Archive for enero, 2010


Por Ing° Mario A Olcese

“Porque no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación, al judío primeramente y luego al Griego” (Romanos 1:16)

La Predicación del evangelio

Se ha supuesto siempre que la tarea de evangelizar a los “paganos” recae sobre los obispos o pastores ordenados, quienes han recibido un título de los seminarios después de haber estudiado varios años teología y filosofía. En el catolicismo, por ejemplo, la separación entre el clero y los laicos ha hecho suponer a los feligreses de esta denominación que es el clero el que debe difundir la palabra y enseñarla en las iglesias, conventos, seminarios, escuelas, en los congresos y en concilios. Sin embargo, podemos demostrar con toda seguridad que esa división laico-clerical es totalmente anti escrituraria y peligrosa para los intereses del evangelio.

Para entender con claridad el tema que nos ocupa, es importante investigar qué más dicen las Escrituras sobre la tarea de la evangelización ordenada por Cristo en Marcos 16:15,16.

¿Mandó Jesús que solamente los ministros ordenados predicaran el evangelio?

Una de las primeras preguntas que debemos contestarnos es: ¿Realmente ordenó Cristo que sólo los llamados “ministros ordenados” debían predicar la Palabra del reino, y no a la feligresía en general, como suponen muchos fieles? Y esta cuestión es importante, porque el evangelio tiene poder para salvar, no sólo al que lo oye y recibe, sino también al que lo difunde. Esto tiene que quedar bien en claro en nuestras mentes (Romanos 1:16, 1 Cor. 9:16).

Cuando Jesús comenzó su ministerio, él reclutó a doce hombres para que lo siguieran a todas partes. Estos eran hombres de distintas profesiones y de diferentes niveles sociales y educativos. Pablo fue un fariseo y docto en la ley, pero Pedro fue un pescador, por citar sólo dos de los apóstoles del Señor. Seguramente Pedro no era un docto de la ley como su correligionario, el apóstol Pablo, pero aún así el Señor le dijo que lo siguiera para ser “pescador de hombres”. Mientras Pablo había sido educado por Gamaliel, un erudito doctor Judío de las leyes, Pedro simplemente se dedicaba a la pesca sin tener mayor erudición escrituraria. El hecho de que Jesús los haya elegido a ambos, los cuales eran abismalmente opuestos en lo que ha educación se refiere, indica que Jesús no exigía ni pretendía que sus potenciales predicadores o seguidores fueran necesariamente teólogos egresados de universidades o de  seminarios bíblicos de renombre.

El joven que quería seguir a Jesús

Cuando el Señor Jesús caminaba en su terruño predicando el mensaje del reino, se le acercó un joven, y a él le dijo: “Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:59,60). En esta historia, Jesús llama a un joven de quien nada sabemos de sus antecedentes, para que le siguiera. Seguramente éste no era un docto de la ley, y menos, un miembro del Sanedrín, pero aún así Jesús lo llama para que lo siga— ¿para qué?— para que anuncie el reino de Dios, que es el evangelio verdadero y único de Dios. Nótese, además, que en los versos citados arriba he subrayado tres palabras clave: Sígueme, ve, y anuncia. Esto significa que ser un seguidor de Cristo es anunciar su evangelio, el evangelio del reino de Dios.  Lo curioso del caso es que Jesús llama a este joven para que lo siga, pero vemos que enseguida le ordena a que vaya a predicar el evangelio por otros lugares. Es decir, Jesús no pretendía que el joven literalmente lo siguiera en todo su periplo evangelizador, sino que lo envía a predicar a otros lugares, alejado de su persona.  Así que un seguidor de Cristo en la Biblia no era necesariamente un apóstol de Jesucristo, sino cualquiera que predicase su evangelio cerca o lejos de él.

Lo que el libro de Hechos nos revela

El libro de los Hechos es prácticamente el libro de la historia de la primera iglesia y de sus actividades misioneras apostólicas entre los judíos y gentiles. En Hechos 8:1-4 leeremos sobre la persecución de Saulo contra la iglesia de Jerusalén, lo siguiente: “Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”. Observemos que los hermanos que fueron esparcidos a causa de la persecución de Saulo iban por todas partes anunciando el evangelio”. Así que tenemos que los esparcidos iban a todas partes predicando el evangelio, y entre ellos no estaban los apóstoles por cierto (8:1), sino sólo la feligresía que logró escapar, pues un buen número de ellos fueron capturados y llevados a la cárcel (8:3). Así que no encontramos en este relato que los que predicaron el evangelio en el exilio fueron sólo los líderes de las iglesias, o los llamados “religiosos”, sino que se nos habla en forma general, de “los esparcidos”.

El Apóstol Pablo le dijo en una ocasión al joven y novato Timoteo que predicara el evangelio a tiempo y fuera de tiempo. Estas son sus palabras: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina… Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Tim. 4:2,5). Este Timoteo no era un hombre experto, sino un seguidor novato que podía ser considerado no apto para el ministerio de la predicación debido a su juventud. Esto se desprende de las siguientes palabras de Pablo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:12-16).

Sin duda no todos tenemos los dones para ser maestros, pero todos debemos hablar de nuestra fe a otros como embajadores del reino. Es nuestro deber dar testimonio de nuestra fe a los demás, pues de lo contrario seríamos siervos inútiles que no hacemos nuestra parte correspondiente por la difusión del evangelio.

www.elevangeliodelreino.org

www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y español)

EL LEGADO DE SERVET

El camino del reconocimiento de la libertad de conciencia como derecho natural y cambio de paradigma social: de Servet a Thomas Jefferson

Marian Hillar. Center for Philosophy and Socinian Studies, Consejero de Número del Instituto de Estudios Sijenenses “Miguel Servet”

Miguel Servet ocupa un lugar único en los anales de la historia europea. Era un erudito solitario de mente intrépida que reunió lo mejor en la renovación cultural del renacimiento y la tentativa de renovación moral programada por reformadores, especialmente por reformadores radicales. Él descubrió a través del estudio de la Biblia hecho posible por las tendencias de la Reforma, que su verdad contrastaba con la práctica oficial cristiana y con las formulaciones oficiales doctrinarias. Vio que la cristiandad era corrupta moral e ideológicamente. Inspirado por el espíritu creciente de la reforma, trazó un plan para restaurar la cristiandad a su simplicidad original e integridad sugerida por el plan de Erasmo.Sin duda, el título de su obra más importante Restitución del cristianismo recuerda el programa de Erasmo (1466-1536) basado en tres premisas principales que acoto de Hans R. Guggisberg : 1. Erasmo postuló estudiar los textos originales de los evangelios, los primeros trabajos apostólicos y los primeros teólogos cristianos que aún operaban en el paradigma social greco-romano como la fuente de las aseveraciones religiosas. 2. Postuló abandonar las especulaciones teológicas sofisticadas. 3. Esto fue necesario con el objeto de reducir las creencias religiosas a un pequeño número de enseñanzas esenciales.Mientras Erasmo satisfacía su interés en los estudios filológicos sin hacer ningún esfuerzo en reformar el prevalente sistema de pensamiento, Servet en el campo de la investigación teológica inició el estudio de la tradición de las escrituras con el fin de redescubrir las verdaderas doctrinas religiosas contenidas en ellas. En el proceso él desarrolló una religión nueva más humana y una nueva concepción de la divinidad y asuntos divinos más cerca de la realidad de la condición humana. Este fue uno de los legados más importantes señalados por el Profesor Alcalá.El otro legado concierne la función de la sociedad en el nivel moral. Servet se dio cuenta del gran potencial de la naturaleza humana, de las capacidades y de la racionalidad. Por lo tanto Servet pidió la libertad de investigación intelectual, pensamiento, conciencia y de expresión que se les había negado a millones por razones de teología doctrinaria. Con su sacrificio Servet emprendió un proceso de cambio de todo el paradigma social y la recuperación del derecho de libertad de conciencia.

El establecimiento de un paradigma eclesiástico.

El papel de Servet como figura central en la historia que inició el proceso de recuperar el paradigma social humanista llega a ser obvio si lo colocamos dentro de una perspectiva histórica. La sociedad pre-cristiana greco-romana gozaba de tolerancia y libertad de religión, conciencia y pensamiento. Las religiones antiguas nunca exigieron la conversión. El mundo antiguo occidental no tenía el concepto de “herejía” o “herético.” La sociedad greco-romana toleraba todas las religiones y no imponía restricciones del libre pensamiento. Los actos de intolerancia eran escasos y si ocurrían nunca se justificaban por desviaciones de una doctrina u otra. Esto se debía a la carencia de una religión del estado y a una doctrina sancionada por el estado a pesar que la gente y los centros de poder eran altamente religiosos.

Todo esto cambió radicalmente con la llegada del cristianismo patrocinado por el estado. Desde el siglo cuarto, el cristianismo llegó a ser una institución del clero organizado y se fusionó con el poder político del Imperio Romano y más tarde con el resto de la Europa Occidental. El cristianismo sólo triunfó porque evolucionó en rígida teocracia totalitaria.Constantino el Grande que promulgó una orden contra los paganos el primero de septiembre del año 326, persiguió a los “herejes “ y cismáticos desde el principio. El principio fundamental en que se basaba la persecución era la desviación de la religión oficial del estado. La herejía era considerada “un crimen público puesto que lo que se comete contra la religión divina equivale al perjuicio de todo” (Cod.Theod.16.5.38-39 ). La definición de “hereje” no dejaba duda que una sociedad teocrática no podía tolerar ningún pensamiento libre.

A aquellas personas que se los descubra desviándose, aún en un punto de doctrina menor de los principios y caminos de la religión católica se los incluye bajo la designación de herejes y deben ser sometidos a las sanciones que se han dictado contra ellos (Arcadio y Honorio, 3 de septiembre de 395, Cod.Theod.16.5.28 )

Los Emperadores Valentino II y Teodosio I establecieron el 28 de febrero del año 380 la religión cristiana del pontificado romano como una obligación en el imperio. Declararon “dementes y locos” a aquellos que se atrevieran a no abrazarla y que “serían repudiados primero por la venganza divina y en segundo lugar por el castigo de Nuestra propia iniciativa, la cual Nosotros asumiremos de acuerdo al juicio divino” (Cod.Theod.16.12).

En un corto tiempo, los emperadores cristianos lograron la eliminación del libre pensamiento y la imposición de un sistema teocrático totalitario del cual se felicitaron por un trabajo bien hecho en el año 423 (Cod. Theod.16.10.22).En el siglo sexto, el emperador Justiniano incorporó explícitamente la doctrina católica del credo, especialmente él de la Trinidad, en la ley del estado romano. En el libro I titulado De Trinitate et Fide catolica confirma establecer la fe católica y la Trinidad como la religión oficial del estado y prohíbe cualquier pensamiento crítico bajo pena de ser quemado en la hoguera. Justiniano define la fe en la Trinidad como el credo niceno (trinitatem consubstantialem) y cualquier desviación de él debe ser castigado como también los llamados puntos de vista heréticos. Es interesante hacer notar que la ley del año 413 declara la pena de muerte por el crimen del rebautizo.

Así, desde el siglo cuarto se produjo un cambio en el paradigma social de los principios humanistas de una moralidad antigua a una nueva eclesiástica. Se puede definir el paradigma social como una constelación entera de creencias, valores y una visión del mundo compartida por la comunidad de carácter normativo. Al principio, fue impuesto enérgicamente por el emperador y formulado por el clérigo. Más tarde llegó a ser una tradición establecida por el sistema de leyes (del estado y eclesiásticas), doctrinas teológicas (por ejemplo las doctrinas de Agustín y de Tomás de Aquino) y su conservación fue escrupulosamente supervisada por la autoridad eclesiástica, instituciones (por ejemplo, bautismo infantil, ley canóniga) y cortes (la Inquisición).

La Reforma surgió en el siglo XVI como una tendencia para corregir los abusos financieros de la institución eclesiástica y como una competencia por el poder político de los centros locales. Trajo también nuevas tendencias: la afirmación del individuo, la experiencia personal como base de la religión y un énfasis en los estudios bíblicos. Además, subrayó la necesidad de la tolerancia, en su etapa inicial, para su propia sobrevivencia.Desgraciadamente, las “iglesias reformadas” rápidamente llegaron a ser tan intolerantes como la antigua iglesia romana y anquilosadas en la antigua tradición dogmática. Los pocos líderes del pensamiento liberal religioso se opusieron a la corrupción moral y al poder de los papas y del clero. Sin embargo, cualquier investigación real de los dogmas aceptados o de aseveraciones dogmáticas fue perseguida tanto por la iglesia católica como por las iglesias protestantes. Los protestantes aceptaron los argumentos teológicos de la iglesia católica por la persecución de aquellos que diferían en sus puntos de vista basados en las leyes hebreas expresadas en el libro de Deuteronomio. Los llamados heréticos, apóstatas y no creyentes eran considerados pecadores del más alto grado y se justificaba su castigo por una amplia gama de argumentos desde la necesidad política de mantener la unidad de la iglesia y del estado hasta la vindicación del honor de Dios.

La práctica de perseguir a los llamados herejes dependía de la situación política actual en un país o estado. La regla general era “cuius regio eius religio” que reemplazaba el monopolio de la iglesia católica. La persecución continuó hasta que los gobernantes se liberaron de la dominación del clero y se dieron cuenta que tenían que separar los asuntos de la religión de la tarea práctica de gobernar un país o estado. Se dieron cuenta que el pluralismo religioso no sólo era peligroso para el estado pero por el contrario traía ventajas importantes. Este cambio de política al nivel pragmático coincidía con el cambio en el tipo de argumento para la tolerancia y la libertad religiosa de teológico-bíblico a secular económico-político. Esto se logró con la ayuda de los escritos producidos por los miembros de la iglesia unitaria conocida en la Europa Occidental bajo el nombre de la iglesia sociniana. Ellos prepararon el ambiente intelectual con sus argumentos filosóficos.

Los únicos reformadores que defendieron la libertad religiosa fueron los miembros del movimiento de la Reforma Radical que abogó por la tolerancia a nivel político demandando tolerancia política de una minoría religiosa. Los anabaptistas rechazaron el bautismo infantil, el juramento, el ministerio pagado, los juicios legales, el servicio militar y la unión de la iglesia y estado. Se les consideraba como una amenaza para la sociedad eclesiástica y política y fueron desterrados bajo pena de muerte. Ellos estaban convencidos que la autoridad secular no tenía ningún poder sobre la religión de los individuos y si había una decisión esta tendría que hacerse con los medios espirituales. Este punto de vista fue postulado por un erudito bautista Balthasar Hübmaier (1480-1528). Él escribió el primer tratado defendiendo la libertad total de religión en el siglo dieciséis, Cuestión de los herejes y aquellos que los queman (1524). Él argumentó del evangelio que excluye la coerción y que el estado no tiene jurisdicción en asuntos religiosos. Él extendió la libertad aún a los ateos que cumplían las leyes: “Está bien y es bueno que la autoridad secular dé muerte a los criminales que hacen daño a los indefensos (Romanos 13). Pero nadie puede hacer daño al ateo que no desea otra cosa que dejar el evangelio.” Otro destacado representante de la Reforma Radical fue Sebastián Franck (1492-1542), un predicador alemán independiente, un espiritualista que por primera vez expresó la idea que sólo Dios sabe quien es el hereje, por lo tanto él les otorgó a todos la tolerancia universal incluyendo a los no creyentes.

El Caso de Servet.

El acontecimiento crucial en la historia de Europa que llevó al primer plano el absurdo y la torpeza moral de todo el paradigma eclesiástico fue el caso de nuestro erudito solitario. Esto no significa que no hubo voces aún antes de la Reforma que argumentaban por la tolerancia religiosa. Para los primeros humanistas el modelo de argumento era la esperanza de Erasmo por un consenso religioso basado en la reducción de las aseveraciones teológicas a un número esencial.

El papel de Servet, sin embargo, es único por la profundidad de humanismo y las circunstancias históricas de su martirio.

Servet fue buscado por la Inquisición Católica desde la publicación de su De Trinitatis erroribus en 1531 pero pudo evadir ser capturado ocultando su identidad bajo el nombre supuesto de Michaelis Villanovanus y absteniéndose de expresar sus ideas en público.

Calvino, al saber del libro Christianismi restitutio, publicado secretamente por Servet en 1553, elaboró un intrincado plan para condenar a Servet denunciándolo a la Inquisición Católica de Vienne. Servet logró escapar pero fue juzgado y condenado in absentia el 17 de junio de 1553. La siguiente fue la lista de cargos: “crimen de herejía escandalosa, dogmatización, elaboración de nuevas doctrinas, publicación de libros heréticos, sedición, cisma, disturbios a la unidad y tranquilidad por medio de la rebelión pública, desobediencia contra el decreto de las herejías, fuga y escape de la prisión real.”

Cuando Servet se presentó en Ginebra en agosto de 1553, Calvino aprovechó el momento de cumplir su promesa de no dejarlo salir con vida de Ginebra. La detención fue hecha con la petición explícita de Calvino, quien lo admitió en varios documentos.

Todo el juicio y sus procedimientos en Ginebra fueron organizados por Calvino, quien siendo él mismo un “hereje” por los estándares católicos, apoyó firmemente la pena capital para aquellos que se desviaban de las doctrinas impuestas – sus propias doctrinas en la región bajo su control.

Más tarde, él defendió el castigo de Servet en su Defensio orthodoxae fidei (Geneva 1554) donde atacó la libertad de conciencia y justificó el derecho de condenar a muerte el así llamado hereje en su propia doctrina de persecución “por mandato de Dios.”La doctrina de Calvino representa no sólo sus propios puntos de vista sino también él es portavoz de toda la cristiandad católica y protestante. Sus argumentos fueron derivados del Viejo Testamento y contradicen el espíritu y la letra del Nuevo Testamento (Defensio orthodoxae fidei, Ginebra 1554).

Sus seguidores usan este hecho para justificar sus acciones. Dicen que él sólo hacía lo que la Cristiandad aprobaba: “En forma unánime, todas las iglesias de Suiza replicaron: ‘Servet debe ser condenado a muerte.’” La ley por la cual Servet fue condenado era el Código de Justiniano que recomendaba la pena de muerte por la negación de la Trinidad y la repetición del bautismo. La sentencia fue llevada a cabo inmediatamente el 27 de octubre de 1553.

El Humanismo de Servet.

Servet atribuyó gran valor a la espontaneidad humana natural, a la razón y a la capacidad de hacer el bien. A través de esto, enfatizaba la dignidad humana y la autonomía en las decisiones morales. Los católicos no podían estar de acuerdo con él porque eliminó el papel de la iglesia y el papado como justificación y salvación. Los protestantes no estaban de acuerdo con su concepto de fe y la aceptación del trabajo del amor.

Aunque Servet estipula que la fe es lo primero como condición previa a la gracia secundaria, confirma que el amor es lo más grande, apoyando su afirmación en varios argumentos. “La fe, entonces, para concluir, si se considera en su propiedad esencial y pura, no contiene tal perfección como el amor… El amor es superior a todo … durable, sublime, más parecido a Dios y más cerca de la perfección de la edad futura.”

Aun la fe del acto de aceptación mental a las proposiciones creíbles llegó a ser un acto de voluntad y es “un acto creativo del alma.” Lutero, Calvino y otros reformadores le negaron al hombre cualquier espontaneidad o impulso moral.Servet clamaba que la naturaleza humana no puede ser depravada, condenada, totalmente corrupta e indefensa en oposición a los reformadores y católicos. No existe, según él, una necesidad inherente del pecado en el hombre ni un estado de pecado y depravación. A pesar de que Servet justificó este estado por comunicación constante con Dios a través del Espíritu innato de Dios y de una luz interior, tenemos conocimiento del bien y del mal y actuamos por voluntad propia. Y de esto Servet pudo deducir un principio moral universal y humanista.

