Archive for febrero, 2010
3Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?4Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8Y todo esto será principio de dolores.9Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
Marcos 13:8: Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de DOLORES son estos.
Lucas 21:25: Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra ANGUSTIA de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas.
¿QUÉ ES SER “PERFECTO” EN LA BIBLIA? ¿PODEMOS SER REALMENTE PERFECTOS HOY?
TRADUCCIONES DE “TELEIOS” Y “TELIOO”:
Veamos cómo seis traducciones del NT han traducido TELEIOS (un adjetivo) y TELIOO (un verbo).
1. La Versión American Standard-hombre perfecto, completo, edad, adulto.
2. La Versión King James—- perfecto
3. La versión Reina Valera—–perfecto, maduro
4. La Nueva Versión Estándar Americana—-completo
5. Versión Moderna Phillips en Inglés—-completo
6. La Nueva Biblia en Inglés—totalidad, adulto, todo el camino.
Varias traducciones sobre TELIOO-consagrar, terminar, cumplir, hacer perfecto.
DEFINICIONES:
Ahora vamos a ver lo que cuatro lexicógrafos griegos tienen que decir.
l. Thayer-”… traído a su final, acabado, nada falta; perfecto…, de los hombres, plena madurez, adulto, maduro …
“El verbo:”
1. Llevar a cabo completamente, llevar a su fin.
2. es decir, añadir lo que está aún deseado a fin de hacer una cosa completa.
3. Llevar a la meta propuesta…
2. Vincent- (I Cor. 2:6): “… aquellos que están plenamente crecidos… véase Ef. 4:13 cuando un hombre perfecto es contrastado con los niños… también I Cor. 14:20: donde la palabra hombres es lit. perfecto…”
3. Barclay- “teleios” tiene un sentido físico, que describe un animal o una persona que está completamente desarrollado y que ha alcanzado la altura del desarrollo físico. También tiene un sentido mental. Describe una persona que ha progresado más allá de la instrucción elemental y ahora es un estudiante maduro. Este es el sentido que usa Pablo en I Cor. 2:6 … “
4. Vine-”… Se utiliza 1. De las personas, (a) en primer lugar del desarrollo físico, pero también (b) de la bondad sin referencia a la madurez … una madurez espiritual o plenitud, Mateo. 19:21. 2. de las cosas, completo o perfecto, Rom. 12:2 y I Corintios, 13:10 … “
NOTA: Nuestra palabra teleios no significa perfecto en el sentido de no estar equivocados o sin defecto.
Todos los cristianos estamos llamados a ser ahora PERFECTOS, es decir, hijos de Dios maduros y no simplemente niños tomando leche toda la vida. El creyente no podrá heredar el reino si no es perfecto espiritualmente. Con esto no nos referimos a estar sin errores o defectillos, pues aún somos humanos y mortales. Pero sí debemos preocuparnos de ser maduros, a la estatura de Cristo. Cristo es el modelo perfecto de las virtudes morales y espirituales que debemos imitar. Le invitamos a leer el artículo sobre la salvación, en el siguiente link:
Otros pasajes que hablan de la perfección:
Número 32:11: No verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no fueron PERFECTOS en pos de mí;
Proverbios 28:10: El que hace errar a los rectos por el mal camino, El caerá en su misma fosa; Mas los PERFECTOS heredarán el bien.
Juan 17:23: Yo en ellos, y tú en mí, para que sean PERFECTOS en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
Colosenses 4:12: Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, PERFECTOS y completos en todo lo que Dios quiere.
Hebreos 12:23: a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos PERFECTOS
Santiago 1:4: Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis PERFECTOS y cabales, sin que os falte cosa alguna.
El gobierno de Chile dijo que el sismo de 8,8 grados en la escala de Richter que sacudió hoy el centro-sur del país ha dejado hasta el momento 700 muertos. [Actualización: Elevan a 700 el número de muertos tras terremoto en Chile. Seguramente habrá muchas actualizaciones más. Entonces si deseas mantenerte al tanto de las noticias más recientes sobre el terremoto de Chile, puedes acudir a la herramienta "Latest" de Google.]
El terremoto, de un minuto de duración, tuvo el epicentro en la región del Bío-Bío, a unos 91 kilómetros de la ciudad de Concepción, según informes del Servicio geológico de Estados Unidos (USGS, por su sigla en inglés)
“Quiero llamar a la tranquilidad”, expresó la presidenta Michelle Bachelet, quien convocó a un comité de emergencia.
“Hay una enorme cantidad de daño que no sabemos su exacta dimensión, que está siendo evaluado”, agregó.
La mandataria manifestó que “hubo una ola de grandes proporciones en la isla de Juan Fernández (…) lo que se tiene de información es que avanzó al pueblo pero no tenemos aún datos de víctimas y daños”.
Tan pronto como se registró el sismo se emitió un alerta de tsunami para las áreas costeras de Chile, Ecuador y Perú luego extendido a Colombia, Panamá y Costa Rica.
El tema de la Biblia, sin duda, es el Reino de Dios. Esto se dice en el pleno reconocimiento del hecho de que Jesucristo es la persona principal del libro. Es cierto que todos los puntos de la Escritura es para el Señor Jesucristo. Algunas de las referencias son muy sutiles, y otras son muy evidentes. Él es la persona principal, el personaje principal, por favor. A pesar de estos hechos, el tema principal de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis es el Reino de Dios.
Cualquier libro que tiene sentido que transmite una idea debe tener una idea principal, una visión, una premisa, una historia que contar. Algunos piensan que la Biblia es un libro confuso. Y muchos guías religiosos tienen un problema, y es que ellos mismos no han logrado encontrar el tema central de la Biblia que es el Reino de Dios.
El término actual, el “Reino de Dios,” no se encuentra en el Antiguo Testamento, pero sí, “el reino de Yahweh” (1 Cró. 28:5). El hecho es que las mil y una declaraciones proféticas del reino se encuentran en el Antiguo Testamento que, más tarde, serán resumidas en el Nuevo Testamento bajo la denominación: el Reino de Dios, o el Reino de los Cielos (estos dos términos son sinónimos).
El Nuevo Testamento abre con el anuncio de que “el Reino de Dios está cerca”, y finaliza con la misma enseñanza del reino futuro a sus discípulos por parte del Jesús resucitado por un espacio de 40 días (Marcos 1:1,14,15; Hechos 1:3,6,7). Esta frase “el reino se ha acercado” es indicativa de que la doctrina habiá sido previamente bien conocida por sus oyentes, pues Jesús lo proclama sin explicar su significado al público judío a quien se le hace este anuncio. Este hecho presupone claramente que la materia contenida en la expresión “el Reino de Dios” no necesitaba definirse o explicarse.
Así se puede decir con seguridad que en las primeras páginas del Nuevo Testamento, se da por sentado que el Reino era algo bien conocido por el público judío y ya era el objeto de su fe y esperanza.
El significado que el Señor Jesús adjunta a la frase, “el Reino de Dios”, sólo puede tener el significado que se le da en el Antiguo Testamento. Si algún otro concepto se ha destinado para el “Reino de Dios”, entonces una explicación habría sido necesaria al comienzo de los ministerios de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret con el fin de evitar cualquier malentendido. Los hechos son que Juan y Jesús hicieron el anuncio del Reino en la presunción de que su público sabía lo que era el Reino de Dios. La gente reaccionó al llegar a Juan y Jesús por el bautismo, queriendo mostrar con eso que ellos se identificaban como parte del nuevo orden de cosas que estaba a la mano. No hubieran hecho esto sin comprender lo que quiso decir el Reino.
