LOS MANDAMIENTOS DE DIOS, LA LEY DE MOISES Y LA GRACIA DE JESUCRISTO

  Imagen del la ley de los señores; dibujo de las tabletas de los diez mandamientos.

Por David Macías Isaza

 

 

“Porque Dios no es Dios de confusión sino de paz

(1 Corintios 14, 33)

 

Es asombrosa la confusión que se ha levantado alrededor de éste tema de los mandamientos, la ley y la gracia; es tanta, que es difícil hacer un estudio sin que haya que meditar bastante cada palabra, para no añadir otra explicación confusa al respecto, pues ya la literatura cristiana está saturada de contradicciones y malas interpretaciones que no ayudan a tener claro si estamos bajo la gracia o la ley ¿Es vigente la ley? ¿Qué debemos entender por gracia? ¿Tenemos que cumplir los mandamientos de Dios? o ¿Estamos bajo un nuevo régimen?. Se han levantado sectas con todos los extremos, pero es difícil encontrar siquiera un solo estudio, un solo teólogo, un solo predicador que nos aclare la situación y que nos muestre la justa y equilibrada medida que presentan las escrituras, eso sí, vistas en su conjunto, estudiadas profundamente de acuerdo a la sana doctrina, con una exégesis armónica y coherente. Acompáñenme pues a desenredar toda esta cuestión con la ayuda de la Biblia y la inteligencia que nos da el espíritu santo de Dios.

 

El Mesías aclararía todas las cosas

 

Y Jesús respondiendo, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os escribió este mandamiento. (Marcos 10:5)

 

¿Por qué Jesús les dice a éstos fariseos que Moisés escribió un mandamiento por la dureza del corazón humano? Al parecer algunos mandamientos que escribió Moisés no venían de Dios, en este estudio vamos  a tratar de diferenciarlos, por esto el título los mandamientos de Dios, la ley de Moisés y la gracia de Jesucristo; aunque el término mandamiento es un sinónimo de la palabra ley, lo he puesto así para entendernos mejor desde el principio.  Es sabido por diferentes fuentes que una esperanza que tenían los judíos, es que el Mesías aclararía todas las dudas que se habían formado en el mundo antiguo y que reestablecería la enseñanza que Moisés quiso darle al pueblo de Israel desde el principio, pero que, por la terquedad de ellos, no pudo. Pocos parecen saber que Moisés tuvo que escribir una extensa ley con más o menos trescientos decretos, porque el pueblo era tan terco, que aún viendo los milagros y el poder con el que Dios los sacó de Egipto, seguían en sus inútiles razonamientos y en sus falsos dioses. Pocos cristianos contemporáneos entienden que Dios tuvo que cambiar su plan porque ellos no estaban listos para aceptar la sencillez de los diez mandamientos escritos por su propia mano en la piedra, por lo cual se le permitió a Moisés escribir una extensa ley para tratar de hacerlos conscientes del pecado, a fin de que buscaran la ayuda de Dios, a través del arrepentimiento y que nacieran de su Espíritu Santo. Lo que muchos aún ignoran es que Dios siempre ha tenido el mismo plan con la humanidad, pero siempre la humanidad se ha puesto terca.

 

¿Cuál es el plan de יהוה para la humanidad?

 

Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos todas estas palabras que YWHW le había mandado. (Éxodo 19:6)

 

Desde el comienzo Dios quería establecer su reino en la tierra, lo hizo con Adán, pero él desobedeció y se independizó, trayendo como consecuencia la maldición que recayó sobre la tierra. Luego guardó un linaje (la descendencia de Set) para que llevaran la simiente bendita; después, a su descendiente Abraham, le comunicó las buenas noticias del reino y le prometió la tierra por herencia, hizo lo mismo con Isaac y Jacob, quien fue llamado posteriormente Israel, cuyos descendientes vivieron en Egipto como esclavos por cuatrocientos años hasta Dios los liberó a través de Moisés. Desde el principio, Él quería que éstos israelitas vivieran de acuerdo a sus mandamientos y que fueran sus reyes y sacerdotes santos, para entregarles el reino sobre toda la tierra, por esto llamó a Moisés para entregarle las tablas escritas por su propio dedo.

 

Y la gloria de YWHW reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y el parecer de la gloria de YHWH era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches. (Éxodo 24:16-18)

 

Moisés se estaba demorando mucho para la inmadurez e impaciencia de los Israelitas que no entendían nada de Dios. Ellos eran espiritualmente inmaduros y no todos creían las historias de sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob (Israel).