La justificación natural es darle a cada uno lo que le pertenece: es decir, ayudar a todos los que tengan necesidad y no dañar a nadie; hacer lo que dictan la conciencia y la razón natural de modo que lo que uno desea que los otros le hagan a uno, hacérselo a los otros. Con tal honradez … las naciones se justifican y se salvan, incluyendo a los judíos.

Asi, todas las naciones y la gente aprenden a través de la naturaleza. Los israelitas fueron capaces de la honradez por la Ley y todos los demás por medio de la luz natural interna. Servet les concedía a todos los hombres la dignidad y reconocía un legado igual en su habilidad de reconocer el bien del mal.

Servet fue el primer pensador cristiano de los tiempos modernos que abogó por el derecho de cada individuo a seguir su propia conciencia y expresar sus propias convicciones. Fue el primero en expresar la idea de que era un crimen perseguir y matar por las ideas. Su argumento racional estaba basado en el principio humanista de moralidad:

Ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todo, pues todos me parecen tener parte de verdad y parte de error, y cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo. Fácil seria discernirlo todo, si en la Iglesia a todos se les permitiera hablar de modo que todos contendieran en espíritu profético.

Servet claramente estipulaba que la persecución y muerte por las ideas es contrario a la enseñanza de los apóstoles y a la doctrina original de la iglesia. En una carta a Iohannes Oecolampadius (Johan Hausschein), líder de la Reforma en Basilea, en 1531 ya Servet señalaba.

Me parece grave matar a un hombre sólo porque en alguna cuestión de interpretar la Escritura esté en error, sabiendo que también los más doctos caen en él.

Esta afirmación fue elaborada más tarde completamente por Sebastián Castellio en su famosa defensa de Servet y condena de Calvino, Contra libellum Calvini (1554 ):

Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos mataron a Servet, no defendieron una doctrina; mataron a un hombre. La defensa de una doctrina no es asunto de jueces sino de maestros. ¿Qué tiene que ver la espada con la enseñanza?

En una carta a los jueces de Ginebra fechada el 22 de agosto de 1553, Servet defendió el derecho a la libertad de conciencia y expresión. Acusó a la corte de instituir “una nueva invención desconocida por los apóstoles, discípulos y de la antigua iglesia” de iniciar procedimientos criminales por las doctrinas de las Escrituras o de los temas ideológicos derivados de éstas. El único castigo posible por “herejía” era el destierro. Tal castigo se usaba siempre contra los herejes en la iglesia primitiva. En base a estos precedentes, él exigió ser puesto en libertad de las acusaciones criminales.

La lucha de Servet por la libertad de conciencia era parte de su programa para la restitución de la cristiandad y una de las “herejías” por la cual fue condenado. Servet trató de discutir el tema con Calvino en una de sus cartas publicadas en Christianismi restitutio. Él tocó un tema problemático de su tiempo y retóricamente se pregunta si es lícito que los cristianos cumplan los deberes de un magistrado, de ser rey o de matar. Servet se contesta diciendo que: “Mientras dure el mundo, queramos o no, tenemos que guardar el orden del mundo, el cual especialmente se guarda con la administración de la justicia.” Admite la pena de muerte para algunos crímenes especialmente maliciosos pero en forma categórica rechaza tal pena por cisma o herejía:

En otros crímenes respecto a los cuales el Espíritu Santo no tiene enseñanza especial y en los cuales no aparece malicia inveterada u obstinación evidente, debemos aguardar la enmienda valiéndonos de otros castigos en vez de la muerte. Entre ellos preferimos el destierro, como también aprobado por el Cristo y la excomunión por la Iglesia: cuando al principio aún había huellas de la tradición apostólica, con que se castigaban los cismas y las herejías.

El Comienzo del proceso de cambio del paradigma social.

Como en las ciencias donde el conjunto de nuevos datos y hechos científicos hace necesario reevaluar el antiguo paradigma y establecer uno nuevo, así el sacrificio personal de un erudito piadoso fue el momento crucial al inducir a la gente pensante volver a pensar la moralidad de la ideología prevalente de la iglesia y el esquema de como la religión y la sociedad trataban el asunto de la investigación intelectual y su represión. La idea de castigar a “los herejes” era tan dominante en la sociedad que aun a la mayoría de los protestantes pensantes no se les ocurrió que todo el concepto de represión de pensamiento era maligno y contra el espíritu y letra de los Evangelios. Ningún líder religioso protestante estaba contra el castigo de los herejes en general. Aun Sebastián Castellio, campeón reconocido de tolerancia racional, precursor de la Revolución Francesa y de la Déclaration des Droits de l’Homme no pudo evitar estas contradicciones. Sólo más tarde él desarrolló, a través de la experiencia de la guerra religiosa fraternal en Francia, el concepto de tolerancia mutua y libertad de conciencia basada en un principio racional, humanista y de una moral natural. Aunque él reconocía aún las escrituras como la fuente de hechos válidos, el concepto de “liberum arbitrium” llegó ser la base de la racionalidad humana y del principio moral natural. La trampa de contradicciones y de la mentalidad teocrática eran tan prevalentes que aún en el siglo dieciocho Jean Jacques Rousseau escribió en 1762 en su Contrat social que en el futuro estado ideal, él que no creía en las verdades religiosas decretadas por el legislador debería ser desterrado del estado o aún él que después de haberlas reconocido, dejara de creerlas, debería ser castigado con la muerte.

Un mes después de la publicación de Defensio de Calvino, apareció en Basilea un panfleto elocuente anónimo contra la intolerancia titulado De haereticis, an sint persequendi … Semanas después apareció una traducción francesa de este tratado titulada Traicté des heretiques, a savoir, si on les doit persecuter, etc. El libro contenía extractos que promovían la tolerancia tomada de los escritos de unos veinte escritores cristianos, antiguos y modernos incluyendo a Lutero y a Calvino, siendo su autor Castellio, quizás con cierta colaboración de Laelius Socinus y Celio Secondo Curione. Castellio también escribió una refutación al Defensio de Calvino en Contra libellum Calvini.El movimiento de tolerancia creció de la influencia de Castellio y sus asociados en Basilea. El martirio de Servet dio estímulo al aumento de tolerancia religiosa como política general y como principio moral. Pero el proceso fue muy lento y duró varios siglos antes de que tuviera lugar el cambio de paradigma.

La figura de Servet sobresale al comienzo del movimiento. En una fase posterior Castellio continuó señalando que lo más importante era el principio de tolerancia absoluta de puntos de vista diferentes. Esta posición fue el resultado de un concepto de religión totalmente nuevo iniciado por Servet centrado no en el dogma sino en la vida y el carácter. La verdadera esencia de esta clase de religión es considerar la libertad y la razón como condiciones fundamentales de la existencia de una religión sana.

El legado de Servet fue difundido primero por los humanistas y reformadores italianos Francesco Stancaro, Giorgio Biandrata, Gianpaolo Alciati, Valentino Gentile, Bernardino Ochino, y Lelio y Fausto Sozzini en Polonia y Transilvania y llevó al desarrollo del movimiento Antitrinitario o Unitario representado por los Unitarios de Transilvania y Socinianos de Polonia que eran conocidos allá bajo el nombre de la Iglesia Menor o los Hermanos Polacos. Después de su expulsión de Polonia desarrollaron el movimiento Unitario en Inglaterra y América. Los Socinianos fueron los primeros que exigieron y comprendieron totalmente el imperativo moral de la completa separación de la iglesia y el estado. Tales ideas fueron desarrolladas por Fausto Socino (1539–1604), John Crell (1590-1633), Christopher Ostorodt (d. ca 1611), Andrew Wojdowski (1565-1622), John Sachs (1641-1671) y especialmente por Samuel Przypkowski (1592-1670) y Jonasz Szlichtyng (1592-1661). Ellos publicaron numerosos tratados en Polonia y Holanda y defendieron sus derechos contra las maquinaciones de los jesuítas quienes posteriormente tuvieron éxito en la destrucción de la Reforma en Polonia.

Przypkowski, por ejemplo, argumentó en un folleto titulado Declaración Fraternal (1646), en seis puntos, la importancia de garantizar la libertad de conciencia porque: 1. Es un derecho fundamental en el que se basa la integridad y la libertad de la república; 2. Es la base de la unidad de la república compuesta de muchos grupos étnicos y religiosos; 3. Es una base de la igualdad social de los ciudadanos; 4. Es la base de todas las libertades civiles; 5. Es el guardián contra la jurisdicción religiosa y eclesiástica; 6. Es la ley suprema. Przypkowski en otro tratado Sobre la ley del magistrado cristiano y persona privada en la guerra y en la paz (1650) y Szlichtyng en Apología por la verdad, desarrollaron una doctrina completa moderna y secular de la separación de la iglesia y del estado.

Las doctrinas morales, sociales y políticas de los Socinianos eventualmente llevaron al desarrollo del Siglo de las Luces. Sus ideas fueron perfeccionadas, ampliadas y popularizadas por los trabajos de los filósofos John Locke (1632-1704), Pierre Bayle (1647-1706), Voltaire (1694-1778), y David Hume (1711-1776). Los argumentos usados por John Locke en sus famosas cuatro Cartas de Tolerancia publicadas en Holanda entre los años 1683 y 1689 coinciden con aquellos usados por los filósofos polacos. Locke poseía en su biblioteca los trabajos completos de los Socinianos y ciertamente los leyó. Presentó un detallado análisis de tolerancia y de las relaciones de la iglesia-estado desde un punto de vista político adecuado obviamente a las circunstancias en Inglaterra. La extrema debilidad de las aseveraciones de Locke en las cuales él se contradijo al igual que algunas de los Hermanos Polacos, fue la exclusión de los ateos a la libertad de conciencia. Pierre Bayle hizo numerosas referencia a los Socinianos e introdujo un elemento más para el cambio del paradigma social. El fue el primero en el mundo cristiano que argumentó la separación de la ética y de la moralidad de la religión. Él defendió el ateísmo con una base racional.

Las ideas de Locke fueron transplantadas directamente al continente americano por James Madison (1751-1836) y por Thomas Jefferson (1743-1826) quien las implementó por primera vez en la Constitución Americana (Bill of Rights). Eran filósofos y estadistas que compartían una fuerte convicción de libertad absoluta de conciencia y desconfiaban de cualquier clase de institución eclesiástica establecida. Su convicción era que las iglesias establecidas crean sólo “ignorancia y corrupción” e introducen el “principio diabólico de la persecución.” El ejercicio de la religión debería estar completamente separado del gobierno. La tolerancia no era suficiente, sólo la absoluta libertad podía ser aceptada. Para ellos la democracia era la mejor garantía de la libertad religiosa. Era una institución que levantaba “una muralla de separación” entre la iglesia y el estado y protegía las libertades de los grupos minoritarios contra la imposición de los puntos de vista de la mayoría. Jefferson tenía un gran interés en el estudio de las religiones especialmente de Servet y los Socinianos.

En el campo religioso, señalaré algunas consecuencias y resultados de los pensamientos seminales de Servet. Hoy día los eruditos bíblicos confirman el descubrimiento de Servet y su comprensión universalista de la divinidad que rompe con el particularismo tribal o eclesiástico y encuentra su expresión en la forma teísta del Unitarianismo Universalista.

Los filósofos y los eruditos de la religión desarrollan a base del pensamiento de Servet nuevos conceptos de la teología del proceso.

Por otro lado otros rechazan el concepto ontológico de la divinidad pero reconocen la importancia de los valores humanos y los hacen el centro de una nueva “religión,” religión de “los más altos valores” como la propuesta por un filósofo de religión polaco Stanislaw Cieniawa.

Todas estas ideas y movimientos intelectuales sólo pueden florecer en un ambiente del ejercicio libre y sin obstáculos de la investigación.

El gran Roland Bainton escribió en 1953: “Hoy en día la libertad religiosa está en peligro.” Hoy día, después de cincuenta años, sus palabras no han perdido su validez. Por esta razón tenemos que mantener viva la memoria de nuestro gran teólogo, filósofo, y científico.

Desde una perspectiva histórica, Servet murió para que la libertad de conciencia llegara a ser un derecho civil del individuo en la sociedad moderna.

Bibliografía

1. Hans R. Guggisberg, “Wandel der Argumente für religiose Toleranz und Glabensfreiheit in 16. and 17. Jahrhundert.” In Michael Erbe, ed., Querdenken Dissens und Toleranz im Wandel der Geschichte. Festschrift zum 65 Geburstag von Hans R. Guggisberg, (Manheim: Palatin, 1996). P. 139.

2.. Ángel Alcalá, “Los dos grandes legados de Servet: el radicalismo como método intelectual y el derecho a la libertad de conciencia.” En Turia, Revista Cultural, No 63-64, (2003), pp. 221-242.

3. Marian Hillar, The Case of Michael Servetus (1511-1553) – The Turning Point in the Struggle for Freedom of Conscience (Lewiston, N.Y; Lampeter, U.K.: Edwin Mellen Press, 1997), pp. 13-180. The Theodosian Code and Novels and the Sirmondian Constitutions. (New York: Greenwood Press, Publishers, 1952).

4. Corpus Iuris Civilis. Editio stereotypa sexta. Volumen secundum. “Codex Iustinianus.” Recognovit Paulus Krueger. (Berolini: Apud Weidmannos, 1895).

5. Thomas S. Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions (Chicago: The University of Chicago Press, 1970), p. 175.

6 . M. Hillar, The Case of Michael Servetus, op. cit., chapters 4, 5, pp. 137-180.

7. Roland Bainton, Here I Stand. A Life of Martin Luther, (New York, Nashville: Abingdon-Cokesbury, 1940s).

8. Alan Eyre, The Protesters, (Birmingham: The Christadelphian, 1975, 1985). Alan Eyre, Brethren in Christ. A Stirring Record of Faithful Believers of the Truth During the 16th and 17th Centuries, (Torrens Park, Australia: Christadelphian Scripture StudyService, 1982).

9. H. R. Guggisberg, op. cit., p. 140. William R. Estep, ed., Anabaptist Beginnings, 1523-1533: A Sourcebook, (Nieuwkoop: B. de Graaf, 1976). Balthasar Hubmaier, Balthasar Hubmaier Theologian of Anabaptism, translated and edited by H. Wayne Pipkin and John H. Yoder, (Scottdale, Pa.: Herald Press, 1989).

10. Sebastian Franck, Chronica, [Zeitbuch und Geschichtsbibell von anbegyn bis in dis gegenwertig 1536 jar verlegt. Reprograf. Nachdr. d. Orig.-Ausg. Ulm 1536]. Reprinted, Darmstadt, Wissenschaftliche Buchges., 1969. Originally published in 1531 in Strassburg.

11. For example the writings of Marsilio Ficino (1433-1499); Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494); or Nicholas of Cusa (1400-1464); Joseph Lecler, Histoire de la Tolérance au siècle de la Réforme ; (Paris: Aubier, 1955), 2 Vols.

12. Ioannis Calvini opera quae supersunt omnia. (1870; reprint New York, London: Johnson Reprint Corporation, and Frankfurt a. M.: Minerva G.m.b.H:, 1964) Vol. VIII. p. 752.

13. Defensio orthodoxae fidei in Calvini, Opera, op. cit., Vol. VIII, pp. 480-481.

14. Ibid. pp. 478-479.

15. Ibid. pp. 462, 479.

16. Doumergue, Émile, Jean Calvin. Les hommes et les choses de son temps. (Lausanne, Paris: 1899-1927; Slatkine Reprints: Genève, 1969), Vol. VI, p. 351.

17. Christianismi restitutio, 350-354.

18. Ibid. 631.

19. Ibid. 331.

20. Ibid. 623-624, 635, 733.

21. De Iusticia, a tractate added to Servetus’s Dialogorum de Trinitate libri duo, F7a-7b, 1531). Reprinted by G.m.b.H., Frankfurt a. Mein, 1965.

22. Letter to Aecolampadius in Calvini, Opera, op. cit., Vol. IX, 861-862.

23. Sébastien Castellion, Contra libellum Calvini, Vaticanus 77 (Amsterdam, 1612).

24. Letter to the judges in Geneva of August 22, 1553. In Calvini, Opera, op. cit., Vol. VIII. 762-763.

25. Miguel Servet, Treinta cartas a Calvino, traducción de Ángel Alcalá, (Madrid: Editorial Castalia, 1981), carta XXVII, pp. 186-187.

26. Thomas S. Kuhn, op. cit., p. 175.

27. Rousseau, Jean Jacques, Oeuvres immortelles du contrat social. Du Contrat social ou principes du droit politique. (Genève: Consant Bourquin, Éditeur, 1947). p.370.

28. Sébastien Castellion, Traité des hérétiques, a savoir, si on les doit persecuter, et comment on se doit conduire avec eux, selon l’avis, opinion, et sentence de plusieurs auteurs, tant anciens, que modernes. (1554; Édition nouvelle publiée par A. Olivet, préface par E. Choisy; Genève: A. Julien, Libraire-Éditeur, 1913).

29. Bainton, Roland H., Concerning heretics; whether they are to be persecuted and how they are to be treated; a collection of the opinions of learned men, both ancient and modern; an anonymous work attributed to Sebastian Castellio now first done into English, together with excerpts from other works of Sebastian Castellio and David Joris on religious liberty by Roland H. Bainton. (New York: Columbia University Press, 1935).

30. Hillar, M.,”From the Polish Socinians to the American Constitution,” A Journal from the Radical Reformation. A Testimony to Biblical Unitarianism, 1994, no. 3, pp. 44-51.

31. Marian Hillar with Claire S. Allen, Michael Servetus: Intellectual Giant, Humanist, and Martyr (Lanham, New York, Oxford: University Press of America, 2002), p. 257. Hillar, “From the Polish Socinians,” op. cit.

32. Edmund J. Fortman, The Triune God (New York: Baker Book House, 1972). Anthony F. Buzzard and Charles F. Hunting, The Doctrine of the Trinity. Christianity’s Self-Inflicted Wound (San Francisco, London, Bethesda: International Scholars Publications, 1999). Karl-Josef Kuschel, Born Before All Time.

33. M. Hillar, “Process Theology and Process Thought in the Writings of Michael Servetus,” paper presented at the annual meeting of the Sixteenth Century Studies Conference, October 24-27, 2002, San Antonio, TX.

34. Stanislaw Cieniawa, “The Plurality of Confessions and one Religion,” in Essays in the Philosophy of Humanism, (Houston, Humanists of Houston, 2003), pp. 13-20.

 

¡Socorro, Jaimito! ¿Me puedes explicar Apocalipsis 22:13?¿Es Jesús Dios aquí?…¡Claro que puedo intentar darte una posible explicación, mi querido viejo, pero este verso es un poco más complicado que los otros que hemos debatido antes!…no obstante, no te inquietes papito, que un pasaje no puede tumbar 50 que contradicen la Trinoterquedad!…¿O sí?…¡No, claro!…¡Qué inteligente mi viejo!

Explicación de Jimmy Nerd:

 

Apocalipsis 22:12-13

12 “He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para dar a cada uno de acuerdo a lo que ha hecho. 13 “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el final”.