El anuncio sobre el “Reino de Dios” no era un concepto nuevo. Sin embargo, el ingrediente añadido, “a la mano”, era nuevo. La frase “a la mano”, ha causado una gran dificultad para los estudiantes de la Biblia, porque dos mil años después, el Reino aún no ha llegado. “A la mano” significa simplemente acercarse, aproximarse, o pronto para venir a pasar. Juan el Bautista y Jesucristo con claridad, dijeron: “Arrepentíos porque el Reino de Dios está cerca.” Dado que el Reino no es aún una realidad, ¿estaban mal? ¡No! La solución es simple. El Reino, cuando se anunció, estuvo de hecho “a la mano”. Era el próximo evento PROFÉTICO a tener lugar. Sin embargo, el Señor sorprendió a los santos de Dios, el mundo, y el diablo con la suspensión de todas las profecías e introduciendo una dispensación secreta— el Misterio. Que cancela la posición “a la mano” del Reino.
Cuando pienso de un evento en la Biblia como que está “a la mano”, eso significa para mí que el evento mencionado es el próximo acontecimiento profético que está previsto a tener lugar. Lo que cambiaría la posición “a la mano” sería si Dios tuvo un propósito oculto, el cual Él eligió insertar en el tiempo.
A modo de aclaración, creo, con cada fibra de mi ser, que la “Bendita Esperanza” de Tito 2:13 está “a la mano!” Es el próximo evento profético que tendrá lugar en el designio de Dios de los siglos.
Los profetas ya habían establecido un período de tiempo cuando esta tierra, y todas las naciones serían regidas por Dios: “Alégrense y gócenselas naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra. Selah”(Salmo 67:4). “El Reino de Dios” fue un antiguo cuerpo de verdades establecidas en virtud de este término muy descriptivo. Dios habló acerca de la venida del Reino de Dios “por la boca de sus santos profetas desde el principio del mundo” (Hechos 3:21). Todos los profetas anunciaron y escribieron sobre el momento en que los cielos gobernarían sobre la humanidad. El Reino de Dios juega un papel importante como tema de la Biblia, pero aún los cristianos no llegan a darle la importancia que se merece.
El hombre sabio se entera de muchos de los hechos como sea posible sobre una cuestión, y escucha la evidencia y la pesa en la balanza antes de dictar sentencia. El hombre sabio no es apresurado en la toma de su decisión en un asunto importante. Por eso es nuestro llamado urgente a un examen serio del mensaje bíblico del reino de Dios.
Veinte títulos, así como nueve epígrafes, que son de vital importancia para entender el alcance del Reino de Dios:
1. Los discípulos del Señor Jesucristo se animaron a poner el Reino de Dios en primer lugar en su vida: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6: 33).
2. Ese reino era el Reino de Dios que Cristo anunció cuando comenzó su ministerio público: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del Reino de Dios” (Marcos 1:14).
3. Su proclamación (de Jesús) fue la obra que Dios le había encargado hacer: “Y él les dijo, tengo que predicar el Reino de Dios a otras ciudades también: porque para esto soy enviado” (Lucas 4:43).
4. Era el Reino de Dios lo que Él proclamó en cada ciudad: “Y aconteció después, que fue por todas las ciudades y aldeas, predicando y mostrando la buena nueva del Reino de Dios, y los doce con él “(Lucas 8:1).
5. Era el mensaje que los doce fueron enviados a anunciar: “Y los envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos” (Lucas 9:2).
6. Los setenta fueron también enviados a predicar el Reino de Dios: “Después de esto, el Señor designó también a otros setenta y los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de venir” (Lucas 10:1). “Y sanar a los enfermos que están en ella, y decirles: El Reino de Dios se ha acercado a vosotros” (Lucas 10:9).
7. Los discípulos de Cristo se les enseñó a orar para que venga: “Y él les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra “(Lucas 11:2).
8. El Reino fue la esperanza y el destino final de Abraham, Isaac, Jacob y todos los profetas: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob ya todos los profetas, en el Reino de Dios, y vosotros mismos echados fuera “(Lucas 13:28).
9. El Reino de Dios era la esperanza de José de Arimatea, el que dispuso el entierro de nuestro Señor Jesucristo: “Y he aquí, había un hombre llamado José, un principal, y él era un hombre bueno y justo… de Arimatea, ciudad de los Judíos: que también esperaba el reino de Dios “(Lucas 23:50-51).
10. El Reino de Dios fue el tema de las siguientes parábolas que fueron habladas por el Señor Jesús: el sembrador (Mateo 13:19), la cizaña entre el trigo (Mateo 13:24), la semilla de mostaza (Matt.13: 31), la levadura (Mateo 13:33), el tesoro escondido (Mateo 13:44), la perla de gran precio (Mateo 13:45-46), la red echada en el mar (Mateo 13:47), los obreros de la viña (Matt.20:1), la boda del hijo del rey (Mateo 22:2), las vírgenes sabias y tontas (Mateo 25:1), la semilla que crece en secreto (Marcos 4: 26).
11. El Reino de Dios fue el tema de las enseñanzas de Jesucristo durante cuarenta días entre su resurrección y ascensión: “A quien también se mostró a sí mismo vivo después de su pasión por muchas pruebas indubitables, visto de ellos durante cuarenta días, y hablando de las cosas que pertenecen a el Reino de Dios “(Hechos 1:3).
12. Era el tema de algunas de sus más importantes disertaciones que hizo mientras estaba sobre la tierra:
a. Mateo 12:28: “Pero si yo echo fuera los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el Reino de Dios ha llegado a vosotros.”
b. Lucas 17:20: “Y cuando le preguntaron los fariseos, cuando debía venir el Reino de Dios, él les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con la observación:”
c. Lucas 17:21: “Ni dirán: Helo aquí! o, helo allí! porque he aquí, el Reino de Dios está entre vosotros. “Esto significa que el Reino está espiritualmente percibido, o distinguido, en el corazón o la mente.
d. Juan 3:3: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” “Ver”, en el sentido de: “¡Oh, ya veo”, que quiere decir, “Oh, ya lo comprendo”.
13. El Reino de Dios fue el tema del ministerio del apóstol Pablo, desde el principio hasta el final-Hechos 9 a 2 Timoteo, incluidas las epístolas de la prisión.
14. Era la esperanza de los creyentes bajo el ministerio de Pablo, registrada en Hechos: “Consolidando las almas de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y que a través de muchas tribulaciones debamos entrar en el reino de Dios” (Hechos 14:22).
15. El Reino fue el tema del razonamiento de las Escrituras de Pablo en la sinagoga de Efeso: “Y él entró en la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo las cosas del reino de Dios” (Hechos 19 : 8).
16. Los 3 años que Pablo pasó en Efeso se resume en el anuncio del Reino de Dios: “Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.Por tanto, yo os protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos: Porque no he rehuido de anunciaros todo el consejo de Dios “(Hechos 20:25-27). Declarando “todo [la totalidad] el consejo de Dios” está íntimamente ligado a la proclamación del Evangelio del Reino de Dios, de haberlo hecho posible de que él sea puro de la sangre de todos los hombres.
17. El Reino de Dios fue el mensaje de Pablo a lo largo de la reunión de un día con los jefes Judios de Roma: “Y habiéndole señalado un día, vinieron á él muchos á la posada, á los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndoles lo concerniente a Jesús, por la ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde.” (Hechos 28:23).
18. Fue en el cierre de ese día que Pablo se inspiró para hacer la declaración trascendental: “Sea pues notorio que a los Gentiles es enviada esta salvación de Dios: y ellos oirán.” (Hechos 28:28) .
19. Sin embargo, el Reino de Dios sigue siendo parte del mensaje de Pablo para los dos años completos que habitó en una casa alquilada después de Hechos 28:28: “Y habitó Pablo dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todo los que venían a él, predicando el reino de Dios, y las cosas que se refieren al Señor Jesucristo, con toda confianza, sin que nadie le prohibiese “(Hechos 28:30-31).
