¡LOS 144,000 SELLADOS DE APOCALIPSIS ES UNA GRANDE MUCHEDUMBRE!

ungiMúltiples preguntas y dudas han surgido a raíz de este tema, ya que es un tema aparentemente complicado, pero en sí mismo es muy claro y entendible.

Diferentes posiciones se han tomado respecto a esto, algunos dicen que los 144 mil de Apoc. 7:4-8 y 14:1-3 son un grupo diferente a la Gran Multitud que aparece en Apoc. 7:9-17. Otros afirman que los 144 mil es un grupo especial que se diferencia de la gran multitud por ser gente única y diferente (moral y espiritualmente). Otros afirman que los 144 mil son los únicos que serán salvos y nada más. En fin, son muchas las teorías referentes a este tema, las cuales no mencionaremos aquí por cuestión de espacio.

A continuación veremos Bíblicamente lo que realmente son los 144 mil y la gran multitud, ¿serán grupos diferentes y distintos? O ¿los 144 mil y la gran multitud es un solo grupo?

LO QUE JUAN “OYE” NO ES LO MISMO A LO QUE “VE” PERO EL SIGNIFICADO ES EL MISMO

En Apocalipsis 7:1-3, observamos que el apóstol Juan ve en visión a cuatro ángeles que detenían los cuatro vientos de la tierra “para que no soplase viento alguno” sobre nada de la tierra. En el 7:2-3, ocurre algo en “la tierra”, es decir, el ángel de Dios que ve Juan y que tenía el sello del Dios vivo y que clamaba a los cuatro ángeles que detenían los cuatro vientos de la tierra, clamó a gran voz “no dañéis la tierra, ni el mar, ni los arboles, hasta que sellemos en sus frentes a los siervos de Dios”. Este evento sucede en la tierra, ya que todo lo que ocurre lo podemos observar en el texto mismo que la acción se da aquí en la tierra. Y en Apocalipsis 7:9, nos encontramos con la gran multitud “que ninguno podía contar, de toda nación, tribu y lengua”, este hecho sucede en “el Cielo”, porque “estaban ante el trono y en presencia del Cordero, vestidos de ropa blanca y con palmas en las manos”. Esto significa que el sellamiento de los 144 mil sucede en la tierra pero el evento de la gran multitud sucede en el cielo, claro está que son dos eventos pero los protagonistas son los mismos pero en diferente lugar y momento.

Es entonces, cuando Juan escucha “el numero de los sellados” 144 mil de todas las tribus de Israel. Pero al leer los versículos 4-8 del capítulo 7, nos damos cuenta que no están todas las tribus, sino que hace falta una, la tribu de Dan, la cual su lugar lo ocupa la tribu de Manases (el hijo mayor de José), y vemos a la tribu de José recibiendo también cierta cantidad de sellados. Pero notamos algo, que está recibiendo 12 mil la tribu de Manases (el hijo de José) y 12 mil la tribu de José (padre de Manases), la casa de José está recibiendo el doble. ¿Será que había preferencias con la casa de José? Ya que estaba recibiendo el doble. No, lo único que está sucediendo aquí es que Juan escribe con el pensamiento hebreo, porque en los días cuando escribió el apocalipsis las doce tribus de Israel ya no existían, es una figura de lenguaje, para explicar que “de todo el mundo serían llamados o sellados como elegidos por Dios, empezando con las doce tribus de Israel (es decir, el pueblo elegido de Dios en un principio) y claro, la tribu de Manases que nada tenía que hacer ahí (representa todos aquellos que algún día, sin merecer este privilegio serian sellados, a decir, los gentiles, los que no eran Israelitas de nacimiento).

Ahora, Juan tiene una peculiar forma de escribir, porque lo que “oye es diferente a lo que ve”. Podemos observar que en Apoc. 1:10-12, cuando Juan cae en éxtasis en el día del Señor, dice “oí detrás de mí una fuerte voz como de trompeta” (que era Cristo), pero cuando se voltea para ver qué era esa voz como de trompeta V.12, dice “me volví para ver quien hablaba conmigo. Y vuelto vi siete candelabros” (que era Cristo), es decir, Juan escuchó trompetas, y al voltear y ver, eran candelabros, pero a fin de cuentas era Cristo.

