Archive for agosto, 2009


Hola, amigo apologista…¡de ti sí me acuerdo!

Hoy Peter Falk, “Columbo” sufre de Alzheimer y demencia senil. Camina por las calles de Los Ángeles, sin conocer a nadie, inventándose un mundo que no existe y olvidándose de su propia identidad.

El tabaco puede llevar a sufrir demencia senil.

REUTERS

 

  • Una presión arterial alta o el tabaquismo, factores de riesgo en su desarrollo

  • De las 11.000 personas estudiadas, 203 fueron ingresadas posteriormente por este problema

  • Los casos de demencia en personas de avanzada edad se triplicarán en el año 2050

 

RTVE.es  11.08.2009La gente que fuma, los que muestran una presión arterial alta o sufren diabetes durante la edad adulta son más propensos a desarrollar demencia en su vida, según el estudio publicado en la revista Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry.

La investigación, que cuenta con participación española, afirma que la gente considera, en algunos casos, modificar su estilo de vida para evitar el desarrollo de esta enfermedad.

La demencia es un problema creciente de salud pública, que afecta a las personas mayores en los países desarrollados.

En los Estados Unidos, donde se ha llevado a cabo el estudio, los resultados muestran que una de cada seis personas mayores de 70 años padece demencia. Las estimaciones reflejan que en el año 2050, el número de gente con demencia crecerá el triple, comparado con los resultados aportados en el año 2000.

Estudios previos han demostrado que la presencia de factores cardiovasculares de riesgo (incluídos una presión arterial alta, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo) incrementan el riesgo de paceder posteriormente una demencia, aunque ha menudo no se muestra la relación.

Investigadores de las universidades de Minnesota, Carolina del Norte y la universidad de John Hopkins, junto con el centro médico de la Universidad de Mississipi, han estudiado más de 11000 personas entre 46 y 70 años, participantes anteriormente en estudios sobre población en riesgo.

Un estudio para conocer las causas

Durante la investigación, los participantes se sometieron a exámenes físicos y test cognitivos, siendo estudiados hasta 2004, para conocer cuántos fueron hospitalizados por problemas relacionados con la demencia.

Tras el seguimiento, los estudios identificaron 203 casos de hospitalización por esta enfermedad, y los factores anteriormente mencionados fueron fuertemente asociados con ésta en población blanca y afroamericanos.

En total, los afroamericanos presentaron tasas de hospitalización dos veces superiores que los de la gente blanca, y en concreto, las mujeres afroamericanas mostraron las mayores tasas de todas.

Además, el estudio muestra cómo las personas fumadoras tienen un 70% más de posibilidades de sufrir la enfermedad, al igual que las personas que padecen una presión arterial alta.

Los investigadores concluyen diciendo que “los resultados muestran la importancia de modificar pronto el estilo de vida, disminuyendo los factores de riesgo como tratamiento para prevenir la demencia”.

Estimado amigo, Don Juan Tenorio:

Entraste en la “crisis de los 40 años” y te sentiste tentado a probar tu virilidad y atractivo masculinos con mujeres mucho más jóvenes que tú. A la esposa de tu juventud, algo maltratadita por los años tal vez, la repudiaste, porque según  tú, ya no te atraía como antes y querías experimentar nuevas y frescas emociones con el sexo opuesto. Te viste involucrado, quién sabe, con tu guapa secretaria, o con una amiguita sexy de tu hijo que era “veinteañera”, y te mudaste con ella en un departamento que tenías escondido por allí, y creías ser feliz y muy macho, mientras que a tu esposa e hijos los dejaste destrozados por tu decisión egoísta y desamorada. Han pasado veinte años, y durante todo ese tiempo dejaste de visitar a tus hijos, y si los veías, lo hacías cuando te daba la gana, y no les proveías de lo que ellos necesitaban de ti, especialmente seguridad, ejemplo, y consejo oportunos. Ahora, con casi 60 años encima, canoso, rechoncho,  achacoso, y sin dinero, intentas recuperar a tu familia porque estás solo, abandonado y lleno de remordimientos que te atormentan; pero tus hijos ya no están en casa, se han casado, han formado sus propios hogares, y tu mujer se volvió a casar con un caballero que le brinda seguridad, amor incondicional y respeto. Ellos simplemente ya han superado su dolor pasado y poco o nada quieren saber de ti, pues tal vez te dejaron de amar, o porque sencillamente ya no te respetan ni admiran, ni te ven como un verdadero padre. Simplemente les eres indiferente y ya no te necesitan. Tú estás loco por conocer a tus nietos, pero tus hijos no quieren presentártelos, y no desean tu presencia en sus hogares. Sufres, te atormentas, y no duermes en las noches pensando en todo lo que perdiste, especialmente tu bien nombre y reputación. Ahora deseas remediar tu error, pero lo percibes tarde, pues no tienes forma de demostrarles que eres un hombre nuevo, un padre arrepentido. Ellos creerán que tú únicamente los buscas porque no tienes a dónde ir, y estás solo en el mundo. Piensan que si tú estuvieras boyante, seguramente seguirías en tus andanzas, y no te acordarías de ellos como ahora pretendes. Te encuentras entre la espada y la pared y lloras amargamente tu estúpida y egoísta decisión. No te queda otra casa que deambular por allí, y buscar a algún otro desventurado  como tú que pueda escuchar  tus cuitas, y compartir contigo un almuerzo por algún cuchitril de un barrunto apestoso. Entonces pasarán los años, y serás un anciano maloliente, descuidado, arruinado, que resignadamente esperarás la muerte en un viejo lecho de un asilo de caridad sin que nadie venga a verte. Finalmente, terminarás sepultado en una fosa común porque no hay quien pague tu nicho, y menos, una incineración. No habrá lápida que rememore tu existencia y quedarás finalmente en el olvido. Esta historia, aunque patética, no es una fantasía. Ocurre a diario. Así que, estimado amigo, ¿para qué esperar a llegar a ese extremo? Arrepiéntete de tu error a tiempo, y no esperes estar en una desgracia completa sin nadie a tu lado. Sé sabio, y regresa al redil, antes de que sea demasiado tarde.

Amigo que aún no has caído en este error de muchos hombres, no intentes cambiar “mocos por babas”, por decirlo de manera grotesca. Sigue con la esposa de tu juventud, y no te dejes engañar por los deseos de los ojos y de la carne. ¿Me harás caso?…o mejor dicho, ¿harás caso a la advertencia que viene del Padre celestial? Espero que sí.

Vuestro amigo,

Apologista

“No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mateo 7:1)

En el Sermón del Monte, Jesus dijo, “No juzguéis, para que no seáis juzgados.” Por otra parte El también dijo, “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24) Por supuesto, esta aparente contradicción nos lleva justo al punto de cuando juzgar y cuando no; que juzgar y que no.

Permítame comenzar con algunas de las definiciones más antiguas de la palabra juzgar. Yendo al hebreo, juzgar significa en primer lugar, “dirigir o guiar” y después “juzgar”. Esto quiere decir que un hombre no puede dirigir o guiar a menos que también juzgue. Así sucedió con Moisés quien dirigía o guiaba a través de juzgar, así también lo hicieron los jueces del Antiguo Testamento.

La palabra griega krino, juzgar, se relaciona con la raíz de la palabra en latín cerno, que significa separar, partir, cernir. Juzgar, entonces siempre involucra separar lo bueno de lo malo cuidadosamente, lo correcto de lo incorrecto.

Entonces nos resulta inevitable el hecho que debemos de tener jueces, y que hay un lugar para juzgar. Esto siempre ha sido parte de la regla de Dios bajo los pactos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Por consiguiente, Pablo amonesta a los cristianos a no usar el sistema legal secular para arreglar sus diferencias, más bien hacer de la iglesia una corte legal diciendo: “¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequenas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? Para avergonzaros lo digo. ¿Pues que, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos.” (1 Co, 6:1-3, 5)

Ahora consideremos, de manera más específica, como juzgar se aplica en la vida cristiana.

Todos Debemos Juzgar, para Distinguir el Bien del Mal

Menciono primero esto porque es el fundamento del juicio cristiano. Nosotros, por ejemplo, debemos juzgar que es trigo y que es cizana, que es luz y que es obscuridad, que ayudaria y que estorbaria, y con quien tener companerismo y a quien evitar. (2 Tesalonicenses 3:6)

Hacemos estos juicios a través de la Palabra de Dios, por el testimonio del Espiritu Santo, o por el don del discernimiento, el cual es un don especial para juzgar justo juicio. Este tipo de juicio universal está relacionado primordialmente en cómo debemos de reaccionar con la gente y las circunstancias.

Hay otro tipo de juicio que va mas allá de los intereses personales. Es el juzgar a otros para corrección. Tenemos que entender que no podemos corregir a nadie hasta que hayamos discernido lo que necesita ser corregido.

Tenemos el Derecho de Juzgar a Otros en una
Relación Maestro/Alumno – si somos el Maestro

La relación maestro/alumno más básica es aquella entre padre e hijo. El padre debera de juzgar la conducta del hijo, porque sin juzgar esa conducta, el padre no podra dirigir el hogar en forma exitosa. Verdaderamente, un padre deberá de aplicar la ley de Dios a sus hijos y, si es necesario, aun con la vara de la corrección. (Proverbios 22:15) Dios ha delegado su autoridad en los padres para imponer las leyes en el hogar.

Una vez más, recuerden, el guiar y el juzgar van juntos. Uno no puede guiar o dirigir sin juzgar, y uno no puede ser un juez justo a menos que este asignado para tal función.

Otra relación maestro/alumno es la del salón de clases, todo el camino desde la escuela primaria hasta el entrenamiento universitario. El maestro tiene la autoridad para juzgar. Y esto tambien es cierto en cualquier trabajo donde el patron no puede manejar el negocio en forma exitosa sin tener que tratar con las faltas y debilidades de sus empleados.

Finalmente existe la relacion pastor/miembros de la iglesia. Esta tambien es una relacion maestro/alumno. El pastor es el guia designado por Dios, y tiene la autoridad para “redarguir y corregir” para la perfeccion de los santos. (2 Timoteo 4:2, 3:16-17; Hebreos 13:7)

Tenemos el Derecho de Juzgar a Otros Cuando
Estamos en Una Relación Maestro/Maestro

Cuando hay un cambio para un estudiante de un maestro a otro, por ejemplo, es muy apropiado para el antiguo maestro comunicar al nuevo las debilidades y fortalezas del estudiante. Esto se hace en el sistema educativo, y se hace en el sistema laboral por medio de “referencias de carácter,” las cuales incluyen el desempeño en trabajos anteriores y resúmenes de las habilidades y debilidades de la persona. Y debiera de hacerse cuando un miembro cambia de un pastor a otro. En este caso, es sabio que el nuevo pastor o iglesia pida referencias al pastor anterior, antes de ubicar a los nuevos miembros en posiciones de liderazgo. Cuando esto no se hace, puede suceder que los pastores ubiquen a los nuevos miembros en posiciones para las cuales no están calificados. Las consecuencias podrían ser serias.

Además de estar en una relación maestro/alumno o en una relación maestro/maestro, solamente existe una posición más en la cual como cristianos podemos juzgar a otros cristianos, y es desde el punto vista de la perfección cristiana.

Podremos Juzgar y Corregir a
Otros Si Hemos Obtenido la Perfección Moral

Este es el mensaje de Jesús en el Sermón del Monte. (Mateo 7:1-5) De hecho este pasaje comienza con “No juzguéis…,” y termina diciendo que cuando hayamos limpiado nuestra casa, entonces podremos ayudar a nuestro hermano a limpiar la suya. Si juzgamos a otros cristianos, señalando sus pecados, debilidades y faltas, cuando todavía tenemos las nuestras, somos hipócritas. De cualquier forma, si juzgamos a nuestro prójimo cuando nos encontramos en un estado de perfección moral, creeríamos ser como “pequeños salvadores;” pero en palabras de Jesús se oiría así, “¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces veras bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” (Mateo 7:5)

Observe, una vez más, la finalidad de un juicio justo y de este pasaje de juicio es la perfeccion moral. El juzgar a otros cristianos teniendo pecado y malas actitudes en nuestras propias vidas, nos ciega para poder hacer un juicio justo. Si juzgamos bajo esas circunstancias, no lo haremos mejor que un hombre ciego al operar cataratas del ojo de otra persona. Entre más sea quebrantado un creyente y entre más tiempo haya caminado con Dios, mas renuente estará para tratar con las faltas de otros, sabiendo que el también parecerá ante el tribunal de Cristo.

Ahora, veamos cómo juzgó Jesús

La Perfección Moral Saca la Paja del Ojo del Hermano con Amor, Compasión y Esperanza

Cuando la mujer adúltera fue sorprendida en el acto de adulterio, existía solamente una sentencia bíblica establecida en el Antiguo Testamento para su pecado: morir apedreada. Observe que el castigo fue dado a Moisés por Dios. Los fariseos trataban de que Jesús estuviera en desacuerdo con Dios, su Padre. Ellos pensaban que habían acorralado a Jesús. Pero Jesús no puede ser acorralado. El no vino a invalidar la ley sino a cumplirla.

Entonces, El dijo a los fariseos: ustedes la sorprendieron; ustedes apedréenla – si es que no existe ni una viga ni una paja en su propio ojo! Si así es, entonces háganlo. “El que de vosotros este sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” (Juan 8:7)

Jesús permitió y consintió el apedreamiento de esta mujer si los corazones de los fariseos fueran puros. Pero no lo eran, y por eso dejaron a un lado el juzgar, condenar y encontrar las faltas de esta mujer, al menos por ese momento. Claro, se encontraron a ellos mismos como hipócritas.

Ahora, si no somos verdaderamente santos, sin pecado, ¿entonces no deberíamos dejar caer nuestras piedras y alejarnos, permitiendo a aquellos sin pecado o quienes están en una posición de liderazgo lidear con el problema? Jesús, como el único sin pecado, fue dejado a solas con la mujer. Y, ¿qué fue lo que hizo? El, el único que tenía el derecho a juzgar, condenar, encontrar las faltas, y a criticar, actuó con compasión, amor y perdón; y en ese contexto, El quito la viga de su ojo al decirle, “…Vete, y no peques mas.” (Juan 8:11)

Resumiendo, todos nosotros somos llamados a juzgar entre el bien y el mal, lo santo y lo impio, para mantenernos irreprensibles. Algunos de nosotros somos puestos en una posición de juzgar en referencia a guiar o gobernar. Si estamos en esa posicion, debemos cuidadosamente (con discrecion) cumplir con nuestro llamado. Si no hemos sido llamados a una posición de gobernar por derecho divino, el juzgar a otros cristianos solo debería ser viniendo de un corazón puro, sin una paja en nuestro propio ojo, sin una piedra en nuestra mano, y con gran refreno y precaución.

Las primeras palabras del pasaje del juicio son: “No juzguéis,” pero para que no hagamos el “No juzgar” el Onceavo Mandamiento, Jesús termina este pasaje mencionando nuestra necesidad de ser perfectos para que podamos, con juicio justo, ayudar a otros hacia la perfección.

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mano_no_es_no

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista) 

“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado”.  

“Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres” (Mateo 22:16). 

Introducción 

Es realmente sorprendente el sincretismo religioso existente en muchos grupos cristianos supuestamente ortodoxos. No es raro encontrar a cristianos que creen en la resurrección del cuerpo, pero que abrigan, al mismo tiempo, la doctrina pagana de la reencarnación. Tampoco es sorprendente encontrarnos con cristianos que creen en el futuro galardón de la vida eterna, pero que afirman, al mismo tiempo, que ya tienen ahora la vida eterna a través de sus almas inmortales (doctrina Platónica). No es raro ver a cristianos que dicen  confiar sólo en el Señor, pero que al mismo tiempo consultan a los horóscopos, videntes, y los falsos místicos que aparecen de vez en cuando por allí. No es raro ver a cristianos oponerse al diablo, pero al mismo tiempo se acercan a éste cuando esperan el mes de octubre para disfrazar a sus hijos de demonios, brujas, o difuntos para que vayan de casa en casa solicitando caramelos en el famoso día de las brujas de Halloween. Tampoco es raro oír a cristianos sostener que nadie sabe la fecha y día exactos del nacimiento de Cristo, pero que se preparan anualmente para el día 25 de Diciembre para celebrar el natalicio de Jesús como si fuera ésta la fecha correcta de su nacimiento. No es raro tampoco ver a devotos cristianos que sostienen que Cristo vendrá en una determinada fecha, haciendo oídos sordos a la advertencia del Señor de que nadie puede saber el día y la hora de su venida. No es raro oír a cristianos afirmar que ellos sólo se postran a Dios, pero que al mismo tiempo se arrodillan ante determinadas imágenes de santos y santas para pedirles sus favores. No es raro ver a cristianos que se involucran más y más en la Nueva Era, en el gnosticismo, en el rosacrucismo, en la santería, en la masonería, etc, siendo supuestamente cristianos. No es raro ver a cristianos afirmar que confían en Dios, pero que creen, al mismo tiempo, en que ciertos amuletos o signos los pueden proteger. Allí vemos a muchos supuestos cristianos que hacen la “señal de la cruz”, o usan una cruz en el cuello, o cuelgan ciertas plantas protectoras en los dinteles de sus hogares para espantar a los malos espíritus o a las “malas vibras”. Finalmente, no es raro ver a  ciertos “cristianos” decir que estan apartados del mundo, pero al mismo tiempo están postulando para cargos políticos y hasta para la misma presidencia de su país. ¿No da asco todo esto, estimados amigos? A mí, sí!!!

El Amor por la verdad de Jesús

El Señor Jesucristo fue conocido aun por sus detractores como un hombre que era amante de la verdad y que enseñaba verazmente el camino de Dios. En él no había engaño, ni hipocresía, sino un amor profundo por la verdad que él enseñaba. Para él, el sincretismo religioso era inconcebible, una abominación, un imposible, pues no podía haber comunión entre la luz y las tinieblas. Las doctrinas y filosofías de hombres fueron tajantemente rechazadas aun por sus discípulos más cercanos como meras enseñanzas o doctrinas de demonios.

En Juan 17:17 Jesús dijo que la verdad era la Palabra de Dios: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.  Esta confesión de Jesús revelaba que la Palabra de Su Padre, era (…¡y es!) la única verdad. En Juan 8:32 Jesús dice: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Es decir, para Jesús la palabra de Dios no sólo era la verdad, sino que también nos hace libres; libres de la esclavitud, del pecado, de la ignorancia, de la condenación y de la muerte eterna. También Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Claramente Jesús es excluyente. Sólo él es el camino, sólo él es la verdad, y sólo él es la vida. Sus palabras son palabras de vida eterna (Juan 6:68). Por eso tenemos que analizar o discernir si las enseñanzas recibidas son palabras de Cristo y de sus apóstoles, o si son palabras meramente de hombres profanos. El Apóstol Pablo nos aconseja que nos “examinemos a nosotros mismos si estamos en la fe; probaos a vosotros mismos” para no terminar reprobados (2 Cor. 13:5,6).

