UN APOLOGISTA CRISTADELFIANO INTENTA REFUTAR LA CREENCIA DE UN DIABLO ANGÉLICO

 

 

PRIMERA REFUTACIÓN DEL SR. MARTINEZ:

 

Sr. Olcese (Apologista): He leído detenidamente su estudio sobre el diablo, que Ud. tuvo la gentileza de hacerme llegar. A primera vista, los pasajes de las Escrituras que Ud. usa parecerían respaldar su punto de vista, pero al examinarlos más de cerca, el mensaje que surge muestra una historia diferente. Su estudio es muy extenso y recopila casi todos los textos que usan aquellos que como Ud. creen en la existencia literal del diablo de la creencia popular.

 

¿Qué clase de naturaleza se supone que posee este ángel caído? Se dice que tiene la clase de naturaleza que asociamos con los ángeles; una naturaleza espiritual. Esto inmediatamente crea un problema. Según el Señor Jesús, los ángeles no mueren. Hablando de “los hijos de la resurrección”, él dice que “no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles” (Lucas 20:36). Por lo tanto, si el diablo posee la naturaleza de un ángel, debe ser inmortal. No obstante, las Escrituras, como en Hebreos 2:14, hablan de la destrucción del diablo.

 

El problema no termina aquí. Aunque los ángeles no mueren, ellos no son inmortales por derecho propio, por decirlo así. Ellos derivan su inmortalidad de Dios. El apóstol Pablo expresa esta verdad esencial cuando dice que Dios es “el único que tiene inmortalidad” (1 Timoteo 6:16). ¿Es concebible entonces que Dios, la única fuente de inmortalidad, permitiría que un archienemigo derivara vida de él y se convirtiera en inmortal? Robert Roberts ha dicho aptamente que “un rebelde inmortal es una imposibilidad…. El diablo de la Biblia es un pecador (1 Juan 3:8), por consiguiente, el diablo no puede ser inmortal”. Algunos protestan, diciendo que no creen que el diablo vivirá para siempre. Pero el Señor Jesús dijo que los ángeles no mueren.

 

Respuesta de apologista:

Estimado Sr. Martínez, voy a responderle por partes, ya que es algo extensa su refutación. Primero, percibo que usted quiere vincular al dIablo con alguno más que no sea un ángel caído. Debo decirle, sin embargo, que yo creo que todo ángel caído es un espíritu, y como tal,  es un enemigo que se mantiene invisible mientras no se materialice.  

Con relación a su texto de Lucas 20: 35, 36 hay que estudiarlo con cuidado. En la Versión Reina-Valera 1995, dice: “Pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento, porque ya no pueden morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección. Nótese que dice que los resucitados no se casan porque ya no pueden morir (antes, en la carne, los hombres eran mortales y debían mantener su raza por la reproducción). ¡Esta es la razón por la cual no se casarán los que resuciten!  Por eso me pregunto: ¿Son los resucitados iguales a los ángeles porque ya no se casan ni mueren o simplemente porque no se casan? En todo caso, si admitimos que se refiere a ambos aspectos, debemos asentir al mismo tiempo que acá no dice que los resucitados serán inmortales como los ángeles, sino que simplemente no pueden morir como los ángeles. Ahora bien, lo curioso del caso es que ni Mateo, ni Marcos, que registran el mismo acontecimiento, mencionan la supuesta inmortalidad de los ángeles. Leamos por ejemplo Mateo 22:30: “Pues en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo”. ¿Dónde está la supuesta inmortalidad de los ángeles acá? ¿Por qué lo omite el evangelista Mateo? Es evidente que para él la igualdad de los resucitados con los ángeles de Dios reside en que no contraen nupcias matrimoniales porque ya no morirán. ¿y qué diremos del registro de Marcos? Pues él escribe lo siguiente: “Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles que están en los cielos” (Marcos 12:25). ¿Dónde está la inmortalidad de los ángeles en el testimonio de Marcos? Pues simplemente no existe! Parece que Marcos consideró, al igual que Mateo, que la similitud entre los resucitados y los ángeles reside en el celibato de ambos, sin incluir la supuesta “inmortalidad” de los ángeles. No olvidemos el peso del testimonio de dos o más testigos.

