Archive for febrero, 2010
Por Mario A Olcese (Apologista)
En Juan 5:28,29 el Señor Jesús dijo lo siguiente: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.
En los versos de arriba Jesús está diciendo que vendrá la hora cuando TODOS los que están en sus sepulcros oirán su voz y saldrán; los bienhechores irán a la vida, y los malhechores a la condenación. Para algunos de nuestros corregidores, como el Sr. Armando López Golart de www.labiblianodiceesto.blogspot.com, aquí Jesús está enseñando que TODOS (justos e injustos) serán resucitados simultáneamente o al mismo momento, en este caso, en la parusía de Jesús. ¿Pero tendrá razón nuestro querido hermano López?
El “cronograma” de las Resurrecciones retributivas
Pablo y Juan juntos nos dieron un “cronograma” de resurrecciones retributivas que comienza con Cristo, las primicias (1 Corintios 15:20), luego los que son de Cristo, en su venida (1 Corintios 15:23), y los otros (los impíos) hasta que se cumplan los mil años (Apo. 20:6). Pero como para Dios un día es como mil años, estos impíos resucitarían prácticamente (a la vista de Dios) en el mismo día que lo harán los justos.
¿Pero existe entonces una garrafal contradicción entre lo que Jesús dijo y lo que Pablo y Juan revelaron con relación a la resurrección retributiva? Definitivamente no. Jesús definitivamente no dijo que todos los muertos resucitarían en su parusía, y más bien él dijo que el tiempo o momento para la resurrección de vida sería para la era venidera, la era del reino. Dice Jesús así: “…y en el siglo venidero la vida eterna” (Lc. 18:30). Ojo que él no dice que en el siglo venidero se les dará la vida eterna a los justos y la condenación a los injustos. Simplemente él habla de que en la era venidera, la era del reino, se les otorgará la vida eterna a los justos y punto. Repito: Nada nos dice el Señor que en la era venidera los injustos serán condenados. ¿Entonces por qué Jesús dijo vendrá “hora” cuando TODOS los que están en sus sepulcros oirán su voz y saldrán?¿No implica esto una resurrección general simultánea?
El asunto, creo, es entender lo que se quiere decir por “hora”. Por ejemplo, si un ingeniero urbanista dice que “llegó la hora de levantar un par de centros comerciales en un determinado distrito o colonia”, esto no quiere decir que ambos centros comerciales serán levantados o construidos en el mismo momento, ni terminados en el mismo día o año. El ingeniero simplemente está diciendo que ya llegó la hora o el tiempo para que estos dos centros comerciales, previamente diseñados o proyectados, sean finalmente construidos. También recuerdo cuando el Presidente de mi país prometía en su campaña para la presidencia de la nación, lo siguiente: “Ya es hora de que todos los ciudadanos tengan agua potable y luz en sus hogares”…y esto lo ha venido cumpliendo paulatinamente nuestro presidente en estos cuatro años que lleva en el poder. Por supuesto que nadie pensó en ese momento que el candidato (hoy presidente) cumpliría esa promesa en un santiamén. Tendría que hacerse de a pocos hasta que todos, a su debido momento, pudieran tener agua y luz en sus hogares.
Del mismo modo, si aplicamos este criterio a lo dicho por Jesús en Juan 5:28,29, podríamos transcribir los versículos, así: “No os maravilléis de esto; porque vendrá el tiempo o el debido momento cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. Tiempo o debido momento, sin embargo, no significa forzosamente que todos los muertos oirán su voz al mismo instante o dentro de un periodo de 60 minutos (ni más ni menos). En Lucas 14:14 Jesús parece separar la resurrección de los justos en un momento especial y muy distinto a la de los injustos, cuando dice: “y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (aquí el Señor curiosamente omite, aunque no sin razón, la resurrección de los injustos). Recordemos nuevamente el ejemplo de la construcción de los dos centros comerciales que mencionamos antes. El ingeniero dijo que había llegado la hora para la construcción de los dos centros comerciales, pero seguramente un centro comercial empezaría a ser construido primero, y luego el otro, un poco más tarde. Y finalmente, los dos centros comerciales, con toda seguridad, no estarían listos o terminados en la misma hora o incluso en el mismo año.
Otra evidencia de que TODOS los muertos no resucitan juntos la encontramos en Apocalipsis 20:7,12, donde leemos lo siguiente: “Cuando los mil años se cumplan… vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”. Esta escena ocurre después del milenio, por tanto podemos con razón afirmar que no todos los muertos fueron resucitados en la parusía, antes del reinado de Cristo.
¿Seremos probados una hora?
En Apocalipsis 3:10 leemos lo siguiente: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra”. Nótese que acá se habla de la hora de la prueba que vendrá sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. ¿Es que todos serán probados en el mismo momento y sólo un instante o una hora? Si este versículo es una referencia a la gran tribulación, entonces estamos hablando de 42 meses o tres años y medio. Durante ese lapso, el mundo entero será probado, es decir, los que moran sobre la tierra. Definitivamente esta “hora” se extiende por 42 meses, lo cual no es poco tiempo. Un grupo podrá ser probado al inicio del periodo de 42 meses, otro grupo a la mitad del primer año, otro grupo al finalizar el primer año, y así sucesivamente.
Creo que la Biblia no se contradice, y menos, en un tema tan fundamental e importante como es la resurrección. Me parece que por las ideas preconcebidas de algunos teólogos, las verdades prístinas del Señor son trastocadas, haciéndose ininteligibles para el estudiante sincero de las Escrituras.
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Mucho se ha discutido en los círculos cristianos si el número de los 144,000 sellados de Apocalipsis 7 es, en efecto, una cifra literal de todos aquellos que serán dignos de gobernar con Cristo en su reino. Nuestro amigo y objetor, el Sr. Armando López Golart, nos ha venido enfrentando con ardor, diciendo, a diferencia de nosotros, que los 144,000 salvos de Apocalipsis 7 es un número definitivamente literal, y no simbólico. Para el Sr. Armando López, nosotros estamos fatalmente errados y adversos a la clarísima revelación dada por el Señor mismo a Juan. Sin embargo, cuando analizamos sus argumentos con imparcialidad, podría ser que el hermano Armando tenga razón para sostener lo que dice. El único problema que yo veo en la posición de mi amigo López es que de igual manera deberíamos tomar literalmente el origen étnico de estos 144,000 individuos, que como el mismo Apocalipsis 7 nos dice, todos estos provienen de las tribus de Israel. ¿Será posible, acaso, que el Dios que no hace acepción de personas haya escogido sólo a Hebreos naturales para ser sus coherederos del reino? ¿Será que los gentiles (no hebreos) sólo podrán ser súbditos de ese reino glorioso, y no reyes y sacerdotes?
Cuando nos ponemos a pensar en Dios, él suele colocar la disyuntiva para escoger dos caminos: el camino que lleva a la vida, o el camino que lleva a la perdición. Y cuando se trata del tema de los hijos, él llama a los hombres para que sean parte de su familia como hijos adoptivos o seguir permaneciendo como parias en el mundo. Según Jesús (ver Mateo 13:38), los hijos de Dios (o del reino) son contrastados con los hijos de las tinieblas (o del malo). También Jesús contrasta los hijos de luz con los hijos de este siglo malo (ver Lucas 16:8). Siguiendo esta línea, si sólo Dios tiene 144,001 hijos dentro de su familia, los demás simplemente quedarían como hijos de las tinieblas, del malo, o de este siglo. Entonces nos preguntamos, ¿podría ser que Dios pueda tener sólo 144,001 hijos de luz que gobernarán con él, y a la vez tener una gran multitud de otros salvos/súbditos, que por no ser sus hijos de luz, permanecen irremediablemente como hijos de las tinieblas o del malo? Este, creo, es el gran error de mi querido hermano y amigo, el Sr. Armando López Golart, cuando sostiene que Dios sólo tiene 144,000 hijos (de luz) que coheredaran con Cristo todo lo que el Padre ha prometido, y que son, a su vez, los únicos reyes y sacerdotes en el reino milenario de Cristo.
Pero los hechos son otros. El Señor Jesús, como todos sabemos, vino a buscar a los suyos, y sólo a los suyos (Juan 1:11,12). Es decir, el vino a llamar a su pueblo para el arrepentimiento y ser herederos de su reino. Sin duda, un buen número de ellos le aceptó, empezando con los doce apóstoles, y los que vinieron luego por la predicación de éstos. ¿Pero se completó el número de coherederos con la predicación de Jesús y sus apóstoles? Pues no! Jesús encontró resistencia y animadversión a su mensaje del reino, y él tuvo que dar una sentencia de que su reino sería quitado de ellos (los Judíos incrédulos) y dado a un pueblo que diera frutos. Esto, por sí sólo, nos hace entender que el número de coherederos no se completó con el trabajo de Jesús y sus íntimos discípulos entre los Judíos, sino que continuaría en el mundo gentil a través de Pablo. Este apóstol de los gentiles, por ejemplo, hizo muchos discípulos entre los incircuncisos, entre los llamados paganos, a los cuales él les predicó la promesa de heredar el reino y ser reyes con Cristo si padecían por la fe (Romanos 8:17; Hechos 14:22). El hecho de que muchos conversos corintios se creyeran ya “reyes” en función, denota que ellos entendían que fueron llamados para ser reyes y no meramente súbditos del reino (ver 1 Corintios 4:8). Además, si estos creyentes corintios fueron llamados a reinar con Cristo, y eran gentiles, ¿cómo concuerda esto con los 144,000 hebreos que supuestamente son los únicos que reinarán con Cristo en su reino? La respuesta, a manera de ayuda para Armando, podría ser que estos conversos “gentiles” eran hebreos que habían perdido su identidad. Esta sería la única posibilidad para explicar esta supuesta incoherencia.
Ahora bien, si Don Armando López tiene razón cuando sostiene que el número de coherederos es literal (es decir 144,000 exactamente), entonces también estos futuros reyes convertidos en esta dispensación son todos hebreos, de las diferentes tribus de Israel, o de entre “las ovejas perdidas de la casa de Israel”, y entonces la teoría de las “dos casas” dejaría de ser una hipótesis. Tal vez el mismo Hermano López, y yo, sin saberlo, somos hebreos, pues estamos respondiendo al llamado del Señor para conformar su reino como coherederos y reyes, sobre una humanidad verdaderamente gentil.
Algunos, sin embargo, continuarán preguntándose cómo es posible que sólo 144,000 personas deban reinar con Cristo, y créanme que yo mismo me hago la misma pregunta. ¿Realmente cómo es posible que tan pocos sean hijos de Dios y tan pocos los coherederos del reino con Cristo? Por eso mi negativa a tomar la cifra de manera literal. En todo caso, si Dios así lo propuso, y yo no lo discutiré, habrá que aceptarlo a regañadientes pero con humildad. De todos modos, si verdaderamente es literal el número, entonces tendremos que resignarnos a tan pocas vacantes para tan grande número de postulantes. Esto significa que habrá que perseverar como locos y “serruchar el piso” a nuestros competidores, madurando en la fe, y haciendo más buenas obras, hasta llegar a la perfección. Así, tal vez, obtendremos una corona y un sillón. Esto me recuerda Apocalipsis 3:11, que dice: “He aquí, yo vengo presto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”). Esto me suena a serruchada de piso, pero en fin, así lo manda el Señor.
Por otro lado, mi amigo Armando López debe hacer cálculos matemáticos para sacar algunas conclusiones importantes. Sólo los evangélicos suman hoy unos 100 millones de miembros o algo más en el mundo. Si sólo el 0.1% fuera digno de la corona, allí tenemos ya 100,000 coronados. Quedarían 44,000 coronas y sillones por repartir. Y si sumamos a todos los creyentes de todas las épocas, y de todos las denominaciones, creo que las vacantes se quedarían muy, pero muy cortas, y entonces habría que reajustar las vacantes de manera considerable; salvo claro, que muy poquitos fieles fueron realmente auténticos cristianos durante los últimos dos mil años de historia de la iglesia.
Finalmente, si concedo aceptar de buena gana la literalidad del número de los coherederos (144,000) del reino, deberé concluir también que TODOS los que han aceptado el evangelio, y se han bautizado, son TODOS hechos hijos de Dios, hermanos de Cristo, y miembros de su cuerpo. Sin embargo, TODOS ESTOS HIJOS deberán permanecer fuertes, firmes, y fieles a su compromiso hasta el fin (Mat. 24:13), dedicando su tiempo y energías para la causa del evangelio para que sus nombres, ya inscritos en el libro de los inmortales, no sean borrados finalmente por su inconstancia o por alguna desviación moral o espiritual de su parte. Así que mi hermano Armando López y yo podemos muy bien concordar en esto, sin contravenir la enseñanza de los 144,000 elegidos:
1.- Sólo 144,000 (probablemente todos Hebreos) serán inmortales y reyes en el reino de Cristo, aunque también hay una grande muchedumbre que supuestamente asistirá a los príncipes en su gobernación, pues están frente a ellos y frente al trono.
2.- Que Cristo ha llamado a los hombres para que sean todos hijos de Dios, y sus hermanos, aunque sólo 144,000 llegarán fieles hasta el fin para ser coronados como reyes.
3.- Que todos los creyentes bautizados son miembros del cuerpo de Cristo que es su iglesia, pero sólo 144,000 obtendrán su corona de reyes. El resto simplemente no fueron idóneos o dignos o tal vez obtengan puestos menores.
4.- Que todos los hijos de Dios (los bautizados hechos miembros de su iglesia) están llamados permanecer firmes hasta el final para que sus nombres no sean borrados del libro de los inmortales.