Debemos Imitar a Jesús amando la Verdad

En Efesios 4:15 el apóstol Pablo dice: “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”. Acá Pablo amonesta a los creyentes de Éfeso para que no se dejen mover o inquietar por doctrinas diversas, por la estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia las artimañas del error. En buena cuenta, para no desviarse de la verdad hacia la mentira, uno debe amar la verdad de todo corazón. Si no hay un amor profundo por la verdad revelada, uno puede caer víctima de la apostasía fácilmente. Pero para amar la verdad uno tiene que estar seguro de que lo enseñado es verdaderamente la Palabra de Dios, es decir, que es la prístina y fidedigna revelación de Dios que está plasmada en la Biblia. Sin un convencimiento profundo de la verdad es imposible permanecer incólumes y firmes. Dice Pedro así: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1:19). Así que es la Palabra profética de Dios la que es segura y que alumbra como antorcha en lugar oscuro. Por tanto, se nos manda a estar bien atentos a ella para que nos alumbre cuando se nos presenten las tinieblas espirituales.

Pero muchos siguen cambiando la Verdad por la Mentira

El apóstol Pablo advirtió lo siguiente: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Tim. 4:3,4). Con esto Pablo nos está diciendo que creyentes que antes abrigaban la verdad se apartarán de ella y se volverán a las fábulas para seguir sus propias concupiscencias. Es decir, cambiarán la verdad por la mentira para poder justificar su vida licenciosa o mundana, según sus propios intereses. Así tenemos que muchos predicadores del evangelio de la prosperidad ya han recibido una condenación anticipada por difundir un evangelio falso con el fin expreso de robarles el dinero a los hombres de buena voluntad, y a los cuales yo he venido denunciando constantemente en éste, mi blog.  

Pablo les escribe a los Romanos para quejarse de aquellos creyentes que una vez abrigaron la verdad para seguir un culto distinto e idolátrico; un culto a la creación, a los ángeles, a los hombres, a los animales, a las cosas, y no a Dios, el Creador. En realidad, estos hombres no aprobaron tener en cuenta a Dios en sus vidas. ¿El resultado? Más decadencia moral o espiritual en sus vidas. Una franca degradación. Dice en Romanos 1:21-32: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.  Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”. 

En los últimos días muchos hombres tendrán sólo apariencia de piedad 

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe” (2 Tim. 3:1-8). 

Es importante entender que Pablo dice que en los días finales los hombres tendrán sólo apariencia de piedad o de santidad, pero que en realidad serán hombres ególatras, egoístas, impíos, amadores de deleites más que de Dios, opositores a la verdad, hombres que son de entendimiento corrupto, réprobos de la fe. Nótese que aquellos que se oponen a la Palabra de Dios son aquellos que tienen el entendimiento corrupto, aquellos que se han dejado influenciar por las fábulas y mentiras de este mundo malo. Parecerán religiosos, pero se delatarán como impostores por su conducta depravada. 

Se nos manda a volver a la verdad y andar en ella 

Si bien debemos amar la verdad, también es importante andar en la verdad. No deberíamos confundir ambas locuciones. San Juan le escribió a Gayo, diciéndole: “Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 1:4). Y en 2 Juan 1:4, Juan le dice a una hermana devota: “Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre”. También añade: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése tiene al Padre y al Hijo” (2 Juan 1:9). Santiago escribe: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno lo hace volver, sepa que el que hace volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:19). De modo que si usted desea salvar su alma, vuélvase del error a la verdad de Cristo. 

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www.esnips.com/web/BibleTeachings (Artículos en español e Inglés)

 

transfusion4Los textos que ellos manejan para negarse a la ingesta, toma, bebida o transfusión de sangre son los siguientes, principalmente del Antiguo Testamento, y uno del Nuevo Testamento -éste último lo veremos posteriormente en otro apartado; vayamos ahora a los textos del Antiguo Testamento: 

Génesis 9, 3-6: “Todo moviente dotado de vida os servirá de alimento; os lo he dado todo lo mismo que la hierba verde. Sólo no habéis de comer la carne con su alma, [es decir], su sangre; pues, en verdad, yo pediré cuenta de vuestra sangre como de vuestras almas: de mano de cualquier animal las reclamaré; reclamaré asimismo el alma del hombre de la mano del hombre, de la mano de cada hermano suyo. Quien vertiere la sangre del hombre, por los hombres su sangre será vertida; pues a imagen de ´Elohim hizo ´El al hombre”. 

Levítico 3, 17: “Es un estatuto perpetuo para vuestras generaciones en todas vuestras residencias: grasa alguna ni sangre alguna habéis de comer.” 

Levítico 17, 10: “En cuanto a cualquier individuo de la casa de Israel o de los extranjeros residentes en medio de ellos, que comiere cualquier clase de sangre, volveré mi rostro contra esa persona que hubiere comido la sangre y le exterminaré de en medio de su pueblo”. 

Levítico 17, 13-14: “Cualquier hombre, así de los hijos de Israel como de los extranjeros que moran entre vosotros, que cazare pieza de pelo o pluma que es lícito comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra, porque el principio vital de toda carne es su sangre y he dicho a los hijos de Israel: ‘No comeréis la sangre de ninguna criatura, pues el espíritu vital de toda carne es su sangre; cualquiera de los que la comieren será exterminado’”.  

Deuteronomio 12, 23-25: “Sólo mantente firme en abstenerte de sangre, pues la sangre es la vida, y no has de comer la vida con la carne.” 

Todos ellos son claros y rotundos en su prohibición: no es lícito comer sangre animal porque es comer la vida. Analizaremos a continuación su sentido y los situaremos en su contexto, dejando para más adelante el texto del Nuevo Testamento que también esgrimen para apoyar sus ideas.  

El significado de la sangre para los pueblos semíticos 

En los pueblos semitas del Próximo y Medio Oriente se vio la sangre como el elemento donde residía la vida, el elemento vital y vitalizante de los seres vivos. Al matar un animal, o en la muerte de cualquier persona, o en un sacrificio, el vertido de sangre indicaba claramente que la vida se marchaba conforme salía aquélla. La pérdida de sangre era también síntoma de debilidad, de pérdida de vitalidad, de vida. La sangre para los antiguos brota del corazón, y la parada del latido indicaba la muerte de la persona. Recordemos además cómo la mitología de Mesopotamia cuenta que el dios Marduk (deidad babilónica), el principal de los dioses, se propuso crear a los hombres para que adoraran a las divinidades; para ello amasó arcilla con la sangre de un dios rebelde -posteriormente considerado un demonio- de nombre Kingu.  

Con este transfondo mesopotámico queda claro que en los antiguos sacrificios animales del pueblo de Israel se ofrecía vida a Dios, y esto significaba derramar la sangre del animal sacrificado. La sangre era la vida, y ella era propiedad de Dios, de ahí que no se pudiera tomar lo que pertenecía a Dios. El pecado, la infracción, estaba por lo tanto en tomar por el hombre lo que no le correspondía, lo que es de Dios.  

Esta visión de la sangre como vida es también la razón de que del más terrible de los demonios mesopotámicos, Lilitu o Labartu, que en el Poema de Gilgamesh se denomina como Lillake, se decía que mataba a los niños y bebía de ellos su sangre, es decir, su pecado era arrancarle la vida, propiedad de Dios, siendo por ello la primera figura vampírica de la historia conocida. 

Y no olvidemos cómo “el Señor Jesús, la noche en que era entregado, cogió pan, rezó la acción de gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi cuerpo, el entregado a favor vuestro; haced esto en memoria de mí’. De la misma manera también el vaso, después de cenar, diciendo: ‘Este vaso es la Nueva Alianza ratificada con mi sangre; haced esto, siempre que lo bebáis, en memoria de mí.’”. (1 Cor 11,24b-25). Recordemos que en la Antigua Alianza el pan y el vino se ofrecían como sacrifico entre las primicias de la tierra en señal de ofrenda a Dios. También ofreció pan y vino el sacerdote Melquisedec (Gn 14, 18), figura de Cristo. Junto con ello, la salida de Israel de Egipto y el contexto del Éxodo dan al vino -en el que nos centramos- un carácter festivo al final del banquete judío y una dimensión escatológica de espera mesiánica. El vino es “verdadera bebida”, y beberlo es “tener la vida, vida en Cristo, que es Dios, y permanencia en Él” ( Jn 6,53-56). 

En la antropología semita el principio vital de la sangre se relaciona con el suspiro o la respiración, es el “ser viviente”, la vida, y se designa como “nefesh”. La nefesh aún permanece en la carne muerta, en el cadáver, de ahí que se pueda tomar esa vitalidad si se toma la sangre del animal o de la persona muerta. Cosa distinta ocurre con su espíritu, el “ruaj”, que al morir el hombre va al más allá o “sheol”. De ahí que en la antropología semítica exista tanta unidad entre la carne (“basar”) y el principio vital o “nefesh”, pero es la ausencia de la “ruaj” la que al no estar tras la muerte del ser humano la que lo hace no vivo. Por otro lado los animales no tienen “ruaj” sino “basar” y “nefesh”. Apuntemos que los griegos tradujeron “nefesh” por “psykhé”, y este término pasó al latín como “anima”, que es nuestro castellano “alma”, aunque es más acertado decir que el alma está en la “ruaj” (que se castellanizó como “espíritu”), y no en lo psíquico, en el “nefesh”, que como decimos, aún permanece en el cadáver.  

La sangre en sí misma 

Aunque es un tejido muy conocido en su existencia, no ha sido hasta los siglos XIX y XX cuando se ha logrado entender su verdadero significado fisiológico, siendo el que más ha motivado la inventiva y el que mayor impacto ha tenido en el pensamiento popular, mítico y religioso durante todas las épocas y culturas a lo largo y ancho del mundo.  

Como cualquier pueblo, el pueblo de Israel se desarrolló bajo una influencia y una cultura centradas en las civilizaciones del Próximo Oriente, lo que le llevó a asumir muchas ideas pre-científicas propias de su entorno. Las leyes sobre la sangre se enmarcan en una época determinada, una cultura, una mentalidad; y así ocurrió con los demás pueblos y civilizaciones. Plinio el Viejo contaba que en torno al año 100 de nuestra era en el circo la gente se lanzaba a la arena para beber la sangre de los gladiadores aún moribundos y así poder adquirir su fuerza y valentía. Otros grupos étnicos de Asia y de Centroamérica, o del Canadá, tenían por costumbre hace dos milenios el tomar la sangre de sus enemigos y de animales para fortalecerse y adquirir las propiedades de los animales.  

Investigadores y científicos en el siglo XVII que empezaban a realizar las primeras transfusiones sanguíneas a veces daban sangre animal a personas con el fin de variar el carácter del receptor, habiendo incluso historias de alguna mujer que habiendo recibido sangre de gato maullaba por las noches sobre el tejado de su casa. 

Quitando lo insostenible de alguna de estas historias, sí hemos de decir que hasta hace muy poco se ha considerado por la ciencia, en su desconocimiento de la sangre, su función, utilidad y variedad en tipos, que verdaderamente de alguna forma poseía en sí misma la propiedad de aquel de quien provenía, lo que se confirma en los dos casos recién comentamos, muy cercanos en el tiempo a nuestra actualidad, lo que nos debe de llevar a no caer en la rápida crítica histórica, anacrónica e injusta por lo tanto, de las leyes del Antiguo Testamento referentes a la toma de sangre animal, por considerarse como sede de la vida, de lo vital, el alma del animal. Creer que en la sangre residía la vida, la “psykhé”, de su propietario ha sido algo supuesto hasta hace 300 años por hombres de ciencia en Europa.  

La Biblia no es propiamente un libro científico, ni de medicina, ni de astronomía, ni de matemáticas, ni de biología 

Los Libros Sagrados [la Biblia] enseñan firmemente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra. [...] El intérprete indagará con atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar por sus palabras, para comprender lo que Él quiso comunicarnos. Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas, hay que atender a los “géneros literarios”, porque la verdad se propone y se expresa de una manera o de otra en los textos de diverso modo históricos, proféticos, poéticos o en otras formas de hablar. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia, según la condición de su tiempo y de su cultura, por medio de los géneros literarios usados en su época. 

La Biblia no se ha de leer como un libro de ciencia ni sacarlo del contexto cultural de su época. 

El Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento 

Leer el Antiguo Testamento ha de llevar a leer el Nuevo. La Biblia (Antiguo Testamento y Nuevo Testamento) es el libro del Pueblo de Dios, el medio por el que Dios ha ido educando y sigue educando a sus hijos. La salvación se desarrolla en el tiempo y se ha ido revelando en la historia. Como dice la carta a la Hebreos en su inicio, “Dios, que en los tiempos pasados muy fragmentaria y variadamente había hablado a los padres por medio de los profetas, al fin de estos días nos habló a nosotros en la persona del Hijo, [...]” (Hb 1,1-2). 

Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque, aunque Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos íntegramente en la proclamación evangélica, adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo.” (DV cap. 4. 16) Además, justo antes apuntó que “La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. Además los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. (DV cap. 4. 15) 

La lectura, por lo tanto, de los pasajes del Antiguo Testamento ha de hacerse siempre, especialmente en los pasajes que revisten un punto de vista dogmático o moral, bajo la luz del Nuevo Testamento, ya que la perfección ha llegado con Cristo. Queda claro que la lectura de la Biblia ha de hacerse desde la totalidad de ella.  

Algunos pasajes pertinentes del Nuevo Testamento

Ya el apóstol san Pablo dejó claro en la Carta a los Gálatas que “antes de llegar la fe estábamos custodiados bajo la vigilancia de la fe, encerrado con vistas a la fe que iba a revelarse. De manera que la ley fue nuestro pedagogo para ir a Cristo, a fin de quedar justificados por la fe; pero una vez que llegó la fe, ya no estamos bajo el dominio del pedagogo.” (Gal 3, 23-25). 

Un texto similar de la Carta a los Hebreos recuerda la inutilidad de los sacrificios animales ante el único y solamente válido sacrificio de Cristo en la Cruz: “Pues conteniendo la ley una sombra de los bienes que habían de venir, no la expresión real de las cosas, no puede jamás, con los mismos sacrificios que sin cesar ofrece año tras año, dar cumplida perfección a los que se llegan; al contrario, con ellos se renueva el recuerdo de los pecados año tras año. Porque es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados.” (Hb 10, 1.3). 

Jesús da perfecto cumplimiento a las leyes de Moisés, a la Ley en su conjunto, la Torah, porque como nos recuerda el evangelista Mateo, “yo os digo que aquí hay algo más grande que el Templo. [...] pues el Hijo del Hombre es dueño del sábado.” (Mt 12, 6.8).  

El texto del Nuevo Testamento que citan a su favor los Testigos de Jehová 

Anteriormente dejamos para más adelante un pasaje del Nuevo Testamento que avalaba la teoría de los Testigos de Jehová. Ahora es el  momento de considerarlo, en vistas a lo comentado en las secciones anteriores.  

Sólo existe un pasaje donde expresamente se hace mención a la toma de sangre dentro del Nuevo Testamento, y es en el relato del Concilio de Jerusalén, donde tras discutirse los distintos puntos de vista entre las facciones o comunidades cristianas de Pedro, Pablo y Santiago en referencia al comportamiento impuesto a los gentiles y a los cristianos provenientes del judaísmo -es la apertura de la evangelización más allá de los límites judíos y el reconocer qué prácticas del judaísmo podían permanecer y cuales mantenerse ante la irrupción que el mensaje y la persona de Jesucristo ha supuesto- se llega a la conclusión siguiente tras hablar el representante de las comunidades más cercanas al judaísmo, Santiago: “Pues hemos decido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros ninguna carga más, fuera de éstas necesarias: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de carne de animales estrangulados y de la fornicación; [...]” (Hch 15, 28-29)  

Para comprender este texto analicemos alguno más que dará luz a lo que ha ocurrido aquí: 

Posteriormente Pedro y Pablo se encuentran en Antioquía, y Pedro, que seguía normas de comida de gentiles, al llegar miembros de las comunidades cristianas de Santiago, dejará de comer con ellos y se sentará a la mesa de los cristianos provenientes del judaísmo. Ante ello Pablo echará en cara a Pedro su comportamiento y le dirá que la justificación es por la fe y no por las obras de la ley (de Moisés) (Gal 2,11-21). Ciertamente no se hace aquí mención de la sangre ni de qué preceptos alimenticios se estaban considerando, aunque es de suponer que algunos miembros volvían a comportarse como antes, sin tener en cuenta lo dicho en el Concilio de Jerusalén.  

En la Carta a los Romanos (Rom 14,1-23) Pablo ofrece una solución conciliadora para que las costumbres alimenticias de los gentiles no “entristezcan” (Rom 14,15) a los cristianos venidos del judaísmo, pidiéndoles que no escandalicen a los “débiles en la fe” (Rom 14,1): “Acoged al que es débil en la fe, no para discutir opiniones. Mientras uno cree poder comer de todo, el débil come hortalizas. [...] Pues si por una comida se entristece tu hermano, ya no caminas conforme a la caridad. [...] pues el Reino de Dios no consiste en comida ni en bebida, sino en justicia, paz, y alegría en el Espíritu Santo”.  

Y ya en una carta pastoral como la de Timoteo, aunque en un contexto contra las ideas de los gnósticos, podemos leer que “porque toda criatura de Dios es buena y no hay que rechazar [manjares que Dios creó] nada que se tome con acción de gracias, pues se santifica por la palabra de Dios y la plegaria” (1 Tim 4, 3-5).  

Las transfusiones sanguíneas

Acerca de las transfusiones sanguíneas, que no existían en la época de Antiguo Testamento y del Nuevo, no se dice nada en la Biblia. Sin embargo, en tanto que la negación de la toma de sangre por considerarse como sede de la vida y algo ligado a la propia persona en su cultura semítica, podemos pensar que la transfusión de sangre debería negarse por igual principio: No debe ponerse sangre de una persona en otra, no debe ponerse el “nefesh”, la “psykhé” de una persona en otra; es algo obvio.  

