Archive for septiembre, 2010


BOOK ON THE NWO: HOPE OF THE WICKED

Hope of the Wicked
The Master Plan to Rule the World

By Ted Flynn

Paperback. 550 pages. List $21.95

As a very special added bonus, when you purchase “Hope of the Wicked: Master Plan to Rule the World” from WorldNetDaily’s online store, you can also receive – FREE – three issues of our acclaimed monthly Whistleblower magazine, which many have called the best news magazine in the world. That’s a $22.50 free value! (Offer good in the U.S. only.) Watch for the free offer during checkout.

Ted Flynn’s book, Hope of the Wicked: The Master Plan to Rule the World, will open your eyes to the greatest deception in modern history. It explores the convergence on a global basis of multinational corporations, foundations and the political and sociological instruments of a one-world government to bring about a New World Order.

The book is 550 pages with 82 photographs and 1,200 footnotes, with a strong historical basis to show that there is a global elite working to end the sovereignty of nations, to place all under the United Nations.

In this well-documented book, readers will learn the following:

  • Is there a conspiracy to rule the world?
  • What is the plan to bring America into a one-world order?
  • Hundred of quotes from world leaders
  • The utopian dream of the United Nations
  • The long tentacles of the United Nations in your life
  • World taxes and a world court for world citizens
  • What is the Federal Reserve and who owns it?
  • The links of world businesses, foundations and governments
  • What are the Bilderbergers, Council on Foreign Relations and Trilateral Commission?
  • What are the authority and mission of FEMA?
  • What is the role of the New Age movement and environmentalism in a world religion?
  • The erosion of rights, freedom and national sovereignty
  • The need to create chaos to usher in a new world order
  • The subversion of the Constitution by Executive Order
  • What is the real agenda of secret societies? Technology’s theft of privacy: chips, satellites and tracking
  • Is artificial weather modification real?
  • Who was the most influential woman of the 20th Century?
  • Who are the world players trying to bring change?
  • Pulling the plug on the world economy – nearer than you may think
  • How will the global elite’s plans affect you and your family in the near future?

EEUU NO SUPERÓ LA RECESIÓN

Panorama de incertidumbre

Sin festejo: Números oficiales indican que EEUU no superó la recesión

Es muy temprano para celebrar en el Imperio: A la desaceleración, baja del consumo y persistencia del desempleo, ahora se agrega la comprobación oficial de que la economía (y pese a que superó el peor pico de la recesión) permanece estancada y en pronóstico reservado. Los nuevos datos oficiales siguen arrojando dudas y alimentan un panorama de incertidumbre económica entre los analistas, líderes empresariales y gobernantes que temen una recaída mundial de la crisis. Un sondeo de Gallup reveló que el 82% de los estadounidenses piensa que EEUU sigue en recesión.

Informe especial/IAR Noticias


Contradiciendo los pronósticos “esperanzadores” sobre una hipotética “recuperación”, los números reales indican que (y mientras florece la especulación financiera en Wall Street) la primera economía imperial no consigue despegar.

Mientras persisten los temores sobre el rumbo de la tambaleante economía de EEUU, la NBER (Oficina Nacional estadounidense de Investigación Económica) advirtió que “cualquier futura desaceleración de la economía sería una nueva recesión y no una continuación de la recesión que comenzó en diciembre de 2007″.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la aún elevada tasa de desempleo en EEUU es improbable que vuelva a sus niveles anteriores a la crisis por al menos tres años.

En este escenario -apunta The Wall Street Journal- el anuncio no será un consuelo para quienes hoy querrían tener un empleo. Según cifras oficiales, un estadounidense de cada seis en edad de trabajar está desocupado.

Para el Journal, los datos del Producto Interno Bruto acreditan la idea de que la primera economía mundial cayó al menos en una fase de crecimiento muy lento, o incluso de estancamiento.

La OCDE indicó en un informe que el reciente enfriamiento económico podría traducirse en un nivel de desempleo permanentemente elevado.

Si bien las anteriores recesiones en EE.UU. no causaron daños estructurales permanentes a la economía, “es posible que esta recesión cause estos efectos”, precisó el organismo.

Lo peor de recesión más larga registrada en EEUU desde la década de 1930 duró 18 meses y finalizó en junio de 2009, dejando tras de sí 8 millones de empleos perdidos, anunció este lunes la Oficina Nacional estadounidense de Investigación Económica (NBER, en inglés).

La Gran Recesión, como la apodan comúnmente los economistas, “duró 18 meses, lo que la convierte en la más larga desde la Segunda Guerra Mundial”, explicó el NBER en un comunicado.

El crecimiento se reanudó en el tercer trimestre de 2009 (+1,6% interanual), luego tomó impulso a fines de 2009 e inicios de 2010 (+5,0% y +3,7%), antes de desacelerarse netamente en el segundo trimestre (+1,6%). Para la inmensa mayoría de los economistas, el tercer trimestre debería ser incluso peor que el segundo.

“El comité decidió que cualquier recaída futura de la economía sería una nueva recesión y no la continuación de la iniciada en diciembre de 2007. La justificación de esta decisión está basada en la duración y la fuerza de la reactivación hasta la fecha”, subrayó el NBER.

El NBER, un organismo privado que agrupa a economistas que se cuentan entre los más eminentes del país, determina la fecha en meses redondos, teniendo en cuenta no solamente la medición del Producto Interno Bruto, sino también los ingresos, el empleo, la producción industrial y las ventas mayoristas y minoristas.

Por otra parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en su estudio bianual sobre las perspectivas de EEUU, redujo sus previsiones de crecimiento para ese país.

Las previsiones son ahora de un crecimiento de 1,5% para 2010, dos veces menos que el pronóstico de mayo, y del 2,3% para 2011.

Según la OCDE, “en el mejor de los casos” habría que esperar hasta 2013 para ver una recuperación del mercado laboral estadounidense.

El experto en temas económicos de la BBC Andrew Walker dice que el informe advierte sobre una posible persistencia del desempleo y efectos negativos de largo plazo ocasionados por la última recesión, algo que no ocurrió con recesiones anteriores.

El propio presidente de EEUU, Barack Obama, reconoció que millones de estadounidenses siguen padeciendo los efectos de la crisis económica global pese a que la recesión oficialmente ya ha quedado atrás.

“Incluso si los economistas dicen que la recesión finalizó oficialmente el año pasado, obviamente para los millones de personas que siguen sin empleo (…) es aún muy real”, dijo Obama en declaraciones al canal de televisión CNBC.

“Aunque los economistas digan que las recesión acabó oficialmente el año pasado, aún es muy real para los millones de personas que todavía no tienen trabajo, gente que ha visto caer el valor de sus casas, gente que lucha cada día por pagar las facturas”, señaló Obama.

El NBER lo precisa: El comité no llegó a la conclusión de que la coyuntura económica después de junio de 2009 “fue favorable o que la economía funciona nuevamente según su capacidad normal”.

Pero los que dieron la señal fueron los propios estadounidenses. Según un sondeo de Gallup publicado el miércoles de la semana pasada, y realizado entre el 27 y 30 de agosto, el 82% de la población de EEUU piensa que EEUU continúa en recesión.

La nueva advertencia llegó de dos de los organismos más representativos del capitalismo dominante: La OCDE y el FMI.

En un escenario, marcado por un aumento constante del déficit de los Estados, con ajustes compulsivos y crisis social que se agudiza, el FMI y la OCDE advirtieron la semana pasada que “Peligra la recuperación de la economía mundial”, y el mercado laboral se encuentra en “situación catastrófica”.

El pronóstico se centra principalmente en las dos economías centrales, EEUU y Europa.

El director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, advirtió de que “el mercado laboral está en una situación catastrófica” y destacó que esta situación “no se revertirá con las recetas de siempre”.

“Esta crisis, la más grave de todas, ha dejado un desierto de desocupados sin parangón”, recordó Strauss-Kahn al inaugurar la conferencia sobre Empleo realizada en Oslo.

Y puso el dedo en la llaga. O sea, en el costo (económico y social) que demandará a los Estados capitalistas (empezando por EEUU y las economías centrales) los ajustes fiscales y el salvataje (con dinero público de todos los contribuyentes) de los grandes conglomerados bancarios y empresariales que hicieron estallar la “burbuja” del colapso financiero a escala global.

Según The Wall Street Journal, “Las esperanzas de que se produzca una recuperación liderada por EEUU se esfumaron luego de que los consumidores estadounidenses decidieran guardar sus billeteras. Las ráfagas de crecimiento en Japón y Alemania pierden fuerza o se prevé que lo hagan. China y otros grandes países en vías de desarrollo siguen creciendo con solidez, pero a un ritmo más moderado que hace unos meses”.

En agosto pasado, la Reserva Federal (FED) dio a conocer una evaluación negativa sobre la situación económica norteamericana. El banco central estadounidense emitió un comunicado informando que “el ritmo de la recuperación de la actividad y del empleo se desaceleró en los últimos meses”. Y situó como causal, la persistencia del desempleo y la no reactivación del consumo.

Los economistas se han mostrado preocupados por la persistentemente alta tasa de desempleo, que subió 3,5 puntos porcentuales a 9,3% en 2009 frente a 5,8% en 2008, el mayor incremento desde que el Departamento de Trabajo comenzara a recopilar datos comparables promedio anuales en 1947.

“El deterioro en el mercado laboral de 2008 a 2009 fue el peor que jamás hemos visto”, dijo Heidi Shierholz, economista laboral del think thank Economic Policy Institute, con sede en Washington. “Cuando se produce un gran deterioro del mercado laboral, la pobreza sube. La gran mayoría de los ingresos de la gente en este país depende del mercado laboral”, añadió.

En suma, la realidad numérica indica que, en materia económica, en el Imperio no hay nada que celebrar.

LA PARUSÍA Y EL REINO DE DIOS

La segunda venida de Cristo para establecer su reino será considerada en su lugar como un suceso importante en el programa profético.

En el Antiguo y el Nuevo Testamentos se presenta en muchos pasajes la importancia de la venida de Cristo a establecer su reino. La doctrina, en la forma que ha sido revelada, es mucho más que el solo fin de la historia humana. Es más bien el gran clímax que conduce el programa de Dios a su punto más elevado. Por esta razón, todos los sistemas de teología que tienden a ignorar o a minimizar la doctrina de la segunda venida de Cristo y el gran volumen de pasajes bíblicos que tratan del reinado de Cristo sobre la tierra son inadecuados y sólo pueden ser justificados negando el significado claro y literal de muchas profecías e ignorando extensas porciones de la revelación.

La segunda venida de Cristo, con el reino que lo sigue, es el corazón mismo del progreso de las Escrituras y es el tema más importante de la profecía del Antiguo Testamento. Los grandes pactos de la Escritura se relacionan con el programa de Dios, especialmente los pactos con Abraham, Israel, David y el nuevo pacto. Gran parte de la revelación de los Salmos y de los profetas mayores y menores giran en torno a este gran tema. Los grandes libros proféticos como Daniel, Zacarías y Apocalipsis centran su atención en el tema de la segunda venida de Cristo y la consumación de la historia y el reino. Por esta razón, la doctrina de la segunda venida en gran medida determina el total de la teología del intérprete de la Biblia y justifica el intento de ordenar detalladamente los sucesos proféticos que aún están por cumplirse a fin de ser fiel a toda la revelación bíblica.

 

B. PROFECIAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO ACERCA DE LA SEGUNDA VENIDA

 

Mientras el arrebatamiento es una doctrina del Nuevo Testamento que jamás se menciona en el Antiguo Testamento (porque la iglesia como tal era un misterio no revelado en el Antiguo Testamento), la segunda venida está firmemente asentada en el Antiguo Testamento.

Probablemente la primera de las profecías claras acerca de la segunda venida de Cristo está en Deuteronomio 30:1-3. En esta profecía acerca de la reunión de Israel en su tierra nuevamente, se predica que Israel se convertirá al Señor espiritualmente y que entonces el Señor «hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios» (v. 3). La expresión «hará volver» indica un acto de intervención de Dios en la situación, y a la luz de las Escrituras posteriores se relaciona claramente con la venida del Señor mismo.

Los Salmos, aunque constituyen el libro de adoración del Antiguo Testamento, frecuentemente se refieren a la segúnda venida de Cristo. Después de una introducción descriptiva del justo, en contraste con el malvado en el Salmo 1, el Salmo 2 inmediatamente describe la gran contienda de Dios con las naciones. Aunque los príncipes del mundo desean rechazar a Dios y su gobierno sobre ellos, Dios declara su propósito:

Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi monte santo» (2:6).El salmo sigue anunciando que este rey, al enfrentarse con los malos, «los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás» (v. 9).

La trilogía formada por los Salmos 22, 23 y 24 presenta a Cristo como el buen Pastor que daría su vida por sus ovejas (Jn. 10:11); el Gran Pastor, que vive siempre para interceder por los suyos (He. 13:20); y el Príncipe de los Pastores que viene como el Rey de gloria para recompensar a los pastores fieles (1 P. 5:4). El Salmo 24 describe la situación milenial: «De Jehová es la tierra» (v. 1). Se exhorta a las puertas de Jerusalén que se levanten para dar paso al Rey de Gloria (24:7-10).

En el Salmo 50:2 se menciona el reinado de Cristo desde Sión. Como se verá más tarde en el estudio del Milenio, el Salmo 72 describe a Cristo que ha venido a la tierra para reinar sobre las naciones. El Salmo 89:36 habla del establecimiento del trono de Cristo en cumplimiento del pacto con David inmediatamente después de su segunda venida. El Salmo 96, después de describir el honor y la gloria de Dios, exhorta a los cielos y la tierra a que se regocijen «delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con verdad» (v. 13).

La posición actual de Cristo a la diestra de Dios es descrita en el Salmo 110, pero también se predice que vendrá el día cuando El reinará sobre sus enemigos y su poder saldrá de Sión (vv. 2, 6). De estas diversas profecías se desprende claramente que la verdad acerca de la segunda venida de Cristo y su reino es una revelación de gran importancia en el Antiguo Testamento y no una de importancia secundaria.

Esto es confirmado como un tema principal entre los profetas mayores y menores. En la gran declaración profética de Isaías 9:6, 7 Cristo es descrito como un niño que ha nacido y al mismo tiempo es Dios todopoderoso. Describe su reinado sobre el trono de David como un reinado que no de los resultados de la segunda venida de Cristo y del establecimiento de su reino. Este pasaje será discutido más ampliamente en el estudio del reino milenial. Sin embargo, la introducción del reino depende de la doctrina de una venida literal de Cristo a la tierra y de la demostración del poder divino para juzgar a los malvados. También se menciona esta escena en Isaías 63:1-6, donde se describe gráficamente el juicio de Cristo sobre la tierra en su segunda venida.

En las profecías de Daniel que tienen relación con los tiempos de los gentiles y el programa de Dios para la nación de Israel, se relaciona la consumación de ambos con la venida del Hijo del Hombre desde el cielo (Dn. 7:13-14). Este pasaje da una clara descripción de la segunda venida: «Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.» Daniel había anunciado la misma verdad al interpretar la visión de Nabucodonosor y había predicho en Daniel 2:44 «un reino que no será jamás destruido».

Igualmente, la mayor parte de los profetas menores tocan este tema, y en forma especial lo hace el libro de Zacarías. Según Zacarías 2:10-11, el Señor declara: «Canta y alégrate, hija de Sión; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti.» Esta es una clara referencia al milenio terrenal y al reinado de Cristo que sigue a su segunda venida. Aún más específico es Zacarías 8:3-8: «Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sión, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad» (v. 3). Los versículos 4-8 describen las calles de Jerusalén llenas de muchachos y muchachas que juegan y a los hijos de Israel que son traídos de todo el mundo y habitan en Jerusalén.

Zacarías 14:1-4 describe en forma dramática la segunda venida de Cristo mismo, que viene en la culminación de la guerra mundial que ha sobrevenido en el Medio Oriente y en la ciudad de Jerusalén. Zacarías dice: «Y se afirmarán SUS pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está enfrente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte y la otra mitad hacia el sur» (v. 4).

La descripción gráfica de la división del Monte de los Olivos en el momento de la segunda venida de Cristo deja en claro que ningún suceso del pasado puede compararse con SU segunda venida. La ridícula interpretación de que la segunda venida se realizó en el día de Pentecostés o en la destrucción de Jerusalén del año 70 no sólo la contradicen las últimas profecías que presentan la segunda venida como un acontecimiento todavía futuro (como en el libro de Apocalipsis), sino que tiene en contra el hecho de que el Monte de los Olivos permanece sin haber sufrido cambio alguno.

Cuando los pies de Cristo se posen sobre el mismo Monte de los Olivos que fue testigo de su ascensión en Hechos 1, ello será la señal para que se produzca un cambio en la topografía de toda la zona que rodea a Jerusalén, en preparación para el reino que se establecerá. Consecuentemente, la segunda venida de Cristo en el Antiguo Testamento no se puede negar con explicaciones en el sentido de que algún suceso pasado o alguna experiencia espiritual contemporánea, por ejemplo, que la venida de Cristo por sus santos ocurre cuando uno muere, o con cualquier otra explicación que es totalmente inadecuada para explicar la revelación bíblica. En cambio, en el Antiguo Testamento la segunda venida de Cristo es la gran consumación de la historia mundial, en la que el Hijo de Dios viene a reclamar el mundo por el cual dio su vida y para ejercer su poder o autoridad sobre el mundo que no quería que Cristo reinase.

 

C. LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO EN EL NUEVO TESTAMENTO

 

En la revelación del Nuevo Testamento acerca de la segunda venida de Cristo se introduce un nuevo factor con la revelación del arrebatamiento de la iglesia. En el Antiguo Testamento las predicciones de la primera y segunda venida de Cristo se mezclaban con frecuencia y los profetas tenían dificultades para distinguirlas. Cumplidas las profecías acerca de la primera venida, ya no hay problemas para distinguir entre las profecías relacionadas con sus sufrimientos y aquellas que tienen que ver con su gloria.

Sin embargo, en el Nuevo Testamento, debido a la terminología similar para describir la venida de Cristo por sus santos y la venida de Cristo con sus santos, no siempre es claro cuál acontecimiento se tiene en vista; en cada caso se debe llegar a una decisión sobre la base del contexto. El tema de la venida futura de Cristo es un tema de gran importancia en el Nuevo Testamento, y se estima que uno de cada veinticinco versículos se refiere a ella de uno u otro modo. Se pueden seleccionar por lo menos veinte pasajes extensos que contribuyen con los elementos de mayor importancia de la revelación del Nuevo Testamento (Mt. 19:28; 23:39; 24:3-25:46; Mr. 13:24-37; Lc. 12:35-48; 17:22-37; 18:8; 21:25-28; Hch. 1:10-11; 15:16-18; Ro. 11:25-27; 1 Co. 11:26; 2 Ts. 1:7-10; 2 P. 3:3-4; Jud. 14-15; Ap. 1:7-8; 2:25-28; 16:15; 19:11-21; 22:20

Más sobre el reino de Dios, en:

www.eladaliddelaverdad.over-blog.es

¿QUÉ PREDICABAN JESUCRISTO Y SUS APÓSTOLES?

Jesús comienza su ministerio predicando el evangelio del reino de Dios. (Mateo 4.17; Marcos 1.14-15) y diciendo: “arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.

•    Recorre toda Galilea predicando en las sinagogas el evangelio del reino. (Mateo 4.23; Lucas 4.43)

•    Recorre todas las ciudades y aldeas predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. (Lucas 8.1)

•    Envía a los doce a predicar el evangelio del reino de Dios. (Lucas 9.2)

•    Envía a los 70 a anunciar el reino de Dios. (Lucas 10.9)

•    Declara que la ley y los profetas llegan hasta Juan el Bautista y que a partir de entonces se predicará el reino. (Lucas 16.16)

•    El tema de la mayoría de las parábolas que enseña es el reino de Dios. (Mateo 13.19; 24, 31, 33, 44, 45, 47, 52; 18.23; 20.1; 22.2; 25.1; 25.14; Marcos 4.11; 26.30; Lucas 8.10; 13.18, 20, etc.)

•    El tema central de sus enseñanzas es el reino de Dios (Mateo 5.3; 6.33; 7.21; 19.13-15; Lucas 12.32-34; 17.20-21; etc.)

•    Jesús resucitado sigue hablando a sus discípulos durante 40 días acerca del reino de Dios. (Hechos 1.3)

•    Felipe en Samaria predica el evangelio del reino de Dios. (Hechos 8.12)

•    Pablo en la sinagoga de Éfeso habla por tres meses sobre el reino de Dios. (Hechos 19.8)

•    Luego en Éfeso se dedica a predicar sobre el reino de Dios por tres años. (Hechos 20.25 y 31)

•    En Roma alquila una casa y por dos años predica a todos los que vienen a él sobre el reino de Dios. (Hechos 28.23 y 30.31)

•    Jesús declara que será predicado este evangelio del reino en todo el mundo antes del fin. (Mateo 24.14)

•    La expresión “reino de Dios” (“de los cielos”, “de Cristo” o “reino”) aparece 133 veces en el Nuevo Testamento.

•     EL EVANGELIO DEL REINO Y LA GRACIA

Más sobre el Reino de Dios en:

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Daniel 2, la visión profética de las naciones venideras, las cuales serán hechas polvo por Cristo y su reino, el cual se establecerá en la tierra en su parusía o segunda venida en gloria.

 

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

Sentados en los lugares Celestiales con Cristo Jesús

EL Apóstol Pablo, al escribirles a los creyentes de la ciudad de Efeso, les dice claramente lo siguiente: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,  en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús

Si observamos bien, Pablo afirma que los creyentes ya están resucitados y sentados (reinando) con Cristo en los “lugares celestiales”. Pero sus palabras resultan en cierto modo asombrosas porque todos sabemos que sólo en la parusía los creyentes serán resucitados de la muerte y serán glorificados como reyes al lado de Cristo y no ahora (Mateo 25:31,34; Apo. 20:4,5).

