Archive for junio, 2009
Los funcionarios de salud estadounidenses estiman que al menos un millón de americanos han sido infectados por la gripe porcina, desde que el virus H1N1 surgió hace casi tres meses.
El número es mucho más alto que los casos informados por las autoridades.
Los Centros para Control de Enfermedad y Prevención (CDC) dijeron que muchos casos eran suaves, aunque127 personas ya han muerto.
El CDC ha basado su estimado sobre encuestas en vez de pruebas de laboratorio, pero los números sugieren que el índice de mortalidad de la gripe porcina es inferior que lo pensado.
“Decimos que hubo al menos un millón de casos del nuevo virus H1N1 hasta ahora este año en los Estados Unidos,” dijo Anne Schuchat del CDC.
“Los casos relatados son realmente sólo la punta del iceberg.”
El CDC tiene basada su estimación en el modelado matemático, basado en encuestas por funcionarios de salud.
Si las figuras son correctas, estas son noticias tranquilizadoras, porque esto indica que el precio de la fatalidad de la gripe porcina es aún inferior que el pensado, dice la BBC al corresponsal médico Fergus Walsh.
Sin embargo, el doctor Schuchat advirtió que la gripe de cerdos podría exhibir una mayor infección que la gripe estacional y podría volver en una forma más virulenta en el otoño.
Elección de Argentina
Según el CDC, hubo 27,717 casos inveterados o probables; las aproximadamente 3,000 personas han necesitado tratamiento hospitalario y hubo 127 muertes.
La gripe porcina sigue afectando principalmente a la gente de menos de 50 años de edad, y muchos de ellos teniendo problemas de salud subyacentes como asma o diabetes.
La edad media de aquellos que murieron en los EE.UU es de 37.
Los funcionarios del CDC y la Organización Mundial de la Salud miran los brotes en el hemisferio del sur, en particular en Argentina, Chile y Australia, para ver como el virus H1N1 ha estado extendiéndose durante los meses de invierno y si probablemente se hará más virulento.
El ministerio de sanidad de Argentina ha registrado 26 muertes atribuidas a la gripe porcina, y 1,587 casos. Los funcionarios aconsejan que la gente trate de dejar espacio entre ellos cuando vayan a votar en las elecciones legislativas el domingo.
Las autoridades sanitarias chilenas dicen que hubo 6,211 casos y 12 muertes.
En Australia, hubo 5 muertes relacionadas de la gripe porcina, todos pacientes con condiciones médicas existentes, y 3,677 casos, según estadísticas oficiales.
El virus H1N1 primero surgió en abril en México, que ha registrado 116 muertes y 8,279 casos, según OMS.
El 11 de junio, la OMS declaró una gripe global pandémica, queriendo decir que el virus de la gripe porcina se extendía en al menos dos regiones del mundo.
Los funcionarios acentuaron que este no significaba que el virus estaba causando una enfermedad más severa o más muertes.
Según las últimas estadísticas de la OMS, hubo 263 muertes y casi 60,000 casos en aproximadamente 100 países y territorios.
Algo Diferente está pasando con la Nueva Gripe
25 de junio de 2009
La nueva cepa de la gripe AH1N1 está causando que ocurra “algo diferente” en los Estados Unidos este año — quizás una temporada de gripe extendida durante todo el año que desproporcionadamente golpea a la gente joven, dijeron los funcionarios de salud el jueves.
Un inusual clima moderado puede ayudar a evitar que la infección entre en el Nordeste estadounidense, sobre todo en áreas densamente pobladas en Nueva York y Massachusetts, dijeron los funcionarios en los Centros estadounidenses para Control y prevención de Enfermedad.
Y las infecciones entre trabajadores de asistencia médica sugieren que la gente se presenta al trabajo enfermos — esto significa que las políticas del lugar de trabajo pueden contribuir a su extensión, dijeron los funcionarios CDC.
La nueva cepa de la gripe porcina es oficialmente una pandemia ahora, según la Organización Mundial de la Salud.
Hasta ahora el virus causa una enfermedad suave o moderada, pero ésta ya ha matado al menos 167 personas y ha sido confirmada en casi 40,000 personas globalmente.
Dentro de los Estados Unidos han sido el que más ha sido golpeado, con hacia arriba de 100,000 casos probables y probablemente mucho más, con 44 muertes y 1,600 hospitalizados.
“El hecho de que vemos la transmisión en curso ahora indica que estamos viendo algo diferente,” dijo el doctor Daniel Jernigan del CDC en una sesión informativa de noticias.
