HEBREOS 1:10 DICE QUE EL HIJO DE DIOS PUSO LOS CIMIENTOS DE LOS CIELOS Y LA TIERRA

Por Anthony Buzzard

Hay tres “Textos de prueba” dirigidas hacia el Hijo en Heb 1.8-13. No hay ninguna indicación en el texto que se refieran a alguien más que al Hijo. El v. 8 comienza: “Pero del Hijo [Dios] dice:…” A continuación hay 3 diferentes citas. La serie termina con el v. 13 que prueba que Jesús no fue un ángel: “Pero, ¿a cuál de los ángeles [Dios] ha dicho jamás…?” Sal 110.1 después es citado como refiriéndose al Hijo, Jesús. 

Gran parte de Heb 1 compara al Hijo de Dios con ángeles, demostrando que el Hijo nunca fue un ángel y es superior a ellos. ¡Esto demuestra que el Hijo no puede ser Dios! No es necesario demostrar que Dios es superior a los ángeles. Es algo obvio. Igualmente claro es el hecho de que el Hijo no puede ser un ángel o arcángel, como lo creen los Testigos de Jehová. ¡Tanto los ángeles, como los arcángeles, son ángeles! Jesús nunca fue un ángel, ya que los sumos sacerdotes son “escogidos de entre los hombres” (Heb 5:1). Y los santos ángeles son inmortales (Lu 20:36), lo que haría la muerte de Jesús, el Hijo, algo imposible.

Entonces, ¿qué de Heb 1.10? ¿En qué sentido es el Hijo el fundador de los cielos y la tierra? ¿Cómo puede ser esto ya que Jesús nunca declaro ser el creador y no fue Jesús, sino Dios, quien descansó el séptimo día (Heb 4:4)? “Dios [no Jesús] los hizo varón y hembra» (Mar 10:6) y “El Señor Dios [no Jesús] formó al hombre del polvo de la tierra” (Gen 2:7). 50 textos dicen que Dios, Padre, ha creado los cielos y la tierra. Lu 1:35; Mat 1:18, 20; 1 Juan 5:18 (no en la RV) dicen que el Hijo no existía hasta que fue creado/engendrado en María. ¿Era Jesús ambo 6 meses más joven que Juan el Bautista y miles de millones de años mayor? ¿Tenía Jesús 30 años de edad cuando comenzó su ministerio público y, sin embargo, en realidad miles de millones más 30 años de edad? ¿Qué parte de Jesús era 30 y qué parte era miles de millones de años de edad? Jesús no puede ser dividido de tal manera o partido en 2. María concibió a un ser humano. Ella no concibió a un ángel. Ella no dio a luz a Dios. No dio a luz una “naturaleza impersonal humana”, como lo dice la teoría Trinitaria. María dio a luz a un lineal, biológico Hijo de David. Ya que esto lo hubiera descalificado como el Mesías. 

Dios no puede ser engendrado y el Hijo de Dios fue engendrado. El Dios inmortal (1 Tim 6:16) no puede morir. El Hijo de Dios murió. Dios no puede ser tentado (Santiago 1:13), pero el Hijo de Dios fue tentado. Al no observar estas diferencias categóricas es tirar las instrucciones preciosas de la biblia.

Heb 1:1-2 dice que Dios no habló a través de un Hijo en la época del AT. El v. 2 también dice que Dios hizo los siglos a través de Jesús. Esto podría referirse a futuros siglos o puede referirse a Jesús como la razón por la cual Dios hizo a toda la creación. Heb 1:5, citando la profecía de Sal 2.7, habla de la existencia venidera de Jesús, el Hijo: “Hoy te he engendrado”. El mismo verso habla de la promesa de 2 Sam 7:14, dada mil años antes del nacimiento de Jesús, donde Dios “será un Padre para él, y él será un hijo.” Esa promesa fue dada a David como refiriéndose al Mesías que estaba por venir. El comienzo de la existencia del Mesías, es el momento cuando Dios viene a ser Padre del Mesías. Hech 13:33 se refiere también al comienzo de la existencia de Jesús, quien es levantado (no por segunda vez, como erróneamente es traducido en la Versión Inglesa de la King James) y el v. 34 alude a su resurrección. El mismo comienzo del Hijo es exactamente lo que encontramos en Luc 1:35; Mat 1:20 (“lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”). 

Isa 44:24 dice que Dios, solo, sin ayuda, creó los cielos y la tierra de Génesis. Él estaba totalmente solo. “¿Quién estaba conmigo?” En el momento de la creación de Génesis no había ningún Hijo con Él (cf. Heb 1:1-2). 

