Archive for octubre, 2009
En el reino de Dios todos los que destruyen la vida humana, la dignidad humana y la libertad humana serán eliminados. Esta expectativa se ha cumplido con la venida de Cristo. En la sinagoga de Nazaret, Jesús leyó del profeta Isaías, y anunció: “Hoy esta Escritura se ha cumplido en su oído”.
Por todo el Nuevo Testamento, vemos una atención privilegiada para con la iglesia, los redimidos por la sangre de Jesucristo. Él mismo nos promete: “Volveré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). En su oración sacerdotal, nuestro Señor hace una gran distinción entre los suyos y “el (resto del) mundo”, diciendo: “No ruego por el mundo, sino por los que me diste” (Juan 17:9). Y además, reitera su gran deseo de tenernos a su lado como esposo fiel: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado…” (Juan 17:24).
Viene, pues, un día brillante, un día lleno de paz, justicia, santidad y gozo sin igual. Dios enviará a Jesús de regreso a la tierra para componer las cosas. Sus seguidores serán resucitados para inmortalidad y asignados a posiciones de autoridad. Durante este tiempo, la tierra será restaurada en paraíso. Los desiertos florecerán, los patrones climatológicos se alterarán, la contaminación cesará, y el hambre será reemplazada por abundancia. Éste es el Reino de Dios. Como un camión Mack que acelera por la autopista, no hay quien detenga la llegada inminente del Reino. Dios no permitirá que algo impida Su plan para la tierra. La llegada del Reino es inevitable y viene pronto.
¿Está usted listo? Para llegar a estar listo, usted tiene que oír, entender, y aceptar estas nuevas sobre el Reino venidero. En adición a esto, aun existe un problema serio. Sus pecados. No se le permitirá la entrada al Reino a nadie que tenga pecados no perdonados. Pero Dios tiene una solución. La única manera en que sus pecados (no importa los que sean) pueden ser borrados es que usted crea que Jesús–el rey del Reino–murió por usted y que Dios lo levantó de los muertos. Declare a Jesús como su señor y salvador personal, y sea bautizado en su nombre. Comprométase a obedecer las palabras de su nuevo señor, Jesucristo. Cambie su vida rechazando el pecado y acogiendo una manera santa y recta de vivir en servicio amoroso al que murió por usted.
Recuerde, el día de la gran consolación viene. Tanto el Señor como nosotros, anhelamos aquel día glorioso en que se cantarán “aleluyas” en los cielos y en la tierra. ¡EL GRAN DÍA DE LA CENA DE LAS BODAS DEL CORDERO HABRÁ LLEGADO!
A través de la parábola de las diez vírgenes, el Señor Jesús advierte acerca de la necesidad de velar para no ser sorprendidos por su advenimiento (Mat.25:1-13). ¿Estará usted atento a su llegada?
Esta es una revista mensual editada por el erudito unitario británico, Sir Anthony F. Buzzard, en idioma inglés.
Ustedes pueden suscribirse a ella sin costo alguno visitando el link que damos abajo. Sólo escriban su nombre y dirección postal completa y el primer número les estará llegando en un mes o antes.
No se pierdan la oportunidad de recibir esta publicación que se enfoca en la predicación del reino de Dios y enseña el unitarismo bíblico tal como Jesús y sus apóstoles lo predicaron.
Vuestro servidor,
Apologista
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Estoy muy de acuerdo con lo que planteas, Apologista, y quisiera agregar algo sobre la doctrina de la trinidad. Pregunto: ¿En qué posición o situación pone el creer en la Trinidad a los que se aferran a tal creencia? Los pone en una posición muy peligrosa.
Es indisputable la prueba de que el dogma de la Trinidad no se halla en la Biblia, ni está en armonía con lo que la Biblia enseña. Es una flagrante representación falsa del Dios verdadero. No obstante, Jesucristo dijo: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:23, 24, VM). Por consiguiente, Jesús dejó claramente establecido que aquellos cuya adoración no fuera ‘en verdad’, que no estuviera en conformidad con la verdad que se establece en la propia Palabra de Dios, no son “verdaderos adoradores”. A los líderes religiosos judíos del primer siglo Jesús dijo: “Habéis invalidado la palabra de Dios por vuestra tradición. ¡Hipócritas! ¡admirablemente profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con los labios me honra; pero su corazón lejos está de mí: mas en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos de los hombres!” (Mat. 15:6-9, VM). Esto aplica con igual fuerza a los cristianos de hoy que se adhieren a tradiciones humanas y las prefieren a las verdades claras de la Biblia.
Con relación a la Trinidad, el Credo Atanasiano dice que sus componentes son “incomprensibles”. A menudo los maestros de la doctrina dicen que es un “misterio”. Obviamente tal Dios Trinitario no es el que Jesús tenía presente cuando dijo: “Nosotros adoramos lo que conocemos” (Juan 4:22, VM). ¿Conoce usted realmente al Dios a quien adora?Cada uno de nosotros nos enfrentamos a preguntas de gran importancia: ¿Amamos sinceramente la verdad? ¿Verdaderamente queremos una relación bendita y personal con Dios? No toda persona ama genuinamente la verdad. Muchas han puesto la tradición por encima del amor a la verdad y a Dios (2 Tes. 2:9-12; Juan 5:39-44). Pero, como dijo Jesús en fervorosa oración a su Padre: “Esto significa vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado” (Juan 17:3, NM). Además, Salmo 144:15 dice verazmente: “¡Feliz es el pueblo cuyo Dios es Yahweh!”.
M.C
“Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. (Romanos 5:2)
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Como ya hemos explicado en otras oportunidades, la locución “gloria de Dios” es equivalente a decir “reino de Dios”. Esto lo demostramos comparando Mar. 10: 35-37: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro querríamos que nos hagas lo que te pidiéramos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”, y Mat. 20:20,21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Ella le dijo: Ordena que en tu REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.
Si observamos ambas citas que se refieren al mismo asunto, veremos que Mateo dice que los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) le solicitaron a Jesús una posición de privilegio en su REINO, mientras que Marcos escribe que lo que Jacobo y Juan le pidieron a Jesús fue por un lugar de privilegio en Su GLORIA.
Es claro, a la luz de estos dos textos, que la gloria es un sinónimo del reino y viceversa. Entonces podemos transcribir el pasaje de arriba, debajo del título del artículo, de este modo: “Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza del REINO de Dios”. (Romanos 5:2). Además, nótese que Pablo habla en este pasaje de la entrada a esta GRACIA, que obviamente es la esperanza de la entrada en el Reino. Esto se hace más evidente aún cuando comparamos Hechos 20:24,25, donde Pablo justamente combina el evangelio de la gracia con el evangelio del reino. Dicen así estos dos versos:
“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro”.
Para terminar este breve comentario, sólo me queda decir que en nuestro texto clave de Romanos 5:2, el apóstol Pablo insta a los creyentes a estar firmes a “esta gracia”, es decir, a este evangelio del reino, la sublime esperanza de la cual se gloría la iglesia fiel y verdadera. ¿Se gloría usted en la esperanza del reino? ¡Espero que sí!
Una respuesta popular sería, ¡Sí!
La respuesta de las Escrituras es, sin duda, No
Porque la vida eterna es un asunto de la promesa.
“Esta es la promesa que él nos ha prometido, aun la vida eterna” (1 Juan 2:25). “La vida eterna, que Dios, que no puede mentir, prometió antes de que el mundo fuese” (Tito 1:2). “De acuerdo con la promesa de la vida que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 1:1).
El hecho de que la vida eterna es un tema de la promesa es una prueba de que no es de posesión presente, porque lo que un hombre tiene en su poder ya no es “prometida” para él.
2. Porque será en el mundo o siglo venidero que la vida eterna se recibirá y disfrutará.
“Él recibirá… en el mundo venidero, vida eterna” (Marcos 10:30). “El que aborrece su vida en este mundo, la guardará para vida eterna” (Juan 12:25). “Dios le dará a ellos…que buscan la gloria, el honor y la inmortalidad, la vida eterna…en el día en que Dios juzgará los secretos de los hombres por Jesucristo” (Romanos 2:7, 16). “Los justos irán a la vida eterna” (Mateo 25:46).
Si es en el siglo venidero la vida eterna que se confiere, es evidente que no puede ser poseída en la época actual.
3. La locución “vida eterna” significa estrictamente “la vida del mundo futuro”, la palabra en el Nuevo Testamento se deriva de la palabra griega para “Edad”. Es realmente la vida que nunca terminará, y por lo tanto también se traduce como “vida eterna”.
“Los que se cuenten por dignos de alcanzar ese mundo … no pueden ya más morir” (Lucas 20:36). “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás” (Juan 10:28). “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
Si la vida eterna es la vida eterna, se deduce que en el estado actual carecemos de ella, ya nuestra vida no es eterna, sino que llega a su fin, y requiere de nuestro regreso a la tierra.
4. Porque la vida eterna o vida sin fin es un cambio de este cuerpo corruptible y mortal en uno incorruptible e inmortal.