Ahora bien, yo creo que los ángeles no mueren mientras éstos no pequen. Y es que si los ángeles de Dios (ojo: DE DIOS, no los de Satanás, quien también tiene sus propios demonios o ángeles caídos que le siguenver estos dos grupos de ángeles en Apo. 12:7) no mueren es porque no pecan. Y si no pecan no es porque no puedan pecar, sino porque no quieren pecar. Por otro lado, usted bien dice que  el único que tiene inmortalidad (es Dios), que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén”. Si esto es verdad, lo cual no dudo, entonces los ángeles de Dios (ojo: “DE DIOS”), si bien no mueren, no son inmortales, porque sólo el Eterno es inmortal (vea Mateo 22:30 y comprobará que sólo los ángeles de Dios— ojo: ‘DE DIOS’ — son los únicos que no mueren…¡no todos los ángeles existentes, tanto de Dios como de Satanás!). Este punto es importante para considerar y no olvidar toda vez que hagamos un análisis de la supuesta inmortalidad de los ángeles.

Así que a mí entender, los ángeles DE DIOS no pueden morir mientras mantengan una relación impecable con el Creador (aquí está en funcionamiento el libre albedrío). Yo, por ejemplo, no puedo morir (digamos, de SIDA) mientras yo mantenga el virus del VIH lejos de mí por medio de llevar una vida impecable de pureza y rectitud según los dictados del Eterno. El hecho de que los ángeles no puedan morir no quiere decir que sean inmortales. No hay ningún pasaje que diga que los ángeles son inmortales o que fueron creados inmortales. También Adán y Eva no estaban sujetos a la muerte mientras conservaran una relación impecable con el Creador. Y de hecho los primeros padres hubieran estado vivos aún hoy con  nosotros si no hubieran pecado. El pecado trae la muerte, y si los ángeles DE DIOS no mueren es porque no han pecado. Si pecan, mueren. ¿O es que la paga del pecado no es la muerte? El diablo y sus ángeles, en cambio, están condenados a la muerte o a la destrucción (Heb. 2:14) precisamente porque pecaron (ver 1 Juan 3:8, “el diablo peca desde el principio”). Recuerde, la paga del pecado es la muerte, y muerte implica mortalidad, no inmortalidad en el infierno. El problema con usted, y con los cristadelfianos en general, es que quieren siempre asociar al diablo, no con un ángel caído, sino con un humano mortal malvado, y es allí donde comienza la confusión.

SEGUNDA REFUTACIÓN DEL SR. MARTÍNEZ

Entonces, ¿quién o qué es el diablo, Sr. Olcese?

No puede haber duda de que el concepto popular del diablo se debe en gran medida a la obra de John Milton, Paraíso Perdido. Pero cuando pedimos evidencia bíblica que apoye esa idea, se nos dirige a diversas partes de la Biblia. Así que empecemos por el principio:

La Serpiente de Edén

Primero se nos guía hacia el huerto de Edén. Ahí leemos el relato acerca de la tentación y la caída. Preguntamos en dónde hemos de encontrar al diablo de la creencia popular en ese episodio. Se nos señala al tentador. Lo miramos, pero sólo vemos a una serpiente, un animal. Decimos: “Aquí está el tentador, pero, ¿dónde está el diablo? Se nos dice que la serpiente era el diablo en forma de serpiente, o que el diablo había tomado posesión de ella, y hablaba a través de ella. Pedimos prueba de esto, pero no se nos da ninguna, excepto la afirmación de que es improbable que una serpiente hable por sí misma. La idea de que la serpiente era el diablo de la creencia popular en forma de animal es totalmente gratuita. No tiene respaldo ni siquiera de una sola insinuación de esta idea en toda la Biblia. Es un genuino ejemplo de la tradición. Y la única clara alusión al episodio de Edén desaprueba la idea de una “posesión”. Se halla en 2 Corintios 11:3, donde, expresando sus temores de que los creyentes pierdan su constancia al enfrentarse a pruebas, dice: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”. Aquí Pablo reconoce única y exclusivamente a la serpiente como el tentador, y él atribuye su poder a su “astucia”.

