los demás evangelios si nos empeñamos en ver el “logos” como si fuera un nombre adicional para referirse directamente a Jesús el hijo de Dios y además sería un concepto realmente filosófico, abstracto e irracional, algo esencialmente místico.

 

Para ser justos con la interpretación bíblica tenemos que tener en cuenta que el apóstol Juan, autor de éste libro en cuestión, no fue filósofo ni fue griego, sino un joven hebreo que escribió principalmente para lectores hebreos, educados en una cosmovisión y mentalidad hebreas. Una persona que escudriña la escritura sabe que en ningún momento la revelación bíblica presenta un Dios filosófico o místico, sino todo lo contrario: Un Dios muy sencillo, cercano, familiar y asequible, un Dios que no se contradice ni anda con misterios, un Dios semejante a nosotros, un Dios que comprenden los niños. La mayoría de cristianos han decidido usar el vocablo “el verbo” para traducir el término griego “logos” ya que tienen la pre-concepción de que éste término “logos” es un nombre que Juan usa para referirse a Jesús, pero ¿Es esta la forma correcta de traducir el término “logos” en esta ocasión? ¿Podría tal vez esta traducción estar equivocada o tener la inclinación personal de los traductores? ¿Por qué se ha escogido este término? ¿Por qué los otros escritores bíblicos no nos dicen nada de un logos para referirse a Jesús? ¿Será que Juan tuvo una revelación mayor a los otros escritores de la Biblia acerca del evangelio del reino de Dios y de la naturaleza de Jesús? ¿Escribió Juan su evangelio para que fuera interpretado según las definiciones filosóficas y mitológicas griegas?

 

Para muchos cristianos tal vez la respuesta sea afirmativa y por esto descansan en esta suposición, pero ¿Es posible que los hombres que vivieron después de Cristo y los apóstoles tuvieran una revelación mayor a la del mismo Jesús? ¿Es posible que el evangelio se contradiga? ¿Es posible que el evangelio del reino de Dios que fue escrito y enviado principalmente a los judíos pueda ser visto con claridad desde la mentalidad griega politeísta y filosófica?

 

Es verdad que hay partes difíciles de traducir e interpretar en las escrituras, pero también es verdad que para poderlas entender, debemos asirnos de las que son fáciles de entender y son literales y claras; las que concuerdan a lo largo de toda la escritura. Los evangelios están todos de acuerdo en un punto: Jesús es Cristo, el Mesías, el hijo de Dios, pero en el punto de vista tradicional mas aceptado actualmente, el evangelio de Juan se convierte en una cáscara, una encrucijada. Así Jesús es presentado como el hijo de Dios pero a la vez como Dios mismo y como quien creó el universo. De este enredo nació posteriormente (en el siglo cuarto) la teoría de que Jesús es la segunda persona de una trinidad, de aquí se elaboró un credo y se hizo dogma de fe, esto se les ocurrió como una forma de explicar el problema que surge de esta aparente contradicción y aunque muchas personas declaran entender esto así, muchas otras no lo ven claro y les parece ilógico (que no está de acuerdo con el logos), a lo que comúnmente se responde que es un gran misterio que solo va a ser comprendido en el futuro cuando seamos glorificados y tengamos una mente que si entienda estos misterios, cuando regrese Jesucristo al mundo… pero ¿Es esto bíblicamente posible? ¿Es posible que Jesús haya venido a explicar todas las cosas pero al mismo tiempo dejarnos un misterio acerca de la naturaleza de Dios? ¿Es posible que Dios sea una trinidad, tres personas diferentes que comparten una sustancia? Me temo decir que para un verdadero buscador de la verdad, un lector asiduo de la Biblia, esto no es posible, ya que la Biblia recalca sencillamente muchas veces que solo hay un Dios y que él creó todo sin la ayuda de nadie. La Biblia no nos dice por ninguna parte que Dios sea una trinidad, este concepto nunca estuvo en las enseñanzas de Jesús, tampoco lo expuso ninguno de los apóstoles en sus cartas y no está ni en la ley ni en los profetas. ¿Será que los hombres que vivieron después de Cristo tuvieron una revelación mayor que la que tuvieron el mismo Jesús, los apóstoles y los profetas? ¿O será que tal vez se añadieron cosas que no estaban originalmente? ¿Son necesarias las cosas que añade el hombre a la interpretación bíblica para ayudarse en el entendimiento de la escritura? o por el contrario ¿Estorban al verdadero conocimiento de Dios?

 

Basta mirar un poco la historia de la iglesia, para ver cómo se ha ido dividiendo  y sectorizando y darnos cuenta que precisamente  el evangelio de Juan ha sido una de las bases para muchos de los desacuerdos doctrinales y la fundación de nuevas sectas, ya que contiene al principio el antes mencionado  himno judío sobre el “logos” que ha hecho pensar a la mayoría de la gente que se habla de Jesús, y que él existía antes de todo como una persona literalmente hablando y que él fue el agente creativo de Dios, lo que ciertamente sería contradictorio con la revelación que Dios le dio a los judíos, pero repito, leyendo cuidadosamente la Biblia nos damos cuenta que ésta forma de ver a Jesús, desarmonizaría con el mensaje de Dios revelado a lo largo del tiempo a tantos otros escritores bíblicos hebreos, desarmonizaría con el antiguo testamento, con la ley y los profetas y además con los otros evangelios, los hechos de los apóstoles y las cartas apostólicas.

 

La historia cuenta que en los primeros siglos después de Cristo existió un filósofo griego de Alejandría llamado Orígenes, quien fue uno de los pioneros que comenzaron a “filosofar” la interpretación del evangelio según Juan, la historia de la iglesia dice que llegó al punto de descartar todo el antiguo testamento y gran parte del nuevo, porque evidentemente su punto de vista griego, al que él se quiso apegar y que además quería imponer, no encaja con el plan eterno de Dios y con la perspectiva profética de los escritores bíblicos judíos revelada en las escrituras. Tristemente la mayoría de los llamados “cristianos” no conocemos la historia, y no sabemos que la obra de orígenes fue lo que marcó la pauta para la interpretación tradicional que luego asumió el vaticano en sus famosos concilios donde se diseñaron los credos que conforman los dogmas irrefutables que desde los siglos tercero y cuarto se sostienen hasta nuestros días, pero ¿Concuerdan esos dogmas con el material bíblico o son invenciones meramente humanas?

 

Aunque Martín Lutero acertó en protestar y declarar al vaticano y la iglesia católica romana la religión del anticristo, él no rechazó del todo la tradición y muchos de estos dogmas apóstatas fabricados en los concilios de los primeros siglos y las  muchas doctrinas e interpretaciones de los primeros católicos que están basadas en la filosofía griega, en el gnosticismo y en las religiones del misterio que tienen su origen en las antiguas religiones paganas que vienen de antes de la torre de Babel (Babilonia).