20. Incluso después de que el apóstol Pablo recibió la revelación del misterio (Efesios 3:1-6, Col. 1:25-27) y la dio a conocer, la verdad del Reino no se dejó de lado, sólo otra aplicación del mismo se dio a conocer. El Reino de Dios es parte de la verdad presente como lo demuestran las referencias a él en las epístolas de las Prisiones.
a. Efesios 5:5: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” Aquí se enumeran los pecados que obstruirán a los practicantes de entrar en el Reino de Dios. Este es un reino (del Padre y del Hijo), no dos.
b. Colosenses 1:12-13: “Dando gracias al Padre, que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz: Quién nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su Querido Hijo: “Este es otro nombre para el Reino de Dios.
c. Colosenses 4:11: “Y Jesús, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncisión: éstos solos son los que me ayudan en el reino de Dios, y me han sido consuelo.” Aquí, en el contexto, Pablo menciona a varios hombres de la circuncisión, que eran sus compañeros de trabajo, trabajando en el ministerio para el Reino de Dios. Si la verdad del reino fue dejada atrás en Hechos 28, entonces, Pablo y sus compañeros ayudantes estaban trabajando en vano. No creo que Pablo estaba confundido en absoluto.
d. Timoteo 4:1: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y su Reino.” Aquí Pablo, en términos inequívocos, le dice a Timoteo que la gracia terminará con la aparición (es decir, epifanía) de Cristo, y su Reino siendo manifestado en la tierra.
e. Timoteo 4:18: “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial: al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén “. Según el apóstol Pablo, él mismo, su esperanza después de Hechos 28 fue el reino celestial. Tenía la seguridad de nuestro Señor Jesucristo que él sería conservado (o guardado) de toda obra mala, lanzada contra él. Esto daría lugar a la realización de la esperanza de Pablo-el “Reino Celestial” de Cristo.
El Reino de Dios (en Cristo) es una parte integral de la Biblia que es sorprendente que la mayoría de los maestros y estudiantes de la Palabra tengan tan poco conocimiento del Reino de Dios. No importa cuántos pedacitos y pedazos de la Palabra una persona ha digerido, si sabe muy poco sobre el Reino de Dios, él no tiene un conocimiento real de la Biblia. Con el fin de dar sentido, estos pedazos y pedacitos deben, tarde o temprano, estar relacionados con un tema central. Si ellos están relacionados con Cristo, esto todavía no es el final. Si se consideran la futura gloria de Jesucristo, siempre vamos a venir al Reino de Dios de que Él será el Rey Divino.
Los que no son instruidos en el Reino de Dios, entonces nunca entenderán las parábolas, porque sobre este reino tienen que ver la mayoría de las parábolas. Aquellos que fallan en declarar la verdad de él, entonces no se declara todo el consejo de Dios.
En vista del importante lugar que el Reino de Dios tiene en la Biblia, uno podría pensar que este término estaría en los labios, o en la punta de sus plumas, o el clic de sus procesadores de texto de todos aquellos cuyas vidas han sido conformadas por la Biblia. Para aquellos profesores que pretenden ser exponentes de la Palabra de Dios, y que dejan fuera el tema central del libro, habría que decir, junto con nuestro Señor Jesucristo, que el Reino ha sufrido violencia (Mateo 11:12). La frase sobre el Reino de Dios ha sufrido una gran violencia a manos de los hombres lo largo de toda la era cristiana. Se ha definido incorrectamente, erróneamente interpretada, y ha quedado irremediablemente confusa.
Para terminar, hay que decir de un modo alentador que todos debemos entrar en el Libro de Dios y encontrar la verdad sobre la venida del Reino de Dios y todos los eventos simultáneos encapsulados con su manifestación.
Tom L. Ballinger
Hermosisímo cementerio “Il Staglieno” en Génova, Italia, con sus bellísimas e impresionantes estatuas de mármol sobre las tumbas familiares. Este cementerio genovés, que tuve la suerte de visitar en 3 ocasiones, me recuerda que somos polvo, y que pronto “volamos”.
Salmos 90:10: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y VOLAMOS”.
“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:13,14).
¿Cuál fue el mensaje de Jesús? He notado que mucha gente responde a esta pregunta diciendo algo sobre el amor, porque, con razón, asocian la enseñanza de Jesús con el amor. Pero resulta que el amor no es el núcleo de su mensaje, aunque está cerca. Lo que Jesús proclamó, en primer lugar, no era que nos amemos, sino otra cosa.
La expresión “reino de Dios” aparece 53 veces en los evangelios del Nuevo Testamento, casi siempre en los labios de Jesús. La frase sinónimo “reino de los cielos”, aparece 32 veces en el Evangelio de Mateo. A lo largo de los registros del ministerio de Jesús, él siempre está hablando acerca del reino de Dios. De hecho, fue lo primero y último que predicó mientras estuvo en la tierra (ver Marcos 1:1,14,15; Hechos 1:3,6). Muchas de sus parábolas explican algo acerca de este reino: es como la semilla de mostaza, un tesoro, un mercader que busca perlas, y un rey que ofreció un banquete (Mateo 13:44-47, 22:2). Jesús define incluso su propósito a la luz del reino: “Tengo que anunciar la buena nueva del reino de Dios a las otras ciudades también, porque me mandaron para este fin” (Lucas 4:43).
Dada la centralidad del reino de Dios en la predicación, y, como veremos, en las acciones de Jesús, es extraño que muchos cristianos muestren un relativo desconocimiento de lo que significa esta frase. Pero si queremos entender el mensaje de Jesús, por no mencionar todo su ministerio, incluyendo su muerte y resurrección, entonces tenemos que lidiar con lo que él dice sobre el reino de Dios. Gordon Fee, uno de los más sabios de los eruditos del Nuevo Testamento, dijo una vez en una conferencia sobre Jesús: “Usted no puede saber nada acerca de Jesús, ninguna cosa, si pierde el reino de Dios…. Usted es cero en Jesús si no entiende este término. Siento hablar con firmeza, pero este es el gran fracaso del cristianismo evangélico. Hemos tenido a Jesús sin el reino de Dios, y por lo tanto hemos convertido a Jesús, literalmente, en nada”. Sin su mensaje del reino no podemos saber con exactitud cuál es nuestro futuro glorioso y por la eternidad. El reino de Dios, como dijimos antes, fue el mensaje que vino a proclamar al mundo de parte de Su Padre. Es el mensaje de Dios para la humanidad, el anuncio que trae esperanza y salvación a los hombres (Rom. 1:16). Pero aún así, los más de los cristianos tienen muy poco interés de saber su significado real y exacto. Y si uno hace una encuesta sobre lo que qué es el reino de Dios entre los cristianos católicos y evangélicos, usted se sorprenderá al oír diferentes interpretaciones que poco o nada tienen que ver con lo que Jesús enseñó sobre el asunto. Sorprendente, pero es la verdad más pura.
Si ha leído hasta este punto, estoy asumiendo que usted no quiere ser un cero en Jesús, y que usted no quiere tampoco ignorar el mensaje central de Jesús que puede salvar a los que lo aceptan de todo corazón. Por tanto, debemos trabajar juntos para averiguar qué quería decir Jesús cuando dijo: “el reino de Dios está cerca.”
Lo invitamos a que lea todo lo relativo al reino de Dios en este blog o en mi sitio web:
www.elevangeliodelreino.org
Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales (Gn. 3:1:7).
Desde el principio de la creación, el diablo formuló un método efectivo, un patrón ordenado para entablar una relación con el hombre con el fin de hacerlo caer de la gracia divina, para alejarlo de Dios y condenarlo. Sus cautivantes tentaciones y maliciosas sugerencias utilizadas más tarde, fueron el resultado de su conocimiento de la naturaleza humana que busca complacer su egoísmo inherente a cualquier costo y en diversos grados y facetas
El primer paso del método diabólico consiste en cuestionar a Dios para fincar dudas en la mente humana con respecto a su Palabra de Verdad. Este es el principio de toda tentación. Pero, si Satanás no tiene la anuencia del hombre, un acuerdo común en su malévolo propósito, será algo así cómo un gato desvalido que jamás logrará darle caza al más pequeño y débil de los ratones, a pesar que lo intente con su mejor y dedicado esfuerzo.
