Archive for febrero, 2009


 

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” (Lucas 9.23–24).

Parece ser una contradicción, pero según nos dicen las escrituras para salvar la vida hay que perderla; y para perderla sólo hay que tratar de salvarla. A los que están vivos espiritualmente se dice: “Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3.3). La vida eterna es sólo para aquellos que se niegan a sí mismos, crucificando al primer Adán (el hombre viejo) para que el segundo Adán (Cristo) reine en su vida (Mateo 10.39; 16.25; Marcos 8.34–38; Lucas 17.33; Juan 12.25).

¿Por qué negarse a sí mismo?

1.  Es esencial para vivir en Cristo

Esta es la razón principal por la cual debemos abnegarnos. Lea Marcos 8.34–35; Lucas 9.23–24; 14.27. Para experimentar la vida del Cristo resucitado tenemos que participar en su muerte. Es decir, que para nacer de nuevo la vieja vida tiene que morir, y para andar en vida nueva hay que vivir negándose a sí mismo diariamente.

La carne y el Espíritu Santo son enemigos. No podemos vivir en los dos a la misma vez (Romanos 8.1–2; Gálatas 5.17–23; 6.7–8). Es inútil pensar que uno puede vivir una vida agradable a Dios sin tener al cuerpo bajo sujeción, o sea, crucificado.

2.  Satisfacer los deseos de la carne corrompe a uno mismo y a otros

Siguiendo las concupiscencias de la carne, los hombres se han hecho borrachos, glotones, adúlteros, mentirosos, ladrones, asesinos y esclavos a toda forma de pecado. Satanás llega a los hombres y les tienta a ceder a “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2.16). Aunque el pecado les parece deseable, su fin es corrupción. El mismo destruye a los que lo cometen, a sus hogares y a sus comunidades. Por nuestro propio bien y por el bien de los que están a nuestro alrededor, tenemos que negarnos a nosotros mismos a diario.

3.  Sólo así podemos vivir en victoria

Los apetitos legítimos del cuerpo son de Dios, son esenciales a la vida y son puros y sanos. Pero cuando uno permite que ellos reinen en nuestras vidas entonces Satanás entra al alma por medio de ellos y logra arruinarla. Entre estos apetitos están el anhelo de comer, el deseo de descansar o permanecer en el ocio y el apetito sexual. Si estos apetitos no se controlan producen toda clase de desenfreno y pecado.

Cristo “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4.15). ¿Por qué? Él practicaba la abnegación; controlaba su cuerpo y nunca cedió a la tentación. Si usted da rienda suelta a los impulsos de la carne caerá en el pecado. Pero si usted por medio del poder del Espíritu Santo mantiene su cuerpo en sujeción entonces vivirá una vida victoriosa. El secreto de la vida victoriosa es mantener cada deseo corporal en el lugar que Dios le ha asignado.

4.  Los que se abniegan por causa de Cristo encuentran bendiciones

Los que practican la abnegación pueden gozarse aun en medio del sufrimiento. Pablo dijo: “Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8.18). Por lo general, ¿quiénes gozan de la mejor salud? ¿Los que controlan sus apetitos o los que se entregan al desenfreno? ¿Quiénes son los más libres? ¿Los que dominan sus pasiones o los libertinos? ¿Quiénes son los más prósperos materialmente? ¿Los que se niegan a sí mismos o los que compran lo que les dé la gana? ¿Quiénes son los más felices? ¿Los que se niegan a los placeres pecaminosos de esta vida o los que gratifican la carne y siguen el placer y la vanidad? Satisfacerse a sí mismo gratifica por el momento, mas al fin trae la derrota y los problemas.

5.  El que se niega a sí mismo para seguir a Cristo es útil para Dios

La obra de Cristo avanza porque hay hombres y mujeres que se han consagrado a Dios. Esta gente domina su cuerpo y vive una vida que “está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3.3). Su corazón, sus planes, su dinero, están sobre el altar del Señor. La salvación de nuestras almas fue hecha posible por el sacrificio de Jesucristo. De la misma manera, la obra de Dios avanza y se extiende por el sacrificio de hombres y mujeres cuyas vidas están sobre el altar del Señor.

6.  La abnegación rinde fruto eterna

Sin duda Esaú disfrutó su guisado (Génesis 25.34). Pero, ¿qué fue eso en comparación con la pérdida de la primogenitura? El hombre rico disfrutó sus banquetes espléndidos; pero, ¡qué clamores en el infierno! Los placeres del pecado son temporales, mientras que las bendiciones de la abnegación por causa de Cristo son eternas. No olvidemos que el desenfreno termina en el infierno, mientras que la abnegación por causa de Cristo marca el camino que termina en la gloria eterna.

Lo que se debe negar

1.                 A sí mismo

Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9.23). Los que reciben a Cristo tienen que entregarse por completo a él. “Ya no viven para sí… De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5.15, 17). Negarnos muchas cosas sin negarnos a nosotros mismos puede resultar una vida ordenada, pero no una vida nueva. Este tipo de vida no vale nada para Dios.

2.                 El pecado

“Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Proverbios 1.10). “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3.5–6). Asegúrese de decir NO a la carne cada vez que sea tentado a cometer algún pecado, sea cosa grande o chica, cosa popular o cosa despreciada (Gálatas 5.24; 1 Pedro 2.11; 4.3–4).

3.                 Cosas dudosas

Muchas veces nos enfrentamos con cosas que no sabemos si son buenas o malas. Antes de participar en algo dudoso, busque la voluntad de Dios acerca del asunto. Cuando somos tentados a hacer algo sólo porque otros lo hacen, es mejor no hacerlo sin antes buscar la voluntad de Dios para saber si es bueno o malo. Luego, actúe conforme a lo que Dios le revela. “El que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14.23).

4.                 Cosas lícitas que hacen tropezar a otra persona

A Pablo no le molestaba en la conciencia comer carne porque él sabía que las normas de la ley en cuanto a comer carne fueron todas anuladas en el evangelio de Cristo. Sin embargo, Pablo estaba dispuesto a renunciar a este privilegio si era una ofensa a otros. Él dijo que “bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite” (Romanos 14.21). Dijo que “si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás” (1 Corintios 8.13). Cualquier privilegio deja de ser privilegio cuando llega a ser tropiezo a otros (Romanos 14.15). La palabra “comida” que se menciona en este versículo se puede sustituir por cualquier privilegio que usted insiste en practicar aunque sepa que, al hacerlo, otros van a perderse.

5.                 Cosas que impiden nuestra más alta utilidad

Dios lo ha llamado a usted a una obra. Por eso usted debe dejar cualquier cosa en su vida que impida su más alta utilidad a Dios. ¿Por qué fue llamado Abraham de su hogar y parentela para llegar a ser un peregrino? Dios tenía un propósito: convertirlo en el padre de los fieles; convertirlo en cabeza de una gran nación; hacer que en su simiente todas las naciones de la tierra fueran benditas. ¿Por qué el misionero debe abandonar las amistades, su país de origen, y pasar su vida en tierras lejanas? Él lo hace para obedecer la gran comisión dada a la iglesia por Cristo. Pablo se quedó sin casarse no porque le fuera incorrecto “traer (…) una hermana por mujer” (1 Corintios 9.5), sino porque la obra en que se encontraba era tal que este privilegio hubiera sido un obstáculo para su utilidad a Cristo y a los hermanos. El negarse a sí mismo abarca más que sólo decir NO a las tentaciones de la carne y abstenerse de ciertos privilegios que pudieran llegar a ser tropiezo a otro. Más bien, el negarse a sí mismo incluye dejar cosas lícitas, agradables y bellas por servir a Dios.

Ejemplos notables de la abnegación

1.                 Cristo

Lea Filipenses 2.5–11. Cristo “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo”. La comodidad, la popularidad, las riquezas y la gloria; él lo sacrificó todo. Su vida entera fue sacrificada para hacer la obra a la cual Dios lo había llamado. Al ver los resultados de su abnegación nos percatamos de que él no sólo libró a millones de almas de la cautividad del pecado, sino que, además “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2.9).

2.                 Abraham

Cuando Dios llamó a Abraham él dejó su hogar, su parentela y sus amigos. Pasó el resto de su vida en el extranjero, y murió sin recibir lo que le fue prometido. Abraham hasta estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo cuando Dios se lo pidió. Por fe él se abnegó y llegó a ser “el padre de los fieles”, y en su simiente son bienaventuradas todas las naciones de la tierra (Gálatas 3.8).

3.                 Moisés

Moisés sacrificó una buena carrera (Hebreos 11.24–26) a fin de cumplir el propósito de Dios para su vida. Él dejó la gloria y las riquezas pasajeras de la tierra, ganando así la gloria y las riquezas eternas.

4.                 Los pescadores de Galilea

Lea Marcos 1.18; Lucas 5.10–11. Cuando Cristo llamó a los pescadores de Galilea ellos dejaron todo y lo siguieron. Al dejar sus redes, estos pescadores estaban dejando su medio de ganarse la vida. No conocían el futuro, pero lo dejaron todo para seguir a Jesús.

5.                 Saulo de Tarso

Cuando vemos la posición que Saulo había logrado en su carrera religiosa (Filipenses 3.1–10) entonces comprendemos lo que le costó a él dejar esa carrera prometedora para servir al Dios vivo. ¿Acaso esto valió la pena? ¡Claro que sí! Pablo mismo da su testimonio en 2 Timoteo 4.5–8.

De estos y otros ejemplos aprendemos que aunque negarse a sí mismo es un sacrificio es la única manera de recibir las ricas bendiciones de Dios. Y es la única manera en que podemos serle útiles a Dios en su reino.

Las recompensas

Negarse a sí mismo no termina en sufrimiento y derrota. Más bien, es la liberación del señorío de nuestro ego para vivir en Cristo y tenerle a él viviendo en nosotros. Al dejar los goces pasajeros de la vida pecaminosa recibimos el gozo del Señor y finalmente obtendremos las realidades eternas del cielo mismo (Salmo 16.11). Al renunciar a nuestra propia justicia, Dios nos justifica gratuitamente. Al negarnos las riquezas terrenales, las cambiamos por las riquezas eternas del cielo. Y así es con toda cosa que sacrificamos por Cristo: es un cambio de cosas deseadas por la carne por algo de mucho más valor. Jesús fue un ejemplo perfecto de cómo negarse a sí mismo. Él se entregó a la muerte en la cruz. Por eso “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2.9). No tema usted seguir sus pasos. Algún día Dios lo recompensará por abnegarse y usted verá que negarse a sí mismo es en realidad cambiar el mundo por el reino del cielo.

EL MITO DEL ISRAELISMO BRITÁNICO

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Dr. Claude Mariottini – Profesor del Antiguo Testamento

En 9 de agosto, 2006, escribió un poste, “América Y Gran Bretaña en la Profecía Bíblica,en donde expliqué las razones el movimiento popularmente conocido como Israelismo Británico no tiene ningún soporte en la Biblia o en la historia, si bien sus proponentes citan ampliamente de la Biblia y la historia para probar su punto.

En respuesta a mi poste, un proponente del Israelismo Británico que se rehúsa dar su nombre y esconde su identidad bajo la etiqueta de “anónimo”, ha criticado mi poste para no presentar una pizca de prueba en contra de la identidad anglosajona con las Diez Tribus.”

Una lectura cuidadosa de mi poste original demostrará que me referí a varios textos del Antiguo Testamento para demostrar que muchos Israelitas del Reino Del Norte no fueron deportados a Asiria. De hecho, después de que los asirios conquistaron a Samaria, el territorio del Reino Del Norte fue incorporado en el imperio asirio y se convirtió en la provincia asiria de Samerina.

Los defensores del Israelismo Británico creen que las personas anglo Sajonas, aquellas que viven en Gran Bretaña y los Estados Unidos, son los descendientes de las diez tribus perdidas del Reino Del Norte que fueron deportados al exilio por los asirios. Así, las personas anglo Sajonas son los descendientes directos de los hijos de Abraham y como tales, se convierten en los herederos de las promesas que Dios hizo a Israel.

La discusión básica para el Israelismo Británico ha sido desarrollada por muchos autores en Inglaterra y en los Estados Unidos. Una presentación enérgica de esta opinión fue presentada por Herbert W. Armstrong en su libro Los Estados Unidos y Gran Bretaña en la Profecía. Armstrong fue el fundador de la Iglesia de Dios Universal. Éstas son algunas de las creencias básicas del Israelismo Británico:

1. Las personas que viven en Gran Bretaña y los Estados Unidos son los descendientes de las tribus perdidas.

2. El trono británico es una continuación del trono de David.

3. La familia real británica son descendientes lineales de David, Rey de Judá.

4. La piedra de Escocia es la que Jacob ungió con aceite.

5. El pueblo del Imperio Británico son la gente del pacto.

6. el pueblo británico ha sido escogido por Dios para dominar el mundo.

Hay varios asuntos que mitigan en contra de la discusión planteada por los proponentes del Israelismo Británico, la opinión que Gran Bretaña y los Estados Unidos son el resto de las tribus perdidas de Israel. No tengo el tiempo ni la inclinación para ocuparme de cada mala interpretación en el libro de Armstrong. Basta decir que las interpretaciones se basan en eisegesis, literalismo, y textos interpretados fuera de contexto. En este poste, me ocuparé de tres asuntos presentados por los adherentes del Israelismo Británico.

Las Tribus de Israel

Desde que mi crítico anónimo me pidió a mí que conteste algunos de sus preguntas, le pedí a él que haga una lista y nombre las diez tribus que se perdieron. Aquí está la lista que él proveyó:

El Reino Sureño: Judá, Simeón, y Benjamín y algunos fieles Levitas.

 

El Reino del Norte: Rubén, Leví, Gad, Dan, Efraím, Manasés, Isacar (sic), Neftalí (sic), Zabulón, y Aser.

 

La lista de las doce tribus de Israel aparece cerca de veinte veces en el Antiguo Testamento y una vez en el Nuevo Testamento. Sin embargo, los nombres de las tribus que componen las doce tribus de Israel varían de lista en lista.

La lista de las tribus aparece por primera vez en Gén. 29:31-30:24 en el orden en el cual los hijos nacieron. Puesto que Benjamín nació en la tierra de Canaán, Dina aparece como el doceavo hijo de Jacob. Ésta es la única vez en el Antiguo Testamento en el cual las tribus se encuentran enumeradas en el orden de su nacimiento. En las veinte listas donde los nombres de las tribus aparecen, hay dieciocho órdenes diferentes en las cuales las tribus son mencionadas.

En algunas listas, Leví es contado como una de las doce tribus, en algunos otros Levi no aparece. Cuando Leví es omitido, la tribu de José aparece como dos tribus: Efraín y Manasés.

En Apo. 7:4-8 Juan provee una lista “de cada tribu de los hijos de Israel”: Judá, Rubén, Gad, Aser, Neftalí, Manasés, Simeón, Leví, Isacar, Zabulón, José, Benjamín. En esta lista, las tribus de Dan y Efraín faltan. La tribu de José representa a la tribu de Efraín.

En la bendición de Moisés en Deuteronomio 36:6-29, las siguientes tribus aparecen: Rubén, Judá, Leví, Benjamín, Efraín y Manasés, Zabulón, Gad, Dan, Neftalí. Esta lista contiene sólo a 10 tribus; Las tribus de Simeón y Aser faltan.

En 1 Reyes 11:31-32, sólo once tribus aparecen. En Jueces 5:14-18 están 11 tribus: Efraín, Benjamín, Macir, Zabulón, Isachar, Rubén, Galaad, Dan, Aser, Zebulón, y Neftalí. Manasés falta. Simeón, Judá, y Leví faltan también. Es posible que las tribus Sureñas (Simeón y Judá) no fuesen aún parte de la confederación de las tribus. En Ezequiel 48 las siguientes tribus son listadas: Dan, Aser, Neftalí, Manasés, Efrain, Rubén, Judá, Benjamín, Simeón, Isacar, Zabulón, y Gad. Cuando los Levitas son incluidos, hay trece tribus.

Todas estas variaciones en el listado de las tribus indican que el número doce fue un acomodamiento artificial que fue también encontrado en otros grupos fuera de Israel. Allí estaban las doce tribus de Nahor (Génesis 22:20-24), las doce tribus de Ismael; Gén. 17:20; 25:13-16), y las doce tribus de Esaú (Gén. 36:9-14; 40-43).

 

La idea de diez tribus presupone que el Reino Sureño estaba compuesto de sólo dos tribus. Sin embargo, mi lector admite que el Reino Sureño tuvo a tres tribus.

 

En 1 Reyes 12:20 leemos:  ”Y cuando todo Israel oyó que Jeroboam había vuelto, le enviaron y lo llamaron a la asamblea y le hicieron rey sobre todo Israel. No hubo ninguno que siguió la casa de David, sino la tribu de Judá sólo.” Este verso dice que hubo sólo once tribus (las diez tribus, más Judá), puesto que sólo Judá continuó la casa de David. Sin embargo, en 1 Reyes 12:21 leemos: “Cuando Roboam vino a Jerusalén, él reunió a toda la casa de Judá, y la tribu de Benjamín, cien ochenta mil hombres, guerreros escogidos, a oponerse en contra de la casa de Israel, para restaurar el reino a Roboam, el hijo de Salomón.” Puesto que la tribu de Benjamín siguió a la tribu de Judá, entonces el Reino Del Norte tuvo sólo a nueve tribus.

 

2 Crónicas 11:14, leemos: “Pues los Levitas dejaron sus suburbios y su posesión, y vinieron a Judá y Jerusalén: Pues Jeroboam y sus hijos lo excluyeron del ministerio de Jehová.” Puesto que los Levitas dejaron al Reino Del Norte para venir a Judá, ahora el Reino Del Norte tuvo sólo ocho tribus.

 

Además, 2 Crón. 11:16 dice: “ Tras aquellos acudieron también todas las tribus de Israel, los que habían puesto sus corazones para buscar al Señor Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén, para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres.” Esto quiere decir que muchos ciudadanos del norte que fueron fieles Yahwistas vinieron a Judá en vez de vivir en el Norte. En 2 Crón. 15:8-9 leemos acerca de la existencia de las tribus de Efraín, Manasés, y Simeón. Y Simeón es contado como una tribu de Israel.

 

La Población del Reino Del Norte

 

El segundo factor es el número de personas del Reino Del Norte que fueron deportados para Asiria. Mi crítico anónimo dice que la población del Reino Del Norte fue “5 millones de personas” y “probablemente bastante más.” Pero este número embellecido es contradicho por la prueba arqueológica.

 

Adam Zertal, en su artículo “ La Provincia de Samaria (La Samarina Asiria)  en la Edad de Hierro tardía (Edad de Hierro III), ” publicado en Judá y los judíos en el Período Neo Babilónico, editado por Oded Lipschitz y Joseph Blenkinsopp: Eisenbrauns, 2003), p. 385, escribieron concerniente a las personas del norte que vino a adorar en Jerusalén (Jeremías 41:5):

 

El hecho que las comunidades organizadas de israelitas todavía vieron a Jerusalén como su lugar sagrado puede ser interpretado como prueba de la existencia del culto Yahwistico como la fe principal en el norte, algunos 150 años después de la conquista de Samaria. Los datos arqueológicos parecen soportar esta idea, que a pesar de los cambios demográficos, las más de las personas permanecieron Israelitas en fe. Aun si el número de personas deportadas de Samaria por los asirios (aproximadamente 27,000) es fidedigno, todavía no excedía el 20-25% de la población Israelita.

 

Zertal estimó la población del Reino Del Norte en el tiempo de la conquista asiria no exceder los 100,000, probablemente 70,000 personas. Así, la población del Reino Del Norte fue más pequeña que nuestro objetor anónimo dice. Pero el hecho es que muchos de los habitantes del Reino Norte permanecieron atrás. Algunos de ellos escaparon para el Reino Sureño, como la prueba arqueológica demuestra. Algunos de ellos fueron a Egipto donde organizaron  una comunidad judía grande, y algunos de ellos eventualmente se convirtieron en gente samaritana.

 

No hubo nunca diez tribus perdidas hasta donde la Biblia concierne, sólo una dispersión de muchos Israelitas a todo lo largo del antiguo Cercano Oriente. De hecho las 27,000 personas llevadas por los asirios en la cautividad representaron sólo una fracción pequeña de la población total en el tiempo de la caída de Samaria en 722 B.C.

 

Bajo Esdras y Nehemías aproximadamente 50,000 personas regresaron de Babilonia. Esto es cómo describió el Cronista el establecimiento de la gente que regresó del exilio: “Ahora los primeros habitantes que moraron en sus posesiones en sus ciudades fueron, los Israelitas, los sacerdotes, Levitas, y los Netinim. Y en Jerusalén morada de los hijos de Judá, y de los hijos de Benjamín, y de los hijos de Efraím y Manasés” (1 Crón. 9:2-3).

 

Según el Cronista, entre aquellas tribus que regresaron de Babilonia hubo gente de Efraín y Manasés, y vivieron en Jerusalén. Además, el Cronista hace distinción entre los Israelitas y los judíos que vivieron en Jerusalén. Así, el registro Bíblico señala que un resto de todas las tribus regresó. La referencia para “ todo Israel ” aparece en Esdras 1:3; 2:70; El 3:11; 6:17, 21; 7:6, 13, 28; 8:25, 35; El 10:5 y en Nehemías 7:73; 8:1, 17; El 9:2; El 10:33; El 11:20; El 12:47; 13:3, 18, 26. Así, según Esdras y Nehemías, “todo Israel” no se perdió.

