UNIÓN DE IRAELISTAS Y GENTILES

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En el antiguo pacto sólo Israel era pueblo de Dios. Nosotros, los gentiles, éramos tenidos como perrillos de afuera (Mt.15: 21-28). Jesús fue enviado primeramente a los suyos, a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y cuando él envió a sus apóstoles a predicar, les dijo que no fueran a los gentiles ni a samaritanos (gentiles que vivían en Samaria), sino a las OVEJAS PERDIDAS DE LA CASA DE ISRAEL (Mt.10: 5,6). Entiéndase que gentil era toda persona que no pertenecía al pueblo de Israel.

 

Pero Dios había anunciado que nos daría también una oportunidad de ser parte de su pueblo escogido (Is.14:1). Debe comprenderse que esta unión no sería tan sencilla para los gentiles, porque el Eterno puso condición para ello. La oportunidad se nos daría siempre y cuando guardemos y abrasemos su pacto (Is.56:1-8). Par asumirlo, tendríamos que saber primero en qué consiste el PACTO y cómo se hace.

 

Las puertas del reino estarían abiertas para todo gentil que aceptara las condiciones que Dios puso, y en efecto, serian parte del pueblo escogido. Sin embargo, esto no se llevaría a cabo antes de la muerte, resurrección de Cristo y su ascensión al Trono de Dios en el cielo, Jesús frecuentaba y a un comía con los gentiles, pero la orden de hacer participar a los gentiles vino después de tirar la pared de separación que nos dividía (circuncisión en la carne) (Ef.2: 11-14), lo cual se concreto con su muerte.

 

Cuando Jesús llegó al trono de Dios, recibió facultad para llevar al cabo la expansión de su plan también entre nosotros, los gentiles. Él dijo: ”Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y el Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándole que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt.28: 18-20).

 

Más tarde el Señor llamó a Pablo, que era un israelita perseguidor de la iglesia, y por medio de un duro azote, le hizo cambiar el rumbo de su vida. El entonces llamado Saulo, se había criado junto a un judío que era doctor de la ley bíblica llamado Gamaliel, y celoso de ella. Saulo además de tener una buena preparación intelectual, tenia amplio conocimiento bíblico, con lo cual reunía las condiciones para ser un instrumento escogido para el ministerio a recibir (Hch.5: 34 y 22:3). Cuando Saulo fue llamado, iba hacia Damasco en busca de los que creían en Jesús. Llevaba cartas con orden del sumo sacerdote para traer presos a Jerusalén, a todos los que invocaban el nombre de Jesús (Hch.9: 1,2).

 

Cuando Jesús le salió al encuentro y lo dejo ciego, se humilló sobremanera y no dudando que Jesús era el Mesías anunciado, le dijo: “¿Qué quiere que haga, Señor? Él le dijo: levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hch.9:6). Mas Saulo no veía, de modo que lo tuvieron que llevar de la mano hasta Damasco. Como se trataba sólo de un fuerte azote de parte del Señor, él mandó a Ananías, para que le ponga las manos a fin de que recuperase la vista. Ananías era un discípulo de Jesús que perseveraba ya hacia un tiempo, y conocía a Pablo como un cruel perseguidor de la iglesia; por consiguiente, se resistió a ir donde estaba Pablo. Mas el Señor le dijo:”Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hch.9: 13-15).
Además le dijo que él le mostraría cuanto iba a padece por su nombre (Hch.9:16). Justamente, después de que Pablo se paso a la colectividad de los fieles y se puso a trabajar por el imperio de la vida, los que estaban del otro lado empezaron a perseguirlo, y el apóstol fue medido con la misma vara con la que él lo había hecho. Más tarde, en una de las persecuciones que le tocó enfrentar, Pablo relata su conversión ante el rey Agripa, con las siguientes palabras: “ocupado en esta persecución de los fieles, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes; cundo a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz en el cielo que sobrepasaba el resplandor de sol, la cual me rodeó y a los que iban conmigo”.

 

Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: “Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto te he aparecido a ti, para ponerte por miembro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras su ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciba, por la fe que es en mí, perdón de pecados y”… (Hch.26:12-18).