“Y creemos que esto puede tener que ver con la carencia completa de inmunidad a este virus particular entre aquellos que son los más probables de ser afectados. Y aquellos son los niños,” añadió Jernigan.
24 de junio de 2009
Gran Bretaña es una de las naciones más seculares en el mundo, una nueva encuesta en 10 países encontró que:
Los niveles de creencia religiosa y actividad en el Reino Unido son por mucho inferiores que en casi todos otros países contemplados a través del globo en una encuesta especial emprendida para la BBC.
La encuesta de ICM fue realizada sobre 10,000 personas en los EE. UU, el Reino Unido, Israel, India, Corea del Sur, Indonesia, Nigeria, Rusia, México y Líbano para saber lo que el Mundo Piensa sobre Dios – BBC DOS, jueves, 26 de febrero, 9.00pm.
Esta encuesta revela que sólo el 46 % de los encuestados en el Reino Unido dijo que siempre creían en Dios – 27 % menos que el promedio.
Sólo Rusia (el 42 %) y Corea del Sur (el 28 %) eran inferiores.
Además, sólo el 52 % de encuestados del Reino Unido creía que Dios (o un Poder más Alto) creó el universo, comparado al 85 % en los EE. UU, el 83 % en México, el 99 % en Indonesia y el 96 % en Líbano.
Los niveles más altos de creencia se encuentran en las naciones más pobres como Nigeria (98 %), India (92 %) e Indonesia (97 %).
Sin embargo, los EE. UU – la nación más rica encuestada – tiene un nivel muy alto de creencia. Sólo el 13 % de aquellos encuestados en América dijo que ellos encontraban difícil creer en Dios (o un poder más Alto) cuando había tanto sufrimiento en el mundo. Sin embargo esto no se compara con el 48 % de aquellos encuestados en el Reino Unido – el más alto de todos los países – y más que dos veces el promedio. El porcentaje para Líbano eran del 2 % y Nigeria del 12 %.
La revisión encontró que sólo el 19 % de aquellos en el Reino Unido dijeron que ellos morirían por su Dios/creencia.
Este se compara con el 37 % en Israel, el 90 % de aquellos votados en Indonesia y Nigeria, y el 71 % en los EE. UU y Líbano.
Un asombroso 78 % de aquellos encuestados en los EE. UU reclamó haber estudiado textos religiosos, seguido por un 51 % en Nigeria y 42 % en el Reino Unido. Esto se compara con un promedio del 33 %.
La encuesta también miró el lugar de religión en el mundo.
Casi un tercio (29 %) de la gente en el Reino Unido cree que el mundo sería un lugar más pacífico sin la creencia en Dios, pero muy pocas personas en otros países concordaron con esta idea.
Dime papi, ¿es cierto que Jesús, nuestro Señor, fue un Dios excelso hasta lo Sumo antes de venir como hombre?… Bueno, sí Jaimito, él era en su preexistencia la Segunda Persona de la Trinidad, el Eterno Dios Hijo, sumamente excelso junto al Padre y el Espíritu Santo… Ah, ya papi. Pero fíjate lo que San Pablo escribió a los creyentes Filipenses: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Fil. 2:5-10). ¿No es esto prueba, papi, de que Jesús fue exaltado HASTA LO SUMO sólo DESPUÉS de haber sido obediente hasta la muerte, y muerte en cruz? Observa que Pablo dice: Por lo cual, es decir, por este motivo, Dios lo exaltó hasta lo sumo, lo que quiere decir que Jesús se ganó su más alta exaltación por su victoria hasta la muerte en la cruz. ¿Cómo entonces dices que Jesús era excelso hasta lo sumo ANTES de venir como hombre si no había muerto en la cruz victorioso?... ¡Esteeeeeeee…bueno Jaimito, es hora de volver a casa porque se hace tarde!…¡Caracoles, mi papi siempre me viene con evasivas! ¿Y ahora quién podrá ayudarme?…¡¡¡yoooooooo, el Chapulín Apologista!!!…¡Yupiiiiiiii!
Siguen los problemas en la secta de los Testigos de Jehová. Sus continuas contradicciones y sus cambios de fechas constantes para el supuesto “armagedón” son razones suficientes para desechar la mayoría de sus doctrinas y pretensiones.
