“YO Y EL PADRE UNO SOMOS”

Juan 10:30

 

Jesús ora al Padre por S� mismo 

Por Sir Anthony F. Buzzard (Unitario)

 

     En este versículo Jesús declaró ser “uno” con el Padre. La palabra “uno” en este muy discutido texto es el término Griego hen. No es el numeral masculino heis que describe la deidad en el credo Cristiano anunciado por Jesús (Mar. 12:29). Es injusto que los Testigos de Jehová sean a veces atacados en las presentaciones populares de la Trinidad por decir sólo lo que incluso evangélicos conservadores admiten: “La expresión [“Yo y el Padre uno somos”] parece…principalmente implicar que el Padre y el Hijo están unidos en voluntad y propósito. Jesús ora en Juan 17:11 que sus seguidores sean uno (hen), i.e., unidos en propósito, como él y su Padre están unidos.”

     Esto es lo que unitarianos (y numerosos Trinitarianos) han sostenido por muchos siglos. El Trinitario Erasmo vio el peligro de presionar este verso más allá de su significado natural: “Yo no veo cómo este texto es de algún valor para confirmar la opinión de los ortodoxos, o para contener la pertinacia de los heréticos.” 

     El significado de la afirmación es plenamente claro en su contexto. Jesús estaba hablando acerca del Padre protegiendo a las ovejas. Puesto que el poder de Jesús se deriva de Su Padre, ese poder es capaz de mantener a las ovejas a salvo. Jesús y el Padre son uno con respecto de la protección de las ovejas. Juan Calvino era en este punto más sabio que algunos de los modernos exponentes. El comentó que “los antiguos usaron impropiamente este pasaje para probar que Cristo es de la misma sustancia como el Padre. Porque [Jesús] no alega con relación a la unidad de sustancia, sino que habla de su acuerdo con el Padre; de modo que lo que sea que es hecho por Cristo será confirmado por el poder del Padre.”

     Otra autoridad Trinitaria observa que “si la doctrina de la Trinidad, y la unidad de esencia, son inmediatamente inferidas, esta es una deficiente aplicación del sistema dogmático, porque el contexto del pasaje es abandonado.”

     Es costumbre para los Trinitarios asumir que la impresión Judía hostil de las palabras de Jesús debe ser la correcta. Puesto que ellos lo acusaron de blasfemia y de “hacerse a sí mismo igual con Dios” (Juan 5:18), es sostenido que Jesús debió estar haciendo una afirmación Trinitaria. Es injusto asumir que los Judíos habían evaluado correctamente las palabras de Jesús. Si ellos lo habían hecho, no hubiera habido necesidad para Jesús de justificarse a sí mismo además. El necesitó sólo haber repetido de que él era de hecho el Supremo Dios. En su muy rechazada respuesta a los Judíos airados (Juan 10:34-36) Jesús sostiene: “Ya que magistrados y jueces son en la Escritura expresamente llamados ‘dioses,’ es injusto acusarme de blasfemia porque Yo, a quien el Padre a nombrado como el Mesías y por tanto uno más grande que todos los reyes, superior a todos los profetas, me anuncio a mí mismo que soy el Hijo de Dios, esto es el Mesías, que refleja perfectamente la voluntad de mi Padre.” Jesús vincula su propia autoridad con aquella de los “dioses” humanos, a quienes Dios así designó (Sal. 82:1,6). Concediendo que él fue por lejos superior a cualquier previa “autoridad divina,” se logrará una idea correcta de su estatus, así sostuvo Jesús, por medio de considerar que incluso los líderes israelitas tenían derecho de ser llamados “dioses.” Jesús es la más alta autoridad humana, completamente y únicamente autorizado por el Padre.

     La convicción Trinitaria acerca de la unidad de la sustancia les da pie a ellos a interpretar mal la descripción del “enviador/agente” de Jesús. Al ver a Jesús los hombres estaban viendo a Dios; al creer ellos en él estaban creyendo en Dios; al honrarlo a él ellos estaban honrando a Dios y al odiarlo a él estaban odiando a Dios. Nada de esto requiere una explicación Trinitaria. Juan nos da un retrato hermoso de un milagroso individuo humano en quien Dios ha investido de Su Espíritu y a quien Dios ha extendido Su autoridad y carácter—-y todo esto de un modo nunca visto antes o desde entonces. Jesús es el único embajador para el único Dios. No es que Dios se ha convertido en hombre, sino que Dios ha provisto en el prometido descendiente de David el hombre que es la razón de ser de Su plan cósmico. 