 

Mas viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se juntó entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. (Éxodo 32:1)

 

El primer mandamiento de Dios dice que no se deben tener otros dioses aparte de YHWH, sólo a YHWH se debe amar y servir, Dios les había dicho  que se olvidaran de los falsos dioses egipcios, que no se hicieran imágenes de nada; pero cuando Moisés se demoró, ellos trataron de “buscar a Dios” a su manera, se hicieron un ídolo para adorar a su forma (Independencia).

 

Entonces YHWH dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Presto se han apartado del camino que yo les mandé, y se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más YHWH a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora pues, déjame que se encienda mi furor en ellos, y los consuma; y a ti yo te pondré sobre gran gente. (Éxodo 32:7)

 

Dios vio que éste pueblo no iba a poder entenderlo y pensó destruirlos para evitarse el problema de tenerlos que educar, puesto que eran definitivamente muy tercos y no entendían el más sencillo e importante de los mandamientos: Ama solo a YHWH tu Dios, puesto que él es el único Dios; por esto le dice a Moisés que va a hacer una nación a partir de él. Luego Moisés intercede por el pueblo para que Dios les dé otra oportunidad.

 

Y dijo: Si ahora, YHWH, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora YHWH en medio de nosotros; porque este es pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y poséenos. (Exodo 34:9)

 

Le aconsejo al lector que se tome el tiempo para leer todo este pasaje de Éxodo donde se puede ver como éste fatídico incidente del becerro de oro le costó al pueblo miles de vidas; y como fue desde este punto que se formó el sacerdocio “imperfecto” cuando la gente de Israel y la tribu de Leví (Los levitas) que estaban con Moisés mataron a tres mil personas de los que habían adorado y bailado frente al ídolo (Éxodo 32:26).

 

Aunque Dios les dio otra oportunidad a los que quedaron, no los dejó sin castigo, ya que les envió una plaga y se enfermaron (Éxodo 32:35).

 

Después de éste incidente Dios tuvo que tratarlos de una forma diferente, los Levitas se convirtieron en la tribu sacerdotal por haberse levantado en contra de la idolatría, aunque vimos antes que la voluntad y el plan de Dios era que todos fueran sacerdotes. Así es como entendemos que debido a la terquedad del pueblo, Dios tuvo que posponer sus planes y Moisés tuvo que añadir leyes que no estaban en su plan eterno y perfecto. Por ésta terquedad e incredulidad ésa generación ni siquiera pudo entrar a la tierra prometida, sino que murieron todos en el desierto y la generación posterior, los hijos de ellos fueron quienes pudieron entrar a la tierra prometida. Ésa misma terquedad agotó la paciencia de Moisés quien en una ocasión golpeó la roca para que saliera agua y no honró la santidad de Dios, y éste incidente le costó la entrada a la tierra prometida a él también (Núm. 20:12). Después de esto Dios prometió que enviaría otro profeta como Moisés que aclararía todas las cosas, a quien deberían escuchar los Israelitas, miremos:

 

Porque estos gentiles que has de heredar, a agoreros y hechiceros oyen; mas tú, no así te ha instruido YHWH tu Dios. Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará YHWH tu Dios; a él oiréis. Conforme a todas las cosas que pediste a YHWH tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz YHWH mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y YHWH me dijo: Han hablado bien lo que han dicho. Profeta les despertaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. (Deuteronomio 18:14-19)

 

Moisés anunció que vendría otro como él que hablaría en nombre de Dios, éste anuncio fue la forma como Dios iba a preparar a los judíos para cuando viniera dicho profeta, aunque ésta preparación tomaría cientos de años, ese tiempo para Dios es tan solo un instante, mientras tanto, Moisés tuvo que hacer una extensa ley llena de requisitos y prohibiciones para este pueblo en particular, y estableció sacrificios por el pecado que serían oficiados por los miembros de la tribu de Leví. Éste sacerdocio no era lo que Dios quería, pero tuvo que hacerlo así para que los judíos tomaran conciencia de su importancia en la historia y del pecado humano (la independencia), tuvo que hacerlo así para corregirlos, para que algunos de ellos pudieran ser salvos.

