UNO, NADA MÁS

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

 

En el AT hay 5500 versículos que hablan de la singularidad de Dios, y escasamente  4 que hablan de una supuesta “pluralidad” de Dios, y me refiero, en el aspecto cuantitativo, es decir, “un dios en tres personas y que son distintas entre una y otra”. Hay dos explicaciones porqué esta última parte no tiene consideración de ser:

1. La manera de redactar de los judíos.

2. Dios habla a la congregación de huestes celestiales.

Si se discute sobre estos cuatro versículos una aparente “pluralidad” de Dios, creo que debiera discutirse de la manera que lo comenta  mi hermano Mario Olcese Sanguineti en uno de sus estudios, los 5500 versículos que hablan de la singularidad de Dios (Is. 44:24; 45:11-12).

La doctrina del AT. es monoteísta sin dar cabida a duda alguna, y eso se le pude preguntar a cualquier rabino judío conocedor de la ley mosaica que responderá con positiva rapidez.  El Mismo Señor Jesucristo, así lo reafirmó en el NT. (Mr. 12:29).

 Cristo jamás pronunció  que fuese “Dios”, el vino a presentar al Padre como el Hijo del Dios viviente, según     la revelación sobrenatural dada a  Pedro por el Padre, por lo que declaró el apóstol: «Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente».  Cristo afirmó sin ambages confusos  ni circunloquios que  el Padre era su Dios: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre y a vuestro Dios» (Juan 20:17).

El Shema (El Verdadero «Credo Cristiano») hebreo dice:

«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová Uno (Heb. «echad») es» (Deut. 6:3).

De esa manera, hemos visto con diáfana luz, que Dios es Solo Uno, y nada más.

En Gn. 1:1, la palabra «Dios» es «Elohim»  y es una palabra en plural en cuanto a forma y no en cuanto a número; esto último es aceptado con error grande de parte de los conciliadores Trinitarios, entre ellos, muchos cristianos, y por todos los católicos que hay esparcidos en el globo terráqueo: “Un Dios en Tres Personas Distintas”. 

    La palabra «Elohim» es conocida  como «plural de majestad», y expresa honor,  dignidad e intensidad:

«Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. . . » (Gn. 1:26).

 La palabra «Elohim» no sugiere en las Escrituras ni muestra ni da vestigios de un  dios que sea “trino”. La Biblia  presenta al Señor Dios y Padre que es Jehová como Único y Soberano (Det. 6:4; Is. 4:6; Ef.4:4-6; Jn.17:3).

Cuando Arrió erigió el dogma que hablaba de Cristo como un ser “creado”,  la iglesia romanista católica en defensa condena el arrianismo como herético llevándose a cabo esto en los Concilios de «Nicea» (325 d.C) y de «Constatinopla» (381 d.C) y quedando instituida la  peligrosa y pagana doctrina de la «Trinidad» que formaliza un Dios  que es  representado en tres personas distintas, “cohesionadas en un igual en la Deidad” (El Credo Niceno dice: «Credo in Spiritum Sanctum qui ex Patre per Filium procedit»: Creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre a través del Hijo) y que podemos apreciar con notable claridad en uno de los famosos «Credos Católicos» (torcidos y paganos que también enseña la fatal doctrina de la vida después de la muerte por medio del alma), para ser exacto, en el Credo Atanasio (léalo hermano y amigo que nos visita, aprenda a estudiar si no está acostumbrado hacerlo):

Credo de Atanasio

“Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. 

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el “Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señores el Padre, Señor es el Hijo, Señor (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede. 

Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad. 

Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Más aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.

 

Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse.”

La doctrina de la Trinidad, que ha hecho tanto daño al pueblo cristiano hasta estos momentos, se remonta a los griegos paganos, y fue desconocida por la Iglesia Prístina antes del Siglo IV d.C. Tertuliano de África era estoico, y fue el primero en mencionar el nombre de «Trinidad» dentro del ámbito cristiano, creyéndola además. Escribió en apoyo al dogma Trino: “una sustancia” y “tres personas”.

La Biblia no apoya para nada la mitología Trinitaria. Estas son las pruebas bíblicas que refutan su esencia oscura, pagana  y, por supuesto, satánica:

              «La Biblia dice que hay un solo Dios» (1 Tim: 2:25).

«La Biblia afirma que únicamente el Padre es Dios» (1 Co. 8:6).

«El Dios de Jesucristo es el Padre, por lo tanto, Cristo no puede ser Dios porque solo el Padre lo es» (Jn. 20:17; 1 Co. 8:6; 1 P. 1:3).

«Cristo dijo tener un Dios» (Mt.27:46; Ap. 13:2).

«Hay una diferencia clara entre el Padre  y  Jesucristo. Cristo admitió que su Padre era el Único Dios Verdadero y fue Él que lo envió al mundo» (Jn. 3:16; 6:29; 17:4).

«Jesucristo es Mediador y Hombre, mas no es Dios» (1 Tim. 2:25).

«La co-substancialidad (“igualdad”) de la Deidad como lo delineó la iglesia católica romanista es antibíblica porque Cristo dijo»: «. . . el Padre Mayor es que yo» (Jn.14:28).

«Cristo no es “omnisciente”, Dios sí, eso lo excluye ser Dios» (Lc.8: 43-46; Mr. 13:32; Hech. 1:6, 7; Ap.1:1).

«A Dios nadie lo ha visto jamás, a Cristo, muchas personas lo vieron » (Jn.1:14, 18; 1 Jn. 1:2).

«Cristo es el representante de Dios en el mundo (Jn.14:9).

«Cristo dijo que Dios moraba en él, con esto, es imposible que sea Dios Mismo» (Jn. 14:9).

Hay muchos más, pero creo, que para ahora, es suficiente con lo anterior.

Gracias.

Dios les bendiga siempre.

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¿Vino el Hijo del Hombre en las Nubes de Gloria en los Días de Vespasiano?

 

Los preteristas afirman que la destrucción de Jerusalén tomó lugar durante el reinado de Vespasiano, y que “ésta resultó en la audiencia del Hijo del Hombre ante el Anciano de Días tal como es hallado en Daniel 7.13,14, y recibiendo un reino y dominio que no pasaría o que no sería destruido. Vea abajo mientras damos una explicación del pasaje en Daniel 7. Esto no podría posiblemente corresponder a nada de lo que ocurrió en el primer siglo. Ante todo, Jerusalén tenía que haber sido el cuartel general de Jesucristo en la tierra desde el año 70 dC, y el milenio debería haber sido ya instituido en ese momento.

Eso no ocurrió. Todas las naciones de mundo debieron estar bajo el dominio de Cristo, Sus apóstoles, y la iglesia. Pero esto no ocurrió. Me doy cuenta de que los preteristas parciales usan el argumento de que todavía creen en una futura segunda venida del Señor más tarde, y que ven la “venida” de Cristo del  año 70 DC como una venida invisible del Señor “en juicio”. Pero ellos usan esta manufacturada “venida invisible del Señor “en juicio” como una chaveta para congelar muchos de los acontecimientos proféticos del tiempo del fin, que ellos conectan con esta así llamada “venida invisible”. Si ellos ciertamente creen en un futura segunda venida, entonces deberían admitir que Mateo 24.29-31 vincula esta venida del Señor con la conclusión del Gran período de Tribulación. La Biblia dice que “inmediatamente después de la tribulación” la señal del Hijo del Hombre (aparecerá) en el cielo (vs. 30). Y así,  es incorrecto substituir una “venida invisible” artificial “en juicio” en este punto en Mateo 24. La venida que se ubica inmediatamente después de la tribulación es la segunda venida que los preteristas parciales admiten que es aún futura. Esta conexión hace imposible que la tribulación haya ocurrido en el Año 66-70 DC.

www.yeshuahamashiaj.org

www.elevangeliodelreino.org

 

JOEL USÓ LA FRASE “CERCA A LA MANO” PARA UN EVENTO QUE SE CUMPLIRÍA UNOS 800 AÑOS MÁS TARDE—¡UN DILEMA PARA EL PRETERISTA!

Joel declara, “El día del Señor viene, pues está cerca a la mano” (Joel 2.1). Esto es aún más preocupante ya que el preterista acepta semejante cumplimiento tan retrasado de esta profecía (800 años más tarde después de que Joel lo escribiera, y no en la generación de Joel) mientras que rechazan cualquier posterior cumplimiento de otras profecías similares, como aquellas en Mateo y el Apocalipsis.

¿Cómo es que el profeta Joel pudo usar una frase como “cerca a la mano” para profetizar de algo que algunos preteristas creen que realmente no tomó lugar hasta cerca de 800 años más tarde? ¿Cómo es que “los futuristas” están errados en usar tales frases como “el tiempo está a la mano”, “vengo rápidamente”, “cerca a la mano”, pero está bien para los preteristas usar tales frases para un acontecimiento que no ocurriría por unos 800 años después? Usted no puede decir que “cerca a la mano” significa una cosa para las profecías del Antiguo Testamento y otra cosa para las profecías del Nuevo Testamento le como Apocalipsis 1:3.

¿Cuál es la diferencia entre 800 años y 2000 años en la vista de Dios? Le diré la verdad: Poco. Un día con el Señor es como mil años. Si está permitido de que Joel use la locución “cerca a la mano” para un acontecimiento que es centenares de años en el futuro luego es asimismo permitido que para apóstol Juan usar la frase “el tiempo está a la mano” (Apocalipsis 1:3) para acontecimientos que están aún incumplidos centenares de años más tarde.

El profeta Sofonías (quien profetizó entre 640-608 BC) también usó la frase “cerca” en su profecía. Él escribió, “Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. ” (Sofonías 1:14). ¿Cómo podrían ambos Joel y Sofonías decir que el día del señor estaba “cercano” siglos atrás, y no vino a pasar en su generación? ¿Supone usted que las locuciones “a la mano”, “cerca”, “en poco tiempo pasará”, podría tener un mayor significado en el lenguaje profético? Quizá los preteristas deben tomar otra mirada en estas locuciones, especialmente Apocalipsis 1:3. Mucho de su discusión para la profecía siendo cumplida en el primer siglo engonza en su interpretación incorrecta de tales locuciones como “a la mano” y “esta generación”, las cuales ellos han reinterpretado para acomodarlas a su diseño. Alguien olvidó decir a Joel y Sofonías lo que los preteristas creen.

¿QUÉ ACERCA DE MATEO 16:28 Y LA SUPUESTA VENIDA DE CRISTO EN EL AÑO 70 DC?

 

Td. Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Mateo 16.28 no puede ser sacado de contexto. Debe ser comprendido en relación a Mateo 16.27:

“Pues el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; Y entonces él recompensará a cada hombre según sus obras. Verdaderamente le digo, he aquí algunos que no probarán la muerte, hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en su reino”. – Mateo 16.27,28 KJV

Cualquier cosa que hagamos con Mateo 16.28, no lo podemos usarlo para representar alguna clase de “llegada” invisible “en juicio” en el 70 dC. ¿Si la llegada fuera “invisible”, entonces quién “la vería”?

La razón es que cuando Mateo 16.28 es tomado en contexto con Mateo 16.27 se hace evidente que Jesús no habla de una “llegada en el juicio” en el 70 DC. Jesús habla de Su regreso personal triunfante a la tierra al final de la edad (Nuevo Pacto). Él se refiere a Su regreso desde lo alto en el Armagedón. Y nadie seguramente opina que el Armagedón ya ha ocurrido. ¡Ciertamente no!

Jesús viene en “la gloria de su Padre con sus ángeles”. Esta venida gloriosa no ocurrió en el primer siglo y no hay confirmación bíblica u otra de que lo hizo. Éste es el regreso desde lo alto, cuando, como Juan escribió, “todo ojo le verá, y aquellos también que le traspasaron: Y todos los pueblos de la tierra gemirán por él” (Apocalipsis 1.7). Además, la iglesia habría sido ya arrebatada para encontrarse con el Señor en el aire (es decir, si usted sostiene una posición pre y post tribulacionista, concordará que ver venir al Señor sería sinónimo a ser arrebatado para encontrarse con él cuando él venga en las nubes del cielo). La edad de la iglesia habría fenecido y habría un gobierno e iglesia reinante con Cristo aquí personalmente en la tierra en el Milenio. El reinado milenario presupone más que simplemente una venida espiritual, invisible. Revelación 5.10 dice que reinaremos en la tierra con él. Pablo dice que nosotros aún no tenemos nuestras coronas pero un día la recibiremos (2 Tim. 4.8). ¿Cómo podríamos reinar ya en el milenio sin haber recibido nuestras coronas, y haber descendido a la tierra con él a reinar? ¿En qué momento ocurrió esto?

Además, en la venida del Señor mencionada en Mateo 16.27 las recompensas son dadas a “cada hombre según sus obras”. ¿Han sido las recompensas ya distribuidas?

Si Mateo 16.28 guarda relación con la “llegada en juicio” en el 70 dC, ¿dónde entonces está Mateo 16.27 (el verso de arriba) en el 70 dC?

¿Fueron las coronas ya entregadas en el primer siglo? ¿Fueron las recompensas ya entregadas en su venida donde algunos – supuestamente – estarían vivos y viviendo en ese siglo? ¿Y dónde deja esto al resto de la iglesia del Nuevo Testamento de los siglos subsiguientes? ¿Serán las recompensas distribuidas dos veces, una vez para la venida invisible, y otra, más tarde, cuando el resto de iglesia sea arrebatada en Su genuina segunda venida visible?

Casi la descripción exacta de esta venida es dada en Mateo 25.31,32, “Cuando el Hijo del Hombre vendrá en su gloria, y todos los ángeles santos con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria: Y ante él serán recogidas todas las naciones: Y él las separará unas de otras, como separa el pastor sus ovejas de las cabras “.

Ésta no es una “venida” del año 70 DC “en juicio”. En el 70 dC, el Señor no regresó con Sus santos ángeles, según alguna evidencia que tenemos. El Señor no se sentó a gobernar las naciones en el 70 dC. Así es que podemos establecer que esta venida “en gloria de su Padre con sus ángeles” no ocurrió en el 70 dC. Algunas de las epístolas fueron escritas después de 70 dC (ver 1,2,3 de Juan). ¿Por qué no mencionaron ellas de esto? ¿Por qué algunos de los padres apostólicos, que conocieron a los apóstoles personalmente, no mencionan esto? ¿Por qué no fue la desaparición del gran apóstol Juan notado si él permaneció vivo hasta la venida invisible y luego desapareció? Tenemos una cierta cantidad de escritos de hombres que conocieron a estos apóstoles.

Finalmente, una buena cantidad de teólogos cree que efectivamente se cumplió la predicción a los pocos días de anunciada, cuando algunos de los apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) vieron el rey del reino venir en su transfiguración gloriosa (una parusía anticipada), y con él, su reino, siendo acompañado de dos insignes héroes de la fe del AT. No olvidemos que la gloria del rey presente ante ellos era la presencia de la misma gloria del reino en la tierra. El reino había llegado con la presencia del rey, y en la transfiguración la venida del rey en toda su gloria era la venida (temporalmente) también de Su reino. Sin embargo, la venida del reino de Dios permanecería como una esperanza para la parusía de Cristo en las nubes del cielo con los ángeles de su poder (Tito 2:13; Mat. 25:31-34).

LA GRAN TRIBULACIÓN NO PUEDE CALZAR EN EL PRIMER SIGLO

 

 
 
 

 

 

 

 Td. Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

 

Un estudio de la Gran Tribulación (“el Tiempo de la angustia de Jacob” según Jeremías 30.7) demuestra que este período no ocurrió en el primer siglo. Hay un número de razones porqué la Gran Tribulación, como está descrito para nosotros en las Escrituras, no pudo haber tenido lugar en el primer siglo, y no podría haber tenido lugar, dado el historial que tenemos. Está mal intentar “forzar” el cumplimiento de esta profecía para el primer siglo (70 DC) si ciertamente no ocurrió durante el primer siglo.

Algunas razones porqué La Gran Tribulación (El Tiempo de angustia de Jacob) no puede calzar en el Primer Siglo, son:

(1) No hubo “bestia” en el primer siglo que causó que todos los habitantes de la tierra reciban una marca en su frente o en su mano derecha a fin de que pudiesen comprar o vender (Apocalipsis 13.15-18). Tal mandato para los judíos habría causado un disturbio de gran escala por la prohibición Bíblica en contra de recibir marcas en la carne (Levítico 19.28). La capacidad tecnológica no existía.

(2) No hay informes históricos del ministerio de los Dos Testigos, con los asombrosos signos milagrosos del Antiguo Testamento hechos por ellos, fuego siendo invocado al cielo, el agua en sangre, plagas sobre las la masas de la humanidad, etc. (Revelación 11.3-7).

(3) No hay informes históricos del asesinato público de estos Dos Testigos en la ciudad de Jerusalén en el primer siglo, el cual fuera presenciado y festejado en todo el mundo por las naciones (el Apocalipsis 11.8-11). Las comunicaciones y la habilidad tecnológica no existían entonces como hoy.

(4) No hay informes históricos de la resurrección pública de estos Dos Testigos (Apocalipsis 11.11,12).

(5) No hay informes históricos de un gran terremoto en Jerusalén inmediatamente después de la ascensión y resurrección pública de estos Dos Testigos, lo cual es un acontecimiento público.

Hay muchos otros acontecimientos notables profetizados para que ocurran durante el período de tiempo de la “gran tribulación”. Si esto ya ocurrió en el primer siglo, deberíamos esperar alguna prueba histórica relacionada con esto, aparte del informe corrompido del adulador romano-Judío Josefo, que (aun con sus interpretaciones católicas) no satisface ninguna de estas profecías.

ELENA WHITE Y SU ABOMINABLE RACISMO

Ellen G. White

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

 



El racismo o discriminación racial, es una forma de discriminación de las personas recurriendo a motivos étnicos, raciales, de color, linaje u origen nacional, de tal modo que unas se consideran superiores a otras. El racismo tiene como fin intencional o como resultado, la disminución o anulación de los derechos humanos de las personas discriminadas.[1] Apareció en Europa en el siglo XIX para con el fin de justificar la supremacía de una supuesta “raza blanca” sobre el resto de la Humanidad.


La antigüedad [editar]


Si bien era habitual que las culturas antiguas manifestaran rechazo y desprecio hacia otros pueblos y hacia los extranjeros, el racismo como tal, es un concepto moderno que tiene sus primeras manifestaciones en Europa y las colonias españolas en América, durante la Edad Moderna.


En la Grecia clásica estaba vigente la discriminación al extranjero pero no por su aspecto “racial” o fenotípico. Los grandes filósofos griegos reconocían en los egipcios (a los que describían como negros) a representantes dignos de la civilización. En la Edad Media las personas negras estaban asociadas a la riqueza del mundo islámico y numerosos santos fueron negros, mientras que, hasta la Edad Moderna, los cristianos persiguieron a los judíos por su religión, y no por atribuirles una condición étnica o “racial” (Tomado de Wikipedia).


En EUA, el racismo es visto en el grupo denominado KKK (Ku Klus Klan) y que fue fundado en el año 1865 por excombatientes confederado de la guerra civil, la de Secesión. Esta asociación promocionó desde un inicio la supremacía de la raza blanca, el antisemitismo, el racismo, el anticatolicismo, la homofobia y el nativismo.


No se puede pasar por alto el racismo extremo y enfermo del siniestro y maligno Adolfo Hitler, que persiguió judíos para exterminio y también para experimentación con la finalidad de hacer surgir la raza perfecta, la aria, la llamada raza pangermánica, a través de manipulación genética.

Los pobres judíos sufrieron atroces y vergonzosas muertes por la crueldad de los experimentos que se llevaron a cabo en ellos, en los campos de concentración de Auschwitz, en Polonia, cuando se desarrollaba una de las más grandes y pavorosas orgías de locura, de sangre y muerte que la humanidad ha presenciado: La Segunda Guerra Mundial.


Los escritores tampoco han pasado por alto la discriminación racial: Howard Phillips Lovecraft. Genial escritor del género de Horror, poeta místico-oscuro, norte americano, nacido en 1890, en Providence, capital de Rhode Island, notable racista que considera a las personas de color negro como «agentes sub- humanos», «unas bestias», como veremos abajo en uno de sus poemas donde muestra elevados y absurdos prejuicios en contra de ellas:


Cuando tiempo atrás, la Tierra por dioses fue creada; A imagen y semejanza de Júpiter al incipiente Hombre moldeaban. Para tareas menores las bestias fueron creadas; Aunque de las especies humanas muy alejadas estaban. Para llenar el vació y unirlas al resto de la Humanidad, Los anfitriones del Olimpo ingeniaron un astuto plan. Una bestia forjarían, una figura semi humana, Colmada de vicios, y “negro”, fue llamada.


Qué decir de Charles Darwin, consumado racista pseudo científico que aseveró que las personas negras y los aborígenes de Australia son idénticos a los gorilas y que los individuos europeos blancos pertenecen a la mejor de las razas humanas (los más “avanzados”, según él). A decir verdad, las hipótesis de Darwin no se anclan en ningún descubrimiento o experimento científico. Por otro lado, él jamás llevó estudio formal y personal en biología científica.


Más que una ciencia, la Teoría de la Evolución Darwinista, es una filosofía, porque se “fundamenta” en especulaciones subjetivas, en situaciones y conceptos no demostrados. Por lo tanto, deja mucho que desear para tomarla como una verdad seria. Es conocido, que el pensamiento occidental influyó en la estructuración de la filosofía racista en la última parte del siglo XIX. Surge por esto el Darwinismo Social, emanado de la Antropología Social que aplica las ideas teóricas de Darwin de «la lucha por la vida y la supervivencia del más apto».


El racismo también es visto en al arte, como fue en el europeo del siglo XIX. Las ideas antisemitas de Richard Wagner son hechas manifiestas en sus grandes obras, una de ellas, es la ópera «El Anillo del Nibelungos».


Formas del racismo contemporáneo [editar]


Históricamente, el racismo ha servido para justificar crímenes contra la humanidad como el genocidio y diversas formas de dominación de las personas como la esclavitud, la servidumbre, el colonialismo, el neocolonialismo y el imperialismo. El racismo suele estar también relacionado con el etnocentrismo, el chauvinismo y la xenofobia. Por ejemplo, Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarianismo, señaló que la ideología racista conocida como “racismo popular”, que se desarrolló a fines del siglo XIX, se usó para legitimizar la conquista imperialista de territorios extranjeros y los crímenes que le siguieron, tales como el genocidio de Herero y Namaqua (1904-1907) o el genocidio armenio (1915-1917) (Tomado de Wikipedia).


El caso, no termina aquí, lo más triste, que el cruel racismo también ha hecho intromisión en los asuntos religiosos y Elena White, la pseudo profetiza y “diosa” del Adventismo del Séptimo día, se encargó que en su secta fuera de esa manera, engañando exquisitamente a muchas de las personas que componen el grupo adventista:


“Pero si hubo un pecado, por encima de cualquier otro, que requería la destrucción de la raza por medio del diluvio, fue el crimen degradante de la amalgama del hombre y la bestia, un crimen que desfiguró la imagen de Dios y causó confusión por todas partes.” Spiritual gifts (Dones espirituales), tomo 3, página 64, 1864. En este pasaje, Elena White hace saber falsamente y con descaro que es posible la unión dos especies deferentes para dar un clase extraña de producto genético, vivo, contrario al designio Divino; un producto degradante a causa de la «amalgama» o unión entre un hombre y un animal o bestia (¿?). Ella no alude o insinúa, sino que asegura con claridad notable y asombrosa que este pecado, mayor que cualquier otro, «desfiguró la imagen de Dios» que causó la condena del mundo antiguo y su destrucción por medio del «Diluvio Universal» (Gn. cap. 6). Para ser bien exactos, la Biblia no dice nada acerca de esto. Tan solo es una falaz idea de parte de Elena White. Moisés, bajo Inspiración Divina (no como White), escribe, que, cuando los hombres empezaron a multiplicarse sobe la faz de la tierra les nacieron hijas, y que los «hijos de Dios», al verlas hermosas, escogieron las que desearon. Más a adelante, Moisés escribe también que en la Tierra habitaban «gigantes», producto de la relación de los «hijos de Dios» con las «hijas de los hombres» (Cap. 6, libro del Génesis). Para empezar, cuando Moisés habla de los «hijos de Dios», se refiere con gran seguridad a la descendencia humana proveniente de Set, cuyo nombre significa «sustitución». Vemos el texto que habla de este hijo concebido por Adán y Eva, después de ser asesinado Abel por su hermano Caín, tercer hijo de la primera pareja humana nacido antes de la destrucción del mundo por el Diluvio (Gn. cap. 4, de la Biblia Plenitud, Reina Valera, NVI):

«Adán volvió a unirse a su mujer, y ella tuvo un hijo al que llamó Set, porque dijo: «Dios me ha concedido otro hijo en lugar de Abel, al que mató Caín». También. Set tuvo un hijo, a quien llamó Enós. Desde entonces se comenzó a invocar el nombre del Señor» (Gn. 4:25). Desde entonces, a partir de Set, se logra una línea familiar de personas humanas que buscó el rostro del Señor y que fueron llamados por tal causa «hijos de Dios», según Gn.6:1, 4, línea que está en contraposición con los perversos e infieles descendientes de Caín. Los «hijos de Dios» dieron hombres «gigantes» (Gigante o «nefilim», palabra hebrea cuyo significado es incierto, que sugiere dos derivaciones: (1) «Separados», del verbo hebreo «palah», que significa estar separados, ser distinto; o (2) «los caídos», del verbo «nafal», que significa caer. Estos seres «caídos» o «nefilims», eran las personas de la antigüedad que estaban separados del camino de Dios. La palabra «nefilim», así lo indica.

 

La Biblia dice que en los tiempos antiguos había hombres de gran estatura: Nm. 13:31-33; Deut 2:20. Los «gigantes» que menciona el cap. 6 del Génesis, fueron famosos héroes de antaño, «de renombre», que desaparecieron con el Diluvio. No es factible en lo absoluto que hayan sido originados por una unión sobrenatural (angélica-humana). Esto lo comprobaremos próximamente.

 

Muchas personas piensan que los «hijos de Dios» de Gn. 6:1, 4 son ángeles de oscuridad, seguidores del Diablo, que se rebelaron contra Dios en la Eterna Gloria y que una vez caídos en el mundo se unieron con las hermosas hijas de los hombres procreando a estos seres «gigantescos». La ofensa a Dios que incitó a Dios para juzgar la Tierra a perecer en agua, fue, que, los Hijos de Dios, santos y piadosos, cohabitaron con las «hijas de los hombres» que procedían de la estirpe cainita, cuya descendencia fue sensual, egoísta e impía, extraña al mandato divino (Gn: 4:16-24).

 

Es cierto que en el libro de Job se les llama a los ángeles sobrenaturales «hijos de Dios» (Job. 1:6), pero se deberá tener en cuenta que los ángeles de Dios son asexuales (carecen de órganos sexuales), siendo completamente imposible que hayan tenido relaciones íntimas con las «hijas de los hombres» para dar a los «hombres de renombre» de la antigüedad. Dios no los creó para que se reprodujeran sexualmente. El Señor Jesucristo lo confirmó bien claro para no dejar duda alguna en el asunto:


«Los hijos de este siglo se casan y se dan en casamiento, pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento, porque ya no pueden morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección…» (Lc. 20:34-36).


Los ángeles del cielo, son una «compañía» y no una raza (Heb. 12:22). No hay ningún versículo bíblico que diga que existan «los hijos de los ángeles». Entre los ángeles no hay un sexo que los define como seres masculinos o femeninos. Aunque el término «ángel» aparece en la Biblia en género masculino, también se aplica a los seres donde no hay ninguna diferenciación sexual.


La creencia quimérica de que era posible el cruzar un ser humano con un animal para dar una especie diferente se difundió en le siglo XIX. Genéticamente, esto es imposible; no hay fundamentos científicos que la respalden. Es una mentira atroz y garrafal, producto de algunas mentes depravadas y racistas, como la de Elena White.


Hemos explicado, con «Biblia en mano», que la causa del Diluvio no fue por la unión de hombres con bestias que dieron lugar a monstruosos engendros, «un crimen que desfiguró la imagen de Dios y causó confusión en todas partes», como lo “argumentó” Elena White en sus supuestos escritos “inspirados por Dios”. El Diluvio Universal, más que nada, fue a causa, como estudiamos antes, de la unión de la descendencia humana de Set, que buscó a Dios en un principio, con la descendencia humana cainita y que seguía el oscuro rumbo de la maldad y de la perversidad, alejada del Creador. Esto fue suficiente para que la ira de Dios fuera desatada, «. . . por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua. . .» (2 P. 3:6).


Y por si fuera poco, Elena White continúa su gran insensatez e inclemente pensar con elocuencia y soberbia:


“Cada una de las especies de animales que Dios había creado fue preservada en el arca. Las especies confusas que Dios no creó, y que eran el resultado de la amalgama, fueron destruidas por el diluvio. Desde el diluvio, ha habido amalgama entre hombres y bestias, como puede verse en la interminable variedad de especies de animales y ciertas razas de hombres.” Spiritual gifts (Dones espirituales), tomo 3, página 75, 1864

 

Elena White presume con bastante error en el escrito anterior que es posible en estos tiempos postdiluvianos aun ver un “producto violentado en su naturaleza”, “especies confusas”, como las llama White y que «puede verse en la interminable variedad de especies», y también, afirma descabelladamente, en «ciertas razas de hombres».


Uriah Smith publicó en 1869, en defensa del prejuicio racial de la líder y profeta adventista Elena White, un escrito que manifestaba que el producto de la unión de seres humanos con bestias había dado o creado los “bosquimanos salvajes de África”.


Otras personas que integran el grupo adventistas, creen que los escritos de Elena White al respecto, van dirigidos a las personas de color negro. Más tarde, surgió una defensa pueril del pensamiento racista de Elena White, sosteniendo que los hombres antiguos por medio de manipulación genética pudieron crear formas biológicas aberrantes en sus laboratorios. No hay nada en la Biblia que insinúe tan siquiera tamaña y asombrosa mitología, e históricamente, no hay pruebas objetivas que confirmen esto (estoy seguro, que ni las habrá nunca jamás).
Esta idea, para ser sincero, es digna para una novela de ciencia ficción que al compararse con las geniales historias de H. G. Wells y Arthur Clarke se ven tan solo como un simple «cuento de niños».


La Biblia dice que Dios hizo al hombre a su «imagen y semejanza» (Gn. 1:26). La palabra «imagen» resalta la representividad, y la segunda palabra, «semejanza», la similitud. El hombre, es una reflexión de Dios. No indica la naturaleza física del hombre, sino a la naturaleza moral y espiritual del género humano. Así, los racistas, están presionados y comprometidos muy seriamente con esta verdad bíblica.


Dios creo la humanidad, independientemente de las razas que la integran hasta el día de hoy, para tener comunión con ÉL. El cuerpo humano tiene la función única para dar expresión a su identidad espiritual y moral. Sea éste blanco, negro, amarillo, rojo o “azul”; para Dios, todos son iguales (Biblia de Estudio, RV, Siglo XXI).


Ninguna raza es más apta que otra, mejor o peor. Las diferencias físicas de cada persona, son el resultado de la adaptación de las diferentes áreas o partes del mundo en que habitan.


El cuento antropológico de que la raza negra fue la primera en aparecer por hominización («transición evolutiva de los primates a seres humanos») contradice erradamente la adaptación de los seres humanos a ciertos climas. Por ejemplo, en las regiones ardientes del globo terráqueo, los seres humanos han podido oscurecer, necesariamente, sus pieles al producir una mayor cantidad de melanina (La melanina, es un pigmento de color negro o pardo negruzco que existe en forma de gránulos en el citoplasma de ciertas células de los vertebrados y al cual deben su coloración especial la piel, los pelos, la coroides, etc.) para protegerse de los quemantes rayos del sol, esta adpatcion se ha logrado a través de mucho tiempo. Inversamente, en los climas extremadamente fríos, como en el norte de Europa, la cantidad de melanina disminuye y el resultado son pieles de color blanco.


El color distinto de las personas se debió a la migración de de los grupos humanos de la antigüedad para poder establecerse en zonas más benignas pero otros lo hicieron en zonas tórridas, como ejemplo tenemos, el continente africano.


De esta migración o dispersión la Biblia habla:


La primera civilización histórica fue establecida por Nimrod en la Tierra de Sinar, al Sur de Mesopotamia, dispersándola Dios por todo el mundo al confundir su lenguaje común para dar origen a las diversas naciones gentiles (Gn. cap. 11).


Tampoco la raza negra es causa de la maldición emitida por Noé a su hijo Cam cuando «vio la desnudez de su padre» («maldición» que recayó sobre su hijo Canaán, cuya descendencia, los cananeos, nunca fueron conocidos como personas de raza negra). La consecuencia de esta «maldición» consistió en la conquista de la Tierra de Canaán por la descendencia de Sem (Gn.9:18-27). Así de simple es el asunto.


El mundo seglar y su «negro racismo», ha tratado de desacreditar la igualdad de algunos seres humanos de las distintas razas y que han sido hechos a «imagen y semejanza de Dios» en base a elucubraciones filosóficas de la limitada y retorcida razón humana y en teorías de ficción pseudo- científica que carecen de cimientos convincentes.


Para terminar, concluyo diciendo que Elena White y compañía, tendrán que ser muy astutos en el Día del Juicio para justificar su detestable pensar racista ante el Creador (irónicamente, lo digo).


¡Ni la religión se ha salvado del racismo de los hombres y mujeres abominables!

LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ DICEN NO A LA INTERNET… ¿POR QUÉ NO?¿QUÉ TEMEN QUE SE SEPA?

LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ DICEN NO A LA INTERNET… ¿POR QUÉ NO?¿QUÉ TEMEN QUE SE SEPA?

La sociedad Watchtower de los Testigos de Jehová insta a sus miembros a que no naveguen por internet porque allí publican los apóstatas, es decir, quienes se oponen a las enseñanzas del Cuerpo Gobernante de la Watchtower de los Testigos de Jehová.

Esta es una falsa excusa que esgrime la Watchtower, pues existen otros motivos ocultos para su negativa, y es que la Watchtower no quiere que la gente común, y menos aún, sus miembros, se enteren por internet de su oscuro pasado que los ensombrece.

Ver el Vídeo que sigue:

http://es.youtube.com/watch?v=IanZv2DW2Qk

Testigos de Jehová (¡No al internet!...¿Por qué no?)

¡PERO YO ME SIENTO FELIZ EN MI RELIGIÓN!…¿POR QUÉ DEBERÍA CAMBIARLA?

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

“Hay camino que al hombre parece derecho; empero su fin son caminos de muerte” (Prov.14:12)

¿Realmente todos los caminos conducen a Roma?

¿Cuántas veces hemos escuchado a gente decir que todos los caminos conducen a Dios, con tal que uno los ande con sinceridad y rectitud? Pareciera que lo importante es la sinceridad y no las formas y las creencias…simplemente sé sincero y adora a tu Dios, como quieras llamarlo, o creerlo, y serás salvo. ¿Pero es realmente posible aceptar este criterio muy popular y aparentemente válido y sensato? Bueno, si nos basamos en lo que dicen las Escrituras (La Biblia), la respuesta es un absoluto NO.  Y es que la verdad es una. Por ejemplo, si la pared de mi casa es crema, entonces no puede ser verde, marrón, café, beige, o cualquier otro color diferente. A usted le puede gustar el color verde y no el beige, pero no puede decir que la pared de mi casa es verde…verde no es igual a beige. La verdad, por tanto, es una también en este caso. Si Dios es UNO, entonces no puede ser DOS, TRES, O UN MILLÓN DE DEIDADES. Deuteronomio 6:4 dice que Dios es UNO, y UNO no admite dos, tres o más dioses. Así que partiendo de este principio, cualquier religión que enseñe una pluralidad de deidades no es verdadera. Esto es así, lógicamente, bajo la lupa de la Biblia. Así que si uno es un cristiano genuino, no puede decir que todas las religiones son buenas, con tal que se las practique con fervor y honestidad. ¡Esto, simplemente, no tiene sentido!

El único camino que conduce a la eternidad con Dios

Jesucristo fue exclusivo y excluyente, pues fue enfático al decir: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Ahora bien, ¿diría Cristo que todos los caminos son iguales con tal que se transiten con sinceridad y fervor? ¡De ningún modo! El no creyó que la verdad  pudiese estar repartida en tantas diferentes ideas, criterios, y pensamientos de los hombres. Su verdad era única, y de hecho él era la verdad encarnada…la única verdad que puede iluminar al hombre para que éste pueda llegar a conocer al único Dios verdadero que es el Padre celestial (Juan 17:3). Esta terminante declaración de Cristo nos hace sentir que no podemos engañar a la gente diciéndole, “anda, sigue con tu fe, cualquiera que ésta sea, con tal que seas honesto y fervoroso en ella”. Esto sería una gran irresponsabilidad y un serio pecado de nuestra parte si en verdad nos consideramos cristianos auténticos. Sin embargo, usted puede encontrarse con muchos que profesan supuestamente la fe cristiana que se reúnen simultáneamente con grupos que poco o nada tienen de cristiano, pero sí mucho de pagano. Sé de muchos que son católicos romanos, y aun protestantes, que profesan admiración por las ideas del Dalai Lama, de Buda, de Confucio, de la Nueva Era, de la cientología, etc. ¡Increíble! En realidad no sé qué puede significar para tales individuos su fe “cristiana”.

Con toda razón, pues, yo me sentía pasmado cuando veía al Papa Juan Pablo II abrazando a los representantes de otras religiones, y sentándose con ellos y hasta besando sus libros sagrados. Realmente todo un escándalo!

Tolerancia a todas las religiones, pero…

Es necesario que el cristiano mantenga una posición sensata frente a las demás religiones. No es posible que en el nombre de la religión se esté matando a la gente. Da vergüenza escuchar que aún existen conflictos bélicos entre “cristianos” y musulmanes, y también de otras religiones, en algunas regiones de nuestro planeta. El hecho de que haya otros que no compartan nuestra fe no es motivo para que los asesinemos. Sin embargo, debemos ser claros en nuestra postura cristiana, y no permitir la entrada de criterios religiosos foráneos que puedan adulterar nuestra prístina fe, en una suerte de “sincretismo cristiano”, y apartar así a la gente del único camino que conduce a la vida eterna, que es Cristo, nuestro Señor.

Hoy vemos un apartamiento del camino antiguo y angosto que es seguro y firme por otros más amplios y cómodos, pero de tierra y arena, y que no conducen a ningún sitio sino a un abismo de tinieblas. Jesús habló de dos caminos, y él fue claro al decirnos que el camino angosto, el camino difícil, el camino que requiere nuestro equilibrio y nuestra sobriedad para poder transitarlo con seguridad, es el que nos lleva a la vida eterna…¡no es el cómodo y ancho como muchos suponen!

También vemos esa misma desviación en el protestantismo de hoy, cuando evangélicos que antes eran abiertamente opuestos a los dogmas y prácticas católico-romanas, hoy son copartícipes con ellos de sus desvíos. Hoy se cree que uno puede salvarse siendo un buen Testigo de Jehová, un buen Mormón, un buen Pentecostal, un buen Adventista, un buen Opus Deiano, un buen Católico, un buen Luterano, un buen Anglicano, un buen Metodista, etc, etc, cuando en realidad no todos están de acuerdo en sus prácticas y doctrinas por la rivalidad y desunión que existen entre ellos. Pero como dije antes, nuestro salvador es Jesucristo, no una denominación en particular. Uno no necesita ser miembro de una organización religiosa para sentirse a salvo. Jesús no vino a formar un imperio religioso, con sedes centrales, y representantes superiores y sacrosantos.  Su iglesia fue tan sencilla y humilde como lo fue él durante su permanencia en la tierra. El dijo que donde hubiese dos o más personas reunidas en su nombre, él estaría en medio de ellas. Así que mi casa, tu casa, y la casa de tu amigo, puede ser una pequeñita iglesia en donde Cristo participa e imparte bendición.

Una actitud sabia para la unidad

Así que Cristo es nuestro Señor y guía, y él, a través de Su Palabra, nos instruye sobre lo que debemos creer y hacer para ser aprobados por Su Padre. Ahora bien, es cierto que la libertad que todos tenemos en Cristo nos permite escudriñar las Escrituras sin los dictados de nadie, aunque claro, se requiere más que buenas intenciones para entenderla cabalmente. No todos sabemos Griego, Hebreo, Arameo y las figuras de dicción de la Biblia, carencias éstas que nos pueden inducir a una mala interpretación de las Escrituras. Así que podemos estar abiertos a los eruditos y escuchar lo que nos tienen que decir, pero sin coerción ni dogmatismos. Tenemos que investigarlo todo y retener lo bueno o lo que es evidentemente claro e indiscutible. Lo difícil lo podemos dejar para otra ocasión y no tratar de ahondar sobre cosas que los indoctos tuercen. Y como Pablo bien lo dijo, “conocemos en parte…pero cuando venga lo perfecto, lo que es en parte cesará” (1 Cor. 13:9,10). Desgraciadamente las iglesias se han apartado unas de las otras, y han inventado logos distintivos, y han escrito sus catecismos, sus dogmas de fe, y han elaborado ritos y prácticas que no se encuentran por ningún lado en las Escrituras. Esto es un problema que ahonda más las diferencias entre las iglesias, cuando en realidad en el primer siglo los cristianos sólo conocían las prácticas de la comunión, el bautismo, la confraternidad, las oraciones, el ayuno…y todo esto realizado sencillamente pero con suma solemnidad.

La Involución de la Iglesia en este siglo XXI

En este siglo XXI la iglesia ha involucionado y se ha convertido en una empresa familiar, donde el esposo es el pastor, y la esposa, la co-pastora. Ahora la iglesia se llama “Pedro y Juanita Gonzáles Ministries” o “John & Judy Myers Ministries” que están volviendo millonarios a sus pastores con el cuento de la “semilla”. Estas iglesias, aunque se llamen “cristianas”, no están siguiendo el camino trazado por Cristo, que es el camino difícil, el camino angosto, el camino del sufrimiento, de las carencias, de las persecuciones, del oprobio, de la burla, y mil cosas más. Hoy, las casas-iglesias han dado paso a las multimillonarias mega iglesias, las cuales han convertido el camino angosto de Cristo en un camino de confort y de placeres, de la buena música, de los eminentes oradores que ofrecen la prosperidad automática para todos para esta vida presente… es, sin duda, el camino del cristianismo fácil y práctico, sin mayores demandas que ser fieles a los diezmos y ofrendas “para el avance del evangelio”. La tarea de predicación recae ahora en sus líderes, y son ellos los llamados a predicar y a administrar “la hacienda” de Dios…mientras que la gran masa de “creyentes” sólo tiene que abrir sus bocas para recibir sus alimentos espirituales de parte de los intocables y sacrosantos “ungidos”. ¡No amigos, no todos los caminos conducen al reino de Dios!

No queda otra cosa que volver al modelo de la Iglesia Primitiva

Si queremos saber cómo debe ser la iglesia según los estándares del Señor, tenemos que examinar cómo vivieron los cristianos del siglo I en el NT. Esto, claro está, no significa regresar a la época de la carreta. Muchos Testigos de Jehová llegan al extremo de decir que ellos son la única iglesia verdadera, porque según la Biblia, los primeros cristianos predicaron casa por casa, y ninguna iglesia hace esto hoy, sino sólo ellos. Esta lógica es extrema y ridícula, porque en primer lugar, los mormones también predican de casa en casa, y esto no los hace auténticos cristianos por las razones que todos conocemos bien. No podemos llegar a extremos, porque de hacerlo, no podríamos vivir en la comodidad del siglo XXI alegando que los cristianos del primer siglo carecieron de ella. Pero creo que podemos recuperar algunos aspectos de la vida y prácticas de los cristianos del siglo I, como es su culto de adoración, sus expectativas futuras, su posición frente al estado o el gobierno, su discernimiento frente a las herejías que hasta hoy perduran, sus prácticas de caridad y de solidaridad, y cosas como éstas.

Finalmente, la satisfacción no es garantía de seguridad

Así que si usted cree que está agradando a Dios simplemente porque se siente bien en su religión, usted puede estar cavando su propia sepultura. Me acuerdo de un señor que me decía que cada vez que fumaba su cigarrillo se sentía muy bien y relajado, pero después se dio cuenta, ya tarde, que ese relax temporal que le brindaba el cigarrillo finalmente lo mataría en 3 meses, al diagnosticarle el doctor  un cáncer terminal en el pulmón.

Amigo, uno puede sentirse bien en su religión, pero uno debe preguntarse seriamente qué es lo que le hace a uno sentirse bien en ella. Algunos dicen que van a la iglesia porque se sienten bien escuchando un buen sermón, o porque hay buenas alabanzas, o porque hay muy buenos amigos y amigas, y potenciales socios. Otros van a su iglesia porque es nueva, grande, con asientos cómodos y acolchados, pastores o clérigos simpáticos; o porque allí asiste su novia  o su potencial enamorada, o porque asiste lo mejorcito de la sociedad. Sin embargo, una buena y muy válida razón para asistir a la iglesia es para edificarse mutuamente a la fe y a las buenas obras, como dijera Pablo (Heb. 10:24). Si es esta la razón que nos hace sentir bien en nuestra iglesia, entonces la cosa cambia. Yo me siento contento en mi iglesia porque me edifica y edifico a otros en la fe y en las buenas obras. ¿Pero cuántos pueden afirmar esto de todo corazón? ¿Se apresta usted a asistir a su iglesia favorita simplemente porque tocará allí su grupo “rockero cristiano” favorito?,  ¿o tal vez porque predicara el guapo pastor soltero de ojos azules? ¡¡¡Piénselo por un rato!!!

Recuerde, “Hay camino que al hombre parece derecho; empero su fin son caminos de muerte” (Prov. 14:12). Esta admonición debería ser suficiente para hacernos poner en tela de juicio nuestros subjetivos sentimientos de satisfacción y contentamiento para determinar si algo es bueno o malo. No nos engañemos: nuestros sentimientos y pensamientos muchas veces pueden no ser los de Dios y de Su Hijo. Usted debe asegurarse si lo que cree, siente, o piensa está de acuerdo con Dios. Recuerde siempre lo que dice Jeremías: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer.17:9)

Dice Pablo: “Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

 

 

 

ESPOSO TESTIGO DE JEHOVÁ ASESINA A SU ESPOSA, TAMBIÉN DE LA MISMA DENOMINACIÓN, POR UN MILLÓN DE DÓLARES DEL SEGURO  

 

 

Los Acusadores de MURRIETA dicen que un hombre de Murrieta asesinó a su esposa por 1 millón de dólares del seguro.

 

Kelle Lee Jarka, 39, está entre rejas después de ser detenido el jueves, según la policía y los acusadores.

 

Él está acusado de matar a Isabelle Jarka, 40, el 28 de abril en el dormitorio de la casa de la pareja en el bloque 39000 de la calle Tamarisk., dijo el Teniente de policía de Murrieta Dennis Vrooman.

 

Ella había sufrido un trauma en la cabeza, dijo Vrooman.

 

Semanas antes de la muerte de su esposa, Jarka había sacado pólizas de seguros de vida para ella sumando más de 1 millón de dólares, y los investigadores creen que él arregló la escena del delito para hacerlo parecer a un robo.

 

Después de una investigación de casi un mes, Jarka fue detenido el jueves por detectives cuando él se sentó en el Tribunal de Familia, que espera una audiencia de custodia para recuperar a sus niños, dijo Vrooman.

 

Los niños – una muchacha de 12 años y un muchacho de 7 meses – habían estado quedándose con parientes, dijo él.

 

Jarka será acusado de asesinato por ganancia financiera.

 

De ser condenado él podría ser condenado a muerte o vida en prisión, dijo Ryan Hightower de la Oficina del Fiscal del Distrito.

 

Los acusadores dicen que Jarka asesinó a su esposa y luego organizó la escena de delito para parecer un robo. El día en que Isabelle Jarka murió, su marido dijo a la policía que él había salido temprano en aquella mañana para comprar algunas cosas y cuando él volvió encontró la puerta lateral al garaje forzada y abierta y su esposa arriba muerta.

 

La llamada inicial de Jarka al despacho de emergencia era reportar un robo, y él esperó 26 segundos antes de revelar que su esposa pudo haber sido asesinada, dijo Vrooman.

 

Durante la investigación de la policía, Jarka dijo a los oficiales que él había ido para recoger la fórmula del bebé, aunque había mucha fórmula para el bebé en la casa, y sus otras declaraciones eran inconsecuentes con las pruebas recolectadas en la escena, dijo Vrooman.

 

Los hijos de la pareja habían pasado la noche antes en la casa de sus abuelos al otro lado de la calle.

 

Los Jarkas pertenecían a la congregación de los Testigos de Jehová, y los vecinos dijeron que ellos más o menos se limitaban a ellos mismos, excepto cuando Isabelle se unía a otros en su congregación para tocar las puertas de su vecindad.

 

 

EL EVANGELIO COMPLETO DEL CRISTIANISMO PRÍSTINO                

Por Ing°Mario A Olcese

(diplomado en Teología)

 

 

 

Texto de oro:

“El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros,2 a proclamar un año de gracia del Señor, un día de venganza para nuestro Dios; a consolar a todos los que están de duelo, 3 a cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por el óleo de la alegría, y su abatimiento por un canto de alabanza. Ellos serán llamados “Encinas de justicia”,”Plantación del Señor, para su gloria”.4 Ellos reconstruirán las ruinas antiguas, restaurarán los escombros del pasado, renovarán las ciudades en ruinas, los escombros de muchas generaciones.5 Se presentarán extranjeros para apacentar sus rebaños, hijos de forasteros serán sus labradores y viñadores.6 Y ustedes serán llamados “Sacerdotes del Señor”, se les dirá “Ministros de nuestro Dios”. Se alimentarán con las riquezas de las naciones, se enorgullecerán con su magnificencia.7 Ya que su ignominia fue el doble de la cuenta y recibieron como parte vergüenza e insultos, ellos poseerán el doble en su tierra y gozarán de una alegría eterna.8 Porque yo, el Señor, amo el derecho y odio lo que se arrebata injustamente; les retribuiré con fidelidad y estableceré en favor de ellos una alianza eterna.9 Su descendencia será conocida entre las naciones, y sus vástagos, en medio de los pueblos: todos los que los vean, reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor” (Isa.61:1-9) .

 

 

 

 

 

 

 

Contenido

 

Introducción

 

Capítulo 1:    EL MENSAJE CENTRAL DE CRISTO

 

Capítulo 2:    TRAGEDIA: ¡EL  EVANGELIO DE CRISTO HA SIDO

                         MUTILADO!

Capítulo 3:     EL TRASTOCADO REINO ECLESIÁSTICO DE AGUSTÍN DE HIPONA

Capítulo 4:    EL REINO DEL MESÍAS.

Capítulo 5:    LA CONSOLACIÓN DE  ISRAEL Y EL REINO DE  DIOS.     