 

La Misión de Jeremías

Después de la caída de Jerusalén, Jeremías fue tomado por la fuerza a Egipto. Según los proponentes del Israelismo Británico, Jeremías, al llevar a cabo su misión como fue asignado por Dios, dejó Egipto y tomó a dos princesas de Judá, las hijas del rey Sedequías, para España donde la princesa menor se casó. Luego, Jeremías llevó a la hija mayor de Sedequías a Irlanda. En Irlanda, la hija mayor de Sedequías se casó con el gobernante de Irlanda. Así, a través de la hija de Sedequías, la línea de David en el trono de Judá fue mantenida y continúa hasta el día de hoy a través de la familia real británica.

 

Esta opinión es contradicha por la prueba Bíblica. La línea de David fue continuada a través de Joaquín y no a través de Sedequías. Aunque Joaquín fue un cautivo en Babilonia, él fue todavía reconocido como el sucesor legítimo para el trono de David (cf. Jeremías 52:31-34). Según las tablas Weidner (ANET, 308), Joaquín vivió en la corte babilónica y el rey babilónico hizo provisiones “para Joaquín, el rey de la tierra de Judá y para los cinco hijos del rey de la tierra de Judá.”

 

Según el profeta Hageo, la comunidad post exílica consideró hacer a Zorobabel, el hijo de Sealtiel y nieto de Joaquín, un rey en Judá, antes de que él fuese probablemente forzado a regresar a Persia (Hageo 2:23). Además, la genealogía de Cristo en Mateo 1:12-16 rastrea la línea real a través de Joaquín y no a través de la hija de Sedequías.

 

En su artículo sobre Israelismo Británico y Piramidología” la Interpretación 11 (1957), p. 318, Carl Howie escribió:

 

Es desafortunado que gentes bienintencionadas se hayan convertido en tontos de un egoísmo chauvinista que substituye un trono terrenal que Cristo a solas puede ocupar y substituye un imperio terrenal para el Reino de Dios. El pensamiento que el Reino de Dios es coextensivo con un imperio terrenal y que el trono de Inglaterra es el asiento de este gobierno, es aborrecible para todo aquellos que tienen conocimiento de la profundidad de los conceptos del reino y del Mesías. Que el Reino de Dios es espiritual y no físico es axiomático y que la iglesia, como partidaria de Cristo por la fe, es integrante de la Israel de la fe (cf. 1 Ped. 2:9-10). Hacer a Dios el siervo y el apoyador del racismo como hace el movimiento Anglo-Israelita hacen contradicen ambos el espíritu y la letra de la Biblia. Sobre la base de la  abrumadora prueba concluimos que la hipótesis del Israel Británico no tiene base real puesto que ninguna prueba legítima ha sido encontrada para su apoyo.

 

En su artículo sobre “Anglo-Israelismo,” publicado en el Jewish Encyclopediahttp://www.jewishencyclopedia.com/view.jsp, Joseph Jacobs escribió:

 

En conjunto, por la aplicación de conjeturas descabelladas acerca de los orígenes históricos y las analogías filológicas, y por una servilmente interpretación literal de locuciones seleccionadas de la profecía, un caso fue elaborado para la identificación de la raza británica con las Tribus Diez Perdidas de Israel lo suficiente como para satisfacer a las gentes faltas de sentido crítico, y deseosas de encontrar su orgullo de raza confirmada por la Escritura. Toda la teoría yace sobre una identificación de la palabra “islas” en la versión inglesa de la Biblia injustificada por la filología moderna, lo cual identifica la palabra original con “costas” o “las tierras distantes” sin ninguna implicación de su rodeado por el mar. La etnografía moderna no confirma en ninguna forma la identificación de los irlandeses con gente semítica; Mientras que los ingleses pueden ser trazados a los escandinavos, de a quienes no hay  rastreo en Mesopotamia en ningún período de la historia. El inglés es una rama de los lenguajes arios, y no tiene conexión con el Hebreo. El movimiento entero es principalmente interesante como un reductivo ad absurdum de una interpretación demasiado literal de las profecías.

 

Aunque mi lector anónimo nunca esté de acuerdo con mi conclusión, la realidad es que el Israelismo Británico se basa en una interpretación parcial del texto, eisegesis, una ilusión vana, y una falta de prueba histórica fidedigna. La opinión de que Gran Bretaña y los Estados Unidos de Norte América son las tribus perdidas de Efraín y Manasés es simplemente un mito.

 

  

En el verano del año 2007, durante una expedición a las Bahamas, un equipo de científicos realizó un descubrimiento inusual. Sobre el lecho marino, a una profundidad de 610 metros, un submarino dirigido por control remoto grabó en vídeo lo que según la descripción de uno de los investigadores (Mikhail V. Matz de la Universidad de Texas) era una “bola sin cerebro, sin ojos y sin color, cubierta completamente por barro”.

Lo que es más, los investigadores descubrieron que estas bolas, que medían 2,5 centímetros de diámetro aproximadamente, parecían dejar rastros sobre el fondo marino, como si de algún modo consiguieran rodar sobre él por sus propios medios.

Ahora, en un trabajo publicado en Current Biology, el doctor Matz y sus colegas han descrito su hallazgo en términos más científicos: se trata de una ameba gigante del género Gromia, un envoltorio transparente de protoplasma con un núcleo relleno de agua que le ayuda a mantener su forma esférica. Y los investigadores afirman que la criatura realmente rueda, empujándose a si misma mediante la exudación de pequeñas porciones de protoplasma a través de unas aperturas en su superficie que se pegan sobre el lecho marino y gracias a las cuales consumen nutrientes.

Pero esta bola de golf viviente autopropulsada es más que una curiosidad. Los investigadores cayeron en la cuenta de que sus rastros eran muy similares a los surcos hallados sobre lecho marino fósil datado hace más de 550 millones de años. De modo que la ameba rodante arroja dudas sobre el entendimiento que los científicos tienen sobre el modo en que la vida en la Tierra se diversificó.

Muchos científicos habían argumentado que los organismos multicelulares que tienen dos hemisferios simétricos surgieron antes de la explosión de diversidad que se dio en el período Cámbrico, hace 542 millones de años. Uno de los mejores argumentos que tenían para hacer esta afirmación era precisamente la de los rastros fosilizados encontrados en el lecho marino, ya que parecía claro que solo una criatura compleja y de simetría bilateral, podría maniobrar por sus propios medios dejando esa clase de surcos.

Pero ahora aparece este organismo Gromia, que es unicelular y no tiene simetría bilateral, y que aún así deja rastros muy similares. Tal y como sostiene el doctor Matz: “realmente este es un duro golpe para la escuela de pensamiento que sostiene que los animales evolucionaron de forma lenta antes del Cámbrico”.

A Ball on the Seafloor Casts Doubt on Views of How Life Diversified (autor Henry Fountain)

 

Estimados hermanos

 

Tengo conocidos que son “Testigo de Jehová”, y deseo abrirles los ojos. ¿Pero cómo puedo hacer para evangelizarlos? ¿Qué pasos puedo dar para hacerlo?

 

Muchas gracias por su ayuda

 

Su Hermano en Cristo

 

M.M

 

 

Respuesta de Apologista:

 

En primer lugar, los Testigos de Jehová salen a predicar creyendo que ellos son la religión verdadera, y que sus doctrinas son dadas por Dios mismo a través de su “canal escogido”, el “Cuerpo Gobernante”. Por lo tanto, ellos creen que están para enseñar y no para ser enseñados. Generalmente cuando ellos encuentran objeciones u obstáculos presentados por sus interlocutores, se despiden y se van”. Así que si vienen a tu casa a predicarte, asegúrate que ellos entren a tu sala y enseguida amarras a tu perro rabioso en la puerta de salida, así no podrán escapar tan fácilmente.

 

A los Testigos de Jehová hay que hacerles razonar con preguntas sutiles y puntuales. Recuerda que no es prudente atacarlos frontalmente, sino con sabiduría hay que hacerlos reflexionar. Puedes preguntarles cosas como éstas:

 

¿Por qué siguen ustedes las enseñanzas de un Masón esoterista como es el caso de su fundador, Charles Taze Russell, un fanático creyente en las medidas de las pirámides para formular sus fechas armagedónicas?

 

Si los Testigos de Jehová es la religión verdadera, ¿por qué fallaron los con sus fechas del fin para 1914, 1918, 1925, y 1975?

 

Si los “Testigos de Jehová” tienen la luz de Dios, ¿Por qué muchas de sus “luces” ya se han apagado completamente? Por ejemplo: Russell decía que Israel era el pueblo elegido por Dios, pero Rutherford (su sucesor) la “apagó” diciendo que la organización de Jehová (WT-Los Testigos de Jehová) era el verdadero pueblo de Dios. ¿Cómo se explica esto? ¿Estaba Russell engañado por el diablo?

 

También hay que preguntarles:

 

Si sólo 144,000 Testigos de Jehová (los “ungidos”) son los únicos hijos de Dios fuera de Jesús, ¿por qué todos los Testigos de Jehová se dirigen a Dios como “Padre celestial” si no todos son ungidos? ¿No es esto una contradicción?

 

Además:

 

Si lo la clase de los ungidos (144,000 Testigos o “clase celestial”) son los únicos hermanos de Jesús, ¿por qué los Testigos de la clase terrenal se dirigen a los ungidos como “hermanos” si ellos no son ungidos?

 

También hay que preguntarles esto:

 

Si Jesús mandó a sus discípulos a bautizar en su nombre, ¿por qué los Testigos de Jehová bautizan a sus nuevos conversos sin nombrarles nombre alguno? ¿No es esto una desobediencia al mandato de Cristo?

 

También:

 

¿Dónde dice en la Biblia que los no “ungidos” sólo olerán de los emblemas del memorial o Santa Cena?

 

Otra más:

 

Si el fin está muy cerca, y este sistema de cosas será aniquilado en el Armagedón, ¿Por qué siguen los jerarcas broklinianos comprando propiedades y construyendo salones del reino por todo el mundo si todo será destruido?

 

También esto:

 

Si la congregación o iglesia cristiana sólo la componen los 144,000 ungidos según los “Testigos” y sólo queda un pequeño resto en la tierra, ¿por qué llaman “congregación” a los salones del reino cuando muchas veces no hay siquiera un solo ungido en ella?

 

Además esto:

 

¿Es moral y cristiano que el Cuerpo Gobernante explote a los feligreses haciéndoles préstamos que deberán pagar con intereses para que construyan salones del reino que luego terminarán a nombre de la Sociedad Watchtower?

 

Pregúnteles:

 

¿Es correcto que el Cuerpo Gobernante evada el pago de impuestos al fisco, haciendo que sus feligreses regalen las revistas Atalaya y Despertad al público en general, pero obligando a sus feligreses a que las paguen en su totalidad en sus reuniones?

  

Hay muchas preguntas sutiles que se les puede formular a los Testigos y que los dejarían reflexionando y con pesadillas nocturnas… ¡El resto lo hace Dios!

 

Creo que encontrarás buena información de los Testigos en

www.lavasori.wordpress.com.

 

Dale este blog a cualquier Testigo de Jehová para que se entere de muchas cosas que ignora de su religión.

 

Un abrazo,

Mario

 

Rod Hyndman

Mateo 5:12, dice:

“Regocíjense y alégrense porque su recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron los profetas antes de ustedes de la misma manera”.

Suponga usted que tengo un regalo para mi hija y yo le digo a ella: “¡Feliz Cumpleaños hijita! Tengo un regalo para ti en el comedor!”

Con esta declaración yo podría estar diciéndole a mi hija cualquiera de estas dos cosas:  

Que ella debería ir al comedor para recibir su regalo, o sino, que yo voy a ir al comedor para tomarlo y entregárselo personalmente a ella en la sala de la casa.

De modo semejante, hay dos formas posibles que nuestra recompensa puede estar en cielo.

Que los justos pueden ir al cielo para obtenerla, o que la recompensa viene del cielo a la tierra para todos los justos.

Sin duda alguna todo parece indicar que la segunda posibilidad es la verdadera.  Esta convicción es dejada en claro en los siguientes pasajes:

La recompensa está reservada en el cielo (1 Pedro 1:4). “Entonces cuando el Pastor Principal aparezca, vosotros recibiréis la corona de gloria que nunca se desvanece. (1 Pedro  5:4).

Pues el Hijo del Hombre vendrá con sus ángeles en la gloria de su Padre, y luego él recompensará a cada persona según lo que haya hecho. (Mateo 16:27).

Vea también a 1 Juan 5:11 Cf.. Colosenses 3:2-4 y Apo. 22:12 _

¿Entendieron hijos míos la idea? ¡Espero que sí!

¡Así que dejemos de lado de una vez por todas el mito de la partida al cielo de los salvos!

¿A DÓNDE FUERON LLEVADOS ENOC Y ELÍAS?

 

¿Qué acerca de Enoc y Elías, aquellos hombres justos del Antiguo Testamento?  Cuando murieron, ¿fueron ellos al cielo donde Dios está? No, no lo hicieron. Juan 3:13 quiere decir lo que dice. La palabra de Dios nunca se contradice. Gén 5:21-24 habla sobre Enoc, quien caminó con Dios” y él no estaba; Pues Dios lo tomó”. No dice que Dios llevó a Enoc al Cielo. Heb. 11:5 dice que Dios trasladó a Enoc a fin de que él no debiese ver la muerte. Sabemos de Judas 14-15 que los sermones poderosos predicados Enoc en un tiempo taimado y adverso poco antes del diluvio. ¿No murió Enoc? ¿Fue tomado él directamente para el Cielo? No, porque hebreos 11:13, en lo referente a Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac y Jacob y Sara, dice que todos estos murieron en fe, no habiendo recibido las promesas”. Todos ellos murieron y deben esperar su recompensa en la resurrección cuando Cristo regrese. La palabra “trasladado” en el Griego significa “movido para otro lugar”. La misma palabra griega para “trasladado” aquí es usada en Hechos 7:16 como “llevado encima,” en lo referente a transferir el cadáver de Jacob a Siquem. Porque la predicación de Enoc estaba ganando oposición y él era propenso a morir en esa edad de violencia Gén. 6:11, Dios le tomó, y él no debía ser encontrado, Gén 5:24. El Todopoderoso tomó a Enoc físicamente para otro lugar, exactamente como está descrito en Hechos 7:16.

2 Reyes 2:11 describe una carroza de fuego que vino y llevó a Elías en un ciclón al cielo. Algunos suponen que éste es el “cielo” donde el trono de Dios está ubicado. Realmente la Biblia habla de tres cielos, 2 Corintios 12:2. El primer cielo es donde la atmósfera y las nubes se localizan, de desde dónde viene la lluvia, e.g., Gén. 7:11. El segundo cielo es el espacio exterior, hogar de los planetas y las estrellas, e.g., Sal 8:3. Y el tercer Cielo está donde está ubicado el trono de Dios, e.g., Sal. 11:4. Un ciclón llevó a Elías al cielo, según la dirección de Dios. Obviamente fue el primer cielo, pues sólo en la atmósfera puede un ciclón ser operativo. Dios llevó a Elías a otro lugar para que terminara sus días, su oficio siendo transferido a Elías, 2 Reyes 2:12-15. Note que los hijos de los Profetas supieron que Dios iba a quitar a Elías de entre ellos, versos 1, 3, 5. Después de que él fuera sacado, enviaron a un grupo de rescate de 50 hombres, pero en 3 días no lo pudieron encontrar, Versos 16-17. ¡No supieron nada de Elías yendo para el tercer Cielo!

Elías fue tomado al cielo durante el reinado de Josafat, Rey de Judá. Sin embargo, años más tarde, una carta de Elías llegó al hijo malvado de Josafat, el Rey Joram, avisándole de una muerte horrible porque él no había caminado en los caminos de su padre Josafat, II Crónicas 21:12-15. Compare 2 Reyes 3:1, 1 Reyes 22:42, y 2 Reyes 8:16 y es inescapable: Dios utilizó a Elías una vez más antes de que él muriera. Esto ha dejado perplejos a los comentaristas de la Biblia como Adam Clarke. ¡Pero la verdad es simple y la podemos recibir! Dios llevó a Elías a otro lugar en la tierra. Ningún hombre ha ascendido en el Cielo donde está el trono de Dios.

 

¿Y QUÉ HAY ENTONCES DE LOS TEXTOS

BÍBLICOS QUE NOS ”PROBARÍAN”

QUE VIVIREMOS EN EL CIELO?

 

Por Ing° Mario A Olcese

 

 

Jesús entra en Jerusalén montado en un asno

 

“Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad” (Mat. 5:5)

 

Pregunta # 1:

¿Acaso no prometió Jesús a sus seguidores el cielo en Juan 14:1-3?

Respuesta:

Jesús jamás prometió a sus seguidores darles un lugar en el cielo como morada permanente. Tampoco ninguno de sus apóstoles creyó que iría al cielo para estar con Dios y Jesús. Fue el filósofo Griego Platón el que sentó las bases de un alma inmortal que parte de este mundo después de la muerte. Su filosofía fue mezclada con el pensamiento Hebreo y nació el gnosticismo. Esta secta gnóstica, muy en boga en los tiempos de Jesús, amenazó a la sana doctrina predicada por Jesús y sus apóstoles. Los apóstoles, y en especial Pablo y Juan, advirtieron a las iglesias cristianas en contra de esa secta. Pablo llamó a los gnósticos: “La falsamente llamada ciencia” (“gnosis”)(1 Timoteo 6:20). Los gnósticos decían que la materia era mala y pecaminosa, y que Cristo no era humano sino que tenía apariencia de hombre. Creían que existía un plano superior (el “Pleroma, especie de cielo gnóstico) donde vivían los AEONES (espíritus puros superiores, entre los cuales estaba Cristo antes de venir al mundo). Los gnósticos creían que ellos tenían el conocimiento verdadero para lograr partir a ese plano o dimensión de los espíritus con el alma inmortal. ¿No se parece esto mucho al pensamiento “cristiano” sobre una existencia en el cielo con Dios, Cristo, y sus ángeles después de esta vida, a través de nuestras “almas inmortales”? Es muy probable que muchísimos cristianos sean realmente cristianos gnósticos en este punto.

 

También Pablo advirtió, que después de su “partida”, entrarían en el rebaño del Señor falsos maestros que buscarían ganarse el rebaño con palabras pervertidas (Hechos 20:29,30). Y así fue. Con el correr del tiempo, la iglesia se corrompe con sus propios malos obispos que se levantan con sus herejías destructoras. En el siglo IV aparece el obispo “San Agustín de Hipona”, el Padre y Teólogo del catolicismo. Éste distorsiona radicalmente el verdadero significado del reino bíblico al decir, por vez primera, en su obra “La Ciudad de Dios”, que el reino era la iglesia católica Romana. Parece ser que los “amilenialistas católicos”, y “campbelitas amilenialistas” no han logrado sacudirse del todo de los errores de Agustín de Hipona.

 

Algunos dirán: “Bueno, ¿no dice Jesús que “los pobres en espíritu es el reino de los cielos”? (Mateo 5:3). Pero tomemos nota que el Señor NO dice que de los pobres en espíritu es el reino EN (sino “DE”) los cielos”. De modo que lo que Cristo ofreció a los pobres en espíritu era un reino que tiene su origen en Dios, y no en los hombres. Viene de Dios como un don o regalo para los hombres.

 

Pues bien, regresemos a Juan 14:1-3 de la pregunta. Veamos lo que verdaderamente dijo el Señor Jesucristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis.”

 

Muchos estudiantes de la Biblia no se han puesto a pensar en esta última frase “para que DONDE YO ESTOY (tiempo presente)”. En las más importantes versiones de la Biblia Inglesa se vierte este pasaje como “WHERE I AM” en tiempo siempre presente (“donde yo estoy”). Esta frase es sumamente importante y clave para entender los versos en cuestión. Jesús está ofreciendo un lugar a sus discípulos “en la casa de su Padre”. Luego nos dice que él nos tomará para que estemos con él en el lugar donde ÉL ESTÁ en el momento de pronunciar la promesa. Y, ¿dónde estaba Jesús cuando pronunció esa promesa? ¿En el cielo? ¿En Marte? No! Él estaba aún en LA TIERRA, y más exactamente, EN JERUSALÉN. Recuerde que Jesús todavía no había ascendido al cielo, y aún no había ni siquiera resucitado. Por tanto Jesús estaba ofreciéndoles a sus seguidores volver a la tierra para estar con ellos en el lugar donde proclamó su promesa, es decir: ¡En Jerusalén!

 

Muchos cristianos creen que Jesús nos “llevará al cielo” para darnos nuestro “lugar” en la casa del Padre. Pero Jesús nunca habló de llevarnos al cielo en Juan 14:1-3. Usted NO leerá, ni siquiera una vez, de que iremos al cielo para recibir nuestro “lugar” una vez que esté preparado por Jesús. Lo que Jesús dijo era que prepararía nuestro lugar en la casa de su Padre y que luego volvería para estar con nosotros. Lo que NO dijo era CUÁNDO Y DÓNDE recibiríamos nuestro lugar en la casa del Padre. Él sólo está ahora ocupado PREPARANDO nuestras moradas, pero NO nos dice cuándo entraremos en ellas. En Apocalipsis 21 se revela que la “ciudad santa” bajará del cielo después del milenio. La ciudad santa de Apocalipsis 21 es descrita por Ezequiel como un edificio (40:2), y como una casa en 2 Corintios 5:1,2. Esta ciudad o casa canta bajará del cielo, y “Dios estará con los hombres” (Apocalipsis 21:3). Sólo los salvos entrarán en ella para tomar sus lugares o moradas (Apocalipsis 21:27). También leer Hebreos 11:9,10 donde se nos dice claramente que Abraham (el padre de la fe) “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Y en Hebreos 13:14 Pablo dice: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR.”

 

Pregunta #2:

¿No dice Pedro, en 2 Pedro 3:10-13, que esta tierra será destruida por fuego? Si este es el caso: ¿No es lógico concluir que escaparemos al cielo?.

