Archive for marzo, 2010


La Nueva Versión del Nuevo Testamento Vida Abundante de Publicaciones Tyndale ha acomodado Juan 1:18 para enseñar que Cristo es Dios.

Esto es lo que leerán la nueva generación de Cristianos:

En la NTVA, dice esto:

“18 Nadie ha visto jamás a Dios. Pero el Hijo, el único, él mismo es Dios* y está íntimamente ligado al Padre.

En la Versión Reina Valera (1960), dice así:

Juan 1:18: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del PADRE, él le ha dado a conocer”.

Preguntamos: ¿Es esto traducir con imparcialidad y fidelidad un texto o es simplemente acomodar un pasaje a las creencias personales?¿Cuán confiable puede ser la NVNT, entonces?

THE RESTITUTION OF JESUS CHRIST

The Restitution of Jesus Christ (2008) may be the most formidable, comprehensive, well-researched, and biblically in-depth book to ever challenge the church dogma that Jesus is God. Yet it affirms all other major church teachings about Jesus, including his virgin birth, sinlessness, miracles, atonement, resurrection, ascension, heavenly exaltation, and future return to establish his earthly kingdom. This book is based on a conservative view of the inspiration of the Bible, so that it affirms the historical integrity of its four gospels. They tell almost all we know about Jesus of Nazareth.

The book begins with an Introduction. Chapters 2-3 provide 100 pages of the history of identity Christology (study of Jesus’ identity). Chapter 4 is about the Old Testament and Judaism. The remainder of the book addresses mostly the exegesis of the major New Testament texts which have commonly been believed to support the view that Jesus was and is God. These texts include the following: John 1.1c, 18; 5.18; 10.30; 20.28; Romans 9.5; Philippians 2.6-11; 1 Timothy 2.5; 3.16; 2 Thessalonians 1.12; Titus 2.13; Hebrews 1.8-9; 2 Peter 1.1; 1 John 5.20. This material is arranged according to biblical authors. Therefore, chapters are titled “Christology of the Synoptists,” “Christology of John,” “Christology of Paul,” etc.

Permission is granted for webmasters and authors to publish any of these articles on their websites or newletters if they attach the following statement: “This article is authored by Servetus the Evangelical, aka Kermit Zarley. Visit his website–servetustheevangelical.com–to read fifty such articles. They are condensations of his well-researched, biblically in-depth, 600-page book entitled The Restitution of Jesus Christ (2008).”

  1. Is the Trinity in Genesis?

  2. Is Jesus “the Mighty God” in Isaiah 9.6?

  3. Is the Son of Man Divine in Daniel 7.13?

  4. Did Jesus Preexist in Heaven?

  5. Did Jesus Preexist as “The Angel of the Lord”?

  6. Did Jesus Come Down from Heaven?

  7. Is the Incarnation True?

  8. Did Jesus Empty Himself of Any Divine Attributes?

  9. Was Jesus God Even Though God is Invisible?

  10. Is Jesus God Because of His Virgin Birth?

  11. Is Jesus God Because He Did Miracles?

  12. Is Jesus God Because He Was Worshipped?

  13. Is Jesus God because He is Lord?

  14. Is Jesus God because He forgave sins?

  15. Is Jesus God if He did not Know the Time of His Return?

  16. Did Jesus Admit to the Sanhedrin that He Was God?

  17. Is_Jesus_God_Because_of_His_Resurrection?

  18. Jesus is not God Bible Verses

  19. Jesus_Is_God_Bible_Verses

  20. Is Jesus God in the Gospel of John?

  21. Is Jesus God in John 1.1c?

  22. Is Jesus God in John 1.18?

  23. Is Jesus God Because He is the Son of God?

  24. Was Jesus Making Himself Equal with God?

  25. Is Jesus Yahweh?

  26. Did Jesus Claim to be God in John 10.30?

  27. What are the Claims of Christ?

  28. Was Jesus a Liar, Lunatic, or God?

  29. Is Jesus God and Subordinate to God?

  30. Is Jesus God If He Has a God?

  31. Did Thomas Call Jesus My God in John 20.28?

  32. Did Peter believe Jesus was God?

  33. What was Paul’s Christology?

  34. Is Jesus God in Romans 9.5?

  35. Is Jesus a God-Man in 1 Timothy 2.5?

  36. Is Jesus God in Titus 2?

  37. Is Jesus God in Hebrews 1.8?

  38. Is Jesus God in 2 Peter 1.1?

  39. Who is the True God in 1 John 5.20?

  40. Is the Holy Spirit a Person?

  41. Who Is the Son of Man?

  42. Does Calling Jesus Immanuel Mean He is God?

  43. Did Jesus Indicate He Was God to the Rich Young Man?

  44. Is Jesus God in Acts 20.28?

  45. Does Paul Call Jesus God?

  46. Is Jesus God in Other Pauline Texts?

  47. Is the Trinity in the New Testament?

  48. Why Doesn’t the Trinity Have Three Thrones?

  49. Is Trinitarianism Monotheistic?

  50. What Must Christians Believe?

Por Pablo Luna

La creencia de un reinado terreno del Mesías por mil años se denomina en Teología “milenarismo” (del latín “mille annorum”) o “quiliasmo” (del griego “khilioi”=mil años). 

¿De dónde venía esta idea? Claramente, de la apocalíptica judeocristiana. Para resolver el contraste entre reino terrenal y el celestial escatológico, a partir de la era cristiana los rabinos comenzaron a distinguir entre la época del Mesías y el tiempo final. El reinado mesiánico sería un intermedio en el que se gozaría de un “adelanto” en la tierra de las bondades prometidas a los justos; una especie de regeneración del cosmos, antes del Juicio Final. Así, en el apócrifo Apocalipsis Siríaco de Baruc y en el Libro IV de Esdrás (ambos de finales del s. I d.C. y de tendencia farisea) se habla de un reino limitado del Mesías sobre la tierra de Israel, previo a la resurrección: 

“Pues he aquí que llega el tiempo (del fin): será cuando se produzcan las señales que te he anunciado. Entonces se manifestará la esposa, apareciendo como una ciudad, y se verá la tierra (nueva) que está actualmente oculta. Todo el que haya escapado de los males mencionados verá mis maravillas. En efecto, se manifestará mi Hijo el Mesías con los que están con él y llenará de gozo a (los justos) que sobrevivan durante cuatrocientos años. Después de esos años, morirá mi Hijo el Mesías, así como todos los que tienen aliento humano. El mundo (presente) volverá al silencio primordial durante siete días, tal como había estado en su primer origen; de este modo, nadie sobrevivirá.” (Libro IV Esdrás 7, 26- 30) 

(En la época del Mesías) “También la tierra dará fruto, diez mil por uno. Cada cepa tendrá mil sarmientos, cada sarmiento dará mil racimos, cada racimo contará mil uvas y cada uva producirá un ‘kor’ (=300 litros) de vino. Y todos los que tengan hambre se alegrarán y serán cada día espectadores de prodigios” (Apoc. Siríaco de Baruc 29,5-6) “Y ocurrirá en aquellos días, cuando el Ungido haya sometido todo lo que hay en el mundo y se haya sentado en el trono del reino en una paz eterna, que se revelará la alegría y aparecerá el descanso. Entonces la salud descenderá como rocío y desaparecerá la enfermedad, y el temor, la tribulación, y los lamentos se alejarán de los hombres.” (Apoc. Siríaco de Baruc 73,1-2) 

Sobre la duración del reinado mesiánico, los rabinos no se ponían de acuerdo: IV Esdrás señala 400 años para equipararlo a la esclavitud de los judíos en Egipto, combinando la cita de Salmo 90,15 (“alégranos con arreglo a los días que nos has afligido”) y Génesis 15,13 (“has de saber que tu descendencia será huésped en tierra ajena, y la someterán a servidumbre y la oprimirán por espacio de cuatrocientos años”). Por su parte, el Apoc. Siríaco de Baruc, no especifica duración: hasta el fin de este mundo (cap. 40,30). Otros opinaban que cuarenta años, como el éxodo de Israel por el desierto; otros, que durarían siete días divinos (luego veremos que equivale a 7000 años), en base a lo que duraban las bodas judías, esto es, siete días. 

¿Cómo se se puede llegar a esos cálculos? 

Para entenderlo adentrémonos en el mundo de la interpretación alegórica de las escrituras hebreas. Hay que decir, para aquel que sólo ve en las religiones y en sus libros sagrados su aspecto exotérico, que los rabinos primero, y los cristianos después, estaban convencidos de que la Biblia, como palabra revelada de un dios infinito, contenía también infinitas posibilidades de interpretación. Y esta interpretación constaba -y consta hoy día para los kabalistas- de cuatro niveles (ver Talmud Babilónico, tratado Hagigah. 14b): a) significado literal (“Pesat” en hebreo), b) alusión (“Remez”), c) interpretación o enseñanza (“Deras”) y d) interpretación secreta o mística (“Sod”). Dante los llamaba sentido literal, sentido alegórico, el sentido moral y el anagógico, respectivamente. 

Pues bien, escrutando las Escrituras el judaísmo apocalíptico había establecido que igual que el mundo había sido creado en seis días, descansando el séptimo, tenía también una duración de una semana, equivaliendo cada uno de estos días a mil años, y el séptimo sería el del descanso: el tiempo del Juicio Final. Así, rabinos como Elyahu, Kattina y Abay, que distribuían los años de este modo: 2000 antes de la ley de Moisés, 2000 bajo la Ley de Moisés, 2000 bajo el Mesías y mil años de descanso sabático de los justos en el reino terreno del Mesías (Talmud B., Sanhedrín 97a-97b) Esta idea milenarista se basaba en la palabra que Yahveh había dicho a Adán cuando comió del árbol de la ciencia del bien y del mal “Ciertamente, el día en que lo comas morirás” (Génesis 2,17) Interpretado literalmente, Adán tuvo que morir el mismo día en que comió, y sabemos que vivió casi mil años; luego, mil años equivalen a un dia en los planes de Dios, como corroboran el Salmo 84 “Un día en tus atrios vale más que mil” y el 90 “Mil años para ti son como el ayer que ya pasó, como un turno de la vigilia de la noche”. Aparte de la Biblia, el apócrifo judío Libro de los Jubileos nos muestra que esta era una tendencia muy extendida en el último tercio del s. II a. C.: 

“Al concluir el jubileo decimonono, en el séptimo septenario, en el año sexto, murió Adán y lo sepultaron todos sus hijos en la tierra de su origen. El fue el primero que recibió sepultura en la tierra, faltándole setenta años para los mil, pues mil años son como un día en la revelación celestial. Por eso se escribió acerca del árbol de la ciencia: «En el día en que comáis de él, moriréis»; por eso no cumplió los años de este día, pues en él murió.” (Cap.4, 29-30)(2) 

Al mismo tiempo algunos rabinos del exilio y la diáspora, entre ellos R. Eliezer Ben Hircanos (hacia el año 90 de nuestra era), pensaron que el reinado del Mesías duraría mil años. Estos mil años serían el último período de la historia, el “sábado” de la creación. En él, recuperada su primera naturaleza, los hombres volverían a ser como Adán (esta idea del retorno a la primera edad está presente en otras tradiciones): vivirían mil años. La argumentación se basa en la relación de dos pasajes bíblicos. Conectando el reinado mesiánico con su modelo, la estancia en el paraíso, debe, por tanto, durar igual: mil años, y así lo estipula el profeta Isaías: “Como los días del árbol serán los días de mi pueblo” (Cap. 65,22). Así, “el reino prometido realizará lo que la estancia en el Edén esbozó de modo imperfecto.” (3) 

En el origen de esta creencia en el judaísmo se ha apuntado una influencia de la escatología de los maguseos del zoroastrismo. Zoroastro dividió la última parte de la historia del mundo en cuatro períodos de 3000 años cada uno. Seguidamente, en intervalos de 1000 años, habrían de venir tres salvadores considerados los hijos póstumos de Zoroastro. Las tres épocas servirían para reconducir la Creación a su origen, antes de que el bien y el mal se escindieran. Al final del milenario tercero después de Zoroastro, al final de los tiempos, aparecería el último de los enviados, el “soshyans” (o “saoshyant”), inaugurando una especie de era mesiánica. Los muertos resucitarán para presentarse al juicio final, la tierra será cubierta por metal fundido, desaparecerán los hombres y demonios, será destruída la maldad y suprimido el infierno. Con el espacio que éste ocupa se agrandará la tierra y quedará convertida en “Garonmana”, lugar donde los hombres vivirán en una bienaventuranza perfecta. 

Más adelante, con la conquista macedónica y los sucesores de Alejandro Magno, el zoroastrismo recibió influencias helénicas. En el “Oráculo de Histaspes” (s. I-II a. C.), síntesis de parsismo y helenismo, “se aplica el esquema semanal a la duración del mundo: durante 6000 años luchan el dios del bien y el espíritu del mal; al cabo de este tiempo, viene el dios Sol, Mitra, destruye el espíritu del mal y domina durante mil años”. (4) Del zoroastrismo pasaría al judaísmo (por ejemplo, Libro I de Henoch, LXI-LXII). 

* En la época en que nació y se desarrolló el cristianismo el judaísmo vivía una época de gran efervescencia. La esperanza mesiánica inflamaba a varias tendencias religiosas organizadas en su seno. La mayoría de los rabinos esperaba que llegase el hijo de David (el glorioso rey del pasado) para liberarlos aquí, en la tierra, del yugo romano y para llenar de esplendor a Judea, como lo estuvo en el pasado, en los términos que hemos visto más arriba. Por su parte, el cristianismo original, siendo secta judía y de judíos, se sustentó en la esperanza de la inmediata venida del Mesías, el establecimiento de su reino y el Juicio final. Sólo le diferenciaba de otras tendencias dentro del judaísmo en que sería una segunda (y no primera) venida, puesto que el Mesías Jesús ha había venido, y había prometido volver muy pronto. Ante esa inminencia del final, los primeros cristianos se desprendieron de todo lo material y se entregaron a un amor fraterno propio de una situación tan crítica, en que sería juzgado y premiado o condenado cada uno. Otras tendencias del judaísmo habían previsto esa situación, sólo que la esperaban para más adelante: los cristianos no debían esperar, puesto que el futuro reino mesiánico ya había llegado con Jesús, y había que preparar el camino para su establecimiento definitivo. 

Al ver que la inminente vuelta del Mesías cristiano se demoraba, sus seguidores no abandonaron la idea que dio origen al milenarismo. Al contrario, sólo la reinterpretaron en función de las tendencias que se iban perfilando dentro del movimiento. 

Por eso el milenarismo fue una idea recurrente dentro de lo que sería algo después una nueva religión. Estaba muy extendida entre los cristianos de los tres primeros siglos: los ebionitas, el gnóstico Cerinto, los montanistas, el autor de la Epístola de Bernabé y otros como Justino, Papías, Ireneo, Tertuliano, Lactancio y Melitón. Inspirándose en la 2ª Epístola de Pedro (3,13) y, sobre todo, la cita de Apocalipsis de más arriba, se pensaba que sobrevendría un reinado pacífico de Cristo en la tierra que se extendería por mil años desde la resurrección de los justos (la “primera resurrección”) hasta la llegada del Anticristo. En ese intervalo de tiempo Satanás sería ligado en el abismo y la Iglesia triunfaría sobre él. Después vendría la derrota del Anticristo, la resurrección de los malvados (“segunda resurrección”) y el Juicio Final: los malvados serían condenados y los justos tomarían posesión definitiva de la Jerusalén celestial (5) (6)

Algunos también consideraron milenaristas las citas de Pablo de Tarso (1 Cor. 15,22-26 y 1 Tes. 4,13-18) En ellas habla de un orden en la resurrección: primero los justos cristianos y luego todos los poderes opuestos a Cristo, que serán dominados. 

Tomando este punto de partida como general, destaquemos a continuación los matices sobre el milenio mesiánico. A finales del siglo I, CERINTO, cercano al judeocristianismo original, hablaba de un tiempo de gran fecundidad para la tierra y las mujeres, al igual que en la tradición judía. En Jerusalén se restaurarían los sacrificios, mientras los justos gozarían de todos los placeres (y se refiere a TODOS). Vale la pena reproducir la cita: 

“Dionisio, que recibió el episcopado de la región de Alejandría durante mucho tiempo, también menciona a este mismo hombre en el libro II de sus ‘Promesas’, cuando dice que ciertos aspectos del ‘Apocalipsis de Juan’ fueron recibidos de una tradición ya desde antiguo. Escribe así: ‘Asimismo Cerinto, el que formó la herejía que lleva su hombre, la herejía cerintiana, y que deseó acreditar su ficción con un nombre digno de fe. El fundamento de su enseñanza es éste: que el reino de Cristo será terrenal. Y puesto que él mismo era un amador del cuerpo y totalmente carnal, anhelaba que sería como él soñaba: con saciedad del vientre y debajo del vientre, es decir: con alimentos, con bebidas y con uniones carnales, y con todo aquello con lo que creía se proporcionaría todos estos placeres del modo más elogioso: fiestas, sacrificios e inmolaciones sagradas’” (Eusebio de Cesarea, ‘Historia Eclesiástica’, Libro III, 28, 3-5) (7) 

En el siglo II PAPIAS, JUSTINO e IRENEO conservan la interpretación judaica acerca del reinado milenario del Mesías, pero consideran, por el contrario, que ya no habrá generación humana en esa época, puesto que será un retorno a la situación del Paraíso (donde, al no haber muerte, no era necesaria la generación). PAPIAS, milenarista más moderado que Cerinto, lo concibe como un reinado de Cristo con sus justos en medio de una gran fecundidad de la tierra: cada viña tendrá mil vides, cada vid diez mil sarmientos, cada sarmiento diez mil racimos, cada racimo diez mil granos, y cada grano se disputará el honor de ofrecerse a los justos para que lo coman; así también con el trigo y otros frutos (testimonio de Ireneo en ‘Adversus Haereses’ Libro V, 33,3-4; de Eusebio en ‘Historia Eclesiástica’ Libro III, 39). PAPIAS se acoge a la tradición judaica expresada en el Apocalipsis siríaco de Baruc, cap. 29,5 y también concibe la “semana del mundo” como de 6000 años (testimonio de Anastasio Sinaítico en ‘Contempl. anagog. in Hexaëm.’, libro I). 

Así fundamenta esto último IRENEO, siguiendo la exégesis judeocristiana: 

“El que tenga inteligencia, que calcule la cifra de la bestia, una cifra de hombre. Su cifra es 666.” (Apocalipsis 13, 18) Esto es, seis veces una centena, seis veces diez y seis unidades. [Da esto] concretamente por la suma de esta apostasía que ha tenido lugar durante seis mil años. Pues tal como el mundo fue hecho en unos días, así será concluido en los mismos millares de años. Por esta razón dice la Escritura: “Así fueron acabados el cielo y la tierra y todos sus elementos. Dios dio por terminada su obra el séptimo día, y en este día descansó de toda su obra” (Génesis 2,1-2) Este es el relato de las cosas creadas con anterioridad, como también es una profecía de lo que ha de venir. Para el Señor el día es como un millar de años; y en seis días fueron completadas las cosas creadas; por tanto es evidente que vendrán a finalizar en el sexto milenio”(Adv. Haereses V 28,2-3) 

Pasa luego a defender la idea de un reinado terrenal del Mesías, interpreta en ese sentido las promesas hechas por Dios a Abraham, la bendición de Isaac a Jacob, testimonios de Isaías, Ezequiel, Jeremías y Daniel, así como la promesa de Jesús de volver a beber del fruto de la vid con sus discípulos en el Reino del Padre, la parábola de los siervos vigilantes, la promesa del banquete mesiánico, el texto del Apocalipsis de Juan y la tradición joánica recogida por Papías (Adv. Haereses V, 32-36) Entiende que todos estos testimonios no son alegóricos de las bendiciones celestiales, sino presentes en la Jerusalén terrenal, tras la venida del Anticristo y la resurreción. 

El autor de la EPISTOLA DE BERNABE también se hace eco de la “semana del mundo” al analizar el pasaje del Génesis analizado por Ireneo: 

“Atended, hijos, qué quiere decir lo de ‘Acabólos en seis días’. Esto significa que en seis mil años consumará todas las cosas el Señor, pues un día es para El mil años. Lo cual, El mismo lo atestigua, diciendo: ‘He aquí que el día del Señor será como mil años’. Por lo tanto, hijos, en seis días, es decir, en los seis mil años, se consumarán todas las cosas. ‘Y descansó en el día séptimo’. Esto quiere decir: Cuando venga su hijo y destruya el siglo del inicuo y juzgue a los impíos y mudare el sol, la luna y las estrellas, entonces descansará de verdad en el día séptimo. Y por contra dice: ‘Lo santificarás con manos limpias y corazón puro’. Ahora, pues, si pensamos que pueda nadie santificar, sin ser puro de corazón, el día que santificó Dios mismo, nos equivocamos de todo en todo. Consiguientemente, entonces por nuestro descanso lo santificaremos de verdad, cuando, justificados nosotros mismos y en posesión ya de la promesa, seremos capaces de santificarlo; es decir, cuando ya no exista la iniquidad, sino que nos hayamos vuelto todos nuevos por el Señor, entonces sí, santificados primero nosotros, podremos santificar el día séptimo” (‘Epistola de Bernabé’ XV,4-6) (8) 

Por su lado, JUSTINO conoce y adopta la interpretación judía del reino mesiánico relacionado con la estancia en el Edén: será una vuelta a las condiciones paradisíacas: 

(…)(los cristianos) “no sólo admitimos la futura resurrección de la carne, sino también mil años en Jerusalén, reconstruída, hermoseada y dilatada como lo prometen Ezequiel, Isaías y los otros profetas” 

Y tras citar a Isaías (65,17-25) interpreta: 

“Lo que en estas palabras, pues, se dice -dije yo-: ‘Porque según los días del árbol de la vida, serán los días de mi pueblo, envejecerán las obras de sus trabajos’, entendemos que significa misteriosamente los mil años. Entendemos también que hace también a nuestro propósito aquello de ‘Un día del Señor es como mil años’. Además hubo entre nosotros un varón por nombre Juan, uno de los apóstoles de Cristo, el cual, en revelación que le fue hecha, profetizó que los que hubieren creído en nuestro Cristo, pasarán mil años en Jerusalén; y que después de esto vendría la resurrección universal y, para decirlo brevemente, la eterna resurrección y juicio de todos unánimemente. Lo mismo vino a decir también nuestro Señor: ‘No se casarán ni serán dadas en matrimonio, sino que serán semejantes a los ángeles, hijos que son del Dios de la resurrección’ (Lc. 20,35-36)” (‘Diálogo con Trifón’ 80-81) (9) 

La misma postura vemos en TERTULIANO: 

“Confesamos que nos ha sido prometido un reino aquí abajo aún antes de ir al cielo, pero en otra condición de cosas. Este reino no vendrá sino después de la resurrección, y durará mil años en la ciudad de Jerusalén que ha de ser construída por Dios. Afirmamos que Dios la destina a recibir a los santos después de su resurrección, para darles un descanso con abundancia de todos los bienes espirituales, en compensación de los bienes que hayamos menospreciado o perdido acá abajo. Porque realmente es digno de él y conforme a su justicia que sus servidores encuentren la felicidad en los mismos lugares en los que sufrieron antes por su nombre. He aquí el proceso del reino celestial: después de mil años, durante los cuales se terminará la resurrección de los santos, que tendrá lugar con mayor o menor rapidez según hayan sido pocos o muchos sus méritos, seguirá la destrucción del mundo y la conflagración de todas las cosas. Entonces vendrá el juicio, y cambiados en un abrir y cerrar de ojos en sustancia angélica, es decir, revistiéndonos de un manto de incorruptibilidad, seremos transportados al reino celestial” (‘Adversus Marcionem’ Libro III,24) (10) 

Dice también TERTULIANO que esto lo había tratado ya en una obra llamada ‘De spe fidelium’, hoy perdida, invocando la autoridad de Ezequiel (cap. 48) y la del Apocalipsis de Juan, acerca de la nueva Jerusalén (testimonio de Jerónimo). Cuando escribió ‘Contra Marción’, Tertuliano ya se había adherido al movimiento del heterodoxo MONTANO (princ. s.III), que tenía un sentido muy peculiar acerca del milenarismo. Tenía la idea de dividir pasado y futuro en unidades calculadas de un modo profético. En medio de sus éxtasis, hacia el 156, Montano se declaró a sí mismo profeta de un Tercer Testamento (aparte del Antiguo y del Nuevo), algo así como una nueva era del Espíritu Santo (según testimonio de Epifanio). Inició un movimiento ascético y extático que tuvo por centro geográfico la región de Frigia, en Asia Menor. Sus seguidores reclamaban inspiración divina para sus visiones y descripciones, que se centraron principalmente en la segunda venida de Cristo. Los montanistas esperaban una próxima venida (parusía) de Dios que inauguraría el reinado mesiánico terrenal por mil años, antes de la resurrección general, y se iniciaría en la ciudad de Pepuza de Frigia, su lugar de origen. Allí se establecería la Jerusalén celestial, no en la Jerusalén terrena, como pensaba el resto, y Montano sería el Paráclito prometido en el Evangelio de Juan. 

Hay que ver en el montanismo una reacción a la renovación de la persecución contra los cristianos de finales del s. II. Ante el sufrimiento, la expectación escatológica originó movimientos que ofrecían una nueva interpretación de las profecías, que alimentaran la esperanza de los fieles, en un momento de cambios en la Iglesia: rompía con el judaísmo y se adaptaba a la cultura grecoromana al tiempo que se jerarquizaba enormemente. En época de Montano, según nos cuenta Hipólito, obispos ortodoxos de Siria y Ponto llevaban a sus congregaciones al desierto para esperar la vuelta de Cristo. El montanismo, mientras, comenzó a interesar fuera de Asia Menor y encontró conversos en todo el Imperio Romano, incluyendo a Tertuliano. 