La Glorificación

En otra ocasión Pablo dice que los Cristianos ya estamos glorificados, cuando al escribirles a los creyentes de  Roma, les dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó (Rom. 8:30). Notemos que para Pablo, los creyentes ya han sido “glorificados” por Dios. El usa el mismo tiempo pasado para el verbo glorificar como lo hace para el verbo resucitar en Efesios 2:6 para enseñar que ya hemos resucitado y que ya hemos tomado nuestros sitios en los “lugares celestiales” con Cristo Jesús. Es obvio que para Pablo, los creyentes ya han recibido las promesas hoy en algún sentido, aunque ciertamente no en su integridad. No creo que haya alguno que pueda decir que ya ha sido resucitado de la tumba, y también glorificado y sentado con Cristo en los lugares celestiales. Ahora bien, leamos lo que dice Pablo en el verso 17 de Romanos 8: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. En este pasaje Pablo aporta más luz al tema de la glorificación diciendo que para que seamos juntamente glorificados con Cristo –recuerde que en Efe. 2:6 Pablo usa una similar expresión referida a la resurrección:y juntamente con él (Cristo) nos resucitó, debemos soportar los padecimientos. Así que la glorificación para Pablo NO es algo que se obtiene automáticamente, fruto de la conversión, sino que requiere que el creyente pase la prueba de los padecimientos de Cristo. Y si esto es verdad de la glorificación, entonces también lo debe ser de nuestra resurrección y de la toma de nuestras posiciones en los lugares celestiales con Cristo Jesús. De modo que aunque Pablo puede hablar de la presente glorificación, resurrección, y entronización en los lugares celestiales de los creyentes, aún tienen un carácter claramente escatológico o futuro, o sea, para la parusía de Cristo a la tierra. Dice Pablo: Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. En Romanos 8:18  Pablo añadió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Acá está claro que Pablo pasa a hablar de una glorificación futura, cuando en otros versículos él habla de una gloria ya obtenida o ganada. ¿Cómo explicar esta aparente contradicción? Una explicación sería que Pablo en el Verso 30 habla de aquellos elegidos de Dios que en Su preconocimiento como personas predestinadas ya han ganado todo por su victoria ante las pruebas. El los ve (como Dios los ve) como triunfantes y galardonados por su vida consagrada al servicio de Dios y habiendo vencido al enemigo y a sus artimañas.

Trasladados al Reino del Amado Hijo

 Otro de los pasajes paulinos que nos hablan de una promesa otorgada por “anticipación” es aquella que nos dice que hemos sido ya trasladados al Reino del amado Hijo de Dios. A los creyentes de la ciudad de Colosas, Pablo les dice, entre otras cosas: “…el cual (Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, lo que para Pablo también significaba un traslado de las tinieblas a la luz, de Satanás, a Dios (Hechos 26:18). Como ya hemos visto, es típico de Pablo hablar de cosas futuras como si ya fueran presentes, y aún pasadas. En este caso él nos habla de nuestro eventual traslado al reino del amado Hijo por Su Padre. Sin embargo, el mismo apóstol Pablo se referirá al Reino del Hijo como algo que recibiremos cuando nuestros cuerpos sean transformados en inmortales. En 1 Corintios 15:50, 51 él escribió lo siguiente a los Corintios: Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupciónHe aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados. Aquí Pablo habla de la herencia del Reino como algo que es imposible obtener AHORA en nuestra naturaleza humana mortal. Por un lado él dice a los Colosenses que ya hemos sido “trasladados” al Reino del amado Hijo, pero a los Corintios les dice que el reino es una herencia que obtendrán sólo los inmortales. ¡Pero Pablo no se contradice! Lo que hay que entender es que así como hemos sido resucitados, glorificados, y entronizados POR LA FE, así también hemos sido trasladados por Dios al Reino de Su amado Hijo POR LA FE. Es decir, a la vista de Dios, los creyentes ya “están” en el Reino de Su amado Hijo. Los elegidos, los justificados, los glorificados están también entronizados en el reino del Hijo, sin estarlo aún realmente o de hecho. Por ejemplo, en el libro de Apocalipsis leemos que los creyentes, los de la fe, ya están escritos en el LIBRO DE LA VIDA. No obstante, el creyente deberá de perseverar en la fe para que su entrada a la vida sea efectiva, de lo contrario correrá el peligro de que se le borre su nombre del tomo (Apo. 3:4,5). Lo que Pablo nos dice es que el Padre nos ha trasladado al reino de Su Hijo en su santa voluntad. El nos ve como ya vencedores y victoriosos, como los elegidos y justificados que han recibido Sus promesas por adelantado. El nos ha dado el título de propiedad, pero El aún espera de que nos ganemos el derecho de recibirla con nuestra vida de obediencia y servicio. En otra ocasión leeremos que nosotros (a la vista de Dios) ya poseemos nuestras coronas de gloria, pero luego se nos pide perseverar para que nadie nos la arrebate (Ver Apo. 3:11). Sin duda, ni usted ni yo tenemos nuestras coronas en nuestra posesión, literalmente hablando. Decir que ya estamos trasladados en el Reino de manera total y real sin haber vencido es como afirmar que los difuntos cristianos ya han resucitado, y que ya están en la gloria, y que ya reinan con Cristo en los lugares celestiales. ¡Nadie creería que esto fuera verdad! Pablo jamás afirmó que la resurrección de los creyentes difuntos ya ocurrió. El siempre lo vio como un hecho futuro (2 Cor. 4:14, 1 Tes. 4:14-16).

Para el apóstol Pablo, y el resto de sus colegas apóstoles, el Reino de Dios seguía siendo la meta por alcanzar de la iglesia. En 2 Pedro 1:5-11 el apóstol Pedro encomia a los creyentes a que crezcan hacia la perfección o madurez espiritual, porque de esta manera (y no otra forma) os será otorgada una amplia y generosa entrada al Reino eterno del Señor Jesucristo. Así que el verdadero traslado al reino del Hijo por el Padre se cumplirá cuando los fieles hayan alcanzado la estatura de Cristo (Efe. 4:13)…¡Y esto requiere tiempo y esfuerzo de nuestra parte! (2 Tim. 2:6; Apo. 2:3; 1 Tim. 4:10; Juan 6:27; 1 Tim 4:15; Fil. 2:12).

El Reino de Dios y la Era Venidera

El Señor Jesucristo asoció la vida eterna con el ingreso al Reino de Dios en su diálogo con el joven rico, cuando éste le preguntó sobre lo que debía hacer para ganar la vida eterna  (Leer Mateo 19:16-25). ¡Y este detalle ha sido pasado por alto por la mayoría de cristianos! Además, Señor Jesús afirmó que la obtención de la vida eterna (o lo que equivale a ser trasladado al Reino) se obtendrá sólo en el siglo  o era venidera…¡no en éste! “Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,  que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna” (Lucas 18:30; Marcos 10:30). Afirmar que ya estamos totalmente en el Reino de Dios es afirmar que ya vimos en la Era venidera de justicia sin la presencia del diablo. Recordemos que Pablo asoció el presente siglo con el maligno. El lo llamó “el presente siglo malo” (Gál. 1:4), regido por “los gobernadores de las tinieblas de este siglo” (Efe 6:12). ¿Pero habrá alguno que ose decirnos que ya no hay ninguna influencia del Diablo y sus demonios en este mundo? Jesús dijo que los asesinos y mentirosos, en particular, eran hijos del Diablo, porque éstos HACEN la voluntad de este maligno (Juan 8:44). Hoy los asesinatos y las mentiras están a la orden del día en todo el mundo, una señal clara e inequívoca de que el Diablo aún hace de las suyas  en este mundo. Por consiguiente, es obvio que aún no hemos pasado a la era venidera, la era de la vida eterna, o la era del Reino de Cristo. Recordemos Jesús dijo claramente que su reino no era de este mundo, o siglo del maligno, sino de la era venidera, la era de Cristo y su reino milenario. Sin embargo, los exegetas amilenialistas y preteristas extremos sostienen que cuando Jesús dijo que su reino no era de este mundo (Juan 18:36), lo que dijo era que su reino era espiritual, no terrenal; del cielo, y en el cielo. Estos afirman que Jesús jamás volverá a la tierra para restaurar un reino material como lo fue el del rey David y sus sucesores. Esta es una afirmación antojadiza, ya que lo que Jesús afirmó era que su reino no era del presente AION (siglo) del maligno, sino del venidero que se inaugurará en la tierra cuando se restaure el reino de Dios a partir de Jerusalén y cuando el diablo y sus seguidores hayan sido depuestos y encarcelados.

Los Lugares celestiales en la Tierra

Bob Lazar, el físico que supuestamente trabajó en el Área 51 y que dijo haber visto una nave espacial extraterrestre la describió como que era de otro mundo porque tanto su forma como sus dimensiones no parecían haber sido concebidas por humanos. Así que todo parece indicar que el supuesto físico Bob Lazar estuvo caminando en lugares o ambientes extra-terrestres sin moverse de la tierra. Pues bien, Pablo dijo que en el cielo hay un verdadero santuario y un verdadero tabernáculo que Dios construyó y no el hombre (2 Cor. 5:1,2). También Pablo habla de una ciudad o patria celestial preparada para los salvos y que está POR VENIR a la tierra (Heb. 11:14,16; 13:14). Y si esta ciudad está por venir a la tierra, es lógico suponer que nosotros no vamos a necesitar volar al cielo para tomar nuestros lugares de honor. Este palacio tiene moradas o aposentos para los salvos, y Jesús ha ido al cielo para prepararnos lugares para que los ocupemos. De modo que en Juan 14:1-3 el Señor no nos promete que iremos con él al cielo para tomar nuestros lugares de honor. De hecho, en Juan 14:1-3 Jesús no menciona ni una vez el vocablo cielo, aunque sí nos promete VOLVER para tomarnos para sí a efectos de estar con él en el mismo lugar donde estará cuando regrese a la tierra. A los Tesalonicenses el apóstol Pablo les dice que todos los creyentes se ENCONTRARÁN con el Señor en el aire…¡NO EN EL CIELO! (1 Tes. 4:16,17).

Más sobre el Reino de Dios en:

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EL REINO DE DIOS—¿QUÉ ES?

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

   Un estudio concienzudo acerca de la predicación de Jesucristo y sus apóstoles    referente a un nuevo orden mundial que Dios inaugurará en la  nueva tierra.  

La Predicación de Jesucristo y sus Apóstoles

En el libro del evangelista Marcos (1:1,14,15), y en el de Mateo (4:17) leemos que Jesús comenzó su ministerio en Galilea, predicando “El Evangelio del Reino”, y diciendo: “el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado: arrepentios y creed en el evangelio.” Este evangelio del reino era el CENTRO  de su mensaje y la razón de su venida. En Lucas 4:43 Jesús revela que le era necesario anunciar a otras ciudades el evangelio del reino de Dios, porque para esto fue enviado. Los cuatro evangelistas incluyen en sus escritos o evangelios, más de 60 ocasiones diferentes en las que Jesús se refirió al reino de Dios. Incluso en los Hechos de los Apóstoles, la frase “el Reino de Dios” aparece 6 veces. El apóstol Pablo se refiere 9 veces al reino de Dios. Por tanto, el reino de Dios merece una especial consideración y estudio bíblico profundo, pues es profusamente mentado en toda la Biblia, y en particular, en el Nuevo Testamento.

El Reino de los Cielos

El evangelista y apóstol Mateo, opta por hablar de: “El Reino de los Cielos, cuando los otros tres evangelistas hablan de: “El Reino de Dios. Solamente en 4 ocasiones Mateo usa la frase “El Reino de Dios(6:33; 12:21,28,31,43), en tanto que la frase “el Reino de los Cielos aparece 32 veces en su evangelio. Generalmente se explica la preferencia de Mateo por esta última frase para denotar el carácter CELESTIAL del reino, vale decir, que proviene de ARRIBA, como un DON DE DIOS  y no como una creación meramente humana y perecible.

La lengua nativa de los judíos, en los tiempos de Cristo, era el arameo, un dialecto semítico muy cercano al Hebreo. Jesús habló este dialecto en toda su predicación y enseñanza doctrinal. Sus dichos, tal como están registrados en los evangelios, fueron vertidos del vernáculo al griego, que era el idioma literario de la época. El respeto que tenían los judíos hacia el nombre de Dios hacía que evitaran pronunciarlo. Temían incurrir en alguna frase que pudiera considerarse uso vano del nombre de Dios, y en consecuencia recurrían a substitutos: “Los cielos” era uno de los más empleados. Y es casi seguro que el mismo Señor lo haya usado también para evitar herir las susceptibilidades de sus paisanos. De este modo el evangelista se adapta a la peculiaridad de su público, y así hacer accesible el mensaje entre su propio pueblo.

El Significado de “Basileia

En su expresión concreta, “basileia” quiere decir “domino”, “territorio”, “reino”, o “el pueblo sobre el cual gobierna el rey.” En su expresión abstracta denota “soberanía” y “poder real”. En términos concretos “baseileia” denota un nuevo orden, material y social, que será establecido mediante Cristo. Abstractamente podría denotar el reino de Cristo “en el corazón de los creyentes” mediante la vida, muerte y resurrección de su rey Jesucristo.    

El Reino de Dios en el Antiguo Testamento

La expresión “el Reino de Dios” no aparece en el Antiguo Testamento aunque sí “El Reino de Jehová”, que es lo mismo, pues Jehová es Dios (ver 1 Crónicas 28:5). Y el salmista David habla de Jehová como un rey que tiene un trono y un reino (103:19). También en el Antiguo Testamento el significado del reino de Jehová se puede entender de dos maneras: Que Dios ya es un rey, y que reina sobre toda la tierra habitada y sus naciones que de alguna manera hacen su voluntad. Segundo: como un gobierno de Dios futuro en donde el mal será totalmente erradicado junto con los enemigos de Dios. Los profetas vislumbraron esa era maravillosa cuando Dios ejecute juicio en la tierra y por fin establezca la paz y la justicia eternas. El mundo, finalmente, será hermoso como en el paraíso edénico, antes de la caída de los primeros padres humanos. Para ese entonces, Israel vivirá en paz con sus vecinos, y las guerras y miserias en la tierra quedarán en el olvido. Jerusalén será el centro del reinado del Mesías, el representante legal de Dios, que educará a las naciones en el conocimiento de Jehová (Isaías 9:6,7; 11:1-12; 24.23; 65:17-25; Miqueas 4:1-5).

Los Judíos de la época de Jesús esperaban la venida del reino de Jehová (Dios). Muchos de los escritores apocalípticos esperaban que Dios estableciera su reino de manera espectacular con demostraciones de poder, trayendo la salvación a su pueblo y el castigo de sus enemigos. Los llamados CELOTES pensaban que el reino vendría más rápidamente si ellos lo precipitaban por acciones políticas violentas. Los FARISEOS, en cambio, creían que el reino vendría cuando el pueblo elegido de Dios obedeciera la ley de Dios fielmente. Todas estas expectativas prepararon la escena para la aparición de Juan el Bautista en el desierto proclamando que el Señor había llegado, y que “el reino de los cielos se había acercado” (Mateo 3:1-6).

 La Historia de la Interpretación

La Iglesia Cristiana, a lo largo de su historia, ha interpretado el Reino de Dios de dos maneras: Una es la que tiene un carácter escatológico o futurista, y el otro que recalca su naturaleza presente o consumada. Por cierto que en la Iglesia primitiva el concepto futurista fue el que predominó. Los llamados “Padres Apostólicos” contemplaron el reino como un asunto FUTURO de dicha que se consumaría con la segunda venida de Cristo al mundo. Además, algunos de esos “padres” sostuvieron, incluso, que sería un dominio terrestre, aunque otros no se atrevieron a mencionar lugares concretos. El único que no aceptó la interpretación escatológica fue Orígenes. Él creyó que el reino tenía un significado espiritual o simbólico y no literal.

Agustín de Hipona escribió en su obra De Civitate Dei’ (La Ciudad de Dios) que la Civitate terrena (La Ciudad del Mundo), la cual se compone de todas las fuerzas y personas malas, encuentra su expresión histórica en la iglesia. En realidad, al identificar Agustín el reino con la iglesia militante, lo que estaba diciendo es que el reino milenario de Dios había sido inaugurado con la primera venida de Cristo, hace dos milenios.

Los reformadores hicieron suyo el énfasis espiritual del reino de Agustín llevándolo al “corazón” del creyente. No obstante, los reformadores esperaban igualmente la manifestación visible de dicho reino con la segunda venida de Cristo al mundo.     

En el llamado periodo moderno de la historia de la Iglesia, se han producido una serie variada de ideas que desarrollan las diversas líneas anteriormente mencionadas. Johannes Weiss y Albert Schweitzer hicieron frente a un fuerte liberalismo que intentó eliminar el elemento escatológico del reino predicado por Jesús, y el cual era su mero núcleo vital. Según Weiss y Schweitzer, el reino, para Jesús, era una realidad totalmente FUTURA, apocalíptica, que aparecería al final de la historia humana, mediante la acción poderosa y sobrenatural de Dios. Afirmaron que la idea de una presencia actual del reino era un invento de los autores de los evangelios y que no debía considerarse como auténtica enseñanza de Jesús. Su interpretación del reino es conocida como “escatología consistente” o “coherente”.

Para Harnack, el reino de Dios era el gobierno divino en “el corazón de los santos”. Para él, el reino es el poder que obra en el interior de la vida humana. Dobschütz, Muirhead, Wellhausen, y Sharman han insistido, del mismo modo, en sostener que la dimensión escatológica NO era esencial en la enseñanza de Jesús, o que francamente se trata de un agregado que sus primeros discípulos o la iglesia primitiva creyeron necesario hacer al mensaje. F.C.Grant también rechazó el factor futurista del reino, afirmando que éste debía entenderse solamente en términos de una “redención social”. A.B. Bruce y James Orr no toman en cuenta el factor futurista del reino, considerándolo más bien sólo simbólico, o “en el corazón de los hombres”, el cual produciría una transformación social radical a medida que aumentara el número de creyentes. Cuando todas las áreas de la vida y el pensamiento hayan sido penetradas y regeneradas mediante el poder del reino, entonces “éste habrá llegado”

Rudolf Otto, en su libro ‘El Reino de Dios y el Hijo del Hombre’, ve el reino como una esperanza futura, pero que de alguna manera ya se ha presentado en la persona y ministerio de Jesús. W.G. Kümmel, igualmente opina que el reino de Dios es presente y también futuro. Emil Brunner sostiene que el fin último de la historia ya comenzó con la iglesia, pero que todavía tenemos que esperar su cumplimiento final en el futuro. R. N. Flew habla del reino como presente y futuro, así: “El reino ha venido en la persona de Jesús, sus bendiciones pueden gozarse ahora mediante a fe. Pero no ha venido del todo. La consumación final aún se tarda.” (Jesús y Su Iglesia, pág.32).

Ahora bien, la interpretación contemporánea más discutida es aquella del eminente teólogo inglés C.H.Dodd, y que se conoce como “escatología realizada”. Él la desarrolló en su libro “Las Parábolas del Reino”. El estudio hecho por Dodd de las parábolas de Jesús, y otros dichos colaterales, lo llevó a creer que, para nuestro Señor, el reino ya había venido. El futuro formaba parte, ahora, de la experiencia actual de los hombres. El absoluto ha penetrado la arena histórica. El supuesto Cristo Eterno ha entrado en el tiempo. Él mismo sería el cumplimiento de la esperanza escatológica. Su venida es la venida del reino de Dios. Su reino vino con él y, por tanto, no hay que esperarlo para mañana. El futuro se está realizando en la vida de Cristo y en la vida de su iglesia. Pero para ser justos, Dodd no presta mucha atención a los dichos de Jesús en cuanto a la venida aún futura del reino, y sólo se limita a darles a éstos un sentido meramente simbólico.

 El Reino: Presente y Futuro

El aspecto del reino presente se encuentra en los textos de Marcos 4:3 ss. En donde el reino presente se compara con una semilla que se siembra en los corazones de los hombres en esta vida. En Marcos 12:34 Jesús le dice a un escriba: “no estás lejos del reino de Dios”. En Mateo 12:28 Jesús dice que: “El reino ciertamente ha llegado a vosotros” por el hecho de expulsar a los demonios de un ciego y sordo. En Mateo 13:44-46 Jesús habla del reino como un tesoro escondido en la tierra, que los hombres pueden descubrir ahora. En Lucas 17:20-21 Jesús declara que “el reino está entre vosotros”.  Es decir, su presencia en la tierra es la presencia del reino de Dios.

Si bien es verdad que algunas declaraciones de Jesús muestran un reino presente en su ministerio, también es cierto que hay una dimensión futurista del mismo en otras de sus declaraciones. En primer término, 6 de las Bienaventuranzas sólo podrán cumplirse en el FUTURO (Mateo 5:4-9). En Mateo 25:31,34 Jesús habla de un reino que sólo se podrá heredar cuando él vuelva por segunda vez. En Mateo 26:29, durante la última cena, Jesús les dice a sus discípulos que anticipa el día cuando beberá con sus discípulos del fruto de la vid, en el reino de su Padre.

Aunque el apóstol Pablo no suele usar muy a menudo la palabra reino, las veces que lo hace lo hace dando a entender su carácter presente como futuro. En Romanos 4:17 el apóstol Pablo parece indicar que el reino puede ser vivido ahora entre los creyentes. En Colosenses 1:13 él igualmente parece indicar que de alguna manera el creyente está “ahora” trasladado al reino de Cristo. Pero Pablo no pasa por alto el aspecto futuro del reino, porque en 1 Corintios 6:9, 15:50; Gálatas 5:21; y 2 Timoteo 4:1,18; lo que tiene en mente es un reino en la tierra eminentemente FUTURISTA, que exige nuestra previa conversión y transformación física por la resurrección venidera. Estos textos tienen estrecha relación con la PARUSÍA o segunda venida de Cristo. En Hechos 14:22, Pablo recalca el hecho de que para entrar reino se requiere pasar por muchas tribulaciones.

