UN APOLOGISTA CRISTADELFIANO INTENTA REFUTAR LA CREENCIA DE UN DIABLO ANGÉLICO

 

 

PRIMERA REFUTACIÓN DEL SR. MARTINEZ:

 

Sr. Olcese (Apologista): He leído detenidamente su estudio sobre el diablo, que Ud. tuvo la gentileza de hacerme llegar. A primera vista, los pasajes de las Escrituras que Ud. usa parecerían respaldar su punto de vista, pero al examinarlos más de cerca, el mensaje que surge muestra una historia diferente. Su estudio es muy extenso y recopila casi todos los textos que usan aquellos que como Ud. creen en la existencia literal del diablo de la creencia popular.

 

¿Qué clase de naturaleza se supone que posee este ángel caído? Se dice que tiene la clase de naturaleza que asociamos con los ángeles; una naturaleza espiritual. Esto inmediatamente crea un problema. Según el Señor Jesús, los ángeles no mueren. Hablando de “los hijos de la resurrección”, él dice que “no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles” (Lucas 20:36). Por lo tanto, si el diablo posee la naturaleza de un ángel, debe ser inmortal. No obstante, las Escrituras, como en Hebreos 2:14, hablan de la destrucción del diablo.

 

El problema no termina aquí. Aunque los ángeles no mueren, ellos no son inmortales por derecho propio, por decirlo así. Ellos derivan su inmortalidad de Dios. El apóstol Pablo expresa esta verdad esencial cuando dice que Dios es “el único que tiene inmortalidad” (1 Timoteo 6:16). ¿Es concebible entonces que Dios, la única fuente de inmortalidad, permitiría que un archienemigo derivara vida de él y se convirtiera en inmortal? Robert Roberts ha dicho aptamente que “un rebelde inmortal es una imposibilidad…. El diablo de la Biblia es un pecador (1 Juan 3:8), por consiguiente, el diablo no puede ser inmortal”. Algunos protestan, diciendo que no creen que el diablo vivirá para siempre. Pero el Señor Jesús dijo que los ángeles no mueren.

 

Respuesta de apologista:

Estimado Sr. Martínez, voy a responderle por partes, ya que es algo extensa su refutación. Primero, percibo que usted quiere vincular al dIablo con alguno más que no sea un ángel caído. Debo decirle, sin embargo, que yo creo que todo ángel caído es un espíritu, y como tal,  es un enemigo que se mantiene invisible mientras no se materialice.  

Con relación a su texto de Lucas 20: 35, 36 hay que estudiarlo con cuidado. En la Versión Reina-Valera 1995, dice: “Pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento, porque ya no pueden morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección. Nótese que dice que los resucitados no se casan porque ya no pueden morir (antes, en la carne, los hombres eran mortales y debían mantener su raza por la reproducción). ¡Esta es la razón por la cual no se casarán los que resuciten!  Por eso me pregunto: ¿Son los resucitados iguales a los ángeles porque ya no se casan ni mueren o simplemente porque no se casan? En todo caso, si admitimos que se refiere a ambos aspectos, debemos asentir al mismo tiempo que acá no dice que los resucitados serán inmortales como los ángeles, sino que simplemente no pueden morir como los ángeles. Ahora bien, lo curioso del caso es que ni Mateo, ni Marcos, que registran el mismo acontecimiento, mencionan la supuesta inmortalidad de los ángeles. Leamos por ejemplo Mateo 22:30: “Pues en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo”. ¿Dónde está la supuesta inmortalidad de los ángeles acá? ¿Por qué lo omite el evangelista Mateo? Es evidente que para él la igualdad de los resucitados con los ángeles de Dios reside en que no contraen nupcias matrimoniales porque ya no morirán. ¿y qué diremos del registro de Marcos? Pues él escribe lo siguiente: “Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles que están en los cielos” (Marcos 12:25). ¿Dónde está la inmortalidad de los ángeles en el testimonio de Marcos? Pues simplemente no existe! Parece que Marcos consideró, al igual que Mateo, que la similitud entre los resucitados y los ángeles reside en el celibato de ambos, sin incluir la supuesta “inmortalidad” de los ángeles. No olvidemos el peso del testimonio de dos o más testigos.

Ahora bien, yo creo que los ángeles no mueren mientras éstos no pequen. Y es que si los ángeles de Dios (ojo: DE DIOS, no los de Satanás, quien también tiene sus propios demonios o ángeles caídos que le siguenver estos dos grupos de ángeles en Apo. 12:7) no mueren es porque no pecan. Y si no pecan no es porque no puedan pecar, sino porque no quieren pecar. Por otro lado, usted bien dice que  el único que tiene inmortalidad (es Dios), que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén”. Si esto es verdad, lo cual no dudo, entonces los ángeles de Dios (ojo: “DE DIOS”), si bien no mueren, no son inmortales, porque sólo el Eterno es inmortal (vea Mateo 22:30 y comprobará que sólo los ángeles de Dios— ojo: ‘DE DIOS’ — son los únicos que no mueren…¡no todos los ángeles existentes, tanto de Dios como de Satanás!). Este punto es importante para considerar y no olvidar toda vez que hagamos un análisis de la supuesta inmortalidad de los ángeles.

Así que a mí entender, los ángeles DE DIOS no pueden morir mientras mantengan una relación impecable con el Creador (aquí está en funcionamiento el libre albedrío). Yo, por ejemplo, no puedo morir (digamos, de SIDA) mientras yo mantenga el virus del VIH lejos de mí por medio de llevar una vida impecable de pureza y rectitud según los dictados del Eterno. El hecho de que los ángeles no puedan morir no quiere decir que sean inmortales. No hay ningún pasaje que diga que los ángeles son inmortales o que fueron creados inmortales. También Adán y Eva no estaban sujetos a la muerte mientras conservaran una relación impecable con el Creador. Y de hecho los primeros padres hubieran estado vivos aún hoy con  nosotros si no hubieran pecado. El pecado trae la muerte, y si los ángeles DE DIOS no mueren es porque no han pecado. Si pecan, mueren. ¿O es que la paga del pecado no es la muerte? El diablo y sus ángeles, en cambio, están condenados a la muerte o a la destrucción (Heb. 2:14) precisamente porque pecaron (ver 1 Juan 3:8, “el diablo peca desde el principio”). Recuerde, la paga del pecado es la muerte, y muerte implica mortalidad, no inmortalidad en el infierno. El problema con usted, y con los cristadelfianos en general, es que quieren siempre asociar al diablo, no con un ángel caído, sino con un humano mortal malvado, y es allí donde comienza la confusión.

SEGUNDA REFUTACIÓN DEL SR. MARTÍNEZ

Entonces, ¿quién o qué es el diablo, Sr. Olcese?

No puede haber duda de que el concepto popular del diablo se debe en gran medida a la obra de John Milton, Paraíso Perdido. Pero cuando pedimos evidencia bíblica que apoye esa idea, se nos dirige a diversas partes de la Biblia. Así que empecemos por el principio:

La Serpiente de Edén

Primero se nos guía hacia el huerto de Edén. Ahí leemos el relato acerca de la tentación y la caída. Preguntamos en dónde hemos de encontrar al diablo de la creencia popular en ese episodio. Se nos señala al tentador. Lo miramos, pero sólo vemos a una serpiente, un animal. Decimos: “Aquí está el tentador, pero, ¿dónde está el diablo? Se nos dice que la serpiente era el diablo en forma de serpiente, o que el diablo había tomado posesión de ella, y hablaba a través de ella. Pedimos prueba de esto, pero no se nos da ninguna, excepto la afirmación de que es improbable que una serpiente hable por sí misma. La idea de que la serpiente era el diablo de la creencia popular en forma de animal es totalmente gratuita. No tiene respaldo ni siquiera de una sola insinuación de esta idea en toda la Biblia. Es un genuino ejemplo de la tradición. Y la única clara alusión al episodio de Edén desaprueba la idea de una “posesión”. Se halla en 2 Corintios 11:3, donde, expresando sus temores de que los creyentes pierdan su constancia al enfrentarse a pruebas, dice: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”. Aquí Pablo reconoce única y exclusivamente a la serpiente como el tentador, y él atribuye su poder a su “astucia”.

