Archive for febrero, 2009


emblemasPor Sir. Anthony F. Buzzard

Nuestra tesis debe ser cuidadosamente chequeada frente a la evidencia del Nuevo Testamento. ¿Dónde está colocado el reinado compartido de Cristo y de los fieles? Mateo ha registrado las palabras de Jesús que proveen una respuesta. Los santos llevan adelante su oficio real con Cristo cuando El regresa: “Cuando el Hijo de Dios venga en Su gloria, entonces él se sentará en el trono de Su gloria…En la nueva era cuando el Hijo de Dios se siente sobre el trono de Su gloria, ustedes también se sentarán sobre tronos administrando a las doce tribus de Israel” (Mat. 25:31; 19:28).

El Reino es un regalo para los discípulos: “Yo os asigno un reino como mi Padre me lo asignó a mí, a fin de que puedan comer y puede beber en mi Reino y se sienten sobre tronos gobernando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:28-30).

En la parábola del hombre noble (Cristo), el Reino está igualmente ubicado en el regreso del Mesías, cuándo El destruya a Sus enemigos y ponga a Sus siervos a cargo de las poblaciones urbanas: “Cuando él regresó, habiendo recibido el Reino, él dijo, ‘tráiganme acá a mis enemigos que no desearon que yo gobernase sobre ellos y decapitadlos delante mí… [A los discípulos] les dijo, ‘Tengan autoridad sobre diez ciudades’” (Lucas 19:15, 17, 27).

Jesús claramente no pensó que el Reino había venido, ni que Sus discípulos estuvieran en él: “Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga” (Lucas 22:16, 18).

Jesús les dijo a los discípulos que esperen la llegada del Reino cuando él regrese. Hasta entonces El (y ellos) estarán esperando “hasta que Sus enemigos sean puestos bajo Sus pies”. Lucas nos dice decisivamente que el Reino coincidirá con Su regreso espectacular: “Cuando ustedes vean todas estas calamidades [precediendo a la Segunda Venida] aconteciendo, sepan que el Reino de Dios está cerca ["por venir", Biblia Buenas Nuevas]” (Lucas 21:31). “Acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino…” A lo cual Jesús contestó, “Estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23:43). El Reino es equiparado con el Paraíso venidero.

La Tendencia de Colocar el Reino Mesiánico en el Presente

Mientras que se sostenía que los santos habían sido transferidos al Reino del Hijo de Dios, en el sentido de que la posesión del Espíritu les garantizó una herencia futura,20 Pablo no obstante corregió la noción falsa, sostenida por algunos de los Corintios, de que los santos ya están reinando. Escribiendo primero en un tono de ironía y luego expresando su anhelo por el gobierno asociado futuro de Cristo y los santos, él dijo: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Cor. 4:8).

Él estaba indignado con los Corintios porque se habían olvidado de uno de los primeros principios de la fe —la perspectiva de los creyentes de reinar con Cristo en el futuro: “¿No saben ustedes que los santos deberán administrar el mundo? ¿Y Si el mundo estará bajo vuestra jurisdicción, son ustedes incompetentes para arbitrar sobre insignificancias?” (1 Cor. 6:2). Por contraste, “los injustos no heredarán el Reino de Dios” (1 Cor. 6:2, 9). La una interpreta a la otra: Heredar el Reino es definido como “administrar el mundo”. Tenemos aquí una explicación aclarativa del significado de lo que Jesús y Pablo quisieron decir por “heredando el Reino”. Apunta a un tiempo cuando el mundo viene a estar bajo la juridicción de los santos. Semejante noción tan política bien puede venir como una sacudida, pero es precisamente lo que nosotros esperaríamos de todo lo que hemos leído acerca del Reino en su trasfondo Hebreo. No hubo duda de que el mundo estaría bajo la jurisdicción de Pablo cuando él les escribió a los Corintios. Él específicamente había dicho que su trabajo en este tiempo presente era administrar sólo a aquellos dentro de la Iglesia (1 Cor. 5:12) y que como un Apóstol, el mundo lo consideró como “la escoria de la tierra” (ver 1 Cor. 4:9-13). El tiempo estaba llegando, sin embargo, cuando, como un himno Cristiano bien conocido en la Iglesia apostólica recordó a los creyentes: “Si sufrimos con El [ahora], reinaremos como reyes con El [entonces]” (2 Tim. 2:12).

El coro angélico resumió el Plan entero de la salvación con una cántico de alabanza a Jesús que celebra el hecho de que la Iglesia de todas las naciones “reinará como reyes sobre la tierra” (Rev. 5:10). La Biblia Nueva Jerusalén hace el texto más que claro: “Los has hecho [a los creyentes] una línea de sacerdotes y reyes para que Dios rija el mundo”. No es de extrañar, entonces, que Jesús, como el demandante del trono de la casa real de David, fuese visto como uno subversivo en el imperio Romano. El Cristianismo es ciertamente una amenaza política para presentar a los sistemas del mundo.

En el mismo libro de Apocalipsis, Jesús específicamente le promete al creyente un lugar en el Reino futuro: “Yo le daré autoridad sobre las naciones, la cual a mí Mismo me ha sido dada por Mi Padre para gobernar” (Rev.2:26, refiriéndose al Salmo 2 Mesiánico)”. “Le concederé [al creyente] que se siente Conmigo en Mi trono, así como yo me he sentado con Mi Padre en Su trono” (Rev.3:21). Los dos tronos deben ser cuidadosamente distinguidos. Cristo ahora no está sentado sobre Su trono. 21 Él lo hará cuando él empuñe el cetro en la tierra en Su Segunda Venida, como está predicho por el Salmo 2. Las promesas de autoridad con Jesús son para aquellos que se mantienen firmes hasta El que venga”: “Manténgase firmes hasta que yo venga. A aquellos que resulten victoriosos y se mantienen trabajando para mí hasta el fin, les daré autoridad sobre los paganos ” (Rev, 2:25, 26).

Este texto demuestra que la autoridad no es prometida para el presente, sino para el tiempo subsiguiente a la futura venida de Jesús; Y como recompensa por el servicio fiel en la vida presente.

Es en la última trompeta que “Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás” (Rev. 11:15).

Hacia ese momento futuro es que los ancianos celestiales dicen, “Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has reinado… El tiempo de los muertos, para que sean juzgados [Ha llegado]”. (Rev. 11:15-18)

¿Cuándo es ese tiempo? En la última trompeta. La última trompeta señala la resurrección de los fieles muertos (1 Cor. 15:23, 52).

Exactamente el mismo esquema aparece en Apocalipsis 19, donde un futuro comienzo del reinado del Mesías está descrito: “¡Aleluya! Porque nuestro Dios el Señor Omnipotente ha comenzado Su reinado…Porque el día de la boda del Cordero ha llegado” (Rev 19:6, 7)

Jesús es el Hijo varón “destinado a regir a todas las naciones con vara de hierro” (Rev. 12:5). “Él los pastoreará con vara de hierro” Rev. 19:15). Estos pasajes muestran que el Salmo 2 no ha sido abandonado o “espiritualizado”. Hasta que el gran momento para el establecimiento del Reino llegue, Jesús debe permanecer en el cielo: “El cielo debe retenerlo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas acerca de las cuales hablaron todos los profetas” (Hechos 3:21). Jesús, por consiguiente, está “esperando desde entonces hacia adelante hasta que Sus enemigos sean hechos un banquillo para Sus pies” (Heb. 10:13). El punto del tiempo del cual Jesús espera está indicado en un verso atrás. Desde el tiempo de la ascensión Jesús ha estado temporalmente ausente (Heb. 10:12), y ese período de anticipación llegará a un final cuando El regrese a inaugurar el Reino en todo el mundo.

Con toda esta clara evidencia ante nosotros, llegamos finalmente al disputado pasaje milenario en Apocalipsis 20. Aquí se nos informa que los santos “vinieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años…Esta es la primera resurrección. Ellos reinarán con Cristo por mil años” (Rev. 20:4-6). Nosotros nos hemos referido a unos veinte pasajes del Antiguo y Nuevo Testamentos que describen el reinado unido de Cristo y los santos. En cada caso el reinado es presentado después de la Segunda Venida. Comienza con el regreso de Cristo. En Apocalipsis 20 llegamos al cumplimiento largamente esperado del Reino esperado.

Colocar este pasaje en discordia con los otros veinte pasajes afirmando que es ya un reinado en progreso antes de la Segunda Venida es quebrantar el primer principio de la sana interpretación. Nuestro pasaje describe, como lo hacen sus paralelos a todo lo largo de la Biblia, un reinado o el Reino que sigue a la resurrección de los Cristianos martirizados (decapitados) 22 y que sigue a la venida de Jesús en poder y gloria. Hablar en estos textos de un reinado presente de Dios “en el corazón”, o en la Iglesia, es rehusar una información simple acerca del Reino futuro de Dios. Todos los textos en el Nuevo Testamento, sin excepción, que hablan de los Cristianos que reinan como reyes, lo hacen así con verbos en tiempo futuro.23 Ningún texto convierte la herencia de los creyentes en un hecho presente. Carne y sangre, ciertamente, no pueden heredar el Reino de Dios (1 Cor. 15:50).

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LAS DOS EDADES

anthony_buzzardPor. Sir Anthony F. Buzzard

Nuestras versiones nos suministran otro perjuicio cuando algunas veces hablan del “mundo venidero” en lugar de la “era venidera”. El “mundo venidero” da alcance pues a la idea poco bíblica de que hay una esfera divina para ingresar en la muerte. Tal idea es engañosa: Corre un velo sobre la meta bíblica —la esperanza del Mensaje divino— que es la llegada en la historia de una Era Dorada gloriosa que reemplazará a la era actual de anarquía humana. Es para esa era que aspira el Cristiano. En “esa era” él recibirá “la vida de la era venidera” por medio de ser resucitado en el regreso de Cristo. Será muy revelador para los lectores de la versión del Rey Jaime, así como también de otras traducciones, leer “vida de la era venidera” o “vida en la era venidera” cada vez que ellos se encuentran con las expresiones “vida eterna” o “eterno”. De este modo se puede recobrar la atmósfera de la fe original.

Una pérdida similar de claridad ha ocurrido donde las traducciones y los comentarios hablan del “fin del tiempo”. La salvación en la Biblia no está más allá del tiempo y del espacio. Será concedida completamente en “el fin de esta era”, cuando comience la Nueva Era. Es en “el tiempo del fin” que los Cristianos pueden esperar la llegada del Reino, no en “el fin de tiempo”. Los discípulos le preguntaron a Jesús acerca del fin de la era, no del fin de mundo. La Versión del Rey Jaime ayudó a obstruir el claro entendimiento con su particular traducción de Rev. 10:6: “Ya no habrá más tiempo”. El error se ha corregido en versiones modernas que nos dicen “no habrá más retraso”.

Por una ironía extraña, las otrora iglesias divididas están unidas en su punto de vista de la esperanza Cristiana definida como una partida al cielo como un alma incorpórea. No puede haber más saludable sacudida que despertar al hecho de que semejante idea es inconcebible para los escritores Hebreos Cristianos de la Biblia. Así dicen también nuestros mejores eruditos, de quienes citamos sólo dos ejemplos: “Pablo evidentemente no podría contemplar la inmortalidad aparte de la resurrección; Para él, un cuerpo de alguna clase era esencial para la personalidad”. “La idea de una persona separada del cuerpo es repugnante para la mente Hebrea” F.F. Bruce, bien conocido por los evangélicos, vino a creer en la inconsciencia de los muertos. Comentando sobre 2 Corintios 5, Bruce se refiere al cambio de posición instantáneo del viejo cuerpo por el nuevo:

Pablo aquí tiene pensado que no habrá un intervalo de “desnudez” consciente entre el uno y el otro [el viejo cuerpo y el cuerpo de la resurrección]. La tensión creada por el intervalo postulado entre la muerte y la resurrección podría ser relevada hoy si fuese sugerido que en la conciencia del creyente recién partido no hay intervalo entre la disolución y la investidura [con el cuerpo de la resurrección], sin embargo, podría ser medido un largo intervalo por el calendario de la historia humana terrestre.

Tiene poco sentido que debamos seguir consolándonos, y a nuestros hijos, con una esperanza para los muertos tan incompatibles con la Biblia —y todo en el en nombre del Cristianismo. El reconocimiento de que una cantidad grande de filosofía Griega ha sido importada en la fe y forzada sobre los registros del Nuevo Testamento será el primer paso para la recuperación del Cristianismo apostólico. Las palabras de un erudito de la Biblia Francés merecen la publicidad más amplia:

A través de las páginas del Antiguo y Nuevo Testamentos las aguas claras de la verdad revelada fluyen como un río majestuoso. Es Dios quien solo tiene inmortalidad, el que ofrece a los hombres, y que comunica al creyente, Su vida divina imperecedera. Pero corriendo paralelamente a esta corriente, fluye el río enlodado de la filosofía pagana, que es aquella del alma humana, de esencia divina, eterna, que preexiste al cuerpo y lo sobrevive.

Después de la muerte de los Apóstoles las dos corrientes se incorporaron para hacer una unidad de aguas turbulentas. Poco a poco la especulación de la filosofía humana se mezcló con la enseñanza divina. Ahora la tarea de la teología evangélica es librarse del compromiso los dos elementos incompatibles, desintegrarlos, eliminar el elemento pagano que se ha instalado a sí mismo como un usurpador en el centro de la teología tradicional; restaurar en valor el elemento Bíblico, que sólo es verdad, que a solas se conforma a la naturaleza de Dios y del hombre, Su criatura.

El camino de la sabiduría parecería descansar en un reexamen personal de la creencia a la luz de los documentos bíblicos. La Biblia recomienda una búsqueda diligente para la comprensión. Ella alaba a aquellos que diariamente meditan en la revelación divina. Jesus Mismo fue un estudiante devoto de la Escritura, inmerso, como lo fueron otros rabinos, en las sagradas escrituras de Israel. A todo lo largo del Nuevo Testamento los Apóstoles prometieron una resurrección a la gloria a aquellos que han expresado su fe en Jesús por el arrepentimiento, el bautismo como adultos responsables, y en la creencia y la obediencia al Mensaje divino del Reino como es presentado por el Mesías y los Apóstoles. La salvación es ofrecida en términos muy específicos —la creencia en el Evangelio como Jesús y los Apóstoles lo predicaron. Una definición clara de ese Mensaje debería ser una urgente prioridad para todos los creyentes que buscan la verdad.

