Archive for octubre, 2009


TabletasDiezMandamientosDelDios01Por Ismael Gómez

 LA CLAVE PARA IGNORAR LA VERDAD, ESTÁ EN EVITAR CONOCERLA  Andrés Menjívar

Un pequeño bosquejo de fácil comprensión del por qué los hijos de Dios guardan el sábado, séptimo día de la semana.  © 1999. Con excepción de las fuentes citadas, el contenido es propiedad del autor. Las citas bíblicas han sido tomadas de la Reina Valera Versión Antigua. 

ALGUNAS RAZONES PARA GUARDAR EL SÁBADO

¿Por qué se guarda el sábado, séptimo día de la semana como día de reposo? ¿Por qué los pocos que lo guardan no desisten de su empeño y en su lugar guardan el domingo, primer día de la semana? ¿Por qué una minoría insignificante de personas hacen lo contrario a lo que dos mil millones de cristianos hacen alrededor del mundo? ¿Por qué esa minoría no hace uso de razón y acepta que el cristianismo debe guardar el domingo en vez del sábado?

A decir verdad, empeñarse en guardar el sábado en vez del domingo más parece obstinación que uso de razón normal; carece de sentido.  Sí, esto y mucho más se dice frecuentemente al abordar el tópico del día de reposo. Sonoramente se dice que el sábado fue el día de reposo para los judíos, y que el día de reposo para los cristianos es el domingo. Incluso alguna que otra voz se levanta de vez en cuando declarando bajo maldición a quienes guardan el sábado, a los cuales con desdén se les llama “sabáticos”.

Toneladas de papel y tinta se gastan en la impresión de literatura que aclara y justifica la razón (o razones) por la cual los cristianos guardan el domingo. Es más, los registros históricos, partiendo del siglo segundo de nuestra era, claramente indican que el domingo ha sido el día de guardar. Los Padres de la Iglesia dan por cierto que el domingo es el día de guardar, etc.

 Ahora bien, si como se declara en repetidas ocasiones, en el sentido de que el sábado no es para los cristianos, entonces resulta innecesario declarar que el domingo es el día de reposo cristiano, después de todo, como se dice arriba, dos mil millones de cristianos lo guardan alrededor del mundo; enfatizarles el domingo carece de razón sencillamente porque está claro que ese es el día de guardar. Con todo, detrás del énfasis que se hace para validar el domingo, y detrás de todas esas declaraciones que lo afirman, posiblemente se esconde una realidad que el sentido común del cual estamos dotados impide evadir, impide disimular, es decir: que el sábado en el Nuevo Testamento está vigente, y que por mucho empeño que se tome por deshacerlo por medio de argumentos, siempre los intentos resultan infructuosos. Dios constantemente habla a la conciencia de los cristianos declarando la firme vigencia del día de reposo que él estableció desde la Creación.

¿Por qué si el domingo es el día de reposo para los cristianos, existe empeño en demostrar que eso es así? ¿Por qué si miles de millones lo observan persiste el empeño de hablar en contra del sábado? Porque si el domingo está claramente expuesto en el Nuevo Testamento como día de reposo, entonces no debiera haber empeño en hacerle tanta propaganda, después de todo, el sentido común claramente diría que no existe otro día de guardar; y aunque existan personas que no comparten esa idea, ellos constituyen una cantidad enteramente mínima, a los cuales tampoco debiera prestárselas alguna atención. Sin embargo, las posibilidades señalan hacia otra realidad. Perece que los ataques al sábado y a sus guardadores siempre resulta insatisfactorio e incompleto; es más, pareciera que esos ataques no son elaborados y dirigidos a los guardadores del sábado, sino a sostener una posición en la cual los cristianos claramente anuncian lo que han decidido creer.

 Así, pues, no siendo secreto que el domingo como día de reposo es observado por una grandísima mayoría, se presentan en las páginas siguientes algunas consideraciones a través de las cuales pueden verse las razones que impiden soslayar la observancia del Sábado. Se invita al amable lector a leer con reparos, y a meditar respecto a lo que en las páginas siguientes leerá. Lea y no se exaspere, lea y examine, sólo de ese modo podrá conocer si en verdad el sábado fue anulado o si está en vigencia para los hijos de Dios.

 Primera razón

“Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado…” (Mateo 24:20). En cierta ocasión los discípulos comentaban maravillados acerca de la belleza de Jerusalén. Para ellos, como para todo israelita, Jerusalén era la ciudad que Dios les había dado. Les era motivo de orgullo. Con todo y que los apóstoles esperaban recibir la aprobación del Señor, lo que oyeron fue totalmente diferente, fue lo que ellos no esperaban. Él les dijo:

“no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada” (Mateo 24:2).

De acuerdo a las palabras de nuestro Señor, cuarenta años después de su resurrección, el sábado continuaba teniendo vigencia entre su pueblo. Sin lugar a dudas la sorpresa fue tal que inmediatamente comenzaron a preguntarle acerca del significado de sus palabras y de su cumplimiento, ante eso el Señor empezó a declararles con amplia información lo que al tiempo señalado sobrevendría a la ciudad. Con esa información, los discípulos quedaron informados acerca de la destrucción que unas décadas más adelante tendría cumplimiento. Todo mundo ha leído en más de una oportunidad (Mateo capítulo 24). Todo mundo concuerda en que la destrucción de Jerusalén ocurrió en el año 70 de nuestra era, pero indudablemente nadie repara en el significado del (versículo 20); a éste vamos a comentarlo a continuación. Quienes viven en países en donde el invierno es verdaderamente helado, conocen muy bien el significado de las palabras que el Señor les está diciendo a sus discípulos:

“Rogad que vuestra huida no sea en invierno…”.

 Las temperaturas de los inviernos en los países tropicales no tienen ningún parecido con las bajas temperaturas que se alcanzan durante esa época del año en los lugares donde en invierno cae nieve. Uno puede sacar en conclusión que si en nuestro tiempo actual, a pesar de que las facilidades para protegerse en contra del frío son abundantes, aun así lo helado no deja de despertar bastante incomodidad; ¿cómo no habrá sido hace dos mil años, cuando la protección contra el frío era enteramente escasa?Sólo conociendo lo que es el frío invernal es que uno puede entender adecuadamente por qué el Señor les recomienda orar a Dios para que ellos no tuvieran que huir a buscar refugio en esa época del año. En ese mismo texto, el Señor también les dice:

“Orad, pues, que vuestra huida no sea…en sábado”.

 El Maestro recomienda a sus seguidores orar a Dios pidiéndole misericordia par no tener que salir huyendo en sábado porque ese día es de guardar, porque ese día es para honrar a Dios en obediencia a su voluntad. Se recomienda al lector poner toda la atención posible a lo siguiente: Cuando el Señor les dice eso a sus discípulos, era el año treinta de nuestra era, a él le faltaban pocos días para morir. El cumplimiento de sus palabras fue en el año setenta, o sean cuarenta años más tarde. Eso claramente indica que según nuestro Salvador, cuarenta años después de su muerte el sábado continuaba en plena vigencia. Si con su resurrección Cristo iba a anular el sábado ¿para qué necesitaban los discípulos orar a Dios para no tener que huir en sábado? Si el argumento popular estuviera en lo correcto al declarar que con su resurrección Cristo dio por terminada la observancia del sábado, entonces hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿Por qué, él mismo les recomienda orar a Dios para no salir huyendo en ese día? La situación es clara y evita pensar en que el Señor anuló el sábado, y lo es porque para él, aun después de su resurrección, el sábado continuaba teniendo vigencia entre su pueblo. ¿Entendió usted el punto? La creencia popular es amplia en afirmar que el domingo se guarda porque en ese día fue que Cristo resucitó,  pero…¿Acaso semejante declaración no contradice a las palabras del Salvador del mundo? Porque el hecho de que los cristianos estén definidos a guardar el domingo de ninguna manera significa que el Señor los apoye.

 Afirmar que los discípulos observaron el domingo en vez del sábado carece de fundamento porque de acuerdo al Señor ellos continuaron guardándolo sin interrupción. Es un desafío a las palabras del Señor argumentar que la “resurrección dominical” dio por terminada la observancia del sábado, sencillamente porque de acuerdo a las palabras de nuestro Señor, su resurrección no cambió en nada la santificación del sábado. El que los cristianos hayan decidido quitar la santidad del sábado para atribuirla al domingo en nada altera la voluntad del Crucificado, ¿o sí?

 Segunda razón

“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado… (Mateo 28:20). Al leer este texto fácilmente se entiende que los apóstoles obedecieron a las palabras del Divino Maestro. Él les mandó a predicar lo que él les había enseñado. ¿Podría caber la posibilidad de que ellos hayan predicado algo que él no les enseñó? El primer pensamiento que salta a la mente es: NO. Todo lector de los evangelios da por cierto que la misión de ellos fue obedecer la gran comisión. Seguramente, a nadie se le ocurriría pensar o creer que los apóstoles predicaron cosas que el Señor nunca les mandó. Ellos nunca enseñaron algo que el Maestro no les enseñó; todos damos por seguro que eso fue así.

Bueno, si eso es así, entonces se debe formular la siguiente pregunta: ¿Les enseñó el Maestro la anulación del sábado? ¿Les enseñó el Maestro que cuando resucitara, el sábado iba a perder su valor? ¿Les enseñó que su resurrección marcaría el comienzo de un nuevo día de adoración? No, el Señor nunca les enseñó semejante cosa.

 ¿En qué parte del Nuevo Testamento se encuentra que los apóstoles enseñaron la anulación del sábado? o, ¿En qué parte

del Nuevo Testamento se encuentra a alguno de los apóstoles estableciendo el primer día de la semana en sustitución del sábado? Porque si se dice que los apóstoles guardaron el primer día de la semana en obediencia al Señor, debe haber al menos un texto en donde el Maestro les haya dado esa orden. Y debe haber al menos otro en donde ellos establecieron el domingo. Lo cierto es que nada de eso se encuentra. Por no encontrarse ni la menor seña de eso es que el autor del libro “¿Por qué guardamos el Domingo” afirma que el cambio del sábado por el domingo se hizo “automáticamente”  (¿-?).

 Si ha de entenderse que los apóstoles predicaron lo que el Maestro les enseñó, de hecho ha de entenderse que ellos no predicaron la anulación del sábado. Consecuentemente, afanarse por buscar pistas donde el Señor o sus apóstoles anularon la observancia del sábado es infructuoso.

La anulación del sábado no debe buscarse dentro del Nuevo Testamento, sino en la historia eclesiástica. Quien lee el Nuevo Testamento fácilmente encuentra al Señor hablando acerca del sábado como estando en plena validez tanto antes de su muerte como después de su muerte, prueba de ello es (Mateo 24:20) que ya hemos comentado.

 Usualmente, para validar el domingo como día de reposo cristiano se citan unos versículos en el Nuevo Testamento que lo mencionan, con todo, esa mención nunca está encaminada ni siquiera a sugerirlo como sustitución del día al cual el Salvador les recomendó pedir a Dios no tuvieran que salir huyendo. El sábado fue el día de reposo para los apóstoles aunque actualmente se les atribuya haberlo sustituido por el domingo.

Si el hecho de ser mencionado varias veces el primer día de la semana en el Nuevo Testamento, se constituyera en la base cristiana para declararlo como el día en que los apóstoles reposaron, entonces habría que aceptar que los apóstoles también guardaron las fiestas mosaicas, prueba de ello son los versículos siguientes: (Hechos 2): del 1 en adelante. En ese texto claramente se ve a los discípulos reunidos orando, y cuando vino la fiesta judía de Pentecostés les fue derramado el Espíritu Santo.  (Hechos 18:20). Pablo consideraba necesario estar en Jerusalén para la fiesta de pentecostés. (Hechos 20:16). Pablo se apresuraba por hacer el día de pentecostés, si fuera posible, en Jerusalén. Otros versículos pueden mirarse en el Nuevo Testamento.

 Ahora bien, ¿El hecho de ser mencionada estas fiesta mosaica significa que los apóstoles la celebraron? Seguramente la respuesta popular inmediatamente concluirá que no. Pues lo mismo sucede con el primer día de la semana, porque el hecho de ser mencionado varias veces de ninguna manera significa que los apóstoles lo hayan tenido como su día de reposo, que es precisamente los que se les atribuye.

 Tercera razón

El sábado fue hecho por causa del hombre, no por causa del judío. “También les dijo: El Sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado. Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado” (Marcos 2:27-28).

 En estos dos versículos se encuentran algunos aspectos que merecen consideración:

Primero. El Señor dice que el sábado fue hecho por causa del hombre. Obsérvese que él no dice que el sábado fue hecho por causa de los judíos, sino del hombre. Eso significa que la observancia del sábado no es exclusiva para los israelitas sino para todos los hombres. El sábado continuará teniendo validez mientras existan hombres sobre la tierra. Curiosamente, uno también puede ver que la mujer fue hecha por causa del hombre, pero seguramente nadie piensa que ella fue hecha por causa de los judíos.  El sábado fue hecho porque Dios sabe que el reposo después de un período semanal de trabajo, es necesario.

 Segundo. El Señor se declara Señor incluso del sábado, dando a entender que así como es el Señor de todo lo creado, también lo es del sábado. En (Apocalipsis 1:10), Juan menciona “el día del Señor”. Este día del Señor no es uno literal de veinticuatro horas, sino un tiempo indefinido en el cual el apóstol fue traspuesto para recibir por medio de un ángel el conocimiento de cosas que en lo futuro iban a acontecer. Con todo, algunas veces se declara que ése es un día de veinticuatro horas, todo, para validar el domingo en lugar del sábado. Si hubiera de entenderse que Juan habla de un día semanal, y hubiera de entenderse que los apóstoles predicaron lo que el Maestro les enseñó, entonces la razón hace entender que Juan no estaba haciendo mención del domingo, sino del sábado, puesto que ése es en verdad el día del Señor.  Si Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebreos13:8), entonces su señorío sobre el sábado está vigente.

 

Cuarta razón

“La observancia del domingo por parte de los protestantes, es un homenaje que rinden, contradiciéndose a sí mismos, a la autoridad de la Iglesia Católica” Plain Talk About Protestantism [Conversación Clara sobre el Protestantismo, por el Padre Segur, página 213]. (Tomado del libro “El Día Casi Olvidado, página 106).

 Si ha de entenderse que los apóstoles predicaron lo que el Maestro les enseñó, de hecho ha de entenderse que ellos no predicaron la anulación del sábado.

 Es notorio que a nivel de Teólogos de renombre, la observancia del sábado está en plena vigencia, en cambio, la teología popular tesoneramente defiende lo inexistente, es decir, defiende la vigencia del domingo, atribuyendo a nuestro Señor ser su autor. Posiblemente no exista historiador religioso que desconozca que la observancia del domingo por parte de los cristianos es producto de la plena autoridad de la Iglesia Católica. Aceptar esta irrefutable verdad resulta intolerable para el protestantismo, con todo, la verdad continúa invariable.

 “La Iglesia Católica, por mil años antes de la existencia de un protestante, por virtud de su divina misión, cambió el día de sábado al domingo” [Catholic Mirror (El Espejo Católico), Septiembre de 1893]. (Tomado del libro “El Día Casi Olvidado”, página 107).

“b) La mayor parte de los protestantes guardan el día domingo como día del Señor, sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se dice que el domingo sea el día de guardar. Al contrario, en muchas partes de la Biblia se dice que el día de guardar es el sábado. Nosotros los católicos guardamos el día domingo como día del Señor porque los dirigentes que Cristo puso en su Iglesia (el Papa y los Obispos) han dispuesto que para los cristianos el día del Señor sea el domingo, porque Jesús resucitó en domingo” (Tomado del libro “Una Respuesta a los Protestantes, página 18. Diócesis de San Vicente, El Salvador, C. A. 1982).

 Sí, no importa cuánto se diga, no importa cuánto afán se tome en la búsqueda de argumentos “bíblicos” para validar el domingo, los hechos claramente señalan al sábado como estando en plena vigencia dentro de la Palabra de Dios. La Iglesia declara que el cambio lo hizo ella. Declara que su autoridad sobre los evangélicos está plenamente demostrada en la anulación del sábado, lo cual los evangélicos justifican buscando argumentos en el Nuevo Testamento.

 Quinta razón.

“Y a los hijos de los extranjeros que se llegaren a Jehová para ministrarle, y que amaren el nombre de Jehová para ser sus siervos: a todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto. Yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos…” (Isaías 56: 6-7).

 Popularmente y con sobrada razón, gran número de teólogos Neotestamentarios (del Nuevo Testamento), llaman a Isaías: el “profeta evangélico”; las razones para darle ese calificativo son bastante conocidas puesto que Isaías es el único profeta del Antiguo Testamento que más abundantemente habla acerca de nuestro Señor Jesucristo, de sus padecimientos mientras estuvo sobre la tierra, y de su reino venidero.

Aparte de él no existe otro profeta que describa vívidamente los sufrimientos del Mesías. Aparte de él no hay otro que describa cómo será el reino de Cristo sobre la tierra. Aparte de él no hay otro profeta que mencione exactamente cómo es que a Dios le agrada que su pueblo guarde el sábado (Véase Isaías 58:13).

 De igual manera, no existe otro profeta que hable tan claramente acerca de cómo los hombres de todas las razas, de todos los tiempos y de todos los lugares, están involucrados por nuestro Señor en la observancia del sábado. Sabido es que durante el tiempo en que Israel era el pueblo exclusivo de Dios, la entrada al templo estaba totalmente prohibida a cualquier persona, los únicos que entraban eran los israelitas; pero las cosas no iban a permanecer en ese estado eternamente, el tiempo vendría en que todo cambiaría totalmente para beneficio de la humanidad entera, eso comenzó a hacerse realidad cuando nuestro Salvador vino a la tierra a morir por todos los humanos. El contenido de los dos versículos arriba citados forma parte de una profecía que está por venir. Es una profecía a través de la cual Dios involucra a los hombres de todo el mundo.

Si se observa atentamente el versículo 6, se nota que el beneplácito divino sobre aquellos que gozarán en el monte de su santidad y que serán recreados en la casa de oración, enfáticamente señala a aquellos que guardan el sábado y que obedecen al pacto de Dios, no sobre quienes guardan el domingo.

 Quienes conocen las Escrituras saben que el sábado es parte del pacto divino, con todo, Dios habla del sábado como poniéndolo por separado debido a la importancia que para él tiene el que sus hijos lo guarden.  El tiempo viene en el cual el templo será construido, mas no será exclusivo para los israelitas sino para todos los pueblos.  Al templo tendrán acceso quienes obedecen a la observancia del sábado.

 El pacto del cual Isaías hace mención, es el mismo al cual se refiere Jeremías 31:31-32, él cual fue sellado por nuestro Señor Jesucristo, cuyas leyes no serían nunca más escritas en dos tablas de piedra sino en el corazón de los redimidos.  AMÉN.

 

Andrés Menjívar

menjivaa@cadvision.com

biblioteca

Fuente: http://www.geocities.com/alfil2_1999/secciondelibros.html

Títulos

 40.El contendor por la fe

Fuente:http://www.geocities.com/alfil2_1999/sabado.html
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¿Por qué guardan ustedes un solo sábado? El séptimo año y también el año de jubileo eran sábados. (Levítico 25:1-22). ¿Por qué guardan uno y dejan de guardar los otros?

¿Por qué basan tanto de su religión en el día del sábado, cuando sabemos que el Señor enseñó que tanto la ley como los profetas se basan en el amor y no en guardar la ley? Comp. Mateo 22:34-40 con Romanos 13:8-10).

¿Cómo es que encienden fuego en el séptimo día, a pesar de que esto estaba prohibido en la ley levítica? (Éxodo 35:3). Al hacerlo, ustedes quebrantan la ley del sábado.

Dígannos cuándo y dónde mandó el Señor Jesús, o alguno de sus apóstoles, u otro escritor de la Biblia, que algún gentil guardase los Diez Mandamientos. Bastarán sólo el capítulo y el versículo.

¿Pueden darnos un pasaje bíblico donde se mande a los gentiles a observar el sábado según la ley? Otra vez, simplemente dennos el capítulo y el versículo.

Dicen que el sábado se guardaba antes de darse la ley a Moisés. La ley de la circuncisión también fue dada a Moisés. (Génesis 17:10). Entonces, ¿por qué no practican la circuncisión, siendo que éste es uno de los mandamientos claros de de la ley? De nuevo preguntamos: ¿Por qué uno sí y el otro no?

El apóstol Pablo escribe en Gálatas 3:19 que la ley fue dada a causa de las rebeliones. Ustedes enseñan que la parte de la ley que se refiere al mandamiento de guardar el sábado fue dada al hombre inmediatamente después de su creación, pero las Escrituras dicen que fue después de la caída. ¿No ven que la teoría adventista de que la ley fue dada en dos entregas no concuerda con los hechos?

¿Por qué será que, en los mandamientos dados a nuestros primeros padres en el Edén, y en los que fueron dados a los patriarcas Noé, Abraham, y otros no se hace ni una sola referencia al deber de guardar el sábado? ¿Por qué no se menciona la palabra sábado sino cuando habían pasado más de dos mil años desde la creación del hombre? Si las teorías adventistas fueran ciertas, ¿no se había de hacer referencia al deber de guardar el sábado muchas veces antes del capítulo 16 de Éxodo?

¿Dónde dicen las Escrituras que se haya dado mandamiento alguno de guardar el séptimo día antes de que el pueblo de Israel fuese redimido de la esclavitud en Egipto? Habrá que citar capítulo y versículo en cada caso, sin hacer referencia a Génesis 2:1-3, pues allí no hay mandamiento.

Si el mandamiento fue dado a Adán en el día de la creación, ¿cómo es que se equivocó de fecha? Adán fue creado el sexto día; el séptimo día al cual se hace referencia en el Génesis fue el segundo de su existencia. Si Adán tuvo que trabajar seis días y luego descansar en el séptimo, ya estaría equivocado por cinco días en su cálculo. El sábado suyo no sería el séptimo día porque habría trabajado un solo día. “El sábado de Adán fue un sábado del segundo día”.

¿No han leído  Nehemías 9:12-14, donde dice claramente que el sábado fue dado al pueblo de Israel en el Monte Sinaí? Viendo que el sábado fue dado solamente a Israel, ¿por qué insisten en obligar a otros a guardarlo?

¿Por qué ponen ustedes a los gentiles bajo el sábado, cuando a ellos nunca les fue dado? La ley dice: “Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel”. (Éxodo 31: 16, 17). No hace mención de los gentiles. Léanse también Ezequiel  20:10-12.

La ley dice: “El día séptimo os será santo, día de reposo para Jehová; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno morirá”. (Éxodo 35:2; 31:14). Si la primera parte de la cita es obligatoria para los cristianos, debe serlo también la segunda parte. ¿Por qué no cumplir la ley que manda matar a los que trabajan en el día sábado?

¿Por qué comen lo que ha sido preparado con un fuego encendido en día sábado? ¿No saben que así infringen la ley sobre la cual basan su salvación eterna? (Éxodo 35:1-3, 16:23-30).

¿Por qué no cumplen con la ley ofreciendo sacrificios cada sábado? Es parte esencial de la ley del sábado, según Números 28:9, 10, pero ustedes no respetan la ordenanza.

Si los mandamientos o la ley quiere decir los Diez Mandamientos, y nada más, ¿por qué respondió el Señor Jesús acerca de la ley citando dos mandamientos que no se encuentran entre los diez? En Mateo 22:35-40, Él citó uno del libro de Levítico y otro en Deuteronomio. ¿Acaso empleaba el engaño? Si el adventismo está en lo correcto, entonces sólo una u otra de estas cosas es verdad.

El apóstol  Pablo describe la ley como un ministerio de muerte en letras grabadas en piedra. (2 Corintios 3:1-18; Éxodo 20:1-17; 31:18; 32:15, 16; 34:1-28). Nos dice que había de perecer. (2 Corintios 3:7-11). ¿Puede el adventismo decirnos quién la hizo volver?

En Gálatas 3:19, leemos que la ley fue puesta  hasta que viniese la simiente, dejando así claro que la ley no sería perpetua, sino que serviría por un tiempo definido. La Simiente, Cristo, ha venido y nos ha redimido de la ley. (Gálatas 3:13). De manera que, según las Escrituras, ha terminado el período para el cual nos fue dada la ley. Somos libres de ella.  (Nótense también Romanos 7:1-6). ¿Aceptan los dichos de la Palabra de Dios en este sentido?

Si los cristianos están obligados a guardar el sábado, ¿por qué no fue incluido esto en la importantísima carta enviada a las iglesias por el concilio de apóstoles y ancianos que se celebró en Jerusalén para considerar la cuestión de si los gentiles deberían guardar la ley? (Hechos 15:1-29).

Si los cristianos deben guardar el sábado, ¿cómo se explica que el Señor Jesús no hizo mención del tema, al enumerar los mandamientos al mancebo de Mateo 19:16-22? Y, ¿cómo es que el apóstol Pablo, escribiendo bajo la inspiración del Espíritu Santo, no trata en ninguna parte de sus varias epístolas la supuesta importancia de guardar el sábado?

En los capítulos 2 y tres de Apocalipsis se encuentran siete cartas de la gran Cabeza de las iglesias, dirigidas a siete iglesias locales. Son los últimos mensajes directos a las  iglesias sobre la tierra. Si fuese verdad lo que enseña el adventismo, ¿no les habrían recordado su deber de guardar el sábado?

Ustedes dicen que el domingo entró con Constantino en el siglo IV. ¿Cómo explican entonces que los “padres” de la Iglesia, que escribieron durante los primeros tres siglos después de Cristo, hablan del primer día de la semana para las reuniones de los creyentes?

¿Por qué porfían en que uno de los papas cambió el día de descanso del séptimo día al primero? Hay plena prueba histórica de que los cristianos observaban el primer día durante los siglos antes de que hubiese papa alguno.

Si debemos guardar el séptimo día, ¿cómo es que los apóstoles y los cristianos primitivos celebraban sus reuniones de mayor importancia, como la cena del Señor, el primer día en vez del séptimo?

¿Y cómo saben que de veras guardan el séptimo día? ¿Pueden estar seguros de que no ha habido errores en los cálculos dsde el día en que Dios descansó? Hay que tener en cuenta los cambios efectuados en el calendario en el año 46 A. C., cuando se convino en que el año tuviera sólo 345 días, para corregir los errores que se habían acumulado. Se debe pensar también en la ley del año 1751, hecha “para corregir el calendario”, y que ordenó quitar 11 días del mes de septiembre. Con estas y otras modificaciones, ¿están ustedes seguros de que saben contar los días desde la creación?
¿Han leído Colosenses 2:14-17 acerca del acta de los decretos o la cédula de los ritos (el mandamiento de guardar el sábado es uno de ellos) que ha sido raída, quitada de en medio, y clavada en la cruz?

En los versículos 16 y 17 del mismo capítulo, vemos que ciertas cosas exigidas bajo la ley de Moisés, entre ellas la observancia del sábado, no son más que una sombra de lo por venir: El cuerpo espiritual de Cristo. Guardar el sábado es asir una sombra.

¿Han leído en Romanos 14:5, 6 que unos hacen diferencia entre día y día, pero otros juzgan iguales todos los días? Se agrega: “Cada uno esté asegurado en su propio ánimo”. ¿Por qué no insiste el apóstol en que los que juzgaban iguales todos los días debían estimar el séptimo como superior a los demás días para santificarlo?

El tema principal del adventismo es guardar la ley, especialmente la ley del sábado. Ahora, en el Nuevo Testamento encontramos que cincuenta veces se hace mención de predicar el evangelio, diecisiete veces de predicar la Palabra, veintitrés veces de predicar a Cristo, y ocho veces de predicar el reino. Ni una sola vez se habla de predicar la ley o el sábado. ¿Cómo lo explican?

En el Nuevo Testamento se encuentra la palabra sábado unas sesenta veces. [El escrito se basa en la traducción Reina-Valera de 1909, que se emplea corrientemente en las congregaciones adventistas]. Ustedes admiten que en todos los casos menos uno se hace referencia al día sábado. Sin embargo, en este solo caso, Colosenses 2:16, donde la palabra es la misma en los textos en griego, quieren hacernos entender que tiene otro sentido. ¿Por qué? ¿No será  que los versículos 2:16, 17 echan por tierra sus argumentos en cuanto a que los cristianos deben guardar la ley?

¿Saben ustedes que en Gálatas 3:32-25 se dice que la ley fue nuestro ayo [mentor] para llevarnos a Cristo, pero que, venida la fe, ya no estamos bajo ayo? Por tanto, ya no estamos bajo la ley.

Hay una advertencia en el Nuevo Testamento contra el pecado mencionado en cada uno de los diez mandamientos, menos el cuarto. En cambio, no se hace mención en todo el Nuevo Testamento del deber de guardar el sábado. Fíjense, por favor, en las citas de las Sagradas Escrituras que presentamos a continuación, citando en cada caso el capítulo del Éxodo con su pasaje correspondiente en el Nuevo Testamento: 20:3 No tener dioses ajenos; Hechos 14:15. 20:4, 5. No hacerse imágenes; 1 Juan 5:21. 20:7 No  tomar el nombre de Dios en vano; Santiago 5:12. 20:8 Guardar el sábado; ¡No hay! 20:12 Honrar a los padres; Efesios 6:1, 2. 20:13 No matar; Romanos 13:9. 20:14 No adulterar; Romanos 13:9; 1 Corintios 6:9. codiciar; Efesios 5:3. Ahora, si es pecado no guardar el sábado de los judíos, ¿cómo es posible que no se advierta de ello en todo el Nuevo Testamento, especialmente cuando figuran en el Nuevo Testamento los otros mandamientos de la lista de diez?

El sábado es parte de la ley; por lo tanto, ponerse bajo el sábado es ponerse bajo la ley. Pero Gálatas 3:10 dice que todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición. ¿Cómo puede uno desearse tanto la maldición de Dios?