Sin duda es un sentimiento natural que sintamos aversión ante la idea de que una serpiente haya desempeñado la parte inteligente del tentador de Eva en el huerto de Edén. Pero dejemos que actúe la razón, y ese sentimiento desaparecerá. Aparte de Adán y Eva, la narrativa no acepta nada más que a la serpiente. Añadir el diablo a la serpiente es ir más allá del relato. Es cierto que una serpiente con la facultad de hablar no se ha descubierto en los anales de la historia natural; pero esto no excluye la posibilidad de semejante criatura en aquella ocasión, si las circunstancias lo requerían. Es una simple cuestión de un mecanismo de la garganta, y los nervios de voluntad propia necesarios. Por supuesto, no está en el poder humano producir semejante mecanismo, pero sólo un necio limitaría el poder divino para hacerlo. Está auténticamente consignado (y Pedro nos da garantía de que podemos confiar en el relato), que un asno mudo recibió la facultad de hablar a fin de reprender la locura de Balaam (Números 22:28), y no hay ni más ni menos dificultad en que haya hablado una serpiente. El loro nos ofrece el caso de una criatura que habla sin ideas. La serpiente edénica tenía tanto las ideas como la facultad para expresarlas.

En esto no hay ningún detalle del caso que sea imposible de aceptar. Había necesidad de poner a prueba la obediencia de Adán y Eva, y esto requería la plausible seducción de un tentador externo, y la serpiente proporcionó la prueba. Si se les hubiera dejado a su criterio, la obediencia habría sido por costumbre; pero no es esta clase de obediencia lo que complace bien a Dios. La obediencia bajo probación es lo que agrada a Dios. La probación fue una disposición divina con un objetivo divino. El mismo principio quedó ilustrado muchos años después, cuando “probó Dios a Abraham” (Génesis 22:1), es decir, lo sometió a prueba, requiriéndolo que realizara algo que en la superficie parecía incompatible incluso con los propósitos de Dios en el caso.

En esto no hay contradicción con la desaprobación de Santiago para aquel que diga que “es tentado de parte de Dios” (Santiago 1:13), porque en el caso del discurso de Santiago, es un asunto de seducir para hacer el mal por el mal. Dios nunca hace esto a un hombre justo; él lo prueba, y es en este sentido que lo “tienta”, lo cual es bien diferente.

Este enfoque del caso armoniza con el hecho de que la serpiente estaba clasificada con “los animales del campo que Jehová Dios había hecho”. También armoniza con la sentencia que se aplicó a la serpiente: “Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias… polvo comerás todos los días de tu vida” Génesis 3:14). Una sentencia inexplicable si aceptamos la hipótesis de que la serpiente o era el diablo en forma de serpiente, o que la serpiente fue un instrumento pasivo y sin responsabilidad en manos del poder del diablo. La sugerencia de que el adversario sobrenatural de Dios y del hombre haya podido, con malévolas intenciones, entrar en el feliz entorno de Edén, se debe descartar como una anomalía; un injerto pagano a una narrativa sencilla, razonable y divina.

Estoy consciente de que los ‘diableros’ tienen todo un catálogo de textos que ellos creen que apoyan sus pretensiones. (Sé que la palabra ‘diablero’ no existe en nuestro idioma, pero a falta de un término que represente bien a todos aquellos que creen en la existencia del diablo de la creencia popular, tuve que acuñar esta palabra. Por supuesto sin intención de ofender a nadie, sino más bien por comodidad idiomática. ¡Que don Miguel de Cervantes y Saavedra me perdone por esta ‘diablura’!). Pero contestarlos todos ahora convertiría esta respuesta en un librito. Por ahora unos pocos bastará:

1 Juan 3:8 –”El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”.

Entendiendo que la palabra diabolos (que en la mayoría de los caso se ha transliterado como ‘diablo’), expresa el estado de la mente acusadora o carnal, la declaración de Juan es convincente: “El que practica el pecado es del diablo”, es decir, del falso acusador, el cual actúa en armonía con su naturaleza animal sobre la que el espíritu no tiene control (por lo tanto, es carnal).

“Porque el diablo [diabolos] peca desde el principio”. Sí, pero ¿qué principio? En el versículo 11, Juan dice que aquellos a quienes él escribió habían oído el mensaje “desde el principio”. De modo que la palabra “principio” se debe interpretar a la luz del contexto, que en este caso se refiere al principio de la predicación del evangelio inaugurada por el Señor Jesús, “para deshacer las obras del diablo”.

Efesios 4:27 — “Ni deis lugar al diablo [falso acusador]“. Este pasaje, donde ocurre la palabra “al diablo”, sería más entendible para el público en general, si se vertiera conforme a la interpretación correcta, o sea, como ‘calumniador’ o ‘falso acusador’. El apóstol Pablo está recomendando a los efesios que realicen todos los deberes sociales de manera tal que no den causa alguna de queja a nadie. “Ni deis lugar al diablo”, es decir, no den oportunidad a ninguno que se alegraría de acusarlos de haber ofendido a la ley. Y que Pablo se refiere a un humano, y no a un enemigo invisible, queda demostrado por el contexto, donde las ofensas serían reportadas al magistrado civil, no por el “diablo” sino por un falso acusador que estaría feliz de llevar a los creyentes a los tribunales.

Réplica de Apologista a este segundo Argumento:

En realidad como usted dice, no es extraño que los animales puedan hablar, y si la Biblia lo dice, así será. El asno que usted menciona que reprendió a Balaam por su locura, demuestra que esto pueda suceder. En el Nuevo Testamento, el propio Pablo habló, no sólo del relato de Adán y Eva, sino que también de la serpiente tentadora (2 Cor. 11:3). Y Juan en Apocalipsis habla de la serpiente antigua como el diablo y Satanás (Apo. 20:2). Sin duda alguna este diablo y Satanás no pudo ser un hombre común, porque no había nadie más que Adán y Eva en ese entonces en el paraíso. Tampoco pudo ser el mismo Dios, quien, por principio, NO TIENTA A NADIE, ni Él puede ser tentado por alguno (Santiago 1:13). Necesariamente, entonces, tuvo que ser el ángel adversario, o Satanás.

Ahora bien, analicemos el texto de 1 Juan 3:8. En la primera parte dice “el que practica el pecado es del diablo” y luego usted comenta que el que peca es del diablo, o sea, del  falso acusador que puede ser cualquier hombre. Sin embargo, esto no tiene sentido, pues si Juan Pérez me hace pecar, de ningún modo seré de Juan Pérez, o una suerte de esclavo o pelele de Juan Pérez. Pero si fuera un poderoso ángel caído el que me hace pecar, entonces sería de él, porque Dios me abandonaría, y quedaría a la merced de este maléfico ser. Con respecto a la siguiente afirmación de que el diablo “peca desde el principio”  en el mismo texto de 1 Juan 3.8, usted dice que “principio”·se refiere al principio de la predicación del evangelio inaugurada por el Señor Jesús. Para esto usted se apoya en 1 Juan 3:11, es decir, en un versículo posterior. Francamente su interpretación parece improbable, pues Juan da por sentado que sus oyentes entenderán lo que quería decir por principio, por 1 Juan 1:1, y no por un versículo posterior como es 1 Juan 3:11. Entonces, es evidente que hasta 1 Juan 3:10, los que leen su epístola captarán que Juan estaba hablando por principio el principio de la creación del mundo, y no el principio de la predicación del evangelio. No sé si me explico. Creo que su interpretación es muy forzada, pues no se ciñe al contexto. Por tanto, el diablo peca desde el principio, es el principio cuando el Verbo (Logos) era (Juan 1:1 Comp. 1 Juan 1:1). Entonces podemos afirmar que el diablo pecador “Joánico” existía y tenía miles de años de vida, pues ya estaba desde el mismo comienzo de la creación hasta el momento en que Juan escribió su primera epístola en cuestión.  También esto significa que el diablo de Juan no es ningún hombre, pues nadie puede vivir tanto desde la misma creación hasta Juan, salvo que sea un ser angélico.

Con respecto al texto de Efesios 4:27 (“…ni deis lugar al diablo”), es cierto lo que dice usted en el sentido de que ‘diablo’ equivale a un ‘falso acusador’. Sin embargo, más apropiado hubiera sido que Pablo dijera: “…ni deis lugar a los acusadores, de manera general, pues los creyentes no suelen  tener sólo un acusador sino varios. Por eso, pareciera que Pablo en Efesios 4:27 estuviera refiriéndose a una persona en particular al hablar de un singular diablo. En cambio, a Timoteo Pablo le dice: “Y en nada intimidados de los que se oponen”. Aquí Pablo habla de manera general, como debe ser, pues muchos son los que se oponen  a los creyentes. No sé si me explico.

