EL PROBLEMA DE LA PREEXISTENCIA DE JESUCRISTO

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

Las preguntas que se han hecho los teólogos por siglos son las siguientes: ¿Preexistió Cristo antes de su nacimiento virginal,  o fue él un hombre que aparece en la historia tan sólo dos mil años atrás? ¿Es posible que él viniera del cielo dejando una existencia divina para tomar otra, humana y mortal?

 

Hay una corriente de teólogos que sostienen que Cristo no preexistió en el cielo antes de nacer de María, y que su existencia se hizo realidad en Belén sólo hace dos milenios. Antes de ese tiempo, afirman, sólo existía él en los “planes y propósitos de Dios”. Es decir, para ellos, el Antiguo Testamento sólo presenta al Mesías como el futuro Hijo de Dios que vendría a la existencia cuando naciera milagrosamente en el vientre de una mujer virgen, hecho que ocurrió hace 2,000 años. Ellos sostienen que Dios no tenía un Hijo preexistente, sino sólo en Sus planes y preconocimiento (1 Pedro 1:19,20). También ellos afirman que sólo llegaría a existir el Hijo en ocasión de su nacimiento virginal (Lucas 1:35).  Sin embargo, aunque el santo ser que nacería sería llamado Hijo de Dios, ello no implicaba necesariamente que el Hijo no preexistía antes de nacer como hombre. Ya veremos más adelante cómo Salomón hablaba del Hijo en Proverbios, un libro del Antiguo Testamento.

 

La Cuestión de la Preexistencia de Cristo

 

Lo que se acepta mayormente en el cristianismo ortodoxo es que Cristo vino literalmente del cielo cuando se despojó de su naturaleza divina celestial (“forma divina”) y tomó la naturaleza humana terrenal (“Forma de siervo humano”)( Ver Filipenses 2:6,7). Este pasaje paulino presenta a Cristo como un ser divino antes de tomar la condición humana de siervo. La tarea es preguntarse cuándo y dónde se despojó él de su naturaleza o forma de Dios para luego tomar su forma humana. Algunos creen que Cristo tenía las dos naturalezas en la tierra, pero que prefirió despojarse de la divina, para vivir plenamente como humano, para así humillarse hasta la muerte en la cruz a nuestro favor, y luego ser exaltado hasta lo sumo al ser llevado al cielo. Los que no creen que Cristo era divino y preexistente alegan que Cristo sólo existía en la “forma de Dios”, mas no que era Dios mismo. Pero si esto es verdad, entonces tampoco era plenamente humano, pues sólo tomó la “forma de siervo humano” (Filipenses 2:8,9). Para aquellos que no creen en la preexistencia de Jesús, esta interpretación tiene sabor a mitología Griega. Un Dios que abandona su divinidad para tomar la humana, sabe al Dios Zeus antropomorfo o a su hijo Hércules  (un dios-hombre) en la tierra. Para los Griegos, sostienen ellos, el Olimpo era la sede de los dioses. Para los cristianos EN GENERAL, este Olimpo es el cielo donde vive una Deidad Trina preexistente o La Santísima Trinidad. Es por esto que hay una corriente de cristianos que rechaza la preexistencia de Jesús como un Dios bajado o venido del cielo. Para éstos, Dios efectivamente envió a Su Hijo al mundo, pero esto no implica necesariamente que Jesús vino del cielo como un Dios. Por ejemplo, se nos dice que Juan el Bautista fue un enviado de Dios, según consta en Juan 1:6, pero que esto no quiere decir que Juan el Bautista bajó del cielo literalmente. El argumento parece interesante, pero cuidado. También Jesús prometió enviar el Espíritu Santo después de su partida al cielo, según Juan 16:7,8,13. Nótese que Cristo enviaría al Espíritu Santo, pero ¿desde dónde? ¡Desde el cielo! Aquí hay pues un enviado que efectivamente vendría del cielo. ¿Por qué entonces no lo sería el Hijo también? Aquí no estoy diciendo que el Espíritu Santo sea la Tercera Persona de la Trinidad, pero sí afirmo que este último vino del cielo. Tampoco estoy diciendo que Jesús es la Segunda Persona de la Trinidad. Este es otro asunto muy distinto, pues todo parece indicar que el Hijo es el Segundo después del Dios el Padre. Es decir, La mano derecha de Dios Padre. Véanse los siguientes textos importantes los cuales ubican a Jesús como inferior a Dios: Juan 10:29 y 14:28, en donde Jesús reconoce su inferioridad ante el Padre; Juan 17:3, en donde Jesús reconoce que Su Padre es el único Dios verdadero; Marcos 13:32, en donde Jesús admite no saberlo todo; Apocalipsis 3:12, en donde Jesús admite que tiene Su Dios estando ya glorificado en el cielo.