Dice Gálatas 5:4 que “vacíos son de Cristo” los que vuelven a ponerse bajo la ley después de ser salvos por gracia, y que ellos “han caído de la gracia”.
Se nos enseña en Romanos 7:4 que el creyente en Cristo está muerto a la ley, pero la teoría adventista representa a sus creyentes como del todo vivos a la ley. He ahí una grave contradicción con la Palabra de Dios. 

Los diez mandamientos “en letras grabadas en piedra” son un ministerio de muerte, según 2 Corintios 3:7. Este ministerio de muerte había de perecer, 3:11. Pero, ¿no es cierto que los señores del adventismo, al citar los mandamientos, casi siempre dejan fuera estas palabras de introducción? Este texto demuestra que los mandamientos fueron dados solamente a Israel (por mucho que nos manifiestan a nosotros la santidad de Dios), y dejan entrever que la teoría adventista está errada.

¿Han notado que los diez mandamientos comienzan con Yo soy Jehová tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre? De nuevo estamos frente a una manifestación de que se trata de ordenanzas dadas específicamente a Israel.

Los diez mandamientos se repìten en Deuteronomio capítulo 5, y allí se encuentran las siguientes palabras: Acuérdate que fuisteis siervo en Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá …; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo, 5:15. De nuevo vemos claramente que la ordenanza del sábado fue dada a un pueblo que había salido de Egipto. Esto no cuadra con la teoría adventista.

Los adscritos al adventismo enseñan que hay dos leyes: (i) los diez mandamientos, que ellos llaman la ley de Dios, y (ii) la ley ceremonial, que ellos llaman la ley de Moisés. ¿Pueden darnos, por favor, un solo capítulo y un versículo (en el Antiguo Testamento o en el Nuevo) donde se hace la distinción?

Vamos ahora a Nehemías 8:1-3, 8:14, y 9:3. Al hablar del único libro que se leía, aquellos pasajes lo llaman (i) la ley de Moisés, (ii) la ley de Dios, (iii) el libro de la ley, y (iv) la ley de Jehová su Dios. Se intercambian las palabras indiferentemente por tratarse  de un solo libro, una sola ley.

EL REPOSO DE DIOS

descanso¿Guardar el sábado significa entrar en el reposo de Dios?

Jack Gent

Tomado de The Archives
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¿Se ha preguntado Ud. alguna vez cómo es que el sábado era una sombra de la realidad que habría de reemplazarlo, y que esa realidad era Cristo? Sé que tenía que ser así porque las Escrituras son muy claras sobre este punto. Sin embargo, a causa de la manera en que fui criado, me era difícil verlo.

Col. 2:16 — Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida o en cuanto a días de fiesta, luna nueva, o días de reposo. Estas son sombras de las cosas que habrían de venir; la realidad, sin embargo, se encuentra en Cristo.
No se podrían pronunciar palabras más claras, pero veamos si las Escrituras nos muestran cómo es esto.

Gén. 2:2,3 — Para el séptimo día, Dios había concluido la obra que había estado haciendo; así que en el séptimo día reposó de toda su obra. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra de la creación que había hecho.

¿Ve Ud. la diferencia entre la descripción del séptimo día y la descripción de los seis días anteriores? Después de cada uno de los seis días de la creación hay siempre esta afirmación que pone fin a cada uno de ellos: “Y fue la tarde y la mañana el cuarto cuarto,” por ejemplo. Esta afirmación fue omitida después de la descripción del séptimo día. Al séptimo día no se le asignó un punto de terminación. En el séptimo día, después de los seis días de la creación concluida, Dios reposó.

Adán y Eva entraron al reposo de Dios, en el cual habrían de disfrutar de una relación personal con su Creador, una relación que no terminaría nunca. El supremo amor a su Creador y el amor del uno por el otro era su mayor deleite. Se les dio un mandamiento — no comer del árbol del conocimiento del bien y el mal. El castigo por quebrantar este mandamiento era la muerte. Si honraban este mandamiento, este reposar en la presencia de Dios continuaría por la eternidad.
 
Luego vino el pecado por comer del fruto prohibido en violación de esta orden directa de Dios. Esto produjo la separación entre ellos y Dios, como el pecado siempre lo hace. El reposo de Dios terminó para ellos y fueron expulsados del jardín.

Dios tiene sólo una manera de traer al hombre de vuelta al reposo de Dios, y es a través de Cristo. Si el sábado fuera una sombra del reposo de Dios en Cristo, el hombre no podría ser introducido a este reposo sin el derramamiento de la sangre del cordero pascual, que apuntaba al grande y sacrificial Cordero de Dios. En consecuencia,  el cordero fue muerto –la sangre de la Pascua es rociada –el Señor saca a su pueblo redimido –(puesto aparte y separado de losegipcios entre los cuales vivía) se cantó el cántico de redención (Éx. 15:1-18) –se dio el maná del cielo –(que representaba a Cristo).

Ver Juan 6:58 — “Éste [Él mismo]es el pan que bajó del cielo. Vuestros padres comieron maná y murieron, pero el que come de este pan vivirá para siempre.” Fue entonces, y sólo entonces, cuando el sábado se estableció expresamente.

“Esto es lo que el Señor ha dicho, ‘Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová.’ (Véase Éx. 16:22-30).

Como sombra del reposo en Cristo, dos cosas son absolutamente esenciales:

(1) Que sea dado consecutivo a la redención y por esa misma razón.

(2) Que sea dado solamente a aquéllos así redimidos, como marca o señal de su redención.

Éx. 19:4 — Vosotros [los israelitas] vísteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os traje a mí.

Aquí se habla de que ellos fueron redimidos de una vida de esclavitud en Egipto, para convertirse en una nación especial para Dios sobre todas las naciones. Fue a este pueblo redimido, y a él solamente, a quien se le dio la orden, “acuérdate de santificar el día sábado.”

Deut. 5:15 — Acuérdate que fuiste esclavo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.

¿Podría haber lenguaje más claro que éste? Que la sangre vertida por el cordero pascual los había separado de su servidumbre en Egipto y los había traído a Dios por tipo. Esta era la base para esta afirmación de Dios — “Por lo tanto el Señor tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.”

Por supuesto, tenemos prueba absoluta de que esta orden fue dada solamente a los israelitas en el tiempo de su permanencia en Sinaí, a partir de este texto:

Deut. 5:2-3 — El Señor nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb [Sinaí]. No con nuestros padres hizo el Señor este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.

Luego, desde los versículos 6-21, Moisés les lee los Diez Mandamientos. Nuevamente, esto es tan claro que cualquiera que dispute esto debe, por necesidad, continuar su disputa con el Señor. Si Dios hubiese anunciado, y les hubiese dado, su sábado a todos los hombres, esta maravillosa conexión con una redención plena no tendría ningún significado.

Neh. 9:9-14 — Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo, e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos y contra todo el pueblo de su tierra …

Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir. [El los está redimiendo de su esclavitud en Egipto.]

Y les anunciaste tu santo sábado, y les diste mandamientos, decretos, y leyes por mano de tu siervo Moisés.

¡Cuán impresionante es este tipo! El verdadero “reposo de Dios” sólo puede ser conocido por aquéllos que han obtenido la redención a través de Su sangre, y el perdón de sus pecados. Estrictamente hablando, el sábado era una señal entre Dios y sus redimidos hijos de Israel.

Eze. 20:12 — Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico.

Es fundamental que veamos que a ellos no se les ordenó que guardaran el sábado para ser santificados. Era una señal de que Él, por la muerte del cordero, los había santificado, es decir, los había separado de los egipcios para Sí mismo; y ellos habían de guardarlo como señal de que ellos habían sido separados para Dios. Es imposible decir que este reposo sabático fue dado a todo el mundo, y luego decir aquí, en muchos lugares, que era una señal de que ellos habrían de ser santificados del mundo para Dios. Esto produciría afirmaciones contradictorias. No se les ordenó obedecer para que fueran redimidos, sino porque habían sido redimidos.

Nótese cuán fiel a la sombra es la realidad, el tipo al antitipo. En el antitipo, nadie tiene esta señal sobre él: paz con Dios. Nadie entra en Su reposo, sino sólo los que creen, sólo los que se acercan a Dios a través de la redención que es en Cristo.

Cualquiera que intente mejorar su oportunidad de obtener la salvación obedeciendo la ley, perfeccionando su carácter, o por medio de algún otro digno proyecto, lo hace bajo la maldición de Dios.

Gál. 3:10 — Todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición.

Gál. 4:4 — Cuando tratáis de justificaros por medio de la ley, vuestra relación con Cristo queda por completo cortada.

En todas las religiones del hombre, él nunca puede entrar al reposo por sus obras. Cesar de las obras es la única base posible para entrar en el reposo. Dios cesó de sus obras en la creación y entró en aquel reposo, habiendo concluído todo. ¿Cuánto contribuyeron Adán y Eva a esta obra creadora que condujo a este reposo? Nada, por supuesto, y ninguna participación era posible o necesaria.

¿Y no concluyó Cristo su obra de redención? ¿Y no le ha levantado Dios de entre lols muertos? “El cual, habiendo expiado por sí mismo nuestros pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.” Todo el cielo está de acuerdo en que la obra de redención está concluida. El Redentor se ha sentado, y Dios le ha coronado de gloria y honor. El cielo entero exclama: “¡Digno es el Cordero!”

Considérese el problema de cualquiera que, en presencia de esto, diga: “¡No! Esa redención concluida no es suficiente. Ella sola nunca puede darme la paz con Dios. Debo añadir mis buenas obras, mi justicia, mi perfección de carácter, etc.” ¿Nos da Dios una lección con la sombra (sábado) para informarnos de cómo Él mira nuestros esfuerzos para suplir Su obra perfecta — a la cual apuntaba la sombra?

¿Recuerda Ud. al hombre que fue sorprendido recogiendo leña en sábado — poco después de haber iniciado el peregrinaje en el desierto? (Núm. 15:32). Se preguntó qué se debía hacer con él. El Señor dijo: “Irremisiblemente muera aquel hombre.”

Los hombres pueden presuntuosamente negar el testimonio del Espíritu Santo en favor de la obra concluida por Cristo. Pueden pensar que es cosa liviana quebrantar ese sábado, ese reposo, sólo recogiendo unos pocos pedazos podridos de sus propias obras.

Piense en esto. Si la sombra fue protegida por una sentencia de muerte, ¿cuáles serán las consecuencias para el alma que se atreva a pecar contra el Espíritu Santo menospreciando la gran salvación, el sábado eterno del reposo en Cristo?

Ahora, ¿no hay algo muy peculiar en la prohibición de llevar a cabo toda suerte de trabajo en sábado? Aquí la paga de las obras es muerte; no sólo es muerte la paga del pecado, sino que, si las obras se ejecutan — sí, si se ejecutan cualesquiera obras para salvación, para el reposo, para la paz — la paga de tales obras será la muerte eterna. ¿Puede algo ser más malvado, más cruel, para nuestras propias almas, que confiar en algún otro evangelio de las obras para salvación, negando así el evangelio de la gracia de Dios? ¿Puede algo ser más insultante, más desagradable a Dios, por cualquier clase de obras, que negar el sábado del reposo de Dios en Cristo? ¡Cuán impresionante, entonces, es Cristo con el sábado en todo aspecto!

Así como la sombra del sábado no admitiría ninguna carga y ningunas obras, así también Cristo — la sustancia — el reposo de Dios — es necesario que permanezca solo.

Mat. 11: 28-30 — Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Este es “el corazón del evangelio.” Este es Jesús ofreciendo reemplazar el yugo de la ley de ellos, que representaba la justicia de ellos, por Su perfecta justicia, si sólo creyeran en Él.

Deut. 6:24, 25 –El Señor nos mandó obedecer todos estos decretos [el pacto sinaítico] y temer al Señor nuestro Dios, para que prosperemos siempre y conservemos la vida, como hasta hoy.

Y si somos cuidadosos en obedecer toda esta ley delante del Señor nuestro Dios, como él nos lo ha mandado, ésa será nuestra justicia.

La justicia de ellos se había basado en su observancia de la ley — una tarea imposible — una tarea que nadie sino Cristo pudo jamás cumplir. No creyendo que él era quien aseguraba ser, rehusaron aceptar esta maravillosa oferta. Estoy seguro de que la consideraron demasiado fácil y simple para que fuera real. Pablo dice de estos mismos israelitas:
 
Rom. 10:3,4 — Porque ignorando la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.

Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

La justicia que viene de Dios a consecuencia de la resurrección de Cristo es un don gratuiito a todo aquél que cree en Él. Cualquiera que trate de aumentar esta justicia para salvación, ya sea por la obediencia a la ley, la observancia del sábado, o cualquier otra causa digna, a la vista de Dios es tan culpable como el hombre que recogía leña en la época de la sombra. (Sábado).

Reconsideremos que este reposo, que se exigía en relación con el sábado, era un reposo físico y era extremadamente estricto aún en relación con actos de menor importancia (como el recoger unos pocos palos de leña). Llevar cualquier clase de carga física estaba prohibido:

Jer. 17:21,22 –Esto es lo que dice el Señor: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo y de meterla por las puertas de Jerusalén. No saquéis carga de vuestras casas en el día de reposo, ni hagáis trabajo alguno…

En presencia de estas órdenes de no llevar carga alguna en sábado, es notable la acción de Jesús al sanar al que había estado inválido por 38 años. (Juan 5:1-18). Lo de este hombre era una dolencia crónica que había durado largo tiempo, no una situación de urgencia. Jesús pudo haberle dicho: “Levántate,” y el hombre habría sido sanado. Pero, para enseñar una lección, también le dijo: “Toma tu lecho y anda.” Jesús le pidió a este hombre que deliberadamente quebrantara la ley. Jesús no estaba demostrando la manera correcta de guardar la ley, sino que estaba mostrando que la ley estaba en proceso de llegar a su fin, y que Él tenía la autoridad para hacer que esto ocurriera.

Juan 5:18 — Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre..

Ésta era una acusación que él nunca negó. En otro episodio de sanamiento, el de un hombre que había sido ciego desde su nacimiento, Jesús podría haberle restaurado la vista con una sola palabra, pero nótese cómo lo hizo:

Juan 9:6 — …escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo:”Vé a lavarte en el estanque de Siloé.”

Esta tampoco era una situación de urgencia, y se hizo en sábado, incluyendo trabajo, tanto de parte de Jesús, que hizo lodo con la saliva, como de parte del hombre, que tenía que viajar al estanque de Siloé para lavarse del lodo.
 
Nuevamente, ésta no era una lección para demostrar la correcta observancia del sábado, como lo exigía la ley, sino para mostrarles que la sombra (el sábado) estaba siendo reemplazada por la realidad (Cristo), al cual la sombra apuntaba. Este reemplazo de la sombra por la sustancia se completó en la cruz.

Col. 2:13-17 — Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra naturaleza pecaminosa, Dios os dio vida juntamente con Cristo. El nos perdonó todos nuestros pecados, habiendo cancelado el código escrito [Pacto Sinaítico] con sus regulaciones, que nos era contrario y se nos oponía; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; la realidad, sin embargo, es Cristo.

Esto debería resolver el asunto para siempre. Cuando se trata de abolir las creencias que nos son queridas, aún la Palabra de Dios a veces parece no ser suficiente — para nuestra eterna vergüenza. Note otra vez:

Rom. 14: 5 — Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

¿Puede Ud. visualizar a Pablo predicando y usando este texto en el funeral del hombre de Núm. 15:32-36, que había sido muerto por recoger unos pocos palos de leña en sábado? No debería sernos difícil ver que ha tenido lugar un cambio drástico en las reglas que gobernaban la conducta durante la dispensación de la sombra, el sábado semanal con su descanso físico, en comparación con el reposo continuado, el reposo espiritual de Dios, la obra que Cristo completó en la cruz para nuestra salvación.

La santificación del séptimo día era la expresión del reposo de Dios en una creación completada, y era el tipo del reposo de Dios en una redención completada.

Ahora, considere esto. ¿Qué papel jugó el hombre en la creación? Exactamente el mismo que podría jugar en la redención. En el caso de Israel, la redención era la obra de Dios mismo. El enviar pan del cielo era la obra de Dios mismo; y como recipiente de la gracia de Dios, el sábado se le dio a Israel entonces. De ninguna otra manera puede Ud. entrar al reposo de Dios en Cristo, sino como deudor de la ilimitada gracia de Dios, que no perdonó a su propio Hijo unigénito.

En el libro de Hebreos tenemos importante información relativa al reposo sabático en la dispensación del Nuevo Pacto:

Heb. 3:7-15 — Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones como lo hicísteis en la rebelión, durante el tiempo de prueba en el desierto, donde vuestros padres me probaron y vieron mis obras por 40 años.

A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: “Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos.” Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

De acuerdo con estas palabras del Espíritu Santo, estos israelitas incrédulos, durante su peregrinaje en el desierto, jamás entrarían en el reposo de Dios a causa de su rebelión y su incredulidad. La Biblia no puede estar hablando aquí del reposo sabático semanal exigido por la sombra al entrar en ella fielmente cada día de sábado. Este es el Espíritu Santo hablándonos a nosotros, que vivimos en la dispensación del Nuevo Pacto. Este pasaje no puede estar hablando a aquéllos de épocas pasadas porque sólo en la cruz de Cristo alcanzaron su cumplimiento la ley y sus reglamentos, incluyendo el sábado.

Aquí se nos exhorta a entrar en el reposo de Dios, que es como era el reposo en el que Adán y Eva entraron después de la creación, un reposo espiritual cada día. Es “ese reposo” el que nos da la paz con Dios en el conocimiento de que nuestra redención por medio de Cristo se completó en la cruz. Hemos de exhortarnos los unos a los otros diariamente, entre tanto que se dice Hoy, de manera que ninguno de nosotros sea endurecido por el engaño del pecado.

Heb. 4:1-11 — Por lo tanto, puesto que la promesa de entrar en su reposo todavía permanece, tengamos cuidado no sea que alguno de nosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos [los judíos que oyeron el evangelio de la boca de Jesús]; pero no les aprovechó el oir la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. [Rehusaron aceptar a Cristo como el Mesías]. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: “Por tanto, juré en mi ira: ‘No entrarán en mi reposo.’”

De la misma manera que los israelitas que habían sido redimidos de la esclavitud en Egipto, y sus descendientes, tenían derecho al reposo físico del sábado semanal, así también el reposo espiritual (el reposo de Dios) está limitado a todos los que creen en Cristo y han lavado sus pecados en la sangre de Cristo en la cruz. Han sido redimidos y apartados del mundo, y han entrado en el reposo de Dios. Este reposo es la paz con Dios en la certeza de la vida eterna por medio de Cristo.

Heb. 4 (Cont.) — Aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: “Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.” Y otra vez aquí: “No entrarán en mi reposo.” Falta que algunos entren en él, y aquéllos a quienes se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia.

Éstos tienen que ser aquellos judíos incrédulos del tiempo de Cristo porque el evangelio fue primero presentado por Jesús en aquel tiempo. Estaban guardando “el reposo” de la Sombra en cada día de sábado, pero no entraron al reposo de Dios, tal como es presentado en el nuevo pacto, a causa de su incredulidad. Con toda seguridad, Dios se está refiriendo a aquéllos en el tiempo presente que, mezclando buenas obras, obediencia a la ley, observancia del sábado, etc. en un esfuerzo para asegurar su salvación, caen en esta misma clasificación y no pueden entrar en este reposo.

Me gusta mucho la siguiente afirmación, pero no puedo recordar la fuente. — La religión falsa dice: “La buena conducta resulta en la salvación,” mientras la religión verdadera dice: “La salvación resulta en buena conducta.”
Heb. 4 (Cont.) — Otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo antes: “Hoy.”

Por lo tanto, Dios de nuevo establece un cierto día. ¿Qué día había establecido anteriormente? Sólo podría ser el sábado. ¿A qué día se refiere cuando dice: “Dios otra vez determina un día”? De acuerdo con el texto que mencionamos más arriba, sólo puede ser Hoy. Esta era una oportunidad perfecta para que Dios especificara si otro día había sido solemnizado para convertirse en un día sábado diferente. Él no hizo esto porque el sábado original era una sombra de Cristo, y cuando Él reemplazó el sábado en la cruz, ese día había servido su propósito, y ahora toda nuestra atención debe volverse hacia Cristo, en vez de hacia cualquier día en particular.

Se deja que la iglesia decida y elija el día en que nos reunirnos para adorar a Dios de manera regular, pero esta decisión, aunque le agrade al Señor, no convierte a este día en un día santo. Toda la santidad de ese día fue transferida a Cristo, y ninguna parte de esa santidad ha de ser compartida con otro día. El día que Él escogió es Hoy y cada día, entretanto que se llame Hoy.

Heb. 4:8 y sig. — Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus propias obras, como Dios reposó de las suyas.

¿No está resultando tan claro como el cristal que el reposo sabático bajo el nuevo pacto no puede referirse al reposo asociado con la sombra? En la cruz, Cristo pagó un precio más que suficiente por nuestra salvación. Nada más se necesita, y nada más es aceptable. Aquéllos que creen en Él son purificados de sus pecados por Su Sangre y son santificados o separados del mundo.

Así como Cristo reposa de Su obra terminada en la cruz, los redimidos también entran en ese reposo. El reposo en el que ellos entran es un reposo de las obras como medio para alcanzar cualquier parte de la salvación, porque ésta es concedida de manera completa y sin costo alguno para el pecador. El Espíritu Santo entra en la vida del redimido y hace que produzca las obras del Espíritu, no de manera alguna para que obtengamos la salvación, sino porque ésta ya ha sido obtenida por medio de Cristo.

Fil. 2:13 — Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Para el que no ha cesado, y no quiere cesar, de sus propias obras, estos pensamientos serán verdaderamente horrorosos. Hablar del sábado como una sombra que ha pasado no puede ser soportado por nadie, excepto por aquéllos que han sido atraídos a la presencia de Dios y el reposo eterno en Cristo.

Pablo no nos deja ninguna razón para dudar de que la ley dada en Sinaí ha sido reemplazada.

2 Cor. 3:7-11 — Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras [los Diez Mandamientos] fue con gloria …¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del Espíritu? Si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación … Y si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.

Antes de que alguno se sienta tentado a pensar en cómo zafarse de la obvia conclusión que exige este texto, considere los versículos que siguen:

2 Cor. 4:2-4 — Antes bien, renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto, en los cuales el dios de este siglo [Satanás] cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo.

Confío en que estas palabras no se refieran a nadie que lea este folleto.

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¿Será verdad que todos los miembros del Cuerpo Gobernante de la Watchtower S.A, forman parte de la Clase Ungida privilegiada con la esperanza celestial? He aquí, en el siguiente vídeo, la respuesta a la pregunta.

FUERTE SISMO EN INDONESIA

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Un sismo de magnitud 6,4 en la escala de Richter se registró en el oste de la isla indonesia de Java, donde está situada la capital, Yakarta, informó la agencia de geología.

Sin embargo, no se lanzó ninguna alerta de tsunami. De acuerdo con el reporte, el sismo sacudió la costa cerca de Ujung Kulon, a unos 260 kilómetros al oeste de la capital, sin que por el momento se haya informado de víctimas o daños.

De igual forma, se informó que el país asiático prolongará hasta el próximo 30 de octubre la fase inicial de emergencia en la zona de Sumatra devastada por un terremoto el 30 de septiembre pasado, e iniciará después las tareas de reconstrucción.

Así lo decidió la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB), que hace tres días dejó de rescatar víctimas de entre los escombros. Syamsul Muarif, responsable de la BNPB, dijo a la agencia oficial Antara, que es preciso disponer de una serie de estudios de evaluación de daños antes de iniciar la fase de reconstrucción y rehabilitación, documentación que se está en proceso de elaboración, informó la agencia Efe.

 

tablasleyVersión 17-12-08

Por  Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Primero de todo, todos deberíamos tratar de estudiar la Biblia, de la manera más objetiva posible. Quiero decir, que al leer lo que dice la Biblia no debemos dejarnos condicionar por ideas preconcebidas, o por como lo interpretan los adventistas o cualquier otra denominación, sino que debemos dejar que la Biblia sea la que se interprete a sí misma. Creo que ese es el principio hermenéutico más válido e importante.

Una buena forma de analizar este tema o cualquier otro es empezar planteándonos la pregunta que presenta el asunto que se cuestiona.

¿Cuándo fue instituido por Dios el reposo del sábado como un mandamiento, en Génesis 2: 2, 3, al final de la semana de la Creación, o por el contrario en Éxodo 16:4-32, utilizando el maná como elemento pedagógico para que Israel aprendiera la obediencia y lo que más tarde se convertiría, no sólo en el cuarto mandamiento del Decálogo (Éxodo 20:1-17) sino también en la señal del pacto (Éxodo 31:12-17) ? 

Examinemos detenidamente Génesis 2:2, 3 

¿Establece Dios, en estos textos, un mandamiento de reposar de todo tipo de obra o de trabajo en el séptimo día para Adán y Eva, y todos sus descendientes? 

¿Es acaso un mandato imperativo como el que aparece en los versículos 16, 17: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; (17) mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2: 16, 17)? 

Génesis 2:2, 3: 

“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. (3) Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” 

Es conveniente leer este texto en la versión católica, Biblia de Jerusalén, pues ella nos aclara que el escritor del Génesis en estos pasajes evita toda alusión a la palabra reposo (shabbat):    

Génesis 2:2, 3 (Biblia de Jerusalén, 1998): 

“Concluyéronse, pues, el cielo y la tierra y todo su aparato, (2) y dio por concluida Dios en el día séptimo la labor que hiciera. (3) Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho.” 

Aunque está clarísimo que en este texto de Génesis 2:2,3 no hay mandamiento alguno de parte de Dios para que la Humanidad guarde este día de reposo, es también obvio que Dios nos está tratando de enseñar algo con su ejemplo. El día séptimo es distinguido con una bendición que los otros seis días de la semana no reciben. Además, dicho día séptimo es santificado. ¿Qué significa santificado? Santificar es poner aparte para uso sagrado, es decir para un uso no profano. Sin embargo, la Biblia no habla más del séptimo día hasta Éxodo 16:4-32, donde, con el episodio del Maná, Dios, les prepara para la obediencia del reposo sabático. Y esto sucedió antes de dar a su pueblo Israel en el Sinaí sus leyes. Por tanto, deducimos que los patriarcas, Noé, Abraham, Isaac, etc. no tenían este mandamiento. 

La razón que se nos da,  para bendecir y santificar el día séptimo, es “porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho.”. Observemos, que todos los días de la creación, excepto el séptimo llevan la coletilla: “y fue la tarde y la mañana el día …”. Dios hace toda su obra creadora, distribuyéndola en seis días, como para darnos ejemplo, de cuál debe ser la duración del ciclo semanal de trabajo para los seres humanos. Luego descansa en el séptimo día para mostrarnos con su ejemplo que es bueno que le imitemos, descansando de nuestras labores diarias un día de cada siete. Si así lo hacemos, ese tiempo del séptimo día es bendecido y santificado por Dios. Sin embargo, el descanso de Dios en el séptimo día de su creación, no se limita a ese día séptimo de “mañana y tarde” o sea de veinticuatro horas, que para nosotros, irremisiblemente, se repite cada semana, después de seis duros días de trabajo. 

El tiempo cuenta para los seres humanos, pero no para Dios porque es eterno e infinito. Él, que por definición, no puede cansarse, no obstante, hace distinción entre el tiempo ocupado en su labor creadora, y el dedicado al descanso u otra actividad distinta a la citada. Acabada su creación, entra en su descanso, el cual no se limita sólo a ese día séptimo de veinticuatro horas  sino que se extiende a la eternidad, gozando de los frutos de su creación. 

Descansar un día a la semana, ya sea el séptimo u otro cualquiera, sin duda, puede ser beneficioso para la salud física, psíquica y espiritual, siempre que se respeten estas tres manifestaciones del ser humano, pero esto no tiene nada que ver con el cuarto mandamiento de reposar el sábado dado, sólo, al pueblo de Israel.

No ponemos en duda que descansar un día de cada siete puede ser conveniente para la salud física, psíquica y espiritual de los seres humanos, especialmente cuando ese día de descanso se utilice para realizar actividades distintas del resto de la semana, y que contemplen, además del descanso físico y psíquico, una dedicación especial a hacer el bien al prójimo, y a crecer en el amor a Dios y a nuestros semejantes. Sin embargo, lo que debatimos aquí es si en el Nuevo Pacto, todavía sigue vigente el cuarto mandamiento de la ley de Dios que exige el descanso del sábado, o de un día a la semana, y que su transgresión fuera equiparable a la de cualquier otro de la ley de Dios.

La ley del Sinaí o de los Diez Mandamientos, es la base del Antiguo Pacto, y forma parte del sistema de leyes llamado la Torah, que conforma el Pentateuco. Este Pacto está vinculado únicamente con el pueblo de Israel antiguo. Esto quiere decir que jamás los llamados gentiles, y luego los cristianos tuvieron nada que ver con el citado Pacto.

Jesús aun estando bajo las leyes del Antiguo Pacto, lo que implicaba que seguía vigente todo el reglamento ritual para la observación del sábado, no tuvo reparos, dada su autoridad como Señor del sábado, en comenzar a quitar al reposo sabático toda la carga ritual que poseía, pues Él tenía que preparar al pueblo para su gradual desaparición. El reposo sabático, pues, dejaría de tener vigencia a la entrada del Nuevo Pacto, cuando se consumara su muerte expiatoria en la cruz. En ese momento el reposo sabático, al prefigurar el descanso de todas nuestras obras en la salvación sólo por los méritos y obra de Cristo, deja de tener sentido. Y de ahí en adelante, se obtiene el reposo, no observando un día sino depositando nuestra confianza en el Salvador. Por eso Jesús afirma que su “…Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo… (Juan 5:17).  Deducimos, pues, de estos textos, que también, Dios, el Padre, acabada su labor creadora, sigue inmerso en otras actividades, como por ejemplo, las de gobernador y Juez soberano de este mundo.

Juan 5: 16-18 

“16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. 17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. 18 Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. 

En los siguientes apartados trataremos de probar que el reposo sabático ya no es un mandamiento en el Nuevo Pacto. Para ello, dejaremos que la Biblia se interprete así misma. 

