Por desagradable que sea aceptarlo, la muerte y el sufrimiento son realidades de la vida. Job lo expresó muy bien cuando dijo: “El hombre, nacido de mujer, es de vida corta y está harto de agitación” (Job 14:1)..
La Biblia promete un nuevo mundo en el que “la justicia habrá de morar” (2 Pedro 3:13; Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). Pero antes de que esas condiciones ideales se hagan realidad, tenemos que experimentar un tiempo de maldad sin precedentes. Las Escrituras dicen: “Sabe esto, que en los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar” (2 Timoteo 3:1).
¿Es razonable entonces que nos resintamos con Dios por permitir que suframos? No si tenemos presente que él ha prometido acabar con el sufrimiento. Tampoco tiene sentido pensar que Dios es el causante de las cosas malas que ocurren. Muchas tragedias suceden por pura casualidad. Imagínate, por ejemplo, que un árbol se cae debido al viento y hace daño a alguien. Hay quienes tal vez atribuyan a Dios la desgracia. Pero él no hizo que el árbol se cayera. La Biblia nos ayuda a entender que eso solo es el lamentable resultado del “tiempo y el suceso imprevisto” (Eclesiastés 9:11).
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Por qué permite Dios el mal
Entonces, ¿de dónde procede el mal? Recuerda que Dios tiene opositores, principalmente “el que es llamado Diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada” (Revelación 12:9). El Creador colocó a nuestros primeros padres, Adán y Eva, en un mundo libre de problemas, pero Satanás convenció a Eva de que le iría mejor si no se sometía a las normas divinas (Génesis 3:1-5). Lamentablemente, ella creyó las mentiras del Diablo y desobedeció a Dios. Adán se sumó a la rebelión de su esposa. ¿Cuáles fueron las consecuencias? “La muerte se extendió a todos los hombres”, dice la Biblia (Romanos 5:12)..
En lugar de reprimir de inmediato aquella rebelión aniquilando a Satanás y sus seguidores, Dios consideró oportuno dejar pasar un tiempo. ¿Qué se lograría con ello? Demostrar que el Diablo es un mentiroso y reunir pruebas de que independizarse de Dios solo conduce a la perdición. ¿Y no es eso precisamente lo que ha sucedido? “El mundo entero yace en el poder del inicuo.” (1 Juan 5:19.) Además, “el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo” (Eclesiastés 8:9). Las religiones del mundo son una maraña de doctrinas contradictorias. Las normas morales son más bajas que nunca. Los gobiernos humanos han probado todo tipo imaginable de gobernación. Firman tratados y adoptan leyes, pero el pueblo sigue sin ver satisfechas sus necesidades. Por si fuera poco, las guerras agravan el sufrimiento.
De todas formas, cuando sufrimos personalmente una desgracia, puede que digamos: “¿Por qué a mí?”. Pero el apóstol Pablo nos recuerda que no somos los únicos que sufrimos. Él dice que “toda la creación sigue gimiendo juntamente y estando en dolor juntamente hasta ahora” (Romanos 8:22). Saber esta verdad puede ayudarte a sobrellevar el sufrimiento. Nicole, por ejemplo, estaba traumatizada por los atentados terroristas acaecidos el 11 de septiembre de 2001 en las ciudades de Nueva York y Washington. “Estaba horrorizada y asustada”, admite. Pero cuando leyó unos relatos de cómo afrontaron aquella tragedia sus hermanos cristianos, su actitud cambió.# “Me di cuenta de que no soy la única. Poco a poco he ido superando el dolor.”
Si desahogas las penas, te sentirás mejor
En algunos casos es aconsejable que te desahogues con alguien: tu padre o tu madre, un amigo maduro o un anciano cristiano. Revelar tus sentimientos a alguna persona de tu confianza te permitirá recibir una “buena palabra” de ánimo (Proverbios 12:25). Cierto joven cristiano de Brasil recuerda: “Perdí a mi padre hace nueve años, y sé que Jehová lo resucitará algún día. Pero algo que me ayudó fue poner por escrito mis sentimientos y hablar abiertamente de ellos con mis amigos cristianos”. ¿Tienes ‘compañeros verdaderos’ en los que puedes confiar? (Proverbios 17:17.) Entonces, aprovéchate de su bondadosa ayuda. No debe darte vergüenza llorar o expresar tus emociones. Incluso el propio Jesús “cedió a las lágrimas” cuando murió un amigo suyo (Juan 11:35).




























