La “Divinidad” de Jesús

Por Sir. Anthony F. Buzzard (Teólogo Unitario)

 

Decir que Jesús no es Dios no es negar que él está excepcionalmente investido con la naturaleza divina. La Divinidad es, por así decirlo, “innato” en él en virtud de su concepción única bajo la influencia del Espíritu Santo, como también por el Espíritu que mora en él en medida plena (Juan 3:34). Pablo reconoce que la “plenitud de la deidad moraba en él” (Colosenses 1:19; 2:9). Viendo al hombre Jesús vemos a gloria del Padre (Juan 1:14). Vemos que Dios mismo estaba “en el Mesías reconciliando al mundo consigo mismo” (2 Corintios 5:19). El Hijo de Dios es, por consiguiente el pináculo de la creación de Dios, la expresión plena del carácter divino en un ser humano. Sin embargo la gloria del Padre fue manifestada, en un mucho menor grado, en Adán (Salmo 8:5; cp. Génesis 1:26), en Jesús la voluntad del Padre es plenamente explicada (Juan 1:18).

 

Nada de lo que Pablo dice acerca de Jesús lo saca de la categoría de un ser humano. La presencia de Dios que moró en el templo no convirtió al templo en Dios! Raramente es observado que un alto grado de “divinidad” es atribuida por Pablo también al Cristiano13 que tiene el espíritu del Mesías morando en él (Efesios 3:19). Así como “Dios estaba en Cristo” (2 Corintios 5:19), así también Cristo estaba “en Pablo” (Gálatas 2:20), y él ora para que los Cristianos sean “llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 1:23; 3:19). Pedro habla de los fieles como teniendo la “naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). Lo que es cierto de los Cristianos es cierto en un más alto grado de Jesús quien es el “precursor” que lleva a otros a través del proceso de la salvación después que él mismo hubo “completado la trayectoria” exitosamente (Hebreos 2:10).

 

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¿UNA PREGUNTA DE TONTOS?

 

 

 

Por Ing°. Mario A Olcese (Apologista)

 

El mensaje Central de Jesucristo

 

Como sabemos, el Señor Jesucristo comenzó su ministerio predicando el evangelio, y anunciando que el reino de Dios se había acercado, y que era imperioso arrepentirse para participar de reinado (Marcos 1:1;14,15, “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”).

 

Este llamado de Cristo se prolongaría a lo largo de su ministerio, y se convertirá en su mensaje central. Por lo visto en el NT, el reino de Dios es la razón de todas sus parábolas, y el motivo por el cual él fue enviado por Su Padre al mundo hace dos milenios (Lucas 4:43: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado).

 

Siendo que Jesucristo admitió que fue enviado específicamente a predicar el evangelio del reino de Dios, los cristianos deberían estar bien enterados sobre este tema tan crucial y central que caracterizaría a Jesús y su ministerio. Lamentablemente, pocos hoy le dan la debida importancia al Reino de Dios cuando lo consideran “muy Judío” y no cristiano. Otros, en cambio, lo han aceptado, pero le han dado mayormente un significado espiritual o alegórico y no literal y mesiánico.

 

La pregunta final de los Apóstoles

 

Los apóstoles como buenos discípulos de Jesucristo siempre le hacían preguntas importantes a su Maestro, y como es de suponer, hubo una última pregunta que ellos le hicieron antes de que partiera al cielo. Esa pregunta la encontramos en el libro de los Hechos, capítulo 1, y que resume toda la esperanza cristiana para el futuro. Aquí, en esta última pregunta, y en la respuesta de Jesús, descubriremos si realmente los apóstoles creyeron que un reino totalmente nuevo y “espiritual” o si ellos más bien aún creían en su tradicional y antiguo significado judeo- mesiánico.

 

Antes de examinar la pregunta apostólica, y la respuesta de Jesús, hay que destacar que Jesús comienza su ministerio hablando sobre el Reino de Dios, y lo terminará hablando del mismo tema. Esto es curioso, aunque no sorprendente, pues como ya hemos dicho, éste fue el tema de todo su ministerio, y la razón por la cual Su Padre lo envió al mundo hace dos milenios. ¡Ojalá que los predicadores de hoy comenzaran predicando este mismo evangelio del reino que predicaron Jesús y sus apóstoles, y terminaran hablando de esto mismo en sus cierres de campañas de evangelización! Desgraciadamente, este mismo mensaje del Reino es poco o nada predicado hoy entre los católicos y protestantes por igual. Y las pocas veces que oímos a Católicos o evangélicos hablar sobre este tema, o bien lo espiritualizan totalmente, o sino lo aplican únicamente para el pueblo Judío, pero no para la iglesia.

 

¿Cuál fue la pregunta final de los discípulos?

 

La pregunta final se origina debido a que Jesús se la pasó con sus discípulos 40 días hablándoles sobre el Reino de Dios (Hechos 1,3: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios).  Entonces leemos que inmediatamente después de haber participado en ese “seminario” intensivo de 40 días sobre el tema del reino de Dios, todos los discípulos le hacen la correspondiente pregunta a Jesús: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6).

 

¿Estaban equivocados los discípulos?

 

Es interesante que todos los que estaban reunidos le preguntaron lo mismo al Señor. Nótese que ellos NO querían saber si el Reino SERÍA RESTAURADO a Israel, sino más bien, si el Reino sería restaurado a Israel EN ESE TIEMPO…¡el tiempo de los apóstoles!

 

La Respuesta de Jesús

 

Jesús al oír esa pregunta de sus discípulos él no se sorprende, como cuando un maestro enseña algo y todos lo mal entienden. No, no. Jesús no los corrige, ni les dice que están errados al estar esperando una utópica restauración del reino a Israel. Y aunque parezca mentira, hay muchos comentaristas bíblicos que afirman exactamente eso, que los discípulos fueron torpes e ignorantes al formular semejante pregunta a Jesús, y máxime,  cuando en realidad él ya no tenía ninguna fe en una futura restauración del reino a Israel. ¿Pero es verdad eso? ¿Acaso Jesús ya no creía en que Dios restauraría el reino a Israel? Veamos su respuesta: Y les dijo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). ¿Hay en esta respuesta algún indicio de que Jesús corrigió a sus discípulos o que él no creyó más en la restauración del reino a Israel? ¡¡¡NO!!! Al contrario, su respuesta CONFIRMA LA VALIDEZ DE LA PREGUNTA APOSTÓLICA. Efectivamente, el reino sería restaurado a Israel, pero EL TIEMPO sólo es de conocimiento de Dios. Esta fue la clara respuesta de Jesús que incomoda a Católicos, Testigos de Jehová, Mormones, Adventistas, Evangélicos dispensacionalistas, a Campbelitas y a Preteristas.

 

Conclusión:

 

Dios restaurará el reino davídico a Israel, pero el tiempo exacto de ese magno evento sólo lo sabe el Padre, y no el Hijo, ni los ángeles del cielo, y menos, los humanos (Marcos 13:32).

 

Así que si usted escucha a algún evangelista predicando que Dios no va a restaurar más el reino a Israel, ese predicador es definitivamente un falso maestro.

 

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MATEO 24:3: ¿SE CUMPLIÓ EN EL PRIMER SIGLO, O ESTÁ AÚN POR CUMPLIRSE?

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Estimado señor Olcese:

 

Mi nombre es Emmanuel Herrera Flores, debo decirle que siempre leo sus artículos que publica en internet ya que me interesa saber puntos de vista distintos para ir descubriendo la sana doctrina que tanto hace falta en el cristianismo y creo que su página es una de las que tiene bastante de lo anterior por no decir todo.

 

He leído su artículo sobre “La señal clave del regreso de Cristo a la tierra que los Preteristas han pasado por Alto” y con respecto al ella tengo una duda.  Tomando la lectura de este pasaje (Mateo 24) y todo su contexto yo entiendo que Jesús está hablando de la destrucción del templo de Jerusalén y no de su segunda venida.

 

En base al contexto del libro entiendo que el fin del siglo a que se refiere es el fin de la dinastía de los sacerdotes y de la ley judaica en general.  Es un hecho indudable, según yo, que después de la destrucción del templo de Israel estos quedaron atados de manos ya que se perdió todo elemento físico y humano (como el arca del pacto y clase sacerdotal) con el cual era posible realizar sacrificios y todo lo que la ley de Moisés mandaba.

 

No entiendo en verdad porque se toma este texto para hablar del fin del mundo y de la segunda venida de Cristo, ya que tampoco comprendo el porqué los apóstoles preguntarían sobre la destrucción del templo de Israel y también sobre la segunda venida, o sea, eso sería como hacer una pregunta doble apuntando a 2 hechos muy distanciados y diferentes es por eso que concluyo que: o la pregunta apunta directamente a la destrucción del templo o apunta directamente a la segunda venida de Jesús, pero en ningún caso a los dos hechos juntos, y según el contexto del libro, es evidente que la pregunta es dirigida a la destrucción del templo.

 

No es que sea de alguna clase de secta o como usted escribió, Preterista (que no sé quienes puedan ser). Sólo me dedico a escuchar y hacer, en la medida en que puedo,  como Cristo manda en su palabra con la esperanza de ver con mis propios ojos su segunda venida.

 

Muchas bendiciones y espero su respuesta.

 

Atte,

 

Emmanuel Herrera Flores.

Iquique – Chile.

 

Respuesta:

 

Estimado Emmanuel, me parece que su pregunta es muy interesante y a la vez profunda y controversial. Así que examinemos lo que Jesús dice Mateo 24:1-34: Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.2 Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4 Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6 Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.8 Y todo esto será principio de dolores. 9 Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.10 Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. 15 Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18 y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.19 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 20 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. 23 Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes. 26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.28 Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.29 E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. 32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca

 

Pues bien, por mucho tiempo los teólogos se han preguntado lo mismo que usted si es que en Mateo 24:3 Jesús respondió a una pregunta compuesta, o a dos o tres preguntas distintas. En este verso 3 los discípulos le preguntan claramente a Jesús: ¿cuándo serán estas cosas (la destrucción del templo), y qué señal (singular) habrá de tu venida, y del fin del siglo? . Aquí hay evidente tres preguntas: Una es sobre el tiempo de la destrucción del templo; otra, sobre su venida; y otra, sobre el fin de la era o siglo. Ahora bien, para muchos estudiantes de la profecía, la destrucción del templo estaría ligada a la venida de Cristo y al fin de la era, ¿pero es esto   necesariamente así? Note que los discípulos aquí no le preguntan a Jesús “Y qué señal habrá de la destrucción del templo, de tu venida, y del fin del siglo, sino y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo”. Pareciera que ellos no le estaban pidiendo a Jesús una señal para la destrucción del templo, pero sí para su venida y para el fin de la era o siglo! Así que, a mi entender, la señal solicitada por sus discípulos era para conocer su venida en gloria, y el tiempo del fin de la era, o del presente siglo malo de Satanás, y no para la destrucción del templo mismo. Esto me sugiere que ellos veían la destrucción del templo, y su venida y el fin de la era como eventos distintos y separados por el tiempo.

Ahora bien, en los versículos 4 al 34 de Mateo 24, Jesús anuncia una serie de eventos que serían precursores de su cercanía, más no de su venida misma. Jesús nunca dijo que los sucesos bélicos, las hambrunas, las pestes, los falsos cristos, los falsos maestros, la tribulación, la predicación mundial del evangelio, serían señales de que él ya ha regresado y que está entre nosotros, sino más bien de su inminente regreso. El los comparó como los dolores de parto que anuncian la “llegada al mundo del hijo esperado”, y éstos serían más intensos y dolorosos en la medida que el bebé estuviese listo para aparecer en el mundo. Esto lo entiende muy bien cualquier mujer que ha estado embarazada y ha dado a luz a un bebé. Los dolores de la mujer encinta aumentan en la medida que se acerca el nacimiento, y esto es precisamente lo que ha venido sucediendo en nuestro mundo en los últimos dos milenios.

La humanidad efectivamente ha experimentado en estos últimos dos mil años que todos esos dolores han ido creciendo y aumentando en frecuencia e intensidad con el avance de la ciencia.  Hoy más que nunca la humanidad está al borde del “geocidio”. Por las razones arriba expuestas es que yo creo que el preterismo se equivoca cuando sostiene que las señales de Mateo 24 se cumplieron en el siglo primero y que ellas son evidencia de que Cristo efectivamente regresó en el año 70 DC. Me parece que los preteristas aún no entienden que las señales de Mateo 24 sólo nos indican u orientan sobre cuán cerca está nuestro Señor, pero de ninguna manera no nos dicen que él ya llegó. Este mismo error lo cometen los “Testigos de Jehová” desafortunadamente.

Ahora bien, tome nota de esto: La única señal que nos indicará su verdadera llegada la encontramos en Mateo 24:30, y que es la respuesta directa y sin rodeos de Jesús a sus discípulos cuando le requirieron por esa la señal singular. Sí, a Jesús le pidieron una señal en particular, y Jesús se las dio sin rodeos…¡y sólo una! El verso 30 dice así: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Así que por fin aquí Jesús les da la señal de su venida, es decir, su aparición en el cielo como el Hijo del Hombre, viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Esta es la única señal que tenemos de Jesús de su verdadera llegada o venida a este mundo. Su aparición personal, visible, y poderosa, desde los cielos a las nubes celestiales y el consiguiente arrebatamiento de sus seguidores para conducirlos a su reino milenario (Mateo 25:31,34). ¡Esto definitivamente no ocurrió en el siglo I!

Es por todo esto que creo que Mateo 24:3 no se cumplió en el año 70 DC, ya que en ese año Jesús no sólo no llegó de la manera cómo la SEÑAL lo indicaba, sino que tampoco nuestro Señor inauguró su reino milenario junto con todos sus santos, tanto los muertos que resucitaron, como con los que quedaron vivos de la gran tribulación.

Finalmente, creo que efectivamente la destrucción del templo se cumplió tal como Jesús lo indicó en Mateo 24:2, aunque se podría decir que aún podría haber un tercer y futuro cumplimiento de destrucción de un nuevo templo Judío para antes la parusía del Señor en gloria. Los hechos indican que los Judíos ortodoxos están hace mucho tiempo  planificando la construcción de un templo en el mismo lugar donde estuvo el templo de los tiempos de Jesús.

Espero que mi respuesta le haya servido de información y aclaración.

Atentamente,

Mario Olcese (Apologista)

Más información sobre este tema en:

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¿Y QUÉ DIREMOS DEL CATOLICISMO ROMANO?

 

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Por Harley Pinon

 

          En general, ¿cómo se convierte la gente en Católica? Probablemente la   mayoría se hicieron Católicos de la misma manera cómo la gente se vuelve miembro de otras iglesias — ellas nacieron en una familia Católica. Hay otro camino cómo las personas se vuelven Católicas — ellas se casan con un Católico. Y sí, estoy seguro que algunos se convierten al catolicismo por otros motivos que lo que hemos  mencionado aquí.

 

¿Por qué importa cómo se hace alguno un miembro de la Iglesia Católica, o de alguna otra iglesia? Importa porque nos volvemos muy emocionalmente involucrados con nuestras creencias religiosas. Si alguien o algo reta nuestras creencias, es como si ellos nos desafiaran a nosotros y a nuestra familia, y la gente a menudo se vuelve muy defensiva. Puedo decir francamente que fui criado un poco diferente debido a mi papá. Si usted está interesado en más de la historia sobre mi padre, sugiero el breve artículo que escribí sobre él. Mi padre desafió todas las creencias religiosas por lo que dice la Biblia. Esto se hizo parte de mi sistema de creencia. Carolyn y yo somos miembros de la Iglesia de Cristo, pero discrepamos con algunas enseñanzas que son comúnmente sostenidas por los miembros de la Iglesia de Cristo. Éstas son halladas en otra parte en mi sitio Web, y son demasiado numerosas para ponerlos en una lista aquí. Artículos Sobre el Reinado Milenario de Cristo ¿Estamos allí aún? La Trinidad, y muchos otros.

 

 

            Todo que digo es que he estado dispuesto a cuestionar las enseñanzas de la iglesia de la cual soy un miembro. Hay una razón para hacer esto. Revelación 2 y 3 son cartas que están escritas “a las siete iglesias de Asia.” ¿Cuál es el mensaje?  “El que tiene un oído, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza le daré de comer del árbol de vida que está en medio del Paraíso de Dios. (Rev 2:7 NKJV). ¿Cuál es el mensaje? Mientras usted lee estos dos capítulos, lo que hallará usted es que Dios da una descripción de la condición general de cada iglesia, ¿pero cuál es el mensaje más crítico cada vez? Cada vez hay una promesa al individuo que vive según la voluntad de Dios, “al que venza” y luego un desafío a la iglesia para arrepentirse en la mayor parte de los casos.

 

            Así que, ¿cuál es el mensaje? Creo que el mensaje es que debemos hacer como mi padre siempre nos impulsaba a hacer: estudien las escrituras y encuentren la voluntad de Dios, y luego háganla sin tener en cuenta lo que los otros estén haciendo. Sí, si usted lee la historia sobre mi padre, usted encontrará que él abandonó la iglesia. Una iglesia de que él había sido un anciano en un tiempo, pero cambió porque él creyó que estaba equivocada. Si usted es un católico, yo le pediría que considerara con cuidado y con oración las preocupaciones que tengo sobre el catolicismo romano. Este es sólo una parte limitada de mis preocupaciones, pero en esta ocasión, no haré de éste un estudio exhaustivo.

 

 

            ¿Qué podemos decir sobre el catolicismo? La Iglesia Católica está orgullosa del hecho de que puede remontar su historia atrás a la iglesia del primer siglo. Es impresionante a un grado, pero esto también tiene algunos problemas potenciales. Durante un período largo del tiempo, las cosas pueden cambiar. Esperaríamos que las cosas  cambien para mejor, pero no es siempre el caso. Pablo advirtió: “Ya sé esto, que después de mi partida entrarán lobos salvajes entre ustedes, que no perdonarán al rebaño. {30} “También de entre ustedes mismos se levantarán hombres diciendo cosas perversas, para apartar a los discípulos tras ellos mismos.” (Nueva Versión del Rey Jaime, Hechos 20:29-30)

 

             ¡Mire a los Estados Unidos! ¿Es Estados Unidos un mejor país hoy que cuándo fue fundado? De un modo material, la respuesta es obviamente sí, ¿pero qué sobre nuestras raíces espirituales? Mientras escribo este artículo, lo hago bajo la perspectiva de uno que ha vivido en esta tierra durante casi 69 años. Esto no es completamente un tercio de los años que nuestro país ha venido siendo una nación, pero mire los cambios: la Corte Suprema ha legalizado el aborto, prohibió que la Biblia sea leída en las escuelas públicas, prohibió la oración en muchos establecimientos públicos. Los homosexuales solían “vivir en el armario,” y ahora su estilo de vida es alardeado, y somos considerados como intolerantes si no aceptamos su estilo de vida. ¡Todo esto en solo 69 años!

 

            Así que, ¿qué le pasó a la iglesia? Durante el cuarto siglo, Constantino tomó una segunda mirada al cristianismo. Él vino a admirar a los cristianos. Él vio que ellos morirían para su fe, y decidió que éstos eran la clase de gente que él necesitaba más, entonces legalizó el cristianismo. Unos podrían pensar: ¡Qué bendición! ¿Pero lo fue? Constantino era un hombre de trasfondo político y un gobernante; él no era un erudito de la Biblia. Este es parte del problema, pero hay otros aspectos del catolicismo que deben ser considerados.

 

¿Qué es la Biblia?

 

            La Biblia, para el protestante Cristiano es la palabra inspirada de Dios. ¿Cómo es eso verdadero? Es verdadero debido a nuestro entendimiento de la inspiración. ¿Qué es la inspiración? Considere este pasaje: (2 Pedro 1:20-21 NKJV) “conociendo esto primero, que ninguna profecía de la Escritura es de ninguna interpretación privada, {21} porque la profecía nunca vino por la voluntad del hombre, sino que hombres santos de Dios hablaron cuando ellos fueron movidos por el Espíritu Santo.” Este pasaje dice mucho sobre la Biblia. En efecto, este puede ser el entendimiento de muchos Católicos para la Biblia, pero muchos líderes Católicos no ven la Biblia de esta manera. Ellos ven que los hombres santos de Dios hablaron por inspiración, pero pasan por alto, o minimizan, la segunda parte: “cuando ellos fueron movidos por el Espíritu Santo.” Como consecuencia, muchos líderes Católicos colocan muchas enseñanzas humanas a la par con la Biblia. El pensamiento va como esto: la iglesia nos dio la Biblia, así que la iglesia puede cambiar la Biblia. Ellos enseñan que el Papa es infalible. Esto significaba que él podía hablar con la misma autoridad que la Biblia. Lo que pasa es que las palabras del Papa, y las tradiciones de la Iglesia Católica, vienen para llevar el mismo peso que la Escritura. Pero todo esto entra en la dirección incorrecta. Si la Biblia es inspirada por Dios, entonces es Dios Quien nos dio la Biblia. No es verdad que la iglesia nos dio la Biblia. Este es el libro de Dios, y el hombre no tiene derecho de cambiarlo. ¿Qué pasa cuando el hombre decide que él puede cambiar la Biblia?

 

Prácticas y Doctrinas no encontradas en la Biblia.

 

            No intentaremos poner todas las diferencias entre el catolicismo y el protestantismo en una lista, pero dejarme nombrar unos cuantos. La oración a María no es enseñada en ninguna parte en la Biblia, sin embargo es practicado por el catolicismo. Para los Católicos, María es referida como “la madre de Dios.” ¡Esto es imposible! Dios es eterno. María tuvo un principio y un final de vida en esta tierra. De ninguna manera era ella Dios. Ella dio a luz a Jesucristo por el Espíritu Santo que la cubrió, y a consecuencia de su parto, a Cristo lo llamaron “el Hijo de Hombre.” El nombre que Jesús solía usar más a menudo para sí era ‘el Hijo de Hombre’. Incluso en el pasaje siguiente, Él usa la expresión, el Hijo del Hombre, (Mateo 18:11 NKJV) “Porque el Hijo de Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.” Ochenta y siete veces en La Nueva Versión del Rey Jaime de la Biblia, es usada la expresión ‘el Hijo del Hombre’. En contraste, “el Hijo de Dios” es usado sólo cuarenta y seis veces, y muchas de estas referencias fueron hechas por otros sobre Él. No niego que Él fuera el Hijo de Dios. Él lo era, y es importante, pero tenemos que entender claramente que María no era la madre de Dios. De hecho, no creo que la Biblia enseñe que Jesús era Dios. Yo creo que enseña que Él era el Hijo de Hombre, y el Hijo de Dios, pero hay una diferencia entre ser Dios y ser el Hijo de Dios. Si usted está interesado en esta pregunta, yo le mandaría una lista entera de artículos que están colocados en otra parte en este sitio Web. Índice de Artículos sobre la Trinidad.

 

No entraremos en una lista completa de todas las diferencias entre el catolicismo y el cristianismo Protestante. Es fácil decir, pero más difícil percibir, pero la pregunta es esta: ¿son estas distintas prácticas halladas en la Biblia? Hay muchas: el bautismo infantil (rociamiento en lugar del bautismo por inmersión), la elevación de los sacerdotes para hacerlos tan especiales, así como el rango de Arzobispos,  Cardenales y de Papa (Su Santidad, Su Eminencia, Santo Padre, etc) que no son hallados en la Biblia, y que están en contradicción al espíritu que Cristo dijo que todos Sus seguidores deberían tener: (Mateo 23:8-9 KJV) “Pero no sean ustedes llamados Rabí: porque uno es su Maestro, aun Cristo; y todo ustedes son hermanos. {9} y no llaméis a ningún hombre padre sobre la tierra: porque uno es su Padre, que está en el cielo.” Otra vez, aquí hay una violación por la Iglesia Católica porque ellos se refieren a los sacerdotes como “Padre.” Jesús claramente dijo no hacer esto.

 

¿Y la Biblia Católica?

 

             Muchos Protestantes Cristianos piensan que la diferencia entre la Iglesia Católica y las otras iglesias es la Biblia Católica. No creo que éste sea el caso en absoluto. El Antiguo Testamento Católico contiene libros que nosotros (los no Católicos) nos referimos como los libros Apócrifos. Algunos de éstos pueden ser históricamente correctos, pero los Cristianos Protestantes no los aceptamos como inspirados. Realmente no creo que eso constituya la mayor parte de la diferencia entre el cristianismo Protestante y el catolicismo. El verdadero problema que veo con la Biblia Católica está en las notas a pie de página. Hay una nota al pie de página en la Biblia Católica sobre el pasaje al cual me referí arriba sobre el no llamar a ningún hombre Padre sobre la tierra, y la nota al pie de la página nos explica esto: ‘Pero eso no aplica a llamar a un sacerdote su Padre’. No puedo poner mis manos sobre mi Biblia Católica, así que estoy parafraseando, pero ese es el pensamiento. Si las notas a pie de página son ignoradas, la Biblia Católica no es tan diferente de la Biblia usada por los Cristianos Protestantes.

 

El Grito del Movimiento de Restauración

 

            En otra parte en este sitio Web tengo un artículo: ¿Por qué soy un Miembro de la Iglesia de Cristo? Creo que los líderes del movimiento de restauración trataban de traernos nuevamente a la Biblia. Esto es lo que estoy personalmente interesado en hacer – regresar a la Biblia. Hasta desafío a mis hermanos en las Iglesias de Cristo con artículos que he colocado en este sitio Web, como el artículo ¿Estamos allí aún? Personalmente, quiero que todos los creyentes estén unidos, como Cristo oró la noche de Su traición, “no oro para estos solos, sino también para aquellos que creerán en Mí por tu palabra; {21} “que todos ellos puedan ser uno, como Tú, Padre, estás en Mí, y yo en Ti; que ellos también puedan ser uno en Nosotros, que el mundo pueda creer que Tú me enviaste.” (Juan 17:20-21 NKJV)

 

Hay un pasaje de la Escritura que me causa verdadera preocupación por todos mis amigos Católicos. Sé que éste está en Revelación, y sé que no es el libro más fácil de entender, pero creo que Revelación 17 describe a la Iglesia Católica. Un verso dice que “Aquí está la mente que tiene la sabiduría: las siete cabezas son siete montes en las cuales la mujer se sienta.” (Rev 17:9 NKJV) Roma se sienta en siete montes. Entonces este desafío sigue: “y oí otra voz desde el cielo, “Salid de ella, pueblo mío, no sea que ustedes compartan en sus pecados, y no sea que ustedes reciban de sus plagas. {5} “Porque sus pecados han alcanzado al cielo, y Dios ha recordado sus iniquidades.” (Rev 18:4-5 NKJV)

 

           Un otro pensamiento, y terminaré por ahora. La Iglesia Católica tiene problemas porque sus sacerdotes están implicados en molestar a muchachos sexualmente. También he leído del sexo inmoral entre sacerdotes y monjas. Todo esto es contrario de la Biblia y es provocado por otra violación: “ahora el Espíritu expresamente dice que en tiempos últimos algunos se apartarán de la fe, prestando atención al engaño de espíritus y a doctrinas de demonios, {2} hablando mentiras en hipocresía, teniendo su propia conciencia chamuscadas con un hierro caliente, {3} prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de la comida que Dios creó para ser recibida con acción de gracias por aquellos que creen y saben la verdad.” (1 Tim 4:1-3 NKJV). A causa de los días difíciles cuando Pablo escribía a la iglesia en Corinto, él dijo que permanecer soltero podría estar bien, pero hay que mirar el cuadro entero: Pero digo al soltero y a las viudas: está bien para ellos si ellos permanecen aun como yo estoy; {9} pero si ellos no pueden ejercer el autocontrol, déjenles casarse.Ya que es mejor casarse que quemarse con la pasión. “(1 Cor. 7:8-9 NKJV) la Iglesia Católica no permitirá que sus sacerdotes o monjas se casen.  Como resultado, ellos se queman con la pasión y demasiado a menudo se implican en la inmoralidad sexual. La Iglesia Católica ha aceptado doctrinas seriamente estropeadas, y yo impulsaría a mis amigos Católicos a pensar seriamente a dejar el catolicismo y hacerme simplemente Cristianos del Nuevo Testamento. ¿Cómo se hace uno Cristiano? Otra vez, déjeme referirle a un artículo en mi sitio Web: ¿Cómo Se hace Uno Cristiano? Si usted tiene preguntas adicionales o comentarios, siéntase libre de ponerse en contacto conmigo por el correo electrónico.

Harley Pinon es un anciano de la Iglesia de Cristo (o Campbelismo). No obstante, el hermano Pinon ha llegado a aceptar el futuro reino de Dios en la tierra en contraposición con la creencia básica de su iglesia de que el reino es la iglesia y que ya está presente desde el siglo I. También el hermano Pinon es ahora un anti Trinitario que ha aceptado el unitarismo de los primeros Cristianos. Él permanece en la iglesia de Cristo para dar testimonio de sus “nuevas” convicciones a sus hermanos Campbelitas, y a muchas otras personas a través de su sitio web: www.harleypinon.com

 

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El Reino de Dios y El Catolicismo

 

 

Por Apologista

 

 

La Biblia puede ser un libro muy polémico. Por ejemplo, hay una cuestión del Reino de Dios que es establecido aquí en la tierra – según el camino de Dios o según el camino del hombre.

 

Hay aquellos que creen que la humanidad ingresará en el Reino de Dios por el esfuerzo humano. Este es lo que la Iglesia Católica cree.

 

Luego están aquellos que, como un tal llamado “Apologista” en este blog, creen que esta idea es totalmente errada. Ellos dicen (¡y no les quitamos razón!) que el Reino de Dios requiere la presencia de un Rey – el Rey Jesús. El esfuerzo humano que promete establecer el Reino de Dios es pura locura, creen estos buenos hermanos, porque el Reino sólo lo puede establecer Dios por el Hijo (Col. 1:13, Mateo 25:31,34).

 

El CMI (Concilio Mundial de Iglesias) ha estado promoviendo “un evangelio del reino social de Dios en la tierra” durante años. Las iglesias que participan en el CMI están más mucho interesadas en salvar el planeta de lo que ellos están en el destino espiritual del hombre.

 

Más sobre el Catolicismo Romano en:

 

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LA IDEA CATÓLICA DEL ALMA

 

Busto de Aristóteles«La caracterización general más segura de la tradición filosófica europea consiste en una serie de notas al pie de la obra de Platón.» Alfred N. Whitehead, Process and Reality, 1929

Aristóteles

 

 

Mezcla de Platonismo y Aristotelismo

 

La tradición católica ha tomado muchos elementos del pensamiento Griego al pensar el alma. Ha tomado algo del dualismo platónico, al formular filosóficamente la idea de alma en sí misma. Y, desde santo Tomás de Aquino, ha tomado de Aristóteles la fórmula hilemórfica para entender la relación del alma con el cuerpo. Pero cree que el hombre es alma y cuerpo. Se separa de la idea de Platón de que el hombre alcanza su plenitud sin el cuerpo. Y se separa de Aristóteles cuando pensaba que el alma era mortal y ponía el fundamento de la inteligencia en otra instancia (nous). La tradición católica supone que el alma pervive tras la muerte y que realiza tanto la función de animar el cuerpo como la de entender. De esta manera combina la tesis de Platón y la de Aristóteles. Pero hay algo más. Se puede apreciar al pensar lo que el catolicismo cree sobre la muerte y la condición del alma separada.

 

A diferencia del platonismo, la tradición católica no quita ninguna dramaticidad a la muerte, que es considerada ‑en sí misma‑ no una liberación, sino una tragedia para la naturaleza humana. La muerte es consecuencia del pecado. La posición tradicional, que formula santo Tomás de Aquino, tiene ya una raigambre bíblica. El hombre es mortal por su corporalidad, sujeta a posible descomposición, pero, como está llamado a vivir cerca de Dios y, en esa misma medida, a tener una vida inmortal, Dios lo quiso en un ambiente especial (el paraíso, con el árbol de la vida del Génesis). De esta manera, se deja entender que la mortalidad es condición de la naturaleza en sí misma, y que la inmortalidad es un don querido por Dios y añadido a la naturaleza. Tras el pecado, el hombre queda privado de este don y abandonado a su naturaleza física.

 

Hay que leer la idea católica sobre la muerte bajo esta perspectiva. Esto provoca, inevitablemente, una idea menos optimista con respecto a la situación del alma separada. En la platónica, el alma alcanza un cierto estado de plenitud por el solo hecho de separarse del cuerpo y, sobre todo, por la contemplación que entonces le es posible. En la católica, la plenitud se alcanza tras la resurrección, y la gloria se vive con el cuerpo. La pervivencia del alma católica no es como la platónica. En la platónica, es plenitud, en el católica es una situación antinatural: el alma ha sido hecha para el cuerpo. Pervive tras la muerte, pero en su existencia y en su psicología depende enteramente de Dios.

 

Según la tradición católica, la pervivencia tras la muerte es un fenómeno escatológico. Los que mueren no quedan en un estado de pervivencia puramente natural, sino que pasan a estar delante de Dios para un juicio en su presencia, que merece un estado de bienaventuranza, de condenación o de purificación. No podemos imaginar cómo se realiza esto. Pero los bienaventurados—según el romanismo- están como personas, como sujetos delante de un Dios, que es “tripersonal”, y que «no es Dios de muertos, sino de vivos» (Mc 12, 27). Y que, desde entonces, esperan la resurrección, porque están llamados a ella para vivir en plenitud.

 

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La Palabra Hebrea para Uno—-Echad

Por Anthony F. Buzzard (M.Th)

 

      Es falso decir que la palabra Hebrea echad (uno) en Deuteronomio 6:4 señala a una “unidad compuesta”. Una defensa reciente de la Trinidad argumenta que cuando “uno” modifica un sustantivo colectivo como “racimo” o “manada” entonces implica una pluralidad en echad. El argumento es falaz. El sentido de pluralidad se deriva del sustantivo colectivo (manada, etc), no de la palabra “uno”. Echad en Hebreo es un uno numérico. “Abraham era uno [echad]” (Eze. 33:24; “solo un hombre,” NIV). Isaías 51:2 también describe a Abraham como “uno” (echad; “solo,” KJV; “el único,” NJB), donde no hay posibilidad de equivocación acerca del significado de esta simple palabra. Echad aparece vertido como el numérico “uno”, “solo”, “único”, “entero, indivisible”, “uno solo” Su significado normal es “uno y no dos” (Ecl. 4:8). “Dios es un Señor” (Deut. 6.4, citado por Jesús en Mar. 12:29, NASV), obviamente por consiguiente una persona sola y distinta del “Señor Mesías” mencionado en el mismo pasaje (Mar. 12:36). El único Dios es identificado con el Padre en Malaquías 1.6 y 2:10 y es constantemente distinguido en el Nuevo Testamento de Jesús, el Hijo de Dios, quién es presentado como un individuo separado. En la Biblia Hebrea “el ungido del Señor” (literalmente “cristo”) es el Rey de Israel. Este agente del Señor Dios en ninguna ocasión es confundido con Dios.

 

     Sostener que “uno” realmente significa “unidad compuesta” es un ejemplo de un argumento sin prueba lógica. Robert Morey sostiene que echad no significa un absoluto uno sino un uno compuesto. Este argumento envuelve un error lingüístico fácilmente notorio. Echad aparece unas 960 veces en la Biblia Hebrea y en ningún caso la palabra acarrea un indicio de pluralidad. Ella significa estrictamente “uno y no dos o más”. Echad es un adjetivo numérico y es a veces hallado normalmente modificando un sustantivo colectivo.—una familia, una manada, un racimo. Pero deberíamos observar cuidadosamente que el sentido de pluralidad reside en el sustantivo compuesto y no en la palabra echad (uno).

 

Al principio en Génesis oímos decir que “los dos (Adán y Eva) serán una carne” (Gén. 2:24). La palabra “uno” aquí significa precisamente uno y no más (una carne y no dos “carnes”!). Un racimo de uvas es exactamente eso—uno y no dos racimos. Así cuando se dice que Dios es “un Señor” (Deut. 6:4; Mar. 12:29, NASV) El es un solo Señor y no más.

 

     Suponga que alguno dijera que la palabra “uno” significaba un “uno compuesto” en las palabras “un trípode”. Suponga que alguno pensara que la frase un Estados Unidos de América implicara que ese un es realmente plural en su significado. El razonamiento engañoso es obvio: La idea de pluralidad pertenece a las palabras Trípode y “Estados”, no a la palabra “un”. Es un subterfugio transferir a “un” la pluralidad que pertenece sólo al siguiente sustantivo. Esto sería similar a decir que “un” realmente significa “un ciento” cuando aparece en la combinación “un cienpiés”!.

 

     Nuestro punto puede ser confirmado en cualquier léxico de Hebreo bíblico. El léxico de Koehler y Baumgartner nos da el significado fundamental de echad, “uno solo.” Cuando los espías regresaron con evidencia de la fertilidad de la tierra prometida ellos trajeron “un (echad)  racimo de uvas” (Num. 13:23, NRSV). Echad es frecuentemente vertido “un solo,” o “solo uno.” Así cuando se trata del asunto del credo de Israel, el texto nos informa (como lo hacen los múltiples pronombres singulares para Dios) que El Señor supremo de Israel es “un único Señor”,” “un Señor solo”.     

 

      Ha sido necesario ridiculizar nuestro punto porque la reciente defensa de la Trinidad emite la afirmación asombrosa de que echad siempre implica una “unidad compuesta.” El autor luego construye su caso para un Dios multi-personal en lo que él cree es una fundación firme en la Biblia Hebrea. El hecho lingüístico es que echad nunca significa “uno compuesto,” sino estrictamente “solo uno.” El hecho de que “muchas aguas fueron juntadas en un (echad) lugar” (Gén. 1:9), no provee datos del todo para un sentido de un uno compuesto, y mucho menos para una pluralidad en la Deidad.

 

     Desde que el extraño argumento acerca de la así llamada “pluralidad” en la palabra “uno” está tan ampliamente extendido y que ha sido aparentemente aceptado sin crítica alguna, añadimos acá los comentarios de un profesor de teología Trinitario quien concede que el argumento popular de la palabra echad (uno) es tan frágil como el argumento de la palabra elohim. Ningún caso para un Dios multi-personal puede basarse sobre el hecho de que “uno” en Hebreo y español puede a veces modificar un término colectivo:                                          

                   

“Aún más débil (que el argumento de Elohim) es el argumento de que la palabra Hebrea para “uno” (echad) usado en el Shema (“Oye, Israel: El Señor nuestro Dios es un Señor) se refiere a un uno unificado, y no a un absoluto uno. Por consiguiente, algunos Trinitarios han argumentado, que el Antiguo Testamento tiene  un punto de vista de una Deidad unida (27). Es, por su puesto, cierto que el significado de la palabra puede en algunos contextos denotar una pluralidad unificada (e.g. Gén. 2:24, “y serán una sola carne”). Pero esto realmente no prueba nada. Un examen del uso del Antiguo Testamento revela que la palabra echad es tan capaz de varios significados como lo es nuestra palabra Española “uno”. El contexto debe determinar si se ha intentado decir una singularidad numérica o una unificada singularidad.