 

¿Pues de qué sirve la ley? Fue puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la simiente á quien fue hecha la promesa, ordenada aquélla por los ángeles en la mano de un mediador. (Gálatas 3:19)

 

La ley de Moisés (no los mandamientos de Dios) fue dada a causa de las rebeliones, hasta que viniese el “profeta” a explicar todo a la humanidad, ya que el plan de Dios incluía a todas las familias de la tierra.

 

Empero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta. De manera que la ley nuestro ayo fue para llevarnos á Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. (Gálatas 3:23-24)

 

La ley fue dada para llevar a los creyentes a Cristo, es decir, para preparar al pueblo, para que los hombres sepan la necesidad que tienen de un salvador que les libre de la esclavitud al pecado, para que el hombre se arrepienta de su independencia; la ley existió para hacernos conscientes de nuestra naturaleza pecaminosa hasta que llegó la promesa del reino venidero y la vida eterna con la parusía (segunda venida del Cristo); la ley de Moisés estaba vigente hasta que llegara la fe en la resurrección e inmortalidad, hasta que llegara aquel profeta que prometió Dios por medio de Moisés, hasta que llegara el esperado Mesías. Los creyentes judíos creyeron siempre que ese profeta es precisamente Jesús el Cristo; por ejemplo Esteban, el primer mártir después de Jesús dijo claramente creer que ése profeta es Jesucristo, miremos:

 

Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará un profeta de vuestros hermanos, como yo; a él oiréis haciendo conforme a todas las cosas que os hablare. y será, que cualquier alma que no oyere a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Y todos los profetas desde Samuel en adelante, todos los que han hablado, han anunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del Pacto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu Simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, levantando a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad. (Hechos 3:22-26)

 

 

Jesús es el Cristo (Mesías) es el hijo de Dios, el hijo del hombre y también éste profeta que traería las palabras de Dios, quien no obedeciera su palabra sería separado del pueblo de Dios. Es interesante que los apóstoles creyeran que Jesús es precisamente el cumplimiento de la promesa, ya que muchas personas parecen ignorar éste hecho tan revelador.

 

Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis. Este es aquél que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; y recibió las palabras de vida para darnos: Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes le desecharon, y se apartaron de corazón á Egipto. (Hechos 3:37-39)

 

Los primeros llamados no quisieron obedecer, no tenían la fe y se hizo necesario un nuevo pacto, con un nuevo sacerdocio, ya que el primer pacto, el de la ley de Moisés no tenía el poder para justificar al hombre y para llevarlo al arrepentimiento. La calidad de los sacrificios de animales nunca saciaban la justicia de Dios ni conmovían o redargüían al hombre para llevarlo a depender de Dios como él quería, por esto él mismo envió al Cristo, un hijo suyo, engendrado por él, para que se ofreciera como expiación.

 

Mas ahora tanto mejor ministerio es el suyo (refiriéndose a Jesús), por cuanto Él es el mediador de un mejor testamento, que ha sido establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primer pacto hubiera sido sin falta, no se hubiera procurado lugar para el segundo. (Hebreos 8:6-7)

 

Dios sabía de antemano que el pacto con los Israelitas tendría que ser renovado, pues no correspondía con lo que él realmente quería. Por eso prometió que haría un nuevo pacto, y cuando se dice nuevo pacto, se sabe que el antiguo se da por terminado.

 

Porque hallando falta en ellos, dice: He aquí vienen días, dice el Señor, cuando estableceré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto: Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo los desatendí, dice el Señor. Porque éste es el pacto que haré con la casa de Israel, después de aquellos días, dice el YHWH: Pondré mis leyes en sus mentes, y sobre sus corazones las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo. (Hebreos 8:8-10)

 

En éste punto es necesario detenerse un momento con cuidado. El escritor de los hebreos está citando a Jeremías, uno de los profetas llamados “profetas mayores”, el punto importante que está subrayado, dice que Dios pondrá sus leyes en las mentes y en los corazones de los hombres y mujeres de su pueblo elegido. ¿Dónde quedan los que dicen que ya no vivimos bajo la ley? ¿No está diciendo Dios que nos escribe su ley en nuestro interior? Esta afirmación significa varias cosas, primero, que la ley de Dios es mucho más sencilla que los más de trescientos decretos de la ley de Moisés, y segundo, que en el nuevo pacto ya no será bajo el sacerdocio levita, puesto que continúa diciendo:

 

Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor: Porque todos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor. Porque seré propicio a sus injusticias, y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordaré más. Y al decir: Nuevo pacto, da por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está a desvanecerse.

