En Búsqueda de la verdad

Por Wolfgang Streich

En búsqueda de la Verdad

Mi Testimonio sobre mis creencias actuales y las creencias Adventistas del 7º día.

Por Wolfgang Streich

I – Mi Experiencia

Mi nombre es Wolfgang Streich. Nací en una familia Adventista del 7º día (IASD) bastante de la línea tradicional yo diría, aunque mis padres eran personas con mente muy abierta. Fui bautizado el año 1979 a la edad de 9 años. Nunca había pensado que nuestra iglesia podría no ser fiel a los principales postulados bíblicos del mensaje de Salvación.

Hasta que estudiando en el Seminario Teológico de la Universidad Adventista del Plata, en Argentina empezaron a ocurrir algunas cosas un poco raras para mi manera de pensar. Era el año 1990 cuando llegaron a mis manos diversas publicaciones, una de un movimiento Argentino separatista llamado “El tercer ángel”, Traía temas bastante controvertidos sobre la Justificación por la fe. No comprendí mucho de los propósitos de aquella revista.

Otra publicación separatista que empezó a llegar a mis manos era “Nuestro Firme Fundamento” de Hope Internacional, la línea más conservadora de los que se autodenominaban “Adventístas Históricos”.

También se empezaron a escuchar sobre la separación del ministerio de los pastores Desmond Ford por estar en contra de la doctrina de 1844 y Walter Rea por acusar de plagio a Elena de White.

El momento era propicio para la formación de distintas líneas de pensamiento dentro del Seminario. Precisamente en esa época, dos compañeros empezaron a lograr un fuerte liderazgo promoviendo ideas, citas y debates entre los compañeros. Ellos eran Andrés Sicca y Sergio Caseiro. Andrés había estudiado teología en EE.UU., y había sido formado por el grupo de “Adventistas Históricos”. Sergio era un nuevo adventista, recién convertido, pero venía con un “cierto aire de santidad”. Parecía un poco raro. Ellos seguían una vida de cumplimiento estricto a sus convicciones. Lo más notorio era su alimentación. No comían carne, queso ni huevos, cumpliendo hasta un extremo irrisible las normas de estilo de vida enseñadas por Elena de White en el siglo XIX.

Sergio pasó por algo que a nosotros nos pareció un poco gracioso, el romper su noviazgo, por fuertes convicciones de que el beso era pecado durante el noviazgo.

El año 1991 para mi fue un año de mucha confusión en el campo de las ideas. Había pasado mucho tiempo leyendo “Nuestro Firme Fundamento”, y casi había llegado a la conclusión de que una de las verdades fundamentales del Adventismo era que existía la posibilidad “por la gracia de Dios” de vivir una vida sin pecado, antes de la venida de Cristo. Aunque yo intelectualmente aceptaba estaba posibilidad, en la práctica me parecía esto imposible.

Todo esto fue creando un gran conflicto en mi mente Había cosas que no podía entender.

Para el año 1992, algunos cosas que ocurrieron aclararon mis ideas. En primer lugar Andrés y Sergio ya no estaban. Andrés había dejado la iglesia. Decían que se había vuelto alcohólico, que fumaba, y tenía varias mujeres. Creo que era verdad. A Sergio lo volvimos a ver luego de un tiempo. También había dejado la iglesia, y había intentado suicidarse en la ciudad de Mendoza. Milagrosamente fue salvado por la ayuda de una persona que habló con el.

Otro suceso que yo creo fue fundamental; fue el encontrar entre los casetes de sermones de la universidad un tema sobre Cristología que trajo paz a mi alma, y la seguridad de la Salvación. Rechacé y repudié totalmente las ideas perfeccionistas que durante más de un año habían confundido mis pensamientos y acciones. Tanto mis ideas como mi experiencia personal con el Señor tuvieron un cambio de 180º, diría yo. Tal vez, ese año podría decir yo fue el de mi nuevo nacimiento.

Terminé teología el año 1993, con mucho gozo y paz, especialmente luego de tomar la materia Romanos, con el pastor David Gullón. Era algo que ni yo podía explicar lo que estaba ocurriendo en mi vida.

Al salir al campo de trabajo, comencé mi ministerio para el programa Misión Global en la Misión Argentina del Sur, en una ciudad que se llama Tres Arroyos. Luego pasé por un tiempo en Mariano Roque Alonso, luego por Santa Rita, y finalmente en San Ignacio (Estas ciudades del Paraguay).

Mi sueño de ver a una iglesia que predicara más de Jesús, y de la justificación por la fe parecía estar haciéndose realidad. Trabaje ese tiempo en varios “Revives” tanto con el Pastor Homero Salazar, evangelista de la Misión Paraguaya, como con Alejandro Bullón, evangelista de la División Sudamericana.

Aunque en las iglesias locales encontraba mucho legalismo, y un firme apego al Adventismo Histórico, me parecía que a nivel mundial, y a nivel de la Misión Paraguaya las cosas estaban cambiando. “Eso” era lo que yo creía.

Para 1998 mis sueños empezaron a resquebrajarse en mil pedazos. Luego de una serie de desacuerdos con el presidente de la Misión, el Pastor Tomás Recalde en esa época, fui despedido por desobedecer el orden jerárquico, (o más bien “las ordenes jerárquicas”).

A partir de allí comenzó mi replanteamiento buscando que era realmente lo que ocurría en la iglesia Adventista. ¿Eran errores de líderes humanos?, lo que sería comprensible, pues yo también soy un ser humano lleno de errores, o ¿eran problemas doctrinales teológicos?

El tiempo me dio las respuestas. Para Julio del año 2000 pedí mi renuncia a la Iglesia Adventista del 7º día. Actualmente soy miembro de la Iglesia Evangélica Raíces, de la denominación Hermanos Menonitas. Es una larga historia, pero para tratar de ser breve les voy a relatar por qué creo que la Iglesia Adventista del 7º día No es evangélica, No es bíblica, y No es Cristocéntrica.

II – Aspectos Doctrinales

Una de las grande preguntas que yo tenía era por que la IASD no tenía buenas relaciones con las demás iglesias evangélicas. Uno de los grandes problemas que tuve en mi ministerio pastoral fue cuando empecé a salir con una señorita, hija de un pastor de una iglesia evangélica. Además tenía un gran grupo de amigos pastores evangélicos. Solía asistir frecuentemente a campamentos y retiros espirituales de la comunidad evangélica tanto de la APEP (Asociación de pastores evangélicos) como de LIPPEN (Liga Paraguaya pro evangelización del niño).

Después de mi despido las preguntas iban y venían a mi mente. Gracias a Dios por Radio OBEDIRA, por Alfalit y por tantos amigos que me ayudaron en aquella época. Pero las respuestas no vinieron de ellos. Las respuestas vinieron sorpresivamente para mí, de grupos de personas que habían dejado la IASD y tenían páginas en Internet, contando sus razones por las cuales dejaron la iglesia. Algunos, claro abandonaron por rencillas y por conflictos, lo cual era comprensible para mí. Pero mucho me sorprendí de algunos que dejaron buscando simplemente la verdad Bíblica, El Verdadero Firme Fundamento de la Fe.

Tratando de sistematizar voy a empezar a numerar algunas cosas que fui descubriendo:

1- Aunque la teología sistemática de la IASD tiene tal vez un 80% de doctrinas bíblicas, evangélicas, (ellos tienen 28 doctrinas fundamentales), hay varias que no tienen ningún fundamento bíblico, y son de invento netamente humano. Aunque uno no lo crea, un poco de levadura leuda toda la masa, y un poco de teología humana, también leuda toda la masa.

2- Hay 2 doctrinas muy peculiares, que son las que van leudando las otras doctrinas, para hacer de la IASD una verdadera secta, apartada totalmente de los postulados de Solo Cristo, Sola Fe, Sola Scriptura.

Esas dos doctrinas son:

a) La doctrina del Santuario Celestial, en que la IASD aseguran en base a un “estudio” de Daniel 8 y 9, y una serie de otros textos fuera de contexto, que Cristo pasó el 22 de Octubre de 1844, en el Santuario del Cielo, del Lugar Santo al Lugar Santísimo. Allí, supuestamente, Cristo ingresó para realizar un “Juicio investigador”, en el cual deben ser borrados los pecados confesados, y finalmente los que tienen los libros limpios son los que van a ser salvos. Según ellos, el “Juicio Investigador” va a concluir algunas semanas antes de que Cristo venga a la tierra por Segunda vez.

b) La doctrina de la inspiración profética de Elena de White: La IASD asegura en su teología sistemática, en una de sus creencias fundamentales, que el don profético para el tiempo del fin, fue dado a “la iglesia Remanente” por medio de Elena de White (una de las fundadoras del movimiento Adventista 1843 a 1915). Aunque podría asegurarse un buen papel en la formación y liderazgo de la iglesia (así como Wesley, Lutero, Calvino, Meno Simons y otros fueron líderes de sus denominaciones) la iglesia Adventista va mucho más allá dando a los escritos de Elena de White un valor canónico, cumpliendo el rol de intérprete de la Biblia, y fundamento para toda creencia y práctica de los miembros de la iglesia. Aseguran con algunos textos (totalmente agarrados de los pelos) que ella es el “espíritu de la profecía” prometida para los tiempos de tinieblas espirituales (“una luz menor para guiar a la luz mayor”).

Estas dos doctrinas hacen que todo lo demás esté leudado de un espíritu exclusivita, sectario, y legalista, lo que hace finalmente que las demás 26 doctrinas, que tienen base bíblica, estén saturadas de interpretaciones peculiares, en el marco de una escatología aberrante y disparatada, que guía ciegamente a la gran mayoría por caminos sinuosos y erráticos. Solo pocos se dan cuenta de cuanta influencia tienen estas doctrinas, y de las consecuencias prácticas e implicancias que tienen en el tema de la Salvación.

3- Como influyen estas doctrinas en todo lo demás:

a) Influye en la Doctrina de la Salvación: Aunque los adventistas aseguran creer en la salvación por fe, ellos en la práctica creen en la salvación por ser parte del “Remanente”, que tiene el “espíritu de profecía”, lo cual le da una guía segura para que sus nombres se mantengan puros y perfectos en los libros del Santuario Celestial. Fuera de que esto en resumen es puramente salvación por las obras, las doctrinas adventistas dan a sus miembros un falso sentido de seguridad, basados en su afiliación y la guía segura de su profetisa.

b) Principalmente influye en la escatología. Todo en la IASD gira en torno a la Escatología. Daniel y Apocalipsis, y los diagramas del “tiempo del fin” son pan de cada día, como diríamos. Por una parte la singular doctrina del Remanente, también sacada de textos fuera de contexto. Los “peculiares”, el “arca de Noe” del tiempo del fin, el “redil de la salvación”, o como quieran ellos llamarle.

c) La doctrina distintiva del Sábado: Aunque no creo que guardar el sábado sea no evangélico, creo que la peculiaridad de los adventistas de atribuirle al descanso sabático el rol de “sello de Dios” en contraste con “la marca de la bestia” a la que ellos denominan al domingo, hace que realmente la secta a la que pertenecí por mucho tiempo, tenga realmente una espantosa soteriología, basada en la “salvación por el sábado”, Aunque muchas veces ellos niegan esto, en la práctica, en la enseñanza de la IASD, y en sus libros de escuela sabática, aún de los niños, hay abundante evidencia de una salvación por las obras. Para fundamentar esto utilizan las dos doctrinas distintivas: En el Santuario Celestial, en el lugar santísimo, como elemento principal, no está la sangre de Jesús, sino la tabla de los 10 mandamientos con “una luz especial iluminando el cuarto mandamiento”.

En la práctica esto se lleva a verdaderas locuras de fanatismo, como que el Sábado (desde la puesta del sol del viernes) no hay que ir a la facultad, no hay que trabajar, no hay que comprar ni vender nada, no hay que jugar, no hay que bañarse en la piscina, no hay que cocinar, etc, etc. hasta lo verdaderamente problemático, es que ellos vean a todos los que no cumplen estos parámetros como pecadores, que están siendo juzgados como no dignos de entrar al reino celestial, en estos mismos momentos en el Santuario Celestial. Si ud, no lo cree, agarre y lea algunos de los libros de Elena de White, como El gran Conflicto, o alguno no tan conocido donde ella realmente es específica, como en Mensajes Selectos, o sus Testimonios para la iglesia. Más fácil aún, acérquese a un niño miembro de una familia Adventista a preguntarle que es lo que pasa si juegan a la pelota en sábado.

d) Para resumir, creo que las dos doctrinas distintivas afectan todo el Estilo de Vida del miembro Adventista del 7º día: desde la alimentación, la educación de los hijos, la predicación a los “que no tienen la verdad”, la música (desde luego solo la música autorizada por E. White es la correcta para escuchar), la recreación, la vestimenta (nada de joyas, ni de ropas seductoras), y la mayordomía. Tal vez donde más he notado que hace efecto la doctrina del Santuario y la del don de profecía es en la mayordomía. Es asombroso ver como los adventistas ponen sus diezmos fielmente en un sobre con nombre, para que vaya a la Central, a gente que ellos ni conocen casi, para que tengan lujosas casas y lujosos autos, y lujosas vacaciones en hoteles 5 estrellas. Todo sea por la fidelidad al Remanente, y por que sus nombres permanezcan limpios en los libros que están en el Santuario Celestial.

Y ere erea (en guaraní, demás yerbas), todo está estipulado, toda conducta, todo pensamiento, todo está regido por un código de ética Whitesista, reformulado y acrecentado por los interpretes y exegetas de los escritos de Elena de White.

Por esto, firmemente creo yo que la Iglesia Adventista No es Evangélica. Se ha apartado fundamentalmente de los Principios de Solo Cristo, solamente la Salvación por la Fe en Jesús, a través de la Gracia de Dios, y Solamente la Biblia, como norma de Fe y Conducta. La iglesia Adventista del 7º día no es heredera en lo más mínimo de la Reforma Protestante. Es más, yo diría que es heredera de la Deforma Atrofiante.

III – Aspectos Importantes a tener en cuenta

Aunque catalogo rotundamente a la I Adventista SD como Sectaria y No evangélica, creo también definitivamente, que dentro de la iglesia existen personas individuales, que son evangélicos, bíblicos, incluso pastores, que están sufriendo y algunos de ellos orando y procurando un cambio en el rumbo caótico de esta denominación. Muchos no saben que hacer, y están con mucho miedo a abandonar el barco, ya sea por cuestiones de fe, temor a las iglesias dominicales, y principalmente a perder a sus familias y amigos.

Para fundamentar esto puedo poner como ejemplo mi propia vida, la de pastores como Desmond Ford, Haroldo Camacho, Villy Vicente, Dirk Anderson, Pedro de Jesús Colón, y de miles de miembros que dejaron la iglesia Adventista y hoy en día son creyentes Evangélicos, convertidos y salvados por la gracia de Dios en base a las grandiosas y maravillosas promesas de Su Palabra, única y segura representante de la Voluntad de Dios.

También tengo el testimonio de algunos amigos míos que continúan en la Iglesia adventista, que por ética, no daré sus nombres, ya que creo que la decisión que ellos tienen que dar la tienen que tomar a su tiempo.

Más de esto pueden leer en:

http://forocristiano.iglesia.net/showthread.php?t=14359

http://www.exadventista.com/

http://espanol.lifeassuranceministries.org/

IV – Aspectos de la Historia reciente de la Iglesia Adventista del 7º día y sus doctrinas distintivas.

Aunque sería sumamente largo exponer toda la historia reciente sobre los conflictos internos de la IASD voy a tratar de narrarlos de manera amena y breve para que todos podamos entender.

Un punto histórico en la Iglesia Adventista del 7º día se da con sus primeras relaciones con las iglesias Protestantes en los Estados Unidos de Norteamérica, en la década de 1950. El total de las denominaciones Protestantes estaban seguras que la IASD no era evangélica, hasta que un estudioso de las Creencias de las denominaciones (Apologética), el Dr. Walter Martin, reconocido teólogo Protestante tuvo el deseo de realizar una evaluación de la Iglesia Adventista, en base a diálogos con los dirigentes, y estudios de los libros y documentos representativos de la denominación.

Aunque con cierta cautela, algunos entusiastas teólogos Adventistas aceptaron el desafío, no plenamente concientes de lo que ocurriría en ese proceso. El doctor Martin, además de un estudioso cristiano, era realmente un cristiano evangélico comprometido con el Señor, y con muy sinceras intenciones de buscar la verdad en este proceso.

Luego de numerosos encuentros, los representantes de la comisión de dialogo de la IASD, editaron un libro que se llamó: Los Adventistas responden a preguntas sobre doctrinas (Seventh Day Adventist Answers Questions on Doctrine).

En este libro el Dr. Martin formula preguntas, y los teólogos Adventistas responden. Fuera de que este libro no entra en detalles sobre el estilo de vida de los Adventistas, y de las prácticas de enseñanzas en los seminarios de Apocalipsis, se seleccionan las doctrinas Adventistas y se formulan declaraciones, con un lenguaje muy cordial y ameno, presentando textos bíblicos y declaraciones de Elena de White y de la Conferencia General, de una manera muy interesante y novedosa. Todas concuerdan con los postulados básicos de la Reforma Protestante (y si no encajaban las hacían encajar de alguna ingeniosa manera).

No voy a cuestionar las intenciones de los autores del libro, y creo que ellos tenían muy buenas intenciones, de encaminar en un futuro al Adventismo hacia una línea más evangélica. Salió un libro maravilloso. Aunque su publicación trajo tremendas discusiones con los “ADVENTISTAS HISTÓRICOS” (los que se aferran firmemente a la teología Whitesista) un interesante proceso se inició.

A partir de allí numerosos autores empezaron a hablar y predicar de la Justicia por la Fe, y algunos incluso se predispusieron a practicar el principio de Sola Scriptura, iniciándose un aparente proceso de corrección doctrinal en la denominación.

De paso, veo muy saludable los procesos de corrección en toda iglesia, y más aún a nivel personal. No podemos estar creyendo lo mismo siempre. Admiro el proceso y lo catalogo de ejemplar al ocurrido en la iglesia de Dios Universal. La Iglesia de Dios Universal fue un culto de los más extremistas en su tiempo. Su fundador fue el norteamericano Herbert W. Armstrong que junto con sus hijos (Richard David y Garner Ted) y sus más allegados aliados (los Evangelistas y ministros ungidos) crearon un emporio que tenía el único objetivo de lavar las mentes de sus fieles, y sus “bolsillos” también. Ahora, esta iglesia ha sufrido muchos cambios doctrinales y ya es una más del cristianismo protestante de corriente principal.

http://www.wcg.org/Espanol/

Continuando con la historia, vamos a ver lo que ocurrió en la Iglesia Adventista luego del lanzamiento del libro Seventh Day Adventist Answers Questions on Doctrine.

En primer lugar fue un impacto muy grande en el mundo Cristiano Evangélico. El Dr. Martin aseguró que los Adventistas eran Cristianos evangélicos realmente “tal vez un poco inmaduros en su teología y que se aferraban a conceptos y enseñanzas absurdas”, pero bueno, los aceptó como parte de los Evangélicos ya que sus doctrinas concordaban con los postulados de la Reforma Protestante.

Recién habían comenzado los problemas para los escritores del libro. Uno de los postulados básicos del Adventismo Histórico es que: “Es posible para el cristiano alcanzar un estado de vida sin pecado antes de la venida de Cristo”. Es más, es para los Adventistas históricos una de sus principales enseñanzas, ya que para esto existe el “Juicio Investigador”, para ver quienes realmente pueden vivir sin pecar.

Este postulado no apareció en el libro de Respuestas al Dr. Martin. Es más, se negó que la iglesia cree y predica esta enseñanza.

Por un lado comenzaron feroces reacciones de los Adventistas Históricos, para sacar del control de la iglesia a los autores del libro, y sacar de circulación el libro.

Para inicios de 1970 el objetivo fue logrado, y pronto en la Asociación General estaban acaparando los lugares varios exponentes del Adventismo Histórico. Esto trajo una tremenda turbulencia tanto administrativa como doctrinal dentro de la denominación. Los teólogos de la postura evangélica fueron literalmente perseguidos. Para esta década empiezan a salir multitudes de teólogos de la denominación, encabezados por el Dr. Desmont Ford, (uno de los principales teólogos Australianos) quien el 27 de octubre de 1979, proclamó públicamente que hacía más de treinta años que no había creído la doctrina adventista del santuario. De igual manera puso en duda el concepto de Elena de White como profetisa inspirada por Dios.

Ese día fue decisivo para muchos. No pocos aplaudieron exultantes las declaraciones del Dr. Ford.

Luego de esto el Dr. Ford fue llamado a un tribunal de sentencia, en Glaciar View (Estados Unidos) (abril de 1980) donde el Dr. Ford fue despojado de sus credenciales ministeriales. Luego comenzó una caza de cabezas, casi al estilo de la Inquisición tras los seguidores del Dr. Ford, o más bien los seguidores de la línea Adventista Evangélica.

Seguidamente presentamos algunos de los postulados del Dr. Desmond Ford:

“Lo que el sumo sacerdote hacía una vez al año al entrar en el Lugar Santísimo, Cristo lo hizo con su muerte y ascensión. La purificación del santuario celestial fue también su dedicación, y por lo tanto apuntó a un evento ocurrido al comienzo de la era cristiana principalmente, no a su final. La purificación del santuario y la entrada de Cristo en aquel lugar ya habían ocurrido en el tiempo cuando se escribió el libro de Hebreos”,

El hecho de que 1844 se fundamente en varias suposiciones imposibles de demostrar no invalida que Dios haya hecho surgir un pueblo especial” (refiriéndose a la Iglesia Adventista).

“El cuerno pequeño, no los creyentes, es el objeto de la investigación en el juicio del libro de Daniel. Los santos jamás son el centro de la investigación divina”.

“Los temores respecto de la posición personal ante el juicio investigador han despojado a muchos miembros de la iglesia del valor del testimonio gozoso. Cuando se presenta el juicio en la forma tradicional, el resultado es el legalismo y la falta de confianza, porque generalmente se olvida la primacía de la gracia y de la justicia imputada”

“Dios no necesita 140 años para decidir el destino de los hombres y las mujeres”

“Hebreos afirma claramente que en cumplimiento del simbolismo del Día de la Expiación, Cristo, por medio de la cruz – resurrección – ascensión, entró al ministerio prefigurado por el segundo compartimiento del santuario, el lugar santísimo. Hebreos 9 enseña que el Día de la Expiación fue cumplido por Cristo en el 31 DC”. Aquí Desmond Ford también cita a Elena de White que dice en Palabras de Vida del Gran Maestro 318: “Cristo vino para demoler todo muro de separación, para abrir todo departamento del templo, para que cada alma pudiese tener libre acceso a Dios”.

En todo momento el Dr. Ford enfatizó que en Hebreos 9:9 y 10 el termino griego “Ta Hagia”, se refiere literalmente al Lugar Santísimo.

Con respecto al aspecto de la doctrina distintiva de la inspiración de Elena de White, el Dr. Ford señaló: “En toda disciplina nuestros eruditos se sienten paralizados por temor de que la expresión de sus conclusiones eruditas parezca contradecir a Elena G. de White. Esta es una posición deplorable, y la iglesia progresará muy poco hasta que se remedie esta situación. Nuestro mayor error ha sido hacer que los escritos de Elena G. de White tengan poder de veto sobre las Escrituras.”

Tenemos que señalar que aunque el Dr. Ford y su señora dejaron el ministerio no abandonaron la feligresía de la denominación. Ellos son muy queridos y apreciados por muchos miembros de la iglesia con quienes tienen una relación de amistad y hermandad. El Dr. Ford tiene actualmente un ministerio llamado Good News Unlimited. (Buenas Nuevas ilimitadas) en Napa, California. Más de 120 pastores y profesores Adventistas dejaron el ministerio siguiendo los postulados del Dr. Ford.

http://www.goodnewsunlimited.org/

Otros pastores son expulsados:

Otro pastor destacado por su expulsión del ministerio y de la iglesia fue Walter Rea quien acusó con abundante documentación comprobada a Elena de White de plagiar a autores de su época.

Más información sobre esto se puede ver en:

http://www.ellenwhite.org/espanol/

http://www.geocities.com/alfil2_1999/

http://www.monografias.com/trabajos14/adventistas/adventistas.shtml

Continuemos con la Historia

El Dr. Walter Martín dijo a principios de 1980 lo siguiente:

“Debo, por la presente, permanecer tras mi evaluación original sobre los Adventistas del Séptimo Día, tal como presenté en mi primer libro sobre ese tema, y más tarde en la primera edición de este volumen. Sólo los eventos que todavía no se han desarrollado, pero que son conocidos por el Señor, determinarán si mi evaluación necesitará ser revisada en el futuro. Es mi oración que las corrientes desviadas dentro del adventismo contemporáneo no prevalezcan, y que el adventismo continúe siendo cristiano y evangélico, aunque singular como una denominación cristiana”.

El Dr. Martin tenía todavía esperanzas.

En su libro, el Dr. Martin señaló lo siguiente: “Durante los últimos diez años la iglesia Adventista del Séptimo Día ha visto más turbulencia, tanto administrativa como doctrinal, que en cualquier otro tiempo en la historia de la organización. Administrativamente hablando, ha habido un número de líderes y pastores que han sido apartados de sus puestos a causa de sus supuestas o probadas actividades financieras irregulares, incluyendo la apropiación de fondos. A nivel del gobierno de los Estados Unidos, la IRS, SEC, FBI y el Departamento de Justicia, todos han iniciado investigaciones, y algunos administradores de la Asociación de los Adventistas del Séptimo Día podrían incluso enfrentar juicios de fraude. Doctrinalmente hablando, la iglesia ha desarrollado una gran división entre aquellos miembros y líderes que están sólidamente dentro del campo evangélico cristiano, y aquellos miembros y líderes que a causa de su énfasis en la justicia por las obras, legalismo y la posición profética otorgada a la fundadora Elena G. de White, muy bien pueden con el tiempo mover a la denominación fuera del campo cristiano evangélico y llevarla quizá a ser verdaderamente una secta”.

Luego que ocurrió la crisis en la IASD con el Dr. Ford, el Dr. Walter Martin, quien había sido el primero en promover al adventismo entre los evangélicos tuvo que dar una frenada y reexaminar sus posturas.

¿Creían realmente los adventistas en la Salvación únicamente por la Fe, a través de Jesucristo y la Gracia de Dios, o no? ¿Y creían realmente en el principio Sola Scriptura, o no?

Varias cuestiones llevaron a confirmar al Dr. Martin que el Adventismo había tenido un retroceso con respecto a Seventh Day Adventist Answers Questions on Doctrine. ¿Hacía donde iría la IASD? Solo Dios lo sabría.

El caso de John Ankerberg Show

Pocos meses después, el Dr. Martin fue invitado a un programa de televisión evangélico muy popular, “John Ankerberg Show”, juntamente con el pastor Adventista Dr. William Johnson, director de la Revista Adventista (Reviw and Herald)

Hablando ante las cámaras sobre el tema de la expiación, el Dr. Martín aseguró que los adventistas habían dejado de creer en la expiación incompleta en la cruz del calvario. El aseguró que incluso esto se encontraba en los libros de Elena de White, señalando un párrafo que dice: “Cristo plantó la cruz entre el cielo y la tierra, y cuando el Padre contempló el sacrificio de su Hijo, se inclinó ante éste en reconocimiento a su perfección. ‘Es suficiente’ – dijo Dios. ‘La expiación está completada’ “. (Reviw and Herald, 24 de setiembre de 1901)

El Dr. Martin aseguró que aunque reconocía que algunos adventistas habían rechazado el libro Seventh Day Adventist Answers Questions on Doctrine, esto no había sido hecho por los directivos de la iglesia.

Luego el programa se dirigió hacia el papel que Elena G. de White desempeñaba en la iglesia. ¿Se la consideraba como a una intérprete infalible de las Escrituras? ¿Estaban los adventistas en libertad para descartar cualquier porción de sus consejos que eligieran?

Luego de tomar algunos ejemplos en donde Elena de White cambió su posición original sobre algún aspecto, el presentador del programa volvió a preguntar sobre la infalibilidad de Elena de White. El Dr. Jonson reaccionó así: “Le daré mi respuesta: No es una intérprete infalible de las Escrituras”

La atención se dirigía ocasionalmente durante el programa a la doctrina del santuario. El Dr. Martin, expresó sus puntos de vista sobre los errores del adventismo en la interpretación de Hebreos 9. Entonces el Dr. Matin aseguró que bueno, los adventistas ahora creían que ese “juicio investigador” en realidad no tenía nada que ver con la salvación del creyente, sino más bien con las “recompensas”. Dijo: “Puede tener algo que ver con cuántas estrellas llevará en su corona, o con cuantas habitaciones tendrá en su mansión, pero de todas maneras va a llegar al cielo”.

A lo que el Dr. Johnson respondió: “Bueno, yo no creo en absoluto que el juicio sea para nuestra salvación”.

No conocemos el lío que debe haberse armado en ese momento entre los pastores de la Asociación General, si es que estaban viendo el programa.

Para volver más interesante y emocionante el programa de TV, un personaje de la tribuna de oyentes que estaban en el canal se para y dice lo siguiente:

“Yo soy pastor Adventista. Me pregunto si el Dr. Johnson podría decirnos: ¿Qué aplicación cristiana tiene para nosotros el mensaje de 1844? Nos trae vergüenza y malentendidos con el mundo cristiano y con los cristianos evangélicos. ¿Por qué no abandonamos el asunto? ¿Qué valor tiene? Como pastor nunca he podido encontrarle a esa doctrina valor cristiano alguno”.

No hubo una respuesta clara a esta pregunta. Rápidamente el conductor desvió el tema, dado que presintió que Johnson estaba por tener un paro cardíaco.

Al cerrar el programa el Sr. Ankerberg le preguntó al Dr. Martin si el Adventismo estaba por convertirse en una secta. La respuesta fue la siguiente:

“Todavía no, pero se está acercando a ese punto”

¿Hay dos tipos de Adventismo?

La gran pregunta es: ¿Hay dos tipos de Adventismo dentro de la Iglesia Adventista del 7º día?

Tal ves sí, tal vez no. Desmond Ford fue destituido, y tras el nadie se anima a hablar sobre el tema. Los que más se acercan a una postura Evangélica, simplemente no hablan de los conflictos que tienen ellos con las doctrinas adventistas históricas, y menos aún cuando tienen que tomar el voto bautismal a un nuevo miembro. Algunos pastores han optado por formular un resumen del voto bautismal, pero cuidan mucho que los de la Asociación no se enteren.

Aparentemente hay un gran número de miembros adventistas de tendencia evangélica, pero ciertamente no lo expresan luego de Glaciar View.

Lo que sí me atrevo a decir categóricamente es que el Adventismo Histórico, el que gobierna la Asociación General, y todas sus secretarías, las distintas Divisiones, Asociaciones y Misiones, representan a una secta no cristiana, con una doctrina extraviada, confusa, y que compromete la verdad bíblica. Sus puntos de vista sobre el Santuario y 1844, no tienen ningún fundamento bíblico. También aceptan sin reparo la autoridad suprema de Elena de White para la interpretación de cualquier pasaje bíblico o doctrina de la iglesia.

Podrán aparentar ante los evangélicos ser bíblicos. Podrán aparentar ante sus propios miembros de iglesia. Pero al final y al cabo, las apariencias engañan.

Tal vez haya en la IASD personas sinceras, que están en un proceso, pero es simplemente un proceso. Tarde o temprano tendrán que pasar a la luz, si están en busqueda de la luz. Si los hay, yo creo que no podrán continuar por mucho tiempo siendo leales a su conciencia y a la Palabra de Dios, perteneciendo a una secta no bíblica. El Espíritu Santo del Dios de la Biblia señala categóricamente que Él guía a la Verdad, y a toda la Verdad. Y si Él es el que guía, no creo que ninguna persona sincera pueda resistirse. Lo he visto en la vida de Lutero, lo he experimentado en mi vida, y creo que esto es una realidad en todo ser humano que es conducido por la voluntad de Dios.

El deseo del Dr. Martin fue siempre ver a una iglesia Adventista Evangélica. En 1989 expresó lo siguiente: “La mayor alegría de mi vida en el adventismo, y en mis diálogos con ellos, es haber estado en la ciudad de Jerusalén con Roy A. Anderson, en el año 1970 y ver a Roy Anderson servir la Santa Cena a pastores evangélicos, a hombres que veinte años atrás ni siquiera habrían mirado en su dirección, y quiénes ahora lo estaban llamando amado hermano y lo abrazaban, presentándolo como el hombre que es la cabeza de los pastores Adventistas del Séptimo Día alrededor del mundo, un hermano en Cristo. Eso sí valió la pena. Volvería a repetirlo de nuevo, con tal de volver a experimentar ese glorioso momento”.

Lastimosamente hoy en día el Adventismo volvió a su rumbo original. No es más que llanamente una secta. Esto lo confirmaron ellos mismos hace muy corto tiempo, entre el 6 y el 9 de Agosto de 2007, en un encuentro teológico con la Alianza Mundial Evangélica.

Seguidamente el reporte de Protestante digital:

http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticia.php?r=194&n=7246

Miembros representativos de la Iglesia Adventista y la Alianza Evangélica Mundial (AEM) se reunieron del pasado 5 al 10 de agosto en la Andrews University, Berrien Springs, Michigan. Las dos organizaciones realizaron unas conclusiones del encuentro que se han plasmado en una declaración conjunta que reconoce aspectos teológicos en común, pero también diferencias manifiestas que impiden por parte de la AEM el reconocimiento de la Iglesia adventista como evangélica o protestante.

Las conversaciones representan el seguimiento de una ronda inicial de discusiones entre las dos organizaciones llevada a cabo en Praga, República Checa, en agosto de 2006. Se aguardaba que la Iglesia Adventista y la Alianza Evangélica Mundial (AEM, por las siglas en inglés, o AEM en castellano) realizasen una declaración conjunta en los meses siguientes donde identificasen los objetivos comunes y los resultados de las discusiones teológicas entre las dos organizaciones.


Rolf Hille, presidente de la Comisión teológica de la AEM, y Juan Graz, secretario del Consejo para relaciones interreligiosas de la iglesia Adventista del Séptimo día, organizaron las conversaciones. Las discusiones teológicas fueron presididas por Hille y Guillermo G. Johnsson, ayudante al presidente de la conferencia general de los Adventistas del Séptimo día para las relaciones Interreligiosas. La AEM también fue representada por J. Buchegger, Bonn Clayton, James Kautt, Herberto Klement, Sven Wagschal, y Reinhard Hempelmann.


“Pudimos compartir con el mundo evangélico la compresión que tiene la Iglesia adventista de sí misma, en un esfuerzo para eliminar los prejuicios y clarificar las preguntas respecto de nuestro mensaje”, dijo John Graz, organizador de la reunión y secretario del Concilio de Relaciones Interreligiosas de la Iglesia Adventista.

La AEM representa a unos 420 millones de cristianos evangélicos de diversas denominaciones en todo el mundo. La Iglesia Adventista cuenta con 15 millones de miembros en más de 200 países.