 

Respuesta:

Es cierto que Pedro habla de la “destrucción de la tierra por fuego”, de la misma manera que Dios dijo de la tierra de la época de Noé. En Génesis 6:13 leemos algo interesante: “Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré CON LA TIERRA. Nótese que Dios iba a destruir a todo hombre y animal…¡y la tierra misma! Pero: ¿Llegó Dios a destruir a los hombres impíos de entonces junto con el planeta tierra? Por cierto que no. La tierra sigue siendo la misma desde su creación. En realidad es una forma superlativa de hablar de Dios indicando la severidad de su castigo.

 

En 2 Pedro 3:10-13 leemos: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y LA TIERRA Y LAS OBRAS QUE EN ELLA HAY SERÁN QUEMADAS.” ¿No son semejantes Génesis 6:13 y 2 Pedro 3:10-13? Si la primera tierra PRE-diluviana no fue literalmente destruida, ¿porqué tendría que serla ésta? Es claro que lo dicho por Dios ha de entenderse como la severidad y firmeza de su castigo, la erradicación del mal, de los malos, y de sus obras (casas de juego y de citas, bares, fábricas de cigarrillos y de cerveza, fábricas de armas y bombas, etc). En el verso 13 se habla de “nuevos cielos y nueva tierra” Esta forma de dicción no es rara en la Biblia, pues también encontramos la expresión “nueva criatura” en 2 Corintios 5:17, aunque persistan aún los viejos defectos (miopía, cojera, cicatrices, etc). En Efesios 4:24 encontramos la expresión “nuevo hombre” (pero sólo en lo moral y espiritual). En Romanos 6:4 encontramos la frase nueva vida” (pero siempre en el sentido moral y espiritual).

 

Y Para terminar diré que 2 Pedro 3:13 tiene relación con Isaías 65:17 que dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.” Pero lo interesante del caso es que Dios sigue diciendo en los siguientes versículos (18-25) que: “traigo a Jerusalén alegría…y me alegraré con Jerusalén.” Estas palabras indican que finalmente el planeta no será destruido, pues seguirá existiendo Jerusalén como una ciudad de gozo y alegría, en contraste con la actual Jerusalén agitada y convulsionada por los conflictos internos y externos.

 

Pregunta #3:

 

¿Acaso no dice la Biblia que Cristo vendrá para entregar su reino al Padre según 1 Corintios 15:24?

 

Respuesta:

Cristo entregará su reino al Padre, pero: ¿Cuándo? Esta es una pregunta importante. Lo que la Biblia sí dice verdaderamente es que Jesús, al volver a la tierra, dará su reino a sus discípulos (no ha Dios)(Mateo 25:31,34; Daniel 7:13-18). Sí, la iglesia, compuesta por judíos y gentiles fieles, recibirá el reino de Cristo al volver él al mundo otra vez. Esta es la verdad bíblica. No obstante, será después que Cristo haya reinado por mil años que él devolverá el reino al Padre; cuando haya puesto a sus enemigos por estrado de sus pies, incluyendo LA MUERTE misma (Salmo 110:1; 1 Corintios 15:25). Y, ¿Cuándo será vencida la muerte?¿En la segunda venida de Cristo? ¡No! Según la Biblia ella será destruida al finalizar el milenio de Cristo. La respuesta está en Apocalipsis 21:4. Esto significa que Cristo no va a devolver el reino al Padre inmediatamente después de volver a la tierra, sino después de los mil años de su reinado. Mientras tanto, Jesucristo estará reinando sobre sus enemigos (Salmo 110:1-5), siendo el último destruido: La muerte.

 

Otra de las pruebas bíblicas que señalan claramente que la muerte reinará hasta el final del milenio es que “los otros muertos no llegaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.” (Apocalipsis 20.5). Habrá muertos al final de los mil años del reinado de Cristo. La muerte imperará en la tierra hasta el final de esa fecha memorable que es llamada: “Milenio” (Apocalipsis 20:14). Después del milenio bajará “La Nueva Jerusalén” y acabará el imperio de la muerte (Apocalipsis 21:4; 20:14). También en este periodo el diablo será castigado definitivamente con la muerte. Y además, la muerte y el Hades serán arrojados al lago de fuego junto con el diablo y sus ángeles. Todo esto ocurre al final del milenio o del reino de Cristo. Los hermanos amilenialistas debieran reflexionar mejor sobre este pasaje antes de sacar conclusiones inexactas. Recordemos que “un texto sin el contexto es un pretexto”. Ir más allá de lo que está escrito es peligroso.

 

Pregunta #4:

¿No dice Pablo que nuestro destino son “los lugares celestiales” en Efesios 2:6?

 

Respuesta:

Tomemos nota que pablo habla de “los lugares celestiales” en Efesios 2:6. Y, ¿dónde están esos “lugares celestiales”? La respuesta, creo, la da Jesús en Juan 14:2,3—¡En la casa de Su Padre! Por tanto, los “lugares celestiales” tienen que ver con las “muchas moradas” de dicha casa, en donde Jesús se ha ido a preparárnoslas. Sin embargo, Pablo NO dice que iremos al cielo para ingresar a nuestras “moradas celestiales”.

 

Pongamos un ejemplo un poco fantástico. Si una nave marciana bajara a la tierra, y yo fuera invitado por la tripulación marciana a ingresar a ella para ver su interior, pregunto: ¿No estaría yo en un lugar marciano en la misma tierra? Y si viera yo en su interior sus compartimentos, pregunto nuevamente: ¿No serían esos compartimentos “lugares o compartimientos marcianos” en la tierra?

 

De igual modo, cuando baje la casa celestial a la tierra, con todas sus moradas o lugares, los que ingresen a ella estarán ingresando a sus lugares o moradas celestiales—¡en la tierra!. Algo celestial o “extraterrestre” se posará en la nueva tierra, y sus interiores o moradas seguirán siendo celestiales aunque estén en la tierra. Sí, en la nueva tierra entraremos a los “lugares celestiales” de la casa de Dios.

 

Pregunta #5:

¿No dice claramente San Pedro que tenemos RESERVADA nosotros una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible EN LOS CIELOS? (Ver 1 Pedro 1:4)

 

Respuesta:

Nuevamente tampoco Pedro está diciendo que subiremos al cielo para recibir nuestra herencia que está RESERVADA allí. Sencillamente está reservada en los cielos. Si por ejemplo decimos que el dinero del pago de los trabajadores está reservado en la bóveda del banco, ¿significa eso que los trabajadores tendrán que ingresar a la bóveda del banco para que se les pague? No necesariamente. Lo usual es que el cajero retire el dinero de dicha bóveda y proceda a pagar a los trabajadores en la oficina del personal. De igual manera, cuando Jesús vuelva a retribuir a sus siervos, él retirará nuestra herencia de los cielos y la traerá a la tierra. (Leer 1 Pedro 5:4; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:12).

 

El sabio rey Salomón dijo sobre este asunto, así: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra…” (Proverbios 11:31). En otra parte Salomón dice también: “El justo no será removido jamás (de la tierra)…” (Proverbios 10:30). Estos textos contradicen la enseñanza que dice que los salvos serán retribuidos en el cielo cuando mueran.

 

Pregunta #6:

¿No prometió el Señor Jesús que nos arrebataría con él mismo al cielo, en 1 Tesalonicenses 4:17?

 

Respuesta:

El apóstol Pablo no está diciendo tampoco en este texto, que seremos arrebatados al tercer cielo, sino EN LAS NUBES. No está hablando de que seremos arrebatados al cielo, sino EN LAS NUBES PARA RECIBIR AL SEÑOR EN EL AIRE, y así estaremos siempre con el Señor.” Para nada se hace mención del cielo en este versículo, ni se nos promete estar con Cristo en el cielo. Pablo está hablando de que seremos “arrebatados en las nubes” y de “recibir al Señor en el aire”—¿Para qué?¿Acaso para que Jesucristo nos reciba y nos lleve con él al cielo? ¡No! Pablo es claro al decir que nosotros LE RECIBIREMOS A ÉL EN EL AIRE cuando regrese a la tierra (¡no al revés!). ¿Qué importancia tiene este detalle? Veamos el pasaje y analicemos su contenido.

 

Si la iglesia recibirá al Señor en el aire es para acompañar a Jesús en su descenso a la tierra, ¡no al revés! Por ejemplo, si el presidente del Perú sale a recibir en palacio al Presidente de los Estados Unidos, ¿se irá el Presidente del Perú con el presidente Estadounidense a la Casa Blanca para la entrevista? Otro ejemplo: Si mi amigo viene a visitarme desde los Estados Unidos, y yo salgo a recibirle en el aeropuerto limeño, pregunto: ¿Me iré con él a su casa en los Estados Unidos, subiendo inmediatamente en el avión que lo trajo a Lima? ¡Claro que no! Si yo lo recibo es para traerlo a mi casa o a un hotel, y disfrutar de su compañía durante su estancia en mi país. Igual ocurrirá con la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo en las nubes de nuestra atmósfera. Nosotros saldremos a RECIBIRLE en las nubes para acompañarlo en su descenso a nuestro planeta. Entonces Jesús será escoltado por su gloriosa iglesia hasta el lugar donde se localizará su trono de gloria, es decir, JERUSALÉN (Mateo 5.33-35; Jeremías 3:17; Zacarías 14:4).

 

Pregunta #7:

En Juan 13:36 Jesús le dice a Pedro que él no le podía seguir al lugar a donde iba, pero que le seguiría después. ¿No le estaba prometiendo Jesús—el tercer cielo—-a Pedro para después de su muerte?.

 

Respuesta:

Jesús no le estaba prometiendo a Pedro el cielo para después de su muerte. Lo que verdaderamente Jesús estaba diciendo era que estaba muy próximo su sacrificio en la cruz del Calvario, y que después Pedro le seguiría en su martirio. Lo que Jesús estaba profetizando para Pedro era su muerte en el martirio en un futuro no muy lejano. Según el verso 37, parece que Pedro le entendió perfectamente a Jesús, y le responde: “…Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? MI VIDA PONDRÉ POR TI.” Precisamente años más tarde Pedro moriría en el martirio, crucificado de cabeza en una cruz.

 

Pregunta #8:

¿No dijo el apóstol Pedro que Dios lo preservaría para su reino celestial? ¿No creyó Pablo que había un reino en el cielo (2 Timoteo 4:18)?

 

Respuesta:

En este pasaje Pablo NO dice que iría al cielo para entrar en el “reino celestial”. Lo que Pablo creía era que Dios lo preservaría o guardaría para su reino DE los cielos (“celestial”). Él NO dijo que Dios lo preservaría para su reino EN los cielos en ningún momento, sino para un reino de “inspiración celestial”, o de “origen celestial”.

 

En Hebreos 11:14-16 Pablo habla de una “patria celestial”, la cual, según el verso 16, es UNA CIUDAD. En Hebreos 11:14 el apóstol sigue diciendo que esta ciudad o “patria celestial” está por venir o por descender según Apocalipsis 21:2,3. Sí, la ciudad o “patria celestial” estará ¡en la tierra!.

 

En Lucas 2:8-13 vemos que a los pastores del campo se les aparece un ángel del Señor que les anuncia que ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. Y el versículo 13 nos dice que repentinamente apareció con aquel ángel una multitud de las “huestes celestiales” que alaban al Señor, y decían: “Gloria en las alturas…” Aquí vemos nuevamente a “huestes celestiales”—¡en la tierra!

 

En conclusión, cuando la Biblia nos dice que heredaremos “el reino celestial”, ello no quiere decir que iremos al cielo para entrar en él. Ya hemos visto como “cosas y seres “celestiales” estuvieron aquí, en la tierra. ¿Acaso no puede bajar “el reino celestial” a la tierra así como lo hicieron  “el pan celestial (Jesucristo)”, y “las huestes celestiales”? ¡Claro que sí! Ah, un ejemplo más. Después de resucitar de la tumba, Jesús recibió  un “cuerpo celestial” (Leer 1 Corintios 15:40,49). Con ese “cuerpo celestial” nuestro Señor estuvo en la tierra por 40 días (Hechos 1:3).

 

Pregunta #9:

¿No dijo acaso el apóstol San Pablo que nuestra CIUDADANÍA ESTÁ EN LOS CIELOS (Filipenses 3:20)?¿No significa entonces que viviremos en el cielo?

 

Respuesta:

La palabra “CIUDADANÍA” usada por Pablo, se relaciona con la palabra CIUDAD(anía). En la Santa Biblia aparece claramente una “CIUDAD CELESTIAL” (o “PATRIA CELESTIAL”) que estará en la tierra (Apocalipsis 21:2,3). También se nos informa que entraremos a ella, una vez que se establezca en la “nueva tierra”. Pablo sostiene que la ciudad está POR VENIR (Hebreos 13:14). También Pablo sostiene que el fiel Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:8-10).Mientras tanto, “nuestra ciudadanía está en los cielos” hasta que venga a nosotros a la tierra. En tanto que nuestra “ciudad” o “patria” permanezca en los cielos, podremos decir que nuestra ciudadanía seguirá estando en los cielos.

 

Pregunta #10:

¿En que parte de la Biblia dice que Cristo va a pisar este mismo planeta nuevamente?

 

Respuesta:

En Hechos 1:11 los ángeles les dicen a los discípulos, quienes instantes antes habían visto al Señor subir al cielo, lo siguiente: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASI VENDRÁ COMO LO HABÉIS VISTO IR AL CIELO”. Aquí se profetiza que el mismo Jesús resucitado, que había permanecido con sus discípulos 40 días en la tierra (Hechos 1:3), volverá DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE SE HABÍA IDO AL CIELO. Esto se explica de este modo. Según el verso 12, Jesús había ascendido al Padre desde el MONTE DE LOS OLIVOS, hasta que una nube lo tapó de la vista de los discípulos (v.9). Ahora bien, Jesús, al volver, descenderá del cielo a las nubes del cielo, y de las nubes del cielo AL MONTE DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4). Si Jesús al volver, sólo se quedara en las nubes, sin descender hasta el Monte de los Olivos, entonces JESÚS NO ESTARÍA EN VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA COMO ÉL SE FUE, O COMO LO HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.

 

Si una persona hubiera podido tomar una película de ese magno suceso de la ascensión de Jesús al cielo, y luego pusiera en reversa o retroceso la película, entendería exactamente cómo será el futuro regreso de Jesús al mundo. No obstante, no precisamos del auxilio de una cámara de video o de una película para entender lo que explicamos. Aceptemos el hecho de que la ascensión de Jesús al cielo NO comenzó en las nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS. ¿No es interesante que el profeta Zacarías diga que sus pies se posarán nuevamente en el Monte de los Olivos y éste se partirá en dos?¡Esto no sucedió en la primera venida de Cristo! (Leer Zacarías 14:4).

 

Lo que Jesús dijo en Mateo 5:34,35 nos lleva  la conclusión de que Cristo hará de Jerusalén su ciudad real…¡Su trono!. El profeta Jeremías dice que en aquel tiempo (de la restauración del reino) llamarán a Jerusalén TRONO DE JEHOVÁ (3:17). El Salmo 67:4 dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.” En Apocalipsis 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con Cristo mil años en la tierra.

 

En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Por tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Jesús dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:34,35).

 

En Juan 14:2,3 el Señor Jesús prometió a sus discípulos que ellos estarían con él en la tierra de Israel. Él dijo: “PARA QUE DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel) vosotros también estéis”. Y en la profecía de Jeremías 23:5 leemos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia EN LA TIERRA” ( También 33:15). Y en Romanos 4:13 dice que Jesús será “EL HEREDERO DEL MUNDO.”

 

Según el Salmo 37:29 “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Ahora bien: ¿Es Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí! (Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús es también JUSTO, ¿qué heredará él y dónde vivirá? ¡La tierra y en la tierra!. En el Salmo 85:9 se complementa lo anterior diciendo que LA GLORIA HABITARÁ LA TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA? ¡La gloria del Señor Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30; Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4). Por tanto: ¡Jesucristo habitará en la tierra!

 

En 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho: Habrá un justo que GOBIERNE ENTRE (no “SOBRE”) LOS HOMBRES, que GOBIERNE  en el temor de Dios.” Sí, Jesús será aquel justo varón que gobierne en medio o entre los hombres en este planeta. ¡Eso dice la Biblia! Además, David dice en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS morarán o habitarán en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde morarán LOS RECTOS en la presencia del rey? No puede ser el cielo porque Salomón escribió en Proverbios 10:30: “EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO JAMÁS; pero los impíos NO HABITARÁN LA TIERRA.” La conclusión lógica y bíblica es que los rectos habitarán la tierra y estarán en la misma presencia del rey en la tierra. Dice Salomón: “LOS RECTOS HABITARÁN LA TIERRA, Y lOS PERFECTOS PERMANECERÁN EN ELLA.” (Proverbios 2:21). ¡Aquí está la evidencia! Y, ¿Quiénes son los PERFECTOS que permanecerán en la tierra? ¡Los cristianos! (Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses 1:28).

 

Jesús dice que “los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5),. Pero más adelante dirá: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN…” (Mateo 11:29). Notemos que Cristo es también el mayor MANSO del mundo. Esto quiere decir que él HEREDARÁ LA TIERRA (comparar con Romanos 4:13). Él fue claro al decir que “los MANSOS heredarán la tierra (¡no el cielo!).”

 

Pregunta # 11:

¿Acaso Pablo no les dice a los Colosenses que tienen una “esperanza que está guardada en los cielos?’ (Colosenses 1:5)

 

Respuesta:

Esta pregunta se asemeja a la del número 5 sin duda. Aquí el apóstol Pablo no está enseñando ninguna esperanza celestial, o una “partida al cielo” para estar con Dios después de la muerte, o antes del reinado milenario de Cristo en la tierra. Esto está bien claro para mí.

 

Ahora bien, en el verso 12 de este mismo capítulo en cuestión, Pablo sigue diciendo: “…que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos de luz…” Nótese que acá—como Pedro también lo dijera en su Primera Epístola—los creyentes tendrán participación de una HERENCIA que está guardadao “reservada en los cieloscomo nuevamente lo dijera Pedro— en 1 Pedro 1:4.

 

 En Hebreos 10:34 Pablo también dice: “Sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos”. Pero acá tampoco Pablo está diciendo que iremos al cielo para recibir nuestra herencia, o que el cielo sea nuestra herencia final. Notemos que Pablo habla de una herencia perdurable en el cielo—¿qué podría ser aquello tan perdurable ?

 

En Colosenses 3:24 Pablo afirma que: “del Señor recibiréis la recompensa de la herencia”—-¿En dónde? Primero notemos que la herencia es una recompensa, la cual será dada por Jesucristo mismo a los fieles cuando él regrese por segunda vez a este mundo. Dice en Apocalipsis 22:12: “He aquí que vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. Entonces queda claro que los creyentes recibirán su herencia en la tierra—¡no en el cielo!

 

Pregunta #12:

¿Acaso no dice Pablo que los santos son participantes del “llamamiento celestial?” (Hebreos 3:1).

 

Respuesta:

¿Acaso la frase: “Llamamiento celestial” quiere decir: Llamado para ir al cielo? No lo creo así necesariamente. Me parece que quiere decir, mas bien, llamamiento de Dios”— Ver Filipenses 3:14 y Romanos 11:29. El libro a los Hebreos fue escrito para judíos, ya que trata de la relación de Cristo para con el sacerdocio levítico y los sacrificios del templo. Pues bien, como judíos, ¿qué pudieron ellos entender por el “llamamiento celestial”? Seguramente cualquier cosa menos “llamamiento para vivir en el cielo”. Recordemos que Jesús vino a confirmar las promesas hechas a los padres a los Judíos—no a cambiarlas por una promesa de naturaleza cósmica, celestial, fuera de esta tierra. Los judíos en general, y en especial los mesiánicos, esperaron la venida o la restauración del reino de David en Jerusalén (Hechos 1:6).

 

Es interesante descubrir que en la Biblia no aparece algo así como: “el llamamiento terrenal” para los judíos, y otro “celestial” para la iglesia. El “llamamiento celestial” es general, para todos los santos (hebreos y gentiles conversos—Hebreos 3:1). Dios nos ha llamado para ser santos, apartados, y consagrados a él con fidelidad.

 

Pregunta #13:

¿Pero cómo se explica 1 Pedro 5:10, donde el apóstol Pedro dice que Dios nos “llamó a su gloria eterna”?

 

Respuesta:

Nueva nos preguntamos: ¿Es sinónimo de cielo la gloria eterna? No lo creemos. Veamos algunas razones: El apóstol Juan dice en Apocalipsis 12:10, lo siguiente: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo…  Esta es una profecía que anuncia la llegada del reino mesiánico, pero: ¿qué tiene que ver este reino mesiánico con la gloria eterna? Es simple. La gloria eterna está asociada con el reino eterno, pues ambos vienen juntos. Veamos un texto bíblico crucial: 1 Tesalonicenses 2:12. Este pasaje paulino dice muy claramente: “y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria”.  Aquí vemos la estrecha relación entre reino y gloria. Juan dice que “ahora” ha venido …el reino de nuestro Dios”, lo que quiere decir que “ahora ha venido… la gloria de nuestro Dios”. La gloria del reino mesiánico será muy evidente en el reinado milenario de Cristo (ver Ezequiel 39:21; Hageo 1:7; Isaías 66:18; Salmos 145:11).

 

Y finalmente, es interesante notar que tanto el reino como la gloria son “eternos” (comparar 1 Pedro 5:10 y 2 Pedro 1:11). Reino y gloria son evidentemente sinónimos. Entrar en la gloria eterna es entrar en el reino eterno y viceversa. Y finalmente, vayamos a los versículos 1 y4 del texto de la pregunta en cuestión: “…que soy también participante de la gloria que será revelada. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”. Es claro que nuestra gloria la recibiremos cuando Cristo aparezca en su segunda venida a la tierra y no en el cielo.