  

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PALABRAS DE APOLOGISTA PARA LOS VISITANTES

Estimados amigos y detractores que visitan mis 2 blogs “Despierta conciencias” (www.apologista.blogdiario.com y www.apologista.wordpress.com):

 

Me siento muy contento por la gran acogida que siguen teniendo mis 2 blogs desde que comencé a publicar temas cristianos hace un año y pico, especialmente sobre la doctrina de la Unicidad de Dios y el reino de Dios en la tierra. Estos dos temas son los que más interés han despertado entre mis visitantes, y también los que más han suscitado polémicas y comentarios de distinto calibre.

Según mi record de visitas, el promedio de personas que entran a leer los diversos temas publicados es mis dos blogs es de 1,100 al día. Es decir, unas 33,000 personas al mes entran a mis 2 blogs, lo cual representa unas 400,000 personas al año (unos cuatro estadios de futbol enormes repletos de personas, sin contar con las visitas que tengo también en mis dos sitios web pagados y uno gratuito). Esto obviamente nos alegra muchísimo, ya que más y más personas van oyendo el mensaje del evangelio del reino, y nosotros vamos cumpliendo el encargo del Señor de esparcir estas buenas nuevas al mundo entero (Mateo 24:14). Al hacerlo así, es claro que vamos “acelerando”, por decirlo de alguna manera, la parusía o retorno de nuestro rey Jesús al mundo, el Mesías esperado.

 

Nuevamente muchas gracias por su preferencia, y por el interés mostrado por el valioso tesoro espiritual que representan mis blogs, los cuales edifican la fe los creyentes para crecer en el conocimiento de Dios y de Jesucristo, Su Hijo.  

 

Muchas bendiciones espirituales para todos.

 

Su servidor,

 

Apologista

 

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PARA TODOS AQUELLOS DETRACTORES QUE DEFIENDEN A ESTOS FALSOS APÓSTOLES, SEAN “APOSTÓLICOS” OH… G12″ FALSOS MINISTROS, LOBOS DE LA TEOLOGÍA DE LA AVARICIA. EL QUE CALLA, OTORGA

 

Cuando guardamos silencio frente a actos de explotación y abusos espirituales nos hacemos culpables y cómplices de los mismos. Jesús se enfrentó a la hipocresía de su época y denunció la falsedad de los fariseos, al proclamar su verdad (Mateo cap. 23). Ser tolerante con el religioso corrupto es una afrenta a la Palabra, y una vergüenza para el evangelio. No debemos tolerar el abuso espiritual: “Cuando un líder usa una posición espiritual para controlar o dominar a otra persona; esto incluye el avasallamiento de los sentimientos y opiniones de las otras personas, sin considerar lo que pasará con el estado del bienestar de vida, emociones o crecimiento espiritual de esa persona” incurre en un flagrante pecado.

 (1) Es deber de todo cristiano confrontar y analizar lo que cualquier pastor o apóstol enseñe, para ello tenemos la Palabra.

El juzgar lo que se enseña es parte del ser pensante, es un deber. No todo lo que se dice tiene que aceptarse, para ello está la doctrina de los apóstoles. El mismo San Pablo nos habla de aquellos que pervierten el evangelio y proclaman cosas que no son acorde con las enseñanzas de Jesucristo, por lo que debemos rechazarlo. Según Gálatas 1: 6-10, está claro sobre cómo debemos enfrentar lo que no proviene de Dios, y afirma que ni aun debemos aceptar aquello que procede de un ángel del cielo si lo proclamado no se ciñe al fundamento bíblico. San Pablo confrontó a San Pedro cuando erró en su actitud hacia los gentiles (Gálatas 2: 14), y cuando en la Iglesia surgió la disputa sobre si los gentiles, al aceptar a Cristo, debían circuncidarse y aceptar las costumbres del judaísmo, se convocó un concilio, y entre todos buscaron el consenso y la revelación del Espíritu, llegando por último a una conclusión (Hechos 15: 28-29), pero todo se hizo en equipo, lo que no da lugar a una autoridad dogmática y absolutista. Debemos “Hablar verdad cada uno con su prójimo” (Efesios 4:25) y si un hermano peca contra ti o contra la doctrina: “ve y repréndelo tú y él solo; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Marcos 18:15). El apóstol Juan es mucho más exigente, al escribir en su segunda epístola una radical posición: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios, el que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esa doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! Participa en sus malas obras” (2 Juan 9- 11). Noten que afirma que decirle “bienvenido”, sabiendo que anda mal, lo hace a uno participante de sus malas obras. Esto no excluye a nadie, porque todos somos iguales delante del Señor, y no existe en la Biblia un grupo privilegiado, exento de las demandas dadas por el Señor a sus seguidores.