Dios no habló en un hijo hasta el NT. Entonces, quien dijo, ¿”hágase la luz”? Sería una clara contradicción de Heb 1:1-2 decir que era el Hijo. El Dios del AT es muy distinto que Su único Hijo. Este tuvo su genesis en Mat 1:18 (“el nacimiento-genesis de Jesús fue así”). ¡La Biblia se convierte en un libro de acertijos incomprensibles si Dios tiene un hijo antes que lo trajera a existir! Luc 1:35 describe cómo el Hijo de Dios vino a existir. Fue engendrado. El engendrar en la Biblia y en nuestro lenguaje es una palabra que, más que toda otra palabra, denota un antes y después. Por lo tanto, el Hijo tuvo un comienzo. Hubo un tiempo antes de que fuera engendrado, antes de que existiera. Si ya existía, estos testimonios en Mat 1; Luc 1 son tonterías. María dio a luz a un ser humano y no a Dios o a un ángel. De madres humanas nacen seres humanos. No cabe duda que María no sólo dio a luz una “naturaleza humana” y esta “naturaleza humana”, como el hijo de María, no sería el descendiente de David y, por lo tanto, el Mesías. 

La noción de que el Hijo de Dios, en realidad también es Dios, hiciera una farsa de toda su lucha en obedecer a Dios y ser el modelo y Salvador para nosotros. El objetivo de un Sumo Sacerdote es que debe ser seleccionado de entre los hombres (Heb 5:1). Él es el “hombre [anthropos-ser humano] Mesías Jesús” en contraste con su Padre (1 Tim 2:5). El Padre en Juan 17:3 es “el único que es Dios.” Si Dios es el único que es Dios, nadie más puede ser Dios sino el Padre.

Esto es exactamente lo que Pablo declara cuando ensaya el credo en 1 Cor 8: “No hay ningún Dios excepto el único Dios Padre” (combinando vv. 4, 6). 

Si el hijo fuera Dios, hubiera 2 Dioses. Llamarles a Jesús Dios y al Padre Dios no es monoteísmo, por más que esta etiqueta sea aplicada [por el trinitario[1]].

La complicación de Heb 1:10 es debido al hecho de que el escritor cita Sal 102 de la versión griega (LXX[2]) y no la versión Hebrea. La LXX tiene un sentido completamente diferente en Sal 102:23-25. Introduce pensamientos que no se encuentra en el texto Hebreo. La LXX dice: “Él [Dios] le respondió a él [suplicante]…Dime [Dios hablando al suplicante]… Tú, Señor [Dios refiriéndose a alguien más quien le llama  'señor']“. Sin embargo, el texto Hebreo dice “Él [Dios] debilitó mí fuerza… Yo [el suplicante] dije, Dios mío…” [RV]

Por lo tanto, la LXX introduce a un segundo señor a quien Dios se dirige: “En el comienzo fundaste la tierra y los cielos son las obras de tus manos” (v. 25). El escritor a los Hebreos tenia ante el abierto la versión griega del AT y no el Hebreo (como que hoy en día alguien cite la NVI en lugar de la RV). El erudito Americano F.F. Bruce en el Nuevo Comentario Internacional sobre Hebreos explica: 

“En el texto de la Septuaginta la persona a la que estas palabras ["desde antigüedad fundaste la tierra"] se refieren es explícitamente mencionada como “Señor”, siendo Dios quien le llama así. Mientras que en el texto hebreo el suplicante es el altavoz desde el principio hasta el final del salmo, en el texto griego su oración llega a su fin con v. 22, y las siguientes palabras leen así: “Él [Dios] le contesto [al suplicante] en el camino de su fuerza: «Declarame mis cortos días: Traedme no en medio de mis días. Tus [el suplicante] años son a través de todas las generaciones. Tú, Señor [el suplicante, considerado como  el  Mesías por Hebreos], en el principio fundaste la tierra.”[3] Ésta es la respuesta de Dios al suplicante; ofreciéndole que reconozca el tiempo acortado de Dios (para la restauración de Jerusalén, como en el v. 13) y no pedirle a Él [Dios] actuar cuando el tiempo ya establecido esta por medio vencimiento, mientras que Él [Dios] le asegura [al suplicante] que él y los niños de su siervos serán preservados para siempre… 

[El erudita] Bacon sugiere que en el hebreo, así como en el griego, el texto de este salmo formo una base para la escatología mesiánica, en particular su referencia al “acortar” los días de Dios, ej., el período destinado a transcurrir antes de la consumación de su propósito [la llegada del, aun, futuro Reino mesiánico sobre la tierra]; el encontró aquí en el AT la base para  Mat 24:22, 13:20; Mar 13.20 y Ep. Barn[4] (“corno dice Henoch; pues el Dueño [Dios] abrevió los tiempos y los días, a fin de que se apresurase su Amado y venga a su heredad.’”)…” 