Vea el siguiente vídeo de James Lavasori Bond
Por Ingº. Mario A Olcese (Apologista)
Pocos estudiantes de la Biblia se han detenido para preguntarse para qué Jesús pronunció la famosa parábola de las Diez Minas de Lucas 19:11-27. Pues bien, esta es una de las pocas parábolas que Jesús habló para responder a una inquietud o expectativa de sus seguidores con relación a su tan anhelado reinado mesiánico.
¿Un reino que se manifestaría inmediatamente?
En Lucas 19:11 descubrimos la razón por la que Jesús pronunció la parábola de la Diez Minas, con estas palabras: “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente”. Nótese que Jesús elaboró esta parábola porque sus partidarios pensaban que su reino se manifestaría inmediatamente o que estaba muy próximo a cumplirse.
¿Pero qué les hizo pensar que el reino era inminente?
La respuesta se obtiene del mismo verso 11, el cual dice: “por cuanto estaba cerca de Jerusalén”. Sí, los partidarios del Mesías y su reino creyeron que Jesús ya iba inaugurar el reino esperado porque estaba acercándose a Jerusalén, la ciudad capital que Jesús había llamado: “la ciudad del gran rey” (Mateo 5:35). Recordemos que los antiguos reyes ungidos de Israel habían hecho de Jerusalén la capital del reino de Dios, y como era de esperarse, el heredero al trono tendría que entrar en esta misma ciudad para retomar el reino y el trono de sus ancestros.
¿Desechó Jesús aquella expectativa de sus paisanos Judíos?
Si el reino que el Señor predicaba era uno muy distinto al concebido por sus paisanos Judíos, entonces él tuvo aquí una magnífica oportunidad para corregir por completo sus “erradas expectativas” sobre una reino restaurado como antaño y presentarles su nuevo y revolucionario reino de carácter meramente espiritual y supra mundano. ¿Pero lo hizo Jesús? Les dijo, acaso, que su reino es ahora uno espiritual, o en “el corazón de los creyentes”? ¡Pues, no! En el verso 12, Jesús añade: “Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver”. Es decir, Jesús en ningún momento destruyó o revocó sus expectativas de un reino restaurado en la tierra como antaño, cuando les dice que primero él (el hombre noble) tiene que ir al cielo para recibir un reino (e.i. la autoridad) y después volver a Jerusalén (recordemos que él volverá a pisar el Monte de los olivos) para restaurar el reino que le fue confiado por el Anciano de Días…Su Padre (Daniel 7:13,14).
Autoridad sobre las naciones
Jesús, en los versículos subsiguientes (13-27), se extiende más en su parábola y revela que al volver a la tierra, él les dará a sus fieles siervos autoridad sobre ciudades enteras (Ver versículos 17,19). Esto, por sí solo, nos debería convencer de que su reino no es uno simplemente de carácter espiritual y supra mundano, o uno “en el corazón” de cada creyente. Aquí hay una promesa real y concreta de recibir autoridad y poder para regir a naciones reales y literales de este mundo. Es, pues, un reino o gobierno real o literal, uno dirigido por el Hijo de Dios, uno que es perfecto justo, y recto… uno que se origina de los cielos o de Dios.
¿Está Jesús restaurando el Reino en este tiempo?
En Hechos 1:3,6,7 leemos que los discípulos le preguntaron unánimemente a Jesús, lo siguiente: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” o como vierten algunas versiones: “¿Estás restaurando el reino en este tiempo”? y Jesús entonces prosigue para decirles simplemente: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que Dios puso en su sola potestad”. Es decir, Jesús no desechó la expectativa de sus seguidores para la tan esperada restauración del reino de su ancestro David, sino que más bien la confirma implícitamente, diciéndoles claramente que la fecha para el cumplimiento de ese magno evento sólo lo sabe Dios, su Padre, y nadie más.
¿Podría alguno, después de toda esta evidencia, atreverse a decir que el reino de Dios no tiene nada que ver con Jerusalén y las naciones de la tierra? ¡No lo creo!…¡aunque no faltan los “cielo-tercos”!