 

Estos dogmas y perspectivas son ciegamente aceptados por la mayoría de los “cristianos” que no escudriñan las escrituras y son temas cruciales a la hora de entender el plan eterno de Dios, tan decisivos como la naturaleza de Jesús, lo que ocurre cuando uno muere, la idea de una supuesta trinidad, de la que no se halla ni vestigio en las escrituras y la antes mencionada preexistencia en el cielo de Jesús como un hijo eterno en sentido literal; las escrituras declaran que Jesús existía en el plan eterno de Dios, mas nunca que él fuera eterno a su lado en el cielo, esto fue producto más bien de una especulación sacada de la cosmología griega gnóstica; porque ese lugar a la diestra del Padre, aunque estaba preparado para él desde antes de la fundación del mundo, Jesús lo ganó con su obediencia como él mismo lo declara en Apocalipsis 3:21. El también se ganó la inmortalidad por haber dado su vida y Dios dice de Jesús que fue engendrado por él (Sal 2:7) (Heb 1:5) y literalmente ser engendrado significa ser creado, ser formado, aunque el dogma católico diga “…engendrado no creado…” es una contradicción literaria.

 

¿Cómo interpretar entonces el evangelio de Juan y librarse del misticismo y la filosofía impresa en la mayoría de versiones de la Biblia? ¿Cómo nadar contra una vasta corriente que asegura que las cosas son así? ¿Cómo demostrar que estos puntos de vista dogmáticos no son necesarios para una fe bíblica? La respuesta está en la misma escritura. Vamos a mirar el evangelio de Juan en la versión en castellano de la sociedad bíblica internacional de 2003, una traducción literal de los lenguajes de los manuscritos que presenta una posición que nos llevaría a una lectura muy diferente a la tradicionalmente aceptada por la gran mayoría de teólogos actuales, pero déjenme preguntar ¿Cuándo en la historia de la humanidad y aún en la Biblia “la mayoría” ha estado de acuerdo con Dios?

 

 

El Evangelio del reino de Dios según Juan

 

 

En el principio ya existía la palabra, la palabra estaba con Dios y la palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Por medio de ella Dios hizo todas las cosas, nada de lo que existe fue hecho sin ella. En ella estaba la vida y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pueden apagarla.

 

Algunos filósofos interpretan que Juan quiere decir aquí que Jesús estaba en el principio de la creación con Dios en sentido literal y que Jesús es la palabra de Dios, pero esta creencia tiene su fundamento más en la mitología griega y en las religiones paganas del misterio, es por esto que han traducido el termino griego “logos” como “el verbo”, pero no necesariamente tiene que ser así, ya que de las más de 300 veces que aparece en el nuevo testamento, este término es más comúnmente traducido como “la palabra”. Aquí Juan sencillamente quiere decir que todas las cosas se hicieron por la palabra de Dios y esto concuerda y armoniza perfectamente con      (Gén 1:3) (Isaías 55:11) (Salmo 33:6) (2 Pedro 3:5-7) (Hebreos 11:3) el otro punto de vista no tendría concordancia con otros pasajes de la escritura, además de ser irracional y místico, la intención de Juan aquí es darle a este libro la misma importancia que tienen todos los demás libros bíblicos, además de afirmar lo que la revelación Judía ya sabía por tradición. Pues también es cierto que éste libro fue escrito principalmente para Judíos.

 

Hubo un hombre llamado Juan a quien Dios envió como testigo para que diera testimonio de la luz, y para que todos creyeran lo que él decía. Juan no era la luz sino uno enviado a dar testimonio de la luz. Aquel que con su vida llenaría de luz a todos, llegaba a este mundo.

 

La palabra ya estaba en el mundo, y aunque Dios hizo el mundo por medio de su palabra, el mundo no la reconoció. Vino a su propio mundo y los suyos no lo recibieron, pero todos aquellos que la recibieron les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios. Son hijos de Dios por voluntad divina y no por voluntad humana.

 

Aquí Juan está declarando algo que en el ambiente profético de las escrituras siempre ha sido bien conocido: los hijos de Dios son los que hacen la voluntad de Dios, los que reciben su palabra y la ponen por obra (Gen 6:2) (Deut 14:1) (salmo 82) (Isaías 43:6, 63:16) (Lucas 8:21) (Rom 8:14-17) (Heb 2:10) (1 Juan 5:1). Esta palabra de Dios ha estado siempre en el mundo, pero no todos la reciben, no la reconocen, en el linaje escogido de Dios siempre ha habido algunos pocos que la han recibido, la descendencia de Set, Noé, Abraham, Isaac y Jacob, la tribu de Judá, el rey David y demás.  Jesús mas adelante afirma que el que escucha al Padre viene a él, así que solo los que son hijos de Dios creen que Jesús es el hijo de Dios, pues reconocen en él la palabra de Dios (Juan 6:44)(Juan 11:51-52) (1 Juan 4:6) Jesús enfatiza varias veces que en él habita el padre y que el padre es quien hace las obras y quien le dice a Jesús que debe decir (Juan 12:44-49)(Juan 14:24).

 

y aquel que es la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, vimos su gloria como la gloria que tiene el único hijo engendrado por Dios, lleno de la plenitud de amor y de verdad.

 

Aquí Juan nos quiere decir que en Jesucristo habitaba la plenitud de Dios, la palabra, ya que Dios es espíritu y Jesús revela que la palabra es espíritu (Juan 6:63). Dios vino al mundo y se manifestó a través de un ser humano mortal, a través de su propio hijo, no nacido del linaje de Adán sino engendrado por él mismo, como un nuevo Adán libre del pecado que heredamos todos del primer Adán, así Dios que es Espíritu y que es Santo, puede habitar plenamente en él (Juan 14:9-12) para darle su mensaje o su palabra a la humanidad por medio de su hijo. La interpretación tradicional quiere decir que Juan aquí declara que Jesús es Dios encarnado, pero esto desarmonizaría la revelación bíblica y contradice a Jesús y los profetas. Lo bíblicamente correcto es decir que Dios habitó en Jesús con toda plenitud y esta exactamente es la forma como el apóstol Pablo lo expresa (Col 2:9). En Cristo Dios se encarnó o se hizo carne, es decir Dios que es espíritu se manifestó a través de un ser humano, pero esto no hace a Cristo Dios, así como cuando un templo se llena de la gloria y la presencia de Dios, tampoco hace al templo Dios.

 

Juan dio testimonio de él diciendo: Este era del que yo decía: El que viene después de mi es más importante que yo, pues era primero que yo.

 

Aquí Juan el bautista da testimonio de la importancia de Jesucristo, de su orden en el plan de Dios, no necesariamente tiene que ser visto como que él existía literalmente antes que Juan, sino en términos de importancia, ya que Jesús es un nuevo Adán, en quien habita el Padre con toda plenitud y es el primogénito de entre los muertos para que tenga en todo primacía entre muchos hermanos (Col 15:20) y es el prometido desde el Génesis y confirmado a través de los siglos por el linaje escogido en la ley y los profetas, el Mesías, por eso el apóstol Juan agrega lo siguiente:

 

Pues de su plenitud hemos recibido todos gratuitamente. Mirar también Col 2:9.

 

Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad se hicieron realidad por medio de Jesucristo.