 

Pregunta #14:

El escritor del libro a los hebreos dice— en el capítulo 11 y verso 40— lo siguiente: “Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros”. ¿no significa esto que la iglesia recibirá un premio celestial, y los hebreos otro terrenal? 

 

Respuesta:

No parece posible, pues el escritor a los Hebreos (probablemente Pablo) les escribe a judíos y no a gentiles convertidos.  ¿Acaso el escritor está diciendo que los Judíos, al contrario, tendrán un destino celestial y la iglesia uno terrenal? Por qué tendría que ser el cielo cuando se dice:  alguna cosa mejor”? No hay sustento bíblico para decir que “alguna cosa mejor” sea el cielo— Definitivamente no lo hay! Pero si el escritor se refería al destino celestial cuando hablaba de “alguna cosa mejor”, ¿por qué no lo dijo claramente? Los doctos en la Biblia afirman que “alguna cosa mejor” son las mejores promesas que vienen del nuevo pacto que Dios hizo con los Cristianos a través del sacrificio y resurrección de Jesús.  Pero lo cierto es que el escritor les estaba diciendo a los Judíos que los cristianos tenían un mejor pacto que los perfeccionaba de verdad, y por tanto, no sería justo que los Judíos del Viejo Pacto fueran resucitados  o perfeccionados antes que la iglesia.

 

Pregunta #15:

¿No dice Pablo en Colosenses 3:1-3 que “Busquemos y pongamos la mira en las cosas de arriba?” ¿Acaso no quiere decir esto que debemos anhelar el cielo como nuestra futura residencia permanente?

 

Respuesta:

Nuevamente no encontramos ninguna razón para concluir que en este texto se nos está enseñando que iremos al cielo, o que miremos al cielo como nuestra residencia permanente. Lo que más bien Pablo dice es que busquemos y miremos las cosas de arriba. Esto querría decir que busquemos las cosas que son del cielo o de Dios y que son permanentes o eternas.

 

Todos los estudiantes de la Biblia sabemos que en el cielo también hay cosas gloriosas, como es la ciudad santa, o la casa del Padre (Juan 14:2). También Pablo escribió sobre “el tabernáculo verdadero” construido por Dios y no por los hombres (Hebreos 8:2; 9:11). También se nos habla del santuario celestial, el templo celestial, etc. ¡Pero todos ellos estarán en la tierra! (Apocalipsis 21:2-4).

 

También el reino de Dios y su justicia es algo de arriba, de Dios, y que igualmente debemos “buscar” primeramente, o antes que nada (Juan 6:33). ¡Pero este reino vendrá a la tierra igualmente! (Mateo 6:10, 2 Timoteo 4:1).

 

Pregunta #16:

¿Pero no dice Pablo que nos habemos acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, en Hebreos 12:22?

 

Respuesta:

Este pasaje tampoco es prueba indiscutible de que iremos al cielo con nuestros cuerpos inmortalizados, después de haber resucitado, o incluso antes, a través de nuestras supuestas “almas inmortales”. Yo creo que Pablo, el supuesto escritor de esta carta, estaba hablando de que Cristo hizo posible que entremos directamente al trono de la gracia por su intermedio, siendo él nuestro único Sumo Sacerdote. Esto lo vemos claramente en los capítulos anteriores (ver especialmente 10:19-22. Este último verso 22 nos dice que AHORA nos podemos “acercar” al lugar santísimo (en el cielo) por los méritos de Jesús. Esto no ha de tomarse literalmente como si realmente voláramos al cielo para entrar al lugar santísimo, sino en un sentido espiritual. Creo que el texto de Hebreos 12:22 debe interpretarse a la luz de Hebreos 10:10-22.

 

Pregunta #17:

¿No le ofreció Jesús al “buen ladrón” el paraíso? (Lucas 23:43). Además, ¿No dijo Pablo que fue arrebatado al “tercer cielo” donde vio el paraíso ofrecido al ladrón (2 Corintios 12:2-4)?¿No es lógico concluir que el cielo está el paraíso de los salvos?

 

Respuesta:

Si, Pablo habló que vio el paraíso en el tercer cielo estando “fuera del cuerpo”. Ahora bien, Pablo no dijo que el tercer cielo era el paraíso. Podría ser, pero no necesariamente Es cierto que él dijo haber sido arrebatado al tercer cielo y al paraíso como si fueran expresiones sinónimas. Pero como veremos más adelante, en el tercer cielo hay un paraíso que tiene singularidades. Veamos cuáles son:

 

1.- San Juan escribe del paraíso, así: “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7)- Entonces, en medio del paraíso de Dios hay un árbol de la vida muy singular.

 

2.- El mismo apóstol Juan escribe además en Apocalipsis 22:2 algo sumamente interesante: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos….para la sanidad de las naciones”.  Aquí Juan revela una ciudad, y en medio de ella está el árbol de la vida. No obstante, en el capítulo 2 y verso 7, él había escrito que ese árbol de la vida estaba en medio del paraíso. ¿Qué podemos concluir entonces? Creo que paraíso y ciudad santa son lo mismo. Si el árbol de la vida está en medio del paraíso y en medio de la ciudad santa, es obvio pensar que el paraíso, la ciudad, y probablemente también “el tercer cielo”,  sean sinónimos.

 

Ahora bien, ¿acaso la ciudad santa se quedará inamovible en el tercer cielo para que nosotros la ocupemos cuando supuestamente volemos para allá? De ningún modo, pues dice en el mismo libro de Apocalipsis 21:2,3 que la santa ciudad (o paraíso) desciende a la tierra. Claramente dice el pasaje así: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido…” Será entonces cuando los creyentes tendrán acceso a ella, pues dicen los versos 14 y 15 así: “Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad. Mas los perros estarán afuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”.

 

Si el “tercer cielo” es sinónimo de paraíso y ciudad santa, entonces sería válido decir que nosotros tendremos una esperanza de entrar al “tercer cielo” o simplemente “entrar al cielo”. En cierto modo estaríamos entrando al cielo mismo, puesto que estaremos entrando a “cosas o lugares celestiales” con Cristo— ¡en la tierra!. (Efesios 2:6).

 

Pregunta #18:

¿No escribe Juan en Apocalipsis 3:21 que nos sentaremos en el trono de Cristo?¿Acaso no está el trono de Cristo en el cielo?¿Acaso no está ahora sentado en él nuestro Señor Jesucristo, y a la diestra del Padre, según consta en Hebreos 10:12? Si este es el caso,¿no significa que nos sentaremos en el trono de Cristo en el cielo?

 

Respuesta:

En el cielo sólo existe un trono para Dios, el Padre. Honestamente no encontramos un segundo trono destinado para Cristo en el cielo. Es cierto que Jesús está sentado a la diestra del Padre, pero eso no significa que él también tenga un trono en el cielo. Tal vez “sentarse en el trono de Dios” quiera decir estar en la presencia de Dios o en su corte, o bien, que Cristo esté sentado en el mismo trono de su Padre, a Su lado derecho (¿tal vez un trono para dos personas?). Aunque aparecen 24 tronos más, éstos no son para 24 dioses, sino para los 24 ancianos. Es raro, pues, que no se mencione un trono para Jesucristo en el cielo fuera del que tiene Su Padre. Los 24 tronos, de los 24 ancianos, rodean al único trono—no a dos tronos—donde se sienta Dios (ver Apocalipsis 4:4). Esto sería raro si es que hubiesen dos tronos principales en la corte celestial.

 

Pero lo que si es seguro es que Cristo tendrá su trono propio en la tierra, y ese será el trono de David Su Padre (Lucas :32,33). Además, este trono será ocupado por Cristo sólo cuando él regrese a este mundo por segunda vez (Mateo 25:31,34).

En Salmos 122:4,5 se nos dice, además, que en Jerusalén están los tronos de los hijos de David, lo que significa que el trono de Cristo y de sus santos estarán en la tierra.

 

Pregunta #19:

¿Pero acaso Juan no ve en el cielo, frente al trono y frente al Cordero,  a los 144,000 Hebreos y a la gran multitud gentil? (Apocalipsis 7:4-17).

Respuesta:

La visión de la gran multitud frente al trono y del Cordero de Apocalipsis 7 se refiere a la venida de la Nueva Jerusalén a la tierra después del milenio. Nótese el capítulo 7 y verso 15 que dice: “Dios…extenderá su tabernáculo sobre ellos” y compárese con el capítulo 21:3: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres…”. Este capítulo 21 se refiere a la venida de la ciudad santa después del milenio! Una prueba adicional de que Apocalipsis 7:4-17 se refiere a la etapa post milenaria (cuando haya ya bajado la ciudad santa) la encontramos comparando Apocalipsis 7:17 que dice: “y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” con Apocalipsis 21:4 que dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos…”. ¡Obviamente la misma promesa!

 

Pregunta #20:

En Mateo 6:19,20 Jesús dice que no hagamos tesoros en la tierra, sino en el cielo. ¿No es esto prueba suficiente de que viviremos en el cielo?.

 

Respuesta:

Aquí Jesús no está diciendo o prometiendo el cielo para los que “atesoran tesoros en el cielo”. Lo que más bien dice Jesús es que nuestro corazón debe estar puesto en los intereses de Dios para ganar la eternidad. En el verso 21 Jesús sigue diciendo: “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”. Nuestro corazón debe estar en el cielo, en las cosas de Dios. Jesús dio importancia a hacerse rico para con Dios, haciendo buenas obras (Lucas 12:21, 1 Timoteo 6:18). Santiago muestra cómo serán castigados aquellos que acumularon riquezas materiales en la tierra, y que han vivido a espaldas de Dios y de sus semejantes (Santiago 5:3).

 

Pregunta #21:

¿No dice Pablo que tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos…deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial? (2 Corintios 5:1,2).

 

Respuesta:

En este pasaje encontramos que Pablo habla de ser “desnudado” para tomar nuestra habitación celestial. ¿Se estará refiriendo aquí Pablo como la “habitación celestial” al “cuerpo celestial” que obtendrá en la resurrección? (1 Corintios 15:40,44).  ¿O tal vez Pablo está hablando de su supuesta “alma inmortal” que anhela partir al cielo para residir en su habitación celestial con Cristo en la casa el Padre? Veamos los hechos: ¿Estaba deseoso Pablo de morir para estar con Cristo en el cielo, dejando atrás su cuerpo mortal y perecedero? Muchos teólogos piensan que sí. Este es de hecho el único texto complejo que requiere una interpretación  a la luz de otros pasajes paulinos.

 

Si creemos que Pablo está hablando del deseo suyo de partir al cielo, abandonando el cuerpo físico, nos encontraremos con algunos problemas: Primero, que los salvos van subiendo al cielo para estar con Dios según vayan  muriendo. Esto significaría que Juan el Bautista—por citar sólo un caso— partió al cielo antes que Jesús, las primicias.  En el caso de Jesús, debemos suponer que él mismo debió ascender al cielo cuando estuvo muerto durante esos 3 días y 3 noches,  pero no fue así. Recordemos que el Jesús resucitado le dijo a María que no lo tocara porque aún no había subido al Padre (Juan 20:17)? Por tanto, si Jesús no subió al Padre inmediatamente después de morir, ¿cómo pudo haber estado Cristo con el “buen ladrón” en el cielo cuando murieron ambos? Y si el fiel Lázaro había partido al cielo para estar con Dios y sus ángeles, ¿Por qué Jesús no consoló a María y a Marta diciéndoles que su hermano Lázaro estaba en una mejor estado de bienaventuranza en el cielo?¿Por qué tanta amargura y desconsuelo por parte de las dos hermanas de Lázaro, si de hecho existía la creencia de que los creyentes cristianos difuntos estaban en un estado de gloria y bienaventuranza en el cielo?

 

Si Pablo creía realmente que iría al cielo inmediatamente después de morir, ¿por qué él mismo dijo en otra ocasión: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mi, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8)?. Aquí Pablo habla que recibirá su corona “en aquel día” (¿el día de su partida o muerte, o en el día de la parusía?). Según el contexto, Pablo hablaba de la manifestación de Cristo (v.1), y lo repite en el verso 8 como venida (parusía). Entonces parece claro que Pablo recibiría su premio o corona, no en el día de su muerte, sino en el día de la venida o manifestación de Cristo al mundo. Esto concuerda con 1 Pedro 5:4, donde Pedro afirma que los creyentes recibirán sus coronas cuando Cristo regrese al mundo para resucitar a sus seguidores leales.  Si pensamos aún que Pablo recibiría su premio en el momento de su muerte, ¿por qué el mismísimo Pablo se expresa de la muerte como un enemigo del hombre y de Cristo en 1 Corintios 15:26? En el caso de él, la muerte debió ser un amigo que lo llevaría al cielo… ¡y no un enemigo!

 

Al profeta Daniel— un siervo fiel de Yahweh—le dijo Dios mismo que él descansaría (moriría) y resucitaría al fin de los días para recibir su recompensa o heredad (Daniel 12:13). En ningún momento Dios le había dicho que al morir él iría al cielo para recibir su “heredad celestial” o que su alma moraría en el cielo hasta el día de la resurrección de los fieles.

 

 

Pregunta #22:

En Hebreos 11:13-16 se nos dice que los fieles del Antiguo Testamento eran “extranjeros y peregrinos sobre la tierra”, pues buscaban una “patria celestial”, pues Dios les había preparado una ciudad. ¿No es todo esto prueba suficiente de que los fieles vivirán en el cielo?.

 

Respuesta:

 

Es cierto que los fieles hebreos eran “extranjeros y peregrinos” en la tierra prometida. Nótese el contraste que hace el autor de esta carta cuando dice “aquella tierra donde salieron” con aquella “a la que llegaron”. Ellos eran extranjeros y peregrinos en la tierra prometida—morando en tiendas (v.9)— ¿Por qué? ¡Porque esperaban una ciudad o patria celestial! (ver verso 10). Nótese que no se dice que ellos esperaban ir o subir a la ciudad o patria celestial, sino que esperaban la ciudad o patria celestial.  Esto es muy sugestivo, pues indicaría que ellos esperaban que primero bajara la ciudad celestial a la tierra prometida. Esto no es imposible, pues en mismo escritor de Hebreos añade un poco más adelante: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR” (Hebreos 13:14).

 

 

 

Más sobre el reino de Dios en la tierra en:

www.elevangeliodelreino.org

www.yeshuahamashiaj.org (inglés y español)

 

 

 

Tim Warner 

 

¿Se ha preguntado usted de dónde vino esa idea de que viviremos una eternidad en el cielo si somos Cristianos? ¡Positivamente no de los Judíos ni del Cristianismo del Nuevo Testamento! En el Antiguo Testamento no encontramos ese concepto o promesa en ninguno de sus libros que son 39. Como vimos en el artículo previo  (El Reino según Jesús), ella no vino de la enseñanza de Jesús, y por lo tanto, no pudo haber sido parte del Evangelio que Jesús ordenó despachar a todo el mundo. La esperanza de los creyentes según lo dictado por Jesús era el Reino de Dios, el cual vendría aquí, a la tierra, en Su Segunda Venida (Parusía).  

 

La teoría dispensacionalista tradicional sostiene que el “destino celestial” era parte del misterio que Pablo reveló a los gentiles. Pero Pablo se ciñó estrictamente a lo que Jesús enseño, y su evangelio era el evangelio de Su Señor. Así él lo sostuvo muy claramente en varias ocasiones. Y es un hecho que los dispensacionalistas no tienen un texto claro y definitivo que apoye su creencia del cielo para los salvos

 

Se sabe que la creencia de un destino celestial era común en el primer siglo entre los paganos que estaban entrenados en la filosofía griega. Esta idea entró en el Cristianismo después de la muerte de los Apóstoles, de manera gradual, a través de la incorporación de elementos de Gnosticismo. Los Gnósticos enseñaron que la materia era mala, y la creación, un error, hecho por un dios de menor grado que buscó encarcelar a la humanidad en cuerpos físicos, y que exige su culto. La forma “cristiana” del Gnosticismo sostuvo que Jesús vino del Dios supremo a la humanidad para liberarla de este reino físico malo en que él había sido entrampado por el “dios menor’ al cual los judíos le rindieron culto. La misión de Jesús, según los Gnósticos era mostrar a la humanidad el camino a una realidad celestial más alta. la Salvación sería lograda a través de los niveles o grados de ‘gnosis’ (la palabra griega para ‘conocimiento’). A través del logro del conocimiento sobrenatural de varios ‘misterios’, los convertidos suponían que progresaban a través de los niveles (ayudados en el camino por ciertos guías espirituales) hasta que uno alcanzara ‘el pleroma’, la versión gnóstica del ‘cielo’. Puesto que el mundo material era malo, los gnósticos negaron también la resurrección del cuerpo. Siendo Librados de las ataduras de la tierra, y del cosmos material, ellos creían que podrían volar a los cielos —Esta era la esperanza de los Gnósticos. 

 

Justino Mártir, un escritor cristiano ortodoxo que vivió en el segundo siglo de Era Cristiana, y que fuera martirizado por Marco Aurelio por su fe, se opuso firmemente a los herejes que promovían el concepto del ‘destino celestial’. Para los primeros Cristianos, la resurrección física del cuerpo tenía como fin de que los cristianos pudieran reinar en el reino terrenal físico de Cristo, y ésta era la Fe ortodoxa transmitida por los Apóstoles de manera clara.  En uno de sus diálogos con el Judío Trifo, Justino le dice:

 

“Es más, yo le señalé a usted que algunos que son llamados Cristianos, pero que son herejes ateos, impíos, enseñan doctrinas que son en todos los sentidos blasfemas,  ateístas, y tontas. Pero para que usted pueda saber que yo no digo esto ante usted solamente, yo he preparado una declaración, hasta donde yo he podido llegar, de todos los argumentos que han pasado entre nosotros; en donde yo deberé anotarme a mi mismo como que admito las mismas cosas que yo le estoy admitiendo a usted. Porque yo escojo no seguir a hombres, o a doctrinas de hombres; sino a Dios y a las doctrinas entregadas por Él. “Porque si tú te has encontrado con algunos a los cuales efectivamente se les llama cristianos, y no sostienen estas opiniones, sino que incluso se atreven a blasfemar al Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, y dicen que no hay resurrección de los muertos, sino que las almas, cuando mueran,  son recibidas en el cielo, cuídate de no atenderlos. Pero yo, y todos aquellos cristianos que son realmente genuinos, saben efectivamente que habrá una resurrección del cuerpo” [“Diálogo con Trifo, el Judío” LXXX].

 

 

Los Cristianos ortodoxos del Primer Siglo definitivamente continuaron esperando la esperanza Judía del Reino Milenario, y la resurrección del cuerpo para reinar en el Reino físico de Cristo, como el destino de todos los salvos [1].  

 

Ireneo era el pastor de la iglesia en Lyons, Galo, un estudiante de Policarpo, el discípulo de Juan, y un mártir de la Fe. Él hizo de la refutación de las sectas Gnósticas el trabajo de su vida, con sus ideas del ‘destino celestial’ y su rechazo a la resurrección del cuerpo. Ireneo escribió cinco volúmenes llamados, Contra las Herejías. En su quinto volumen, Ireneo refutó sólidamente la idea Gnóstica de un destino celestial, demostrando que la esperanza de los salvos es el Reino de Dios en la tierra, y la resurrección del cuerpo para reinar con Cristo.  

 

“Y de nuevo él dice, “Permítale que se lo lleven, para que él no vea la gloria de Dios.” Y cuando estas cosas sean hechas, él dice, “Dios removerá lejos a los hombres, y aquellos que quedan se multiplicarán en la tierra.” “Y ellos construirán casas, y las habitarán: y plantarán viñas, y comerán de ellas.” Porque se hablaron todas éstas y otras palabras indiscutiblemente en referencia a la resurrección del justo que toma lugar después de la venida de Anticristo y de la destrucción de todas las naciones bajo su gobierno; en [los tiempos] la cual [la resurrección] el virtuoso reinará en la tierra… y a través de Él se acostumbrarán a participar en la gloria de Dios el Padre, y disfrutarán en la comunión del reino y en la comunión con los santos ángeles, y en unión con los seres espirituales; y de aquellos a quienes el Señor encontrará en la carne, esperándolo del cielo, y que han sufrido la tribulación, así como también han escapado de las manos del Maligno. … Ahora todas estas cosas estando tal como ellas son, no puede entenderse en referencia a las materias supercelestiales; “porque Dios”, se dice, “mostrará a toda la tierra que está bajo el cielo su gloria”. Pero en los tiempos del reino, la tierra ha sido llamada de nuevo por Cristo [a su condición prístina], y Jerusalén reconstruida según el modelo de la Jerusalén de arriba de la cual el profeta Isaías dice, “He aquí, yo he delineado sus paredes bajo  mis manos, y tu arte está siempre en mi vista” (Ireneo, Contra las Herejías, Lb. V, cap. XXXV).  

 

Las únicas ideas  ‘celestiales’ que ellos tenían se relacionaron a una serie de niveles de recompensas en el Milenio. Ireneo sostuvo que la Nueva Jerusalén descenderá del cielo, y que los santos más dignos habitarán esta ciudad (al parecer sobrevolando en el cielo {los cielos}). Otros habitarán la ciudad terrenal de Jerusalén, así como la tierra paradisíaca (después de que sea restaurada). Sin embargo, todos serían una parte de este Reino, y Cristo sería visto ambos en la Nueva Jerusalén y en la tierra. [2] Él vio el Milenio como preparatorio para la morada final donde la Nueva Jerusalén se establecería abajo en la tierra, después de su renovación completa al final del Milenio.   