El Reino y La Iglesia de Jesucristo

Agustín de Hipona creía que el reino de Dios era la iglesia militante. La tardanza de un reino literal hizo que ese ideal se viera reflejado en una sociedad, que llegó a conocerse con el nombre de “iglesia”. E. F. Scott , en su obra “El Reino de Dios en el nuevo Testamento”, página 170 dice: “Jesús había proclamado el reino, pero en su lugar se levantó la iglesia”. Lo que Jesús realmente hacía era buscar un nuevo pueblo a quien se le daría el reino.

El Reino de Dios y la iglesia son inseparables, pues a ésta Dios le ha prometido darle su reino (Lucas 12:32). La iglesia es la que recibirá el reino de Dios. Es el pueblo escogido que restaurará el reino davídico en la tierra. El reino está conformado por hombres santos (Judíos y Gentiles) convertidos por el evangelio de Cristo. A estos santos, de todas las épocas, podemos llamarlos como: “La Iglesia de Dios”, “El Cuerpo de Cristo”, “La Novia”, “Los Elegidos”, etc. La iglesia es la heredera del reino (Mateo 25:31,34). Jesús afirmó que el reino es algo que se puede VER y ENTRAR (Juan 3:3,5), y Pablo también dijo que “carne y sangre” (los mortales) no lo pueden heredar (1 Corintios 15:50). En cambio, uno puede ser parte de la iglesia siendo mortal. Esta es la gran diferencia sustancial entre el reino y la iglesia. Por otro lado, uno puede ser parte de la iglesia inmediatamente después del bautismo (Hechos 2:38,41); en cambio, para heredar el reino uno tiene que haber sufrido por Cristo y también haber crecido en la fe y el conocimiento del Señor. Y lo más importante aún es haber recibido la transformación física cuando Cristo regrese nuevamente a este mundo (ver 2 Pedro 1:8-11; Hechos 14:22; 1 Corintios 15:45-50). Aunque en la iglesia se admiten “niños espirituales” ( 1 Corintios 3:1-2) que deben crecer a la estatura de Cristo, en el reino sólo ingresan los “maduros espirituales”, aquellos que han llegado a la “perfección espiritual” (Efesios 4:12,13,15) (2 Pedro 1:3-11). Por otro lado, parece evidente que nuestro Señor consideraba que alguna forma de asociación y organización de carácter comunitario era esencial para a mejor promoción del reino. A lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana, los teólogos de la iglesia han insistido en la íntima relación entre la iglesia y el reino. Pero hay, evidentemente, diferencias entre ellos con respecto a la naturaleza y a los alcances de esta relación. Pero en la medida que la iglesia está verdaderamente sometida al gobierno divino, puede decirse que es el reino de Dios. Pero el orden divino nunca logra realizarse del todo en este orden humano finito; por eso la Iglesia Cristiana espera la consumación final, cuando Dios perfeccione esa fraternidad humana centrada en Cristo. Entonces se podrá decir con plena seguridad que el reino de Dios habrá venido plenamente.

 El Reino Futuro y Su Naturaleza Real

La Biblia nos habla del reino venidero, pero: ¿Cómo es su naturaleza? No se nos dice si habrá de presentarse como un reino terrenal, que será seguido por un reino celestial, o si hemos de esperar una acción decisiva y final, mediante el cual “cielo y tierra” serán cambiados según los propósitos de Dios. No obstante, sería necio negar que la Biblia sí presenta una naturaleza política y terrena del reino de Dios. El Antiguo Testamento está repleto de profecías que hablan de un reino que se establecerá en esta misma tierra. En la literatura judía, el reino se presenta de 3 formas posibles: 1). El reino producirá una transformación de los cielos y la tierra. 2). El reino será eterno en la tierra. 3). El reino es un orden temporal y terreno, que será seguido por un reino celestial y eterno.

En el Nuevo Testamento existen pasajes clarísimos que hablan de un reino terrenal. Jesús, por ejemplo, dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán a tierra” (Mateo 5:5, con referencia al Salmo 37:11). En otra ocasión les enseñó a sus discípulos a que oraran por la venida del reino a la tierra (Mateo 6:10).  Ahora bien, de la Biblia entera se desprende que el reino tiene estos aspectos básicos y muy claros:

1.- Dado que el reino futuro tiene relación con la segunda venida de Cristo, su implantación estará acompañado por eventos visibles, sobrenaturales, y catastróficos (1 Tesalonicenses 4:15-17; Marcos 13:24-27).

2.- El actual orden de cosas será juzgado (2 Tesalonicenses 1:5-12; 2 pedro 3:4-10; Apocalipsis 19:11-16).

3.- Todos los que se oponen serán sometidos a Dios (Filipenses 2:9-10; 1 Corintios 15:20-23).

4.- Se cristalizarán todas las promesas hechas a los fieles de todos las épocas (Apocalipsis 21:3,4), las cuales incluyen:

a-     El reino se establecerá en Jerusalén.

b-    El Mesías tendrá su trono con sus apóstoles en Jerusalén

c-     El reino será mundial y todos pueblos se someterán a Cristo y a su autoridad: Un solo gobierno.

d-    Habrá paz, justicia, y desarme mundiales.

e-     Los rebeldes e impíos serán destruidos.

f-      Los elegidos recibirán el reino en la segunda venida de Cristo, cuando obtengan su inmortalidad.

g-     El reino durará mil años.

h-    No existirán pobres ni desamparados.

i-       El diablo será atado junto con sus demonios para que no engañen a los pueblos.

j-       Habrá sólo una religión y un solo gobernante mundial con la autoridad de Dios.

k-    La vida será más larga y saludable.

l-       No habrá explotadores ni explotados.

m-  No habrá revueltas, ni protestas, ni descontentos populares.

n-    Los que no quieran servir al Rey Cristo no les irá nada bien, y por tanto, optarán por él de buena gana. Preferirán las bendiciones que las maldiciones de Dios Padre.

Por tanto, sostener que el reino es sólo presente o futuro, es ignorar las mismísimas palabras de Jesucristo. Los eruditos, en su mayoría hoy, creen en un cumplimiento futuro del reino. No obstante, los amilenialistas (los que no creen en un reino personal y futuro de Cristo en la tierra por mil años), sean católicos o protestantes, sólo ven un reino presente en la iglesia militante.

Jean Hearing, en su estudio escatológico sobre “El Reino de Dios y su Venida”, escribe: “Jesús enseñaba que un germen invisible del reino de Dios existía desde el comienzo de su predicación; pero tal es su noción del reino, que ella exige una realización completa visible en el futuro mediante una transformación del orden cósmico.”

El teólogo católico Karl Adam reconoce que: “Restringir lo fundamental de su mensaje a esta predicación moral, sería desconocer el contenido religioso, más precisamente, el carácter sobrenatural y escatológico del nuevo reino” (…) su venida está todavía en el futuro, y es preciso decir: Que tu reino venga.”                                                                                                                                                          

El Reino de Dios e Israel

El reino de Dios es un mensaje que todavía debe ser anunciado al mundo habitado. Jesús dijo que antes que el fin venga, el reino de Dios se habrá anunciado como testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14). Este es un mensaje vivo y actual que el mundo debe oír. Cuando Cristo murió y resucitó al tercer día, todavía permaneció 40 días más entre sus discípulos, predicándoles más sobre la restauración del reino  Israel (Hechos 1:3,6). Tómese nota de la pregunta de los apóstoles en el verso 6. Es obvio que esta pregunta apostólica se hizo como corolario a toda la enseñanza de Jesús. Aquí se deja notar que aún hay un reino judío por establecerse en la tierra. Es un reino eminentemente futuro, para la segunda venida de Cristo. Ahora bien, algunos teólogos amileanilistas sostienen que los discípulos no sabían lo que preguntaban, de que estaban errados y confundidos, y que no habían captado el mensaje de su Maestro correctamente. Pero me pregunto: ¿Fueron todos los discípulos de Jesús torpes para no entender el claro mensaje que Cristo les estaba inculcando? O, ¿Fue Jesús un mal maestro que no se sabía explicar? Pero lo cierto y curioso es que todos los discípulos le preguntaron lo mismo: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Por otro lado, Jesús no los corrige o reprende por semejante pregunta “inoportuna”. Él sólo les dice: “No os toca a vosotros saber os tiempos olas sazones que el Padre puso en su sola potestad.” En buena cuenta, la pregunta era válida y oportuna, pero la respuesta a dicha pregunta sólo el Padre la podía contestar. Está claro que aquí hay un reino que tiene que ver con Israel. Pero los amilenialistas dicen que éste es espiritual, es decir: el cuerpo místico de Cristo, su iglesia. Pero me pregunto nuevamente: ¿Tiene sentido que se le restaure a la iglesia, el reino? ¿Acaso alguna vez la Iglesia de Cristo perdió su reino? La iglesia pura y sin mácula NUNCA ha reinado en este mundo— ¡sólo la Iglesia falsa y apóstata!.

Aunque en cierto modo el reino vino con Cristo y sus exorcismos y curaciones milagrosas, lo cierto es que el reino se establecerá plenamente sólo cuando Cristo ate a Satanás y a sus demonios y los lance al abismo (Apocalipsis 20:1-4). Es por eso que es difícil pensar que el reino ya se estableció plenamente hace dos mil años, pues ello implicaría que Satanás ya estuvo encadenado en el abismo sin poder engañar a nadie (Apocalipsis 20:3). Pero: ¿Podría alguno pensar que este mundo es un mundo ideal reinado sólo y únicamente por el buen Cristo y su iglesia? Pero la verdad es que la drogadicción, las pestes, los hogares destruidos, los crímenes, las miserias, y mil males más, son señales de que aún Satanás reina libremente y tiene su maléfico accionar entre los hombres. O ¿Es que Jesús es un mal gobernante? ¡De ningún modo! Cuando Cristo reine, ¡el mundo gozará de justicia, paz, y amor verdaderos! (Isaías 9:6,7). Finalmente, si el reino se estableció en el 33 D.C como dicen los amilenialistas, ¿por qué Juan dice en el año 90 D.C, que “todo el mundo yace bajo el poder el maligno” (no “bajo el poder de Cristo”)? (1 Juan 5:19) ¿no debió estar atado el Diablo y sus demonios para ese entonces? Recuérdese que el reino se establece después de la atadura del Diablo (Apocalipsis 20:1-3). Es evidente que el Diablo no fue atado en el año 33 D.C ni en el 90 D.C, ni tampoco en este siglo XXI. Hay un reino que se establecerá aún en el futuro, y que conlleva la neutralización total del Diablo y sus demonios por un milenio, y el florecimiento de la paz y la justicia por todo el mundo habitado. Estos son algunos puntos que no se pueden pasar por alto obviamente. Desgraciadamente los llamados “Testigos de Jehová” si han pasado por alto estos aspectos señalados anteriormente.

 Algunos Testimonios Interesantes

 El carácter futurista el reino fue expresado por Padres y Apologistas de la fe. Ireneo (185 D.C, Obispo de Lyon), escribió: “…en su segunda venida les dará a los suyos un lugar en su reino.” (Contra las herejías). Clemente Romano (96 D.C, Segundo obispo de Roma) escribió en su segunda epístola, lo siguiente: “Si entonces hacemos lo que es justo a la vista de Dios, entraremos al reino, y recibiremos las promesas…esperemos cada día y cada hora el reino de Dios en amor y rectitud”. Ignacio (Obispo de Antioquia, siglo II) creyó que el viejo reino del mal sería destruido en la segunda venida de Cristo (Ign. Eph. 16:1). Hermas, un profeta de Roma (siglo II), tenía una clara visión futurista del reino y enfatizó en la conducta moral para entrar en él. (Herm. Sim. 9:16.2-4). Papías de Hierápolis (Siglo II) creyó que la esperanza para un reino milenario en la tierra era real. También Cerinto dice que después de la resurrección la casa real de Cristo estará en la tierra (Gayo de Roma, de la Historia de la Iglesia de Eusebio 3.28.2).

Por otro lado, es interesantísimo el testimonio del Apologista Justino Mártir (Siglo II). Él hace uso de la palabra reino frecuentemente en su Diálogo con el Judío Trypo, y en donde se registran los debates más frecuentes entre cristianos y judíos. Justino le asegura al judío Trypo que Cristo volverá al mundo para recompensar a sus seguidores, dándoles entrada en su reino milenario que se establecerá en Jerusalén (Diálogo 80). Además Justino le dijo a Trypo, que aquellos que enseñan sobre la supuesta partida al cielo de las supuestas “almas inmortales”, NO SON CRISTIANOS. Finalmente el movimiento Montanista tenía como una de sus características, la expectación de la inminente aparición del reino

Resumen

El Reino de Dios fue y es aún interpretado como un asunto presente y futuro. Desde el siglo II el reino tiene un carácter escatológico. Los autores cristianos del segundo Siglo son uniformemente FUTURISTAS. Y para algunos de ellos, dicho reino sería, además, TERRESTRE Y MILENIAL. Tal es el caso de Cerinto, Papías, Justino Mártir, Ireneo, y otros.

Es con Orígenes (185-254) que viene el cambio del uso común de la palabra reino por otro “espiritualy “en el corazón de los hombres”. En cierto modo Orígenes fue influenciado por el pensamiento Gnóstico de la época que sostenía un reino en el alma. Se puede decir que él sentó las bases del pensamiento Agustiniano y de otros filósofos cristianos protestantes de los siglos venideros. Orígenes se alejó del pensamiento cristiano post apostólico del siglo II.

Más sobre el Reino de Dios en:

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LAS BUENAS NOTICIAS DE JESUCRISTO

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Texto que usted debe memorizar: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio (Las Buenas Noticias) del reino de Dios, porque para esto he sido enviado (Lc. 4:43).

Jesús es el Mensajero de Dios:         

          En Lucas 4:43 Jesús revela a sus seguidores la razón por la cual él fue enviado por Su Padre al mundo. Millones de cristianos han pasado por alto o ignorado este pasaje lucano. Son las mismísimas palabras de Jesucristo, quien dice: “…es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”. ¿Notó lo que dijo Jesús? Él dijo que fue enviado para anunciar el reino de Dios. Él vino a proclamar un mensaje glorioso para todos los pueblos y naciones de la tierra, nunca antes predicado por hombre alguno. (Ver Hechos 10:36). A este reino de Dios Jesús lo llamó: “El evangelio”. Jesús luego dirá que el mensaje que predicarán sus verdaderos seguidores será: El Evangelio del Reino de Dios. Veamos lo que Jesús dice en Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

          Ahora bien, la pregunta más común que cualquier estudioso de la Biblia se hace es ésta: ¿Qué quiere decir la Biblia con la palabra “evangelio”? Y es que esta palabra es muy común en todo el Nuevo Testamento, pues ella aparece más de cien veces. En Marcos 1:1 el evangelista Marcos comienza diciendo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. En el versículo 15 Marcos informa que Cristo exigía a sus oyentes a que se arrepintieran y creyeran en el evangelio. Pero antes de responder qué es el evangelio, examinemos primero la importancia que tiene dicho evangelio para el hombre.

La Importancia del Evangelio de Jesús:

        Es hora que los cristianos conozcan el verdadero evangelio de Cristo—¿por qué? ¡Porque trae salvación! Leamos lo que dice Pablo en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego”. También leemos algo similar en Efesios 1:13, donde el apóstol Pablo dice: “…el evangelio de vuestra salvación y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu de la promesa.” Jesús vino a dar sentido y propósito a nuestra efímera existencia. Lo sorprendente es que millones de cristianos nominales no tienen ni la más mínima idea de lo que es el evangelio de Cristo. San Pablo dice que el evangelio tiene poder para salvar si lo creemos de verdad. Pero nadie puede creer o aceptar algo que no comprende, por tanto, nuestra misión será hacerle entender de qué se trata ese singular evangelio (=buenas noticias) de Jesucristo. Vea también Apocalipsis 12:10, en donde descubrirá que la salvación, el poder, y el reino, vienen juntos. Es evidente que la salvación es entrar al reino, y entrar al reino es ganar la vida eterna (Escudriñar Mateo 19:16-25). Concluimos entonces que la salvación, el reino, y la vida eterna, caminan de la mano.

Entendiendo el Evangelio de Jesucristo:

         Pues bien, siendo que evangelio significa literalmente “buenas noticias” o “buenas nuevas”, pregunto: ¿De qué se tratan esas buenas noticias? Si yo le digo a usted que le traigo buenas noticias y no le revelo de qué se tratan, ¿valdrá de algo? De igual manera, si yo le digo que le traigo el evangelio (=‘buena noticia’) y no le explico de qué se trata, ¿tendrá sentido para usted? ¡De ningún modo! Usted necesita entender con su mente e inteligencia lo que Cristo vino a anunciar hace dos milenios (Efesios 5:17; Romanos 12:2; Efesios 1:17,18; Colosenses 2.2). Millones están ciegos porque Satanás es experto obscureciendo el evangelio salvador de Cristo. Este adversario del hombre no quiere que el mundo perdido vea la luz del evangelio de la gloria de Cristo. Él quiere mantenerlo ciego y en tinieblas espirituales para que usted no se salve. Pablo es claro cuando les dice a los creyentes de Corinto: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Aunque le parezca duro lo que le voy a decir, lo cierto es que si usted no quiere creer o entender el evangelio de Cristo, es porque usted está cegado por el dios de este mundo—El diablo. El enemigo le hará creer o entender que usted está oyendo una locura de fanáticos religiosos. Nuevamente Pablo les dice  los corintios: “Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura…” (1 Corintios 2:14). Para los creyentes la “locura del evangelio” significa salvación eterna. Dice Pablo nuevamente: “…agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Y también añade él: “Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” ( 1 Corintios 1:18).

El Evangelio del Reino de Dios:

         Es claro que el evangelio que debe ser predicado a todas las naciones es “el Reino de Dios”. Jesús vino a proclamar un mensaje glorioso para todos los pueblos y naciones de la tierra, nunca antes predicado por hombre alguno. Jesús fue un mensajero de buenas noticias de esperanza y salvación (Ver Hechos 10:36). En Lucas 8:1 se lee lo siguiente: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él.” Es evidente que Cristo y sus apóstoles estaban de acuerdo predicando el evangelio del reino de Dios. Pues bien, ¿están las iglesias de hoy predicando este mismo evangelio?¿Su iglesia lo predica?¿Lo ha oído usted antes? Probablemente nunca. Esta es la tragedia de las iglesias—¡Han perdido el singular evangelio llamado el reino de Dios!

         En Hechos 8:12 leemos del evangelismo de un prominente cristiano llamado Felipe. Según este registro Neo-Testamentario: ¿Qué predicaba Felipe? El texto dice claramente como sigue: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.” Aquí tenemos a Felipe, un cristiano prominente, predicando a Jesús y su Reino (el evangelio). Hoy los líderes de la iglesias predican a Jesús, pero nunca, o casi nunca, ellos predican sobre su reino. Nótese además que Felipe bautizaba a los que habían creído en Cristo y en su evangelio del reino. Le pregunto: ¿Se bautizó usted habiendo creído en el nombre de Jesús y en el evangelio del reino de Dios? Millones de infantes o bebés han sido bautizados en la pila bautismal sin haber creído en Cristo ni en su evangelio del reino. ¿Valdrá tal bautismo? Según las Escrituras: NO!

         Y para terminar este acápite, leeremos una última referencia del reino en el libro de los Hechos 28:23,30, y 31. En estos versículos veremos que Pablo (en Roma), predicaba lo mismo que Felipe: el Reino de Dios y el nombre de Jesucristo.  Por cierto que Pablo esperó que los creyentes le imitaran en este mismo quehacer evangélico, predicando igualmente el reino de Dios y el nombre de Jesucristo (1 Corintios 11:1).

Falsos Evangelistas y Evangelios Incompletos:

         El apóstol Pablo advirtió a los cristianos a no sucumbir en el engaño de los falsos evangelios promovidos por falsos maestros. Ya en su época él había previsto la infiltración de falsos mensajes con la etiqueta de “apostólicos”. En Gálatas 1:6-10 podemos leer esta importante exhortación paulina, con estas tajantes palabras: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema., como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguien os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”  

         El catolicismo romano elaboró su propio evangelio que ha sido llamado: El evangelio Social. Pero este evangelio es totalmente diferente al evangelio del reino predicado por Jesús y sus seguidores. Dicho Evangelio Social promueve el cambio del mundo por los esfuerzos humanos o acciones humanitarias. En cambio, el evangelio de Cristo es la renovación de nuestro mundo a través de la intervención Divina, al instaurarse un régimen divino y teocrático en la tierra en la persona del Mesías elegido: El Señor Jesucristo.

El Significado de la Palabra Reino:

         La palabra reino es muy conocida por todos nosotros. Hemos oído del reino de Inglaterra, de España, de Italia, de Jordania, etc. Un reino es una forma de gobierno. Es una monarquía real con un rey, territorio, súbditos, y leyes. Ahora bien, la Biblia habla de reinos. Tenemos un ejemplo en Daniel 2:37-39, donde el profeta Daniel registra que Nabuconodosor era rey de reyes, el monarca del reino babilónico. Aquí tenemos la evidencia de que un reino es una monarquía real, con un soberano autoritario y poderoso. También Daniel revela que los reyes de Medo-Persia, Grecia, y Roma gobernarían sus respectivos reinos en el futuro. Daniel profetizó que en los días de diez reyes o líderes mundiales venideros (representados por los diez dedos de una colosal imagen), el Dios del cielo levantaría un reino (Gobierno) mundial que desplazaría y destruiría precisamente a estos diez países confederados (¿El Mercado Común Europeo?). Luego el profeta ve que dicho reino divino (representado por una roca—la cual simboliza al Mesías y su reino) cubre todo el planeta tierra. Aquí el profeta está viendo el reinado milenario y mundial del Mesías, con todo su poder y gloria, inmediatamente después de su Parusía o Segunda Venida personal a la tierra.

         El Reino de Dios es un GOBIERNO político y teocrático, el cual traerá la paz y la justicia verdaderas a la tierra. El profeta Isaías dice del reino de Dios lo siguiente: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite” (9:7). ¡Cuántos no anhelamos una paz y justicia duraderas para todos los pueblos de la tierra! El mundo ha vivido en guerras siempre y los hombres nunca han vivido en una paz verdadera y global. Hoy hay prácticamente paz en nuestro continente americano, pero en otros lugares, y en otros continentes, existen guerras étnicas, y conflictos entre naciones. La Biblia nos dice que un rey gobernará con VARA DE HIERRO. En Apocalipsis 12:5 leemos: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones…” También el profeta Isaías predice: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”(32:1).