2. ¿Es, pues, una institución divina el sábado, y “debemos” reposar en él para seguir su ejemplo? 

A continuación transcribimos los textos que se relacionan con esta cuestión, y observaremos que Jesús  no confirma el reposo del séptimo día como un mandamiento, como estaba legislado en el Antiguo Pacto. Por el contrario, el se limita a ratificar la bondad del reposo sabático para los seres humanos, pero, en ningún caso, establece el “shabbat” como una obligación para todo creyente. 

Mateo 12: 5-8 

“5 ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? 6 Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. 7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; 8 porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.”  

Marcos 2:27, 28 

“27 También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. 28 Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” 

Lucas 6:5

“5 Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” 

En los textos citados arriba, además de recalcar la autoridad de Jesús sobre el sábado, como no podía ser de otra forma, puesto que Él mismo es Dios, “…todo fue creado por medio de Él y para Él” (Colosenses 1:16, úp.), también nos expresan que “el día de reposo fue hecho por causa del hombre” (Marcos 2:27).  ¿Qué quiere decir esto? No parece muy difícil deducirlo: Para los seres humanos es bueno reposar de las obras de los días de trabajo, al menos, un día de cada siete, y recordar que Dios es el Creador. 

La Biblia de Jerusalén, 1998, traduce Marcos 2:27, 28: Y [Jesús] les dijo: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado”, (28) De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.”. 

¿Es, pues, una institución divina el sábado, y “debemos” reposar en él para seguir su ejemplo? Sin embargo, literalmente, la Cristiandad no reposa en sábado, sino en domingo, excepto unas pocas denominaciones cristianas que consideran el sábado o séptimo día de la semana como un mandamiento de la ley de Dios. 

En mi opinión, de esos textos tampoco podemos deducir ningún mandamiento para reposar en sábado. Quizá, sólo que el reposo del sábado fue necesario para el hombre y cumplió su misión de prefigurar el descanso de todas nuestras obras en Cristo, incluso en el sentido que reposar un día de cada siete es muy conveniente para la salud física, psíquica y espiritual, esto último siempre que el tiempo se dedique a Dios con fe, y a hacer el bien al prójimo. 

Sin embargo, Cristo nos dice “Venid a mí  todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (29) llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas;(30) porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. ( (Mateo 11: 28-30). Luego nuestro reposo no está en observar un determinado día, ya sea sábado o domingo sino en confiar en la salvación obtenida por Jesús en el Calvario. 

3. ¿Cuál es el reposo de Dios que no pudo alcanzar Israel y que se nos insta a que entremos nosotros? 

¿Es la Tierra prometida, la nueva Jerusalén, el Paraíso, o simplemente significa creer en Jesús como nuestro salvador personal, o ambas cosas a la vez?  

¿Qué dice la Biblia al respecto? 

Hebreos 3:7, 8, 11-19: 

“7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, 8 No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, …

11 Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo.

12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, 15 entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 17 ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad. 

Hebreos 4:1-3 

“1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. 3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: “Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. 

En mi opinión, lo que deduzco de estos textos, es que entrar en el reposo de Dios es sinónimo a entrar en la salvación que viene por oír con fe el evangelio, la buena nueva de la palabra de Dios. Por eso el autor del libro de Hebreos afirma: “Pero los que hemos creído entramos en el reposo”. 

Luego entrar en el reposo o descanso de Dios no consiste en observar “el sabbat”, o en reposar o descansar de nuestro trabajo diario un determinado día a la semana, sino en creer y obedecer “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” (Efesios 1:13,14). Pero sigamos los razonamientos de Hebreos 4: 4-11: 

Hebreos 4:4-11 

4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. 5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. 6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, 7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: 

Si oyereis hoy su voz,

No endurezcáis vuestros corazones. 

8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. 9 Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. 10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. 

11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.” 

Hebreos 4:4 es un texto clave, porque relaciona claramente el reposo de Dios de todas sus obras en el séptimo día con el que experimentan los creyentes cuando entran en ese reposo que ha inaugurado Jesucristo “mediante la ofrenda de su cuerpo hecha una vez para siempre.” (Hebreos 10:10 úp). “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (Hebreos 10:14). “Este es el pacto que haré con ellos…(17) añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.” (Hebreos 10:16 pp., 17). 

Ahora tenemos libre acceso para entrar al “Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo.” (Hebreos 10:19 úp). Ha sido abierto, pues,  “el camino nuevo y vivo” a través de su sacrificio expiatorio (Hebreos 10:20). [El Padre] “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, (14) en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Colosenses 1:13, 14). 

San Pablo declara que desde el momento que depositamos nuestra confianza en la redención de nuestros pecados efectuada por Jesucristo, somos trasladados al reino de su amado Hijo. Utiliza el participio pasado del verbo, indicando que es algo ya conseguido, alcanzado en el pasado. Por tanto, cuando creímos, y depositamos nuestra confianza en Cristo como nuestro Salvador, fuimos trasladados a su reino. Si somos capaces de creerlo, esto es lo que significa entrar en el reposo del séptimo día de Dios, obtenido gracias a la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. 

4. Conclusión 

Entrar en el reposo de Dios, que en Hebreos 4:4, está indudablemente relacionado con Génesis 2:2, 3, es descansar en Jesús totalmente, obedecer al evangelio de la gracia de Dios, y desistir de confiar en nuestros propios méritos como obras de salvación. El ejemplo que no tenemos que imitar es la desobediencia en que cayó el pueblo de Israel. Entrar en el reposo de Dios es, pues, no ser incrédulo, confiar plenamente en la obra de Cristo, y obedecer la Palabra de la buena nueva de salvación con fe.  

La justicia que Cristo obtuvo es el reposo para todo creyente (Hebreos 3:11-14;4:1-11). El sábado de la creación, y el reposo del cuarto mandamiento son figura de la salvación que consiguió Jesucristo en la cruz (Véase Colosenses 2:14, 16, 17), y a la que todo ser humano puede acogerse si lo desea. 

Por ese motivo, el reposo del sábado ya no tiene un carácter de ley, obligatorio, puesto que ese mandamiento, es símbolo y figura del descanso que obtenemos cuando reposamos en Él. Y el resto de los nueve principios morales, algunos de los cuales Jesús amplificó en el sermón del monte (Mateo 5:17-48), dándoles una profundidad espiritual que no tenía la ley del Sinaí, siguen siendo obligatorios para todo el mundo, pues, como hemos dicho se resumen en amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo. 

Los que no aceptan a Cristo, y se justifican a sí mismos, creyendo que cumplen la ley, ésta les condena. Sin embargo, los creyentes en Cristo, quedan cubiertos por la justicia de Cristo. Esto es la justificación por la fe, o sea, nuestros pecados pasados, presentes y futuros son perdonados a causa de la redención efectuada por la sangre derramada de Cristo por nosotros en la cruz. (Véase Romanos 8:3-17; Hebreos 9:22, 26, 28; 10:12, 14, 18, 20, etc.) 

 Romanos 8:3,4 

“1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” 

Ahora bien, los creyentes no tienen licencia para pecar. Como dice Pablo, ….¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera.” (Gálatas 2: 17 úp., véase también 18-21). La justicia de la ley se cumple en nosotros, cuando no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:4). Pablo nos previene del error, de que, puesto que Cristo cumplió la ley por nosotros, ya podemos pecar libremente sin que nos condene la ley, y  nos amonesta cuando dice lo siguiente: 

Romanos 6:1-4, 11-14 

 “1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. 

11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. 

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” 

Romanos 5:1 

“1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” 

Ahora los creyentes en Jesucristo podemos entrar en el reposo de Dios, que es la paz que da la seguridad de la salvación obtenida por nuestro Señor, no un día de cada siete sino siete días a la semana, y trescientos sesenta y cinco días al año. Esto no es óbice para que sea muy bueno que los creyentes se reúnan un día o dos a la semana, pero no porque sea un mandamiento de la ley moral natural de Dios. Dios nos dio ejemplo al descansar el séptimo día de toda la obra creación, porque es bueno que el ser humano descanse periódicamente para su bienestar físico, psíquico y espiritual, pero nunca fue un mandamiento para la Humanidad, sólo lo fue para el pueblo de Israel, con quien Dios hizo el Pacto Antiguo. Los cristianos nunca pertenecimos al Antiguo Pacto sino al glorioso Nuevo Pacto en Cristo (Léase con detenimiento 2ª Corintios 3: 6-18). 

2ª Corintios 3:6-18 

“6 el cual [Dios] asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 

7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece. 

12 Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; 13 y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. 14 Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. 17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 

Obsérvense  los contrastes que hace San Pablo entre el Pacto Antiguo y el Nuevo. El Pacto Antiguo fue ministerio de muerte grabado con letras en piedras, es decir basado en las tablas de piedra de la ley del Sinaí, ministerio de la letra, que mata, contrario al ministerio del Espíritu. Ministerio de condenación en contraposición al ministerio de justificación del Nuevo Pacto en Cristo. El Antiguo Pacto aunque glorioso perece, pero el Nuevo mucho más glorioso permanece.  “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.” (2ª Corintios 3:17). 

En el mismo momento de morir Jesucristo en la cruz  “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo;..” (Mateo 27:51 pp.). Este velo es el que separaba el lugar Santo del lugar Santísimo del Santuario terrenal del Antiguo Pacto. Sólo el sumo sacerdote podía entrar en él una vez al año para la purificación de los pecados del pueblo. Así que el milagroso desgarramiento del velo del templo, con ocasión de la muerte de nuestro Salvador, simboliza que, a partir de ese instante, todos tenemos libre acceso, sin intermediación humana alguna, a la gracia de Dios para la sanación de nuestros pecados por medio de la sangre derramada de Cristo, su vida perfecta y muerte expiatoria (Véase Hebreos 10:19-25).  

Hebreos 10:19-25 

“16 Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, 17 añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. 18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. 

19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” 

Aparte de lo dicho anteriormente sobre estos textos, el autor del libro de Hebreos nos exhorta a mantener viva nuestra fe y esperanza en Cristo porque el día de su venida está cerca. Por ello, es bueno que los creyentes nos congreguemos para estimularnos unos a otros en amor y buenas obras. Sin embargo, no dice “no dejéis de congregaros para guardar el reposo del sábado o del domingo o de cualquier otro día”. Esto es indiferente. No hay mandamiento alguno en todo el Nuevo Testamento sobre observar un determinado día dedicado al reposo, al estilo del Antiguo Testamento. 

Al respecto, es interesante analizar un incidente que se produjo en la recién inaugurada  iglesia apostólica, en el que algunos creyentes en Cristo, judaizantes, ya intentaron imponer la vigencia del Antiguo Pacto, tratando de obligar a los discípulos a cumplir con la ley de Moisés (que como se sabe comprende, entre otras muchas leyes, las tablas del Pacto o sea la ley de los diez Mandamientos): “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidar [a los gentiles], y mandarles que guarden la ley de Moisés,” (Hechos 15:5). Sería conveniente leer  Hechos 15:5-31, para comprender mejor el problema que surgió a la primitiva iglesia. No obstante, para no extendernos, destacaremos sólo unos pocos versículos. 

Hechos 15: 

“10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. 

19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. 21 Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo. 

24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley,

28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.” 

Esta fue otra excelente ocasión para que los apóstoles resaltaran la importancia de observar el reposo sabático del Antiguo Pacto. ¿Por qué no lo hicieron? ¿Por qué sólo se limitaron a “que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación”? Simplemente, porque en el Nuevo Pacto en Cristo ya no está vigente (Colosenses 2:14-16). 

Carlos Aracil Orts.

www.amistadencristo.com 

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Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts@ gmail.com

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo que se indiquen otras versiones distintas. Las negrillas y los subrayados realizados al texto

losdiezmandamientos1Moshé Heston

Versión 14-12-08

Por Carlos Aracil Orts

www.amistadencristo.com.

carlosorts@gmail.com

¿Cuál es el día del Señor?
¿Cuál es el cuarto mandamiento? ¿Está abolida la ley de Dios?

Versión 07-12-08

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Estimado hermano en Cristo, sus tres incisivas preguntas que se interrelacionan son muy importantes, y me han estimulado para redactar este cuarto estudio sobre la ley. No puedo resistirme a responder a las cuestiones que usted me hace, puesto que pertenecí por casi treinta años a una iglesia que predica la vigencia y obligatoriedad del cuarto mandamiento de la ley de Dios, que requiere guardar el reposo sabático del Antiguo Pacto, como señal de fidelidad y pertenencia al pueblo de Dios. Además, le felicito porque están expresadas de una forma clara, sencilla, concisa, concreta y específica. Por tanto, merecerían ser respondidas de la misma manera para tratar de aclarar estas cuestiones sobre las que todavía subyace mucha confusión.

Con respecto a la primera pregunta, la gran mayoría de la cristiandad considera que el día del Señor es el llamado domingo –del latín [dies] dominicus (día del Señor) – en los países de tradición hispana, o Sunday en los de tradición anglosajona. Día del Sol, se le llamaba también a este día en la antigua Roma.

El domingo ha llegado a generalizarse en casi todo el mundo como el día que ocupa el lugar séptimo en la semana, puesto que ese es el lugar que se le da en la mayoría de los calendarios, y así es como lo definen muchos diccionarios. Sin embargo, si el sábado es el séptimo día de la semana, el domingo ha de ser obligatoriamente el primer día.

Más adelante, en este estudio, comprobaremos si la Biblia identifica, con suficiente claridad y sin lugar a dudas, que el día del Señor corresponde al primer día de la semana, o por el contrario, se refiere a otro día distinto. También trataremos de averiguar qué manifiesta respecto a cuál es el día de adoración y culto a Dios para los cristianos, y si sigue vigente, bajo la Nueva Alianza o Nuevo Pacto en Cristo, la obligatoriedad del reposo sabático que ordena el cuarto mandamiento de la ley de Dios (el Decálogo).

El Decálogo, o sea, los diez mandamientos de la ley de Dios o las diez palabras, fue revelado por Dios a Moisés, mediante dos tablas de piedra escritas o grabadas directamente por Dios, por eso se conoce también como las tablas del pacto o del testimonio (Véase Éxodo 31:18; 32:15,16; 34:1; 34:28; Deuteronomio 4:13; 5:2, 3; 9:9-11; 10:4).

El cuarto mandamiento de la ley de Dios (Éxodo 20:8-11; Dt. 5:12-15), a que se refiere la segunda pregunta, según la Biblia de Reina-Valera de 1960, se transcribe a continuación, aunque en esta versión hay que tener en cuenta que lo traducido como “día de reposo” equivale a  “día de sábado”.

Éxodo 20:8-11

“8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.”

Deuteronomio 5:12-15

“12 Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. 13 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 14 mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. 15 Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.”

A diferencia de la versión Protestante de Reina-Valera citada antes, la siguiente versión Católica de la Biblia de Jerusalén, 1998, ya  traduce correctamente “día de sábado” en lugar de “día de reposo”:

Éxodo 20:8-11

“(8) Recuerda el día del sábado para santificarlo. (9) Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, 10 pero el día séptimo es día de descanso en honor de Yahvé, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. 11 Pues en seis días hizo Yahvé el cielo, la tierra y el mar, y todo cuanto contienen, y el séptimo día descansó; Por eso bendijo Yahvé el día del sábado y lo santificó.”

La iglesia Católica, sin embargo, enseña, en su Catecismo (2196, art. 4) que el cuarto mandamiento de la ley de Dios no es el que aparece en cuarto lugar en todas las versiones de la Biblia, incluso en las católicas, como hemos visto antes, sino el que viene a continuación en cualquier versión bíblica: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios te va a dar.” (Éxodo 20:12, Biblia de Jerusalén, 1998). Ello se debe a que considera que el primer mandamiento del Decálogo comprende las órdenes dadas por Dios en Éxodo 20:3-5. Es decir, une el primer mandamiento con el segundo, de manera que de los dos hace uno solo. “No tendrás otros dioses fuera de mí, y los versos siguientes (Éxodo 20: 4, 5) que prohíben hacer imágenes o esculturas de tipo religioso y darles culto o postrarse ante ellas, formarían ambos parte del primer mandamiento.
Con lo cual la primera tabla de la ley sólo tendría tres mandamientos, siendo el cuarto mandamiento bíblico de santificar el sábado, pasado al tercer lugar. Esto tiene el inconveniente que los diez mandamientos dados por Dios en el Sinaí quedan reducidos a nueve. La iglesia Católica a fin de configurar, de nuevo el Decálogo, artificialmente,  desdobla el último mandamiento bíblico que está en lugar décimo, transformándolo en dos, con la misma prohibición de no codiciar aunque con algunos matices. 
Como conclusión, pues, diremos que, el cuarto mandamiento de la ley de Dios, forma parte del Decálogo, se encuentra registrado en el Antiguo Testamento de la Biblia, en Éxodo 20:8-11 y Deuteronomio 5:12-15, y se refiere a la obligatoriedad de santificar el día sábado, no realizando ninguna obra o trabajo secular, de acuerdo al reglamento revelado también por Dios (Éxodo 34:21; 35:2; etc.) para el correcto cumplimiento del reposo sabático. Por ejemplo, en este día Dios prohibió, recoger leña, hacer fuego, cocer o preparar la comida al fuego, llevar cargas, vender o comprar, o realizar cualquier tipo de trabajo. Sin embargo, para la iglesia Católica, de acuerdo a su  catecismo, se trata del tercer mandamiento, según se ha explicado anteriormente. Por tanto, para esta denominación el cuarto mandamiento, es el que figura en Éxodo 20:12: “Honra a tu padre y a tu madre…”. 

Con respecto a la tercera pregunta de si están abolidos los mandamientos no es posible dar una respuesta tajante sin hacer previamente una exposición razonada, que abarque todo lo revelado en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento. Para ello habrá que  distinguir entre la alianza que Dios hizo con Israel, que se llama Antiguo Pacto o Antigua Alianza y el Nuevo Pacto o Nueva Alianza en Cristo.

Consideramos que la cuestión -¿cuál es el cuarto mandamiento?- ya ha quedado contestada. Por tanto, en el cuerpo de este estudio seguiré con el desarrollo de la primera, ¿cuál es el día del Señor?, y con la tercera, ¿están abolidos los mandamientos?.

2. ¿Cuál es el día del Señor?

Como ya hemos expresado anteriormente el domingo es considerado el día del Señor para la gran mayoría de la cristiandad. Sin embargo, la Biblia no le da este título o denominación en ningún lugar, sino que llama simplemente primer día de la semana, a cuando resucitó Cristo, nuestro Señor. Tradicionalmente, la cristiandad ha creído que el día del Señor es el primer día de la semana, llamado domingo en el mundo hispano, porque en él se produjo el evento más grande de la historia de la humanidad, la resurrección de Jesús (Juan 20:1), que supuso la victoria sobre la muerte y la liberación de la esclavitud del pecado, con lo que se completó la obra redentora y recreadora de la humanidad (Juan 11:25; 19:30; 20:1; Romanos 5:17,18; 6:18, 22, 23; 1ª Corintios 15:21, 26, 54-57; 2ª Corintios 5:17; Hebreos 2:14-15; etc.).

La Biblia prueba que Jesús resucitó un primer día de la semana (Juan 20:1), al que más tarde se le denominó domingo. “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.” (Juan 20:19). Los discípulos de Jesús se reunieron en ese mismo primer día de la resurrección, y “ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro,…” (Juan 20:26 pp.), es decir, el primer día de la siguiente semana (domingo), estaban otra vez reunidos.

Estos textos, por sí solos no demuestran que el día de celebración y adoración de los cristianos pasó a ser exclusivamente el domingo, pues hay que tener en cuenta que la iglesia cristiana primitiva nacía en la tierra de Israel, y la mayoría de los primeros cristianos eran judíos guardadores de la ley del Antiguo Pacto, que incluía la observancia del sábado o séptimo día de la semana. Por lo tanto, no era factible que de la noche a la mañana, abandonasen su costumbre, de muchos años, de reunirse los sábados en las sinagogas, para pasar a reunirse los domingos o primeros días de cada semana.

Durante mucho tiempo, coexistieron como días de reunión y adoración para la primitiva iglesia cristiana, tanto el sábado como el domingo. Sin embargo, con la promulgación del domingo como día de descanso civil (día del Sol para el imperio romano) en el edicto de Constantino I el grande en el siglo IV (año 321 dC), empezó la preponderancia del domingo sobre el sábado, en cuanto al día en que los cristianos debían reunirse para adorar y celebrar el día del Señor. No obstante, la iglesia cristiana primitiva continuó celebrando ambos días, pues esta ley, tenía, en principio, solo un carácter civil, y no desterró la adoración en sábado completamente. Hubo que llegar al año 538, cuando se promulgaron leyes civiles más severas que forzaron a que fuese más viable y conveniente la celebración del día del Señor en domingo.

El Nuevo Testamento no establece la obligatoriedad de guardar u observar el reposo o descanso completo, como lo hacía la ley del Sinaí del Antiguo Pacto, de abstenerse de realizar todo tipo de obras profanas o seculares en un determinado día. Es más, en todo el Nuevo Testamento no aparece, ni una sola vez, mandamiento alguno al respecto.

Pablo así lo enfatiza cuando afirma que nadie puede juzgarnos respecto a que debemos guardar u observar el reposo en un determinado día. Veamos algunos textos que así parecen demostrarlo:

“5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.” (Romanos 14: 5, 6). En estos versículos Pablo deja claro que, en el Nuevo Pacto, Dios no ha establecido un día especial de adoración y culto. En caso contrario, aquí habría sido una excelente ocasión para reafirmar o reiterar la vigencia del reposo sabático del cuarto mandamiento del Decálogo bíblico.

Igualmente, Pablo amonesta a los cristianos judaizantes de que: “(10) Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. (11 ) Me temo de vosotros que haya trabajado en vano con vosotros.” (Gálatas 4:10,11). Es decir, les echa en cara que todavía tratan de guardar los días de reposo, entre los que se encuentra el sábado del cuarto mandamiento.

Por si esto no fuera suficiente nos vuelve afirmar en Colosenses 2: 16, 17: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, (17) todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”. Tanto el mandamiento de reposar el sábado para santificarlo como la fiesta que se celebraba el día de luna nueva y otras festividades solemnes, fueron instituidas por Dios y tenían el mismo rango de ley, por lo que era obligatorio el fiel cumplimiento de las mismas absteniéndose de realizar todo trabajo u obra profana.

Así lo podemos comprobar, por ejemplo, en 2ª Crónicas 31:3: “(3) El rey contribuyó de su propia hacienda para los holocaustos a mañana y tarde, y para los holocaustos de los días de reposo, nuevas lunas y fiestas solemnes, como está escrito en la ley de Jehová.” (Véase además: Núm. 28: 1-29.39; Nehemías 10:33; Ezq. 45:17; 46:1-3; Oseas 2:11; etc.)
 
En nuestra opinión, como también lo demuestra el testimonio de la historia, y los textos bíblicos arriba citados, en el Nuevo Pacto en Cristo, deja de existir la obligatoriedad del descanso sabático del Antiguo Pacto. Ni Cristo, ni la iglesia primitiva establecen un día especial de reposo y culto. Ya no es necesario guardar el séptimo día de la semana ni tampoco el primero, ni ningún otro, porque el descanso de todas nuestra obras está en la fe en Cristo que nos ha salvado con su muerte redentora. Lo único que puede impedirnos entrar en ese reposo es nuestra incredulidad y desobediencia a Dios, como dice Hebreos 3:13-19; 4:1-16. Entrar en el reposo de Dios no es, pues, observar el descanso del sábado ni del domingo, sino oír, creer y obedecer a la Palabra de Dios, aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal e identificarnos con Él.

Puesto que en el Nuevo Pacto no hay ley para el día de adoración y culto, es indiferente el día que los cristianos elijan para reunirse como iglesia. Es igualmente aceptable y válido celebrar ese culto en el primer día de la semana (domingo) o en el séptimo día (sábado), o en cualquier otro día de la semana. Lo importante y esencial no es el día sino que los cristianos se reúnan, estudien y compartan la palabra de Dios, la obedezcan, y testifiquen con su vida y obras “…que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.” (2ª Corintios 3:3). Nuestra misión como cristianos es ser “…embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios.” (2ª Corintios 5:20).

Resulta, pues, inútil e infructuoso enzarzarse en discusiones sobre cuál día, según la Biblia, debe guardarse para el culto espiritual a Dios y descanso de todo tipo de trabajo, puesto que tal día no está establecido por Dios en el Nuevo Pacto. Ya expresamos anteriormente por qué el domingo llegó a convertirse en el día del Señor, creemos que fue merecidamente, porque Jesucristo, es al mismo tiempo, el Creador y Redentor de la humanidad, y fue en el primer día de la semana (domingo) cuando nos rescató de nuestras pecados y abrió el camino de la eternidad para todos.

En el Nuevo Testamento, después de la institución del Nuevo Pacto por Jesús (Lucas 22:20), su muerte y resurrección, encontramos más ejemplos de que los cristianos se reunían en el primer día de la semana (domingo) que en el séptimo (sábado), a pesar de la gran importancia y fuerza de la costumbre que tenía la ley del sábado en el pueblo de Israel. Además, para predicar a los judíos no había otro camino que acudir cada sábado a las sinagogas donde se reunían, véase por ejemplo: Hechos 13:14. En otra ocasión, Pablo se reunió en sábado con gentiles (Hechos 16:13). Se puede, fácilmente, comprobar también que la iglesia cristiana primitiva del Nuevo Testamento se reunía en el primer día de la semana, véase por ejemplo: Hechos 20:7 y 1ª Corintios 16:2. En cualquier caso, estos ejemplos no instituyen ningún día de culto a Dios como mandamiento.

 

2.1. ¿Declara la Biblia expresamente que el día del Señor es el domingo?

La Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se refiere al día de Jehová, como un tiempo de aplicación del juicio de Dios, y no a un tiempo de celebración de la resurrección de Jesús. Veamos, por ejemplo, los siguientes textos:

En el Antiguo Testamento:

Isaías 2:12

“Porque  día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido.” 

Isaías 13:6

“Aullad, porque cerca está el día de Jehová; vendrá como asolamiento del Todopoderoso.

Véase también Jeremías 46:10; Ezequiel 30:3; Sofonías 2:2, 3; Malaquías 4:5.

En el Nuevo Testamento:

1ª Corintios 5:5:

“El tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”

1ª Tesalonicenses 5:2:

“Porque vosotros sabéis que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;”

2ª Pedro 3: 10-12:

“10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!”

Apocalipsis 1:10:

“(10) Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta.”

Excepto Apocalipsis 1:10, todos los textos arriba citados asocian el día del Señor, no con el primer día de la semana (domingo) en la que la mayoría de la cristiandad celebra el culto de adoración a Dios, sino, precisamente, con el día del juicio de Dios o de la venida de nuestro Señor Jesús. 

¿Por qué, pues, hemos de creer que el apóstol Juan, en ese único texto en el que se describe así mismo como estando en el Espíritu, se estaba refiriendo a un primer día de la semana, (domingo) o un séptimo día (sábado)?

¿Acaso no podría entenderse, también, que él fue trasladado en visión por el espíritu al día del Señor, en el cual se desvelaran todos los misterios y se mostrará no solo el juicio de Dios sino también la salvación de los creyentes?

Dejamos a cada lector deduzca sus propias conclusiones. No obstante, si la Biblia debe interpretarse a sí misma, y puesto que el texto Apocalipsis 1:10, aisladamente no discierne exactamente a qué se está refiriendo con la expresión el día del Señor, es claro que el principio de interpretación nos ha de conducir al resto de textos donde la Biblia  especifica claramente las características que definen el citado día.

En cualquier caso, el autor de este estudio está plenamente convencido que el día del Señor no es ningún caso el séptimo día de la semana o sábado, puesto que este día no tiene ninguna relevancia en el Nuevo Testamento.

3. ¿Están abolidos los mandamientos?

Nos estamos refiriendo al Decálogo, los diez mandamientos de la ley que Dios escribió con “su dedo” en dos tablas de piedra, y que entregó a Moisés en el monte Sinaí como base del Pacto Antiguo que Dios hizo con su pueblo Israel (Véase Éxodo 24:12; 31:18; 32:15-16; 34:28). También se denominan en la Biblia “las tablas del testimonio” (Éxodo  31:18), o “las tablas del pacto” (Deut. 9:9-11)). De ahí se deduce su vinculación al Pacto Antiguo.

Dios nunca abandonó a su propia suerte a la humanidad. Desde el inicio de la creación de este mundo, después que Adán y Eva rompieron el pacto de obediencia a Dios, inmediatamente, Él les dio la promesa de que habría una liberación final, una victoria del bien sobre el mal. Esto, aunque oscuramente, ya se podía intuir en la declaración de Génesis 3:15.

Después de la rebelión de la humanidad antediluviana, Dios vuelve a hacer pacto con Noé (Génesis 6:18; 9:8-16), y continua renovando el pacto con Abraham (Génesis 15:7;17:2; véase también Lucas 1:68-80; Gál. 3:16), Isaac (Génesis 17:19; 26:3-5), Jacob (Génesis 28:13-15; Levítico 26:42, 45, 46), hasta que los descendientes de aquellos, que forman su pueblo, Israel, son rescatados de la esclavitud de Egipto. Entonces, Dios se encuentra con un pueblo embrutecido por los muchos años de esclavitud y por la influencia del paganismo que les había hecho olvidar la ley moral que todos llevamos escrita en nuestras conciencias. Con ese pueblo, Israel, Dios confirma el Pacto y las promesas dadas a sus antecesores. Esta alianza se diferencia de las anteriores, entre otras cosas, en que se fundamenta en la ley del Sinaí, que Dios mismo les entregó (Deuteronomio 5: 2,3).

Deuteronomio 5: 2, 3

“2 Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. 3 No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.”

Esto afirma claramente que el pacto que Dios hizo con los padres o sea los antecesores de Israel, era distinto puesto que no estaba basado en la Ley del Sinaí (Véase además Deuteronomio 4: 13).