 

Los Argumentos Bíblicos en Pro de la Preexistencia de Cristo

 

Hay que ser honestos en reconocer en que hay muchos textos que hablan de un Hijo de Dios supuestamente preexistente tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamentos. Sería, por tanto, una necesedad afirmar que no hay en absoluto “evidencias” de una preexistencia en el Nuevo Testamento, aunque ciertamente se hace más difícil descubrirlo en el Antiguo Testamento. Esto, sin embargo, no significa que no hayan algunos pasajes interesantes en el canon Hebreo que apuntan hacia un Hijo de Dios preexistente. Sin embargo, son eso solamente, interesantes…y punto!

 

En Proverbios 30:4, un libro del Antiguo Testamento, encontramos esta interesante afirmación: “¿Quién subió al cielo, y descendió?¿Quién encerró los vientos en sus puños?¿Quién ató las aguas en un puño?¿Quién afirmó todos los términos de la tierra?¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?”.  Este pasaje parecería probar la preexistencia del Hijo de Dios. Sin embargo, fue Isaías, unos 300 años después, quien da a conocer el nombre que tendrá el Hijo de Dios. Esto, por sí sólo, nos indicaría que Salomón no pudo haberse referido a Jesús, porque aún nadie sabía el nombre del Hijo de Dios. Tal vez pudo referirse a Israel, a quien Dios llama “mi hijo”, o al mismo Salomón, quien también es llamado hijo de Dios). En fin, este pasaje presenta algunos problemas, y sin duda no es una evidencia de que Cristo preexistió.

 

Cristo: El Testigo Fiel

 

Este es un pasaje que a mí, francamente, me produce un fuerte dolor de cabeza, porque a Jesús se le llama el Testigo Fiel en Apocalipsis 1:5. Sin duda Jesucristo dio a conocer a Su Padre cuando estuvo en la tierra. Dice Juan 1:18 de este modo: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Y  en Juan 6:46 Jesús dice: “No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; este ha visto al Padre”.

 

Ahora bien, algunos me preguntan: ¿Qué es un Testigo? Pues yo les digo que es alguien que da fe de algo que ha visto y/u oído sobre algún asunto. Un testigo de un crimen es aquel individuo que ha visto con sus propios ojos un delito, como un asesinato, un robo, un cohecho, una estafa, etc. Si un individuo no ve con sus propios ojos algo de esto, no puede ser un testigo confiable. Uno no puede decir que es un testigo si no le consta un hecho cualquiera. No puede decir: “me dijeron”, “me contaron”, “se dice por allí”, “hay rumores”, etc. Él debiera decir: “yo lo he visto” o “yo estuve presente en el hecho”. Igual sucede con Jesús. Él es un Testigo de Dios y de la Verdad. Él no vino a darnos a conocer a un Dios que desconocía o que nunca vio ni oyó. Él dio testimonio de Dios a quien él conoció “personalmente”. Si no fuera así, ¿cómo podría dar testimonio de alguien que no vio ni conoció con sus propios ojos? Entonces es claro que Cristo tuvo que haber estado eventualmente en el trono de Dios para darnos a conocer a Su Padre. No hay otra forma, salvo que haya sido en visiones, lo cual podría ser factible como ocurrió con Pablo (2 Cor 12:1-4).  Jesús supo cómo es Su Padre porque “estuvo con él” en algún sentido desde el comienzo de su ministerio. El “bajó simbólicamente del cielo” para revelarnos al verdadero Dios. Honestamente este pasaje presenta un problema para cualquiera que rechace la preexistencia de Cristo, aunque no es un dilema insalvable para mí como un expositor de la no preexistencia del Hijo, para otros es un exto difícil, y es comprensible. 

