El rapto de la iglesia es un glorioso acontecimiento, en el cual los escogidos por nuestro Señor Jesucristo serán reunidos por sus ángeles y transportados a su presencia majestuosa en su reino, para morar eternamente con El.
“Pero esto os digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad”(1 Cor. 15:50-53).
En 1Tes.4:13-17, Pablo abunda sobre el tema:
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”
En Mateo 24:29-31 nuestro Señor nos indica cuando es que ha de suceder esto:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.
Ahora examinemos el siguiente pasaje:
“Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” (Marcos 13:24-27).
El Señor nos sitúa claramente en el período en que tendrá lugar este acontecimiento tan singular, que abarcará a todo el cuerpo de redimidos por el Cordero: este evento se llevará a cabo al final del período tribulacional, ya que tanto Mateo como Marcos dan testimonio de las palabras del Señor referente a este asunto. Mateo aclara que la trompeta será el sonido de la voz del Señor, al ordenar a sus ángeles recoger a los fieles. En estos pasajes que nos hablan del arrebatamiento, se nos ha dado un cuadro general acerca de esto, pero es en Apocalipsis adonde se nos revela de manera sistemática el orden que seguirán estos acontecimientos.
De manera muy general, en Apocalipsis encontramos tres temas principales relacionados con el período de castigo sobre la tierra: los sellos, las trompetas y las copas. El período que corresponde a la apertura de los sellos es el de la gran tribulación, período que se inaugura con la coronación del anticristo como líder mundial. El segundo período, las siete trompetas, corresponde al derramamiento de la ira divina sobre los impíos. El tercer período, el de las copas, corresponde al derramamiento del vino de la ira, que es la ira concentrada de Dios.
Es en el primer período, el que corresponde a la tribulación, donde encontramos unos pasajes que encajan perfectamente con las palabras de nuestro Señor: Apocalipsis 6, del versículo 9 al 17 y en el capítulo 7 versículos del 1 al 3, 9 y 10 y 13 al 17:
“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?. Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos. Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
Después de esto vi a cuatro ángeles de pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios… Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al cordero… Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”.
El sufrimiento de los perseguidos durante la gran tribulación termina con el arrebatamiento. Ya no tendrán hambre ni sed y Dios los consolará. Como podemos darnos cuenta, los pasajes concernientes al arrebatamiento embonan de manera precisa con Apocalipsis. Veamos:
1.- Los muertos en Cristo resucitarán primero: El quinto sello nos muestra a los muertos en Cristo mientras que el sexto nos habla de los redimidos recogidos por los cuatro ángeles de los cuatro vientos, así pues, podemos ver que primero se presentan ante el Señor los resucitados y después los arrebatados en vida.
2.- La señal del Hijo del Hombre: Cuando el Señor terminó su misión al expirar en el madero, varios acontecimientos tuvieron lugar, a cual más asombrosos, de tal manera que los que se burlaban tuvieron que reconocer que “Verdaderamente este era Hijo de Dios”:
a) Un terremoto tan intenso que partió las rocas
b) Tinieblas en toda la tierra por tres horas
c) El grueso velo de lino torcido que dividía al lugar santo del lugar santísimo se rasgó de arriba abajo
Los dos primeros sucesos son los que están conectados directamente con su próxima venida, solo que ahora la señal del Hijo del Hombre será contundente, de tal manera que todo mundo correrá a esconderse, sabiendo que la ira del Cordero está por desatarse; en los siguientes párrafos compararé Apocalipsis 6, Mateo 24 y Marcos 13, en ese orden:
| Apocalipsis 6 |
Mateo 24 |
Marcos 13 |
| . |
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| Un gran terremoto |
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| Sol negro |