Es conveniente recordar que Dios confirma y sella todos los pactos esenciales que establece con su pueblo, mediante determinadas señales, que siendo diferentes en cada uno de ellos, sin duda, tienen siempre una función pedagógica adecuada para cada momento de la historia que vive su pueblo. Dichas señales sirven también de recordatorio constante, que hace presente y tangible la relación de pacto y de compromiso que conlleva toda alianza, consiguiéndose de esta manera que el pueblo crea y confíe en la verdad de las promesas de Dios, y que todas ellas, se cumplirán cuando Él lo ha determinado.

Por tanto, Dios materializa, sella o confirma su pacto con Noé mostrándole el arco iris en las nubes: “(13) Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. (Génesis 9:13-17), lo que nos da seguridad del cumplimiento de sus promesas.

Cuando establece el pacto con Abraham, Dios le ordena a él y a toda su descendencia la señal de la circuncisión: “…Y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo.” (Génesis 17:13 úp. Véase también 17:7-14). Esta era la señal de pertenencia al pueblo de Dios.

Más tarde, Dios rescata de la esclavitud de Egipto a los descendientes de Abraham, y renueva el pacto con ellos, sin abolir la circuncisión, les da una nueva señal, que distinguirá a Israel de los otros pueblos. Cada vez que obedecían el mandato de guardar el reposo del sábado o séptimo día de la semana, estaban reconociendo a Dios como Creador del cielo y la tierra, recordando y aceptando su dependencia con Él, al tiempo que aprendían la obediencia a Dios.

Previo a la entrega de la señal del Pacto, al poco de ser rescatado Israel de la esclavitud de Egipto, cuando andaba todavía errante por el desierto, y antes de que le fuese entregada la ley del Sinaí, Dios los educaba en la obediencia, dándoles ya la ley del reposo sabático (Éxodo 16:4, 5, 23-29), como un mandamiento independiente del Decálogo, aunque como sabemos, luego fue insertado en el mismo, ocupando el cuarto lugar en las tablas de piedra. Dios, al tiempo que les daba el maná para su sustento físico, dispuso que debían recoger, diariamente, una porción que fuera suficiente para cada día, de manera que si guardaban lo sobrante para el día siguiente se les pudriría y llenaría de gusanos (Éxodo 16:20). No obstante, les dio la orden especifica que el sexto día de la semana, debían recoger doble a fin de no trabajar en el séptimo día o sábado. Dios hacía semanalmente este milagro de que el maná reservado desde el viernes para el sábado nunca se estropeaba.

Éxodo 16: 22-30

“22 En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. 23 Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. 25 Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. 26 Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. 27 Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. 28 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. 30 Así el pueblo reposó el séptimo día.

Debemos destacar, por tanto, que el reposo sabático consagrado a Dios, es dado solo al  pueblo de Israel con ocasión del maná como una ley y mandamiento (Éxodo 16:28), y nunca a sus antecesores, Abraham, Noé, etc., y va acompañado siempre de un reglamento de lo que no era lícito hacer en sábado, como cocinar los alimentos o hacer fuego (Éxodo 16:23). Más tarde se convierte en el cuarto mandamiento, y en la señal del Pacto Antiguo.

Observemos en los siguientes versículos de Éxodo 31:12-17, que la señal del Pacto Antiguo que Dios establece con su pueblo Israel coincide con el cuarto mandamiento de la ley de Dios que está registrado, como vimos arriba, en Éxodo 20: 8-11 y en Deuteronomio 5:12-15.

Éxodo 31: 12-17

“12 Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13 Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14 Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. 15 Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá. 16 Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17 Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.”

Cuando el pueblo de Israel cumplía con el cuarto mandamiento, que era la señal del Pacto, significaba que reconocía y aceptaba que había hecho un pacto con el Creador y por lo tanto, le servía de recordatorio permanente de su vinculación y compromiso con Él, y le preparaba para hacer su voluntad. Dios afirma que tanto el cuarto mandamiento como la señal del pacto son para siempre o pacto perpetuo por sus generaciones (Éxodo 31:16, 17). Esto quiere decir, para siempre, mientras tenga vigencia el Pacto Antiguo. Pues, así ocurre, igualmente,  con la señal de la circuncisión: “…Y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo.” (Génesis 17:13 úp. Véase también 17:7-14), que dejó de estar vigente con la inauguración de Nuevo Pacto en Cristo (Hechos 15; Gálatas 5:12, 6, 11; 1ª Cor. 7:19; Rom. 2:28, 29). Desde entonces, la señal de pertenencia al pueblo de Dios, no es la circuncisión sino el bautismo.

Por tanto, es natural y lógico deducir que las señales de los pactos tienen vigencia mientras lo tenga el pacto al que se vinculan. Como cada señal se asocia a un pacto, la permanencia de esta señal y de este mandamiento está asociada a la vigencia del Pacto Antiguo. Si el Pacto Antiguo que hizo Dios con su pueblo Israel es sustituido por el Nuevo Pacto en Cristo (Mateo 26:28; Lucas 22:20), nuestro reposo no está en el séptimo ni en el primer día de la semana sino en la fe en Jesús, en la confianza de que su obra y sus méritos nos salvan, y nada más podemos aportar de nuestra parte, excepto creer en Él (Hebreos 3:11-19; 4:9-11). Ya pierde todo el sentido la señal del sábado y el cuarto mandamiento, pues están vinculados a la dispensación del Antiguo Testamento. En el siguiente punto se prueba con la Biblia que el Pacto Antiguo no está vigente.

3.1. ¿Prueba la Biblia que el Pacto Antiguo está obsoleto y ya no rige para los cristianos?

Dios, en el Antiguo Testamento, mediante el profeta Jeremías, anuncia que: “…Haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. (32) No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo marido para ellos, dice Jehová.” (Jeremías 31: 31, 32).
 
Puesto que habla de un Nuevo Pacto, y además Dios dice que “no como el pacto que hice con sus padres”, no puede quedar más claro que el Pacto Nuevo sustituye al Antiguo porque, como Dios mismo afirma fue invalidado (Jeremías 31:32). El Pacto Antiguo preparó la venida de Cristo, prefiguraba y era sombra de Cristo y señalaba hacia Él. Por eso declara Jesús mismo; “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.” (Lucas 16:16).

Analicemos también muchos versículos importantes que tenemos en el libro de Hebreos y que citaremos a continuación:

Hebreos 7: 18, 19, 22

“18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.”

22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.”

Hebreos 8: 6, 7

“6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. 7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

Notemos que claramente la Biblia se refiere a un primer pacto (el antiguo) y a un segundo pacto (el nuevo), que este es mejor que el primero y que el mandamiento anterior, todas las leyes del Pentateuco en que se basa el Pacto antiguo son abrogadas.

A continuación, el autor del libro de Hebreos nos presenta que el anuncio que Dios hizo, mediante el profeta Jeremías, se ha cumplido en Cristo, estableciéndose el Nuevo Pacto.

Hebreos 8: 6- 13

“8 Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; 9 No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.
10 Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré;
Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; 11 Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. 12 Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.”

Y por fin, para que no queden dudas, se nos dice que el Nuevo Pacto ha dado por viejo al primero, con lo que debe desaparecer.

Hebreos 8: 13

“13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”

2ª Corintios 3: 6:

“(6) El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” (Véase también, 2ª Corintios 3: 7-17).

4. Conclusión.
 
El Antiguo Pacto ya no está vigente para los cristianos, pues Cristo cumplió toda la ley, y estableció el Nuevo Pacto, que es superior al Antiguo pues está basado en la ley del amor: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis, unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a otros.” (Juan 13: 34) .

Gálatas 5: 14: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a tu mismo.”

Gálatas 6: 2: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”

1ª Corintios 9: 20, 21: “20 Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley.”

Romanos 13:9-10: “9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”

Romanos 7: 6: “6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

Romanos 6: 14: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

¿Quiere decir esto que los cristianos tenemos licencia para pecar?

La amonestación de San Pablo es: “…Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” (Gálatas 5:16). Solamente si “sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley”, pero si hacemos las obras de la carne no heredaremos el reino de Dios (Gálatas 5:19-21).

Gálatas 2:16-21

“16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. 17 Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. 18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. 19 Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. 20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

No estamos bajo la ley cuando hemos muerto a la misma en Cristo, y entonces la ley no tiene jurisdicción sobre nosotros porque hemos muerto al pecado, nacidos de nuevo en Cristo, y guiados por el Espíritu Santo.

¿Están los diez mandamientos de la ley de Dios abolidos?

Los seres humanos no podemos cumplir a perfección lo que exigen los diez mandamientos. Nadie es capaz de cumplir lo que Jesús mandó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. (38) Este es el primero y grande mandamiento. (39) Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (40) De estos dos mandamientos depende la ley y los profetas”. (Mateo 22: 37-40)

Si fuéramos capaces de ello, en vano sería el sacrificio de Jesucristo en la cruz. El satisfizo con su muerte expiatoria las exigencias de la ley, que nos condenaban. Por eso, el pagó la penalidad de nuestros pecados, y si nos unimos a Él nos dará fuerzas para no practicar el pecado. Y al identificarnos con Él, seremos poco a poco convertidos a su imagen: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu de del Señor.” (2ª Corintios 3:18).

Jesucristo no vino a abolir la ley que nos condenaba a muerte sino a cumplirla y obtener de esta manera la victoria sobre el pecado y la muerte (Ver Mateo 5:17-48). En el conocido sermón del monte, a que se refieren dichos textos de Mateo 5, Jesús contrasta entre la ley del Antiguo Testamento con la nueva ley que va más mucho más allá de la letra. Él muestra, en su amplitud y profundidad, los grandes principios morales encubiertos bajo la letra de las tablas del Sinaí, para que nadie trate de justificarse creyendo que cumple la ley. Muchos creen que están cumpliendo la ley porque quizá no matan ni roban, pero en cuanto no aman a sus prójimos o a sus enemigos ya están transgrediendo la ley. Por esa causa nuestra justificación ante Dios jamás podrá ser hecha porque cumplamos lo que la ley exige.

Los grandes principios morales, pertenecen a la ley natural que Dios implantó en nuestras conciencias, y no han sido, ni serán, abolidos, otra cosa es todo el entramado de leyes que configuraba el Antiguo Pacto, y que Cristo cumpliría con su vida perfecta, sin pecado, y muerte expiatoria.

El Nuevo Testamento, confirma y ratifica todos los mandamientos del Decálogo, excepto el cuarto mandamiento bíblico que se refiere a guardar el reposo del día sábado. Es lógico que sea de esta manera, por lo que hemos explicado antes, puesto que era la señal del Pacto Antiguo, y desaparecido el mismo, ya no tiene sentido alguno. Puesto que el reposo al que señalaba el cuarto mandamiento es el que se obtiene, al reposar en Cristo, de todas nuestras obras que persigan salvarnos por nuestros propios méritos. Nuestro reposo es confiar sólo en la salvación obtenida por Cristo en la cruz (Colosenses 2:16, 17; Hebreos 3:7-4:1-11).

El apóstol Santiago, también confirma que en el Nuevo Pacto siguen vigentes los principios morales de los mandamientos de la ley de Dios, él la llama “la perfecta ley, la de la libertad” (Santiago 1:25), y vuelve a señalar que el cumplimiento de la ley es el amor al prójimo.
Santiago 2: 8-13

“8 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. 10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. 11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. 12 Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. 13 Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.”

Santiago afirma que hemos “de ser juzgados por la ley de la libertad”. ¿Qué quiere decir esto? A simple vista, parece una contradicción que se nos juzgue mediante una ley que somos incapaces de cumplir. Dios nunca ha disminuido su nivel de exigencia respecto al cumplimiento de la ley, sus grandes principios de amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo son los mismos en toda la historia del mundo, y por eso ellos serán la base para el juicio de la humanidad.

La ley nos condena irremisiblemente (Romanos 2:12). Ninguna obra buena podemos hacer para salvarnos (Romanos 3:20). Sólo nos queda, reconocer humildemente nuestra condición pecadora y acogernos a Jesús, el que cargó con nuestros pecados y murió por ellos pagando nuestra culpa. Por eso, dice la Escritura “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12).

¿Por qué sólo Cristo puede salvarnos?

Porque Cristo murió por todos los pecadores, luego todos hemos muerto en Él y cumplido la condena de la ley. Al aceptarlo a Él como nuestro Salvador, cuando estábamos muertos espiritualmente, renacemos como nuevas criaturas. Pero mucho mejor es que lo leamos según lo explica San Pablo:

2ª Corintios 5: 14, 15, 17-21

“14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”
 
En este momento, es necesario que hagamos énfasis en el verso 21, que dice que Jesucristo es hecho pecado, para recibir la penalidad que nos corresponde a nosotros, y de esta manera, al aceptar nosotros su sacrificio expiatorio, somos declarados justos en Él, es decir eximidos de la condenación de la ley.

La ley ya no puede esclavizarnos, no estamos pendientes de cumplirla como un legalista, Cristo la ha cumplido perfectamente en mi lugar. Por eso, como diría San Pablo, no estamos sujetos a ella (1ª Cor. 9:20, 21). “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.” (Romanos 7:6).

San Pablo, sigue afirmando, que la ley es buena y santa (Romanos 7:12; 1ª Timoteo 1:8). Por tanto, no debemos temerla, ya no nos pude condenar, si estamos en Cristo. Además, la ley es necesaria para condenar a los malhechores, no es para los justos, los que han muerto a ella en Cristo.

1ª Timoteo 1: 8-11

“8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.”

Sin embargo, hemos de insistir, que nada podemos hacer para justificarnos ante Dios. Sólo por la fe en que Cristo consiguió en la cruz el perdón de todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros, recibimos la justificación ante Dios. Somos declarados justos, porque Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” (Colosenses 1:13). Cristo ha conseguido la victoria sobre el pecado y la muerte, y por tanto, nuestro derecho al cielo ya se ha obtenido, nadie nos lo puede arrebatar (Romanos 8:32-39).

Romanos 3:20-31

“20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”

La justicia es por medio de la fe

“21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 29 ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. 30 Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. 31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

Romanos 3:20-31

“(1) Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; (2) por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”.

Carlos Aracil Orts.
www.amistadencristo.com

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Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts gmail.com

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son n

I. Introducción*

Realizamos esta segunda parte del estudio titulado “¿Está la ley de Dios abolida?”, a fin de tratar de clarificar varios aspectos que pudieron no haberse explicado suficientemente en el anterior artículo citado, al tiempo que tratamos de responder las preguntadas y dudas suscitadas por los lectores. En concreto, el autor de este estudio, se ha sentido positivamente estimulado por las siguientes cuestiones que plantea, en este caso, mi querido amigo Alfonso:

“Hola otra vez, Carlos. Sabes que estoy perfectamente de acuerdo contigo en que el sábado no está vigente.
 
Pero, teniendo en cuenta cómo interpretan el asunto los adventistas, en el sentido de que entienden que el sábado fue establecido en la semana de la Creación, y que es, como los demás mandamientos, algo intrínsecamente bueno para la persona y para la colectividad, ¿qué quieres decir exactamente con la expresión “ya está cumplida” cuando la aplicas a la argumentación contra la vigencia del sábado?
 
“El Antiguo Pacto ya no está vigente para los cristianos, pues Cristo cumplió toda la ley, y estableció el Nuevo Pacto, que es superior al Antiguo pues está basado en la ley del amor: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis, unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a otros.” (Juan 13: 34) . (Extraido del artículo “¿Está la ley de Dios abolida? Primera parte”, párrafo primero del punto 4. Conclusión, www.amistadencristo.com).

Si la ley es buena para mí como persona, si forma parte del “Manual de Instrucciones” que acompaña a cada ser humano creado por Dios, algo que si tenemos todos en cuenta, nos irá mucho mejor, ¿qué sentido tiene decir que Cristo cumplió la ley, más como si fuera una especie de “pena de muerte” que pesaba sobre cada uno de nosotros y que Cristo la ha asumido?. ¿Era la ley del Antiguo Testamento una especie de “crédito hipotecario” que cada uno de nosotros debía ir pagando a lo largo de la vida y que Cristo saldó con su muerte? ¿Crees que debemos entenderlo así?”

Primero de todo, debo aclararte lo que quiero decir con el párrafo que citas extraído de mi último artículo sobre la ley titulado “¿Está la ley de Dios abolida?”:

Mi argumentación contenida en esa cita no se refiere especialmente al cuarto mandamiento de la ley de Dios que trata del reposo sabático, sino a toda la ley y los profetas, es decir, todo el Antiguo Testamento prefigura y señala hacia el Mesías venidero, y se cumple con su nacimiento, vida perfecta y muerte expiatoria de nuestros pecados, con lo que se inaugura un Nuevo Pacto, aboliéndose el Antiguo, en el sentido de que ninguna ley contenida en éste, que no se confirme o ratifique en el Nuevo Pacto, es de exigencia para los cristianos que entran en el Nuevo Pacto. Desde la muerte de Cristo en adelante los cristianos sólo tenemos que obedecer las buenas nuevas de salvación, es decir, creer y obedecer todo lo que contiene el Nuevo Testamento.(Juan 13:34,35; Efesios 1:12-14; 1ª Juan 2:3-11;Gálatas 5:14 etc.)

Esto no quiere decir que no consideremos que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para  corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (Véase además 2ª pedro 1:19-21; etc.). Por tanto, el Antiguo Testamento merece todo nuestro respeto porque es igualmente revelación divina y es imprescindible porque sin él no comprenderíamos el Nuevo, no identificaríamos al Mesías, no podríamos creer en Él, etc., etc., pero sólo el Nuevo Testamento es ley para los cristianos.

2. ¿Fue la misión de Jesucristo abolir la ley y los profetas?

La misión de Jesús no era abolir la ley y los profetas (o sea todo el Antiguo Testamento) sino cumplir todas las cosas que estaban predichas que sucederían al Mesías. Veamos lo que declara Jesús mismo:

Mateo 5:17-18 (Versión Reina-Valera, 1960)

“17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.”
(Ver también Mateo 5:19-22).

 Mateo 5:17-18 (Biblia de Jerusalén, 1998)

“No penséis que he venido para abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18 Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla.”

Los principios contenidos en la ley del Sinaí, que corresponden a la ley natural o moral, no sólo son ratificados y confirmados por Jesús, sino que profundiza en ellos, enseñándonos que guardar la ley no es sólo atenerse a la letra del precepto antiguo, y no basta con cumplirla aparentemente. La ley es amplificada y llevada también a nuestro interior para que juzgue, no sólo nuestras acciones sino también lo más profundo del ser humano, los pensamientos, intenciones, sentimientos, y deseos del corazón.

Jesús expone una forma nueva y más perfecta de entender los principios morales, contraponiéndolos a los preceptos revelados que formaban parte del Antiguo Pacto y que eran el fundamento del mismo, por ejemplo:

Mateo 5:27, 28

“27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” 

Mateo 5:43-48 (ver además: 5:21, 27, 33,34, 38, etc.)

“43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Jesús trata o coloca al mismo nivel diversos preceptos morales que se encuentran en el Pentateuco, que es el sistema de leyes por el que se regía el pueblo de Israel, y es conocido también como la Torah. Todo ese entramado de leyes, que incluía la ley del Sinaí o de los Diez Mandamientos, está vinculado al Antiguo Pacto, y sirven para preparar a un pueblo para la venida del Mesías. El Nuevo Pacto no se establece sobre las leyes del Antiguo, sino con la sangre derramada de Cristo (Lucas 22:20: “…Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”). Jesús es, pues, “mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Hebreos 8:6).

El Nuevo Pacto “no es como el Pacto que hice con sus padres…” (Hebreos 8:9; cf. Jeremías 31:31-34). La ley, en la nueva dispensación, deja de ser un conjunto de normas exteriores, porque Dios convierte nuestro corazón mediante el Espíritu Santo (Efesios 1:13, 14), prometiendo que: “…Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos serán mi pueblo;” (Hebreos 8: 10 úp.; Jeremías 31:33). Y “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y  lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” (Hebreos 8:13). Por lo que concluimos, “Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia…” (Hebreos 7:18; 2ª Corintios 3:13).

El amor, del que ya dependía toda la ley y los profetas (Mateo 22:37-40), pasa a ser el mandamiento nuevo de Jesús (Juan 13:34) que cumple toda la ley (Romanos 13:8-10; Gálatas 5:14; Colosenses 3:14). 

En Antiguo Pacto concierne y se aplica únicamente al pueblo de Israel, aunque sus enseñanzas son para toda la Humanidad. Jamás las otras naciones del mundo, los llamados gentiles, tuvieron algo que ver con el mismo.

3. ¿Bajo que ley serán juzgados los gentiles, o sea, aquellos que no están adheridos o vinculados ni al Antiguo ni al Nuevo Pacto?

Esta pregunta es respondida por San Pablo en los siguientes textos de la Epístola a los Romanos:

Romanos 2: 12-16:
 
“12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; 13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. 14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, 16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.”

Luego, existe una ley escrita en el corazón o conciencia de todo ser humano, que es la ley moral natural, por la que serán juzgados. Seremos responsables también del endurecimiento y cauterización de la conciencia, y de hacer oídos sordos al mensaje de la Palabra de Verdad, el evangelio de salvación.

¿Estamos los cristianos sin ley?

Los cristianos jamás estuvieron bajo el Antiguo Pacto. Nunca, por tanto, fueron vigentes sus leyes para ellos, incluida la ley de los Diez Mandamientos del Sinaí. ¿Equivale esto a estar sin ley? Por supuesto que no, porque también hemos de ser juzgados por la ley de la libertad (Santiago 2:12; véase además, Santiago 1:22-25; 2:8-12). “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos (Santiago 2:10).

Los cristianos estamos bajo la ley de Cristo (1ª Corintios 9:21; 13; Colosenses 3:8-15; especialmente el verso 14).

¿Qué diferencia existe entre los gentiles, que no tienen ley pero son ley para sí mismos (Romanos 2:14), y los cristianos que estamos libres de la ley (Romanos 7:6)?

Hay una diferencia muy importante: mientras que los gentiles, cuya única ley son sus conciencias, son juzgados y condenados de acuerdo a su fidelidad a las mismas, en los cristianos “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (2) porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. (3) porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, condenó al pecado en la carne; (4) para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:1-4).

Romanos 6: 6-14:

“6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

Romanos 7: 4-6:

“4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

Es imposible explicarlo mejor que San Pablo, en los textos anteriores. La ley es buena, justa y santa (Romanos 7:12; 1ª Timoteo 1:8 ss.). La justicia de Dios se basa en su fiel y perfecto cumplimiento (Santiago 2:10). Dios no puede dejar impunes nuestras transgresiones. Los seres humanos somos incapaces de cumplir a la perfección las exigencias de la ley del amor. Cuando llegamos a reconocer que no podemos hacer nada con nuestras propias fuerzas, que ninguna obra buena que hagamos sirve para compensar nuestros pecados, entonces la ley es nuestro ayo o tutor que nos lleva a Cristo (Gálatas 3:24).

¿Qué ocurre cuando humildemente acudimos a Cristo para que nos perdone de todos nuestros pecados?

“4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.  (Romanos 7:4).

Por la muerte de Cristo recibimos la justificación ante Dios. “La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo…(Romanos 3:22) “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). Cristo murió por nosotros, paga la deuda de nuestras transgresiones de la ley, nosotros aceptamos su muerte en lugar de la nuestra, y morimos con Él al pecado y a la ley. Pablo lo explica mucho mejor en los siguientes versos de 2ª Corintios 5.

2ª Corintios 5: 14-17

“14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

4. Conclusión

¿Es la ley de Dios buena o mala para la humanidad?

Como siempre, debemos dejar que la Biblia hable y se interprete así misma:

Romanos 7: 7-12

“7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. 9 Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. 10 Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; 11 porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. 12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

1ª Timoteo 1: 8-11

“8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.”

¿Para que sirve la ley?

La ley sirve para darnos a conocer que somos pecadores, y hacernos conscientes que no podemos cumplirla con nuestras propias fuerzas, por mucho que nos esforcemos. “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia. 21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.” (Romanos 5:20, 21).

Romanos 3: 20

“20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”

También en los siguientes textos, el gran apóstol San Pablo, desarrolla magistralmente para que sirve la ley, concluyendo, que sirve, fundamentalmente, para hacernos conscientes de que somos transgresores de la misma, y para llevarnos a Cristo, y compara la ley a un ayo o tutor o pedagogo, que cuidaba de los que tenía a su cargo para que anduvieran rectamente y no sufrieran las consecuencias de sus errores. Él deja claro que no podemos alcanzar la justicia que requiere la ley, y por eso debemos acogernos, humildemente, a la justicia que obtuvo Cristo cuando cumplió, en nuestro lugar, perfectamente, todo lo que exigía la misma.

Gálatas 3: 19, 20

“19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. 20 Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.”

La simiente por la que el ser humano consigue la justicia, a que se refiere San Pablo, es Cristo, y fue prometida a Abraham (Véase Gálatas 3:11-18; especialmente la última parte del versículo 16).

Gálatas 3: 21-29

“21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.

23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Puesto que somos incapaces de cumplir la ley, es decir, de satisfacer la justicia que demanda la ley, ésta nos condena a muerte irremisiblemente, porque si fuese posible que por nuestras propias fuerzas cumpliéramos la ley en vano habría muerto Cristo por nosotros para satisfacer la justicia que demanda: “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo. (Gálatas 2:21).

La justicia es por medio de la fe

Por tanto, ahora podemos comprender por qué nadie puede justificarse realizando las obras de la ley, pues la ley exige perfecto amor a Dios y a nuestro prójimo, y nadie puede, con la naturaleza pecaminosa que poseemos, satisfacer esos requerimientos. Debemos, para ser salvos de la condenación de la ley, acogernos a la justicia que Cristo adquirió u obtuvo por nosotros.

Romanos 3: 21-28

“21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

La justicia que Cristo obtuvo, es el reposo para todo creyente. El sábado de la creación, y el reposo del cuarto mandamiento son figura de la salvación que consiguió Jesucristo en la cruz (Véase Colosenses 2:14, 16, 17; Hebreos 3:7-14; 4:1-11), y a la que todo ser humano puede acogerse si lo desea. Por ese motivo, el reposo del sábado ya no tiene un carácter de ley, obligatorio, puesto que ese mandamiento, es símbolo y figura del descanso que obtenemos cuando reposamos en Él. Y el resto de los nueve principios, muchos de los cuales Jesús amplificó en el sermón del monte (Mateo 5:17-48), dándoles una profundidad espiritual, que no tenía la ley del Sinaí, siguen siendo obligatorios para todo el mundo, pues, como hemos dicho se resumen en amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo.

Los que no aceptan a Cristo, y se justifican a sí mismos, creyendo que cumplen la ley, ésta les condena. Sin embargo, los creyentes en Cristo, quedan cubiertos por la justicia de Cristo. Esto es la justificación por la fe, o sea, nuestros pecados pasados, presentes y futuros son perdonados a causa de la redención efectuada por la sangre derramada de Cristo por nosotros en la cruz. (Véase Romanos 8:3-17; Hebreos 9:22, 26, 28; 10:12, 14, 18, 20, etc.)

 Romanos 8:3,4

“1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

Ahora bien, los creyentes no tienen licencia para pecar. Como dice Pablo, ….¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera.” (Gálatas 2: 17 úp., véase también 18-21). La justicia de la ley se cumple en nosotros, cuando no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:4). Pablo nos previene del error, de que, puesto que Cristo cumplió la ley por nosotros, ya podemos pecar libremente sin que nos condene la ley, y  nos amonesta cuando dice lo siguiente:

Romanos 6:1-4, 11-14

 “1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

Romanos 6:23

“23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Romanos 6:23 (Biblia de Jerusalén, 1998)

“Pues el salario del pecado es la  muerte; pero el don de Dios, la  vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Carlos Aracil Orts.
www.amistadencristo.com

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Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts gmail.com

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo que se indiquen otras versiones distintas. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

LA LEY EN LA BIBLIA

tablas-de-la-leyPor

Carlos Aracil Orts

Revisión: junio de 2006

Introducción*

Para abordar este estudio trataremos de aclarar lo que significa la ley en la Biblia, porque hay quien cree que cuando la Biblia habla de la Ley se refiere, mayormente, al Decálogo o los diez mandamientos dados por Dios a Moisés en el monte Sinaí. Dios dio a Israel, junto con los diez mandamientos, leyes para su gobierno, leyes higiénicas y de alimentación, leyes ceremoniales o rituales que se referían a los sacrificios de animales en el culto del santuario terrenal, y que prefiguraban el sacrificio de Cristo como Cordero de Dios, etc. También intentaremos responder a las preguntas: ¿Fue dada la ley para toda la humanidad o sólo para el Israel bíblico? ¿En que momento de la historia se dio la ley? ¿Por qué se promulgó? ¿Hasta cuando estaría vigente?

Para ello, primero de todo, sentaremos las bases de interpretación de este tema a fin de dejar claro lo siguiente:

a)      La Biblia no diferencia entre ley moral y ceremonial. Por ejemplo, el gran mandamiento de la ley, no se encuentra en el Decálogo, sino fuera del mismo. Veamos Deut. 6:5 “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” Igualmente, en Levítico 19:18 encontramos otro importante mandamiento que tampoco tiene nada de ceremonial;“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.” Existen muchos más textos (aunque por no alargar citaremos unos pocos más: Ex. 22:21,22, 23:4,5, Lev. 19:16, Deut. 16:19) que corroboran que el Decálogo es sólo un breve resumen de muchas leyes morales que Dios dio a Israel, y por tanto, no es posible separarlo del resto de leyes morales, civiles, higiénicas, ceremoniales, etc. porque constituyen una unidad llamada la Ley. (véase en los siguientes textos como se usa el término “Ley” para referirse a varios tipos de leyes: 1 Cor. 14:34; Mat. 12:5; 22:36; Hechos 23:3.) 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS FORMAN PARTE DEL AMPLIO CONJUNTO DE LA LEY (TORAH) EN QUE SE BASA EL ANTIGUO PACTO.

b)      Alguna personas, cuando encuentran el término ley en la Biblia tienden asociarlo con el Decálogo o Diez mandamientos de la ley de Dios. Sin embargo, cuando la Biblia habla de ley se refiere, la mayoría de las veces, a los cinco libros del Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio cuyo autor se cree que fue Moisés, y se conoce por los judíos como la Torah.

