LA EXTRAÑA SECTA DE LOS ESENIOS

 

La extraña secta de los esenios

Vía: lainformacion.com | 27 de septiembre de 2011

Alrededor de 24 siglos después de que fueran realizados, los manuscritos del Mar Muerto están a plena disposición de cualquiera que tenga internet fruto de la colaboración de Googlecon el Museo de Israel. Son textos bíblicos, del Antiguo Testamento, y en parte son textos religiosos  no bíblicos de diverso signo, como reglas morales y legales.

 

Cuando se descubrieron los rollos del Mar Muerto en 1947, se desataron una serie de teorías curiosas sobre su contenido: unos afirmaban que esos textos daban una vuelta a los Textos Sagrados, que habían sido deformados a lo largo de la historia por la historiografía cristiana.

Otros, añadieron que la Iglesia no quería dar a conocer su contenido pues contenía reveladoras contradicciones sobre Jesús. Los hubo que dijeron que era el mejor testimonio del Nuevo Testamento, y hasta que Jesús formó parte de aquella comunidad que escribió y guardó esos textos: los enigmáticos esenios.

Nada de eso es verdad

Los textos hallados en las cuevas de Qumrán, a orillas del Mar muerto por unos pastores beduinos, son fragmentos procedentes de unos 800 manuscritos que, en su origen, se presentaron en forma de rollos. Muchos de esos manuscritos son copias de copias, pues en la antigüedad, el papiro era desgraciadamente, la forma más popular de transmitir el saber. Y el papiro se deteriora fácilmente.

Antiguo Testamento

¿Qué contenían entonces? En parte son textos bíblicos, del Antiguo Testamento, y en parte son textos religiosos no bíblicos de diverso signo, como reglas morales y legales. Existen unos 200 manuscritos bíblicos entre los que se encuentran 32 copias del Libro de los Salmos, 28 copias del Deuteronomio, 21 copias del Libro de Isaías, citas ínfimas (los teffilim, o pequeñas tiras de cuero), con citas del Éxodo y del Deuteronomio, tiras que se ponían en un estuche y que se llevaban en el brazo o sobre la cabeza.

Los manuscritos esenios permitieron completar algunos pasajes oscuros de las Sagradas Escrituras, pero no descubrieron nada realmente fascinante, a pesar de que se trató de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX.

Reconstrucción exacta

Muchos exegetas y paleógrafos respiraron tranquilos al comprobar que la historiografía cristiana había logrado componer unos escritos sagrados bastante certeros. Hay que recordar que la Biblia, tal y como la conocemos, fue recopilada por primera vez en la historia en el siglo III antes de Cristo, cuando setenta sabios judíos fueron a Alejandría para aportar a la famosa biblioteca la historia del pueblo de Israel (el antiguo testamento), a petición del rey Ptolomeo. Se tradujo al griego del arameo y hebreo antiguos. Así nació la llamada Biblia de los Setenta, en la que se basa el texto cristiano actual. Posteriormente nació una recopilación hebrea que se llamó texto masorético (tradición, en hebreo) la cual se hizo en el siglo IX DC. Es la versión hebraica.

Pero de los textos originales, al igual que los textos de los filósofos griegos presocráticos, no hay ningún rastro. Todo es debido a su débil soporte de transmisión (el papiro, la vitela, el cuero), pero se han hecho miles y miles de copias de copias desde entonces. Sin embargo, cada copia siempre tenía algún error de interpretación o de transcripción, de modo que la paleografía cristiana se ha esmerado en comparar copias para recomponer un texto lo más parecido al original.

Los manuscritos de Qumrán demostraron que el trabajo de los doxógrafos y paleógrafos cristianos fue serio y atinado durante siglos, y que en Qumrán solo había textos del Antiguo Testamento.

Y a pesar de que, más recientemente, el padre Josep O’Callahan, (experto papirólogo), vio en algunos de estos trozos de Qumrán pequeñas frases del Nuevo Testamento, un examen más profundo constató que la vida de Jesús no estaba recogida en los manuscritos.
 
Textos públicos

Los textos son públicos desde 1991, cuando las autoridades arqueológicas de Israel (que controlan el acceso a los documentos desde la Guerra de los Seis Días en 1967), permitieron la libre consulta a todos los documentos. Desde esa fecha, se han ido fotografiando, y desde hace pocos años, se podían consultar en internet en este formato. Pero ahora, con Google, se podrán consultar de una forma mucho más cómoda: digitalizados.

Ahora bien, lo más importante de los manuscritos de Qumrán es lo que está fuera de la Biblia, pues allí se encontraban textos de la Regla de la Comunidad y la Regla de la Guerra, una serie de normas que regían la vida de esa extrañísima comunidad llamada los esenios.

¿Quiénes eran estos esenios?

Según se desprende de la Regla de la Comunidad, los esenios eran un grupo judío “fuertemente estructurado, con su propia jerarquía y sus funcionarios, cuyos miembros ponían en común todos sus bienes, participaban en comidas comunitarias, y se hallaban sometidos a una disciplina muy estricta, con penas y castigos para cualquier transgresión”, comenta Florentino García Márquez en la reseña ‘Los manuscritos de Qumrán’. En suma, un grupo de judíos conviviendo hace más de dos mil años bajo mismas  reglas que los kibutz del siglo XX.

¿Por qué se habían retirado al desierto, imitando al profeta Isaías? Según se desprende de otro texto encontrado en Qumrán, (la Regla de la Guerra), se llamaban a sí mismos Los Hijos de la Luz, se habían retirado para purificarse, y esperaban volver a Jerusalén “al final de los tiempos”, después de haber vencido a Los Hijos de las Tinieblas.

¿Estaba Jesús entre los esenios?

En los manuscritos de los esenios se mencionaba la figura de un jefe carismático llamado el Maestro de Justicia, quien había recibido la revelación de los Textos Sagrados y, de forma escatológica, conduciría a esta comunidad a la victoria “al final de los tiempos”. ¿Era Jesús el Maestro de Justicia? ¿Acaso no coincidían los 17 años que se pierden de la vida de Jesús con su estancia entre los esenios? El célebre periodista e historiador Edmund Wilson coqueteó con esta idea en su célebre libro sobre los manuscritos de Qumrán. Pero se dejó llevar por el periodismo más que por el rigor.

La respuesta de los expertos es rotunda: Jesús no convivió con los esenios. Los textos de Qumrán no mencionan a Jesús porque son anteriores a él. La comunidad (para algunos, secta) de los esenios sí vivió en tiempos de Jesús, como confirma el historiador Flavio Josefo, coetáneo de Cristo. Pero sus textos se escribieron antes y no tienen ninguna relación con el Nuevo Testamento.

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