(Hebreos 8:11-13)

 

Si ninguno tendrá necesidad de enseñar a su prójimo, esto quiere decir que no habrá el sacerdocio que hubo en la antigüedad, liderado por la tribu de los levitas. En éste nuevo pacto Dios ha establecido que todos le conozcan personalmente y todos sean sacerdotes y reyes como siempre ha querido que sea. En el libro de los hebreos se nos dice que Jesucristo es ahora el único sumo sacerdote de Dios y que los que quieren acercarse a Dios deben hacerlo por intermedio de él, por fe en su sacrificio expiatorio, el cual si pagó el precio que requiere el pecado de independencia que entró al mundo a través del primer Adán. Jesucristo también nos revela la sencillez de la ley de Dios con la declaración en Mateo 22:35-40:

 

Entonces uno de ellos, intérprete de la ley, por tentarle, le dijo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la ley y los profetas.

 

Como hemos visto, Jesús y los apóstoles nunca han querido anular la ley de Dios o mandamientos de Dios. Lo que si podemos ver es que con el muevo pacto de Dios hecho a través de Jesús, quedó anulado el antiguo pacto que se hizo a través de Moisés con su sacerdocio levita. El primer pacto lo hizo Dios a través del sacrificio de un cordero, y se instituyó la cena de pascua, como una figura o un arquetipo para preparar al pueblo para cuando viniera el cordero de Dios; hay que decir que Juan el bautista declaró que Jesús de Nazaret es precisamente éste cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo:

 

 Al día siguiente, vio a Jesús llegando donde él, y le dijo, «¡Observen, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! (Juan 1:29)

 

Jesús mismo, cuando estaba a punto de morir, comió la famosa última cena que era precisamente la cena de pascua, les declaró a sus discípulos que su sangre representaba el sello de un nuevo pacto:

 

Les dijo, «Realmente he deseado comer esta cena de pascua con ustedes antes de sufrir, porque les digo, no volveré a comer de esta por medio alguno hasta que se cumpla en el Reino de Dios.» Recibió una copa, y cuando había dado gracias, dijo, «Tomen esto, y compártanlo entre ustedes, porque les digo, no beberé más del fruto de la vid, hasta que venga el Reino de DiosTomó pan, y cuando había dado gracias, lo partió, y se los entregó, diciendo, «Este es mi cuerpo que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía.» De la misma forma, tomó la copa después de la cena, diciendo, «Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que será derramada por ustedes. (Lucas 22:15-20)

 

Es pues una nueva alianza o pacto la que trajo el Mesías, anulando la antigua alianza hecha a través de Moisés y el sacerdocio Levita, ahora Dios quiere que vivamos de acuerdo a los mandamientos que trajo a través de su Cristo, y cada creyente es un sacerdote, que puede acercarse al trono de Dios personalmente, puesto que el sacrificio del Mesías cubrió el pecado del hombre, éste sacrificio si tiene el poder de hacernos dependientes de Dios. Podríamos decir que ahora estamos bajo la ley de Cristo y que la ley que ya no está vigente es la ley de Moisés. Cuando digo que no está vigente me refiero a que la ley no puede justificar al hombre frente a Dios, puesto que Dios quiere que los que van a ser justificados lo hagan por fe en el Cristo, en sus palabras, en el reino que viene, en la resurrección y la vida eterna. Por esto es que Jesucristo nos dice que no todos entrarán al reino de Dios, sino solo quienes hagan la voluntad de Dios:

 

No todo aquel que me dice `Señor, Señor,´ entrará al Reino de los Cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. (Mateo 7:21)

 

Y en otra oportunidad le preguntaron a Jesús:

 

—¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere que hagamos?

Jesús les contestó:

—La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado. (Juan 6:28-29)

 

Creer en Jesús como estamos viendo es creer en que sus mandamientos vienen de Dios y vivir de acuerdo a ellos. Jesús apareció para que el hombre no tenga de que jactarse, para que los que estaban bajo la ley de Moisés y creían que eso los justificaba delante de Dios, también se hicieran conscientes de su pecado, pues Jesús quitó lo que la ley de Moisés tenía de humano y la dejó pura, la perfeccionó dejándola tal como Dios siempre ha querido que la entendamos. Aunque muchos hoy lo ignoren, las enseñanzas o mandamientos de Dios dados a través de Jesús obedecen a una moral superior a la de la ley de Moisés, incluso mucho más exigente y radical.