 

          Ha sido a veces argumentado que Dios hubiera sido descrito como yachid, i.e. “solitario, apartado, el solo uno,” si sólo hubiera una persona en la Deidad. El uso de echad (“uno solo”), sin embargo, es del todo suficiente para indicar que la Deidad consta de un solo Dios unipersonal. Yachid es raro en el Hebreo bíblico. Este acarrea en la Biblia el significado de “amado,” “único engendrado” o “solitario” y sería inapropiado como una descripción de la Deidad”. Hay otra palabra Hebrea bad, “solo, por uno mismo”, separado”. El cual de hecho describe al Único Dios. Deuteronomio 4:35 declara que “y no hay otro fuera de él”. La absoluta singularidad del único Dios es similarmente enfatizada cuando se dice de El: “Tú solo eres Jehová” (Neh. 9:6), “Sólo tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra” (2 Reyes 19:15)., “Sólo tú eres Dios” (Sal.85:10). El único Dios de Israel es una sola persona, sin rival, y de una clase propia. El es Uno, con toda la simplicidad matemática implicada por esa palabra.

 

     Con estos hechos ante nosotros, sería difícil no simpatizar con el judío del primer siglo, teniendo el Antiguo Testamento como guía, por mantener con una decidida tenacidad la creencia en Un solo Dios conformado por una sola persona. Una investigación de las Escrituras Hebreas para hallar alguna señal de una dualidad o Trinidad de personas divinas activas en la creación probará ser infructuosa. Para proponer una Deidad de más de una persona nos requerirá arrojar a un costado las reglas del lenguaje y la gramática. Historiadores responsables, ambos seculares y religiosos, concuerdan que los Judíos de los tiempos de Jesús sostuvieron firmemente una fe en un Dios unipersonal. Es una de las más grandes ironías de la historia de que los teólogos Cristianos hayan negado a los Judíos el derecho de explicar el significado de Dios en sus propias Escrituras. Se requiere que la voz Judía en esta materia sea oída nuevamente:

          

El Antiguo Testamento es estrictamente monoteísta. Dios es un solo ser Personal. La idea de que la Trinidad debe encontrarse allí o aún de alguna manera escondida(29), es una asunción que por mucho tiempo a dominado en la teología, pero es totalmente carente de fundamento. Los Judíos, como un pueblo, se convirtieron bajo sus enseñanzas en duros oponentes de todas las tendencias politeístas hasta este día. En este punto no hay un ruptura entre las Escrituras del Antiguo Testamento y el Nuevo. La tradición monoteísta sigue persistiendo. Jesús fue un Judío, entrenado en las Escrituras del Antiguo Testamento por padres Judíos. Su enseñanza fue Judía hasta lo más profundo; verdaderamente un nuevo evangelio, pero no una nueva teología.

 

 

El Judaísmo no está como desprovisto de fórmulas dogmáticas como uno supone frecuentemente…el Judaísmo tiene sus propios credos y a artículos de fe. El Shema Israel (Deut. 6:4) no es sólo una fórmula litúrgica y un mandamiento; es también una confesión de fe, y es considerado como más importante que los credos Judíos históricos.

 

 

Como una confesión de fe, el Shema es la afirmación de la unidad y la singularidad de Dios. Constituye la más alta expresión del “monoteísmo Judío”: Adonai es nuestro Dios; Adonai es uno…” Los símbolos Cristianos de la fe—El Credo de los Apóstoles, el Credo Niceno-Constantinopolitano, el Credo de Atanasio, por citar sólo los más importantes—son considerados por los Judíos como una rotunda contradicción a esta declaración fundamental del monoteísmo Judío. Claude Montefiore lo ha expresado de la manera más inteligente: “Con respecto a la naturaleza de Dios, todos los Judíos sostienen que la doctrina de la divinidad de Cristo, de la Trinidad, del Hijo Eterno, de la personalidad del Espíritu Santo, son infracciones de la Unidad divina y  falsas”.

           

La idea de que Dios está constituido por diversas personalidades tal Como lo presenta la creencia Cristiana en la Trinidad es una separación de la concepción pura de la unidad o singularidad de Dios.Israel ha rechazado a través de los siglos todo lo que ha obscurecido o alterado la concepción del monoteísmo puro que ha dado al mundo, y más que admitir que existe alguna debilidad en ella, los Judíos están dispuestos a vagar, a sufrir, a morir.

 

     Los teólogos Trinitarios han batallado con el problema obvio de cómo reconciliar la Trinidad con el hecho de que la matriz del Cristianismo fue unitaria. El teólogo Trinitario Leonard Hodgson escribió:

 

(El Cristianismo) emergió dentro del Judaísmo, y el monoteísmo del  Judaísmo era entonces, y es aún, unitario. ¿Cómo establecería la Iglesia Cristiana una teología adecuada para expresar un nuevo Conocimiento de Dios que vino a ella a través de Jesucristo?… ¿pudo el monoteísmo ser revisado a tal grado que incluyera la nueva revelación sin cesar de ser monoteísta?

 

     Jesús fue un Judío comprometido al credo de Israel (Mar. 12:28ff.). Este hecho solamente debería persuadirnos que ha ocurrido un alejamiento del credo Judío de Jesús en alguna parte de la historia de la fe. Por el momento debemos enfatizar que el Judaísmo era unitario, nunca Trinitario. Fue bajo el tutelaje de esta escuela de pensamiento Judío, y  potenciado por la creencia  en el único Dios de Israel, que el prometido Mesías alcanzó la madurez e ingresó  en su excepcional ministerio

 

     ¿Puede ser demostrado que Jesús sostuvo y enseñó la creencia en el mismo Único Dios de los Judíos a través de su carrera? Para responder esta pregunta,  sólo es razonable que consultemos a sus propias palabras, fielmente registradas por aquellos que lo acompañaron mientras él proclamaba el evangelio Salvador del Reino venidero de Dios en Palestina (Mar. 1:14,15;

Lu. 4.43, etc).

El Monoteísmo del Antiguo Testamento Confirmado por Jesús y Pablo

 

 

Por Anthony F. Buzzard (Maestro Unitario)

 

 

Puede que Los lectores de la Escritura en este siglo no aprecien fácilmente la fuerza del monoteísmo-creencia en un Dios– que fue el primer fundamento de toda la enseñanza del Antiguo Testamento acerca de Dios. Los Judíos estuvieron preparados para morir por su convicción de que el verdadero Dios era una persona única. Cualquier idea de pluralidad en la Divinidad era rechazada como una peligrosa idolatría. La ley y los profetas insistieron repetidamente que sólo uno era el Dios verdadero, y ninguno pudo haber concebido “distinciones” dentro de la Divinidad una vez que se hubieron comprometido a memorizar textos como los siguientes (citados de la Versión Reina-Valera 1960 de la Biblia):

 

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio. 6:4).

“No tenemos todos un mismo Padre?¿No nos ha creado un mismo Dios?”      

(Malaquías 2:10).

“Antes de mí no fue formado Dios, ni lo será después de mí” (Isaías 43:10).

“Porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22).

Porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí” (Isaías     

46:9).

                

Ejemplos de declaraciones estrictamente monoteístas del Antiguo Testamento pueden ser multiplicados. El hecho importante a observar es que Jesús, como el fundador del cristianismo, confirmó y reforzó la insistencia del Antiguo Testamento de que Dios es uno. De acuerdo con los registros de su enseñanza compilados por Mateo, Marcos, y Lucas, Jesús no dijo nada del todo para alterar la creencia en la absoluta singularidad de Dios. Cuando un escriba (un teólogo) citó las palabras famosas “Dios es uno, y no hay otro fuera de él”, Jesús lo elogió porque él “había respondido sabiamente”, y  “no estaba lejos del reino de Dios” (Marcos 12:29-34).

 

En el informe de Juan sobre el ministerio de Jesús, el mismo Jesús confirmó igualmente su irrestricto monoteísmo de su herencia Judía con palabras que no pueden ser mal entendidas. El habló de Dios, Su Padre, como “el único que sólo es Dios” (Juan 5:44) y “el único Dios verdadero” (Juan 17:3). En todos sus discursos registrados él se refirió a la palabra “Dios” como una única persona. Podemos fácilmente discernir la ortodoxia Judía del Antiguo Testamento de Pablo quien habló de su creencia Cristiana en “un solo Dios, el Padre” (1 Corintios 8:6) y “el único Dios” como distinto de “un mediador entre Dios y los hombres” (1 Timoteo 2:5). Para ambos Jesús y Pablo, Dios era un único ser increado, “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 1:3). Aun después de que Jesús fue exaltado a la diestra del Padre, el Padre es aún, según las propias palabras de Jesús, Su Dios (Apocalipsis 3:12).

 

Debemos resumir nuestra discusión hasta aquí citando las palabras de L.L Paine, en una ocasión profesor en el Seminario Teológico Bangor:

 

“El Antiguo Testamento es estrictamente monoteísta. Dios es un Ser personal único. La idea de que una la Trinidad debe encontrarse allí o que incluso debe estar oculta de alguna manera de la vista, es una suposición que tiene una larga vigencia en la teología, pero carece totalmente de fundamento. Los Judíos, como un pueblo bajo sus enseñanzas vinieron a ser unos severos oponentes de todas las tendencias politeístas, y ellos han permanecido resueltos monoteístas hasta este día. En este punto no hay ruptura entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. La tradición monoteísta es continuada. Jesús fue un Judío, entrenado por padres Judíos en las Escrituras del Antiguo Testamento. Su enseñanza fue Judía en el núcleo; un nuevo evangelio realmente, pero no una nueva teología. El declaró que no vino a destruir la ley y los profetas, sino a cumplirlos, y él aceptó como su propia creencia el gran texto del monoteísmo Judío: “Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. Su proclamación concerniente a sí mismo estaba en línea con la profecía del Antiguo Testamento. El fue el ‘Mesías’ del reino prometido, el ‘Hijo del Hombre’ de la esperanza Judía…si él algunas veces preguntó ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? El no dio una respuesta más allá de la implicada aserción del ”Mesianismo” (Una Historia Crítica de la Evolución del Trinitarianismo, 1900, pp. 4,5.)

 

La fuerza del sentimiento Judío acerca del monoteísmo es ilustrada correctamente por las siguientes citas:

 

“La creencia que Dios está envuelto de algunas personalidades tal como la creencia Cristiana en la Trinidad, es una separación de la concepción pura de la unidad de Dios. Israel ha rechazado a lo largo de los siglos todo lo que ha estropeado u obscurecido la concepción del monoteísmo puro que ha dado al mundo, y en vez de admitir algún debilitamiento en ella, los Judíos están preparados para andar errantes, a sufrir, a morir”

 

Ezra D. Gifford, en El Dios Verdadero, el Verdadero Cristo, el Verdadero Espíritu Santo, dice: “Los mismos Judíos se resintieron sinceramente por la implicación de que sus Escrituras contenían alguna prueba, o alguna insinuación de la doctrina de la Trinidad ortodoxa, y Jesús y los Judíos nunca se diferenciaron en esta materia, sosteniendo ambos que Dios es sólo Uno, y esta es la más grande verdad revelada al hombre.”

 

Si examinamos las enseñanzas registradas de Jesús en Mateo, Marcos y Lucas, recordando que estos documentos representan la comprensión de la iglesia apostólica en los 60-80 d.C., no encontraremos ninguna insinuación de que Jesús creyera ser él mismo una criatura no creada que ha existido desde la eternidad. Mateo y Lucas trazan el origen de Jesús a un especial acto de creación por Dios cuando la concepción del Mesías tomó lugar en el vientre de María. Fue el evento milagroso que marcó el principio-el génesis, u origen de Jesús de Nazaret (Mateo 1:18). Nada se dice del todo de una “eterna filiación”, es decir, que Jesús estuvo vivo como un Hijo antes de su concepción. Esa idea no pertenecía al pensamiento de los escritores bíblicos.

 

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JESÚS NO PRETENDIÓ SER DIOS

 

 

Por Sir. Anthony F. Buzzard (Maestro Unitario)

 

En el evangelio de Juan la identidad de Jesús es un tema fundamental. Juan escribió, como nos dice él, con un propósito principal: convencer a sus lectores que Jesús es “el Mesías”, el Hijo de Dios” (20:31). De acuerdo a Juan, Jesús distinguió cuidadosamente su persona con la del Padre quien es “el único Dios verdadero” (17:3; cp. 5:44, 6:27). Si estamos por buscar en el registro de Juan una prueba de que Jesús es Dios “co-igual”, en el sentido trinitario, estaremos descubriendo algo que Juan no se propuso, y en vista de su herencia Judía, no lo hubiera comprendido!

 

Por otra parte, tendríamos que admitir que Juan introduce una marcada nueva figura Mesiánica  que contradice el Antiguo Testamento y depone la propia insistencia de Juan (y Jesús) de que sólo el Padre es verdadero Dios (Juan 5:44, 17:3). Semejante notoria auto-contradicción es difícilmente probable.    

 

Ya es tiempo suficiente para que le permitamos a Jesús establecer el registro correctamente. En los informes de Mateo, Marcos, y Lucas se nos dice que explícitamente Jesús se suscribió al monoteísmo estricto del Antiguo Testamento (Marcos 12:32-34). Por lo tanto, ¿acaso él, de acuerdo a Juan, confunde el asunto afirmando ser Dios después de todo? La respuesta es dada claramente en Juan 10:34-36 donde Jesús definió su condición en términos de los representantes humanos de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús dio este informe de sí mismo como explicación de lo que significa ser “uno con el Padre” (10:30). Es una unidad en función por la cual el Hijo representa perfectamente al Padre. Ese es exactamente el ideal del Antiguo Testamento de la filiación, el cual ha sido imperfectamente realizado en los gobernantes de Israel, pero encontrará su cumplimiento perfecto en el Mesías, el Rey escogido de Dios.

 

El argumento en Juan 10:29-38 es como sigue: Jesús comenzó por afirmar que él y el Padre eran “uno”. Fue una unidad de compañerismo y función la cual en otra ocasión él deseó  también para la relación de sus discípulos con él y el Padre (Juan 17:11,22). Los judíos entendieron que Jesús estaba pretendiendo la igualdad con Dios. Esto le dio una oportunidad  a Jesús para explicarse. Lo que él estaba realmente pretendiendo, así dice él, era ser “Hijo de Dios” (v.36), un reconocido sinónimo para Mesías. La pretensión para la filiación no fue irrazonable, sostuvo Jesús, en vista del hecho bien conocido que aun los representantes imperfectos de Dios han sido nombrados por él en el Antiguo Testamento como “dioses” (Salmo 82:6). Lejos de demostrar alguna pretensión para una eterna filiación, él compara su oficio y función con aquella de los jueces. Se consideró a sí mismo el representante de Dios por excelencia ya que él fue únicamente el Hijo de Dios, el único y solo Mesías sobrenaturalmente concebido, y el objeto de toda profecía del Antiguo Testamento. No hay absolutamente nada, sin embargo, en el registro de Jesús de sí mismo que interfiera con el monoteísmo del Antiguo Testamento o que requiera una  reescritura del texto sagrado en Deuteronomio 6:4. La propia comprensión de Jesús está estrictamente dentro de los límites impuestos por la revelación autoritativa de Dios en la Escritura. De otra manera su pretensión de ser el Mesías hubiera sido nula. Las Escrituras hubieran sido invalidadas.

 

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EXISTIENDO EN LA FORMA DE DIOS

 

 

Por Sir Anthony F. Buzzard (Maestro Unitario)

 

A pesar de la masiva evidencia del Nuevo Testamento mostrando que los apóstoles siempre distinguieron a Jesús del único Dios, el Padre” (1 Corintios 8:6), muchos confiadamente encuentran la opinión tradicional de Jesús como una segunda criatura increada, plenamente Dios, en Filipenses 2:5-11. Es algo de una paradoja que el escritor sobre Cristología en el Diccionario de la Iglesia Apostólica pueda decir que “Pablo nunca le da a Cristo el nombre o descripción de ‘Dios,’” pero no obstante encuentre en Filipenses 2 una descripción de la “pre-vida” eterna de Cristo en el cielo.              

 

Un reciente y muy aclamado estudio de la visión bíblica sobre Jesús—Christology in the Making, por James Dunn—nos alerta del peligro de leer en las palabras de Pablo las conclusiones de la generación posterior de teólogos, los “padres” de la iglesia Griega en los siglos siguientes a la culminación de los escritos del Nuevo Testamento. La tendencia de buscar en la Escritura lo que ya creemos, es natural, ya que ninguno de nosotros puede fácilmente encarar la amenazante posibilidad de que nuestra comprensión  no coincida con la Biblia. (El problema es aún más agudo si estamos envueltos en enseñar o en predicar la Biblia.)

 

Sin embargo, ¿no estamos demandando de Pablo más de lo que a él le sería posible dar por medio de pedirle que nos presente, en unas pocas frases breves, con otro ser eterno distinto que el Padre? Esto amenazaría tan obviamente el estricto monoteísmo que él expresa tan claramente en todos los demás lugares (1 Corintios 8:6; Efesios 4:6; 1 Timoteo 2:5).  También aumentaría la totalidad del problema trinitario el cual Pablo, como brillante teólogo que era, ignora completamente.

 

Mirando de nuevo a Filipenses 2, debemos formular la pregunta si Pablo en estos versos ha hecho realmente lo que sería su única referencia de Jesús como habiendo estado vivo antes de su nacimiento. El contexto de su comentario lo muestran urgiendo a los santos a ser humildes.  Se ha preguntado frecuentemente si es de alguna manera probable que él hubiera forzado esta lección por medio de pedir a sus lectores a adoptar esta estructura de mente de uno que, habiendo sido Dios eternamente, tomó la decisión de ser hombre. Podría ser también difícil para Pablo referirse al preexistente Jesús como Jesús el Mesías, leyendo hacia atrás a la eternidad el nombre y oficio que él recibió en su nacimiento en Belén.

 

Pablo puede ser comprendido fácilmente en Filipenses 2 en los términos de un tema favorito: La Cristología de Adán. Fue Adán quien era a la imagen de Dios como el Hijo de Dios (Génesis 1:26; Lucas 3:38). Mientras que Jesús, el segundo Adán (1 Corintios 15:45) era también en la forma de Dios (las dos palabras “imagen” y “forma” pueden ser intercambiadas).No obstante, mientras Adán, bajo la influencia de Satán, ambicionó la igualdad con Dios (“seréis como Dios”-Génesis 3:5), Jesús no. Sin embargo él tuvo todo el derecho al oficio divino puesto que él era el Mesías que reflejaba la presencia divina, pero él no se consideró igual a Dios como algo a “que aferrarse”. En vez de eso él renunció a todos los privilegios, rechazando la oferta de Satán de poderío sobre los reinos mundiales (Mateo 4:8-10), y se comportó a lo largo de su vida como un siervo, aun al punto de ir a una muerte de criminal en la cruz.

 

            En respuesta a esta vida de humildad Dios ahora ha exaltado a Jesús al rango de Señor Mesías a la diestra del Padre, tal como el Salmo 110 lo predijo. Pablo no dice que Jesús estaba re-obteniendo una posición que temporalmente había renunciado. Él parece más bien haber ganado su oficio exaltado por primera vez después de su resurrección. Sin embargo él había sido toda su vida el Mesías, su posición fue públicamente confirmada cuando él fue “hecho ambos Señor y Mesías” por medio de ser levantado de la muerte (Hechos 2:36; Romanos 1:4). Si leemos el registro de Pablo sobre la vida de Jesús de esta manera como una descripción continua de su auto negación, se notará un estrecho paralelo con otro de sus comentarios en la carrera de Jesús. “Siendo rico, se hizo pobre por amor a vosotros” (2 corintios 8:9). Mientras que Adán había caído, Jesús voluntariamente “bajó”.

           

             La lectura tradicional del pasaje de Filipenses 2 depende casi enteramente de comprender la condición de Jesús “en la forma de Dios” como una referencia a una vida preexistente en el cielo. Las traducciones han hecho mucho por reforzar esta opinión. El verbo “era” en la frase “era en la forma de Dios” ocurre frecuentemente en el Nuevo Testamento y de ningún modo acarrea el sentido de “existiendo en la eternidad”, sin embargo algunas versiones tratan de forzar ese significado en él. En 1 Corintios 11:7, Pablo dice que un hombre no debería cubrirse la cabeza ya que él es a la imagen y gloria de Dios. El verbo aquí no es diferente  al de “era” que describe a Jesús como en la forma de Dios. Si el hombre ordinario es la imagen y gloria  de Dios, cuánto mucho más Jesús, quien es el representante humano perfecto de Dios en quien residen todos los atributos de la naturaleza divina (Colosenses 2:9). La intención de Pablo en Filipenses 2 no es introducir el vasto tema de un ser divino eterno que se hizo hombre, sino enseñar una sencilla lección de humildad. Debemos de tener la misma actitud que Jesús, pensar como él lo hizo. Pero no se nos está pidiendo imaginarnos a nosotros mismos como seres divinos eternos por allí rendidos a la divinidad con el fin de venir a la tierra como hombres.

 

            No es ampliamente conocido que muchos han tenido serias reservas de leer Filipenses 2 como una declaración acerca de la preexistencia. Un Antiguo profesor de Teología escribió en 1923: “Pablo está rogando a los Filipenses a cesar las disensiones, y obrar con humildad unos con otros. En 2 Corintios 8:9 él está rogando a sus lectores a ser generosos en dar limosnas. Es cuestionado si no sería muy natural para él hacer cumplir estas dos simples lecciones morales por  medio de hacer menciones casuales ( y es la única mención que él hace alguna vez) al enorme problema del modo de la encarnación. Y es considerado por muchos que sus apelaciones simples tendrían más efecto si él se hubiera dirigido al ejemplo inspirador de la humildad de Cristo y su auto sacrificio en su vida humana, como en 2 Corintios 10:1: “‘Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo’.”  El autor de estos comentarios, A.H. McNeile, 16, sugiere la siguiente paráfrasis. “Aunque Jesús fue durante toda su vida divino, sin embargo, él no lo creyó un privilegio de mantenerlo a toda costa y ser tratado como una igualdad con Dios, pero por su propio acuerdo se vació a sí mismo enteramente a la voluntad de Dios y en consecuencia recibió la más alta exaltación.

 

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CRISTO COMO CABEZA DE LA NUEVA CREACIÓN

 

 

Por Anthony F. Buzzard (Teólogo Unitario)

 

El paralelo entre Adán y Jesús forma la base del pensamiento de Pablo acerca del Mesías. Cristo posee la misma conexión con la nueva creación, la iglesia, así como Adán la tuvo con la creación que comenzó en Génesis. Comenzando con Jesús, la humanidad hace un nuevo comienzo. En Jesús como un hombre representativo, el nuevo Adán, la sociedad comienza de nuevo todo. Esta correspondencia es perturbada seriamente si Jesús después de todo no se origina como un hombre. Así como Adán es creado como un “Hijo de Dios” (Lucas 3:38), así la concepción de Jesús lo constituye a él “Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Ciertamente Adán es de la tierra (1 Corintios 15:47) mientras que Jesús es el “hombre del cielo”-No viniendo del cielo en su nacimiento, sino según Pablo, en su segunda venida para resucitar a los fieles muertos (1 Corintios 15:45f). Hasta este punto vemos el defecto en las ideas tradicionales acerca de la preexistencia. La marcha de Cristo del cielo a la tierra se centra en la mente de Pablo en la Parousía (segunda venida). En el pensamiento tardío, el centro del interés fue transferido a su nacimiento. Así, curiosamente, el esquema tradicional mira hacia tras en la historia, mientras que la Biblia nos orienta primeramente hacia la venida futura del Mesías en gloria.

 

Es como la cabeza de la nueva creación y el centro del propósito cósmico como Pablo describe a Jesús en Colosenses 1. Su intención es mostrar la posición suprema que Jesús ha ganado a través de la resurrección y su preeminencia en el nuevo orden, como contraria a las afirmaciones de sistemas rivales de religión por las cuales los Colosenses estaban siendo amenazados. Todas las autoridades fueron creadas “en Cristo” (Colosenses 1:16). De modo que Jesús afirmó también: “Todo poder en el cielo y en la tierra es mío” (Mateo 28:18). “Todas las cosas” aquí significan para Pablo la inteligente creación animada consistente de “tronos, dominios, gobernadores o autoridades, que fueron creados “en Cristo”, “a través de Cristo” (no “por”)y “para Cristo.” Es su Reino que Pablo tenía en mente (Colosenses 1:13). Jesús es el primogénito de cada criatura así como el primogénito de los muertos (vs. ,15,18). El término “primogénito” designa a Jesús como miembro principal del nuevo orden creado, así como su fuente, una posición que él alcanzó por medio de ser el primero en recibir inmortalidad a través de la resurrección. Juan, en Revelación 3:14, llama similarmente a Jesús: “El principio de la creación de Dios”, que muy naturalmente quiere decir que él mismo fue parte de la creación. Aquel “primogénito” designa en la Biblia a aquel que tiene el oficio supremo, y puede ser demostrado en el Salmo 89:27 donde el “primogénito”, el Mesías, es el más grande de los Reyes de la tierra, uno elegido como David del pueblo y exaltado (Salmo 89:19). Nuevamente Pablo ha desarrollado los conceptos mesiánicos ya bien establecidos por las Escrituras Hebreas.

 

En ninguna de las declaraciones de Pablo estamos obligados a encontrar un “segundo ser divino eterno.” Él nos presenta más bien con el glorificado segundo Adán, ahora erigido al oficio divino para el cual el hombre fue originalmente creado (Génesis 1:26, Salmo 8). Jesús ahora representa a la raza humana como la Cabeza del nuevo orden de la humanidad. El intercede por nosotros como Sumo Sacerdote en el templo celestial (Hebreos 8:1). Atribuyendo tales elevados títulos al ascendido señor, no hay razón para pensar que Pablo haya violado su propio claro monoteísmo en 1 Corintios 8:6:” Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, y un sólo Señor, Jesucristo”. Nada en Colosenses 1 nos fuerza a creer que Pablo, sin advertirnos, se ha separado de la comunión de Mateo, Marcos, Lucas, Pedro, y Juan y que se ha desviado del monoteísmo absoluto el cual él expuso tan clara y cuidadosamente en todas partes (1 Timoteo 2:5; Efesios 4:8), y el cual estuvo profundamente incrustado en su entero antecedente teológico.

                                   

La Tierra Habitada por Venir de la cual hablamos

 

El escritor a los Hebreos pone particular énfasis en la humanidad de Jesús. Él estuvo tentado en todos los puntos como nosotros lo estamos y aún así sin pecado (Hebreos 4:15). Dios hizo originalmente los siglos a través del hijo (no “por el hijo”), con su destino a la vista (Hebreos 1:2). Después de comunicarse con nosotros en diferentes formas y en diferentes tiempos a través de portavoces en el pasado, finalmente Dios ahora nos ha hablado en uno que es verdaderamente Hijo (Hebreos 1:2). El escritor no quiso decir al declararnos (lo que Jesús no supo-Marcos 10:6) de que Jesús fue el agente activo en la creación del Génesis. Fue Dios quien descansó el séptimo día, después de completar su obra (Hebreos 4:4,10).18 Es Dios, también, quién aún introducirá al Hijo dentro de la “tierra habitada del futuro: Cuando él nuevamente introduce al hijo en el mundo” (Hebreos 1:6).

 

Cuando el Mesías sea reintroducido en el mundo, un número de importantes afirmaciones sobre él, se convertirán en historia. Primeramente, el trono del Mesías será establecido (Hebreos 1:8). (Compare, “Cuando el Hijo del Hombre, venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria” —Mateo 25:31. Como representante de la majestad divina del Padre, el título mesiánico “dios” le será aplicado a Jesús, así como una vez le fuera dado a los jueces de Israel) quienes simbolizaron al Juez supremo de Israel, el Mesías (Salmo 82:6). Otra profecía del salmo 102:25 será también cumplida en el Reino venidero del Mesías. Los fundamentos de la nueva tierra y los nuevos cielos serán colocados como Isaías (51:16 y 65:17) lo previó. Hebreos 1:10 puede ser fácilmente leído incorrectamente como queriendo significar que el Señor Mesías era el responsable de la creación del Génesis. Sin embargo, esto pasa por alto la cita que el autor hace de los LXX del enteramente mesiánico Salmo 102. Además, él declara específicamente que sus series de verdades acerca del Hijo se refieren al tiempo cuando él es “nuevamente traído” a la tierra (Hebreos 1:6). Y en Hebreos 2:5 nos dice nuevamente que es la tierra (Hebreos 1:6). Y en Hebreos 2:5 nos dice nuevamente que es la  “tierra habitada del futuro” de la cual él está hablando en el capítulo 1. Se le debe permitir al escritor proveer su propio comentario. Su interés es con el Reino Mesiánico, no con la creación del Génesis. A causa de que no compartimos la visión mesiánica del Nuevo Testamento como debiéramos, nuestra tendencia es ver hacia atrás en vez de hacia adelante. Debemos armonizarnos con la perspectiva profundamente mesiánica de toda la Biblia.

 

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JESUS DIJO: “PARA QUE DONDE YO ESTOY, VOSOTROS TAMBIÉN ESTÉIS” (JUAN 14:3)—¿PERO DÓNDE ESTABA JESÚS?

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Por Ing° Mario A. Olcese S.

Uno de los versos más usados para enseñar que vamos al cielo es Juan 14:23. Aquí el Mesías dijo, “En la casa de Mi Padre muchas moradas hay: De no ser así, les habría dicho. Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si fuere y os preparare lugar para vosotros, vendré otra vez, y los recibiré a Mí Mismo; para que donde yo estoy, vosotros también estén”.

 

¿Qué y Dónde está preparando lugares para los Suyos?

 

Antes que nada Jesús jamás prometió a sus seguidores darles un lugar en el cielo como morada permanente. Tampoco ninguno de sus apóstoles creyó que iría al cielo para estar con Dios y Jesús. Fue el filósofo Griego Platón el que sentó las bases de un alma inmortal que parte de este mundo después de la muerte. Su filosofía fue mezclada con el pensamiento Hebreo y nació el gnosticismo. Esta secta gnóstica, muy en boga en los tiempos de Jesús, amenazó a la sana doctrina predicada por Jesús y sus apóstoles. Los apóstoles, y en especial Pablo y Juan, advirtieron a las iglesias cristianas en contra de esa secta. Pablo llamó a los gnósticos: “La falsamente llamada ciencia” (“gnosis”)(1 Timoteo 6:20). Los gnósticos decían que la materia era mala y pecaminosa, y que Cristo no era humano sino que tenía apariencia de hombre. Creían que existía un plano superior (el “Pleroma, especie de cielo gnóstico) donde vivían los AEONES (espíritus puros superiores, entre los cuales estaba Cristo antes de venir al mundo). Los gnósticos creían que ellos tenían el conocimiento verdadero para lograr partir a ese plano o dimensión de los espíritus con el alma inmortal. ¿No se parece esto mucho al pensamiento “cristiano” sobre una existencia en el cielo con Dios, Cristo, y sus ángeles después de esta vida, a través de nuestras “almas inmortales”? Es muy probable que muchísimos cristianos sean realmente cristianos gnósticos en este punto.

 

También Pablo advirtió, que después de su “partida”, entrarían en el rebaño del Señor falsos maestros que buscarían ganarse el rebaño con palabras pervertidas (Hechos 20:29,30). Y así fue. Con el correr del tiempo, la iglesia se corrompe con sus propios malos obispos que se levantan con sus herejías destructoras. En el siglo IV aparece el obispo “San Agustín de Hipona”, el Padre y Teólogo del catolicismo. Éste distorsiona radicalmente el verdadero significado del reino bíblico al decir, por vez primera, en su obra “La Ciudad de Dios”, que el reino era la iglesia católica Romana. Parece ser que los “amilenialistas católicos”, y “campbelitas amilenialistas” no han logrado sacudirse del todo de los errores de Agustín de Hipona.

 

Algunos dirán: “Bueno, ¿no dice Jesús que “los pobres en espíritu es el reino de los cielos”? (Mateo 5:3). Pero tomemos nota que el Señor NO dice que de los pobres en espíritu es el reino EN (sino “DE”) los cielos”. De modo que lo que Cristo ofreció a los pobres en espíritu era un reino que tiene su origen en Dios, y no en los hombres. Viene de Dios como un don o regalo para los hombres.

 

Pues bien, regresemos a Juan 14:1-3 de la pregunta. Veamos lo que verdaderamente dijo el Señor Jesucristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis.”

 

Muchos estudiantes de la Biblia no se han puesto a pensar en esta última frase “para que DONDE YO ESTOY (tiempo presente)”. En las más importantes versiones de la Biblia Inglesa se vierte este pasaje como “WHERE I AM” en tiempo siempre presente (“donde yo estoy”). Esta frase es sumamente importante y clave para entender los versos en cuestión. Jesús está ofreciendo un lugar a sus discípulos “en la casa de su Padre”. Luego nos dice que él nos tomará para que estemos con él en el lugar donde ÉL ESTÁ en el momento de pronunciar la promesa. Y, ¿dónde estaba Jesús cuando pronunció esa promesa? ¿En el cielo? ¿En Marte? No! Él estaba aún en LA TIERRA, y más exactamente, EN JERUSALÉN. Recuerde que Jesús todavía no había ascendido al cielo, y aún no había ni siquiera resucitado. Por tanto Jesús estaba ofreciéndoles a sus seguidores volver a la tierra para estar con ellos en el lugar donde proclamó su promesa, es decir: ¡En Jerusalén!

 

Muchos cristianos creen que Jesús nos “llevará al cielo” para darnos nuestro “lugar” en la casa del Padre. Pero Jesús nunca habló de llevarnos al cielo en Juan 14:1-3. Usted NO leerá, ni siquiera una vez, de que iremos al cielo para recibir nuestro “lugar” una vez que esté preparado por Jesús. Lo que Jesús dijo era que prepararía nuestro lugar en la casa de su Padre y que luego volvería para estar con nosotros. Lo que NO dijo era CUÁNDO Y DÓNDE recibiríamos nuestro lugar en la casa del Padre. Él sólo está ahora ocupado PREPARANDO nuestras moradas, pero NO nos dice cuándo entraremos en ellas. En Apocalipsis 21 se revela que la “ciudad santa” bajará del cielo después del milenio. La ciudad santa de Apocalipsis 21 es descrita por Ezequiel como un edificio (40:2), y como una casa en 2 Corintios 5:1,2. Esta ciudad o casa canta bajará del cielo, y “Dios estará con los hombres” (Apocalipsis 21:3). Sólo los salvos entrarán en ella para tomar sus lugares o moradas (Apocalipsis 21:27). También leer Hebreos 11:9,10 donde se nos dice claramente que Abraham (el padre de la fe) “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Y en Hebreos 13:14 Pablo dice: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR.”

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ISRAEL EN LA PROFECÍA BÍBLICA


 

 

POR ING°. MARIO A OLCESE (APOLOGISTA) 

           

             Durante mis estudios para obtener mi diploma en teología, me interesó mucho la historia del pueblo Hebreo, y las promesas que Dios le hizo como pueblo escogido o elegido. Vamos a continuación a estudiar la evolución de este pueblo desde su origen mismo, unos 2,000 años a.C.

 

 

Abraham, padre de los Hebreos

 

 

            Esta nación empezó con el llamado que le hizo Dios a un hombre llamado “Abram”. En el capítulo 12 de Génesis leeremos sobre la evangelización de Abram mientras se encontraba en su ciudad natal, Ur de Caldea. Dios le dijo a Abram lo siguiente: “Empero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. y haré de ti una nación, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:1-3).

 

 

            Es menester conocer bien este pueblo y cómo se va a relacionar con los demás pueblos, pues los que le maldijeren serán malditos, mas los que le bendijeren serán bendecidos. Por ello es importante saber qué promesas recibió de Dios para el futuro, pues recaerán también sobre las naciones no hebreas. Y aunque Abram era de Ur, una ciudad pagana, Dios lo convirtió en su instrumento y en el primer Hebreo. Esto, repito, ocurrió unos 2,000 años antes del nacimiento de Jesucristo. De este modo Dios demostró ser un Dios misionero, pues Él siempre está llamando gentes para su servicio. Abram fue cambiado con las “Buenas Nuevas de Dios”. Aun su nombre le fue cambiado por el de Abraham. Dios siempre ha estado tratando con los pecadores en dos formas: Una a través de Jesús, quien vino a dar su sangre en rescate por muchos. La otra es a través de una nación que sirviera de luz y ejemplo en el andar en Dios. Esa nación pequeña e insignificante fue Israel. Y fue Abraham el primer padre de Israel.

 

           Por mucho tiempo Abraham no tuvo hijos, lo cual era un problema para el cumplimiento de la promesa. Él y Sara, su esposa, eran ya ancianos, y parecía que la promesa de una descendencia jamás se haría realidad. Pero aunque Abraham tenía 100 años y Sara 90, Dios hizo fértil el vientre de Sara y pudo, por la misericordia de Dios, alumbrar a un hijo que lo llamaron Isaac. De modo que Isaac se convirtió en heredero de las promesas de Dios.

 

El Pacto de Dios con Abraham

 

            En Génesis 12, Dios hace un pacto con Abraham (el “pacto Abrahámico”), y en el cual Dios le promete darle una tierra, la misma que precisamente ocupa Israel hoy. En ese tiempo Abraham estaba en Ur de Caldea (Iraq) y desde allá Dios lo llamó para venir a este “tierra prometida”.

 

            Isaac fue el heredero de las promesas, a pesar de que Abraham tuvo antes otro hijo con su esclava Agar. Este hijo con Agar se llamó Ismael, el cual vino a ser el padre de las naciones árabes.  Dios les prometió también a esas naciones su bendición, la cual hoy en día ellas tienen. Estas naciones han sido bendecidas porque son provenientes del padre Abraham. No obstante, es a través de Isaac, y no de Ismael, que el mundo sería bendecido. Las promesas y el pacto correrían a través de Isaac, el hijo de Sara.

 

            Obviamente Abraham tuvo mucha fe, pues le creyó a Dios sin dudar. En una ocasión Dios le pidió que sacrificara a su hijo para Él a fin de probar su fe. Abraham tuvo que ir al monte Moria para ofrecer a su hijo sobre una roca que allí había. Abraham pasó la prueba y el ángel de Jehová detuvo la mano de Abraham para que no hiriera a su hijo de muerte. Este es el mismo simbolismo de Dios mismo, quien sufriría igualmente al dar a su Hijo Jesucristo para salvar al mundo.

 

            La Biblia nos dice que Isaac tuvo dos hijos: Esaú y Jacob. Este último hijo, Jacob, por su fe y perseverancia, Dios le cambió su nombre por el de Israel y lo escogió para continuar con la promesa. Esaú, a pesar de ser el primogénito, fue rechazado por Dios debido a su poco amor por Él.