2. EL DERECHO A JUZGAR

Todos debemos ejercer nuestra capacidad de juzgar según dos parámetros existentes: 1- La Palabra revelada. 2- El discernimiento espiritual y natural. Cuando San Pablo llegó a Berea, huyendo de la intransigencia de los judíos de Tesalónica, entró en la sinagoga y anunció a los allí congregados el evangelio de Jesús conforme a las profecías del A.T. y los allí presentes ejercieron el derecho a juzgar, porque: “Estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11-12) Noten que no aceptaron fácilmente lo que el apóstol predicó sin primero verificar si lo dicho era veraz conforme a las Escrituras. ¿No es este un criterio analítico que nos lleva a juzgar lo que se nos dice? Algunos manipulan los textos y se basan en aquel que dice: “no juzguéis para no ser juzgados” (Lucas 6: 37) para así prohibir cualquier señalamiento a errores o actuaciones incorrectas en la enseñanza. Es necesario aclarar que este texto no prohíbe, de forma absoluta, el emitir juicios en el área doctrinal o de conducta moral, sino que se refiere a difundir juicios injustos, precipitados y hacer del juzgar una forma arbitraria para calumniar, o un vicio para criticar o condenar a alguien sin evidencias (2), por envidia y sin tener una vida acorde con lo que juzgo. En Juan 7: 24 el Señor nos autoriza a juzgar pero establece cierta regla para hacerlo: “No juzguéis según la apariencia, sino juzgad con justo juicio”. Noten que el juicio debe ser justo, lo que implica que al hacerlo, debemos tener evidencias de hecho, y no por el simple “don de sospecha”, algo común entre algunos cristianos y lo cual nos lleva a levantar calumnias. Si el predicador proclama una enseñanza que no tiene el respaldo de la Palabra, debemos desecharlo porque el “espiritual juzga todas las cosas” (1 Corintios 2:15). En tal caso es un deber señalar los errores de tal predicador.

3. LA CONDUCTA MORAL Y ETICA DEL MINISTRO DE DIOS

Respecto a la conducta moral del ministro, la Palabra indica cómo deben ser sus actuaciones (1 Timoteo 3:1-7). Si no vive dentro de las normas éticas y morales dadas, debe ser descalificado y catalogado como incrédulo y farsante. En Filipenses 3: 2 se mencionan tres conductas inmorales dentro del ministerio: a) Los perros: se refiere a aquellos que van detrás de quien mejor les pague, como el perro, que va detrás de aquel que lo alimenta. El comentarista dice que es una “metáfora para designar a los “inicuos”, a los “sin ley”, ellos que tanto se aferraban a ley, como para querer imponerla a todos los gentiles” (3). En el sentido original griego kuon: “es un término metafórico (Filipenses 3.2; Apocalipsis 22.15), de aquellos cuya impureza moral los excluirá de la nueva Jerusalén. Los judíos utilizaban este término para designar a los gentiles, con la idea de impureza ceremonial. Entre los griegos se trataba se un calificativo denotando impudicia. El término latino “canis” y el castellano “can” están relacionados etimológicamente con kuon” (4).Lo que deja ver que hay señalamientos claros a los que actúan de forma inmoral dentro del ministerio. b) Malos obreros: Como bien dice el término, los que en su proceder no actúan correctamente. Según se afirma, “no son los que trabajan poco, sino lo que trabajan para el mal” (5) c) Mutiladores del cuerpo: El sentido de mutilar es cortar, desmembrar. Tiene que ver con la acción de descuartizar. En el griego se usa el término “peritomé” que significa “corte en derredor” y es el mismo vocablo que se usa para la circuncisión. El apóstol Pablo juega con la palabra cambiándola por “katatomé” que tiene el sentido de un corte total (6). Este principio establece una sentencia condenatoria a aquellos que causan división en la iglesia, por lo cual Pablo le dice a Tito que “Al hombre que cause división, después de una y otra amonestación, deséchalo” (Tito 3:10). En muchas partes del N.T. se nos advierte constantemente del peligro de los impostores: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2 Corintios 12:13). La misma enseñanza nos autoriza a juzgar entre los hermanos aquello que no esté de acuerdo con las enseñanzas apostólicas y las buenas costumbres (1 Corintios 6: 5). Hemos visto como el Apóstol Pablo ejerció su autoridad y condenó a un miembro de la Iglesia de Corinto (no sabemos si era líder o simple miembro), entregándolo a Satanás, para estar ausente de la congregación, pues el tal hermano estaba en fornicación con la mujer de su padre (1 Corintios 5:1-5). En sus consejos a Tito, le recomienda que si alguno actúa causando división lo deseche, y también se amoneste a aquellos que tomando el evangelio como un “modus vivendi”, no obedezcan lo ordenado, queriendo vivir de los demás, sin trabajar en nada, a los cuales manda que los señalemos, para no juntarnos con ellos (ver 2 Tesalonicenses 3: 14). También Pablo declara que él mismo, siendo apóstol, no fue gravoso a nadie, y con sus manos trabajó cuando fue necesario, lo que dignifica el ministerio. Tal posición contra los explotadores de la fe está clara en las enseñanzas bíblicas (1 Corintios 4:12, 2 Corintios 11: 9 Hechos 20: 34).