Jesucristo, el Rey de Israel:

       Hemos visto que Cristo será Rey pero, ¿desde dónde gobernará?¿Quiénes serán sus súbditos? ¿Y con quién gobernará? Pues bien, estudiemos lo que el ángel Gabriel le dijo a María, cuando iba a concebir a su hijo Jesucristo: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:31-33). Esta promesa angelical ha sido pasada por alto por millones de llamados “cristianos”. Pero es importante que entendamos que aquí hay una promesa concreta aún no cumplida. Aquí se habla del ‘trono de David’ y de ‘la casa de Jacob’: ¡Sobre éstos reinará Jesús! Cuando Pilato interroga a Jesús : “¿Luego, eres tu Rey? Jesús le responde: Tu dices que yo soy Rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad…” (Juan 18:37). Aquí vemos que Jesús admite abiertamente que el nació para ser Rey, y para eso vino al mundo, para dar a conocer esta verdad. Sí, Jesús tendrá un trono—el de David su padre— y tendrá un territorio, la casa o el país de Jacob (=Israel). Esto quiere decir que Jesús es de “sangre azul o real”, pues desciende de un rey y de un reino israelita (Mateo 1:1). Efectivamente, Israel fue gobernado por reyes judíos, comenzando con Saúl, luego David, después su hijo Salomón, etc., hasta que en el año 586 A.C, el último rey judío Sedequías fue destronado por Nabuconodosor, rey de Babilonia. Es decir, hace más de 2,500 años que Israel dejó de tener una monarquía para convertirse en un país democrático a partir de 1948. No obstante, Dios le prometió a David que no le faltaría un descendiente en su trono (2 Samuel 7:12-17; 1 Crónicas 17:11-14; 2 Crónicas 7:18). En buena cuenta, Israel volverá a ser una monarquía como lo es su actual vecino, el reino de Jordania.       

         En Apocalipsis 12:5 hemos visto que un varón regirá el mundo con mano firme y sólida como el hierro. Pero: ¿Quién es ese misterioso varón? La respuesta la da el apóstol Pedro cuando dice: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesucristo, varón aprobado por Dios…” (Hechos 2:22). Aquí se le llama a Jesucristo: varón de Dios. Y en Hechos 17:31 Pablo dice: “Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”. Notemos que aquel varón designado por Dios para ser juez y rey, fue resucitado de entre los muertos. ¡Esta es una clarísima alusión a Jesucristo! (Leer también 2 Samuel 23:3).

         Sabiendo que Jesucristo es el Rey del reino o gobierno venidero de Dios, ¿qué más detalles tenemos de su gobierno? En el Salmo 72:7,8 encontramos más detalles del mismo con estas palabras proféticas: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra”. Aquí vemos que Dios promete un gobierno mundial de paz y justicia duraderas, y las naciones del mundo estarán bajo su control y dominio. En un mundo donde no hay justicia, no puede haber paz. Las injusticias sociales y económicas necesariamente se traducen en descontento y violencia. Los hogares están destruidos y violentados por las injusticias. Toda injusticia es pecado (1 Juan 5:17). Hay injusticia en los robos, adulterios, mentiras, en la explotación del hombre por el hombre, en las desigualdades educativas, en la discriminación racial, etc. Se necesita urgentemente un nuevo orden social, político y económico ideal y perfecto. Pero lo ideal y perfecto no puede venir de hombres imperfectos. Mientras existan el egoísmo y el afán de lucro desmedidos, no se podrá alcanzar la justicia y la paz verdaderas. El pecado acarrea la injusticia necesariamente. Y pecado es trasgresión o violación de las leyes de Dios que se resumen en el amor (1 Juan 3:4; Romanos 13:10).        

         Jesucristo es también llamado “El deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7), pues es el único que, siendo hombre, es también el Hijo de Dios. Jesús afirmó que mantiene una unidad perfecta con Su Padre (Juan 10:30). Su enseñanza y educación no provienen de una excelente universidad americana o europea, sino de Dios. Dios es su Maestro (Juan 8:28). Él recibió de Su Padre la mejor instrucción para solucionar los problemas humanos. ¡Las enseñanzas de Jesús son las mismas enseñanzas de Dios! (Juan 14:10,24).

Jesucristo Sabrá Cómo Reinar bien:

         El apóstol Pablo reconoció que la Palabra de Dios instruye y hace perfecto al hombre (2 Timoteo 3:16). Dios ha perfeccionado a Su Hijo Unigénito Jesucristo a través de la obediencia a Su palabra (2 Timoteo 3:15-17). Sí, Jesús desde niño se iba perfeccionando con la palabra de Dios. Él discutía con los sabios de la época sobre lo escrito en los rollos del Antiguo Testamento, y se hacía cada vez más sabio y entendido. Sí, Jesucristo es la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24). Cuando Jesús gobierne este mundo desde Jerusalén, él emitirá decretos efectivos que traerán resultados positivos para todos los pueblos y naciones (Miqueas 4:1,2). En Isaías 55:11 Dios dice de Su Palabra lo siguiente: “Así será la palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. Sus leyes para la reestructuración de nuestra sociedad tendrán resultados beneficiosos (Hechos 3:19-21). Con él no habrá derroche de riquezas, ni políticas equivocadas. La improvisación no existirá en su gobierno. Cristo regirá con sabiduría de Dios ( 1 Corintios 1:24). El sabio Salomón dijo: “Pero la sabiduría es provechosa para dirigir (Eclesiastés 10:10). Sí, para dirigir una nación o todas las naciones en su conjunto se requiere de verdadera sabiduría—la sabiduría de Dios! Los gobernantes han fracasado en sus planes y objetivos trazados para un buen gobierno porque les ha faltado la sabiduría de Dios. Los gobernantes de hoy y de antes han gobernado a espaldas del pueblo y trágicamente también sin tener en cuenta a Dios. La Biblia dice que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 17:1). Pero Cristo sí sabrá gobernar el mundo, porque él es la sabiduría de Dios, y sus súbditos serán hombres mansos y deseosos de obedecer sus leyes. Los malos e incorregibles habrán sido destruidos por Cristo en su segunda venida.

La Iglesia Será coheredera del Reino de Cristo:

       La iglesia de Jesús, compuesta por todos sus santos seguidores, tendrá la herencia del reino de Cristo. El apóstol Pablo escribió esto a los cristianos de Roma: “Porque a los que antes predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos llamó; y a los que llamó, a éstos también glorificó.” (8:29,30). Notemos que Dios predestinó a hombres y a mujeres para glorificarlos, pero: ¿Qué significa eso? Pablo vuelve  decir: “Pero nosotros debemos siempre dar gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”(2 Tesalonicenses 2:13,14). Nótese que los creyentes van a recibir la misma gloria de Jesucristo. ¡Esto es muy claro! Ahora bien, Pablo dice: “Y si hijos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:17). Observe ahora que nuestra glorificación tiene que ver con heredar de Dios y coheredar con Cristo, si es que padecemos juntamente con él. Ahora viene otra pregunta: ¿Qué heredaremos de Dios y qué coheredaremos con Cristo? La respuesta la da Jesús en Mateo 25:31,34, cuando dice: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Cuando Cristo vuelva nuevamente, su iglesia heredará el reino de Dios con Cristo. Sí, la iglesia está llamada a reinar con Cristo en el reino de Dios, pues Pablo también dice: “Si sufrimos, también reinaremos con él…” (2 Timoteo 2:12). Y en Apocalipsis 5:10 Juan escribe: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). La glorificación implica entonces nuestra coronación para ser reyes en el reino de Cristo que se establecerá en esta tierra.

La Sede del Reino de Dios:

         Como el reino de Dios le será restaurado a Israel (Hechos 1:6), debemos averiguar dónde se asentó el trono del reino israelita hasta los tiempos de Sedequías, su último rey, destituido en 586 A.C. En primer lugar, la Biblia nos dice que desde Saúl hasta Sedequías, el trono se estableció en Jerusalén. Por ejemplo, David reinó 33 años en Jerusalén (1 Reyes 2:11). Luego Salomón, su hijo, se sentó en su trono (el de David) en Jerusalén por 40 años, y luego murió ( 1 Reyes 11:42). Y así se sucedieron los reyes judíos hasta Sedequías. De modo que Jerusalén fue la sede del trono del reino de Dios. Recordemos que el reino israelita era el reino de Dios (1 Crónicas 28:5), y este reino de Dios “finalizó” con Sedequías en 586 A.C. Pero Jesús habló de la restauración del reino de Dios en su persona (Hechos 1:3,6,7). Entonces, si el reino de Dios va a ser restaurado, tiene que ser en el mismo lugar donde estuvo antes, es decir, en Jerusalén. Efectivamente, Jesús afirma que Jerusalén en la ciudad del gran rey (Ver Mateo 5:33-35). Pero para que Dios le restaure al pueblo hebreo el reino de Dios, Jerusalén tiene que estar bajo el control judío. Pero por espacio de dos milenios Jerusalén estuvo en manos de los no judíos, en tanto que el pueblo hebreo estaba en la diáspora o dispersión mundial. La profecía parecía imposible de cumplirse hasta la formación del estado judío el 12 de Mayo de l948. Desde esa fecha los judíos regresaron a su tierra, y 19 años después recuperan la capital Jerusalén.

El Renacimiento del Estado de Israel El 12 de Mayo de 1948:

       Muy pocas personas comprenden la importancia que tiene Israel en el escenario mundial. Las mayorías ignoran que la restauración del estado de Israel en 1948 tiene un propósito divino. Sí, millones de personas desconocen que esta es una generación única que ha visto una revolución en la política, en la economía, y en las ciencias. Esta generación ha tenido el privilegio de ver renacer el moderno estado judío tal como lo predijo Dios en Deuteronomio 30:3-5. Este pasaje debe ser leído con atención, pues habla del retorno final de los judíos de la diáspora mundial a su tierra, Israel. En Ezequiel 11:17 leemos además: “Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel”. En Lucas 21:24 Jesús predijo la dispersión mundial de los judíos (la cual ocurrió en el año 70 d.C), y la consecuente dominación de Jerusalén por las naciones gentiles hasta los tiempos postreros. Finalmente el pueblo judío recuperaría su capital, y recibiría a su Mesías esperado. Esta restauración del pueblo judío en su tierra ocurriría en la última generación de este mundo caótico (Mateo 24:34).

El Rito de Iniciación Para Heredar el Reino:

         Para tener parte en el glorioso reino de Cristo como “reyes y sacerdotes”, hay que seguir algunos pasos de iniciación. Recordemos por un instante la entrevista privada que tuvieron Jesús y el fariseo Nicodemo, registrada en el evangelio de Juan: “Respondió Jesús (a Nicodemo) y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de AGUA  y del ESPÍRITU, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. (3:3-8).

         Aquí encontramos la “fórmula” para poder ver y entrar en el Reino de Dios. Primero, usted tiene que “nacer de agua”. Agua es sinónimo de purificación y representa el bautismo por inmersión. En Hechos 2:38 Pedro les dice a sus paisanos judíos: “Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Nótese que después del bautismo se recibe el Espíritu de Dios. Los nuevos creyentes bautizados eran añadidos a la iglesia de Cristo (Hechos 2:41). La palabra del evangelio del reino convierte al pecador, y lo impele a tomar la decisión de bautizarse para recibir el perdón de sus pecados pasados, y tener el camino despejado para entrar en el reino venidero (Efesios 5:26). Aquel hombre nuevo “renacido” recibe el sellamiento del Espíritu Santo, a fin de dar frutos espirituales. ¡Vivirá para el Espíritu y no más para la carne! Pedro además añadirá: “Siendo renacidos no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. Pero recuerde bien, el bautismo viene como consecuencia de haber creído en el evangelio del reino de Dios y en el nombre de Jesucristo (Hechos 8:12). Además, tome nota sobre la importancia del bautismo en el siguiente texto: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias d la carne, sino como una aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo. (1 Pedro 3:21).

Invitación del Señor Jesucristo:

         Dice Jesús: “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad.” “He aquí que yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” “Y el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:7,12, 14,17).

Más sobre el Reino de Dios en:

www.eladaliddelaverdad.over-blog.es

 

EL REINO DEL DIOS: ¿PRESENTE O FUTURO?

 

Por Anthony F Buzzard  

“En el libro de los Hechos el Reino de Dios era todavía la fórmula general para la sustancia de la enseñanza cristiana…” (Diccionario Hastings de la Biblia, vol. II, p. 855).  

En los labios de Jesús la frase el Reino de Dios resumió indiscutiblemente el mismo corazón de su mensaje. “El Reino de Dios es el tema central de la enseñanza de Jesús, e implica su completa comprensión de Su propia persona y obra” (Libro de las Palabras Teológicas de la Biblia, Alan Richardson, p. 119).

Sin embargo, las voluminosas discusiones del significado del Reino de Dios, el corazón del Evangelio predicado por Jesús, y por lo tanto, el Evangelio Cristiano, continúa dejando la impresión de que el tema es complejo en extremo, y que la verdad de la materia está, en efecto, virtualmente más allá de la recuperación. Una cantidad enorme de energía estudiantil ha pasado a analizar la evidencia bíblica y no bíblica en un esfuerzo para explicar lo que Jesús enseñó como Su tema central. ¿Puede ser realmente posible que nuestros expedientes del Nuevo Testamento no proporcionen ninguna idea clara de lo que Cristo y los Apóstoles nos quisieron dar a entender por el Reino de Dios? Nada menos que el Mensaje del Evangelio de la salvación está en juego.

Casi todos los escritores en este tema convienen en que el Reino tiene ambas, una referencia presente y otra futura en la enseñanza del Nuevo Testamento. Pero es la referencia presente la que parece siempre atraer la mayor atención, dándose la impresión de que Jesús insistió en el hecho de que el Reino de Dios había llegado con Su ministerio. Cuán hondamente se ha inculcado esa noción en nosotros se puede sondear preguntando en una variedad de círculos religiosos qué es lo que se entiende por la frase el Reino de Dios. Casi invariablemente la reacción será que es una realidad presente, un reino de Dios en los corazones de los creyentes, el Reino que es así, en cierto sentido, sinónimo con la Iglesia. Ahora ese énfasis podría muy bien parecer convincente, no lo era para una gran cantidad de pasajes impresionantemente simples del Nuevo Testamento, que contradicen de plano la noción de que el reino estaba presente, en el sentido que el reino mismo había venido con Jesús. Asombrosamente, estos pasajes parecen haber escapado al aviso. Con todo, proveen el apoyo más obvio para el hecho de que la venida del reino está ligada de forma aplastante en el Nuevo Testamento no al ministerio de Jesús en Palestina, sino a la venida del Mesías en la gloria de Su Reino en el final de la edad (conocido popularmente, pero erradamente como el fin del mundo). Es esencial, por lo tanto, al principio, hacer una distinción fundamental entre la proclamación de las Buenas Noticias del Reino, que está en el corazón del ministerio de Cristo y de los Apóstoles, y la venida futura del Reino que se asocia constantemente con Su venida en gloria en el final de la “presente edad maligna” (Gál. 1:4).

La Venida del Reino

Cualquier análisis del elemento tiempo en relación con el Reino de Dios debería muy naturalmente tener relación primeramente con el uso del Nuevo Testamento de la palabra “venir” en referencia al Reino de Dios. ¿Consideran los escritores del Nuevo Testamento que la venida del Reino ya ha ocurrido, o que se le espera para el futuro? Inmediatamente nos pulsan con el hecho de que debemos orar continuamente para que el Reino deba venir (“Venga tu Reino” Mat. 6:10, Lucas 11:2). Jesús estaba indudablemente presente cuando estas palabras fueron dichas; con todo, él urge a sus discípulos para orar para la venida del Reino! Es así claro que todavía no había venido; y esta impresión es reforzada por el hecho de que Jesús, hablando poco antes su muerte, no esperaba beber otra vez del vino de la copa de la Pascua hasta que haya venido el reino (Lucas 22:18). Por otra parte, José de Arimatea, que era un discípulo (Mat. 27:57) y por lo tanto, entendía la fe, estuvo a la hora de la crucifixión todavía esperando por la venida del reino (Lucas 23:51). Su venida está aquí muy obviamente todavía en el futuro. Como una confirmación absoluta de esto, encontramos en Lucas 21:31 que son los acontecimientos cataclismos futuros que conducen al regreso de Cristo en gloria que anuncian también la venida del Reino de Dios: “cuando veáis todas estas cosas [advirtiendo del acercamiento del regreso de Cristo en gloria], sabed que el Reino de Dios está cerca” – “por venir” (La Biblia Buenas Nuevas).

La venida futura de Cristo en gloria está así decisivamente vinculada a la venida del Reino.

Podemos agregar a estos pasajes la parábola crucial en Lucas 19 en donde Jesús se describe a sí mismo como un hombre noble que debe partir a un “país lejano” (es decir, al Padre en el cielo) para recibir Su autoridad para gobernar y después para volver como Rey para establecer el Reino. Esta información es dada por Cristo para corregir el malentendido de que el Reino de Dios aparecería inmediatamente (Lucas 19:11). Según Jesús, no hay duda de que aparecerá, pero no en el futuro inmediato. Es significativo que la cercanía de Jesús a Jerusalén en ese entonces incitó la expectativa de que el Reino estaba a punto de ser manifestado públicamente. Esto demuestra que el Reino era entendido como que era un gobierno Mesiánico, centrado en Jerusalén, como todos los profetas lo habían considerado. Jesús no dice nada, entonces, o después de la resurrección, que sugiera que su comprensión del Reino era fundamentalmente incorrecta. Es solamente la cuestión del tiempo de su llegada que necesita ser clarificado, y ningún dato cronológico exacto se ofrece aquí, o donde sea, en el Nuevo Testamento, para permitir la fijación de fechas. Mucho daño se le ha hecho a la doctrina de la Segunda Venida del Nuevo Testamento por los que sucumben a la ilusión de que el tiempo exacto del gran acontecimiento puede conocerse por adelantado.  

La parábola en Lucas 19 hace dos puntos importantes: en primer lugar, que el Reino todavía no había aparecido, tarde en el ministerio de Cristo, y en segundo lugar que aparecerá cuando Cristo vuelva del “país lejano”, después de un período sin especificar de ausencia. Debería estar absolutamente claro que la evidencia de la Escritura niega completamente el concepto popular de que el Reino de Dios había venido con el ministerio de Cristo. En cada caso donde el verbo simple “venir” se utiliza con relación al Reino, es una venida futura que se está describiendo (dejamos hasta más adelante el puñado de pasajes que quizás implican, en otro sentido, la presencia del Reino en el ministerio de Cristo).  

“En el Reino”

Podemos ahora examinar con imparcialidad un grupo de los refranes que describen una situación donde se dice que la gente está “en el reino”. ¿Considera el Nuevo Testamento esta situación como presente o futura? La frase es hallada primero en Mat. 8:11, donde se dice que muchos vendrán y sentarán con Abraham, Isaac, y Jacob “en el reino”, mientras que otros serán echados fuera. El acontecimiento que es descrito es el banquete Mesiánico bien conocido, que ocurrirá en el regreso del Señor.

Hay otra referencia adicional a esta ocasión celebrada cuando Jesús afirma, en la última Pascua, que él no beberá más del vino de la Pascua hasta que El lo beba de nuevo con los discípulos “en el reino” (Mat. 26:29, Lucas 22:16). Aquí debe ser observado que “en el reino” es paralelo con “hasta que venga el reino”, sólo tres versículos más adelante. Otro pasaje adicional nos da un cuadro igualmente contundente del Reino futuro. Santiago y Juan le solicitaron a Jesús por posiciones prominentes con El “en el reino” (Mat. 20:21). Esto es patentemente un pedido de posiciones en el reinado futuro Mesiánico, y aunque la petición no puede ser concedida, Cristo confirma la realidad del Reino futuro indicando que las posiciones más altas del Reino serán asignadas a aquellos que Dios elija (Mat. 20:23). En esta conexión debemos referirnos también a Mat. 19:28 que pone igualmente la inauguración del reinado de Dios en la Nueva Era o el Nuevo Mundo (Moffatt y La Nueva Versión Internacional). Es entonces que Cristo se sienta en el trono de su gloria, es decir, “cuando el Hijo del Hombre viene en su gloria” (Mateo 25:31), y Su autoridad para gobernar será compartida con los Apóstoles. En ese mismo tiempo el justo “brillará en el reino de su Padre” (Mateo 13:43). Una versión compuesta de la descripción de Mateo y de Lucas del Reino futuro, nos da el posible cuadro más claro de la esperanza que anima a la iglesia apostólica:

“‘Os digo positivamente,’ contestó Jesús, ‘en el Mundo Renacido, cuando el Hijo del hombre tome Su asiento en el trono de estado, vosotros, que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos, gobernando a las doce tribus de Israel. Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo a través de mis pruebas. “Yo pues, os asigno un reino como mi Padre me lo asignó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos gobernando a las doce tribus de Israel’” (Mat. 19:28, Lucas 22:28, Auténtico NuevoTestamento traducción de Hugh Schonfield).

Tal visión de la nueva Era, la Era Mesiánica, habría sido entendida bien por los contemporáneos de Jesús que estuvieron familiarizados con las escrituras de los profetas, porque habían previsto constantemente una edad venidera dorada de paz mundial, para ser presidida por el rey Mesiánico.

“Entrando” y “Heredando el Reino”

Habiendo establecido que la venida del reino está considerado como futura y ligada a la venida de Cristo en gloria, y que estar “en el reino” es haber logrado una participación en el reino escatológico [es decir, del futuro], debemos ahora examinar el uso frecuente de las palabras “entrar” y “heredar” con referencia al Reino. El concepto de la entrada en el Reino y de la herencia en él es, por supuesto, básico para todo el Nuevo Testamento. ¿Cuándo debe suceder esto?

