HEREJÍA QUE CONDENA

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Herejía. (De hereje). f. Error en materia de fe, sostenido con pertinacia.

|| 2. Sentencia errónea contra los principios ciertos de una ciencia o arte.

|| 3. Disparate, acción desacertada.

|| 4. Palabra gravemente injuriosa contra uno.

|| 5. Daño o tormento grandes infligidos injustamente a una persona o animal.

Como la definición lo muestra, la herejía, entre otras cosas, es un error en materia de la fe, una distorsión del los principios bíblicos, en el caso dado, que han sido trastornados y aceptados como ciertos. Una de las herejías más serias es aquella que compromete el carácter y la naturaleza de Hijo de Dios. Hoy por hoy, las iglesias que se hacen llamar de Cristo, tiene una perspectiva muy diferente de éste como en un inicio se tenía. En el AT. vemos que el Mesías de Belén (Mi.5:2; Mt.2:6) había sido anunciado con anticipación como esperanza y luz para el pueblo de Israel (Is.9:1-2; Mt.4:15-16), como Uno enviado de Dios y no por cuenta propia para «predicar buenas nuevas a los cansados y abatidos, a los de roto corazón, Uno que vendría a publicar libertad a los cautivos, para abrir las cárceles a los que se encontraban bajo la instigación y el dominio pecado y en gran condenación, viviendo en el mundo sin Dios» (Is.61:1; Ef.2:12); alguien que lejos de ser «Uno más de la Deidad», fue presentado como «dios fuerte» en el sentido de ser embajador o representante del Rey Jehová en la Tierra, tal como Moisés lo fue (Ex.7:1) y como lo fueron además los jueces de Israel (Sal.82:1, 6). Cristo se sujetó a los designios del Creador, porque la doctrina no era suya (Jn.7:16-17), sino del Padre Eterno, y la acató porque vino a ser la voluntad del Aquel que le envió y no la propia (Lc.22:42; Jn.6:38-40). Por lo contrario, siendo Dios Omnisapiente y Todopoderoso, no se sujeta al mandato de otros, porque él es Perfecto, Autosuficiente, Único y Soberano (Gn.1:1; Ex.3:14; 1 R. 8:27; Sal.90:2; Is.44:6; Jer.23:24; Ro.9:19; 16:27; 1 Tim. 6:15; Ap.1.1:8); por otro lado, a Dios nadie lo ha visto jamás (1 Jn.4:12), pero Cristo fue visto como un infante (Mt.2:13,-14, 20), lo miró y lo siguió mucha gente (Mt.8:1); él siendo una Hombre tocó a las personas que sanaba (Mt.8:2), también durmió como un ser humano (Mt.8:24), fue conocido como el hijo del carpintero (Mt.13:55), tuvo hermanos y hermanas (Mt.13:55-56), lo tentaron con malignidad, pero Dios no puede ser tentado por el mal (Lc.4:2-13; 19:13; Stg.1:13), tuvo hambre como usted y yo la tenemos (Mt.21:18), lloró (Lc.19:41), y murió como mueren los seres humanos, pero Dios no puede morir porque el posee la inmortalidad en sí mismo: Él es la Vida Misma (Mt.27:58-60; Mr.15:44; 1 Tim.6:16).

La Biblia ni tan siquiera alude que Cristo sea Dios, los ejemplos arriba así lo sustentan, pero afirma que es «la Imagen del Dios Invisible» (Col.1:15), porque el carácter de Altísimo Padre fue reflejado en el Cristo Humano (Mr.14:21), de la misma manera que nosotros reflejamos el carácter de Dios, que está en Cristo, al sujetarnos a la Palabra Divina; así venimos a ser luz del mundo (Mt.5:14), de tal manera que Cristo también lo fue (Jn.8:12), y eso no nos hace unos «Mesías» como él.