 

TERCERA REFUTACIÓN DEL SR. MARTÍNEZ

 

Sobre Efesios 6:11-13 — Después de citar esta referencia, Ud. pide a “los que niegan a los espíritus angélicos caídos” que expliquemos qué quiso decir Pablo con ‘huestes espirituales de maldad en las regiones celestes’. Con gusto lo haré:

Los ‘diableros’ citan esto para indicar que en el cielo hay espíritus malignos que hace que el mundo sea pecaminoso, y contra los cuales tenemos que luchar. Ellos piensan que estos espíritus angélicos tienen poderes sobrehumanos. Pero el pasaje no hace mención de ángeles, y aunque enumera diversos elementos contra los cuales luchan los cristianos, no dice que tales cosas están tratando de entrar en los hombres para hacerlos pecar. El mundo está bajo el control de Dios, no de seres malignos del cielo (Daniel 4:32). Dios ha dado a Jesús (Apoc. 3:21; Lucas 22:29) “todo poder” tanto en el cielo como en la tierra (Mateo 28:18) ; así que no puede al mismo tiempo haber seres malignos en el cielo que posean este mundo. En el cielo no pueden haber seres pecadores (Salmos 5:4, 5; Habacuc 1:13; Mateo 6:10).

La traducción de Lamsa nos aclara este pasaje: “Porque vuestro conflicto no es sólo contra carne y sangre, sino también contra…”. ¿Contra quiénes? ¿Contra “poderes maléficos”, como dice Ud.? El texto dice que la lucha era contra “los gobernadores de las tinieblas de este mundo”, que en aquel tiempo era el Imperio Romano. El término “principados” se traduce en Lucas 12:11 como “magistrados. Y las “potestades” se traducen en Lucas 20:20 como la “autoridad” del gobernador romano en Lucas 20:20. Se nos manda que estemos sujetos a “los gobernantes y autoridades” (Tito 3:1), refiriéndose a gobiernos terrenales, siempre y cuando no nos exijan cosas que sean contrarias a la ley de Dios (Hechos 5:29; 4:19; Mateo 19:17). Si los “principados” y las “potestades” son seres malignos que se hallan en el cielo a los cuales debemos resistir, ¿por qué se nos dice que nos sujetemos a ellos? Si aceptamos que se refieren a gobernadores humanos y autoridades humanas, entonces esto queda fácilmente entendible.

Respuesta de Apologista:

Mi contestación para su explicación sobre Efesios 6:12 es ésta:

Es interesante que el mismo Pablo que escribió Efesios 6:12 en otra parte escribe así: “Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sustilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme á los elementos (stocheia) del mundo, y no según Cristo… Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo. ” (Col. 2:8,15). Este es un pasaje que guarda directa relación con Efesios 6:11-13, donde aparte de los principados y potestades, se mencionan a los elementos (stoicheia). Si definimos quiénes son los elementos, podremos vincularlos con los principados y potestades.

El Diccionario de Pablo y Sus Cartas tiene esto para decir sobre los “elementos” (stoicheia) como los poderes espirituales:  

 

“Varios intérpretes, quizás incluso una mayoría, ha concluido que ‘ta stoicheia tou kosmou’ se refiere a los poderes espirituales de alguna clase. . . . La más temprana evidencia extrabíblica Judía existente para stoicheia que está asociada con ambos, los espíritus y las estrellas, es muy posterior que el primer siglo (segundo y terceros siglos D.C.), pero está muy bien confirmado y puede muy bien representar las creencias contemporáneas de Pablo ( cf. Lohse, 99 n.41). El Testamento de Salomón, una obra Judío-Cristiana, normalmente fechada en el tercer siglo D.C., pero que contiene posiblemente material que data al primer siglo, testifica una creencia en los espíritus de las estrellas llamados stoicheia. Siete espíritus atados aparecen ante Salomón y revelan su identidad: “Nosotros somos los stoicheia, gobernantes de este mundo de oscuridad [el skotous (potestades) de tou de kosmokratores, el cf. Efesios 6:12]. . . nuestras estrellas en el cielo se ven pequeñas, pero nosotros somos llamados como dioses” (T. Sol. 8:2-4). ( pp. 231, 232, “Elementos/espíritus Elementales del Mundo”)”.  

 

La mayoría de los estudiosos sostienen que Pablo está refiriéndose por stoicheia a los demonios satánicos que han originado las enseñanzas falsas que el apóstol de los gentiles está refutando. Pablo los llama “los principios elementales del mundo” porque los herejes estaban refiriéndose a ellos como los seres espirituales que gobiernan sobre los cielos. Lejos de ser una revelación superior de Dios que les traerá liberación espiritual, Pablo da a entender irónicamente que esta enseñanza se origina de los demonios y sólo les traerá, por consiguiente, la esclavitud. Entre los estudiosos que sostienen esta opinión están Boice, F. F. Bruce, Vaughn, Guthrie y Carson. 

 

Se encuentra apoyo para esta interpretación de varios fuentes. El hecho más citado por los autores anteriores es que “los principios” elementales es usado en la literatura extra bíblica para referirse a los espíritus estelares que también se identificaron con los cuerpos celestiales Ambos pasajes también hacen la referencia a los ángeles en alguna relación a la frase. En Gál 3:19, Pablo se refiere a los ángeles como los mediadores a través de los cuales Dios dio la Ley. En Gál. 4:8, él habla de “aquellos que no son por naturaleza dioses” que los Gálatas anteriormente adoraron, y luego, al parecer, aplica “los principios elementales” a ellos en vs. 9. En Col. 2:18, Pablo habla del “culto de ángeles” como la parte de la herejía asociada con “los principios elementales”. Así que Si los “elementos” (stoicheia) mencionados por Pablo en Colosenses 2:8 son, por las razones expuestas arriba, los demonios o espíritus elementales cósmicos, lo tienen que ser también los principados y potestades de Colosenses 2:15 y de Efesios 6:12. Tome nota, que Pablo menciona cuatro cosas en Colosenses 2: elementos, principados, potestades y también a los ángeles (2:8,15,18) como si fueran lo mismo.

www.yeshuahamashiaj.org

www.elevangeliodelreino.org  

Un comentario sobre “UN APOLOGISTA CRISTADELFIANO INTENTA REFUTAR LA CREENCIA DE UN DIABLO ANGÉLICO

  1. Señor Martínez, realmente es una pena que no nos podamos entender en este tema tan importante, ya que cada uno de nosotros nos cerramos en nuestras ideas que son igualmente respetables, pero que jamás concordarán. Si no las fueran, no habría cristianos que creen en el diablo cósmico y los que no lo creen. Yo he tenido debates interminables con los cristadelfianos, y ninguno ha podido hacerme cambiar de opinión, ni yo a ellos. Para mí la existencia del diablo es tan real como la existencia de Dios. Negar el uno es negar el otro, y eso es muy serio.

    Los hechos de la vida cotidiana, las guerras, los conflictos, las maldades en todas sus formas, así como el ocultismo, y la ovnilogía, nos llevan a pensar que hay un mundo espiritual de obscuridad y de maldad. Los estudiosos en estos asuntos paranormales nos hablan de la existencia de entes espirituales de maldad que tienen poderes sobrenaturales que yo creo que sólo pueden ser vencidos con la autoridad de Cristo que ha sido conferida a los suyos. A estas entidades espirituales la Biblia y yo las llamamos “demonios` o “ángeles caídos”.

    Yo le invito a leer en mi blog las dos sucesos sobrenaturales sobre entes espirituales ocurridos en mi núcleo familiar hace algunos décadas y que no pueden ser explicados simplemente como cosas de la mente o del pecado.

    El erudito bíblico, Sir Anthony Buzzard, quien es mi amigo personal, y maestro en Teología, ha escrito varios temas sobre el diablo cósmico que haría usted bien en leer. Uno de ellos lo traduje al español para mis amigos cristadelfianos y otros grupos “demonofóbicos”. Se lo voy a pegar mientras le doy mi opinión sobre su último mensaje más adelante.

    ÁNGELES, DEMONIOS Y ELOHIM

    Por Anthony Buzzard

    La existencia de “seres espirituales”, ambos buenos y malos, es asumida sin cuestionamientos por los escritores bíblicos, y sus puntos de vista son por supuesto compartidos por el Señor Jesús. Pedro, por ejemplo, manifiesta que los ángeles quieren “inclinarse y mirar detenidamente en los asuntos de la salvación”, en particular a los sufrimientos del Mesías y los acontecimientos gloriosos que le seguirían (1 Pedro. 1:11, 12). Pedro es consciente también de un grupo de espíritus que están ahora “encarcelados” (1 Pedro 3:19), a quienes Jesús predicó después de su resurrección (seguramente cuando él no estaba muerto!). Este pasaje ha sido el tema de mucha controversia pero no necesita que presente una dificultad insuperable, una vez que nos damos cuenta de que “los espíritus” son más naturalmente entendidos como seres angélicos, y que la proclamación que ellos recibieron fue cumplida por Cristo después de su resurrección de entre los muertos. (El Cristo resucitado es un “espíritu vivificante” en un sentido muy diferente, i.e., como un hombre glorificado, 1 Cor. 15:45.)