Hasta entonces (comienzos del s. III), el milenarismo de corte judeocristiano era la opción mayoritaria. Pero superada la persecución, rotos los lazos con el judaísmo y con un mayor peso específico de los cristianos de cultura griega en los debates teológicos, se produjeron reacciones claramente en contra de la interpretación anterior. El milenarismo, entendido como un reinado mesiánico de paz y justicia en la tierra, se comenzará a considerar una tendencia “judaizante”, y por tanto, rechazable. Por su parte, la opción montanista se considerará peligrosa y herética. Por tanto, los milenaristas se inclinarán por llenar de simbolismo la idea, apartándola de su significado original aunque, eso sí, con renovado entusiasmo. En pleno litigio el antimontanista romano CAYO, atacando al montanista PROCLO, negará la autoría de Juan respecto al Apocalipsis y lo atribuirá a Cerinto (testimonio de Eusebio, o.c. III,28). Intentando salvarla, METODIO DE OLIMPO readapta la idea milenarista haciéndola aún mas espiritualista que sus predecesores: el “séptimo tiempo semanal” será un período de reposo y no de fecundidad (Symposium decem Virginum 9,1.5). (11) Por su parte, ORIGENES, también en este siglo, quiere dar otro contenido al concepto, abogando por una interpretación más simbólica y espiritualizada del reinado del Mesías. Rechaza la lectura literal del Apocalipsis y, al igual que CLEMENTE DE ALEJANDRIA, aboga por una interpretación de sus profecías de un modo alegórico (‘De Principiis’ 2,11; ‘In Mattheum 17,35′). Para él, la manifestación del reino dentro de este mundo no será sino dentro del alma del creyente: un cambio de perspectiva desde lo histórico a lo metapsíquico o espiritual. El obispo de Arsinoe, NEPOS, milenarista, se opondrá a Orígenes en su obra ‘Refutación de los alegoristas’ (h.250), y encontrará a muchos seguidores entre sacerdotes y monjes, provocando la reacción del discípulo de Orígenes DIONISIO DE ALEJANDRIA, que negará la autoría de Juan respecto al Apocalipsis (testimonio de Eusebio, o.c. VII,24) y realizará una intensa campaña de captación. En Arsinoe, centro milenarista, Dionisio se enfrentará a la asamblea de monjes y sacerdotes milenaristas, liderados por CORAKION, discípulo de Nepos, en una disputa de tres días, para hacerles volver a la ortodoxia de la que se habían separado (su obra ‘Acerca de las promesas’, h. el 256) (testimonio de Eusebio, o.c. VII, cap. 24-25). Mientras estas disputas sacuden a los teólogos de la escuela alejandrina, los poetas cristianos de Occidente COMMODIANO (‘Institutiones adversus gentium deos’. 44) y LACTANCIO (‘De Divinis Institutionibus’, VII, 22-24) se muestran milenaristas. El primero se refiere así a los bienaventurados tras la resurrección: 

“y ellos vivirán todo el tiempo recibiendo lo que es bueno, tal como habían sufrido lo malo, y engendrando durante mil años.” 

El segundo admite mil años de reino terrenal de Dios, tras la resurrección de los justos (o.c. VII, 22), gozando de los bienes celestiales (VII, 23). Después del Juicio, Cristo 

“vivirá entre los hombres mil años y los gobernará con un imperio justísimo, y los justos engendrarán una multitud de hijos santos y gratos a Dios” (VII, cap. 24) 

Luego se erigirá en medio de la tierra una ciudad santa, donde el Señor morará con sus justos. Brillará el sol siete veces más, la tierra será muy fecunda, los montes sudarán miel y los ríos llevarán vino. (VII, cap. 24). Lactancio sigue, pues, la opinión judeocristiana. 

En el siglo IV APOLINAR DE LAODICEA escribe dos volúmenes contra la obra de Dionisio de Alejandría que atacaba a Nepos, y muestra un milenarismo cercano a Cerinto. Se le opondrán BASILIO (‘Epistolae’ 263,4), GREGORIO NACIANCENO (‘Epist.’ 102,37), EPIFANIO (‘Adv.Haer.’ III, 36) y más tarde TEODORETO (‘Haer. Fab.’ 3,6). Milenarista será JULIO HILARION (‘Libel’. 38), pero lo rebatirán AGUSTIN DE HIPONA y JERONIMO. El primero de estos dos autores, después de haber admitido el milenarismo (consustancial a su etapa maniquea) y reconocerlo públicamente (‘Serm.’ 259,2), lo pone luego en tela de juicio, aunque sin tacharla de herejía. Lo que más combatirá será la idea de un disfrute corporal en el reino mesiánico: en un proceso que Freud encontraría familiar, lo sublimiza en el disfrute de “algunas delicias espirituales”. En su ‘De Civitate Dei’, 20,7-9 considera que los mil años de las profecías designan el reinado de la Iglesia, el sexto período del mundo, y que ha a ser más largo que los demás. “El milenio habría comenzado como un estado espiritual que la Iglesia recibió en Pentecostés, y que individualmente cada cristiano disfruta continuamente como una comunión mística con Dios. No espera una intervención directa en la historia que la vuelque de sentido. Su escatología ya está realizada. Dios ya ha triunfado” (12). Por eso, concluye Agustín, el reinado de Cristo sobre la Tierra sería el reinado de la Iglesia sobre la tierra, inaugurado por Cristo, hasta el Juicio Final: 

“La Iglesia ya es ahora el reino de Cristo y el reino de los cielos. También ahora reinan con él sus santos, ciertamente de otro modo del que reinarán después; pero no reina con él la cizaña, aunque en la Iglesia crezca como el trigo”. (‘De Civitate Dei’, 9) 

Su interpretación, alegórica, pasará a ser la oficial, teniendo en cuenta que entonces la Iglesia ya estaba muy jerarquizada e institucionalizada, y que los movimientos milenaristas ejercían una oposición molesta, integrados en el conjunto de tendencias carismáticas y defensoras del modelo de cristianismo anterior. Por eso la suscribirá también JERONIMO, condenándola abiertamente aunque sin atreverse a rechazar totalmente a los primeros autores cristianos, que comienzan a ser clásicos: 

“En cuanto al Apocalipsis, si tomamos la letra tan (fielmente), se viene a judaizar” (‘In Isaiam’,1,18) “Muchos hombres de Iglesia y martires dijeron así” (‘In Jeremiam’, 19) “Nosotros no la seguimos, mas no nos atrevemos a condenarla; porque así pensaron muchos varones de la Iglesia y mártires; cada uno siga su opinión; y resérvese todo para el juicio del Señor” (‘In Isaiam’,9) 

Igual opinión la de TICONIO. Será la postura institucional salida del concilio de Efeso (año 431): no se condena a los milenaristas anteriores, pero se les cita para que no se les tenga en cuenta en ese punto. Ciertamente el milenarismo celestial, en lugar del revolucionario milenario de justicia terrenal, es menos peligroso para el “status” salido de la oficialización de la religión cristiana, que con la conversión de Constantino pasará a ser la religión favorecida del imperio. 

A partir del siglo V el milenarismo será desacreditado y perderá peso en el conjunto de la Iglesia, excepto varias corrientes disidentes, que, como se verá, no acabarán de extinguirse. 

A PARTIR DE LA EDAD MEDIA 

Aunque la opinión de Agustín de Hipona fuera la propia de la Edad Media occidental, y la apoyara TOMAS DE AQUINO, hemos visto los grandes temores que suscitó en Europa el final del siglo IX. En vano lo combatió en ese siglo el abad de Corbia Pascasio Radberto, luego canonizado (‘De corpore et sanguine Domini’, cap.20), pues no faltaron movimientos mesiánicos milenaristas que predicaron la ruptura con el injusto orden social establecido y el clero y el establecimiento en la tierra de un nuevo orden. En Occidente, la idea milenarista aparecerá siempre para oponerse a la autoridad de la Iglesia, y coincidirá con tiempos de grandes cambios sociales o crisis. Ejemplos tenemos en el siglo XII (Tanchelijn, Pierre de Bruys, Eon de l’Etoile y Arnaldo de Brescia; y en al ámbito de las Cruzadas Pedro el Ermitaño y Gualterio Sin Haber). Sus seguidores: los desheredados. 

Como puede suponerse, la Iglesia luchó contra estas manifestaciones, quemando a sus líderes y dispersando a los seguidores. 

En el siglo XIII las tendencias milenaristas fueron más elaboradas teológicamente, y se manifestaron dentro de la propia Iglesia: el cisterciense GIOACCHINO DA FIORE y los “espirituales” franciscanos. El primero, reinterpretando las profecías del carmelita griego Cirilo, redactó el “Evangelio eterno”, un comentario sobre el Apocalipsis que influyó en Francisco de Asís, Dante y otros muchos. Da Fiore dividía en tres períodos la historia de la Iglesia: el del Padre (correspondiente al Antiguo Testamento), el del Hijo (Nuevo Testamento, iniciado con la llegada de Cristo) y el del Espíritu Santo (que creía empezaría hacia el 1260) en el que se suprimiría la jerarquía en la iglesia romana para ser sustituída por una Iglesia espiritual en que reinaría el amor y la fraternidad. Algo muy parecido a lo que preveía Montano. El concilio de Letrán (1212) condenó sus doctrinas (1). Los “espirituales” franciscanos adoptaron sus ideas entendiéndolas como una crítica a la Iglesia institucional. Su apostolado llenó a Europa de procesiones de flagelantes que deseaban así adelantar la llegada del Espíritu y el fin de los tiempos. 

Durante el siglo XIV se produjeron casos similares, después de la peste de 1348. En el terreno del pensamiento, defendió el milenarismo el fratícelo Albertino di Casale. En el siglo siguiente, la parte más extremista del movimiento husita bohemio, los taboritas, liderados por Jan Zizka, pretendieron llevar a la práctica su utopía de igualdad y perfección social, esto es, el “Reino de Dios”, por medio de la armas. Ciertamente, estos movimientos no eran sino síntomas de una situación insostenible en lo social y en lo religioso, y el estallido no tardaría en llegar. 

La Reforma, movida por una vuelta a los orígenes cristianos y contra la corrupción de la Iglesia, adoptó también ideas milenaristas. En el siglo XVI, el movimiento anabaptista se inició con una “fuerte conciencia escatológica” (13) Sus líderes David, Aelianus y Paccius predicaron un milenarismo cercano al de los primeros siglos. Los anabaptistas se concebían como la comunidad que había de recibir el Reino de Dios en la tierra, y creían necesaria una previa reforma social. Los llamados “profetas de Zwickau” y Klaus Storch afirmaron que los ateos debían ser exterminados de la tierra ante la inminente Parusía. Thomas Münzer, por su parte, pensó que había que vencer a los impíos y encabezó la revuelta de campesinos alemanes (1524-1525) en busca de una justicia social acorde con las promesas mesiánicas, mezclando religión y reivindicación política (13). Zwickau se sumó a la revuelta. Después de la guerra campesina Juan de Leiden, seguidor del movimiento, establecería un Reino de Dios anabaptista en la ciudad alemana de Münster (1534-1535). 

A los anabaptistas les siguió Melchor Hofmann. En 1534 sus seguidores holandeses (Jan Matthys y Johann Backelson) expulsaron de la ciudad a los “impíos”, suprimieron la propiedad privada y (¡vaya!) la monogamia. 

En Alemania fueron milenaristas los pietistas de Spener (s. XVII y XVIII), así como Jurieu y los profetas de los Cevennes. Por influencia de los anabaptistas alemanes, el milenarismo se instaló entre los cuáqueros ingleses (s. XVII), que defendían una tercera era del espíritu divino similar a la de FIORE. Los Independientes (separados ello mismos de la Iglesia Anglicana) pensaron llevar a la práctica el Reino de Dios, y grupos comos los Hombres de la Quinta Monarquía pensaron que para preparar el reino de Cristo y de sus santos era necesaria la revolución (12). También adoptaron posturas similares los puritanos ingleses, pero su líder Oliver Cromwell (1599-1658) disolvió la llamada “Asamblea de los Santos” y cortó alas a su entusiasmo apocalíptico. 

No obstante, no pensemos que todas las iglesias reformadas adoptaron el milenarismo radical: sólo las que tenían un componente social de lucha contra el “status quo” injusto. Los protestantes más conservadores compartieron la opinión católica: el reinado de Cristo se refería al pasado antes que al futuro, identificando Reino de Dios en la tierra con la iglesia, aunque no se tratase de una identificación completa. La iglesia a la que hacía referencia la profecía no tenía por que ser exactamente la católica romana, pero el concepto era el mismo. 

Una reacción antimilenarista se produjo a raíz de los avances científicos del s. XVII, que desacreditó la opinión de Agustín de Hipona: la naturaleza no era mala, como él pensaba. No obstante, algunos han visto esquemas propios de la creencia milenarista en la revolución inglesa de ese siglo, y en la revolución francesa. Los pro-milenarismo se adaptaron a la época: apareció el milenarismo progresista, de manos de un estudiante bíblico anglicano, Joseph Mead (Mede). Retomó el sentido literal de la profecía del Apocalipsis, pero sin el sentido catastrofista de otros milenaristas: el fin del mundo será más una recostrucción que una destrucción. A lo largo del s. XVIII su opinión dominó algunas iglesias protestantes en Gran Bretaña y EEUU (12) 

Tras la industrialización aparecieron nuevas corrientes religiosas milenaristas. Así, en el siglo XIX aparecieron los adventistas del 7º día (defensores de una nueva era del espíritu), los irvinianos, los mormones, los mennonitas y los pentecostales. También la “comunidad católico- apostólica” escindida del anglicanismo. De estos dos siglos destacan en Alemania e Inglaterra: Tomás Burnet, William Whiston, Benger, Aetinger, Hahn, Hoffmann, Thiersch Ebrard y Delitzsch. En el siglo XIX algunos ultranacionalistas norteamericanos defendieron un milenialismo basado en el papel preponderante de su país entendiendo que allí ya se estaba comenzando a realizar la época mesiánica. Finalmente, a principios del XX también adoptarán el milenarismo los Testigos de Jehová. Todos ellos realizarán profecías concretas del año de la llegada del Anticristo y del comienzo del reinado mesiánico. Todas fallarán. 

Por Anthony F. Buzzard

¿Qué   se puede hacer para que mil millones de personas religiosas, ni más ni menos, tan inteligentes como usted, crean que Jesús es el Mesías, pero no el Hijo de Dios? ¿Que Jesús fue concebido virginalmente, pero no murió en la cruz (Judas murió en su lugar—Dios puso la cara de Jesús a Judas y permitió que fuera asesinado)? Estoy hablando sobre el Islam.

¿Qué  se puede hacer  para que millones de personas  inteligentes crean que Dios era un hombre antes de convertirse en Dios y que Él tiene varias esposas? Sabemos a qué grupo me estoy refiriendo—los Mormones.

¿Qué  se puede hacer para que miles de millones de personas crean que el Dios que dice ser una persona, una y otra vez, en realidad sean tres personas?

¿Cómo  se puede convencer a la gente para que crean  que los muertos están vivos y conscientes cuando la Escritura afirma que, “los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido…Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño; porque en la tumba [sepulcro], adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría.” (Ecc. 9: 5, 10). Jesús dijo: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo… Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto.” (Juan 11: 11, 14).

¿Cómo podemos tener millones de feligreses que leen la Biblia y van a la Iglesia creyendo que Jesús puede venir en cualquier momento a arrebatar a los creyentes hacia el cielo antes (pre) de la Gran Tribulación final, mientras que Jesús dice: “inmediatamente después (post) de la tribulación de aquellos días…enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.”? (Mateo 24:29; Marcos 13:27)

Cuando la masa de feligreses abraza ideas que claramente chocan con simples proposiciones, debe ser un milagro de incomprensión. Las ideas falsas parecen tener un efecto generalizado y pernicioso en la forma de pensar de la gente sobre temas importantes, como quién es el verdadero Dios y quién es el verdadero Jesús. ¿Acaso no nos guía a  la pregunta urgente sobre qué podemos hacer para reparar esta trágica y confusa situación?

La respuesta es clara: el milagro de la Internet nos ofrece justamente la herramienta que necesitamos para comunicación. La  Internet  está  disponible ahora, se nos dice, a casi dos millones de personas en todo el mundo. La venida del Internet es paralela a la invención de la imprenta. Ya somos capaces de llegar a muchos buscadores de la verdad en todo el mundo—y sin ir a la oficina postal ¡o escribiendo cartas con una máquina de escribir!

Pablo, el apóstol de Jesús, impulsado por la Gran Comisión de predicar el Evangelio del Reino (Hechos 19:8; 20:24-25; 28:23, 31), utilizó los medios disponibles que el tenia para llevar  el  mensaje.  El cabildeaba a las personas en el mercado de su época: “Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que se encontraban por allí.” (Hechos 17:17).

¿Qué es hoy el equivalente  de la plaza pública? ¿Quién va a hacer el trabajo de Pablo hoy? Creo que todos podemos. ¿No es obvio que la Gran Comisión nos manda ir por mundo con el Evangelio del Reino (Mateo 24:14)? Los recursos del Internet ya  están  siendo presionados al servicio del evangelio salvador. ¿No podríamos todos, como individuos o grupo, añadir cada vez más y más peso a la presencia del Evangelio “allá afuera” en el mundo del Internet?

Nada es más agradable que hablar del  Reino verdadero del  Mesías Jesús a un mundo que claramente ha perdido su rumbo. La doctrina del Reino es algo que nadie, ni un niño con la capacidad de edad escolar, puede perder. Jesús hizo su anuncio clásico cuando le pidieron permanecer en Capernaúm como el valeroso residente rabino. Él respondió: “Me veo obligado por Dios a predicar el Evangelio acerca del Reino a las otras ciudades también. Por eso Dios me a comisionado.” (Lucas 4:43) Después Jesús dijo, “Como Dios me envió, también yo los envío” (Juan 20:21).

Hoy el cuerpo de Cristo es el grupo internacional de los verdaderos creyentes (Gálatas 6:16). Somos llamados a llevar el mensaje de salvación, “el Evangelio del Reino y el nombre de Jesucristo” (Hechos 8:12, 28:23, 31) al mundo y  aparentemente, la Internet nos es dada, por la gracia de Dios y Su Providencia, como la herramienta para nuestra actividad en el servicio de Dios y de Jesús para el mundo.

Un error  paralizante  ha lisiado a gran parte de la teología evangélica de las iglesias. Este es el que le dice a la gente, que el Evangelio en el cual hay que creer es estrictamente que Jesús murió, fue enterrado y resucitó. No hay nada que añadirle a eso. Sin embargo, una gran mentira subyace esa propuesta. Si el Evangelio es los “tres días de trabajo de Jesús” (como dice el famoso evangelista Billy Graham y muchos otros), ¿qué hacía Jesús predicando el Evangelio mucho antes de que ni siquiera mencionara su muerte y resurrección?

Mateo 16:21 marca el primer anuncio de su muerte. Jesús había estado predicando el Evangelio mucho antes. El fue el predicador modelo del Evangelio y la salvación comenzó con él (Heb. 2:3). ¡Pero hasta Mateo 16:21 Jesús no había dicho nada sobre su muerte y resurrección!

La palabra de Pablo ha sido torcida en 1 Corintios 15:3, donde nos habla de la muerte y resurrección de Jesucristo. Pero éste no es todo el evangelio, sino, más bien, “entre las cosas de primera importancia” (en protois). Pablo mismo fue un incansable predicador del Evangelio del Reino, en obediencia a Jesús (Hechos 20:24-25, 19:8; 28:23, 31). Ni por un momento Pablo se dio por vencido de predicar el Reino como el Evangelio salvador. De hecho, advirtió contra cualquiera que privara al Evangelio de su elemento principal, el Reino de Dios (2 Tim. 3:13 y compare, 2 Juan 9 para una advertencia razonable).

Muchos sistemas teológicos yerran cuando basan el Evangelio sin el Reino. Muchos son felices en citar Hechos 20:24, donde Pablo describe su carrera como la fiel predicación del “Evangelio de la gracia de Dios”.  Pero, ¿quién lee el siguiente versículo, donde se define el Evangelio de la gracia? ¡Fue el anuncio del Evangelio del Reino! (Hechos 20:25). Por supuesto, ya que ese era el Evangelio que anunciar por el mandato de Jesús hasta el fin del siglo, cuando regresaría a establecer ese Reino en todo el mundo.

Espero que todos podamos seguir las extensivas exhortaciones de nuestros líderes (a través de muchos años) en hacer todo lo posible para anunciar el Evangelio del Reino. Las herramientas están listas y esperándonos. El Internet es la ventana al mundo, una instalación que nuestros antepasados habrían soñado con tener como un arma, pero no lo tuvieron.

Hechos 8:12 y Mateo 24:14 continúan siendo los textos de los “Abrahámicos” (es decir, aquellos que ven que las promesas hechas a Abraham en Cristo son la base del Evangelio cristiano –Gal. 3:8; Rom. 4:13). Lucas 8:12 (fácil de recordar como otro “8:12” con Hechos 8:12) es una justa advertencia de donde el diablo está activo: tratando de bloquear todos los esfuerzos para que la palabra de Dios sea predicada, el Evangelio del Reino (Lucas 8:11; Mat. 13:19), la semilla vivificante de la vida del siglo venidero que se encuentra solo en Cristo.

“Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio.” (2 Tim. 1:9-10)

Uno se podría imaginar que todo el mundo  fuera atraído a estas palabras asombrosas y buscar el secreto de la inmortalidad. Pero el poder pernicioso del engaño ha trabajado sus malos efectos, y muchos se burlan de la idea de que los seres humanos verdaderamente pueden, si obedientemente escuchamos (“la obediencia de la fe”, Rom 1.5; 16.26) a Jesús y a su Evangelio, alcanzar la vida indestructible, literalmente para siempre.

Dios hizo un pacto eterno de autoridad con David y sus hijos. 2 Samuel 7:12-19 1 Crónicas 17:11-17. ”Estableceré tu simiente después de ti. Estableceré su reino. Él construirá una casa para mi nombre. Estableceré su trono para siempre. Seré su padre y él será mi hijo. Tu casa y tu reino serán establecidos para siempre ante ti. Tu trono será establecido para siempre. Tú has hablado de la casa a tu siervo por un gran momento por venir. El trono de David es el trono de Dios en la tierra. Dios está sentado sobre Su trono en el cielo. Sobre todo el universo”. (Salmo 11:4, 47:7,8, 93:1,2, Isaías 66:1,2) 

Salomón se sentó ” en el trono del reino del SEÑOR sobre Israel”. De todas las naciones, Dios escogió a Israel para ser Su reino especial en la tierra, y Jerusalén es Su ciudad escogida.  (1 Crónicas 28:5,  Deuteronomio 14:2, 2 Crónicas 6:6, Zecarías 2:12). 

“Salomón se sentó sobre el trono del SEÑOR como rey en lugar de David su padre, y prosperó; y todo Israel le obedeció”. (1 Crón. 29:23). Dios tuvo un trono en la tierra. 

Este pacto con David fue un pacto eterno. Nunca acabará. David siempre tuvo un hijo para sentarse sobre su trono.David nunca carecerá de un hombre para sentarse sobre su trono. Esto convenio es tan seguro como el día y la noche (Jeremías 33:17-21).. Dios no quebrantará este pacto acerca de un hijo de David que se siente en el trono de David— que es el trono de Dios en la tierra. Ese trono durará para siempre, y el Hijo de David se sentará sobre él, rigiendo el mundo (Salmo 89:20-29, 34-37). 

El hijo de David, Salomón, se sentó en ese trono. (1 Reyes 2:12). Muchos reyes de Israel y Judá se  sentaron sobre ese trono: David, Salomón, Roboam, Abija, Asa, Josafat, Joram, Usías, Ezequías. Sus reinados están Registrado en 1 y 2 Reyes y 1 y 2 Crónicas. Algunos de ellos fueron justos, y algunos fueron malvados. Porque fueron tan malvados, Dios retiró Su trono en la tierra por un tiempo (Ezequiel 21:24-27). Estas palabras son dirigidas al último rey, Ezequías: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, 26 así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto.  27 A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. 

El trono de David, el trono de Dios en la tierra, no será ocupado hasta que JESÚS venga, el cual tiene el derecho legítimo. Jesús se sentará en el trono de David cuando él venga con todos los santos ángeles (Mateo 25:31). 

A JESÚS LE ES PROMETIDO EL TRONO DAVID, EL TRONO DE DIOS EN TIERRA. 

Dice en Lucas 1:30-33  que El Señor Dios le dará (Jesús) el trono de su padre David. Note las genealogías de Mateo 1 y Lucas 3. Jesús es el hijo de ambos, de Abraham y de David, a quienes los dos pactos eternos fueron hechos y que conciernen a nuestra salvación. 

En  Isaías 9:6,7 dice que El Mesías (Cristo) reinará en el trono de David. En el Salmo 2:6-12 dice que el Mesías (el Hijo de Dios) dominará sobre todos los reyes de la tierra. También Salmo 45, Salmo 72, Zacarías 6:12,13. 

En Mateo 25:31-34 dice que Jesús vendrá en Su gloria con Sus ángeles. Entonces él se sentará en el trono de David y asumirá la autoridad de la tierra. Luego él separará a las naciones, invitando a algunas personas a la herencia dentro del reino de Dios, y arrojando algunos en el lago de fuego, para allí morir la segunda muerte (Revelación 20:15). En la regeneración, Jesús se sentará sobre Su trono, y los 12 apóstoles se sentarán también sobre 12 tronos juzgando a Israel (Mateo 19:28). 

LOS CRISTIANOS VERDADEROS REINARÁN CON JESÚS COMO REYES Y SACERDOTES. 

El que venza será invitado a gobernar con Jesús (Revelación 3:21).(Note los dos tronos de Dios aquí en este verso.)Jesús dará el poder del vencedor sobre las naciones, para dominar sobre ellas (Revelación 2:26,27). El Redimido reinará sobre la tierra (Revelación 5:10). Los santos ayudarán a juzgar, cuando Dios juzgue la tierra (Salmo 149:5-9). Si sufrimos con él, también reinaremos con él (2 Timoteo 2:12). Aquellos en la primera resurrección serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años (Rev. 20:4, 6).