Se suele afirmar sobre la base de este texto que Jesús es Dios, porque el mismo título (el Alfa y la Omega…) se aplica a Dios en otros lugares. Los dos otros textos de Apocalipsis que utilizan la denominación “Alfa y Omega” son:

Apocalipsis 1:8

“Yo soy el Alfa y la Omega,” dice el Señor Dios, “que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” Apocalipsis 21:6-7

6 Entonces él me dijo: “Está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el final. Voy a dar al que tiene sed de la fuente del agua de la vida sin costo. 7 “El que venciere heredará estas cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Estos dos usos, sin duda, referirse a Dios. Sin embargo, hay todavía dos más que tienen que ver este título misterioso: Isaías 44:6

“Así dice el Señor, el Rey de Israel y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero y yo soy el último, y no hay otro Dios fuera de mí.

Isaías 48:12 -13

12 “Escucha, oh Jacob, incluso Israel, a quien he llamado, yo soy, yo soy el primero, yo soy también el último. 13 “Ciertamente mi mano fundó la tierra, y mi mano derecha extienden los cielos; Cuando llamo a ellos, ellos están juntos.

Una vez más, estos dos textos del Antiguo Testamento, sin duda, se refieren al único Dios de Israel, Yahvé. Por lo tanto, existe base sólida para decir que llamarse a sí mismo “El primero y el última” o “Alfa y Omega” o “principio y final”, equivale a reclamar un título divino.

Aun así, cuando se trata del texto que estamos considerando (Apocalipsis 22,13), tenemos que imaginarnos en primer lugar, que es el que habla antes de apresurarse a sacar conclusiones. Apocalipsis, y en particular el capítulo anterior, tiende a alternar entre los oradores abruptamente. Con el fin de resolver quien es el que habla (orador) en Ap 22,13, puede ser útil citar el capítulo entero y familiarizarse con los distintos oradores. A continuación, he insertado entre corchetes [] quien creo que es el que habla al lado de cada pronombre. Además, he añadido un nuevo párrafo cada vez que cambia el que habla (orador).

Apocalipsis 22:1-21

1 Entonces él [el ángel del 21,9] me mostró un río de agua de la vida, resplandeciente como cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero, 2 en el medio de la calle. A ambos lados del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. 3 No habrá ya ninguna maldición, y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4 verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. 5 Y ya no será una noche cualquiera, y no tendrán necesidad de luz de una lámpara ni la luz del sol, porque el Señor Dios ilumine ellos, y reinarán por los siglos de los siglos. 6 Y él [el ángel] me dijo: “Estas palabras son fieles y verdaderas”, y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto  

7 “Y he aquí, yo [Jesús: cf. 3.11, 22.20] vengo pronto. ¡Bendito el que presta atención a las palabras de la profecía de este libro. “

8 Yo, Juan, soy el que oyó y vio estas cosas. Y cuando [Juan] oí y vi, me [Juan] postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

9 Pero él [el ángel] me dijo: “No hagas eso. Yo [el ángel] soy un siervo tuyo [Juan] y de tus [hermanos de Juan] a los profetas y de los que prestar atención a las palabras de este libro. Adora a Dios. “10 Y él [el ángel] me dijo [Juan],” No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 11 “Que el que obra mal, todavía lo hacen mal, y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y dejar que el que es justo, la justicia sigue siendo la práctica, y el que es santo, siguen manteniendo el mismo santo.

12 “He aquí, yo [Jesús] vengo pronto, y mi galardón conmigo, para dar a cada uno de acuerdo a lo que ha hecho.

13 “Yo [Jesús? Dios?] Soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. “14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para que puedan tener derecho al árbol de la vida, y puede entrar por la puertas en la ciudad. 15 Afuera están los perros y los hechiceros y las personas inmorales y los asesinos y los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira.

16 “Yo, Jesús, he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas para las iglesias. Yo [Jesús] soy la raíz y el linaje de David, la estrella brillante de la mañana.”

17 El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. “Y el que oye, diga: Ven.” Y el que tiene sed, venga, y el uno que quiera, tome del agua de la vida sin costo.

18 Yo [Jesús] testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; 19 y si alguno quitare de las palabras de la libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están escritas en este libro. 20 [Jesús] que da testimonio de estas cosas dice: “Sí, yo [Jesús] vengo pronto”.

Amén. ¡Ven, Señor Jesús. 21 La gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.

Sé que fue una larga cita, pero es necesario ver la multitud de transiciones antes de decidir qué punto de vista es el correcto. No tengo ninguna duda que aquel que dice “vengo pronto” es Jesús, sobre la base de 3,11 y 22,20, donde el texto se refiere claramente a Jesús. Por lo tanto, hay dos posibilidades para el verso en cuestión (Ap 22,13):

1. el “yo” se refiere a Jesús

2. el “yo” se refiere a Dios

Apocalipsis 22,13

“Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el final”.

Si el que habla es Jesús, entonces esto podría estar diciendo dos cosas: (1) podría ser una prueba de texto para la deidad de Jesús, o (2) simplemente podría decir que Dios ha conferido a su agente por excelencia títulos que antes habían sido reservados para él solo, como parte de su exaltación post- resurrección (dándole un nombre sobre todo nombre, cf. Flp 2,9-11).

Si el que habla (orador (es Dios, entonces suponemos que hay una transición abrupta de oradores entre los versículos 12 y 13. A primera vista, esta posición parece improbable, pero una vez que se tiene en cuenta las transiciones bruscas que ocurrieron entre los versículos 6 [el ángel que habla], 7 [habla Jesús] y 8 [Habla Juan], se hace plausible.

Honestamente, no he tomado una decisión dogmática sobre Ap 22,13 y cualquier idea que todos puedan tener es bienvenida. Pero yo sé esto: que no debemos comenzar desde el último capítulo del último libro de la Biblia en nuestra búsqueda para la comprensión sobre la naturaleza de Dios y Jesús.

“BOQUITA DE CARAMELO” 

Pintado hace 45 años !!! / INSOLITO !!!!! / QUE VISION / INCREIBLE !!!
El autor del cuadro: Oswaldo Guayasamín, Ecuatoriano, muy famoso COMUNISTA DE 1RA LÍNEA de finales de los 60`s.

 

Venezuela: De la serie “Los culpables” – Etapa de Ira. título: El Macuto (entiéndase el bruto) FUÉ PINTADO HACE MÁS DE 45 AÑOS DURANTE LA ÉPOCA DE TANTAS DICTADURAS LATINOAMERICANAS:
¿QUÉ CLASE DE VISIÓN TUVO ESTE GENIO DE LA PINTURA LATINOAMERICANA PARA MATIZAR EL CUADRO?

RESEÑA TESTIMONIAL:
Hacen 45 años que Oswaldo Guayasamín, comentó que habría un FASCISTA HITLERIANO que destruiría no solo el futuro de su país si no, que crearía conflictos internacionales, concluyó que su final sería en un baño de sangre desde su mismo entorno, y sería luego de una década en el poder.

EL futurista pintor GUAYASAMÍN tuvo la VISÓN DEL PERFECTO GORILA MILITAR Y BRUTO LATINOAMERICANO. Recuerden el Título: El Macuto (entiéndase el bruto) ¿Era clarividente?

RECORDEMOS TAMBIÉN QUE LA PINTURA DATA DESDE HACE MÁS DE 35 AÑOS; EPOCA EN QUE OCURRIAN TANTAS DICTADURAS LATINOAMERICANAS Y QUIZAS ERA SU ETAPA DE IRA.

Ante la Historia reciente en Venezuela y Latinoamérica cabría preguntarse:
¿A quien se les parece?

También se hace necesario acotar que Hugo Chávez Frias tenía 20 años, cuando Oswaldo Guayasamin, pintó EL MACUTO (El Bruto) y además comentó algo sobre el oleo, que pudiese interpretarse como una dedicación: ¡ AL DEMONIO ! ¿Que piensa Usted?

Imagen

El pueblo no renuncia nunca a sus libertades, sino bajo el engaño de una ilusión. Edmund Burke (1729 – 1797)

¿Qué hay en un punto de vocal?

Por Anthony Buzzard (Foto)

(Traducido por Ingº Mario Olcese, Apologista)

 ”La forma Adoni (« mi señor »), un título real (I Samuel 29:8), debe ser distinguida cuidadosamente del título divino Adonai (“mi Señor”) utilizados de Yahvé” (International Standard Bible Encyclopedia,  ”Señor,”, p. 157).

“Señor en el Antiguo Testamento se utiliza para traducir ADONAI cuando se aplica al Ser Divino. La palabra [hebrea] … tiene un sufijo [con especial señalamiento] supuestamente en aras de la distinción” (Diccionario Hastings de la Biblia, “Señor”, Vol. . 3, p. 137).

“Adonai y Adoni son variaciones de señalamiento para distinguir la referencia divina de los humanos” (Léxico hebreo e Español del Antiguo Testamento, Brown, Driver, Briggs, bajo adon).

Las dos formas de Adon – Adonai Versus Adoni

Favor de considere cómo funciona el lenguaje. En castellano no tiene dificultad en reconocer la diferencia entre ÉL y ELLA. Hay una diferencia. Usted reconoce también una gran diferencia entre dios (d minúscula) y Dios (con G mayúscula). ¿Qué hay de “empleador” y “empleado”? Una letra hace toda la diferencia. En hebreo las palabras para él y ella  sólo contienen una diferencia en el sonido de la vocal – Hoo (él) y Hee (ella).

Pocas preguntas podrían ser de mayor importancia que saber quién en la Biblia tiene derecho a ser llamado Dios (mayúscula).

En hebreo hay una palabra para “señor”. Es ADON. Esta palabra se refiere 300 veces a los señores humanos (superiores) y 30 veces AL Señor, es decir, Dios mismo.

Hay dos formas muy especiales de esta palabra ADON. A veces, las letras-AI se añade al final, dándole la palabra Adonai (a veces escrito ADONAY). Esta palabra es conocida por el público porque rima con El Shaddai en la conocida canción. El Shaddai es otro nombre para el Dios único. ADONAI significa “el Señor Supremo” y está reservado para Dios. La palabra ADON también puede tener la letra-I añadida a la misma, dando la forma Adoni (que se pronuncia Adonee) y se utiliza para los superiores humanos – no para Dios.

El Salmo 110:1 en el Nuevo Testamento

Ahora, en el Salmo 110:1 tenemos un verso único. Este verso aparece en el NT 23 veces. (Salmo 110:4 es citado o referido a otro 10 veces.) La importancia de estos versículos se muestra por el hecho de que no hay otros versos que se acercan a ese número de alusiones / citas en el NT. Muchos versículos son citados una vez o dos veces en el NT. Pero estos versos – Sal. 110:1, 4 – se mencionan 33 veces! Sal. 110:1 es la clave para la identidad de Dios y de Jesús, y para la venida del Reino (el corazón del Evangelio, Lucas 4:43, Hechos 8:12, etc)

Jesús mismo citó a Sal. 110:1 (como se informa en Mateo, Marcos y Lucas) como el verso que puso fin a los argumentos en contra de las autoridades religiosas de su tiempo, los fariseos (ver Mat. 22:41-46). El Salmo 110:1 es citado en el NT de la siguiente manera:

Jesús: Mateo. 22:44; Mateo. 26:64, Marcos 12:36, Marcos 14:62, Marcos 16:19; Lucas 20:42, 43; Lucas 22:69.

Pedro (Lucas), Hechos 2:33, Hechos 2:34-36 (en este versículo Pedro introduce el cristianismo a la multitud en Pentecostés y nos dice que Jesús ha sido hecho “Señor”, sobre la base de Sal. 110:1); Hechos 5:31; Hechos 7:55-56.

Pablo: Rom. 8:34, I Cor. 15:25; Ef. 1:20; Ef. 2:6 Col 3:1, Heb. 1:3, Heb. Hebreos 1:13. 8:1; Heb. 10:12-13; Heb. 12:2.

Pedro: I Ped. 3:22. Jesús: (Juan) Rev. 3:21.

Este salmo cubre toda la gama del Nuevo Testamento y que Jesús es registrado como citándolo no menos de 8 veces. Es uno de los favoritos de “texto de prueba” de los cristianos NT.

El Salmo es un oráculo divino especial. El texto dice (Salmo 110:1): “El oráculo de Yahvé (Jehová) a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”.

El primer “Señor” es la palabra Yahweh que aparece en muchas versiones en español como Señor (todas mayúsculas).

El señor segundo es Adoni (mi señor). Ya hemos señalado que la palabra hebrea ADON (Señor) tiene una terminación especial en él cuando se refiere a un solo Dios – ADONAI (449 veces en el Antiguo Testamento). Pero cuando la palabra tiene el final “I”, es decir, Adoni (adonee), nunca se refiere a Dios, sino siempre a un ser humano superior (a veces un ángel). Así sabemos que el Mesías no es Adonai (Dios), sino el ser humano superior de David, el Señor de David, Adoni.

Este salmo se creía que era un oráculo mesiánico, tanto para Jesús y para los rabinos de su época. Jesús sabía que él, el Mesías, era el Señor de David, así como el hijo de David. Los fariseos no estaban dispuestos a reconocer a Jesús como el Señor de David, a pesar de que sabían que era un descendiente de David.

El idioma hebreo es preciso y los rabinos siempre mantuvieron el nombre del único Dios en el más alto respeto. Por eso, ellos reservaban la forma ADONAI sólo para Dios. (los Judios hasta este día leen la palabra ADONAI cuando vienen al nombre personal de Dios – Yahweh. Nadie sabe exactamente cómo esa palabra debe ser pronunciada. Los Judios dejaron de mencionarlo alrededor del 300 aC.)

El ejemplo de un caso similar – AVEER Versus Abeer

El Antiguo Testamento tiene pequeñas maneras de distinguir las palabras, que tienen una importancia trascendental en términos de su significado. Déjeme darle otro ejemplo. La palabra AVEER (= fuerte o poderoso). Del Nuevo Diccionario Internacional de Teología y Exégesis del AT, vol. 1, p. 232: “Se cree que la razón por la cual el Antiguo Testamento tiene dos formas del adjetivo AVEER es que los guardianes del texto (Masoretas) deseaban distinguir el uso de la palabra cuando es aplicado a Yahweh de su uso en otros contextos… “

Cuando no se utiliza de un solo Dios, la forma tiene un punto adicional dentro de la ‘V’ y luego se pronuncia Abeer…ABEER (con el punto) se refiere siempre a un hombre poderoso, a veces a la “dureza de corazón”, una vez a un ángel y a veces a un toro o un caballo poderoso.

La falta de un punto hace una gran diferencia. AVEER se refiere a Dios. Abeer es una referencia no-divina.

Lo mismo ocurre con las formas de Señor, Adonai y Adoni. ADONAI está reservado sólo para el único Dios. Ningún ser humano es dirigido como Adonai. Por otra parte Adoni (adonee) está reservada para los superiores humanos. El Mesías es llamado Adoni, el Señor de David, pero nunca ADONAI, el Dios único.

Ahora, tome nota de este hecho interesante. La versión KJV siempre escribió ADONAI como “Señor” (con ‘S’ inicial mayúscula). Ella escribió Yahweh como “SEÑOR” (toda la palabra con mayúsculas). Con respecto a Adoni, en 194 ocasiones LA KJV escribió Adoni como Señor (con “s” pequeña) o amo. Pero sólo en una ocasión rompió su propia regla y uso una mayúscula en Señor, en Sal. 110:1. Pero la palabra no es ADONAI, sino ADONI. La RV (VR) corrigió el error y escribió “señor” (con minúsculas).

Sólo uno es Dios

Jesús es ADONI el Mesías, no ADONAI, el Dios único. El Dios Único es una sola persona. ¿Cómo sabemos esto (aparte de Sal. 110:1)? El único Dios del monoteísmo hebreo (el monoteísmo de Jesús, Marcos 12:28 y sig.) es descrito por los pronombres personales en singular (“yo, él, tú, tú, mi, su”) miles y miles de veces .

El Dios Unico es distinguido como ADONAI (449 veces) de Adoni, un señor humano, (195 veces). Esto da 644 oportunidades para ver la diferencia entre Dios y el hombre, basados en la palabra “señor”. El Mesías, Hijo de Dios, es designado como Adoni, no Adonai.

Los pronombres personales singulares siempre te dicen un simple hecho. Ellos describen a un ser que es una persona, no dos o tres. Dios es singular y una única persona.

“Hay un solo Dios, el Padre” (Pablo, I Cor. 8:4, 6). Hay dos señores (Salmo 110:1) El Padre es el único Dios y Jesús es el Señor MESÍAS, el Hijo de Dios (Mateo 16:16). La creencia de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios es toda la cuestión del Evangelio de Juan (Juan 20:31). También es el punto entero de toda la Biblia. Y Jesús describe Al Único Dios, su Padre, como “el único Dios verdadero” (17:3) y “el único que es Dios” (5:44). “Aquel que es Dios” es otra manera de decir “el único que es Dios”. Jesús estaba hablando acerca del Padre. Si el Padre es “el único que es Dios”, y Jesús es una persona diferente, Jesús no puede ser el único Dios.

¿Creemos con Jesús que el Padre es “el único que es Dios”? (Juan 5:44, 17:3)

El Padre es llamado Dios 1326 veces en el NT. La palabra “Dios” se utiliza de Jesús dos veces (por algunos). Pero no olvide que en el mundo del siglo I dC los seres humanos elevados a veces eran llamados “Dios”. Esto es también verdad en la Biblia. Los jueces de Israel fueron llamados “dioses” (Sal. 82:6). Jesús usó este verso para demostrar que él estaba afirmando ser el Hijo de Dios, no Dios mismo (Juan 10:34-36).

El Salmo 2 es un perfecto paralelismo con el Salmo 110:1. En este salmo el Señor un Dios habla a “MI REY/ MI HIJO. Esa persona, que es tan distinto de Yahweh como cualquier hijo es distinto de su padre, también llamado” El Mesías del SEÑOR. “El Jesús de la Biblia es: el Hijo del Dios único, “el Señor Mesías” (Lucas 2:11), “El Mesías del Señor” (Lucas 2:26). Tenga en cuenta que en el NT Dios es llamado “el Dios de nuestro Señor Jesucristo” (Efe 1:3, etc.) que debe mostrar que Jesús y su padre no son co-iguales. Hay un Señor Dios y un Señor Mesías.

En la Escritura Jesús y su Padre son personas independientes, que trabajan en la más estrecha armonía. El Mesías es el Hijo obediente al Padre. Su padre es el único Dios (Juan 17:3).

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Por Angela

¿Recuerdas el juego de “Teléfono” cuando eras un niño? Tú le susurrabas una frase corta al niño sentado junto a ti, que a su vez, susurraba al siguiente niño. Siempre fue divertido oír el resultado final, porque AL final de la línea veíamos cómo la frase original había cambiado por el tiempo que había pasado a través de una docena de orejas y bocas pequeñas.

Así también ha sido con el Evangelio de Cristo. Hoy, si uno le pregunta a alguien lo que es el Evangelio, tú podrás escucharlo definido así: “El Evangelio es la buena noticia de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, que provee la liberación total y gratis del poder y la pena del pecado de acuerdo con la sola gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo”, como se menciona en un sitio web que me encontré cuando buscaba información en Google sobre “¿Qué es el Evangelio?”

En el juego de teléfono, a veces el mensaje que resulta sale similar (no igual) al original, pues de alguna manera está cambiado, adaptado o ha perdido alguna parte integrante de su composición. Propongo hoy, que la Iglesia, algunos de sus líderes y sus seguidores, hayan tomado, con el tiempo, lo que era el Evangelio que Jesús y Sus Apóstoles predicaron, pero que de alguna manera perdieron un poco de su sentido y foco original. ¡Con el tiempo, en la narración y el intercambio del mismo, el Evangelio que comúnmente oímos hoy, puede estar omitiendo un pedazo muy significativo que resultan ser buenas y emocionantes noticias!

