Archive for marzo, 2009


lutero

A usted le podría asombrar saber que los comentaristas de más alto calibre de la antigüedad no creyeron que el continente Europeo fuese el jugador o protagonista exclusivo en los tiempos del fin. Una reanimación de un Imperio Romano nunca quiso decir una reanimación de un Imperio Europeo.

Muchos de nuestros mejores eruditos occidentales en la profecía de la Biblia creyeron que el mahometismo sería un jugador principal y que reavivará en el fin de días como parte de esta bestia del tiempo del fin.

John Wesley interpretó el Hierro en Daniel 2 como el mahometismo (Obras, 1841).

Hilaire Belloc previó el levantamiento del mahometismo.2

Gregorio Palamo de Tesalónica interpretó el martirio de los cristianos durante el Gran Tribulación como proviniendo del mahometismo.

Josías Litch interpretó Apocalipsis como siendo conducido por el Islam.3 Él aun describió la magnitud del rol del Islam como siendo el  anticristo al extremo de llamarle ” el acuerdo general entre cristianos, especialmente comentaristas protestantes”.

Cirilo de Jerusalén (315-368 A.D) en su Institutos Divinos creyó que el anticristo procede de la región de la antigua Siria 4, lo cual hoy se extiende de Siria bien adentro a las porciones de Asia Menor (Turquía).

Soforonio, Patriarca de Jerusalén (560-638) y Máximo, el Confesor (580-662) identificaron al mahometismo con el anticristo.

Juan de Damasco (676-749) fue otra figura muy importante en los inicios de la iglesia. En su libro famoso, En contra de las Herejías, él identificó el mahometismo como el precursor para el anticristo.

Eulogio, Pablo Álvaro y los Mártires de Córdoba (siglo 9) creyeron que Mahoma era el falso profeta y el precursor para el anticristo. 5

Muchos no son conscientes de que mientras Martín Lutero, padre de la Reformación Protestante, creyó que el Papado desempeñó el papel de la ramera espiritual, él también creyó que los musulmanes eran el Reino del anticristo. 6

Juan Calvino interpretó la pierna oriental de Daniel 2 como el Imperio Romano-Islámico y que Daniel 11:37 aplicaba a los musulmanes. 7

Aun Jonathan Edwards el gran predicador congregacional americano, y el presidente de la Universidad Princeton, como Lutero y Calvino, vio el mahometismo como uno de los elementos de inauguración del Reino del Anticristo. 8 Calvino aun interpretó la caída del mahometismo en el sonido de la gran trompeta 9 La caída del mahometismo en el sonido de la gran trompeta aun lleva al mahometismo en el Gran Tribulación y no como tantos de nuestros analistas contemporáneos de profecía que alegan que el mahometismo debe ser removido antes de que Cristo venga.

Aun Sir Robert Anderson, quizá uno de los mejores expertos de profecía que se desenllavaron las setenta semanas de Daniel, en su libro notable El Príncipe que ha de Venir, insiste en enfocar la atención en las partes Levant (este) en vez del mar Adriático (oeste). 10

Incontables otros comentaristas de la Biblia advirtieron sobre  el mahometismo siendo el reino del anticristo- Selnecker, Nigrino, Chitraeo, Bullinger, Foxe, Napier, Pareo, John Cotton, Thomas Parker, Increase Mather, Cotton Mather, y George Stanley Faber.11

También añadido a la lista está el Reverendo, Profesor Dr. Francis Nigel Lee que resume la opinión tradicional en su excelente obra ‘Mahometismo en la Biblia’: “Desde el séptimo siglo en adelante- (las dos piernas) se degenerarían respectivamente en el Papado (que progresivamente asumió el control del oeste) y el Mahometismo (que progresivamente asumió el control del este)”. (p. 5)

Haciendo a Europa el cuerpo exclusivo del reino del anticristo no es lo ortodoxo o aun la opinión tradicional. Algunos insisten en que el anticristo es italiano puesto que él proviene del Imperio Romano, pero romano no quiere decir estrictamente italiano, lo mismo que Alejandro el Grande fue Griego, pero no por esto quiere decir ateniense, pues él fue de Macedonia. Antíoco Epífanes, otra predicción bíblica, fue Sirio, no ateniense, o chipriota. ¿Por qué entonces, cuando se refiere a anticristo, insisten en un italiano ignorando el imperio entero. Aun Jesús insistió que Pérgamo en Apocalipsis 2:12-13, fue el asiento de Satanás y no la interpretación gimnásticamente alterada de una reliquia arqueológica que se asienta en Berlín.

Mientras que analistas de la profecía contemporánea pregonan la idea de que la cuarta parte de la imagen metálica (el hierro) de Daniel 2 es estrictamente europea, las opiniones tradicionales difieren. El Dr. Matthew Henry comenta: ¿”Quién es este enemigo cuya subida, reinado y ruina están aquí predichos? Los intérpretes no están de acuerdo. Algunos tendrán al cuarto reino al reino Seléucida, y al cuerno pequeño como Antíoco Epífanes; otros interpretarán el cuarto reino como los romanos, y el cuerno pequeño  como ‘Julio César’ y los subsiguientes emperadores, tal como creyó Calvino.

Otros dicen que el “cuerno pequeño” es el Imperio Turco (Musulmán); tales como Lutero, Vatablo, y otros.

 

2 The Great Heresies, chapter 4 March, 1936, page 127-128

 

3 Hosiah Litch, The Three Woe Trumpets, Fall of The Ottoman Empire , August 11, 1840

 

4 Divine Institutes, 7:17

 

5 Paul Alvarus, Memoriale sanctorum 2.4

 

6 Martin Luther, Tischreden, Weimer ed., 1, No. 330

 

7 Calvin On Islam Revelation Prof. Dr. Francis Nigel Lee, Lamp Trimmers El Paso , 2000

 

8 Jonathan Edwards, The Fall of Antichrist, Part VII, page 395, New York, Published by S. Converse 1829

 

9 Jonathan Edwards, The Fall of Antichrist, Part VII, page 399, New York, Published by S. Converse 1829

 

10 The Coming Prince, Page 273

 

11 Froom: op. cit., II pp. 323f, 325f, 331, 340f, 412f, 458 & 518f and also III pp. 40f, 74f, 125-31, 149, 183, 240f, &352f.

 

12 M. Henry: A Commentary on the Holy Bible, with Practical Remarks andObservations, London : Marshall Bros. Ltd., n.d., IV:1270f.

 

 

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LOS ÁNGELES, Estados Unidos (EntreCristianos, LA Times / J. Forster, ACPress.net) La Catedral de Cristal (en California) está en una gran crisis económica y de liderazgo. La ‘macrochurch’ ha sido liderada muchos años por Robert H. Schuller, y era famosa en Estados Unidos por sus paredes de cristal y por acoger el programa televisivo “Hour of Power” (“La Hora de Poder”). El tele-evangelista había traspasado el liderazgo a su hijo, Robert A. Schuller, que ahora ha dimitido. Después de 30 años ‘on air’, la “Hora de Poder” está a punto de dejar de emitirse. Las dificultades económicas de la organización montada por Schuller padre, además, también afectan a la congregación que lideraba. La iglesia afronta problemas financieros y para pagar las deudas se prevé vender la propiedad que tienen, valorada en más de 65 millones de dólares.