El segundo paso del método inicuo de Satanás es contradecir la Santa Palabra con ideas tan sutiles que parecen en lo absoluto razonables, por cualquier ángulo en que se aprecien. Cuestionar con continua entereza la Palabra de Dios provocará con el paso del tiempo el estar contradiciéndola alguien abiertamente sin temor y descaro: El ideal humano se impondrá sobre el de Dios y el hombre se conducirá en su propia convicción y voluntad torcida.
El método corrompido de Satanás se centraliza en la búsqueda de un bien que no es real sino más bien imaginario, y que está lejos de los designios benevolentes que Dios ofrece. A la postre y con seguridad, la desobediencia se manifestará con plenitud y el hombre será coronando para regir su vida en total rebeldía e incredulidad delante de Dios.
Son tres las áreas de prueba para que Satanás tenga éxito en el colapso espiritual del hombre:
1. El apetito.
2. La avaricia.
3. La ambición o el orgullo.
Estas tres áreas de la carnalidad mundana, se traducen, según 1 Jn. 2:16, en tres puntos, a saber:
a. Los deseos de la carne.
b. Los deseos de los ojos.
c. La soberbia de la vida.
Los dos áreas primeras o los dos puntos primeros, distorsionan el sentido correcto de la belleza estética para ofrecerle cabida al morbo y al placer sexual ilícito y depravado. La tercera área o último punto viene a culminar cuando se le ha dado rienda suelta al pensamiento irracional que empujará al consentidor a la ambición y a la codicia desenfrenada e insaciable.
Esta distorsión de áreas por parte de Satanás, bien pudo cristalizarse en Eva (Gn. 3:6), pero el método diabólico fracasó tajantemente cuando Cristo fue tentado por el diablo en el desierto (Mt. 4:1-11). La diferencia estriba, en que Eva desobedeció conscientemente el mandato que provenía de la Boca de Dios, de su Perfecta e Insuperable Palabra. Tomó por poco la advertencia del Señor de las consecuencias de la muerte espiritual y física que hasta el día de hoy continúan apreciándose como terribles estragos en un mundo que cada vez hiede mas a pecado, a muerte, a corrupción y desesperanza.
Cristo venció al diablo, a pesar de sus atractivas y sensuales propuestas, porque creyó, no dudando, en la Palabra de su Dios. El dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. La Biblia dice que el diablo le -dejó- después de esto, y la razón, fue por su derrota vergonzosa por el tremendo poder de la Palabra de Dios proclamada por labios de Cristo, Palabra que lo puso muy lejos de su santa presencia; nada tenía que hacer al lado del Señor ya. No había ningún caso perder el tiempo con nuestro Señor en el desierto.
De la manera que Cristo venció al diablo con el efectivo argumento celestial, el creyente debería de hacer exactamente lo mismo. Hemos dado a conocer en este sencillo estudio el método que el diablo ha utilizado desde tiempos inmemoriales para hacernos caer sin misericordia en el lodo cenagoso del pecado y de la condenación. Tendremos que partir, por obligación, de esta base para funcionar apropiadamente y mantenernos firmes en el camino de la salvación, sin permitirnos jamás la más mínima de las tolerancias con relación a las nefandas y destructivas sugerencias del astuto y tenaz Satanás. No hay mejor ofensiva que la de propinarle a Satanás un golpe bien asestado en sus protervas narices con la Palabra de Dios. Es el modo idóneo, si hay sometimiento al Justo, de resistirlo para que desista (huya) de su necio empecinamiento de hacernos caer en sus devastadores cepos de maldad (Stg. 4:7). Desgraciadamente, parece que la mayor parte de los cristianos no han entendido bien este asunto, y en vez de enfrentar a Satanás con la mejor arma que es la Palabra de Dios, lo encaran con sus propios recursos humanos inservibles. Sabemos cuál es el resultado final de todo este confuso proceder. Otros, ni cuenta se han dado que yacen dormidos en el fondo de sus oscuros y aprisionantes sótanos por no saber discernir sus malignas sutilezas que los tienen encallados además en las profundas tinieblas del pecado y de la ignorancia, creyendo estar agradando a Dios, como lo creyó el apóstol Pablo alguna vez en su religiosa vida. La causa: la irresponsable actitud de no escrutar con fervor e interés las Escrituras para estar avispados contra los embates satánicos, colocándolos en una posición complaciente, pusilánime, e indefensa.
Las tentaciones de Jesús, fueron tan reales como las nubes que desprenden gotas de lluvia, como el sol que irradia calor. Cristo mostró su capacidad en la Palabra de Dios, como el Mesías Ungido, como el Hijo del Hombre, para vencer como buen Guerrero de Dios las tentaciones externas e internas (mentales) procedentes de Satanás, para rechazar sus ofertas más gloriosas y codiciables, hablando en el sentido puramente terrenal. Por otro lado, nosotros, los verdaderos hijos de Dios, no tenemos que diferir en nada con Cristo para presentar contienda digna ante Satanás.
Cristo Jesús es nuestro ejemplo para derrotarlo del mismo modo que lo hizo en el desierto: con la Palabra proclamada, pero, es tan importante decir, con la condición de ser creída con sinceridad genuina. Sólo así vendremos a ser más que vencedores en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Reino e Iglesia–¿Són sinónimos?
Muchos creen que los términos “reino” y “asamblea” (iglesia) son sinónimos. Ellos dicen que el reino incluye los miembros de la asamblea, y que la asamblea se compone de miembros del reino. Otros declaran que la asamblea es la forma visible del reino de Cristo, pero algunos creen que es la forma invisible y a la vez reconocen que la forma invisible tiene sus formas visibles. Así, la discusión caliente continúa sin luz espiritual.
Se puede entender la asamblea en un doble sentido — la asamblea universal y las asambleas locales. Pero el reino no se puede dividir en reinos locales. La palabra asamblea se usa en el sentido de incluir todos los que están siendo progresivamente añadidos a la asamblea por Jesucristo. El verbo “edificaré” de “edificaré mi iglesia [asamblea]” (Mat. 16:18) es progresivo futuro activo indicativo del verbo oikodomeo. Así que, denota que Cristo está continuamente edificando Su asamblea durante el período del tiempo entre Sus dos venidas. La palabra asamblea se usa también en el sentido de una asamblea local (Mat. 18:15-20). Cada asamblea local tiene la responsabilidad de congregarse en el tiempo designado por Dios para adorar y resolver sus problemas cuando vengan. Las asambleas locales pueden aumentar y disminuir según las circunstancias de la providencia Divina, pero la asamblea que Cristo continúa edificando aumenta pero nunca disminuye. Por otra parte, la palabra “reino” nunca se puede usar en el sentido de asambleas locales, porque Cristo no tiene reinos en el sentido que Él tiene asambleas y anda entre ellas (Apoc. 1:13). Los reinos de este mundo no se pueden igualar con las asambleas de Cristo (Rom. 16:16). La Escritura nunca dice que los reinos saludan a Cristo. Solo hay cuatro referencias donde se usa la palabra reino en el número plural, y ellas refieren a los reinos de este mundo (Mat. 4:8; Luc. 4:5; Heb. 11:33; Apoc. 11:15).