Encontramos una respuesta inequívoca en Mateo 25, donde se invita a los fieles a que entren o hereden el reino “cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y se siente en su trono glorioso” (v. 31). Esto está evidentemente muy enfocado en el futuro. Entrar en el Reino de Dios es en otra parte igualado con la entrada en la “vida” o “la vida de la era venidera” (AV, “vida eterna”), que será introducido por Cristo en Su venida en el final de la presenta Era (Marcos 9:30). Estos pasajes son definitivos para las frecuentes referencias a la entrada al Reino o a su herencia. Todos se refieren al futuro, en Mateo, Marcos, y Lucas. (En el Evangelio de Juan hay un mayor énfasis en la vida de la Era venidera que es experimentada ahora, pero esto no significa que Juan no compartió con sus compañeros Apóstoles la expectativa de la manifestación pública futura del Reino en la vuelta del Mesías.)

Una secuencia más importante de declaraciones paralelas de Mateo compara la entrada en el reino con “entrando a la vida”, “ser salvado” y con “comer y beber en el reino” y “juzgando” es decir, gobernando a las 12 tribus en la Nueva Era (véase Mat. 19:16-28). Aquí, en cada caso, las referencias son a la salvación escatológica que se concederá a los creyentes en el regreso del Mesías; y es el más prominente entre los términos usados para describir a esta herencia de salvación del reino de Dios, así como en muchos otros pasajes del Nuevo Testamento. La idea de heredar o de entrar en el reino se deriva de las promesas de AT a Israel de heredar y de entrar en la tierra prometida de Canaán. El Nuevo Testamento promete que ellos “entrarán” y “heredarán” la tierra de Israel y así el reino de Dios en la tierra (Mat. 5:5, Rev. 5:10, etc.). La promesa Hebrea de la Tierra, que está en la base del pacto, se ha convertido en el Nuevo Testamento en la promesa de la entrada futura en el Reino de Dios.

Marcos proporciona en el capítulo 9:43, 47 una definición clara de los dos destinos posibles del hombre. Estos son “entrar a la vida”, o “ir al infierno de fuego” (9:47). El mismo hecho puede ser declarado, como Marcos lo informa como “entrar al Reino de Dios”. Esto demuestra más allá de cualquier duda que la entrada en el reino de Dios es un acontecimiento del futuro paralelo en tiempo con ser arrojado en el infierno de fuego. No hay verso en el Evangelio de Marcos que sugiera que el Reino de Dios esté presente. Marcos nos introduce al Reino de Dios informando que Jesús declaró que estaba “a la mano” (Marcos 1:14, 15), o “acercándose”. Que esto no significó que estaba presente está claro a partir de dos hechos importantes. En Marcos 15:43, un discípulo prominente está todavía esperando el Reino de Dios”! Esto fue después de la crucifixión de Jesús. Marcos difícilmente espera que creamos que el Reino había venido con el ministerio de Jesús. La expresión “el Reino de Dios se está acercando” reaparece en las frases paralelas “el fin se acerca” (1 Ped. 4:7) y “el día del Señor se acerca” (Santiago 5:8). En ningún caso podría esto significar que estos eventos habían llegado. Estos son esperados en el futuro, al igual que el Reino del Dios.

Estos hechos básicos nos toman de nuevo al principio del ministerio de Juan Bautista. Él predicó el mismo Evangelio que Jesús mismo. “Arrepentíos porque el Reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2; 4:17, 23). Juan pone ante nosotros los grandes acontecimientos en el horizonte de su visión espiritual. Estos deben o “ser recolectados como trigo en el granero” (es decir entrar en el Reino) o “ser quemados como desperdicio con el fuego inextinguible ” (es decir, entrar al infierno de fuego).

El futuro como Jesús y el Nuevo Testamento lo ven, nos ofrece una opción de “entrar en el reino”, que es lo mismo que “heredando” o “entrando a la vida de en la Era venidera “, o ser “quemado como desperdicio en el infierno de fuego”. Los dos destinos anunciados en el Evangelio, que es buenas noticias así como noticias amenazadoras, son entrar “al granero o a la hoguera.”

El Reino en Hechos y en las Epístolas

Si nos damos vuelta a la evidencia fuera de los Evangelios, encontramos que Pablo utiliza constantemente la frase el Reino de Dios para denotar la recompensa y el objetivo futuros de la actual vida cristiana. El Theological Word Book of the Bible, entre muchas otras autoridades, confirma esto muy simplemente: el “reinado de Dios debe aún ser establecido”, como el reinado futuro Mesiánico. Habiendo Precisado que es en referencia al Reino futuro que Cristo manda a Sus discípulos a pedir, “Venga tu Reino”, esta autoridad declara:

“Es generalmente en este sentido [futuro] que la expresión Reino de Dios es usado en el Nuevo Testamento fuera de los Evangelios, como denotando el reino Mesiánico que es la recompensa y la meta en el cielo de la vida cristiana aquí debajo.” Indiscutiblemente, entonces, el Reino de Dios es primero y sobretodo el reino futuro Mesiánico, a ser establecido por Cristo en su regreso.

Nuestra cita arriba sugiere que la localización del reino está en cielo, es decir, no aquí en la tierra. Esta idea popular fue rechazada firmemente por un artículo que aparecía en el London Times de noviembre 22, 1980, donde Kenneth Leech dice que describir el Reino de Dios como “de otro mundo” es hacer absurda la esperanza entera de la esperanza Judeo-Cristiana de la transformación de la tierra – ‘Venga Tu Reino, sea hecha tu voluntad en la tierra como en cielo’”. Jesús prometió la tierra renovada a sus seguidores y Abraham, el padre de todos los fieles, esperaba poseer Canaán (Heb. 11:8). El nunca, sin embargo, heredó la tierra (Hechos 7:5) y debe levantarse en el resurrección para hacerlo.

Como ejemplos de referencias al Reino futuro fuera de los Evangelios, podemos citar lo siguiente:

Hechos 14:22: “Es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el Reino de Dios” (observe el tema común del Nuevo Testamento del sufrimiento ahora y de la herencia del reino o del reinado después.

Sant. 2:5: Ahora somos “herederos del reino de Dios que Dios ha prometido a aquellos que le aman” (como a menudo en otra parte en las epístolas, los herederos ahora la herencia después.

2 Ped. 1:11: Desarrollando ahora cualidades de carácter cristianas, “le será otorgada amplia entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.”

Rev. 11:15: “los reinos de este mundo han venido de nuestro Dios… “(una visión de la transferencia futura del poder a Jesús en su Segunda venida).

1 Cor. 15:50: “Carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, es decir, se requiere una transformación de nuestros actuales cuerpos físicos en cuerpos espirituales para la herencia futura del Reino de Dios. Esto es concluyente para la discusión de que el Reino es sobre todo futuro en el pensamiento de Pablo. Es imposible que heredemos el reino ahora. Esto puede suceder solamente en la resurrección futura.

Los pasajes que hemos tratado hasta ahora en los Evangelios, y en las Epístolas, debe seguramente más que justificar la interesante declaración hecha por el escritor en la escatología (estudio del futuro) en el célebre diccionario de Cristo y de los Evangelios (Vol. I, pp. 530, 531). El escritor sólo se refirió a Mateo, Marcos y Lucas, pero su declaración permanece verdadera para el Nuevo Testamento entero:

“No hay nada en los sinópticos [Mateo, Marcos, Lucas] antagónico a la opinión escatológica [es decir, del futuro] del reino. El reino no es presente en ningún sentido no reconciliable con el hecho de que es también y principalmente futuro… Jesús no se disoció de la opinión tradicional de que el fin vendría en la forma de una transformación catastrófica, culminando en el advenimiento de Mesías mismo, que vendría de cielo. El parece colocar en todas partes su sello a esta visión…. Él contempló firmemente una maravilla final de la destrucción y la reconstrucción que sería el establecimiento perfecto del Reino de Dios en la tierra ” (énfasis mío).

Una conclusión similar es dibujada por otro escritor en el mismo Diccionario (distinguido por su colación sobria de datos bíblicos) en una discusión de la venida del Reino, Vol. I, p. 775. Mientras que indica correctamente que hay un sentido en el cual el Reino está presente ahora, el escritor dice:

“Somos enseñados por Jesús a pensar en el reino como aún por venir. En la oración del Señor tenemos la petición ‘Venga tu Reino!’ Y hay muchos pasajes que demuestran que estas palabras se refieren a una gran realización futura. Pero los más claros de éstos están en las parábolas del crecimiento: las minas, la semilla de la mostaza, la levadura, la red lanzada, la semilla que crece en secreto…. ellas conectan la concepción del Reino como un hecho espiritual aquí y ahora con ese concepto que es escatológico y consideran el Reino como un estado perfeccionado de cosas en el futuro. Es claro que nuestro Señor nunca perdió de vista la gran realización final del ideal. El miraba constantemente el presente a la luz del futuro, y enseñó a sus seguidores a vivir y a trabajar con el gran final a la vista” (Lucas 12:37) (énfasis mío).

El Reino Anticipado

Es correcto que volvamos nuestra atención al puñado de pasajes importantes que describen el Reino de Dios como en un cierto sentido presente en el ministerio de Cristo y de los Apóstoles, o de hecho como una realidad presente para los cristianos en general. Aunque estos pasajes representan una fracción minúscula de las referencias por lejos más numerosas al reino futuro de Dios, son con frecuencia los únicos citados en las discusiones contemporáneas del Reino. Una impresión totalmente engañosa de la opinión predominante del Nuevo Testamento de la naturaleza del Reino se puede dar de este modo. El Reino futuro, atestiguado tan extensamente a través del Nuevo Testamento y considerado como la gran perspectiva futura para el creyente, es equivocadamente llamado como la “consumación”, cuando según los escritores bíblicos su futuro es realmente el principio del gobierno mundial del Mesías manifestado en la tierra.

Las referencias al Reino como en un cierto sentido presente en el ministerio de Cristo se las deben tratar como casos especiales, y no se les debe permitir obscurecer el énfasis por lejos mayor en el Reino como un evento futuro. Un paralelo puede ser visto en la resurrección no literal referida por Pablo (Efe. 2:6). Esta ya ha sucedido en la vida del creyente en la conversión, pero no se le debe permitir que eclipse o substituya el objetivo futuro de la resurrección literal de los muertos en Cristo (véase 2 Tim. 2:18). Esa resurrección futura es para todos los escritores bíblicos el gran acontecimiento histórico que marca el final de la presente edad, y que hace pasar a la Era de Mesías.

En primer lugar, en una sola ocasión, Cristo es citado como diciendo que el Reino de Dios ha venido sobre aquellos que les fue exorcizado un demonio (Mateo 12:28, Lucas 11:20). El Reino de Satanás entonces había sido así derrotado por lo que se refiere a cada uno individualmente que fue liberado de los grillos de la influencia demoníaca. Esto es muy diferente en su alcance de la victoria universal del Reino en el final de la edad, aunque es ciertamente, por supuesto, una anticipación del triunfo final del mismo. Debe ser observado, sin embargo, que la misma frase “venida sobre” es hallada en 1 Tes. 2:16, donde parece significar que aquellos en quienes ha venido la ira de Dios “ha venido”, están destinados para la ira futura de Dios. Son candidatos a la venganza futura de Dios, que Pablo, en la misma carta llama “la ira venidera” (1 Tes. 1:10). Similarmente, decir que el reino “ha venido sobre” un individuo puede significar simplemente que cuando el demonio es removido de él se convierte en un candidato al Reino futuro.

La confirmación de que ésta es la comprensión correcta es proporcionada por Moulton y Milligan en su Vocabulario del Testamento Griego p. 331. La evidencia del papyri prueba que de la declaración paralela de 1 Cor 1:10, “A quienes han alcanzado los fines de los siglos.” significa “quiénes son herederos de los réditos de las edades.” Decir que el Reino de Dios “ha venido sobre” alguien puede así indicar que él es heredero al Reino futuro.

Lucas 17:21

En segundo lugar, Lucas, solamente registra un episodio en el cual Jesús dice que el reino está ya “entre vosotros” (Lucas 17:21). Tomar este simple pasaje para dar a entender que el reino ya ha llegado ahora y que no tiene completamente ninguna realidad futura, es contradecir no solamente el resto del Nuevo Testamento, sino que hace a Lucas ridículamente inconsistente; porque solamente en algunos versos más adelante él está describiendo la venida de Cristo en los términos de un alumbrante destello del este al oeste, y luego él define más adelante este acontecimiento espectacular y universalmente visible como la venida del Reino de Dios (Lucas 21:31). Está claro que el Reino está presente entre la gente en el sentido especial de que el Rey Mismo está presente, aunque irreconocido por los Fariseos. Hubo poco sentido en su búsqueda por una manifestación mundial del reino, cuando ellos habían fracasado en reconocer al Rey.

En tercer lugar, la entrada en el reino se habla en un solo pasaje como un proceso que comienza ahora (Mat. 23:13). Es bien sabido que todos los grandes acontecimientos del futuro deben ahora ser anticipados por el creyente individual. El Reino futuro nos confronta a cada uno de nosotros cuando oímos primero las Buenas Noticias del Reinado de Dios. En este sentido el cristiano debe ahora embarcarse, en esta vida, en el negocio de la preparación para la entrada en el reino al final de la presente Era. La entrada, considerada aquí como un proceso, comienza en la vida presente. En la misma vena, Pablo afirmó en una ocasión (Col. 1:13) de que hemos sido trasladados al reino de Dios, por medio de ser rescatados del Reino Satánico de la oscuridad. Debe sin embargo ser observado cuidadosamente, que él no dice que hemos heredado ya el Reino. En la misma carta (Col. 3:24) él describe la herencia como algo todavía por recibirse. En otra parte él indica categóricamente que “carne y sangre”, es decir, los seres humanos en su presente estado físico, “no puede heredar el Reino de Dios” (1 Cor. 15:50). Él también conecta la venida del Reino con la futura “aparición” de Cristo en gloria (2 Tim. 4:1); y ésta es su declaración final sobre esta enseñanza central.

Será apropiado incluir a este punto las observaciones del distinguido historiador judío, el Dr. Hugh Schonfield, que pasó su vida investigando los orígenes del cristianismo y que está bien calificado para comentar respecto a la manera por la cual el la frase el Reino de Dios del Nuevo Testamento ha sido divorciada de su contexto original Mesiánico.

“Los Cristianos tienen nociones muy mezcladas de lo que se quiere decir por el Reino de Dios. La opinión que prevalece es que es un estado o una condición que el creyente experimenta, ambos, individualmente, y en la vida corporativa de la iglesia como el cuerpo de Cristo. Aquí el reinado de Cristo está realizado. Pero en solo un pasaje en los Evangelios – y allí por una mala traducción del texto Griego – es el Reino de Dios o reino de los cielos representado como algo interno. Sin embargo, la iglesia ha estado muy animosa para evadir las consecuencias de considerar a Jesús como el Mesías, que ella ha resaltado como de especial mérito las palabras “el Reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:21). Por todas partes en los Evangelios Sinópticos, en Lucas como en Mateo y Marcos, el Reino de Dios es un estado de cosas en la tierra, la venida que los Judíos deberían estar buscando, y esforzándose para ser dignos y así poder entrar en él y el cual es descrito como cerca, a la mano. Se compara con el tiempo en que empezará la edad Mesiánica (For Christ’s Sake ‘ p.68, énfasis agregado).

Si los estudiantes y los expositores de las Escrituras deben reflejar la doctrina central del Nuevo Testamento del Evangelio acerca del Reino de Dios, es claro que se requerirá un cambio de énfasis fundamental. El escritor tuvo una oportunidad de investigar de un vicario inglés qué parte de la doctrina de Segunda Venida jugó en su predicación. La contestación era “ninguna del todo”. El clérigo entonces ofreció voluntariamente la información de que él temió particularmente la época del advenimiento en el calendario de la iglesia, porque él sabía que se le esperaba que predicase la venida de Cristo!

El Reino por Venir en La Segunda Venida de Jesús

El Reino de Dios se asocia sobre todo a la Segunda Venida de Cristo. Es la gran meta y el objetivo de la vida Cristiana. El hecho de que oímos tan poco sobre el regreso de Cristo es una medida de cómo a poco de nosotros nos importa Su reino. Si los sermones de radiodifusión se pueden tomar como típicos, se hace patente que ha sido abandonada toda esperanza escatológica de la entrada en el Reino de Dios en el regreso de Cristo. Esto puede significar nada menos que el corazón y la esencia del Cristianismo han sido abandonados. Para el Nuevo Testamento el cristianismo está fundado sobre Cristo y su mensaje del Evangelio del Reino, y ese reino es, en sí mismo, la base de la gran esperanza de que Cristo volverá para establecerlo. Es primero y sobretodo, como hemos visto, un Reino del futuro (incluso que permite el hecho de que particularmente en el Evangelio de Juan la “Vida” de la Edad futura puede ahora embarcarse). No será ninguna respuesta decir que la predicación debe referirse sobre todo a las virtudes de la fe y del amor; porque Pablo hace absolutamente claro que el desarrollo de esas calidades está afirmado primero por la acogida de la esperanza de la meta futura En 1 Cor. 1:4, 5 él habla de “vuestra fe… y amor… [edificado sobre] la Esperanza reservada para vosotros.” Es esencial que la esperanza sea definida, si se espera que sea efectiva, como estímulo a la fe y al amor. La esperanza está por todas partes en el Nuevo Testamento dirigida hacia el regreso de Cristo y del Reino futuro. Como Alan Richardson dice: “La esperanza es de principio a fin escatológica, siempre teniendo referencia con la vuelta del Señor Jesús en el fin de la Era” (Theological Word Book of the Bible p.109). La esperanza de la cual todo depende es la convicción de que el reino glorioso será manifestado en el regreso del Mesías. Debemos observar de paso que la esperanza del Nuevo Testamento nunca está dirigida al momento de la muerte del individuo, sino siempre a la Parusía.

Para los cristianos tempranos, e igualmente para nosotros si solamente podemos creer, el Nuevo Testamento ofrece la esperanza de la participación en el reinado Mesiánico cuando venga. Asombrosamente, esta información hace poco impacto en los practicantes contemporáneos, porque les han enseñado a pensar en una meta totalmente de distinto orden, para ser obtenida por cada creyente en el momento de la muerte, y en una localización removida lejos de la tierra. Parece que es raro que se les ocurra a los lectores de la Escritura que tal pensamiento representa una salida radical de la opinión de los cristianos primitivos. Ellos esperaban heredar la tierra (Mat. 5:5).

 La tierra renovada y restaurada bajo el gobierno del Mesías, debía ser su Reino de los cielos (es decir, un reino del origen divino que llegaría del cielo). ¿No se le había prometido a Abraham, el padre de los fieles del Nuevo Testamento, el mundo como su herencia (Rom. 4:13)? ¿No había acaso él residido en una tierra que habría de poseer después, si bien él no recibió ni una “yarda cuadrada” de ella durante el curso de su vida? (Hechos 7:5, Heb. 8:11)? Al prometer la tierra a los discípulos, Jesús estaba sólo confirmando lo que había sido la esperanza de los fieles por millares de años (véase el Salmo 37). Estos hechos bíblicos están fuera de duda, y nadie necesita ir más lejos que a una librería local para confirmarlos. The Pelican Commentary en Mateo, por J.C. Fenton, nos da una definición simple del significado del Reino de los cielos:

” Jesús promete a los discípulos el reino de los cielos que es la posesión más grande de todas, para reinar sobre la tierra cuando Dios comience a gobernar .. ser establecidos sobre la tierra como gobernantes bajo Dios (cp. Mat. 25:21,23: ‘le pondré sobre mucho’)”. Los discípulos serán confortados por Dios “cuando venga Su reino y Su voluntad sea hecha (6:10).”

Comentando respecto a la recompensa cristiana “en el Cielo”, Fenton dice: “‘en el cielo’ significa no que irán al cielo (una idea que raramente se encuentra en el Nuevo Testamento), sino ‘con Dios’” (p. 83, énfasis mío).

Deje al lector indagar las páginas del Nuevo Testamento. El no encontrará ninguna promesa de una recompensa en una localización “más allá de los cielos”. El distinguido erudito del Nuevo Testamento, J.A.T. Robinson, declara la verdad cuando él dice: “En la Biblia, el cielo no es, en ninguna parte, el destino de los que mueren” (At the End, God, p. 105). La misma aserción es hecha por Roberto Girdlestone, M.A. (Synonyms of the Old Testament p.267): “Raramente leemos que los santos van al cielo, en la muerte, o en la resurrección. Se nos dice, más bien, de un reino que es instalado en la tierra, de una ciudad divina que desciende de arriba, y tomando su domicilio en la nueva tierra o planeta renovado.”

Volviendo al Pelican commentary en Mateo, encontramos que en la oración del señor, “los discípulos son aleccionados para orar primero por la venida de la Era venidera; compare la oración aramea en 1 Cor. 16:21: ‘Nuestro Señor Ven’, y Rev. 22:20: ‘Ven, Señor Jesús!’” (p. 101). Mateo tiene más que decir sobre este Reino futuro en el capítulo 19, verso 28. Fenton explica que la nueva Era (AV ‘regeneración’) se refiere “al Reino como el tiempo en que todo será hecho nuevo, nacido otra vez porque la voluntad de Dios será efectuada en la tierra (6:10)…. Cristo viene gobernar”. Los discípulos “compartirán en Su Dominio en la nueva Era” (p. 317). Ellos participarán en la renovación del mundo, y en la re-educación de la humanidad.

Estos pasajes, y muchos otros en el Nuevo Testamento, definen la esperanza que descansa en el núcleo de la oración del Señor: “Venga tu Reino!”. El reino por el cual debemos pedir no es nada menos que una situación en la tierra donde la voluntad de Dios será cumplida completamente. Los discípulos serán los instrumentos para administrar ese Gobierno Divino con Cristo, usando así su autoridad divinamente conferida como co-gobernantes en el Reino Mesiánico para rendir el más grande servicio posible. En ninguna parte, sin embargo, sugiere el Nuevo Testamento que esta situación ideal será alcanzada aparte del regreso de Cristo. La oración por el Reino es así en realidad una oración para el regreso del Mesías que inaugurará el reinado divino. Este es el tema central del Cristianismo apostólico: “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” (1 Cor. 6:2.) “si sufrimos con él, también reinaremos como reyes con él” (2 Tim. 2:12). La iglesia “reinará en la tierra” (Rev. 5:10).