5.- Que los súbditos del reino son todos aquellos de las naciones que sobrevivieron al holocausto final y entraron en su gobierno de buena voluntad, o por la fuerza. Estos no son inmortales, ni necesariamente mansos. Deberán ser reeducados en el reino de Cristo, a través de las normas que saldrán de Sión.
Palabras finales:
Creo que me resulta de todos modos difícil tomar literalmente el número 144,000, porque eso implicaría que todos los esfuerzos del Señor no dieron como resultado un buen fruto “salvífico”, sino una cosecha escasa. En todo caso este problema quedaría resuelto cuando vemos en otra visión apocalíptica una masa de salvos que nadie podía contar de toda nación, pueblo, tribu y lengua, que igualmente estaban frente al trono y frente al Cordero. Esto me llevaría a pensar que si bien 144,000 individuos reinan con Cristo, hay una infinidad de otros salvos vestidos de blanco que estarán colaborando en la gobernación mundial, tal vez como asistentes de los príncipes (Apo. 7:9-11). Esto, claro, es una conjetura, pues hay quienes creen aún que los 144,000 son los mismos individuos que aparecen como una gran muchedumbre incontable.
Sitio de Armando López Golart
2010 Theological Conference
April 25-28, 2010
Simpsonwood Conference Center, Norcross, GA
Registration Deadline: April 2
Y’all Come!
The 19th annual “Theological Conference” sponsored by Atlanta Bible College and Restoration Fellowship will be held in Atlanta at Simpsonwood Retreat Center from April 25-28th, 2010.
We are hoping to bring together a sizeable group of keen students of the Bible who are impassioned about the Kingdom of God Gospel and the great issues of the identity of God and Jesus. Christians obviously want to take fellowship seriously as part of our mutual responsibility to each other. All are welcome, and interaction with the speakers by way of questions and comments is a feature of our meetings.
These three days together in a beautiful Georgia setting are invigorating and life-changing. Believers in the human Jesus are often scattered and isolated. Do please seriously consider spending these precious days with believers of like mind. Your presence there will be an enormous encouragement and blessing to others. You may want to give your own faith story, a brief account of your faith journey so far. These “stories” are often amongst the most gripping and memorable parts of our time together. Participants report on their (often long) search for good biblical sense and thus a closer knowledge of God and Jesus.
The power of the internet, websites and publication and week by week distribution via Amazon, etc, of existing and brand new books about Jesus and his relationship to the One God have vastly widened the availability of truth. Within a few years, multitudes of the nearly seven billion people on earth will be reachable via the Internet. Already more than 1 1/2 billion are! Do come and celebrate these advances and the vital importance of truth with us, and learn of the recent appearance of very significant biblical unitarian sites. The impact on the world for the Gospel of the Kingdom is becoming limitless (Matt. 24:14). The world of communication is unlike anything our forebears would have imagined. We are all part of the Great Commission, as servants of Jesus the Messiah. Several leaders of the One God movement will speak and exhort us to faithful and instructed discipleship.
To register please call Atlanta Bible College at 800-347-4261 or 678-833-1839 by April 2 or print and mail the form below. The minimum deposit is $50 per room.
Conference Cost
Includes 3 nights, all meals, snacks, conf. fee, and tax
Single |
Double(per person) |
Triple(per person) |
Quad(per person) |
$322 |
$247 |
$234 |
$218 |
Transportation
We will provide transportation between Atlanta airport and Simpsonwood for $25 round-trip or $15 one-way, at the following times:
Airport to Simpsonwood |
||
Sunday, April 25 |
1:00 pm |
3:30 pm |
Simpsonwood to Airport |
||
Wed., April 28 |
1:00 pm |
|
Please arrange your arrival time on Sunday early enough to catch one of the two shuttle runs. On Wednesday, April 28, we will provide one (1) shuttle run. In order to allow you enough time to catch your return flight, we suggest you not book your return flight prior to 3:30 p.m.
The conference begins with registration at 4 pm on Sunday and ends with lunch on Wednesday. Driving directions to Simpsonwood Conference Center are at www.simpsonwood.org The address is 4511 Jones Bridge Circle NW, Norcross, GA 30092.
Post-conference Class
Anthony Buzzard will teach “Valiant for Truth (Jer. 9:3): Persuading Others to Believe” from Wednesday afternoon, April 28 to Friday, April 30. The cost for the class is $350 for credit or $175 for continuing education. The total cost for room/meals at Simpsonwood for Wed. and Thurs. nights is $201 single, $151 double (per person). Please call Atlanta Bible College at 800-347-4261 or 678-833-1839 before April 2 to register.
Theological Conference • April 25-28, 2010 • Simpsonwood Conference Center, Norcross, Georgia
Name___________________________________________________________________________________________
Address_________________________________________________________________________________________
City, State, Zip___________________________________________________________________________________
Phone-Home________________________________ Cell_________________________________________________
E-mail__________________________________________________________________________________________
Conference rates per person (includes room, meals, breaks, fee, tax):
Single: $322 Double: $247 Triple: $234 Quad: $218
Room type: Single___ Double___ Triple___ Quad___
Roommate’s name(s)______________________________________________________________________________
Transportation to/from Atlanta airport? Round-trip ($25) ___ One-way ($15) From airport ___ To airport___
If so, Date & Time of Arrival_________________________ Departure____________________________________
Airline & Flight Number____________________________ ___________________________________
Shuttle on Sun. to Simpsonwood (Circle one) 1:00 pm 3:30 pm
Are you taking the after-conference class?________________
Send with minimum deposit of $50 per room by April 2 to:
Atlanta Bible College, PO Box 2950, McDonough, GA 30253
Esta es una revista mensual editada por el erudito unitario británico, Sir Anthony F. Buzzard, en idioma inglés.
Ustedes pueden suscribirse a ella sin costo alguno visitando el link que damos abajo. Sólo escriban su nombre y dirección postal y el primer número les estará llegando en un mes o antes.
No se pierdan la oportunidad de recibir esta publicación que se enfoca en la predicación del reino de Dios y del verdadero unitarismo bíblico, tal como Jesús y sus apóstoles lo hicieron.
Vuestro servidor,
Apologista
http://focusonthekingdom.org/index.html
|
|||||
|
http://focusonthekingdom.org/index.html
En español sólo electrónicamente en:
http://www.focusonthekingdom.org/magazine.htm
By Robert T. Woodworth, U .S. A.
The Courier, Baltimore, Maryland
(The Kingdom Digest April 1978)
A hymn by Timothy Dwight in our hymnal goes:
“I love Thy Kingdom Lord,
The house of Thine abode,
The church our blest Redeemer saved
With His own precious blood”
It is a common error to equate the kingdom of God with the church. The church is the Bodyof Christ, made up of believers. It is not temporal nor material, but spiritual and eternal. The Kingdom of God is the application of a heavenly principle to human government on earth. The kingdom is political and geographical. It is comprised of a people, a place and a king. God’s kingdom will come on earth when God’s will is done on earth as it is in heaven. Christians have been taught to pray for this for 2000 years. (Matthew 6:10). Like the New Jerusalem, the Holy City, God’s kingdom is to come down from God out of heaven. (Revelation 21:2 & 10).
Heaven is where God is. The song-writer was right when he wrote, “Where Jesus is, ’tis heaven there.” Heaven is the spiritual realm of God,but not the material abode of the godly.Unlike the kingdom, heaven has no physical, material, geographical or political entity. Nowhere in the Bible does it ever say that when we die, we go to heaven. The kingdom of God is not heaven. The kingdom of heaven is not in heaven. The heavenly kingdom is composed of an earthly realm and earthly people living by heavenly or divine principles.
The Kingdom of God (or heaven) was the most important subject of Christ’s earthly ministry. John the Baptist came preaching in the wilderness saying,
“Repent ye, for the kingdom of heaven is at hand”- (Matthew 3:2)
When Jesus began to preach, He started with the same basic premise:
“Repent, for the kingdom of heaven is at hand” – (Matthew 4:17)
And the kingdom of heaven is synonymous with the “kingdom of God” (as in Mark 1:14 & 15, 4:11, 9:1 & 47, 10:14 & 15, 23 -25, 12:34,14: 25,15: 43, Luke 8:10,12: 31,10:9,11:20,18:24). Where Matthew uses the term “kingdom of heaven” Mark, Luke and John use “kingdom of God”: Both terms refer constantly to a literal, material, geographical, physical, political, earthly realm containing good and bad elements and people destined to be cleansed, purged, purified and perfected into an ideal, plentiful, peaceful, glorious place for God’s redeemed people under their Redeemer and King!To equate this kingdom with the church or with heaven is to distort the Scriptures. The principles of this kingdom are spiritual, but the application of these ethereal principles to the earthly realm is very practical and powerful. The Companion Bible (Appendices 112,113, 114) contains some useful outlines to show the Scriptural distinction between the kingdom and the church. There are seven terms used to refer to this kingdom in the Bible and none of them refer to the church, the spiritual body of Christ.
One, “kingdom of heaven” is used only in Matthew 32 times, and whenever a parallel passage is found in another Gospel, the “kingdom of God” is used.
Two, “Kingdom of God” as used by the Gospel writers refers always to God’s sovereignty over all, His universal moral rule, from the beginning and without end.
Three, “Kingdom of the Father” (as in Matthew13:43 in the parables of the kingdom) relates to the rule of the righteous in the cleansing of the kingdom from impurities and offences.
Four, “Kingdom of His dear Son” is the Apostle Paul’s reference to the sovereignty of Christ as Creator over His creation and creatures (Ephesians l:10, 20, 5:5, and Colossians 1:13)
Five, “Kingdom of the Son of Man” describes the coming kingdom of Christ (Matthew 16:28) on the throne of David (Isaiah 9:7) for redeemed Israel forever (Daniel 7:13-14, 18, 22)
Six, “Everlasting kingdom of our Lord and Saviour Jesus Christ” is Peter’s term for the outward display of Christ’s glorious reign at His second coming which could be inwardly anticipated and experienced now (II Peter 1:11). Christ gave the keys or secret of this kingdom to Peter (Matthew 16:19)
Seven, finally the “Kingdom of our Lord and of His Christ” is used in Revelation 11:15 to portray prophetically the wonderful rule of the King of kings over the kingdoms of the world.
The Companion Bible Study Helps also lists these ten scriptural reasons why the kingdom of God cannot be equal to the church of Christ.
One, the subjects or citizens of the kingdom are called “heirs” to whom the Father gives the kingdom (James 2:5, Matthew 25:34, Luke 12:32). Nothing like this is said of the church. The members of the church are not heirs of the church; they are not given a church.
Two, Jesus said His disciples were to “receive the kingdom” (Luke 19:12) and be “appointed a kingdom” (Luke 22:29). This is never said of the church which belongs to Christ, the Head.
Three, the church’s officers and ministers are called pastors, elders, deacons, or teachers. (Ephesians 4:11, Acts 14:23, James 5:14, l Timothy 3:8-12). None of these terms are used of officials in the kingdom.
Four, the Greek “basileia” is translated to “kingdom” only four times in the plural, while the Greek word “ekklesia” is translated “church” 115 times and 36 times in the plural. There is no crossing over of meanings in these translations.
Five, Jesus speaks of the “children of the kingdom” (Matthew 13:38, 8:12). He never mentions the children of the church.
Six, the names of the church are never used of the kingdom: His Body (Ephesians l :23), Building, holy temple (2:21), one body, one Spirit (4:4),”members of His body, His flesh, His bones” (5:30), “House of God” (1 Timothy 3:15)
Seven, “Partakers of the heavenly calling” is a privilege of the members of the church (Hebrews 3:1), but the “saints” are to rule and reign with Christ over His kingdom (Daniel 7:18,22,27). They “take” the kingdom and “possess” it (Revelation 5:10, 20:4, 6).No such thing ever occurs in the church.
Eight, the church is now here on earth awaiting a heavenly call (Philippians 3:11, 14).The kingdom is not here yet but awaiting the King from heaven (Hebrews 2:8).(Note: It is here but not operative).
Nine, the church is a secret, a mystery hidden until the time it is to be revealed (Romans 16:25, Ephesians 3:9, Colossians 1:26).The Kingdom is the subject of much prophecy and many parables, (Matthew 13: 2, 31, 33, 45, 47) revealed to the disciples of Christ (v.13-14).
Ten, the characteristics are different:
KINGDOM |
CHURCH |
Christ is king |
Christ is head |
Saints are citizens |
Member of body |
Geographical place |
Universal |
Physical |
Spiritual |
Govemed by laws |
Covered by a creed |
Contains good and bad |
Righteous only |
Imperfect at first |
Perfect, holy |
To be cleansed by blood |
Clean by His blood |
Conducts warfare |
Condition of peace |
The church is sanctified by the Word, and without spot or wrinkle or blemish (Ephesians 5:26,27).
The kingdom is infiltrated by the devil, contains weeds who are children of the wicked (Matthew 13:38,39). The kingdom is to be cleansed and the wicked and
offensive things removed (13: 41, 47-50).
Jesus told us to seek first this kingdom of God and other things would follow (Luke 12:31). Remember that the kingdoms of this world are to become the kingdom
of our Lord Jesus Christ, and He shall reign for ever and ever (Revelation 11:15).The good news that proclaims the coming of the King and His kingdom is called the gospel of the kingdom (Matthew 4:23, 9:35). But the kingdom ofGod is not the church.
of our Lord Jesus Christ, and He shall reign for ever and ever (Revelation 11:15).The good news that proclaims the coming of the King and His kingdom is called the gospel of the kingdom (Matthew 4:23, 9:35). But the kingdom ofGod is not the church.