Strong define Evangelio (euaggelion) como “las buenas nuevas del reino de Dios que pronto será establecido, y también de Jesús, el Mesías, el fundador de este reino. Después de la muerte de Cristo, el término incluye también la predicación sobre (o concerniente) a Jesucristo como habiendo sufrido la muerte en la cruz para conseguir la salvación eterna de los hombres en el reino de Dios, pero como resucitado y exaltado a la diestra de Dios en el cielo, y desde allí regresar en majestad para consumar el reino de Dios”.

Es a la vez verdad y muy importante que el mensaje del Evangelio incluya que Jesús murió y resucitó por nuestros pecados. Esto es todo lo acordado! Sin embargo, la otra parte del Evangelio que se ha abandonado del mensaje es esa importante palabra (logos) que Jesús predicó: el Reino de Dios. ¿Quién ha oído alguna vez predicar a un pastor de que el Evangelio es acerca el Reino de Dios, y de cómo podemos entrar en él para conseguir la vida eterna en el siglo venidero? La próxima vez que oiga de un ministro, evangelista de televisión o a un amigo suyo predicar el mensaje del “Evangelio”, escuche con atención! ¿Menciona el predicador la venida del Reino de Dios a la tierra?

Sólo estoy sugiriendo que nuestra forma de definir el mensaje del Evangelio se ha diluido, acortado, y hasta adaptado a algo que no es radicalmente diferente, pero lo suficiente cambiado con el correr del tiempo, que simplemente se ha convertido en un mensaje diferente a lo que Jesús y la iglesia primitiva estaban predicando y proclamando.

En Marcos 1:14-15, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; arrepentíos y creed en el Evangelio.” Lucas 8:11 dice que Jesús “comenzó a hablar con ellos sobre el Reino de Dios.” Jesús no estaba predicando su muerte y resurrección como el evangelio durante su ministerio, sino más bien la predicación de la buena noticia de un reino venidero donde no habría fin de la paz, en donde Jesús, como el Ungido (Mesías, Cristo), se sentaría sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y justicia. (Isaías 9). Jesús predicó esta buena noticia a los afligidos, a los quebrantados de corazón, para publicar libertad a los cautivos y la libertad a los presos, para consolar a todos los que lloran, y hacerles saber que el tiempo de la justicia y la rectitud estaba cerca! Esta fue una buena noticia, por cierto! El enseñó a arrepentirse y ser salvos, para entrar en el Reino y la vida eterna en el siglo venidero. Jesús nos enseñó que nosotros heredaríamos la tierra, que veríamos a Dios y Su misericordia, y que seríamos llamados hijos de Dios. El enseñó cómo sería el Reino de Dios y lo que debíamos buscar (Mat. 6:33) y nos mandó para que nos prepararemos para saber cuándo se cristalizarían su venida y la consumación de la edad.

Te reto hoy, que para eliminar la tradición, retires la confusión y la distorsión del mensaje original y vuelvas a las palabras de Jesús (el autor y consumador de nuestra fe) y examines cuidadosamente lo que fue el evangelio original realmente. Como dijo Jesús en Lucas 8:8, “El que tiene oídos para oír, que oiga.” Y en el versículo 10, Jesús dijo a sus discípulos: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios, pero para el resto, en parábolas, para que viendo, no puede ver, y oyendo, no entiendan”. En Mateo 13:14-16, Jesús cita Isaías 6:9, “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.”.

En lugar de confiar en lo que siempre has oído, volvamos a la Escritura y a las palabras que Jesús habló y escúchalas. Oro  de que veamos con nuestros ojos, y escuchemos con claridad con nuestros oídos las palabras de Jesús hoy y entendamos con nuestro corazón el Evangelio del Reino de Dios!

“Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin.” Mateo 24:14.

By Anthony Buzzard

There is a piece of simple misinformation copied without examination by Bible commentator after commentator. It occurs in commentaries on Psalm 110:1, a verse which wins the prize for being the most often cited passage from the Old Testament in the New. Psalm 110:1 is likely (I hope soon) to have its day of fame. It is going to expose a colossal, long-held misunderstanding about the relationship of the one God to His unique Son Jesus.Psalm 110:1 is an inspired oracle about the Messiah, who since the ascension is sitting at the chief position next to God in the universe. Jesus loved this verse and so did the New Testament writers. They allude to it some 23 times. It is of massive significance in describing who Jesus is. Because its testimony is in direct contradiction to the traditional belief that Jesus is “God the Son,” it has suffered miserably at the hands of commentators, who by some extraordinary means actually misinform the public about the crucial Hebrew word for the second “lord” of Psalm 110:1.

Reformer Martin Luther was right to point out that Psalm 110 is “the chief psalm of our dear Lord Jesus Christ, in which his person, his resurrection, ascension and whole Kingdom are clearly and powerfully set forth.” The Psalm begins by announcing a solemn divine oracle. Jesus quoted this Psalm as vital spiritual information. He referred to David as here “speaking in the spirit” (Mat:22:43; Mark 12:36): “The Lord said to my lord, ‘Sit at My right hand until I put your enemies under your feet.’”

Of such fundamental importance was this proposition that it provided a New Testament proof text for defining the Divine Plan and Jesus’ relationship to his Father. It appears in the New Testament over and over again. What does this oracle reveal to us?

This verse has been an embarrassment to “received” traditional views of Jesus as “God the Son.” Psalm 110:1 in fact completely eliminates any such idea. Peter provides one of the many examples of the quotation of our verse. In his epoch-making sermon in Acts 2 Peter explained that the Hebrew Bible had predicted the elevation of Jesus to the supreme position in the universe next to God his Father. This happened at the ascension, and the words of Peter inform us of the status achieved by Jesus at the ascension. “For it was not David who ascended to heaven, but David himself said, ‘The LORD said to my lord, “Sit at My right hand until I make your enemies your footstool.”’ Therefore let the whole house of Israel know for certain that God has made him both Lord and Messiah, this Jesus whom you crucified”(Acts 2:34-36).

The reaction of Peter’s audience was suitably dramatic. They took the Apostle’s words with utmost seriousness: “Now when they heard this, they were cut to the heart, and they asked Peter and the other apostles, ‘What are we to do, brothers?’” (2:37).

It would be desirable for contemporary audiences to be as touched, if not outraged, by the constant misuse of this verse by tradition-bound commentary. Walk into a Christian bookstore and treat yourself to a perusal of one of the many commentaries available, both new and old. Here is one example among many I found recently: “Ps. 110:1, ‘The Lord said to my Lord’ describes a conversation between God the Father and God the Son.”

This is a complete falsehood, as we shall show!

The Jews as custodians of the Hebrew Bible are rightly insulted by the suggestion that there are two who are God, the one talking to the other! There is only one who is God. God never speaks to God. That would not be monotheism. And monotheism, belief that God is one and not more, is the absolute criterion of truth for us all.

The proof of the rudimentary fact that God is not speaking to God is found in the language of Psalm 110:1. But first another example of misinformation, this time from the 1000-page Commentary on Matthew by William Hendrikson: “In this Psalm David is making a distinction between YHVH (Jehovah) and Adonai – YHVH, then, is addressing David’s Adonai; or, if one prefers, God is speaking to the Mediator. He is promising the Mediator such pre-eminence, power, authority and majesty as would be proper only for One who, as to his person, from all eternity, was, is now, and forever will be God” (p.812, emphasis added).

This statement contains a major error of fact. The text does not say that YHVH is addressing David’s ADONAI! The word in the Hebrew text is not Adonai at all. Adonai is indeed the word (all 449 times) for the Lord GOD, that is, the supreme God of Israel. But the inspired word in this Psalm, found in all the originals, is not Adonai; it is adoni. There is a vast difference between these two words. Adonai is indeed GOD, the Lord. Adoni, by contrast, never refers (in all 195 occurrences) to the Lord GOD. It refers always to a human, that is, non-Deity superior (or occasionally to an angel). Adoni is never a title of Deity. It tells us always that the “lord” in question is someone who is not God,
but a human superior.

Here then in this marvelous Psalm we have a brilliant definition of the status of the Son of God, Jesus the Messiah. He is not Adonai (Lord GOD) but “my lord,” [adoni] the Messiah. The word provided by the Scripture which Jesus described as inspired and which he used to silence all counter arguments (Mat:22:46) is the Hebrew word for “lord” [adoni] which never designates GOD! This verse was alluded to massively in the New Testament, and Peter used it to define and demonstrate the status of Jesus at the right hand of the Father: he is the uniquely elevated human lord (Acts 2:36), but not a second GOD! The text should put an end to the centuries of dispute about who Jesus the Messiah really is. He is not God (which would make two Gods) but the one and only Lord Messiah, the man Christ Jesus, as Paul said in 1 Timothy 2:5, reflecting the information provided by Psalm 110:1.

Jesus is referred to as the lord Messiah over 100 times in the New Testament. He is called Christ or the Christ (Messiah) 516 times. That should be enough to convince us about who he really is.  He is the “our lord” of the ancient prayer “maranatha” (1 Cor:6:22).

I would ask the reader to ponder the extraordinary fact, without parallel in the history of Bible commentary, that the actual word for the second “lord” in our verse has been constantly misreported by those expounding the Bible. The error is very, very common. It actually appeared in the margin of Acts 2:34 in editions of the NASU Bible, where the note reads: “The Hebrew word in Psalm 110:1 is Adonai.” But it is not. And the fact can be checked by anyone consulting the original. (Strong’s does not show this distinction.)

Standard authorities are in no doubt at all about the immense significance of the difference between the forms of the Hebrew word for “lord.” The Hebrew text makes a clear-cut and consistent distinction between the one supreme Lord GOD and human (occasionally angelic) “lords.” The Hebrew text wants us to know exactly who is the Lord GOD (Adonai) and who is a human superior (adoni, my lord).

Every student of the Bible should know that when the personal name of the One God appears in English translations, the word is printed in English (in many versions) as LORD (all capitals). This tells us that behind the LORD (nearly 7000 times) lies the Hebrew word YHVH or Yahweh (sometimes pronounced Jehovah, though this is almost certainly not accurate). Another significant editorial policy is to write Lord (capital “L” but lower-case “ord”) when the Hebrew word is Adonai (= the Lord GOD, the supreme Lord). But when in the Hebrew text we have the word adoni (pronounced in Hebrew “adonee”) then many English translations have the word “lord” (lower-case “l”). For example, Sarah (Gen:18:12) referred to Abraham her husband as “adoni,” my lord, not Adonai (the Lord GOD)!

That distinction between the Lord GOD and a human lord or superior is faithfully reflected by: the English Lord (capital L), as distinct from lord (lower-case l). 

However, when translators arrived at Psalm 110:1, they broke their own rules and wrote the second “lord” (adoni) as Lord (with capital). You will find this misleading inconsistency in the King James, NIV and many other versions. The Roman Catholic Bible most accurately kept a lower-case “l” on the second “lord” telling us that the word was “adoni” (= my human, not Deity lord) and not Adonai, the Lord GOD. The Revised Version of 1881 (the first correction of the KJV of 1611) wrote “lord” and thus emended the KJV mistake. The RSV and NRSV followed suit and correctly wrote “lord.” BBE (Basic Bible in English) and the Jewish Publication Society also rightly provided us with the truth about that second “lord” by writing it with lower case “l.”

The difference between God and man is the most significant of all distinctions, and it is carefully and precisely given us in Psalm 110:1, which the New Testament uses universally to define the status of Jesus in relation to God.

Jesus is the human being, the “man Messiah” (1 Tim. 2:5) at God’s right hand. This fact, which Satan does not like and wants to suppress, tells us of the amazing position God has granted to a sinless, virginally begotten man, Son of God (Luke 1:35), installed at the right hand of God’s own throne in heaven. Jesus of course will leave that position and come back to the earth at his future coming to take up his position on the throne of David in Jerusalem (Luke 1:32, etc.).

There is only one who is God, the Creator of all things, in the Bible. He is the Father, indeed the “God and Father of our Lord Jesus Christ” (Rom:15:6; 2 Cor:1:3; Eph:1:3; 1 Pet:1:3). Paul put it this way: “There is to us [Christians] one God, the Father” (1 Cor:8:6). Paul went on to add that we also recognize “one Lord Jesus Christ.” But that Lord Jesus Christ is not the Lord GOD! He is the Lord Christ and was announced with this title when the angels told the shepherds, “Today in the city of David there has been born for you a savior who is the Lord Christ” (Luke 2:11, literally the “Messiah/Christ Lord”; cp. Col:3:24; Rom:16:18).

Luke adds a few verses later that Jesus can also rightly be called “the Lord’s Messiah” (2:26). He is the Christ who belongs to the LORD GOD. When the two blind men appealed to Jesus to have their sight restored, they touchingly addressed him as “Lord, son of David” (Mat:20:31) and even the pagan, Canaanite woman pleaded with Jesus to help her with her demonized daughter. She expressed her faith in the true Messiah as “Lord, son of David” (Mat:15:22).

Elizabeth, the mother of John the Baptist, was thrilled to greet Mary when she was pregnant with Jesus. She rejoiced that she was in the company of “the mother of my lord” (Luke 1:43). She meant of course not “the mother of God,” but the mother of my lord, the Messiah. This was the “my lord” of Psalm 110:1 (adoni). A ghastly twist was given to the Christian faith when later Bible readers began to speak of “the mother of God.” (I heard a Catholic priest say that God had asked Mary to be His mother!) This is standard language in the Roman Catholic system, but Protestants equally speak of Jesus as being God! For some illogical reason they balk at the idea that Mary is the “mother of God.” But why should they? Constantly one hears that “Jesus is God.” Mary ought really then to be called the “mother of God” in the Protestant system. Readers ought to ponder this interesting fact. 

But most importantly they should ponder deeply the distressing and amazing fact that Bibles and Bible commentaries have in many cases not permitted you to know that Jesus in Psalm 110:1 is not Adonai, the Lord GOD, but adoni, my lord, the human Messiah. 

All the centuries of strife and confused argumentation which eventually led to the “creeds” could have been avoided if the adoni (“my lord” of Ps. 110:1) had been recognized as the perfect definition of the Messiah not as LORD GOD, but as Lord Messiah.

Currently the battle over the identity of Jesus continues and Psalm 110:1 is not being recognized as the appropriate corrective to centuries of misunderstanding. It is not uncommon for the following kind of comment to appear on Paul’s classic monotheistic statement in 1 Corinthians 8:6. Paul tells us that “there is one God, the Father…and one Lord Jesus Christ/Messiah.”

Astonishingly the Oxford Bible Commentary has this to say:
“The Jewish Shema (‘Hear, O Israel, the Lord our God is one Lord,’ Deut. 6:4 and affirmed by Jesus in Mark 12:29) is here split apart into a statement about God the Lord, the Creator of the world and the goal of salvation, and a matching statement about the Lord, now taken to be Jesus Christ, the medium of creation and redemption. … The way in which Paul reads them both out of the Jewish declaration of monotheism is suggestive of the ways in which Christian theology will struggle to define Christ’s exalted status without falling into ditheism
[belief in two Gods]” (p. 1121).

The Shema is “split apart”?! The Shema of Deuteronomy 6:4 and of Jesus in Mark 12:29 has now been supplemented and expanded to include two who are God? This is precisely what Paul does not mean. He carefully distinguishes the ONE GOD, who is the Father, from the one Lord Jesus Messiah. The Messiah is not the ONE GOD, and the difference between them is exactly the difference declared 1000 years earlier by Psalm 110:1 in which as we have seen YHVH speaks to the Messiah in a prophetic oracle, and defines the Messiah not as the LORD GOD but as the human lord Messiah, adoni.

Tampering with the biblical creed (splitting it apart) which defines God as the Father of Jesus is unwise. If Psalm 110:1 had been fully recognized instead of being widely misrepresented in regard to the actual Hebrew words of the text, centuries of argumentation could have been avoided and today the great “monotheistic” religions would have common ground, rather than being hopelessly at odds over who and how many God is (Jews, Christians and Muslims).

There is a simple message here: Instead of the brain-breaking difficulties and infinitely complex vocabulary of Trinitarianism, Jesus offers us an easier burden. He affirmed the great unitarian creed of Israel (Mark 12:29) as did Paul (1 Cor:8:4-6). The astonishing new fact since the ascension is that there is a glorified, immortalized Son of God, a human being by origin (Mat:1:18, 20; Lk:1:35), whom God has honored by taking him to be with Him at His throne of the universe. Jesus, the Lord Messiah, Son of God is now waiting to return to this planet. He remains at the right hand of God until he is given the signal to come back to the earth. He will then inaugurate the long prayed-for Kingdom. With the saints of all the ages he will supervise the first ever successful world government. We need that day!

Agradeceremos si alguno pudiera traducir este estudio porque no tengo suficiente tiempo para hacerlo. Gracias. Apologista

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista) 

Una Ignorancia casi Generalizada 

          Por casi dos milenios los cristianos han repetido la oración del “Padre Nuestro”, la cual fue enseñada por Jesucristo mismo a sus discípulos. Una de sus partes dice: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6:10). Tal vez usted mismo ha repetido esta oración muchísimas veces pero: ¿Se ha detenido a pensar por un instante qué significa eso que Jesús llama: ‘reino’? Además, ¿qué está pidiendo usted cuando ora: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad…así también en la tierra”? Es hora de que usted despierte de su indiferencia espiritual y medite en este asunto con la mayor seriedad posible. Pedir sin saber o sin comprender lo que se está pidiendo es la mayor barbaridad que pueda cometer un ser humano pensante e inteligente. Millones de cristianos están pidiendo que venga el reino  de Dios a la tierra a fin de que se haga la voluntad del Creador en el mundo como se hace en el cielo. No obstante, estos orantes no saben de qué se trata eso que Jesús llama  “reino”. Esto es increíble, sorprendente e Inaudito. 

          Ahora bien, Jesús les dijo a sus discípulos que debían buscar y pedir por la venida del reino de Dios a la tierra sin antes haberles dado una explicación o definición detallada de lo que éste era. Pero esto no es sorprendente, pues sus oyentes ya sabían lo que era ese reino de Dios por las Escrituras Hebreas, es decir, por el Antiguo Testamento.

El Reino y los Judíos  

          Pero antes de continuar con este estudio bíblico quiero decirle que los más grandes teólogos católicos y protestantes están de acuerdo en que el tema central de todo el mensaje de Cristo es el Reino de Dios. Usted encontrará el reino de Dios en los libros de los Profetas, en los Salmos, y en los libros históricos como Samuel, Reyes, y Crónicas. De modo que los Judíos estaban bien familiarizados con la frase “el reino de Yahweh” (1 Crónicas 28:5- Entendiéndose por “Yahweh”, Dios Padre). Por eso es que usted nunca encontrará en el Nuevo Testamento una explicación detallada o poco detallada del reino de Dios, pues no era necesario que Jesús lo definiera, ni tampoco sus discípulos. Y Jamás leerá en la Biblia de alguien que preguntara a Jesús sobre la naturaleza del reino de Dios, es decir, si éste sería real o imaginario, espiritual o literal, terrenal o celestial, temporal o eterno, presente o futuro, etc. Los Judíos ya tenían bien definida la naturaleza de aquel reino mesiánico esperado muchos siglos atrás, que Jesús no se molestó en definir su naturaleza nuevamente a sus paisanos. De modo que si usted quiere saber qué es eso que la Biblia llama “El Reino de Dios”, tiene que averiguarlo en la misma Biblia, comenzando con el Antiguo Testamento. No obstante, este estudio le ofrecerá un resumen de lo que es el Reino de Dios y usted lo podrá complementar con sus lecturas personales de la Biblia.