 

Nótese que dice que la gracia y la verdad se hicieron por medio de, esto nos da a entender que Jesús es un mediador entre el hombre y Dios, no es Dios sino un mediador, esto concuerda perfectamente con (1 Tim 2:5). Dios creó un nuevo orden y un nuevo pacto a través de su hijo, y esto es lo que Pablo quiere decirnos en (Col 1)

 

Nadie ha visto jamás a Dios; el único hijo engendrado por Dios, que está en el seno del padre, nos ha dado a conocer al padre.

 

Este último énfasis nos aclara todo, el Dios invisible, a quien nadie ha visto, se da a conocer a través de un hombre hecho a su imagen y semejanza y que además está dispuesto a hacer su voluntad siempre (Juan 5:30) (Juan 8:28.29)(1 Timoteo 1:17), el hijo nos da a conocer el carácter y la voluntad de Dios, esta es la luz de la que se habla desde el principio, ya que con la ley de Moisés, el hombre puede malinterpretar a Dios, y lo ve como un tirano que exige cosas imposibles, puesto que la ley fue dada para evidenciar el pecado (Rom 7:7), pero nadie pudo cumplir la ley totalmente, excepto el Mesías. En Jesucristo, Dios muestra que su amor es tal a punto de dar su vida, perdonar y aceptar al hombre de nuevo, para poder habitar de nuevo en él  y así el hombre viva en la voluntad perfecta de Dios. La forma como Dios habita en el hombre es derramándose a si mismo sobre él y habitando en él a través de su Espíritu, el mismo Espíritu que habitó en Jesucristo, ahora el hombre puede recibirlo en toda su plenitud, ya que los pecados han sido perdonados a través de su muerte.

 

 

La doctrina que predica hoy en día la iglesia tiene puntos contradictorios porque no se ha indagado en la historia, donde se puede ver muy claramente que la tradición griega y gnóstica se infiltró en la iglesia del segundo, tercer y cuarto siglo y luego con el nacimiento del vaticano se hicieron traducciones de la escritura que tienen impreso el punto de vista de los filósofos griegos en temas como la preexistencia literal, la supuesta trinidad, lo que ocurre cuando el hombre muere, la naturaleza de Dios y la naturaleza de Jesús. Las versiones de la Biblia más usadas actualmente como la Reina Valera, la nueva versión internacional y Dios habla hoy contienen términos que desvían la interpretación sana y armónica de la escritura y hacen ver ideas misteriosas e intelectualmente frustrantes ya que fueron hechas por monjes católicos enseñados en esta pre-concepción filosófica, en el pensamiento Judío no tendrían cabida estas posturas filosóficas, ya que para el linaje escogido, solo hay un único Dios verdadero, el Padre (1 Timoteo 1:17) (Juan 17:3) (Marcos 12:29).

 

Jesús mismo declara y cita la ley y los profetas dando a entender que esta es la verdad (Marcos 12:29), y nunca proclamó ser Dios sino mas bien, el Cristo, el Mesías o el hijo de Dios. El mismo Juan en su evangelio hace esta aclaración: 

 

Jesús hizo también muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida  (Juan 20:30)  

 

¿Será que Juan iba a enredar todo, diciendo primero que Jesús es Dios pero después afirmar que escribió el evangelio para que la gente crea que el es el Mesías o el Cristo, el hijo de Dios? ¿Por qué no nos dice mejor que escribió el evangelio para que creamos que Jesús es Dios? tal vez porque claramente Juan no lo vio nunca así.

 

Hoy en día se enseña en la mayoría de cursos teológicos que Dios es una trinidad y que Jesús es la segunda persona de esa trinidad, sinceramente esto no tiene fundamento bíblico. La Biblia más bien quiere decirnos que Jesús fue un ser humano mortal, engendrado por Dios mismo sin pecado, en el cual Dios habitó en toda su plenitud. Miremos otro pasaje que afirma esto:

 

– Y ustedes, ¿quien dicen que soy yo?

– Tu eres el Cristo, el hijo del Dios viviente – afirmo Simón Pedro.

– Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás – le dijo Jesús –, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo. (Mateo 16:15-17)

 

Con esta cita bastaría para darnos cuenta que Jesús nunca quiso igualarse a Dios ni tampoco declaro serlo, y esto lo dice claramente pablo en (Filip 2:6). Jesús bendijo a Pedro por llamarlo el hijo del Dios viviente y declaró que ésta verdad era una revelación directamente hecha por el Padre, el único Dios verdadero (Juan 17:3), mas adelante cuando Jesús declaró públicamente ser el hijo de Dios, fue mal interpretado por los fariseos, que en una oportunidad iban a apedrearlo porque supuestamente se estaba igualando con Dios, y para hacer honor a la verdad no es lo mismo decir que se es hijo de Dios que decir que se es Dios. ¿O es que los fariseos interpretaban bien las escrituras? La Biblia declara que no, que ellos estaban muy equivocados en cuanto a la forma como debía entenderse la palabra de Dios. Miremos con cuidado éste pasaje que se interpreta erróneamente muchas veces por pasar por alto algunos versículos:

 

Si Dios fuera vuestro padre, sin duda me amaríais, pues yo he venido de Dios. Y no vine por mi propia cuenta, sino porque Dios me ha enviado. Pero, ¿sabéis por qué no podéis entender lo que os digo? Porque no sois capaces de escuchar el mensaje que os traigo.

 

Nótese que Jesús les asegura a estos Judíos que habían creído en él que ellos no son hijos de Dios y no entienden las palabras de Jesús (Jesús habló sólo lo que oyó decir del padre) y más adelante:

 

 

Vosotros sois hijos del diablo, y vuestro deseo es hacer las mismas cosas que él hace. Desde el principio, el diablo ha sido asesino y enemigo de la verdad, por cuanto en él no hay ninguna verdad. Mentir es para él totalmente normal, porque es mentiroso y padre de la mentira.

Por eso mismo, como yo os digo la verdad, no me creéis.

¿Quién entre vosotros podría acusarme de pecado? Sabéis muy bien que yo digo la verdad, pero no me creéis.

Los que pertenecen a Dios se alegran escuchando las palabras que Dios dice, pero vosotros no las escucháis porque no pertenecéis a Dios.

 

Aquí vuelve el mismo énfasis, ellos no escuchan las palabras de Dios, no pertenecen a Dios porque tienen una idea errónea de Dios. Tienen su propia imagen (ídolo) de Dios:

 

Los judíos le contestaron muy irritados:

¡Con razón decíamos que tú eres un samaritano, y que estás endemoniado!

Dijo Jesús:

 

Yo no tengo ningún demonio, sino que trato de honrar a mi Padre; vosotros, en cambio, hacéis lo posible por deshonrarme a mí. Y no busco mi propia gloria; pero hay uno que la busca y que juzgará a los que me rechazan.

 

Aquí de nuevo Jesús afirmando que él no se hace igual a Dios sino que busca honrar a Dios. Y los Judíos no entienden nada sino que se aferran a su forma de interpretar las escrituras, Jesús continúa diciéndoles quien es él, el Mesías prometido:

 

Os aseguro que quienes guardan mi palabra jamás morirán.

Los que le escuchaban dijeron entonces:

 

¡Ahora más que nunca creemos que estás endemoniado! Sabemos que Abraham y todos los profetas murieron, ¿cómo, pues, te atreves a decir que jamás morirán los que guardan tu palabra?¿Acaso eres más importante que nuestro padre Abraham, que murió, o más importante que los profetas, que también murieron? ¿Quién te has creído que eres?