COINCIDENCIAS TEOLÓGICAS


Las dos instituciones compartieron una “gran medida de cuestiones y acuerdos teológicos”, dijo Ángel Rodríguez, director del Instituto de Investigaciones Bíblicas de la Iglesia Adventista. De hecho, los participantes adventistas se adhirieron a la Declaración de Fe de la AEM, que se centra en la Biblia como la Palabra de Dios, la persona de Jesucristo y su obra de salvación, la justificación por la fe, la oración, la conversión, la santificación y la Segunda Venida de Cristo.


Por lo tanto, se aceptó por ambas partes sin duda alguna la autoridad y la supremacía de la palabra de Dios, la Trinidad, las naturalezas divinas y humanas de Cristo, la salvación por la fe en Cristo solamente, la importancia de la oración, la conversión personal, y la santificación, y la esperanza de la segunda venida de Cristo y del juicio final. Hubo también acuerdo acerca de no fijar nunca una fecha concreta con respecto al segundo advenimiento.


Y LAS DIVERGENCIAS


Según relata el informe se hallaron también significativas áreas de desacuerdo entre las dos organizaciones, fundamentalmente en relación con las enseñanzas adventistas del juicio previo al advenimiento, el papel y la autoridad de Elena G. de White y el sábado como día de reposo para los cristianos.

Por ello, y a pesar de las antes mencionadas coincidencias, estos puntos de divergencia se consideraron lo suficientemente importantes como para no poder estar vinculadas en ningún aspecto religioso las entidades representativas de la Iglesia Adventista y la Alianza Evangélica Mundial.

CONCLUSIONES


Sin embargo, los participantes concluyeron que los temas en común permiten que los adventistas y la AEM cooperen en temas comunes, tales como Sociedades Bíblicas, la libertad religiosa o la ayuda social.

Al mismo tiempo, se reconoce el derecho e incluso la responsabilidad de todas las iglesias de cooperar y mantener sus propias enseñanzas doctrinales distintivas; entendiendo siempre que los principios de la libertad, de la tolerancia, de la voluntad, y del respeto religiosos prevalecen en todos los casos.

MÁS INFORMACIÓN


Pueden leer aquí (en inglés) el Comunicado completo conjunto de la Iglesia Adventista y la Alianza Evangélica Mundial al que hace relación esta noticia.

No se si hay mucho más que decir.

Algunas expresiones más del Dr. Martin sobre sus encuentros con los Adventistas a un grupo de jóvenes pastores adventistas (Febrero de 1989) (El doctor Martin falleció el 26 de junio de ese año)

Se planteó la pregunta sobre la postura del Dr Martin sobre la doctrina del santuario en los encuentros con los líderes adventistas, en 1957.

El Dr Martin contestó: “Es bueno relatar cuando Gerge Cannon me acompañaba en estas ocasiones (en las reuniones con los teólogos adventistas). El es profesor de griego en el Seminario de Bethel. En aquel entonces era profesor de griego y de teología en el Colegio Misionero de Nyack. Tiene un doctorado en griego del Unión Seminary y es un brillante erudito. Geroge, tal como recuerdo, se fue mano a mano con el Dr. Heppenstall y el Dr. Murdoch (adventistas). Tomando un Nuevo Testamento en Griego, iba línea sobre línea a través del texto, y cuando llegaron al punto crucial todo el mundo prestó cuidadosa atención a lo que decían. El profesor Cannon los miró y dijo: ‘No tiene sentido que continuemos debatiendo sobre el tema. El texto está claro. En su resurrección Jesucristo entró en el segundo departamento del santuario, dentro del lugar Santísimo, con su propia sangre, habiendo obtenido eterna redención a nuestro favor. Eso no podía haber ocurrido, ni ocurrió, en el año 1844’.

Los caballeros continuaron examinando el texto, y el profesor Cannon dijo: ‘El texto dice que entró dentro del segundo departamento, ¿no es así?’ y el Dr. Heppensall dijo: ‘Sí, Dentro del segundo departamento, en el lugar Santísimo, con su propia sangre, en la resurrección. El texto lo dice así”.

Murdoch estuvo de acuerdo. Ahora ustedes pueden leer esto de Desmond Ford detalladamente. Probablemente sea uno de los hombres más instruidos y ciertamente uno de los más brillantes que he encontrado en el adventismo y en la teología en general. Yo creo que encontrarán en él a un hombre que ha hecho una obra meritoria y recomendada de exégesis aun en esto; pero eso fue admitido en ese entonces, en los años 50. Ahora, si leemos la obra Questions on Doctrine sobre este tema, encontraremos que explicaron clara y profundamente lo que Cristo hizo desde su perspectiva de clarificación. A mí realmente no me importa si lo quieren llamar ‘clarificar’ o ‘retroceder’: lo importante es que ustedes vuelvan a la verdad de lo que dice el texto. El punto fundamental es: ¿qué es lo que dice el texto? No es lo que alguien diga que dice el texto. Ya hemos tenido suficiente de romanismo. Ya he tenido suficiente de esto cuando me educaba en la iglesia. A mí no me importa lo que alguien opine acerca del texto. Para eso fue que aprendí lenguas, para enterarme de lo que dice el texto. Y yo sé lo que dice el texto, y dice que eso no sucedió en el año 1844. ¡De ninguna manera! Ustedes pueden creerlo si así lo desean, pero en el texto no dice eso. Llamen a eso como quieran, clarificación o retroceso, pero ciertamente es verdad”.

Un joven pastor adventista le preguntó entonces al Dr. Martin lo siguiente:

¿Cómo es que la iglesia puede cambiar? Desmond Ford todavía está predicando pero sin las credenciales. Muchos creen que ha enunciado las verdades de una manera exacta. ¿Será suficiente para nosotros, predicar la verdad por nosotros mismos, y seguir oficiando entierros, siendo que los jóvenes predicadores Adventistas del Séptimo Día tienden a inclinarse hacia las posiciones evangélicas, o deberíamos hacer algo más?

(Aclaración mía: Creo que tal vez le temblaban las rodillas al pastor al hacer una pregunta como esta)

El Dr. Martin respondió: “Tú estás en una situación difícil si eres adventista y te encuentras entre la espada y la pared en relación con la Sra. White y algunas creencias no evangélicas que han sido aceptadas por la denominación. Posees tus credenciales, tienes tu iglesia, tienes tu ministerio de enseñanza, fuere lo que fuere o cualquiera que fuere tu función en la iglesia; y la tentación es permanecer dentro de la iglesia y obrar por un cambio en la iglesia. Esta filosofía ha estado en pie desde el año 1957 hasta el año 1960 cuando por primera vez comenzó Questions on Doctrine y The Truth About Seventh-Day Advenstism y ha logrado generar una considerable controversia. Si embargo tiene que haber, por parte de cada individuo, un momento de verdad, un instante de sometimiento de una manera o de otra. Esto envuelve a veces grandes pérdidas en perspectivas de tiempo y espacio. Yo admiro a los pastores Adventistas del Séptimo Día, a aquellos que están en posiciones de autoridad, a pastores y maestros que han pensado que en buena conciencia no podían aceptar algunas cosas que previamente habían creído y levantaron la bandera para que todos la pudieran ver. Personalmente diría que esa decisión fue la correcta. Pero yo no puedo jugar el papel de Espíritu Santo y de conciencia para los demás. Esa es mi convicción en el asunto. Creo que Ford hizo exactamente lo que tenía que hacer. Creo que fue algo así como un moderno Martín Lutero”.

V- Conclusión Final.

Yo, Wolfgang Streich, luego de haber nacido en una familia Adventista de 3º generación, y haber sido miembro por 21 años, y pastor de Misión Global por casi 5 años, creo firmemente, luego de varios años de haber dejado la denominación, que la Iglesia Adventista nunca va a cambiar. Seguirá siendo un 80 % evangélica y cristiana, pero un punto teológico afectará siempre a otros puntos, como la levadura leuda la masa, y eso siempre traerá problemas más serios.

La escatología adventista es ultra recalcitrantemente sectaria, gracias a los dos aspectos sectarios que yo considero, la doctrina de que Cristo entró en el lugar Santísimo en el cielo el 22 de octubre de 1844 para realizar un “Juicio Investigador”, y todo lo demás fundamentan en la infalibilidad papal de la profetiza Elena de White.

Todo lo demás, la justificación, la santificación y la glorificación está llena de un Adventismocentrismo aberrante que contradice la verdad fundamental del Evangelio: Solo Cristo – Cristo es el centro del todo.

Esto va a continuar así por siempre, hasta que Cristo venga en Gloria y Majestad. El último año de mi ministerio en la iglesia Adventista (1998) llegó a nuestro campo con bombos y platillos el libro del Dr. Samuel Koranteng Pipim, “Recibiendo la Palabra”. Ese fue el toque final para que yo decidiera salir del Adventismo. Allí se presenta la postura de que los que dejamos de creer en Elena de White, y en la doctrina del Santuario, que somos unos “liberales” de la escuela de la “alta crítica” y que así como dejamos de creer en las “doctrinas distintivas” tampoco creemos en la fidelidad de la Biblia. ¡Eso es una falacia!… ¡Eso es una falacia!… ¡Eso es una falacia! Al dejar la iglesia Adventista, fue cuando mejor pude estudiar la Biblia, con una lupa, sí, con una lupa para ver a profundidad lo que dice el texto, y con un borrador, para borrar las estupideces que me enseñaron, y con auriculares, para no escuchar la voz de las teorías humanas, sino solo la voz de Dios.

Por eso, no soy Adventista del 7º día. No creo en la dirigencia de los Adventistas del 7º día. Aseguro categóricamente que los colegios Adventistas y la escuela sabática de niños son una maquinaria de lavado de cerebro, escondida bajo una máscara de eficiencia y calidad.

Mi anhelo y mi oración es por los Adventistas que están adentro de la organización. Solo un milagro puede abrir sus mentes. Un milagro como el que ocurrió en mi vida. Oro también por los pastores. Oro por los niños que están siendo adiestrados en esa ideología.

Muchos me dirán. Pero ¿No tiene acaso la iglesia Adventista las mejores universidades del mundo? ¿No es la iglesia una de las de mayor crecimiento? ¿No ve nuestros sanatorios? ¿Y nuestras casas editoras? ¿No es eso señal de que Dios nos está bendiciendo?

Yo solo respondo: ¿No tienen los testigos de Jehová un crecimiento similar, y casas editoras similares? ¿No tienen los mormones templos suntuosos en cada barrio del planeta tierra? ¿No tiene el consumismo catedrales para sus millares de fieles en cada ciudad (shopings, discotecas, y supermercados)? Acaso ¿Dios no los está bendiciendo a ellos también?

El hace llover sobre justos y sobre injustos. El da el sol a buenos y malos. Pero al final no contará ante el Trono de Dios el tener tantos colegios, tantos sanatorios, tantas universidades, o tantos seguidores. La pregunta será “¿Qué has hecho de Jesús el Cristo?” Y “¿Qué has hecho con mi Palabra?”

“Si alguno le añade algo, Dios le añadirá las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de éste libro de la profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro” Ap 22:18 19 (Aclaración: éste libro de la profecía es nada y nada menos que la Biblia, como también el Espíritu de la profecía, es nada más y nada menos que el Espíritu Santo. Se imaginan que alguien quiera tomar el lugar del Espíritu Santo….)

 

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EL REINO TERRENAL VENIDERO Y LOS APTOS A ÉL

 

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).

 

Apto, ta. (Del lat. aptus). adj. Idóneo, hábil, a propósito para hacer algo.

La muerte y la resurrección de Cristo hacen posible que el creyente fiel pueda ser trasformado en cuerpo de glorificación (1 Co. cap. 15) porque lo hará capaz de ingresar al Reino de Dios en la Tierra cuando ésta sea regenerada, según Ro.8:21. Es imprescindible, ante todo, que se crea en el Hijo de Dios como el Mesías y Rey futuro, que vino a redimir o a comprar con precio de sangre a los que han creído en él (Jn.3:16; Ro.10:9-11). Quién no crea en Cristo como el Mesías de Dios, está bajo su ira y ha sido condenado, más el que crea en él, será salvo (Jn.3:36). «Inmediatamente después de la gran tribulación final o de aquellos días» (Mt.24:29), Cristo será visto por todo  en el cielo viniendo a la Tierra  con sus santos ángeles en las nubes en gran poder y gloria (Mt.24:30; Jud.14; Ap.1:7), y se sentará en su trono de gloria a juzgar a las naciones del mundo (Mt. 25:31-46), y pondrá a sus fieles santos a su derecha salvadora para que hereden por mil años la Tierra trasformada y de abundantes bendiciones (Zac. 14: 4; Mt.5:5), para que reinen junto a Cristo como co-herederos de la promesa que fue  hecha a Abraham mucho tiempo atrás y que abarca a judíos y gentiles (Gn.12:2-3; 14:15-16; Ro.3:29; Ga.3:14-16, 29). El Reino Milenario de Cristo será uno de gozo pleno (Is.9:3-4; 12:·3-6; 42:1: Jer.30:18-19; Sof. 3:14-17; Zac. 8:18-19; 10:6-7), será una Reino Terrenal enteramente santo (Is.1:26-27; 4:3-4; 35:8-9; 60:21; 61:10; Jer.31:23; Ez. 36:24-31; 37:23-24; 45:1; Jl.3:21; Sof.3:11), habrá en él consuelo cómo nunca lo hubo en el mundo seglar (Is.12:1-2; 29:22-23; 30:26; 40:1-2; Jer. 31:23-25; Sof. 3:18-20; Ap. 21:4), será un Reino esplendoroso, de manifestación gloriosa (Is.24:23; 4:2; 35:2; 40:5; 60:1-9), un Reino de justicia que abarcará la Tierra en general (Is. 9:7; 11:5; 32:16; 42:1-4; 65:21-23; Jer. 23:5; 31:23; 31:29:30), el conocimiento de Dios será excelso, sin parangón en el Reino de Cristo (Is. 11:1-2, 9; 41:19-20; 54:13), será un Reino que no permitirá las enfermedades ( Is.33:24; Jer. 30:17; Ez. 34:16), un Reino que no permitirá los desmanes, los pleitos ni disturbio alguno (Is. 14:3-6; 42:6-7: 49:8-9; Zac.9:11-12), será un Reino de labores y trabajos organizados y de equidad (Is. 62:8-9; 65:21-23; Jer. 31:5; Ez. 48:18-19), de bendición material en el que no habrá pobreza ni miseria (Is.4:1; 35: 1-2, 7; 30:23-25; 62:8-9; 65:21-23; Jer. 31:5, 12; Ez.34:26; Mi.4:1, 4; Zac. 8:11-12; Ez. 36:29-30; Jl. 2:21-27; Am. 9:13-14), será un Reino Terrenal dónde aumentará la luz del sol y de la luna (Is. 4:4; 30:26; 60: 19-20; Zac. 2:5), un Reino sin  fronteras para la intercomunicación universal humana y de luz  (Sof.3:9), solo habrá en este Reino una adoración de parte de los creyentes redimidos, y será para su Dios Salvador (Is.45:23; 52:1, 7-10; 66:17.23; Zac.13:2; 14:16 Sof.3:9; Mal.1:11; Ap. 5:9-14), será un Reino de comunión con Dios (Ez. 37:27-28; Zac. 2:2; 10:13; Ap. 21:3). Al terminar los mil años del Reinado de Cristo en la Tierra (Ap.20:20:27), entregará el Reino al Dios Padre (1 Co.15:24-25) y el Reino Eterno de Dios vendrá a continuación; en el  aparecerán Cielos Nuevos y una Tierra Nueva de carácter justo «porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar no existía más» (Ap.21:1. Ver además  Is. 65:17; 66.22; 2 P. 3:13). Por siempre se encumbrará la felicidad: no habrá sufrimientos ni más dolor; la muerte desaparecerá por completo; los clamores dejarán  de ser, ni las endechas se cantarán ya; el hostigoso e inclemente dolor que ha provocado gran amargura y desesperación en la humanidad, desaparecerá por siempre (Ap.21:4). En fin, toda maldición nunca será vista en la Nueva Tierra (Ap.22:3)

El Reino Milenario de Cristo, maravilloso y  pleno,  únicamente lo recibirán  los que hayan  conocido perfectamente bien la doctrina del Dios del cielo, es decir, los que estén fuera de toda denominación que se dice ser cristiana, porque las denominaciones separan y contienden por sus diferencias dogmáticas y que muchos de ellos son heréticas y de condenación, y porque el verdadero Cuerpo de Cristo es uno (1 Co.1:10-13; 12:12-27), y una la sana doctrina (Jn.7:17-18; Ga.1:8). Este glorioso Reino es exclusivo  para los que han creído que Dios es Uno (Is. 43:10-11; 44:6; 45:18; Jn.17:3) y no «tres en uno», idea que viene de la conciliación  del platonismo griego con el pensamiento hebraico de los primeros siglos de la Iglesia de Cristo. Es apto únicamente para quienes  piensan que Cristo es Hombre y no Dios (1 Tim. 2:5; Mt.12:32, 37, 41; 19:28; 24:30, etc. ), para quienes no abracen la peligrosa y mundana Doctrina de la Prosperidad que invierte las añadiduras por el conocimiento del  Reino de Dios (Mt.6:33) que habrá de ser izado en la Tierra redimida  en la segunda venida de Cristo (Dn.2:44: 7:13-14, 18, 22, 27; Lc.21:27; Tit.2:13; Ap. 20:4-6), ni para los que practiquen actos  abigarrados y ofensivos a Dios en las congregaciones de Cristo (¿?) y que se manifiestan en una esfera de falsa espiritualidad y desorden tenebroso, de furor místico emocional, vistos frecuentemente en los grupos  pentecostalistas carismáticos que se encuentran influenciados por  sus líderes hipnotistas  «apacigua conciencias». Este Reino Terrenal tan solo será para los que esperan en la resurrección futura de sus cuerpos para vida eterna (Jn.5:29a; 1 Co. 15:12-20; Ap.20:5-6), y que no esperan vivir en el tercer cielo de Dios (2 Co.12:2)  a través de un «alma inmortal» (Ec.9:5-6), doctrina falsa también  originada en el pensamiento de los griegos platónicos  paganos que se introdujo sutilmente en la Iglesia de Cristo en el principio de su fundación . 

Amigo que profesa el cristianismo, bisoño o profesante de considerable tiempo, si usted no llena los requisitos anteriores y consciente los aspectos negativos de los que hablamos, tenga por seguridad que su vida espiritual está gravemente en peligro. Muy comprometida en potencia para perdición. Todo este engaño apunta paulatina y descaradamente a la culminación de la apostasía profetizada de los últimos tiempos, cuyo origen es demoníaco (1 Tim. 4:1). El Espíritu dice con claridad, que los cristianos que un día conocieron la verdad, la abandonarán, y aún estando es sus congregaciones aprobarán un evangelio diferente (Ga.1:7-9).

Hermano que nos visita: ¿De qué lado está usted? ¿Está seguro de haber creído adecuadamente para salvación?

Para terminar, les dejo a todos ustedes un texto que los hará reflexionar para su bien, el cual nos importa mucho. Por eso escribimos estas cosas para que caminen la línea recta que lleva a la consumación de su salvación (1 P.1:5):

«Porque les digo a ustedes, que no van entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los fariseos y de los maestro de la ley» (Mt.5:20).

Dios les bendiga siempre hermanos y amigos que nos visitan con una mente abierta para comprender las realidades y propósitos espirituales de Dios para el hombre convertido.

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¿Estará La tierra estará desolada como los Adventistas del 7mo Día Sostienen?

 

Los Adventistas del Séptimo Día usan erróneamente Isaías 24:6 como “Prueba” de que la tierra estará desolada durante el milenio, mientras que los santos estarán en el cielo. Éste es otro ejemplo clásico de leer una noción preconcebida en un pasaje de la palabra viviente. Ésta es hacer una cosa peligrosa.

 

Isaías 26: 21 no dice en ningún lugar que cada última alma sobre tierra será matada. El contexto antes y después refuta cualquier semejante idea.

 

Isaías 11:1-12  y muchos otros pasajes Muestran que habrá un mundo tranquilo después de la restauración en el regreso del Mesías. Hechos 3:19-21 muestra que la restauración de todas cosas comenzará cuando nuestro Salvador regrese de cielo evidentemente. Destruirá a los que destruyen la tierra, Revelación 11:17-18. ¡No destruirá esta tierra durante 1,000 años!

 

Jeremías 4:23-27 no dice que toda la tierra estará desolada. En el verso 23, la palabra “Tierra” es eretz, que hace referencia a la región de Israel a menudo. El verso 27  dice: Porque así dijo Jehová: Toda la tierra [eretz] será asolada; pero no la destruiré del todo“. Otra vez, debemos mirar toda la Biblia y no arrancar partes del contexto. Jeremías 25:29-33 no dice que el eterno matará a todos los seres humanos. Dice que habrá aniquilación del eterno de un extremo al otro de la tierra. El perverso será matado, II Tesalonicenses 1:7-9, 2: 8. Pero no aquellos que no lo han conocido; no aquellos que no han sido todavía llamados. Otra vez los conceptos falsos se interponen a la verdad de Dios a menudo. Dios suplicará con todas las naciones, y muchas se arrepentirán (Jeremías 16:14-21, 23:3-6, Isaías 25:7-9, 29:18-24).

Como fueron los días de Noé, así será en la venida del Hijo de hombre. La mayoría de humanidad será advertida. Muchos se arrepentirán. Mucho más que sólo ocho almas serán salvadas para restaurar la tierra. Lea la promesa del Eterno en Génesis 8:20-22. Esté seguro que como Él dice, no golpeará cada cosa viviente nunca más.

 

Ellen G. White, la fundadora de la Iglesia Adventista del séptimo día, dice en su libro, La Gran controversia “Cuando el chivo expiatorio fue enviado en una tierra deshabitada, así Satanás será desterrado a la tierra desolada, una tierra deprimente, deshabitada, y triste. El revelador predice el destierro de Satanás y la condición de caos y la desolación a que la tierra será reducida, y declara que esta condición existirá durante mil años.”

 

Levítico 16:20-22 describe la porción del “Chivo expiatorio” de las ceremonias de expiación de los días del Antiguo Testamento. Note que Israel no se marchó al cielo. El chivo expiatorio fue trasladado a un lugar deshabitado. Israel se quedó donde fueron. Revelación 20:1-3 describe la satisfacción espiritual del día de la expiación: la atadura de Satanás durante mil años en el abismo. Este abismo no es toda la tierra, sino las profundidades de la tierra. Numerosas escrituras describen el infierno, donde Satanás será atado. Note Revelación 20:3, que muestra que a menos que Satanás fuese atado, podría engañar a las naciones físicas. ¡Alabe al Todopoderoso! ¡Nuestro adversario será restringido! Si no hubiese ninguna persona en la tierra, Satanás no tendría porqué ser atado.

Por Richard Nickel

JESUCRISTO: EL HIJO DEL REY DAVID

 

Por Mario A Olcese

  

Una Verdad Ignorada por Millones

 

       En Mateo 1:1 se registra que Jesucristo es el hijo de David. Pues bien, ¿Qué importancia tendría que Jesús descienda del célebre rey David? La mayoría de cristianos no tiene ni la menor idea del porqué de esto, y aún los más entendidos yerran. Es hora que los verdaderos cristianos comprendan el verdadero significado de esta casta real, pues por algo lo menciona el evangelista y apóstol San Mateo. Obviamente Jesucristo es de “sangre azul”, un príncipe de Judá, un sucesor y heredero del rey David.

 

        Pues bien, siendo que Jesús es el descendiente del rey David, él sin duda tiene el derecho de heredar su reino cuando éste se restaure en Jerusalén a su regreso en gloria, y acompañado de sus ángeles (Mateo 25:31). Aceptemos que Dios efectivamente restaurará el reino de David en Israel, y que Cristo estuviese en la tierra para ese entonces: ¿a quién pondría Dios sobre el trono de David? A Jesús, ¿no le parece? Además, con los excelentes pergaminos que ostenta Jesucristo, Dios no titubearía en asignarlo o nombrarlo como el nuevo rey judío. Pues sorpréndase: ¡Dios ya lo asignó como tal hace 2 mil años! Tome nota de lo que dijo Pedro al respecto: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36).

 

        Ahora vayamos por partes aquí: ¿Qué significa el hecho de que Jesús haya sido hecho por Dios: Señor y Cristo? Aquí nuevamente los más de los cristianos vuelven a fallar. Sus respuestas suelen ser tan variadas y contradictorias. Y cuando se les pregunta específicamente a los creyentes “cristianos” acerca del significado de la palabra CRISTO, ellos generalmente no responden de la misma forma cómo está explicado en la Biblia. Esto es sorprendente e inaudito entre aquellos que  dicen ser de “Cristo”.

 

El Significado de la Palabra CRISTO

 

        En Lucas 23:2 leemos: “Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey”. Pues bien, aquí está la verdadera explicación de lo que significa Cristo, es decir: UN REY. En el caso de Cristo: “el gran rey” (Mateo 5:33-35). Por tanto, cuando Pedro dice que Dios hizo a Jesús—CRISTO, lo que quiso decir era que lo hizo REY, un rey que aún no reina en el reino de David, pues Jesús mismo afirmó que su reino no era de este mundo o era maligna (Juan 18:36). Como dice The Zondervan Pictorial Enciclopedia of the Bible col. 1, pág.171: “…Porque era costumbre ungir a los reyes, la frase “el ungido del Señor” llegó a ser sinónimo de rey”. También es interesante leer Marcos 15:32, donde dice: “El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz”. También Juan 1:41,49. Cristo, por tanto, se asocia con el término rey.

 

         La palabra  Cristo, del hebreo Mesías, significa “el ungido”. El agente ungido de Jehová: Los reyes de Israel fueron ungidos con aceite en el nombre de Dios, que simbolizaba su investidura con el Espíritu de Dios. El término Mesías fue usado más tarde para determinar a un “rey venidero”, a un esperado líder majestuoso de la descendencia de David que restauraría el reino a Israel. Un rey que haría todas las cosas nuevas, consagrado como el vicegerente de Jehová (Yahweh) en Israel. Este hijo de David, quien era esperado con expectativa por la nación judía, era el Mesías (Cristo) por excelencia, un término que ha sido interpretado en griego por Cristos. (Ver The New American Bible Dictionary & The Zondervan Pictorial Enciclopedia pf the Bible vol.2, pág.344).

 

 

                                        

El Significado de la Palabra SEÑOR

 

         El término Señor en el caso de Cristo es indicativo también de REY. Por ejemplo: En 1 Samuel 24:8 leemos lo siguiente: “También David se levantó después y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl diciendo: ¡Mi Señor el rey!”.

 

           También el término Señor para Jesús es sinónimo de Rabí (Maestro). Hay un ejemplo excelente en Juan 4:11. Aquí hay una mujer Samaritana que conoce recientemente a Jesús, pero él no se presenta aún como el Mesías. Ella lo ignora totalmente. Sin embargo ella se dirige a Jesús como Kyrios (Señor).

 

           La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo”.

   

            La palabra en este pasaje es Kyrios. Es aplicada a Jesús, y es usada como señal de respeto, como Señor.

 

            Habiendo hecho estas dos necesarias atingencias, vamos a reseñar cómo las Escrituras nos presentan a Jesús como el Rey que vendrá a la tierra para restaurar el reino suspendido del rey David. Es necesario que los cristianos (o mesiánicos), retomen su expectativa en el Mesías venidero, y prediquen su esperanza mesiánica a todos los hombres de la tierra. Cuando decimos “esperanza mesiánica” nos referimos a la esperanza de la venida de nuestro rey que reinará (o regirá) en el mundo desde la ciudad capital de Jerusalén. Comencemos primero con una promesa que Dios le hizo al rey David hace aproximadamente tres milenios.

 

El Pacto de Dios con el Rey David

 

             Dios le anunció el evangelio o buenas noticias a David por intermedio del profeta Natán, diciendo: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente (2 Samuel 7:12-16). 

 

             Esta profecía es dual a todas luces. Nótese que Dios le asegura a David que Él afirmará su reino. También le dice que afirmará el trono de su reino, el cual será estable eternamente. Ahora bien, en esta profecía se hace alusión a Salomón por un lado, quien se encargó de edificar casa a Su nombre (el de Dios). Esto lo hizo Salomón al edificar el templo—“el templo de Salomón”. Este fue magnífico y esplendoroso. A este rey castigaría Dios si no le fuere leal y recto.

 

             El otro lado de la moneda es que el trono de David aún no ha venido a ser estable eternamente. La prueba la tenemos cuando vemos que ya no existe el trono de David en Jerusalén. Salomón mismo cayó en pecado y fue reprochado por Dios. Al morir él, sus hijos disputaron su trono, el cual produjo la división del reino en dos: Las tribus del norte y las del sur. Más adelante el templo sería destruido. Pero nótese el dualismo profético. Aquí aparece un personaje que será Hijo de Dios, y cuyo trono y reino verdaderamente serán estables eternamente. Esto nos lleva a concluir que el reino davídico “resucitará” o será restaurado nuevamente como antaño. No hay otra salida posible. 

 

 

Una Profecía Bíblica Pasada por Alto

 

             La prueba bíblica que confirma la restauración del reino de David la encontramos en Ezequiel 21:25-27. Esta fue una profecía declarada al último rey davídico impío que tuvo Israel en el año 586 A.C. Dice Así: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré. Compare con Lucas 1:32,33.

 

              Esta profecía nos lleva a la conclusión de que aparecerá un descendiente de David que retomará el trono, el reino, y la ciudad de David para reinar sobre el pueblo hebreo. Este personaje será  el Hijo de Dios y el hijo de David. A este Mesías (Ungido), repito, se le dará el trono, la tiara, y la corona de David para que restaure el reino de aquel célebre rey en Jerusalén. Y recuerde, el reino de David era el reino de Dios. Luego: ¡El Reino de Dios será restaurado a los Israelitas! Compruebe usted cómo la Biblia afirma tajantemente que el reino de David era el mismísimo reino de Jehová Dios en 2 Crónicas 28:5. Por tanto, cuando Cristo predicaba el reino de Dios, él estaba anunciando la restauración del reino de David a los Israelitas o judíos (Hechos 1:6,7). El rey venidero de Israel vino a “confirmar las promesas hechas a los padres, incluyendo a David (Romanos 15:8). Nótese que Pablo dice que Jesús vino a confirmar (revalidar o corroborar) las promesas de Dios—¡No a cancelarlas o cumplirlas! Su cumplimiento o restauración sería para su segunda venida (Hechos 3:20,21).

                        

Jesucristo es Hijo de Dios e hijo de David

 

           Muy pocas personas se han puesto a reflexionar de que Cristo es el Hijo de Dios y también de David, en la carne. También son pocas las personas que han reflexionado seriamente en el anuncio completo del ángel Gabriel a María, el cual incluía: “Y este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32,33). ¿Se da cuenta usted de la relación que tiene este anuncio angelical, con la promesa que le hizo Dios a David en 2 Samuel 7:12-16? ¡Es claro! Jesús será el rey que restaurará el reino “suspendido” de David en Jerusalén. Jesús mismo afirmó que Jerusalén ES (no fue) la ciudad del gran rey (Mateo 5:33-35). Además,  Jesús mismo le había admitió a Pilatos que él había nacido para ser el verdadero Rey judío o Mesías (Juan 18:37).

 

La Expectativa Mesiánica del Pueblo Hebreo

 

            Debido a las promesas mesiánicas de una futura restauración del reino davídico en Jerusalén, es lógico esperar que cuando los paisanos y discípulos de Jesús le vieron ingresar a Jerusalén (la ciudad de David, la sede de su trono) empezaran a exclamar con razón: “¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén…! (Marcos 11:10,11).

 

            Estamos viendo que los seguidores de Jesús creían que Cristo restauraría inmediatamente el reino de David en Jerusalén. En Lucas 19 Jesús se ve precisado a pronunciar la Parábola de la Diez Minas, pues los discípulos creían que el reino se manifestaría inmediatamente. Nótese que el verso 11 de esta parábola NO tenía como fin recalcar que el reino jamás se restablecería en Jerusalén, sino más bien, el de enseñar básicamente que dicha anhelada restauración no sería inminente, sino para su segunda venida en gloria. Jesús enseñó que primero tenía que ir al cielo para recibir la autoridad del Padre, y luego volver (Lucas 19:12). Volver para regir el mundo desde el trono de David en la tierra prometida a Abraham y a su descendencia (Ver Génesis 13:15;15:18; Gálatas 3:16,29; Mateo 25:31,34).

 

            Pero lo más interesante de todo—y que desgraciadamente pocos advierten— es la pregunta final de los discípulos a Jesús que está registrada en Hechos 1:6. Esta dice así: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Aquí vemos la esencia de toda la predicación de Jesús: La restauración del reino davídico a los Israelitas creyentes en general. Aquí está la pregunta que resume todo lo enseñado por Jesús para el futuro. Pero los “cristianos” contemporáneos sostienen que la pregunta de los discípulos estuvo errada, pues pensaban en un reino nacional y no “espiritual”. ¡Pero Jesús nunca los corrigió o amonestó por semejante “inoportuna y torpe” pregunta! Él sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan esperada restauración nacional del reino davídico sólo Dios lo sabía (Hechos 1:7). Pero desgraciadamente este punto muchos cristianos no lo entienden en verdad debido a sus ideas preconcebidas, y prejuicios antisemitas. La iglesia Católica es la responsable de ello. Ella ha transferido el reino nacional judío al ámbito de lo “espiritual”. Para los católicos el reino es la iglesia misma católica, el cuerpo místico de Cristo. Pero para aceptar esto habría que mutilar muchos versículos de la Biblia que hablan de una futura restauración nacional del pueblo hebreo y de su reino davídico, resultando así una Biblia ininteligible y recortada. Pero nosotros creemos que la iglesia es más bien la heredera del reino futuro que se inaugurará en la tierra (Mateo 25:34). He aquí algunas razones por las cuales el reino no es la iglesia: Primero, no se puede ingresar en el reino de Cristo con nuestros cuerpos de “carne y sangre” (1 Corintios 15:50); en cambio, a la iglesia de Cristo los hombres sí pueden entrar con cuerpos de “carne y sangre”. Segundo, a la iglesia ingresan los recién bautizados, los cuales aún son “niños espirituales” y que requieren crecer en la fe a través de las enseñanzas impartidas por los líderes (Pastores y maestros—Hechos 2:41, Efesios 4:11-16). En cambio, para ingresar en el reino milenario de nuestro Señor Jesucristo, es necesario haber crecido en la fe y haber perseverado hasta el final de nuestra carrera cristiana (2 Pedro 1:5-11, Hechos 14:22).

 

La Expectativa de los Cristianos

 

          La  expectativa de los cristianos es la expectativa que tuvieron los fieles hebreos del Antiguo y Nuevo Testamentos.  Ya el apóstol Pablo había dicho que sólo hay una sola esperanza de nuestra vocación (Efesios 4:4). También él dice:  que son israelitas, de los cuales son (no eran) la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). además Pablo afirma que los injertados (creyentes gentiles) en el buen olivo (el pueblo israelita) se nutren de su rica savia (los pactos y promesas que Dios hizo con los padres—Romanos 11:17,18). Jesús, por su lado, dijo que “la salvación viene de los judíos (Juan 4:22). Esto significa que los judíos tienen un lugar de preeminencia sobre todos los pueblos, pues dice Pablo: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios” (Romanos 3:1,2).