 

            A su vez, Jacob tuvo doce hijos, los cuales vinieron a ser “Las doce tribus de Israel”. Pero Dios escogió a la tribu de Judá para que trajera la simiente bendecida que Dios le prometió a Abraham. Esta sería una simiente de la cual vendría una gran nación. Pero Dios le había dicho a Abraham de que antes de entregarle la tierra (Canaán) al pueblo Judío, tendría antes que padecer 400 años de esclavitud. La primera esclavitud fue en Egipto y por 400 años. Luego de ese tiempo Dios sacó a su pueblo de la esclavitud para conducirlo a la tierra prometida. Moisés los sacó de Egipto de manera milagrosa. En ese período fueron dados los diez mandamientos.

 

            Es interesante que Moisés fue enviado dos veces al pueblo hebreo que clamaba su liberación a Dios. En su primera aparición, Moisés no fue recibido por sus hermanos, pero sí en la segunda manifestación. Esto es un simbolismo de lo que ocurriría con Jesús, quien sería rechazado por su pueblo en la primera venida, mas no en la segunda.

 

            Ahora, cuando el pueblo hebreo estuvo cruzando el desierto por 40 años, y estando a punto ya de ingresar a la tierra prometida, Dios le prohibió a Moisés ingresar a ella. Esto fue como castigo por haber desobedecido, cuando Él le mandó a hablarle a la roca, y no a golpearla. Así, después de prohibirle el ingreso a la tierra prometida, murió. Desde este momento en adelante es Josué quien se convierte en el líder del pueblo y el encargado de hacerlo entrar a Canaán.

 

            Josué, cuyo nombre significa Salvador, conduce al pueblo por el río Jordán a la tierra prometida, después de conquistar la ciudad de Jericó. Hoy se están haciendo excavaciones arqueológicas en ese lugar donde estuvo Jericó, y se ha descubierto que es probablemente la ciudad más antigua en la tierra de Israel. Esta ciudad estaba  fuertemente amurallada, pero milagrosamente estas murallas cayeron, salvando a su pueblo Israel. Dios destruyó a los habitantes de Jericó de la forma que sólo Él sabe hacerlo.

 

            Después que Josué introdujo al pueblo de Israel a la tierra prometida se inicia el llamado período de los Jueces. Este duró unos 400 años. Las Escrituras nos dicen que Dios regularmente levantada jueces para el pueblo para liberarlos de sus opresores por algún tiempo. Dios inspiraba a los Jueces para que tomaran decisiones sabias y correctas.

 

            Después, el pueblo empezó a desobedecer a Dios, hasta que se levantó una generación que ya no conocía a Jehová. Esa generación perversa empezó a practicar la idolatría y a desafiar a Dios.

 

Dice la Biblia que cuando Samuel está por morir, sus hijos no siguieron los pasos de su padre. Entonces, con Samuel se acaba el período de los Jueces.

 

            Es en el tiempo de Samuel que el pueblo pide un rey como las demás naciones. Entonces Dios permitió que el pueblo eligiera su rey que les fuera agradable. y escogieron a Saúl. Dios permitió que Saúl fuera el primer rey de Israel. No obstante, Saúl resultó ser desobediente, ya que se resistió acatar las leyes de Dios, y murió en una batalla después de consultar con la pitonisa de endor.

 

El Pacto de Dios con David y su Reino

 

           Después de Saúl, Dios mismo escoge a David para que fuese el sucesor de Saúl. Con David Dios hace un pacto. Dios escogió la tribu de Judá la cual se componía de muchas familias. Una de ellas era la familia de Isaí, de la cual desciende David. Dios hizo el llamado “Pacto Davídico”. En ese pacto Dios le promete a David que siempre habría un descendiente listo para retomar su trono. Es decir, no para siempre le sería quitado el cetro a sus descendientes.

 

 

            David era una persona singular. Él aparece mil años después de Abraham, y mil años antes de Cristo. Es interesante que cada dos mil años Dios ha hecho intervenciones poderosas en la tierra. Eso también ha sucedido cada mil años. David se dispuso a construirle un templo a Dios Pero no lo cumplió porque él era un hombre de guerra. Por intermedio del profeta Natán, Dios le dijo que él no podría hacerle un templo, pues había derramado mucha sangre, y el templo era un símbolo de paz y no de guerra. Lo que sí le reveló era que un hijo suyo lo edificaría. Aunque David se sintió triste por la noticia, se alegró de saber que un hijo suyo lo haría. Entonces David comenzó a acumular los materiales para la construcción del templo. El templo fue edificado en el año 960 a.C. Se calcula que David acumuló materiales para la construcción por un valor de tres mil millones de dólares.          

 

            En el tiempo de David, el pueblo prosperó, e Israel se hizo una potencia mundial y los límites de la tierra se establecieron. David conquistó la ciudad de Jerusalén, y la hizo su capital. Desde ese momento Jerusalén se convirtió en el corazón de Israel, y la sede de su reino.

 

            El profeta Ezequiel dice que Israel es el ombligo de las naciones. Si se traza una línea hacia el norte, hacia el sur, hacia el oeste, o hacia el este; se encuentra que Israel está en el centro de la tierra. Y Jerusalén está en el centro del territorio de Israel, y allí llevó David el arca de Dios. David conquistó la ciudad de los jebuseos y estableció allí el lugar de adoración. Y más tarde allí sería edificado el templo de Dios.

 

            Después de la muerte de David, Salomón, su hijo tomó su trono y se convirtió en el tercer rey de Israel. Dios le reveló que él sería el edificador del templo que quería hacer David, su padre. Este templo, que fue una de las maravillas del mundo, se terminó de construir en el año 960 a.C. Se hizo una celebración grandiosa en Jerusalén, que el templo fue lleno de la gloria de Dios. Las Escrituras dicen que los sacerdotes no podían ministrar porque era poderosa su gloria.

 

            La Biblia dice que Salomón trajo mujeres de diferentes lugares en violación de la Palabra de Dios. esto ocasionó la división del pueblo de Israel, la cual se había unido tan bien. Salomón claramente violó leyes divinas. Él tomó muchas mujeres y cientos de concubinas.

 

            Al morir Salomón, Roboam, su hijo, puso más presión. No escuchó el consejo de los ancianos, sino el consejo de los jóvenes. El pueblo se dividió en lo que se llama “el Reino del Sur” y “el Reino del norte”. Diez tribus se apartaron y formaron el Reino del Norte, con Jeroboam como rey. Dos tribus: Judá y Benjamín, se apartaron y formaron “El Reino del Sur”. El pueblo Israelita se dividió por culpa de su rey. Ahora Jeroboam estableció dos ídolos. uno en Dan, al norte de Israel, y otro ídolo en Betel, para que el pueblo del norte no volviera a servir y adorar a Jehová en Jerusalén. Y ello debido a que temía que su pueblo del Norte se uniera el pueblo del Sur liderado por Roboam. Y para evitarlo, hizo dos becerros de oro para que los adoraran.

 

            Después de Jeroboam no hubo reyes buenos en el “Reino del Norte”, pues se apartaron hacia el paganismo y la idolatría. Sólo en el “Reino del Sur” hubo algunos reyes buenos y fieles a Dios. Este período de la historia se llama el período del “Pre-exilio”. 

 

            El “Reino de Sur” que tenía como capital Jerusalén, existió unos 100 años más que el “Reino del Norte”, alrededor de 150 años. En el año 606 a.C Nabuconodosor, rey de Babilonia, atacó a Jerusalén por primera vez y se llevó prisionero un grupo de Judíos. Entre ellos se encontraban Daniel el profeta y un grupo de jóvenes. En el año 597 a.C Nabuconodosor hizo una segunda excursión y se llevó otro grupo de prisioneros del reino del Sur, el reino de Judá. Dentro de esos prisioneros estaba Ezequiel, el profeta. Nabuconodosor hizo una tercera invasión, llevándose al rey Judío Sedequías y matando a sus hijos. También destruyó el templo de Salomón y le prendió fuego a la ciudad, llevándose a los ciudadanos más prominentes, y dejando sólo a los más pobres. En Babilonia los Judíos servirían 70 años. En ese tiempo Daniel llega a ocupar una posición prominente en el reino Babilónico. También en ese año de 586 a.C terminó temporalmente el reino davídico hasta el día de hoy, y dio comienzo al “tiempo de los gentiles”.

 

            Pero el pacto de Dios con David es inviolable, ya que prometió que su reino no moriría y que se restauraría con un descendiente suyo—¡El Mesías elegido!

 

El Regreso de los Judíos de Babilonia

 

           En el año 539 a.C el rey Persa, Ciro, conquista a Babilonia y permitió que los Judíos nuevamente regresaran a Jerusalén para reedificar la ciudad. En esa liberación, el pueblo de Israel sale en tres diferentes grupos. El primero sale el 536 a.C, después de 70 años de cautividad. Recordemos que Daniel fue llevado cautivo en el 606 a.C. Fueron sólo 50,000 personas las que quisieron regresar con Zorobabel, el líder del primer grupo. Este primer grupo reedifica el templo.  Hageo y Zacarías fueron los profetas de ese tiempo.

 

           En el año 516 a.C se completó el templo de Zorobabel, el cual es el segundo templo. El primero fue destruido por Nabuconodosor y el segundo fue reedificado por Zorobabel. En el 516 a.C el templo fue dedicado., setenta años después que el primero fuera destruido en 586 a.C.    

 

El Tiempo de los Gentiles sobre Jerusalén

 

           El Señor Jesucristo había profetizado que Jerusalén sería dominada nuevamente por los gentiles (no judíos), y que nuevamente destruirían el templo reconstruido, hasta que “Los tiempos de los gentiles” se cumplieran (Lucas 21:24). ¡Y así ocurrió! En el año 70 d.C el General Romano Tito puso sitio a la ciudad de Jerusalén. Después de 5 meses de una terrible hambre y destrucción, se dice que murieron 1 millón doscientos mil judíos en esta ciudad.

 

            Recuerde que fue en el año 70 d.C que se cumplió lo dicho por Jesús en Lucas 21:24. Los romanos le cambiaron de nombre a Jerusalén y le pusieron Aelia Capitolina, y en ella se edificó un templo a Júpiter, en el lugar del templo. Y el tiempo fue pasando hasta el Siglo VII cuando ingresaron los árabes a conquistar a Jerusalén. En el año 691 d.C, los árabes construyeron la “Mezquita de Omar o la Cúpula de la Roca”. Por casi 400 años esta hermosa tierra fue dominada por los árabes, hasta que llegaron “Los Cruzados” en 1099 d.C desde Europa, convirtiendo “La Cúpula de la Roca” en una iglesia cristiana. Los árabes volvieron a reconquistar Jerusalén la cual estaba en manos de “Los Cruzados”. Luego vinieron los turcos y conquistaron la tierra en manos de los árabes en el año 15l7 d.C. En 1542 d.C, ellos edificaron los muros actuales de Jerusalén, y rigieron esta ciudad por espacio de 400 años.

 

Primeros Pasos Judíos para Reconquistar Jerusalén

 

            La historia moderna del pueblo israelita se podría iniciar cuando se citó el primer Congreso Sionista en 1897 d.C. Este lo lideró un hombre llamado Teodoro Herlz, quien era hebreo y sintió el deseo de realizar dicho congreso. Para tal Congreso se reunieron 206 Judíos en Basilea, Suiza, para iniciar el “Movimiento Sionista”, que motivó a los Judíos a regresar a su tierra.

 

            Cuando se revisa la historia de los Judíos en “La Edad Media”, se verá que ellos sufrieron bastante. En la época de Colón, miles de Judíos eran arrojados de España. De España los Judíos emigraron a muchas partes de Sur América, Turquía y muchos países. Así se cumplía lo dicho en Deuteronomio 28, en el sentido de que el Judío no tendría descanso y que sería odiado y perseguido. Recordemos el terrible holocausto Judío en la Segunda guerra Mundial, cuando seis millones de Judíos fueron asesinados en Europa. Este holocausto espantoso impulsó a millones de Judíos a buscar un lugar seguro donde vivir, una patria. Y, ¿dónde más sino en Palestina?

 

            En la Primera Guerra Mundial, la victoria de los aliados es amenazada por falta de dinamita. Pero Weizmann, un científico y químico Judío inventa un substituto que permitió que los aliados reabastecieran sus municiones, continuar la batalla y obtener la victoria. En recompensa y en cumplimiento del deseo de Chaim Weizmann se aprueba la llamada “Declaración Balfour” para que al pueblo Judío se le diera de nuevo una patria en la región de Palestina. En ese entonces, a comienzo del siglo XX, Palestina estaba bajo control Inglés, ya que el general Inglés, Allenby se la arrebató a los Turcos en 1917 d.C. Pero cuando los aliados ingleses iban a entregarle al territorio de Palestina a los Judíos, los árabes intervinieron y protestaron; razón por la cual, sólo pudieron recibir la 1/4 parte, en tanto que los árabes obtuvieron las 3/4 partes del territorio.

 

           En la Segunda Guerra Mundial ocurrió algo parecido a la Primera. Nuevamente los aliados estaban luchando con un enemigo muy numeroso. Alemania, Japón e Italia estaban afectando gravemente a las naciones aliadas. Durante esta Guerra, Albert Einstein hizo un tremendo descubrimiento. Él descubrió el secreto del átomo. Esto llevó a la invención de la bomba atómica. Cuando Estados Unidos arrojó dos de ellas en el Japón, terminó la Segunda Guerra Mundial con la rendición de los Japoneses.

 

           En 1947 d.C., las Naciones unidas concedieron darle a Israel su tierra para que este pueblo volviera a ser un país soberano y libre. David Ben Gurión llegó a ser el primer Presidente del nuevo país, el cual fue declarado por las Naciones unidas como soberano el 14 de Mayo de 1948 d.C. La bandera israelí volvió a flotar sobre “El Monte de Sión“, sobre “El Monte de los Olivos”.

 

Las Guerras del Nuevo Estado de Israel

 

            Pero los enemigos de Israel estaban furiosos. Al día siguiente un grupo de países árabes le declaran la guerra a Israel, pero el pueblo elegido vence. Pero esta no sería la única guerra que tendría que enfrentar Israel. En 1956, el Presidente Nasser de Egipto, dijo que iba a destruir el estado Judío. Cerró el Canal de Suez para estrangular económicamente al país, pero de una manera maravillosa, Israel vuelve a ganar la guerra. En el año de 1967 d.C, hubo otra guerra que se la llamó “La Guerra de los Seis Días”. esta fue una guerra que pasmó al mundo. Hasta ahora los analistas políticos no entienden cómo pudo ganar Israel a naciones árabes poderosas. Un país que para ese entonces tenía 4 millones de habitantes, vence a naciones, que en su conjunto tenían 120 millones de habitantes. En sólo seis días la nación de Israel se movió y toda la aviación de Egipto, de Jordania y de Siria fue destruida en los aeropuertos. De modo increíble, Israel ganó cuatro veces el terreno que tenía, y Jerusalén volvió a estar a manos de los Judíos en el 1967 d.C. Por tanto, con la reconquista de Jerusalén por los Judíos, la profecía de Cristo se cumplió cabalmente.

 

            “Los tiempos de los gentiles” se cumplió en 1967 d.C., después de casi dos milenios de dominio no Judío sobre la ciudad amada.

 

            Otra guerra de los judíos con sus vecinos fue la llamada “La guerra del Yom Kipour”, que es el día de la expiación, el día más sagrado del pueblo Judío. Mientras los Judíos estaban ayunando, las naciones árabes le declararon la guerra. Egipto vino del sur, y Siria del norte. Miles de tanques invadieron a Israel. De una manera asombrosa los tanques egipcios conquistaron parte del territorio, pero en un momento se detuvieron. También los tanques sirios se detuvieron en las alturas del Golán en el norte. Ese paréntesis en el ataque enemigo hizo que los judíos contraatacaran y ganaran la guerra en 1973 d.C.

 

La Última Gran Tribulación Hebrea

 

           Por el momento Israel no ha temido ninguna otra guerra más, aunque la Biblia profetiza que habrá una más poderosa, la cual involucrará a potencias mundiales, tales como Rusia, China, y naciones Europeas. Para ese entonces, la intervención personal y definitiva del Mesías glorioso destruirá a todos sus enemigos (Isaías 14:25; Ezequiel 38:1-23; Zacarías 14:2-17; Apocalipsis 17:12-14). Luego el Mesías Jesús inaugurará el reino davídico que fue suspendido en 586 a.C cuando fue depuesto el último rey Judío Sedequías. (Para mayor información sobre el Reino de Dios, solicite gratis nuestro artículo “Las Buenas Noticias de Jesucristo”).

 

Para Mayor Información sobre este Tema,

 

escribir a:

 

 

ING°. MARIO A OLCESE

 

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www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y Español)

Jerusalén será una piedra pesada para todos los Pueblos

 

 

 

 

En 520 A.C., más de 500 años antes del ministerio terrenal de Jesucristo, Dios dijo en Zacarías 12:2-3, “He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella”.

 

No había ninguna discordia política o religiosa sobre la ciudad de Jerusalén entonces. 500 años antes del cristianismo y 1200 años antes del Islam, la nación diminuta de Israel acababa de reconstruir Jerusalén de las ruinas de la conquista babilonia. Israel era una nación diminuta de menos de 50,000 hombres que habían vuelto de Babilonia (Esdras 2:64), un mero remanente de los días de gloria antiguos.

 

Desde entonces Jerusalén ha sido conquistada y ha cambiado de manos más de 30 veces. Jerusalén ha sido cambiada entre los Medo-persas, griegos, romanos, turcos, egipcios, Musulmanes, Cruzados europeos, y otros, repetidamente durante los 2500 años pasados.

 

La mayor parte de los conflictos sobre Jerusalén han sido provocados por dos teologías errantes que nacieron alrededor de 1000 años después de que la profecía de arriba fue dada. Uno vino de los Musulmanes que afirman que Mahoma subió al cielo desde el Monte del templo en Jerusalén, que ellos ahora reclaman como un sitio santo Islámico. Es donde ellos construyeron la Cúpula de la Roca. El otro es la teología del reemplazo, una doctrina que enseña que las iglesias Gentiles Cristianas han sustituido para siempre a Israel a los ojos de Dios. Esta enseñanza fue usada para abastecer de combustible a las cruzadas y provocar mucho antisemitismo.

 

En 1996, Israel hizo planes para proseguir con la construcción de una nueva subdivisión de alojamiento en una ladera estéril en Jerusalén oriental. Los palestinos y las naciones musulmanas estaban indignados. ¡Cuán increíble! Prácticamente en algún otro sitio en el mundo, la adición de una nueva subdivisión haría bien para conseguir una mención ocasional en el papel local. Este no es un incidente aislado, cuando Israel abrió camino una pared de 18 pulgadas de la roca para crear una entrada al final de túnel cerca del Muro de los Lamentos, hizo titulares por todo el mundo. Esto produjo una protesta clamorosa severa de los palestinos, y fue seguido enseguida por un bombardeo vengativo que mató a las más de 50 personas. ¡Sólo intente imaginar la furia que será soltada si Israel intentara reconstruir el templo en la misma colina que la Cúpula Islámica de la Roca! Pero Dios sabía que todo esto vendría a pasar y dijo de Jerusalén, “toda los pueblos de la tierra se juntará contra ella”.

 

Otra nota interesante es encontrada en Zacarías 14:1-3, “He aquí, el día de Jehová viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla”.  Note que antes de 1967, esta profecía no podía haber sido cumplida, ya que Israel no tenía la posesión de la ciudad de Jerusalén. Con la guerra de 1967 con las naciones árabes, Israel tomó Jerusalén nuevamente por primera vez en casi 2000 años. De modo que ahora vemos que la profecía de Zacarías 14:1-3 está establecida para su cumplimiento.

 

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¡JESÚS JAMÁS PROMETIÓ EL CIELO A LOS SUYOS!

¡JESÚS JAMÁS PROMETIÓ   

      EL CIELO A SU IGLESIA!

 

¿Y QUÉ HAY ENTONCES DE LOS TEXTOS

BÍBLICOS QUE NOS ”PROBARÍAN”

QUE VIVIREMOS EN EL CIELO?

 

Por Ing° Mario A Olcese

 

 

Jesús entra en Jerusalén montado en un asno

 

“Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad” (Mat. 5:5)

 

Pregunta # 1:

¿Acaso no prometió Jesús a sus seguidores el cielo en Juan 14:1-3?

 

Respuesta:

Jesús jamás prometió a sus seguidores darles un lugar en el cielo como morada permanente. Tampoco ninguno de sus apóstoles creyó que iría al cielo para estar con Dios y Jesús. Fue el filósofo Griego Platón el que sentó las bases de un alma inmortal que parte de este mundo después de la muerte. Su filosofía fue mezclada con el pensamiento Hebreo y nació el gnosticismo. Esta secta gnóstica, muy en boga en los tiempos de Jesús, amenazó a la sana doctrina predicada por Jesús y sus apóstoles. Los apóstoles, y en especial Pablo y Juan, advirtieron a las iglesias cristianas en contra de esa secta. Pablo llamó a los gnósticos: “La falsamente llamada ciencia” (“gnosis”)(1 Timoteo 6:20). Los gnósticos decían que la materia era mala y pecaminosa, y que Cristo no era humano sino que tenía apariencia de hombre. Creían que existía un plano superior (el “Pleroma, especie de cielo gnóstico) donde vivían los AEONES (espíritus puros superiores, entre los cuales estaba Cristo antes de venir al mundo). Los gnósticos creían que ellos tenían el conocimiento verdadero para lograr partir a ese plano o dimensión de los espíritus con el alma inmortal. ¿No se parece esto mucho al pensamiento “cristiano” sobre una existencia en el cielo con Dios, Cristo, y sus ángeles después de esta vida, a través de nuestras “almas inmortales”? Es muy probable que muchísimos cristianos sean realmente cristianos gnósticos en este punto.

 

También Pablo advirtió, que después de su “partida”, entrarían en el rebaño del Señor falsos maestros que buscarían ganarse el rebaño con palabras pervertidas (Hechos 20:29,30). Y así fue. Con el correr del tiempo, la iglesia se corrompe con sus propios malos obispos que se levantan con sus herejías destructoras. En el siglo IV aparece el obispo “San Agustín de Hipona”, el Padre y Teólogo del catolicismo. Éste distorsiona radicalmente el verdadero significado del reino bíblico al decir, por vez primera, en su obra “La Ciudad de Dios”, que el reino era la iglesia católica Romana. Parece ser que los “amilenialistas católicos”, y “campbelitas amilenialistas” no han logrado sacudirse del todo de los errores de Agustín de Hipona.

 

Algunos dirán: “Bueno, ¿no dice Jesús que “los pobres en espíritu es el reino de los cielos”? (Mateo 5:3). Pero tomemos nota que el Señor NO dice que de los pobres en espíritu es el reino EN (sino “DE”) los cielos”. De modo que lo que Cristo ofreció a los pobres en espíritu era un reino que tiene su origen en Dios, y no en los hombres. Viene de Dios como un don o regalo para los hombres.

 

Pues bien, regresemos a Juan 14:1-3 de la pregunta. Veamos lo que verdaderamente dijo el Señor Jesucristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis.”

 

Muchos estudiantes de la Biblia no se han puesto a pensar en esta última frase “para que DONDE YO ESTOY (tiempo presente)”. En las más importantes versiones de la Biblia Inglesa se vierte este pasaje como “WHERE I AM” en tiempo siempre presente (“donde yo estoy”). Esta frase es sumamente importante y clave para entender los versos en cuestión. Jesús está ofreciendo un lugar a sus discípulos “en la casa de su Padre”. Luego nos dice que él nos tomará para que estemos con él en el lugar donde ÉL ESTÁ en el momento de pronunciar la promesa. Y, ¿dónde estaba Jesús cuando pronunció esa promesa? ¿En el cielo? ¿En Marte? No! Él estaba aún en LA TIERRA, y más exactamente, EN JERUSALÉN. Recuerde que Jesús todavía no había ascendido al cielo, y aún no había ni siquiera resucitado. Por tanto Jesús estaba ofreciéndoles a sus seguidores volver a la tierra para estar con ellos en el lugar donde proclamó su promesa, es decir: ¡En Jerusalén!

 

Muchos cristianos creen que Jesús nos “llevará al cielo” para darnos nuestro “lugar” en la casa del Padre. Pero Jesús nunca habló de llevarnos al cielo en Juan 14:1-3. Usted NO leerá, ni siquiera una vez, de que iremos al cielo para recibir nuestro “lugar” una vez que esté preparado por Jesús. Lo que Jesús dijo era que prepararía nuestro lugar en la casa de su Padre y que luego volvería para estar con nosotros. Lo que NO dijo era CUÁNDO Y DÓNDE recibiríamos nuestro lugar en la casa del Padre. Él sólo está ahora ocupado PREPARANDO nuestras moradas, pero NO nos dice cuándo entraremos en ellas. En Apocalipsis 21 se revela que la “ciudad santa” bajará del cielo después del milenio. La ciudad santa de Apocalipsis 21 es descrita por Ezequiel como un edificio (40:2), y como una casa en 2 Corintios 5:1,2. Esta ciudad o casa canta bajará del cielo, y “Dios estará con los hombres” (Apocalipsis 21:3). Sólo los salvos entrarán en ella para tomar sus lugares o moradas (Apocalipsis 21:27). También leer Hebreos 11:9,10 donde se nos dice claramente que Abraham (el padre de la fe) “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Y en Hebreos 13:14 Pablo dice: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR.”

 

Pregunta #2:

¿No dice Pedro, en 2 Pedro 3:10-13, que esta tierra será destruida por fuego? Si este es el caso: ¿No es lógico concluir que escaparemos al cielo?.

 

Respuesta:

Es cierto que Pedro habla de la “destrucción de la tierra por fuego”, de la misma manera que Dios dijo de la tierra de la época de Noé. En Génesis 6:13 leemos algo interesante: “Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré CON LA TIERRA. Nótese que Dios iba a destruir a todo hombre y animal…¡y la tierra misma! Pero: ¿Llegó Dios a destruir a los hombres impíos de entonces junto con el planeta tierra? Por cierto que no. La tierra sigue siendo la misma desde su creación. En realidad es una forma superlativa de hablar de Dios indicando la severidad de su castigo.

 

En 2 Pedro 3:10-13 leemos: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y LA TIERRA Y LAS OBRAS QUE EN ELLA HAY SERÁN QUEMADAS.” ¿No son semejantes Génesis 6:13 y 2 Pedro 3:10-13? Si la primera tierra PRE-diluviana no fue literalmente destruida, ¿porqué tendría que serla ésta? Es claro que lo dicho por Dios ha de entenderse como la severidad y firmeza de su castigo, la erradicación del mal, de los malos, y de sus obras (casas de juego y de citas, bares, fábricas de cigarrillos y de cerveza, fábricas de armas y bombas, etc). En el verso 13 se habla de “nuevos cielos y nueva tierra” Esta forma de dicción no es rara en la Biblia, pues también encontramos la expresión “nueva criatura” en 2 Corintios 5:17, aunque persistan aún los viejos defectos (miopía, cojera, cicatrices, etc). En Efesios 4:24 encontramos la expresión “nuevo hombre” (pero sólo en lo moral y espiritual). En Romanos 6:4 encontramos la frase nueva vida” (pero siempre en el sentido moral y espiritual).

 

Y Para terminar diré que 2 Pedro 3:13 tiene relación con Isaías 65:17 que dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.” Pero lo interesante del caso es que Dios sigue diciendo en los siguientes versículos (18-25) que: “traigo a Jerusalén alegría…y me alegraré con Jerusalén.” Estas palabras indican que finalmente el planeta no será destruido, pues seguirá existiendo Jerusalén como una ciudad de gozo y alegría, en contraste con la actual Jerusalén agitada y convulsionada por los conflictos internos y externos.

 

Pregunta #3:

 

¿Acaso no dice la Biblia que Cristo vendrá para entregar su reino al Padre según 1 Corintios 15:24?

 

Respuesta:

Cristo entregará su reino al Padre, pero: ¿Cuándo? Esta es una pregunta importante. Lo que la Biblia sí dice verdaderamente es que Jesús, al volver a la tierra, dará su reino a sus discípulos (no ha Dios)(Mateo 25:31,34; Daniel 7:13-18). Sí, la iglesia, compuesta por judíos y gentiles fieles, recibirá el reino de Cristo al volver él al mundo otra vez. Esta es la verdad bíblica. No obstante, será después que Cristo haya reinado por mil años que él devolverá el reino al Padre; cuando haya puesto a sus enemigos por estrado de sus pies, incluyendo LA MUERTE misma (Salmo 110:1; 1 Corintios 15:25). Y, ¿Cuándo será vencida la muerte?¿En la segunda venida de Cristo? ¡No! Según la Biblia ella será destruida al finalizar el milenio de Cristo. La respuesta está en Apocalipsis 21:4. Esto significa que Cristo no va a devolver el reino al Padre inmediatamente después de volver a la tierra, sino después de los mil años de su reinado. Mientras tanto, Jesucristo estará reinando sobre sus enemigos (Salmo 110:1-5), siendo el último destruido: La muerte.

 

Otra de las pruebas bíblicas que señalan claramente que la muerte reinará hasta el final del milenio es que “los otros muertos no llegaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.” (Apocalipsis 20.5). Habrá muertos al final de los mil años del reinado de Cristo. La muerte imperará en la tierra hasta el final de esa fecha memorable que es llamada: “Milenio” (Apocalipsis 20:14). Después del milenio bajará “La Nueva Jerusalén” y acabará el imperio de la muerte (Apocalipsis 21:4; 20:14). También en este periodo el diablo será castigado definitivamente con la muerte. Y además, la muerte y el Hades serán arrojados al lago de fuego junto con el diablo y sus ángeles. Todo esto ocurre al final del milenio o del reino de Cristo. Los hermanos amilenialistas debieran reflexionar mejor sobre este pasaje antes de sacar conclusiones inexactas. Recordemos que “un texto sin el contexto es un pretexto”. Ir más allá de lo que está escrito es peligroso.

 

Pregunta #4:

¿No dice Pablo que nuestro destino son “los lugares celestiales” en Efesios 2:6?

 

Respuesta:

Tomemos nota que pablo habla de “los lugares celestiales” en Efesios 2:6. Y, ¿dónde están esos “lugares celestiales”? La respuesta, creo, la da Jesús en Juan 14:2,3—¡En la casa de Su Padre! Por tanto, los “lugares celestiales” tienen que ver con las “muchas moradas” de dicha casa, en donde Jesús se ha ido a preparárnoslas. Sin embargo, Pablo NO dice que iremos al cielo para ingresar a nuestras “moradas celestiales”.

 

Pongamos un ejemplo un poco fantástico. Si una nave marciana bajara a la tierra, y yo fuera invitado por la tripulación marciana a ingresar a ella para ver su interior, pregunto: ¿No estaría yo en un lugar marciano en la misma tierra? Y si viera yo en su interior sus compartimentos, pregunto nuevamente: ¿No serían esos compartimentos “lugares o compartimientos marcianos” en la tierra?

 

De igual modo, cuando baje la casa celestial a la tierra, con todas sus moradas o lugares, los que ingresen a ella estarán ingresando a sus lugares o moradas celestiales—¡en la tierra!. Algo celestial o “extraterrestre” se posará en la nueva tierra, y sus interiores o moradas seguirán siendo celestiales aunque estén en la tierra. Sí, en la nueva tierra entraremos a los “lugares celestiales” de la casa de Dios.

 

Pregunta #5:

¿No dice claramente San Pedro que tenemos RESERVADA nosotros una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible EN LOS CIELOS? (Ver 1 Pedro 1:4)

 

Respuesta:

Nuevamente tampoco Pedro está diciendo que subiremos al cielo para recibir nuestra herencia que está RESERVADA allí. Sencillamente está reservada en los cielos. Si por ejemplo decimos que el dinero del pago de los trabajadores está reservado en la bóveda del banco, ¿significa eso que los trabajadores tendrán que ingresar a la bóveda del banco para que se les pague? No necesariamente. Lo usual es que el cajero retire el dinero de dicha bóveda y proceda a pagar a los trabajadores en la oficina del personal. De igual manera, cuando Jesús vuelva a retribuir a sus siervos, él retirará nuestra herencia de los cielos y la traerá a la tierra. (Leer 1 Pedro 5:4; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:12).

 

El sabio rey Salomón dijo sobre este asunto, así: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra…” (Proverbios 11:31). En otra parte Salomón dice también: “El justo no será removido jamás (de la tierra)…” (Proverbios 10:30). Estos textos contradicen la enseñanza que dice que los salvos serán retribuidos en el cielo cuando mueran.

 

Pregunta #6:

¿No prometió el Señor Jesús que nos arrebataría con él mismo al cielo, en 1 Tesalonicenses 4:17?

 

Respuesta:

El apóstol Pablo no está diciendo tampoco en este texto, que seremos arrebatados al tercer cielo, sino EN LAS NUBES. No está hablando de que seremos arrebatados al cielo, sino EN LAS NUBES PARA RECIBIR AL SEÑOR EN EL AIRE, y así estaremos siempre con el Señor.” Para nada se hace mención del cielo en este versículo, ni se nos promete estar con Cristo en el cielo. Pablo está hablando de que seremos “arrebatados en las nubes” y de “recibir al Señor en el aire”—¿Para qué?¿Acaso para que Jesucristo nos reciba y nos lleve con él al cielo? ¡No! Pablo es claro al decir que nosotros LE RECIBIREMOS A ÉL EN EL AIRE cuando regrese a la tierra (¡no al revés!). ¿Qué importancia tiene este detalle? Veamos el pasaje y analicemos su contenido.

 

Si la iglesia recibirá al Señor en el aire es para acompañar a Jesús en su descenso a la tierra, ¡no al revés! Por ejemplo, si el presidente del Perú sale a recibir en palacio al Presidente de los Estados Unidos, ¿se irá el Presidente del Perú con el presidente Estadounidense a la Casa Blanca para la entrevista? Otro ejemplo: Si mi amigo viene a visitarme desde los Estados Unidos, y yo salgo a recibirle en el aeropuerto limeño, pregunto: ¿Me iré con él a su casa en los Estados Unidos, subiendo inmediatamente en el avión que lo trajo a Lima? ¡Claro que no! Si yo lo recibo es para traerlo a mi casa o a un hotel, y disfrutar de su compañía durante su estancia en mi país. Igual ocurrirá con la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo en las nubes de nuestra atmósfera. Nosotros saldremos a RECIBIRLE en las nubes para acompañarlo en su descenso a nuestro planeta. Entonces Jesús será escoltado por su gloriosa iglesia hasta el lugar donde se localizará su trono de gloria, es decir, JERUSALÉN (Mateo 5.33-35; Jeremías 3:17; Zacarías 14:4).

 

Pregunta #7:

En Juan 13:36 Jesús le dice a Pedro que él no le podía seguir al lugar a donde iba, pero que le seguiría después. ¿No le estaba prometiendo Jesús—el tercer cielo—-a Pedro para después de su muerte?.

 

Respuesta:

Jesús no le estaba prometiendo a Pedro el cielo para después de su muerte. Lo que verdaderamente Jesús estaba diciendo era que estaba muy próximo su sacrificio en la cruz del Calvario, y que después Pedro le seguiría en su martirio. Lo que Jesús estaba profetizando para Pedro era su muerte en el martirio en un futuro no muy lejano. Según el verso 37, parece que Pedro le entendió perfectamente a Jesús, y le responde: “…Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? MI VIDA PONDRÉ POR TI.” Precisamente años más tarde Pedro moriría en el martirio, crucificado de cabeza en una cruz.

 

Pregunta #8:

¿No dijo el apóstol Pedro que Dios lo preservaría para su reino celestial? ¿No creyó Pablo que había un reino en el cielo (2 Timoteo 4:18)?

 

Respuesta:

En este pasaje Pablo NO dice que iría al cielo para entrar en el “reino celestial”. Lo que Pablo creía era que Dios lo preservaría o guardaría para su reino DE los cielos (“celestial”). Él NO dijo que Dios lo preservaría para su reino EN los cielos en ningún momento, sino para un reino de “inspiración celestial”, o de “origen celestial”.

 

En Hebreos 11:14-16 Pablo habla de una “patria celestial”, la cual, según el verso 16, es UNA CIUDAD. En Hebreos 11:14 el apóstol sigue diciendo que esta ciudad o “patria celestial” está por venir o por descender según Apocalipsis 21:2,3. Sí, la ciudad o “patria celestial” estará ¡en la tierra!.

 

En Lucas 2:8-13 vemos que a los pastores del campo se les aparece un ángel del Señor que les anuncia que ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. Y el versículo 13 nos dice que repentinamente apareció con aquel ángel una multitud de las “huestes celestiales” que alaban al Señor, y decían: “Gloria en las alturas…” Aquí vemos nuevamente a “huestes celestiales”—¡en la tierra!

 

En conclusión, cuando la Biblia nos dice que heredaremos “el reino celestial”, ello no quiere decir que iremos al cielo para entrar en él. Ya hemos visto como “cosas y seres “celestiales” estuvieron aquí, en la tierra. ¿Acaso no puede bajar “el reino celestial” a la tierra así como lo hicieron  “el pan celestial (Jesucristo)”, y “las huestes celestiales”? ¡Claro que sí! Ah, un ejemplo más. Después de resucitar de la tumba, Jesús recibió  un “cuerpo celestial” (Leer 1 Corintios 15:40,49). Con ese “cuerpo celestial” nuestro Señor estuvo en la tierra por 40 días (Hechos 1:3).

 

Pregunta #9:

¿No dijo acaso el apóstol San Pablo que nuestra CIUDADANÍA ESTÁ EN LOS CIELOS (Filipenses 3:20)?¿No significa entonces que viviremos en el cielo?

 

Respuesta:

La palabra “CIUDADANÍA” usada por Pablo, se relaciona con la palabra CIUDAD(anía). En la Santa Biblia aparece claramente una “CIUDAD CELESTIAL” (o “PATRIA CELESTIAL”) que estará en la tierra (Apocalipsis 21:2,3). También se nos informa que entraremos a ella, una vez que se establezca en la “nueva tierra”. Pablo sostiene que la ciudad está POR VENIR (Hebreos 13:14). También Pablo sostiene que el fiel Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:8-10).Mientras tanto, “nuestra ciudadanía está en los cielos” hasta que venga a nosotros a la tierra. En tanto que nuestra “ciudad” o “patria” permanezca en los cielos, podremos decir que nuestra ciudadanía seguirá estando en los cielos.

 

Pregunta #10:

¿En que parte de la Biblia dice que Cristo va a pisar este mismo planeta nuevamente?

 

Respuesta:

En Hechos 1:11 los ángeles les dicen a los discípulos, quienes instantes antes habían visto al Señor subir al cielo, lo siguiente: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASI VENDRÁ COMO LO HABÉIS VISTO IR AL CIELO”. Aquí se profetiza que el mismo Jesús resucitado, que había permanecido con sus discípulos 40 días en la tierra (Hechos 1:3), volverá DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE SE HABÍA IDO AL CIELO. Esto se explica de este modo. Según el verso 12, Jesús había ascendido al Padre desde el MONTE DE LOS OLIVOS, hasta que una nube lo tapó de la vista de los discípulos (v.9). Ahora bien, Jesús, al volver, descenderá del cielo a las nubes del cielo, y de las nubes del cielo AL MONTE DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4). Si Jesús al volver, sólo se quedara en las nubes, sin descender hasta el Monte de los Olivos, entonces JESÚS NO ESTARÍA EN VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA COMO ÉL SE FUE, O COMO LO HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.