• * Cuando decimos que el Reino terrenal, queremos decir que tiene dominio sobre toda la creación, de mar a mar. Que tendrá lugar en esta tierra. (Sal 2,8)
• * Cuando decimos que el reino es celestial, queremos decir que comparte las cualidades y atributos de los cielos y por tanto es de Dios (Jn 6,58, Jam 1,17).
• * Cuando decimos que el Reino es espiritual, queremos decir que es regenerativo, puro y santo (Hechos 3.21, Romanos 8.21-23)
• * Cuando decimos que el Reino es temporal, queremos decir que ocupa un lugar en el tiempo, tiene un punto de partida definitivo, puesto que “no ha existido siempre”. A pesar de que será para siempre una vez que venga (Mt 25,34).
• * Cuando decimos que el Reino es político, queremos decir que se yuxtapone a todo juicio del reino humano. Está en contra de los reinos de este mundo. Uno no puede ser un ciudadano de ambos. (Flp 3,20, Mt 6,24)
• * Cuando decimos que el Reino no es de este mundo / cosmos (Jn 18:36), significa que no será el fruto de ningún Reino existente, sino que viene de Dios (Dan 2.44/Isaías 9,7).
Espero que esto sea esclarecedor. Con todo, el Nuevo Testamento es muy claro que el regreso de Cristo es lo mismo que el Día del Señor (2 Pe 3,10-12). Y en ese mismo tiempo, el Reino se iniciará el gobierno de Jesús desde el trono de David su padre» (Lc 1,35). Entonces, si el Mesías ha vuelto, el Reino ha comenzado. Si el Mesías no ha vuelto, entonces tampoco el reino.
Ahora, en lo que se ha planteado, hay diferencias entre los padres de la iglesia con relación a nuestra posición. Y puede muy bien haber diferencias. Ese no es el punto. El punto fundamental es que ninguno de los padres de la iglesia registró el regreso de Jesús en el año 70. Por lo tanto, el Reino no puede haber venido.
Se dice que el reino está “cerca”, sin embargo, nadie – incluyendo a Jesús— nos puede decir exactamente cuándo va a venir. Por lo tanto, ya que era la expectativa de todos los seguidores de Jesús que el Reino volvería en su propia vida – esto no es vinculante, sino simplemente un reflejo de su esperanza. En segundo lugar, hay otro énfasis puesto en “cerca” – que no es temporal! Pero, más bien, está cerca o próximo, porque sientes sus efectos (Mt 12,28, Lc 10,9-11). Los que son curados sienten los efectos del Reino ahora – a pesar de que aún no está aquí.
Entendemos que “esta generación” de Mt 24 como indicativo de esta generación de personas que Pablo describió en 2 Tim 3. Entendemos Mt 16,28 que debe cumplirse en el siguiente capítulo, la visión contemplada por Pedro, Santiago y Juan (transfiguración).
www.elevangeliodelreino.org
Por Anthony F. Buzzard (Trad. Por Apologista)
Un error sistemático plaga los intentos contemporáneos de llevar el Evangelio que salva al público. Es todo una cuestión de qué textos de la Biblia son colocados ante el potencial de converso. Usted puede hacer que la Biblia diga casi cualquier cosa si usted selecciona sus versos de una manera que sólo produce algunas de las evidencias – en particular si se omite por completo la evidencia primaria.
He aquí cómo funciona. Tome unos versos de Romanos (no escritos para gente no conversa sino para aquellos que ya habían escuchado el Evangelio) y usted puede dar la impresión de que ser salvo significa creer que Jesús murió por tus pecados y resucitó de entre los muertos. Un tratado muy ampliamente distribuido que ofrece la salvación declara que “Jesús vino a hacer un trabajo de tres días: morir, ser sepultado y resucitar otra vez”.
Pero ¿por qué empezar con Pablo y los Romanos? ¿Qué acerca de Jesús? ¿No era él el prototipo del predicador y maestro de la salvación y de cómo obtenerla? Según Hebreos 2:3 “El Evangelio comenzó a ser predicado por el Señor Jesús.” Este no comenzó a ser predicado por Pablo o Pedro. Regla número uno en nuestra búsqueda de la fe es comenzar con Jesús. ¿Cómo predicó él la salvación? La respuesta es muy clara. Él no vino a Galilea y dijo: “Arrepentíos y creed que yo morí por tus pecados y voy a resucitar de entre los muertos.” Jesús dijo: “Arrepentíos y creed en el Evangelio” (Marcos 1:14, 15), pero el Evangelio en cuestión fue no fue positivamente en ese momento la información sobre su muerte expiatoria o su resurrección. Se trata de creer en la Buena Noticia (Evangelio), perteneciente al reino de Dios.
“El Reino de Dios” no significa la muerte de un salvador en la cruz. El Reino de Dios no significa la resurrección de los muertos. El Reino de Dios y la resurrección están conectados, sin duda, en el sistema teológico del Nuevo Testamento, pero nunca son sinónimos. “Arrepentíos y creed en el Evangelio del Reino” (Marcos 1:14, 15) es el primer imperativo registrado, el primer mandamiento del Señor y Salvador. Sin embargo, curiosamente, nunca se obtiene una mención en tratados que ofrecen la salvación y casi nunca en las campañas de evangelización de hoy.
Curiosamente y tristemente el Evangelio se ha truncado, de hecho privado de su elemento principal. Jesús puso el fundamento del Evangelio, y salió ofreciendo la salvación, buscando a los pecadores e instándolos a reconciliarse con Dios. Y su herramienta de salvación, durante su ministerio en la tierra, era el Evangelio / Palabra / Mensaje sobre el Reino de Dios (Mateo 13:19).
Tres relatos independientes y concordantes de la técnica de evangelización de Jesús no son ofrecidos por Mateo, Marcos y Lucas. Sin embargo, éstas son ignoradas. ¿Ha leído alguna vez algún folleto que comienza preguntando ¿Qué dijo Jesús que tiene que hacer para ser salvo? ¿Cómo codujo él su misión? ¿Qué dijo él acerca de la conversión?
Puede ser que haya una excepción. El encuentro de Jesús con Nicodemo en Juan 3 recibe alguna mención. De esto nosotros deducimos que hay que “nacer de nuevo.” Nadie, afirmó Jesús, puede ver ni entrar en el reino de Dios si no es primero “nacido de nuevo” o “nacido de arriba.” Aunque el texto adolece de un mal uso popular cuando se le da al Reino de Dios un sentido anti- bíblico como “cielo.” Jesús no ofreció el “cielo” a nadie. El ofreció la herencia de la tierra como la recompensa de los fieles (Mateo 5:5), y prometió a sus seguidores que un día ellos funcionarían como los gobernantes reales “sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). “El lenguaje del “cielo” (p.e: “cuando llegue al cielo”, “él ha ido al cielo”, etc) tiene un efecto de interferencia en estos textos preciosos y claros. El cerebro se confunde cuando se enfrentan a las proposiciones contradictorias: “los mansos heredarán la tierra y reinarán sobre la tierra” (Mateo 5:5 y Apocalipsis 5:10) y “partiremos al cielo” o “está en el cielo. “
“El cielo en la Biblia es en ninguna parte el destino de los moribundos.” Así dijo el sabio profesor en Cambridge en los últimos años (Dr. JAT Robinson, en ‘En el Fin Dios’). ¿Pero ha asumido la iglesia el reto de ver si tal vez tenía razón? “Si te encuentras con algunos de los que niegan la resurrección y dicen que cuando mueran sus almas van al cielo, no los consideres cristianos.” Tal fue la protesta de un portavoz y mártir cristiano del siglo II (Justino Mártir, Diálogo con Trifón, cap. 80).En aquellos días, era abundantemente claro que la Biblia no dijo nada en absoluto sobre las almas disfrutando de una existencia post-mortem en el cielo en el momento de la muerte. Más bien se sabía, porque la Biblia ha sido tan clara en este asunto, que todos los muertos fueron al reino de la muerte, el Seol/Hades, de donde sólo la resurrección colectiva futura de todos los fieles muertos de todas las edades los rescataría y los devolvería a la vida. Fue del sueño de los muertos en la tumba que Jesús rescató a Lázaro (Juan 11:11, 14 – “Lázaro duerme, Lázaro ha muerto: voy a despertarlo de su sueño”). Jesús se alimentaba de las palabras de Daniel 12:2 (y 12:13), donde se dice que los muertos duermen en el polvo de la tierra. Eso dice lo que los muertos están haciendo y dónde lo están haciendo. Jesús fue instruido en las sabias palabras del Eclesiastés 9:5: “Los muertos no saben nada.”
Los muertos, según Jesús, están todavía en el mundo subterráneo de los muertos en espera de su llamada a la vida cuando la séptima trompeta, la trompeta de la resurrección en el regreso de Jesús, suene estrepitosamente para despertar y volver a los muertos a la vida (I Cor. 15:23, 50-55, Rev. 11:15-18; Matt. 24:31; I Tes. 4:16). Esa es una resurrección bíblica. La resurrección bíblica no es, positivamente, volver a unir “almas inmortales” que partieron en un nuevo cuerpo. Esa no es la resurrección como la Biblia lo presenta. La resurrección de la Biblia significa el regreso de todo el hombre que ha muerto, a la vida como una persona completa, recreada, equipada en su resurrección con el cuerpo espiritual descrito por Pablo en I Corintios 15:50-55. Nadie en la Biblia nunca recibió un cuerpo inmortal incorruptible en el momento de su muerte. La inmortalización de los seres humanos sólo sucederá en el regreso de Jesús para resucitar a los muertos. Hasta entonces, los fieles están muertos, como lo son también los infieles. Pablo esperaba que para ganar la corona “en aquel día,” el día de la reaparición de Cristo en la tierra (II Tim. 4:8).
Siguiendo a la resurrección destinada a suceder en la futura reaparición de Jesús (I Corintios 15:23) el Reino de Dios será restablecido en Jerusalén y el mundo estará bajo una nueva administración. Jesús será el primer gobernador exitoso del mundo (Mesías significa exactamente eso – el rey del mundo bajo la autoridad de Dios). En esos días maravillosos, el mundo será de hecho un pueblo bajo un Dios (Zacarías 14:9), aunque todavía diferenciados por grupos nacionales (Isaías 19:18-25), y estará verdaderamente “bajo Dios”. El mensaje del la evangelización apostólica coloca ante el converso un futuro glorioso y la posibilidad de ejercer como asistente inmortal en la buena gestión de los asuntos del mundo en compañía del Mesías Jesús. Ser cristiano es una invitación para entrenarse bajo condiciones de prueba en el “presente siglo malo” (Gálatas 1:4), con miras a la oficina administrativa con Jesús en la “futura tierra de la que hablamos” (Hebreos 2:5).
El germen del futuro glorioso del cristiano es la semilla sembrada en el corazón. Y la semilla es definida por Jesús como “el Evangelio /Palabra sobre el Reino de Dios” (Mateo 13:19; véase también el I Ped. 1:23-25, Santiago 1:18, I Juan 3:9; Gal. 4:28, 29). Satanás trabaja duro y largo para evitar que las semillas tomen raíz en sus corazones. Él sabe bien que contiene ésta contiene la chispa de la vida para siempre! (Lucas 8:12). El Evangelio creador de Dios a través de Jesús inicia el proceso de salvación que se completará en el futuro. Ahora estamos “más cerca de la salvación que cuando creímos” (Romanos 13:11). El Evangelio acerca del Reino establece ante el creyente una llamada a la acción de todo corazón, (incluyendo el bautismo para el perdón de los pecados, Hechos 8:12), una reorientación hacia el brillante futuro del Reino de Dios que viene del cielo, cuando Jesús regrese. Arrepentimiento significa volver atrás en el Pacto mediante la adhesión al gran esquema de Dios para la inmortalización del hombre mortal y el rescate del mundo de la dominación presente de Satanás.
Anuncio Especial
Anthony Buzzard estará debatiendo en inglés (“discutiendo” sería una palabra amable), con el prominente defensor de la Trinidad, Michael Brown, que es un Judío mesiánico, el 8 de febrero a las 3 pm EST (el show será archivado en lineoffireradio.askdrbrown.org).
Luego estará el muy popular polemista James White, autor de un libro pequeño de bolsillo y que es muy fácil de leer, titulado “La Trinidad Olvidada”. El sitio para el debate es premier.org.uk / unbelievable
Job 19:25-26 Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios;
Salmos 68:29 Debido a tu templo en Jerusalén los reyes te traerá regalos.
Isaías 18:7 En aquel tiempo será traída ofrenda a Jehová de los ejércitos, del pueblo de elevada estatura y tez brillante, del pueblo temible desde su principio y después, gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es surcada por ríos, al lugar del nombre de Jehová de los ejércitos, al monte de Sion.
Salmo 122:3,5: “Jerusalén…Porque allá están las sillas del juicio,Los tronos de la casa de David”.
Isaías 24:23 La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso.
Daniel 7:13-14 En mi visión de la noche miré, y he aquí uno como un hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo. Se acercó al Anciano de Días y fue conducido a su presencia. 14 le fue dado dominio, gloria y reino, para todos los pueblos, las naciones y los hombres de cada lengua, le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.Daniel 7:27 Y la soberanía, el poder y la grandeza de los reinos debajo de todo el cielo sea entregado a los santos, el pueblo del Altísimo. Su reino será un reino eterno, y todos los dominios le servirán y le obedecerán”.Jeremías 3:17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón. Joel 3:16-21 Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel. Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella. Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim. Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente. Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación. Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado; y Jehová morará en Sion.