 

        La Biblia enseña  que si bien todos los hombres han pecado (judíos y no judíos), no obstante Dios sigue tratando con su pueblo Israel de manera especial. Pablo afirma que “Dios no ha rechazado a su pueblo al cual desde antes conoció” (Romanos 11:1,2). Y si bien es verdad que muchos hebreos resultaron infieles, un remanente permaneció fiel para recibir los pactos que Dios hizo con sus padres de antaño. Pactos que aún están pendientes para cumplirse, entre los cuales están la herencia de la tierra prometida, y la permanencia del trono de David con Cristo reinando desde Jerusalén con su iglesia.

 

           La iglesia Católica siempre mantuvo que Israel, como nación, quedó destituida de todos sus derechos como pueblo elegido de Dios. Enseñaron que la “nueva Israel” es la Iglesia que ellos llaman: “La Santa Madre Iglesia Católica”. Esto no es verdad, pues trastoca las promesas hechas a los padres del Antiguo Testamento resumidas en Génesis 13:15;15:18; 2 Samuel 7:12-16, y que fueron confirmadas por Jesús (Romanos 15:8)

 

La Iglesia de Cristo

 

         El pueblo de Dios es el pueblo de la fe. Inicialmente los fieles bíblicos hebreos (de raza) fueron el pueblo de Dios y Su nación escogida. En el Nuevo Testamento vemos a hebreos de raza—convertidos a Cristo—como miembros de la iglesia mesiánica. Esta iglesia mesiánica hebrea era Su pueblo. Luego vinieron los no judíos a la fe y se añadieron a la iglesia Mesiánica Hebrea (o el verdadero pueblo escogido Hebreo). Los no judíos se volvieron hebreos por adopción y por fe (Romanos 2:28,29). El pueblo hebreo escogido estaba ahora compuesto por hebreos naturales (de raza) y hebreos por adopción o nacionalización. Los creyentes hebreos siguieron siendo Hebreos, y los no Hebreos convertidos a la fe se tornaron en Hebreos (o judíos) por adopción. Pablo explica que por la fe, los dos pueblos (judíos y gentiles) son uno, de modo que ambos ya pertenecen a la CIUDADANÍA DE ISRAEL (= ciudadanía Judía)(Efesios 2:11-18). La ciudadanía Israelita no desaparece sino que permanece, y los no judíos se hacen parte de la ciudadanía Hebrea por la fe en Cristo (Gálatas 3:7,16,29). La nación de Israel sigue viva como nación,  la cual está ahora compuesta por gentes que se constituyen en “hijos de Abraham (=hebreos naturales y adoptivos)” por identificarse con su fe (Gálatas 3:7,9,29).  Ya dentro de la iglesia o pueblo escogido de los Hebreos, no existe la clásica distinción de  “judíos y gentiles”, pues ambos grupos de creyentes son todos ahora judíos (o Hebreos) e hijos de Abraham por la fe (La verdadera Israel de Dios). 

         

       El punto es que la Israel de Dios (el pueblo de Dios) es un pueblo eminentemente judío o Hebreo. Los gentiles son ahora considerados por Dios como judíos por su fe en Cristo y en las promesas que Dios le hizo a Abraham y a su descendencia (Jesucristo). Los no judíos han sido injertados en el tronco del olivo Hebreo para nutrirse de la promesas que Dios le hizo a los padres Abraham, Isaac, y Jacob, y al rey David. Los no judíos son considerados como judíos para Dios, y en consecuencia, tendrán todos parte en el reino mesiánico judío que restaurará el rey judío Jesucristo. La salvación, dijo Jesús, viene de los judíos (Juan 4:22). Rechazar a los judíos es rechazar la salvación. Sin los judíos no habría futuro.

 

Jesucristo Volverá para Reinar desde Israel

                

        ¿Para qué regresa Jesús al mundo? Pues, ¡para sentarse en el trono del rey David, su ancestro! Esto lo reveló Jesús mismo en Mateo 25:31,34. Él dijo que volvería con sus ángeles para sentarse en su trono de gloria. Él había anunciado ese magno momento en varias ocasiones, cuando habló de su parusía o segunda venida. En Juan 14:2,3 Jesús habló que volvería para estar con nosotros en el lugar donde estaba antes de partir al cielo. Nótese la frase “para que donde yo estoy (Jerusalén) vosotros también estéis” (verso 3).

 

         Antes Jesús había afirmado que su reino no era de este mundo o era maligna gobernado por el diablo y sus agentes. Por eso, cuando sus seguidores estaban esperando el reino mesiánico, Jesús enseñó que para participar de él, primero era necesario “nacer de nuevo” (Juan 3:3,5). Este renacimiento tiene que ver con la transformación de nuestros cuerpos mortales. El apóstol Pablo enseñó que “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). En buena cuenta, cada creyente tendría que experimentar la misma transformación que tuvo Jesucristo al resucitar. El dejó de ser “carne y sangre” (=mortal) para convertirse en un ser humano inmortal que no requeriría de sangre para vivir sino del Espíritu de Dios en él. Recordemos que el Jesús resucitado no pudo tener sangre pues la había vertido en la cruz del calvario. En realidad Jesús sólo tenía “carne y  huesos” pero no sangre (Lucas 24:39). El fue resucitado o vivificado en el espíritu o por el Espíritu de Dios en él (Romanos 8:11).

 

          Los cristianos estamos llamados a participar del reino de Cristo (Lucas 12:32, Apocalipsis 3:21, Lucas 22:29), y para lograr esto, primero seremos transformados a la semejanza de Cristo. Los creyentes esperan con anhelo el retorno de Cristo, pues es la bendita esperanza de todos los mesiánicos (Tito 2:13). Y decimos que es la bendita esperanza porque su retorno significará la salvación de todos los creyentes (Hebreos 9:28; 1 Pedro 1:5). A su vez, la salvación significará nuestra entrada en el reino milenario de Cristo con vida eterna (Estudie este texto con cuidado: Lucas 18:18-26).

EL REINO DE DIOS ES EL REINO DE DAVID

Muchos llamados Cristianos no llegan a comprender que el Reino de Dios, o también llamado “El Reino de Yahweh”, era la dinastía del rey David en Israel. El Antiguo Testamento es claro en esto, por lo que es muy difícil interpretarlo de una manera nueva y espiritual. Hay dos pasajes centrales que prueban que el Reino de Yahweh (Dios) era la dinastía de los reyes davídicos en la casa o país de Israel:

 

1).-

 

2 Cro. 13:5, 8 leemos: “¿No sabéis vosotros que Jehová Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de sal? Y ahora vosotros tratáis de resistir al reino de Jehová en mano de los hijos de David, porque sois muchos…”.

 

Comentario:

 

Este pasaje es claro:

 

1.- Dios dio el Reino (su reino) a David para siempre.

2.- El Reino de Dios (Jehová) estaba en manos de los hijos de David.

3.- Hay personas que se resisten a reconocer este reino de Dios en manos

     de los hijos de David. Simplemente no lo aceptan y no se quieren

     someterse a la autoridad del reino de Dios.

 

 

2).-

 

1 Crónicas 28:5: leemos: “Y de entre todos mis hijos (hijos de David) porque Dios me ha dado muchos hijos, eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Dios (Jehová) sobre Israel.

 

Comentario:

 

1.- Este pasaje enseña que Salomón, el hijo del rey David, y sucesor de su trono, se sentó sobre el trono del reino de Dios en Israel. Por tanto, es clarísimo que la dinastía del rey David en Israel era el reino de Dios (Jehová). Este hecho Escriturario es inobjetable o irrefutable.

 

En Ezequiel 21:25-27 el Reino de Jehová sufre una violenta interrupción debido a la impiedad del rey Sedequías (descendiente directo del rey David). Dios dijo: “

 

“Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad. Así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona: Esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina a ruina a ruina lo reduciré, y esto no será más, HASTA QUE VENGA AQUEL CUYO ES EL DERECHO, Y YO SE LO ENTREGARÉ (Ezequiel 21:25-27).

 

Dios dirigió esta profecía contra el último monarca davídico impío anunciándole su derrocamiento definitivo, a la vez que pronunciaba una profecía de largo alcance que aseguraba que esta interrupción del reino de Dios se levantaría para dar paso a su restauración definitiva a través de “Aquel cuyo es el derecho y a él se lo entregaré”. Es decir, Dios aseguró que algún día un hombre de la línea de David recibiría el reino, la tiara y la corona nuevamente y restauraría el reino caído de David. Más adelante, el apóstol Pablo anunciaría que ese personaje que tomaría la corona, tiara, y reino, es el Cristo resucitado. Dice Hechos 2:30:

 

“Pero siendo profeta (David), y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono.

 

Así que Jesús es aquel varón a quien Dios eligió para que se sentase en su trono en “el reino de Dios” o llamado también “el reino de David”. Y estando esto del todo claro, es lógico reconocer que Cristo vino para anunciarlo y a decir: el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado (Marcos 1:15) o lo que equivale a decir: “el Reino de David está por restaurarse…está cerca, a las puertas, yo soy aquel que lo inaugurará, pues el tiempo de su suspensión ha caducado”. Observen que Cristo dijo que el tiempo se había cumplido—¿cuál tiempo? El tiempo de la suspensión del reino davídico que se inició en 586 AC bajo Sedequías. En Ezequiel 21:25 se le llama: “EL TIEMPO DE LA CONSUMACION DE LA MALDAD”. Este tiempo se estaba acabando y Cristo vino a anunciarlo y a decirnos que nuevamente el reino se estaba acercando a su restauración. Este fue el evangelio del reino que Cristo vino a anunciar: que el tiempo de la futura restauración del reino se había acercado (no llegado!) en la presencia personal del rey entre ellos. El vino a dar cumplimiento a la profecía Mesiánica de Isaías 61, pero sólo hasta el verso 2 (primera parte). Los versos 3-11 los cumplirá Jesús en su segunda venida en gloria para restaurar definitivamente el reino de Dios en la tierra. Estas fueron las Buenas noticias o EVANGELIO DEL REINO que Cristo vino a predicar por parte de Dios (Lucas 4:43; Marcos 1:1,14,15).

 

De modo que aquellos que quieren enseñarnos que el evangelio del reino que predicó Cristo fue el “evangelio de la familia o reino de Dios” mienten descaradamente éstos pues ignoran totalmente lo decretado en el Antiguo Testamento por Dios sobre un reino por restaurarse en la tierra de Israel.

 

El anuncio de Jesús fue muy bien entendido por sus paisanos por lo que él no se vio en la necesidad de hacer una introducción o una explicación detallada del mismo. Su anuncio fue directo, como si fuera algo ya harto conocido por su auditorio: “el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado” (Marcos 1:15). Aquí Jesús no estaba predicando un nuevo evangelio, o una nueva doctrina que requería de una explicación minuciosa. Entonces es obvio que fue un tema que sus paisanos conocían a la perfección y que estaban aguardando con mucha anticipación. Su misión era sólo CONFIRMAR LO QUE ELLOS SABÍAN Y ESPERABAN (Rom. 15:8). Confirmar no es una nueva promesa o doctrina…¡es simplemente ratificar lo que se ha prometido.

 

Jesús es directo también al decir que el Reino de Dios es el evangelio o buenas noticias para el mundo entero. El Dijo que “este Evangelio será predicado a todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendría el fin” (Mateo 24:14). Este evangelio del reino no era sólo un anuncio para los llamados Judíos naturales, sino también para todas las naciones de la tierra. El reino de Dios como Evangelio llamado también “El evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4), porque tiene que ver con él y su reino davídico (ver a 1 Tes. 2:12 donde la gloria está ligada al reino davídico). Lamentablemente algunos aún confunden el reino de Dios con el Reino en los cielos. Creen que el reino es el cielo y por tanto suponen que heredaremos el cielo mismo.

 

Tenemos que recordar que las promesas de Dios a los padres no han sido aún cumplidas. La herencia de la tierra y del reino davídico por parte del cristo se cumplirá cuando el Señor regrese a la tierra y les diga a los suyos: “Heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:31,34). Esto evidentemente demuestra que el reino no son los “hijos de Dios” o la “familia de Dios” sino la herencia de éstos.

 

……………..

 

EL MENSAJE DE JESÚS: ¿LO CONOCE USTED REALMENTE?

Por Ing. Mario A Olcese

 Cristo, El Portador de un Mensaje del Cielo

Muy pocas personas, que se dicen cristianas, tienen el conocimiento exacto del mensaje que Cristo trajo para la humanidad hace dos milenios. Los más de los “cristianos” suponen que Cristo sólo vino a morir por los pecadores y así hacer factible el ingreso al cielo de ellos, una vez que se hayan arrepentido de sus pecados y hayan recibido el bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Éstos no tienen ni la más mínima idea de que Cristo fue el Portador de “Buenas Noticias (= ‘el Evangelio’ o “el Mensaje”)” por parte de Su Padre Dios (Hechos 10:36). Trágicamente, la mayoría de sus “seguidores” no tiene ni la más mínima idea de que su Líder y Maestro comenzó su ministerio con un anuncio divino (Marcos 1:1,14,15), uno que era muy importante procedente del mismo Dios Padre para los seres humanos. Nótese que Dios envió a su pueblo un mensaje por intermedio de Jesucristo (Hechos 10:36). Además véase que este mensaje es equivalente al ‘evangelio de la paz’ (Hechos 10:36). También Jesús dice en Lucas 4:43: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio (“el Mensaje”) del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.” Jesús dice que es necesario que él predique el mensaje o el evangelio del reino a todas las ciudades, pues esa es la razón por la que Su Padre lo engendró en María. Jesús nació para anunciar el mensaje de Dios. Es decir, para  proclamar el Mensaje Divino—¡Ésta fue la razón de su vida en la tierra!

 

El Mensaje o El Evangelio del Reposo Milenario

 

En Hebreos 4:2-4 leemos claramente lo siguiente: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva (el “mensaje” o el “evangelio”) como a ellos; pero no les aprovechó oír la palabra, por no haber ido acompañada de fe en las que la oyeron. Pero los que hemos creído (en el evangelio o el mensaje) entraremos en el reposo…” Pero Pablo también habla  de que entraremos al reino en Hechos 14:22, lo que significa que “entrar en el reposo del Señor” y “entrar al reino de nuestro Dios” son expresiones equivalentes.

 

Observemos que la “buena nueva” (“el mensaje” o “el evangelio”) tiene que ver con el “entrar en el reposo de Dios” prefigurado por el séptimo día o “séptimo milenio” que es símbolo del  reinado milenario de Cristo en la tierra (Hebreos 4:4)(Apocalipsis 20:4,5). “El reposo de Dios” es, pues, equivalente al reino de Dios, el cual que se inaugurará en la tierra con la Segunda Venida de Cristo—el Rey del reino. Sí, la meta del cristiano será ingresar al reposo de Dios, el cual será cristalizado cuando Cristo inicie su gobierno en el mundo (Mateo 25:31,34, 2 Pedro 1:5-11; Apocalipsis 5:10). Para mayor información sobre la naturaleza del reino de Dios solicite los artículos: “Las Buenas Nuevas de Jesucristo”, también “El Reino de Dios”, “Venga Tu Reino. Hágase tu voluntad…así también en la Tierra.”

 

En Marcos 1:1 leeremos sobre el comienzo o principio del evangelio (o “del mensaje”) de Jesucristo”. En los versos 14 y 15 leemos: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio—o mensaje— del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el evangelio (=en el mensaje)”.

 

El Mensaje o El Evangelio de la Paz

 

 Como podemos ver, hay un mensaje o buenas noticias que se llama “el reino de Dios”. Este “reino de Dios” tiene que ver con la paz, pues se le llama también “el evangelio o mensaje de la paz” (Hechos 10:36, Efesios 2:17). Veamos lo que dice Hechos 10:36: “Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando EL EVANGELIO DE LA PAZ por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.” Esta paz comienza con la reconciliación (justificación) del hombre con Dios. En Romanos 5:1 leemos claramente lo siguiente: “Justificados pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”(También Colosenses 1:20). Sí, es a través de Jesucristo que tenemos la buena nueva o el mensaje de la justificación o reconciliación con Dios. El hombre tiene ahora la oportunidad de acercarse a Dios para ser perdonado a través del sacrificio expiatorio de Jesucristo. ¡Este es el mensaje de la reconciliación o de la paz traído por Jesucristo! “Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15).

 

Pero también recordemos que el evangelio de la paz se relaciona con el reino de la paz de Cristo. El profeta Isaías, capítulo 9, y en los versos 6 y 7 dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro, y se llamará… Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y de la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino…”.

 

El Mensaje o también El Evangelio de la Salvación

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El Apóstol Pablo les dice a los hermanos de Éfeso, lo siguiente: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.” Nótese, pues, que Jesús trajo un mensaje salvador. Éste es un mensaje de paz y de salvación relacionado con algo llamado “el reino de Dios”. Sin este reino de Dios, no se consumará toda la paz y la salvación de Dios. Pero repito, esta paz y salvación comienza en el momento que el pecador acepta el mensaje de Cristo, y lo hace suyo (Romanos 5:1). Luego, el pecador se arrepentirá de sus pecados pasados e iniciará una relación íntima con Dios de plena comunión como un hijo adoptivo de Él. Así estará en el camino al Reino de Cristo. La verdad de que el evangelio o el mensaje de Cristo tiene poder para salvar la encontramos en Romanos 1:16. Aquí Pablo dice: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”.

 

Obviamente sin Cristo y su mensaje el hombre no puede alcanzar el perdón de sus pecados, y por tanto, su salvación. Para entender lo que es la salvación, pida gratis mi artículo: “La Salvación—¿Qué Significa?”. Pero le daremos un resumen de lo que esta salvación significa: Es entrar al reino venidero de Dios con vida eterna. Esta conclusión se extrae del diálogo del joven rico con Jesucristo de Mateo 19:16-25. Allí encontrará usted tres frases: “vida eterna”, “Reino de Dios”, “podrá ser salvo”. Pero esta es la consumación de la salvación, pues recuerde que ella comienza con nuestra reconciliación con Dios, por el perdón de los pecados pasados (Mateo 1:21).

 

El Mensaje o El Evangelio de la Gracia

 

Otro nombre que recibe el mensaje de Cristo es “el evangelio de la gracia.” Leemos en Hechos 20:24 lo siguiente: “…para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Pablo dice al respecto, lo siguiente: “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.” (Hechos 15:11).

 

La “gracia” tiene que ver con la buena voluntad y misericordia de Dios. Gracia tiene relación con la gratuidad, es decir, que podemos ser salvos porque Dios así lo quiso sin que nosotros tengamos que hacer “obras muertas” para alcanzarla. Ya no se requiere hacer penitencias, indulgencias, sacrificios, y cosas como éstas. Ahora se requiere de fe en la sangre de Cristo y comprender el significado de su sacrificio en la cruz por nosotros. Es interesante lo que dice Pablo a los romanos: “Por  cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su GRACIA, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso por propiciación por medio en la fe en su sangre, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia al que es de la fe de Jesús. (Romanos 3:24-26).

 

Dios nos salva por los méritos de su Hijo, no por los nuestros. Nuestras obras y dinero no pueden “comprar” el perdón de nuestro Dios. Nadie podrá decirle a Dios: “Mira, yo he sido adúltero, pero también doné mucho dinero a los pobres” o “Mira, yo fui depravado sexual, pero fui un buen hijo, buen hermano, buen amigo, buen ciudadano, leal, respetuoso, culto, reservado, prudente, etc.” No, esto no salva a nadie. Lo que salva es el perdón que recibimos de Dios a través de Su Hijo por la fe. Nadie, pues, se justificará ante Dios por sus obras sin la fe en Jesús. Dice Pablo: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. Por cuál ley?¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” (Romanos 3:27). Pero tampoco nadie podrá justificarse ante Dios diciendo que creyó en Cristo y su sacrificio, y no obstante siguió pecando como los incrédulos. Dice Pablo como sigue: “¿Qué, pues, diremos? Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:1,2).

 

 El Mensaje o El Evangelio de la Gloriosa Resurrección de Jesús

 

Leemos en Hechos 13:32 que el Apóstol Pablo dice: “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús” Y en 1 Corintios 15:1-6 Pablo es claro cuando dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis…porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció  más de quinientos hermanos...” También leemos que Pablo le dice a Timoteo: “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio (1 Timoteo 2:8).

 

Este hecho es muy importante, y se constituye en una buena noticia para todos los cristianos—¿Por qué? Pablo responde a esta interrogante, diciendo: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana también es nuestra fe…y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.” (1 Corintios 15:14,17,20).

 

No sólo la muerte de Cristo para la salvación de los pecadores constituye una buena noticia, sino también su resurrección de entre los muertos. Si usted desea mayor información sobre la resurrección de Jesús, pida sin costo alguno el artículo:“Jesucristo: Resucitó Realmente de la Tumba?”. Se lo enviaré gratuitamente si lo solicita hoy a la dirección que aparece al final de este estudio.

 

El Mensaje o El Evangelio de la Inmortalidad

 

Dice San Pablo en 2 Timoteo 1:10: “…por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”. Sí, Jesús vino para predicar ‘el evangelio de la vida y de la inmortalidad’. Y ciertamente él vino a traer un mensaje de daba vida—¡pero vida inmortal!. Los hombres, tarde o temprano, tienen que morir, lo cual no es un suceso grato por cierto. No obstante, Jesús habló de “muertos vivientes” que sepultan a otros muertos (Lucas 9:60). Pero el mensaje de Dios, por intermedio de Cristo, es que los “muertos vivientes” pueden tener vida abundante en Cristo (Juan 10:10). Jesús sacó a la luz la vida y la inmortalidad con su mensaje o evangelio. Pero muchos se resisten a creerle a Cristo y por eso siempre estarán muertos para Dios. En cambio, para Dios, los muertos (difuntos) en Cristo están vivos (Lucas 20:38), y tienen la esperanza de recibir la inmortalidad en la resurrección del día postrero (1 Corintios 15:52,53). Dice Jesús, además: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (Juan 11:25,26).

 

El Mensaje o también El Evangelio de la gran Luz Divina

 

En 2 Corintios 4:4 se nos dice que el evangelio ilumina a los creyentes. Dice así Pablo: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca LA LUZ DEL EVANGELIO de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. El Apóstol Juan también dice: “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” (1 Juan 1:5). El otro significado del mensaje de Cristo es que nuestro Dios y Padre es la fuente de la verdadera luz que ilumina a los hombres. Al traer Jesús el mensaje de luz de Su Padre, él mismo se convirtió en la luz del mundo. Por eso Jesús anuncia a los hombres: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Juan 8:12). Ésta, sin duda, era también una buena noticia para el mundo que andaba (…y anda) en tinieblas espirituales. Jesús aparece en la historia para alumbrar a los hombres por el camino que lleva a la vida eterna. Él también quiere que otros hombres sean luz para el mundo en su ausencia, por eso él les dice a sus seguidores: “Vosotros sois la luz del mundo…” (Mateo 5:14). Sólo Satanás está interesado en que la LUZ del evangelio no les irradie a los incrédulos—¿Cómo? ¡Cegando sus entendimientos! (Lea nuevamente 2 Corintios 4:4) Este es el plan maestro del diablo para engañar a los incrédulos—el cegar o embotar sus razonamientos con “falsos evangelios” o falsas filosofías de vida (Gálatas 1:6-9; Colosenses 2:8). Para mayor información sobre este tema acerca de las filosofías de los demonios, solicite el artículo: “Usted Puede estar Engañado por los Demonios”, es totalmente gratuito.

 

 

El Mensaje o también El Evangelio de la Esperanza

 

San Pablo les dice a los creyentes Colosenses, lo siguiente: “Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de LA ESPERANZA DEL EVANGELIO que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.” (Colosenses 1:23).

 

Notemos que Pablo habla que el evangelio es esperanza (‘el evangelio de la esperanza’)que permanece en la vida de los creyentes. Es decir, el otro aspecto del mensaje cristiano es la esperanza que viene del evangelio. El mundo vive muy desesperanzado sin Jesucristo. Las filosofías no cristianas brindan esperanzas etéreas, y de hecho, no son ‘la verdad’. Y También Pablo nos dice en 1 Tesalonicenses 4:13 que aquellos que no tienen esperanza viven tristes. Por tanto el mensaje o evangelio de Cristo alegra la vida, y le da sabor. ¿Y qué es lo que ofrece el mensaje o evangelio de Cristo para que estemos contentos? Eso lo responde Pablo a Tito con estas palabras: “En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.” (Tito 1:2). Pero veamos lo que dice Pablo nuevamente en 1 Tesalonicenses 5:8: “…y con la esperanza de salvación como yelmo”. Aquí Pablo habla de la ‘esperanza de salvación’ y también dijo ‘esperanza de vida eterna’. Obviamente la salvación y la vida eterna están ligadas muy estrechamente, y Ambas constituyen una parte del mensaje o evangelio de Cristo.

 

Por su parte Pedro, el apóstol, dice: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.” (1 Pedro 1:3). Recordemos que la resurrección de Cristo es parte del evangelio, pues ella, como dijimos, garantiza nuestra propia resurrección en su segunda venida en gloria.

 

Otro forma de expresar esta esperanza es como está registrado en Romanos 5:2, donde Pablo dice: “…y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” Es decir, Pablo tenía su esperanza de participar de la gloria venidera del reino de Dios. Por eso Pablo dice: “A lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.” (2 Tesalonicenses 2:14). La gloria, ciertamente está relacionada con el reino de Cristo, pues claramente dice en 1 Tesalonicenses 2:12: “Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.

 

Conclusión:

 

El evangelio o mensaje de Cristo se resume en una meta (fin) y el medio. La meta es el reino de Dios y la inmortalidad (=salvación). Para alcanzar la deseada salvación uno tiene que reconciliarse con Dios, aceptando Su mensaje. Deberá vivir ahora el creyente por la fe y en santidad de vida (este es el medio) para entrar en dicho reino o “reposo de Dios” cuando Jesucristo regrese por segunda vez.

EL REINO DEL MESÍAS

 

El Significado de ‘Mesías’

 

El Reino del Mesías, ¿qué significa eso? Esta es una buena pregunta, pues Jesús es el Mesías o Cristo. Y es que la palabra hebrea Maschiaj (‘Mesías’)  equivale a Kjristós (‘Cristo’) en el idioma griego, y a su vez, Cristo quiere decir: “El ungido de Dios” en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente “ungidos” por los sumos sacerdotes parar ser nombrados para ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc ( 1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo (“ungido”) , David era un Cristo (“ungido”), Salomón era un Cristo (“ungido”), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).

                                                         

 El Reino de Jehová

 

El Reino de Jehová Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados “Jueces de Israel”, los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.

 

Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: “su reino”. Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como “el reino de Jehová”: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel”. También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: “Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre…”. Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.

 

La Promesa de Dios a David

 

Como dijimos arriba, Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa  mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo…y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16).

 

En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo. Esto lo veremos más adelante.

 

En Jeremías 33:20, 21 leemos: “Así ha dicho Jehová: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono…”. Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.

 

Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Jehová en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real ‘judío-davídica’ por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.

 

Jesús: El Cristo de Dios

 

Jesucristo, o también llamado: “Jesús el Cristo”, es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o “el Ungido”) de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de “sangre azul” y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los “cristianos” que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados “cristianos”—¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo—Nuestro Señor y Salvador.

 

Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.

 

Jesús Anuncia el Reino de Dios

 

Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las “buenas noticias” del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado. Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo—¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a “salvarnos”, lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).

 

Sí, Jesús vino  decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a “saborear” un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino “había llegado” (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra—¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).

 

Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que “nacer de nuevo” para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los “pobres en espíritu” era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este “mundo malo” sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).

 

La Pregunta de los Apóstoles

 

Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o “en el corazón de los creyentes” sino en ISRAEL Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.

 

Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra “restaurarás” en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.

 

La Respuesta de Jesús

 

La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: “Y les dijo: No os toca  vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.

 

En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: “Bendito el reino de nuestro padre David que viene” (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver”. ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: “por cuanto estaba cerca de Jerusalén”. ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.

 

Los Cristianos son “Cristos” como Jesús

 

Si bien Jesucristo es “El Cristo” esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de “príncipes” del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. ‘Krio’, de donde deriva la palabra Gr. ‘Kjristos’= Cristo), es Dios” (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra”. Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : “Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David”. Además recordemos que Jesús les dijo  sus doce apóstoles: “…y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel”  (Lucas 22:30). “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lucas 19:28).

 

La Promesa de Jesús no fue el Cielo

 

Es claro, entonces, que Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo para que vivan como angelitos alados y tocando un arpa. La verdad es otra, pues él dijo: “Bienaventurados los mansos por ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5).  Y en Apocalipsis 5:10 se dice claramente que reinaremos sobre la tierra. El sabio rey Salomón expresó: “El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra” (Proverbios 10:30). También dice él: “Porque los rectos habitarán la tierra, y los  PERFECTOS permanecerán en ella (Proverbios 2:21). Ahora bien, ¿quiénes son los perfectos? La respuesta viene de los labios de Jesús: “Sed, pues, vosotros PERFECTOS, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Aquí vemos que los perfectos son los que siguen a Jesús. De modo que los cristianos tendrán como herencia la tierra, y permanecerán en ella. No obstante, esta tierra será renovada, y transformada con la presencia benefactora de Cristo y su reino milenario. Por eso Pedro dice: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13,14).

 

                                                  Resumen

 

1.- El Reino de Dios es el tema central de toda la Biblia, y es el evangelio de Cristo.

2.- El Reino de Dios comenzó con la monarquía de los reyes de Israel.

3.- La capital del Reino de Dios fue (…y será) Jerusalén.

4.- El Reino de Dios finalizó temporalmente con el rey judío impío Sedequías en 586 AC.

5.- Dios prometió a David que no le faltaría un varón que reine en su reino.

6.- El profeta Ezequiel profetizó que la dinastía real judía sería reanudada con un varón noble de David.

7.- Jesucristo es el hijo de David, y el Cristo designado para ser el sucesor al trono de David.

8.- Jesucristo vino a anunciar su próximo reinado, pero antes vino a preparar el camino para entrar en él

9.- Jesús habló que el reino de David sería restaurado, y que sus apóstoles reinarían con él.

10.-Jesús afirmó que Jerusalén es la ciudad del gran Rey.

11.-Jesús enseñó que su reino estaría conformado mayormente por los pobres de este mundo.

12.-Jesús enseñó que debíamos anunciar a otras personas el evangelio del reino de Dios.

13.-Jesús exigió un “nuevo nacimiento” para poder participar de él.

14.-Jesús enseñó que la iglesia heredaría el reino en su segunda venida personal y visible a la tierra.

15.-Jesús enseñó que en su reino desaparecerían las injusticias y toda suerte de mal en la tierra.

16.-Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo una vez que murieran.

17.-El Reino de Cristo durará diez siglos.

18.-Los que no se arrepienten de sus pecados quedarán excluidos para siempre del reino y morirán.

19.-Los que creen en el Reino de Dios, y viven para él, serán salvos.

20.-Salvación es entrar al Reino de Dios con inmortalidad.

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LAS BUENAS NOTICIAS DE JESUCRISTO

  

Jesús es el Mensajero de Dios:         

 

          En Lucas 4:43 Jesús revela a sus seguidores la razón por la cual él fue enviado por Su Padre al mundo. Millones de cristianos han pasado por alto o ignorado este pasaje lucano. Son las mismísimas palabras de Jesucristo, quien dice: “…es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”. ¿Notó lo que dijo Jesús? Él dijo que fue enviado para anunciar el reino de Dios. Él vino a proclamar un mensaje glorioso para todos los pueblos y naciones de la tierra, nunca antes predicado por hombre alguno. (Ver Hechos 10:36). A este reino de Dios Jesús lo llamó: “El evangelio”. Jesús luego dirá que el mensaje que predicarán sus verdaderos seguidores será: El Evangelio del Reino de Dios. Veamos lo que Jesús dice en Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

        

          Ahora bien, la pregunta más común que cualquier estudioso de la Biblia se hace es ésta: ¿Qué quiere decir la Biblia con la palabra “evangelio”? Y es que esta palabra es muy común en todo el Nuevo Testamento, pues ella aparece más de cien veces. En Marcos 1:1 el evangelista Marcos comienza diciendo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. En el versículo 15 Marcos informa que Cristo exigía a sus oyentes a que se arrepintieran y creyeran en el evangelio. Pero antes de responder qué es el evangelio, examinemos primero la importancia que tiene dicho evangelio para el hombre.

 

La Importancia del Evangelio de Jesús:

 

        Es hora que los cristianos conozcan el verdadero evangelio de Cristo—¿por qué? ¡Porque trae salvación! Leamos lo que dice Pablo en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego”. También leemos algo similar en Efesios 1:13, donde el apóstol Pablo dice: “…el evangelio de vuestra salvación y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu de la promesa.” Jesús vino a dar sentido y propósito a nuestra efímera existencia. Lo sorprendente es que millones de cristianos nominales no tienen ni la más mínima idea de lo que es el evangelio de Cristo. San Pablo dice que el evangelio tiene poder para salvar si lo creemos de verdad. Pero nadie puede creer o aceptar algo que no comprende, por tanto, nuestra misión será hacerle entender de qué se trata ese singular evangelio (=buenas noticias) de Jesucristo. Vea también Apocalipsis 12:10, en donde descubrirá que la salvación, el poder, y el reino, vienen juntos. Es evidente que la salvación es entrar al reino, y entrar al reino es ganar la vida eterna (Escudriñar Mateo 19:16-25). Concluimos entonces que la salvación, el reino, y la vida eterna, caminan de la mano.

 

Entendiendo el Evangelio de Jesucristo:

 

         Pues bien, siendo que evangelio significa literalmente “buenas noticias” o “buenas nuevas”, pregunto: ¿De qué se tratan esas buenas noticias? Si yo le digo a usted que le traigo buenas noticias y no le revelo de qué se tratan, ¿valdrá de algo? De igual manera, si yo le digo que le traigo el evangelio (=‘buena noticia’) y no le explico de qué se trata, ¿tendrá sentido para usted? ¡De ningún modo! Usted necesita entender con su mente e inteligencia lo que Cristo vino a anunciar hace dos milenios (Efesios 5:17; Romanos 12:2; Efesios 1:17,18; Colosenses 2.2). Millones están ciegos porque Satanás es experto obscureciendo el evangelio salvador de Cristo. Este adversario del hombre no quiere que el mundo perdido vea la luz del evangelio de la gloria de Cristo. Él quiere mantenerlo ciego y en tinieblas espirituales para que usted no se salve. Pablo es claro cuando les dice a los creyentes de Corinto: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Aunque le parezca duro lo que le voy a decir, lo cierto es que si usted no quiere creer o entender el evangelio de Cristo, es porque usted está cegado por el dios de este mundo—El diablo. El enemigo le hará creer o entender que usted está oyendo una locura de fanáticos religiosos. Nuevamente Pablo les dice  los corintios: “Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura…” (1 Corintios 2:14). Para los creyentes la “locura del evangelio” significa salvación eterna. Dice Pablo nuevamente: “…agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Y también añade él: “Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” ( 1 Corintios 1:18).