Cristo como Hombre (1 Tim.2:5), pero sin pecado (Heb.7:26), fue quebrantado por Dios en su sacrificio redentor, sujetándolo al padecimiento (Is.53:1); padeció angustia y aflicción, situaciones emotivas extrañas a la naturaleza de la Deidad, pero muy obvias en la naturaleza de los hombres (Is.53:7; Mr.14:33-36) . . . la explicación, sale sobrando. Los que consienten la herejía de que Cristo es Dios, dirán: «bueno, es que la naturaleza de Cristo como hombre resaltó aquí, pero siguió siendo el mismo Dios de siempre, de la manera que desconocía en su naturaleza humana el evento de su segunda venida al mundo, pero ahora (dicen, con no mínima necedad) es totalmente Omnisciente, y está glorificado y sentado a Diestra del Dios y Padre Celestial». Esta absurda explicación carece de un fundamento sensato y coherente que sostenga que Cristo sea Dios, aún glorificado y sentado a Diestra del Poder de Dios esperando tomar el Trono de David para reinar con equidad la Tierra (Sal.2:8; Mt.25:31; Lc.22:69), porque para la decepción de muchos, Cristo no habita la Eternidad como un Ser Omnisciente, como lo es Dios, y prueba está en el libro de la Revelaciones, el de Apocalipsis, debido a que este último libro canónico fue revelado a Cristo, es decir, le fue mostrado, le fue enseñado por su mismo Dios y Padre (Jn.20:17), y Cristo, al conocerlo, lo revela al ángel mensajero que lo trasmitirá luego a Juan el apóstol en la isla de Patmos en el mar Egeo y que lo anunciará a las Siete Iglesias de Asia (Ap.1:1, 11). ¿Cuál es el argumento que tienen los defensores de la herejía de que Cristo es Dios en contra de esta explicación, si hemos podido constatar por medio de las Escrituras que Cristo no es Omnisciente, a pesar de estar glorificado y morando en el «Tercer Cielo de Dios»? (2 Co.12:2). Es muy claro que la doctrina torcida de la supuesta Omnisciencia del Mesías de Dios es rebatida en Ap.1:1, en Mr.13:32, y en otros textos bíblicos más que existen. Si Cristo no es Omnisciente, es imposible que pueda ser declarado como Dios, porque la Omnisciencia es un atributo no trasmisible de Dios, una característica imprescindible, enteramente necesaria para que Cristo lo pueda ser (Gn.1:1; Hech.15:18; Heb.4:13; Sal.139:1-4; Is. 44:28; 1 Jn.3:20).

Si Cristo no reúne requisitos sólidos que lo acrediten, por lo que vimos, como una persona diferente pero igual a la Deidad (esto último contradice pasmosamente Jn.14:28), ¿existe aún alguna herética excusa que lo justifique de tal modo, ante tanta evidencia presentada de que Cristo no es Dios? ¿Acaso hay alguna? ¿Debemos permanecer necios y ciegos para siempre hermanos míos?

Los dejo con estos textos bíblicos para que los mediten mis hermanos y amigos de buen entender y que nos visitan con agrado.

«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es» (Dt.6:4).

«Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro» (Is.45:18).

«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí » (Jn.14:1).

LA ASEVERACIÓN DE SOCIANO DE QUE JESÚS NO ERA DIOS, SINO UN HOMBRE MORTAL

Fausto Sozini (1539-1604), sobrino de Laelio, nació en Siena y estudió en colegios privados. En 1559 fue denunciado por la Inquisición y se le acusó de sostener opiniones heréticas. Esto le llevó a refugiarse durante tres años lejos de Italia, periodo en que visitó Zurich, Lyon y Ginebra. Volvió a Italia hacia 1563 y durante 12 años vivió en Florencia, obediente a las directrices de la Iglesia católica. En 1575 se estableció en Basilea y entabló discusiones teológicas y debates con los líderes protestantes. Influido por la obra de su tío, desarrolló un sistema doctrinal radical llamado socinianismo que negaba la divinidad de Jesucristo y la Trinidad.

Hacia 1579 Socino fue a Polonia, donde pasó el resto de su vida difundiendo la herejía a través de sus escritos y la participación en debates públicos. También dirigió la política del movimiento antitrinitario en Transilvania (hoy parte de Rumania), sobre todo mediante la correspondencia. Aunque evitó identificarse con cualquier secta concreta y negó que sus creencias fueran heréticas, sufrió persecución y en 1598 una muchedumbre hostil lo expulsó de Cracovia. La preponderancia que otorgó a la razón humana y su repudio de lo sobrenatural reflejan la influencia del humanismo en sus postulados teológicos.

Sociano afirmó que Jesús era realmente un hombre mortal. Él nació de una virgen. Él fue separado de todos los otros hombres debido a la santidad de su vida. Él no era Dios, pero él recibió la inspiración de Dios. Así, él tenía la visión divina y el poder divino aunque él no fuera su autor. El fue enviado por Dios con Sus autoridades supremas en una misión para la humanidad. Sociano apoyó estas creencias con una cita completa y confiada  exegis de los pasajes relevantes de las Escrituras. Su argumento sutil y capaz dio un sentido racional a la palabra de Cristo. Jesús no era la Palabra hecha  carne. Él era un hombre que consiguió la victoria sobre la acción incorrecta en su vida en la carne. Él no existió antes de que el mundo viniera a la existencia. Era permisible invocar la ayuda de Jesús en la oración mientras él no fuese adorado como Dios.