“El cambiará nuestro cuerpo vil, para que pueda ser semejantes a su cuerpo glorioso” (Fil. 3:21). “Esto corruptible se vestirá de incorrupción, y esto mortal se vestirá de inmortalidad” (1 Cor. 15:53). “Revestidos, para que la mortalidad puede ser absorbida por la vida” (2 Cor. 5:4).
Nuestro estado mortal y corruptible actual constituye una prueba de que no poseemos ahora la vida inmortal.
Mas dirás:
“Apologista, hay pasajes que dicen claramente que tenemos la vida eterna”, por ejemplo, “tenéis la vida eterna” (1 Juan 5:13); “Dios nos ha dado vida eterna” (versículo 11) “El que cree en el Hijo tiene la vida eterna “(Juan 3:36). Es cierto, hay pasajes, ¿pero qué vamos a hacer con ellos? ¿Vamos a poner en marcha un conflicto y decir que la Biblia se contradice, o vamos a ponerlos en armonía? Sólo hay una respuesta racional posible: debemos encontrar el punto de vista que los armoniza. Las Escrituras son una unidad en sí mismas, y si las enfrentamos, hay algo mal en nuestras interpretaciones.
Usted no puede hacerse la idea de una posesión real y presente de la vida eterna obviando los pasajes que nos dicen que es algo futuro, pero usted sí puede hacerse la idea de una futura posesión efectiva de acuerdo con las declaraciones que hablan de ella como una posesión presente. Se preguntará: “¿Pero cómo?” La respuesta es: Observando la costumbre de la Escritura para hablar de las cosas futuras que son ciertas, como si estuvieran ya presentes. Es decir, Dios llama las cosas que no son como si fuesen. Ejemplos:
“Un padre de muchas naciones he hecho de ti” [cuando Abram todavía no tenía ningún hijo] – (Gen. 17:5).
“A tu descendencia he dado esta tierra” [cuando todavía no había simiente o descendencia] – (Gén. 15:18).
“Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto” [cuando Jacob todavía había realizado ninguna de estas cosas] (Gén. 27:37).
Hay muchos otros ejemplos. Un solo caso puede ser suficiente en el Nuevo Testamento para demostrar lo que planteamos. Por ejemplo: Jesús en la oración, dijo al Padre: “La gloria que me diste, yo les he dado” (Juan 17:22), cuando él mismo ni siquiera estaba aún glorificado (Juan 7:39). Jesús dijo: “Yo doy la vida eterna a mis ovejas”, en el sentido que se los da a ellos en promesa y garantía. En ese sentido ellos la “tienen”, aunque no en la realidad, pero en la certeza de recibirlo en el futuro.
Cristo ahora lo tiene, y los que poseen a Cristo poseen la vida eterna, porque él es nuestra vida (Col. 3:4), y esa vida es vida eterna, y esta vida está en Cristo solamente (1 Juan 5:11). Cristo mora por la fe en el corazón del creyente (Efesios 3:17). En este sentido, y sólo en este sentido, la vida eterna permanece en él. Pero este sentido es un sentido muy importante, porque la posesión de la vida eterna por la fe conducirá a su gloriosa posesión real en el siglo venidero.
www.apologista.blogdiario.com
Tal vez usted tendría dificultades para expresar claramente alguna esperanza que pueda tener sobre el futuro. Usted no suele pensar o hablar de ella a sus amigos. Sin embargo, la información definitiva sobre el futuro puede obtenerse en las páginas de la Biblia.
Usted podría pensar que no importa si usted conoce o no sobre la esperanza de la Biblia, siempre y cuando intente seguir lo que son las normas generalmente aceptadas de una buena vida. Si es así, está cometiendo un grave error. La esperanza puesta delante de nosotros en la Biblia acerca de un buen futuro previsto por Dios se ha hecho conocida a los hombres para que la acepten con seriedad y sinceridad. Dios no puede sentirse satisfecho con una indiferencia de nuestra parte por lo que ha prometido, ni tampoco él concederá Su don de una vida maravillosa futura a los hombres que no están interesados en esta vida por ella.
Considere cuidadosamente los siguientes hechos:
La salvación depende de nuestra aceptación y participación permanente de la esperanza predicada por los apóstoles.
“Somos salvos por esperanza – en el original “la esperanza” “(Romanos 8:24).”
“la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza” (Hebreos 3:6).
“si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído” (Colosenses 1:23).
“El Evangelio … es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos I, 16).
2. Sólo hay una esperanza mostrada en la enseñanza apostólica, y no varias diferentes o en conflicto.
“Vosotros sois llamados en una misma esperanza de vuestra vocación”, (Ef. 4:4).
“La esperanza del evangelio” (Col. 1:23).
“Aguardando la esperanza bienaventurada” (Tito 2:13).
“ …de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio” (Colosenses 1:5).
“Si alguno os predica otro evangelio, sea anatema” (Gálatas 1:8).
3. Esta esperanza es la esperanza de Israel, o la esperanza de establecerse en la nación judía, siglos antes de que Cristo apareciera, por las promesas hechas a los padres de esa nación.
“Por la esperanza de Israel, (Pablo) estoy rodeado de esta cadena” (Hechos 28:20).
“Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos” (Hechos 26:6).
Jesucristo vino a “confirmar las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8).
“…que son israelitas, de los cuales son…las promesas” (Rom. 9:4). “La salvación es de los Judios” (Juan 4:22).
4. Se presenta por fe, la perspectiva de ciertas cosas buenas por venir, que se puede esperar de la fuerza de la promesa de Dios, a quien rendimos homenaje por creer su palabra.
“La fe es la sustancia de lo que se espera” (Hebreos 11:1).
“y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1 Pedro 1:13).
“Nosotros no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13:14).
“sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos 4:21).
5. Incluye la esperanza de vida eterna, y la herencia del Reino de Dios.
“en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2).
“Esta es la promesa que él nos ha prometido, la vida eterna” (1 Juan 2:25).
“Los herederos del reino que ha prometido a los que le aman” (Santiago 2:5).
“Así que la entrada será otorgada a ustedes abundantemente en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador” (2 Pedro 1:11).
“Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino” (Mateo 25:34).
6. Sin una creencia en ella – una creencia sincera y alegre – no podemos ser salvos.
“Sin fe (que es la sustancia de lo que se espera – Cf. versículo 1) es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).
“El que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16).
“El que tiene esta esperanza se purifica a sí mismo” (1 Juan 3:3).
“Si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza” (Hebreos 3:6).
“Somos salvos por la esperanza” (Romanos 8:24).
Ninguna mejor seguridad se puede encontrar para un futuro de bien que las garantías que Dios ha dado en Su Palabra. Es razonable que los hombres deban creer en sus promesas con sinceridad, entusiasmo y alegría, para ser agradables a Dios. Podemos compartir los gloriosos beneficios del reino a los demás, pero no si somos ignorantes de ellos. No sigamos a la multitud en su indiferencia, sino hagámonos partícipes del mensaje de la Biblia. Otras esperanzas carecen de fundamento, pero la esperanza de la Biblia será sin duda cumplida para aquellos que en fe y paciencia buscan y esperan por ella.
Más sobre el Reino:
www.yeshuahamashiaj.org
www.elevangeliodelreino.org
www.retornoalparaiso.blogspot.com
A) Libro “Demostración de que Jesucristo es el Mesías Esperado por los hebreos”
B) Libro “Hermenéutica Como nos la Enseña la Biblia”
C) Libro “La Predestinación: ¿Doctrina Cristiana o Herejía?”
D) Libro “Rapto vs Arrebatamiento o Ficción vs Realidad”
E) Libro “La Santidad es Alcanzable, (sin la Cual Nadie Verá al Señor)“
F) Libro “Salvo Siempre Salvo…¿No Importa lo que Hagas?
G) Libro Padres Nuestros Que No Están en el Cielo
H) Libro El Reino Venidero Del Mesías
I) Libro La Doctrina de la Trinidad: La Herida Auto Infligida del Cristianismo
Folletos:
Qué Ocurre Cuando Morimos?
Quién Es Jesús?
La Ley, El Sábado y El Cristianismo Del Nuevo Testamento
LaTrinidad: http://www.monografias.com/trabajos62/trinidad-verdad-biblica-invencion-humana/trinidad-verdad-biblica-invencion-humana.shtml
La Doctrina de la Trinidad:
http://www.canasanta.com/ensayo/la-trinidad-verdad-biblica-o-invencion-humana-00001.html
Melquísedec no pudo ser Cristo
Cuando una persona alega una hipótesis, o hace cualquier afirmación que no sea evidente, no es el oyente el que tiene que demostrarle que eso es falso, es el que plantea la hipótesis o hace la afirmación el que tiene que demostrar que eso es cierto. El hecho de que nadie pueda demostrar que lo que se afirma es falso, no es una prueba de que lo que se afirma es cierto. Yo puedo decir que anoche fui a la luna y regresé esta mañana, y nadie puede demostrarme que es falso. Soy yo el que tengo que demostrar que lo que digo es cierto. Yo puedo también afirmar que mi burro sabe volar, pero que no le gusta hacerlo delante de otras personas. Nadie puede probarme que es falso, soy yo el que tengo que demostrar que es cierto.