La Iglesia como heredera del Reino
Los Cristianos pertenecen a la asamblea que Cristo está edificando, pero somos los herederos del reino futuro. El sustantivo kleronomia significa propiedad, posesión, lo que es prometido, o una herencia. Pablo usó este sustantivo cuando habló del Espíritu Santo siendo las arras (arrabon, prenda o la garantía de lo que ha de venir) de una liberación futura (Ef. 1:14). Él usó el sustantivo kleronomos, que significa un heredero, cuando dijo, “Y puesto hijos, también herederos; por una parte herederos de Dios, por otra parte coherederos con Cristo…” (Rom. 8:17 — traducción). Así que, el apóstol precedió de la posesión a los posesores. Un heredero es uno que tiene el derecho de heredar algo, pero un heredero del reino futuro de Cristo está seguro de que también por el Espíritu de la regeneración él recibirá la liberación final en o será guardado sin riesgo para el reino que será para siempre. Las asambleas locales están en el presente, pero el reino es futuro.
Dios es el único agente en Efesios 1:1-14 — (1) el Padre propuso; (2) el Hijo proveyó los medios para efectuar el propósito del Padre; y (3) el Espíritu Santo es el vivificador y la promesa de la salvación completa de los elegidos. Como un heredero recibe legalmente toda la propiedad asignada a él en una testamento, los elegidos de Dios reciben todo lo que Dios decretó para ellos en la muerte de Jesucristo. (Véase Heb. 9:11-28.) Como los elegidos reciben la vida eterna por el derecho de la herencia garantizada por la muerte de Cristo en el Calvario, Cristo vive como el ejecutor para efectuar Su voluntad: “Por otro tanto también, Jesús ha llegado a ser [perfecto activo indicativo de ginomai, que significa Jesús ha llegado a ser permanentemente] fiador [egguos, un adjetivo actuando como un sustantivo, usado solamente aquí en el Nuevo Testamento como un adjetivo pronominal] de un mejor pacto” (Heb. 7:22 — traducción). El carácter inmutable del sacerdocio de Cristo da una garantía permanente de un mejor pacto. El lado legal de afianzamiento es más fuerte cuando el fiador llega a ser el sustituto para el deudor por tener la deuda cobrada a sí mismo y el deudor liberado. Ambos la vida eterna y el reino son garantizados a los elegidos. La Escritura dice, “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, vosotros que habéis sido bendecidos [perfecto pasivo participio de eulogeo, habiendo sido permanentemente bendecidos] de mi Padre, venid a la posesión del reino que ha sido preparado [perfecto pasivo participio de hetoimadzo, que significa ha sido preparado permanentemente] para vosotros desde la fundación del mundo” (Mat. 25:34 — traducción). El reino es preparado permanentemente porque las ovejas son permanentemente bendecidas. Estos dos verbos perfectos pasivos participios (acción completa en el tiempo pasado con un estado resultante de ser) dan a los Cristianos judíos y gentiles una esperanza que nunca los avergonzará (Mat. 25:34; I Tes. 2:12). Mateo habló a los judíos, diciéndoles que el reino es garantizado a otros menos a quienes Jesucristo habló. Su proclamación aplica a los judíos y gentiles elegidos a quienes Cristo hablará en Su segunda venida.
El Craso error del Catolicismo
Un entendimiento de la naturaleza de ambos el reino y la asamblea mostrará que ellos no pueden ser términos sinónimos. El siguiente es un resumen de los puntos de vista importantes de la teoría del reino/asamblea (reino/iglesia): (1) Los católicos romanos dicen que la Iglesia Católica Romana es el reino visible de Cristo sobre la tierra. (2) Los reformadores están unidos en la enseñanza de que la asamblea es universal e invisible. Ellos toman una posición firme contra la Iglesia Católica Romana. (3) Muchos que ni son reformadores ni católicos romanos dicen que la asamblea es la manifestación visible del reino de Dios sobre la tierra. Aquellos que creen en este punto de vista están divididos entre aquellos que toman un concepto estricto local y los otros que adoptan el concepto universal/local de la asamblea. Una cosa que tienen en común es el punto de vista erróneo que las llaves del reino en Mateo 16:19 denotan la autoridad dada a la asamblea para ser ejercida por ella sobre la tierra en el tiempo presente.
Habiendo resumido los puntos de vista importantes de la teoría de reino/asamblea (reino/iglesia), debemos declarar categóricamente que la asamblea de Cristo en ninguna manera se puede llamar un reino. La asamblea está siendo llamada fuera; y como los herederos del reino, estamos siendo preparados para el reino. Además, las “llaves del reino” de Mateo 16:19 no tienen más que ver con las asambleas locales imperfectas que el Papa de Roma tiene que ver con la asamblea que Cristo continúa edificando.
Los No Regenerados rechazan el Reinado de Cristo
Aquellos que mal entienden la naturaleza del reino tienen, según su punto de vista de Mateo 11:12, el no regenerado pasivo que violentamente entra al reino. Algunos dicen que puesto que el evangelio del reino se ha predicado, hay una prisa hacia él. Sin embargo, Cristo dijo, “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40); y “ninguno es capaz venir a mí, a menos que el Padre que me envió le trajere” (Juan 6:44 — traducción). “…No hay quien busque a Dios” (Rom. 3:11). Así que, los no regenerados están sin esperanza en el reino venidero, porque el Rey Mismo no tiene atracción para ellos. “Porque todos que practican cosas malas aborrecen la luz, y no vienen a la luz, para que sus obras no sean expuestas” (Juan 3:20 — traducción). Durante el ministerio de Jesucristo, el Predicador de todos los predicadores habló una parábola en la que Él indicó lo que los no regenerados piensan de Su reinado — “No deseamos que este hombre reine sobre nosotros” (Luc. 19:14 — traducción).
Evidencias de que el Reino es distinto a la Iglesia
La sustitución del término reino (basileia, que es reinado) para asamblea (ekklesia, que es un llamar fuera), o viceversa, donde se encuentran en el Nuevo Testamento probará que ellos no son términos sinónimos. Hay doce referencias al reino en las Epístolas para las asambleas, y para sustituir la palabra asamblea para el reino o para hablar del reino/asamblea (reino/iglesia) en cada ejemplo demostrará cuán ridículo es hacer los términos uno mismo. Los siguientes son algunos ejemplos de tales sustituciones:
1. Sustituir basileia para ekklesia en Mateo 16:18 — “…tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi ‘reino’….” Puesto que “edificaré” es la traducción de un verbo griego futuro progresivo, ¿cómo puede Jesucristo, según aquellos que dicen que el reino ha llegado, continuar edificando lo que Él ha recibido ya del Padre? (Véase Luc. 19:11-15; II Tim. 4:1.)
2. Sustituir basileia para ekklesia en Filipenses 3:4 y 6 — “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más…. En cuanto a celo, perseguidor de la ‘reino’….” ¿Cómo pudiera haber perseguido Pablo el reino de lo que luego dijo, “Y el Señor me rescatará de toda obra mala, y me preservará [futuro activo indicativo de sodzo, que significa salvar, liberar, o guardar uno seguro para] para su reino celestial…” (II Tim. 4:18 — traducción)?
3. Sustituir ekklesia para basileia en Lucas 12:32 — “No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido [eudokesen, aoristo activo indicativo de eudokeo, que significa tener placer en, escoger, o determinar] daros ‘la asamblea’.” El Padre escogió (determinó) dar el reino a Su manada pequeña ya siendo llamada a la asamblea. Por lo tanto, como los miembros de la asamblea de Cristo que Él está edificando, somos los herederos del reino. (Véase Sant. 2:5; II Ped. 1:10, 11.)
4. Sustituir ekklesia para basileia en Mateo 16:19 — “Y a ti te daré las llaves de la ‘asamblea’ de los cielos.” Si la autoridad denotada por las llaves del reino se da a las asambleas del pueblo de Dios hoy en día, ¿significa que lo que la asamblea atare en la tierra es entonces atado en los cielos y lo que la asamblea desatare en la tierra entonces será desatado en los cielos? ¿Es la acción de Dios en los cielos Su reacción a nuestra acción en la tierra? Puesto que esto se enseña usualmente en el Cristianismo profesante, no hay que sorprenderse de que los religiosos estén diciendo al pecador que debe abrir su corazón, dejar entrar a Jesús, etcétera. Sin embargo, las Escrituras enseñan que la acción del hombre en la tierra es su reacción a la acción de Dios en los cielos. Cualquier estudiante honesto de la Escritura sabe que ambos “será atado en los cielos” y “será desatado en los cielos” son perfectos pasivos participios de los verbos griegos deo y luo, que se deben traducir “habrá ya sido atado en los cielos” y “habrá ya sido desatado en los cielos.” Alguien que piensa que la acción de Dios depende en la acción del hombre no entiende las ciencias de la teología (Dios), la antropología (hombre), o la soteriología (salvación).