 

Además, a sus discípulos Jesús les dijo: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que VIO Y OYÓ, esto testifica; y nadie recibe su testimonio” (Juan 3:31,32). Nótese que Jesús dice que su testimonio se basa en lo que VIO Y OYÓ en el cielo. Para eso él “bajo del cielo”, para dar a conocer a Su Padre Dios, a quien vio y oyó desde el principio. Claro que también toda dádiva buena (como una idónea) desciende de lo alto…y esta es una manera figurativa de hablar.

 

Pues bien, nótese la similitud entre el testimonio del Hijo, y el testimonio de sus discípulos. En otra ocasión Jesús les dijo a sus discípulos, los cuales se convertirían en sus testigos, lo siguiente: “Y vosotros daréis TESTIMONIO TAMBIÉN, porque habéis estado conmigo DESDE EL PRINCIPIO”(Juan 15:27). Estas palabras de Cristo son profundísimas, pero no difíciles de comprender. Nótese que los apóstoles darían testimonio TAMBIÉN  del mismo modo que Jesús lo había hecho con Su Padre celestial—-¿por qué?— ¡Porque habían estado con él “PERSONALMENTE” desde el PRINCIPIO de su ministerio, así como Cristo lo había estado en los planes de Su Padre desde el principio de su ministerio! En resumen, Jesús dio testimonio del Padre porque había estado en su pensamiento desde el PRINCIPIO DE TODO, y ahora los discípulos harían lo mismo con Jesús porque habían estado con él desde el PRINCIPIO de su ministerio. Este es un texto que es complejo y que escapa a nuestro escrutinio.  

Jesús Y el Rey Salomón

 

Resulta difícil de creer que Jesús no haya conocido a Salomón personalmente cuando prestamos atención a lo que dijo el Señor sobre este rey de antaño: “Pero yo os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos” (Mateo 6:29). Ahora bien, es verdad que se conocía entre los judíos acerca de la gloria del rey Salomón en los tiempos de Jesús. No obstante, ¿no sería posible que Jesús estuviera dando testimonio de la gloria y magnificencia del rey Salomón (unos siete siglos AC) porque él fue testigo de su gloria? Podría ser, pero no es seguro. La fama de Salomón fue conocida por todos los Judíos de todos los tiempos.

 

Jesús conocía la Vida Intima de los Ángeles

 

Otros de los pasajes que me crean un problema para mi posición de no preexistencia es la declaración de Jesús, que dice: “…porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Juan 18:10). La pregunta es: ¿cómo sabía Jesús que los ángeles de Dios siempre ven Su rostro? Pudiera darse el caso que sólo eventualmente vieran los ojos de Dios y no siempre. Esto hace pensar que Jesús hablaba de algo que sabía pues había probablemente estado en el cielo frente a los ángeles de Dios en un extasis.

 

En otra ocasión Jesús dijo de los ángeles: “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales que los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lucas 20:34-36). Aquí surge nuevamente la pregunta de cómo sabía Cristo de que los ángeles en el cielo no se casan. ¿Es probable de que Jesús hubiera preexistido en el cielo para saber esto con seguridad? No necesariamente. Pudo haberlo visto en una visión.