 

Las enseñanzas de Jesús:

 

Una moral superior a la de Moisés

 

No piensen que he venido a destruir la ley o los profetas. No viene a destruir, sino a completar. Porque con seguridad, les digo, hasta que el cielo y la tierra pasen, no pasará de forma alguna, ni la letra más pequeña ni un pequeño trazo de la ley, hasta que todas las cosas estén cumplidas. Entonces, quien rompa uno de estos mandamientos, y le enseñe a otros a hacerlo, será llamado pequeño en el Reino de los Cielos; pero quien los cumpla y los  enseñe será llamado grande en el Reino de los Cielos.

(Mateo 5:17-19)

 

Muchas sectas cristianas actualmente enseñan que la ley fue acabada con Cristo; muy pocas lo enseñan correctamente, pues la ley que fue abrogada, fue la ley de Moisés, dándole paso a la ley de Dios, o para decirlo de una forma más clara: Los mandamientos puros de Dios. Jesús vino a exigir una moral mucho más elevada que la moral que propone la ley de Moisés, y el sacrificio de Jesús es mas valioso que los sacrificios de miles de carneros, toros, chivos o aves que exige el sacerdocio levita, veremos también que Jesús vino a establecer un nuevo orden sacerdotal donde cada creyente es sacerdote, siendo Jesucristo el único sumo sacerdote y único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2:5).

 

Porque les digo que a menos que su justicia exceda a la de los escribas y fariseos, no hay forma de que entren en el Reino de los Cielos. (Mateo 5:20)

 

Jesús lejos de anular los mandamientos, los perfecciona. Esto es sorprendente e inquietante en gran manera, si lo comparamos con la mayoría de enseñanzas que propagan los falsos maestros de hoy. Para poder entrar al reino venidero de Dios, nuestra justicia debe ser mayor que la de los escribas (que representan a los teólogos) o los fariseos (que representan a las sectas). Vamos a ver algunos ejemplos de cómo Jesucristo establece unas normas o mandamientos más elevados que Moisés y como Jesús declara que éstos mandamientos los recibió directamente de Dios:

 

«Ustedes han oído que fue dicho a los antiguos, `No debes matar;´ y `Quien mate estará en peligro del juicioPero les digo, cualquiera que esté de mal genio con su hermano sin una causa estará en peligro del juicio; y cualquiera que le diga a su hermano, `¡ Raca!´ estará en peligro del Concejo; y cualquiera que le diga, `¡Tu, tonto!´ estará en peligro del fuego de Gehena .

(Mateo 5:21-23)

 

Jesús aclara todos los fundamentos de la ley, diciendo que es más importante nuestro corazón y lo que cultivamos allí, que el hecho de reprimir los malos deseos, como el desear matar a alguien pero abstenerse. Es decir, a partir de Cristo el delito o pecado está en el corazón, en el deseo y no en su consumación. Quien se enoje sin motivo con alguien será juzgado y quien lo insulte será echado al lago de fuego, que es la muerte segunda; quien insulte a otro y no se arrepienta será juzgado como un asesino. Claramente la moral que exige el Mesías es más alta que la de la ley de Moisés, pues no tolera la hipocresía. Aquí Jesús está cumpliendo la profecía de que Dios escribiría la ley en nuestros corazones, recordemos que Jesús habló siempre las palabras de Dios.

 

«Ustedes han oído que se dijo, a los ancianos `No cometerás adulterio;´ pero les digo que quien mire a una mujer con deseo, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28)

 

Lo mismo ocurre con éste mandamiento, Jesús lo eleva al nivel justo donde debe estar; el adúltero no es quien comete el pecado de consumar el adulterio, sino quien lo tiene en su mente y en su corazón. Vemos pues que el Mesías lejos de abrogar la ley, la está poniendo todavía más pura y exigente. Ésta “nueva ley” es el requisito para entrar en el reino de Dios. Dios quiere cumplir su plan de tener un pueblo de reyes y sacerdotes verdaderamente santos. Digo “nueva ley” aunque realmente no es nueva, sino la que Dios pretendió para el hombre aún desde el principio.