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LA VIDA DE LA ERA VENIDERA

jesus010Por. Sir Anthony F. Buzzard

Hay dos frases familiares del Nuevo Testamento las cuales, como están traducidas hoy, obstaculizan un punto de vista claro del destino cristiano, tal como Jesús y los Apóstoles lo entendieron. La primera parte de estos es “eterno” o “vida eterna”. Eso no es exactamente lo que los primeros Cristianos tuvieron en mente cuando describieron el propósito final de la fe. La frase “para siempre” en el Antiguo Testamento Hebreo fue a menudo comprendida que se refería a un período de tiempo en el futuro remoto. Con ese período de tiempo, las promesas contenidas en el Mensaje divino fueron asociadas a Abraham y a David. Cuando Daniel registró su punto de vista del fin de la era actual de la historia, él describió la resurrección de aquellos que estaban dormidos en el polvo de la tierra como “despertarse para la vida eterna” (Dan. 12:2). Nuestros traductores pensaban como Griegos, no como Hebreos, cuando nos dieron esa interpretación. Un Hebreo habría mirado hacia delante no para “la vida eterna” sino para “la vida de la era venidera”. Había más historia por venir cuando Dios cambió el curso de los eventos para siempre. La esperanza completa de los profetas se basó en lo que vendría a ser un día la tierra, una edad de paz universal bajo el Mesías. Apropiadamente, los escritores del Antiguo Testamento habían usado una palabra particular para describir esa era futura. La palabra fue olam, la edad remota, futura. Era costumbre, pues para Jesús y Sus contemporáneos (de acuerdo con los rabís), contrastar la presente era (“ha’olam ha’zeh” —esta era) del gobierno humano con la era futura (“ha’olam ha’ba” —la era venidera) del Mesías y Su Reino. Así que cuando Daniel describe la resurrección de los fieles al final de la era actual, él ve a los muertos recibiendo “la vida de la era venidera” (Dan. 12:2). Eso es lo que cada Hebreo devoto deseó. Daniel mismo fue invitado a descansar en la muerte hasta que el tiempo llegase para que él tomara su posición asignada al final de la era (Dan. 12:13).

Es bien sabido que el Nuevo Testamento toma este lenguaje del Antiguo Testamento y del Judaísmo. Jesús habló constantemente de “la vida de la era [Mesiánica] venidera” y usó la expresión de forma intercambiable con el de Reino de Dios. La traducción “vida eterna” no es completamente inexacta, pues la vida conferida en la era venidera ciertamente será vida sin fin. No obstante, la frase Hebrea es mucho más evidente, puesto que transporta información vital acerca de cuándo y dónde esa vida será lograda y nos recuerda constantemente que la historia está dividida en dos eras. La “vida de la era venidera” será disfrutada en su totalidad en la era Mesiánica venidera. Sería en la era venidera que los hombres y las mujeres “heredarían el Reino”. ¡Cuánta inundación de luz sería arrojada en nuestros documentos Cristianos si cuando leemos acerca de la “vida sin fin” y la “vida eterna” pensaramos con Jesús de “la vida del Reino venidero” (saboreados ahora por adelantado a través del Espíritu)! Como Nigel Turner comentó: “Sería impreciso traducir amonios como ‘eterno…’ pero nuestras traducciones continúan haciéndolo. Quiere decir ‘que pertenece a la era futura o dispensación.’” El mismo adjetivo aionios describe el fuego que destruyó hace miles de años a Sodoma y Gomorra (Judas 7). Ese fuego no fue eterno sino parecido al castigo sobrenatural que Dios infligirá en el regreso de Cristo. Cuán muy desavíada es también la traducción en Mateo 25:46 donde se dice que los malvados entran en el “castigo eterno”. Los comentarios estándares afortunadamente acuden al rescate: “El adjetivo aionios [en Mat. 25:46] significa que pertenece a una era futura. Esto en sí no quiere decir ‘interminable.’” Lo que Jesús describió fue “el castigo que lo excluye a uno de la era venidera”. La promoción popular del “tormento eterno” sobre la base en este versículo no tiene apoyo en el idioma Griego original, lo cual es poderosamente coloreado por la mente Hebrea de los escritores del Nuevo Testamento.

No sabiendo nada de la subsecuente tradición Griega, Jesús nunca habló de ir al cielo. Él les ofreció a Sus seguidores la herencia de la tierra (Mat. 5:5) como el cumplimiento de las promesas a Abraham y David. Abraham una vez había vivido en la “tierra de la promesa”, pero nunca la había poseído. Él había muerto sin recibirla. Fue obvio, entonces, que Abraham debe un día resucitar de la tumba para entrar en su herencia con todos los fieles. Dios había hablado, es decir, hecho promesas, “a nuestros padres, a Abraham para la era venidera” (Lucas 1:55). La herencia fue el Reino de Dios que, como Santiago dijo, “Dios ha prometido para aquellos que le aman (Santiago 2:5). Jesús también estaba deseando la era del Reino de Dios. Su lenguaje está confinado dentro del marco de la perspectiva Hebrea sobre el futuro. Él no habla del “cielo en la muerte”. Él nunca dice, “si ustedes quieren ir al cielo…” o fulano de tal está en el “cielo”. Él y los Apóstoles hablan de tesoros que están ahora preparados con Dios en el cielo (Mat. 6:20; 19:21) —Una recompensa “reservada en el cielo” como “salvación lista para ser revelada en el último tiempo” (1 Ped. 1:5), en el regreso de Cristo a la tierra. Los Cristianos deberían seguir a Jesús y Pablo y deberían hablar de “heredar o de entrar en el Reino”. Esto nos permitirá pensar como el Maestro y no como un filósofo Griego. La predicación popular podría aprender mucho de la observación del erudito Nuevo del Testamento que escribió: “La promesa de vida futura nunca es descrita por Jesús en términos de estar en el cielo o ir al cielo”. Un cambio revolucionario de lenguaje es requerido si debemos seguir el ejemplo de Jesús. El uso de las propias palabras de Jesús por los Cristianos tendría un efecto remediador sobre el malestar espiritual creado por la adopción del lenguaje poco bíblico para describir la vida después de la muerte. Con implicaciones tremendas para la confusión actual de denominacionalismo, Nigel Turner escribió:

Es mejor que el lenguaje de la iglesia sea el lenguaje del Nuevo Testamento. Proclamar el Evangelio con una nueva terminología es arriesgado cuando mucho del mensaje y de las frases valiosas que están implícitas en el Nuevo Testamento podría perderse para siempre. “La mayor parte de las distorsiones y disensiones que ha fastidiado a la Iglesia,” observó el difunto Decano de York, “donde éstas han tocado la comprensión teológica, se han levantado a través de la insistencia de las sectas, o las secciones de la comunidad cristiana, al usar palabras que no son halladas en el Nuevo Testamento”.

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a-buzzard3Por Sir. Anthony F. Buzzard

Desconocido para la mayoría de feligreses, la mayoría de Protestantes y Católicos han aceptado, mas sin cuestionar nada, una leyenda caprichosa que afirma que Jesús alteró la condición de los muertos mientras él Mismo estaba en el mundo de los muertos. Los Protestantes a menudo regañan a los Católicos Romanos por inclinarse a la doctrina de la supuesta asunción corporal de María al cielo como Reina del Cielo y Mediadora. Ningún apoyo bíblico puede ser citado para esta enseñanza revolucionaria. Pero Protestantes, así como los Católicos Romanos, se mantienen firmes en una tradición acerca del estado de los muertos que puede ser rastreada a una historia apócrifa contenida en el Evangelio no bíblico de Nicodemo. Este documento, que se basa en una tradición que data del segundo siglo, cuenta la historia de Jesús que baja hasta el Hades para otorgar la inmortalidad a aquellos que habían muerto en las edades previas. La misma leyenda aparece en varios documentos. Las Odas de Salomón del segundo siglo también incluyen un relato de la actividad de Jesús en el Hades. A los muertos El les dice: “Salgan de su cobijo, ustedes que han sido afligidos y reciban alegría…y vida inmortal”.

Como informan los historiadores, “Aquí tenemos la más temprana aparición de la doctrina detallada del descenso en el Infierno que se encuentra en el Evangelio de Nicodemo y que fue después universalmente prevaleciente en los círculos cristianos”. Una versión latina del Evangelio de Nicodemo da parte de las palabras de dos individuos que habían sido liberados de la muerte: “Nos levantamos con Cristo del infierno, y El Mismo nos resucitó de la muerte. Y de esto tú puedes saber que las portillas de la muerte y la oscuridad son destruidas, y las almas de los santos son puestas en libertad y han ascendido al cielo con Cristo”.

El efecto de esta atractiva historia, pero engañosa, fue destruir de un tirón la enseñanza de la Biblia Hebrea de que la liberación de la muerte y la ganancia de la inmortalidad vendrían sólo por la resurrección al final de la era. Daniel 12:2, que predice que los muertos se levantarían sólo cuando el Reino haya llegado (cp. 1 Cor. 15:23), fue convertido en obsoleto por la nueva teoría. La leyenda alteró el completo significado de la muerte. Pues mientras que Hades según la Biblia es un lugar de inacción completa donde “los muertos no alaban a Dios” (Sal. 115:17), y dónde esperan hasta el regreso de Cristo, éste fue presentado en su anterior folclor como un lugar en donde Cristo estaba activamente predicando y liberando a los muertos”.

El nuevo cambio tuvo un efecto devastador en la comprensión Cristiana de la vida después de la muerte. Quiso decir que los muertos de ahora en adelante podrían librarse del Hades y moverse inmediatamente en la muerte hacia el Paraíso (la tradición posterior habló del cielo como el destino inmediato de las almas incorpóreas justas). Aunque el Evangelio legendario de Nicodemo parece haber enseñado una resurrección corporal inmediata para los fieles muertos del Antiguo Testamento, consecuente al descenso de Jesús en el Hades, más tarde la tradición reconoció que ésta fue una contradicción lacónica de la enseñanza del Nuevo Testamento de que los muertos no se levantarán hasta el “Ultimo Día”. Eventualmente se llegó a alguna clase de compromiso con la asistencia de la doctrina Griega de la inmortalidad natural del alma. Las almas de los justos, se decía, fueron inmediatamente al cielo (o de acuerdo a otra teoría, para el Paraiso como un compartimiento del Hades) desde el tiempo cuando Jesús había liberado a los patriarcas de la muerte, pero el alma necesitaría reunirse con su cuerpo para una última resurrección al final de la edad. Este ha sido el punto de vista de la mayoría del pueblo Protestante desde la Reforma del siglo 16, y antes de eso, de los creyentes desde los tiempos de los Padres de la iglesia. Fue sólo la doctrina de un purgatorio intermedio que los Protestantes descartaron del sistema Católico en la Reforma.

Montado con una tradición no bíblica de que Jesús liberó a los patriarcas mientras El Mismo estaba en “el corazón de la tierra” (Mat. 12:40), los Protestantes son dejados en la búsqueda de evidencias bíblicas para la partida de las almas al cielo en la muerte. No hay tal prueba, a pesar de la afirmación de uno de los credos de que “Cristo bajó al Hades y lo abolió para todos los creyentes”.47 Efesios 4:8 habla de Cristo “que lleva sujetos a una hueste de cautivos”, en el contexto sobre dar ciertos dones a la Iglesia. Este no presta el apoyo a la noción de que Jesús liberó a los muertos del Hades”. Como un destacado Diccionario Biblico dice, “Efesios 4:7-10 no dice nada de alguna obra de Cristo, o de algunas posibilidades para los muertos en el Hades”. La misma autoridad confirma nuestra tesis central de que la enseñanza del Nuevo Testamento sobre el futuro “está en relación a la fe Hebrea y tiene su punto del asunto en los principios del Antiguo Testamento”. La pérdida del punto de vista Hebreo de la muerte y de la otra vida es, por consiguiente, un mayor desastre doctrinal que necesita ser corregido. Pablo, ciertamente, reconoce que es sólo al sonido de la séptima trompeta (1 Cor. 15:52; Rev. 11:15), que marca la resurrección en el regreso de Cristo a la tierra, que el Hades será vencido, y la muerte, tragada.

Si la Biblia Hebrea hubiera permanecido como la fuente determinante de la enseñanza divina acerca de la naturaleza de hombre, y del Plan para la recuperación de su inmortalidad, no habría confusión sobre lo que ocurre cuando morimos. Pero el ejemplo de Jesús, quien siempre respaldó la Biblia Hebrea, no fue seguido, y los Cristianos del segundo siglo se inclinación por varias leyendas y mitos (cp. 2 Tim. 4:4) que desde entonces se han incrustado en la tradición Cristiana. La remoción de los Patriarcas del mundo de los muertos en el tiempo de la resurrección de Cristo fue desconocida para Pedro, quien habló de David estando todavía muerto y sepultado después de la ascensión de Jesús (Hechos 2:34, 39). El escritor a los Hebreos no sabe nada de la idea de que Abraham, Isaac y Jacob habían resucitado de entre los muertos. Ellos serían traídos de regreso a la vida en compañía de todos los fieles cuando Jesús veniese en el poder del Reino (Heb. 11:13, 39; 12:28)

El desafortunado cambio del momento de la gloria Cristiana para una fecha anterior (una enseñanza falsa comparable a lo que Pablo identificó como un cáncer potencial en la Iglesia, 1 Tes. 2:18) comenzó un proceso por el cual el punto de vista bíblico del futuro se desmanteló. La mezcla de ideas irreconciliables creó una situación en la cual muchos estudiosos son incapaces de distinguir la tradición de la verdad bíblica. Rechazando persistentemente el punto de vista del Antiguo Testamento sobre la muerte del hombre completo, torcieron versículos aislados del Nuevo Testamento en un intento para imponerlos en línea con la tradición “recibida”. Es común oír a los feligreses citar una porción de un versículo de una discusión extendida de la resurrección en 2 Corintios 5. “Ausente del cuerpo y presente con el Señor” (2 Cor. 5:8) se piensa que es prueba de que Pablo estaba hablando de las almas inmortales yendo al cielo en la muerte. Pero esto no es del todo lo que él tuvo en mente, como viene a aclararse si leemos todo el contexto cuidadosamente.

Pablo ya había enseñado a los Corintios en 1 Corintios 15, y 1 Tesalonicenses 4, que los muertos duermen hasta la resurrección destinada a ocurrir en la venida de Cristo. “Aquellos que pertenecen a Cristo serán resucitados en Su venida” (1 Cor. 15:23). En 2 Corintios 5 él no ha confundido a sus lectores enseñando una idea diferente— la supervivencia como un alma sin un cuerpo. Tal concepto fue completamente extraño para la forma de pensar Hebrea de Pablo acerca de la muerte. Su tema es todavía la resurrección: “Él que levantó al Señor Jesús nos levantará también con Jesús y nos presentará con ustedes” (2 Cor. 4:14). Lo que Pablo estaba deseando era estar “revestido con una habitación [un cuerpo nuevo] celestial” (2 Cor. 5:2). Esto significaría reemplazar nuestros cuerpos presentes por otros, espirituales e inmortales. Este gran acontecimiento era la resurrección. Estar “Ausente del cuerpo y presente con el Señor” (2 Cor. 5:8) es la esperanza de que encontraremos a Cristo cuando El venga a levantarnos de la muerte. Jesús regresa para traer a la vida a los muertos. Nosotros no vamos a irnos hacia El en la muerte. La Biblia conoce sólo una forma para librarse de la muerte —esa es por medio de ser resucitado en el retorno de Cristo (aquellos que estarán aún vivos cuando El venga necesitarán sólo ser transformados para recibir su nuevo cuerpo). Estar “con el Señor” significa estar con Jesús a través de la resurrección en el regreso de Cristo. De modo que Pablo les había explicado a los Tesalonicenses cuando El elaboró en detalle los arreglos divinos por los cuales los santos serán traídos en la presencia del Señor que regresa. “De esta manera [es decir, por la resurrección y la transformación] estaremos siempre con el Señor” (1 Tes. 4:17).

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LA VERDADERA META CRISTIANA

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Por. Sir Anthony F. Buzzard

En un tratado sobre la fe, San Justino escribió: “Si te has encontrado con algunos que dicen que son cristianos y que niegan la resurrección, pero que afirman que sus almas cuando mueren son tomadas al cielo, no te imagines que son Cristianos”.