AHORA, EN LA ERA ANTES DE QUE CRISTO VENGA Y REINE, PRESTE ATENCIÓN CÓMO ÉL ESTÁ CONSTRUYENDO UNA CASA PARA EL NOMBRE DE DIOS (2 Sam. 7:13,14).

Jesús dijo, “edificaré mi iglesia” (Mateo 16:13-19). La roca en la cual él la construye no es Pedro, sino la confesión de Pedro,  o sea que Jesús es el Hijo de Dios. En la casa de Dios (el grupo familiar) hay muchos lugares habitables. Jesús ascendió al cielo para preparar un lugar en la casa de Dios para nosotros. Él vendrá otra vez (Juan 14:2,3).

¿Qué ES la casa de Dios? La casa de Dios es LA MANSIÓN O EDIFICIO de Dios. Jesús está PREPARANDO LUGARES  para nosotros en la casa  de Su Padre, hoy (1 Timoteo 3:15).

CUANDO JESÚS VENGA EN PODER Y GLORIA, CON LOS SANTOS ÁNGELES, ÉL VENDRÁ COMO UN GRAN REY. (Mateo 25:31-46, Rev. 19:14-21). Él reinará sobre la tierra para 1000 años (Rev. 20:4-6). Su pueblo reinará con él mil años y luego poseerán sus lugares en la MANSIÓN QUE DESCENDERÁ a la tierra (Daniel 7:18, 22,27; Rev.20:6; 21:3,4).

EL PACTO ABRAHÁMICO Y EL PACTO DAVÍDICO SON EL FUNDAMENTO DEL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS.

Uno ofrece vida eterna y herencia eterna en la tierra. El otro nos ofrece autoridad y dominio con Jesús en el Reino de Dios. Dios será nuestro Dios para siempre, y Su gloria llenará la tierra (Números 14:21, Isaías 11:9, Habacuc 2:14).

www.elevangeliodelreino.org

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)   

Yahweh llama a Abraham para darle una tierra  

Es interesante escuchar la promesa que Yahweh le hizo a Abraham en Génesis 12:1-3, porque ésta traería en el futuro muchas bendiciones para a TODA la humanidad. Estos tres versos dicen:  

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.  

Aquí vemos que Yahweh llama a Abraham para que salga de su tierra (Ur de Caldea) y de su parentela para dirigirse a una tierra que Él le mostraría, porque Yahweh se propuso hacer del patriarca una gran nación. Este tendría un nombre sobresaliente y sería bendito y de bendición para todas las naciones. Pues bien, enseguida veremos qué tierra le mostró Yahweh a Abraham. En Génesis 13:14-17 encontraremos la respuesta puntual de cuál tierra se le mostró al Patriarca: 

“Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré”. 

Hasta este punto nos damos cuenta de que la tierra que Yahweh le mostró a Abraham no era territorio fuera de este mundo, o en el cielo, sino un territorio que él puede ver de frente, un horizonte con cuadro coordenadas claras: Norte, Sur, Este y Oeste en este mismo planeta. Recuerde siempre esto: A Abraham no se le llevó al cielo para que mirará un “territorio celestial” como muchos suponen, sino un territorio desde el mismo lugar donde él está parado, hacia el norte, sur, este, y oeste. Pues bien, Dios mismo dará a Abraham los límites del territorio prometido, y veremos que no es un lugar fuera de este mundo. Dice así Génesis 15:18:

“En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates”. 

Ahora sí ya tenemos los límites del territorio prometido a Abraham por Dios, es decir, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates. Si alguno cree que estos ríos no están en este mundo, mejor que vaya al psiquiatra.

La Tierra prometida es también para la simiente de Abraham

Como hemos leído en Génesis 15:18, la tierra prometida sería también para la descendencia de Abraham. Esto es muy interesante, porque Abraham tuvo hijos que le dieron una gran familia, tanto por la línea de Isaac, como por Ismael, cumpliendo lo dicho por Yahweh en Génesis 17:4-7. Sin embargo, veremos más adelante quién es verdaderamente la simiente o descendencia de Abraham que recibirá la tierra de la promesa. 

En Génesis 22:15-17 vemos que Dios confirmó su pacto con Abraham al probar éste su fidelidad y obediencia hasta el punto de asentir o acceder ofrecer a su propio hijo Isaac en holocausto. Los versos dicen: 

“Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”. 

 En los siguientes capítulos de Génesis veremos que efectivamente Yahweh confirmará su pacto con Isaac, y luego con Jacob, tal como lo hizo con el primer patriarca Abraham.

 Jesús es la simiente o descendencia de Abraham

 El apóstol Pablo nos aclara que la descendencia de Abraham es nuestro Señor y salvador Jesucristo. En Gálatas 3:16 Pablo dice:

 “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. 

 Así que ya sabemos que Jesucristo es la simiente a la cual hizo referencia el eterno Yahweh, el único Dios verdadero. Es por eso que Pablo pudo decir que la simiente de Abraham sería heredero del mundo: 

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe” (Rom. 4:13).  

Además dijo: 

“Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8). 

Así que Jesús vino a confirmar las promesas hechas a los padres, y no ha anularlas o abrogarlas. El sabía que era esa simiente prometida, y sabía igualmente que las promesas estaban vigentes aún. El estaba muy consciente de que sería el heredero de la tierra prometida, y que a través de él todas las naciones serían benditas. 

¿Quién es la otra simiente de Abraham? 

El apóstol Pablo responde esta pregunta con mucha claridad, así: 

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje (simiente) de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

“Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos (simiente) de Abraham Luego los de la fe son benditos con el creyente Abraham”—Gál. 3:7,9). 

¿Tomó usted nota de lo que dijo Pablo en cuanto a quiénes son también “la simiente” de Abraham? Pues todos los que somos de Cristo, los hombres y mujeres que compartimos la misma fe de Abraham. La fe de Jesús era la misma fe de Abraham. Y esa fe su centraba en la herencia de una tierra de una simiente bendita que traería grandes bienaventuranzas al mundo entero, es decir, a todas las naciones de la tierra.

¿Tiene usted esa misma esperanza de heredar la tierra para que participe en su  renovación y hacerla un mundo justo y recto (un paraíso restaurado)?.

En otro estudio veremos la promesa que Dios le hizo al rey David en cuanto a la herencia y a la perpetuidad de su reino a través de uno de sus descendientes más nobles…el Señor Jesucristo. Éste futuro rey, junto con sus seguidores (la iglesia), heredarían la tierra prometida (pacto Abrahámico) y el dominio del mundo entero (pacto davídico) a través de la restauración del reino para cuando volviera el heredero legítimo de David, el Señor Jesucristo. 

Bendiciones os sean multiplicadas.

SU MAJESTAD, EL REY JESUCRISTO

 “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio” (Isa. 32:1)

Pasajes que nos hablan de la justicia del reinado del Mesías en la tierra

“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isa. 9:6,7).

“Sino que juzgará con justicia á los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra: y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones.” (Isaías 11:4,5).

“Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:17).

“He aquí que vienen los días, dice Jehová, y despertaré á David renuevo justo, y reinará Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jeremías 23:5).

“En sus días será salvo Judá, é Israel habitará confiado: y este será su nombre que le llamarán: JEHOVA, JUSTICIA NUESTRA” (Jeremías 23:6).

“En aquellos días y en aquel tiempo haré producir á David Pimpollo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jeremías 33:15).

“En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará seguramente, y esto es lo que la llamarán: Jehová, justicia nuestra” (Jeremías 33:16).

“Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre: Vara de justicia la vara de tu reino” (Salmo 45:6).

“Conforme á tu nombre, oh Dios, Así es tu loor hasta los fines de la tierra: De justicia está llena tu diestra” (Salmo 48:10).

“La justicia irá delante de él; Y sus pasos pondrá en camino (Salmo 85:13).

“Justicia y juicio son el asiento de tu trono: Misericordia y verdad van delante de tu rostro” (Salmo 89:14).

Las Riquezas en el Reino de la justicia

“Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros del Dios nuestro seréis dichos: comeréis las riquezas de las gentes, y con su gloria seréis sublimes” (Isaías 61:6).

“Y Judá también peleará en Jerusalén. Y serán reunidas las riquezas de todas las gentes de alrededor: oro, y plata, y ropas de vestir, en grande abundancia” (Zacarías 14:14).

“Que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza” (Apocalipsis 5:12).

Abundancia de paz en el reinado de la justicia

“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6,7).

“La gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:9).

“Y seráme á mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las gentes de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré” (Jeremías 33.9).

“He aquí que yo le hago subir sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6).

Más sobre el reino en:

www.elevangeliodelreino.org

www.yeshuahamashiaj.org

Por Ing° Mario A Olcese (APOLOGISTA)

Un prominente político dijo una vez que la única solución para los problemas de este mundo caótico vendría de un solo gobierno mundial. Estas palabras parecieran haber sido inspiradas por la Biblia, la cual profetiza un futuro gobierno mundial en la tierra en la persona del Mesías escogido de Dios.En el Salmo 72:7,8,11 encontramos estas solemnes palabras proféticas: “Florecerá en sus días (del gobernante divino) justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra. Todos los reyes (gobernantes) se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán.”

Estas son buenas noticias de verdad, porque por fin los presidentes y reyes del mundo reconocerán la soberanía de un extraordinario gobernante divino venido desde los cielos de Dios. Será un ser inmortal, poderoso, glorioso, sabio, justo, bondadoso, pacífico, recto, e iluminado por Dios mismo. El profeta Isaías estaba hablando de un hombre especial cuando profetizó: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite…” (Isaías 9:6,7).

El profeta Daniel, otro de los profetas de la Biblia, dice: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; y su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Daniel 7:13,14). Aquí se predice que el reino o gobierno del “hijo del hombre” será indestructible, es decir; no será depuesto o tomado por ningún otro imperio. Será un gobierno feliz, estable, sólido, próspero, justo, pacífico, y con autoridad divina. Esta utopía de un mundo justo y pacífico se hará por fin realidad en un futuro cercano. ¡Estas son increíbles noticias ciertamente!

También el profeta Daniel nos da detalles interesantes del gobierno que se establecerá en la tierra, y que desplazará a todos los gobiernos humanos imperfectos. “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.” (Daniel 2:44). Es obvio que este futuro gobernante no tendrá oposición ni amenazas de las naciones porque sencillamente él las habrá desmenuzado y consumido con su poder.

 El Deseado de Todas las Naciones

Al futuro rey de los pueblos se le llama: “El Deseado de Todas las naciones” (Hageo 2:7). Sí, el Mesías vendrá como el gobernante que todas las naciones han anhelado tener. “Y haré temblar a todas las naciones, dice Jehová, y vendrá el Deseado de todas las naciones…dijo Jehová.” Además dice de él la Biblia: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel. Habrá un justo que gobierne entre (no “sobre”) los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.” (2 Samuel 23:3,4). Según las últimas palabras del rey David, este gobernante mundial respetará a Dios y guardará su ley con justicia.

Las naciones comprenderán que el Deseado de todas las naciones es el Mesías escogido de Dios, venido de arriba, de los cielos. Ahora bien, el Diablo también quiere desviar la atención de los hombres hacia “salvadores estelares” que viajan en naves velocísimas por todo el universo. El enemigo, Satanás, ha engañado a las gentes haciéndoles creer que efectivamente seremos enseñados por los “hermanos mayores”, pero no por el “hijo de Dios”. No obstante, el verdadero guía, maestro, y gobernante, vendrá del trono de Dios en dirección a la tierra en compañía de sus ángeles.

Este “Deseado de los pueblos” será un descendiente del famoso rey David. El profeta Isaías profetizó sobre este magnífico e ideal Soberano de este modo: “Saldrá una vara del trono de Isaí (padre de David), y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor a Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra… Y Será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura…Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón (bandera o estandarte) a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa.” (Ver Isaías 11:1-5,10). Vemos que el Gobernante ideal será sabio, inteligente, consejero, poderoso, conocedor, temeroso de Dios, justo y equitativo. Y todo esto porque en él reposará el Espíritu de Dios.

¿Quién este descendiente de David que inaugurará un gobierno mundial ideal? La Biblia lo revela en muchos pasajes de las Escrituras. En Mateo 1:1 se lee que Jesucristo es Hijo de Abraham e hijo de David. ¡Así comienza Mateo su Evangelio! Y esto no es gratuito, pues por algo el evangelista lo recalca como de primera importancia. También Pedro lo dice en su gran discurso ante los judíos del primer concilio en Jerusalén. Léalo usted mismo en Hechos 2:29,30.Un Gobierno sin Ejército

“Y el juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.” (Miqueas 4:3). Además, el profeta Zacarías profetiza sobre aquella edad gloriosa, así: “Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zacarías 9:10).

Notemos que las armas de guerra se convertirán en implementos agrícolas. Además, los tanques de guerra (“carros y caballos”), y los misiles (“arcos de guerra”) serán destruidos Notemos que habrá un desarme mundial. ¿No es lógico concluir que el gobierno de Cristo no requerirá de armas bélicas, al no haber amenazas ni conflictos de naciones? Es mucho el dinero que se gasta en armas bélicas. Miles de millones de dólares gastan al año las naciones para armarse, cuando en realidad todo ese dinero podría usarse en la salud, educación, alimentación, vivienda, etc. En los Estados Unidos, casi todas las familias tienen un arma en su casa. Los crímenes y asesinatos son cosa de todos los días en ese país, y en muchos otros. Las pandillas juveniles, los terroristas, los guerrilleros, los matones, etc, usan armas para matar. Pero en el gobierno de Cristo habrá seguridad total, pues no habrá armas para matar o asaltar.Ni Explotadores ni Explotados

En relación a la súper gobernación mundial venidera, la Biblia revela el fin de las clases sociales, y el fin de la pobreza y de las injusticias. Dice el profeta Isaías, así: “Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente…” (ver Proverbios 14:31). Y en Santiago leemos: “…vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán…” (5:1-6).

Sin duda, los más pobres serán los más beneficiados en el super gobierno de Cristo. Dice la Biblia: “Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán del santo de Israel.” (Isaías 29:19). “Hermanos míos, amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5). “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico al reino de los cielos” (Mateo 19:23). Es claro que los ricos explotadores y carentes de amor serán excluidos del reino o gobierno de Cristo, salvo que se arrepientan a tiempo (2 Tesalonicenses 1:5-12). Es interesante oír lo que dijo María de Dios: “Hizo proezas con su brazo: Esparció a los soberbios…quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.” (Lucas 1:51-53).Los Defectos Físicos Desaparecerán

Cuánto sufrimiento hay en el mundo hoy. Hay millones de personas que sufren de graves males sin que la ciencia médica puede hacer algo al respecto. Hay personas que han perdido un brazo, una pierna, la vista, el habla, el movimiento corporal; otros están enfermos física y espiritualmente; y otros están sufriendo por la pérdida de un hijo(a), esposo(a), amigo(a), hermano(a), y así por el estilo. Este es un valle de lágrimas, sin duda. Pero el profeta bíblico Isaías predice una época en la cual las enfermedades, las taras, y los defectos desaparecerán para siempre. “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un siervo, y cantará la lengua del mudo.” (Isaías 35:5,6).

Las Tierras Áridas y los Desiertos desaparecerán

Muchos lugares del mundo son grandes desiertos que siguen aumentando por la falta de agua o por el exceso de la tala de árboles. Este problema aumenta el hambre y la pobreza en el mundo en gran parte por culpa del mismo hombre irresponsable. Pero este problema será revertido por el gobierno de Cristo. Dice el profeta Isaías nuevamente: “En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de agua, y manantiales de agua en la tierra seca. Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente.” (Isaías 41:18,19). “El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de agua; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos.” (Isaías 35:7). Esto significará más agua y más cosechas para alimentar a toda la humanidad hambrienta de los países más pobres y olvidados. “No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá.” (Isaías 49:10). “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno” (Apocalipsis 7:16).

Niños y Bestias Salvajes Convivirán Juntos

¿Qué niño tendría como mascota suelta a un león? ¡Ninguno! Claro que muchos pueden tener un felino enjaulado, pero no deja de ser peligroso. En la nueva gobernación del Mesías Jesús, el mundo experimentará la paz total, incluso con las bestias más peligrosas de los bosques y selvas. Dice el profeta Isaías: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán…” (Isaías 11:6-9).

Los cazadores matan a los animales para comercializar sus pieles, cabezas, colmillos, cuernos, y su carne, sin prestar atención a las leyes que rigen su caza. Muchas veces las bestias se vuelvan más feroces por la crueldad humana. El rey Salomón dijo: “El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel.” (Proverbios 12:10). En el nuevo gobierno mundial, los justos cuidarán de las bestias con el mismo amor que se siente por cualquier otra criatura de Dios.

Los Delincuentes Desaparecerán

Hoy la sociedad humana está plagada de delincuentes de toda índole. Las gentes temen salir a las calles solitarias, y aun, a las concurridas. En los países donde impera el terrorismo, la gente teme sufrir por algún atentado, y hasta morir sin culpa alguna. Pero los asaltos, la drogadicción, las violaciones, etc, están a la orden del día. Pero en el gobierno de Dios, la tierra será limpiada de todos los malvados. Dios dice: “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11:9). “Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí… porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán destruidos.” (Salmo 37:9,10,22). En el Nuevo Orden Mundial, el mal será finalmente extirpado, y no quedará impío alguno que haga de las suyas. De este Soberano que traerá la ley y el orden, dice el profeta Jeremías: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.” (Jeremías 23:5). El profeta Isaías también profetizó: “He aquí que para justicia reinará un rey…” (Isaías 32:1). Este justo hará justicia en la tierra, y no tolerará el malo dentro de su gobernación mundial (Ver Isaías 60:18)-

El Ateísmo y las Falsas Filosofías Desaparecerán

Dice el profeta Isaías: “…porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11:9). “Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas…” (Isaías 2:3). Sólo habrá un filosofía de vida—¡la de Dios!

Sólo el Dios de la Biblia será Exaltado

Jehová es y será el único Dios vivo en toda la tierra. El rey David dijo: “Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra” (Salmo 83:18). También dice: “Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria; por cuanto Jehová habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto.” (Salmo 102:15,16). Dios dice: “Y santificaré mi grande nombre, profanado sobre las naciones;… y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos.” (Ezequiel 36:23).

La Humanidad Será Longeva

¡Cuánto deseamos todos vivir más y mejores años!. Muchos han buscado el “elixir de la eterna juventud” y no la han encontrado. Hoy la gente practica deportes para estar en forma, hacen dietas, consumen vitaminas sintéticas, minerales, y tónicos naturistas para estar más sanos. Otros buscan vivir en el campo y con los animales para evitar la contaminación ambiental, y para alimentarse sólo de frutas y verduras. De este modo la gente busca vivir más y con una mejor calidad de vida. En Isaías 65:20 leemos: “No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito”.

¡Notemos que dice que un niño morirá de cien años! Esto significa que el adulto podrá vivir cientos de años para luego morir. Sin duda, al eliminar el stress, la contaminación, la desnutrición, los vicios, etc, de la tierra, la vida se prolongará increíblemente.

Por cierto que la mortalidad infantil habrá bajo a cero. Hoy la mortalidad infantil en los países pobres es alarmante, y esto, producto de la misma pobreza e ignorancia. Al eliminar la pobreza y la ignorancia, los hombres vivirán muchísimo mejor en todo sentido.

Las Familias tendrán su Casa Propia

La casa propia ha sido el sueño de millones de familias en la tierra. Sí, una casa no es un lujo, sino una imperiosa necesidad de los esposos y de cualquier persona que aspira a su independencia. No obstante, no todos pueden acceder a ella por carecer de suficientes recursos económicos. Muchas familias tienen que conformarse en vivir en tugurios, o en casas alquiladas, en el mejor de los casos. Pero en la nueva administración del super gobernante Jesucristo, todas las familias podrán edificar sus casas en terrenos propios. El profeta Isaías lo predice con estas palabras: “Edificarán casas, y morarán en ellas…no edificarán para que otro habite…y mis escogidos disfrutarán de las obras de sus manos.” (Isaías 65:21,22).

El Gobierno Mundial de Jesucristo Durará Mil Años

El poseso Adolfo Hitler quiso inaugurar su reino (“Reich”) de mil años y sólo duró 12 años. ¡Una burda imitación del reino milenario de Cristo!. Hitler quiso ser “el Mesías” o salvador del mundo, con sus ideas racistas de la superioridad de la raza Aria. Sin duda el Diablo es el gran imitador de Jesucristo. Pero la Biblia afirma que el “reich” o reino de Cristo sí va a durar mil años ininterrumpidos, cuando someta a todos sus enemigos y los tenga bajo sus pies. Dice en Apocalipsis 20:4 “…Y reinaron con Cristo MIL AÑOS.” Y es que el reino de mil años de Cristo es el reino de alguien Mayor y Único, el Dios del Universo. Ese reino estará basado en la equidad, y en el amor. Claro que será un gobierno con autoridad divina, por tanto, aplastaría cualquier rebelión si la hubiera (Zacarías 14:18,19).

Jesús vuelve para reinar sobre la tierra, porque los profetas del Nuevo Testamento lo dicen.

1. Pedro

► Hechos 3:21 – En su sermón en el pórtico de Salomón, Pedro dice que Jesús debe permanecer en el Cielo ”hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de Sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”. El periodo de restauración del que se habla aquí ocurrirá durante el Milenio, cuando la maldición sea removida parcialmente y la naturaleza sea restaurada (Romanos 8:18-23)

2. Pablo

 ► 2 Tesalonicenses 1:7-10 – Pablo dice que cuando Jesús regrese para ”dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio”, El también vendrá con el propósito de ser glorificado ante Sus santos. El retorno de Jesús para ser glorificado ante Sus santos y todas las naciones del mundo es uno de los temas persistentes de la profecía del Antiguo Testamento (Isaías 24:23; 52:10,13; 61:3 y Salmo 46:10)

► 2 Timoteo 2:12 – Pablo dice ”Si sufrimos, también reinaremos con El”.

3. Juan

► Apocalipsis 12:5 – Juan ve una visión en la que una mujer vestida con el sol (Israel) da a luz a un hijo varón (Jesús) ”que regirá con vara de hierro a todas las naciones”.

► Apocalipsis 19:15-16 – En su descripción del regreso de Jesús a la tierra, Juan dice que El ostenta el título ”Rey de reyes y Señor de señores” y Juan dice que El ”regirá las naciones con vara de hierro”.

► Apocalipsis 20:4,6 – Juan dice que después del regreso de Cristo a la tierra, El reinará con Sus santos (“los que recibieron facultad de juzgar”) por mil años.

Jesús vuelve para reinar sobre la tierra, porque las Huestes Celestiales lo dicen

1. Gabriel

► Lucas 1:26-38 – Cuando el arcángel Gabriel se le apareció a María, le dijo que ella tendría un hijo llamado Jesús, Quien sería llamado ”Hijo del Altísimo”. Luego él añadió tres promesas que aún deben cumplirse: ”el Señor Dios Le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin”.

2. Los 4 Seres Vivientes y los 24 Ancianos

► Apocalipsis 5:9-10 – Cuando Juan es arrebatado al Cielo y se encuentra a sí mismo de pie ante el trono de Dios (Apocalipsis 4), él escucha a ”los cuatro seres vivientes”(criaturas angélicas especiales llamadas serafines en Isaías 6) y a “los veinticuatro ancianos” (probablemente sean representantes de los redimidos) cantando un cántico de alabanza a Jesús. En este cántico ellos dicen que Jesús es un Cordero Digno que ha hecho un reino para Sus redimidos,”y ellos reinarán sobre la tierra”.

3. Los Ángeles de Dios

► Apocalipsis 11:15 – Voces del Cielo hacen una proclamación proléptica en la mitad de la Tribulación: ”Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de Su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos”. (Nota: Una declaración proléptica es una que habla de un evento futuro como si ya hubiese ocurrido. Esta es una forma común de expresión en la profecía porque todos los eventos futuros están establecidos en la mente de Dios como si ellos ya hubiesen ocurrido en la historia).

4. Los Mártires de la Tribulación

► Apocalipsis 15:3-4 – Al final de la Tribulación, justo antes del derramamiento final de la ira de Dios en la forma de los juicios de las copas, todos los mártires de la Tribulación que están en el Cielo se unen para cantar ”el cántico de Moisés… y el cántico del Cordero”. En ese cántico, ellos declaran que el Cordero (Jesús) es ”Rey de las naciones” y ellos proclaman que ”todas las naciones vendrán y Te adorarán”.

Jesús vuelve para reinar sobre la tierra, porque El lo dijo.

► Mateo 19:28 – Jesús dijo que durante ”la regeneración”(el mismo tiempo que ”el periodo de restauración” referido por Pedro en Hechos 3:21), El se ”sentará en el Trono de Su gloria” y los apóstoles se unirán a El para juzgar a las doce tribus de Israel.

► Mateo 25:31 – Jesús dijo que cuando El regrese en gloria,”el Hijo del Hombre… se sentará en Su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones” para ser juzgadas. El trono de Jesús es el trono de David que siempre ha estado ubicado en un solo lugar – en Jerusalén (vea Isaías 9:6-7 y Salmo 122)

► Hechos 1:3-6 – Lucas dice que Jesús pasó 40 días enseñando a Sus discípulos acerca del Reino de Dios. Luego, mientras se preparaba para ascender al Cielo, uno de sus discípulos le preguntó: ”Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” La pregunta indica que Jesús enseñó que vendría un tiempo cuando el reino sería restaurado a Israel. La respuesta de Jesús a la pregunta indicó la misma cosa. El no reprendió la pregunta. En lugar de eso, El simplemente dijo que no les correspondía a ellos conocer los tiempos y las sazones cuando el reino sería restaurado a Israel.

► Apocalipsis 2:26-27 – Jesús dice que El tiene una recompensa especial para cualquier “vencedor” que guarde Sus obras hasta el fin: ”Yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro”.