 

Los ingresos de la organización de Schuller bajaron unos 5 millones de dólares el año pasado, según indica una carta enviada a las personas que ofrendan a su organización. “Los últimos meses del 2008 fueron devastadores para nuestro ministerio” explicaba el tele-evangelista de 82 años de edad.

 

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Robert A. Schuller, izquierda, posa para una foto con su padre, Robert H. Schuller, fuera de la Catedral de Cristal.

 

Según el liderazgo de la Catedral de Cristal, la crisis económica es la causa de esta debacle. Pero a ello se añade que la transición en el liderazgo que el anciano Schuller había planificado, no ha funcionado. Robert A. Schuller junior había recibido realizar el papel de su padre tanto en el famoso programa de radio como en el pastorado de la Catedral de Cristal.

 

Pero en octubre del año pasado, Schuller padre cambió de opinión y obligó al hijo a renunciar como jefe del programa televisivo. Ahora, pasados unos meses, el hijo también ha presentado su dimisión como pastor de la congregación.

 

EL “PENSAMIENTO POSITIVO” DE SCHULLER

 

El mensaje predicado por Robert H. Schuller ha sido muchas veces denominado como “positive thinking” (pensamiento positivo). Desde diferentes contextos evangélicos estadounidenses, se había criticado que Schuller dejaba de lado conceptos como el pecado para hacer todo el énfasis en la potencialidad de las personas para conseguir el éxito en su vida.

 

http://ceirberea.blogdiario.com/img/hora-del-poder.bmpEl programa ‘La Hora de Poder’ era uno
de los más populares de la TV americana.

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Como ejemplo, a lo largo de sus años como presentador de “La Hora de Poder”, Schuller ha dejado una gran cantidad de frases enfocadas al éxito en la vida, como “los logros de hoy son tus imposibilidades de ayer”, “nunca se sufre de un problema de dinero, sino de un problema de ideas” o “ganar empieza con empezar”. La realidad, siempre tozuda, se ha vuelto en su contra.

Por otro lado, según el diario Los Angeles Times, Robert H. Schuller expresó abiertamente a los medios de comunicación que se daba una “falta de visión compartida” con su hijo, que ponía “en riesgo el ministerio” y que obligaba a ambos a “dividir” sus “caminos”.

 

MULTIMEDIA
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El líder que impulsó el pensamiento positivo ve cómo su sueño se viene abajo, y tendrá que vender posiblemente su Catedral de Cristal, perdiendo el conocido programa de radio “La Hora del Poder”. Pero, ¿qué está detrás de ésta situación? ¿cuál ha sido la historia de este líder, su pensamiento y su estilo de liderazgo? Un análisis de José de Segovia en una entrevista de Daniel Oval (audio de 6 Mb).

Comentario de Apologista:

Como lo he venido sosteniendo desde que inicié este blog,  todos los ministerios que prediquen un evangelio fraudulento desaparecerán tarde o temprano, y con ellos, sus seguidores. Y es que Dios jamás bendecirá un ministerio que sólo busca enriquecerse con promesas vanas y etéreas que sólo conducen a la decepción. Pronto veremos la caída de otros ministerios similares al de Schuller  y de sus megaiglesias en otros lugares del mundo. Llegó el fin del codiciado ”cash money” y la vida a todo dar de los ”ungidos intocables del Señor”. 

.Puede escuchar o descargar, pulsando aquí, la entrevista completa en eMision.net

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¡Pero si siempre hay alguna “ovejita negra” , incluso en las mejores familias! ¿Cuál es el problema?…¡Pues, tú!

El Obispo TD Jakes de la Iglesia “Potter’s House” ha expresado todo el apoyo a su hijo que enfrenta cargo por exposición indecente. Jermaine Jakes de 29 años, fue acusado de masturbarse frente a dos detectives encubiertos en un parque público de la Ciudad de Dallas en la noche del 3 de enero. Fue detenido en el lugar y más tarde liberado. Luego él se entregó a las autoridades del Condado de Dallas y fue puesto en libertad bajo fianza.Si se le encuentra culpable, Jermaine Jakes podría enfrentar hasta seis meses de cárcel y una multa us$2.000 dolares.

 

TD Jakes, cuyo éxito en ventas de libros y de emisiones por televisión de su ministerio evangelístico internacional, dijo a la congregación en la Iglesia “Potter’s House” que había tenido una semana malisima”, indico la Prensa Asociada.

 

Dijo en una declaración a la congregación que la detención de su hijo era “lamentable”, pero dio garantías de su apoyo incondicional hacia su hijo. “Como padres, a veces siento que nuestros hijos no estar a la altura de nuestros mejores y altos ideales. Aunque no lo estén, no disminuye nuestro amor hacia ellos, no son infalibles ni profesan serlo”, dijo. “Somos humanos con problemas reales, al igual que muchas otras familias”.

 

“Es en momentos que se debe de predicar que no somos (las personas) la solución, sino solo hay que mirar a Cristo que es la verdadera solución”, dijo el Pastor TD Jakes en una declaración escrita proporcionada al ‘The Dallas Morning News’.

 

El Hijo del Pastor TD Jakes fue detenido en el lugar del hecho y puesto en libertad, como suele hacerse en estos casos. Él se entregó a la Cárcel del Condado de Dallas y luego fue puesto nuevamente en libertad al pagar una fianza por us$1000 dólares.

 

Jermaine Jakes es uno de los cinco hijos de TD Jakes y su esposa, Serita.

 

Recién el pasado mes, el Obispo TD Jakes habló en un servicio de oración al que asistió el Presidente Barack Obama.

 

Shayne Lee que es escritor y profesor de sociología en la Universidad Tulane, dice que TD Jakes siempre ha predicado la compasión y la mayoría del público se ha mostrado en estos momentos compasivo por su problema familiar. “Él no tiene un mensaje de juicio”, dijo Lee. “Si hubiera sido un predicador que usa la Biblia para dar golpes, de seguro que había tenido muchos más problemas con esto que vive su hijo”.



svicenzo     ¡Un serio dilema para los Católicos Romanos!

                Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11,12).

El apóstol Pablo le escribe a la iglesia de Éfeso para recordarles que el Señor constituyó a algunos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores (obispos); y a otros, maestros, para edificar y perfeccionar a los santos (el cuerpo de Cristo). Observemos que los que llevan la delantera en la iglesia tienen la tarea de edificar y perfeccionar a los santos del Señor, y no para enseñorearse sobre ellos, tomándose atribuciones que no les competen. Si Pablo hubiera pensado, por ejemplo, que los pastores eran los hombres más importantes de la iglesia, entonces él los hubiera mencionado antes que los evangelistas, pero no lo hizo así. Este hecho es para mí, en lo personal, muy sugerente… ¿no les parece a ustedes también, queridos lectores? Pero bueno, ¡éste es un tema distinto!