      

Sociano afirmó que Dios es el Señor supremo de todos. La Omnipotencia no es Su único atributo, pero gobierna cada otro atributo. No puede haber ninguna cuestión levantada contra Dios. Lo finito no puede ser una medida del infinito. Por lo tanto, todas las concepciones humanas de la naturaleza de Dios deben ser consideradas como tierras inadecuadas para basar un juicio crítico sobre Él. La voluntad de Dios es libre y no está atada por ninguna ley que la mente humana pueda formular. Su objetivo y Su voluntad están escondidos de la mente humana. El dominio de Dios comprende una autoridad recta y suprema para determinar independientemente de  quien Él pueda elegir, con respeto de todos nosotros y todas las otras cosas. Él puede leer nuestros pensamientos aunque ellos puedan sestar escondidos en lo más íntimo de nuestros corazones. Él puede a gusto ordenar leyes y determinar tanto recompensa como castigo para la pureza y los lapsos en las intenciones de un hombre. Así, el hombre es un individuo a quien se le ha dado la libertad de elección, pero que de hecho es impotente. 

      

Ya que no puede haber más de un ser que posee el dominio supremo sobre todas las cosas, afirmó Sociano, para extenderse de tres personas supremas es hablar irracionalmente. La esencia de Dios es una, no sólo en clase sino también en número. Esto no puede de ningún modo contener una pluralidad de personas, ya que una persona individual no es nada más que una esencia inteligente individual. Dondequiera que allí existan tres personas numéricas, allí debe necesariamente de manera parecida ser reconocida tres esencias individuales. Si es afirmado que hay una esencia numérica, deberá ser sostenido que hay una persona numérica. 

 

La doctrina de Trinidad también fue refutada por Sociano a causa de que no era posible para Jesús tener dos naturalezas simultáneamente. Él dijo que dos sustancias que tienen propiedades opuestas no pueden combinarse en una persona, y tales propiedades son la mortalidad y la inmortalidad: tener un principio y ser sin principio, ser mudable y ser inmutable. Otra vez, dos naturalezas cada una de las cuales tiene tendencia para constituir a una persona separada no pueden ser acurrucadas en una persona. Puesto que en vez de uno, allí, necesariamente, se levantan dos personas y por consiguiente ellas se hacen dos Cristos, uno divino y uno humano. La Iglesia dice que Cristo está constituido de una naturaleza divina y humana cuando un hombre es de cuerpo y alma. Sociano contestó que, en este caso, éste es extensamente diferente de la creencia de que las dos naturalezas en Cristo están tan unidas que Cristo es así constituido de un cuerpo divino y humano. En un hombre, el cuerpo y el alma están tan unidos que un hombre no es, ni alma, ni cuerpo. Ni para el alma ni para el cuerpo. Porque ni el alma ni el cuerpo separadamente constituyen una persona. 

 

Además, Sociano dijo, es también repugnante a las Escrituras mismas que Cristo debería tener una naturaleza divina: en Primer lugar, Dios creó a Jesús. En segundo lugar, las Escrituras dicen que Jesús era un hombre. En tercer lugar, independientemente de la excelencia que Jesús tenía, está declarado por las Escrituras que él es el regalo o don de Dios. En cuarto lugar, las Escrituras muy claramente indican que Jesús permanentemente asigna todos los milagros no a él o a alguna naturaleza divina propia, sino al Padre. Jesús mismo confirmó la voluntad Divina.

 

El extracto siguiente del Catecismo Racoviano debe ser encontrado en “las Reflexiones Históricas y Críticas sobre Mahometismo y Socianismo”: 

 

La opinión de aquellos que atribuyen la divinidad a Jesucristo no es sólo repugnante a la sana razón, sino igualmente a las Escrituras Sagradas, y ellos están en el grueso error,  quiénes creen que no sólo el Padre sino también el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas en una deidad… La esencia de Dios es la más simple y absolutamente una, y por lo tanto esto es una contradicción patente por su parte para generar el otro si ellas son tres personas independientes. Y la pequeña pobre razón de nuestros adversarios al contrario para demostrar que el Padre había procreado a un Hijo de su propia sustancia son ridículos e impertinentes… Siempre hasta los tiempos del Consejo Niceno y  un tiempo más tarde como aparece por las escrituras de aquellos que vivieron entonces, el Padre … solo fue reconocido para el Dios verdadero, y aquellos que eran de mente contraria, como  los Sabelianos y otros por el estilo fueron considerados herejes.. .. El espíritu del Anticristo no había introducido error más peligroso en la Iglesia de Cristo que esta doctrina que enseña que hay tres personas distintas en la esencia más simple de Dios cada uno de las cuales es Dios, y que el Padre … no es único Dios verdadero, sino que el Hijo y el Espíritu Santo deben ser afiliados con él. No hay nada más absurdo o más imposible y más repugnante a la razón sana… También los Cristianos creen que Jesucristo murió meritar la salvación para nosotros y satisfacer las deudas que contrajimos por nuestros pecados; no obstante esta opinión es falsa, errónea y más perniciosa.