 

El Evangelio del Reino de Dios:

 

         Es claro que el evangelio que debe ser predicado a todas las naciones es “el Reino de Dios”. Jesús vino a proclamar un mensaje glorioso para todos los pueblos y naciones de la tierra, nunca antes predicado por hombre alguno. Jesús fue un mensajero de buenas noticias de esperanza y salvación (Ver Hechos 10:36). En Lucas 8:1 se lee lo siguiente: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él.” Es evidente que Cristo y sus apóstoles estaban de acuerdo predicando el evangelio del reino de Dios. Pues bien, ¿están las iglesias de hoy predicando este mismo evangelio?¿Su iglesia lo predica?¿Lo ha oído usted antes? Probablemente nunca. Esta es la tragedia de las iglesias—¡Han perdido el singular evangelio llamado el reino de Dios!

 

         En Hechos 8:12 leemos del evangelismo de un prominente cristiano llamado Felipe. Según este registro Neo-Testamentario: ¿Qué predicaba Felipe? El texto dice claramente como sigue: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.” Aquí tenemos a Felipe, un cristiano prominente, predicando a Jesús y su Reino (el evangelio). Hoy los líderes de la iglesias predican a Jesús, pero nunca, o casi nunca, ellos predican sobre su reino. Nótese además que Felipe bautizaba a los que habían creído en Cristo y en su evangelio del reino. Le pregunto: ¿Se bautizó usted habiendo creído en el nombre de Jesús y en el evangelio del reino de Dios? Millones de infantes o bebés han sido bautizados en la pila bautismal sin haber creído en Cristo ni en su evangelio del reino. ¿Valdrá tal bautismo? Según las Escrituras: NO!

 

         Y para terminar este acápite, leeremos una última referencia del reino en el libro de los Hechos 28:23,30, y 31. En estos versículos veremos que Pablo (en Roma), predicaba lo mismo que Felipe: el Reino de Dios y el nombre de Jesucristo.  Por cierto que Pablo esperó que los creyentes le imitaran en este mismo quehacer evangélico, predicando igualmente el reino de Dios y el nombre de Jesucristo (1 Corintios 11:1).

 

Falsos Evangelistas y Evangelios Incompletos:

 

         El apóstol Pablo advirtió a los cristianos a no sucumbir en el engaño de los falsos evangelios promovidos por falsos maestros. Ya en su época él había previsto la infiltración de falsos mensajes con la etiqueta de “apostólicos”. En Gálatas 1:6-10 podemos leer esta importante exhortación paulina, con estas tajantes palabras: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema., como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguien os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”  

 

         El catolicismo romano elaboró su propio evangelio que ha sido llamado: El evangelio Social. Pero este evangelio es totalmente diferente al evangelio del reino predicado por Jesús y sus seguidores. Dicho Evangelio Social promueve el cambio del mundo por los esfuerzos humanos o acciones humanitarias. En cambio, el evangelio de Cristo es la renovación de nuestro mundo a través de la intervención Divina, al instaurarse un régimen divino y teocrático en la tierra en la persona del Mesías elegido: El Señor Jesucristo.

 

El Significado de la Palabra Reino:

 

         La palabra reino es muy conocida por todos nosotros. Hemos oído del reino de Inglaterra, de España, de Italia, de Jordania, etc. Un reino es una forma de gobierno. Es una monarquía real con un rey, territorio, súbditos, y leyes. Ahora bien, la Biblia habla de reinos. Tenemos un ejemplo en Daniel 2:37-39, donde el profeta Daniel registra que Nabuconodosor era rey de reyes, el monarca del reino babilónico. Aquí tenemos la evidencia de que un reino es una monarquía real, con un soberano autoritario y poderoso. También Daniel revela que los reyes de Medo-Persia, Grecia, y Roma gobernarían sus respectivos reinos en el futuro. Daniel profetizó que en los días de diez reyes o líderes mundiales venideros (representados por los diez dedos de una colosal imagen), el Dios del cielo levantaría un reino (Gobierno) mundial que desplazaría y destruiría precisamente a estos diez países confederados (¿El Mercado Común Europeo?). Luego el profeta ve que dicho reino divino (representado por una roca—la cual simboliza al Mesías y su reino) cubre todo el planeta tierra. Aquí el profeta está viendo el reinado milenario y mundial del Mesías, con todo su poder y gloria, inmediatamente después de su Parusía o Segunda Venida personal a la tierra.

 

         El Reino de Dios es un GOBIERNO político y teocrático, el cual traerá la paz y la justicia verdaderas a la tierra. El profeta Isaías dice del reino de Dios lo siguiente: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite” (9:7). ¡Cuántos no anhelamos una paz y justicia duraderas para todos los pueblos de la tierra! El mundo ha vivido en guerras siempre y los hombres nunca han vivido en una paz verdadera y global. Hoy hay prácticamente paz en nuestro continente americano, pero en otros lugares, y en otros continentes, existen guerras étnicas, y conflictos entre naciones. La Biblia nos dice que un rey gobernará con VARA DE HIERRO. En Apocalipsis 12:5 leemos: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones…” También el profeta Isaías predice: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”(32:1).

 

Jesucristo, el Rey de Israel:

 

       Hemos visto que Cristo será Rey pero, ¿desde dónde gobernará?¿Quiénes serán sus súbditos? ¿Y con quién gobernará? Pues bien, estudiemos lo que el ángel Gabriel le dijo a María, cuando iba a concebir a su hijo Jesucristo: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:31-33). Esta promesa angelical ha sido pasada por alto por millones de llamados “cristianos”. Pero es importante que entendamos que aquí hay una promesa concreta aún no cumplida. Aquí se habla del ‘trono de David’ y de ‘la casa de Jacob’: ¡Sobre éstos reinará Jesús! Cuando Pilato interroga a Jesús : “¿Luego, eres tu Rey? Jesús le responde: Tu dices que yo soy Rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad…” (Juan 18:37). Aquí vemos que Jesús admite abiertamente que el nació para ser Rey, y para eso vino al mundo, para dar a conocer esta verdad. Sí, Jesús tendrá un trono—el de David su padre— y tendrá un territorio, la casa o el país de Jacob (=Israel). Esto quiere decir que Jesús es de “sangre azul o real”, pues desciende de un rey y de un reino israelita (Mateo 1:1). Efectivamente, Israel fue gobernado por reyes judíos, comenzando con Saúl, luego David, después su hijo Salomón, etc., hasta que en el año 586 A.C, el último rey judío Sedequías fue destronado por Nabuconodosor, rey de Babilonia. Es decir, hace más de 2,500 años que Israel dejó de tener una monarquía para convertirse en un país democrático a partir de 1948. No obstante, Dios le prometió a David que no le faltaría un descendiente en su trono (2 Samuel 7:12-17; 1 Crónicas 17:11-14; 2 Crónicas 7:18). En buena cuenta, Israel volverá a ser una monarquía como lo es su actual vecino, el reino de Jordania.       

           

         En Apocalipsis 12:5 hemos visto que un varón regirá el mundo con mano firme y sólida como el hierro. Pero: ¿Quién es ese misterioso varón? La respuesta la da el apóstol Pedro cuando dice: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesucristo, varón aprobado por Dios…” (Hechos 2:22). Aquí se le llama a Jesucristo: varón de Dios. Y en Hechos 17:31 Pablo dice: “Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”. Notemos que aquel varón designado por Dios para ser juez y rey, fue resucitado de entre los muertos. ¡Esta es una clarísima alusión a Jesucristo! (Leer también 2 Samuel 23:3).

         

         Sabiendo que Jesucristo es el Rey del reino o gobierno venidero de Dios, ¿qué más detalles tenemos de su gobierno? En el Salmo 72:7,8 encontramos más detalles del mismo con estas palabras proféticas: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra”. Aquí vemos que Dios promete un gobierno mundial de paz y justicia duraderas, y las naciones del mundo estarán bajo su control y dominio. En un mundo donde no hay justicia, no puede haber paz. Las injusticias sociales y económicas necesariamente se traducen en descontento y violencia. Los hogares están destruidos y violentados por las injusticias. Toda injusticia es pecado (1 Juan 5:17). Hay injusticia en los robos, adulterios, mentiras, en la explotación del hombre por el hombre, en las desigualdades educativas, en la discriminación racial, etc. Se necesita urgentemente un nuevo orden social, político y económico ideal y perfecto. Pero lo ideal y perfecto no puede venir de hombres imperfectos. Mientras existan el egoísmo y el afán de lucro desmedidos, no se podrá alcanzar la justicia y la paz verdaderas. El pecado acarrea la injusticia necesariamente. Y pecado es trasgresión o violación de las leyes de Dios que se resumen en el amor (1 Juan 3:4; Romanos 13:10).        

 

         Jesucristo es también llamado “El deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7), pues es el único que, siendo hombre, es también el Hijo de Dios. Jesús afirmó que mantiene una unidad perfecta con Su Padre (Juan 10:30). Su enseñanza y educación no provienen de una excelente universidad americana o europea, sino de Dios. Dios es su Maestro (Juan 8:28). Él recibió de Su Padre la mejor instrucción para solucionar los problemas humanos. ¡Las enseñanzas de Jesús son las mismas enseñanzas de Dios! (Juan 14:10,24).

 

Jesucristo Sabrá Cómo Reinar bien:

 

         El apóstol Pablo reconoció que la Palabra de Dios instruye y hace perfecto al hombre (2 Timoteo 3:16). Dios ha perfeccionado a Su Hijo Unigénito Jesucristo a través de la obediencia a Su palabra (2 Timoteo 3:15-17). Sí, Jesús desde niño se iba perfeccionando con la palabra de Dios. Él discutía con los sabios de la época sobre lo escrito en los rollos del Antiguo Testamento, y se hacía cada vez más sabio y entendido. Sí, Jesucristo es la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24). Cuando Jesús gobierne este mundo desde Jerusalén, él emitirá decretos efectivos que traerán resultados positivos para todos los pueblos y naciones (Miqueas 4:1,2). En Isaías 55:11 Dios dice de Su Palabra lo siguiente: “Así será la palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. Sus leyes para la reestructuración de nuestra sociedad tendrán resultados beneficiosos (Hechos 3:19-21). Con él no habrá derroche de riquezas, ni políticas equivocadas. La improvisación no existirá en su gobierno. Cristo regirá con sabiduría de Dios ( 1 Corintios 1:24). El sabio Salomón dijo: “Pero la sabiduría es provechosa para dirigir (Eclesiastés 10:10). Sí, para dirigir una nación o todas las naciones en su conjunto se requiere de verdadera sabiduría—la sabiduría de Dios! Los gobernantes han fracasado en sus planes y objetivos trazados para un buen gobierno porque les ha faltado la sabiduría de Dios. Los gobernantes de hoy y de antes han gobernado a espaldas del pueblo y trágicamente también sin tener en cuenta a Dios. La Biblia dice que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 17:1). Pero Cristo sí sabrá gobernar el mundo, porque él es la sabiduría de Dios, y sus súbditos serán hombres mansos y deseosos de obedecer sus leyes. Los malos e incorregibles habrán sido destruidos por Cristo en su segunda venida.

 

La Iglesia Será coheredera del Reino de Cristo:

 

       La iglesia de Jesús, compuesta por todos sus santos seguidores, tendrá la herencia del reino de Cristo. El apóstol Pablo escribió esto a los cristianos de Roma: “Porque a los que antes predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos llamó; y a los que llamó, a éstos también glorificó.” (8:29,30). Notemos que Dios predestinó a hombres y a mujeres para glorificarlos, pero: ¿Qué significa eso? Pablo vuelve  decir: “Pero nosotros debemos siempre dar gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”(2 Tesalonicenses 2:13,14). Nótese que los creyentes van a recibir la misma gloria de Jesucristo. ¡Esto es muy claro! Ahora bien, Pablo dice: “Y si hijos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:17). Observe ahora que nuestra glorificación tiene que ver con heredar de Dios y coheredar con Cristo, si es que padecemos juntamente con él. Ahora viene otra pregunta: ¿Qué heredaremos de Dios y qué coheredaremos con Cristo? La respuesta la da Jesús en Mateo 25:31,34, cuando dice: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Cuando Cristo vuelva nuevamente, su iglesia heredará el reino de Dios con Cristo. Sí, la iglesia está llamada a reinar con Cristo en el reino de Dios, pues Pablo también dice: “Si sufrimos, también reinaremos con él…” (2 Timoteo 2:12). Y en Apocalipsis 5:10 Juan escribe: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). La glorificación implica entonces nuestra coronación para ser reyes en el reino de Cristo que se establecerá en esta tierra.

 

La Sede del Reino de Dios:

          

         Como el reino de Dios le será restaurado a Israel (Hechos 1:6), debemos averiguar dónde se asentó el trono del reino israelita hasta los tiempos de Sedequías, su último rey, destituido en 586 A.C. En primer lugar, la Biblia nos dice que desde Saúl hasta Sedequías, el trono se estableció en Jerusalén. Por ejemplo, David reinó 33 años en Jerusalén (1 Reyes 2:11). Luego Salomón, su hijo, se sentó en su trono (el de David) en Jerusalén por 40 años, y luego murió ( 1 Reyes 11:42). Y así se sucedieron los reyes judíos hasta Sedequías. De modo que Jerusalén fue la sede del trono del reino de Dios. Recordemos que el reino israelita era el reino de Dios (1 Crónicas 28:5), y este reino de Dios “finalizó” con Sedequías en 586 A.C. Pero Jesús habló de la restauración del reino de Dios en su persona (Hechos 1:3,6,7). Entonces, si el reino de Dios va a ser restaurado, tiene que ser en el mismo lugar donde estuvo antes, es decir, en Jerusalén. Efectivamente, Jesús afirma que Jerusalén en la ciudad del gran rey (Ver Mateo 5:33-35). Pero para que Dios le restaure al pueblo hebreo el reino de Dios, Jerusalén tiene que estar bajo el control judío. Pero por espacio de dos milenios Jerusalén estuvo en manos de los no judíos, en tanto que el pueblo hebreo estaba en la diáspora o dispersión mundial. La profecía parecía imposible de cumplirse hasta la formación del estado judío el 12 de Mayo de l948. Desde esa fecha los judíos regresaron a su tierra, y 19 años después recuperan la capital Jerusalén.

 

El Renacimiento del Estado de Israel El 12 de Mayo de 1948:

 

       Muy pocas personas comprenden la importancia que tiene Israel en el escenario mundial. Las mayorías ignoran que la restauración del estado de Israel en 1948 tiene un propósito divino. Sí, millones de personas desconocen que esta es una generación única que ha visto una revolución en la política, en la economía, y en las ciencias. Esta generación ha tenido el privilegio de ver renacer el moderno estado judío tal como lo predijo Dios en Deuteronomio 30:3-5. Este pasaje debe ser leído con atención, pues habla del retorno final de los judíos de la diáspora mundial a su tierra, Israel. En Ezequiel 11:17 leemos además: “Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel”. En Lucas 21:24 Jesús predijo la dispersión mundial de los judíos (la cual ocurrió en el año 70 d.C), y la consecuente dominación de Jerusalén por las naciones gentiles hasta los tiempos postreros. Finalmente el pueblo judío recuperaría su capital, y recibiría a su Mesías esperado. Esta restauración del pueblo judío en su tierra ocurriría en la última generación de este mundo caótico (Mateo 24:34).

 

El Rito de Iniciación Para Heredar el Reino:

 

         Para tener parte en el glorioso reino de Cristo como “reyes y sacerdotes”, hay que seguir algunos pasos de iniciación. Recordemos por un instante la entrevista privada que tuvieron Jesús y el fariseo Nicodemo, registrada en el evangelio de Juan: “Respondió Jesús (a Nicodemo) y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de AGUA  y del ESPÍRITU, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. (3:3-8).

 

         Aquí encontramos la “fórmula” para poder ver y entrar en el Reino de Dios. Primero, usted tiene que “nacer de agua”. Agua es sinónimo de purificación y representa el bautismo por inmersión. En Hechos 2:38 Pedro les dice a sus paisanos judíos: “Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Nótese que después del bautismo se recibe el Espíritu de Dios. Los nuevos creyentes bautizados eran añadidos a la iglesia de Cristo (Hechos 2:41). La palabra del evangelio del reino convierte al pecador, y lo impele a tomar la decisión de bautizarse para recibir el perdón de sus pecados pasados, y tener el camino despejado para entrar en el reino venidero (Efesios 5:26). Aquel hombre nuevo “renacido” recibe el sellamiento del Espíritu Santo, a fin de dar frutos espirituales. ¡Vivirá para el Espíritu y no más para la carne! Pedro además añadirá: “Siendo renacidos no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. Pero recuerde bien, el bautismo viene como consecuencia de haber creído en el evangelio del reino de Dios y en el nombre de Jesucristo (Hechos 8:12). Además, tome nota sobre la importancia del bautismo en el siguiente texto: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias d la carne, sino como una aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo. (1 Pedro 3:21).

 

Invitación del Señor Jesucristo:

 

         Dice Jesús: “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad.” “He aquí que yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” “Y el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:7,12, 14,17).

EL EVANGELIO DEL REINO DE DAVID

 

Querido Tito, lo que sucede contigo es que quieres llamar únicamente como “evangelio del Reino”, la muerte, sepultura y resurrección al tercer día de Jesucristo. Pero, ¿es que no entiendes que Cristo comenzó su ministerio predicando el evangelio del Reino sin anunciar nada en absoluto de su muerte y resurrección al tercer día? (Lee Marcos 1:1,14,15). Su muerte y resurrección como “evangelio” fue anunciado muy posteriormente en Marcos 8:31. Entonces es evidente que lo que Jesús anunciaba como el evangelio del Reino en Marcos 1 era algo diferente a su muerte y resurrección, que fueron cosas que él reveló recién en Marcos 8:31. ¿Qué estuvo Jesús entonces predicando como el evangelio del Reino en Marcos 1:1,14,15? ¡Obviamente éste nada tenía que ver con su muerte y resurrección al tercer día. ¿Me entiendes esto? ¡Es simple!

 

Tú dices que el “evangelio del Reino” no es el reino de David, y luego antojadizamente interpretas sin ninguna base Escrituraria que “reino de Dios” implica que el reino es sinónimo del cielo o que el evangelio viene de arriba. Afirmas que “el evangelio del Reino” es igual a “evangelio del cielo” pues procede de Dios. Has convertido el reino de Dios en Dios mismo. Por tanto, para el teólogo Tito, el evangelio del reino de Dios equivale al “evangelio DE DIOS. Me pregunto, entonces, ¿qué es el “evangelio de la paz (Efe. 6:15)”? Es “la paz” sinónimo del cielo o de Dios?Y ¿qué es el “evangelio de la gracia” (Efe. 3:8)?¿Es la “gracia” sinónimo del cielo o de Dios también?¿y qué diremos del evangelio de “aquella promesa” (Hechos 13:32). ¿Significa la frase “aquella promesa” sinónimo del cielo o de Dios? “Y qué diremos del “evangelio de la salvación (Efe. 1:13)”, ¿Es también el vocablo “salvación” sinónimo del cielo mismo o de Dios?  Obviamente la paz es la paz; la gracia, es la gracia; las promesas son las promesas; la salvación es la salvación; Y EL REINO ES EL REINO DE DAVID.  Pero el punto crucial es responder la pregunta sobre qué asunto comenzó predicando Jesús como “El evangelio del Reino” en Marcos 1:1,14,15. En estos versos iniciales de Marcos no leemos nada en absoluto que Jesús predicara sobre su futura muerte, sepultura y resurrección al tercer día. De modo que nos vemos forzados a concluir que lo que Cristo comenzó hablando fue sobre el reino Mesiánico de David a sus paisanos, el cual era una esperanza largamente esperada por ellos. Era un anuncio singular por sus características, pues Jesús no hace ninguna INTRODUCCIÓN, y tampoco da mayores EXPLICACIONES—¿por qué? ¡Porque era un tema harto conocido por sus paisanos! Recordemos que Pablo dijo que Jesús vino a confirmar las promesas hechas a los Padres” , y esa fue su misión evangelizadora (Rom. 15:8). Y si él vino a confirmar las promesas hechas a los padres (las cuales incluyen el reino davídico) es lógico concluir que Jesús comenzara anunciando el evangelio del reino davídico por restaurarse. Ignorar esta verdad es ignorar el contexto histórico en el que se desenvolvió Jesús. ¿O es que acaso los paisanos de Jesús no esperaban que se restaurara el reino de David tal como los profetas lo habían estado anunciando ampliamente? En Marcos 1:15 Jesús pasa luego a decir a sus paisanos: “el reino de Dios se ha acercado”, es decir, el largamente esperado reino de David estaba a las puertas, listo a aparecer con tal que ellos estuviesen dispuestos a recibirlo. Jesús les estaba hablando de algo que ellos ya sabían, de un evangelio o buenas noticias de un reino davídico que se acercaba.  Este era el evangelio del Reino de Dios=evangelio del Reino de David,  ¡ya que el Reino de David era el reino de Dios! (1 Cró. 28:5). Y lo interesante es que Jesús comienza hablando del reino davídico en el comienzo de su ministerio…¡Y AL FINAL DE EL TAMBIEN! (Hechos 1:3). Nota que en l verso 3 Jesús se pasó 40 días predicándoles a sus discípulos—¿qué?—¿sólo su muerte y resurrección al tercer día? No, ¡El reino de Dios! ¿Y fue el reino de Dios el evangelio de su muerte y resurrección? NO! Pues en Hechos 1:6 los discípulos le pregunta si el reino será restaurado pronto a Israel, lo que implica que el evangelio del Reino predicado por Cristo no era su muerte y resurrección, sino su reino futuro en la tierra.

 

Mira Tito, yo creo firmemente que el evangelio es de Dios, y que viene del cielo, pero eso no quiere decir que el evangelio del reino de Dios deba interpretarse como “el evangelio del cielo” quitándole al vocablo reino su verdadero significado literal (una monarquía). Cuando la Biblia habla del “evangelio del Reino” se refiere al evangelio o buenas noticias del reino venidero de David a la tierra, así como el “evangelio de la promesa” es la buena nueva de la promesa dada a los padres, literalmente hablando.¡Pues este mismo ocurre con el anuncio o EVANGELIO que vino a traer Cristo en Marcos 1:1,14,15! No fue su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día el evangelio central, pues este anuncio fue revelado por Jesús después, unos 10 a 12 meses después de iniciado su ministerio de tres y medio años.

 

 Pablo NO dice en 1 Corintios 15:1-6 que el evangelio es únicamente la muerte, sepultura y resurrección al tercer día de Jesús. En el verso 3 dice claramente: “Os recuerdo hermanos el evangelio que os he predicado…EN PRIMER LUGAR, pues, os he enseñado lo mismo que yo recibí, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras… (el resto del evangelio apostólico se descubrirá en los siguientes versículos del 7-58). La tragedia de los evangélicos y Católicos es que se plantan en el verso 7 y no quieren seguir adelante donde se nos promete a nosotros nuestra resurrección física y el ingreso al reino de Cristo en la tierra. El Diablo los ha cegado para que no perciban la frase “En primer lugar” del verso 3. Esta frase descarta totalmente la idea de que el evangelio es sólo la muerte y resurrección de Cristo al tercer día. Esta es una mentira satánica, pues el diablo no quiere que la gente conozca la verdad del evangelio completo, el cual incluye el reino Davídico de Cristo Jesús.

 

………..

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

 

           La más grande y bendita esperanza que tiene la iglesia de Cristo es el regreso de su Señor al mundo. El apóstol Pablo habla de este magno evento con estas palabras: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y (del) Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). De modo que podemos afirmar que el segundo advenimiento de Cristo y el establecimiento de su reino, son dos de los temas más importantes de la Biblia.

 

           De los 260 capítulos del Nuevo Testamento, la segunda venida de Cristo es mencionada no menos de 318 veces. Esto significa un promedio de más de una vez por capítulo. Y en el Antiguo Testamento, profetas tales como Isaías (9:6,7; 66:15), Jeremías (23:5), Ezequiel (21:25,27), Daniel (7:27), Joel (3:16,17), Abdías (21), Miqueas (4:3,4), Zacarías (14:4,5,9), Habacuc (2:2.3), Sofonías (1:14; 3:15), Hageo (2:7) y Malaquías (4:2,5,6,); hablaron claramente de esa venida que aún no se ha cumplido.

 

La Evidencia del Nuevo Testamento

 

           Cristo mismo habló de su regreso al mundo en sus parábolas del reino. El se representó como el novio que recibe a su novia en la parábola de las Diez Vírgenes; en la parábola de las Diez Minas él se presenta como el hombre noble que se fue a un país lejano para recibir un reino y regresar (Mateo 25; Lucas 19).

 

           Juan registró estas palabras de Jesús, “Vendré otra vez“, en su Evangelio, y en sus últimas epístolas él habló del regreso de Cristo con confianza diciendo: “Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES.” (Juan 14:3; 1 Juan 3:2).

 

           Pedro también habló con confianza del regreso de Cristo. En su segundo sermón después de Pentecostés, él dijo proféticamente: “Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hechos 3:20,21).

 

           Pablo también habló mucho del regreso de Cristo en sus epístolas. A los Romanos les dice: “En el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Romanos 2:16), confirmando el hecho por medio de citar el Profeta, quien dijo: “Vendrá de Sión el libertador, Que apartará de Jacob la impiedad.” (Romanos 11:26).

 

           A los Corintios Pablo les dice que Cristo es “PRIMICIAS“, y luego añadió la esperanza de cada creyente: “Luego los que son de Cristo, en su venida.” ( 1 Corintios 15:23).

 

           A los Filipenses también Pablo les expresa su confianza en el regreso de Cristo desde los cielos (3:20-21). Y a los Colosenses también Cristo expresa esa misma confianza o seguridad diciéndoles: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” (3:4).

 

           Y cuando le escribe al joven Timoteo le dice, entre otras cosas, “Guarde el mandamiento sin mácula ni reprensión hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo” (1 Timoteo 6:14). Y en su segunda carta a Timoteo, nuevamente le escribe: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”(2 Timoteo 4:7,8).


        

           Otros escritores del Nuevo Testamento son igualmente explícitos al hablar de la segunda venida, como por ejemplo, Santiago. Él dice: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor…porque la venida del Señor está cerca.” (Santiago 5:7,8).

 

¿Para Qué Regresa Jesucristo?

 

           Muchos cristianos no tienen una idea realista y bíblica de la razón del retorno de Cristo y de los eventos que le siguen. Los “Dispensacionalistas” sostienen que la segunda venida de Cristo tiene 2 fases: Una invisible y secreta para su iglesia, a fin de “raptarla al cielo” para que no pase por la “gran tribulación” que acaecerá a la tierra; y otra, visible, audible, y abierta (con su iglesia “raptada”) para castigar a los impíos y restaurar su reino milenial en la tierra.

               

           Lamentablemente, esta creencia moderna no tiene asidero en las Escrituras, aunque se hagan todos los esfuerzos posibles para encontrarle base bíblica coherente. Lo cierto es que es una fábula pretender enseñar que la iglesia no sufrirá la gran tribulación final, ya que si examinamos  Mateo 24:29 descubriremos que esa teoría se viene abajo. El texto dice enfáticamente: “E inmediatamente DESPUÉS DE LA TRIBULACIÓN DE AQUELLOS DÍAS…APARECERÁ LA SEÑAL DEL HIJO DEL HOMBRE EN EL CIELO; Y ENTONCES LAMENTARÁN TODAS LAS TRIBUS DE LA TIERRA, Y VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE VINIENDO SOBRE LAS NUBES DEL CIELO, CON PODER Y GRAN GLORIA.”

 

           Es claro que Cristo enseñó que su venida es “pos-tribulacional“, y “pre-milenial“. Es decir, Jesús viene después de la grande tribulación, y antes del inicio de su reinado en la tierra. En Apocalipsis 20:4,5 se nos dice que Cristo, al volver, atará al diablo y a sus ángeles, y comenzará inmediatamente su reinado milenial en la tierra, y con su iglesia.

 

           Notemos, además, que al volver Cristo al mundo, las naciones le verán y se lamentarán por su presencia. Por tanto, su única segunda venida es audible, visible, y terrorífica para los malvados. No encontramos ningún texto donde se diga que Cristo vendrá en dos fases, como sostienen muchos “evangélicos“. Esto es torcer las Escrituras, interpretándolas de forma caprichosa, y privada. Es que muchos cristianos le temen a la “gran tribulación” que vendrá sobre la tierra. Ellos quieren “escapar” antes que caigan las plagas del Señor. Pero: ¿Acaso es necesario escapar al cielo para evitar las plagas de Dios? ¿Acaso no nos acordamos de los israelitas en Egipto? ¿Acaso no bajaron las diez plagas de parte de Jehová, y ningún Israelita fiel murió? ¡Dios no arrebató a los israelitas al cielo para salvarlos de sus plagas!. Y, ¿Qué diremos de Lot y su familia? ¿Acaso bajaron los ángeles de Dios para llevárselos al cielo a fin de que no murieran en Sodoma y Gomorra? Claro que No. Ellos fueron sacados a tiempo de tales ciudades y punto.  Simplemente escaparon a otro lugar de la tierra.

 

           En Mateo 24:16,17 Jesús da una salida a su pueblo para cuando se presente la gran tribulación,  diciendo: “Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes…y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.” Tal vez Dios ya tenga lugares de “refugio” para los suyos, cuando venga el tiempo de espanto.

 

           Y finalmente, ¿Acaso no vamos a creer en las promesas de Dios dadas en Salmo 91:7? Este texto dice: “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; MAS A TI NO LLEGARÁ.” Sí, Dios puede protegernos aunque caigan miles de malvados a nuestra derecha e izquierda. Dios puede hacer maravillas y portentos que parecen imposibles hoy.

 

           Es lamentable que por la falta de fe millones de Cristianos no crean que Dios puede proteger a su pueblo aunque se encuentren en medio de las pruebas. El escape al cielo no es la solución para nuestros temores. ¡Está la confianza en las promesas divinas!


 

La Segunda Venida: el Juicio y la Retribución

 

           La Segunda Venida tiene como fin el juicio sobre los que ahora se resisten a creer y servir a Cristo. En Hechos 17:31 leemos: “Por cuando ha establecido un día en que JUZGARÁ al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” Y Pablo les dice a los creyentes de Corinto: “Porque es necesario que todos nosotros compadezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”  ( 2 Corintios 5:10). Y al joven Timoteo le dice Pablo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino.” (2 Timoteo 4:1).   

 

           ¿Qué recibirán los justos e injustos? La respuesta es clara e indiscutible. El Señor Jesús lo dice enfáticamente así: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron los malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28,29).

 

           Hay un glorioso comienzo para los creyentes, pero un trágico destino final para los que rehusaron obedecer a Cristo. Es claro que con la muerte no se acaba todo, pues todavía falta el juicio y la retribución por las obras hechas, sean buenas o malas. Dice el escritor de Hebreos, de este modo: “Pues si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.” (10:26,27).       

 

           También se nos dice que los fieles y creyentes heredarán, por fin, el reino de Cristo. En Mateo 25:31,34 leemos: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” Obsérvese que hay un reino futuro que se heredará sólo en la segunda venida de Cristo. Para mayor información sobre el reino de Dios, solicite gratis el artículo “El Reino de Dios”, y “Las Buenas Noticias de Jesucristo” a la dirección que aparece al final de este estudio.

 

           Como un anticipo diremos que cuando Jesús venga CONQUISTARÁ a todos las naciones y estarán bajo su poder y mando. Él, y su iglesia, reinarán este mundo por mil años. La conquista de Cristo empezará con el derrocamiento de Satanás y sus demonios, a fin de que no engañe más a las naciones; y pueda dar inicio a su gobierno mundial desde la ciudad de Jerusalén (Israel). En esa fecha de su regreso se cumplirá la profecía de Lucas 1:31-33, la cual señala que Cristo será el rey del Reino de Dios en el trono de David, su padre en la carne. Por ejemplo, el profeta Isaías habla de Cristo y su futuro reino milenial, así: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo DILATADO DE SU IMPERIO y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El Dios de los ejércitos hará esto.”      

 

¿Cuándo Regresará Jesucristo?

 


           Jesús fue contundente al afirmar que nadie puede saber el día y la hora. Esto nos permite estar en guardia y alerta cada año, cada mes, cada día, y cada hora de nuestras vidas. Jesús dijo: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el hijo, sino el Padre. Velad, pues, porque no sabéis cuando vendrá el Señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo” (Marcos 13:32,35,36). Y cuando los discípulos querían saber el tiempo del establecimiento del reino, Jesús les contestó: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.” (Hechos 1:7). Pretender, pues, decir que una iglesia o persona sabe cuál es la fecha del regreso de Cristo, y del fin del mundo es una falacia mayúscula.

          

           Y en Apocalipsis 16:15 Jesús dice: He aquí, yo vengo como LADRÓN. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.”  Sí, Jesús viene como ladrón en la noche, es decir, por sorpresa, cuando todos duermen. No es que Cristo vaya a venir necesariamente de noche, sino que se está refiriendo al elemento sorpresa.

 

¿Cómo Regresará Jesús?

         

           La Biblia afirma que Cristo volverá VISIBLEMENTE, una sola vez, y que todo ojo le verá. En Apocalipsis 1:7 leemos: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” Es muy claro que todo ojo le verá, incluso los malos e incorregibles. El vendrá de la misma forma en que se fue hace dos milenios. En Hechos 1:10,11, leemos que dos ángeles de Dios se les aparecen a los discípulos, mientras éstos iban viendo ascender a Jesús al cielo. Y, ¿qué les dicen los ángeles a los discípulos? Veamos: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas. Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASÍ VENDRÁ COMO LE HABÉIS VISTO IR AL CIELO“.          

          

           Jesús regresará con poder, y gloria, y en la compañía de millares de ángeles. El mismo Jesús lo revela en Mateo 16:27 con estas palabras solemnes: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre CON SUS ÁNGELES, entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” Usted no encontrará, ni un solo texto, en que se diga que Cristo volverá acompañado de su iglesia, supuestamente arrebatada siete años antes por él al cielo.

 

           También se nos revela que vendrá en un tiempo difícil en donde la fe en él y en sus promesas se ponen en duda, y son objeto de mofa. El apóstol Pedro lo dice con estas palabras: “Sabiendo esto primero, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3,4). Y Jesús se pregunta: “…Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8).

 

           ¿Será silenciosa y secreta su venida? No. Ya hemos visto que todos le verán. Pero además de eso será “bulliciosa“, pues viene con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios. Dice Pablo a los Tesalonisenses enfáticamente: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.” (1 Tesalonisenses 4:16).