El Pastor es Obispo

El punto es que hay una tarea que debe ser compartida por los pastores, maestros, evangelistas, profetas y apóstoles, y ésa es: edificar y perfeccionar a los santos.  Si bien Pablo no menciona la palabra obispo en este pasaje, sino pastor (Gr. Poimen), sabemos con certeza que él se está refiriendo al obispo, pues éste  desempeña la función de apacentador del rebaño, tal como cualquier pastor lo hace con sus ovejas (Ver Hechos 20:28. También ver 1 Pedro 2:25 donde se conjugan obispo y pastor).

Perfeccionamiento de los Santos

¿Cómo es eso de perfeccionar a los santos? ¿No dice la iglesia Católica que los santos ya son hombres que han alcanzado un nivel óptimo de perfeccionamiento de sus virtudes cristianas y que por esto ya han sido cuidadosamente santificados “post-mortem”? Si el obispo debe perfeccionar a los santos, esto sólo puede significar tres cosas:

1.- Que los santos son imperfectos y que no pueden alcanzar la estatura de Cristo si no son antes perfeccionados por los obispos o pastores.

2.- Que los obispos son creyentes que han alcanzado la estatura de Cristo y que deben perfeccionar a los santos de la iglesia con su ejemplo y su conocimiento de la Palabra del Señor.

3.- Que los santos deben estar vivos para ser perfeccionados, ya que los muertos descansan en sus tumbas y no saben nada de lo que ocurre con los vivos.

Dilema Católico-Romano

Pero sucede que en el catolicismo Romano los obispos no son considerados más maduros y perfectos que los santos, sino todo lo contrario. Éstos (los santos católicos) son puestos por modelo o ejemplo de toda la iglesia, incluyendo a los obispos.

En segundo lugar, los obispos católicos no pueden perfeccionar a los santos ¡porque sencillamente todos éstos están muertos! Entonces me pregunto: ¿A quiénes están “perfeccionando” los obispos católicos en sus cultos dominicales? ¿A impíos? ¿A disolutos?¿A ateos?…¿o tal vez a sus santos difuntos  en el más allá? ¡Creo que nuestros amigos católicos nos deben una respuesta urgentemente!

tronoHay una idea ampliamente difundida de que el reino de Dios ya está en plena existencia, compuesto por los actuales creyentes (‘la iglesia’). Sin embargo, no puede haber duda de que en el presente no podemos estar plenamente en el reino, en vista de que Cristo aún no ha regresado a establecerlo.

Debería ser obvio, por lo que hemos estudiado hasta ahora, “que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Co. 15:50). Nuestra herencia es nuestra salvación la cual será revelada “en el tiempo postrero” (1P. 1:4,5). Somos “herederos del reino que ha prometido a los que le aman” (Santiago 2:5), en vista de que el bautismo nos hace herederos de las promesas que fueron hechas a Abraham, las cuales comprenden el evangelio básico del reino (Mt. 4:23; Ga. 3:8,27-29). Por lo tanto, es común encontrar promesas acerca de heredar el reino al regreso de Cristo, cuando se cumplirán las promesas que fueron hechas a Abraham (Mt. 25:34; 1 Co. 6:9,10; 15:50; Ga. 5:21; Ef. 5:5). El uso mismo de este lenguaje de herencia futura muestra que los creyentes no poseen actualmente el reino.

Jesús contó una parábola para corregir a aquellos que pensaban “que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano. para recibir un reino y volver”. Entretanto dejó a sus siervos con ciertas responsabilidades. “Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos”, y los juzgó (Lc. 19:11-27).

El noble representa a Cristo quien se fue al “país lejano” del cielo a recibir el reino, con el cual regresa al tiempo del juicio, es decir, su segunda venida. Por lo tanto, es imposible que los “siervos” posean el reino en el presente, mientras dura la ausencia de su Señor.

Lo siguiente proporciona prueba adicional de esto :

- “Mi reino no es de este mundo [esta era]“, declaró Jesús claramente (Jn. 18:36). Sin embargo, incluso en aquel tiempo pudo decir: “Yo soy rey” (Juan 18:37), mostrando que la ‘realeza’ actual de Cristo no significa que su reino ya esté establecido. Incluso a los fieles del primer siglo se les describe como esperando “el reino de Dios” (Mr. 15:43) .

- Cristo dijo a sus discípulos que él nunca volverìa a beber vino sino “hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mt. 26:29). Esto implica claramente que el reino había de ser en el futuro, tal como la gente entendió la predicación de Cristo acerca del “evangelio [es decir, proclamaciòn anticipada] del reino de Dios” (Lc. 8:1). “Bienaventurado el que coma pan [en el futuro] en el reino de Dios”, fue el comentario de ellos (Lc. 14:15).

- Lucas 22:29,30 continúa este tema: “Yo, pues os asigno un reino… para que comáìs y bebáìs a mi mesa en mi reino”.

- Jesùs explicó las señales que anunciarían su segunda venida, y concluyó con el comentario: “Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios” (Lc. 21:31). Esto es absurdo si el reino ya estuviera en existencia antes de la segunda venida.

- “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hch. 14:22). Con razón cada sufrido creyente ora vehementemente para que venga el reino (Mt. 6:10).

- Dios “os llamó a su reino” (1 Ts.2:12); en respuesta, debemos buscar la entrada a ese reino llevando ahora una vida espiritual (Mt. 6:33).

¿ESTÁ EL REINO DE DIOS DENTRO DE USTEDES?

Apesar de todo este considerable énfasis, muchos ‘cristianos’ convencionales prefieren basar en un solo pasaje su creencia de que el reino existe actualmente en el corazón de los creyentes: “El reino de Dios está entre vosotros” (Lc. 17:21). El contexto muestra que Jesús estaba hablando a los fariseos (v. 20); por lo tanto, el “vosotros” se refiere a ellos. Ciertamente ellos no eran creyentes cristianos –el reino de Dios no estaba establecido en sus corazones.

Los judíos hacían ostentación pública del celo con que buscaban al Mesìas. En este pasaje, la frase “el reino de Dios” parece ser un título del Mesías, en vista de que él ha de ser el rey del reino. De modo que cuando Jesús entró en Jerusalén, el pueblo gritaba: “¡Bendito el que viene [el Mesías] en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!” (Mr. 11:9,10). Esto hace un paralelo entre el Mesías y “el reino”. Asì Juan el Bautista predicó que “el reino de los cielos se ha acercado. Pues este es [Jesús] aquel de quien habló el profeta Isaías” (Mateo 3:2,3). En nuestro pasaje de Lucas 17:20-24, Jesús contestó su pregunta acerca de “cuándo había de venir el reino de Dios”, hablándoles de la venida del “Hijo del Hombre”.

