
Por Ivan Maddox
Atlanta, Georgia
¿Se resucitó Jesucristo a sí mismo de la tumba? ¿Fue su resurrección una prueba de su propia identidad, o fue ella la prueba del poder de Dios, evidencia de que él fue el hombre escogido y marcado como el Mesías?
Cómo contestemos esta pregunta dependerá de lo que es nuestro estándar de la verdad. Si la Palabra de Dios es nuestro estándar para la verdad, entonces lo que dice determinará lo que creemos. Si, en lugar de eso, las tradiciones de hombres sujetan mayor balanceo sobre nuestros corazones que el testimonio de la Sagrada Escritura, entonces la cosa se pone difícil.
Dos pasajes de la Escritura se usan algunas veces para sostener la opinión de que Jesucristo se levantó a sí mismo de la tumba, y así exhibió poderes mucho más allá de las habilidades de los hombres mortales. Sostienen la opinión que éste constituye una prueba de que Jesús no fue un mero hombre, sino que fue, de hecho, Dios o un ser sobrehumano en carne y hueso.
La primera parte de estos pasajes son encontrados en el segundo capítulo del evangelio de Juan.
Juan 2:19-21:
“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo”.
En la superficie, parece como una declaración clara de que Jesús dijo que él se levantaría a sí mismo de la tumba. ¿Pero es eso cierto?
Primero, necesitamos ver que Jesús no habla literalmente. Él habla en una figura. El verso 21 aclara que el templo que él habla es su cuerpo, de modo que no hay duda que él se refiere a su resurrección. ¿Pero profetiza él que él se resucitará a sí mismo de la tumba?
Dos cosas lo hacen especialmente importante de que entendamos bien esta profecía. Primero, en el verso 18 de este capítulo estamos informados de que Jesús ofreció esto como una señal a los judíos.
Juan 2:18-19:
“Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.
Jesús acababa de limpiar el templo de comerciantes y de mercancía. Los judíos le desafiaron, pidiéndole una señal a la luz de lo que él había hecho. Jesús respondió con esta profecía acerca de su resurrección.
En Deuteronomio 18, la seriedad de esto es explicada.
Deuteronomio 18:18-22.
“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él”.
Puesto que esto fue presentado como una señal, la integridad de la misión de Jesús depende sobre si fue o no completamente cumplido. Si, por ejemplo, Jesús quiso decir que él se levantaría a sí mismo de la tumba, pero de hecho alguien más le resucitó de la tumba, su señal habría fallado en cumplirse completamente y exactamente. En ese caso, los judíos habrían sido justificados en denegar su ministerio, se habrían basado en el fracaso de la señal que él dio cumplirse exactamente.
En segundo lugar, no hay un solo pasaje de la Escritura que enseña que esta profecía fue cumplida de la forma cómo Jesús lo dijo. Éste es un problema serio. Si la Escritura estuvo silenciosa acerca de cómo se cumplió la profecía, podría haber alguna justificación para sostener la opinión de que tuvo que ser cumplida de la forma como él la dijo. Pero el testimonio explícito de la Escritura es que no se cumplió así.
El apóstol Pedro estaba presente cuando Jesús hizo esta profecía. En ese momento, como los otros presentes, no comprendió de lo que hablaba Jesús.
Juan 2:21-22:
“Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho”.
Fue sólo después de que Jesús resucitó de entre los muertos que comprendieron lo que él les había estado diciendo a ellos. ¿Cómo, entonces, comprendió Pedro las palabras de su Señor, a consecuencia de su resurrección?
En el día de Pentecostés, cuándo él predicó el primer sermón de la edad cristiana, Pedro dio testimonio de que Dios levantó a Jesús de la tumba.
Hechos 2:22-24.
“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella”.
Hechos 2:32.
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”.
A todo lo largo de su ministerio, como está detallado en el Libro de Hechos, Pedro continuó enseñando lo mismo.
Hechos 3:14-15.
“Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos”.
Hechos 4:10.
“Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano”.
Hechos 10:37-40
“Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase”
Al final de su ministerio, cuando él escribió sus epístolas, Pedro todavía enseñaba lo mismo.
1 Pedro 1:18-21.
“sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios”.
El apóstol Pablo consistentemente enseñó lo mismo durante su ministerio.
Romanos 10:9:
“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”
Efesios 1:17-20:
“Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales”.
Hechos 13:30-37.
“Mas Dios le levantó de los muertos. Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción”.
1 Corintios 15:15.
Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.
Hechos 17:31.
“Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”.
Romanos 4:24.
“Sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro”.
Romanos 6:4.
“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”.
Romanos 8:11.
“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”.
1 Corintios 6:14.
“Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.”.
Gálatas 1:1.
“Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos”.
Colosenses 2:12.
“Sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos”.
1 Tesalonicenses 1:9-10.
“Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera”.
Pero el testigo más dañino en contra de esta interpretación de las palabras de Jesús en Juan 2:19 puede ser Juan mismo.
Juan 2:22.
“Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho”.
Este pasaje se ve algo ambiguo en la Versión del Rey Jaime. No es ambiguo en la Nueva Versión Estándar Americana.
Juan 2:22 (NASV)
“Así es Que cuando él resucitó de entre los muertos, Sus discípulos recordaron que él dijo esto; Y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había hablado”.
La Nueva Versión Estándar Americana correctamente y claramente traduce el tiempo del verbo usado aquí, y revela una verdad crítica: ¡Juan mismo, en el mismo pasaje que discutimos dio testimonio de que Jesús no se levantó a sí mismo de la tumba!
El testimonio de la Escritura es claro y unánime al testificar que Jesús no se levantó a sí mismo de la tumba. ¿Pero qué quiso decir Jesús cuando él dijo que él levantaría el templo, queriendo decir su cuerpo, en tres días?
Antes de que consideremos esto, necesitamos mirar otro pasaje de la Escritura que se refiere a la resurrección.
1 Tesalonicenses 4:16:
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.
Si le forzara una interpretación literal aquí, en la misma forma muchos intentan hacer en Juan 2:19, nos veríamos forzados a concluir que aquellos que están muertos en Cristo cuando él regrese se levantarán ELLOS MISMOS de la tumba; Pues este verso no dice que serán levantados, sino más bien que SE LEVANTARÁN. Sin embargo, entendemos correctamente de otra Escritura en el mismo tema que éste no es el caso. Por consiguiente, si bien las palabras en el verso dicen que los muertos “se levantarán”, comprendemos el verso como que quiere decir que los muertos serán levantados. Tenemos por entendido que el escritor estaba usando lenguaje vívido para hacerse entender; Pero no nos confundimos nosotros mismos acerca de lo que es el punto.
¿Así que cómo debemos comprender Juan 2:19? En el Antiguo Testamento, los profetas son algunas veces representados como que realizan cosas que les han sido comisionados por Dios meramente para revelar * En Isaías 6:10, Dios instruye a Isaías para:
“Haz el corazón de estas personas gordos, y haz sus orejas pesados, y cierre sus ojos; No sea que vean con sus ojos, y escuchen con sus orejas, y entiendan con su corazón, y se conviertan, y sean sanadas”.
¿Quiere esto decir que Isaías tiene la virtud de cerrar los corazones de los hombres, cubrir sus orejas o cerrar sus ojos? No. Pero lo que Dios iba a permitir que ocurra él se lo trasladó a Isaías por una figura.
Dios le dijo a Jeremías:
Jeremías 1:9a 10.
“He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”.
¿Derrumba Jeremías o destruye o construye incluso una nación? De ningún modo. Dios transfirió lo que él Mismo iba a hacer a las naciones a Jeremías, en una figura.