 

Si una persona hubiera podido tomar una película de ese magno suceso de la ascensión de Jesús al cielo, y luego pusiera en reversa o retroceso la película, entendería exactamente cómo será el futuro regreso de Jesús al mundo. No obstante, no precisamos del auxilio de una cámara de video o de una película para entender lo que explicamos. Aceptemos el hecho de que la ascensión de Jesús al cielo NO comenzó en las nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS. ¿No es interesante que el profeta Zacarías diga que sus pies se posarán nuevamente en el Monte de los Olivos y éste se partirá en dos?¡Esto no sucedió en la primera venida de Cristo! (Leer Zacarías 14:4).

 

Lo que Jesús dijo en Mateo 5:34,35 nos lleva  la conclusión de que Cristo hará de Jerusalén su ciudad real…¡Su trono!. El profeta Jeremías dice que en aquel tiempo (de la restauración del reino) llamarán a Jerusalén TRONO DE JEHOVÁ (3:17). El Salmo 67:4 dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.” En Apocalipsis 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con Cristo mil años en la tierra.

 

En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Por tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Jesús dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:34,35).

 

En Juan 14:2,3 el Señor Jesús prometió a sus discípulos que ellos estarían con él en la tierra de Israel. Él dijo: “PARA QUE DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel) vosotros también estéis”. Y en la profecía de Jeremías 23:5 leemos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia EN LA TIERRA” ( También 33:15). Y en Romanos 4:13 dice que Jesús será “EL HEREDERO DEL MUNDO.”

 

Según el Salmo 37:29 “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Ahora bien: ¿Es Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí! (Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús es también JUSTO, ¿qué heredará él y dónde vivirá? ¡La tierra y en la tierra!. En el Salmo 85:9 se complementa lo anterior diciendo que LA GLORIA HABITARÁ LA TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA? ¡La gloria del Señor Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30; Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4). Por tanto: ¡Jesucristo habitará en la tierra!

 

En 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho: Habrá un justo que GOBIERNE ENTRE (no “SOBRE”) LOS HOMBRES, que GOBIERNE  en el temor de Dios.” Sí, Jesús será aquel justo varón que gobierne en medio o entre los hombres en este planeta. ¡Eso dice la Biblia! Además, David dice en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS morarán o habitarán en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde morarán LOS RECTOS en la presencia del rey? No puede ser el cielo porque Salomón escribió en Proverbios 10:30: “EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO JAMÁS; pero los impíos NO HABITARÁN LA TIERRA.” La conclusión lógica y bíblica es que los rectos habitarán la tierra y estarán en la misma presencia del rey en la tierra. Dice Salomón: “LOS RECTOS HABITARÁN LA TIERRA, Y lOS PERFECTOS PERMANECERÁN EN ELLA.” (Proverbios 2:21). ¡Aquí está la evidencia! Y, ¿Quiénes son los PERFECTOS que permanecerán en la tierra? ¡Los cristianos! (Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses 1:28).

 

Jesús dice que “los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5),. Pero más adelante dirá: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN…” (Mateo 11:29). Notemos que Cristo es también el mayor MANSO del mundo. Esto quiere decir que él HEREDARÁ LA TIERRA (comparar con Romanos 4:13). Él fue claro al decir que “los MANSOS heredarán la tierra (¡no el cielo!).”

 

Pregunta # 11:

¿Acaso Pablo no les dice a los Colosenses que tienen una “esperanza que está guardada en los cielos?’ (Colosenses 1:5)

 

Respuesta:

Esta pregunta se asemeja a la del número 5 sin duda. Aquí el apóstol Pablo no está enseñando ninguna esperanza celestial, o una “partida al cielo” para estar con Dios después de la muerte, o antes del reinado milenario de Cristo en la tierra. Esto está bien claro para mí.

 

Ahora bien, en el verso 12 de este mismo capítulo en cuestión, Pablo sigue diciendo: “…que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos de luz…” Nótese que acá—como Pedro también lo dijera en su Primera Epístola—los creyentes tendrán participación de una HERENCIA que está guardadao “reservada en los cieloscomo nuevamente lo dijera Pedro— en 1 Pedro 1:4.

 

 En Hebreos 10:34 Pablo también dice: “Sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos”. Pero acá tampoco Pablo está diciendo que iremos al cielo para recibir nuestra herencia, o que el cielo sea nuestra herencia final. Notemos que Pablo habla de una herencia perdurable en el cielo—¿qué podría ser aquello tan perdurable ?

 

En Colosenses 3:24 Pablo afirma que: “del Señor recibiréis la recompensa de la herencia”—-¿En dónde? Primero notemos que la herencia es una recompensa, la cual será dada por Jesucristo mismo a los fieles cuando él regrese por segunda vez a este mundo. Dice en Apocalipsis 22:12: “He aquí que vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. Entonces queda claro que los creyentes recibirán su herencia en la tierra—¡no en el cielo!

 

Pregunta #12:

¿Acaso no dice Pablo que los santos son participantes del “llamamiento celestial?” (Hebreos 3:1).

 

Respuesta:

¿Acaso la frase: “Llamamiento celestial” quiere decir: Llamado para ir al cielo? No lo creo así necesariamente. Me parece que quiere decir, mas bien, llamamiento de Dios”— Ver Filipenses 3:14 y Romanos 11:29. El libro a los Hebreos fue escrito para judíos, ya que trata de la relación de Cristo para con el sacerdocio levítico y los sacrificios del templo. Pues bien, como judíos, ¿qué pudieron ellos entender por el “llamamiento celestial”? Seguramente cualquier cosa menos “llamamiento para vivir en el cielo”. Recordemos que Jesús vino a confirmar las promesas hechas a los padres a los Judíos—no a cambiarlas por una promesa de naturaleza cósmica, celestial, fuera de esta tierra. Los judíos en general, y en especial los mesiánicos, esperaron la venida o la restauración del reino de David en Jerusalén (Hechos 1:6).

 

Es interesante descubrir que en la Biblia no aparece algo así como: “el llamamiento terrenal” para los judíos, y otro “celestial” para la iglesia. El “llamamiento celestial” es general, para todos los santos (hebreos y gentiles conversos—Hebreos 3:1). Dios nos ha llamado para ser santos, apartados, y consagrados a él con fidelidad.

 

Pregunta #13:

¿Pero cómo se explica 1 Pedro 5:10, donde el apóstol Pedro dice que Dios nos “llamó a su gloria eterna”?

 

Respuesta:

Nueva nos preguntamos: ¿Es sinónimo de cielo la gloria eterna? No lo creemos. Veamos algunas razones: El apóstol Juan dice en Apocalipsis 12:10, lo siguiente: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo…  Esta es una profecía que anuncia la llegada del reino mesiánico, pero: ¿qué tiene que ver este reino mesiánico con la gloria eterna? Es simple. La gloria eterna está asociada con el reino eterno, pues ambos vienen juntos. Veamos un texto bíblico crucial: 1 Tesalonicenses 2:12. Este pasaje paulino dice muy claramente: “y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria”.  Aquí vemos la estrecha relación entre reino y gloria. Juan dice que “ahora” ha venido …el reino de nuestro Dios”, lo que quiere decir que “ahora ha venido… la gloria de nuestro Dios”. La gloria del reino mesiánico será muy evidente en el reinado milenario de Cristo (ver Ezequiel 39:21; Hageo 1:7; Isaías 66:18; Salmos 145:11).

 

Y finalmente, es interesante notar que tanto el reino como la gloria son “eternos” (comparar 1 Pedro 5:10 y 2 Pedro 1:11). Reino y gloria son evidentemente sinónimos. Entrar en la gloria eterna es entrar en el reino eterno y viceversa. Y finalmente, vayamos a los versículos 1 y4 del texto de la pregunta en cuestión: “…que soy también participante de la gloria que será revelada. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria”. Es claro que nuestra gloria la recibiremos cuando Cristo aparezca en su segunda venida a la tierra y no en el cielo.

 

Pregunta #14:

El escritor del libro a los hebreos dice— en el capítulo 11 y verso 40— lo siguiente: “Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros”. ¿no significa esto que la iglesia recibirá un premio celestial, y los hebreos otro terrenal? 

 

Respuesta:

No parece posible, pues el escritor a los Hebreos (probablemente Pablo) les escribe a judíos y no a gentiles convertidos.  ¿Acaso el escritor está diciendo que los Judíos, al contrario, tendrán un destino celestial y la iglesia uno terrenal? Por qué tendría que ser el cielo cuando se dice:  alguna cosa mejor”? No hay sustento bíblico para decir que “alguna cosa mejor” sea el cielo— Definitivamente no lo hay! Pero si el escritor se refería al destino celestial cuando hablaba de “alguna cosa mejor”, ¿por qué no lo dijo claramente? Los doctos en la Biblia afirman que “alguna cosa mejor” son las mejores promesas que vienen del nuevo pacto que Dios hizo con los Cristianos a través del sacrificio y resurrección de Jesús.  Pero lo cierto es que el escritor les estaba diciendo a los Judíos que los cristianos tenían un mejor pacto que los perfeccionaba de verdad, y por tanto, no sería justo que los Judíos del Viejo Pacto fueran resucitados  o perfeccionados antes que la iglesia.

 

Pregunta #15:

¿No dice Pablo en Colosenses 3:1-3 que “Busquemos y pongamos la mira en las cosas de arriba?” ¿Acaso no quiere decir esto que debemos anhelar el cielo como nuestra futura residencia permanente?

 

Respuesta:

Nuevamente no encontramos ninguna razón para concluir que en este texto se nos está enseñando que iremos al cielo, o que miremos al cielo como nuestra residencia permanente. Lo que más bien Pablo dice es que busquemos y miremos las cosas de arriba. Esto querría decir que busquemos las cosas que son del cielo o de Dios y que son permanentes o eternas.

 

Todos los estudiantes de la Biblia sabemos que en el cielo también hay cosas gloriosas, como es la ciudad santa, o la casa del Padre (Juan 14:2). También Pablo escribió sobre “el tabernáculo verdadero” construido por Dios y no por los hombres (Hebreos 8:2; 9:11). También se nos habla del santuario celestial, el templo celestial, etc. ¡Pero todos ellos estarán en la tierra! (Apocalipsis 21:2-4).

 

También el reino de Dios y su justicia es algo de arriba, de Dios, y que igualmente debemos “buscar” primeramente, o antes que nada (Juan 6:33). ¡Pero este reino vendrá a la tierra igualmente! (Mateo 6:10, 2 Timoteo 4:1).

 

Pregunta #16:

¿Pero no dice Pablo que nos habemos acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, en Hebreos 12:22?

 

Respuesta:

Este pasaje tampoco es prueba indiscutible de que iremos al cielo con nuestros cuerpos inmortalizados, después de haber resucitado, o incluso antes, a través de nuestras supuestas “almas inmortales”. Yo creo que Pablo, el supuesto escritor de esta carta, estaba hablando de que Cristo hizo posible que entremos directamente al trono de la gracia por su intermedio, siendo él nuestro único Sumo Sacerdote. Esto lo vemos claramente en los capítulos anteriores (ver especialmente 10:19-22. Este último verso 22 nos dice que AHORA nos podemos “acercar” al lugar santísimo (en el cielo) por los méritos de Jesús. Esto no ha de tomarse literalmente como si realmente voláramos al cielo para entrar al lugar santísimo, sino en un sentido espiritual. Creo que el texto de Hebreos 12:22 debe interpretarse a la luz de Hebreos 10:10-22.

 

Pregunta #17:

¿No le ofreció Jesús al “buen ladrón” el paraíso? (Lucas 23:43). Además, ¿No dijo Pablo que fue arrebatado al “tercer cielo” donde vio el paraíso ofrecido al ladrón (2 Corintios 12:2-4)?¿No es lógico concluir que el cielo está el paraíso de los salvos?

 

Respuesta:

Si, Pablo habló que vio el paraíso en el tercer cielo estando “fuera del cuerpo”. Ahora bien, Pablo no dijo que el tercer cielo era el paraíso. Podría ser, pero no necesariamente Es cierto que él dijo haber sido arrebatado al tercer cielo y al paraíso como si fueran expresiones sinónimas. Pero como veremos más adelante, en el tercer cielo hay un paraíso que tiene singularidades. Veamos cuáles son:

 

1.- San Juan escribe del paraíso, así: “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7)- Entonces, en medio del paraíso de Dios hay un árbol de la vida muy singular.

 

2.- El mismo apóstol Juan escribe además en Apocalipsis 22:2 algo sumamente interesante: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos….para la sanidad de las naciones”.  Aquí Juan revela una ciudad, y en medio de ella está el árbol de la vida. No obstante, en el capítulo 2 y verso 7, él había escrito que ese árbol de la vida estaba en medio del paraíso. ¿Qué podemos concluir entonces? Creo que paraíso y ciudad santa son lo mismo. Si el árbol de la vida está en medio del paraíso y en medio de la ciudad santa, es obvio pensar que el paraíso, la ciudad, y probablemente también “el tercer cielo”,  sean sinónimos.

 

Ahora bien, ¿acaso la ciudad santa se quedará inamovible en el tercer cielo para que nosotros la ocupemos cuando supuestamente volemos para allá? De ningún modo, pues dice en el mismo libro de Apocalipsis 21:2,3 que la santa ciudad (o paraíso) desciende a la tierra. Claramente dice el pasaje así: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido…” Será entonces cuando los creyentes tendrán acceso a ella, pues dicen los versos 14 y 15 así: “Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad. Mas los perros estarán afuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”.

 

Si el “tercer cielo” es sinónimo de paraíso y ciudad santa, entonces sería válido decir que nosotros tendremos una esperanza de entrar al “tercer cielo” o simplemente “entrar al cielo”. En cierto modo estaríamos entrando al cielo mismo, puesto que estaremos entrando a “cosas o lugares celestiales” con Cristo— ¡en la tierra!. (Efesios 2:6).

 

Pregunta #18:

¿No escribe Juan en Apocalipsis 3:21 que nos sentaremos en el trono de Cristo?¿Acaso no está el trono de Cristo en el cielo?¿Acaso no está ahora sentado en él nuestro Señor Jesucristo, y a la diestra del Padre, según consta en Hebreos 10:12? Si este es el caso,¿no significa que nos sentaremos en el trono de Cristo en el cielo?

 

Respuesta:

En el cielo sólo existe un trono para Dios, el Padre. Honestamente no encontramos un segundo trono destinado para Cristo en el cielo. Es cierto que Jesús está sentado a la diestra del Padre, pero eso no significa que él también tenga un trono en el cielo. Tal vez “sentarse en el trono de Dios” quiera decir estar en la presencia de Dios o en su corte, o bien, que Cristo esté sentado en el mismo trono de su Padre, a Su lado derecho (¿tal vez un trono para dos personas?). Aunque aparecen 24 tronos más, éstos no son para 24 dioses, sino para los 24 ancianos. Es raro, pues, que no se mencione un trono para Jesucristo en el cielo fuera del que tiene Su Padre. Los 24 tronos, de los 24 ancianos, rodean al único trono—no a dos tronos—donde se sienta Dios (ver Apocalipsis 4:4). Esto sería raro si es que hubiesen dos tronos principales en la corte celestial.

 

Pero lo que si es seguro es que Cristo tendrá su trono propio en la tierra, y ese será el trono de David Su Padre (Lucas :32,33). Además, este trono será ocupado por Cristo sólo cuando él regrese a este mundo por segunda vez (Mateo 25:31,34).

En Salmos 122:4,5 se nos dice, además, que en Jerusalén están los tronos de los hijos de David, lo que significa que el trono de Cristo y de sus santos estarán en la tierra.

 

Pregunta #19:

¿Pero acaso Juan no ve en el cielo, frente al trono y frente al Cordero,  a los 144,000 Hebreos y a la gran multitud gentil? (Apocalipsis 7:4-17).

Respuesta:

La visión de la gran multitud frente al trono y del Cordero de Apocalipsis 7 se refiere a la venida de la Nueva Jerusalén a la tierra después del milenio. Nótese el capítulo 7 y verso 15 que dice: “Dios…extenderá su tabernáculo sobre ellos” y compárese con el capítulo 21:3: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres…”. Este capítulo 21 se refiere a la venida de la ciudad santa después del milenio! Una prueba adicional de que Apocalipsis 7:4-17 se refiere a la etapa post milenaria (cuando haya ya bajado la ciudad santa) la encontramos comparando Apocalipsis 7:17 que dice: “y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” con Apocalipsis 21:4 que dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos…”. ¡Obviamente la misma promesa!

 

Pregunta #20:

En Mateo 6:19,20 Jesús dice que no hagamos tesoros en la tierra, sino en el cielo. ¿No es esto prueba suficiente de que viviremos en el cielo?.

 

Respuesta:

Aquí Jesús no está diciendo o prometiendo el cielo para los que “atesoran tesoros en el cielo”. Lo que más bien dice Jesús es que nuestro corazón debe estar puesto en los intereses de Dios para ganar la eternidad. En el verso 21 Jesús sigue diciendo: “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”. Nuestro corazón debe estar en el cielo, en las cosas de Dios. Jesús dio importancia a hacerse rico para con Dios, haciendo buenas obras (Lucas 12:21, 1 Timoteo 6:18). Santiago muestra cómo serán castigados aquellos que acumularon riquezas materiales en la tierra, y que han vivido a espaldas de Dios y de sus semejantes (Santiago 5:3).

 

Pregunta #21:

¿No dice Pablo que tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos…deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial? (2 Corintios 5:1,2).

 

Respuesta:

En este pasaje encontramos que Pablo habla de ser “desnudado” para tomar nuestra habitación celestial. ¿Se estará refiriendo aquí Pablo como la “habitación celestial” al “cuerpo celestial” que obtendrá en la resurrección? (1 Corintios 15:40,44).  ¿O tal vez Pablo está hablando de su supuesta “alma inmortal” que anhela partir al cielo para residir en su habitación celestial con Cristo en la casa el Padre? Veamos los hechos: ¿Estaba deseoso Pablo de morir para estar con Cristo en el cielo, dejando atrás su cuerpo mortal y perecedero? Muchos teólogos piensan que sí. Este es de hecho el único texto complejo que requiere una interpretación  a la luz de otros pasajes paulinos.

 

Si creemos que Pablo está hablando del deseo suyo de partir al cielo, abandonando el cuerpo físico, nos encontraremos con algunos problemas: Primero, que los salvos van subiendo al cielo para estar con Dios según vayan  muriendo. Esto significaría que Juan el Bautista—por citar sólo un caso— partió al cielo antes que Jesús, las primicias.  En el caso de Jesús, debemos suponer que él mismo debió ascender al cielo cuando estuvo muerto durante esos 3 días y 3 noches,  pero no fue así. Recordemos que el Jesús resucitado le dijo a María que no lo tocara porque aún no había subido al Padre (Juan 20:17)? Por tanto, si Jesús no subió al Padre inmediatamente después de morir, ¿cómo pudo haber estado Cristo con el “buen ladrón” en el cielo cuando murieron ambos? Y si el fiel Lázaro había partido al cielo para estar con Dios y sus ángeles, ¿Por qué Jesús no consoló a María y a Marta diciéndoles que su hermano Lázaro estaba en una mejor estado de bienaventuranza en el cielo?¿Por qué tanta amargura y desconsuelo por parte de las dos hermanas de Lázaro, si de hecho existía la creencia de que los creyentes cristianos difuntos estaban en un estado de gloria y bienaventuranza en el cielo?

 

Si Pablo creía realmente que iría al cielo inmediatamente después de morir, ¿por qué él mismo dijo en otra ocasión: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mi, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8)?. Aquí Pablo habla que recibirá su corona “en aquel día” (¿el día de su partida o muerte, o en el día de la parusía?). Según el contexto, Pablo hablaba de la manifestación de Cristo (v.1), y lo repite en el verso 8 como venida (parusía). Entonces parece claro que Pablo recibiría su premio o corona, no en el día de su muerte, sino en el día de la venida o manifestación de Cristo al mundo. Esto concuerda con 1 Pedro 5:4, donde Pedro afirma que los creyentes recibirán sus coronas cuando Cristo regrese al mundo para resucitar a sus seguidores leales.  Si pensamos aún que Pablo recibiría su premio en el momento de su muerte, ¿por qué el mismísimo Pablo se expresa de la muerte como un enemigo del hombre y de Cristo en 1 Corintios 15:26? En el caso de él, la muerte debió ser un amigo que lo llevaría al cielo… ¡y no un enemigo!

 

Al profeta Daniel— un siervo fiel de Yahweh—le dijo Dios mismo que él descansaría (moriría) y resucitaría al fin de los días para recibir su recompensa o heredad (Daniel 12:13). En ningún momento Dios le había dicho que al morir él iría al cielo para recibir su “heredad celestial” o que su alma moraría en el cielo hasta el día de la resurrección de los fieles.

 

 

Pregunta #22:

En Hebreos 11:13-16 se nos dice que los fieles del Antiguo Testamento eran “extranjeros y peregrinos sobre la tierra”, pues buscaban una “patria celestial”, pues Dios les había preparado una ciudad. ¿No es todo esto prueba suficiente de que los fieles vivirán en el cielo?.

 

Respuesta:

 

Es cierto que los fieles hebreos eran “extranjeros y peregrinos” en la tierra prometida. Nótese el contraste que hace el autor de esta carta cuando dice “aquella tierra donde salieron” con aquella “a la que llegaron”. Ellos eran extranjeros y peregrinos en la tierra prometida—morando en tiendas (v.9)— ¿Por qué? ¡Porque esperaban una ciudad o patria celestial! (ver verso 10). Nótese que no se dice que ellos esperaban ir o subir a la ciudad o patria celestial, sino que esperaban la ciudad o patria celestial.  Esto es muy sugestivo, pues indicaría que ellos esperaban que primero bajara la ciudad celestial a la tierra prometida. Esto no es imposible, pues en mismo escritor de Hebreos añade un poco más adelante: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR” (Hebreos 13:14).

 

 

Más sobre el reino de Dios en la tierra en

 

www.elevangeliodelreino.org

www.yeshuahamashiaj.org (inglés y español)

 

 

 

USTED PUEDE CONTRIBUIR PARA ACELERAR EL REGRESO DE JESUCRISTO AL MUNDO

“Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”

(Mateo 24:14)

Por Ing. Mario A Olcese

 

El Deseo de Dios

Nuestro Padre celestial es un Padre amoroso que desea todo lo mejor para sus hijos. El amó tanto al mundo que mandó a Jesucristo a esta tierra, para que la gente fuera salva por medio de él (Juan 3:16).

El Señor Jesucristo prometió volver para restaurar todas las cosas, pero él está esperando el momento para que el Señor lo envíe de vuelta a esta tierra para cumplir sus promesas. ¡Pero algo debe cumplirse primero!

Dios no Tarda

Algunos cristianos se quejan, como ocurrió con ciertos cristianos del primer siglo, diciendo que el Señor tarda en su regreso, y por eso se sienten defraudados o simplemente han optado por reinterpretar sus palabras y tomarlas espiritualmente en vez de literalmente y al pie de la letra. Han dicho que si el Señor tarda en volver, se debe a nuestro error por interpretar su regreso de manera personal y física. Sostienen que algo no funciona con la interpretación literal, porque no es posible que hayan pasado dos milenios y aún él no haya regresado, máxime cuando él mismo dijo que volvería pronto o en breve.

Pero ¿por qué parece tardar el Señor? ¿Será que él estaba equivocado en sus expectativas o en el tiempo de su regreso? La Biblia nos responde dándonos la razón de su aparente tardanza. En Nahum 1:3 se nos dice que el Padre de Jesucristo es tardo para la ira. Es decir, Dios no castiga a los pecadores de forma violenta, rápida, y sin demora, como en un juicio sumario, sino que es paciente para con todos, no queriendo que ninguno perezca sino que procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Es por eso que Dios mandó a su Hijo Unigénito para que los pecadores se arrepintieran de sus pecados, creyendo en su mensaje o evangelio salvador, el reino de Dios. En Marcos 1:15 leemos que Jesús llamó a la gente a “arrepentirse y a creer en su evangelio”. La Buena noticia de un reino de Dios cercano debería motivarnos al arrepentimiento y no el temor a un castigo en el infierno por una eternidad. Dios desea que más personas se arrepientan de sus pecados y participen del reino venidero. El mandó un mensaje salvador, y ese mensaje que salva a los que se arrepienten de sus pecados es el Evangelio acerca de la persona de Jesucristo y Su Reino de justicia venidero.

La cercanía del reino motivó a muchos judíos a arrepentirse para poder participar activamente como cogobernantes de esa nueva sociedad que inauguraría Cristo en su parusía. Jesús decía: arrepentíos, porque el reino de Dios se ha acercado¿Por qué deberían arrepentirse los judíos, según Jesús? ¡Porque el reino estaba a las puertas! (Mat. 3:2). En Hechos 2:38 el arrepentimiento de los judíos se debió al mensaje del evangelio predicado por Pedro (ver versos 22-37). De modo que el bautismo de aquellos 3000 hombres Judíos fue el resultado de su arrepentimiento (“arrepentíos y bautícese cada uno…”), arrepentimiento que fue estimulado a su vez por el mensaje del evangelio completo (La persona de Cristo (Su muerte, sepultura y resurrección y también Su reino venidero) y no por la amenaza de un terrible castigo por fuego si persistían en el pecado. También hay otro testimonio en Hechos 8:12, donde los discípulos de Felipe se bautizaron después de haber oído el mensaje del evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo. Así que lo que debe motivarnos al arrepentimiento es lo que Dios tiene para nosotros como regalo de vida eterna en el mundo o era venidera. Uno debe arrepentirse porque uno debe comprender que Dios nos amó tanto que dio a Su Hijo en sacrificio, y porque nos tiene preparado un gran banquete mesiánico para gobernar con Su Hijo en la nueva Era de justicia, paz y amor.  

Reitero nuevamente esto: No se puede ingresar al reino si hay aún  pecado en nosotros. Es un pre-requisito divino para participar ejecutivamente en el reino nuestra purificación en la sangre de Cristo. Así que la razón por la cual debemos arrepentirnos es para poder participar del maravilloso reino de Cristo, el cual hemos creído por fe. Pero Dios lee los corazones y Él desea ver un hombre nuevo en nosotros, uno contrito y humillado frente a Él para que seamos dignos de Su Reino. Recuerde, ¡Dios resiste a los soberbios!

El Evangelio debe proclamarse

El evangelio salvador del Reino debe proclamarse a todo el mundo habitado para testimonio a todas las naciones, y entonces (y sólo entonces) vendrá el fin o la segunda venida de Cristo (Ver Mateo 24:14). Es la tarea de todo buen cristiano anunciar el evangelio del reino, el único y singular evangelio  que salva a todo aquel que lo cree y recibe. Si bien Dios desea que este mensaje de la persona de Cristo y su reino sirva de testimonio a todas las naciones, también desea que el mayor número de personas lo crean para que puedan proceder al arrepentimiento. Pero como dijimos antes, Él es paciente para con todos, y no desea la destrucción del impío. Sin embargo, las iglesias de hoy, poco o nada están predicando sobre este evangelio del reino a todo el mundo, sino más bien nuevos y peculiares evangelios inventados por hombres que han opacado y dado un sentido puramente espiritual al verdadero evangelio del reino. Esto ha hecho retrasar la venida de Cristo al mundo. Nuestra desidia y descuido en proclamar exactamente el mismo evangelio que Cristo y sus discípulos predicaron ha hecho que el mundo no reciba un testimonio real y fiel del evangelio apostólico. El resultado de esta negligencia ha sido la tardanza del regreso de nuestro Señor y la impaciencia de los creyentes que aún lo están esperando.

Sin embargo, hay discípulos fieles hoy que están difundiendo el evangelio prístino del reino de Dios a más países cada día, el cual es el mismísimo evangelio bíblico, cristiano, y apostólico del primer siglo, y cumpliendo al pie de la letra la tarea asignada por Jesús llevando el mensaje por internet, por la literatura impresa, y por la radio y la TV. De esta manera ellos están apresurando cada día más la vuelta o regreso de Cristo al mundo. Recuerde que Jesús dijo que primero el evangelio del reino sería predicado a todo el mundo para testimonio a todas las naciones Y ENTONCES Y SÓLO ENTONCES el fin vendrá. Recuerde que los cristianos primitivos relacionaron el fin de la era o mundo con la venida de Cristo (Mat. 24:3).

Satanás ha Confundido a las Gentes con falsos Evangelios

Siendo que el testimonio del evangelio del reino tiene poder para salvar al potencial creyente y provocar el fin del reinado de Satanás y de sus ángeles, este ángel caído ha estado interesado desde el principio en boicotear la tarea evangelística del reino. El Apóstol Pablo se vio en ese problema en algunas oportunidades, y acusó a Satanás el diablo de ser obstáculo en su tarea predicadora entre los gentiles (Ver 1 Tes. 2:18). Y también Pablo les dijo a los creyentes de Corinto, lo siguiente: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4).

En mi estudio sobre la gloria, expliqué y demostré que el evangelio de la gloria de Cristo es lo mismo que el evangelio del reino de Cristo. Así que el diablo ha obscurecido las mentes de los incrédulos para que nos les resplandezca la luz del evangelio del reino de Cristo, el cual es la imagen de Dios. No es extraño, entonces, que muchos no crean que el evangelio del reino de Dios sea el evangelio bíblico, ya que lo que se ha venido predicando ha sido el llamado “evangelio social” católico o el “evangelio de la prosperidad” de ciertos grupos evangélicos. Otros creen que el evangelio es simplemente Cristo (“el evangelio de Cristo”) pero no su mensaje, y aún otros creen que el evangelio es simplemente la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Estos puntos de vista están errados, o en el mejor de los casos, parcialmente errados. Y es que el evangelio de Cristo tiene que ver con una nueva sociedad (de allí lo social) y con la prosperidad (pues el reino tiene que ver también con la prosperidad material), pero en la era venidera y no en esta era o siglo malo— ¡Esta es la diferencia sustancial entre los evangelios falsos y el bíblico!

La Restauración del Reino Davídico es boicoteado por los agentes de Satanás

Lo cierto es que diablo sigue siendo el dios de este siglo y todo el mundo infiel yace bajo su poder (1 Juan 5:19). El maligno tiene una agenda hasta la venida de Cristo, y esa es: boicotear la difusión del evangelio salvador del reino de Dios. Es por eso que ha engañado a muchos cristianos haciéndoles creer que los discípulos estaban errados cuando le preguntaron a Jesús lo siguiente: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Aquí se observa que los discípulos aún esperaban el reino para Israel, un reino que no veían todavía cristalizarse tal como los profetas lo habían anunciado. Pero los enemigos del reino por restaurarse a Israel sostienen que la pregunta de los discípulos fue simplemente fruto de su ignorancia y falta de comprensión del verdadero y nuevo “sentido espiritual” que éste envolvía. Pero si esto es verdad, ¿por qué Jesús no se los aclaró? Por el contrario, lo que Jesús les respondió validó su pregunta, cuando claramente les dijo que: “no os toca a vosotros saber los tiempos y las sazones que Él puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Así que muchos grupos llamados “cristianos” (es decir, “mesiánicos”) van en contra del mesianismo puro de los apóstoles y de los primeros cristianos, los cuales esperaron ardientemente la consolación de Israel a través del reino restaurado de David en la tierra prometida.   

Desgraciadamente el Catolicismo hizo suyo la interpretación alegórica del Reino de Agustín de Hipona, y de esa forma cientos de millones de llamados cristianos dejaron de ser cristianos o mesiánicos para volverse platónicos y gnósticos.

Conclusión:

Es tarea de la iglesia mesiánica (cristiana) predicar a su Mesías y su Reino milenario en la tierra a todo el planeta habitado para preparar y acelerar el retorno del Hijo de Dios a la tierra. Debemos ser precursores de su reino, preparar el camino del Señor a través del anuncio de su parusía en gloria para restablecer o restaurar el reino que está suspendido en el tiempo. Si lo hacemos así, entonces Jesús no tardará en volver. Pero si descuidamos esta tarea, predicando evangelios extraños y extra bíblicos, entonces Jesús seguirá demorando. Tenemos una tarea que cumplir, y rápido.

 Más información sobre el Reino en:

 

www.elevangeliodelreino.org

 

O también: www.esnips.com/web/BibleTeachings

 

CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO’—¿QUÉ SIGNIFICA REALMENTE? (Juan 3:36)

 Jesús y la Samaritana junto al pozo-GUERCINO, Il (Giovanni Francesco BARBIERI)-Museo Thyssen-Bornemisza

                               Por Ing°  Mario A Olcese

 

El carcelero de Filipos y su conversión

 

El Apóstol Pablo y Silas estando en prisión tuvieron una liberación milagrosa que sirvió de ocasión para la salvación del carcelero de la ciudad de Filipos que vigilaba la prisión. Tenemos su historia registrada en el libro de los Hechos. Dice así: “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16:25-34).

 

Examinando esta historia de la conversión del carcelero de Filipos, se destaca la pregunta crucial que el carcelero que vigilaba la prisión hizo a los reclusos Pablo y Silas: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Esto me hace pensar que Pablo y Silas estuvieron predicando en la misma prisión sobre la necesidad de la salvación de los pecadores, de lo contrario, ¿cómo explicar la importante pregunta de todos los tiempos formulada por el carcelero?¿O es que tal vez el carcelero ya sabía algo del mensaje apostólico por boca de otros conversos? No lo sabemos, pero todo parece indicar que este hombre ya había oído algo sobre la necesidad de ser salvo del castigo divino. Pero lo interesante es que Pablo y Silas le dijeron simplemente: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. ¿Qué podría significar creer en el Señor Jesucristo para Pablo, Silas y aún más, para el carcelero de Filipos?¿Sería simplemente por creer en que Jesús es el Hijo de Dios? Si es así, nos preguntamos: ¿Acaso no creen igualmente los demonios que Cristo es el Hijo de Dios?¿Serán salvos acaso los demonios por esa convicción? (Santiago 2:19).

 

 

La Palabra del Señor es el Evangelio del Mensajero

 

Jesucristo es el último y gran Mensajero de Dios que vino a traer el evangelio a los hombres. Dice Pablo así: Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”Aquí Pablo nos dice que Jesucristo es el vocero del Padre en estos “postreros días”. Esto coincide perfectamente con lo dicho por Pablo en Hechos: Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos” (Hechos 10:36). Debemos entender que Jesucristo es el Mensajero o vocero de Dios para estos postreros tiempos, y que el Padre espera que nosotros creamos en el mensajero y en Su mensaje para alcanzar la salvación. Dice Pablo: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”. (Rom. 1:16). 

 

Creer en Cristo tiene que ver con el creer (o recibir) Su Palabra (o mensaje)

 

En Juan 3:36 Jesús dice así: El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Pero en Juan 5:24 Jesús dice lo siguiente:  De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.  Notemos la frase  “tiene vida eterna” de los dos textos citados.  En Juan 3:36 Jesús dice que el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero en Juan 5:24 Jesús dice que el que tiene vida eterna es el que “OYE SU PALABRA”. Entonces es claro que CREER EN CRISTO= OIR (CREER) SU PALABRA. En Juan 6:68,69 Pedro le dijo a Jesús: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. En resumen, la vida eterna se gana oyendo la Palabra de Cristo. Pero, ¿sólo oyendo? ¡No! En Juan 8:51 Jesús dirá que es necesario GUARDAR o RETENER en uno su Palabra cuando dice: “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. En Juan 14:23 añade: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. En Juan 12:48 Jesús asocia el rechazo a su persona con el rechazo a su Palabra o mensaje, cuando dice: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. En otra ocasión Jesús asocia el recibir su palabra con el recibirle o creerle a él y a Su Padre: Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste(Juan 17:8). Ver también Juan 1:12 donde se habla de recibir a Cristo como sinónimo de creer en él: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. En Juan 8:30 se lee, además: Hablando él estas cosas (la Palabra de Dios), muchos creyeron en él. Observen que los que creyeron en Jesús, primero tuvieron que oírle hablar la palabra o mensaje que portaba.  En Juan 15:3-7 Jesús asocia el permanecer en él con el permanecer en su Palabra o mensaje divino: Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.  Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.  Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.  El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.  Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.  Acá es más claro aún que no se puede permanecer en Cristo sin permanecer en su palabra, que es la palabra del Padre, Su doctrina y evangelio completos. En Marcos 1:14, 15 leemos que Jesús predicaba el evangelio diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Notemos que acá Jesús no pide que creyeran en él de manera tácita, sino más bien en el evangelio que estaba anunciando. ¿Es que acaso no es necesario creer en él? ¡Claro que es necesario! pero creer en el Evangelio es creer también en él, porque el evangelio habla o trata de él. De modo que bien podemos decir que creer en Cristo es creer en su mensaje o evangelio.  

 

La Palabra del Reino

La parábola del sembrador ilustra la necesidad de creer y retener la palabra del Señor para ser salvo. Dice Lucas 8: 4-15: “Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron.  Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.   Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron.  Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?  Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios (la cual es la palabra del Reino, según Mateo 13:19).  Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra (del Reino, según Mateo  13:19), para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra (del Reino, según Mateo 13:19) con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.  Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra (del Reino, según Mateo 13:19) oída, y dan fruto con perseverancia

En esta Parábola del Sembrador el Señor Jesucristo da suprema importancia a la palabra sembrada, la cual tiene que ver con el Reino de Dios (el evangelio). De modo que la creencia en Cristo para ser salvo equivale a creer en la palabra que él sembró, que es la palabra del Reino. No se puede ser salvo en completa ignorancia del verdadero evangelio que él vino a proclamar desde el comienzo hasta el final de su ministerio en la tierra. Su insistencia fue constante en la creencia y la RETENCIÓN de SU PALABRA, que era la Palabra de Dios, la Palabra salvadora, la Palabra de vida, la Palabra del Reino.  En la gran y final comisión para sus discípulos,  Jesús les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere (en el evangelio) y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere (en el evangelio), será condenado(Marcos 16:15,16). Pero es muy lamentable que millones de predicadores estén anunciando todo menos lo relacionado con el Reino de Cristo en la tierra. Este mensaje es tildado de Judío y carnal, y es considerado como obsoleto y abrogado por millones de Católicos y Protestantes por igual. El mensaje o palabra salvadora ha sido distorsionada nada menos que por Satanás, el enemigo de Dios y del mensaje (evangelio  o palabra) salvador. Pablo es enfático al decirnos: En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4). 

Recibir la Palabra, ¿Qué Más Abarca?

En Hechos 8:5-14 leemos: “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo… Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres… Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan…”. Aquí vemos que recibir la Palabra equivale a creer en el nombre de Jesucristo y en su evangelio del Reino.  Un ejemplo del binomio “recibir-creer” lo encontramos en estas palabras de Jesús: porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste” (Juan 17:8). Si alguno dice creer en Cristo, entonces deberá recibir su Palabra, o lo que es lo mismo decir, deberá creer en la palabra o mensaje del evangelio del Reino. Las Parábolas del Reino tienen esa finalidad, y en especial, la del sembrador.