El Reino como Herencia
El reino no es dado a los elegidos en el momento que nacemos de Dios; pero habiendo llegado a ser creyentes, somos dichos ser llamados a algo todavía no realizado en la experiencia Cristiana. Siendo miembros de la asamblea de Cristo, los Cristianos son los herederos mandados a ser diligentes en hacer firmes nuestra vocación y elección, porque hacer estas cosas nos será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (II Ped. 1:10, 11). Los escogidos, redimidos, y regenerados son legalmente en el reino (Col. 1:13) antes de realmente heredarlo (Sant. 2:5). Cada persona elegida legalmente pero no literalmente murió con Jesucristo (Gál. 2:20). Cuando Cristo murió, Su justicia fue imputada a cada individuo por quien Él murió. Esa justicia es impartida a los elegidos en la regeneración. Puesto que nunca se podría decir que la “asamblea” es el heredero de la “asamblea” o el “reino” es el heredero del “reino,” entendemos que Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea que Él está llamando fuera por el Espíritu Santo de modo que Él, en su terminación, reinará con ella en el reino.
La ekklesia representa lo que Jesucristo está haciendo entre Sus dos venidas. Lucas dio un informe de la conferencia de Jerusalén en que nosotros aprendemos lo que presentemente está pasando y lo que es la esperanza profética del pueblo de Dios (Hech. 15:13-18). Algunos creyentes judíos insistieron sobre la necesidad de circuncidar a los gentiles. Los judíos fueron lentos para aprender que la ley se dio no para cumplirse para salvación sino para probar que no se podría cumplir para ese fin, “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom. 3:20). Aunque la liberación del pecado presupone un cautiverio en lo que toda la humanidad está involucrada, la salvación no es una recompensa de mérito sino el don de gracia.
En algún punto futuro en el tiempo, Jesucristo volverá personalmente (Juan 14:1-3; Hech. 1:9-11). Ninguna de las ocho referencias al reino en el libro de Hechos refiere a un reino establecido. En Hechos 15:16, el “volveré” es tan literal como el “el tabernáculo [tienda] de David.” El ministerio presente de Cristo como sumo Sacerdote no está conectado con el trono de David pero con el trono del Padre (Apoc. 3:21). Es cierto que en Hechos 15 Santiago trataba con un problema en cuanto a la asamblea primitiva. Pero él también hacía una declaración profética subsiguiente a la edad de la asamblea; por lo tanto, él refirió al regreso personal y visible de Jesucristo. Santiago trató con el hecho que los elegidos judíos y gentiles salvados después de la primera venida de Jesucristo constituyen la asamblea. Además, la asamblea más los judíos y los gentiles elegidos quienes serán salvos en preparación para y en el tiempo del establecimiento del reino en la segunda venida de Cristo culminarán la obra de Cristo (Hech. 15:14-18; Apoc. 7:4-17).
Puesto que varios puntos de vista de Hechos 15:14-18 son dados por los estudiantes de la profecía, no discutiremos estos en este punto de nuestro estudio del reino de Dios. Sin embargo, se deben dar dos cosas importantes: (1) La ekklesia está siendo edificada por Dios por tomar de los gentiles pueblo para Su nombre (vers. 14). (2) Dios reedificará la tienda o tabernáculo destruido de David en algún tiempo en el futuro. Por lo tanto, la reedificación de la tienda de David no puede ser, como muchos afirman, la asamblea que Dios está usando para predicar el evangelio a los gentiles.
Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea, y Él también hizo provisión para su crecimiento espiritual. El aspecto local de la asamblea fue débil en el gobierno de la asamblea en su inicio e historia primitiva porque faltó una forma constituida de gobierno (Hech. 6:1-6; 14:23; 20:28-30; Ef. 4:11-16; I Tim. 5:17-19; Heb. 13:7, 17, 24). Además, las asambleas locales nunca pueden alcanzar la estatura de fortaleza bajo el gobierno humano ejecutado por siervos imperfectos en las asambleas locales que la asamblea completa experimentará bajo el gobierno perfecto por Jesucristo durante el reino (Isa. 9:6).
La Iglesia no Reemplaza a Israel
La elección no puede pasar de Israel a la asamblea, así haciendo a la asamblea el nuevo Israel de Dios. Dios no eligió solamente la nación de Israel, sino también eligió a algunos para la salvación desde adentro de Israel nacional. Los gentiles escogidos para la salvación son injertados en la raíz (Israel espiritual) (Rom. 11:17-19) para el propósito de participar de sus bendiciones espirituales. Así que, la elección de Dios de algunos para la salvación en Cristo no puede pasar de ellos a otros no más que la gracia puede pasar de uno a otro. Lo que Dios propuso será hecho; por lo tanto, todos los que Él propuso salvar fueron conocidos de antemano, predestinados, y serán llamados, justificados, y glorificados porque a ellos fueron dados la gracia en Jesucristo antes de los tiempos de los siglos (Rom. 8:28-30; II Tim. 1:9).
La elección se usa más que una manera en la Escritura; por lo tanto, un tipo de elección no puede transferir a otro de un tipo diferente. Por ejemplo, la elección de Israel nacional no se puede transferir a la asamblea. El propósito de Dios es cumplido en cada sentido en que la elección se usa. Observen unas maneras en que la elección se usa en la Escritura: (1) Jesucristo fue escogido para ser el buen Pastor, el gran Pastor, y el Príncipe de los pastores de los que eligió para ser Sus ovejas (I Ped. 2:4, 6; Sal. 22-24; Juan 10:11, 14; Heb. 13:20; I Ped. 5:4). (2) La nación de Israel se escogió a una relación de pacto para el propósito de dar ambos la Palabra encarnada y la palabra escrita (Rom. 1:3, 4; 3:1, 2). Además, la nación se escogió con un vista del reino. Concluyentemente, los pactos y las promesas se dieron a los judíos (Rom. 9:4, 5). La salvación se dio primeramente a los judíos y entonces a los gentiles. Los gentiles escogidos heredarán el reino futuro con los descendientes escogidos de Abraham. (3) Algunos son escogidos de entre toda la humanidad para ser redimidos por Cristo, para ser regenerados por el Espíritu Santo, y para llegar a ser herederos del reino. “Bienaventurado el que tú [el Señor] escogieres…” (Sal. 65:4). Cristo llama a Sus ovejas por sus propios nombres (Juan 10:3, 16). (4) El escogimiento de Dios a veces significa la designación temporal de alguna persona o personas al cumplimiento de algún oficio particular en una asamblea local o en la vida civil, tal como Judas en el primero (Juan 6:70) y Saúl en el último (I Sam. 10:24). ¿Quién puede decir que cualquiera de estos escogimientos ha fracasado o fracasará en realizar el propósito eterno de Dios? Aunque el propósito de Dios ha sido cumplido en ambos Judas y Saúl, nadie, según Romanos 11 y Apocalipsis 7, puede decir que el propósito de Dios en Israel nacional ha sido cumplido.