    Jesús fue ejecutado “en la carne,” es decir, como un ser humano de “carne y hueso”, “vivificado” como un “espíritu” (1 Pedro 3:18). Éste es claramente el lenguaje de la resurrección: “El Padre resucita a los muertos y les da vida” (Juan 5:21). “Él que levantó al Mesías vivificará también vuestros cuerpos mortales” (Rom. 8:11). “En Cristo todos serán vivificados” (1 Cor. 15:22). A estas alturas en la historia humana, Jesús, solo, ha sido “vivificado” por la resurrección. Él se ha convertido en un “Espíritu que imparte vida” (1 Cor. 15:45). Es el destino de los creyentes compartir su vida de resurrección y ser como él, espíritus “que imparten vida”—no, claro está, espíritus incorpóreos, sino investidos con un cuerpo espiritual: Nos levantaremos a la vida en la futura venida de Jesús y se nos dará un “cuerpo espiritual” (1 Cor. 15:44). En otro sitio Pablo dice que debemos ser “hijos de Dios,” una nueva raza de gobernantes inmortales con Cristo para ser manifestados en la Segunda Venida (Rom. 8:19. Cp. Lucas 20:36, “hijos de Dios” por la resurrección en la Nueva Era del Reino venidero). Jesús ya ha demostrado algo de esa nueva vida durante sus apariciones post-resurrección a los fieles. Su cuerpo post-resurrección estaba animado y conducido por “espíritu,” pero no obstante tangible y visible (Lucas 24:39, 40).

    Puesto que Jesús fue “hecho vivo” en su resurrección, no hay necesidad para introducir la noción foránea en la discusión de Pedro de que Jesús estaba predicando mientras estaba muerto! La teología popular a menudo pierde el rastro del hecho de que Jesús fue con creces un ser humano, excepcionalmente dotado con el espíritu divino, pero capaz de morir. ¡Toda la personalidad complicada de Jesús murió en la cruz, no una parte de él! Todo el Jesús hombre fue resucitado a la vida como un “espíritu que imparte vida,” a través de la resurrección. En esta condición, post-resurrección, él fue para anunciar su triunfo a los “espíritus retenidos en prisión”. “Espíritu” es el término constantemente usado de demonios en Mateo, Marcos, y Lucas, y tenemos una referencia clara a los ángeles buenos como espíritus en Hebreos 1:14: “¿No son todos los ángeles espíritus ministradores?” Es algunas veces sostenido que Juan, cuando él escribe: “Amados, no creáis a todo espíritu” (1 Juan 4:1) usa “espíritu” para dar a entender a un hombre. Sin embargo, no son los hombres mismos, sino sus espíritus como el vehículo de la enseñanza que proclaman, que están en cuestión. Hay un uso paralelo en 1 Corintios 14:32: “Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas”. Nos ocupamos aquí de esa parte de la mente que transporta la enseñanza espiritual, ya sea verdadera o falsa. “El espíritu”, por consiguiente, no designa al hombre por sí mismo, aunque se usa para describir un “ser espíritu,” i.e., un ángel, bueno o malo. Hay evidencia sólida adicional de que Pedro estaba tratando (1 Pedro. 3:19) con ángeles, en el verso 22, sólo tres versos más tarde, donde el triunfo del Jesús resucitado significa que “ángeles, autoridades y los poderes están ahora sujetos a él [Cristo] ” (cp. Col. 2:10-15 y también Hechos 23:8, donde espíritu es equivalente aparentemente a demonio).

    La predicación por Jesús a los espíritus caídos en prisión ocurrió, luego, después de la resurrección.[1] Pedro provee más información acerca de la razón para el encarcelamiento de los espíritus. Ellos fueron desobedientes durante el tiempo antes del diluvio, cuando la paciencia de Dios estaba siendo ejercitada. La referencia es para el período mencionado en Génesis 6. Fue en ese tiempo que los hijos de Dios cohabitaron con las hijas de los hombres. El término “hijos de Dios” (“Bnay Elohim”) se refiere más naturalmente a los ángeles: Job 38:7, “cuando los luceros de la mañana cantaron conjuntamente y todos los hijos de Dios (Bnay Elohim gritaron por Alegría”. Job 1:6, “los hijos de Dios (Bnay Elohim) vinieron ellos mismos a presentarse ante el Señor y ‘el Satán’ (ha Satan’) vino también entre ellos”. Una expresión muy similar es encontrada en Salmo 29:1 y 89:6, “Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos ( ‘Bnay Elim’), dad a Jehová la gloria debido a su nombre”.; “Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados? (‘ Bnay Elim ‘) es como el Señor?” Un (no el) hijo de Dios (el Arameo en el cual la sección de Daniel está escrita, que es “var [hijo] Elohim”) aparece en Daniel 3:25, y es evidentemente un ángel.[2] Significativamente, la Septuaginta vierte los hijos de Dios en Génesis 6:2, 4 por “ángeles,” mostrando cómo los expositores Judíos entendieron sus propias Escrituras. Que los hijos de Dios fuesen hombres justos parece estar excluido por el contexto que concierne a la maldad del mundo pre-diluviano. No hay también una buena razón porqué los hombres justos que se casan con mujeres producirían gigantes! “Los Hijos de Dios” están colocados en una categoría diferente cuando se dice que ellos se casaron con “las hijas de hombres.”

    Hay, sin embargo, evidencia contundente del Nuevo Testamento para sostener una cohabitación de seres angélicos con mujeres en Génesis 6. El libro de Judas, escrito por un hermano de Jesús, se refiere a los pecados de los ángeles como “dándose ellos mismos a la fornicación e ir tras de carne extraña” (Judas 6, 7). Estas palabras son descriptivas de los pecados de las personas de Sodoma y Gomorra, pero Judas dice que fueron culpables del mismo comportamiento aberrante como los ángeles pecadores. La VA no es tan cristalina como debería ser. El Griego lee como sigue:

    Los ángeles que no mantuvieron su propia dignidad sino que desertaron de su propia habitación, [Dios] los mantuvo en cadenas perpetuas [cp . 1 Ped . 3:19, “encarcelados”] bajo oscuridad tenebrosa en vista del juicio del Gran Día; lo mismo que Sodoma y Gomorra y las ciudades circundantes en la misma manera como aquellos [ángeles] que cometieron fornicación y fueron tras de carne de una clase diferente … (Judas 6, 7).[3]

    Judas cita en otra parte en su carta (Judas 14) del libro no bíblico de 1 Enoch (escrito alrededor de 200 AC). Este escrito Judío atribuye el origen de los demonios a la cohabitación de ángeles con mujeres descrito en Génesis 6. Es por consiguiente probable que estas ideas fueron aceptadas ambas por la Iglesia y los Judíos. Según 1 Enoc 15:8, y en otra parte, “los gigantes [los nephilim de Gen. 6:4 y Num. 13:33 ] fueron producidos de [la cohabitación de] espíritus y la carne, deban ser llamados espíritus malignos sobre la tierra, y en la tierra deba ser su morada; porque ellos son nacidos de hombres, y de los santos observadores es su principio y origen primitivo.” “Los observadores” es el término usado de ángeles ambos en la Biblia (Dan. 4:13, 17) y fuera de ella (1 Enoc 1:9; 12:2, 3, etc.). No sugerimos que los libros extra-canónicos lleven la autoridad de la Escritura, pero las simples declaraciones de Judas acerca de la fornicación de los ángeles no pueden ser descartadas.[4]

    Tenemos más información en 2 Pedro 2:4 acerca de la posición de los ángeles que pecaron: “Si Dios no tuvo piedad de los ángeles que pecaron sino los consignó para el Tártaro en hoyos de oscuridad, él los entregó para ser guardados para juicio… ” Tártaro ocurre sólo aquí en el Nuevo Testamento. Fue considerado por los Griegos como una región subterránea, y quizá sería equiparado con el “abismo” bajo el mar del cual los demonios – se dice – emergen (Rev. 9:1, 11), bajo la dirección del ángel del abismo (Rev. 9:11). Para concluir nuestra discusión de la actividad de los malos espíritus descritos por Pedro y Judas, citamos la VSR de Judas 6, 7: “Los ángeles que pecaron … como Sodoma y Gomorra … que asimismo actuaron inmoralmente y accedieron en la lujuria antinatural.”