Esto es la misma cosa que Dios haciendo en Juan 2:19 con Jesús. Aunque el texto literalmente dice que Jesús levantaría el templo, que fue su cuerpo, en tres días, está claro de ésta y cada otra Escritura en el tema que Dios Mismo levantó a Jesús de la tumba. Este pasaje debe ser comprendido desde este punto de vista. De otra manera, la honradez pide que explicamos cada uno y todo pasaje de la Escritura que da testimonio de que Dios levantó a Jesús de la tumba, y lo reconciliemos con la enseñanza contraria supuestamente encontrada en Juan 2:19. También debemos explicar por qué no fueron Pablo y los otros apóstoles, no fueron, en las palabras de Pablo, “testigos falsos de Dios” cuando dieron testimonio de que Dios levantó a Jesús de la tumba, si, como algunos alegan, que no es del todo lo que sucedió.
Hay otro verso de la Escritura que se usa algunas veces para enseñar que Jesús se levantó a sí mismo de la tumba. Este verso también es encontrado en el evangelio de Juan.
Juan 10:17-18.
“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”.
La Versión del Rey Jaime hace parecer que Jesús habla de su propia habilidad aquí. Nada pudo estar más allá de la verdad. La Nueva Versión Estándar Americana tiene una mejor traducción de este verso.
Juan 10:18 (NASV).
“Nadie me lo ha quitado, pero lo pongo en Mi iniciativa. Tengo autoridad para ponerla, y tengo autoridad para volverla a tomar. Este mandato recibí de Mi Padre”.
Aquí es claro que el asunto no es la habilidad, sino más bien la autoridad. Y la fuente de esa autoridad fue el Padre de Jesús, de quién él recibió el mandato para poner su vida, que él lo podría volver a tomar.
¿Significa el hecho de que Jesús “tomaría… otra vez” su vida que él iba hacer esto por su poder, o de propia iniciativa? De ningún modo. Esto se hace más claro cuando miramos un pasaje de la Escritura que se ocupa de nuestra resurrección.
Mateo 16:24-27.
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras”.
Aquí hallar la vida de uno en el verso 25 es vinculado en verso 27 a recibir tu recompensa por lo que has hecho. Esto hace aclarar que hallando tu vida no es algo que tú haces, sino más bien algo que debe hacerse para ti_ si bien un VERBO ACTIVO se usa para describir lo que está ocurriendo.
Asimismo, aunque un verbo activo “tomar” es usado en Juan 10:18, debe ser comprendido a la luz de otra Escritura en este mismo tema. El uso de un verbo activo no es prueba conclusiva de que la actividad personal es lo que se quiso decir.
La palabra griega traducida “recibir” en Juan 10:18 es LAMBANO. Esta palabra es usada 263 veces en el Nuevo Testamento, y es traducida en la Versión del Rey Jaime “tomar” 133 veces, “toma” 106 veces, y varias otras formas 24 veces. Legítimamente puede querer decir ambos, “tomar” y “recibir”. Su significado debe ser determinado por el contexto.
Aquí, si lo traducimos “tomar” este un verso, este verso desacuerda con cada otro pasaje de la Escritura en la Biblia con relación a quién levantó a Cristo de la tumba. Si lo traducimos “recibir,” está conforme con todos las demás Escrituras en el tema.
¿Cómo cree usted que LAMBANO debería ser traducido en este verso?
Si elegimos traducir eso “tomar” en este verso, la honradez pide que expliquemos cada instancia donde la Escritura parece brindar testimonio acerca del OPUESTO de lo que este verso parece decir, tal como me he tomado mi tiempo aquí para explicar los dos versos que parecen estar en oposición para cada otro pasaje de la Escritura en este tema. No conozco de nadie que crea que Jesucristo se levantó a sí mismo de la tumba que haya tratado de hacer esto. Espero con anticipación ver el fruto de sus esfuerzos.
¿Cuál es su conclusión? ¿Levantó Dios a Jesús de la tumba? ¿O se levantó Jesús a sí mismo?
Hebreos 5:7-9.
“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”
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