El punto de vista de Cristo era que los judíos estaban haciendo tanta ostentación de que estaban a la espera de la venida del Mesías, esperando que él se revelara en poder, que no llegaron a darse cuenta de que el Mesías -”el reino de Dios” –ya estaba entre ellos en la humilde persona de Jesús. Por eso les advirtió: “El reino de Dios [el Mesías] no vendrá con advertencia… he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (Lc. 17:20, 21).

Fuente: Bible Basics

EL REINO DE DIOS EN EL FUTURO

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Hemos visto antes que a Abraham se le prometió que por medio de su Simiente será bendecida la gente de todas partes del mundo; Romanos 4:13 indica que además esto significa que toda la tierra será heredada por aquellos que son de la Simiente de Abraham, es decir, de Cristo. La profecía de la imagen de Daniel 2 explica que Cristo regresará como la piedra pequeña, y entonces el reino se extenderá gradualmente por todo el mundo (compárese con Sal. 72:8). Esto significa que el reino de Dios no estará localizado únicamente en Jerusalén o en la tierra de Israel, como sostienen algunos, aunque estas áreas serán ciertamente su centro de gobierno.

Aquellos que siguen a Cristo en esta vida serán “reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Ap. 5:10). Tendrán diferentes grados de responsabilidad (Lc. 19:17). Cristo compartirá su reinado sobre la tierra con ellos (Ap. 2:27; 2 Ti. 2:12). “Para justicia reinará un rey [Jesús], y príncipes [los creyentes] presidirán en juicio” (Is. 32:1; Sal. 45:16).

Cristo ha de reinar en el restablecido trono de David (Lc. 1:32,33), es decir, tendrá el lugar y rango de autoridad de David, que estaba en Jerusalén. Como Cristo reinará desde Jerusalén, ésta será la capital del futuro reino. Es en esta área donde se construirá un templo (Ez. 40:48). Aunque la gente alabará a Dios en diversos lugares en todo el mundo (Mal. 1:11), este templo será el punto céntrico donde el mundo irá a adorar. Las naciones “subirán de año en año para adorar al rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” alrededor del templo en Jerusalén (Zac. 14:16).

Este peregrinaje anual a Jerusalén está también profetizado en Isaias 2:2,3 “En lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte [reino –Dn.2:35,44] de la casa de Jehová [el templo] como cabeza de los montes [es decir, el reino y el templo de Dios serán exaltados por sobre los reinos de los hombres]…y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos… Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”. Esta parece ser una descripción de los primeros días del reino, cuando la gente transmite a otros el conocimiento del reinado de Cristo, y suben al “monte” del reino de Dios, el cual poco a poco se difundirá a todo el mundo. Aquí tenemos una descripción de verdadero entusiasmo en la adoración religiosa.

Una de las mayores tragedias humanas de nuestros días es que la gente ‘adora’ a Dios por razones políticas, sociales, culturales o sentimentales, más bien que sobre la base de un verdadero entendimiento de Él como su Padre y creador. En el reino habrá entusiasmo a nivel mundial por aprender los caminos de Dios; la gente estará tan motivada por este deseo que viajarán, desde todas las regiones de la tierra, hacia Jerusalén a fin de adquirir más conocimiento acerca de Dios.

En vez de la confusión e injustica creada por los sistemas legales de los hombres y su administración de la justicia, habrá un único código legal universal – “la ley y la palabra de Jehová”, que será promulgado por Cristo desde Jerusalén. “Todas las naciones correrán” a estas sesiones de enseñanza, implicando que este deseo común de obtener el verdadero conocimiento de Dios hará disminuir la fricción natural que hay entre las naciones, así como ocurre entre personas que se dedican a adquirir semejante conocimiento en esta vida.

Esta descripción de todas las naciones corriendo a Jerusalén es similar al relato que se presenta en Isaías 60:5, donde los judíos llegan junto con los gentiles (los no judíos) a adorar a Dios en Jerusalén. Esto se conecta perfectamente con la profecía del reino en Zacarías 8:20-23:

“Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades; y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová [compárese con Zac. 14:16 –"de año en año"], y a buscar a Jehová de los ejércitos. Yo también iré. Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén… diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos con vosotros, por que hemos oído que Dios está con vosotros”.

Esto crea la situación en que el pueblo judío será puesto “por cabeza, y no por cola” de las naciones, debido a su arrepentimiento y obediencia (Dt. 28:13); en aquel tiempo todos reconocerán la base judía del plan divino de salvación. Y así la ignorancia de esto entre el cristianismo contemporáneo llegará a su término abruptamente. Entonces la gente estudiará estas cosas con entusiasmo, de manera que podrán decir a los judíos: “Hemos oído que Dios está con vosotros”. Entonces las conversaciones girarán en torno a cosas espirituales, más bien que las vanidades que llenan el pensamiento actual del mundo.

Debido a este mayor compromiso por la santidad, no es sorprendente que Cristo “juzgará entre las naciones… y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Is. 2:4). La autoridad absoluta de Cristo y la justicia plena de su arbitraje en las controversias permitirán que las naciones gustosamente transformen sus maquinarias militares en equipos agrícolas, y abandonen todo entrenamiento militar. “Florecerá en sus días justicia” (Sal. 72:7) –entonces la espiritualidad será exaltada, y se rendirán honores a aquellos que reflejen las características divinas de amor, misericordia, justicia, etc. Contraste esto con el relieve que se da a los soberbios, jactanciosos y ambiciosos.

La voluntaria transformación de “espadas en rejas de arado” será parte de un cambio agrícola mucho mayor que ha de venir sobre la tierra. Como resultado del pecado de Adán, la tierra fue maldecida por causa de él (Gn. 3:17-19), con el resultado de que ahora se necesita un considerable esfuerzo para que produzca alimento. En el reino “será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los [anteriormente estériles] montes; su fruto hará ruido como [las cosechas de] el Líbano “Sal. 72:16). “El que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto” (Am. 9:13); así será la mejorada fertilidad de la tierra, y la eliminación de la maldición que se decretó sobre la tierra en el Edén.

Tan inmensa empresa agrícola hará participar a mucha gente. Las profecías acerca del reino dan la impresión de que la gente regresará a un estílo de vida agrícola autosuficiente:

“Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quienes los amedrente” (Miqueas 4:4).

La autosuficiencia terminará con los abusos que son inherentes a cualquier sistema de empleo de mano de obra por un salario. Pasar toda una vida trabajando para que otros se enriquezcan será entonces un asunto del pasado.

“Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma… mis escogidos disfrutaran de la obras de sus manos. No trabajarán en vano…” (Is. 65:21-23).

Isaías 35:1-7 contiene una profecía incomparable acerca de cómo será transformada la tierra estéril, produciendo un aura de gozo y felicidad que casi fluirá de la tierra, debido al modo de vida más fácil y más espiritual de aquellos que la trabajan: “Se alegrarán el desierto… el yermo se gozará y florecerá como la rosa… se alegrará y cantará con júbilo… porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque”. Hasta la natural agresividad entre los animales terminará. “El lobo y el cordero serán apacentados juntos”, y los niños podrán jugar con serpientes (Isaías 65:25; 11:6-8).