Igualmente sucede con las hipótesis bíblicas, o cualquier otra afirmación que no sea evidente con la sola lectura de la Escritura. No soy yo el que tengo que demostrar que es falsa, es el que plantea tal hipótesis o hace tal afirmación el que tiene que demostrar que es cierta.
Yo no sé en que se basan los que opinan que Melquísedec es el mismo Jesucristo. No debía ser yo el que tuviera que demostrar que esa hipótesis está errada. Los que la plantean debían ser los que demostraran que es cierta. No obstante voy a demostrar que esa hipótesis es errada. Si alguien ve un error en lo que yo considero mi demostración, o si alguien puede demostrarme que Cristo y Melquísedec son la misma persona, por favor compártalo conmigo, me hará un gran favor, porque a mí me gusta encontrar la verdad.
En la Biblia sólo hay cinco pasajes donde se habla de Melquísedec, estos son: Gn 14: 18-20; Sal 110: 1-7; Heb 5: 5-11; Heb 6: 19-20; y Heb 7: 1-28. De ninguno de esos pasajes se puede sacar en consecuencia que Cristo sea Melquísedec. Veamos.
“Entonces Melquísedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual era sacerdote del Dios alto; y bendíjole, y dijo: Bendito sea Abram del Dios Alto, poseedor de los cielos y de la Tierra; y bendito sea el Dios Alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y diole Abram los diezmos de todo.” ( Gn 14: 18-20 )
En este pasaje que acabamos de leer no se ve nada por lo cual se pueda asegurar que Melquísedec y Cristo sean la misma persona. El simple hecho de ser sacerdote del Dios Alto no indica que Melquísedec fuera Jesucristo. No todos los que eran sacerdotes del Dios Alto iban a ser Jesucristo. Por lo que dice aquí, Melquísedec era sacerdote, mientras que Jesucristo fue constituido sacerdote cuando él vino a la cruz.
En el momento en que aparece Melquísedec, Jesús no era aún sacerdote, lo demuestra el hecho de que la profecía de que tal cosa iba a ocurrir, se hizo por primera vez en un salmo de David. Si en Salmo 110: 4 el Mesías es nombrado sacerdote según el orden de Melquísedec, es señal de que Melquísedec lo precedía en ser sacerdote. Es decir, que cuando Melquísedec era sacerdote, Jesús aún no lo era.
“1 Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, en tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies. 2 La vara de tu fortaleza enviará Jehová desde Sión, domina en medio de tus enemigos. 3 Tu pueblo seralo de buena voluntad en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad, desde el seno de la aurora, tienes tú el rocío de tu juventud. 4 Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquísedec. 5 El Señor a tu diestra herirá a los reyes en el día de su furor; 6 juzgará en las gentes, llenaralas cadáveres; herirá las cabezas en muchas tierras. 7 Del arroyo beberá en el camino: Por lo cual levantará cabeza.” ( Sal 110: 1-7 )
Como vemos, en el pasaje acabado de leer tampoco hay nada que nos haga ver que Jesús era Melquísedec. Sin embargo sí encontramos allí datos que nos dicen que Melquísedec precedió en el sacerdocio a Jesús. Si yo digo que “B” va a ser sacerdote igual que lo fue “A”, por lógica, “A” accedió al sacerdocio antes que “B”. Si ya Melquísedec era sacerdote y Jesús no lo era aún, es lógico pensar que no son la misma persona.
La única vez que Jesucristo estuvo en carne fue cuando nació de la Virgen María. Antes de esto jamás Jesús estuvo en carne. En el pasaje que sigue veremos que Melquísedec tenía carne; por lo tanto era un ser humano. Si Melquísedec tenía carne antes de que Jesús naciera, es evidente que no son la misma persona.
“5 Así también Cristo no se glorificó a sí mismo haciéndose pontífice, mas el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. 6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote eternamente, según el orden de Melquísedec. 7 El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído por su reverencial miedo. 8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y consumado, vino a ser causa de eterna salud a todos los que le obedecen; 10 nombrado de Dios pontífice según el orden de Melquísedec. 11 Del cual tenemos mucho que decir, y dificultoso de declarar, por cuanto sois flacos para oír.” ( Heb 5: 5-11 )
Tanto en el pasaje precedente, como tampoco en el pasaje que sigue hay la más mínima pista que nos haga sospechar que Jesús y Melquísedec son la misma persona. El próximo pasaje al contrario, nos hace ver de nuevo que Melquísedec era sacerdote cuando aún Jesús no lo era. “19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma,y que entra hasta dentro del velo; 20 Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melquísedec.” ( Heb 6:19-20 )
En el nuevo pasaje que vamos a leer, en el versículo 3, vemos que dice que Melquísedec fue hecho semejante al Hijo de Dios. Si era semejante a Jesús es porque no era Jesús. No es lógico que usted y su amigo se paren frente a un hijo suyo y usted en vez de decirle: “Mira, este es mi hijo” le vaya a decir “Mira, este es semejante a mi hijo”.
“1 Porque este Melquísedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo; 2 al cual asimismo dio Abraham los diezmos de todo; primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz. 3 Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, mas hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre”. ( Heb 7: 1-3 )
Lo que dice Pablo en el versículo 3 del pasaje anterior sobre Melquísedec es que su aparición abrupta y su desaparición abrupta en la historia, lo hace un buen símbolo del sacerdocio de Jesucristo. No trata él de hacernos ver que Melquísedec no tuvo padre ni madre, ni esposa ni hijos ni día de nacimiento ni día de muerte; porque todo ser humano tiene tales cosas, y él, que tenía carne, era un ser humano. Lo que Pablo dice es que dado que ninguno de esos datos aparecen en su historia, Melquísedec es un buen símbolo del sacerdocio de Cristo. El hecho de que el cordero de los sacrificios simbolizaran a Jesucristo no nos hace a nosotros creer que ese cordero y Cristo eran la misma persona. Igualmente sucede con Melquísedec.
Para el propósito de Dios, lo único que hacía falta es que Melquísedec apareciera, tomara los diezmos de Abraham y desapareciera. Por eso no se registra ningún otro dato de su vida, no es que no tuviera padre, hijos, día de nacimiento y muerte etc., es que no convenía registrarlos.
Debemos fijarnos también en que en el versículo 6 del próximo pasaje, se dice refiriéndose a Melquísedec, que su genealogía no fue contada, es decir, que sí tenía genealogía, pero no fue contada a fin de asemejarlo a Cristo. Si Melquísedec hubiera sido Cristo, hubieran dicho que “no tenía genealogía”, en vez de decir que “no fue contada”.
“4 Mirad pues cuán grande fue éste, al cual aun Abraham el patriarca dio diezmos de los despojos. 5 Y ciertamente los que de los hijos de Leví toman el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es a saber, de sus hermanos, aunque también hayan salidos de los lomos de Abraham. 6 Mas aquél cuya genealogía no es contada de ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.” ( Heb 7: 4-6 )
En el versículo 11 del pasaje en estudio, veremos reafirmado que Jesús se levantó como sacerdote después de Melquísedec, y por lo tanto, éste no puede ser aquél. Al decir “otro”, refiriéndose a Cristo, se hace evidente que el sacerdocio de Cristo era posterior al de Melquísedec.
“Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico porque debajo de él recibió el pueblo la ley, ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquísedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? “ ( Heb 7: 11 )
En el versículo 15, al decir que a semejanza de Melquísedec se levanta Cristo, nos hace ver que ambos están separados en el tiempo, porque uno tuvo un sacerdocio semejante al del otro. Y si el sacerdocio del uno es semejante al sacerdocio del otro, es porque uno tuvo ese sacerdocio antes que el otro, es decir, que no son la misma persona. También repite en el versículo 17 que el sacerdocio de Cristo era semejante al de Melquísedec, sobre lo cual podemos hacer el mismo razonamiento ya hecho.
“14 Porque notorio es que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, sobre cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio. 15 Y aun más manifiesto es, si a semejanza de Melquísedec se levanta otro sacerdote, 16 el cual no es hecho conforme a la ley del mandamiento carnal, sino según la virtud de vida indisoluble; 17 pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquísedec.” ( Heb 7: 14 – 17 )
Otra cosa a tener en cuenta es que si Melquísedec fuera Cristo, en el Nuevo Testamento no se le llamaría Melquísedec, sino Cristo, por cuanto para entonces se conocía su nombre. No es lógico pensar que van a seguir llamándole Melquísedec sabiendo que en realidad era Cristo; al menos expresarían la identidad entre ambos personajes, si en realidad fueren la misma persona.
FUENTE: http://www.bibleserralta.com
LA ESPERANZA DE LOS DISCÍPULOS
Los discípulos de Jesús creían profundamente que él era el Mesías, el gran Rey, anunciado por los profetas del Antiguo Testamento. Creían que había venido a instaurar el Reino de la promesa, aquel gobierno que ampliaría su ámbito de influencia, hasta cubrir toda la tierra y que traerá la paz y la felicidad a toda la humanidad. Tenían razón, en esta creencia, pero esperaban que Jesús estableciera este gobierno maravilloso y poderoso de inmediato. En esto se habían equivocado, como reveló la parábola del hombre noble de Lucas 19.