 

También dijo Jesús: “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10). Aquí Jesús estaba asegurando la alegría angelical cuando alguien se arrepiente de su pecado. La pregunta surge inmediatamente: ¿cómo lo sabía Jesús?¿ Será que él lo sabía porque había visto gozarse a los ángeles, cuando, por ejemplo, vio el arrepentimiento del rey David o de los pobladores de Nínive? No, necesariamente, pudo haberlo visto en visiones.

 

Jesús Conocía la Casa del Padre Celestial

 

Jesucristo reveló a sus discípulos cómo era la casa de Su Padre mientras estuvo en el cielo en su vida preexistente. El dio las características de la casa de Dios con estas palabras: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho...” (Juan 14:2). Sí, Jesús sabía que en el cielo él y Su Padre comparten una magnífica casa con muchísimas habitaciones. A él no se lo contaron seguramente, y más bien pareciera que él la vio mientras vivía con el Padre en el cielo. Sin embargo, pudo suceder que él la viera en alguna visión mientras estaba en la tierra, pero no tenemos prueba para sostener categóricamente eso.

 

Cristo Regresó al Cielo desde donde Bajó

En Juan 6:62 Jesús dice: “Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?”. ¿Qué se supone que Jesús quiso decir con esto? Aquí Jesús hablaba con sus discípulos, aunque algunos aún no creían en él. Es decir, no creían que él había bajado del cielo para convertirse en el maná y el pan espiritual (vs. 51-58). No aceptaban su “preexistencia” y su “bajada”  del cielo como el maná que cayó del cielo en el desierto. Entonces Jesús los reta cuando les dice a los incrédulos lo que ellos entonces pensarán de él cuando ascendiera al cielo y ellos lo vean con sus propios ojos subir al Padre. Entonces quedarán avergonzados por su incredulidad (v.62). Es decir, si no aceptaban su venida del cielo, menos podrían aceptar su regreso personal al cielo.  Sin embargo, algunos teólogos dirían que Cristo hablaba de ascender al lugar que había estado primero (a Jerusalén) estando en Galilea en las costas. Recuérdese que Galilea y Jerusalén estaban separadas por una cierta distancia y altura.

 

Jesucristo es Antes que Todas las Cosas Hechas

 

El apóstol se expresó así de su Mentor Jesucristo: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sen tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:15-17).

 

Notemos que Pablo contemplaba a la persona de Cristo como un ser que “preexistió” antes que todas las cosas creadas. Es más, por medio de él fueron creadas todas las cosas, y son para él. Por otro lado, él es el primogénito (prototokos) de toda creación, o aquel que es sobre toda la creación, el que tiene la preeminencia. Recordemos que Isaac era el “primogénito” de Abraham, aunque Ismael era el mayor. Entonces la primogenitura de Isaac no implicaba que él era el primero en el tiempo o el primero en ser engendrado, sino el superior en clase o rango. El caso de Esaú y Jacob es otro interesante ejemplo. Se sabe que Esaú era el primogénito de Isaac, pero Jacob le arrebató la primogenitura a su hermano mayor, y por un plato de lentejas Jacob convirtió en el verdadero primogénito. Entonces, ser primogénito en la Biblia no implica primero en el tiempo necesariamente, sino primero en rango o autoridad. Este pasaje es usado por los que creen en la preexistencia de Cristo, pero que en realidad no prueba nada de una preexistencia de Cristo.

 

En Juan 3:13 Jesús hace una misteriosa afirmación que deja pasmado a cualquiera. Él dijo: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”. En realidad la última parte del texto que dice: “que está en el cielo” es una interpolación o añadidura que no se encuentra en los más antiguos  manuscritos. Lo que en verdad dijo el Señor Jesús fue: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre”. Nótese que Jesús admitió haber subido al cielo con anterioridad a su resurrección y ascensión desde el Monte de los Olivos. Examine con cuidado éstas, sus palabras, para entender el mensaje. Estas podrían implicar que él pudo haber estado en la tierra por lo menos en una ocasión antes de su nacimiento en Belén, pero no hay forma de probarlo.