Personalmente no estoy de acuerdo en considerar que como la Biblia no habla de transfusiones, las transfusiones se permiten por ella. Es más, acabamos de decir, que si hubieran existido transfusiones en aquella época, también habrían sido negadas. Pero no es éste el criterio de lectura e interpretación bíblica, sino la búsqueda del sentido de la prohibición mosaica, el cual reside como hemos venido diciendo en la creencia científica errónea -hoy la sabemos- de la residencia de lo vital del ser humano, o del animal, en la sangre. Por lo tanto, esta ley moral y alimenticia está basada en una concepción científica errónea, que incluso en el siglo XVII hemos visto con algún ejemplo, era considerada por la misma ciencia médica hematológica.  

La lectura correcta la Biblia ante las transfusiones es que es una práctica puramente médica ante la que la Biblia y la Iglesia no tienen nada que decir al no ir en contra de la moral natural ni la Ley positiva de Dios, siendo en todo caso una práctica adecuada y necesaria ante la que la Iglesia se pronunció favorablemente una vez que científicamente se estableció en el siglo XX cuáles eran sus clases, con el descubrimiento de los tipos A, B, O y AB y se empezó a comprender la ciencia de las transfusiones.   

Conclusión 

La toma de sangre (bebida o de cualquier otra forma) está ligada absolutamente a la alimentación y manducación de las partes animales, criaturas de Dios y bendecidas por Dios en todas sus partes, y no a la toma de la vitalidad o el alma (animal), o la supuesta adquisición de propiedades animales. Cualquier creencia en sentido contrario se basa en un conocimiento científico inadecuado del tejido sanguíneo que hoy en día no podemos mantener. Hemos de entender que algunos preceptos de la antigüedad tienen su sentido sólo el contexto de su época y se basan sólo en concepciones pre-científicas. Si es este el caso, como hemos mostrado, no podemos mantener su extensión a la actualidad como formando parte de la ley divina. Han sido leyes que han tenido su vigencia en ciertos momentos para el pueblo de Israel pero que hoy no lo tienen por tener un conocimiento mayor de la realidad creada.  

Por otro lado, la transfusión sanguínea es un método de la ciencia de extraordinaria ayuda para la vida del receptor en multitud de situaciones médicas orientadas siempre a la vida y nunca en contra del donante. Es por ello por lo que en este punto hemos de citar las palabras de Cristo en referencia al valor de la vida frente a cualquier prescripción de la Ley:

“Y marchándose de allí fue a la sinagoga de ellos. Y estaba allí uno que tenía seca la mano. Le preguntaron, con intención de acusarlo: ‘¿Se puede curar en sábado?’ Pero él les dijo: ‘¿Quién habrá de vosotros que tenga una oveja, y si ésta cae en una zanja en sábado no la recoja y la levante? Pues ¡cuánto va de un hombre a una oveja! De manera que se puede hacer bien en sábado.’” (Mt 12, 9-12).

Es por todo ello por lo que la negativa de la secta de los Testigos de Jehová de tomar sangre, ya bebida, comida, o de cualquier otra forma, o negarse a recibir transfusiones de sangre por ser un mandado divino en tanto que en la sangre reside la vitalidad, la parte anímica del ser vivo, es un error.

aspirina

   MADRID, 12 Ago. (EUROPA PRESS) -

   La aspirina aumenta la supervivencia en pacientes con cáncer colorrectal, según un estudio del Hospital General de Massachusetts, el Instituto del Cáncer Dana-Farber y el Hospital de Brigham y las Mujeres en Boston (Estados Unidos) que se publica en la revista ‘Journal of the American Medical Association’ (JAMA).

   El uso regular de aspirina después del diagnóstico de cáncer colorrectal podría reducir el riesgo de muerte por cáncer. Los investigadores también descubrieron que la ventaja sobre la supervivencia que aporta la aspirina se observó primero en pacientes con tumores que expresaban la enzima COX-2, una característica de dos terceras partes de los cánceres colorrectales.

   Según explica Andrew Chan, responsable del estudio, “aunque estudios previos de nuestro grupo y de otros mostraron que la aspirina y otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos reducen el riesgo de cáncer colorrectal, este estudio está entre los primeros que muestra que la aspirina también mejora la supervivencia en pacientes que han sido diagnosticado con estos cánceres”. Según el investigador, este es un importante paso hacia el desarrollo de métodos dirigidos a mejorar la progresión del paciente.

   En su trabajo los investigadores recopilaron información de dos estudios en marcha: el estudio nacional de enfermeras (NHS, según sus siglas en inglés) y el estudio de seguimiento de profesionales de la salud (HPFS). Ambos estudios recogían información integral sobre la salud de los participantes cada dos años y los datos se analizaban en busca de asociaciones entre factores como el uso de medicación y la incidencia de varias enfermedades.

   El estudio actual se centro en 1.297 participantes que fueron diagnosticados con cáncer colorrectal en fases 1, 2 o 3 durante su participación en los estudios y de los que se disponía de datos de consumo de aspirina antes del diagnóstico. Los autores examinaron muestras tumorales de 459 pacientes en relación con la expresión de COX-2, una enzima que se cree dirige el desarrollo del tumor y que inhiben la aspirina y otros fármacos asociados.

   Los resultados indicaron que los pacientes que tomaban de forma regular aspirina después del diagnóstico tenían un 30 por ciento menos de riesgo de morir de cáncer colorrectal durante una media de 11 años tras el diagnóstico en comparación con quienes no tomaban el fármaco.

   El beneficio fue especialmente fuerte entre los pacientes que comenzaron a utilizar aspirina después del diagnóstico. En contraste, los pacientes que eran consumidores de aspirina antes del diagnóstico no parecían beneficiarse tanto de continuar con su consumo tras dicho diagnóstico de la enfermedad. Como los investigadores esperaban, los beneficios en la supervivencia parecían restringidos a los pacientes con tumores que daban positivo para COX-2.

   Los autores concluyen que estos resultados podrían conducir a mejoras en la terapia de los pacientes con cáncer de colon y señalan que en la actualidad estudian la incorporación del inhibidor de COX-2 celecoxib a la quimioterapia, ya que tiene menos efectos gastrointestinales secundarios que la aspirina.

¿Sabes cuantos usos tiene la aspirina?

La gente cree que la aspirina es una simple pastilla que tomamos cuando nos duele la cabeza. Pero es mucho más. Hoy en día continúa siendo el medicamento por excelencia.

Forma parte del Libro Guinnes de los Records, ha ganado un premio Nobel y fue elegida como uno de los cinco inventos imprescindibles legados por el siglo XX. Cada segundo que pasa, la aspirina es consumida por 2.500 personas en todo el mundo, y se calcula que han circulado alrededor de 350 billones de comprimidos a lo largo de sus escasos 100 años de historia.

Algunas de sus utilidades principales son:

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La prohibición de imágenes en el Deuteronomio

Uno de los temas centrales en el Deuteronomio es la prohibición y culto de imágenes, hasta el punto de merecer un apartado especial en el Decálogo. Como está escrito: `No te harás escultura (pesel) ni imagen (temuná) alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto. Porque yo, Yahveh tu Dios, soy un Dios celoso…” (5:8-9. Cf. también Éxodo 20:4-6). (Nota: Una formulación básica de esta prohibición aparece en otras secciones del Pentateuco: Exo-do 20:23; 34:17; Levítico 19:4; 26:1; Deuteronomio 27:15. La prohibición del Decálogo, según aclaraba R. De Vaux, no se refería a las imágenes de los dioses extranjeros. A su juicio, “la prohibición se dirige directamente contra las representaciones que se hubieran querido hacer de Yahveh y no contra toda imagen asociada, de una u otra forma, a su culto” [Historia antigua de Israel, Madrid, Ediciones Cristiandad, 1974, vol. I, p. 441]).
En otro lugar, el deuteronomista justificaba la prohibición de imágenes por medio de un desarrollo homilético basado en la teofanía de Horeb/Sinaí, en la que Dios se había hecho oír pero no ver: “…vosotros os acercasteis y permanecisteis al pie de la montaña, mientras la montaña ardía en llamas hasta el mismo cielo, entre tinieblas de nube y densa niebla. Yahveh os habló de en medio del fuego; vosotros oíais rumor de palabras, pero no percibíais figura (temuná) alguna, sino sólo una voz [...] Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahveh os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura (tavnit) masculina o femenina, figura de alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan por el cielo, figura de alguno de los reptiles que serpean por el suelo, figura de alguno de los peces que hay en las aguas debajo de la tierra” (4:11-18). (Nota: A diferencia de otras partes del Pentateuco en que se implica el carácter físico-visual de Dios [ver Génesis 30:31; Éxodo 19:21; Números 12:8], el Deuteronomio presupone la invisibilidad de Dios, poniendo énfasis en la dimensión auditiva-abstracta del contacto entre el hombre y lo divino). Según A. Rofé (Introducción a la composición del Pentateuco, Jerusalén, 1994, p. 43), el teólogo deuteronomista se habría referido expresamente aquí a la prohibición de representar por medio de iconos los animales sagrados, miembros de la corte celestial (como el caso de los serafines [Isaías 6:2]).
A diferencia de la explicación” propuesta por el Deuteronomio, algunos estudiosos modernos han sugerido como razón fundamental de la prohibición la naturaleza misma de Dios. Según de Vaux, por ejemplo, “la prohibición de las imágenes sería, pues, la consecuencia de la trascendencia de Yahvéh, significada ya en el nombre con el que quiso revelarse”(op. cit., p. 442). Por su parte, el teólogo alemán G. von Rad afirmaba que no se debía ver la prohibición de imágenes como una peculiaridad aislada del culto israelita, sino antes bien una regulación que… formaba parte del misterio en el que se realizaba la revelación de Yahveh en el culto y la historia” (Teología del Antiguo Testamento, Salamanca, Ediciones Sígueme, 1975, vol. I, p. 279).

La inanidad de los ídolos
El deuteronomista mostró una abierta hostilidad hacia las imágenes hasta el punto de llamarlas con apelativos altamente denigrantes. Como es en el caso de la porción de la Torá de esta semana (parashá Ekev [Deuteronomio 7:12-11:25]), en donde está escrito: “Quemaréis las esculturas de sus dioses, y no codiciarás el oro y la plata que los recubren, ni lo tomarás para ti, no sea que por ello caigas en un lazo, pues es una cosa abominable (toeva) para Yahveh tu Dios; y no debes meter en tu casa una cosa abominable, pues te harías anatema (jerem) como ella. Las tendrás por cosa horrenda (shaketz teshaktzenu) y abominable, porque son anatema” (7:25-26). (Nota: Este lenguaje despectivo se halla presente también con inusitado vigor en la literatura profética. Aquí las esculturas e imágenes son llamadas polémicamente con términos peyorativos diversos, como ser: inmundicias” [gillulim] [Jeremías 50:2; Ezequiel 22:3-4]; monstruos” [siqqus] [Ezequiel 20:7-8]; vanidad” [hebel] [Jeremías 10:15]; mentira” [shequer] [Jeremías 10:14; 51:17], etc.).
Asítambién, el Deuteronomio es el único libro del Pentateuco que se caracteriza por poner en ridículo la adoración a imágenes: “Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y piedra, que ni ven ni oyen, ni comen ni huelen”” (4:28; cf. también 27:15; 28:36, 64; 29:16; 31:29). (Nota: Este tema es también muy común en la literatura profética. Ver Oseas 4:12; 8:6; 14:4; Isaías 2:8; Miqueas 5:12; Jeremías 10:3-5; y especialmente [Déutero-] Isaías 40:19s; 41:7; 44:9-20; 46:6s. También el tema de la impotencia de los ídolos aparece en la liturgia israelita: Salmos 115:5-7; 135:15-17).
Según I. Kaufmann, esta percepción de los ídolos se habría derivado de la intuición monoteísta: “El mensaje de Moisés, el Éxodo y el Pacto en el Sinaí produjeron una revolución religiosa entre las tribus de Israel: el politeísmo desapareció para siempre de su medio. La prueba más concluyente de esto lo revela el hecho de que la Biblia ya no sabe qué es el politeísmo en realidad: desde sus partes más antiguas hasta los asuntos más recientes presenta la religión pagana como puro fetichismo, como la adoración de la piedra y la madera” (La época bíblica [Buenos Aires: Editorial Paidos, 1964] pág. 44).
Siguiendo Kaufmann con su razonamiento, en contraste con este burdo y primitivo fetichismo” de las religiones paganas, la religión de Israel se desarrolló en derredor de la Tienda de la Asamblea y su objeto central: el Arca. Como éste decía: “El centro de la tienda sacerdotal fue el Arca y los querubines. El arca sagrada que contiene la figura divina es un elemento común en las religiones paganas, y el querubín con las alas extendidas fue una figura egipcia cuya función era la de proteger al dios de los maleficios demoníacos. Llevar el arca en una procesión ritual significó llevar al dios mismo. De estos elementos antiguos, el sacerdocio israelita formó un nuevo símbolo monoteísta: el Arca no contiene una imagen de dios, sino las Tablas, la corporación de Su palabra; los querubines no protegen la divinidad, sino el signo de Su pacto con Israel (los querubines mismos representan el carro divino, el símbolo del dominio omnipresente de Dios); finalmente, lo que se llevó en el Arca no fue la divinidad o su imagen, sino el testimonio de Su pacto”” (op. cit., pags. 47-48).
Kaufmann creía, entonces, que Israel habría sido iconoclasta desde sus mismos comienzos. ¿Es esto cierto? Pero si así hubiera sido el caso, ¿cómo explicar entonces que los israelitas hayan adorado también imágenes? ¿Acaso fue un simple desvío del camino de Yahveh” o más bien una forma alternativa de servir a Dios? ¿Los paganos realmente creían que los fetiches” de madera y piedra eran dioses? ¿La no-representación figurativa de Yahveh fue una intuición original de Israel o tuvo su parangón en otras culturas de la época?

El culto a las imágenes en las religiones del Antiguo Oriente
La vivencia religiosa tiene como punto focal el encuentro con lo numinoso, con lo Absolutamente Otro” (R. Otto). Este encuentro con el Poder”, tanto a nivel personal como grupal, se configura en el culto. Según G. van der Leeuw, lo santo tiene que tener una figura, tiene que ser sucedible, que ser espacial, temporal, visible o audible. Más sencillamente, lo santo tiene que suceder [...] Todo acontecer puede ser un suceder de lo santo. Cuando lo es, hablamos de un símbolo” (Fenomenología de la religión [México: Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1975] p. 431). En los símbolos, entonces, se realiza lo santo y por su intermedio el hombre participa de lo sagrado.
Las imágenes son un tipo de símbolo. Desde el pasado inmemorial, los hombres han hecho uso en sus actividades cultuales de figuras, estatuas o cualquier otro objeto para retener al dios, de garantizar su presencia” (van der Leeuw, op. cit., p. 433). Según decía Nietsche, la más antigua imagen de dios tiene que albergar al dios y ocultarlo al mismo tiempo, pero ponerlo a la vista” (citado por Van der Leeuw, op. cit. pág. 434).
En las grandes civilizaciones del Antiguo Oriente, Egipto y Mesopotamia, el culto a las imágenes tuvo un rol central. A pesar de los pocos testimonios físicos de estatuas de culto que nos han llegado, las evidencias literarias y las representaciones artísticas nos proveen de una información abundante acerca de la manufuctura, apariencia y uso de las imágenes en el mundo antiguo. En Mesopotamia, por ejemplo, las estatuas estaban hechas de madera y recubiertas con metales y piedras preciosas. A excepción de los tiempos antiguos, en que los dioses fueron representados en forma de animal o semi-humanas, en épocas tardías los dioses mesopotámicos fueron representados de manera antropomórfica. Hasta tal punto las estatuas de los dioses eran similares a la de los humanos, que sólo se los podía distinguir por la corona con cuernos que vestían sobre sus cabezas (símbolo divino), por algún atributo distintivo o por sus vestimentas particulares. Esta “humanidad” de los dioses se ponía de manifiesto también en los cuidados que les conferían los fieles. Las estatuas eran lavadas y alimentadas como si fueran verdaderos seres vivientes. (Nota: Sobre las imágenes en el Antiguo Oriente, ver, E. Curtis, art. “Idol, Idolatry”, en: Anchor Bible Dictionary [New York et al.: Doubleday, 1992] vol. 2. págs. 376-378. Sobre el mantenimiento de los dioses en Mesopotamia, ver, J. Bottéro, La religión más antigua: Mesopotamia [Madrid: Editorial Trotta, 2001] págs. 153-159).
A diferencia de lo que comúnmente se cree, los antiguos no eran estúpidos ignorantes hasta el punto de confundir el símbolo de los dioses con los dioses mismos. Según Curtis, “para los egipcios y los mesopotámicos y casi seguramente también para los cananeos, las imágenes no eran objetos inanimados como los profetas hebreos insistían que eran; más bien, ellos eran seres vivientes en los cuales las deidades estaban realmente presentes. El significado fundamental de las imágenes estaba en el hecho de que se pensaba que la vida de la deidad estaba presente en la estatua” (op. cit., p. 377 [traducción mía]). O en palabras de Bottéro, “e tenía una concepción muy realista de estas imágenes: en verdad eran, o contenían, aunque oscuramente, la personalidad que representaban” (op. cit., pág. 90).

Aniconismo en el Antiguo Oriente
En forma paralela al culto iconodúlico, encontramos en la tradición religiosa del Antiguo Oriente una tendencia clara a representar de manera abstracta lo sagrado (aniconismo). Por ejemplo, en Egipto, en la época de Amenofis IV o Akenatón (siglo XIV a.e.c.), el dios Atón era representado por la luz del sol, acariciando con los rayos a manera de manos las plantas, animales o seres humanos. De la Arabia pre islámica nos han llegado testimonios sobre un culto carente de templos, centrado en derredor de estelas. Estas piedras servían de altar que se asperjaban con sangre, y en torno a ellas se procesionaba en un rito de circunvalación. (Nota: Un eco de esta práctica antigua en el Islam actual es la circumbalación repetida de la Ka’¨aba o Piedra negra por parte de los fieles en la ciudad de La Meca.)
Asítambién, esta tendencia a lo abstracto dejó sus huellas en la Siria antigua, en el mundo fenicio y púnico, e incluso en Mesopotamia. En este último caso, por ejemplo, hallamos piedras (kudurru) en que los dioses eran representados no por imágenes antropomorfas sino por símbolos: Anu y Enlil (coronas con cuernos), Marduc (espada) o Nabu (instrumental de escritura). En Asiria, en tiempos de Tukulti-Ninurta I (siglo XIII a.e.c.), el culto en honor del dios nacional Assur no utilizaba la imagen antropomorfa de este dios. (Nota: Para detalles, ver J. Trebollé Barrera, Imagen y palabra de un silencio [Madrid: Editorial Trotta, 2008] págs. 140-142).