¿Pero a quien (el lector cristiano de la LXX podría preguntarse) le puede Dios estar hablando con estas palabras? ¿Y a quien, el mismo Dios, se dirige como “Señor”, como el fabricante [o fundador] de la tierra y el cielo?[5] 

Al leer la LXX el escritor de Hebreos ve una clara referencia a los cielos y la tierra nueva del futuro Reino de Dios y mira a Dios dirigiéndose al Señor mesiánico en conexión con las profecías del resto de Sal 102, quien hablan de “la generación venidera” (v. 18) y de la hora establecida por YHWH para levantar a Sión y aparecer en Su gloria. 

El articulo importante del erudito B. W. Bacon (citado por Bruce arriba) da énfasis al hecho que “la palabra ‘señor’ es totalmente  ausente del texto hebreo [y sus traducciones] de Sal 102.25.” Pero sí aparece en la LXX citada por Hebreos: 

“[Con la traducción del LXX, “le contesto a él"], todo el pasaje al final del salmo se convierte en la respuesta de YHWH al suplicante, quien consecuentemente aparece dirigido como Kurie [señor] y creador de los cielos y la tierra…En vez de entender el verso como una queja por el salmista en acortar sus días antes de tiempo, LXX y la Vulgata entienden el anuncio coma la respuesta de YHWH a los ayees del salmista que El [Dios] va a intervenir para salvar a Sión, porque “es tiempo de tener piedad sobre ella, sí, el tiempo ha llegado” (v. 13). Está prohibido reconocer (¿o prescribir?) del corto tiempo establecido por YHWH y de no convocar cuando aun no ha ni expirado medio tiempo. Por otra parte, él [señor Mesiánico] se le promete que los niños de sus siervos permanecerán para siempre.”[6] 

Este es exactamente  el  punto y sólo puede hacerse evidente cuando vemos que 1) el escritor de Hebreos esta leyendo de la LXX, no del texto hebreo, encontrando allí una maravillosa profecía del siglo venidero (Reino, la restauración de Israel) el cual encaja exactamente con el contexto y que 2) hay un Señor Mesiánico a quien le habla YHWH e invitado a iniciar el fundamento de los cielos y la tierra, el nuevo orden político en Palestina, tal y como dice Isa 51:16. Este es probablemente el mensaje que el escritor de hebreos quiere transmitir acerca de la superioridad de Jesús sobre los ángeles. Jesús es el fundador del nuevo orden venidero del Reino [Milenio]. El escritor a los Hebreos nos dice expresamente en 2.5 que se trata de la tierra habitada del futuro “la cual estamos hablando.” 

Cuando la diferencia de la LXX se explica, esto realmente no es  difícil de entender. Ambos Sal 102; Heb 2:5 y, por lo tanto, todo el primer capítulo de Hebreos se refiere a la nueva orden de cosas iniciadas por Jesús y no importaría si la viéramos también como la nueva orden iniciada por su ascensión (“Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”, Mat 28.18), o en la segunda venida. 

Todo el Sal 102 es acerca la nueva era de la restauración y el Reino de Jerusalén en el milenio (véase vv. 13-22). La mirada del escritor esta en vista a la restauración de la ciudad cuando Dios aparezca en Su gloria (v. 16). El Salmo está escrito para la “venidera generación” (v. 18) y la nueva población creada en el futuro del Reino sobre la tierra. Hebreos no está hablando de la creación de Génesis, pero la “venidera economía” (2.5). 

Isa 51.16 confirma esta explicación. Habla sobre un agente de Dios en quien Dios pone sus palabras en su boca la cual usa para plantar “los cielos, echando los cimientos de la tierra” [RV1995]. El Word Biblical Commentary [Comentario de la Palabra Bíblica] dice: 

“Eso no tiene sentido si se refiere a la creación original [Génesis]… En los otros casos, Dios actúa por sí solo, usando ningún agente. Aquí al que El ha escondido en la sombra de su mano es su agente. Cielos y la tierra aquí se deben  referir metafóricamente a la orden total en Palestina, cielos refiriéndose a la amplia estructura general del Imperio, mientras que la tierra es la orden política en la propia Palestina.”[7] 

Así que, ambos Sal 102 (LXX) y en Isaías el Mesías es el agente quien Dios utilizará para establecer el nuevo orden político [“tú afirmaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos”] del venidero siglo. Heb 1:10 es una profecía, escrita en sentido pasado (como acostumbran ser las profecías), pero refiriéndose a la “tierra habitada del futuro acerca de cual estamos hablando” (Heb 2.5). Esa es la preocupación en Heb 1:10. Jesús es el “padre de la era venidera” (Isa 9:6, LXX).