Al Antiguo Testamento que conocemos hoy, se le denominaba “la Ley y los Profetas”. Jesús mismo lo atestigua así en el sermón del monte, cuando dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (La Biblia de Jerusalén dice “la ley y los profetas” para referirse a todo el Antiguo Testamento). También, en el evangelio de San Lucas se cita: “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.”

c)      LA LEY DE MOISÉS ES LA LEY DE JEHOVÁ. La Biblia usa los términos “Ley de Moisés” y “Ley de Dios” indistintamente para referirse a la misma ley. 2. Crónicas 31:3,  Josué 23:6: Num. 31:21

 ”Y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel” (Neh. 8:1). “Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día” (Neh. 8:18). “Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día” (Neh. 9:3). Los capítulos ocho y nueve de Nehemías describen un esfuerzo prolongado de parte de Nehemías y de sus socios de enseñar al pueblo. El pueblo le dijo a Esdras que trajera “el libro de la ley de Moisés” (8:1). El trajo “la ley” delante de la congregación (8:2). Leyó en el libro, y prestó atención el pueblo “al libro de la ley” (8:3), “las palabras de la ley” (8:13). Cada día leyó en “el libro de la ley de Dios” (8:18), “el libro de la ley de Jehová” (9:3).

Toda persona puede ver que estos términos se usan alternativamente; que se refieren al mismo libro o ley. Por lo tanto, no hicieron distinción los autores inspirados entre “ley de Moisés” y “la ley de Jehová”. Aun lo escrito por Josué fue escrito en “el libro de la ley de Dios” (Jos. 24:26). Lucas, en un párrafo breve, usa estos términos alternativamente: “Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor) …Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley… Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret” (Lucas 2:22-39).

Por tanto, nunca se deben separar partes de la ley diciendo que ellas fueron abolidas por Cristo, pues no se pueden abolir partes, ya que todos sabemos que la Ley constituye una unidad.

Podemos entender, pues, que “La Ley de Moisés”, son tanto los mandamientos grabados en piedra, como aquellas ordenanzas, leyes y preceptos de todo orden que Dios dio al pueblo de Israel por medio de Moisés.

d)      ¿CON QUIEN HIZO DIOS EL ANTIGUO PACTO Y A QUIEN FUE DADA LA LEY? Solamente al Israel antiguo: Ex. 34:27,28: ” (27) Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel. (28) Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos”. Véase también, 1 Reyes 8:9,21, Heb 9:4  que identifican las tablas de la ley con el antiguo  pacto de Dios.

Queda pues claro que la ley fue dada al Israel bíblico en el Sinaí, y a ningún otro pueblo de la tierra. En el libro de Levítico, capítulo 26 y verso 46, dice: “estos son los decretos, derechos y leyes que estableció Jehová entre sí y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés”. Y en 27:34 del mismo libro añade: “Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés, para los hijos de Israel”. ¿A qué mandamientos se refiere aquí el escritor? Pues a todo lo que queda escrito atrás de Levítico 27. También, en el encabezamiento del Decálogo se identifica Dios y al pueblo al que da la ley, es decir, al que sacó de Egipto: Éxodo 20:2: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” Y a continuación se registran los diez mandamientos. A este respecto, véase también la repetición de los diez mandamientos en Deuteronomio 5:2-5, 6-21, en los que se ratifica que el Decálogo fue dado sólo para el Israel Bíblico, y el reposo del sábado señala a la esclavitud que este pueblo sufrió en Egipto y a su liberación por Dios.

NO FUE HECHO EL PACTO CON LOS PADRES.

No con los patriarcas ni con los que salieron de Egipto, sino con los que nacieron durante la travesía del desierto: Deut. 5:1-3: “(1) Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra. (2) Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. (3) No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos”.

RELACIÓN ENTRE LOS DIEZ MANDAMIENTOS Y EL PACTO ANTIGUO

El decálogo es llamado el pacto. Ex. 34:28,  Deut. 4:13, Deut. 9:9-11. Dios hizo este Pacto en Horeb (Sinaí).

¿Cuál fue el Antiguo Pacto hecho por Dios con Israel, por medio de Moisés?

Gál 4:21-31, 5:13,14: (21) Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley?(22) Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. (24) Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud;  éste es Agar. (31) De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.”

(5:13) Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros. (14) porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

 

El Antiguo Pacto es el del monte Sinaí y está simbolizado por Agar. Los creyentes del Nuevo Pacto, somos hijos de la promesa, hijos de Cristo, no de la esclava, por tanto, nunca se ha podido aplicar esta ley a los gentiles ni a los cristianos.

 

e)      ¿En que momento de la historia se dio la Ley?  ¿Por qué se promulgó? y ¿hasta cuando estaría vigente para el pueblo judío, puesto que nunca fue dada a los gentiles?

 

La Ley fue dada cuatrocientos treinta años después, de la promesa dada a Abraham sobre la simiente (Cristo) para que en Él (Gál. 3:14-19) “(14)…La bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”.. (19)… Fue añadida a causa de las transgresiones,” ¿Hasta cuando? “Hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa;…”

Dios no puso aquel pacto con sus leyes, con propósitos de que fuese un pacto permanente y eterno, sino que lo introdujo como añadido a una promesa anterior y para que le sirviese de instrumento hasta que viniese Cristo.

Resumiendo: desde el punto de vista bíblico no existen dos leyes (la ley moral y la ley ceremonial), sino que la Ley es considerada como un todo indivisible sobre el que se asentaba el antiguo Pacto que Dios hizo con Israel. El Decálogo no es una ley diferenciada del resto del corpus legislativo judío, sino que es precisamente el resumen o síntesis de todo ese corpus, identificándose, el mismo, en numerosas ocasiones, con el pacto mismo.

 

Los Diez mandamientos son el resumen de la Ley o Torah, por tanto el Decálogo encuentra su desarrollo en el resto de la legislación israelita. El Decálogo es inseparable del Antiguo Pacto. Deut. 4:13 :”Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.  Por tanto, aquellos que separan la ley en moral y ceremonial, no se ajustan a lo que la Biblia enseña.

DIOS, EN EL ANTIGUO TESTAMENTO, ANUNCIA, EXPRESAMENTE, EL NUEVO PACTO Y DICE QUE NO SERÍA COMO EL ANTIGUO. “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto” (Jer. 31:31,32). No hay distinción entre la ley de Dios y la de Moisés, como con anterioridad hemos visto.  La ley de Dios es, pues, el pacto de Dios con Israel. En la cita anterior Jehová hace contraste entre el pacto que haría en el futuro y el que había hecho con anterioridad, y muestra que el nuevo tomaría el lugar del que fue hecho con Israel. Léanse los capítulos ocho, nueve, y diez de Hebreos, y véase que Dios ha hecho un nuevo pacto. Este pacto nuevo es distinto al viejo.

JESÚS MEDIADOR DE UN NUEVO Y MEJOR PACTO.

 

Hebreos 8: 6, 7, 13: “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. (7) Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar par el segundo. (13) Al decir: Nuevo Pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”

 

MINISTERIO DE CONDENACIÓN VERSUS MINISTERIO DE JUSTIFICACIÓN  

(A continuación insertamos partes del libro El Cristiano y La Ley, de Domingo Fernández Suárez)

 

(2 Cor. 3: 6-14)

“Vamos ahora a hacer referencia a otro pasaje, uno de los más claros en este sentido; me refiero a 2ª Corintios 3:3-13, donde nos dice que la ley abolida incluye el decálogo y que en este pasaje se tomó el decálogo como resumen representativo de toda la ley, lo cual está de acuerdo con el criterio que mantenemos, de que toda la ley es una ampliación del “decálogo”.

“En el verso tres, del pasaje anteriormente citado, tenemos un contraste entre las “tablas de piedra” del Sinaí y los corazones de los hombres, donde la ley de Cristo es ahora grabada. En el verso seis y siguientes, leemos: “El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras  fue con gloria…(8) ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? (9) Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. (11) Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más  glorioso será lo que permanece. (13)… para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido”. (2ª Cor. 3: 3-13).

Aquí Pablo no pudo hablar más claro, pues sin duda se está refiriendo a las tablas de piedra, de esas tablas que fueron escritas con el “dedo de Dios”. “Y si el ministerio de muerte en letras grabado en piedras”. “Que esto se refiere a las dos tablas de la ley nadie lo puede negar. Sólo los diez mandamientos fueron escritos en piedra. Para Pablo todo el ministerio de la ley estaba justamente representado en las dos tablas del pacto de la ley escritas por Dios.”

“¿Cómo le llama Pablo al ministerio de la ley?, “Ministerio de muerte”. “Ministerio de condenación”. ¿Qué había de pasar con este ministerio de muerte y condenación? Había de perecer (verso 11). Había de ser abolido (verso 13). ¿Qué había de ocupar el lugar de ésta ley? “El ministerio del espíritu” y “El ministerio de justicia”. “

No debemos dejar que nos ocurra como al pueblo de Israel que: “…el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado” (2ª Cor. 3:14).

Los textos paulinos que hablan del fin de la ley están en armonía con la creencia expresada en el epígrafe anterior, se refieren a toda la ley puesto que, como ya se ha demostrado, ésta no puede, de ninguna manera ser dividida en Moral y Ceremonial o ritual, sino que forma una unidad y por tanto un conjunto indivisible.

 

En el texto de Pablo de Rom. 10:4. Que dice “El fin de la Ley es Cristo para justicia a todo aquel que cree”, la palabra fin (telos en griego) alude tanto a una finalidad u objetivo como a un fin en el sentido de terminación. En el sentido de finalidad u objetivo: “la ley ha sido nuestro  ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe, pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo…”Gál. 3:24-25, Gál 4:1-10.

 

Por otro lado, todo el sistema llamado Ley, base del Antiguo Pacto (que incluye el Decálogo) termina, finaliza y se cumple con la muerte de Cristo en la cruz: “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”. Col 2:14). (veáse también 2 Cor. 3:3-17). Por lo que, en cualquier caso (objetivo o terminación), la Ley concluye en Cristo.

Como no podía ser de otra manera, las palabras de Pablo están en armonía, y concuerdan en todas las declaraciones que hace en sus otras cartas:

Efesios 2:15: “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas..”

En todas, se está aboliendo toda La Ley puesto que es una unidad, y no se puede hacer una división artificiosa (en Moral y Ceremonial) que no está apoyada en la Biblia.

“Si la ley viviera con Cristo, sería necesario para la salvación, que con la fe estuviera el cumplimiento de la ley (exactamente el punto de vista de los judaizantes y de los adventistas). Mas siendo el cristiano muerto en Cristo para la ley, basta la fe para la justificación, y basta la justificación para la salvación.”

“Veamos que dice Pablo en Gálatas 2:19, 20.: “Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios”. Y “con Cristo estoy juntamente crucificado”.  Por eso Pablo expresa en Romanos 6:14,  “El pecado no se enseñoreará de vosotros”. ¿Por qué es posible esto? Porque “no estáis bajo la ley sino bajo la gracia”.”

“La ley no puede exigir ninguna cosa más allá de la muerte. La ley condena y exige la muerte. Por tanto el que muere cumple la ley, y por tanto es libre de ella. Pablo dice en Ro. 7:1-6:

“(1) ¿Ignoráis, hermanos, (pues hablo con los que saben la ley) que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive”? Ahora Pablo pasa a ilustrarlo tomando como ejemplo el matrimonio. (2) “Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido; (3)… de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adultera”. Ahora viene la aplicación que Pablo da a su argumento, y ésta es que, así como por la muerte del marido la mujer quedó libre de la ley, (4) “así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo…”.

“Por la muerte del marido la mujer queda libre de la ley del matrimonio y por la muerte de Cristo en la cruz, el hombre de fe en Cristo queda muerto a la ley, porque “con Cristo estoy juntamente crucificado…” y ahora “…vive Cristo en mí…” (Gál 2:20). Por eso Pablo dice: “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos…” Ro. 7:6.

“En Gálatas 4:4, dice: “…Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, y nacido bajo la ley,”. ¿De qué ley fue hecho súbdito Cristo? ¿No es lógico admitir que Cristo fue hecho súbdito de toda la ley? Al parecer, con esto están de acuerdo la mayoría de los comentadores. ¿Para qué se hizo Cristo súbdito a la ley? La respuesta viene en el verso cinco del pasaje citado: (5)”Para que redimiese a los que estaban bajo la ley”. ¿Bajo qué ley? ¿De la ley ritual?. Pero, ¿por qué le hemos de dar al término ley, un alcance general en el verso cuatro, y limitado en el cinco, cuando ambos presentan las mismas características? Hacer otra cosa implicaría una interpretación caprichosa. El término ley tiene el mismo sentido en ambos versículos. Cristo fue obediente y cumplió la ley, pero toda la ley, y él se hizo súbdito a la ley para redimirnos, librarnos de la ley, de toda la ley. “

“Un comentarista dice al respecto, que Cristo liberó “al judío de la ley de Moisés y al gentil de la ley escrita en sus conciencias”. (Romanos 2:14). Por esto es que Pablo pudo escribir que él ya no estaba sujeto a la ley (1ª Corintios 9:20). Quiere decir a la ley del Sinaí, pues ahora tenía algo mejor, “la ley de Cristo”. “

“Creo, por tanto, que la ley está abrogada para el creyente que ha confiado en Cristo y que ha sido regenerado por el Espíritu Santo. Pero para el pecador que no ha muerto en Cristo está bajo los principios morales eternos grabados por Dios en las conciencias y  corazón de todo ser humano; porque la verdad es que Cristo, como representante de toda la raza humana cumplió la ley, toda la ley. La ley pedía la muerte de toda criatura y Cristo murió, el Justo por los injustos. Cristo al someterse como sustituto a las justas demandas de la ley, vindicó ésta y de hecho, por medio de la muerte coloca a los que en él creen, completamente fuera de la jurisdicción de la ley. “

“Ahora bien, el que no sea convertido, regenerado, no puede afirmar ni atenerse a esto. Si es judío sigue bajo los truenos del Sinaí y si no lo es, está bajo las acusaciones de la ley escrita en su conciencia. (Ro. 2:15)”

“Solamente el que ha muerto al pecado y vive en Cristo, es el que está completamente libre de la ley.  Al inconverso la ley moral le muestra que está perdido; pero el convertido no se guía por la ley y guarda de los mandamientos. Para el convertido la ley está muerta y él muerto para ella, en la muerte de Cristo en la cruz. (Romanos 7:6).”

Creo, como dice Pablo en 1 Tim. 1:9-10, “que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, (10) para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y  para cuanto se oponga a la sana doctrina,” 

¿Qué ley tienen los gentiles? Rom. 2:14-15;“(14) porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, (15) mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,” 

¿Ha existido siempre una ley moral para todos los seres humanos? 

Respondo: Si, “Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (Ro 5:12). Pero la Ley de Moisés o del Sinaí nunca fue dada a los gentiles, sino “la ley escrita en sus corazones” Ro. 2:15 

¿Estamos sin Ley los creyentes del Nuevo Pacto? 

Estamos bajo la Ley de Cristo. No en tablas de piedra sino puesta en nuestra corazones por la gracia de Dios, al morir y nacer en Cristo Jesús, somos adoptados hijos de Dios. Como prometió Dios en Jeremías 31:31-34: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré NUEVO PACTO … (32) No como el pacto que hice con sus padres…33…Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón…” 

Creo que “…El que ha muerto en Cristo ha sido justificado del pecado” (Ro. 6:7)

 (7:6) “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

 (6:14) “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia. “ 

No tenemos que cumplirla para ser salvos, pero creo como dice Pablo en 1 Cor. 9:20-21 que no estamos sujetos a la ley, sin embargo “[..] No estando yo sin ley de Dios, sino bajo la Ley de Cristo [...], la cual ley según Gálatas 6:2 consiste en “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. Veáse también Gál. 5:13-14. 

Quizá nos preguntemos pero ¿Cual es La Ley de Cristo? ¿Es acaso el mismo Decálogo formado por leyes negativas que era posible cumplirlas aunque fuese de una forma externa pues no podían ir más allá de la letra y que no decían nada de amar a los enemigos y de bendecir a los que os maldicen?

Creo con Pablo lo que expresa en Gálatas 5:13-14,23: “…Hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros. (14) porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (23) Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

“Sin duda podemos afirmar que la ley de Cristo es superior a la ley de Moisés. A veces donde Moisés autoriza una cosa, Cristo la prohíbe, y cuando Moisés condena el hecho consumado, Cristo condena el hecho en el propósito, o sea, el pensamiento. Esto forma parte del propósito de Dios al anunciar “un nuevo pacto” y asegurar que no sería como “el antiguo”. En un sentido, toda la moral del Antiguo Testamento la resumió Cristo en estas palabras: (Mateo 7:12) “Todas las cosas que quisiereis que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas” es decir, todo el Antiguo Testamento

“Dijo Jesús: “(Mateo 5:33) Habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Mas yo os digo: No juréis de ninguna manera”. (5:38-39) Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Mas yo os digo: No resistáis al que es malo…(5:43) Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. (5:44) Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. “(5:21) Oísteis que fue dicho: No matarás…. (22) Mas yo os digo que cualquiera que se enojare con su hermano, será culpado del juicio y cualquiera que dijere a su hermano fatuo, será culpado del infierno de fuego. (27) Oísteis que fue dicho no adulterarás: (28) Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró… en su corazón”. “

“Las cosas que habían sido dichas a los antiguos, eran los preceptos morales de la ley de Moisés, al menos en este caso, Jesús se refiere a ellos. Pero Cristo empieza por afirmar que aquellas lecciones de Moisés ahora van a ser sustituidas por otras. O en otras palabras, Cristo llevó la moral de la Ley a un plano mucho más elevado y a una región mucho más lejana y profunda. Moisés condenaba los pecados cuando se habían cometido, pero Cristo los condena desde que se conciben allá dentro, en la región de los pensamientos, sentimientos y deseos. “

“Con razón se ha dicho que “el sermón del Monte forma el punto de transición de la ley al evangelio”. Cuando un judío cometía el pecado del adulterio, la ley no estaba quebrantada hasta que el acto estaba consumado. Pero el cristiano que ha llegado a ser templo del Espíritu Santo, desde que los pensamientos son concebidos en él, hay una ley, no escrita en piedras, sino escrita en el corazón, que le impele hacia atrás, que le constriñe a arrepentirse de haber pensado tal cosa; pero lo que le dice al cristiano es: ¡Detén tu pensamiento y tu acción!, No es una letra muerta, sino un poder que lo impulsa en dirección contraria al pecado, que lo ayuda y lo guarda. Es Dios mismo morando en el creyente en Cristo. Para un judío era lo más natural odiar y aborrecer a sus enemigos, y al hacerlo así estaban cumpliendo con la ley de Moisés, pero el hijo de Dios, que por la fe en Cristo ha llegado a serlo, no debe, no puede odiar, porque la ley de Cristo le ordena amar a sus enemigos. Las leyes de Moisés tendían a preservar a un pueblo de la idolatría y el pecado, en medio de todos los pueblos de la tierra. Dios a veces utilizó este pueblo para castigar el pecado de otros pueblos. Ejemplo: Cuando Dios llamó a Abrahán y le dijo: te voy a dar la tierra de Canaán a ti y a tus descendientes; pero todavía no será ahora, aun faltan cuatrocientos años para que la maldad de los moradores de Canaán llegue al límite, entonces tus descendientes los destruirán y poseerán la tierra. (Génesis, 15:16) “

“De esta manera, vemos como Israel era un azote en las manos de Dios para castigar el pecado de ciertas naciones totalmente corrompidas y degeneradas. Por otra parte, Israel estaba bajo “una ley de fuego”, y cuando no la cumplían, o cuando alguno quería extraviar al pueblo, la ley ordenaba que el tal debía de morir. Porque así se evitaba un mal mayor. Así que, el mandamiento que decía “no matarás”, tenía sus excepciones, porque había veces que la misma Ley que Dios les había dado les ordenaba matar. “

“Pero en el Nuevo Testamento, estamos bajo otra dispensación, bajo la época de la Gracia para todos los seres de la tierra. Hay muchos que encuentran dificultad para entender el  Cáp. 5 de Mateo, y conciliarlo con la ley de Moisés. No se pueden poner de acuerdo. Sin embargo, no hay contradicción. Dios creyó conveniente y oportuno ordenarle a Israel que aborreciese a sus enemigos, para de esta manera preservar la unidad y pureza de la raza y preparar el camino para la venida de Cristo, y cuando los planes de Dios se realizaron, él creyó conveniente, al cambiar la dispensación de la ley a la gracia, cambiar también la ley (Hebreos 7:12), y lo hizo. “

“Creo que puedo ilustrar lo anterior así: Abrahán y David tuvieron más de una mujer. ¿Se lo reprochó Dios? Sin embargo, en la actualidad a todo hombre le está prohibido tener más de una esposa y a toda mujer tener más de un marido. Pues lo mismo pasa con otras cosas. Dios a veces dio órdenes a los israelitas para que hiciesen la guerra a otros pueblos, y para que exterminasen a sus moradores. Las enseñanzas de Cristo, no sólo parecen ser contrarias a la guerra, sino que condenan hasta el odio a los enemigos. Hay personas que dicen que si el Dios del Antiguo Testamento apoyaba la guerra, ¿cómo puede ser que el Nuevo Testamento esté en contra, siendo que es el mismo Dios? Pero Dios en el Antiguo Testamento trataba con los hombres desde el punto de vista de la ley, mientras que en el Nuevo Testamento, siendo el mismo Dios, trata a la humanidad desde el punto de vista de la gracia.” (del libro “El Cristiano y La Ley”, de Domingo Fernández Suárez) 

¿LA SALVACIÓN VIENE POR CUMPLIR Y HACER LAS OBRAS DE LA LEY? 

Romanos 3:20, 28: 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Gálatas 3:10-14: “10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

¿VIVE EL CRISTIANO SIN LEY MORAL ALGUNA?

El cristiano no está bajo la ley del Antiguo Pacto, sino bajo la ley de Cristo: “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos: a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; (21) a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. 1 Cor. 9:20-21.  Gálatas 5:14, 6:2, 2:16-21, 3:10-11-13. 

EL CRISTIANO NO VIVE BAJO LA LEY MORAL EXTERNA. 

Para el cristiano la ley de Dios no es algo externo que está en tablas de piedra ni en una lista de 10 puntos en un papel, que necesita no olvidar y analizar cada día para comprobar cuantos puntos cumple, y cuantos no. El tratar de dar cumplimiento a cada punto de una ley externa conduce al legalismo, y puede conducir a convertirse en fríos y calculadores legalistas que llegan a creer, con cierto “orgullo espiritual” de que, al menos, formalmente, guardan todo lo que Dios demanda en esos diez mandamientos. Un ejemplo de legalismo o fariseísmo lo encontramos en el evangelio de Lucas 18:9: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: (10) Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. (11) El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; (12) ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. (13) Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. (14) Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”. 

EL CRISTIANO TIENE LA LEY DE DIOS EN SU INTERIOR 

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. (33) Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y ellos me será por pueblo. (34) Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jevová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (Jer. 31:31-34). 

El cristiano debe tener claro que no puede tratar de ser salvo guardando la ley de Dios, “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Romanos 3:20. 

Los creyentes no estamos bajo la ley como un pacto de obras, ni como una obligación legal para justificarse. No estamos bajo su condenación ni su maldición. 

Escribir la ley en el corazón y la mente, no significa interiorizarlas ni espiritualizar la ley, sino perfeccionar el carácter de uno hasta reflejar el de nuestro Redentor. Cristo es nuestro modelo moral, no la ley. Por tanto, aunque hemos sido declarados justos al creer que se nos imputa sus méritos, su obediencia perfecta a la ley, no debemos estar violando a sabiendas, ningún precepto de la ley de Dios. Romanos 2:13,31, 7:12: “13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” 31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.” 7:12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.” 

Una vez justificados en Cristo ¿Cómo se consigue ser hacedor de la ley? 

Gálatas 2:16-21:16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. 17 Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. 18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. 19 Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. 20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo. 

Luego, como Cristo no es ministro de pecado, si peco a sabiendas transgresor me hago, y sólo hay un camino para conseguir lo que Dios desea de nosotros y es “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” 

A MODO DE RESUMEN Y CONCLUSIÓN

En resumen y concluyendo, el Pentateuco, que son los cinco libros de Moisés, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, forman la ley. La Biblia no distingue entre dos leyes, Moral y Ceremonial (Mateo 22:35-40), Levítico 19). El libro de la ley que se puso al lado del arca contenía tanto la ley moral como la ceremonial y otras leyes (Deut. 27, Gál. 3:10). La ley dada por Dios al pueblo de Israel en el Antiguo Pacto, no se aplica a los cristianos, porque se abolió en la cruz (Efesios 2:15, Colosenses 2:14-17, Romanos 10:4, Gálatas 3:19, 24, 2ª Corintios 3:3-14, etc). Con el Nuevo Pacto desaparece el Antiguo, y con él quedan abolidas las tablas de la ley del Pacto Antiguo (Hebreos 8: 6-13, Deut. 9:9, Éxodo 34:27,28). Sin embargo, los cristianos no estamos sin ley. La ley que rige para los cristianos es la que se reconoce y se confirma en el Nuevo Pacto en Cristo, y se refiere a todas las enseñanzas contenidas en el mismo. Seremos juzgados por las palabras de Jesús (Juan 12:48, Rom. 2:16, Gál 6:2). La cual es la ley de Cristo cuyo cumplimiento es el amor a Dios y al prójimo. Esta ley es la misma ley de amor que Dios implantó en el principio de la creación en los seres humanos, y cuyos nueve mandamientos se reiteran a través del Nuevo Testamento, como podemos ver en el siguiente cuadro: 

ANTIGUO TESTAMENTO                NUEVO TESTAMENTO

1. No tendrás dioses ajenos delante de mí. Éx. 20: 3 1. Os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra y el mar. Hech. 14: 15, Gál 4:8, Ro. 1:23ss 
2. No te harás imágenes. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás. Éx. 20: 4, 5 2. Hijitos, guardaos de los ídolos. I Juan 5: 21, 1 Cor. 8:4, 10:19
3. No tomarás el nombre de Dios en vano. Éx. 20: 7 3. Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento. Santiago 5: 12 
4. Acuérdate del día de sábado, para santificarlo. Éx. 20: 8 4. No hay mandamiento en todo el Nuevo Testamento para que se guarde el sábado. 
5. Honra a tu padre y a tu madre. Éx. 20: 12 5. Hijitos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo. Efe. 6: 1
6. No matarás. Éx. 20: 13 6. No matarás. Rom. 13: 9
7. No cometerás adulterio. Éx. 20: 14 7. Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros… heredarán el reino de Dios. I cor. 6: 9-10
8. No hurtarás. Éx. 20: 15 8. El que hurtaba, no hurte más. Efe. 4: 28
9. No hablarás falso testimonio. Éx. 20: 16.  9. No mintáis. Col. 3: 9
10. No codiciarás. Éx. 20: 17 10. Pero la codicia, ni aún se nombre entre vosotros. Efe. 5: 3 

 

En ningún sitio del Nuevo Testamento se da el mandamiento de guardar el día sábado como día obligatorio de reposo para Dios, por el contrario, se afirma expresamente que dicha institución sabática ya no está vigente y se ha cumplido en Cristo. Como cristiano, por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo, yo guardo y obedezco la ley moral no porque está en el Decálogo, sino porque está en el Nuevo Testamento. El sábado es una ley ceremonial en sí misma y por su naturaleza. La ley moral, sin embargo tiene que ver con la conciencia, y no necesita revelación escrita, pues está grabada en las conciencias de todos los seres humanos. Así pues los cristianos tenemos todos los mandamientos del Nuevo Testamento, o sea las palabras de Jesús y de los apóstoles (1 Cor. 14:37, 2ª Pedro 3:2).

El ser humano debe reconocer la propia incapacidad de cumplir la ley de Dios, es decir, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Por tanto, ésta debe ser la primera condición para acogerse a la salvación y la gracia que vienen por medio de Jesucristo. Sin Jesús nada podemos hacer (Juan 15:5: “5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”) 

Los seres humanos sin Cristo somos siervos del pecado (Rom. 6:16-18: “16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.”)

¿De qué sirve la ley?

La función de la ley es doble. Por un lado, nos proporciona la conciencia de pecado en nosotros (Romanos 3:20: “20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”  Por otra parte, al ser conscientes de nuestra impotencia para cumplir la ley, nos conduce a Cristo (Gálatas 3:24: “24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”  Además, “la ley fue añadida a causa de las transgresiones” (Gálatas 3:19: 19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; [la simiente es Cristo] y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.”)

¿Está el Cristiano libre de cumplir la ley? 

El cristiano está libre de la autoridad y de la imposición de la ley, porque no está bajo la ley sino bajo la gracia (Romanos 6:14 “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”). Esto quiere decir que rechazamos obrar mal no porque esté prohibido, o exista una ley o evangelio externo que nos obligue a ello, sino porque el amor de Cristo está grabado en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos da poder para no transgredir la ley de amor. El que evita hacer mal por la imposición de los mandamientos considerados como un código de leyes que regulan su vida desde el exterior, el tal no es libre. Donde gobierna “el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Cor. 3:17). 

El amor no es una norma exterior de conducta, sino una fuerza interior dada por el Espíritu Santo. El evangelio “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;…” La vida del cristiano se fundamenta en la gracia y el amor proporcionados por el Evangelio de Jesús (Gálatas 5:14: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple; Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Romanos 13: 8-10). La posición del hombre nuevo en Cristo ante la ley fue ya prometida y anunciada en el Antiguo Testamento ( Ezequiel 36:26,27: “26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”) 

La ley no ha sido instituida para los justos, sino para los pecadores (1 Timoteo 1:8-11: “8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.”) 

Luego, el cristiano está libre de la ley, en cuanto sigue la ley de amor en Cristo, y renuncia a sus  egoísmos, no empleando esa libertad para satisfacer los deseos de la carne (Romanos 6:6-8, 12-13, 7:6: “6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él. 12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” 7:6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. 