   

Sociano dijo que una de las causas de la aceptación de la doctrina de Trinidad era la influencia de la filosofía pagana como este pasaje “Los Nazarenos” de Toland indica: los otros unitarios no menos seguros afirman que los Gentiles introdujeron realmente igualmente en el cristianismo su antiguo politeísmo y la deificación de hombres muertos: así reteniendo el nombre de cristianismo pero completamente cambiando la cosa y endulzándola estaba su interés o necesidad de sus asuntos que  requirieron de todas las opiniones y costumbres en todas partes en boga a partir desde aquel tiempo a éste.

 

Está claro por qué los escritos de Sociano consiguieron tal aceptación extendida. Ellos no sólo dijeron a la gente regresar a un cuadro más exacto de quién Jesús era y para lo que él vino, sino ayudó también a destruir la mayor parte del poder que la Iglesia tenía sobre la gente. La grandeza de Sociano está en el hecho que él produjo una teología que era lógica y aun basada en la Biblia. Era por lo tanto muy difícil para sus opositores despedir sus escritos. Por ejemplo, cuando, en 1680, el reverendo George Ashwell encontró que los libros de Sociano se hacían muy populares entre sus estudiantes, él decidió escribir un libro en la religión Sociana. Su evaluación de Sociano es interesante ya que esta viene de la pluma de un enemigo:

 

Tan grande era el autor y el patrón de esta secta en quien todas las calidades, que excitan la admiración y atraen el respeto de hombres, fueron unidas; de modo que él encantó, como era, por una especie de fascinación de todos con quien él dialogó, y dejó en la mente de todos, una fuerte impresión de admiración y amor. Él así destacado en la arrogancia de su genio y afabilidad de su disposición, tal era la fuerza de su razonamiento y la fuerza de su elocuencia, tales señales eran las virtudes que él mostró en la vista de todos, que él … poseyó … en un grado extraordinario; tan grande eran sus atributos naturales y tan ejemplar era su vida que él pareció cautivar el afecto de la humanidad. 

 

Después de decir todo esto, Ashwell concluyó que Sociano era “la gran soga o trampa del diablo.” Hoy muchos Cristianos no comparten los mismos sentimientos contradictorios sobre Sociano que el reverendo Ashwell. Hay un sentimiento dominante de la compasión por el Socianismo y el camino brutal que fue suprimido, y hay una reacción definida contra el trinitarianismo. Muchos Cristianos pensadores afirman las creencias de Sociano y niegan la divinidad de Jesús y todo lo que esto implica.

 

 

Algunos extractos de “Los Errores de la Trinidad”, el libro que costó la vida a Servet

Miguel Servet

“Los filósofos han inventado un tercer ser aparte, totalmente distinto a los otros dos y al que llaman Tercera Persona, o Espíritu Santo; y así es como han inventado una Trinidad imaginaria, tres seres en una sola naturaleza. Pero en realidad se trata de tres Dioses, o un Dios triple, que tratan de imponernos bajo la pretensión y en nombre de la Unidad… Para ellos parece muy fácil, tomando las palabras en su sentido más estricto, admitir la existencia de tres seres que dicen ser simple y realmente distintos; pero dicen que uno nace del otro, y cada uno procede del aliento del otro, y sin embargo los tres están encerrados en un mismo recipiente. Como no estoy dispuesto a hacer mal uso de la palabra Personas, los denominaré el primer ser, el segundo ser y el tercer ser, ya que en las Escrituras no encuentro otra forma de llamarlos… Al admitir a estos tres seres, que en su lenguaje particular llaman Personas, admiten también una pluralidad de seres, una pluralidad de entidades, una pluralidad de esencias, una pluralidad de substancias, y si tomamos la palabra Dios en su sentido más estricto, acabarán por tener una pluralidad de dioses”.

Servet continúa diciendo:

“Si es este el caso, ¿por qué entonces se culpa a los Tritoritas, que afirman la existencia de tres dioses? Ellos también han inventado tres dioses o uno que es triple. Estos dioses triples forman una sustancia compuesta. Y aunque hay, algunos que no utilicen esta palabra insinuando con ello que los tres han sido unidos, lo que sí hacen es usar una palabra que indica que están constituidos juntos y que Dios está constituido de tres seres. Está claro en consecuencia que son Tritoritas y que lo que nos dan es un Dios triple. Nosotros mientras tanto, nos hemos convertido en ateos, en gente sin Dios. Puesto que cuando intentamos pensar sobre Dios nos encontramos con tres fantasmas y ya no nos queda el menor atisbo de Unidad. ¿Qué otra cosa es estar sin Dios sino el no poder pensar en Él cuando está siempre presente en nuestra comprensión una confusión obsesiva causada por tres seres, una confusión que nos engaña al suponer que estamos pensando sobre Dios … ? Los que esto afirman parecen vivir en otro mundo en el que sueñan estas cosas; mientras tanto, el reino de los cielos no sabe nada de estas insensateces; y cuando las Escrituras hablan del Espíritu Santo, lo hacen de una manera que éstos no conocen”.