Este punto de vista equivocado por parte de los discípulos de Jesús era excusable, porque él los ha llevado a creer que ellos estarían asociados con él prominentemente en su reino, y en su visión limitada del plan de Dios, esto implicaba que el reino de Cristo necesariamente tendría que ser establecido dentro de su vida natural. ¿Cómo, de otra forma, pensaban ellos, podían esperar compartir con Jesús en el gobierno del reino? ¿Cómo, de otra manera, podía cumplirse la promesa de Jesús: “No temáis, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”?-Lucas 12:32
Los apóstoles estaban muy ansiosos por la posibilidad de estar asociados con Jesús en la autoridad de su reino, y había muchas discusiones al respecto entre ellos. Santiago y Juan estaban particularmente deseosos de asegurarse posiciones privilegiadas en el reino, y tuvieron a su madre pidiéndole a Jesús si alguno de ellos podría sentarse en su mano derecha y el otro en su mano izquierda en su reino. Jesús no dijo en ningún momento que ellos no podían ni estarían con él en su reino, porque él ya les había dado motivos para creer que sí lo estarían. Él simplemente llamó la atención sobre el alto precio que tendrían que pagar para estar con él en su reino. Él preguntó: “¿Podéis beber de la copa que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?” Su respuesta fue: “Podemos.” Mat. 20:20-22
Jesús le respondió a Santiago y a Juan, diciendo: “vosotros ciertamente beberéis de mi copa y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado, pero sentarse en mi mano derecha y a mi izquierda, no es mío para darlo, pero se les concederá a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. “(v. 23) Así, mientras que Jesús no promete a estos dos apóstoles queridos una posición específica en su reino, explicando que él no tenía la autoridad para hacer esas designaciones, él sí confirma su entendimiento de que compartirán el gobierno del reino con él si demuestran su valía al beber de su “copa” y ser bautizados con su bautismo.
Aunque ellos afirman que eran “capaces”, o que estaban dispuestos a cumplir con estos requisitos, es dudoso si ellos entendieron en ese momento qué estaba implícito en el beber de la copa de Jesús, y ser bautizados con su bautismo. En realidad, como se reveló posteriormente en el Nuevo Testamento, Jesús estaba invitando a sus discípulos a sufrir y morir con él. Si hubieran entendido esto, habrían sabido que no podían, en cualquier caso, estar con Jesús en la gloria de su reino hasta que se levantaran de los muertos, y eso ellos sabían que no sería hasta el final de la Edad.-Juan 11 : 24; Mat. 13:39
La “copa” de Jesús fue uno de sufrimiento y muerte, y él bebió fielmente hasta la última gota amarga. Su bautismo fue un bautismo de muerte, de la que su inmersión en agua por Juan el Bautista no era más que un símbolo. Pablo escribió: “No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte?” (Rom. 6:3).
Nada se hace más claro en la Biblia que el hecho de que los discípulos de Jesús de esta edad están invitados a seguir sus pasos de sacrificio hasta la muerte. Asociados a estas condiciones del discipulado son las promesas de que aquellos que demuestren ser fieles a ellas reinarán con Jesús en su reino.
Pablo escribió: “Palabra fiel: Si somos muertos con él, también viviremos con él: si sufrimos, también reinaremos con él.” (II Tim. 2:11,12) Una vez más, ” Si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que sufrimos con él, para que seamos también glorificados. “(Romanos 8:17) Después de su resurrección, Jesús dijo:” Para que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”(Apocalipsis 3:21) Jesús también dijo:” Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. “(Apocalipsis 2:10) y entonces hay una maravillosa promesa para estos fieles que saldrán de la muerte en la resurrección primera para vivir y reinar con Cristo mil años. “-Rev. 20:4,6
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Por Alexander Dávila G.
Cuando comencé a leer La Biblia, lo hice con la Reina Valera versión de 1960, y me llamó mucho la atención el versículo de Romanos 12:2 que dice así:
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Realmente yo pensé que todas las versiones de La Biblia tenían el mismo texto, o que cada palabra era idéntica en cada versión, y más aún pensaba que el ser humano no osaría (dadas la advertencia en Apocalipsis 2:19, Deuteronomio 4:2, 12:32) quitar, agregar o cambiar algo de La Biblia. Sin embargo, comencé a buscar más información, y con el tiempo me fui dando cuenta de muchas cosas acontecidas en los siglos I y II, que me han ayudado a conocer que muchas cosas que hoy se dicen son doctrinas bíblicas, como la trinidad, NO las son en realidad.
Cada día que tengo la oportunidad de compartir las buenas nuevas del futuro reino de Dios en la tierra con diferentes personas, me doy cuenta que muchas (por no decir la mayoría) de ellas tienen la idea de que la versión Reina-Valera ó la versión que ellos han conocido toda su vida de militancia, por así decirlo, en sus denominaciones, organizaciones ó religiones, es a la que ellos deben aferrarse sin más ni más.
Obviamente todo es parte de la manipulación de sus organizaciones para tenerlos sometidos a sus doctrinas, ya que si en la Reina-Valera 1960 dice VERBO y en otra dice LA PALABRA, para ellos la que dice LA PALABRA está mal, ya que sus pastores, líderes o maestros les dicen que debe ser así, y que si no entienden algo mejor que se queden callados, y que lo crean y lo acepten por fe, aunque no lo entiendan (ya sabemos porque ellos dan esa razón). Realmente no les importa cuán anti-biblicas sean las doctrinas que profesan y con las cuales siguen perdiendo muchas almas.
Hace ya algunos días en una conversación le cité a una persona Mateo 17:21, y al terminar de leerlo la persona me mostró la Nueva Versión Internacional de La Biblia y me comentó que no encontraba el versículo. Yo le ayudé a buscarlo y me di cuenta que efectivamente del versículo 20 se pasaba al 22, y comencé a revisar para saber si faltaba algo más, y me encontré con que faltaban exactamente 16 versículos (sigo revisando), los que cito a continuación:
En Mateo:
17:21 Pero este género no sale sino con oración y ayuno.
18:11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
23:14 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.
En Marcos:
7:16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
9:44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
9:46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
11:26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
15:28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.En Lucas
17:36 Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.
23:17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.
En Juan
5:4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
En Hechos
8:37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
15:34 Mas a Silas le pareció bien el quedarse allí.
24:7 Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos,
28:29 Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.
En Romanos
16:24 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
Y en estos otros versículos omitieron la palabra SANGRE:
En Colosenses
1:14 en quien tenemos redención, el perdón de pecados.
En Hechos
5:28 Terminantemente les hemos prohibido enseñar en ese nombre. Sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y se han propuesto echarnos la culpa a nosotros de la muerte de ese hombre.
5:28 Terminantemente les hemos prohibido enseñar en ese nombre. Sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y se han propuesto echarnos la culpa a nosotros de la muerte de ese hombre.
En una ocasión Pedro y los Apóstoles dijeron:
Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5:29)
Pero he notado que aunque La Biblia diga una cosa y la persona la lea y compruebe que es verdad lo que uno le expone, ellos inmediatamente corren al pastor, líder ó maestro para saber si es verdad o no lo que dice el versículo, y si éstos dicen que no es así, las personas simplemente ignoran la Palabra de Dios en La Biblia. Éstos han enseñado que sólo unos cuantos pueden entender las escrituras y los demás deben someterse a ellos y a sus interpretaciones, ya que la escritura ha de discernirse espiritualmente (lo cual es así). Pero el detalle es que son ellos los que deciden quién tiene el espíritu santo y quién no, pasando por alto de esta manera las escrituras:
Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. (Hechos 5:32)
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:13)
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Santiago1:5)
Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. (Romanos 9:16)
Es bien sabido que la mayoría de personas que se declaran ¨Cristianas¨, lo son porque hicieron una oración una vez en su vida en la cual “invitaron al Señor Jesús a entrar en su corazón para que reine en él” (y no en la tierra), y desde ese entonces son ¨Cristianos¨ aunque desconozcan La Biblia, ya que para ellos basta con pasar escuchando las estaciones de radio pseudo-evangélicas y el canal Enlace TV (TBN) para conocer La Palabra de Dios, y es hasta que van a sus organizaciones los días de reunión que toman la Biblia… ahhh, eso sí, sólo deben leer los versículos que se les indica, no más.
Pero la escritura es clara:
¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? (Romanos 6:16)
Creo oportuno recordarle a éstos hermanos lo que dice 1 Juan 2:26, 27
Os he escrito esto sobre los que os engañan.
Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.
Es importante que los hermanos dejen que sea el Espíritu Santo el que los guíe al momento de leer Las Escrituras. Recuerden que todo lo que se escribe en nuestros blogs debe ser comprobado por cada uno de ustedes, y así debe ser:
Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. (2 Juan 1:8)
Recuerde que aunque hubo muchos escritores, solamente hay un autor, DIOS. Las Escrituras no se contradicen, y éstas están llenas de verdades que coinciden entre sí. En el evangelio verdadero una doctrina es sostén de todas las demás y al mismo tiempo todas las demás sostienen cada doctrina. Pero si usted hermano se aferra a lo que le han obligado a creer por años en su organización, entonces para usted si se contradice.