Por más de seis décadas el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová establecido en Brooklyn (NY), ha estado integrado exclusivamente por “quimosabis” o “carapálidas” a pesar de que ese culto está conformado por miembros de diferentes razas o grupos étnicos. Nos preguntamos: ¿Se habría Dios olvidado de las minorías para que integren su supuesto “Cuerpo Gobernante” por espacio de seis décadas?¿Es que no hubo ninguno digno para ocupar un puesto en la cúpula de entre los “de color”? Realmente extraño! Recién hace unos años nombraron a un afro-americano (ojo: no oriundo del continente africano) para ocupar un puesto dentro del C.G, como para disimular un poco el racismo evidente. Ver el siguiente vídeo:
Los Testigos de Jehová enseñan que el reino de paz y justicia de Cristo se inauguró en 1914 DC. Sin embargo, los hechos demuestran que dicho reino russelista ha sido un fracaso total, pues el lugar de haberse establecido la paz en el mundo, lo que se percibe es un aumento de las guerras a partir justamente 1914 DC, con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Ver el siguiente vídeo:
La misión de Jesús era abrir camino a la venida del Reino, e introducir a los hombres al poder del Espíritu Santo. Este poder está disponible para nosotros, de modo que podamos cumplir nuestro rol en el avance del Reino a las regiones de la Tierra.La misión de reflejar la imagen de Cristo depende de cada uno de sus hijos
Todas las personas del mundo han nacido para alcanzar un propósito. Dios nos creó a cada uno para resolver un problema. Hay algo que Él deseaba que se realizara y que requería de nuestra existencia. Ninguno de nosotros existe por accidente ni está aquí por error. Nuestro lugar en este planeta está relacionado con la misión que Dios tenía en mente mucho antes de crear el mundo. Esto nos hace cruciales en su plan global.
El propósito de Dios para nosotros es el mismo de siempre: ejercer dominio y autoridad sobre el plano terrenal bajo su reinado soberano. Eso nunca ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es nuestra posición. La abdicación de Adán y Eva de su lugar de autoridad legal le permitió a Satanás usurpar el trono que Dios planeó que ocupáramos nosotros. Relegados al estado de súbditos indefensos de un devastador reino de tinieblas, no podemos regresar a nuestro lugar original sin la ayuda de Dios.
Afortunadamente para nosotros, su propósito eterno nunca será torcido; su perfecta voluntad se cumplirá. Desde el comienzo Dios tenía un plan que resolvería el problema de nuestra deserción: “Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos” (Gálatas 4:4-5).
El propósito de Dios era restaurarnos a nuestro estado pleno como sus hijos e hijas, y traernos de regreso a su Reino. Él envió a Jesús como el Camino. La fe en Jesucristo como el Hijo de Dios, en su muerte por nuestros pecados y resurrección de nuestra vida, es la puerta a través de la cual entramos al Reino de Dios.
Jesús no solamente fue la puerta, sino que también fue el mensajero que anunció la llegada del Reino a la Tierra. Antes de que pudiésemos entrar al Reino de Dios teníamos que saber que había llegado y dónde podíamos hallar la entrada. Por eso vino Jesús. Su propósito era doble: proclamar el arribo del Reino de Dios y, a través de su sangre, proveer la entrada al Reino para todos lo que vendrían.
Según el Evangelio de Mateo, cuando Jesús inició su ministerio público su primera declaración fue un mensaje que reflejaba su misión: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (4:17). El Reino de los cielos se refiere a la presencia y autoridad soberana de Dios “invadiendo” e impactando la dimensión terrenal. Jesús desafió a sus oyentes a cambiar de una mentalidad que ignoraba o negaba el Reino de Dios, a una que reconocía y daba la bienvenida a su llegada.
Reintrodujo el Reino
Más que simplemente revelar el Reino, la misión de Jesús era reintroducirlo. Vino para traer nuevamente a la humanidad un conocimiento del Reino de Dios, así como también para cambiar su pensamiento, para que pudieran vivir verdaderamente en ese Reino. Con una santa pasión, Jesús obraba según esa misión divina. Antes de regresar al trono de su Padre entrenó a sus discípulos para que continuaran esa misión hasta el final. Este mandato de Reino ha pasado de generación en generación con distintos grados de éxito. Desafortunadamente, gran parte de la Iglesia ha perdido de vista el mensaje del Reino, y en vez de ello predica temas religiosos alternativos.
Este es un serio problema, particularmente porque cumplir la misión de predicar el Reino es la llave para activar el tiempo de la venida del Señor. Jesús dijo que el fin vendría cuando el Evangelio del Reino fuera predicado a todas las naciones.
No solamente que Jesús habló muy poco sobre nacer de nuevo, sino que tampoco hizo de otros temas el centro de su predicación: prosperidad, sanidad, bautismo en el Espíritu Santo o muchas de las otras cosas que nosotros predicamos tanto en estos días. Jesús enseñó sobre esas cosas y las demostró en el ministerio diario, pero no predicó acerca de ellas. Hay una gran diferencia. Jesús tenía solo un mensaje: el Reino de Dios. Esta era su misión, y la delegó en nosotros. Su misión es nuestra misión.