► Apocalipsis 3:21 – Jesús aclara que los vencedores reinarán juntamente con El: ”Al que venciere, le daré que se siente conmigo en Mi trono, así como Yo he vencido, y Me he sentado con Mi Padre en Su trono”. Nuevamente, el trono de Jesús es el trono de David (Lucas 1:32 y Apocalipsis 3:7). El trono de David está en Jerusalén, no en el Cielo (Salmo 122). Jesús actualmente comparte el trono de Su Padre. El no está sentado en Su propio trono y no lo hará hasta que El regrese a esta tierra. Entonces permitirá que los redimidos compartan Su trono con El.

Por John Cordaro

Traducido Por Mario A Olcese

Yahshua (“Jesus”) empezó su ministerio terrenal predicando estas palabras a la gente de Galilea;

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Elohim (“Dios”) está a la mano:Arrepentíos, y creed en las buenas noticias (“el evangelio”)”. Marcos 1:15, KJV

Con esas palabras, Yahshúa le enseñó a la gente sobre la cercanía del Reino venidero de Elohim y que éste requiere el arrepentimiento. El arrepentimiento significa volverle la espalda a nuestros pecados (las transgresiones de las leyes de Yahweh – 1 Juan 3:4) y empezar a obedecer las mismas leyes que estaban siendo transgredidas. Requiere un cambio de mente concerniente a la relación de uno con el Creador, Yahweh. Este cambio de mente es de la desobediencia a la obediencia fuera del pesar por los pecados pasados y de las conductas que eran contrarias a la voluntad del Todopoderoso. También alcanza su plenitud de un amor sincero por Yahweh y un deseo de vivir según Su voluntad revelada. Esa voluntad se revela en la Torá (las leyes y las enseñanzas de Yahweh).

El Apóstol Pablo entendió la importancia del arrepentimiento así como éste igualmente se relaciona con el Reino. Respondiendo a los Ancianos de la asamblea en Éfeso, Pablo dijo;

“y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,  testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Elohim, y de la fe en nuestro Señor Yahshúa. Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.  Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Yahshúa, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Elohim. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Elohim, verá más mi rostro” (Hechos 20:20-25, VRV).

¿Por qué harían Yahshúa y Pablo del arrepentimiento un prerrequisito para el Reino? Cada reino, ya sea terrenal o divino, es gobernado por leyes. Sin ley el caos reinaría. Cada hombre haría como a él le agradase, resultando en el pronto colapso de tal reino. Un destino similar golpeó a Israel. En ese caso, el Reino de Yahweh no colapsó, pero le fue quitado a Israel por sus pecados.

¿”Qué”? Dirán algunos. “¿No dijo Yahshúa que el Reino de Elohim estaba a la mano? ¿Cómo puede decir usted que el Reino de Yahweh le fue quitado a Israel si éste incluso no había venido aún?”

Las Escrituras no nos dejan ignorantes acerca de esta materia.

El Reino Perdido

Comencemos con 1 Cró. 28:1-5:

“Reunió David en Jerusalén a todos los principales de Israel, los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que servían al rey, los jefes de millares y de centenas, los administradores de toda la hacienda y posesión del rey y de sus hijos, y los oficiales y los más poderosos y valientes de sus hombres. Y levantándose el rey David, puesto en pie dijo: Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Yahweh, y para el estrado de los pies de nuestro Elohim; y había ya preparado todo para edificar. Mas Elohim me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre. Pero Yahweh el Elohim de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel. Y de entre todos mis hijos (porque Yahweh me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Yahweh sobre Israel”(1 Crónicas 28:1-5, VRV).

Yahweh Mismo escogió a Salomón para que se siente sobre “el trono del Reino de Yahweh sobre Israel”. El Reino estuvo en esta tierra miles de años atrás y Salomón lo rigió.

Note, también, que Yahweh escogió a David para ser rey sobre Israel para siempre o perpetuamente (v.4). Para siempre no acabó a la muerte de David, pues nunca tendrá fin. Mientras que Israel exista, David será su rey. Esto requerirá la resurrección de David en el futuro y la continuación de Israel para siempre.

1 Cró. 29:10,11, 22, 23, nos enseñan que el Reino de Israel es el Reino de Yahweh y ese David gobernó ese mismo Reino antes de que Salomón le sucediera a él.

“Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Yahweh delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Yahweh, Elohim de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Yahweh, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Yahweh, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Y comieron y bebieron delante de Yahweh aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Yahweh le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote. Y se sentó Salomón por rey en el trono de Yahweh en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel” (1 Crónicas 29:10,11,22, 23).

Yahweh le había jurado a David que sus descendientes se sentarían siempre en el trono de Su Reino. Sin embargo, esa promesa fue condicionada a la obediencia de los hijos de David a las leyes del pacto que gobernaron el Reino (Sal. 132:11,12; 1 Rey. 2:1-4).

Salmos 132:11,12 dice:

“En verdad juró Yahweh a David,Y no se retractará de ello: De tu descendencia pondré sobre tu trono. Si tus hijos guardaren mi pacto, Y mi testimonio que yo les enseñaré” (Salmos 132:11,12).

Vemos, en 1 Reyes 11:9-11, que el hijo de David, Salomón, dejaría de cumplir esas leyes del pacto.

“Y se enojó Yahweh contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Yahweh Elohim de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Yahweh.  Y dijo Yahweh a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo” (1 Reyes 11:9-11).

La idolatría de Salomón le costó el Reino. Yahweh lo rasgó de él y le dio diez tribus al hijo del siervo de Salomón, Jeroboam (vs.31). Por causa de David y de Jerusalén, Yahweh no le quitó todo su Reino, sino que le dio una tribu al hijo de Salomón, Roboam (vs.32, 36).

El reino de Roboam fue llamado, “el Reino de Yahweh en manos del hijo de David” en 2 Cró .13:8.

Israel continuó rechazando las leyes del Reino hasta que Yahweh trajo a los asirios sobre ellos para sacarlos de Su vista.

“Yahweh amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas. Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Yahweh su Elohim. Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Yahweh les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas. Dejaron todos los mandamientos de Yahweh su Elohim, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal; e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Yahweh, provocándole a ira. Yahweh, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá. Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Elohim, sino que anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho. Y desechó Yahweh a toda la descendencia de Israel, y los afligió, y los entregó en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia. Porque separó a Israel de la casa de David, y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam apartó a Israel de en pos de Yahweh, y les hizo cometer gran pecado. Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos, hasta que Yahweh quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta hoy” (2 Reyes 17:13-23).

La desobediencia del rey Saúl le costó el Reino igualmente. El fracaso para obedecerle condujo a Samuel para decirle a Saúl;

“Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Yahweh tu Elohim que él te había ordenado; pues ahora Yahweh hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Yahweh se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Yahweh ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Yahweh te mandó”(1 Samuel 13:13,14).

Judá pronto seguiría los pasos de las diez tribus al ser llevado a la cautividad por el rey de Babilonia debido a sus pecados.

“Pero Yahweh envió contra Joacim tropas de caldeos, tropas de sirios, tropas de moabitas y tropas de amonitas, los cuales envió contra Judá para que la destruyesen, conforme a la palabra de Jehová que había hablado por sus siervos los profetas. En aquel tiempo subieron contra Jerusalén los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada. Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén, a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y a todos los artesanos y herreros; no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra”(2 Reyes 24:2, 10, 14).

A través del destino de Israel y Judá, nos enteramos de que el arrepentimiento y la obediencia son cruciales para una bendita vida tranquila en el Reino. Este es el motivo porqué Yahshúa predicó el arrepentimiento para Israel antes de la venida el Reino nuevamente. Sin un cambio de corazón concerniente a la obediencia a las leyes del Reino, será rechazada la entrada.

La llamada de Yahshúa para el arrepentimiento levanta otra pregunta. ¿Por qué llamaría él a Israel a arrepentirse de sus transgresiones en contra de las antiguas leyes del pacto si esas leyes ya no serían obligatorias bajo el nuevo pacto? La respuesta es, él no lo haría. Él los llamó a arrepentirse de sus transgresiones en contra de las antiguas leyes del pacto porque esas mismas leyes gobernarían el Reino venidero.

Cuando Yahweh le dio a Jeremías su profecía del nuevo pacto en Jer. 31:31-33, Él dijo que escribiría Sus leyes en los corazones de los Israelitas del nuevo pacto. ¿Qué leyes? Las únicas leyes que existieron en aquel entonces, las antiguas leyes del pacto. Serían conducidos al nuevo pacto, con excepción de aquellas que fueron cumplidos por el Mesías como los sacrificios animales o aquellas relacionadas con el Templo, pero su administración sería diferente. Allí ya no habría una función condenatoria de la ley para aquellos que caminan en el Espíritu del nuevo pacto. Por favor lea,”la Ley y el Creyente del Nuevo Pacto” (solo en Ingles) para una explicación más detallada de esto.

La Esperanzadel Reino Restaurada

¿Fue el mensaje de un Reino venidero de Yahshúa algo nuevo para Israel? De ningún modo. Mar.15:43 nos dice que José de Arimatea “esperó el Reino de Elohim”. Ésta fue una esperanza común entre los Judíos. Supieron que el Reino fue tomado de ellos y esperaron su regreso para ellos. Fue esa esperanza que apremió a los discípulos para hacerle a Yahshúa la siguiente pregunta;

“Señor, ¿restaurarás en el Reino a Israel en este tiempo”? Hechos 1:6.

Yahshúa, sabiendo perfectamente bien que los discípulos se estaban refiriendo al mismo reino que él predicó, no corrigió ningún pensamiento erróneo de su parte, sino simplemente dijo que no era para ellos saber cuándo sería ese tiempo.

Israel fue una nación que no sólo les anticipó la restauración del Reino para ellos, sino que lo anhelaron. Esto fue especialmente cierto en un tiempo en su historia cuando estuvieron sujetos al gobierno romano. ¡Por esto es que la predicación del Reino venidero fue ciertamente buenas noticias!

Yahshúa fue llamado y enviado a predicar esas buenas noticias a la gente de Capernaum de Galilea. Cuando el pueblo le imploró para que no se vaya de entre ellos, él dijo;

“Debo predicar el Reino de Elohim a otras ciudades también:Porque para esto he sido enviado” (Lucas 4:43).

Yahweh no envió a Yahshúa a predicar las buenas noticias para todo el mundo, sino sólo a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mt.15:24). Yahshúa comisionó a sus doce discípulos a una misión similar. Mat.10:5-7 lee:

“A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 10:5-7).

David profetizó que los santos de Yahweh predicarían este mensaje del Reino cuando él escribió;

“Te alaben, oh Yahweh, todas tus obras,Y tus santos te bendigan. La gloria de tu reino digan, Y hablen de tu poder, Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, Y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos, Y tu señorío en todas las generaciones”.(Salmos 145:10-13).

Las Buenas Noticias  se Esparcen

Eventualmente, la comisión se extendió más allá de los doce discípulos y más allá de los bordes de Israel. Poco antes de su ascensión, nuestro Salvador comisionó a los doce a:

“Id a todo el mundo, y predicad las buenas noticias a toda criatura” (Marcos 16:15).

En Hechos 8:1-4, aprendemos que después de la lapidación de Esteban, Saulo comenzó a hacer estragos en los creyentes en Jerusalén. Esto dio como resultado un desparramamiento de los creyentes a todo lo largo de las regiones de Judea y Samaria.

En Hechos 8:12, vemos a Felipe exitosamente predicando el Reino y predicando al Mesías entre los samaritanos. Al poco tiempo, Saulo fue convertido a la fe. Desde aquel momento no hubo detención del esparcimiento de las buenas noticias del Reino venidero de Elohim. Pablo, escribiendo a los Colosenses, dijo que las buenas noticias fueron “predicadas a toda criatura bajo el cielo”.

Pablo continuó predicando este mensaje del Reino a lo largo de su vida. El último registro que tenemos del ministerio de Pablo declara:

“Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Elohim desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Yahshúa, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían,  predicando el reino de Elohim y enseñando acerca del Mesías Yahshúa, abiertamente y sin impedimento”.(Hechos 28:23, 30,31).

El Gobierno del Reino

Cada reino tiene a un rey. El reino de Yahweh no es diferente. El Juan 1:49 dice;

“Nathanael respondió y le dijo, Rabí, tú eres el Hijo de Elohim;tú eres el Rey de Israel”  (Juan 1:49).

¡Si sólo el resto de mundo hubiese creído tan fácilmente como Nathanael lo hizo!

Juan también registra lo siguiente acerca de la misión de Yahshúa;

“Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Yahshuá: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” (Juan 18:37).

El ángel Gabriel profetizó a Miriam del honor y la posición de Yahshúa como el Rey sobre el Reino venidero de Yahweh.

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Yahshúa. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Elohim le dará el trono de David su padre;  y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:31-33).

Centenares de años antes de que Yahshúa hubiese incluso nacido, los profetas declararon su reinado como Rey sobre Israel.

“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre” (Isaías 9:7).

“He aquí que vienen días, dice Yahweh, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra”(Jeremías 23:5).

Hebreos 1:8 dice del Hijo de Yahweh;

“Tu trono, Oh elohim, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu Reino” (Hebreos 1:8).

En Rev.19:16, vemos al Hijo Yahshúa saliendo del cielo de Yahweh para hacer la guerra en contra de los impíos. El nombre escrito en su vestidura reza, “rey de reyes”. Él no será el único rey para regir en el Reino de Yahweh. Los santos que venzan regirán las naciones igualmente.

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,  y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre” (Revelación 2:26,27).

El gobierno de rey David sobre Israel fue un tipo del gobierno del Rey Yahshúa sobre el mundo. El rey David se sentó sobre el trono de Yahweh sobre Israel y el Rey Yahshúa estará sentado sobre el trono de Yahweh sobre el mundo. El rey David tuvo a 288,000 hombres que le sirvieron y le ayudaron a regir a Israel (1 Cró .27:1-15). El rey Yahshúa tendrá a 288,000 santos para ayudarle a regir el mundo en justicia (Rev.7:4; 14:1). Para un estudio más profundo en esto,haga clic aquí (solo en Ingles).

Como mencioné más temprano, cada reino tiene leyes para gobernar el comportamiento de sus ciudadanos. El Reino de Yahweh no es diferente. La ley del nuevo pacto, escrita en los corazones del arrepentido, será la regla de la vida en el Reino. Aquellos que desean vivir en el Reino de Yahweh estrecharán esas leyes y las obedecerán aun ahora antes de que el Reino venga, no como una manera para entrar en el Reino (la salvación por obras), sino como un fruto de su salvación y amor por Yahweh.

“Pues éste es el amor de Yahweh, que guardemos Sus mandamientos:Y Sus mandamientos no son gravosos ” (1 Juan 5:3).

Yahweh tuvo esto que decir acerca del rey que se sienta sobre el trono del Reino sobre Israel;

“Cuando hayas entrado en la tierra que Yahweh tu Elohim te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Yahweh tu elohim escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Yahweh su Elohim, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra;  para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel” (Deuteronomio 17:14,15, 18-20).

El rey Yahshúa mostró mucho más respeto y honor a la ley, pues él nos enseñó, en el sermón en el monte, a obedecer el significado más profundo de la ley, no meramente su letra (Mat.5:21, 22, 27, 28).

La Entradaen el Reino es Condicional

Hay sólo una “forma” para entrar en el Reino y esa es a través de la “puerta”, Yahshúa el Mesías.

“Yahshúa le dijo, yo soy el camino, la verdad, y la vida:Nadie viene al Padre,sino por mí” (Juan 14:6).

“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejasÉ Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”(Juan 10:1, 7, 9).

Sin embargo, hay también ciertas condiciones que deben ser reunidas para ganar la entrada en el Reino.

1) Un nuevo nacimiento – Juan 3:3-5

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Elohim.  Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Elohim”.

2) Fe y amor para Yahweh – Santiago 2:5

“Hermanos míos amados, ¿no ha elegido Elohim a los pobres  de este mundo para que sean ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?”

3) Aguante – Hechos 14:22

“Confirmando los ánimos de los discípulos, y exhortándolos a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Elohim”.

4) Compasión – Mat. 25:34,35

“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis”.

5) No volviendo la mirada atrás – Lucas 9:62

“Y Yahshúa le dijo: Nadie, que habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrás, es apto para el Reino de Elohim”.

6) Humildad – Mt.18:3,4

“Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”.

7) Volviéndole la espalda a lo malo – 1 Cor. 6:9,10

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Elohim? No os engañéis: Ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los abusadores de ellos mismos con el género humano, ni los ladrones, ni los codicioso, ni los bebedores, ni los injuriadores, ni los extorsionistas, heredarán el Reino de Elohim “.

8) Una resurrección de entre los muertos a través del Mesías Yahshúa

“Ahora esto digo, hermanos, que la carne y la sangre no puede heredar el Reino de Elohim; ni la corrupción hereda  la incorrupción “.

9) No haciendo las obras de la carne – Gal.5:19-21

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, asesinatos, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas: Acerca de las cuales os amonesto, como ya lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Elohim “.

10) Un corazón que no confía en las riquezas – Mat.19:23,24

“Entonces dijo Yahshúa a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Otra vez os digo, es más fácil pasar un camello pasar por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Elohim”.

11) Obediencia al Padre – Mat. 7:21

“No todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

12) Obediencia al Hijo – Heb. 5:9

“Y siendo perfeccionado, se convirtió en el autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.

Conclusión

En Mat. 6:10, Yahshúa les enseñó a sus discípulos a orar, “Venga tu Reino. . .” Cuando éste venga, destruirá a todos los demás gobiernos /reinos en la tierra como fue profetizado por Daniel.

“Y en los días de estos reyes el Elohim de cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; Desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero el permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).

El Hebreo para “desmenuzar” significa “aplastar”. Éste no será un aplastamiento físico como un ejército terrenal pudiera aplastar al enemigo con tanques y ataques aéreos. Rev.19:14,15, 19-21 nos dice que los enemigos de Yahshúa serán matados por la “espada” de sus palabras.

“Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.  De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Elohim Todopoderoso. y grandes. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos”(Revelación 19:14, 15, 19-21).

Rev.11:15 dice que los reinos o gobiernos de este planeta se convertirán en los reinos de Yahweh y Yahshúa. Los líderes serán derribados y el gobierno del Reino de Yahshúa comenzará a regir el mundo desde Jerusalén. En aquel entonces, la ley de Yahweh saldrá de Sion (Jerusalén) a todas las naciones.

“Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén.  Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Yahweh como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Yahweh, a la casa del Elohim de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Yahweh. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová” (Isa. 2:1-5). 

LO SIGUIENTE (SOBRE LA TORÁ) ES OPINIÓN DEL AUTOR, NO DEL TRADUCTOR:

Un tiempo de paz sin precedentes cubrirá como un manto sobre la tierra, un gobierno en justicia de Yahshúa y de sus santos resucitados. Aquellos creyentes que viven de acuerdo por fe y la fe en la Torá de Yahweh (la ley) están hoy en entrenamiento para empezar su gobierno. La gente que se rehúse obedecer los mandamientos de Yahweh, incluyendo Sus Sábados, sus Días Festivos, sus leyes de pureza y santidad, etc., se encontrarán, en el mejor de los casos, que serán los más pequeños en el Reino como nuestro Salvador Yahshúa lo enseñó en Mt.5:17-19;

“No penséis que he venido para abrogar la ley y los profetas: No he venido a abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra ni una jota ni una tilde de la ley pasará hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el Reino de los cielos:Mas cualquiera que los haga y los enseñe, será llamado grande en el Reino de los Cielos” (Mat. 5:17-19).

Amigo, yo espero que usted tenga oídos para oír lo que son las verdaderas buenas noticias (el evangelio) del Reino de los Cielos y un corazón de amor para su Creador, Yahweh, para que usted puede creer y obedecer.

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan tiempos de refrigerio, y él al Mesías Yahshúa, que os fue antes anunciado; y a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Elohim por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:19-21).

“Desde entonces comenzó Yahshúa a predicar, y decir, Arrepentíos:Porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mat. 4:17, VRV).

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EL FIN DEL MUNDO SEGÚN LACUNZA

El milenarismo de Manuel Lacunza (1731-1801) es un eslabón más al interior de una tradición disidente e inconformista, a veces ortodoxa y en general heterodoxa (1), que atraviesa toda la historia de Occidente y se extiende hasta nuestros días. Su forma cristiana se manifestó ya en el pensamiento patrístico de los siglos II, III, IV (Papías, San Justino, San Ireneo de Lyon, Tertuliano, Lactancio, Comodiano, etc.) y desde San Jerónimo y San Agustín permaneció en clara minoría y crisis dentro del consenso eclesial. Escapa a los límites de este estudio volver sobre la significativa presencia de la esperanza milenarista a lo largo de los últimos veinte siglos (2) y sobre la situación histórica del jesuita chileno expulsado de su patria en 1767 junto a su comunidad por orden de Carlos III, convertido en sacerdote secular en 1773 como consecuencia del decreto de extinción promulgado por el Papa Clemente XIV que afectó a la Compañía de Jesús (3). Solo cabe recordar que hacia finales del siglo XVIII, en medio de la crisis terminal del Absolutismo, y en las primeras décadas del siglo XIX, florecía en Europa y América una gran fermentación apocalíptica y escatológica (4). El declive definitivo del antiguo régimen, la Revolución Francesa, las guerras del Imperio, el impacto de Napoleón I, las consiguientes transformaciones sociales, económicas y políticas, el término del Sacro Imperio Romano Germánico, datado oficialmente por las cronologías modernas en 1806, fueron algunos de los factores que sin duda favorecieron el estallido apocalíptico de aquellos tiempos. Ningún país, y desde luego ninguna Iglesia, se vio libre de estas especulaciones. Masas de gentes estaban convencidas de la inminencia del retorno de Cristo y procuraban afanosamente leer en los acontecimientos el cumplimiento de los signos precursores de la Parusía señalados por la tradición del Nuevo Testamento.

A. F. Vaucher ha sistematizado suficientemente la biografía y bibliografía lacunziana (5); los historiadores chilenos y otros investigadores de la historia de la Iglesia chilena, han sabido destacar la obra de Lacunza en nuestra cultura (6); especialmente importantes son los estudios que Mario Góngora consagró al pensamiento lacunziano y a sus múltiples y complejas relaciones con la Ilustración Católica y con el pensamiento utópico y escatológico de los siglos XVIII y XIX (7). B. Villegas dedicó su tesis doctoral a la elaboración de una severa crítica al método exegético de Lacunza (8). Desde los presupuestos de la escatología posconciliar estudios críticos más recientes vuelven a reflexionar sobre el lacunzismo destacando tanto sus límites teológicos como sus posibles contribuciones a una teología de la historia en la actualidad (9).

Por la necesidad de plantear brevemente la tesis fundamental del lacunzismo para luego detenernos en el punto particular del “fin del mundo” y siguiendo las distinciones establecidas por el mismo autor, dividiremos el presente estudio en cuatro puntos principales y algunas conclusiones: I) Tesis central del sistema lacunzista; II) El fin del siglo presente; III) Fin del Reino Mesiánico y tránsito hacia la eternidad; IV) La Bienaventuranza eterna y V) Conclusiones.

I. TESIS CENTRAL DEL SISTEMA LACUNZISTA

La obra de Lacunza está totalmente orientada hacia el fin de los tiempos. Aquí es importante observar desde el inicio que para el autor no es lo mismo “fin de mundo” que “fin de siglo”. Por fin de mundo, solo entiende “el fin de los viadores, o de la generación y corrupción” porque no admite la idea de un fin de mundo como una suerte de aniquilación. No acepta “que el mundo, esto es, los cuerpos materiales, o globos celestes que Dios ha creado (entre los cuales uno es el nuestro en que habitamos) haya de tener fin, o volver al caos, o nada, de donde salió —y añade— esta idea no la hallo en la Escritura, antes hallo repetidas veces la idea contraria, y en esto convienen los mejores intérpretes” (10). En cambio, el fin del siglo se refiere al término del día actual de la humanidad, del actual tiempo histórico, o siglo presente. Luego, Lacunza recuerda que en las Escrituras, especialmente en los evangelios, se encuenta con frecuencia la expresión ‘consumación del siglo` y jamás la idea de “consumación del mundo”.

Es necesario señalar que la tesis central del sistema lacunzista es que ha de haber un espacio de tiempo entre la Venida del Señor y la Resurrección y Juicio universal, condición necesaria para el establecimiento del Reino de Cristo en la historia. De un modo general, el mismo autor describe la tesis central de su sistema señalando que “Jesucristo volverá del cielo a la tierra, cuando sea su tiempo: cuando lleguen aquellos tiempos y momentos, que puso el Padre en su poder (Hch 1,7)… Vendrá no tan de prisa, sino más despacio de lo que se piensa. Vendrá a juzgar no solamente a los muertos, sino también y en primer lugar a los vivos. Por consi-guiente, este juicio de vivos y de muertos, no puede ser uno solo, sino dos juicios diversísimos, no solamente en la sustancia y el modo, sino también en el tiempo. De donde se concluye (y esto es lo principal a que debe atenderse) que ha de haber un espacio de tiempo bien considerable entre la venida del Señor, que estamos esperando, y el juicio de los muertos o resurrección universal” (11). El juicio sobre los vivos tendrá entonces lugar en el espacio y el tiempo donde se cumplirán las profecías de paz y justicia universal que se anuncian en las Escrituras. Después de convertir en reino propio de Dios a los diversos reinos sociopolíticos existentes, después de desarrollarse en plenitud el plan de Dios para la historia, Jesucristo podrá ofrecer su reino en las manos del Padre (1 Co 15, 23-26). En esto reside la principal diferencia con el sistema ordinario vigente que sostiene que inmediatamente después de la segunda venida del Señor se seguirá sin ningún intervalo la resurrección universal y el juicio universal. Pero Lacunza también advierte sobre las diferencias de alcance cristológico implicadas en su tesis central. Por lo mismo, distingue claramente dos tiempos y dos misiones en el único Mesías. El autor piensa que todo cuanto hizo Cristo en su primera venida se incluye dentro de los límites de su oficio sacerdotal y doctoral, y, en consecuencia, no es posible interpretar sus dichos y acciones en términos de la potestad real. Las referencias del Jesús histórico al reino reciben en Lacunza una interpretación exclusivamente futura (12). El autor no niega que Jesús se haya referido al reino en términos de algo ya presente, pero puntualiza que en esos casos se refiere al “evangelio del reino”, y no al reino mismo. Ahora bien, el evangelio del reino, “esto es, noticia, buenas nuevas, anuncio, predicación del reino” (13), constituye una invitación al reino que tendrá lugar en el futuro, la predicación de la fe y la justicia, la exhortación a llevar una vida conforme a los valores del evangelio y a vivir en la vigilancia que corresponde a quien espera ansiosamente la venida del Señor. Estos mismos criterios afectan radicalmente la visión eclesiológica de nuestro jesuita. En efecto, dedica capítulos importantes de su obra a demostrar que la Iglesia, siguiendo a su Maestro en su misión sacerdotal y doctoral, no puede identificarse ni total ni parcialmente con el reino y subraya que su misión ciertamente es ser fiel al Señor, preparando a los hombres para el reino futuro de Cristo, para lo cual debe consagrarse a su misión moral y espiritual, lejos de toda confusión con los poderes políticos mundanos (14).