Por mi parte cumplo con lo que dicen Las Escrituras:
Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
A algunos que dudan, convencedlos.
A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne. (Judas 3, 22, 23)
A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne. (Judas 3, 22, 23)
www.yeshuahamashiaj.org
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Una de las verdades fundamentales que los más de los llamados “cristianos” es que ellos han sido llamados para ser Cristos e Hijos de Dios. Y es que la mayoría supone que Cristo es un nombre y no un título de majestad real. Un Cristo o Ungido en el Antiguo Testamento podía ser un rey, un sacerdote, y un profeta. Así, David fue ungido para ser rey de Israel, y Samuel lo fue para ser profeta de Dios.
La Enciclopedia Wikepedia nos dice sobre los ungidos, así:
En la Biblia Hebraica, el Sumo Sacerdote y el rey eran a veces llamados «el ungido». Los profetas también eran ungidos. Ungir a un rey era equivalente a coronarlo: de hecho, en Israel no se exigía la corona De esta forma, David fue ungido rey por el profeta Samuel. Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. A partir de aquel día vino sobre David el espíritu de Jehová. Se levantó luego Samuel y regresó a Ramá.
La palabra “Cristo” que se usa actualmente como si fuese un apellido es en realidad un título procedente del Christos, (Gr. Χριστός) que significa aproximadamente ‘ungido’. Otra palabra equivalente a “Cristo” es “Mesías”, esta última es de origen hebreo.
Jesús, el Cristo
La Biblia nos presenta a Jesús como el Cristo de Dios, el ungido para ser el rey de Israel. Su ungimiento se produjo cuando fue bautizado por Juan en el Jordán, y el Espíritu Santo bajó sobre él (representado en el AT por el aceite del ungimiento) nombrándolo el Hijo amado de Dios (Mateo 3:16,17).
Al ser ungido por Dios, Jesús comenzó a predicar el evangelio del reino de Dios. Su misión como ungido en la tierra era proclamar las buenas noticias o evangelio del reino. Dice Lucas, así:
Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha UNGIDO para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Lucas 4:17-21.
En Marcos 1:1,14,15 vemos que Jesucristo efectivamente predicaba esas buenas noticias del Reino: Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.
Ciertamente Jesús fue enviado por Dios para predicar el evangelio, que fue la razón para la cual fue ungido; pero tenía una misión importante que era el morir por nosotros. Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado (Luc. 4:43).
Los otros Cristos
La Biblia nos dice que los cristianos, los que hemos sido bautizados para el perdón de los pecados, hemos sido automáticamente ungidos por Dios para ser ‘Cristos’, y por lo tanto, coherederos con él del reino de Dios. En 2 Corintios 1:21, Pablo les dice a la hermandad corintia, lo siguiente: “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr.Χρισ), es Dios”. Así que si bien se nos amonesta contra los falsos cristos, también los hay de los genuinos, de aquellos que viven como Cristo vivió, soportando penurias y aflicciones por causa de Jesucristo y el evangelio del reino. Los falsos cristos no solamente viven del evangelio como reyes coronados, sino que predican un evangelio trucado, diabólico, y por lo tanto, engañoso.
También en 1 Juan 2:20,27, leemos: “vosotros TENÉIS la UNCIÓN del Santo”… “la UNCIÓN que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros“. En el capítulo 3:2 se nos revela que se los está diciendo a todos los que somos “hijos de Dios”, los que seremos semejantes al Señor. Aquí aclara en el capítulo 3:2 que se lo está diciendo a todos los que “ahora somos hijos de Dios”, a los que seremos semejantes a él.
Ahora bien, “Ungidos con el Espíritu Santo” resalta otras bendiciones colaterales que Dios nos añade cuando nos entrega el Espíritu Santo. Todos los cristianos fuimos ciertamente “ungidos por Dios”, pues sin este ungimiento no podríamos ser cristianos (Rom. 8:9). Y al tener el Espíritu Santo nos constituimos en hijos y herederos de Dios, así como coherederos con Jesús (Rom 8:17).
En 1 Cor. 12:13 dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a TODOS se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. En este pasaje el bautismo con el Espíritu Santo tiene relación directa con nuestro ingreso al cuerpo de Cristo, el cual es su iglesia. Cada uno de nosotros pasamos a ser miembros con diferentes funciones, pero el cuerpo y la cabeza no se desunen, de lo contrario moriríamos todos. La cabeza es la que dirige, y el cuerpo obedece las órdenes. Por lo tanto, el Cristo completo es cabeza y cuerpo, y cuando Cristo se siente en su trono, se sentará él con su cuerpo completo. La cabeza y el cuerpo estarán juntos, y donde quiera que vaya la cabeza, allí estará su cuerpo. De modo que ambos: cabeza y cuerpo disfrutarán de todas las bendiciones de Dios Padre. Es por eso que Jesús promete a su iglesia participar de su propio trono, para que se sienten con él como sus cristos menores (Apo. 3:21). El desea que su cuerpo sea tan ungido como él lo es a través del Espíritu Santo. La cabeza no puede ser ungida con un cuerpo carente de ungimiento, pues el Espíritu es lo que da vida al cuerpo entero (Gál. 5.25). Tanto cabeza y cuerpo son santos y puros, y deben trabajar armoniosamente hacia una misma meta, pues respondemos al mismo llamamiento del cielo (Heb. 3:1). En consecuencia, debe existir una comunión total, la unidad que Cristo pidió al Padre para su iglesia (Juan 17:21). Los llamados preteristas extremos, y los amilenialistas en general, sostienen que Cristo empezó a reinar en el primer siglo al poco tiempo que se fue al cielo. Pero esto no es del todo cierto, ya que Cristo no puede reinar sin sus otros cristos menores que se van uniendo a su cuerpo progresivamente. Jesús prometió que nos sentaríamos con él en su trono, y que juntos con él reinaríamos el mundo (Apo. 2:26,27; 3:21; 20:4,5, Isa. 32:1).
Los Testigos de Jehová sostienen que la iglesia está compuesta únicamente por Cristo y 144,000 personas de su organización. El resto de sus miembros son las “otras ovejas”, o una “grande muchedumbre” sujeta a Cristo y su iglesia. Ellos enseñan que Cristo y su minúscula iglesia de 144,000 personas vivirán en el cielo, en tanto que el resto de los conversos de su culto se quedarán en la tierra. Esta es una blasfemia y una vulgar distorsión de la verdad bíblica. Jesucristo estará con sus seguidores a donde quiera que él vaya. Sus seguidores (los miembros) no pueden estar separados de la cabeza, pues eso los aniquilaría por completo. Desgraciadamente millones de Testigos de Jehová permanecen decapitados, ya que se les ha enseñado que no tienen ninguna posibilidad de pertenecer al cuerpo del Señor.
LOS CRISTOS SON HIJOS DE DIOS
Cuando Jesús preguntó qué pensaban los hombres de él, Pedro le respondió correctamente, y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Mateo 16:16). Y en otra oportunidad Pedro le dice a Jesús: “Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:69). Por tanto, se hace evidente que tanto los títulos “Cristo” e “Hijo de Dios” van de la mano. Ser Hijo de Dios es ser un Cristo.
Ahora bien, el propósito de Dios es tener una familia grande, y para ello Él adoptó más hijos para llevarlos a su gloria, gloria que recibió Jesucristo primeramente de parte de Dios y luego nosotros. En Hebreos 2:10 leemos: “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que HABIENDO DE LLEVAR A MUCHOS HIJOS A LA GLORIA, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.” Entonces se hace muy claro que Dios tuvo en mente llevar a más hijos a su gloria por su medio de la adopción. Dice Pablo: “Porque todos los que sois guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el Espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de ADOPCIÓN, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Rom. 8:14,15). Esto significa que al convertirnos en hijos de Dios (cristos), nos hacemos acreedores de los bienes del Padre, los cuales Jesús compartirá con nosotros. Dice Pablo nuevamente: “Y si hijos (cristos), también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, PARA QUE JUNTAMENTE CON ÉL SEAMOS GLORIFICADOS” (Rom. 8:17). Tome nota que juntamente con Jesús seremos glorificados, es decir que ambos: cabeza y cuerpo recibiremos una gloria semejante. Por eso también Jesús dijo: “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22,23). Por tanto, es claro que los cristianos están llamados a ser como el Cristo Mayor, el Señor Jesucristo. Dios desea tener más cristos-hijos dentro de Su familia a fin de que ellos hereden el mundo venidero (Romanos 4:13).