 

Jesús ya les había dicho en varias oportunidades que él es el Mesías, que es el hijo de Dios, que venía en nombre del padre, que el padre lo envió y le dijo que hacer y que decir. Y que el es la resurrección y la vida eterna, o sea, el cumplimiento de las promesas hechas a los antepasados patriarcas Judíos. Pero algunos Judíos no querían aceptarlo como el Mesías, como el hijo de Dios y el les sigue diciendo:

 

Si yo me estuviera glorificando a mí mismo – respondió Jesús, mis palabras no tendrían ningún valor; pero es mi Padre quien me glorifica, el que decís que es vuestro Dios. Vosotros no lo conocéis, pero yo sí lo conozco, y si os dijera otra cosa sería tan mentiroso como vosotros. Ciertamente, yo lo conozco y le obedezco sin reservas.

 

Aquí Jesús habla con toda claridad de su identidad y de Dios, nótese que les dice que ellos no conocen a Dios, y además les dice mentirosos. Jesús afirma ser el hijo de Dios con toda claridad, el no dice ser Dios sino el hijo de Dios, quien obedece totalmente a Dios; y añade:

 

Abraham, vuestro antepasado, se alegraba pensando que vería mi día, ¡y lo vio, y se alegró de mi venida!

 

Este punto aquí es pasado por alto muchas veces, claramente Jesús está diciendo que Abraham vio (tal vez en una visión) el día en que vendría el Mesías, pues Dios le reveló su plan a Abraham, le dijo:” en tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra”. Él sabía que un descendiente de él sería el hijo de Dios o Mesías, es decir, el que cumpliría la voluntad de Dios y traería salvación. ¿Cómo sabía Jesús que Abraham se alegraba con la esperanza de la salvación? Pues sobraría decir que esto es obvio porque Jesús conocía las escrituras, pero los Judíos que no entendían a Jesús le respondieron:

 

Dijeron los judíos: ¡Pero ¿cómo puedes haber visto a Abraham, si ni siquiera tienes cincuenta años?

 

¿No es muy curioso esto aquí? Estos Judíos no entendían nada de nada. Razón tenía Jesús cuando los llamó mentirosos. Jesús no dijo que vio a Abraham, sino que Abraham lo vio a Él. Hoy en día muchas personas siguen interpretando a Jesús como estos Judíos que no entendían las palabras de Jesús, y afirman que Jesús dijo que él había visto a Abraham pero sigue la respuesta de Jesús:

 

Os aseguro que antes de que Abraham fuese, yo soy.

 

Que delicado es éste punto aquí. La mayoría de personas descontextualizan e interpretan incorrectamente éste pasaje, pues creen como estos Judíos (a quien Jesús les dice que no entendían las palabras de Dios) que Jesús afirmó haber visto a Abraham, cuando fue todo lo contrario, asocian esta respuesta de Jesús con el gran “Yo Soy” de Éxodo. Pero ¿Es correcto esto aquí? Primero, hay que tener en cuenta que Jesús estaba diciendo que Abraham vio la venida del Mesías, y Jesús simplemente les está declarando precisamente eso, que Él es el Cristo predestinado desde antes de la fundación del mundo como lo expresa Pedro en (1 Pedro 1:20) y como lo expresa Pablo en (Hebreos 11:13-16), que Abraham vio la redención pero la saludó de lejos, murió sin recibir la herencia. Una pregunta ¿Cómo sabía Pablo que Abraham vio la redención? ¿Cómo sabía Pablo que Abraham vio una patria celestial y una ciudad que viene del cielo? ¿podríamos decir también que Pablo no tenía ni cincuenta años y dice haber visto a Abraham? La verdad es que no, aquí claramente Pablo dice que Abraham vio la herencia pero no la recibió, y se entiende que la vio por la revelación de Dios, tal vez en una visión. Además de esto hay que tener en cuenta que el evangelio de Juan se escribió para que los lectores crean que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios. Así los que interpretan esta frase como que Jesús está declarando ser Dios, desconocen e ignoran las escrituras y descontextualizan los pasajes para probar su punto, y ven las cosas tal como las vieron los Judíos:

 

Entonces, llenos de ira, los judíos tomaron piedras para matar a Jesús; pero él, ocultándose de su vista, echó a andar y salió del templo. (Juan 8:42-59)

 

También tenemos este otro pasaje donde claramente Jesús es malinterpretado:

 

Jesús estaba en el templo, andando por el pórtico de Salomón. Los dirigentes judíos le rodearon y le preguntaron: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo con claridad.-Ya os lo he dicho, pero no me habéis creído-replicó Jesús.

 

¿Qué mayor claridad que ésta? Aquí ¿quién puede afirmar que Jesús declara ser Dios o negar que Jesús proclama ser el Cristo, o sea, el Mesías, el hijo de Dios esperado? además Jesús añade:

 

¿Qué más pruebas queréis, que todas las cosas que yo hago en el nombre de mi Padre? Pero, como ya os he dicho, vosotros no me creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas conocen mi voz, yo las conozco a ellas y ellas me siguen, y les doy vida eterna, y jamás morirán ni habrá quien me las arrebate, porque mi Padre, que me las dio, es más poderoso que nadie: por eso, nadie podrá arrebatarlas de la mano de mi Padre.

 

Es una discusión muy parecida a la anterior, Jesús les dice que no son de Dios, que no son del Padre, pero dice que el Padre es más poderoso que nadie, es decir, el Padre es el todopoderoso, el Dios verdadero, nadie puede arrebatarle nada, pues todo es de él. Luego Jesús les dice:

 

Y el Padre y yo somos uno.

 

Este punto es necesario mirarlo dentro de su propio contexto, ¿En qué sentido Jesús dice que el Padre y Él son uno? Esté es uno de los puntos que mayor polémica causan, pues casi todos tienden a tomar esto en sentido literal, pero ¿Es justo tomar esto en sentido literal? Si vemos un poco antes vemos que Jesús declaró ser el Cristo, entonces ¿es que el Cristo es Dios? Pues ya hemos visto que no, sino mas bien que el Cristo hace la voluntad de Dios, en este sentido, ellos son uno, en voluntad, en propósito. Si miramos más adelante en el capítulo 17, Jesús está orando por sus discípulos y pide a Dios:

 

No te ruego sólo por estos, sino también por cuantos en el futuro llegarán a creer en mí por el testimonio de ellos. Mi ruego es que todos permanezcan unidos: que así como tú, Padre, permaneces unido a mí, y yo a ti, que también ellos permanezcan unidos a nosotros. Yo les he dado la gloria que me diste, la gloria de que todos sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta, y para que el mundo sepa que tú me enviaste y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

 

¿En qué sentido habla Jesús de unidad? ¿Es que los creyentes unidos a Dios son Dios? la verdad es que no, así tampoco Jesús es Dios por hacer la voluntad de Dios. Simplemente Jesús declara que está unido a Dios y que hace su voluntad perfecta, y en plena unión a su Padre. Pero esto no lo interpretan así muchas personas, por ejemplo los Judíos que Jesús dice que no son de Dios:

 

Los judíos volvieron entonces a tomar piedras para matar a Jesús, que les dijo: Muchas son las buenas obras que yo os he mostrado por encargo de mi Padre, ¿por cuál de ellas queréis matarme?