 

En Efesios 4:8-10 leemos: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra. El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”. Nótese que el que descendió del cielo es el mismo que aquel que ascendió al cielo. El Jesús que “descendió” del cielo, es el mismo de aquel que ascendió al cielo. Pero si Jesús verdaderamente no bajó del cielo personal y literalmente hablando, me pregunto: ¿cómo puede ser que aquel que subió al cielo el mismo Jesús  que  bajó, si él supuestamente nunca bajó literalmente del cielo? Estoy meramente especulando o elucubrando, pero puedo equivocarme.

 

En fin, aún quedan interrogantes por responder, y aunque Jesús pudiera haber preexistido en el cielo, esto no significa que él fue parte de una Santísima Trinidad. Este es otro asunto muy diferente.

 

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¿ES ACASO UNA HEREJÍA IMPERDONABLE NEGAR LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD?

 

“Creo que deberíamos advertir que el “apologista” Mario Olcese NO es un apologista sino un falso cristiano ARRIANO, desgraciadamente son muchos los cristianos que lo siguen, sobre todo los que se dedican a “cazar herejías”. (http://www.foroekklesia.com/showthread.php?t=51911)

 

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

Fe y Razón

¿Es justo que se le imponga a alguno una doctrina supuestamente cristiana como es la Trinidad cuando ésta no fue formulada y creída como tal sino recién en el siglo IV después de Cristo? ¿Es posible que alguno pueda creer en algo que no le encuentra sentido o que simplemente no logra entender por sus inconsistencias o contradicciones? Nadie puede ser obligado a creer en algo que no comprende, pues es imposible hacerlo. Ahora bien, ¿por qué es que a mí no se me hace fácil creer en un Dios invisible? Simplemente porque su existencia me parece perfectamente razonable, viable y necesaria. El apóstol Pablo hace una reflexión que me parece que es muy simple pero a la vez muy oportuna y muy lógica. El dice: Porque toda casa es construida por alguno, pero el que hizo todas las cosas es Dios (Heb. 3:4). Este razonamiento del escritor de Hebreos nos sirve para la reflexión y para aceptar confiadamente de que hay un Dios que hizo todo el universo. De modo que es a través de esta simple inferencia lógica que cualquier hombre sensato puede llegar a aceptar la existencia de un Dios Supremo y Todopoderoso que creó todo. De allí que los ateos y los agnósticos son culpables por su terquedad, porque no quieren aceptar este simple razonamiento lógico. Dios dice: “Goteará como la lluvia mi doctrina; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, Y como las gotas sobre la hierba” (Deut. 32:2). Así que las doctrinas de Dios van de la mano con la razón, pero si hay algunas que carecen de ella, es decir, que no son razonables, no son doctrinas de Dios. Estoy convencido de que toda doctrina de Dios es siempre razonable y comprensible para el hombre entendido. ¿Pero podemos decir lo mismo de la doctrina de la Trinidad? Si fuera tan clara, ¿por qué siempre está en el debate? Claro que las otras perspectivas sobre Dios están también en el debate erudito, pero para mí, la doctrina de la Trinidad es la que más presenta incoherencias y la que más provoca disputas y formulaciones enmarañadas.  Y si por decir esto mis detractores me llaman “hereje” o “apóstata”, entonces lo siento por ellos. Tal vez ellos tengan la suficiente inteligencia y entendimiento divinos para asimilar la Trinidad, pero yo, francamente, no tengo esas habilidades.