          Pues bien, algunos alegarán que Jesús dio una explicación muy particular de la naturaleza del reino de Dios en sus famosas “Parábolas del Reino”. También es cierto que Jesús habló “secretamente” o “misteriosamente” a sus detractores en sus Parábolas del Reino, pero no fue así para con sus fieles discípulos (Mateo 13:10-17). Los que no eran de él tendrían dificultad para entender sus parábolas. Pero, ¿fueron sus parábolas una nueva forma de entender el reino de Dios? ¿Cambiaron las parábolas de Jesús la esencia misma del reino tradicional judío? ¡De ninguna manera! Pues Cristo vino “a confirmar (no cambiar) las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8).

          Las Parábolas del Reino en el Evangelio de Lucas (capítulos 13-19) presentan las condiciones éticas y espirituales exigidas por Dios para ingresar o participar en él.  Los judíos pensaban que por la ley ellos podían ganar la aprobación de Dios. Creían que haciendo el bien a la luz de los Diez Mandamientos serían salvos y entrarían en el reino. Pero Jesús enseña muy claramente en sus parábolas, que el reino de Dios exige primeramente arrepentimiento, como lo vemos en la parábola del hijo pródigo. Jesús enseñó también que se requiere un “nuevo nacimiento” a través del agua y del Espíritu para ver y entrar en él (Juan 3:3,5). Aquí se incluye el bautismo para el perdón de los pecados, y el recibimiento del Espíritu Santo. Para otros este “nuevo nacimiento” significa el “renacimiento en la resurrección” para obtener el cuerpo inmortal y glorioso con el cual entraremos al reino (1 Corintios 15:50). En la Parábola de la Gran Cena Jesús enseña que su reino estará conformado por los pobres de la tierra. En cambio, la mayoría de los ricos petulantes quedarán excluidos. En fin, Jesús estuvo enseñando constantemente sobre su reino y poniendo las condiciones para participar de él activamente.                      

¿Qué es el Reino de Dios?

          En primer término, debemos decir que el reino de Dios es un asunto que tiene que ver con  la voluntad de Dios para con esta tierra. ¿Recuerda la oración del Padre Nuestro? Dice entre otras cosas: ”Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” Notemos que Dios quiere que se haga Su voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo. Es decir, en el cielo se está haciendo la voluntad de Dios—¡Pero no en la tierra! Por eso tenemos que seguir pidiendo que finalmente se haga la voluntad de Dios en la tierra a través de ese algo llamado: “REINO DE DIOS”. El Reino de Dios en la tierra significará que la voluntad de Dios finalmente se estará haciendo en nuestro mundo. ¡Piénselo seriamente! 

          ¿Podría alguien decir que este mundo caótico y malvado refleja el carácter y la voluntad de Dios? ¿Son las guerras, las pestes, las hambres, los odios, las desigualdades, la contaminación ambiental, el desempleo, los hogares destruidos, los gobiernos corruptos, la violencia, los crímenes, y cosas como éstas, la voluntad para nuestro mundo? No, ciertamente. Hoy no se está haciendo la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. Dios es un Dios de paz y no de confusión (1 Corintios 14:33). Hoy no hay paz en la tierra, sino confusión total, y así no es Dios. Dios es un Dios que ama la paz, la justicia, la rectitud, la ley y el orden.

          Habiendo comprendido que aún no se está haciendo la voluntad de Dios en la tierra, podemos concluir que todavía no ha venido el reino de Dios a la tierra. Cuando venga el Reino de Dios, se hará lo que Dios dice y quiere para la sociedad humana. Los hombres tendrán que vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, de lo contrario no podrán sobrevivir en su reino, y quedarán excluidos eternamente y… ¡Serán aniquilados para siempre! (Zacarías 14:17)(Salmos 37:9-11,20,22,34,38).            

          Hoy en día los hombres están destruyendo la creación de Dios: Su tierra, Su ecología, Sus mares, Sus lagos, Sus alimentos, Su atmósfera, Su fauna silvestre, Su flora, etc. Hoy existe la “lluvia ácida”, “el efecto invernadero”, los polos se derriten, se presentan graves inundaciones, tornados, huracanes, terremotos, sequías, plagas, enfermedades, etc. Todo esto por culpa del mismo hombre y de su “ciencia”. En Apocalipsis 11:18 hay una seria advertencia de parte del Altísimo, pues cada día estamos provocándole y ofendiéndole con nuestros actos malvados. Dice el mencionado pasaje apocalíptico: “…y tu ira ha venido…y de destruir a los que destruyen la tierra.”

          El reino de Dios pondrá fin a los destructores de la tierra, a todos aquellos que no han amado a Dios y Su creación. Los reinos (gobiernos) de este mundo darán paso al reino de Dios. Este Reino fue también previsto por el profeta Daniel con cierto detalle en los capítulos 2 y 7. Allí el profeta ve que el reino de Dios desplaza y hasta destruye a todos los gobiernos de la tierra, y él se vuelve único y poderoso por sobre toda la tierra. El profeta vislumbra un reino o gobierno que ejerce su poder mundialmente (Daniel 2:44). ¡Habrá solo un gobierno y también un solo gobernante mundial! ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobierno y un solo gobernante? ¡Terminarían las rivalidades y discordias entres los pueblos! Hoy estamos divididos por fronteras, idiomas, religiones, sistemas políticos, sociales y económicos totalmente diferentes unos de otros. En el reino de Dios, todo ello desaparecerá; y habrá, por fin, una religión, un Dios, un idioma, un soberano o gobernante, un solo sistema de gobierno, y todo ello se traducirá en una paz con justicia verdadera en la tierra. Los ejércitos habrán desaparecido por completo (Isaías 2:1-4;9:6,7). 

          Así como los reinos de Inglaterra, Francia, España, Italia, Portugal, etc, ejercieron— y algunos aún ejercen su poder— así también el reino de Dios ejercerá su poder mundial y Teocrático cuando Cristo regrese por segunda vez a la tierra como rey. (Mateo 25:31,34). Parece increíble, pero usted podrá leerlo en una Biblia Católica o Protestante. Y si usted es Católico, entonces tiene que leerlo en su Biblia…¡y creerlo! Esto no es un asunto de “las sectas” sino de Dios.                         

El Patriarca Abraham y el Reino 

          ¿Por qué mencionar a un antiguo patriarca en el tema del reino? Muy simple, pues Abraham recibió una promesa extraordinaria de Dios que daría origen a su reino futuro en la tierra. ¿Cómo? En Génesis 13:14-15 Dios le dice a Abraham lo siguiente: “…Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y hacia el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves la daré a ti y a tu descendencia para siempre”. En Génesis 15:18 Dios le vuelve a decir a Abraham: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates”. 

          Notemos que Dios le hizo un pacto al anciano patriarca Abraham en el sentido que le daría un lugar o una tierra que se encuentra desde el río de Egipto (Nilo) hasta el río grande, el Eufrates. Si uno observa estos límites se dará cuenta que se hallan en el Medio Oriente, en lo que es ahora parte de Siria, Líbano, e Israel Moderno. Ahora adviértase también que esta “Tierra Prometida” sería igualmente para la descendencia o simiente de Abraham. Recordemos que Abraham luego recibió la promesa de Dios de que tendría un hijo de su anciana esposa Sara. Con el tiempo Abraham tuvo su descendiente según la promesa, y se le llamó Isaac. Luego Isaac tuvo su hijo Jacob y Esaú, y de Jacob nacieron 12 hijos, de los cuales uno continuó con la promesa, Judá. Con el correr de los siglos, de la familia de Judá nace Jesucristo.

          Jesucristo, por tanto, es la simiente o descendencia de Abraham. Ahora veamos los que dice San Pablo sobre Abraham y la simiente, Jesucristo. “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: A las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:16,29). Notemos que la simiente de Abraham es una sola: El Señor Jesucristo. Cristo tendrá la herencia de la tierra entera, siendo su residencia permanente, la tierra prometida, Israel. Sí, Jesús será el heredero de la tierra prometida para siempre. Además notemos que los que son de Cristo (Su Iglesia), tendrán también herencia con Cristo de la tierra prometida. Eso lo dice San Pablo, no quien escribe este estudio. Por tanto, si la tierra de Israel será la sede del reino de Cristo, ¿por qué enseña el catolicismo y el protestantismo, en su mayoría, que nuestro paradero final eterno será el cielo?. ¡No lo entendemos aún!

El Rey David y el Reino           

          Dios inauguró su reino con Saúl. Este fue el primer rey de la línea de Judá que reinó en Jerusalén. Desgraciadamente este rey fue infiel a Dios, razón por la cual Dios lo destituyó reemplazándolo por un pastorcito de ovejas llamado David. David tuvo dos hijos importantes, Salomón y Natán. De Salomón desciende José, el esposo de María, madre de Jesús. En cambio María desciende de Natán, lo cual la hace a  ella también descendiente de David. La promesa era que de la descendencia de la mujer (María) nacería la simiente que aplastaría la cabeza a la serpiente, Satanás (Génesis 3:15). Jesús, por tanto, al ser descendiente de Abraham y de David, es el heredero del reino de David que se reestablecerá en la tierra prometida. Recordemos que el reino de David era el Reino de Dios (1 Crónicas 28:5).  Jesús, por tanto, es de sangre azul y heredero potencial de su reino. Pero: ¿Hay un reino judío en Israel hoy? No, ¡por ahora!

          Se sabe que el último rey descendiente de David fue Sedequías, que fue derrocado por el rey babilónico Nabuconodosor en 586 A.C. Sedequías fue un rey desobediente que llevó al pueblo de Dios a la idolatría. Su castigo fue el destierro y el asesinato de todos sus hijos. El pueblo judío fue llevado preso y esclavo a Babilonia por 70 años. Desde esa fecha de 586 a.C, Israel no ha tenido más reyes de la línea de David. Pero Dios había profetizado por intermedio de Ezequiel el profeta, que algún día el reino de David sería restaurado en la persona de un descendiente suyo (Leer Ezequiel 21:25-27). Usted, amigo, debe leer en su Biblia todos los pasajes que le citamos, para que constate la veracidad de nuestras afirmaciones.

          Pero el Apóstol Pedro nos da más luz acerca de quién pueda tratarse ese descendiente del rey David que reanudará la línea real en Israel en un futuro no lejano. Él dijo lo siguiente cuando hizo una apología de Jesucristo en el primer concilio en Jerusalén: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono.” (Hechos 2:29,30). Es claro, entonces, que aquel que tiene el derecho de sentarse en el trono del reino de David—el cual es llamado también: ‘El reino de Dios’— es el Cristo, ¡Jesucristo! Repetimos: El reino de David, que está suspendido en el tiempo, será RESTAURADO EN ISRAEL EN LA PERSONA DE CRISTO. ¡Jesucristo será el nuevo rey en Israel cuando él regrese a la tierra! Así como hay un reino en Jordania hoy, también habrá un reino en Israel pronto. Nada es imposible para Dios, aunque usted no lo crea aún.     

El Gobierno Mundial de Jesucristo

          Jesús dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venida benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31,34).

          Su dominio (el de Jesucristo) será mundial, pues también el profeta David nos dice: “Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra.” (Salmos 72:8). Sí, su poder será total, pues regirá a los pueblos con mano firme y segura, y con la bendición de Dios el Padre (Apocalipsis 2:26,27). Pero, ¿cree usted en este mensaje del cielo?¿Le parece una historieta más?¿Un mito?¿Una Utopía? Muchos se resisten a creer, pues han sido instruidos de manera diferente. La gran mayoría de “cristianos” se les ha hecho creer que si son “buenos” irán al cielo para estar con Dios y todos los santos. A éstos les parece raro que les prediquemos una esperanza terrenal, cuando ya no pueden creen más en las promesas de un “mejor orden económico, político y social en la tierra”. Escapar de este mundo decadente y confuso es la mejor alternativa. Nos ilusiona pensar que estaremos en otra dimensión u otro plano existencial, lo cual estaría bien para los que se drogan. Estos “escapan” temporalmente y artificialmente de los problemas cotidianos, pero luego caer en una mayor desesperación y desilusión. Pero “tocar el arpa” en el cielo por una eternidad igualmente resultaría tedioso y monótono. La promesa de un mundo nuevo y justo eso sí tiene sentido, pues estamos llamados a colaborar con Jesús en la reestructuración de la nueva sociedad que él implantará con su iglesia (2 Pedro 3:13,14; Miqueas 4:1-4).

          Usted puede cambiar su vida y gozar de una magnífica esperanza de vida eterna en el reino de Jesucristo. Sólo tiene que arrepentirse de sus pecados y ser bautizado bajo agua en el nombre de Jesucristo para recibir su sellamiento como hijo de Dios. Luego usted experimentará una nueva vida de fe en Cristo y sus promesas. Su vida tiene propósito si cree en Cristo y en Su Evangelio del Reino (Marcos 1:14,15). Evangelio significa “Buenas Noticias”, de modo que Cristo vino a traernos buenas noticias de un nuevo orden mundial bajo su reino.

           El problema del ser humano es generalmente la falta de fe. Jesús ya había pronosticado que antes de su regreso a la tierra no hallaría fe en él y en su evangelio (Leer Lucas 18:8). Por eso no nos extraña que nuestro anuncio no sea bien recibido por la mayoría de personas. El problema es su falta de fe en las Palabras de Dios. Jesús se topó con muchos hombres faltos de fe en muchas ocasiones. Pero usted puede creer si dispone su corazón a la verdad bíblica.          

EL FUEGO QUE CONSUME

El fuego que consume: Un tema bíblico y un estudio histórico de la doctrina del castigo final por Edward W. Fudge.

Es alentador leer una reseña muy positiva del libro de Fudge, El Fuego que Consume. El libro es una clase de estudio superior completo de lo que la Biblia enseña sobre el destino final de los perdidos, el apoyo a nuestro punto de vista completamente conditionalista.

El libro desafía enérgicamente la visión tradicional del interminable tormento consciente. La segunda edición de El fuego que consume, Fudge ha incluido las respuestas a las más importantes de estas críticas, a menudo en las notas.

A menudo el punto de vista conditionalista es atacado en la base de que es “suave” en el juicio y reduce el incentivo para la evangelización, lo cual es todo lo contrario en realidad.

Fudge habla del significado bíblico del infierno (Inglés):

http://www.edwardfudge.com/TFTC-1.mp3

El sitio del autor (Edward W. Fudge):

http://www.edwardfudge.com/written/fire.html

Por Anthony F. Buzzard

(Traducido por Apologista Sociniano, Mario A Olcese)

Hay una necesidad urgente de que los discípulos de Jesús se aseguren de que han comprendido el sentido del Evangelio que Jesús predicó. Esta blog se dedica a la tarea de ayudar a “ordenar” la gran cantidad de confusión que parece rodear a esta pregunta más básica de todas: “¿Qué es el Evangelio?”

Hay dos cuestiones principales que deben abordarse si hemos de responder con honestidad e inteligencia a la citación expedida por Jesús, cuando inauguró su ministerio de la predicación del Evangelio:

1. ¿Cuál fue el contenido del Evangelio anunciado como el mensaje salvador de Jesús, el pionero de la fe cristiana?

2. ¿Hasta dónde la predicación tradicional ha seguido a Jesús con precisión en este asunto de la definición del Evangelio?

 A la primera pregunta podemos responder de manera inequívoca, porque las pruebas aportadas por los documentos cristianos son muy claras. El Evangelio es un Evangelio acerca del Reino de Dios. Esto es obvio para cualquiera que lea los relatos del ministerio de Jesús. Con este hecho establecido, pasaremos a la cuestión de lo que significa el Reino de Dios en el mandato fundamental de Jesús: “Convertíos [hacer un giro en el pensamiento y la conducta, volver al Pacto], y creed en el Evangelio del Reino de Dios” (Marcos 1:14, 15). Es evidente que no puede haber una respuesta inteligente a Jesús si el “Reino de Dios” no tiene un significado definido para nosotros! El Reino de Dios, dicen muchos comentaristas, no era una frase nebulosa para la audiencia de Jesús, como lo es a menudo hoy en día. Formule a sus amigos la pregunta crítica: “¿Qué es el Evangelio y qué es el Reino de Dios?” Usted puede quedarse sorprendido por una desconcertante variedad de respuestas, muchos de ellas probablemente vagas.

El Reino de Dios anunciado como el contenido del Evangelio no era, sin embargo, un “cajón de sastre” de frases de “religión” o un llamado a la gente a “ser buena”. Por el contrario, tenía un significado preciso y muy concreto en Palestina del primer siglo. A continuación de la Enciclopedia Bíblica Estándar Internacional (artículo “La salvación”) hay una respuesta coherente, de sentido común e históricamente sensible a la pregunta sobre la naturaleza del Reino:

 ”Fue en el calor del avivamiento escatológico [señalando el futuro] de Juan el Bautista que Cristo comenzó a enseñar, y él también inició con la frase escatológica [concerniente con el futuro],« El Reino de Dios está cerca. ‘”

Mateo 3:2, 4:17, 9:35 y 24:14 nos informan que el mensaje del Evangelio de Juan y el mensaje del Evangelio de Jesús fueron fundados sobre una base común: el Reino de Dios. Es un grave error tratar de separar a Jesús de su precursor. Según nuestros informes del Nuevo Testamento, ambos Juan y Jesús anunciaron el Reino de Dios como el Evangelio.

Nuestra fuente en la ISBE continúa: “la enseñanza de Jesús debió haber sido entendido inmediatamente en un sentido escatológico.” El Reino, en otras palabras, significaba el reino del futuro. No era una referencia a un reino presente “en el corazón” o “gobierno de Dios en nuestras vidas”. ISBE continúa: “El Reino de Dios está cerca ‘ tenía la connotación inseparable ‘el Juicio está a la mano’, y en este contexto (Marcos 1:15) significa ‘Arrepentíos para que no seáis juzgados. Por lo tanto la enseñanza de nuestro Señor tenía principalmente un contenido de futuro: positivamente, la admisión en el Reino de Dios [en el futuro próximo] y negativamente la liberación de juicio precedente. “

Confiamos en que este comentario de un diccionario estándar disipe algunos de las nieblas de confusión que rodea a la comprensión actual (o malentendido) del Reino y por lo tanto del Evangelio. El Reino de Dios en verdad significa la venida del día de la intervención en que Dios va a castigar a los malvados y establecer a través de la agencia de su Mesías un nuevo orden en la tierra. No hay absolutamente ninguna duda de que “Reino de Dios” lleva esta connotación en la mente de Jesús y de su audiencia. Jesús no define el Reino de Dios. Él no tenía que hacerlo. Lo nuevo, sin embargo, fue el hecho de que el prometido nuevo orden mundial no llegó a materializarse durante el ministerio de Jesús y nunca desde ese momento se ha realizado. Así, en sus parábolas del Reino, Jesús explicó a sus seguidores cómo el anuncio del Evangelio del Reino futuro opera en la actualidad antes de la llegada del Reino en sí.

El Evangelio del Reino, por lo tanto, es como una invitación a un banquete esplendoroso. El Evangelio invita a todos a prepararse para el gran día. Pero hablar del Reino como si ya ha llegado es contradecir la afirmación de Jesús  de que estaba “a  la mano”, “cerca”, pero que aún no ha llegado. El Reino de Dios es el gran evento del futuro, lo que significa el final de los gobiernos rebeldes de la tierra. Esto no significa el final de la vida en este planeta!

Por lo tanto, Jesús ordena orar por la venida del Reino, y Marcos y Lucas informan que después de que la predicación de Jesús había terminado, y que había sido crucificado y resucitado, los discípulos estaban aún “esperando” el Reino de Dios. Sería un error, por lo tanto, decir que el Reino de Dios, como se refería continuamente Jesús, ya había llegado. Ciertamente podríamos añadir que la predicación del Reino es una anticipación del Reino. Sin embargo, la predicación del Reino no es la llegada del Reino. Una invitación precede al acontecimiento real a la que somos invitados.