    La objeción de que en Génesis 6 fueron contraídos matrimonios genuinos es incierta. La palabra “esposas” (nashim) puede ser vertida como “mujeres”, como es a menudo en el Antiguo Testamento.[5] El comentario de Jesús de que los ángeles no se casan (Mat. 22:30), i.e., contraer matrimonios y producir niños, puede difícilmente ser tomado para excluir la posibilidad de las desviaciones muy antinaturales y sexuales adscritas por Génesis 6:2 a los hijos de Dios. Jesús hablaba de ángeles santos. No procrean. Judas describe el comportamiento aberrante de los malos ángeles. Su conducta fue de la misma orden como la actividad practicada por Sodoma y Gomorra. No hay razón porqué los matrimonios contraídos entre hombres y mujeres deberían haber producido una raza de gigantes. La asociación de pecado sexual con ángeles por Judas sugiere poderosamente, por consiguiente, que el entendimiento Judío tradicional de Génesis 6 era el correcto. Repare otra vez en que los hijos de Dios cohabitaron con “las hijas de los hombres.” El idioma sugiere que dos órdenes diferentes de seres están envueltos.

    Mientras los ángeles pecadores son creídos como que están ahora aprisionados en hoyos o cavernas de penumbra, existe una hueste muy separada de malos espíritus que están activos en esta edad presente (Gál 1:4). La existencia de demonios o espíritus impuros es macizamente atestiguada por Mateo, Marcos y Lucas. El testimonio de Lucas como médico (Col. 4:14) es particularmente interesante. Él realmente clarifica que Jesús estaba comprometido, con sus discípulos, a la creencia en la realidad de Satanás que es representado como una influencia externa análoga a “las aves del aire” (Lucas 8:5, 12). Satanás es el Príncipe de los demonios (Mat. 12:24, 27).

    Los Fariseos dicen: “Este hombre expulsa demonios por Belcebú, gobernante de los demonios.” Jesús contestó, “Si Satanás expulsa a Satanás…Si yo por Belcebú expulso a los demonios… ” En otro sitio (Mat. 25:41) él habla del fuego preparado para el Diablo y sus ángeles. Pablo ve a los demonios como proveedores de la enseñanza falsa. Su locución quiere decir, claro está, “las doctrinas enseñadas por demonios,” no “las doctrinas acerca de demonios”: “Algunos se apartarán de la fe en los tiempos postreros, atendiendo a espíritus engañadores y las enseñanzas propagadas por demonios” (1 Tim. 4:1). Pablo tiene por entendido que los demonios son los autores de la religión falsificada. Un sacrificio idólatra no es nada, ni en sí mismo el ídolo, “sino lo que ellos [los paganos] sacrifican, lo sacrifican a los demonios, y no a Dios; no deseo que ustedes tomen parte en la comunión con los demonios. Ustedes no puede beber de la copa del Señor [Comunión] y de la copa de los demonios [la comunión falsificada]. Ustedes no pueden compartir en la mesa de Señor y en la mesa de los demonios” (1 Cor. 10:19-22).

    ¡Algunos nos harán creer que Pablo pensó que los demonios eran inexistentes! Su realidad es, sin embargo, para Pablo tan clara como la realidad del único Dios verdadero a quien tratan de imitar para atraerse el culto a ellos mismos. Debería ser evidente para todos que el ídolo no equivale al demonio yaciendo detrás del ídolo. Así, también, en Apocalipsis 9:20 “No se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera.”

    La actividad de los demonios y Satanás, su líder, está dirigida a frustrar el progreso del Cristianismo: “Nuestro conflicto no va en contra de los seres humanos, sino de los gobernantes, autoridades y potencias mundiales de la oscuridad del presente siglo, en contra de los malos seres de espíritu localizados en los lugares celestiales” (Efesios. 6:12).

    Pablo antes había hablado de este sistema mundial (kosmos) como que está en las manos del gobernante de la autoridad que controla el aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efe. 2:2). Esta personalidad es Satanás, el “dios de este siglo” (2 Cor. 4:4). Él es no menos real para Jesús y para Pablo que Dios, el Padre, descrito por Pablo como el único Dios (1 Cor. 8:6). Mientras Pablo ve el espíritu de Satanás funcionando en los hijos de desobediencia (Efe. 2:2), él ve el Espíritu de Dios asimismo, pero con resultados completamente diferentes, en obra en Sus hijos: “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13).

    La realidad de los demonios, como personalidades externas nocivas para y separadas del hombre, es más lúcidamente atestiguada por Lucas. El lector aceptará o rechazará el registro según su valoración de Lucas como un registrador competente del hecho histórico. Debería ser cuidadosamente notado que el demonio es tratado según Jesús como una personalidad bien definida, separada e inteligente. Decir que Jesús le dijo a un abstracto desorden mental que se “calle” y “que saliera” o que desórdenes mentales “gritaron” y reconocieron a Jesús como el Mesías es simplemente justificar el registro histórico ofrecido por Lucas:

    Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos?[6] Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno… También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo”. (Lucas 4:33-35, 41).

    Cualquier ambigüedad que puede surgir de las versiones estándares quedan absolutamente excluidas en el texto Griego, donde es requerido por las leyes del acuerdo que los participios, que son neutros, se remontan a los espíritus que son neutros, y no a la víctima (el hombre) que es masculino. Negar la creencia del Nuevo Testamento en demonios como personalidades verdaderas ante el registro de Lucas, sin decir nada del testimonio amplio de los otros evangelios, equivale a un rechazo de la evidencia que ellos presentan.

    Algunos han propuesto que Satanás, el Diablo, fue creado como un espíritu maligno en vez de ser creado con libre albedrío y más adelante cayendo de la gracia. La idea de que a Satanás no le quedó nada más que ser malo es una teoría muy enigmática, puesto que Jesús hace una declaración simple acerca del castigo futuro de Satanás y sus ángeles (Mat. 25:41). No hay sugerencia aquí que los malos ángeles y su líder no son igualmente culpables. Pero tenemos también una declaración simple en 1 Tim. 3:6 que un joven converso que sucumbe a la tentación de volverse “hinchado” con orgullo cae en la condenación del diablo, es decir, él recibe el mismo juicio que Satanás recibió por su orgullo. Esto apenas sugiere que Satanás fue creado en un estado de orgullo. ¿Cómo entonces pudo él haber sido juzgado, como Jesús dice que lo ha sido? “El gobernante de este mundo ha sido juzgado” (Juan 16:11). ¿Si Satanás fue creado malo, sin libre albedrío, ¿cómo debemos entender que Dios lo maldiga? Génesis 3:14 “Porque has hecho esto, maldita serás por sobre todas las bestias”.[7] Que él fue un homicida desde el principio (Juan 8:44) o que él peca desde el principio (1 Juan 3:8) no necesita insinuar que Satanás no tuvo alternativa, y así no caer, y pocos leerán esas declaraciones de ese modo. La expresión “desde el principio” debe ser manejada con cuidado. En 1 Juan 2:7 leemos de un mandamiento que habéis tenido “desde el principio” (no el comienzo de la vida), y en 3:11 de un mensaje oído “desde el principio”. Las referencias a Satanás en Isaías 14 y Ezequiel 28 pueden ser menos ciertas de lo que tradicionalmente se pensó, pero antes de que sean descartadas, debe ser indicado que “querubín” (Ezeq. 28:14) en ninguna otra parte aplicó a un hombre, se aplica sólo al Rey de Tiro. De modo semejante en Isaías 14, la brillante Estrella de la Mañana” bien podría referirse a ambos, al Rey de Babilonia y a Satanás (bastante en la manera en que las referencias Mesiánicas en los Salmos pueden aplicarse a David y a Cristo). Satanás es el que activa al Rey de Babilonia, como él activa también al hombre de pecado (2 Tes. 2:9). No es antinatural para los Hebreos pensar acerca de un agente y el poder que descansa detrás de él en los términos muy similares, aun incluyendo ambos en una sola descripción. 1 Tim. 3:6 permanece como la más fuerte evidencia para la creencia de Pablo de que un hombre puede envanecerse con orgullo lo mismo que ocurrió con Satanás. ¡El paralelo cae a tierra si Satanás hubiese sido creado orgulloso! Las observaciones de Pablo acerca de Satanás siendo transformado en un ángel de luz significan poderosamente que él es un ángel de oscuridad (2 Cor. 11:14). La palabra aquí usada por Pablo, “transforma”, quiere decir el cambio de la apariencia externa, no de la naturaleza esencial. Así lo que parece como un ángel de luz debe ser en realidad un ángel de oscuridad.