De la misma manera en que la maldición que se había decretado sobre la creación natural será reducida considerablemente, así también la que fue decretada sobre el género humano será disminuida. Por eso Apocalipsis 20:2,3 habla en lenguaje simbólico acerca de que el diablo (el pecado y sus efectos) será “atado”, o restringido, durante el milenio. La duración de la vida aumentará, de manera que si alguien muere a los 100 años de edad, será considerado como la edad de un niño (Is. 65:20). Las mujeres experimentarán menos dolor en el parto (Is. 65:23). “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Is. 35:5,6). Esto será posible debido a que de nuevo se poseerán los milagrosos dones del espíritu (compárese con He. 6:5).

Nunca se podrá recalcar suficientemente que el reino de Dios no debería ser imaginado como un paraíso en una isla tropical, donde los justos disfrutarían de una manera similar a la que disfrutan los hombres cuando toman baños de sol entre las glorias de la naturaleza. El propósito fundamental del reino de Dios es dar gloria a Dios, hasta que la tierra esté llena de gloria para Él, “como las aguas cubren el mar” (Hab. 2:14). Este es el objetivo final de Dios: “Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria [llenará]…toda la tierra” (Nm. 14:21). Dar gloria a Dios significa que los habitantes de la tierra apreciarán, alabarán y copiarán sus justos atributos; y debido a que el mundo estará en este estado, Dios permitirá que la tierra física también refleje esto. De modo que “los mansos heredarán la tierra [en el reino ], y se recrearán con abundancia de paz [espíritual]” (Sal. 37: 11), más bien que disfrutar de la vida fácil. Aquellos “que tienen hambre y sed de justicia… serán saciados” con ella en el reino (Mt. 5:6).

A menudo se usa el deseo de poseer la vida eterna en el reino como una carnada para inducir a la gente a interesarse en el cristianismo. Sin embargo, el solo hecho de poseerla será en aquel tiempo casi secundario ante la verdadera razón por la cual estaremos en el reino –la cual es glorificar a Dios. Cuánto tiempo puede faltarnos para esto después de nuestro bautismo, es una apreciación que debería estar en continuo desarrollo. Para el escritor, solo diez años de vivir en el gozo de la perfección absoluta y de la buena conciencia para con Dios compensaría todo el trauma de esta vida. Que este estado glorioso durará para siempre, simplemente hace perder el aliento, llevándonos más allá de los límites de la comprención humana.

Aun cuando se enfoque en términos levemente más físicos, el estar en el reino de Dios debería ser nuestra suprema motivación para desdeñar las ventajas mundanas y el materialismo. En vez de preocuparnos excesivamente por el futuro inmediato, Jesús aconsejó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:30-34). Todo lo que podamos ahora imaginar o procurar es incomparable con el cumplimiento final de estar en el reino de Dios.

Necesitamos buscar la “justicia [de Dios]“, es decir, tratar de desarrollar un amor por el carácter de Dios, lo que significa que queremos estar en el reino de Dios porque allí la justicia será glorificada, porque queremos ser completa y moralmente perfectos más bien que tan solo por querer en forma personal, escapar de la muerte y llevar una vida fácil por la eternidad.

Con demasiada frecuencia se presenta la esperanza en el evangelio en formas que apelan al egoísmo humano. Obviamente, nuestra motivación para estar en el reino varía tremendamente de día a día. Lo que estamos sugiriendo aquí es un ideal; nuestra máxima prioridad es aprender el evangelio y mostrar nuestro sometimiento a él en el bautismo por un motivo de amorosa obediencia a Dios. Nuestra apreciación de la esperanza que está ofreciendo Dios, y nuestras exactas razones para querer estar en el reino, crecerán y madurarán después de nuestro bautismo.

EL REINO DE DIOS EN EL PASADO

image006El reino de Dios es el futuro galardón para los creyentes. Como tal, es su motivación para vivir una vida dedicada a imitar el ejemplo de Cristo –algo que involucrará sufrimientos e incomodidades por un corto plazo. Por lo tanto, se ha de esperar que ellos ocupen todos sus días en un deseo siempre creciente por apreciar y entender las maravillas de esa era futura. Será la suma de todos sus esfuerzos espirituales, y la plena declaración del Dios al cual han llegado a amar como Padre suyo.

Las escrituras abundan en detalles de cómo será el reino, y Ud. encontrará que descubrir sólo algunos de ellos será un trabajo de toda su vida. Una manera manera por cuyo medio podemos llegar a entender algunos de los principios básicos del futuro reino es reconocer que el reino de Dios existió en el pasado en la forma de la nación de Israel. Este reino ha de ser restablecido al regreso de Cristo. Gran parte de la Biblia nos da información referente a la nación de Israel, a fin de que podamos entender, en amplio sentido, cómo será organizado el futuro reino de Dios.

A Dios se le describe frecuentemente como “el rey de Israel” (Is. 44:6 compárese con Is. 43:15; Sal. 48:2; 89:18; 149:2); se infiere que el pueblo de Israel era su reino. Ellos empezaron a ser el reino de Dios cuando entraron en un convenio con Él en el Monte Sinaí, poco después de que escaparon de Egipto atravesando el Mar Rojo. En respuesta a su buena disposición de guardar este convenio, ellos serían para Dios “un reino…y gente santa” (Ex. 19:5,6). De modo que “cuando salió, Israel de Egipto… Israel fue su señorío” o reino (Sal. 114:1,2).

Después de entrar en este acuerdo, Israel viajó por el desierto del Sinaí y se estableció en la tierra prometida de Canaán. Como Dios era su rey, se regían por “jueces” (por ejemplo, Gedeón y Sansón) más bien que por reyes. Estos jueces no eran reyes, sino administradores guiados divinamente que gobernaban ciertas partes del país más bien que todo el territorio. A menudo Dios los escogía para propositos específicos, por ejemplo, llevar a Israel al arrepentimiento y librarlos de sus enemigos. Cuando los israelitas le pidieron al juez Gedeón que fuera su rey, él replicó: “No seré señor sobre vosotros… Jehová señoreará sobre vosotros” (Jue. 8:23).

El último juez fue Samuel. En sus días los israelitas le pidieron un rey humano a fin de ser como las naciones que los rodeaban (1 S. 8:5, 6). En toda la historia, el verdadero pueblo de Dios ha sido tentado para que menosprecie la intimidad de su relación con Dios y la sacrifique por una apariencia de semejanza con el mundo que los rodeaba. Estas tentaciones son más severas en nuestro mundo actual. Dios se lamentó ante Samuel: “A mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 S. 8:7). Sin embargo Dios les concedió reyes, empezando con el inicuo Saúl. Después de él vino el justo David, y una línea completa de reyes que descendieron de él. Los reyes de disposición más espiritual se daban cuenta de que Israel era aún el reino de Dios, aun cuando habían rechazado su realeza divina. Por lo tanto, reconocían que estaban gobernando a Israel en nombre de Dios más que por derecho propio.