Otro ejemplo de esto lo vemos en Apocalipsis 5:4-6. Juan lloraba mucho porque no había alguien digno de abrir el libro, ni siquiera mirarlo. Entonces se le acercó a un anciano, y le dijo: “No llores. El León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”, y al escuchar esto, Juan en Apoc. 5:6, en medio del trono, y de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos “vi de pie a un Cordero como si hubiera sido inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra”. Entonces que era, ¿un León “de la tribu de Judá”? o ¿un Cordero como “inmolado”?. Juan escuchó del anciano “un León” pero cuando vio, había “un cordero”. Aquí otra vez nos damos cuenta de que “lo que ve y lo que oye no es lo mismo”, pero a fin de cuentas, tanto el León como el Cordero, representaban a Cristo.

Lo mismo sucede en Apoc. 7: 1-17. Juan “oye” 144 mil (claro está que Juan no se puso a contar si habían 144 mil personas ya que era “una figura de dicción”) sellados de las doce tribus (que significa todo el mundo), pero en el 7:9, Juan “ve” que no son 144 mil (porque no los contó, pero significaba “multitud basta grande”) sino que era una gran multitud que “ninguno podía contar”.
En esta primera evidencia bíblica sobre los 144 mil nos podemos dar cuenta de este principio, que “lo que Juan ve y oye no es lo mismo, pero a fin de cuentas significa lo mismo”. Así, de esta manera, bíblicamente entendemos que los 144 mil y la gran multitud es un solo grupo.

Nota: se cuentan con 3 evidencias que afirman que los 144 mil y la gran multitud son lo mismo.

Como ya se vio que los 144 mil y la gran multitud es un solo grupo y no dos como se cree, bajo la evidencia que “lo que Juan Oye y Ve no es lo mismo, pero sí a quien se dirige”. Ahora pasaremos a la segunda evidencia que se encuentra en la Biblia misma, la única regla de fe, nuestra única prueba de discipulado, o como bien Martin Lutero lo llamaba “sola scriptura” (solo la Escritura) y la “tota scriptura” (totalidad de las Escrituras).

La continuidad y similitud de los símbolos.

En apocalipsis 14:1-5, se hace mención por segunda ocasión de los 144 mil, pero debemos prestar mucha atención a la lectura, ya que desde el cap. 13 el apóstol Juan viene manejando muchos símbolos como la descripción de la “bestia que sube del mar”, “el dragón”, “la bestia que sube de la tierra”; etc. Y continúa en el cap. 14, el apóstol Juan vuelve a hablar en símbolos, como “el Cordero” de pie sobre el monte “Sion”, y menciona a los “144 mil” también. Ahora la pregunta es: si Juan estaba hablando en símbolos como la bestia, el dragón, el Cordero, el monte Sion, etc. ¿acaso los 144mil no son un numero simbólico siendo que se menciona dentro de ese contexto? Por supuesto que los 144 mil también es un símbolo que representa al pueblo de Dios (la gran multitud). Veamos algo referente a esto.

En el mismo cap. 14 de Apocalipsis en los versículos del 1-3, se dice que Juan “escucho una voz en el cielo como el estruendo de muchas aguas, como el estampido de un gran trueno. Pero era el sonido de arpistas que tañían sus arpas”. Y “cantaban un cantico nuevo ante el trono de los cuatro seres vivientes y ante los ancianos. Y ninguno podía aprender ese canto sino los 144 mil que fueron redimidos de entre los de la tierra”. Aquí se vuelve a corroborar que los 144 mil y la gran multitud son lo mismo, ya que los 144 mil se encuentra “ante el trono” cantando y alabando, y la gran multitud en Apoc. 7:9, también se encuentra “ante el trono” cantando y alabando a Dios. Los dos se encuentran ante el “trono de Dios”, ¿Qué diferencia entonces existe entre los 144 mil y la gran multitud, siendo que los dos están “ante el trono de Dios”? ninguna diferencia, porque no son dos grupos sino uno solo.