Zacarías 14:8-11 Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno. Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre. Toda la tierra se volverá como llanura desde Geba hasta Rimón al sur de Jerusalén; y ésta será enaltecida, y habitada en su lugar desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la puerta primera, hasta la puerta del Angulo, y desde la torre de Hananeel hasta los lagares del rey. Y morarán en ella, y no habrá nunca más maldición, sino que Jerusalén será habitada confiadamente.
Mateo 5:33-35 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera;ni por el cielo, porque es el trono de Dios;ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
2 Timoteo 2:12 Si sufrimos, también reinaremos con él.
Apocalipsis 5:10 y nos has hecho un reino de sacerdotes para servir a nuestro Dios, y reinaremos sobre la tierra. “
Apocalipsis 12:5 Ella dio a luz a un hijo, un hijo varón, que regirá todas las naciones con cetro de hierro.
Apocalipsis 19:15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones. “Él las regirá con vara de hierro”.
Apocalipsis 20:4-6 Y vi tronos, y se sentaron sobre los que recibieron facultad de juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. Ellos no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en sus frentes ni en sus manos. Ellos vinieron a la vida y reinaron con Cristo mil años. 5 (El resto de los muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.) Esta es la primera resurrección. 6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Una de las verdades que nos revelan las Escrituras es que el Satanás es el “dios de este mundo” (2 Corintios 4:4), y que “todo el mundo yace bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19). De otro lado, Dios busca que los hombres sean trasladarnos del reino de las tinieblas al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13).
Sin duda, Satanás el diablo no sólo existe, sino que controla a sus huestes demoníacas y humanas de maldad. Jesús acusó a los Fariseos de ser “hijos del diablo” porque hacían la voluntad de Satanás (Juan 8:44). Es decir, se habían convertido en descendencia del diablo, y en sus instrumentos de maldad para desacreditar y eliminar al Hijo de Dios.
Del mismo modo, el diablo utiliza a hombres incrédulos y malvados para perseguir a los hijos de la luz y matarlos. El mundo impío se opone a todos aquellos que predican la verdad y la luz, y por eso muchos cristianos tienen serios problemas para convertir a los perdidos, y más bien, se convierten en víctimas de sus opositores. No es de extrañar que el mundo odie la luz y ame a las tinieblas, porque sus obras son malas (Juan 3:19).
Así que el diablo es un enemigo real del hombre, y él sigue siendo el “dios de este mundo”. Esto parecería extraño para aquellos que afirman que Dios es el Soberano del Universo y nadie más. Sin embargo, dentro de Su soberanía, Dios ha permitido que el Diablo tenga su participación malvada en este mundo para que seamos probados y hacernos dignos de su reino. En su soberanía, sin embargo, Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos aguantar. De modo que la soberanía de Dios se hace manifiesta en que Él no permitirá que el enemigo nos oprima de tal manera que ya no podamos vencerle. Además, Dios está siempre de nuestro lado, no sólo para darnos fuerza en la debilidad, sino para evitar que éste nos mate.
Sólo siguiendo a Jesús escaparemos de las Tinieblas
Jesús dijo: Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”. Sí, amigos, sólo caminando con Cristo podemos escapar de las tinieblas Satánicas. Pero el mundo no percibe esto porque el diablo ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria (que es otra palabra para ‘reino’) de Cristo. Sí, el mundo ha sido entenebrecido para que el mensaje del reino futuro de Cristo no les amanezca y no lo entiendan para ser salvos. El diablo ha sido muy hábil para confundir al mundo con mensajes o doctrinas de demonios que distraen la atención de los incrédulos para que no crean en el evangelio del reino de Cristo. Y es que el reino de Cristo no es un “reinado de Cristo en el corazón de los hombres” como sostienen los más de los evangélicos, sino un gobierno literal y mundial encabezado por Cristo y su iglesia y que depondrá al diablo de su trono y dominio actual sobre este mundo malo. Aquí se trata de una futura revolución mundial cuyos protagonistas serán Cristo y Satanás.
Sabiendo Satanás que su tiempo es corto, él está buscando a quien devorar, y para ello maquiavélicamente emplea métodos sutiles de engaño y decepción (1 Pedro 5:8). Allí tenemos a los ufólogos que nos vienen con el cuento de que nuestros “hermanos mayores” de otras galaxias nos sacarán de este marasmo y nos conducirán a la luz y a la verdadera sabiduría que nos salvará. Allí tenemos a los evolucionistas que nos dicen que descendemos de los simios, y a los filósofos que nos vienen con el cuento de que no hay otra vida después de ésta y que lo sabio sería vivirla al máximo sin privarse de los placeres que nos brinda esta existencia. También el enemigo nos ha puesto ante nosotros la pornografía, la pedofilia, los anuncios que promueven la avaricia y la vanidad, y muchas otras porquerías más que están corrompiendo más y más a nuestra sociedad. El diablo no sólo tiene un reinado en nuestras mentes, sino también en todo este mundo supuestamente maravilloso, repleto de tecnología y progresos estupendos nunca antes vistos. Pero la realidad es que este es un mundo loco, caótico, y diabólico por donde se lo mire. El aumento de la maldad y del materialismo es preocupante, y más aún, el alejamiento total de Dios de la mayoría de los hombres que habitan este planeta. Sin duda, el diablo ha logrado dominar el mundo con un buen grado de eficiencia.
Cristo derrocará al Diablo de su trono
La proclama del reino de Cristo es el anuncio del destronamiento del diablo de su trono de autoridad sobre este mundo malo (Apo. 20:1-4). Será el fin del gobierno del terror y de la maldad y el inicio del reino de la paz y la justicia. Es el nacimiento de una nueva era, la era del reino, la era de la vida eterna en una nueva tierra. El reino de Dios no es sólo un supuesto “reinado de Cristo en nuestros corazones”, sino un gobierno literal en este mundo, y sobre los hombres de buena voluntad. Será una nueva sociedad regida por un rey literal, personal, visible, que ejerce sobre un trono, un reino, muchos súbditos, y una ciudad capital. Pero mientras esto no suceda, el diablo seguirá aprovechando el tiempo que le queda para perseguir a los santos y hacerlos sus vasallos. El seguirá tentando a los hombres, especialmente a los santos, para vencerlos. Su intención es dejarle sin seguidores al futuro rey y así boicotearle su derecho al trono de David. El diablo sabe que Jesús proclamó LAS BUENAS NOTICIAS de su deposición, de su ruina, y de su condenación eterna. Sin duda, esas buenas noticias de Cristo les saben MUY MAL a Satanás y sus demonios. Es por eso que cuando Jesús tuvo su encuentro con el poseso Gadareno, los demonios le dijeron: “¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo”? (Mateo 8:29).
Algunas denominaciones cristianas, como los llamados amilenialistas, sostienen que Jesús nunca habló de un reino literal en la tierra con Cristo y su iglesia reinando desde Jerusalén en la era venidera. Estos “cristianos” sostienen que la iglesia es el reino sobre el cual gobierna Cristo. Sin embargo, ellos tienen dificultad para respondernos cómo es posible que Cristo reine en un mundo en donde el diablo sigue dominando y aumentando la maldad por doquier. Si Cristo realmente estaría reinando sobre su iglesia, ¿cómo se explica que aumenta la persecución de los cristianos y la apostasía? ¿Qué clase de dominio es éste, por favor? Realmente nos resulta una paradoja irresoluta.
Por otro lado, hay quienes creen que el reino de Dios será implementado por los esfuerzos de los propios cristianos, a través de la difusión del evangelio a todo el mundo. Esto supone una conversión generalizada del mundo entero antes de que Cristo regrese. Pero esta teoría tampoco es razonable, y menos, bíblica. Jesús dijo que su evangelio sería predicado al mundo entero como TESTIMONIO a todas las naciones, y luego vendría el fin. Es decir, Jesús no creyó en una conversión mundial por los esfuerzos de sus partidarios. El anuncio del evangelio sería sólo como testimonio y advertencia a los pueblos de lo que se viene. Sin embargo, los pocos que creyeran en este anuncio, y fueren bautizados, pasarán a ser los ejecutivos de ese reino futuro en la tierra.
Haciéndole un favor al diablo
Cuando los cristianos de hoy predican un evangelio mutilado, parcial, o diametralmente opuesto al verdadero, lo único que están haciendo es hacerle un favor enorme al diablo, pues éste sabe que la creencia en el verdadero evangelio es sinónimo de salvación. El diablo, conocedor de esto, ha inventado nuevos evangelios que no salvan a nadie, por más sincera que sea nuestra fe en ellos. Realmente la Biblia nos habla de un solo evangelio (Gál. 1:6-9), y no de dos o más. El evangelio social, el evangelio de la prosperidad, y algunos otros como éstos, no son auténticos, sino fraudulentos, y los que creen en ellos no podrán salvarse. Recordemos que el único evangelio salvador, es el del reino de Dios y también la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día. En esto tenemos que ser claros. Pero a pesar de que el reino de Dios fue predicado insistentemente por Cristo y los suyos, éste sigue siendo olvidado o ignorado por la gran mayoría de “creyentes en el evangelio”. ¿No será que estos hermanitos están cegados por el enemigo, y se han convertido así en verdaderos incrédulos? Sí, es cierto, se creen cristianos, pero son incrédulos del evangelio de la gloria (reino) de Cristo. ¿Pero seguirán la mayoría de cristianos en la fila de los incrédulos, sosteniendo simplemente un reino espiritual, o un “reinado de Cristo en los corazones piadosos”? Es hora de quitarse el velo de la ceguera espiritual y retomar el evangelio prístino de Cristo.
¿El evangelio del Reino o el evangelio de la Gracia?
Tenemos que advertir en contra de aquella tesis que dice que Cristo predicó el evangelio del reino a los Judíos y sólo a ellos, y que a Pablo le encomendó a predicar otro evangelio llamado de la gracia. ¿Pero podría Pablo predicar un segundo evangelio y decir luego que sólo hay un evangelio proclamado y que debe ser creído por todos, sean Judíos o gentiles? (Gál.1:6-9).
Sería bueno recordar que efectivamente Pablo habló del “evangelio de la gracia” pero este evangelio es el mismo “evangelio del reino”. Esto se hace claramente evidente y no admite discusión alguna, cuando uno lee con cuidado Hechos 20:24,25. Aquí Pablo usa indistintamente “el evangelio de la gracia” y el “evangelio del reino” como sinónimos. Estos dos versículos son suficientes para demostrar que el evangelio de Pablo era el mismo evangelio que Cristo introdujo en su ministerio (Marcos 1:1,14,15).
¿Es la muerte, sepultura y resurrección de Jesús el evangelio completo?
Finalmente, es importante subrayar que el evangelio resumido por Pablo en 1 Corintios 15 COMIENZA diciendo esto: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (versículos 3-8). Estos versículos han servido a muchos cristianos para justificar que el “verdadero” evangelio de Pablo era el anuncio mundial de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo al tercer día. Esto es algo que creemos incuestionable y muy claro. Sin embargo, los más de los Estudiantes de la Biblia omiten analizar ciertas palabras, e incluso, comas y otros signos ortográficos. En este caso quiero referirme al vocablo “PRIMERAMENTE”. Obviamente Pablo da a entender que su evangelio está compuesto, pues dice, “Porque PRIMERAMENTE os he enseñado lo que asimismo recibí”…y entonces Pablo procede a anunciar la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo. El vocablo “PRIMERAMENTE” nos dice que hay una segunda parte, por lo menos, que hay que completarle al anuncio para obtener la TOTALIDAD del evangelio, y eso lo descubrimos cuando leemos que Pablo también predicaba el evangelio del reino de Dios junto con el nombre del Señor Jesucristo (que incluye, ciertamente, su muerte, sepultura y resurrección al tercer día). Veamos sólo 3 textos clave:
“Predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento” (Hechos 28:31).
“Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios” (Hechos 19:8).
“Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:25).
Con estos 3 versículos nos convencemos de que Pablo predicó también el reino de Dios, el evangelio original y único de Cristo para el mundo junto con el mensaje de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo al tercer día (Mateo 24:14).
Así que no se puede hablar del reino de Cristo sin hablar, al mismo tiempo, de su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Y no se puede hablar de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día, sin hablar al mismo tiempo de su reino. ¿Y por qué esto? Porque si Cristo no hubiera muerto por nosotros, y resucitado glorioso al tercer día, entonces nuestra esperanza de entrar en su reino sería simplemente una utopía o una simple ilusión.
Dios les bendiga,
www.yeshuahamashiaj.org
Observada desde el espacio exterior, la tierra es asombrosamente hermosa. Esto ha sido confirmado por los astronautas que han tenido la oportunidad de verla desde esa perspectiva. La tierra es una hermosa joya en la creación de Dios y es el lugar escogido en todo el universo donde él ha prometido revelar su reino en toda su gloria. Por eso es tan bella.
Entre todos los planetas del sistema solar, solamente la tierra ha sido perfectamente acondicionada para todas las formas de vida y es el único planeta que gira alrededor del sol a la distancia necesaria para proveer condiciones confortables para la raza humana.
La Biblia: única fuente de información
Solamente la Biblia puede explicar la razón de ser de tales condiciones. Es porque fue el Creador
“el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro” (Isaías 45:18).
Pensamos que es lógico afirmar que si hay un Gran Diseñador y si él ha creado una raza de seres para que habiten nuestro planeta, entonces debe haber habido un objetivo final en su mente. Afortunadamente no tenemos que adivinar cuál es ese objetivo. Desde el día en que Dios puso al ser humano en la tierra, su propósito supremo fue que su creación correspondiera voluntariamente a su propia perfección:
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).
La fase final del cumplimiento de esa intención es lo que la Biblia describe como el reino de dios en la tierra.