Debemos proclamar que el Reino de los cielos está cerca, que Dios trabaja para restaurarnos a nuestro lugar original y legítimo como sus hijos, como herederos de su Reino y como gobernantes del dominio terrenal.
Desde el principio, la intención de Dios ha sido la de extender su Reino celestial a la Tierra a través de la humanidad. Ese sigue siendo su plan, a pesar de la caída del hombre.
El Evangelio del Reino revela cómo Dios nos está restaurando a nuestro lugar original, cómo nos está llevando de regreso a donde vinimos. Este es un punto importante que debemos entender. Muchos de nosotros suponemos o nos han enseñado que el Evangelio significa que Dios se está preparando para llevarnos al cielo como nuestro hogar.
Esa no es la verdadera restauración, porque nosotros no venimos del cielo. Restauración significa poner nuevamente en el lugar o condición original. Ya que no caímos del cielo, sino desde nuestra autoridad de dominio sobre la Tierra, ser restaurados significa ponernos de nuevo en nuestro lugar de dominio terrenal.
El deseo de Dios es restaurarnos a nuestro lugar legítimo, lo cual significa regresarnos a la posición de autoridad y dominio sobre peces, aves, ganado, plantas y todo el resto del reino terrenal. Como pecadores, éramos esclavos de Satanás en el reino de las tinieblas, pero como creyentes limpios por la sangre de Jesús, somos hijos de Dios en el Reino de la luz. Dios desde siempre ha deseado tener verdaderos hijos que sean ciudadanos de su Reino celestial y vivan en continua relación con Él, no sirvientes.
El propósito de Dios para nosotros es el mismo de siempre: ejercer dominio y autoridad sobre el plano terrenal bajo su reinado soberano. Eso nunca ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es nuestra posición. La abdicación de Adán y Eva de su lugar de autoridad legal le permitió a Satanás usurpar el trono que Dios planeó que ocupáramos nosotros. Relegados al estado de súbditos indefensos de un devastador reino de tinieblas, no podemos regresar a nuestro lugar original sin la ayuda de Dios.
Afortunadamente para nosotros, su propósito eterno nunca será torcido; su perfecta voluntad se cumplirá. Desde el comienzo Dios tenía un plan que resolvería el problema de nuestra deserción: “Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos” (Gálatas 4:4-5).
El propósito de Dios era restaurarnos a nuestro estado pleno como sus hijos e hijas, y traernos de regreso a su Reino. Él envió a Jesús como el Camino. La fe en Jesucristo como el Hijo de Dios, en su muerte por nuestros pecados y resurrección de nuestra vida, es la puerta a través de la cual entramos al Reino de Dios.
Jesús no solamente fue la puerta, sino que también fue el mensajero que anunció la llegada del Reino a la Tierra. Antes de que pudiésemos entrar al Reino de Dios teníamos que saber que había llegado y dónde podíamos hallar la entrada. Por eso vino Jesús. Su propósito era doble: proclamar el arribo del Reino de Dios y, a través de su sangre, proveer la entrada al Reino para todos lo que vendrían.
Según el Evangelio de Mateo, cuando Jesús inició su ministerio público su primera declaración fue un mensaje que reflejaba su misión: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (4:17). El Reino de los cielos se refiere a la presencia y autoridad soberana de Dios “invadiendo” e impactando la dimensión terrenal. Jesús desafió a sus oyentes a cambiar de una mentalidad que ignoraba o negaba el Reino de Dios, a una que reconocía y daba la bienvenida a su llegada.
Reintrodujo el Reino
Más que simplemente revelar el Reino, la misión de Jesús era reintroducirlo. Vino para traer nuevamente a la humanidad un conocimiento del Reino de Dios, así como también para cambiar su pensamiento, para que pudieran vivir verdaderamente en ese Reino. Con una santa pasión, Jesús obraba según esa misión divina. Antes de regresar al trono de su Padre entrenó a sus discípulos para que continuaran esa misión hasta el final. Este mandato de Reino ha pasado de generación en generación con distintos grados de éxito. Desafortunadamente, gran parte de la Iglesia ha perdido de vista el mensaje del Reino, y en vez de ello predica temas religiosos alternativos.