Capítulo 6:    LOS TÍTULOS DE JESÚS.

Capítulo 7:     LA GLORIA: LO QUE REALMENTE SIGNIFICA.

Capítulo 8:     LA VIDA ETERNA, LA SALVACIÓN, LA GLORIA,  Y EL

                         REINO:  ¿PARA HOY O PARA EL FUTURO?

 Capítulo 9:    EL REINO Y EL REINADO DE CRISTO VIENEN 

                        SIMULTÁNEAMENTE.

Capítulo 10:  ¡USTED NO IRÁ AL CIELO SINO AL REINO DE LOS

                         CIELOS!

 Capítulo 11:  ¡JESÚS NO ESTÁ SENTADO EN EL TRONO DE DAVID
                        
EN EL CIELO!

 Capítulo 12:  7 PODEROSAS RAZONES POR LAS CUALES

                         JESUCRISTO AÚN NO REINA EN  ESTE MUNDO

Capítulo 13:   LA ÚLTIMA PREGUNTA QUE LE HICIERON A JESÚS 

                         SUS DISCÍPULOS.

Capítulo 14:   LA SEÑAL CLAVE DEL REGRESO DE CRISTO A LA

                         TIERRA QUE MUCHOS HAN PASADO POR ALTO.

Capítulo 15:   ¿PISARÁ REALMENTE NUESTRO SEÑOR LA TIERRA

                          NUEVAMENTE?

Capítulo 16:    EL FIN DEL MUNDO—¿QUÉ SIGNIFICA REALMENTE?

Capítulo 17:    2 PEDRO 3:12—¿QUÉ SIGNIFICA LA   PALABRA

                          “ELEMENTOS” EN ESTE VERSÍCULO BÍBLICO?

Capítulo 18:    ¡EL SIGNIFICADO DE ‘AIONIOS’ ( ‘REINO ETERNO’)

                          QUE LA MAYORÍA IGNORA!

Capítulo 19:    EL REINO DE DIOS NO ES LO MISMO QUE LA IGLESIA

                          DE CRISTO.

Capítulo 20:    LA SALVACIÓN—¡LO QUE LOS EVANGÉLICOS,                              

                          CATÓLICOS, Y MUCHOS OTROS NO SABEN!

Capítulo 21:     LA FE DE JESÚS

 

Apéndice

 

(1). 20 PREGUNTAS QUE LA GENTE SE HACE SOBRE EL REINO DE DIOS Y SUS RESPECTIVAS RESPUESTAS

 

(2). 30 DIFERENCIAS SUBSTANCIALES ENTRE EL REINO DE DIOS Y LA IGLESIA DE CRISTO

 

(3). SATANÁS: ¡EL ARCHIENEMIGO DEL EVANGELIO DE CRISTO! (2 COR. 4:4).

Introducción

 

El mensaje o evangelio del Reino es el tema central de toda la Biblia y curiosamente el tema menos comprendido y predicado por las iglesias contemporáneas. Jesús comenzó su ministerio predicando el reino de Dios (Marcos 1:1,14,15) y lo finalizó justamente hablando sobre lo mismo a sus seguidores más cercanos (Hechos 1:3,6,7). Nosotros encontramos que las parábolas de Jesús tienen como fin explicarnos la verdadera dimensión del reino, y cómo éste afectará nuestras vidas en el presente y en el futuro y de la humanidad toda. Sólo aquellos que no creen y no se interesan por el mensaje de Cristo tendrían dificultad de entender lo que estas parábolas encierran, mas no así  para los que son sus discípulos.

 

Jesús dijo que el evangelio, del reino, tiene poder para salvar a los potenciales creyentes de la condenación eterna (Rom. 1:16). Es por tanto urgente que este mismo y único evangelio prístino de Cristo sea dado a conocer a todo el mundo habitado como testimonio y entonces vendrá el fin de esta era maligna. La deposición de Satanás dará paso a la era del Reino glorioso de Cristo. Pero la tardanza de Cristo es en parte culpa de la iglesia porque no está dando el testimonio debido del evangelio salvador de Cristo a las naciones. Recordemos que primero es la difusión mundial del evangelio y luego la venida del Rey del Reino (Mateo 24:14). No podemos esperar que venga el rey para recién llamar a los sus potenciales súbditos que participarán activamente como oficiales de su reino. Es todo lo contrario. Primero hay que convocar a los ejecutivos y ciudadanos del reino para que luego pueda hacerse presente el rey esperado y ser recibido en las nubes por ellos (1 Tes 4:14-17).

 

Trágicamente, y a pesar de que Pablo advirtió y retiró a la iglesia en contra de los falsos evangelios y falsas doctrinas, las iglesias cristianas de hoy se han olvidado del evangelio de Cristo y de sus apóstoles, adoptando evangelios humanos como el llamado “evangelio de la prosperidad” o “el evangelio social” del padre Católico Gutiérrez. Es por eso que he escrito esta obra para intentar de manera clara y sencilla restaurar el evangelio prístino de Cristo, y a través de él el mundo pueda encontrar la verdadera paz y justicia que anhela.

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1:

EL MENSAJE CENTRAL DE CRISTO

 

Muchos creyentes en Jesucristo parecen aún ignorar que su Señor vino a predicar un mensaje de parte de Dios Padre a la humanidad toda. El mensaje de Cristo es llamado también “el evangelio” en diferentes partes de la Escritura. Pero lo importante es resaltar que Jesús reveló que fue enviado puntualmente para PREDICAR EL EVANGELIO DEL REINO. Sólo basta leer lo que él mismo dijo en Lucas 4:43: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado”. Con estas palabras se despejan todas las dudas que se tienen de la verdadera razón de la venida del Hijo de Dios al mundo, pues todavía los cristianos siguen divididos en este punto vital. Algunos nos dicen que Cristo vino a salvarnos, y otros sostienen que él nació para enseñarnos normas de conducta, o bien para morir en la cruz del calvario para finiquitar las exigencias de la ley de Moisés y darnos esperanza de vida eterna. Y aunque estas confesiones no están lejos de la verdad, lo cierto es que Jesús reveló que fue enviado para anunciar el evangelio o mensaje salvador DEL REINO para todos los hombres de buena voluntad que están hambrientos de Dios (Rom. 1:16).

 

El Mensaje en las Parábolas

 

Tan crucial es el mensaje o evangelio de Cristo que éste aparece como el tema central de todas sus parábolas. De allí que las parábolas se las conozca como “las parábolas del Reino”. Sin duda, las parábolas fueron reservadas para los discípulos, y a ellos se les reveló mucho de su significado. Las parábolas fueron y serán la clave para entender todo lo que Jesús se ha propuesto hacer en este mundo cuando regrese. Entonces los discípulos verán que las promesas de Jesús en torno a su reino se harán efectivas, por fin. El cristiano debe investigar todo lo que las parábolas nos enseñan y predicarlas a todos los potenciales creyentes.

 

La frase “Reino de Dios” aparece en el evangelio de Marcos 14 veces; en Lucas, 32 veces; en Mateo, 4 veces y 32 veces “el reino de los cielos”. Por cierto  que también “el reino de Dios” aparece en el evangelio de Juan, como en Juan 6:33.

 

Segundo Galilea nos dice en su libro “El Reino de Dios y la liberación del hombre, pág 10, así: “El Reino de Dios es el tema central de la Biblia, y su hilo conductor”. Ireneo, Obispo de Lyon (185 DC) nos dice en su obra “Contra las Herejías”, lo siguiente: “…y en su segunda venida les dará a los suyos un lugar en su reino”.

 

Clemente Romano (96 DC), segundo obispo de Roma, escribió en su segunda epístola, lo siguiente: “Si entonces hacemos lo que es justo a la vista de Dios, entraremos al reino, y recibiremos las promesas…esperemos cada día y hora el Reino de Dios en amor y rectitud.”

 

El teólogo George Eldon Ladd nos dice en su prólogo de su libro “El Reino de Dios”, lo siguiente: “Nuestro Señor Jesús dedicó gran parte de su ministerio público a la enseñanza del reino de los cielos. Este tema es aún hoy día un mensaje importante para el hombre dondequiera que éste se encuentre”.

 

También G.E. Ladd nos dice en la página 13 del mismo libro, lo siguiente: “El tema de la venida del Reino de Dios fue lo central de la misión de Jesús.”

 

El mismo Papa Juan Pablo II dijo en una ocasión sobre el Reino de Dios, así:

 

“Nosotros, que ahora formamos la iglesia de Cristo sobre la tierra, deberíamos encontrarnos en la dimensión de la verdad del Reino de Dios: Cristo ha venido para revelar este reino y para introducirlo en la tierra, en cada lugar de la tierra en los hombres y entre los hombres…” (15 Febrero de 1980).

 

Will Durant, erudito en historia, dice:

 

¿Qué quiso decir él (Jesús) por el Reino? Un cielo sobrenatural? Aparentemente no, porque los apóstoles y los cristianos primitivos esperaron unánimemente el reino terrenal. Esta era la tradición Judía que Cristo heredó; y él enseñó a sus seguidores a orar al Padre, “Venga tu reino, sea hecha tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo”.

 

Louis Berkhof dice que mitad de la iglesia era amilenaria durante el segundo y tercer siglos, pero no da prueba de ello. No hay evidencia de que la iglesia fuese amilenarista en su creencia. Tanto Clemente de Roma (30-95 DC), Bernabé, Ignacio (35-107 DC), Policarpo (70-155 DC), Papías (80-163 DC), Justino Mártir (100-164 DC), Ireneo (130-202 DC), Tertuliano (160-220 DC), Hipólito (murió en el 236 DC), Cipriano (195-228 DC), Comodiano (tercer siglo), Nepo (tercer siglo) y Lactancio (240-330 DC) fueron Premilenarios.

 

El historiador, Edward Gibbon (1737-1794), también confirma que el milenarismo o chiliasmo ( o la creencia del reino de mil años literales en la tierra) fue la creencia de la iglesia primitiva de los 3 primeros siglos. El escribe: “La seguridad de semejante milenio fue cuidadosamente inculcado por una sucesión de padres desde Justino Mártir e Ireneo, quien conversó con los discípulos inmediatos del apóstol, hasta Lactancio, que fue preceptor para el Hijo de Constantino. Aunque puede que no fuera universalmente recibido, parece que fue el sentimiento reinante de los creyentes ortodoxos.

 

 

 

En vista de todos estos testimonios, ¿por qué la mayoría de las iglesias hablan muy poco o nada sobre el evangelio del Reino?

 

Capítulo 2:

TRAGEDIA: ¡EL EVANGELIO DE CRISTO  HA SIDO MUTILADO!

Una Crasa Ignorancia:

 

 Millones de llamados cristianos dicen creer en el evangelio de Jesucristo, y no obstante, cuando uno les pregunta qué es eso que la Biblia llama “evangelio”, no saben qué responder. Esto resulta  sorprendente, inaudito, y trágico. Sí, en la Biblia aparece la palabra “evangelio” como algo de uso común entre los cristianos del primer siglo. Los apóstoles se encargaron de hacerlo conocer a los judíos, y más adelante, los no judíos oirían de él también. Ellos se esmeraron en cumplir con la gran comisión dejada por Jesucristo antes de partir al cielo, la cual decía: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

 

Si mi amigo, millones de cristianos dicen haber creído en el evangelio de Cristo sin saber en qué consiste. Me permito preguntarle: ¿Qué es para usted el evangelio de Jesucristo? ¿Lo puede probar con la Biblia? Las opiniones personales en cuestiones de fe no son seguras si no están basadas en la Biblia. Esto debe entenderlo usted muy bien, pues puede terminar desviándose de la verdad que salva (Romanos 1:16).

 

Un Evangelio Mutilado:

 

Otro grupo de cristianos, un poco más entendido, sostiene que el evangelio está definido claramente en 1 Corintios 15:1-6, donde San Pablo dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis… porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros  pecados, conforme  a las Escrituras;  y que  fue sepultado, y que  resucitó al tercer  día  según  las Escrituras ; y que apareció a Cefas,  y después a los  doce.   Después apareció a quinientos hermanos… después apareció a Jacobo;  después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi”.

 

Aquí hay una interesante definición paulina de lo que es el evangelio de Jesucristo: Este es que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó glorioso al tercer día, siendo visto por muchos testigos. Si, este es parte del evangelio de Jesucristo, pues no sólo Jesús anunció su muerte para la redención de los pecadores, y su resurrección gloriosa, sino también algo más antes que eso. En este punto muchos cristianos se pierden en lo etéreo.

 

El Evangelio Completo:

 

He aquí ahora la clara definición del verdadero evangelio de Jesucristo que millones aún ignoran, pero que usted ahora tiene el privilegio de conocer por primera vez en su vida. El que tiene oídos para oír, que oiga. En primer lugar, debemos comenzar diciendo que Jesús no inició su predicación anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Veamos el Evangelio de San Marcos capítulo 1 y versos 1, 14 y 15. Aquí se lee lo siguiente: Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el evangelio. 

 

Nótese que el principio del evangelio de Jesucristo no era su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, sino: ‘el Reino de Dios. Sí, Jesús trajo su evangelio, el cual comenzaba con el anuncio del reino de Dios. De modo que el reino de Dios es parte del evangelio de Jesucristo. Ahora bien, si leemos nuevamente el Evangelio de Marcos capítulo 8 y verso 31, veremos que Jesús completa su evangelio anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. El verso dice: “Y comenzó (Jesús) a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”.

 

Entonces el evangelio completo de Jesucristo—sin mutilaciones— es este: El anuncio del reino de Dios en la tierra; y la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día para asegurarnos el ingreso a dicho reino por la fe. En buena cuenta, Jesús vino a ofrecernos algo maravilloso llamado “el reino de Dios”. Pero para participar de él, uno tiene que ser redimido por la muerte de Cristo en la cruz. Y la seguridad que se tiene de que todo lo prometido por Cristo será una realidad se confirmó con su propia resurrección de entre los muertos (1 Corintios 15:12-20). Si él resucitó para recibir un reino de su Padre (Lucas 19:12), entonces también nosotros resucitaremos para recibir dicho reino de Dios cuando Cristo vuelva nuevamente a este mundo en persona (Mateo 25:31,34). En resumen: Jesús trajo el “Qué”  (la herencia del Reino de Dios) y el “Cómo” (por la fe en su muerte y resurrección al tercer día, y de lo que esto significa para todo pecador arrepentido). Entonces, el “QUÉ y el “CÓMO” constituyen el evangelio de Jesucristo. El “FIN” y el “MEDIO”.

 

La Definición Original del Evangelio del Reino de Dios:

 

En primer término, debemos de definir lo que quiere decir “evangelio”. Esta palabra viene del Griego “evangelon” que quiere decir: “Buenas Nuevas” o “Buenas Noticias”. De modo que Cristo fue el Portador de buenas noticias para un mundo sin esperanza y sin rumbo. Él predicó las buenas noticias del reino de Dios y también su muerte y resurrección al tercer día para nuestra redención, para hacer posible nuestra herencia de dicho reino.

 

Algunas religiones “cristianas” sostienen que el reino de Dios no es otra cosa que “Cristo reinando en nuestros corazones”. Otras conocidas iglesias o   denominaciones cristianas sostienen que “el reino de Dios es la iglesia que Cristo fundó hace dos milenios”. No obstante, el reino de Dios no es ninguna de esas dos definiciones que se están propagando en el mundo cristiano. La Biblia enseña que un reino es un forma de gobierno como lo es el reino de Inglaterra, de España, de Jordania, etc. Este implica un rey o una monarquía, súbditos, leyes, y territorio. De modo que el reino de Dios es la monarquía de Dios, con un rey soberano, súbditos, leyes, y territorio.

 

En el Antiguo Testamento encontramos reyes y reinos. El reino de Babilonia, con su rey Nabuconodosor; el reino de Grecia, con su rey Alejandro el Grande; el reino de Persia, con su rey Ciro; el reino de Israel, con su rey David, sólo por citar los más importantes. Ahora bien, Israel tenía una monarquía real que formalmente comenzó con David. Este reino de David y de sus descendientes fue llamado: “el Reino de Dios” (1 Crónicas 28:5). Cuando David murió, su hijo Salomón lo reemplazó, y así sucesivamente, hasta que en el año 587 A.C, el rey de turno de Israel—Sedequías—fue derrocado por Nabuconodosor. Desde esa fecha, Israel no ha tenido más reyes. Pero el reino de Dios significará que Dios restaurará nuevamente la línea real de los reyes judíos en la persona de otro judío noble, descendiente de David (Ezequiel 21:25-27).

 

Sí, el reino de Yahweh (Jehová) será restaurado nuevamente en Israel a través de un descendiente de David, el rey (Hechos 1:6). ¿Quién podría ser ese personaje? La respuesta está en Mateo 1:1 que dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Aquí tenemos un hecho irrefutable, y es que Jesucristo desciende de un rey famosísimo de Israel. En buena cuenta, Jesús es de “sangre azul” y con el derecho legítimo de tomar nuevamente el territorio israelita, y el trono de su ancestro David. En efecto, en Lucas 1:31-33 leemos: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Esto es clarísimo. Cristo reinará en el trono de su padre en la carne, David. Su territorio y sus súbditos serán Israel y los israelitas. Recuerde que Dios le cambió a Jacob de nombre. Ese nuevo nombre fue: Israel. Entonces Cristo reinará sobre la casa de Israel, y Jerusalén será la ciudad capital del reino de Cristo o también llamado: El Reino de Dios (Jeremías 3:17; Mateo 5:33-35). Los discípulos de Cristo sabían que su Maestro era aquel que restauraría el reino caído o suspendido del rey David. En Hechos 1:6 los discípulos le preguntaron a Jesús si ya era inminente la restauración del reino de Dios en Israel, a lo cual Jesús sólo se limitó a decirles que únicamente Dios sabía la fecha de esa crucial restauración del reino de David en Israel.

 

El Cielo no es el Destino Final de los Salvos:

 

Siendo que la promesa de Dios es la restauración del reino de Dios en la tierra en la persona del Mesías Jesús: ¿Por qué los católicos y protestantes enseñan que iremos a vivir eternamente en el cielo, y que la tierra desaparecerá por completo?¿De dónde salió esa idea con respecto al cielo? (Para mayor información sobre este punto, solicite gratis los artículos: “El Reino de Dios”, “Las Buenas Noticias de Jesucristo”, “Jesús No Prometió el Cielo a Su Iglesia” y “20 Preguntas y Respuestas sobre el Reino de Dios”). Al contrario, en muchos pasajes de la vida de Jesús encontramos a nuestro amado Señor prometiendo la tierra y su reino a sus seguidores (Mateo 5:3,5). Además, será en la segunda venida de Cristo cuando la iglesia heredará las promesas del reino, y no— como creen muchos—en la hora de nuestra muerte.

 

La Tierra será como un Paraíso:

 

Es sorprendente escuchar, muy a menudo, de que el “fin del mundo” está cerca en estos días. Millones viven asustados pensando en que este planeta volará en pedazos, y la sociedad humana desaparecerá por completo. Pero: ¿Es acaso ese sentir de muchos, el de Dios? ¿Creó Dios la tierra y a los hombres para que más tarde los destruya por completo?¿Tiene esto sentido? ¡Por supuesto que no lo tiene! Sin embargo, desde el mismo comienzo de la vida humana, el diablo ha pretendido estropear la creación de Dios, sembrando la mentira, el odio, la confusión, la discordia, el temor, la desconfianza, la duda, la rebelión, la contradicción, la desesperanza, etc. Sólo Satanás ha querido destruir la Creación—¡No Dios!

 

En muchísimos pasajes de la Biblia encontramos promesas muy concretas de un “mundo nuevo”, con “hombres nuevos” en armonía con Dios y Su creación. Dios ha prometido una “nueva tierra y nuevos cielos” donde morará la justicia (2 Pedro 3:13,14). Él no requiere destruir el planeta mismo para traer esa justicia añorada, sino más bien, a todos los impíos e impenitentes; a aquellos que se mofan de Dios y de Sus leyes. Esto está revelado en el Salmo 37. Allí el lector bíblico descubrirá que los justos permanecerán en la tierra, en tanto que los malvados serán erradicados de ella. Esta es la solución a todos los males de nuestra sociedad, cuando los malvados e incorregibles hayan sido exterminados por Dios mismo. Finalmente: ¿Qué culpa tiene el planeta por los pecados y maldades de los hombres? Al contrario, en Apocalipsis 11:18 se nos dice que Dios destruirá a aquellos que están destruyendo Su tierra o planeta. Para Dios, el planeta tierra es sagrado, y este es un motivo por el cual castigará a los que lo están destruyendo con su seudo ciencia. Si Dios va a castigar a los que destruyen su planeta tierra: ¿Cómo va a ser posible que Él Mismo lo destruya sin razón aparente? Quienes verdaderamente serán destruidos serán los perversos, los incorregibles, los rebeldes, los ateos, los que no se arrepintieron cuando hubo tiempo para hacerlo.

 

Cuando el diablo y sus seguidores angélicos y humanos hayan sido exterminados, entonces se hará realidad “la nueva tierra de justicia”. Habrá un ambiente de paz, seguridad, orden, sumisión a Dios, y de amor verdadero. El paraíso edénico habrá vuelto a la tierra. No habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, pues las primeras cosas pasaron (Apocalipsis 21:3,4).

 

El Evangelio del Reino Será Predicado Mundialmente por Su Iglesia Leal:

 

En Mateo 24:14 Jesús revela que el verdadero evangelio que será predicado en todo el planeta tierra antes de su regreso personal, glorioso, y visible, es el Reino de Dios. Dice él así: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Este es el evangelio verdadero que también predicará la iglesia de Dios. Lamentablemente cuán poco se predica acerca del reino de Dios en las iglesias, que cuando se lo predica eventualmente, resulta en una extrañeza, y pocos entienden su significado. Otros creen que el reino de Dios es  sinónimo del cielo mismo, o de un lugar hermoso en la gloria celestial. ¡Nada más inexacto!

 

Aun las iglesias evangélicas han olvidado este evangelio del reino, y lo han cambiado por un reino en el corazón de los creyentes, dándole así un significado etéreo o alegórico. Pero los verdaderos cristianos de hoy saben que los primeros cristianos, de los tres primeros siglos de la Era Cristiana, creyeron en un reino en la tierra liderado por Jesucristo desde la ciudad amada de Jerusalén. Basta leer los escritos de Papías, San Justino Mártir, San Ireneo, San Policarpo, y otros cristianos de los primeros siglos, para descubrir lo que creyeron sobre la vida futura. En ninguno de ellos se encuentra alguna creencia de una partida al cielo para estar con Dios a través de sus supuestas almas inmortales. Al contrario, Justino Mártir, en su “Diálogo con el Judío Trypo” ataca a los que, llamándose cristianos, enseñaban que el alma inmortal partía al cielo después de la muerte. 

 

La Creencia En el Evangelio Trae Salvación Eterna:

 

Alguno pensará que cualquier doctrina bien llevada o practicada salva. No obstante, eso no es lo que la Biblia enseña. El apóstol Pablo reconoció que el evangelio predicado por Jesucristo tenía (…y tiene) poder para salvar a todo aquel que lo cree de todo corazón. Él fue claro al decir: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

 

Muchos hoy se niegan a creer en nuestro evangelio, pues no lo pueden aceptar por la fe. Ellos creen que son cuentos o fábulas bíblicas que no tienen ninguna trascendencia o veracidad para el mundo occidental, sino sólo para los hebreos. Aun la Iglesia Católica lo ha rechazado, al inventar, vía Agustín de Hipona, un reino de corte eclesiástico. Es decir, el romanismo supone erradamente que el reino no es otra cosa que la jerarquía Católica o el Clero. ¿De dónde sacó eso “San Agustín”? No lo sabemos en realidad, pero todo parece apuntar que se originó de su imaginación.

 

Capítulo 3:

EL TRASTOCADO REINO ECLESIÁSTICO DE AGUSTIN DE HIPONA

 

Pocos saben que Agustín de Hipona no sólo fue premilenario en su escatología temprana, sino que fue dispensacionalista. El creía en el modelo de las 7 edades. Las 5 primeras edades tenían que ver con la historia del AT (Adán, Noé, Abraham, David, y el exilio), y las 2 edades del NT eran la Era de la Iglesia y la Era del Reino Milenario, el “Descanso Sabático” de los santos en la tierra (Agustín, Sermón 259,2 y también “Apocalipsis y Redención en el Cristianismo Temprano” Vigiliae Christianae 45 (1991):163 por Paula Fredriksen.

 

Sin embargo, con el correr del tiempo, su antecedente Platonista, y la influencia de Orígenes de Alejandría impulsó a Agustín interpretar lo que antes creía literal de una manera simbólica o alegórica. Orígenes, recordemos,  estuvo encantado con la filosofía Griega, y fue en Alejandría (Egipto) donde se dio inicio a una suerte de Neo Platonismo en el siglo tercero. El (Orígenes) fue el iniciador de la interpretación alegórica de las Escrituras, junto con Clemente de Alejandría. Ellos investigaron el A y N. Testamentos para hallar nuevos y escondidos significados espirituales detrás de las normales comprensiones. Ellos buscaron integrar la filosofía Griega pagana con las Escrituras. Orígenes rechazó la idea de la resurrección física y creyó en la salvación universal de todos los seres humanos y los ángeles caídos.

 

El historiador Schaff dijo esto de Orígenes:

 

“Su gran defecto es el rechazo del sentido gramatical e histórico y su deseo constante de hallar significados místicos escondidos…Orígenes fue el primero en colocar, en conexión con el método alegórico del platonista Judío, Filón, una teoría formal de interpretación…”

 

Agustín se vio influenciado por ellos, sin embargo, según Paula Fredriksen, fue el teólogo laico Ticonio quien primero impresionó a Agustín en los años 390 d.C. Ella dice:

 

es Ticonio quién está de pie en la fuente de transformación radical del africano – y así, por último, de la teología latina, y cuya interpretación de su cultura separatista y tradiciones milenaristas proporcionó el punto de partida para lo que es lo más brillante e idiosincrásico en la propia teología de Agustín. Y es Ticonio, más exactamente, cuya propia lectura del Apocalipsis de Juan determinará la exégesis de la iglesia occidental durante los próximos 800 años. (Fredriksen, 157).

 

La herramienta fundamental de Ticonio no fue la alegoría sino la tipología. A través de las 7 reglas de Ticonio, Agustín podía de revertir los números en símbolos para atar a Satán en la sexta edad de mil años en lugar que en la edad séptima, y tener a los santos reinando con Cristo espiritualmente en la sexta edad en lugar que en la séptima. Los milagros de los santos “probaron” que ellos estaban reinando con Cristo en la Edad de la Iglesia, la sexta dispensación, y que todo lo que tenía que ver con el Anticristo, el Armagedón, y la resurrección concernían a la era en la que él vivía.

 

Agustín escribió: “El reinado de los santos con Cristo durante los mismos mil años, entendido en la misma manera, esto es, del tiempo de su primera venida…por tanto, la iglesia aun hoy es el reino de Cristo, y el reino de los cielos. En consecuencia, aun hoy los santos reinan con él”. 

 

Agustín pues trastocó la creencia escatológica cristiana premilenaria de un reino milenario literal en la tierra, la cual se mantuvo firme durante los primeros 3 siglos de la Era cristiana. Recordemos que siempre los Judíos creyeron en una aproximación o acercamiento literal de las Escrituras, y los apóstoles y la iglesia cristiana enseñaron un acercamiento igualmente literal a ellas y creyeron en un reino literal en la tierra (Hechos 15:15-16; 19:8; 2 Tim. 4:1; Heb. 1:8; Apo. 11:15).

 

Para Agustín la resurrección de los muertos sería ciertamente corpórea, pero estos cuerpos vivirían en el cielo, y no en un reino sobre la tierra. Así que, para Agustín, las primera seis edades son históricas, pero no la séptima, la cual es los santos mismos. El dice: “Después de la presente edad Dios descansará, como fue, en el séptimo día; y Él causará que nosotros, que somos el séptimo día, encontremos nuestro descanso en él” (Agustín, La Ciudad de Dios, 22.0.5).

 

El método de Interpretación que se originó de los teólogos alegóricos fue visto por Farrar de esta manera, cuando escribió lo siguiente: “La alegoría de ningún modo se extendió por una piedad espontánea, sino que fue hija del racionalismo que debe su nacimiento a las teorías paganas de Platón”.

 

La Iglesia Católica en el siglo cuarto abrazó la doctrina de Agustín fuertemente y se reconocieron ellos mismos como la continuación de Israel como una entidad espiritual. El carácter teocrático y político de Israel así como su vida religiosa fueron considerados como una forma continuada en la iglesia Católica. De este modo la iglesia Católica creyó lo que Agustín enseñaba concerniente a la iglesia como una extensión del Israel del AT.

 

La creencia conocida como Amilenialismo (no milenio) fue abrazada por la iglesia Católica a todo lo largo de la Edad Media, y una serie de “reformadores” protestantes la aceptaron como Wycliff, Lutero, Calvino y Zwinglo. Pero Tyndale y muchos Anabaptistas junto con los Moravianos y Hugonotes fueron premileniales. Los reformadores no cambiaron el sistema de interpretación alegórica sobre la iglesia y el reino milenario, confundiendo ambas entidades e igualándolas. Sostuvieron que el Reino era una realidad presente con un rey ya reinando en los corazones de los creyentes.

 

Ya a partir del siglo 18 la gente empezó a tomar la Biblia en sentido literal, aceptando el reino milenario venidero en la tierra nuevamente, aunque el amilenialismo sigue dominando el pensamiento Católico y el de algunos grupos protestantes aún hoy.

 

En el libro “La Ciudad de Dios” Agustín desarrolla la idea de que la iglesia universal o Católica es el reino de Dios en la tierra, y que el milenio realmente comenzó con la primera venida de Cristo al mundo. Así, Agustín vio las profecías apocalípticas como ya cumplidas en vez de interpretarlas como eventos para el futuro, o para después del fin del presente reinado de Satanás. El creyó que el diablo fue atado en el primer siglo, aunque esa creencia realmente presenta serios problemas e inconvenientes.

 

Capítulo 4:

EL REINO DEL MESÍAS

 

Significado de ‘Mesías’

 

El Reino del Mesías, ¿qué significa eso? Esta es una buena pregunta, pues Jesús es el Mesías o Cristo. Y es que la palabra hebrea Maschiaj (‘Mesías’)  equivale a Kjristós (‘Cristo’) en el idioma griego, y a su vez, Cristo quiere decir: “El ungido de Dios” en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente “ungidos” por los sumos sacerdotes parar ser nombrados para ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc ( 1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo (“ungido”) , David era un Cristo (“ungido”), Salomón era un Cristo (“ungido”), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).

                                                         

 El Reino de Jehová

 

El Reino de Jehová Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados “Jueces de Israel”, los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.

 

Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: “su reino”. Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como “el reino de Jehová”: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel”. También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: “Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre…”. Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.

 

La Promesa de Dios a David

 

Como dijimos arriba, Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa  mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo…y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16).

 

En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo. Esto lo veremos más adelante.

 

En Jeremías 33:20, 21 leemos: “Así ha dicho Jehová: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono…”. Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.

 

Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Jehová en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real ‘judío-davídica’ por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.

 

Jesús: El Cristo de Dios

 

Jesucristo, o también llamado: “Jesús el Cristo”, es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o “el Ungido”) de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de “sangre azul” y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los “cristianos” que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados “cristianos”—¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo—Nuestro Señor y Salvador.

 

Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.

 

Jesús Anuncia el Reino de Dios

 

Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las “buenas noticias” del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado. Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo—¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a “salvarnos”, lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).

 

Sí, Jesús vino  decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a “saborear” un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino “había llegado” (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra—¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).

 

Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que “nacer de nuevo” para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los “pobres en espíritu” era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este “mundo malo” sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).

 

La Pregunta de los Apóstoles

 

Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o “en el corazón de los creyentes” sino en ISRAEL Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.

 

Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra “restaurarás” en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.

 

La Respuesta de Jesús

 

La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: “Y les dijo: No os toca  vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.

 

En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: “Bendito el reino de nuestro padre David que viene” (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver”. ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: “por cuanto estaba cerca de Jerusalén”. ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.

 

Los Cristianos son “Cristos” como Jesús

 

Si bien Jesucristo es “El Cristo” esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de “príncipes” del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. ‘Krio’, de donde deriva la palabra Gr. ‘Kjristos’= Cristo), es Dios” (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra”. Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : “Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David”. Además recordemos que Jesús les dijo  sus doce apóstoles: “…y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel”  (Lucas 22:30). “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lucas 19:28).

 

La Promesa de Jesús no fue el Cielo

 

Es claro, entonces, que Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo para que vivan como angelitos alados y tocando un arpa. La verdad es otra, pues él dijo: “Bienaventurados los mansos por ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5).  Y en Apocalipsis 5:10 se dice claramente que reinaremos sobre la tierra. El sabio rey Salomón expresó: “El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra” (Proverbios 10:30). También dice él: “Porque los rectos habitarán la tierra, y los  PERFECTOS permanecerán en ella (Proverbios 2:21). Ahora bien, ¿quiénes son los perfectos? La respuesta viene de los labios de Jesús: “Sed, pues, vosotros PERFECTOS, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Aquí vemos que los perfectos son los que siguen a Jesús. De modo que los cristianos tendrán como herencia la tierra, y permanecerán en ella. No obstante, esta tierra será renovada, y transformada con la presencia benefactora de Cristo y su reino milenario. Por eso Pedro dice: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13,14).

 

                                                  Resumen

 

1.- El Reino de Dios es el tema central de toda la Biblia, y es el evangelio de Cristo.

2.- El Reino de Dios comenzó con la monarquía de los reyes de Israel.

3.- La capital del Reino de Dios fue (…y será) Jerusalén.

4.- El Reino de Dios finalizó temporalmente con el rey judío impío Sedequías en 586 AC.

5.- Dios prometió a David que no le faltaría un varón que reine en su reino.

6.- El profeta Ezequiel profetizó que la dinastía real judía sería reanudada con un varón noble de David.

7.- Jesucristo es el hijo de David, y el Cristo designado para ser el sucesor al trono de David.

8.- Jesucristo vino a anunciar su próximo reinado, pero antes vino a preparar el camino para entrar en él

9.- Jesús habló que el reino de David sería restaurado, y que sus apóstoles reinarían con él.

10.-Jesús afirmó que Jerusalén es la ciudad del gran Rey.

11.-Jesús enseñó que su reino estaría conformado mayormente por los pobres de este mundo.

12.-Jesús enseñó que debíamos anunciar a otras personas el evangelio del reino de Dios.

13.-Jesús exigió un “nuevo nacimiento” para poder participar de él.

14.-Jesús enseñó que la iglesia heredaría el reino en su segunda venida personal y visible a la tierra.

15.-Jesús enseñó que en su reino desaparecerían las injusticias y toda suerte de mal en la tierra.

16.-Jesús nunca prometió a sus seguidores llevárselos al cielo una vez que murieran.

17.-El Reino de Cristo durará diez siglos.

18.-Los que no se arrepienten de sus pecados quedarán excluidos para siempre del reino y morirán.

19.-Los que creen en el Reino de Dios, y viven para él, serán salvos.

20.-Salvación es entrar al Reino de Dios con inmortalidad.

 

 

CAPÍTULO 5:

LA CONSOLACIÓN DE ISRAEL Y EL REINO DE DIOS

LA ESPERANZA DE LOS JUDÍOS

 

En el Nuevo Testamento hay un personaje llamado Simeón el justo y piadoso. Dice Lucas de Simeón, lo siguiente: “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él” (Lucas 2:25). Tome nota que este justo esperaba la “consolación de Israel”. Pues bien, esta consolación de Israel tenía mucho que ver con el Ungido de Dios, pues el verso 26 sigue diciendo: “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.” Además, la consolación de Israel estaba ligada con la redención de Jerusalén, pues dice Lucas 2:38 lo siguiente: “Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño (Jesús) a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (V.de J).

 

También es interesante descubrir que hay otro personaje singular en el NT que era justo y que esperaba igualmente algo. Su nombre era José de Arimatea, un discípulo discreto de Jesucristo. De él el evangelista Marcos dice: “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (Marcos 15:43). Y más adelante los discípulos de Jesucristo exclamarían: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel…” (Lucas 21:24).

 

 

Entonces estamos viendo que había cosas que los paisanos

contemporáneos de Jesús esperaban:

 

1.-  La consolación de Israel

2.-  La redención de Jerusalén o de Israel.

3.-  El Reino de Dios (= reino Davídico, Marcos 

     11:9,10).

 

Es un hecho que los paisanos de Jesús esperaban la consolación de Israel a través de la irrupción del Mesías y su reino en Israel. Las profecías mesiánicas hablaban precisamente de una era dorada para Israel y los gentiles, una época en donde Israel y las naciones gozarían de una paz y justicia duraderas, un tiempo de refrigerio y de prosperidad nunca antes vistas. Es decir, un Edad en donde Israel sería una nación segura, fértil, gloriosa, próspera y de mucha bendición para todos los pueblos de la tierra.

 

PROFECÍAS MESIÁNICAS SOBRE LA CONSOLACIÓN DE ISRAEL                                                         

 

Entre los profetas que hablaban de la consolación de Jerusalén en todo su libro está Isaías.  Por ejemplo, en los capítulos 51 y 52  se da énfasis a la consolación de Israel. En el capítulo 51 y verso 3,11 leemos: “Ciertamente consolará Jehová a Sión; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto…ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán” (Esta parte del pasaje nos recuerda lo dicho por Juan en el libro de Apocalipsis 21:4). Nótese que el profeta dice que los redimidos de Jehová volverán a Sión con gozo perpetuo, cosa que nunca lo han tenido de manera permanente. Sin duda esta profecía sobre la restauración de Israel es dual, pues si bien se cumplió de alguna manera en la antigüedad, estas palabras también se cumplirán de manera definitiva, y completamente, cuando el Mesías regrese en gloria para restaurar el reino davídico en Israel, y traiga la consolación total al pueblo judío. Hoy, el pueblo de Israel está todavía desparramado por todo el mundo por más de dos milenios. Pero la consolación definitiva de Israel consistirá en el retorno de esos desperdigados hebreos a su tierra, cuando Cristo venga a destruir a todos sus enemigos que vinieron a luchar contra su país, y por fin él restaure el reino de David en Jerusalén. Los versos 4 y 5 nos hablan del Mesías reinando desde Jerusalén sobre los gentiles durante todo el milenio. En el verso 6 se nos dice que los cielos y la tierra serán destruidos, y los impíos morirán, y el pueblo de Dios vivirá seguro (esto nos recuerda lo dicho por Pedro en 2 Pedro 3:13,14).  Esta profecía—como muchas otras en la Biblia— es de doble cumplimiento sin duda. Tiene que ver con la liberación del pueblo de Dios de manos del rey Nabucodonosor pero también de cualquier otro invasor que viniera contra Israel en el futuro. En el capítulo 52, versos 1,2, se promete que Israel nunca más será invadido por los paganos. Esto por cierto se refiere al futuro cuando se inaugure el Reino. Entonces es clarísimo que la consolación definitiva de Israel se producirá cuando Jesús regrese en gloria para iniciar su reinado de la justicia. Para ello él habrá ya sometido a sus enemigos que vinieron contra Israel. Los siguientes versos nos hablan del regreso de los judíos de su dispersión mundial (ver versos 7-9). Por tanto, se hace evidente que la consolación de Israel tiene que ver con el regreso del pueblo desparramado mundialmente a su tierra, y la restauración del reino de Dios bajo el mando del Mesías esperado.

 

¿QUÉ PARTE DE LA PROFECÍA DE ISAÍAS 61 CUMPLIÓ JESÚS EN SU PRIMERA VENIDA?

 

En Isaías 61:1-11 el profeta predice la salvación de Sión, pero como dice William Mac Donald en su Old Testament Digest, (Extracto del Antiguo Testamento): “Sabemos que el Señor Jesús es el orador acá porque el citó los versos 1 y 2ª en la sinagoga en Nazaret y añadió: ‘hoy esta Escritura se ha cumplido ante vuestros oídos’ (Lucas 4:16-21). El fue ungido con el Espíritu Santo en su bautismo y su ministerio terrenal se relacionaba con el anuncio de las buenas noticias de salvación a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazón, proclamar libertad a los cautivos y la apertura de la cárcel (u ojos) de aquellos que estaban presos. El finalizó la cita con las palabras ‘a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová’ porque lo que seguía, ‘el día de la venganza de nuestro Dios’ no se cumpliría sino hasta su segunda venida” (1). Este importante detalle debe ser tomado en cuenta seriamente por el “hiper-preterismo”, pues esta escuela de interpretación bíblica sostiene que Cristo básicamente cumplió todo lo prometido en las profecías del AT en el año 70 DC con la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, aquí vemos que Jesús enseña otra cosa muy diferente. En el año 70 DC no se cumplió nada de lo dicho en los versos 2b-11 de Isaías 61. Veamos de que tratan estos versos:

 

 

LO QUE CRISTO CUMPLIRÁ EN SU SEGUNDA VENIDA

 

En su aparición gloriosa, Jesús proclamará el día del juicio de Dios, entonces él confortará a aquellos que se lamentan en Sión. Sus escogidos serán luego llamados árboles de justicia, plantío de Jehová (vs. 2b,3). Reconstruirán las ciudades de la tierra prometida que están en ruinas (v.4), y extranjeros apacentarán sus ovejas, y extraños serán sus labradores y viñadores (v.5), y serán sacerdotes de Jehová, ministros de Dios serán llamados, y comerán las riquezas de las naciones (v.6). En el verso 7 dice que en lugar de que los israelitas tengan doble deshonra, tendrán doble honra, y perpetuo gozo. Esta semejante honra doble con gozo perpetuo no la obtuvo el pueblo de Dios en el siglo I (año 70 d.C), ni en los siglos subsiguientes. En el verso 8 Dios hará pacto perpetuo con su pueblo. Esta parte de la profecía tampoco se cumplió en la primera venida de Cristo, pues las características del pacto son aclaradas por Jeremías, quien escribió por mandato de Dios: “Y haré con ellos PACTO ETERNO, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mi. Y  me alegraré con ellos haciéndoles el bien, y los plantaré en su tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma” (Jer 32:40-42). Si esta parte de la profecía se cumplió ya con el regreso del pueblo de Dios de su cautividad en Babilonia, entonces Dios incumplió su palabra cuando dijo: “que no me volveré atrás de hacerles bien”, pues ya vemos lo que pasó con la invasión del general Tito en el 70 DC contra el pueblo judío y su templo en Jerusalén.(1) En el verso 9 se profetiza que las naciones reconocerán que los israelitas son un linaje bendito de Jehová. Esta parte de la profecía difícilmente se ha cumplido ya. Sólo basta con preguntarles a los árabes si ellos reconocen que los israelíes son un linaje bendito de Jehová, y con toda seguridad la respuesta serán un rotundo no al unísono.

 

MÁS INFORMACIÓN PROFÉTICA EN EL CAPÍTULO 62

 

Yahweh nuestro Elohim no descansará satisfecho hasta que las bendiciones prometidas a Jerusalén sean cumplidas (v.1). Luego los gentiles verán que Sión será vindicado, y Yahweh dará un nuevo nombre a la ciudad y será como una corona de gloria en su mano y diadema en su poder. Nunca más las gentes llamarán a Jerusalén Desamparada ni Desolada sino que será llamada: “Mi delicia está en ella”, y la tierra llamada Desolada será llamada: “Desposada”. Estos nombres nos dicen del tierno afecto y de la delicia marital in Su ciudad y tierra (versos 2-5). Hay que destacar los versos 8,9 en donde el trigo producido por los israelitas servirá de comida para los extranjeros, ni será su vino bebida para los extraños. En los siguientes versos tratan del regreso de los exiliados judíos de Babilonia y de la plena restauración del pueblo— ahora disperso— en su tierra cuando el Mesías regrese a recompensarlos. Entonces la tierra prometida será llamada Ciudad Deseada, no desamparada” (10-12).

 

Toda esta información dada por el profeta Isaías ya estaba disponible cientos de años antes que Jesús naciera como hombre mortal, y sin embargo nuestro Señor no la leyó en la sinagoga en Nazaret. Es evidente, por tanto, que estas profecías mesiánicas no se cumplieron cabalmente en el pasado. Pero como Dios no miente, él las va a cumplir plenamente cuando llegue el tiempo para la restauración de todas las cosas. Mientras tanto, el pueblo Hebreo seguirá viviendo en tribulación y peligros hasta que su Salvador, el Mesías, regrese para completar su salvación y darles su parte dentro de su reino milenario. Esta participación involucra también para todos salvos de entre los gentiles. Por fin veremos a una Jerusalén completamente segura, feliz y pacífica. Será una era maravillosa en donde el mismísimo Hijo de Dios gobernará el mundo desde esta antiquísima ciudad amada por árabes, cristianos y judíos. Recién entonces se cumplirán las palabras de Isaías 32:1: “He aquí para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio”.

 

Capítulo 6:

LOS TÍTULOS DE JESÚS

 

Conociendo al Padre y al Hijo

 

En colosenses 1:9 descubrimos que Pablo oraba con Timoteo para que la iglesia en Colosas fuese llena del conocimiento de la voluntad de Dios. Notoriamente para Pablo, conocer a Dios era conocer Su voluntad. No es una cuestión de conocer la apariencia de Dios, sino más bien, Su carácter y voluntad. Conocer a Dios es saber qué piensa y exige Él de sus criaturas humanas. Millones andan a ciegas porque no conocen a Dios, y no entienden el porqué de su existencia en esta tierra. Es por esta infausta situación que Cristo vino a dar a conocer a Su Padre a los hombres, a través de sus hechos y enseñanzas (Juan 1:18, Juan 14:6-10). Él vino a liberarnos del diablo y de sus mentiras, pues recordemos que Jesús y Pablo señalaron a Satanás como el Padre de la mentira, y el obstructor de la verdad (Juan 8:44; 2 Corintios 4:4).

 

Jesús, por tanto, dio mucha importancia al conocimiento o ciencia que lleva a la inmortalidad. Es una ciencia o conocimiento espiritual que debe ser aceptado con fe y humildad; sin objeciones ni burlas. Y en 1 Timoteo 2:4, Pablo le escribe a Timoteo lo siguiente: “el cual (Dios) quiere que todos los hombres vengan al conocimiento de la verdad”. Aquí Pablo habla del conocimiento de la verdad, verdad ésta que se encuentra en Jesucristo mismo (Juan 14:6). El conocimiento de Dios y de Cristo equivale al conocimiento de la verdad. Conocer a Dios y a Su Hijo es conocer la luz, la verdad, la salvación, y la vida eterna. Todos estos puntos se concentran en el Padre y Su Hijo. Jesús y el Padre son UNO (Juan 10:30), pues ambos están unidos en voluntad y propósito. Esto significa que ambos concuerdan perfectamente y no se contradicen. Si dos no estuvieran de acuerdo, no podrían andar juntos. Lo que Jesús enseñó era la doctrina de Su Padre, y él la enseñó con mucha fe y seguridad a mucha gente.

 

Si uno se pregunta cuál es la voluntad de Dios para con nosotros, diríamos dos cosas básicas: 1).- Nuestra santidad de vida (1 Tesalonicenses 4:3), y 2).- Que creamos en su Hijo (Juan 6:40, Juan 1:12). El primer aspecto se refiere a nuestra vida limpia y consagrada a Dios,  y el segundo se refiere a nuestra creencia en el nombre del Hijo de Dios. Pero: ¿Qué significa exactamente creer en el Hijo de Dios? Este es un punto crucial que muchos no entienden. ¿Acaso es creer que él es la Segunda Persona de la Trinidad?¿O acaso que él fue un “buen hombre” o un “Abatar”?

 

Creyendo en Su Nombre—Jesucristo

 

La Biblia dice que debemos creer en el nombre del Hijo. Se lee en el evangelio de San Juan con respecto a Jesucristo, así: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron, mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. ( Juan 1:11,12 –Ver También; Hechos 3:15,16; 1 Juan 5:13). Creer en su nombre es creer en su persona mesiánica, pues su nombre es Jesús, el Cristo (o Jesucristo). Cristo significa en hebreo Mesías (=el rey de Israel), o sea; Jesús, el Mesías o Jesús el Rey. Algunos, no obstante, creen que Jesucristo es sólo un nombre personal, y punto. Pero la verdad es que Jesu-Cristo es un nombre + un cargo o rango. El punto es éste: ¿Creemos que Jesús es el Mesías o rey de Israel prometido? En Mateo 16:15,16 vamos a encontrar a Pedro reconociendo a Jesús como el Cristo ( ó Jesu-Cristo). Dicen así los versículos bíblicos: “El (Jesús) les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: TÚ (Jesús) ERES EL CRISTO, EL HIJO DEL DIOS VIVIENTE”. En otras palabras, Pedro creyó que Jesús era el Cristo ó Jesu-Cristo. Él había creído en el nombre de Jesús, es decir, que Jesús era el Mesías de Dios. En otra ocasión Jesús tuvo que soportar la deserción de muchos de sus seguidores porque dejaron de creer en él debido a sus duras declaraciones. Entonces Jesús les dice a sus apóstoles: “¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente (Juan 6:66-69). Nuevamente nótese que los apóstoles habían creído que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios. O sea, habían creído que Jesús era el Cristo, o Jesu-Cristo. Habían creído en su nombre completo: JESUCRISTO (o Jesús el Cristo), EL HIJO DE DIOS. Esto significa, en buena cuenta, que Cristo es el REY DE ISRAEL, el Mesías o Cristo esperado. Desgraciadamente, millones de cristianos nominales no saben realmente qué significa el nombre y título: Jesucristo— ¡Pero Ud. ya lo está comprendiendo!

 

El Significado de “Hijo de Dios”

 

Vimos arriba que Jesús es el Cristo o Mesías. Esto equivale al nombre y al título: Jesu-Cristo. Los discípulos habían creído en el nombre y título ‘Jesucristo’ en todo su  alcance o extensión. Ahora bien, el título Hijo de Dios equivale igualmente a su rango de Cristo o Mesías. Esto quiere decir que la frase “Hijo de Dios” corresponde al título de Rey de Israel. Veamos algunas citas bíblicas:

 

1.- En Mateo 16:15,16 leemos que Pedro admite que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Es decir que el título Hijo de Dios tiene correspondencia con el título Mesías o Cristo,  el futuro rey de Israel. No olvidemos que Dios le promete a David, que su hijo Salomón será su sucesor en el trono, y que se convertirá, al mismo tiempo, en Su hijo (de Dios) (1 Crónicas 28:5,6). De modo que un hijo de Dios tenía el rango de rey de la dinastía de David. El Hecho de que Cristo sea el Hijo de Dios tiene ese mismo parentesco dinástico ciertamente. Es decir, que Cristo tendrá, como Hijo de Dios, y de David, el derecho de heredar su trono y reino (de David) en un futuro. En Mateo 1:1 encontramos la verdad inobjetable de que Jesucristo desciende del rey David, su padre ancestral.