 

           También Jesús habla de su propia segunda venida, así: “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27). Pues bien, ¿acaso los relámpagos no hacen ruido cuando aparecen en el cielo nocturno? Por cierto que sí. Del mismo modo, cuando Cristo regrese al mundo en persona, se presencia será como el relámpago que brilla, que hace ruido, y que atemoriza. Es obvio que todo este testimonio bíblico no da cabida a un regreso invisible, y secreto como lo proponen los “evangélicos” y “Testigos de Jehová“. Recordemos que este último grupo religioso sostiene que Cristo vino invisiblemente y secretamente en 1914 D.C. ¡Contundentemente están en el error!

 


           Definitivamente Cristo vendrá cuando menos lo esperemos, súbitamente, y sin aviso. No será necesariamente el 2,000 D.C. o cualquier fecha que pueda dar algún “psíquico“. Lo cierto es que vendrá en el momento que menos esperamos. 

 

¿Volverá Jesús en esta Generación?

 

           ¿Será esta generación la que vea venir a Jesús en gloria para establecer su reino en la tierra? Durante casi dos milenios la iglesia cristiana ha estado a la espera del Señor Jesús. A los Romanos Pablo les expresa su seguridad que Cristo (nuestra salvación) está cada vez más cerca (13:11). Y Santiago, escribiéndoles a judíos cristianos en la dispersión, les dice: “…Porque la venida del Señor ESTÁ CERCA.” (5:8). Sí, la venida de Cristo era “inminente” para los primeros cristianos, y la sigue siendo hoy. Siempre, desde los albores del cristianismo, se han podido aplicar las profecías de Jesús registradas en Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21, a las distintas edades pos- cristianas; o al  menos, a casi todas. En cierto grado, siempre hubo guerras, hambres, terremotos, falsos profetas, pestes, persecución, etc, en la tierra. No obstante, hay eventos dados por Jesús en sus profecías del fin, que difícilmente pudieron cumplirse antes de la segunda mitad de este siglo XX o un poco antes. Vamos a ver tres eventos predichos por Cristo que se cumplirán en la última generación predicha, y en la cual él volverá personalmente a la tierra.

 

           1.- La Predicación del Evangelio del Reino. En Mateo 24:14 Jesús profetizó que antes de su regreso, su evangelio del reino sería predicado al mundo entero como testimonio. Ahora, esto difícilmente pudo cumplirse en los siglos pasados. Por ejemplo, la imprenta fue inventada por Gutenberg, en la Edad Media. En esa época, la impresión de un solo ejemplar era costosísima, y sólo podía comprarlo un rico. Hoy, millones de libros salen de las imprentas cada mes. Aun la Biblia tiene un tiraje que no es superado por ningún otro libro en el mundo. Uno puede conseguir un ejemplar de la Biblia, o parte de ella, a un precio módico. Ha sido traducida a más de mil lenguas e idiomas como ningún otro libro. Además, la radio, la televisión, la internet, y otros inventos de este último siglo, han ayudado grandemente a que el evangelio llegue a millones de hogares por todo el mundo.  

 

           2.- La Amenaza de la Extinción Humana. En Mateo 24:21,22 encontramos una escalofriante revelación de la “energía nuclear” o también de la “desintegración del átomo“, y de la invención y el empleo de bombas atómicas en una guerra nuclear. Jesús dijo de esta espantosa realidad, así: “Porque habrá entonces GRAN TRIBULACIÓN, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen ACORTADOS, NADIE SERÍA SALVO; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.”                 

           3.- El Retorno de los Judíos a Palestina. En Lucas 21:24 Jesús predijo que Jerusalén sería dominada por los no Judíos, HASTA que los tiempos de los no judíos se terminaran o cumplan. Esto es tan cierto como que el fuego quema. Por más de dos mil quinientos años la ciudad de Jerusalén ha sido invadida y dominada por los gentiles (Babilonia, Grecia, Roma, los árabes,los turcos, y los ingleses). Pero en la “Guerra de los Seis Días (1967 D.C)“, el ejército israelí arrebata a los Jordanos el control de Jerusalén y es anexada a su territorio nuevamente.

Sin embargo, aún le espera a Jerusalén otra nueva y final invasión por parte de naciones confederadas en torno al anticristo. Por un tiempo relativamente corto parecerá que Jerusalén ya no tiene esperanza, hasta que aparece Jesucristo para defender a su pueblo de sus enemigos que se han reunido en el valle de Meguido o de Jezreel (Zacarías 14:1-4,16).

 

           Estos 3 sucesos, repito, difícilmente pudieron cumplirse antes de la mitad de este siglo XX. Ahora nos preguntamos: ¿Será esta la última generación predicha por nuestro Señor Jesucristo en Mateo 24:34? ¡Todo parece que sí!

 

 


 

            Podemos, sin embargo, añadir un cuarto acontecimiento que apunta a la última generación. Es el que está registrado en el libro del profeta Daniel 12:4, y que dice: “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. MUCHOS CORRERÁN DE AQUÍ PARA ALLÁ, Y LA CIENCIA SE AUMENTARÁ.” Ahora bien, detengámonos en esta señal. Aquí vemos que “muchos correrán de aquí para allá”. ¿No tiene esta parte de la profecía su cumplimiento en este último siglo? El invento de los trenes velocísimos, de los aviones supersónicos, y los automóviles, que transportan a cientos de millones de personas diariamente de un lado a otro, es una prueba de la veracidad de la Biblia. Luego, “la ciencia será aumentada”, y es cierto. En este último siglo la ciencia ha avanzado increíblemente, tanto en la electrónica, la física, la medicina, etc. La Biblia tiene la razón. ¿No es ésta una prueba de la cercanía del Señor Jesucristo? Yo creo que sí.

 

         

LA SEÑAL CLAVE DEL REGRESO DE CRISTO A LA TIERRA QUE LOS PRETERISTAS HAN PASADO POR ALTO

 

Por  Mario a Olcese

 

Ültima Revisión: Marzo 29.06

 

 

 

Las Preguntas cruciales:

 

En Mateo 24:3 los discípulos le formulan la siguiente pregunta al Señor: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que SEÑAL habrá de tu venida, y del fin del siglo?” Aquí encontramos básicamente dos preguntas: Una— ¿Cuándo serán estas cosas?— es decir, cuando será destruido el templo (Vs. 1, 2), y la otra— ¿Y qué señal (vea el singular) habrá de tu venida y del fin de la edad? Algunos dicen que aquí hay tres preguntas, pero yo veo sólo dos. Pues bien, muchos estudiantes de la Biblia no se han detenido a meditar que los discípulos le preguntaron a Jesús por una señal concreta y específica que les indicara realmente Su venida o regreso (¡no su proximidad!) y del fin de la era. ¡Sí, los discípulos quisieron saber UNA SEÑAL, y sólo UNA, de la MANERA de su venida. Recordemos que Jesús ya les había hablado antes de que volvería nuevamente, pero sin especificarles cómo sería su regreso (Lucas 12:40; Juan 14:2,3). Ahora Jesús se propone—en Mateo 24—revelarles la forma o la manera de su venida, la cual será la verdadera SEÑAL de su venida. Este detalle en particular debemos recordarlo todos nosotros, porque muchos estudiantes de la Biblia lo han pasado por alto, y continúan buscando y esperando muchas señales. Entonces debemos fijarnos en la manera en que Jesús vendrá, la misma manera como no es revelada por Jesús en Mateo 24:30 y por los ángeles de Dios en Hechos 1:11.

 

La “Señal de Jonás” y “la Señal del Hijo del Hombre”

 

¿Cuál será esa singular señal solicitada por los discípulos a Jesús? Para entender lo que se quiere decir por la señal, veamos primero la llamada “Señal de Jonás” declarada por Jesús en Lucas 11:29-30, y que dice: “Y apiñándose las multitudes, comenzó a decir: Esta generación es mala; DEMANDA SEÑAL, pero señal no le será dada, sino LA SEÑAL DE JONÁS. Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será el Hijo del hombre a esta generación” (nótese que también en Mateo 24:30 Jesús nos expresa una frase similar, pero esta vez como: “LA SEÑAL DEL HIJO DEL HOMBRE”). Aquí básicamente “la Señal de Jonás”, es Jonás mismo, pues Jesús dijo que Jonás mismo fue SEÑAL a los ninivitas. Del mismo modo, Jesús mismo serviría de SEÑAL o sería SEÑAL para una generación perversa. De allí que Jesús hable de “la SEÑAL del Hijo del Hombre”. No es una señal extraordinaria o misteriosa como aquella de una cruz en el cielo, o un sonido de alguna trompeta, o alguna luz brillante, o alguna nave espacial, o algún evento meterológico fuera de lo común. ¡La señal del Hijo del hombre, así como la de Jonás, se refiere a la misma persona mencionada! Jesús, como lo fue Jonás, sería SEÑAL. De modo que grábeselo bien en su mente que: ¡Jesús mismo sería LA SEÑAL para Su parusía y el fin del siglo!”. Más adelante veremos cómo Jesús servirá de señal para aquella generación maligna.

 

Las Así llamadas Señales de Su Proximidad:

 

En los versículos 4-6 de Mateo 24 Jesús dice que antes de su regreso, y del fin de mundo (siglo), muchos falsos Cristos dirán que son el Mesías prometido, o el Cristo encarnado en ellos. Ejemplos de éstos son muchos a través de los siglos. Recientemente podemos mencionar a Jim Jones, quien murió en Guyana con casi mil de sus seguidores, y a David Koresh, quien murió con más de 80 de sus seguidores en Waco, Tejas. Ahora mismo, nuevos falsos líderes (como el Reverendo Moon) se hacen pasar por el Mesías, y están engañando a una gran cantidad de seguidores ingenuos (v.5). También Jesús habló de guerras y rumores de guerras (v.6), ¡pero estas guerras no serían la señal de la venida de Cristo y del fin del siglo! (v.6). Hasta este punto Jesús no nos da una señal singular o específica del fin de la edad. En los versículos 7-14 el Señor Jesús claramente profetizó los conflictos internacionales (v.7). Luego Jesús habló de la gran tribulación que vendrá a sus escogidos por causa de su nombre (v.9), y el surgimiento de falsos profetas o maestros fraudulentos ansiosos de dinero y poder (v.11).  En el versículo 14 Jesús anunció que el evangelio del reino será predicado por todo el mundo como un testimonio … y luego el fin vendrá. Pero aun hasta acá no tenemos tampoco la SEÑAL ÚNICA o singular  que fue solicitada por los discípulos acerca de Su llegada y del fin del mundo (o de la Era). Muchos cristianos confunden estas mal llamadas señales sobre la proximidad de Su venida como si fueran prueba de su venida misma. Estar a punto de venir no quiere decir que Su venida ya tuvo lugar. Otro grupo de cristianos cree que la señal es realmente un conjunto de señales.  ¡Pero esta idea es un error! Los discípulos le piden a Jesús Una señal, y Jesús abiertamente la revelará sin tono evasivo y sin complicaciones.

 

Siguiendo adelante hacia el verso 23, Jesús predice otra vez la llegada del falsos Cristos. El versículo 24 repite lo mismo y añade la venida de falsos profetas que harán portentos y engañarán a muchos, si fuere posible, aun a los escogidos. En el versículo 26  Jesús advierte sobre la llegada del falsos Cristos y falsos profetas que aparecerán (“horizontalmente”) en los desiertos y los aposentos (No del cielo, o “verticalmente”, descendiendo de arriba hacia abajo), y a los cuales no debemos creer.

 

Es en versículo 27 donde Jesús comienza a desarrollar, por así decirlo, la SEÑAL única (singular) de Su venida o regreso verdadero, contrastándola con aquellas de los falsos Mesías que se manifiestan en los desiertos y los aposentos (hoteles, casas,  templos esplendorosos, etc) del verso 26. Jesús revela en el versículo 29 que después de ocurrir todos los acontecimientos de los versículos 4 al 27, ‘ el sol estará oscurecido, y la luna no dará su luz; Las estrellas caerán del cielo, y los cuerpos celestes serán sacudidos”. Estos extraños y horripilantes acontecimientos que ocurrirán en el cielo, PRECEDEN a la manifestación esperada de la SEÑAL SINGULAR O ÚNICA.

 

En el versículo 30 encontramos, por fin, la SEÑAL clara y sucinta dada por Jesús de Su verdadera Parusía o segunda venida en poder y gloría. Él dice: ” Entonces aparecerá LA SEÑAL (nótese el singular) del Hijo del Hombre EN EL CIELO…Y VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE VINIENDO (descendiendo) SOBRE LAS NUBES DEL CIELO, CON PODER Y GRAN GLORIA. 

 

¡En respuesta a la pregunta de los discípulos acerca de una SEÑAL clara y singular de su venida (¡no Su proximidad!) y del fin de mundo, Jesús les dice a ellos que LA SEÑAL ES SIN DUDA ÉL MISMO, DESCENDIENDO LLAMATIVAMENTE DE ARRIBA EN DIRECCIÓN A LA TIERRA (no de los desiertos y de los aposentos) CON PODER Y GRAN GLORIA. A diferencia del falso Cristo que aparece horizontalmente y en secreto, el Cristo verdadero viene verticalmente y visiblemente, desde arriba hacia abajo, hacia la tierra.

 

Entonces, si el así llamado “Cristo” no desciende VISIBLEMENTE y LLAMATIVAMENTE desde arriba hacia abajo en dirección a la tierra con los ángeles de Su poder— ¡ESE NO ES EL CRISTO VERDADERO! Hay hombres que suelen proclamarse ellos mismos como el Mesías pero que no han descendido verticalmente desde el cielo a la tierra con poder y gran gloria. Además, ningún hombre ha visto a algún pretendido Mesías descendiendo del cielo a la tierra de la manera como está predicha en las Escrituras. Pero cuando Cristo regrese a la tierra en la forma exacta como fue profetizada, sabremos que él es el Mesías esperado, y por consiguiente se podrá esperar una inmediata resurrección de todos los santos difuntos (Juan 5:28,29; 1 Tes. 4:16,17). El Cristo falso no provendrá del cielo, ni tendrá la virtud de resucitar a todos los fieles, para que éstos, junto con los cristianos vivos, puedan ser arrebatados de un tirón a las nubes para que le puedan dar el encuentro en su descenso a la tierra (Vea otra vez 1 Tes. 4:16,17 – observe la palabra ‘recibir del versículo 17 en la Versión Reina Valera).

 

Adicionalmente a lo que se ha dicho previamente, en Hechos 1:11 leemos que  dos criaturas angélicas dieron más detalles de la Parusía verdadera del Mesías, con estas palabras: “¿Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS (es decir, un Judío de unos 33 años aproximadamente, hebreo hablante, glorificado e inmortal), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo”. Adicionalmente, en Apocalipsis 1:7 leemos: He aquí que  viene con las nubes, y todo ojo le verá, aun aquellos que le traspasaron; y las todas lo linajes de la tierra llevarán luto por él. ¡Sí! Amen”. Estas predicciones nunca se cumplieron antes. Todo ojo de todas las gentes de la tierra jamás vio a Jesús viniendo de la misma manera como Él regresó al cielo. En el año 70 AD Jesús nunca descendió del cielo para volver a pisar el Monte de los Olivos como está profetizado en Zacarías 14:4: “Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur”.

Resumen:

En Mateo 24:3 los discípulos le pidieron a Jesús que les diera una sola señal que les indicara Su venida del cielo y el consiguiente fin del siglo, ¡y ciertamente el Señor Jesús se las dio muy claramente y sin tono evasivo en el versículo 30!

   

Las otras supuestas señales de los versículos 4-29 son acontecimientos que se replantearían antes de Su llegada gloriosa, y que se convertirían cada vez más notorias y generalizadas a medida que la llegada de Cristo estuviese más cerca, como los dolores de parto de una mujer encinta. Afirmar que las guerras – incluyendo aquella de los judíos con los romanos – y los rumores de guerras, fueron “la señal” de la venida de Jesús en gloria y en Su reino en 70 A.D, tuerce lo que el mismo Señor enseñó por lo que respecta a Su regreso. Jesús dijo en Mateo 24:6 que las guerras, y rumores de guerras, no indicarían el fin de la era o Su segunda venida sino Su proximidad (Lucas 21:9 – “porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente).  Así, la destrucción de Jerusalén, que tomó lugar por la guerra de los judíos con los romanos, no fue la señal de la segunda venida de Cristo y el fin de la edad. Jesús nunca dijo que la destrucción de Jerusalén sería la señal de Su parusía.

 

Jonás mismo sirvió de señal y modelo y expresó la forma y el momento de la resurrección de Cristo. Asimismo, El mismo Hijo del Hombre viniendo y descendiendo del cielo en persona SERÍA LA SEÑAL y la forma que debían esperar la parusía del Mesías. Por tanto, la Señal singular que Jesús nos dejó de Su parusía verdadera NO SERÍA ALGÚN EVENTO METEREOLÓGICO O UN PORTENTO SOBRENATURAL EXTRAÑO, SINO SU PROPIA PERSONA VINIENDO DE UNA MANERA ESPECTACULAR Y PERSONAL CON LAS NUBES CELESTIALES EN PODER Y GRAN GLORIA. El falso Cristo suele aparecer “horizontalmente” de entre hombres, en los desiertos y los aposentos. Por otra parte, el Mesías verdadero vendrá “verticalmente”, de arriba hacia abajo, visiblemente, personalmente (de la misma forma como fue levantado, pero en sentido contrario) con las nubes del cielo y con los ángeles de Su poder. Estas especificaciones dadas por Jesús Mismo, y más tarde por los ángeles para la parusía final, nunca fueron mencionadas por Josefo en sus escritos para su supuesta venida en el 70 dC.

 

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LA PARTE NO ES EL TODO: ¡UN ESTUDIO DEL EVANGELIO COMPLETO!

LA PARTE NO ES EL TODO: ¡UN ESTUDIO

DEL EVANGELIO COMPLETO!

 

Por Mario A Olcese

 

 

Una palabrita clave:

 

¿Qué entiende usted por la palabra: “Primero”? Por ejemplo, si **yo** le digo que ‘Dios es primero en la agenda de mi vida’, ¿qué cree usted que **yo** quiero decir con esa declaración? Pues seguramente **usted me** responderá que para mí, Dios es lo más urgente e importante en mi vida.

 

Si **yo** digo que primeramente busco las cosas de Dios, lo que estoy diciendo (expresando) es que Dios es lo primero en mi vida (para mí). Esto, no obstante, no significa que Dios sea lo único que debo buscar en la vida, pues también existen otras cosas de segunda importancia que puedo y debo buscar, como por ejemplo: alimentos, ropa, educación, casa, trabajo, etc. El hecho es que las cosas de Dios deben ocupar el primer lugar en nuestras vidas, y las demás cosas que buscamos ocuparán un lugar secundario. 

 

En Mateo 6:33 leemos que Jesús manda: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”. ¿Es acaso el reino de Dios lo único que hay que  (debemos) buscar? ¡NO! Sin embargo, el reino de Dios será lo primero que buscaremos en nuestra vida cristiana. Es decir, uno debe buscar el reino de Dios primero, y luego las otras cosas como ropa, comida, o bebida vendrán por añadidura. Pero lo primero es lo primero, y el Reino de Dios es lo primero que hay que buscar.

 

En 2 Corintios 8:1-5 leemos de la ofrenda de los hermanos de Macedonia para lo santos de Jerusalén. En el verso 5 el apóstol Pablo dice de aquellos hermanos Macedonios, lo siguiente: “…sino que a sí mismos se dieron PRIMERAMENTE al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios”. Es decir, los creyentes de Macedonia se dieron PRIMERAMENTE al Señor Jesucristo, y después a Pablo y a Tito, para que la ofrenda llegara a los creyentes en necesidad en Jerusalén. Note que los creyentes Macedonios se dieron a sí mismos PRIMERO al Señor, y luego a Pablo y a Tito. Su entrega fue total: al Señor y a los hermanos. Ellos no sólo se habían comprometido con el Señor, sino también con sus hermanos en la fe.

 

Hasta este punto entendemos que los Cristianos tenemos prioridades, cosas que ocupan un primer lugar de importancia en nuestras vidas. Esto obviamente no excluye otras cosas que el Señor nos manda a buscar, como por ejemplo: la paz (1 Pedro 3:11), el bien de los demás (1 Cor. 10:24), etc.

 

Lo Primero del Evangelio del Señor

 

Este mismo sentido de lo primero se aplica al evangelio verdadero, pues el propio evangelio completo de Cristo tiene una parte que podemos llamar primordial, básica, o primaria, y otra que podemos muy bien llamarla complementaria.

 

Veamos lo que nos dice Pablo en relación a lo que es el evangelio, pues millones de personas tienen un concepto errado de lo que es el evangelio completo de Jesucristo. Estos predicadores han venido enseñando un evangelio incompleto a parcial como si fuera todo el evangelio de nuestro Señor.

 

En 1 Corintios 15:1-7 los evangelistas contemporáneos han creído encontrar el todo del evangelio de Cristo, cuando en realidad Pablo sólo menciona el evangelio básico o fundamental de Cristo. Y es que el problema de estos predicadores consiste en que no analizan o escudriñan con atención las palabras clave de los versículos que leen. Veamos lo que dicen los versículos que acabamos de anotar de 1 Corintios:

1

ADEMAS os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;

2

Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

3

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras;

4

Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras;

5

Y que apareció á Cefas, y después á los doce.

6

Después apareció á más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos.

7

Después apareció á Jacobo; después á todos los apóstoles.

8

Y el postrero de todos, como á un abortivo, me apareció á mí.

 

Pues Bien, Si uno lee todos estos versículos verá que el Apóstol Pablo llama a la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo: EL EVANGELIO. Esto es algo indiscutible obviamente, porque es el mismo Apóstol quien lo está diciendo. No obstante, note usted que en el verso 3 el Apóstol emplea el vocablo “PRIMERAMENTE”, lo que quiere decir que este evangelio o “Buenas Noticias” de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo frente a muchos testigos oculares es LO PRIMERO del evangelio apostólico—¡Pero no el todo! Este detalle ha sido, desgraciadamente, pasado por alto por millones de estudiantes bíblicos de todos los tiempos. Estos han creído que el Evangelio completo y único de Jesús es su muerte, sepultura y resurrección frente a muchos testigos y punto. ¿Pero puede esta idea popular ser sostenida fuera de 1 Corintios 15:1-7 en otros pasajes de la Escritura? Pues, No. En ninguna otra parte de la Biblia se dice que la muerte, sepultura y resurrección de Cristo es el único evangelio apostólico.

 

Un Evangelio del Reino Ignorado

 

En Marcos capítulo 1 y versos 1,14,15 leemos que Jesús comenzó predicando y anunciando en Galilea EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS. ¿Interesante, no? Jesús comenzó hablando de “otro” evangelio fuera de su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día. Recordemos que Jesús reveló su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día mucho tiempo después de que anunciara su evangelio del Reino de Dios en Galilea. Observe usted que es recién en Marcos capítulo 8 y verso 31 que Jesús revela que tenía que morir, ser sepultado, y resucitar al tercer día y lo reitera en los capítulos 9 y 10. Este intervalo entre los capítulos 1 y 8 de Marcos supone un año de ministerio público de Jesús, más o menos. Los Apóstoles se quedaron anonadados con este extraño anuncio de su Maestro y realmente no lo comprendieron (Marcos 9:31,32). Ellos no sabían nada de este evento, y no lo entendieron del todo hasta que se cumplió.

 

Entonces tenemos dos evangelios: El Reino de Dios, y la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo en gloria al tercer día frente a muchos testigos oculares. Pero como sólo  hay un solo evangelio en la Biblia (Gálatas 1:6-9) es lógico concluir que tanto el Reino de Dios y la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo en gloria al tercer día frente a muchos testigos oculares componen el único evangelio de Cristo. Pero esta verdad no es advertida ni aceptada por muchos predicadores de hoy.

 

El fundamento del Evangelio Apostólico

 

¿Por qué, entonces, Pablo predicó la Muerte, sepultura, y resurrección de Cristo al tercer día como lo primero del evangelio, y no el Reino de Dios como lo hizo Cristo en Galilea?¿Acaso no comenzó Jesús su ministerio con su evangelio del Reino de Dios en Galilea sin mencionar para nada todavía su muerte y resurrección de entre los muertos? La respuesta parece simple, y Pablo nos lo va a dar en el mismo 1 Corintios 15:14: “Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es también nuestra fe”. Lo que Pablo dice es que toda su predicación es inútil o fútil si es que Cristo nunca hubiese RESUCITADO  de entre los muertos. Su resurrección es nuestra garantía de que las otras promesas (p.e. el Reino de Dios y la vida eterna) realmente algún día se cristalizarán.

 

Ahora entendemos porqué Pablo comienza hablando del evangelio o buenas noticias de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, pues es el evento fundamental para poder creer que las demás promesas se harán realidad algún día. Pero recuerden, Pablo jamás dijo que la muerte vicaria de su Maestro, y su resurrección gloriosa al tercer día, eran su único evangelio. Lo que dijo es que ese mensaje es lo primero del evangelio, lo fundamental, o lo básico. Sin este acontecimiento cumplido todas las demás promesas serían fútiles. ¡Nunca podríamos entrar al prometido Reino de Dios! ¿Por qué? Porque al no haber resurrección, no podríamos entrar en el Reino incorruptible de Cristo el cual requiere nuestra previa transformación (redención) física por la resurrección del cuerpo (1 Cor. 15:50).

 

¿Predicó Pablo el Evangelio del Reino de Dios en 1 corintios 15?

 

En primer lugar, es menester aclarar que Pablo continuamente predicó el reino de Dios en sus viajes misioneros. Lo predicó en Efeso (Hechos 19:5),  en Mileto (Hechos 20:25), y en Roma (Hechos 28:23,30,31). Entonces me pregunto, ¿dejó Pablo de predicarlo en Corinto? No lo creo! Veamos nuevamente 1 Corintios 15, el cual es nuestro texto en discusión. En los versos 1-8 vimos que Pablo predicó PRIMERAMENTE la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo frente a muchos testigos. Este evento glorioso fue lo primordial de su evangelio, lo básico, pero no el todo. Y la razón ya lo explicamos arriba. En seguida veremos que Pablo sí habla del Reino de Dios en 1 Corintios 15. Por ejemplo, después de confesar la gloriosa resurrección de su maestro, y ponerla como el fundamento de su prédica, el apóstol Pablo dice en los versos 49 y 50 lo siguiente: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos TAMBIEN la imagen del celestial. Por esto digo hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar EL REINO DE DIOS, ni la corrupción hereda la incorrupción.”. Observemos que Pablo, una vez que declaró la resurrección de Cristo en gloria, pasa a decir que también nosotros tendremos que traer la imagen del Cristo glorioso para poder ingresar en el Reino de Dios. Tome nota que Pablo no se detiene a explicar qué es el Reino de Dios, ni los discípulos de Corinto lo preguntan. Esto indicaría que los Corintios ya sabían perfectamente lo que era el Reino de Dios. Lo que Pablo sólo hace es explicarles que es necesaria la resurrección-transformación para poder heredar ese Reino que ya conocían. Como vemos, Pablo no se desliga en absoluto del Reino de Dios.

 

En Hechos 28:23, 30,31leemos sobre el ministerio de Pablo en el imperio Romano, lo siguiente: 23 Le señalaron un día y vinieron en mayor número adonde se hospedaba. El les iba exponiendo el Reino de Dios, dando testimonio e intentando persuadirles acerca de Jesús, basándose en la Ley de Moisés y en los Profetas, desde la mañana hasta la tarde.30 Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él;31 predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno. Note que Pablo predicaba a los romanos el Reino de Dios, y todo lo relacionado con el nombre de Jesucristo. Es decir, Pablo no sólo predicó a Cristo y su gloriosa resurrección, sino que también les anunció el evangelio del Reino de Dios. ¡Tarea que muchos evangelistas de hoy han pasado por alto y no cumplen!

 

Aquellos predicadores que insisten tercamente que el único evangelio de Cristo es su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, simplemente están mintiendo y torciendo el testimonio de las Escrituras.

 

La Importancia del Reino de Dios

 

Los teólogos más reconocidos admiten que el Evangelio del Reino de Dios es el tema central de toda la predicación de Jesús. Con este tema nuestro Señor comenzó y finalizó su ministerio terrestre de 3 años y medio (Ver Marcos 1:1,14,15 y Hechos 1:3,6,7). El Reino de Dios fue el tema central de todas sus parábolas, y fue la promesa fundamental para todos los pobres de este mundo (Santiago 2:5). El Reino de Dios es sinónimo de vida eterna y salvación, pues no se puede tener vida eterna (=salvación) fuera de él (Mateo 19:16-25). Jesús mandó que los suyos pidieran por la venida del Reino (Mateo 6:10), y de hecho que todo Cristiano debía estar buscándolo constantemente (Mateo 6:33). Jesús insistió que sin perseverar no se puede entrar en su reino (Lucas 9:62), y dijo que quien no se hacía como un niño no entraría en él (Lucas 18:17). Enseñó que los ricos difícilmente entrarían en su reino (Lucas 18:24), y que más bien éste era para los pobres en espíritu (Mateo 5:3). Pablo enseñó que es a través de muchas tribulaciones que entraríamos en el Reino (Hechos 14:22) y Pedro insistió que tal reino sería para los creyentes que son maduros espiritualmente (2 Pedro 1:5-11). También Pablo dijo que los injustos jamás podrían ingresar en el Reino de Dios (1 Cor. 6:9). A Nicodemo Jesús le dijo que tendría que “nacer de nuevo” si quería entrar en su reino (Juan 3:3,5). Y finalmente, el “buen ladrón” de la cruz conocía muy bien este mensaje del Reino de Dios que se lo pidió a Jesús diciéndole: “Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:43).

 

¿Es suya también, amigo(a), la pregunta del “buen ladrón” de la cruz?¿Le pide usted al Señor que se acuerde de usted cuando venga en su reino para ser parte de él?¿Es usted un bendito de Dios? “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:34).

 

……………

 

LA ÚLTIMA PREGUNTA QUE JESÚS RESPONDIÓ

Por Ing. Mario A Olcese

 

Es interesante lo que los discípulos le preguntaron a su Maestro poco antes de su ascenso al Padre, pues—¡fue la última pregunta que le hicieron! Y es que la mayoría de estudiantes bíblicos no comprenden que esta última pregunta encierra toda la esperanza apostólica y cristiana. Por tanto, es muy importante destacarla y entenderla para ser auténticos discípulos de Cristo.

 

La última pregunta de los discípulos se halla en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1 y verso 6, y que dice: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?. Nótese que los discípulos que se habían reunido le preguntaron LO MISMO, al UNÍSONO: “Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”.  Y, ¿por qué le preguntaron eso exactamente? La razón se encuentra en el verso 3, donde dice: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó (Jesús) vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles ( a sus discípulos) durante cuarenta días y HABLÁNDOLES ACERCA EL REINO DE DIOS” (el evangelio).

 

Jesús había resucitado, y por cuarenta días (mes y medio aproximadamente) se les había estado apareciendo a sus seguidores, para hablarles más sobre el REINO DE DIOS. Sí, durante ese periodo de tiempo, Jesús aleccionaba a sus discípulos sobre el tema del Reino de Dios, y de este punto no se movió para nada durante ese mes y medio. De modo que este asunto del Reino de Dios fue algo crucial e importantísimo para Jesús, pues lo motivó a hablarlo durante sus días finales en esta tierra. Debemos entonces tomar conciencia de lo crucial de este tema del Reino de Dios, ya que si no lo comprendemos en su real dimensión, no captaremos la entera misión de Jesucristo como Salvador, Señor, y Mesías. Recuerde que él mismo confesó: “…es necesario que también a otras ciudades anuncie EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO (Lucas 4:43).  Entonces está claro que Jesús comenzó (Marcos 1:1,14,15) y finalizó (Hechos 1:3) su ministerio hablando sobre el evangelio del Reino de Dios. ¡Esta fue la verdadera razón por la cual Su Padre lo envió a este mundo hace dos milenios! Ahora es menester que entendamos qué es ese Reino de Dios en su real dimensión.

 

                 La Pregunta Oportuna de los Discípulos

 

Hemos visto que la pregunta de los discípulos se produjo justamente porque Jesús se la había pasado hablando con ellos sobre la restauración del Reino de Dios a los ISRAELITAS, durante su seminario intensivo de cuarenta días. Seguramente que el tema de ese seminario debió titularse: “El Evangelio de la Restauración del Reino De David a Israel”,  Lo interesante e importante es que finalmente  los discípulos le hicieron una pregunta oportuna y muy sugestiva a su Maestro, la cual  encerraba y resumía toda la misión de Jesús en la tierra. Para entender lo que Jesús quiso decir por el Reino de Dios, debemos fijarnos en el contenido de la pregunta que le hicieron todos los discípulos reunidos en ese seminario intensivo de cuarenta días. Obviamente aquella última pregunta de los discípulos encerraba todo lo enseñado por Jesús sobre su reino venidero en la tierra, y que involucraba e incumbía a los ISRAELITAS. Ahora bien, dicha pregunta NO fue—como sostienen algunos— inoportuna, torpe, aislada, y errada de un discípulo lento en entendimiento—¡Fue, más bien, la pregunta de TODOS los discípulos al unísono! Entonces: ¿fueron todos los discípulos torpes para no entender lo enseñado por Jesús durante esos cuarenta días?¿Fue acaso Jesús un pésimo Maestro? ¡No lo creo! Jesús no hablaba oscuramente a sus seguidores, sino sólo a sus detractores (Marcos 4:11.12).

 

Pues bien, si ellos— como discípulos— pudieron entender el tema del Reino de Dios, es obvio que usted—como discípulo de Jesús—puede igualmente entenderlo si dispone su mente y corazón, y extirpa sus prejuicios o ideas preconcebidas que sobre este tema ha recibido de personas indoctas.

 

                  ¿Qué es el Reino de Dios Exactamente?

       

El tema central de Cristo fue, sin duda alguna, las buenas nuevas (=evangelio) del Reino de Dios (Lucas 4:43). Como vimos, Jesús comenzó y finalizó su ministerio hablando precisamente de ese reino que se restablecería en la tierra prometida, en ocasión de su segunda venida. Sus discípulos igualmente difundieron este mismísimo evangelio del Reino de Dios por todos lados a donde iban (Lucas 9:1,2).

 

El Reino de Dios se inaugura en el Antiguo Testamento cuando los israelitas le pidieron a Samuel que constituyera en Israel un rey y un reino como las demás naciones alrededor de ellos. En 1 Samuel 8:5 leemos: “Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones”.      

 

El reino hebreo comenzó con Saúl, quien vino a ser un hombre rebelde o desobediente a los ojos de Dios. Finalmente este rey fue destituido y reemplazado por un pastor de ovejas llamado David. Con David Dios hace un pacto solemne que decía: “…Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente (2 Samuel 7:16). Además le prometió Dios: “Para que conforme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará varón en el trono de Israel (1 Reyes 2:4).                  

 

El último rey que tuvo la dinastía del rey David fue Sedequías, quien en 586 AC fue destituido del trono de David a manos de Nabuconodosor, rey de Babilonia. Desde esa fecha Israel se quedó temporalmente sin rey y sin reino debido  la infidelidad de muchos de sus reyes. Pero en Ezequiel 21:25-27 veremos que el reino sería finalmente estable eternamente con un príncipe o varón Judío, quien sería justo y recto. Este príncipe aparecería todavía en el futuro, pero cuando lo hiciera, traería—por fin— la justicia y la paz verdaderas al mundo. Sí, Ezequiel, el profeta, anunció que por muchos días Israel estaría sin un rey y reino, hasta que “viniera aquel cuyo es el derecho y a él se lo daría Dios”.