Entonces, hagamos como San Pablo si queremos ser verdaderamente libres: (Gálatas 2:19-21: “19 Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. 20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”) 

Carlos Aracil Orts.

www.amistadencristo.com 

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Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts@ gmail.com

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

 

1_62_hinn_benny1Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).
 
La doctrina de la Confesión Positiva, uno de los tóxicos espirituales   que forman parte de la siniestra teología de la prosperidad y que ha producido notables estragos en el ámbito protestante religioso, marcadamente en el carismático pentecostalista, germinó  y creció  como las plantas con las enseñanzas de E. W. Kenyon, entre los años 1891 y 1948. De allí en adelante, Kenneth Hagin y después Kenneth Copeland, fueron influenciados  en este orden por semejante veneno  que terminó extendiéndose por todo rumbo y recóndito habido. La Confesión Positiva en el pentecostalismo carismático se centra en la búsqueda de cualquier cosa  material con el “poder del creyente”, si se confiesa  con expresiones o palabras de “fe”. De este modo se le obliga a Dios a cumplir lo que se le ha reclamado, pasándose por alto su perfecta y soberana voluntad  por  la del  hombre que  es fallida y egocéntrica,  sino échele un vistazo a los acontecimientos sociales y políticos del mundo. Por eso estamos como estamos, por la pútrida y espantosa voluntad humana.   

Essek William Kenyon (1867-1948) desde temprana edad tuvo contacto con el Nuevo Pensamiento de Phineas Quimby, un personaje arraigado en las doctrinas de la Ciencia Cristiana y de la Unidad. Ambos dieron por sentado el  posible hecho de sanar de cualquier enfermedad con el poder de la mente humana. Para que el sincretismo tuviera una facha más plausible, Kenyon manipulaba  con grande error, aunque su intención pudiera ser buena,  pasajes  bíblicos que hablaban de   prosperidad y de salud. Durante sus campañas evangelísticas Kenyon animaba a los enfermos para que declararan sanidad en sus cuerpos enfermos, para que las promesas de Dios escritas en la Biblia se vieran cumplidas  con  rotundo éxito.

Kenyon, aparte de pastorear algunas iglesias, levantó un instituto de estudios bíblicos en el que fue presidente por  veinticinco años. Para el año de 1923 Kenyon fundó la Iglesia Bautista Independiente Figueroa, en los Ángeles California. En 1931, en Seattle, dio comienzo a un programa radial llamado La Iglesia del Aire de Kenyon, lo que dio pie para la fundación de la Iglesia Bautista del  Nuevo Pacto. Para comienzos del Siglo Veinte, todo esto provocó un ferviente “avivamiento” y el erguimiento de muchas  iglesias pentecostalistas. 

Entre los discípulos de Kenyon encontramos a Kenneth Hagin, uno de los más notables y nefandos heraldos de la Confesión Positiva en el mundo de la denominación pentecostal. Hagin promulgó esta  contrariedad a través de casetes, de libros, de prédicas y seminarios. Hagin erigió  el Centro Rhema, en Broken Arrow, Oklahoma, para adiestramiento bíblico, enseñando que el principio de toda prosperidad material y de la salud física dependía de la “fe” de la persona, “fe” que comprometía a Dios para el alcance de  dicha  prosperidad.  Esta “fe”, que por supuesto no es  la Bíblica, es vista para Hagin y compañía  como una activa  y poderosa fuerza  que empuja u obliga a Dios sin otra opción (lo coloca entre la espada y la pared) para cristalizarles  como una “bella realidad” todos los deseos solicitados de  sus “merecedores y abnegados hijos” que  aman lo que el mundo ama también: las cosas materiales a “elevadísimas potencias”. Y es igual  para la sanidad de enfermedades, y no importa si se padece de  cáncer o de otras patologías clínicas etiquetadas como incurables: “Dios los librará con absoluta seguridad de ellas”. 

El problema en el positivismo mental es que no se toma en cuenta el contexto de otros pasajes bíblicos para aclarar una determinada verdad. Los versos son seleccionados convenientemente y los resultados vienen a ser desastrosos por su  mala interpretación. Por ejemplo, cuando un texto habla de prosperidad para los creyentes, no se refiere a que Dios esté obligado en  hacer de ellos unos súper millonarios valiéndose de las más distintas formas y maneras. La prosperidad a la que Dios se refiere en su Palabra es principalmente «espiritual» y no «material». La prosperidad bíblica es el producto de un buen caminar en el Señor, y podríamos nombra como paz, gozo, paciencia, amor ágape, sabiduría, cordura, bondad, templanza, santidad, humildad, sujeción, etc. (el fruto del espíritu santo: véase Gal.5:22-23). Si el creyente prospera de tal modo,  esta prosperidad lo llevará sin duda y directo a los beneficios objetivos del Reino venidero, para que tome «la corona que está preparada para los que le aman a Dios» (Stg. 1:12). 

La solución para el creyente no se encuentra en conseguir  por medio de confesar positivamente lo que el hombre del mundo desea con afán desmedido, como son las riquezas materiales: La solución se encuentra en la búsqueda de las riquezas espirituales para ubicarnos como creyente maduros en un mundo que sólo ofrece codicia, decepción, muerte y perdición… «Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores» (1 Tim. 6:10). En Mt. 6:33, el texto enfatiza  la búsqueda del Reino de Dios y no las cosas materiales, porque tales “cosas” «serán añadidas por Dios», como son el «vestido» y la «comida», «porque el Padre sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas» (Mt. 6:31-32).

Cristo manda a «no buscar tesoros en la tierra», sino en el «cielo» (Mt. 6:19-20). Cristo declara que «no se puede servir a dos Señores al mismo tiempo», a Dios y las riquezas, «porque se estimará  uno y se aborrecerá el otro» (Mt. 6:24).  Los maestros de la prosperidad “rugen como tigres a los cuatro vientos amar a Dios”, pero por sus indignos frutos conocidos demuestran únicamente que aman  las riquezas de la profana tierra. Estos malvados agentes de Satanás utilizan a Dios como “puente” para alcanzarlas sin temor a la condenación. Su amor por Dios es una engañosa mentira anunciada con “gloriosa y retorcida falsedad”.

Los maestros de la prosperidad se han olvidado  que Cristo dijo que el creyente debía de «negarse a sí mismo y tomar su cruz para poder seguirle», mostrando con esto que la senda que lleva a la vida eterna, a la consumación de la salvación,  no es en para nada fácil (Mt. 10:38). El Señor le dijo al obediente Ananías que le mostraría a Saulo de Tarso «la necesidad de padecer por su nombre» (Hech. 9:15-16). Por causa del nombre del Señor, Pablo fue azotado, despreciado, apedreado, injuriado, encarcelado y perseguido, y por último, decapitado por la espada romana. Pero ahora los maestros de la prosperidad han  hecho discípulos que no quieren «sufrir la sana doctrina»; son los  que «tienen comezón de oír» (2 Ti, 4:3) exclusivamente los mensajes egoístas de los predicadores diabólicos que «aparentan ser piadosos» (2 Tim. 3:5), y que los “atarantan de lo lindo” con tanta maraña efectiva y enredo doctrinal. No desean sufrí en el nombre del Señor, pero sí disfrutar de los placeres terrenales en el “nombre de la carne”, como lo hacen los más sensuales  y egocéntricos  hedonistas de este mundo de “las carnalidades más carnales y protervas”.  

Ahora, con relación a las enfermedades, la Biblia no garantiza que Dios las tenga que sanar en todos los cristianos por “protocolo espiritual”. «Sí sana» o «No sana», depende de su perfecta y célica voluntad. El ser  creyentes no nos hace “inmunes” contra el cáncer,  contra los infartos cerebrales y cardiacos, contra  las infecciones, ni ante las enfermedades degenerativas que pudieran hasta matarnos, en caso de padecerlas como hijos de Dios. También los buenos cristianos mueren por enfermedades largas y penosas, crueles y dolorosas. En las congregaciones pseudo cristianas donde se auspicia  la teología de la  prosperidad, se le ha metido en la cabeza al creyente que “no es digno jamás de enfermarse  por ser un hijo de Dios”. Que es importante auto declararse “siempre saludable, mas nunca considerar ni permitir la enfermedad en él,  por autoridad divina”. Jehová  le probó a Satanás y a la humanidad entera, después del abierto desafío del diablo en el tercer cielo, que es  posible  soportar cualquier prueba, por más pesada y difícil que pudiera ser, si se ha confiado correctamente en él. Dios permitió el sufrimiento en Job con la inesperada muerte de sus hijos, con una hostigosa sarna que se allegó en su cuerpo, con la pérdida de sus propiedades materiales y la de sus siervos… con las necias presiones de quienes estaban a su  alrededor. Durante esta prueba, Job maduró espiritualmente y Dios lo recompensó con mucho más de lo que tenía, para fines prácticos, le duplicó las bendiciones materiales, dándole además hijas muy hermosas. Este es un precioso ejemplo de valor inmedible que ha fortalecido espiritualmente a los creyentes genuinos de todas las épocas. Por lo contrario, en las iglesias carismáticas pentecostales, se incita a “prosperar espiritualmente”, pero no con la Palabra de Dios ni con arduas pruebas, sino con “los bienes que el Señor habrá de otorgarle a  su humilde majada”, los cuales son intrascendentes para la vida de cada uno de los que con sinceridad creen en  Cristo.  Pero esto no es lo que dice la Divina Palabra, sino la influencia doctrinal  que se introdujo en esta clase de iglesias que les gustaría  tener lo del “inconverso y envidiado vecino”, y por si fuera poco, en “charola de plata pura”. 

Esta influencia extraña e impía de la que hablamos, y que refuta, según ella, “el conocimiento de los sentidos”, parte del concepto «gnóstico»  que rechaza el mundo material expresamente, por ser catalogado como “inherentemente malo”; rechaza la “carne”, porque “es maligna en todo sentido”. Estos falsos maestros promueven que el mundo físico tiene que ser “ignorado” porque “proporciona señales negativas que proceden de Satanás”. Lo peor de todo, es que no faltan los muy tontos y supremos  ignorantes en las congregaciones pentecostalistas que admiten  este  fútil cuento mixturado, por no tomarse la molestia de analizarlo “con Biblia en mano”. Para los maestros de la  prosperidad, es vital e importante el tenerse en consideración principalmente el “conocimiento de la revelación”, es decir,  la Confesión Positiva, con el fin de ir más allá de las problemáticas físicas enfrentadas y adquirir lo que se busca con ambición terrena. Niegan lo que denominan “el conocimiento de los sentidos” ya que parte del mundo material y a la vez “rastrean” lo que del mundo material emana: Magistral y mordaz antítesis no deja de ser tal cosa.  

Nos es imposible como seres humanos negar o escapar de un mundo en que las condiciones  generales  no andan tan bien que digamos, pero sí es posible que aprendamos a vivir con cordura  en su corrupta y destructiva faz, según los lineamientos establecidos por Dios, con el fin de no contaminarnos de su sensualidad y de su grotesca maldad. Al respecto, Santiago escribió en su carta: «… y guardarse sin mancha del mundo» (Stg. 1:27), ya que es inevitable evadirlo. No podemos desechar lo que  es imprescindible  para nosotros en este mundo, y es claro y obvio que no hablo de  las banalidades que se desprenden de su esencia, sino a los elementos vitales y necesarios para el sustento de nuestros cuerpos, como son los alimentos, la luz solar, el aire, el agua, el vestido, el calzado, y más etcs. La solución no es negar la existencia del pecado y de la enfermedad; y para esto los maestros  de la mortal teología de la prosperidad “se han pintado de negro como nadie”. La Biblia declara, y esto es para todos los creyentes en Cristo, que seguimos «pecando», porque «quien dice no haber pecado, es un mentiroso», y agrego, de gran calibre (1 Jn. 1:10). Pecamos, pero  no como antes de conocer al Señor. El Antiguo Testamento dice que «el que se aparta de sus pecados alcanzará misericordia, pero si los encubre, no prosperará» (Prov. 28:13). La Biblia menciona además que «Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonarnos, para limpiarnos de toda maldad» (1 Jn. 1:9). ¿Hay acaso aquí indicios qué debemos negar el pecado porqué no existe como tal? ¡Por favor, maestros de la prosperidad, dejen de ventilar  pavadas!

Según el Nuevo Pensamiento que se encuentra infiltrado en las iglesias pentecostalistas, las personas pueden experimentar de buena salud, de éxito económico por la actitud de una mente positiva. Afirma que el pensar positivamente “atrae cosas buenas”, y pensar negativamente “atrae cosas malas”. Es bueno saber que Kenyon fue un hombre graduado en metafísica, y cómo ya mencionamos sus doctrinas  fueron tomadas en un inicio por Kenneth Hagin y después  por los famosos y conocidos  maestros de prosperidad como son los anticristianos Frederick Price, David Yonggi Cho, Kenneth Copeland, Oral Roberts, Benny Hinn, Charles Capps,  Morris Cerullo, y otros que se me  escapan de la mente por “su no tan despreciable cantidad”. En Latinoamérica, la letal sombra  de este tósigo equivocado ha envenenando a hombres  como Cash Luna y a los que integran la  “manada de lobos” del religioso y también afamado garito del Infierno denominado “Enlace TBN”, sucursal de la satánica  empresa del desviado Paul Crouch, a quien  le han sacado muchos “trapitos al sol”, y una de estas “garras” lo descubre como homosexual activo durante su ministerio de ganancias exorbitantes, y créame amable lector, que no me refiero a las espirituales. 

Benny Hinn afirmó con pretensiosa locura  que “Dios sanó a los creyentes hace dos mil años de sus enfermedades físicas”, y para que funcione a la perfección es suficiente con declararlo por “fe”  (¿?). Sostiene que “la enfermedad no le pertenece al creyente”, que “no hay lugar  para ella en el Cuerpo de Cristo”.  Así qué, como hijos de Dios, no tenemos derecho a enfermarnos ni tan siquiera por insignificantes catarros pasajeros, ni por molestas ni húmedas diarreas, ni por dolores articulares causados por artritis o por el cansancio extremo. Y cómo la muerte, que surgió por el pecado del hombre, es producida tantas veces por enfermedades incurables o descuidadas, es lógico suponer que tampoco tendríamos el “derecho”, según la tónica de estos abyectos maestros, “ni para morirnos”; entonces, ¿cómo es qué los creyentes fieles del mundo entero continúan falleciendo  por  distintas enfermedades de pronóstico sombrío? ¡Qué infantilismo el de Hinn!  Este es el resultado de concientizar  con liviandad lo que no es viable bíblicamente, pero sí  por medio de la Confesión Positiva, cuyo origen es pagano. La falta de interés para  analizar el verdadero contexto de los versos utilizados por esta sarta de hienas y patanes para sus propias ganancias ha desviado a un incalculable puñado de personas  del camino de la  sana doctrina y de la  salvación, por admitirse sin juicio dogmas «sin sangre», «sin amor al prójimo», «sin redención», «sin escrituras», «sin santidad», y «sin Reino». 

Parece que  los maestros de la prosperidad no recuerdan  que Pablo menciona en la Biblia que «a causa de la enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio» (Gal.4:13). Se les ha olvidado que Timoteo, «hijo de Pablo en la fe», «padecía de un molesto mal estomacal». Jamás Pablo declaró en Timoteo  sanidad alguna para su dolencia gástrica valiéndose del método de la Confesión Positiva, aquella que es  promovida con orgullo e ignorante valentía  por tipos como Benny Hinn y Cash Luna. Pablo le recomienda tan sólo a Timoteo el «tomar un poco de vino para la mejoría de su padecimiento digestivo, y de otras enfermedades» (1 Tim. 5:23). En el Nuevo Testamento miramos  que Pablo «dejó a Trófimo», un creyente derecho, «enfermo en Mileto» (2 Tim. 4:20). Otro buen creyente, «Epafrodito», «enfermó gravemente y estuvo a punto de morir» (Fil. 2:25-30). Aunque los maestros de la prosperidad no acepten la enfermedad en el cristiano, un día, aunque no lo quieran creer o aceptar, enfrentarán una lo bastante comprometedora para su salud que los llevará sin otro remedio más que a la fría tumba, acaso de no sucumbir ante la muerte por otra cosa diferente.  

Tenemos que entender que los seres humanos, todos, cristianos o no, somos parte de una creación maldecida por causa del pecado. El hombre nace y morirá a su debido tiempo: sea quien sea. Sabemos que en edad avanzada la visión merma y los ojos exigen gafas para ayudarse a ver adecuadamente. El caminar se dificulta por el desgaste articular, por lo que se utilizan  bordones o bastones; y si es muy severo, habrá que sentarse en sillas de ruedas. El cuerpo se cansa y degenera con los años, los órganos vitales dejan de funcionar como debe ser: viene la falla multi orgánica… y perecemos irremediablemente. 

Una pequeña semblanza de lo visto: Los maestros del Nuevo Pensamiento,  como los de teología de la prosperidad, los de la súper Fe, concuerdan que por medio de  “afirmaciones  mentales” se puede controlar cualquier situación física. Este sombrío movimiento se caracteriza en confesar por “fe” como “tener ya lo que todavía  no se tiene, lo que es deseado”. Los maestros de la prosperidad le “aseguran” al creyente que tendrá  salud corporal  y prosperidad material indefinida con la Confesión Positiva; le  afirman que nunca jamás habrá de enfermarse;  que será un hijo de Dios victoriosos ante las adversidades de la vida con simple hecho de “confesarlo”, de “decláralo por fe”. Pablo nos otorga un clarísimo ejemplo en una de sus cartas que «había aprendido a estar contento en cualquier situación vivida» (Fil. 4:11-13). Los maestros de la prosperidad y del pensamiento positivo no parecen estar muy contentos con esta clase de textos bíblicos, simplemente porque no los pueden tergiversar; así que los evitan para no contradecir sus absurdas y ridículas ideas.   

El cristiano que está embaucado en este asunto que reta a Dios a manifestar su ira y enojo, tendrá que pensar doblemente que «si no recibe bendiciones materiales en esta vida», sí tendrá «unas incomparables en el Reino de Dios venidero». Léalo en Ro. 8:17-18, amable lector. Es verdad  que hay buenos cristianos que poseen hartas riquezas, pero las utilizan en la obra divina, para difundir el verdadero evangelio de la salvación. Hay que pensar además que no todo cristiano es rico en lo material, pero sí en el sentido espiritual, que es mejor que las riquezas que el mundo ofrece y en las que regularmente está implicado el diablo para desviar a los hombres a la perdición. Tal es el caso de los maestros de la prosperidad: Unos inigualables títeres de Satanás que se están ganando la adustión postrera, si no se despiertan para apreciar su lamentable error. 

Dios nos muestra en la Biblia para que aprendamos a orar por nuestras necesidades, para que nos supla lo que realmente requerimos, según su soberana voluntad. La Biblia nos muestra que debemos de trabajar para adquirir lo que necesitamos, es decir, lo que está dentro del margen de la sensatez bíblica,  y para ayudar con lo que ganamos de nuestro esfuerzo a otros que requieran ayuda (Ef. 4:28). «Todo trabajo dignifica, cuando es honroso». La Biblia nos exhorta a que «estemos contentos con las  provisiones más  básicas en vez de estar buscando sin razón las riquezas innecesarias del mundo» (1 Ts. 4:9-12).

Acuerdo con lo que dice cierto autor, cuando  escribe que en países donde hay prosperidad, no es difícil predicar mensajes que promulgan que “Dios desea hacer ricos a sus hijos”; pero la cuestión es, ¿qué hay de los lugares dónde reinan el hambre, la pobreza y la persecución de la Iglesia? Yo creo que los maestros de  prosperidad no cabrían en estas partes en que la miseria y el hambre imperan. Se carcajearían de ellos en sus mismas caras por causa de sus  increíbles ficciones predicadas. «Una doctrina bíblica debe ser aplicable  universalmente», dice el autor.     

En la Inmaculada Palabra no hay nada que apoye que debemos  de “confesar positivamente” para hacernos de “trivialidades materiales”. La Biblia nunca nos enseña a obligar a Dios  para que nos cumpla lo que la “regalada gana” nos exija. En Jn. 3:3 tampoco  encontramos una promesa de prosperidad económica que habrá de condensarse por medio de la Confesión Positiva.  

Consideremos lo que el Señor dijo: «Hágase tu voluntad» (Mt. 26:42).

Amados: engan cuidado con los falsos maestros de la prosperidad que predican doctrinas de lóbregos horizontes terrenales, que pondrán a muchos, si no renuncian a sus mentiras, en el propio lago que arde con azufre y fuego.   
Para reflexión:        

« Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme» (2 P. 2:1-3).

Dios les bendiga siempre.

ÚLTIMOS SISMOS EN EL MUNDO

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 SANTA CRUZ ISLANDS

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 SULAWESI, INDONESIA

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 GALAPAGOS TRIPLE JUNCTION REGION

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 HINDU KUSH REGION, AFGHANISTAN

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 PAPUA, INDONESIA

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 SANTA CRUZ ISLANDS

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 SOUTH OF THE KERMADEC ISLANDS

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 OFF THE COAST OF ECUADOR

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 SOUTHEAST OF THE LOYALTY ISLANDS

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 PERU-ECUADOR BORDER REGION

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26.9 

 FOX ISLANDS, ALEUTIAN ISLANDS, ALASKA

Un sismo de 6 grados en la escala de Richter se registró en el archipiélago de Samoa y Tonga, donde se registró otro temblor hace dos semanas que causó 200 muertos, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.

El epicentro del terremoto se localizó a 165 kilómetros al noroeste de Hihifo (Tonga) y tuvo lugar a las 18.00 GMT a una profundidad de 10 kilómetros, de acuerdo con la agencia estadounidense.

En las últimas semanas han ocurrido numerosos sismos en las aguas del sur del Pacífico desde que un temblor de 7,9 grados causara cerca de 200 muertos en el archipiélago de Samoa y Tonga, así como cientos de desaparecidos y miles de damnificados.

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DUDAS-01Por Carlos Aracil Orts

Revisión-01: junio de 2006

Introducción*

La pregunta no es ¿Acaso no es saludable física y moralmente descansar un día a la semana y dedicarlo a la adoración y culto a Dios? sino ¿Está el cristiano obligado a guardar el sábado porque es un mandamiento dado por Dios? Esta cuestión se produce por considerar que los diez mandamientos dados al pueblo de Israel y sólo a él, como base del Pacto Antiguo, constituyen la ley moral eterna de Dios para toda la humanidad y para todos los tiempos, lo cual no es cierto en absoluto. Con Cristo se establece el Nuevo Pacto, y queda abolido el Antiguo: 2 Corintios 3:2-18: “2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

4 Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5 no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.

12 Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; 13 y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. 14 Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. 17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

La Palabra de Dios citada arriba hace evidente que el Antiguo Pacto queda abolido y sustituido por el Nuevo. El Nuevo Pacto en Cristo inaugura el tiempo de la gracia, la verdad y el amor: “la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo” (Jn. 1:17). Lucas 16:1 16: La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.

Juan 13: 34: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

1 Corintios 9:20-21: 20 Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. 22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. 23 Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.  Véase también: 

Gálatas 5:13, 14: 13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros. 14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Gálatas 6:2: Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.

Romanos 7:4-6: “4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

Romanos 10:4-10: “4 porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. 5 Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. 6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); 7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). 8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

Romanos 13: 8-10: “8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. “

En este estudio comprobaremos que el sábado del cuarto mandamiento está abolido porque forma parte de la ley ceremonial prefigurando el descanso de nuestras obras en Cristo, y en ningún sitio del Nuevo Testamento se menciona el deber de guardar el séptimo día como día de reposo. Si en el Nuevo Testamento, se enumeran y se reiteran los otros nueve mandamientos amonestándonos a no transgredirlos, ¿Por qué no se dice nada respecto al sábado? ¿Por qué se iba a dar por sentado que este día es un mandamiento de Dios si en ninguna parte se dice expresamente que había que reposar en ese día, y, sin embargo, se dice todo lo contrario, como que “nadie nos juzgue en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de sábado”?  (Colosenses 2:16)

Si la observancia del sábado fuera tan importante para un discípulo de Cristo ¿Por qué el Nuevo Testamento no la enseña en ninguna parte? ¿Por qué no predicó Jesús ni en el Sermón del Monte, ni en ningún otro sitio, que había que guardar el cuarto mandamiento de la Ley de Moisés? ¿Por qué nadie, ni Jesús, ni los apóstoles, ni siquiera en el concilio de Jerusalén (Hechos 15:1-33) ordenaron jamás que se reposara el sábado ni condenaron la violación del descanso sabático?

Los siguientes textos prueban la afirmación de que el sábado no es para la Iglesia de Cristo, pues como hemos visto arriba, en lugar de ordenarnos que lo guardemos se nos dice que era sombra y figura de Cristo y por tanto ya no aplicable a nosotros:

Colosenses 2: 14, 16, 17: “14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.

Romanos 14:5-6: “5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.” Ésta, al igual que la de Gálatas 4:10, fueron excelentes ocasiones, que tuvo San Pablo para decir algo a favor de la vigencia del mandamiento del reposo sabático del Antiguo Pacto. Sin embargo amonesta a los Gálatas, precisamente,  por guardar los días de reposo sábado.

Gálatas 4:9-11: “9 mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10 Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11 Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”  Aquí se vuelve a repetir, la fórmula de los días de reposo establecidos por Dios en el Antiguo Pacto (Isaías 66:23, Ez. 45:17, Nehemías 10:33, Oseas 2:11: “Haré cesar todo gozo, sus fiestas, sus lunas nuevas y sus días de reposo, y todas sus festividades.” Como podemos comprobar, los días de reposo se refieren a los sábados semanales, pues sino se produciría una redundancia, pues los días de fiesta se citan en primer lugar, para referirse a todos los días festivos que el pueblo judío obligatoriamente tenía que guardar además de los sábados, como son la Pascua, las Cabañas, Pentecostés, etc. Dios no hace diferencia entre días de santa convocación y días de reposo sábado semanal. Para Dios son igualmente sagrados en el Antiguo Pacto. El capítulo 23 del libro de Levítico nos hace una exhaustiva descripción de las fiestas solemnes de Jehová:

Levítico 23

(1) Habló Jehová a Moisés, diciendo: (2) Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas: (3) Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que habitéis.

4 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos: 5 En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. 6 Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura. 7 El primer día tendréis santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis. 8 Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo de siervo haréis.

9 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 10 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega. 11 Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá. 12 Y el día que ofrezcáis la gavilla, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová. 13 Su ofrenda será dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin. 14 No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis.  (Igual que el sábado, sería estatuto perpetuo para los judíos)

(15) Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. (16) Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová.  (Ésta es la fiesta de Pentecostés, obligatoria para Israel, al igual que el sábado)

(17) De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová. (18) Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová. (19) Ofreceréis además un macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz. (20) Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote. (21) Y convocaréis en este mismo día santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.

22 Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

23 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 24 Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación. 25 Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.

26 También habló Jehová a Moisés, diciendo: 27 A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. 28 Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. 29 Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. 30 Y cualquiera persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona de entre su pueblo. 31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. 32 Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.

33 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 34 Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días. 35 El primer día habrá santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis. 36 Siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis.

37 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo, 38 además de los días de reposo de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros votos, y de todas vuestras ofrendas voluntarias que acostumbráis dar a Jehová.

39 Pero a los quince días del mes séptimo, cuando hayáis recogido el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días; el primer día será de reposo, y el octavo día será también día de reposo. 40 Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días. 41 Y le haréis fiesta a Jehová por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la haréis. 42 En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, 43 para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.

44 Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes de Jehová.

Con los textos arriba citados es evidente que el reposo del día sábado se iguala, en cuanto a santidad, con cualquiera de los días citados como fiestas solemnes y santas convocaciones de Jehová. Si dichas fiestas eran ceremoniales o rituales porque prefiguraban a Cristo, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, igualmente la ley del reposo sabático es una ley ceremonial. Es lógico deducir que, en el Nuevo Pacto, el reposo del sábado, como elemento ceremonial que es, haya quedado abolido y clavado en la cruz así como todas las leyes del Antiguo Pacto, conocidas como la Torah, y que terminan y son cumplidas en Cristo. No obstante, a continuación, presentaremos nuevas evidencias remontándonos al origen del séptimo día.

LOS PACTOS DE DIOS CON LA HUMANIDAD.

1. PACTO CON ADÁN Y EVA

Dios creó a Adán y Eva, los padres de la humanidad, a su imagen y semejanza. Puesto que Dios es amor, su carácter y su gobierno están fundados en el amor, su ley universal es el amor. Él, sin duda, creó a esta primera pareja con un carácter y naturaleza perfecta, semejante a la suya, e implantó en la mente de ellos su perfecta ley de amor. La vida en el paraíso edénico era perfecta, nada les faltaba, pero todavía no poseían la vida eterna sino que ella estaba condicionada a que por su libre albedrío decidieran obedecer el mandato de Dios y ser fieles y leales a Él. En este primer pacto que Dios hizo con nuestros representantes legales, no se les requería fe, sino una obra de obediencia. Si querían conseguir la vida eterna, tenían que obrar, actuar consecuentemente con la voluntad de Dios. A este pacto inicial de Dios con la Humanidad se le denomina, usualmente, Pacto de Obras, porque era necesario hacer obras para ganar u obtener la salvación eterna.

Después de la caída de Adán y Eva, al independizarse o separarse del Dador de la vida, empieza la decadencia de la raza humana, la depravación de su naturaleza y el empañamiento de la imagen de Dios de todos sus descendientes. A partir de entonces todos nacemos con el pecado original de Adán y Eva, el cual nos es imputado, y separados y en rebeldía con Dios. Como consecuencia de esta rebeldía, los seres humanos en pocos años dejaron de obedecer la ley de amor de Dios implantada en sus corazones hasta llegar al extremo de maldad que describe el libro de Génesis 6:5-12: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. (6) Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. (7) Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. (8) pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.” (11) Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. (12) Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.”