El reinado del Mesías sobre una tierra renovada es, después de todo, la esperanza gloriosa expresada por todos los profetas del Antiguo Testamento, y aguardada con impaciencia por los Apóstoles como la restauración de todas las cosas (Hechos 3:21). Esta esperanza vino confirmar Jesús (Rom. 15:8). En esta conexión, la observación de profesor T.F. Glasson en su publicación reciente “Jesus and the End of the World” es de suma significación:

“Los profetas y el Salmista habían representado una era de paz y de justicia en la cual los hombres batirían sus espadas en rejas de arado. El cristianismo no tiene ningún derecho de abandonar estas visiones del futuro. Isa. 2;11; Sal. 72, y muchos otros de similar tipo. Decir que éstas serán satisfechas en cielo es abandonarlas. El cielo es ya un reino de paz y de amor. Unir las promesas Mesiánicas al cielo significa virtualmente desecharlas” (p. 129, énfasis mío).

¿”Abandonar”, “descartar” la promesa de una era de paz y justicia?! ¿Hemos fallado, así como muchas generaciones anteriores, en prestar atención al mensaje de los profetas, de los siervos y de los portavoces de Dios? Este es exactamente el punto hecho por Kenneth Leech citado anteriormente. El acusa a las iglesias de haber hecho “un absurdo de la entera esperanza Judeo Cristiana de la transformación de la tierra – ‘Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra.’” ¿No se levantará nadie en indignación ante semejante defección al por mayor de la visión de los profetas?

Una Pérdida de Esperanza y de Visión

El proceso por el cual la iglesia perdió originalmente su esperanza del futuro comenzó cuando no ocurrió la prevista Segunda Venida inmediatamente. En vez de persistir en la fe de que las promesas de Cristo encontrarían en última instancia su realización en el regreso del Señor Jesús para establecer el Reino, la iglesia se replegó detrás de una esperanza absolutamente diferente, de su propia invención (con ayuda de la filosofía Griega foránea), aquella de alcanzarse en el momento de la muerte a un reino divino “más allá de los cielos.” Esta esperanza no tiene nada que hacer en absoluto con la promesa bíblica del reino Mesiánico en la tierra, y su aceptación como que es la esperanza enseñada realmente por Cristo y los Apóstoles ha causado indecible la confusión.

La esperanza falsa era “segura” en el sentido de que no hay manera en la cual su cumplimiento pueda ser verificado o desafiado. Pero era desastrosa, no solamente porque es una distorsión del mensaje apostólico sobre el Reino que viene, sino porque también ha robado a las iglesias de cualquier respuesta real a las fuerzas del ateismo cuya meta es de hecho conquistar el mundo. Lo peor de todo es que ella niega prácticamente la condición de Mesías de Jesús, que según la noción popular, nunca realmente vendrá a la tierra como el Mesías, el ocupante final del trono de David (Lucas 1:32,33), para ocasionar la restauración de todas las cosas, que es el tema de toda la profecía del Antiguo Testamento (Hechos 1:6, 3:21).

Lamentable también ha sido la tentativa subsiguiente de la iglesia de torcer las enseñanzas del Nuevo Testamento para acomodar su propia versión de la meta y del propósito del Cristianismo. Porque el Nuevo Testamento es gran parte incomprensible cuando es leído mayormente con la presuposición de que un cristiano “va al cielo” como un alma desencarnada cuando él muere. La visión bíblica es que él debe levantarse del sueño de la muerte en la resurrección (Dan. 12:2) y regir en el Reino de Dios cuando venga Cristo (Rev. 5:10). Los dos sistemas no pueden ser armonizados. Debemos aceptar uno o el otro. Es la opción histórica entre la fe dada una vez a los santos y a las tradiciones de los hombres. Haríamos bien al ponderar las palabras perspicaces de un distinguido teólogo de la iglesia de Inglaterra que precisó que a partir del Segundo siglo la mente griega y romana, en vez de la mente hebrea, vinieron a dominar la perspectiva de la iglesia: “de ese desastre la iglesia nunca se ha recuperado, o en doctrina o en la práctica” (Canon Goudge, The calling of the Jews).

Es para el creyente individual, que ve el escándalo de nuestra partida del cristianismo apostólico, el esforzarse para recobrar la mente hebrea que domina la fe original. Esto puede ser alcanzado solamente prestando estrecha atención al Nuevo Testamento, y poniendo a un lado las tradiciones que han hecho tal absurdo de las escrituras apostólicas.

Resumiendo los Datos

Será útil proporcionar un examen completo del uso del Nuevo Testamento de la frase Reino de Dios (o Reino de los Cielos), permitiendo que los hechos demuestren la prominencia que dan los escritores bíblicos al reino como el reinado futuro de Cristo.

Los pasajes siguientes en los Evangelios se refieren a la venida del reino, como que es el gran acontecimiento del futuro. Incluidas están las referencias a Cristo “viniendo en el reino” (es decir, viniendo a inaugurar el reino). Este mismo clímax de la historia fue considerado en una vista previa “visionaria” en el transfiguración:

Mate. 6:10, Mat. 6:13: el Reino venidero asociado al poder y a la gloria, cp. Marcos 10:38; “Reino” = “gloria”.

Mat. 24:30: La venida de Cristo en poder y gloria para establecer el Reino. Mat. 16:28, Marcos 9:1, Marcos 11:10 (“el reino que viene”), Lucas 9:28, Lucas 11:2, Lucas 21:31, Lucas 22:18, Lucas 22:30, Lucas 23:42, 43 (reino comparado con el paraíso futuro).

Los versos siguientes describen a los santos como estando “en el reino “, pero no hasta que venga Cristo: Mat. 5:19 (asociado a la entrada en el reino, v.20), Mat. 8:11, Mat. 11:11, Mat. 13:43 (el reino en el final de la edad), Mat. 21:21, Mat. 26:29, Marcos 14:25 (paralelo a “ese día”), Lucas 7:28, Lucas 13:28,29, Lucas 14:15, Lucas 22:16.

Los siguientes hablan de “entrar” o de “heredar” el reino y se asocian a ganar la salvación en el futuro: Mat. 5:20, Mat. 7:21, Mat. 18:3, Mat. 19:23,24, Mat. 21:31, mat. 25:34, Marcos 9:47, Marcos 10:15,23,24,25, Lucas 18:17, Lucas 18:24,25.

Los siguientes comparan el reino con la meta y la recompensa futuras de la vida cristiana: Mat. 5:3,10 (“De ellos es el Reino de los cielos = heredar la tierra”), Mat. 6:33 (“busca primero el Reino”), Lucas 6:20-23 (“Vuestro es el reino de Dios, paralelo “vosotros seréis llenos, se alegrarán, regocijarán en aquel día”), Lucas 9:62 (“apto para el reino de Dios”), Lucas 12:31.

Los siguientes refieren al Reino futuro como la actividad de Cristo como gobernante con sus santos: Mat. 19:28, Lucas 22:28.

Los siguientes describen un “esperar por el reino” después de que el Ministerio de Cristo sea completado: Marcos 15:43, Lucas 2:25 (“esperando la consolación de Israel” = “esperando la redención de Israel” = “esperando el reino de Dios“, Lucas 23:51).

Además de estas referencias específicas al Reino, hay muchos pasajes que se refieren al Reino bajo términos diversos, pero asociados — “vida”, “gloria”, “salvación”, “esperanza”, “herencia”, “vida de la edad venidera” (AV ” vida eterna”): Mat. 5:5, Mat. 18:18, Mat. 19:17,25, Mat. 19:28 (“regeneración”, = “Nueva Era”), Mat. 21:43, Mat. 22:2 (“Fiesta de Matrimonio”), Mat. 25:31,46, Marcos 9:43, Marcos 10:30, Marcos 13:26, Lucas 18:26.

Lucas 19:11 demuestra que era un error esperar, durante el ministerio de Cristo, la inmediata aparición del Reino. El Reino debe ser asociado al “regreso”, (v. 12), “hasta que venga” (v.13), y “vuelto él, después de recibir el reino” (v. 15).

Los siguientes describen el reino como “a la mano”: Mat. 3:2 (San Juan Bautista pone la reunión del trigo en el granero al mismo tiempo que la destrucción del impío), Mat. 4:17, Mat. 10:7, Marcos 1:14. Si estos pasajes se refieren al ministerio de Cristo en Palestina, pueden entonces ser reclamados por aquellos que desean acentuar el reino como presente. Ellos son, en gran medida, excedidos en número por las referencias al Reino como futuro.

Los pasajes siguientes hablan del Reino como una realidad presente en un sentido diferente: Mat. 11:12 (siendo tomado por violencia), Mat. 12:28 (el reino ha venido a vosotros), Mat. 23:14 (la entrada debe comenzar ahora), Lucas 10:11 (el Reino se ha acercado a vosotros, es decir, en la predicación de Su mensaje por sus representantes), Lucas 17:21 (el Reino está entre vosotros), Marcos 10:16, Lucas 18:16 (recibe el Reino, es decir, aceptan el mensaje), Lucas 16:16 (el Reino está siendo predicado), Mat. 19:12 (renuncia al matrimonio por motivo del Reino).

En Hechos y las Epístolas, el Reino sigue siendo el tema central de la predicación del Evangelio, con la adición, que sigue a la resurrección, del “nombre de Jesucristo”. La descripción completa de la predicación apostólica es así “las buenas noticias del reino de Dios y del nombre de Jesucristo” (Hechos 8:12), pero esto se abrevia a través del Nuevo Testamento como “el mensaje (AV “la Palabra”) del Reino” (Mat. 13:19), “el mensaje de Dios” (Lucas 8:11), o simplemente “el mensaje” (Marcos 4:15). Otra frase es “la verdad”. Un uso económico de las frases Reino de Dios o reinado de Dios es comprensible, puesto que la mención de un Reino muy explícitamente tenía serias implicaciones políticas a las cuales un César sensible podía reaccionar desfavorablemente.

En los Hechos, el Reino es discutido primero a fondo por el Cristo resucitado y su Apóstoles (Hechos 1:3). Sigue siendo el centro del interés en la comunidad Mesiánica. Esto está probado por la pregunta todo importante formulada por los Apóstoles a Jesús en cuanto al tiempo de la restauración del Reino (Hechos 1:6). Este, sin embargo, no debía ser revelado. No obstante, no hay duda que de será restaurado en última instancia (Hechos 3:21). (la restauración era la frase apropiada, puesto que el Reino de Dios había existido en una forma provisional bajo David, el antepasado de Jesús, 2 Crón. 13:8). Jesús debía en última instancia sentarse en el trono de David, según las profecías (Hechos 2:30), y según lo anunciado por el ángel (Lucas 1:32). Está absolutamente claro que la restauración era un acontecimiento futuro, absolutamente distinto del derramamiento del Espíritu Santo, que ocurriría en el (entonces) futuro inmediato, “dentro de no muchos días” (Hechos 1:5). El mensaje de las Buenas Noticias del Reino (que aparece como “el mensaje”, o “la Palabra”) es el tema constante de la predicación apostólica y se puede remontar a través del libro de Hechos, junto con el otro tema central de la Resurrección de Jesús. El mensaje sigue girando alrededor de un reino futuro como está demostrado por la importante declaración de Pablo que “es a través de muchas tribulaciones que entraremos al Reino de Dios” (Hechos 14:22).

En las Epístolas, el Reino es además la recompensa y la meta futuras de la iglesia fiel (1 Cor. 6:9.10, Gál. 5:21, Efe. 5:5). Los Cristianos han sido invitados en él (1 Tes. 2:12), y debe ahora caminar de una manera que sea propia de su llamado celestial (1 Tes. 2:12). El reinado de los santos es pensado constantemente como futuro: “los santos gobernarán el mundo ” (1 Cor. 6:2). Los comentarios en el Internacional Critical Commentary son importantes aquí, como que demuestra que “gobernar” es el sentido apropiado, no simplemente “pronunciar juicio sobre”. (Moffatt traduce: “gobernar el mundo”). El gobierno futuro de los santos es paralelo en algunos versos más adelante por la declaración de que “los injustos no heredarán el Reino de Dios” (1 Cor. 6: 9,10). Esto confirma lo que hemos encontrado a través de los Evangelios: que la recompensa de los fieles es la autoridad con Cristo en el Reino de la Era venidera. También explicará la insistencia Apostólica sobre la importancia central de ese “el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando” (Heb. 2:5).

Un examen de Lucas 22 demostrará que el nombramiento de los Apóstoles para gobernar en el Reino es la misma esencia del nuevo pacto, ratificado por la sangre del Señor (Lucas 22:20). La palabra Griega que significa Pacto (v.22) se encuentra en su forma verbal como “nombrar” (v.29). La conexión es inequívoca, y demuestra que los primeros Cristianos pensaron en sí mismos como la comunidad del reinado Mesiánico, aquellos designados para gobernar con Cristo en el Reino: “si sufrimos con él, reinaremos con él ” (2 Tim. 2:12); “si padecemos con él, reinaremos con él ” (Rom 8:17). Aquí, como en Marcos 10:37 y Mat. 20:21, encontramos la gloria y la glorificación paralelos a reino y reinar. Por lo tanto, podremos entender las frecuentes referencias a la manifestación futura de la gloria de Cristo como descripciones alternativas de la manifestación futura de su Reino. Podemos también comparar la expresión “riquezas de gloria” en Efesíos 1:18, que es otro circunloquio para el Reino que es la herencia de los santos (cp. La palabra alemana “reich”, que es la raíz de las palabras reino y riquezas). En una de las declaraciones finales de Pablo, el reino se asocia otra vez con la “aparición”, esto es, a la venida de Cristo (2 Tim. 4:1).

Puede dar la sensación de que Pablo ve el reino como en cierta manera presente cuando él dice que el reino de Dios no es “comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14:16). Aquí la frase el reino de Dios se refiere al proceso entero de la salvación cristiana; la vida presente de la iglesia debe reflejar la vida que será concedida en medida completa cuando el reino finalmente se manifieste en la Segunda Venida.

Finalmente, en el libro de Revelación, el reinado de los santos es futuro: Como la comunidad del nuevo Israel, los “reyes y los sacerdotes para nuestro Dios” (Rev. 1:6), “[los fieles] gobernarán en la tierra” (5:10). “Los reinos de este mundo se han venido a ser los reinos de nuestro Dios” en la venida del Mesías en gloria (Rev. 11:15) y esta llegada (Rev. 19:6-21) inaugura el Reino milenario (Rev. 20). El tratamiento que este pasaje continúa sufriendo en las manos de aquellos para quienes la perspectiva del reinado de Cristo y de los santos es al parecer inaceptable, es evidencia del extenso rechazamiento en los círculos de la iglesia de la esperanza apostólica central del establecimiento del Reino de Dios en la tierra. La sorpresa y la indignación que incitó a Pablo a cuestionar la ignorancia de los Corintios- ¿”No sabéis que los Santos han de gobernar el mundo”? merecen que se le preste oído serio entre los creyentes contemporáneos. En un mundo oscuro, nada podía ser calculado para inspirar esperanza y resistencia que la perspectiva de la vuelta de Cristo de inaugurar una Era dorada de paz y de justicia: Sin embargo, ¿dónde podremos encontrar esa esperanza siendo proclamada?

La evidencia estadística de las ocurrencias del Nuevo Testamento de la frase Reino de Dios señala indiscutiblemente al hecho de que el reino es esencialmente el acontecimiento magnífico de la edad Mesiánica venidera “de la cual hablamos” (Heb. 2:5). Hay cerca de siete veces más referencias al reino como futuro que a su presencia en el ministerio de Cristo y de la iglesia. Estos resultados son confirmados por la observación de Thayer, Greek- English léxicon Of The New Testament, p. 97: “pero por lejos más frecuente [que referencias a su presencia] el Reino de los Cielos es mencionado como de una bendición futura.”

El Reino es la sustancia de la esperanza que debe sostener el creyente en la presente vida de prueba y de sufrimiento, en la preparación para la vida de la Era venidera. Para que no quede ninguna duda debe permanecer en la mente del lector, un pedazo simple de investigación despejará todas las dificultades. Es admitido por todas las autoridades, que la herencia que los cristianos deben poseer, está declarado en todas partes en el Nuevo Testamento como que está todavía en el futuro. Los fieles ahora son potenciales “herederos”, no todavía “los herederos que han recibido la herencia” (Santiago 2: 5, etc,). “¿Qué es esta herencia?” pregunta el Theological Word Book of The Bible (p. 113). “Reino de Dios,’ ‘la tierra’, ‘vida eterna’, ‘salvación’… el ‘ reino de Dios ‘ es la descripción más característica de la herencia.” Si la herencia es futura, y señalado como el Reino de Dios, entonces más allá de toda cuestión, el Reino está sobre todo, y esencialmente, en el futuro, como la manifestación del reinado de Cristo y de sus santos en la tierra. Esta es la gran esperanza de todos los profetas hebreos, confirmada por Jesucristo (Rom. 15:8), como el corazón del Evangelio del Reino. Puesto que la fe se funda en las palabras de Jesús (1 Tim.6:3), la iglesia debe estar ocupada con la proclamación del Reino (Mateo 24:14).

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EL EVANGELIO DE LA GRACIA Y NUESTRO REINADO FUTURO EN LA TIERRA

Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

Texto clave:

“Pues si por transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia REINARÁN EN VIDA por medio de un solo hombre, Jesucristo” (Rom. 5:17–NVI).

Gracia y Reinado

En el texto de arriba Pablo escribe que todos aquellos que han recibido en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en vida. Nótese que Pablo no sólo dice que los justificados tendrán la vida, sino que reinarán en vida, ¡y esta vida será vida eterna! (“…y la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo, nuestro Señor”—Rom. 5:21. También Tito 3:7). Desgraciadamente millones de cristianos no entienden que la gracia de Dios nos conducirá a un reinado con vida eterna. Y si hablamos de un reinado, estamos implicando un reino necesariamente. De allí que el evangelio de la gracia para Pablo se equipara con la predicación del Reino de Dios. Estas son sus palabras: “…que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:24,25).

Es imperioso entender que la gracia de Dios nos justifica para poder reinar en vida eterna. Pero este reinado no se produce inmediatamente después de nuestra conversión, ni mientras seamos mortales y corruptibles. Es imposible pensar en un actual reinado de mil años de los santos en nuestra condición de hombres mortales y corruptibles, y cuando sólo podemos vivir hasta los 70, 80 o 90 años de edad. Algunos cristianos del primer siglo parece que olvidaron esta verdad, y creyeron estar ya en una posición de reyes en ejercicio. En 1 Corintios 4:8 Pablo les dice irónicamente a los creyentes corintios que se creían reyes, lo siguiente: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis, ¡Y ojalá reinaseis para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:8). Sin duda alguna, muchos de los creyentes primitivos habían entendido mal la doctrina de la justificación por la gracia que Pablo había estado predicando. Creyeron que su acceso a la gracia los convertía inmediatamente en hombres ricos y con poder cuando en realidad no tenían ningún poder de gobernar el mundo de entonces. Ellos no entendieron que su reinado se produciría en la transformación, cuando recibieran el cuerpo incorruptible e inmortal en la parusía de Jesús.

Gracia y Salvación

Hasta ahora hemos visto que la gracia va estrechamente ligada al reinado futuro de los santos con cuerpos inmortales. Ahora veremos que el apóstol Pablo vincula la gracia con la salvación. Esto lo descubrimos cuando Pablo le escribió a Tito, lo siguiente: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

Recapitulando, la gracia de Dios se traduce en nuestro reinado, y este reinado es el resultado de nuestra salvación que viene por la gracia de Dios. Esta verdad se deja ver en el diálogo del joven rico con Jesús y sus apóstoles en Mateo 19:11-25, y en donde justamente las tres frases: ‘vida eterna’, ‘el reino’ y ‘la salvación’ se hacen notorias. ¡Ustedes necesitan examinar cuidadosamente cada palabra de esos versículos de Mateo 19!

Estamos viendo que la salvación por gracia y el reino de Cristo van de la mano, y ambos están estrechamente ligados como gemelos idénticos en una sola placenta. Los que sostienen que la gracia de Dios no tiene nada que ver con el reino de Dios están engañados. El evangelio del reino de Cristo es el mismo evangelio de la gracia de Pablo. Y Pablo enseñó que su evangelio era el evangelio de Cristo, el mismo inalterable evangelio del reino que él lo llamó “la gracia” (Romanos 15:19; Gál. 1:6-9, Hechos 20:24,25).

La gracia y la Gloria

El apóstol Pedro escribió lo siguiente:

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada… Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria…  Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca… Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis” (1 Pedro 5:1,4,10,12). 

Estas palabras de Pedro han sido pasadas por alto, o bien, incomprendidas por millones de cristianos. Y es que Pedro mismo dice que la verdadera gracia de Dios es aquella que tiene que ver con la participación de la gloria que será revelada. Esto debe grabárselo bien en su mente, pues si no lo entiende, tampoco comprenderá el mensaje y el propósito de la venida de Cristo al mundo.

Aquí está la verdadera gracia que no es predicada por los más populares evangelistas de hoy. La mayoría de ellos predican una gracia totalmente distinta y paganizada, como es la de “recibir a Cristo por la fe para obtener el perdón de los pecados y después partir a  la morada final y eterna en el cielo como almas inmortales”. Aunque es verdad que unos pocos predicadores admiten que el reino será efectivamente establecido y otorgado a los santos, éstos yerran al decir que sólo será para los santos Judíos.