La declaración puede parecer desconcertante, pero prueba que la Cristiandad primitiva rechazó como una herejía la noción de que en la muerte el alma del creyente va para cielo. Sin embargo, ésta será hallada como la tesis común de millones de adherentes al Cristianismo en el presente siglo, y ha estado así por muchas generaciones. Estos hechos notables exigen una investigación.

El cambio radical en el pensamiento acerca del destino del Cristiano que obviamente ha ocurrido puede ser rastreado en la fusión de la filosofía Griega con la fe bíblica. El proceso fue uno sutil, y el diseño detrás de él fue la promoción de la mismísima mentira que Satanás había impuesto sobre la incauta Eva. La Serpiente rotundamente había contradicho la advertencia divina de que la desobediencia resultaría en la muerte (Gen. 3:4). Ahora él aparece como un predicador del “Cristianismo” para anunciar que el hombre es por naturaleza inmortal, ¡y que él no puede morir! En la muerte, según esta teoría ingeniosa, un hombre debe sobrevivir en el cielo o en el infierno como un alma incorpórea. No será difícil ver que esta idea debilita el Mensaje divino de que el hombre ha caído bajo la pena de muerte, y de que no hay absolutamente ninguna perspectiva de que gane la inmortalidad fuera de la incorporación dentro del plan divino a través de Cristo. La introducción de la idea Griega del “alma incorpórea”, como una parte de toda persona que sobrevive a la muerte, creó de inmediato un significado completamente nuevo para la muerte. La muerte ya no quiso decir la cesación de toda la personalidad consciente. Esta ahora quiso decir su supervivencia como un alma incorpórea en otra esfera. ¡Un hombre con un alma inmortal sin duda “no puede morir”!

La introducción de la “bellaca” idea de que el hombre realmente no puede morir efectuó una revolución en el punto de vista Cristiano de la muerte. Un destacado teólogo británico notó que “toda nuestra tradición occidental se ha confabulado para darle a la muerte un significado totalmente envanecido. Ha habido un enfoque vastamente exagerado sobre la muerte y el momento de la muerte”. Este cambio notable “comenzó cuando las páginas del Nuevo Testamento estaban apenas secas, y es una de las más notables revoluciones silenciosas en la historia del pensamiento Cristiano”. Poco se da cuenta el público practicante que su muy apreciado énfasis sobre “ir al cielo” en la muerte no se origina en las Escrituras Cristianas:

Toda nuestra enseñanza e himnología ha dado por supuesto que usted va al cielo —o, por supuesto— al infierno cuando usted muera y esta proposición está en contradicción evidente con lo que la Biblia dice… La Biblia en ninguna parte dice que vamos al cielo cuando nosotros morimos, ni ninguna vez describe la muerte en términos de ir al cielo. Las palabras de Wesley “ordena que la corriente estrecha de Jordán se divida, y llévanos al cielo con seguridad”, no tienen base bíblica.

Hablando en otro contexto, pero con igual énfasis en las horrendas consecuencias de permitir que el pensamiento Griego domine la teología Cristiana, otro erudito se refiere al control ejercido por “la filosofía Neoplatónica y sus pretensiones para constituir un vocabulario adecuado para la articulación de afirmaciones teológicas. No es fácil decir si toda la tradición, durante todos los siglos, ha sido una distorsión del Evangelio”. Él preconiza que los Protestantes ponen “gran énfasis en el Antiguo Testamento en la catequesis y la predicación”. Un llamado a la reforma, que hasta ahora parece haber estado desatendido, fue decretado por Hugh Schonfield. Notando en las palabras de T.E. Laurence que el Cristianismo (como se desarrolló después de la muerte de los Apóstoles) “es una fe híbrida compuesta de lo semítico en lo que se refiere a su origen, y lo no semítico en cuanto a su desarrollo”, él escribió:

El punto que hago es que la Cristiandad no es la sucesora espiritual de Judaísmo, sino una síntesis del Judaísmo y del paganismo. Como tal, es una corrupción de tanto significado como la antigua deserción Israelita al matizar su religión con los cultos de los cananeos. Por consiguiente, no es para los Judíos abrazar la Cristiandad ortodoxa, sino para los cristianos, si deben ser Israelitas ciertamente como el pueblo de Dios, deben revisar y purificar sus creencias, y para recapturar lo que básicamente ellas tienen en común con los Judíos, la visión Mesiánica.

Los Hebreos, para quienes el Mensaje divino fue confiado, habían sido adiestrados para creer que el hombre fue un ser animado sostenido, como los animales, por el aliento de vida. Cuando muere, él regresa a la tumba y al polvo del cual él había sido formado, y que su conciencia cesa en ese momento (Gen. 3:19). La única esperanza de vida adicional sería a través de una resurrección de la persona completa del estado de muerte (Dan. 12:2; Isa. 26:19; Sal. 16:10). El Mensaje divino había aclarado, desde el comienzo, que Abraham, David, los profetas, y todos los fieles creyentes deben levantarse de sus tumbas en el futuro para participar en la herencia prometida de la tierra (Heb. 11:19; Mat. 8:11). Aun si la resurrección no había sido deletreada en detalle, ella fue lógicamente necesaria, puesto que todo el mundo sabía que los patriarcas habían muerto sin haber recibido una herencia de su Reino (Heb. 11:13, 39). Por consiguiente deben reaparecer por la resurrección de la muerte para unirse a la compañía de todos los fieles en el reinado del Mesías. De este modo es que Jesús creyó claramente cuando El pronunció estas palabras:

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. (Lucas 13:28, 29; Mat. 8:11).

Lo que Satanás logró en los inicios de los siglos fue la supresión de la doctrina bíblica del hombre como que necesita lograr la inmortalidad a través de la resurrección cuando el Mesías haya llegado para establecer el Reino. Éste sería un regalo de su Creador. La enseñanza bíblica estaba hecha para parecer absurda, si, como los Griegos pensaban, el hombre ya era por naturaleza inmortal. La tragedia es que la Iglesia era, y lo es, tan lenta para ver que su carta de triunfo, el Mensaje divino que contenía la promesa de la resurrección y la entrada en el Reino, estaba siendo distorsionada. El nuevo sistema de pensamiento enseñó que la meta Cristiana era la supervivencia como un alma incorpórea en el cielo, en vez de la participación en el Reino Mesiánico en la tierra. La perspectiva de una casa en el cielo donde se tocan arpas es mayormente inconcebible, y distrae más eficazmente la atención fuera de la meta verdaderamente bíblica: El regreso de Jesucristo para administrar el mundo con justicia acompañado de Sus seguidores.

La doctrina Griega de la supervivencia del alma separada del cuerpo ha permeado tanto a las iglesias que sus miembros son comprometidos a la creencia y a la enseñanza del engaño de que los muertos están realmente vivos en el cielo, una idea que es absolutamente extraña para la Biblia. Las simples declaraciones de teólogos destacados del Nuevo Testamento de que “En ningún sitio de la Biblia es el cielo el destino de los moribundos y que la doctrina de la inmortalidad del alma es diametralmente opuesta a la Sagrada Escritura parece no causar ningún impacto en absoluto en lo que se está enseñando en las escuelas dominicales y en los púlpitos, y especialmente en los entierros, a todo lo largo de la tierra. El error tradicional está simplemente muy arraigado a fondo y tiene la intención de permanecer así. Las iglesias constantemente confortan al afligido con su enseñanza tradicional muy apreciada, aparentemente nunca habiéndole dedicado una reflexión seria a su origen. Al proceder así ellas caen presas de ideas que no se originan con los Apóstoles y se privan de la bendición de la visión de un futuro maravilloso para nuestra tierra. El Reino prometido de la Biblia no tiene nada en absoluto que hacer con la vida como un alma incorpórea o espíritu en una esfera más allá del cielo. “Nuestros padres no están en el cielo”. Ellos están durmiendo el sueño de la muerte (Sal. 13:3, etc) hasta que Jesús regrese para despertarlos a la vida.

Un pasaje clásico en el libro de Daniel proveyó un texto de prueba para los primeros cristianos mientras miraban hacia delante a la reunión de los fieles de todas las edades en el Reino venidero: “Muchos de aquellos que están dormidos en el polvo de la tierra despertarán; algunos a la vida de la era venidera” (Dan. 12:2). Esta información instruyó a los creyentes acerca de la condición de los muertos. Ellos estaban en la tierra y durmiendo hasta el día de la resurrección. Que este es el auténtico entendimiento Cristiano de la muerte y de la otra vida se muestra por el hecho de que Jesús fue un exponente del “sueño de los muertos”. Oyendo acerca de la muerte de Su amigo Lázaro, El hizo comentarios de que él estaba “dormido” (Juan 11:11), al cual El luego definió explícitamente como “muerto” (Juan 11:14). La única solución fue “despertar” a Lázaro del sueño de la muerte: “voy a despertarle del sueño” (Juan 11:11). El Comentario Crítico Internacional nota el uso de Jesús de exactamente el mismo vocabulario del sueño de la muerte como es hallado en Job, que prueba otra vez que Jesús derivó Su pensamiento acerca de los asuntos cruciales del destino humano de la Biblia Hebrea.

Por un acto de poder, que testifica de la energía de Dios Su Padre en acción en El, Jesús entonces llamó dramáticamente a Lázaro de su tumba a la vida nuevamente. Lázaro no regresó del “cielo” (Juan 11:43, 44). De acuerdo con Jesús, quien tiene derecho a tener la palabra final en las materias de doctrina Cristiana, “el tiempo vendrá cuando todos los que están en sus tumbas oirán Su voz y saldrán” (Juan 5:28, 29). El punto de vista de la muerte y la resurrección presentada por Daniel 12:2 es la base de toda la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de la vida después de la muerte. El estado de los muertos en la Escritura no es definitivamente la existencia consciente en el cielo o el perpetuo fuego del infierno. Los muertos, como declara un Diccionario estándar de la Biblia están, “inconscientes, no trabajan más, no tienen en cuenta ninguna cosa, no poseen conocimiento ni sabiduría, ni tienen más porción en ninguna cosa que se hace bajo el sol”. Esta autoridad advierte que

Nosotros estamos influenciados siempre más o menos por las ideas platónicas Griegas, que el cuerpo muere, pero el alma es inmortal. Tal idea es completamente contraria a la conciencia Israelita, y no es hallada en ninguna parte en el Antiguo Testamento. El hombre completo muere cuando en la muerte el espíritu o el alma sale de una persona. No sólo su cuerpo, sino su alma también vuelve a un estado de muerte y pertenece al mundo inferior; Por eso el Antiguo Testamento puede hablar de la muerte de nuestra alma (Gen. 27:21).

Los Cristianos seguramente deben rechazar la influencia de las ideas platónicas Griegas.’ Deberían estar deseosos de conocer la mente de Cristo. El Nuevo Testamento no ha abandonado su comprensión Hebrea del estado del hombre en la muerte. No tiene sentido que los Apóstoles se apartasen de la creencia de Jesús en Juan 11:11, 14 donde El hace eco a Daniel 12:2, que confirman las Escrituras en las cuales El había estado adiestrado desde niño. ¿Qué justificación posible puede haber para que la Iglesia continúe abrazando las ideas de Platón en el nombre de Jesús?

Es una cosa corriente del esquema divino que los muertos deban ser resucitados de la tumba para unírsele al Mesías en Su Reino que El inaugurará en Su regreso. Es sólo en la resurrección que los fieles serán vivificados. Ellos deben permanecer muertos hasta entonces. La ilusión de que los muertos ya están vivos con Cristo reduce la resurrección futura a una idea tardía. “Díganme”, escribió el gran reformador William Tyndale, “¿qué razón hay para la resurrección si las almas están en el cielo?… al poner las almas partidas en el cielo ustedes (los Católicos Romanos) destruyen las discusiones por las cuales Cristo y Pablo probaron la resurrección”. Por una paradoja extraña el trabajo de Wycliffe y Tyndale (y un montón de otros distinguidos eruditos) es mantenido en la más alta estima, mientras que sus enseñanzas, las cuales están en directo conflicto con la tradición popular acerca de la otra vida, permanecen completamente inaceptables! Los Protestantes continúan siguiendo al Arzobispo de Roma al hablar de las almas recién partidas, conscientes actualmente en el cielo o en el fuego del infierno. La completa ficción de la oración a María es construida en la misma ilusión. Tales doctrinas, que han jugado un papel macizo en la devoción de los creyentes sinceros, nunca pudieron haberse asentado firmemente si la Biblia Hebrea y la enseñanza de Jesús hubiesen sido retenidas como la base de fe Cristiana.

El Reino que Jesús debe establecer ha sido removido de la tierra en el pensamiento popular. Se cree generalmente que él ahora reina con los santos en el cielo. El esquema tradicional ha privado al Mesías de Su reinado prometido en el trono de David en el futuro, y a los Cristianos de su esperanza de compartir esa herencia con El. Ha reducido el gran acontecimiento futuro de la resurrección a un apéndice en nuestro esquema teológico. La resurrección sólo recibe la mención más breve en el credo. Una referencia a la “vida del mundo venidero” es comprendida por muchos, en ausencia de una clara explicación, como alguna suerte de existencia continuada en el cielo en el momento de la muerte. Lo que la Iglesia primitiva miró hacia delante fue la “vida de la era venidera” del Reino de Dios en la tierra, después del regreso de los muertos a la vida por la resurrección en el retorno de Jesús. El texto clásico del Nuevo Testamento es hallado en 1 Corintios 15:23: “Los Cristianos serán resucitados en la venida de Cristo”. La resurrección significará ganar su herencia de la tierra (Mat. 5:5). Hasta ese momento futuro la Biblia los declara que están muertos (1 Cor. 15:35, 52; 1 Tes. 4:16). La resurrección y el regreso de Cristo son el objeto del anhelo apasionado de los Cristianos del Nuevo Testamento, pero lo mismo no puede decirse de muchos creyentes hoy. Hasta tal punto están desafinados con la Biblia a la que ellos reclaman que es la fuente de su inspiración.

El esquema directo de la muerte, y un período de espera en la tumba seguido por la resurrección en el regreso de Cristo, no se me hizo a pesar de muchos años de asistencia a la iglesia. La noción Griega de la inmortalidad natural del alma se había tragado el poderoso énfasis bíblico en la resurrección futura del hombre completo para la inmortalidad. La clara enseñanza acerca del destino del hombre y de nuestro planeta continúa siendo negada a los miembros de la Iglesia mientras que los afligidos son confortados por la idea de que los muertos no están realmente muertos sino verdaramente vivos en otra esfera. Al introducir la teoría de que la muerte no es de hecho muerte sino la supervivencia en otra parte, la Iglesia se salpicó con una forma de ocultismo. La pregunta de Job no fue “¿si un hombre muere, continuará viviendo”? sino “¿si un hombre muere, volverá a vivir?” (Job 14:14), que es una cosa muy diferente. Un erudito Luterano, que refleja la opinión de Lutero, quién él mismo creyó en el sueño de los muertos, llama nuestra atención por la partida radical de la Escritura representada por la enseñanza Cristiana popular acerca de la muerte:

La esperanza de la iglesia primitiva giró alrededor de la resurrección del último Día. Es ésta la que primero llama a los muertos a la vida eterna (1 Cor. 15; Fil. 3:21). Esta resurrección le ocurre al hombre y no sólo al cuerpo. Pablo no habla de la resurrección “del cuerpo” sino “de los muertos”. Este entendimiento de la resurrección implícitamente comprende a la muerte como un evento que también afecta al hombre completo… Así los conceptos Bíblicos originales han sido reemplazados por las ideas del dualismo Helenístico Gnóstico. La idea de la resurrección del Nuevo Testamento que afecta al hombre completo ha tenido que dejar paso a la inmortalidad del alma. El Ultimo Día también pierde su significado, pues las almas han recibido todo lo que es decisivamente importante mucho antes de ese tiempo. La tensión escatológica [mirar hacia delante] ya no es más poderosamente dirigida al día de venida de Jesús. La diferencia entre ésta y la Esperanza del Nuevo Testamento es grandísima.