 

Jesucristo como la Verdad

 

Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). ¿Qué significa que Cristo sea la verdad? Jesús responde: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Jesús es la verdad porque su palabra es la verdad. También él dijo: “Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios…”(Juan 8:40). Aceptar a Cristo es aceptar la verdad que él oyó de Dios, y aceptar la verdad es aceptar la Palabra de Dios. Jesús es la Palabra de Dios encarnada (Juan 1:14). En Juan 1:17 leemos: “…la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”Es decir, Jesús es la verdad, porque por medio de él vino la verdad al mundo. El era el portador de la verdad, que es la palabra de Dios o el evangelio o mensaje para los hombres. Pablo dice: para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros(Gál. 2:5). Esto se asemeja a lo dicho por Jesús en Juan 15:3-7: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros. Acá está muy claro que “la verdad del evangelio” y “las palabras de Cristo” son equivalentes. En Efesios 1:13 Pablo dice: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. Acá nuevamente se percibe la asociación entre la palabra o evangelio salvador oído con la creencia en Cristo. Creer en Cristo es creer en la palabra de verdad que es el evangelio de nuestra salvación. En 2 Tes. 2:12 Pablo dice que aquellos que no creen en la verdad, o en el evangelio de Cristo, no se salvarán: “a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad (que representó Cristo y su palabra o mensaje), sino que se complacieron en la injusticia”.  En cambio, los que vienen al conocimiento de la verdad serán salvos: “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (del evangelio o mensaje)” (1 Tim. 2:4). Realmente uno se purifica cuando obedecemos a la verdad. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad (de Cristo y su palabra) (1 Pedro 1:22). Y para Juan su gozo fue grande al oír que los creyentes andaban firmes en la verdad, es decir, en Cristo y en su palabra: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad (3 Juan 4). 

 

 

Regresando al Carcelero de Filipos

 

El carcelero de Filipos, era hombre que estuvo conciente de su necesidad de salvación. Su enfermedad espiritual dio como resultado una “receta” o “pócima” divina, y que consistía en aceptar o “creer” en Cristo para ser curado completamente. Pero el carcelero debía de entender las bondades del remedio llamado “Jesucristo” y para eso Pablo y Silas le hablaron LA PALABRA DEL SEÑOR: Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos”. Es decir, para que el carcelero pudiese creer en el Señor Jesucristo, él tenía primero que conocer LA PALABRA DEL SEÑOR para finalmente ser bautizado para el perdón de sus pecados, y junto con él, su casa. El punto es que no se puede creer a ciegas, pues se requiere tener un conocimiento fundamental de las bondades de los componentes del remedio. Siempre buscamos saber qué es lo que vamos a tomar para poder creer que será un remedio efectivo y no un paliativo. Así que creer en Cristo viene por medio de oír la Palabra del Señor ¡Este es el punto de partida para la creencia efectiva en Jesucristo! Desgraciadamente muchos cuando leen la historia del carcelero de Filipos se quedan en el verso 31 y no leen los siguientes versículos donde se habla de la necesidad de escuchar LA PALABRA DEL SEÑOR para creer de verdad.  Dice Romanos 10:16,17: Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio (La Palabra)? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios

 

Así que no se puede creer sin oír y creer en la Palabra de Dios pregonada por el Mensajero. Es vital que primero prediquemos la Palabra para que los hombres puedan creer en el Hijo de Dios. En Juan 17:20 Jesús ora algo muy interesante, diciendo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Nótese que Jesús dice que los que creerán en él serán aquellos que creerán por la Palabra que prediquen sus discípulos, la cual es el mismo mensaje que el Señor trajo al mundo por encargo de Su Padre. Pablo afirmó que no había muchos evangelios o mensajes divinos, sino sólo uno, el único predicado por Cristo (Gál. 1:6-9). De modo que cuando escuchamos a los fieles discípulos predicando el evangelio del Reino de Dios es como si escuchásemos al mismo Jesús predicándonos Su mensaje. El mensajero puede no ser Cristo mismo en persona, pero sí su mensaje.

 

Es imposible esperar que alguien crea a ciegas en Cristo sin el conocimiento del mensaje o Palabra de Dios. Los que dicen creer en Cristo pero no saben nada de su mensaje o enseñanza, no pueden ser verdaderos creyentes. La creencia en Cristo no sólo consiste en creer en que él fue un personaje real y que cambió la historia, sino que también es necesario creer en sus palabras. Allí reside el problema con muchos Judíos, Musulmanes, Hinduistas, ateos, etc, etc. Creen que Cristo existió y que fue un hombre real que creo una religión, pero no aceptan su mensaje o enseñanza como si viniese de Dios mismo. Creen que lo dicho por Jesús es simplemente ilusiones de un orate, sin poder entender que “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación (de la Palabra)… y para los gentiles locura(1 Cor. 1:21,23). 

 

Resumen

 

  1. Creer en Cristo es creer a Cristo: en su mensaje (la Palabra) y en su nombre.
  2. La vida eterna se gana creyendo en Cristo, que es lo mismo que creer en su Palabra o mensaje divino.
  3. Permanecer en Cristo es permanecer en su Palabra.
  4. La semilla que crece en un buen terreno es la Palabra del Reino.
  5. Recibir la Palabra es creer en el evangelio del Reino y en el nombre de Jesús.
  6. Cristo es la verdad porque es el portador de la Palabra de verdad del Padre.
  7. La gracia como la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
  8. La Palabra de verdad es el evangelio de la salvación.
  9. Obedecer la verdad purifica nuestras almas.
  10. La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios.
  11. Somos salvos por la “locura” de la predicación.

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¿QUIÉN ES JESUCRISTO?

 

          

 

Creemos que Jesucristo es un ser humano completamente único (único en su género).

 

¿Por qué?

 

Es el único hombre que nació de la semilla que Dios colocó en el útero de una virgen (Mateo 1:18; Lucas 1:34-35). Dios puso una semilla perfecta en el útero de María, para que Jesús naciera sin la naturaleza pecadora que todos los demás seres humanos heredamos del Primer Adán. Por lo tanto, Jesús es el Hijo unigénito de Dios (Juan 3:16) y el Hijo del Hombre (Juan 5:27).

 

Es el único hombre al que se lo llama “el Último Adán” (1 Corintios 15:45). Como Hijo unigénito de Dios, Jesús fue el equivalente genético del primer “Hijo de Dios”, Adán (Lucas 3:38). Como el único hombre nacido sin pecado inherente, Jesús fue por lo tanto el único hombre equipado para ser el Salvador y Redentor de la humanidad. Romanos 5:12-21 es la clásica comparación entre estos dos Adanes y el respectivo impacto que cada uno tuvo sobre la humanidad.

 

Es el único hombre que tuvo perfecta fe en Dios, y quien, debido a que libremente eligió confiar en Dios, vivió una vida sin pecado, siempre haciendo la voluntad de su Padre (Juan 8:29). Jesús no fue un robot, programado para obedecer a Dios. De haber sido así, no habría estado genuinamente tentado a pecar, como todos los otros hombres a los que él vino a salvar (Hebreos 4:15). La ausencia de naturaleza pecadora no fue la razón por la cual Jesús no pecó. Sabemos esto porque el Primer Adán tampoco nació con naturaleza pecadora, y de todos modos pecó en grande.

 

Es el único hombre que murió como sacrificio perfecto por nuestros pecados (Hebreos 10:12-14; 1 Juan 4:10). Debido a su nacimiento de virgen, Jesús era el sacrificio “genéticamente” perfecto para el pecado de la humanidad. Debido a su obediencia a Dios durante toda su vida, hasta su último suspiro en la Cruz, se convirtió, en base a su “comportamiento”, en el sacrifico perfecto por los pecados de la humanidad (Hebreos 2:17). Por lo tanto, fue la expiación completa para que el hombre caído fuera redimido.

 

Es el único hombre al que Dios jamás haya levantado de los muertos para confirmar que era quien había dicho que era – el Hijo de Dios (Hechos 17:31; Romanos 1:4). La resurrección de Jesucristo fue la confirmación de que Dios cumplió Su promesa a Su Hijo, y además Su afirmación a todos los hombres de que Jesús es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6).

 

Es el único hombre al que Dios exaltó como “Señor” y “Cabeza de la Iglesia”, y a quien Dios le dio toda autoridad en el cielo y en la tierra (Daniel 7:13-14; Filipenses 2:9; Hechos 2:36; Efesios 1:22; Mateo 28:18). Del mismo modo en que Faraón exaltó a José como su mano derecha y le dio toda autoridad sobre Egipto (Génesis 41:37-46), Dios le dio a Jesús igualdad funcional con Él. Jesucristo es ahora “la mano derecha” de Dios (Efesios 1:20), y está llevando a cabo el trabajo que a la larga restaurará este mundo caído.

 

Es el único hombre que ahora es Mediador entre Dios y la humanidad (1 Timoteo 2:5). Es a Jesucristo a quien Dios le dio el poder de “salvar por completo” a todos los que llaman su nombre, porque él vive para siempre para interceder por nosotros (Hebreos 7:25).

 

Es el único hombre que reunirá a todos los cristianos para que se encuentren con él “en el aire” (1 Tesalonicenses 4:17) y quien dará a cada uno un nuevo cuerpo como el suyo (Filipenses 3:21). Como “simiente” prometida de la mujer (Génesis 3:15), Jesucristo producirá fruto según su género, una raza de gente que vivirá para siempre.

 

Es el único hombre que un día volverá a la tierra, destruirá a todos los malvados (y a la larga destruirá a Satanás y a sus huestes espirituales de maldad), y reinará sobre la tierra como Rey por 1000 años (Apocalipsis 19:11-20:7). En su primera venida a la tierra a Israel, Jesús fue el Cordero del sacrificio de Dios, pero vendrá nuevamente como el León de Judá para salvar a su pueblo, Israel, y para destruir a todos los enemigos de Dios.

 

Es el único hombre que levantará de los muertos a todo ser humano que jamás haya vivido (Juan 5:21, 25). Así como Dios le dio a Jesús “vida en sí mismo”, así levantará él a toda la gente.

 

Es el único hombre que juzgará a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos (Juan 5:22, 27). Jesús juzgará a toda la gente con justicia, otorgando vida eterna a aquellos que la merecen, y aniquilando a todos los malvados (Hechos 17:31; Juan 5:28, 29).

 

Es el único hombre que restaurará sobre la tierra el Paraíso que el Primer Adán perdió (1 Corintios 15:24-28). Como “el Último Adán”, Jesús fue el Plan de Contingencia de Dios para salvar Su plan original que fue abortado por la desobediencia de Adán, o sea una raza perfecta de gente que viviera para siempre sobre una tierra perfecta. Amén.

 

Es el único hombre que es nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Mediador, nuestro Señor, nuestro constante Compañero, nuestro Mejor Amigo, nuestro Hermano Mayor, la Luz de nuestras vidas, nuestra Paz, nuestro Gozo, y nuestro Mentor en el arte de la fe.

 

Es el Amante de nuestras almas, y es por eso que nosotros lo amamos a él y lo confesamos como Señor (Romanos 10:9).

 

Más sobre Jesús en:

 

www.elevangeliodelreino.org

 

www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y español)

INTERESANTE SITIO WEB UNITARIO (EN INGLÉS) DONDE SE DISCUTEN LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD, EL REINO DE DIOS, LAS PROMESAS PARA ISRAEL, LA PREEXISTENCIA DE CRISTO, EL SUEÑO DE LA MUERTE, ETC

 

 

http://www.theagetocome.org

Aquí podrán ver y escuchar videos sobre discusiones bíblicas EN INGLÉS con los eruditos bíblicos unitarios Sir. Anthony F Buzzard y Russell Magaw, así como otros invitados. He aquí algunos temas tratados:

The Age To Come – program #01.06 – The Kingdom: Present, Future, or Both? – Pastor Russell Magaw & Steve Taylor

The Age To Come – program #08.05 – Church trends and the Gospel – Steve Taylor & Anthony Buzzard – remake of a program originally produced in 1996.

The Age To Come – program #07.05 – “The Culting of Christianity” (continued)  – Steve Taylor & Anthony Buzzard – remake of a program originally produced in 1996.

The Age To Come – program #06.05 – “The Culting of Christianity” – Steve Taylor & Anthony Buzzard – remake of a program originally produced in 1996.

The Age To Come – program #05.05 – “Our Fathers Who Aren’t In Heaven” – Anthony Buzzard and Steve Taylor – remake of a program originally produced in 1996.

The Age To Come – program #04.05 – “What Were New Testament Tongues?” – Anthony Buzzard and Steve Taylor – remake of a program originally produced in 1996.

The Age To Come – program #03.05 – Spiritual Clothing – Jamie Engelbert & Robert Morrison, Jr.; Issues of Life, Death and Eternity – Pastor Richard Eldred and Anthony Buzzard; Heaven On Earth – Jamie Engelbert and Steve Taylor

The Age To Come – program #02.05 – Facing the Future – Jamie Engelbert & Dr. Joe Martin; Your ‘Elijah’ Potential – Pastor Alan Cain; The Circle of Love – Tom Fischhaber; What Must I Do To Be Saved? – Eddie Garrett II

The Age To Come – program #01.05 – Matthew 24 (part 1 & 2) – Anthony Buzzard, Potential of Prayer – Alan Cain, The Difference Faith & Hope Make – Craig Wagganer

The Age To Come – program #08.04 – Matthew 24 (part 1 & 2) – Anthony Buzzard, Sharing the Biblical Gospel – Atlanta Bible College students

The Age To Come – program #02.03 – Good News You Can Use!, What Is the “Word of God”?, Death: the Time of Reward or Punishment?, Treasures from the Past – Arlen Rankin, John Railton, Larry Mayberry, Anthony Buzzard

The Age To Come – program #03.04 – What God Says About Himself, Lessons from Hezekiah, Straight Talk About Sin – Joe Martin, Jamie Engelbert, Alan Cain

The Age To Come – program #04.04  – A Product of Your Environment, Or Your Hope?, Lessons from Hezekiah, Overcoming Sin – Craig Wagganer, Jamie Engelbert, Anthony Buzzard, Alan Cain

The Age To Come – program #05.04  – What Faith & Hope Can Do, Jesus or God-Jesus?, Prayer Motivation – Craig Wagganer, Jamie Engelbert, Anthony Buzzard, Alan Cain

 

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Breve historia del Unitarismo

Los precursores: de Arrio a Servet

 

Los orígenes del Unitarismo cabe encontrarlos en los primeros siglos del Cristianismo, con figuras tales como Arrio, que rechazaba la idea de la Trinidad como contraria a las enseñanzas originales de Jesús. La imposición del Credo católico y del dogma trinitario en los Concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381) supuso la condena como herejías de estas ideas y la persecución de sus seguidores. (En España, el Arrianismo sobrevivió hasta la conversión del rey visigodo Recaredo al Catolicismo en 587.)

 

 

Al estallar la Reforma contra los abusos y la corrupción vigentes entonces en Roma, numerosos intelectuales publicaron sus propios puntos de vista acerca de la doctrina cristiana sin esperar el beneplácito de la Santa Sede, dentro del espíritu protestante de libre examen de la Biblia. Uno de ellos fue Miguel Servet, el famoso médico y teólogo español. En su libro De Trinitatis Erroribus (“Sobre los errores de la Trinidad”), cuestionó la base bíblica y racional de la doctrina trinitaria. Estas ideas se consolidaron en su obra cumbre posterior, Christianismi Restitutio (“Restauración del Cristianismo”). Sus opiniones heterodoxas y su libertad de espíritu, que Servet defendió siempre con la pluma y el diálogo frente al dogmatismo de católicos y reformados, le convirtieron en un proscrito en toda Europa, siendo perseguido tanto por la Inquisición como por el reformador Calvino y sus partidarios, quienes le apresaron en Ginebra y condenaron a morir en la hoguera (1553).

 

Hoy en día, las Iglesias Unitarias ven en Servet a su pionero y su primer mártir.

 

Las primeras Iglesias Unitarias: Polonia y Transilvania

 

La vida, obra y sacrificio de Servet sirvieron de guía a muchos. Sebastian Castellio reprochó duramente a Calvino su intolerancia y su fanatismo y proclamó la libertad de conciencia en asuntos de fe, un principio que luego ha sido fundamental en la tradición Unitaria y Universalista.

 

Por su parte, el italiano Fausto Socino (Sozzini) publicó una obra en la que tomaba a Cristo como modelo humano de vida y rechazaba el dogma de su naturaleza divina (Socinianismo). Socino, perseguido también por sus creencias, encontró refugio en Polonia, donde se unió a otros reformadores liberales y antitrinitarios de aquel país, en el grupo denominado Hermanos Polacos (después aniquilado por la Contrarreforma Católica).

 

Entretanto, el húngaro Ferenc Dávid predicaba el Cristianismo Unitario en Transilvania (región dividida hoy entre Rumania y Hungría). El rey Segismundo de Transilvania aceptó el Unitarismo y dictó el primer Edicto de Tolerancia religiosa en la historia moderna de Europa en 1568. Tras la muerte del rey Segismundo llegó la Contrarreforma a Transilvania. Ferenc Dávid fue condenado a cadena perpetua y murió en prisión en 1579, sin que se conozcan las causas de su muerte ni el lugar donde fue enterrado su cadáver, pero la Iglesia Unitaria que él fundó ha logrado sobrevivir con grandes dificultades hasta nuestros días en la región de habla húngara de la actual Rumania.

 

El Unitarismo en Inglaterra y Estados Unidos

 

En Inglaterra, el impulso religioso radical de la Reforma permaneció entre los “Dissenters” (no conformistas), nombre que englobaba a las Iglesias Libres opuestas a la hegemonía de la Iglesia Anglicana. Bajo la influencia de la filosofía empirista de Locke y de las corrientes librepensadoras y racionalistas de la Ilustración, un número creciente de congregaciones dissenters adoptaron la teología unitaria a lo largo del siglo XVIII, encabezadas por la Essex Church fundada por Theophilus Lindsey en Londres (1774).

 

Una evolución similar se produjo entre los protestantes que habían emigrado a Norteamérica en busca de libertad religiosa, a cuyo frente estuvo W. E. Channing. A ambos lados del Atlántico, las congregaciones unitarias se organizaron como denominaciones independientes en 1825.

 

Aquellos cristianos unitarios negaban la divinidad de Jesucristo y la Trinidad, pero seguían viendo en el rabino de Nazaret al verdadero emisario de la voluntad de Dios a los hombres. Basaban su doctrina en el análisis racionalista de los textos bíblicos. El resultado de esta ardua tarea fue una teología rigurosa e intelectual.

 

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¡POR FIN UN SOLO GOBIERNO MUNDIAL PERFECTO EN NUESTRA TIERRA!

¿Le Cuesta Creerlo?

 

Por Ing° Mario A Olcese

 

Un prominente político mundial dijo que la única solución para los problemas de este mundo caótico vendría de un solo gobierno mundial. Estas palabras parecieran haber sido inspiradas por la Biblia, la cual profetiza un futuro gobierno mundial en la tierra en la persona del Mesías escogido de Dios.

En el Salmo 72:7,8,11 encontramos estas solemnes palabras proféticas: “Florecerá en sus días (del gobernante divino) justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra. Todos los reyes (gobernantes) se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán.”

Estas son buenas noticias de verdad, porque por fin los presidentes y reyes del mundo reconocerán la soberanía de un extraordinario gobernante divino venido desde los cielos de Dios. Será un ser inmortal, poderoso, glorioso, sabio, justo, bondadoso, pacífico, recto, e iluminado por Dios mismo. El profeta Isaías estaba hablando de un hombre especial cuando profetizó: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite…” (Isaías 9:6,7).

 

El profeta Daniel, otro de los profetas de la Biblia, dice: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; y su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Daniel 7:13,14). Aquí se predice que el reino o gobierno del “hijo del hombre” será indestructible, es decir; no será depuesto o tomado por ningún otro imperio. Será un gobierno feliz, estable, sólido, próspero, justo, pacífico, y con autoridad divina. Esta utopía de un mundo justo y pacífico se hará por fin realidad en un futuro cercano. ¡Estas son increíbles noticias ciertamente!

 

También el profeta Daniel nos da detalles interesantes del gobierno que se establecerá en la tierra, y que desplazará a todos los gobiernos humanos imperfectos. “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.” (Daniel 2:44). Es obvio que este futuro gobernante no tendrá oposición ni amenazas de las naciones porque sencillamente él las habrá desmenuzado y consumido con su poder.

 

El Deseado de Todas las Naciones

Al futuro rey de los pueblos se le llama: “El Deseado de Todas las naciones” (Hageo 2:7). Sí, el Mesías vendrá como el gobernante que todas las naciones han anhelado tener. “Y haré temblar a todas las naciones, dice Jehová, y vendrá el Deseado de todas las naciones…dijo Jehová.” Además dice de él la Biblia: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel. Habrá un justo que gobierne entre (no “sobre”) los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.” (2 Samuel 23:3,4). Según las últimas palabras del rey David, este gobernante mundial respetará a Dios y guardará su ley con justicia.

Las naciones comprenderán que el Deseado de todas las naciones es el Mesías escogido de Dios, venido de arriba, de los cielos. Ahora bien, el Diablo también quiere desviar la atención de los hombres hacia “salvadores estelares” que viajan en naves velocísimas por todo el universo. El enemigo, Satanás, ha engañado a las gentes haciéndoles creer que efectivamente seremos enseñados por los “hermanos mayores”, pero no por el “hijo de Dios”. No obstante, el verdadero guía, maestro, y gobernante, vendrá del trono de Dios en dirección a la tierra en compañía de sus ángeles.

Este “Deseado de los pueblos” será un descendiente del famoso rey David. El profeta Isaías profetizó sobre este magnífico e ideal Soberano de este modo: “Saldrá una vara del trono de Isaí (padre de David), y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor a Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra… Y Será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura…Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón (bandera o estandarte) a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa.” (Ver Isaías 11:1-5,10). Vemos que el Gobernante ideal será sabio, inteligente, consejero, poderoso, conocedor, temeroso de Dios, justo y equitativo. Y todo esto porque en él reposará el Espíritu de Dios.

¿Quién este descendiente de David que inaugurará un gobierno mundial ideal? La Biblia lo revela en muchos pasajes de las Escrituras. En Mateo 1:1 se lee que Jesucristo es Hijo de Abraham e hijo de David. ¡Así comienza Mateo su Evangelio! Y esto no es gratuito, pues por algo el evangelista lo recalca como de primera importancia. También Pedro lo dice en su gran discurso ante los judíos del primer concilio en Jerusalén. Léalo usted mismo en Hechos 2:29,30.

Un Gobierno sin Ejército

“Y el juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.” (Miqueas 4:3). Además, el profeta Zacarías profetiza sobre aquella edad gloriosa, así: “Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zacarías 9:10).

Notemos que las armas de guerra se convertirán en implementos agrícolas. Además, los tanques de guerra (“carros y caballos”), y los misiles (“arcos de guerra”) serán destruidos Notemos que habrá un desarme mundial. ¿No es lógico concluir que el gobierno de Cristo no requerirá de armas bélicas, al no haber amenazas ni conflictos de naciones? Es mucho el dinero que se gasta en armas bélicas. Miles de millones de dólares gastan al año las naciones para armarse, cuando en realidad todo ese dinero podría usarse en la salud, educación, alimentación, vivienda, etc. En los Estados Unidos, casi todas las familias tienen un arma en su casa. Los crímenes y asesinatos son cosa de todos los días en ese país, y en muchos otros. Las pandillas juveniles, los terroristas, los guerrilleros, los matones, etc, usan armas para matar. Pero en el gobierno de Cristo habrá seguridad total, pues no habrá armas para matar o asaltar.

Ni Explotadores ni Explotados

En relación a la súper gobernación mundial venidera, la Biblia revela el fin de las clases sociales, y el fin de la pobreza y de las injusticias. Dice el profeta Isaías, así: “Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente…” (ver Proverbios 14:31). Y en Santiago leemos: “…vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán…” (5:1-6).

Sin duda, los más pobres serán los más beneficiados en el super gobierno de Cristo. Dice la Biblia: “Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán del santo de Israel.” (Isaías 29:19). “Hermanos míos, amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5). “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico al reino de los cielos” (Mateo 19:23). Es claro que los ricos explotadores y carentes de amor serán excluidos del reino o gobierno de Cristo, salvo que se arrepientan a tiempo (2 Tesalonicenses 1:5-12). Es interesante oír lo que dijo María de Dios: “Hizo proezas con su brazo: Esparció a los soberbios…quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.” (Lucas 1:51-53).

Los Defectos Físicos Desaparecerán

Cuánto sufrimiento hay en el mundo hoy. Hay millones de personas que sufren de graves males sin que la ciencia médica puede hacer algo al respecto. Hay personas que han perdido un brazo, una pierna, la vista, el habla, el movimiento corporal; otros están enfermos física y espiritualmente; y otros están sufriendo por la pérdida de un hijo(a), esposo(a), amigo(a), hermano(a), y así por el estilo. Este es un valle de lágrimas, sin duda. Pero el profeta bíblico Isaías predice una época en la cual las enfermedades, las taras, y los defectos desaparecerán para siempre. “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un siervo, y cantará la lengua del mudo.” (Isaías 35:5,6).

Las Tierras Áridas y los Desiertos desaparecerán

Muchos lugares del mundo son grandes desiertos que siguen aumentando por la falta de agua o por el exceso de la tala de árboles. Este problema aumenta el hambre y la pobreza en el mundo en gran parte por culpa del mismo hombre irresponsable. Pero este problema será revertido por el gobierno de Cristo. Dice el profeta Isaías nuevamente: “En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de agua, y manantiales de agua en la tierra seca. Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente.” (Isaías 41:18,19). “El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de agua; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos.” (Isaías 35:7). Esto significará más agua y más cosechas para alimentar a toda la humanidad hambrienta de los países más pobres y olvidados. “No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá.” (Isaías 49:10). “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno” (Apocalipsis 7:16).

Niños y Bestias Salvajes Convivirán Juntos

¿Qué niño tendría como mascota suelta a un león? ¡Ninguno! Claro que muchos pueden tener un felino enjaulado, pero no deja de ser peligroso. En la nueva gobernación del Mesías Jesús, el mundo experimentará la paz total, incluso con las bestias más peligrosas de los bosques y selvas. Dice el profeta Isaías: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán…” (Isaías 11:6-9).

Los cazadores matan a los animales para comercializar sus pieles, cabezas, colmillos, cuernos, y su carne, sin prestar atención a las leyes que rigen su caza. Muchas veces las bestias se vuelvan más feroces por la crueldad humana. El rey Salomón dijo: “El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel.” (Proverbios 12:10). En el nuevo gobierno mundial, los justos cuidarán de las bestias con el mismo amor que se siente por cualquier otra criatura de Dios.

Los Delincuentes Desaparecerán

Hoy la sociedad humana está plagada de delincuentes de toda índole. Las gentes temen salir a las calles solitarias, y aun, a las concurridas. En los países donde impera el terrorismo, la gente teme sufrir por algún atentado, y hasta morir sin culpa alguna. Pero los asaltos, la drogadicción, las violaciones, etc, están a la orden del día. Pero en el gobierno de Dios, la tierra será limpiada de todos los malvados. Dios dice: “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11:9). “Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí… porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán destruidos.” (Salmo 37:9,10,22). En el Nuevo Orden Mundial, el mal será finalmente extirpado, y no quedará impío alguno que haga de las suyas. De este Soberano que traerá la ley y el orden, dice el profeta Jeremías: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.” (Jeremías 23:5). El profeta Isaías también profetizó: “He aquí que para justicia reinará un rey…” (Isaías 32:1). Este justo hará justicia en la tierra, y no tolerará el malo dentro de su gobernación mundial (Ver Isaías 60:18)-

El Ateísmo y las Falsas Filosofías Desaparecerán

Dice el profeta Isaías: “…porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11:9). “Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas…” (Isaías 2:3). Sólo habrá un filosofía de vida—¡la de Dios!

Sólo el Dios de la Biblia será Exaltado

Jehová es y será el único Dios vivo en toda la tierra. El rey David dijo: “Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra” (Salmo 83:18). También dice: “Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria; por cuanto Jehová habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto.” (Salmo 102:15,16). Dios dice: “Y santificaré mi grande nombre, profanado sobre las naciones;… y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos.” (Ezequiel 36:23).

La Humanidad Será Longeva

¡Cuánto deseamos todos vivir más y mejores años!. Muchos han buscado el “elixir de la eterna juventud” y no la han encontrado. Hoy la gente practica deportes para estar en forma, hacen dietas, consumen vitaminas sintéticas, minerales, y tónicos naturistas para estar más sanos. Otros buscan vivir en el campo y con los animales para evitar la contaminación ambiental, y para alimentarse sólo de frutas y verduras. De este modo la gente busca vivir más y con una mejor calidad de vida. En Isaías 65:20 leemos: “No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito”.

¡Notemos que dice que un niño morirá de cien años! Esto significa que el adulto podrá vivir cientos de años para luego morir. Sin duda, al eliminar el stress, la contaminación, la desnutrición, los vicios, etc, de la tierra, la vida se prolongará increíblemente.

Por cierto que la mortalidad infantil habrá bajo a cero. Hoy la mortalidad infantil en los países pobres es alarmante, y esto, producto de la misma pobreza e ignorancia. Al eliminar la pobreza y la ignorancia, los hombres vivirán muchísimo mejor en todo sentido.

Las Familias tendrán su Casa Propia

La casa propia ha sido el sueño de millones de familias en la tierra. Sí, una casa no es un lujo, sino una imperiosa necesidad de los esposos y de cualquier persona que aspira a su independencia. No obstante, no todos pueden acceder a ella por carecer de suficientes recursos económicos. Muchas familias tienen que conformarse en vivir en tugurios, o en casas alquiladas, en el mejor de los casos. Pero en la nueva administración del super gobernante Jesucristo, todas las familias podrán edificar sus casas en terrenos propios. El profeta Isaías lo predice con estas palabras: “Edificarán casas, y morarán en ellas…no edificarán para que otro habite…y mis escogidos disfrutarán de las obras de sus manos.” (Isaías 65:21,22).

El Gobierno Mundial de Jesucristo Durará Mil Años

El poseso Adolfo Hitler quiso inaugurar su reino (“Reich”) de mil años y sólo duró 12 años. ¡Una burda imitación del reino milenario de Cristo!. Hitler quiso ser “el Mesías” o salvador del mundo, con sus ideas racistas de la superioridad de la raza Aria. Sin duda el Diablo es el gran imitador de Jesucristo. Pero la Biblia afirma que el “reich” o reino de Cristo sí va a durar mil años ininterrumpidos, cuando someta a todos sus enemigos y los tenga bajo sus pies. Dice en Apocalipsis 20:4 “…Y reinaron con Cristo MIL AÑOS.” Y es que el reino de mil años de Cristo es el reino de alguien Mayor y Único, el Dios del Universo. Ese reino estará basado en la equidad, y en el amor. Claro que será un gobierno con autoridad divina, por tanto, aplastaría cualquier rebelión si la hubiera (Zacarías 14:18,19).

 

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LA LITERALIDAD DEL REINO MILENARIO TERRENAL

  

A Biography 

POR EL DR. JAVIER RIVAS MTZ. (MD).

  

La Biblia dice que Cristo el Señor se representa a sí mismo como «un hombre noble que se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver» (Lc.19:12). Un buen ejemplo para explicar a lo que queremos llegar, es  con Arquelao, hijo de Herodes, quien tuvo que ir a Roma para confirmar su reino, que en un momento dado de su vida, lo recibiría para dirigirlo como rey legalmente. Esto se suscitó, a la muerte de su padre. De la misma manera, Cristo subió a la gloria del Padre, en el cielo, para poder recibir el reino que Dios le ha concedido para gobernarlo en la tierra legalmente, en su momento dado, ya que fue ordenado por éste, de acuerdo a las Escrituras: «El Señor Dios le dará el trono de David su padre».  El reino terrenal del Señor Jesús, fue anunciado por el ángel Gabriel (Lc.1:32, 33). Es claro, que el «hombre noble», es decir, el Señor Jesucristo y Arquelao, recibieron su reinado en el «país lejano»,  Arquelao reinó de acuerdo a lo estipulado por la realeza hace mucho tiempo atrás, pero Cristo aún no se sienta en el trono de David para regir las naciones con vara de hierro (Ap.2:27), pero llegará el momento en que lo hará (Mt.19:28; 25:31), sin antes de ser visto en el firmamento, con las nubes de la gloria eterna por una humanidad perdida en las iniquidades del sistema del mundo (Ap.1:7). 

La Biblia dice que Cristo reinará sobre todo la tierra (Jer.23:6; Zac.14:9; Is.11:3, 4; Sal.72:6-11). El reino de Cristo se caracterizará por la paz universal que tendrá (Is.2:4; Sal.72:7), por su magna justicia (Is. 11.4, 5; Jer. 23:5, 6), por ser un reinado regido estrictamente, o sea, con vara de hierro (Sal.2:8, 9; Ap.2:27; 19:15). Cristo anunció a sus apóstoles que juzgarían ( y reinarán junto con él, porque se sentarán en tronos) en el reino terrenal a Israel:  

«Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mt.19:28). 

 Es bien claro, que no se trata de nada «espiritualizado»; su literalidad es ovbiamente indiscutible. Cristo regresará del cielo, se sentará en su trono para reinar, y, nuevamente, como anteriormente dijimos, sus apóstoles habrán de reinar y juzgar a su lado la nación israelita. No podemos forzar la exégesis de los versículos anteriores porque el resultado sería  desastrosamente confuso. Probablemente, este versículo tenga relación con lo que Isaías dijo setecientos años antes de la primera venida de Cristo al mundo: «Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes, entonces te llamarán ciudad de justicia, ciudad fiel» (Is.2:26). Las Escrituras confirman con seguridad que los creyentes fieles, al igual que los apóstoles de Cristo,  reinarán sobre la tierra, y además juzgarán al mundo, y las huestes espirituales de maldad de igual forma (Ef.6:12):  

«Y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre  la tierra » (Ap.5:10). 

« ¿O no sabéis que los santos han de juzgar el mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois  indignos de juzgar cosas más pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?» (1 Co.6:2, 3). 

Israel se encuentra apóstata en los tiempos actuales, pero llegará el día que se arrepentirá y se convertirá al Señor para poder obtener  la heredad terrenal y milenaria prometida desde tiempos antiguos por Dios (Zac.12:10-14; Is.66:8; Jer.31:31-37; Ez.36:24-29; 37:1-14; Ro.11:25, 26). 

Después del juicio de las naciones, las ovejas entrarán al reino terrenal (Mt.25:34-40) que conformaran, junto a los israelitas salvos, la gran comunidad santa del grandioso y futuro reino teocrático del Señor. Multitudes nacerán durante ese bello período (Zac. 8:4-6; Jer.30:22; Is.65:20; Mi.4:1-5), que necesitarán evangelización la cual será proveída por Israel (Hch.15:16, 17; Is.66:19; Zac.8:13; 20:23). Aunque la Fiesta de los Tabernáculos fue para Israel, en el AT. se afirma que los gentiles salvos subirán a adorar a Jerusalén en esa solemnidad (Is.2:2-4). Así, que, por mil años, se tendrá un solo pueblo que se sujetará a la voluntad de Dios y que le adorará unidamente con amor y esmero. 

Los padres tempranos acertaron bien en pensar en el establecimiento futuro de un reino milenario terrenal,  debido a que la exégesis correcta de las Escrituras siempre lo ha demandado de tal modo. Entre los padres que apoyan lo anterior  están: Bernabé, Papías, Justino Mártir, y Tertuliano. La esencia del reino de Cristo, es cien por ciento escatológica, no existe  nadie antes de Orígenes que haya refutado su verdad literal, ni nadie antes de Agustín que lo haya espiritualizado. La idea del reino milenario, fue sostenida, en un principio, en los dos primeros siglos de nuestra era: Una realidad sin debilidades cuestionables para derrumbarla por los suelos. 

Las naciones paganas han tenido su auge en el mundo, pero habrán de desparecer en su totalidad. El capítulo 19 de Apocalipsis, da fe a la destrucción del último impero gentil que será regido tiranamente por el Anticristo. Cuando Cristo venga en gloria con sus poderosos ángeles, derrocará al hijo impío y a sus ejércitos corruptos y terrenos con la devastadora espada  que sale de su santa boca; después del conflicto celestial-mundano, se instalará el más grande de los reinos glorioso que ojo humano jamás pudo haber  visto. 

Cuando los mil años terminen, Cristo entregará el reino al Padre Todopoderoso para dar paso al reino eterno. La Biblia es explícita en esto, como podremos ver a continuación: 

«Luego, el fin, cuando entregue el reino al Dios Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el  postrer enemigo que será destruido es la muerte. . . . Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos» (1 Co. 15:24, 25, 26, 28). 

Por lo apreciado, Cristo no reinará para siempre, ya que se sujetará a quien lo sujetó antes, como Hijo obediente, a Dios, que reinará sobre todas las cosas y para siempre, cuando le sea entregado el reino por el Mesías (cap. 21 y 22 de Ap.). 

Estoy de acuerdo con un autor, en que el reino milenario teocrático del Señor Jesucristo será la más estupenda manifestación de la gloria divina en la historia de la humanidad dentro de los límites del tiempo. No hay nada que apoye que la vida perdura será en el tercer cielo de Jehová, en una condición almática y etérea. Eso, es una vil y aterradora falsedad que condena peligrosamente. Después del cumplimiento del reino milenario  terráqueo, los cielos nuevos y la tierra nueva habrán de ser (2 P. 3:13), y la Jerusalén  de Dios, la nueva, dispuesta como una esposa, ataviada para su marido, descenderé del cielo para que sea morada de aquellos que permanecieron siempre fieles a Dios, sobre toda prueba, y que nos amó para darnos vida, y vida en abundancia (Ap. cap.21; Jn.10:10). 

 

Dios les bendiga hermanos y amigos.

  

 

  REINANDO EN EL MILENIO

 

(Prolepsis).

 

De la tierra, de los santos,

De los reyes: Soberano,

El Cordero Inmolado,

Por sus fieles muy amado.

 

 

El Mesías de Pureza:

¡Alabado sea Cristo!

En la gloria y en la tierra:

Reconocen al Ungido.

 

 

 

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JESUCRISTO: REY DEL MILENIO

 

 Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

 Cross of Christ

Es de importancia mostrar el conocimiento sistematizado teológico  al neófito que se abre por los caminos tempranos del Santo Dios y al maduro espiritual  que quiere crecer aún más en los asuntos bíblicos verdaderos para fomentar así la firmeza de su carácter, que es conforme a Cristo. El mundo está lleno de corrupción y maldad, y aquel que no se encuentre bien establecido en la Ley del Santo, arriesgará  su vida constantemente  ante un sistema diabólico terrenal que no depara en absorberlo y destruirlo  inmisericordemente. Bien dijo Cristo que el conocimiento de la verdad traería libertad.   