    Resumiendo los datos de la Biblia sobre los ángeles caídos, concluimos que los escritores bíblicos compartieron la opinión de sus contemporáneos de que Satanás es la cabeza de un montón de ángeles caídos, cuya maldad incluyó la cohabitación con los mortales. La descendencia de estas uniones – se dice – son los gigantes (Gen. 6), los hombres de renombre o fama de tiempos antiguos. ¿Pudo ser esto la pálida parodia de Satanás de la raza de inmortales que Dios está ahora creando en Cristo? Suena como a los héroes de la mitología Griega, que como la mayoría de los mitos probablemente se originaron de verdad. El Cristiano Justino Mártir del segundo siglo habla de ángeles que “transgredieron el ordenamiento divino, y por el coito pecaminoso con mujeres produjeron descendencia que son demonios” (2da Apología, sección 5). Ésta fue la comprensión tradicional alrededor de 150 DC. El producto de un mortal con un inmortal probablemente no estaba sujeto a la muerte en el sentido humano normal. Es concebible que pudieran sobrevivir a la muerte como espíritus incorpóreos.[8] Aunque el origen preciso de los demonios de la Biblia no puede ser comprobable más allá de la duda, no deberíamos denegar en seguida la prueba evidente presentada para la existencia de espíritus malignos. La realidad de los demonios está en todo lugar atestiguada en la Escritura. El Antiguo Testamento menciona a los demonios infrecuentemente, pero en todas partes los asume que son los poderes detrás de la religión falsa (Lev. 17:7; 2 Cron. 1:15; Isa. 13:21; 34:14; Deut. 32:17; Sal. 106:37— ambos shed y sair que son vertidos como “demonio”. ¡El hecho de que están descritos como “sin valor” de ningún modo significa que fueron creídos como inexistentes!).

    La creencia en Satanás es sustentada por los escritores bíblicos y sus contemporáneos. En las escrituras apocalípticas Judías ambos Satanás y Mastema ocurren como los nombres para el Príncipe de los Demonios. Otro nombre es Sammael, y en la literatura rabínica Satanás es llamado el ángel de la muerte. El Príncipe de los Demonios es también conocido como Azazel (cp. Lev. 16:7-28); Y él tiene un título más, Beliar o Belial, el cual ocurre en Sal. 18:5, y puede ser una referencia para el destructor, Satanás. Pablo usa el término, como sus contemporáneos lo hicieron, para llamar a un ser no menos real para él que Cristo o los ángeles santos: ¿”qué acuerdo tiene Cristo con Beliar”? (2 Cor. 6:15).

    En la literatura bíblica y rabínica los demonios son llamados “shedim” (probablemente relacionados a una raíz que significa “destruir”). Su meta es engañar al género humano para que le ofrezcan adoración a ellos en vez de a Dios. Éste es un tema fundamental en las escrituras de Pablo y Juan; el último habla de Satanás, “quién engaña al mundo entero” (Rev. 12:9); “El mundo entero yace bajo el poder del maligno (1 Juan. 5:19). Una declaración del Antiguo Testamento describe la religión falsa para la cual Israel se dio a sí misma: “sacrificaron a los demonios, no a Dios” (Eloah, la forma singular de Elohim, Deut. 32:17). “sacrificaron a sus hijos a los demonios” (Sal. 106:37). Los demonios hembras son mencionadas fuera de la Biblia y una vez en ella. “Lilit [definido por el Léxico Hebreo de Brown, Drivers y Briggs como un demonio nocturno femenino – que ronda en la desolada Edom] descansará allí” (Isa. 34:14). “Lilitu” encuentra un lugar de modo semejante entre los demonios babilónicos. Es posible también que otro demonio, “Ketev” (Sal. 91:6; Deut. El 32:24; Isa. El 28:2; Os. 13:14) es mencionado por nombre. La Septuaginta vierte la palabra por “demonio” en Sal. 91:6. Es claro que la realidad de los demonios como los autores y objetos de la religión falsa eran aceptados sobre el intervalo de tiempo representado por Moisés en Deuteronomio 32:17 y Pablo en 1 Corintios 10. Los libros de Santiago (2:19) y Revelación (9:20; 16:14; 18:2) también hacen referencia evidente a los demonios. (La palabra “demonio” es desafortunadamente traducida mal como “diablo” a todo lo largo de la Versión del Rey Jaime. Hay sólo un Diablo —”diabolus”, pero muchos “demonios”.)

    LOS SANTOS ÁNGELES

    El tema de los buenos ángeles no es menos importante para los escritores bíblicos: Existe el ángel de Yahweh (el Señor) que es distinto de Yahweh, como en Números 22:3: “El Señor abrió los ojos de Balaam y él vio al ángel del Señor parado en el camino”.

    Jueces 13:3, 6, 9: “Un ángel del Señor apareció…Luego la mujer vino y le dijo a su marido, un hombre de Dios vino a mí y su cara era como la cara de un ángel de Dios… El ángel de Dios vino otra vez “.

    Algunas veces el ángel es “identificado” con Yahweh, en el sentido de que uno que ha visto el ángel ha, por así decirlo, visto a Dios. El Génesis 16:7ff: “Un ángel de Yahweh encontró a Agar … y le habló a ella…Y Agar llamó el nombre del Señor que le habló a ella: ‘Tu eres Dios que ve”

    Éxodo 3:2: “El ángel del Señor se apareció ante Moisés en una llama de fuego en medio del arbusto”. La comprensión de Esteban de este pasaje es instructiva. Debería ser notable que él no pensó que el ángel fuese Jesús en una forma preexistente. Esteban debería haber creído con los Apóstoles que Jesús estaba previsto por los profetas del Antiguo Testamento y manifestado por primera vez en su nacimiento (1 Ped 1:20: “Preordenado,” pero manifestado en su nacimiento). Moisés predijo de Jesús que Dios causaría que “un profeta como yo apareciera de en medio de sus hermanos” (Hechos 7:37). Este pasaje es el pasaje clásico para la comprensión Cristiana del origen del Mesías. Pedro usa la misma predicción de Moisés (Deut. 18:15, 18) para describir el origen de Jesús (Hechos 3:22). El Nuevo Testamento estaba fundado en esta comprensión. En Hechos 7:30, 31 Esteban discute el episodio de Moisés en la zarza ardiente: ” Un ángel se apareció ante Moisés en una llama de fuego…Hubo una voz del Señor: Soy el Dios de tus padres … El Señor le dijo a él…El ángel se apareció ante él en el arbusto…El ángel le habló en el Monte Sinaí” (ver versos 33, 35, 38). Según Éxodo 20, Dios le habló a Moisés. Pero Esteban dice que un ángel habló con él, y que Moisés recibió la ley a través de la disposición de ángeles (Hechos 7:53).

    La implicación es que el ángel lleva el nombre y la autoridad de Yahweh. Éxodo 23:20-22: “He aquí yo envío mi Angel delante de ti…Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él…Si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que YO te dijere…”

    El ángel del Señor se llama apropiadamente “el ángel de la presencia del Señor.” Isaías 63:9: “En todas sus aflicciones [de Israel] que fue afligido, y el ángel de Su presencia los salvó.

    Correctamente puede decirse que el Señor habla, cuando de hecho el ángel habla. Esto explicará la declaración categórica de Jesús en Juan 1:18, “nadie ha visto a Dios en ningún momento”. (Ésta es prueba definitiva de que Jesús no era Dios, sin embargo, como el ángel del Señor él representa la presencia de Dios, su Padre con nosotros, 2 Cor. 5:19).

    Se dice que los ángeles han estado presentes en la creación (Job 38:7), y por consiguiente deben haber sido creados antes de ella. El término “hueste” (ejército) se usa para describir a la compañía completamente organizada de ángeles. Para aquellos que no creen en los malos ángeles, Isaías 24:21 será instructivo: “Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará la compañía de ángeles-príncipes en lo alto, [ver BDB Lexicon, p . 839 ] y los reyes de la tierra en la tierra”.