Un destacado erudito bíblico resume el punto de vista bíblico del destino del hombre:
Los escritores de la Biblia, manteniéndose firmes a la convicción de que el orden creado debe su existencia a la sabiduría y el amor de Dios, y es, por consiguiente, esencialmente bueno, no podría imaginar la vida después de la muerte como una existencia incorpórea (“no seremos hallados desnudos” —2 Cor. 5:3), sino como una renovación bajo condiciones nuevas de la unidad íntima de cuerpo y alma que era la vida humana como la conocieron. Por lo tanto la muerte fue considerada como la muerte del hombre entero, y tales frases como “la libertad de la muerte”, o inmortalidad sólo podrían usarse correctamente para describir lo que se quiso decir por la frase Dios viviente o eterno, “El que sólo tiene inmortalidad” (1 Tim. 6:16). El hombre no posee dentro de sí mismo la calidad de la inmortalidad, pero debe, si él vence el poder destructivo de muerte, recibirlo como el regalo de Dios “quien levantó a Cristo de la tumba”, y puso a la muerte a un lado como una prenda de vestir (1 Cor. 15:53, 54). Es a través de la muerte y la resurrección de Jesucristo que esta posibilidad para el hombre (2 Tim. 1:10) ha sido sacada a luz y la esperanza confirmada de que la corrupción (Rom. 11:7) que es una característica universal de la vida humana se subsanará eficazmente.

Mientras que los escritores de la Biblia “no podrían imaginar la vida después de la muerte como un espíritu incorpóreo”, los predicadores Cristianos perseveran en la diseminación de esa misma idea, con una pérdida consiguiente de la información vital acerca de la resurrección que conducirá al Reino de Dios. Si, como nuestro otro experto sostiene, los conceptos bíblicos originales han sido reemplazados por las enseñanzas del dualismo Helenístico Gnóstico, tales hechos sombríos deben ser de lleno afrontados por la Iglesia dividida. ¿Por qué es que cuando la erudición bíblica “rechaza la idea de una ‘inmortalidad” puramente espiritual del alma en la otra vida, refiriéndose a ella como una imposición sobre el punto de vista bíblico de la personalidad”, las iglesias siguen enseñando que las almas sobreviven a la muerte? El Mensaje divino se ha convertido desesperadamente en un embrollo por la mezcla de dos conflictivos mundos del pensamiento. El punto de vista Hebreo del futuro divino no puede ser reconciliado con la filosofía Platónica Griega. La mente apostólica es clara en esta cuestión de la filosofía foránea. Cuán diferente habría sido el curso de la historia de la iglesia si se hubiesen acatado las palabras de Pablo: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas” (Col. 2:8).

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v6cab7utf7cae2zg59ca3wgs1gcacl172dca253yf7casz3j1rcayfxzbmcag6ug1ncakligd8caitba9wca2ek9iqcapjw6vtcad539okcaow9hh2ca1sb8s0cad2cafoPor Sir Anthony F. Buzzard

Hechos 1:6 es un texto valioso como punto de partida para la recuperación de la teología del Nuevo Testamento del Reino. Hasta hace poco tiempo este verso ha sido descartado porque no parecía estar de acuerdo con lo que pensamos que debiera ser el Reino de Dios. En 1924, A.F. Macinnes examinó el Reino de Dios según lo descrito en las escrituras apostólicas. En un breve comentario sobre Hechos 1:6 él desecha a los Apóstoles como testigos no fiables sobre la naturaleza del reino:

Al comienzo de Hechos vemos que los Apóstoles todavía sostuvieron su concepto erróneo del Reino de Dios. Le preguntaron a Jesús después de la resurrección cuándo restauraría El el Reino a Israel (Hechos 1:6); pensaban en un reino terrenal.

G.T. Stokes, reflejando un malentendido catastrófico del Judaísmo de Jesús, se refirió a la averiguación de los discípulos sobre el Reino como “la declaración obscurecida de mentes carnales y sin inspiración andando a tientas tras la verdad.” Tal comentario marca el punto en el cual las iglesias han “saltado la pista” y se han apartado hacia su propia versión no bíblica del Reino. La pregunta es, ¿Cuál de las mentes están en la necesidad de aclaración, las de los fabricantes de la tradición cristiana o las de los discípulos de Jesús que fueron personalmente entrenados por El?

Ramsay Michaels puso su dedo en el problema duradero reflejado en la actitud antagónica de los comentaristas y se prepara para una revaluación de lo que Harnack vio como la más crítica de todas las cuestiones: “Ni mi teología ni la tuya importa; lo que importa es la enseñanza correcta del Evangelio”. Michaels escribió:

La tendencia de mucha erudición Cristiana ha sido reducir al mínimo el Judaísmo o la etnicidad de la visión de Jesús del Reino de Dios con la observación de que él no tenía ningún interés en un reino político, o uno que se podría establecer a través de los poderes militares o por la rebelión contra Roma. La suposición tácita es que no político significa no-nacionalista, que a su vez significa no-étnico y no-Judío, pero más bien “espiritual” y “universal”. El Reino de Dios en la expectativa judía era realmente espiritual y nacional, universal y étnico… después de la resurrección, según el libro de los Hechos, los discípulos de Jesús le preguntaron (¡incluso después de que El les había instruido por cuarenta días sobre el reino de Dios!): “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). La contestación de Jesús no da ninguna insinuación de que esta expectativa nacionalista estaba de alguna manera equivocada o desorientada, sólo que el tiempo de la restauración estaba fijado únicamente en la autoridad de Dios.

Nosotros proponemos que los comentaristas adopten la mente de los Apóstoles por un momento y se permitan la libertad de suponer que estos discípulos de Jesús supieron de hecho exactamente acerca de lo que ellos estaban hablando. Semejante experimento podría revolucionar nuestra comprensión del empuje de todo el Nuevo Testamento. Un reino que es “espiritual” no necesita que signifique un reino que no pueda aparecer en el retorno de Cristo localizado en Jerusalén, con el nuevo David como su soberano en la compañía de los santos resucitados, y bendiciendo al mundo entero con una era de prosperidad y de seguridad incomparables. ¿Por qué debería semejante cosa ser pensada como increíble cuando los profetas y Salmistas esperaron la reunión de las tribus en la tierra y cantaron acerca del próximo reinado glorioso del Mesías en la tierra? Cuando se desvanezca la nube de confusión acerca del Reino de Dios, y cuando los comentaristas crean en lo que el Nuevo Testamento dice sobre el futuro, se volverá claro que Hechos 1:6 es un texto que se sienta en juicio sobre nuestro fracaso de creer a los profetas y sobre nuestra repugnancia para aceptar que los Apóstoles supieron mejor que nosotros lo que Jesús quiso decir por el Reino de Dios.

Los lectores de la Biblia están acostumbrados a oír esas partes del texto que encajan con sus ideas recibidas. Es posible que otros elementos del mensaje estén inconscientemente rechazados porque no son familiares. La concentración Cristiana en la salvación individual ahora y en la muerte ha interferido seriamente con el énfasis masivo del Nuevo Testamento en el Reino de Dios que se inaugurará cuando Jesús vuelva como Mesías conquistador. En vista del retraso del regreso de Cristo, la iglesia parece haber perdido su valor cuando viene a creer en esos elementos del Evangelio que prometen buenas cosas por venir. No obstante, éste debe ser el corazón de su mensaje.

Enfrentado con las obvias implicaciones sociales y políticas del Magnificat y de Hechos 1:6, los expositores han recurrido a varias maneras de esquivar el texto. Una técnica es ofrecer una interpretación “espiritualizante”. Una segunda es leer el texto como que autoriza una acción política y social esta parte de la Segunda Venida. Una tercera solución es sostener que viejas actitudes revolucionarias son modificadas o aun corregidas por desarrollos más recientes en la enseñanza de Jesús. Esta tercera manera alrededor de la dificultad se hunde sobre las pruebas de Lucas 21:24, Hechos 1:6 y 3:21. Mientras que está claro que el Jesús histórico no emprendió ninguna acción revolucionaria en la arena política, esto no significa que una revolución política no esté considerada para el futuro. El Día del Señor está todavía por venir. Es a este acontecimiento que Lucas 24:21, Hechos 1:6 y 3:21 señalan tan claramente. Es fatal para un asimiento apropiado del Reino de Dios controlar la evidencia de Hechos 1:6 fuera de la corte alegando que los discípulos no compartieron nuestra opinión de lo que debe ser el Reino. Una vez que Hechos 1:6, y otros versículos cargados políticamente, se les permita ponerse de pie como testimonio del Reino futuro como un gobierno mundial confiado a Jesús que retorna, y a los santos, un diluvio de luz es lanzado sobre el mensaje bíblico.

Es importante observar que un reino que implica la restauración de Israel en la tierra no es, ni mundano, ni secular, porque será un reino en las manos del Mesías mismo. La sugerencia de que la actividad de Jesús como un predicador y sanador no violento es más “espiritual” que Su implantación de un gobierno mundial en el trono de David establece una dicotomía falsa. Lucas, y el Nuevo Testamento en general, nos presentan con un Jesús que es el Mesías sufriente y el Mesías conquistador que trae el reino con poder en su regreso. Nuestro problema es que hemos estado leyendo el Nuevo Testamento como si no fuese un documento Mesiánico en el sentido indicado por Hechos 1:6 (Rev. 11:15-18 del cp.; Lucas 19:11-27). La tradición nos ha enseñado a creer (a menudo muy vagamente) en el futuro del alma individual. Lucas pretende que miremos hacia adelante, a la restauración del trono de David y de Israel a la tierra. Se necesita una nueva orientación para la exposición de la Biblia.

Jesús demostró el poder del Reino futuro en Su ministerio. Los poderosos, sin embargo, no fueron derribados de sus tronos, los humildes no los substituyeron y Jesús no ascendió el trono de David. Ni fue el reino de Dios restablecido en Israel. Lucas tiene cuidado de decirnos que el derramamiento del Espíritu en la ascensión, aunque avanza el programa Mesiánico, no es el cumplimiento de la restauración prometida de Israel. Hasta ese tiempo el Espíritu como el “Espíritu de la promesa” (Efe. 1:13) es dado como pago adelantado de algo mucho mayor, a saber, nuestra herencia futura del Reino.

Es una lectura errada del Evangelio de Jesús el pensar que el contenido de Su mensaje está confinado a los acontecimientos que ocurrieron en Galilea. Tampoco es el Evangelio completo la muerte y la resurrección de Jesús. El Evangelio toma el amplio alcance de la historia de la salvación incluyendo el muy importante Reino aún por establecerse. Fijar las fechas para ese acontecimiento es imposible. El dar a conocer ese hecho del futuro es parte de la tarea de retransmitir el Evangelio fielmente. La presentación del punto de vista bíblico del futuro, incluyendo la información provista por Hechos 1:6, clarifica el significado de la esperanza que Pablo ve como la base sólida para el desarrollo de la fe y del amor (Col. 1:5; Efe. 1:18). Hechos 1:6 no representa una declinación de la espiritualidad de Jesús sino que es parte y paquete de la expectativa espiritual total del Reino a la cual Lucas y las escrituras del Nuevo Testamento señalan. Hechos 1:6 refleja la comprensión madura de los discípulos que estuvieron con Jesús.

Hay valor en reflexionar nuevamente en la manera cómo Calvino, y una tradición entera de la exposición, se las arreglaron con Hechos 1:6.44 La reacción negativa de Calvino hacia los Apóstoles da el punto a la tesis entera de este libro —que la iglesia ha presentado por demasiado tiempo a sus miembros un Evangelio privado del Mesías y ha “desmesianizado” a Jesús. Puesto que todo el punto del Nuevo Testamento es presentar a Jesús como el Mesías, un avispero de problemas debe presentarse cuando un Cristo auto contradictorio, no mesiánico, substituye al Jesús bíblico. La lección que se aprenderá de Hechos 1:6 es que el testimonio apostólico sobre el Reino es para nuestra corrección. Por mucho tiempo la iglesia ha rechazado un concepto del Reino que es extraño a nuestro pensamiento pero no al de los Apóstoles, que vieron más claramente que nosotros lo que significa creer en Jesús como el Mesías. El Jesús descrito en el Evangelio de Lucas es heredero al trono de David en Jerusalén, el restaurador del reino a Israel y el garante de la paz mundial en la tierra, una perspectiva presagiada en su actividad espiritual en Palestina. Esa unidad que eluden actualmente las iglesias puede ser recuperada reuniéndose alrededor del Jesús de la Escritura, el Jesús que es el Mesías, y el Rey de los Judíos, portador del Evangelio Salvador del reino y destinado a gobernar el mundo en Jerusalén.

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u8capzyimaca2n8nr1cavoxyt1cain5bwsca0xy2jncame3vn9cayqj853ca6ko770cawfl4g7cauvx57xcabgxg7vcayclmoecajzuy9gcafllr4ocatl68ndcap0tdurPor Sir Anthony F. Buzzard

La división y la pérdida de la dinámica entre las iglesias son detectables sobre todo por la pérdida de ese mensaje central vital, tan relevante para nuestro planeta perturbado. Es una pérdida de la fe viva y una pérdida de esperanza. Es también una deserción del llamado celestial de la iglesia para ser la confraternidad Mesiánica en entrenamiento ahora, con la esperanza de un servicio más completo a la humanidad en la edad del Reino venidero. Eso no quiere decir que la fe y la esperanza no han sido expresadas, sino que han sido impedidas por la introducción de una meta muy diferente, una absolutamente extraña a los creyentes primitivos. Lo que a Jesús y a los Apóstoles les habría parecido como una perspectiva sin sentido, completamente incompatible con la tradición Hebrea, vino a sustituir a la esperanza ofrecida por el Mensaje divino. El trabajo de la serpiente condujo a un cambio al por mayor de la esperanza bíblica incorporada a las Buenas Noticias que ocurrió poco después de la muerte de los Apóstoles. Al Mensaje le fue soplado un aliento mortal cuando nociones extrañas sobre una vida futura como un espíritu desencarnado en el cielo llegaron a confundirse con la esperanza cristiana de la resurrección a la inmortalidad en el Reino en la tierra, en el retorno de Jesús. La serpiente restableció su mentira original preferida y trabajó duramente para envenenar a la iglesia con ella. El éxito de su campaña se puede atestiguar por todas partes en iglesias contemporáneas, especialmente en los sermones de entierros.