Sin duda es un sentimiento natural que sintamos aversión ante la idea de que una serpiente haya desempeñado la parte inteligente del tentador de Eva en el huerto de Edén. Pero dejemos que actúe la razón, y ese sentimiento desaparecerá. Aparte de Adán y Eva, la narrativa no acepta nada más que a la serpiente. Añadir el diablo a la serpiente es ir más allá del relato. Es cierto que una serpiente con la facultad de hablar no se ha descubierto en los anales de la historia natural; pero esto no excluye la posibilidad de semejante criatura en aquella ocasión, si las circunstancias lo requerían. Es una simple cuestión de un mecanismo de la garganta, y los nervios de voluntad propia necesarios. Por supuesto, no está en el poder humano producir semejante mecanismo, pero sólo un necio limitaría el poder divino para hacerlo. Está auténticamente consignado (y Pedro nos da garantía de que podemos confiar en el relato), que un asno mudo recibió la facultad de hablar a fin de reprender la locura de Balaam (Números 22:28), y no hay ni más ni menos dificultad en que haya hablado una serpiente. El loro nos ofrece el caso de una criatura que habla sin ideas. La serpiente edénica tenía tanto las ideas como la facultad para expresarlas.

En esto no hay ningún detalle del caso que sea imposible de aceptar. Había necesidad de poner a prueba la obediencia de Adán y Eva, y esto requería la plausible seducción de un tentador externo, y la serpiente proporcionó la prueba. Si se les hubiera dejado a su criterio, la obediencia habría sido por costumbre; pero no es esta clase de obediencia lo que complace bien a Dios. La obediencia bajo probación es lo que agrada a Dios. La probación fue una disposición divina con un objetivo divino. El mismo principio quedó ilustrado muchos años después, cuando “probó Dios a Abraham” (Génesis 22:1), es decir, lo sometió a prueba, requiriéndolo que realizara algo que en la superficie parecía incompatible incluso con los propósitos de Dios en el caso.

En esto no hay contradicción con la desaprobación de Santiago para aquel que diga que “es tentado de parte de Dios” (Santiago 1:13), porque en el caso del discurso de Santiago, es un asunto de seducir para hacer el mal por el mal. Dios nunca hace esto a un hombre justo; él lo prueba, y es en este sentido que lo “tienta”, lo cual es bien diferente.

Este enfoque del caso armoniza con el hecho de que la serpiente estaba clasificada con “los animales del campo que Jehová Dios había hecho”. También armoniza con la sentencia que se aplicó a la serpiente: “Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias… polvo comerás todos los días de tu vida” Génesis 3:14). Una sentencia inexplicable si aceptamos la hipótesis de que la serpiente o era el diablo en forma de serpiente, o que la serpiente fue un instrumento pasivo y sin responsabilidad en manos del poder del diablo. La sugerencia de que el adversario sobrenatural de Dios y del hombre haya podido, con malévolas intenciones, entrar en el feliz entorno de Edén, se debe descartar como una anomalía; un injerto pagano a una narrativa sencilla, razonable y divina.