Aniconismo en el antiguo Israel
En los orígenes Israel habría asumido un aniconismo de facto, originado fundamentalmente en su herencia nómada. Como en la tradición pre islámica, también los hebreos habrían practicado el culto a las estelas o massebot, según el testimonio arqueológico de las excavaciones en Lajish, Beth Shemesh, Meggido, Tel Dan y, en particular, en el Néguev.
Como lo afirma Trebollé Barrera, “el Israel antiguo practicaba el culto anicónico en torno a estelas de piedra como único elemento representativo de la divinidad. La función de tales massebot era garantizar la presencia del dios o de las diosas cuando eran invocados. Se erigían en espacios sagrados como los de Betel, Gilead, Samaria, Siquén y en Jerusalén sobre el monte de los Olivos (Génesis 28:10-22; 31:43-54; 2 Reyes 3:2, 23:13-14; Josué 24:26) (op. cit., págs, 139-140).
Esta tradición anicónica es la que se escondería detrás de la historia del “becerro de oro” (Éxodo 32-34: 1 Reyes 12:28). A pesar del tono altamente polémico de las versiones actuales (probablemente debido a la edición deuteronomista de los materiales), este “becerro” no habría sido adorado originalmente como un dios en sí, sino que habría funcionado como un símbolo de la presencia divina. Como el dios cananeo Baal era visto como aquél “que cabalga en las nubes”, también Yahveh habría sido imaginado como cabalgando sobre el “becerro de oro”.
Este aniconismo antiguo también explicaría el simbolismo del Arca con los querubines. Este artefacto habría sido interpretado en círculos sacerdotales como el trono vacío de la divinidad, indicando por su intermedio la presencia física” de Yahveh junto a su pueblo (Éxodo 25:10-22; 37:1-9). (Nota: Esta interpretación sacerdotal fue rechazada por el deuteronomista, arguyendo que el Arca habría servido sólo como receptáculo de las Tablas [cf. 31:9, 25-26]. Cabe señalar, que esta tradición anicónica del “trono vacío” la conocemos en el mundo fenicio. Para ejemplos, ver Trebollé Barrera, op. cit., págs. 342-343, figuras 22-25).

¿Idolatría en el antiguo Israel?
Sin embargo, paralelamente a esta tendencia anicónica encontramos en la tradición bíblica relatos que apuntan al culto de imágenes en Israel. Un ejemplo en este sentido es la historia del santuario privado de Miqueas en la montaña de Efraim, en la época pre monárquica de Israel, para el cual un fundidor hizo un ídolo de metal fundido (Jueces 17:4-5).
Según continúa la historia, este ídolo junto con otros objetos rituales (efod y terafim) habría de ser robado por los danitas y recolocado en el santuario fundado por ellos en Lais (18:27-31). De esta historia se desprendería, pues, que tanto Miqueas como los danitas habrían visto este ídolo como una representación de Yahveh antes que un ídolo de un dios extran-jero.
La arqueología nos puede ser de ayuda en este sentido, como es el caso de los templos excavados en Arad, al sur de Israel (siglos X-VII a.e.c). En uno de los templos, más precisamente en el “santo de los santos”, se halló una estela o masseba, probando que incluso en la época monárquica Yahveh habría estado presente” por medio de un símbolo figurativo: la estela. (Nota: Se han encontrado en contextos israelitas figurinas de mujeres desnudas, a menudo embarazadas y con los pechos muy grandes, semejantes al antiguo culto oriental de la “Madre-Diosa”. Sin embargo, aún es una cuestión abierta la función original de estos artefactos).

La iconoclasia: una revolución deuteronomista
A diferencia de lo que los textos bíblicos dan a entender, la iconoclasia no habría existido desde un comienzo en Israel, sino que habría sido el resultado de un largo proceso cultural. Según lo aclara Trebollé Barrera: “La prohibición de imágenes es, pues, más reciente de los que se pensaba hace años; su formulación no parece anterior a los inicios de la época deuteronomista, aunque la prohibición misma tiene raíces en formas de religiosidad anicónica de grupos israelitas (semi) nómadas. En todo caso la formulación misma del interdicto sobre la utilización de imágenes en el culto no es muy anterior a la época del exilio. Por lo demás y a lo largo de la historia bíblica la prohibición se restringió al ámbito de las prácticas y ritos religiosos, sin que afectara en ningún caso a la producción de objetos artísticos” (op. cit., p. 145).
La teología deuteronomista fue tan absoluta en su oposición a toda concretización de Yahveh, que incluso rechazó de plano la antigua tradición anicónica de las estelas, que como las estatuas e imágenes, pasaron ahora también a convertirse en abominación”: “…y no te erigirás estela, cosa que detesta Yahveh tu Dios”” (16:22; cf. también 7:5).
A partir de la época post exílica, la iconoclasia se transformó en uno de los baluartes de la fe de Israel. La literatura judía en la época del Segundo Templo ahondó aun más en las polémicas contra la idolatría, desarrollando argumentaciones bastantes sofisticadas en su contra (ver Sabiduría 13-14; Daniel 14 [según la versión de los Setenta]; Jubileos 12:1-6; 1 Corintios 10:20s), hasta llegar a imaginar a Abraham, el padre de Israel, como el iconoclasta por antonomasia en la historia de la nación (Jubileos 12:9-12; Génesis Rabba 38:13).
De aquí en más, la tradición iconoclasta habría de jugar un papel central en la historia del Cristianismo (como el caso de las guerras iconoclastas en Bizancio [siglo VIII] o la iconoclasia reformista [siglos XVI-XVII]) y el Islam (por ejemplo, la famosa destrucción en el año 630 de las deidades árabes alojadas en la Ka’¨aba). (Nota: Para más detalles, ver el artículo en: en.wikipedia.org/wiki/Iconoclasm).

Fuente: Aurora

cartaEstimado apologista Mario,

Lamento mucho que gente que dice ser cristiana y que supuestamente han vuelto a nacer, se dirijan a ti de manera descortés. Nunca fui a una iglesia de los testigos de Jehová y tampoco pretendo irme con ellos, ya que por medio de tus estudios me doy cuenta que están desalineados con la palabra. Pero sí puedo decir con gran propiedad que como evangélico pentecostal y creyendo tener toda la verdad en mi corazón, tampoco sirve mucho. Me cansé de ver tanta hipocresía y estafas en las iglesias que me enferma. Llevo muy poco tiempo leyendo tus estudios y debo decir que en unos seis meses he aprendido más de apologética que en mis 17 años como pentecostal. Creo que predicas con verdad, sabiduría y te ajustas a la palabra. Hasta hoy no he visto en ti nada oscuro ni malicioso. Definitivamente estamos frente a frente con el enemigo y esto no es más que una guerra espiritual preanunciada.

Gracias por tu tiempo y muestras de amor por los que buscan al único Dios verdadero y la única salvación que está en su hijo Jesus.

Dios te bendiga y te guarde.
jorge@gmail.com

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Varón de Dios, Mario A Olcese.Gracias, hermano, en Cristo Jesús por tus estudios, pues cada dia aprendo más y más contigo, porque es notable que Dios te usa a ti para escudriñar e interpretar la Palabra sin alteracion alguna. Es una bendicion haber descubierto esta página que me ayuda enormemente en mi edificacion cristiana, y sobre todo, lo más importante es que aquello que hemos oido de parte de Dios lo pongamos por obra y practica, sino de nada serviria.

Sinceramente deseo que Dios te siga usando para su pueblo y bendiciéndote.

Un saludo de tu hermano,

David

 ”Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas” (Col. 2:8).

La herejía de los Colosenses era una mezcolanza del judaísmo y el gnosticismo incipiente que enseñaba que la salvación es por medio del conocimiento, no del evangelio puro, sino de ciertos misterios inventados por los hombres (“su filosofía y vanas sutilezas”, 2:8).

El término ‘gnósticos’ significa ‘los que conocen’.

            A. Algunas creencias del gnosticismo (había muchas diferencias entre los gnósticos):

                        1. Que había dos Dioses: un Dios inferior llamado Demiurgo, el Dios del Antiguo Testamento que creó el universo, y un Dios superior (el Ser Supremo) que ofreció salvación al mundo. Algunos decían que el Dios del Nuevo Testamento era el Ser Supremo, pero otros decían que aun el Dios del Nuevo Testamento era inferior al Ser Supremo. La literatura judaica producida unos dos siglos antes de Cristo enfatizaba la absoluta majestad y soberanía del Dios Supremo sobre el mundo y la existencia de seres intermediarios entre el Ser Supremo y la humanidad y, por eso, la aceptación de conceptos no bíblicos de la creación. Los gnósticos escribieron sus propios libros acerca de la creación, como también otros “evangelios” y otras epístolas. Los series intermediarios o emanaciones se llamaban la pleroma. Se decía que Cristo era uno de estas emanaciones, que aunque fuera una de las más altas, o la más alta, no era única, sino simplemente una emanación del Ser Supremo. La más baja de las emanaciones se llamaba Demiurgo o Creador. Por lo tanto, enseñaban que el Padre de Jesucristo, el Dios de los cristianos, era muy inferior al Dios Supremo, y que las Escrituras del Dios de los cristianos eran inferiores a la revelación (la gnosis) del Ser Supremo.

                        2. Los gnósticos creían que había dos fuerzas eternas, el bien y el mal (esta filosofía se llama el dualismo), y que la fuerza del mal creó el universo. Enseñaban que el pecado no existía en el corazón, sino en la materia o el cuerpo. Para ellos la redención era la liberación del espíritu del cuerpo material. La resurrección del cuerpo era enfáticamente negada. La salvación venía por medio del conocimiento (gnosis) impartido por el Redentor. La humillación del redentor consistía en dejar el mundo de luz para bajar a nuestro mundo para recoger los espíritus encarnados o atados en la materia.

                        3. Creían que este redentor no podía tener un verdadero cuerpo (1 Jn. 4:1-3). Que “el Verbo fue hecho carne” tenía que ser “explicado” para que significara otra cosa. Esto fue hecho de distintas maneras: (1) que Cristo tenía un cuerpo fantasmal (que cuando caminaba, no dejaba huellas), que en realidad no nació, y que no sufrió en la cruz; (2) que Jesús sí era un ser humano ordinario sobre el cual el divino Cristo vino en el bautismo y del cual salió antes de la crucifixión; o (3) se hacía una distinción entre un Cristo celestial y un Cristo terrenal.

                        4. Los gnósticos tenían varios sacramentos: (1) bautismo en agua; (2) bautismo por el Espíritu; (3) bautismo por fuego; (4) ungimiento con aceite; (5) una cena, etc.

            B. La influencia del gnosticismo sobre el cristianismo fue muy grande, porque la iglesia adoptaba sus formas externas: (1) usaba sus formas de pensamiento; (2) usaba su nomenclatura (o vocabulario); (3) reconocían (a su modo) a Cristo como el Salvador del mundo; (4) imitaban los sacramentos de la iglesia (apóstata); (5) profesaban ser una revelación esotérica (secreta) de Cristo y los apóstoles; (6) producían un número de libros apócrifos (evangelios, epístolas, revelaciones). Por lo tanto, aunque el gnosticismo era diametralmente opuesto al cristianismo, con este camuflaje lograba engañar a muchas personas porque pasaba como una refinación del cristianismo. Aun llegó a reclamar ser el único verdadero cristianismo, apartado sólo para los elegidos (los gnósticos, los conocedores).

            “El cristianismo fue influenciado por el gnosticismo por lo menos de siete maneras. (1) En medio de la confusión general introducida por los gnósticos, la iglesia estaba obligada a establecer ciertas normas que los que querían ser cristianos tenían que aceptar. Estas normas incluían El Credo Apostólico … y el Oficio Apostólico, o sea el Episcopado histórico. (2) La defensa de la fe cristiana llevó a la formación de los dogmas cristianos, expresados en la terminología filosófica del día. (3) El énfasis gnóstico sobre los misterios, himnos espirituales, e impresionantes ritos inducía a más primorosos servicios litúrgicos en las iglesias. (4) El dualismo gnóstico y su odio de la materia pavimentaba el camino para el ascetismo cristiano, lo cual en turno llevaría a la vida monástica. (5) Los seres intermediarios de los gnósticos pavimentaban el camino para los Santos en la Iglesia Católica. Obsérvese la posición relativa de Sofía  y la Virgen María en los dos sistemas. (6) La división superficial de la humanidad en los dos grupos de los elegidos y los no elegidos pavimentaba el camino para la doctrina de la predestinación. (7) Aunque condenado por la iglesia, el movimiento gnóstico ha continuado viviendo hasta el día de hoy”. (Estos datos acerca de las creencias gnósticas se hallan en “History of the Christian Church” por Lars P. Qualben).

                                   1. Los ascetas buscaban la comunión con Dios por medio de la soledad, las visiones y experiencias extáticas. La palabra monje viene de la palabra griega monachos, soledad. Los monjes viven en monasterios, hacen votos del celibato, del silencio, del rechazo de familia, y de las posesiones personales. Pablo dice que “Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (2:20-23); más bien promueven toda forma de carnalidad. De esta herejía Pablo habla también en 1 Tim. 4:1-4.

                        2. Otros gnósticos enseñaban que el espíritu no era afectado por los hechos del cuerpo y, por eso, promovían el libertinaje. Creían que su comunión con el Ser Supremo los elevaba muy arriba de los asuntos terrenales y que, por eso, su conducta personal no importaba y la consecuencia era que practicaban la borrachera, la fornicación y toda forma de vida disoluta. Esta herejía se condena en muchos textos. Véanse, p. ej., 2 Tim. 3:1-5; 2 Ped. 2; Judas, Apoc. 2:14, 15, 20.

           

apologista34

Estimados amigos y detractores:

Debo admitir humildemente que este blog es buenazo, pues tiene muchísimas visitas con muchos comentarios positivos y también reclamos airados (alrededor 2300 en total entre fans y no fans, hasta hoy) que generalmente no puedo atender por falta de tiempo y de energía (ya me voy por los 60 añitos…aunque creo ser de espíritu adolescente…pues adolezco de ciertos achaques propios de la vejentud).

Pero además, ¿por qué es buenazo este blog? Simplemente Porque hace pensar a trinitercos, cielotercos, prosperitercos, pentecostalitercos, mormontercos, adventistercos, testigotercos,  evangelitercos,  y catolitercos por igual.

Y este es un blog inteligente porque se ciñe estrictamente a las Escrituras y no cree en las opiniones o interpretaciones humanas preconcebidas para desvirtuar el evangelio prístino de Jesucristo. Además, este es un sitio tolerante, que acepta a tirios y troyanos por igual, y no hace censura alguna, salvo que se mancille el honor del webmaster con epítetos inaceptables e injusticables.

Sinceramente me siento feliz de poder compartir las verdades que el Señor me ha dado a conocer (¡y no soy el único privilegiado por cierto!) a cientos de miles de personas que hasta la fecha en distintas partes del globo terráqueo han visitado mi blog cristiano. Todo esto me anima a seguir adelante en la defensa del evangelio salvador de Jesucristo.

Creo, honestamente, que este es uno de los pocos blogs cristianos que predica el evangelio del reino tal como lo hicieron Jesús y su primeros discípulos, una tarea noble que muchos evangelistas  del presente no están cumpliendo a cabalidad. Además, es un blog que busca que la gente retome la verdad simple de un único Dios que es el Padre, tal como lo creyeron los primeros cristianos y los Hebreos fieles a Elohim.

Nuevamente gracias por vuestra gentil preferencia, y que el Señor los siga bendiciendo grandemente a través de este sitio.

Vuestro adorado tormento.

Apologista

lavenidadecristo

Tdo. Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Es la creencia de los dispensacionalistas de que Cristo vendrá por segunda vez para raptar en secreto a su iglesia al cielo antes de la gran tribulación. Sin embargo, la Biblia y el Griego no admiten esa posibilidad. ¡He aquí la contundente evidencia que dejará callados a muchos pre-tribulacionistas! 

En primer término, la palabra Griega para “ENCUENTRO” usada en 1 Tesalonicenses 4:16 es ‘apantesis’. Según II Tim.3:16, cada Palabra de Dios es inspirada y soplada por Él, como tal, esa palabra particular es importante. Esta misma palabra es usada en sólo otros tres sitios en la Escritura. La primera vez que es usada está en Mateo 25:6 en donde leemos, “… en la medianoche el grito sonó: ¡aquí está el novio! Salgan para encontrarse con (apantesis) él” (paréntesis añadido). [Note, ver también verso 1 en algunos textos.] La historia entera en los versos 1-13 revela que las vírgenes habían estado esperando aparecer al novio. Cuando Él apareció, ellas lo encontraron y lo escoltaron al pasillo del banquete. Ellas no volvieron con él al lugar del cual él vino (cielo). El novio no cambió de dirección, en un curso inverso después de que las vírgenes que esperan lo encontraron. ¡Mejor dicho, él siguió viniendo en la dirección original de la cual él había comenzado! Las que cambiaron la dirección fueron las vírgenes. Lo que hace este registro doblemente importante para la cuestión a mano es que esta parábola está directamente relacionada con la venida del Hijo de Hombre como está establecido en Mateo 24:39.

El segundo uso está en Hechos 28:15 en donde vemos la misma connotación. “…de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos (apantesis) hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento ” (paréntesis añadido). Los versos 11-16 nos dicen que los hermanos en Roma habían oído que Pablo venía y ellos salieron para encontrarlo. Después de que ellos lo encontraron, ellos no volvieron a Cesarea con Pablo (que era su lugar del comienzo de este viaje). Pablo no cambió de dirección después de que los hermanos que lo esperaban lo encontraron; mejor dicho, él mantuvo su curso a Roma. Quiénes cambiaron de dirección eran aquellos que lo encontraron.

La tercera y última vez que ‘apantesis’ es usada está en Juan 12:12-13. (Nota: algunos manuscritos Griegos muestran una diferencia de una letra entre esta palabra y la que es usada en 1 Tes.4:16. La diferencia está en la primera letra que es por qué no es mostrada como que es la misma palabra en la Concordancia de Strong. Sin embargo, el texto del Griego Nestlé lo muestra como la misma palabra. No trato de confundir la cuestión; mejor dicho, intento ser completo en este análisis.) Los versos 12-13 en el capítulo 12 de Juan leen como sigue: “al día siguiente la gran muchedumbre que había venido para el banquete oyó que Jesús estaba en Su camino a Jerusalén. Ellos tomaron ramas de palma y salieron para encontrarlo (apantesis) gritando “¡Hosanna!” (paréntesis añadido).