Nuevamente regresemos a Pedro. El dice en 1 Pedro 5:12 que “ésta es la verdadera gracia”—¿cuál?— Según el contexto (versos 1,5,10) la gracia verdadera es la esperanza de ser parte de la gloria que será revelada en la parusía. Definitivamente también la gracia y la gloria van de la mano. ¡Esto está más claro que el agua cristalina! Y Pablo también coincide con Pedro al escribir a los Tesalonicenses: “a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio (de la gracia o del reino), para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. (2 Tes. 2:14)

La gloria y el Reino

Debe quedar en bien claro que la verdadera gracia es la participación de la gloria que será revelada en la parusía. La gloria, a su vez, está vinculada con el Reino. Siempre recuerde que el reino está envuelto en todos estos vocablos clave (salvación, vida eterna, gloria, gracia, etc). Por ejemplo, a los Tesalonicenses Pablo les escribe lo siguiente: “y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria (1 Tes. 2:12).

En los evangelios sinópticos vemos que un evangelista usa para narrar un mismo acontecimiento el vocablo ‘reino’, mientras que otro usa la palabra ‘gloria’. Por Ejemplo:

Mateo 20:21: “El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”

Marcos 10:36: “El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”. 

Así que el reino de Dios va siempre asociado a los términos gloria, salvación, gracia, evangelio, vida eterna.

En conclusión

Estamos, por la gracia de Dios, llamados a participar de la gloria venidera del reino de Dios con vida eterna. Este es el evangelio o buenas nuevas de la gracia de Dios. Es la Buena Nueva de salvación para la participación (por su gracia) en el reino venidero de Cristo con vida eterna. Esta es la salvación final o escatológica que nos traerá Cristo en su parusía (Heb. 9: 28). ¡Y éste es el verdadero evangelio de la gracia!

www.elevangeliodelreino.org

POBRES RICOS Y RICOS POBRES

                              Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Estimado lector: ¿Qué le sugiere el título “Pobres Ricos de este artículo? Tal vez le sugiere a magnates, pero que son pobres de espíritu y de moral; o tal vez le sugiere a pobres en bienes materiales, pero de gran riqueza espiritual. Todo depende cómo entienda uisted la frase. Tal vez un hombre rico y poderoso se identifique con este artículo, o también un hombre pobre y desposeído. Todo depende de quien lo va a leer.

Magnates en la Miseria

                              La Biblia nos habla que hay ricos y poderosos en este mundo, pero que a la vista de Dios son más pobres y desventurados que muchos que no poseen nada. Los ricos se creen superhombres, semidioses, dueños del mundo, y amos de las vidas de otros. Estos explotan, oprimen, y desprecian a sus semejantes sin misericordia (Santiago 5:1-6). No tienen necesidad de un Dios, ni de Su reino, o de una vida futura segura, pues creen tenerlo todo ahora. No entienden qué es eso que la Biblia llama “gozo en el espíritu”, y no necesitan pedirle a Dios por el pan de cada día, pues nada les falta. No comprenden lo que es redención, pues creen ser perfectos, impecables, autosuficientes, y hasta dadivosos con los pobres. Se enorgullecen de dar dinero a las “causas justas y nobles”, y además, creen que son buenos ciudadanos, fieles y devotos padres de familia. Algunos dicen ser creyentes , pues asisten a su iglesia una vez por semana para mostrar “su fe y devoción religiosas”. Tienen por allí alguna “aventurilla” pero son discretos y no hacen escándalo. De vez en cuando se reúnen con amigos para tomar algunos traguitos, aunque en ocasiones se exceden y chocan con sus autos. Algunos aumentarán sus emociones con algo de estupefacientes a fin se sentirse “high” o más desenvueltos e inhibidos. Sus conversaciones girarán en torno al dinero, y cómo hacer más fortuna a través  de nuevas inversiones, nuevas empresas, nuevas adquisiciones, pero nada hablarán de temas espirituales, o de asuntos místicos.

                              La Biblia nos habla de esta clase de gente en el libro de Apocalipsis 3:17 con estas palabras: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un DESVENTURADO, MISERABLE,  POBRE, CIEGO Y DESNUDO.”  Estas palabras son duras pero muy ciertas. Cuántos ricos realmente no se dan cuenta de su desgraciada situación. Son como “muertos vivientes”, y a la vista de Dios—que es lo más importante— ¡son más desventurados y pobres que los más pobres de la calle! Sí, estos ricos indolentes están ciegos, pues no se dan cuenta de nada de su realidad espiritual y moral. Ellos no se ponen a pensar a fondo en cómo están a la vista del Creador y Dios.                       

El Reino de Dios No Es para Magnates Impíos

                              Jesús ya había hablado de estos “Ricos Pobres” cuando estuvo entre nosotros. En una ocasión, un joven rico se le acercó a Jesús para preguntarle qué debía hacer para ganar la vida eterna. Jesús, entre otras exigencias, le dice que venda todos sus bienes y luego entregara a los pobres el dinero obtenido. Pero el joven rico se retiró triste porque no estaba dispuesto a tanto. Luego, Jesús afirma que “difícilmente entrará un rico al reino de Dios” (Mateo 19:16-24). Notemos que Jesús habla de que es difícil que un rico entre a su reino, aunque no imposible. Aún hay ricos que están dispuestos a obedecer las exigencias de Jesús.           

                              Sin duda, Jesús no manda a todos los ricos a vender todos sus bienes para luego entregar el producto de las ventas a los pobres, a fin de ganar la vida eterna. Lo del joven rico fue una exigencia extrema, pero igualmente debemos de estar dispuestos a acatarla si fuera necesario. Recordemos que aquel diminuto hombre, llamado Zaqueo, el que cenó con Jesús en su casa, daba la mitad de sus bienes a los pobres, y no obstante, el Señor le aseguró que la salvación había llegado a su casa por esa actitud noble y de desprendimiento generoso (Lucas 19:8,9). A Zaqueo Jesús no vuelve a exigir a que se dé todo lo que se tiene a los pobres para entrar a la vida, sino que en este caso Jesús ve con beneplácito que Zaqueo, por voluntad e iniciativa propias, esté dando el 50% de sus ingresos a los pobres. Lo importante, me parece, es que el hombre no sea esclavo de su riqueza, y que si tiene mucha, la comparta con los que nada tienen, y que éstas no se vuelvan en la razón de su existir. En la Biblia tenemos hombres de fe que fueron ricos, como el caso de Abraham, Lot, Job, etc. Pero estos hombres no hicieron de sus bienes el fin de sus vidas.

                              Como hemos visto, ya hace mucho que la mayoría de magnates han perdido su alma, por el amor a las riquezas. Jesús dijo de éstos: “Porque ¿qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma.” (Marcos 8:36). Sí, la mayoría de ricos ha perdido su vida interior, y su salvación futura, por el amor al mundo y sus riquezas. 

Riquezas Inmateriales

                              Ahora bien, hay mendigos que pueden ser más ricos que los más renombrados magnates del mundo. Jesús dijo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; PORQUE LA VIDA DEL HOMBRE NO CONSISTE EN LA ABUNDANCIA DE LOS BIENES QUE POSEE.” (Lucas 12:15). Jesús afirma que la riqueza verdadera no está en la abundancia de bienes que uno pueda poseer. Jesús no puede afirmar tal cosa, y a la vez prometernos enriquecernos con bienes materiales en abundancia, si éstos nos van a desviar de la fe y de la confianza en Dios. Muchos cristianos creen que Cristo no los bendice con bienes materiales en abundancia porque piensan que no son buenos creyentes o fieles cristianos. Nada más falso. Cristo sí enriquece, pero mayormente con otro tipo de bienes que la mayoría de personas desconoce. Fijémonos por un instante lo que dice Santiago, un siervo del Señor: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean RICOS EN FE y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5).

                              Aquí hay una riqueza inmaterial que los más de los magnates no tienen, y esa riqueza es, la de la FE, la cual también va de la mano con la ESPERANZA y el AMOR. El creyente humilde tiene fe en Dios y en Sus promesas, las cuales incluyen la vida eterna y el Reino de Dios. El pobre tiene fe de que su vida tiene un propósito mucho más trascendental que la vida de los ricos y poderosos de la tierra que viven alejados de Dios.  El creyente está conciente de que las riquezas temporales y la codicia por el dinero pueden destruir su fe y su esperanza en la vida eterna en el reino de Dios. Dice Jesús: “Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y AHOGAN LA PALABRA, y se hace infructuosa.” (Marcos 4:19). El creyente verdadero se cuidará de no caer en la manía, o en la obstinación, de adquirir más y más riquezas, pues podría destruir su fe en la Palabra de Dios. Y de hecho, muchos cristianos han caído en desgracia cuando han hecho de su profesión de fe un medio para lucrar y enriquecerse injustamente. Estoy hablando de los llamados “ministerios cristianos” que reciben millones de dólares de sus adherentes.

                              Incluso un importante número de ricos y poderosos terminan frustrados por los múltiples problemas familiares, por acusaciones de fraudes, y por la pérdida de parte o la total de su fortuna . Algunos, al encontrarse desesperados y sin esperanza alguna, decidirán acabar con sus días; y otros, menos radicales, se refugiarán en el alcohol y en las drogas. Estos, al haberlo tenido  todo, y quedarse pobres, ya no encuentran sentido para sus vidas y viven vacíos y atormentados. Dificilmente un rico puede ser realmente feliz sin Dios. Una vez que han alcanzado la sima, ya no saben hacia donde ir. Entonces viene la frustración, la amargura, la desesperanza, y el deseo de auto destrucción. Verdaderamente los ricos pueden ser tan desdichados como los pobres que viven sin Dios.

                              El sabio rey Salomón dijo: “…No me des pobreza ni riqueza; manténme el pan necesario.” (Proverbios 30:8). Jesús nos da la fórmula para poder recibir lo necesario de parte de Dios. Él nos dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas (comida, vestido, casa, etc) os serán añadidas.” (Mateo 6;33).

Riquezas de Dios

                              San Pablo nos dice algo interesante en 2 Corintios 8:9: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis ENRIQUECIDOS.” Esto es muy interesante, pues Cristo, aunque vivía como pobre, era rico, porque es el Hijo de Dios. De igual modo, los cristianos también son ricos para Dios, siendo pobres, porque también han sido adoptados como hijos Suyos. Y es que los creyentes tendrán acceso a la “Casa de Dios”, la cual es de oro puro, de perlas, y de joyas de todo tipo…y serán los coherederos del mundo (Leer Todo el capítulo 21 de Apocalipsis, en especial los versos 2, 7,10,11,18,21,27). Es interesante leer el verso 7 de Apocalipsis 21, pues dice: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”

                              Observemos que nuestra riqueza espiritual se traducirá mañana en una riqueza también MATERIAL, pues heredaremos las cosas de nuestro Padre. Notemos que el texto dice que “heredará TODAS LAS COSAS.” ¿Qué otras cosas heredaremos? ¡El reino de Dios! (1 Corintios 15:50), ¡La vida eterna! (Lucas 10:25), ¡Naciones! (Isaías 54:3), ¡La Tierra! (Salmos 37:9).¡Las Promesas! (Hebreos 6:12), ¡Bendición! (1 Pedro 3:9), ¡Riquezas de la gloria! (Efesios 1:18).

El Reino de Dios es Para los Pobres Píos

                              El Reino de Dios es la esperanza más grande que tiene el cristiano (Mateo 5:3). Este Reino de Dios fue anunciado por los profetas del Antiguo Testamento (Daniel 2:44; Daniel 7:13,14,18; Miqueas 4:1-4; Isaías 11:1-12; etc). Y cuando Jesús comienza su ministerio en la tierra, se esmera en propagar su “Evangelio del Reino de Dios” (Marcos 1:1,14,15).  A sus discípulos Jesús les enseña a que pidan y busquen el reino de Dios (Mateo 6:10,33). A Nicodemo Jesús le dirá que, para ver y entrar a su reino, él tendrá que “nacer de nuevo” (Juan 3:3,5). Mas adelante sus discípulos y él esparcirán las Buenas Noticias del Reino de Dios por las diferentes áreas de Israel (Lucas 8:1; 91,2). Luego les dirá a sus discípulos que a Dios le ha placido darles su Reino a ellos (Lucas 12:32). También les dirá que ningún inconstante en la fe, o que pone otros intereses antes de los del reino, heredará o entrará en él (Lucas 9:60-62). Luego Jesús desarrollará lo que se ha venido a conocer como Las Parábolas del Reino (de los capítulos 14-19 de Lucas). En esas parábolas Jesús da detalles de su reino, y de cómo entrar en él.

                              En Mateo 25:31,34 Jesús revela algo más de su reino. Él dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.”

¡Usted Puede ser una Autoridad Real del Reino de Dios!

                              Jesucristo asignará a sus seguidores fieles, a aquellos que han optado por renunciar al mundo y a sus atracciones, el reino de Dios. “Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.” (Lucas 22:28-30).  Esto ocurrirá cuando él regrese a este mundo por segunda vez en persona (Mateo 25:31,34). También en ese entonces Jesús tomará el trono de su reino en la ciudad de Jerusalén (Mateo 5:33-35; Jeremías 3:17). Cuando todo esto ocurra, los que son ahora últimos, los pobres e insignificantes, serán los primeros y los “primogénitos” de Dios (Lucas 13:29,30).

                              El creyente verdadero tendrá poder, gloria, y honra en el reino de Cristo (Romanos 2:6,7). Además, tendrá autoridad para regir a pueblos o ciudades enteras en dicho reino o gobierno mundial de Jesucristo. Dice Apocalipsis 2:26,27: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré AUTORIDAD sobre las NACIONES, y las regirá con vara de hierro…”

                              En Hechos 4:13 se nos informa que San Pedro y San Juan, entre otros apóstoles, “eran hombres sin letras y del vulgo”. ¡Pero estos hombres eran DOS de los DOCE pilares de la iglesia de Dios!. Recordemos que estos pescadores eran ignorantes o sin letras. ¡Pertenecían al vulgo! Pero Cristo los llamó para que fueran ejemplo a las sucesivas generaciones de cristianos. Éstos, que eran los últimos de la tierra, serán los primeros en el reino o gobierno mundial de Cristo (Lucas 12:32; 22:30). El Evangelio del Reino es definitivamente el evangelio de los pobres y desposeídos de la tierra. A éstos vino a buscar Jesucristo, y de éstos estará lleno el reino de Dios (Mateo 11:5; Lucas 4:18; 6:20; Santiago 2:5). Lo importante es ser rico para Dios, y no para los hombres (Lucas 12:16-21). El creyente deberá estar atesorando tesoros en el cielo y no en la tierra (Mateo 6:19). El mejor tesoro que podemos acumular es nuestra fe, y ésta implica nuestra consagración, buenas obras, devoción, santidad, rectitud, amor, conocimiento, dominio propio, paciencia, afecto fraternal, virtud, etc. Haciendo esto entraremos al reino de Dios (2 Pedro 1:3-11).

                             

EL FIN DEL MUNDO— ¿QUÉ SIGNIFICA?

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Una Pregunta Importante 

Un día los discípulos se le acercaron secretamente a Jesús y le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del FIN DEL MUNDO”? (Mateo 24:3). Sí, la esperanza del “fin del mundo” estuvo presente en la mente y conciencia de los apóstoles de Jesús hace dos milenios— ¡Y la sigue estando aun hoy día! 

La frase “fin del mundo” suele producir cierto pánico entre los hombres, y en particular, entre los inconversos. Pero sólo se teme a lo desconocido. Y es justamente el desconocimiento de lo que Cristo quiso decir por esa frase lo que produce temor angustiante. Pero, ¿deberían sentir temor los buenos cristianos al oír la frase: “fin del mundo”? Pues, no hay porqué.

Preguntémonos: ¿Es cierto que el planeta tierra y sus habitantes desaparecerán de la faz de la tierra algún día? ¿Es el propósito de Dios destruir la tierra la cual expresamente creó para que fuera habitada por sus criaturas humanas? Si la respuesta es “SI” entonces habría una contradicción, ya que nuestro mismo Señor Jesucristo nos promete: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5)

Ahora bien, siendo que el Nuevo Testamento fue escrito casi exclusivamente en griego koiné, es menester averiguar cuál fue la palabra griega que se ha traducido por “mundo” en Mateo 24:3. Pues bien, para conocimiento nuestro, la palabra griega es “aión” y no “cosmos“. Veremos a continuación la diferencia entre la palabras griegas “aión” y “cosmos” que igualmente se vierten por “mundo” en la Biblia (Véase el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español de Francisco Lacueva, Ed. CLIE, España, pág.105).

La palabra griega “Kosmos” tiene el significado de planeta tierra. En cambio “aión” nunca tiene ese significado en la Biblia. El significado de “aión” es “edad” o “era“. Puede significar un período de tiempo indefinido (no necesariamente eterno), o un tiempo contemplado en relación con lo que tiene lugar en el período. “El sentido que tiene la palabra no es tanto el de la longitud misma de un período, sino el del período marcado por características espirituales o morales.” (Ver el diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W.E. Vine, Ed. CLIE).

El apóstol Pablo nos menciona dos “siglos” o “edades“: El presente, y el venidero. La presente edad finalizará para dar paso a la siguiente (Ver Efesios 1:21, donde Pablo dice: “…no sólo en este siglo, sino también en el venidero“).

El apóstol San Pablo nos dice, además, del presente “aión” lo siguiente: “el cual (Jesús) se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo (“aión”) malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.” (Gálatas 1:4).

Cristo pondrá Fin a este “aión” Malo vigente

Entendamos de una vez y por todas que “el fin del mundo” que hablan los apóstoles en Mateo 24:3 no es el fin del “Kosmos” (planeta) sino de la presente edad maligna y decadente. Es el fin del reino de Satanás, para dar paso a la ERA o “AIÓN” venidero; la de Cristo, nuestro Señor. Por eso Jesús dijo: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo (aión). Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a todos los que hacen iniquidad.” (Mateo 13:40,41).

Nótese que Jesús habla del “fin del presente aión malo” cuando él vuelva con sus ángeles a este planeta. Entonces él inaugurará un nuevo “aión” (el venidero) de justicia. Entonces, el fin del mundo es el fin de la Edad o Era presente con todos sus males. En Marcos 10:30 el Señor Jesús nos dice que “en el siglo venidero” obtendremos la vida eterna. “…Y en el siglo (aión) venidero la VIDA ETERNA.”

La Versión Biblia de Jerusalén (Católica) vierte Mateo 24:3 y su palabra “aión” como “mundo”. En cambio, la Versión Reina Valera (1960) vierte la palabra “aión” de Mateo 24:3 como “siglo“, lo que nos parece más apropiado.

También el Señor Jesucristo nos habla de “los hijos de este mundo (aión)”, y “los hijos de aquel siglo (aión)”. Estos no se casan, pero los otros sí. He aquí otra diferencia. Dice Jesús así: “…los hijos de este siglo (aión) se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueran tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (aión) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.”(Lucas 20:34-36).

Además de no casarse, los hijos de “aquel siglo” venidero resucitarán de entre los muertos. Entonces podemos afirmar que la resurrección se dará cuando comience el aión venidero, cuando el presente aión malo haya finalizado. El llamado “fin del mundo” será el fin del presente siglo, edad o era que está marcado por las malas y deplorables características morales y espirituales.

Es interesante lo que nos dice Pablo en 2 Corintios 4:4. Veamos textualmente lo que dice el pasaje: “En los cuales el dios de este siglo (aión) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…”

Pablo nos dice muchas cosas del presente “aión” (siglo, mundo o era). Nos dice que es un aión malo (Gálatas 1:4), y ahora nos dice que Satanás es el dios de ese aión malo. Sin duda, este “aión” está destinado a desaparecer para dar paso al “aión” venidero de justicia. A los Efesios Pablo les dice que Satanás está por ser retirado de este presente “aión” malo. Sus palabras son como siguen: “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra los principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo (aión), contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).

¿Notó estimado amigo? Este “aión” malo está gobernado por Satanás y sus demonios, y contra ellos nosotros debemos batallar. Pero será Cristo quien ponga fin a este llamado “mundo malo“, cuando destituya al Diablo y sus seguidores y los arroje al infierno para siempre.

Ahora aquí viene una paradoja. Usted y yo debemos de sentir alegría de conocer la verdad de la finalización de este mundo (aión) malo, pues significará el inicio de un “nuevo mundo” (aión) de paz y justicia nunca antes vista o soñada por hombre alguno.

Mientras tanto, la iglesia de Dios deberá de vivir ejemplarmente en este siglo malo, pues nos dice el propio apóstol Pablo: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo (aión) sobria, justa y piadosamente.” (Tito 2:12).

Sólo aquellos hombres que vivan sobria, justa y piadosamente podrán disfrutar de aquella edad o Era (aión) maravillosa, cuando por fin haya finalizado el presente mundo (aión) malo.       

No tema, pues, por la expresión “fin del mundo“, sino  más bien alégrese de que este final producirá una edad gloriosa para usted, los suyos, y las demás familias de la tierra. Por eso Jesús dijo: “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas (los males en aumento), erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28).

El fin del aión malo presente se traducirá en su redención, es decir, en la adquisición de toda la herencia prometida. Y en el aión venidero”, la humanidad disfrutará de grandes bendiciones. El profeta Isaías nos habla del “mundo venidero” o de la “nueva tierra“, así: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, y sus crías se echarán juntas; y el león como le buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la mar.” (Isaías 11: 6-9).

La Nueva Tierra 

Es cierto que la Biblia habla de la “nueva tierra“, pero en el sentido de una nueva edad o era. También se nos dice que nosotros, los creyentes, somos “nuevas criaturas“, “nuevos hombres“, pero en el sentido espiritual y moral aunque seamos aún imperfectos. Veamos lo que nos dice el apóstol Pedro sobre la “nueva tierra“: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).

La “nueva tierrasignificará una tierra donde morará la justicia. En esta vieja tierra, en este “aión” malo, la injusticia impera por doquier.¡Esto finalizará pronto! El apóstol Juan nos dice algo más de aquella era maravillosa, con estas palabras: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21:4).

Las primeras cosas del aión malo habrán pasado al olvido. La muerte, el llanto, el clamor y el dolor son las características más saltantes del presente “aión” malo. Pero en el “aión” venidero, esos males habrán dejado de existir. Por fin los cristianos tendrán la herencia concreta de la vida eterna, y sobre la cual, la muerte, el dolor, y el clamor no pueden funcionar.