Jesús no creyó en la Trinidad

Si la Trinidad es una doctrina fundamental del cristianismo, ¿por qué no la definieron claramente Jesús y sus apóstoles? ¿Por qué tuvo que esperarse hasta el concilio de Constantinopla en el siglo IV para que los obispos de la iglesia la definieran tal como la conocemos hoy? ¿Y nos hemos puesto a meditar en todo ese léxico erudito, en todas esas formulaciones y elucubraciones intrincadas que suelen emplear los teólogos trinitarios para explicar dicha doctrina y que nos resulta en un verdadero rompecabezas? ¿Pero puede alguno esperar que personas de poca educación puedan entender o creer de todo corazón en la doctrina de la Trinidad cuando escuchan toda esa fútil verborrea erudita? ¡Francamente no lo creo!

El Señor Jesucristo dio mucha importancia al entendimiento que procede de la razón, pues sin una comprensión cabal de una exposición no se puede aceptar cualquier doctrina o enseñanza. ¡Pero Jesús sí era un Maestro con pleno conocimiento de las cosas! El evangelista Lucas nos dice del entendimiento de Jesús, así: “Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas (Lucas 2:47). Ahora bien, ¿Tuvo Jesús pleno entendimiento de la doctrina de la Trinidad? ¿Qué pensó él de sí mismo y de su relación con Su Padre? ¿Creyó él que era  igual que Su Padre, o que era el Segundo Dios Todopoderoso y eterno, digno también de adoración? Las evidencias bíblicas parecen descartar tal posibilidad.  Jesús mismo fue muy simple y claro cuando dijo: “El Padre mayor es que yo” (Juan 14:28). Si esto no es claro para usted, entonces no sé qué otras palabras pudo haber pronunciado Jesús para aclarar la superioridad de Su Padre frente a él. Sin embargo, los Trinitarios nos dicen que Jesús en este pasaje simplemente hablaba como un hombre, y que fue por eso que él dijo que Su Padre es mayor que él. Pero este razonamiento es falaz a todas luces porque es evidente que todo hombre es inferior o menor que Dios, y nunca iguales. Así que tal argumentación es tonta e inútil. Es como si yo dijera: ¿Saben?, ¡Dios es mayor que yo!”…¿y qué nuevo estaría diciendo? ¡Nada!, pues siempre el hombre es menor que Dios. Recuerde que Jesús quiso que sus seguidores le entendieran bien, y para ello él hizo uso de parábolas, recurriendo a situaciones y experiencias comunes de la vida diaria de los hombres para explicarse mejor. El se cuidó de que sus discípulos no le malentendieran cuando les enseñaba (Mat. 15:16). También es oportuno recordar que él nunca empleó un lenguaje erudito e intrincado para que la gente entendiera sus doctrinas. Eso está bien para los teólogos teóricos que gustan de romperse el cerebro elucubrando e especulando sobre lo que no pueden entender, influenciados por la metodología de la filosofía Griega.

En una ocasión Jesús dijo algo que desafía a todos los que estudiamos la doctrina de su supuesta deidad,  y que nos induce indefectiblemente a creer que la Trinidad no era parte de su creencia o fe. En Juan 17:3 Jesús tajantemente rechazó ser el único Dios verdadero, cuando dijo: “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado”. Aquí Jesús dice que el Padre es el único Dios verdadero, y luego él se presenta como el enviado de ese único Dios verdadero. Así que con esta enseñanza simple él se excluye automáticamente de la única Deidad bíblica que es Su Padre. ¿Pero por qué no le creen los Trinitarios a Jesucristo? ¿Por qué insisten en considerarlo Dios verdadero de Dios verdadero? ¿Es que acá también Jesús hablaba como hombre? ¿Acaso debemos intuir por nosotros mismos cuándo Jesús hablaba como hombre y cuándo como Dios para interpretar sus palabras? ¡No lo creo! Para mí, esa excusa de que Jesús “hablaba como hombre” en Juan 14:28,  Juan 17:3 y en otros textos semejantes que lo humanizan y lo colocan por debajo del Padre, no tiene cabida en mi mente. A mí me parece que en todos estos textos bíblicos que incomodan a los Trinitarios, Binitarios, y a los Modalistas, nos brindan una enseñanza clara y simple de quién es Dios, y que hasta un niño de 5 años fácilmente la puede entender, y esa es  que sólo hay UN Dios verdadero que es el Padre, y un Señor Jesucristo que es Su Hijo, Su enviado, pero no un Dios verdadero.