El mismo registro en Mateo 21:1-11; Marcos 11:1-11 y Lucas 19:28-41 dejan claro que aquellos que salieron de Jerusalén para encontrarlo lo escoltaron atrás a Jerusalén y no atrás a Bethania. Cuando ellos lo escoltaron ellos comenzaron con júbilo a servirlo (Lucas 19:37). Creo que haremos la misma cosa cuando lo “encontremos”. Ha sido declarado por algunos eruditos en Griego que esta palabra Griega particular es usada para describir la bienvenida oficial de un dignatario recién llegado. Aquellos que dan la bienvenida al funcionario cambiarían su dirección después de la reunión y luego lo escoltarían atrás a la ciudad de la cual ellos habían venido, no atrás a su lugar de origen (ver Moulton, Gramática del Testamento Griego, Volumen 1, p.14).

Para describir un tipo diferente de encuentro los Griegos tienen otra palabra diferente. Un ejemplo de esto es encontrado en Mateo 8:34 que nos dice que “la ciudad entera salió para encontrar a Jesús.” La palabra Griega usada allí es ‘sunatesis’. En este caso Jesús había echado una legión de demonios en una manada de cerdos que entonces escaparon a un acantilado en el mar. La ciudad estuvo disgustada y salió para encontrar a Jesús. Cuando ellos lo encontraron ellos se quedaron allí y hablaron de la situación con Él.  Ellos no fueron a ninguna parte con Él.

Para un ejemplo que muestra a un grupo de gente que encuentra a un individuo solo, y luego vuelven con aquella persona atrás al lugar del cual comenzó el viaje de aquella persona, ver Marcos 14:13 y Lucas 22:10. Allí Jesús había instruido a Sus discípulos de ir y prepararse para la Pascua de los judíos. “El les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro (Gr. apantao) un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare…” En este caso el grupo (los discípulos) sigue al individuo (el siervo que lleva el cántaro de agua) atrás al lugar del cual el siervo comenzó. Apantao describe una reunión entre un individuo y un grupo en donde el individuo reversa la dirección y vuelve al lugar del cual él vino. Por otra parte, ‘apantesi’s describe una reunión entre un individuo y un grupo en donde el individuo sigue su viaje después de que ocurre la reunión.

Note con cuidado que nuestro levantamiento para encontrar al Señor en el aire, como está explicado en 1 Tes.4:16, describe el tipo de reunión en donde un grupo de gente encuentra una entidad sola. Entonces, si el grupo iba a volver al Cielo con Jesús después de que Él cambió la dirección, la palabra griega para ‘encontrar’ usada debería haber sido ‘apantao’ en vez de ‘apantesis’. Cada otra vez que la palabra apantesis es usada en la Biblia, es para describir una reunión en donde el grupo reversa la dirección y escolta al visitante quién sigue viniendo en la dirección de la cual él comenzó. No hay ninguna justificación para dar un sentido diferente a aquella palabra cuando ahora aparece en 1 Tes.4:16.

Este concepto de la lengua Griega que tiene varias palabras donde en cada una expresa un aspecto diferente de algo para el cual la lengua castellana tiene sólo una palabra no es única para la palabra “encontrar”.

Creo que es correcto que la Versión Reina Valera vierta la palabra ‘apantesis’ de 1 Tesalonicenses 4:16, no simplemente como “encuentro”, la cual podría ser confusa en nuestro idioma, sino “recibir”. Es decir, que los santos reciben al Señor en el aire para conducirlo a la tierra, sin que él reverse su dirección al cielo.

Un ejemplo aleccionador sobre el vocablo “recibir” lo tenemos en Génesis 19: 1,2 cuando leemos que Lot recibe a los mensajeros de Dios: “Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche”. Así que Lot no recibe a los mensajeros de Yahweh para volar con ellos al cielo, sino para ser  el acomedido hospedador de estos insignes anfitriones.

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Por Rich Deem

INTRODUCCIÓN

Los minimalistas en la arqueología dicen que los acontecimientos de los reinos Hebreos tempranos en el Antiguo Testamento fueron mayormente arreglados. Muchos escépticos creen que los reinos de David y Salomón no existieron debido a la falta de pruebas arqueológicas a partir de aquella era. Sin embargo, las excavaciones recientes en Tel Rehov empujan atrás las fechas para la ocupación de las tierras bíblicas. Ahora, las excavaciones en Jordania revelan la extensa fusión de cobre tanto antes como durante el reinado de Salomón.

Nuevas Evidencias

El Arqueólogo Thomas E. Levy (UC San Diego) ha reportado fechas de radiocarbono de alta precisión para operaciones de fusión de cobre en Jordania del sur en el diario Proceedings of the National Academy of Sciences1 El fechado del radiocarbono (14C) reveló la ocupación continuada de Khirbat en-Nahas, Jordania de 1100-900 a. de J.C.. El Khirbat en-Nahas representa 10 hectáreas que una vez alojaron más de 100 edificios, incluso una de las fortalezas del desierto de Levantine más grandes, indicando que este sitio no era ninguna operación de poca categoría, sino que tuvo que ver con una sociedad grande y compleja. Muchos arqueólogos creyeron que el reino de Israel no fue establecido hasta los siglos séptimo u octavo a. de J.C., basado principalmente sobre pruebas de cerámica subjetivas. Sin embargo, el el fechado del radiocarbono 14 (14C)  es exacto dentro de ± 30 años y firmemente establece la fecha más temprana para una minería extensa y operación de fusión. La conjunción del Dr. Levy de “históricos” y “bíblicos” en el título de su publicación reciente, junto con referencias al Rey bíblico Salomón dentro del artículo han irritado a algunos de sus colegas. Sin embargo, el arqueólogo Guillermo Schniedewind de UCLA ha concordado con su evaluación, diciendo que Levy “está completamente correcto. Pruebas científicas parecen ir en su favor. “2

CONCLUSIÓN 

Las fechas del radiocarbono 14 (14C) asociadas con capas de escombros de fusión de Khirbat en-Nahas demuestran intensivas actividades metalúrgicas industriales entre el 10mo y 9no siglos a. de J.C. conducidas por sociedades complejas. El fechado del radiocarbono de precisión alta en Khirbat en-Nahas establece una fecha antes que lo sugerido por estudios anteriores que utilizan hallazgos de cerámica. La exactitud del fechado del 14C pone en duda estudios anteriores basados únicamente sobre pruebas de cerámica. El fechado corriente del sitio con el 10o 9o siglos a. de J.C. está de acuerdo con las fechas bíblicas para el reinado de Salomón en el área.

<a href=”http://nachofoto.com/photo-of-Khirbat-Nahas-ancien-45f09b609ce2” target=”_blank”><img src=”http://s3.amazonaws.com/images.nachofoto.com/b-Khirbat-Nahas-ancien-45f09b609ce2.jpeg” alt=”Khirbat-Nahas-ancien-45f09b609ce2″ border=”0″></a><a href=”http://nachofoto.com/photo-of-Khirbat-Nahas-ancien-45f09b609ce2″><p>Khirbat en-Nahas ancient Edom</p></a>


EL FIN DEL MUNDO: ¿QUÉ SIGNIFICA?

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

Una Pregunta Importante

Un día los discípulos se le acercaron secretamente a Jesús y le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del FIN DEL MUNDO”? (Mateo 24:3). Sí, la esperanza del “fin del mundo” estuvo presente en la mente y conciencia de los apóstoles de Jesús hace dos milenios— ¡Y la sigue estando aun hoy día!

La frase “fin del mundo” suele producir cierto pánico entre los hombres, y en particular, entre los inconversos. Pero sólo se teme a lo desconocido. Y es justamente el desconocimiento de lo que Cristo quiso decir por esa frase lo que produce temor angustiante. Pero, ¿deberían sentir temor los buenos cristianos al oír la frase: “fin del mundo”? Pues, no hay porqué.

Preguntémonos: ¿Es cierto que el planeta tierra y sus habitantes desaparecerán de la faz de la tierra algún día? ¿Es el propósito de Dios destruir la tierra la cual expresamente creó para que fuera habitada por sus criaturas humanas? Si la respuesta es “SI” entonces habría una contradicción, ya que nuestro mismo Señor Jesucristo nos promete: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5).

Ahora bien, siendo que el Nuevo Testamento fue escrito casi exclusivamente en griego koiné, es menester averiguar cuál fue la palabra griega que se ha traducido por “mundo” en Mateo 24:3. Pues bien, para conocimiento nuestro, la palabra griega es “aión” y no “cosmos”. Veremos a continuación la diferencia entre la palabras griegas “aión” y “cosmos” que igualmente se vierten por “mundo” en la Biblia (Véase el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español de Francisco Lacueva, Ed. CLIE, España, pág.105).

La palabra griega “Kosmos” tiene el significado de planeta tierra. En cambio “aión” nunca tiene ese significado en la Biblia. El significado de “aión” es “edad” o “era”. Puede significar un período de tiempo indefinido (no necesariamente eterno), o un tiempo contemplado en relación con lo que tiene lugar en el período. “El sentido que tiene la palabra no es tanto el de la longitud misma de un período, sino el del período marcado por características espirituales o morales.” (Ver el diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W.E. Vine, Ed. CLIE).

El apóstol Pablo nos menciona dos “siglos” o “edades”: El presente, y el venidero. La presente edad finalizará para dar paso a la siguiente (Ver Efesios 1:21, donde Pablo dice: “…no sólo en este siglo, sino también en el venidero”).

El apóstol San Pablo nos dice, además, del presente “aión” lo siguiente: “el cual (Jesús) se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo (“aión”) malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.” (Gálatas 1:4).

Cristo pondrá Fin a este “aión” Malo vigente

Entendamos de una vez y por todas que “el fin del mundo” que hablan los apóstoles en Mateo 24:3 no es el fin del “Kosmos” (planeta) sino de la presente edad maligna y decadente. Es el fin del reino de Satanás, para dar paso a la ERA o “AIÓN” venidero; la de Cristo, nuestro Señor. Por eso Jesús dijo: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo (aión). Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a todos los que hacen iniquidad.” (Mateo 13:40,41).

Nótese que Jesús habla del “fin del presente aión malo” cuando él vuelva con sus ángeles a este planeta. Entonces él inaugurará un nuevo “aión” (el venidero) de justicia. Entonces, el fin del mundo es el fin de la Edad o Era presente con todos sus males. En Marcos 10:30 el Señor Jesús nos dice que “en el siglo venidero” obtendremos la vida eterna. “…Y en el siglo (aión) venidero la VIDA ETERNA.”

La Versión Biblia de Jerusalén (Católica) vierte Mateo 24:3 y su palabra “aión” como “mundo”. En cambio, la Versión Reina Valera (1960) vierte la palabra “aión” de Mateo 24:3 como “siglo”, lo que nos parece más apropiado.

También el Señor Jesucristo nos habla de “los hijos de este mundo (aión)”, y “los hijos de aquel siglo (aión)”. Estos no se casan, pero los otros sí. He aquí otra diferencia. Dice Jesús así: “…los hijos de este siglo (aión) se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueran tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (aión) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.”(Lucas 20:34-36).

Además de no casarse, los hijos de “aquel siglo” venidero resucitarán de entre los muertos. Entonces podemos afirmar que la resurrección se dará cuando comience el aión venidero, cuando el presente aión malo haya finalizado. El llamado “fin del mundo” será el fin del presente siglo, edad o era que está marcado por las malas y deplorables características morales y espirituales.

Es interesante lo que nos dice Pablo en 2 Corintios 4:4. Veamos textualmente lo que dice el pasaje: “En los cuales el dios de este siglo (aión) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…”

Pablo nos dice muchas cosas del presente “aión” (siglo, mundo o era). Nos dice que es un aión malo (Gálatas 1:4), y ahora nos dice que Satanás es el dios de ese aión malo. Sin duda, este “aión” está destinado a desaparecer para dar paso al “aión” venidero de justicia. A los Efesios Pablo les dice que Satanás está por ser retirado de este presente “aión” malo. Sus palabras son como siguen: “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra los principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo (aión), contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).

¿Notó estimado amigo? Este “aión” malo está gobernado por Satanás y sus demonios, y contra ellos nosotros debemos batallar. Pero será Cristo quien ponga fin a este llamado “mundo malo”, cuando destituya al Diablo y sus seguidores y los arroje al infierno para siempre.

Ahora aquí viene una paradoja. Usted y yo debemos de sentir alegría de conocer la verdad de la finalización de este mundo (aión) malo, pues significará el inicio de un “nuevo mundo” (aión) de paz y justicia nunca antes vista o soñada por hombre alguno.

Mientras tanto, la iglesia de Dios deberá de vivir ejemplarmente en este siglo malo, pues nos dice el propio apóstol Pablo: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo (aión) sobria, justa y piadosamente.” (Tito 2:12).

 Sólo aquellos hombres que vivan sobria, justa y piadosamente podrán disfrutar de aquella edad o Era (aión) maravillosa, cuando por fin haya finalizado el presente mundo (aión) malo.       

No tema, pues, por la expresión “fin del mundo”, sino  más bien alégrese de que este final producirá una edad gloriosa para usted, los suyos, y las demás familias de la tierra. Por eso Jesús dijo: “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas (los males en aumento), erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28).

El fin del aión malo presente se traducirá en su redención, es decir, en la adquisición de toda la herencia prometida. Y en el “aión venidero”, la humanidad disfrutará de grandes bendiciones. El profeta Isaías nos habla del “mundo venidero” o de la “nueva tierra”, así: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, y sus crías se echarán juntas; y el león como le buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la mar.” (Isaías 11: 6-9).

La Nueva Tierra

 Es cierto que la Biblia habla de la “nueva tierra”, pero en el sentido de una nueva edad o era. También se nos dice que nosotros, los creyentes, somos “nuevas criaturas”, “nuevos hombres”, pero en el sentido espiritual y moral aunque seamos aún imperfectos. Veamos lo que nos dice el apóstol Pedro sobre la “nueva tierra”: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).

La “nueva tierra” significará una tierra donde morará la justicia. En esta vieja tierra, en este “aión” malo, la injusticia impera por doquier.¡Esto finalizará pronto! El apóstol Juan nos dice algo más de aquella era maravillosa, con estas palabras: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21:4).

Las primeras cosas del aión malo habrán pasado al olvido. La muerte, el llanto, el clamor y el dolor son las características más saltantes del presente “aión” malo. Pero en el “aión” venidero, esos males habrán dejado de existir. Por fin los cristianos tendrán la herencia concreta de la vida eterna, y sobre la cual, la muerte, el dolor, y el clamor no pueden funcionar.

El profeta Isaías, hablando de la “nueva tierra” nos dice lo siguiente: “Porque he aquí que yo (Dios) crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento… porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.” (65:17,18).

Si en la “nueva tierra” aún existirá la ciudad de Jerusalén, eso quiere decir que la expresión “nueva tierra” es puramente simbólica. Si esta “vieja tierra” será literalmente destruida, ¿no se destruiría también a la ciudad de Jerusalén? Pero el caso es que en la “nueva tierra” Jerusalén permanecerá en pie, lo que quiere decir que NO habrá una destrucción literal de la tierra. Además, no sólo Israel permanecerá, sino también Egipto, Asiria, y muchísimas otras naciones de todo el mundo (Isaías 19:24; Miqueas 4:1-4).

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LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

Texto Guía: Hechos 3:19-21     

Propósito del Regreso de Jesús a la Tierra

Pocos cristianos saben que Jesucristo volverá nuevamente a este mundo en persona y visiblemente; y los que no lo saben  creen, más bien, que “partirán” al cielo cuando mueran para encontrarse con Jesús. En nuestro estudio “La Segunda Venida de Cristo”, el cual puede ser suyo si nos lo solicita, explicamos claramente que Cristo volverá a este mundo pronto.

Lucas, el evangelista, también escribió el libro de los Hechos de los Apóstoles. En el capítulo 3 él explica para qué volverá Jesús al mundo nuevamente. Dice: “A quien (Jesucristo) de cierto es necesario que el cielo reciba HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Verso 21). Sí, Jesucristo, o Jesús, el Cristo (o:”El Ungido”), volverá a este mundo para RESTAURAR TODAS LAS COSAS de que hablaron los profetas del Antiguo Testamento. Esta impresionante revelación dada por Lucas, NO es enseñada por la Iglesia Católica, y algunas iglesias protestantes amilenialistas (a:sin, Millennium: milenio). Lo cierto es que Jesús no viene a llevarnos al cielo como creen muchos, sino más bien para quedarse en la tierra a fin de restaurar todo lo resquebrajado por el pecado de los hombres. Para mayores detalles sobre este punto, lea los posts ”Las Buenas Noticias de Jesucristo”, El Reino del Mesías”, “El Reino de Dios: ¿Sabe Ud. qué es?” en mi blog.

Según el prestigioso Diccionario Nuevo Pequeño Larousse, la palabra “restauración” quiere decir: “reparación”, “restablecimiento”, “nueva existencia que se le da a una institución”, y lo más importante, RESTABLECIMIENTO EN EL TRONO DE UNA DINASTÍA CAÍDA.” Esta última definición del diccionario mencionado, nos interesa mucho, pues tiene relación con nuestro estudio, y con las promesas bíblicas. Ya es hora que usted descubra la verdad de lo que Jesús va a restaurar en esta tierra, en ocasión de su Segunda Venida en gloria desde los cielos. Definitivamente restaurar no es destruir, de modo que Cristo no viene a destruir el planeta tierra, sino sólo a los pecadores incorregibles que no lo esperan volver en gloria para salvarlos (Salmo 37:9,10,17,20,22,28,29,34,38,40). 

El Restablecimiento de la Dinastía Davídica Caída 

La Palabra restauración de Hechos 3:21 tiene que ver con el restablecimiento en su trono de un rey derrocado o el restablecimiento de una monarquía suspendida en su trono real. En este caso, la dinastía del rey hebreo, David. El profeta Amós habló de esta futura restauración, diciendo: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David” (9:11)

He aquí una impresionante verdad revelada desde los cielos, y esa es que al volver Jesús al mundo, levantará o restaurará el trono caído de David, el cual fue suspendido por Dios allá por el año 586 a.C. Recordemos que el rey babilónico Nabuconodosor invadió Jerusalén y depuso al rey hebreo de turno Sedequías, matando a sus hijos y desterrando al pueblo a Babilonia. Desde esa fecha, el trono de David, en la persona de su sucesor, Sedequías, se suspendió hasta el día de hoy. Ya van aproximadamente 2,500 años que Israel no tiene un rey Hebreo, ni una monarquía establecida como la de David. Pero esto ya estaba profetizado por Oseas, cuando dijo: “Porque por muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio…” (3:4). Sí, POR MUCHOS DÍAS (no, “eternamente”), los hebreos estarían sin una monarquía, y consecuentemente, sin ningún rey que los gobierne. Pero nuevamente Dios promete: “No faltará a David un renuevo de justicia…” (Jeremías 33:15,16). Esta promesa significaba que vendría un descendiente de David que tomaría su trono y corona en un futuro. Dios tenía en mente restaurar aquel reino que Él mismo había establecido con David y sus hijos (2 Crónicas 13:5,8). Definitivamente el reino Davídico era el reino de Dios. Dios había escogido a David para que lo representara ante el pueblo y los rigiera con autoridad celestial. Ahora Dios se propone restaurarlo nuevamente con un rey fiel y perfecto que desciende del rey David. 