 

“Ya que es Dios en verdad quien levanta al hombre, así también verdaderamente el hombre se levanta de la muerte, y no alegóricamente, como yo he mostrado repetidamente. Y así como él realmente se levanta, así también él debe realmente ser disciplinado de antemano para la incorrupción, e ir adelante y florecer en los tiempos del reino, para que él pueda ser capaz de recibir la gloria del Padre. Entonces, cuando todas las cosas son hechas nuevas, él morará de verdad en la ciudad de Dios. Porque está dicho, “Él que se sentó en el trono dijo, He aquí, yo hago todas nuevas todas las cosas. Y el Señor dice, Escribe todas estas cosas; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y Él me dijo, Están hechas”. Y ésta es la verdad de la materia”. (Ireneo, Contra las Herejías, Lb.V,  Cap V.. XXXV)  

 

Aunque el Gnosticismo mismo era en gran parte purgado de la Iglesia por los apologistas cristianos tempranos, como Justino, Ireneo, e Hipólito, ciertos elementos sutiles del pensamiento Gnóstico permanecían en algunos cuartos, particularmente en Alejandría y Egipto. La hermenéutica central de Gnosticismo, la interpretación alegórica, sobrevivía y encontró un asilo con los escritores Alejandrinos, Clemente y Orígenes. Debido a la influencia de la escuela de Alejandría, la esperanza Milenaria fue gradualmente desplazada completamente a medida que la filosofía griega continuó invadiendo a la Cristiandad en una forma mucho más sutil. La doctrina de cielo, como el destino final, empezó a penetrar en la corriente principal de la Cristiandad tarde en el segundo y tercer siglos gracias mayormente a la amplia influencia de los escritos de Orígenes. Él hizo un uso liberal del método alegórico de la interpretación profética. Orígenes vio la existencia física en este planeta sólo como una desviación temporal en una existencia espiritual mística [3]. La creación física, mientras que no sea ‘mala’ como los Gnósticos abiertos imaginaron, fue considerada un aula temporal para la humanidad a través de la cual él vendría a ser más maduro hasta que ya no necesite más el reino físico como su tutor. Nuestra existencia terrenal en el reino físico era una especie de interacción con cosas físicas que se entendían como ilustraciones de realidades espirituales [4]. Para abreviar, nosotros todos estamos viviendo en un arroyo continuo de parábolas. La idea es, aprenda la lección de la parábola física, y entonces usted estará listo para despojarse de lo físico y vivir en el reino espiritual en el cielo. Consecuentemente Orígenes no vio la necesidad para una resurrección del cuerpo, y se opuso a la opinión ortodoxa del Reino Milenario físico. Las opiniones de Orígenes ganaron un poco de popularidad entre la Iglesia temprana, pero ciertamente no la acogida al por mayor. Muchos de los obispos lo consideraron un hereje. Debajo hay una cita de Orígenes, perfilando su esquema ‘celestial’:  

 

“… cuando, a pesar de todas las cosas hayan sido sujetados a Cristo, y a través de Cristo a Dios (con quien ellos también formaron un espíritu, con respeto de espíritus que son las naturalezas racionales), entonces la propia sustancia corporal que también se une a los más puros y excelentes espíritus, y siendo cambiados dentro en una condición etérea en proporción de la calidad de los méritos de aquellos que lo asumen (según las palabras del apóstol, “Nosotros seremos cambiados”), brillará en el esplendor; o al menos que cuando la forma de esas cosas que se ven pasen, y toda la corrupción haya sido despojada de uno y se haya purificado, y cuando el todo el espacio ocupado por este mundo en donde las esferas de los plantea se dicen que están, se hayan dejado atrás y debajo, entonces se alcance la morada señalada del pío y del bueno situada arriba de esa esfera que se llama no-errante, como en una tierra buena, en una tierra de los vivientes que será heredada por el manso y el humilde;  aquella tierra que pertenece a ese cielo (que, con su mayor extensión magnificente, rodea y contiene esa tierra misma) que es llamada verdaderamente y sobre todo cielo, en donde el cielo y tierra, el fin y la perfección de todas las cosas, pueden ser localizadas seguramente y más confiadamente – donde, a saber., éstos, después de su aprehensión y su castigo por las ofensas que ellos han experimentado por vía de la purgación, pueden, después de haber cumplido y descargado cada adeudamiento, merecer una habitación en esa tierra; mientras que aquellos que han sido obedientes a la palabra de Dios, y se  han mostrado, de aquí en adelante por su obediencia,  capaces de la sabiduría, se dice que merecen el reino de ese cielo; y así la predicción es cumplida más merecidamente, Bendito son los mansos, porque ellos heredarán la tierra;” y, Bendito son los pobres en el espíritu, porque ellos heredarán el reino de los cielos; ” y la declaración en el Salmo, “Tú los exaltarás, y ellos heredan la tierra.” Porque es llamado un descenso a esta tierra, excepto una exaltación a aquello que está en lo alto. De esta manera, por consiguiente, parece que una especie de camino se abre para la salida de los santos de esa tierra a esos cielos; de modo que ellos no parezcan tanto que moran en esa tierra, como que habitan con una intención, es decir., para pasar adelante a la herencia del reino de cielo, cuando ellos también hayan alcanzado ese grado de perfección.” (Orígenes, De Principis, Lb. II, Cap. 4)  

 

El lector perspicaz no dudará de recoger  la mención de Orígenes de un ‘purgatorio’ en preparación para esta morada celestial. Uno puede ver claramente en las ideas de Orígenes lo que pronto se volvió el dogma Católico Romano oficial.  

 

“Y así también a aquellos que merecerán obtener una herencia en el reino de cielo, ese germen de la restauración del cuerpo que nosotros hemos mencionado antes, por la orden de Dios restaura del cuerpo terrenal y animal uno espiritual, capaz de habitar los cielos; mientras a cada uno de aquellos que pueden ser de mérito inferior, o de condición más vil, o incluso el más bajo en la escala, y en conjunto empujados a un lado, es allí todavía dada, en proporción a la dignidad de su vida y alma, una gloria y dignidad del cuerpo, —no obstante que incluso el cuerpo que se levanta de nuevo de aquellos que serán destinados al fuego eterno o a los castigos severos, es por el mismo cambio de la resurrección tan incorruptibles, que no pueden ser corrompidos y disueltos e incluso por los severos castigos”. (Orígenes, De Principis, Lb. II, Cp. 10)  

 

Como usted puede ver, Orígenes admite una resurrección del cuerpo para los no salvos, de modo que ellos puedan sufrir el tormento de condenación. Pero, para el ‘salvo’, él previó una existencia espiritual (similar a los gnósticos), y un destino celestial (como creían los Gnósticos). En la cita siguiente, se vuelve mucho más claro de dónde proviene ‘el destino celestial’ del dispensacionalismo.  

 

“Por cual razón, ahora, que nosotros también podemos ver de una verdad de que todas las doctrinas de los Judíos del día presente son meras bagatelas y fábulas, ya que ellos no tienen la luz que procede del conocimiento de las Escrituras; en tanto que aquellas de los Cristianos son la verdad, teniendo el poder para levantar y elevar el alma y el entendiendo del hombre, y para persuadirlo a buscar una ciudadanía, no como los judíos terrenales, aquí abajo, sino en el cielo.” (Orígenes, Contra Celso, Lb. II, Cap.. V)  

 

Las ideas de Orígenes estaban en oposición directa a los escritores ortodoxos más tempranos, Justino e Ireneo. Mientras Justino llamó herejes a los así llamados ‘Cristianos’ abandonaron la idea judía de un Reino físico terrenal de Dios, Orígenes llamó la idea de un Reino terrenal  ‘fábulas.’ Él creyó que la esperanza de un Reino físico era absurda, y también negó la resurrección del cuerpo para los salvo, lo mismo que los Gnósticos.  

 

En el cuarto siglo, Agustín de Hipona tuvo más éxito popularizando la idea del destino celestial, mientras que lo hacía una doctrina Cristiana principal (Católica). Él tendió hacia la interpretación alegórica de Orígenes, pero entonó el sistema para hacerlo menos inaceptable al cristianismo ortodoxo [5]. Como Orígenes, Agustín admitió la resurrección del cuerpo. El concepto de destino celestial era una grapa del punto de vista amilenial que creció de los métodos alegóricos de Orígenes y Agustín de interpretación de la Escritura.  

 

“Agustín procede a una elección especial de un pueblo de Dios de una masa corrupta y condenada; y sigue su historia en dos líneas antagónicas, y termina en el contraste dualístico de un cielo eterno para el elegido y un infierno eterno para el réprobo…” (Philip Schaff, Prologue a La Ciudad de Dios)  

 

El Retorno Parcial de Dispensacionalismo Tradicional a la Fe Antigua 

 

El Dispensacionalismo tradicional surgió originalmente de un retorno al pre-milenialismo futurista. Haciendo así, lanzó fuera algunos de los conceptos de Agustín sostenidos por el Catolicismo Romano y los Reformadores, particularmente con respecto a Israel. La objeción principal que los dispensacionalistas tempranos tenían era la alegorización de las profecías del Antiguo Testamento relacionado a Israel. Pero, parece que ellos realmente no desafiaron las ideas amilenarias con respecto al destino celestial de la Iglesia. Este abandono parcial de las opiniones de Agustín presentó una paradoja para ellos – ¿cómo reconciliar un Reino físico prometido a Israel con la idea de un destino celestial para los salvos?.  

 

La solución inventada por los dispensacionalistas tempranos era un tipo de ‘dicotomía’ (la división absoluta) entre el programa del Antiguo Testamento que fue visto como Judío y terrenal y un programa del Nuevo Testamento para la Iglesia que se vio como celestial.  

 

Tomando el método ‘dicotomico’ para resolver el aparente conflicto entre los programas del Antiguo y Nuevo Testamentos es realmente nada nuevo. Enfrentado con un Dios en el Antiguo Testamento que parecía tener un programa, y un Dios en el Nuevo Testamento que parecía tener un programa completamente diferente, las sectas Gnósticas tempranas imaginaron que el Dios de Israel no era el mismo Dios Padre a quien Jesús proclamó, sino un dios menor. [6] Ellos visualizaron una total ‘dicotomía’ entre el Dios de Israel con Su programa ‘carnal’ (físico – que ellos llamaron ‘animal’), y el Padre que Jesús proclamó, quien tenía un programa mental mucho más celestial (espiritual) para aquellos que tenían el conocimiento (la gnosis) del misterio. [7] Los seguidores de Marción (una de las sectas del Gnosticismo bien conocidas) fue tan lejos como para afirmar que solo Pablo recibió la revelación del “misterio”, no previsto en el Antiguo Testamento, o revelado a los otros Apóstoles. [8]  

 

Una de las tácticas de Ireneo en la refutación a los Gnósticos era ilustrar la continuidad entre los programas del Antiguo y Nuevo Testamentos. Él hizo esto citando la profecía del Antiguo Testamento cumplida en la Iglesia (es decir, profecía específica sobre esta dispensación del presente), y citando pasajes del Nuevo Testamento que unen a la dispensación presente con la pasada. [9] Él también apeló al acuerdo entre la profecía del Antiguo Testamento y la profecía del Nuevo Testamento con respecto a la escatología. [10] Él demostró con muchas citas de la Escritura que las Escrituras Apostólicas acerca de la Iglesia estaban en alineación perfecta, e incluso dependía en la meta de profecía del Antiguo Testamento con respecto a Israel. La meta de ambos Testamentos era la misma, y el destino de los redimidos de ambos Testamentos era una esperanza horizontal, el Reino Milenario de Cristo en la tierra, no una esperanza vertical, ascendiendo al cielo. [11] El ‘misterio’ no se vio como una edad de la Iglesia entre paréntesis sino el plan oculto entero de Dios para redimir a la humanidad a través del sacrificio expiatorio de Cristo y el Evangelio que se proclama a las naciones. Estaba oculto dentro de las Escrituras del Antiguo Testamento, y revelado por Jesús y los Apóstoles. [12] Por consiguiente en la mente de Ireneo, un Dios estaba actuando recíprocamente con el hombre a través de un solo programa, y la Iglesia consistió de todos los redimidos. El plan desplegado de Dios para la salvación de la humanidad era manifestado a través de una serie de dispensaciones progresivas, según Ireneo. [13] Esta era la Fe ortodoxa de todas las iglesias locales en el segundo siglo, desde Alemania a Libia, desde la Francia a Egipto. Y era la tradición transmitida por la sucesión de “fieles hombres”, los ancianos de las iglesias fundadas por los Apóstoles. [14]  

 

El ‘chiliasmo’ (milenarismo) de la Iglesia Cristiana ortodoxa temprana no supo nada de un ‘destino celestial’ para la Iglesia distinto del programa de Dios para Israel. La esperanza de los Cristianos tempranos era idéntica a la de los Patriarcas, los Profetas, y todos los santos de Hebreos once, una herencia en el próximo Reino físico de Dios en la tierra. La ‘Iglesia’ fue visto como todos los redimidos  de cada dispensación. Aunque la mayoría no pueda estar consciente de esto, el dispensacionalismo progresivo es mayormente un retorno al pre-milenarismo básico de la Iglesia ortodoxa temprana. Darby arrojó fuera algo del pensamiento de Agustín predominante en el Protestantismo, particularmente donde involucra a la nación de Israel. Pero, es mi creencia personal que él no fue lo bastante lejos, y continuó cobijando pensamientos ‘místicos’ con respecto a la Iglesia, iniciado por los Gnósticos, afinados  por Orígenes, y convertido en predominante por Agustín. Darby debió haber regresado completamente a la manera de la teología Apostólica hallada en aquellos que tenían una unión personal a la tradición oral Apostólica, como Justino, Ireneo, e Hipólito. Él debió haber abandonado la idea del ‘destino celestial’ de los Gnósticos, Orígenes, y Agustín, y abrazar el ‘chiliasmo’ transmitido a la segunda generación de Cristianos por los Apóstoles. En cambio, él entró en la misma trampa como los Gnósticos 1500 años antes, e imaginó una dicotomía entre el programa del Antiguo Testamento para Israel y el programa del Nuevo Testamento para el ‘la Iglesia.’  

 

Las notas: 

[1] Chadwick, Henry. La Iglesia Temprana. El pingüino Reserva, pp.77,78,83 

[2] Irenaeus, Contra las Herejías, Bk. V, el ch. XXXV,XXXVI 

[3] Chadwick, p.104, 

[4] Orígenes, De Principis, Lb. II, Cap. XI 

[5] Schaff, Phillip. Los Padres post Nicenos, Vol. 2. el Prólogo a Agustín es La Ciudad de Dios. p.5 

[6] Ireneo, Contra las Herejías, Lb. I,  Cap.. XXIV, 2,4, 

[7] el ibid, Lb. I, Cap.. VI, 1-2, 

[8] el ibid, Lb. III, Cap.. XIII, 1, 

[9] el ibid, Lb. I,  Cap. X, 3, Lb III, Cap.XII, Lb. IV, Cap. VIII, IX-XII, XXI-XXV, 

[10] el ibid, Lb. V, Cap.. XXV-XXVI 

[11] el ibid, Lb. V, Cap.. XXXII – XXXV 

[12] el ibid, Lb. III, Cap. XII, 9, Lb. IV, Cap. IX, 3, Frag. XXXVI 

[13] el ibid, Lb. IV, Cap IX, 3, Cap. XXVI 

[14] el ibid, Lb. I, X,  

 

www.elevangeliodelreino.org

 

 

Estimados amigos y detractores que visitan mi blog “Apologista Unitario” regularmente:

Según  mis cálculos, este fin de semana alcanzaremos las 400,000 visitas, lo cual nos alegra muchísimo y lógicamente nos alienta a seguir adelante en nuestra tarea evangelizadora. Esta acogida nos dice simplemente que estamos impactando grandemente con nuestros temas o mensajes que ya alcanzan la cifra de 2000 en tan sólo 19 meses (año y medio) de existencia de nuestro blog. Esto equivale a un promedio de 100 temas publicados por mes. Además, tenemos  un promedio de 1,600 visitas diarias, lo cual es bastante considerando que éste es un blog UNITARIO y no TRINITARIO. Recuerden que la gran mayoría de cristianos son trinitarios, y por tanto, adversos a los unitarios.

Algo importante que debo agregar. Hay muchos visitantes que me piden tener una conversación personal con ellos, pero como comprenderán, no dispongo del tiempo suficiente para atenderlos a todos, así que sólo escojo a aquellas personas que tienen un verdadero interés de conocer más sobre nuestras doctrinas y no tan sólo un interés subalterno de rebatirlas con saña. Por lo tanto, para aquellas visitas que desean honestamente que yo les aclare alguna duda o inquietud, sólo tienen que escribirme un email, y listo (molceses@hotmail.com).

También están invitados todos ustedes a compartirnos sus escritos bíblicos para su publicación, ya que ésta es una tribuna libre para todos aquellos amigos que comparten nuestras mismas creencias y esperanzas bíblicas. Ya son muchos los que nos han apoyado con sus artículos, como es el caso del Dr. Javier Rivas Martínez, del Sr. David Macías, del Sr. Herbert Luna, del Sr. Mauro Gonzáles, del erudito Sir Anthony Buzzard, del Sr. Bill Wachtel, etc, etc. A todos estos amigos y hermanos, mil gracias.

Que el Señor les siga bendiciendo a través de este sencillo blog.

Vuestro Servidor,

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

LA IMPORTANCIA DEL REINO EN EL NUEVO TESTAMENTO:


El texto “en negrita” se puede presionar para obtener la escritura correspondiente.

1.      Mateo 3:2
Decía: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.”

2.      Mateo 4:17 
Desde entonces Jesús comenzó a predicar y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.


3.      Mateo 4:23 
Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.


4.      Mateo 5:3
Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.

5.      Mateo 5:10
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.


6.      Mateo 5:19-20 
Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo a ustedes, que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley.


7.      Mateo 6:10 
venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


8.      Mateo 6:33
Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.


9.      Mateo 7:21
No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.


10. Mateo 8:11-12 
Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.


11. Mateo 9:35
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

12. Mateo 10:7
Y yendo, predicad, diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado”.

13. Mateo 11:11-12
En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza.


14. Mateo 12:25-28 
Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie. Y si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo; ¿cómo puede entonces mantenerse en pie su reino? Y si yo expulso los demonios por Beelzebú, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.

15. Mateo 13:11 
A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no.


16. Mateo 13:19-23 
A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino.


17. Mateo 13:24-30
Jesús les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo.

18. Mateo 13:31-32 
Les contó otra parábola: “El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas.”


19. Mateo 13:33 
Les dijo otra parábola: El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado.


20. Mateo 13:38-43 
y el campo es el mundo; y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno…El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad; y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces LOS JUSTOS RESPLANDECERÁN COMO EL SOL en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.


21. Mateo 13:44
El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo.


22. Mateo 13:45-46 
El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.

23. Mateo 13:47-50
El reino de los cielos también es semejante a una red barredera que se echó en el mar, y recogió peces de toda clase
.

24. Mateo 13:52 
Todo maestro de la ley que ha sido instruido acerca del reino de los cielos es como el dueño de una casa, que de lo que tiene guardado saca tesoros nuevos y viejos.


25. Mateo 16:19 
Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.


26. Mateo 16:28 
En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.

27. Mateo 18:1-4 
En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: –¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?…Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos.

28. Mateo 18:23-35 
Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.


29. Mateo 19:12
Porque hay eunucos que así nacieron desde el seno de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte.

30. Mateo 19:14 
Jesús dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.”


31. Mateo 19:23-24
Les aseguro –comentó Jesús a sus discípulos– que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.


32. Mateo 20:1-16
Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo.

33. Mateo 20:21 
Él le dijo:–¿Qué quieres? Ella le dijo: –Ordena que en tu Reino estos dos hijos míos se sienten el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.


34. Mateo 21:32 
Jesús les dijo: En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros. Porque Juan vino a vosotros en camino de justicia y no le creísteis, pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, ni siquiera os arrepentisteis después para creerle.

35. Mateo 21:43 
“Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino.


36. Mateo 22:2-14 
El reino de los cielos es como un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo.


37. Mateo 23:13
¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Les cierran a los demás el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo.


38. Mateo 24:7 
Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá hambres y terremotos por todas partes.


39. Mateo 24:14 
Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.

40. Mateo 25:1-13 
Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio.


41. Mateo 25:31-46
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.


42. Mateo 26:29
Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.


43. Marcos 1:15 
El tiempo se ha cumplido
y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepentíos y creed en el evangelio!

44. Marcos 4:11-12
Y les decía: A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero los que están afuera reciben todo en parábolas.


45. Marcos 4:26-29
Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra.

46. Marcos 4:30-32 
Decía también: ¿A qué compararemos el reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?


47. Marcos 9:1
Y añadió: –Les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto el reino de Dios llegar con poder.

   

48. Marcos 9:47 
Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno
. [Él no quiere que nos mutilemos a nosotros mismos. Él solamente está ilustrando lo serio que es el pecado. Jesús está tratando desesperadamente de decirnos que para entrar en el Reino y escapar el infierno, el pecado no es permitido, y punto.]

49. Marcos 10:14
Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.

50. Marcos 10:15 
En verdad os digo: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.


51. Marcos 10:23 
Jesús miró alrededor y les comentó a sus discípulos: –¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!


52. Marcos 10:21-31
Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios a los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.


53. Marcos 11:10 
¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David! –¡Hosanna en las alturas!


54. Marcos 12:32-34
Viendo Jesús que él había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y después de eso, nadie se aventuraba a hacerle más preguntas.


55. Marcos 13:8 
Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos por todas partes; también habrá hambre. Esto será apenas el comienzo de los dolores.


56. Marcos 15:43
José de Arimatea, miembro distinguido del Consejo, y que también esperaba el reino de Dios, se atrevió a presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.