Estoy consciente de que los ‘diableros’ tienen todo un catálogo de textos que ellos creen que apoyan sus pretensiones. (Sé que la palabra ‘diablero’ no existe en nuestro idioma, pero a falta de un término que represente bien a todos aquellos que creen en la existencia del diablo de la creencia popular, tuve que acuñar esta palabra. Por supuesto sin intención de ofender a nadie, sino más bien por comodidad idiomática. ¡Que don Miguel de Cervantes y Saavedra me perdone por esta ‘diablura’!). Pero contestarlos todos ahora convertiría esta respuesta en un librito. Por ahora unos pocos bastará:

1 Juan 3:8 –”El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”.

Entendiendo que la palabra diabolos (que en la mayoría de los caso se ha transliterado como ‘diablo’), expresa el estado de la mente acusadora o carnal, la declaración de Juan es convincente: “El que practica el pecado es del diablo”, es decir, del falso acusador, el cual actúa en armonía con su naturaleza animal sobre la que el espíritu no tiene control (por lo tanto, es carnal).

“Porque el diablo [diabolos] peca desde el principio”. Sí, pero ¿qué principio? En el versículo 11, Juan dice que aquellos a quienes él escribió habían oído el mensaje “desde el principio”. De modo que la palabra “principio” se debe interpretar a la luz del contexto, que en este caso se refiere al principio de la predicación del evangelio inaugurada por el Señor Jesús, “para deshacer las obras del diablo”.

Efesios 4:27 — “Ni deis lugar al diablo [falso acusador]“. Este pasaje, donde ocurre la palabra “al diablo”, sería más entendible para el público en general, si se vertiera conforme a la interpretación correcta, o sea, como ‘calumniador’ o ‘falso acusador’. El apóstol Pablo está recomendando a los efesios que realicen todos los deberes sociales de manera tal que no den causa alguna de queja a nadie. “Ni deis lugar al diablo”, es decir, no den oportunidad a ninguno que se alegraría de acusarlos de haber ofendido a la ley. Y que Pablo se refiere a un humano, y no a un enemigo invisible, queda demostrado por el contexto, donde las ofensas serían reportadas al magistrado civil, no por el “diablo” sino por un falso acusador que estaría feliz de llevar a los creyentes a los tribunales.

Réplica de Apologista a este segundo Argumento:

En realidad como usted dice, no es extraño que los animales puedan hablar, y si la Biblia lo dice, así será. El asno que usted menciona que reprendió a Balaam por su locura, demuestra que esto pueda suceder. En el Nuevo Testamento, el propio Pablo habló, no sólo del relato de Adán y Eva, sino que también de la serpiente tentadora (2 Cor. 11:3). Y Juan en Apocalipsis habla de la serpiente antigua como el diablo y Satanás (Apo. 20:2). Sin duda alguna este diablo y Satanás no pudo ser un hombre común, porque no había nadie más que Adán y Eva en ese entonces en el paraíso. Tampoco pudo ser el mismo Dios, quien, por principio, NO TIENTA A NADIE, ni Él puede ser tentado por alguno (Santiago 1:13). Necesariamente, entonces, tuvo que ser el ángel adversario, o Satanás.

Ahora bien, analicemos el texto de 1 Juan 3:8. En la primera parte dice “el que practica el pecado es del diablo” y luego usted comenta que el que peca es del diablo, o sea, del  falso acusador que puede ser cualquier hombre. Sin embargo, esto no tiene sentido, pues si Juan Pérez me hace pecar, de ningún modo seré de Juan Pérez, o una suerte de esclavo o pelele de Juan Pérez. Pero si fuera un poderoso ángel caído el que me hace pecar, entonces sería de él, porque Dios me abandonaría, y quedaría a la merced de este maléfico ser. Con respecto a la siguiente afirmación de que el diablo “peca desde el principio”  en el mismo texto de 1 Juan 3.8, usted dice que “principio”·se refiere al principio de la predicación del evangelio inaugurada por el Señor Jesús. Para esto usted se apoya en 1 Juan 3:11, es decir, en un versículo posterior. Francamente su interpretación parece improbable, pues Juan da por sentado que sus oyentes entenderán lo que quería decir por principio, por 1 Juan 1:1, y no por un versículo posterior como es 1 Juan 3:11. Entonces, es evidente que hasta 1 Juan 3:10, los que leen su epístola captarán que Juan estaba hablando por principio el principio de la creación del mundo, y no el principio de la predicación del evangelio. No sé si me explico. Creo que su interpretación es muy forzada, pues no se ciñe al contexto. Por tanto, el diablo peca desde el principio, es el principio cuando el Verbo (Logos) era (Juan 1:1 Comp. 1 Juan 1:1). Entonces podemos afirmar que el diablo pecador “Joánico” existía y tenía miles de años de vida, pues ya estaba desde el mismo comienzo de la creación hasta el momento en que Juan escribió su primera epístola en cuestión.  También esto significa que el diablo de Juan no es ningún hombre, pues nadie puede vivir tanto desde la misma creación hasta Juan, salvo que sea un ser angélico.