El Hombre que tiene Derecho al Trono y Reino de David 

El profeta Ezequiel escribió concerniente a la caída del reino davídico con estas palabras enfáticas: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel (Sedequías), cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad (586 a.C), así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, HASTA QUE VENGA AQUEL CUYO ES EL DERECHO, Y YO SE LO ENTREGARÉ.” (21:25-27). Notemos nuevamente que si bien el reino Davídico fue depuesto, no obstante vendrá un descendiente de David que tendrá el derecho de tomar su tiara, su corona, y su trono nuevamente. Y obsérvese que es Dios mismo quien se lo va a entregar y no algún hombre mortal. 

Según el Evangelista Mateo, Jesucristo es el hijo de Abraham e hijo de David (Mateo 1:1). Esto significa que Jesús es el descendiente, según la carne, del rey David. Es claro que Jesucristo es de “sangre azul”, un “hombre noble”, “un Príncipe”, y finalmente, “un Rey”—¡El Rey! Recordemos que Jesús había aceptado su origen real a Pilato, cuando fue acusado por sedición. Sus palabras fueron claras y directas: “…Tú dices que yo soy rey. YO PARA ESTO HE NACIDO…” (Juan 18:37). Pero por otro lado Jesús dijo en otra ocasión que su reino no era de este mundo o era maligna (verso 36). Entonces Jesús no pretendió restaurar el reino en ese momento, sino que lo haría en otra ocasión, para su segunda venida. Su segunda venida acabaría con el presente mundo malo regido por las fuerzas diabólicas cósmicas. 

El apóstol Pedro creía que un varón de Dios, descendiente del rey David, regiría  al mundo desde su trono en Israel. Sus palabras son como siguen: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de SU DESCENDENCIA, EN CUANTO A LA CARNE, LEVANTARÍA AL CRISTO PARA QUE SE SENTASE EN SU TRONO.” (Hechos 2:29,30). Nótese que acá la palabra “Cristo” no es un nombre, sino un título que denota “el ungido (escogido) de Dios” el cual va a ser el futuro rey de Israel.  

Y en la anunciación, el evangelista Lucas registra lo que le dijo el ángel Gabriel a María: “Este (Jesús) será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:32,33).    

Los Hebreos Regresarán a Israel 

Si Jesús reconquistará el depuesto reino de su ancestro David, ello quiere decir que él reinará en Jerusalén, pues esa ciudad fue la capital del reino de David. Jesús afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad del “gran Rey” ( Léalo en Mateo 5:33-35). También inferimos que Jerusalén estará habitada por los hebreos, pues la profecía dice que Jesús reinará en la casa de Jacob o Israel. Por eso los israelitas estarán reunidos en su tierra para cuando Cristo, su rey, regrese. El profeta Ezequiel pudo escribir con certeza: “Y yo (Jehová) os tomaré de todas las naciones, y los recogeré de todas las tierras, y os traeré A VUESTRO PAÍS.” (Ezequiel 36:24). Y el profeta Oseas añade lo siguiente: “Después volverán los hijos de Israel y buscarán a Jehová y a David su rey, y temerán a Jehová y a su bondad EN EL FIN DE LOS DÍAS” (3:5).        

Muchas personas no entienden el significado del regreso de los hebreos desde muchas naciones a su prístina tierra prometida después de 2,500 años de destierro. Desde Mayo de 1948 d.C ya existe nuevamente el “joven” estado de Israel en su antiguo territorio. Poco a poco la nación judía se va asentando con nuevos inmigrantes hebreos, pese a sus problemas políticos internos y externos. Pero lo importante de esto es que, en el final de los días, los judíos o hebreos regresarán a su tierra desde muchos países (E.U, Rusia, Etiopía, Alemania, Polonia, Argentina, etc) para luego buscar a Dios y a su rey davídico, Jesucristo. 

Para ese entonces se cumplirán los dichos de los profetas: “He aquí vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo (=hijo) justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.” (Jeremías 23:5). “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio…y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.” (Isaías 32:1,17). “Y dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones…” (Apocalipsis 12:5). “…habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Jehová.” (2 Samuel 32:3). “Y los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15). “Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa (Israel), ha dicho Jehová de los ejércitos…y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.” (Joel 2:26,27). 

El apóstol Pablo nos confirma que Israel como nación finalmente será restaurada en una posición privilegiada para la bendición del mundo entero. Si el rechazo temporal de los hebreos significa la bendición de los no hebreos, ¡cuánta más bendición significará para los no hebreos la restauración de los hebreos! La restauración del país, y del reino, significará la máxima bendición de todos los pueblos de la tierra. Dice Pablo: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión (pecado) vino la salvación de los gentiles (no judíos), para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (Romanos 11:11,12). Sin embargo, y pese a las claras promesas de bendición de parte de Dios para los hebreos, los católicos siempre han sostenido que los hebreos han perdido los favores de Dios, por haber “crucificado” a Jesús. ¡Cuán errados están! ¡La Biblia los desmiente fácilmente!              

¿Cuándo Será Restaurado el Reino o Gobierno de Dios? 

La pregunta que se nos viene al pensamiento es: ¿Cuándo se restablecerá el reino de Dios? Pues esa fue la misma pregunta que los apóstoles le hicieron a Jesús hace dos milenios: “…Señor, ¿restaurarás el reino (davídico) a Israel en este tiempo (año 27 d.C)? (Hechos 1:6). En el verso siguiente (7) Jesús les dice que la fecha sólo la sabe Dios. Y en otra ocasión Jesús les dice a sus discípulos que sólo su Padre sabe cuando será “el fin del mundo o Edad Maligna” ( Para mayor información sobre el significado de este tema, lea el artículo ”El Fin del mundo” en mi blog.  

La Iglesia de Dios heredará el Reino Davídico 

La Iglesia está llamada a tener un papel protagónico en la restauración del reino davídico en la tierra. Según las Escrituras, los cristianos están llamados a ser co-gobernantes con Cristo en su reino de mil años. En las Escrituras Inspiradas hallamos las siguientes promesas que las iglesias han olvidado. “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria…Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31,34). 

En el libro de Apocalipsis 2:26 leemos: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.” Y en el 3:21 leemos: “Al que venciere, le haré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” 

En Lucas 19:12 Jesús les dice a sus discípulos: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino (davídico)”. Y en Lucas 13:28 .”Allí será el llanto y crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” “Yo, pues, os asigno un reino (el de David), como mi Padre me lo asignó a mí.” (Lucas 22:29). 

Y también Jesús pronuncia la Parábola de la Diez Minas para enseñar a sus discípulos que tendrán parte en su gobernación mundial, obteniendo el control de ciudades importantes. “Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” (Lucas 19:17).

Como vemos, el Señor exige que seamos fieles a su causa para tener derecho a participar en su gobernación mundial. El apóstol Pedro dirá por su parte: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” (2 Pedro 1:10,11).

Y a los creyentes pobres, Santiago les dice: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (2:5).

Y Jesús dice también: “…Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.” (Lucas 6:20). “Mas buscad el reino de Dios, y estas cosas os serán añadidas.” (Lucas 12:31). Y también Jesús se dirige a los ricos diciendo: “…¡Cuán difícilmente entrarán al reino de Dios los que tienen riquezas!” (Lucas 18:24).

Y en otra ocasión Jesús se vio forzado a decir: “…Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9:62). Aquí Jesús está poniendo como condición el perseverar en la fe para ganar el reino davídico. Y Pablo, por su parte, dice: “…Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22).

A los efesios Pablo les dice: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” (Efesios 5:5). Y el ladrón de la cruz le pide a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” (Lucas 23:42).

Al Fariseo Nicodemo, Jesús le dice: “…de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:3,5). Y también dijo el Señor: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21).

Como vemos, el reino de Cristo está en todas partes de la Biblia. Es la esperanza central de la Iglesia. De hecho, los teólogos están unánimemente de acuerdo que este es el tema central de las Escrituras. Jesús habló de él desde el mismo inicio de su ministerio (Marcos 1:1,14,15) hasta en el final de él (Hechos 1:3,6,7).

Es un hecho indiscutible que Jesús vino para proclamar el establecimiento del reino. En Lucas 4:43, él había revelado a sus propios seguidores la razón por la cual su Padre le había enviado al mundo hace dos milenios. Él les dijo:

“…es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO.” Sí, la misión de Jesús fue la de proclamar su gobierno mundial, desde el trono del reino de David. Él vino para anunciarlo y confirmarlo. Así lo expresó Pablo cuando dijo: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, PARA CONFIRMAR LAS PROMESAS HECHAS A LOS PADRES.” (Romanos 15:8).

Es claro que Cristo NO vino a cambiar las promesas de Dios escritas por los profetas del Antiguo Testamento. Y aunque muchos cristianos contemporáneos pretendan decirnos que Dios tiene otro programa para sus escogidos, lo cierto es que Dios no cambia (Malaquías 3:6); y sus promesas antiguas se cumplirán tarde o temprano.

Mientras que esperamos el cumplimiento de sus promesas, la iglesia deberá estar pidiendo y buscando el reino o gobierno mundial de Jesucristo en esta tierra. Jesús mandó a que pidiéramos lo siguiente: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra…Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia…” (Mateo 6:10,33).

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Por Ing. Mario A Olcese (Apologista)

 

Texto clave:

“Vida Eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria,  y honra, e inmortalidad” (Rom. 2:7) 

El Concepto errado de la Gloria

      Millones de personas han escuchado en los sermones de las iglesias que Dios los ha llamado a su gloria celestial. Igualmente, en los sermones de difuntos, el Pastor o Sacerdote suele decir que el amado hermano difunto “ya está con Dios en Su gloria” como un sinónimo del cielo mismo. Sin embargo, lo que muchos cristianos ignoran es que esta gloria prometida por Dios y Su Hijo a los fieles, tiene que ver con una posesión o herencia de un reino en la tierra en ocasión de la Parusía de nuestro Señor Jesucristo, el Rey del Reino de Dios.

      Este breve estudio demostrará que la gloria a la cual todos los creyentes estamos llamados tiene que ver con la toma del reino milenario de Cristo en la tierra. Este estudio cardinal despejará las dudas que se pueden aún tener de la gloria que se nos ha ofrecido, y que la tradición Católica ha tergiversado sin contemplación alguna.

En Búsqueda de la Gloria

      El apóstol Pablo solía referirse a la gloria como la meta del Cristiano, el OBJETIVO para mirar con perseverancia. En su carta a los Romanos, el apóstol les dice: “El cual pagará a cada uno conforme a sus obras, vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad.” (Rom. 2:6,7). De modo que todo Cristiano debe mirar y buscar la gloria futura (nótese el paralelo con la frase “buscad primeramente el Reino” de Mateo 6:33), que le será otorgada al creyente después de que su cuerpo mortal se vista de inmortalidad por la resurrección del día postrero, en la parusía de nuestro Señor Jesucristo. Estas son las palabras de Pablo: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” (Col. 3:4). De modo que nadie aún posee la gloria que se nos ha ofrecido a través de las páginas de la Biblia. Y nuevamente el apóstol Pablo les dice a los romanos creyentes sobre esta gloria escatológica, lo siguiente: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Rom. 8:18). Aquí Pablo dice que debemos sufrir tribulaciones antes de recibir la gloria, lo cual concuerda con otra de sus declaraciones que dice:”Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Tim. 2:12). Acá el sufrimiento trae como recompensa la gloria, gloria que significa nuestro REINADO con Cristo.

      Es un hecho que la gloria está íntimamente ligada al reino futuro de Cristo. No se puede estar en la gloria, sin estar en el Reino y viceversa. En 1 Tes. 2:12 Pablo hace claro que el Reino y la gloria van de la mano como gemelos envueltos por una sola placenta. El escribe a los creyentes de Tesalónica lo que sigue: “Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, quien os llamó a su REINO y GLORIA”. Sin embargo, reitero lo mismo: tanto el Reino y la gloria son presentados por Pablo como asuntos futuros, para cuando aparezca el Rey de gloria (Col. 3:4).

La Gloria en el Antiguo Testamento

      El rey David, el cantor de Salmos hermosos de alabanza, dice en el capítulo 145:11-13 de este modo: “La gloria de tu reino digan, Y hablen de tu poder, Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, Y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos, Y tu señorío en todas las generaciones”.  David predice que los hombres reconocerán al reino de Dios como algo glorioso y magnificente. Además, el Reino del rey David, y sus descendientes, era el mismísimo reino de Yahweh. En 1 Crón. 28:5 se lee: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del Reino de Jehová sobre Israel”.  Salomón, el sucesor de David, se sentó en el mismo trono del reino de Jehová en Israel. ¡Y este reino que heredó Salomón era un reino glorioso a la vista de todos! El dominio o gobierno de Dios sobre su pueblo a través de Sus reyes ungidos era el glorioso reino de Dios en la tierra. Ese reino fue establecido para durar muchísimas generaciones (Sal. 145:13) y ejercer autoridad divina sobre las naciones de la tierra en el largo plazo (Sal. 72:8). Dios había jurado a David que no faltaría varón que se sentase en su trono (2 Sam 7:16, 1 Rey. 9:5), y también prometió que algún día un último rey restauraría el trono de David (Eze. 21:25-27). La gloria del Reino sería algún día reestablecido en la tierra con un rey Judío de la línea de David.  Y Daniel habló de ese reino-gloria como una herencia que sería poseída por los santos de Dios en el futuro. Son de destacar los versos 18 y 27 que dicen: “Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre. y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. ¡Esta es la gloria que recibirán los santos del Altísimo! 

      En Ezequiel 39:21 se lee lo siguiente: “Y pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse”. Aquí Dios habla de poner su gloria entre las naciones, aquella gloria que tiene que ver con Su tabernáculo, el lugar de su santa morada (Apo. 21:1-3). Dios mismo pondrá su santuario entre los hombres. Su presencia y su dominio como Rey de reyes en el mundo serán absolutos. El reinará en su reino como el Rey soberano, y todas las naciones le servirán. En ese entonces el mundo gozará de la paz y la justicia nunca antes vista por humano alguno, cuando el diablo y sus secuaces sean exterminados de la tierra para siempre.

Una Gloria ya Presente por la Fe, pero Aún no Consumada

      Es cierto que hoy podemos adueñarnos de la gloria, la salvación,  la vida eterna, y del Reino por la fe. Cada creyente está ya en el libro de la vida a la vista de Dios, y en cierto modo ya posee esa gloria e inmortalidad escatológicas en el presente por la fe (“…que por la fe y la paciencia heredan las promesas”, Heb. 6:12). Pero recordemos que debemos perseverar en esa fe para conseguir la total realización de nuestra salvación integral (Ver Heb. 9:28; 1 Ped. 1:5). Jesús ya nos “dio” la gloria por la fe (Jn. 17:22), así como Cristo la tuvo mientras estuvo en la tierra, aunque la recibió después de su victoria sobre la muerte, en su resurrección (Heb. 2:9). Del mismo modo, Cristo nos llevará a la gloria cuando seamos resucitados, habiendo sido igualmente perfeccionados por las tribulaciones presentes (Heb. 2:10).

El Evangelio de la Gloria de Cristo (2 Cor. 4:4)

      Dice Pablo en 2 Corintios 4:4: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”  Acá Pablo revela que la gloria de Cristo —que es la misma gloria que se nos ha dado—es el evangelio (el evangelio que Pablo mismo llamó después “el Reino de Dios” –Hech. 28:23,30, 31) De modo que TODO lo relacionado con la gloria de Cristo es el Evangelio verdadero, pues esta gloria es un sinónimo del Evangelio del Reino de Cristo (Mat. 24:14). Ya hemos visto que Reino y gloria vienen juntos. De modo que toda vez que se nos promete la gloria, se nos está prometiendo el Reino. En resumen, hablar del evangelio de la gloria de Cristo es hablar del evangelio del reino de Cristo. La gloria es el Reino, y el Reino es la gloria que obtendremos completamente en la Parusía. A esa gloria monárquica estamos siendo conducidos todos los creyentes por la fe (Heb.2:10).

Pedro Participaba de la Gloria Venidera (1 Pedro 5:1)

      Dice el apóstol Pedro así: “…que soy también participante (o copartícipe) de la gloria que será revelada.” Con estas palabras el apóstol Pedro reconocía que ya coparticipa con los otros creyentes, de la gloria que aún no había sido manifestada. Esa participación de la gloria era, para Pedro, la participación de la “naturaleza divina” (ver 2 Ped. 1:4), con la cual se podía obtener “una amplia y generosa entrada en el Reino eterno de Jesucristo” (Ver 2 Ped. 1:11). Esto concuerda con lo dicho por Pablo cuando afirmó a los creyentes de Corinto que: “La carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Cor. 15:50). ¡Se requiere radicalmente obtener la naturaleza divina! Además, para Pablo, esta participación de la gloria del Reino era equivalente a la “participación de la GRACIA” (Fil. 1:7), el verdadero evangelio de la Gracia de Dios, que es el Evangelio de la gloria de Cristo, o el evangelio del Reino de Dios en la tierra (Busque en Google mis artículos: “¿Es el Evangelio de la Gracia el Nuevo Evangelio de Pablo? Y “La Parte no es el Todo: ¡Un Estudio del Evangelio Completo!)”

San Juan También Era Copartícipe del Reino

      San Juan, al igual que Pedro y Pablo, era copartícipe de la gloria a la cual él llamó “el Reino”. En Apocalipsis 1:9 él dice: “Yo Juan, vuestro hermano, y COPARTICIPE (con los creyentes, incluyendo a los demás Apóstoles) vuestro en la tribulación, EN EL REINO y en la paciencia de Jesucristo…”. ¿Se da cuenta, estimado lector, que la coparticipación en el Reino para Juan era la coparticipación de la gloria para Pedro, y a su vez era la coparticipación de la Gracia para Pablo? Es decir, ¿Comprende ahora que los 3  términos (gloria, reino, y gracia) son intercambiables? Es evidente que Juan coparticipaba del reino, o lo que es lo mismo decir, de la gloria que aún no se había manifestado. Y si la gloria no se había manifestado, entonces tampoco el Reino de Cristo. El Reino de Cristo era todavía para Juan, un asunto del futuro, pues finaliza su libro pidiendo por la venida del Rey del reino (Apo. 22:20).