 

Pablo tenía claro que para los gentiles, ya estaba dada la posibilidad de pertenecer al pueblo escogido; mas Pedro, que era quien había quedado encargado de la iglesia, no tenía entendido todavía este designio de Dios. Pero aquí si el Señor dispuso a revelarle este misterio también a Pedro, y lo hace por medio de una visión. Esto ocurre cuando llamó al primer gentil, un grande del ejercito romano. Este se llamaba Cornelio, y era centurión de una compañía del ejército romano. Este hombre era grande, pero respetuoso de Dios. El Señor oyó sus ruegos, y tuvo en cuenta las limosnas que hacía a los pobres. En efecto, le mostro lo que tenía que hacer para pertenecer al pueblo de Dios (ISRAEL). A su vez, le mostro en visión a Pedro (por medio de un lienzo), en el cual había de toda clase de reptiles y animales inmundos (no autorizados para comer (Lv.11: 1-47. nótese el vers. 44,45 y Dt.14: 3-21)), y le dice: “Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro le dijo: No; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda voz: lo que Dios limpio, no lo llames tu común”. (Hch.10: 1-15).
Luego Dios muestra a Pedro, en visión, a los hombres enviados por Cornelio, y le dice que no dude en ir con ellos porque él los enviaba (Hch.10: 16-20). A esta altura de los hechos, ya a Pedro le estaba quedando claro el significado de la visión, y yendo con ellos hacia Cornelio, al llegar y ver la multitud de gentiles que lo esperaban, confesó su convencimiento y dijo:”VOSOTROS SABÉIS CUÁN ABOMINABLE ES PARA UN VARÓN JUDÍO JUNTARSE O ACERCARSE A UN EXTRANJERO; PERO A MI ME HA MOSTRADO DIOS QUE A NINGÚN HOMBRE LLAME COMÚN O INMUNDO; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar”… (Hch.10: 21-29).
De aquí en adelante se nos dio a los gentiles, definitivamente la posibilidad de pertenecer al pueblo escogido por Dios; y se nos asignó por ministros, también a un instrumento escogido por Él, esto es a Pablo, quien pertenecía a la tribu de Benjamín (Ro.11: 1). El apóstol, además de ser un doctor de la ley, fue instruido en la reforma del nuevo pacto por el mismo Jesús en revelación (Gá.1:11-24). El siervo de Dios, después vuelve a mencionar su conversión a Cristo, y su responsabilidad asignada a favor de los gentiles (Ef.3:1-7).

 

La participación de los gentiles se nos dio en el pueblo escogido, no se debe tomar como libertad para establecer distintas denominaciones y diferentes doctrinas. Mucho menos cambiarle el nombre a la iglesia. ISRAEL es el nombre que el Padre le puso a su pueblo, COMO SU PUEBLO Y CONGREGACIÓN (Gn.32: 22-28 y 1 Cr.28:8), y este perdurara hasta el final (Gá.6:15,16 y Ap.21: 12). Respecto de la unidad con este pueblo, se debe tener presente que Jesús dio su vida por ello. El precio por esta unión se pagó con la sangre de él, como de un cordero sin mancha y sin contaminación (1 P.1: 18-21). FUIMOS COMPRADOS POR PRECIO (1Co.6: 19,20). Ahora ya NO SOMOS EXTRANGEROS NI FORASTEROS del pueblo santo, SINO CONCIUDADANOS Y MIEMBROS DE LA FAMILIA DE DIOS (Ef.2: 11-19). Ya fuimos injertados al buen olivo, que es ISRAEL (Jer.11: 16,17 y Ro.11: 11-25).

 

Jesús no vino a dar la libertad para que se levanten distintas denominaciones religiosas por doquier; sino a darnos la posibilidad de ser injertados al buen olivo y de esta manera ser un solo pueblo junto con el escogido de Él (Ro.11: 11-32 y Ef.2: 11-19). Aquí en su epístola a los Efesios, Pablo nos dice que nosotros (los gentiles) estábamos alejados de la ciudadanía de Israel (Es.2: 12). Luego nos dice que por el sacrificio de Jesús fuimos UNIDOS al pueblo de Dios (Is.14:1 y Ef.2: 19).

 

Israel, aunque todavía no acepte al Mesías como su rey, fue y sigue siendo el Israel de Dios (Gá.6: 15,16). Además se debe comprender que siempre hubo un pequeño remante escogido de este pueblo, el cual aceptó a su rey. Con este remante, entre los cuales estaban los 12 apóstoles, hizo Jesús el nuevo pacto (Jer.31:33 y 2 Co.3: 1-6), y todos los que se convirtieron hasta que fue llamado Pablo, y esos 3.000 que se convirtieron en un día (Hch.2: 41) eran todos judíos. El primer gentil que fue llamado fue Cornelio, y eso sucedió como cuarenta años después del nacimiento de Jesús. Por otra parte nunca se debe intentar que los judíos vengan y acepten doctrina llamadas cristianas, sino que los gentiles somos los que tenemos que unirnos a ellos (Ro.11:11-26, Ef.2:11-19, Ap.2: 9, Ap.3: 9).

 

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