 

Lo malinterpretaron y lo iban a matar por esto, entonces Jesús les pregunta la causa a lo que ellos responden:

 

¡Por ninguna obra buena te vamos a apedrear, sino porque eres un blasfemo, porque tú, que eres un hombre como los demás, te haces igual a Dios!

 

¿Se estaba haciendo Jesús igual a Dios? ¿No vimos más arriba que él dijo que el Padre es más poderoso que cualquiera? Claramente lo estaban entendiendo mal, pues el que no es de Dios no puede entender las palabras de Dios (Jesús solo hablaba lo que había escuchado decir al padre) y continúa:

 

Respondió Jesús:

¿Pero acaso no está escrito en vuestra ley: Yo dije que sois dioses? Pues si llama dioses (y las Escrituras no pueden decir una cosa por otra) a personas que recibieron el mensaje de Dios, ¿cómo decís vosotros que aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo blasfema por haber dicho: Yo soy el Hijo de Dios?

 

¡Impresionante! Primero les muestra que Dios mismo llama dioses a los que reciben la palabra o mensaje de Dios, a los Jueces que representaban a Dios. (Aquí también vale decir que en el idioma griego no existen las mayúsculas ni las minúsculas así que puede ser también escrito: Dioses) Segundo, les pregunta por qué me dicen que blasfemo si digo que yo soy el hijo de Dios? Nótese que él les aclara que él dice ser El hijo de Dios. Claramente no se está igualando con Dios, pero los Judíos no entienden y gran parte de cristianos hoy en día tampoco. Así que termina diciendo:

 

Si yo no hago las obras que mi Padre me encomendó, no me creáis; pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a mis obras. Así os convenceréis de que el Padre está en mí y yo en el Padre. Una vez más trataron de apresarlo, pero se les escapó de las manos. (Juan 10:23-39

 

Una vez más Jesús aclara todo diciendo que el Padre, o sea Dios, está en él, no que él sea Dios, sino que Dios está en él, y él en Dios.

 

Entendiendo el término: Hijo de Dios

 

En el ambiente bíblico el término hijo de Dios, puede tener dos implicaciones: O es ser engendrado por Dios, o sea ser hijo por generación, como lo fue Adán, o ser hijo por obediencia, como lo fueron los hijos de Set que buscaban hacer la voluntad de Dios (Genesís 6:2); es llamado ser hijo por adopción, esto lo podemos ver claramente en toda la escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, en la ley, los profetas, los evangelios y las cartas de los apóstoles.

 

La Biblia declara que toda la humanidad desciende de Dios (Hechos 17:28-30) así que en el sentido de generación todos somos hijos de Dios, somos sus descendientes, pero no todos los humanos pueden llamarse hijos de Dios en el sentido de obediencia, o sea en el sentido de adopción, porque no todos han recibido el Espíritu de Dios ni hacen su voluntad. Muchos humanos cumplen la voluntad de el maligno, y se hacen hijos del diablo (Juan 8:44). La Biblia llama a los hijos del diablo hijos de los seres humanos en el libro de (Génesis 6:1), y en  la carta de (Santiago 13:15) se dice que la sabiduría humana es diabólica. La forma como la Biblia se refiere en todos los  textos a los hijos de Dios que serán salvos, es en este sentido de adopción, ya que por naturaleza el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios pero desobedeció, y aunque el hombre es la imagen de Dios, solo en Jesús ésta imagen es plenamente cumplida y revelada (Fil 2:6). Por esto es que a través del sacrificio de Jesús el hombre puede ser aceptado nuevamente por Dios, pues en la muerte de Cristo muere el hombre y queda perdonado, pero el hombre debe rendir su voluntad a Dios para nacer de nuevo y vivir una vida en el Espíritu y hacer la voluntad de Dios. Pues, como se dijo antes: los hijos de Dios son los que hacen la voluntad de Dios, los que reciben su palabra y la ponen por obra (salmo 82) (Isaias 43:6, 63:16) (Lucas 8:21) (Rom 8:14-17) (Heb 2:10) (1 Juan 5:1).

 

Jesús el Mesías es doblemente hijo de Dios, porque fue engendrado directamente por el padre como Adán, por esto se dice que es el segundo Adán (Lucas 1:30-33) (1 Cor 15:45-47) y se ganó la gloria y la inmortalidad por ser obediente y hacer la voluntad del padre hasta la muerte (Juan 8:42-47) (Fili 2:6). La escritura muestra que aunque Jesús fue engendrado por Dios, también tuvo que recibir el espíritu de adopción de Dios (Mateo 3:16) el Espíritu de Dios capacita para hacer su voluntad, para estar unido a Dios en un mismo propósito, es por esto y en esta forma que Jesús es uno con el padre (Juan 10:22-30) y así también cualquiera que nace de nuevo se une a Dios, se hace uno con el padre en voluntad y propósito al recibir su Espíritu (Rom 8:14-17) (1 Juan 4:13).

 

Así tenemos que las escrituras nos muestran que desde el principio ya estaba la palabra con Dios y que la palabra misma es Dios, pues la palabra es espíritu y hace aquello para lo que es enviada (Isaías 55:11) quien recibe la palabra de Dios, recibe a Dios mismo. Esta palabra hoy en día nos dice que podemos hacernos hijos de Dios, que estamos perdonados en el sacrificio de Jesucristo, pero como desde el principio ha habido rebelión, no todos los hombres creen esta palabra, así que Dios desde el principio ha escogido un linaje de hombres que adoptó como hijos (Gen 6:2), la escritura nos muestra que el primer linaje de hijos de Dios cayó y que desobedecieron los mandamientos de Dios, esto puede deducirse del juicio que ocasionó el que ellos llenaran la tierra de poligamia y se mezclaran al tener relaciones sexuales con las hijas de Caín o de los seres humanos, así que Dios eligió a Noé para seguir su plan y luego a Abraham Isaac y Jacob, de donde nació el pueblo de Israel, los hombres de Israel también recibieron la misma bendición y fueron llamados hijos de Dios (Deut 14:1), de una de sus tribus nacería el unigénito hijo de Dios, el segundo Adán, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, quien con su sacrificio voluntario, su muerte y resurrección, entregó la fe para que la esperanza del creyente esté puesta en la resurrección de entre los muertos, en el reino venidero y en la vida eterna. Pero el pueblo de Dios también se puso terco y abandonó su llamado a ser hijos de Dios. Aunque Pablo nos revela más adelante que Dios lo hizo así para poder extender su invitación a toda la humanidad. El llamado de Dios en el Mesías es ser partícipes de la naturaleza divina y vivir por siempre, a ser iguales a su hijo Jesucristo y ser inmortales, pues la escritura declara que cuando él regrese de los cielos a establecer el reino de Dios, seremos semejantes o iguales a él (1 Juan 3:2). Es en este sentido que él es el autor y consumador de la fe. Con su resurrección la vida de un creyente debe centrarse por completo en la segunda venida del Mesías. Ahora ¿Que diremos en cuanto a la preexistencia de Cristo? ¿Estuvo Cristo con Dios en el cielo hasta que nació como un hombre en la tierra? Las escrituras no declaran esto en ningún lado, lo que si nos dicen es que el estaba predestinado desde antes de la creación del mundo, en los planes de Dios ya existía, en la mente omnisapiente del Eterno Dios (Pedro 1:20) (Juan 17:5) La escuela tradicional de interpretación bíblica, parece ver en estos versículos una prueba de una eterna existencia literal de Cristo, pero hay un problema con este punto de vista y es que de ser así, nosotros también existíamos eternamente, pues el apóstol pablo declara:

 

Porque Dios los conoció desde el principio, y de antemano los destinó a ser conforme a la imagen de su Hijo Jesucristo, a fin de que él sea el mayor entre todos los hermanos.