57. Lucas 1:33 
y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.


58. Lucas 4:43
Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado.


59. Lucas 6:20 
Alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

60. Lucas 7:28
Os digo que entre los nacidos de mujer, no hay nadie mayor que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.

61. Lucas 8:1
Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios.

62. Lucas 8:10
Él dijo: –A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios, pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

63. Lucas 9:2
Entonces los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.


64.

 

65. Lucas 9:27 
Además, les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto el reino de Dios.

66. Lucas 9:60 
Mas El le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú, ve y anuncia por todas partes el reino de Dios.


67. Lucas 9:62
Pero Jesús le dijo: Nadie, que después de poner la mano en el arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.


68. Lucas 10:9 
Sanen a los enfermos que encuentren allí y díganles: El reino de Dios ya está cerca de ustedes.


69. Lucas 10:11
“¡Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros! Pero sabed que el reino de Dios se ha acercado a vosotros”.

70. Lucas 11:2
Y Él les dijo: Cuando oréis, decid: ”Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.

71. Lucas 11:20
Pero si expulso a los demonios con el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el reino de Dios.


72. Lucas 12:31
Buscad, más bien, el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

73. Lucas 12:32
No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino.

74. Lucas 13:18-19 
¿A qué se parece el reino de Dios? –continuó Jesús–. ¿Con qué voy a compararlo?


75. Lucas 13:20-21 
Volvió a decir: –¿Con qué voy a comparar el reino de Dios? Es como la levadura que una mujer tomó y mezcló con una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa.


76. Lucas 13:22-30 
Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Vendrán gentes del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.


77. Lucas 14:15-24 
Cuando uno de los que estaban sentados con El a la mesa oyó esto, le dijo: ¡Bienaventurado todo el que coma pan en el reino de Dios!

78. Lucas 16:16

79. Lucas 17:20-21

No van a decir: ‘¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá!’ Dense cuenta que el reino de Dios está entre ustedes. (Oprima aquí para ver el respaldo bíblico en línea)


80. Lucas 18:17 
De cierto os digo que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

81. Lucas 18:16
Pero Jesús, llamándolos, dijo:–Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios.

82. Lucas 18:24-30 
Mirándolo Jesús, dijo: ¡Qué difícil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios…Entonces Él les dijo: En verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Dios, que no reciba muchas veces más en este tiempo, y en el siglo venidero, la vida eterna.

83. Lucas 19:11-27 
Como la gente lo escuchaba, pasó a contarles una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el reino de Dios iba a manifestarse en cualquier momento.

84. Lucas 21:10-19, 31
Se levantará nación contra nación, y contra reino –continuó–
Igualmente, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el reino de Dios está cerca.

85. Lucas 22:16-18
porque os digo que nunca más volveré a comerla hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado una copa, después de haber dado gracias, dijo: Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que de ahora en adelante no beberé del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.


86. Lucas 22:29-30 
Por eso, yo mismo les concedo un reino, así como mi Padre me lo concedió a mí, para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.


87. Lucas 23:42 
Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

88. Lucas 23:51 
que no había estado de acuerdo con la decisión ni con la conducta de ellos. Era natural de un pueblo de Judea llamado Arimatea, y esperaba el reino de Dios.


89. Juan 3:3 
De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios –dijo Jesús.

90. Juan 3:5 
Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios –respondió Jesús.


91. Juan 18:36 
Mi reino no es de este mundo –contestó Jesús–. Si lo fuera, mis propios guardias pelearían para impedir que los judíos me arrestaran. Pero mi reino no es de este mundo.

92. Hechos 1:3 

 

93.

 

94. Hechos 8:12
Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, tanto hombres como mujeres se bautizaron.


95. Hechos 14:22
fortaleciendo a los discípulos y animándolos a perseverar en la fe. “Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios”, les decían.

96. Hechos 19:8 
Entró Pablo en la sinagoga, y por tres meses continuó hablando denodadamente, discutiendo y persuadiéndoles acerca del reino de Dios.

97. Hechos 20:25 

 

98. Hechos 28:23 
Señalaron un día para reunirse con Pablo, y acudieron en mayor número a la casa donde estaba alojado. Desde la mañana hasta la tarde estuvo explicándoles y testificándoles acerca del reino de Dios y tratando de convencerlos respecto a Jesús, partiendo de la ley de Moisés y de los profetas.


99. Hechos 28:31 
predicando el reino de Dios, y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo.


100.                    Romanos 14:17
porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo.


101.                    1 Corintios 4:20
Porque el reino de Dios no es cuestión de palabras sino de poder.


102.                    1 Corintios 6:9-10 
¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.


103.                    1 Corintios 15:24 
Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder.


104.                    1 Corintios 15:50 
Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

105.                    Gálatas 5:19-21 
Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

106.                    Efesios 5:5 
Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.


107.                    Colosenses 1:12-13 
dando gracias con alegría al Padre. Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz. Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo.


108.                    1 Tesalonicenses 2:12 
Los hemos animado, consolado y exhortado a llevar una vida digna de Dios, que los llama a su reino y a su gloria.


109.                    2 Tesalonicenses 1:5 
Todo esto prueba que el juicio de Dios es justo, y por tanto él los considera dignos de su reino, por el cual están sufriendo.


110.                    2 Timoteo 4:18 
El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


111.                    Hebreos 1:8 
Pero del Hijo dice: Tu trono, Dios, por los siglos de los siglos. Cetro de equidad es el cetro de tu Reino.


112.                    Hebreos 12:28
Así que, recibiendo nosotros un Reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.


113.                    Santiago 2:5 
Escuchen, mis queridos hermanos: ¿No ha escogido Dios a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino que prometió a quienes lo aman?


114.                    2 Pedro 1:10-11 
Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas, jamás caeréis. De esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.


115.                    Apocalipsis 1:6 
e hizo de nosotros un reino y sacerdotes para su Dios y Padre, a El sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén.
  

116.                    Apocalipsis 1:9 
Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y en la perseverancia que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.

117.                    Apocalipsis 5:10 
Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.


118.                    Apocalipsis 11:15
El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.


119.                    Apocalipsis 12:10 
Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado.

El propósito

Justino Mártir

 

Con Justino nos encontramos, con “una de las personalidades más nobles de la literatura cristiana primitiva”. Nació en Palestina, en Pluvia Neápolis, la antigua Sichem.

Según nos refiere el mismo Justino, conoció a los estoicos, luego a los peripatéticos, a un pitagórico y por último a un platónico (entendamos el platonismo medio).

Dice Justino sobre la venida de Cristo y su reinado milenario, así:

“Después de la derrota del Anticristo, que “nefandas impiedades hablará contra el Altísimo; y que dominará, según Daniel, por tiempo, tiempos y medio tiempo” vuelve Cristo. Pues vendrá alguien como Hijo del Hombre de las altas nubes, como Daniel declara, circundado de ángeles. Con este retorno de Cristo acontecerá la Resurrección. Ésta será doble, a saber, primero la “Santa” o sea de los justos, al llegar Cristo; después la “eterna” o general, que cerrará el Reino Milenario, transcurrido entre las dos”. (San Justino, Padre de la Iglesia. Diálogo con un judío, n 31, 32 y 80)

“¿Realmente confesáis vosotros que ha de reconstruirse la ciudad de Jerusalén, y esperáis que allí a de reunirse vuestro pueblo, y alegrarse con Cristo, con los patriarcas y profetas y los santos de nuestro linaje, y hasta los prosélitos anteriores a la venida de vuestro Cristo…? Si habéis tropezado con algunos que se llaman cristianos y no confiesan esto, sino que se abreven a blasfemar del Dios de Abraham y de Isaac y de Jacob, y dicen que no hay resurrección de los muertos, sino que en el momento de morir sus almas son recibidas en el cielo, no los tengáis por cristianos… Yo por mi parte, y cuántos son en todo ortodoxos, sabemos que habrá resurrección de los muertos y un periodo de mil años en la Jerusalén reconstruida y hermoseada y dilatada, como lo prometen Ezequiel, Isaías y otros profetas…”. (San Justino, Dial. 80).

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     Cuando oras el Padrenuestro, ¿te has parado alguna vez a pensar en la parte que dice: «Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el Cielo»? (Lucas 11:2) Nosotros que amamos y conocemos al Señor ya tenemos el Cielo en nuestros corazones —gracias a Dios—, pero ¿acaso hay Cielo en la tierra hoy en día? ¡No! ¡Lo que abunda es confusión, egoísmo, infelicidad, guerra y luchas por doquier, un Infierno!

     ¡Pero un día, dentro de poco, el Señor acabará con todo el Infierno que hay actualmente en la tierra y establecerá Su propio Reino de paz, bondad, justicia, misericordia y amor! Entonces Su Reino no sólo estará en nuestros corazones, ¡sino todo alrededor nuestro! ¡El Reino de Dios vendrá de verdad aquí a la tierra, con todo su poder y gloria! ¡Y entonces sí será por fin «en la tierra como en el Cielo»!

     Pero antes de que se establezca en la Tierra el maravilloso Reino de Jesús, tienen que ocurrir toda una serie de cosas: En primer lugar, tiene que subir al poder un dirigente mundial malvado, el Anticristo, con su reino del Diablo. La última parte de su reinado será un período turbulento llamado la Gran Tribulación (Mateo 24:21), durante el cual el Anticristo y sus fuerzas lucharán contra los hijos de Dios. ¡Nosotros, sin embargo, seguiremos anunciando el Evangelio y obrando grandes milagros para defendernos de él y de sus malignas fuerzas rojas que odian a Cristo! (Apocalipsis 13:7; 11:3-5)

     Luego volverá Jesús «sobre las nubes del Cielo, con poder y gran gloria» (Mateo 24:30), para resucitar y arrebatar a todos Sus hijos, y todos nos reuniremos con él para celebrar la magnífica cena de las bodas del Cordero en el Cielo, en tanto la gente impía y anticristo de la tierra sufre la pavorosa Ira de Dios! (Apocalipsis 19:7-9; 16:todo)

     Al final, bajo el mando de su dirigente endemoniado, el Anticristo, estas gentes se reunirán para tratar de aplastar a todos sus oponentes, ¡países y religiones enteros que se habrán negado a adorar al Anticristo o a recibir su Marca de la Bestia! (Léase Daniel 11:21-44, que describe las guerras que libra contra sus adversarios.) Mas cuando las fuerzas del Anticristo ya crean que están a punto de ganar, Jesucristo y sus ángeles regresan para ganar la mayor guerra que se haya librado en toda la historia: ¡la Batalla de Armagedón! (Apocalipsis 16:14,16; 17:14; 19:11-15.)

     En esta gigantesca Batalla de Armagedón, las fuerzas de Jesucristo vencerán y obtendrán una gloriosa victoria sobre las fuerzas del Diablo y de su hombre-Diablo, el Anticristo, y sobre todo su reino malvado! ¡Ni una sola de las personas que se hayan integrado al reino del Anticristo, siendo herradas con la Marca de la Bestia, sobrevivirá ni podrá disfrutar del Reino de Cristo que se establecerá seguidamente en la tierra! (Apocalipasis 19:19-21) Será entonces, después de esta gran batalla, que nosotros, los santos de Dios, juntamente con nuestro Rey, Jesucristo, tomaremos este mundo y estableceremos el Reino de Dios en la Tierra, para dirigirla y gobernarla como hubiera debido hacerse si el hombre hubiera obedecido a Dios! (Apocalipsis 5:10; 20:4)

     Este sorprendente periodo del Reino de Dios en la tierra se denomina el «Milenio», que significa 1.000 años, ya que es exactamente la duración que tendrá, ¡1.000 años! La Biblia dice que durante el Milenio, todos los que fueron resucitados para reunirse con Jesús en el momento de Su Segunda Venida serán muy bienaventurados, ¡pues «serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años!» (Apocalipsis 20:5-7)

     ¡Durante todos los 1.000 años que durará el Milenio, el Diablo estará encadenado, preso en la cárcel de Dios, el abismo sin fondo! ¡Durante mil años, ya no podrá molestarnos ni conducir a los demás ángeles caídos y espíritus malignos de una punta a otra de la tierra para hostigar a la humanidad! (Véase Apocalipsis 20:1-3.)

     ¡Jesús entonces regirá y reinará en persona, y nosotros le ayudaremos y regiremos y reinaremos con él! ¡Reinará de punta a punta, y nosotros, Sus hijos, ya no seremos la pobre minoría perseguida que somos hoy en día! ¡En compañía de los cristianos de todos los siglos, que habrán resucitado, seremos millones, miles de millones, y gobernaremos junto a Jesús a la gente buena que haya sobrevivido. Ésta será gente que, sin ser salva, habrá resistido al Anticristo y se habrá negado a aceptar su Marca, ¡motivo por el cual Dios, en Su misericordia, les habrá permitido salir con vida del reino del Anticristo, y hasta sobrevivir al periodo siguiente, la Ira de Dios y la Batalla de Armagedón! Son los bienaventurados que dice la Biblia, en Daniel 12:12, que entrarán con vida en el Milenio.

     Toda la gente mala que rechazó el Evangelio y recibió la Marca de la Bestia habrá quedado destruida en la Batalla de Armagedón. No obstante, ¡serán millones los que sigan con vida y entren en el Reino Milenario de Jesucristo, en el que tendrán ocasión de oír y llegar a conocer la Verdad, durante el gobierno y reinado amoroso de Jesús en persona, asistido por nosotros, Sus seguidores resucitados! ¡En esa época multitudes se convertirán a Jesús!

     ¡Bajo el supremo y poderoso gobierno y reinado de Cristo y de los Hijos de Dios no habrá guerras, y el mundo será gobernado equitativamente, con justicia, libertad, paz, abundancia y felicidad para todos! La Biblia dice: «Volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; ¡no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra!» (Isaías 2:4)

     ¡Imagínate, no habrá más guerras! ¡No habrá más armas de los impíos, ni luchas horrorosas, ni bombardeos, ni matanzas, como hay en el mundo actual de los hombres! ¡En ese entonces —cuando Jesús sea Rey y nosotros Su fuerza policial que haga observar la ley— convertirán sus armas de guerra en instrumentos de paz! ¡ASES!

     ¡Durante el Milenio, todos nosotros, los hijos de Dios salvos, tendremos cuerpos nuevos, poderosos y sobrenaturales, cuerpos de resurrección! Pero los demás habitantes del mundo, los bienaventurados que hayan sobrevivido a la Ira de Dios y la Batalla de Armagedón, y hayan entrado con vida en el Milenio, seguirán viviendo en sus cuerpos naturales. ¡O sea que para esas personas, la vida en muchos aspectos seguirá como de costumbre! Muchos vivirán casi como viven ahora: Tendrán que seguir cultivando la tierra, confeccionando ropa y viviendo en un mundo normal y natural, ¡el mismo mundo en el que viven en la actualidad! ¡La diferencia está en que habrán sido eliminadas todas las grandes ciudades, la industrialización y la contaminación! ¡Todo el mundo llevará una vida mucho más natural, en contacto con la tierra, tal como Dios quería que vivieran los hombres!

     Un cambio importante será que la maldición que cayó sobre el hombre y la tierra a causa de los pecados de éste será parcialmente levantada, ¡de tal modo que la vida en general mejorará muchísimo, gracias al Señor! La tierra será casi como era en tiempos de Adán y Eva en el Edén, antes que pecaran, antes que Dios tuviera que poner maldiciones para castigarlos. (Véase Génesis 2:8-15; 3:17-19.)

     ¡En ese entonces, nosotros que hoy en día amamos a Jesús, seremos como superhombres, como los ángeles de Dios! ¡Estaremos dotados de nuevos cuerpos milagrosos que nunca se lastimarán ni se cansarán, se debilitarán ni se enfermarán! Y hasta las gentes normales y terrenales sobre las que regiremos, y que todavía poseerán cuerpos carnales, naturales, sufrirán muchas menos dolencias y enfermedades. ¡Dice que cualquiera que muera a los 100 años de edad será considerado un niño! (V. Isaías 65:20.) La gente volverá a vivir cientos y cientos de años, como antes del Diluvio, ¡cuando hubo quienes vivieron casi mil años! (Génesis 5:27)

     La Biblia dice que no sólo el hombre, sino la Creación entera será liberada de la mayor parte de la maldición, y que todo será mucho mejor que en la actualidad (Romanos 8:19-21). Dice incluso que «vivirá el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león andarán juntos, ¡y un niño los pastoreará! La vaca y la osa pacerán juntas, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá hierba. ¡El niño de pecho jugará sobre la cueva de la serpiente venenosa, y el niño pequeño extenderá su mano sobre la caverna de la víbora!» (Isaías 11:6-8)

     Hoy en día nunca se ve que un lobo se acueste con un cordero, ¿no es cierto? ¡A menos que el cordero esté en la panza del lobo! Ni que un leopardo se acueste con un cabrito. ¡Si se acuesta con una cabra es porque la lleva dentro! ¿Y un becerro y un león juntos? ¡Normalmente el león lo despedaza y se lo traga! ¡Ni se ha oído jamás que un niño los pastoree a todos! Pero vendrá la época en que volverá a haber paz entre el Hombre y los animales, y podremos llamarlos por nombre y se nos acercarán corriendo juguetonamente como si fueran animales domésticos, ¡lo mismo que hacen hoy en día los perros y gatos!

     ¡Los animales que hoy son carnívoros ya no comerán sino plantas, hortalizas y frutas, y no se harán daño entre sí, ni nos harán daño a nosotros! ¡Estupendo!, ¿verdad? ¡Y el hombre tampoco consumirá carne animal! «¡Pues nada hará mal ni dañará en todo Mi santo Reino!» (Isaías 11:9)

     ¿Y sabes cómo viajarán durante el Milenio las personas normales, terrenales? ¡A caballo, en camello, en burro, en carretas, buques de vela y así por el estilo! ¡Porque sólo quedará lo que Dios creó y dio al hombre para utilizar, las creaciones de Dios y los inventos del hombre que sean buenos, los cuales fueron suficiente para el mundo durante casi seis mil años, mientras no se conocía nada más!

     ¡Imagínate! ¡No habrá más autos apestosos ni camiones que arrojen humo y gases y que maten gente, ni ninguna de esas grandes y apestosas fábricas que tanto contaminan el aire! ¡No habrá máquinas ruines ni motores destructivos con todo su humo, ni petróleo, ni contaminación, ni armas malévolas! ¡El mundo volverá a utilizar los medios de transporte animal, los carruajes y calesas! ¡Entonces sí que apreciarán a los animales! ¡Quizá para transportar cargas muy grandes y pesadas de materiales, alimentos y demás llegarán a emplear buques de vela, impulsados por los vientos y brisas puros creados por Dios!

     ¿Por qué crees que el Señor establecerá en la tierra Su gobierno de 1.000 años sobre los hombres normales y naturales? Puede que en parte sea para dar una oportunidad de salvarse a los que entren con vida en el Milenio, quienes en realidad nunca habrán escuchado el Evangelio ni llegado a conocer al Señor aquí en esta vida, sobre todo a muchos niños y jóvenes que nunca habrán tenido ocasión, como también a muchos nativos de las selvas más espesas y de los lugares de difícil acceso, y de países cuyas leyes impiden la prédica del Evangelio, que no habrán oído nunca el mensaje. ¡Así todos tendrán oportunidad de ver, oír y conocer al Señor! Durante el Milenio, ¡las Buenas Nuevas de la Salvación llegarán a todo el mundo! «¡Pues la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar!» (Habacuc 2:14) Y ¿cómo cubren las aguas el mar? ¡Completamente!

     Durante el Milenio, a la gente le resultará mucho más fácil creer en Jesús y recibirle, ¡porque lo podrán ver con sus propios ojos, podrán presenciar Su gran poder y tendrán evidencia de que existe! En vez de creer en el Señor y aceptarlo por fe como hacemos hoy en día, entonces se dará a las personas la oportunidad de creer después de haber llegado a ver el Reino de Dios y de Cristo en la tierra, y a Sus santos ostentando el poder y dirigiendo el mundo. Pero tal como le pasó a Tomás, el discípulo de la Biblia que dudó, ¡no serán tan bienaventurados como nosotros que ahora creemos, aceptamos y obedecemos puramente por fe, sin ver! (V. Juan 20:29.)

     El Milenio muy probablemente será la época en que Dios dará una primera oportunidad a muchas personas que no la habrán tenido antes. ¡Todo el mundo en la tierra presenciará el glorioso poder del Señor y Su Reino, y entonces todo el mundo creerá! La Biblia dice: «No enseñará más ninguno a su prójimo y a su hermano, diciendo: `Conoce al Señor`; porque todos Me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande» (Jeremías 31:34).

     ¡En esa época ya no será necesario que digamos: «conoce al Señor», porque todo el mundo le verá y todos le conocerán. Sin embargo, no le conocerán tan bien como nosotros, pues nosotros ya le conocemos en esta vida y ya estamos aprendiendo a amarle, y a vivir con él y servirle. ¡Creo, pues, que parte de nuestro trabajo consistirá sin duda en educarlos e instruirlos en los caminos del Señor!

     ¡Aunque ya no habrá incrédulos, lamentablemente todavía habrá gente que no Lo acepte, los que se nieguen a recibirle! Pese a que verán con sus propios ojos el poder de Dios, al pueblo de Dios, el Reino de Dios y al Hijo de Dios gobernar personalmente la tierra, ¡todavía habrá algunos impíos a los que no les gustará, y que se negarán a someterse a nuestra amorosa autoridad!
     ¿Te imaginas? Todos los habitantes de la tierra tendrán ocasión de aprender a hacer el bien bajo el gobierno del propio Jesucristo, y gracias a nuestra administración amorosa y celestial, contarán con todas las ventajas posibles. Así y todo, algunos, obstinados y pertinaces, todavía se rebelarán. En Isaías 26:10 dice: «¡Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud (el Reino Milenario de Cristo sobre la tierra) seguirá obrando mal, y se negará a mirar la majestad del Señor!»