LOS CRISTOS SON LOS ELEGIDOS DE DIOS
En Lucas 23:35 leemos: “…a otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, EL ESCOGIDO de Dios”. De modo que el Cristo era reconocido como alguien que era escogido de Dios. No obstante, las Escrituras nos dicen que Dios también escogió o otros hombres para que fueran sus ungidos o cristos menores al servicio del Cristo Mayor, Jesucristo. Dice Pablo en Efesios 1:4,5,11-13, así: “Según NOS ESCOGIÓ en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser ADOPTADOS hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad…en él asimismo tuvimos HERENCIA, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, FUISTEIS SELLADOS CON EL ESPÍRITU SANTO DE LA PROMESA.” Por su parte el apóstol Pedro dice sobre los escogidos lo siguiente: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo…mas vosotros sois linaje ESCOGIDO, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…” (1 Pedro 2:4,5,9). ¿nos damos cuenta que Jesucristo y nosotros somos “piedras vivas”, y linaje escogido, para ser parte de la casa o templo espiritual de Dios, para ofrecer sacrificios de alabanza? Entonces es evidente que tanto Jesucristo, el escogido de Dios, y nosotros, los otros escogidos deL Padre, somos cristos de Dios para participar dentro de la familia divina. Por eso Pablo tiene razón cuando escribió en 2 Tes. 2:13,14, lo siguiente: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que os haya ESCOGIDO desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar LA GLORIA de nuestro Señor Jesucristo”.
LOS CRISTOS SON REYES Y SACERDOTES
En Lucas 23:2 la muchedumbre acusa a Jesús de estar propagando la idea de que él era el Cristo, un rey. Dice el pasaje, así: “Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey”. Esto es interesante, pues aquí vemos que hay una asociación del título ‘Cristo’ con el cargo de ‘un Rey’. De igual modo, los Cristianos, o los otros cristos, están llamados a ser reyes asociados con el Rey mayor, Jesucristo. Dice Apo 5:10: “y nos has hecho para nuestro Dios REYES y SACERDOTES, y reinaremos sobre la tierra”. Como vemos, Jesucristo nos ha hecho reyes para Dios a través de su sacrificio expiatorio, al redimirnos de la condenación y la muerte eternas. Estamos llamados a ser como Su Hijo Unigénito, y coparticipar con él de sus riquezas como parte de Su familia. Esta era dorada fue vislumbrada por los profetas del Antiguo Testamento. Por ejemplo, Isaías dice: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio” (Isa. 32:1). “Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isa. 2:4). El profeta Daniel escribe sobre esa era del reino de Cristo y de sus santos, diciendo: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de Hombre, que vino hasta el Anciano de Días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido…y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Daniel 7:13,14,27). De modo que todos los cristos tendrán dominio y gloria en el reino milenario de Dios.
LOS CRISTOS TIENEN SUS TRONOS
San Juan dice: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad para juzgar…y vivieron y reinaron con Cristo mil años.” (Apo. 20:4). Y en el Salmo 122:3-5 dice: “Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de Yah, conforme al testimonio dado a Israel, para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David.” No es sorpresa, entonces, que Jesucristo les haya ofrecido a sus apóstoles tronos para que se sienten sobre ellos para que sean co-gobernantes con él en su reino venidero. Pero esos tronos serán ocupados cuando Jesucristo regrese en toda su gloria divina, pues así lo dijo el Señor en Mateo 25:31,34. Por tanto, ningún cristiano está reinando en estos momentos sobre las naciones (Apo. 2:26). Los que dicen que ya están reinando en el reino de Cristo están errados porque ignoran las dispensaciones de Dios. Recordemos que Pablo les había escrito irónicamente a los creyentes de Corinto para burlarse de sus creencias erradas sobre un supuesto “reinado” ya consumado sobre la tierra (1 Cor. 4:8).
LOS CRISTOS (UNGIDOS) TIENEN LA MISIÓN DE SALVAR A OTROS
El Señor Jesús es nuestro Salvador, ya que con su sangre nos redimió de la condenación eterna, y nos introdujo en su familia a fin de participar de los bienes de Su Padre. Es por eso que él es nuestro querido Salvador, porque nos dio vida estando muertos; nos abrió el camino para ser hijos y herederos de Su Padre, y coherederos con él del mundo de la era venidera (Romanos 8:17). Estamos llamados, pues, a recibir todo lo que Jesucristo recibió en su resurrección, sin excepción alguna. La gloria que Cristo recibió la recibimos nosotros también por la fe. Por eso Jesús pidió al Padre para que los suyos estuviesen con él en el mismo lugar en dónde él iba a estar. Sus palabras son como siguen: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde la fundación del mundo” (Juan 17:24). Y en Apocalipsis 3:21 Jesús dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.
De igual modo, todos los Cristianos deben hacer su parte como administradores de esa salvación, llevando el evangelio salvador a todo el mundo habitado. En buena cuenta, el Cristiano está llamado a salvar a otros con el evangelio de Cristo. Dice Judas 23 dice: “A otros salvad, arrebatándolos del fuego…” Y Pablo dice: “Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Cor. 9:22). A Timoteo le dice: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” ( 1 Tim. 4:16). De modo que los Cristianos salvan a otros a través de la administración del evangelio de Cristo, poniendo sus vidas al servicio y en sacrificio de los que son predestinados para la salvación. Por tanto, no es de extrañarse que Pablo dijera: “…fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio…” (1 Tes. 2:4)–¿y cuál es la razón para esto? Pues Jesús “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Tim. 1:10).
TESTIMONIO DE AGUSTÍN DE HIPONA
Es muy interesante la explicación que nos ofrece San Agustín del Salmo 26. Escribe así: «David fué ungido rey. En aquel tiempo, se ungía sólo al rey y al sacerdote. En estas dos personas se encontraba prefigurado el futuro único rey y sacerdote, Cristo (y por esto “Cristo” viene de “crisma”). Pero no sólo ha sido ungida nuestra Cabeza, sino que también hemos sido ungidos nosotros, su Cuerpo (…). Por ello, la unción es propia de todos los cristianos; mientras que en el tiempo del Antiguo Testamento pertenecía sólo a dos personas. Está claro que somos el Cuerpo de Cristo, ya que todos hemos sido ungidos, y en Él somos cristos y Cristo, porque en cierta manera la cabeza y el cuerpo forman el Cristo en su integridad».
“Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14)
Por Ing. Mario A Olcese
El Deseo de Dios
Nuestro Padre celestial es un Padre amoroso que desea todo lo mejor para sus hijos. El amó tanto al mundo que mandó a Jesucristo a esta tierra, para que la gente fuera salva por medio de él (Juan 3:16).
El Señor Jesucristo prometió volver para restaurar todas las cosas, pero él está esperando el momento para que el Señor lo envíe de vuelta a esta tierra para cumplir sus promesas. ¡Pero algo debe cumplirse primero!
El Señor no Tarda
Algunos cristianos se quejan, como ocurrió con ciertos cristianos del primer siglo, diciendo que el Señor tarda en su regreso, y por eso se sienten defraudados o simplemente han optado por reinterpretar sus palabras y tomarlas espiritualmente en vez de literalmente y al pie de la letra. Han dicho que si el Señor tarda en volver, se debe a nuestro error por interpretar su regreso de manera personal y física. Sostienen que algo no funciona con la interpretación literal, porque no es posible que hayan pasado dos milenios y aún él no haya regresado, máxime cuando él mismo dijo que volvería pronto o en breve.
Pero ¿por qué parece tardar el Señor? ¿Será que él estaba equivocado en sus expectativas o en el tiempo de su regreso? La Biblia nos responde dándonos la razón de su aparente tardanza. En Nahum 1:3 se nos dice que el Padre de Jesucristo es tardo para la ira. Es decir, Dios no castiga a los pecadores de forma violenta, rápida, y sin demora, como en un juicio sumario, sino que es paciente para con todos, no queriendo que ninguno perezca sino que procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Es por eso que Dios mandó a su Hijo Unigénito para que los pecadores se arrepintieran de sus pecados, creyendo en su mensaje o evangelio salvador, el reino de Dios. En Marcos 1:15 leemos que Jesús llamó a la gente a “arrepentirse y a creer en su evangelio”. La Buena noticia de un reino de Dios cercano debería motivarnos al arrepentimiento y no el temor a un castigo en el infierno por una eternidad. Dios desea que más personas se arrepientan de sus pecados y participen del reino venidero. El mandó un mensaje salvador, y ese mensaje que salva a los que se arrepienten de sus pecados es el Evangelio acerca de la persona de Jesucristo y Su Reino de justicia venidero.
La cercanía del reino motivó a muchos judíos a arrepentirse para poder participar activamente como cogobernantes de esa nueva sociedad que inauguraría Cristo en su parusía. Jesús decía: “arrepentíos, porque el reino de Dios se ha acercado” ¿Por qué deberían arrepentirse los judíos, según Jesús? ¡Porque el reino estaba a las puertas! (Mat. 3:2). En Hechos 2:38 el arrepentimiento de los judíos se debió al mensaje del evangelio predicado por Pedro (ver versos 22-37). De modo que el bautismo de aquellos 3000 hombres Judíos fue el resultado de su arrepentimiento (“arrepentíos y bautícese cada uno…”), arrepentimiento que fue estimulado a su vez por el mensaje del evangelio completo (La persona de Cristo (Su muerte, sepultura y resurrección y también Su reino venidero) y no por la amenaza de un terrible castigo por fuego si persistían en el pecado. También hay otro testimonio en Hechos 8:12, donde los discípulos de Felipe se bautizaron después de haber oído el mensaje del evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo. Así que lo que debe motivarnos al arrepentimiento es lo que Dios tiene para nosotros como regalo de vida eterna en el mundo o era venidera. Uno debe arrepentirse porque uno debe comprender que Dios nos amó tanto que dio a Su Hijo en sacrificio, y porque nos tiene preparado un gran banquete mesiánico para gobernar con Su Hijo en la nueva Era de justicia, paz y amor.