Un verdadero reino
Debido a que será un reino verdadero en el sentido físico y político, tendrá un rey, un gobierno, una capital y un sistema internacional de leyes. Dios ya delegó “toda potestad… en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18) a su propio Hijo, el Señor Jesucristo. Lo que es más, aprendemos que la fecha en la que se establecerá el reino ha sido señalada en el calendario divino:
“Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hechos 17:31).
El reino de Dios en la tierra pronto será una realidad. Las abundantes señales que anuncian su establecimiento no son el tema de este estudio; pero estamos totalmente convencidos de esto. El venidero reino milenario constituirá el evento más emocionante que el mundo jamás ha visto. Opacará todos los períodos de la historia conocidos por “el siglo de las luces,” “el período clásico,” “el renacimiento,” etc. El reino de Dios proveerá un magnífico ambiente en este hermoso planeta para todos los que reconozcan a Dios como Supremo Creador y a Jesucristo como Rey del mundo.
Un bello mundo
Use su imaginación por un momento. Piense en un mundo de paz, cuyos habitantes son saludables y bien alimentados y realizan labores provechosas. Imagine un mundo en el cual hay empleo para todos, donde la gente no es explotada y donde un hombre puede tener una vida larga y próspera. Un mundo en que el hambre y las pestes ya no matan a la cuarta parte de la población y donde todos los recursos de la tierra y el mar son aprovechados. Ya está teniendo usted una idea de lo que será el reino de Dios.
Ahora reflexione sobre la ausencia de fanatismo religioso o luchas sectarias. Imagine los beneficios de leyes aceptadas internacionalmente y administradas por jueces justos e insobornables. Evoque un cuadro mental de la vida sin terrorismo y abuso infantil, donde prevalece el amor al prójimo mientras las tendencias malignas son disuadidas; donde los gobiernos establecen buenas normas de conducta e implementan formas justas de retribución. ¡Eso será el reino de Dios en la tierra!
Para mucha gente, el reino de Dios es sólo una vaga esperanza de que algún día el hombre creará un estado de felicidad en la tierra. Para otros, el reino es un sueño de felicidad en los cielos. Pero la persona realista sabe que las aspiraciones y los esfuerzos de los hombres no están produciendo un mundo mejor para nosotros o nuestros hijos. De la misma manera, cualquiera que lee cuidadosamente la Biblia sabe que no hay evidencia en ella para la creencia común en una vida celestial después de la muerte. El reino tiene que ver con un imperio real y tangible que será establecido cuando el Señor Jesucristo regrese de los cielos a la tierra en un futuro cercano.
“Venga tu reino”
Los discípulos de Jesús encontraban que era difícil orar a Dios. ¿Qué debían pedirle? ¿Cuáles eran las prioridades? El Señor solucionó tales problemas enseñándoles lo que llamamos el Padrenuestro. Esta oración estableció las prioridades: Dios es un Padre, un proveedor; Dios ya posee un dominio en los cielos donde su voluntad es obedecida, y ese dominio o reino de Dios ha de establecerse también en la tierra. Esta era una poderosa plegaria:
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra… porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos” (Mateo 6:9-13).
La cristiandad aún repite esta oración. Las palabras “Venga tu reino” deberían estar siempre en los labios de los cristianos fieles.
La mayoría de seres humanos actúan como si no hubiera Creador ni propósito en el mundo que los rodea. Pero ellos no tienen excusa si consideramos las maravillas del cuerpo humano y los milagros de la vida vegetal. ¿Llegó a existir esto por casualidad, o fue diseñado? Aun los ateos se asombran ante las maravillas increíbles de las células vivientes. El apóstol Pablo, un hombre muy bien educado en su época, declara que el ateísmo es insostenible:
“porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:19,20).
Dado que existe un Dios y que él tiene preparado un futuro para la raza humana, ¿podemos estar seguros que él nos ha revelado ese futuro? Por supuesto que sí. La Biblia en su totalidad, de principio a fin, revela las intenciones de Dios para la tierra. Él habló a los “padres” por medio de los profetas, y “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo” (Hebreos 1:1,2). Esta es la razón por la que el evangelio del reino fue el principal tema de la enseñanza de Jesús. “Recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino” (Mateo 4:23). Él no dejó duda de cuando habría de llegar ese reino:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones…” (Mateo 25:31,32).
¿En qué parte de la tierra estará el reino?
Para contestar esa pregunta remontémonos por un momento hasta el tiempo del Antiguo Testamento. En esa época los judíos pensaban que el reino de Dios en la tierra estaría limitado a Palestina. Sabían que Dios había prometido Canaán (un antiguo nombre de Palestina) a Abraham, Isaac y Jacob (Génesis 15:18;17:8). Dios consideró esta parte de la tierra con favor especial. Palestina era una tierra santa para Dios porque en ella y alrededor de ella demostraría su propósito para las naciones. Era una tierra fértil, una “tierra que fluye leche y miel,” bien regada y apropiada para buenas cosechas. Los judíos sabían que ellos eran el “pueblo elegido” debido a la extraordinaria fe de su padre Abraham, la cual dio lugar a la elección de Dios.
Después del éxodo de Egipto la relación especial que se había establecido entre Dios y los israelitas resultó en que Él los llamara su reino. Dios era su Rey y ellos eran su pueblo:
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos… un reino de sacerdotes, y gente santa” (Éxodo 19:5-6).
Pero el pueblo de Israel no cumplió su parte del convenio por mucho tiempo, y con frecuencia se degeneró hasta el nivel de las naciones que lo rodeaban. Pero en los días del rey David y su hijo Salomón los israelitas experimentaron una especie de muestra de lo que sería el reino de Dios. Prosperaron, se multiplicaron y tuvieron paz en la tierra. Esta situación fue resumida por el rey David cuando dijo:
“Y de entre todos mis hijos… eligió (Dios) a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel” (1 Crónicas 28:5).
El fracaso del reino judío
Lamentablemente, la fase positiva de la historia de Israel fue de corta duración. Las fallas humanas, la arrogancia y el descuido de las normas divinas degradaron la nación. Pronto dejó de parecerse a un reino en el que Dios fuese el Rey, a tal grado que después de unos siglos Dios tuvo que suspender la descendencia real. El rey de Babilonia estaba a punto de conquistar y destruir la ciudad de Jerusalén, y por mucho tiempo ya no habría un reino de Dios visible. Al último monarca de Israel se le dijo:
“A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré” (Ezequiel 21:27).
Esta afirmación fue una enfática predicción de la desolación de la línea real hasta que viniera el legítimo heredero al trono, Jesucristo. En otras palabras, hasta que el reino de Dios apareciera de nuevo en la tierra.
Por consiguiente, no es sorprendente que siempre hubiera un remanente de judíos fieles que esperaban un Mesías de la descendencia del rey David, de la tribu de Judá. Los discípulos de Jesús estaban grandemente emocionados ante la perspectiva del restablecimiento del reino de Dios en la tierra de Israel. Después que él fue levantado de entre los muertos le preguntaron: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6).
De hecho, ellos estaban muy impacientes y ansiosos. Habían visto el título “Rey de los judíos” colocado en la cruz. Jesús había salido de la tumba y una vez más estaba con ellos, vivo y bien, incluso inmortal, y estaban impacientes porque él se sentara en el trono de David y estableciera el reino de Dios inmediatamente. Pero aún no era tiempo. Primero tenía que ser predicado el evangelio del reino a todas las naciones, y no solamente a los judíos. Jesús les dijo:
“Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Jerusalén, capital del mundo
Hemos visto que el núcleo del reino de Dios será la nación judía restaurada, con un rey judío. Ahora bien, todo rey debe tener una residencia, una ciudad capital, una sede. Jerusalén será esa capital. ¿Qué otro lugar podría ser más adecuado? Mil años antes de Cristo el salmista declaró:
“Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sión, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey” (Salmos 48:2; ver también Mateo 5:35).
Constituirá una magnífica ciudad capital, más céntrica que Nueva York, Moscú o Londres e inmediata a los grandes continentes de Europa, África y Asia.
El reino de Dios será un imperio mundial y Jesús será el emperador. Esto fue revelado hace mucho tiempo. El profeta Daniel interpretó una visión que predecía los imperios sucesivos de Babilonia, Persia, Grecia y Roma, seguidos de un mundo fragmentado, con naciones fuertes y débiles. Esta situación prevalecería hasta el advenimiento de Jesucristo, quien descenderá como una piedra para aplastar a las naciones rebeldes en los postreros días:
“En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).
He aquí otra afirmación profética:
“Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).
Juicios en el mundo
Antes de proseguir, recordemos que el retorno de Jesucristo traerá tanto conflictos como bendiciones. La conquista de las naciones no se logrará sin que haya mucha resistencia. Observemos cuatro aspectos:
“Todas las naciones” se reunirán contra Israel, pero Jesús destruirá a los invasores (Zacarías 14, Ezequiel 38,39).
Jerusalén sufrirá un gran terremoto, con resultados devastadores, cuando “se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos” (Zacarías 14:4).
Algunos gobernantes se opondrán al Cristo y “se levantarán… contra Jehová y contra su ungido” (Salmos 2:2); pero serán juzgados por Dios (Isaías 34; Apocalipsis 18).
Habrá una resurrección y un juicio. Grandes serán los lamentos de aquellos que son rechazados, quienes tuvieron la oportunidad de hacerse discípulos de Jesús, pero la desperdiciaron. Por otra parte, habrá gozo para aquellos a quienes el Rey dirá: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).
Los lectores encontrarán más información acerca de estos sucesos dramáticos en los folletos ¡Cristo Viene! y Resurrección y Juicio.
El reino comienza
Realizados estos sucesos y habiendo el Rey conducido a su victorioso ejército de seguidores fieles a la ciudad de Jerusalén, entonces el verdadero trabajo del reino de Cristo podrá comenzar. Habrá que construir un nuevo templo y las tribus de Israel deberán ocupar sus respectivas divisiones en la tierra de Israel.
Los embajadores de las naciones comenzarán a llegar para presentar sus respetos al Rey:
“Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba (Arabia) ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él” (Salmos 72:10,11).
Hasta los sobrevivientes de aquellos enemigos que invadieron la ciudad santa vendrán a adorar, porque
“todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías 14:16).
Las naciones estarán animando a sus ciudadanos: “Venid, y subamos al monte de Jehová.” Ellos harán esto porque:
“Nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” (Isaías 2:3).
El resultado de esta educación será extraordinario. Las naciones “volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces,” una forma pintoresca de describir el desarme. No habrá más guerra.
Los habitantes del reino
Debemos aclarar una o dos cosas sobre los habitantes del reino de Dios. Habrá dos clases de personas: en primer término los gobernantes y líderes espirituales, quienes serán inmortales (es decir, nunca morirán), y en segundo lugar los ciudadanos del reino, quienes serán mortales (esto es, podrán morir).
El primer grupo incluirá a Jesús, Rey universal; Abraham, David y otros siervos de Dios de antaño, quienes ocuparán puestos de honor en el imperio; los doce apóstoles y los fieles seguidores de Jesús, los santos, quienes serán los gobernantes administrativos y educadores de la nueva era.
El segundo grupo estará formado por las personas mortales del mundo quienes al regreso del Cristo sobrevivan a los juicios de la tierra y acepten de buena voluntad que Jesús sea su Rey. Esto incluirá a los judíos, a quienes se les permitirá residir en Israel.
Los inmortales
La inmortalidad es el don de vida eterna que Dios dará a las personas de todas la épocas históricas que hayan fielmente obedecido y practicado sus mandamientos. Estos serán aquellos de los que se dice en el texto sagrado:
“Nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra… y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 5:9; 20:4).
No debemos suponer que un ser inmortal es algo como un fantasma. Jesús era inmortal después de su resurrección, pero comió y bebió con sus seguidores y demostró tener poderes físicos extraordinarios. El cuerpo inmortal tiene carne y huesos como los otros, pero está impulsado por el Espíritu de Dios, no teniendo que sufrir enfermedad o incapacidad.
Como todo gobernante sabio, Jesús delegará gran parte de la conducción de su imperio a otras personas que hayan sido adecuadamente instruidas. Prominentes entre aquellos que estarán estrechamente asociados con el Rey serán los grandes ejemplos bíblicos de fe: hombres como Abraham, descrito como “heredero del mundo” en Romanos 4:13; Isaac, Jacob, José, Moisés y Samuel estarán allí. También mujeres como Sara, Rahab, Rut, María y Elizabet.
Gobernantes con Cristo
Habrá un rol especial para los doce apóstoles, como él lo prometió:
“De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19:28).
Según el libro de Daniel, el profeta vio una visión del reino de Dios en la tierra, y se le habló de las personas que lo gobernarían:
“Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre” (Daniel 7:18).
¿Qué tienen de especial estos gobernantes inmortales llamados “santos”?
“Santo” significa alguien consagrado o separado; una persona escogida por su dedicación a los principios divinos. De la misma manera que los hombres que fueron seleccionados para recibir el espíritu de Dios y ayudar a Moisés a gobernar a Israel, ellos también serán: “varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia”(Éxodo 18:21). Pero con una gran diferencia: los del tiempo pasado murieron, pero los gobernantes del futuro no morirán y sus cualidades no se perderán con la edad.
El Rey tendrá el discernimiento para seleccionar los hombres o mujeres correctos para cada puesto, y para utilizar las habilidades mentales y corporales que comenzaron a desarrollar durante su servicio en esta vida presente.