El reino mesiánico, el “milenio” propiamente tal, que podrá durar un número indeterminado de siglos, es la penúltima época en la concepción de Lacunza, ya que tras una crisis definitiva acabará la historia y se dará paso a la última época: la vida eterna, después de la cual no hay otra. En suma, es necesario distinguir fin de mundo de fin de siglo y, a la vez, separar el Día del Señor, que debe amanecer con su Venida (parusía), de la Resurreccion universal que acontecerá al fin del mundo entendido por el autor como transfiguración final y tránsito hacia la eternidad (15).

II. EL FIN DEL SIGLO PRESENTE

2.1. Fin de la historia

La historia actual durará “hasta la consumación y fin: es decir, hasta que se concluya y llegue a su fin el día presente y empiece a amanecer el día del Señor” (16). Según Lacunza, los mismos evangelios entregan una clara visión de lo que sucederá en todo el tiempo que debe mediar entre la primera y la segunda venida de Cristo. En efecto, aunque se predicará el evangelio por todo el mundo (Mt 24, 14), en resumen, “habrá siempre una grande oposición, y aun guerra formal, y continua entre la justicia y la paz [...] y una casi continua adversidad contra ‘aquellos que quieren vivir piadosamente en Jesucristo’ (2 Tm 3, 12)” (17). Al concluir su análisis de la profecía de Daniel (Dn 2) el autor se expresaba de un modo semejante: “por un espacio de más de 2.300 años, se ha venido verificando, …lo que comprehende, y anuncia esta antiquísima profecía [...] Lo formal de la estatua, es decir, el imperio y la dominación”, constituye la característica más propia del tiempo actual y “no falta ya sino la última época, o la más grande revolución, que nos anuncia esta misma profecía” (18).

En la historia hay una incesante lucha entre las fuerzas del bien y del mal. El siglo (eón) actual designa “todo el aparato externo de nuestro mundo [...] su fausto, su lujo, su engaño, su vanidad, su mentira, su pecado. En suma: se llama ‘siglo’ el día actual de los hombres, de su potestad, de su dominación [...] a distinción del Día del Señor” (19). Este eón es un escenario donde se despliegan fuerzas opuestas y donde triunfa, finalmente, la dominación y la injusticia. En la interpretación lacunziana, la dominación es política (el cuarto reino: las monarquías europeas absolutistas en crisis al final del siglo XVIII) y es religioso-espiritual (las falsas religiones y el falso cristianismo aliado de la nueva “religión” que eleva la razón). En los últimos tiempos las potencias políticas y religiosas unidas al Sacerdocio traidor y al Papado condescendiente con el espíritu del siglo llegarán a constituir la fase final del Anticristo. El Anticristo no es, según se decía en tratados católicos de la época, un judío concebido por Satán que nacería en Babilonia y que perseguiría a los cristianos en la etapa próxima al fin, sino que es un cuerpo moral y colectivo, compuesto por innumerables y diversos individuos unidos por su espíritu contra Cristo y que viene creciendo desde los tiempos apostólicos (20). Al fin del siglo, en medio de una intensa crisis, el anticristianismo alcanzará su paroxismo. Pero también crece y se mantiene el cristianismo auténtico; siempre habrá testigos que resistan y den testimonio de su fe en Cristo. El eón presente solo puede manifestar ambigüedad. La parábola del trigo y la cizaña es la más adecuada para expresar esta radical confusión que reina en la historia. “En una palabra, habrá siempre cizaña, que oprima y no deje crecer ni madurar el trigo” (21). Es interesante observar que en Lacunza la dialéctica del trigo y la cizaña no afecta solo al mundo, a la sociedad, sino también a todas las religiones y, particularmente, a la Iglesia cristiana. El cristianismo no está amenazado solo por fuerzas externas, sino también, y principalmente, por una falsificación que viene desde dentro. Uno de los rasgos esenciales del anticristianismo es que el mal toma la apariencia del bien. Tampoco se puede asegurar con certeza que el olivo silvestre, injertado en el legítimo, permanezca siempre en la fe y la caridad (22).

El día de la Segunda Venida marca el término del siglo presente. Concluidos los tiempos y momentos “que el Padre puso en su poder” y estando la sociedad y las iglesias sometidas al misterio de la iniquidad, con excepción de algunos individuos, llegará finalmente, el día del Señor. Tras la resurrección de los santos, los que han dado testimonio de su fe y justicia, y en medio de una conmoción que habrá en la tierra, perecerá gran parte del linaje humano que estuvo comprometido con el complejo anticristiano. Terminado este primer acto del juicio, perteneciente a la justicia vindicativa, comenzará el juicio o reino (el milenio) tan esperado (23).

2.2. Sentido de los “cielos nuevos y tierra nueva” en la Escritura: transformación cósmica

En palabras de Pedro (2 P 3,13) “esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los que mora la justicia”. He aquí el anuncio de un aconte-cimiento fundamental que tendrá lugar el día de la segunda venida del Señor. Es sumamente importante precisar los alcances de este anuncio. Para Lacunza es una verdad indubitable que con la venida del Señor se terminan los cielos y tierra existentes y comenzarán otros cielos y nueva tierra donde en adelante habitará la justicia. Empero, esto no significa, en ningún caso, que el universo mundo que ahora es, dejará entonces de ser. Bajo ningún concepto se puede aceptar una visión catastrófica que implique inevitablemente una aniquilación del mundo-universo que conocemos. En realidad no se trata de destrucción, ni menos de aniquilación (de volver a la nada), sino de una gran transfiguración. Siguiendo esta perspectiva, Lacunza enfrenta las interpretaciones que predican el fin del mundo, su reducción a la nada.

En primer lugar es preciso interpretar correctamente las palabras del autor de 2 P 3 que pudieran sugerir un concepto de aniquilación del mundo, o de ruptura total entre el cosmos actual y el nuevo que se inicia. Es cierto que 2 P 3,10 sugiere una aniquilación, pero se hace necesario destacar que en el mismo texto se relativiza abiertamente tal idea: en efecto, en los vv. 5-7 se hace referencia al estado del mundo antes del Diluvio, al cual sucedió el actual estado de la creación, y compara la futura transformación con la que se produjo en tiempos de Noé. Lo primero que se impone reconocer es que la transformación de entonces (Diluvio) significó una mudanza accidental y no substancial de cielos y tierra. Es decir, pereció todo cuanto había en la superficie de la tierra (con excepción, claro está, de los pocos que se salvaron) en lo que se refiere a animales y seres humanos. Por otra parte, no perecieron los cielos, esto es, los cuerpos celestes en general, sino el cielo atmosférico diversificado en climas diferentes de acuerdo a las diversas latitudes de la tierra. Lacunza precisa que dentro de los límites señalados, no perecieron cielos y tierra, sino que solo “se alteraron, se deformaron, se deterioraron, se mudaron de bien en mal” (24). En el pensamiento de nuestro autor parece más verosímil imaginar que entre la creación y el diluvio universal la naturaleza toda permaneció en un mismo estado físico. De hecho no consta ningún suceso que pudiese alterar la situación del globo y su atmósfera. Cuando se habla de las vidas larguísimas (de los Patriarcas) se puede estar entregando un indicio de la óptima disposición de la atmósfera, por tanto, de la perfección climática que entonces predominaba en la tierra. La alteración trajo el rigor de los climas. En definitiva, el jesuita chileno propone una transformación análoga, aunque en sentido inverso, a la que se produjo en tiempos del Diluvio universal. Inverso, porque se mudará el estado del mundo para mejor.

Al presentar su propio concepto del cambio cósmico futuro, Lacunza profundiza un poco más sobre los efectos del Diluvio. Ya ha dicho que es muy probable que la tierra se transformó entonces, por tanto no está ahora en la misma forma en que estuvo desde sus principios hasta los tiempos de Noé. Conjetura que esta proposición se puede probar combinando los datos de la Escritura con las diversas observaciones de científicos, astrónomos y físicos. Concordando con otros autores de su tiempo, Lacunza piensa que antes del diluvio no había estaciones y que el globo gozaba de un perpetuo equinoccio (25). Así como el mundo antiguo no pereció en lo substancial (en el Diluvio) y solo se transformó de bien para mal, así, también, el mundo nuevo que viene, el cielo y tierra nueva, implicará una transformación del mundo actual de mal para bien. A Lacunza le parece que este gran cambio debe comenzar por donde comenzó el cambio cósmico anterior, es decir, por la restitución del eje de la tierra a aquel mismo sitio donde se encontraba en los principios de la creación. La verticalización del eje provocará la unión de la eclíptica con el Ecuador y así volverá el perpetuo equinoccio siendo desterrada la malignidad de las cuatro estaciones. Solo así se podrá concebir una felicidad natural digna de los cielos nuevos y nueva tierra, se restablecerán las condiciones naturales para una buena salud, las vidas serán más largas y perfectas como lo fueron al principio. La idea de un tiempo uniforme es la manera concreta de salvar esas óptimas condiciones materiales y físicas de vida y bienestar conformes a la perfección del milenio (26). Aparecerá entonces una nueva tierra y un nuevo cielo “y todo tan bueno a lo menos, como lo fue en su estado primitivo: digo a lo menos, porque me parece, no solo posible, sino sumamente verosímil, que por respeto, y honor de una persona de infinita dignidad cual es un Hombre Dios, por quien, y para quien, como dice San Pablo… fueron creadas todas las cosas, se renueve, y se mejore todo en nuestro orbe, dándosele a este, aun en lo natural (así como se le ha de dar en lo moral) un nuevo y sublime grado de perfección” (27). De ese modo vincula el milenarismo con la utopía cósmica.

2.3. La nueva sociedad donde habita la justicia: transformación social

Sucede que los nuevos cielos esperados y la nueva tierra serán un lugar donde también mora la justicia (2 P 3,13). Es decir, el tiempo nuevo que se inicia implica una transformación no solo cósmica, sino también política, social y religiosa. El reino de Cristo comporta muevas estructuras sociales y nuevas instituciones, nuevas leyes y nuevas formas de convivencia social. En general, esta nueva sociedad se caracterizará por una experiencia universal de justicia.

El autor de 2 P 3, 13 ha dicho que esperamos “según sus promesas” los nuevos cielos y nueva tierra donde habitará la justicia. Lacunza se pregunta en qué lugar de la Escritura constan estas promesas de Dios así formuladas y que han sido recogidas por 2 P y también por Ap 21. Ahora bien, si se registran todas las Escrituras no se encontrará otro lugar que Is 65 y 66. Por lo cual es fácil deducir que a este lugar nos remiten los autores neotestamentarios. Lacunza procede, entonces, a analizar Is 65, 17-25 para poder continuar con la correcta interpretación de los cielos nuevos y tierra nueva anunciados como nueva creación a partir del v. 17. Revisando los aportes de los diversos doctores e intérpretes, Lacunza no puede sino encontrar nuevos intentos de espiritualización eclesiocéntricos. El texto de Isaías se resiste a todo intento presentista porque, insiste Lacunza, está mirando hacia el futuro, hacia otro siglo, otro tiempo en que sí se podrán cumplir las promesas de liberación y restauración del pueblo de Israel. Recalca nuestro intérprete que el mismo autor de 2 P entendía mejor estas cosas al poner los nuevos cielos y nueva tierra en un momento posterior a los actuales cielos y tierra, por tanto, futuro. Por otra parte, la profecía tampoco se acomoda a una situación posterior a la resurrección universal pues entonces no habrá muerte ni pecado ni nuevas generaciones ni necesidad de plantar viñas ni edificar casas, etc., cosas todas expresas en el texto de Is 65 (28). En esta profecía de Isaías, Lacunza ve diseñados los trazos esenciales del reino de Cristo, de los siglos indeterminados de felicidad y armonía universal en que el hombre estará reconciliado consigo mismo, con los otros y con la naturaleza. En resumen, piensa Lacunza, “los nuevos cielos, y nueva tierra, o el mundo nuevo que esperamos después del presente debe ser sin comparación mejor que el presente; y esto no solamente en lo moral, sino también en lo físico y material” (29).

III. FIN DEL REINO MESIANICO Y TRANSITO HACIA LA ETERNIDAD

3.1. Crisis final del Reino mesiánico de Cristo

No obstante su perfección y la felicidad que ha significado para la humanidad, el reino de Cristo no es la última etapa de la historia de Dios con la humanidad. A juicio de Lacunza, este Reino político-religioso del Mesías no durará eternamente. El milenio entrará igualmente en una crisis final. A diferencia de los antiguos profetas, solo S. Juan, en el Apocalipsis, acompaña hasta el fin la cadena del misterio de Dios con la humanidad, esto es, hasta la resurrección y juicio universal. (Ap 20, 7-15). Dos son los hechos relevantes que merecen ser reflexionados en este punto: el fin del milenio y el fin de los viadores. Respecto al fin del milenio, el Apocalipsis (20,7) afirma explícitamente que acabarán los “mil años” y señala que entonces “será desatado Satanás”. Sin embargo, no se pronuncia sobre las causas de la crisis final del reino de Cristo sobre los vivos. Lacunza no puede concebir que esto suceda gratuitamente, sin que hayan precedido algunas culpas universales y graves. Tiene que haber alguna responsabilidad humana previa. Según él debido a diversos factores históricos se reinician las persecuciones y las luchas entre el Bien y el Mal. Se abre un nuevo ciclo histórico que desembocará en el fin total de la historia. Hacia el final del milenio, pasado un número indeterminado de años (cien mil o un millón de años) de felicidad, justicia e inocencia vuelve la corrupción moral y sobreviene una nueva apostasía. Será un proceso largo y gradual. La corrupción del corazón humano siempre ha exigido un considerable tiempo, más aún en personas que ya han participado de la inocencia y justicia del reino de Cristo (30). No debe extrañar, piensa Lacunza, que esto suceda, porque en el siglo venturo los hombres serán tan viadores como lo son ahora y estarán dotados de su libre albedrío, entonces andarán por fe y no por visión, al igual que ahora; por consiguiente, los hombres del siglo que viene serán libres, capaces de bien o de mal, de pecar o no pecar, de merecer o desmerecer (31).

Con más cautela se pronuncia respecto al modo y las circunstancias de la resurrección y juicio universal. Reconoce que ni en el Antiguo Testamento, ni en el Nuevo, se hallan claras y expresas las circunstancias de tan importante acontecimiento. Lo señalado en Mt 25, 31 ss es una mera parábola cuyo objeto principal es motivar a la práctica del amor (32) y no ofrece mayores antecedentes sobre el asunto, explica el autor de La Venida del Mesías. Lo más evidente y expresivo es la inapelable afirmación que se encuentra en Ap 20, 11-15, respecto a que habrá resurrección universal y juicio universal, en el cual a todos, y a cada uno, se les dará la última e irrevocable sentencia eterna. Refiriéndose a este texto añade que, en todo caso, anuncia solamente “la substancia del misterio, no su modo y circunstancias particulares” (33).

3.2. Estado del orbe terráqueo después de la resurrección y juicio universal

Dos son los puntos fundamentales que retienen la atención de Lacunza al plantearse el problema: ¿En qué estado quedará la tierra después del juicio y resurrección universal? ¿A qué lugar determinado deberán ir todos los que resucitan a la vida para gozar en este lugar o en este paraíso, de la vida fruitiva de Dios? Respecto a lo primero, Lacunza no admite la idea de quienes siguiendo a 2 P 3,12 piensan que el orbe quedará cristalizado por la acción de fuego, ni la concepción que sostiene una aniquilación del universo (34). Conforme a su sistema, ajeno a toda visión de aniquilación, nuestro autor no puede admitir semejante destrucción total del mundo y por lo mismo se inserta en la línea de pensamiento abierta por S. Gregorio Magno y S. Agustín en el sentido de que no ha de haber jamás tal aniquilación, ni destrucción total de la tierra. Lo que sí habrá es un cambio notable, una transformación de mal en bien, o de bien en mejor. Esta última opinión es la que suscribe Lacunza porque la halla conforme con las enseñanzas de las Escrituras: “Aprendí que todas las obras, que hizo Dios, perseveraron perpetuamente” (Qo 3, 14). En este punto el autor es consecuente con su peculiar respeto y admiración por la naturaleza, obra del Creador y Dios, y también con su optimismo respecto al futuro de vida que Dios ofrece al mundo y a la humanidad que habita en él (35).

Respecto a lo segundo, recuerda que concluido el juicio universal se enseña que los justos irán a la vida eterna (Mt 25, 46). Podríamos preguntarnos, entonces, ¿a qué lugar irán a gozar de la vida eterna? Una primera y espontánea respuesta (aún hoy, por lo demás) no dudaría en responder que irán al cielo, todos los justos irán al cielo abandonando absolutamente esta miserable tierra o este valle de lágrimas. Lacunza replica que no puede entender esta respuesta y precisa que la palabra ‘cielo’ es en las Escrituras y en todas las lenguas una palabra muy vaga y general: “cielo se llama todo cuanto rodea nuestro orbe, y está fuera de él, no solamente nuestra atmósfera, sino todo el espacio inmenso que lo circunda. Así decimos con gran verdad, que la luna, el sol, los planetas y todas las estrellas están en el cielo; y pudiéramos añadir con la misma verdad y propiedad, que nuestra tierra, o nuestro globo terráqueo está del mismo modo en el cielo, y si no está en el cielo, ¿dónde está?” (36). En un intento de satisfacer más a la pregunta particular se podría responder, en segundo lugar, que los justos resucitados irán al paraíso celeste. Según nuestro autor esto es responder por la cuestión pues esta palabra ‘paraíso’ es tan indeterminada como ‘cielo’. Para explicar y concretar las generales palabras anteriores se recurre a otro concepto y se afirma que irán al cielo empíreo (ígneo o de fuego). Esto trae más oscuridad todavía: ¿dónde está este cielo de fuego? Lacunza vuelve a la Escritura y en ella no halla otra cosa que palabras muy generales: cielo, cielos, cielo del cielo, cielo de los cielos, reino de los cielos. Mas estas palabras se hallan explicadas en sus textos y contextos (Ejs: 2 Cro 6, 30.39; Jr 23, 24; 1 Tm 6, 16; Hch 17, 27; Sal 139 (138)). A partir de estos textos, el autor observa que al decirse que Dios está en el cielo, o que llena el cielo, se está expresando que el cielo es la morada de Dios, por lo que concluye: “todo lo cual nos enseña y predica aquel atributo de fe divina, esencial a Dios, que es su inmensidad, o su presencia real y verdadera en todo el universo, y en todas, en cada una de las partes innumerables que lo componen” (37).

En definitiva, Lacunza niega que haya que “admitir algún lugar determinado físico y real donde Dios se manifieste con toda su Gloria a los Justos ya resucitados, y donde estos lo vean eternamente con Visión intuitiva y fruitiva” (38). En fin, los que han entrado en la vida y entrarán en adelante en la vida están donde está Jesucristo, causa de su salvación eterna. ¿Y dónde está Jesucristo?, se pregunta Lacunza, y responde que nadie lo sabe, “solamente sé… que Jesucristo desde el día de su admirable ascensión a los cielos, ha estado, está actualmente, y estará en adelante donde quisiera estar… está, y estará eternamente ‘en la gloria de Dios Padre, a la diestra del Padre’” (39).

IV. LA BIENAVENTURANZA ETERNA

Si no hay lugar determinado en el universo donde se deba manifestar la gloria de Dios, ni ahora ni después de la resurrección general, “luego deberá ser todo el universo mundo, y todos los cuerpos innumerables que lo componen, sin excepción alguna, aun entrando en este número nuestro [...] orbe terráqueo: luego deberá ser indeterminadamente todo lugar”. A partir de San Pablo, Lacunza deduce datos esenciales sobre la bienaventuranza eterna: Cristo está constituido por su Padre heredero de todo lo creado, pues por él y para él se ha hecho todo lo creado (Hb 1, 2; 2,10; cf. Jn 1, 3). Ha de llegar un día en que todo lo creado se sujete entera y perfectamente al Hijo de Dios; entonces Cristo, “como cabeza de todos los justos, y causa de su justicia, se sujetará junto con todos ellos, y haciendo un mismo cuerpo, a su divino Padre, que sometió a él todas las cosas, para que este sea eternamente todo en todos” (1 Co 15, 28; Hb 2, 8; 1 Jn 3, 2) (40). En fin, todos los hijos adoptivos de Dios serán asimismo herederos de Dios y coherederos con el Hijo mayor (Rm 8, 17). De donde se sigue que siendo Cristo heredero y Señor de todas las cosas, deberán serlo a proporción todos los coherederos. Y, no obstante la diversidad que habrá entre los herederos, reinará entre ellos una caridad tan perfecta que “no habrá, ni podrá haber entre tantos hijos de Dios aquella fría palabra, mío, y tuyo, sino que será tuyo lo que es mío, y mío lo que es tuyo; lo que es de todos será de cada uno, y lo que es de Cristo, será de todos, y Dios será todo en todos” (41). Lacunza distingue en la única experiencia de la gloria dos aspectos esenciales: el que llama accidental, que corresponde a la contemplación y gozo vital de la naturaleza, y el substancial, que corresponde a lo que normalmente se entiende por visión de Dios, la fruición de Dios.

4.1. Extensión y grandeza material del Reino de Dios o Reino de los cielos: (gloria accidental) y comunión eterna con Dios (gloria substancial)

“Para que podamos hacer algún digno concepto de la grandeza y extensión del reino de los cielos, o del reino de Dios, y de su felicidad (por ahora incomprensible), aun mirando solamente su accesorio, accidental y material”, Lacunza convida a que contemplemos el cielo estrellado y apreciemos su inmensidad y belleza admirable. Imposible retener una cantidad de estrellas pues son infinitas y las que se han contado no son sino como tres gotas en el inmenso océano del universo. Luego de observar atentamente el universo no cabe sino concluir que estamos frente a dimensiones incomprensibles e inconmensurables. Cuando pensamos haber penetrado en lo profundo, quizás estamos solo en la superficie y en el umbral de distancias prodigiosas e infinitas (42). Expone que cada estrella es un sistema solar y planetario, rodeada de muchos cuerpos que necesitan de su luz y calor. Lacunza comenta que todo esto no se opone a nuestra fe en Dios, ni a la razón natural; todo lo contrario, “hace formar un concepto magnífico del Creador de todo” (43). Respecto a la posible existencia de criaturas racionales en el universo piensa que efectivamente los innumerables cuerpos celestes pueden estar habitados por especies análogas al ser humano, y pueden estar también absolutamente vacíos. “Entre estas dos cosas, ambas inciertas, ¿quién es capaz de definir? [...] Lo que únicamente se puede, y aun se debe definir, según las Escrituras, es esto: que si acaso hay en otros globos otras criaturas análogas al hombre (sea las que fueren, y cuántas fueren y cómo fueren) todas ellas deben pertenecer al Cristo Jesús, y sujetarse enteramente a su dominación: pues todas ellas, no menos que nosotros fueron creadas por él y para él” (44). En fin, la inmensidad del universo que nos rodea, todo el espacio sideral, con sus cuerpos y orbes visibles e invisibles, todo ello es la herencia eterna del Hombre-Dios, Cristo Jesús y, por consiguiente, de todos sus hermanos menores, los coherederos, especialmente después de la resurrección universal (45).

Todo lo anterior, esa hermosa participación de la herencia del universo material-natural se unirá a la bienaventuranza y gloria substancial, esto es, a la visión fruitiva de Dios y posesión del sumo bien (46). Ahora bien, esta visión fruitiva de Dios pertenece solamente al alma en cuanto racional e intelectual; “mas —puntualiza Lacunza— en cuanto es sensitiva por medio de los órganos del cuerpo, para el cual fue creada (como ciertamente lo es), se le añadirá la visión, la posesión y la fruición de todo lo creado material” (47). De modo que, según el pensamiento de Lacunza, “podrán todos ir corporalmente donde quisieren, y ver por sus ojos, y tocar con sus manos, con plena inteligencia, todas, y cada una de las infinitas obras del omnipotente, sin temor alguno de que les falte tiempo para verlo y observarlo todo” (48). Con la misma convicción advierte que la observación y fruición de las obras de Dios no producirá distracción de la visión y fruición del Sumo Bien, de Dios mismo, al que hallarán en todas partes. Solo en el estado presente se puede pensar que un cuerpo corruptible puede agobiar el alma (Sb 9, 15). “Mas en aquel estado felicísimo el cuerpo, ya incorruptible, y glorificado, lejos de perturbar al alma, ni de impedirle un solo momento la contemplación y fruición, y amor íntimo del sumo bien, antes le ayudará aun en esto mismo, pues participando de su gloria, le servirá de instrumento para gozar de todo, y para alabar, y bendecir en todo, y por todo al Creador de todo” (49). De este modo, el autor de La Venida del Mesías integra en su visión de la bienaventuranza eterna la corporalidad.