 

2.- La relación Hijo de Dios y Rey de Israel se deja ver en las siguientes palabras de Natanael a Jesús: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49). Creer, por tanto, en el Hijo de Dios, es creer en que él es el futuro Rey de Israel. Desafortunadamente, son pocos los cristianos hoy que creen realmente que Jesús será el futuro rey del reino de David, en Israel. Aquí hay definitivamente un asunto que los cristianos de hoy deben meditar seriamente. Y es que creer en el Hijo de Dios, llamado Jesucristo ( o Jesús el Cristo), es creer que él, como Mesías, volverá en persona a Israel para restaurar el reino de rey David, el cual está temporalmente suspendido todavía desde 586 a.C. (Leer Lucas 1:31-33).  Esto significa que Israel será una monarquía como la Jordana (su vecina), pero además, será teocrática.

 

3.- En Marcos 15:32 encontramos nuevamente la relación Cristo/ Rey de Israel en las palabras de los escribas y sacerdotes. Dice así el versículo en cuestión: El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos…”.  Es claro, entonces, que cuando Pedro admitió primero que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios, lo que estaba aceptando era que Cristo es el Rey de Israel, el prometido Mesías esperado. En buena cuenta, Pedro había mostrado su fe en el rey de Israel, Jesucristo, a pesar de que éste no vino con ejércitos o con un poder militar bien armado. Su fe fue grande en realidad, porque aceptar a Jesús como el Rey esperado, siendo pobre, y sin poder militar, sería muy difícil en circunstancias tan especiales. Pero hoy, los que niegan esta verdad de un Cristo que reinará en Jerusalén, no se dan cuenta que están torciendo el correcto sentido hebreo-cristiano de la palabra Mesías o Cristo, y no comprenden la confesión de fe de Pedro registrada en Mateo 16:16.

 

El Significado de “Señor”

 

Nosotros usamos frecuentemente el titulo “Señor” para los hombres. Decimos: “el Señor Juan”, “El Señor Pérez”, “el Señor Presidente”, “el Señor Alcalde”, “Su Señoría”, etc. Pero en el caso de Jesús, el título “Señor” tiene una connotación hebrea muy particular. San Pablo dice que hay efectivamente muchos señores, así como hay muchos dioses. No obstante, Pablo concluye que sólo hay UN SEÑOR y UN DIOS  VERDADEROS (Véase 1 Corintios 8:5-6). Preguntémonos, ¿en que sentido Jesús es el único Señor?¿Qué significa “Señor” en su caso? Necesitamos saber de qué se trata su señorío en el sentido hebreo.  Felizmente la Biblia nos da mucha luz al respecto. En Lucas 2:11 se nos habla del nacimiento de Cristo, de este modo: “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Aquí hay un anuncio celestial del nacimiento de un bebé que es Salvador, Cristo y Señor. Acá el señorío de Jesús está relacionado con su mesianismo. Es decir, Cristo es el Señor porque es el príncipe que está llamado a ser el rey de Israel. Señor, en su caso, implica más que Amo, implica Majestad y Soberanía. Él es el Rey esperado para tomar el trono de David, su ancestro, en Jerusalén. Nótese que el profeta Zacarías, hablando sobre la futura gloria de Sión, dice: “Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de jubilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna…y hablará paz a las naciones, y su SEÑORÍO será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (9:9,10). Observemos que el Señorío de Cristo tiene que ver con su poder y autoridad sobre el mundo entero. Acá se habla del futuro reino de Cristo, cuyo poder y dominio será mundial, y él será el Soberano sobre los reyes de la tierra ( Ver Apocalipsis 1:5).

 

Además, es interesante lo que dice el profeta Miqueas sobre el nacimiento de Cristo, y su posterior señorío sobre Israel, con estas interesantes palabras: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será SEÑOR EN ISRAEL, y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (5:2). Nótese que el profeta Miqueas habla de “UN SEÑOR EN ISRAEL”. Esta es una profecía que no sólo anuncia el nacimiento de Jesús en Belén, sino su futuro reinado sobre la nación de Israel. El evangelista y apóstol Mateo se refiere a la misma profecía de Miqueas de arriba, y la cita en su evangelio, así (compárelo por favor): “Y Tu Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un GUIADOR (ó REGIDOR) que apacentará a mi pueblo Israel” (Mateo 2:6).  Entonces: ¡Señor es igual a Guiador o Regidor de Israel!

 

Evidentemente, Jesús no ejerció su función de regidor del pueblo de Israel, ya que los suyos (los judíos) no le recibieron cuando se presentó ante ellos personalmente hace dos milenios (Juan 1:12). Sin embargo, esta función la tendrá que cumplir cuando regrese nuevamente a la tierra, con sus ángeles de su poder (Mateo 25:31,34). Pablo dice que el reino de Jesucristo está indefectiblemente asociado con su manifestación en gloria ( Ver 2 Timoteo 4:1).

 

El Reinado de Jesucristo en Israel: Su Trascendencia

 

¿Qué importancia tiene el hecho de que Cristo será el regidor de Israel?¿Afectará este gobierno de Cristo sobre su pueblo, el mundo entero? La Respuesta la encontraremos en la misma Palabra de Dios, la Biblia. El profeta Daniel vislumbró una Era o Edad gloriosa en la cual un Rey y su reino cambiarían el mundo, y traerían la paz y la justicia a los pueblos. Es necesario leer todo el capítulo dos de Daniel, y en especial, el verso 44, que dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. Sí, Dios levantará un gobierno monárquico y teocrático que dominará sobre los demás reinos o gobiernos de la tierra, y que se hará prominente y duradero por mil años. Esta es la última escena del drama de la historia de la raza humana. Un solo gobierno mundial dominante en la persona del Hijo de Dios… ¡y la destrucción de los malvados e incorregibles! (Salmo 37).

 

Es indiscutible que el hombre es esencialmente político; pues éste ha buscado siempre el bienestar para él y los suyos. Sí, por milenios los hombres han luchado por su supervivencia, y han anhelado una justicia social para todos. Otros han buscado hacerse poderosos, y dominar sobre los débiles; erigiendo pueblos y naciones prósperas que dominan sobre otros pueblos más débiles para explotarlos. Los resultados han sido las revueltas, los descontentos, los derramamientos de sangre, y mil males más. Aún hoy, los pueblos más oprimidos buscan que no se les explote más, y desean el cambio radical del orden de cosas imperantes, y una justicia social auténtica. Los bancos y grupos económicos poderosos se enriquecen más y más a costa de los más pobres de las naciones más endeudadas del planeta. Desgraciadamente, las deudas de los países más pobres se hacen impagables, y año a año se acrecientan más y más hasta oprimirlos demasiado. Los políticos ya no saben cómo salir de este problema, y los pueblos ya no pueden soportar las cargas fiscales que pesan sobre ellos. Los pobres exigen un cambio, y por eso el reino de Dios es para ellos (Santiago 2:5).

 

Sin una justicia real y global, jamás podremos esperar que haya una paz verdadera en la tierra. Parece que esta justicia social jamás se producirá, porque los ricos son cada vez más codiciosos de dinero y poder, y no les interesa para nada el sufrimiento de los desposeídos. Estos ya están de antemano condenados por Dios, a menos, claro, que se arrepientan a tiempo. Dice Santiago 5:1-6 de los ricos: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla, vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia”. Lo que se condenó hace dos milenios, se condena aún hoy. Además, el socialismo también fracasó en sus intentos de cambiar esta injusta situación social, porque el problema está en el hombre mismo, quien desgraciadamente se encuentra alejado de Dios y de Su voluntad, y además, está sumido en sus bajas pasiones. Así lo revela Santiago 4:1 con estas palabras: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?¿No es de vuestras pasiones, los cuales combaten en vuestros miembros?”. Entonces, La tarea consiste en cambiar al hombre para que se rinda a Dios y le obedezca. La separación del hombre de su Dios lo ha llevado a la ruina y al fracaso. Jesús dijo que apartado de él el hombre nada podía hacer (Juan 15:5).

 

En la profecía de Isaías, el profeta nos anuncia una era maravillosa en donde todos los males e injusticias de la tierra desaparecerán, cuando Dios mismo tome las riendas del poder de este mundo a través de su Cristo. Dice así el profeta Isaías: “Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. Acontecerá que en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y  juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (2:1-4).

 

Aquí el profeta nos habla de una era maravillosa en donde los conflictos bélicos desaparecerán por completo. Será una edad en donde Dios dominará sobre los pueblos a través de su Cristo, el futuro rey de Israel. Sobre este Cristo venidero, el profeta Hageo nos dice lo siguiente: “Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (2:7). Efectivamente, vendrá el Deseado de todas las naciones, el hombre ideal para gobernar a los pueblos con equidad. Además, véase que Dios llenará de gloria su casa, o sea, el nuevo templo que habrá en la ciudad de Jerusalén.

 

 

Capítulo 7:

LA GLORIA— LO QUE REALMENTE SIGNIFICA

 

  Texto clave: “Vida Eterna a los que, perseverando en bien hacer,

                       buscan gloria,  y honra, e inmortalidad” (Rom. 2:7)

 

 

El Concepto errado de la Gloria

 

Millones de personas han escuchado en los sermones de las iglesias que Dios los ha llamado a su gloria celestial. Igualmente, en los sermones de difuntos, el Pastor o Sacerdote suele decir que el amado hermano difunto “ya está con Dios en Su gloria” como un sinónimo del cielo mismo. Sin embargo, lo que muchos cristianos ignoran es que esta gloria prometida por Dios y Su Hijo a los fieles, tiene que ver con una posesión o herencia de un reino en la tierra en ocasión de la Parusía de nuestro Señor Jesucristo, el Rey del Reino de Dios.

 

Este breve estudio demostrará que la gloria a la cual todos los creyentes estamos llamados tiene que ver con la toma del reino milenario de Cristo en la tierra. Este estudio cardinal despejará las dudas que se pueden aún tener de la gloria que se nos ha ofrecido, y que la tradición Católica ha tergiversado sin contemplación alguna.

 

En Búsqueda de la Gloria

 

El apóstol Pablo solía referirse a la gloria como la meta del Cristiano, el OBJETIVO para mirar con perseverancia. En su carta a los Romanos, el apóstol les dice: “El cual pagará a cada uno conforme a sus obras, vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad.” (Rom. 2:6,7). De modo que todo Cristiano debe mirar y buscar la gloria futura (nótese el paralelo con la frase “buscad primeramente el Reino” de Mateo 6:33), que le será otorgada al creyente después de que su cuerpo mortal se vista de inmortalidad por la resurrección del día postrero, en la parusía de nuestro Señor Jesucristo. Estas son las palabras de Pablo: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” (Col. 3:4). De modo que nadie aún posee la gloria que se nos ha ofrecido a través de las páginas de la Biblia. Y nuevamente el apóstol Pablo les dice a los romanos creyentes sobre esta gloria escatológica, lo siguiente: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Rom. 8:18). Aquí Pablo dice que debemos sufrir tribulaciones antes de recibir la gloria, lo cual concuerda con otra de sus declaraciones que dice:”Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:12). Acá el sufrimiento trae como recompensa la gloria, gloria que significa nuestro REINADO con Cristo.

 

Es un hecho que la gloria está íntimamente ligada al reino futuro de Cristo. No se puede estar en la gloria, sin estar en el Reino y viceversa. En 1 Tes. 2:12 Pablo hace claro que el Reino y la gloria van de la mano como gemelos envueltos por una sola placenta. El escribe a los creyentes de Tesalónica lo que sigue: “Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, quien os llamó a su REINO y GLORIA”. Sin embargo, reitero lo mismo: tanto el Reino y la gloria son presentados por Pablo como asuntos futuros, para cuando aparezca el Rey de gloria (Col. 3:4).

 

La Gloria en el Antiguo Testamento

 

El rey David, el cantor de Salmos hermosos de alabanza, dice en el capítulo 145:11-13 de este modo: La gloria de tu reino digan, Y hablen de tu poder, Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, Y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos, Y tu señorío en todas las generaciones”.  David predice que los hombres reconocerán al reino de Dios como algo glorioso y magnificente. Además, el Reino del rey David, y sus descendientes, era el mismísimo reino de Yahweh. En 1 Crónicas 28:5 se lee: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del Reino de Jehová sobre Israel”.  Salomón, el sucesor de David, se sentó en el mismo trono del reino de Jehová en Israel. ¡Y este reino que heredó Salomón era un reino glorioso a la vista de todos! El dominio o gobierno de Dios sobre su pueblo a través de Sus reyes ungidos era el glorioso reino de Dios en la tierra. Ese reino fue establecido para durar muchísimas generaciones (Salmo 145:13) y ejercer autoridad divina sobre las naciones de la tierra en el largo plazo (Salmo 72:8). Dios había jurado a David que no faltaría varón que se sentase en su trono (2 Samuel 7:16, 1 Reyes. 9:5), y también prometió que algún día un último rey restauraría el trono de David (Ezequiel 21:25-27). La gloria del Reino sería algún día re-establecido en la tierra con un rey Judío de la línea de David.  Y Daniel habló de ese reino-gloria como una herencia que sería poseída por los santos de Dios en el futuro. Son de destacar los versos 18 y 27 que dicen: “Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre. y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. ¡Esta es la gloria que recibirán los santos del Altísimo! 

 

En Ezequiel 39:21 se lee lo siguiente: Y pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse”. Aquí Dios habla de poner su gloria entre las naciones, aquella gloria que tiene que ver con Su tabernáculo, el lugar de su santa morada (Apocalipsis. 21:1-3). Dios mismo pondrá su santuario entre los hombres. Su presencia y su dominio como Rey de reyes en el mundo serán absolutos. El reinará en su reino como el Rey soberano, y todas las naciones le servirán. En ese entonces el mundo gozará de la paz y la justicia nunca antes vista por humano alguno, cuando el diablo y sus secuaces sean exterminados de la tierra para siempre.

 

Una Gloria ya Presente por la Fe, pero Aún no Consumada

 

Es cierto que hoy podemos adueñarnos de la gloria, la salvación,  la vida eterna, y del Reino por la fe. Cada creyente está ya en el libro de la vida a la vista de Dios, y en cierto modo ya posee esa gloria e inmortalidad escatológicas en el presente por la fe (“…que por la fe y la paciencia heredan las promesas”, Hebreos 6:12). Pero recordemos que debemos perseverar en esa fe para conseguir la total realización de nuestra salvación integral (Ver Hebreos 9:28; 1 Pedro. 1:5). Jesús ya nos “dio” la gloria por la fe (Juan. 17:22), así como Cristo la tuvo mientras estuvo en la tierra, aunque la recibió después de su victoria sobre la muerte, en su resurrección (Hebreos 2:9). Del mismo modo, Cristo nos llevará a la gloria cuando seamos resucitados, habiendo sido igualmente perfeccionados por las tribulaciones presentes (Hebreos 2:10).

 

El Evangelio de la Gloria de Cristo (2 Cor. 4:4)

 

Dice Pablo en 2 Corintios 4:4: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”  Acá Pablo revela que la gloria de Cristo —que es la misma gloria que se nos ha dado—es el evangelio (el evangelio que Pablo mismo llamó después “el Reino de Dios” –Hechos. 28:23,30, 31) De modo que TODO lo relacionado con la gloria de Cristo es el Evangelio verdadero, pues esta gloria es un sinónimo del Evangelio del Reino de Cristo (Mateo 24:14). Ya hemos visto que Reino y gloria vienen juntos. De modo que toda vez que se nos promete la gloria, se nos está prometiendo el Reino. En resumen, hablar del evangelio de la gloria de Cristo es hablar del evangelio del reino de Cristo. La gloria es el Reino, y el Reino es la gloria que obtendremos completamente en la Parusía. A esa gloria monárquica estamos siendo conducidos todos los creyentes por la fe (Hebreos 2:10).

 

Pedro Participaba de la Gloria Venidera (1 Pedro 5:1)

 

Dice el apóstol Pedro así: “…que soy también participante (o copartícipe) de la gloria que será revelada.” Con estas palabras el apóstol Pedro reconocía que ya coparticipa con los otros creyentes, de la gloria que aún no había sido manifestada. Esa participación de la gloria era, para Pedro, la participación de la “naturaleza divina” (ver 2 Ped. 1:4), con la cual se podía obtener “una amplia y generosa entrada en el Reino eterno de Jesucristo” (Ver 2 Pedro 1:11). Esto concuerda con lo dicho por Pablo cuando afirmó a los creyentes de Corinto que: “La carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Corintios 15:50). ¡Se requiere radicalmente obtener la naturaleza divina! Además, para Pablo, esta participación de la gloria del Reino era equivalente a la “participación de la GRACIA” (Filipenses 1:7), el verdadero evangelio de la Gracia de Dios, que es el Evangelio de la gloria de Cristo, o el evangelio del Reino de Dios en la tierra (Busque en Google mis artículos: “¿Es el Evangelio de la Gracia el Nuevo Evangelio de Pablo? Y “La Parte no es el Todo: ¡Un Estudio del Evangelio Completo!)”

 

San Juan También Era Copartícipe del Reino

 

San Juan, al igual que Pedro y Pablo, era copartícipe de la gloria a la cual él llamó “el Reino”. En Apocalipsis 1:9 él dice: “Yo Juan, vuestro hermano, y COPARTICIPE (con los creyentes, incluyendo a los demás Apóstoles) vuestro en la tribulación, EN EL REINO y en la paciencia de Jesucristo…”. ¿Se da cuenta, estimado lector, que la coparticipación en el Reino para Juan era la coparticipación de la gloria para Pedro, y a su vez era la coparticipación de la Gracia para Pablo? Es decir, ¿Comprende ahora que los 3  términos (gloria, reino, y gracia) son intercambiables? Es evidente que Juan coparticipaba del reino, o lo que es lo mismo decir, de la gloria que aún no se había manifestado. Y si la gloria no se había manifestado, entonces tampoco el Reino de Cristo. El Reino de Cristo era todavía para Juan, un asunto del futuro, pues finaliza su libro pidiendo por la venida del Rey del reino (Apocalipsis 22:20).

 

Lo que Revela la Petición de Santiago y Juan

 

Es interesante comparar Mateo. 20:20-21 con Marcos 10:35-37, donde descubriremos claramente lo que era para los discípulos la gloria. Estos versículos de Mateo y Marcos han sido pasados por alto por muchos estudiantes de la Biblia, y sin embargo, son claves para entender lo que es la gloria prometida por Cristo. Desgraciadamente muchos creen que la gloria es estar en el cielo como angelitos blancos y alados tocando un arpa o una lira dorada por toda una eternidad.

 

Comparemos  en seguida ambos pasajes:

 

Mateo 20:20,21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Ella le dijo: Ordena que en tu REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

 

Marcos 10: 35-37: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro querríamos que nos hagas lo que te pidiéramos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

 

Si comparamos ambas citas que se refieren al mismo asunto, pero bajo distintas perspectivas, veremos que Mateo dice que los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) le solicitaron a Jesús una posición de privilegio en su REINO. En cambio, Marcos escribe que lo que Jacobo y Juan le pidieron a Jesús fue por un lugar de privilegio en Su GLORIA. ¿Por qué esta diferencia entre ambos evangelistas? Pues la única explicación posible es que no había ninguna diferencia, dado que era obvio para los primeros cristianos que la Gloria era un sinónimo del Reino y viceversa. Con esto queda una vez más demostrado que el evangelio de la gloria de Cristo (2 Corintios 4:4) es lo mismo que “el evangelio del Reino de Cristo” (Mateo 24:14). Los predicadores de hoy debieran comprender este asunto, y no especular con interpretaciones que se alejan de la verdad prístina de las Escrituras. Definitivamente el evangelio de la gracia, el evangelio del Reino, el evangelio de la gloria, el evangelio de la paz, el evangelio de salvación, el evangelio de Cristo, el evangelio de aquella promesa, etc, son todos y cada uno de ellos el mismo y único evangelio bíblico (Gálatas 1:6-9).

 

La Gloria que vieron los Tres Testigos: Pedro, Santiago y Juan

 

Es sumamente interesante lo que escribió el apóstol Pedro en su segunda epístola que lleva su nombre, capítulo uno, y versículos 16-18: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos (a) su majestad. Pues cuando él RECIBIÓ de Dios Padre honra y GLORIA (esto nos recuerda lo que dijo Jesús en la Parábola de la Diez Minas sobre “el hombre noble que se fue a un país lejano [el cielo] para ”RECIBIR un REINO” y volver”, según lo leemos Lucas 19:12)…cuando nosotros estábamos en el monte santo [de la transfiguración]”. De modo que Jesús fue al cielo para recibir la gloria y honra (2 Pedro 1:17), o lo que es lo mismo decir, para recibir un reino (Lucas 19:12).

 

Ahora presten atención a esto: En Lucas 9:32 se nos dice que los 3 discípulos elegidos “vieron LA GLORIA de Jesús”, aunque en unos pocos versículos antes, en Lucas 9:27, Jesús prometió que aquellos elegidos verían SU REINO. También en Marcos 9:1 Jesús anuncia que sería su REINO el que vendría y que sería visto sólo por algunos de los suyos en su TRANSFIGURACION que se produciría 6 días después. Realmente ellos vieron la majestad o GLORIA del Rey Mesiánico o Su REINO, anticipadamente, como una especie de bocado para que fueran testigos de su Señor glorificado (Hebreos 6:5).

                                                                                                                                                                                                                                                                  

Coronados para recibir la Gloria

 

El apóstol Pedro dice que existe una corona de gloria en 1 Pedro 5:4 “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona de gloria. Esto significa que seremos coronados como reyes del Reino como lo fue Jesucristo en su resurrección (Hebreos. 2:9, Apocalipsis 5:10; 3:21), y esto significará nuestra glorificación. Nuevamente nuestra glorificación tiene que ver con nuestra coronación como autoridades reales o reyes del Reino de Cristo. Sólo los coronados son los nombrados para ser los ejecutivos del Reino mesiánico, y esto lo vislumbró claramente el profeta Daniel para los vencedores (Daniel.  7:18,27). Esta era la gloria que tenía Dios—y Su Hijo, el Cristo—para ofrecer a todos los otros cristos o ungidos.

 

Los Tronos de la Gloria

 

En Mateo 19:28 leemos: Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”. Nótese claramente que la gloria de Cristo tiene TRONOS, y ¿dónde más puede haber tronos sino en un reino? En este caso descubrimos que en la gloria de Cristo (su reino) existen tronos para Él  y para los suyos. Esos tronos son los tronos del Reino Mesiánico. De manera que LA GLORIA nuevamente se relaciona con EL REINO del Mesías en la tierra. Por otro lado, fíjense en el Salmo 122:3-5, en donde se nos dan más detalles sobre los tronos y su localización geográfica:Jerusalén, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado a Israel, Para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio, Los tronos de la casa de David”.

 

Así que está muy claro que la gloria no tiene que ver con una estadía de los justos en el cielo como angelitos alados, sino con la morada de los santos en sus puestos de autoridad en el Reino milenario de Cristo en la tierra prometida. Esa tierra prometida no es el cielo, sino Jerusalén, la sede del gobierno de Cristo y  de sus seguidores sobre las doce tribus de Israel. En aquel entonces el Reino de Cristo será glorioso. Dice el Salmo 72:7-20: “Florecerá en sus días justicia, Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, Y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, Y sus enemigos lamerán el polvo.  Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él; Todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará la vida de los pobres.  De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.  Vivirá, y se le dará del oro de Sabá, Y se orará por él continuamente; Todo el día se le bendecirá. Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; Su fruto hará ruido como el Líbano, Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra. Será su nombre para siempre, Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado. Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.  Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.”

 

Pero es igualmente necesario recalcar que nuestro Señor Jesucristo aún no se ha sentado en su trono de gloria, o en el trono de su reino, a pesar de que algunos teólogos han propagado lo contrario. Vean ustedes lo que dice Jesús mismo acerca del tiempo de su entronización en su reino o gloria: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos con él, entonces se sentará en su TRONO de gloria.” (Mateo 25:31). Así que Jesucristo ya recibió el reino cuando retorno al Padre (Lucas 19:12; Daniel. 7:13,14), pero aún no se ha sentado en SU trono, sino en el trono de Su Padre. El dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono (Apocalipsis 3:21). 

 

La Gloria y el Poder

 

En Apocalipsis 5:13 leemos: “Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, LA GLORIA  y EL PODER, por los siglos de los siglos”. Y en Apocalipsis 19:1 leemos: “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro”.  De modo que también la gloria tiene que ver con el poder que tendrán Cristo y sus cristos en su Reino sobre el mundo entero.

 

El Poder, La Autoridad y el Reino

 

En Apocalipsis 12:10, hablando del reino futuro de nuestro Señor Jesucristo y sus santos, dice: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Así que nuevamente, el poder, la gloria, y la autoridad están íntimamente vinculados con el Reino de Cristo. Los santos tendrán el poder en la gloria, o lo que es lo mismo decir: Autoridad en el reino de Cristo. En la parábola de las Diez Minas de Lucas 19, Jesús explica que los fieles recibirán autoridad sobre ciudades enteras, y autoridad significa el poder ejercido sobre grupos humanos (v.17). También Apocalipsis 2:26 “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones”.

 

Satanás ha obscurecido el Evangelio de Cristo

 

Hemos visto que Satanás ha cegado los ojos de los incrédulos para que no perciban o entiendan el mensaje del Evangelio del Reino, que es el evangelio de la gracia, o el evangelio de la gloria venidera de Cristo. El no desea que los potenciales creyentes acepten este mensaje del cielo porque significa su propia ruina, y la de su reino en este mundo (Ver. Marcos 4:15) El ha trocado el evangelio de la gloria de Cristo por un evangelio espiritual en el “corazón del creyente”, o en la iglesia. El obstruye la razón de los seres humanos haciéndoles creer que el Reino de Dios no tiene nada que ver con un reinado personal del Mesías en la nueva tierra. El ha logrado convencer a millones de incautos de que el pacto davídico y el pacto Abrahámico, los cuales aseguran para Cristo y su iglesia un enclave y un reino en este planeta, fueron condicionados a la obediencia de sus potenciales beneficiarios. Tales predicadores sostienen que esos pactos caducaron radicalmente por la infidelidad del pueblo prístino de Dios, y que éstos ahora han pasado a ser herencia de un nuevo pueblo (la iglesia) pero con un significado puramente “espiritual”. Agustín de Hipona fue uno de los mayores responsables por esta crasa mutación del pacto original. Para Agustín, el Reino Mesiánico se convirtió en un reino eclesiástico, y el trono de David se transfirió, de la Jerusalén terrenal, a la Jerusalén celestial. Este grave error fue propagado sutilmente por el romanismo por siglos, opacando y haciendo casi desaparecer el verdadero Reino terrenal, como está desplegado en las Escrituras de tapa a tapa.

 

Resumen

 

1.- Buscar la gloria (Romanos. 2:6,7) es buscar el Reino (Mateo 6:33).

2.- Las aflicciones preceden a la gloria (Romanos. 8:18) y preceden también al Reino (2 Timoteo. 2:12). Por tanto la gloria y le reino son equivalentes.

 

3.- El Evangelio de la gloria de Cristo (2 Corintios. 4:4) es el Evangelio del Reino de Cristo (Mateo. 24:14), y es el evangelio de la gracia (Hechos 20:24).

 

4.- Ser co-participante de la gloria (2 Pedro. 1:4) es ser co-participante del Reino (Apocalipsis. 1:9).

 

5.- Recibir la gloria (2 Pedro. 1:16-18) es recibir el Reino (Lucas. 19:12).

 

6.- Ver la gloria (Lucas. 9:32) es ver el Reino (Lucas. 9:27).

 

7.- Cristo está sentado ahora en el trono de Su Padre, no en el suyo (Apocalipsis. 3:21).

 

8.- La Gloria está asociado con el Poder, y el poder con el reino, y el reino con la Autoridad (Apocalipsis. 5:13; 19:1; 12:10).

 

 

Capítulo 8:

LA VIDA ETERNA, LA SALVACIÓN, LA GLORIA,  Y EL REINO: ¿PARA HOY O PARA EL FUTURO?

 

 

Llamando las cosas que no son como si fuesen

 

El Apóstol Pablo dijo algo muy interesante en Romanos 4:17: (como está escrito: “Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen”.  Nos dice Pablo que el Señor llama las cosas que no son como si fuesen, Esto es interesante porque muchos estudiantes de la Biblia han encontrado promesas “ya otorgadas” que en realidad son futuras. Vamos a examinar algunas de ellas para entender lo que se nos ha ofrecido en su real dimensión.

 

La vida eterna

 

Una de las principales promesas de nuestro amado Salvador es la vida eterna. Jesús dice lo siguiente: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). En 1 Juan 5:11 Juan repetirá lo mismo, así: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo”. Acá el Señor está diciendo que el creyente tiene “ahora” la vida eterna y ya no será condenado porque ha creído en el Hijo de Dios. Pero sorprendentemente el Señor mismo dirá que la vida eterna no es para hoy, sino para la era venidera, la era del reino. He aquí sus palabras: “Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,  30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna(Lucas 18:30). Aquí vemos que Jesús habla de la vida eterna como una realidad para el SIGLO VENIDERO. ¿Se está contradiciendo nuestro Señor?¿Es la vida eterna un regalo para hoy o para el siglo venidero? Nosotros debemos encontrar una explicación coherente y sensata a los dichos de Jesús que parecen contradictorios. No es sabio decir que ya tenemos la vida eterna ahora a rajatabla, pues esto nos daría una falsa seguridad de victoria. En Santiago 1:12 leemos: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”Aquí Santiago nos dice que recibiremos la vida eterna sólo después de vencer las pruebas o tentaciones que se nos presenten. Entonces, no es cuestión sólo de creer en Cristo, sino también vencer las pruebas que se presentarán mañana, dentro de un año, o dentro de diez. Por tanto, la salvación no algo automática como resultado de nuestra conversión. Cuando nos convertimos tú y yo somos perdonados de nuestros pecados pasados, pero no de todos los pecados que eventualmente cometeremos en el futuro (Ver Romanos 3:25). La vida eterna debe construirse, debe ganarse, debe trabajarse. En 1 Juan 3:14 se nos dice que hemos pasado  a la vida, pero eventualmente podríamos perderla por nuestros pecados: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él Aquí Juan es claro al decir que la vida no se obtiene con tan sólo con creer en Cristo, sino también por amar a los hermanos. Y Juan no está afirmando aquí que cualquiera que “ya tiene” la vida nunca la perderá, pues si aborrece a su hermano ciertamente se condenará como se condena un homicida.

 

En Apocalipsis 2:7 encontramos más información sobre la vida eterna. He aquí lo que dice este mensaje divino dirigido a las iglesias:“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.  Nótese que los que venzan serán merecedores de la vida eterna, o que es lo mismo decir, de la vida en la era venidera.

 

Debemos, por tanto, tener mucho cuidado de brindar falsas esperanzas a los creyentes novatos, pues podrían ser eventualmente esperanzas peligrosas, ya que podrían hacerles bajar la guardia en su lucha diaria por la vida eterna. Si alguien le dice a un creyente que su vida eterna nunca la perderá porque “ya recibió a Jesús en su corazón”, éste podría no esforzarse tanto para ser victorioso en las pruebas y en los deberes cristianos. Debemos entender que la vida eterna es un regalo condicional “presente” pero que se cristalizará en el futuro SI VENCEMOS al diablo, a la carne, y al mundo. Recuerde esto: nuestros nombres YA están escritos en el libro de la VIDA desde nuestra conversión—¡Pero debemos vencer para que Dios no nos los borre por nuestra incompetencia! Dice Apocalipsis 3:5 así: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”. Y recuerde esto con sumo cuidado: La vida eterna fue, es, y será otorgada en la ERA VENIDERA, LA ERA DEL REINO DE CRISTO, ÚNICAMENTE A LOS VENCEDORES.

 

 La Salvación

 

La salvación es otra de las promesas que tiene un carácter presente, pero también otro que es futuro. Por ejemplo: En Lucas 19:9,10 se lee lo siguiente: “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.  9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.  10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”   Acá contemplamos a Jesús diciéndole a Zaqueo que la salvación ya había llegado a su casa en ese mismo día en que había confesado sus buenas obras. Zaqueo ya era salvo por su amor por los pobres y por su obrar justo con los que pagaban sus impuestos al imperio. No obstante, en otros pasajes como Mateo 24:13, Jesús dice que “los que perseveren hasta el fin esos serán salvos”. Aquí hay que entender que, como es el caso con la vida eterna, uno puede ser salvo ahora por haber aceptado a Cristo como Salvador y haber obtenido el perdón de todos los pecados PASADOS. Sin embargo, si este creyente no persevera hasta el fin, de ninguna manera será salvo. La tesis de que “una vez salvo siempre salvo” es tan peligrosa como falsa. Esta da una falsa seguridad al creyente haciéndole creer que a pesar de que siga cometiendo pecados, él NUNCA se perderá.

 

El Apóstol Pedro habla de que aún resta una salvación futura por realizarse en nosotros. El dice así: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postreroNótese que Pedro no está diciendo que los creyentes ya están salvos desde que se convirtieron al Señor y que nada les hará perder esa salvación. Al contrario, él dice que estamos guardados, conservados, reservados, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada—¿cuándo?— ¡En el tiempo postrero!.

 

Y de igual sentir es el apóstol Pablo, cuando en Hebreos 9:28, escribe: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. Así que para Pablo, la salvación sólo se obtendrá en el tiempo postrero, en el día de la Segunda Venida. Más claro no puede estar.

 

Mientras tanto, el creyente debe estar trabajando por su salvación todos los días de su peregrinaje en este mundo malo de Satanás. Dice Pablo en Filipenses 2:12: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblorY a los hebreos les dice: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Heb. 2:3). Obviamente acá Pablo nos da a entender que la salvación se puede perder por nuestra negligencia.  

 

La Gloria

 

También encontramos a Jesús orando a su Padre y diciendo: La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”. (Juan 17:22). Aquí Jesús dice que sus seguidores ya han recibido la misma gloria que él ha recibido del Padre. A simple vista pareciera ser que los cristianos ya tienen su gloria, pero un exhaustivo examen de otros pasajes bíblicos que hablan de esta gloria, nos convencerán que la gloria prometida se hará realidad en la parusía. Por ejemplo, en 1 Pedro 5:1 Pedro revela cómo es que tenemos la gloria en esta vida: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada”. Aquí Pedro claramente nos dice que él era participante de una gloria aún no manifestada. ¿Cómo puede ser posible esto? Creo que lo que él nos quiso decir era que él se sentía en la gloria por la fe. El hizo de la gloria una parte muy importante de su vida, pero sin tenerla como posesión en realidad. El se sentía realmente en la gloria (…y en el reino!) por la fe. Obviamente esa gloria era para él la razón de ser de toda su existencia.

 

En 1 Pedro 1:21 Pedro, ya sabía, sin embargo, que: “…Dios, quien le resucitó de los muertos, le ha dado gloria (a Cristo), para que vuestra fe y esperanza sean en Dios”.  Es decir, Pedro sabía que Jesucristo realmente ya había recibido su gloria en su resurrección, y sabía también que él recibiría su gloria en su respectiva resurrección. En Colosenses 3:4 el apóstol Pablo es de la misma creencia cuando dice que: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Así que si bien Jesús, al orar al Padre manifiesta que él ya nos ha dado la gloria, sus apóstoles no lo tomaron tan literalmente que digamos, pues como hemos visto arriba, ésta se haría realidad sólo cuando el Señor regrese en poder y en gloria. Tenemos que entender la forma de hablar de Jesús y armonizarla con las declaraciones de sus apóstoles para no vivir confundidos. Creo que los discípulos recibieron de Cristo la PROMESA de una gloria FUTURA. Para él, sus discípulos en general ya estaban con él en la gloria, una gloria que él entregó de antemano para ser recibida por la FE (Heb. 6:12).

 

El Reino de Dios

 

En Lucas 12:32 Jesús vuelve a usar el tiempo pretérito cuando dice: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”. Aquí cualquiera podría concluir que Jesús ya nos dio su reino porque él dice que le plació darnos su reino, o porque Pablo dijo que ya fuimos trasladados al reino del amado Hijo en Colosenses 1:13. Estas formas de hablar de cosas que no son como si fueran, son propias de nuestro Dios. Y Dios mismo inspiró también a algunos apóstoles a escribir en ese estilo en algunas ocasiones. Pues bien, Jesús mismo hablará del reino, ya no como algo recibido, sino como algo por recibir en Mateo 25:31,34 donde dice: Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria…34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Aquí vemos un cambio radical en el tiempo por parte de Jesús con relación a su reino. En Lucas 12:32, los discípulos ya han recibido el reino, pero en Mateo 25:31,34 el reino es heredado en la parusía. ¿Será que hay una contradicción evidente? ¡No, por supuesto! Lo que sucede es que para Dios y Cristo, los santos ya tienen el reino de antemano, por su fe, y por su esperanza. Este es otro caso típico de promesas futuras como si estuviesen hoy ya cumplidas u otorgadas.

 

 

Capítulo 9:

EL REINO Y EL REINADO DE CRISTO VIENEN SIMULTÁNEAMENTE

 

Juan Recibe una Visión

 

Apocalipsis 12:10 dice:

 

Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. 

 

Algunos maestros de la Palabra vienen sosteniendo que Cristo y Su Reino vinieron en el Primer siglo de la Era Cristiana, pero que Su reinado con poder sólo se cristalizará en la parusía o Segunda venida de Cristo, la cual aún sigue siendo futura. Sin embargo, lo que Cristo le revela a Juan a través de Su ángel es otra cosa muy diferente, según lo leemos en el pasaje de arriba escrito con letras azules. Es necesario leer este pasaje con atención, pues a Juan se le dijo que “ahora” (Es decir, en un determinado momento) ha venido EL PODER, LA AUTORIDAD Y EL REINO DE CRISTO. Esto está más claro que el agua cristalina, claridad que la puede percibir hasta un niño de 5 años. Si el Reino vino hace dos milenios, y el reinado (es decir, la autoridad y el poder que ejerce el rey en su reino) es aún futuro, entonces este texto tendría que ser declarado espurio o una interpolación mal intencionada.

 

Definitivamente a Juan no se le dijo que el Reino ya había venido y que la autoridad y el poder de éste serían aún futuros. Sólo en las mentes encaprichadas existe esa tesis del “paréntesis” entre el Reino y el reinado de Cristo.

 

El Reino bajo Cristo viene con Poder

 

Lo cierto es que Cristo no ha establecido su reino aún, porque si lo hubiera establecido, él debería haber mostrado Su poder y autoridad sobre las naciones. ¿Pero pueden las naciones estar ahora sometidas bajo la autoridad de Cristo? ¿Será nuestro Señor un Rey incompetente que no logra poner en orden el caos existente en los pueblos? Definitivamente hay algo que no funciona bien en la tesis de un reino presente sin autoridad y poder entre las naciones. Los Testigos de Jehová tienen ese problema con su tesis del año 1914. Y aunque ellos creen que el reino y reinado llegaron juntos, no saben explicar porqué Cristo no logra poner orden y autoridad en el caos existente. El amilenialismo, con su tesis de un reino eclesiástico, donde Cristo reina sobre su iglesia, tampoco satisface las demandas Escriturarias de un reinado Mesiánico sobre las naciones, trayendo la justicia y la paz mundiales. Definitivamente la iglesia tampoco es un reino que reina con autoridad y poder sobre las naciones.

 

Los Santos que reciben el Reino

 

En Daniel 7:27 leemos algo semejante a lo revelado a Juan, es decir, que los santos, los Cristianos, los verdaderos hijos de Abraham, recibirán en un momento dado el Reino y el reinado (dominio) a lado de Cristo. Este hecho coincide con lo revelado a Juan en Apocalipsis 12:10 claramente. Dice Daniel 7:27 así: “y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. En este pasaje daniélico vemos muy claramente que el Reino y el dominio de los santos aparecen simultáneamente. Daniel no dice que el Reino ya les fue dado a los santos, pero que el dominio de éstos sobre los pueblos será cumplido aún en un futuro indeterminado. No señor, el texto dice muy simplemente que a los santos se les da el reino y el dominio y la majestad de los reinos de manera simultánea. Aquí no hay ninguna declaración que nos haga suponer que el Reino y el reinado de los santos están separados por milenios de distancia.

 

¿Cristianos reinantes?

 

En 1 Corintios 4:8, 20 el Apóstol Pablo se mofó de algunos Cristianos de Corinto porque suponían que estaban en el mejor de los mundos, y que ya reinaban. Pero Pablo se mofa irónicamente de ellos y les dice: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!”. ¿Y porqué Pablo se burló de ellos? La respuesta es simple. Para Pablo, el verdadero reino del Mesías no consistía en palabras, sino en poder o autoridad o dominio. En el verso 20 él les dice muy enfáticamente: Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en PODER. Es decir, para el apóstol Pablo, el reino va de la mano con el poder, y si no hay poder, no hay reino. Es por eso que él se mofaba de ellos, porque ¿qué poder tenían ellos sobre toda autoridad y dominio imperantes? ¿Acaso ellos podían deponer al Imperio Romano y establecerse como un nuevo reino sobre la tierra? De ningún modo, pues ya sabemos cómo la iglesia fue perseguida y diezmada por el Imperio pagano durante aproximadamente tres siglos después de la muerte de Cristo.

 

El Ejemplo de Nabucodonosor

 

En el sueño del rey babilónico se revela una imagen colosal de distintos metales (Daniel 2) y que representan a los distintos imperios que aparecerían hasta la llegada del Reino mundial de Cristo. La cabeza era de oro, y ésta representaba al imperio vigente que dominaba el mundo de entonces, el imperio Asirio-Babilónico. El profeta Daniel le revela a Nabucodonosor que la cabeza de oro era él. Estas son sus palabras: “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y donde quiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro” (Daniel 2:37,38). Observemos que este primer rey le fue dado su reino, su poder, su fuerza, y su majestad de manera simultánea. Nótese que Nabuconodosor no fue un rey que recibió un reino un día “X”, pero su poder y autoridad los recibió muchos años después. Más bien la Escritura nos dice que él recibió un reino y reinado con poder y autoridad de manera simultánea.  Ahora bien, si esto fue así con el primer Imperio o reino mundial, ¿no es lógico esperar que ocurra lo mismo con el último gran imperio o reino que se establecerá en la tierra? ¿No es lógico concluir que el Mesías recibirá de Dios el reino y el reinado con autoridad y poder sobre todo lo existente de manera simultánea?

 

Lucas 19 registra que Cristo ha ido al cielo para recibir un reino y volver (Lucas 19:11,12). Sin embargo, esto no quiere decir que nuestro Señor ya ha recibido el Reino y su reinado con poder, sino que está esperando que Dios se lo adjudique para luego volver inmediatamente a la tierra para ejercer su reinado…¡cuando sea el tiempo propicio para la restauración de todas las cosas! (Hechos 3:19-21, Lucas 19:15).

 

Una promesa por Cumplirse

 

La única posibilidad que tenemos para interpretar las palabras del ángel a Juan en Apocalipsis 12:10 es que esa visión tiene que ver con el fin de los tiempos, cuando Cristo, al volver, establezca su reino en la tierra, y deponga a los poderes temporales del mundo para traer la paz y la justicia perdurables con vara de hierro. En Mateo 25:31,34 Jesús declara que cuando venga (Su parusía) en gloria, ENTONCES, se sentará en su trono de gloria…y entonces los Cristianos fieles heredarán el Reino y el reinado (Apo. 20:4,5).

 

 

 

Capítulo 10:

¡USTED NO IRÁ AL CIELO SINO AL REINO DE LOS CIELOS!

                                            

 

El Engaño de la Teología Tradicional:

 

Millones de hermanos cristianos han sido aleccionados por sus curas y pastores de que hay un premio para los creyentes, y ése es el cielo. Los más de los que profesan el cristianismo ven el cielo como la meta final para sus vidas consagradas al Señor, y lo vislumbran como un lugar de bienaventuranzas y de paz nunca antes concebidas o imaginadas por hombre alguno. Los cristianos tradicionales ha creído en que sus antepasados difuntos, que profesaron la fe católica o protestante, están ahora en el cielo como ánimas desencarnadas o ángeles que tocan el arpa todo el día y por la eternidad. No obstante, esta creencia tradicional contradice lo dicho por Jesús concerniente a que los muertos cristianos verán finalmente a Dios y a Cristo en la resurrección del día postrero. Veamos algunos pasajes bíblicos que han sido ignorados o pasados por alto por los maestros y líderes religiosos de las iglesias en general, y que enfocan el asunto de manera muy distinta:

 

La Verdad Sobre los Muertos y la Vida Futura:

 

1 Juan 3:2:

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, PORQUE LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES”.

 

Comentario:

Este pasaje juanino ha sido pasado por alto por los cristianos en general, pues contradice la teología “cristiana” tradicional que dice que los cristianos verán a Cristo en el momento de su muerte, y no, en ocasión de la segunda venida de Cristo en gloria, como afirma la Biblia. Aquí Juan es claro al decir que veremos a Cristo tal como él es ahora (divino), únicamente cuando seamos semejantes a él. ¿Y cuándo seremos semejantes a él?¿Y cuándo le veremos tal como él es?¿En nuestra muerte? No! En nuestra resurrección, cuando el Cristo divino vuelva nuevamente en persona a este mundo en el día postrero. Veamos otras pruebas bíblicas:

 

Juan 11:25:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

 

1 Corintios 15:42-45,51-53: 

“Así es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”

 

1 Tesalonicenses 4:13-18:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque sin creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor; que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo serán resucitados. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos unos a los otros con estas palabras”.

 

Este texto de 1 Tesalonicenses 4:13-18 es muy iluminador, y no obstante, muy poco leído o conocido por los cristianos católicos, y aún protestantes. Y es que este texto, y los otros citados arriba, contradicen abiertamente, y claramente, el postulado escatológico o teologal de la vida futura del cristianismo tradicional, el cual enseña que los muertos en Cristo están ahora disfrutando con el Señor de la gloria celestial. Ahora bien, adviértase que Pablo, el autor de estos versículos, dice que nosotros recibiremos a Cristo, ¡y no al revés! Léalo por usted mismo ahora mismo en los versos citados de 1 Tesalonicenses 4:13-18. Si en verdad los muertos “vuelan” al cielo, ¿no sería lógico que Cristo los reciba a ellos en su morada celestial? Pero la verdad es lo opuesto, ¡nosotros le recibiremos a él! ¿Y por qué? Porque él volverá a las nubes de nuestra atmósfera, y con voz de mando ordenará que los muertos creyentes resuciten y le den la bienvenida en el aire. Eso lo dice Pablo muy claramente en estos versículos de 1 Tesalonicenses 4. Además, Pablo no dice que los muertos fieles —recién resucitados—irán con él al cielo, sino más bien, que estarán juntos siempre con él. Pero: ¿Dónde? Eso lo veremos más adelante.

 

Ahora bien, si lo aceptado tradicionalmente fuera verdad: ¿Qué sentido podría tener nuestra futura resurrección, si los muertos en la fe siguen vivos en el cielo? Definitivamente hay cosas que no andan bien con la teología tradicional, que enseña nuestra partida al cielo inmediatamente después de nuestra muerte. Usted no encontrará en la Biblia ningún pasaje que se nos asegure una estadía eterna en los cielos. Yo le reto a usted a que busque tan sólo un texto bíblico en donde supuestamente Cristo nos promete el cielo, y yo le aseguro que no lo encontrará.

 

Lázaro y Marta: Dos Amigos de Jesús:

 

Usted recordará la historia del difunto amigo de Jesús llamado Lázaro. Esta historia de Lázaro es muy interesante, pues nos da una visión de la esperanza de los difuntos creyentes. Los más de los cristianos no se han puesto a reflexionar sobre este acontecimiento que conmocionó, no sólo a la familia de Lázaro, sino también a Jesús. Un resumen de lo sucedido según está registrado en Juan 11:1-44 es como sigue:

 

1.- Las hermanas de Lázaro mandan a avisar a Jesús que Lázaro está muy enfermo (v.1-3).

 

2.- Jesús demoró dos días su llegada a la casa de Lázaro, y Lázaro muere (v.6-14).

 

3.- Cuando Jesús llega a la casa de Lázaro, éste ya estaba sepultado 4 días (v.17).

 

4.- Marta sale al encuentro de Jesús, y es confrontado por ella porque Jesús no había llegado a tiempo para sanar a Lázaro (v.21).

 

5.- Jesús le promete a Marta que Lázaro resucitará (v.23).

 

6.- Marta le responde que ella sabe que su hermano resucitará “en el día postrero” (v.24).

 

7.- Jesús insiste que aquel que cree en él resucitará y no morirá eternamente (v.25,26).

 

8.- Jesús afirma que Marta, y las demás personas que están de duelo, verán la gloria de Dios con la resurrección de Lázaro a pesar que éste ya olía mal (v. 39,40).

 

9.- Cristo ordena a Lázaro salir de su sepulcro (v.43).

 

10.-Lázaro resucita envuelto en vendas hasta su rostro (v.44).

 

Sin duda la resurrección de Lázaro sirvió para demostrar que el Dios de Jesús tenía el poder de resucitar a los muertos que estaban ya en descomposición. La presencia de un Lázaro revivido reforzó el testimonio de Jesús y la verdad de su persona como el unigénito Hijo de Dios.

 

No obstante, este registro histórico demuestra que los primeros cristianos, como Lázaro y sus dos hermanas María y Marta,  eran creyentes en la resurrección de los muertos en el día postrero. Marta y María sabían que volverían a ver a su hermano en el día de la resurrección de los justos, y esa creencia, sin duda, les daba consolación. Aquí no encontraremos ninguna “esperanza celestial”, o que Lázaro estaba gozando de las “bienaventuranzas celestiales”, en la misma “presencia de Dios” en el cielo. En otras palabras: No vamos a encontrar a Jesús diciéndoles a los deudos algo así como: “No os aflijáis, pues Lázaro ya está en la presencia del Señor gozando de las bienaventuranzas celestiales”. Lo que él les dijo era que Lázaro resucitaría de su sepulcro. Nótese que tampoco Jesús dijo: “Baja Lázaro, y regresa a tu cuerpo”, sino más bien: “¡Lázaro, ven fuera!”.

 

Esto es muy significativo, pues los muertos no están en el cielo, sino en sus sepulcros; y esto concuerda con lo dicho por Jesús mismo en Juan 5:28,29 donde se lee: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en sus sepulcros (no en el cielo) oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.

 

Examínese bien lo dicho por Jesús en este pasaje, pues de no hacerlo caeríamos en errores garrafales e imperdonables.

 

1.- Jesús dice que habrá resurrección de buenos y de injustos.

 

2.- Jesús afirma que los buenos resucitarán para recibir la vida eterna.

 

3.- Jesús afirma que los malos no recibirán la vida sino la condenación o la destrucción.