Este es un serio problema, particularmente porque cumplir la misión de predicar el Reino es la llave para activar el tiempo de la venida del Señor. Jesús dijo que el fin vendría cuando el Evangelio del Reino fuera predicado a todas las naciones.
No solamente que Jesús habló muy poco sobre nacer de nuevo, sino que tampoco hizo de otros temas el centro de su predicación: prosperidad, sanidad, bautismo en el Espíritu Santo o muchas de las otras cosas que nosotros predicamos tanto en estos días. Jesús enseñó sobre esas cosas y las demostró en el ministerio diario, pero no predicó acerca de ellas. Hay una gran diferencia. Jesús tenía solo un mensaje: el Reino de Dios. Esta era su misión, y la delegó en nosotros. Su misión es nuestra misión.
Debemos proclamar que el Reino de los cielos está cerca, que Dios trabaja para restaurarnos a nuestro lugar original y legítimo como sus hijos, como herederos de su Reino y como gobernantes del dominio terrenal.
Desde el principio, la intención de Dios ha sido la de extender su Reino celestial a la Tierra a través de la humanidad. Ese sigue siendo su plan, a pesar de la caída del hombre.
El Evangelio del Reino revela cómo Dios nos está restaurando a nuestro lugar original, cómo nos está llevando de regreso a donde vinimos. Este es un punto importante que debemos entender. Muchos de nosotros suponemos o nos han enseñado que el Evangelio significa que Dios se está preparando para llevarnos al cielo como nuestro hogar.
Esa no es la verdadera restauración, porque nosotros no venimos del cielo. Restauración significa poner nuevamente en el lugar o condición original. Ya que no caímos del cielo, sino desde nuestra autoridad de dominio sobre la Tierra, ser restaurados significa ponernos de nuevo en nuestro lugar de dominio terrenal.
El deseo de Dios es restaurarnos a nuestro lugar legítimo, lo cual significa regresarnos a la posición de autoridad y dominio sobre peces, aves, ganado, plantas y todo el resto del reino terrenal. Como pecadores, éramos esclavos de Satanás en el reino de las tinieblas, pero como creyentes limpios por la sangre de Jesús, somos hijos de Dios en el Reino de la luz. Dios desde siempre ha deseado tener verdaderos hijos que sean ciudadanos de su Reino celestial y vivan en continua relación con Él, no sirvientes.
Por Andrés Tornos
Según los Evangelios, el Reino de Dios es la clave de los propósitos, del proceder y de la psicología de Jesús. Como si las imágenes del Reino dominaran tanto su conducta que sólo ellas bastaran para explicar de raíz lo que quiso hacer en su vida, y los choques y adhesiones entre los que vivió.
Lo que quiso hacer, desde luego. Mateo y Marcos dicen que anunciando el Reino es como empezó: «Se han cumplido los tiempos y se acercó el Reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio». Y Lucas, que describe esos comienzos como una enseñanza que hace famoso a Jesús, sin más especificar, concreta en seguida 10 pretendido en ella: .. Querían retenerle … pero El les dijo: “También a otras ciudades tengo que anunciar el Evangelio del Reino de Dios”· (4,4-25.).
El Reino es para Jesús la felicidad de los pobres (Mt 5,3) y lo primero que tenemos que pedirle a Dios (ibid. 6, 10), es como un tesoro O una perla maravillosa por la que uno vendería todo lo que tiene; es lo que vale la pena buscar antes que la comida y el vestido y si Dios se complace en darle el Reino a uno, entonces ya no hay nada que temer (ibid. 12, 22-32).
Estaba en Daniel dicho que los designios de Dios culminarían al llegar su Reino, un Reino indestructible (2,44, 7, 27). Jesús ve ese momento, pero con un matiz de ternura que no estaba en Daniel: con toda su grandeza el Reino es cuestión de pobres (Lc 6,20), de niños (Mt 19,24), de enfermos (10,9), de atormentados por el demonio (1 1,20).
De antiguo estaba el Reino ofrecido a los judíos. Pero Jesús nos descubre que Dios lo abre a todos y que incluso publicanos y prostitutas entrarán antes que los que estaban en principio llamados (Mt 21,31).
Y esto lo dice Jesús porque ve que al anunciar el Reino divide a sus compatriotas en vez de arrastrarles.
La manera como empezaron los conflictos no se nos cuenta con pormenor en los Evangelios, sin duda porque las tradiciones recogidas en ellos son de una época en el que el por qué de los conflictos estaba claro y no necesitaba explicación ninguna.
