LA PROMESA DE LA BIBLIA PARA LOS SALVOS NO ES EL CIELO

Mencionamos antes que la promesa de Dios NO es el cielo como creen la mayoría de los cristianos, sino el reino de Dios en la tierra. Veremos esto utilizando más evidencia bíblica:

Proverbios 2:21: Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella.

Proverbios 10:30: El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra.

Salmos 37: 9: Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

Salmos 37: 11: Pero los mansos heredarán la tierra,
Y se recrearán con abundancia de paz.

Salmos 37:22 Porque los benditos de él heredarán la tierra;
Y los malditos de él serán destruidos.

Salmos 37:29 Los justos heredarán la tierra,
Y vivirán para siempre sobre ella.

Salmos 37: 34 Espera en Jehová, y guarda su camino,
Y él te exaltará para heredar la tierra.

Salmos 115: 16: Los cielos son los cielos de Jehová;
Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.

Mateo 5:5: Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad…

2 Pedro 3:13,14: Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia…

Cómo ve, la Escritura nos revela que existe una heredad para los justos, perfectos, mansos, etc. y esa heredad es la tierra. ¿Quiénes son esos justos, mansos y perfectos? Es muy sabido que todos aquellos que somos de Cristo hemos sido justificados y lavados por su sangre, en consecuencia, somos justos, y también hemos sido llamados a ser PERFECTOS como nuestro Padre que está en el Cielo.

También debemos ser mansos como nuestro Señor Jesús. Por lo tanto, los justos, los mansos, y los perfectos que heredaran la tierra son los cristianos.

Dios de pactos

Hemos aprendido en este estudio que Dios hizo un pacto con David. De dicho pacto La Biblia nos dice lo siguiente:

En Jeremías 33:20, 21 leemos:

“Así ha dicho Jehová: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono…”.

En otras palabras, si Dios no cumpliera su pacto con David, antes dejarían de existir la noche y el día. Así de seguro y firme es el pacto de Dios con David.

Además de este pacto, en la Escritura encontraremos 5 pactos hechos por Dios con el hombre. Estos pactos pertenecen tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo Testamento. Estos pactos también son llamados eternos, excepto el Pacto Mosaico el cual se declara temporal, esto es, que continuaría sólo hasta la venida de la simiente prometida (Gálatas 3:19, 23 al 26). Además del pacto Davídico y del pacto Mosaico que hemos recién mencionado, también existen 3 pactos más, a saber: el pacto Abrahámico, el Pacto Palestino, y el Nuevo Pacto (que remplaza al Mosaico).

• El pacto Abrahámico es llamado eterno en: Génesis 17:7, 13, 19, 1 Crónicas 16:16-17 y Salmos    105:8-11.
• El pacto Mosaico es llamado temporal en: Gálatas 3:19, 23 al 26
• El pacto Palestino es llamado eterno en: Ezequiel 16:60;
• El pacto Davídico se llama eterno en: 2 Samuel 23:5, Isaías 55:3, y Ezequiel 37:25.
• El Nuevo Pacto se llama eterno en: Jeremías 32:40; 50:5; y Hebreos 13:20. Y 3.

Todos estos pactos fueron hechos con un pueblo de pactos, Israel. En Romanos 9:4, Pablo nos enseña que la nación de Israel había recibido pactos del Señor. En Efesios 2:11-13, él enseña a la inversa, que los gentiles no han recibido ninguno de tales pactos y por consiguiente no gozan de las relaciones de esos pactos con Dios. Pero en Cristo, los gentiles han llegado a ser judíos espirituales participantes del Nuevo Pacto, y por consiguiente; de las bendiciones del mismo. Así podemos decir con toda seguridad que “la salvación viene de los judíos” (Ver Juan 2:22).

Entre todos estos pactos que hemos mencionado, vamos a estudiar un pacto especial, y es aquel que Dios hizo con el patriarca Abraham “El padre de la FE”. Estudiando este pacto llegaremos a confirmar sólidamente que la esperanza de los cristianos es la tierra.

El pacto hecho con Abraham

Gálatas 3: 6 al 9: Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.

Gálatas 3: 14 al 16: ..Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

Gálatas 3: 26 al 29: pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Hay varios puntos que aprendemos en estos pasajes de la epístola a los gálatas, los cuales, para un mejor entendimiento, los resumiremos así:

• Los que son de la fe (en Cristo Jesús), estos son hijos de Abraham.
• Los que son de la fe son bendecidos conjuntamente con el creyente Abraham (reciben las mismas  bendiciones que se le prometieron a Abraham).
• En Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanza a los gentiles, o sea que la promesa hecha al padre Abraham es para judíos y gentiles en Cristo Jesús, porque en Cristo ya no hay judío ni griego    (gentiles), todos somos un mismo pueblo en Cristo Jesús. (GENESIS 12:3 “y serán benditas en ti    (Abraham) todas las familias de la tierra)
• Finalmente, los que son de Cristo, linaje (descendientes) de Abraham son y herederos según la    promesa.

¿Qué promesa?

Entonces hemos aprendido que existe una promesa hecha a Abraham y a su descendiente (singular) que es Jesucristo (Mateo 1: 1: Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham). Los que son de Cristo son también descendientes de Abraham y herederos según la promesa.