 

Jesucristo es aquel personaje que tiene el derecho de heredar el reino davídico, puesto que él es el descendiente directo del rey David (Mateo 1:1). Por eso, cuando él vino a la tierra, confesó que había nacido para ser rey. Así se lo manifestó a Pilatos mismo cuando era juzgado por él (Juan 18:37).

 

Ahora entendemos porqué los discípulos le preguntaron a Jesús si en verdad él iba a restaurar el reino inmediatamente a Israel. Ellos sabían, por los pactos y promesas revelados a los profetas, y a los padres, que un Ungido—el Cristo—reanudaría el reino suspendido de David en Israel. Ellos estaban seguros que Israel sería una monarquía nuevamente, con un rey poderoso y glorioso—¡y lo creyeron inminente!

 

         Dios No ha Rechazado a Su Pueblo Ni a Su Tierra

 

Millones de Cristianos suponen que el Reino de Dios no es otra cosa que “el reinado de Cristo en nuestros corazones”. Suponen, estos “Cristianos”, que Israel perdió el favor de Dios, y por tanto Dios ya no trata más con su pueblo de antaño porque suponen que “mataron a su Mesías”. Por tanto, los tales llamados “cristianos” enseñan ahora que el reino de Dios es uno de naturaleza “espiritual”, implantado en “el corazón de los hombres”. Otros “cristianos” sostienen que el reino prometido por Cristo es su iglesia”.  Estas ideas preconcebidas son falacias que deben ser extirpadas de nuestras mentes, pues Pablo fue claro cuando dijo que Dios no ha desechado a Israel al cual desde antes conoció: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera, porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo (Israel), al cual desde antes conoció…” (Romanos 11:1,2).

 

Estamos viendo que Pablo afirma que Dios NO ha desechado a Su pueblo Israel al cual desde antes conoció. Esta enseñanza paulina desecha la idea preconcebida de que los Judíos han sido desechados para siempre por Dios “porque supuestamente mataron a su Mesías”. ¿Acaso los apóstoles Judíos mataron a Su Mesías? ¡Absurdo! ¿Acaso no fue la primera iglesia, Judía?

 

También el apóstol Pablo, como Judío creyente, dice: “Que son israelitas, de los cuales SON la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas (Romanos 9:4). Nótese que San Pablo dice que de los israelitas SON (no “ERAN”)—entre otras cosaslas promesas. Las promesas que Dios les hizo a los padres (Abraham, Isaac, Jacob, y David), son para los israelitas primeramente, y luego también para los no israelitas convertidos (Gálatas 3:16,29). Entre las promesas que Dios hizo a los padres están la posesión de una “tierra prometida” (Génesis 12:1,2; 13:15, 15:18), y la perpetuidad del Reino de David —llamado igualmente: “El Reino de Dios(ver 1 Crónicas 28:5)—Ver también: Salmo 132:11, y 2 Samuel 7:12,13. En estos versículos Ud. verá que Dios prometió perpetuar el trono de David, o también llamado: “El Reino de Dios”. Dios le dice a David esto:”Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones. Él me clamará: Mi padres eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación” “Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí(Salmo 89:4,26-30,35,36). En otras palabras, Dios le prometió A David que su reino se extendería hacia el futuro, y que sería para el beneficio de todas las naciones de la tierra, Además, Dios le dijo a él que tendría un descendiente justo que se convertiría en rey, y que sería el Hijo de Dios predilecto, obediente, sabio, y perfecto (véase Hechos 2:29,30; Isaías 9:6,7). Por esta razón David habló de su descendiente, así: “Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Será su nombre para siempre. Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones (Salmo 72:11,17). Es por eso que la última pregunta de los discípulos concuerda perfectamente con esta promesa divina de un Reino de Dios restaurado en Israel. ¿Acaso no Recordamos que David reinó sobre Israel por cuarenta años, siendo su capital final, Jerusalén?¿acaso no recordamos que Jesús mismo afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad capital del “gran rey” venidero? (Mateo 5:33-35). Este es precisamente el Reino que Cristo predicó y prometió restaurar. Ahora los discípulos, viendo que Jesús se iría en breve al cielo, le preguntaron si ya era inminente el establecimiento del reino davídico en Israel, pues él lo había estado predicando,  anunciando, y también confirmando, por más de tres años y medio (Lucas 8:1; Romanos 15:8).

 

      El Tiempo de la Restauración Sólo lo Sabe el Padre

 

La pregunta de los discípulos a Jesús era obviamente justa, correcta, e inevitable, pues estaban finalmente muy interesados en saber el tiempo exacto para la cristalización de la prometida restauración del reino del padre David. En una ocasión anterior—recordemos— cuando Jesús estaba por entrar en Jerusalén —la capital del Reino Davídico— los discípulos pensaron que el Reino prometido sería inmediatamente restaurado con Cristo a la cabeza (Marcos 11:10). En Lucas 19:11 vemos que Jesús se ve precisado a pronunciar una Parábola, con el propósito de hacerles entender que aún no era el tiempo señalado para la tan anhelada restauración del reino davídico. Explicó en suParábola de Las Diez Minas”  que “un hombre noble”—él mismo—tenía que ir primero al cielo para recibir la corona de Rey y el reino, y luego volver para tomar su trono en la tierra (v.12). Pero ahora, estando él ya próximo para regresar al cielo, sus discípulos le preguntaron finalmente si su reino se establecería próximamente en Israel  o todavía no. Entonces Jesús sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan anhelada restauración del reino a los israelitas, sólo lo sabe Dios Hechos 1:7). Sin embargo, recordemos que ya antes Jesús había afirmado que “de aquel día y la horade su regreso como Rey, nadie lo sabía, ni él ni los ángeles del cielo, sino sólo Su Padre (Marcos 13:32).

 

Aquí vemos nuevamente que Cristo NO reprende a sus discípulos por aquella inevitable pregunta, diciéndoles algo así como: “Están errados, pues ya nunca más será restaurado el Reino a Israel debido a que me rechazaron mis paisanos”. NO!— Él no les dice eso, ni nada parecido. Simplemente les dice que sólo Dios sabe el tiempo exacto para la tan anhela restauración del reino a Israel. Es decir, Jesús valida la pregunta como correcta y oportuna, pero afirma no saber el tiempo exacto para dicho evento glorioso. Es, pues, más que evidente que durante esos cuarenta días que duró el seminario intensivo de Cristo, él se la pasó explicándoles a sus discípulos acerca de cómo sería su reino milenario en Israel, y qué benéficos le traería al mundo entero.

 

                           ¿Es el Reino sólo para los Judíos?

 

En Lucas 12:32 Jesús se dirige a sus discípulos como su “manada pequeña”, y a éstos les ofrece su reino. Les dice textualmente así: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino. Aquí Jesús les habla a Judíos que son sus seguidores. Esta promesa es dada esencialmente a los que le siguen, a los que le sirven y creen, aunque es verdad que éstos eran Judíos de raza. ¿Es entonces el reino para los Judíos de raza únicamente? ¿Qué hay de nosotros, que somos creyentes, y no somos Judíos? ¿Hace Dios distinción entre los creyentes en función a sus razas?¿Heredan los creyentes gentiles (no Judíos) el cielo, mientras que los creyentes Judíos se quedan en la tierra para heredar y restaurar el reino de David? Hay iglesias cristianas que dicen que el reino de David— en Israel— será sólo para los Judíos conversos y no para los creyentes gentiles. ¿Qué dice la Biblia al respecto?

 

En primer lugar leamos lo que dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice a sus simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros (Creyentes Gálatas gentiles) sois de Cristo (cristianos), ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa . En los versos anteriores (7,9,14) leemos: “Sabed, por tanto, que los que son de fe (no Judíos de raza necesariamente), éstos son hijos de Abraham…de modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham…para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles…”. También es interesante lo que dice Pablo a los creyentes de Efeso (gentiles), lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos (a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:11-14,18,19). “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Efesios 3:6).

 

Entonces la promesa del Reino de Dios recae también sobre todos aquellos creyentes gentiles (no Judíos) que han creído en Cristo. Peruanos, Argentinos, Bolivianos, Canadienses, Italianos, Franceses, Ingleses, Senegaleses, Congoleses, Tibetanos, chinos, Coreanos, Japoneses, etc, pueden heredar el reino de David si creen en Cristo. Dios no hace acepción de personas, pues dice Pablo: Porque no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11),

 

Jesucristo Volverá Para Restaurar el Reino de David en

                                                  Israel

 

El Apóstol Pedro dijo: “y él (Dios) envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado: a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:20,21). Compárese esta palabra “restauración” con la de la última pregunta de los discípulos en Hechos 1:3. Es claro, entonces, que el reino israelita lo restaurará Jesucristo cuando regrese por segunda vez al mundo. Así lo afirmó Jesús mismo cuando dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él entonces se sentará en su trono de gloria…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:31,34). Aquí es importante la segunda venida de Cristo como Rey, ya que ello significará la transformación física de los herederos del reino, pues como Pablo había dicho correctamente: “Pero esto digo, hermanos, que la carne y la sangre (los mortales) no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, En un momento, en un abrir y cerrar de ojos; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados (1 Corintios 15:50-52). Entonces, cuando los cristianos logren o ganen su transformación física, recién entonces podrán ver y entrar en el reino glorioso de Cristo—¡No antes! La iglesia de Jesucristo está llamada a participar del reino  de Dios (Santiago 2:5), pero debe antes crecer en el conocimiento de Dios y de Cristo (Juan 17:3) y en los atributos cristianas (2 Pedro 1.5-11). Hoy los incrédulos y los pecadores pueden ver y entrar en la iglesia de Señor sin ser bautizados o convertidos, pero para ver y entrar en el reino de Dios, hay que ser hombres “perfectos”, hombres de Dios, probos, santos, fieles, e inmortales. Esta es la gran diferencia entre la iglesia del Señor y el Reino de Dios. Al Reino de Dios sólo lo podrán ver e ingresar los que son “santos y perfectos” y que han merecido su transformación física— o su inmortalización—- que es lo mismo (1 Corintios 15:53,54). En buena cuenta, los que hereden y sean parte del reino de Dios, gozarán de la vida eterna con todos los salvos de todas las naciones y épocas.

 

Recordemos que Jesús volverá a esta tierra, no sólo para transformar o inmortalizar a sus seguidores, sino también para sentarse en su trono de gloria, lo cual indica que él se  posará en un trono en la tierra. Este trono será el de David su padre, según está especificado en Lucas 1:31-33, y que dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (La Anunciación del ángel). Este (Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo: y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (país) de Jacob (Israel) para siempre, y su reino no tendrá fin”. Por cierto que los cristianos también se sentarán en sus respectivos tronos de gloria en el reino de Dios, pues Jesús les dijo a sus apóstoles: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel(Lucas 22:29,30), Obsérvese que siempre el reino tiene que ver con Israel. Pero lo trágico es que millones de “cristianos” no quieren tomar literalmente estas profecías, y más bien prefieren darles una explicación “alegórica” o “espiritual”. Pero si quieren hacer esto, entonces la Anunciación deberá ser igualmente interpretada “alegóricamente” o ”espiritualmente”.  Pregunto: ¿nació realmente y literalmente Jesús de una mujer joven y virgen? ¿estuvo literalmente embarazada María? o, ¿entenderemos la anunciación como algo “simbólico” también?

 

                     El Reino es la Esperanza de la Iglesia

 

Jesucristo enseñó que “busquemos primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). También enseñó a que orásemos por su venida para que se haga— por fin— la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo (Mateo 6:10). Del mismo modo, Jesús afirmó que aquellos que “miran hacia atrás” no son dignos de su reino (Lucas 9:62). También aseveró que “difícilmente un rico puede entrar en él” (Mateo 19:23). A Nicodemo Jesús le dijo que “tenía que nacer de nuevo” para ver y entrar en su reino (Juan 3:3,5). De modo que el Reino es algo que se puede ver y entrar si se “renace” en Cristo.

 

Aun los apóstoles creyeron en el reino venidero de Jesús. Por ejemplo, el apóstol Pablo afirmó “que es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios (Hechos 14:22). Por su parte Pedro dijo en 2 Pedro 1:5-11, y en especial en el versículo 11, lo siguiente: “Porque de esta manera (madurez espiritual) os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo. También Pablo dijo que los pecadores incorregibles no podrían de ningún modo entrar en él, salvo que se arrepintieran a tiempo (Gálatas 5:19-21). Santiago afirma que sólo los ricos en fe”, serán los herederos de ese magnífico reino en la tierra (Santiago 2:5).

 

Entrar, pues, en el reino, es obtener la vida eterna y la salvación, según se desprende del diálogo del joven rico con Jesucristo de Mateo 19:16-23. En estos versos aparecen las frases “vida eterna”, “reino de Dios”, y “ser salvo”, Aquellos que no logren entrar en el reino de Dios, se deberá únicamente al hecho que no fueron dignos de él (2 Tesalonicenses 1:5). Es por esto que es muy importante buscar el reino de Dios y su justicia, porque ello significa ganar la salvación —¡Esto no lo comprenden millones de Cristianos!

 

Es verdad que el Reino de Dios es un “reino celestial”, porque precisamente es “de Dios”. Por tanto, las frases: “Reino de Diosy “Reino de los cielos son equivalentes. Nótese que nunca aparece en la Biblia la frase: “Reino EN los Cielos” sino “Reino DE los cielos”. Es decir, que procede de los cielos—¡De Dios! Es trágico que millones confundan el reino de los cielos con el mismo CIELO. Sí, hay millones de “cristianos” que sostienen que heredar el “reino de los cielos” significa heredar el mismo cielo—¡Craso error! Definitivamente ni Jesús, ni sus apóstoles, enseñaron que iríamos al cielo para vivir con Dios y los ángeles (Juan 13:33) (Véase también Mateo 5:5; Salmo 37:9,11,22,29,34, Proverbios 2:21,22—nótese que dice: los perfectos permanecerán en la tierra).

 

El Reino de Dios Significará La Justicia y la Paz   

                                       Mundiales

 

El Reino de Dios significará la justicia y la paz en la tierra, pues recordemos que Jesús nos mandó a “buscar el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33). Y el profeta Isaías claramente anuncia: He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en Juicio” (Isaías 32:1). Y también Isaías predijo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (9:6,7). Y en 2 Samuel 23:3,4 se nos anuncia lo siguiente: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra” .

 

Por otro lado, la influencia mundial del reino de Cristo se deja ver en los siguientes pasajes de la Escritura: Daniel 2:44, que dice: “Y  en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. También el salmista David (72:7-9,11) lo anuncia diciendo: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo…todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán”. Leer todo el Salmo 72, También Daniel 7:13,14 y Miqueas 4:1-4. Todas estas profecías aseguran que sólo habrá un solo gobernante mundial que domine con autoridad de Dios, y con vara de hierro. ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobernante mundial?¿Se imagina usted que las naciones del mundo se sujetarán de buena gana a este magnífico líder mundial que está por venir desde los cielos? Será ciertamente: “¡El deseado de todas las naciones!” (Hageo 2:7). Sí, será el gobernante ideal que todo pueblo ha anhelado tener en el poder.

 

¿Está Ud. buscando y pidiendo este estupendo reino de Dios y su justicia? (Juan 6:10,33). ¡Es un mandamiento de Jesucristo! Sin embargo, cuántos aún ignoran que este reino milenario es la única esperanza que tiene la humanidad para tener paz y justicia verdaderas. No es “escapando al cielo” como vamos a lograr obtener la felicidad, la justicia, y la paz que anhelamos. Eso querría decir que el diablo triunfó al lograr la destrucción de la tierra, y arrojar a los hombres al cielo. ¿acaso no recordamos que Dios creó la tierra para que fuese habitada por los hombres? (Salmos 115:16). ¿Trastocará el diablo los propósitos de Dios para con la tierra? ¡De ningún modo! Pero los que afirman que iremos a vivir en el cielo, están desvirtuando todo el propósito de Dios de restaurar todas las cosas como eran al principio. Es obvio que la palabra restaurar quiere decir “reponer, recuperar, recobrar, reparar, renovar o devolver a una cosa su estado o estima original”. En buena cuenta, Dios pondrá todas las cosas como él se lo propuso en un principio. La restauración de un mundo paradisíaco significará el fin de la violencia humana y animal, y también el final de  la depredación de la flora y fauna, y de la contaminación ambiental. Además significará la destrucción de todos los perversos e incorregibles del planeta (Salmo 37:9). Será el fin del dominio de los hombres para dar paso a la gobernación de Dios en la tierra como se efectúa en el cielo. 

 

Desgraciadamente, La gran mayoría de los hombres están buscando solucionar sus problemas a espaldas de Dios, como si Él no existiera. La ONU, por ejemplo, fue creada para traer la paz en el mundo, y ya vemos cómo ésta no ha podido lograr la tan anhelada paz mundial. Hoy más que nunca, el mundo está envuelto en guerras interminables que aniquilan a miles y miles de hombres inocentes. El hombre no sabe que el problema del mal está en el hombre mismo, en su naturaleza pecaminosa y egoísta. Los hombres no entienden que ellos no pueden corregir los males del mundo por sí mismos, pues se encuentran lejos de su Hacedor.  La mayoría de ellos únicamente viven sólo para satisfacer sus deseos egoístas, sin importarles sus semejantes. Sólo un necio corrupto puede decir que no hay Dios (Salmo 14:1). 

 

                   Jerusalén, La Ciudad Capital del Reino

 

La Biblia es clara cuando dice que Jerusalén será la ciudad capital del reino venidero de Dios. Dice el profeta Jeremías así: “En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón” (3:17). Hay infinidad de pasajes en la Biblia donde se menciona a Jerusalén como una ciudad superimportante del futuro, y en donde confluirán todos los pueblos de la tierra. Será la capital mundial y el centro del mundo—el lugar donde estarán los tronos de los futuros gobernantes inmortales. Dice también el salmista David sobre Jerusalén, así: Porque Jehová ha elegido a Sión; la quiso por habitación para si. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido…allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, más sobre él florecerá su corona” (132:13,14,17,18). También dice el salmista, de este modo: “Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David. Pedid por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman” (122:3-6). Nótese que se habla de “los tronos” de la casa de David (en plural). Esto concuerda con lo prometido por Jesucristo a sus apóstoles, en el sentido que ellos también se sentarían en sus propios tronos, en el reino restaurado de David en Jerusalén (Mateo 19:28). Ahora bien, Jesús extiende su invitación para que todos sus seguidores permanezcan fieles para que puedan participar en su trono y reino. Dice él, así: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Además él prometió también: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones(Apocalipsis 2:26). Y para terminar este acápite sobre Jerusalén, sería bueno recordar Miqueas 4:1-3, que dice: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”. 

 

                El Reino de Dios es el Evangelio Verdadero

 

Sí, el Reino de Dios es el evangelio de Cristo. En diferentes pasajes de la Escritura veremos que el Reino de Dios y el evangelio, son sinónimos. En Marcos 1:1,14,15 encontramos un excelente ejemplo de esto. Dicen estos versículos de este modo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentios, y creed en el evangelio. En la cita bíblica mostrada arriba, es obvio que cuando se habla de creer en el evangelio, lo que se quiere decir es que creamos en el Reino de Dios, y en su Rey, Jesucristo.  Además, Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para SALVACIÓN para todos los que lo creen de todo corazón (Romanos 1:16). Y cuando Jesús dejó señales concernientes a los últimos días, él dijo que antes de su regreso en gloria para establecer su reino, sus verdaderos discípulos estarían proclamando dicho reino por todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Dice así en Mateo 24:14: Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.  Entonces,  ¿qué más pruebas podemos pedir para saber y entender lo que es verdaderamente el evangelio de Cristo?

   

Finalmente veremos a Pablo predicando este mismo evangelio del Reino en diferentes partes del mundo, según lo podemos constatar en Hechos 19:8;20:25;28:23,30,31. Es claro que el asunto del reino de Dios era de primera importancia para Cristo y sus apóstoles (Lucas 9:1,2), ¿Lo es para Ud., estimado hermano? Pablo dijo que seamos sus imitadores, así como él lo era de Cristo mismo (1 Corintios 11:1). ¿Lo está Ud. imitando a él en este quehacer evangélico? Muchos—desgraciadamente—no lo están haciendo, pues han pensando que el evangelio es solamente Cristo mismo, es decir: Su Muerte, su sepultura, y su resurrección al tercer día (1 Corintios 15:1-6). Esta creencia es media verdad, pues ya hemos visto que Jesús mismo tilda al Reino de Dios con el título de: “el evangelio” (Lucas 4:43, Mateo 24:14)—¡Y fue el principio de su evangelio! (Marcos 1:1,14,15). Por eso, predicar el evangelio es predicar el reino de Dios, como también lo es sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús—¡Todo junto!

 

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Para Mayor Información Escribir a:

Ing° Mario A Olcese

Diplomado en Teología.

molceses@hotmail.com

LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS

                                 Texto Guía: Hechos 3:19-21     

 

Propósito del Regreso de Jesús a la Tierra:

 

            Pocos cristianos saben que Jesucristo volverá nuevamente a este mundo en persona y visiblemente; y los que no lo saben  creen, más bien, que “partirán” al cielo cuando mueran para encontrarse con Jesús. En nuestro estudio “La Segunda Venida de Cristo“, el cual puede ser suyo si nos lo solicita, explicamos claramente que Cristo volverá a este mundo pronto.

            Lucas, el evangelista, también escribió el libro de los Hechos de los Apóstoles. En el capítulo 3 él explica para qué volverá Jesús al mundo nuevamente. Dice: “A quien (Jesucristo) de cierto es necesario que el cielo reciba HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Verso 21). Sí, Jesucristo, o Jesús, el Cristo (o:“El Ungido”), volverá a este mundo para RESTAURAR TODAS LAS COSAS de que hablaron los profetas del Antiguo Testamento. Esta impresionante revelación dada por Lucas, NO es enseñada por la Iglesia Católica, y algunas iglesias protestantes amilenialistas (a:sin, Millennium: milenio). Lo cierto es que Jesús no viene a llevarnos al cielo como creen muchos, sino más bien para quedarse en la tierra a fin de restaurar todo lo resquebrajado por el pecado de los hombres. Para mayores detalles sobre este punto, solicite el artículo “Las Buenas Noticias de Jesucristo”, El Reino del Mesías, El Reino de Dios: ¿Sabe Ud. qué es?. Son gratis.

 

            Según el prestigioso Diccionario Nuevo Pequeño Larousse, la palabra “restauración” quiere decir: “reparación“, “restablecimiento“, “nueva existencia que se le da a una institución“, y lo más importante, RESTABLECIMIENTO EN EL TRONO DE UNA DINASTÍA CAÍDA.” Esta última definición del diccionario mencionado, nos interesa mucho, pues tiene relación con nuestro estudio, y con las promesas bíblicas. Ya es hora que usted descubra la verdad de lo que Jesús va a restaurar en esta tierra, en ocasión de su Segunda Venida en gloria desde los cielos. Definitivamente restaurar no es destruir, de modo que Cristo no viene a destruir el planeta tierra, sino sólo a los pecadores incorregibles que no lo esperan volver en gloria para salvarlos (Salmo 37:9,10,17,20,22,28,29,34,38,40).

 

El Restablecimiento de la Dinastía Davídica Caída

 

            La Palabra restauración de Hechos 3:21 tiene que ver con el restablecimiento en su trono de un rey derrocado o el restablecimiento de una monarquía suspendida en su trono real. En este caso, la dinastía del rey hebreo, David. El profeta Amós habló de esta futura restauración, diciendo: En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David” (9:


            He aquí una impresionante verdad revelada desde los cielos, y esa es que al volver Jesús al mundo, levantará o restaurará el trono caído de David, el cual fue suspendido por Dios allá por el año 586 a.C. Recordemos que el rey babilónico Nabuconodosor invadió Jerusalén y depuso al rey hebreo de turno Sedequías, matando a sus hijos y desterrando al pueblo a Babilonia. Desde esa fecha, el trono de David, en la persona de su sucesor, Sedequías, se suspendió hasta el día de hoy. Ya van aproximadamente 2,500 años que Israel no tiene un rey Hebreo, ni una monarquía establecida como la de David. Pero esto ya estaba profetizado por Oseas, cuando dijo: Porque por muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio…” (3:4). Sí, POR MUCHOS DÍAS (no, “eternamente), los hebreos estarían sin una monarquía, y consecuentemente, sin ningún rey que los gobierne. Pero nuevamente Dios promete: “No faltará a David un renuevo de justicia…” (Jeremías 33:15,16). Esta promesa significaba que vendría un descendiente de David que tomaría su trono y corona en un futuro. Dios tenía en mente restaurar aquel reino que Él mismo había establecido con David y sus hijos (2 Crónicas 13:5,8). Definitivamente el reino Davídico era el reino de Dios. Dios había escogido a David para que lo representara ante el pueblo y los rigiera con autoridad celestial. Ahora Dios se propone restaurarlo nuevamente con un rey fiel y perfecto que desciende del rey David.

 

El Hombre que tiene Derecho al Trono y Reino de David

 

            El profeta Ezequiel escribió concerniente a la caída del reino davídico con estas palabras enfáticas: Y tú, profano e impío príncipe de Israel (Sedequías), cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad (586 a.C), así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, HASTA QUE VENGA AQUEL CUYO ES EL DERECHO, Y YO SE LO ENTREGARÉ.” (21:25-27). Notemos nuevamente que si bien el reino Davídico fue depuesto, no obstante vendrá un descendiente de David que tendrá el derecho de tomar su tiara, su corona, y su trono nuevamente. Y obsérvese que es Dios mismo quien se lo va a entregar y no algún hombre mortal.

 

            Según el Evangelista Mateo, Jesucristo es el hijo de Abraham e hijo de David (Mateo 1:1). Esto significa que Jesús es el descendiente, según la carne, del rey David. Es claro que Jesucristo es de “sangre azul“, un “hombre noble“, “un Príncipe“, y finalmente, “un Rey“—¡El Rey! Recordemos que Jesús había aceptado su origen real a Pilato, cuando fue acusado por sedición. Sus palabras fueron claras y directas: “…Tú dices que yo soy rey. YO PARA ESTO HE NACIDO…” (Juan 18:37). Pero por otro lado Jesús dijo en otra ocasión que su reino no era de este mundo o era maligna (verso 36). Entonces Jesús no pretendió restaurar el reino en ese momento, sino que lo haría en otra ocasión, para su segunda venida. Su segunda venida acabaría con el presente mundo malo regido por las fuerzas diabólicas cósmicas.

 

            El apóstol Pedro creía que un varón de Dios, descendiente del rey David, regiría  al mundo desde su trono en Israel. Sus palabras son como siguen: Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de SU DESCENDENCIA, EN CUANTO A LA CARNE, LEVANTARÍA AL CRISTO PARA QUE SE SENTASE EN SU TRONO.” (Hechos 2:29,30). Nótese que acá la palabra “Cristo” no es un nombre, sino un título que denota “el ungido (escogido) de Dios” el cual va a ser el futuro rey de Israel. 

 

            Y en la anunciación, el evangelista Lucas registra lo que le dijo el ángel Gabriel a María: Este (Jesús) será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:32,33).   

 

Los Hebreos Regresarán a Israel

 

            Si Jesús reconquistará el depuesto reino de su ancestro David, ello quiere decir que él reinará en Jerusalén, pues esa ciudad fue la capital del reino de David. Jesús afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad del “gran Rey( Léalo en Mateo 5:33-35). También inferimos que Jerusalén estará habitada por los hebreos, pues la profecía dice que Jesús reinará en la casa de Jacob o Israel. Por eso los israelitas estarán reunidos en su tierra para cuando Cristo, su rey, regrese. El profeta Ezequiel pudo escribir con certeza: “Y yo (Jehová) os tomaré de todas las naciones, y los recogeré de todas las tierras, y os traeré A VUESTRO PAÍS.” (Ezequiel 36:24). Y el profeta Oseas añade


lo siguiente: “Después volverán los hijos de Israel y buscarán a Jehová y a David su rey, y temerán a Jehová y a su bondad EN EL FIN DE LOS DÍAS (3:5).

        

                      Muchas personas no entienden el significado del regreso de los hebreos desde muchas naciones a su prístina tierra prometida después de 2,500 años de destierro. Desde Mayo de 1948 d.C ya existe nuevamente el “joven” estado de Israel en su antiguo territorio. Poco a poco la nación judía se va asentando con nuevos inmigrantes hebreos, pese a sus problemas políticos internos y externos. Pero lo importante de esto es que, en el final de los días, los judíos o hebreos regresarán a su tierra desde muchos países (E.U, Rusia, Etiopía, Alemania, Polonia, Argentina, etc) para luego buscar a Dios y a su rey davídico, Jesucristo.

 

            Para ese entonces se cumplirán los dichos de los profetas: He aquí vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo (=hijo) justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.” (Jeremías 23:5). “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio…y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.” (Isaías 32:1,17). “Y dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones…” (Apocalipsis 12:5). “…habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Jehová.” (2 Samuel 32:3). “Y los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15). “Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa (Israel), ha dicho Jehová de los ejércitos…y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.” (Joel 2:26,27).

 

            El apóstol Pablo nos confirma que Israel como nación finalmente será restaurada en una posición privilegiada para la bendición del mundo entero. Si el rechazo temporal de los hebreos significa la bendición de los no hebreos, ¡cuánta más bendición significará para los no hebreos la restauración de los hebreos! La restauración del país, y del reino, significará la máxima bendición de todos los pueblos de la tierra. Dice Pablo: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión (pecado) vino la salvación de los gentiles (no judíos), para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (Romanos 11:11,12). Sin embargo, y pese a las claras promesas de bendición de parte de Dios para los hebreos, los católicos siempre han sostenido que los hebreos han perdido los favores de Dios, por haber “crucificado” a Jesús. ¡Cuán errados están! ¡La Biblia los desmiente fácilmente!

             

¿Cuándo Será Restaurado el Reino o Gobierno de Dios?

 

            La pregunta que se nos viene al pensamiento es: ¿Cuándo se restablecerá el reino de Dios? Pues esa fue la misma pregunta que los apóstoles le hicieron a Jesús hace dos milenios: “…Señor, ¿restaurarás el reino (davídico) a Israel en este tiempo (año 27 d.C)? (Hechos 1:6). En el verso siguiente (7) Jesús les dice que la fecha sólo la sabe Dios. Y en otra ocasión Jesús les dice a sus discípulos que sólo su Padre sabe cuando será “el fin del mundo o Edad Maligna” ( Para mayor información sobre el significado de este tema, solicite el artículo gratuito “El Fin del mundo” a la dirección que aparece al final del presente estudio). 

 

La Iglesia de Dios heredará el Reino Davídico

 

            La Iglesia está llamada a tener un papel protagónico en la restauración del reino davídico en la tierra. Según las Escrituras, los cristianos están llamados a ser co-gobernantes con Cristo en su reino de mil años. En las Escrituras Inspiradas hallamos las siguientes promesas que las iglesias han olvidado. Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria…Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31,34).

 

 


           En el libro de Apocalipsis 2:26 leemos: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.” Y en el 3:21 leemos: “Al que venciere, le haré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

 

            En Lucas 19:12 Jesús les dice a sus discípulos: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino (davídico)”. Y en Lucas 13:28 .Allí será el llanto y crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” “Yo, pues, os asigno un reino (el de David), como mi Padre me lo asignó a mí.” (Lucas 22:29).

 

            Y también Jesús pronuncia la Parábola de la Diez Minas para enseñar a sus discípulos que tendrán parte en su gobernación mundial, obteniendo el control de ciudades importantes. “Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” (Lucas 19:17).

 

            Como vemos, el Señor exige que seamos fieles a su causa para tener derecho a participar en su gobernación mundial. El apóstol Pedro dirá por su parte: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pedro 1:10,11).

 

            Y a los creyentes pobres, Santiago les dice: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (2:5).

 

            Y Jesús dice también: …Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.” (Lucas 6:20). “Mas buscad el reino de Dios, y estas cosas os serán añadidas.” (Lucas 12:31). Y también Jesús se dirige a los ricos diciendo: “…¡Cuán difícilmente entrarán al reino de Dios los que tienen riquezas!” (Lucas 18:24).

 

            Y en otra ocasión Jesús se vio forzado a decir: “…Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9:62). Aquí Jesús está poniendo como condición el perseverar en la fe para ganar el reino davídico. Y Pablo, por su parte, dice: “…Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22).

 

            A los efesios Pablo les dice: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” (Efesios 5:5). Y el ladrón de la cruz le pide a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” (Lucas 23:42).

 

            Al Fariseo Nicodemo, Jesús le dice: “…de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:3,5). Y también dijo el Señor: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21).

 

            Como vemos, el reino de Cristo está en todas partes de la Biblia. Es la esperanza central de la Iglesia. De hecho, los teólogos están unánimemente de acuerdo que este es el tema central de las Escrituras. Jesús habló de él desde el mismo inicio de su ministerio (Marcos 1:1,14,15) hasta en el final de él (Hechos 1:3,6,7).

 

LA SALVACIÓN–¿QUÉ SIGNIFICABA REALMENTE PARA JESÚS Y SUS APÓSTOLES?

                                             Por Mario A Olcese

 

La teología cristiana enseña que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores. Pero: ¿Qué quiere decir la Biblia con la palabra “salvación”?¿De qué tendríamos que ser salvos, y para qué? Es necesario responder estas preguntas con la máxima exactitud posible para no vivir confundidos.

 

El Salvador de los Hombres

 

La Biblia nos habla de que hay uno que salva a los hombres, y ése es el Creador, Dios el Padre. Dice Él mismo: “…y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el fuerte de Jacob.” (Isaías 49:26). Ahora bien, Jehová, el Salvador, amó tanto al mundo “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea SALVO por él.” (Juan 3:16,17).

 

Salvación de la Condenación

 

En el texto bíblico anterior, Jesús dice que vino a salvar al mundo de la condenación o de la “perdición”. Pero, ¿qué hizo el mundo para merecer la condenación? Dos versos más adelante Jesús nos responde: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” (v.19). Es notorio que Cristo vino a salvar a los hombres que estaban en las tinieblas espirituales y que obraban cosas malas. En buena cuenta, Jesús vino a salvar a los pecadores que estaban, de hecho, ya condenados por Dios.

 

Pablo dirá después: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23). Sí, el regalo de Dios es vida eterna por medio de Cristo y su sacrificio por los pecadores. Y es que la paga del pecado es muerte, y como todos han pecado (Romanos 3:9), entonces todos estamos condenados a la muerte. Pero Jesús tomó nuestros pecados y los pagó—por nosotros—muriendo en la cruz del calvario. Su muerte nos dio vida, y canceló la deuda pendiente que teníamos para con Dios. Lo único que nos toca hacer es aceptar ese pago que Cristo hizo por nosotros, y como retribución, servirle a él de por vida, como símbolo de gratitud. Nosotros éramos esclavos del pecado, pero Jesús nos hizo libres a través de su sacrificio expiatorio. Ahora usted, y todos los hombres, tienen una nueva oportunidad para reivindicarse ante Dios y vivir como hombres nuevos y en santidad. Dios ahora nos ha vuelto a recibir en su seno, como hizo aquel padre con su “hijo pródigo” de la parábola de Jesús.