Y a los que de antemano destinó, también los llamó, y a los que llamó los declaró justos, y los que declaró justos están incluidos en su glorioso plan de salvación.       (Rom 8:28-30)

 

Así que Pablo hablando muy claramente de esta predestinación, es decir, el plan del Dios omnisapiente quien ya tiene todo en su mente pre-calculado y preconocido, pues en él ya todo está hecho y el conoce todo lo que fue, es y será. Así que el creador sabe a quienes el mismo ha escogido y predestinado para ser como su hijo, es cierto que esta invitación también puede ser rechazada por cualquiera aunque este predestinado, ya que al hombre se le ha dado libre albedrío. Por eso Jesús declara que sólo los que hagan la voluntad de Dios entrarán al reino de Dios, y el apóstol Pablo dice que él tiene la esperanza de resucitar si es tenido por digno del reino de Dios.

 

Con esta forma de interpretar el evangelio de Juan, toda la escritura armoniza, las cáscaras desaparecen, pues Jesús es presentado como un hombre, un segundo Adán, en el que habita la plenitud de Dios, pero Dios sigue siendo el único Dios verdadero, el Padre que existe desde siempre, que creó todo sin la ayuda de nadie, del que dice la escritura: oye ahora Israel, YHWH tu Dios uno solo es (Marcos 12:29-30) (Deut 6:4-5). Pero entonces ¿Cómo entender al Padre, al hijo y al Espíritu Santo? para empezar empecemos con lo que la Biblia nos dice acerca del padre.

 

Entendiendo la naturaleza de Dios

 

 

Las escrituras nos dicen que en el principio ya estaba Dios y que él creó los cielos y la tierra (Gen 1:1) Dios ya existía y no fue creado, el es El Eterno, luego nos dicen que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas (Gen 1:2) y luego dijo Dios: ¡Que exista la luz! y la luz llegó a existir (Gen 1:3). Tenemos entonces tres conceptos: Dios, el espíritu y la palabra. ¿Son estas tres personas diferentes? La teología tradicional interpreta aquí una supuesta trinidad de tres personas en un solo Dios verdadero. Pero a la hora de buscar en la Biblia, encontramos un problema y es que las escrituras no parecen explicarlo así. Por ejemplo la cita en Deuteronomio 6:4-5, donde dice Moisés:

 

“Oye, Israel. YHWH nuestro Dios, el señor es uno. Ama a YHWH tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.”

 

Este mismo pasaje lo cita Jesús en Marcos 12:29-30 en una ocasión que le preguntaron cuál es el mandamiento más importante. Si Jesús considera que el mandamiento más importante es creer que Dios es uno, porque vamos a creer que Dios es tres? Hay otra pista importante en el libro de Isaías 44:6

 

Así dice YHWH, YHWH todopoderoso, rey y redentor de Israel: “Yo soy el primero y el último; fuera de mí no hay otro dios”, y más adelante en Isaías 44:24 Así dice YHWH, tu redentor, quien te formó en el seno materno: “Yo soy YHWH, el creador que a hecho todas las cosas, yo solo desplegué los cielos y expandí la tierra sin la ayuda de nadie.

 

Todo el libro del profeta Isaías está lleno de declaraciones similares a ésta, entonces ¿cómo podríamos decir que Dios está compuesto de una trinidad que colabora? La teología tradicional ha tratado de entender esto diciendo que hay tres personas que las tres son el mismo Dios, pero de ser así, el Deuteronomio diría algo como “Oye Israel, YHWH son tres” en lugar de decir que YHWH es solo uno. Además comprometería el estricto monoteísmo que toda la Biblia proclama, al que Jesús también perteneció y contradeciría esta revelación de Isaías:

 

“Yo solo desplegué los cielos y expandí la tierra sin la ayuda de nadie”.

 

¿Cómo entender a Dios entonces? Una vez más vamos a las palabras de Jesús, teniendo en cuenta que Jesús habló solo lo que oyó de Dios. en Juan 4:23-24 dice:

 

Está llegando la hora (o mejor, ya ha llegado) en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre espiritualmente y con toda sinceridad, tal y como él desea ser adorado. Porque Dios es Espíritu, y los que le adoran han de adorarle con pureza de espíritu y sinceridad de corazón. 

 

Aquí Jesús nos revela dos cosas importantes, los verdaderos adoradores adoran al Padre, con lo que dice después queda claro que el padre es Dios, porque Dios es Espíritu, así que podríamos decir que cuando en génesis dice: el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas, está hablando de su Espíritu, o sea de Él mismo, pues él es Espíritu. No que El Espíritu sea una persona aparte del Padre, pues entonces habría dos espíritus, sino que el Padre es Espíritu, así que esto es una cualidad de Dios, es su naturaleza. Pero ¿en que nos queda la palabra? Más adelante Jesús revela que la palabra es espíritu, y esto es que la palabra es invisible pero tiene el poder de crear:

 

La vida que permanece procede del espíritu; en cambio, lo que procede de la carne no aprovecha para nada. Las palabras que os he hablado, son espíritu y vida que permanece para siempre (Juan 6:63).

 

Aquí Jesús revela que la palabra es Espíritu y que la palabra que él hablaba venía del Espíritu eterno de Dios, pues como lo hemos dicho antes, Jesús solo decía lo que escuchaba de Dios y el Espíritu de Dios estaba en él desde que se bautizó (Lucas 3:22, 4:18). Miremos lo que dice Jesús:

 

“Porque lo que yo os he dicho no lo he dicho de mi propia cuenta, sino que fue el Padre quien me ordenó lo que yo tenía que decir, las cosas de las que había de hablar” (Juan 12:49).

 

Más adelante Jesús aclara que el padre es quien actúa por medio de él:

 

¿Acaso no crees que yo soy en el Padre y que el Padre es en mí? Las palabras que yo os hablo no las hablo de mi propia cuenta, sino que es el Padre, que está en mí, quien actúa por medio de mí (Juan 14:10).

 

Con esto está muy claro que El espíritu de Dios es el espíritu del Padre mismo, y que la palabra también es la palabra de Dios mismo, es la palabra del padre, la palabra de Dios, la manifestación de la mente, los pensamientos y la voluntad de Dios. Miremos otras cualidades de Dios que se nos revelan en la Biblia:

 

“…Sean Santos, porque yo YHWH su Dios soy santo (Lev 19:2).