Reitero nuevamente esto: No se puede ingresar al reino si hay aún pecado en nosotros. Es un pre-requisito divino para participar ejecutivamente en el reino nuestra purificación en la sangre de Cristo. Así que la razón por la cual debemos arrepentirnos es para poder participar del maravilloso reino de Cristo, el cual hemos creído por fe. Pero Dios lee los corazones y Él desea ver un hombre nuevo en nosotros, uno contrito y humillado frente a Él para que seamos dignos de Su Reino. Recuerde, ¡Dios resiste a los soberbios!
El Evangelio del Reino debe proclamarse
El evangelio salvador del Reino debe proclamarse a todo el mundo habitado para testimonio a todas las naciones, y entonces (y sólo entonces) vendrá el fin o la segunda venida de Cristo (Ver Mateo 24:14). Es la tarea de todo buen cristiano anunciar el evangelio del reino, el único y singular evangelio que salva a todo aquel que lo cree y recibe. Si bien Dios desea que este mensaje de la persona de Cristo y su reino sirva de testimonio a todas las naciones, también desea que el mayor número de personas lo crean para que puedan proceder al arrepentimiento. Pero como dijimos antes, Él es paciente para con todos, y no desea la destrucción del impío. Sin embargo, las iglesias de hoy, poco o nada están predicando sobre este evangelio del reino a todo el mundo, sino más bien nuevos y peculiares evangelios inventados por hombres que han opacado y dado un sentido puramente espiritual al verdadero evangelio del reino. Esto ha hecho retrasar la venida de Cristo al mundo. Nuestra desidia y descuido en proclamar exactamente el mismo evangelio que Cristo y sus discípulos predicaron ha hecho que el mundo no reciba un testimonio real y fiel del evangelio apostólico. El resultado de esta negligencia ha sido la tardanza del regreso de nuestro Señor y la impaciencia de los creyentes que aún lo están esperando.
Sin embargo, hay discípulos fieles hoy que están difundiendo el evangelio prístino del reino de Dios a más países cada día, el cual es el mismísimo evangelio bíblico, cristiano, y apostólico del primer siglo, y cumpliendo al pie de la letra la tarea asignada por Jesús llevando el mensaje por internet, por la literatura impresa, y por la radio y la TV. De esta manera ellos están apresurando cada día más la vuelta o regreso de Cristo al mundo. Recuerde que Jesús dijo que primero el evangelio del reino sería predicado a todo el mundo para testimonio a todas las naciones Y ENTONCES Y SÓLO ENTONCES el fin vendrá. Recuerde que los cristianos primitivos relacionaron el fin de la era o mundo con la venida de Cristo (Mat. 24:3).
Satanás ha Confundido a las Gentes con falsos Evangelios
Siendo que el testimonio del evangelio del reino tiene poder para salvar al potencial creyente y provocar el fin del reinado de Satanás y de sus ángeles, este ángel caído ha estado interesado desde el principio en boicotear la tarea evangelística del reino. El Apóstol Pablo se vio en ese problema en algunas oportunidades, y acusó a Satanás el diablo de ser obstáculo en su tarea predicadora entre los gentiles (Ver 1 Tes. 2:18). Y también Pablo les dijo a los creyentes de Corinto, lo siguiente: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4).
En mi estudio sobre la gloria, expliqué y demostré que el evangelio de la gloria de Cristo es lo mismo que el evangelio del reino de Cristo. Así que el diablo ha obscurecido las mentes de los incrédulos para que nos les resplandezca la luz del evangelio del reino de Cristo, el cual es la imagen de Dios. No es extraño, entonces, que muchos no crean que el evangelio del reino de Dios sea el evangelio bíblico, ya que lo que se ha venido predicando ha sido el llamado “evangelio social” católico o el “evangelio de la prosperidad” de ciertos grupos evangélicos. Otros creen que el evangelio es simplemente Cristo (“el evangelio de Cristo”) pero no su mensaje, y aún otros creen que el evangelio es simplemente la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Estos puntos de vista están errados, o en el mejor de los casos, parcialmente errados. Y es que el evangelio de Cristo tiene que ver con una nueva sociedad (de allí lo social) y con la prosperidad (pues el reino tiene que ver también con la prosperidad material), pero en la era venidera y no en esta era o siglo malo— ¡Esta es la diferencia sustancial entre los evangelios falsos y el bíblico!
La Restauración del Reino Davídico es boicoteado por los agentes de Satanás
Lo cierto es que diablo sigue siendo el dios de este siglo y todo el mundo infiel yace bajo su poder (1 Juan 5:19). El maligno tiene una agenda hasta la venida de Cristo, y esa es: boicotear la difusión del evangelio salvador del reino de Dios. Es por eso que ha engañado a muchos cristianos haciéndoles creer que los discípulos estaban errados cuando le preguntaron a Jesús lo siguiente: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Aquí se observa que los discípulos aún esperaban el reino para Israel, un reino que no veían todavía cristalizarse tal como los profetas lo habían anunciado. Pero los enemigos del reino por restaurarse a Israel sostienen que la pregunta de los discípulos fue simplemente fruto de su ignorancia y falta de comprensión del verdadero y nuevo “sentido espiritual” que éste envolvía. Pero si esto es verdad, ¿por qué Jesús no se los aclaró? Por el contrario, lo que Jesús les respondió validó su pregunta, cuando claramente les dijo que: “no os toca a vosotros saber los tiempos y las sazones que Él puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Así que muchos grupos llamados “cristianos” (es decir, “mesiánicos”) van en contra del mesianismo puro de los apóstoles y de los primeros cristianos, los cuales esperaron ardientemente la consolación de Israel a través del reino restaurado de David en la tierra prometida.
Desgraciadamente el Catolicismo hizo suyo la interpretación alegórica del Reino de Agustín de Hipona, y de esa forma cientos de millones de llamados cristianos dejaron de ser cristianos o mesiánicos para volverse platónicos y gnósticos.
Conclusión:
Es tarea de la iglesia mesiánica (cristiana) predicar a su Mesías y su Reino milenario en la tierra a todo el planeta habitado para preparar y acelerar el retorno del Hijo de Dios a la tierra. Debemos ser precursores de su reino, preparar el camino del Señor a través del anuncio de su parusía en gloria para restablecer o restaurar el reino que está suspendido en el tiempo. Si lo hacemos así, entonces Jesús no tardará en volver. Pero si descuidamos esta tarea, predicando evangelios extraños y extra bíblicos, entonces Jesús seguirá demorando. Tenemos una tarea que cumplir, y rápido.
Más información sobre el Reino en:
A la mentira dominante que Satanás ha impuesto a la humanidad está la creencia de que el alma va al cielo después de la muerte. Muchas personas suponen que la expresión Reino de Dios es sinónimo de cielo, pero la Biblia nos enseña que cuando Jesucristo regrese, el Reino de Dios se establecerá en la tierra!
En primer lugar, observe cómo la Biblia refuta completamente la noción de “ir al cielo” después de la muerte. Pedro le dice a la multitud el día de Pentecostés, “Varones hermanos, quisiera hablar con ustedes libremente del patriarca David, que está muerto y sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy …Porque David no subió a los cielos “(Hechos 2:29, 34). Este “hombre conforme al corazón de Dios” no está en el cielo, sino aún en la tumba! Nuestro Salvador confirma en Juan 3:13: “Nadie ha subido al cielo sino el que descendió del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en los cielos.”
Los santos muertos del Antiguo y Nuevo Testamentos por igual están durmiendo en sus tumbas, en espera de la resurrección, sin conciencia (Eclesiastés 9:5, 10). Job describe la espera de la resurrección de esta manera: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta que venga mi liberación. Entonces llamarás, y yo te responderé; Tendrás afecto a la hechura de tus manos” (Job 14:14-15).
Muchos versículos se refieren a los muertos como que “duermen”, y esta analogía viene del hecho de que cuando una persona duerme profundamente, muchas horas pueden pasar. Asimismo, durante el tiempo que están muertos, no tendremos más conciencia, no hay conciencia. Muchos años pueden transcurrir entre el momento en que morimos y nuestra resurrección, pero no vamos a ser conscientes del paso del tiempo.
Pablo enseña en I Corintios 15 que la resurrección no se produce hasta el regreso de Jesucristo, momento en el que los “muertos en Cristo” resucitarán con cuerpos espirituales, y los santos revividos pasarán a ser inmortales “en un abrir y cerrar de ojos” (versículo 52). Si los santos van a ir al cielo de forma automática después de la muerte, ¿qué necesidad habría para una resurrección? En el versículo 53, Pablo incluso dice que lo “mortal” tendrá que “ser vestido de inmortalidad”, lo que significa que no la tienen ahora mismo (véase también Romanos 2:7). Sólo Dios tiene inmortalidad ahora (I Timoteo 6:15-16).