Y luego añade:


“¡Sólo Dios sabe la irrisión que ha causado entre los musulmanes esta tradición de la Trinidad! Los judíos tampoco quieren sumarse a este capricho nuestro y se ríen de nuestra locura con respecto a la Trinidad; y a causa de las blasfemias que contiene ni siquiera creen que se trate del Mesías prometido en su Ley. Y no sólo se burlan de nosotros los musulmanes y los hebreos, sino que las mismas bestias de los campos se reirían de nosotros si entendieran nuestros desvaríos, ya que todos los trabajadores del Señor bendicen al Dios único… Esta plaga devastadora, en consecuencia, ha sido añadida y sobre impuesta, como si dijéramos, sobre los nuevos dioses que han venido recientemente y que nuestros padres no adoraban. Esta plaga de la filosofía la trajeron los griegos, puesto que de entre todos los hombres ellos son los más dados a la filosofía; y nosotros, fascinados con sus discursos, nos hemos convertido en filósofos, mientras que los griegos jamás ha entendido los pasajes de las Escrituras que citan con respecto a estas cuestiones”.

Servet insiste en la verdadera naturaleza de Jesús:

“Algunos se escandalizan de que llame profeta a Cristo porque ellos no le aplican el epíteto; les ha dado por pensar que a los que hacemos esto se nos puede acusar de Judaísmo y Mahometanismo, sin tener en cuenta que las Escrituras y los escritores más antiguos lo llaman el Profeta” .

Miguel Servet fue uno de los críticos más valientes de la Iglesia establecida de su época. Ello le valió el ser quemado en la hoguera por los Católicos ayudados por los Protestantes. Servet aunaba en su persona lo mejor del Renacimiento y de la Reforma y se acercó mucho a la encarnación del ideal de su época, el “hombre universal” dotado de conocimiento “pansófico”. Era un experto en temas tales como la medicina, la geografía, la erudición Bíblica y la teología. La diversidad de su conocimiento daba a Servet una amplitud de miras que estaba negada a personas menos educadas que él. Es posible que el episodio más importante de su vida fuera la confrontación con Calvino. No cabe duda de que se trataba de un conflicto personal, pero al mismo tiempo era más que eso: era también el rechazo de una Reforma que estaba dispuesta a cambiar la forma pero no el contenido de una Iglesia decadente. Esto le costó la vida; pero aunque está muerto, su creencia en la Unidad Divina aún perdura entre nosotros. Hay muchos que todavía lo consideran el “fundador del Unitarismo moderno”.

Doce Alegaciones que Refutan La Deidad del Espíritu Santo” del Unitario John Beddle

 Tras un detenido estudio de la Trinidad John Beddle, publicó un folleto en 1644 titulado “Doce  argumentos que refutan la Deidad del Espíritu Santo”, dirigido a los lectores cristianos.  En 1645, el manuscrito de los “Doce Alegaciones” fue incautado y Biddle fue encarcelado. Fue llamado a comparecer ante el Parlamento, pero todavía se niega a aceptar la Deidad del Espíritu Santo. El folleto fue reimpreso en 1647. El 6 de septiembre del mismo año, el Parlamento ordenó el folleto para ser quemado. El 2 de mayo, 1648, un “grave Ordenanza” se aprobó, en las que declaraba que los que les niega la Trinidad o la divinidad de Jesús o el Espíritu Santo, sufriría la muerte sin el beneficio del clero.

 

Los “Doce Argumentos”

Después de haber visto lo difícil la Iglesia trata de infundir “fe ciega” en los que se opone a la doctrina de la Trinidad, vamos a ver el resumen de las “Doce Alegaciones”, la causa de tales medidas extremas, de la siguiente manera.

1) El que se distingue de Dios no es Dios. El Espíritu Santo se distingue de Dios. Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

Biddle explicó además este silogismo con estas palabras:

La principal premisa es muy clara en la medida en que si decimos que el Espíritu Santo es Dios y, sin embargo, distinguir de Dios entonces que implica una contradicción. La menor premisa de que el Espíritu Santo se distingue de Dios si se toma personalmente, y no es en esencia la razón contra todos: En primer lugar, es imposible que un hombre a distinguir la Persona de la Esencia de Dios, y no al marco de dos seres o cosas En la memoria. En consecuencia, se le obligó a la conclusión de que hay dos Dioses. Segundo, si la persona que debe distinguirse de la Esencia de Dios, la persona sería de unos Independiente Thing. Por lo tanto, ser finito o infinito. Si finitos entonces Dios sería una cosa finito ya que, de acuerdo a la Iglesia en todo lo que Dios es Dios mismo. Así que la conclusión es absurda. Si infinito, entonces habrá dos infinites en Dios, y, en consecuencia, los dos dioses que es más absurdo que el primero argument.Tercero, hacer uso de la palabra de Dios adoptadas impersonalmente es ridículo, ya que es admitido por todos que Dios es el nombre de una persona , Que con la soberanía absoluta sobre todas las normas. Ninguno, sino una persona puede gobernar sobre los demás, por lo tanto, a tomar personalmente es otra cosa que tomar lo que Él es otra cosa.