Ahora nuestra función será descubrir en La Biblia cuál es la promesa que Dios hizo a Abraham y a sus descendientes. ¿Está de acuerdo? Para ello tendremos que ir al comienzo de La Biblia, ya que Dios ha estado desde el comienzo ocupado en la redención de la humanidad. Todo esto que estudiamos es un plan pensado desde antes de la fundación del mundo, Y Dios, en su debido tiempo, pone en acción sus propósitos.

Génesis 13:14 al 15: Y Jehová dijo a Abraham: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”

Génesis 17:7 al 8: Y estableceré mi pacto entre mí y tú, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, en pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti la tierra que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.

Usted, si es inteligente, se dará cuenta que la promesa hecha a Abraham NO fue el cielo, sino que Dios le prometió toda la tierra para El y sus descendientes (recuerde que sus descendientes son los que son de la fe en Cristo) para siempre o en heredad perpetua.

Dios nunca le dijo a Abraham algo así como: “mira hacia el cielo donde yo habito, por que a ti y a tu descendencia les daré el cielo en heredad perpetua”, sino que DIOS le dijo: “mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”

En la epístola a los Romanos Pablo confirma lo que venimos enseñando. Dice Romanos 4: 13, así: Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo. Aunque usted haya recibido la enseñanza de que pasará sus días en el cielo tocando un arpa celestial, La Biblia contiene la bendita esperanza de que los cristianos renacidos, bautizados, justificados, adoptados, fieles y santos recibirán el mundo por heredad.

Este mundo que conocemos será de todos nosotros (los cristianos). Por supuesto que Dios tendrá que hacer unos cuantos arreglitos, ya que el hombre ha destruido la creación de Dios con la contaminación, la desforestación, etc. Pero para Dios no hay nada imposible y él hará de este mundo un paraíso, tal como lo fue antes de la caída humana.

En Isaías 51: 3 leemos: Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.

Estas sí que son buenas noticias para todos. Si usted por casualidad lee estas páginas, y no es cristiano, yo le recomiendo que se convierta a Dios y a Cristo para poder tener parte en tan dichoso futuro.

Siguiendo con lo que venimos estudiando, algunos argumentan que en realidad las promesas hechas a Abraham se cumplieron cuando los judíos entraron en la tierra prometida, pero si usted analiza bien la promesa hecha a Abraham se dará cuenta de 2 puntos:

• Los judíos no han habitado la tierra prometida por siempre. No fue hasta hace menos de un siglo que los judíos estaban esparcidos alrededor del mundo sin territorio permanente. La promesa dice    que seria para siempre.
• La promesa era para Abraham y sus descendientes. Abraham como sus descendientes tendrán que habitar la tierra prometida para siempre para un cumplimiento cabal de la promesa.
   Y para que sea así, tanto Abraham como sus descendientes tendrán que resucitar y recibir la Vida eterna.

Otros, por su parte, argumentan que existen dos esperanzas distintas, una para Israel y otra para la iglesia. Según ellos, los judíos recibirán el reino milenial de Dios en la tierra y por su parte la iglesia estará en el cielo con Dios y con Cristo. Los que proponen esta enseñanza de las 2 esperanzas deberían meditar seriamente en Efesios 4: 4 donde dice así:

Efesios 4: 4 al 6: Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Con este texto en mente, podemos afirmar que NO existen dos esperanzas distintas, y lo que la escritura verdaderamente enseña es que los pactos, promesas, etc., fueron hechos con los judíos, pero en Cristo Jesús, la salvación y bendiciones de los judíos alcanzan a los gentiles (Ver Efesios 2: 12 al 17, Romanos 2: 28 a 29, Gálatas 3: 28).

Es por eso que en Abraham serían benditas todas las familias de la tierra.

Finalmente algunos utilizan Hebreos 11:16 para decirnos que nuestra esperanza es el cielo, pero analizaremos este texto en su contexto para ver si esto es así:

Hebreos 11: 8 al 16: Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. 9Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 12Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

13Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

En este texto se nos dice que Abraham esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. Esta ciudad sin duda es una ciudad celestial, en otras palabras, es del cielo, y ha sido hecha y construida en el cielo. Esto, sin embargo, no quiere decir que nosotros iremos al cielo para morar en ella, sino que en Apocalipsis se nos revela lo siguiente:

Apocalipsis 21: 2 al 4: Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

La Biblia no se contradice, por ello debemos armonizarla. Como ya hemos explicado, la promesa de Dios es la herencia de la tierra, y contradecir todo el mensaje bíblico con algunos textos mal interpretados, es manipular las escrituras.

Recuerde que los patriarcas esperaban una ciudad celestial, es decir, una construida en el cielo por Dios, pero nosotros no iremos al cielo para morar en ella, sino que la Nueva Jerusalén descenderá del cielo de Dios, y de esa forma Dios morara con los hombres en la tierra y nosotros seremos su pueblo. Así podremos afirmar como lo hacia el salmista:

Salmos 115:16: Los cielos son los cielos de Jehová;
Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.

Espero que estas explicaciones ayuden a que usted no vea ninguna contradicción en la perfecta palabra de Dios.

Fuente:

www.elevangeliodelreino.wordpress.com

 

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