     De hecho, al final del Milenio Dios pondrá a prueba a todas las personas de la tierra para ver quién le ha recibido de verdad y quién le ha rechazado. ¡Durante un breve espacio de tiempo dejará salir al Diablo de su prisión, y todos los rebeldes le volverán a seguir, y juntos tratarán de luchar contra todas las personas buenas de la tierra que hayan recibido a Jesús y Su Reino! ¡Pero Dios se enojará tanto con ellos que se deshará de todos ellos de una vez para siempre y consumirá toda la superficie de la tierra en un gran diluvio de fuego llamado «La Batalla de Gog y Magog»! (Apocalipsis 20:7-9; 2Pedro 3:7,10)

     Todos los que hayan recibido a Jesús se salvarán y crearán una Tierra Nueva (Apocalipsis 21:1; 2Pedro 3:12,13.) De modo que entre otras cosas el Milenio servirá para tamizar, para seleccionar o separar a los buenos de los malos. Así, cuando al final del Milenio se celebre el «Juicio ante el Gran Trono Blanco», ya habrán tomado una decisión y se verá claramente si se merecen el Cielo o el Infierno (V. nuestro artículo titulado «El Cielo, el Infierno y entremedio», página 783).

     Como durante el Milenio mucha gente seguirá siendo supremamente obstinada y reacia a cambiar, todavía desobedecerán, aun cuando no esté el Diablo. ¡Por eso la Biblia dice que tendremos que regir sobre ellos con vara de hierro! (Apocalipsis 2:27; 19:15) Será un régimen impuesto por la fuerza sobre los rebeldes y desobedientes, un gobierno fuerte y férreo. ¡Tendrá que ser así, de lo contrario muchos no obedecerían!

     Gracias al Señor, estaremos dotados de grandes poderes sobrenaturales que nos facilitarán la tarea de regir sobre ellos, ¡poderes como los que habrás visto quizá en las películas de fantasía científica! ¡Bastará con una mirada, un pensamiento o una señal con el dedo para paralizarlos, hacerlos retroceder, impedir que hagan el mal o destruirlos totalmente! ¡Y ellos no nos podrán tocar a nosotros ni hacernos el menor daño!

     ¡Seremos como los ángeles de Dios, es decir que podremos aparecer y desaparecer a voluntad, volar de un lugar a otro a la velocidad del pensamiento y llevar la vara del poder divino, con la cual seremos capaces, si es preciso, de castigar a los rebeldes y enemigos de Dios con un rayo del Altísimo! ¡Habrá, pues, muy poca delicuencia o maldad, y nada de disturbios y guerras! ¡Reinará una paz total bajo el gobierno del Señor, en el cual tú y yo seremos Sus superhombres, dotados de superpoderes!

     El reinado milenario de Jesucristo será perfecto, un gobierno perfecto, con gobernantes ungidos, ¡entre otros ! ¡ serás de los que gobiernen! ¡El Señor dijo que te daría el gobierno de muchas ciudades! ¡Podrás gobernar una ciudad, o todo un país, o un continente entero, según tu capacidad, conforme a la preparación que hayas recibido y conforme a la fidelidad y obediencia que le estés demostrando al Señor ahora mismo en este mundo!

     ¡Jesús dijo que «el que sea fiel en lo muy poco, será fiel también en lo mucho»! (Lucas 16:10) Hasta llegó a decir: «Por cuanto en lo poco has sido fiel, ¡recibirás el gobierno de diez ciudades!» (Lucas 19:17,19) ¡Gobernaremos ciudades de verdad, ciudades físicas del mundo, países, naciones y continentes, y educaremos e instruiremos a seres humanos de carne y hueso, como lo somos nosotros en el momento actual! ¡Será todo muy real, todo sucederá en la práctica!

     Hoy en día, sin embargo, el Señor por lo visto tiene tan pocos cristianos que entreguen toda su vida por él, que lo dejen todo por Jesús y que realmente le amen y solo deseen hacer lo que él quiere, ¡que creo que le va a costar bastante encontrar suficientes personas para ocupar todos los puestos que habrá! Gracias a Dios que se podrá valer de todos los fieles que han pasado a mejor vida anteriormente —los millones de cristianos de otras épocas que se consagraron enteramente al Señor y que estarán allí con nosotros—, así como de la gente buena de la tierra.

     ¡Habrá todo tipo de grados, clases y categorías entre los mismos cristianos! ¡Estoy seguro de que a los grandes profetas, apóstoles y héroes de la Biblia y de la historia, que fueron muy fieles al Señor durante su vida en la tierra, se les confiarán muchos puestos importantes en la otra vida! ¡Ahora bien, la posición exacta que tendremos cada uno y lo que se nos confíe dependerá en gran parte de los fieles que seamos al Señor y al trabajo que nos haya encomendado a cada uno en estos momentos, en este mundo!

     ¡Ahora mismo nos estamos preparando para cuando gobernemos la tierra! Mas para ello, ¡tenemos primero que aprender a gobernarnos a nosotros mismos! En este momento Dios nos está haciendo ensayar y practicar para cuando llegue la hora de la verdad; y lo bien que lo hagamos en el futuro dependerá en gran medida de cómo lo hagamos ahora.

     ¡Recuerda, pues, que todo lo que te están enseñando y lo que estás haciendo ahora, las decisiones que estás tomando ahora y lo que estás aprendiendo, forman parte de la instrucción y preparación que hoy en día estás recibiendo aquí en este mundo, a fin de que después le puedas ser de gran utilidad al Señor allá en el nuevo mundo! De lo contrario, buena parte de lo que hacemos actualmente sería una completa pérdida de tiempo, salvo por lo poco que logramos realizar aquí, ¡que no es mucho comparado con lo que haremos entonces! ¡A ver, pues, si hacemos un esfuerzo por captar las lecciones que nos enseña la vida hoy en día y por aprender hoy mismo a ser siervos del Señor fieles y obedientes para que en el futuro —en el hermoso Reino Milenario de Dios sobre la tierra— él nos otorgue y nos confíe un puesto especial en que podamos ser una bendición y útiles a él y a los demás! ¡Allí y yo regiremos y reinaremos junto con nuestro Rey de reyes, Jesús!

     ¿ también te estás preparando ahora para gobernar con él cuando venga?

El SALMO 72 Y EL REINO MILENARIO

Por. T. E. Wilson

El segundo libro de los Salmos comienza con Salmo 42 y termina con éste. El Libro contiene cuatro salmos que son claramente mesiánicos—

  • el 69, la cruz
  • el 68, la ascensión
  • el 45, el Rey-Esposo
  • el 72, el reino milenario

Muchos pasajes en el Antiguo Testamento predicen una época de paz universal y descanso para este mundo atribulado—

  • El séptimo día de la creación, cuando Dios descansó de su obra, y la fiesta de tabernáculos, la última en el almanaque de Israel, presentan esta paz en sentido típico.
  • Los reinados de David y Salomón, sobre doce tribus unidas, lo presentan desde el punto de vista político.
  • El profeta Isaías, empleando lenguaje tan hermoso como en cualquier obra de literatura, lo describe proféticamente. Hay cuatro pasajes en Isaías que tratan del milenio: el capítulo 8; el 11; los capítulos 32 y 33; y también 65 y 66.
  • Ezequiel, Daniel y Zacarías contienen largas secciones sobre las glorias de este mismo reino por venir.

Varios salmos hablan de estos mil años de gobierno mesiánico: 2, 8, 22, 24 y 95 al 100.

En el Nuevo Testamento, la escena de la transfiguración —Mateo 17.1 al 9 y Lucas 9.27 al 36— es una presentación para los discípulos de las glorias milenarias del Mesías. Seis veces leemos en el Apocalipsis de “mil años,” refiriéndose al período cuando Satanás estará encarcelado. Los que habrán sufrido bajo la persecución de la bestia, y habrán participado en la primera resurrección, vivirán y reinarán con Cristo mil años.

En vista de toda esta evidencia acumulativa, es marcadamente sorprendente que hay gente hoy día, llamada amilenialistas, que niegan la verdad del milenio, o espiritualizan el gran hecho que el Mesías reinará literalmente en la ciudad de Jerusalén donde antes fue rechazado y crucificado.

Salmo 72 no se cita textualmente en el Nuevo Testamento, pero en realidad recoge todos los detalles tocantes a esta época gloriosa y los expresa poéticamente. Es en verdad un salmo mesiánico, con seis temas—

  • Los juicios del Rey, 72.1 al 7
  • El alcance del reino, 72.8 al 11
  • La justicia del reino, 72.12 al 15
  • El efecto sobre la naturaleza, 72.16
  • La promesa a Abraham, 72.17 al 19
  • Las oraciones de David, 72.20

1. Los juicios del Rey, 72.1 al 7

El Salmo es “para Salomón.” El reino suyo, un cuadro del milenio, comenzó con un juicio sobre los enemigos del reino. Adonías se había rebelado contra su padre David; Simei le había maldito en la oración de la sublevación de Absalón; Joab no tenía respeto alguno por el sentir de David y le había quebrantado el corazón en su matanza cruel de Abner y Amasa; 1 Reyes 2.1 al 9. La primera tarea que enfrentó a Salomón fue la de tratar en juicio con estos hombres, pero tenía que hacerlo justamente: “Hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer.”

La palabra justicia figura cuatro veces en los primeros versículos de nuestro salmo. De una manera parecida, el reino del Mesías comenzará con un juicio, primeramente sobre los ejércitos aliados que habrán sitiado a Jerusalén en la batalla de Armagedón, y luego sobre las naciones, los sobrevivientes de la gran tribulación; Mateo 25.

Entrarán en el reino aquellos que habrán aceptado a los mensajeros y el evangelio del reino durante la tribulación, pero irán al juicio eterno, preparado para el diablo y sus ángeles, aquellos que lo habrán rechazado.

2. El alcance del reino, 72.8 al 11

Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.

Durante el milenio, Jerusalén será la metrópoli del mundo. Tarsis era el extremo oeste para los antiguos, y Sabá y Seba el lejano oriente. “Las costas” en las Escrituras significan, según podemos entender, la parte occidental de Europa. La tierra que fue prometida a Abraham, Génesis 15.18, se extendía “desde el río de Egipto hasta el río grande, el Eufrates.” Abarcaría Líbano, Siria, Iraq, Irán y Arabia Saudita. “De mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra” sería desde el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico y desde el Nilo hasta el Eufrates.

Los linderos de la tierra de Emanuel en el milenio se trazan en Ezequiel 47.13 al 23, pero el dominio del Mesías abarcará el mundo entero, norte, sur, este y oeste. Todo caerá bajo su administración justa pero benévola. Las comunicaciones serán veloces y seguras.

La parábola de los talentos en Lucas 19.11 al 27 enseña que a los que entre nosotros han sido fieles con el depósito encomendado en esta época de la Iglesia, les serán asignadas posiciones de administración en el reino.

3. La justicia del Reino, 72.12 al 15

El librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. De engaño y violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.

Los cuatro imperios mundiales en los tiempos de los gentiles se han fundado sobre el derramamiento de sangre y la violencia. Una vez establecidos, se caracterizaban por la opresión y esclavitud. Pero en la administración del Mesías no habrá coartación, corrupción ni abuso en los juicios. Él que va a sentarse sobre el trono es la perfecta expresión de sabiduría, amor y poder.

4. El efecto sobre la naturaleza, 72.16

Será echado un puñado de grano en la tierra Su fruto hará ruido como el Líbano, y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.

La cumbre de los montes suele ser tierra rocosa y nada productiva, pero aquí es como un campo fértil. Como consecuencia de la caída y la maldición con sus espinas y cardos, malezas y plagas, el agricultor tiene que luchar contra las fuerzas de la naturaleza para conseguir una cosecha y lograr una renta adecuada.

Pero todo esto cambiará—

Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro. Isaías 1.2.

Otro pasaje hermoso en este sentido es Isaías 11.6 al 9—

Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi monte santo; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.

La esclavitud y los gemidos de la creación, Romanos 8.18 al 22, se cambiarán en un canto de alabanza al manifestarse los hijos de Dios.

5. La promesa a Abraham, 72.17 al 19

Cuando el Señor-Jehová-se manifestó a Abraham en Génesis 12, le dio una promesa de siete rubros. El punto final fue: “Serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Se le prometió una simiente triple cual polvo de la tierra, las estrellas del cielo y la arena del mar. Efectivamente, él tiene una simiente terrenal, el pueblo de Israel; una celestial, aquellos que tienen una fe similar a la suya-la Iglesia; y, a través de él, todas las naciones de la tierra.

Pablo señala en Gálatas 3.16 que la palabra simiente es singular y que la simiente procede de una sola; aquella simiente única es Cristo. Toda bendición, sea para judío, gentil o la Iglesia de Dios, tiene su fuente y fruto en Aquel que padeció la cruz y será el Rey-Sacerdote sobre su trono.

6. Las oraciones de David, 72.20

Aquí terminan las oraciones de David.

El último versículo es importante. No le fue revelado a David el propósito de Dios, del cual la Iglesia es el objetivo. Un Cristo glorificado, reinando sobre Israel y las naciones del mundo, llenó la plenitud de su esperanza como el receptor de la promesa y un profeta de Dios. Sus oraciones terminan con la expresión de aquel gran anhelo.

De cosas celestiales, como ya han sido reveladas en la Iglesia por el Espíritu, él no tenía conocimiento. Como maestro y profeta en Israel, él hablaba de cosas terrenales, y su alma las abrazaba como objetos idóneos de su esperanza y anhelo. (Cita de Arthur Pridham)

David era un hombre de oración. Una y otra vez en las expectativas y crisis variadas de la vida él inquiría de Jehová. Esta es una de las diferencias sobresalientes entre este hombre y Saúl. Pero ahora se han terminado sus oraciones con esta magnífica visión del milenio, cuando el Hijo de David y el Señor de David se sentará sobre el trono.

 

DIOS EXISTE

 

 

 

           

Este año se cumplirán dos cientos años del nacimiento de Charles Darwin y ciento cincuenta  de su obra capital: The origin of Species by means of Natural Selection, or the Preservation of Favourced Races in the Struggle for Life (el origen de las especies por  medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida)(2). Las ideas vertidas en este libro, dirigidas preferentemente a la vida animal y vegetal, tuvieron gran predicamento en el siglo XIX ya que la evolución humana la expresó más bien en otro libro “The descendent man”, mucho menos brillante  que no gozó de la popularidad de aquél. 

 

           Ambos libros influyeron de forma notable en el pensamiento  marxista, y en el de Nietzsche y se difundieron ampliamente entre el público que las aceptó sin apenas reflexionar porque sonaban bien y representaban una alternativa a la creación por parte de Dios.  Los laicistas y ateos no tardaron en propagarlas como el gran descubrimiento de la inteligencia y sentido de la observación humanos.

 

             Aplicadas  a los conocimientos actuales estas ideas se basarían en la  capacidad de mutación de los genes debido al azar (random genetic mutation), pero las mutaciones no siempre representan un paso adelante en la evolución,  también pueden ser indiferentes o negativas. Por otra parte está comprobado que las positivas por azar son un hecho rarísimo y estadísticamente muy improbable. Especialistas en probabilística, rama de las matemáticas, como Starbird de la Universidad de Tejas, matemáticos e informáticos, estudiaron las probabilidades de que mil millones de simios, tecleando cada segundo la frase “to be o not to be”(de sólo 18 caracteres) durante 13.700  millones de años, tiempo en que se estima se inició el Universo,   tendrían una probabilidad de  uno por mil millones de producir dicha frase, es decir, de poner en orden los 18 caracteres mencionados (1).

 

               Traslademos esto a la creación: se dice que el Universo comenzó por una tremenda explosión, el famoso Big Bang, que debió ser una explosión de ingente cantidad de material de elevada energía  y alta presión en un adecuado tiempo y espacio y que originó raudales de gases bajo la forma de enormes nubes de materia que se extendieron por el vacío y generaron estrellas, planetas, cometas, nebulosas, galaxias que a su vez, en su expansión, chocaron entre sí o se fagocitaron unas a otras. Así se cree se fue originando el Universo, al principio en un gran desorden, luego organizándose en sistemas formados por una estrella y sus planetas a su vez  con posibilidad de satélites y todos formando galaxias, algunas tan antiguas que sólo se observan mediante rayos infrarrojos dado lo tenue de su emisión de ondas en la banda de rojos del espectro.

 

              Naturalmente de alguna forma aunque no sabemos cómo, tuvo que originarse esa materia con su enorme caudal de energía. Alguien la formó, puesto que no se pudo formar sola por generación espontánea.

           

               Respecto al primer ser vivo, al parecer un alga unicelular o una bacteria se necesitó el primer ácido nucleico, es decir, que existieran el carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y fósforo  a una temperatura y presión  adecuadas para que se unieran de tal forma, con tal orden que formasen un nucleótido, elemento primordial que forma el ADN y ARN, fundamentales para las funciones celulares y la vida.

 

             Si tenemos en cuenta que el ser humano cuenta en cada núcleo celular con 46 cromosomas distintos  unos de otros, con distinto número de genes y distintos  nucleótidos,   con 3000 millones de pares de bases distribuidas en 35000 genes, y todo eso dentro de un orden con exones, formadores de proteínas, intrones, con pseudogenes que no se transcriben y que en el ser humano alcanzan unos 19000, los llamados genes intergénicos (junk ADN o ADN basura) etc.etc., aceptar que todo esto se ha producido por azar a partir de elementos biológicos inferiores en unos 13.000 millones de años es sencillamente incongruente e imposible.

 

               Por tanto toda esta maravilla sólo ha podido ser hecha por un Ser Supremo, es decir Dios, tan extraordinariamente amante del hombre que ha utilizado todos esos bienes y recursos de todo tipo para dar lugar al hombre..

 

              Otra cosa es que el Ser Supremo, a su antojo y conveniencia, haya podido utilizar el evolucionismo, en períodos determinados,   especialmente con seres inferiores, hasta “construir” el ser humano con cerebro y alma a su imagen y semejanza. Así pues con los conocimientos actuales se puede afirmar con toda  seguridad, que no existe contradicción entre ciencia y religión sino que una apoya a la otra,  ni tampoco contraposición entre creacionismo y evolucionismo y que el Creador puede haber utilizado  la evolución, es decir la mutación por azar, en momentos o hechos concretos.

 

            Físicos de la talla de Copérnico, Galileo, Kepler, Clerk-Maxwell y biólogos como Fisher, Gray, Dobzhansk y otros muchos fueron cristianos que no vieron ninguna contradicción entre  la ciencia y la fe.

 

            Un hecho reciente digno de mención fue protagonizado en el 2004 en Nueva York por Anthony Flew, londinense, hijo de un  ministro metodista, el más afamado ateísta mundial: ante un público ávido de escuchar sus últimas sofisticadas ideas en defensa del ateísmo, comenzó la conferencia, grabada en video, diciendo “señores la más reciente evidencia científica me lleva a la ineludible convicción de que Dios existe, el viaje del descubrimiento de lo divino ha sido hasta ahora un peregrinaje de la razón, he seguido el argumento hasta donde me ha conducido”. Se pueden imaginar el impacto que esa revelación de su conversión intelectual produjo en un público ineludiblemente fiel a sus ideas ateas. Después escribió el libro ”There is a God: How de World´s Most Notorious Atheist Changed His Mind “ (Dios existe: cómo los más notorios ateos del mundo cambiaron su forma de pensar): “la investigación biológica ha demostrado por la complejidad casi increíble de los acomodamientos para producir la vida que una inteligencia debió estar envuelta”.

 

 

LECTURAS RECOMENDABLES.

 

-         1.- Herrero Brasas, JA. En El Mundo, viernes 26 de diciembre de 2008, tribuna libre, pág. 4.

-         2.- C. Darwin. El origen de las especies por medio de la selección natural. Tomo I. Ed. Calpe, Madrid, 1921.

 

Dr. Juan María Loizaga Iriondo

 

Ex jefe de Departamento de Anatomía Patológica del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla

Actualmente Consultor del Centro de Patología y Citología de Sevilla  de USP Clínica Sagrado Corazón.

 

Sevilla, enero de 2009

¿CÓMO SON EL PADRE Y JESÚS UNO?

Pareja feliz

Petición de mano

Para la mayoría de judíos, incluyendo muchos Mesiánicos, la naturaleza de Dios está definida en la Shema:

 Deuteronomio 6:4: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno (echad) es”. 

Los Mesiánicos aplican esta comprensión de la unidad de Dios a una declaración confusa por Jesús registrada en el décimo capítulo de Evangelio de Juan. En respuesta a la petición de los judíos para confirmar que él era el Mesías profetizado (Juan 10:24), Jesús declaró: “Yo y el Padre somos uno (hen)” (Juan 10:30) .

¿Qué quiso decir él por esta declaración? ¿Estaba Jesús aquí aplicándose la Shema para sí mismo y manifestando que él y el Padre eran el mismo Ser? ¿Estaba él proclamando que él era co-igual y co-eterno con el Padre, como el Trinitarianismo enseña? ¿Estaba Jesús diciendo que él y el Padre eran de la misma esencia o sustancia? ¿Simplemente qué exactamente él estaba tratando de dar a entender?

Estrechamente examinaremos la palabra hebrea para “uno” (echad) un poco más tarde en este estudio. Primero, miremos la palabra griega hen .

En los Estudios de las Palabras del Nuevo Testamento de Vincent, el difunto Profesor Vincent indica que la palabra Griega hen, traducida “uno” en Juan 10:30, es “el neutro, no el masculino å ß ò, una persona” (p. 197, vol. II).