4.2. Nuestra tierra transfigurada constituida en centro del reino eterno de Dios

Aun concediendo que el reino de Dios sea el universo entero, es preciso admitir algún lugar determinado, físico y real, entre todos los innumerables orbes, donde resida normalmente el Supremo Rey, de donde salga eternamente la luz hacia todos los lugares del reino definitivo. Para Lacunza, el Rey Supremo y el centro de unidad de un reino tan extenso estará en este orbe privilegiado que ahora habitamos, es decir, en la tierra. Argumenta que Jesucristo es de esta tierra, aquí nació, aquí se hizo hombre, aquí enseñó su evangelio, aquí padeció muriendo en una cruz. Y lo mismo se puede decir de los coherederos: aquí, en esta tierra, padecieron por él y sufrieron por causa de la justicia, aquí fueron, por lo mismo, atribulados y perseguidos. Luego aquí mismo deberán gozar eternamente el fruto más que céntuplo de todo lo que supieron sembrar (50). Más adelante, el autor recuerda las palabras del salmista: “mas los que aguardan al Señor, ellos heredarán la tierra… Mas los mansos heredarán la tierra y se deleitarán en muchedumbre de paz” (Sal 37 (36), 9-11), y luego añade “a lo cual aludió el maestro bueno del monte, diciendo: Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra (Mt 5, 4)” (51). En definitiva, el fundamento último de toda Esperanza es el amor del Dios Creador: “hay evidentemente —dice Lacunza— un Supremo Ser, eterno e increado, de quien ha recibido su ser todo cuanto es, él nos hizo, y no nosotros a nosotros. Hay un Dios infinito en todo, Creador, y Señor del cielo y de la tierra, de todo lo visible y de lo invisible. Este Dios vivo y verdadero, por suma bondad, se ha dignado desde los días antiguos, de entrar en sociedad, en alianza, en comercio con los hombres habitadores de este grande orbe, y señores de todas sus riquezas. Se ha dignado de revelarles a ellos, de revelarles su modo de ser inefable e incomprensible, esto es, un Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad, de revelarles fuera de sí mismo otros muchos misterios, y de hacerles millares de promesas. Se dignó después de esto de unirse con nuestra naturaleza en la persona de su hijo de un modo tan estrecho, e indisoluble, que podemos, y debemos decir con suma verdad: Dios es hombre, hijo de Adán, y el hombre hijo de Adán es verdadero Dios: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3, 16)” (52).

Lacunza termina con su descripción general de la Bienaventuranza eterna reconociendo que es imposible —en el estado presente— imaginar un digno concepto de la felicidad de entonces: “debemos, no obstante, suponer como una verdad indubitable, que así en unas, como en otras ideas (y aunque todas ellas se unan entre sí) nos es imposible en el estado presente llegar a formar un digno concepto de la felicidad de entonces (aun accidental) de los justos ya resucitados de que vamos hablando: pues como está escrito en Isaías (Is 64, 3): ojo no vio ni oreja oyó, como lo repite S. Pablo (1 Cor 2, 9), ni en corazón de hombre subió, lo que preparó Dios para aquellos que le aman” (53).

Lo significativo es que se subraya que la tierra en su estado actual, despojada de algunas imperfecciones, es ya como un paraíso y que en el milenio será una especie de “paraíso al doble mejor”, como ya se ha visto. Quizá sea hasta mejor que el paraíso descrito en el Génesis (2,8). Todo el universo participa del tránsito hacia la bienaventuranza eterna: si ya el eón futuro conocerá la perfección “¿qué pensáis que será después de la resurrección universal, cuando acabada toda generación y corrupción, cuando concluido y consumado perfectamente todo el gran misterio de Dios con los hombres, sea esta misma tierra sublimada a la dignidad altísima, y eterna, de corte, o centro de unidad de todo lo creado, o del inmenso reino de los cielos?”, “no es infinitamente verosímil, que se le añadan, entonces, mil o un millón de grados de perfección física y moral. No es cosa digna de Dios, que abunde, y sobreabunde su gracia, su bondad, su grandeza, y magnificencia infinita en aquel mismo globo, donde tanto abundó la iniquidad?” (54).

V. CONCLUSIONES

1) En el sistema lacunzista, mundo humano y no humano están radicalmente unidos y juntos participan del proyecto salvador de Dios manifestado en Cristo. La naturaleza está envuelta en el destino presente y futuro de la humanidad: el reino mesiánico comienza con una transformación de la naturaleza que pasa a una etapa de mayor perfección, e igualmente, el universo material formará parte de la bienaventuranza eterna. Así, la nueva vida siempre es un perfeccionamiento de la existencia física y corporal y nunca una abolición de la misma.

2) El milenarismo de Lacunza, no obstante sus limitaciones, afirma de un modo negativo que la historia, a pesar de todo, tendrá un fin positivo. A diferencia de otros sistemas que igualmente subrayaban la decadencia de la historia sin alternativas, el lacunzismo permite percibir en el horizonte un largo período de paz y felicidad antes del término definitivo de la historia. No evita representar lo irrepresentable, objetiva aquello que quizá escapa a toda objetivación, exponiéndose con ello a la inconsistencia de su sistema. Con todo, afirma que para superar la tragedia de un tiempo irredento la historia tiene que transfigurarse. Y esta transfiguración es un drama que compromete al mismo Dios; por ello es, finalmente, un acontecimiento de Gracia. La voluntad de Dios es el poder determinante de la historia, ya que El es el único Creador, origen de la vida y de la historia, y El mismo es el poder consumador que llevará la historia a su plenitud dando cumplimiento a sus promesas.

3) Sin embargo, no asume positivamente el movimiento histórico actual (el siglo presente es solo oposición). Se evidencia aquí una gran ambigüedad: por una parte se observa una gran valorización de lo mundano-terrestre, pero no se interpreta suficientemente lo histórico. En el fondo, afirma el mundo, pero relativiza radicalmente la historia.

4) Es evidente la relación con el profetismo y la apocalíptica, por un lado, y con el pensamiento utópico, por otro. Esta doble y crítica relación genera otra crucial ambigüedad en su interpretación. Considerado desde el profetismo bíblico, el milenarismo lacunziano podrá ser visto como transgresión ilícita por su fuerte componente apocalíptico. Asimismo, analizado desde el racionalismo utópico moderno podrá ser identificado como una forma “primitiva y mítica”, donde la libertad lúdica y la fantasía del pensamiento utópico aún no han conquistado su plena emancipación (55).

5) La esperanza futura se mantiene intacta y vigente. El evangelio aún es promesa y, a diferencia de otros sistemas, Lacunza piensa que la muerte y la resurrección de Jesucristo no son cumplimiento ni transfiguración de las promesas, sino confirmación clara y concreta de la esperanza. La esperanza futura no se disuelve en un encuentro de las almas con la divinidad después de la muerte ni en una glorificación espiritualizada que suprime todo espacio y tiempo. A pesar de los elementos sobrenaturales que implica la intervención directa de Dios y su poder en ese tránsito histórico y cósmico, el reino del Mesías continúa perteneciendo a este mundo. El Mesías establece una equivalencia entre felicidad, justicia y armonía con la naturaleza y al mismo tiempo asegura la finalidad humana del universo material.

6) A pesar de su perfección, el reino mesiánico es finito, acabará en un momento del tiempo. Dicho reino es, según Lacunza, un interregno hasta el advenimiento del reino verdaderamente eterno y glorioso de Dios, donde cesada toda generación y corrupción, los bienaventurados gozarán eternamente de la contemplación del universo material, transformado y mejorado, y de la comunión eterna con Dios mismo.

RESUMEN

El artículo presenta el pensamiento milenarista del jesuita chileno Manuel Lacunza (1731-1801) en torno al fin del mundo. Se indaga la visión del autor sobre el fin del siglo, el fin del milenio y su concepto de bienaventuranza eterna. El lacunzismo sostiene que antes del final de la historia se espera un reino terrestre del Mesías Jesucristo en el cual tendrán pleno cumplimiento las promesas de vida y justicia que Dios ha hecho a la humanidad. En este contexto se explica que para Lacunza el reino mesiánico (milenio) comienza con una transformación de la naturaleza que transita a una etapa de mayor perfección y que el mundo nuevo que adviene es mejor que el presente no solamente en lo moral sino también en lo físico y material. Asimismo, el universo renovado, acabada toda generación y corrupción, participará de la plenitud eterna y, tras la resurrección universal, los bienaventurados gozarán juntos eternamente de la contemplación del mundo transfigurado y de la comunión con Dios. Siempre se trata de una transformación de la materia de mal en bien, o de bien en mejor. Se excluye, clara y expresamente, la idea de un “fin del mundo” como aniquilación del mismo.

ABSTRACT

The article presents the millienarist thought of the Chilean Jesuit Manuel Lacunza (1731-1801) regarding the end of the world. It looks into the author’s views on the end of the century, the end of the milliemium, and his concept of eternal beatitude. Lacunza affirms that an earthly kingdom of Jesus Christ the Messiah will come before the end of the history, in which, all the promises of life and justice made by God will have full accomplishment. Within this context, it is easy to undestand that for Lacunza, the messianic kingdom (Millenium) starts with a transformation of nature, which moves onto a stage of greater perfection, and that this coming renewed world, is much better than the present one, not only in the moral aspect, but also in the physical and material aspects. Likewise the renewed universe, where generation and corruption will be over, will also take part in the eternal plenitude, and after the universal resurrection, the blessed will bliss on the contemplation of the transformed world and on the communion with God. This is a transformation of the matter, from bad into good, or from good into better. There is a clear and explicit exclusion of the idea of the end of the world as the annihilation of it.

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NOTAS

(1) Cabe recordar que la obra de Lacunza fue colocada en el Indice en 1824 y que, casi a mediados del siglo XX, luego de ser consultada sobre la ortodoxia de esta doctrina, la Sagrada Congregación del Santo Oficio respondió que: “El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad” (Decreto del Santo Oficio, del 21 de julio de 1944         [ Links ][Cf. DS, 3839 (DZ, 2296)].

(2) H. Desroches, Dieux d’hommes. Dictionnaire des messianismes et des millénarismes de l’ère chrétienne, Mouton, Paris-La Haya, 1969;         [ Links ] N. Cohn, Na senda do Milénio, Presença, Lisboa, 1981; J. Seguy, La religiosidad no conformista de Occidente, en, H. Ch. Puech, dir., Las religiones constituidas en Occidente y sus contracorrientes. II, 2ª ed., Historia de las Religiones, Siglo XXI, México, 1981, vol. 8, pp. 213-301;         [ Links ] V. Lanternari, Occidente y Tercer Mundo, Siglo XXI, Buenos Aires, 1974.

(3) A. F. Vaucher, Une celebrité oubliée. Le P. Manuel Lacunza y Díaz, Fides, Collonges-sous-Salève, 1941 (1ª ed.) y 1968 (2ª ed.);         [ Links ] W. Hanisch, El Padre Manuel Lacunza (1731-1801), su hogar, su vida y la censura española, Revista Historia 8 (1969), pp. 157-232.

(4) G. Martina, La Iglesia, de Lutero a nuestros días. Vol. II, La época del absolutismo, Cristiandad, Madrid, 1974.         [ Links ] L. Bergeron y otros, La época de las revoluciones europeas: 1780-1848, 11ª ed., Siglo XXI, México, 1986; H. Desroches, Sociologie de l’Espérance, Paris, 1973.        [ Links ]

(5) Vaucher, o. c.

(6) J. Eyzaguirre, Fisonomía histórica de Chile, Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1992. p. 87;         [ Links ] J. Arteaga, Temas apocalípticos y lacunzismo: 1880-1918, en Anales de la Facultad de Teología, PUCCh, Vol. XXXIX (1988), pp. 209-224, Santiago de Chile, 1990; Cf. J. Noemi, dir., Pensamiento Teológico en Chile. Contribución a su estudio. I. Epoca de la Independencia nacional, 1810-1840, Anales de la Facultad de Teología, PUCCh, Vol. XXVII (1976), c. 2, Santiago de Chile, 1978, pp. 32, 91, 97, 139, 144-148;         [ Links ] J. Arteaga, dir., Pensamiento Teológico en Chile. Contribución a su estudio. II. Epoca de la reorganización y consolidación eclesiásticas, 1840-1880, Anales de la Facultad de Teología, PUCCh, Vol. XXXI (1980), c. 1, Santiago de Chile, 1982, pp. 19-21, 61, 64, 73, 101.

(7) M. Góngora, Aspectos de la Ilustración Católica en el pensamiento y la vida eclesiástica chilena (1770-1814), Revista Historia 8 (1969), pp. 59-65;         [ Links ] Id., La obra de Lacunza en la lucha contra el “Espíritu del Siglo” en Europa 1770-1830, Revista Historia 15 (1980), pp. 7-65;         [ Links ] Id., Estudios sobre la historia colonial de Hispanoamérica, Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1998, pp. 200, 209, 237.        [ Links ]

(8) B. Villegas, El milenarismo y el Antiguo Testamento a través de Lacunza, Valparaíso, 1951.        [ Links ]

(9) Me permito remitir a F. Parra, El Reino que ha de venir. Historia y esperanza en la obra de Manuel Lacunza, Anales de la Facultad de Teología, PUCCh, Vol. XLIV, c. 2, Santiago de Chile, 1993;         [ Links ] Id., Historia y esperanza en la obra de Manuel Lacunza, Teología y Vida, Vol. XXXV (1994), pp. 135-152.

(10) M. Lacunza, La Venida del Mesías en Gloria y Majestad (4 Tomos), Ed. C. Wood, Londres, 1816, III, p. 394.         [ Links ] En las citas siguientes indicaremos solamente el Tomo (I, II, III, o IV) y las páginas correspondientes.

(11) Ibíd., I, pp. 53-54.

(12) Ibíd., III, pp. 133, 166, 276-279, 283; IV, p. 26.

(13) Ibíd., II, p. 493.

(14) Cf. Ibíd., II, pp. 391-497; III, p. 132, pp. 241-243, pp. 404-406.

(15) Cf. Ibíd., III, pp. 414-415; IV, p. 42.

(16) Ibíd., III, p. 415.

(17) Ibíd., IV, pp. 263-264.

(18) Ibíd., I, pp. 293-294.

(19) Ibíd., III, p. 414.

(20) Ibíd, I, pp. 399-400. Lacunza contradice enfáticamente la opinión de teólogos católicos como T. Malvenda, L. Lessius y A. Calmet (Cf. F. Parra, El reino que ha de venir…, p. 53, nota 39).

(21) Lacunza, o. c., IV, p. 264; cf. pp. 263-267. “La concepción cristiana de la historia es afirmativa, pero tiene también otra vertiente, al reconocer dentro de la Historia una escisión que viene del pecado, una lucha entre bien y mal que viene desde el comienzo y prosigue aún después de Cristo, en una dialéctica que se expresa en la imagen del trigo y la cizaña. No solamente crece desde Cristo el bien, sino también el mal, encarnado en potencias personales o colectivas bestiales, cuya fuerza se exacerbará justo antes de la culminación del bien, en un ‘colmo de mal’. La verdad permanece siempre, pero combatida y siempre amenazada” (M. Góngora, Civilización de masas y esperanza, Vivaria, Santiago de Chile, l987, p. 118).         [ Links ] Esta observación de Góngora viene a coincidir plenamente con el pensamiento de Lacunza. De acuerdo a esto, el desafío es atender no solo a la ‘positividad’ de la historia, sino también a su ‘negatividad’.

(22) La Venida, II, pp. 434-437.        [ Links ]

(23) Ibíd., IV, pp. 11-21.

(24) Ibíd., IV, p. 52.

(25) Lacunza tiene presente una obra fundamental, ampliamente difundida en el siglo XVIII, del abate Pluche: Espectáculo de la Naturaleza, Tomo IV, Ed. de Nápoles Italiana, p. 255ss.         [ Links ] Cf. Lacunza, o. c., IV, p. 77.

(26) Ibíd., IV, pp. 80-82.

(27) Ibíd., IV, pp. 92-93. El historiador M. Góngora, gran estudioso de Lacunza, tiene razón cuando señala que “hay en Lacunza un utopista que pudiéramos llamar ‘cósmico’, con su idea de la malignidad de las 4 estaciones, que serán reemplazadas en el Milenio por un tiempo uniforme”. (M. Góngora, ed., Manuel Lacunza, La Venida del Mesías en Gloria y Majestad, Ed. Universitaria, Santiago de Chile, l969, nota 8, p. 115).         [ Links ] Por otra parte, en cuanto se refiere a Cosmología, física y astronomía, Lacunza demuestra una serie de conocimientos que evidencian su inclinación e interés por estas materias y su vinculación con la Ilustración católica en lo concerniente a la nueva imagen del mundo. Ya en la Primera Parte de su obra, Lacunza ha aludido a la invalidez del sistema de Tolomeo. (Cf. Lacunza, o. c., I, Prólogo, LXIX y p. 46). Aparte de su propia experiencia en la observación inmediata de los fenómenos y del cosmos, su instrucción en estas áreas venía de las obras de Pluche, Espectáculo de la Naturaleza, ya mencionada, y la Historia del cielo (l735, l742). Estas obras, de amplia difusión en el siglo XVIII, constituían la primera versión des-tinada al público, de los resultados de la Ciencia moderna de la Naturaleza. A través de Pluche le llegó a Lacunza la idea de un clima uniforme, sin estaciones, que estaba presente en Thomas Burnet (l635-1715). La nueva Ciencia se mezclaba con la utopía cósmica. (Cf., Góngora, M., Aspectos de la “Ilustración Católica” en el pensamiento y la vida eclesiástica chilena: 1770-1814, Rev. Historia, 8 (l969), pp. 60-62.         [ Links ] Cf. A. F. Vaucher, Une celebrité oubliée. Le P. Manuel Lacunza y Díaz (l73l-l80l), Fides, Collonges-sous-Salève, 1ª ed. (l94l), p. 72 y nota 318 y en la 2ª ed. (1968), pp. 75-76).        [ Links ]

(28) Ibíd., IV, pp. 59-62.

(29) Ibíd., IV, p. 81. El destacado es mío.

(30) Ibíd., IV, pp. 328-334. Cf. IV, pp. 341-342. Sobre el proceso de corrupción que sufrirá la humanidad, el autor añade las siguientes reflexiones: “…imaginémonos, digo, que depués de muchísimos siglos de paz, de inocencia, de justicia, y fervor, empieza a entrar en las gentes, ya en este país, ya en el otro, cierta especie de distracción en lo que toca al servicio de Dios, a esta distracción deberá seguir naturalmente un poco de tibieza, a esta tibieza, no poco amor a la comodidad y sensualidad: a esta comodidad y sensualidad seguirá naturalísimamente el amor al lujo o a la vana ostentación: a esta, un poco de avaricia: a esta avaricia, no pocas injusticias: finalmente, a todos estos males, para que no se adviertan, deberá seguir una grande, y bien estudiada hipocresía” (Ibíd., IV, pp. 336-337). Este es por lo demás, el orden con que siempre ha crecido el mal moral en la historia.

(31) Ibíd., IV, pp. 66, 337-338, 341.

(32) Ibíd., I, pp. 214-226; IV, pp. 24-25.

(33) Ibíd., IV, p. 359.

(34) Los textos en que pretende apoyarse esta posición son: Is 51, 6; Sal 102 (101), 26-28; Mt 24, 35; 2 P 3). Según Lacunza estos textos no apoyan en ningún caso la idea de una aniquilación absoluta. Precisa que tal aniquilación no es el sentido literal de tales textos, sino, cuando más un sentido puramente gramatical, lo que es muy diverso. Los textos deben tomarse literalmente por semejanza y no por propiedad, pues realmente se expresan por semejanza o metáforas. Por otro lado, los textos mencionados no hablan ni pueden hablar de aquellos cielos sólidos que imaginan siguiendo las falsas ideas de los antiguos. No hablan de las estrellas y planetas, sino de la atmósfera que circunda el globo. Finalmente, tales textos hablan hipotéticamente, esto es, confrontando el ser de la creación con el ser del Creador y afirmando, a partir de este confronto, que lo creado es como si no fuese respecto del Creador, que todo puede alterarse o perecer si el Creador lo manda; mas el Creador no pasa nunca, ni su palabra, ni su verdad (Mt 24, 35). (Cf. Lacunza, o. c., IV, pp. 364-369).

(35) Lacunza, o. c., IV, pp. 370-371. San Gregorio Magno parece que tuvo presente a Qo 3,14 cuando dijo: “Los cielos pasan por aquella imagen que no tienen: mas, con todo, por su esencia subsisten para siempre” (lib VII, mor. in Job, cap. V). Por su parte, San Agustín comenta: “Porque este mundo pasará, mudándose las cosas, no pereciendo del todo… así que la figura es la que pasa, no la naturaleza” (lib. XX de Civit. Dei, cap XIV),         [ Links ] y en el cap. XVI dice: “para que el mundo renovado y mejorado, se acomode a los hombres renovados también, y mejorados en la carne”. Y añade Lacunza: “tened bien presente esta sentencia expresa y clara de estos dos máximos doctores, para no reprehenderme ligeramente de novedad en las cosas que voy a proponer y considerar” (Ibíd.).

(36) Ibíd., IV, p. 372.

(37) Ibíd., IV, pp. 376-377.

(38) Ibíd., IV, p. 377.

(39) Ibíd., IV, pp. 392-393.

(40) Ibíd., IV, p. 398.

(41) Ibíd., IV, p. 399.

(42) Ibíd., IV, pp. 400-402. El mismo cuenta que solo en la espada de Orión compuesta de tres estrellas (llamadas las tres Marías por sus paisanos) contó una vez cuarenta y dos estrellas con un débil telescopio.

(43) Ibíd., IV, p. 405.

(44) Ibíd., IV, pp. 406-407.

(45) Cf. Ibíd., IV, p. 411.

(46) Ibíd., IV, p. 411.

(47) Ibíd., IV, pp. 411-412.

(48) Ibíd., IV, p. 412.

(49) Ibíd., IV, pp. 412-413.

(50) Cf. Ibíd., IV, pp. 419-422; 423-426. Cf. Sal 36,28-39; Mt 5,4. A este respecto cita a Tertuliano para apoyar su idea de que será la tierra el centro del reino eterno y de felicidad de los justos. (Tertuliano, lib. III, adversus Marc., cap XXIV). No podemos dejar de citar el párrafo más significativo en el cual expresa Lacunza su fundamento cristológico: “El Hombre Dios, Cristo Jesús, nuestro Señor, o el Rey supremo, heredero de todo… por quien son todas las cosas, y para quien son todas las cosas, es de este misma tierra, que dio Dios a los hijos de los hombres. Aquí se hizo hombre siendo Dios: aquí se unió estrechísima e indisolublemente con nuestra pobre, enferma y vilísima naturaleza: aquí se anonadó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho a la semejanza de hombres, y hallado en la condición como hombre: aquí nació de la Virgen María de la estirpe de David según la carne: aquí predicó, aquí enseñó, aquí padeció la mayor afrenta y el más injusto deshonor que se ha visto jamás, muriendo desnudo en una infame cruz, como uno de los hombres más inicuos; y con los malvados fue contado. Luego aquí mismo se le debe restituir plena y perfectamente todo su honor. Luego aquí mismo se debe manifestar plena y perfectamente su inocencia, su justicia, su bondad, su dignidad infinita y todo cuanto puedan comprender estas dos palabras: Hombre Dios. Del mismo modo discurrimos de los coherederos; principalmente de los mayores y máximos. Estos padecieron aquí por él: aquí padecieron persecución por la justicia: aquí fueron perseguidos, deshonrados y atribulados, y muchísimos hasta la muerte: aquí obraron en justicia en medio de la general iniquidad y corrupción: aquí no amaron sus vidas hasta la muerte: …Luego aquí mismo, como en el lugar de su paciencia, de su justicia y de sus tribulaciones por Cristo, deberán gozar eternamente el fruto más que céntuplo de todo lo que aquí sembraron: A la verdad es justo y digno de Dios (como decía Tertuliano), exaltar a los siervos allí mismo donde fueron afligidos por su nombre” (ibíd., IV, 421-422).

(51) Lacunza, o. c., IV, p. 426.

(52) Ibíd., IV, pp. 415-416.

(53) Ibíd, IV, p. 430.

(54) Ibíd., IV, pp. 428-429.

(55) Cf. Ulpiano Vázquez Moro, Novo Mundo e Fim do Mundo, mimeo, Belo Horizonte, 1991.   

Lacunza vertió en su libro “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad” su visión del fin de los tiempos, la que incluye el gobierno de Cristo en la Tierra antes de la Resurrección Universal, la que sobrevendría sólo después de dicho gobierno y no simultáneamente junto a su venida, como postula el sistema ordinario vigente.

Por Fredy Parra C. *

Manuel Lacunza define su línea de pensamiento específicamente milenarista al resumir el sistema que propone: “Jesucristo volverá del cielo a la tierra, cuando sea su tiempo: cuando lleguen aquellos tiempos y momentos, que puso el Padre en su poder (Hch 1,7)… Vendrá no tan de prisa, sino más despacio de lo que se piensa. Vendrá a juzgar no solamente a los muertos, sino también y en primer lugar a los vivos. Por consiguiente, este juicio de vivos y de muertos no puede ser uno solo, sino dos juicios diversísimos, no solamente en la sustancia y el modo, sino también en el tiempo. De donde se concluye (y esto es lo principal a que debe atenderse) que ha de haber un espacio de tiempo bien considerable entre la venida del Señor, que estamos esperando, y el juicio de los muertos o resurrección universal” (M. Lacunza, La Venida del Mesías en Gloria y Majestad (4 Tomos), Ed. C. Wood, Londres, 1816, I, pp. 53-54). El juicio sobre los vivos tendrá entonces lugar en el espacio y el tiempo donde se cumplirán las profecías de paz y justicia universal que se anuncian en las Escrituras. Después de convertir en reino propio de Dios a los diversos reinos sociopolíticos existentes, después de desarrollarse en plenitud el plan de Dios para la historia, Jesucristo podrá ofrecer su reino en las manos del Padre (1 Co 15, 23-26). En esto reside la principal diferencia con el sistema ordinario vigente que sostiene que inmediatamente después de la segunda venida del Señor se seguirá sin ningún intervalo de tiempo la resurrección universal y el juicio universal. Pero Lacunza también advierte sobre las diferencias de alcance cristológico implicadas en su tesis central. Por lo mismo, distingue claramente dos tiempos y dos misiones en el único Mesías.El autor piensa que todo cuanto hizo Cristo en su primera venida se incluye dentro de los límites de su oficio sacerdotal y doctoral, y, en consecuencia, no es posible interpretar sus dichos y acciones en términos de la potestad real. Las referencias del Jesús histórico al reino reciben en Lacunza una interpretación exclusivamente futura. El autor no niega que Jesús se haya referido al reino en términos de algo ya presente, pero puntualiza que en esos casos se refiere al “evangelio del reino”, y no al reino mismo. Ahora bien, el evangelio del reino, “esto es, noticia, buenas nuevas, anuncio, predicación del reino” constituye una invitación al reino que tendrá lugar en el futuro, la predicación de la fe y la justicia, la exhortación a llevar una vida conforme a los valores del evangelio y a vivir en la vigilancia que corresponde a quien espera ansiosamente la venida del Señor.