Con respecto al texto de Efesios 4:27 (“…ni deis lugar al diablo”), es cierto lo que dice usted en el sentido de que ‘diablo’ equivale a un ‘falso acusador’. Sin embargo, más apropiado hubiera sido que Pablo dijera: “…ni deis lugar a los acusadores, de manera general, pues los creyentes no suelen  tener sólo un acusador sino varios. Por eso, pareciera que Pablo en Efesios 4:27 estuviera refiriéndose a una persona en particular al hablar de un singular diablo. En cambio, a Timoteo Pablo le dice: “Y en nada intimidados de los que se oponen”. Aquí Pablo habla de manera general, como debe ser, pues muchos son los que se oponen  a los creyentes. No sé si me explico.

 

TERCERA REFUTACIÓN DEL SR. MARTÍNEZ

 

Sobre Efesios 6:11-13 — Después de citar esta referencia, Ud. pide a “los que niegan a los espíritus angélicos caídos” que expliquemos qué quiso decir Pablo con ‘huestes espirituales de maldad en las regiones celestes’. Con gusto lo haré:

Los ‘diableros’ citan esto para indicar que en el cielo hay espíritus malignos que hace que el mundo sea pecaminoso, y contra los cuales tenemos que luchar. Ellos piensan que estos espíritus angélicos tienen poderes sobrehumanos. Pero el pasaje no hace mención de ángeles, y aunque enumera diversos elementos contra los cuales luchan los cristianos, no dice que tales cosas están tratando de entrar en los hombres para hacerlos pecar. El mundo está bajo el control de Dios, no de seres malignos del cielo (Daniel 4:32). Dios ha dado a Jesús (Apoc. 3:21; Lucas 22:29) “todo poder” tanto en el cielo como en la tierra (Mateo 28:18) ; así que no puede al mismo tiempo haber seres malignos en el cielo que posean este mundo. En el cielo no pueden haber seres pecadores (Salmos 5:4, 5; Habacuc 1:13; Mateo 6:10).

La traducción de Lamsa nos aclara este pasaje: “Porque vuestro conflicto no es sólo contra carne y sangre, sino también contra…”. ¿Contra quiénes? ¿Contra “poderes maléficos”, como dice Ud.? El texto dice que la lucha era contra “los gobernadores de las tinieblas de este mundo”, que en aquel tiempo era el Imperio Romano. El término “principados” se traduce en Lucas 12:11 como “magistrados. Y las “potestades” se traducen en Lucas 20:20 como la “autoridad” del gobernador romano en Lucas 20:20. Se nos manda que estemos sujetos a “los gobernantes y autoridades” (Tito 3:1), refiriéndose a gobiernos terrenales, siempre y cuando no nos exijan cosas que sean contrarias a la ley de Dios (Hechos 5:29; 4:19; Mateo 19:17). Si los “principados” y las “potestades” son seres malignos que se hallan en el cielo a los cuales debemos resistir, ¿por qué se nos dice que nos sujetemos a ellos? Si aceptamos que se refieren a gobernadores humanos y autoridades humanas, entonces esto queda fácilmente entendible.