4. LA ARROGANCIA DE LOS APOSTOLES

Hoy en día, los apóstoles modernos presumen de ser excelentes, visten lujosamente, andan en limosinas, poseen guardaespaldas, entran por la puerta de atrás y comen impúdicamente, hospedándose en hoteles de lujo, buscando las adulación y el reconocimiento (*). Estos lustrosos profetas y apóstoles, como les llama Jeremías 5: 28, son: “…Manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”. Judas 12-13 (*) En un reportaje de la NBC emitido en el programa DATELINE, se investigó a Benny Hinn y sus finanzas. En una de sus giras por Rusia, se hospedó de pasada en un hotel de Milán (Italia), pagando 10.800 dólares USA por una simple noche. Todo el reportaje revela la corrupción y el derroche de este predicador de la prosperidad. Pero lo más grave de todo es la forma en que contaminan la Palabra, introduciendo enseñanzas antibíblicas y gnósticas basadas, muchas de ellas, en sus propias revelaciones o visiones con las cuales presentan una perspectiva tal, que parece que sólo ellos tienen la revelación divina y línea directa con Dios de carácter privado. Ejecutan prácticas avasalladoras, las cuales debemos analizar a fondo, pues rompen con la humildad, sencillez, mansedumbre y doctrina enseñada por el mismo Jesús. “El mismo diablo es el protagonista principal y maestro de la arrogancia, y muchas veces la oculta con una mascarada de falso amor y bondad, así como hacen sus ministros, los cuales se disfrazan como ministros de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras” Es común escuchar de parte de los tales apóstoles y profetas que afirman: -Debemos darle tanta cantidad de dinero al siervo de Dios. -Dios le manda a la iglesia que le compren al pastor un auto de lujo. -Debemos darle al apóstol todos los diezmos como enseña la Palabra. -Que si no bendices (con dádivas) al siervo no serás prosperado. Cierta vez un predicador de la prosperidad afirmó públicamente que si ¡no obtenía un millón de dólares en seis meses el Señor lo iba a matar! En otra ocasión me contó una hermana que la visitó un “apóstol fraudulento” a su negocio y le dijo: -Hermana, el Espíritu Santo me envió para bendecir su negocio, pero me dijo el Señor que debe darme los diezmos de sus ganancias a fin de que sea prosperada en todo como enseña la Palabra-. Todas estas técnicas son contrarias al principio apostólico, por lo cual se evidencia que tales obreros son fraudulentos como enseña la Palabra. “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:13-15)

Dios les bendiga,

Josué

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LAS EXIGENCIAS DEL REINO

 Lectura bíblica: San Mateo 5:48

Propósitos de la charla: Conocer, valorar y practicar las exigencias del Reino, planteadas en el Sermón del Monte. 

La palabra “reino” aparece 9 veces en el sermón de la montaña predicado por Jesús y registrado por el primer Evangelio (San Mateo 5, 6, 7). En Numerología bíblica, el nueve es el número de la finalidad o del juicio. Marca lo completo, el fin y el resultado de todas las cosas en cuanto al hombre; el juicio del hombre y de todas sus obras. Es un factor de 666, que es 9 veces 74. El número 9 es 3², y 3 es el número de la perfección Divina, así como el número peculiar del Espíritu Santo (1 Corintios 12:8-10; Gálatas 5:19-21). Por ello, no es sorprendente descubrir que este número denota “finalidad” en cosas divinas.

 

Los cristianos convertidos leemos este sermón de Jesús a sus discípulos y quedamos perplejos y algunos hasta desorientados frente a unas palabras del Maestro aparentemente tan legalistas. En este discurso Él nos ordena guardar unas normas morales muy exigentes, al punto de decirnos “Sean perfectos como mi Padre que está en los cielos es perfecto”. Nos quedamos abismados ante tamaña exigencia, después de habernos convertido a través del Evangelio de la gracia, que tan claramente proclama San Juan. El apóstol del amor nos muestra un Dios de perdón, al cual podemos acceder exclusivamente por medio de la fe, sin necesidad de hacer buenas obras o actuar de un modo moral (San Juan 1:12; San Juan 3:16; San Juan 5:24; San Juan 20:31).

 

No hay contradicción en toda la Biblia. Dios se ha valido de distintos hombres con particulares sensibilidades, experiencias, culturas, etc. para mostrarnos su multiforme gracia y las distintas perspectivas, alcances y etapas del Evangelio. La gracia de Dios expresada en el sacrificio de su Hijo no entra en contradicción con los mandamientos dejados por Él como Señor de la Iglesia. El Evangelio que proclama San Juan es el Evangelio de la Gracia de Dios, es decir la buena noticia de que Él ha elaborado y puesto por obra un plan de salvación para todos los que estábamos condenados. El Evangelio que nos muestra Leví, San Mateo, como buen judío es el Evangelio del Reino.