2) El que dio el Espíritu Santo a los hijos de Israel es Jehova solo.
Entonces el Espíritu Santo no es Dios o Jehova.

3) El Espíritu Santo no habla por sí mismo.  Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

4) El que se enseña no es Dios. El que oye de otro lo que se enseña a hablar. Cristo habla de lo que se le dijo (Juan 8:26). Por lo tanto, Cristo no es Dios.

5) En Juan 16:14 Jesús dice: “Dios es que Él da todas las cosas para todos.” El que recibe de otro no es Dios.

6) El que es enviado por otro no es Dios. El Espíritu Santo es enviado por Dios. Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

7) El que no es el dador de todas las cosas, no es de Dios (Hechos 17:25). El que es el don de Dios no es el dador de todas las cosas. El que es el don de Dios se da a sí mismo. El regalo está en el poder y en la disposición de los donantes. Por tanto, es absurdo imaginar que Dios puede estar en el poder o en la disposición de otro.

8) Dios no cambia. El Espíritu Santo cambia. Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

Este silogismo se explica por Biddle como sigue:

Si Dios cambios lugar entonces dejaría de ser donde le fue antes y comenzar a ser donde Él no era antes, que está en contra de Su Omnipresencia y Su Deidad. Por lo tanto, no era Dios, que vino a Jesús, pero un ángel, el mantenimiento de la persona en nombre de Dios.

9) El que ora a Cristo, para dar lugar a una resolución no es Dios. El Espíritu Santo lo hace. Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

10) En Romanos 10:14 que dice: “¿Cómo creer en él de quien no han oído. Él, en las cuales los hombres no han creído, y sin embargo eran discípulos”.  El que no cree en Dios no es. Los hombres no han creído en el Espíritu Santo, y sin embargo fueron discípulos. . Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

11) El que escucha de Dios en la segunda parte, a saber, el de Cristo Jesús, lo que se ha hablar un entendimiento distinto de Dios. El que oye a Dios de lo que se enseña a hablar de Dios.  El Espíritu Santo lo hace. Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

12) El que tiene una voluntad clara en el número de la de Dios no es Dios. El Espíritu Santo tiene una voluntad clara en el número de Dios (Romanos 8: 26-27). Por lo tanto, el Espíritu Santo no es Dios.

Conclusiones

La oposición a las doctrinas trinitaria ha sido continua desde que se estableció por primera vez en 325 dC Uno podría preguntarse por qué, sin duda, la Iglesia recurrió a la quema de John Biddle de lucha contra la Trinitaria escritos en lugar de debatir sobre ella en una forma académica, si la Iglesia tiene la certeza de que La doctrina es indiscutible y es, en efecto, una parte inherente de la fe cristiana.

John Biddle, Padre de los Anti-Trinitarianos Ingleses

     John Biddle  (1615-1662), educado en los clásicos y la filosofía en Oxford, se embarcó en una “investigación imparcial de las Escrituras” después que empezó a cuestionar la doctrina recibida de la Iglesia. Desde 1641-1645 Biddle fue director del Colegio Crypt, Gloucester. Fue durante este periodo que su estudio minucioso del Nuevo Testamento le causó que se convirtiese en un desafecto con la doctrina de la Trinidad. El asunto fue de tal naturaleza seria que los magistrados emitieron una orden para su arresto y encarcelamiento. Siguiendo un debate con el Arzobispo Ussher (famaso en cronología), Biddle resumió el resultado de su estudio del Cristianismo primitivo: “Los Padres de los dos primeros siglos, o por ahí, cuando los criterios de los cristianos estuvieron todavía libres, y no encarcelados con las determinaciones de los Concilios, afirmaron que el Padre era solo el único Dios.”

 

     Biddle se quejó de que el lenguaje filosófico Griego fue “primero incubado por la sutileza de Satanás en las cabezas de los Platonistas, para pervertir la adoración del verdadero Dios.” El Parlamento no perdió tiempo en ordenar que la obra de Biddle fuera quemada. En 1648 el gobierno Británico pasó lo que ha sido llamado la “Ordenanza Draconiana” para el castigo por muerte de “blasfemias y herejías,” dirigida a la afirmación de Biddle de que la doctrina Trinitariana introduce “tres Dioses, y así subvierte la Unidad de Dios, tan frecuentemente inculcada en la Escritura.” El Credo de Atanasio no es respuesta al problema: “¿Porque quién hay allí (si al menos se atreviera a hacer uso de la razón en su religión) que no vea que ésta (La Trinidad) es tan ridícula como si uno dijera, Pedro es un Apóstol, Santiago un Apóstol, y Juan un Apóstol; y a pesar de esto no hay tres Apóstoles sino un solo Apóstol?”