En las Bienaventuranzas de Mateo 5, Jesús dice que los pobres de espíritu recibirán el “reino de los cielos”, mientras que los mansos “heredarán la tierra” (Mateo 5:3, 5; véase también el Salmo 37:11). Dividirá Dios a los santos “pobres de espíritu” de los santos “mansos”, enviándolos a lugares distintos? Si un santo es a la vez manso y pobre de espíritu, ¿va a heredar el cielo y la tierra? No! Este dilema aparente se disuelve cuando nos damos cuenta de que Mateo usa la frase “reino de los cielos”, mientras que los otros escritores del evangelio se refieren al “reino de Dios”. Obviamente, el “reino de Dios” no significa que el Reino se encuentra en Dios, sino que pertenece a Dios. De la misma manera, el “reino de los cielos” significa simplemente que el Reino es propiedad de “cielo”, donde está el trono de Dios. Los pobres de espíritu heredarán el reino mismo que los mansos, y que el reino se creará en la tierra.
Gálatas 3:29 dice que si pertenecemos a Cristo, entonces se considera que somos simiente de Abraham, y por tanto los potenciales herederos (aunque todavía no herederos) de las promesas hechas a él. Lo que sea que Abraham herede en la resurrección, también nosotros vamos a heredar. Génesis 13:15 dice que la herencia es eterna, y Romanos 4:13 explica que la promesa se ha ampliado para incluir a todo el mundo. El “cielo”, sin embargo, no era una parte de las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob, o para nosotros.
La Biblia nos enseña que el Reino de Dios será establecido sobre la tierra: “Y nos has hecho un reino (raza real) y sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra!” (Apocalipsis 5:10, la Biblia Amplificada). Note igualmente Apocalipsis 11:15, que profetiza que el Reino de Cristo se hará cargo de los reinos de este mundo:
El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, diciendo, “Los reinos de este mundo se han convertido en el reino de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por siempre y para siempre!”
Tres veces en el libro de Apocalipsis, el apóstol Juan describe la “ciudad santa”, la nueva Jerusalén, descender del cielo, en lugar de estar en el cielo (Apocalipsis 3:12, 21:2, 10). La Nueva Jerusalén se establecerá en la nueva tierra limpiada y purificado. Dios mismo morará con los hombres, no en el cielo, sino en la Nueva Jerusalén en la tierra:
Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido. Además no había más mar. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos como su Dios. Y Dios enjugará Dios toda lágrima de sus ojos, no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor. No habrá más dolor, porque las primeras cosas han pasado. … El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo “. (Apocalipsis 21:1-4, 7)
Muchos siglos de tradición pagana han convencido a la gente que el cielo es su “casa” y su recompensa cuando mueran. Sin embargo, el registro bíblico es claro: el Reino de Dios será establecido sobre la tierra que Él ha creado, y que será un reino eterno. (Para más ejemplos del Reino que se establece en la tierra, ver Salmo 2:6-8; 47:1-9, Jeremías 23:5, Ezequiel 37:21-28, Daniel 2:44-45; 7:17-18 , 27; Miqueas 4:1-5; Zacarías 9:9-10, 14:9, 16-17, Apocalipsis 2:26-27.)
Por
Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Para empezar el estudio de hoy, quisiera que ustedes, queridos lectores, comparen dos citas “sinópticas” de las Escrituras, pues creo nos brindarán a todos alguna información valiosa. Veamos estos textos enseguida:
Mat. 20:20,21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Ella le dijo: Ordena que en tu REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.
Mar. 10: 35-37: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro querríamos que nos hagas lo que te pidiéramos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.
Si comparamos ambas citas que se refieren al mismo asunto, veremos que Mateo dice que los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) le solicitaron a Jesús una posición de privilegio en su REINO. En cambio, Marcos escribe que lo que Jacobo y Juan le pidieron a Jesús fue por un lugar de privilegio en Su GLORIA.
Es claro, a la luz de estos dos textos, que la Gloria es un sinónimo del Reino y viceversa. Pero ¿qué importancia tendría esto?
El Diablo y su odio para con la gloria de Cristo
San Pablo nos dice algo que debiera motivarnos a todos a una seria y profunda reflexión en un pasaje importante de su pluma. Me refiero a 2 Corintios 4:4, que dice: “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.
Nótese con cuidado que el Apóstol Pablo dice que el diablo ha cegado o embotado el entendimiento de los incrédulos, para que nos les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo. Aquí se revela que el diablo no desea que usted, amigo, reciba el brillo de la luz que emana del evangelio de la gloria de Cristo. Y Parece que Satanás lo ha conseguido, pues ya casi ningún predicador o evangelista lo predica en sus campañas de “evangelización”, ni tampoco la mayoría de maestros y pastores en las iglesias.
Pues bien, como ya hemos visto arriba, la gloria y el reino son sinónimos. Así que vamos a cambiar la gloria por la palabra reino en el texto en cuestión (2 Cor. 4:4) y tendremos lo siguiente: “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio del reino de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.
Sí, mi amigo, el diablo hará hasta lo imposible para que su entendimiento quede embotado para que no le brille a usted la luz que proviene del evangelio del reino de la Biblia, el único evangelio salvador que nosotros estamos predicando fielmente y de manera consuetudinaria en este blog.
Desgraciadamente, los más de los cristianos de hoy tienen ideas vagas o retocadas del verdadero evangelio bíblico que realmente nos resulta enormemente sorprendente e inaudito que suceda en este siglo XXI con tanta información disponible por internet. El diablo, sin duda, ha tenido un éxito enorme con la puesta en marcha de una táctica de “espiritualización” del reino que es muy maléfica y destructiva, y que ha estado desviando de la verdad a millones de llamados cristianos por todo el mundo por generaciones. El original Reino de Cristo ha sido así trastocado por la Iglesia católica y después por sus hijas (el protestantismo en general), ¡y a nadie parece importarle este asunto tan crucial para nuestra salvación!
Es hora de que los ciegos abran los ojos y puedan ver la luz brillante que emana del verdadero y original evangelio del reino de Cristo, que es el evangelio de la gloria, de la gracia, y de la paz de Cristo.
Este blog está comprometido a este sagrado propósito para hacerle la guerra al diablo, el enemigo que se opone a Cristo y su reino de justicia que pronto se establecerá en la tierra.
La condición de Israel como el Reino de Dios en la tierra fue reconocida por el Señor Jesús, como es obvio por las expresiones que utilizó. Le dijo a los líderes injustos de su tiempo que su actitud infiel los descalificó para ejercer la autoridad en esa nación, y en consecuencia sería quitado y entregado a sus discípulos (ver Mateo 21:43; Lucas 12:32, 22 :29-30). En otra ocasión, les dijo a los discípulos:
“Vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se sentará en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis en doce tronos para juzgar las doce tribus de Israel” (Mateo 19:28).
Fue, sin duda, en previsión de ese momento, que los discípulos le preguntan a Jesucristo después de su resurrección: “¿Vas a restaurar el reino de Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6).
Se dieron cuenta de que era el propósito de Dios para hacerlo, y
ellos esperaban con anticipado interés el restablecimiento del Reino de Dios en la tierra, cuando un Israel disciplinado, educado y rejuvenecido tendría al Cristo como su rey, reflejando la gloria de su Creador, el Señor Dios de Israel (Jeremías 33: 8-10).
El “Reino de Dios” es un término bíblico que denota una voluntad divina, que refleja un reino político divino, tan real y tangible como cualquier otra nación de hoy, y que una vez existió en la tierra en el reino de Israel.
Este reino fue quebrado y dispersado entre las naciones a causa de la iniquidad y la rebelión de sus dirigentes y el pueblo, pero se restaurará de nuevo como la base del propósito de Dios en toda la tierra.
El Reino del futuro será diferente de la del pasado, sin embargo, por su autoridad estará a cargo de Reyes inmortales con Cristo como jefe. Así, los redimidos se les promete:
“Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones” (Apocalipsis 2:26).
Están representados en el canto:
“Tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación, y nos hiciste para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Ap. 5:9-10).
Además, el reino del futuro no se limitará a Israel, quien, sin embargo, ocupará el “primer dominio” (Miqueas 4:8), pero que incorporará todas las naciones (Ap. 11:15; Isaías 2. 2-4).
Luego Jerusalén volverán a asumir su condición antigua, y volverá a constituir el “trono del Señor” en la tierra. El profeta Jeremías dice:
“En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón ” (Jeremías 3:17).

Por T. Felipe V. Brock.

La Sociedad Watchtower de los Testigos de Jehová enseña que los únicos hijos de Dios y hermanos de Jesucristo son una elite privilegiada de cristianos llamada “la clase Ungida”, la cual tiene la dichosa esperanza de vivir en los cielos con el Rey Jesucristo.