Fue Satanás, amo sutil de la media verdad, quien pronto, después de la muerte de los Apóstoles, comenzó una campaña masiva de propaganda para desviar lejos la atención de la esperanza contenida en las Buenas Noticias del Reino, así como en los pactos Abrahámico y Davídico, a un objetivo que ha ganado la aceptación casi universal como uno de los primeros principios de la fe Cristiana. Una afluencia poderosa de creyentes griegos en la iglesia condujo a un cambio radical en el pensamiento entre aquellos que deseaban unirse a sí mismos al nombre de Cristo. El resultado fue una toma de posesión teológica en una escala masiva. El nombre de Cristo fue adecuado a un sistema de creencia apenas reconocible como Cristiano por los estándares del Nuevo Testamento. El mundo de la filosofía Griega y Romana invadió a la iglesia tan exitosamente que el sistema de pensamiento fundamentalmente diferente, en el cual la teología bíblica hebrea fue fundada, fue sacado de la iglesia. Mientras que el Mensaje puro del Reino y del Mesías —Mesianismo bíblico— fue eclipsado, la iglesia continuó al parecer como los sucesores legítimos de los Apóstoles. ¿Pero era el Cristo de este sistema eclesiástico transformado, realmente Jesús de Nazaret, heraldo del Reino de Dios? Si, como sostiene el Arzobispo Temple, el Reino de Dios ha figurado muy poco en la historia de la Iglesia, uno se puede permitir preguntarse hasta qué punto se ha silenciado la voz auténtica de Jesús. Quizás se debe prestar más atención a aquellos eruditos que han intentado sonar la alarma. De Cambridge viene la observación reveladora de Don Cupitt que en el segundo siglo “una nueva religión fue desarrollada para sustituir a la fe original”.

El Profesor Cupitt luego observa que el énfasis de Jesús y de sus primeros seguidores en el Reino futuro plantea “algunas preguntas muy embarazosas a los creyentes ortodoxos” que “son muy frecuentemente ignoradas silenciosamente”. A menudo, también, han sido adoptadas teorías con el propósito de “excusar” a Jesús de lo que se piensa son sus esperanzas equivocadas del reino, el cual nunca vino. En cada caso estamos atestiguando una defección de la creencia en las promesas Mesiánicas garantizadas por los pactos con Abraham y David y confirmadas por Jesús. Es imposible creer, en un sentido del Nuevo Testamento, si uno no se suscribe con convicción apasionada a la reaparición futura de Jesús en el cielo para inaugurar la era de la paz Mesiánica en la tierra, el propósito para el cual El fue designado Mesías. Semejante afirmación atestigua la fe en el Dios de los pactos hechos con Abraham y David —el Dios de Jesús.

Si el Mesianismo ya no es más un concepto aceptable a los eruditos y a los practicantes modernos, sino que pertenece solamente a lo que un erudito del Nuevo Testamento llama “la franja sectaria”, y si “nadie busca seriamente por el Mesías que será la solución a los problemas de todo el mundo, espiritualmente o políticamente”, no es por culpa de nuestros documentos del Nuevo Testamento. El problema reside en otra parte, a saber, en el abandono de la iglesia de la visión Hebrea de un paraíso restaurado en la tierra, que se efectuará en el regreso de Jesús para asumir su oficio real. La causa del cambio producido en la persona de Jesús y de su Mensaje Mesiánico no es difícil de establecer claramente. La observación de Canon Goudge necesita ser escuchada nuevamente: “Cuando la mente griega y romana vino a dominar a la iglesia, ocurrió un desastre del cual nunca nos hemos recuperado, ni en la creencia ni en la práctica.” De hecho, el Dr. Robinson, quien no ve el Mesianismo como algo que deba ser creído más, describe la completa defunción de los puntos de vista del Nuevo Testamento sobre el futuro. El habla de:

Una transformación sorprendente que alcanzó a la escatología Cristiana tan pronto como la tinta del Nuevo Testamento estuvo seca. Y ella afecta el centro del interés o el punto axial del tema entero… porque en el Nuevo Testamento, el punto alrededor del cual la esperanza y el interés giran no es del todo el momento de la muerte, sólo el día de la Parusía, o la aparición de Cristo en la gloria de su Reino… el centro del interés y de la expectativa continuó, a través del periodo del Nuevo Testamento, siendo enfocado en el día del Hijo del hombre y del triunfo de su Reino en una tierra renovada. Era el reinado del Señor Jesús con todos sus santos que interconectaron los pensamientos y las oraciones de los Cristianos… la esperanza era social y era histórica. Pero tan temprano como el segundo siglo DC, comenzó un cambio en el centro de gravedad el cual sería llevado a cabo en la Edad Media hacia una doctrina muy diferente… en el pensamiento posterior es la hora de la muerte la que llega a ser decisiva.

xto_dore_sermon_100 Por Sir. Anthony F. Buzzard

No hay sitio para el desacuerdo de que el Reino de Dios era el tema del mensaje entero y de la misión de Jesús. “En un punto central hay un fuerte consenso de la opinión …el consenso se puede resumir así: El tema central en la predicación y la vida de Jesús era el Reino de Dios.”2 Este autor precisa, sin embargo, el hecho extraordinario que en el mensaje predicado por la iglesia desde aquellas épocas apostólicas “el Reino de Dios no ha ocupado un lugar central.”3

Otros nombres distinguidos confirmarán la centralidad absoluta del mensaje sobre el reino en la enseñanza de Jesús: “esta frase [el reino de Dios] está en el centro de su proclamación” 4. Jon Sobrino escribe:

El dato histórico más cierto sobre la vida de Jesús es que el concepto que dominó su predicación, la realidad que dio significado a toda su actividad, era “el Reino de Dios”. Este hecho y sus implicaciones son de importancia fundamental. Nos provee dos llaves esenciales para entender a Jesús. Primero, Jesús no es el foco central de su propia enseñanza; este hecho es admitido comúnmente. Como Karl Rahner lo expuso, “Jesús predicó el Reino de Dios, no a Sí Mismo”.5

Mientras que es verdad que Jesús también hizo afirmaciones exclusivas para Sí Mismo, su mensaje sin embargo se centró en el Reino. Otros testigos prominentes corroboran nuestra tesis: “el mensaje entero de Jesús se centra en el Reino de Dios.”6 “Se admite generalmente que el punto focal del mensaje de Jesús era el establecimiento del Reino de Dios”.7

Al final del siglo, el erudito británico Archibald Robertson, dando las conferencias Bampton sobre el Reino de Dios, había afirmado: “no puede haber duda que en la enseñanza de nuestro Señor, el Reino de Dios es el representante y el resumen completo de su misión distintiva… en todas partes, su mensaje es las Buenas Noticias del Reino.”8

Un coro de escritores distinguidos en la Biblia proclama el hecho de que el Cristianismo es una religión cuya idea principal es el Reino de Dios:
El Reino de Dios es el tema central de la enseñanza de Jesús, e implica la comprensión entera de su propia persona y obra.9

El Reino de Dios es, en sentido cierto e importante, el grandioso tema central de toda la Santa Escritura…Este reinado de Dios surge de Su propia naturaleza soberana, fue reflejado en el “dominio” conferido por Dios en el primer Adán, fue perdido rápidamente por causa del pecado del hombre, se ha restaurado judicialmente en el Ultimo Adán, será observado en la tierra en la edad final de la historia humana, y alcanza sin finalización más allá de la historia donde nosotros presenciamos un trono que, como Juan explica, es “el trono de Dios y del Cordero” (Revelación 22:3)… en la doctrina bíblica del reino de Dios tenemos la filosofía Cristiana de la historia.10

El Nuevo Testamento no es menos receñido teocráticamente y no menos escatológicamente orientado hacia el Reino de Dios que el Antiguo Testamento. 11
El ministerio de Jesús gira alrededor de un término fascinador —”el Reino de Dios”. Todo se relaciona con él e irradia de él. 12

El Reino de Dios es el punto central en la enseñanza de Cristo… las enseñanzas fundamentales de Jesús se agrupan naturalmente alrededor de este tema central. 13

El Reino de Dios nos da un centro coherente alrededor del cual montar las diversas partes de la Escritura. Juan Reumann dice esto:

Pregunte a cualquiera de los cientos de eruditos del Nuevo Testamento alrededor del mundo, Protestante, Católico, o no-Cristiano, cuál era el mensaje central de Jesús de Nazaret, y la vasta mayoría de ellos —quizás cada uno de los expertos— convendría que su mensaje se centró en el Reino de Dios… Los investigadores modernos coinciden: Las “buenas noticias” que Jesús anunció tuvieron que hacer con Dios y su Reino… pero hoy, cuando oímos hablar el mensaje de Jesús acerca del Reino de Dios, suena extraño a nuestros oídos e incita a una multiplicidad de preguntas… Hay un enorme peligro para los hombres modernos que las enseñanzas y el mensaje de Jesús, mientras son oídos y leídos en pequeños momentos en la iglesia el domingo, o son escudriñados fragmentadamente por los individuos, parecerán aislados el uno del otro y atomísticos. Un artículo aquí, un rayo de luz allá, una verdad en alguna parte, pero raramente ninguna cosa que integrar de todas las enseñanzas de Jesús en un conjunto que tiene sentido como totalidad… Es por eso que es tan importante ver que Jesús tenía un mensaje central, y que era sobre el Reino de Dios. Porque es este tema del Reino que integra todas las palabras y hechos de Jesús… el Reino de Dios es un énfasis unificador alrededor del cual todo lo que Jesús dijo e hizo puede ser ordenado. El Evangelio de Marcos abre, después de su breve prólogo, con una declaración concisa de las buenas noticias, prevista para fijar el tono para el libro completo.14

Un teólogo australiano consigna la centralidad del Reino para el evangelismo:
Los puntos de vista ingenuos que separan el Evangelio del Reino son imposibles si seguimos pautas bíblicas: En el Nuevo Testamento (especialmente los Evangelistas) el Evangelio es siempre “el Evangelio del Reino…” La naturaleza del Reino es totalmente importante, porque define la naturaleza de la salvación que Jesús vino a traer y es el Evangelio que estamos, por lo tanto, llamados a predicar… nuestra pregunta es: ¿Qué Evangelio predicamos a dos minutos para la medianoche en la escala del día del juicio final?… ¿Qué si no podemos estar de acuerdo, o no estar seguros de la naturaleza del mismo Evangelio que debemos predicar?15

En la luz de estos hechos, es duro ver cómo Cristo puede ser predicado si Su Evangelio del Reino no se comunica a los convertidos potenciales. La incertidumbre sobre el Evangelio parecería ser una admisión de la confusión en la iglesia. Como Pablo indicó, “la fe viene por el oír y el oír por el mensaje del Mesías” (Rom. 10:17). ¿”Cómo”, preguntó Pablo, “pueden creer en aquel a quien no han oído [predicando]?” (Rom 10:14, NASV).16 Su punto era que la predicación auténtica del Evangelio de Jesús se debe retransmitir por los evangelistas que representan al Mesías. En la mente de Pablo el mensaje que Jesús había entregado debe alcanzar al convertido potencial. A los Efesios él escribió: “Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca” (Efe. 2:17). “Aprendiendo de Cristo” era una cuestión de “oírlo” y de “ser enseñado por El conforme a la verdad que está en Jesús” (Efe. 4:20, 21). Los Apóstoles nunca habían oído la teoría moderna de que la predicación del Jesús histórico era para los judíos solamente y que el Cristo resucitado tenía un mensaje diferente para los Gentiles! Vemos de nuevo cómo es críticamente importante creer en el Jesús de la historia y anclar nuestra fe en el Evangelio como El lo proclamó.

En este punto el Nuevo Testamento demuestra una unidad maravillosa. Según el escritor a los Hebreos, el Evangelio Cristiano fue primero predicado por Jesús Mismo y luego pasado a las generaciones subsiguientes por los testigos fieles del mismo mensaje del Reino (Heb. 2:3). Juan advirtió contra la amenaza de los que “no traen la enseñanza del Mesías” (2 Juan 7-9). Pablo insistió sobre la adherencia a “las sanas palabras, a saber, las palabras del Señor Jesucristo” (1 Tim. 6:3). Se concuerda por los cuatro costados que el propósito supremo de Jesús se refirió al Reino de Dios. Al mismo tiempo, los que afirman hoy propagar el Evangelio como Jesús lo predicó, no dicen casi nada sobre el Reino! Esto no tiene claramente ningún sentido. Uno obviamente no puede tener al profesor, Cristo, sin la enseñanza, el Mensaje del Reino. Puede ser muy confuso decir que “el Evangelio es Cristo”, a menos que nos pongan profundamente en las bases de los informes de Mateo, Marcos y de Lucas, que declaran constantemente que el mensaje de Jesús tiene una realidad objetiva distinta de Sí Mismo como el Evangelio de Dios, su padre: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Marcos 8:35).

Al tema, Cristo, le es dado un complemento claro en la Escritura. Él no es un Salvador mudo muerto en una cruz (tan esencial como es Su muerte). Él predicó el Evangelio del Reino. ¡Jesús sin su enseñanza no es del todo Jesús! Un Jesús divorciado de su herencia y trasfondo en los profetas Hebreos es un Jesús desarraigado de la historia. Sin la suficiente instrucción, los supuestos creyentes imaginarán a Jesús de mil distintas maneras. Por lo tanto, es importante para los cristianos estar arraigados en la Biblia y en las palabras de Jesús Mismo.

Elizabeth Achtemeier detecta el elemento que falta en las presentaciones contemporáneas del mensaje cristiano:

Uno de los mensajes centrales del Nuevo Testamento, que ahora es oído raramente por el practicante promedio es la proclamación de la venida del Reino de Dios en la persona de Jesucristo. Esa venida fue prometida en cada complejo teológico importante en el Antiguo Testamento… los profetas prometieron la nueva Edad del Reino, en el otro lado del juicio del destierro, con un nuevo éxodo (Isa. 52:11-12) y andanzas en el desierto (Isa. 48:20-21) a una tierra prometida renovada (Ezeq. 34:25-31) donde Israel moraría en fidelidad y seguridad, en una nueva relación del pacto con su Dios (Jer. 31:31-34), y por su luz atraería a todas las naciones a su sociedad (Isa. 60:1-3; 56:6-8). Israel anticipó ese Reino venidero y conoció una muestra de él en su adoración (Sal. 47, 96-99). A través de la mayoría de las páginas del Antiguo Testamento ella se filtra hacia delante, hacia su llegada.17

No debe perderse el punto de que el Evangelio de Jesús “es ahora raramente oído por el practicante promedio.”

2 Thomas Groome, Christian Religious Education, San Francisco: Harper and Row, 1980, p. 39.

3 Ibid., p. 42.

4Hans Küng, On Being a Christian, New York: Doubleday, 1976, p. 214.

5 Christology at the Crossroads, Orbis Books, 1978, p. 41.

6Norman Perrin, Language of the Kingdom, Philadelphia: Fortress Press, 1976, p. 1.

7 Reginald Fuller, “The Double Commandment of Love,” in Essays on the Love Commandment, ed. Schottroff, Philadelphia: Fortress Press, 1978, p. 51.

8Regnum Dei, New York: The Macmillan Co., 1901, pp. 8, 9.

9Alan Richardson, A Theological Word Book of the Bible, London: SCM Press, 1957, p. 119.

10 A.J. McClain, The Greatness of the Kingdom, Chicago: Moody Press, 1968, pp. 4-5.

11 T.C. Vriezen, “Theocracy and Soteriology,” in Essays on Old Testament Hermeneutics, ed. C. Westermann, Atlanta: John Knox, 1979, pp. 217-218.

12 L. Goppelt, Theology of the New Testament, Grand Rapids: Eerdmans, 1981, Vol. 1, p. 43.

13 Dictionary of Christ and the Apostles, Vol. 1, p. 486.

14 Jesus in the Church’s Gospels, Fortress Press, 1968, p. 142ff.

15 R.A. Cole, “The Gospel and the Kingdom: What Are They?” Agenda for a Biblical Church, Sydney, Australia: Anglican Information Office, 1981, pp. 32, 33.