 

El evangelista y apóstol Mateo, opta por hablar de: “El Reino de los Cielos”, cuando los otros tres evangelistas hablan de: “El Reino de Dios”. Solamente en 4 ocasiones Mateo usa la frase “El Reino de Dios” (San Mateo 6:33; 12:21,28,31,43), en tanto que la frase “el Reino de los Cielos” aparece 32 veces en su evangelio. Generalmente se explica la preferencia de Mateo por esta última frase para denotar el carácter celestial del reino, vale decir, que proviene de arriba, como un don de Dios y no como una creación meramente humana y perecible.

Las nueve palabras “reino” en el sermón del monte, nos están indicando que esta enseñanza es una grave exigencia de Dios para quienes han sido traslados del reino de tinieblas “al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Tales exigencias no son para los inconversos, no son un pre-requisito para la salvación, sino una condición para participar en el Reino de Jesucristo.

 

Aparte de que el Evangelio de Leví sea para judíos, según algunos, en el sermón del monte Dios se dirige a discípulos, es decir a personas que ya le conocen y están en una relación de obediencia con Él. No es un sermón evangelizador para la multitud sino una enseñanza para sus discípulos (San Mateo 5:1,2). El problema de nuestra lectura del Evangelio es que siempre pensamos en términos de ganar o perder la salvación; ser salvos o ser condenados; ir al cielo o al infierno, y no salimos de ese esquema mental que nos lleva continuamente a relacionarnos con Dios en términos de culpabilidad y liberación. ¡Ya es hora de que maduremos y comencemos a visualizar el proceso de crecimiento que implica nuestra relación con Dios!

 

Biológicamente no estamos pensando siempre acerca de nuestro nacimiento. Por cierto ese acontecimiento forma parte de nuestro pasado y quizás guardemos alguna fotografía de cuando éramos bebés; pero nadie duda de haber o vive pensando sólo en esa experiencia. Todo lo contrario, lo natural en el ser humano es vivir la etapa presente y proyectarse a etapas futuras. Siempre vamos tras un logro: estudiar para obtener un título, desarrollarnos profesionalmente, encontrar una pareja para casarnos y tener hijos, etc. ¿Por qué en la vida espiritual no asumimos esa conducta y seguimos comportándonos como si aún fuésemos bebés en Cristo, es decir unos aprendices?

 

Es maravilloso el mensaje de salvación anunciado por Dios en el Evangelio según San Juan, mas también es bellísimo y rico en promesas el Evangelio del Reino anunciado por Dios en el Evangelio según San Mateo. Comience usted a saborear, masticar, incorporar en su mente y corazón, y a practicar las enseñanzas del sermón del monte, y estará viviendo el reino de Dios en su vida. Necesitamos practicar las enseñanzas del Reino si queremos un días reinar con Él en el milenio. Ya no piense que es un asunto de salvación o condenación. Aquello fue resuelto en la cruz por el Hijo de Dios. ahora se trata de otro asunto. Usted ha nacido de nuevo y ha sido alimentado con la leche espiritual que todo hijo de Dios recibe en su infancia cristiana. Ahora necesita entrar a la escuela del Reino de Dios para obtener un día su graduación en el Tribunal de Cristo. ¿Desea usted pasar con honores esa prueba? ¿O es usted de aquellos que se conforman con estar en la multitud?

 

LOS PRINCIPIOS DEL REINO

El sermón mencionado nos da una “ley” en el sentido que establece normas o principios para la vida en el Reino de Dios. ¿Cómo se obtiene la salvación? Por la fe en Jesucristo. ¿Cómo se obtiene la entrada al Reino milenario? Por el cumplimiento de las normas del reino, es decir por obras. Cuando tomamos con liviandad el Evangelio y lo reducimos a un amor permisivo de Dios, nos hacemos mucho mal a nosotros y a nuestros hermanos. La fe en Jesucristo nos da la salvación de nuestra alma, pero esa fe debe desarrollarse y producir el fruto del Espíritu Santo. Por medio del ejercicio de los principios, actitudes y obras del Reino, alcanzaremos el galardón tras el cual San Pablo luchó hasta su fin (2 Timoteo 4:8), el cual viene con la segunda venida del Señor (Apocalipsis 22:12). A continuación se detallan estos principios expuestos por el Maestro de un modo bastante provocativo.