Yo estoy convencido de que muchos textos esgrimidos por los Trinitarios pueden perfectamente ser refutados por los Unitarios con las mismas Escrituras. En mi folleto sobre la Trinidad yo he hecho un análisis de la mayoría de aquellos textos “difíciles” exhibidos por los Trinitarios y los he explicado “sencillamente” y sin muchas elucubraciones eruditas.   

Afinando el Entendimiento

El apóstol Pablo le dice a Timoteo, lo siguiente: “Considera lo que digo; y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Timoteo 2:7). Sí, Pablo deseó que Timoteo adquiriera entendimiento en todo, ¿pero hubiera entendido el joven Timoteo la doctrina de la Trinidad si se la hubieran predicado tal como se la presenta hoy en las iglesias por los eruditos bíblicos? ¿Hubiera sido él realmente un Trinitario y no un Unitario como todo buen descendiente de Judío? Recordemos que para Pablo, Dios no es un Dios de confusión, sino de orden. No obstante, para este humilde servidor, el “Dios Trino” es un Dios confuso que no se le puede definir apropiadamente y que genera inevitablemente un gran dilema para los mismos cristianos, y más aún, para los judíos y musulmanes monoteístas por igual. No creo que Pablo hubiese sido un Trinitario cuando claramente él mismo les dijo a los corintios, lo siguiente: “Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. 5 Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), 6 para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él (1 Cor. 8:4-6). Si para Pablo el único Dios es el Padre, y nadie más, ¿podría él acaso haber creído en la Santísima Trinidad? ¿Qué piensan ustedes? La convicción de Pablo sobre Jesucristo fue clara: El Señor Jesucristo es un hombre que es Mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2:5). Si Para Pablo el Señor Jesús era el Mediador entre Dios y los hombres, entonces él no pudo haber creído que Jesús era Dios Todopoderoso. Además, Pablo sabía que el mismo Señor Jesucristo tenía su cabeza, y que ésta era Su Padre Dios. Así les dice a los corintios: Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Por tanto, considerando todas estas claras evidencias bíblicas, mal haríamos en afirmar que Pablo era un binitario o un Trinitario confeso. Por si acaso, hay muchos otros pasajes paulinos en donde claramente se puede deducir que Pablo nunca hubiera sido un Trinitario si él viviera hoy entre nosotros (ver también Efe 4:6; Rom. 15:6;1 Cor. 3:23;1 Cor. 15:28; 2 Cor. 1:3; 2 Cor. 3:4; 2 Cor. 11:31; Gál. 3:20; Efe. 1:3; Efe. 1:17; Efe. 4:6; Fil. 2:6; Col. 1:3; 1 Tim. 1:17; etc).

Por otro lado, ¿cómo puedo aceptar que nuestro Señor sea la Segunda Persona de la Trinidad en el cielo cuando lo vemos en el cielo recibiendo revelaciones de Su Padre? ¿Cómo puede un “Dios Hijo omnisciente” recibir revelaciones de Dios Padre de cosas que él ignoraba estando ya en el cielo mismo? (Ver. Apo. 1:1) ¿Y cómo puede un Dios Hijo, la supuestamente Segunda Persona de la Trinidad, llamar al Dios Padre como “Mi Dios” 4 veces en Apocalipsis 3:12 si él es Dios como Su Padre? ¿Puede un Dios verdadero tener Su Dios verdadero? ¿Tiene esto sentido para alguno de ustedes? ¡Para mí, no! Así que no me tilden de hereje por rechazar la Trinidad sabiendo que tengo mis buenas razones para ello. Pero aclaro que el hecho de que yo me confiese unitario no me  convierte automáticamente en arriano. Yo no soy arriano, y no lo seré nunca. 