16 Para esta traducción ver W. Sanday and A.C. Headlam, The International Critical Commentary: Romans, T & T Clark, 1905, p. 296.

17Preaching as Theology and Art, Nashville: Abingdon Press, 1984, pp. 41, 42, emphasis added.

CONOZCA LA FE DE JESÚS

a-buzzard1Por. Sir Anthony F. Buzzard

 ¿Cuál, entonces, es el concepto central del núcleo de la enseñanza de Jesús? ¿Qué forma el corazón de su mensaje? ¿Qué idea sola es la base de toda Su prédica y enseñanza? ¿Qué idea primaria debe ser acogida y creída por cualquiera que desee seguir a Jesús?

La respuesta a estas preguntas puede ser descubierta por cualquier persona con una capacidad ordinaria de leer cualquier versión de la Biblia, y un deseo serio de descubrir lo que enseñó Jesús. La importancia de la idea dominante del Cristianismo —el corazón del Evangelio— impresionó tanto a los escritores del Nuevo Testamento que lo acentuaron una y otra vez.

La fe de Jesús es muy raramente, si nunca, presentada al público en la predicación del presente siglo que corre. Igualmente es sorprendente el hecho de que los líderes del Cristianismo organizado admiten que no están proclamando lo que Jesús anunció como el Evangelio.

Un número de textos principales, atravesando el período de tiempo desde la apertura del ministerio de Jesús en Galilea hasta la muerte de Pablo, demuestran un concepto refrescante simple: La Biblia sabe de un Evangelio solamente, para el judío y para el Gentil igualmente. Es el Evangelio sobre el Reino de Dios o también llamado “la fe de Jesús”:

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio [Buenas Noticias] del Reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14, 15).

“Cuando creyeron a Felipe que predicaba el Evangelio del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12).

“Y [Pablo] habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían”. (Hechos 28:23, 24).

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,
que prediques la palabra…” (2 Tim. 4:1, 2).

Tres testigos primordiales del ministerio de Jesús, a saber, Mateo, Marcos, y Lucas, declararon unánimemente que Jesús fue un evangelista, el portador del Evangelio sobre el Reino de Dios. Sin ningún posible temor de contradicción podemos afirmar con completa confianza que el eje alrededor del cual gira toda la enseñanza de Jesús es el Reino de Dios.

Marcos nos provee de un resumen o “curriculum vitae” de la carrera completa de Jesús. Su ministerio público es iniciado con su aviso del Evangelio acerca del Reino de Dios. El vino a Galilea y convocó a sus compatriotas a un cambio completo de mente —arrepentimiento— y a la creencia en las Buenas Noticias y al compromiso con ellas, el Evangelio acerca del Reino de Dios (Marcos 1:14, 15). Haciendo esto ellos se estarían alineando con el gran diseño de Dios para el rescate de la raza humana.

Lucas enfatiza la importancia fundamental del Evangelio acerca del Reino. El primer pedazo de información sobre Jesús que nos ha dado Lucas, cuando es anunciado el nacimiento del Mesías, se refiere al Reino de Dios: “El Señor Dios le dará el trono de David su padre y él reinará sobre la casa de Jacob para siempre” (Lucas 1:32, 33).

Como cualquier Judío sabía bien, ésta era una declaración sobre la Majestad de Jesús en el Reino venidero de Dios. Jesús Mismo dio una definición clara del propósito subyacente de su ministerio con estas palabras: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio [Buenas Noticias] del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado” (Lucas 4:43). Este texto abre la mente de Jesús para nosotros y proporciona la llave a la completa religión Cristiana, la cual debe estar basada en su enseñanza.

Lucas prosigue inmediatamente para decirnos que Jesús estaba predicando “el Mensaje” o “la Palabra” (Lucas 5:1). Este es un término de la taquigrafía de Lucas (y del Nuevo Testamento) para el mensaje o el Evangelio Cristiano de la salvación. Una definición del contenido del mensaje es proporcionada por Mateo cuando él divulga que Jesús era predicador del “Mensaje acerca del Reino” (Mateo 13:19). Otra vez Lucas lo llama “la Palabra de Dios” (Lucas 8:11) y Marcos simplemente “la Palabra” (Marcos 4:14).

En su famosa comparación de la parábola del Sembrador con el evangelista que se encuentra frente a diferentes respuestas, Jesús describe el Evangelio como la información vital que necesita tomar raíz profunda dentro del corazón humano. Un asimiento de este mensaje permite al convertido emprender el viaje cristiano hacia el reino. Nada podía ser más crucial para nuestro bienestar espiritual que obtener una comprensión de este mensaje. Es un mensaje y un solo mensaje —las Buenas Noticias sobre el Reino de Dios. Lucas 4:43 y 5:1 compara el mensaje acerca del Reino con “el Mensaje de Dios”, “el Mensaje”, “la Palabra”, “El Evangelio”, y “el Testimonio” son todos términos permutables. Todas las referencias subsecuentes a “la Palabra” y al “Evangelio” a través del Nuevo Testamento deben remontarse al más comprensivo “texto del Padre”, “el Evangelio acerca del reino de Dios” para ser clarificadas. Esto impartirá armonía y continuidad al Nuevo Testamento entero, así como lo ligará a la antigua revelación en la Biblia Hebrea. Como John Bright escribió:

El concepto del Reino de Dios implica, en un sentido verdadero, el
mensaje total de la Biblia. No sólo ocupa un lugar predominante
en las enseñanzas de Jesús, él debe ser hallado, en una forma u otra, a
través de la longitud y de la anchura de la Biblia… para captar qué se
quiere dar a entender por el Reino de Dios es venir muy cerca del
corazón del Evangelio de salvación de la Biblia.

La propagación del mensaje del Evangelio era de importancia suprema para Jesús y los discípulos que El eligió para que le asistieran: “recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del Reino de Dios…” (Mat. 9:35; 4:23), “Y los envió a predicar el Reino de Dios” (Lucas 9:2). Él cargó a sus seguidores con la responsabilidad de esparcir las noticias sobre el Reino: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el Reino de Dios” (Lucas 9:60).

Jesús definió el propósito final de la vida para Sus seguidores. Era la búsqueda del Reino de Dios: “Buscad primeramente el Reino de Dios…” (Mateo 6:33). El Reino era el tesoro supremo para el cual no había sacrificio demasiado grande (Mateo 13:44-46). El Reino era también el objeto de su ferviente oración, “Venga Tu Reino” (Mateo 6:10). Una comprensión del plan del Reino de Dios requirió de un don de la iluminación concedido a aquellos que siguieron incondicionalmente a Jesús y su enseñanza, pero retenido del discípulo superficial (Mat. 13:13-16).

El mismo tema del Reino dominó la conversación entre Jesús y los discípulos después de su muerte y resurrección. Cuando el Señor reapareció a sus representantes elegidos, por casi seis semanas “él les habló sobre el Reino de Dios” (Hechos 1:3). En una conversación final con Jesús antes de que él partiera de la tierra, los discípulos le preguntaron si ahora había llegado el momento para la restauración del Reino (Hechos 1:6).

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isjewsreadPor el erudito británico, Sir Anthony F. Buzzard

De todos los pasajes del Antiguo Testamento este Salmo proporciona la cita preferida para los escritores del Nuevo Testamento —no es sorprendente, puesto que encapsula tan maravillosamente el progreso del Mesías hacia el gobierno del mundo. El Salmo 110:1 es citado o aludido en el Nuevo Testamento unas veinticinco veces. Es introducido como oráculo divino: “la declaración de Yahweh a mi señor [adoni el rey]“, y tiene afinidades estrechas con el pacto Davídico. Los rabinos y Jesús vieron en el “señor” de David al Mesías Rey prometido (Marcos 12:35-37). El Salmo contiene todos los elementos de la revelación del Nuevo Testamento. Algunos han sugerido que el Nuevo Testamento es realmente una discusión y una extensión de este Salmo. El libro de Hebreos es virtualmente un comentario sobre su primer versículo.

Los dos actores principales en el drama divino son Yahweh y su Mesías, que es el señor, y, paradójicamente, también el hijo de David. El cumplimiento de la parte de este Salmo vino con la ascensión de Jesús a la diestra del Padre. Pedro hace de esto el punto concluyente de su sermón revolucionario que anuncia a los judíos consternados que han crucificado recientemente a su Mesías (Hechos 2:34-36). Para clarificar una situación desconcertante, Pedro trae la evidencia del oráculo profético del Salmo 110. Según el plan, la resurrección de Jesús de los muertos introdujo la sesión del Mesías en el lugar de honor a la diestra de Dios. Jesús está instalado como Señor y Cristo, sólo, sin embargo, hasta que Dios más adelante “convierta a sus enemigos en estrado de sus pies.” En seguida, según la información provista por el Salmo, “Yahweh enviará desde Sion la vara de tu poder”, permitiendo al Mesías “gobernar en medio de [Sus] enemigos” (Sal. 110:2). La figura descrita es evidentemente un guerrero, un comandante militar dotado con ambos, oficio sacerdotal y real. Ayudado por el poder de Dios (Adonai), él está destinado a “quebrantar a los reyes en el día de su ira [de Dios]” (Sal. 110:5). Acompañando al Mesías conquistador está un pueblo en total apoyo, vestidos en ropas brillantes y que emergen en el amanecer del nuevo día (Sal. 110:3). No es difícil ver aquí una descripción poética de los creyentes resucitados que asisten al Mesías, en su venida, en el establecimiento (por la fuerza en esta etapa) de su Reino. El Salmo complementa la descripción de la toma de posesión del mundo prevista para el rey Davídico considerado en el Salmo 2.

Incluso las teorías exegéticas más ingeniosas no pueden conseguir librarse de este material como la base para el Mesianismo explícito de la Biblia. No hay un fragmento de la evidencia que desconcertara a Jesús, o a los Cristianos del Nuevo Testamento, en el papel militar delineado para el Mesías. Lo que el Salmo 2 describe no es la actividad de algún príncipe Macabeano. La figura que obra para Dios en la restauración del gobierno divino en la tierra es el Mesías mismo, pero no el Mesías que ha presentado tanto la religiosidad de la iglesia. Esto plantea inmediatamente la pregunta acerca de hasta qué punto ha sido retratado exactamente el Mesías Jesús de la Biblia en aquellos que se sientan en las bancas de las iglesias. Un teólogo en Cambridge sugiere que hay causa de inquietud cuando él endosa la observación de un colega que la mayoría de los predicadores hablan como si el Jesús que predican es idéntico con el Jesús de la historia. Los teólogos saben que esto no es así, pero las teorías ideadas en la tentativa de conectar al Cristo moderno con el Jesús original han llegado a ser tan ilógicas y oscuras en cuanto a que no acarrean ninguna certidumbre fuera de un círculo muy pequeño.

El profesor observa “cuánto muy diferente ha sido el Cristianismo en diversos períodos.” La pregunta ardiente es si el Cristo real del Evangelio es realmente el Jesús presentado a los convertidos potenciales en el presente siglo. El Profesor Cupitt suena la alarma cuando él observa que el Cristianismo Gentil desarrollado de la clase que comenzaba a tomar forma hacia el final del primer siglo, tiene muy poco que hacer con Jesús o la fe de la primera generación. Es una nueva religión desarrollada para sustituir a la fe original.

Esa substitución temprana de una fe por otra parecería requerir una investigación urgente, y que implica, como es de esperar, una confusión sobre Jesús y su enseñanza, de la cual la mayoría de los practicantes son absolutamente inconscientes. Muy frecuentemente el problema es silenciosamente ignorado.

Puede esperarse que el Jesús de la historia y de la fe haga una reaparición cuando los lectores de la Biblia comiencen a embeberse de la atmósfera Mesiánica en la cual Jesús operó, una atmósfera legada a El por los profetas Hebreos, quienes creyeron que eran los portavoces del Creador Mismo. En nuestra discusión está en juego la naturaleza del Reino que Jesús vino a anunciar. Crucial a nuestra investigación es un reconocimiento de la autoridad suprema del pacto Davídico como la “carta para la humanidad”, la “carta de las Naciones Unidas”, en el sentido más verdadero.

Cuando en el transcurso del tiempo el Mesías entró en la escena, un santo y seña en el cual el genio del plan divino se concentró, estuvo disponible para describir la esencia de la fe cristiana. Era un término con un “tintineo” familiar a los oídos Judíos. Este evocó las esperanzas de un futuro para Israel y el mundo, prometiendo el triunfo de Dios en los planos espirituales, materiales, sociales y políticos. Era también una idea profundamente apocalíptica que anunciaba un juicio venidero sobre todas las formas de ateísmo y, por una intervención espectacular, el nombramiento de un nuevo gobierno en los asuntos humanos. Nuestro Nuevo Testamento se dedica a la preparación de los que pretenden obtener un lugar en esa nueva Edad del Reino de Dios en la tierra.

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EL PACTO DAVÍDICO EN EL SALMO 2 Y 72

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Por el erudito británico, Sir Anthony F. Buzzard

Un cuerpo considerable de literatura preservada en la Biblia se concentra en el futuro brillante a ser esperado cuando el pacto Davídico lleve fruto con la aparición del libertador Mundial de Dios. Una administración completamente nueva se presentará cuando el Mesías tome su oficina como soberano de una nueva y pacífica era en la tierra.

“El dulce cantor de Israel” (2 Sam. 23:1) tenía otros propósitos en escribir Salmos que simplemente la expresión de acciones de gracias diarias de las alabanzas, tan importantes como son estos temas. David y los otros escritores de salmos eran profetas, conducidos por el Espíritu Santo para prever y para pronosticar el futuro. Es una de las características asombrosas de muchos comentarios bíblicos contemporáneos que el elemento profético en la Escritura está tan severamente minimizado. El Nuevo Testamento, sin embargo, trata los pasajes Mesiánicos en los Salmos y profetas como predicaciones directas de eventos. Algunos de éstos se han cumplido ya en los sufrimientos de Jesús; otros, en su nacimiento, resurrección y ascensión. Una cantidad extensa de profecía se relaciona con el establecimiento futuro del reinado del Mesías en la tierra.

El Salmo 2 se presenta a la cabeza del primero de cinco colecciones de Salmos en nuestra Biblia Hebrea (el Salmo 1 es considerado introductorio). Su tema es el gobierno del mundo y la revolución que va a causar esto. Uno esperaría que fuera el foco de la mucha discusión internacional, puesto que se ocupa de un acontecimiento político importante destinado a afectar el curso de la historia y conmocionar el Oriente Medio. El Salmo 2 representa el Mesianismo más puro, confirmando el triunfo del gobierno del Mesías en Jerusalén y el sometimiento de naciones-estados a su dominio. Consciente del pacto que Dios hizo con su familia, David templó su arpa para celebrar la victoria venidera del reino de Dios en la tierra. Aquellos que después oyeron a Jesús proclamar el arribo inminente del Reino, habrían traído para su comprensión un conocimiento de estos versículos que personificaron la esperanza de Israel, que es igualmente la esperanza Cristiana. En las palabras de Pablo:

Sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas… Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos (Hechos 24:14; 26:6, 7).