 

«Ustedes también han oído que les fue dicho a los de los tiempos antiguos, `No harás promesas falsas, sino que cumplirás lo que has prometido al Señor ,´ pero les digo, no juren: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado para sus pies ; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque ni siquiera puedes hacer blanco o negro un cabello. En cambio que tu `Si´ sea `Si´ y que tu `No´ sea `No.´ Pues lo que sea más que esto es del mal. (Mateo 5:33-37)

 

Jesucristo es sin duda aquel profeta que habría de venir, quien tiene autoridad para dar la palabra de Dios a los hombres. Reiterativamente reemplaza un mandamiento por otro, estos mandamientos que nos dio el Mesías son los que Dios pretendió desde el principio para sus hijos.

 

Entonces sean perfectos, tal como su Padre que está en el cielo es perfecto. (Mateo 5:48)

 

El llamado ahora es a la perfección, el Cristo estaba completando la ley, dándole a la humanidad los mandamientos perfectos de Dios. Cumpliendo lo que Dios había prometido desde tiempos antiguos a través de los profetas: que Dios enviaría un Cristo que aclararía todas las cosas.

 

Y, Moisés a la verdad fue fiel sobre toda su casa, como siervo, pero para testificar lo que se había de decir; mas el Cristo, como el hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el fin retuviéremos firme la confianza y la esperanza gloriosa.

(Hebreos 3:5-6)

 

Moisés fue un profeta fiel a lo que le dijo Dios y a lo que la terquedad del pueblo le permitió, pero Jesús es el heredero de todas las cosas, puesto que Dios le ha dado el señorío y el Reino, porque él es el hijo del hombre. Ahora somos el templo donde vive el Espíritu de Dios y Jesucristo es nuestro Señor, nuestro rey, si mantenemos la esperanza firme de su segunda venida o parousía, y el consecuente Reino glorioso de Dios.

 

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté con aquella generación, y dije: Siempre divagan ellos de corazón, y no han conocido mis caminos.  Así que, juré yo en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. (Hebreos 3:7-13)

 

El pecado endurece el corazón y no le permite creer, por esto es necesario al arrepentimiento. El arrepentimiento es en realidad un camino constante, llamado también “camino de santidad”, quienes van por éste camino de salvación, siempre están apartándose cada día más de todo lo que los aleje de Dios, crucificando las obras de la carne y viviendo solo para el espíritu, buscando hacer la voluntad perfecta de Dios en todo y confesando a Dios la maldad que nace en el corazón en todo momento y lugar.

 

Porque somos hechos participantes de Cristo, si retenemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza. (Hebreos 3:14)

 

Nos dice la escritura que es necesario permanecer hasta el fin para poder heredar el Reino de Dios que vendrá con la segunda venida del Cristo. La primera generación que fue sacada de Egipto, no pudo entrar en el reposo de Dios por su incredulidad y terquedad, con nosotros no será diferente si somos incrédulos y seguimos viviendo para el pecado y nos alejamos de Dios.

 

Porque también a nosotros se nos ha predicado el evangelio como a ellos; pero no les aprovechó la palabra predicada a los que la oyeron al no mezclarla con fe. (Hebreos 4:2)

 

No creyeron los antiguos y no les sirvió de nada escuchar el evangelio del reino de Dios, que también les fue predicado a ellos. Dios quiso que ellos fueran los primeros llamados reyes y sacerdotes, que fueran una nación santa, pero ellos no escucharon y se rebelaron, porque su corazón era terco; Moisés tuvo que darles leyes y mandatos humanos para que ellos no se alejaran del todo de Dios, aunque no iban a agradarlo como él realmente quería. Ahora Dios a través del Mesías nos trae de nuevo su invitación a ser su pueblo santo y a ser reyes y sacerdotes junto con su hijo, quien perfeccionó los mandamientos, quitando las cosas humanas de Moisés y dejando los mandamientos en su forma pura, tal como Dios se los dio a él. Tenemos pues un nuevo pacto a través del Cristo, un pacto perfecto que enfatiza en los mandamientos de Dios y nos los presenta renovados.

 

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; que como yo os he amado, así también os améis unos a otros.  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13:34-35)

 

¿Dónde quedan pues los que dicen que ya no vivimos bajo los mandamientos de Dios? Jesús declara que todos los mandamientos que dio a la humanidad los recibió de su padre.

 

”Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” (Juan 14:10)

 

También veremos en la escritura que la verdadera fe se demuestra con obras de fe, como dice Santiago:

 

Alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe.