La cualidad de vida eterna
La vida eterna les dará maravillosos beneficios a estos gobernantes y maestros. Con una mente saludable y un cuerpo físicamente perfecto, no tendrán que sufrir los efectos debilitadores de la enfermedad o la incapacidad: “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno… Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” (Apocalipsis 7:16-17). Como su Señor, ellos también sabrán lo que hay en el hombre (Juan 2:25), y poseyendo la habilidad infalible de diagnosticar la fuente de los problemas humanos, podrán erradicar a los perturbadores y promover la comprensión entre vecinos. ¡Imagínese lo que esa habilidad podría lograr en algunas de las actuales zonas de conflicto del mundo!
¡Cuánta transformación comenzará a realizarse por toda la tierra cuando los administradores inmortales del Cristo sean enviados desde Jerusalén! Nuevas leyes basadas en principios bíblicos tendrán el efecto de eliminar la corrupción del partidismo político, y rápidamente removerán la causa de tanta enemistad entre diferentes comunidades religiosas.
Mil años de paz
Por supuesto, se necesitará tiempo para que estos cambios surtan efecto y la gente vea los beneficios de su nuevo modo de vida. No sucederá de la noche a la mañana. Pero habrá un período de mil años para la gloriosa transformación de los pueblos de la tierra antes de que el programa de Dios esté completo.
No debemos imaginarnos la era venidera como una fantástica tierra de maravillas. Será un mundo muy real poblado por todos los que hayan sobrevivido a los castigos de Dios y hayan llegado a reconocer que Cristo es Rey del mundo y que está dispuesto a gobernar con “vara de hierro” por el bien de toda la civilización. Pero las naciones mortales todavía tendrán sus propias características y culturas y sus propios rasgos étnicos. Los gobernantes tendrán el don de hablar otros idiomas; pero puede pasar mucho tiempo antes de que los dialectos del mundo sean cambiados completamente a un lenguaje universal, el cual anulará la confusión de Babel (Génesis 11) y eliminará los recelos y las dificultades de la comunicación en diversas lenguas.
Un buen sistema de justicia
En todos los niveles de la sociedad humana existen fuerzas que tienden a minar la feliz y beneficiosa coexistencia entre los pueblos. Ninguna ideología, ya sea el capitalismo o el comunismo, y mucho menos la tiranía de déspotas crueles, ha podido arreglar esta situación. Son las fuerzas de la avaricia, la corrupción, la subversión, los sobornos y la ambición personal. Todo esto va a cambiar. Habrá justicia para los pobres y los desamparados. Jesús mismo se asegurará que esto se realice:
“No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres , y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío” (Isaías 11:3-4).
En el mundo venidero, cuando “príncipes presidirán en juicio”(Isaías 32:1), se cambiará todo el balance de la sociedad: no habrá más una ley para el rico y otra para el pobre. Las mismas reglas se aplicarán ya sea que uno viva en Washington, Moscú o Beijing, porque estarán basadas en el Sermón del Monte y en los principios divinos establecidos por el Rey y su corte en Jerusalén.
¿Cómo afectará esto la vida de los habitantes de la tierra? Cuando los criminales y los pandilleros se den cuenta de que no pueden engañar a los jueces y que cada acto de delincuencia será debidamente castigado, la mayoría de ellos pronto aprenderá que el amor al prójimo y las virtudes de la honestidad y la verdad son muy preferibles a la delincuencia para llevar una vida feliz y próspera. Significa que familias y vecinos podrán vivir en perfecta armonía y redundará en un alivio de las enemistades nacionales e internacionales. Como dijo Isaías:
“El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:17).
Las restricciones impuestas por los gobernantes inmortales prevendrán los peores excesos de la naturaleza humana. Los pecadores impenitentes y rebeldes serán ejecutados, acortando de este modo la larga vida que de otro modo la gente podría gozar.
“Con el espíritu de sus labios matará al impío” y “el pecador de cien años será maldito” (Isaías 11:4; 65:20).
Buena salud
Isaías también nos dice:
“No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años” (65:20).
Esto significa que la mortalidad infantil, que aún afecta a muchos países en vías de desarrollo, será eliminada. Quien haya llegado tan sólo a la edad de 100 años, aún será considerado un niño. ¡Qué cambio en relación con el tiempo presente, cuando la expectativa de vida en algunos países es sólo de unos 40 años, y hasta en los países avanzados en la medicina solamente se alcanza setenta u ochenta años (Salmos 90:10)! La niñez será de gozo y la vejez no será una desgracia, porque “aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas” (Zacarías 8:4-5).
Si Jesús, el gran médico, en su primer ministerio pudo sanar a los enfermos, curar a un ciego de nacimiento, hacer que los inválidos caminaran, exorcizar desórdenes mentales y resucitar muertos, entonces hay total seguridad de que él y sus ayudantes harán eso y más en el futuro. Cuando los habitantes del mundo decidan volverse a las normas divinas y a buscar ayuda de la manera correcta, entonces azotes como el cáncer y las enfermedades del corazón tendrán que desaparecer. Cuando las personas vuelvan a respetar la santidad del matrimonio y el comportamiento sexual correcto, entonces pestilencias como el SIDA no volverán a afligir a las naciones. La buena noticia es que :
“Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Isaías 35:5-6)
Recursos mundiales para bien de todos
Es un triste comentario sobre la civilización moderna el hecho de que a pesar de el potencial abundante del suelo para la producción de alimentos, el hombre sea incapaz de alimentar la creciente población de la tierra. No puede distribuir los recursos u organizar la labor de manera que cada uno tenga un trabajo que lo satisfaga y lleve una vida próspera y contenta. Pero puede hacerse. Los recursos han existido desde que el Creador diseñó esta tierra tan fructífera. Lo que se necesita es gente recta con el compromiso y la autoridad para resolver los problemas materiales y organizar la justa distribución de las riquezas de la tierra.
Es digno de recordar que Jesús fue tanto un gran organizador como también un gran maestro. Lo que pudo hacer alimentando miles de hombres, mujeres y niños en grupos bien ordenados de cincuenta o cien, con una docena de asistentes, con seguridad lo hará entre los millones de personas hambrientas cuando él sea el Rey designado por Dios para gobernar sobre la tierra. Las desgarradoras escenas que nos han reportado de Etiopía, Mozambique o Bangladesh serán una cosa del pasado. Ya no se pudrirán enormes reservas de alimentos en almacenes europeos, como tampoco se quemarán las cosechas americanas porque el precio de venta es demasiado bajo.
La Biblia prevé la remoción de la maldición sobre la tierra y abundantes cosechas para todos los que estén dispuestos a laborar en ellas. “Será echado un puñado de grano en la tierra, en la cumbre de los montes; su fruto hará ruido como el Líbano,” dice el rey David (Salmos 72:16). “Los montes destilarán mosto, y los collados destilarán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas,” dice Joel (3:18, Amós 9.13). Las cosechas de los granjeros serán abundantes, porque “habrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío” (Zacarías 8:12).
También tenemos la visión del profeta Isaías, quien nos dice que el desierto se regocijará y florecerá como la rosa (35:1). Pensemos en las vastas áreas de África, el Medio Oriente y Asia donde cada año el desierto invade la tierra fértil y millones de personas padecen hambre. Los gobiernos parecen incapaces de gastar las enormes sumas de dinero necesarias para sacar el agua que frecuentemente está apenas debajo de la superficie de la tierra. Entonces qué bendición será para los pueblos del desierto al verse empeñados en enormes planes de irrigación beneficiándose de la fertilidad de sus tierras. Esta es una de las cosas maravillosas que serán posibles en el reino de Dios.
Viviendo la vida en plenitud
Se reducirá la población de las grandes ciudades porque muchos habitantes urbanos se mudarán hacia los bosques y áreas de pastoreo que se habrán vuelto habitables por los sistemas de conservación del ambiente que se establecerán en todo el mundo. Dios nunca ha deseado que las personas vivan en grandes ciudades, donde se manifiestan las características más perversas de la naturaleza humana y donde los malvados pueden esconderse en la oscuridad. Por otra parte, cuando bajo las condiciones mejoradas del reino del Cristo la aptitud humana alcance su máxima expresión y la mentes de los hombres se expanda hasta su completo potencial, habrá abundante oportunidad para utilizar esas habilidades para el tremendo beneficio de la humanidad. Todos los habitantes de la tierra se sentirán realizados:
“Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos” (Isaías 65:21-22).
Árabes trabajando con judíos
Una de las perspectivas más halagüeñas es la armonía que existirá entre antiguos enemigos. La visión del profeta del lobo y el cordero alimentándose juntos no es sólo una bella descripción de la restaurada armonía entre el hombre y la creación animal, pues también tiene una referencia especial a la paz futura entre naciones anteriormente contendientes. Isaías habla de los árabes que vendrán a Jerusalén y “publicarán alabanzas de Jehová” (Isaías 60:6). Él los figura ayudando a construir los muros de la nueva ciudad, trabajando con sus antiguos medios hermanos, los judíos, alimentando sus ganados y volviéndose granjeros y viñadores. Habrá un maravilloso cambio en la presente situación en el Medio Oriente: un cumplimiento de promesas importantes que Dios hizo hace muchísimo tiempo a la rama árabe de la familia de Abraham.
¿Cuánto durará?
¿Durará por siempre este benevolente estado de cosas? En el sentido de que Dios ha señalado la tierra para que viva el hombre en ella por siempre, la respuesta es que sí. Pero el reino de Cristo, administrado por gobernantes inmortales, todavía tendrá una población predominantemente mortal. Es decir, las propensiones humanas y la pecaminosidad todavía existirán, y esta es la razón por la que Dios ha fijado un tiempo límite para esta etapa del reino. Según el cómputo de Dios se necesitarán unos mil años para completar la educación de los habitantes mortales del mundo de acuerdo a las normas de conducta divinas. Para entonces tendrán un entendimiento a largo plazo de los maravillosos beneficios que podrán gozar al poseer vida eterna.
Finalmente el milenio llegará a su fin. Se distinguirá por un deliberado relajamiento de la disciplina impuesta por el Rey para permitir que afloren los vestigios de rebelión entre algunos de sus súbditos, en un final y desesperado reto a su autoridad (Apocalipsis 20). Estos súbditos desleales atacarán Jerusalén, pero serán completamente destruidos. Este será el último arrebato mortal de la humanidad. Proveerá la necesaria indicación, una “señal de los tiempos” del fin del milenio, para que los habitantes de la tierra reconozcan que el final está a punto de llegar.
Cuando la rebelión se haya sofocado, la obra del Cristo como Salvador y Rey estará casi realizada. Las personas que hayan muerto en el transcurso de los mil años deberán ser levantadas de sus tumbas para encontrarse de nuevo con su Rey y Juez:
“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos… y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apocalipsis 20:12).
Al mismo tiempo que los resucitados, habrán de ser juzgados los millones de personas que aún vivan. Ellos deberán esperar ahora el justo juicio del Cristo. Los rebeldes y aquellos que representan los peores elementos de la naturaleza humana morirán, siendo consignados al “lago de fuego,” la muerte de la cual no hay retorno. Por otra parte, los súbditos fieles del reino de Cristo en la tierra recibirán entonces su recompensa de vida eterna de la misma manera como sus gobernantes la obtuvieron mil años atrás.
“Venga tu reino”
Después de estos dramáticos sucesos, la tierra quedará habitada solamente por hombres y mujeres que poseen vida eterna. La labor del Señor Jesús se habrá realizado plenamente. Ya no tendrá que reinar sobre súbditos mortales porque los más grandes destructores del potencial espiritual del hombre, el pecado y la muerte, habrán sido conquistados. La voluntad de Dios se hará verdaderamente en la tierra, y la petición del Padrenuestro habrá sido concedida. El apóstol lo resume de este modo:
“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte… Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:24-28).
Puede que nos sea difícil pensar en un futuro tan lejano, o visualizar qué significa la afirmación de que Dios llegará a ser “todo en todos.” Pero será el punto culminante del gran propósito del Creador para la tierra, y será verdaderamente maravilloso.
“Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria” (Salmos 57:5).
No deje que este maravilloso futuro se le escape. Jesús estará aquí pronto. Por favor, lea la Biblia y ore con todo su corazón:
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”
Stanley Owen
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Una Pregunta Importante
Un día los discípulos se le acercaron secretamente a Jesús y le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del FIN DEL MUNDO”? (Mateo 24:3). Sí, la esperanza del “fin del mundo” estuvo presente en la mente y conciencia de los apóstoles de Jesús hace dos milenios— ¡Y la sigue estando aun hoy día!
La frase “fin del mundo” suele producir cierto pánico en los hombres, y en particular, entre los no conversos. Pero sólo se teme a lo desconocido, y es justamente el desconocimiento de lo que Cristo quiso decir por esa frase lo que produce temor angustiante. Pero, ¿deberían sentir temor los buenos cristianos al oír la frase: “fin del mundo”? Pues, no hay por qué.
Preguntémonos: ¿Es cierto que el planeta tierra y sus habitantes desaparecerán? ¿Es el propósito de Dios destruir la tierra la cual Él expresamente creó para que fuera habitada por sus criaturas humanas? Si la respuesta es “SI” entonces habría una contradicción, ya que nuestro mismo Señor Jesucristo nos promete “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” Mateo 5:5.
Ahora bien, siendo que el Nuevo Testamento fue escrito casi exclusivamente en griego koiné, es menester averiguar cuál fue la palabra griega que se ha traducido por “mundo”, (Valera le da connotación de “siglo”)
Mateo 24:3.
3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?
Pues bien, para conocimiento nuestro, la palabra griega es “aion” y no “cosmos”. Veremos a continuación la diferencia entre la palabras griegas “aion” y “cosmos” que igualmente se vierten como “mundo” en la Biblia (Véase el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español de Francisco Lacueva, Ed. CLIE, España, pág.105).