 

     En 1655 Biddle estaba internado en la prisión de Newgate por “negar públicamente que Jesucristo era el Todopoderoso o el Altísimo Dios.”

 

     Los partidarios de Biddle estuvieron prestos en señalar que todos los Cristianos deben ser considerados culpables de muerte por el último intento del parlamento para suprimir el anti-Trinitarismo, pues “el que dice que Cristo murió, dice que Cristo no era Dios, porque Dios no pudo morir. Pero cada Cristiano dice que Cristo murió, por tanto cada Cristiano dice que Cristo no era Dios.” 

 

     Una petición para liberar a Biddle lo describió como “un hombre, si bien difiriendo con muchos de nosotros en muchos grandes temas de la fe, ya sea por razón de su estudio diligente de la Sagrada Escritura, o por su soberbia e impecable conversación, con quien algunos de nosotros intimamos y de quien tenemos buen conocimiento, no podemos sino considerar toda manera posible para la libertad prometida en el Gobierno.”

 

     Aunque con sólo cuarenta y siete años de edad, Biddle había pasado diez años de su vida en prisión por su insistencia de que Dios era una sola persona. El murió en prisión en 1662, “una víctima de odium theologicum y de las condiciones asquerosas del lugar en donde él estuvo alojado.” Un biógrafo compasivo escribió del gran celo de Biddle para promover la santidad de vida y del modo de ser; pues este fue siempre su fin e intención en lo que enseñó. El valoró no sus doctrinas para la especulación sino para la práctica.”

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Los Antitrinitarios John Milton, Sir Isaac Newton, John Locke

Sir Isaac Newton

     El célebre poeta Inglés, John Milton (1608-1674), es menos conocido por su Treatise on Christian Doctrine (Tratado sobre la Doctrina Cristiana), el contenido del cual estuvo perdido del público por 150 años después de su muerte. Redescubierto en 1823, el tratado demostraba los argumentos bíblicos de Milton contra el Trinitarianismo Ortodoxo. Milton deseaba sólo:

 

Comunicar el resultado de mis investigaciones al mundo en general; si, como Dios es mi testigo, es con un sentimiento amable y benigno hacia la humanidad, que yo dé fácilmente una amplia circulación como sea posible a lo que yo estimo es mi mejor y más preciada posesión, yo espero encontrarme con una recepción sincera de todos los grupos…., aun cuando  muchas cosas debieran ser traídas a la luz las cuales inmediatamente serían vistas que contrastan con ciertas opiniones recibidas.

 

     El continúa con una súplica a “todos los amantes de la verdad” de que “prueben todas la cosas” a la luz de las Escrituras. Su único deseo es defender la Biblia en contra de la tradición:

 

Por mi propia parte, me adhiero a las Santas Escrituras solamente—-yo no sigo a ninguna herejía o secta. Yo ni siquiera he leído las obras de los herejes, así llamados, cuando los errores de aquellos que son reconocidos por ortodoxos, y sus incautos manejos de la Escritura, primero me enseñaron a concordar con sus adversarios siempre que estos adversarios concordaran con la Escritura.

 

     Milton construye su caso anti-Trinitariano sobre las explícitas declaraciones del credo unitario del Nuevo Testamento. Su argumento está caracterizado por una hermética lógica, un conocimiento minucioso de los idiomas bíblicos, y alguna frustración ante los intentos tradicionales de evitar la declaración unitaria de Pablo de que “no hay Dios, sino el Padre”: Es sorprendente con qué inútiles sutilezas, o más bien, con qué artificios malabáricos, ciertos individuos se han empeñado en eludir u obscurecer el significado completo de estos pasajes”.

 

     Milton está familiarizado con la gran variedad del argumento Trinitariano y su respuesta brinda una invaluable contribución a la discusión moderna.

 

     Sir Isaac Newton (1642-1727) y John Locke (1632-1704) son reconocidos por estar entre las mejores mentes del siglo diecisiete. Con Milton ellos protestaron por la creación de mistificaciones que no son halladas en la Biblia. Sus argumentos son “finalmente lógicos y con sentido común.” Ambos sostuvieron que la esencia del Cristianismo es el reconocer a Jesús como el Mesías, no Dios.