 

Si los muertos en Cristo siguen viviendo, y nunca mueren, ¿por qué Jesús afirma que los justos tendrán una resurrección de vida? Esto es sorprendente, pues desdice los postulados católicos y aún protestantes sobre la doctrina de la vida futura.

 

Los Muertos no están Vivos:

 

Entonces, es claro que los muertos no siguen viviendo en otra esfera o dimensión, sino más bien, siguen inconscientes en sus tumbas, sin poder pensar, amar, odiar, maquinar cosas, pecar, etc. Los muertos están muertos y no vivos. Decir que los muertos viven es como decir que el color oscuro es claro. En Eclesiastés 9:5,10 leemos: “Porque los vivos saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol… porque en el sepulcro, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.”

 

Y el salmista David dice de los muertos, lo siguiente: “Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos (Salmo 146:4). Nótese que los muertos no piensan, y como dijo Descartes: “Pienso, luego existo”;  en consecuencia, los que no piensan—¡No existen!¡Dejan de existir!

 

La Recompensa Será en la Segunda Venida de Cristo:

 

La única esperanza que tienen los hombres creyentes, es la resurrección del día postrero, cuando los “no existentes” vengan a la “existencia” nuevamente. Así lo entendió el profeta Daniel, cuando Dios, al anunciarle su muerte, le dice: “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días (Daniel 12:13).

 

Aquí es claro que Dios no le habló a Daniel de una partida al cielo para estar con Él, después de su muerte física. No! lo que le dijo era que reposaría (=moriría) y que sería después levantado (=resucitado) para recibir su heredad o recompensa, al fin de los (no sus) días.

 

Entonces, la recompensa del cristiano se recibe sólo después que Cristo haya vuelto y transformado a los vivos, y resucitado a los muertos, con inmortalidad. Pues bien, siendo que los fieles muertos no han recibido sus recompensas en el cielo, ni en ningún otro lugar, pues están muertos: ¿Qué recibirán en la resurrección?:

 

1.- El Reino de Dios en la tierra (Mateo 25:31,34).

 

2.- La vida eterna (Mateo 25:46).

 

3.- La gloria, honra y el poder (Colosenses 3:4, 1 Pedro 5:4)

 

4.- A Jesucristo mismo como nuestro hermano mayor (1 Tesalonicenses 4:17).

 

El Evangelio Del Reino de Dios:

 

Lo que la Biblia claramente enseña es que el propósito final de la fe cristiana o la meta de la vida cristiana es “el reino de Dios”, o también llamado “el reino de (no, “en”) los cielos”. Sí,

Jesús habló muchísimo del ‘reino de Dios’ o ‘reino de los cielos’, lo cual ha hecho pensar a muchísimos eruditos en Biblia de que este es el tema central de toda a Biblia.

 

La Biblia habla de la salvación, la cual pocos han llegado a comprenderla en su verdadera dimensión. Los más de los cristianos supone que la salvación no es otra cosa que recibir el perdón de nuestros pecados a fin de poder ganar el cielo. Pero esta idea es totalmente ajena a las Escrituras, la Biblia, como ya lo hemos probado. Lo que la Biblia enseña es que el evangelio de Cristo tiene poder para salvar a quienes lo aceptan por la fe. Es decir, el que cree en el evangelio de Jesucristo será salvo. El apóstol Pablo es claro al decir que el evangelio es poder de Dios para salvación para todo aquel que lo cree, sea judío o no judío (Romanos 1:16).

 

La Biblia enseña que sólo hay un evangelio salvador (Gálatas 1:6-10), y no muchos evangelios como los que se están propagando hoy. Pero: ¿Qué significa evangelio? Es sencillo, significa “Buenas nuevas” o “buenas noticias”. De modo que Cristo vino  traernos buenas noticias que se traducirán en nuestra salvación si las creemos de todo corazón. Ahora bien: ¿De qué se tratan esas buenas noticias? Si yo le digo a usted que le traigo buenas noticias, y no le digo de qué se tratan, ¿le servirá de algo? Por cierto que no. Así que, como creyentes, averigüemos ahora mismo de qué se tratan esas buenas noticias de Jesucristo. De esa tarea depende nuestra salvación eterna! Veamos algunos textos cruciales:

 

Marcos 1:1,14,15:

“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado, arrepentios, y creed en el evangelio.

 

Lucas 4:43:

“Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”.

 

Mateo 24:14:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

 

Lucas 9:2:

Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos”.

 

Lucas 8:1:

“Aconteció después, que Jesús iba por todas las aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él.”

 

Hechos 8:12:

“Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres”.

 

Hechos 19:8:

“Y entrando Pablo  la sinagoga habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios”.

 

Hechos 20:25:

“Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro”.

 

Hechos 28:23,30,31:

“Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta a tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”.

 

Hechos 14:22:

“…Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

 

Lucas 9:60:

“Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú vé, y anuncia el reino de Dios.

 

1Corintios 15:50:

“Pero esto digo, hermanos: Que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda a incorrupción”.

 

Juan 3:3,5:

“Respondió Jesús  le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios. Respondió Jesús: De cierto de cierto te digo, el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

 

Santiago 2:5:

“Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?”.

 

Marcos 12:34:

“Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios…”

 

Mateo 25:31,34:

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

 

Mateo 6:33:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

 

1 Tesalonicenses 1:5:

“…para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis”.

 

2 Pedro1:11:

“Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo”.

 

Gálatas 5:19,21:

“Y manifiestas son las obras de la carne: adulterio,fornicación, inmundicia, lascivia…los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

 

Hechos 1:3:

“A quienes también, después de haber padecido,  se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días, y hablándoles acerca del reino de Dios”.

 

Lucas 13:29:

“Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”.

 

Lucas 18:24:

“Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán al reino de Dios los que tienen riquezas!”.

 

Todas estas citas bíblicas nos prueban que el evangelio o “buenas noticias” tiene que ver con algo llamado el reino de Dios. Usted encontrará esa frase en muchísimos textos bíblicos, como una promesa para los creyentes consagrados al Señor. Es algo que se puede ver y entrar, además es algo que Cristo reinaugurará en su segunda venida con sus discípulos. Al reino no se le puede ingresar con este cuerpo mortal, ya que requiere antes su transformación cuando Cristo regrese. El Reino es algo que viene a la tierra, y un asunto que debemos buscar y pedir diariamente.

 

El Reino de Dios es el Gobierno de Cristo en la Tierra:

 

También el reino de Dios tiene que ver con un gobierno en la tierra, pues en innumerables pasajes a Jesús se le llama “Príncipe de paz”, “Hombre noble”, “Rey”, “Deseado de todos los pueblos”, “Salvador”, “Mesías”, “Juez”, etc.

 

Sí, Jesús vino  predicar un nuevo gobierno mundial liderado por él y su iglesia leal, pues también se nos revela que su gobierno será global, desde los ríos y mares más lejanos de la tierra. Dice el Salmo 72:7,8: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra”. Así es, Jesús ha prometido traer la justicia y la paz a la tierra—¿cómo?— con su gobierno mundial o también llamado: “el Reino de Cristo”.

 

En una ocasión Jesús fue interrogado por Pilatos de la siguiente manera: “¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad…” (Juan 18:37). Aquí claramente Jesús reconoce que es rey, y que vino al mundo para dar testimonio de esa verdad. Sin embargo poquito antes Jesús había dicho: “Mi reino no es de aquí” (v.36), o sea del presente mundo o era maligna del diablo.

 

La Esperanza Mesiánica:

 

Jesús era esperado como el Mesías que gobernaría sobre Israel y que depondría a la tiranía romana sobre los judíos. Sí, el Cristo era esperado por los judíos como el libertador de la tiranía romana. Este líder era aguardado como aquel que reanudaría la dinastía del rey David en Jerusalén, la capital del reino de Dios. Y es que el reino davídico era el reino de Dios, el cual fue suspendido con el derrocamiento de su último rey judío Sedequías en 586 AC.

 

Lo que los paisanos de Jesús no acababan de comprender es que la presencia de Cristo hace dos milenios tenía el propósito de llamar y de preparar a los herederos del reino, es decir, a sus elegidos o su iglesia. Jesús vino a traer consuelo, y a salvar a los pecadores, para hacerlos dignos y aptos para su reino venidero de justicia. Recuerde Santiago 2:5, en donde Santiago enseña que Dios escogió a los pobres de este mundo para convertirlos en reyes y co-gobernantes en el reino de Cristo. En Apocalipsis 2:26 se lee: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.

 

La iglesia ha sido llamada para cumplir con el plan maestro de Dios para la transformación de la sociedad humana que se encuentra en decadencia absoluta. Dice San Juan en Apocalipsis 5:10: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Pues bien, nótese que la iglesia está llamada a reinar con Cristo sobre la tierra, y no desde el cielo, como algunos cristianos aún creen erradamente. El Reino de Cristo será en la tierra, no en el cielo, y durará mil años o diez siglos corridos. Dice Juan en Apocalipsis 20:6: “…y reinarán con él mil años”. Además, en Apocalipsis 3:21 hay más información de la herencia de la iglesia. Juan escribe lo siguiente: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

 

El Trono de Cristo y su Ubicación:

 

Siendo que Cristo tiene su trono propio el cual compartirá con su amada iglesia, es lógico preguntarse: ¿Qué es ese trono, y dónde estará?. El trono de Cristo es el trono de David su padre. En Lucas 1:31-33 el ángel Gabriel le dice a María, la madre de Jesús, lo siguiente: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

 

Este anuncio del ángel Gabriel no es creído en su forma literal, y más bien ha sido “espiritualizado” o “alegorizado” por el catolicismo, y aun, por algunas denominaciones protestantes. Pero lo cierto es que Cristo tomará el trono de su ancestro David, y lo hará suyo, como el legítimo heredero al trono judío en Israel (=la casa de Jacob). Es por eso que el evangelista Mateo comienza su evangelio diciendo: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Sí, el reino de David, y el de sus descendientes, era el reino de Dios, cuya capital estaba localizada en la amada Jerusalén (1 Crónicas 28:5). Esa dinastía suspendida desde 586 AC será reanudada con Jesucristo, el hijo de David. Efectivamente, Jesús restaurará el reino de su ancestro David cuando regrese en gloria desde el cielo (Lucas 19:11,12; Daniel 7:13,14: Mateo 25:31,34; Hechos 1:3,6,7).

 

También Jesús admite que Jerusalén es la ciudad escogida y amada del gran rey del reino de Dios (Mateo 5:33-35). Sí, Jesús llama a Jerusalén: La ciudad del gran rey. Y esto va en concordancia con los dicho por Jeremías en el capítulo 3 y verso 17 de su libro: “…llamarán a Jerusalén, trono de Jehová…”. Este hecho profético, de una Jerusalén como el centro del mundo de mañana, es significativo. Hoy las naciones árabes quieren retomar Jerusalén, desde que esta ciudad pasó a manos de sus legítimos dueños en Mayo de 1948. Después de dos milenios de destierro y diáspora del pueblo judío, éstos han recuperado su territorio de la promesa. Y en Junio de 1967, en la guerra de los seis días, la amada ciudad capital de David, Jerusalén, es reconquistada. Esto vino como cumplimiento de la profecía de Jesús dada en Lucas 21:24, que dice: “…y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”. Sí, las naciones extranjeras (romanos, árabes, turcos, e ingleses), pisotearon Jerusalén durante el destierro de su gente judía, hasta que en la segunda mitad del siglo XX esta amada ciudad pasó a manos de los judíos. ¡Se cumplió la profecía!

 

Los Pueblos serán Regidos con Vara de Hierro:

 

Cuando Cristo y su iglesia comiencen a gobernar este mundo, lo harán con mano firme y con autoridad de Dios. Sí, la Biblia habla que Cristo regirá con vara de hierro, y esto supone que no será un gobierno débil o defectuoso. Dice Apocalipsis 12:5: “Y ella dio a luz a un hijo varón que regirá con vara de hierro a todas las naciones…”

 

Muchos pueblos de la tierra han sido tratados duramente por sus gobernantes impíos y ateos, los cuales no han logrado durar o ganarse el afecto permanente de sus simpatizantes. Y es que ellos mismos no han tenido la sabiduría que viene de lo alto para corregir los males de la sociedad humana. Muchos han gobernado a espaldas de Dios, y sólo han buscado su beneficio económico y de los que los rodean y adulan. No obstante, el gobierno de Cristo y de su iglesia, transformada en divina, y llena del Espíritu Santo, sabrá solucionar los males más comunes de la sociedad humana, como son los crímenes, las injusticias, las explotaciones, las miserias, los vicios, las enfermedades, la polución, el hambre, las plagas, etc. Estas son buenas noticias en verdad. Entonces se cumplirá la profecía de 2 Pedro 3:13,14 que dice: “Nosotros esperamos según sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra donde mora la justicia”. Sí, “una nueva tierra de justicia” (no “el cielo”) es nuestra esperanza, pues Jesús mismo lo dijo: “Los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5).

 

La Tierra Será un Paraíso:

 

Dios creó a la primera pareja humana y la puso en un jardín hermoso, o también llamado parque, o “paraíso edénico”. Adán y Eva podrían disfrutar de los frutos de los árboles y de los productos de la tierra sin tener que sufrir para ganárselos. La maldición no era algo conocido para ellos, sino las bendiciones del Creador. Sí, la tierra será un verdadero paraíso de Dios, pues dice Isaías 51:3: “Ciertamente consolará Jehová a Sión; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto”.

 

Sin duda Dios preparó todo para los humanos, dándoles aire puro, animales dóciles, frutos sanos y sin plagas, agua pura y sin la contaminación por los desechos químicos o bacteriológicos, una tierra fértil, etc. Y lo más importante aún es que ellos no fueron creados para morir, sino para vivir eternamente. Su desgracia se originó por su desobediencia y rebelión hacia Dios y sus leyes. La salud, la paz, la felicidad, y la longevidad serán restauradas, y los animales no serán violentos ni amenazadores. Los ejércitos del mundo habrán desaparecido de la faz de la tierra, así como los idiomas, las fronteras, las clases sociales, la pobreza, las enfermedades, las plagas, las contaminaciones, los vicios, la deforestación, los desiertos, las sequías, la explotación, los desamparados, los cojos, los ciegos, los mancos, los paralíticos, los que sufren de enfermedades mentales, los enajenados, los retardados, los atormentados, los angustiados, los resentidos, etc.

 

En el Salmo 115:16 leemos algo que es muy significativo e iluminador: “Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres”. Aquí hay un plan de Dios. Los cielos son para Dios, y la tierra para los hombres. El propósito de Dios es que la tierra sea habitada por los hombres que el creó (Isaías 45:12). Pero también es cierto que Dios se opone firmemente a los hombres que están destruyendo su creación, a través de la falsa ciencia, que ha originado la contaminación del agua, aire, alimentos, etc (Apocalipsis 11:18).

 

Un Divino “Nuevo Orden Mundial” con Gente Recta:

 

En el Salmo 37 encontramos hermosos versículos que nos hablan de una tierra “nueva” en donde las cosas malas del pasado habrán desaparecido por completo. Veamos algunos pasajes:

 

Verso 9: “Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra”.

 

Verso 11: “Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz”.

 

Verso 22: “Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán destruidos”.

 

Verso 29: “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”.

 

El hijo del rey David, Salomón, dijo:

 

Proverbios 2:21:

“Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella.

 

Proverbios 10:30:

El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra”.

 

Notemos que el sabio Salomón afirma que los rectos, justos y perfectos habitarán la tierra, y no serán removidos de ella. Esto es muy interesante, dado que la teología tradicional ha enseñado lo contrario, diciendo que los hombres justos y rectos serán removidos de la tierra al cielo para vivir como angelitos alados, y tocando un arpa celestial.

 

Pero, ¿quiénes son los perfectos? La Biblia responde a esta pregunta muy directamente. En una ocasión Jesús les dijo a sus discípulos: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Aun Jesucristo, el Hijo de Dios, hará de la tierra su habitación, pues él mismo es el más grande justo de todos los tiempos. Dice la Biblia que Jesús era un hombre justo en Mateo 27:19,24; Lucas 23:47; Hechos 7:52; 22:14. También se afirma que los cristianos son justos, y en consecuencia, son ellos los que heredarán la nueva tierra de justicia en el reino de Cristo (Romanos 3:26; 5:19).

 

El Reino de Dios es Básicamente para los Desposeídos del Mundo:

 

Es lógico suponer que los ricos no se interesen por un mundo de justicia y de prosperidad para todos, ya que ellos tiene todo lo que alguno quisiera tener ahora. Ellos no tienen mayor necesidad material o espiritual, pues se creen los amos y señores del mundo. Dice Santiago 2:5 que “Dios escogió a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman”. También encontramos la sentencia de Jesucristo para los ricos de este mundo: “¡Cuán difícilmente entrarán al reino de Dios los que tienen riquezas!” (Lucas 18:24). De modo que aquí tenemos que el reino o gobierno de Cristo, en la era venidera, estará compuesto mayormente por personas que hoy no tienen casi nada, y que no han recibido, probablemente, una educación formal en un colegio, o en alguna universidad. Recordemos que los discípulos de Cristo estaban constituidos por gentes iletradas, o del vulgo, pero que aceptaron la esperanza del reino o gobierno de Cristo como un niño acepta una promesa o un regalo. Dice Jesús: “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” (Lucas 18:17).

 

Hoy las naciones ricas explotan a las pobres otorgándoles préstamos que se les hacen imposibles de pagar. Éstas sólo pueden pagar parte de los intereses, que de hecho ya son altos. Los gobernantes no tienen la posibilidad de lograr el contentamiento de sus gobernados, pues tienen que destinar la mayor parte de sus ingresos al pago de la deuda externa. Siempre habrá inconformidad e insatisfacción dentro de cualquier nación del mundo donde pesa la deuda externa.

 

Un Mensaje Poco Popular:

 

El mensaje de Cristo sobre un reino en la tierra, con un rey que viene del cielo para regir el mundo desde Jerusalén, no es creído tan fácilmente. Y es que después de haberse enseñado por siglos una doctrina totalmente distinta, y fuera de este mundo, a las personas se les hace difícil aceptar una doctrina que  concentra las esperanzas cristianas en la tierra. Para esas personas, nuestra propuesta cristiana sabe a “judaísmo” y no a “cristianismo ortodoxo”. Pero los tales se olvidan que Cristo era un Judío, e igualmente todos sus apóstoles. La primera iglesia en Jerusalén era judía, y aun las Escrituras Hebreas que se usaban y se usan aún hoy son precisamente eso—Hebreas. Incluso el Nuevo Testamento fue escrito mayormente por Hebreos, con excepción del evangelista Lucas.

 

La Salvación Viene de los Judíos:

 

Sí, los “antisemitas cristianos” debieran recordar lo dicho por el mismísimo Jesús, su Señor y Maestro: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos (Juan 4:22). Esta es una crucial declaración de nuestro Señor Jesucristo que ha sido ignorada por el catolicismo romano y por algunas denominaciones protestantes. Los católicos, por muchísimos siglos, han mantenido una posición antisemita, o antijudía, persiguiendo y matando a miles de Judíos en Europa y cerrando los ojos ante la barbarie Nazi de la Segunda Guerra Mundial.

 

Los católicos ahora piden perdón por su ignorancia pasada contra los judíos, aunque en la práctica no llegan a entender que al pueblo Hebreo Dios le ha prometido la tierra santa, y no a los árabes (Génesis 12:3, 13:15;15:18; 21:10). Ahora los católicos, a través de su representante, el Papa, están impulsado hacer de Jerusalén una ciudad dividida o internacionalizada para que sea gobernada por árabes y judíos por igual, ignorando así las Palabras de Dios sobre el asunto.

 

En Romanos 11:1,2 el Hebreo Pablo afirma que Dios no ha rechazado a su pueblo al cual conoció primero. Estas son sus palabras: “Digo, pues: ¿ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No a desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció…” Además, él mismo afirmó: “Que son israelitas, de los cuales son (no “eran”) la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas (Romanos 9:4).

 

Por otro lado, Pablo sostiene que el actual estado de incredulidad hacia Cristo de los judíos tiene como fin el ingreso de los no judíos al pueblo de Dios. Los que desecharon a Jesús son reemplazados por los cristianos gentiles o no judíos, y de ese modo el pueblo de Dios es un pueblo mixto de creyentes que han aceptado el evangelio salvador de Cristo. No obstante, el apóstol Pablo sigue afirmando que el árbol de olivo, que representa al pueblo Hebreo, y su rica savia, que representa los pactos y promesas de Dios, “nutren” a los gentiles y no al revés (Romanos 11:17-25). Las promesas judaicas serán también compartidas por los creyentes que no son judíos, porque han creído en Cristo y en su evangelio del reino. Leer también Efesios 2:11-19 para hallar más luz sobre este tema profundo. Yo espero que el Espíritu Santo pueda guiar al lector de este estudio para que comprenda el plan de Dios.

 

Si, el pueblo Hebreo o llamado también Judío o israelita, tiene una preferencia o predilección de parte de Dios. Pablo vuelve a decir: “Así que en cuanto al evangelio, son enemigos a causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres (Romanos 11:28). ¿Quiénes son los padres? La respuesta es que son los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, y también David. A Abraham, Dios le dijo que él sería bendición para toda la humanidad (Génesis 12:1)—¿Cómo? A través de su simiente o descendencia. Sí, Abraham procrearía un hijo, el cual, a su vez, procrearía a otro hasta llegar a Jesucristo, el hijo de la promesa final. A Abraham  Dios le promete, además, darle una tierra, la cual sería la sede de su reino—el reino milenario de Dios (Génesis 13:15;15:18; 1 Crónicas 28:5). Sí, Dios le dijo a Abraham que tendría un hijo especial que sería para la bendición del mundo entero. Este hijo sería un gobernante o soberano mundial que traería la justicia y la paz nunca antes vistas por hombre alguno. Es por eso que Mateo comienza su evangelio diciendo que Cristo es hijo de Abraham e hijo de David, pues de ambos desciende. Nótese que desciende de un rey—¡David! Eso quiere decir que Cristo es de linaje real, un hombre noble, un príncipe heredero del trono de David, por ahora suspendido. Así como Jordania tiene un rey o una monarquía real, así también lo tendrá Israel cuando regrese del cielo el heredero del trono de David, el Señor Jesucristo (Léase Mateo 25:31,34). Si, Israel será nuevamente un estado monárquico con Cristo a la cabeza de su reino restaurado.

 

Usted Puede ser Un Hijo de Abraham:

 

Si usted se hace judío espiritual por medio de convertirse en un hijo adoptivo de Abraham por la fe en Jesucristo, usted será un protagonista en el gobierno mundial y milenario de Cristo. Este es su potencial como un hijo de Dios y el propósito de su vida en Cristo. Dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”. 

 

Y también Pablo dice: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gálatas 3:7,9).

 

Sí, usted puede ser un hijo de Abraham, y ser bendecido con él de las promesas de Dios. Recuerde que Dios le prometió a Abraham lo siguiente: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Génesis 13:15).Y como ya vimos en Gálatas 3:16,29, la descendencia principal y singular es Cristo. Por tanto Abraham y Cristo heredarán el mundo. También dice Pablo de Jesús: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe” (Romanos 4:13).

 

No obstante, si usted es un cristiano (de Cristo), y cree en el mensaje del evangelio del reino, usted es constituido inmediatamente en otro hijo de Abraham, y también en hijo de Dios y con iguales derechos que Cristo para heredar las promesas de la herencia del mundo. Dice Pablo al respecto: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (V.R.V. 1960)  (Romanos 8:17).

 

Si mi amigo,  ni Jesús, ni nosotros, viviremos en el cielo con Jesús. Lo que la Biblia en verdad enseña es que viviremos en esta tierra hecha nueva, con Cristo y los salvos, es decir: Los que han creído en Cristo y en su evangelio del reino, y han  hecho de éstos, el objeto o la razón de su existencia.

 

Cristo y su iglesia están llamados a regir el venidero mundo de justicia, cuando se reinaugure el gobierno o reino de Dios en la tierra, al regreso de Cristo a la tierra con gloria y poder desde los cielos. Este es el destino final de los elegidos de Dios—¡No una estada eterna en el cielo!.

 

 El Cielo no fue la Promesa de Cristo:

 

 En Juan capítulo 13, y verso 33, Jesús fue claro al decirles a sus discípulos: “Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo a vosotros ahora: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. ¡Sorprendente! Jesús fue claro al decirnos que nosotros no podemos ir al cielo donde él regresaba. Entonces, si no podemos ir al cielo: ¿dónde iremos o estaremos con Jesús? La respuesta la da Jesús en el siguiente capítulo (el 14) y verso 3: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez,  y os tomaré a mí mismo, para que donde YO ESTOY, ustedes también estéis”.  Nótese que Jesús es claro al decir que nosotros estaremos en el mismo lugar donde él está cuando pronuncia la promesa. Ahora bien, Jesús no estaba en el cielo, sino en la tierra prometida. De modo que la frase: “para que DONDE YO ESTOY” no es el cielo, sino la tierra. Y es en la tierra prometida donde él va a estar con nosotros—¡no en el cielo!

 

Muchos cristianos no se han puesto a meditar seriamente en lo dicho por Jesús en Juan 14:3. Además, Jesús va al cielo para prepararnos un lugar—¿qué lugar es ése?¿Se contradice Cristo? De ningún modo! Ahora regresemos a los versículos 1 y 2 de Juan 14, para adquirir más luz y entendimiento del lugar que Jesús nos está preparando en el cielo. Dicen los versículos 1 y 2 así: “No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.                                   

 

La Biblia no se contradice, y menos Cristo. De modo que tenemos que armonizar las Escrituras escudriñando cada palabra del texto. En primer término, Jesús dice que él estaba por regresar al cielo en donde se halla algo. Ese algo es: ‘La casa de su Padre’. Sí, Jesús regresó a la casa de Su Padre que está localizada en el cielo. Como toda casa o mansión, ésta tiene necesariamente aposentos o habitaciones para los hijos del Padre, y los invitados. Obviamente, Dios, como Padre de familia, tiene su propia habitación, y también un gran salón donde tiene su trono.

 

Ahora bien, esto parece increíble, pero recordemos que Jesús mismo dijo que el templo de Jerusalén, al cual se le había convertido en un mercado de ladrones, era la casa de su Padre. Lea por favor lea Juan 2:16. Aquí Jesús dice, al momento que expulsaba a los mercaderes del templo: “…y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. 

 

Ahora note que al templo de Jerusalén, Jesús lo llama: “la casa de mi Padre”. Sí, el templo de Jerusalén era la casa de Dios el Padre. ¡Sorprendente! Un Dios con su propia casa en la tierra. Los Judíos adoraban al Padre en ese templo, aunque no tenían acceso al santísimo, donde moraba él por medio de su Espíritu. Sólo el Sumo Sacerdote tenía acceso a él, no el pueblo. Con ese templo, los judíos sentían la presencia de Dios en sus vidas, y lo “veían” cerca de ellos.

 

Pero en Juan 14:2, Jesús habla de que en el cielo hay otra casa de Dios Padre. Esa casa tiene moradas, así como el templo judío las tenía. Además, esa casa celestial tiene las características del templo en Jerusalén de los tiempos de Jesús, con lugares sagrados, y aposentos para los diferentes servidores. Aún ese templo o casa celestial tiene un lugar llamado el Santísimo, donde mora Dios.

 

Esta verdad de un templo, casa o edificio celestial se deja ver en Hebreos 9:24. Pablo dice: “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano FIGURA DEL VERDADERO, sino al cielo mismo para presentarse ahora por nosotros a Dios”.

 

Nótese que en el cielo hay un santuario VERDADERO, el cual tuvo uno pequeño (como figura) en la tierra de Israel. Así como el Sumo Sacerdote entraba en el santuario terrenal para ofrecer sacrificios por los pecados de los judíos; así Cristo, como Sumo Sacerdote, se ofreció a sí mismo por los pecados del mundo, y tiene todo el derecho de estar ante la presencia de Su Padre Dios, y de abrirnos el paso a nosotros hacia el trono de la gracia igualmente. Ahora somos parte de la familia de Dios como hijos suyos, y con el derecho de estar frente a él y de morar en su casa o santuario verdadero, el cual es más amplio. Dice Pablo en Hebreos 9:11: “Estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación”.

 

El Santuario Bajará a la Tierra:

 

He aquí el punto crucial: Nosotros no iremos al cielo para entrar al santuario o tabernáculo verdadero, ¿Por qué? ¡Porque éste bajará a la tierra, y Dios estará con los hombres! Esta es una verdad ignorada por las iglesias tradicionales que han vivido a espaldas de las Escrituras Sagradas. Veamos algunos textos:  “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”.

 

Nótese que se habla de que este tabernáculo está estrechamente relacionado con una ciudad celestial (¿la casa del Padre?), y que desciende a la tierra para que Dios more con los hombres. Por eso, no es de extrañar que Abraham, el padre de la fe, esperara por esta ciudad o tabernáculo de Dios para que Dios reine entre los hombres finalmente. Dice Pablo de Abraham, nuestro padre de la fe, lo siguiente: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:8-10).  Por eso Pablo pudo decir con confianza: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la porvenir (Hebreos 13:14).

 

Es claro, entonces, que hay un futuro promisorio para nuestro planeta, cuando Dios y sus ángeles (los verdaderos extraterrenos) radiquen en nuestro mundo para transformar el orden de cosas presente que es diabólico.

 

Contrario a lo predicado por las religiones de hoy, Jesús sí volverá a pisar este mismo planeta para transformarlo. Recordemos la promesa de los dos ángeles, cuando Jesús ascendía al cielo:

“…varones galileos, ¿porqué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).

 

Por eso San Pablo pudo decirle a Tito con verdad sobre este extraordinario suceso: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo” (Tito 2:13). También le dijo a Timoteo: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza (1 Timoteo 1.1).

 

También Pablo expresó confiadamente lo siguiente al joven Timoteo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino…Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he guardado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, el cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida (2 Timoteo 4:1,6-8).

 

El Significado de La Gloria:

 

El apóstol Pedro dijo: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después de que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca, y establezca” (1 Pedro 5:10).

 

Y Pablo también dice lo mismo cuando escribió: “Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria (1 Tesalonicenses 2:12).

 

En otros pasajes, la palabra “reino” es intercambiable con la palabra “gloria”, como se puede descubrir comparando Mateo 20:21 y Marcos 10:37.

 

Mateo 20:21 dice: “Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

 

Marcos 10:37 dice: “Ellos le dijeron; Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

 

Entonces la gloria prometida a los cristianos no es otra cosa que participar como protagonistas en el reino de Cristo. Esta glorificación no puede suceder antes de que aparezca Cristo en el mundo por segunda vez, pues dice Pedro: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Y también Pablo dice: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

 

De modo que Pablo y Pedro, dos grandes apóstoles del Señor, esperaban su gloria futura cuando Cristo apareciese en el mundo a resucitarlos en el día final del mundo.

 

La Inmortalidad de los Creyentes:

                           

No hay gloria sin inmortalidad, ni inmortalidad sin gloria. Pablo establece muy claramente esta verdad al decir: “El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer buscan gloria, y honra, e inmortalidad (Romanos 2:6,7).

 

Notemos que si la gloria es aún futura, también lo es la inmortalidad. Esto significaría que ningún hombre tiene un alma inmortal inherentemente en él. Y si esta conclusión es razonable, entonces ningún difunto parte al cielo, o al infierno, o en el mejor de los casos, al purgatorio, a través de sus supuestas “almas inmortales”. Nótese que Pablo dice que estamos en la búsqueda de la inmortalidad, lo cual claramente implica que no la tenemos ahora.

 

Además, ya hemos visto que la vida eterna se recibirá cuando Cristo regrese por segunda vez, y no antes. Dice Jesús al respecto: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria…e irán  éstos (“las cabras”) al castigo eterno, y los justos a la vida eterna (Mateo 25: 31,32, 46).

 

Si los justos difuntos están ahora en el cielo como “almas inmortales”, ¿qué sentido tendría que estos difuntos reciban la  vida eterna si ya la tienen al momento de “ascender al cielo” en ocasión de sus muertes?

 

La Naturaleza Divina:

 

Dice Pedro sobre nuestra futura naturaleza divina, así: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad…nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina…porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro señor y salvador Jesucristo” ( 2 Pedro 1: 3,4,5,6,11).

 

Nótese que entrar al reino venidero es adquirir la naturaleza divina, lo que también  significa: Inmortalidad. Y es que los mortales no pueden entrar al reino, pues tienen que adquirir la naturaleza divina en la resurrección—¡no en la muerte! (ver 1 Corintios 15: 53).

 

La Salvación Venidera y Final:

 

La mayoría de cristianos supone que ya son salvos desde su conversión, ignorando que aún queda una última y final salvación cuando Cristo vuelva a la tierra. Dice Pablo en Hebreos 9:28: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. De igual parecer es Pedro, cuando dice: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:5).

 

Pero, ¿qué significa esa salvación del tiempo postrero? La respuesta se deja encontrar en el diálogo del joven rico con Jesús en Mateo 19:16,23,25, donde se lee: “Entonces, vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?…Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres…oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos… sus discípulos oyendo esto, se asombraron de gran manera, diciendo: ¿quién, pues, podrá ser salvo?”.

 

Nótese lo interesante de este diálogo. Aquí hay tres puntos importantes, que son: “vida eterna”, “reino de los cielos”, y “salvo”. Es decir, que la salvación no es otra cosa que ‘tener la vida eterna en el reino de Dios’.

 

Y otro texto que relaciona la salvación con el reino venidero es Apocalipsis 12:10, que dice: “Entonces oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios.

 

Estas evidencias bíblicas son más que suficientes para demostrarnos que la salvación es participar en el reino de nuestro Dios. Un reino que “no es de este mundo” (Juan 18:36), sino del “venidero” (Lucas 18:29,30).

 

La Esperanza de José de Arimatea:

 

Hablemos ahora de José de Arimatea. ¿Qué importancia tiene este hombre que sepultó a Jesús? Dice el texto de Marcos 15:43 lo siguiente: “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús”.

 

Mateo dice de José de Arimatea, así: “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, ciudad de Judea, que también había sido discípulo de Jesús…” (Mateo 27:57).

 

El evangelista Lucas habla de José de Arimatea, así: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo” (Lucas 23:50).

 

Aquí vemos lo que esperaba un discípulo de Jesús: ¡El Reino de Dios! Y nótese que dice que él “también esperaba el reino de Dios” , lo que quiere decir que él no era el único discípulo que creyó y esperó el reino de Dios. Esta es la prueba de lo que un verdadero cristiano esperó en el primer siglo de la Era Cristiana: ¡El reino de Dios!

 

Satanás y el Evangelio del Reino:

 

Como es de esperarse, el diablo no está nada contento con las buenas noticias del reino de Dios. Y la razón es que el reino de Dios es el fin del reino del diablo en este mundo malo. La táctica del diablo es obscurecer la mente y la razón del potencial creyente, para que no le brille la luz del evangelio. Dice así Pablo: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).

 

Y el mismísimo Señor Jesucristo también dijo al respecto: “Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven (Lucas 8:12).

 

Como dijimos antes, a muchas personas incrédulas les parece que el evangelio del reino es una completa locura, o una fantasía de mentes hiperactivas. Pero esas personas no se dan cuenta de que ellas están cegadas por una fuerza mayor y más sutil llamada el diablo o Satanás.

 

Sin duda alguna, aquellas personas que tercamente rechazan el evangelio del reino de la gloria de Cristo, están poniendo seriamente en juego su salvación eterna. Su destino será la perdición eterna junto con el diablo y sus demonios.

 

Los que aman la verdad de Cristo deben cerciorarse si en verdad la Biblia enseña “una partida de nuestras almas inmortales al cielo cuando morimos”. Tener esperanzas que no se encuentran en la Biblia pueden traernos trágicas consecuencias en nuestras vidas futuras.

 

Cualquiera que enseña otro evangelio diferente de aquel enseñado por Jesús está desviando de la luz a los hombres.

Capítulo 11:

¡JESÚS NO ESTÁ AÚN
SENTADO EN EL TRONO DE DAVID!

Introducción

Los Amilenialistas y los Preteristas extremos sostienen que nuestro Maestro Jesús el Mesías está sentado en el trono de David en el cielo. Ellos alegan que el Mesías regresó al cielo para gobernar a su pueblo desde su trono personal (“el trono de David”), cumpliendo así la profecía de Lucas 1:32,33. Sin embargo, lo que estos amilenialistas ignoran es que Jesús el Mesías no se fue al cielo para sentarse en su propio trono sino ¡en el trono de su Padre!. Estos desconocen que El Mesías tendrá su trono Y SU GOBIERNO en la tierra (2 Sam.23:1, VV.1960, Jer. 3:17), y que su Padre tiene el Suyo propio en el cielo. Por tanto, es momento de aclarar este asunto que ha sido pasado por alto por la mayoría de estudiantes de la Biblia. Vamos, pues, a desenmascarar el error de la enseñanza de que el Mesías está reinando en su trono (“el de David”) en el cielo, ya sea desde el año 31 o desde el 1914.

 

El Testimonio de Juan y el Apocalipsis

 

Examinemos lo que dice Juan sobre los tronos existentes en el cielo, y para eso vamos a examinar todos los versos en el libro de Apocalipsis donde aparecen las palabras “trono” y tronos”. De este modo podremos descubrir si existe un trono personal para el Padre y otro personal para el Hijo—¡y para el Espíritu Santo!. Los textos donde aparecen las palabras “trono” y “tronos” en el libro de Apocalipsis son los siguientes: Ap. 4:2,4,5,6,9,10; 5:1,6,7,11,13; 6:16, 7:8,10,11, 15,17; 8:3;11:16; 12:5; 14:3,5; 16:10,17; 19:4,5; 20:4,11; 21:5; 22:3.

 

APOCALIPSIS 4:2,3,4,5,6,9,10:

 

Apocalipsis 4

 

2 Y luego yo fui en Espíritu: y he aquí, un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado.

3 Y el que estaba sentado, era al parecer semejante á una piedra de jaspe y de sardio: y un arco celeste había alrededor del trono, semejante en el aspecto á la esmeralda.

4 Y alrededor del trono había veinticuatro sillas: y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenían sobre sus cabezas coronas de oro.

5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces: y siete lámparas de fuego estaban ardiendo delante del trono, las cuales son los siete Espíritus de Elohim.

6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro animales llenos de ojos delante y detrás.

9 Y cuando aquellos animales daban gloria y honra y alabanza al que estaba sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,

10 Los veinticuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás, y echaban sus coronas delante del trono, diciendo:

 

COMENTARIO
En estos versículos se habla de una sola Persona Divina la cual está sentada en un trono y rodeada por 24 tronos que son para los 24 ancianos. Nótese que No se dice que los 24 tronos están alrededor de dos tronos, y mucho menos, de tres.


APOCALIPSIS 5:1,6,7,11,13:

 

Apocalipsis 5

 

1 Y VI en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos.

6 Y miré; y he aquí en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados en toda la tierra.

7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono.

11 Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones,

13 Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el

poder, para siempre jamás.

 

COMENTARIO

Si examinamos con cuidado estos versos del capítulo 5 de Apocalipsis donde aparece la palabra “trono”, no hallaremos evidencia de que el Mesías esté sentado en su propio trono individual o personal. Esto está claro.

APOCALIPSIS 6:16

 

Apocalipsis 6

16 Y decían á los montes y á las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquél que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero…”


COMENTARIO

En el capítulo 6 de Apocalipsis tampoco encontramos evidencia de que Jesús el Mesías esté sentado en su propio trono en los cielos.

 

APOCALIPSIS 7: 9,10,11, 15,17

 

Apocalipsis 7

 

9 Después de estas cosas miré, y he aquí una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos;

10 Y clamaban en alta voz, diciendo: Salvación á nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero.

11 Y todos los ángeles estaban alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro animales; y postráronse sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,

15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en

el trono tenderá su pabellón sobre ellos.

17 Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará á fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.


COMENTARIO

En este capítulo 7 de Apocalipsis hemos examinado todos los versículos donde aparece el vocablo “trono” y observamos que no se dice nada de que el Hijo esté sentado sobre dicho trono. En el verso 10, por ejemplo, descubrimos que quien está sentado en el trono es el Padre y no el Hijo.

 

APOCALIPSIS 8:3

 

Apocalipsis 8:

 

3 Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese á las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

 

COMENTARIO

Tampoco en el capítulo ocho de Apocalipsis encontramos que El Mesías esté sentado en su trono personal o individual.

 

APOCALIPSIS 11:16

 

Apocalipsis 11

 

16 Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios  en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios .

 

COMENTARIO

Tampoco encontramos en el capítulo once de Apocalipsis que Jesús el Mesías esté sentado en su trono personal o individual. Es verdad que se habla de tronos pero estos son para los 24 ancianos.

 

APOCALIPSIS 12:5

 

Apocalipsis 12

 

5 Y ella parió un hijo varón, el cual había de regir todas las gentes con vara de hierro: y su hijo fue arrebatado hasta Dios  y hasta su trono.

 

COMENTARIO

En el capítulo doce de Apocalipsis aparece una vez el vocablo ‘trono’ en el verso 5. No obstante, este trono no es el trono del Hijo sino de Yahwéh , el Padre.

 

APOCALIPSIS 14:3,5

 

Apocalipsis 14

 

3 Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra.

5 Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios.

 

COMENTARIO

Es claro que tampoco en el capítulo 14 de Apocalipsis se habla de un trono personal del Hijo de Dios. El verso 5 dice claramente que el trono es de Dios, Dios el Padre.

 

APOCALIPSIS 16:17

 

Apocalipsis 16

 

17 Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es.

 

COMENTARIO

Tampoco en el capítulo 17 se habla de un trono para el Hijo de Dios. Simplemente se habla de un trono que está en el templo del cielo.

 

APOCALIPSIS 19:4,5

 

Apocalipsis 19

 

4 Y los veinticuatro ancianos y los cuatro animales se postraron en tierra, y adoraron a Dios  que estaba sentado sobre el trono, diciendo: Amén: Aleluya.

5 Y salió una voz del trono, que decía: Load á nuestro Dios  todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes.

 

COMENTARIO

En el capítulo 19 de Apocalipsis tampoco se habla de un trono que le pertenezca al Hijo de Dios, sino solo a Dios. Esto es muy importante porque algunas personas no distinguen este detalle singular.

 

APOCALIPSIS 20:4,11

 

Apocalipsis 20

 

4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio; y vi las almas de los degollados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, y que no habían adorado la bestia, ni a su imagen, y que no recibieron la señal en sus frentes, ni en sus manos, y vivieron y reinaron con el Mesías mil años.
11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él, de delante del cual huyó la tierra y el cielo;

y no fue hallado el lugar de ellos.

 

COMENTARIO

Esta es una visión de la era venidera cuando Jesús el Mesías inaugure su reino milenario en la tierra. Los tronos que son vistos son los tronos de los mártires que reinarán con El Mesías en la tierra. En Salmos 122:3-5 se nos revela que los tronos del juicio estarán en Jerusalén y no en el cielo.

 

APOCALIPSIS 21:5

 

Apocalipsis 21

 

5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.


COMENTARIO

Tampoco este versículo (ni su contexto) nos dice que este trono es del Hijo de Dios, sino más bien del Padre.

 

APOCALIPSIS 22:1, 3

 

Apocalipsis 22

 

1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios  y del Cordero.

 

3 Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios  y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.

 

COMENTARIO

El capítulo 22 se refiere básicamente a la era del reino en la nueva tierra, y el único verso que nos habla de un trono del Padre es el 3. Pero nada en el contexto nos indica que esta visión es una del cielo, sino de la nueva tierra, cuando Dios  y su Hijo estén con los hombres (21:1-3).

 

Jesús El Mesías Está Sentado En El Trono De Yahweh 


Hemos demostrado que el Maestro Dios el Mesías NO está sentado en SU trono de autoridad en los cielos. Es crucial mencionar que el mismo Maestro Dios el Mesías dice lo siguiente: Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en SU TRONO”. Tomemos nota que el Mesías está sentado en el trono de su Padre—¡No en el suyo! Esta verdad es pasada por alto por los estudiantes de la Biblia. La mayoría cree que nuestro Maestro está ahora sentado en su propio trono (el de David, su Padre) en el cielo, pero esto no tiene base escrituraria. Es imposible que el Mesías esté sentado simultáneamente en su trono y en el trono de Su Padre. Pero habrá un trono para el Padre y otro para el Hijo cuando la Nueva Jerusalén descienda a la tierra y Dios  esté con El Mesías entre los hombres. Por tanto, Dios aún no se ha sentado en su trono real, pues no ha llegado su hora para hacerlo, ni la hora de los santos. Pero llegará la hora cuando el Mesías y sus santos se sienten en sus tronos en la tierra (Daniel 7.13,14,18,22,27).


Pero sigamos examinando más versículos bíblicos que nos enseñan que el Mesías aún no está sentado en su trono real:

 

Colosenses 3:1: Si, pues, habéis resucitado con El Mesías, buscad las cosas de arriba, donde está sentado (no entronizado) a la diestra de Dios.


Hebreos 8:1: Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó (no dice ‘entronizó’) a la diestra del trono de la Majestad en los cielos.

 

Hebreos 12:2: “Puestos los ojos en Dios, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó (no dice ‘entronizó) a la diestra del trono de Dios”.

 

Tomemos nota que Jesús NO aparece sentado en un trono personal a la diestra del trono del Padre. Es decir, no hay dos tronos de poder y autoridad en los cielos, y menos, tres. Jesús aparece sentado a la diestra del trono. Esto puede interpretarse de dos modos: que él está sentado en un lugar que no es un trono de gloria y de poder propiamente dicho, sino una silla o algo así; o también puede interpretarse como que él está sentado en el propio trono de Dios , pero al lado derecho del Padre. Esta posibilidad parece más coherente. Lo importante es destacar que nunca se habla en el NT que el Mesías esté sentado en un trono personal de poder y autoridad como el que tiene el Padre. Si estoy errado, por favor demuéstrenmelo con la Biblia. Muéstrenme sólo un texto donde se diga que el Mesías está sentado en un trono personal de autoridad en el cielo al lado derecho del trono del Padre.


¿Cuándo Entonces se Sentará El Mesías en Su Trono Personal de gloria?

 

Si como hemos demostrado Jesús no está sentado ahora en su trono personal de gloria, nos preguntamos: ¿cuándo lo hará? La respuesta la dio el mismo Maestro Jesús el Mesías en Mateo 25:31,34: Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él , entonces se sentará en su trono de gloria... entonces dirá a los de su derecha: Venid , benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Por tanto, es muy claro que Jesús no se sentó en su trono de gloria ni el 33 DC, ni en el 70 DC, ni en el 1914, … ¡y menos, sus seguidores!. Pero cuando él regrese en gloria con sus santos ángeles, entonces, y sólo entonces, se sentará en el trono de David su Padre en Jerusalén junto con todos los salvos de todas las épocas (Salmos 122:3-5). Nótese que los tronos de los santos estarán—¿dónde?—¡EN JERUSALÉN!


En la interesante ‘Parábola de la Diez Minas Jesús tuvo que corregir la idea errada de sus seguidores de que su reino era inminente (Lucas 19:11). Les dijo en esa parábola que un ‘hombre noble’ (él mismo) se fue a un ‘país lejano’ (cielo) para recibir un reino y volver (v.12). Mientras tanto, sus siervos tendrían que ocuparse de su casa y de sus negocios hasta que él regresara nuevamente a la tierra para tomarles cuenta de los frutos de su trabajo. Aquellos que multiplicaron más sus minas tendrían más autoridad gubernamental sobre las naciones (vs 13-19).

 

Dilema Amilenialista

 

El problema de los preteristas es que ellos dicen que el reino ya vino en el año 70 DC, o en el 33DC, en el caso de los amilenialistas. Esto significaría que en aquellos tiempos primitivos el Mesías se sentó en su trono de gloria para regir el mundo sólo con una parte minúscula de sus escogidos, y dejando fuera del camino a todos los santos que vendrían en las futuras generaciones y en los siglos venideros. Pero sucede que en el libro de Apocalipsis no aparece el Mesías sentado en su trono de gloria como ya demostramos antes, sino en el trono de Su Padre. Si damos por cierto que el reino se inauguró en el 33 DC, resulta extraño que en el libro de Apocalipsis, el cual fue revelado décadas después de Pentecostés del 33 DC, no presente al Hijo sentado en su propio trono en el cielo junto con todos los santos desde el principio del libro apocalíptico, sino sólo al final (Caps. 20-22), cuando trata del milenio en la tierra.

 

Pero aquellos que dicen que el Mesías ya está reinando desde el primer siglo de la Era Común nos deben explicar en qué consiste ese gobierno del Mesías y de su supuesta “iglesia.” Y es que por todos lados vemos problemas y maldades que no tienen parangón. El mundo está pervertido, en caos, en confusión, en peligro de auto-destruirse. Entonces nos preguntamos, ¿puede Jesús estar sentado en el cielo gobernando sobre las naciones?¿Qué cosas buenas ha hecho entonces Jesús por el mundo desde que él supuestamente se sentó a gobernar a las naciones en el siglo I?¿No dice la Biblia que él gobernaría el mundo con vara de hierro? (Apo. 12:5). Por otro lado, ¿no dice Isaías mismo que el gobierno mesiánico será uno que traerá paz y justicia a todos los pueblos de la tierra? (Isaías 9:6,7).

 

Los amilenialistas deben recordar que Pablo fue irónico con aquellos creyentes que se creían reyes en función. En su carta a los corintios les escribe lo siguiente: Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros (1 Corintios 4:8). Como vemos, el apóstol Pablo usó la ironía para mofarse de aquellos creyentes que creían que vivían en el mejor de los mundos y que pensaban que estaban reinando como reyes.

 

¿Creyeron los Discípulos que el Reino Vendría pronto?


No podemos olvidar que los mismos apóstoles querían saber cuándo sería restaurado el reino a Israel. Fue por esta inquietud que los apóstoles le preguntaron a Jesús si dicho anhelado reino milenario le sería restaurado a Israel en su época. Sin embargo, es más sorprendente aún lo que el Maestro les respondió al decirles que Su Padre es el único que sabe el tiempo exacto para que se cumpla esa promesa (Hechos 1:3,6,7). Si el reino estaba a las puertas, él pudo habérselos dicho, pero no lo dijo. El fue categórico al afirmar que sólo Jesús  sabe cuando se cumplirá ese anhelo milenario. Obviamente él mismo lo ignoraba por completo y no tenía idea alguna del tiempo preciso.