El sol se oscurece |
El sol se oscurece |
| Luna como sangre |
La luna no resplandece |
La luna no resplandece |
| Las estrellas caen del cielo |
Las estrellas caen del cielo |
Las estrellas caen del cielo |
| El cielo se desvanece |
Potencias de cielos conmovidas |
Potencias conmovidas |
| Se esconden de la ira |
Toda tribu se lamenta |
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3.- El Señor mismo, con voz de arcángel y trompeta de Dios: Esta frase es la que usa Pablo en 1Tes.4 para referirse a la orden que el Señor da a sus ángeles. Compare de nuevo Apoc. 6 con Mateo 24 y Marcos 13:
| Angel con el sello del Dios vivo |
Hijo del Hombre |
Hijo del Hombre |
| Clama a gran voz |
Con gran voz de trompeta |
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4.- Enviará a sus ángeles: compare ahora Apocalipsis 7 con Mateo 24 y Marcos 13:
| Cuatro ángeles de los cuatro vientos |
Sus ángeles |
Sus Angeles |
5.- Juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro:
| Multitud mundial ropas blancas |
Escogidos un extremo al otro |
Escogidos extremo al otro |
6.- Después de la tribulación de aquellos días:
| Salidos de la gran tribulación |
Después de la tribulación |
Después de la tribulación |
| Dios enjugará sus lágrimas |
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De acuerdo a esta comparación, todos los datos de los evangelios de Mateo y Marcos concuerdan de manera notable con Apocalipsis, no dejando lugar a dudas de que se trata del mismo evento. Algo muy interesante es que en Apocalipsis se describe al Señor como el ángel con el sello del Dios vivo que clama a gran voz, mientras que Pablo dice “con voz de arcángel, y con trompeta de Dios” y Mateo “con gran voz de trompeta”. Malaquías 3:1,2 describe al Señor también como un ángel: “Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros… ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?. Porque él es como fuego purificador…” (cp. Apoc. 6:17). Apocalipsis no especifica si el Señor es visto en esta ocasión, pero Mateo y Marcos son muy claros en este aspecto (cp. Luc.24:39), tan evidente es que los impíos tiemblan de terror, porque se dan cuenta que ha llegado el día del Señor, el momento de derramar su ira, habiendo recogido a sus redimidos y habiendo sellado a 12,000 de cada tribu de Israel, para que la ira no los toque, tal como sucedió cuando derramó sus plagas sobre Egipto, al proteger a su pueblo de cada plaga que iba enviando sobre el pueblo pagano.
¿Qué es lo que se pretende al situar el arrebatamiento antes de la gran tribulación?. Como vemos, esto es completamente antibíblico. Se presentan pasajes donde nuestro Rey nos dice que nos salvará de la ira; sí, así es, pero una cosa es la ira y otra muy distinta la tribulación, y el Señor en ningún momento nos dice que seremos salvos de la tribulación, sino todo lo contrario, que a través de las tribulaciones llegaremos al reino de Dios y también “aquí está la paciencia y la fe de los santos” (Ap. 13:10; 14:12). Es extremadamente importante que quede bien claro el tiempo de la venida del Rey de Reyes, ya que esto impedirá el tomar una decisión errónea que nos pueda, incluso, hacer perder la salvación, así mismo el cuándo se llevará a cabo el arrebatamiento de la iglesia, para poder aguardar firmes la esperanza bienaventurada.
Se nos ha dicho que no es posible saber cuándo es que vendrá el Señor por su pueblo, de acuerdo a Marcos 13:32: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”. Suponemos que en algún momento nuestro Señor tendrá que enterarse cuando es que sucederán todas estas cosas, puesto que El es el actor principal; también suponemos que esto es lo único que Jesucristo ignoraría, ya que la palabra no menciona otra cosa al respecto; por lo tanto, cuando Apocalipsis dice que es la revelación de Jesucristo que Dios le dio, es lógico que tiene que ser lo que le había sido velado hasta entonces. Podemos concluir entonces que nuestro Señor ya lo sabe y le ha sido revelado a Juan para informarlo a sus hermanos de todo el mundo.