Jesucristo ha ido al cielo para recibir el reino, no la asamblea, del Padre. Hay poco acuerdo en cuanto al principio del reino como hay en cuanto al significado del reino. Algunos creen que el reino comenzó con la primera venida de Cristo; otros creen que comenzó en el día de Pentecostés; y algunos creen que comenzará en la segunda venida. El reino no ha sido manifestado, porque el propósito del Padre fue que Su Hijo debería ser honrado y glorificado en el cielo antes que debería ser honrado sobre la tierra. Cuando Cristo recibe el reino, no estará del lado terrenal sino del lado celestial. Así, Lucas 19 enfatiza el recibir del Señor arriba al cielo. Él ha ido al cielo para recibir Su reino del Padre, no de los religiosos que siempre hablan del introducir el reino.
La parábola del hombre noble se añadió al mensaje de Cristo en cuanto al propósito de Su primera venida. Siguiendo Su declaración que Él vino “a buscar y salvar lo que ha sido perdido [apololos, perfecto activo participio de apollumi, perder o ser perdido]” (Luc. 19:10 — traducción), Cristo se representó a Sí Mismo como un hombre noble que “se fue a un país lejano para recibir [labein, aoristo activo infinitivo de lambano, recibir, para obtener el derecho de] para sí mismo [heauto, dativo masculino singular pronombre de heautou, un pronombre reflexivo significando sí mismo que hace la voz media posible] un reino, y volver” (Luc. 19:12 — traducción).
El Reino se hará realidad en la Segunda Venida de Cristo
La segunda venida de Cristo es la esperanza bienaventurada de la asamblea (Tito 2:13). La esperanza del Cristiano incluye la venida de Cristo y Su reino que son amalgamados en II Timoteo 4:1. Si el reino estuviera ya presente, como muchos declaran, “la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿por qué también lo espera?” (Rom. 8:24 — traducción). Aquellos que dicen que el reino no vendrá con advertencia añaden más confusión a lo que ya causa confusión por decir que esto prueba que es un reino espiritual. Así que, ellos tienen un rey espiritual no visto que reina sobre un reino espiritual no visto compuesto de súbditos espirituales no vistos. Concluyentemente, en la distinción entre el reino y la asamblea, ¿cómo puede la gente que dice que ya está en el reino orar por su venida? Cristo enseñó a Sus discípulos a orar, “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mat. 6:10). El reino de Cristo no vendrá a la tierra hasta que Él termine Su asamblea. La esperanza bienaventurada de los Cristianos de Jesucristo y Su reino nunca nos avergonzará.
Durante la primera venida de Jesucristo, el Salvador dejó a un lado a Israel nacional hasta Su segunda venida. Según Mateo 16, los judíos fueron conocedores de las señales del tiempo; pero ellos fueron espiritualmente incapaces de discernir las señales que relacionan con la Persona de Jesucristo. La inteligencia natural puede entender los fenómenos naturales, pero solamente la mente espiritual puede comprender los hechos espirituales en cuanto a la Persona y la Obra del Hijo del Dios viviente. Los primeros versículos de Mateo 16 manifiestan la ceguera de los corazones religiosamente depravados de los fariseos y los saduceos. Cristo les había dicho, “Señal no le será dada sino la señal del profeta Jonás” (Mat. 12:39). Esta fue una profecía de Su muerte, sepultura, y resurrección. Por lo tanto, ninguna señal mayor se puede dar para validar Su Persona y Obra, así probando que la “salvación es de Jehová” (Jon. 2:9).
Por Ing° Mario A Olcese
El carcelero de Filipos y su conversión
El Apóstol Pablo y Silas estando en prisión tuvieron una liberación milagrosa que sirvió de ocasión para la salvación del carcelero de la ciudad de Filipos que vigilaba la prisión. Tenemos su historia registrada en el libro de los Hechos. Dice así: “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16:25-34).
Examinando esta historia de la conversión del carcelero de Filipos, se destaca la pregunta crucial que el carcelero que vigilaba la prisión hizo a los reclusos Pablo y Silas: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Esto me hace pensar que Pablo y Silas estuvieron predicando en la misma prisión sobre la necesidad de la salvación de los pecadores, de lo contrario, ¿cómo explicar la importante pregunta de todos los tiempos formulada por el carcelero?¿O es que tal vez el carcelero ya sabía algo del mensaje apostólico por boca de otros conversos? No lo sabemos, pero todo parece indicar que este hombre ya había oído algo sobre la necesidad de ser salvo del castigo divino. Pero lo interesante es que Pablo y Silas le dijeron simplemente: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. ¿Qué podría significar creer en el Señor Jesucristo para Pablo, Silas y aún más, para el carcelero de Filipos?¿Sería simplemente por creer en que Jesús es el Hijo de Dios? Si es así, nos preguntamos: ¿Acaso no creen igualmente los demonios que Cristo es el Hijo de Dios?¿Serán salvos acaso los demonios por esa convicción? (Santiago 2:19).
La Palabra del Señor es el Evangelio del Mensajero
Jesucristo es el último y gran Mensajero de Dios que vino a traer el evangelio a los hombres. Dice Pablo así: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. Aquí Pablo nos dice que Jesucristo es el vocero del Padre en estos “postreros días”. Esto coincide perfectamente con lo dicho por Pablo en Hechos: “Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos” (Hechos 10:36). Debemos entender que Jesucristo es el Mensajero o vocero de Dios para estos postreros tiempos, y que el Padre espera que nosotros creamos en el mensajero y en Su mensaje para alcanzar la salvación. Dice Pablo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”. (Rom. 1:16).
Creer en Cristo tiene que ver con el creer (o recibir) Su Palabra (o mensaje)
En Juan 3:36 Jesús dice así: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. Pero en Juan 5:24 Jesús dice lo siguiente: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Notemos la frase “tiene vida eterna” de los dos textos citados. En Juan 3:36 Jesús dice que el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero en Juan 5:24 Jesús dice que el que tiene vida eterna es el que “OYE SU PALABRA”. Entonces es claro que CREER EN CRISTO= OIR (CREER) SU PALABRA. En Juan 6:68,69 Pedro le dijo a Jesús: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. En resumen, la vida eterna se gana oyendo la Palabra de Cristo. Pero, ¿sólo oyendo? ¡No! En Juan 8:51 Jesús dirá que es necesario GUARDAR o RETENER en uno su Palabra cuando dice: “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte”. En Juan 14:23 añade: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. En Juan 12:48 Jesús asocia el rechazo a su persona con el rechazo a su Palabra o mensaje, cuando dice: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”. En otra ocasión Jesús asocia el recibir su palabra con el recibirle o creerle a él y a Su Padre: “Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste” (Juan 17:8). Ver también Juan 1:12 donde se habla de recibir a Cristo como sinónimo de creer en él: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. En Juan 8:30 se lee, además: “Hablando él estas cosas (la Palabra de Dios), muchos creyeron en él”. Observen que los que creyeron en Jesús, primero tuvieron que oírle hablar la palabra o mensaje que portaba. En Juan 15:3-7 Jesús asocia el permanecer en él con el permanecer en su Palabra o mensaje divino: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Acá es más claro aún que no se puede permanecer en Cristo sin permanecer en su palabra, que es la palabra del Padre, Su doctrina y evangelio completos. En Marcos 1:14, 15 leemos que Jesús predicaba el evangelio diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Notemos que acá Jesús no pide que creyeran en él de manera tácita, sino más bien en el evangelio que estaba anunciando. ¿Es que acaso no es necesario creer en él? ¡Claro que es necesario! pero creer en el Evangelio es creer también en él, porque el evangelio habla o trata de él. De modo que bien podemos decir que creer en Cristo es creer en su mensaje o evangelio.
La Palabra del Reino
La parábola del sembrador ilustra la necesidad de creer y retener la palabra del Señor para ser salvo. Dice Lucas 8: 4-15: “Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios (la cual es la palabra del Reino, según Mateo 13:19). Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra (del Reino, según Mateo 13:19), para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra (del Reino, según Mateo 13:19) con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra (del Reino, según Mateo 13:19) oída, y dan fruto con perseverancia”.