También debemos recordar que el reino del Mesías significa la vida eterna para todos los creyentes. En el diálogo que tuvo el Mesías con el joven rico en Mateo 19:16-25 el estudiante de la Biblia podrá descubrir que la vida eterna está ligada estrechamente con el reino de Dios. Tanto la ‘vida eterna’ y el ‘reino eterno’ tienen que ver con el Olám Habá, el Mundo Venidero, mundo del reinado milenario del Mesías. De modo que si alguien quiere decirnos que ya estamos en el reino, debemos inferir que ya tenemos la inmortalidad, y que no moriremos jamás. Lamentablemente todavía la muerte es un enemigo de todos los hombres. Es verdad que tenemos la vida eterna, pero esa vida eterna es una promesa que poseemos por la fe únicamente (1 Juan 2:25). Todavía tenemos que esperar que Jesús el Mesías regrese en gloria para que seamos transformados a la semejanza de él. Entonces los creyentes serán cambiados e inmortalizados para entrar en su reino por todo un milenio. Nuestros cuerpos no envejecerán ni morirán como ocurre hoy.

 

El Reino del Mesías y la Regeneración de Todas las Cosas

 

En el reino del Mesías, que es la era de la regeneración, cuando Jesús se siente en su trono de gloria, los apóstoles se sentarán también en doce tronos para juzgar (gobernar) a las doce tribus de Israel (Mateo 19:28). Sin duda esto no ocurrió en el año 70 DC, ya que los apóstoles murieron y no tomaron sus tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Notemos que Jesús habló de la época de la regeneración como la época de su entronización, en Mateo 19:28: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.” La palabra “regeneración” viene del Griego (polingenesia), y no se encuentra en otra parte del NT salvo en Tito 3:5, y que denota un nuevo nacimiento espiritual. Plutarco la usa para referirse a las almas en nuevos cuerpos (la doctrina Pitagórica de la trasmigración). Cicerón habla de la “restauración de autoridades y honores”. Filón lo conceptuaba con el “nuevo nacimiento del mundo a través del fuego”. Esto quiere decir que cuando se restaure el reino milenario de Dios  habrá un nuevo nacimiento de todas las cosas, llamado también “la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:19-21), y “nuevos cielos y nueva tierra donde mora la justicia” (2 Pedro 3:13,14, Apocalipsis 21:1,5). Es también la liberación de toda la creación de la corrupción con la manifestación de todos los hijos de Dios  en cuerpos nuevos. Todas estas promesas y esperanzas de ningún modo se vieron cristalizadas en el primer siglo de la Era Común, ni en ningún otro siglo de nuestra Era.

 

Capítulo 12:

7 PODEROSAS RAZONES POR LAS CUALES CREEMOS QUE JESUCRISTO AÚN NO REINA EN EL MUNDO

 

Texto clave

 

“ENTONCES EL ÁNGEL LE DIJO: MARÍA, NO TEMAS, PORQUE HAS HALLADO GRACIA DELANTE DE DIOS. Y AHORA, CONCEBIRÁS EN TU VIENTRE, Y DARÁS A LUZ UN HIJO, Y LLAMARÁS SU NOMBRE JESÚS. ESTE SERÁ GRANDE, Y SERÁ LLAMADO HIJO DEL ALTÍSIMO; Y EL SEÑOR DIOS LE DARÁ EL TRONO DE DAVID SU PADRE; Y REINARÁ SOBRE LA CASA DE JACOB PARA SIEMPRE, Y SU REINO NO TENDRÁ FIN” (LUCAS 1:31-33).

 

La mayoría de Cristianos ha oído el anuncio del ángel Gabriel acerca de la concepción milagrosa del Salvador Jesucristo en el vientre de María virgen, su madre. Pero estos cristianos no se han percatado de que el anuncio del ángel Gabriel incluía el hecho de que este Salvador se sentaría sobre el trono de David su padre, y que reinaría sobre la casa de Jacob para siempre. Sorprendentemente, son pocos los cristianos que saben esto último, y los que lo saben, no lo entienden.

 

También es bien sabido que Jesucristo habló de reinar en este mundo con su iglesia gloriosa y triunfante por un milenio (Apocalipsis 3:21; 5:10). Los estudiantes de la Biblia aún disputan si Cristo está ahora reinando o no del modo como estaba profetizado, o sea, en el trono de David y sobre la casa de Jacob. Ciertos cristianos afirman que Cristo ya está gobernando sobre su iglesia (=reino) desde el trono de Dios, el cual, según su interpretación, es el trono de David.  Es decir: a).- Cristo es el rey, b).- El trono de Dios es el trono de David, y 3).- La iglesia es su reino.

 

Esta escuela de interpretación a-milenaria o a-milenarista no admite un milenio venidero de justicia, y tampoco un reino davídico en la tierra de Israel. En otras palabras, para los oponentes al milenarismo, Cristo ya reina milenariamente entre sus seguidores fieles y consagrados (o iglesia) desde su trono celestial (“el trono de David”). Además, para los a-milenaristas, Jesús cumplió todas las profecías mesiánicas concernientes a su reinado cuando se estableció o se fundó su iglesia en Pentecostés. Se puede decir, por ejemplo, que la iglesia católica es a-milenarista y contraria a la creencia del restablecimiento de un reino judío nacional (el verdadero trono de David) en la tierra de Israel (o “casa de Jacob”). Los católicos creen que su iglesia es el reino de Cristo, y que ella ya está disfrutando de su “descanso milenario” con Cristo.

 

Pero los a-milenaristas católicos y protestantes debieran recordar que hay muchos pasajes indiscutibles que prueban que Cristo aún no reina sobre la iglesia, y menos aún, sobre las naciones. Recordemos que el reino de Cristo involucra a todas las naciones bajo su dominio (Daniel 2:44, Salmos 72:8,11). En seguida examinaremos 5 pasajes claves:

 

1.- En Mateo 25:31,34 Jesús dice: Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria….entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

 

Comentario: Este pasaje es claro y contundente. Aquí está diciendo Jesús mismo que él se sentará en su trono de gloria —no para cuando resucite y sea llevado al cielo— sino más bien para cuando él regrese al mundo por segunda vez. Si los a-milenaristas afirman que Cristo ya está sentado en su trono de gloria, entonces necesariamente la segunda venida de Cristo ya se produjo hace dos mil años, en Pentecostés; ocasión según ellos, que se estableció o fundó el reino de Cristo.

 

Por cierto que de estos dos versículos se extrae la enseñanza de que la iglesia, o los benditos de Dios, heredarán el reino para esa oportunidad u ocasión. Pero, ¿creyó Pablo—el apóstol póstumo de Cristo—que Jesús ya había vuelto en el 33 E.C? Nótese que Pablo, allá por el año 65 dC, le dice a Tito que la venida de Cristo es aún la bendita esperanza de los creyentes (Tito 2:13). Esto refutaría cualquier afirmación de una segunda venida de Cristo en Pentecostés.

 

2.- Mateo 19:28:  Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”.

 

Comentario:

Este segundo pasaje tiene relación con el primero. Ambos hablan de que Cristo se sentará en su trono de gloria: El primero, en su parusía o segunda venida; y el segundo, en la regeneración. Y es que en la segunda venida de Cristo se producirá la re-generación de todas las cosas. Esto tiene relación con su reino o la toma de su trono. Y también Pedro afirma en Hechos 3:21: “A quien (Jesucristo) de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”. Aquí Pedro habla de la restauración (=regeneración) de todas las cosas. Jesús está en el cielo esperando el tiempo de la regeneración o restauración de todas las cosas. Todo se regenerará con la presencia benefactora del rey Jesucristo en la tierra. Él será el rey universal que tomará el trono de David su padre en Jerusalén, la ciudad del gran rey (Mateo 5:33-35). Véase en el diccionario la definición de la palabra restauración.

 

Si Cristo está ahora sentado en el trono de David, entonces eso significaría que todo ha sido ya regenerado o restaurado en la tierra. Sin embargo, vemos que en la tierra todo sigue igual o peor. Hay más corrupción, violencia, impiedad, ateísmo, indiferencia, insensibilidad, falta de respeto, falta de amor, divorcios, abusos infantiles, depravación sexual, satanismo y ocultismo, etc. Sin duda Cristo aún no ha tomado el trono de David su padre para regenerar el mundo de hoy que está en caos y desorden.

 

3.- Apocalipsis 20:1-5: “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar, y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”.

 

Comentario:

Este pasaje describe los sucesos previos al reinado de Cristo. Primero, el diablo y sus ángeles deben ser atados en el abismo por diez siglos. Luego Juan recibe la revelación de que Cristo y sus mártires procedieron a reinar durante ese lapso de diez siglos sin la presencia del diablo y sus demonios. Ahora bien, si decimos que Cristo ya está reinando desde que ascendió a los cielos hace dos milenios, entonces el diablo ya fue atado en el abismo para que no engañe más a las naciones. Pero, ¿creerá alguno que este mundo no está engañado por el diablo?¿De dónde se genera tanto crimen, perversión, violencia, materialismo, ateísmo, brujería, ocultismo, satanismo, etc, etc?¿No es acaso del diablo? (véase Juan 8:44). Y Juan, 60 años después de Pentecostés del 33 d.C, afirmó que el mundo entero aún yacía bajo el poder del  diablo (1 Juan 5:19). Esto prueba que Cristo no pudo empezar a reinar desde el cielo un poco después de su ascensión al Padre, en Pentecostés, como afirman los a-milenaristas .

 

4.- Hechos 1:6,7: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron (a Jesús), diciendo: Señor, restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”.

 

Comentario:

Estos versículos son interesantes, pues hay quienes creen que Cristo ya nunca más restaurará el reino davídico en Israel, y que más bien él ya está reinando hoy desde el cielo sobre su iglesia. Si esto es verdad, Jesús llevaría dos mil años reinando, o sea, mil años más de lo profetizado. Pero Jesús jamás dijo que iría al cielo para tomar el trono de David su padre, y reinar desde los cielos. Más bien en Hechos 1:6,7 Jesús tácitamente confirma la verdad de la restauración del reino davídico en Israel por medio de darles una respuesta sugestiva en el verso 7. Nótese que Jesús no los corrigió por suponer la posibilidad de la restauración del reino a Israel. Él no dijo algo así como: “Están errados, pues nunca más le será restaurado el reino a Israel”. Lo que verdaderamente les dijo Jesús es que ellos no deben estar averiguando el tiempo exacto para esa tan anhelada y justa esperanza mesiánica.

 

Estos versículos de Hechos de los apóstoles confirma que Cristo vendrá a restaurar el trono de David su padre a fin de retomar su trono y cetro prometidos. Eso ya lo había él expresado en Mateo 25:31,34 y Mateo 19:28.

 

Pero hay aún cristianos que creen que la pregunta de los discípulos en Hechos 1:6 fue producto de su ignorancia y mal entendimiento del reino de Dios. Pero como dije antes, Jesús no los reprendió o corrigió por ese supuesto mal entendido. Y además, resulta extraño que todos los discípulos, al parecer, hayan preguntado lo mismo. ¿Fueron todos “torpes”? Imposible!

 

5.- Apocalipsis 11:15-18: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos… diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones…”.   

 

Comentario:

Nótese que el séptimo ángel anuncia el reinado de Jesucristo, el cual hace que los reinos de este mundo sean suyos, y estén bajo su dominio. Pero las naciones no se van a quedar con los brazos cruzados esperando ser dominadas por el Mesías. Ellas se airarán por causa del establecimiento del reino mesiánico y opondrán resistencia feroz pero serán neutralizadas y sometidas. ¿Se puede decir que esto ya ha ocurrido en la tierra?¿Se puede decir que las naciones se han airado por el supuesto establecimiento del reino de Cristo en la tierra? ¡No! La iglesia, salvo pocas excepciones, vive en relativa paz y sin persecuciones. Incluso en Rusia hay mayor apertura a la religión cristiana y los feligreses pueden reunirse sin temor a ser perseguidos como ocurría bajo el marxismo.

 

También es interesante notar que el reino de Cristo se hará evidente cuando se hayan cumplido las otras seis trompetas precedentes que anuncian: granizo y fuego mezclados con sangre en la tierra que quemó a la tercera parte de la hierba verde,  y también la tercera parte del mar se convirtió en sangre, muriendo la tercera parte de los seres marítimos, y la tercera parte de los buques. El tercer ángel anuncia la destrucción de la tercera parte de los ríos y fuentes de agua, ocasionando la muerte de mucha gente. La cuarta trompeta anuncia la herida de la tercera parte del sol, la luna y las estrellas, para reducir la luz del día en un tercio. El quinto ángel trompetero anuncia una plaga de langostas con poder de escorpiones para herir a los impíos. El sexto ángel trompetero anuncia la muerte de la tercera parte de los hombres por fuego, humo y azufre. Y el séptimo ángel, como dijimos, anuncia el establecimiento del reino de Cristo y su dominio mundial. ¿Acaso los a-milenaristas pueden decirnos que todas las seis trompetas ya se han cumplido antes del supuesto establecimiento del reino de Cristo hace dos milenios?

 

6.- Salmos 72:7,8:Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta

que no haya luna, dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra”.

 

Comentario:  Aquí hay una profecía concerniente al reinado de Cristo. Se anuncia que florecerá en su reinado la justicia y la muchedumbre de paz hasta que no haya luna, y que dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Pero es difícil que esta predicción ya se haya cumplido, pues no hay ni justicia ni paz en el mundo entero. Aún la China, un país que alberga el 20% de la población mundial, no conoce a Cristo, y menos aún, pertenece a su iglesia.  Se sabe que sólo un 0.5% de los chinos ha oído el evangelio del reino debido al comunismo imperante. Obviamente Cristo no “reina” en China aún. Y si no reina en China, y en los países Islámicos y Budistas, ¿cómo es que hay cristianos que piensan que Jesús ya reina en el mundo entero?

 

Pero ¿por qué no hay paz y justicia en el mundo? Sencillamente porque Cristo aún no ha tomado el trono de David su padre en Jerusalén, la capital de Israel. Sólo cuando él regrese glorioso y poderoso desde los cielos se hará realidad la transformación de la sociedad humana. Eso ya lo dijo San Pedro en Hechos 3:19-21, y el mismo Señor Jesús en Mateo 25:31,34.

 

7.- 2 Samuel 23:3: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel; habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios”.

 

Comentario:

Esta es una profecía mesiánica que predice el gobierno de un justo ENTRE los hombres. Nótese que la predicción no dice que un justo reinará sobre los hombres, o desde las alturas, o desde los cielos. Lo que dice claramente es que un justo gobernará entre los hombres, lo que implica que su trono de gobierno se localizará en la tierra.

 

Los campbelitas nos deben una explicación, pues ellos insisten en que el trono de David está en el cielo, y no en Jerusalén. Además, la interpretación a-milenarista tuerce la predicción llevando el reinado del justo a una esfera cósmica y no terrena.

 

 

Capítulo 13:

LA ÚLTIMA PREGUNTA QUE LE HICIERON A JESÚS SUS DISCÍPULOS

 

Es interesante lo que los discípulos le preguntaron a su Maestro poco antes de su ascenso al Padre, pues—¡fue la última pregunta que le hicieron! Y es que la mayoría de estudiantes bíblicos no comprenden que esta última pregunta encierra toda la esperanza apostólica y cristiana. Por tanto, es muy importante destacarla y entenderla para ser auténticos discípulos de Cristo.

 

La última pregunta de los discípulos se halla en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1 y verso 6, y que dice: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?. Nótese que los discípulos que se habían reunido le preguntaron LO MISMO, al UNÍSONO: “Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”.  Y, ¿por qué le preguntaron eso exactamente? La razón se encuentra en el verso 3, donde dice: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó (Jesús) vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles ( a sus discípulos) durante cuarenta días y HABLÁNDOLES ACERCA EL REINO DE DIOS” (el evangelio).

 

Jesús había resucitado, y por cuarenta días (mes y medio aproximadamente) se les había estado apareciendo a sus seguidores, para hablarles más sobre el REINO DE DIOS. Sí, durante ese periodo de tiempo, Jesús aleccionaba a sus discípulos sobre el tema del Reino de Dios, y de este punto no se movió para nada durante ese mes y medio. De modo que este asunto del Reino de Dios fue algo crucial e importantísimo para Jesús, pues lo motivó a hablarlo durante sus días finales en esta tierra. Debemos entonces tomar conciencia de lo crucial de este tema del Reino de Dios, ya que si no lo comprendemos en su real dimensión, no captaremos la entera misión de Jesucristo como Salvador, Señor, y Mesías. Recuerde que él mismo confesó: “…es necesario que también a otras ciudades anuncie EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO (Lucas 4:43).  Entonces está claro que Jesús comenzó (Marcos 1:1,14,15) y finalizó (Hechos 1:3) su ministerio hablando sobre el evangelio del Reino de Dios. ¡Esta fue la verdadera razón por la cual Su Padre lo envió a este mundo hace dos milenios! Ahora es menester que entendamos qué es ese Reino de Dios en su real dimensión.

La Pregunta Oportuna de los Discípulos

 

Hemos visto que la pregunta de los discípulos se produjo justamente porque Jesús se la había pasado hablando con ellos sobre la restauración del Reino de Dios a los ISRAELITAS, durante su seminario intensivo de cuarenta días. Seguramente que el tema de ese seminario debió titularse: “El Evangelio de la Restauración del Reino De David a Israel”,  Lo interesante e importante es que finalmente  los discípulos le hicieron una pregunta oportuna y muy sugestiva a su Maestro, la cual  encerraba y resumía toda la misión de Jesús en la tierra. Para entender lo que Jesús quiso decir por el Reino de Dios, debemos fijarnos en el contenido de la pregunta que le hicieron todos los discípulos reunidos en ese seminario intensivo de cuarenta días. Obviamente aquella última pregunta de los discípulos encerraba todo lo enseñado por Jesús sobre su reino venidero en la tierra, y que involucraba e incumbía a los ISRAELITAS. Ahora bien, dicha pregunta NO fue—como sostienen algunos— inoportuna, torpe, aislada, y errada de un discípulo lento en entendimiento—¡Fue, más bien, la pregunta de TODOS los discípulos al unísono! Entonces: ¿fueron todos los discípulos torpes para no entender lo enseñado por Jesús durante esos cuarenta días?¿Fue acaso Jesús un pésimo Maestro? ¡No lo creo! Jesús no hablaba oscuramente a sus seguidores, sino sólo a sus detractores (Marcos 4:11.12).

 

Pues bien, si ellos— como discípulos— pudieron entender el tema del Reino de Dios, es obvio que usted—como discípulo de Jesús—puede igualmente entenderlo si dispone su mente y corazón, y extirpa sus prejuicios o ideas preconcebidas que sobre este tema ha recibido de personas indoctas.

 

El Tiempo de la Restauración Sólo lo Sabe el Padre

 

La pregunta de los discípulos a Jesús era obviamente justa, correcta, e inevitable, pues estaban finalmente muy interesados en saber el tiempo exacto para la cristalización de la prometida restauración del reino del padre David. En una ocasión anterior—recordemos— cuando Jesús estaba por entrar en Jerusalén —la capital del Reino Davídico— los discípulos pensaron que el Reino prometido sería inmediatamente restaurado con Cristo a la cabeza (Marcos 11:10). En Lucas 19:11 vemos que Jesús se ve precisado a pronunciar una Parábola, con el propósito de hacerles entender que aún no era el tiempo señalado para la tan anhelada restauración del reino davídico. Explicó en suParábola de Las Diez Minas”  que “un hombre noble”—él mismo—tenía que ir primero al cielo para recibir la corona de Rey y el reino, y luego volver para tomar su trono en la tierra (v.12). Pero ahora, estando él ya próximo para regresar al cielo, sus discípulos le preguntaron finalmente si su reino se establecería próximamente en Israel  o todavía no. Entonces Jesús sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan anhelada restauración del reino a los israelitas, sólo lo sabe Dios Hechos 1:7). Sin embargo, recordemos que ya antes Jesús había afirmado que “de aquel día y la horade su regreso como Rey, nadie lo sabía, ni él ni los ángeles del cielo, sino sólo Su Padre (Marcos 13:32).

 

Aquí vemos nuevamente que Cristo NO reprende a sus discípulos por aquella inevitable pregunta, diciéndoles algo así como: “Están errados, pues ya nunca más será restaurado el Reino a Israel debido a que me rechazaron mis paisanos”. NO!— Él no les dice eso, ni nada parecido. Simplemente les dice que sólo Dios sabe el tiempo exacto para la tan anhela restauración del reino a Israel. Es decir, Jesús valida la pregunta como correcta y oportuna, pero afirma no saber el tiempo exacto para dicho evento glorioso. Es, pues, más que evidente que durante esos cuarenta días que duró el seminario intensivo de Cristo, él se la pasó explicándoles a sus discípulos acerca de cómo sería su reino milenario en Israel, y qué benéficos le traería al mundo entero.

 

¿Es el Reino sólo para los Judíos?

 

En Lucas 12:32 Jesús se dirige a sus discípulos como su “manada pequeña”, y a éstos les ofrece su reino. Les dice textualmente así: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino. Aquí Jesús les habla a Judíos que son sus seguidores. Esta promesa es dada esencialmente a los que le siguen, a los que le sirven y creen, aunque es verdad que éstos eran Judíos de raza. ¿Es entonces el reino para los Judíos de raza únicamente? ¿Qué hay de nosotros, que somos creyentes, y no somos Judíos? ¿Hace Dios distinción entre los creyentes en función a sus razas?¿Heredan los creyentes gentiles (no Judíos) el cielo, mientras que los creyentes Judíos se quedan en la tierra para heredar y restaurar el reino de David? Hay iglesias cristianas que dicen que el reino de David— en Israel— será sólo para los Judíos conversos y no para los creyentes gentiles. ¿Qué dice la Biblia al respecto?

 

En primer lugar leamos lo que dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice a sus simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros (Creyentes Gálatas gentiles) sois de Cristo (cristianos), ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa . En los versos anteriores (7,9,14) leemos: “Sabed, por tanto, que los que son de fe (no Judíos de raza necesariamente), éstos son hijos de Abraham…de modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham…para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles…”. También es interesante lo que dice Pablo a los creyentes de Efeso (gentiles), lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos (a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:11-14,18,19). “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Efesios 3:6).

 

Entonces la promesa del Reino de Dios recae también sobre todos aquellos creyentes gentiles (no Judíos) que han creído en Cristo. Peruanos, Argentinos, Bolivianos, Canadienses, Italianos, Franceses, Ingleses, Senegaleses, Congoleses, Tibetanos, chinos, Coreanos, Japoneses, etc, pueden heredar el reino de David si creen en Cristo. Dios no hace acepción de personas, pues dice Pablo: Porque no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11),

 

Jesucristo Volverá Para Restaurar el Reino de David en Israel

 

El Apóstol Pedro dijo: “y él (Dios) envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado: a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:20,21). Compárese esta palabra “restauración” con la de la última pregunta de los discípulos en Hechos 1:3. Es claro, entonces, que el reino israelita lo restaurará Jesucristo cuando regrese por segunda vez al mundo. Así lo afirmó Jesús mismo cuando dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él entonces se sentará en su trono de gloria…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:31,34). Aquí es importante la segunda venida de Cristo como Rey, ya que ello significará la transformación física de los herederos del reino, pues como Pablo había dicho correctamente: “Pero esto digo, hermanos, que la carne y la sangre (los mortales) no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, En un momento, en un abrir y cerrar de ojos; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados (1 Corintios 15:50-52). Entonces, cuando los cristianos logren o ganen su transformación física, recién entonces podrán ver y entrar en el reino glorioso de Cristo—¡No antes! La iglesia de Jesucristo está llamada a participar del reino  de Dios (Santiago 2:5), pero debe antes crecer en el conocimiento de Dios y de Cristo (Juan 17:3) y en los atributos cristianas (2 Pedro 1.5-11). Hoy los incrédulos y los pecadores pueden ver y entrar en la iglesia de Señor sin ser bautizados o convertidos, pero para ver y entrar en el reino de Dios, hay que ser hombres “perfectos”, hombres de Dios, probos, santos, fieles, e inmortales. Esta es la gran diferencia entre la iglesia del Señor y el Reino de Dios. Al Reino de Dios sólo lo podrán ver e ingresar los que son “santos y perfectos” y que han merecido su transformación física— o su inmortalización—- que es lo mismo (1 Corintios 15:53,54). En buena cuenta, los que hereden y sean parte del reino de Dios, gozarán de la vida eterna con todos los salvos de todas las naciones y épocas.

 

Recordemos que Jesús volverá a esta tierra, no sólo para transformar o inmortalizar a sus seguidores, sino también para sentarse en su trono de gloria, lo cual indica que él se  posará en un trono en la tierra. Este trono será el de David su padre, según está especificado en Lucas 1:31-33, y que dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (La Anunciación del ángel). Este (Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo: y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (país) de Jacob (Israel) para siempre, y su reino no tendrá fin”. Por cierto que los cristianos también se sentarán en sus respectivos tronos de gloria en el reino de Dios, pues Jesús les dijo a sus apóstoles: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel(Lucas 22:29,30), Obsérvese que siempre el reino tiene que ver con Israel. Pero lo trágico es que millones de “cristianos” no quieren tomar literalmente estas profecías, y más bien prefieren darles una explicación “alegórica” o “espiritual”. Pero si quieren hacer esto, entonces la Anunciación deberá ser igualmente interpretada “alegóricamente” o ”espiritualmente”.  Pregunto: ¿nació realmente y literalmente Jesús de una mujer joven y virgen? ¿estuvo literalmente embarazada María? o, ¿entenderemos la anunciación como algo “simbólico” también?

 

El Reino es la Esperanza de la Iglesia

 

Jesucristo enseñó que “busquemos primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). También enseñó a que orásemos por su venida para que se haga— por fin— la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo (Mateo 6:10). Del mismo modo, Jesús afirmó que aquellos que “miran hacia atrás” no son dignos de su reino (Lucas 9:62). También aseveró que “difícilmente un rico puede entrar en él” (Mateo 19:23). A Nicodemo Jesús le dijo que “tenía que nacer de nuevo” para ver y entrar en su reino (Juan 3:3,5). De modo que el Reino es algo que se puede ver y entrar si se “renace” en Cristo.

 

Aun los apóstoles creyeron en el reino venidero de Jesús. Por ejemplo, el apóstol Pablo afirmó “que es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios (Hechos 14:22). Por su parte Pedro dijo en 2 Pedro 1:5-11, y en especial en el versículo 11, lo siguiente: “Porque de esta manera (madurez espiritual) os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo. También Pablo dijo que los pecadores incorregibles no podrían de ningún modo entrar en él, salvo que se arrepintieran a tiempo (Gálatas 5:19-21). Santiago afirma que sólo los ricos en fe”, serán los herederos de ese magnífico reino en la tierra (Santiago 2:5).

 

Entrar, pues, en el reino, es obtener la vida eterna y la salvación, según se desprende del diálogo del joven rico con Jesucristo de Mateo 19:16-23. En estos versos aparecen las frases “vida eterna”, “reino de Dios”, y “ser salvo”, Aquellos que no logren entrar en el reino de Dios, se deberá únicamente al hecho que no fueron dignos de él (2 Tesalonicenses 1:5). Es por esto que es muy importante buscar el reino de Dios y su justicia, porque ello significa ganar la salvación —¡Esto no lo comprenden millones de Cristianos!

 

Es verdad que el Reino de Dios es un “reino celestial”, porque precisamente es “de Dios”. Por tanto, las frases: “Reino de Diosy “Reino de los cielos son equivalentes. Nótese que nunca aparece en la Biblia la frase: “Reino EN los Cielos” sino “Reino DE los cielos”. Es decir, que procede de los cielos—¡De Dios! Es trágico que millones confundan el reino de los cielos con el mismo CIELO. Sí, hay millones de “cristianos” que sostienen que heredar el “reino de los cielos” significa heredar el mismo cielo—¡Craso error! Definitivamente ni Jesús, ni sus apóstoles, enseñaron que iríamos al cielo para vivir con Dios y los ángeles (Juan 13:33) (Véase también Mateo 5:5; Salmo 37:9,11,22,29,34, Proverbios 2:21,22—nótese que dice: los perfectos permanecerán en la tierra).

 

El Reino de Dios Significará La Justicia y la Paz Mundiales

 

El Reino de Dios significará la justicia y la paz en la tierra, pues recordemos que Jesús nos mandó a “buscar el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33). Y el profeta Isaías claramente anuncia: He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en Juicio” (Isaías 32:1). Y también Isaías predijo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (9:6,7). Y en 2 Samuel 23:3,4 se nos anuncia lo siguiente: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra” .

 

Por otro lado, la influencia mundial del reino de Cristo se deja ver en los siguientes pasajes de la Escritura: Daniel 2:44, que dice: “Y  en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. También el salmista David (72:7-9,11) lo anuncia diciendo: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo…todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán”. Leer todo el Salmo 72, También Daniel 7:13,14 y Miqueas 4:1-4. Todas estas profecías aseguran que sólo habrá un solo gobernante mundial que domine con autoridad de Dios, y con vara de hierro. ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobernante mundial?¿Se imagina usted que las naciones del mundo se sujetarán de buena gana a este magnífico líder mundial que está por venir desde los cielos? Será ciertamente: “¡El deseado de todas las naciones!” (Hageo 2:7). Sí, será el gobernante ideal que todo pueblo ha anhelado tener en el poder.

 

¿Está Ud. buscando y pidiendo este estupendo reino de Dios y su justicia? (Juan 6:10,33). ¡Es un mandamiento de Jesucristo! Sin embargo, cuántos aún ignoran que este reino milenario es la única esperanza que tiene la humanidad para tener paz y justicia verdaderas. No es “escapando al cielo” como vamos a lograr obtener la felicidad, la justicia, y la paz que anhelamos. Eso querría decir que el diablo triunfó al lograr la destrucción de la tierra, y arrojar a los hombres al cielo. ¿acaso no recordamos que Dios creó la tierra para que fuese habitada por los hombres? (Salmos 115:16). ¿Trastocará el diablo los propósitos de Dios para con la tierra? ¡De ningún modo! Pero los que afirman que iremos a vivir en el cielo, están desvirtuando todo el propósito de Dios de restaurar todas las cosas como eran al principio. Es obvio que la palabra restaurar quiere decir “reponer, recuperar, recobrar, reparar, renovar o devolver a una cosa su estado o estima original”. En buena cuenta, Dios pondrá todas las cosas como él se lo propuso en un principio. La restauración de un mundo paradisíaco significará el fin de la violencia humana y animal, y también el final de  la depredación de la flora y fauna, y de la contaminación ambiental. Además significará la destrucción de todos los perversos e incorregibles del planeta (Salmo 37:9). Será el fin del dominio de los hombres para dar paso a la gobernación de Dios en la tierra como se efectúa en el cielo. 

Desgraciadamente, La gran mayoría de los hombres están buscando solucionar sus problemas a espaldas de Dios, como si Él no existiera. La ONU, por ejemplo, fue creada para traer la paz en el mundo, y ya vemos cómo ésta no ha podido lograr la tan anhelada paz mundial. Hoy más que nunca, el mundo está envuelto en guerras interminables que aniquilan a miles y miles de hombres inocentes. El hombre no sabe que el problema del mal está en el hombre mismo, en su naturaleza pecaminosa y egoísta. Los hombres no entienden que ellos no pueden corregir los males del mundo por sí mismos, pues se encuentran lejos de su Hacedor.  La mayoría de ellos únicamente viven sólo para satisfacer sus deseos egoístas, sin importarles sus semejantes. Sólo un necio corrupto puede decir que no hay Dios (Salmo 14:1). 

Jerusalén, La Ciudad Capital del Reino

La Biblia es clara cuando dice que Jerusalén será la ciudad capital del reino venidero de Dios. Dice el profeta Jeremías así: “En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón” (3:17). Hay infinidad de pasajes en la Biblia donde se menciona a Jerusalén como una ciudad superimportante del futuro, y en donde confluirán todos los pueblos de la tierra. Será la capital mundial y el centro del mundo—el lugar donde estarán los tronos de los futuros gobernantes inmortales. Dice también el salmista David sobre Jerusalén, así: Porque Jehová ha elegido a Sión; la quiso por habitación para si. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido…allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, más sobre él florecerá su corona” (132:13,14,17,18). También dice el salmista, de este modo: “Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David. Pedid por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman” (122:3-6). Nótese que se habla de “los tronos” de la casa de David (en plural). Esto concuerda con lo prometido por Jesucristo a sus apóstoles, en el sentido que ellos también se sentarían en sus propios tronos, en el reino restaurado de David en Jerusalén (Mateo 19:28). Ahora bien, Jesús extiende su invitación para que todos sus seguidores permanezcan fieles para que puedan participar en su trono y reino. Dice él, así: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Además él prometió también: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones(Apocalipsis 2:26). Y para terminar este acápite sobre Jerusalén, sería bueno recordar Miqueas 4:1-3, que dice: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”. 

El Sacrificio Vicario de Cristo y El Reino de Dios

 

Sí, el Reino de Dios es el evangelio de Cristo. En diferentes pasajes de la Escritura veremos que el Reino de Dios y el evangelio, son sinónimos. En Marcos 1:1,14,15 encontramos un excelente ejemplo de esto. Dicen estos versículos de este modo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentios, y creed en el evangelio. En la cita bíblica mostrada arriba, es obvio que cuando se habla de creer en el evangelio, lo que se quiere decir es que creamos en el Reino de Dios, y en su Rey, Jesucristo.  Además, Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para SALVACIÓN para todos los que lo creen de todo corazón (Romanos 1:16). Y cuando Jesús dejó señales concernientes a los últimos días, él dijo que antes de su regreso en gloria para establecer su reino, sus verdaderos discípulos estarían proclamando dicho reino por todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Dice así en Mateo 24:14: Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.  Entonces,  ¿qué más pruebas podemos pedir para saber y entender lo que es verdaderamente el evangelio de Cristo?

   

Finalmente veremos a Pablo predicando este mismo evangelio del Reino en diferentes partes del mundo, según lo podemos constatar en Hechos 19:8;20:25;28:23,30,31. Es claro que el asunto del reino de Dios era de primera importancia para Cristo y sus apóstoles (Lucas 9:1,2), ¿Lo es para Ud., estimado hermano? Pablo dijo que seamos sus imitadores, así como él lo era de Cristo mismo (1 Corintios 11:1). ¿Lo está Ud. imitando a él en este quehacer evangélico? Muchos—desgraciadamente—no lo están haciendo, pues han pensando que el evangelio es solamente Cristo mismo, es decir: Su Muerte, su sepultura, y su resurrección al tercer día (1 Corintios 15:1-6). Esta creencia es media verdad, pues ya hemos visto que Jesús mismo tilda al Reino de Dios con el título de: “el evangelio” (Lucas 4:43, Mateo 24:14)—¡Y fue el principio de su evangelio! (Marcos 1:1,14,15). Por eso, predicar el evangelio es predicar el reino de Dios, como también lo es sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús—¡Todo junto!

 

 

Capítulo 14:

LA SEÑAL CLAVE DEL REGRESO DE CRISTO A LA TIERRA QUE MUCHOS HAN PASADO POR ALTO

 

 

Las Preguntas cruciales:

 

En Mateo 24:3 los discípulos le formulan la siguiente pregunta al Señor: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que SEÑAL habrá de tu venida, y del fin del siglo?” Aquí encontramos básicamente dos preguntas: Una— ¿Cuándo serán estas cosas?— es decir, cuando será destruido el templo (Vs. 1, 2), y la otra— ¿Y qué señal (vea el singular) habrá de tu venida y del fin de la edad? Algunos dicen que aquí hay tres preguntas, pero yo veo sólo dos. Pues bien, muchos estudiantes de la Biblia no se han detenido a meditar que los discípulos le preguntaron a Jesús por una señal concreta y específica que les indicara realmente Su venida o regreso (¡no su proximidad!) y del fin de la era. ¡Sí, los discípulos quisieron saber UNA SEÑAL, y sólo UNA, de la MANERA de su venida. Recordemos que Jesús ya les había hablado antes de que volvería nuevamente, pero sin especificarles cómo sería su regreso (Lucas 12:40; Juan 14:2,3). Ahora Jesús se propone—en Mateo 24—revelarles la forma o la manera de su venida, la cual será la verdadera SEÑAL de su venida. Este detalle en particular debemos recordarlo todos nosotros, porque muchos estudiantes de la Biblia lo han pasado por alto, y continúan buscando y esperando muchas señales. Entonces debemos fijarnos en la manera en que Jesús vendrá, la misma manera como no es revelada por Jesús en Mateo 24:30 y por los ángeles de Dios en Hechos 1:11.

 

La “Señal de Jonás” y “la Señal del Hijo del Hombre”

 

¿Cuál será esa singular señal solicitada por los discípulos a Jesús? Para entender lo que se quiere decir por la señal, veamos primero la llamada “Señal de Jonás” declarada por Jesús en Lucas 11:29-30, y que dice: “Y apiñándose las multitudes, comenzó a decir: Esta generación es mala; DEMANDA SEÑAL, pero señal no le será dada, sino LA SEÑAL DE JONÁS. Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será el Hijo del hombre a esta generación” (nótese que también en Mateo 24:30 Jesús nos expresa una frase similar, pero esta vez como: “LA SEÑAL DEL HIJO DEL HOMBRE”). Aquí básicamente “la Señal de Jonás”, es Jonás mismo, pues Jesús dijo que Jonás mismo fue SEÑAL a los ninivitas. Del mismo modo, Jesús mismo serviría de SEÑAL o sería SEÑAL para una generación perversa. De allí que Jesús hable de “la SEÑAL del Hijo del Hombre”. No es una señal extraordinaria o misteriosa como aquella de una cruz en el cielo, o un sonido de alguna trompeta, o alguna luz brillante, o alguna nave espacial, o algún evento meterológico fuera de lo común. ¡La señal del Hijo del hombre, así como la de Jonás, se refiere a la misma persona mencionada! Jesús, como lo fue Jonás, sería SEÑAL. De modo que grábeselo bien en su mente que: ¡Jesús mismo sería LA SEÑAL para Su parusía y el fin del siglo!”. Más adelante veremos cómo Jesús servirá de señal para aquella generación maligna.

 

Las Así llamadas Señales de Su Proximidad

 

En los versículos 4-6 de Mateo 24 Jesús dice que antes de su regreso, y del fin de mundo (siglo), muchos falsos Cristos dirán que son el Mesías prometido, o el Cristo encarnado en ellos. Ejemplos de éstos son muchos a través de los siglos. Recientemente podemos mencionar a Jim Jones, quien murió en Guyana con casi mil de sus seguidores, y a David Koresh, quien murió con más de 80 de sus seguidores en Waco, Tejas. Ahora mismo, nuevos falsos líderes (como el Reverendo Moon) se hacen pasar por el Mesías, y están engañando a una gran cantidad de seguidores ingenuos (v.5). También Jesús habló de guerras y rumores de guerras (v.6), ¡pero estas guerras no serían la señal de la venida de Cristo y del fin del siglo! (v.6). Hasta este punto Jesús no nos da una señal singular o específica del fin de la edad. En los versículos 7-14 el Señor Jesús claramente profetizó los conflictos internacionales (v.7). Luego Jesús habló de la gran tribulación que vendrá a sus escogidos por causa de su nombre (v.9), y el surgimiento de falsos profetas o maestros fraudulentos ansiosos de dinero y poder (v.11).  En el versículo 14 Jesús anunció que el evangelio del reino será predicado por todo el mundo como un testimonio … y luego el fin vendrá. Pero aun hasta acá no tenemos tampoco la SEÑAL ÚNICA o singular  que fue solicitada por los discípulos acerca de Su llegada y del fin del mundo (o de la Era). Muchos cristianos confunden estas mal llamadas señales sobre la proximidad de Su venida como si fueran prueba de su venida misma. Estar a punto de venir no quiere decir que Su venida ya tuvo lugar. Otro grupo de cristianos cree que la señal es realmente un conjunto de señales.  ¡Pero esta idea es un error! Los discípulos le piden a Jesús Una señal, y Jesús abiertamente la revelará sin tono evasivo y sin complicaciones.

 

Siguiendo adelante hacia el verso 23, Jesús predice otra vez la llegada del falsos Cristos. El versículo 24 repite lo mismo y añade la venida de falsos profetas que harán portentos y engañarán a muchos, aun a los escogidos que pertenecen a Dios. En el versículo 26  Jesús advierte sobre la llegada del falsos Cristos y falsos profetas que aparecerán (“horizontalmente”) en los desiertos y los aposentos (No del cielo, o “verticalmente”, descendiendo de arriba hacia abajo), y a los cuales no debemos creer.

 

Es en versículo 27 donde Jesús comienza a desarrollar, por así decirlo, la SEÑAL única (singular) de Su venida o regreso verdadero, contrastándola con aquellas de los falsos Mesías que se manifiestan en los desiertos y los aposentos (hoteles, casas,  templos esplendorosos, etc) del verso 26. Jesús revela en el versículo 29 que después de ocurrir todos los acontecimientos de los versículos 4 al 27, ‘ el sol estará oscurecido, y la luna no dará su luz; Las estrellas caerán del cielo, y los cuerpos celestes serán sacudidos”. Estos extraños y horripilantes acontecimientos que ocurrirán en el cielo, PRECEDEN a la manifestación esperada de la SEÑAL SINGULAR O ÚNICA.

 

En el versículo 30 encontramos, por fin, la SEÑAL clara y sucinta dada por Jesús de Su verdadera Parusía o segunda venida en poder y gloría. Él dice: ” Entonces aparecerá LA SEÑAL (nótese el singular) del Hijo del Hombre EN EL CIELO…Y VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE VINIENDO (descendiendo) SOBRE LAS NUBES DEL CIELO, CON PODER Y GRAN GLORIA. 

 

¡En respuesta a la pregunta de los discípulos acerca de una SEÑAL clara y singular de su venida (¡no Su proximidad!) y del fin de mundo, Jesús les dice a ellos que LA SEÑAL ES SIN DUDA ÉL MISMO, DESCENDIENDO LLAMATIVAMENTE DE ARRIBA EN DIRECCIÓN A LA TIERRA (no de los desiertos y de los aposentos) CON PODER Y GRAN GLORIA. A diferencia del falso Cristo que aparece horizontalmente y en secreto, el Cristo verdadero viene verticalmente y visiblemente, desde arriba hacia abajo, hacia la tierra.

 

Entonces, si el así llamado “Cristo” no desciende VISIBLEMENTE y LLAMATIVAMENTE desde arriba hacia abajo en dirección a la tierra con los ángeles de Su poder— ¡ESE NO ES EL CRISTO VERDADERO! Hay hombres que suelen proclamarse ellos mismos como el Mesías pero que no han descendido verticalmente desde el cielo a la tierra con poder y gran gloria. Además, ningún hombre ha visto a algún pretendido Mesías descendiendo del cielo a la tierra de la manera como está predicha en las Escrituras. Pero cuando Cristo regrese a la tierra en la forma exacta como fue profetizada, sabremos que él es el Mesías esperado, y por consiguiente se podrá esperar una inmediata resurrección de todos los santos difuntos (Juan 5:28,29; 1 Tes. 4:16,17). El Cristo falso no provendrá del cielo, ni tendrá la virtud de resucitar a todos los fieles, para que éstos, junto con los cristianos vivos, puedan ser arrebatados de un tirón a las nubes para que le puedan dar el encuentro en su descenso a la tierra (Vea otra vez 1 Tes. 4:16,17 – observe la palabra ‘recibir del versículo 17 en la Versión Reina Valera).

 

Adicionalmente a lo que se ha dicho previamente, en Hechos 1:11 leemos que  dos criaturas angélicas dieron más detalles de la Parusía verdadera del Mesías, con estas palabras: “¿Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS (es decir, un Judío de unos 33 años aproximadamente, hebreo hablante, glorificado e inmortal), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo”. Adicionalmente, en Apocalipsis 1:7 leemos: He aquí que  viene con las nubes, y todo ojo le verá, aun aquellos que le traspasaron; y las todas lo linajes de la tierra llevarán luto por él. ¡Sí! Amen”. Estas predicciones nunca se cumplieron antes. Todo ojo de todas las gentes de la tierra jamás vio a Jesús viniendo de la misma manera como Él regresó al cielo. En el año 70 AD Jesús nunca descendió del cielo para volver a pisar el Monte de los Olivos como está profetizado en Zacarías 14:4: “Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur”.

Resumen

En Mateo 24:3 los discípulos le pidieron a Jesús que les diera una sola señal que les indicara Su venida del cielo y el consiguiente fin del siglo, ¡y ciertamente el Señor Jesús se las dio muy claramente y sin tono evasivo en el versículo 30!

   

Las otras supuestas señales de los versículos 4-29 son acontecimientos que se replantearían antes de Su llegada gloriosa, y que se convertirían cada vez más notorias y generalizadas a medida que la llegada de Cristo estuviese más cerca, como los dolores de parto de una mujer encinta. Afirmar que las guerras – incluyendo aquella de los judíos con los romanos – y los rumores de guerras, fueron “la señal” de la venida de Jesús en gloria y en Su reino en 70 A.D, tuerce lo que el mismo Señor enseñó por lo que respecta a Su regreso. Jesús dijo en Mateo 24:6 que las guerras, y rumores de guerras, no indicarían el fin de la era o Su segunda venida sino Su proximidad (Lucas 21:9 – “porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente).  Así, la destrucción de Jerusalén, que tomó lugar por la guerra de los judíos con los romanos, no fue la señal de la segunda venida de Cristo y el fin de la edad. Jesús nunca dijo que la destrucción de Jerusalén sería la señal de Su parusía.

 

Jonás mismo sirvió de señal y modelo y expresó la forma y el momento de la resurrección de Cristo. Asimismo, El mismo Hijo del Hombre viniendo y descendiendo del cielo en persona SERÍA LA SEÑAL y la forma que debían esperar la parusía del Mesías. Por tanto, la Señal singular que Jesús nos dejó de Su parusía verdadera NO SERÍA ALGÚN EVENTO METEREOLÓGICO O UN PORTENTO SOBRENATURAL EXTRAÑO, SINO SU PROPIA PERSONA VINIENDO DE UNA MANERA ESPECTACULAR Y PERSONAL CON LAS NUBES CELESTIALES EN PODER Y GRAN GLORIA. El falso Cristo suele aparecer “horizontalmente” de entre hombres, en los desiertos y los aposentos. Por otra parte, el Mesías verdadero vendrá “verticalmente”, de arriba hacia abajo, visiblemente, personalmente (de la misma forma como fue levantado, pero en sentido contrario) con las nubes del cielo y con los ángeles de Su poder. Estas especificaciones dadas por Jesús Mismo, y más tarde por los ángeles para la parusía final, nunca fueron mencionadas por Josefo en sus escritos para su supuesta venida en el 70 dC.

 

 

Capítulo 15:

¿PISARÁ REALMENTE NUESTRO SEÑOR LA TIERRA NUEVAMENTE?

 

Lo que los ángeles Anunciaron

 

En Hechos 1:11 los ángeles anuncian a los discípulos, quienes instantes antes habían visto al Señor subir al cielo, lo siguiente: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASI VENDRÁ COMO LO HABÉIS VISTO IR AL CIELO”. Aquí se profetiza que el mismo Jesús resucitado, que había permanecido con sus discípulos 40 días en la tierra (Hechos 1:3), volverá DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE SE HABÍA IDO AL CIELO. Esto se explica de este modo. Según el verso 12, Jesús había ascendido al Padre desde el MONTE DE LOS OLIVOS, hasta que una nube lo tapó de la vista de los discípulos (v.9). Ahora bien, Jesús, al volver, descenderá del cielo a las nubes del cielo, y de las nubes del cielo AL MONTE DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4). Si Jesús al volver, sólo se quedara en las nubes, sin descender hasta el Monte de los Olivos, entonces JESÚS NO ESTARÍA EN VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA COMO ÉL SE FUE, O COMO LO HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.

 

Si una persona hubiera podido tomar una película de ese magno suceso de la ascensión d Jesús al cielo, y luego pusiera en reversa o retroceso la película, entendería exactamente cómo será el futuro regreso de Jesús al mundo. No obstante, no precisamos del auxilio de una cámara de video o de una película para entender lo que explicamos. Aceptemos el hecho de que la ascensión de Jesús al cielo NO comenzó en las nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS. ¿No es interesante que el profeta Zacarías diga que sus pies se posarán nuevamente en el Monte de los Olivos y éste se partirá en dos?¡Esto no sucedió en la primera venida de Cristo! (Leer Zacarías 14:4).

 

Lo que Jesús dijo en Mateo 5:34,35 nos lleva  la conclusión de que Cristo hará de Jerusalén su ciudad real…¡Su trono!. El profeta Jeremías dice que en aquel tiempo (de la restauración del reino) llamarán a Jerusalén TRONO DE JEHOVÁ (3:17). El Salmo 67:4 dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.” En Apocalipsis 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con Cristo mil años en la tierra.

 

En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Por tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Jesús dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:34,35).

 

En Juan 14:2,3 el Señor Jesús prometió a sus discípulos que ellos estarían con él en la tierra de Israel. Él dijo: “PARA QUE DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel) vosotros también estéis”. Y en la profecía de Jeremías 23:5 leemos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia EN LA TIERRA” ( También 33:15). Y en Romanos 4:13 dice que Jesús será “EL HEREDERO DEL MUNDO.”

 

Según el Salmo 37:29 “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Ahora bien: ¿Es Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí! (Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús es también JUSTO, ¿qué heredará él y dónde vivirá? ¡La tierra y en la tierra!. En el Salmo 85:9 se complementa lo anterior diciendo que LA GLORIA HABITARÁ LA TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA? ¡La gloria del Señor Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30; Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4). Por tanto: ¡Jesucristo habitará en la tierra!

 

En 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho: Habrá un justo que GOBIERNE ENTRE (no “SOBRE”) LOS HOMBRES, que GOBIERNE  en el temor de Dios.” Sí, Jesús será aquel justo varón que gobierne en medio o entre los hombres en este planeta. ¡Eso dice la Biblia! Además, David dice en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS morarán o habitarán en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde morarán LOS RECTOS en la presencia del rey? No puede ser el cielo porque Salomón escribió en Proverbios 10:30: “EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO JAMÁS; pero los impíos NO HABITARÁN LA TIERRA.” La conclusión lógica y bíblica es que los rectos habitarán la tierra y estarán en la misma presencia del rey en la tierra. Dice Salomón: “LOS RECTOS HABITARÁN LA TIERRA, Y lOS PERFECTOS PERMANECERÁN EN ELLA.” (Proverbios 2:21). ¡Aquí está la evidencia! Y, ¿Quiénes son los PERFECTOS que permanecerán en la tierra? ¡Los cristianos! (Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses 1:28).

 

Jesús dice que “los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5),. Pero más adelante dirá: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN…” (Mateo 11:29). Notemos que Cristo es también el mayor MANSO del mundo. Esto quiere decir que él HEREDARÁ LA TIERRA (comparar con Romanos 4:13). Él fue claro al decir que “los MANSOS heredarán la tierra (¡no el cielo!).”

 

CAPÍTULO 16:

EL FIN DEL MUNDO: ¿QUÉ SIGNIFICA?

Un día los discípulos se le acercaron secretamente a Jesús y le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del FIN DEL MUNDO”? (Mateo 24:3). Sí, la esperanza del “fin del mundo” estuvo presente en la mente y conciencia de los apóstoles de Jesús hace dos milenios— ¡Y la sigue estando aun hoy día!