Asimismo, el Señor nos dice que su venida será como en los días de Noé y los de Lot. Sabemos que estos santos varones habían sido informados de parte del Señor del castigo que vendría; también los impíos se enteraron, en el caso de Noé, solo que no lo creyeron. Ahora estamos en la misma situación: aunque no sabemos la fecha sí sabemos que vendrá al final de la tribulación a juntar a sus escogidos para dejar caer enseguida todo el peso de su santa ira sobre la humanidad, “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).
¿Porqué es tan importante el tener dicho conocimiento?. Bien, dado que la doctrina en boga es que el cristiano NO estará para cuando el anticristo se manifieste, ya que se dice que el Señor vendrá por su pueblo antes, pues es el Espíritu Santo el que impide su manifestación, muchos caerán en el engaño y creerán que es solo el falso profeta, como se les ha enseñado, cuando el hombre de pecado se siente en el trono como líder mundial, confiados en que no verán al anticristo porque así les han enseñado sus dirigentes, y la marca vendrá, presentada como “sólo un avance tecnológico”, y, sin darse cuenta, pasarán a formar parte de la propiedad de la bestia.
Las escrituras nos enseñan que al anticristo se le dará autoridad durante tres años y medio, tiempo que comprende desde el primer sello hasta la última copa, cuando nuestro Señor lo destruirá junto con la bestia y sus ejércitos, en Armagedón. Es en este tiempo cuando se presentan las tres fases: la gran tribulación, la ira del Señor y el vino de la ira. El tiempo de los sellos es lo que corresponde a la tribulación, pues podemos ver en Apocalipsis que es cuando se le da la autoridad al jinete blanco, el anticristo, y a los demás jinetes, el rojo, que es el de la guerra, el negro que controla al comercio y el amarillo que es el de la muerte, esto corresponde al quebrantamiento de los santos por parte del anticristo:
“Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos y los vencía”, “Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano por tiempo, tiempos y medio tiempo” (Dan.7:21, 25) “y se le dio autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses” (Ap. 13:5) “Y se le permitió hacer guerra contra los santos y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (Ap. 13:7), “Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella…”(Apoc. 13:12).
El sexto sello es una transición entre el final de la tribulación y el día de la ira del Cordero, ya que el mundo trata de esconderse “porque el gran día de su ira ha llegado”. Por otro lado, uno de los ancianos le declara a Juan que las multitudes de ropas blancas “son los que han salido de la gran tribulación”, así que la ira se inicia en el séptimo sello, ya que es en éste en el cual se despliegan las siete trompetas, derramándose la ira divina a través de las plagas que allí se mencionan. El momento de derramar la ira es tan solemne que se hace silencio por media hora en el cielo, cosa insólita dada la enorme cantidad de ángeles y redimidos que glorifican a Dios.
Apocalipsis 14:9 y 10 nos hace una severa advertencia: “Si alguno a dora a la bestia y a su imagen , y recibe la marca en su frente o en su mano, el también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de la ira”. Apocalipsis 16 nos relata el derramamiento de las siete copas de la ira de Dios: recuerde que a la copa también se le llama cáliz, así que son estas copas las que contienen el vino de la ira, vino que se derrama de siete copas, que son las plagas postreras.
Otros autores nos dicen que el Señor se llevará a los cristianos que anden en rectitud y dejará en la tribulación a los que estén en pecado, para purificarlos. Esta doctrina carece de todo sustento bíblico, ya que no existe ningún pasaje que así nos lo especifique o siquiera lo insinúe. También hay quienes dicen que la tribulación durará los tres años y medio, desde el primer sello hasta Armagedón, sin discernir la diferencia entre la tribulación y la ira divina, que es destructiva.
Conclusión: el Señor viene por su pueblo para salvarlo de la ira, pero esto es después de la tribulación, tal como los profetas del Antiguo Testamento y así mismo del Nuevo nos lo hacen saber. Reflexione en este pasaje:
“Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá (el Señor) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tes.2:3).
Primero tiene que manifestarse el hombre de pecado y después viene el Rey de Reyes.
“Prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel. Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es su nombre” (Amós 4:12).
En Cristo, nuestro Señor. Aleluya, amén.