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El Debate Contemporáneo sobre la Preexistencia de Cristo

 John Knox

     El tema de la preexistencia fue el foco del ensayo iluminador de John Knox sobre la Humanidad y Divinidad de Cristo. Su principal punto es que “la aseveración de la preexistencia de Cristo colocó una tensión, por así decirlo, sobre la humanidad de Jesús el cual fue incapaz de soportar.” El prosigue para sostener que en el Evangelio de Juan la humanidad de Cristo es “en el sentido formal, afirmada ambiguamente, pero que en el hecho real ha sido transformada por su supuesta divinidad, como si ya no fuera más un varón propiamente dicho. Con estas palabras él refleja su objeción al retrato que tiene el apóstol Juan de Jesucristo. ¿Pero realmente Juan se contradice a sí mismo? Sólo si es interpretado según los credos posteriores. Si, en efecto, Juan pensó de Jesús como personalmente preexistente como Hijo, ¿acaso esto no niega automáticamente su real humanidad? Knox está convencido de que sí lo niega: “podemos tener la humanidad sin la preexistencia y podemos tener la preexistencia sin la humanidad. No hay absolutamente manera posible de tener a ambas.” Knox cree que “es simplemente increíble que una persona divina se hubiera convertido en una persona humana completamente y normalmente —esto es, si es que él también continuaría siendo, en su identidad esencial, la misma persona.”

 

     La figura tradicional de Jesús como la Encarnación de un Hijo preexistente es un problema agudo para Knox. El considera la Cristología ortodoxa como “mitad historia y mitad dogma, una mezcla de mitología y filosofía, de poesía y lógica, tan difícil de definir como de defender….Esto es verdad de la Cristología patrística generalmente (y por tanto de la Cristología formal que hemos heredado).”

 

     Estos asuntos han sido recientemente abordados por un número de distinguidos teólogos, que muestran que el problema antiguo de la naturaleza de lo divino y humano en Jesús está tan vivo como nunca.

 

     Knox considera que es una distorsión el desarrollo hacia el Cristo preexistente, que envuelve, nos guste o no, una negación de la completa realidad de la humanidad de Jesús. El señala que las protestas de los Padres de la Iglesia de que su Jesús era plenamente humano son menos que convincentes, porque “hay, en el caso de las palabras, no menos que con otras cosas, formas de quitar con una mano lo que uno acaba de dar con la otra. Uno puede afirmar la humanidad como un hecho formal y luego proceder así a definirla o describirla como negando su realidad en cualquier sentido ordinariamente aceptado.”

 

     En esta opinión él está completamente respaldado por Norman Pittenger quien hace el siguiente juicio importante sobre la Cristología patrística, la cual obtuvo su inspiración en gran parte de su lectura de Juan:

 

     En mi juicio una dificultad fundamental con la Cristología de la edad patrística es que mientras ella en teoría afirmaba la realidad de la humanidad de Jesucristo, de hecho, ella no tomó esa humanidad con suficiente seriedad…[curiosamente, ésta excluye a Pablo de Somosata de esta crítica.] La tendencia del  pensamiento Cristológico en la corriente dominante de lo que fue creído que era “ortodoxo” fue mucho más pesadamente  cargada sobre el lado de la divinidad que en la humanidad de  Jesús. La Cristología Ortodoxa, aun cuando los excesos de la enseñanza Alejandrina fueron un tanto contenidos en Calcedonia en el 451 AD, ha tendido hacia una humanidad impersonal que es, creo yo, una humanidad no genuina del todo.

 

     Este parece ser precisamente el problema. Pero Knox está equivocado de acusar a Juan por introducir esta distorsión. Juan no fue culpable de ninguna semejante disimulación sobre la humanidad de Jesús. Más bien, el problema radica con el malentendido de los Padres de la Iglesia Nicena, y algunos de sus predecesores, del “logos” de Juan y así del significado de la preexistencia. La posterior fórmula oficial de que Jesús era “hombre” pero no “un hombre” (que permanece en los libros del Trinitarismo tradicional hasta nuestros días) no refleja del todo la intención de Juan, pues no hay manera concebible de ser “hombre” excepto siendo “un hombre”.

 

     A la luz de estas consideraciones, no es difícil ver que el cargo de docetismo puede muy bien ser etiquetado a la definición ortodoxa de Cristo. Si ser humano significa ser un hombre, y la ortodoxia tiene que rehuir decir que Jesús era “un hombre,” tal vez esta crítica debería ser aceptada. Pero, ¿acaso Juan nos demanda a que creamos en un “Dios, el Hijo” preexistente? Muchos han pensado así, y se han ceñido a la creencia ortodoxa de la preexistencia a pesar de la peligrosa aproximación al “Apolinarismo” (i.e., una herejía que niega la humanidad de Cristo) en que puedan verse enfrascados. La reciente obra de tres importantes eruditos muestra no sólo la naturaleza aguda del problema sino que sugiere la manera para solucionarlo—una solución que no es nueva, aunque el crédito no es siempre dado por los escritores modernos a aquellos que en la historia de la iglesia primitiva habían ya señalado en la correcta dirección. La solución resulta de la exégesis de Juan que fue propuesta antes.