 

De aquí podemos decir que otra cualidad de Dios aparte de ser Espíritu, es que el es santo. Santo significa “apartado para una función especial” además de tener una connotación de pureza. Por esto es que al Espíritu de Dios se le llama Espíritu Santo. Son dos cualidades de Dios, pero no las únicas; en Isaías encontramos la siguiente afirmación hablando del Espíritu que iba a estar sobre el Mesías:

 

Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. Es Espíritu de YHWH reposará sobre él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de respeto al SEÑOR (Isaías 11:1-2).

 

Aquí nos habla Isaías de las cualidades que tiene este espíritu, entre los judíos este pasaje era conocido como los siete espíritus de Dios, aunque no lo dice así porque sean literalmente siete espíritus sino porque este número significa plenitud. En Apocalipsis 3:1 encontramos esta declaración:

 

Escribe al ángel de la iglesia que está en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas, dice: Yo conozco todas tus obras: que tienes fama de estar vivo, aunque yo sé que estás muerto.

 

Claramente estos siete espíritus de Dios son la plenitud de Dios que está en Cristo y que incluso estaba cuando estuvo en la tierra (Col 2:9), pero es la misma plenitud que  los creyentes reciben al ser bautizados por el espíritu santo (Juan 1:16 Efesios 3:19).Pues Cristo murió para que podamos recibir el mismo Espíritu que estaba en él, la misma plenitud de Dios, el Espíritu del padre viviente, con todas sus cualidades, los llamados “siete espíritus de Dios”, pero que en realidad es uno solo El Espíritu de YHWH. Jesús también nos da información acerca de las cualidades de este espíritu que recibe el creyente:

 

Y yo le pediré al Padre que os envíe a alguien que podrá ayudaros y que nunca os abandonará: el Espíritu Santo, que es el Espíritu que conduce a la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo busca ni lo conoce; pero vosotros sí lo conocéis, porque él está ahora con vosotros, y un día estará en vosotros (Juan 14:16-17).

 

Y más adelante:

 

Pero cuando el Padre envíe en mi nombre al Consolador, al Espíritu Santo, él será quien os enseñe muchas cosas y os recuerde todo lo que yo os he dicho (Juan 14:26).

 

Jesús promete que el Padre enviará el Espíritu Santo, dice que es el que conduce  a la verdad que el mundo no conoce, pero los discípulos sí, pues este espíritu es el espíritu que habita en Jesús, es decir el espíritu de Dios, el les promete que algún día estaría en ellos, pues ellos todavía no habían sido bautizados con el espíritu santo, a quien llama también consolador, esto es claramente un atributo o cualidad del mismo Espíritu Santo, miremos más adelante:

 

Pero cuando venga el Consolador, que es el Espíritu de la verdad y que yo os enviaré procedente del Padre, él os dará testimonio acerca de mí (Juan 15:26).

 

Y más adelante:

 

Pues escuchadme: Os aseguro que para vosotros es mucho mejor que me vaya, porque si no me fuese, tampoco vendría a vosotros el Consolador. En cambio, si yo me voy, él vendrá, porque yo mismo os lo enviaré (Juan 16:7).

 

Y más sigue enfatizándolo como para que les quede bien claro:

 

 Cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que antes haya oído y os dará a conocer las cosas que han de acontecer en el futuro (Juan 16:13).

 

Jesús dice que él lo enviará en el sentido de que él se lo rogaría a su padre para que el padre derramara su Espíritu sobre los discípulos y los creyentes. y continúa:

 

Cuando llegue ese día no tendréis necesidad de preguntarme nada, sino que directamente podréis dirigiros al Padre, y todo lo que le pidáis en mi nombre os lo concederá (Juan 16:23).

 

Esta parte es pasada por alto por la gran mayoría de “cristianos” actualmente, pues Jesús les dice que con el Espíritu del Padre, se dirigirán al Padre directamente y ya no tendrían necesidad de preguntarle nada a Jesús, pues el espíritu les enseñaría todas las cosas. Es decir, la oración sería dirigida al Padre directamente. Jesús dice también, que pediremos al Padre en su nombre. ¿Qué significa en su nombre? Muchas personas piensan que pedir a Dios en el nombre de Jesús es repetir: “Padre, te pido esto o aquello en el nombre de Jesús…” pero ciertamente lo que Jesús quiere enseñar aquí es algo mucho más profundo, Jesús está diciendo que Él se va al Padre y que ellos no quedarían huérfanos sino que el Espíritu Santo estaría representándolo a Él, ya que es el espíritu de Dios que estaba en Él y el que le decía que decir y el que hacía las obras por medio de Él, como vimos anteriormente. Así que “en el nombre de” significa “en lugar de” o “representando a”, por esto los creyentes llenos del Espíritu Santo hacen las obras en el nombre de Jesús, es decir, representándolo a Él, ya que el está en el cielo, a la diestra del Padre, esperando que el Padre ponga todos sus enemigos bajo sus pies. Más adelante Jesús sigue enfatizando, puesto que Él quiere que ellos tengan esto muy claro:

 

 En aquel día podréis pedir al Padre en mi nombre; y no seré yo quien haya de rogarle en favor vuestro, pues el Padre, él mismo, os ama, porque vosotros me habéis amado a mí y habéis creído que yo vine de Dios. Sí, yo he venido del Padre para estar en el mundo; pero ahora tengo que dejar este mundo para regresar al Padre (Juan 16:26-28).

 

Podemos mirar otros pasajes bíblicos que muestran como el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios, Es Dios mismo:

 

Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones (Joel 2:28).

 

Aquí Dios mismo habla a través del profeta Joel diciendo que derramaría su Espíritu, esto es impactante, ¿Cómo el espíritu de Dios va a ser una persona diferente a Dios u otro espíritu diferente al Espíritu Santo? Miremos otro ejemplo:

 

Jesús regresó entonces a Galilea con el poder del Espíritu Santo, y rápidamente se extendió su fama por toda la región. Solía enseñar en las sinagogas, y sus enseñanzas eran muy apreciadas por la gente. Fue un día a Nazaret, el pueblo donde había transcurrido su infancia, y un sábado, como tenía por costumbre, entró en la sinagoga. Se puso de pie para leer las Escrituras, y le dieron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y buscó el pasaje que dice: El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para llevar a los pobres, las buenas noticias de la salvación; para anunciar libertad a los cautivos, vista a los ciegos y liberación a los oprimidos; para proclamar el año de gracia del Señor (Isaías 61:1-2). Después de esta lectura cerró el libro, lo entregó al ministro del culto y se sentó; pero los que estaban en la sinagoga seguían con los ojos puestos en Jesús, que les dijo: Hoy se ha cumplido delante de vosotros esta Escritura que habéis oído (Lucas 4:14-21).