Pero la clave está sin duda en la cuestión del Reino. Decenios antes de que se presentara Jesús los escritos más populares había hecho de la idea del Reino de Dios el centro de las esperanzas de la gente, de sus preocupaciones de re y de la religiosidad multitudinaria. Lo que ocurría es que había muchas maneras de entender lo del Reino de Dios.
Había, por ejemplo zelotas, que querían promover la acción violenta contra los romanos; ellos apoyaban su ideología y su violencia en la voluntad de instaurar el Reino. Había grupos más reservados, pero no menos nacionalistas, los cuales se organizaban en una especie de asociaciones comprometidas a especiales observancias de la ley y hasta se unían en comunidades como monacales, separándose de la sociedad establecida; no faltaban entre ellos quienes despreciaban al sacerdocio tradicional y lo desprestigiaban ante la gente: todo en el nombre del Reino de Dios. y luego estaban los grandes sacerdotes de Jerusalén y todo el sector de escribas cercano a ellos, a quienes más bien molestaba que se hablara del Reino por el significado subversivo que la palabra en la práctica había ido adquiriendo.
Jesús no se echó atrás del uso de la palabra Reino por estar ella en boca de muchos subversivos. Esto ya le costó las suspicacias y odiosidad de las altas instancias sacerdotales. Pero tampoco aceptó de ninguna manera que el Reino se malentendiera como banderín de enganche para la violencia, el nacionalismo, la soberbia de grupos cerrados sobre sí, la autosuficiencia farisaica de alguien.
La rabia contra Jesús se iba extendiendo más cuanto más Jesús iba conquistando el prestigio y la autoridad de ser el buen intérprete del Reino. Si el Reino de Dios era lo que decía Jesús, entonces no tenían justificación ni los amigos de la violencia, ni los nacionalistas, ni los que se atribuían la exclusiva de ser en sus grupos cerrados los únicos depositarios de la esperanza del Reino.
Y a Jesús, en su pasión por el Reino, todo se le volvía explicar cómo tenía que verse correctamente el Reino en la perspectiva de Dios: como algo que necesitaba más justicia que la de escribas y fariseos (Mt 5,20), de crecimiento oculto como una semilla (Mc 4,26-29), pequeño al principio como grano de mostaza, pero bueno al fin para nidos de toda clase de pájaros (Mt13, 31-32), como red con mil peces malos y buenos necesitados de escogerse bien (ibid. 47-50), como campo de trigo y cizaña (ibid. 24-30).. Y, sobre todo, como lo que se da gratis (Mt 20,1-15) y se les va a quitar a los judíos de entonces (ibid. 21-43).
Esto ya colmaba el vaso y muchísimos fueron contra Jesús. Y Jesús no se echó atrás aunque vio venir la muerte. Se despidió, hasta un encuentro en el Reino (Mc 14,25) y murió viéndose reconocido como quien tiene el poder del Reino, por uno de aquellos malditos a quienes se excluía de la entrada en el Reino (ver Lc 23,42s.).
Andres Tornos
El Reino de Dios, ¿qué significa eso? Esta es una pregunta que todos los cristianos deberían estar preparados para responder…¡pero asomborsamente no lo están! En primer lugar, Jesús es presentado como el rey del reino de Dios, el Mesías o Cristo de Dios. La palabra hebrea Maschiaj (‘Mesías’) equivale a Kjristós (‘Cristo’) en el idioma griego, y a su vez Cristo quiere decir: “El ungido de Dios” en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente “ungidos” por los sumos sacerdotes parar ocupar ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc ( 1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo (“ungido”) , David era un Cristo (“ungido”), Salomón era un Cristo (“ungido”), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).
El Reino de Yahweh
El Reino de Jehová Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados “Jueces de Israel”, los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.
Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: “su reino”. Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como “el reino de Jehová”: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel”. También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: “Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre…”. Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.
La Promesa de Dios a David
Como dijimos arriba, Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo…y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16).
En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo. Esto lo veremos más adelante.
En Jeremías 33:20, 21 leemos: “Así ha dicho Jehová: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono…”. Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.
Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Jehová en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real ‘judío-davídica’ por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.
Jesús: El Cristo de Dios
Jesucristo, o también llamado: “Jesús el Cristo”, es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o “el Ungido”) de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de “sangre azul” y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los “cristianos” que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados “cristianos”—¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono” (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo—Nuestro Señor y Salvador.
Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.