 

Resta Aún Una Salvación Futura

 

Si bien Jesús nos salvó de nuestros delitos y pecados pasados, no obstante, aún queda que se culmine nuestra salvación. En buena cuenta, todavía no hemos recibido toda nuestra salvación. ¡Sorprendente, pero real! Veamos lo que dice Pablo: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación al pecado, PARA SALVAR A LOS QUE LE ESPERAN.” (Hebreos 9:28).

 

 Notemos que la primera venida de Cristo tenía relación con el pecado. Esto quiere decir que la primera venida de Cristo fue para tratar el asunto de los pecados del mundo, y cancelarlos con su muerte en la cruz. Ahora, su segunda venida ya no es para morir por los pecados del mundo, sino para completar su salvación a aquellos a quienes ha perdonado por la fe. Esto quiere decir que Cristo completará el proceso de salvación a aquellos que le aceptaron como su Salvador, por la fe, de todas las épocas y lugares, y que vivieron rectamente durante su ausencia. También Pedro dice al respecto: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para SER MANIFESTADA EN EL DÍA POSTRERO.” (1 Pedro 1:5).

 

¿De Qué se Trata la Salvación Futura?

 

Hasta acá hemos visto que hay una salvación pasada (Lucas 23:35), una presente (1 Pedro 4:18), y otra futura (Hebreos 9:28, 1 Pedro 1:5). También hemos visto que la salvación pasada tiene que ver con nuestros pecados pasados y el perdón de Dios. No obstante, son pocos los que saben de qué se trata la salvación futura.

 

Algunos suponen que ya somos salvos, y que no hay otra salvación que esperar. Éstos suponen que los que estén en la gracia de Dios irán al cielo una vez que les sobrevenga la muerte física. Según estos creyentes, Jesús no habló de ninguna salvación futura, pero deliberadamente ignoran los textos de Hebreos 9:28, 1 Pedro 1:5, y el de Mateo 24:13, los cuales afirman que habrá una salvación futura con la segunda venida de Cristo.

 

La Biblia es clara respondiendo acerca de lo que es la salvación futura. No obstante, casi nadie ha advertido esta salvación futura que está escondida en el diálogo de Jesús con el joven rico de Mateo 19:16-25. Sí amigos, en este diálogo está escondido el significado de la verdadera salvación futura. Sólo aquellos que ESCUDRIÑAN la Biblia, con la ayuda del Espíritu Santo, pueden descubrirlo. Pero la mayoría de personas no “maduras en la fe” no podrán descubrirlo fácilmente, pues se requiere un escudriñamiento cuidadoso.

 

Usted debe abrir su corazón y disponer su mente para reflexionar, sin prejuicios, los versículos del diálogo mencionado. Los vamos a escribir a continuación tal como aparecen  en la Biblia: “Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué haré para tener LA VIDA ETERNA’. El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar a la vida, guarda los mandamientos… El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?. Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico EN EL REINO DE DIOS…sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser SALVO?”. Aquí hay tres frases ‘clave’ que definen claramente lo que es salvación. Esas son: “LA VIDA ETERNA”, “EL REINO DE DIOS”, y “SALVO”. Estas tres frases han sido pasadas por alto por la mayoría de estudiantes de la Biblia, privándose así de comprender qué es la salvación para Jesucristo y sus discípulos.

 

El joven rico quería heredar la VIDA ETERNA, pero no estaba dispuesto a dejarlo todo por Cristo. Jesús se ve precisado a decir que difícilmente entrará un rico en el REINO DE DIOS. Los discípulos le preguntan entonces a Jesús: ¿Quién podrá SALVARSE?  Reflexione ahora: ¿Qué es salvación, según este diálogo? La respuesta es diáfana como el agua cristalina. Usted deberá disponer su corazón y mente para entender. La fórmula es ésta: ¡Sólo tiene que acomodar las TRES FRASES CLAVE! (‘Vida Eterna’, ‘Reino de Dios’, y ‘Salvación’). Salvación entonces es “vida eterna en el reino de Dios”. Esta sencilla explicación no es conocida por millones de cristianos. La mayoría de cristianos cree que salvación es estar con Dios en el cielo. Pero esto no es lo que dice Jesús. Aquí se habla de un reino y de una salvación futuros que vendrán con la segunda venida de Cristo. Entonces se cumplirá Apocalipsis 12:10 que dice: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo.” Nótese que la salvación está asociada con el reino y la autoridad de Cristo— ¡Realmente ambos van de la mano! Ah, y los difuntos de la fe tampoco han heredado el reino, pero serán resucitados para entrar en él.

 

Si uno compara Hebreos 9:28 y Mateo 25:31,34, descubrirá que en la segunda venida de Cristo se desencadenará la salvación de los fieles. Esto quiere decir que éstos “heredarán el reino preparado desde la fundación del mundo.” Este es el verdadero evangelio de Jesucristo que no es predicado mayormente por las iglesias, salvo raras excepciones.

 

El Reino de Dios

 

Cristo y El Reino son los temas más importantes de la Biblia, ya que se mencionan tantas veces desde el comienzo hasta el final de ella. Jesús empezó su ministerio predicando el Reino de Dios (Marcos 1:1,14,15). También lo predicaron sus discípulos (Lucas 8:1-2; Lucas 9:1-2; Hechos 8:12; Hechos 28:23,30,31). Fue también lo último que les enseñó Jesús a sus discípulos, poco antes de ascender al Padre (Hechos 1:3).

 

El apóstol Pablo lo predicó insistentemente en su ministerio a los gentiles (Hechos 28:23,30,31; Hechos 19:8; Hechos 20:25). También dijo que para entrar en él uno tiene que sufrir tribulaciones en esta vida (Hechos 14:22). Afirmó que no se podía entrar con nuestros cuerpos de carne y sangre, sino con cuerpos inmortales (1 Corintios 15:50). Él aclaró que los muertos y los vivos recibirían esos cuerpos transformados en la segunda venida de Cristo en gloria (1 Corintios 15:42—52).

 

¿Dejará Usted Pasar Esta Gran Salvación?

 

Pablo dice: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una SALVACIÓN TAN GRANDE? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:3). Ahora le pregunto amigo: ¿Dejará usted escapar esta SALVACIÓN TAN GRANDE DE DIOS, QUE ES PARA USTED TAMBIÉN?. No posponga su decisión para ganar esa salvación presente y futura, pues mañana puede que usted esté muerto, y ya no tenga más esperanza. Por eso Pablo les dice a los corintios: “…He aquí AHORA el tiempo aceptable; he aquí AHORA el día de SALVACIÓN.” (2 Corintios 6:2b).

 

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EL REINO DE DIOS— ¿QUÉ ES?

 

Un estudio concienzudo acerca de la predicación de Jesucristo y sus apóstoles referente a un nuevo orden mundial que Dios inaugurará en la  nueva tierra.  

 

La Predicación de Jesucristo y sus Apóstoles

 

En el libro del evangelista Marcos (1:1,14,15), y en el de Mateo (4:17) leemos que Jesús comenzó su ministerio en Galilea, predicando “El Evangelio del Reino”, y diciendo: “el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado: arrepentios y creed en el evangelio.” Este evangelio del reino era el CENTRO  de su mensaje y la razón de su venida. En Lucas 4:43 Jesús revela que le era necesario anunciar a otras ciudades el evangelio del reino de Dios, porque para esto fue enviado. Los cuatro evangelistas incluyen en sus escritos o evangelios, más de 60 ocasiones diferentes en las que Jesús se refirió al reino de Dios. Incluso en los Hechos de los Apóstoles, la frase “el Reino de Dios” aparece 6 veces. El apóstol Pablo se refiere 9 veces al reino de Dios. Por tanto, el reino de Dios merece una especial consideración y estudio bíblico profundo, pues es profusamente mentado en toda la Biblia, y en particular, en el Nuevo Testamento.

 

El Reino de los Cielos

 

El evangelista y apóstol Mateo, opta por hablar de: “El Reino de los Cielos”, cuando los otros tres evangelistas hablan de: “El Reino de Dios”. Solamente en 4 ocasiones Mateo usa la frase “El Reino de Dios” (6:33; 12:21,28,31,43), en tanto que la frase “el Reino de los Cielos” aparece 32 veces en su evangelio. Generalmente se explica la preferencia de Mateo por esta última frase para denotar el carácter CELESTIAL del reino, vale decir, que proviene de ARRIBA, como un DON DE DIOS  y no como una creación meramente humana y perecible.

 

La lengua nativa de los judíos, en los tiempos de Cristo, era el arameo, un dialecto semítico muy cercano al Hebreo. Jesús habló este dialecto en toda su predicación y enseñanza doctrinal. Sus dichos, tal como están registrados en los evangelios, fueron vertidos del vernáculo al griego, que era el idioma literario de la época. El respeto que tenían los judíos hacia el nombre de Dios hacía que evitaran pronunciarlo. Temían incurrir en alguna frase que pudiera considerarse uso vano del nombre de Dios, y en consecuencia recurrían a substitutos: “Los cielos” era uno de los más empleados. Y es casi seguro que el mismo Señor lo haya usado también para evitar herir las susceptibilidades de sus paisanos. De este modo el evangelista se adapta a la peculiaridad de su público, y así hacer accesible el mensaje entre su propio pueblo.

 

El Significado de “Basileia

 

En su expresión concreta, “basileia” quiere decir “domino”, “territorio”, “reino”, o “el pueblo sobre el cual gobierna el rey.” En su expresión abstracta denota “soberanía” y “poder real”. En términos concretos “baseileia” denota un nuevo orden, material y social, que será establecido mediante Cristo. Abstractamente podría denotar el reino de Cristo “en el corazón de los creyentes” mediante la vida, muerte y resurrección de su rey Jesucristo.

    

El Reino de Dios en el Antiguo Testamento

 

La expresión “el Reino de Dios” no aparece en el Antiguo Testamento aunque sí “El Reino de Jehová”, que es lo mismo, pues Jehová es Dios (ver 1 Crónicas 28:5). Y el salmista David habla de Jehová como un rey que tiene un trono y un reino (103:19). También en el Antiguo Testamento el significado del reino de Jehová se puede entender de dos maneras: Que Dios ya es un rey, y que reina sobre toda la tierra habitada y sus naciones que de alguna manera hacen su voluntad. Segundo: como un gobierno de Dios futuro en donde el mal será totalmente erradicado junto con los enemigos de Dios. Los profetas vislumbraron esa era maravillosa cuando Dios ejecute juicio en la tierra y por fin establezca la paz y la justicia eternas. El mundo, finalmente, será hermoso como en el paraíso edénico, antes de la caída de los primeros padres humanos. Para ese entonces, Israel vivirá en paz con sus vecinos, y las guerras y miserias en la tierra quedarán en el olvido. Jerusalén será el centro del reinado del Mesías, el representante legal de Dios, que educará a las naciones en el conocimiento de Jehová (Isaías 9:6,7; 11:1-12; 24.23; 65:17-25; Miqueas 4:1-5).

 

Los Judíos de la época de Jesús esperaban la venida del reino de Jehová (Dios). Muchos de los escritores apocalípticos esperaban que Dios estableciera su reino de manera espectacular con demostraciones de poder, trayendo la salvación a su pueblo y el castigo de sus enemigos. Los llamados CELOTES pensaban que el reino vendría más rápidamente si ellos lo precipitaban por acciones políticas violentas. Los FARISEOS, en cambio, creían que el reino vendría cuando el pueblo elegido de Dios obedeciera la ley de Dios fielmente. Todas estas expectativas prepararon la escena para la aparición de Juan el Bautista en el desierto proclamando que el Señor había llegado, y que “el reino de los cielos se había acercado” (Mateo 3:1-6).

 

 La Historia de la Interpretación

 

La Iglesia Cristiana, a lo largo de su historia, ha interpretado el Reino de Dios de dos maneras: Una es la que tiene un carácter escatológico o futurista, y el otro que recalca su naturaleza presente o consumada. Por cierto que en la Iglesia primitiva el concepto futurista fue el que predominó. Los llamados “Padres Apostólicos” contemplaron el reino como un asunto FUTURO de dicha que se consumaría con la segunda venida de Cristo al mundo. Además, algunos de esos “padres” sostuvieron, incluso, que sería un dominio terrestre, aunque otros no se atrevieron a mencionar lugares concretos. El único que no aceptó la interpretación escatológica fue Orígenes. Él creyó que el reino tenía un significado espiritual o simbólico y no literal.

 

Agustín de Hipona escribió en su obra De Civitate Dei’ (La Ciudad de Dios) que la Civitate terrena (La Ciudad del Mundo), la cual se compone de todas las fuerzas y personas malas, encuentra su expresión histórica en la iglesia. En realidad, al identificar Agustín el reino con la iglesia militante, lo que estaba diciendo es que el reino milenario de Dios había sido inaugurado con la primera venida de Cristo, hace dos milenios.

 

Los reformadores hicieron suyo el énfasis espiritual del reino de Agustín llevándolo al “corazón” del creyente. No obstante, los reformadores esperaban igualmente la manifestación visible de dicho reino con la segunda venida de Cristo al mundo.     

 

En el llamado periodo moderno de la historia de la Iglesia, se han producido una serie variada de ideas que desarrollan las diversas líneas anteriormente mencionadas. Johannes Weiss y Albert Schweitzer hicieron frente a un fuerte liberalismo que intentó eliminar el elemento escatológico del reino predicado por Jesús, y el cual era su mero núcleo vital. Según Weiss y Schweitzer, el reino, para Jesús, era una realidad totalmente FUTURA, apocalíptica, que aparecería al final de la historia humana, mediante la acción poderosa y sobrenatural de Dios. Afirmaron que la idea de una presencia actual del reino era un invento de los autores de los evangelios y que no debía considerarse como auténtica enseñanza de Jesús. Su interpretación del reino es conocida como “escatología consistente” o “coherente”.

 

Para Harnack, el reino de Dios era el gobierno divino en “el corazón de los santos”. Para él, el reino es el poder que obra en el interior de la vida humana. Dobschütz, Muirhead, Wellhausen, y Sharman han insistido, del mismo modo, en sostener que la dimensión escatológica NO era esencial en la enseñanza de Jesús, o que francamente se trata de un agregado que sus primeros discípulos o la iglesia primitiva creyeron necesario hacer al mensaje. F.C.Grant también rechazó el factor futurista del reino, afirmando que éste debía entenderse solamente en términos de una “redención social”. A.B. Bruce y James Orr no toman en cuenta el factor futurista del reino, considerándolo más bien sólo simbólico, o “en el corazón de los hombres”, el cual produciría una transformación social radical a medida que aumentara el número de creyentes. Cuando todas las áreas de la vida y el pensamiento hayan sido penetradas y regeneradas mediante el poder del reino, entonces “éste habrá llegado”.

 

Rudolf Otto, en su libro ‘El Reino de Dios y el Hijo del Hombre’, ve el reino como una esperanza futura, pero que de alguna manera ya se ha presentado en la persona y ministerio de Jesús. W.G. Kümmel, igualmente opina que el reino de Dios es presente y también futuro. Emil Brunner sostiene que el fin último de la historia ya comenzó con la iglesia, pero que todavía tenemos que esperar su cumplimiento final en el futuro. R. N. Flew habla del reino como presente y futuro, así: “El reino ha venido en la persona de Jesús, sus bendiciones pueden gozarse ahora mediante a fe. Pero no ha venido del todo. La consumación final aún se tarda.” (Jesús y Su Iglesia, pág.32).

 

Ahora bien, la interpretación contemporánea más discutida es aquella del eminente teólogo inglés C.H.Dodd, y que se conoce como “escatología realizada”. Él la desarrolló en su libro “Las Parábolas del Reino”. El estudio hecho por Dodd de las parábolas de Jesús, y otros dichos colaterales, lo llevó a creer que, para nuestro Señor, el reino ya había venido. El futuro formaba parte, ahora, de la experiencia actual de los hombres. El absoluto ha penetrado la arena histórica. El supuesto Cristo Eterno ha entrado en el tiempo. Él mismo sería el cumplimiento de la esperanza escatológica. Su venida es la venida del reino de Dios. Su reino vino con él y, por tanto, no hay que esperarlo para mañana. El futuro se está realizando en la vida de Cristo y en la vida de su iglesia. Pero para ser justos, Dodd no presta mucha atención a los dichos de Jesús en cuanto a la venida aún futura del reino, y sólo se limita a darles a éstos un sentido meramente simbólico.

 

 El Reino: Presente y Futuro

 

El aspecto del reino presente se encuentra en los textos de Marcos 4:3 ss. En donde el reino presente se compara con una semilla que se siembra en los corazones de los hombres en esta vida. En Marcos 12:34 Jesús le dice a un escriba: “no estás lejos del reino de Dios”. En Mateo 12:28 Jesús dice que: “El reino ciertamente ha llegado a vosotros” por el hecho de expulsar a los demonios de un ciego y sordo. En Mateo 13:44-46 Jesús habla del reino como un tesoro escondido en la tierra, que los hombres pueden descubrir ahora. En Lucas 17:20-21 Jesús declara que “el reino está entre vosotros”.  Es decir, su presencia en la tierra es la presencia del reino de Dios.

 

Si bien es verdad que algunas declaraciones de Jesús muestran un reino presente en su ministerio, también es cierto que hay una dimensión futurista del mismo en otras de sus declaraciones. En primer término, 6 de las Bienaventuranzas sólo podrán cumplirse en el FUTURO (Mateo 5:4-9). En Mateo 25:31,34 Jesús habla de un reino que sólo se podrá heredar cuando él vuelva por segunda vez. En Mateo 26:29, durante la última cena, Jesús les dice a sus discípulos que anticipa el día cuando beberá con sus discípulos del fruto de la vid, en el reino de su Padre.

 

Aunque el apóstol Pablo no suele usar muy a menudo la palabra reino, las veces que lo hace lo hace dando a entender su carácter presente como futuro. En Romanos 4:17 el apóstol Pablo parece indicar que el reino puede ser vivido ahora entre los creyentes. En Colosenses 1:13 él igualmente parece indicar que de alguna manera el creyente está “ahora” trasladado al reino de Cristo. Pero Pablo no pasa por alto el aspecto futuro del reino, porque en 1 Corintios 6:9, 15:50; Gálatas 5:21; y 2 Timoteo 4:1,18; lo que tiene en mente es un reino en la tierra eminentemente FUTURISTA, que exige nuestra previa conversión y transformación física por la resurrección venidera. Estos textos tienen estrecha relación con la PARUSÍA o segunda venida de Cristo. En Hechos 14:22, Pablo recalca el hecho de que para entrar reino se requiere pasar por muchas tribulaciones.

 

El Reino y La Iglesia de Jesucristo

 

Agustín de Hipona creía que el reino de Dios era la iglesia militante. La tardanza de un reino literal hizo que ese ideal se viera reflejado en una sociedad, que llegó a conocerse con el nombre de “iglesia”. E. F. Scott , en su obra “El Reino de Dios en el nuevo Testamento”, página 170 dice: “Jesús había proclamado el reino, pero en su lugar se levantó la iglesia”. Lo que Jesús realmente hacía era buscar un nuevo pueblo a quien se le daría el reino.

 

El Reino de Dios y la iglesia son inseparables, pues a ésta Dios le ha prometido darle su reino (Lucas 12:32). La iglesia es la que recibirá el reino de Dios. Es el pueblo escogido que restaurará el reino davídico en la tierra. El reino está conformado por hombres santos (Judíos y Gentiles) convertidos por el evangelio de Cristo. A estos santos, de todas las épocas, podemos llamarlos como: “La Iglesia de Dios”, “El Cuerpo de Cristo”, “La Novia”, “Los Elegidos”, etc. La iglesia es la heredera del reino (Mateo 25:31,34). Jesús afirmó que el reino es algo que se puede VER y ENTRAR (Juan 3:3,5), y Pablo también dijo que “carne y sangre” (los mortales) no lo pueden heredar (1 Corintios 15:50). En cambio, uno puede ser parte de la iglesia siendo mortal. Esta es la gran diferencia sustancial entre el reino y la iglesia. Por otro lado, uno puede ser parte de la iglesia inmediatamente después del bautismo (Hechos 2:38,41); en cambio, para heredar el reino uno tiene que haber sufrido por Cristo y también haber crecido en la fe y el conocimiento del Señor. Y lo más importante aún es haber recibido la transformación física cuando Cristo regrese nuevamente a este mundo (ver 2 Pedro 1:8-11; Hechos 14:22; 1 Corintios 15:45-50). Aunque en la iglesia se admiten “niños espirituales” ( 1 Corintios 3:1-2) que deben crecer a la estatura de Cristo, en el reino sólo ingresan los “maduros espirituales”, aquellos que han llegado a la “perfección espiritual” (Efesios 4:12,13,15) (2 Pedro 1:3-11). Por otro lado, parece evidente que nuestro Señor consideraba que alguna forma de asociación y organización de carácter comunitario era esencial para a mejor promoción del reino. A lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana, los teólogos de la iglesia han insistido en la íntima relación entre la iglesia y el reino. Pero hay, evidentemente, diferencias entre ellos con respecto a la naturaleza y a los alcances de esta relación. Pero en la medida que la iglesia está verdaderamente sometida al gobierno divino, puede decirse que es el reino de Dios. Pero el orden divino nunca logra realizarse del todo en este orden humano finito; por eso la Iglesia Cristiana espera la consumación final, cuando Dios perfeccione esa fraternidad humana centrada en Cristo. Entonces se podrá decir con plena seguridad que el reino de Dios habrá venido plenamente.

 

 El Reino Futuro y Su Naturaleza Real

 

La Biblia nos habla del reino venidero, pero: ¿Cómo es su naturaleza? No se nos dice si habrá de presentarse como un reino terrenal, que será seguido por un reino celestial, o si hemos de esperar una acción decisiva y final, mediante el cual “cielo y tierra” serán cambiados según los propósitos de Dios. No obstante, sería necio negar que la Biblia sí presenta una naturaleza política y terrena del reino de Dios. El Antiguo Testamento está repleto de profecías que hablan de un reino que se establecerá en esta misma tierra. En la literatura judía, el reino se presenta de 3 formas posibles: 1). El reino producirá una transformación de los cielos y la tierra. 2). El reino será eterno en la tierra. 3). El reino es un orden temporal y terreno, que será seguido por un reino celestial y eterno.

 

En el Nuevo Testamento existen pasajes clarísimos que hablan de un reino terrenal. Jesús, por ejemplo, dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán a tierra” (Mateo 5:5, con referencia al Salmo 37:11). En otra ocasión les enseñó a sus discípulos a que oraran por la venida del reino a la tierra (Mateo 6:10).  Ahora bien, de la Biblia entera se desprende que el reino tiene estos aspectos básicos y muy claros:

 

1.- Dado que el reino futuro tiene relación con la segunda venida de Cristo, su implantación estará acompañado por eventos visibles, sobrenaturales, y catastróficos (1 Tesalonicenses 4:15-17; Marcos 13:24-27).

 

2.- El actual orden de cosas será juzgado (2 Tesalonicenses 1:5-12; 2 pedro 3:4-10; Apocalipsis 19:11-16).

 

3.- Todos los que se oponen serán sometidos a Dios (Filipenses 2:9-10; 1 Corintios 15:20-23).

 

4.- Se cristalizarán todas las promesas hechas a los fieles de todos las épocas (Apocalipsis 21:3,4), las cuales incluyen:

 

a-     El reino se establecerá en Jerusalén.

b-     El Mesías tendrá su trono con sus apóstoles en Jerusalén

c-      El reino será mundial y todos pueblos se someterán a Cristo y a su autoridad: Un solo gobierno.

d-     Habrá paz, justicia, y desarme mundiales.

e-     Los rebeldes e impíos serán destruidos.

f-       Los elegidos recibirán el reino en la segunda venida de Cristo, cuando obtengan su inmortalidad.

g-     El reino durará mil años.

h-    No existirán pobres ni desamparados.

i-       El diablo será atado junto con sus demonios para que no engañen a los pueblos.

j-       Habrá sólo una religión y un solo gobernante mundial con la autoridad de Dios.

k-     La vida será más larga y saludable.

l-       No habrá explotadores ni explotados.

m-  No habrá revueltas, ni protestas, ni descontentos populares.

n-    Los que no quieran servir al Rey Cristo no les irá nada bien, y por tanto, optarán por él de buena gana. Preferirán las bendiciones que las maldiciones de Dios Padre.

 

 

Por tanto, sostener que el reino es sólo presente o futuro, es ignorar las mismísimas palabras de Jesucristo. Los eruditos, en su mayoría hoy, creen en un cumplimiento futuro del reino. No obstante, los amilenialistas (los que no creen en un reino personal y futuro de Cristo en la tierra por mil años), sean católicos o protestantes, sólo ven un reino presente en la iglesia militante.

 

Jean Hearing, en su estudio escatológico sobre “El Reino de Dios y su Venida”, escribe: “Jesús enseñaba que un germen invisible del reino de Dios existía desde el comienzo de su predicación; pero tal es su noción del reino, que ella exige una realización completa visible en el futuro mediante una transformación del orden cósmico.”

 

El teólogo católico Karl Adam reconoce que: “Restringir lo fundamental de su mensaje a esta predicación moral, sería desconocer el contenido religioso, más precisamente, el carácter sobrenatural y escatológico del nuevo reino” (…) su venida está todavía en el futuro, y es preciso decir: Que tu reino venga.”

                                                                                                                                                                  

El Reino de Dios e Israel

 

El reino de Dios es un mensaje que todavía debe ser anunciado al mundo habitado. Jesús dijo que antes que el fin venga, el reino de Dios se habrá anunciado como testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14). Este es un mensaje vivo y actual que el mundo debe oír. Cuando Cristo murió y resucitó al tercer día, todavía permaneció 40 días más entre sus discípulos, predicándoles más sobre la restauración del reino  Israel (Hechos 1:3,6). Tómese nota de la pregunta de los apóstoles en el verso 6. Es obvio que esta pregunta apostólica se hizo como corolario a toda la enseñanza de Jesús. Aquí se deja notar que aún hay un reino judío por establecerse en la tierra. Es un reino eminentemente futuro, para la segunda venida de Cristo. Ahora bien, algunos teólogos amileanilistas sostienen que los discípulos no sabían lo que preguntaban, de que estaban errados y confundidos, y que no habían captado el mensaje de su Maestro correctamente. Pero me pregunto: ¿Fueron todos los discípulos de Jesús torpes para no entender el claro mensaje que Cristo les estaba inculcando? O, ¿Fue Jesús un mal maestro que no se sabía explicar? Pero lo cierto y curioso es que todos los discípulos le preguntaron lo mismo: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Por otro lado, Jesús no los corrige o reprende por semejante pregunta “inoportuna”. Él sólo les dice: “No os toca a vosotros saber os tiempos olas sazones que el Padre puso en su sola potestad.” En buena cuenta, la pregunta era válida y oportuna, pero la respuesta a dicha pregunta sólo el Padre la podía contestar. Está claro que aquí hay un reino que tiene que ver con Israel. Pero los amilenialistas dicen que éste es espiritual, es decir: el cuerpo místico de Cristo, su iglesia. Pero me pregunto nuevamente: ¿Tiene sentido que se le restaure a la iglesia, el reino? ¿Acaso alguna vez la Iglesia de Cristo perdió su reino? La iglesia pura y sin mácula NUNCA ha reinado en este mundo— ¡sólo la Iglesia falsa y apóstata!.

 

Aunque en cierto modo el reino vino con Cristo y sus exorcismos y curaciones milagrosas, lo cierto es que el reino se establecerá plenamente sólo cuando Cristo ate a Satanás y a sus demonios y los lance al abismo (Apocalipsis 20:1-4). Es por eso que es difícil pensar que el reino ya se estableció plenamente hace dos mil años, pues ello implicaría que Satanás ya estuvo encadenado en el abismo sin poder engañar a nadie (Apocalipsis 20:3). Pero: ¿Podría alguno pensar que este mundo es un mundo ideal reinado sólo y únicamente por el buen Cristo y su iglesia? Pero la verdad es que la drogadicción, las pestes, los hogares destruidos, los crímenes, las miserias, y mil males más, son señales de que aún Satanás reina libremente y tiene su maléfico accionar entre los hombres. O ¿Es que Jesús es un mal gobernante? ¡De ningún modo! Cuando Cristo reine, ¡el mundo gozará de justicia, paz, y amor verdaderos! (Isaías 9:6,7). Finalmente, si el reino se estableció en el 33 D.C como dicen los amilenialistas, ¿por qué Juan dice en el año 90 D.C, que “todo el mundo yace bajo el poder el maligno” (no “bajo el poder de Cristo”)? (1 Juan 5:19) ¿no debió estar atado el Diablo y sus demonios para ese entonces? Recuérdese que el reino se establece después de la atadura del Diablo (Apocalipsis 20:1-3). Es evidente que el Diablo no fue atado en el año 33 D.C ni en el 90 D.C, ni tampoco en este siglo XXI. Hay un reino que se establecerá aún en el futuro, y que conlleva la neutralización total del Diablo y sus demonios por un milenio, y el florecimiento de la paz y la justicia por todo el mundo habitado. Estos son algunos puntos que no se pueden pasar por alto obviamente. Desgraciadamente los llamados “Testigos de Jehová” si han pasado por alto estos aspectos señalados anteriormente.

 

 Algunos Testimonios Interesantes

 

 El carácter futurista el reino fue expresado por Padres y Apologistas de la fe. Ireneo (185 D.C, Obispo de Lyon), escribió: “…en su segunda venida les dará a los suyos un lugar en su reino.” (Contra las herejías). Clemente Romano (96 D.C, Segundo obispo de Roma) escribió en su segunda epístola, lo siguiente: “Si entonces hacemos lo que es justo a la vista de Dios, entraremos al reino, y recibiremos las promesas…esperemos cada día y cada hora el reino de Dios en amor y rectitud”. Ignacio (Obispo de Antioquia, siglo II) creyó que el viejo reino del mal sería destruido en la segunda venida de Cristo (Ign. Eph. 16:1). Hermas, un profeta de Roma (siglo II), tenía una clara visión futurista del reino y enfatizó en la conducta moral para entrar en él. (Herm. Sim. 9:16.2-4). Papías de Hierápolis (Siglo II) creyó que la esperanza para un reino milenario en la tierra era real. También Cerinto dice que después de la resurrección la casa real de Cristo estará en la tierra (Gayo de Roma, de la Historia de la Iglesia de Eusebio 3.28.2).

 

Por otro lado, es interesantísimo el testimonio del Apologista Justino Mártir (Siglo II). Él hace uso de la palabra reino frecuentemente en su Diálogo con el Judío Trypo, y en donde se registran los debates más frecuentes entre cristianos y judíos. Justino le asegura al judío Trypo que Cristo volverá al mundo para recompensar a sus seguidores, dándoles entrada en su reino milenario que se establecerá en Jerusalén (Diálogo 80). Además Justino le dijo a Trypo, que aquellos que enseñan sobre la supuesta partida al cielo de las supuestas “almas inmortales”, NO SON CRISTIANOS. Finalmente el movimiento Montanista tenía como una de sus características, la expectación de la inminente aparición del reino

 

Resumen

 

El Reino de Dios fue y es aún interpretado como un asunto presente y futuro. Desde el siglo II el reino tiene un carácter escatológico. Los autores cristianos del segundo Siglo son uniformemente FUTURISTAS. Y para algunos de ellos, dicho reino sería, además, TERRESTRE Y MILENIAL. Tal es el caso de Cerinto, Papías, Justino Mártir, Ireneo, y otros.

 

Es con Orígenes (185-254) que viene el cambio del uso común de la palabra reino por otro “espiritualy “en el corazón de los hombres”. En cierto modo Orígenes fue influenciado por el pensamiento Gnóstico de la época que sostenía un reino en el alma. Se puede decir que él sentó las bases del pensamiento Agustiniano y de otros filósofos cristianos protestantes de los siglos venideros. Orígenes se alejó del pensamiento cristiano post apostólico del siglo II.

EL SUTIL CAMBIO DE UN REINO TERRENAL MILENARIO A UN REINO ESPIRITUAL ECLESIÁSTICO

El historiador Gibbon describe cómo la fe original perdió terreno:

“La antigua y popular doctrina del milenio estaba íntimamente conectada a la segunda venida de Cristo. La seguridad de un milenio fue cuidadosamente inculcada por una sucesión de padres, desde Justino Mártir e Ireneo, quien conversó con los discípulos inmediatos de los apóstoles, hasta Lactancio quien fue preceptor del hijo de Constantino… Parece haber sido el sentimiento reinante entre los creyentes ortodoxos… Pero cuando el edificio de la iglesia quedó casi completo, el soporte temporal fue hecho a un lado. La doctrina del reino de Cristo en la tierra fue primero tratada como una profunda alegoría, posteriormente llegó a ser considerada como una opinión dudosa e inútil, y al final fue rechazada como la absurda invención de la herejía y el fanatismo.” (Capítulo 15)


Parece casi imposible entender cómo un aspecto tan fundamental de la enseñanza de Cristo pudo ser descartado por su profesos seguidores. Pero tal es el resultado cuando los hombres se guían por sus propios pensamientos, en vez de confiar en la palabra de Dios.


Pero estos cristianos del siglo IV aún tenían los evangelios, los cuales contienen innumerables e indelebles alusiones al reino de Dios. Si de acuerdo a las nuevas ideas el reino no se refería más al reino de Cristo a su regreso, entonces ¿qué pusieron en su lugar?

¡El reino de Dios era la iglesia misma! Esta fue la idea revolucionaria de Agustín de Hipona a comienzos del siglo V. (Este Agustín no debe ser confundido con el hombre de quien más o menos un siglo más tarde se cree que fundó la iglesia en Inglaterra.) Hablando de la creencia original en el milenio la Enciclopedia Británica continúa:

“Este estado de cosas, sin embargo, gradualmente desapareció después del fin del siglo IV. El cambio fue el resultado de…la nueva idea de la iglesia diseñada por Agustín en base a la alterada situación política de la iglesia. Agustín fue el primero que se atrevió a enseñar que la iglesia católica, en su forma empírica, era el reino de Cristo, que el milenio había comenzado con la aparición de Cristo y por consiguiente era un hecho consumado. Con esta doctrina de Agustín el viejo milenarismo, aunque no completamente extirpado, fue por lo menos eliminado de la teología oficial.”


Así comenzó la creencia oficial de la iglesia de que el reino de Dios no es un reino literal que será establecido al regreso de Jesús, sino que es y siempre ha sido la iglesia sobre la cual se considera que Jesús debe reinar. Confío que aparte de la clara enseñanza bíblica del reino que hemos considerado en capítulos anteriores, nuestro breve vistazo a la forma en que la iglesia se desenvolvió después del primer siglo lo ha convencido de que esto no es correcto. Es un sistema que deliberadamente introdujo la filosofía griega, creencias paganas y ritos paganos en el cristianismo original, y que más tarde se involucró en un dominio tiránico sobre las mentes y cuerpos de los hombres llegando hasta la intriga y el asesinato para lograr sus propósitos. ¿Es éste el reino de Cristo en la tierra, que produce gloria a Dios en las alturas y paz, gozo y felicidad a la humanidad?