 El profeta Isaías, hablando de la “nueva tierra” nos dice lo siguiente: “Porque he aquí que yo (Dios) crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento… porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.” (65:17,18).

Si en la “nueva tierra” aún existirá la ciudad de Jerusalén, eso quiere decir que la expresión “nueva tierraes puramente simbólica. Si esta “vieja tierra” será literalmente destruida, ¿no se destruiría también a la ciudad de Jerusalén? Pero el caso es que en la “nueva tierra” Jerusalén permanecerá en pie, lo que quiere decir que NO habrá una destrucción literal de la tierra. Además, no sólo Israel permanecerá, sino también Egipto, Asiria, y muchísimas otras naciones de todo el mundo (Isaías 19:24; Miqueas 4:1-4).

La Watchtower publicó en su revista La Atalaya del 1 de abril del 2007, pág 22, un articulo sobre la inspección que supuestamente hiciera Cristo a su “Esclavo” en 1918, y que lo llevó a confiarle todos sus bienes a partir de 1919 para que anuncie las Buenas Nuevas a las naciones. Entonces nos preguntamos: ¿qué pasó con aquellos que supuestamente iniciaron la organización y que empezaron a enseñar las doctrinas básicas de la WT, encabezados por Charles T. Russell? ¿Acaso no confíó Jesús a Charles T Russell su organización naciente para que diera el alimento a los domésticos desde 1879 hasta su muerte en 1916? Si la respuesta es que no, ¿por qué la Sociedad consideró a Russell, y al resto de Estudiantes de la Biblia, como parte del resto fiel, el cual,  por el espíritu santo, dirigía la organización de Jehová?

La sociedad Watchtower ha tergiversado el texto de 1Timoteo 2:5 diciendo que Jesús es sólo mediador entre Dios y los del “Nuevo pacto”, es decir, los 144,000 de la clase Ungida y no  entre Dios y la humanidad. Sin embargo, el texto bíblico dice claramente que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres.

La pregunta es: ¿Acaso un pecador arrepentido no puede llegar a Dios por intermedio de Cristo?

Finalmente, los TJ se contradicen y declaran que también Jesús es mediador entre Dios y los hombres. ¿En qué quedamos entonces?

FOTO INÉDITA DE ASTEROIDE QUE PASÓ ROZANDO LA TIERRA

Manuel Moriones, un madrileño aficionado a la astronomía, ha logrado captar en Isla Cristina (Huelva) unas imágenes inéditas de lo que parece ser el paso de un asteroide sobre la Tierra. Según el autor de la fotografía, se trata de la roca espacial 2010 RF12 que hace unos días pasó muy cerca de nuestro planeta. La instantánea fue captada con una simple cámara, sin

Las imágenes fueron captadas el pasado día 7 a pesar de que los investigadores habían anunciado que los cuerpos sólo serían visibles con telescopios, pero Muriones consiguió fotografiarlo con una cámara desde la playa central de Isla Cristina, en la costa occidental de la provincia onubense.

Lo más significativo fue que los dos asteroides pasaran muy cerca de la Tierra en el mismo día, con pocas horas de diferencia, uno a una distancia similar a la que separa la Luna de nuestro planeta y el segundo incluso más cerca.

Unos catorce metros

El primer asteroide, el 2010 RX30 con un tamaño de entre diez y veinte metros de diámetro, pasó a las 9:51 a menos de 0.6 distancias lunares de la Tierra (unos 248.000 kilómetros), mientras que el segundo, el 2010 RF12, con tamaño de entre seis y catorce metros, pasó a 0.2 distancias lunares (unos 79 000 kilómetros) una horas después, a las 23:12.

Moriones realizó las fotografías a las 23:25 horas en la playa onubense, de forma que sería el segundo objeto el que se refleja en las imágenes. El investigador, afincado en Madrid, ha indicado que sólo tuvo que adentrarse unos metros en el mar para captar una imagen que considera “histórica”.

UN ESTUDIO SOBRE EL REINO DE DIOS

El Reino de Dios: Única Esperanza del Hombre

Hemos hablado constantemente de las promesas a Abraham, y en base a varios pasajes del NT, establecimos la importancia de ellas. ¿De qué cosas nos hablan las promesas?

De salvación, para la descendencia de Abraham.

De un plan eterno para la tierra.

De una herencia de la tierra para esa descendencia.

De la resurrección de los muertos.

Ahora, ¿cuántas veces habló Cristo de este tema tan importante, de las promesas a Abraham? [poco] ¿Y si las promesas son tan importantes, por qué Cristo no las explica? [Porque el pueblo ya las conocía, y son sólo una parte de algo que Cristo enseñaba constantemente.]

Lc. 4:42-44 – Es necesario que en otras ciudades también anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado.

Lc. 6:20 – Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Lc 8:1 – Jesús iba por todas las ciudades anunciando el evangelio del reino de Dios.

Lc. 8:10 – A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios.

Lc. 9:1-2 – Los envío a predicar el reino de Dios.

L.C.9:11 – Y cuando la gente lo supo, lo siguieron, y les recibió y les hablaba de? [el reino de Dios]

LC.9:59-62 – Deja que los muertos entierren a sus muertos, y tu, ve y anuncia el reino de Dios…. ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.

Lc.10:8-11 – Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.

Lc.11:2 – Venga tu reino…

Lc.11:20 – Mas si por el dedo de Dios echo fuera los demonios, el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Lc.12:30-32 – Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

Lc.13:18 – Parábola de la semilla de mostaza…

Lc.13:20 – Parábola de la levadura.

Lc.13:28-29 – El lloro y crujir de dientes para los excluidos del reino de Dios.

Lc.16:16 – Desde Juan el reino de Dios es anunciado…

Lc.17:20 – Preguntado por los fariseos cuando había de venir el reino de Dios.

Lc.18:16-17 – Dejad a los niños venir a mí, porque de tales es el reino de Dios, el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrara en el.

Lc.18:24-25 – La dificultad de los ricos en entrar al reino de Dios.

Lc.18:29-30 – Lo dejamos todo por el reino de Dios.

Lc.19:11-12 – Parábola del hombre noble que se va a un reino lejano para después volver…

Lc.23:42 – Ladrón en la cruz: acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

Lc. 23:51 – José de Arimatea, que también esperaba el reino de Dios.

Y así continua… en los primeros tres evangelios, Jesús menciona aproximadamente 120 veces al reino de Dios. Era el núcleo de lo que el predicaba. El reino de Dios es el tema más importante, más repetido, de la predicación de Cristo.

Ahora, volvamos a Lucas, esta vez al principio, antes que Jesús naciera, y veamos las palabras del ángel a  María: Lucas 1:30-33 – Darás a luz un hijo, llamado Jesús, será grande, y El Señor Dios le dará el trono de David su Padre, y su reino no tendrá fin. Antes que naciera, se dijeron de él dos cosas sumamente importantes:

Que sería el hijo de Dios.

Que recibiría el trono de David su Padre.

También la semana pasada, vimos que en el primer versículo del NT no sólo se menciona a Abraham, ¿sino también a quién? [David].

Y veamos la importancia de esto en las palabras de otros personajes y escritores del NT:

Hechos 8:12 – ¿Qué predicaba Felipe? [ El evangelio del reino de Dios]

Hechos 14:21-22 – ¿Qué exhortación les daba a los nuevos hermanos? [Que a través de muchas tribulaciones es que entraremos en el reino de Dios.]

Hechos 19:8 – Cuando Pablo llega a Efeso, ¿de qué les habla? [ Acerca del reino de Dios]

Hechos 28:23, 30-31 – Que predicaba Pablo al final de su vida? [ acerca del reino de Dios]

Veamos como último pasaje del NT, una sección del Apocalipsis que habla del tiempo del fin:

Apocalipsis 11:15-18 – ¿De qué cosas se hablan? [Que los reinos del mundo han venido a Dios y de Cristo, y reinará para siempre; y a pesar que las naciones se airaron, él ha destruido a los que destruyen la tierra.]

Veamos también Daniel 2. Este capítulo es una de las profecías más importantes de la Biblia, en que establece la estructura que se seguirá en lo que resta de Daniel, y en muchas formas, en el Apocalipsis.

También es relativamente fácil de comprender. Qué me pueden decir de Daniel? tiempo, eventos, etc.

[Resumen de los antecedentes del sueño]

Daniel 2: 29-30 – ¿De qué se va tratar el sueño? [ de lo que había de ser en lo por venir.]

Daniel 2:31-36. ¿Cuál fue el sueño? [ Una Imagen colosal polimetálica de reinos].

Ahora, la interpretación: v. 37-40 – [Babilonia - Roma] [v. 41-45. ¿Y el último reino? [partes fuertes y débiles] Y en días del último reino? [El rey del cielo levantaría un reino que no tendría fin.]

Y en Daniel 7 tenemos otra versión de esta profecía, con más detalles, pero la conclusión es la misma:

Daniel 7:23-27 – Que ocurre al final? [Se le quita su dominio, y es totalmente destruido, y el reino y el dominio y la majestad de los reinos debajo del cielo es dado al pueblo de los santos, cuyo reino es reino eterno.]

Esta es la esperanza del hombre: en Efesios 4 dice Pablo que tenemos solo una fe, y una esperanza. Y la esperanza es esta. A lo largo de toda la Biblia, esto se repite muchísimas veces; está completamente claro.

Veamos una profecía más acerca del reino:

Miqueas 4:1-4 – ¿Cuál es el monte de la casa de Jehová? [Jerusalén, Sión] ¿Y quiénes acudirían? [Los pueblos]

¿Para qué? [A aprender] ¿Qué hará el rey? [Juzgar entre pueblos, corregir naciones, imponer la paz] Y la gente, ¿cómo vivirá? [Cada uno debajo de su vid y su higuera - visión de tranquilidad, cada quien con su tierra.]

¿Qué importancia tiene todo esto? Volvamos a Hechos 8:12. ¿Qué dice? [El conocimiento de salvación depende de conocer las cosas referentes al reino de Dios, y el nombre de Jesucristo.]

El evangelio consiste en las cosas relevantes al reino de Dios y al nombre de Jesucristo. La fe que tenemos es en estas cosas, y ese conocimiento es esencial para nuestra salvación. Si creemos lo que la Biblia dice, esta es la promesa para la humanidad: que llegará el momento de darle fin al dominio mundial de los hombres, para darle lugar al establecimiento de un reino eterno en manos de Cristo y los santos.

El establecimiento del reino de Dios es la esperanza del hombre; no hay otra. El reino será concreto, visible, aquí en la tierra. El trono estará en Jerusalén, será una restauración del reino de David, solo que el rey será el que es hijo de David e hijo de Dios, y será un reino que destruirá a todos los demás, y nunca tendrá fin.

Ahora vamos al final del ministerio de Cristo en la tierra, en Hechos 1:1-3. ¿De qué periodo se habla? [Los 40 días después de su resurrección]. ¿Y de qué les hablo? [Acerca del reino de Dios.] Ahora, ¿qué le preguntan en el v. 6? [Restauraras el reino a Israel en este tiempo?] ¿Cuál era entonces la esperanza de los apóstoles, después que Jesús estuviera con ellos durante este tiempo hablando acerca del reino de Dios? [Que recibiera el trono de David su padre; que se restaurara el reino de Israel.] Y esto tiene sus antecedentes en el AT; vamos a I Cron 28:5. ¿Qué dice? [Se sentó Salomón en el trono del reino de Jehová sobre Israel] – Así que al reino de David, se le llama el reino de Dios. Veamos también II Cron 13:8. Aquí que descripción se le da al reino de Juda? [el reino de Jehová en manos de los hijos de David].

Veamos entonces de dónde nace esto; ¿Qué me puede decir de David? ¿Cuándo vivió? ¿Qué hizo?

Vamos entonces a II Samuel 7, donde Dios hace con él pacto.

v. 1-3 – ¿En qué tiempo se da esto? ¿Con quién está hablando? ¿Qué idea tiene? Y a Natán, ¿Cómo le parece?

v. 4-7 – Pero Dios, ¿qué le dice? [Que necesidad tengo yo de eso?]

v. 8-10 – ¿Qué ha hecho Dios por él? ¿Y qué más, en el v. 10? [Fijaré lugar a mi pueblo Israel...para que nunca más sea removido] ¿Qué palabra es clave aquí? [‘Nunca’ serán removidos] ‘Nunca’ es una de esas palabras absolutas. Y hay que realmente asimilar quién es el que habla aquí: el Dios creador eterno. Cuando ustedes o yo decimos ‘nunca’, quizá es que nunca vamos a ir a tal parte, o comer tal cosa, o hablarle a alguien, ¿pero qué plazo tiene ese ‘nunca’? lo más, por nuestra vida. Cuando el Dios creador eterno dice ‘nunca’, ¿de cuánto tiempo está hablando? [Para siempre]. Entonces vemos con esa palabra que esto es algo que encaja con las promesas a Abraham; a aquel se le prometió la tierra para él y su descendencia para siempre, aquí Dios dice que va fijar un lugar para su pueblo Israel y que no serán removidos nunca.

Y recordemos también lo que dijimos en la clase anterior: en nuestros días ha vuelto a la tierra de Israel un pueblo que sigue al mismo Dios de Abraham y de David, y que se hace llamar por el nombre de Israel. 20 siglos después de haber sido esparcidos a los cuatro vientos: no cometamos el error de creer que la descendencia de Abraham ha sido descartada, o que ya no tienen un papel en los planes de Dios. Volviendo a David entonces: le añade algo más en el 11-13:

¿Qué le dice? [Que él le haría casa] ¿Cuándo? [Cuando sus días sean cumplidos, y muera] ¿Cómo se iba a realizar? [Levantaré a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas] que nos dice esto? ¿Cuáles son las implicaciones de esto (primero: de quien estamos hablando? ¿Quién cumple esto?) ¿Qué habrá entendido David cuando Dios le dijo que sería alguien de su linaje, de sus entrañas? [Un descendiente suyo: NO Dios mismo. Dios dice que 'levantaré después de ti'; si Cristo fuera Dios, ya existiría, no se diría que Dios lo iba a levantar.] ¿Y qué más dice de él? [Afirmaré SU reino] Dios no está hablando de sí mismo, sino de otro. Cuando hablamos de que Dios es uno CLARAMENTE se hace imposible que Jesús sea Dios. Cuando la gente dice que Jesús es Dios, es porque no conocen estas promesas; que Jesús tenía que ser hijo de estos hombres, y Dios no es hijo de nadie. v. 13 – ¿qué iba hacer éste? [Edificar casa al nombre de Dios] Y Dios, ¿qué haría por él? [Afirmaría para siempre el trono de su reino] Así que, ¿cómo se han ampliado las promesas a Abraham? [No sólo será tierra y pobladores, sino tendrá una estructura, un rey.] 14-15: ¿Qué más se dice? [Yo le seré a él Padre, y él me será a mi hijo]

II Samuel 7:16 – ¿Qué le dice? [Tu casa, tu reino, tu trono]. ¿Qué habrá entendido David con esto? ¿Cuál era su reino? [El de Israel] ¿Dónde estaba su trono? [En Jerusalén] ¿Por cuánto seria esto? [Para siempre - que se complementa perfectamente con el 10, donde dice Dios que nunca más serian afligidos] ¿Y quién estaría allí para verlo? [David - delante de tu rostro]. ¿Pero qué nos dice Pedro en el NT que le ha pasado a David? Vamos a Hechos 2:29, y para más claridad: v. 34-36. Pedro está diciendo claramente que la profecía no se cumplió con David, sino que con su descendiente, Jesús de Nazaret, nacido en Belén de Judea, al igual que su padre David. ¿Qué nos está enseñando entonces? Si David está muerto, no ha ido al cielo, sin embargo, su reino se va a establecer delante de su rostro [La resurrección de los muertos].

Veamos otras profecías del AT que hablan de este pacto.

Isaías 9:6-7 – Un niño no es nacido, y el principado sobre su hombro… lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limite, sobre el trono de David y sobre su reino… desde ahora y para siempre.

Isaías 11:1-5, 9-10 – Una vara del tronco de Isai, y un vástago (Heb? [Netser - nazareo]) de sus raíces…herirá la tierra con la vara de su boca… justicia, juicio, juzgara… la raíz de Isai será… buscada por las gentes.

Ezequiel 37:21-23 – ¿De qué habla? [De recoger y restaurar a su pueblo Israel] v. 24-28 – ¿Qué elementos adicionales? Mi siervo David será rey sobre ellos

Andarán en la ley de Dios

Habitarán en la tierra que le di a Jacob, cuyo otro nombre es? [Israel] – en la cual habitaron vuestros padres. Y allí habitarán todas sus generaciones, para siempre. Y David será el príncipe de ellos para siempre. Pacto perpetuo, de paz, y Dios habitaría entre ellos eternamente.

Oseas 3:4-5 – ¿Qué dice? [Estarían muchos días sin rey, príncipe, sacrificio, nada] pero después… ¿Cuándo? [Al fin de los días] buscarán a Dios y a David su rey.

Amos 9:11-15 – ¿De qué cosas se habla aquí? Dios levantaría el tabernáculo [la casa] caída de David, y lo reedificaría (=restauración; He 1:6) Para que aquellos sobre quienes es invocado su nombre, ¿posean qué? [A todas las naciones]. Tiempo de fertilidad y abundancia en la tierra. Volvería a traer de toda la tierra, y los plantará eternamente en su tierra.

Jeremías 33:15-16 – En aquellos días levantaré a David renuevo justo, y hará juicio y justicia en la tierra. v.19-22 – ¿Qué más? [Sólo si dejara de existir el mundo, pudiera invalidarse el pacto de Dios con David, para que deje de tener descendencia sobre su trono.] v. 25-26 – Si no permanece mi pacto con el día y con la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, ¿en otras palabras? [Sólo si yo no soy Dios]) podría ser desechada la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para tomar de su descendencia para ser señor sobre la descendencia de Abraham. El fundamento de lo que ha sido, y volverá a ser el reino de Dios, lo tenemos en el AT. Por eso es que aunque Jesús habló mucho del reino de Dios, de lo que hablaba era de su venida, y de cómo entrar en el reino.

OTRA SECTITA QUE OCASIONÓ UN SUSTO TREMENDO A FAMILIARES

Oye Pericles, este pastor parece Jim Jones, y nos ha venido  con el cuento de que ahorita partiremos al cielo para ver a Jesús y a nuestros parientes muertos!… ¡pero la verdad es que aquí los únicos muertos de frío y de hambre somos nosotros!…¡y así nos verán nuestros partientes cuando nos encuentren medio muertos!…¿verdad, no?… 

PALMDALE, California, EE.UU. (AP) — La policía encontró el domingo rezando en un parque de la zona de Los Angeles a los 13 salvadoreños de un grupo cristiano que habían desaparecido tras dejar cartas en que se despedían de sus familias porque pronto verían a Jesucristo.

Luego de una búsqueda frenética, agentes del alguacil del condado de Los Angeles encontraron a los cinco adultos y ocho niños al mediodía en el parque Jackie Robinson de Palmdale, la localidad donde viven, dijo el vocero policial Steve Whitmore. Al parecer, todos gozaban de buena salud, agregó.

El grupo había desatado una amplia búsqueda policial en el sur de California luego que familiares encontraron cartas que hablaban de un próximo suceso apocalíptico y de que sus integrantes pronto verían a sus parientes fallecidos en el cielo.

El grupo era una “especie de secta”, según dijeron funcionarios policiales. Lo dirigía Reyna Marisol Chicas, de 32 años, residente de Palmdale en el condado de Los Angeles, dijo el jefe de policía Mike Parker.

El grupo dejó celulares, documentos de identificación y de propiedad, así como cartas en las que sus integrantes dijeron que esperaban lo que muchos cristianos llaman la segunda venida de Cristo.

“Básicamente, las cartas dicen que todos van a ir al cielo a encontrarse con Jesús y sus familiares muertos”, señaló el vocero de la policía Steve Whitmore. “En algunas de las cartas decían adiós”.

Los objetos fueron encontrados en la cartera que una de las integrantes dejó con su esposo el sábado, tras pedirle que rezara. Finalmente, el hombre revisó el contenido y, junto al esposo de otra de las integrantes, se comunicó con las autoridades, dijo Parker.

Los esposos les dijeron a los agentes que creen que Chicas les “lavó el cerebro” a los miembros del grupo. Uno de ellos expresó temor de que intentaran hacerse daño, dijo Parker.

Uno de los niños tiene tres años y los demás tienen entre 12 y 17 años.

Chicas era miembro de la Iglesia de Cristo Miel, una congregación cristiana en Palmdale, pero dejó el grupo hace unos dos años sin dar mayor explicación, señaló el pastor Felipe Vides, quien agregó que las autoridades se habían comunicado con él buscando información sobre los desaparecidos.

“Nosotros la vimos siempre, hasta donde se puede decir, normal, tranquila”, le dijo Vides a The Associated Press el domingo. “No vimos ninguna anormalidad en ella”.

La congregación tiene unos 400 miembros, en su gran mayoría inmigrantes latinoamericanos, indicó el pastor salvadoreño.

“Nos sorprende y nos da tristeza que la gente actúe de esa manera”, señaló Vides. “Realmente no es… correcto. Nosotros somos cristianos, pero no nos enseña la Biblia cosas semejantes a éstas”.

Al parecer, Chicas formó su propio grupo religioso, dijo Parker. Entre 12 y 15 personas solían reunirse en su casa de Palmdale, una ciudad de unos 139.000 habitantes. Una noche, hace como una semana, se quedaron allí hasta las 2:00 de la mañana, dijo el vecino Cheri Kofahl.

“Tenemos aquí un grupo que está practicando aspectos ortodoxos y no ortodoxos del cristianismo”, señaló Parker. “Obviamente esto pertenece a lo no ortodoxo”.

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Los periodistas de The Associated Press Ana Elena Azpurúa en Nueva York; y Andrew Dalton y Christopher Weber en Los Angeles contribuyeron a este despacho.

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