2. PACTO CON NOÉ Y ABRAHAM

Noé halla gracia a los ojos de Dios, y Dios establece su pacto con Noé: Génesis 6:18, 9:1, 9, 11-13: “Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo”(9)He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; (13) Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra.” Ésta fue la señal del pacto de Dios con Noe: el arco iris.

Más tarde Dios hace pacto con Abraham: Génesis 17:7: “Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y le da, también, la señal del pacto: “Será circuncidado todo varón entre vosotros..” (Génesis 17:10-14).

3. PACTO CON EL ANTIGUO ISRAEL

La descendencia de Abraham, de acuerdo con lo ordenado por Dios, moraría en tierra ajena, y sería esclava allí (en Egipto), y oprimida cuatrocientos años (Génesis 15:13). Dios, mediante Moisés, libera a su pueblo de la esclavitud de Egipto, establece pacto con él, y les da la ley en el Sinaí, siendo los diez mandamientos la base y el resumen de ese pacto (Éxodo 19:5-8,  20: 1-17). Antes de dar a su pueblo Israel la ley, Dios les envía el maná, que es símbolo de Cristo, y mediante este “pan” que Dios hace llover del cielo, les da la ley del reposo sabático, enseñando a su pueblo la obediencia, mediante las instrucciones de la cantidad de maná que deberían recoger cada día de la semana (Éxodo 16: 4-5, 22- 29: “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 5 Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día.
22 En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. 23 Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. 25 Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. 26 Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. 27 Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. 28 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. 30 Así el pueblo reposó el séptimo día.

Nótese que la ley del reposo sabático es dada por Dios independientemente de los diez mandamientos y antes de su promulgación, pues la ley del reposo en el día séptimo se registra en Éxodo 16:4-5, 22-29, y el Decálogo no aparece hasta Éxodo 20. Es una ley para probar la obediencia del pueblo, y que, más tarde, se incorpora en la primera tabla de la ley, como el cuarto mandamiento. Además, Dios convierte este día séptimo en señal del Pacto Antiguo. Es decir, a cada pacto que Dios tiene con la humanidad, Dios establece una señal para distinguir, identificar y recordar al pueblo su pacto con Él, y esta señal, al igual que la circuncisión dada a Abraham, deja de tener significado cuando Dios realiza el Nuevo Pacto en Cristo. Al igual que sucede con la circuncisión que ya no tiene validez ni se practica en los cristianos, ocurre con el día de reposo sábado que sólo era señal para el pueblo de Israel y que en Cristo deja de tener significado. Esto veremos más adelante como lo confirma el Nuevo Testamento.

EL DÍA SÉPTIMO O SÁBADO COMO SEÑAL DEL PACTO.

En Éxodo 31: 12-14, al igual que hizo con Abraham que les dio la circuncisión como señal del pacto, ahora, Dios establece con Israel el día de reposo como señal del pacto: “12 Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13 Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14 Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. 15 Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá. 16 Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17 Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.”

Véase también Ezequiel 20:12, 20-21. “12 Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico. 20 y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios. 21 Mas los hijos se rebelaron contra mí; no anduvieron en mis estatutos, ni guardaron mis decretos para ponerlos por obra, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá; profanaron mis días de reposo.”

El reposo del sábado o séptimo día de la semana como señal del pacto antiguo de Dios con Israel estaba sujeto a un riguroso reglamento que incluía entre otras cosas, la abstinencia total de realizar obra alguna, o de requerir el trabajo de otros (Éxodo 20: 9-10, Deut. 5:14), prohibición de: encender fuego (Éxodo 35:3), recoger leña (Núm. 15:32-36), preparar comida (Éxodo 16: 22-26), viajar (Éxodo 16: 29,30), llevar carga, comprar y vender (Neh. 15: 15-19). La sanción por transgredir este mandamiento era mayor que por cualquier otro, pues consistía en la pena de muerte (véase Núm. 15:32-36).

Podemos ver claramente que guardar el reposo sabático del Antiguo Pacto, conforme lo exige la ley del sábado, en nuestros días sería prácticamente imposible, máxime cuando se requería que los límites del sábado fueran de la puesta del sol del viernes a la puesta del sol del sábado. No obstante, según la ley mereceríamos la muerte, y no podríamos salvarnos si no lo guardásemos, y como dice Santiago 2:10 “Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto es hecho culpable de todos” o también lo que refiere Pablo en Gálatas 3:10: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.”. Por todo lo citado arriba, hemos podido comprobar que el sábado es una ley ceremonial, señal del pacto antiguo, que como toda ley ceremonial prefigura a Cristo, y tiene su fin o terminación en la cruz de Cristo, donde se inicia el Nuevo Pacto, dejando de tener efecto el Antiguo, y por tanto, ya no tiene sentido la señal del Pacto Antiguo, el reposo del sábado, en el Nuevo Pacto en Cristo.

EL ORIGEN DEL SÉPTIMO DÍA.

Aparece por primera vez en el relato de la Creación de este mundo por Dios. Génesis 2: 2,3 :“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo (3) Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

En primer lugar, al contrario que los días de la creación que están compuestos de mañana y tarde, es decir de noche y día, el día séptimo aparece en el relato bíblico sin esa característica, es decir, es un reposo que no cesa, sin límite de finalización. Adán y Eva, si no hubieran desobedecido habrían entrado en un reposar continuo en la presencia de Dios.

En segundo lugar, en estos versículos no existe mandamiento alguno de parte de Dios a Adán de que lo guardara, reposara y evitase todo tipo de actividad o trabajo en ese día. El mandamiento de no hacer obra alguna en este día lo dio Dios a Israel, como hemos visto, unos 2.500 años después, en tiempos de Moisés, y durante todo este tiempo, no existe registro bíblico de que la humanidad o los patriarcas (Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José) lo guardasen como un día obligatorio de reposo de toda obra, de culto y adoración, dado como ley a la humanidad por Dios.

En tercer lugar, el guardar el sábado como día de reposo consagrado a Dios es un mandamiento dado por Dios sólo a su pueblo Israel, antes de la proclamación del Decálogo en el monte Sinaí como señal del Antiguo Pacto (Éxodo 16:4,5, 23-30 y Éxodo 31:12-17 vistos arriba), y como recordatorio de que Él había sacado a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y además era su Creador (Éxodo 20: 1-3, 8-11: “1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. 3 No tendrás dioses ajenos delante de mí… 8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.”)

¿Cuál fue el propósito de Dios?

Parece claro que el propósito de Dios, al distribuir la creación en seis días y señalar el séptimo para el descanso, es fundamentalmente pedagógico, para mostrar al ser humano, en el futuro, cual debería ser el ciclo vital o biológico, trabajo-descanso, que mejor se ajustaría a la naturaleza de los seres que había creado. Es evidente, que Dios reposó no porque le produjese cansancio el trabajo de la creación, sino como ejemplo para nosotros. Por otro lado, Dios que ya había previsto la caída de Adán, creó el día séptimo para que sirviera de recordatorio a la humanidad, de la creación efectuada, y de Él como Creador. El reposo del sábado también tiene un aspecto y propósito ceremonial, como ya hemos visto. Las formas o aspectos ceremoniales de la ley representaban la sombra (Col. 2:16,17), figura o tipo figurativo de la realidad, es decir, se refieren, siempre, al antitipo que es la persona y la obra de Cristo.

El sentido simbólico o figurativo que tiene para el cristiano el reposo del séptimo día, consiste en participar en el verdadero reposo, reposar en Dios, en todas sus promesas, no confiar en nuestras obras, sino en la obra de Cristo, Hebreos 4:10: 10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

¿Está el cristiano obligado a guardar el Sábado? ¿Sigue vigente el Pacto Antiguo aunque estemos en el Nuevo Pacto de Cristo?

Los cristianos pertenecen a Cristo y al Nuevo Pacto de gracia, por tanto deben de obedecer a todo lo se prescribe en el Nuevo Testamento, acorde con el Nuevo Pacto en Cristo. Veamos, lo que dice el libro de Hebreos con respecto a la vigencia del Antiguo Pacto:, “(22) Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. (Hebreos 7:22)

Hebreos 8:6-13: “(6) Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. 7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. 8 Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; 9 No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. 10 Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; 11 Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. 12 Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

 13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.  Queda, pues, confirmada la no vigencia del Antiguo Pacto.
 
IDENTIFICANDO EL SIGNIFICADO ESPIRITUAL Y SIMBÓLICO DEL REPOSO

San Pablo, en el libro de Hebreos y en los siguientes versículos interpreta inspiradamente lo que significa y simboliza el reposo para el cristiano en el Nuevo Pacto. Se está refiriendo que tanto los judíos como los gentiles sólo tienen un modo de entrar en el reposo de Dios: Creer al evangelio, tener fe. Hebreos 4:1-11: 1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. 3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. 4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. 5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. 6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, 7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones. 8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. 9 Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. 10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. 11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.

Es de notar como relaciona Hebreos 4:4-6 el reposo de Dios en el séptimo día de la creación con nuestra necesidad de entrar en el mismo por medio de las buenas nuevas, es decir, que la forma de alcanzar ese reposo es sólo creyendo las promesas de salvación del evangelio. Es necesario, pues, que nos demos cuenta de la naturaleza espiritual del reposo. ¿Cuándo podemos y debemos entrar en el reposo de Dios? ¿Sólo el séptimo día de cada semana? El apóstol Pablo nos contesta: HOY. Hoy mismo debemos abandonar toda confianza en nuestras obras, y confiar plenamente en Él, y obtendremos reposo, alivio y paz para nuestra alma y mente (Romanos 5:1 :”Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”).

Por tanto, este reposo no se refiere al del sábado del Antiguo Testamento, ni al que tendremos en el cielo, sino al que podemos obtener HOY a través de la fe en la obra de Cristo. “Todos aquellos que entran en el reposo de la salvación dejan de depender de sus propias obras. Ya no están tratando de salvarse por medio de sus obras, sino que dejan de obrar y descansan en la obra consumada por el Señor Jesús.”

Debemos confiar en el Señor Jesús y no en el descanso del sábado semanal, y acudir a Él, cada día, no sólo el fin de semana “y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28, 29: “28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”)

¿RATIFICA EL NUEVO TESTAMENTO QUE EL REPOSO DEL SÁBADO ERA SOMBRA DE CRISTO, Y POR TANTO YA NO ES OBLIGATORIO?

Veamos lo que nos dice el apóstol Pablo en Colosenses 2:16, 17: “16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”

Aquí se afirma claramente que la prescripción de guardar los días de reposo, sábados, del Antiguo Testamento era una ley ceremonial (Hebreos 10:1) que termina en Cristo, pues, en Cristo se entra al verdadero reposo, mediante su vida y su muerte, que nos justifica si creemos en sus promesas, y da reposo a nuestras almas.

Gálatas 4: 8-11: “8 Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9 mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10 Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11 Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”

Romanos 14: 5,6 : “5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace.”

Para completar y terminar este estudio, transcribimos unos párrafos del libro “los diez mandamientos” de la Iglesia Bautista de la Gracia Soberana, los cuales nos parecen muy clarificadores.

“Ahora podemos ver más claramente el significado ceremonial del día sábado, y por qué fue necesario que todos los judíos cesaran por completo sus actividades. El día sábado en forma ceremonial o figurativa apuntaba hacia el descanso de la fe en Cristo. Representaba el descanso anunciado por el evangelio. Este es precisamente el argumento de Heb.4:l0 que dice: “Porque el que ha entrado en su reposo, también él ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas “. Todos aquellos que creen verdaderamente en Cristo descansan en su obra, y por lo tanto dejan de hacer obras para justificarse o salvarse a sí mismos. El reposo del día sábado (el cese de toda actividad humana) prefiguraba y apuntaba hacia el descanso por la fe en Cristo. La abundancia de textos en el Nuevo Testamento que enseñan que la salvación no es por obras afirman este punto. Aquí podemos ver el porqué era tan necesario que los judíos no hicieran obra alguna en el día sábado. Si hubieran obrado en el día sábado, habrían transgredido el simbolismo del descanso en Cristo. Habrían mezclado las obras humanas con la obra de Cristo, la gracia y las obras. De este modo habrían echado a perder el simbolismo del reposo en Cristo. Como el apóstol afirma en Gálatas 5:9, “un poco de levadura leuda toda la masa “. Esto es, un poco de confianza en nuestras obras impide que confiemos completamente en la obra de Cristo y así impide que seamos salvos por Él. No negamos que la fe nos conduce a obrar, sino que afirmamos que las obras de los creyentes son el resultado o fruto de la salvación que poseen por la fe en Cristo.

“Para los creyentes el reposo de la salvación significa que están salvos y seguros. Fuera de peligro porque confían plenamente en Cristo, en su obra perfecta, en su justicia perfecta. Todos aquellos que creen en Él encuentran reposo para sus almas, la paz para con Dios y el perdón de sus pecados. Ya no necesitan hacer obra alguna para justificarse ante Dios porque en Cristo ya han sido justificados.” (Iglesia Bautista de la Gracia Soberana).

Carlos Aracil Orts.
www.amistadencristo.com

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Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts gmail.com

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

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¿Deben los cristianos guardar el reposo del sábado puesto que forma parte de la ley de los diez mandamientos?

¿Confirma el Nuevo Testamento que Dios exige a los cristianos el reposo en el día sábado como cumplimiento del cuarto mandamiento de la ley que dio a su pueblo Israel en el Sinaí?

Carlos Aracil Orts 

1. Introducción

Querido hermano en Cristo, comprendo bien sus preguntas y su preocupación ante un asunto tan importante como éste que puede implicar a nuestra conciencia y afectar, de alguna manera, a la seguridad en la salvación que sólo debe reposar en Cristo como nuestro gran Salvador, y en ningún caso en los preceptos de la antigua ley. Los siguientes pasajes, por los que usted me pregunta, son de aplicación para los creyentes del Antiguo Pacto, es decir, sólo afectan al pueblo de Israel.

Isaías 58:13,14

“13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, 14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.”

Isaías 66:22, 23

“22 Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. 23 Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.”

Primero de todo hemos de tener claro que los cristianos pertenecemos al Nuevo pacto que estableció Jesucristo: “…Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.” (Lucas 22:20; véase también Mt. 26:28; Mr. 14:24; 1ª Cor. 11:25).

Por tanto, cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador personal, somos constreñidos por amor, a obedecer todo lo que Jesucristo y sus apóstoles nos han revelado en el Nuevo Testamento, siendo sólo estas buenas nuevas de salvación las que son ley para los cristianos, y ningún precepto del Antiguo pacto que no se haya ratificado en el Nuevo es de aplicación al cristiano.

 

Los cristianos no estamos bajo la ley del Antiguo Testamento sino bajo la ley de Cristo (1ª Corintios 9:21: “a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley de Dios (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo)…”; véase además Gálatas 5:13, 14; 6:2).

¿Cuál es la ley de Cristo?

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34).

“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado.” (Juan 15:12).

¿Cuáles son los mandamientos que los cristianos debemos guardar?

“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.” (1ª Juan 2:3).

Veamos a que mandamientos se está refiriendo el apóstol Juan, ¿Son acaso los Diez mandamientos del Sinaí o es algo distinto?, los versículos siguientes lo aclaran perfectamente:

“Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.” (1ª Juan 2:5).

“Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. (1ª Juan 2:7).

¿A qué “palabra” se está refiriendo el apóstol Juan?  “la palabra que habéis oído desde el principio.”

Por tanto es la Palabra de Dios revelada en las Sagradas Escrituras, y en especial en el Nuevo Testamento lo que es mandamiento para todos los cristianos y no la ley del Sinaí. Esto explica también a qué mandamientos se está refiriendo Juan en Apocalipsis 12:17: “…los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”. Es lo mismo que dice Apocalipsis 14:12: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.” . Debe quedar claro, pues, que en estos versos de Apocalipsis, el apóstol Juan, al igual que en sus epístolas o en su evangelio, siempre se refiere a la Palabra de Dios.

No obstante, a continuación trataremos de estudiar con detenimiento la relación del cristiano con la ley del Sinaí, si esta ley rige para los cristianos, y si hubiera algún libro o epístola del Nuevo Testamento, en especial el libro de Hebreos y la Epístola de Santiago que confirmasen la vigencia de la misma, particularmente, en lo que se refiere a la obligatoriedad de guardar el reposo del sábado del cuarto mandamiento del Decálogo.

2. La ley moral o natural

En general, con posibles excepciones de las que no tengo conocimiento, podemos afirmar que los seres humanos tenemos una conciencia que nos hace distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, es decir, creemos que Dios ha implantado en la misma un discernimiento moral. A eso le podríamos llamar ley natural.

Ahora bien, nuestra conciencia sufre alteraciones debido a la educación recibida, por el entorno en el que vivimos: la familia, la escuela, la sociedad, etc., y por lo más o menos fieles a ella que hayamos sido en el transcurso de nuestra vida. Una persona siguiendo su conciencia pueda pensar que está haciendo lo correcto, y sin embargo se equivoca y peca.

Por eso los cristianos debemos ser humildes, reconocer nuestras debilidades, y estar abiertos a recibir la instrucción de Dios a través de su Palabra revelada, y a comprometernos a obedecerla con el poder del Espíritu Santo.

El apóstol Pablo en Romanos 2: 12-15 nos dice:

“12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; 13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. 14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, 16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.”

Lo que confirma que todos tenemos una conciencia donde está escrita la ley moral o natural, a la cual siempre debemos ser fieles so pena de endurecer y cauterizar la misma, y que llegue un momento en que acallemos la voz de Dios, dejando de discernir entre el bien y el mal.

Por tanto, actuar de manera contraria a nuestra conciencia, nos degrada espiritualmente, y perjudica nuestra relación con Dios. No obstante, no debemos ser rebeldes a todo nuevo conocimiento o comprensión de la Palabra de Dios que sirva para mejorar y progresar en el camino de la santificación a la que todo cristiano ha sido llamado.

3. La ley en el Antiguo Pacto

Mucha gente identifica la ley del Antiguo Testamento con los diez mandamientos, sin embargo no es así. Generalmente cuando la Biblia nombra la ley se refiere al Pentateuco o sea los cinco libros que forman la Torah (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).

Por ejemplo, cuando Jesús dice en Mateo 5: 17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas,…”, se está refiriendo a los libros citados anteriormente y a los de los profetas del Antiguo Testamento, que eran casi toda la Revelación que hasta ese momento se poseía. De la misma manera, Jesús hace mención a la Biblia denominándola “la ley y los profetas”, en el siguiente pasaje de Lucas 16:16: “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan en entrar en él.”

Los Diez Mandamientos fueron la base sobre la que Dios estableció pacto con el antiguo Israel. Dios prometió bendecirles en la medida que estuvieran dispuestos a obedecer esta ley (“…y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.” (Éxodo 34:28; véase también Deut. 9:9, 11, 15; Heb. 9:4). En todas estas ocasiones la Biblia se refiere a ellos como las tablas del pacto. Por tanto, pues, las tablas del pacto, o sea los diez mandamientos quedan completamente vinculados a una época, la de antes de Cristo, y a un pueblo, Israel.

Este Pacto, pues, concierne sólo al pueblo de Israel y a nadie más, como la misma Escritura afirma en Deut. 5: 2, 3: “2 Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. 3 No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.”

La ley que vino 430 años después de la promesa que Dios hizo Abraham de que Cristo nacería de su descendencia, “fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.” (Gálatas 3:15-19). Es decir, la ley estaría vigente hasta la venida del Salvador, Cristo el Mesías. Los creyentes pertenecemos al pacto que Dios hizo con Abraham, pues por el mismo vino Cristo, nuestro Salvador.

Romanos 5:20

“Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; “

La ley sirve para que tengamos conciencia de pecado (Romanos 3:20; Gálatas 3:22, 23), pues donde no hay ley, no se inculpa de pecado (Romanos 5:13), y para llevarnos a Cristo (Gálatas 3:24).

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” (Gálatas 3:24). 

4. La ley moral en el Nuevo Pacto

El Nuevo Pacto es muy distinto al Antiguo. No es una revisión, ni una simple continuación de éste, sino que implicó un cambio muy importante en el proceso de la salvación.

Dios mismo, en Jeremías 31:31-34, anuncia que establecerá un nuevo pacto con la casa de Israel y la casa de Judá “no como el pacto que hice con sus padres…” (Hebreos 8:9), y acto seguido nos describe una característica esencial que tendrían los creyentes del nuevo pacto: “pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos serán mi pueblo;” (Jeremías 31:33; Hebreos 8:10).

Jeremías 31:31-34

“31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”

El libro de Hebreos en el capítulo 8 nos explica que el nuevo pacto sustituye al antiguo, y que éste, al quedar obsoleto, tiende a desaparecer. Veámoslo:

Hebreos 8: 6, 7, 13

“6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. 7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”

La venida de Cristo al mundo y su sacrificio expiatorio por los pecados de los seres humanos hizo posible que el Espíritu Santo habitase en los corazones y mentes de los creyentes, haciendo que murieran al pecado y renacieran en una nueva naturaleza en Cristo Jesús. Cristo mismo testificó que el Espíritu Santo no podría habitar en los creyentes hasta que Él fuera glorificado (Juan 7:37-39).

El establecimiento del Nuevo pacto por Jesucristo implicó la desaparición del Antiguo, y esto significó que todo el sistema de leyes, que regían al pueblo de Israel, incluyendo los diez mandamientos que eran la base del Antiguo Pacto, tuviera su fin en Jesucristo (Romanos 10:4 “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.”)

Efesios 2:15, 16 (Véase también Colosenses 2:14)

“Aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí  mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, (16) y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.”

¿Quiere decir esto que Dios abolió la ley moral?

La ley moral existió desde el principio de la creación, y es el fundamento de las relaciones humanas y de la relación con Dios. Como muy bien dice San Pablo en Romanos 5:13, “Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.”

Lo que dice san Pablo es que si no hubiera habido ley moral hasta la promulgación de los diez mandamientos en el Sinaí, entonces la humanidad que existió anteriormente no habría pecado, al no haber ley. Sin embargo, sabemos que ha habido transgresión constante de la ley moral desde Caín que mató a Abel hasta nuestros días.

Los principios de la ley moral recogidos en la ley de los diez mandamientos no pueden perecer ni ser abolidos, porque siempre existieron y están, de alguna manera implantados en nuestra conciencia, mente o corazón. La ley de los diez mandamientos no hizo más que refrescar la conciencia endurecida y la memoria olvidadiza de la humanidad

En el sermón del monte nuestro Señor Jesucristo sacó a la luz los grandes principios morales que rigen la relación con nuestro prójimo y con Dios, no como estaban enunciados en las tablas de la ley del Sinaí, sino dándoles el sentido plenamente espiritual que les corresponde, aclarando que no debíamos conformarnos con un mero cumplimiento nominal y legal de la letra de la ley. Recomendamos encarecidamente leer detenidamente todo el capítulo 5 del evangelio de San Mateo. Si así lo hacemos, observaremos el contraste que hace Jesús respecto a la ley del Sinaí o ley de Moisés con la ley moral. Aquí, a fin de no extendernos demasiado, sólo destacaremos unos pocos textos:

Mateo 5: 21 e.a.

“21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

¿Acaso no es esta ley muy superior a la del Antiguo Pacto?

Vemos que Dios siempre ha requerido a los seres humanos un cumplimiento fiel de su ley moral. Su ley no ha cambiado. Él nos sigue exigiendo, ahora tanto como entonces, el cumplimiento de la ley moral, como condición ineludible para la salvación. En los siguiente versículos Jesús mismo nos resume la ley de Dios.

Mateo 22: 37-40

“37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

Cuando vislumbramos la amplitud de los dos mandamientos que Dios requiere que cumplamos, comprendemos que somos pecadores porque no podemos guardarlos plenamente. Todos estamos bajo pecado ( Romanos 3:9), no hay justo ni aun uno (Romanos 3:10) y todos estamos destituidos de la gloria de Dios por cuanto todos hemos pecado (Romanos  3:23).

Ahora empezamos a entender lo que nos dice Pablo en Romanos 7:23: “23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Por eso cuando, entendemos el requerimiento de la ley, para ser convencidos de pecado por el Espíritu, debemos ser humildes y reconocer que somos pecadores y que el mal está en nosotros (Romanos 7:21), y nada podemos hacer por nosotros mismos sino acogernos a Cristo:

Romanos 8: 1 e. a (Recomiendo leer todo el capítulo)

“1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Por tanto, el creyente cristiano no contempla a la ley que le condena sino a Cristo que le salva mediante “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8: 2).

Cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador, Dios nos hace nacer de nuevo e implanta, en nuestra mente, corazón y conciencia, sus leyes (Hebreos 8:10).

¿Cuáles son estas leyes?

Fundamentalmente es la ley del amor. Ya hemos visto que Jesús dice que el que ama a Dios y al prójimo ha cumplido toda la ley y los profetas, es decir, todo lo que exige la Biblia. Vemos que hay perfecta armonía entre lo que afirma Santiago, “si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis;” (Santiago 2:8), y lo que declara Pablo en Romanos y Gálatas:

Romanos 13:9-10

“8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”

Gálatas 5:14

“14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Los creyentes en Cristo, pues, somos salvos por la fe y no por las obras de la ley (Romanos 3:28; Gálatas 2:16; 3:11-14). “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:5,6; Véase además 2ª Corintios 3:2-18).

Nada se dice en el Nuevo Testamento acerca de guardar el reposo sabático que si era preceptivo en el Antiguo Testamento, y su profanación era castigada con pena de muerte (Números 15: 32-36). En el siguiente apartado trataremos este tema con detenimiento.

5. ¿Guardar el reposo sabático es un mandamiento de Dios en el Nuevo Pacto en Cristo?

Como ya dijimos sólo el Nuevo Testamento rige para el cristiano, y no hemos encontrado en todo él nada que ratifique la vigencia del reposo sabático. Lo que confirma que, al desaparecer el Antiguo Pacto, también cesó la ley del sábado, que siempre fue una ley específica para el pueblo de Israel, promulgada por Dios para que ese pueblo se diferenciase de los que le rodeaban, y como una señal del pacto entre ellos y el Dios verdadero, Creador de todas las cosas.

Éxodo 31:12-17

“12 Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13 Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14 Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. 15 Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá. 16 Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17 Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.

El reposo del sábado, además de ser una señal del pacto de Dios con Israel, tenía un elemento ritual que prefiguraba a Cristo. Semejante al significado que tenían los sacrificios ceremoniales de los animales que realizaban en Israel. Al igual que ellos, el reposo sabático representaba la salvación que se obtendría en Cristo, el perdón de pecados a cambio de una vida inocente, lo que era sombra y figura del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). El pueblo tenía que aprender a confiar en Dios en sus promesas. Debían comprender que su salvación no estaba en sus manos y así reposar en el futuro Salvador.

Para los creyentes del Nuevo Pacto, puesto que Cristo murió y resucitó y nos ha dado esta gran salvación, ¿qué sentido tiene el guardar el reposo del sábado que era señal del Antiguo Pacto, cuando dicho Pacto ya no está vigente y el mismo Jesús ha establecido la Santa Cena como señal del Nuevo Pacto, “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama (Lucas 22:20).

No solamente lo encontramos en el Nuevo Testamento ningún atisbo de la obligatoriedad de la ley del sábado del Antiguo, sino que por el contrario tenemos claras evidencias de la anulación o abolición total de ese mandamiento. Veamos por ejemplo los siguientes pasajes:

Colosenses 2: 16, 17:

“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, (17) todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”

El reposo del sábado era sombra del futuro reposo que representa la salvación en Cristo, la cual poseemos ya desde el mismo momento que creímos.

Así lo confirma también el escritor de Hebreos:

Hebreos 3:18; 4:1-3

“18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.

1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. 3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo:”

Observemos que el autor de Hebreos se refiere claramente a que el reposo en el Nuevo Pacto no es guardar el sábado sino creer en Jesús como nuestro Salvador, aceptar la buena nueva con fe, pues de no ser así no nos aprovecharía de nada como les ocurrió a aquellos a los cuales se dirige el escritor de esta epístola. Por lo tanto, creer en esa buena nueva es entrar en el reposo de Dios. No se trata, pues, de guardar el reposo cada sábado de la semana, sino de vivir en Cristo todos los días.

Hebreos  4:1-13

Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. 4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. 5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. 6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, 7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones.

8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. 9 Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. 10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.  

Como ya hemos visto, entrar en aquel reposo es aceptar la buena nueva  de salvación, o sea el evangelio de nuestro Señor Jesús con inquebrantable fe. Cuando aceptamos a Jesús con fe, cuando no confiamos en nuestras obras, sólo confiamos, reposamos en Él, obtenemos el descanso para nuestra alma, que es la seguridad de la salvación, saber que nuestros pecados han sido perdonados y que somos salvos por los méritos de Jesús.

Romanos 5:1

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;”

Éste es el verdadero reposo, y no el del sábado, reconocer, por fe, que hemos sido redimidos, justificados y salvos, y que nada ni nadie nos podrá separar del amor de Cristo (Romanos 8:28-39).

El pueblo de Israel había sido esclavo en Egipto durante más de 400 años. La influencia de las costumbres paganas de Egipto, y su condición de esclavitud en un país extranjero, seguramente, habían oscurecido su conocimiento de Dios, embrutecido su mente y endurecida su conciencia. Dios, por tanto, necesitó realizar una gran labor de reforma y educación religiosa del pueblo, a fin de restablecer una relación correcta con Él mismo. Primero tuvo que revelarles que Él no era un dios a la manera de los dioses de Egipto, sino que era el Creador de los cielos y la tierra.

El mandamiento de reposo en el día sábado, de no hacer obra alguna fue dado, por Dios a Israel, incluso antes que la ley de los diez mandamientos fuera revelada por Dios a Moisés en el Monte Sinaí (Éxodo 16:4,20-32). Por tanto, dicho mandamiento existió independientemente de la ley, y poco después, Moisés mostró al pueblo, las dos tablas de la ley, estando el mandamiento del reposo sabático colocado en el cuarto lugar de la primera tabla de piedra (Éxodo 20:2-17).

Éxodo 16:4, 19-30

“4 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 5 Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día.

Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. 20 Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés. 21 Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.

22 En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. 23 Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. 25 Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. 26 Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. 27 Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron.