    En la Septuaginta de Sal 148:1-3, “todas Sus huestes” (de ángeles) es vertido “todos Sus poderes” (dunameis). “Huestes” aquí es paralelo a “ángeles”. Esto nos dará el significado de la palabra “poderes” frecuentemente usado en el Nuevo Testamento de las autoridades en el cielo. En la literatura Judía “los poderes” se encuentran frecuentemente alistados con el ángel de la presencia Divina (i.e., El ángel que representa a Yahweh, Isa. 63:9). En Marcos 13:25 los “poderes” que están en los cielos serán estremecidos, es decir, las malas autoridades que ahora controlan el cielo (cp. “príncipe del poder del aire,” Efe. 2:2) serán derrotadas y reemplazadas por el gobierno del Mesías. En Lucas 2:13 allí aparece con el ángel una multitud, un ejército celestial (hueste) de ángeles.

    Los ángeles son descritos como “ardientes”. Hebreos 1:7: “Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego (cp. seraphim “los que queman”). Los ángeles son asociados con los elementos: Rev. 7:1, ellos sostienen los cuatro vientos; 14:18, ellos son asociados con fuego; 16:5, con aguas; 19:17, un ángel está en el sol. Pablo habla de ángeles malvados como los “elementos de mundo” (Col. 2:8, 20). Los Judíos supieron de siete arcángeles santos por nombre. Sólo dos de estos son mencionados por nombre en la Biblia (Gabriel, en Dan. 8:16; 9:21; Lucas 1:19, 26; Miguel, el patrón ángel de Israel, Dan. 10:10, 13, 21; 12:1; Judas 9; Rev. 12:7). En el pasaje más reciente Satanás está en guerra apoyado por sus ángeles; Su enemigo es Miguel y sus ángeles. 1 Enoc enlista siete arcángeles por nombre. Esta idea fue derivada de Ezequiel 9:2-11: “Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba…y uno en medio de ellos vestidos con ropa blanca”. En Apo.1:4: “Siete espíritus que están delante de su trono” (vea también 1:20; 3:1; 4:5; 5:6; 8:2, 6). Puesto que espíritus = ángeles en el Nuevo Testamento, ésta puede ser una confirmación de la comprensión Judía de siete ángeles principales. Así como Miguel es el ángel de la guarda de Israel, los creyentes individuales están protegidos por un ángel: Mateo 18:10, “sus ángeles constantemente contemplan el rostro de mi Padre que está en los cielos” (cp. Sal. 34:7, “el ángel del Señor acampa alrededor de aquellos que le temen”). En Hechos 12:15, Pedro – se sabe – tiene a un ángel protector: “es su ángel”.

    ELOHIM Y LOS ÁNGELES

    Es una característica obvia del Antiguo Testamento que el nombre de Dios (Elohim) sea dado también a los ángeles. El Salmo 8:5, citado en Hebreos 2:7, manifiesta que el hombre es menor que los ángeles (Elohim). Elohim es también una palabra para jueces y reyes humanos (Ex. 22:23, “jueces= elohim”). El uso del nombre divino para seres humanos es apropiado porque sustentan el poder delegado por el único Dios (cp. Sal. 82:6, “ustedes gobernantes son dioses Elohim”.) Ya hemos citado el pasaje en Éxodo 23:21 donde el ángel lleva el Nombre de Dios, como representante de Dios. Notamos también la actividad del ángel en Éxodo 14:19: “y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel cambió de dirección y fue detrás de ellos”.

    La identificación del ángel con Yahweh no significa, por supuesto, que el ángel es “co-igual” o “co-esencial” con Yahweh. El ángel está todo el tiempo subordinado a Dios; pero porque él representa a Dios, sus palabras pueden ser adscritas a Dios Mismo, sin embargo el último no habla o aparece. Los ejemplos ya han sido citados. Otros ejemplos son encontrados en Génesis 18:1, 2: “El Señor apareció…Tres hombres se presentaron frente de Abraham…Los hombres voltearon sus caras … pero Abraham se presentó aún ante el Señor [v . 22] “. 19:1: ” Los ángeles vinieron a Sodoma….El Señor nos ha enviado [v . 13 ]…Oh, no es así, mi Señor [el término usado para dirigirse a Dios] [v . 18] …Luego Yahweh llovió azufre de Yahweh desde el cielo ” (v. 24). Es claro otra vez que el ángel representa completamente a Dios y habla por él. Así, también, la ley que fue dada por Dios fue “ordenada por ángeles” (Gál. 3:19). “La palabra de la ley fue hablada por ángeles” (Heb. 2:2).

    En este punto debe ser enfatizado que el escritor a los Hebreos nunca sugiere que fue Cristo quien medió la ley. Él no da la indicación más leve de que Jesús fue el ángel del Señor del Antiguo Testamento. El empuje entero de la discusión en Hebreos es que Cristo no es un ángel, y que Dios no habló a través de Jesús en el Antiguo Testamento:

    “Dios… antiguamente habló a los padres en los profetas y ha hablado en estos últimos días en un Hijo”. El Hijo de Dios es un “mediador de un mejor pacto” y por eso no medió el Antiguo Pacto (Heb. 8:6). La creación en Génesis 1 está específicamente adscrita a Dios, el Padre: “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (Heb. 2:10).

    Fue Dios (el término usado por el escritor para llamar al Padre) “que descansó en el séptimo día de todas Sus obras” (4:4: “Dios descansó de sus obras”).

    El estatus de Cristo es aquel de “Hijo del Hombre, hecho un poco menor que los ángeles [Elohim]” (2:6, 9). La discusión es que él fue hecho menor que los ángeles, pero que su destino es mucho más grande que el de ellos: Él fue engendrado como el Hijo Mesiánico (1:5). Él debe tener un trono en la “tierra habitada del futuro acerca del cual hablamos,” (2:5), cuándo “El [Dios] introduce otra vez [en la Segunda Venida—ver la NVSA] al Primogénito a la tierra habitada” (1:6). Como Rey Mesiánico, él (Jesús) es tratado de “Dios”, un título adscrito al Rey Mesiánico en Sal. 45:6. Antes de que se concluya que esto quiere decir “Dios” en el mismo sentido que el término es usado del Padre (algunas 1300 veces en el NT), debe ser recordado que Moisés y los ángeles y los jueces fueron también dirigidos como “Dios”. El contexto en el Salmo 45 demostrará que el Rey de Mesías divinamente inspirado está siendo descrito, pero no es sugerido que él haya existido desde la eternidad. Él es definitivamente engendrado con el tiempo: “hoy te he engendrado” (Sal. 2:7; Heb. 1:5).

    Volvamos a la cuestión del ángel del Antiguo Testamento (el cual el escritor a los Hebreos dice que no es Jesús —Heb. 1:5). Muchos otros pasajes demuestran que el ángel se presenta por Yahweh:

    Josué 5:14: “como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora….Yahweh dijo a Josué …”

    Jueces 6:11, 12: ” Un ángel de Yahweh…Yahweh le miró [v . 14 ]. El ángel de Dios…El ángel de Yahweh [Vv. 20, 21] …Gedeón tuvo por entendido que él fue un ángel de Yahweh…He visto a un ángel del Señor cara a cara…Yahweh le dijo a él ” (vv. 16, 23).

    1 Cró. 21:5: “Dios envió a un ángel … y David vio al ángel de Yahweh [Vv. 16, 17] … y cayó sobre su cara y dijo a Dios…El ángel de Yahweh mandó a Gad decir a David … y David subió ante la palabra que Gad, que él habló en nombre de Yahweh [Vv. 18, 19] “.

    Algunas veces ha sido contendido que el nombre Yahweh es dado a dos personas en la misma frase: Génesis 19:24, “Yahweh llovió azufre … de Yahweh del cielo”. Antes de lanzarse a la conclusión de que dos personas son llamadas Yahweh, la siguiente declaración de 1 Rey 8:1 debería ser considerada: “Luego Salomón congregó a los mayores de Israel para el rey Salomón en Jerusalén”. Ésta es claramente una “manera de hablar” hebrea distintiva y no brinda apoyo para una teoría que contradeciría centenares de declaraciones bíblicas de que Dios es una persona sola (Deut. 6:4; 1 Cor. 8:6; 1 Tim. 2:5; Juan 17:3).