 

Éste tema de la fe y las obras está bien ampliado y explicado en otro estudio titulado “la victoria de los creyentes” que el lector interesado en profundizar lo puede encontrar en google.

 

Hemos visto que Jesucristo no pretendió en ningún momento abrogar los mandamientos de Dios, sino antes aclararlos y darlos en su justa medida. Muchos en la actualidad dicen que ahora estamos bajo la gracia y no bajo los mandamientos, pero honestamente los que afirman tal cosa no entienden ni siquiera en qué consiste lo que enseñan con tanta seguridad:

 

El fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida; de lo cual apartándose algunos, se desviaron a vanidad de palabras; queriendo ser maestros de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que afirman. Sabemos que la ley es buena, si se usa de ella legítimamente (1 Timoteo 1:5-7).

 

Otras falsas sectas alegan que el pecado no existe, otras que podemos hacer lo que queramos y que no hay condenación. Pero la Biblia nos dice que:

 

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas (Juan 3:17-19)

 

Todo el que hace lo malo no cree en Jesús, puesto que la fe en Jesucristo se demuestra por sus frutos de arrepentimiento, el apóstol Pablo habla mucho del tema en sus cartas, miremos lo que dice en un Romanos 8:1:

 

Así que ahora, ninguna condenación hay para los que están en el Cristo Jesús, que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

 

Creer en Jesús es vivir conforme al Espíritu, es decir, hacer la voluntad de Dios y no la voluntad de la carne. Por esto se ha malinterpretado lo que significa la gracia de Cristo, y muchos piensan que por la gracia pueden vivir de acuerdo a los deseos perversos de su naturaleza pecaminosa, y siguen en su avaricia, en los deseos de los ojos, en la sed de fama, poder y vanagloria; pero la escritura nos demuestra en diferentes oportunidades que Dios es exigente con los que llama y demanda de ellos santidad, pureza y exclusividad.

 

La gracia de Jesucristo

 

Lo que realmente significa:

 

Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote, que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas; sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:14-16)

 

Para empezar tendremos que analizar lo que significa la palabra gracia. El término que se usó en el manuscrito griego es: kharis, término que es la raíz de las palabras carisma, caridad, entre otras. Significa básicamente misericordia y amor incondicional, un amor que es “a pesar de” ; si miramos el pasaje anterior de hebreos podemos ver que ésta definición encaja perfectamente con el contexto. Es pues la gracia el favor inmerecido de Dios, “algo” que Dios nos ha dado porque se compadece de nosotros y quiere ayudarnos a pesar de todo. Éste es el significado más claro de la palabra gracia. A través de Jesucristo, Dios nos ha dado su perdón gratuitamente, Dios ha perdonado el pecado y no quiere tomarlo en cuenta, también en Jesucristo nos muestra cual es su voluntad para los hombres, que vivamos como Cristo vivió, que sigamos su ejemplo, y como estamos perdonados, podemos ser llenos del Espíritu Santo de Dios, que nos capacita para vivir una vida dedicada a Dios. Ése es el regalo inmerecido que nos dio nuestro Dios.

 

 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

 

Dios nos dio a su hijo. Dios nos dio sus mandamientos a través de su hijo. Nótese que dice que todo aquel que crea en él no se pierda. Como hemos visto, creer en el hijo de Dios es un concepto amplio, no basta con creer que solo hay un Dios y que Jesús es hijo de ese Dios, sino que nuestra fe se demuestra por las obras de fe que hablarán por nosotros; no basta con creer que Jesús es el hijo de Dios, pues los demonios también creen eso, es necesario vivir como él vivió. Los apóstoles constantemente nos darán el mismo reporte en todas sus cartas.

 

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. (1 Juan 2:3)

 

El apóstol Juan dice que la forma de reconocer quien conoce a Dios es viendo quien guarda los mandamientos de Dios que nos fueron dados a través de Jesucristo.

 

El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él. (1 Juan 2:4)

 

Insisto ¿Dónde quedan los que dicen que no hay mandamientos?