La frase “fin del mundo” suele producir cierto pánico entre los hombres, y en particular, entre los inconversos. Pero sólo se teme a lo desconocido. Y es justamente el desconocimiento de lo que Cristo quiso decir por esa frase lo que produce temor angustiante. Pero, ¿deberían sentir temor los buenos cristianos al oír la frase: “fin del mundo”? Pues, no hay porqué.

Preguntémonos: ¿Es cierto que el planeta tierra y sus habitantes desaparecerán de la faz de la tierra algún día? ¿Es el propósito de Dios destruir la tierra la cual expresamente creó para que fuera habitada por sus criaturas humanas? Si la respuesta es “SI” entonces habría una contradicción, ya que nuestro mismo Señor Jesucristo nos promete: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5).

Ahora bien, siendo que el Nuevo Testamento fue escrito casi exclusivamente en griego koiné, es menester averiguar cuál fue la palabra griega que se ha traducido por “mundo” en Mateo 24:3. Pues bien, para conocimiento nuestro, la palabra griega es “aión” y no “cosmos“. Veremos a continuación la diferencia entre la palabras griegas “aión” y “cosmos” que igualmente se vierten por “mundo” en la Biblia (Véase el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español de Francisco Lacueva, Ed. CLIE, España, pág.105).

La palabra griega “Kosmos” tiene el significado de planeta tierra. En cambio “aión” nunca tiene ese significado en la Biblia. El significado de “aión” es “edad” o “era“. Puede significar un período de tiempo indefinido (no necesariamente eterno), o un tiempo contemplado en relación con lo que tiene lugar en el período. “El sentido que tiene la palabra no es tanto el de la longitud misma de un período, sino el del período marcado por características espirituales o morales.” (Ver el diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de W.E. Vine, Ed. CLIE).

El apóstol Pablo nos menciona dos “siglos” o “edades“: El presente, y el venidero. La presente edad finalizará para dar paso a la siguiente (Ver Efesios 1:21, donde Pablo dice: “…no sólo en este siglo, sino también en el venidero“).

El apóstol San Pablo nos dice, además, del presente “aión” lo siguiente: “el cual (Jesús) se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo (“aión”) malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.” (Gálatas 1:4).

Cristo pondrá Fin a este “aión” Malo vigente

Entendamos de una vez y por todas que “el fin del mundo” que hablan los apóstoles en Mateo 24:3 no es el fin del “Kosmos” (planeta) sino de la presente edad maligna y decadente. Es el fin del reino de Satanás, para dar paso a la ERA o “AIÓN” venidero; la de Cristo, nuestro Señor. Por eso Jesús dijo: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo (aión). Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a todos los que hacen iniquidad.” (Mateo 13:40,41).

Nótese que Jesús habla del “fin del presente aión malo” cuando él vuelva con sus ángeles a este planeta. Entonces él inaugurará un nuevo “aión” (el venidero) de justicia. Entonces, el fin del mundo es el fin de la Edad o Era presente con todos sus males. En Marcos 10:30 el Señor Jesús nos dice que “en el siglo venidero” obtendremos la vida eterna. “…Y en el siglo (aión) venidero la VIDA ETERNA.

La Versión Biblia de Jerusalén (Católica) vierte Mateo 24:3 y su palabra “aión” como “mundo”. En cambio, la Versión Reina Valera (1960) vierte la palabra “aión” de Mateo 24:3 como “siglo“, lo que nos parece más apropiado.

También el Señor Jesucristo nos habla de “los hijos de este mundo (aión)”, y “los hijos de aquel siglo (aión)”. Estos no se casan, pero los otros sí. He aquí otra diferencia. Dice Jesús así: “…los hijos de este siglo (aión) se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueran tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (aión) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.”(Lucas 20:34-36).

Además de no casarse, los hijos de “aquel siglo” venidero resucitarán de entre los muertos. Entonces podemos afirmar que la resurrección se dará cuando comience el aión venidero, cuando el presente aión malo haya finalizado. El llamado “fin del mundo” será el fin del presente siglo, edad o era que está marcado por las malas y deplorables características morales y espirituales.

Es interesante lo que nos dice Pablo en 2 Corintios 4:4. Veamos textualmente lo que dice el pasaje: “En los cuales el dios de este siglo (aión) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…”

Pablo nos dice muchas cosas del presente “aión” (siglo, mundo o era). Nos dice que es un aión malo (Gálatas 1:4), y ahora nos dice que Satanás es el dios de ese aión malo. Sin duda, este “aión” está destinado a desaparecer para dar paso al “aión” venidero de justicia. A los Efesios Pablo les dice que Satanás está por ser retirado de este presente “aión” malo. Sus palabras son como siguen: “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra los principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo (aión), contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12).

¿Notó estimado amigo? Este “aión” malo está gobernado por Satanás y sus demonios, y contra ellos nosotros debemos batallar. Pero será Cristo quien ponga fin a este llamado “mundo malo“, cuando destituya al Diablo y sus seguidores.

Ahora aquí viene una paradoja. Usted y yo debemos de sentir alegría de conocer la verdad de la finalización de este mundo (aión) malo, pues significará el inicio de un “nuevo mundo” (aión) de paz y justicia nunca antes vista o soñada por hombre alguno.

Mientras tanto, la iglesia de Dios deberá de vivir ejemplarmente en este siglo malo, pues nos dice el propio apóstol Pablo: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo (aión) sobria, justa y piadosamente.” (Tito 2:12).

Sólo aquellos hombres que vivan sobria, justa y piadosamente podrán disfrutar de aquella edad o Era (aión) maravillosa, cuando por fin haya finalizado el presente mundo (aión) malo.

No tema, pues, por la expresión “fin del mundo“, sino más bien alégrese de que este final producirá una edad gloriosa para usted, los suyos, y las demás familias de la tierra. Por eso Jesús dijo: “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas (los males en aumento), erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28).

El fin del aión malo presente se traducirá en su redención, es decir, en la adquisición de toda la herencia prometida. Y en el aión venidero”, la humanidad disfrutará de grandes bendiciones. El profeta Isaías nos habla del “mundo venidero” o de la “nueva tierra“, así: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, y sus crías se echarán juntas; y el león como le buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la mar.” (Isaías 11: 6-9).

La Nueva Tierra

Es cierto que la Biblia habla de la “nueva tierra“, pero en el sentido de una nueva edad o era. También se nos dice que nosotros, los creyentes, somos “nuevas criaturas“, “nuevos hombres“, pero en el sentido espiritual y moral aunque seamos aún imperfectos. Veamos lo que nos dice el apóstol Pedro sobre la “nueva tierra“: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).

La “nueva tierrasignificará una tierra donde morará la justicia. En esta vieja tierra, en este “aión” malo, la injusticia impera por doquier.¡Esto finalizará pronto! El apóstol Juan nos dice algo más de aquella era maravillosa, con estas palabras: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21:4).

Las primeras cosas del aión malo habrán pasado al olvido. La muerte, el llanto, el clamor y el dolor son las características más saltantes del presente “aión” malo. Pero en el “aión” venidero, esos males habrán dejado de existir. Por fin los cristianos tendrán la herencia concreta de la vida eterna, y sobre la cual, la muerte, el dolor, y el clamor no pueden funcionar.

El profeta Isaías, hablando de la “nueva tierra” nos dice lo siguiente: “Porque he aquí que yo (Dios) crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento… porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.” (65:17,18).

 

Capítulo 17:

2 PEDRO 3:12 —¿QUÉ SIGNIFICA LA   

PALABRA “ELEMENTOS” EN ESTE VERSÍCULO BÍBLICO?

 

 

2 Pedro 3:12 y la palabra griega Stoicheia

 

2 Pedro 3:12 en las Escrituras Griegas, dice: “prosdokôntas (aguardando) kai (y) speudontas (apresurando) tên (la) parousian (venida) tês (del) tou theou (de Dios) êmeras (día) di ên ouranoi (a causa del cual los cielos) puroumenoi (encendidos) luthêsontai (serán disueltos) kai (y) stoicheia (elementos) kausoumena (quemados) têketai (se derretirán)”.

 

Nos interesa examinar qué fue lo que quiso decir el Apóstol Pedro con la palabra Griega stoicheia, que ha sido vertida como “elementos” o “rudimentos” en la mayoría de las versiones bíblicas. Y es que se ha creído que Pablo se refiere a una destrucción total de la tierra por fuego a tal punto que sus elementos serán destruidos completamente.

 

Stoicheia  y sus acepciones en el NT

 

En primer término, esta palabra aparece en el Nuevo Testamento sólo en 7 ocasiones En la Concordancia Exhaustiva Young de la Biblia, el significado literal de la palabra es “elemento, rudimento, principio”. En otros términos, éstos son los elementos del aprendizaje religioso, o los mandatos ceremoniales que son comunes al culto de los judíos y de Gentiles.

 

¿Acaso esta palabra “elementos” se refiere a la idea científica de los elementos de la materia, todos los “átomos” del universo? ¿O la tabla periódica de los elementos? ¡No necesariamente! Nosotros debemos primero mirar dentro de los siete pasajes con la palabra “elementos” o en el griego “stoicheia”.

 

1.- Gál 4:3,9 dice: “Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos (stoicheia) del mundo. mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos (stoicheia), a los cuales os queréis volver a esclavizar?”.

 

Este  pasaje de Gálatas 4:3,9, donde aparece dos veces la palabra stoicheia, es claramente una discusión de la relación del judío a la antigua ley de Moisés, en versos 1-7; y los Gentiles que habían servido a los ídolos, en el verso 8. Así que los judíos estuvieron en esclavitud a la antigua ley de Moisés o  a la tradición de hombres. Pablo exhortó a los hermanos cristianos para no volver a la esclavitud de esa Ley. La Ley era nuestra tutora para traernos a Cristo para que nosotros podamos ser  justificados por la fe (Gal. 3:23-24). Ningún hombre podía guardar esa Ley perfectamente. Los Gentiles sirvieron a los ídolos sin valor alguno. Los dos habían estado en esclavitud, a la stoicheia del mundo. Por consiguiente, el uso de la palabra “elementos” o “rudimentos” no es sobre el mundo físico.

 

2.- Col. 2: 8,20-22: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos (stoicheia) del mundo, y no según Cristo.  Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos (stoicheia) del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques  (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?”  

 

De nuevo, Pablo usa la palabra (stoicheia) dos veces. En el versículo 8 él exhorta a la iglesia de Colosas a que no permitan que nadie los engañe por medio de la filosofía mundana, o las tradiciones de hombres según los elementos o rudimentos del mundo. En este contexto había dos peligros diferentes que ellos confrontaron: Las actividades Judaicas en los versos 16-17, y posiblemente alguna actividad o culto pagano en el verso 18. El punto es, una vez más, que esto no tiene que ver en absoluto con la creación material.

 

3.- Hebreos 5:12: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos (stoicheia) de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”. 

 

Este escritor lamenta el hecho de que los Judíos Cristianos (hebreos) no habían crecido en Cristo como debían. El escritor dice que ellos necesitan a alguien para enseñarles de nuevo con “la leche, no la comida sólida” en los principios elementales de los oráculos de Dios antes de convertirse en maestros idóneos y maduros. Obviamente, este “stoicheia” no es sobre átomos o sobre la creación del universo.

 

4.- 2 Pedro 3:10-13: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos (stoicheia) ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.  Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos (stoicheia), siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.

 

Observe que Pedro usa la palabra stoicheia (elementos) dos veces. En ambas él dice que los elementos se destruirán o se quemarán. Hasta ahora, nosotros podemos estar de acuerdo que los “elementos” en sus otros pasajes anteriores, nunca se refieren al universo físico.

Los elementos o rudimentos (stoicheia) puede referirse, sin duda, a varias cosas, aunque no hemos encontrado en la Biblia una aplicación para los átomos de la materia de nuestro universo, salvo, aparentemente, en 2 Ped. 3:10-13. Si se refiere a lo material debe entenderse a distintas cosas: “La disposición ordenada de las cosas”, los elementos atómicos, los fundamentos del universo físico. En lo espiritual ya hemos visto que son los preceptos religiosos, las filosofías mundanas opuestas a la doctrina de Dios,  y también a las fuerzas angélicas invisibles y poderes espirituales que controlan este mundo o siglo malvado —Los espíritus elementales o demonios.

 

Los Espíritus demoníacos como los “Elementos (stoicheia)”

 

El Diccionario de Pablo y Sus Cartas tiene esto para decir sobre los “elementos” como los poderes espirituales:  

 

“Varios intérpretes, quizás incluso una mayoría, ha concluido que ‘ta stoicheia tou kosmou’ se refiere a los poderes espirituales de alguna clase. . . . La más temprana evidencia extrabiblica Judía existente para stoicheia que está asociada con ambos, los espíritus y las estrellas, es muy posterior que el primer siglo (segundo y terceros siglos D.C.), pero está muy bien confirmado y puede muy bien representar las creencias contemporáneas de Pablo ( cf. Lohse, 99 n.41). El Testamento de Solomón, una obra Judío-Cristiana, normalmente fechada en el tercer siglo D.C., pero que contiene posiblemente material que data al primer siglo, testifica una creencia en los espíritus de las estrellas llamados stoicheia. Siete espíritus atados aparecen ante Solomon y revelan su identidad: “Nosotros somos los stoicheia, gobernantes de este mundo de oscuridad [el skotous de tou de kosmokratores, el cf. Eph 6:12]. . . nuestras estrellas en el cielo se ven pequeñas, pero nosotros somos llamados como dioses” (T. Sol. 8:2-4). ( pp. 231, 232, “Elementos/espíritus Elementales del Mundo”)”.  

 

La mayoría de los estudiosos sostienen que Pablo está refiriéndose por stoicheia a los demonios satánicos que han originado las enseñanzas falsas que el apóstol de los gentiles está refutando. Pablo los llama “los principios elementales del mundo” porque los herejes estaban refiriéndose a ellos como los seres espirituales que gobiernan sobre los cielos. Lejos de ser una revelación superior de Dios que les traerá liberación espiritual, Pablo da a entender irónicamente que esta enseñanza se origina de los demonios y sólo les traerá, por consiguiente, la esclavitud. Entre los estudiosos que sostienen esta opinión están Boice, F. F. Bruce, Vaughn, Guthrie y Carson. 

 

Se encuentra apoyo para esta interpretación de varios fuentes. El hecho más citado por los autores anteriores es que “los principios” elementales es usado en la literatura extra bíblica para referirse a los espíritus estelares que también se identificaron con los cuerpos celestiales Ambos pasajes también hacen la referencia a los ángeles en alguna relación a la frase. En Gál 3:19, Pablo se refiere a los ángeles como los mediadores a través de los cuales Dios dio la Ley. En Gál. 4:8, él habla de “aquellos que no son por naturaleza dioses” que los Gálatas anteriormente adoraron, y luego, al parecer, aplica “los principios elementales” a ellos en vs. 9. En Col. 2:18, Pablo habla del “culto de ángeles” como la parte de la herejía asociada con “los principios elementales”.

 

El punto es que en todas las ocurrencias de stoicheia en la Biblia, nunca se refiere al mundo material, a los elementos de la materia. ¿Por qué tendríamos que suponer que en 2 Pedro 3:10-13, donde aparece dos veces la palabra stoicheia, sí se refiere al mundo material o a los elementos de la materia? ¿Por qué no podría referirse más bien al diablo y a los demonios quienes serán lanzados en el lago de fuego, siendo movidos desde los cielos al Gehenna para que no corrompan nuestra futura “nueva tierra” de justicia? Además, ¿Por qué no podría significar que las doctrinas de demonios, y todas las obras impías de los hombres serán destruidas en el fuego consumidor de Yahweh?

 

Stoicheia y la Ley Mosaica

Otro grupo de eruditos sostiene que Pablo se está refiriendo por stoicheia a la Ley de Israel. Esta idea, sostenida por Stott, Lightfoot y Tenney, entre otros, enfatiza la manera en la cual Pablo conecta estar “bajo la ley” en Gál. 3:23; 4:5 con estar “bajo los principios elementales de este mundo” en Gál. 4:3. También menciona el hecho que en cada caso, los herejes están prescribiendo leyes del Antiguo Testamento (ver Col. 2:16,21; Gál. 4:10).

Ciertamente hay una conexión entre estos dos conceptos, pero es exagerado llamarlos sinónimos por al menos dos rezones. Primero, parece improbable para Pablo llamar “el mundo” como el origen de la Ley de Israel. En Gál. 3:19,23, Pablo enseña que Dios dio la Ley para mantener a Israel bajo custodia hasta la venida del Mesías. Lo que sea que esto pueda significar, ciertamente afirma el origen divino de la Ley y su probidad esencial

El mayor problema con esta interpretación es que no toma en cuenta el hecho de que en ambos pasajes, Pablo también usa la frase para referirse a las enseñanzas gentiles o heréticas. En Col. 2:8 Pablo se refiere a “las filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” Este pasaje aclara que la frase se refiere a algo que se origina de la esfera del hombre en vez de Cristo. En Gál 4:9 Pablo dice que los Gálatas están en peligro de regresar nuevamente a la stoicheia (elementos), cuando su primer envolvimiento con ellos era idolatría pagana.

 

Razones por las que 2 Ped. 3:10-13 no se refiere a los elementos (átomos)

 

El pasaje “problemático” de 2 Pedro 3:10-13 tiene relación con Isaías 65:17 que dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.” Pero lo interesante del caso es que Dios sigue diciendo en los siguientes versículos 18-25 que: traigo a Jerusalén alegría…y me alegraré con Jerusalén.” Estas palabras indican que finalmente el planeta no será destruido, pues seguirá existiendo la Jerusalén antigua como una ciudad que finalmente, y después de tantas lágrimas y sufrimiento, tendrá gozo y alegría.

 

Por otro lado, ¿Si la tierra será destruida por Cristo, entonces sobre qué naciones y reinos regirá el Mesías y su iglesia (Apo. 11:15, 20:3)? Aquí hay un problema si sostenemos que la presente tierra será destruida desde sus “fundamentos” o “elementos”.

 

Y Finalmente, la promesa de Dios hecha Abraham que dice “Porque toda la tierra que estás viendo la daré a ti y a tu simiente para siempre” (Gén. 13:15; 15:18) jamás podría cumplirse si admitimos por un instante que el presente planeta desaparecerá por completo.

 

Neos y Kainos

 

Es cierto que Pedro esperó los nuevos cielos y la nueva tierra en el futuro. Pero, ¿ha investigado usted la palabra “nuevo” que es usada en 2 Pedro 3: 13? Pues hay dos palabras traducidas como “nuevo” en el NT. Ellas son “neos” y “kainos”. Curiosamente, “neos” significa nuevo en tiempo,  es decir, que nunca existió antes, o que recientemente ha venido a existir. La otra palabra, “kainos”, significa “nuevo en calidad”, no en el tiempo. Pero Pedro usa “kainos” en este versículo. Ahora, si alguno toma la posición de que los nuevos cielos y la nueva tierra tienen un significado LITERAL, entonces es inconsistente con la palabra “kainos”. Si Dios destruye una tierra, y crea otra,  esa sería  nueva (“neos”) tierra no un nuevo “kainos”. Así tenemos que nosotros somos una “nueva (‘kainos’) creación”, o “nueva (‘kainos’) criatura”, o “nuevo (‘kainos’) hombre”. ¡Pero en lo cualitativo!

 

 

CAPÍTULO 18:

¡EL SIGNIFICADO DE ‘AIONIOS’ (ETERNO) QUE LA MAYORÍA IGNORA!

 

Aionios y Aión

 

Todos hemos leído en la Biblia sobre “el castigo eterno”, “salvación eterna”, “vida eterna”, “fuego eterno”, “evangelio eterno”, “reino eterno” y así por el  estilo. Sin embargo, son pocos los que saben el verdadero significado de la palabra Griega “Aionios” (“eterno”) que aparece reiteradamente en el Nuevo Testamento.

 

En 1855 el teólogo Charles Kingsley escribió sobre el significado de la palabra ‘AION’ (Siglo, Edad, Era) y dijo que en las Escrituras jamás esta palabra es usada para significar eternidad o tiempo sin fin. Dijo que Aion significa en la Escritura, y fuera de ella, un PERIODO de tiempo….aionios (el adjetivo de aion), es decir, perteneciente a una época determinada, o a la época venidera. Así, “aionios kolasis” (que aparece como “castigo eterno” en nuestras versiones, Mateo 25:46) es el castigo correspondiente a una época, era, o siglo. Kingsley decía que era falso traducir la frase  como “castigo eterno” en Mateo 25:46. En otras palabras, el adjetivo aionios debe extraer todo su significado del sustantivo AION del cual proviene. En el NT la palabra es usada en conexión con la doctrina Judía de las “dos épocas o siglos”. Así, la “vida eterna” en la Era o siglo venidero, la Era milenaria de Cristo. La Biblia, recordemos, habla de “edades por venir” así como “edades pasadas”. La Biblia reconoce la Edad Patriarcal, La Edad o Era Mosaica, y en el futuro, “la era o siglo venidero” del Mesías. No es sorpresa que Pablo hablara de “el propósito de Dios para las edades”. Aionios (“eterno”) se refiere a la gran edad por venir y el gran propósito de Dios para “esa edad” (Lucas 20:35). La era o edad por venir es la edad de la manifestación del reino de Dios en la tierra (Mateo 5:5; Rev. 5:10).

 

Influencia de Platón

 

En 1877 Cannon Farrar, otro teólogo y erudito bíblico, sostuvo que “no hay forma para traducir aionios como “eterno”. Sin embargo, el público continúa leyendo en sus Biblias que Dios va a conducir a los impíos al “castigo eterno” (Mat. 25:46) y al “fuego eterno”, dando a entender una tortura “eterna” de las almas de los impenitentes. De este modo, al dar paso a una mala traducción de la palabra “aionios” se le ha permitido dar a las palabras de Jesucristo un tinte platónico. No olvidemos que Platón fue quien introdujo la idea de que las almas inmortales migran a otro plano existencial después de la muerte del cuerpo. De este modo, en vez de que castigo de Dios signifique “castigo en la era venidera”, los traductores platonistas de la Biblia han vertido ese castigo como “castigo eterno”, lo cual supondría la supervivencia del alma humana, y esto, debido a la influencia de la filosofía Griega en el pensamiento cristiano. Para Platón, Aion aplica al mundo de las ideas eternas, y es esta idea pagana que se ha infiltrado en nuestras versiones.

 

Los escritores y pensadores bíblicos con la mentalidad platónica, traducen Aionios en el sentido trascendente de tiempo sin fin o eterno como Platón lo usaba. Este significado pagano invadió la visión cristiana de lo que pertenece a la era venidera hacia un enfoque falso de eternidad.

EL Uso de la Palabra Aionios según los Eruditos                                                                                                     

 

En la Versión de los LXX (Versión Griega del AT) aionios ocurre más de 160 veces. Uno de esos es Daniel 12:2, donde aionios describe la resurrección a la vida de aquellos que, después de la tribulación, emergen de su sueño de la muerte del polvo de la tierra. Aquí aionios modifica zoe (“zoh-ee,” vida) y es esta famosa frase que estuvo muy frecuentemente en los labios de Jesús y aparece 40 veces en el NT, junto con otras frases endosadas por Jesús de Daniel.

 

El teólogo Británico, Sir Anthony Buzzard, profesor del Instituto Atlanta Bible College, afirma que: “La frase ‘vida eterna’ que aparece en nuestras Biblias, refleja la influencia platónica de los traductores y de la cristiandad en general. El significado verdadero de la frase es: “vida en la era venidera” o “vida de la era venidera”. Y vida en la era venidera es sinónima con “vida en el futuro reino de Dios en la tierra”. Este es el verdadero sentido de Dan. 12:2 en relación con “la vida eterna”. La vida de la era venidera es equivalente a la inmortalidad, y se experimentará-completamente

cuando se inaugure el reino de Dios en la Segunda Venida de Cristo.

 

En Daniel aionios se refiere al reino que se establecerá en la parusía. En Dan. 7:14 se nos dice del “dominio de la edad venidera”. En Dan. 7:27 leemos del “reino de la era venidera”. En Dan. 9:24 de la “justicia de las edades por venir” introducida al final de los “setenta sietes”. En Dan 12:2 se revela que en ese reino los santos resucitados obtendrán “la vida de la era venidera”.

                                

Nuevamente Sir Anthony Buzzard dice que Aionios nos revela que nosotros vamos a disfrutar una vida sin final en el Reino de Dios, el cual pertenece a la “era venidera”. Tambien Buzzard añade lo siguiente: “Aionios es la palabra que describe esos hechos preciosos del futuro del Cristiano. Esos maravillosos eventos asociados con la futura venida de Cristo. Así, el Espíritu Santo nos da a saborear de los “poderes de la era venidera” (el futuro aion) Heb.6:5. Las cosas descritas como aionios son cosas que pertenecen a la era venidera del Reino de Dios. El evangelio del reino es correctamente llamado “el evangelio sobre la edad venidera” (Rev. 14:6), erradamente llamado “evangelio eterno”.”

 

Nigel Turner, célebre autor de ‘Palabras Cristianas’ y de Moulton, Milligan and Turner’s Grammar of The New Testament Greek, dice: “Los Cristianos no suponen que el evangelio dura eternamente. Más bien es el evangelio concerniente a la edad del reino (Rev. 14:6)” (Christian Words, p. 456).

 

Ahora apliquemos el significado correcto de aionios en el libro a los Hebreos. En Hebreos 5:9 “salvación eterna” es en realidad “salvación que pertenece a la edad venidera”. En 6:2 “juicio eterno” es en realidad: “juicio en la era venidera” En 9:2 “redención eterna” es en realidad “redención en la era venidera”. En 9:15, “herencia eterna” es en realidad “herencia en la era venidera”.

 

Finalmente, aionios, cuando es apropiadamente traducido, desechará la idea monstruosa de que Dios torturará a los seres humanos por la “eternidad”. El castigo que Dios aplicará a los inconversos es fuego aioniano” (Mat. 25:41). Es decir, será un castigo de la era venidera, no un castigo eterno propiamente dicho. Este no tiene que ver con la duración del tiempo, sino con la Edad o Época venidera.

 

El Cambridge Bible for Schools and Colleges establece que: “El adjetivo aionios (“eterno”) no significa en sí mismo “sin fin” (Mateo, pág.196).

 

El famoso erudito del NT Griego, el finado Nigel Turner, Ph.D, dice: “Sería impreciso traducir aionios como ‘eterno’. Este significa ‘perteneciente a la edad venidera o dispensación’ “ (Christians Words, T & T Clark, 1980, pp. 452,455,456).

 

 

Capítulo 19:

EL REINO DE DIOS NO ES LO MISMO QUE LA IGLESIA DE CRISTO

 

                          

¿Cómo demostrar que Reino e iglesia no significan lo mismo?

 

Lo más sencillo es sustituir la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ en los textos bíblicos más importantes donde aparece la palabra reino. Si reino e iglesia son equivalentes, no tendrá porqué cambiar el sentido del texto bíblico que habla de él. Veamos algunos ejemplos donde hemos cambiado el vocablo ‘reino’ por ‘iglesia’:

 

 Lucas 19:11:

Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir UNA IGLESIA y volver.

 

Comentario:

 Notemos que al cambiar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ en este pasaje, obtenemos un absurdo. ¿Recibió Cristo una iglesia en el cielo? o ¿Se instituyó la iglesia en el cielo?¿Hemos bajado del cielo como  “la iglesia de Cristo”?

 

Lucas 12:32:

“No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido DAROS la iglesia”.

 

Comentario:

Aquí hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo absurdo. En primer lugar, Jesús se dirige a sus apóstoles—¡a los cuales se les DA EL REINO!. No dice  Jesús que al Padre le ha placido “HACEROS EL REINO”, sino “DAROS EL REINO”. El sentido es diferente. Si la iglesia es el reino, y ella está compuesta por los apóstoles y demás discípulos, ¿cómo podrían SER ellos “el reino de Cristo” y RECIBIR al mismo tiempo el reino? ¿Cómo podían los apóstoles recibir un reino y ser parte de él al mismo tiempo? Si la iglesia es verdaderamente el reino, entonces Jesús debió decirles a sus apóstoles que al Padre “le ha placido HACEROS el reino o iglesia”. Pero no fue así, sino que dijo: “Le ha placido DAROS EL REINO”!

 

Mateo 6:10:

“Venga tu iglesia, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

 

 Comentario:

Los que creen que la iglesia es el reino, tendrán que mutilar esta parte del “Padre Nuestro”; pues si el reino ya vino en el 33.d.C, ¿para qué seguir pidiéndolo? Pero lo cierto es que esta parte de la oración está tan vigente como el resto de las peticiones en el “Padre Nuestro”. Así, pedir por la venida del reino es tan importante como pedir perdón por nuestras ofensas, o por el pan diario.

 

Por otro lado, si reemplazamos ‘reino’ por ‘iglesia’ tendríamos: “Venga tu iglesia, hágase tu voluntad…” Sí, “Venga tu iglesia”—¿De dónde?¿Cómo? Si los discípulos vendrían a ser la misma iglesia de Cristo: ¿Por qué tendrían que pedir por la venida de una iglesia? ¡No tiene mucho sentido que digamos!

 

 Mateo 25:31,34:

Cuando el Hijo del Hombre venga…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre HEREDAD LA IGLESIA preparada para vosotros desde la fundación del mundo.”

 

Comentario:

Aquí hemos reemplazado ‘reino’ por ‘iglesia’ y encontramos algo muy extraño. Es un asunto muy importante que no podemos pasar por alto, y es que hay una reino (iglesia para los amilenialistas) que se preparó desde la fundación del mundo, y que será heredado por la iglesia en la ‘parusía’ o Segunda Venida de Cristo. ¿UNA IGLESIA que hereda UNA IGLESIA?¿Cómo es posible esto? Por eso creemos que la iglesia y el reino son dos cosas muy diferentes.

 

Juan 3:3:

“Respondiendo Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver la iglesia de Dios.”

 

Comentario:

En este pasaje también hemos sustituido ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido un absurdo total. ¿Cuál es ése? Si el reino es la iglesia, y ésta sólo puede ser vista por hombres “renacidos”: ¿Cómo es posible que cualquier hombre mundano o no convertido pueda ver, e incluso entrar, en la iglesia de Cristo? Muchos NO renacidos pueden ver con sus ojos, y entrar con sus pies a la iglesia de Cristo sin dificultad. Esto me lleva a la conclusión de que el reino e iglesia —¡NO son sinónimos!. Hay un reino futuro en el cual los impíos ni verán ni entrarán—¡Sólo los renacidos!

Hechos 14:22:

“…es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en la iglesia de Dios.”

 

Comentario:

Aquí en este pasaje hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo interesante. Notemos que Pablo se dirige a creyentes de Listra, Iconio y Antioquia. A estos hermanos, de las iglesias de Cristo en esas ciudades, les exhorta a que permanezcan fieles a pesar de las tribulaciones, a fin de que puedan “ganar su entrada a la iglesia de Dios. Esto es muy extraño, pues Pablo se dirige a iglesias cristianas ya constituidas. ¿Cómo entrarían las iglesias de Iconio, Listra y Antioquia a la iglesia misma?¡No lo entendemos! Aquí se vuelve a demostrar que el reino de Dios es diferente a la iglesia de Cristo.

 

1 Corintios 15:50:

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar la iglesia de Dios, ni la corrupción hereda a incorrupción.”

 

 Comentario:

Aquí, al reemplazar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ nos hallamos con un serio problema. Y es que si a la iglesia no se  puede pertenecer en la carne y en la sangre, ¿por qué aún están en la carne y la sangre los miembros de la iglesia de Cristo? Obviamente algo no anda bien con la interpretación ‘amilenialista’ del reino.

 

Hechos 1:6:

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor restaurarás la iglesia a Israel en este tiempo?”

Comentario:

Aquí resulta una extrañeza al reemplazar reino por ‘iglesia’, pues: ¿Acaso la iglesia tiene que ver con Israel? Cómo es eso que la iglesia será restaurada a Israel? Es obvio que reino e iglesia son dos cosas diferentes. El reino fue antes que la iglesia.

 

Los ‘amilenialistas’ se encuentran en serios apuros cuando tienen que responder a toda esta argumentación bíblica consistente. El amilenialismo deja sin horizontes y sin entendimiento sobre los sucesos mundiales de hoy. Prácticamente han anulado muchísimas profecías bíblicas del futuro (Leer Proverbios 29:18). Para ellos casi todas las profecías bíblicas ya se han cumplido. Han dejado de comprender los acontecimientos mundiales del presente y del futuro. Prácticamente están el medio del mar sin mapas y brújulas, y…¡están a la deriva!

 

 

Capítulo 20:

LA SALVACIÓN—¡Lo que los Evangélicos, Católicos y muchos otros no saben!

 

 

La teología cristiana ortodoxa enseña que Jesucristo vino al mundo para “salvar” a los pecadores. Pero: ¿Qué quiere decir la Biblia con la palabra “salvación”? ¿De qué tendríamos que ser salvos, y para qué? Es necesario responder estas preguntas con la Biblia y no con las ideas preconcebidas que no se ajustan a la Palabra de Dios. Desgraciadamente, evangélicos y católicos por igual están enseñando una “salvación de los pecados para ganar el cielo al momento de morir”. ¡Esta es una salvación que no se origina en las Escrituras!

 

El Salvador de los Hombres

 

La Biblia nos habla de que hay uno que salva a los hombres, y ése es el Creador, Dios el Padre. Dice Él mismo: “…y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el fuerte de Jacob.” (Isaías 49:26). Ahora bien, Jehová, el Salvador, amó tanto al mundo “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea SALVO por él.” (Juan 3:16,17). Tome nota que en esos dos versículos aparecen los términos “vida eterna” y “salvo”, pues serán tratados nuevamente en el transcurso de este estudio.

 

Hay una Salvación Presente

 

Tito 3:5-7 dice: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, NOS SALVÓ, no por obras que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Señor, para que justificados por su gracia viniésemos a ser HEREDEROS conforme a la esperanza de la VIDA ETERNA. Nótese que si bien Cristo nos salvó de la condenación (Judas 23), aún no hemos recibido la vida eterna sino sólo por la fe y la esperanza.

 

Pero aún hay una Salvación Pendiente o Futura

 

Si bien Jesús perdonó nuestros delitos y pecados pasados para salvarnos de la condenación, no obstante aún queda que se cristalice nuestra salvación. En buena cuenta, todavía no hemos recibido nuestra salvación integral. Sorprendente, pero real, ¡la salvación es un proceso! En Fil. 2:12 Pablo dice: “ocupaos (trabajad arduamente) en vuestra salvación”. ¡Por tanto, hay que trabajar para lograrla o ganarla!). Es claro que Pablo ve una salvación completada sólo en la parusía del Señor, cuando dice: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación al pecado, PARA SALVAR A LOS QUE LE ESPERAN.” (Hebreos 9:28). En Hechos 2:47 leemos además: “…y el Señor añadía a la iglesia a los que habían de ser salvos”. Nótese que no dice que el Señor añadía a la iglesia a los salvos, sino a los que “habían de ser salvos”. Es decir, los creyentes eran añadidos a la iglesia, para ser salvos. ¡Esta es la “salvación parusiana”!

 

Notemos que la primera venida de Cristo tenía relación con el pecado. Esto quiere decir que la primera venida de Cristo fue para tratar el asunto de los pecados del mundo, y cancelarlos con su muerte en la cruz. Ahora, su segunda venida ya no sería para morir por los pecados del mundo, sino para materializar su salvación a aquellos a quienes él ha perdonado por la fe y que han trabajado por su salvación definitiva. Esto quiere decir que Cristo completará el proceso de salvación para aquellos que le aceptaron como su Salvador por la fe, de todas las épocas y lugares, y que vivieron rectamente durante su ausencia y cumplimento su misión. Por eso Pedro acertadamente dice al respecto: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para SER MANIFESTADA EN EL DÍA POSTRERO.” (1 Pedro 1:5).

 

¿De Qué se Trata la Salvación Futura?

 

Hay una salvación pasada referida a los pecados (Lucas 23:35), y otra futura relacionada con la vida eterna (Ver Hebreos 9:28, 1 Pedro 1:5, Luc 18:30, Jud.21). No obstante, son pocos los que saben de qué se trata la salvación futura, y que es, a mi juicio, la más interesante.

 

Algunos suponen que ya estamos totalmente salvos, y que no hay otra salvación que esperar. Éstos suponen que los que están en la gracia de Dios irán al cielo una vez que les sobrevenga la muerte física. Según estos creyentes, Jesús no habló de ninguna salvación futura, pero deliberadamente ignoran los textos de Hebreos 9:28, 1 Pedro 1:5, y el de Mateo 24:13, los cuales afirman que habrá una salvación futura con la segunda venida de Cristo.

 

La Biblia es clara respondiendo acerca de lo que es la salvación futura. No obstante, casi nadie ha advertido esta salvación futura que está escondida en el diálogo de Jesús con el joven rico de Lucas 18:18-30. Los militantes evangélicos y los feligreses católicos ni siquiera se han percatado de esta información contenida en este interesante diálogo entre Jesús, el rico, y sus apóstoles. Sí amigos, en este diálogo está escondido el significado de la verdadera salvación futura. Sólo aquellos que ESCUDRIÑAN la Biblia, con la ayuda del Espíritu Santo, pueden descubrirlo. Pero la mayoría de cristianos apáticos no podrán descubrirlo fácilmente, pues se requiere sólo un sencillo escudriñamiento de cada palabra contenida en este diálogo. Usted debe abrir su corazón y disponer su mente para meditar, sin prejuicios, todos los versículos donde aparece el diálogo del joven rico con Jesús. Los vamos a escribir a continuación tal como aparecen  en la Biblia (VRV 60): En Lucas 18:18-30 leemos: “Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.21 El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. 24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 El les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29 Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30 que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna”.

 

Aquí hay cuatro frases ‘clave’ que nos ayudarán a definir claramente lo que es salvación. Esas son: “LA VIDA ETERNA”, “EL REINO DE DIOS”, “SALVO”, “SIGLO VENIDERO”. Estas cuatro frases han sido pasadas por alto por la mayoría de estudiantes de la Biblia, y seguramente por usted mismo,  privándose así de comprender lo que es la salvación para Jesucristo y sus discípulos. Usted tiene ahora la oportunidad de entender lo que su Pastor u Obispo de su iglesia nunca le reveló porque está ciego.

 

El joven rico quería heredar la VIDA ETERNA, pero no estaba dispuesto a dejarlo todo por Cristo. Jesús se ve precisado a decir que difícilmente entrará un rico en el REINO DE DIOS. Los discípulos le preguntan entonces a Jesús: ¿Quién podrá SALVARSE? Y Jesús entonces reafirma lo que antes había dicho y añade que aquellos que hayan dejado todo lo acariciado por el Reino de Dios recibirán la vida eterna en el “SIGLO VENIDERO.

 

Reflexione ahora: ¿Qué es la salvación, según este diálogo? La respuesta es diáfana como el agua cristalina. Usted deberá disponer su corazón y mente para entender. La fórmula es ésta: ¡Sólo tiene que acomodar las CUATRO FRASES CLAVE! (‘Vida Eterna’, ‘Reino de Dios’, ‘Salvación’, Siglo Venidero). Salvación es entonces —y grábeselo bien porque esto no lo escuchará en ningún lado— “ganar la vida eterna en el reino de Dios del siglo venidero”. Esta sencilla explicación no es conocida por millones de cristianos. La mayoría de cristianos cree que salvación es estar con Dios en el cielo. Pero esto no es lo que dice Jesús. Aquí se habla de un reino y de una salvación futuros que vendrán con la segunda venida de Cristo (Mat.25:31,34; Luc 18:30, Hech. 9:28). Entonces se cumplirá lo dicho en Apocalipsis 12:10: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo.” Nótese que la salvación está asociada con el reino y la autoridad de Cristo— ¡Realmente salvación y reino van de la mano! Ah, y los difuntos de la fe tampoco han heredado el reino, pero serán resucitados para entrar en él.

 

Si uno compara Hebreos 9:28 y Mateo 25:31,34, descubrirá que en la segunda venida de Cristo se desencadenará la salvación de los fieles. Esto quiere decir que éstos “heredarán el reino y la consecuente vida eterna preparados por Dios desde la fundación del mundo.” Este es el verdadero evangelio de Jesucristo que no es predicado mayormente por las iglesias, salvo muy raras excepciones.

 

El Reino de Dios

 

Cristo y El Reino son los temas más importantes de la Biblia, ya que se mencionan tantas veces desde el comienzo hasta el final de ella. Jesús empezó su ministerio predicando el Reino de Dios (Marcos 1:1,14,15). También lo predicaron sus discípulos (Lucas 8:1-2; Lucas 9:1-2; Hechos 8:12; Hechos 28:23,30,31). Fue también lo último que les enseñó Jesús a sus discípulos, poco antes de ascender al Padre (Hechos 1:3).

 

El apóstol Pablo lo predicó insistentemente en su ministerio a los gentiles (Hechos 28:23,30,31; Hechos 19:8; Hechos 20:25). También dijo que para entrar en él uno tiene que sufrir tribulaciones en esta vida (Hechos 14:22). Afirmó que no se podía entrar con nuestros cuerpos de carne y sangre, sino con cuerpos inmortales (1 Corintios 15:50). Él aclaró que los muertos y los vivos recibirían esos cuerpos transformados en la segunda venida de Cristo en gloria (1 Corintios 15:42—52).

 

¿Dejará Usted Pasar Esta Gran Salvación?

 

Pablo dice: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una SALVACIÓN TAN GRANDE? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:3). Ahora le pregunto amigo: ¿Dejará usted escapar esta SALVACIÓN TAN GRANDE DE DIOS, QUE ES PARA USTED TAMBIÉN? No posponga su decisión para ganar esa salvación presente y futura, pues mañana puede que usted esté muerto, y ya no tenga más esperanza. Por eso Pablo les dice a los corintios: “…He aquí AHORA el tiempo aceptable; he aquí AHORA el día de SALVACIÓN.” (2 Corintios 6:2b).

 

 

Capítulo 21:

LA FE DE JESÚS

 

 

La Fe de Jesús

 

Es interesante lo que Pablo les dice a los Gálatas con estas puntuales palabras: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (2:16). El Apóstol Pablo es muy claro cuando dice que los creyentes son justificados porla fe de Jesucristo’. Sin embargo, la gran mayoría de cristianos dicen haber alcanzado la justificación por el solo hecho de haber creído en Jesucristo pero sin entender nada en absoluto lo que es la fe de Jesucristo o la fe que tuvo Jesucristo. Sí, Jesús fue un hombre de fe, y él tuvo una fe que debiera ser también la nuestra. Esto, desgraciadamente, no lo entienden millones de católicos y evangélicos, y la mayoría de las sectas modernas de hoy.

 

Aquellos hombres que creen que pueden agradar a Dios guardando todas sus leyes, pero sin la fe de Cristo, están perdidos. Muchos ciertamente tienen la fe en Cristo pero no la fe de Cristo. Y esto lo quiero nuevamente subrayar para que no lo olviden. Usted debe conocer la fe de Jesucristo para obtener la justificación de Dios. Desafortunadamente la mayoría de los cristianos profesantes no tienen la fe de Cristo sino sólo la fe en Cristo. Usted puede preguntarle a cualquier “cristiano” sobre cuál fue la fe de Cristo que nos puede salvar y se sorprenderá de encontrar que casi todos le responderán de manera distinta.

 

Pero antes de continuar veamos antes dos pasajes más que nos hablan de ‘la fe de Jesús’. Seguramente usted los ha leído mil veces, pero no se ha detenido a reflexionar qué quiere decir esa locución precisamente.

 

Romanos 3:26 “y al que justifica al que es de la fe de Jesús

 

Apocalipsis 14:12: Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.

 

Estos dos textos, junto con el de Gálatas 2:16, son más que suficientes para demostrarnos de que hay una fe de Jesús, o una fe que tuvo Jesús, y que es vital conocerla y creerla para ser verdaderamente justificados y finalmente salvos.

La Fe de Abraham

A los Romanos Pablo les dice: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia (Cristo) la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros… Pues bien, resulta ahora que no sólo debemos tener la fe de Jesús, sino también la fe de Abraham. ¿Es que debemos tener dos clases de fe: una Abrahámica y otra Cristiana?

 

¿Más de una Fe en la Biblia?

 

Hemos visto que Pablo habla a los Gálatas de la Fe de Cristo, y a los creyentes de Roma les habla de la fe de Abraham. ¿Será que ambas frases son equivalentes o que encierran lo mismo? ¡Pues seguro que sí! ¿Dónde está la prueba? La prueba se encuentra en Efesios 4:4-5, donde Pablo dice lo siguiente: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, UNA FE, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”. Así que si hay sólo UNA esperanza, y UNA sola FE, es lógico concluir que la fe que tenía Jesús es la misma fe que tenía Abraham. Por lo tanto, nosotros, los gentiles creyentes, debemos tener la misma fe que tuvo nuestro Señor Jesucristo, y que fue la misma fe que tuvo su padre ancestral Abraham, el padre de todos los creyentes. Pero, ¿sabe usted cuál fue la fe de Abraham?

 

¿Cuál era la fe de Abraham?

 

En Hebreos 11:8-10 Pablo comenta sobre la fe de Abraham con estas palabras: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia (Ver Génesis 12:1-3); y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”

 

Entonces Abraham, por su fe, obedeció a Dios para salir hacia la tierra prometida, esperando la venida de la ciudad celestial. Él tuvo fe de que heredaría una tierra y una ciudad en un futuro, y salió para morar como extranjero y peregrino en ella.

 

En Génesis 12:3 Dios le dice a Abraham: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (este es el evangelio según Gálatas 3:8)”. Entonces Abraham creyó que a través de él serían benditas todas las familias de la tierra—¡El creyó en el evangelio de Dios!

En Génesis 13:15 Dios le vuelve a decir a Abraham: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. En este pasaje Abraham recibe la promesa de que su descendencia igualmente recibiría la tierra para siempre”.

 

En Génesis 15:18 Dios se le aparece nuevamente a Abraham para decirle: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates

Resumiendo, la fe de Abraham constaba, a). La herencia de una tierra prometida en un área geográfica bien definida, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates. b). Y sería igualmente una herencia para siempre para su simiente o descendencia. c). Y todas las familias de la tierra serían benditas a través de él. Todos estos 3 puntos integran el evangelio de Dios, que es el evangelio predicado por Cristo.

 

En Romanos 4:18 Pablo dice: “El (Abraham) creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia”. Así que Abraham tuvo fe en el evangelio (de que a través de él y de su descendencia —Cristo— sería el heredero del mundo). Y en cierto modo Jesús, como Abraham, es enviado por Dios al mundo y a la tierra de promisión (eretz-Israel) para residir como extranjero y peregrino,  para proclamar y confirmar esas mismas promesas hechas a Abraham y para toda su descendencia. En Lucas 4:43, Jesús dice: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”. Y Pablo dice en Romanos 15:8: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres.

 

Vemos, pues, que Jesús vino a anunciar y a confirmar las promesas hechas a los padres. Esa fue su misión en sus tres y medio años de ministerio terrenal. Y claro, si él predicó y confirmó las promesas prístinas hechas a los padres, es que todo eso era también su fe.

 

La Fe de Abraham, como la Fe de Jesús, estaba relacionada con una promesa, y esa era que Abraham y Cristo serán los herederos del mundo. Recuerde que a Abraham se le predicó el evangelio de antemano, y que consistía que a través de una descendencia suya vendría la bendición para el mundo. Dice Pablo: “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva (El evangelio) a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones (Gál. 3:8).

 

La fe de Abraham, como la fe de Jesús, estaba enfocada en una misma promesa o esperanza que enseguida descubriremos. Leemos en Romanos 4:13-16, lo siguiente: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia (Cristo) la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros… El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó su fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.

 

Esta es la fe de Abraham. Y esa misma fe que tuvo Abraham la tuvo Jesús, al confirmar las mismas promesas o las Buenas Nuevas a sus paisanos Judíos proclamadas de antemano a los padres. Esto lo dice claramente Pablo en Romanos 15:8, cuando les dice a los creyentes de Roma: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres (de una tierra y un reino)”. Esta tarea de confirmar las promesas hechas a los padres del AT era la fe de Jesús, y la razón de su venida hace dos milenios (ver Lucas 4:43).  Ahora le pregunto: ¿Es ésa la misma fe que tiene usted? ¿Tiene usted la misma fe de Jesús y de Abraham de que El Hijo de Dios y los fieles serán los herederos del mundo venidero de justicia en el reino milenario? Usted seguramente está pensando que esa promesa es sólo para los Judíos, y no para la iglesia, a quien Jesús le ha prometido el “reino de los cielos”. Pero deténgase un instante para entender que Pablo dijo que “Abraham es el padre de todos nosotros”, y cuando él dijo eso, se lo dijo a la iglesia de Roma. Si Abraham es el padre de la fe, entonces nosotros somos sus hijos por la fe y herederos de la misma promesa o de la misma fe. Es decir, si tenemos la fe de Abraham, entonces también tenemos la fe de Jesús.

 

La fe de los héroes del Antiguo Testamento

 

En Hebreos 11:4-39 leemos: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad (por venir, según Heb. 13:14). Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,  teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.  Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas;  que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;  de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido”. 

 

Todos los héroes de la fe murieron sin haber recibido la promesa, la promesa de una nueva tierra y una ciudad celestial en ella. Así que todos los hombres de la fe esperaban lo mismo, la venida de la ciudad o Nueva Jerusalén a la tierra prometida. Esto era justamente lo que el evangelio encerraba, una nueva sociedad con un gobierno celestial en la tierra, con Dios mismo morando entre los hombres para siempre (Apo. 21:1-3).

 

La Iglesia es Simiente de Abraham

 

A los Gálatas Pablo les dice: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. Y si vosotros sois (de la fe—Rom. 3:26) de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa (Gál. 3:16,29). De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham”…¡y con Cristo!

 

Fe y obras

 

Jesús mostro su fe obrando en consecuencia. Por ejemplo, él inicia su ministerio hablando de la cercanía del Reino y llamando al arrepentimiento (Marcos 1:1,14,15). Y también prometida la herencia de la tierra prometida para los mansos (Eretz Israel) en Mateo 5:5, diciendo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”.

 

 Sus parábolas, llamadas “las parábolas del Reino”, nos hablan de su reino venidero y de las bendiciones que éste traerá cuando se establezca. A sus discípulos le ofrece un reino y después los manda a predicar y a anunciar el reino de Dios a todos los hombres (Lucas 8:1; Lucas 9:1,2; Mat. 24:14). A otro le dice que deje que los muertos entierren a sus muertos y que vaya y anuncie el reino de Dios (Lc. 9:60). A otros les dice que busquen primero el Reino de Dios y su justicia (Mat. 6:33) y después de resucitar, Jesús se la pasa hablándoles a sus discípulos el Reino de Dios por espacio de 40 días (Hechos 1:3,6). Es claro que el reino de Dios era el tema de toda la predicación de Cristo, y la razón de ser de su venida como mortal (Lucas 4:43). Todo esto nos hace comprender que el reino de Dios era la fe de Jesús. Recuerde que de la abundancia del corazón habla la boca.