28 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. 30 Así el pueblo reposó el séptimo día.”

Con estos textos comprobamos que el mandamiento del reposo sabático  también fue dado para educarles en la obediencia: “para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.” (Éxodo 16:4). Vemos como algunos del pueblo inmediatamente desobedecieron (verso 28: “Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?”).

Aunque este estudio no pretende presentar todos los argumentos bíblicos que prueban que el mandamiento del reposo sabático no está vigente ni se aplica al pueblo cristiano, no podemos resistirnos a enumerar algunos más. Como por ejemplo, destacar que el descanso en el día del sábado consistía de abstenerse de toda obra porque así lo había mandado Dios.

El profanar este mandamiento, haciendo cualquier tipo de trabajo como cocinar, hacer fuego, recoger leña, llevar carga u otro tipo de trabajo, incluso, no se podía realizar un viaje en día de sábado que fuese más allá de unos dos mil codos, etc., estaba sancionado con la pena de muerte. Además, el sábado se iniciaba con la puesta del sol del día viernes y finalizaba con la puesta de sol del sábado. Esto que no era difícil de cumplir para un solo pueblo, sería impensable tratar de imponerlo a todo los pueblos del mundo con tan diversos horarios y situaciones distintas de turnos de trabajo (Véase Éxodo 31: 12-17 citado anteriormente).

6. Conclusión

Los creyentes cristianos pertenecen al Nuevo Pacto que Jesucristo estableció en su muerte (Lucas 22:20). Todo lo que se ha revelado en el Nuevo Testamento es de aplicación para ellos, y por tanto, deben obedecer todas sus leyes. Los mandamientos de Dios en el nuevo pacto no son la ley del Sinaí sino la Palabra de Dios:

1ª Juan 2: 3, 5, 7

“(3) )Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.”

(5) “Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.” (1ª Juan 2:5).

(7) “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. “

Ninguna ley del Antiguo Pacto rige para los cristianos. El “…Nuevo Pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” (Hebreos 8:13).

Dios anunció que el nuevo pacto no sería como el primero, porque pondría sus leyes en nuestras mentes y las escribiría sobre nuestros corazones (Jeremías 31:31-34; Hebreos 8: 7-12). Esto, Dios lo realiza con su Espíritu al habitar en nuestras vidas, haciéndonos nacer de nuevo, y librándonos de la ley del pecado y de la muerte  (Romanos 8: 1-2).

Los cristianos no están bajo la ley del Antiguo Pacto sino bajo la ley de Cristo. Jesús en el sermón del monte relatado en Mateo 5 aclara el alcance de los inmutables principios de la ley moral haciendo contraste con la ley antigua, con lo que da a entender que aquella desaparece, introduciéndonos en el ministerio del Espíritu y no el de la letra (2ª Corintios 3:3-18). En donde el amor debe regir toda conducta: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.(44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;” (Mateo 5:45).

¿Cuál es la ley de Cristo?

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34).

“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado.” (Juan 15:12).

El cumplimiento de la ley es el amor:  

Santiago 2:8

“Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis;”

Y lo que declara Pablo en Romanos y Gálatas:

Romanos 13:9-10

“8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”

Gálatas 5:14

“14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

La ley que Dios implanta en nuestra mente y corazón en el nuevo pacto es la ley del amor.

Dios, en todos los tiempos ha exigido a la humanidad el cumplimiento de la ley moral:

Mateo 22: 37-40

“37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

Todo esto que venimos diciendo está en armonía con lo que afirma el apóstol Santiago en el siguiente pasaje:

Santiago 2: 12:

“Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.”

La ley de la libertad es la ley del amor.  El cristiano no se centra en la letra ni en el espíritu de la ley, porque reconoce que no puede cumplirla sino que se acoge a la gracia de Dios por medio de Jesucristo que cumplió perfectamente toda la ley, siendo, por tanto revestidos por su justicia.

Por cuanto Jesús murió y pagó nuestra deuda con la ley, al aceptar su sacrificio expiatorio, nos identificamos con Él, y morimos con Él mediante el bautizo. Esto es el evangelio, las buenas nuevas de salvación según nos relata el gran apóstol Pablo:

Romanos 6:1 e.a (Se recomienda leer también el capítulo 7):

“1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.  (Esto es el corazón del evangelio)

5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Siervos de la justicia

15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Los cristianos no servimos bajo el régimen viejo de la letra sino bajo el nuevo del Espíritu. No miramos la ley sino a Cristo. De esta forma somos libres de la ley y del pecado, porque hemos muerto al pecado en Cristo.

Romanos 7: 4-6:

“4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

En el Nuevo Testamento no existe la ley del reposo sabático aplicada a los cristianos. En ningún lugar  se exige este mandamiento. Por el contrario Pablo nos dice en Colosenses 2:16-17 que el sábado era sombra de Cristo. Además, a lo largo del Nuevo Testamento encontramos situaciones, en que si este mandamiento hubiera estado en vigor, habrían sido totalmente oportunas y convenientes para confirmarlo, y sin embargo esto no se produjo. Por ejemplo: cuando los fariseos creyentes en Jesús quisieron imponer la ley de Moisés (Hechos 15:5), Jacobo lo impidió y dijo:

Hechos 15:19-20:

“por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se conviertan a Dios, (20) sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre.”

Léase además Hechos 15:24, 28, 29. Aquí hubiese sido una ocasión de oro para ratificar la vigencia del sábado de la ley antigua, sin embargo, la respuesta de los apóstoles fue “porque ha parecido bien al Espíritu santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:”

A continuación citamos unos pasajes de Romanos y Gálatas, en los cuales el apóstol Pablo, tuvo oportunidad, si esa hubiera sido su intención, de confirmar el mandamiento del reposo sabático. Sin embargo, contrariamente, les amonesta a que no guarden ningún día, o para que cada uno guarde el día que quiera, de acuerdo a su conciencia, puesto que la ley no exige el reposo de ningún día en especial.

Gálatas 4:8-11

“8 Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9 mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10 Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11 Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”

Romanos 14:5-9

“5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. 7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

El reposo del sábado fue la señal del antiguo pacto (Éxodo 31:13-17), y un recordatorio de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto (Deut. 5:15).

El Nuevo Pacto sustituyó al Antiguo y éste ya no está vigente (Hebreos 8:13). En el Nuevo Pacto, Cristo establece la Santa cena como señal y memoria de su muerte expiatoria por los pecadores y de su segunda venida en gloria.

Por tanto, el creyente cristiano no contempla a la ley que le condena sino a Cristo que le salva mediante “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8: 2).

Cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador, Dios nos hace nacer de nuevo e implanta en nuestra mente, corazón y conciencia sus leyes (Hebreos 8:10).

Los creyentes en Cristo, pues, somos salvos por la fe y no por las obras de la ley (Romanos 3:28; Gálatas 2:16; 3:11-14). “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:5,6; Véase además 2ª Corintios 3:2-18).

Significado de Isaías 66:22, 23 a la luz de toda la Biblia

“22 Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. 23 Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.”

En primer lugar, en mi opinión, aquí no dice que en los cielos nuevos y tierra nueva los creyentes irán a adorar a Dios de mes en mes y de día de reposo en día de reposo, sino que por el contrario, el énfasis se hace en la permanencia de la descendencia de Israel comparándola con la tierra prometida. Dios está hablando del triunfo de los verdaderos creyentes, los cuales permanecerán, tan cierto como permanecerán el cielo y la tierra nueva. Y la adoración de mes en mes y cada sábado, está inscrita en el marco del Antiguo Pacto, y se refiere, por tanto, sólo al pueblo de Israel, que como sabemos estaba obligado por la ley.

No obstante, es bueno leer estos versos en otras versiones de la Biblia que quizá puedan arrojar luz adicional, por ejemplo, a continuación transcribiré dichos versos con la Biblia de Jerusalén, 1998:

Isaías 66:22, 23  (Biblia de Jerusalén, 1998)

“22 Porque así como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecen en mí presencia –oráculo de Yahvé-, así permanecerá vuestra raza y vuestro nombre. 23 Así pues, de luna en luna nueva y de sábado en sábado, vendrá todo el mundo a prosternarse ante mí -dice Yahvé.”

Como podemos comprobar, la mención luna nueva y sábado corresponden perfectamente a la dispensación del Antiguo Testamento, pues se trata de las fiestas ceremoniales que celebraba el pueblo de Israel, que estaban en la Torah, como el mismo Pablo nos dice en Colosenses 2: 16: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo.” Queda claro, pues que no se trata de la Jerusalén celestial (Apoc. 21), sino de la terrenal, o sea, sólo para el pueblo judío del Antiguo Pacto.

Carlos Aracil Orts.

www.amistadencristo.com

 

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Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts gmail.com 

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros

ANALIZANDO EL HAMBRE MUNDIAL

hambre2

Algunos datos interesantes:

- 50 millones de infectados con el HIV y la gran mayoría sin ningún tratamiento ni atención.

- 800 millones de personas no tienen acceso a la comida suficiente para alimentarse.

- 1100 millones de personas sobreviven con menos de 1 dólar diario.

- 1200 millones de personas no tienen acceso al agua potable.

- 10 millones de niños y niñas mueren antes de cumplir los cinco años por causas evitables.

- el 70% de las personas pobres del Planeta son mujeres.

- el 10% de la población mundial disfruta del 70% de las riquezas del Planeta.

- el 75% de las personas pobres son campesinos y campesinas.

 Hambre Global

La Humanidad, en la era de la post Guerra Fría, está marchando hacia una crisis económica y social de una escala sin precedentes que está conduciendo hacia un rápido empobrecimiento a amplios sectores de la población mundial 

La Humanidad, en la era de la post Guerra Fría, está marchando hacia una crisis económica y social de una escala sin precedentes que está conduciendo hacia un rápido empobrecimiento a amplios sectores de la población mundial. Hay economías nacionales colapsando, hay desempleo rampante. Hay erupciones de hambre en el Africa Subsahariana, en el sur de Asia, y en parte de América Latina. Esta “globalización de la pobreza”, que ha tenido por consecuencia una dramática reversión de los logros conseguidos durante el período de la descolonización de después del fin de la segunda guerra mundial, comenzó con la crisis de la deuda, a principios de 1980 y con la imposición de las letales reformas económicas del Fondo Monetario Internacional.

El Nuevo Orden Mundial se alimenta de pobreza humana y de destrucción del medio ambiente. Genera apartheid social, alienta el racismo y las discordias étnicas, socava los derechos de las mujeres y a menudo hunde los países en confrontaciones destructivas entre distintos nacionalismos que los integran. Desde 1990 extendió su alcance a todas las grandes regiones del mundo, incluyendo Norteamérica, Europa Occidental, los países del antiguo bloque soviético y los nuevos países industrializaos (NICs por las siglas en ingles) del sudeste asiático y del Lejano Oriente.

Esta crisis mundial es más devastadora que la gran Depresión de los años 30’. Tiene muchas más implicaciones geopolíticas; dislocaciones económicas han acompañado el inicio de guerras regionales, la fractura de sociedades nacionales y en algunos casos la destrucción de países enteros. Esta es, por lejos, la crisis económica más seria de la historia moderna (Michel Chossudovsky, The Globalization of Poverty, First Edition, 1997) Introducción El hambre es resultado de las reestructuraciones en favor del “libre Mercado” de la economía global proceso que tiene sus raíces en la crisis de la deuda de comienzos de 1980. No es un fenómeno reciente como pretenden sugerirlo muchos informes de la prensa occidental.

Pobreza y desnutrición crónica son condiciones preexistentes. Los aumentos recientes en los precios de la alimentación han exacerbado y agravado la crisis alimentaria. Golpean muy duro en las poblaciones empobrecidas que apenas si tienen los medios para supervivir.

Los problemas han irrumpido casi simultáneamente en todas partes:

“El precio de los alimentos en Haití subieron un promedio de más 40% en menos de un año, con los de primera necesidad como el arroz, duplicándose…. En Bangladesh (a fines de abril 2008) unos 20 mil trabajadores textiles tomaron las calles para denunciar el aumento de los precios de los alimentos y para demandar aumento de salarios. El precio del arroz se duplicó en el último año, amenazando a los trabajadores, que ganan salarios de solo 25 dólares. En Egipto las protestas terminaron con dos muertos, cientos de arrestados, policías en las fábricas…. Los alimentos subieron un 40%. A principios de año en Costa de Marfil, miles de personas marcharon hacia la casa del presidente Laurent Gbagbo cantando “tenemos hambre” y “la vida es demasiado cara, nos están matando”.

Demostraciones similares, huelgas y enfrentamientos tuvieron lugar en Bolivia, Perú, Mexico, Indonesia, Filipinas, Pakistan, Uzbekistan, Tailandia, Yemen, Etiopia, y a través de la mayor parte del Africa sub-Sahariana (Bill Van Auken, Amid mounting food crisis, governments fear revolution of the hungry, Global Research, April 2008)

“Eliminando los pobres”

Con amplios sectores de la población mundial que ya están por debajo de la línea de pobreza los recientes feroces aumentos de los precios de los alimentos de primera necesidad son devastadores. Millones de personas alrededor del mundo son incapaces de adquirir los alimentos para su supervivencia. Estos aumentos hacen su contribución, de verdad, al proceso de “eliminación de los pobres” a través de muertes masivas por hambre. En palabras de Henry Kisinguer: “Controla el petróleo y controlarás a los países. Controla los alimentos y controlarás la gente”.

A este respecto Kisinguer, en efecto, en el contexto del Memorándum de Seguridad Nacional, número 200 del año 1974, titulado “Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad Nacional” que la ocurrencia de hambrunas puede constituir un instrumento de control de la población. De acuerdo con la FAO el precio de los granos de primera necesidad se incrementó un 88% desde marzo de 2007. El precio del trigo se incrementó un 181% en tres años. El precio del arroz un 50% en los últimos tres meses. (Véase el art. de See Ian Angus, Food Crisis: “The greatest demonstration of the historical failure of the capitalist model”, Global Research, April 2008):

“El arroz más popular de Tailandia se vendía hace 5 años a 198 la tonelada, 323 hace un año. En abril de 2008 llegó a 1000 USS la tonelada. Esos incrementos son todavía peores en los mercados locales. En Haití la bolsa de 50 kilos se duplicó en valor en una semana a fines de marzo de 2008. Estos incrementos son catastróficos para los 2600 millones de personas que viven con menos de 2 dólares por día y que gastan entre un 60 a un 80% de sus ingresos en comida. Cientos de millones no tienen para comprarse el alimento”.

Dos dimensiones relacionadas Este proceso por el cual poblaciones enteras están entrando en una crisis alimentaria tiene dos aspectos relacionados:

Primero, que hay todo un proceso histórico que viene desde hace varios décadas que ha hundido los niveles de vida tanto en los países desarrollados como en los no desarrollados Segundamente, que estas preexistentes condiciones históricas de pobreza de masas fueron exacerbadas y agravadas por el reciente aumento en los precios de los granos, lo que ha llevado en varios casos a una duplicación de los precios de venta al consumidor final de los alimentos de primera necesidad. Estos aumentos son, en una amplia proporción, resultado de movimientos especulativos. Causas especulativas en los aumentos de los granos.

Los medios de comunicación han en gran parte engañado a la opinión pública respecto de las causas de estos aumentos, enfocándose casi exclusivamente en el aspecto de los costos de producción, climáticos y otros que han redundado en una reducción de la oferta y que pueden haber contribuido a alentar los aumentos de los precios. Si bien pueden haber concurrido son de relevancia limitada a la hora de explicar la índole impresionante y dramática de esos aumentos.

Esos aumentos en espiral que estamos contemplando con estupor son en gran parte el resultado de manipulaciones de los mercados. Son en gran parte atribuibles a juegos especulativos. Los precios de los granos hacia el alza son empujados en esa dirección por operaciones especulativas en el Chicago Board of Trade a su vez fusionado (en el 2007) con el Chicago Mercantile Exchange lo cual dio por resultado la entidad comercial más grande del mundo en las tratativas de compraventa de commodities lo cual incluye un amplio menú de opciones, contratos sobre precios futuros, index funds, etc .

Las especulaciones con trigo, con arroz o con maíz pueden hacerse sin necesidad de que la transacción “suceda en el mundo real”. Los que participan de estos juegos no necesariamente están implicados en la venta o entrega de los granos. Las transacciones pueden usar commodity index funds que son apuestas o al alza o la baja de los precios. Una “put option” es una apuesta a la suba de los precios y una “call option” es una apuesta a la baja. Proponiéndoselo, los “traders” (los operadores del mercado) y las grandes instituciones financieras pueden llevar los precios para arriba en general o también en particular el de algún grano.

La especulación genera volatitilidad en los mercados. A su turno la inestabilidad resultante alienta y estimula las actividades especulativas.

Se tienen ganancias normales cuando los precios suben. Pero si un especulador está vendido “en corto” (short-selling) también pueden ganar apostando a que los precios colapsen.

Este conjunto de aumentos especulativos recientes en los precios de los alimentos condujeron a una ola de hambre mundial que no tiene precedentes por su escala.

La ausencia de medidas de regulación desencadena el hambre

Estas operaciones especulativas no se proponen per se desencadenar el hambre. Lo que desencadena el hambre es la ausencia de regulaciones en estos mercados especulativos (de opciones, opciones sobre futuros, fondos de inversión en commodities). En el actual contexto, un congelamiento de la especulación en los mercados de alimentos de primera necesidad, tomado como una imperativa decisión política, contribuiría inmediatamente a bajar los precios de los alimentos. Nada impide hacerlo pero nada hace prever que se esté pensando en un prudente cuidadoso conjunto de medidas como este.

Por lo que se ve esto no es lo que está siendo propuesto por el Banco Mundial y por el Fondo Monetario Internacional.

El rol del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial

El Banco Mundial y el FMI han presentado un plan de emergencia, teóricamente con la idea de alentar la agricultura, en respuesta a la “crisis de los alimentos”. Pero las causas verdaderas de la situación no son enfocadas. El presidente del Banco Mundial, Robert B. Zoellick describe su iniciativa como un Nuevo Trato, como un plan de acción de largo plazo destinado a alentar la producción, que consistiría, entre otras cosas, en duplicar los préstamos a los agricultores africanos.

“Tenemos que poner el dinero dónde hoy es urgente, en las bocas de los hambrientos” (Robert Zoellick, World Bank presidente, citado por la BBC, 2 Mayo 2008) Pero la “medicina económica” del Fondo Monetario y del Banco Mundial no son la solución sino en una importante medida la “causa” del problema. Más préstamos del FMI/BM para alentar la agricultura aumentará el endeudamiento y exacerbará más que aliviará la pobreza.

Los préstamos del Banco Mundial son otorgados con la condición de que los países se comporten según el manual neoliberal el cual desde principios de 1980 condujo a un colapso de las agriculturas locales.

Los programas de estabilización y de ajuste estructural impuestos por el FMI/BM a los países en desarrollo como condición para la renegociación de sus deudas externas por el contrario condujeron al empobrecimiento de centenares de millones de personas.

Lo decisivo es que las severas, ásperas realidades económicas y sociales que están por debajo de las intervenciones del FMI son los aumentos de precios de los alimentos, hambres, despidos masivos de trabajadores urbanos y destrucción de programas sociales. El poder interno de compra ha colapsado, las clínicas de salud para las mujeres y escuelas para los chicos fueron cerradas. Hay centenares de millones de chicos que tienen denegado el derecho a la educación primaria.

Los tratamientos de shock del FMI

Históricamente hablando los procesos de espiralización de los precios de los alimentos en el nivel del comercio minorista, fueron desencadenados por feroces devaluaciones de las monedas, que a menudo se convertían en hiperinflaciones. En Perú, por ej. en agosto de 1990, por órdenes del FMI, el precio de los combustibles se incrementó, de la noche a la mañana, en 30 veces. El del pan 20.

“A través de todo el Tercer Mundo la situación es de desesperación social y de desesperanza de las poblaciones empobrecidas por la interacción de las fuerzas del mercado. Anti-SAP y levantamientos populares son brutalmente reprimidos: Caracas, 1989. El presidente Carlos Andrés Pérez después de denunciar retóricamente al FMI de practicar “una economía totalitaria que mata no con balas pero sí con hambre” declaró el estado de emergencia y envió unidades de infantería y marines a los barriadas humildes en las colinas que rodean a la capital a reprimir las manifestaciones tras que el pan aumente un 200 por ciento. Se abrió fuego indiscriminadamente, la morgue de Caracas reportó 200 muertos, cuentas no oficiales se habla de más de mil muertos. Enero de 1984: conflictos sociales en Túnez motivadas por el desempleo joven y protestas por el alza en el precio de los alimentos; Nigeria, 1989, idem por el cierre de 6 universidades; Marruecos, 1990, huelga y levantamiento general contra las reformas del gobierno exigidas por el FMI (Michel Chossudovsky, op cit.)

La desregulación de los mercados de granos

Desde los años 80’ l os mercados de granos, impulsados por las políticas del Banco Mundial, se desregularon y los excedentes de la Unión Europea y de Estados Unidos fueron usados sistemáticamente para destrozar el campesinado y para desestabilizar los sistemas nacionales de agricultura. A este respecto los préstamos del Banco Mundial requerían el levantamiento de barreras comerciales a la importación de bienes agriculturiles, todo lo cual con frecuencia conducía a dumping (N. del T. se denomina así a vender en el exterior por debajo del precio al que uno vende en el mercado del que el vendedor proviene) por parte de los Estados Unidos y la Unión Europea con sus excedentes de granos en los mercados locales. Esto llevaba a los agricultores locales a la quiebra.

El “libre mercado” aplicado a la agricultura, impuesto por el FMI y el Banco Mundial destruye las producciones campesinas y socava la “seguridad alimentaria”. Malawi y Zimbabwe eran en algún momento países prósperos con una producción de granos excedentaria respecto del nivel de consumo de su gente. Ruanda era virtualmente autosuficiente en alimentos hasta 1990 cuando las políticas del FMI le hicieron abrir los mercados a los granos subsidiados, con políticas inmorales de dumping que llevaron a todos sus pequeños productores a la ruina. En los años 91/92 el hambre golpeó Kenia, el país más exitoso del este de Africa en lo que respecta a producción de trigo. Pero claro, poco antes a su gobierno lo habían puesto en la lista negra por no querer someterse a las condiciones del Fondo. Porque la desregulación y apertura a las importaciones de granos era una condición puesta para renovar y reprogramar la deuda externa con sus acreedores del Club de París (Michel Chossudovsky, The Globalization of Poverty and the New World Order, Second Edition, Montreal 2003) El patrón que se repite todo a lo largo de Africa, sudeste de Asia y América Latina es el de que todas las políticas promovidas por las instituciones de Breton Woods llevan siempre a perder la “seguridad alimentaria”. El hambre en la era de la globalización es el resultado de una política. El hambre no es la consecuencia de la escasez de alimentos sino al revés: los excedentes de alimentos fueron utilizados para desestabilizar las producciones de los países en desarrollo.

Estrechamente controlados por las transnacionales del agronegocio estos excedentes conducían en definitiva al estancamiento tanto de la producción como del consumo de alimentos esenciales y al empobrecimiento de campesinos todo a lo largo y ancho del mundo. Pero además, en la era de la globalización, los programas de ajuste estructural del FMI y del Banco Mundial son cosas que tienen una relación directa con el fenómeno del hambre en tanto y en cuánto que sistemáticamente socavaron todos los renglones de actividad, tanto urbanos como rurales.

Los ingresos de los agricultores tanto en los países ricos como pobres son estrujados por un puñado de grandes empresas globales agroindustriales que controlan los mercados de granos, los ingresos de los agricultores, las semillas y los alimentos procesados. Una firma gigante como Cargill que tiene más de 140 subsidiarias alrededor del mundo controla una parte bastante importante del comercio de granos. Desde 1950 es el principal contratista de EU para prestar el servicio de “ayuda alimentaria” (ley de 1954 número 480) La agricultura mundial tiene por primera vez en su historia la capacidad técnica de satisfacer los requerimientos de alimentos del planeta entero. A capacidad de producir alimentos es enorme, pero los niveles de consumo de alimentos se mantienen extraordinariamente bajos porque una enorme porción de la población mundial vive en condiciones de pobreza y privación extremas. Además, el proceso de “modernización” de agricultura llevó a la expoliación de los agricultores, aumentó la falta de tierras disponibles y la degradación ambiental. En otras palabras las mismas fuerzas que alientan la expansión de la producción global de alimentos están también empujando, antiéticamente, una contracción de los niveles de vida.

Semillas genéticamente modificadas

Coincidentemente con el establecimiento de la Organización Mundial de Comercio en 1995 (sucesora del GATT, General Agreement of trade and tariffs) otro importante cambio histórico ocurrió en la estructura de la agricultura mundial. Con esas reglas del juego los gigantes del agronegocio obtuvieron plena libertad para penetrar en los mercados de semillas de los países en desarrollo. La adquisición de los derechos de propiedad intelectual exclusivos sobre variedades de plantas también condujo a la destrucción de la biodiversidad. Actuando por cuenta de un puñado de conglomerados biotecnológicos les fueron dados a un montón de productores semillas genéticamente modificadas (GMO, siglas en inglés) inclusive muchas de esas veces disimuladas dentro de “paquetes de ayuda alimentaria”. En Etiopia, por ejemplo, paquetes de semillas genéticamente modificadas les fueron dados a los campesinos en el medio de una ola de una devastadora sequía. Se plantó, se cosechó, pero al minuto después los campesinos se encontraron con que esas semillas no se podían volver a plantar sin pagarle regalías a Monsanto, a Arch Daniel Midland, y tutti quanti, etc. Y a continuación también descubrieron que las benditas semillas no se podían cosechar sino se utilizaban los insumos tales como los herbicidas, los insecticidas y los fertilizantes que también los producen y proveen y distribuyen los mismos de siempre: los gigantes biotecnológicos del agronegocio. Economía campesinas enteras fueron captadas por las redes de los grandes conglomerados del agronegocio. Ruptura del ciclo de la Agricultura

Con la adopción de semillas genéticamente modificadas un gran cambio ha ocurrido en la historia y la estructura de la agricultura desde que esta nació, estimativamente unos 10 mil años atrás.

La reproducción de semillas en viveros en los pueblos y ciudades fue discontinuada por el uso de semillas genéticamente modificadas. El ciclo tradicional, natural, de la agricultura, que permitía a los agricultores guardar sus semillas orgánicas y plantarlas y cosecharlas hasta que se vuelva a cumplir el ciclo fue roto. Este patrón destructivo –invariablemente productor de hambre- se reproduce en país tras país a todo lo largo y ancho del mundo conduciendo a la extinción de la economía campesina. [B]

RIA Novosti

14/10/09

La crisis económica mundial de 2008-2009 y las dificultades de los países en desarrollo provocaron un brusco aumento del número de las personas que pasan hambre en el planeta: hasta 1.020 millones, dice un informe de la Organización para la Alimentación y Agricultura de la ONU (FAO) hecho público hoy.

“El número de quienes sufren hambre ha excedido mil millones de personas por vez primera desde 1970 por la crisis económica mundial y las causas de carácter regional”, se señala.

Expertos indican como la región más afectada la de Asia – el Pacífico (con 642 millones de habitantes que padecen hambre). Luego siguen África al sur del Sahara (265 millones), América Latina (53 millones), Oriente Próximo y África del Norte (42 millones) y las potencias industrializadas (15 millones).

Según la FAO, la más desfavorable situación se observa en Somalia, Afganistán, Etiopía, Iraq, Eritrea, Sudán, Haití, Burundi, la República Democrática de Congo, Liberia, Angola, Mongolia, Corea del Norte, Uganda, Tayikistán y Georgia.

“Al surgir la crisis económica, los líderes mundiales obraron con decisión, logrando movilizar en plazos cortos miles de millones de dólares para eliminarla. Con la misma decisión deberían actuar para combatir el hambre y la pobreza. Disponemos de recursos técnicos y económicos para erradicar el hambre en el planeta. Sólo falta una más fuerte voluntad política”, declaró el director general de la FAO, Jacques Diouf.

El informe de la FAO se publicó con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se celebra anualmente el 16 de octubre y este año se dedica a determinar vías que lleven a garantizar la seguridad alimentaria en los períodos de crisis.

Con un resplandor que se estima llegó a ser equivalente al de la Luna Llena, un inesperado visitante espacial sorprendió ayer a muchos holandeses, que lo observaron cruzando espectacularmente el crepúsculo vespertino, a las 16:58 UT según registraron numerosos testimonios. Afortunadamente existen registros visuales de tal fenónemo, como es esta fotografía tomada por Robert Mikaelyan desde Groningen. Realmente fue un hermoso espectáculo celeste.

Los testimonios relataron como el objeto se fragmentó, seguido de un estampido sónico que hizo moverse más de una ventana. El Royal Dutch Meteorology Institute detectó fuertes ondas de infrasonidos (sonidos de baja frecuencia), lo que podría confirmar que la desintegración del meteoro se produjo a una gran altitud, lo que es habitual en los eventos meteóricos de esta clase.

 

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general15 de octubre 2009

JPost.com Personal, el Jerusalem Post

Israel está planeando llevar a cabo ataques militares en Irán después de diciembre, informó una revista francesa, el jueves de noche.

Según un informe publicado en Le canard Enchainé citado por Radio Israel, Jerusalén ha encargado ya de un fabricante francés de raciones de alimentos de combate de alta calidad para los soldados destinados en las unidades de élite y también pidió a los reservistas de estas unidades de estancias en el extranjero a regresar a Israel.

La revista informa además que en una reciente visita a Francia, el Jefe del Estado mayor de las FDI, Gen.Gabi Ashkenazi, le dijo a su homólogo francés Jean-Louis Georgelin que Israel no tiene intención de bombardear Irán, pero podría enviar tropas de elite para llevar a cabo actividades sobre el terreno allí.

Esto, según la revista, puede implicar el sabotaje a las instalaciones nucleares, así como los asesinatos de los principales científicos nucleares iraníes.

The Jerusalem Post no pudo confirmar el informe de Le Canard Enchainé.

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