Jesús Anuncia el Reino de Dios
Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las “buenas noticias” del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado”. Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo—¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a “salvarnos”, lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).
Sí, Jesús vino decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a “saborear” un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino “había llegado” (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra—¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).
Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que “nacer de nuevo” para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los “pobres en espíritu” era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este “mundo malo” sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).
La Pregunta de los Apóstoles
Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”. Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o “en el corazón de los creyentes” sino en ISRAEL Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.
Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra “restaurarás” en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.
La Respuesta de Jesús
La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: “Y les dijo: No os toca vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.
En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: “Bendito el reino de nuestro padre David que viene” (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver”. ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: “por cuanto estaba cerca de Jerusalén”. ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.
Los Cristianos son “Cristos” como Jesús
Si bien Jesucristo es “El Cristo” esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de “príncipes” del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. ‘Krio’, de donde deriva la palabra Gr. ‘Kjristos’= Cristo), es Dios” (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra”. Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : “Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David”. Además recordemos que Jesús les dijo sus doce apóstoles: “…y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:30). “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lucas 19:28).
La Promesa de Jesús no fue el Cielo
Es claro, entonces, que Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo para que vivan como angelitos alados y tocando un arpa. La verdad es otra, pues él dijo: “Bienaventurados los mansos por ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5). Y en Apocalipsis 5:10 se dice claramente que reinaremos sobre la tierra. El sabio rey Salomón expresó: “El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra” (Proverbios 10:30). También dice él: “Porque los rectos habitarán la tierra, y los PERFECTOS permanecerán en ella” (Proverbios 2:21). Ahora bien, ¿quiénes son los perfectos? La respuesta viene de los labios de Jesús: “Sed, pues, vosotros PERFECTOS, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Aquí vemos que los perfectos son los que siguen a Jesús. De modo que los cristianos tendrán como herencia la tierra, y permanecerán en ella. No obstante, esta tierra será renovada, y transformada con la presencia benefactora de Cristo y su reino milenario. Por eso Pedro dice: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13,14).
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2 Reyes 2:11 se ha tomado, como es natural, como si Elías fuese llevado al cielo en una especie de rapto para nunca más aparecer en la tierra y se toma como una enseñanza de lo que pasará con nosotros cuando muramos.
Yo explicaría este versículo diciendo que lo que le pasó a Elías no era que fue llevado al cielo donde Dios mora, sino que fue trasladado a otro lado de la tierra. Esta explicación es muy fácil de probar. Lea 1 Reyes 18:7-16 donde Elías está hablando a Abdías, el mayordomo del Rey Acab. Vemos en el verso 8 que Elías le dice a Abdías que vaya y le diga a Acab que Elías está aquí. Abdías le responde que no hay nación o reino que Acab no haya buscado a Elías, y no lo ha podido encontrar. En el versículo 12 Abdías le dice a Elías que tiene miedo de ir a decirle a Acab que Elías esta aquí, porque cuando él se vaya, el Espíritu del Señor se lo llevará a alguna parte que él no sabe, y después Acab lo mataría.
“Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará a donde yo no sepa, y al venir yo y dar las nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará.”
Otro versículo excelente que enseña que Elías todavía estaba aquí en la tierra aun después del evento de la carroza de fuego es que él escribe una carta al Rey Joram en 2 Crónicas 21:10-13 diciéndole que el Señor herirá a su pueblo con una gran plaga. Vale señalar que el versículo 12 dice:
“Y le llegó (a Joram) una carta del profeta Elías que decía.”
El objetivo crucial en estos versículos es que Elías escribió una carta al Rey Joram, quien era el hijo del Rey Josafat. Elías fue trasportado durante el gobierno del Rey Josafat. Joram vino después de Josafat, y fue Joram quien recibió una carta de Elías. La conclusión obvia es que Elías todavía estaba vivo aquí, en la tierra.
Si Elías se había ido al cielo, entonces como explicaríamos la frase de Jesús en Juan 3:13:
“Nadie subió al cielo.”
¿Se equivocó Jesús?

El presidente Mahmoud Ahmadinejad de Irán pide la creación de un nuevo orden mundial en relación con muchos desafíos que se levantan en la arena política internacional.
La meta del cristiano según las Santas Escrituras
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
La región llega a esta crisis con fortalezas macroeconómicas pero con marcados déficit sociales. Las prioridades deben estar claras: hay que garantizar el trabajo, la educación, la sanidad y la dignidad del pueblo