Por último, en Heb 9:11 el escritor habla de “los bienes venideros [futuros]“, como cosas “no de esta creación”.  Esto quiere decir que las cosas que están por venir son de la futura y nueva creación (véase Heb 2.5). Esa creación  está  llevándose a cabo desde que Jesús fue exaltado a la diestra de Dios, donde el ahora es co-creador, bajo El Padre, de la nueva creación, teniendo “toda autoridad en el cielo y en la tierra” (Mat 28.18). Aun el siglo del futuro milenio también será reemplazado por una nueva renovación de los cielos y la tierra (Ap. 20:11, 21:1). 

Una vez más, escatología es el gran factor en la revelación de la verdad. Dios tiene una nueva creación en [Cristo] Jesús y vamos a ser nuevas criaturas en Cristo (2 Cor 5:17). El mundo será renacido y vendrá bajo la supervisión de Jesús y sus seguidores (Mat 19.28, etc.). Tenemos que resistir la tentación de estar mirando hacia atrás a Génesis cuando todo el libro de Hebreos nos ofrece ver hacia adelante a la “tierra habitada del futuro” (Hebreos 2.5). Tenga en cuenta que en varios lugares Hebreos habla de la redención eterna, la herencia, pacto, juicio, salvación y espíritu “de la era [venidera]” (aionios). Aionios se refiere a la era del Reino venidero y no sólo a eternidad. Cristianos hoy en día reciben este “Espíritu Santo de la promesa” (Efe 1:13, RV).


[1] “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso…” Credo de Niceno Constantinopolitano, 381DC. Ed.

[2] Mejor conocida como la Biblia de los LXX (70), o Septuaginta, representa la más antigua e importante entre las colecciones de textos y escritos sagrados judíos, bastante más antigua que la Tanach judía palestina conjuntamente con la cual constituye la fuente para el AT de las Biblias cristianas.

[3] La razón por las diferentes traducciones, entre el griego y hebreo, son los puntos vocales del hebreo. Su sentido puede ser modificado si los puntos vocales son cambiados y a veces no es claro cuál de los sentidos es el correcto. Por lo tanto, en el hebreo el significado de innah es “Él [Dios] inflicto” (v. 23), pero la LXX repunta los mismos consonantes hebreos como anah, que significa “Él [Dios le] respondió [a él].” De manera que en la LXX Dios le responde al que esta orando y llamándole a esa persona “señor”. LXX añade “señor” en el v. 25. A continuación, el hebreo tiene omar eli (“Yo dije, Dios mío”, v. 24). Pero la LXX lee estas consonantes como emor elai (“Dime a mí”, v. 23b, ej., la persona que está orando es mandado por Dios a decirle a Dios). La idea es que se le pide a Dios acortar los días que deben transcurrir antes de que el Reino venga (cf. Mat 24:22). Sal 102 es en gran parte sobre la era venidera y la restauración de Israel en el Reino futuro y así totalmente apropiado como prueba de texto para Heb 1 con respecto a lo que el Hijo está destinado a hacer en el futuro, su papel en la nueva creación y no la creación de Génesis. ¡Este sentido es reversado cuando se usa para apoyar ideas no bíblicas de que Jesús era el Creador en Génesis!

[4] Epístola de Barnabas, un tratado cristiano de 22 capítulos, escrito en griego, con algunas características de epístola, preservado en el Codex Sinaiticus del siglo 4, donde aparece al final del NT. Tradicionalmente es atribuida a Bernabé, colaborador y compañero de Pablo de Tarso, mencionado en el libro de Hechos; también ha sido a otro cristiano notable, Barnabas de Alexandria, o a cualquier pedagogo cristiano desconocido.

[5] F.F. Bruce, Epístola a los Hebreos [The Epistle to the Hebrews], Nuevo Comentario Internacional del Nuevo Testamento [New International Commentary on the New Testament), Eerdmans, 1990, p 62-63.

[6] B.W. Bacon, “Heb 1:10-12 y la prestación de la Septuaginta sobre Sal 102.23 [“Heb 1.10-12 and the Septuaginta rendering of Ps. 102:23”], Zeitschrift für die Neutestamentliche Wissenschaft 3, 1902, p 280-285.

[7] Word Biblical Commentary: Isaiah 34-66, Word Books, 1987, 212

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