 

POBREZA

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” (San Mateo 5:3) En las bienaventuranzas Jesús anuncia que es requisito para pertenecer al Reino , la humildad, la absoluta sumisión a la voluntad de Dios. Él emplea la palabra «pobres» (anawim en hebreo, ptojoi en griego) en el sentido que le dieron los profetas del Antiguo Testamento, en particular los tardíos como Sofonías: los humillados y sumisos a la voluntad de Dios (Sofonías 2:3). Jesús, quién desde niño conocía muy bien las Escrituras, como todos sabemos, debe haber tenido en mente la frase de Isaías: «Miraré al que es pobre y humilde espíritu.» (Isaías 66:2). La unión de estos dos términos: «pobre» y «humilde», nos da el sentido en que Jesús emplea la palabra «pobre». «Pobre» es el que se humilla ante Dios, el que reconoce su pobreza y necesidad espiritual, su pobreza en el reino del espíritu, aunque sea rico materialmente. Pobre es el manso, el piadoso, el que está disponible ante Dios. Pobreza, desde el punto de vista evangélico, es humildad, sumisión al Señor.

 

2. PERSECUCIÓN

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” (San Mateo 5:10) Quien obra la justicia de Dios será perseguido. Muchos que han proclamado la paz, la no violencia, la no discriminación, el respeto a la diversidad, etc. han sufrido persecución. En un mundo de injusticia, el que hace justicia y la tiene como norma de vida, es rechazado y perseguido, ya sea por la burla, el descrédito o la violencia. Es la lucha de las tinieblas contra la luz. Hay una bienaventuranza para los que sufren persecución: serán propietarios del Reino cuando venga Jesucristo. Persecución es en el fondo el resultado de hacer justicia.

 

3. PEQUEÑEZ

“De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos;” (San Mateo 5:19a) El Señor nos invita a ser detallistas y no menospreciar un mandato de Él, por sin importancia o pequeño que nos parezca. Toda lucha contra el aborto u otra acción contra la vida, por ejemplo, no es sin importancia sino un grave deber cristiano. Pequeñez nos indica que lo que para el hombre es pequeño, para Dios no lo es.

 

4. GRANDEZA

“…mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (San Mateo 5:19b) Hacer y enseñar son los requisitos básicos para tener autoridad en el reino de los cielos. Grandeza es autoridad moral.

 

5. DISCIPLINA

“Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (San Mateo 5:20) Consideramos a los escribas y fariseos, legalistas, exagerados y fanáticos; sin embargo el Señor nos exige esa justicia como standard mínimo. Seremos flexibles con el pecador, comprensivos con el prójimo, caritativos con el hermano, pero inflexibles e intransigentes con nosotros mismos. Necesitamos disciplina para llegar a ser auténticos ciudadanos del Reino.

 

6. PASIÓN POR EL REINO

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre./ Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra./ El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy./ Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” (San Mateo 6:9-12) Deseamos que venga el reino de justicia de Dios a la tierra, pero ese reino no vendrá si primero no lo vivimos nosotros, los cristianos. El gran desafío del discípulo es vivir el reino de Dios en un mundo gobernado por las tinieblas; es como dicen los refranes “predicar en el desierto”, “hacer el loco”, “nadar contra la corriente”. Vivamos los principios del reino en un mundo en decadencia.

 

7. INTEGRIDAD

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.” (San Mateo 6:13) El reino es del Señor eternamente. Él tiene poder para librarnos del mal y enfrentar la tentación con integridad. Ser personas íntegras es que somos discípulos coherentes y consecuentes con lo que creemos y predicamos.

 

8. PRIORIDAD POR EL REINO

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?/ Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas./ Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (San Mateo 6:31-33) Los seres humanos no pensamos ni sentimos como Dios. Damos mayor importancia a lo que es menos importante para Dios: la comida, la bebida, el vestido. ¿Qué es más importante para Él: que me esmere por tener una casa propia o que de alojamiento al pobre? ¿qué me afane en trabajar para ganar mucho dinero o que me esfuerce en servir a mi prójimo? “Buscad primero el reino de Dios y su justicia” La justicia del reino es que al necesitado se le devuelva lo robado, que cese toda discriminación, que sea anunciada Su Palabra y que los hombres se reconcilien con Él. Si buscamos primero esto, todo lo demás nos será añadido.

 

9. COHERENCIA

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos./ Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?/ Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (San Mateo 7:21-23) Creemos que por el puro hecho de adorar a Dios y llamarnos cristianos podremos disfrutar del reino milenario, pero no es así. Sino el que hace la voluntad del Padre, la cual se expresa en este sermón y en todas las palabras de Jesús.

BIBLIOGRAFÍA.

“El Reino de Dios… ¿Qué es?”, Mario A Olcese.

http://www.desarrollocristiano.com/

“Como entender los Números de la Biblia”, Ramón Romero.