Esos mismos criterios afectan radicalmente la visión eclesiológica de nuestro autor. En efecto, dedica capítulos importantes de su obra a demostrar que la Iglesia, siguiendo a su Maestro en su misión sacerdotal y doctoral, no puede identificarse ni total ni parcialmente con el reino y subraya que su misión ciertamente es ser fiel al Señor, preparando a los hombres para el reino futuro de Cristo, para lo cual debe consagrarse a su misión moral y espiritual, lejos de toda confusión con los poderes políticos mundanos. Antes de seguir, cabe recordar que la obra de Lacunza fue colocada en el Indice en 1824 y que a mediados del siglo XX la doctrina misma es cuestionada y luego de una consulta, el Santo Oficio, en decreto del 21 de julio de 1944, responde: “El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad” (DS, 3839).

Crisis y fin de la historia actual

Según Lacunza, los mismos evangelios entregan una clara visión de lo que sucederá en todo el tiempo que debe mediar entre la primera y la segunda venida de Cristo. En efecto, aunque se predicará el evangelio por todo el mundo (Mt 24,14), en resumen, “habrá siempre una grande oposición, y aun guerra formal, y continua entre la justicia y la paz [...] Y una casi continua adversidad contra “aquellos que quieren vivir piadosamente en Jesucristo” (Ibíd., IV, pp. 263-264). Al concluir su análisis de la profecía de Daniel (Dn 2) el autor se expresaba de un modo semejante: “por un espacio de más de 2300 años, se ha venido verificando, “lo que comprehende, y anuncia esta antiquísima profecía [...] Lo formal de la estatua, es decir, el imperio y la dominación”, constituye la característica más propia del tiempo actual y “no falta ya sino la última época, o la más grande revolución, que nos anuncia esta misma profecía” (Ibíd, I, pp. 293-294). En la historia hay una incesante lucha entre las fuerzas del bien y del mal. Este eón es un escenario donde se depliegan fuerzas opuestas y donde triunfa, finalmente, la dominación y la injusticia. En la interpretación lacunziana, la dominación es política (el cuarto reino: las monarquías europeas absolutistas en crisis al final del siglo XVIII) y es religioso-espiritual (las falsas religiones y el falso cristianismo aliado de la nueva “religión” que eleva la razón). Al fin del siglo, en medio de una intensa crisis, el anticristianismo alcanzará su paroxismo. Pero también crece y se mantiene el cristianismo auténtico; siempre habrá testigos que resistan y den testimonio de su fe en Cristo. El eón presente sólo puede manifestar ambigüedad. La parábola del trigo y la cizaña es la más adecuada para expresar esta radical confusión que reina en la historia. “En una palabra, habrá siempre cizaña, que oprima y no deje crecer ni madurar el trigo” (Ibíd., IV, pp. 264). Es interesante observar que en Lacunza la dialéctica del trigo y la cizaña afecta al mundo, a la sociedad y a todas las religiones. El cristianismo no está amenazado sólo por fuerzas externas, sino también, y principalmente, por una falsificación que puede venir desde dentro. Precisamente, uno de los rasgos esenciales del anticristianismo es que el mal toma la apariencia del bien.

Concluidos los tiempos y momentos “que el Padre puso en su poder” y estando la historia sometida al misterio de la iniquidad, con excepción de algunos individuos, llegará finalmente el día del Señor. Tras la resurrección de los santos, los que han dado testimonio de su fe y justicia, y en medio de una conmoción que habrá en la tierra, perecerá gran parte del linaje humano que estuvo comprometido con el complejo anticristiano. Terminado este primer acto del juicio, perteneciente a la justicia vindicativa, comenzará el juicio o reino (el milenio) tan esperado. Habrá entonces un fin de este mundo histórico, un fin de siglo. En palabras de Lacunza, el fin del siglo se refiere al término del día actual de la humanidad, del actual tiempo histórico, o siglo presente.

Esperanza futura del Reino de Cristo

Esta esperanza se funda en las promesas de Dios, esto es, en una palabra de Dios manifestada en el pasado y por medio de la cual se garantiza un futuro de salvación y vida. Este Dios, Señor de la historia, tiene el poder de cumplir su palabra y llevar la historia al cumplimiento de las metas por él trazadas. Sin negar el contenido de las promesas más antiguas, Lacunza resalta que la esperanza veterotestamentaria es, sobre todo, una esperanza de restauración plena. Destaca la necesidad de un nuevo Exodo. Tras la época de desgracia y opresión en la que el pueblo judío se encuentra desde el tiempo del Destierro, advendrá una liberación nacional y política y una purificación religiosa digna del pueblo escogido por Dios. Tal esperanza presupone la desintegración de la nación judía. Según el autor, después de dieciocho siglos de civilización occidental, el pueblo judío aún se encuentra desterrado de su patria, disperso por el mundo, privado de su condición de pueblo de Dios y sometido a toda suerte de injusticias y tribulaciones. Israel será restablecido como pueblo, como nación libre y soberana, y como pueblo-de-Dios, como Esposa que se convierte al Mesías, a Jesús. La esperanza de restauración futura desborda los límites nacionales y las expectativas políticas y religiosas de Israel. Las Escrituras aseguran que ha de llegar un día, siglo o tiempo en que toda la humanidad sea bendita en Cristo, todos crean en El y lo amen. Habrá, en suma, una fe universal en Cristo, el Hombre-Dios y Mesías (Gn 12, 1-3; 18, 18; 22, 18; Ga 3, 16; Sal 72.86-9-10; Is 11, 9; Dn 2, 35; 7, 14-27; Za 14, 9). Junto con una fe universal, las Escrituras muestran la esperanza de una justicia universal jamás vista en el orbe (ls 65; 2 P 3, 13). Además de la realización universal de la fe y la justicia, se ha prometido un estado de concordia y paz universal (ls 2,1-4). La humanidad vivirá sin violencia política ni económica, sin esclavitud ni opresión.

Es más, la esperanza futura adquiere dimensiones cósmicas y acaba abrazando la creación entera. Según el autor, la tierra también será restaurada y retornará a su perfección original. La esperanza futura no se puede disociar de una transformación cósmica. Mundo humano y no humano están radicalmente unidos y juntos participan del proyecto salvífico y liberador de Dios. Por tanto, la naturaleza está envuelta en el destino presente y futuro de la humanidad. Cielos y tierra volverán a un estado tan bueno como lo fueron primitivamente y serán liberados de la corrupción que se introdujo a causa del pecado de la humanidad. En una palabra, según nuestro jesuita, “los nuevos cielos, y nueva tierra, o el mundo nuevo que esperamos después del presente debe ser sin comparación mejor que el presente, y esto no solamente en lo moral, sino también en lo físico y material” (Ibíd., IV, p. 81).

Bienaventuranza eterna

El reino mesiánico, el “milenio” propiamente tal, que podrá durar un número indeterminado de siglos, es la penúltima época en la concepción de Lacunza, ya que tras una crisis definitiva acabará la historia y se dará paso a la última época: la vida eterna, después de la cual no hay otra. Tendrá lugar “el fin de los viadores, o de la generación y corrupción” porque no admite la idea de un fin de mundo como una suerte de aniquilación. Acontecerá el juicio y resurrección universal de todos los muertos, con la correspondiente condenación o salvación eternas. Cristo colocará el reino en manos del Padre y así será Dios todo en todo (1 Cor 15, 28).

En la única experiencia de la gloria, Lacunza distingue dos aspectos esenciales: el que llama “accidental”, que corresponde a la contemplación y gozo vital de la naturaleza, y el “substancial”, que corresponde a lo que normalmente se entiende por visión de Dios. Para concebir de algún modo la grandeza y extensión del reino de los cielos, o del reino de Dios, y de su felicidad (por ahora incomprensible), el autor convida a que contemplemos el cielo estrellado y apreciemos su inmensidad y belleza admirables. En fin, todo el espacio sideral que nos rodea, con sus cuerpos y orbes visibles e invisibles, todo ello es la herencia eterna del Hombre-Dios, Cristo Jesús y, por consiguiente, de todos sus hermanos menores, los coherederos, especialmente después de la resurrección universal. Esta participación en la herencia del universo material se unirá a la visión fruitiva de Dios. Además, la observación y fruición de las obras de Dios no producirá distracción de la visión y fruición del Sumo Bien, es decir, de Dios mismo, al que, por lo demás, encontrarán en todas partes. Lacunza integra en su concepto de la bienaventuranza eterna la corporalidad, articulando el teocentrismo con una visión antropológica en su idea de la eternidad.

Por otra parte, aun concediendo que el reino de Dios sea el universo entero, es preciso admitir algún lugar determinado, físico y real, entre todos los innumerables orbes, donde resida normalmente el Supremo Rey, de donde irradie eternamente la luz hacia todos los lugares del reino definitivo. El centro de unidad de un reino tan extenso estará, sin duda, en un lugar determinado del universo: este lugar privilegiado será el mismo en el que ahora habitamos, es decir, la tierra. Para fundamentar esta aseveración el autor presenta dos razones claves: Jesucristo es de esta tierra, aquí nació, aquí se hizo hombre, aquí enseñó su evangelio, aquí experimentó la injusticia de la cruz. Y lo mismo se puede decir de los coherederos: aquí padecieron por Él y sufrieron por causa de la justicia, aquí fueron, por lo mismo, atribulados y perseguidos. Luego, aquí mismo, en esta misma tierra donde tanto abundó la iniquidad, deberán gozar eternamente el fruto más que céntuplo de todo lo que supieron sembrar.

Doctor en Teología. Profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. 

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD) 

«Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos» (Zac. 14:16).

Con la venida del Hijo del Hombre al mundo por segunda vez, se cumplen las preciosas promesas del Reino milenario de Cristo, el Mesías profetizado en el Antiguo  Testamento por los hombres de Dios,  y de la Herencia terrenal venidera, con cada una de las  bendiciones maravillosas que ella acarrea. Tales promesas fueron hechas por Dios al patriarca  Abraham, en la antigüedad (Gn.12:3; 13:14,15; 17:7, 8). Estas increíbles promesas sólo se otorgarán a aquellas personas en que la salvación (que será su ingreso al Reino de Dios futuro) pueda lograrse, es decir, a aquellas merecedoras que permanecieron dignas y obedientes a Dios y a su Hijo Jesucristo (Jn. 3:16; Ro. 5:9-11; 8:24, 25;1 P. 1:5; Stg. 1:12). De esa manera, la Soberana voluntad de Dios se manifestará con plenitud, según sus buenos propósitos  determinados desde la «eternidad» (Mi.5:2).  Así que Cristo regresará a la tierra visible y corporalmente (Lc. 21:27; Hech. 1:11; Ap. 1:7), para sentarse en el Trono de David su padre (Lc.1:32, 33). Dios instalará un Reino en el mundo para que su Hijo sobre este Trono  lo reine con paz, con justicia perfecta y equidad santa (Is. 9:7), por mil años literales (Ap.20:4, 6). Cuando estos mil años concluyan, Cristo entregará entonces el Cetro de Poder a su Dios y Padre celestial (1 Co. 15:24, 25).  

El premilenarismo fue conciliado, antes que nada, en la Iglesia Prístina. Los discípulos, como el mismo Señor Jesucristo, mantuvieron siempre firme  la creencia judía de un Reino mesiánico literal y futuro al inicio del primer siglo de la era actual. Posteriormente, aun en este primer siglo, Clemente de Roma, quien es mencionado en la Epístola a los Filipenses por el apóstol Pablo (Fil. 4:3), Bernabé, Hermas, Ignacio de Antioquía, Policarpo de Esmirna, discípulo del apóstol Juan, Papías en Heriápolis, sustentaron el concepto premilenarista  que fue radicalmente deformado por la abigarrada interpretación alegórica.     

El problema se suscitó cuando muchos no acordaron con las «bendiciones  y premios terrenales» que este punto de vista genuino proclamaba. Los opositores consideraron la cuestión como algo meramente “carnal” que antagonizaba con la naturaleza espiritual de las Escrituras, pero a la verdad, lo que únicamente consiguieron  fue distorsionar con sus sincréticas y pervertidas ideas el sentido espiritual correcto de la Palabra de Dios por uno absolutamente místico y fantasioso. Con Agustín de Hipona, el  premilenarismo fue hecho a un lado y el amilenarismo, con su desacertado  método alegorizador, tomó su lugar.  Tiempo después,  con la Reforma, el amilenarismo se manifestó de excéntricas maneras, y en estos tiempos modernos su influencia se ha destacado bastante, siendo muy común el día de hoy en un buen número de  iglesias evangélico-protestantes. Con la Reforma, sus defensores se centraron más en las doctrinas soteriológicas, descuidando los dogmas escatológicos de tanta importancia y trascendencia. El amilenarismo de Agustín no fue cuestionado en este sentido, y los reformadores lo conservaron con  relajada  confianza.   

Fue Orígenes el que estableció la base  del método alegórico, y Agustín,  a través de esta forma indebida de interpretación, elaboró una catadura mística, exageradamente confabulada, de la verdadera naturaleza del milenio literal. Del pensamiento agustiniano surge el dogma amilenario que  tuvo notable predominio en el catolicismo romano apóstata. Y esto, no quedó así: muchos de los reformadores lo abrigaron con sus modificaciones hechas junto con otras enseñanzas  planteadas por San Agustín de Hipona.    

Las Escrituras garantizan con una cuantiosa cantidad de textos  la literalidad de las profecías mesiánicas que se cristalizarán en un mundo renovado de antemano,  según lo establecido antes de la fundación del mundo por el Dios Soberano y Creador de todas las cosas. Veamos, pues:  

Los ángeles del cielo anunciaron la segunda venida visible de Cristo al mundo (Hech. 1:11). Cristo dijo que los muertos oirán su voz (Jn. 5:28). El Señor Jesucristo anunció en su ministerio terreno que vendría al mundo nuevamente (Lc. 21:27). Pablo predijo que Cristo vendría en «llama de fuego» (2 Ts. 1:8). El Hijo del Hombre  vendrá al mundo sobre las nubes del cielo en poder y gloria (Mt. 24:30; 1 P. 1:7; 4:13). El apóstol Juan dijo con respecto a Cristo que «todo ojo le verá» (Ap.1:7). Pablo profetizó que Cristo en su venida mataría al Antricristo, «el hijo de perdición» (2 Ts. 2:8). Cristo en su arribo visible al mundo se sentará en su Trono de gloria (Mt. 25:31; Ap. 5:13) para reunir y juzgar a todas las naciones de la tierra (Mt. 25:32). Cristo tomará el Trono Davídico en el mundo (Is. 9:6, 7; Lc. 1:32; Ez. 21:25-27; Jer. 23: 5, 6). Daniel predice que Cristo tendrá un Reino (Dn. 7:13, 14). Cristo reinará con sus santos creyentes  (Dn. 7:18-27; Ap. 5:10). La Biblia dice que los reyes y naciones del mundo le servirán al Mesías (Sal. 72:11; Is. 49:6, 7; Ap. 15:4), que los reinos de este mundo  vendrán a ser su Reino (Zac. 9:10; Ap. 11:15), que los pueblos de la tierra se reunirán ante él (Gn. 49:10), que en su regreso al mundo «toda rodilla se doblará» (Is. 45:23; Fil. 2:10). El Trono de Cristo será establecido en Jerusalén, en la Teocracia milenaria (Jer. 3:17; Is. 33:20, 21). Cristo gobernará a las naciones de la tierra con justicia y equidad ( Sal. 2:8, 9; Ap. 2:27; Sal. 9:8). 

Y con respecto a la era milenaria y terrenal:

 El Templo será reedificado en Sion, en Jerusalén (Ez. 40:48). En este Templo, la gloria del Señor se manifestará (Ez. 43:2-5; 44:4). El árido desierto se tornará fértil campo (Is. 32:15), y florecerá (Is. 35:1, 2).

 Por lo tanto, para que cada uno de estos textos, de otros más que existen,  tenga su debido cumplimiento, se requiere necesariamente de la segunda venida personal de Jesucristo en el mundo: el suceso más importante y esperado por todo verdadero creyente (Tit. 2:13). 

Por medio de Cristo,  las promesas dadas a Abraham, a Isaac y a Jacob, podrán consumarse en la tierra, cuando ésta sea regenerada en su totalidad por la virtud de Dios (Mt. 19:28).   

Dios les bendiga siempre, hermanos y amigos de un servidor.

Dr. Jason Navarro, Apologista Sociniano de la República Dominicana

Al leer las Santas Escrituras debemos tener mucho cuidado cómo las interpretamos, ya que en la misma se utilizan muchas metáforas y figuras literarias que son métodos usados por árabes, judíos y orientales en general, para comunicar ciertas verdades centrales acerca de un tema de mucha importancia, para que las  mismas quedaran fijas en la mentes de los oyentes (ejemplo de esto las parábolas). Por esto no es de asombrarnos que nuestro señor Jesús utilizara tantas simbologías para referirse a su persona.

Jesús dijo ser: la vid verdadera (juan15:1), el pan de vida (Juan 6:35), el pan vivo que bajó del cielo (juan6:51), la roca (mateo 16:18), etc.

Si observamos detenidamente y sin prejuicios estos pasajes, nos daremos cuenta que el apóstol Juan nos trae a la memoria Juan 1:1. Ahora bien, ¿Cuál es la enseñanza que el señor nos quiere ilustrar? Para responder la pregunta nos iremos al Antiguo Testamento, al tiempo cuando el pueblo hebreo estaba en el desierto, pasando por una terrible hambruna (Éxodo 16:1-4). Si estudiamos  este pasaje de Éxodo capitulo 16, nos daremos cuenta que Cristo esta haciendo una comparación de su persona con el maná que bajó del cielo para alimentar a los israelitas en desierto.

Cristo no quiere decir que él es ese maná LITERAL que DIOS Todopoderoso envió del cielo a los israelitas para salvarlos de la muerte en el desierto. Lo que dice es que DIOS, Su Padre, lo envió como prototipo de ese pan para salvar al mundo de sus pecados (Juan 6:31, 32,33). ¿Pero nos está diciendo Cristo con estas palabras que él preexistía con el Padre antes de nacer en Belén? De ninguna manera! Recuerden que les dije al principio de este estudio que en la biblia se usa un lenguaje cargado de metáforas y simbolismos para llegar a una verdad central. Si solamente nos quedamos con Juan 3:13, usted puede pensar del texto en cuestión lo que todos los trinitarios y pre-existencialistas siempre han pensado. Pero cuando lo comparamos con los otros pasajes bíblicos, estos textos oscuros se aclaran y tienen un sentido lógico y escritural (leer capítulo 6 de evangelio de Juan).

Antes de finalizar este comentario, quiero aclarar que en la última parte de este versículo (Juan 3:13), que dice: que esta en el cielo, los manuscritos mas antiguos no lo incluyen, esto es para disipar un poco las dudas a los trinitarios y pre-existencialistas.

El versículo 33 de Juan capitulo 6, Jesús les dice: porque el pan de DIOS es el que baja del cielo, y da vida al mundo. Y  entonces le dijeron: señor, danos siempre este pan.los discípulos nunca cuestionaron al Cristo acerca de su vida en el cielo, ya que ellos nunca interpretaron la palabra  del señor como habitando en el cielo con el Padre. Esta pregunta de sus seguidores nos lleva a la respuesta correcta.

Amigo trinitario, deje que el único DIOS verdadero y Todopoderoso obre en su corazón y quite el velo que le impide descubrir los grandes tesoros que están ha nuestra disposición en la Sagradas Escrituras.

Las Escrituras comúnmente usadas para “probar” que Jesucristo fue el Dios del Antiguo Testamento, son, entre otras, Juan 1:18 y Juan 5:37 son a menudo utilizados como Escrituras fundamentales para probar que Jesús “preexistió” como el YHWH Dios del Antiguo Testamento. Ya que, como ellas explícitamente indican, ningún humano (hombre) alguna vez ha visto a Dios, y muchos, desde Adán y Eva, Abram, Moisés y otros son reconocidos haber visto al Dios del Antiguo Testamento, tiene perfecto sentido, en ese punto, razonar que el YHWH Dios del Antiguo Testamento no podría ser el Padre Dios del Nuevo Testamento.

Juan 1:18 Ningún hombre ha visto a Dios en ningún momento; El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer

Juan 5:37 Y el Padre mismo, que me ha enviado, ha dado testimonio de mí. Ustedes no han oído su voz en ningún momento, ni han visto su forma.

Comencemos con Juan 5:37.

¿Estaba Jesús manifestando que ningún humano alguna vez había visto o había oído al “Padre”? Por favor considere Mat. 3:16 “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Vea también Mar. 1:11) ¿Acaso no es verdad que al menos San Juan Bautista “oyó” la voz del Padre?

No omitamos esta Escritura: Mateo 17:5 “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”. ¿Quién oyó eso? Fue Pedro, Santiago y Juan. Nosotros fácilmente podríamos preguntar, ¿por qué y cómo pudo referirse Juan a una “audición física” en Juan 5:37 (“Ustedes no han oído su voz en ningún momento, ni han visto su forma), y que fue escrito decenios después del acontecimiento real de Mateo 17 donde el evangelista Mateo registra a gente que sí oye literalmente la voz de Dios? (Vea también Mar. 9 para el relato de Marcos.)

Podríamos notar, en este punto, que algunos proponentes de la premisa que es discutida tomarían la posición que aquel que pronuncia las palabras de Mateo 3:16 y Mateo 17:5 fue de hecho un ángel de Dios obrando de “agente” de Dios. Mientras que el apoyo real para esto es delgado a inexistente, recordémonos que aun si fuera cierto, entonces uno debe permanecer con la posición el “agente” representativo en ambos lados de este debate, que nos dejaría incluir la postulación del “agente” como alguien que también está incluido en la “voz” no oída y la “forma” no vista. Por supuesto, darse cuenta de esta necesidad virtualmente nos obliga a descartar la teoría del “agente” a favor de un Padre Cariñoso mostrando interés personal directo en Su Hijo, como cualquier buen padre lo haría.

A continuación, aún concerniente a Juan 5:37, ¿a quién estaba Jesús hablándole en esta Escritura? Encontramos la respuesta en Juan 5:18 Por esto los judíos (Nota: No todos los judíos, simplemente aquellos para quienes él dirigía esto.) aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. 19 Luego le contestaron a Jesús y le dijeron… ¿No estaba Jesús simplemente haciendo el mismo punto hecho muchas veces en las Escrituras Hebreas? El mismo punto de que Dios ‘cegó’ a Israel (que realmente quiere decir que él ‘los dejó’ a ellos quedarse ciegos por sus formas egoístas), parafraseado como: Viendo no ven, y oyendo no oyen. ¡Si esta Escritura debe ser tomada como una pretendida declaración literal, estamos confrontados con limitar su aplicación a sólo aquellos para quienes fue dirigida, y a nadie más! Pero, preguntemos, ¿Por qué Jesús se dirigiría a estos judíos específicos como que nunca habían visto a Dios, cuándo nadie más, vivo en ese tiempo, tampoco lo vieron?” No tiene sentido, pues sería una declaración vacía. Entonces, la realidad es que esta Escritura, en el mejor de los casos, sólo puede probar que esos Judíos en particular a quienes Jesús les hablaba nunca habían visto o habían oído al Dios el Padre. Ellos fueron los “Ustedes” que nunca habían visto ni habían oído a Dios, pero, sea cual fuere, parecería que quizá es bastante más lógico que haya una aplicación figurativa para esta Escritura. Por consiguiente, Juan 5:37 no es, en el mejor de los casos, una Escritura “neutral”, incapaz de usarse para probar o desmentir “que el Dios Padre del Nuevo Testamento no fue el YHWH Dios del Antiguo Testamento”, sin mencionar que no provee pruebas en apoyo de un Jesús preexistente que es YHWH. Ahora note alguna otra cosa que Juan escribe hacia finales de su vida, mucho tiempo después de este incidente.

1 Juan 4:12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. Ahora, tomando un acercamiento literal primero, consideremos simplemente lo que esto dice y no dice. No dice, “oye”, u “oyó”, sino sólo “visto”. Ahora este verso ya no parece estar en conflicto con Juan 5:37, y ni está en conflicto con las dos Escrituras de Mateo anteriormente citadas.

Esto no significa ‘pasar por alto’ la frase “Ningún hombre” con que inicia el verso. ‘Ningún hombre’ es mejor indicado como ‘Nadie’, que prosigue a ‘visto’. Visto es mejor indicado como ‘contemplado’ y conlleva con eso el concepto de “contemplar con un propósito”, “ver con deseo”, o “aprecio con admiración”. ¿Podemos decir, “Mira, esto prueba que Juan 5:37 quiere decir lo que yo pensé que significaba?”. Si consideramos que el punto de vista previamente reclamado en Juan 5:37 es defectuoso por las Escrituras de Mateo (y Marcos) entonces nosotros, ni podemos usar a 1 Juan 4 para sostener “nuestro” Juan 5:37, ni Juan 5:37 para apoyar a 1 Juan 4. Otra vez, debemos buscar otra ‘ explicación ‘que no esté en conflicto con algunas otras Escrituras que hemos visto hasta ahora (Mateo, Marcos, Juan, y 1 Juan). Otra vez pregunto, “ A Quién se estaba dirigiendo Juan? ¿Fue este verso una referencia a “todo tiempo” – Pasado /presente/ futuro? ¿O simplemente para los lectores presentes de la carta? Nosotros al menos debemos cuestionar seriamente cualquier sustento posible que podría ser considerado para la premisa que es discutida debido a las Escrituras anteriormente citadas. Esto quiere decir que hemos perdido algo en alguna parte. Cualquier cosa que este verso signifique o implique, debe estar de acuerdo con TODAS las Escrituras anteriormente citadas.