La Importancia de la creencia correcta

Cuando Jesús tuvo una entrevista con un escriba, éste le pregunta: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle”.

En este pasaje, un escriba (un copista de las Sagradas Escrituras y también el doctor e intérprete de la ley), que estaba muy consciente de la shema (Deut 6:4) le pregunta a Jesús cuál es el principal mandamiento de  todos y Jesús le responde que el principal mandamiento es: “Oye, Israel; el Señor, nuestro Dios, el Señor uno (echad) es”…Con esto el escriba le replicó al Señor diciéndole que él ha hablado con verdad de que uno (echad) es Dios, y entonces Jesús viendo que el escriba le respondió sabiamente, le dijo que no estaba lejos del reino de Dios. ¿Qué podía significar uno (echad) para el escriba y para Jesús? ¿Acaso un Dios Trino? No, pues el shema dice: El Señor (singular) nuestro Dios, El Señor (singular) uno (echad) es”. Nótese que no dice: “Los Señores, nuestro Dios (compuesto), los Señores uno es”. Este asunto es importante, porque para entrar al reino de Dios, que equivale a obtener la salvación, es necesario tener un concepto preciso de cuál es el Dios a quien debemos amar, servir y adorar. Para Jesús, se está en el sendero del reino de Dios cuando creemos en que sólo hay una Persona en la Deidad.

Hay que seguir el consejo de Pablo que dice: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo (Fil. 1.9)”. Aquí Pablo desea que aprobemos lo mejor en ciencia y en conocimiento para presentarnos irreprensibles en el día de Cristo. Pero alguien puede aprobar una doctrina que finalmente es incomprensible y un misterio absoluto? Debemos tener un conocimiento de las cosas para no vivir engañados. La verdad hace libres a los hombres, no las especulaciones y las divagaciones teológicas. Jesús, dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños(Mateo 11:25). Sí, amigos trinitarios,  aunque parezca increíble, Dios reveló a los niños Su verdad, y las escondió de los llamados sabios y entendidos de este mundo, de aquellos que se precian de ser eruditos y doctos en las letras y en las ciencias. Así que difícilmente Dios se hubiera revelado a los niños de mente y corazón con intrincadas elucubraciones filosóficas para darse a conocer a ellos. ¿Qué es más fácil para un niño creer, que Dios es uno solo llamado el Padre, o que Dios es Tres “Personas-Dioses” diferentes que comparten una misma esencia? Sin duda alguna, la primera propuesta. Si para un adulto la propuesta Trinitaria es intrincada, ¿cómo no lo será para un niño?

Lo que verdaderamente significa la vida eterna

Jesús fue bien claro al decir que la vida eterna se obtiene conociendo a dos personas diferentes: a Dios el Padre como el único Dios verdadero, y a Jesucristo, el Hijo, como Su enviado (Véase Juan 17:3). En realidad Jesús estaba recordando y reafirmando la Shema de los Judíos, de que Dios es UNO solo, el Padre. Y si uno acepta esta verdad suprema, entonces uno está andando en el sendero que lleva a la vida eterna. Por eso Santiago dijo: “Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 1:9). Para Santiago, el creer que Dios es uno solo es proceder bien, ¿pero qué sucede cuando alguien dice que Dios es Tres Personas en una? Pues, ¡mal hace!— ¡Así de simple es la cosa!

Termino diciendo que no hay ningún pasaje bíblico que nos diga que rechazar la doctrina de la Trinidad nos traerá la condenación eterna. Esa creencia la inventaron los trinitarios fanáticos que nos quieren hacer creer lo que no se puede entender. Personalmente nunca podré aceptar lo que no entiendo cabalmente. Es necesario que lo que uno recibe como doctrina sea razonable, entendible, y lógica, de lo contrario será una fe débil y vulnerable a los ataques de los adversarios.

 

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