 

 

La Palabra de Dios esclarece correctamente que el Mesías de Dios será Rey del Reino Milenario. Hay mucha información bíblica al respecto. Sugiero, que se lean los versículos bíblicos para que se entienda bien a lo que queremos llegar. Muchos debaten contra nosotros inciertamente, sin saber lo que hablan, conjeturando ideas individuales. Aquí, todos es pesado por la Biblia, y la vedad reluce por el método usado. Las Escrituras dan fe  que el Milenio será dirigido por Jesucristo (Is.2:2-4; 9:3-7; 11:1-10; 16:5; 24:21-23; 31:4-32; 42:1-7, 13; 49:1-7; 51:4-5; 60:12; Dan.2:44; 7:15-28; Abd.17:21; Mi. 4:1-8; 5:2-5, 15; Sof. 3:9, 10, 18-19;  Zac. 9:10-15; 14:16-17). La Biblia dice que el Reinado de Cristo tendrá alcance universal, y la autoridad para su efecto, será por designio Divino: «Pero y he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte» (Sal. 2:6).  

 

 

La Biblia dice que David será regente en el Milenio. Las referencias bíblicas que hablan de esto (Lea los textos bíblicos hermano y amigo, aliméntese y crezca hasta el cielo por la gloria de Jehová que está en su Palabra Santa) son bastantes: (Is.55:3-4; Jer.30:9; 33:15, 17, 20-21; Ez. 34:23, 24; 37:24, 25; Os. 3:5; Am. 9:11). Jesucristo es el Hijo de David, y su establecimiento como Rey Milenario viene a ser confirmado verbalmente en Nuevo Testamento, cuando el ángel Gabriel  aparece a María la Virgen un poco antes de ser concebida por el Espíritu Santo de Dios: 

 

 

«Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc.1:31-33) 

 

 

 

E S P E R O.  .  .

 

Espero el día

En que el cielo se abrirá,

Y la luz de la justicia

Su rostro deje ver.

 

Ese día, llegará;

Las tinieblas,

Como nubes disgregadas

Por el aire violentado,

Así se esparcirán

Para nunca más volver.

 

El que inerte fue en lo alto

Del madero inconmovible,

En su trono de pureza,

Majestuoso y de poder,

A la raza sometida

Bajo el yugo del pecado,

Con la vara de su mano

Juzgará con equidad,

Para gloria y alabanza

Del Altísimo Creador.

 

Cuando el hombre justo y santo,

Por la sangre del Cordero,

Reine con el Hijo

Para siempre con amor,

La traición  y las quimeras

En el polvo del olvido

Impotentes hundirán su

Maldito parecer.

 

La muerte, morirá,

Y toda sombra de tristeza,

También se extinguirá.

 

Amén.

 

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LA CONSOLACIÓN DE ISRAEL Y EL FUTURO REINO DE DIOS

 

Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

 Bandera de Israel

LA ESPERANZA DE LOS JUDÍOS

 

En el Nuevo Testamento hay un personaje llamado Simeón el justo y piadoso. Dice Lucas de Simeón, lo siguiente: “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él” (Lucas 2:25). Tome nota que este justo esperaba la “consolación de Israel”. Pues bien, esta consolación de Israel tenía mucho que ver con el Ungido de Dios, pues el verso 26 sigue diciendo: “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.” Además, la consolación de Israel estaba ligada con la redención de Jerusalén, pues dice Lucas 2:38 lo siguiente: “Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño (Jesús) a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (V.de J).

 

También es interesante descubrir que hay otro personaje singular en el NT que era justo y que esperaba igualmente algo. Su nombre era José de Arimatea, un discípulo discreto de Jesucristo. De él el evangelista Marcos dice: “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (Marcos 15:43). Y más adelante los discípulos de Jesucristo exclamarían: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel…” (Lucas 21:24).

 

 

Entonces estamos viendo que había cosas que los paisanos

contemporáneos de Jesús esperaban:

 

1.-  La consolación de Israel

2.-  La redención de Jerusalén o de Israel.

3.-  El Reino de Dios (= reino Davídico, Marcos 

     11:9,10).

 

Es un hecho que los paisanos de Jesús esperaban la consolación de Israel a través de la irrupción del Mesías y su reino en Israel. Las profecías mesiánicas hablaban precisamente de una era dorada para Israel y los gentiles, una época en donde Israel y las naciones gozarían de una paz y justicia duraderas, un tiempo de refrigerio y de prosperidad nunca antes vistas. Es decir, un Edad en donde Israel sería una nación segura, fértil, gloriosa, próspera y de mucha bendición para todos los pueblos de la tierra.

 

PROFECÍAS MESIÁNICAS SOBRE LA CONSOLACIÓN DE ISRAEL            

 

Entre los profetas que hablaban de la consolación de Jerusalén en todo su libro está Isaías.  Por ejemplo, en los capítulos 51 y 52  se da énfasis a la consolación de Israel. En el capítulo 51 y verso 3,11 leemos: “Ciertamente consolará Jehová a Sión; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto…ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán” (Esta parte del pasaje nos recuerda lo dicho por Juan en el libro de Apocalipsis 21:4). Nótese que el profeta dice que los redimidos de Jehová volverán a Sión con gozo perpetuo, cosa que nunca lo han tenido de manera permanente. Sin duda esta profecía sobre la restauración de Israel es dual, pues si bien se cumplió de alguna manera en la antigüedad, estas palabras también se cumplirán de manera definitiva, y completamente, cuando el Mesías regrese en gloria para restaurar el reino davídico en Israel, y traiga la consolación total al pueblo judío. Hoy, el pueblo de Israel está todavía desparramado por todo el mundo por más de dos milenios. Pero la consolación definitiva de Israel consistirá en el retorno de esos desperdigados hebreos a su tierra, cuando Cristo venga a destruir a todos sus enemigos que vinieron a luchar contra su país, y por fin él restaure el reino de David en Jerusalén. Los versos 4 y 5 nos hablan del Mesías reinando desde Jerusalén sobre los gentiles durante todo el milenio. En el verso 6 se nos dice que los cielos y la tierra serán destruidos, y los impíos morirán, y el pueblo de Dios vivirá seguro (esto nos recuerda lo dicho por Pedro en 2 Pedro 3:13,14).  Esta profecía—como muchas otras en la Biblia— es de doble cumplimiento sin duda. Tiene que ver con la liberación del pueblo de Dios de manos del rey Nabucodonosor pero también de cualquier otro invasor que viniera contra Israel en el futuro. En el capítulo 52, versos 1,2, se promete que Israel nunca más será invadido por los paganos. Esto por cierto se refiere al futuro cuando se inaugure el Reino. Entonces es clarísimo que la consolación definitiva de Israel se producirá cuando Jesús regrese en gloria para iniciar su reinado de la justicia. Para ello él habrá ya sometido a sus enemigos que vinieron contra Israel. Los siguientes versos nos hablan del regreso de los judíos de su dispersión mundial (ver versos 7-9). Por tanto, se hace evidente que la consolación de Israel tiene que ver con el regreso del pueblo desparramado mundialmente a su tierra, y la restauración del reino de Dios bajo el mando del Mesías esperado.

 

¿QUÉ PARTE DE LA PROFECÍA DE ISAÍAS 61 CUMPLIÓ JESÚS EN SU PRIMERA VENIDA?

 

En Isaías 61:1-11 el profeta predice la salvación de Sión, pero como dice William Mac Donald en su Old Testament Digest, (Extracto del Antiguo Testamento): “Sabemos que el Señor Jesús es el orador acá porque el citó los versos 1 y 2ª en la sinagoga en Nazaret y añadió: ‘hoy esta Escritura se ha cumplido ante vuestros oídos’ (Lucas 4:16-21). El fue ungido con el Espíritu Santo en su bautismo y su ministerio terrenal se relacionaba con el anuncio de las buenas noticias de salvación a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazón, proclamar libertad a los cautivos y la apertura de la cárcel (u ojos) de aquellos que estaban presos. El finalizó la cita con las palabras ‘a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová’ porque lo que seguía, ‘el día de la venganza de nuestro Dios’ no se cumpliría sino hasta su segunda venida” (1). Este importante detalle debe ser tomado en cuenta seriamente por el “hiper-preterismo”, pues esta escuela de interpretación bíblica sostiene que Cristo básicamente cumplió todo lo prometido en las profecías del AT en el año 70 DC con la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, aquí vemos que Jesús enseña otra cosa muy diferente. En el año 70 DC no se cumplió nada de lo dicho en los versos 2b-11 de Isaías 61. Veamos de que tratan estos versos:

 

 

LO QUE CRISTO CUMPLIRÁ EN SU SEGUNDA VENIDA

 

En su aparición gloriosa, Jesús proclamará el día del juicio de Dios, entonces él confortará a aquellos que se lamentan en Sión. Sus escogidos serán luego llamados árboles de justicia, plantío de Jehová (vs. 2b,3). Reconstruirán las ciudades de la tierra prometida que están en ruinas (v.4), y extranjeros apacentarán sus ovejas, y extraños serán sus labradores y viñadores (v.5), y serán sacerdotes de Jehová, ministros de Dios serán llamados, y comerán las riquezas de las naciones (v.6). En el verso 7 dice que en lugar de que los israelitas tengan doble deshonra, tendrán doble honra, y perpetuo gozo. Esta semejante honra doble con gozo perpetuo no la obtuvo el pueblo de Dios en el siglo I (año 70 d.C), ni en los siglos subsiguientes. En el verso 8 Dios hará pacto perpetuo con su pueblo. Esta parte de la profecía tampoco se cumplió en la primera venida de Cristo, pues las características del pacto son aclaradas por Jeremías, quien escribió por mandato de Dios: “Y haré con ellos PACTO ETERNO, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mi. Y  me alegraré con ellos haciéndoles el bien, y los plantaré en su tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma” (Jer 32:40-42). Si esta parte de la profecía se cumplió ya con el regreso del pueblo de Dios de su cautividad en Babilonia, entonces Dios incumplió su palabra cuando dijo: “que no me volveré atrás de hacerles bien”, pues ya vemos lo que pasó con la invasión del general Tito en el 70 DC contra el pueblo judío y su templo en Jerusalén.(1) En el verso 9 se profetiza que las naciones reconocerán que los israelitas son un linaje bendito de Jehová. Esta parte de la profecía difícilmente se ha cumplido ya. Sólo basta con preguntarles a los árabes si ellos reconocen que los israelíes son un linaje bendito de Jehová, y con toda seguridad la respuesta serán un rotundo no al unísono.

 

MÁS INFORMACIÓN PROFÉTICA EN EL CAPÍTULO 62

 

Yahweh nuestro Elohim no descansará satisfecho hasta que las bendiciones prometidas a Jerusalén sean cumplidas (v.1). Luego los gentiles verán que Sión será vindicado, y Yahweh dará un nuevo nombre a la ciudad y será como una corona de gloria en su mano y diadema en su poder. Nunca más las gentes llamarán a Jerusalén Desamparada ni Desolada sino que será llamada: “Mi delicia está en ella”, y la tierra llamada Desolada será llamada: “Desposada”. Estos nombres nos dicen del tierno afecto y de la delicia marital in Su ciudad y tierra (versos 2-5). Hay que destacar los versos 8,9 en donde el trigo producido por los israelitas servirá de comida para los extranjeros, ni será su vino bebida para los extraños. En los siguientes versos tratan del regreso de los exiliados judíos de Babilonia y de la plena restauración del pueblo— ahora disperso— en su tierra cuando el Mesías regrese a recompensarlos. Entonces la tierra prometida será llamada Ciudad Deseada, no desamparada” (10-12).

 

Toda esta información dada por el profeta Isaías ya estaba disponible cientos de años antes que Jesús naciera como hombre mortal, y sin embargo nuestro Señor no la leyó en la sinagoga en Nazaret. Es evidente, por tanto, que estas profecías mesiánicas no se cumplieron cabalmente en el pasado. Pero como Dios no miente, él las va a cumplir plenamente cuando llegue el tiempo para la restauración de todas las cosas. Mientras tanto, el pueblo Hebreo seguirá viviendo en tribulación y peligros hasta que su Salvador, el Mesías, regrese para completar su salvación y darles su parte dentro de su reino milenario. Esta participación involucra también para todos salvos de entre los gentiles. Por fin veremos a una Jerusalén completamente segura, feliz y pacífica. Será una era maravillosa en donde el mismísimo Hijo de Dios gobernará el mundo desde esta antiquísima ciudad amada por árabes, cristianos y judíos. Recién entonces se cumplirán las palabras de Isaías 32:1: “He aquí para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”.

 

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¡Ha llegado el tiempo de favor para Sion!


Arthur Balfour

Lord Arthur Balfour

 

La historia nos cuenta el nacer y caer de las naciones una sola nación se levanta en la historia del hondo de los siglos pasados para que vuelva a vivir. Es Israel.

 

Podría ser en algunos puntos de vista que la caída y el renacer de Israel serían igual que la de las otras naciones. Mas no tiene ningún paralelo. Dios trató con ellos, no que ellos dijeron que es su Dios. Sino que Dios mismo declaró que Él es Dios de Abraham, Isaac y Jacob y el Dios de Israel (Exodo 3:15; Jeremías 28:4). Para aumentar más estas promesas el Señor dijo por medio del profeta Amos: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Amos 3:3). Tal ha sido la herencia de Israel.

 

El renacer de Israel como nación es un gran fenómeno de nuestros días. Nuestra generación vio el momento histórico cuando el hombre puso pie en la luna, fue muy emocionante verlo. Mucho más significante es el renacer de Israel para aquellos que ven este acontecer, como el cumplimiento de la Palabra de Dios. El renacer de Israel nunca tendría lugar sin el hecho que el pueblo de Israel, que en el tiempo de casi 2000 años, ha estado esparcido por todo el mundo. Se mantuvo un pueblo distinto y homogéneo en las tierras de sus viajes. Ni las persecuciones, el hambre o la fortuna pudo determinar que se asimilen con los pueblos de estos países en donde vivieron.

 

Ahora el modelo de la historia es roto. Una nación renació y su pueblo vuelve a su país natal. Y esto contra el odio y el terror de la Roma pagana, las Cruzadas, la Inquisición, a las tentativas de la Cristiandad de convertirlos con la oferta de salvación de la Iglesia y el Estado.

 

La dispersión de los judíos no fue una casualidad. Fue planeada con mucho cuidado y ejecutada por el poder romano, que estaba siempre en rebeliones. El poder romano determinó un plan más astuto que el de los babilonios que llevaron a los judíos a Babilonia pero no los dispersaron más lejos. Los romanos sabían que los judíos volvieron con éxito de Babilonia y rehicieron su nación. Así ellos decidieron que esto no se repetiría. Separaron los prisioneros y los llevaron a todas partes del mundo, entonces, una vez separados y enviados a las naciones, serían absorbidos y así perderían su identidad. Y con esto, su aspiración nacional terminaría. La presencia del nuevo Israel como nación independiente es hecha de un plan más grande que el de los romanos. Con seguridad, solamente el Señor podía mantener a este pueblo y traerlo de nuevo a su país. El Señor previo cuidadosamente la dispersión y la reunión de su pueblo.

 

Ahora en el marco y el cumplimiento de las profecías del Señor, en relación con su pueblo, sin embargo algunos judíos han perdido fe en la inspiración del Tora. Aun cuando se retiene por la belleza e historia que contiene. Aun cuando están con un fenómeno diferente de su reunión y el renacer del Estado de Israel, los judíos ven estos acontecimientos como casos aislados y no como parte de un plan para establecer la bendición para todo el mundo.

 

La reunión y el establecimiento de Israel son considerados como una realidad humana, porque este parecer humano es tan fuerte, y la fe en lo divino tan débil. En las experiencias de Israel llegaron a aprender a no inclinarse a las imágenes paganas. Se inclinarán ahora a los dioses del Humanismo. El espíritu de infidelidad no fue parte de la herencia Abrahámica. Abraham creyó en Dios y vino a ser un grande, y cuando Israel creyó en Dios ellos prosperaron, cuando no lo obedecieron fracasaron. Otro punto de vista no estaría de acuerdo con la historia judía.

 

Un pueblo con favor

 

Israel es la única nación del mundo que tiene un registro completo del pasado, una muestra cierta de profecía presente y una descripción completa de su destino entre las naciones. Como pueblo, ellos han sufrido y fueron perseguidos más que otros pueblos. Más en la vista de Dios, han sido muy favorecidos. La bondad de Dios hacia ellos no puede ser apreciada a menos que se considere el panorama profético del crecer, declinar, el caer, el exilio, y el rehacer de Israel en el Plan Divino de las Edades.

 

Dios tenía algo muy importante en su mente cuando le dijo a Abraham: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de las casa de tu padre, a la tierra que te mostraré y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y los que te maldijeren maldeciré; y será benditas en tí todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3). No solamente Dios hizo esta promesa segura a Abraham, más tarde la confirmó en un juramento como no podía jurar por nadie más grande que Él y dijo: “Por mi mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo. De cierto te bendeciré, y multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas que están a la orilla del mar, y tu descendencia poseerá las puertas de tus enemigos. En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:16-18).

 

Notamos que la promesa tiene dos partes:

  1. Que la simiente de Abraham ha de poseer el país para siempre.
  2. “Todas las naciones de la tierra en tu simiente (de Abraham) serán bendecidas.”

El papel de Israel como nación de bendición no corresponde al pasado. Zacarías dijo: “Y sucederá que como fuisteis como maldición entre las naciones, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. No temáis, más esfuércense vuestras manos” (Zac. 8:13). Del tiempo de Zacarías hasta el presente, este pueblo no tuvo medios de tener ni para sí mismo la bendición de Dios- por lo tanto menos para otros pueblos. No tuvieron el país en su posesión eterna. Dios habló de cosas más grandes, que no corresponden al pasado, que fue tan difícil. A Abraham se le dio un entendimiento suficiente para saber que pasarían muchos años hasta que iría a tener la esperanza de poseer el país. “Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí; y será oprimida cuatrocientos años” (Génesis 15:13). Abraham no podía conocer el gran período de tiempo que pasaría antes que Dios cumplió con sus arreglos. Mirando nosotros donde hoy estamos, nos parece que Dios no se apuró.

 

Los herederos de Abraham, todos evitaron de mezclarse con el mundo, a pesar de la tendencia natural de asimilarse. Cuando José trajo su familia a Egipto, les habló de separarse de los egipcios diciéndoles que eran hombres de cuidar ganado. Porque para los egipcios es abominación todo pastor de ovejas (Génesis 46:33-34). El plan resultó. Ellos quedaron separados de la esclavitud egipcia bajo la conducción de Moisés. Con mano fuerte el Señor los sacó de Egipto. La liberación fue extraordinaria, mas, con todas las responsabilidades asumidas con Dios vivo, casi cambiaron su liberación en una destrucción, aun antes que las tablas de la Ley fueran dadas, en el tiempo que Moisés estaba en el monte en comunicación directa con Dios. Dios interrumpió la acción, para decirle a Moisés: “… ahora pues déjame que se encienda mi ira y que los consuma: y de ti yo haré una gran nación” (Ex. 32:9, 10). La oración y petición de Moisés por Israel consiguió que pare la mano divina, en la destrucción de éste pueblo. Moisés consiguió en una reunión con Dios la presencia divina con Israel. Para evitar la pérdida inútil de vidas, el Señor le ofreció mandar el ángel delante de ellos,”… pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino” (Exodo 33:3). Moisés intervino de nuevo en uno de los momentos más importantes: “Si tu presencia no ha de ir conmigo no nos saquéis de aquí en que se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos. Yo y tu pueblo, sino que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo estemos apartados de todos los pueblos que estén sobre la faz de la tierra. Y Jehová dijo a Moisés, “… también haré esto lo que has dicho.” Esto aclara el hecho que Israel es diferente y que prevé algo más grande.

 

Bajo la conducción de Josué la tierra prometida vino a ser una realidad. Ellos tomaron la tierra y en el tiempo de los Jueces intentaron vivir según la ley de Moisés, teniendo unos sucesos loables en estos tiempos de los Jueces. “Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como era antes. Entonces te llamarán ciudad de justicia, ciudad fiel” Isaías 1:26). La esperanza de los tiempos de los Jueces la más alta forma de gobierno: autogobierno, basada en la responsabilidad individual en cumplir con la ley.

 

El gobierno de los Reyes ha mostrado ganancias y pérdidas determinadas por un gobierno central. Eso los llevo a un reinado individual, con el poder que corrompió y debilitó la conducción de la Ley. Israel no pudo escapar de esta forma de sistema, que cada hombre lleve su propia determinación, porque el corazón humano busca la libertad de conducirse. Israel se levantó entre las naciones llegando a la gran gloria bajo Salomón. En este momento el Señor los dividió y dijo Jehová a Salomón: “… por cuanto ha habido esto en tí, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el Reino y lo entregaré a tu siervo. Sin embargo no lo haré en tus días, por amor a David tu padre, lo romperé de la mano de tu hijo. Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo. Por amor a David mi siervo y por amor a la Jerusalén, la cual yo he elegido” (1 Reyes 11:11-13). El reino de las dos tribus ha durado un tiempo y finalmente bajo los romanos vino la expulsión y la diáspora. Todas estas cosas han sido previstas.

 

“Su tiempo de sufrimiento terminó”

 

La historia de Israel cubre dos largos períodos de tiempo, cada uno de igual duración. La primera comenzó con la muerte de Jacob. Comenzando de entonces, el pueblo de Israel se alegró del favor de Dios. Aunque estaba combinada con castigos. En un tiempo de 1845 años Dios los bendijo cuando ellos le sirvieron con fe. Cuando pecaron y se volvieron hacia el mal, Él los castigó, cuando se arrepintieron Él otra vez los recibió, mas Jeremías llamó la atención a un tiempo cuando ellos serían castigados sin que tuviera el favor nacional. “Castigados, yo os arrojaré de esta tierra a una tierra que ni vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y todos serviréis a dioses ajenos de día y de noche; porque no os mostraré clemencia.” Jeremías 16:13 Esta profecía se cumplió cuando el favor de Dios se terminó y fueron esparcidos por todo el mundo. Esto no puede aplicarse a los setenta años como prisioneros en Babilonia. Las Escrituras muestran que serían esparcidos en un país desconocido, ni vosotros, ni vuestros, padres. Su padre, Abraham, vino de la tierra de Ur de Caldea (Babilonia) Jacob su nieto, vino de Siria (Deut. 26:5). Por lo tanto, la esclavitud en Babilonia no los encontró en un país desconocido de sus padres. No solamente el lugar de esparcimiento es diferente, sino también el período más largo que los setenta años de esclavitud de los que Jeremías habla: “Pero primero pagaré el doble su iniquidad y su pecado” (Jeremías 16:18). El período de sin favor sería igual al período de favor delante del rechazo y abandono de ellos como nación. Una comparación atenta a este doble muestra que de la muerte de Jacob hasta el rechazo y abandono de Israel fue un período de 1845 años, entonces el sin favor nacional sería un tiempo similar, de 1845 años.

 

Hablando sobre el fin de los dos períodos del sin favor Isaías dice: “Consolaos, Consolaos, pueblo mío dice vuestro Dios. Hablad de corazón a Jerusalén; decídle a voces que su tiempo ya es cumplido. Que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.” Isaías 40:1-2

 

La primera muestra de favor al Sion tuvo lugar en 1878, 3690 años después de la muerte de Jacob. Entonces no solamente el “doble” de favor sino también el de sin favor, llegaron a su fin. También la profecía de Ezequiel 37 nos habla del valle de “los huesos secos” que comenzó a cumplirse.

 

Entonces los huesos secos de esperanza de Israel comenzaron a moverse. En ellos aparecieron tendones, “Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis y sabréis que yo soy Jehová”. Así que Dios declara vida para Israel, vivirá como una nación santa y pueblo de Dios.

 

En 1878 en el Congreso de las Naciones en Berlín, bajo la influencia de Lord Beaconsfield (Disraeli), el Primer Ministro de Inglaterra, reglamentó las relaciones con Turquía que surgían en aquel tiempo. Se vio el disolver de Turquía de las potencias del mundo. Inglaterra pasó a ser la protectora de las provincias asiáticas, inclusive Jerusalén. Entonces se dio a estas provincias más libertad lo que alegró a los judíos. Inclusive el derecho de comprar tierras y de colonizar Palestina – un derecho que les fue negado por siglos.

 

Mientras que las grandes potencias cristianas estaban con mano fuerte para tomar a la moribunda Turquía, la parte de la tierra disputada, una figura histórica dio pasos adelante y dijo: “El país es mío”; y cuando miraron al que decía esto, reconocieron a Israel, hijo del patriarca Abraham, el cual fue el primero que vivió en Palestina. ¿Una coincidencia?; no fue ninguna coincidencia, era la reunión del pueblo de Dios su cara se volvió otra vez a ellos, y sus manos fueron levantadas otra vez para bendecirlos si ahora creen en él.

 

Estas condiciones favorables hicieron aumentar las esperanzas sionistas. El Sionismo estaba muerto como los huesos secos vistos por Ezequiel, hasta que el tiempo de sufrimiento de Israel por sus pecados terminó. Cuando de nuevo llegó el tiempo de favor para Israel apareció el movimiento Sionista. Por este noble movimiento Dios llamó y todavía llama sus pasados súbditos de nuevo a su país.

 

Muchos comentadores judíos reconocieron que el sometimiento de los poderes de las naciones fue un tiempo de condenación y desgracia. Como prueba citamos Oseas 3:4-5: “Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua sin efod y sin terafines. Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a su Dios y a David su rey; temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” Viendo a los hijos de Israel volver, ¿no existen pruebas suficientes que estamos en los “últimos días” de sufrimiento y condenación?

 

Herzl y el Sionismo

 

El Congreso de las Naciones de Berlín trajo una claridad en los ojos sionistas. Les dio la posibilidad de comprar tierra en su país. Esta señal despertó la mente de los judíos en la providencia divina que trabaja para su pueblo. Uno de estos grandes hombres de visión fue Teodoro Herzl, cuyo nombre está como monumento del Sionismo. En 1896 presentó un folleto titulado, “El estado judío.” Él apeló a los a los judíos ricos a convocar un Congreso de judíos y empezar a poner una base a las actividades Sionistas. El libro fue un éxito. Él pensó que los judíos ricos estaban a la vanguardia del movimiento, mas se equivocó. Al llamado respondieron los judíos pobres y sometidos de toda Europa y Rusia. El Sionismo floreció.

 

Cuando tuvieron en vista las persecuciones fuertes y el levantamiento contra los judíos de Kishinev, tuvieron que huir sin tener un lugar amistoso para ir. Herzl estaba listo a recibir una oferta, un lugar ofrecido por los ingleses en Uganda. Este lugar ofrecido era una salvación práctica para los judíos que enfrentaban la muerte – los ideales humanitarios le hicieron aceptar a este lugar para salvar al pueblo. Cuando el sexto Congreso Sionista dijo no a Uganda, la cara de Herzl se puso pálida. Algunos de ellos no pudieron apartar el destino divino y en ese momento, juntos estando reunidos allá, entendieron que el Sionismo es inseparable y ligado a Palestina, otra alternativa no habrá.

 

Herzl prendió la antorcha sionista y la llevó arriba, mas quedó para Chaim Weizmann fijarla en Palestina y recibir el reconocimiento internacional a los derechos del pueblo judío a la patria por la providencia. Chaim Weizmann aseguró para su pueblo el 2 de noviembre de 1917 la Declaración de Balfour.

 

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¿Dos Reinos al mismo tiempo?

Se están empezando a cumplir las palabras proféticas de nuestro Señor, las cuales son anticipo del resumen del resultado de los sellos, las trompetas, y las copas de la ira del libro de Apocalipsis.

Jesús dijo a sus discípulos al final de su ministerio: << Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas>> (Lucas 21: 25, 26)

El huracán Katrina, el 29 de agosto de este año 2005, entró en el Golfo de Méjico donde alcanzó la categoría cinco, para luego arrasar sobre los estados de Louisiana, Mississippi y Alabama, sembrando destrucción y muerte sobre múltiples ciudades, tales como Nueva Orleáns, que permaneció hundida con más de dos metros de agua. Días más tarde, el huracán Rita entró de nuevo por Lousiana y Texas, sembrando destrucción, por ejemplo en la población de Cameron, entre otras. Parte de Nueva Orleáns volvió a anegarse.

Menos de un año atrás del paso de esos huracanes mencionados, el tsunami o maremoto desencadenado en el Océano Indico mató a más de 300.000 personas de una sola vez. Escribiendo estas líneas, otro tifón está azotando en Taiwan y China, y Japón, contabilizándose bastantes heridos y víctimas mortales, más todos los destrozos materiales que son parte implícita de esos sucesos. Los especialistas aseguran que la media actual es de unos diez tifones al año. Cada vez se esperan más huracanes y tifones, así como también aumentan las amenazas de los grupos terroristas y sus actos de terrorismo por todos de sobra conocidos. A eso hemos de añadir, las hambrunas, las pestes o enfermedades, que se han convertido muchas de ellas en pandemias, como por ejemplo el SIDA.

El clima de inseguridad es cada vez mayor en este mundo. El grado de engaño y fraude en lo religioso entre otros, también. Todo esto no nos tiene que asombrar como cristianos. Nosotros, los hijos de Dios, tenemos el libro de Dios, el cual nos da a conocer proféticamente todas estas cosas. Jesús mismo habló de ellas:

Dolores de parto

<< Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el cristo (el ungido); y a muchos engañarán>>: Hoy en día hay un gran número de supuestos ministros del Evangelio que se dicen a sí mismos “ungidos”, es decir, “cristos”, que supuestamente ministran en el nombre de Cristo con supuesta unción de Dios. De ellos Jesús nos previno, de que no creamos su engaño. ¡Y qué decir del estado de la naturaleza!: <<…habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores>> << Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas>>. Como jamás antes en la historia del hombre, la humanidad está siendo testigo de estas cosas; y como dijo el Señor, estos son principios de los dolores de parto.

Son tan evidentes todas estas señales que nos advierten acerca de la pronta venida del Señor a por Su Iglesia preparada, que me asombran las declaraciones y enseñanzas de muchos líderes cristianos que dicen exactamente todo lo contrario, enseñando que la venida del Señor todavía no es posible, sino que deberán pasar bastantes años. Y esto lo dicen porque ellos creen que ahora es el tiempo del establecimiento del Reino, y que es la Iglesia quien debe hacerlo. Conscientemente o no, enseñan desde los púlpitos y las plataformas multitudinarias que la Iglesia, estructurada en una nueva jerarquía encabezada por supuestos apóstoles y supuestos profetas, tiene el mandato de Dios de establecer el Reino en este mundo ahora. Consecuentemente, ha de conquistar las naciones para Cristo; ha de dominar sobre las naciones; discipular las naciones; tomar la tierra, y un número de cosas que más bien me recuerdan al espíritu de las Cruzadas del catolicismo romano.

¿Dónde están aquellos valientes?

Actualmente, el Vaticano está teniendo un éxito asombroso sobre multitud de líderes evangélicos, primeramente en el mundo anglosajón americano y europeo, pero ya también en el resto de Europa, que lejos de rechazar el papado tal y como hicieran en su día Knox, Lutero o Calvino, y en época más reciente, John Wesley o Charles Spurgeon entre muchos valientes, ahora abrazan la idea de un ecumenismo, que es a todas luces una apostasía. Cotton Mather (1663-1728), el líder congregacionalista, dijo una vez: <<Los oráculos de Dios predijeron que surgiría un anticristo, y en el papa de Roma, todas las características del anticristo se ven tan claramente, que si alguno que lee las Escrituras no lo ve, tiene tremenda ceguera>> .

Cotton Mather

El célebre predicador británico de la Biblia del siglo XIX, Charles Spurgeon, una vez dijo acerca del papado, claramente y sin ambages: << Desde que fuera maldito aquel que reconstruyera Jericó, lo es mucho más el hombre que trabaja para restaurar el papado entre nosotros. Durante los días de nuestros padres las murallas gigantescas del papado cayeron por el poder de la fe de ellos, la perseverancia de sus esfuerzos, y la explosión de sus trompetas del evangelio; no obstante, hoy en día hay algunos que reconstruirían ese sistema maldito sobre sus viejos fundamentos…Debe constituir una tarea decisiva entre nosotros el ser limpios completamente del error de fomentar el espíritu del papado, y cuando hayamos limpiado nuestra casa, deberemos buscar el oponernos en todos los sentidos a su rápido avance en el extranjero, en la iglesia y en el mundo. Esto último puede hacerse en secreto, en oración ferviente, y en público por testimonio valiente>>¿Dónde están aquellos valientes como Spurgeon, hoy en

Charles Spurgeon

Contrariamente, en estos últimos días previos a la venida del Señor a por su Iglesia preparada, ciertos personajes públicos evangélicos, proceden con conducta diametralmente opuesta a la de sus predecesores, y reciben las “bendiciones” del papa, como las recibió Katheryn Khulman, cuya audiencia en sus cultos era de un 60% de gente católico romana, y no les animaba a salir de la iglesia de Roma, sino todo lo contrario, y más recientemente, Billy Graham o el evangelista Benny Hinn entre otros. El Dr. Billy Graham por motivo del deceso de Juan Pablo II, y acerca de él, exclamó: <<Sin discusión la voz de mayor influencia en favor de la paz y la moralidad en los últimos 100 años>> .

Katheryn Kuhlman con el papa Pablo VI

No existe comunión entre Cristo y Belial, no existe comunión entre la luz y las tinieblas, y por mucho que se disfracen, las tinieblas seguirán siendo tinieblas. Alguien una vez escribió: <<Vivimos en un tiempo cuando los términos amor y unidad son muy llamativos. Es muy difícil discernir que esas palabras han sido tomadas fuera de contexto, y no significan lo que creemos que significan. Amor sin verdad, es corrupción. Ponerse de acuerdo a cualquier precio, es rechazar la doctrina; y sin doctrina, no hay esperanza. Al escoger entre la UNIDAD y la VERDAD, la unidad deberá ceder ante la verdad, porque es mucho mejor estar divididos por la verdad, que estar unidos en el error>>

Muchos líderes actuales, contrariamente a aquellos hombres de Dios de la Reforma, ingenuamente o no (cada uno sabrá), han llegado a creer que es imposible establecer el Reino sin contar, en suma, con el papado y con sus millones de fieles católicos, con una hipotética unidad de todos los que se llaman cristianos… ¡qué impresionante es el espíritu de seducción de la gran ramera! Han llegado a esa conclusión porque ciegamente creen que nos toca a nosotros, los cristianos, establecer el Reino de Cristo en este mundo ¡ahora! Están en un error que llegará a ser muy grave para muchos, si no se vuelven atrás, porque eso les encamina a las fauces del Anticristo, el cual aparecerá en un principio como el valedor de la verdad, de la unidad y del bien. No en vano es el “Anticristo”, es decir, el “En vez de Cristo”.

¿Dos reinos al mismo tiempo?

Cristo nos encomendó la tarea de serle testigo, primeramente en Jerusalén, luego en Judea, Samaria, y lo último de la tierra, nunca nos encomendó el establecimiento visible de Su Reino sobre esta tierra. Ningún ser humano puede levantarse como representante de Jesucristo en esta tierra con el fin de aplicar una Teocracia antes de que Él vuelva. Esto ya lo ha intentado el papado a lo largo de 1500 años, inspirado por el mismo Satanás.

El problema, entre otros, estriba en un mal entendimiento de la Escritura, en un error de índole cronológico. Vemos en Apocalipsis 20 que el Milenio, es decir, el Reino de Cristo visible sobre esta tierra, no empieza sino hasta que el Rey de reyes y Señor de señores vuelve en gloria sobre Jerusalén (Ap. 19: 11-). Los del Reino Ahora, también llamados Dominionistas (Teología del Dominio), y que en mayor o menor grado, aun y no llamándose así, lo son un porcentaje elevadísimo de pentecostales y carismáticos sobretodo en el mundo occidental, caen en ese error de tipo cronológico: Anticipan el Reino a la venida del Rey.

Eso es lo que enseña el postmilenialismo, el cual no lo entendían así los primeros padres de la Iglesia (tales como Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano) como ya vimos, y que no apareció sino por mano de Orígenes en el siglo III, el cual era un estudioso de filosofía pagana, que se basaba a la hora de interpretar la Escritura en el sistema alegórico griego, introduciendo muchas herejías en el seno de la Iglesia. Posteriormente, Agustín de Hipona (s. IV-V) se encargó de establecer esa doctrina al inicio de la iglesia católica y romana.

Tristemente, muchísimos líderes evangélicos en la actualidad parecen desconocer estas cosas, y muchos, por un loable sentido de lealtad a Cristo, pero sin discernir lo que realmente las Escrituras enseñan al respecto, se lanzan en una batalla de supuesta fe con el fin de establecer el Reino ahora… Ahora, cuando el diablo, con permiso de Dios, está levantando a su Bestia Anticristo y a su Falso Profeta, dos personajes literales que engañarán a la mayoría de los hombres de este planeta, y que sus espíritus inmundos ya se están anticipando (Ap. 13)…Ahora, cuando el principio de dolores hace algún tiempo que ya ha empezado, y todo apunta hacia la Tribulación, hacia una Gran Tribulación, la cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá (Mt. 24: 21).

¿Cómo van a coexistir dos Reinos, el de Cristo establecido a modo de Teocracia, y el del diablo a través del Nuevo Orden Mundial y de su Anticristo, los dos al mismo tiempo? Hermanos, otro problema es que muchos evangélicos queridos, han hecho caso omiso a las advertencias del mismo libro de Apocalipsis, donde dice: << Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro . Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro>> (Apocalipsis 22: 18, 19). Con que no concuerdan sus teorías del Reino con lo declarado en este precioso libro de Dios, prefieren obviar dicho libro argumentando que no lo entienden. Pero olvidan que la Escritura está para ser creída, y no cuestionada, y que ninguna teología particular se puede poner por delante ni por encima de la Palabra de Dios. No en vano el mismo libro de Apocalipsis nos advierte a todos de esto. Creámosle a Dios, y no a nuestro corazón, porque como también está escrito: << Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso >> (Jer. 17: 9)

¡ ¡El Señor Jesucristo está ya para venir a por los suyos!!

¡Maranatha!

© Miguel Rosell, a cinco de Septiembre de 2005

Más sobre el Reino de Cristo en:

www.elevangeliodelreino.org

20 PREGUNTAS QUE SE HACE LA GENTE SOBRE EL REINO DE DIOS Y SUS RESPECTIVAS RESPUESTAS

Por Ing°. Mario A Olcese (Apologista)

 

 

Pregunta:

¿Acaso Pablo no dice que ya estamos trasladados al reino en Colosenses 1:13?

 

Respuesta:

El apóstol Pablo dice, en efecto, que Dios NOS HA TRASLADADO (tiempo pasado) al reino de Su amado Hijo. Sí, aparentemente ya estamos ahora en el reino de Cristo, pero: ¿Es del todo cierta esa afirmación del apóstol Pablo?¿Realmente estamos ahora en el reino, literalmente hablando? ¡La Biblia misma nos responderá esta pregunta!