Referente a esta declaración por Jesús, el  Abingdon Bible Commentary, dice: “El V. 30 no afirma una unidad metafísica, sino una moral, y no debemos leer los posteriores credos en las palabras” (p. 1079).

En Un Comentario, Práctico, Crítico, y Experimental, Jamieson, Fausset, y Brown escriben de este verso:

Nuestro idioma no deja lugar a la precisión del original en este gran dicho, ‘ Nosotros (dos Personas) somos Una (Cosa).’ Quizá ‘un interés’ expresa casi, aunque no completamente, el significado del dicho. (p. 414, vol. III, parta   yo)

El uso de hen en  Juan 10:30 claramente señala que Jesús no afirmaba que él y el Padre fuesen el mismo Ser. Un examen de cómo está la misma palabra griega hen (“uno”) es usada en otras Escrituras nos ayudará en ver lo que Cristo intentó transportar por su declaración.

Consideremos la oración de Jesús para el Padre en la noche antes de su crucifixión. En esta suplicación, él habla varias veces del estado de ser “uno”:

Juan 17:11: “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno (hen), así como nosotros”. 

Aquí Jesús ora para que el Padre conserve a sus discípulos en Su nombre (Heb. YHVH, el mismísimo nombre que el Padre le había dado a Jesús), para que ellos pudiesen ser uno tal como él y Dios (su Padre) eran uno. La pregunta clave que debemos contestar acerca de esta declaración es ésta:

¿Cómo era posible para los discípulos de Jesús ser UNO de la misma forma que Jesús y el Padre eran UNO?

Un poco más tarde, Jesús reitera su petición a Dios con relación a la “unidad” de todos los creyentes:

Juan 17:20-23: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno (hen); como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno (hen) en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno (hen), así como nosotros somos uno (hen). Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad (hen), para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. 

Aquí Jesús además define la “unidad” compartida por él y su Padre. Él dice que el Padre estaba EN él, y que él estaba EN el Padre. Antes de que podamos ir un poco más allá, primero debemos identificar CÓMO Dios el Padre estaba en Cristo, y CÓMO estaba Cristo en el Padre.

Para ver cómo estaba el Padre en Jesús, necesitamos remontarnos al tiempo de su bautismo:

Lucas 3:21-22: “Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto (Lucas 4:1) 

Como indicó la forma simbólica de la paloma, el Padre vino a morar dentro de Su Hijo a través del Espíritu Santo en el momento en que el ministerio de Jesús comenzó. Por supuesto esto no quiere decir que Cristo estuviese carente del Espíritu Santo antes de esa vez. Sin embargo, en su bautismo Jesús recibió una medida ilimitada del Espíritu Santo (John 3:34) para cumplir con su misión terrenal.

Para completamente comprender cómo era la morada de Dios Padre en Jesús a través de Su Espíritu, debemos asir la naturaleza verdadera del Espíritu Santo. La mayoría de cristianos creen que el Espíritu es la tercera persona en la Santa Trinidad. Sin embargo, esta enseñanza no es bíblica. Pablo define el Espíritu de Dios para nosotros en su primera carta a los corintios:

1 Corintios 2:9: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman”.

En la Biblia, el corazón corresponde a la mente como el lugar donde el pensamiento y comprensión toma lugar. Como muestran muchas Escrituras (cf. Gen. 6:5; Isa. 65:17; Jer. 3:16; 23:20; Mar. 7:21), el corazón y la mente son sinónimos. De hecho, la Versión Autorizada aun traduce el Hebreo ruach (“espíritu”) como “mente” en varios lugares (Gen. 26:35 Prov. 29:11; Eze. 11:5; 20:32; Hab. 1:11). Así en 1 Corintios 2:9, Pablo dice que no ha entrado en la mente “de hombre” (Gr. Anthropou, literalmente. “Del género humano”) lo que Dios ha preparado para la humanidad.

1 Corintios 2:10: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”. 

Aquí Pablo califica su anterior declaración. Hay algunas personas que conocen lo que Dios ha preparado para el género humano, porque él se los ha revelado a las mentes de aquellos que tienen Su Espíritu Santo.

1 Corintios 2:11: “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco (houtos kai) nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. 

En verso 11, Pablo provoca una analogía entre el espíritu (i.e., “El corazón” o “la mente”) del hombre y el Espíritu de Dios. En su estilo peculiar, Pablo nos dice que el Espíritu Santo de Dios es realmente Su Mente. Para demostrar esto, él provoca una comparación entre el Espíritu de Dios y el espíritu del hombre. Él nos dice que sólo el Espíritu (“Mente”) dentro de un hombre sabe los pensamientos de ese hombre. Pablo luego procede a decir que sólo el Espíritu (“Mente”) de Dios sabe los pensamientos de Dios. La locución de conexión “así tampoco,” una traducción del Griego houtos kai, demuestra que Pablo compara la mente o espíritu humano en la primera parte de este verso con el Espíritu o Mente de Dios en la parte final. Él explica este concepto más completamente en los siguientes pocos versos.

1 Corintios 2:12-16: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.

¿Cómo tenemos la mente de Dios en nosotros que estaba también en el Mesías? A través del Espíritu Santo de Dios.

Filipenses 2:5: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. 

El espíritu de Dios, cuando se combina con nuestro espíritu humano, nos permite comprender las cosas de Dios desde Su perspectiva. Cuando Dios nos da Su Espíritu, podemos comenzar a comprender lo que él está haciendo y por qué él lo está haciendo.

Jesús, a través del poder y la comprensión dada por el Espíritu Santo de Dios, pudo superar la tentación mientras estaba aquí en tierra. Si bien él fue tentado en todas las cosas tal como nosotros (Heb. 2:18; 4:15), él pudo vencer y triunfar sobre su naturaleza humana y mente por la mayor Mente de Dios.

Así hemos contestado nuestra anterior pregunta acerca de CÓMO estaba el Padre en Cristo. Dios estaba en Jesús en la misma forma que él mora en nosotros: A través de Su Espíritu Santo.

Inversamente, por la presencia del Espíritu de Dios, Cristo pudo permanecer en el Padre superando sus deseos y estando en obediencia total a Su voluntad. Aquí hay varias Escrituras que muestran esta verdad:

Juan 5:30: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”. 

Juan 6:38: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

Juan 15:10: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.  

Lucas 22:42: “Diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

El Mesías subordinó su propia voluntad a la del Padre mientras él estuvo aquí en la tierra. Así es cómo él permaneció en el Padre.

Este patrón nos muestra cómo podrían los discípulos del Mesías ser “uno” tal como Jesús y el Padre eran uno. Dios estaría en los discípulos a través de la residencia de Su Espíritu Santo. Por el poder del Espíritu los discípulos obedecerían las órdenes de Cristo (las cuáles son de hecho las órdenes de Dios el Padre-Juan 14:24) y permanecerían en el amor de Dios. Como el Mediador entre el Padre celestial y Sus hijos humanos (1 Tim. 2:5) El Espíritu Santo fluye a través de Cristo nuestro Sumo Sacerdote para residir en nosotros. (Juan 15:26; Hechos 2:33).

Así es que podemos ver de la enseñanza del Nuevo Testamento que Jesús y el Padre se dice son “uno” porque estaban unidos en propósito y metas. El Padre mandó al Hijo de Dios, lo que él debería hacer y lo que él debería decir. El Hijo de Dios obedeció perfectamente, nunca pecando por romper las Leyes de Dios (II Cor. 5:21; Heb. 4:15; l Ped. 2:22; 1 Juan 3:5).

Esta comprensión de unidad entre el Padre y el Hijo está en armonía perfecta con la Shema. El Padre es el sólo Dios verdadero, como el Hijo de Dios mismo confesó (Juan 17:3). El Hijo de Dios está subordinado al Padre ( Mar. 13:32 Juan 10:29; 14:28; 1 Cor. 11:3; 15:27-28) y es uno (echad) con él, buscando siempre cumplir el plan divino para el género humano. La palabra Hebrea echad tiene como uno de sus significados conspicuos “unidad,” como los siguientes versos claramente lo muestran:

Génesis 11:6: “Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer”. 

Hablando de los descendientes de Noé que estuvieron construyendo la Torre de Babel después del diluvio, YHVH dijo que ellos eran “uno”. Explícitamente echad aquí quiere decir que estaban unidos en su deseo para construir la torre.

Génesis 41:25: “Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es uno (echad) mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer”. 

José le dijo al Faraón que los dos sueños que él había soñado (siete vacas gordas comidas por siete vacas flacas y siete cabezas pesadas de grano consumido por siete cabezas delgadas) eran “uno”. Es decir, fueron unificadas porque ambas tuvieron el mismo significado – la llegada de siete años de buena cosecha y siete años de carestía en Egipto.

Jueces 20:1: “Entonces salieron todos los hijos de Israel, y se reunió la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa”. 

Aquí vemos la reunión de todas las tribus de Israel juntas “como un hombre frente a YHVH en Mizpah”. Esta Escritura habla de una unión física de todos los hijos de Israel en un lugar.

Mientras hay numerosos otros ejemplos del Tanakh que demuestran que echad puede y frecuentemente significa “unidad”, probablemente el ejemplo más comunicativo dado es aquel de la unión de una pareja como “una carne” en el matrimonio:

Génesis 2:21-24: “Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona (Ishah), porque del varón (ish) fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne (vehayu lebasar echad)”. 

El matrimonio, donde un hombre y una mujer se vuelven una carne, es un cuadro de cómo Dios el Padre y Jesús son uno. Sobreentendido correctamente, también explica cómo como creyentes nos convertimos en uno con Dios y Jesús (Juan 17:11, 21-23).

La primera cosa que debemos comprender es CÓMO una pareja se convierten en una carne en el matrimonio. Claramente no se confunden paulatinamente con un cuerpo humano literal y dejan de existir como organismos biológicos separados. ¿De modo que cómo exactamente se vuelven una mujer y un hombre “una carne” en el sentido bíblico?

Pablo nos da la respuesta para esta pregunta, así como también la respuesta de cómo podemos convertirnos en uno como el Padre y Jesús son uno, en su primera carta para la asamblea Corintia:

1 Corintios 6:16. “¿O no sabéis que el que se une (kollomenos) con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne”.

El comentario de Pablo aquí demuestra que es el acto físico de la relación sexual entre un hombre y una mujer que hace a estos dos individuos “una carne”. El ejemplo que Pablo da es aquella de una cópula sexual ilícita entre un miembro masculino de la congregación corintia y una prostituta. Sin embargo, por extensión podemos ver que el mismo tipo de unión física dentro de los confines de matrimonio es lo que hace a un marido y su esposa “una sola carne” también.

Así como Pablo condena convertirse en “una carne” con una ramera, el autor de hebreos habla favorablemente del coito sexual dentro de los confines del matrimonio:

Hebreos 13:4. “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho (Gr. Koite) sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. 

“cama” viene del sustantivo Griego koite. Esta palabra, que es el origen del castellano “coito” , es usado aquí como un eufemismo para la relación sexual. La palabra griega traducida “impoluto” (amiantos) literalmente significa “puro”. El punto del autor es que la unión como “una carne” de un marido y una esposa a través de la relación sexual son honorables y puras en la vista de Dios. Sin embargo, la actividad sexual fuera de la institución sagrada del matrimonio es un pecado y será castigada por Dios.

El siguiente comentario de Pablo en 1 Corintios derrama luz en cómo el acto físico del sexo por el cual una pareja es convertida en “una carne” representa la unidad espiritual compartida por aquellos que tienen el Espíritu Santo.

1 Corintios 6:17: “Pero el que se une (kollomenos) al Señor, un espíritu es con él”. 

En 1 Corintios 6:16-17, Pablo usa el mismo verbo griego exacto (kollomenos) para describir la unión física en el sexo con una ramera y la unión espiritual del espíritu de Dios con aquel de un creyente. La razón es porque lo físico es un cuadro de lo espiritual. Lo mismo que una pareja se convierte en “una carne” cuando se unen en la relación sexual, Dios y hombre se convierten en uno cuando el Espíritu Santo se une con nuestro espíritu humano.

Fue a través de esta unión espiritual de espíritus que Jesús legítimamente podría decir que él y el Padre eran uno. Como él siempre hace, Dios nos ha dado una representación física de una verdad espiritual. Podemos convertirnos en uno con Dios tal como él y Jesús eran uno cuando recibimos el regalo de Su Espíritu Santo.

Bryan T. Huie
17 de Marzo, 2002
Revisado: 14 de Marzo, 200

 

 

 

 

Una de las doctrinas centrales del cristianismo es la enseñanza de que los creyentes pasarán la eternidad en el cielo. Los numerosos himnos han sido escritos sobre aquellas “calles divinas de oro” por las que andaremos en la vida futura. Junto con el concepto Trinitariano de la Deidad, la doctrina de ir al cielo es una de las creencias fundamentales del cristianismo tradicional.

Sin embargo, no hay ninguna semejante doctrina enseñada en el Antiguo Testamento. Esta enseñanza está basada exclusivamente en pasajes del Nuevo de Testamento. Los Evangelios Sinópticos declaran que nuestro tesoro estará en el cielo:

Mateo 6:19 “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”.

Mateo 19:21 “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”.

Marcos 10:21 “Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”.

Lucas 18:22 “Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”.

Otros pasajes hablan de nuestra recompensa que está en el cielo:

Mateo 5:11,12 “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

Lucas 6:20-23: “Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas”.

A los discípulos se les dijo que sus nombres estaban escritos en el cielo:

Lucas 10:19-20: He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Hebreos 12: 22-23 “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos”.

El apóstol Pablo declare que los creyentes eran ciudadanos del cielo:

Filipenses 3:20,21: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

Pablo también, de acuerdo con los Evangelios Sinópticos, escribió que los creyentes tienen “una esperanza en el cielo,” “una posesión duradera” reservada como un tesoro para ellos en el cielo:

Colosenses 1:3-5: “Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio” 

Heb. 10:32-34: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos”

1 Timoteo 6:17-19: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eternal”.

El apóstol Pedro, de acuerdo con el autor de Hebreos, muestra que los creyentes tienen “una herencia incorruptible” reservada para ellos en el cielo:

1 Pedro 1:3-5: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. 

Un escrutinio de estas Escrituras muestra que el foco  del Nuevo Testamento está principalmente en la RECOMPENSA de los creyentes, que es el TESORO que ellos han reservado para ellos en el cielo. En II Corintios, Pablo habla expresamente de la naturaleza de esta recompensa:

2 Cor. 5:1-4: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida”. 

En este pasaje, Pablo habla figuradamente de la vida en este cuerpo carnal (“nuestra casa terrenal”). Él dice a los Corintios que ellos tienen “un edificio de Dios” en el cielo que los espera después de que su cuerpo carnal muera. Él habla ansiosamente de ser vestido con su cuerpo espiritual, aquella “residencia que es del cielo.” Él declara que aquellos creyentes en la carne gimen en el esfuerzo penoso, esperando ponerse su cuerpo espiritual incorruptible en la resurrección. Es este cuerpo espiritual e inmortal que es el tesoro o la recompensa que espera a los creyentes en la resurrección.

En una carta anterior, Pablo les dijo a los Corintios que “carne y sangre” NO pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción”:

1 Cor. 15:50-53: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,  en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”

La enseñanza de Pablo es clara para aquellos que pueden ver por encima de las tradiciones de los hombres. La recompensa reservada en el cielo para creyentes no es una residencia en el cielo mismo, sino mejor dicho un cuerpo espiritual incorruptible que los creyentes tendrán después de la resurrección.

La Biblia nunca explícitamente declara que los creyentes serán tomados al cielo para pasar la eternidad allí. De hecho, Pablo expresamente nos dice dónde pasarán los creyentes la eternidad en la su primera carta a los Tesalonicenses:

1 Tes. 4:13-17: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.  Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Pablo claramente declara que después del regreso del Mesías, cuando los muertos son resucitados, aquellos que están “en Cristo” siempre “estarán con el Señor.” Jesús mismo prometió volver y tomar a los creyentes a donde él estaría:

Juan 14:1-3: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 

Sí, en el cielo Dios mora en su santo templo, y ese Santo templo es visto bajar a la tierra en Apocalipsis 21 para que esté entre los hombres. Es decir, la morada de Dios, su tabernáculo estará en medio de los hombres y Dios morará con sus fieles en sus moradas. Nótese que Jesús dice que dónde él está (en Jerusalén) estaremos nosotros también con él.

Una razón por la que los Cristianos han abrazado el cielo como su lugar de morada eterna es porque ellos no estudian el Antiguo Testamento bastante para saber lo que éste enseña sobre el reino próximo de Dios (llamado “el reino de los cielos” por Mateo). Si los creyentes siempre deberán “estar con el Señor” después de su regreso,  ¿dónde muestra la Biblia que estará el Mesías entonces? Vamos ahora a dedicar el resto de este estudio para responder esta pregunta.

Empecemos con las propias palabras del Mesías, encontradas en el Sermón al Monte:

Mateo 5:2-9 “Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Muchas personas interpretan la frase “reino de los cielos” como un reino que está EN el cielo. Pero esto no es lo que Mateo (el único autor de un Evangelio que usa la locución “el reino de los cielos”) tuvo la intención de comunicar por su uso de la frase.

El Evangelio de Mateo fue escrito a los Judíos. A causa de su deseo de no tomar el nombre de Dios en vano (Exo. 20:7), los Judíos a menudo usaban términos que fueron entendidos como sinónimos de Dios (es decir, “el Poder” – Mateo 26:64; Marcos 14:62; “cielo”-Lucas 15:18) en vez de Su nombre. Por lo tanto, en las escrituras de Mateo, “el reino de Dios” es más a menudo referido como “el reino de los cielos.”

Jesús declaró que el “pobre en espíritu” (Mat. 5:3) y aquellos “perseguidos a causa de la justicia” (Mat. 5) van a recibir “el reino de los cielos.” Sin embargo, los mansos van “a heredar la tierra” (Mat. 5:5). ¿Habrá dos recompensas DIFERENTES por estos grupos de personas? ¿O estos dos son realmente el mismo?

Un poco más tarde en el Sermón al Monte, Jesús enseñó a sus discípulos a cómo orar. El principio de esta oración, que es familiar a casi cada creyente, contiene el entendimiento  de nuestro destino eterno:

Mateo 6:9,10: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.

El reino de Dios (“o el reino de los cielos”) estará aquí en la tierra. Jesús enseñó a sus discípulos a orar para que venga este reino, de modo que la voluntad de Dios pudiera ser hecha aquí en la tierra, como se hace ahora en el cielo.

Para mostrar concluyentemente que “el reino de los cielos” y el Mesías estarán en la tierra, debemos examinar las profecías de Antiguo Testamento. Éstas nos dirán claramente dónde los creyentes disfrutarán de su recompensa “divina”. Comencemos con una profecía del libro de Zacarías:

Zacarías 8:2-8: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran celo, y con gran ira la celé. Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas. Así dice Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá maravilloso a los ojos del remanente de este pueblo en aquellos días, ¿también será maravilloso delante de mis ojos? dice Jehová de los ejércitos. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí, yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol; y los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia”. 

Zacarías claramente registra que el Mesías (a quien dieron el nombre de su Padre-Juan 17:11) volverá a Jerusalén y morará allí en medio de Israel. Esto es afirmado repetidas veces en el Tanakh, como muestran las profecías siguientes:

Zacarías 2:4-12: “y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella. Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella. Eh, eh, huid de la tierra del norte, dice Jehová, pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice Jehová. Oh Sion, la que moras con la hija de Babilonia, escápate. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió. Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti. Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén. 

Miqueas 4:1-8: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre. En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre. Y tú, oh torre del rebaño, fortaleza de la hija de Sion, hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén”. 

Joel 3:16-21: “Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel.  Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella.  Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim.  Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente. Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación. Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado; y Jehová morará en Sion”. 

Isaías 24:17-23: “Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra. Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el que saliere de en medio del foso será preso en la red; porque de lo alto se abrirán ventanas, y temblarán los cimientos de la tierra. Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará. Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra. Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días. La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso”.

Isaías 21:1-6: “En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”. 

Salmos 12:1-12 “¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás. Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; Admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, Y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; Pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían”.

Una multitud de profecías del Antiguo Testamento hablan de la nueva reunión de los israelitas en la Tierra Santa bajo el reinado del rey Mesías. Está claro que Jesús estará aquí en la tierra gobernando sobre las naciones desde Jerusalén.

Según Pablo, debemos estar para siempre con el Señor cuando él aparezca. Si es así, entonces también estaremos aquí en la tierra, gobernando con él como reyes y sacerdotes (Rev 1:6). Isaías habla de lo que haremos entonces:

Isaías 1:24-27: “Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios; y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza. Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel. Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia”. 

Isaías 30:18-21: “Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Ciertamente el pueblo morará en Sion, en Jerusalén; nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor te responderá. Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán a tus maestros. Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda”. 

Los santos resucitados con cuerpos de espíritu incorruptibles servirán como maestros, consejeros, y jueces para aquellos que viven en el reino mesiánico de Dios. Como muestra la parábola de Jesús de las diez minas (Luke 19:12-27), el Mesías recompensará a sus siervos cuando él vuelva con posiciones de autoridad dentro del reino de Dios basado en lo que reprodujeron del Espíritu Santo dado a ellos. Se les dará la responsabilidad de conducir y enseñar, como las palabras de Isaías nos muestran.

No iremos al cielo. Al final del reinado de 1,000 años del Mesías, el cielo vendrá a la tierra:

Apo. 21:1-4: “1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.  Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. 

Un tiempo vendrá, después del reinado del Mesías en la tierra, que Dios mismo bajará del cielo. Él morará entonces en la nueva tierra entre la humanidad. La tierra, la versión corriente y la nueva tierra que vendrá después del Milenio, siempre será la casa de humanidad.

Bryan T. Huie

El 25 de mayo de 2004

Revisado: el 14 de marzo de 2008

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