 

 

Apéndice

20 PREGUNTAS QUE SE HACE LA GENTE SOBRE EL REINO DE DIOS Y SUS RESPECTIVAS RESPUESTAS

 

 

Pregunta:

¿Acaso Pablo no dice que ya estamos trasladados al reino en Colosenses 1:13?

 

Respuesta:

El apóstol Pablo dice, en efecto, que Dios NOS HA TRASLADADO (tiempo pasado) al reino de Su amado Hijo. Sí, aparentemente ya estamos ahora en el reino de Cristo, pero: ¿Es del todo cierta esa afirmación del apóstol Pablo?¿Realmente estamos ahora en el reino, literalmente hablando? ¡La Biblia misma nos responderá esta pregunta!

 

El mismo apóstol Pablo, al escribirles a los creyentes de la ciudad de Efeso, les dice: “Y juntamente con él (Jesús) NOS RESUCITÓ (tiempo pasado), y asimismo NOS HIZO SENTAR (tiempo pasado) en los LUGARES CELESTIALES con Cristo Jesús (Efesios 2:6,7). Aquí Pablo les dice a los efesios que ellos y él ya están “resucitados y “sentados con Cristo en los lugares celestiales.” Pero, ¿qué entendemos con estas palabras?¿Acaso creeremos que ahora los cristianos—en general—están resucitados y sentados con Cristo en los lugares celestiales? ¡De ningún modo!. Lo que Pablo verdaderamente dice es que—por la  fe—ya estamos resucitados (sin haber aún muerto) y sentados en los lugares celestiales (sin que aún hayamos sido arrebatados). Para Dios, la forma de ver el tiempo es muy diferente a cómo lo vemos nosotros. Para Dios, Sus escogidos ya están “ahora” resucitados y glorificados con Su Hijo desde el mismo momento que se convirtieron a él. ¿Recordamos el “libro de la vida” de Dios?. Allí están ahora escritos nuestros nombres (Apocalipsis 3:5). Esto quiere decir que Dios ya nos considera salvos y que tenemos vida eterna— ¡ahora!. Pero notemos que debemos de vencer, pues de lo contrario Dios borrará nuestros nombres de él— ¡No nos salvará! (leer nuevamente Apocalipsis 3:5). Como vemos, para Dios los creyentes ya están “ahora” resucitados y glorificados con Su Hijo, pero deben de vencer para que esto se haga efectivo. Si no perseveran y vencen, no entrarán en el reino de Su amado Hijo.

 

El mismo Pablo les dice a los creyentes de Listra, Iconio, y Antioquia, que para entrar en el reino será preciso pasar por muchas tribulaciones (Leer Hechos 14:22). Notemos, además, que Pablo les hablaba a cristianos convertidos (‘discípulos’), a miembros de la iglesia de Cristo. A éstos les dice que deben sufrir tribulaciones ANTES de entrar al reino. Esto demuestra que la iglesia no es el reino. Nótese que Pablo se dirigió a la Iglesia de Listra, Iconio y Antioquia, y a ellos les dice que si perseveran en las tribulaciones—¡entrarán al reino! El reino es condicional, es decir, requiere que cumplamos ciertas condiciones. Una de ellas es vencer hasta el final de nuestra carrera cristiana, y otra es la “transformación física” en la Segunda Venida de Cristo, pues “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios (1 Corintios 15:50). Como la iglesia está compuesta por gente de carne y sangre (mortales), todavía no puede heredar el reino. Pero será trasladada al reino cuando ella sea glorificada en la parusía.(Mateo 25:31,34).

 

Pero regresemos a la pregunta nuevamente. En Romanos 8:30 Pablo dice: “…y a los que justificó, a éstos también GLORIFICÓ (tiempo pasado)”. Pregunto: ¿Están ahora los cristianos, glorificados? No de hecho, pero sí por la fe. En los versos 17-19 Pablo da ha entender que esa glorificación es aún futura.   

 

Incluso nuestro Señor Jesús habla de herencias presentes que son futuras. Por ejemplo, cuando ora por su iglesia, dice: “La gloria que me diste, YO LES HE DADO, para que sean uno, así como nosotros somos uno.” (Juan 17:22). Pero eso no quiere decir que los cristianos tengan ahora la gloria realmente. Ya vimos que Pablo afirma que la glorificación es futura (Leer Romanos 8:18). También Pablo afirma que estamos a la búsqueda de la gloria (Romanos 2:6,7).

 

Como vemos, Pablo tiene una forma de escribir muy interesante. Él habla del futuro como algo ya presente. Dice que estamos trasladados al reino del amado Hijo, que estamos resucitados y sentados con Cristo Jesús en los lugares celestiales, que “estamos ya glorificados, y así por el estilo. Pero ninguna de estas cosas es una realidad presente en los creyentes sino sólo para Dios. Nosotros vivimos por fe, y por fe ya tenemos todas las promesas de Dios hoy, aunque se cristalicen verdaderamente en el futuro. 

 

Pregunta #2:

¿No enseña Pablo en Hebreos 12:28 “que estamos recibiendo un reino inconmovible”?

 

Respuesta

Este pasaje de Hebreos 12:28 fue escrito probablemente por Pablo, quien suele escribir de cosas futuras como si fuesen presentes. Pues bien, Pablo también dice en Colosenses 2:6 que los que andan en Cristo “han recibido al Señor Jesucristo”. Pero, ¿han recibido literalmente a la persona de Cristo?¿Es que Cristo baja del cielo cada vez que un pecador se convierte a él?¿En qué sentido se “recibe” el reino y en que sentido se “recibe” a Cristo? Recordemos que el recibimiento literal de la persona de Cristo se realizará cuando él regrese al mundo por segunda vez (1 Tesalonicenses 4:17). También es oportuno recordar lo que dice Pablo en 1 Tesalonicenses 2:13. En este pasaje Pablo les dice a los creyentes de Tesalónica: “Recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros”. ¿En qué sentido se “recibe” la Palabra de Dios? Pues, ¡aceptándola o creyéndola! En este caso “recibir” puede significar “creer” o “aceptar”. Por tanto, “recibir un reino inconmovible” quiere decir “creer o aceptar un reino inconmovible”—¡por la fe!           

 

Finalmente, el mismo apóstol Pablo habla a los corintios del evangelio…el cual también recibisteis ( 1 Corintios 15:1). ¿Recibir el evangelio? ¿Qué significa eso? Es CREER en el evangelio (Marcos 16:15,16). Entonces concluimos que “recibiendo un reino inconmovible” no quiere decir necesariamente que dicho reino ya vino y que lo hemos recibido, literalmente hablando.

 

Pregunta #3:              

¿Acaso no dijo Juan que era “copartícipe del reino” en Apocalipsis 1:9?¿No enseña este texto que el reino ya estaba presente en la época apostólica, en el Primer Siglo de la era Cristiana?

 

Respuesta:

Este texto de Apocalipsis 1:9 no dice que el reino se estableció en el primer siglo de la Era Cristiana. San Juan sólo dijo ser copartícipe del reino, y no, como suponen algunos, que ya estaba en el reino. El apóstol Pedro, por su parte, dice que él también es participante (o sea ‘copartícipe’) de la GLORIA QUE AÚN NO HABÍA SIDO MANIFESTADA. Sus palabras son como siguen: “..que soy también participante(copartícipe) de la gloria QUE SERÁ REVELADA.” (1 Pedro 5:1). Aquí vemos que Pedro participaba también (‘coparticipaba’) de la gloria que aún no se había manifestado. ¿Cómo se explica esto? Muy simple, él lo coparticipaba por la fe y en la esperanza como los otros apóstoles (Romanos 5:2). Él tenía puesta su mira en el reino, y se aferró a esa creencia como algo muy suyo. Juan era copartícipe del reino QUE SERÁ REVELADO cuando Cristo se manifieste nuevamente (2 Timoteo 4:1). Concluimos entonces que coparticipar del reino y de la gloria no significa que ambas cosas hayan sido ya reveladas.  ¡Aún permanecen en el futuro!

 

Pablo dice con razón al joven Timoteo: “El labrador, para PARTICIPAR de los frutos, debe trabajar primero.” ( 2 Timoteo 2:6). Sí, el apóstol Pablo dijo que uno puede ahora “coparticipar del reino” por la fe. Sin embargo, debemos trabajar primero para cosechar de sus frutos (p.e. La Vida Eterna en el Reino, Juan 4:36, Mateo 19:16-25).

 

Pregunta #4:

¿No dijo Jesús que su reino vendría en pocos días cuando dice: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder?” (Marcos 9:1).

 

Respuesta:

Este pasaje de Marcos 9:1 tiene su paralelo en Mateo 16:28. El apóstol Mateo registra estas palabras de Jesús así: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre venido en su reino.” Aquí Mateo asocia la venida del reino con LA VENIDA de Jesús, la cual era aún la “bendita esperanza” para Pablo (Tito 2.13).

 

Algunos suponen que el reino se inauguró en Pentecostés (33 E.C), al bajar el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego sobre los creyentes. No obstante, esta hipótesis es errada, puesto que en Pentecostés MUCHOS (no ‘algunos’) fueron testigos de la venida del Espíritu Santo (no del Jesús glorioso). Recuérdese que Jesús dijo que sólo ALGUNOS de los suyos verían el reino venido con poder. Sólo algunos privilegiados. En Pentecostés, en cambio, TODOS los discípulos estaban reunidos en el aposento alto (Hechos 1:12,13; 2:1-4). Es clarísimo que Marcos 9:1 y Mateo 16:28 NADA tienen que ver con Pentecostés del año 33 E.C.

 

Lo cierto es que esta promesa se cumplió seis días después cuando “Jesús tomó a Pedro, Jacob y Juan, y los llevó aparte a un monte alto, y se TRANSFIGURÓ DELANTE DE ELLOS; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.” (Mateo 17:1-3).

 

Nótese que aquellos “algunos” fueron Pedro, Jacobo y Juan, quienes vieron la “venida del reino y la gloria del Rey” (2 Pedro 1:16). No obstante, esta fue una visión de una gloria aún mayor que vendrá con Cristo en su segunda venida a la tierra. Para ese entonces Jesús dirá a sus escogidos: “Venid, benditos de mi Padre: Heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:31,34).

 

En Lucas 19:11-27 Jesús pronuncia la Parábola de las Diez Minas, la cual es muy interesante e informativa. Pero: ¿Por qué Jesús pronunció esta parábola a sus discípulos? La respuesta es sorprendente, y la descubrimos en el versículo 11: “por cuanto estaba (Jesús) cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino se manifestaría INMEDIATAMENTE.” ¡Aquí está la razón! Los seguidores de Jesús pensaron erradamente que el glorioso reino de Dios se establecería inmediatamente. Entonces Jesús pasa a decirles que antes que se establezca su reino, él tiene que ir al cielo a recibir un reino y volver (verso 12). Pero Cristo aún no ha vuelto, por tanto el reino no ha sido establecido aún. Además, Jesús dice que ese esperado reino se hará realidad para él y su iglesia sólo en su parusía o segunda venida al mundo (Mateo 25:31,34). Por eso Pablo irónicamente se burla de aquellos cristianos que creían que estaban reinando sin Cristo, diciendo: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y OJALÁ reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:8). ¡Y esto fue escrito por Pablo varias décadas después de Pentecostés!

       

Pregunta #5:

¿No es la profecía de Daniel 2:44 una prueba definitiva de que el reino de Dios se estableció durante el apogeo del imperio romano?

 

Respuesta:

El pasaje de Daniel 2:44 dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.” Ahora bien, notemos que Daniel señala que “en los días de estos reyes” el reino sería establecido en la tierra. Sí, el reino se establecería cuando DIEZ REYES CORONADOS Y EN SU PODER APARECIERAN EN LA HISTORIA de Roma. No obstante, cuando cierto grupo de cristianos llamados “amilenialistas” nos dice que ello ocurrió en el año 33 E.C, no saben cómo explicar quiénes eran esos 10 reyes en pleno poder y mando en Roma. Simplemente han dicho que eran 10 césares romanos. Pero Roma no tuvo 10 césares romanos sino ¡VEINTE! Esto es muy significativo. Además, nunca hubo 10 emperadores o césares romanos gobernando SIMULTÁNEAMENTE. Nótese nuevamente que dice “en los días de estos reyes”. La profecía es clara. El reino de Dios se establecería cuando aparecieran diez reyes o gobernantes en pleno poder en Europa. No obstante, cuando se produjo el Pentecostés del año 33 E.C, el gobernante o césar romano de turno era TIBERIO. Sus antecesores ya estaban muertos, y sus sucesores estaban todavía  jóvenes o no habían aún nacido. Es claro que sólo hubo un césar romano cuando bajó el Espíritu Santo en Pentecostés—¡No 10!

 

 Daniel 7:7,8 nos revela, además, que de entre los diez cuernos (=diez dedos de Daniel 2:44) salió un undécimo cuerno, delante del cual son arrancados tres cuernos.. ¿Diremos que el césar romano #11 vio cómo derrocaban—-simultáneamente—a otros TRES césares romanos?¿Tenemos acaso alguna información histórica de que esto efectivamente ocurrió durante el apogeo o decadencia del imperio romano?¿Dónde está el documento? Que sepamos, Roma nunca tuvo 3 césares reinando juntos y que fueran derrocados por otro césar usurpador.

 

Ahora bien, supongamos por un instante que el reino se estableció en el primer siglo, durante el apogeo de Roma. ¿Destruyó ese “reino” (= “iglesia de Cristo”) a 10 reinos y reyes existentes y los consumió? Recordemos que Daniel 2:44 dice que ese “reino celestial” destruye y consume a 10 reinos existentes (representados por los diez dedos de los pies de la imagen colosal que soñó Nabuconodosor). Que sepamos, ningún reino del primer siglo destruyó a otros 10 reinos y sus reyes, y menos, la iglesia de Cristo naciente. Los césares romanos murieron asesinados o de muerte natural, pero ninguno de ellos por acción de la iglesia militante, o  por la intervención de algún nuevo imperio. El imperio romano cayó por su propia decadencia moral y social, unos 400 años después de que se estableciera la iglesia del Señor. Sólo cuando ya no quede ‘rastro alguno’ de estos reinos, la profecía se habrá cumplido (Leer Daniel 2:35). Pero todavía existe Roma y sus ruinas antiguas, así como muchas otras. Que sepamos, no hay registro alguno de la desaparición SIMULTÁNEA de 10 reinos y reyes en el primer siglo, ni en el segundo, ni en el tercero, ni hoy.

 

Finalmente, si por “reino” ha de entenderse “La Iglesia Cristiana”, entonces los otros 10 reinos destruidos ha de entenderse como “10 iglesias destruidas”. Pero, ¿destruyó la iglesia de Cristo naciente a otras 10 iglesias existentes en el primer siglo? ¡Jamás! Al contrario, la iglesia naciente fue fuertemente perseguida y diezmada por Roma hasta el siglo IV. Recién con el emperador Constantino (Siglo IV) la iglesia pudo respirar aires de libertad y paz.

 

Pregunta #6:

¿No dijo Jesús en Lucas 17:20,21 que su reino “está entre vosotros”? ¿No prueban estas palabras suyas que el reino estuvo presente en el primer siglo?

 

Respuesta:

Lucas 17:20,21 dice así: “El reino no vendrá con advertencia, ni dirán helo aquí, o helo allí, porque he aquí que el reino está entere vosotros.” Si lo que Jesús dijo era que el reino estaba ya establecido en la tierra durante su ministerio, entonces éste no llegó el 33 E.C sino ANTES. Recordemos que Jesús aún estaba cumpliendo su misión redentora entre los suyos, y ni siquiera había mencionado la futura llegada del Espíritu Santo en Pentecostés. ¿Creerán los “amilenialistas que el reino vino ANTES del Pentecostés del año 33 E.C?

 

Ahora bien, en Lucas 21:25,31 Jesús afirma que ANTES de la venida del reino habría “señales” en el sol, la luna y las estrellas (Lucas 21:25). Luego Jesús dice: “Cuando veáis que suceden estas cosas (las señales), sabed QUE ESTÁ CERCA EL REINO DE DIOS” (verso 31). Me pregunto: ¿Se contradice nuestro Señor? En el capítulo 17 de Lucas dice que el reino vendrá sin advertencia (sin “señales”) pero en el capítulo 21 dice lo contrario. Sin duda Lucas 17:20,21 no debe ser tomado a la ligera.

 

Hugh J.Schonfield, en su libro “El Complot de Pascua” dice algunas verdades indiscutibles. En la pagina 147 de su libro comenta este pasaje de Lucas 17:20,21 así: “…dijo a los fariseos que el reino no vendrá permaneciendo ociosos, en espera de signos. El reino de Dios estaba justo a su lado, delante de sus narices, listo para aparecer sólo con que ellos quisieran cumplir las condiciones que lo inaugurarían. Estad vivos, insistía Jesús. El objetivo no se alcanzará mediante una adormilada asociación con él.”

 

Hans Conzelmann: En su libro “La Teología de San Lucas”, página 147 comenta este pasaje de Lucas 17:20,21 así: “La declaración principal no es que el reino está viniendo, sino que el reino está siendo predicado por Jesús y hecho manifiesto en su ministerio. La “venida” en si misma pertenece al futuro, y está separada por un largo intervalo de su manifestación.” (Pág. 180).

 

Finalmente podemos decir que Cristo, como Rey del reino de Dios, fue el más importante y esencial de sus partes componentes; y usando un lenguaje llamado SINECDOQUE (el acto de recibir, describe la figura por la que un vocablo recibe de otro algo, por estar asociado con él mediante alguna conexión, como cuando se toma la parte en lugar de todo y viceversa) él pudo muy bien decir que el reino, representado por él mismo, ya estaba verdaderamente entre los fariseos. No obstante, el reino escatológico aún no se establecería en la tierra durante su ministerio en Israel.

 

Pregunta #7:

¿No dijo Jesús que el reino había llegado cuando expulsaba a los demonios? (Lucas 11:20).

Respuesta:

En Lucas 11:20 Jesús dice: “Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.” Aquí nuevamente vemos un reino que “ha llegado” antes de Pentecostés. Es un reino que se manifiesta por el hecho de la expulsión de los demonios de los poseídos. Jesús asocia la “venida” del reino con la atadura de los demonios, y con su arrojamiento (Mateo 10:1; 1 Juan 3:8). Pues bien: ¿No es esto lo que exactamente va a hacer nuestro Señor con Satanás y sus demonios justo antes de inaugurar su reino milenario? (Leer Apocalipsis 20:1-3). Por eso, cuando Jesús y sus apóstoles ataban a los demonios, daban a saborear un poco—por así decirlo— la presencia benefactora del reino futuro en su ministerio terrestre. El reino de Cristo significará la liberación humana de las garras satánicas, y el inicio de una nueva existencia en Cristo.

 

Pregunta # 8:

¿Por qué dice usted que el reino está relacionado con el pueblo judío si éste rechazó a su Mesías?¿No dice Jesús que el reino le sería quitado a Israel y dado a los no judíos, según Mateo 21:43?

 

Respuesta:

En este texto NO se dice que el reino le sería quitado a Israel para siempre. En Romanos 11:11,12 el apóstol Pablo dice que la transgresión de los judíos trajo la riqueza a los gentiles. No obstante, el apóstol luego pasa a decir que la futura restauración del pueblo judío—y con  él su reino—se traducirá en mayores bendiciones para los no judíos (gentiles).

 

El apóstol pasa a decir también que “algunas ramas (no todas) fueron desgajadas del buen olivo” las cuales fueron reemplazadas por otras ramas injertadas de un olivo silvestre (Romanos 11:17). Luego Pablo dice que las “ramas silvestres” (gentiles) no deben enorgullecerse de haber sido injertadas dentro del buen olivo, pues no son las ramas (gentiles) las que sostienen al olivo (la nación judía), sino el olivo bueno y su raíz a las ramas injertadas  del olivo silvestre (v.18). Finalmente Pablo dice, en el verso 24, que Dios injertará nuevamente a las ramas naturales del “buen olivo” si se arrepienten. Ahora bien, hubo muchos judíos que permanecieron fieles a Dios, los cuales no fueron desgajados del buen olivo. Por ejemplo: Todos los apóstoles, sus discípulos hebreos en Jerusalén y de la diáspora, etc. Ellos no fueron cortados, pertenecían al pueblo original de Dios. Sólo los infieles fueron cortados para luego ser reemplazados por los gentiles convertidos. Estos gentiles convertidos se unen al pueblo elegido de Dios (“buen olivo”), y se nutren igualmente de su rica savia (las promesas hechas a los padres hebreos). Decir que Dios rechazó totalmente a su pueblo original, significa que las ramas injertadas no tienen la rica savia del buen olivo como fuente de sostenimiento, y esto entonces quiere decir: Desesperanza y la muerte.

    

Pablo les dice a los gentiles de Efeso lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne…estabais sin Cristo, alejados de la CIUDADANÍA DE ISRAEL y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos ( a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo.” (Efesios 2:11-13). Aquí Pablo aclara más el asunto. Los gentiles ahora están dentro de la ciudadanía de Israel, el antiguo pueblo Dios, por medio de Cristo. Ahora los gentiles, como los judíos elegidos, tienen la oportunidad de beneficiarse de los pactos de la promesa (“la rica savia del olivo”). Ahora los gentiles injertados a la nación de Israel (el pueblo de Dios) son conciudadanos de esa nación de Dios, y ya son miembros de la familia de Dios, y herederos de Sus promesas. Hay pues un solo Señor, una sola fe, una sola esperanza de nuestra vocación (Efesios 4:4). Decir que la esperanza de los fieles hebreos es distinta a la de los fieles de la Iglesia, es una tesis que no encuentra su apoyo en la Biblia. Pero también es un grave error decir que Dios rechazó para siempre a su pueblo al cual desde mucho antes conoció. Dice Pablo sobre este punto así: “Digo, pues: ¿Ha rechazado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. NO HA DESECHADO DIOS A SU PUEBLO, AL CUAL DESDE ANTES CONOCIÓ…” (Romanos 11:1,2). Así que aunque los amilenialistas digan que Dios rechazó al pueblo elegido Judío, Pablo dice que NO. Y aunque a algunos les duela, “la salvación viene de los Judíos” (Juan 4:22)—¡Y lo dijo el judío Jesús!

 

Si el reino del rey David dejó de existir para dar paso a un “reino espiritual y celestial”, ¿por qué los mismos discípulos de Jesús le preguntaron, momentos antes de su ascensión al Padre: “…Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Insistir en un reino monárquico en Israel por parte de los discípulos hubiera sido una testarudez, si es que en verdad Cristo abolió para siempre esa esperanza mesiánica. Pero Jesús no los reprende diciéndoles algo así como: “Me sorprende que me pregunten eso si ya les enseñé que mi reino es espiritual y celestial”. Pero Jesús no les dice eso o algo similar. Lo que les dice es que  no os toca  saber los tiempos y las sazones, que el padre puso en su sola potestad” (v.7). Lo que preguntaron los discípulos era correcto y válido, y no una tontería como algunos teólogos han sostenido. No creo que todos los discípulos de Jesús hayan sido malos alumnos como para entender mal lo enseñado por él acerca el reino, en esos 40 días que estuvo en privado con ellos, después de su resurrección (Hechos 1:3). Jesús mismo valida la pregunta contestando que sólo Dios sabe el tiempo cuándo será restaurado el reino davídico a los israelitas. La pregunta era correcta, pero el tiempo sólo lo sabe Dios.

 

Pero los hermanos amilenialistas se olvidan lo que el profeta Ezequiel dijo concerniente al reino monárquico en Israel. En primer término, el último rey que tuvo la dinastía de David fue SEDEQUÍAS, quien fuera derrocado por Nabuconodosor allá por el año 587 A.C. Desde esa fecha hasta hoy la dinastía y el reino de David quedaron suspendidos en el tiempo. Pero nótese que el profeta Ezequiel afirma que la corona y la tiara se le dará a un varón que tiene el derecho a tomarlos (21:25-27). En Hechos 2:29,30 el apóstol San Pedro revelará que Jesucristo es aquel varón que se sentará en el trono del reino de David. El evangelista Lucas dice que Jesucristo recibirá “el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (nación) de Jacob (Israel)  para siempre” (Lucas 1:31-33). Los que dicen que el trono de David está el cielo, están mintiendo. Lo cierto es que ni David, ni ninguno de sus sucesores, estuvieron reinando en el cielo sobre el pueblo de Israel. La Biblia es clara cuando nos dice que David reinó 33 años en Jerusalén, y 7 en Hebrón (1 reyes 2:11).

 

Pregunta #9:

¿Puede usted demostrar que el reino de Dios se establecerá en Jerusalén, y que Cristo tendrá su trono en esa ciudad?

 

Respuesta:

En primer término, el reino de Dios era el reino de David. En 1 Crónicas 28:5 leemos: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón PAR QUE SE SIENTE EN EL TRONO DEL REINO DE JEHOVÁ (DIOS) SOBRE ISRAEL.” Aquí está la prueba de que “el trono de David” en Israel era EL REINO DE DIOS. Pero, ¿Dónde reinó David, Salomón, etc? ¡En Jerusalén! Eso lo vimos en la pregunta anterior.

 

Otro texto interesante que prueba que el “reino de David” era “el reino de Dios” está en 2 Crónicas 13:5,8 que dice: “¿No sabéis vosotros que Jehová Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él, y a sus hijos, bajo pacto de sal? Y Ahora vosotros tratáis de resistir al REINO DE JEHOVÁ en mano de los hijos de David, porque sois muchos…

 

No es de extrañar lo que el ángel de Dios le dijo a María en relación al judío Jesús: “…y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará EL TRONO DE DAVID SU PADRE; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:31-33). Nuevamente se nos dice que Cristo reinará en Israel, y cuya capital es Jerusalén.

 

En Mateo 5:34,35 Jesús dice algo muy interesante que pocos cristianos han advertido: “Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera, ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por JERUSALÉN PORQUE ES LA CIUDAD DEL GRAN REY.” ¿Quién era el “gran Rey”?¿Herodes? No, sino Jesús mismo. Sí, Jerusalén es la ciudad del gran rey Jesucristo, él la hará su capital en su reino milenario.

 

Los discípulos sabían perfectamente que el reino de Dios estaba estrechamente ligado con la ciudad de JERUSALÉN ( la sede del reino davídico). En Marcos 11 vemos la historia de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. ¿Qué pensaron inmediatamente los discípulos de esa entrada de Jesús en la ciudad de David? Los versos 10 y 11 nos dicen: “¡Bendito EL REINO de nuestro padre David que viene!¡Hosanna en las alturas! Y ENTRÓ JESÚS EN JERUSALÉN...” Es clarísimo que los primeros cristianos sí esperaban la reanudación o la restauración del reino de David en Jerusalén en la persona del Cristo, su descendiente según la carne. Más adelante los discípulos se verán precisados a preguntarle si ya era el tiempo de la tan esperada restauración (Hechos 1:6,7).

 

Si el reino es ahora la Iglesia de Cristo, entonces no habrá una futura restauración del reino de David en Israel. Pero esta creencia contradice una infinidad de pasajes que nos hablan de un reino futuro aún no establecido o restaurado. Notemos que el reino verdadero será restaurado. Eso quiere decir que ese reino existió, se suspendió y nuevamente se establecerá como era antes. ¿Pero existió la iglesia antes de Pentecostés, en los tiempos de David?¿Fue el reino de David la misma iglesia de Cristo, el cual fue derrocado por Nabuconodosor en el año 587 AC?¿Derrocó Nabuconodosor a la iglesia de Cristo en los tiempos de Sedequías?¿Restauró Cristo el reino de Dios en el 33 E.C? ¿Fue restaurada, o más bien, inaugurada, la iglesia en Pentecostés? La Biblia habla de que el reino será RESTAURADO como lo fue antes—¡No INAUGURADO! (Hechos 1:6; 3:19-21; Romanos 11:12). Esto es importante. Véase en el diccionario el significado de la palabra “restauración”. Esto es muy importante, pues también significa reposición en el trono de una dinastía caída, depuesta, o derrocada. Esto ocurrirá con la dinastía davídica aún derrocada. Cristo regresará en gloria para RESTAURAR EL REINO DERROCADO DE DAVID! (Mateo 25:31,34).

 

En Jeremías 3:17 se nos revela que Jerusalén será llamada: “Trono de Jehová”. En Zacarías  8:3 leemos: “Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sión, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.” En Zacarías 1:16 también leemos: “Por tanto, así ha dicho Jehová: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa…” El siguiente versículo, el 17, dice: “Clama aún, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, Y ESCOGERÁ TODAVÍA A JERUSALÉN.” “…y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella.” (Joel 3:17).

 

Y en Lucas 21:24 Jesús dice de Jerusalén, lo siguiente: “…y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE LOS TIEMPOS DE LOS GENTILES SE CUMPLAN.” Pero muchos llamados cristianos no se han puesto ha meditar en estas palabras proféticas de Jesucristo. Aquí hay un hecho histórico innegable e indiscutible. Jerusalén ha sido pisoteada por las naciones e imperios gentiles (no judíos) durante milenios. Pero Jesucristo afirma que este “hollamiento”(pisoteo)—¡tendrá su fin! (“hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”). Entonces, cuando los no Judíos o gentiles dejen de pisotear Jerusalén, los Judíos tendrán el dominio y el control absolutos de Jerusalén con el Mesías y su iglesia a la cabeza ( Joel 3:17; Isaías 32:1; Lucas 1:31-33; Mateo 5:34,35). Ya en Junio de 1967 se dio un gran paso, cuando Jerusalén pasó a manos de los Judíos, aunque aún seguirá el pisoteo gentil hasta que Cristo regrese a reinar sobre sus enemigos en Jerusalén (Leer Zacarías 14:1-21).

 

Pregunta # 10:

¿Acaso no prometió Jesús a sus seguidores el cielo en Juan 14:1-3?

Respuesta:

Jesús jamás prometió a sus seguidores darles un lugar en el cielo como morada permanente. Tampoco ninguno de sus apóstoles creyó que iría al cielo para estar con Dios y Jesús. Fue el filósofo Griego Platón el que sentó las bases de un alma inmortal que parte de este mundo después de la muerte. Su filosofía fue mezclada con el pensamiento Hebreo y nació el gnosticismo. Esta secta gnóstica, muy en boga en los tiempos de Jesús, amenazó a la sana doctrina predicada por Jesús y sus apóstoles. Los apóstoles, y en especial Pablo y Juan, advirtieron a las iglesias cristianas en contra de esa secta. Pablo llamó a los gnósticos: “La falsamente llamada ciencia” (“gnosis”)(1 Timoteo 6:20). Los gnósticos decían que la materia era mala y pecaminosa, y que Cristo no era humano sino que tenía apariencia de hombre. Creían que existía un plano superior (el “Pleroma, especie de cielo gnóstico) donde vivían los AEONES (espíritus puros superiores, entre los cuales estaba Cristo antes de venir al mundo). Los gnósticos creían que ellos tenían el conocimiento verdadero para lograr partir a ese plano o dimensión de los espíritus con el alma inmortal. ¿No se parece esto mucho al pensamiento “cristiano” sobre una existencia en el cielo con Dios, Cristo, y sus ángeles después de esta vida, a través de nuestras “almas inmortales”? Es muy probable que muchísimos cristianos sean realmente cristianos gnósticos en este punto.

 

También Pablo advirtió, que después de su “partida”, entrarían en el rebaño del Señor falsos maestros que buscarían ganarse el rebaño con palabras pervertidas (Hechos 20:29,30). Y así fue. Con el correr del tiempo, la iglesia se corrompe con sus propios malos obispos que se levantan con sus herejías destructoras. En el siglo IV aparece el obispo “San Agustín de Hipona”, el Padre y Teólogo del catolicismo. Éste distorsiona radicalmente el verdadero significado del reino bíblico al decir, por vez primera, en su obra “La Ciudad de Dios”, que el reino era la iglesia católica Romana. Parece ser que los “amilenialistas católicos”, y “campbelitas amilenialistas” no han logrado sacudirse del todo de los errores de Agustín de Hipona.

 

Algunos dirán: “Bueno, ¿no dice Jesús que “los pobres en espíritu es el reino de los cielos”? (Mateo 5:3). Pero tomemos nota que el Señor NO dice que de los pobres en espíritu es el reino EN (sino “DE”) los cielos”. De modo que lo que Cristo ofreció a los pobres en espíritu era un reino que tiene su origen en Dios, y no en los hombres. Viene de Dios como un don o regalo para los hombres.

 

Pues bien, regresemos a Juan 14:1-3 de la pregunta. Veamos lo que verdaderamente dijo el Señor Jesucristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis.”

 

Muchos estudiantes de la Biblia no se han puesto a pensar en esta última frase “para que DONDE YO ESTOY (tiempo presente)”. En las más importantes versiones de la Biblia Inglesa se vierte este pasaje como “WHERE I AM” en tiempo siempre presente (“donde yo estoy”). Esta frase es sumamente importante y clave para entender los versos en cuestión. Jesús está ofreciendo un lugar a sus discípulos “en la casa de su Padre”. Luego nos dice que él nos tomará para que estemos con él en el lugar donde ÉL ESTÁ en el momento de pronunciar la promesa. Y, ¿dónde estaba Jesús cuando pronunció esa promesa? ¿En el cielo? ¿En Marte? No! Él estaba aún en LA TIERRA, y más exactamente, EN JERUSALÉN. Recuerde que Jesús todavía no había ascendido al cielo, y aún no había ni siquiera resucitado. Por tanto Jesús estaba ofreciéndoles a sus seguidores volver a la tierra para estar con ellos en el lugar donde proclamó su promesa, es decir: ¡En Jerusalén!

 

Muchos cristianos creen que Jesús nos “llevará al cielo” para darnos nuestro “lugar” en la casa del Padre. Pero Jesús nunca habló de llevarnos al cielo en Juan 14:1-3. Usted NO leerá, ni siquiera una vez, de que iremos al cielo para recibir nuestro “lugar” una vez que esté preparado por Jesús. Lo que Jesús dijo era que prepararía nuestro lugar en la casa de su Padre y que luego volvería para estar con nosotros. Lo que NO dijo era CUÁNDO Y DÓNDE recibiríamos nuestro lugar en la casa del Padre. Él sólo está ahora ocupado PREPARANDO nuestras moradas, pero NO nos dice cuándo entraremos en ellas. En Apocalipsis 21 se revela que la “ciudad santa” bajará del cielo después del milenio. La ciudad santa de Apocalipsis 21 es descrita por Ezequiel como un edificio (40:2), y como una casa en 2 Corintios 5:1,2. Esta ciudad o casa canta bajará del cielo, y “Dios estará con los hombres” (Apocalipsis 21:3). Sólo los salvos entrarán en ella para tomar sus lugares o moradas (Apocalipsis 21:27). También leer Hebreos 11:9,10 donde se nos dice claramente que Abraham (el padre de la fe) “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” Y en Hebreos 13:14 Pablo dice: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos LA PORVENIR.”

 

Pregunta #11:

¿No dice Pedro, en 2 Pedro 3:10-13, que esta tierra será destruida por fuego? Si este es el caso: ¿No es lógico concluir que escaparemos al cielo?.

Respuesta:

Es cierto que Pedro habla de la “destrucción de la tierra por fuego”, de la misma manera que Dios dijo de la tierra de la época de Noé. En Génesis 6:13 leemos algo interesante: “Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré CON LA TIERRA. Nótese que Dios iba a destruir a todo hombre y animal…¡y la tierra misma! Pero: ¿Llegó Dios a destruir a los hombres impíos de entonces junto con el planeta tierra? Por cierto que no. La tierra sigue siendo la misma desde su creación. En realidad es una forma superlativa de hablar de Dios indicando la severidad de su castigo.

 

En 2 Pedro 3:10-13 leemos: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y LA TIERRA Y LAS OBRAS QUE EN ELLA HAY SERÁN QUEMADAS.” ¿No son semejantes Génesis 6:13 y 2 Pedro 3:10-13? Si la primera tierra PRE-diluviana no fue literalmente destruida, ¿porqué tendría que serla ésta? Es claro que lo dicho por Dios ha de entenderse como la severidad y firmeza de su castigo, la erradicación del mal, de los malos, y de sus obras (casas de juego y de citas, bares, fábricas de cigarrillos y de cerveza, fábricas de armas y bombas, etc). En el verso 13 se habla de “nuevos cielos y nueva tierra” Esta forma de dicción no es rara en la Biblia, pues también encontramos la expresión “nueva criatura” en 2 Corintios 5:17, aunque persistan aún los viejos defectos (miopía, cojera, cicatrices, etc). En Efesios 4:24 encontramos la expresión “nuevo hombre” (pero sólo en lo moral y espiritual). En Romanos 6:4 encontramos la frase nueva vida” (pero siempre en el sentido moral y espiritual).

 

Y Para terminar diré que 2 Pedro 3:13 tiene relación con Isaías 65:17 que dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.” Pero lo interesante del caso es que Dios sigue diciendo en los siguientes versículos (18-25) que: “traigo a Jerusalén alegría…y me alegraré con Jerusalén.” Estas palabras indican que finalmente el planeta no será destruido, pues seguirá existiendo Jerusalén como una ciudad de gozo y alegría, en contraste con la actual Jerusalén agitada y convulsionada por los conflictos internos y externos.

 

Pregunta #12:

¿Acaso no dice la Biblia que Cristo vendrá para entregar su reino al Padre según 1 Corintios 15:24?

 

Respuesta:

Cristo entregará su reino al Padre, pero: ¿Cuándo? Esta es una pregunta importante. Lo que la Biblia sí dice verdaderamente es que Jesús, al volver a la tierra, dará su reino a sus discípulos (no ha Dios)(Mateo 25:31,34; Daniel 7:13-18). Sí, la iglesia, compuesta por judíos y gentiles fieles, recibirá el reino de Cristo al volver él al mundo otra vez. Esta es la verdad bíblica. No obstante, será después que Cristo haya reinado por mil años que él devolverá el reino al Padre; cuando haya puesto a sus enemigos por estrado de sus pies, incluyendo LA MUERTE misma (Salmo 110:1; 1 Corintios 15:25). Y, ¿Cuándo será vencida la muerte?¿En la segunda venida de Cristo? ¡No! Según la Biblia ella será destruida al finalizar el milenio de Cristo. La respuesta está en Apocalipsis 21:4. Esto significa que Cristo no va a devolver el reino al Padre inmediatamente después de volver a la tierra, sino después de los mil años de su reinado. Mientras tanto, Jesucristo estará reinando sobre sus enemigos (Salmo 110:1-5), siendo el último destruido: La muerte.

 

Otra de las pruebas bíblicas que señalan claramente que la muerte reinará hasta el final del milenio es que “los otros muertos no llegaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.” (Apocalipsis 20.5). Habrá muertos al final de los mil años del reinado de Cristo. La muerte imperará en la tierra hasta el final de esa fecha memorable que es llamada: “Milenio” (Apocalipsis 20:14). Después del milenio bajará “La Nueva Jerusalén” y acabará el imperio de la muerte (Apocalipsis 21:4; 20:14). También en este periodo el diablo será castigado definitivamente con la muerte. Y además, la muerte y el Hades serán arrojados al lago de fuego junto con el diablo y sus ángeles. Todo esto ocurre al final del milenio o del reino de Cristo. Los hermanos amilenialistas debieran reflexionar mejor sobre este pasaje antes de sacar conclusiones inexactas. Recordemos que “un texto sin el contexto es un pretexto”. Ir más allá de lo que está escrito es peligroso.

 

Pregunta #13:

¿No dice Pablo que nuestro destino son “los lugares celestiales” en Efesios 2:6?

Respuesta:

Tomemos nota que pablo habla de “los lugares celestiales” en Efesios 2:6. Y, ¿dónde están esos “lugares celestiales”? La respuesta, creo, la da Jesús en Juan 14:2,3—¡En la casa de Su Padre! Por tanto, los “lugares celestiales” tienen que ver con las “muchas moradas” de dicha casa, en donde Jesús se ha ido a preparárnoslas. Sin embargo, Pablo NO dice que iremos al cielo para ingresar a nuestras “moradas celestiales”.

 

Pongamos un ejemplo un poco fantástico. Si una nave marciana bajara a la tierra, y yo fuera invitado por la tripulación marciana a ingresar a ella para ver su interior, pregunto: ¿No estaría yo en un lugar marciano en la misma tierra? Y si viera yo en su interior sus compartimentos, pregunto nuevamente: ¿No serían esos compartimentos “lugares o compartimientos marcianos” en la tierra?

 

De igual modo, cuando baje la casa celestial a la tierra, con todas sus moradas o lugares, los que ingresen a ella estarán ingresando a sus lugares o moradas celestiales—¡en la tierra!. Algo celestial o “extraterrestre” se posará en la nueva tierra, y sus interiores o moradas seguirán siendo celestiales aunque estén en la tierra. Sí, en la nueva tierra entraremos a los “lugares celestiales” de la casa de Dios.

 

Pregunta #14:

¿No dice claramente San Pedro que tenemos RESERVADA nosotros una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible EN LOS CIELOS? (Ver 1 Pedro 1:4).

 

Respuesta:

Nuevamente tampoco Pedro está diciendo que subiremos al cielo para recibir nuestra herencia que está RESERVADA allí. Sencillamente está reservada en los cielos. Si por ejemplo decimos que el dinero del pago de los trabajadores está reservado en la bóveda del banco, ¿significa eso que los trabajadores tendrán que ingresar a la bóveda del banco para que se les pague? No necesariamente. Lo usual es que el cajero retire el dinero de dicha bóveda y proceda a pagar a los trabajadores en la oficina del personal. De igual manera, cuando Jesús vuelva a retribuir a sus siervos, él retirará nuestra herencia de los cielos y la traerá a la tierra. (Leer 1 Pedro 5:4; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:12).

 

El sabio rey Salomón dijo sobre este asunto, así: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra…” (Proverbios 11:31). En otra parte Salomón dice también: “El justo no será removido jamás (de la tierra)…” (Proverbios 10:30). Estos textos contradicen la enseñanza que dice que los salvos serán retribuidos en el cielo cuando mueran.

 

Pregunta #15:

¿No prometió el Señor Jesús que nos arrebataría con él mismo al cielo, en 1 Tesalonicenses 4:17?

 

Respuesta:

El apóstol Pablo no está diciendo tampoco en este texto, que seremos arrebatados al tercer cielo, sino EN LAS NUBES. No está hablando de que seremos arrebatados al cielo, sino EN LAS NUBES PARA RECIBIR AL SEÑOR EN EL AIRE, y así estaremos siempre con el Señor.” Para nada se hace mención del cielo en este versículo, ni se nos promete estar con Cristo en el cielo. Pablo está hablando de que seremos “arrebatados en las nubes” y de “recibir al Señor en el aire”—¿Para qué?¿Acaso para que Jesucristo nos reciba y nos lleve con él al cielo? ¡No! Pablo es claro al decir que nosotros LE RECIBIREMOS A ÉL EN EL AIRE cuando regrese a la tierra (¡no al revés!). ¿Qué importancia tiene este detalle? Veamos el pasaje y analicemos su contenido.

 

Si la iglesia recibirá al Señor en el aire es para acompañar a Jesús en su descenso a la tierra, ¡no al revés! Por ejemplo, si el presidente del Perú sale a recibir en palacio al Presidente de los Estados Unidos, ¿se irá el Presidente del Perú con el presidente Estadounidense a la Casa Blanca para la entrevista? Otro ejemplo: Si mi amigo viene a visitarme desde los Estados Unidos, y yo salgo a recibirle en el aeropuerto limeño, pregunto: ¿Me iré con él a su casa en los Estados Unidos, subiendo inmediatamente en el avión que lo trajo a Lima? ¡Claro que no! Si yo lo recibo es para traerlo a mi casa o a un hotel, y disfrutar de su compañía durante su estancia en mi país. Igual ocurrirá con la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo en las nubes de nuestra atmósfera. Nosotros saldremos a RECIBIRLE en las nubes para acompañarlo en su descenso a nuestro planeta. Entonces Jesús será escoltado por su gloriosa iglesia hasta el lugar donde se localizará su trono de gloria, es decir, JERUSALÉN (Mateo 5.33-35; Jeremías 3:17; Zacarías 14:4).

 

Pregunta #16:

En Juan 13:36 Jesús le dice a Pedro que él no le podía seguir al lugar a donde iba, pero que le seguiría después. ¿No le estaba prometiendo Jesús—el tercer cielo—-a Pedro para después de su muerte?.

 

Respuesta:

Jesús no le estaba prometiendo a Pedro el cielo para después de su muerte. Lo que verdaderamente Jesús estaba diciendo era que estaba muy próximo su sacrificio en la cruz del Calvario, y que después Pedro le seguiría en su martirio. Lo que Jesús estaba profetizando para Pedro era su muerte en el martirio en un futuro no muy lejano. Según el verso 37, parece que Pedro le entendió perfectamente a Jesús, y le responde: “…Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? MI VIDA PONDRÉ POR TI.” Precisamente años más tarde Pedro moriría en el martirio, crucificado de cabeza en una cruz.

 

Pregunta #17:

¿No dijo el apóstol Pedro que Dios lo preservaría para su reino celestial? ¿No creyó Pablo que había un reino en el cielo (2 Timoteo 4:18)?

 

Respuesta:

En este pasaje Pablo NO dice que iría al cielo para entrar en el “reino celestial”. Lo que Pablo creía era que Dios lo preservaría o guardaría para su reino DE los cielos (“celestial”). Él NO dijo que Dios lo preservaría para su reino EN los cielos en ningún momento, sino para un reino de “inspiración celestial”, o de “origen celestial”.

 

En Hebreos 11:14-16 Pablo habla de una “patria celestial”, la cual, según el verso 16, es UNA CIUDAD. En Hebreos 11:14 el apóstol sigue diciendo que esta ciudad o “patria celestial” está por venir o por descender según Apocalipsis 21:2,3. Sí, la ciudad o “patria celestial” estará ¡en la tierra!.

 

En Lucas 2:8-13 vemos que a los pastores del campo se les aparece un ángel del Señor que les anuncia que ha nacido el Salvador, Cristo el Señor. Y el versículo 13 nos dice que repentinamente apareció con aquel ángel una multitud de las “huestes celestiales” que alaban al Señor, y decían: “Gloria en las alturas…” Aquí vemos nuevamente a “huestes celestiales”—¡en la tierra!

 

En conclusión, cuando la Biblia nos dice que heredaremos “el reino celestial”, ello no quiere decir que iremos al cielo para entrar en él. Ya hemos visto como “cosas y seres “celestiales” estuvieron aquí, en la tierra. ¿Acaso no puede bajar “el reino celestial” a la tierra así como lo hicieron  “el pan celestial (Jesucristo)”, y “las huestes celestiales”? ¡Claro que sí! Ah, un ejemplo más. Después de resucitar de la tumba, Jesús recibió  un “cuerpo celestial” (Leer 1 Corintios 15:40,49). Con ese “cuerpo celestial” nuestro Señor estuvo en la tierra por 40 días (Hechos 1:3).

 

Pregunta #18:

¿No dijo acaso el apóstol San Pablo que nuestra CIUDADANÍA ESTÁ EN LOS CIELOS (Filipenses 3:20)?¿No significa entonces que viviremos en el cielo?

 

Respuesta:

La palabra “CIUDADANÍA” usada por Pablo, se relaciona con la palabra CIUDAD(anía). En la Santa Biblia aparece claramente una “CIUDAD CELESTIAL” (o “PATRIA CELESTIAL”) que estará en la tierra (Apocalipsis 21:2,3). También se nos informa que entraremos a ella, una vez que se establezca en la “nueva tierra”. Pablo sostiene que la ciudad está POR VENIR (Hebreos 13:14). También Pablo sostiene que el fiel Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:8-10).Mientras tanto, “nuestra ciudadanía está en los cielos” hasta que venga a nosotros a la tierra. En tanto que nuestra “ciudad” o “patria” permanezca en los cielos, podremos decir que nuestra ciudadanía seguirá estando en los cielos.

 

Pregunta #19:

¿En que parte de la Biblia dice que Cristo va a pisar este mismo planeta nuevamente?

 

Respuesta:

En Hechos 1:11 los ángeles les dicen a los discípulos, quienes instantes antes habían visto al Señor subir al cielo, lo siguiente: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASI VENDRÁ COMO LO HABÉIS VISTO IR AL CIELO”. Aquí se profetiza que el mismo Jesús resucitado, que había permanecido con sus discípulos 40 días en la tierra (Hechos 1:3), volverá DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE SE HABÍA IDO AL CIELO. Esto se explica de este modo. Según el verso 12, Jesús había ascendido al Padre desde el MONTE DE LOS OLIVOS, hasta que una nube lo tapó de la vista de los discípulos (v.9). Ahora bien, Jesús, al volver, descenderá del cielo a las nubes del cielo, y de las nubes del cielo AL MONTE DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4). Si Jesús al volver, sólo se quedara en las nubes, sin descender hasta el Monte de los Olivos, entonces JESÚS NO ESTARÍA EN VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA COMO ÉL SE FUE, O COMO LO HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.

 

Si una persona hubiera podido tomar una película de ese magno suceso de la ascensión d Jesús al cielo, y luego pusiera en reversa o retroceso la película, entendería exactamente cómo será el futuro regreso de Jesús al mundo. No obstante, no precisamos del auxilio de una cámara de video o de una película para entender lo que explicamos. Aceptemos el hecho de que la ascensión de Jesús al cielo NO comenzó en las nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS. ¿No es interesante que el profeta Zacarías diga que sus pies se posarán nuevamente en el Monte de los Olivos y éste se partirá en dos?¡Esto no sucedió en la primera venida de Cristo! (Leer Zacarías 14:4).

 

Lo que Jesús dijo en Mateo 5:34,35 nos lleva  la conclusión de que Cristo hará de Jerusalén su ciudad real…¡Su trono!. El profeta Jeremías dice que en aquel tiempo (de la restauración del reino) llamarán a Jerusalén TRONO DE JEHOVÁ (3:17). El Salmo 67:4 dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.” En Apocalipsis 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con Cristo mil años en la tierra.

 

En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Por tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Jesús dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:34,35).

 

En Juan 14:2,3 el Señor Jesús prometió a sus discípulos que ellos estarían con él en la tierra de Israel. Él dijo: “PARA QUE DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel) vosotros también estéis”. Y en la profecía de Jeremías 23:5 leemos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia EN LA TIERRA” ( También 33:15). Y en Romanos 4:13 dice que Jesús será “EL HEREDERO DEL MUNDO.”