La palabra griega “Cosmos” tiene el significado de planeta tierra. En cambio “aion” nunca tiene ese significado en la Biblia. El significado de “aion” es “edad” o “era”. Puede significar un período de tiempo indefinido (no necesariamente eterno), o un tiempo contemplado en relación con lo que tiene lugar en el período. “El sentido que tiene la palabra no es tanto el de la longitud misma de un período, sino el del período marcado por características espirituales o morales.” (Ver el diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W.E. Vine, Ed. CLIE).
El apóstol Pablo nos menciona dos “siglos” o “edades”: El presente, y el venidero. La presente edad finalizará para dar paso a la siguiente (Ver Efesios 1:21, donde Pablo dice: “…no sólo en este siglo, sino también en el venidero”).
El apóstol San Pablo además nos dice del presente “aion” lo siguiente: “el cual (Jesús) se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo (“aion”) malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.” (Gálatas 1:4).
Cristo pondrá Fin a este “aion” Malo vigente
Entendamos de una vez y por todas que “el fin del mundo” que hablan los apóstoles en Mateo 24:3 no es el fin del “Cosmos” (planeta) sino de la presente edad maligna y decadente. Es el fin del reino de Satanás, para dar paso a la ERA o “AIÓN” venidero, la de Cristo, nuestro Señor. Por eso Jesús dijo: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo (aion). Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a todos los que hacen iniquidad.” (Mateo 13:40,41).
Nótese que Jesús habla del “fin del presente aion malo” cuando él vuelva con sus ángeles a este planeta. Entonces él inaugurará un nuevo “aion” (el venidero) de justicia. Luego, el fin del mundo es el fin de la Edad o Era presente con todos sus males. En Marcos 10:30 el Señor Jesús nos dice que “en el siglo venidero” obtendremos la vida eterna”.
La Versión Biblia de Jerusalén (Católica) vierte Mateo 24:3 y su palabra “aion” como “mundo”. En cambio, la Versión Reina Valera (1960) vierte la palabra “aion” de Mateo 24:3 como “siglo”, lo que nos parece más apropiado.
También el Señor Jesucristo nos habla de “los hijos de este mundo (aion)”, y “los hijos de aquel siglo (aion)”. Estos no se casan, pero los otros sí. He aquí otra diferencia. Dice Jesús así: “…los hijos de este siglo (aion) se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueran tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (aion) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.”
(Lucas 20:34-36).
34 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; 35 más los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.
36 Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Además de no casarse, los hijos de “aquel siglo” venidero resucitarán de entre los muertos. Entonces podemos afirmar que la resurrección se dará cuando comience el aion venidero, cuando el presente aion malo haya finalizado. El llamado “fin del mundo” será el fin del presente siglo, edad o era que está marcado por las malas y deplorables características morales y espirituales.
Es interesante lo que nos dice Pablo en 2 Corintios 4:4. Veamos textualmente lo que dice el pasaje:
4 en los cuales el dios de este siglo (aion) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
Pablo nos dice muchas cosas del presente “aion” (siglo, mundo o era). Nos dice que es un aion malo (Gálatas 1:4), y ahora nos dice que Satanás es el dios de ese aion malo. Sin duda, este “aion” está destinado a desaparecer para dar paso al “aion” venidero de justicia. A los Efesios Pablo les dice que Satanás está por ser retirado de este presente “aion” malo. Sus palabras son como siguen: “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra los principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo (aion), contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).
12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Este “aión” malo está gobernado por Satanás y sus demonios, y contra ellos nosotros debemos batallar. Pero será Cristo quien ponga fin a este llamado “mundo malo”, cuando destituya al Diablo y sus seguidores y los arroje al lago de fuego para siempre.
Ahora aquí viene una paradoja. Usted y yo debemos de sentir alegría de conocer la verdad de la finalización de este mundo (aion) malo, pues significará el inicio de un “nuevo mundo” (aion) de paz y justicia nunca antes vista o soñada por hombre alguno.
Mientras tanto, la iglesia de Dios deberá de vivir ejemplarmente en este siglo malo, pues nos dice el propio apóstol Pablo: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo (aion) sobria, justa y piadosamente.” (Tito 2:12).
Sólo aquellos hombres que vivan sobria, justa y piadosamente podrán disfrutar de aquella edad o Era (aion) maravillosa, cuando por fin haya finalizado el presente mundo (aion) malo.
No tema, pues, por la expresión “fin del mundo”, sino más bien alégrese de que este final producirá una edad gloriosa para usted, los suyos, y las demás familias de la tierra. Por eso Jesús dijo: “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas (los males en aumento), erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28).
28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.
El fin del aion malo presente se traducirá en su redención, es decir, en la adquisición de toda la herencia prometida. Y en el “aion venidero”, la humanidad disfrutará de grandes bendiciones. El profeta Isaías nos habla del “mundo venidero” o de la “nueva tierra”, así: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, y sus crías se echarán juntas; y el león como le buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la mar.” (Isaías 11: 6-9).
La Nueva Tierra
Es cierto que la Biblia habla de la “nueva tierra”, pero en el sentido de una nueva edad o era. También se nos dice que nosotros, los creyentes, somos “nuevas criaturas”, “nuevos hombres”, pero en el sentido espiritual y moral aunque seamos aún imperfectos. Veamos lo que nos dice el apóstol Pedro sobre la “nueva tierra”: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).
La “nueva tierra” significará una tierra donde morará la justicia. En esta vieja tierra, en este “aion” malo, la injusticia impera por doquier. ¡Esto finalizará pronto! El apóstol Juan nos dice algo más de aquella era maravillosa, con estas palabras: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21:4).
Las primeras cosas del aion malo habrán pasado al olvido. La muerte, el llanto, el clamor y el dolor son las características más saltantes del presente “aion” malo. Pero en el “aion” venidero, esos males habrán dejado de existir. Por fin los cristianos tendrán la herencia concreta de la vida eterna, y sobre la cual, la muerte, el dolor, y el clamor no pueden funcionar.
El profeta Isaías, hablando de la “nueva tierra” nos dice lo siguiente: “Porque he aquí que yo (Dios) crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento… porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.” (65:17,18).
Si en la “nueva tierra” aún existirá la ciudad de Jerusalén, eso quiere decir que la expresión “nueva tierra” es claramente simbólica. Si esta “vieja tierra” será literalmente destruida, ¿no quedaría también destruida la milenaria ciudad de Jerusalén? Pero el caso es que en la “nueva tierra” Jerusalén permanecerá erguida, lo que quiere decir que NO habrá una destrucción literal de la tierra. Además, no sólo Israel permanecerá, sino también Egipto, Asiria, y muchísimas otras naciones del mundo.
Isaías 19:24; 24 En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra;
Miqueas 4:1-4,
1 Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos.
2 Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 3 Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. 4 Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.
Estimado David Macías (Apologista Unitario):
El comentario que expones sobre el evangelio del reino tiene principios doctrinales de los Testigos de Jehová. Sería interesante que profundices un poco más en las Escrituras para tener una clara luz bíblica del Evangelio.
En primer lugar, David, la tierra es dada por heredad a los Judíos y a ellos pertenece, la nueva tierra la tierra restaurada es para los Judíos, aquellos que reconozcan a Jesús como Mesías, como Señor y Salvador, esto parte desde Adán y luego fue confirmado de acuerdo a la promesa dada a Abraham. Los “cristianos”, y digo los cristianos, porque una cosa es ser Cristiano y la otra creyente. El cristiano tiene un compromiso con Cristo, y el creyente puede creer pero no tomar un compromiso. Satanás también cree, y sabe, pero no tiene salvación, como decía los cristianos; por ende nos fue prometido El Reino de los Cielos a través de Jesucristo, algo inmerecido que obtenemos por su gracia e infinito amor. Él dijo que iba pues a preparar lugar para nosotros en el cielo, para que dónde él está nosotros también estemos, quiénes…? Los que creen en él. Yo desearía que estas pocas palabras dejen algún hilo de inquietud en tu corazón para buscar la guía del Señor. El evangelio es claro y no para confusión, y mi objetivo no es ostentarme de conocimiento sino mostrar el evangelio y poder ganar almas para Cristo. Jesús murió por vidas, no por doctrinas, y si él murió por vidas, esto quiere decir que el precio de una vida valió lo padecido por el Señor Jesús. ¡¡¡Gloria a Dios porque EL ha resucitado… y porque ÉL vive, nosotros obtenemos vida. Dios te bendiga grandemente.
Repuesta de David Macías Isaza:
Estimado Marcelo, aunque no te conozco personalmente, te agradezco tus palabras y sobretodo tu ánimo por corregir, aunque podrías estar equivocado. Creo que es valioso tu aporte, y aprecio mucho el que te interese el bienestar doctrinal de los demás, pues es importante. Por otro lado quiero que sepas que no estoy interesado en denominaciones, porque cuando leo la Biblia, me doy cuenta que la voluntad de Dios no ha sido nunca el estar divididos por ideas, sino todo lo contrario… que sean todos sus hijos de un mismo pensar. En lo que no estoy de acuerdo contigo es en que tú parecieras ver en la Biblia una dicotomía de esperanzas, y me explico. Según lo que tú acabas de escribir, creo que tú interpretas las Escrituras como si en ellas hubiera dos tipos diferentes de creyentes… eso me parece extraño porque cuando leo la Biblia encuentro siempre una sola esperanza y un solo pueblo de Dios. Déjame citar algunos pasajes para darle sentido a lo que quiero decir:
25Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito: EL LIBERTADOR VENDRA DE SION; APARTARA LA IMPIEDAD DE JACOB. (Romanos 11)
Para el apóstol Pablo, la promesa de salvación era para los judíos primeramente y para los gentiles, pero una parte de los Judíos se puso terco, pero eso fue así para que Dios pudiera tener compasión de los que no son judíos de nacimiento:
30Pues así como vosotros en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora se os ha mostrado misericordia por razón de la desobediencia de ellos, 31así también ahora éstos han sido desobedientes, para que por la misericordia mostrada a vosotros, también a ellos ahora les sea mostrada misericordia. 32Porque Dios ha encerrado a todos en desobediencia para mostrar misericordia a todos. (Romanos 11)
Porque además Pablo siempre consideró que sólo había un solo evangelio para todos… Jesucristo también y la gran comisión consiste en predicar El evangelio del Reino en todas las naciones como dice en Mateo 24:14:
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin.
Será que hay dos evangelios diferentes? Uno para los Judíos y otro para los gentiles?
Pablo dice que no:
Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó á la gracia de Cristo, á otro evangelio: 7 No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas aun si nosotros ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema. (Gálatas 1)
Así deducimos que el evangelio del reino de Dios del que habló Jesús a los Judíos, es exactamente el mismo que predicó Pablo a los gentiles o “no judíos de nacimiento”
Pablo también pensaba que los verdaderos judíos son los de la fe:
“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. Y si vosotros sois (de la fe—Rom. 3:26) de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa (Gál. 3:16,29). De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham”…
Sí, para Pablo, lo que ocurrió es que los no judíos llegamos a participar de la herencia judía… como él lo dice claramente, así:
Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados incircuncisión por la que se llama circuncisión, hecha con mano en la carne; 12 Que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros á los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. 13 Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.14 Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación; 15 Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden á ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz, 16 Y reconciliar por la cruz con Dios á ambos en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades. 17 Y vino, y anunció la paz á vosotros que estabais lejos, y á los que estaban cerca: 18 Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. 19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios; 20 Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo; (Efesios)
Así, hermano Marcelo, uno ve claramente que el evangelio es uno solo para Judíos y gentiles por igual… además, lo importante son las promesas hechas a los padres, de las cuales somos ahora participantes y herederos:
“Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva (El evangelio) a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gál. 3:8).
Dios predicó el evangelio a Abraham de antemano y le hizo las promesas que ahora son las nuestras.
Lo que hay que preguntarse es ¿Que prometió Dios a Abraham?
La respuesta la da el mismo Pablo:
“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia (Cristo) la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros… (Romanos 4:13-25)
Así, hermano Marcelo, deducimos que nuestra esperanza es heredar el mundo… por eso apocalipsis dice:
Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido á ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás. (Apocalipsis 11:15)
Así que la Biblia no deja dudas de que la promesa es la tierra y un reino de paz y armonía en la tierra restaurada. Además, la reconstrucción del reino caído de David que será hecha por el Mesías en su segunda venida como lo explica el apóstol Pedro en Hechos:
Hermanos, escúchenme.14 *Simón[b] nos ha expuesto cómo Dios desde el principio tuvo a bien escoger de entre los gentiles un pueblo para honra de su nombre.15 Con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito:16 »”Después de esto volveré y reedificaré la choza caída de David. Reedificaré sus ruinas,
y la restauraré, 17 para que busque al Señor el resto de la *humanidad, todas las *naciones que llevan mi nombre. 18 Así dice el Señor, que hace estas cosas” [c] conocidas desde tiempos antiguos. (Hechos 15).