El lenguaje del Salmo 2, que sostuvo la esperanza judía Mesiánica compartida por los Cristianos, es absolutamente inadecuado como una descripción de cualquier rey o reino histórico. Este presenta un cuadro de un solo gobernante, el Mesías de la expectativa Judía, instalado en Jerusalén como el vice-regente de Yahweh para el control del mundo. Habla de un tiempo en que el Mesías tomará la posesión de su herencia como gobernador de todas las naciones. El alcance del reino es nacional e internacional. Su centro es definitivamente Judío, pero su poder se extiende “a los confines de la tierra” (Sal. 2:8). El Salmo 2 habla de una rebelión del mundo en oposición al gobierno Mesiánico. En las palabras de una paráfrasis moderna, una conferencia cumbre se convoca para considerar cómo las restricciones del poder del nuevo mundo pueden ser resistidas. Dios no está impresionado por la demostración de la estupidez humana. Yahweh habrá colocado a su representante real en Sion en la persona del Mesías/Hijo de Dios (la ecuación de los dos títulos es crítica para la Cristología del Nuevo Testamento), que las naciones son aconsejadas a aceptar como el canal legítimo de la autoridad divina para la bendición del mundo entero. Claramente el cambio de un sistema mundial por uno nuevo no será una transición suave. Ésta es una medida del grado de la enajenación humana de Dios cuando El interviene para sustituir a los líderes actuales del mundo por el Mesías y los santos. El humor del mundo hostil expresará el sentimiento de la oposición Judía a Jesús: “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19:14).

Los comentarios de una autoridad principal en las expectativas Hebreas Mesiánicas confirman nuestra impresión del mensaje del Salmo 2:

El Rey a quien se le dirige la palabra en el Salmo 2 debe ejercer influencia absolutamente ilimitada sobre el mundo… que el punto de vista más simple continuará siempre siendo que el poeta [profeta!] es transportado en espíritu a los dolores de parto de la era Mesiánica, y de este punto de vista describe el curso de las cosas.5

Otros cuadros vívidos del nuevo orden mundial bajo el reinado del Cristo aparecen en el Salmo 72. Este Salmo señala a una época en que se ha superado la resistencia inicial y los beneficios del gobierno divino están llegando a ser evidentes. Una teocracia Judío-Cristiana es apenas lo que espera o desea el mundo. Los actuales sistemas del mundo, como hemos visto del Salmo 2, no se rendirán sin una lucha al nuevo régimen. Debemos considerar que el Reino de Dios debe ser administrado no por Judíos que no han aceptado a Jesús como Mesías, sino por los hombres y las mujeres de todas las naciones que por la conversión han venido a ser injertados en el Israel verdadero de Dios, dirigido por el Mesías. Estos miembros de la comunidad mesiánica, Judíos y Gentiles en un cuerpo, son vistos por Pablo el Apóstol como “la circuncisión verdadera” (Fil. 3:3), es decir, los que por una infusión del espíritu de Cristo son los herederos genuinos de las promesas Mesiánicas. La casa real de David, en el Nuevo Testamento, no se restringe a los Judíos nacionales. Ella consiste de todos aquellos, de cualquier nación, que han absorbido el espíritu de Jesús y han ganado así un derecho de ser parte de la teocracia del Mesías. Ésta es la implicación de la promesa de Jesús de que los creyentes son constituidos hijos Mesiánicos de Dios (Juan 1:12). Bajo su gobierno benigno con Jesús las bendiciones delineadas en el Salmo 72 se esparcirán a través de la tierra.

El Salmo es probablemente obra de Salomón quien había heredado el ideal Mesiánico de su padre David. Se abre con una oración que Dios administrará paz en la tierra a través de su rey elegido: “Oh Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey” (Sal. 72:1). El don del juicio divino debe ser conferido sobre el gobernante del reino. Jesús se ve a Sí Mismo como el recipiente de ese oficio: “el Padre ha dado [al Hijo del Hombre] autoridad para ejecutar el juicio” (Juan 5:27). La tradición Judía consideraba al rey ideal como el Mesías. Así el Targum lee: “Oh, Dios, da el conocimiento de Tus juicios al rey Mesías, y Tu justicia al hijo del Rey David.” El Midrash Tehillim dice del Soberano mencionado: “éste es el rey Mesías”. Un retrato del rey Mesiánico, funcionando como el instrumento de Dios para restaurar paz a la tierra, es proporcionado por Isaías 11:1-5:

Saldrá una vara del tronco de Isaí [padre de David], y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.

Los cristianos, siguiendo la dirección inspirada de Pablo, reconocen en este pasaje un retrato del Mesías Jesús. Pablo creyó que el Mesías establecería su reino derrotando “al malvado” previsto por Isaías. Citando al antiguo profeta, Pablo predijo que “el Señor [Jesús] lo destruirá [el Anticristo] con el espíritu de su boca y lo aniquilará con el resplandor de su venida” (2 Tes. 2:8, citando Isa. 11:4).6 La Biblia Hebrea proporcionó una cantidad de información esencial sobre acontecimientos que rodearían la llegada futura de Jesús para cumplir su papel Mesiánico de librar el mundo del gobernante impío. Después del violento derrocamiento del gobierno satánico representado por el Anticristo final, un nuevo y armonioso mundo emergerá.

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apologista3

Estimados amigos y detractores, quiero contarles algo si me dan un minuto de su tiempo:

Si bien mi blog se inauguró en Agosto del 2007, es decir, hace 18 meses, o año y medio, recién en Marzo del 2008 comencé a darle con fuerza con muchos post diarios. Es decir, el mes entrante se cumple un año que me estoy dedicando a full time a mi blog, razón por la cual las visitan se multiplicaron enormemente a partir de esa fecha. Prácticamente el 99% de las visitas que hoy ya tengo acumuladas en mi record (420,000) son contadas a partir de Marzo del 2008. En buena cuenta, más de 400,000 personas han visitado mi blog en 11 de los 18 meses que tiene éste de existencia en el ciberespacio, lo cual no está mal para ser un sitio no Trinitario. Seguramente si yo fuera Trinitario, la cifra hubiera sido el doble, pero como los “unitercos” son mal vistos por los “trinotercos”, no puedo esperar tener más fans que detractores.

También me alegra decirles que ya tenemos casi 2,000 post o temas publicados, lo cual difícilmente alguno puede encontrar en un blog que sólo tiene año y medio de existencia en el ciberespacio. Esto, por sí sólo, hace de este blog un recurso muy singular y requerido por los estudiantes de las Santas Escrituras. A diario me escriben un sinnúmero de personas para agradecerme por mi esfuerzo y dedicación por difundir el mensaje o evangelio del reino, el cual les ha brindado una esperanza real para sus vidas. Ahora comprenden, por fin, para qué vino Jesús al mundo hace dos milenios y cuál es la esperanza final para aquellos que le aman y le sirven con fidelidad. También muchos han comprendido que el trinitarismo no es una doctrina bíblica, y que no ayuda a conocer a la Persona de Dios. Yo me alegro por esto también, pues sé que mi trabajo por el Señor jamás será en vano, incluso dentro de la masa detractora que nos visita regularmente para husmearnos. Sé que hay muchos trinitarios anónimos que deben estar titubeando e inclinándose hacia el unitarismo. Con tantos argumentos sólidos que presento en contra de la Trinidad es difícil no dudar o permanecer incólume, pero a veces el orgullo es más fuerte y así se produce una fuerte resistencia al cambio, además del temor de lo que dirán los amigos, familiares y correligionarios al conocer su cambio o viraje radical.

Pero una cosa es cierta, si muchos visitan mi blog a diario (un promedio de 1,800 personas al día) es porque en el fondo este sitio es edificante y útil para sus vidas. Es indudable que muchos quieren conocer a Dios y saber quién es Su Hijo. Así que tengo todas las razones del mundo para dar gracias a Dios por la acogida que tiene este blog, pues si bien no me representa ningún rédito económico, sí me brinda una satisfacción de que estoy cumplimiento con mi ministerio y que muchos se encontrarán con el Señor a través de este medio. Mi recompensa, como la de muchos cristianos dedicados y sinceros, está guardada en el cielo para ser manifestada en el tiempo postrero. Ningún rédito económico se compara con lo que el Señor tiene reservado para todos aquellos que le aman. Hoy, muchos cristianos han hipotecado sus bienes venideros por los presentes, y están viviendo como si estuvieran en el reino, gozando mundanamente de los placeres insanos a todo dar. Estos falsos cristianos darán cuentas al Señor en el día del juicio, y muchos saldrán avergonzados.

Que el Señor les siga bendiciendo a través de mis aportes en este blog.

Vuestro incondicional servidor,

Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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Por Ing. Mario A Olcese (Apologista)

La distinción entre clero y laicos ha sido muy perjudicial para el avance del evangelio en el mundo, y para la formación de iglesias sólidas y brillantes. Dividir el rebaño entre los llamados ministros ordenados (el Clero) y los no ordenados (los Laicos) hace de la gran masa de creyentes unos agentes pasivos y hasta ajenos a la evangelización. Y es que la mayoría de los laicos católicos y protestantes supone que la responsabilidad de evangelizar, enseñar, bautizar, y aún de vivir en santidad recae primordialmente en el Clero. El clero, con sus vestimentas distintivas y su pretendida autoridad conferida supuestamente por el Señor, domina sobre los parroquianos (laicos) y se encarga de pensar por ellos. De allí que la mayoría de Católicos “practicantes” son unos completos neófitos en las Escrituras, y muy pocos de ellos están en condiciones de darnos razón de su fe con un sólido fundamento bíblico. Y es que estos creyentes “laicos” suponen que la tarea de estudiar y enseñar las Escrituras recae sobre la clase sacerdotal, los llamados “religiosos” (el clero), y no sobre ellos. Realmente esto es inconcebible en personas que dicen creer en Cristo y en Su Palabra.

Desgraciadamente, los protestantes mismos, incluyendo muchos grupos evangélicos, tienen también sus “ministros ordenados” (los líderes obispos) y una masa grande de seguidores que son los laicos. El llamado pastor, los diáconos, los maestros, casi todos ellos salidos de un seminario teológico, son los que lideran la iglesia, y son prácticamente los amos y dueños de sus congregaciones. Nada se hace sin la autorización de los pastores, y nada se puede enseñar que difiera de la enseñanza de los líderes. Además, en esas iglesias sólo predican y bautizan los ministros ordenados (especialmente el Obispo o Pastor), en tanto que los feligreses no ordenados (Laicos) sólo se limitan a escuchar, a cantar, a orar, y por sobre todas las cosas, a dar sus ofrendas y diezmos a los obispos ( el clero) para ellos se encarguen del“avance de las misiones”. Estos laicos salen de sus congregaciones y no vuelven a pisar su templo o capilla hasta la semana siguiente para seguir el ritual acostumbrado, y así hasta que envejecen y mueren.

Tenemos que romper con esa maligna división “clerical/laical” que el catoli cismo y el protestantismo han causado en sus rebaños. De no hacerlo, la gran masa de feligreses de las iglesias seguirán siendo agentes pasivos de la evangelización, y dormirán en sus laureles pensando que con su dinero están pagando a las personas “idóneas” para que hagan la tarea que ellos mismos debieran estar haciendo.

Creemos que este error es muy conveniente para muchos creyentes que no quieren comprometerse mucho con sus responsabilidades cristianas, pero definitivamente esto no es lo que al Señor desea de su iglesia. En el primer siglo de la Era Cristiana la iglesia líder de Jerusalén tuvo que salir de su letargo espiritual con la persecución de Saulo de Tarso. Fue entonces que la iglesia toda reaccionó y salió predicando el evangelio del reino y bautizando a los nuevos conversos en otras ciudades y pueblos (Hechos 8:1,3-12). ¿Esperaremos una nueva tribulación o persecución para cumplir con nuestras responsabilidades?

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Por Jimmy DeYoung

Dos líderes políticos israelís compiten para la posición de Primer Ministro (PM) en el siguiente gobierno israelí, la presente canciller Tzipi Livni, dirigente del partido político Kadima y el ex Primer Ministro Benjamin Netanyahu, dirigente del partido Likud. 16kubtzAmbos candidatos están haciendo todo lo que pueden para ganar el apoyo de los partidos políticos más pequeños para poder formar un gobierno de coalición.

Netanyahu ha tomado una posición de línea dura y ha dicho que no habrá división de la ciudad de Jerusalén y ningún retiro unilateral de de los territorios, en particular, el área de Judea y Samaria que es un pedazo grande de los bienes raíces en el centro de Israel que Tzipi Livni dice debe ser devuelta para lograr paz con los palestinos. La cantidad del tierra que Livni está lista a ceder es de hecho la mitad de tierra de Israel y es la región vital del territorio bíblico del pueblo judío de la cual una porción es el Monte del Templo, sagrada para todos los judíos en todas partes.

Perspectiva Profética de Jimmy en las noticias

Para que un Primer ministro de Israel acuerde entregar la mitad del estado mismo y en particular, la región vital del territorio bíblico de Judea y Samaria es una afrenta para el Dios del pueblo judío.

Por casi dos decenios, ha estado en juego en el proceso de paz de Oriente Medio, el concepto de tierra por paz. En otras palabras, los judíos entregan una cierta cantidad de su tierra dada por Dios y los palestinos darán a los judíos la paz. Este concepto nunca ha surtido efecto y no surtirá efecto en el futuro. Hay varias razones por las que este acercamiento no funcionará incluyendo la historia preescrita de la profecía de la Biblia para el estado judío en el futuro.

Dios les dijo unas diez veces al pueblo judío que la tierra en la cual ellos ellos viven hoy no será judía, sino la tierra de Dios (Levítico 25:23). Y que los judíos sólo vivirán en la tierra como cuidadores. Dios prometió la tierra que ellos ahora ocupan y bastante más en el Pacto de la tierra hallada en Deuteronomio 30; Sin embargo, esa tierra sólo vendrá al pueblo judío en el periodo del Reino por venir, Ezequiel 47 y 48.

Ningún Primer Ministro israelí tiene el derecho de entregar la mitad de la tierra que Israel tiene hoy o en el futuro.

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Muchos señalarán este antiguo padre antiguo de la iglesia como que llama a Jesús “dios” (“Dios el Verbo”) en sus cartas y esto es cierto, aparentemente. En el mundo romano un “dios” podía ser una persona exaltada o un humano elevado a este nivel más alto. Realmente, rodeado por Griegos y Romanos que adoran multidioses y es casi una cosa natural tratar a Jesús de “dios”. Juan hace eso, como se ve en su Prólogo. (Jn 1.1, 18). Pablo lo pudo haber hecho aunque los eruditos disienten sobre Romanos 9.5 y Tito 2.13. Sin embargo, en esta materia de Ignacio, es bueno considerar cómo hace él una distinción evidente entre el “único Dios” y el Hijo, como también Pablo lo hace (Gál. 1.15, 16)

Ignacio escribe del Dios Todopoderoso: “el único Dios verdadero, lo ingénito y sin par, el Señor de todo, el Padre y el Procreador del Hijo unigénito,” indicando una diferencia evidente entre Dios y Su Hijo. Él escribe de “Dios el Padre, y el Señor Jesucristo. … Hay un Dios, el Todopoderoso, quien se ha manifestado a Sí Mismo por Jesucristo Su Hijo”.

Ignacio le escribe a los Magnesianos (cp. 8 y 13), y les dice: “Hay un Dios que se manifestó a través de Jesucristo su Hijo, quien es Su Palabra que provino del silencio y en todos los aspectos le complació (a Dios) que le envió… Jesucristo estaba sujeto al Padre”.