 

El mismo apóstol Pablo, al escribirles a los creyentes de la ciudad de Efeso, les dice: “Y juntamente con él (Jesús) NOS RESUCITÓ (tiempo pasado), y asimismo NOS HIZO SENTAR (tiempo pasado) en los LUGARES CELESTIALES con Cristo Jesús (Efesios 2:6,7). Aquí Pablo les dice a los efesios que ellos y él ya están “resucitados y “sentados con Cristo en los lugares celestiales.” Pero, ¿qué entendemos con estas palabras?¿Acaso creeremos que ahora los cristianos—en general—están resucitados y sentados con Cristo en los lugares celestiales? ¡De ningún modo!. Lo que Pablo verdaderamente dice es que—por la  fe—ya estamos resucitados (sin haber aún muerto) y sentados en los lugares celestiales (sin que aún hayamos sido arrebatados). Para Dios, la forma de ver el tiempo es muy diferente a cómo lo vemos nosotros. Para Dios, Sus escogidos ya están “ahora” resucitados y glorificados con Su Hijo desde el mismo momento que se convirtieron a él. ¿Recordamos el “libro de la vida” de Dios?. Allí están ahora escritos nuestros nombres (Apocalipsis 3:5). Esto quiere decir que Dios ya nos considera salvos y que tenemos vida eterna— ¡ahora!. Pero notemos que debemos de vencer, pues de lo contrario Dios borrará nuestros nombres de él— ¡No nos salvará! (leer nuevamente Apocalipsis 3:5). Como vemos, para Dios los creyentes ya están “ahora” resucitados y glorificados con Su Hijo, pero deben de vencer para que esto se haga efectivo. Si no perseveran y vencen, no entrarán en el reino de Su amado Hijo.

 

El mismo Pablo les dice a los creyentes de Listra, Iconio, y Antioquia, que para entrar en el reino será preciso pasar por muchas tribulaciones (Leer Hechos 14:22). Notemos, además, que Pablo les hablaba a cristianos convertidos (‘discípulos’), a miembros de la iglesia de Cristo. A éstos les dice que deben sufrir tribulaciones ANTES de entrar al reino. Esto demuestra que la iglesia no es el reino. Nótese que Pablo se dirigió a la Iglesia de Listra, Iconio y Antioquia, y a ellos les dice que si perseveran en las tribulaciones—¡entrarán al reino! El reino es condicional, es decir, requiere que cumplamos ciertas condiciones. Una de ellas es vencer hasta el final de nuestra carrera cristiana, y otra es la “transformación física” en la Segunda Venida de Cristo, pues “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios (1 Corintios 15:50). Como la iglesia está compuesta por gente de carne y sangre (mortales), todavía no puede heredar el reino. Pero será trasladada al reino cuando ella sea glorificada en la parusía.(Mateo 25:31,34).

 

Pero regresemos a la pregunta nuevamente. En Romanos 8:30 Pablo dice: “…y a los que justificó, a éstos también GLORIFICÓ (tiempo pasado)”. Pregunto: ¿Están ahora los cristianos, glorificados? No de hecho, pero sí por la fe. En los versos 17-19 Pablo da ha entender que esa glorificación es aún futura.   

 

Incluso nuestro Señor Jesús habla de herencias presentes que son futuras. Por ejemplo, cuando ora por su iglesia, dice: “La gloria que me diste, YO LES HE DADO, para que sean uno, así como nosotros somos uno.” (Juan 17:22). Pero eso no quiere decir que los cristianos tengan ahora la gloria realmente. Ya vimos que Pablo afirma que la glorificación es futura (Leer Romanos 8:18). También Pablo afirma que estamos a la búsqueda de la gloria (Romanos 2:6,7).

 

Como vemos, Pablo tiene una forma de escribir muy interesante. Él habla del futuro como algo ya presente. Dice que estamos trasladados al reino del amado Hijo, que estamos resucitados y sentados con Cristo Jesús en los lugares celestiales, que “estamos ya glorificados, y así por el estilo. Pero ninguna de estas cosas es una realidad presente en los creyentes sino sólo para Dios. Nosotros vivimos por fe, y por fe ya tenemos todas las promesas de Dios hoy, aunque se cristalicen verdaderamente en el futuro. 

 

Pregunta #2:

¿No enseña Pablo en Hebreos 12:28 “que estamos recibiendo un reino inconmovible”?

 

Respuesta

Este pasaje de Hebreos 12:28 fue escrito probablemente por Pablo, quien suele escribir de cosas futuras como si fuesen presentes. Pues bien, Pablo también dice en Colosenses 2:6 que los que andan en Cristo “han recibido al Señor Jesucristo”. Pero, ¿han recibido literalmente a la persona de Cristo?¿Es que Cristo baja del cielo cada vez que un pecador se convierte a él?¿En qué sentido se “recibe” el reino y en que sentido se “recibe” a Cristo? Recordemos que el recibimiento literal de la persona de Cristo se realizará cuando él regrese al mundo por segunda vez (1 Tesalonicenses 4:17). También es oportuno recordar lo que dice Pablo en 1 Tesalonicenses 2:13. En este pasaje Pablo les dice a los creyentes de Tesalónica: “Recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros”. ¿En qué sentido se “recibe” la Palabra de Dios? Pues, ¡aceptándola o creyéndola! En este caso “recibir” puede significar “creer” o “aceptar”. Por tanto, “recibir un reino inconmovible” quiere decir “creer o aceptar un reino inconmovible”—¡por la fe! Finalmente, el mismo apóstol Pablo habla a los corintios del evangelio…el cual también recibisteis ( 1 Corintios 15:1). ¿Recibir el evangelio? ¿Qué significa eso? Es CREER en el evangelio (Marcos 16:15,16). Entonces concluimos que “recibiendo un reino inconmovible” no quiere decir necesariamente que dicho reino ya vino y que lo hemos recibido, literalmente hablando.Pregunta #3:              

¿Acaso no dijo Juan que era “copartícipe del reino” en Apocalipsis 1:9?¿No enseña este texto que el reino ya estaba presente en la época apostólica, en el Primer Siglo de la era Cristiana?Respuesta:

Este texto de Apocalipsis 1:9 no dice que el reino se estableció en el primer siglo de la Era Cristiana. San Juan sólo dijo ser copartícipe del reino, y no, como suponen algunos, que ya estaba en el reino. El apóstol Pedro, por su parte, dice que él también es participante (o sea ‘copartícipe’) de la GLORIA QUE AÚN NO HABÍA SIDO MANIFESTADA. Sus palabras son como siguen: “..que soy también participante(copartícipe) de la gloria QUE SERÁ REVELADA.” (1 Pedro 5:1). Aquí vemos que Pedro participaba también (‘coparticipaba’) de la gloria que aún no se había manifestado. ¿Cómo se explica esto? Muy simple, él lo coparticipaba por la fe y en la esperanza como los otros apóstoles (Romanos 5:2). Él tenía puesta su mira en el reino, y se aferró a esa creencia como algo muy suyo. Juan era copartícipe del reino QUE SERÁ REVELADO cuando Cristo se manifieste nuevamente (2 Timoteo 4:1). Concluimos entonces que coparticipar del reino y de la gloria no significa que ambas cosas hayan sido ya reveladas.  ¡Aún permanecen en el futuro!

 

Pablo dice con razón al joven Timoteo: “El labrador, para PARTICIPAR de los frutos, debe trabajar primero.” ( 2 Timoteo 2:6). Sí, el apóstol Pablo dijo que uno puede ahora “coparticipar del reino” por la fe. Sin embargo, debemos trabajar primero para cosechar de sus frutos (p.e. La Vida Eterna en el Reino, Juan 4:36, Mateo 19:16-25).

 

Pregunta #4:

¿No dijo Jesús que su reino vendría en pocos días cuando dice: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder?” (Marcos 9:1).

 

Respuesta:

Este pasaje de Marcos 9:1 tiene su paralelo en Mateo 16:28. El apóstol Mateo registra estas palabras de Jesús así: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre venido en su reino.” Aquí Mateo asocia la venida del reino con LA VENIDA de Jesús, la cual era aún la “bendita esperanza” para Pablo (Tito 2.13).

 

Algunos suponen que el reino se inauguró en Pentecostés (33 E.C), al bajar el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego sobre los creyentes. No obstante, esta hipótesis es errada, puesto que en Pentecostés MUCHOS (no ‘algunos’) fueron testigos de la venida del Espíritu Santo (no del Jesús glorioso). Recuérdese que Jesús dijo que sólo ALGUNOS de los suyos verían el reino venido con poder. Sólo algunos privilegiados. En Pentecostés, en cambio, TODOS los discípulos estaban reunidos en el aposento alto (Hechos 1:12,13; 2:1-4). Es clarísimo que Marcos 9:1 y Mateo 16:28 NADA tienen que ver con Pentecostés del año 33 E.C.

 

Lo cierto es que esta promesa se cumplió seis días después cuando “Jesús tomó a Pedro, Jacob y Juan, y los llevó aparte a un monte alto, y se TRANSFIGURÓ DELANTE DE ELLOS; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.” (Mateo 17:1-3).

 

Nótese que aquellos “algunos” fueron Pedro, Jacobo y Juan, quienes vieron la “venida del reino y la gloria del Rey” (2 Pedro 1:16). No obstante, esta fue una visión de una gloria aún mayor que vendrá con Cristo en su segunda venida a la tierra. Para ese entonces Jesús dirá a sus escogidos: “Venid, benditos de mi Padre: Heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:31,34).

 

En Lucas 19:11-27 Jesús pronuncia la Parábola de las Diez Minas, la cual es muy interesante e informativa. Pero: ¿Por qué Jesús pronunció esta parábola a sus discípulos? La respuesta es sorprendente, y la descubrimos en el versículo 11: “por cuanto estaba (Jesús) cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino se manifestaría INMEDIATAMENTE.” ¡Aquí está la razón! Los seguidores de Jesús pensaron erradamente que el glorioso reino de Dios se establecería inmediatamente. Entonces Jesús pasa a decirles que antes que se establezca su reino, él tiene que ir al cielo a recibir un reino y volver (verso 12). Pero Cristo aún no ha vuelto, por tanto el reino no ha sido establecido aún. Además, Jesús dice que ese esperado reino se hará realidad para él y su iglesia sólo en su parusía o segunda venida al mundo (Mateo 25:31,34). Por eso Pablo irónicamente se burla de aquellos cristianos que creían que estaban reinando sin Cristo, diciendo: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y OJALÁ reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:8). ¡Y esto fue escrito por Pablo varias décadas después de Pentecostés!

       

Pregunta #5:

¿No es la profecía de Daniel 2:44 una prueba definitiva de que el reino de Dios se estableció durante el apogeo del imperio romano?

 

Respuesta:

El pasaje de Daniel 2:44 dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.” Ahora bien, notemos que Daniel señala que “en los días de estos reyes” el reino sería establecido en la tierra. Sí, el reino se establecería cuando DIEZ REYES CORONADOS Y EN SU PODER APARECIERAN EN LA HISTORIA de Roma. No obstante, cuando cierto grupo de cristianos llamados “amilenialistas” nos dice que ello ocurrió en el año 33 E.C, no saben cómo explicar quiénes eran esos 10 reyes en pleno poder y mando en Roma. Simplemente han dicho que eran 10 césares romanos. Pero Roma no tuvo 10 césares romanos sino ¡VEINTE! Esto es muy significativo. Además, nunca hubo 10 emperadores o césares romanos gobernando SIMULTÁNEAMENTE. Nótese nuevamente que dice “en los días de estos reyes”. La profecía es clara. El reino de Dios se establecería cuando aparecieran diez reyes o gobernantes en pleno poder en Europa. No obstante, cuando se produjo el Pentecostés del año 33 E.C, el gobernante o césar romano de turno era TIBERIO. Sus antecesores ya estaban muertos, y sus sucesores estaban todavía  jóvenes o no habían aún nacido. Es claro que sólo hubo un césar romano cuando bajó el Espíritu Santo en Pentecostés—¡No 10!

 

 Daniel 7:7,8 nos revela, además, que de entre los diez cuernos (=diez dedos de Daniel 2:44) salió un undécimo cuerno, delante del cual son arrancados tres cuernos.. ¿Diremos que el césar romano #11 vio cómo derrocaban—-simultáneamente—a otros TRES césares romanos?¿Tenemos acaso alguna información histórica de que esto efectivamente ocurrió durante el apogeo o decadencia del imperio romano?¿Dónde está el documento? Que sepamos, Roma nunca tuvo 3 césares reinando juntos y que fueran derrocados por otro césar usurpador.

 

Ahora bien, supongamos por un instante que el reino se estableció en el primer siglo, durante el apogeo de Roma. ¿Destruyó ese “reino” (= “iglesia de Cristo”) a 10 reinos y reyes existentes y los consumió? Recordemos que Daniel 2:44 dice que ese “reino celestial” destruye y consume a 10 reinos existentes (representados por los diez dedos de los pies de la imagen colosal que soñó Nabuconodosor). Que sepamos, ningún reino del primer siglo destruyó a otros 10 reinos y sus reyes, y menos, la iglesia de Cristo naciente. Los césares romanos murieron asesinados o de muerte natural, pero ninguno de ellos por acción de la iglesia militante, o  por la intervención de algún nuevo imperio. El imperio romano cayó por su propia decadencia moral y social, unos 400 años después de que se estableciera la iglesia del Señor. Sólo cuando ya no quede ‘rastro alguno’ de estos reinos, la profecía se habrá cumplido (Leer Daniel 2:35). Pero todavía existe Roma y sus ruinas antiguas, así como muchas otras. Que sepamos, no hay registro alguno de la desaparición SIMULTÁNEA de 10 reinos y reyes en el primer siglo, ni en el segundo, ni en el tercero, ni hoy.

 

Finalmente, si por “reino” ha de entenderse “La Iglesia Cristiana”, entonces los otros 10 reinos destruidos ha de entenderse como “10 iglesias destruidas”. Pero, ¿destruyó la iglesia de Cristo naciente a otras 10 iglesias existentes en el primer siglo? ¡Jamás! Al contrario, la iglesia naciente fue fuertemente perseguida y diezmada por Roma hasta el siglo IV. Recién con el emperador Constantino (Siglo IV) la iglesia pudo respirar aires de libertad y paz.

 

Pregunta #6:

¿No dijo Jesús en Lucas 17:20,21 que su reino “está entre vosotros”? ¿No prueban estas palabras suyas que el reino estuvo presente en el primer siglo?

 

Respuesta:

Lucas 17:20,21 dice así: “El reino no vendrá con advertencia, ni dirán helo aquí, o helo allí, porque he aquí que el reino está entere vosotros.” Si lo que Jesús dijo era que el reino estaba ya establecido en la tierra durante su ministerio, entonces éste no llegó el 33 E.C sino ANTES. Recordemos que Jesús aún estaba cumpliendo su misión redentora entre los suyos, y ni siquiera había mencionado la futura llegada del Espíritu Santo en Pentecostés. ¿Creerán los “amilenialistas que el reino vino ANTES del Pentecostés del año 33 E.C?

 

Ahora bien, en Lucas 21:25,31 Jesús afirma que ANTES de la venida del reino habría “señales” en el sol, la luna y las estrellas (Lucas 21:25). Luego Jesús dice: “Cuando veáis que suceden estas cosas (las señales), sabed QUE ESTÁ CERCA EL REINO DE DIOS” (verso 31). Me pregunto: ¿Se contradice nuestro Señor? En el capítulo 17 de Lucas dice que el reino vendrá sin advertencia (sin “señales”) pero en el capítulo 21 dice lo contrario. Sin duda Lucas 17:20,21 no debe ser tomado a la ligera.

 

Hugh J.Schonfield, en su libro “El Complot de Pascua” dice algunas verdades indiscutibles. En la pagina 147 de su libro comenta este pasaje de Lucas 17:20,21 así: “…dijo a los fariseos que el reino no vendrá permaneciendo ociosos, en espera de signos. El reino de Dios estaba justo a su lado, delante de sus narices, listo para aparecer sólo con que ellos quisieran cumplir las condiciones que lo inaugurarían. Estad vivos, insistía Jesús. El objetivo no se alcanzará mediante una adormilada asociación con él.”

 

Hans Conzelmann: En su libro “La Teología de San Lucas”, página 147 comenta este pasaje de Lucas 17:20,21 así: “La declaración principal no es que el reino está viniendo, sino que el reino está siendo predicado por Jesús y hecho manifiesto en su ministerio. La “venida” en si misma pertenece al futuro, y está separada por un largo intervalo de su manifestación.” (Pág. 180).

 

Finalmente podemos decir que Cristo, como Rey del reino de Dios, fue el más importante y esencial de sus partes componentes; y usando un lenguaje llamado SINECDOQUE (el acto de recibir, describe la figura por la que un vocablo recibe de otro algo, por estar asociado con él mediante alguna conexión, como cuando se toma la parte en lugar de todo y viceversa) él pudo muy bien decir que el reino, representado por él mismo, ya estaba verdaderamente entre los fariseos. No obstante, el reino escatológico aún no se establecería en la tierra durante su ministerio en Israel.

 

Pregunta #7:

¿No dijo Jesús que el reino había llegado cuando expulsaba a los demonios? (Lucas 11:20).

Respuesta:

En Lucas 11:20 Jesús dice: “Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.” Aquí nuevamente vemos un reino que “ha llegado” antes de Pentecostés. Es un reino que se manifiesta por el hecho de la expulsión de los demonios de los poseídos. Jesús asocia la “venida” del reino con la atadura de los demonios, y con su arrojamiento (Mateo 10:1; 1 Juan 3:8). Pues bien: ¿No es esto lo que exactamente va a hacer nuestro Señor con Satanás y sus demonios justo antes de inaugurar su reino milenario? (Leer Apocalipsis 20:1-3). Por eso, cuando Jesús y sus apóstoles ataban a los demonios, daban a saborear un poco—por así decirlo— la presencia benefactora del reino futuro en su ministerio terrestre. El reino de Cristo significará la liberación humana de las garras satánicas, y el inicio de una nueva existencia en Cristo.

 

Pregunta # 8:

¿Por qué dice usted que el reino está relacionado con el pueblo judío si éste rechazó a su Mesías?¿No dice Jesús que el reino le sería quitado a Israel y dado a los no judíos, según Mateo 21:43?

 

Respuesta:

En este texto NO se dice que el reino le sería quitado a Israel para siempre. En Romanos 11:11,12 el apóstol Pablo dice que la transgresión de los judíos trajo la riqueza a los gentiles. No obstante, el apóstol luego pasa a decir que la futura restauración del pueblo judío—y con  él su reino—se traducirá en mayores bendiciones para los no judíos (gentiles).

 

El apóstol pasa a decir también que “algunas ramas (no todas) fueron desgajadas del buen olivo” las cuales fueron reemplazadas por otras ramas injertadas de un olivo silvestre (Romanos 11:17). Luego Pablo dice que las “ramas silvestres” (gentiles) no deben enorgullecerse de haber sido injertadas dentro del buen olivo, pues no son las ramas (gentiles) las que sostienen al olivo (la nación judía), sino el olivo bueno y su raíz a las ramas injertadas  del olivo silvestre (v.18). Finalmente Pablo dice, en el verso 24, que Dios injertará nuevamente a las ramas naturales del “buen olivo” si se arrepienten. Ahora bien, hubo muchos judíos que permanecieron fieles a Dios, los cuales no fueron desgajados del buen olivo. Por ejemplo: Todos los apóstoles, sus discípulos hebreos en Jerusalén y de la diáspora, etc. Ellos no fueron cortados, pertenecían al pueblo original de Dios. Sólo los infieles fueron cortados para luego ser reemplazados por los gentiles convertidos. Estos gentiles convertidos se unen al pueblo elegido de Dios (“buen olivo”), y se nutren igualmente de su rica savia (las promesas hechas a los padres hebreos). Decir que Dios rechazó totalmente a su pueblo original, significa que las ramas injertadas no tienen la rica savia del buen olivo como fuente de sostenimiento, y esto entonces quiere decir: Desesperanza y la muerte.

    

Pablo les dice a los gentiles de Efeso lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne…estabais sin Cristo, alejados de la CIUDADANÍA DE ISRAEL y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos ( a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo.” (Efesios 2:11-13). Aquí Pablo aclara más el asunto. Los gentiles ahora están dentro de la ciudadanía de Israel, el antiguo pueblo Dios, por medio de Cristo. Ahora los gentiles, como los judíos elegidos, tienen la oportunidad de beneficiarse de los pactos de la promesa (“la rica savia del olivo”). Ahora los gentiles injertados a la nación de Israel (el pueblo de Dios) son conciudadanos de esa nación de Dios, y ya son miembros de la familia de Dios, y herederos de Sus promesas. Hay pues un solo Señor, una sola fe, una sola esperanza de nuestra vocación (Efesios 4:4). Decir que la esperanza de los fieles hebreos es distinta a la de los fieles de la Iglesia, es una tesis que no encuentra su apoyo en la Biblia. Pero también es un grave error decir que Dios rechazó para siempre a su pueblo al cual desde mucho antes conoció. Dice Pablo sobre este punto así: “Digo, pues: ¿Ha rechazado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. NO HA DESECHADO DIOS A SU PUEBLO, AL CUAL DESDE ANTES CONOCIÓ…” (Romanos 11:1,2). Así que aunque los amilenialistas digan que Dios rechazó al pueblo elegido Judío, Pablo dice que NO. Y aunque a algunos les duela, “la salvación viene de los Judíos” (Juan 4:22)—¡Y lo dijo el judío Jesús!

 

Si el reino del rey David dejó de existir para dar paso a un “reino espiritual y celestial”, ¿por qué los mismos discípulos de Jesús le preguntaron, momentos antes de su ascensión al Padre: “…Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Insistir en un reino monárquico en Israel por parte de los discípulos hubiera sido una testarudez, si es que en verdad Cristo abolió para siempre esa esperanza mesiánica. Pero Jesús no los reprende diciéndoles algo así como: “Me sorprende que me pregunten eso si ya les enseñé que mi reino es espiritual y celestial”. Pero Jesús no les dice eso o algo similar. Lo que les dice es que  no os toca  saber los tiempos y las sazones, que el padre puso en su sola potestad” (v.7). Lo que preguntaron los discípulos era correcto y válido, y no una tontería como algunos teólogos han sostenido. No creo que todos los discípulos de Jesús hayan sido malos alumnos como para entender mal lo enseñado por él acerca el reino, en esos 40 días que estuvo en privado con ellos, después de su resurrección (Hechos 1:3). Jesús mismo valida la pregunta contestando que sólo Dios sabe el tiempo cuándo será restaurado el reino davídico a los israelitas. La pregunta era correcta, pero el tiempo sólo lo sabe Dios.

 

Pero los hermanos amilenialistas se olvidan lo que el profeta Ezequiel dijo concerniente al reino monárquico en Israel. En primer término, el último rey que tuvo la dinastía de David fue SEDEQUÍAS, quien fuera derrocado por Nabuconodosor allá por el año 587 A.C. Desde esa fecha hasta hoy la dinastía y el reino de David quedaron suspendidos en el tiempo. Pero nótese que el profeta Ezequiel afirma que la corona y la tiara se le dará a un varón que tiene el derecho a tomarlos (21:25-27). En Hechos 2:29,30 el apóstol San Pedro revelará que Jesucristo es aquel varón que se sentará en el trono del reino de David. El evangelista Lucas dice que Jesucristo recibirá “el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (nación) de Jacob (Israel)  para siempre” (Lucas 1:31-33). Los que dicen que el trono de David está el cielo, están mintiendo. Lo cierto es que ni David, ni ninguno de sus sucesores, estuvieron reinando en el cielo sobre el pueblo de Israel. La Biblia es clara cuando nos dice que David reinó 33 años en Jerusalén, y 7 en Hebrón (1 reyes 2:11).

 

Pregunta #9:

¿Puede usted demostrar que el reino de Dios se establecerá en Jerusalén, y que Cristo tendrá su trono en esa ciudad?

 

Respuesta:

En primer término, el reino de Dios era el reino de David. En 1 Crónicas 28:5 leemos: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón PAR QUE SE SIENTE EN EL TRONO DEL REINO DE JEHOVÁ (DIOS) SOBRE ISRAEL.” Aquí está la prueba de que “el trono de David” en Israel era EL REINO DE DIOS. Pero, ¿Dónde reinó David, Salomón, etc? ¡En Jerusalén! Eso lo vimos en la pregunta anterior.

 

Otro texto interesante que prueba que el “reino de David” era “el reino de Dios” está en 2 Crónicas 13:5,8 que dice: “¿No sabéis vosotros que Jehová Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él, y a sus hijos, bajo pacto de sal? Y Ahora vosotros tratáis de resistir al REINO DE JEHOVÁ en mano de los hijos de David, porque sois muchos…

 

No es de extrañar lo que el ángel de Dios le dijo a María en relación al judío Jesús: “…y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará EL TRONO DE DAVID SU PADRE; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:31-33). Nuevamente se nos dice que Cristo reinará en Israel, y cuya capital es Jerusalén.

 

En Mateo 5:34,35 Jesús dice algo muy interesante que pocos cristianos han advertido: “Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera, ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por JERUSALÉN PORQUE ES LA CIUDAD DEL GRAN REY.” ¿Quién era el “gran Rey”?¿Herodes? No, sino Jesús mismo. Sí, Jerusalén es la ciudad del gran rey Jesucristo, él la hará su capital en su reino milenario.

 

Los discípulos sabían perfectamente que el reino de Dios estaba estrechamente ligado con la ciudad de JERUSALÉN ( la sede del reino davídico). En Marcos 11 vemos la historia de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. ¿Qué pensaron inmediatamente los discípulos de esa entrada de Jesús en la ciudad de David? Los versos 10 y 11 nos dicen: “¡Bendito EL REINO de nuestro padre David que viene!¡Hosanna en las alturas! Y ENTRÓ JESÚS EN JERUSALÉN...” Es clarísimo que los primeros cristianos sí esperaban la reanudación o la restauración del reino de David en Jerusalén en la persona del Cristo, su descendiente según la carne. Más adelante los discípulos se verán precisados a preguntarle si ya era el tiempo de la tan esperada restauración (Hechos 1:6,7).

 

Si el reino es ahora la Iglesia de Cristo, entonces no habrá una futura restauración del reino de David en Israel. Pero esta creencia contradice una infinidad de pasajes que nos hablan de un reino futuro aún no establecido o restaurado. Notemos que el reino verdadero será restaurado. Eso quiere decir que ese reino existió, se suspendió y nuevamente se establecerá como era antes. ¿Pero existió la iglesia antes de Pentecostés, en los tiempos de David?¿Fue el reino de David la misma iglesia de Cristo, el cual fue derrocado por Nabuconodosor en el año 587 AC?¿Derrocó Nabuconodosor a la iglesia de Cristo en los tiempos de Sedequías?¿Restauró Cristo el reino de Dios en el 33 E.C? ¿Fue restaurada, o más bien, inaugurada, la iglesia en Pentecostés? La Biblia habla de que el reino será RESTAURADO como lo fue antes—¡No INAUGURADO! (Hechos 1:6; 3:19-21; Romanos 11:12). Esto es importante. Véase en el diccionario el significado de la palabra “restauración”. Esto es muy importante, pues también significa reposición en el trono de una dinastía caída, depuesta, o derrocada. Esto ocurrirá con la dinastía davídica aún derrocada. Cristo regresará en gloria para RESTAURAR EL REINO DERROCADO DE DAVID! (Mateo 25:31,34).

 

En Jeremías 3:17 se nos revela que Jerusalén será llamada: “Trono de Jehová”. En Zacarías  8:3 leemos: “Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sión, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.” En Zacarías 1:16 también leemos: “Por tanto, así ha dicho Jehová: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa…” El siguiente versículo, el 17, dice: “Clama aún, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, Y ESCOGERÁ TODAVÍA A JERUSALÉN.” “…y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella.” (Joel 3:17).

 

Y en Lucas 21:24 Jesús dice de Jerusalén, lo siguiente: “…y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE LOS TIEMPOS DE LOS GENTILES SE CUMPLAN.” Pero muchos llamados cristianos no se han puesto ha meditar en estas palabras proféticas de Jesucristo. Aquí hay un hecho histórico innegable e indiscutible. Jerusalén ha sido pisoteada por las naciones e imperios gentiles (no judíos) durante milenios. Pero Jesucristo afirma que este “hollamiento”(pisoteo)—¡tendrá su fin! (“hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”). Entonces, cuando los no Judíos o gentiles dejen de pisotear Jerusalén, los Judíos tendrán el dominio y el control absolutos de Jerusalén con el Mesías y su iglesia a la cabeza ( Joel 3:17; Isaías 32:1; Lucas 1:31-33; Mateo 5:34,35). Ya en Junio de 1967 se dio un gran paso, cuando Jerusalén pasó a manos de los Judíos, aunque aún seguirá el pisoteo gentil hasta que Cristo regrese a reinar sobre sus enemigos en Jerusalén (Leer Zacarías 14:1-21).

 

Pregunta # 10:

¿Acaso no prometió Jesús a sus seguidores el cielo en Juan 14:1-3?

Respuesta:

Jesús jamás prometió a sus seguidores darles un lugar en el cielo como morada permanente. Tampoco ninguno de sus apóstoles creyó que iría al cielo para estar con Dios y Jesús. Fue el filósofo Griego Platón el que sentó las bases de un alma inmortal que parte de este mundo después de la muerte. Su filosofía fue mezclada con el pensamiento Hebreo y nació el gnosticismo. Esta secta gnóstica, muy en boga en los tiempos de Jesús, amenazó a la sana doctrina predicada por Jesús y sus apóstoles. Los apóstoles, y en especial Pablo y Juan, advirtieron a las iglesias cristianas en contra de esa secta. Pablo llamó a los gnósticos: “La falsamente llamada ciencia” (“gnosis”)(1 Timoteo 6:20). Los gnósticos decían que la materia era mala y pecaminosa, y que Cristo no era humano sino que tenía apariencia de hombre. Creían que existía un plano superior (el “Pleroma, especie de cielo gnóstico) donde vivían los AEONES (espíritus puros superiores, entre los cuales estaba Cristo antes de venir al mundo). Los gnósticos creían que ellos tenían el conocimiento verdadero para lograr partir a ese plano o dimensión de los espíritus con el alma inmortal. ¿No se parece esto mucho al pensamiento “cristiano” sobre una existencia en el cielo con Dios, Cristo, y sus ángeles después de esta vida, a través de nuestras “almas inmortales”? Es muy probable que muchísimos cristianos sean realmente cristianos gnósticos en este punto.

 

También Pablo advirtió, que después de su “partida”, entrarían en el rebaño del Señor falsos maestros que buscarían ganarse el rebaño con palabras pervertidas (Hechos 20:29,30). Y así fue. Con el correr del tiempo, la iglesia se corrompe con sus propios malos obispos que se levantan con sus herejías destructoras. En el siglo IV aparece el obispo “San Agustín de Hipona”, el Padre y Teólogo del catolicismo. Éste distorsiona radicalmente el verdadero significado del reino bíblico al decir, por vez primera, en su obra “La Ciudad de Dios”, que el reino era la iglesia católica Romana. Parece ser que los “amilenialistas católicos”, y “campbelitas amilenialistas” no han logrado sacudirse del todo de los errores de Agustín de Hipona.

 

Algunos dirán: “Bueno, ¿no dice Jesús que “los pobres en espíritu es el reino de los cielos”? (Mateo 5:3). Pero tomemos nota que el Señor NO dice que de los pobres en espíritu es el reino EN (sino “DE”) los cielos”. De modo que lo que Cristo ofreció a los pobres en espíritu era un reino que tiene su origen en Dios, y no en los hombres. Viene de Dios como un don o regalo para los hombres.

 

Pues bien, regresemos a Juan 14:1-3 de la pregunta. Veamos lo que verdaderamente dijo el Señor Jesucristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis.”

 

Muchos estudiantes de la Biblia no se han puesto a pensar en esta última frase “para que DONDE YO ESTOY (tiempo presente)”. En las más importantes versiones de la Biblia Inglesa se vierte este pasaje como “WHERE I AM” en tiempo siempre presente (“donde yo estoy”). Esta frase es sumamente importante y clave para entender los versos en cuestión. Jesús está ofreciendo un lugar a sus discípulos “en la casa de su Padre”. Luego nos dice que él nos tomará para que estemos con él en el lugar donde ÉL ESTÁ en el momento de pronunciar la promesa. Y, ¿dónde estaba Jesús cuando pronunció esa promesa? ¿En el cielo? ¿En Marte? No! Él estaba aún en LA TIERRA, y más exactamente, EN JERUSALÉN. Recuerde que Jesús todavía no había ascendido al cielo, y aún no había ni siquiera resucitado. Por tanto Jesús estaba ofreciéndoles a sus seguidores volver a la tierra para estar con ellos en el lugar donde proclamó su promesa, es decir: ¡En Jerusalén!

 

Muchos cristianos creen que Jesús nos “llevará al cielo” para darnos nuestro “lugar” en la casa del Padre. Pero Jesús nunca habló de llevarnos al cielo en Juan 14:1-3. Usted NO leerá, ni siquiera una vez, de que iremos al cielo para recibir nuestro “lugar” una vez que esté preparado por Jesús. Lo que Jesús dijo era que prepararía nuestro lugar en la casa de su Padre y que luego volvería para estar con nosotros. Lo que NO dijo era CUÁNDO Y DÓNDE recibiríamos nuestro lugar en la casa del Padre. Él sólo está ahora ocupado PREPARANDO nuestras moradas, pero NO nos dice cuándo entraremos en ellas. En Apocalipsis 21 se revela que la “ciudad santa” bajará del cielo después del milenio. La ciudad santa de Apocalipsis 21 es descrita por Ezequiel como un edificio (40:2), y como una casa en 2 Corintios 5:1,2. Esta ciudad o casa canta bajará del cielo, y “Dios estará con los hombres” (Apocalipsis 21:3). Sólo los salvos entrarán en ella para tomar sus lugares o moradas (Apocalipsis 21:27). También leer Hebreos 11:9,10 donde se nos dice claramente que Abraham (el padre de la fe) “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Y en Hebreos 13:14 Pablo dice: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR.”

 

Pregunta #11:

¿No dice Pedro, en 2 Pedro 3:10-13, que esta tierra será destruida por fuego? Si este es el caso: ¿No es lógico concluir que escaparemos al cielo?.

Respuesta:

Es cierto que Pedro habla de la “destrucción de la tierra por fuego”, de la misma manera que Dios dijo de la tierra de la época de Noé. En Génesis 6:13 leemos algo interesante: “Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré CON LA TIERRA. Nótese que Dios iba a destruir a todo hombre y animal…¡y la tierra misma! Pero: ¿Llegó Dios a destruir a los hombres impíos de entonces junto con el planeta tierra? Por cierto que no. La tierra sigue siendo la misma desde su creación. En realidad es una forma superlativa de hablar de Dios indicando la severidad de su castigo.

 

En 2 Pedro 3:10-13 leemos: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y LA TIERRA Y LAS OBRAS QUE EN ELLA HAY SERÁN QUEMADAS.” ¿No son semejantes Génesis 6:13 y 2 Pedro 3:10-13? Si la primera tierra PRE-diluviana no fue literalmente destruida, ¿porqué tendría que serla ésta? Es claro que lo dicho por Dios ha de entenderse como la severidad y firmeza de su castigo, la erradicación del mal, de los malos, y de sus obras (casas de juego y de citas, bares, fábricas de cigarrillos y de cerveza, fábricas de armas y bombas, etc). En el verso 13 se habla de “nuevos cielos y nueva tierra” Esta forma de dicción no es rara en la Biblia, pues también encontramos la expresión “nueva criatura” en 2 Corintios 5:17, aunque persistan aún los viejos defectos (miopía, cojera, cicatrices, etc). En Efesios 4:24 encontramos la expresión “nuevo hombre” (pero sólo en lo moral y espiritual). En Romanos 6:4 encontramos la frase nueva vida” (pero siempre en el sentido moral y espiritual).

 

Y Para terminar diré que 2 Pedro 3:13 tiene relación con Isaías 65:17 que dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.” Pero lo interesante del caso es que Dios sigue diciendo en los siguientes versículos (18-25) que: “traigo a Jerusalén alegría…y me alegraré con Jerusalén.” Estas palabras indican que finalmente el planeta no será destruido, pues seguirá existiendo Jerusalén como una ciudad de gozo y alegría, en contraste con la actual Jerusalén agitada y convulsionada por los conflictos internos y externos.

 

Pregunta #12:

¿Acaso no dice la Biblia que Cristo vendrá para entregar su reino al Padre según 1 Corintios 15:24?

 

Respuesta:

Cristo entregará su reino al Padre, pero: ¿Cuándo? Esta es una pregunta importante. Lo que la Biblia sí dice verdaderamente es que Jesús, al volver a la tierra, dará su reino a sus discípulos (no ha Dios)(Mateo 25:31,34; Daniel 7:13-18). Sí, la iglesia, compuesta por judíos y gentiles fieles, recibirá el reino de Cristo al volver él al mundo otra vez. Esta es la verdad bíblica. No obstante, será después que Cristo haya reinado por mil años que él devolverá el reino al Padre; cuando haya puesto a sus enemigos por estrado de sus pies, incluyendo LA MUERTE misma (Salmo 110:1; 1 Corintios 15:25). Y, ¿Cuándo será vencida la muerte?¿En la segunda venida de Cristo? ¡No! Según la Biblia ella será destruida al finalizar el milenio de Cristo. La respuesta está en Apocalipsis 21:4. Esto significa que Cristo no va a devolver el reino al Padre inmediatamente después de volver a la tierra, sino después de los mil años de su reinado. Mientras tanto, Jesucristo estará reinando sobre sus enemigos (Salmo 110:1-5), siendo el último destruido: La muerte.

 

Otra de las pruebas bíblicas que señalan claramente que la muerte reinará hasta el final del milenio es que “los otros muertos no llegaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.” (Apocalipsis 20.5). Habrá muertos al final de los mil años del reinado de Cristo. La muerte imperará en la tierra hasta el final de esa fecha memorable que es llamada: “Milenio” (Apocalipsis 20:14). Después del milenio bajará “La Nueva Jerusalén” y acabará el imperio de la muerte (Apocalipsis 21:4; 20:14). También en este periodo el diablo será castigado definitivamente con la muerte. Y además, la muerte y el Hades serán arrojados al lago de fuego junto con el diablo y sus ángeles. Todo esto ocurre al final del milenio o del reino de Cristo. Los hermanos amilenialistas debieran reflexionar mejor sobre este pasaje antes de sacar conclusiones inexactas. Recordemos que “un texto sin el contexto es un pretexto”. Ir más allá de lo que está escrito es peligroso.

 

Pregunta #13:

¿No dice Pablo que nuestro destino son “los lugares celestiales” en Efesios 2:6?

Respuesta:

Tomemos nota que pablo habla de “los lugares celestiales” en Efesios 2:6. Y, ¿dónde están esos “lugares celestiales”? La respuesta, creo, la da Jesús en Juan 14:2,3—¡En la casa de Su Padre! Por tanto, los “lugares celestiales” tienen que ver con las “muchas moradas” de dicha casa, en donde Jesús se ha ido a preparárnoslas. Sin embargo, Pablo NO dice que iremos al cielo para ingresar a nuestras “moradas celestiales”.