 

Según el Salmo 37:29 “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Ahora bien: ¿Es Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí! (Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús es también JUSTO, ¿qué heredará él y dónde vivirá? ¡La tierra y en la tierra!. En el Salmo 85:9 se complementa lo anterior diciendo que LA GLORIA HABITARÁ LA TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA? ¡La gloria del Señor Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30; Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4). Por tanto: ¡Jesucristo habitará en la tierra!

 

En 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho: Habrá un justo que GOBIERNE ENTRE (no “SOBRE”) LOS HOMBRES, que GOBIERNE  en el temor de Dios.” Sí, Jesús será aquel justo varón que gobierne en medio o entre los hombres en este planeta. ¡Eso dice la Biblia! Además, David dice en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS morarán o habitarán en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde morarán LOS RECTOS en la presencia del rey? No puede ser el cielo porque Salomón escribió en Proverbios 10:30: “EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO JAMÁS; pero los impíos NO HABITARÁN LA TIERRA.” La conclusión lógica y bíblica es que los rectos habitarán la tierra y estarán en la misma presencia del rey en la tierra. Dice Salomón: “LOS RECTOS HABITARÁN LA TIERRA, Y lOS PERFECTOS PERMANECERÁN EN ELLA.” (Proverbios 2:21). ¡Aquí está la evidencia! Y, ¿Quiénes son los PERFECTOS que permanecerán en la tierra? ¡Los cristianos! (Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses 1:28).

 

Jesús dice que “los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5),. Pero más adelante dirá: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN…” (Mateo 11:29). Notemos que Cristo es también el mayor MANSO del mundo. Esto quiere decir que él HEREDARÁ LA TIERRA (comparar con Romanos 4:13). Él fue claro al decir que “los MANSOS heredarán la tierra (¡no el cielo!).”

 

Pregunta # 20:

¿Qué otra prueba existe de que el reino de Dios NO es la Iglesia de Cristo?.

 

Respuesta:

Lo más sencillo es sustituir la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ de los textos bíblicos más importantes. Si reino e iglesia son equivalentes, no tendrá porqué cambiar el sentido del texto bíblico que habla de él. Veamos algunos ejemplos:

 

 Lucas 19:11:

Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir UNA IGLESIA y volver.

 

Comentario:

 Notemos que al cambiar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ en este pasaje, obtenemos un absurdo. ¿Recibió Cristo una iglesia en el cielo? o ¿Se instituyó la iglesia en el cielo?¿Hemos bajado del cielo como  “la iglesia de Cristo”?

 

Lucas 12:32:

“No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido DAROS la iglesia”.

 

Comentario:

Aquí hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo absurdo. En primer lugar, Jesús se dirige a sus apóstoles—¡a los cuales se les DA EL REINO!. No dice  Jesús que al Padre le ha placido “HACEROS EL REINO”, sino “DAROS EL REINO”. El sentido es diferente. Si la iglesia es el reino, y ella está compuesta por los apóstoles y demás discípulos, ¿cómo podrían SER ellos “el reino de Cristo” y RECIBIR al mismo tiempo el reino? ¿Cómo podían los apóstoles recibir un reino y ser parte de él al mismo tiempo? Si la iglesia es verdaderamente el reino, entonces Jesús debió decirles a sus apóstoles que al Padre “le ha placido HACEROS el reino o iglesia”. Pero no fue así, sino que dijo: “Le ha placido DAROS EL REINO”!

 

Mateo 6:10:

“Venga tu iglesia, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

 

 Comentario:

Los que creen que la iglesia es el reino, tendrán que mutilar esta parte del “Padre Nuestro”; pues si el reino ya vino en el 33.d.C, ¿para qué seguir pidiéndolo? Pero lo cierto es que esta parte de la oración está tan vigente como el resto de las peticiones en el “Padre Nuestro”. Así, pedir por la venida del reino es tan importante como pedir perdón por nuestras ofensas, o por el pan diario.

 

Por otro lado, si reemplazamos ‘reino’ por ‘iglesia’ tendríamos: “Venga tu iglesia, hágase tu voluntad…” Sí, “Venga tu iglesia”—¿De dónde?¿Cómo? Si los discípulos vendrían a ser la misma iglesia de Cristo: ¿Por qué tendrían que pedir por la venida de una iglesia? ¡No tiene mucho sentido que digamos!

 

Mateo 25:31,34:

Cuando el Hijo del Hombre venga…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre HEREDAD LA IGLESIA preparada para vosotros desde la fundación del mundo.”

 

Comentario:

Aquí hemos reemplazado ‘reino’ por ‘iglesia’ y encontramos algo muy extraño. Es un asunto muy importante que no podemos pasar por alto, y es que hay una reino (iglesia para los amilenialistas) que se preparó desde la fundación del mundo, y que será heredado por la iglesia en la ‘parusía’ o Segunda Venida de Cristo. ¿UNA IGLESIA que hereda UNA IGLESIA?¿Cómo es posible esto? Por eso creemos que la iglesia y el reino son dos cosas muy diferentes.

 

Juan 3:3:

“Respondiendo Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver la iglesia de Dios.”

 

Comentario:

En este pasaje también hemos sustituido ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido un absurdo total. ¿Cuál es ése? Si el reino es la iglesia, y ésta sólo puede ser vista por hombres “renacidos”: ¿Cómo es posible que cualquier hombre mundano o no convertido pueda ver, e incluso entrar, en la iglesia de Cristo? Muchos NO renacidos pueden ver con sus ojos, y entrar con sus pies a la iglesia de Cristo sin dificultad. Esto me lleva a la conclusión de que el reino e iglesia —¡NO son sinónimos!. Hay un reino futuro en el cual los impíos ni verán ni entrarán—¡Sólo los renacidos!

Hechos 14:22:

“…es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en la iglesia de Dios.”

 

Comentario:

Aquí en este pasaje hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo interesante. Notemos que Pablo se dirige a creyentes de Listra, Iconio y Antioquia. A estos hermanos, de las iglesias de Cristo en esas ciudades, les exhorta a que permanezcan fieles a pesar de las tribulaciones, a fin de que puedan “ganar su entrada a la iglesia de Dios. Esto es muy extraño, pues Pablo se dirige a iglesias cristianas ya constituidas. ¿Cómo entrarían las iglesias de Iconio, Listra y Antioquia a la iglesia misma?¡No lo entendemos! Aquí se vuelve a demostrar que el reino de Dios es diferente a la iglesia de Cristo.

 

1 Corintios 15:50:

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar la iglesia de Dios, ni la corrupción hereda a incorrupción.”

 

 Comentario:

Aquí, al reemplazar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ nos hallamos con un serio problema. Y es que si a la iglesia no se  puede pertenecer en la carne y en la sangre, ¿por qué aún están en la carne y la sangre los miembros de la iglesia de Cristo? Obviamente algo no anda bien con la interpretación ‘amilenialista’ del reino.

 

Hechos 1:6:

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor restaurarás la iglesia a Israel en este tiempo?”

Comentario:

Aquí resulta una extrañeza al reemplazar reino por ‘iglesia’, pues: ¿Acaso la iglesia tiene que ver con Israel? Cómo es eso que la iglesia será restaurada a Israel? Es obvio que reino e iglesia son dos cosas diferentes. El reino fue antes que la iglesia. Los ‘amilenialistas’ se encuentran en serios apuros cuando tienen que responder a toda esta argumentación bíblica consistente. El amilenialismo deja sin horizontes y sin entendimiento sobre los sucesos mundiales de hoy. Prácticamente han anulado muchísimas profecías bíblicas del futuro (Leer Proverbios 29:18). Para ellos casi todas las profecías bíblicas ya se han cumplido. Han dejado de comprender los acontecimientos mundiales del presente y del futuro. Prácticamente están el medio del mar sin mapas y brújulas, y…¡están a la deriva!

 

 

APÉNDICE 2

 30 DIFERENCIAS SUSTANCIALES   ENTRE   EL REINO DE DIOS Y LA             IGLESIA DE  CRISTO

 

Muchas iglesias Cristianas confunden el Reino de Dios con la iglesia de Cristo sin percatarse de que existen diferencias sustanciales entre ambas entidades.

 

1.- El Reino de Dios es universal, en tanto que la Iglesia es local.

 

2.- El Reino de Dios es uno, singular, en tanto que la Iglesia puede ser pluralizada (ejm: las Iglesias de Dios, o Iglesias de Cristo, Romanos 16:16).

 

3.- En el Reino de Dios todos los miembros son salvos para siempre, en tanto que en la Iglesia de Cristo no todos los que son miembros serán salvos.

 

4.- En el Reino de Dios no se ejercerá la disciplina, en cambio en la iglesia de Cristo sí.

 

5.- El Reino de Dios es una teocracia (Isaías 32:1, Daniel 4:17), en cambio la iglesia de Cristo es una democracia (Hechos 6:5).

 

6.- Del Reino de Dios no se dice que tiene Maestros, Pastores, o diáconos, pero en la Iglesia de Cristo sí se dice que los hay (Efesios 4:4).

 

7.- En el Reino de Dios no hay ordenanzas, en cambio en la Iglesia de Cristo sí (el bautismo, la comunión, el matrimonio, oraciones etc).

 

8.- En el Reino de Dios la feligresía es permanente, en cambio en la Iglesia de Cristo no (Hechos 15:24, 1 Juan 2:19).

 

9.- La iglesia de Cristo predica el Reino de Dios (Mateo 24:14), pero el Reino de Dios nunca predica la iglesia.

 

10.-Al reino de Dios se ingresa con cuerpos inmortales (1 Corintios 15:50), en cambio a la Iglesia de Cristo se ingresa con cuerpos mortales.

 

11.-Al Reino de Dios ingresan los maduros espirituales (2 Pedro 1:5-11), en cambio a la iglesia ingresan los niños espirituales que serán perfeccionados por sus pastores y maestros (Efesios 4:4; 1 Pedro 2:2; Hebreos 5:13).

 

12.-Al Reino de Dios se ingresa después de haber soportado muchas tribulaciones (Hechos 14:22), en cambio a la Iglesia de Cristo se ingresa para empezar a sufrir muchas tribulaciones (Juan 16:33).

 

13.- El Reino de Dios es una institución que se heredará en el futuro (Santiago 2:5; Mateo 25:31,34), en cambio la Iglesia es una institución en la que ya pertenece el Creyente.

 

14.- El Reino de Dios es algo que se requiere pedir que venga (Mateo 6:10), en cambio la Iglesia  de Cristo ya está acá (Hechos 2:47;1 Corintios 1:2).

 

15.- El Reino de Dios existía en los tiempos de David (1 Crónicas 28:5), en cambio la iglesia de Cristo comenzó con Cristo (Mat.16:16-18)

 

16.- El Reino de Dios es de Israel (Hechos 1:3,6), en cambio la Iglesia lo componen los de la fe (Judíos y gentiles por igual).

 

17.- El Reino de Dios se restaurará (Hechos 1:6), en cambio la Iglesia de Cristo se edifica (Mateo 16:16-18).

 

18.- El Padre le da a la iglesia de Cristo el Reino de Dios  (Lucas 12:32), pero nunca se dice que el Padre le da al Reino de Dios la Iglesia de Cristo.

 

19.- A la Iglesia de Cristo entran los pecadores e indignos (Mateo 9:13), en cambio al Reino de Dios entran sólo los santos y dignos (2 Tesalonicenses 1:5,11; Apocalipsis 3:4).

 

20.- A La Iglesia de Cristo pueden verla los pecadores impenitentes, en cambio el Reino de Dios sólo será visto por los renacidos (Juan 3:3,5).

 

21.- Muchos ricos pueden entrar a la Iglesia de Cristo, pero al Reino de Dios difícilmente entrará un rico (Mateo 19:23).

 

22.-  El Reino de Dios no viene con advertencia (Lucas 17:20), pero la Iglesia de Cristo sí vino con advertencia, cuando ésta se funda en Pentecostés con el anuncio de la venida del Espíritu Santo a los pocos días de ser proclamada (Hechos 1:5,8).

 

23.- El Reino de Dios le fue concedido a Cristo en el cielo (Lucas 19:11,12), pero la Iglesia de Cristo le fue otorgada a Cristo en la tierra.

 

24.- Del Reino de Dios se dice que es eterno (2 Pedro 1:11), en cambio de la iglesia de Cristo no se dice que lo es.

 

25.- El Reino de Dios tiene tronos (Salmo 122:5), en cambio la Iglesia de Cristo, no.

 

26.- Al Reino de Dios se le llama ‘el Evangelio’ (Mateo 24:14), pero a la Iglesia de Cristo nunca se la denomina ‘el evangelio’.

 

27.- Al Reino de Dios hay que buscarlo o anhelarlo primero (Mateo 6:33), en cambio la Iglesia de Dios está en todas partes del planeta, y nunca se nos manda a buscarla o anhelarla.

 

28.- El Reino de Dios estaba integrado por muchos Judíos incrédulos (Mateo 21:43), en cambio la Iglesia de Cristo nunca estuvo integrado por Judíos incrédulos sino por aquellos Judíos (y gentiles) que creyeron en Jesús, se arrepintieron de sus pecados, y se bautizaron por inmersión (Hechos 2:36-47).

 

29.- El Reino de Dios se presentará y se heredará en la Segunda venida de Cristo (Mateo 25:31,34), en cambio la iglesia ya se está presente desde la Primera venida de Cristo (Hechos 2:47, 1 Corintios 1:2).

 

30.- El Reino de Cristo no consiste en comida y bebida (Romanos 14:17), pero la iglesia sí consiste en comida y bebida (la comunión, Juan 6:55).

 

………………………

 

 

 APÉNDICE 3

SATANÁS: ¡EL ARCHIENEMIGO DEL EVANGELIO DE LA GLORIA DE CRISTO! (2 Cor. 4:4).

 

Satanás como enemigo del evangelio salvador

 

La mayoría de los hombres ignora que el diablo tiene su propia agenda, la de obstaculizar la propagación del verdadero evangelio de Jesucristo—¿Por qué? Porque es poder de Dios para la salvación a todo aquel que lo cree, sea griego o gentil.” (Romanos 1:16). El diablo no vino sino a robar y a destruir, ha venido a boicotear el plan salvador de Jesucristo para que la humanidad siga sumida en sus delitos y pecados y terminen destruidos o perdidos para siempre. Satanás sabe que su tiempo es corto, y que su reino de maldad será reemplazado por el reinado de la justicia de Jesucristo, razón por la cual él anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). Pero Dios ha enviado a Su Hijo para liberarnos del reino de las tinieblas y trasladarnos al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13).

 

El apóstol San Pablo fue comisionado para ser el predicador de los gentiles, y él en varias ocasiones se vio obstaculizado por fuerzas oscuras y diabólicas para que no pudiera extender su evangelio salvador. En1 Tes. 2:18 leemos: “Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro; 18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó”.  

 

En 2 Corintios 4:4 él escribió a los corintios lo siguiente: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Tome nota de lo que está diciendo Pablo en este versículo. El dice que el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les brille la luz del evangelio de la gloria de Cristo. El diablo no desea que el potencial creyente y el incrédulo en general sean iluminados con el mensaje o buenas noticias concernientes a la gloria de Cristo.  Sí, el diablo no quiere que usted entienda el mensaje o buenas noticias de la GLORIA DE CRISTO. —¡Específicamente esto! ¿Y qué es la gloria de Cristo? Desgraciadamente aún millones tienen ideas confusas sobre lo que es el evangelio de la gloria de Cristo.

 

El Evangelio de la Gloria de Cristo es el Evangelio del Reino de Cristo

 

Los creyentes deben entender que sólo hay un evangelio salvador en la Biblia, y ese es el evangelio acerca de su venidero Reino a la tierra (Mateo 24:14) o el evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4). La Biblia habla de que el Reino de Cristo y su gloria vienen juntos (1 Tes. 2:12). Hablar del Reino es hablar de la gloria venidera de Cristo como gobernante de la era venidera, y hablar de la gloria es hablar del reino de Cristo. Entienda que el diablo no desea que usted reciba o crea el evangelio de la gloria de Cristo o el evangelio del reino venidero de Cristo. Y es que el reino de Cristo no sólo significará que usted tendrá la autoridad que tiene ahora Satanás en este mundo como gobernante mundial, sino que significará también su destronamiento y su lanzamiento al abismo con el resto de sus ángeles caídos. El diablo sabe que Cristo vino a congregar a potenciales príncipes para su reinado de la justicia, a reclutar a seguidores leales y probos para que junto con él administren la nueva sociedad que se implantará en la tierra en su parusía en gloria (Luc. 13:32; Isa. 32:1). Satanás odia este mensaje y persigue a los que lo anuncian con fe, así como Saúl odió y persiguió a David y a sus partidarios cuando supo que Dios lo había nombrado a éste como el que tomaría su trono. El diablo odia el mensaje del Reino, y su estrategia es que este mensaje no sea recibido por los pecadores, y que sus mentes no puedan creerlo o aceptarlo como algo real y posible. El diablo ha nublado el entendimiento de los incrédulos para que persistan en su incredulidad. A otros les ha hecho creer que el mensaje del reino en la tierra es muy mundano y poco espiritual. El ha logrado también propagar falsos evangelios que no se parecen en nada al evangelio original de Jesús y sus apóstoles. Hoy se habla del “evangelio social”, o del “evangelio de la prosperidad”, o del “evangelio de Cristo”, o simplemente “el evangelio”, pero el verdadero evangelio del reino de Dios es omitido en casi todos las prédicas de las iglesias contemporáneas.

 

En este sitio web usted encontrará también un estudio que escribí y que amplía mucho más la información sobre la gloria de Cristo y su relación con su reino milenario en la tierra. El título del artículo es: “La Gloria: Una frase sorprendente con un significado maravilloso que usted necesita conocer ahora mismo”.

 

Los Testigos de Jehová han torcido el Evangelio de la gloria de Cristo

 

Los Testigos de Jehová han cambiado el pasaje de 2 Corintios 4:4 para que diga otra cosa diametralmente opuesta al original Griego. En su Versión del Nuevo Mundo los Testigos de Jehová vierten el pasaje de una manera totalmente diferente, y de esta forma caen en el juego del diablo para nublar el verdadero evangelio de Cristo: “Entre quienes el dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos, para que no pase [a ellos] la iluminación de las gloriosas buenas nuevas acerca de Cristo, que es imagen de Dios”. Acá es claro que los Testigos no desean que Cristo tenga gloria, y para lograrlo han transferido la gloria a las buenas nuevas o al evangelio.  Este sutil cambio le hace el favor al diablo, quien no desea que la gente crea en el único evangelio de la gloria de Cristo, que es el evangelio del reino de Cristo.

 

Otros en cambio le dan a la gloria una interpretación de Deidad. Es decir, la gloria de Cristo es lo mismo que la Deidad de Cristo, o su supuesta divinidad. ¡Nada más lejos de la verdad! Nosotros igualmente estamos llamados a tener la gloria de Cristo (Juan 17:22) y esto sin duda no significa que estamos llamados a ser Deidades. El evangelio de la gloria de Cristo no significa “el evangelio de la Deidad de Cristo”. Muchos andan proclamando que Cristo es Dios y que es necesario aceptar su Deidad para ser salvos. Sin embargo, la verdad es que la voluntad del Padre es que creamos en Su Hijo, en su evangelio del Reino o el evangelio de su gloria, pero no que creamos que él es el único Dios verdadero de una supuesta Santa Trinidad. Lo que Dios desea, entre otras cosas, es que creamos en Su Hijo, en el Hijo de Dios—¡no en Dios el Hijo! Debemos creerle a él, o a su mensaje, pues Dios Padre envió a Su Hijo con un propósito— el de anunciar el evangelio del Reino de Dios (Lucas 4:43). Muchos desgraciadamente creen en Cristo, pero no a Cristo. Es decir, creen que él es el Hijo de Dios, pero les resulta difícil aceptar su mensaje de un reino restaurado en la tierra de Israel que traerá grandes bendiciones a la humanidad.

 

El evangelio de Dios y el Reino de los Cielos

 

Otra táctica del diablo ha sido confundir las frases Reino de Dios y Reino de los cielos como queriendo decir que el reino de Dios es un reino EN los cielos. La mayoría supone que en el cielo hay un reino o una gloria a la cual estamos supuestamente llamados. En los funerales los pastores y sacerdotes predican diciendo que “nuestra amado hermano ha partido a la gloria celestial” haciendo así de la gloria un sinónimo del cielo mismo. De esta forma el evangelio del reino y el evangelio de la gloria de Cristo han sido transferidos a otro plano existencial o a la morada de la divinidad. La influencia de los heréticos gnósticos se deja aún sentir dentro de estas creencias supuestamente cristianas y ortodoxas. Para los gnósticos, secta seudo cristiana de los primeros siglos de la Era Cristiana, Cristo no era realmente humano, sino sólo una persona que tenía la apariencia de hombre carnal. Creyendo que la materia es mala, los gnósticos predicaban un “escape” al pleroma (un proto-cielo) a través del alma inmortal. Así, el cristianismo adoptó esta creencia mestiza Greco-Hebrea y la hizo suya hasta el día de hoy. El prístino evangelio Reino de Dios pasó al olvido casi totalmente en casi todas las iglesias cristianas del mundo.

 

El Odio de Satán contra el Pueblo Original de Dios

 

Sin duda el diablo quiso deshacerse de Cristo y de sus seguidores y acallar su mensaje del reino en la tierra. El odio de un reino davídico restaurado hizo que el diablo incitara las mentes perturbadas de ciertos hombres para perseguir al pueblo Hebreo, a los que primero fueron llamados para heredar las promesas del Reino. Hitler y su programa de genocidio contra los Judíos es una prueba de ello. Seis millones de Judíos fueron aniquilados, y aún hoy el odio mundial hacia ellos no ha disminuido en absoluto. El diablo planificó barrer a todos los judíos del planeta, pero Dios de alguna manera siempre ha mantenido un remanente fiel. El diablo sabe que la restauración de los judíos ha su tierra es el comienzo de la pronta restauración del reinado de la justicia de Cristo y consecuentemente, su propia destitución del domino mundial. Muchos sin darse cuenta le siguen el juego al diablo, odiando y oponiéndose a la restauración de los Judíos en la tierra de sus padres, tierra que Dios se la asignó a los hijos de Sara, esposa de Abraham, la mujer libre. El odio de los árabes hacia el plan de Dios se refleja en las continuas agresiones terroristas contra los judíos dentro y fuera del territorio de la promesa. Los árabes no entienden que ellos, al ser hijos de Abraham con su esclava Agar, tienen otro pacto y otras bendiciones que nada tienen que ver con la herencia o posesión de la tierra prometida.

 

Los hombres deben entender que la palabra de Dios es ley y nadie puede contravenirla o discutirla. Si Dios ha decidido darle a los Hebreos la tierra prometida, entonces así debe ser y así debe aceptarse para que haya verdadera paz entre los hombres. El conflicto tendrá que resolverse finalmente cuando Cristo venga para castigar a los enemigos de su raza, y de su pueblo, que se oponen a él y a los planes de Su Padre.

 

Los Apóstoles estaban ansiosos de ver el Reino Restaurado en sus días

 

Los seguidores de Jesús no le dieron al Reino de Dios una nueva interpretación o un significado puramente simbólico o espiritual. Al contrario, después de que ellos estuvieron con Jesús durante los 40 días de entrenamiento privado para saber más sobre aquel reino (Hechos 1:3), enseguida los discípulos procedieron a preguntarle a Jesús lo siguiente: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Aquí se hace más que evidente que los creyentes primitivos, los discípulos más próximos a Jesús, estaban anhelando la restauración del reino davídico en y a Israel. Ellos no estaban pensando en un reino espiritual en una esfera supramundana, o fuera de este mundo (el tercer cielo), tal como muchos “cristianos” hoy están pensando. Ellos no se habían apartado de la esperanza de Israel, o de la consolación que tendría Israel finalmente (Lucas 2:25). Pues bien, ante esta pregunta Jesús no muestra su sorpresa, ni intenta corregir una supuesta falsa esperanza, o falsa comprensión por parte de sus discípulos, tal como algunos teólogos han insinuado. ¡Jamás! Por el contrario, Jesús sólo les dice lo siguiente: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad. En buena cuenta, Jesús no los reprocha por un supuesto mal entendido por parte de sus discípulos sobre su reino. Lo que les dice es que a ellos no les corresponde saber los tiempos o las sazones que Dios puso en su sola potestad. Jesús estaba validando la pregunta, pero no les pudo dar el tiempo exacto para tal anhelada restauración del reino ancestral porque él mismo lo ignoraba.

 

La Parábola de las Diez minas

 

En la parábola de las Diez Minas Jesús enseña que el hombre noble (él mismo) primero tiene que ir al cielo para recibir la autoridad para reinar y luego volver para gobernar las naciones con ellos. Les dice que aquellos que han sido más fieles y productivos tendrán más autoridad sobre las naciones. Dice Jesús de este modo en esta parábola: “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. 12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15 Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16 Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18 Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20 Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25 Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26 Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí. Acá, en esta parábola, podemos descubrir que los discípulos pensaron que Jesucristo inauguraría ya su reino porque lo veían entrar en Jerusalén, la sede al antiguo reino Davídico. A continuación esperaríamos encontrar a Jesús corrigiéndolos por tal creencia si en efecto ellos estaban equivocados. Pero no,  ¡Jesús tampoco los corrige acá! Simplemente les dice que primero el hombre noble, el príncipe, tiene que ir al cielo para recibir la autoridad de Su Padre y luego volver para repartir la tierra entre sus seguidores leales e inaugurar su reinado milenario esperado. Pero aquellos de sus enemigos que no querían que él sea rey sobre ellos serán castigados duramente con sus vidas. Así que es muy serio rechazar el reinado de Cristo, ya que significará la muerte.

 

Doctrinas de demonios

 

El apóstol Pablo amonesta en contra de aquellos que vienen predicando evangelios diferentes que son verdaderas doctrinas de demonios, doctrinas diabólicas que intentan distraer la atención hacia el reino y gloria verdaderos de Cristo. En Gálatas 1:6-9 Pablo amonesta sin rodeos: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”.  Es un anatema (maldito) todo aquel que predica un evangelio diferente. La cosa realmente es muy seria, por tanto debemos llamar a las cosas por su nombre. El evangelio verdadero es el Reino de Dios, o también llamado “evangelio de la gloria de Cristo”. Aquel que no se ajusta al verdadero evangelio y enseña otra cosa muy diferente, está enseñando doctrinas de demonios y es un anatema. Dice Colosenses 2:8: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo (demonios), y no según Cristo”.  También en 1 Timoteo 4:1 Pablo dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”. 

 

Apéndice 4

¡USTED DEBE ESTAR APTO PARA EL REINO DE DIOS!

 

“Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente” (2 Tim. 2:5)   

 

Aptos para el Reino de Dios 

En una ocasión nuestro Señor Jesús le dijo a un hombre: “Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:59-62). ¿Qué concluimos con este relato del ministerio de Jesucristo? ¡Que estamos llamados a seguir a Cristo! ¿Para qué? ¡PARA ANUNCIAR EL REINO DE DIOS! Sin embargo, el hombre que fue llamado por Jesús tenía una prioridad, y esa era el entierro de su padre que había recién muerto. Pero Jesús de manera tajante le dice que sean los mismos “muertos vivientes” que sepulten a su padre, y que él se disponga de inmediato a seguirle para la proclama del Reino de Dios sin mirar atrás. Y aunque esto parezca duro, el entierro de un padre o familiar no es para nada importante comparado con la urgencia de anunciar el reino de Dios. ¡Y es que el reino de Dios es el evangelio salvador, el anuncio o mensaje divino que salva si lo aceptamos por la fe (Marcos 16:15,16).

Aptos para participar de la herencia

Ahora bien, aquí viene lo interesante del tema en cuestión: Pablo usa el mismo vocablo “apto” usado por el Señor cuando el apóstol les dice a los creyentes de Colosas, lo siguiente: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col. 1:12,13). Noten, mis hermanos, que aquí Pablo dice que Dios nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos. ¿Y cuál es esa herencia de los santos de la cual somos partícipes por nuestra aptitud o idoneidad? ¡Pues el Reino de Dios! Así se lo dio a entender Jesús al hombre que llamó para que le seguiera cuando le dijo que ninguno que mira atrás no es apto para el reino de Dios. Usted debe comparar con cuidado Lucas 9:59-62 y Colosenses 1:12,13 y luego sacar las conclusiones correctas y precisas. ¡Usted debe hacer un estudio inteligente y coherente de las Escrituras para entender al Señor!

Haciéndonos aptos para la herencia de los santos (el Reino)

¿Cómo nos hacemos aptos para la herencia de los santos que es el Reino de Dios?

El Apóstol Pedro responde claramente a esta pregunta, de este modo:

“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 Pedro 1:5-11). 

La Herencia heredada en la Parusía

El Señor Jesús prometió volver para justamente cumplir sus promesas y darle a los aptos o idóneos su merecida herencia o recompensa. Así está registrado en el evangelio de Mateo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo(Mateo 25:31-34). 

Así que ya saben que el Reino de Dios es la herencia de los santos, la cual será heredada por los idóneos o los aptos cuando el Señor regrese para inaugurar su teocracia en la tierra.

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LOS EVANGÉLICOS Y EL MUNDO

 

El día 3 de Diciembre del 2005 salió un artículo en el diario “The economist” (http://www.economist.com/) que decía lo siguiente:”La compañía Walt Disney que ha sido criticada por organizaciones religiosas debido a sus eventos de “gay days” (los días del gay) en Disney World y por brindarle beneficios a las parejas homosexuales y lesbianas, también se ha subido al vagón del negocio religioso con la producción de 150 millones de dólares de su película “Las crónicas de Narnia” de C.S. Lewis. Legiones de evangélicos ingenuos están emocionados por este hecho (como si se hubiera convertido la compañía).


La reconciliación entre los evangélicos norteamericanos y Disney es el último ejemplo de la reconciliación de la América religiosa y la América corporativa. Muchas de las más grandes compañías están pujando dentro del mercado religioso.

 

El mundo secular no ha tardado en sacar partido de esta bonanza, que comienza a finales de los ’80s con la compra de Vida-Zondervan por el Harper Collins de Rupert Murdoch. Así Vida-Zondervan se convirtió en una parte de la misma casa de publicaciones que los libros Regan, el editor publicista de “Cómo hacer el Amor Como una Estrella Porno,” (escrito por la “estrella” del cine pornografico Jenna Jameson) y libros Avon, el editor de “La Biblia Satánica”. En 1992 algunos del staff de Vida-Zondervan intentaron comprar nuevamente la compañía para mantener su pureza (pero ya no pudieron).


Otras corporaciones seculares siguieron la causa estableciendo secciones religiosas. La Casa Random tiene a WaterBrook y Time Warner tiene Warner Faith (Fe Warner).Haciendo dinero con la música cristiana. La misma tendencia ha ocurrido en la música cristiana, con muchas de las casas editoras cristianas contemporáneas de música habiendo sido compradas por compañías seculares. Por ejemplo, Warner Music, una división de AOL Time Warner, es dueño de discos Mirra. Time Warner, quien también posee Atlantic, Elektra, London-Sire, Reprise, y discos Warner Bros, y llevan en su lista de nombres artistas seculares del rock tales como el Green Day, Madonna, y Red Hot Chili Peppers.


El EMI Group posee a Chordant, Forfront, Star song, de Discos Gotee. Zomba Music posee Brentwood-Benson Music, el cual tiene publicado el catálogo de música cristiana más grande del mundo. Así, un porcentaje grande del dinero pagado para la licencia de música cristiana de hoy entra en los cofres de una grande corporación secular.


Zomba posee tales actos sensuales como Britney Spears, Pink y Chris Brown. Chevrolet patrocinó una de las giras de Michael W. Smith, y Ford, Coca-Cola, y el Banco de América patrocinaron el “Megafest” de T.D.Jakes.

EL ASUNTO DEL ONANISMO (MASTURBACIÓN)

 http://lasteologias.wordpress.com/2008/05/11/la-masturbacion-es-pecado/

«La masturbación, tanto la masculina como la femenina, es la estimulación de los órganos genitales con el objeto de obtención de placer sexual, pudiendo llegar o no al orgasmo. El verbo “masturbar” hace referencia a la práctica de la masturbación. Generalmente se entiende que se trata de una práctica sexual hacia uno mismo, aunque también se admite el uso del mismo verbo para la estimulación realizada sobre los genitales de otra persona con los mismos fines placenteros (como ocurre en la masturbación mutua).

La masturbación suele realizarse con las manos o mediante el frotamiento de los genitales contra algún objeto adecuado. Cada día es más común el uso de los llamados “juguetes sexuales” para obtener este tipo de excitación.

Se atribuye a Sigmund Freud el descubrimiento de que la masturbación es algo común en la infancia. Pero tiene en su contra haber creído y mantenido hasta una edad avanzada que la masturbación adulta era la causa de una de las formas de neurosis conocidas por aquel entonces bajo el nombre de neurastenia, equivalente en la actualidad a la llamada fibromialgia o fatiga crónica.

Sin embargo, debemos más al conocimiento de la sexualidad humana en la actualidad a un coetáneo suyo: Havelock Ellis. Este autor no sólo señaló que la masturbación era común en los hombres, sino que también se trataba de una práctica habitual en las mujeres de todas las edades. Además de señalar que el orgasmo múltiple era un fenómeno frecuente entre ellas.

Origen del término

Se han empleado diferentes términos a la hora de denominar a esta actividad sexual: masturbación, onanismo, autoerotismo, ipsación…, que han calado popularmente con desigual fortuna. El origen de la palabra masturbación es incierto y los especialistas aún no se han puesto de acuerdo. Sólo sabemos a ciencia cierta que era utilizada ya por Marcial, un poeta satírico hispanorromano del siglo I de la era cristiana.

Algunos hacen derivar la voz masturbación de una palabra compuesta por raíces griegas y latinas: μεζεα mezea, que significa “pene” y turba, “alteración”, “perturbación”, “excitación”. Con lo que masturbación significaría “excitar el pene” (¿qué palabra habría que utilizar para designar a la masturbación femenina?). Otros señalan que procede exclusivamente del latín: manus stuprare (violar con la mano) o manus turbare (excitar con la mano).

No hay acuerdo entre los lingüistas si bien suele preferirse manus stuprare, porque históricamente se ha considerado sucio masturbarse. Manus turbare resulta más ecléctico, e indica en qué consiste el acto, y no prejuzga ni el sexo de quien lo practica, ni si la actividad a la que se refiere es buena o mala.

A pesar de utilizarse como sinónimos, onanismo no significa lo mismo. Es una palabra que se refiere al coito interrumpido, actividad sexual que practicaba el personaje bíblico Onán con la viuda de su hermano.

La ley del levirato le exigía dar descendencia a su hermano en su viuda para que ésta no quedara desamparada (las viudas sin hijos se devolvían a su familia) al administrar los bienes que ellos heredarían del abuelo. El pecado por el que fue castigado Onan no tuvo nada que ver con el sexo, sino con la codicia. Él no quería dar descendencia a su hermano para quedarse con toda la herencia de su padre.

Afirmaciones populares acerca de la masturbación

“Los hombres se masturban más”:

Suele afirmarse que los hombres se masturban con una frecuencia semanal que es el doble de veces la de las mujeres. Pero existen investigaciones que demuestran que los hombres mienten sistemáticamente en las encuestas sexuales exagerando la frecuencia con la que acuden al autoerotismo, mientras que las mujeres mienten en sentido contrario, minimizando la frecuencia (es típica la respuesta femenina de hacerlo una vez al mes).

Si corregimos las afirmaciones de unos y otros, como han realizado algunas investigaciones serias, los datos tienden a converger: así, hombres y mujeres se masturban con una frecuencia similar.

“Los hombres comienzan a masturbarse antes que las mujeres”:

Tampoco es cierto que los hombres se inicien en la masturbación antes que las mujeres por tener un órgano sexual tan “evidente” y que tienen que tocarse a diario por razones fisiológicas e higiénicas.

Está demostrado que hay más mujeres que hombres que se inician en la masturbación antes de los 10 años de edad. Lo hacen así entre el 20% y el 42% de las mujeres, al menos, y entre el 3% y el 13% de los hombres.

También hay un 42% a 52% de mujeres que comienzan a hacerlo, como los hombres, durante la adolescencia. Por eso, las mujeres aprenden a masturbarse espontáneamente con mayor frecuencia que los hombres (lo hacen siendo más niñas y sin haber hablado con nadie del tema), quienes suelen iniciarse más tarde, tras hablar con sus compañeros o leer sobre el tema. (mujeres: entre el 57% y el 62%; hombres: 28%).

“Las personas dejan de masturbarse cuando inician relaciones sexuales”:

Otra vieja idea, falsa, que se resiste a sucumbir. Lejos de lo que afirma el tópico, los hombres y las mujeres continúan masturbándose después de establecer relaciones de pareja. Incluso aunque tales relaciones sean satisfactorias, el 75% de los varones y el 75% al 91% de las señoras emparejados continúan haciéndolo.

Se ha observado que mientras la frecuencia con la que los hombres emparejados acuden a la masturbación disminuye desde el momento que comienzan a tener relaciones sexuales y sigue descendiendo con el paso del tiempo, en las mujeres la frecuencia se mantiene igual o aumenta en la mayoría de los casos, sobre todo entre las que son más jóvenes. Esta idea contradice, igualmente, al tópico.

Las razones por la que la masturbación se mantiene entre personas emparejadas se explican más abajo.

“Quienes se masturban se aislan socialmente”:

No hay nada más incierto que eso. La masturbación no produce aislamiento. Ya se ha comprobado que la mayoría de los seres humanos se masturban y tienen relaciones sexuales sin ser por eso seres aislados.

Lo que sí sucede es lo contrario. Es decir, las personas aisladas que no saben relacionarse con los demás, sólo pueden desarrollar una forma de satisfacción sexual: la masturbación. Pero no porque recurran a ella como consuelo. Se masturban como todos los demás, pero no son capaces de desarrollar la actividad sexual que apetece compartir con otras personas; porque no son capaces de relacionarse con esas personas.

Lo primero es el aislamiento y lo secundario que se masturben. No al revés.

Masturbación, salud y psicología

Tanto para evitar los embarazos no deseados como para evitar enfermedades de transmisión sexual, la masturbación es la práctica sexual más segura. No existe ninguna evidencia científica ni médica de que la masturbación manual dañe la salud física o mental: ni hace crecer pelos en la palma de la mano, ni encoge los genitales ni afecta al crecimiento (como pensaban generaciones anteriores). Sin embargo, las personas pueden experimentar sensaciones de culpa durante la masturbación o después de la misma si han sido sugestionados en su contra con anterioridad (ver “la masturbación a lo largo de la historia” más abajo).

La masturbación es la primera forma de expresión que tiene la sexualidad humana. Y, en según qué casos, suele ser también la última. En cualquier caso, es la forma en la que el individuo se identifica como ser sexual que es, aprendiendo por sí solo a calmar sus tensiones sexuales y las de otro tipo mediante el orgasmo que produce la masturbación. Eso le sirve para crear una esfera de privacidad en la que puede refugiarse cada vez que lo necesita.

Llegada la adolescencia, el interés sexual se hace más pujante y la capacidad fantaseadora se enriquece. Es el momento en el que los sujetos aprenden a proyectar sus fantasías sexuales en otros y comienzan a desear hacer partícipes de su sexualidad a los demás (sus parejas).

Por tal razón, la masturbación y las relaciones sexuales no son excluyentes entre sí, como se creía antes, sino complementarias. Satisfacen necesidades diferentes. Las relaciones sexuales satisfacen esa parte de la sexualidad individual que se desea compartir con los demás y la masturbación constituye el refugio que permite satisfacer otras necesidades de intimidad que cada cual se reserva para sí.

Nada de eso es patológico.

El 16 de julio de 2003, un equipo de investigación australiano, dirigido por Graham Giles de The Cancer Council, publicó un estudio médico y concluyó que la masturbación frecuente en los hombres puede ayudar a prevenir el desarrollo del cáncer de próstata, y que puede ser más efectivo que la eyaculación mediante el coito, porque no hay riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, que incrementarían el riesgo de cáncer.

El informe, publicado por la revista “News Scientist”, asegura “que los hombres que eyaculan más de cinco veces a la semana entre los 20 y 30 años son un 30 por ciento menos propensos a desarrollar cáncer de próstata.

Se objeta que tales datos no dejan de ser meramente especulativos. Necesitarían mayor corroboración científica, y que se basen en un seguimiento regular de cientos de sujetos que escribieran un diario sexual. Puesto que está demostrado que los hombres refieren siempre masturbarse con mayor frecuencia de la real, es posible que la citada investigación, basada en los recuerdos de los sujetos estudiados, se encuentre sesgada por ese factor memoria.

Tradicionalmente se ha dicho que la masturbación ha producido toda suerte de daños, que la moderna sexología ha demostrado que son falsos. Conviene no caer en el lado opuesto y darle a la masturbación mayores beneficios de los que ya reporta como parte integrante de la sexualidad de las personas.”[0]

La masturbación a lo largo de la historia

La medicina moderna reconoce que la masturbación no produce daños significativos a corto o largo plazo, y la considera una práctica normal, incluso antiestresante.

A lo largo de la historia, sin embargo, siempre hubo voces que gritaron que la masturbación era un acto inmoral. Y la base de tal criterio estaba en que la masturbación impedía que la especie humana se mantuviera viva sobre el planeta. Eso era evidente en el caso de la masturbación masculina por la emisión improductiva de semen. Y en el caso de la masturbación femenina también, pues, creían, si las mujeres se masturbaban podrían alejarse de los hombres por preferir autocomplacerse.

No fue hasta el siglo XVIII que al supuesto “daño moral” que ocasionaba la masturbación se añadió el “daño físico” y comenzó a decirse que la masturbación, además de condenar las almas, ocasionaba un número increíble de enfermedades. Se idearon muchos métodos para descubrir a los niños y niñas masturbadores, y se crearon numerosos remedios contra la masturbación. Algunos de ellos era: comer regularmente copos de maíz (lo dijo el médico apellidado Kellogg, dueño de la famosa marca), guantes ásperos, aparatos especiales que impedían acceder a los genitales, descargas eléctricas, tratar los genitales con ortigas, o extirparlos quirúrgicamente.

En décadas posteriores, el terrorismo psicológico reemplazó a las otras medidas. Por ejemplo, se decía a los niños que si se masturbaban les crecerían pelos en las manos, la cara se le volvería verde, se les secaría el pene o el clítoris, se volverían locos, les saldrían granos en la cara… En los EE. UU. y otros países angloparlantes, se comenzó a practicar de forma rutinaria la circuncisión neonatal debido a un supuesto efecto preventivo contra la masturbación y la clitoridectomía a las chicas que eran descubiertas haciéndolo. Esta última se abandonó bien entrada la década de 1930, pero la circuncisión neonatal de los varones se sigue practicando (con poco éxito, dada la gran extensión de la masturbación).» [1]

El hecho de que un acto sexual como la masturbación sea muy practicado por la mayor parte de las personas (especialmente varones) no lo convierte en admisible.

El vicio solitario (masturbación) consiste en abusar del propio cuerpo excitando los órganos genitales para procurarse voluntariamente el placer hasta el orgasmo. A veces, se comienza por mera curiosidad; pero si no se corrige esta inclinación se convierte en un vicio obsesivo que esclaviza a la persona y le desinteresa por todo lo demás: como le pasa al drogadicto.

La masturbación puede llegar a ser algo obsesivo en la persona. Hace del placer sexual algo egoísta, cuando Dios lo ha hecho para ser compartido dentro del matrimonio. Conozco casos de matrimonios fracasados porque uno de los dos, esclavizado por la masturbación, se negaba a las naturales expresiones de amor dentro del matrimonio.

Quien se deja esclavizar del vicio de la masturbación puede arruinar la armonía sexual de su matrimonio. Una mujer joven se quejaba en la consulta de un médico de que su marido tenía con ella muy pocas relaciones sexuales. Él reconoció, delante de ella, que prefería masturbarse .

Quien tiene la desgracia de verse esclavizado de esta mala costumbre debe poner el mayor esfuerzo en corregirse cuanto antes. Este vicio encadena fuertemente, cada vez es más difícil desligarse de él, y cuando tiene esclavizada a una persona, la envilece, la embrutece, anula su voluntad, destroza su carácter, perturba el desarrollo de su personalidad, debilita la fe, produce desequilibrio nervioso, hace egoístas e incapacita para amar a otra persona.

No se puede abusar del organismo. La naturaleza pasa después la factura. El cuerpo humano tiene sus límites. No se pueden gastar las energías destinadas al desarrollo integral de la persona humana.

Y cuando la masturbación es un vicio esclaviza como todos los vicios.

‘Cuando la masturbación se convierte en hábito, debe ser calificada como falta de madurez. (…) Cuando la masturbación presenta síntomas de psicosis y neurosis, debe buscarse la ayuda de un profesional que la someta a un tratamiento adecuado. (…) Las fuentes que dan pábulo a la fantasía -lecturas, televisión, cine- han de considerarse como la base de muchas acciones que no deberían haber tenido lugar, si no hubiesen sido estimuladas’.

Hay maníacos sexuales que buscan el placer una y otra vez por sí mismo, y caen, como los drogadictos, en el círculo de una insaciable repetición, con el fin de superar en cada nuevo intento, las incesantes frustraciones.

‘La masturbación hecha costumbre da por lo general seres psíquicamente replegados sobre sí mismos, especialmente incapaces de elevarse a un auténtico amor sexual’ (B. HÄRING: La ley de Cristo, 3º, 3ª, I. Ed. Herder. Barcelona).

El vicio de la masturbación es causa de muchos fracasos en los estudios y en el deporte. Esto lo saben muy bien los estudiantes y los deportistas.

Cuando un ser humano se habitúa a satisfacer un instinto en una forma determinada, puede llegar a perder, a través de un mecanismo psicológico, el deseo o la atracción por todas las demás formas.

El hábito de saciar el hambre sexual de una forma anormal y viciosa, puede llegar a provocar la repelencia por el acto natural, con lo cual el masturbador entra de lleno en el campo de la incapacidad sexual psicológica.

El vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en el matrimonio, que impide acomodarse al ritmo de la mujer que es más lenta, y es causa de graves problemas en la armonía sexual matrimonial.

Los médicos americanos que habían tratado a muchachas que se masturbaban, descubrieron que después de casarse resultaban esposas frígidas.

Dice el Dr. Luis Riesgo: ‘No es inteligente considerar la masturbación como algo natural, pues causa una serie de trastornos en el adolescente. No sólo en el campo religioso, sino en el afectivo, psicológico, intelectual, etc., donde se hacen sentir sus malos efectos. (…) El que en plena adolescencia el joven sienta fuertemente el impulso sexual, tiene un profundo valor educativo.

(…). Más tarde en su vida conyugal, muchas veces tendrá que dominar sus inclinaciones’ (Dr. LUIS RIESGO: Hablando en familia, III, 5. EAPSA. Madrid).

Estas partes del cuerpo deben respetarse con delicadeza, y sólo tocarlas por necesidad, limpieza, higiene, etc. Pero nunca tocar estos órganos sólo por gusto. Con eso no se juega.

Éste es un pecado degradante, repugnante, inconcebible en una persona delicada. Sin embargo, si después te da vergüenza confesarlo, entonces la desgracia es doble e irreparable. Si tuviste la desgracia de la caída, no permitas la de la vergüenza de confesarlo. Acude a un sacerdote y ábrele tu conciencia para que te perdone y te ayude a salir de tan triste estado. Ten confianza. Tienes remedio.

Muchos empezaron esta mala costumbre sin conocer su importancia. Bien porque lo descubrieron de un modo casual, bien porque fueron enseñados por otra persona que intencionadamente quitó importancia al asunto.

Pero la masturbación es un vicio que puede esclavizar fuertemente y transformar el carácter de la persona, y hasta su ideología religiosa.

La masturbación puede llevar a perder la fe. Muchas incredulidades han empezado en la masturbación. El joven siente inclinación a masturbarse, oye que la Iglesia lo prohíbe, y siente la tentación de dejar la Iglesia que le prohíbe lo que le gusta hacer, y quizás le cuesta trabajo evitar.

Dice José Antonio Sayés:’Pero, por otro lado, no podemos olvidar que la masturbación no contribuye a la superación del problema sexual o de la tensión de un momento dado. Conduce, por sí misma, a la larga, a una erotización mayor y a una obsesión creciente, de modo que a la larga el problema no se soluciona.

El sexo, no lo olvidemos, (Chauchard no se cansa de repetirlo) está sobre todo en la cabeza. Tiene una capacidad obsesionarte tal, que la solución del problema sólo se logra cuando el hombre consigue entregar su pensamiento a tareas que le ilusionen. La solución al problema del sexo, y a una obsesión excesiva, sólo se encuentra de modo indirecto, cuando el hombre consigue centrar su pensamiento en algo que le ilusiona. He sido testigo de cómo muchachos que se han entregado con ilusión a una ocupación deportiva, incluso en presencia de chicas, o a otro tipo de ocupación, no tenían problema alguno sexual; mientras éste surgía siempre que se dejaban llevar por el ocio’.

Es fácil que quienes han contraído el hábito de la masturbación experimenten un fuerte sentimiento de culpabilidad capaz de destruir todo estímulo de vida y de producir un permanente complejo de inferioridad. El único tratamiento pastoralmente eficaz es el de procurar abrir horizontes hacia expresiones plenas de la afectividad y hacia tareas culturales, profesionales, sociales y religiosas, que den sentido a sus vidas .

La gravedad de cada acto masturbatorio no siempre es fácil determinarla pues depende de muchas circunstancias y pueden darse atenuantes de la responsabilidad. Sin embargo se debe poner un serio empeño en evitarlo por el peligro de caer en la esclavitud del hábito.

Dice Robinson: ‘Los trastornos afectivos y algunas situaciones neuróticas provocan frecuentemente manifestaciones de auto erotismo, que alcanza, a veces, un carácter convulsivo claramente psicopático…

Está comprobado que la masturbación ejerce siempre una mala influencia, sobre todo en la psicología juvenil. Debilita la fuerza de voluntad, la confianza en sí mismo, y perturba el desarrollo de la personalidad. Crea melancólicos e introvertidos y, en el fondo, egoístas. La masturbación es una satisfacción sexual egoísta, que marca a la persona y la incapacita para el verdadero amor.

La masturbación es, muchas veces, un recurso barato y triste; una compensación, un consuelilto de segunda clase por algún otro éxito de cualquier otro tipo que no hemos sido capaces de conseguir.

Con todo, no todos los actos masturbatorios son de la misma gravedad. Cuando un joven tiene interés en corregirse y pone los medios que tiene a su alcance aunque tenga caídas, éstas pueden tener atenuantes a su culpabilidad. Siempre se puede acudir a Dios pidiéndole ayuda, pues Él nunca abandona a los que acuden a Él, pidiéndole ayuda para algo bueno y conveniente. Y como dice San Pablo: ‘Todo lo puedo en Aquel que me conforta’.