97% de las declaraciones de Jesús acerca del reino en los Evangelios encajarán perfectamente en este esquema. Vuelva a leer los evangelios con la noción de un reino futuro firmemente en la mente (como introducida por Mat. 3:2) y el Reino quedará claro como el Nuevo Gobierno Mundial Organizado- reino – que se manifestará abiertamente al regreso de Jesús en el futuro.

La confirmación del hecho básico del evangelio se encuentra en el libro de Daniel. La visión de Daniel sobre el futuro de la historia del mundo es una guía absolutamente indispensable para la comprensión del cristianismo del Nuevo Testamento.

En Daniel 2 se nos presenta una visión extraordinaria de cuatro imperios mundiales destinados a ser destruidos y sustituidos por un quinto imperio Mundial – el Reino de Dios establecido “bajo el cielo” (7:27) por el Dios del Cielo. En la visión del Reino aparece como una “piedra cortada, no con las manos”, que golpea la imagen en su base y luego “llena toda la tierra.” Debemos destacar que este Reino de Dios no tiene nada que ver con un reino “más allá de la cielos”. Su origen es sin duda desde el cielo (Dios), pero su ubicación es territorial y vinculado a la tierra.

Daniel 7 es una clave fundamental para todo el libro de Daniel y se le debe considerar también una especie de “plan maestro” para la historia de la Biblia entera que culmina con la llegada del Reino, el tema principal en el Evangelio de Jesús.

Los estudiantes de las Escrituras no tendrán ninguna dificultad en reconocer que Daniel 7 se describe la carrera, presente y futura, de los Santos. Y de los santos, por lo que el Nuevo Testamento interpreta el término, son los fieles seguidores de Jesús. El santo principal, el Santo, tiene un lugar central en la visión de Daniel 7. Es el Hijo del hombre a quien el Reino futuro se le da (7:13, 14) y ese reino es entonces compartido con “el pueblo de los santos del Altísimo” (los cristianos como el verdadero remanente del pueblo de Dios). Daniel 7:18 pronostica que “llegó el momento de que los santos posean el Reino (nada que ver con los reinos psicológicos del corazón). Una vez más, “la sentencia pasa a favor de los santos” (v. 22). Son reivindicados y promovidos a posiciones de poder como Hijo de Hombre corporativo (Hijo del Hombre refiriéndose en primer lugar a Jesús y luego también a sus seguidores que lo acompañan). En Daniel 7:27 el punto culminante de esta revelación sorprendente anuncia que el “reino bajo el cielo se le dará al pueblo de los santos del Altísimo. Todas las naciones les servirán y obedecerán”. Para esta traducción, véase el RSV, y GNB y  note la importante observación de Driver en Biblia Cambridge para las escuelas:” Es el pueblo de los santos que reciben el Reino y operan como sus ejecutivos”.

Estas dos secciones de la Biblia, Daniel 2:35, 44 y Daniel 7:13, 14, 18, 22, 27, son la clave esencial para el significado de la expresión “Reino de Dios.” El Reino de Dios no es un término inventado de Jesús. Tiene sus raíces en la Biblia hebrea, que Jesús y el Nuevo Testamento tratan como un depósito divino de información esencial de salvación. El mismo Evangelio se basa en el Antiguo Testamento (Ro. 1:16; Gal. 3:8).

Al mandar arrepentimiento y creencia en el Evangelio del Reino (Marcos 1:14, 15) Jesús invita a todos, en todas partes, para comprender el significado del plan salvífico de Dios, tanto para el individuo y el mundo. Arrepentimiento significa apartarse de nuestras violaciones de los caminos de Dios, de nuestros conceptos erróneos de su revelación y abrazar el Evangelio de Dios (Marcos 1:14) que establece la meta de la historia en desarrollo a través de Jesús y que culminará en el Reino de Dios, destinado a reemplazar a los estados-naciones actuales (Apo. 11:15-18) en este planeta renovado.

Por Anthony Buzzard

(Traducido por Mario Olcese. Sí, yo, el mismo ‘Apologista Sociniano’ que viste y calza)

La recompensa de Abraham y nuestra

     Un estudio cuidadoso del libro de Hebreos pone de manifiesto que “el cielo” – lo que significa un lugar más allá de las nubes – no es la recompensa prometida a Abraham y los creyentes cristianos. Si esta proposición parece sorprendente para algunos puede ser porque nos hemos acostumbrado, sin una reflexión detenida, a la idea de que los muertos se les promete un hogar celestial después de la muerte. La tradición nos ha llevado a creer que los muertos van a ser transportados a su nueva residencia en el cielo cuando su vida en la tierra llegue a su fin.

     Si los estudiantes de la Biblia encuentran alguna de esas ideas en las Escrituras es muy posible que ellos estén leyendo en el texto lo que no dice. Pero, ¿qué dice en realidad la Escritura?

     Hebreos 11:8 ofrece la siguiente información: Abraham obedeció a la invitación de Dios al salir a “un lugar que iba a recibir como herencia.” Después vivió en esa tierra prometida como un extranjero (Hebreos 11:9). Fue “en busca de la ciudad que tiene fundamento, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). 

     Siguiendo el texto de cerca nos enteramos de que la herencia prometida a Abraham no era otra que el de la tierra en la que vivió su vida como un extranjero. De que la tierra era, evidentemente, no “el cielo”, sino la actual tierra de Palestina. Isaac y Jacob fueron coherederos de la misma promesa. Así dice Hebreos 11:9.

     Estos famosos patriarcas Abraham, Isaac y Jacob esperaban además, heredar una ciudad (Hebreos 11:14) situada en la tierra de promisión donde habían residido como extranjeros (Hebreos 11:9). Su deseo era por un país mejor y para la ciudad que Dios estaba preparando para ellos (Heb. 11:15).

     Fue por la fe en esas promesas, aún sin explotar, que Isaac bendijo a sus hijos en vista de “las cosas por venir” (Hebreos 11:20) – note cuidadosamente, no las cosas a las que Isaac esperó ir que cuando muriera, sino las cosas que algún día – vendrán a la tierra.

     Los fieles de los tiempos del Antiguo Testamento, murieron sin recibir la herencia de la tierra prometida (Heb. 11:13, 39). Durante su vida persistentemente hacia la recompensa (Hebreos 11:26). Su recompensa se dice expresamente es el lugar en que Abraham viajó durante su vida, y en el que efectivamente se instaló (como extranjero) (Hebreos 11:8, 9).

     Ahora nos damos cuenta de otro paso en el argumento: Hebreos 12:28 lo equipara con la herencia del Reino de Dios, integrado por la ciudad y la tierra prometida: “Por lo tanto, ya que estamos para recibir un reino …” El objeto de la esperanza es, finalmente, descrito como “la ciudad que está por venir” (Hebreos 13:14).

     Una vez más observamos que no es una ciudad a la que nos vamos, sino la ciudad que va a venir a la tierra. Será construido y establecido por Jesús cuando regrese. ¿No había prometido que los mansos “heredarán la tierra”? (Mateo 5:5) (Puede ser la primera vez que han comprendido el significado de esas palabras simples pero sin par!)

Las “cosas” celestiales por Venir

     Si Abraham esperaba una recompensa en un lugar retirado de la tierra, Hebreos 11:8 debe ser pronunciada como engañosa en extremo! El lugar en que Abraham vivió se especifica como la herencia, que estaba destinado a poseer.

     Mantenimiento este hecho crucial firmemente en la mente no hay que malinterpretar las referencias a la ” patria celestial ” y “la Jerusalén celestial” en Hebreos 11:16 y 12:22. Deben estas frases ser tomadas como una contradicción de la promesa anterior de que Abraham estaba esperando poseer la tierra de Palestina? ¿Puede una ” patria celestial” estar en la tierra?

    Hebreos 11:16 habla de la “mejor”, patria “celestial” y el mismo verso define a la patria como una que se está preparando. Pero note cuidadosamente que el versículo 20 habla en el mismo contexto de “las cosas por venir”.

    En este punto debemos tomarnos la molestia de entender el lenguaje bíblico correctamente. Simplemente las cosas “celestiales” que están en preparación son aquellas cosas de la ciudad futura (y tierra) que están destinadas a aparecer en la tierra. Ellas son “celestiales” no porque se encuentran en el cielo, sino porque están siendo preparados por Dios ahora y se manifestarán en la tierra. Serán divinas, porque Dios mismo las proporcionará. Son las cosas por venir, cosas de la edad futura del Reino de Dios en la tierra.

La Jerusalén de arriba

     Pablo había hablado de la “Jerusalén de arriba” como “la madre de todos nosotros” (Gálatas 4:26). Sin embargo, no concluye, como lo hacen muchos, bajo la influencia de la querida tradición, que vamos a ir al cielo para encontrar la ciudad. Por el contrario, como el escritor a los Hebreos, que sabía del Salmo 87:5: “Pero de Sión se dirá:” Este y aquél han nacido en ella. “Un hombre dirá: ‘Sión es mi madre’” (véase la Versión de la Septuaginta Griega del Antiguo Testamento citada a menudo por los escritores del Nuevo Testamento).

    Es ese futuro Sion en la tierra descrito en el Salmo 87:5 que debe ser la madre de todos nosotros. Las cosas celestiales del libro de Hebreos son simplemente las cosas del siglo venidero. Son cosas que se están preparándose en el cielo, listas para ser reveladas en la era venidera del Reino de Dios en la tierra. No es de extrañar que el escritor nos diga claramente: “…el mundo venidero, del cual hablamos” (Hebreos 2:5).

    Para que no olvidemos esta importante lección debemos trazar una línea con un lápiz para conectar la “patria celestial” de Hebreos 11:16 y “las cosas por venir” de Hebreos 11:20. Luego, debemos subrayar en colores brillantes la “ciudad que está por venir” de Hebreos 13:14. Así, podemos aprender que “celestial” no significó para el escritor a los Hebreos, lo que instintivamente puede significar para nosotros.     

     Versículos adicionales nos confirmarán en nuestra creencia de que Abraham y los fieles de todas las edades se les prometió una recompensa en la hermosa tierra renovada del el futuro. “Los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5). “Van a reinar como reyes en la tierra” (Apocalipsis 5:10). ¿Cómo podría alguna vez Abraham heredar “este país en el que la Judíos viven” (Hechos 7:4)? Ahora hay un texto que ha sido silenciado durante demasiado tiempo! “Dios le prometió que le daría a Abraham [la tierra de Palestina]“, aunque durante su vida “Dios no le dio herencia en ella” (Hechos 7:5). Esta es la visión cristiana original claramente expresada por Esteban.

     En verdad el lugar que Abraham iba a recibir como herencia no era otro que el lugar en que vivía como un extranjero. Hasta el día de hoy no ha recibido un metro cuadrado de la misma para llamarla como propia (Hechos 7:5). Él y sus hijos murieron sin recibir las promesas (Hebreos 11:39). Los cristianos deben gozar de la misma esperanza de vida en la tierra, la vida en la Era Venidera, la vida en el Reino de Dios en la tierra. Porque si somos cristianos somos “hijos de Abraham y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

Deberíamos buscar ser creyentes debidamente instruidos, bautizados para la remisión de los pecados, y vivir en preparación para la resurrección de todos los fieles para gobernar con Jesús en el Reino de Dios venidero en este planeta.

Si hay errores en la traducción, cosa que no me quepa la menor duda, les pido mil disculpas… pero recuerden que lo hago con mucho amor para el provecho de cada uno de ustedes…Gracias

JESÚS Y EL FUTURO

Por Richard Hiers

Este es un comentario sumamente interesante sobre el problema fundamental de los sistemas modernos de interpretación de la Biblia que afirman seguir a Jesús.

El profesor Hiers se formó en la Universidad de Yale y enseñó allí después de recibir su doctorado. Ha sido desde 1960 profesor de religión en la Universidad de la Florida. Su punto de vista es que los aspectos judíos del evangelio de Jesús han sido constantemente reprimidos por los teólogos y las iglesias y por lo tanto a menudo ocultos del público. Jesús era de hecho un predicador judío de la venida del Reino de Dios.

El Reino de Dios no es positivamente en las Escrituras el “gobierno de Dios en nuestros corazones ahora.” La Biblia tiene otro lenguaje para describir esa característica de la fe. El Reino de Dios es una especie de palabra clave para describir la espera por la liberación nacional de la tierra de Israel y el comienzo de una nueva era de la historia, incluyendo la paz mundial. Esto debe ocurrir, según  las Buenas Noticias (Evangelio) acerca del Reino de Jesús, cuando él regrese en gloria con todos sus ángeles.

Cuando él regrese, no será el “fin del mundo”, sino, como dice el Nuevo Testamento, el final de esta edad o Era. Una nueva edad o era va a seguir, y este será el Reino de Dios, restablecido en la tierra. Jesús será el primer presidente del mundo con éxito y los santos serán coherederos con él del trono de David (Daniel 2:44, 7:27, Lucas 22:28-30, I Cor. 6:2, II Tim . 2:12, Apocalipsis 3:21, 2:26). Este será el cumplimiento del pacto que Dios prometió desde el principio, que su pueblo estaría eventualmente en el poder en la tierra de Israel con los beneficios que se extienden a todo el mundo. Es por este gran cambio de los asuntos humanos que oramos cuando decimos “Que venga tu reino,” y “Ven, Señor Jesús”.

Las siguientes observaciones del profesor Hiers de su ‘Jesús y el Futuro’ (John Knox Press, 1981) destacan la forma en que esta verdad fundamental sobre el Evangelio del Reino ha sido distorsionada, eclipsado o suprimido por la religión establecida:

“Los intérpretes de la persuasión cristiana normalmente no han estado especialmente interesados en lo que Jesús deseó  y realizó en su propio tiempo” (1).

Los Intérpretes cristianos tienden a suponer que Jesús se dispuso a establecer el tipo de cristianismo que ellos experimentan como familiar y significativa” (1).

“Ha sido menos de un siglo desde que algunos eruditos bíblicos comenzaron a darse cuenta de que el Jesús histórico proclamó algo de primera importancia que es bastante desconocido tanto para el cristianismo moderno o para el pensamiento moderno: el Reino de Dios”. “El Reino que Jesús proclamó fue enteramente futuro. Al responder a su mensaje, sus oyentes no estaban construyendo el Reino en la tierra, sino preparándose para su admisión cuando llegara”.” Cuando llegue todo será transformado en una nueva y espléndida tierra prometida, de hecho un cielo nuevo y tierra nueva en lugar del antiguo”(2).

 “El pequeño libro de Weiss completamente minó la concepción liberal predominante de Jesús como fundador y maestro del Reino como el gobierno de Dios en los corazones de hombres o en las estructuras de sociedad” (2).

“Estos autores [dijo Schweitzer en su búsqueda del Jesús histórico] persistentemente ignoraron o interpretaron mal las principales características de la orientación escatológica de Jesús manifestadas en los evangelios. La mayoría de los escritores desean reclamar el apoyo de Jesús a sus concepciones particulares del cristianismo “(vii). ” Las representaciones modernas de Jesús han sido influenciadas en gran medida por el interés o el punto de vista del escritor” (vii).

“El Jesús escatológico representado en la tradición histórica no es el Jesús de cualquier iglesia o escuela moderna de teología” (ix).

“Los intérpretes ignoraran o reinterpretarn las tradiciones escatológicas y dejan el camino libre para “descubrir” en Jesús, cualquiera sea la figura más afín a su doctrina en particular, ideologías o programas” (x). “El resultado es un Jesús que no es inteligible en su propio tiempo, ni a la comprensión moderna” (x). “Los intérpretes ya han decidido lo que Jesús habría creído” (XI). “Nuestros estudios confirman el lugar central de la orientación futurista y apocalíptica de Jesús en la representación sinóptica de sus creencias y mensaje” (xii). “Los aspectos escatológicos de la predicación y enseñanza de Jesús no son accesorios o periféricos, sino que forman la sustancia o esencia de su mensaje” (xii). “Estamos particularmente poco dispuestos a dar crédito a la sabiduría común que insiste en que la perspectiva de Jesús era necesariamente distinta de la de la comunidad Cristiana,  o del judaísmo apocalíptico”.

“En todos los casos, estos autores [sostiene Schweitzer en Quest] finalmente revelan un deseo de hacer hincapié en las creencias futuristas de Jesús. Los escritores entonces aprovechan cualquier texto que podría ser posiblemente leído para mostrar que de alguna manera Jesús entendió el Reino como una realidad presente, y asegurar a sus lectores que este Reino presente era lo que le importó a él más y que debería importarnos a nosotros más hoy.(9)

“Casi todas las escuelas de acuerdo en que las expectativas del futuro de Jesús, si le permiten estar de pie, sería una vergüenza, si no un desastre, para la fe contemporánea. En consecuencia, los críticos, evidentemente, están dispuestos a leer en la mente de Jesús, todo tipo de modernización de reinterpretaciones “(10).

“Otro procedimiento frecuentemente utilizado por los intérpretes que desean separar a Jesús de las complicaciones de su perspectiva escatológica es la redefinición de “apocalíptica” (10).

“”Los intérpretes en ‘la corriente principal’ de cristianismo y el mundo académico están dispuestos a eliminar, por tanto, a creer a priori que Jesús no podría haber compartido esta visión del mundo bizarro, y descontar todas las pruebas en contrario” (11).

“Es un hecho que el Jesús descrito en las fuentes es y sigue siendo un Jesús judío, escatológico, apocalíptico. Como Schweitzer observó hace unos ochenta años, el Jesús histórico es un extraño y un enigma para el pensamiento moderno. A pesar de los esfuerzos de ‘el nuevo Quest’, ‘la nueva historiografía’ y ‘la nueva hermenéutica’, el histórico, escatológico Jesús no fue el fundador de ninguna escuela de teología moderna” (113).

“Writers candidly acknowledge and review synoptic traditions indicating Jesus’s futuristic eschatological beliefs, but then turn to the few passages that can be construed to mean that he thought the Kingdom somehow present and finally conclude by suggesting that only this latter belief is important for modern faith” (15).

«Los escritores reconocen con franqueza y revisan las tradiciones sinópticas indicando las creencias futuristas escatológicas de Jesús, pero luego se vuelve a los pocos pasajes que pueden interpretarse en el sentido de que pensaba que el Reino de algún modo estaba presente y, finalmente, se sugiere que sólo esta última creencia es importante para la fe moderna” (15).

“Ellos ‘sueltan’ el sentido de Jesús y su mensaje de los conceptos desafortunados que — parecería por otra parte — él compartió con el Judaísmo apocalíptico” (17).

“Muchos intérpretes, evidentemente, asumen que el fin de rescatar la ética de Jesús se debe negar su escatología” (59). “El ministerio o de toda la actividad pública de Jesús está dirigida a la preparación de su pueblo a la venida del Reino” (77).

“A medida que el cristianismo se puso más cómodo en el mundo del pensamiento griego, la esperanza para la reunión con Cristo en la mesa en el Reino de Dios se hizo menos inteligible, ya que la vida eterna (salvación) fue concebida fundamentalmente como una vida en un reino inmaterial o simplemente como un modo de existencia en el cielo. Es comprensible que los pasajes del Nuevo Testamento que brindaron la promesa o la esperanza de comer y beber en la mesa del Reino de Dios pasaron en silencio al olvido, o bien, fueron sujetados a re- intepretaciones alegóricas o espirituales” (88).