El entender este principio nos permite encontrarle sentido a la descripción acerca de Salomón, el hijo de David, de que reinaba sobre el “trono [de Dios] como rey para Jehová tu Dios” (2 Cr. 9:8; 1 Cr. 28:5; 29:23). El reinado de Salomón, de gran paz y prosperidad, apuntaba hacia (o era un ‘tipo’ de) el futuro reino de Dios. Es por eso que se enfatiza que él era rey sobre Israel en nombre de Dios, tal como Jesús también se sentará en el trono de Dios como rey de Israel por Dios (Mt. 27:37, 42; Jn. 1:49; 12:13).

Muchos reyes justos consignados en el Antiguo Testamento disfrutaron de reinados que eran típicos del futuro reino de Cristo. Tal como Salomón construyó un templo para Dios en Jerusalén, así también lo hará Cristo en el futuro reino (véase Ez. 40-48). Como Ezequías y Salomón recibieron regalos y tributos de las naciones vecinas (1 R. 10:1-4; 2 R. 20:12), y vieron la tierra de Israel bendecida con sorprendente fertilidad y prosperidad (R.10:5-15; Is. 37:30), así en el reino mundial de Cristo se verán las mismas cosas a una escala mucho mayor.

MATRIMONIO

A pesar del buen comienzo de Salomón, siendo aún muy joven, cometió errores en cuanto a sus relaciones maritales, las que progresivamente socavaron su fortaleza espiritual a medida que envejecía.

“El rey Salomón amó… a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom… gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A estas, pues, se juntó Salomón con amor… y sus mujeres desviaron su corazón. Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios… e hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová… Y se enojó Jehová contra Salomón… Y dijo Jehová a Salomón… romperé de ti el reino” (1 R. 11:1-11).

La desviación de Salomón hacía la apostasía fue un proceso de toda la vida. Sus relaciones con mujeres que no compartían su conocimiento del Dios de Israel, le llevó a tener simpatía por sus falsos dioses. Su amor por sus esposas significó que él ya no consideraba a estos dioses como perversiones espirituales del verdadero Dios, lo cual eran realmente. Mientras pasaba el tiempo, su corazón ya no estaba en la adoración del Dios de Israel. “Su corazón no era perfecto”, es decir, su conciencia ya no le remordía por adorar a dioses falsos. Su falta de compromiso sincero hacia el verdadero Dios era “malo ante los ojos de Jehová”, y como resultado Dios cortó su relación con Salomón. Al pueblo de Israel se le dijo una y otra vez que no se casara con las mujeres del mundo que estaba a su alrededor (Ex. 34:12-16; Jos. 23:12,13; Dt. 7:3).

Por medio del bautismo en Cristo llegamos a formar parte del Israel espiritual. Si somos solteros, deberíamos casarnos sólo dentro del Israel espiritual, “en el señor” (1 Co. 7:39), es decir, con otros creyentes bautizados “en Cristo”. Si ya estamos casados al tiempo de nuestro bautismo, no deberíamos separarnos de nuestra esposa; nuestra relación marital está santificada por la razón de nuestra fe (1 Co. 7:12-14). El elegir conscientemente casarse con quienes no conocen al verdadero Dios, nos llevará a la larga, a la apostasía. Salomón evidentemente no apreció la fuerza de la advertencia de Dios contra tales esposas: “Porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses” (1 R. 11:2; Ex. 34:16). Sólo por medio de un nivel extraordinario de autocontrol y una intensidad en el arrepentimiento podemos ser una excepción a esta regla.

Ya hemos mostrado anteriormente cómo ese cristianismo convencional no aprecia la base judía de la esperanza cristiana; no conocen al verdadero Dios de Israel. El mezclarse en casamiento con tales personas normalmente lleva a una decadencia gradual de las gloriosas verdades doctrinales que son la base de nuestra salvación. Por esta razón Isaac y Jacob recorrieron enormes distancias para casarse con mujeres que poseían debidamente la verdadera fe; Isaac incluso tuvo que esperar hasta los 40 años de edad para hallar la mujer adecuada (Gn. 24:3,4; 28:1). La pena de Esdras y Nehemías al saber que algunos judíos se habían casado con mujeres no-judías reitera la gravedad de este asunto (Esd. 9:12; Neh. 10:29,30).

Hemos mencionado este asunto en esta etapa para promover una reflexión seria; el matrimonio se trata en más detalle en el Estudio 11.4.

EL JUICIO DE DIOS

Como resultado de la apostasía de Salomón, el reino de Israel se dividió en dos; Roboam, hijo de Salomón, gobernó las tribus de Judá y Benjamín, en tanto que Jeroboam gobernó sobre las otras diez tribus. A este reino de diez tribus se le llamó Israel, o Efraín, en tanto que a las otras dos tribus se les llamó Judá. La gente de todas estas tribus siguieron en su mayor parte el mal ejemplo de Salomón –afirmaban que creían en el verdadero Dios, mientras que al mismo tiempo adoraban a los ídolos de las naciones que estaban a su alrededor. Una y otra vez Dios razonó con ellos, por medio de los profetas, para que se arrepintieran, pero fue en vano. Debido a esto, los castigó sacándolos del reino de Israel hacia las tierras de sus enemigos. Esto se efectuó por medio de los asirios que invadieron Israel y los llevaron cautivos: “Les [Dios] soportaste por muchos años, y les testificaste con tu espíritu [la palabra] por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra [que estaban a su alrededor]” (Neh. 9:30).

El reino de diez tribus de Israel no tuvo rey bueno alguno. Joroboam, Acab, Joacaz, etc. todos ellos están consignados en el libro de Reyes como idólatras. Su último rey fue Oseas, durante cuyo reinado Israel fue vencido por Asiria, y las diez tribus fueron llevadas en cautividad (2 R. 17). Desde entonces nunca han regresado.

El reino de dos tribus de Judá tuvo algunos reyes buenos (por ejemplo, Ezequías y Josías), aunque la mayoría fueron inicuos. Debido a los reiterados pecados del pueblo, Dios rerrocó a Judá como reino suyo durante el reinado de su último rey, Sedequías. Esto ocurrío cuando los babilonios los invadieron, y los llevaron cautivos a Babilonia (2 R. 25). Permanecieron en Babilonia durante 70 años, después de lo cual regresaron a Israel bajo el liderazgo de Esdras y Nehemías. Siendo gobernados por los babilonios, griegos y romanos, nunca más tuvieron su propio rey. Debido a que Israel rechazó a Jesús, los romanos los invadieron en el año 70 de nuestra era y los esparcieron por todo el mundo. Solo en los últimos 100 años empezaron a regresar, anunciando de este modo el regreso de Cristo (véase el apéndice 3).