Lo que Revela la Petición de Santiago y Juan

      Es interesante comparar Mat. 20:20-21 con Mar. 10:35-37, donde descubriremos claramente lo que era para los discípulos la gloria. Estos versículos de Mateo y Marcos han sido pasados por alto por muchos estudiantes de la Biblia, y sin embargo, son claves para entender lo que es la gloria prometida por Cristo. Desgraciadamente muchos creen que la gloria es estar en el cielo como angelitos blancos y alados tocando un arpa o una lira dorada por toda una eternidad.

      Comparemos  en seguida ambos pasajes:

      Mat. 20:20,21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Ella le dijo: Ordena que en tu REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

      Mar. 10: 35-37: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro querríamos que nos hagas lo que te pidiéramos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

      Si comparamos ambas citas que se refieren al mismo asunto, pero bajo distintas perspectivas, veremos que Mateo dice que los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) le solicitaron a Jesús una posición de privilegio en su REINO. En cambio, Marcos escribe que lo que Jacobo y Juan le pidieron a Jesús fue por un lugar de privilegio en Su GLORIA. ¿Por qué esta diferencia entre ambos evangelistas? Pues la única explicación posible es que no había ninguna diferencia, dado que era obvio para los primeros cristianos que la Gloria era un sinónimo del Reino y viceversa. Con esto queda una vez más demostrado que el evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4) es lo mismo que “el evangelio del Reino de Cristo” (Mat. 24:14). Los predicadores de hoy debieran comprender este asunto, y no especular con interpretaciones que se alejan de la verdad prístina de las Escrituras. Definitivamente el evangelio de la gracia, el evangelio del Reino, el evangelio de la gloria, el evangelio de la paz, el evangelio de salvación, el evangelio de Cristo, el evangelio de aquella promesa, etc, son todos y cada uno de ellos el mismo y único evangelio bíblico (Gál. 1:6-9).

La Gloria que vieron los Tres Testigos: Pedro, Santiago y Juan

      Es sumamente interesante lo que escribió el apóstol Pedro en su segunda epístola que lleva su nombre, capítulo uno, y versículos 16-18: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos (a) su majestad. Pues cuando él RECIBIÓ de Dios Padre honra y GLORIA (esto nos recuerda lo que dijo Jesús en la Parábola de la Diez Minas sobre “el hombre noble que se fue a un país lejano [el cielo] para ”RECIBIR un REINO” y volver”, según lo leemos Luc. 19:12)…cuando nosotros estábamos en el monte santo [de la transfiguración]”. De modo que Jesús fue al cielo para recibir la gloria y honra (2 Ped. 1:17), o lo que es lo mismo decir, para recibir un reino (Luc. 19:12).

      Ahora presten atención a esto: En Lucas 9:32 se nos dice que los 3 discípulos elegidos “vieron LA GLORIA de Jesús”, aunque en unos pocos versículos antes, en Lucas 9:27, Jesús prometió que aquellos elegidos verían SU REINO. También en Marcos 9:1 Jesús anuncia que sería su REINO el que vendría y que sería visto sólo por algunos de los suyos en su TRANSFIGURACION que se produciría 6 días después. Realmente ellos vieron la majestad o GLORIA del Rey Mesiánico o Su REINO, anticipadamente, como una especie de bocado para que fueran testigos de su Señor glorificado (Heb.6:5).

Coronados para recibir la Gloria

      El apóstol Pedro dice que existe una corona de gloria en 1 Ped. 5:4 “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona de gloria”. Esto significa que seremos coronados como reyes del Reino como lo fue Jesucristo en su resurrección (Heb. 2:9, Apo. 5:10, Apo. 3:21), y esto significará nuestra glorificación. Nuevamente nuestra glorificación tiene que ver con nuestra coronación como autoridades reales o reyes del Reino de Cristo. Sólo los coronados son los nombrados para ser los ejecutivos del Reino mesiánico, y esto lo vislumbró claramente el profeta Daniel para los vencedores (Dan.  7:18,27). Esta era la gloria que tenía Dios—y Su Hijo, el Cristo—para ofrecer a todos los otros cristos o ungidos.

Los Tronos de la Gloria

      En Mateo 19:28 leemos: “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”. Nótese claramente que la gloria de Cristo tiene TRONOS, y ¿dónde más puede haber tronos sino en un reino? En este caso descubrimos que en la gloria de Cristo (su reino) existen tronos para El  y para los suyos. Esos tronos son los tronos del Reino Mesiánico. De manera que LA GLORIA nuevamente se relaciona con EL REINO del Mesías en la tierra. Por otro lado, fíjense en el Salmo 122:3-5, en donde se nos dan más detalles sobre los tronos y su localización geográfica: “Jerusalén, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado a Israel, Para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio, Los tronos de la casa de David”.

      Así que está muy claro que la gloria no tiene que ver con una estadía de los justos en el cielo como angelitos alados, sino con la morada de los santos en sus puestos de autoridad en el Reino milenario de Cristo en la tierra prometida. Esa tierra prometida no es el cielo, sino Jerusalén, la sede del gobierno de Cristo y  de sus seguidores sobre las doce tribus de Israel. En aquel entonces el Reino de Cristo será glorioso. Dice el Sal. 72:7-20: “Florecerá en sus días justicia, Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, Y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, Y sus enemigos lamerán el polvo.  Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él; Todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará la vida de los pobres.  De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.  Vivirá, y se le dará del oro de Sabá, Y se orará por él continuamente; Todo el día se le bendecirá. Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; Su fruto hará ruido como el Líbano, Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra. Será su nombre para siempre, Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado. Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.  Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.”

      Pero es igualmente necesario recalcar que nuestro Señor Jesucristo aún no se ha sentado en su trono de gloria, o en el trono de su reino, a pesar de que algunos teólogos han propagado lo contrario. Vean ustedes lo que dice Jesús mismo acerca del tiempo de su entronización en su reino o gloria: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos con él, entonces se sentará en su TRONO de gloria.” (Mateo 25:31). Así que Jesucristo ya recibió el reino cuando retorno al Padre (Luc. 19:12; Dan. 7:13,14), pero aún no se ha sentado en SU trono, sino en el trono de Su Padre. El dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apo. 3:21). 

La Gloria y el Poder

      En Apocalipsis 5:13 leemos: “Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, LA GLORIA  y EL PODER, por los siglos de los siglos”. Y en Apoc. 19:1 leemos: “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro”.  De modo que también la gloria tiene que ver con el poder que tendrán Cristo y sus cristos en su Reino sobre el mundo entero.

El Poder, La Autoridad y el Reino

      En Apocalipsis 12:10, hablando del reino futuro de nuestro Señor Jesucristo y sus santos, dice: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Así que nuevamente, el poder, la gloria, y la autoridad están íntimamente vinculados con el Reino de Cristo. Los santos tendrán el poder en la gloria, o lo que es lo mismo decir: Autoridad en el reino de Cristo. En la parábola de las Diez Minas de Lucas 19, Jesús explica que los fieles recibirán autoridad sobre ciudades enteras, y autoridad significa el poder ejercido sobre grupos humanos (v.17). También Apo. 2:26 “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”.

Satanás ha obscurecido el Evangelio de Cristo

      Hemos visto que Satanás ha cegado los ojos de los incrédulos para que no perciban o entiendan el mensaje del Evangelio del Reino, que es el evangelio de la gracia, o el evangelio de la gloria venidera de Cristo. El no desea que los potenciales creyentes acepten este mensaje del cielo porque significa su propia ruina, y la de su reino en este mundo (Ver. Mar. 4:15) El ha trocado el evangelio de la gloria de Cristo por un evangelio espiritual en el “corazón del creyente”, o en la iglesia. El obstruye la razón de los seres humanos haciéndoles creer que el Reino de Dios no tiene nada que ver con un reinado personal del Mesías en la nueva tierra. El ha logrado convencer a millones de incautos de que el pacto davídico y el pacto Abrahámico, los cuales aseguran para Cristo y su iglesia un enclave y un reino en este planeta, fueron condicionados a la obediencia de sus potenciales beneficiarios. Tales predicadores sostienen que esos pactos caducaron radicalmente por la infidelidad del pueblo prístino de Dios, y que éstos ahora han pasado a ser herencia de un nuevo pueblo (la iglesia) pero con un significado puramente “espiritual”. Agustín de Hipona fue uno de los mayores responsables por esta crasa mutación del pacto original. Para Agustín, el Reino Mesiánico se convirtió en un reino eclesiástico, y el trono de David se transfirió, de la Jerusalén terrenal, a la Jerusalén celestial. Este grave error fue propagado sutilmente por el romanismo por siglos, opacando y haciendo casi desaparecer el verdadero Reino terrenal, como está desplegado en las Escrituras de tapa a tapa.

Resumen

1. Buscar la gloria (Rom. 2:6,7) es buscar el Reino (Mat. 6:33).

2. Las aflicciones preceden a la gloria (Rom. 8:18) y preceden también al Reino (2 Tim. 2:12). Por tanto la gloria y le reino son equivalentes.

3. El Evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4) es el Evangelio del Reino de Cristo (Mat. 24:14), y es el evangelio de la gracia (Hechos 20:24).

4. Ser co-participante de la gloria (2 Ped. 1:4) es ser co-participante del Reino (Apo. 1:9).

5. Recibir la gloria (2 Ped. 1:16-18) es recibir el Reino (Luc. 19:12).

6. Ver la gloria (Luc. 9:32) es ver el Reino (Luc. 9:27).

7. Cristo está sentado ahora en el trono de Su Padre, no en el suyo (Apo. 3:21).

8. La Gloria está asociado con el Poder, y el poder con el reino, y el reino con la Autoridad (Apo. 5:13; 19:1; 12:10).

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jesus-apparition

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Es interesante lo que los discípulos le preguntaron a su Maestro poco antes de su ascenso al Padre, pues—¡fue la última pregunta que le hicieron! Y es que la mayoría de estudiantes bíblicos no comprenden que esta última pregunta encierra toda la esperanza apostólica y cristiana. Por tanto, es muy importante destacarla y entenderla para ser auténticos discípulos de Cristo. 

La última pregunta de los discípulos se halla en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1 y verso 6, y que dice: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”. Nótese que los discípulos que se habían reunido le preguntaron LO MISMO, al UNÍSONO: “Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”.  Y, ¿por qué le preguntaron eso exactamente? La razón se encuentra en el verso 3, donde dice: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó (Jesús) vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles ( a sus discípulos) durante cuarenta días y HABLÁNDOLES ACERCA EL REINO DE DIOS” (el evangelio).

Jesús había resucitado, y por cuarenta días (mes y medio aproximadamente) se les había estado apareciendo a sus seguidores, para hablarles más sobre el REINO DE DIOS. Sí, durante ese periodo de tiempo, Jesús aleccionaba a sus discípulos sobre el tema del Reino de Dios, y de este punto no se movió para nada durante ese mes y medio. De modo que este asunto del Reino de Dios fue algo crucial e importantísimo para Jesús, pues lo motivó a hablarlo durante sus días finales en esta tierra. Debemos entonces tomar conciencia de lo crucial de este tema del Reino de Dios, ya que si no lo comprendemos en su real dimensión, no captaremos la entera misión de Jesucristo como Salvador, Señor, y Mesías. Recuerde que él mismo confesó: “…es necesario que también a otras ciudades anuncie EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO” (Lucas 4:43).  Entonces está claro que Jesús comenzó (Marcos 1:1,14,15) y finalizó (Hechos 1:3) su ministerio hablando sobre el evangelio del Reino de Dios. ¡Esta fue la verdadera razón por la cual Su Padre lo envió a este mundo hace dos milenios! Ahora es menester que entendamos qué es ese Reino de Dios en su real dimensión.

La Pregunta Oportuna de los Discípulos: 

Hemos visto que la pregunta de los discípulos se produjo justamente porque Jesús se la había pasado hablando con ellos sobre la restauración del Reino de Dios a los ISRAELITAS, durante su seminario intensivo de cuarenta días. Seguramente que el tema de ese seminario debió titularse: “El Evangelio de la Restauración del Reino De David a Israel”,  Lo interesante e importante es que finalmente  los discípulos le hicieron una pregunta oportuna y muy sugestiva a su Maestro, la cual  encerraba y resumía toda la misión de Jesús en la tierra. Para entender lo que Jesús quiso decir por el Reino de Dios, debemos fijarnos en el contenido de la pregunta que le hicieron todos los discípulos reunidos en ese seminario intensivo de cuarenta días. Obviamente aquella última pregunta de los discípulos encerraba todo lo enseñado por Jesús sobre su reino venidero en la tierra, y que involucraba e incumbía a los ISRAELITAS. Ahora bien, dicha pregunta NO fue—como sostienen algunos— inoportuna, torpe, aislada, y errada de un discípulo lento en entendimiento—¡Fue, más bien, la pregunta de TODOS los discípulos al unísono! Entonces: ¿fueron todos los discípulos torpes para no entender lo enseñado por Jesús durante esos cuarenta días?¿Fue acaso Jesús un pésimo Maestro? ¡No lo creo! Jesús no hablaba oscuramente a sus seguidores, sino sólo a sus detractores (Marcos 4:11.12).

Pues bien, si ellos— como discípulos— pudieron entender el tema del Reino de Dios, es obvio que usted—como discípulo de Jesús—puede igualmente entenderlo si dispone su mente y corazón, y extirpa sus prejuicios o ideas preconcebidas que sobre este tema ha recibido de personas indoctas.

¿Qué es el Reino de Dios Exactamente?

El tema central de Cristo fue, sin duda alguna, las buenas nuevas (=evangelio) del Reino de Dios (Lucas 4:43). Como vimos, Jesús comenzó y finalizó su ministerio hablando precisamente de ese reino que se restablecería en la tierra prometida, en ocasión de su segunda venida. Sus discípulos igualmente difundieron este mismísimo evangelio del Reino de Dios por todos lados a donde iban (Lucas 9:1,2).

El Reino de Dios se inaugura en el Antiguo Testamento cuando los israelitas le pidieron a Samuel que constituyera en Israel un rey y un reino como las demás naciones alrededor de ellos. En 1 Samuel 8:5 leemos: “Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones”.

El reino hebreo comenzó con Saúl, quien vino a ser un hombre rebelde o desobediente a los ojos de Dios. Finalmente este rey fue destituido y reemplazado por un pastor de ovejas llamado David. Con David Dios hace un pacto solemne que decía: “…Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:16). Además le prometió Dios: “Para que conforme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará varón en el trono de Israel” (1 Reyes 2:4).                  

El último rey que tuvo la dinastía del rey David fue Sedequías, quien en 586 AC fue destituido del trono de David a manos de Nabuconodosor, rey de Babilonia. Desde esa fecha Israel se quedó temporalmente sin rey y sin reino debido  la infidelidad de muchos de sus reyes. Pero en Ezequiel 21:25-27 veremos que el reino sería finalmente estable eternamente con un príncipe o varón Judío, quien sería justo y recto. Este príncipe aparecería todavía en el futuro, pero cuando lo hiciera, traería—por fin— la justicia y la paz verdaderas al mundo. Sí, Ezequiel, el profeta, anunció que por muchos días Israel estaría sin un rey y reino, hasta que “viniera aquel cuyo es el derecho y a él se lo daría Dios”.

Jesucristo es aquel personaje que tiene el derecho de heredar el reino davídico, puesto que él es el descendiente directo del rey David (Mateo 1:1). Por eso, cuando él vino a la tierra, confesó que había nacido para ser rey. Así se lo manifestó a Pilatos mismo cuando era juzgado por él (Juan 18:37).

Ahora entendemos porqué los discípulos le preguntaron a Jesús si en verdad él iba a restaurar el reino inmediatamente a Israel. Ellos sabían, por los pactos y promesas revelados a los profetas, y a los padres, que un Ungido—el Cristo—reanudaría el reino suspendido de David en Israel. Ellos estaban seguros que Israel sería una monarquía nuevamente, con un rey poderoso y glorioso—¡y lo creyeron inminente!

Dios No ha Rechazado a Su Pueblo Ni a Su Tierra

Millones de Cristianos suponen que el Reino de Dios no es otra cosa que “el reinado de Cristo en nuestros corazones”. Suponen, estos “Cristianos”, que Israel perdió el favor de Dios, y por tanto Dios ya no trata más con su pueblo de antaño porque suponen que “mataron a su Mesías”. Por tanto, los tales llamados “cristianos” enseñan ahora que el reino de Dios es uno de naturaleza “espiritual”, implantado en “el corazón de los hombres”. Otros “cristianos” sostienen que el reino prometido por Cristo es “su iglesia”.  Estas ideas preconcebidas son falacias que deben ser extirpadas de nuestras mentes, pues Pablo fue claro cuando dijo que Dios no ha desechado a Israel al cual desde antes conoció: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera, porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo (Israel), al cual desde antes conoció…” (Romanos 11:1,2).

Estamos viendo que Pablo afirma que Dios NO ha desechado a Su pueblo Israel al cual desde antes conoció. Esta enseñanza paulina desecha la idea preconcebida de que los Judíos han sido desechados para siempre por Dios “porque supuestamente mataron a su Mesías”. ¿Acaso los apóstoles Judíos mataron a Su Mesías? ¡Absurdo! ¿Acaso no fue la primera iglesia, Judía?