 

Un abrazo,

Mario

LA CONSOLACIÓN DE ISRAEL Y SU REINO DAVÍDICO

 

            Por Mario A Olcese Sanguineti                                                                                                                                                             

 

LA ESPERANZA DE LOS JUDÍOS

 

En el Nuevo Testamento hay un personaje llamado Simeón el justo y piadoso. Dice Lucas de Simeón, lo siguiente: “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él” (Lucas 2:25). Tome nota que este justo esperaba la “consolación de Israel”. Pues bien, esta consolación de Israel tenía mucho que ver con el Ungido de Dios, pues el verso 26 sigue diciendo: “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.” Además, la consolación de Israel estaba ligada con la redención de Jerusalén, pues dice Lucas 2:38 lo siguiente: “Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño (Jesús) a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (V.de J).

 

También es interesante descubrir que hay otro personaje singular en el NT que era justo y que esperaba igualmente algo. Su nombre era José de Arimatea, un discípulo discreto de Jesucristo. De él el evangelista Marcos dice: “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (Marcos 15:43). Y más adelante los discípulos de Jesucristo exclamarían: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel…” (Lucas 21:24).

 

 

Entonces estamos viendo que había cosas que los paisanos

contemporáneos de Jesús esperaban:

 

1.-  La consolación de Israel

2.-  La redención de Jerusalén o de Israel.

3.-  El Reino de Dios (= reino Davídico, Marcos 

     11:9,10).

 

Es un hecho que los paisanos de Jesús esperaban la consolación de Israel a través de la irrupción del Mesías y su reino en Israel. Las profecías mesiánicas hablaban precisamente de una era dorada para Israel y los gentiles, una época en donde Israel y las naciones gozarían de una paz y justicia duraderas, un tiempo de refrigerio y de prosperidad nunca antes vistas. Es decir, un Edad en donde Israel sería una nación segura, fértil, gloriosa, próspera y de mucha bendición para todos los pueblos de la tierra.

 

PROFECÍAS MESIÁNICAS SOBRE LA CONSOLACIÓN DE ISRAEL

 

Entre los profetas que hablaban de la consolación de Jerusalén en todo su libro está Isaías.  Por ejemplo, en los capítulos 51 y 52  se da énfasis a la consolación de Israel. En el capítulo 51 y verso 3,11 leemos: “Ciertamente consolará Jehová a Sión; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto…ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán” (Esta parte del pasaje nos recuerda lo dicho por Juan en el libro de Apocalipsis 21:4). Nótese que el profeta dice que los redimidos de Jehová volverán a Sión con gozo perpetuo, cosa que nunca lo han tenido de manera permanente. Sin duda esta profecía sobre la restauración de Israel es dual, pues si bien se cumplió de alguna manera en la antigüedad, estas palabras también se cumplirán de manera definitiva, y completamente, cuando el Mesías regrese en gloria para restaurar el reino davídico en Israel, y traiga la consolación total al pueblo judío. Hoy, el pueblo de Israel está todavía desparramado por todo el mundo por más de dos milenios. Pero la consolación definitiva de Israel consistirá en el retorno de esos desperdigados hebreos a su tierra, cuando Cristo venga a destruir a todos sus enemigos que vinieron a luchar contra su país, y por fin él restaure el reino de David en Jerusalén. Los versos 4 y 5 nos hablan del Mesías reinando desde Jerusalén sobre los gentiles durante todo el milenio. En el verso 6 se nos dice que los cielos y la tierra serán destruidos, y los impíos morirán, y el pueblo de Dios vivirá seguro (esto nos recuerda lo dicho por Pedro en 2 Pedro 3:13,14).  Esta profecía—como muchas otras en la Biblia— es de doble cumplimiento sin duda. Tiene que ver con la liberación del pueblo de Dios de manos del rey Nabucodonosor pero también de cualquier otro invasor que viniera contra Israel en el futuro. En el capítulo 52, versos 1,2, se promete que Israel nunca más será invadido por los paganos. Esto por cierto se refiere al futuro cuando se inaugure el Reino. Entonces es clarísimo que la consolación definitiva de Israel se producirá cuando Jesús regrese en gloria para iniciar su reinado de la justicia. Para ello él habrá ya sometido a sus enemigos que vinieron contra Israel. Los siguientes versos nos hablan del regreso de los judíos de su dispersión mundial (ver versos 7-9). Por tanto, se hace evidente que la consolación de Israel tiene que ver con el regreso del pueblo desparramado mundialmente a su tierra, y la restauración del reino de Dios bajo el mando del Mesías esperado.

 

¿QUÉ PARTE DE LA PROFECÍA DE ISAÍAS 61 CUMPLIÓ JESÚS EN SU PRIMERA VENIDA?

 

En Isaías 61:1-11 el profeta predice la salvación de Sión, pero como dice William Mac Donald en su Old Testament Digest, (Extracto del Antiguo Testamento): “Sabemos que el Señor Jesús es el orador acá porque el citó los versos 1 y 2ª en la sinagoga en Nazaret y añadió: ‘hoy esta Escritura se ha cumplido ante vuestros oídos’ (Lucas 4:16-21). El fue ungido con el Espíritu Santo en su bautismo y su ministerio terrenal se relacionaba con el anuncio de las buenas noticias de salvación a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazón, proclamar libertad a los cautivos y la apertura de la cárcel (u ojos) de aquellos que estaban presos. El finalizó la cita con las palabras ‘a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová’ porque lo que seguía, ‘el día de la venganza de nuestro Dios’ no se cumpliría sino hasta su segunda venida” (1). Este importante detalle debe ser tomado en cuenta seriamente por el “hiper-preterismo”, pues esta escuela de interpretación bíblica sostiene que Cristo básicamente cumplió todo lo prometido en las profecías del AT en el año 70 DC con la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, aquí vemos que Jesús enseña otra cosa muy diferente. En el año 70 DC no se cumplió nada de lo dicho en los versos 2b-11 de Isaías 61. Veamos de que tratan estos versos:

 

 

LO QUE CRISTO CUMPLIRÁ EN SU SEGUNDA VENIDA

 

En su aparición gloriosa, Jesús proclamará el día del juicio de Dios, entonces él confortará a aquellos que se lamentan en Sión. Sus escogidos serán luego llamados árboles de justicia, plantío de Jehová (vs. 2b,3). Reconstruirán las ciudades de la tierra prometida que están en ruinas (v.4), y extranjeros apacentarán sus ovejas, y extraños serán sus labradores y viñadores (v.5), y serán sacerdotes de Jehová, ministros de Dios serán llamados, y comerán las riquezas de las naciones (v.6). En el verso 7 dice que en lugar de que los israelitas tengan doble deshonra, tendrán doble honra, y perpetuo gozo. Esta semejante honra doble con gozo perpetuo no la obtuvo el pueblo de Dios en el siglo I (año 70 d.C), ni en los siglos subsiguientes. En el verso 8 Dios hará pacto perpetuo con su pueblo. Esta parte de la profecía tampoco se cumplió en la primera venida de Cristo, pues las características del pacto son aclaradas por Jeremías, quien escribió por mandato de Dios: “Y haré con ellos PACTO ETERNO, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mi. Y  me alegraré con ellos haciéndoles el bien, y los plantaré en su tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma” (Jer 32:40-42). Si esta parte de la profecía se cumplió ya con el regreso del pueblo de Dios de su cautividad en Babilonia, entonces Dios incumplió su palabra cuando dijo: “que no me volveré atrás de hacerles bien”, pues ya vemos lo que pasó con la invasión del general Tito en el 70 DC contra el pueblo judío y su templo en Jerusalén.(1) En el verso 9 se profetiza que las naciones reconocerán que los israelitas son un linaje bendito de Jehová. Esta parte de la profecía difícilmente se ha cumplido ya. Sólo basta con preguntarles a los árabes si ellos reconocen que los israelíes son un linaje bendito de Jehová, y con toda seguridad la respuesta serán un rotundo no al unísono.

 

MÁS INFORMACIÓN PROFÉTICA EN EL CAPÍTULO 62

 

Yahweh nuestro Elohim no descansará satisfecho hasta que las bendiciones prometidas a Jerusalén sean cumplidas (v.1). Luego los gentiles verán que Sión será vindicado, y Yahweh dará un nuevo nombre a la ciudad y será como una corona de gloria en su mano y diadema en su poder. Nunca más las gentes llamarán a Jerusalén Desamparada ni Desolada sino que será llamada: “Mi delicia está en ella”, y la tierra llamada Desolada será llamada: “Desposada”. Estos nombres nos dicen del tierno afecto y de la delicia marital in Su ciudad y tierra (versos 2-5). Hay que destacar los versos 8,9 en donde el trigo producido por los israelitas servirá de comida para los extranjeros, ni será su vino bebida para los extraños. En los siguientes versos tratan del regreso de los exiliados judíos de Babilonia y de la plena restauración del pueblo— ahora disperso— en su tierra cuando el Mesías regrese a recompensarlos. Entonces la tierra prometida será llamada Ciudad Deseada, no desamparada” (10-12).

 

Toda esta información dada por el profeta Isaías ya estaba disponible cientos de años antes que Jesús naciera como hombre mortal, y sin embargo nuestro Señor no la leyó en la sinagoga en Nazaret. Es evidente, por tanto, que estas profecías mesiánicas no se cumplieron cabalmente en el pasado. Pero como Dios no miente, él las va a cumplir plenamente cuando llegue el tiempo para los restauración de todas las cosas. Mientras tanto, el pueblo Hebreo seguirá viviendo en tribulación y peligros hasta que su Salvador, el Mesías, regrese para completar su salvación y darles su parte dentro de su reino milenario. Esta participación involucra también para todos salvos de entre los gentiles. Por fin veremos a una Jerusalén completamente segura, feliz y pacífica. Será una era maravillosa en donde el mismísimo Hijo de Dios gobernará el mundo desde esta antiquísima ciudad amada por árabes, cristianos y judíos. Recién entonces se cumplirán las palabras de Isaías 32:1: “He aquí para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”.

 

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EL RAPTO QUE NO ES TAN SECRETO

Por W. Fred Rice

Introducción

Los Catálogos de libros Evángelicos promueven libros tales como Planeta Tierra: El Capítulo Final, El Gran Escape, y la serie Dejados Atrás. Etiquetas en los automóviles nos advierten que los ocupantes pueden desaparecer en cualquier momento. Es claro que existe mucha preocupación con la idea de un rapto secreto. Quizá esto ha venido a ser mas pronunciado recientemente dado a la expectativa de un nuevo milenio y el miedo en cuanto a los potenciales problemas del Y2K. Quizás psicológicamente la gente es especialmente receptiva a la idea de un rapto inminente y secreto en el tiempo presente. Adicionalmente, muchos Cristianos no están informados que existe alguna otra posición en relación a la segunda venida de Cristo. Aun en círculos Reformados hay numerosas personas que leen estos libros. Muchas de estas personas saben que este punto de vista choca con la Escritura y la Teología Reformada.

¿Que exactamente es la enseñanza del rapto secreto? Es la enseñanza de que la Iglesia Cristiana será removida del mundo secretamente, y que los no-creyentes que sean dejados atrás no sabrán con certidumbre a dónde vastas multitudes se han ido. Estos no-creyentes serán dejados en la tierra para sufrir siete años de tribulación, los cuales serán iniciados por el Anticristo, quien será revelado poco después que el rapto haya tomado lugar. Las profecías de los siete sellos, las siete trompetas, y las siete copas del libro de Revelación, serán cumplidas durante esta tribulación.

Tim LaHaye y Jerry B. Jenkins son los autores de Dejados Atrás y cuatro libros más en una serie que delinea esta teoría de ficción popular. Tan popular es la serie que 4.5 millones de copias de libros y audio casetes han sido vendidos. Tiene su propio sitio en la internet, tarjetas, y una serie separada Dejados Atrás para Niños, y una película ha sido hecha basada en los primeros dos libros, Dejados Atrás y La Fuerza de la Tribulación. En el libro de Tim LaHaye, Dejados Atrás, el primero en esta serie, Rayford Steele, piloto para Aerolineas Pan-Continental esta haciendo un vuelo desde Chicago hasta Londres cuando es informado por Hattie, la jefa de las aeromozas, que muchos de los pasajeros han desaparecido en medio del vuelo. Sus ropas son la única evidencia que queda de su pasada presencia. Mientras Rayford hace contacto con otras aerolíneas encuentra que ellos han experimentado él mismo fenómeno. Después de su forzado regreso a Chicago él encuentra caos total, aviones y vehículos repentinamente sin operadores han hecho colisión y chocado en toda la ciudad. Después de llegar a su casa con considerable dificultad, él encuentra que su propia esposa e hijo han desaparecido. Realmente esto es lo que él esperaba, ya que su esposa era una Cristiana quien había hablado regularmente acerca del inminente rapto secreto de la Iglesia, y él descubre que esta es la única explicación razonable para lo que ha ocurrido. La mayoría de la gente, sin embargo, busca encontrar otra razón, tales como captura por extra-terrestres, o algún fenómeno científico sin explicación. Rayford llama a la iglesia en donde su esposa era miembro, y el pastor de visitas contesta el teléfono! Rayford se encuentra con Bruce en un esfuerzo por conseguir ciertas respuestas, y Bruce le confiesa que él realmente nunca fue un verdadero Cristiano, y no estaba sorprendido de haber sido dejado atrás. Pero Bruce se ha convertido en Cristiano después del Rapto, y esta ansioso por compartir su fe con otros. Rayford y muchos otros se convierten. Dos testigos, Moises y Elias, aparecen de la nada y comienzan a testificar en la ciudad de Jerusalén. Nos informan que por medio de su testimonio 144,000 judíos se convierten. Mientras tanto, Nicolae Carpathia, un brillante y elocuente Romanista, se levanta rápidamente al poder, convirtiéndose en la cabeza de las Naciones Unidas. Al final del libro es evidente que él es, o el Anticristo, o el Falso Profeta, y que su profesado humanitarismo es un totalitarismo encubierto. Somos dejados colgados expectantes al borde de este abismo literario, y tendremos que leer los libros siguientes de la serie para conocer el final. Pero aquellos que somos conocedores de la teología dispensacionalista tenemos una buena idea acerca de lo que va a ocurrir.

Entonces, ¿Que está mal con la perspectiva de estas novelas y otros libros los cuales promueven esta teoría en una manera de ficción o no-ficción? Después de todo, tales libros representan correctamente la teoría popular del rapto tal como es enseñada hoy día en la mayoría de las iglesias evangélicas que creen en la Biblia en los Estados Unidos. Pero, ¿Representan éstas verdaderamente las enseñanzas de la Escritura? La mayoría del pueblo Reformado siempre ha contestado esta pregunta de forma negativa.

¿Que, pues enseña la Biblia? Al tiempo de la ascensión de Cristo, a los discípulos les fue dicho que “este mismo Jesús, quién fue tomado al cielo de entre vosotros, así vendrá en la misma manera en que ustedes le han visto ir al cielo” (Hechos 1:11) Su ascensión fue visible y física; su segunda venida será visible y física también. Los Dispensacionalistas buscan explicar esto diciendo que la segunda venida esta dividida en dos partes, la venida de Cristo por sus santos (el rapto secreto), y la venida de Cristo por sus santos (la revelación), y que es solamente en esa revelación que él aparecerá visiblemente. Pero esto en realidad postula una segunda y tercera venida.[1]

Adicionalmente, simplemente no hay ningún indicio de un rapto secreto en la Escritura. La venida de Cristo es consistentemente descrita como un evento visible y ruidoso, el cual será además acompañado por la resurrección de los muertos. I Tesalonicenses 4:16 contiene una de las más vívidas descripciones de la segunda venida. Se nos dice que “él Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán primero.” La misma conexión del sonido de la trompeta con la resurrección de los muertos es también hecha en I Corintios 15:51-52.

Mateo 24: 21-23 enseña que la venida de Cristo será “como relámpago” (v. 27), que “todas las tribus de la tierra harán lamentación, y verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y él enviará a Sus ángeles con gran voz de trompeta….” (vv. 30-31). En adición a la descripción de este evento como ruidoso y claramente visible por todos los habitantes de la tierra, este pasaje además nos advierte en contra de la creencia en un venida de Cristo secreta: “Entonces, si alguno os dijere, ‘aquí está él Cristo, o mirad, allí esta, no lo creáis” (v. 23); y, “…si os dicen ‘Mirad, está en él desierto!’ no salgáis; o ‘Mirad, él esta en los aposentos!, no creáis” (v.26).

No quedará absolutamente duda alguna que su venida ha ocurrido después de que Cristo haya aparecido. Las gentes que se queden atrás no estarán soñando con explicaciones — ellos estarán lamentándose porque su juicio ha venido.

Además, yendo en contra de esta teoría esta II Tesalonicenses 2:1-10, él cual enseña que dos eventos han de ocurrir antes de la venida de Cristo: (1) “la apostasía” (o “rebelión”, NVI); (2) la revelación del “hombre de pecado.” Ahora ya sea que entendamos que el Anticristo no es otra cosa sino el espíritu de Anticristo, o como un individuo en particular, una cosa es clara: esta revelación del Anticristo será antes de la venida de Cristo, no después.

La Escritura enseña que la venida de Cristo será repentina e inesperada, especialmente para los incrédulos. Esta es la enseñanza de Pablo en I Tesalonicenses 5:1-10. Pero decir que será repentina e inesperada no es decir que será secreta.

Él pasaje que mas frecuentemente es usado para substanciar el rapto secreto y los incrédulos dejados atrás es Lucas 17:31-37, el cual habla de “dos en una cama: él uno será tomado y él otro dejado.”Pero no hay nada aquí para indicar él escenario imaginario dispensacional de uno siendo tomado secretamente. Comparando Escritura con Escritura tenemos que concluir que aquellos dejados atrás son dejados para sufrir juicio. II Tesalonicenses 1:3-10 habla del Señor Jesús “en llama de fuego para tomar venganza” cuando él sea revelado desde él cielo. Los incrédulos no serán dejados atrás para pasar por una tribulación de siete años y tener una segunda oportunidad para aceptar al Señor durante ese tiempo. Esta idea de una segunda oportunidad es enfatizada una y otra vez en “Dejados Atrás“, también siendo una idea ajena a la Escritura.

Respecto a los libros Dejados Atrás, ¿puede algo positivo decirse? Primero, están bien escritos y atraen. Segundo, el plan de salvación es, en su totalidad, correctamente representado: es claro que la conversión es mucho más que una simple profesión de fe, sino que está acompañada de arrepentimiento seguida por una vida cambiada. Tercero, estos libros ciertamente impresionan a las personas con la realidad del retorno de Cristo, aun cuando los detallas al respecto son mal presentados.

Notas__________
[1]Tito 2:13 es a menudo utilizado para respaldar esto. El argumento es que “la esperanza bienaventurada” es el rapto y la “gloriosa aparición” es la revelación. Pero la construcción de la gramática griega para “la esperanza bienaventurada y la gloriosa aparición” (un artículo precede dos nombres los cuales están unidos por una conjunción kai) le hace correcto que los términos son utilizados para describir un evento como dos.

[2]Me parece a mi que muchos preteristas diluyen él significado de este pasaje casi tanto como los dispensacionalistas lo hacen, al referirse a una venida de Cristo invisible en el año 70 DC. Juan Murray, Collected Writings, Volumen II, pp. 387ff., por contraste, respalda la interpretación prevaleciente de que esto se refiere a la segunda venida de Cristo. Pero por lo menos los preteristas están de acuerdo en que la Escritura no enseña un rapto secreto.

 

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¿SE DEBE APLICAR LA DISCIPLINA CON CASTIGO FÌSICO A LOS HIJOS REBELDES?

 

Por Mario A Olcese

 

Es sorprendente que en algunos paìses adelantados del mundo, un hijo puede denunciar a sus padres por “abuso fìsico” ante las autoridades competentes a fin de que èstos sean reprendidos o hasta encarcelados. Aunque es cierto que hay padres abusivos, èstos no son la mayorìa de los padres que buscan realmente corregir a sus hijos con un amor verdadero.

 

El Padre sabio corrige a su Hijo rebelde con la Vara

 

Hoy, los sicòlogos sostienen de manera contraria a la Biblia que el castigo fìsico traumatiza al niño de por vida. Sin embargo, lo que muchos no entienden es que los hijos pueden aceptar el castigo fìsico de sus padres cuando èste es merecido y justo y cuando las palabras resultan insuficientes. Un castigo injusto es el peor daño que se le pueda infligir a un niño, mas no asì el castigo que es merecido. Estos tipos de castigo son justos, y los niños suelen aceptarlos a regañadientes, pero sin rencor. Yo recuerdo no sòlo haber recibido reprimendas de mis padres, sino tambièn correazos merecidos, los cuales hoy yo agradezco muy profundamente. Tambièn conocì a un hombre sumido en las drogas y en el alcohol que maldecìa a sus padres porque no le corrigieron con severidad sus caprichos y rebeldìas cuando debieron haberlo hecho. Asì que el peor daño que se les puede ocasionar a los hijos es no castigarlos con severidad cuando se lo merecen. Esto ciertamente no significa golpearlos salvajemente como para que terminen en un hospital con algún hueso roto. Esto es innecesario e inhumano. Pero un buen fuete, o el uso de una vara bien aplicado en las sentaderas, serà una lecciòn que enderezarà al hijo rebelde y lo harà un hombre de bien. Recuerde, el uso de la vara en las sentaderas no matarà a nadie, y màs bien harà que los hijos respeten a los padres y no los tomen como tontos sin carácter. Finalmente, serà Dios y los hijos quienes juzguen a los padres por su dedicaciòn o descuido en la disciplina que debieron impartir en casa. Esto es pues lo que directamente dicta Dios a travès de las palabras de Salomòn:

 

“La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él  Proverbios 22:15

 

La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre Proverbios 29:15

 

“El látigo para el caballo, el cabestro para el asno, y la vara para la espalda del necio Proverbios 26:3

 

“En los labios del prudente se halla sabiduría; mas la vara es para las espaldas del falto de cordura (Prov. 10:13)

 

 

Nòtese dònde se aplica la vara de la correcciòn…¡en la espalda! No en el rostro necesariamente, sino en la espalda, donde tambièn se hallan las sentaderas. Un castigo frontal podrìa ocasionarle un daño irreversible en la vista al niño, y eso no quisièramos que le ocurra porque eso serìa algo extremo y lamentable tanto para padres como para los hijos.

 

El que disciplina ama a su Hijo

 

Dios dio ejemplo de amor por su pueblo, el cual no sòlo se manifestò con milagros portentosos sino tambièn con castigos fìsicos severos cuando le desobedecìan abiertamente pese a las amonestaciones hechas de antemano. Dios no castigaba fìsicamente sin antes amonestarlos verbalmente. Dios fue siempre justo para con sus amados. En Hebreos 12:6 leemos: “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Notemos claramente que Dios ama, disciplina, y azota a todo aquel que recibe como hijo. El mismo Dios Creador no piensa como los sicòlogos de hoy en el sentido de que el castigo traumatiza de por vida a un niño. Al contrario, el castigo con azotes harà al niño necio es un hombre sabio y prudente. El dolor que pueda sentir un padre al castigar de esa forma al hijo se verà recompensado con un hijo que le producirà orgullo presentar al mundo. Esto debe entenderse muy bien. En cambio como dice Salomón, el padre que retiene la vara de la correcciòn a su hijo rebelde lo terminarà avergonzado en el futuro ante todo el mundo (Prov. 29:15). El concepto errado de que el padre que ama no golpea con la vara a su hijo cuando lo merece es un error garrafal que traerà consecuencias lamentables en el futuro para ese hijo y para esos padres indolentes. El asunto de la disciplina a tiempo es algo muy serio, ¡pero muy serio!

 

Consejos para los hijos Rebeldes

 

Los hijos deben entender que la aplicación del castigo fìsico por parte de los padres los conducirà por un camino seguro y hacia un final feliz. Ellos deben entender que sus padres deben y tienen la obligación de corregirlos porque asì lo manda Dios y porque la necedad reside en ellos por su inexperiencia. Dios mismo castiga a quien ama. El que no ama a sus hijos no los castiga cuando se lo merecen. Asì que los hijos deben saber que sus padres aplican la disciplina porque sienten verdadero amor por ellos. Ciertamente el padre sabio tambièn sabrà premiar al hijo o a los hijos que sepan conducirse y que les den satisfacciones como hijos sumisos y obedientes a la autoridad familiar. Esto ciertamente agradarà a Dios, el Creador y Èl bendicirà aquel hogar grandemente. He aquì el consejo de Dios para los hijos a travès de su siervo Salomón:

 

El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento (Prov.15:32).

 

Si tù, jovencito, oyes la correcciòn de tu padre y tomas en cuenta su disciplina, eres entendido y ciertamente amas tu propia vida de verdad.

Recomiendo a los jóvenes la siguiente pàgina:

 

http://www.harleypinon.com/articulos_por_becky_rene.htm

 

Neuroteología: La Ciencia del Dios Químico

Neuroteología:

 

La Ciencia del Dios Químico

POR EL DR. JAVIER RIVAS MARTÍNEZ. (MD).

 

«La neuroteología es una rama de la neurociencia que estudia el componente neurológico de las experiencias religiosas. Se han descubierto patrones electromagnéticos de la actividad cerebral que son activados por ciertas costumbres, como la meditación, o por otros métodos, como la inducción de impulsos electromagnéticos al cerebro, las sustancias psicodélicas e, incluso, la modificación genética. La neuroteología investiga ahora si es posible integrar de manera artificial las experiencias religiosas en nuestras vidas» (Yaiza Martínez)

De acuerdo a las expectativas y elucubraciones de algunos científicos, el cerebro está capacitado genéticamente para «animar la fe religiosa» según un estudio. Los científicos que trabajaron en el caso y que concluyeron lo dicho anteriormente, obtuvieron imágenes de la actividad cerebral con un dispositivo de alta tecnología, el SPECT, que utilizaron en monjes tibetanos budistas y monjas franciscanas mientras se encontraban meditando. Precisaron que el impulso de la meditación religiosa afecta el estado neuroquímico del cerebro. Estas investigaciones se dieron en 1970. Dicen los maestros de la ciencia, que el cerebro tiende a cambiar con las conductas del individuo para adaptarse, sobre todo, en los lóbulos pre frontales en aquellos que tienen experiencias místicas-religiosas y que se les ha considerado «los que provocan la unidad en el cosmos, para los monjes buditas, y la proximidad a Dios, para las religiosas franciscanas». La palabra Neuroteología, fue propuesta en un principio por el escritor inglés Haldous Huxley (quien usó drogas y describe sus experiencias con ellas), y se utiliza para determinar la relación de las experiencias religiosas con la actividad biológica de los lóbulos cerebrales. Esta «ciencia nueva» se ha estudiado en las siguientes universidades: “The Ohio State University”, “Harvard Divinity School”, “Pennsylvania Medical School” y en el “Garret Evangelical Theological Seminary”.

Mirando un programa científico televisivo unos días atrás, me enteré asombrosamente de la existencia de esta «nueva ciencia». Se cuestionaba si en realidad los sucesos religiosos descritos en la Biblia fueron francamente de origen divino o producto de una actividad neurobiológico cerebral determinada. Se habló de las experiencias religiosas aparentemente sobrenaturales del apóstol Pablo, poniéndose en tela de juicio su veracidad por eventos subjetivos celestiales quizás relacionados por una epilepsia del lóbulo temporal, es decir, como génesis de ellas. La epilepsia del lóbulo temporal se caracteriza clínicamente por presentar, a parte del síndrome convulsivo, alucinaciones que pueden ser auditivas, olfatorias y visuales. Aunque los científicos no concluyen con exactitud si las experiencias religiosas de esta índole tienen que ver con la función cerebral, siempre les surge a ellos la pregunta: ¿La fe en Dios es el resultado de la actividad cerebral humana? ¿Quién es el ingeniero que ha concebido un cerebro tan complejo? ¿Es la religión un mero producto de la biología cerebral, o es qué ha sido capacitado misteriosamente para conocer a Dios? La Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Vemos en las Escrituras que ese hombre fue formado como un ser pensante, racional, inteligentemente capaz, libre para cumplir los designios del Dios Bendito al que estaba sujeto, y en su condición pura y santa, su relación fue íntima con el Creador. Si el hombre en un principio logró tener una cercanía máxima con Dios, es porque sencillamente fue capacitado con un cerebro increíble, hasta ahora, que desplegaba a través de su diseño especial anatómico y funcional una inteligencia, un pensamiento razonable para establecer una comunión íntima con él en el Edén paradisíaco. Esta interacción Deidad-Humana en principio antiguo, fue exactamente como la que se dio con Moisés y Dios en el Santo Montes posteriormente (Ex. cap.19, 20, 21).

 

La Biblia dice que Adán y Eva oyeron literalmente la voz de Dios (Gn. 3:8), Adán habló con Dios (Gn. 3:10), habló con Noé y sus hijos (Gn.9:8), con Abraham (Gn. 16:15), en visiones con Ezequiel (Ez.cap.1), en visiones al rey Nabucodonosor (Dn. cap.2), a Daniel el profeta de la misma manera (Dn. cap.7, 8, 9, 12), a Zacarías (Zac. cap.2), al apóstol Pablo (Hech. cap.9; 2Co. cap. 12), al apóstol Juan (Libro de Revelaciones), y a otros más de la misma manera. La Biblia dice que Dios se manifestó («habló», Heb.1:1) a los profetas, y si es Dios, habrá de ser, deductivamente, de forma sobrenatural, cuya razón fue la de trasmitir eventos proféticos de importancia y trascendencia por medio de sus fieles servidores y que habrían de cumplirse posteriormente con pasmosa exactitud (Hechos Proféticos). Es raro que algunos mediadores químicos o neurotransmisores puedan influenciar en los cumplimientos sobrenaturales de carácter religioso a un determinado plazo, y lo más extraño de todo, con tremenda precisión. Pienso, que los científicos no se han detenido a analizar la anterior cuestión. Existen un puñado de profecías bíblicas que hablan del advenimiento de Jesucristo, y todas se cumplieron al pie de la letra. Dios promulgó juicio profético contra muchas naciones paganas e inicuas en el AT. y su cumplimiento se cristalizó, al pie de la letra, tarde que temprano, exactamente como los grandes profetas santos lo vaticinaron al ser usados por el Divino. Históricamente, no hay cabida para justificar algún error en las profecías bíblicas. ¿Pueden unas determinadas sustancias químicas neurocerebrales llevar a cabo asombrosas formas de predicción y cumplimientos, tan extraordinarios que lo dejan a uno con la boca más abierta que un cenote? La Biblia nunca dice que el hombre fue creado con poderes extraordinarios. Si lo piensa de esa manera, ha creído la mentira de y seréis como Dios (Gn. 3:5) que promociona enfáticamente la Nueva Era.Yo creo que aquí, hay más que eso. Los científicos piensas que probablemente los mecanismos fisiológicos cerebrales que hacen emerger las experiencias místicas y religiosas en los diferentes grupos son los mismos que indujeron los relatados en la Biblia, pero contrariamente de lo que creen, sabemos por la revelación célica escrita que son verdaderas experiencias sobrenaturales de la Suprema Deida y vividas por los hijos de los hombres (como por ejemplo, las teofanías), evocadas por el Dios Maravilloso y Todopoderoso, de los portentos y de los milagros. Sabemos, que las experiencias místicas de otros grupos religiosos (místicos-orientales) no dejan de ser fantasmalmente subjetivas, espantosas e irreales que han sido inducidas por situaciones condicionadas, en ambientes que rasgan en la religiosidad fanática y «calientemente espiritual». El resultado de las experiencias religiosa-místicas son únicas, individuales, dependiendo del carácter y del temperamento de la persona. En el pentecostalismo carismático, las mujeres son las que tienen más experiencias de esta clase, sencillamente porque la mujer, por su naturaleza, psicológicamente es más emotiva y sublimada que los individuos del sexo masculino. De manera diferente, pero con un resultado casi idéntico, fue por medio de drogas alucinógenas que los pueblos paganos de antaño dieron uso para fines iniciáticos-místicos. En Colombia en el día de hoy, se utiliza la droga que recibe el nombre de Ayahuasca con el esta finalidad. El Peyote y la Mezcalina en México son utilizados por los chamanes con propósitos similares desde tiempos ancestrales y también para los de hoy, para el alcance de experiencias místicas religiosas que no dejan de ser intrascendentes para el hombre. La Biblia dice que Cristo tomó a tres de sus discípulos y subió al monte santo en el que se transfiguró delante de ellos, y no solamente eso, ellos pudieron ver por medio de una visión a Moisés y Elías, y una nube que les hizo sombra. Oyeron la voz de Dios que les hablaba desde ella, en lo alto (Mr.9:2-7). Pedro, más tarde, habla de este testimonio colectivo en una de sus cartas:

 

«Pero cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía; Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo» (2.P.17, 19).

 

La causa de las experiencias sobrenaturales verdaderas en los seres humanos es el mismo Dios por medio de su Espíritu Santo:

 

«Y después de esto derramaré mi Espíritu a toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones» (Jl. 2:28).

 

El diablo ha ido perfeccionando sus patrañas engañosas «mejorando magistralmente su obra demoníaca que enseña en la Universidad de las Sombrías Tinieblas» para la destrucción de los ignorantes y desprevenidos con el truco actualizado que recibe el nombre de Neuroteología, para desacreditar la veracidad de las experiencias sobrenaturales bíblicas. Ayer, Satanás formalizó la Alta Crítica y levantó con pasmoso engaño a los Teólogos Liberales para ridiculizar y sobajar los hechos sobrenaturales de las Escrituras Sagradas, y desgraciadamente, su esfuerzo, no ha sido de todo en vano. Hoy, la Neuroteología es una farsa completamente satánica que reduce a Dios a una fórmula meramente química producida en las neuronas mortales de los seres humanos pecadores (¡Qué vil contraste: ¡Hágame usted el favor!). La Biblia dice que Dios está en los cielos, y todo lo que quiso fue hecho por él (Sal.115:3), que su Eterno Poder y Deidad han sido manifestados desde la creación del mundo (Ro.1:20), que es Dios Sempiterno (Is.40:28), que es Inmenso (1 R.8:27), y Todopoderoso (Gn.17:1). También la Palabra Santa dice que Dios destruirá a los soberbios (Is.2:11-12) y a los mentiroso en el Lago de Fuego, como son los individuos que afrentan su Palabra con ideas falsas y quiméricas (Ap.21:8), como en el caso de los creadores vanos de la Neuroteología, que no deja de ser una hueca seducción de elevada ficción y de naturaleza condenatoria extrema.

¡Cuidado cristianos que vuelan bajo!

Dios les bendiga siempre.

 

www.yeshuahamashiaj.org

 

www.elevangeliodelreino.org