Respuesta de Apologista:

Mi contestación para su explicación sobre Efesios 6:12 es ésta:

Es interesante que el mismo Pablo que escribió Efesios 6:12 en otra parte escribe así: “Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sustilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme á los elementos (stocheia) del mundo, y no según Cristo… Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo. ” (Col. 2:8,15). Este es un pasaje que guarda directa relación con Efesios 6:11-13, donde aparte de los principados y potestades, se mencionan a los elementos (stoicheia). Si definimos quiénes son los elementos, podremos vincularlos con los principados y potestades.

El Diccionario de Pablo y Sus Cartas tiene esto para decir sobre los “elementos” (stoicheia) como los poderes espirituales:  

 

“Varios intérpretes, quizás incluso una mayoría, ha concluido que ‘ta stoicheia tou kosmou’ se refiere a los poderes espirituales de alguna clase. . . . La más temprana evidencia extrabíblica Judía existente para stoicheia que está asociada con ambos, los espíritus y las estrellas, es muy posterior que el primer siglo (segundo y terceros siglos D.C.), pero está muy bien confirmado y puede muy bien representar las creencias contemporáneas de Pablo ( cf. Lohse, 99 n.41). El Testamento de Salomón, una obra Judío-Cristiana, normalmente fechada en el tercer siglo D.C., pero que contiene posiblemente material que data al primer siglo, testifica una creencia en los espíritus de las estrellas llamados stoicheia. Siete espíritus atados aparecen ante Salomón y revelan su identidad: “Nosotros somos los stoicheia, gobernantes de este mundo de oscuridad [el skotous (potestades) de tou de kosmokratores, el cf. Efesios 6:12]. . . nuestras estrellas en el cielo se ven pequeñas, pero nosotros somos llamados como dioses” (T. Sol. 8:2-4). ( pp. 231, 232, “Elementos/espíritus Elementales del Mundo”)”.  

 

La mayoría de los estudiosos sostienen que Pablo está refiriéndose por stoicheia a los demonios satánicos que han originado las enseñanzas falsas que el apóstol de los gentiles está refutando. Pablo los llama “los principios elementales del mundo” porque los herejes estaban refiriéndose a ellos como los seres espirituales que gobiernan sobre los cielos. Lejos de ser una revelación superior de Dios que les traerá liberación espiritual, Pablo da a entender irónicamente que esta enseñanza se origina de los demonios y sólo les traerá, por consiguiente, la esclavitud. Entre los estudiosos que sostienen esta opinión están Boice, F. F. Bruce, Vaughn, Guthrie y Carson. 

 

Se encuentra apoyo para esta interpretación de varios fuentes. El hecho más citado por los autores anteriores es que “los principios” elementales es usado en la literatura extra bíblica para referirse a los espíritus estelares que también se identificaron con los cuerpos celestiales Ambos pasajes también hacen la referencia a los ángeles en alguna relación a la frase. En Gál 3:19, Pablo se refiere a los ángeles como los mediadores a través de los cuales Dios dio la Ley. En Gál. 4:8, él habla de “aquellos que no son por naturaleza dioses” que los Gálatas anteriormente adoraron, y luego, al parecer, aplica “los principios elementales” a ellos en vs. 9. En Col. 2:18, Pablo habla del “culto de ángeles” como la parte de la herejía asociada con “los principios elementales”. Así que Si los “elementos” (stoicheia) mencionados por Pablo en Colosenses 2:8 son, por las razones expuestas arriba, los demonios o espíritus elementales cósmicos, lo tienen que ser también los principados y potestades de Colosenses 2:15 y de Efesios 6:12. Tome nota, que Pablo menciona cuatro cosas en Colosenses 2: elementos, principados, potestades y también a los ángeles (2:8,15,18) como si fueran lo mismo.

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