Ezequiel 21:25-27 profetizó este término del reino de Dios representado en la nación de Israel: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel [es decir, Sedequías], cuyo día a llegado ya… así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona [es decir, Sedequías cesaría de ser rey]; esto no será más así… a ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Pasaje tras pasaje, los profetas lamentan el término del reino de Dios (Os. 10:3; Lm. 5:16; Jer. 14:21; Dn. 8.12-14). El estudiante atento verá en estos versículos otro ejemplo de cómo el reino de Dios y su rey pueden ser tratados en forma paralela; el derrocamiento de Sedequías fue el del reino de Dios (véase Sección 5:2). De modo que el reino de Dios, tal como estaba representado en la nación de Israel, terminó: “Haré cesar el reino de la casa de Israel” (Os. 1:4). “Esto no será más, hasta…” lleva la implicación de que el reino reviviría cuando “venga aquel cuyo es el derecho, y yo [Dios] se lo entregaré”. Dios “dará [a Jesús] el trono de David su padre… y su reino no tendrá fin” (Lc. 1:32,33) –al regreso de Cristo. Por lo tanto, es entonces cuando se cumplirá la promesa de la restauración del reino.

LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL

Hay un tema grandioso del cual hablan todos los profetas del Antiguo Testamento, el cual es la restauración del reino de Dios al regreso del Mesías. Los discípulos de Cristo estaban bien enterados de esto: “Entonces los que se habían reunido le peguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” es decir, ‘¿se cumplirá Ezequiel 21:27 ahora?’ Jesús replicó diciendo que el tiempo exacto de su segunda venida nunca lo sabrían, aunque inmediatamente después los ángeles les aseguraron que él, en verdad, regresaría algún día (Hch. 1:6-11).

Por lo tanto, la restauración del reino de Dios /Israel será a la segunda venida. Por eso Pedro predicó que Dios enviaría “a Jesucristo… a quien de cierto es necesario que el cielo reciba [es decir, debe permanecer allí] hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de los profetas” (Hch. 3:20,21). La segunda venida llevará a cabo el restablecimiento del reino de Dios como una restauración del antiguo reino de Israel.

La restauración del reino de Dios es ciertamente el tema de todos los “santos profetas” de Dios:

- “Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará [Jesús] firmemente, en el tabernáculo de David [a la segunda venida –Lc. 1:32,33], quien juzgue… y apresure la justicia” (Is. 16:5).

- “En aquel día yo levantaré el tabernáculo [es decir, el trono de David mencionado en Lucas 1:32] caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado” (Amós 9:11). La última frase es claramente el lenguaje de restauración.

- “Y serán sus hijos [los de Israel] como antes, y su congregación delante de mí será confirmada” (Jer. 30:20).

- “Y Jehová… escogerá aún a Jerusalén” (Zac. 2:12), haciéndola la capital de su reino mundial (compárese con Sal. 48:2; Is. 2:2-4).

- Como Dios fue en la tierra de Israel en su oasado, así cuando el reino sea re-establecido se sabrá de nuevo que estará “Jehová allí” (Ez. 35:9,10; compárese 48:35).

- “Y haré volver a los cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los restableceré como al principio… En este lugar… ha de oirse aún voz de gozo… porque volvere a traer los cautivos de la tierra como al principio… En este lugar [Jerusalén]… aún habrá cabañas de pastores que hagan pastar sus ganados” (Jer. 33:7-13).

El regreso de Cristo para establecer este reino es ciertamente “la esperanza de Israel” a la cual debemos integrarnos por medio del bautismo.

 Fuente: Bible Basics

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Viene un día brillante, un día lleno de paz, justicia, santidad y gozo sin igual. Dios enviará a Jesús de regreso a la tierra para componer las cosas. Sus seguidores serán resucitados para inmortalidad y asignados a posiciones de autoridad. Durante este tiempo, la tierra será restaurada en paraíso. Los desiertos florecerán, los patrones climatológicos se alterarán, la contaminación cesará, y el hambre será reemplazada por abundancia. Éste es el Reino de Dios. Como un camión Mack que acelera por la autopista, no hay quien detenga la llegada inminente del Reino. Dios no permitirá que algo impida Su plan para la tierra. La llegada del Reino es inevitable y viene pronto.

¿Está usted listo? Para llegar a estar listo, usted tiene que oír, entender, y aceptar estas nuevas sobre el Reino venidero. En adición a esto, aun existe un problema serio. Sus pecados. No se le permitirá la entrada al Reino a nadie que tenga pecados no perdonados. Pero Dios tiene una solución. La única manera en que sus pecados (no importa los que sean) pueden ser borrados es que usted crea que Jesús–el rey del Reino–murió por usted y que Dios lo levantó de los muertos. Declare a Jesús como su señor y salvador personal, y sea bautizado en su nombre. Comprométase a obedecer las palabras de su nuevo señor, Jesucristo. Cambie su vida rechazando el pecado y acogiendo una manera santa y recta de vivir en servicio amoroso al que murió por usted.

 

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Isaías 11, Un Vástago de Isaí

Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová (Isaías 11:1-2).

Nosotros no entenderíamos esto si no nos remontamos al principio, porque Isaías estaba prediciendo que la descendencia real de David, de la cual provinieron todos los reyes de Israel, sería cortada como un árbol, permanecería inactiva, para luego ser restablecida. Este proceso daría comienzo cerca de 150 años después que Isaías escribió estos versículos, cuando el Señor pronunció una maldición de sangre sobre la descendencia de David, al decir que ninguno de los hijos de David volvería a reinar sobre Israel (Jeremías 22:28-30). La descendencia languidecería, como el tronco de un árbol que ha sido cortado. Durante todo el tiempo del cautiverio babilónico, y por 500 años más, no hubo ningún rey en Israel. Pero un día un vástago retoñará, un Vástago que dará fruto. Puesto que Isaí era el padre de David y David no era el vástago, esta es una referencia al Mesías, el Hijo último de David.

Esto comprende tanto que tenemos que tomar un tiempo para entenderlo. Primero, el uso de la palabra Vástago, o Renuevo. En la Biblia en Inglés (KJV), la palabra Vástago (Branch) aparece en mayúscula, lo que significa que se refiere a una persona. En la Biblia encontramos cuatro referencias al Mesías como Vástago, o Renuevo, y cada una lleva consigo un modificativo especial. Jeremías 23:5 dice de un renuevo justo, un Rey. Zacarías menciona a “mi siervo el Renuevo” (Zacarías 3:8) y “el varón cuyo nombre es el Renuevo” (Zacarías 6:12). Finalmente, en el artículo anterior (Parte 2), vimos “el renuevo de Jehová” en Isaías 4:2.

Yo creo que fue Clarence Larkin el que primero descubrió que estos modificadores fueron una descripción de los cuatro estandartes que identificaban los campamentos de Israel, los cuales formaban cuatro grupos de tres tribus cada uno, y estaban situados alrededor del tabernáculo en el desierto dispuestos en cada uno de los cuatro puntos cardinales. En esos estandartes se veían las figuras de un león, el cual representaba al Rey Justo, de un buey que representaba al siervo, siendo el buey una bestia de carga, el rostro de un hombre la cual se explica por sí sola, y la de un águila la cual representa a Dios.