“Puesto que Jesús – en el punto de vista de la teología tradicional – era un cristiano, no un Judio, parece lógico suponer que se habría descartado las ideas tan judías como un reino o  mundo físico en favor de los significados espirituales o de otro mundo” (16).

“Ambas escuelas han actuado como si fuera necesario prescindir del Jesús escatológico al fin de preservar el cristianismo que cada uno conoce. Sin embargo, ambas escuelas desean disfrutar de la sensación de seguridad inherente en el supuesto de que sus respectivas posiciones teológicas correspondían más o menos con precisión a lo que Jesús tenía en mente. Comprensiblemente, ninguna de las dos escuelas se han apresurado a reconocer que el Jesús retratado sólo en los evangelios sinópticos es el extraño, Jesús escatológico “(99).

“Jesús esperó que en la venida del Reino de Dios, él y sus seguidores, junto con otras personas justas, se sentarían a la mesa del reino para comer y beber. Esta expectativa no es compartida por muchos cristianos en el siglo 20. No ha sido una parte importante de la cosmovisión cristiana durante varios siglos. En general, los estudiosos del NT amablemente se han limitado de insistir en este aspecto del mensaje y perspectiva de Jesús. En general, los pasajes sinópticos donde esta expectativa está en evidencia son simplemente ignorados. De vez en cuando un intérprete reconoce la existencia de ciertos pasajes, pero sugiere que estas ideas deben ser tratadas como los vestigios de la creencia judía, o como glosas posteriores por los editores o los transmisores de la tradición. Que tales ideas en realidad podrían haber sido parte de la comprensión y la proclamación de Jesús a sus contemporáneos, son raramente consideradas. Los intérpretes a veces reconocen que Jesús pudo haber hecho esas declaraciones, pero luego explican que lo hizo con la intención de simbolizar algo más que las ideas aparentemente literales y materialistas representadas “(72).

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El mismo estudio en inglés (en caso de que algo no hayan comprendido de mi traducción)

Richard Hiers: Jesus and the Future

This is an extraordinarily interesting commentary on the fundamental problem of modern systems of Bible interpretation making the claim to be following Jesus.

Professor Hiers was trained at Yale University and taught there after receiving his doctorate. He has been since 1960 professor of religion at the University of Florida. His point of view is that the Jewish aspects of Jesus’ gospel have been constantly suppressed by theologians and churches and thus often hidden from the public. Jesus was in fact a Jewish preacher of the coming Kingdom of God. The Kingdom of God is positively not in Scripture the “rule of God in our hearts now.” The Bible has other language to describe that feature of the faith. The Kingdom of God is a kind of code word to describe the hoped-for national liberation of the land of Israel and the beginning of a brand new era of history, including worldwide peace. This is to occur, according to Jesus’ Good News (Gospel) about the Kingdom, when Jesus comes back.

When he returns it will not be the “end of the world” but, as the New Testament says, the end of this age. A new age or era will follow, and this will be the Kingdom of God reestablished on earth. Jesus will be the first successful world president and the saints will be co-heirs with him of the throne of David (Dan. 2:44; 7:27; Luke 22:28-30; I Cor. 6:2, II Tim. 2:12; Rev. 3:21; 2:26). This will be the fulfillment of the covenant God promised from the beginning, that His people would eventually be in power in the land of Israel with benefits extending to the whole world. It is for this great reversal of human affairs which we pray when we say “May your Kingdom come,” and “Come, Lord Jesus.”

The following observations of Professor Hiers from his Jesus and the Future (John Knox Press, 1981) underline the way in which this fundamental truth about the Gospel of the Kingdom has been distorted, eclipsed or suppressed by established religion:

“Interpreters of Christian persuasion have ordinarily not been especially interested in what Jesus intended and did in his own time” (1).

“Christian interpreters tend to suppose that Jesus set out to establish the kind of Christianity they experience as familiar and meaningful” (1).

“It has been less than a century since a few biblical scholars first began to realize that the historical Jesus proclaimed as of first importance something quite unfamiliar either to modern Christianity or to modern thought: the Kingdom of God.” “The Kingdom Jesus proclaimed was entirely future. By responding to his message, his hearers were not building the Kingdom on earth but preparing themselves for admission to it when it comes.” “When it came all would be transformed into a new and splendid promised land, indeed a new heaven and new earth in place of the old” (2).

“Weiss’s little book completely undermined the prevailing liberal conception of Jesus as founder and teacher of the Kingdom as God’s rule in the hearts of men or the structures of society” (2).

“These authors [said Schweitzer in his Quest for the Historical Jesus] persistently ignored or interpreted away the main features of Jesus’s eschatological orientation evidenced in the gospels. Most of the writers wished to claim Jesus’s support for their particular conceptions of Christianity” (vii). “Modern portrayals of Jesus have been influenced to a great extent by the interest or perspective of the writer” (vii).

“The eschatological Jesus depicted in the historical tradition is not the Jesus of any modern church or school of theology” (ix).

“Interpreters ignore or reinterpret the eschatological traditions and they leave the way clear to ‘discover’ in Jesus whatever figure is most congenial to their particular doctrine, ideologies or programs” (x). “The result is a Jesus who is intelligible neither in his own time nor to modern understanding” (x). “Interpreters have already decided what Jesus should have believed” (xi). “Our studies confirm the central place of Jesus’s futuristic and apocalyptic orientation in the synoptic representation of his beliefs and message” (xii). “The eschatological aspects of Jesus’s preaching and teaching are not merely incidental or peripheral, but form the substance or core of his message” (xii). “We are particularly disinclined to credit the common wisdom which insists that Jesus’s perspective was necessarily distinct from that of either the early Christian community or apocalyptic Judaism.”

“In every case these authors [argues Schweitzer in Quest] finally reveal a desire to de-emphasize Jesus’s futuristic beliefs. The writers then seize upon any texts that might possibly be read to show that somehow Jesus understood the Kingdom as a present reality, and assure their readers that this present Kingdom was what mattered most to him and should matter most to ‘us’ today” (9).

“Nearly all schools agreed that Jesus’s futuristic expectations, if permitted to stand, would be an embarrassment, if not a disaster, for contemporary faith. Consequently, critics evidently are willing to read into Jesus’s mind all sorts of modernizing reinterpretations” (10).

“Another procedure frequently used by interpreters who wish to disentangle Jesus from the complications of his eschatological perspective is to redefine ‘apocalypticism’” (10).

“Interpreters in the ‘mainstream’ of Christianity and academe are disposed, therefore, to believe a priori that Jesus could not have shared such a bizarre worldview, and to discount all evidence to the contrary” (11).

“It is a fact that the Jesus depicted in the sources is and remains the Jewish, eschatological, apocalyptic Jesus. As Schweitzer observed some eighty years ago, the historical Jesus is a stranger and an enigma to modern thought. Despite the best efforts of ‘the new Quest,’ ‘the new historiography’ and ‘the new hermeneutic,’ the historical, eschatological Jesus was not the founder of any school of modern theology” (113).

“Writers candidly acknowledge and review synoptic traditions indicating Jesus’s futuristic eschatological beliefs, but then turn to the few passages that can be construed to mean that he thought the Kingdom somehow present and finally conclude by suggesting that only this latter belief is important for modern faith” (15).

“They ‘disengage’ the meaning of Jesus and his message from the unfortunate concepts which — it would otherwise appear — he shared with apocalyptic Judaism” (17).

“Many interpreters evidently assume that in order to salvage Jesus’s ethics they must deny his eschatology” (59). “Jesus’s entire ministry or public activity was directed to the preparation of his people to the coming Kingdom” (77).

“As Christianity became more at home in the world of Greek thought, the hope for reunion at table in the Kingdom of God became less intelligible, for the fulfilled life of salvation was conceptualized primarily as a nonmaterial realm or mode of existence. Understandably, the NT passages that gave promise to the hope for eating and drinking in the Kingdom of God were increasingly passed over in silence, or else subjected to allegorical or ‘spiritual’ reinterpretations” (88).

“Since Jesus — in the view of traditional theology — was a Christian, not a Jew, it seems natural to suppose that he would have discarded such Jewish ideas as a physical or worldly kingdom in favor of spiritual or otherworldly meanings” (16).

“Both schools have proceeded as if it were necessary to dispense with the eschatological Jesus in order to preserve the Christianity each knows. Yet both schools wished to enjoy the sense of security inherent in the assumption that their respective theological positions corresponded more or less precisely to what Jesus had in mind. Understandably, neither school has been quick to recognize that the only Jesus portrayed in the synoptic gospels is the strange, eschatological Jesus” (99).

“Jesus expected that in the coming Kingdom of God he and his followers, together with other righteous persons, would sit at table eating and drinking. This expectation is not shared by many Christians in the 20th century. It has not been a significant part of the Christian world-view for several centuries. On the whole, NT scholars obligingly have restrained from emphasizing this aspect of Jesus’s message and outlook. In general the synoptic passages where this expectation is in evidence are simply ignored. Occasionally an interpreter acknowledges the existence of certain passages, but then suggests that such ideas should be treated as vestiges of Jewish belief or as later glosses by transmitters or editors of the tradition. That such ideas might actually have been part of Jesus’s understanding and proclamation to his contemporaries is seldom considered. Interpreters sometimes concede that Jesus may have made such statements, but then go on to explain that he did so intending to symbolize something other than the literal and materialistic ideas seemingly represented” (72).

 ¡La Verdad Ignorada por Muchos! 

Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

Millones de cristianos se han bautizado sin estar seguros de lo que la Biblia espera que crean primero antes de recibir ese “sacramento”. Los predicadores generalmente presentan a Jesús como “el suficiente salvador personal” (una terminología ajena a la Escrituras) y luego, después de un periodo de “instrucción”,  el pastor bautiza al “creyente” para que sea miembro de la denominación. Sin embargo, y pese a estos esfuerzos por “convertir” a los incrédulos, creemos que son muy pocas las personas que se han detenido a inquirir acerca de lo que puntualmente creyeron los primeros cristianos antes de ser bautizados. ¡Usted se sorprenderá al descubrir la simple verdad!

Jesús, su Mensaje Salvador, y el bautismo

En Marcos 1:1,14,15 Jesús es visto inaugurando su ministerio de tres y medio años con estas declaraciones: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Aquí vemos que Jesús inicia su ministerio anunciando el evangelio del reino de Dios, tal como lo reveló él en Lucas 4:43: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.”

Estimados amigos, el reino de Dios—el evangelio original— era el encargo (Las Buenas Noticias) de Dios para la humanidad proclamado por Jesucristo, el Mensajero. Esta Buena Nueva fue la razón por la que Jesús vino al mundo hace dos milenios…¡Y él mismo lo dijo sin tapujos! (Luc. 4:43)— Jesús después dice que su mensaje debe ser creído, y luego de haberlo creído, proceder al bautismo. Así lo mandó Jesús con estas palabras: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere (¿en qué? ¡En el evangelio del reino, según Marcos 1:14,15!) y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. Entonces aquí está la razón para el bautismo bíblico, que habiendo creído en el reino de Dios (el evangelio) poder participar (“viendo y entrando”) en él, por medio de “nacer de nuevo” por agua y espíritu (Véase Juan 3;3,5). ¿Entienden ahora? Pero, ¿cuántos hombres son bautizados hoy sin entender ni un ápice lo que es el reino de Dios? Sólo pregúntese a usted mismo si realmente usted oyó, entendió y creyó en el evangelio del reino antes de su bautismo, y hágale esa misma pregunta a cualquier hermano de su iglesia, y con seguridad ninguno le dirá que se bautizó cuando creyó en el evangelio del reino de Dios. Es más, pocos o ninguno saben qué es exactamente dicho único y prístino evangelio del Señor Jesucristo llamado el Reino de Dios.

Felipe y sus Bautizados 

Es interesante leer sobre el ministerio de Felipe en Hechos 8:12, 13 y que dice: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón (el mago) mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito”. Noten ustedes, hermanos, que aquellos discípulos de Felipe fueron bautizados por él cuando  creyeron, ¿en qué? ¡en el anuncio del evangelio del reino de Dios y en el nombre de Jesús! Así que sí los discípulos de Felipe se bautizaron creyendo en Jesús y en su evangelio del reino. Entonces, ¿por qué millones de cristianos se bautizan hoy “creyendo” sólo en Cristo sin creer al mismo tiempo en su reino?¿Por qué se les ha ocultado el reino de Dios? No será que Satanás está detrás de este error?¿No dice Pablo de Satanás que “…el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo (la gloria y reino son sinónimos—comparar Mateo 20:21 y Marcos 10:37) el cual es la imagen de Dios”. Sí, el enemigo obscurece la mente de los incrédulos (¡Hay muchos cristianos gentiles incrédulos que suponen que le reino de Dios no es para ellos sino sólo para los Judíos!) para que no entiendan el evangelio del reino de Cristo, y así no se salven.

Cristo y Su Reino: la razón para Ser Cristianos Consagrados 

No hay mayor honor que ser embajadores de Cristo. Ahora bien, los cristianos son embajadores de un Rey, y esto implica un reino, un territorio, y una dinastía real. Muchos no parecen entender que somos embajadores de un rey y su reino, y no simplemente de un rey y un cielo etéreos. Pablo dijo ser un embajador en cadenas (Efesios 6:20), porque por causa del reino (que era la esperanza de Israel, ver Hechos 1:6) dijo él, estaba en cadenas: “Así que por esta causa (¿Cuál causa?)os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel (el reino, Hechos 1:6) estoy sujeto con esta cadena” (Hechos 28:20).

Véase además en los versos que siguen sobre la predicación del reino de Pablo y que lo tenía en cadenas: “Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (vs. 23,30,31).

De modo que Pablo, como nosotros, era embajador del reino de Dios ante los judíos y los gentiles por igual. El predicó el mismo evangelio que su Señor predicó antes que él. En Hebreos 2:3 Pablo dice: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande (a través de Cristo y su evangelio del reino) La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron”. Así que el reino de Dios fue anunciado primeramente por Jesucristo, pero continuado por los que oyeron, es decir, los apóstoles, y los discípulos de éstos. Este mensaje equivale a la gran salvación reservada para los que lo creen con todo su corazón.

Dios los bendiga,

Apologista

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Por Anthony F. Buzzard

“Evangelio”"1. La buena nueva del Reino de Dios anunciado por Jesucristo al mundo. El cuerpo de doctrina religiosa enseñada por Jesucristo y sus Apóstoles. La religión cristiana, la revelación cristiana.

2. Identificados por los protestantes con su propio sistema de creencias en oposición al sistema perverso de la creencia imputada por ellos a sus adversarios, también se aplica por los puritanos y los evangélicos como la moderna doctrina de la salvación sólo a través de la confianza en el mérito del sacrificio de Cristo”.

La primera definición representa el claro lenguaje de Jesús según Mateo, Marcos y Lucas. La segunda definición es una reducción drástica del Evangelio a sólo uno de sus componentes, la muerte de Jesús. El fundamento del Evangelio, así como su ámbito de aplicación, está definido por Jesús como “el evangelio del reino de Dios” (Lucas 4:43). Jesús se presenta para la propagación de este Evangelio como la razón de toda su misión salvadora: “Estoy bajo presión divina de predicar el Evangelio acerca del Reino de Dios… Esa es la razón por la cual fui comisionado” (Lucas 4:43). Hay 13 capítulos de Mateo (3-15), 7 capítulos de Marcos (1-7), 5 capítulos de Lucas (4-8), sumando un total de 25 capítulos, que registran la predicación del Evangelio tal como Jesús lo ha realizado, en el que hay no hay ni una sola mención de su muerte de sacrificio o su resurrección al tercer día. Jesús “predicó el Evangelio” y envió a predicar a otros lo mismo, sin la inclusión de los datos sobre su muerte y resurrección (que se añadieron más tarde). Esto debe demostrarnos que el Evangelio cristiano de la salvación no es un mensaje acerca de confiar únicamente en el  mérito del sacrificio de Cristo. Hay un elemento más fundamental del Evangelio, y es llamado por Jesús (y los escritores de los Evangelios) “el Evangelio acerca del Reino de Dios.” Jesús inauguró su ministerio mandando a creer en el Evangelio del Reino como la base de la fe salvadora (Marcos 1:14, 15). En la parábola del sembrador, él hace del arrepentimiento y la fe en el Evangelio del Reino el requisito esencial para el verdadero discipulado: “Cuando alguno oye la palabra [Evangelio] acerca del reino [Mat. 13:19] viene el diablo y arrebata la palabra que se ha sembrado en su corazón, para que no lo pueda creer y ser salvo”(Lucas 8:12; ver Marcos 4:11, 12). El vínculo entre la creencia del evangelio del Reino y la salvación es inconfundible. Esto es simplemente una confirmación de la base de la fe salvadora enseñada desde el principio por Jesús cuando ordena: “El Reino de Dios está cerca: arrepentíos y creed en el Evangelio [del Reino]” (Marcos 1:14, 15). “Cree el Evangelio del Reino” es el primer y más fundamental mandamiento de Jesús (junto con su insistencia en la creencia en el Dios único de su herencia judía – Marcos 12:29 y sig.).

Incluso cuando Jesús presentó a sus discípulos los cuales ya habían estado predicando el Evangelio (el reino)— los hechos acerca de su muerte en sacrificio por los pecados y su resurrección, ellos no entendieron esos hechos. Tan tarde como en Lucas 18:31-34, cuando Jesús hizo una tercera declaración de su inminente muerte y resurrección, los apóstoles no entendían lo que eso significaba. Los hechos nos muestran que no hay menos de 17 capítulos de Mateo (3-19), 9 capítulos de Marcos (1-9), 14 capítulos de Lucas (4-17) – Un total de 40 capítulos – que reportan la predicación del evangelio del reino de Jesús y sus discípulos, en los cuales no hay un primer anuncio dela muerte de Jesús y su resurrección; y más tarde, cuando es anunciada su muerte, persiste una total incomprensión de su significado. Estos datos deben demostrar a la persona de de mente abierta que la definición del Evangelio como “la confianza en la muerte meritoria de Jesús” (definición del punto 2, arriba) es insuficiente como reflejo del evangelio de la Biblia. Los hechos demandan una definición bíblica del Evangelio que contenga como elemento más fundamental y permanente: “Las buenas noticias acerca del Reino de Dios”, y en segundo lugar los hechos asociados con la muerte y resurrección de Jesús. Las definiciones dadas anteriormente, por lo tanto, describen perfectamente la definición bíblica del Evangelio prístino. La primera (1, arriba) describe exactamente los hechos de los Evangelios: El evangelio exige una comprensión y fe inteligente en la Buena Noticia (Evangelio) acerca del Reino de Dios (incluyendo la información acerca de la muerte salvífica de Jesús y la resurrección). La segunda definición (2, arriba) es ciertamente una versión reducida del Evangelio presentado por los evangélicos: Su Evangelio ha sido reducido sólo a la cuestión de la muerte y resurrección de Jesús, sin la inclusión de todo el contenido del Evangelio que menciona el reino. Dado que el Evangelio es sinónimo de la fe cristiana, y con el cristianismo mismo, cualquier pérdida del contenido del Evangelio implica un ataque a Jesús y su obra de salvación. La pérdida del Reino de Dios como el primer elemento en el Evangelio que Jesús predicó es un asunto que debe llamarnos la atención urgentemente, a todos los que amamos la Biblia de verdad.

La ausencia del componente principal del Reino de Dios en el Evangelio predicado en la actualidad queda demostrada por la ausencia total de la frase “Evangelio del reino” en la predicación evangélica y en los escritos actuales de las iglesias”.

