La Biblia aclara que habrá sobrevivientes después de la Tribulación y la batalla de Armagedón, y algunos serán juzgados justos y se les permitirá entrar en el Reino de Cristo. Este punto debe ser comprendido porque algunos cristianos enseñan que después de la batalla de Armagedón no quedará nadie vivo sobre la Tierra. Esto no es así. Sí, la mayoría de la gente sobre la Tierra morirá, pero como dicen Isaías 13:12 y 24:6, habrá sobrevivientes, “muy pocos,” pero habrá sobrevivientes. Habrá más de seis mil millones de personas en la Tierra en este tiempo, así que “muy pocos” podría significar fácilmente algunos millones más. Mateo 25:31–46 sugiere que habrá un número significativo porque las “naciones” serán traídas ante Cristo a principios de su reinado de 1.000 años.
Debido a que no habrá guerras y a que habrá abundancia de alimentos, estos sobrevivientes se multiplicarán rápidamente y repoblarán la Tierra. De hecho, se multiplicarán a tal grado que para fin de los 1.000 años serán tan numerosos “como las arenas del mar” (Ap. 20:7-8). Este crecimiento en la población no debería sorprendernos. En el Antiguo Testamento, Israel llegó a Egipto en número de setenta personas (Genesis 46:27). Para cuando salieron, ya eran cerca de tres millones. Este aumento significativo en la población ocurrió bajo condiciones horribles. ¡Si algunos millones estarán presentes al principio del Reino Milenario, imagine el potencial de crecimiento cuando las condiciones que prevalezcan sean paz y prosperidad!
Según lo mencionado anteriormente, será la gente “natural” la que conformará las naciones. Debido a que todavía serán “naturales,” estas personas estarán sujetas a las debilidades de un cuerpo mortal, y seguirán siendo propensas al pecado. Por lo tanto, aun cuando estén viviendo en el Paraíso, necesitarán ser gobernadas “con un puño de hierro.” Cristo no será cruel o malvado, sino que “gobernará con vara de hierro” haciendo cumplir las leyes de modo que no se cometan delitos, y que la gente pueda vivir confiadamente y segura. En la Versión Reina Valera estas palabras se traducen, de manera familiar, como “vara de hierro.” Esta frase ocurre en cuatro versículos: Sal. 2:9; Ap. 2:27; 12:5; 19:15. El modo en que se aplicará la vara puede verse en los versículos siguientes: Isaías 11:4; 14:2; 49:22,23; 60:10–14; 61:5,6; 66:12; Miqueas 7:14–17; y Zacarías 14:16 –19.
Las profecías acerca de Cristo gobernando con vara de hierro son fuerte evidencia de que habrá un Reino Milenario poblado por lo menos en parte por gente mortal no salva. Además, es obvio que estas profecías deben referirse al futuro, porque durante la primera venida de Cristo no se cumplieron. A pesar de los muchos versículos claros sobre este tema, hay algunas personas que no creen que el reino de 1.000 años de Cristo en la tierra es literal, y otros no creen que el reino vendrá en el futuro. Si cualquiera de estas creencias fuera correcta, entonces las únicas personas disponibles para que Cristo gobierne con vara de hierro serían los creyentes salvos, en el Reino Eterno. Ser gobernado con vara de hierro no es la manera en que la mayoría de los cristianos visionan la vida eterna. Damos gracias de que no es así cómo la Biblia lo describe. Son las personas impías, y “naturales” que vivan durante el Reino Milenario quienes necesitarán ser gobernadas con vara de hierro.
La necesidad de la vara de hierro es debido al hecho de que esta “gente natural” todavía tendrá naturaleza de pecado, lo cual la hace ser egoísta y pecaminosa. Aunque vivirán en el Paraíso, rodeados de abundancia, muchos de ellos igualmente encontrarán razones para quejarse. Eso no es atípico. Tanto la historia como la Biblia enseñan que con frecuencia las personas que deberían ser felices porque están sanas, bien alimentadas, y financieramente seguras siguen siendo infelices y encuentran razones para quejarse constantemente. La presencia de esta gente “natural” en el Reino Milenario explica en gran parte por qué habrá disputas en él (Is. 2:4; Miqueas 4:3). El Libro de Zacarías dice que si cualquier nación egoístamente decide no ir y adorar en Jerusalén, entonces esa nación no tendrá lluvia (Zacarías. 14:17). Éste es un ejemplo del egoísmo natural y la actitud prevalente entre la gente “natural” de “no me interesa”. Es también un ejemplo de cómo Cristo utilizará la vara de hierro. Al finalizar los 1.000 años Satanás será soltado, y él engañará a mucha de esta gente “natural” y la incitará a rebelarse contra Dios y Su pueblo. Su rebelión fallará cuando ellos sean destruidos por fuego del cielo (Ap. 20:7– 9).
La presencia de esta gente natural en el Reino Milenario también ayuda a explicar por qué habrá sacerdotes (Ezequiel 42:13 y14; 44:15–31; Ap. 5:10). Un sacerdote, por definición, es alguien que intercede o media entre Dios y otra persona. Aarón era sacerdote porque él mediaba entre Dios e Israel. Si todos en el Reino Milenario tuvieran un cuerpo nuevo, eterno, regenerado, y una íntima relación con Dios, no habría necesidad de sacerdotes. Puesto que habrá mucha gente “natural” en el Reino Milenario, los sacerdotes serán importantes.