Por otro lado, tú dices que Jesús nos prometió el Reino de los cielos, pero lo que tienes que tener en cuenta es que Jesús no dice El reino EN los cielos… además, el Reino de los cielos es una forma cómo el evangelista Marcos se refiere al reino de Dios, para no usar el nombre de Dios en vano y para poder llegarle a más posibles nuevos creyentes Judíos, ya que él escribió su evangelio principalmente para los Judíos…
Otra cosa que tienes que tener en cuenta es que Jesús se fue a preparar un lugar en la casa de su Padre, pero ese lugar es la nueva Jerusalén, la cual Pablo dice que viene de Dios y Apocalipsis dice que bajará a la tierra… Además, Jesús dijo así:
“En la casa de Mi Padre muchas moradas hay: De no ser así, les habría dicho. Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si fuere y os preparare lugar para vosotros, vendré otra vez, y los recibiré a Mí Mismo; para que donde YO ESTOY, vosotros también estén”.(Juan 14:23)
Jesús dijo DONDE YO ESTOY… ¿dónde estaba Jesús en el momento de decir esto? En Jerusalén… Jesús no había ni resucitado ni ascendido al cielo cuando dijo estas palabras que se refieren claramente a su segunda venida, pues dice así:
“Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si fuere y os preparare lugar para vosotros, vendré otra vez”
Está hablando de que volverá a la tierra junto con sus ángeles a inaugurar el Reino de Dios o Reino de los cielos en la tierra. Por eso la oración modelo, dice:
Padre nuestro que estás en los cielos VENGA TU REINO…
Además, también dice Jesús:
Bienaventurados los mansos porque heredarán la tierra (Mateo 5)
¿Qué heredaremos los mansos?
LA TIERRA!!!
Si queda alguna duda no dejes de escribir.
Bendiciones
David Macías
Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
Este estudio está dirigido para las personas que en verdad buscan con interés y seriedad crecer espiritualmente sobre el conocimiento de Dios. No tiene el más mínimo propósito de persuadir a quienes piensen lo contrario, ya qué muchos, ni viendo la verdad, creerán en ella.
No sólo la ignorancia, sino una desviada información teológica ha venido a dar como resultado el absurdo desatino de una “resurrección universal” que es pregonado principalmente por la corriente amilenarista, y cabe decir, por su novedad, en una página en la Internet y que pertenece a unos señores que se hacen llamar como Armando y Manolo, la cual han intitulado: “Reflexiones acerca de las Escrituras, labiblianodiceesto.blogspot.com, cuya “lógica y sentido común”, como éstos dicen, no tiene, a decir verdad, nada de “lógica y sentido común” cuando es pasada por el ojo escrutador de la infalible Biblia, sin olvidarme de recordarles a estas dos personas y dueñas de la mencionada página que espero sus respuestas a las «preguntas» hechas por un servidor. Tómense su tiempo que los aguardo con mucha paciencia (¿Serán, quizás, “Testigos de Jehová” enmascarados de piedad?)
Yo invito a mis queridos visitantes a comparar mi estudio con un escrito de una de estas personas (labiblianodiceestoblogs.pot.com) y que trata, como el presente, de «la resurrección de los muertos». Es el mejor de mis deseos que determinen, con cabal juicio bíblico, la más ecuánime y reflexiva de las conclusiones.
La Biblia revela indiscutiblemente que habrá «dos resurrecciones»:
La primera: llamada «resurrección para vida».
La segunda: llamada «resurrección de juicio», «de condenación».
Empecemos nuestro estudio:
1). «La resurrección de vida».
Conocida también como «la resurrección de los justos» (Lc. 14:13-14), «la resurrección de entre los muertos» (Fil. 3:10-11), «una mejor resurrección» (He. 11:35), como habíamos dicho al principio: «la resurrección de vida» (Jn. 5:28-29), «la primera resurrección» (Ap. 20:6).
El contexto de cada frase indica una notoria división: Unos que «están muertos» pero que no experimentan ningún cambio, y otros que «sufren un trasformación al ser resucitados» (1 Ts. 4:16; 1 Co. 15:51-52).
No es difícil entender que si el Señor Jesucristo viene a levantar a los suyos, a resucitar a los fieles para a que reinen con él mil años, antes que los rebeldes inconversos, es lógico llamar a esta «resurrección» como «la primera», o la «de entre los muertos», ya que el «resto de los muertos» no sufren ninguna modificación; “continúan aletargados en el sueño de la muerte”. Para comprender la diferencia entre una y otra, depende de las palabras griegas «ek nekron» que se traducen como «de», o «de entre los muertos». Atención:
«Ek nekron», «de ente los muertos», nunca se aplica a los malvados. Estas palabras son utilizadas 49 veces en el Nuevo Testamento. 34 de ellas para señalar «la resurrección de Cristo», quien fue levantado «de entre los muertos»; 3 veces para indicar la presunta resurrección de Juan el Bautista (según la temerosa opinión de Herodes); 3 veces para mostrar la resurrección de Lázaro, qué como Cristo, fue levantado «de entre los muertos», pero sin ser glorificado; se usa 3 veces metafóricamente para indicar vida espiritual «de entre los muertos» por causa del pecado (véase Ro. 6:13; 11:15; Ef. 5:14). En utilizada en Lc. 16:31: “aun cuando alguno se levantare «de entre los muertos»”. En Heb. 11:19, la fe del patriarca Abraham consistía en que Dios podía levantar a Isaac aun «de entre los muertos».
Las últimas 4 se aplican a la resurrección futura «de entre los muertos». Marcos 12:25 dice para este caso «…cuando resucitaren de entre los muertos…»; Lc. 20:35-36: «…la resurrección de entre los muertos…»; y Hech. 4:1-2: «…la resurrección de entre los muertos».
Los pasajes nos enseñan que se llevará a cabo una resurrección «de entre los muertos»; esto significa que una parte de los muertos serán resucitados antes de que «todos» lo sean.
«La resurrección de entre los muertos», es la que comúnmente nombramos como «la primera resurrección», o «la resurrección de vida» (Jn. 5:29); únicamente engloba a los que serán levantados de la muerte para «vida eterna».
2). «La resurrección de condenación».
La Biblia profetiza otra «resurrección» como parte del programa de Dios para «los no salvos», y es la llamada «segunda resurrección», o «resurrección de condenación».
Esta parte se muestra así en las Escrituras:
«…mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Jn. 5:29).
Es bien clara aquí:
«Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años» (Ap. 20:5).
Más adelante:
«Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en el; de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios…».
«Y el mar entregó los muertos que había en el; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos…» (Ap. 20:11-13).
Tomando en cuenta que «la primera resurrección» aconteció antes de la inauguración del Reino Milenario, los «muertos» señalados en Ap. 20:11, 12 son tan sólo los que no sufrieron ningún cambio en el trascurso de la resurrección «de entre los muertos.» Estos son los muertos resucitados para «condenación eterna».
Hay varios pasajes bíblicos que se han empleado mal para tratar de acreditar el errado y engañoso dogma de una “resurrección general”. Los primeros de estos pasajes son el 2 y 3 del capítulo 12 del libro del profeta Daniel. Analicemos esto:
«Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad».
Parece ser que en estos textos “no existe ninguna distinción” entre una resurrección y otra, pero despejaremos de inmediato la “interesante” duda. Es importante estar atentos a los detalles para comprender bien nuestro escrito:
En la Biblia Versión Autorizada en Inglés se traduce dos veces la palabra «algunos» («unos» para vida eterna y «otros» para vergüenza y confusión perpetua). Jamás se vuelve a repetir en otra parte de la Biblia Hebrea, «en el sentido de tomar distributivamente cualquier clase general que haya sido previamente mencionada». Es por eso que no hay error en utilizar la palabra traducida «algunos» la primera vez en “aquellos” que «despiertan», y la segunda vez en “aquellos” que «duermen», a los que no han «despertado». Es evidente que los textos presentados nunca sugieren una “resurrección universal”. La expresión «muchos de entre», invalida precisamente esta última posibilidad.
La explicación de los textos bíblicos anteriores, no es el producto de un pensamiento incoherente. En este estudio, armonizamos con muchos comentaristas y estudiosos judíos en sus puntos de vista que están vinculados en una invaluable enseñanza gramatical y lexicográfica de expresiones, de palabras y de oraciones.
Por lo tanto, la traducción más aceptable quedaría de esta manera, de acuerdo a la interpretación tomada del reconocido rabino y erudito Aben Ezra del Siglo XII (que no fue como los teólogos improvisados de la Watchtower que han confundido a sus miembros con tantas ideas religiosas delirantes (Para Armando y Manolo):
«…“aquellos” que despierten serán para vida eterna, y “aquellos” que no despierten serán para vergüenza y confusión perpetua…».
Otros pasajes manipulado para aducir “sin ton ni son” el embuste de la “resurrección general” son Jn. 5:28-29:
«No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación».
La palabra «hora» pudiera mostrar, en cierto modo, una “resurrección general”, debido que supone “una expansión prolongada de tiempo”. Sin embargo, “no todo lo que brilla es oro”. Este pasaje en ningún instante demuestra una resucitación simultánea de justos e injustos. El Señor Jesucristo se expresaba en estos versos a la usanza de los profetas del Antiguo Testamento que conjuntaban sin hacer diferencia de tiempo los sucesos proféticos de cercano y lejano alcance (véase también Jn. 4:21, 23). Se observa además la misma tendencia profética en las disertaciones públicas de Cristo en los Evangelios. Por ejemplo, la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. y la descripción de la Gran Tribulación Escatológica se advierten a la vez en los mismos pasajes bíblicos («Profecías de corto y largo plazo»).
Otro ejemplo, por si fuera poco, lo encontramos en el Antiguo Testamento, con el profeta Isaías, en Is. 61:1-4. La primera parte de estas profecías se cumplió con Cristo durante su ministerio terrenal (véase Is. 61: 1-2a, compárese con Lc.4:16-21: «hoy se ha cumplido esta profecía»), pero los pasajes subsiguientes encierran dos cumplimientos proféticos mucho más futuros aun: el primero, llamado «el día de venganza del Dios nuestro», y será cuando Cristo juzgue las naciones del mundo al concluir la Gran Tribulación Final (véase Is. 61:2b), y el segundo, se refiere al período del «gobierno milenario de Cristo» (véase Is. 61:2c, 3-7). Todo esto profetizado en una evidente y cercana continuidad.
Los siguientes textos bíblicos son los que mejor nos descifran las dos partes del programa de Dios en la resurrección:
«Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años» (Ap. 20:4-6).
El verso 5 dice: «Pero los otros muertos no volvieron a vivir, hasta que se cumplieron los mil años». Aquí se exhibe el estado de los que son dejados en el reino de la muerte cuando se cumpla «la primera resurrección», en la segunda venida de Cristo («no volvieron a vivir»). Este verso muestra que discurrirán mil años entre «la primera resurrección», la «de vida», y «la resurrección de los impíos muertos», «la de condenación» (véase Ap. 20:7a, 11-13).
Es cierto que en el Antiguo Testamento no está del todo claro ver dos partes o sucesos separados de la resurrección, excepto en Dn. 12:2 (véase por favor Job: 14:1-13; 19:25-26; Sal. 16:10; 49:15; Is. 25:8; 26:19), pero en el Nuevo Testamento sí se resuelve que entre la «resurrección» de los justos y la de los injustos existe un período de separación de «mil años»:
«Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que cumplieron mil años…».
La palabra «Pero» no se encuentra en el original griego. En realidad, el pasaje dice: «Los otros muertos» (hoy loipoì tôn nekrôn, gr), o sea, «el resto de los muertos». Aquí se muestra con suma facilidad que son los injustos que han muerto corporalmente. Quienes afirman una “resurrección espiritual” en Ap. 20:4, toman como punto de partida el verbo griego «édseisan» («vivieron», édseisan, gr.), acarreando el embarazoso problema de enlazar adecuadamente, por una exégesis extraviada e informal, Ap. 20:4 con Ap. 20:5 («no volvieron a vivir», ouk édseisan). La razón es que los dos verbos de cada texto poseen un idéntico significado: el de «la resurrección física». No es posible alegorizar esta situación en alguna parte, porque de ser así, entonces los injustos necesariamente tendrían que experimentar una “resurrección espiritual” (¿?).
Es descabellado, ilógico y ridículo que el mismo vocablo griego tenga un significado diferente. Es por cosas como esta que los falsos maestros religiosos han ocasionado un terrible y confuso desastre espiritual en las vidas de millares de personas que han sido atrapados, por una causa u otra, en sus condenables y dañinas trampas heréticas.
El verbo «édeseisan» («vivir», «vivieron»), hace la gran diferencia entre la correcta literalización de los textos estudiados y la improbabilidad de su “espiritualización”.
Ap. 20: 4 y 5, anulan la doctrina de “la resurrección general”. Estos concuerdan con Dn. 12:2 donde se revela que habrá una «primera resurrección» para los que son salvos.
«La primera resurrección» que es hallada en Ap. 20:5, es conocida también en la Biblia como: «Resurrección de vida» (Jn. 5:29), «la resurrección de los justos» (Lc.14:14), «una mejor resurrección» (He. 11:35). Los salvos de todas las edades están involucrados en «la primera resurrección».
Cabe decir, que el término griego utilizado para conceptuar de forma correcta la resurrección de Ap. 20: 5 es «prótei», que significa «primera en tiempo» o «primera en clase o categoría». Es la misma palabra que Pablo utiliza en 1 Tim. 1:15 donde Pablo se califica el mismo como «el primero de los pecadores».
Los creyentes en Cristo participarán de «la primera resurrección» («resurrección», ánastasis, gr.). La «resurrección» de la que Pablo habla en 1 Ts. 4:16, es la misma «primera resurrección» hallada en Ap. 20:5 y que habrá de suceder en la Parusía del Señor Jesucristo: Sólo los justos serán levantados de la muerte para «reinar con Cristo por mil años literales».
Así qué, «los otros muertos», amigos míos, no resucitarán corporalmente sino hasta que el Reinado Milenial de Cristo haya concluido para que sean juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco (Ap. 20:11-15).
Amén.