Otras frases ambiguas o poco precisas han sido sustituidas, como “el Evangelio de Cristo” (¿Es este “el Evangelio de Cristo” o “el Evangelio que Jesús predicó?),” El Evangelio de la gracia de Dios”, y así sucesivamente. Estas otras frases son en realidad títulos bíblicos alternativos para el Evangelio, y en un contexto en el que el público ya sabía que el Evangelio era acerca el Reino de Dios, ellas pierden su ambigüedad. Sin embargo, puesto que el Evangelio del Reino ha estado tanto tiempo fuera de circulación, las frases alternativas se vuelven confusas, ya que tienden a confundir a la audiencia en la creencia errónea de que el Evangelio es la muerte y resurrección de Jesús solamente. Si alguien sostiene de que Pablo redujo el Evangelio a los hechos sobre la muerte y resurrección de Jesús solamente, nuestra respuesta sería la siguiente: 1) Si Pablo realmente no predicó el Evangelio del Reino, entonces él estaba violando la Gran Comisión por la cual Jesús había encargado la predicación a todas las naciones de las enseñanzas exactas que él mismo había dado (Mt. 28:19, 20). 2) De acuerdo a la información cuidadosa de Lucas, Pablo de hecho siempre predicó “el evangelio del reino de Dios” (Hechos 19:8, 20:25, 28:23, 31), y por tanto, no limitó su Evangelio solamente a los hechos sobre la muerte y resurrección de Jesús. 3) Pablo en 1 Corintios 15:1-3 declara que la muerte y resurrección de Jesús fue “entre los asuntos de primera importancia” en el Evangelio. Él no dijo que constituían todo el Evangelio. En el mismo capítulo se asume que el público entiende el término Reino de Dios, y él utiliza el término característico como el Reino que no puede ser heredado por una persona humana en su constitución actual (“carne y sangre”), pero se puede entrar/heredar sólo en la futura resurrección, cuando Jesús vuelva a establecer el Reino de Dios en la tierra (1 Cor. 15:50-52). 4) Pablo identifica el Evangelio como la tradición que había recibido de otros (1 Cor.15:3) y como “la palabra de fe que predicamos” (Romanos 10:8). Es un Evangelio sostenido en común por los apóstoles y evangelistas. Como confirmación de este Evangelio, encontramos en Hechos 8:12 que Felipe instó a la creencia en el “Evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo.” Justo al final de su carrera, que él resumió en Mileto como “la proclamación del Evangelio del Reino” (Hechos 20:25), Pablo predicó tenazmente el mismo Evangelio del Reino modelado por la evangelización de Jesús: Convertirse en cristiano significa ser “persuadido por el Reino de Dios y Jesús” (Hechos 28 : 23, 24, CP. Hechos 8:12). Y Pablo es visto por última vez en Hechos llevando a cabo un ministerio de larga duración en Roma como evangelista de la causa del Reino de Dios, el corazón del Evangelio que Jesús había predicado (Hechos 28:30, 31). Tan agudo es Lucas para demostrar que Pablo siguió perfectamente al maestro en su declaración pública del Evangelio, que él informa la actividad característica de Pablo de la siguiente manera: “Y Pablo recibía a todos los que acudían a él, proclamando el Evangelio del Reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesús Mesías, con toda apertura, y sin trabas” (Hechos 28:30, 31). De Jesús, Lucas refiere: “Jesús recibió a la multitud y comenzó a hablar con ellos sobre el Reino de Dios” (Lucas 9:11). Lucas tuvo el privilegio único de escribir más del Nuevo Testamento que cualquier otro escritor, y sólo él informa de los progresos de la fe cristiana, tanto antes como después de la cruz. Lucas documenta el trabajo del Jesús histórico, como predicador del Evangelio acerca del Reino e informa que el Jesús resucitado continuó proclamando  el mismo Evangelio del Reino a sus discípulos por espacio de 40 días más hasta volver al cielo (Hechos 1:3).

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Por Anthony Buzzard

La pregunta más importante de todos los hombres– “¿Cómo puedo ser salvo?”– recibe una respuesta distinta a la tradicional en la enseñanza de Jesús.

Jesús estaba en una misión para salvar al mundo. Pero ¿cuáles son las condiciones para la entrada en el reino de la salvación? El público ha sido atrapado en una manera falsa de pensar cuando se dice que la clave para la salvación es “Creer que eres es un pecador, creer que Jesús murió por tus pecados, y confíar en Jesús para el perdón.” Basados en unos versos tomados del libro a los Romanos, este método puede parecer plausible. El problema es que se ignoran las palabras de Jesús acerca de cómo ser salvo. La lección número uno en el proceso de salvación es escuchar primero a Jesús. En Marcos 4:11,12 Jesús reveló el secreto: “A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados”.

Mateo registra la misma enseñanza: “viene Satanás y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos por temor a que ellos puedan creer y ser salvos.” El conocimiento de los secretos del Reino de Dios es el pasaporte a la salvación. El perdón, según Jesús, está condicionado a la comprensión del “secreto del Reino de Dios”. “Para ustedes [los discípulos], el secreto del Reino de Dios ha sido dado”, pero no a los que están fuera del círculo cristiano: “De lo contrario, podrían volverse a Dios y ser perdonados “(Marcos 4:12, ORC). La predicación cristiana en el Nuevo Testamento, por tanto, presenta constantemente ante el público en general, no sólo los hechos sobre la muerte y resurrección de Jesús, sino también el indispensable Evangelio que nos habla del Reino de Dios. La recepción del Evangelio del Reino, el corazón del programa salvífico de Jesús, es la condición de salvación, según Jesús. Sin esta información, la “contraseña” que nos lleva de la muerte a la vida, no hay vuelta a Dios y, por consiguiente, no hay perdón (Marcos 4:11, 12). Jesús hizo fundamental este punto constantemente: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene la vida del siglo venidero, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a la vida” (Juan 5:24) .

Fuente:

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LA HISTORIA DE LOS SAMARITANOS

Los samaritanos durante más de 2.700 años han vivido al margen del mundo.

Han sido perseguidos, masacrados y vendidos como esclavos por no renegar de su fe y mantenerse fieles a sus reglas y tradiciones. Hoy, con una población de unos 700 individuos vive entre Palestina e Israel . Está amenazada por la endogamia, los samaritanos buscan en el monte Gerizim, su montaña sagrada, la fuerza para seguir adelante.

Esta historia, que se inicia en un lugar y en una época muy alejados del presente, es la de un antiguo pueblo que ha sobrevivido desde los tiempos del viejo reino de Israel –allá por el año 500 antes de Cristo–, conservando su fe y permaneciendo unido contra todas las adversidades. Éste es un impresionante relato sobre la tribu de los samaritanos, un minúsculo grupo étnico, la mitad de cuya población vive en una aislada montaña frente a la ciudad palestina de Nablús, mientras que la otra mitad vive en el centro del Estado de Israel . Una vez al año, los miembros de la tribu perdida se reúnen en la cumbre del monte Gerizim, su lugar sagrado, para rezar y celebrar un antiquísimo sacrificio ritual donde se venera la fiesta de la Pascua.

Aún puedo recordar con absoluta claridad mi primera visita a Kiryat Luza, el lugar donde se encuentra ubicado el asentamiento samaritano. Trabajaba en un proyecto fotográfico sobre las distintas culturas existentes en Israel. Abandoné Tel Aviv antes del amanecer y conduje en dirección este. Según me iba alejando de la gran ciudad, con su silueta de luces parpadeantes, las franjas de tierra aparecían ante mis ojos cada vez más anchas. Hacia la media hora de trayecto atravesé el primer puesto de control de la Fuerzas de Defensa de Israel, indicativo claro de que me disponía a entrar en Samaria, la franja occidental del río Jordán. Me encontraba en el corazón mismo de una zona montañosa donde predomina una vegetación salvaje.

A ambos lados de la carretera, los granjeros palestinos cultivan su tierra. La carretera subía serpenteando hasta la cumbre de una elevada montaña. Avancé hasta lo más alto, allí donde un pequeño letrero me indicó que había alcanzado mi destino: Shomronim (Samaritanos). Estaba a punto de entrar en contacto con una cultura única, tanto desde un punto de vista étnico como religioso, un pueblo que había sobrevivido los últimos 2.700 años a todo tipo de ataques, incluidos terribles persecuciones a causa de su fe.  

Historia de los samaritanos

Existe una gran controversia respecto a los orígenes de los samaritanos. A la muerte del rey Salomón, en el 977 a. C. se produce el gran cisma del pueblo de Israel. Tan sólo las tribus de Judá y Benjamín deciden permanecer fieles a la dinastía del rey David, creando el llamado reino de Judá, con Jerusalén como capital. Las otras diez tribus restantes formarían el reino de Israel, siendo su capital Samaria (Shomrón). Una corriente de pensamiento, propugnada por distintos investigadores del pueblo de Israel, sostiene que los samaritanos provienen precisamente de dos de las tribus del reino de Israel, las de Efraín y Manasés, pero que no se dispersaron junto al resto de las tribus tras la conquista asiria y su posterior exilio por todo el imperio en 722 a. C. Sin embargo, existe otra corriente de pensamiento que afirma que los samaritanos no forman parte de las tribus de Israel, sino que fueron conducidos hasta allí por los asirios para repoblar la zona en torno al año 800 a. C.

Estos nuevos habitantes, idólatras en origen, se mezclaron con los israelitas que no habían marchado al exilio. Juntos constituyeron una comunidad que no era ni pagana ni judía: los samaritanos. A los miembros de esta comunidad también se les denomina cuteos, dado que su origen se ubicaba en un lugar llamado Cut o Cuta, en las proximidades de Babilonia. Según parece, esta nueva población terminaría aceptando la Torá, la ley de Israel, pero sin integrarse realmente con el pueblo judío . Es bastante posible que la verdad del origen del pueblo samaritano se encuentre a medio camino entre ambas teorías.

Hacia el 540 a. C., las tribus de Israel regresaron a su tierra tras la conquista de Babilonia por parte de Ciro. Sin embargo, una vez allí, consideraron a los samaritanos un pueblo extranjero, rechazando incluso su ayuda para la reconstrucción del Templo de Jerusalén y dando comienzo a un enfrentamiento entre ambas comunidades que se extenderá a lo largo de los siglos. Tras años de vida nómada , los samaritanos elaboraron una fe basada en la Torá judía, pero sustancialmente diferente: se consideran hijos de Israel y guardianes de la auténtica Torá, de ahí que el término shomrim (guardián) aluda a su condición de garantes de la verdadera tradición de la ley que el Señor entregó a Moisés, y el reconocimiento de éste como su único profeta. Su religión se asienta sobre cuatro principios básicos: un sólo Dios, un único profeta, Moisés, la creencia en los libros del Pentateuco y la existencia de un lugar sagrado, el monte Gerizim, la casa de Dios. Los samaritanos se reconocen por tanto como parte del pueblo hebreo, pero no del pueblo judío.

La endogamia en los samaritanos

Durante generaciones, la tierra de Israel fue gobernada por diferentes imperios (romano, bizantino…) y los samaritanos, que llegaron a tener una población de más de cuatro millones de personas en el año 400 de la era cristiana, fueron perseguidos, masacrados y vendidos como esclavos por rehusar convertirse a la religión dominante. En el siglo XII, su número se redujo a unos 2.000 individuos y, en 1919, se estima que eran menos de 150. Cuando fue proclamado el Estado de Israel , en 1948, tan sólo quedaban 200.  

El tamaño tan reducido de la población samaritana, su endogamia y el tradicional rechazo a aceptar conversos ha acabado provocando graves enfermedades genéticas en la comunidad, que a punto han estado de acabar con ella. Para combatir ese problema, en las últimas décadas los sacerdotes han autorizado a los hombres a casarse con mujeres judías, a condición de que éstas acepten las costumbres samaritanas, salvándoles así de una segura desaparición. En la actualidad, los samaritanos son unos 700 individuos. Habitan principalmente en dos lugares: Kiryat Luza, situado frente a la ciudad palestina de Nablús, y en Jolón, un asentamiento creado en 1954 por el que fuera segundo presidente del estado judío, Yitzjak Ben-Zvi, y situado en el centro de Israel. La mitad de la comunidad está considerada como residente en el territorio de la Autoridad Palestina y sus miembros hablan árabe en lugar de hebreo, mientras que la otra mitad tiene carné de identidad israelí y habla hebreo como lengua nativa. Aunque tradicionalmente los samaritanos se han mantenido al margen del conflicto palestino-israelí, en la actualidad la tendencia parece cambiar ya que los residentes de Kiryat Luza se sienten obligados a apoyar a los palestinos, mientras que los samaritanos del lado israelí, por su parte, sienten la necesidad de mostrar su lealtad al Estado de Israel, enrolándose muchos de ellos en las fuerzas armadas israelíes. Con ello, su visión política hasta ahora siempre ha estado del lado del que domina el monte: otomanos, británicos, jordanos (tras la guerra de 1948 los montes de Samaria quedaron bajo control jordano), israelíes… y quién sabe si quizá mañana, palestinos.

El Buen samaritano

Al amanecer,  me encuentro a la entrada del asentamiento samaritano de Kiryat Luza. Desciendo por las estrechas callejuelas envuelto por el melódico y gutural susurro de las oraciones de la sinagoga local. Para no perturbar sus oraciones, me detengo a la puerta misma de la casa de oración y observo a los asistentes vestidos de blanco y tocados con un fez carmesí. “Bienvenido al hogar de los samaritanos”, me dice un anciano, al tiempo que me invita a sentarme en una esquina de la sala de oración. Desde mi privilegiada posición puedo ver el texto sagrado de los samaritanos, respetuosamente desplegado en la cabecera del templo. Los escritos sagrados, redactados sobre pergamino en signos muy similares al hebreo de la época bíblica y en arameo, y según los samaritanos escritos en época de Josué, están formados por una versión de la Torá judía y por descripciones de rituales procedentes de otras religiones. 

Mientras los observo rezar no puedo evitar recordar la historia del “buen samaritano” que un cristiano devoto me contara unos meses atrás. En la parábola del Nuevo Testamento (Lucas 10, 25-37), Jesús relata la historia del judío asaltado por unos ladrones en su camino de Jerusalén  a Jericó. Tras arrebatarle todas sus pertenencias lo abandonan a un lado del camino. Pasó por allí un sacerdote y, al ver al hombre que había sido robado, cruzó al otro lado de la carretera. Un levita hizo lo mismo. Pero un samaritano, lleno de compasión, se acercó a aquel hombre, vertió vino y aceite sobre sus heridas y se las vendó. Luego, montó al hombre en su asno, llevándolo hasta una posada cercana donde pidió al posadero que cuidara de él. Antes de continuar su camino, el samaritano entregó algunas monedas al posadero prometiendo entregar más dinero a su regreso si así lo requerían los cuidados.

Las fiestas y rituales de los samaritanos

Aquella tarde, el asentamiento samaritano estaba impregnado de un espíritu festivo. Los jóvenes se acercaban a las puertas de sus rabinos, los cohanim, sus líderes espirituales, para recibir de ellos la bendición por la Pascua, la fiesta que rememora la salida del pueblo judío desde Egipto hasta su llegada a la tierra de Israel. Tras las bendiciones, los hombres de la comunidad se reúnen en torno a la gran plaza situada en el centro del asentamiento, trayendo consigo ramas de todos los tamaños. En la plaza hay excavados unos profundos pozos que serán utilizados como gigantescos hornos de sacrificio. A la caída de la tarde, los congregados se unen a los cohanim.Decenas de gargantas entonan sonoros cantos en una especie de trance colectivo. El sumo sacerdote inicia entonces la oración para el sacrificio, ceremonia que se prolongará hasta la puesta del sol. La oración, proclamada en un lenguaje poético, mezcla de hebreo y arameo del primer milenio antes de Cristo, posee un estilo musical único al que es imposible no sucumbir. Los samaritanos, por su parte,  sostienen que estas melodías son parte de la música israelita antigua transmitida de generación en generación hasta el presente. 

Cae la noche; el sacerdote principal, puesto en pie, exhorta a la congregación a llevar los corderos hasta el altar del sacrificio. Elevando su mano hacia el cielo, exclama: “Y todos los de Israel realizarán el sacrificio”.

Rápidamente, el lugar de oración se transforma en un sanguinolento escenario; uno tras otro los corderos son degollados con un rápido y certero tajo del cuchillo, dejándolos desangrarse sobre el suelo. En memoria de la huida de Egipto del pueblo de Israel, los primogénitos son marcados con la sangre de los animales. Los samaritanos interpretan esa marca como una rogativa por un futuro más prometedor, especialmente en un área donde el derramamiento de sangre , tanto de israelíes como de palestinos, ha sido una constante en las últimas décadas.

Tras haber sido sacrificados, los corderos son ensartados en largos espetones de madera. Cuatro horas después, los espetones son retirados y un delicioso aroma a carne asada lo invade todo. Las familias que han asistido a la ceremonia reciben parte del cordero que, colocado en un gran recipiente, llevarán a la intimidad de sus hogares, donde lo comerán.

Rito ancestral en el Monte Gerizim

De regreso a Tel Aviv, al final de la jornada, pienso en la forma en que los samaritanos han conseguido mantenerse unidos. Reflexiono si su secular aislamiento no será también la razón de su unidad y la garantía de la continuidad de su existencia. Conservan celosamente su modo de vida gracias, al parecer, a su proximidad y su contacto con el monte Gerizim, al que llaman “la colina del universo”. Ésa es la razón por la que los samaritanos, durante muchos años, han estado comprando tierra en los valles que rodean la montaña. Lo hacen con la esperanza de que esas adquisiciones refuercen los vínculos con el lugar sagrado del que obtienen su fuerza. 

En el séptimo día de la fiesta regresé a Kiryat Luza para presenciar la culminación del rito ancestral: el ascenso a pie a los lugares sagrados de la cima del monte Gerizim. De acuerdo con la tradición samaritana, éste es el lugar en el que Josué y las tribus de Israel se asentaron y donde tuvo lugar la alianza con Isaac (Génesis 22, 1-19). A las cuatro de la madrugada, con las primeras luces del alba, los samaritanos abandonan la sinagoga entonando su antigua “canción del mar”, la misma canción que Moisés y el pueblo de Israel cantaron al salir de Egipto. Al alcanzar la cumbre del monte, los caminantes se separan en dos grupos, simbolizando la separación de las aguas del mar Rojo. En el camino abierto, el sacerdote pasa entre ellos portando en las manos el texto sagrado. En ese momento me siento un extraño entre los samaritanos orantes; observo perplejo la espectacular ceremonia de un pueblo extinto, sin entender una palabra pero al mismo tiempo entendiéndolo todo. 

Amanecer samaritano

 La intensa luz de la mañana inunda las montañas, iluminándolo todo de largas sombras color esmeralda. Uno a uno, los creyentes se dispersan emprendiendo el camino de sus casas. Me quedo sólo en la cima de la montaña, con la ciudad palestina de Nablús a mi izquierda y el asentamiento judío de Bracha a mi derecha. En medio, como un juez ancestral, los samaritanos, un pueblo antiguo que lucha por sobrevivir en un mundo moderno, con sus borrosas fronteras entre el bien y el mal, entre lo permitido y lo prohibido. Un mundo que cada vez atrae más a sus jóvenes, amenazando así a la comunidad con una pronta extinción.

FUENTE:

http://mundo-geo.es/

www.elevangeliodelreino.org

www.yeshuahamashiaj.org

www.apologista.blogdiario.com

LA DESTRUCCIÓN DE LA TIERRA

Curiosa animacion en la que se muestra el efecto de los seres humanos sobre nuestro propio planeta. Si es que somos como langostas! aun no hemos acabado con nuestro planeta y ya buscamos el siguiente!

Dice Apocalipsis 11:18:

“Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra”.

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