En esta Parábola del Sembrador el Señor Jesucristo da suprema importancia a la palabra sembrada, la cual tiene que ver con el Reino de Dios (el evangelio). De modo que la creencia en Cristo para ser salvo equivale a creer en la palabra que él sembró, que es la palabra del Reino. No se puede ser salvo en completa ignorancia del verdadero evangelio que él vino a proclamar desde el comienzo hasta el final de su ministerio en la tierra. Su insistencia fue constante en la creencia y la RETENCIÓN de SU PALABRA, que era la Palabra de Dios, la Palabra salvadora, la Palabra de vida, la Palabra del Reino. En la gran y final comisión para sus discípulos, Jesús les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere (en el evangelio) y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere (en el evangelio), será condenado” (Marcos 16:15,16). Pero es muy lamentable que millones de predicadores estén anunciando todo menos lo relacionado con el Reino de Cristo en la tierra. Este mensaje es tildado de Judío y carnal, y es considerado como obsoleto y abrogado por millones de Católicos y Protestantes por igual. El mensaje o palabra salvadora ha sido distorsionada nada menos que por Satanás, el enemigo de Dios y del mensaje (evangelio o palabra) salvador. Pablo es enfático al decirnos: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4).
Recibir la Palabra, ¿Qué más abarca?
En Hechos 8:5-14 leemos: “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo… Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres… Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan…”. Aquí vemos que recibir la Palabra equivale a creer en el nombre de Jesucristo y en su evangelio del Reino. Un ejemplo del binomio “recibir-creer” lo encontramos en estas palabras de Jesús: “porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste” (Juan 17:8). Si alguno dice creer en Cristo, entonces deberá recibir su Palabra, o lo que es lo mismo decir, deberá creer en la palabra o mensaje del evangelio del Reino. Las Parábolas del Reino tienen esa finalidad, y en especial, la del sembrador.
Jesucristo como la Verdad
Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). ¿Qué significa que Cristo sea la verdad? Jesús responde: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Jesús es la verdad porque su palabra es la verdad. También él dijo: “Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios…”(Juan 8:40). Aceptar a Cristo es aceptar la verdad que él oyó de Dios, y aceptar la verdad es aceptar la Palabra de Dios. Jesús es la Palabra de Dios encarnada (Juan 1:14). En Juan 1:17 leemos: “…la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”. Es decir, Jesús es la verdad, porque por medio de él vino la verdad al mundo. El era el portador de la verdad, que es la palabra de Dios o el evangelio o mensaje para los hombres. Pablo dice: “para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros” (Gál. 2:5). Esto se asemeja a lo dicho por Jesús en Juan 15:3-7: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros. Acá está muy claro que “la verdad del evangelio” y “las palabras de Cristo” son equivalentes. En Efesios 1:13 Pablo dice: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. Acá nuevamente se percibe la asociación entre la palabra o evangelio salvador oído con la creencia en Cristo. Creer en Cristo es creer en la palabra de verdad que es el evangelio de nuestra salvación. En 2 Tes. 2:12 Pablo dice que aquellos que no creen en la verdad, o en el evangelio de Cristo, no se salvarán: “a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad (que representó Cristo y su palabra o mensaje), sino que se complacieron en la injusticia”. En cambio, los que vienen al conocimiento de la verdad serán salvos: “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (del evangelio o mensaje)” (1 Tim. 2:4). Realmente uno se purifica cuando obedecemos a la verdad. “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad (de Cristo y su palabra)” (1 Pedro 1:22). Y para Juan su gozo fue grande al oír que los creyentes andaban firmes en la verdad, es decir, en Cristo y en su palabra: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 4).
Regresando al Carcelero de Filipos
El carcelero de Filipos, era hombre que estuvo conciente de su necesidad de salvación. Su enfermedad espiritual dio como resultado una “receta” o “pócima” divina, y que consistía en aceptar o “creer” en Cristo para ser curado completamente. Pero el carcelero debía de entender las bondades del remedio llamado “Jesucristo” y para eso Pablo y Silas le hablaron LA PALABRA DEL SEÑOR: “Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos”. Es decir, para que el carcelero pudiese creer en el Señor Jesucristo, él tenía primero que conocer LA PALABRA DEL SEÑOR para finalmente ser bautizado para el perdón de sus pecados, y junto con él, su casa. El punto es que no se puede creer a ciegas, pues se requiere tener un conocimiento fundamental de las bondades de los componentes del remedio. Siempre buscamos saber qué es lo que vamos a tomar para poder creer que será un remedio efectivo y no un paliativo. Así que creer en Cristo viene por medio de oír la Palabra del Señor ¡Este es el punto de partida para la creencia efectiva en Jesucristo! Desgraciadamente muchos cuando leen la historia del carcelero de Filipos se quedan en el verso 31 y no leen los siguientes versículos donde se habla de la necesidad de escuchar LA PALABRA DEL SEÑOR para creer de verdad. Dice Romanos 10:16,17: “Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio (La Palabra)? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.
Así que no se puede creer sin oír y creer en la Palabra de Dios pregonada por el Mensajero. Es vital que primero prediquemos la Palabra para que los hombres puedan creer en el Hijo de Dios. En Juan 17:20 Jesús ora algo muy interesante, diciendo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos”. Nótese que Jesús dice que los que creerán en él serán aquellos que creerán por la Palabra que prediquen sus discípulos, la cual es el mismo mensaje que el Señor trajo al mundo por encargo de Su Padre. Pablo afirmó que no había muchos evangelios o mensajes divinos, sino sólo uno, el único predicado por Cristo (Gál. 1:6-9). De modo que cuando escuchamos a los fieles discípulos predicando el evangelio del Reino de Dios es como si escuchásemos al mismo Jesús predicándonos Su mensaje. El mensajero puede no ser Cristo mismo en persona, pero sí su mensaje.
Es imposible esperar que alguien crea a ciegas en Cristo sin el conocimiento del mensaje o Palabra de Dios. Los que dicen creer en Cristo pero no saben nada de su mensaje o enseñanza, no pueden ser verdaderos creyentes. La creencia en Cristo no sólo consiste en creer en que él fue un personaje real y que cambió la historia, sino que también es necesario creer en sus palabras. Allí reside el problema con muchos Judíos, Musulmanes, Hinduistas, ateos, etc, etc. Creen que Cristo existió y que fue un hombre real que creo una religión, pero no aceptan su mensaje o enseñanza como si viniese de Dios mismo. Creen que lo dicho por Jesús es simplemente ilusiones de un orate, sin poder entender que “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación (de la Palabra)… y para los gentiles locura” (1 Cor. 1:21,23).
Resumen
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Creer en Cristo es creer a Cristo: en su mensaje (la Palabra) y en su nombre.
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La vida eterna se gana creyendo en Cristo, que es lo mismo que creer en su Palabra o mensaje divino.
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Permanecer en Cristo es permanecer en su Palabra.
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La semilla que crece en un buen terreno es la Palabra del Reino.
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Recibir la Palabra es creer en el evangelio del Reino y en el nombre de Jesús.
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Cristo es la verdad porque es el portador de la Palabra de verdad del Padre.
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La gracia como la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
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La Palabra de verdad es el evangelio de la salvación.
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Obedecer la verdad purifica nuestras almas.
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La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios.
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Somos salvos por la “locura” de la predicación.
www.elevangeliodelreino.org
Si usted ve la publicación de la Watchtower, titulada: “El Divino nombre que perdurará para siempre”, lo que usted verá dentro de esta publicación de la WT, en la página 9, en inglés, es el mismo símbolo que usan los masones en sus templos. Pueden ver el tetragramaton en un triángulo y la luz resplandeciente detrás.
La influencia masónica persiste todavía hasta hoy, en la Watchtower S.A.
This is the first part of a two-part debate between Rabbi Tovia Singer and William Lane Craig, a famous Christian apologist. Make sure you watch the second part after watching this video and feel free to post your comments.