Pero aun hay más. Las representaciones de estos modificadores también se revelan en los cuatro rostros del querubín en Apocalipsis 4. Y aquí también representan los temas dominantes en los cuatro evangelios. Mateo les escribió a los judíos proclamando a Jesús como el Mesías de Israel, el León de Judá. Marcos lo mostró como el siervo obediente de Dios. Lucas lo describió como el Hijo del Hombre, y en Juan, Él es el Hijo de Dios.

Entonces, queda claro que el Renuevo es un título Mesiánico. El vástago, o renuevo, del tronco de Isaí es el Mesías, nacido de la Tribu de Judá de la descendencia de David.

Yo Prometo

Pero aquí hay algo todavía más asombroso. Recordemos que Dios le prometió a David que alguien de su familia reinaría en Israel para siempre. David quiso construir la casa de Dios, pero Dios no se lo permitió diciendo que se necesitaba de un hombre de paz y David era un hombre de guerra. Así fue como Dios escogió al hijo de David, Salomón, para que le construyera el Templo, y durante el reinado de Salomón, Israel disfrutó de una paz como nunca antes la había sentido (ni desde entonces). En cuando a David, Dios prometió construirle una “casa”, al hacer que su dinastía fuera perpetua. (1 Crónicas 17:1-14). Desde ese momento en adelante, un descendiente de David, a través de la descendencia de Salomón, se sentaría sobre el trono en Jerusalén, como Rey de Israel.

Pero ya para el tiempo del cautiverio babilónico, estos reyes eran tan malvados y tan rebeldes hacia Dios, que Él finalmente dijo “Suficiente”, y maldijo la descendencia real al pronunciar que ninguno de ellos volvería a reinar sobre Israel (Jeremías 22:28-30). El último rey legítimo de Israel fue Joaquín también conocido como Jeconías, el cual reinó durante tres meses solamente, en el año 598 a.C. ¿Estaba Dios rompiendo Su promesa a David?

Al anunciar el Mesías venidero, el ángel Gabriel le prometió a María que su hijo se sentaría en el trono de David, y que sería el primero en hacerlo desde que la maldición había sido pronunciada, y cuando lo hiciera sería para siempre (Lucas 1:32-33). Pero, entonces ¿cómo veríamos la descendencia maldecida de David? ¿Cómo es que Dios podía prometerle algo así a María?

Aquí Veremos Cómo Es Eso

Si comparamos las dos genealogías de Jesús en Mateo 1:1-17 y Lucas 3:23-28, nos damos cuenta que tanto María como José eran de la tribu de Judá y descendientes de David. José era descendiente de Salomón, que era la descendencia maldecida, mientras que la genealogía de María es a través del hermano de Salomón, Natán. Realmente, José y María eran primos, a pesar de la lejanía.

María no tenía ningún hermano, así que para poder mantener la tierra de su familia dentro de la herencia tribal, según la Ley, ella tenía que casarse con alguien que también era descendiente de David (Números 36:1-13). José llenaba los requisitos y perteneciendo a la descendencia real tenía un reclamo legítimo al trono, pero llevaba encima esa maldición. Entonces, ningún descendiente biológico de José jamás podría calificar legítimamente para llegar a ser rey de Israel, pero José podía asegurar el derecho de María para heredar la tierra del padre de ella.

Cuando María aceptó la oferta de matrimonio de José, ella también validó el reclamo al trono de Israel de su hijo aun no nacido. Su matrimonio colocó a Jesús en la sucesión real como el hijo legal de José, como Lucas lo muestra en su genealogía (Lucas 3:23), pero le permitió estar libre de la maldición ya que Él no era hijo biológico de José. Pero recordemos que Él era un descendiente biológico de David por medio de su madre y, por consiguiente, de “la casa y linaje de David”. Esto lo hizo el único hombre sobre la tierra, desde el año 600 a.C., que tenía un derecho legal al trono de David. Se necesitaba de un nacimiento virginal para hacerlo, pero Dios mantuvo Su promesa tanto a David como a María. El trono de David será ocupado para siempre, por el hijo de María.

Y, finalmente, en el versículo 2 vemos que el séptuplo Espíritu de Dios, que es una construcción del Espíritu Santo del Antiguo Testamento, y que vino a morar en Jesús al momento de Su bautismo (Mateo 3:16) le dio el poder sobre todos Sus milagros. Esto fue necesario porque la misión del Señor requería que viviera Su vida solamente en el poder humano. Para poder redimir a la descendencia perdida de Adán, Él tenía que ser el pariente-redentor de Adán. Por eso es que Lucas mostró a Jesús como el hijo del hombre, y trazó Su genealogía hasta Adán.

Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura (Isaías 11:3-5).

El fuerte contraste entre el Cordero de Dios y el León de Judá es evidente. El Salmo 2:8-9 confirma que Él regirá a las naciones con vara de hierro. Apocalipsis 19:15 concuerda y agrega que Él herirá a las naciones con la espada de Su boca.

Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar (Isaías 11:6-9).

Una vez que la Era Mesiánica comienza, la paz será su característica más descollante. En la Parte 1 de este estudio vimos que en el Reino Milenario las naciones ya no tomarán las armas unas contra las otras. Ahora vemos que la paz milenaria abarcará también a los animales del reino. En una parte futura veremos que la misma creación explotará en un cántico de gozo.

Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra. Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín (Isaías 11:10-13).

La primera reunión de la nación se llevó a cabo después del cautiverio babilónico. La segunda reunión empezó oficialmente en el año 1948 y continúa en nuestros días, y se completará después de la batalla de Ezequiel 38. Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos (Ezequiel 39:28). Después de 2000 años, el pueblo de Dios habrá regresado a su tierra de la diáspora y será un solo reino de nuevo, por primera vez desde el año 900 a.C.

Sino que volarán sobre los hombros de los filisteos al occidente, saquearán también a los de oriente; Edom y Moab les servirán, y los hijos de Amón los obedecerán. Y secará Jehová la lengua del mar de Egipto; y levantará su mano con el poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus siete brazos, y hará que pasen por él con sandalias. Y habrá camino para el remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto (Isaías 11:14-16).

El Capítulo 11 termina con otra promesa de que conforme se acerca el final de la era, la gente que erróneamente llamamos hoy día “palestinos”, dejarán de ser un problema para al pueblo de Dios ya que serán conquistados. Israel los dominará y los subyugará. Estos versículos lo más probable es que se refieran a la batalla del Salmo 83, la cual es quizás el próximo evento en el calendario profético.

El mar de Egipto es el Mar Rojo, y su golfo puede ser o el Golfo de Acaba o el Golfo de Eilat, los dos que forman las “orejas de conejo” en su parte norte. El poderoso Eufrates, frontera tradicional entre el Este y el Oeste, se convertirá en siete brazos. El camino para el remanente desde Asiria completa la idea de que ya no habrá más ninguna frontera natural que le impida al pueblo de Dios llegar a Su Ciudad Santa.

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