 

Más sobre el Reino en:

 

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 Publicado por Iván Tapia

 

EL ERUDITO BÍBLICO RAYMOND COTTRELL (1911-2003)”

Raymond Cottrell

Erudito, maestro, escritor, editor, historiador, evangelista, linguista, Raymond Cottrell es todo esto y mucho más.

 

Al igual que sus ancestros Albigenses en Francia que se arriesgaron a ser condenados a muerte por sus convicciones religiosas en 1179, él fue un hombre de principios y defensor de la libertad de conciencia. Descendiente de familias adventistas de la generación de 1851, este hombre dedicado a sus creencias, se entregó en cuerpo y alma a escribir y editar artículos para la organización.

Como misionero en China e hijo de misioneros chinos se comprometió con la visión global de la Iglesia Adventista, levantando iglesias y predicando el mensaje adventista. Dominaba idiomas como el Mandarín, Latín clásico, inglés y el español. Más tarde estudió griego, francés, alemán y tuvo un buen dominio del hebreo que le sirvió para sus estudios relacionados al libro de Daniel.

Durante 11 años enseño religión en el Colegio Adventista “Pacific Union College” donde fundó la primera organización profesional adventista de estudiantes de la Biblia. En el 1930 fundó el “College Criterion” en la Universidad Adventista de la Sierra. En el 1952 fundó el Comité de Investigación Bíblica de la Conferencia General de los Adventistas del cual fue miembro hasta su jubilación en el 1977. En el 1952 también fue llamado por F.D. Nichol para que formara parte de los editores del Comentario Bíblico Adventista. Pasando así hacer el principal arquitecto de este Comentario contribuyendo con más de 2 mil páginas en 7 volúmenes repletos de material bíblico, histórico y artículos teológicos. También fue editor y colaborador del Diccionario Bíblico Adventista y la Enciclopedia Adventista.

Durante diez años colaboró como editor asociado de la Revista Adventista, revista oficial de la organización en los EEUU y algunos países de América, y de la “Herald Publishing Association. Realizó abundantes investigaciones sobre asuntos bíblicos, teología, astronomía y ciencia. En sus últimos años fue la fuerza guiadora de la revista “Adventist Today” donde exponía junto a sus colaboradores todos los asuntos relacionados a los “issues”que estaban afectando al adventismo hoy en día. A través de esta revista exponía los problemas de la doctrina del santuario y las deserciones que éste asunto había provocado dentro de la organización. El mismo nos relata cómo fue su encuentro personal con la doctrina del Santuario, veamos sus comentarios:

“La primera vez que encontré problemas con la interpretación tradicional de Daniel 8:14 profesionalmente fue en la primavera de 1955, durante el proceso de redactar comentarios sobre el libro de Daniel para el tomo 4 del Comentario Bíblico Adventista. Como obra destinada a cumplir con los más precisos estándares eruditos, teníamos el propósito de que nuestro comentario reflejara el significado que obviamente se habían propuesto los escritores bíblicos. Como comentario adventista, también debía reflejar, con tanta precisión como fuese posible, lo que los adventistas creen y enseñan. Pero en Daniel 8 y 9, encontramos absolutamente imposible cumplir con estos dos requisitos.

Volviendo al libro de Daniel, decidí intentar una vez más encontrar un modo de ser absolutamente fiel tanto a Daniel como a la interpretación tradicional adventista de 8:14, pero nuevamente encontré que era imposible. Luego formulé seis preguntas en relación con el texto hebreo del pasaje y su contexto, las cuales presenté a cada uno de los maestros de escuela superior versados en hebreo, y a cada director de departamento de religión en todas nuestras escuelas superiores de Norteamérica — todos ellos amigos personales míos. Sin excepción, contestaron que no existe ninguna base ni lingüística ni contextual para la interpretación tradicional adventista de Daniel 8:14.

Las consideraciones que anteceden demuestran de manera concluyente que nuestra interpretación tradicional de Daniel 8:14, el santuario, y el juicio investigador, como lo establece el Artículo 23 de las Creencias Fundamentales, no refleja con exactitud la enseñanza de la Biblia con respecto al ministerio de Cristo a nuestro favor desde su regreso al cielo. En consecuencia, es apropiado (1) observar que, por esa razón, el Artículo 23 es defectuoso, (2) revisar el artículo para que refleje con exactitud la enseñanza bíblica sobre este aspecto del ministerio de Jesús, y (3) sugerir un proceso diseñado para proteger a la iglesia de ésta y similares experiencias traumáticas en el futuro.

Como resaltan de sus propios comentarios el Dr. Cottrell no tenía ninguna intención de hacer daño a la Iglesia Adventista con sus descubrimientos sobre los problemas exegéticos de la doctrina del santuario. El siempre buscó la mejor forma de llegar a un acuerdo entre la cúpula de la organización y los teólogos adventistas y resolver el dilema de los 2,300 días.