Referente al Espíritu él dice en su carta a los Efesios (cp. 9), así: “El Espíritu Santo no habla Sus cosas, sino aquellas de Cristo…del mismo modo que el Señor también nos anunció a nosotros las cosas que él recibió del Padre. Porque, dice él (el Hijo), ‘la palabra que ustedes oyen no es Mía, sino del Padre que me envió.’ “

Entonces, aunque es cierto que Ignacio llama al Hijo “Dios el Verbo” utilizando la palabra “Dios” para el Hijo él no necesariamente quiere decir igualdad con Dios Todopoderoso.

En ‘Los Padres Ante Nicenos’, (Volumen I, Alexander Roberts y James Donaldson), leemos: “Es ahora la opinión universal de los críticos, que la primeras ocho de estas así llamadas cartas de Ignacio son espurias. Ellas mismas presentan pruebas indubitables de ser la producción de una posterior edad. . . Y están ahora por acuerdo común separadas a un lado como falsificaciones. … De las siete epístolas que son reconocidas por Eusebio. . . . Poseemos dos recensiones Griegas, una más pequeña y una más larga. . . . Aunque la forma más corta. . . había sido generalmente aceptada preferentemente a la más larga, hubo todavía una opinión bastante prevaleciente entre los eruditos, que aun no podría ser supuesta como absolutamente libre de interpolaciones, o de autenticidad indudable”.

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“Es una cosa buena examinar la revelación que Dios hizo al pueblo judío en el Antiguo Testamento. No encontraremos en él una lección sobre la trinidad- no hay ninguno . (Enciclopedia del Siglo Veinte del Catolicismo, Vol. 20, Qué es la Trinidad, Bernard Piault)”.

“En el libro Una Declaración de Razones, Andrews Norton dice de la Trinidad: ‘Podemos rastrear la historia de esta doctrina, y podemos descubrir su fuente, no en la revelación cristiana, sino en la filosofía platónica. . . La Trinidad no es una doctrina de Cristo y su Apóstoles, sino una ficción de la escuela de los posteriores platónicos (“Una Declaración de Razones, Andrews Norton, 1872, Quinta edición, Asociación Unitaria Americana, Boston, Massachusett, p 94, 104).

“La Biblia no enseña la doctrina de la trinidad. Ni la palabra trinidad misma, ni tal lenguaje como uno en tres, tres en uno, una esencia o sustancia o tres personas, es lenguaje bíblico. El lenguaje de la doctrina es el lenguaje de la Iglesia antigua, tomada no de la Biblia sino de la filosofía Griega clásica Shirley C. Guthrie, Jr., Doctrina Cristiana, p 92″.

“No hay prueba de que los Apóstoles de Jesús alguna vez oyeron de una trinidad [H. G . Wells, Bosquejo de la Historia, 1920 Edition, p 499 ]“.

“La palabra trinidad no es encontrada en la Biblia [El Diccionario Ilustrado de la Biblia".]

“La doctrina de la Trinidad es considerada más allá de la comprensión del razonamiento humano. La Enciclopedia Americana]”.

“La trinidad no está directamente e inmediatamente la Palabra de Dios [Nueva Enciclopedia Católica]“.

“La trinidad platónica, misma meramente una nueva disposición de trinidades anteriores datando de regreso a anteriores pueblos, parece ser la trinidad filosófica racional de atributos que dieron nacimiento a los tres hipostasis o personas divinas enseñadas por las iglesias cristianas. … Esta concepción filosofal Griega de la trinidad divina… puede ser encontrada en todas las religiones antiguas del paganismo” (Franch Nouveau Dictionnaire Universel New Universal Dictionary, Vol. 2, p. 1467).

“La doctrina de la santa trinidad no es enseñada en el Antiguo Testamento [Nueva Enciclopedia Católica]“.

“En la Escritura no hay hasta ahora ningún término por el cual las Tres Personas Divinas son denotadas juntas. La palabra tri’as (de la cual el Latín trinitas es una traducción) es primera encontrada en Teófilo de Antioquía cerca del 180 AD. . . poco tiempo después aparece en su forma latina de trinitas en Tertuliano” (La Enciclopedia Católica, 1912, Vol. 15, la Trinidad, p 47).

“El Antiguo Testamento no nos cuenta nada explícitamente o por implicación necesaria sobre un Dios trino que es Padre, Hijo, y Espíritu Santo. No hay prueba que algún escritor sagrado aun sospechó la existencia de una trinidad dentro de la Divinidad. Aun ver en el Antiguo Testamento, sugerencias o prefiguraciones o señales disimulados de la trinidad de personas, es ir más allá de las palabras e intenciones de los escritores sagrados. Los escritores del Nuevo Testamento no nos dan una doctrina formal o formulada de la trinidad, ninguna enseñanza explícita que en un Dios que hay tres personas divinas co-iguales. En ninguna parte encontramos alguna doctrina trinitaria de tres bien definidos sujetos de actividad y vida divina en el misma Deidad [El Dios Triuno, por Edmund Fortman, Jesuita] .

“Ni la palabra trinidad ni la doctrina explícita aparecen en el Nuevo Testamento” [La Nueva Enciclopedia Británica]“.

“En cuanto concierne al Nuevo Testamento, uno no encuentra en él una doctrina real de la trinidad [Una historia Corta de la Doctrina Cristiana, por Bernhard Lohse ]“.

“El Nuevo Testamento no contiene la doctrina desarrollada de la trinidad [El Nuevo Diccionario Internacional de la Teología del Nuevo Testamento]“.

“La doctrina de la Trinidad no formó parte de la predicación de los apóstoles, como es reportada en el Nuevo Testamento” (la Enciclopedia Internacional, Ian Henderson, Universidad de Glasgow, 1969, página 226).

“Este pronunciamiento sublime del monoteísmo absoluto fue una declaración de guerra en contra de todo politeísmo. . . Asimismo, la Shema excluye la trinidad del credo cristiano como una violación de la Unidad de Dios ” (El Pentateuco y Haftorahs, J. H. El hertz, 1941, Vol. 1, p. 215).

“La idea caprichosa que [elo-him] se refirió a la trinidad de personas en la Divinidad apenas encuentra ahora a un sostén entre los eruditos estudiosos. Es ya sea lo que los gramáticos llaman el plural de majestad, o denota la plenitud de fuerza divina, la suma de poderes exhibidos por Dios ” (William Smith: Un Diccionario De La Biblia, p220).

“Miguel Servet sintió que la doctrina de la Trinidad era una perversión católica y él se vio a sí mismo como un buen Cristiano del Nuevo Testamento al combatir eso. Según su concepción, una trinidad compuesta de tres personas bien definidas en un Dios es una imposibilidad racional [nota: Juan Calvino, fundador de la Iglesia Presbiteriana consintió su muerte en la hoguera en una estaca debido a sus opiniones antitrinitarias]” (la Religión del Hombre, John B. Noss, 1968).

“Las doctrinas del logos y la Trinidad recibieron su forma de los Padres Griegos, quiénes… estaban muy influenciados, directamente o indirectamente, por la filosofía platónica… Que los errores y las corrupciones avanzaron a rastras en la Iglesia de esta fuente no puede negarse (La Nueva Enciclopedia de Schaff Herzog del Conocimiento Religioso, editado por Samuel Macauley Jackson, 1957, Vol. IX, p. 91).

“Para Jesús y Pablo la doctrina de la trinidad no fue aparentemente nunca conocida. No dicen nada acerca de eso [Origen y Evolución de la Religión, por el profesor de la Universidad de Yale, E. Washburn Hopkins]“.

“La Cristiandad había conquistado al paganismo, y el paganismo había corrompido a la Cristiandad” (Winwood Reade, Filósofo e historiador, El Martirio del Hombre, p 183-84).

“No obstante, es muy auto evidente que el Padre, Hijo y Espíritu estén aquí vinculados en una relación triple indisoluble. Por otra parte, el NT realmente no habla de la trinidad. Buscamos esto en vano en las fórmulas triadicas del NT. … La Cristiandad primitiva misma, sin embargo, aún no tiene a la vista el problema de la Trinidad ” (Gerhard Kittel, Diccionario Teologal del Nuevo Testamento, Vol. 3, p. 108).

“Al principio la fe Cristiana no fue trinitaria. No era así en las edades Apostólicas y sub-Apostólicas, como está reflejado en el Nuevo Testamento y de las escrituras cristianas primitivas [Enciclopedia de Religión y Éticas]“.

” La doctrina de la trinidad fue de formación gradual y comparativamente de formación tardía. Tuvo su origen en una fuente enteramente ajena de aquellas de las Sagradas Escrituras judías y cristianas. Creció, y fue implantada en la Cristiandad, a través de las manos de los Padres Platónicos. [La Iglesia de los primeros Tres siglos]“.

“La Cristiandad no destruyó al paganismo; lo adoptó… De Egipto vino las ideas de una trinidad divina ” (La Historia de La Civilización, César y Cristo, Will Durant, Parte III, 1944, p. 595).

“La trinidad” es una corrupción tomada de las religiones paganas, e insertada en la fe cristiana (“Un Diccionario de Conocimiento Religioso”, Lyman Abbott, 1875, p944).

“Precisamente lo que es la doctrina (Trinidad), o precisamente cómo debe ser explicada, los trinitarios no están de acuerdo entre ellos” (Un Diccionario de Conocimiento Religioso ” (Lyman Abbott, 1875, p. 944).

“La palabra Trinidad no se encuentra en la Biblia, y, aunque es usada por Tertuliano en la última década del siglo 2, no encontró un lugar formalmente en la teología de la Iglesia hasta el siglo 4″ (El Nuevo Diccionario de la Biblia, J. D. Los Douglas y F. F. Bruce, Trinidad, p 1298).

La trinidad: “Es una característica muy marcada en el Hinduismo, y es perceptible en las mitologías niponas, persas, egipcias, romanas, indias y las más antiguas mitologías Griegas” (el Diccionario Religioso, Lyman Abbott, p944).

“Los teólogos hoy están de acuerdo que la Biblia hebrea no contiene una doctrina de la Trinidad… los teólogos están de acuerdo que el Nuevo Testamento también no contiene una doctrina explícita de la Trinidad. En el período inmediato post Nuevo Testamento de los Padres Apostólicos ningún intento fue hecho para resolver la relación Dios/Cristo” (Padre-Hijo) en los términos ontológicos (La Enciclopedia de Religión, Mircea Eliade, Trinidad, Vol. 15, p53-57).

“Ni la palabra Trinidad, ni la doctrina explícita como tal, aparecen en el Nuevo Testamento, ni Jesús y sus seguidores intentaron contradecir la Shema en el Antiguo Testamento: ” Escucha, 0h Israel: El Señor nuestro Dios es un Señor” (Deut. 6:4)… Así, el Nuevo Testamento estableció la base para la doctrina de la Trinidad. La doctrina se desarrolló gradualmente sobre varios siglos y a través de muchas controversias” (La Enciclopedia Britannica, Trinidad, X Vol., p.126, 1979).

“El Nuevo Testamento no contiene una explicación formalizada de la trinidad que utiliza tales palabras como trinidad, tres personas, una sustancia, y cosas por el estilo” (Por Qué Usted Debería Creer en La Trinidad, 1989, Robert M. Bowman Jr.).

“La Trinidad. El NT no contiene la doctrina desarrollada de la Trinidad. “A La Biblia le falta la declaración expresa que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son de igual esencia y por consiguiente en un sentido igual a Dios mismo” (El Nuevo Diccionario Internacional de la Teología del Nuevo Testamento, Brown, Colin, 1932, Dios , vol 2, p84, J. Schneider).

“Todo esto subraya el punto que la Cristiandad primitiva no tuvo una doctrina explícita de la Trinidad como fue elaborada subsiguientemente en los credos de la iglesia tempranera” (James L. Barker, “Apostasía De la Iglesia Divina”, Salt Lake City Utah, 1960, p. 44).

“Así el Nuevo Testamento mismo está muy distante de cualquier doctrina de la Trinidad o de un Dios trino que es tres Personas coiguales de Una Naturaleza” (William J. Hill, “el Dios de tres personas”, CD de Washington, Prensa de La Universidad Católica de América, 1982, p. 27).

“Estos pasajes no dan la doctrina de la Trinidad… Pablo no tiene una doctrina trinitaria formal y ninguna realización bien definida de un problema trinitario…..No hay doctrina trinitaria en los Sinópticos o Hechos … en ninguna parte encontramos alguna doctrina trinitaria de tres seres bien definidos de actividad y vida divina en la misma Divinidad “(Fortman,” Dios Trino “, pp. 22-23).

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Una Declaración de Razones para No Creer en las Doctrinas de trinitarios, Concerniente a la Naturaleza de Dios y la Persona de Cristo (1819, 1833, 1859)Andrews Norton

http://www.americanunitarian.org/nortonstatements.htm

La primera edición de este trabajo fue un folleto pequeño que fue publicado en 1819, durante el climax de la Controversia Unitaria. Catorce años más tarde (1833), el Sr. Norton hizo adiciones extensivas a la obra y lo relanzó al mercado. La tercera edición (1859) fue publicada posteriormente con algunas correcciones y adiciones sacadas de las notas e índices del Sr. Norton. La traducción de los versículos de la Biblia fue también actualizada para la redacción de la propia traducción del Sr. Norton de los Evangelios, la cual fue entregada poco antes de ese tiempo. Este texto electrónico es de la tercera edición de la obra.

C O N T E N T S

Preface.

Section I: The Purpose of this Work.

Section II:

A. The Proper Modern Doctrine of the Trinity Contradictory in Terms to that of the Unity of God.

B. The Doctrine that Christ is Both God and Man, a Contradiction in Terms.

C. No Pretense that Either Doctrine is Expressly Taught in the Scriptures.

Section III: The Statement that Christ is God Proved to be False from the Scriptures.

Section IV: On the Origin of the Doctrine of the Trinity.

Section V: Concerning the History of the Doctrine of the Hypostatic Union.

Section VI: Difficulties that May Remain in Some Minds Respecting the Passages of Scripture Alleged by Trinitarians.

Section VII: On the Principles of the Interpretation of Language.

Section VIII: Fundamental Principles of Interpretation Violated by Trinitarian Expositors.

Section IX: Explanations of Particular Passages of the New Testament, Adduced by Trinitarians.

Class I: Interpolated and Corrupted Passages.

Class II: Passages Relating to Christ Which have been Mistranslated.

Class III: Passages Relating to God Which have been Incorrectly Applied to Christ.

Class IV: Passages that Might be Considered as Referring to the Doctrine of the Trinity, Supposing it Capable of Proof and Proved, But Which in Themselves Present No Appearance of Any Proof or Intimation of It.

Class V: Passages Relating to the Divine Authority of Christ as the Minister of God, to the Manifestation of Divine Power in His Miracles and in the Establishment of Christianity, and to Christianity Itself, Spoken of Under the Name of Christ, and Considered as a Promulgation of the Laws of God’s Moral Government, Which have been Misinterpreted as Proving that Christ Himself is God.

Class VI: Passages Misinterpreted Through Inattention to the Peculiar Characteristics of the Modes of Expression in the New Testament.

Class VII: Passages, in the Senses Applied to Which, Not Merely the Fundamental Rule of Interpretation Explained in Section VIII is Violated, But the Most Obvious and Indisputable Characteristics of Language are Disregarded.

Class IX: The Introduction of St. John’s Gospel.

Section X: Illustrations of the Doctrine of the Logos.

Section XI: Conclusion.

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