 

Pero el que guarda su palabra, verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado en él; por esto sabemos que estamos en Él. El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo. Hermanos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. (1 Juan 2:5-7)

 

El apóstol Juan quiere que quede muy claro que la fe viene acompañada de un cambio de vida, una obediencia a los mandamientos de Dios, a su voluntad. En ésta línea de pensamiento entendemos que el perdón de pecados es un don gratuito de Dios, pero la salvación es una decisión que debemos tomar nosotros mismos. Dios no va a revocar el libre albedrío que nos ha dado. Estamos llamados a la salvación, pero debemos cumplir ciertos requisitos para alcanzarla; como permanecer hasta el fin, no complacer nuestros deseos perversos, arrepentirnos y confesar nuestro pecado constantemente – a fin de que tengamos la victoria sobre el pecado siempre – para que el pecado no se enseñoree sobre nosotros, además debemos compartir con otros las buenas noticias del Reino venidero y vivir una vida que demuestre que estamos esperando a nuestro rey en su parusía.

 

La ley y los profetas fueron hasta Juan. De ahí en adelante la Buena Nueva del Reino de Dios es predicada y todos están forzando su camino hacia él. Pero es más fácil que el cielo y la tierra dejen de existir, a que un pequeño trazo de tinta caiga de la ley. Todo aquel que se divorcie de su esposa y se case con otra comete adulterio. Aquel que se casa con una que está divorciada de su esposo comete adulterio. (Lucas 16:16-18)

 

Jesucristo nos vuelve a decir la importancia de la ley. Aquí él declara que la ley jamás será abrogada. Pero si somos perspicaces notamos que al principio dice “la ley y los profetas”. Aquí Jesús se está refiriendo a la ley de Moisés obviamente. Más adelante vuelve a usar la palabra ley, pero para referirse a la ley de Dios, o mandamientos de Dios, esto puede comprobarse porque dice que cualquiera que se divorcie comete adulterio, mas en la ley de Moisés no era así, en la ley de Moisés un hombre podía repudiar a su mujer como vimos anteriormente. Jesús aclara que ése mandamiento de Moisés fue escrito por la dureza de corazón de los hombres pero que en el principio no fue así, ya que en el génesis dice que el hombre dejará a su padre y a su madre y la mujer también y se unirán para ser una sola carne; por lo tanto ya no son dos, sino uno; y lo que Dios une no lo debe separar el hombre.

 

¿Cómo podemos ser salvos pues? Realmente Dios es bondadoso pero exigente, es por esto que se nos da la siguiente promesa que resume el significado de la gracia:

 

Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, Abogado tenemos delante del Padre, a Jesús, el Cristo Justo; Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. (1 Juan 2:1-2) Y también tenemos ésta otra:

 

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

 

Conclusión

 

Habría muchas otras citas que podríamos leer y mucho más que decir del tema, pero espero que con las que presento aquí sean suficientes para aclarar el asunto. Con Jesucristo estamos bajo un nuevo pacto, incluso los hebreos también lo están, ya que bajo el nuevo pacto no hay diferencia entre el judío y el gentil (no judío de nacimiento). Bajo el nuevo pacto se ha establecido un nuevo sacerdocio y una nueva forma de adoración. Ahora los verdaderos adoradores adoran al padre en Espíritu y verdad, ofreciéndole sacrificios de alabanza y ofreciendo sus cuerpos vivos al servicio de Dios. Todas las ordenanzas del pacto de Moisés quedaron anuladas, el sacerdocio levita, los diezmos, los sacrificios de animales  y las exigentes reglas de aseo como las de los animales que se deben y no se deben comer. Ahora estamos bajo el nuevo pacto y mandamientos de Dios perfeccionados, una ley perfecta que se podría resumir en dos mandamientos, pero que para poderla comprender mejor, Jesús expresó en muchos mandamientos, sin anular nunca los diez mandamientos de las tablas escritas por Dios. Hoy en día vemos un sinnúmero de falsos predicadores despreciando los mandamientos y predicando mensajes confusos de “sola gracia”, “creciendo en gracia”, “ya no estamos bajo la ley”, “la letra mata pero el espíritu vivifica” entre muchas otras, pero con el pasado estudio hemos visto el lugar correcto que debe tener cada uno de los términos, ahora si el lector puede entender la diferencia que hay entre los mandamientos de Dios y la ley de Moisés, y vivir a los pies del trono de la gracia, confesando sus pecados y recibiendo el perdón constantemente para apartarse del pecado cada día más, vivir dependiendo completamente de Dios. Ahora podemos entender bien porque Dios nos dice tantas veces:

 

Sean santos porque yo soy santo.( Levítico 11:14)(Mateo 5:48)(1 Pedro 1:16)

 

Bendiciones para todos!

 

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