Preguntemos lo siguiente, “¿Estaba Juan aun discutiendo un significado tan literal del todo?” 3 Juan 1:11, “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios”. Juan no está siendo literal aquí; Si él lo estuviera, entonces la implicación lógica natural es que aquellos que no fueron malos habían visto “físicamente”, con sus propios ojos, a Dios. Así que, ¿por qué insistiríamos en que Juan es literal en otro sitio, cuándo él escribe las mismas palabras exactas, con aun la misma intención? Así, nosotros ahora tenemos el significado verdadero y la intención de la palabra Griega traducida “visto”. Se ocupa no sólo sobre la percepción literal con la vista, sino que también con la percepción y comprensión mental o espiritual de Dios. Considere en esta luz Juan 1:18 “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. La traducción más literal de la locución, “a Dios nadie le vio jamás” es “A Dios nadie nunca ha contemplado”. Con Juan que escribe este informe hacia fines del siglo 1, más o menos en la época en que él escribió las tres epístolas, ¿no tenemos que considerar que Juan, como cualquiera, mantendría una consistencia en sus escritos? En este caso, él mantiene una consistencia que aparece igualmente en todos sus escritos, y está dirigida hacia un propósito específico basado en las circunstancias del tiempo de los escritos. Manifestar categóricamente que Juan 1:18 & Juan y 5:37 pueden ser usados para apoyar una percepción “física” es simplemente imposible. Hacer eso es sacar dos versos aislados del contexto completo de todas las escrituras inspiradas de Juan, y simplemente no hay ninguna forma de validar esa conducta o conclusión.

Finalmente, concerniente a este punto, no pasemos por alto Juan 6:46 “No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre”. Otra vez, Juan usa “visto” como “conocer” (percibir). Si usted es un creyente, usted ha “visto” a Dios, si no, usted no lo ha hecho. No leamos en la Escritura lo que nuestra teología “necesita” que “diga”, sino, dese cuenta de que nosotros podemos haber pasado por alto las Escrituras que podrían ayudarnos a aclarar las cosas mejor para cambiar nuestra teología. En esa luz, usted ahora también podría considerar:

Juan 8:19 “Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais”.

Juan 14:9 “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” De hecho, lea el incidente entero por usted mismo y “vea” cuántas veces es usado “visto”, y cómo está directamente relacionado a “conocer” a Jesús o el Padre.

Juan 15:24 “Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre”. Estas personas “habían visto” al Padre, pero fue a través de su rechazo de Dios y Jesús. No obstante, el punto es que ellos habían “visto” a Dios, pero al igual que con las otras referencias, es en el contexto de su creencia y conducta, no a través de sus capacidades ópticas “físicas”.

Juan registró todas estas Escrituras. ¿No nos da esto al menos un pequeño entendimiento profundo en su pensar, especialmente al reparar en que todas estas Escrituras se registraron hacia fines de su vida, mucho tiempo después de los acontecimientos del relato del evangelio? ¿Debería ser una cosa extraña aun considerar que la posibilidad de que Juan quiso que el vocablo “visto” sea tomado metafóricamente y literalmente?

No cabe legítimamente o lógicamente afirmar que estos versos de la pluma de Juan “prueban” que Jesús fue el Dios del Antiguo Testamento. La comprensión de la intención de estos versículos, si no ya evidentes, no pueden ser estudiadas aisladas de otras Escrituras, sino que deben ser discernidas a la luz del resto de la Escritura.

¡Sí, pero aquí dice que Jesucristo creó el universo!

Efesios 3:9 “y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; por Jesucristo.” Este verso está medianamente explicado rápidamente. Simplemente verifique varias traducciones (vea abajo) y usted encontrarán que “por Jesucristo” no está en los textos, sino que se agregó más tarde por alguien que tuvo una agenda. El resultado se convierte en algo ventajoso para la discusión de que el Padre es el Creador Dios. En cuyo caso la pregunta probable para cualquiera que no piensa de esa manera sería ¿Cómo uno reconcilia la traducción correcta de Efesios 3:9 en apoyo de la premisa de que Jesús fue el Creador Dios?”

El Weymouth: Verso 9. y para mostrar a todos los hombres en una luz clara lo que mi mayordomía es. Es la mayordomía de la verdad la cual en todas las Edades descansa encubierta en la mente de Dios, el Creador de todas las cosas –

El RSV: Verso 9. y hacer a todos los hombres ver cuál es el plan o el misterio encubierto desde hace mucho en Dios que creó todas las cosas.

Esto era de acuerdo al propósito eterno que él ha realizado en Cristo Jesús nuestro Señor. ¿Hay alguna razón que los escritos de Juan no puedan ser comprendidos en el contexto del Padre que tiene previsto esto por adelantado? ¿Podría dar esto una pista de lo que “todas las cosas” son y no son?

¿Pero este versículo lo dice con seguridad?

Hebreos 1:2

El KJV (VRJ) vierte Hebreos 1:2, “en estos últimos días nos ha hablado a nosotros por su Hijo, a quien él nombró heredero de todas las cosas, por quién también él hizo los mundos:” (Heb 1:2).

La locución, “a quien él nombró heredero de todas las cosas” manifiesta que el Padre Eterno nombró heredero a Jesús de todas las cosas. Asumiendo, por el momento que “todas las cosas” incluyen los mundos físicos creados, y que Jesús creó éstos, entonces él habría sido su poseedor, así que ¿qué sentido tiene asignarles cosas que él supuestamente hizo? Pero si Dios el Padre hubiera creado los mundos físicos, entonces él siempre los habría poseído y podría nominar a Jesús como su heredero. También, de haberlo creado Jesús originalmente y luego cederlo al “Padre” cuándo, como algunos creen, fue el tiempo para entregar a su divinidad y reabastecerse de un caparazón mortal, ¿entonces cómo se puede justificar que lo llame una herencia en vez de una restitución?

En realidad, nada de lo antedicho es incluso relevante, como el término “los mundos”, que no tiene nada que ver con la creación física. “Los mundos” es traducido de la palabra griega “aiones”, el cual es la forma plural de aion. Aiones simplemente quiere decir “edades” y guarda relación con un período de tiempo y no a cualquier cosa física. Simplemente no cabe usar una referencia para el tiempo para apoyar una posición relacionada a la creación física, o a la recreación.

Note que en el Apocalipsis existe la continuidad evidente entre “Dios” y su “Cristo”, o “Dios” y el “Cordero”, etcétera (Apocalipsis 7:10&17, 11:15, 12:10, 14:4&10 19:9, 21:22&23, 22:1). Ésta es la misma continuidad presente en estos versos de Hebreos, donde leemos, “Dios” (que debe ser el Padre) y “su Hijo”. Asimismo, la referencia específica para “Dios” que habla con nosotros en estos últimos días, específicamente, después del ministerio de Juan el Bautista “por” su Hijo (verso 2) expresa dos pensamientos bien definidos e inconfundibles. Primero, el Hijo de Dios no es Dios, quienquiera que sea esta figura de Dios, porque están retratadas como dos entidades diferentes. Es decir, a menos que usted acepte el politeísmo, en cuyo caso uno muy bien puede completamente eliminar la distinción exigida por la gramática. En segundo lugar, el uso de la palabra “por” en “por su Hijo” es en particular notable en lo referente a que este uso del Griego “en” representa el “instrumento” a través del cual Dios ha hablado y este instrumento para hablar no es, por consiguiente definitivamente este Dios particular, sino otra vez, una entidad separada de este Dios. Este uso de en es exactamente igual como usado {para “por”} en el verso 1 cuando se refiere a los profetas, ninguno de los cuales fue Dios {el Padre} tampoco. Los traductores han traducido justamente el griego en al español por en versos 1 y 2. Alguna otra cosa que no debería ser pasada por alto aquí es lo que no se dice. Dios no le habló a ninguno como Su Hijo hasta que Su Hijo estuvo aquí, antes de eso él nos habló por los profetas. ¿Notó usted que el Hijo de Dios no está en presente hasta que él es humano? En “tiempos pasados” Dios, no un Jesús preexistente, o un Hijo, fue la entidad que le habló a los profetas. ¿Por qué, si un Jesús preexistente fue el “logos” (el portavoz), Dios usó a los profetas y no al Hijo, a menos que el Hijo de Dios no estuviese en escena hasta que él se convirtió en el Hijo de Dios? Sostener la opinión de que Dios habló “a través” del “Logos” (un Jesús preexistente) al usar los “profetas” del pasado no puede ser apoyado en el uso del lenguaje en los versos 1 y 2. ¿Por qué específicamente admitir el uso del Hijo de Dios en verso 2, pero omitirle alguna referencia a él en verso 1, y luego esperar que nosotros digamos, “ Bravo, pues bien, sabemos que él en Realidad usó al Hijo de Dios en verso 1 también, pero sólo quiso enfatizarlo en el verso 2?” Esto no es honesto y verdadero para el lenguaje. Hacer caso omiso del lenguaje para mantener una “creencia” es vanidad pura, y la “creencia” está fundada en el fraude. Debemos mantener la veracidad, así como también debemos resolver si debemos tener una fe merecedora de todo sacrificio aún la muerte, o que vale para vivir.

Aún en Hebreos

Hebreos 1:13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Ésta es una cita de Salmos 110:1 de David. “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”. Por numerosas razones de innumerables Escrituras se tiene por entendido que el primer “SEÑOR” sea el Padre Dios y que el segundo “Señor” se refiere al Mesías, Jesucristo. De muchas Escrituras, incluyendo sólo el contexto de Salmos 110, puede ser fácilmente percibido que todas las mayúsculas de “SEÑOR” es el Dios del Antiguo Testamento. No fue hasta Mateo que la identidad específica del Ungido, el Mesías, fue revelada, y demostrada que era Jesús el Cristo. Mateo 22:42 dice, “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?:45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?:46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más”. El antiguo Israel tuvo por entendido que habría un Mesías. También tuvieron por entendido que el Mesías sería de la línea de David. Su problema, y de muchos hoy, es que no ven, entienden, o en algunos casos, aceptan, que el Mesías fue Jesús. Pero si bien nosotros ahora vemos (note el uso figurativo de “ver” como en Juan?) que fue Jesús, ¿prueban estas Escrituras que Jesús preexistió como YHWH del Antiguo Testamento?

Si consideramos el contexto completo de las Escrituras en duda, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, ninguno de ellos requieren que él preexistió como el Dios del Antiguo Testamento (YHWH), o aun que él preexistió del todo. Específicamente el Salmo 110 mira hacia adelante hasta el fin, eltiempo de la restitución de Israel y la implementación del nuevo pacto de Jeremías 31. Pablo “conecta” Salmos 110 en hebreos 1 para Jesús, el Hijo de Dios; Identificando la letra minúscula “Señor” como una referencia para Jesús. Así, todavía apoyando el hecho que Jesús no era el Dios del Antiguo Testamento. Muchas Escrituras muestran que Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies no es una realidad hasta el día del señor del que se habló a todo lo largo de las Escrituras, y en particular, el Apocalipsis. Jesús está sentado a la mano derecha de Dios el Padre ahora mismo, pero los enemigos aún no han sido doblegados o sometidos. Note en Hebreos 10:12-13 que Jesús “espera” a la mano derecha de Dios para que los enemigos sean hechos un banquillo.

Además, aun Daniel 7:13-14 apoya a Hebreos 1. El Anciano de Días es el Padre Dios, quien es YHWH, y el “Hijo del Hombre” sería Jesucristo. Sin embargo, Daniel 7 fue puramente futuro y Jesús no había incluso nacido en el momento en que esto estaba escrito. No hay nada en Daniel que requiera que Jesucristo haya preexistido como el Dios del Antiguo Testamento —excepto en la mente de Dios. ¿Hay alguna otra prueba que podría aclarar más nuestra comprensión de Hebreos 1? ¡Sí!

Hechos 2:34 “Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. Aquí vemos, de la proclamación de Pentecostés de Pedro, que Jesús fue el que debió tener el papel de la letra minúscula “señor” en el Salmos 110. ¡Pero note el momento o cuándo sería esto! No fue hasta después de que Jesús nació, murió y ascendió al cielo para estar sentado a la mano derecha del Padre. Pedro manifestó que el Padre “hizo” a ese mismo Jesús no sólo el Mesías, el cual es “Cristo” en español, sino que también “Señor”. Ninguna de estas dos cosas se indica que ocurrió hasta después de que Jesús entró en este mundo.

Otra Escritura comúnmente usada para probar que Jesucristo preexistió y fue el Dios del Antiguo Testamento es:

1 Corintios 10:4 “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”. Muchos afirman que éste prueba que Jesucristo fue el Dios del Antiguo Testamento. ¿Pretendió Pablo para nosotros que llegáramos a esa conclusión? ¿Preguntaría si nosotros creemos que Moisés bautizó a Israel? Los versos 2 y 3 son figurativos, y todos fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar, y todos comieron la misma comida sobrenatural, ¿pero se supone que pensemos que el verso 4 no lo es? No obstante, 2,3, y 4 están todos conectados en el pensamiento. Los Israelitas nunca tampoco se mojaron cruzando el mar Rojo, así es que no puede pretender decir que estuviesen “físicamente” (o literalmente) bautizados. Ni fueron los Israelitas sepultados “en” la “nube”, sino más bien les proveyó refugio y protección. Además, los Israelitas comieron “comida” espiritual y bebieron “agua” espiritual, y se supone que pensemos que la “bebida” es Cristo. ¿Qué entonces, o más bien QUIÉN fue la “comida” espiritual? Sólo la “bebida” está relacionada a Cristo, dejándonos en el aire sobre quién fue la comida, a menos que, claro está, Pablo quisiese decir alguna otra cosa. Parecería que Pablo dijese que estas cosas fueron “tipos” (en verso 11 la palabra ensample significa tipo), por consiguiente la “roca” no fue realmente Cristo, sino sólo le caracterizó. Considere la versión Weymouth del verso 11 Todo esto les continuó sucediendo a ellos con un significado figurativo; Pero fue registrado a manera de admonición para nosotros en quienes los fines de las Edades han llegado. Pablo no ubicó a Cristo con el antiguo Israel. Pablo se ocupó de un simbolismo, o una tipología, eso crea una relación en “tipo” con las acciones y los acontecimientos del éxodo para aquellos de la Cristiandad.

¡Un punto final sobre esto antes de seguir adelante es la consideración del verso 5! 1 Cor. 10:5 “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto”. Ésta es una referencia específica que está confinada para ser una referencia para el Dios del Antiguo Testamento. ¿Si este Dios de Israel del Antiguo Testamento fuera realmente un Jesús preexistente, que estaba supuestamente presente como la “Roca”, ¿entonces cómo o por qué Pablo identificó al Dios de Israel como otro, o a Jesús como algo aparte del Dios de Israel? La mera referencia en verso 5 para “Dios” demuestra que la “Roca” no es este Dios. Aun intentando intercalar o substituir el vocablo Hebreo “elohiym” para theos, la palabra griega traducida para “Dios”, cae completamente en seco para proveer alguna “conexión” entre la Roca y el Dios de Israel. Aun si sólo miramos esto desde un punto de la lógica, es tristemente inadecuado usarse para intentar apoyar la doctrina en duda. La “Roca” y “Dios” aparecen como dos cosas diferentes. Si Jesús fuese este “Dios”, ¿no estaría entonces Pablo volteando todo el mapa, por así decirlo? Pablo sólo manifiesta que la “Roca” fue una bebida espiritual, sin identificar quién o cuál fue la comida espiritual.

¿SABES LO QUE ES EL REINO? EL REINO DE DIOS NO ES LO QUE PIENSAS, AMIGO APOLOGISTA…CREO QUE ESTÁS ERRADO EN TUS DOCTRINAS HUMANAS…EL REINO HACE RATO QUE LLEGÓ A VOSOTROS. DÉJALO QUE SEA VISIBLE EN TU VIDA Y VERÁS EL CAMBIO Y LOS FRUTOS QUE PRODUCE VIVIR EN DICHO REINO….QUE DIOS TE CONTINUE GUIANDO AL ARREPENTIMIENTO.

Yorye Mitrot, predicador del evangelio de la prosperidad

Comentario de apologista:

Según el Sr. Mitrot, el reino de Dios ya está aquí, aunque no nos dice cómo ocurrió esa venida exactamente. Por otro lado, Mitrot nos está diciendo (“sin querer queriendo”)  que Jesús ya regresó por segunda vez, porque es precisamente nuestro Señor, quien en su segunda venida nos invitará a recibirlo o heredarlo (Ver Mateo 25:31,34).

Por su parte, el apóstol Pablo no creyó que él estuviese en el reino prometido, porque él claramente afirmó que “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Cor. 15:50). Si esto es verdad, y no lo dudamos para nada, ¿cómo nos explica Mitrot que él ya esté supuestamente en el reino, y participando de él, estando aún en “carne y sangre” y sujeto a la corrupción?¿O será que él creerá que ya no es de “carne y sangre” sino un espíritu inmortal?

Y si el reino ya llegó como dice el “maestro” Mitrot, y Cristo está reinando en su iglesia, ¿por qué ésta está dividida en miles de denominaciones que rivalizan entre sí? ¿Es que nuestro Señor no tiene el poder de solucionar este problema que aqueja su iglesia desde sus albores? Y si Jesús ya reina sobre su iglesia, ¿por qué aún el diablo saca ventaja de los creyentes, haciéndoles apostatar y caer en muchos pecados? ¿Es que el diablo es más astuto que nuestro Señor?

Y si el reino ya vino con Cristo en su segunda venida, ¿por qué los apóstoles no estaban enterados de ello, sino que siguieron preguntándole sobre la fecha de su llegada o de su establecimiento? ¿Y por qué Jesús no les dijo a sus apóstoles que el reino ya había llegado y que no había que esperarlo más? ¿Por qué les dijo que nadie (incluso él) sabía el día y la hora para la venida del reino? (ver Hechos 1:3,6,7).

En fin, Mitrot nos debe muchas explicaciones acerca de la realización del reino y de su naturaleza real.

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).

El libro de Apocalipsis es un libro profético (Ap. 1:3). Es claro que toda profecía posee un cumplimiento histórico y literal determinado, y que puede ser, con relación al tiempo, de corto, de mediano, y de largo  plazo.  Es probable en este último que su contenido  sea escatológico, y digo, probable,  porque ciertas profecías considerablemente lejanas del Antiguo Testamento, como por ejemplo, de la primera venida de Cristo y de su muerte expiatoria, se cumplieron hace aproximadamente veinte siglos con él.

 Las profecías del libro de Apocalipsis se encuentran relacionadas con acontecimientos aun no cumplidos. Podemos mencionar algunos como  la salida del Antricristo Final, la Gran Tribulación Última, la Parusía del Señor Jesucristo, el Juicio de las naciones,  el Reino de Dios en la tierra, el Juicio de los incrédulos y su destrucción en el Lago de Fuego. En los capítulos 4—22 se examinan las situaciones que están relacionadas  con «las cosas que sucederán  pronto», es decir, antes, durante y después de la segunda venida del Hijo de Dios al mundo. El libro de Apocalipsis  muestra que Cristo reinará, literalmente,  con poder y gloria el mundo por mil años, pero antes tendrá que retribuir a sus enemigos, a los que se rebelaron contra Dios y su Palabra, con  castigo pavoroso y mortal. 

 Es importantísimo además decir, que los símbolos utilizados en el Apocalipsis no requieren que sean interpretados “simbólicamente”. El lenguaje figurado es ostensible en tal libro, no existe la menor  incertidumbre en esto. El lenguaje figurado deberá interpretarse  contextual y culturalmente, como lo comenta un erudito de las Escrituras, y no figuradamente, ya que esto daría un resultado oscuro y erróneo de lo que se ha querido comprender correctamente desde un principio.  El símil, la metáfora, la parábola, la metonimia, son parte del lenguaje figurado hallado en el libro de Apocalipsis. En resumen: Estas figuras literarias son utilizadas para entender lo que son  verdades, propiamente, literales. En esto, Gigot comenta:

 «Si se emplean las palabras en su significado natural y primitivo, el sentido que expresan  es el sentido literal propio; mientras que, si son usadas con un significado figurado y derivado, el sentido, aunque todavía literal, es generalmente llamado sentido metafórico o figurado. Por ejemplo, cuando leemos en San Juan 1:6, “Hubo un hombre enviado de Dios el cual se llamaba Juan”, es claro que los términos empleados aquí son tomados propia y físicamente, ya que el escritor habla de un hombre real cuyo nombre real era Juan. Por lo contrario, cuando Juan el Bautista, señalando a Jesús, dijo, “He aquí el Cordero de Dios” (Jn. 1:29), es claro que él no usó la palabra “Cordero” en el mismo sentido literal propio que hubiera excluido toda metáfora o figura, y hubiera denotado algún cordero real. Lo que él quiso expresar inmediata y directamente, esto es, el sentido literal de sus palabras, fue que, en el sentido derivado y figurado, Jesús podría llamarse “el Cordero de Dios”.   En el primer caso, las palabras son usadas en el sentido literal propio; en el último, en su sentido tropológico, metafórico, o figurado . . . ¿Tiene algún pasaje de los Escritos Sagrados más de un sentido literal? . . .todos admiten que, por cuanto los libros sagrados fueron escritos por hombres, y para los hombres, sus escritores naturalmente se ajustaron a la ley más elemental de comunicación humana, que demanda que las palabras de un orador o escritor sólo tengan un sentido preciso, inmediato y directo. . . ». 

 Los amilenaristas han abrigado ciegos que Ap. 20:1-10 es una recapitulación de los sucesos que se exponen en los capítulos precedentes. Dejan a un lado el carácter profético e histórico del libro para aplicar una interpretación alegórica, que es  irrelevante e ilusa, de tal forma que el Reinado de Cristo en el mundo ha sido fantásticamente espiritualizado. La Biblia alude consistente que los «mil años» es un tiempo concreto en el que Dios  instalará un Reinado mundial  después del abatimiento de todos los sistemas terreno-horizontales.  Cristo regirá personalmente en justicia y santidad este Reino, en sujeción amorosa al  Padre y Dios.   

 Un detalle que necesita ser intensamente considerado en el libro de Apocalipsis, es la locución «y vi». Esta expresión aparece en el libro de Apocalipsis siete veces (Ap. 19:11—20:15) y nos indica la progresión cronológica entre un acontecimiento y otro. Por ejemplo, el capítulo 19 de Apocalipsis expone la segunda venida de Cristo al mundo en gloria poderosa y la aniquilación de sus enemigos que serán devorados por las aves del cielo, por orden angélica. El capítulo 20, que está hilado cronológicamente con el 19, exhibe el  encadenamiento de Satanás en el Abismo, el establecimiento de la Teocracia de Cristo en la tierra, los sucesos post milenarios como son la derrota de Gog y Magog, la destrucción del diablo en el Lago de Fuego,  el Juicio del Gran Trono Blanco, y la resurrección de los muertos para su condenación, muertos que tendrán la misma suerte que el diablo y sus huestes en el Lago de Fuego que arde con Azufre.

 Fue el método literal de interpretación empleado en el rabinismo antiguo y que Jerónimo censuró por considerarlo sin causa como herético, de menor valor que el alegórico o espiritualista, emanado  de la sincrética y torcida Escuela  Catequística de Alejandría, cuyo propósito principal fue el de conciliar el pensamiento  de la filosofía griega con la Ley de Moisés.  Filón identifica con igualdad la filosofía de los griegos  con los escritos de Moisés.  Para él esto era exactamente lo mismo. Filón trató de concertar el judaísmo religioso con el paganismo griego del mundo.

La espiritualización del contenido de las Escrituras por el método alegórico, vino a traer,  al quitarle el verdadero valor de su contexto literal, una serie de fábulas y extrañas mitologías que rompieron con la naturaleza objetiva de las promesas hechas por  Dios a Abraham. Estas promesas se traducen en la culminación del  Reinado milenario de Cristo y de sus bendiciones  ofrecidas a quienes se mantuvieron fieles al Señor mientras caminaban en esta tierra de la etérea vanagloria y de las maldades más abominables y perversas,  en un Reino futuro y tangible  como las rocas y las flores, como el agua y las bestias, como las personas que pululan a diestra y siniestra sobre este mundo palmario, y que no es en vano decir,  por demás.  

El método literal de interpretación fue uno reconocido y aplicado en el Nuevo Testamento para la interpretación trasparente y sensata de las escrituras vetero-testamentarias. Fue uno empleado por Cristo y sus apóstoles,   por los Padres de la Iglesia Primitiva, mucho antes que el método de alegorización se utilizará con  la intención de conformar  los escritos de Moisés con los de la filosofía griega germinada en las densas sombras  del mundo.  

La evidencia histórica nos muestra que en los dos primeros siglos de nuestra era  la enseñanza  de un Reino escatológico y literal fue patente en la Iglesia de Cristo. Desafortunadamente, el dogma  amilenarista de San Agustín,  con toda su sarta de errores y patrañas, desalojó el método literal genuino de interpretación bíblica para desplegarse insulso y avieso, en colosal virulencia,  por todo el mundo antiguo, y hodierno, prosigue  en su perjudicial inherencia  tergiversando las profecías apocalípticas en las iglesias fundamentalistas que hablan de las realidades objetivas de la Teocracia Universal de Cristo.  

 Terrible, ¿no?

Dios les bendiga, hermanos y amigos que nos visitan

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