Por otro lado en Apoc. 14 aparecen los 144 mil después de “la gran tribulación” mencionada en Apoc. 13:14-18. ¿Quiénes sobreviven a esta gran tribulación? Solo los 144 mil sellados. Pero observemos lo que dice Apoc. 15:2-3. Aquí se hace mención de “La gran multitud” de nuevo, y Juan ve “un mar de vidrio mezclado con fuego. Y los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen, su marca y el número de su nombre, estaban sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Cantaban el cántico de Moisés siervo de Dios, y el canto del Cordero, diciendo: “!grandes y maravillosas son tus obras Señor, Dios Todo Poderoso, justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones! Lo que aquí observamos es algo muy especial, porque los 144 mil son los que sobreviven a “la gran tribulación” de Apoc 13; pero por otro lado, como dice Apoc. 15, la gran multitud también sobrevive a la “gran tribulación” de Apoc. 13; los 144 mil estaban con “las arpas de Dios“, pero también la gran multitud están “con las arpas de Dios”; los 144 mil “cantaban el canto de Moisés” y el “canto del Cordero” (que ninguno podía aprender), la gran multitud en Apoc. 15 también canta “el canto de Moisés” y el canto “del Cordero” (¿que no solo los 144 mil lo sabían?). Cantaban el cántico de Moisés por ser librados de Faraón y los 144 mil el canto del cordero por ser librados del pecado.

En otras palabras, los dos grupos comparten las mismas cosas y gozan de los mismos privilegios, ¿serán a caso dos grupos diferentes? No, es un solo grupo, por eso existe tanta similitud. Los 144 mil y la gran multitud un solo grupo por las evidencias ya presentadas.

 

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Un pensamiento en “¡LOS 144,000 SELLADOS DE APOCALIPSIS ES UNA GRANDE MUCHEDUMBRE!

  1. Estimado Armando, veo que defiendes como un buen escudero la creencia Watchtoweriana de las dos clases de cristianos, una celestial o superior, y una terrenal o inferior, carente ésta de muchos “privilegios” que sí goza la primera. Definitivamente ya no puedo hacer otra cosa más para convencerte de que estás “fuera de órbita” o perdido en el espacio sideral. Para mí, en lo personal, el Dios de la Biblia NO HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS, pero parece que el tuyo sí. En fin, ése es ya un problema tuyo y no mío. Yo ya te di mis razones por las cuales creo que soy un UNGIDO, uno que reinará con Cristo en su reino si persevero hasta el fin. Esta fe me impele a seguir adelante, trabajando para llamar a muchas más personas para que sean parte de la familia de Dios. Ahora, si tú no quieres ser parte de la familia de Dios, sino simplemente un esclavo sin derechos, ese es tu problema, pero yo me siento ya un hijo de Dios y un hermano de Cristo…un miembro de su cuerpo místico. Tú te pierdes esa mangnífica oportunidad y aceptas posiciones para las cuales Jesús nunca te llamó, como ser simplemente un súbdito de su reino, sin inmortalidad, sin poder, sin gloria y sin honra.

    Alabo al Señor, quien ha hecho de todas las gentes un solo rebaño de creyentes con un solo pastor, el cual nos dará la vida eterna en su reino. Me siento feliz porque sé que los últimos de este mundo serán los primeros en la Era venidera, y los que son los primeros en este siglo serán los postreros en el venidero. Yo sé que recibí el Espíritu Santo desde el momento de mi conversión, y que ya soy parte del cuerpo de Cristo, el cuerpo que Cristo salvó de la condenación eterna. Fuera del cuerpo de Cristo que es su iglesia no hay salvación, y si alguno dice no ser parte del cuerpo, lo que está diciendo es que está en el camino que conduce a la condenación eterna. Así pues, 97% de Testigos de Jehová están caminando a su destrucción porque se resisten a integrar el cuerpo o la iglesia de Cristo.

    Cuando dejé de ser “Testigo de Jehová”, una de las cosas que “mandé al diablo” fue la doctrina de las dos clases de Cristianos: la clase celestial y la clase terrenal. Y creo que todo verdadero cristiano debe rechazar semejante blasfemia, pues si no lo hace, en el fondo es aún un Testigo de Jehová sin querer queriendo, ya que ninguna iglesia enseña semejante barbaridad, salvo los mal llamados Testigos de Jehová. Es por eso que me llama mucho la atención de que no siendo ya un “Testigo de Jehová” aún mantengas una doctrina Russelista que es una afrenta a Dios y a su Hijo. Lamentablemente estás todavía perdido mientras te resistas a ser un hijo de Dios, un hermano de Cristo, y miembro de su cuerpo que él salvó por su sangre.

    Esto es todo lo que puedo añadir y termino definitivamente con el tema, pues no es sabio dar perlas a los… tercos
    Un abrazo,
    Apologista

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