 

En este pasaje se ve claramente como el Espíritu Santo es el mismo Espíritu del Señor o Espíritu de YHWH, como aparece en los textos hebreos. Y Jesús declara que el Espíritu de YHWH está sobre él, porque lo ha ungido, Jesús es un hombre ungido por Dios, y esto es lo que significa literalmente el término Mesías o Cristo: Ungido. Miremos lo que pasa después de Jesús resucitar:

 

 

 

En mi primer libro, ilustre Teófilo, te hablé de la vida de Jesús, y de todo lo que hizo y enseñó desde el principio y hasta el día en que fue elevado al cielo, donde fue recibido después de haber dejado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. Durante los cuarenta días que siguieron a su muerte, se presentó en diversas ocasiones a los apóstoles vivo y dándoles pruebas que no dejaban lugar a dudas acerca de la realidad de su resurrección, y les hablaba del reino de Dios. En cierto momento, mientras comía juntamente con ellos, les mandó que no se alejaran de Jerusalén, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre de enviar al Espíritu Santo, tal como Jesús mismo les había anunciado que tenía que suceder. Se lo recordó diciéndoles: Juan os bautizó con agua, pero dentro de pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo (Hechos 1:1-5).

 

Jesús les dice claramente que serán bautizados con el Espíritu Santo, es decir, con el Espíritu del Señor, es el mismo Espíritu que está en Jesús, es el mismo Dios habitando en el hombre, haciendo del hombre un templo donde habita él y así es como lo declaran los apóstoles en sus cartas.

 

¿No os habéis dado cuenta de que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Pues bien, el templo de Dios que sois vosotros es santo, y Dios destruirá al que lo destruya o corrompa (1 Cor 3:16-17).

 

Y en la carta a los Romanos:

 

Pero, si el Espíritu de Dios vive en ustedes, ya no tienen que seguir sus malos deseos, sino obedecer al Espíritu de Dios. El que no tiene al Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Por culpa del pecado, sus cuerpos tienen que morir. Pero si Cristo vive en ustedes, también el espíritu de ustedes vivirá, porque Dios los habrá declarado inocentes. Dios resucitó a Jesús, y él también hará que los cuerpos muertos de ustedes vuelvan a vivir, si el Espíritu de Dios vive en ustedes. Esto Dios lo hará por medio de su Espíritu, que vive en ustedes (Rom 8:9-11).

 

Pablo dice que el Espíritu de Dios vive en nosotros, también lo llama el Espíritu de Cristo pues sabemos ya que el espíritu que tiene Cristo es el Espíritu de Dios, del Dios verdadero, otra vez, esto no hace a Cristo Dios, así como un templo lleno de la gloria de Dios tampoco es Dios, Dios sigue siendo Dios, uno, único, el Dios invisible que esta desde el principio, el único omnipresente, todopoderoso, Eterno, sabio. como dice también Pablo en su carta a Timoteo:

 

Al Rey de todos los siglos, al único y sabio Dios, inmortal e invisible, sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Amén (1 Timoteo 1:17)

 

también en la carta a los corintios:

 

Sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros. (1 Cor 8:6).

 

Viendo las cosas de esta manera, Dios sigue siendo el único Dios y Jesucristo, un hombre ungido, el hijo de Dios que murió por nuestros pecados y por quien son todas las cosas del reino venidero donde él va a reinar con sus elegidos, el mediador entre Dios y los hombres, como lo expresa el apóstol:

 

Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo (1 Timoteo 2:5-6).

 

Y en Apocalipsis lo dice así:

 

…y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre, e hizo de nosotros un reino y sacerdotes para su Dios y Padre, a El sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén (Apocalipsis 1:5-6).

 

¿Por qué entonces la teología tradicional se empeña en ver una trinidad donde la Biblia no la muestra? La respuesta está al parecer, en la tradición filosófica griega que recogió las enseñanzas de las religiones del misterio que si contiene creencias antiguas acerca de trinidades, pero ¿no enreda mucho este concepto en lugar de aclarar? Yo diría que si enreda mucho y no solo eso, creo que este concepto tiene a la los hijos de Dios confundidos, ya que se cree que Jesús es Dios y casi todos se quedan con esa “imagen personal de Dios” convierten a Jesús en un nuevo ídolo, pues un ídolo también es una forma incorrecta de ver a Dios, al convertir a Jesús en un ídolo, las personas se quedan adorándolo a él y no hacen las mismas obras que hizo él, pues Jesús declaró que quien creyera que Él es el Mesías, haría obras mayores a las de él (Juan 14:12) , y esto se cumplió en los apóstoles, por ejemplo el apóstol Pedro quien solo con su sombra sanaba los enfermos, una hazaña que Jesús no logró, posiblemente por la falta de fe, pero que en los tiempos de Pedro la gente había recibido una fe más grande por el testimonio de la resurrección de Jesús. Y volvemos al mismo reto: Solo los que hacen la voluntad de mi padre que está en el cielo entraran al reino de los cielos (Mateo 7:21).

 

¿Qué es creer en Jesús?

 

Muchas personas hoy en día se dicen llamar “cristianos” pero creen en otro Jesús diferente al que está en la Biblia, y esto no es nuevo sino que ocurrió también en el primer siglo (2 Cor 11:3-4). Allí los creyentes de Corinto estaban recibiendo un evangelio diferente, un espíritu deferente y otro Jesús. Esto indignó a Pablo que los exhortó a volver al verdadero Jesús. ¿Cómo encontrar al verdadero Jesús? El verdadero Jesús está en la Biblia, pero hay que escudriñar con mucho cuidado y evitar las suposiciones teológicas y filosóficas que puedan estar adulteradas, hay que buscar la leche espiritual pura como bebes recién nacidos ( 1 Pedro 2:1-2), la que viene directamente de la fuente. ¿Cómo ir a la fuente? leyendo diferentes versiones de la Biblia, diferentes traducciones, estudiando la historia para conocer acerca de sus traductores, lo que pensaban, la época y la cultura en la que vivieron.

 

Tal vez muchas personas dirán que hay otros versículos de la Biblia que dicen que Jesús es Dios, pero ¿Están esos pasajes bien traducidos? o como ocurre con el evangelio de Juan ¿los traductores imprimen su perspectiva en dichos versículos? Miremos algunos de los más comunes a la luz de una sana exégesis. Es muy difícil que Dios se contradiga y si aceptamos que Jesús es Dios, tendríamos que desechar casi todo lo que hemos estudiado hasta ahora, donde vemos claramente que solo hay un Dios y que Jesús es un hombre donde habita Dios, y que todos los creyentes estamos llamados a la misma plenitud, y conocer toda la verdad y ser verdaderamente libres.

 

Conclusión

 

Hay un peligro de creer en un Jesús diferente al que predicaron los apóstoles del primer siglo, y muy pocos cristianos estudian la Biblia, tal vez muchos van a la escuela de teología, pero allá estudian teología y estudian muy poco la Biblia ¿Es el Jesús que se predica actualmente el mismo Jesús que encontramos en la Biblia? Tristemente debo decir que no, y tampoco el evangelio del reino de Dios se predica como está en la Biblia, pues se predica una parte incompleta, y una parte nunca es el todo, una verdad a medias no es una verdad. Hoy más que nunca la humanidad necesita escuchar las buenas noticias del reino de Dios. Le animo a que entienda el mensaje del reino venidero y comparta con otros la verdad bíblica para que sea salvo de este mundo perverso y de toda falsa religión. En un estudio posterior tratare los temas y pasajes de difícil interpretación a la luz de la sana concordancia y exégesis.

Introducción

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