Sus investigaciones han tenido un fuerte impacto en la historia y pensamiento del adventismo. Muchos entienden que el Dr. Cottrell a través de sus escritos ha formado el pensamiento de muchos eruditos dentro de la organización desde sus años en la Conferencia General hasta mucho luego de su jubilación.

El Dr. Cottrell fue el que llevó a la organización a repensarse la doctrina del Juicio Investigador y a revisar las formulas matemáticas que daban con el 1844. Como era de esperarse la organización jamás ha considerado los puntos de vista de este hombre íntegro que aún siendo pisoteado por la cúpula y con toda una maquinaria opresiva sobre sí no abandonó el divulgar sus descubrimientos teológicos.

Sus libros han guiado a muchos a una mejor comprensión de la fecha de 1844 y a ver cuán débiles eran los cimientos sobre los cuales estaba anclada la doctrina del santuario.

Sus últimos descubrimientos sobre estos temas fueron presentados por primera vez al segundo simposio del Jesus Institute Forum del 2 al 4 de noviembre de 2001, y en público nuevamente el 9 de febrero de 2002, en la reunión de la Asociación de Foros Adventistas en San Diego, CA.) Su conferencia tuvo como título LA DOCTRINA DEL SANTUARIO ¿ACTIVO O PASIVO? Para ese tiempo su salud estaba bien afectada, no pudo asistir al simposio y envió un representante que dio lectura a su trabajo investigativo.

A continuación parte de los comentarios del Dr. Dr. Cottrell en este simposio:

“En los años que siguieron inmediatamente a octubre 22 de 1844, la doctrina tradicional del santuario fue un importante activo para estabilizar la fe de los desengañados adventistas. En la actualidad, es un pasivo igualmente importante y un obstáculo para la fe, la confianza, y la salvación de los bíblicamente instruidos, adventistas y no adventistas por igual. Fue verdad presente después del gran chasco de octubre 22 de 1844. No es verdad presente en el año de nuestro Señor 2002. ¡¡Quod erat demonstrandum! ¡¡Lo cual debía ser probado! ”

“Durante aproximadamente cuarenta años, la doctrina del santuario no hizo enarcar ningunas cejas conocidas ni despertó protestas. Pero, en promedio, cada quince o veinte años desde 1887, un administrador de la Iglesia o instructor bíblico experimentado, respetado, y digno de confianza ha llamado la atención de otros dirigentes de iglesia sobre ciertos defectos en la tradicional interpretación de Daniel 8:14, devolvió sus credenciales ministeriales, y, o fue desfraternizado o voluntariamente abandonó la iglesia. ¡¡Con una o dos posibles excepciones, ninguno de ellos habló ni enseñó acerca de sus dudas en relación con la autenticidad bíblica de la doctrina del santuario, pero fue despedido por tener tales pensamientos y compartirlos con otros dirigentes de la iglesia! Además, ninguno de ellos era novato, sino un experimentado administrador de iglesia o instructor bíblico.”

El siguiente comentario que sigue a continuación ha jamaqueado hasta hoy la organización y provocó un distanciamiento entre la cúpula y el Dr. Cottrell:

“El contexto de Daniel 8:14 atribuye la profanación del santuario al cuerno pequeño. La interpretación adventista la atribuye a la transferencia de los pecados confesados al santuario celestial por el ministerio sacerdotal de Cristo. Entonces, pretender, delante de nosotros mismos, que la interpretación adventista lee a Daniel 8:14 en contexto sería identificar al cuerno pequeño como Cristo. En otras palabras, no podemos tener a la vez el contexto y la interpretación adventista por lo que concierne a la Biblia misma. (Cottrell, como aparece citado en Daniel 8:14 por Desmond Ford, pp. A-115-116).”

Rodeado de líderes conservadores y defensores de las doctrinas tradicionales del adventismo, el Dr. Cottrell tuvo el coraje y valor de dar su opinión y puntos de vista que no eran compatibles con la verdad presente de su época. Su aporte a desenredar la doctrina del santuario y su honestidad en admitir los errores que se desprenden de la interpretación tradicional adventista son hoy rasgos que imitan otro tanto de líderes que al igual que él, están cuestionando muchas doctrinas de la organización y planteando, muchas veces a escondidas, sus dudas e interrogantes.

Muchos adventistas desconocen que muchos de los pensamientos teológicos que pueden pasar por su mente muy probable hayan venido de los escritos del Dr. Cottrell. Lamentablemente fueron publicados en nombre de la organización adventista y como propiedad intelectual de ella. La seriedad con la que escribió y el compromiso que tenía con la verdad no le permitieron seguirle el paso a la organización como ha quedado demostrado en sus últimos aportes desenredando las doctrinas pilares del adventismo.

 

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