 

Pongamos un ejemplo un poco fantástico. Si una nave marciana bajara a la tierra, y yo fuera invitado por la tripulación marciana a ingresar a ella para ver su interior, pregunto: ¿No estaría yo en un lugar marciano en la misma tierra? Y si viera yo en su interior sus compartimentos, pregunto nuevamente: ¿No serían esos compartimentos “lugares o compartimientos marcianos” en la tierra?

 

De igual modo, cuando baje la casa celestial a la tierra, con todas sus moradas o lugares, los que ingresen a ella estarán ingresando a sus lugares o moradas celestiales—¡en la tierra!. Algo celestial o “extraterrestre” se posará en la nueva tierra, y sus interiores o moradas seguirán siendo celestiales aunque estén en la tierra. Sí, en la nueva tierra entraremos a los “lugares celestiales” de la casa de Dios.

 

Pregunta #14:

¿No dice claramente San Pedro que tenemos RESERVADA nosotros una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible EN LOS CIELOS? (Ver 1 Pedro 1:4).

 

Respuesta:

Nuevamente tampoco Pedro está diciendo que subiremos al cielo para recibir nuestra herencia que está RESERVADA allí. Sencillamente está reservada en los cielos. Si por ejemplo decimos que el dinero del pago de los trabajadores está reservado en la bóveda del banco, ¿significa eso que los trabajadores tendrán que ingresar a la bóveda del banco para que se les pague? No necesariamente. Lo usual es que el cajero retire el dinero de dicha bóveda y proceda a pagar a los trabajadores en la oficina del personal. De igual manera, cuando Jesús vuelva a retribuir a sus siervos, él retirará nuestra herencia de los cielos y la traerá a la tierra. (Leer 1 Pedro 5:4; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:12).

 

El sabio rey Salomón dijo sobre este asunto, así: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra…” (Proverbios 11:31). En otra parte Salomón dice también: “El justo no será removido jamás (de la tierra)…” (Proverbios 10:30). Estos textos contradicen la enseñanza que dice que los salvos serán retribuidos en el cielo cuando mueran.

 

Pregunta #15:

¿No prometió el Señor Jesús que nos arrebataría con él mismo al cielo, en 1 Tesalonicenses 4:17?

 

Respuesta:

El apóstol Pablo no está diciendo tampoco en este texto, que seremos arrebatados al tercer cielo, sino EN LAS NUBES. No está hablando de que seremos arrebatados al cielo, sino EN LAS NUBES PARA RECIBIR AL SEÑOR EN EL AIRE, y así estaremos siempre con el Señor.” Para nada se hace mención del cielo en este versículo, ni se nos promete estar con Cristo en el cielo. Pablo está hablando de que seremos “arrebatados en las nubes” y de “recibir al Señor en el aire”—¿Para qué?¿Acaso para que Jesucristo nos reciba y nos lleve con él al cielo? ¡No! Pablo es claro al decir que nosotros LE RECIBIREMOS A ÉL EN EL AIRE cuando regrese a la tierra (¡no al revés!). ¿Qué importancia tiene este detalle? Veamos el pasaje y analicemos su contenido.

 

Si la iglesia recibirá al Señor en el aire es para acompañar a Jesús en su descenso a la tierra, ¡no al revés! Por ejemplo, si el presidente del Perú sale a recibir en palacio al Presidente de los Estados Unidos, ¿se irá el Presidente del Perú con el presidente Estadounidense a la Casa Blanca para la entrevista? Otro ejemplo: Si mi amigo viene a visitarme desde los Estados Unidos, y yo salgo a recibirle en el aeropuerto limeño, pregunto: ¿Me iré con él a su casa en los Estados Unidos, subiendo inmediatamente en el avión que lo trajo a Lima? ¡Claro que no! Si yo lo recibo es para traerlo a mi casa o a un hotel, y disfrutar de su compañía durante su estancia en mi país. Igual ocurrirá con la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo en las nubes de nuestra atmósfera. Nosotros saldremos a RECIBIRLE en las nubes para acompañarlo en su descenso a nuestro planeta. Entonces Jesús será escoltado por su gloriosa iglesia hasta el lugar donde se localizará su trono de gloria, es decir, JERUSALÉN (Mateo 5.33-35; Jeremías 3:17; Zacarías 14:4).

 

Pregunta #16:

En Juan 13:36 Jesús le dice a Pedro que él no le podía seguir al lugar a donde iba, pero que le seguiría después. ¿No le estaba prometiendo Jesús—el tercer cielo—-a Pedro para después de su muerte?.

 

Respuesta:

Jesús no le estaba prometiendo a Pedro el cielo para después de su muerte. Lo que verdaderamente Jesús estaba diciendo era que estaba muy próximo su sacrificio en la cruz del Calvario, y que después Pedro le seguiría en su martirio. Lo que Jesús estaba profetizando para Pedro era su muerte en el martirio en un futuro no muy lejano. Según el verso 37, parece que Pedro le entendió perfectamente a Jesús, y le responde: “…Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? MI VIDA PONDRÉ POR TI.” Precisamente años más tarde Pedro moriría en el martirio, crucificado de cabeza en una cruz.

 

Pregunta #17:

¿No dijo el apóstol Pedro que Dios lo preservaría para su reino celestial? ¿No creyó Pablo que había un reino en el cielo (2 Timoteo 4:18)?

 

Respuesta:

En este pasaje Pablo NO dice que iría al cielo para entrar en el “reino celestial”. Lo que Pablo creía era que Dios lo preservaría o guardaría para su reino DE los cielos (“celestial”). Él NO dijo que Dios lo preservaría para su reino EN los cielos en ningún momento, sino para un reino de “inspiración celestial”, o de “origen celestial”.

 

En Hebreos 11:14-16 Pablo habla de una “patria celestial”, la cual, según el verso 16, es UNA CIUDAD. En Hebreos 11:14 el apóstol sigue diciendo que esta ciudad o “patria celestial” está por venir o por descender según Apocalipsis 21:2,3. Sí, la ciudad o “patria celestial” estará ¡en la tierra!.

 

En Lucas 2:8-13 vemos que a los pastores del campo se les aparece un ángel del Señor que les anuncia que ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. Y el versículo 13 nos dice que repentinamente apareció con aquel ángel una multitud de las “huestes celestiales” que alaban al Señor, y decían: “Gloria en las alturas…” Aquí vemos nuevamente a “huestes celestiales”—¡en la tierra!

 

En conclusión, cuando la Biblia nos dice que heredaremos “el reino celestial”, ello no quiere decir que iremos al cielo para entrar en él. Ya hemos visto como “cosas y seres “celestiales” estuvieron aquí, en la tierra. ¿Acaso no puede bajar “el reino celestial” a la tierra así como lo hicieron  “el pan celestial (Jesucristo)”, y “las huestes celestiales”? ¡Claro que sí! Ah, un ejemplo más. Después de resucitar de la tumba, Jesús recibió  un “cuerpo celestial” (Leer 1 Corintios 15:40,49). Con ese “cuerpo celestial” nuestro Señor estuvo en la tierra por 40 días (Hechos 1:3).

 

Pregunta #18:

¿No dijo acaso el apóstol San Pablo que nuestra CIUDADANÍA ESTÁ EN LOS CIELOS (Filipenses 3:20)?¿No significa entonces que viviremos en el cielo?

 

Respuesta:

La palabra “CIUDADANÍA” usada por Pablo, se relaciona con la palabra CIUDAD(anía). En la Santa Biblia aparece claramente una “CIUDAD CELESTIAL” (o “PATRIA CELESTIAL”) que estará en la tierra (Apocalipsis 21:2,3). También se nos informa que entraremos a ella, una vez que se establezca en la “nueva tierra”. Pablo sostiene que la ciudad está POR VENIR (Hebreos 13:14). También Pablo sostiene que el fiel Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:8-10).Mientras tanto, “nuestra ciudadanía está en los cielos” hasta que venga a nosotros a la tierra. En tanto que nuestra “ciudad” o “patria” permanezca en los cielos, podremos decir que nuestra ciudadanía seguirá estando en los cielos.

 

Pregunta #19:

¿En que parte de la Biblia dice que Cristo va a pisar este mismo planeta nuevamente?

 

Respuesta:

En Hechos 1:11 los ángeles les dicen a los discípulos, quienes instantes antes habían visto al Señor subir al cielo, lo siguiente: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASI VENDRÁ COMO LO HABÉIS VISTO IR AL CIELO”. Aquí se profetiza que el mismo Jesús resucitado, que había permanecido con sus discípulos 40 días en la tierra (Hechos 1:3), volverá DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE SE HABÍA IDO AL CIELO. Esto se explica de este modo. Según el verso 12, Jesús había ascendido al Padre desde el MONTE DE LOS OLIVOS, hasta que una nube lo tapó de la vista de los discípulos (v.9). Ahora bien, Jesús, al volver, descenderá del cielo a las nubes del cielo, y de las nubes del cielo AL MONTE DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4). Si Jesús al volver, sólo se quedara en las nubes, sin descender hasta el Monte de los Olivos, entonces JESÚS NO ESTARÍA EN VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA COMO ÉL SE FUE, O COMO LO HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.

 

Si una persona hubiera podido tomar una película de ese magno suceso de la ascensión d Jesús al cielo, y luego pusiera en reversa o retroceso la película, entendería exactamente cómo será el futuro regreso de Jesús al mundo. No obstante, no precisamos del auxilio de una cámara de video o de una película para entender lo que explicamos. Aceptemos el hecho de que la ascensión de Jesús al cielo NO comenzó en las nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS. ¿No es interesante que el profeta Zacarías diga que sus pies se posarán nuevamente en el Monte de los Olivos y éste se partirá en dos?¡Esto no sucedió en la primera venida de Cristo! (Leer Zacarías 14:4).

 

Lo que Jesús dijo en Mateo 5:34,35 nos lleva  la conclusión de que Cristo hará de Jerusalén su ciudad real…¡Su trono!. El profeta Jeremías dice que en aquel tiempo (de la restauración del reino) llamarán a Jerusalén TRONO DE JEHOVÁ (3:17). El Salmo 67:4 dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.” En Apocalipsis 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con Cristo mil años en la tierra.

 

En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Por tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Jesús dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:34,35).

 

En Juan 14:2,3 el Señor Jesús prometió a sus discípulos que ellos estarían con él en la tierra de Israel. Él dijo: “PARA QUE DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel) vosotros también estéis”. Y en la profecía de Jeremías 23:5 leemos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia EN LA TIERRA” ( También 33:15). Y en Romanos 4:13 dice que Jesús será “EL HEREDERO DEL MUNDO.”

 

Según el Salmo 37:29 “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Ahora bien: ¿Es Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí! (Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús es también JUSTO, ¿qué heredará él y dónde vivirá? ¡La tierra y en la tierra!. En el Salmo 85:9 se complementa lo anterior diciendo que LA GLORIA HABITARÁ LA TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA? ¡La gloria del Señor Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30; Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4). Por tanto: ¡Jesucristo habitará en la tierra!

 

En 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho: Habrá un justo que GOBIERNE ENTRE (no “SOBRE”) LOS HOMBRES, que GOBIERNE  en el temor de Dios.” Sí, Jesús será aquel justo varón que gobierne en medio o entre los hombres en este planeta. ¡Eso dice la Biblia! Además, David dice en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS morarán o habitarán en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde morarán LOS RECTOS en la presencia del rey? No puede ser el cielo porque Salomón escribió en Proverbios 10:30: “EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO JAMÁS; pero los impíos NO HABITARÁN LA TIERRA.” La conclusión lógica y bíblica es que los rectos habitarán la tierra y estarán en la misma presencia del rey en la tierra. Dice Salomón: “LOS RECTOS HABITARÁN LA TIERRA, Y lOS PERFECTOS PERMANECERÁN EN ELLA.” (Proverbios 2:21). ¡Aquí está la evidencia! Y, ¿Quiénes son los PERFECTOS que permanecerán en la tierra? ¡Los cristianos! (Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses 1:28).

 

Jesús dice que “los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5),. Pero más adelante dirá: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN…” (Mateo 11:29). Notemos que Cristo es también el mayor MANSO del mundo. Esto quiere decir que él HEREDARÁ LA TIERRA (comparar con Romanos 4:13). Él fue claro al decir que “los MANSOS heredarán la tierra (¡no el cielo!).”

 

Pregunta # 20:

¿Qué otra prueba existe de que el reino de Dios NO es la Iglesia de Cristo?.

 

Respuesta:

Lo más sencillo es sustituir la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ de los textos bíblicos más importantes. Si reino e iglesia son equivalentes, no tendrá porqué cambiar el sentido del texto bíblico que habla de él. Veamos algunos ejemplos:

 

 Lucas 19:11:

Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir UNA IGLESIA y volver.

 

Comentario:

 Notemos que al cambiar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ en este pasaje, obtenemos un absurdo. ¿Recibió Cristo una iglesia en el cielo? o ¿Se instituyó la iglesia en el cielo?¿Hemos bajado del cielo como  “la iglesia de Cristo”?

 

Lucas 12:32:

“No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido DAROS la iglesia”.

 

Comentario:

Aquí hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo absurdo. En primer lugar, Jesús se dirige a sus apóstoles—¡a los cuales se les DA EL REINO!. No dice  Jesús que al Padre le ha placido “HACEROS EL REINO”, sino “DAROS EL REINO”. El sentido es diferente. Si la iglesia es el reino, y ella está compuesta por los apóstoles y demás discípulos, ¿cómo podrían SER ellos “el reino de Cristo” y RECIBIR al mismo tiempo el reino? ¿Cómo podían los apóstoles recibir un reino y ser parte de él al mismo tiempo? Si la iglesia es verdaderamente el reino, entonces Jesús debió decirles a sus apóstoles que al Padre “le ha placido HACEROS el reino o iglesia”. Pero no fue así, sino que dijo: “Le ha placido DAROS EL REINO”!

 

Mateo 6:10:

“Venga tu iglesia, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

 

 Comentario:

Los que creen que la iglesia es el reino, tendrán que mutilar esta parte del “Padre Nuestro”; pues si el reino ya vino en el 33.d.C, ¿para qué seguir pidiéndolo? Pero lo cierto es que esta parte de la oración está tan vigente como el resto de las peticiones en el “Padre Nuestro”. Así, pedir por la venida del reino es tan importante como pedir perdón por nuestras ofensas, o por el pan diario.

 

Por otro lado, si reemplazamos ‘reino’ por ‘iglesia’ tendríamos: “Venga tu iglesia, hágase tu voluntad…” Sí, “Venga tu iglesia”—¿De dónde?¿Cómo? Si los discípulos vendrían a ser la misma iglesia de Cristo: ¿Por qué tendrían que pedir por la venida de una iglesia? ¡No tiene mucho sentido que digamos!

 

Mateo 25:31,34:

Cuando el Hijo del Hombre venga…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre HEREDAD LA IGLESIA preparada para vosotros desde la fundación del mundo.”

 

Comentario:

Aquí hemos reemplazado ‘reino’ por ‘iglesia’ y encontramos algo muy extraño. Es un asunto muy importante que no podemos pasar por alto, y es que hay una reino (iglesia para los amilenialistas) que se preparó desde la fundación del mundo, y que será heredado por la iglesia en la ‘parusía’ o Segunda Venida de Cristo. ¿UNA IGLESIA que hereda UNA IGLESIA?¿Cómo es posible esto? Por eso creemos que la iglesia y el reino son dos cosas muy diferentes.

 

Juan 3:3:

“Respondiendo Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver la iglesia de Dios.”

 

Comentario:

En este pasaje también hemos sustituido ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido un absurdo total. ¿Cuál es ése? Si el reino es la iglesia, y ésta sólo puede ser vista por hombres “renacidos”: ¿Cómo es posible que cualquier hombre mundano o no convertido pueda ver, e incluso entrar, en la iglesia de Cristo? Muchos NO renacidos pueden ver con sus ojos, y entrar con sus pies a la iglesia de Cristo sin dificultad. Esto me lleva a la conclusión de que el reino e iglesia —¡NO son sinónimos!. Hay un reino futuro en el cual los impíos ni verán ni entrarán—¡Sólo los renacidos!

Hechos 14:22:

“…es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en la iglesia de Dios.”

 

Comentario:

Aquí en este pasaje hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo interesante. Notemos que Pablo se dirige a creyentes de Listra, Iconio y Antioquia. A estos hermanos, de las iglesias de Cristo en esas ciudades, les exhorta a que permanezcan fieles a pesar de las tribulaciones, a fin de que puedan “ganar su entrada a la iglesia de Dios. Esto es muy extraño, pues Pablo se dirige a iglesias cristianas ya constituidas. ¿Cómo entrarían las iglesias de Iconio, Listra y Antioquia a la iglesia misma?¡No lo entendemos! Aquí se vuelve a demostrar que el reino de Dios es diferente a la iglesia de Cristo.

 

1 Corintios 15:50:

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar la iglesia de Dios, ni la corrupción hereda a incorrupción.”

 

 Comentario:

Aquí, al reemplazar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ nos hallamos con un serio problema. Y es que si a la iglesia no se  puede pertenecer en la carne y en la sangre, ¿por qué aún están en la carne y la sangre los miembros de la iglesia de Cristo? Obviamente algo no anda bien con la interpretación ‘amilenialista’ del reino.

 

Hechos 1:6:

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor restaurarás la iglesia a Israel en este tiempo?”

Comentario:

Aquí resulta una extrañeza al reemplazar reino por ‘iglesia’, pues: ¿Acaso la iglesia tiene que ver con Israel? Cómo es eso que la iglesia será restaurada a Israel? Es obvio que reino e iglesia son dos cosas diferentes. El reino fue antes que la iglesia. Los ‘amilenialistas’ se encuentran en serios apuros cuando tienen que responder a toda esta argumentación bíblica consistente. El amilenialismo deja sin horizontes y sin entendimiento sobre los sucesos mundiales de hoy. Prácticamente han anulado muchísimas profecías bíblicas del futuro (Leer Proverbios 29:18). Para ellos casi todas las profecías bíblicas ya se han cumplido. Han dejado de comprender los acontecimientos mundiales del presente y del futuro. Prácticamente están el medio del mar sin mapas y brújulas, y…¡están a la deriva!

 

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SATANÁS: ¡EL ARCHIENEMIGO DEL EVANGELIO DE LA GLORIA DE CRISTO!

(2 Cor. 4:4)

 

 

 

 

 

Por Ing°. Mario A. Olcese (Apologista)

 

 

Satanás como enemigo del evangelio salvador

 

La mayoría de los hombres ignora que el diablo tiene su propia agenda, la de obstaculizar la propagación del verdadero evangelio de Jesucristo—¿Por qué? Porque es poder de Dios para la salvación a todo aquel que lo cree, sea griego o gentil.” (Romanos 1:16). El diablo no vino sino a robar y a destruir, ha venido a boicotear el plan salvador de Jesucristo para que la humanidad siga sumida en sus delitos y pecados y terminen destruidos o perdidos para siempre. Satanás sabe que su tiempo es corto, y que su reino de maldad será reemplazado por el reinado de la justicia de Jesucristo, razón por la cual él anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). Pero Dios ha enviado a Su Hijo para liberarnos del reino de las tinieblas y trasladarnos al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13).

 

El apóstol San Pablo fue comisionado para ser el predicador de los gentiles, y él en varias ocasiones se vio obstaculizado por fuerzas oscuras y diabólicas para que no pudiera extender su evangelio salvador. En1 Tes. 2:18 leemos: “Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro; 18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó”.  

 

En 2 Corintios 4:4 él escribió a los corintios lo siguiente: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Tome nota de lo que está diciendo Pablo en este versículo. El dice que el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les brille la luz del evangelio de la gloria de Cristo. El diablo no desea que el potencial creyente y el incrédulo en general sean iluminados con el mensaje o buenas noticias concernientes a la gloria de Cristo.  Sí, el diablo no quiere que usted entienda el mensaje o buenas noticias de la GLORIA DE CRISTO. —¡Específicamente esto! ¿Y qué es la gloria de Cristo? Desgraciadamente aún millones tienen ideas confusas sobre lo que es el evangelio de la gloria de Cristo.

 

El Evangelio de la Gloria de Cristo es el Evangelio del Reino de Cristo

 

Los creyentes deben entender que sólo hay un evangelio salvador en la Biblia, y ese es el evangelio acerca de su venidero Reino a la tierra (Mateo 24:14) o el evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4). La Biblia habla de que el Reino de Cristo y su gloria vienen juntos (1 Tes. 2:12). Hablar del Reino es hablar de la gloria venidera de Cristo como gobernante de la era venidera, y hablar de la gloria es hablar del reino de Cristo. Entienda que el diablo no desea que usted reciba o crea el evangelio de la gloria de Cristo o el evangelio del reino venidero de Cristo. Y es que el reino de Cristo no sólo significará que usted tendrá la autoridad que tiene ahora Satanás en este mundo como gobernante mundial, sino que significará también su destronamiento y su lanzamiento al abismo con el resto de sus ángeles caídos. El diablo sabe que Cristo vino a congregar a potenciales príncipes para su reinado de la justicia, a reclutar a seguidores leales y probos para que junto con él administren la nueva sociedad que se implantará en la tierra en su parusía en gloria (Luc. 13:32; Isa. 32:1). Satanás odia este mensaje y persigue a los que lo anuncian con fe, así como Saúl odió y persiguió a David y a sus partidarios cuando supo que Dios lo había nombrado a éste como el que tomaría su trono. El diablo odia el mensaje del Reino, y su estrategia es que este mensaje no sea recibido por los pecadores, y que sus mentes no puedan creerlo o aceptarlo como algo real y posible. El diablo ha nublado el entendimiento de los incrédulos para que persistan en su incredulidad. A otros les ha hecho creer que el mensaje del reino en la tierra es muy mundano y poco espiritual. El ha logrado también propagar falsos evangelios que no se parecen en nada al evangelio original de Jesús y sus apóstoles. Hoy se habla del “evangelio social”, o del “evangelio de la prosperidad”, o del “evangelio de Cristo”, o simplemente “el evangelio”, pero el verdadero evangelio del reino de Dios es omitido en casi todos las prédicas de las iglesias contemporáneas.

 

En este sitio web usted encontrará también un estudio que escribí y que amplía mucho más la información sobre la gloria de Cristo y su relación con su reino milenario en la tierra. El título del artículo es: “La Gloria: Una frase sorprendente con un significado maravilloso que usted necesita conocer ahora mismo”.

 

Los Testigos de Jehová han torcido el Evangelio de la gloria de Cristo

 

Los Testigos de Jehová han cambiado el pasaje de 2 Corintios 4:4 para que diga otra cosa diametralmente opuesta al original Griego. En su Versión del Nuevo Mundo los Testigos de Jehová vierten el pasaje de una manera totalmente diferente, y de esta forma caen en el juego del diablo para nublar el verdadero evangelio de Cristo: “Entre quienes el dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos, para que no pase [a ellos] la iluminación de las gloriosas buenas nuevas acerca de Cristo, que es imagen de Dios”. Acá es claro que los Testigos no desean que Cristo tenga gloria, y para lograrlo han transferido la gloria a las buenas nuevas o al evangelio.  Este sutil cambio le hace el favor al diablo, quien no desea que la gente crea en el único evangelio de la gloria de Cristo, que es el evangelio del reino de Cristo.

 

Otros en cambio le dan a la gloria una interpretación de Deidad. Es decir, la gloria de Cristo es lo mismo que la Deidad de Cristo, o su supuesta divinidad. ¡Nada más lejos de la verdad! Nosotros igualmente estamos llamados a tener la gloria de Cristo (Juan 17:22) y esto sin duda no significa que estamos llamados a ser Deidades. El evangelio de la gloria de Cristo no significa “el evangelio de la Deidad de Cristo”. Muchos andan proclamando que Cristo es Dios y que es necesario aceptar su Deidad para ser salvos. Sin embargo, la verdad es que la voluntad del Padre es que creamos en Su Hijo, en su evangelio del Reino o el evangelio de su gloria, pero no que creamos que él es el único Dios verdadero de una supuesta Santa Trinidad. Lo que Dios desea, entre otras cosas, es que creamos en Su Hijo, en el Hijo de Dios—¡no en Dios el Hijo! Debemos creerle a él, o a su mensaje, pues Dios Padre envió a Su Hijo con un propósito— el de anunciar el evangelio del Reino de Dios (Lucas 4:43). Muchos desgraciadamente creen en Cristo, pero no a Cristo. Es decir, creen que él es el Hijo de Dios, pero les resulta difícil aceptar su mensaje de un reino restaurado en la tierra de Israel que traerá grandes bendiciones a la humanidad.

 

El evangelio de Dios y el Reino de los Cielos

 

Otra táctica del diablo ha sido confundir las frases Reino de Dios y Reino de los cielos como queriendo decir que el reino de Dios es un reino EN los cielos. La mayoría supone que en el cielo hay un reino o una gloria a la cual estamos supuestamente llamados. En los funerales los pastores y sacerdotes predican diciendo que “nuestra amado hermano ha partido a la gloria celestial” haciendo así de la gloria un sinónimo del cielo mismo. De esta forma el evangelio del reino y el evangelio de la gloria de Cristo han sido transferidos a otro plano existencial o a la morada de la divinidad. La influencia de los heréticos gnósticos se deja aún sentir dentro de estas creencias supuestamente cristianas y ortodoxas. Para los gnósticos, secta seudo cristiana de los primeros siglos de la Era Cristiana, Cristo no era realmente humano, sino sólo una persona que tenía la apariencia de hombre carnal. Creyendo que la materia es mala, los gnósticos predicaban un “escape” al pleroma (un proto-cielo) a través del alma inmortal. Así, el cristianismo adoptó esta creencia mestiza Greco-Hebrea y la hizo suya hasta el día de hoy. El prístino evangelio Reino de Dios pasó al olvido casi totalmente en casi todas las iglesias cristianas del mundo.

 

El Odio de Satán contra el Pueblo Original de Dios

 

Sin duda el diablo quiso deshacerse de Cristo y de sus seguidores y acallar su mensaje del reino en la tierra. El odio de un reino davídico restaurado hizo que el diablo incitara las mentes perturbadas de ciertos hombres para perseguir al pueblo Hebreo, a los que primero fueron llamados para heredar las promesas del Reino. Hitler y su programa de genocidio contra los Judíos es una prueba de ello. Seis millones de Judíos fueron aniquilados, y aún hoy el odio mundial hacia ellos no ha disminuido en absoluto. El diablo planificó barrer a todos los judíos del planeta, pero Dios de alguna manera siempre ha mantenido un remanente fiel. El diablo sabe que la restauración de los judíos ha su tierra es el comienzo de la pronta restauración del reinado de la justicia de Cristo y consecuentemente, su propia destitución del domino mundial. Muchos sin darse cuenta le siguen el juego al diablo, odiando y oponiéndose a la restauración de los Judíos en la tierra de sus padres, tierra que Dios se la asignó a los hijos de Sara, esposa de Abraham, la mujer libre. El odio de los árabes hacia el plan de Dios se refleja en las continuas agresiones terroristas contra los judíos dentro y fuera del territorio de la promesa. Los árabes no entienden que ellos, al ser hijos de Abraham con su esclava Agar, tienen otro pacto y otras bendiciones que nada tienen que ver con la herencia o posesión de la tierra prometida.

 

Los hombres deben entender que la palabra de Dios es ley y nadie puede contravenirla o discutirla. Si Dios ha decidido darle a los Hebreos la tierra prometida, entonces así debe ser y así debe aceptarse para que haya verdadera paz entre los hombres. El conflicto tendrá que resolverse finalmente cuando Cristo venga para castigar a los enemigos de su raza, y de su pueblo, que se oponen a él y a los planes de Su Padre.

 

Los Apóstoles estaban ansiosos de ver el Reino Restaurado en sus días

 

Los seguidores de Jesús no le dieron al Reino de Dios una nueva interpretación o un significado puramente simbólico o espiritual. Al contrario, después de que ellos estuvieron con Jesús durante los 40 días de entrenamiento privado para saber más sobre aquel reino (Hechos 1:3), enseguida los discípulos procedieron a preguntarle a Jesús lo siguiente: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Aquí se hace más que evidente que los creyentes primitivos, los discípulos más próximos a Jesús, estaban anhelando la restauración del reino davídico en y a Israel. Ellos no estaban pensando en un reino espiritual en una esfera supramundana, o fuera de este mundo (el tercer cielo), tal como muchos “cristianos” hoy están pensando. Ellos no se habían apartado de la esperanza de Israel, o de la consolación que tendría Israel finalmente (Lucas 2:25). Pues bien, ante esta pregunta Jesús no muestra su sorpresa, ni intenta corregir una supuesta falsa esperanza, o falsa comprensión por parte de sus discípulos, tal como algunos teólogos han insinuado. ¡Jamás! Por el contrario, Jesús sólo les dice lo siguiente: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad. En buena cuenta, Jesús no los reprocha por un supuesto mal entendido por parte de sus discípulos sobre su reino. Lo que les dice es que a ellos no les corresponde saber los tiempos o las sazones que Dios puso en su sola potestad. Jesús estaba validando la pregunta, pero no les pudo dar el tiempo exacto para tal anhelada restauración del reino ancestral porque él mismo lo ignoraba.

 

La Parábola de las Diez minas

 

En la parábola de las Diez Minas Jesús enseña que el hombre noble (él mismo) primero tiene que ir al cielo para recibir la autoridad para reinar y luego volver para gobernar las naciones con ellos. Les dice que aquellos que han sido más fieles y productivos tendrán más autoridad sobre las naciones. Dice Jesús de este modo en esta parábola: “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. 12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15 Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16 Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18 Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20 Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25 Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26 Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí. Acá, en esta parábola, podemos descubrir que los discípulos pensaron que Jesucristo inauguraría ya su reino porque lo veían entrar en Jerusalén, la sede al antiguo reino Davídico. A continuación esperaríamos encontrar a Jesús corrigiéndolos por tal creencia si en efecto ellos estaban equivocados. Pero no,  ¡Jesús tampoco los corrige acá! Simplemente les dice que primero el hombre noble, el príncipe, tiene que ir al cielo para recibir la autoridad de Su Padre y luego volver para repartir la tierra entre sus seguidores leales e inaugurar su reinado milenario esperado. Pero aquellos de sus enemigos que no querían que él sea rey sobre ellos serán castigados duramente con sus vidas. Así que es muy serio rechazar el reinado de Cristo, ya que significará la muerte.

 

Doctrinas de demonios

 

El apóstol Pablo amonesta en contra de aquellos que vienen predicando evangelios diferentes que son verdaderas doctrinas de demonios, doctrinas diabólicas que intentan distraer la atención hacia el reino y gloria verdaderos de Cristo. En Gálatas 1:6-9 Pablo amonesta sin rodeos: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”.  Es un anatema (maldito) todo aquel que predica un evangelio diferente. La cosa realmente es muy seria, por tanto debemos llamar a las cosas por su nombre. El evangelio verdadero es el Reino de Dios, o también llamado “evangelio de la gloria de Cristo”. Aquel que no se ajusta al verdadero evangelio y enseña otra cosa muy diferente, está enseñando doctrinas de demonios y es un anatema. Dice Colosenses 2:8: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo (demonios), y no según Cristo”.  También en 1 Timoteo 4:1 Pablo dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”. 

 

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30 DIFERENCIAS SUSTANCIALES ENTRE EL REINO DE DIOS Y LA IGLESIA DE CRISTO

 

 

 

Por Ing.° Mario A Olcese (Sanguineti)

 

Muchas iglesias Cristianas confunden el Reino de Dios con la iglesia de Cristo sin percatarse de que existen diferencias sustanciales entre ambas entidades.

 

1.- El Reino de Dios es universal, en tanto que la Iglesia es local.

 

2.- El Reino de Dios es uno, singular, en tanto que la Iglesia puede ser pluralizada (ejm: las Iglesias de Dios, o Iglesias de Cristo, Romanos 16:16).

 

3.- En el Reino de Dios todos los miembros son salvos para siempre, en tanto que en la Iglesia de Cristo no todos los que son miembros serán salvos.

 

4.- En el Reino de Dios no se ejercerá la disciplina, en cambio en la iglesia de Cristo sí.

 

5.- El Reino de Dios es una teocracia (Isaías 32:1, Daniel 4:17), en cambio la iglesia de Cristo es una democracia (Hechos 6:5).

 

6.- Del Reino de Dios no se dice que tiene Maestros, Pastores, o diáconos, pero en la Iglesia de Cristo sí se dice que los hay (Efesios 4:4).

 

7.- En el Reino de Dios no hay ordenanzas, en cambio en la Iglesia de Cristo sí (el bautismo, la comunión, el matrimonio, oraciones etc).

 

8.- En el Reino de Dios la feligresía es permanente, en cambio en la Iglesia de Cristo no (Hechos 15:24, 1 Juan 2:19).

 

9.- La iglesia de Cristo predica el Reino de Dios (Mateo 24:14), pero el Reino de Dios nunca predica la iglesia.

 

10.-Al reino de Dios se ingresa con cuerpos inmortales (1 Corintios 15:50), en cambio a la Iglesia de Cristo se ingresa con cuerpos mortales.

 

11.-Al Reino de Dios ingresan los maduros espirituales (2 Pedro 1:5-11), en cambio a la iglesia ingresan los niños espirituales que serán perfeccionados por sus pastores y maestros (Efesios 4:4; 1 Pedro 2:2; Hebreos 5:13).

 

12.-Al Reino de Dios se ingresa después de haber soportado muchas tribulaciones (Hechos 14:22), en cambio a la Iglesia de Cristo se ingresa para empezar a sufrir muchas tribulaciones (Juan 16:33).

 

13.- El Reino de Dios es una institución que se heredará en el futuro (Santiago 2:5; Mateo 25:31,34), en cambio la Iglesia es una institución en la que ya pertenece el Creyente.

 

14.- El Reino de Dios es algo que se requiere pedir que venga (Mateo 6:10), en cambio la Iglesia  de Cristo ya está acá (Hechos 2:47;1 Corintios 1:2).

 

15.- El Reino de Dios existía en los tiempos de David (1 Crónicas 28:5), en cambio la iglesia de Cristo comenzó con Cristo (Mat.16:16-18)

 

16.- El Reino de Dios es de Israel (Hechos 1:3,6), en cambio la Iglesia lo componen los de la fe (Judíos y gentiles por igual).

 

17.- El Reino de Dios se restaurará (Hechos 1:6), en cambio la Iglesia de Cristo se edifica (Mateo 16:16-18).

 

18.- El Padre le da a la iglesia de Cristo el Reino de Dios  (Lucas 12:32), pero nunca se dice que el Padre le da al Reino de Dios la Iglesia de Cristo.

 

19.- A la Iglesia de Cristo entran los pecadores e indignos (Mateo 9:13), en cambio al Reino de Dios entran sólo los santos y dignos (2 Tesalonicenses 1:5,11; Apocalipsis 3:4).

 

20.- A La Iglesia de Cristo pueden verla los pecadores impenitentes, en cambio el Reino de Dios sólo será visto por los renacidos (Juan 3:3,5).

 

21.- Muchos ricos pueden entrar a la Iglesia de Cristo, pero al Reino de Dios difícilmente entrará un rico (Mateo 19:23).

 

22.-  El Reino de Dios no viene con advertencia (Lucas 17:20), pero la Iglesia de Cristo sí vino con advertencia, cuando ésta se funda en Pentecostés con el anuncio de la venida del Espíritu Santo a los pocos días de ser proclamada (Hechos 1:5,8).

 

23.- El Reino de Dios le fue concedido a Cristo en el cielo (Lucas 19:11,12), pero la Iglesia de Cristo le fue otorgada a Cristo en la tierra.

 

24.- Del Reino de Dios se dice que es eterno (2 Pedro 1:11), en cambio de la iglesia de Cristo no se dice que lo es.

 

25.- El Reino de Dios tiene tronos (Salmo 122:5), en cambio la Iglesia de Cristo, no.

 

26.- Al Reino de Dios se le llama ‘el Evangelio’ (Mateo 24:14), pero a la Iglesia de Cristo nunca se la denomina ‘el evangelio’.

 

27.- Al Reino de Dios hay que buscarlo o anhelarlo primero (Mateo 6:33), en cambio la Iglesia de Dios está en todas partes del planeta, y nunca se nos manda a buscarla o anhelarla.

 

28.- El Reino de Dios estaba integrado por muchos Judíos incrédulos (Mateo 21:43), en cambio la Iglesia de Cristo nunca estuvo integrado por Judíos incrédulos sino por aquellos Judíos (y gentiles) que creyeron en Jesús, se arrepintieron de sus pecados, y se bautizaron por inmersión (Hechos 2:36-47).

 

29.- El Reino de Dios se presentará y se heredará en la Segunda venida de Cristo (Mateo 25:31,34), en cambio la iglesia ya se está presente desde la Primera venida de Cristo (Hechos 2:47, 1 Corintios 1:2).

 

30.- El Reino de Cristo no consiste en comida y bebida (Romanos 14:17), pero la iglesia sí consiste en comida y bebida (la comunión, Juan 6:55).

 

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EL PROBLEMA CON EL POST MILENARISMO

 

Esta enseñanza consiste en que el mundo se pondrá mejor y mejor, conduciendo a un estado mundial de justicia, antes de la venida de Cristo. Alguno familiarizado con el diario puede ver seguramente que no nos dirigimos hacia la justicia mundial. Hemos observado todos la deshonestidad en nuestros funcionarios del gobierno, el aumento de violaciones, asesinatos, homosexualidad, y otras maldades. Puede haber un aumento “de interés” para los asuntos religiosos, pero la justicia verdadera es definitivamente impopular en nuestro mundo hoy. La Biblia también declara que habrá maldad en los últimos días. En 2 Pedro 3:3-4 Pedro dice – “Conociendo esto primero, que en los últimos días vendrán a mofadores, andando tras su propia lujuria, y diciendo, dónde está la promesa de Su venida? ya que desde que los padres durmieron, todas las cosas siguen como eran desde el principio de la creación”. Entonces Pablo nos da una descripción “de los tiempos peligrosos” que seguramente encaja en nuestro día. 2 Tim 3:1-5 – “Sabe también esto, que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Ya que los hombres serán amadores de sí mismos, codiciosos, jactanciosos, orgullosos, blasfemadores, desobedientes a los padres, no agradecidos, profanos, sin afecto natural, protervos, falsos acusadores, incontinentes, feroces, aborrecedores de aquellos que son buenos, traidores, embriagadores, altruistas, más amantes de los placeres que amadores de Dios; teniendo una forma de Piedad, pero negando el poder de ella; de tal aléjate”.

 

Además, Jesús dijo: “Cuando el Hijo del hombre venga hallará fe en la tierra”? (Lucas 18:8). Pues todo parece indicar que no.  Entonces vemos que el post milenarismo es sólo una teoría de hombres y definitivamente no una doctrina de la Biblia.

 

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