También el apóstol Pablo, como Judío creyente, dice: “Que son israelitas, de los cuales SON la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). Nótese que San Pablo dice que de los israelitas SON (no “ERAN”)—entre otras cosas—las promesas. Las promesas que Dios les hizo a los padres (Abraham, Isaac, Jacob, y David), son para los israelitas primeramente, y luego también para los no israelitas convertidos (Gálatas 3:16,29). Entre las promesas que Dios hizo a los padres están la posesión de una “tierra prometida” (Génesis 12:1,2; 13:15, 15:18), y la perpetuidad del Reino de David —llamado igualmente: “El Reino de Dios” (ver 1 Crónicas 28:5)—Ver también: Salmo 132:11, y 2 Samuel 7:12,13. En estos versículos Ud. verá que Dios prometió perpetuar el trono de David, o también llamado: “El Reino de Dios”. Dios le dice a David esto:”Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones. Él me clamará: Mi padres eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación” “Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí” (Salmo 89:4,26-30,35,36). En otras palabras, Dios le prometió A David que su reino se extendería hacia el futuro, y que sería para el beneficio de todas las naciones de la tierra, Además, Dios le dijo a él que tendría un descendiente justo que se convertiría en rey, y que sería el Hijo de Dios predilecto, obediente, sabio, y perfecto (véase Hechos 2:29,30; Isaías 9:6,7). Por esta razón David habló de su descendiente, así: “Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Será su nombre para siempre. Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones” (Salmo 72:11,17). Es por eso que la última pregunta de los discípulos concuerda perfectamente con esta promesa divina de un Reino de Dios restaurado en Israel. ¿Acaso no Recordamos que David reinó sobre Israel por cuarenta años, siendo su capital final, Jerusalén?¿acaso no recordamos que Jesús mismo afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad capital del “gran rey” venidero? (Mateo 5:33-35). Este es precisamente el Reino que Cristo predicó y prometió restaurar. Ahora los discípulos, viendo que Jesús se iría en breve al cielo, le preguntaron si ya era inminente el establecimiento del reino davídico en Israel, pues él lo había estado predicando,  anunciando, y también confirmando, por más de tres años y medio (Lucas 8:1; Romanos 15:8).

El Tiempo de la Restauración Sólo lo Sabe el Padre

La pregunta de los discípulos a Jesús era obviamente justa, correcta, e inevitable, pues estaban finalmente muy interesados en saber el tiempo exacto para la cristalización de la prometida restauración del reino del padre David. En una ocasión anterior—recordemos— cuando Jesús estaba por entrar en Jerusalén —la capital del Reino Davídico— los discípulos pensaron que el Reino prometido sería inmediatamente restaurado con Cristo a la cabeza (Marcos 11:10). En Lucas 19:11 vemos que Jesús se ve precisado a pronunciar una Parábola, con el propósito de hacerles entender que aún no era el tiempo señalado para la tan anhelada restauración del reino davídico. Explicó en su “Parábola de Las Diez Minas”  que “un hombre noble”—él mismo—tenía que ir primero al cielo para recibir la corona de Rey y el reino, y luego volver para tomar su trono en la tierra (v.12). Pero ahora, estando él ya próximo para regresar al cielo, sus discípulos le preguntaron finalmente si su reino se establecería próximamente en Israel  o todavía no. Entonces Jesús sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan anhelada restauración del reino a los israelitas, sólo lo sabe Dios Hechos 1:7). Sin embargo, recordemos que ya antes Jesús había afirmado que “de aquel día y la hora” de su regreso como Rey, nadie lo sabía, ni él ni los ángeles del cielo, sino sólo Su Padre (Marcos 13:32).

Aquí vemos nuevamente que Cristo NO reprende a sus discípulos por aquella inevitable pregunta, diciéndoles algo así como: “Están errados, pues ya nunca más será restaurado el Reino a Israel debido a que me rechazaron mis paisanos”. NO!— Él no les dice eso, ni nada parecido. Simplemente les dice que sólo Dios sabe el tiempo exacto para la tan anhela restauración del reino a Israel. Es decir, Jesús valida la pregunta como correcta y oportuna, pero afirma no saber el tiempo exacto para dicho evento glorioso. Es, pues, más que evidente que durante esos cuarenta días que duró el seminario intensivo de Cristo, él se la pasó explicándoles a sus discípulos acerca de cómo sería su reino milenario en Israel, y qué benéficos le traería al mundo entero.

 ¿Es el Reino sólo para los Judíos?

En Lucas 12:32 Jesús se dirige a sus discípulos como su “manada pequeña”, y a éstos les ofrece su reino. Les dice textualmente así: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino”. Aquí Jesús les habla a Judíos que son sus seguidores. Esta promesa es dada esencialmente a los que le siguen, a los que le sirven y creen, aunque es verdad que éstos eran Judíos de raza. ¿Es entonces el reino para los Judíos de raza únicamente? ¿Qué hay de nosotros, que somos creyentes, y no somos Judíos? ¿Hace Dios distinción entre los creyentes en función a sus razas?¿Heredan los creyentes gentiles (no Judíos) el cielo, mientras que los creyentes Judíos se quedan en la tierra para heredar y restaurar el reino de David? Hay iglesias cristianas que dicen que el reino de David— en Israel— será sólo para los Judíos conversos y no para los creyentes gentiles. ¿Qué dice la Biblia al respecto?

En primer lugar leamos lo que dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice a sus simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros (Creyentes Gálatas gentiles) sois de Cristo (cristianos), ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” . En los versos anteriores (7,9,14) leemos: “Sabed, por tanto, que los que son de fe (no Judíos de raza necesariamente), éstos son hijos de Abraham…de modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham…para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles…”. También es interesante lo que dice Pablo a los creyentes de Efeso (gentiles), lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos (a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:11-14,18,19). “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Efesios 3:6).

Entonces la promesa del Reino de Dios recae también sobre todos aquellos creyentes gentiles (no Judíos) que han creído en Cristo. Peruanos, Argentinos, Bolivianos, Canadienses, Italianos, Franceses, Ingleses, Senegaleses, Congoleses, Tibetanos, chinos, Coreanos, Japoneses, etc, pueden heredar el reino de David si creen en Cristo. Dios no hace acepción de personas, pues dice Pablo: ”Porque no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11),

Jesucristo Volverá Para Restaurar el Reino de David en Israel

El Apóstol Pedro dijo: “y él (Dios) envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado: a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:20,21). Compárese esta palabra “restauración” con la de la última pregunta de los discípulos en Hechos 1:3. Es claro, entonces, que el reino israelita lo restaurará Jesucristo cuando regrese por segunda vez al mundo. Así lo afirmó Jesús mismo cuando dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él entonces se sentará en su trono de gloria…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:31,34). Aquí es importante la segunda venida de Cristo como Rey, ya que ello significará la transformación física de los herederos del reino, pues como Pablo había dicho correctamente: “Pero esto digo, hermanos, que la carne y la sangre (los mortales) no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, En un momento, en un abrir y cerrar de ojos; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:50-52). Entonces, cuando los cristianos logren o ganen su transformación física, recién entonces podrán ver y entrar en el reino glorioso de Cristo—¡No antes! La iglesia de Jesucristo está llamada a participar del reino  de Dios (Santiago 2:5), pero debe antes crecer en el conocimiento de Dios y de Cristo (Juan 17:3) y en los atributos cristianas (2 Pedro 1.5-11). Hoy los incrédulos y los pecadores pueden ver y entrar en la iglesia de Señor sin ser bautizados o convertidos, pero para ver y entrar en el reino de Dios, hay que ser hombres “perfectos”, hombres de Dios, probos, santos, fieles, e inmortales. Esta es la gran diferencia entre la iglesia del Señor y el Reino de Dios. Al Reino de Dios sólo lo podrán ver e ingresar los que son “santos y perfectos” y que han merecido su transformación física— o su inmortalización—- que es lo mismo (1 Corintios 15:53,54). En buena cuenta, los que hereden y sean parte del reino de Dios, gozarán de la vida eterna con todos los salvos de todas las naciones y épocas.

Recordemos que Jesús volverá a esta tierra, no sólo para transformar o inmortalizar a sus seguidores, sino también para sentarse en su trono de gloria, lo cual indica que él se  posará en un trono en la tierra. Este trono será el de David su padre, según está especificado en Lucas 1:31-33, y que dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (La Anunciación del ángel). Este (Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo: y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (país) de Jacob (Israel) para siempre, y su reino no tendrá fin”. Por cierto que los cristianos también se sentarán en sus respectivos tronos de gloria en el reino de Dios, pues Jesús les dijo a sus apóstoles: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:29,30), Obsérvese que siempre el reino tiene que ver con Israel. Pero lo trágico es que millones de “cristianos” no quieren tomar literalmente estas profecías, y más bien prefieren darles una explicación “alegórica” o “espiritual”. Pero si quieren hacer esto, entonces la Anunciación deberá ser igualmente interpretada “alegóricamente” o ”espiritualmente”.  Pregunto: ¿nació realmente y literalmente Jesús de una mujer joven y virgen? ¿estuvo literalmente embarazada María? o, ¿entenderemos la anunciación como algo “simbólico” también?

 El Reino es la Esperanza de la Iglesia

Jesucristo enseñó que “busquemos primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). También enseñó a que orásemos por su venida para que se haga— por fin— la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo (Mateo 6:10). Del mismo modo, Jesús afirmó que aquellos que “miran hacia atrás” no son dignos de su reino (Lucas 9:62). También aseveró que “difícilmente un rico puede entrar en él” (Mateo 19:23). A Nicodemo Jesús le dijo que “tenía que nacer de nuevo” para ver y entrar en su reino (Juan 3:3,5). De modo que el Reino es algo que se puede ver y entrar si se “renace” en Cristo.

Aun los apóstoles creyeron en el reino venidero de Jesús. Por ejemplo, el apóstol Pablo afirmó “que es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). Por su parte Pedro dijo en 2 Pedro 1:5-11, y en especial en el versículo 11, lo siguiente: “Porque de esta manera (madurez espiritual) os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo”. También Pablo dijo que los pecadores incorregibles no podrían de ningún modo entrar en él, salvo que se arrepintieran a tiempo (Gálatas 5:19-21). Santiago afirma que sólo los “ricos en fe”, serán los herederos de ese magnífico reino en la tierra (Santiago 2:5).

Entrar, pues, en el reino, es obtener la vida eterna y la salvación, según se desprende del diálogo del joven rico con Jesucristo de Mateo 19:16-23. En estos versos aparecen las frases “vida eterna”, “reino de Dios”, y “ser salvo”, Aquellos que no logren entrar en el reino de Dios, se deberá únicamente al hecho que no fueron dignos de él (2 Tesalonicenses 1:5). Es por esto que es muy importante buscar el reino de Dios y su justicia, porque ello significa ganar la salvación —¡Esto no lo comprenden millones de Cristianos!

Es verdad que el Reino de Dios es un “reino celestial”, porque precisamente es “de Dios”. Por tanto, las frases: “Reino de Dios” y “Reino de los cielos” son equivalentes. Nótese que nunca aparece en la Biblia la frase: “Reino EN los Cielos” sino “Reino DE los cielos”. Es decir, que procede de los cielos—¡De Dios! Es trágico que millones confundan el reino de los cielos con el mismo CIELO. Sí, hay millones de “cristianos” que sostienen que heredar el “reino de los cielos” significa heredar el mismo cielo—¡Craso error! Definitivamente ni Jesús, ni sus apóstoles, enseñaron que iríamos al cielo para vivir con Dios y los ángeles (Juan 13:33) (Véase también Mateo 5:5; Salmo 37:9,11,22,29,34, Proverbios 2:21,22—nótese que dice: “los perfectos permanecerán en la tierra”).

El Reino de Dios Significará La Justicia y la Paz Mundiales

El Reino de Dios significará la justicia y la paz en la tierra, pues recordemos que Jesús nos mandó a “buscar el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Y el profeta Isaías claramente anuncia: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en Juicio” (Isaías 32:1). Y también Isaías predijo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (9:6,7). Y en 2 Samuel 23:3,4 se nos anuncia lo siguiente: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra”

Por otro lado, la influencia mundial del reino de Cristo se deja ver en los siguientes pasajes de la Escritura: Daniel 2:44, que dice: “Y  en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. También el salmista David (72:7-9,11) lo anuncia diciendo: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo…todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán”. Leer todo el Salmo 72, También Daniel 7:13,14 y Miqueas 4:1-4. Todas estas profecías aseguran que sólo habrá un solo gobernante mundial que domine con autoridad de Dios, y con vara de hierro. ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobernante mundial?¿Se imagina usted que las naciones del mundo se sujetarán de buena gana a este magnífico líder mundial que está por venir desde los cielos? Será ciertamente: “¡El deseado de todas las naciones!” (Hageo 2:7). Sí, será el gobernante ideal que todo pueblo ha anhelado tener en el poder.

¿Está Ud. buscando y pidiendo este estupendo reino de Dios y su justicia? (Juan 6:10,33). ¡Es un mandamiento de Jesucristo! Sin embargo, cuántos aún ignoran que este reino milenario es la única esperanza que tiene la humanidad para tener paz y justicia verdaderas. No es “escapando al cielo” como vamos a lograr obtener la felicidad, la justicia, y la paz que anhelamos. Eso querría decir que el diablo triunfó al lograr la destrucción de la tierra, y arrojar a los hombres al cielo. ¿acaso no recordamos que Dios creó la tierra para que fuese habitada por los hombres? (Salmos 115:16). ¿Trastocará el diablo los propósitos de Dios para con la tierra? ¡De ningún modo! Pero los que afirman que iremos a vivir en el cielo, están desvirtuando todo el propósito de Dios de restaurar todas las cosas como eran al principio. Es obvio que la palabra restaurar quiere decir “reponer, recuperar, recobrar, reparar, renovar o devolver a una cosa su estado o estima original”. En buena cuenta, Dios pondrá todas las cosas como él se lo propuso en un principio. La restauración de un mundo paradisíaco significará el fin de la violencia humana y animal, y también el final de  la depredación de la flora y fauna, y de la contaminación ambiental. Además significará la destrucción de todos los perversos e incorregibles del planeta (Salmo 37:9). Será el fin del dominio de los hombres para dar paso a la gobernación de Dios en la tierra como se efectúa en el cielo. 

Desgraciadamente, La gran mayoría de los hombres están buscando solucionar sus problemas a espaldas de Dios, como si Él no existiera. La ONU, por ejemplo, fue creada para traer la paz en el mundo, y ya vemos cómo ésta no ha podido lograr la tan anhelada paz mundial. Hoy más que nunca, el mundo está envuelto en guerras interminables que aniquilan a miles y miles de hombres inocentes. El hombre no sabe que el problema del mal está en el hombre mismo, en su naturaleza pecaminosa y egoísta. Los hombres no entienden que ellos no pueden corregir los males del mundo por sí mismos, pues se encuentran lejos de su Hacedor.  La mayoría de ellos únicamente viven sólo para satisfacer sus deseos egoístas, sin importarles sus semejantes. Sólo un necio corrupto puede decir que no hay Dios (Salmo 14:1). 

Jerusalén, La Ciudad Capital del Reino

La Biblia es clara cuando dice que Jerusalén será la ciudad capital del reino venidero de Dios. Dice el profeta Jeremías así: “En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón” (3:17). Hay infinidad de pasajes en la Biblia donde se menciona a Jerusalén como una ciudad superimportante del futuro, y en donde confluirán todos los pueblos de la tierra. Será la capital mundial y el centro del mundo—el lugar donde estarán los tronos de los futuros gobernantes inmortales. Dice también el salmista David sobre Jerusalén, así: “Porque Jehová ha elegido a Sión; la quiso por habitación para si. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido…allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, más sobre él florecerá su corona” (132:13,14,17,18). También dice el salmista, de este modo: “Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David. Pedid por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman” (122:3-6). Nótese que se habla de “los tronos” de la casa de David (en plural). Esto concuerda con lo prometido por Jesucristo a sus apóstoles, en el sentido que ellos también se sentarían en sus propios tronos, en el reino restaurado de David en Jerusalén (Mateo 19:28). Ahora bien, Jesús extiende su invitación para que todos sus seguidores permanezcan fieles para que puedan participar en su trono y reino. Dice él, así: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Además él prometió también: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones” (Apocalipsis 2:26). Y para terminar este acápite sobre Jerusalén, sería bueno recordar Miqueas 4:1-3, que dice: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”. 

El Reino de Dios es el Evangelio Verdadero

Sí, el Reino de Dios es el evangelio de Cristo. En diferentes pasajes de la Escritura veremos que el Reino de Dios y el evangelio, son sinónimos. En Marcos 1:1,14,15 encontramos un excelente ejemplo de esto. Dicen estos versículos de este modo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentios, y creed en el evangelio”. En la cita bíblica mostrada arriba, es obvio que cuando se habla de creer en el evangelio, lo que se quiere decir es que creamos en el Reino de Dios, y en su Rey, Jesucristo.  Además, Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para SALVACIÓN para todos los que lo creen de todo corazón (Romanos 1:16). Y cuando Jesús dejó señales concernientes a los últimos días, él dijo que antes de su regreso en gloria para establecer su reino, sus verdaderos discípulos estarían proclamando dicho reino por todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Dice así en Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.  Entonces,  ¿qué más pruebas podemos pedir para saber y entender lo que es verdaderamente el evangelio de Cristo?

Finalmente veremos a Pablo predicando este mismo evangelio del Reino en diferentes partes del mundo, según lo podemos constatar en Hechos 19:8;20:25;28:23,30,31. Es claro que el asunto del reino de Dios era de primera importancia para Cristo y sus apóstoles (Lucas 9:1,2), ¿Lo es para Ud., estimado hermano? Pablo dijo que seamos sus imitadores, así como él lo era de Cristo mismo (1 Corintios 11:1). ¿Lo está Ud. imitando a él en este quehacer evangélico? Muchos—desgraciadamente—no lo están haciendo, pues han pensando que el evangelio es solamente Cristo mismo, es decir: Su Muerte, su sepultura, y su resurrección al tercer día (1 Corintios 15:1-6). Esta creencia es media verdad, pues ya hemos visto que Jesús mismo tilda al Reino de Dios con el título de: “el evangelio” (Lucas 4:43, Mateo 24:14)—¡Y fue el principio de su evangelio! (Marcos 1:1,14,15). Por eso, predicar el evangelio es predicar el reino de Dios, como también lo es sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús—¡Todo junto!

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Marito_IIEstimados amigos “unifóbos” (los que odian a los unitarios) que visitan mi blog Unitario Sociniano regularmente:

Con mucha Frecuencia recibo correspondencia de personas que me piden mi opinión sobre determinados pasajes bíblicos supuestamente “trinitarianos” o “binitarianos”, y la verdad es que muchos de esos versículos que me presentan ya están comentados en mis diferentes posts que aparecen en mis blogs. Así que lo único que ustedes tienen que hacer es ir a los tags y buscar la palabra ”Trinidad” y hacer clic en ella  y entonces aparecerán todos los artículos que tratan sobre este tema controversial y con seguridad encontrarán las respuestas a sus preguntas. Haciéndolo así, ustedes me ahorrarán tiempo y energía para dedicarlos a escribir más diálogos de Jaimito Nerd  con su papi Trinitario, y muchos otros temas que serán del deleite de todos ustedes.

Espero su comprensión cristiana.

Vuestro muy amado servidor,

Ingº Mario A. Olcese (Apologista)

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