    El propósito de esta discusión de la función del ángel de Yahweh es mostrar la aplicación del nombre divino Yahweh a un subordinado de Dios que le representa. Esto será importante cuando el título “Señor” (Yahweh) es usado de Jesús como cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. La actividad que es predicada de Yahweh en el Antiguo Testamento estará consumada por el Mesías. Esto, sin embargo, no quiere decir que Jesús sea Yahweh, como tampoco el ángel de Yahweh que habla como “el Señor” (Yahweh) (Juez 6:16, 20, etc.) es de hecho Yahweh. El principio Hebreo de “representación” consiente la flexibilidad en el uso de títulos divinos para personas y lugares donde Dios es representado. Así en Jeremías 23:6 el Mesías se llamará Yahweh Nuestra Justicia, pero en Jer. 33:16 la ciudad de Jerusalén será tratada según el mismo título: “Ella se llamará: Yahweh Nuestra Justicia” Esto por supuesto no quiere decir que Jerusalén sea Yahweh! De modo semejante, ninguno debería pensar que el ángel del Señor era equivalente en esencia o divinidad a Yahweh Mismo. Éxodo 33:2, 3, 5 debería ser considerado:

    “Enviaré delante de ti el ángel…yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino. Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto”. Es claro que el ángel no fue considerado co-igual con Yahweh (el pasaje plantearía algún problema para aquellos que sostienen que el ángel fue Cristo). El ángel representó la “presencia” de Dios. Éxodo 33:14: “Mi presencia irá contigo”. Debemos hacer otra vez énfasis de que Moisés fue adiestrado para pensar acerca de la función del Mesías venidero como diferente del ministerio conducido por Yahweh a través de Su ángel:

    “A ese profeta ustedes oirán. Según todo lo que ustedes desearon del Señor su Dios en Horeb … cuando dijeron, no me hagas oír otra vez la voz del Señor mi Dios … ” (Ex. 18:16). No obstante, el Señor meterá Sus palabras en la boca de ese profeta (Deut. 18:18). Esta profecía se cumple en la vida de Jesús de Nazaret (Hechos 3:22; 7:37). Es también la base de la doctrina de Cristo del Nuevo Testamento. Claramente Él no es Yahweh; como un profeta, él es de la misma orden como Moisés; pero Yahweh habla a través de él excepcionalmente y finalmente (Heb. 1:2). Así Pablo puede decir que “Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo para a Sí Mismo” (2 Cor. 5:19). “La plenitud de la Deidad mora en él físicamente” (Col. 2:9), pero él es, no obstante, esencialmente el hombre que es el único mediador entre Dios y el hombre (1 Tim. 2:5).

    Podemos concluir de la evidencia que los ángeles asumen el nombre y la autoridad de Dios cuando le representan. Sobre este mismo principio no es inusual para los profetas decir que Dios Mismo realizará lo que más tarde el Mesías realice. Esto no es, sin embargo, confundir las personalidades del Padre y el Hijo, y eso de ninguna forma perturba la verdad declarada por Jesús de que “el Padre es mayor que yo” (Juan 14:28) y que él es “el único Dios verdadero” (Juan 17:3). La frase previa debería ser leída también: “voy al Padre, porque el Padre mayor es que Yo”. Difícilmente podemos concluir de esta declaración que el Padre fue mayor sólo mientras Jesús estaba ausente de El. Es después de todo el Padre quien sólo tiene “vida en Sí Mismo” (i.e., Él sólo es el que existe por sí mismo, el mismo significado de Yahweh), y le ha dado al Hijo el don de la vida (Juan 5:26). El Hijo de Dios perfectamente representa al Padre. Lo que hace el Hijo refleja perfectamente lo que el Padre está haciendo. De modo semejante, sin ninguna confusión de identidad, lo que se hace a los creyentes es hecho a Cristo: “Como hayas hecho a mis hermanos, me lo has hecho a mí (Mat. 25:35). Así también en Zacarías 12:10, “Los Israelitas mirarán a Mí a quien traspasaron y se lamentarán por El”. Aquí Yahweh habla; pero fue el Hijo de Dios quien fue traspasado y le verán. Yahweh fue traspasado, como se dice, cuando el Hijo fue traspasado. Esto no hace para Juan Dios a Jesús en el sentido absoluto, pues Jesús habla de la gloria que proviene del “único Dios” (“de El, quien sólo es Dios”, Plummer, Cambridge Greek Testament, p. 143). La otra declaración importante de Juan acerca de la Divinidad no muestra una partida de la opinión unitaria estricta de Dios que él heredó de la fe de Israel: En 17:3, él resume la fe Cristiana: “Esta es la Vida de la Era Venidera: Que puedan venir a conocerte a Ti, el único Dios verdadero, y al que Tú enviaste, Jesucristo”. La unidad de Dios no ha sido perturbada aún por la llegada del que es verdaderamente Hijo.

    Se alega algunas veces que la forma plural de Elohim (Dios), usada con un verbo singular, prueba que una pluralidad de personalidades fue indicada por el nombre divino. Es significativo que los eruditos estén renuentes a usar semejante discusión, y por buena razón. Los léxicos y las gramáticas del Antiguo Testamento Hebreo describen la forma plural con significado singular como “plural de majestad”. Si Elohim debe querer decir más que una persona en la Divinidad, los Judíos debieron haber malentendido la enseñanza básica de sus Escrituras. Estaban preparados para morir por la creencia de que Dios era personalmente único. Si la discusión acerca de la forma plural de Elohim debe ser sostenida, tendrá que ser demostrado porqué Elohim es usado de Dagon, un dios pagano único (Jud. 16:23); porqué la diosa Astoret, el dios Kemos, y el dios Milcom (1 Reyes 11:33) son cada uno plurales (Elohim es usado de cada uno separadamente); porqué Moisés es un “Elohim” (Ex. 4:6; 7:1); porqué Cristo es tratado de “Elohim” (Sal. 45:6; Heb. 1:8) mientras el Padre que lo unge es aún “plural”— Elohim” (v. 7). Y si el plural “Elohim” realmente quiere decir más que una persona, alguna explicación debe ser ofrecida para el significado de la forma singular de la misma palabra “Eloah” para denominar al mismo Dios como el objeto de culto verdadero (Deut. 32:17, etc.). Debería ser notado que Yahweh puede ser adjuntado a la forma plural “Adonim” (Señor) o para la forma singular “Adon” (Ex. 23:17).

    El plural intensivo de rango ocurre en el plural “Adonim” en 1 Reyes 16:24: “Shemar, el dueño [plural] de la colina”; Jueces 19: “El criado dijo a su amo [plural]”; Isa. 24:2: “Como con el siervo, así con su amo [plural], como con la criada así con su amante [singular]”. El paralelo demuestra que la forma plural tiene significado de singular. Jueces 19:26, 27: “La mujer cayó donde su marido [plural] estaba”. 2 Reyes 2:16: “Déjenlos ir y busquen a su amo [plural], Elías”. ¡Elías fue una persona!

    La misma forma plural con significado singular ocurre en la palabra “Baal”, Amo. El léxico repara en que la palabra es “a menudo plural con significado de singular” (Brown, Driver y Briggs, p. 127). En Isaías 54:5, ha sido notado que “hacedor” y “esposo” son plurales en forma. No obstante, “el Señor de los ejércitos es Su nombre”. Si algún significado debe ser atribuido a éstos, esperaríamos “tu redentor”, igualmente predicado de Yahweh, por ser plural. Su forma, sin embargo, es singular.

    La afirmación de que “Elohim” muestra pluralidad de personalidades en la Divinidad no puede ser sostenida. Que Dios es numéricamente y personalmente “Uno” ha sido declarado por los Apóstoles en términos inconfundibles, cuando dicen: “No hay otro Dios sino Uno; Hay para nosotros un Dios, el Padre, y un Señor Jesucristo. Un Dios y el Padre que es sobre todo. Un Dios y un mediador entre Dios y el hombre, Jesucristo hombre…Un Dios que es el único Dios, nuestro Salvador [adorado], por medio de Jesucristo el Señor” (Efe. 4:5, 1 Tim. 2:5, Judas 25).

    No será difícil ver que las grandes declaraciones unitarias de Pablo son virtualmente citas de las declaraciones del Antiguo Testamento de la unidad del único Dios. Así en Isaías 45:5, 6, “Soy Yahweh, y no hay ninguno más; excepto yo, no hay Elohim…Soy Yahweh, y no hay nadie más”. Isaiah 46:9: ” Yo soy Dios [El, singular], y no hay nadie más; Soy Dios [Elohim, plural] y no hay otro más que yo”. Pablo ha definido a ese Único Dios como el Padre, de quien todo procede (1 Cor. 8:6). La preposición importante “de” no se encontrará en ninguna parte en el Nuevo Testamento en lo referente a Jesús como la fuente de la creación. El Padre se levanta a solas como el Único Dios, el Creador de todas las cosas. Alrededor de esta verdad central debe forjarse la doctrina de Dios. La cita arriba que usa el plural, Elohim, y el singular, El, en la misma frase apenas sugieren que Elohim es supuesto que designa una pluralidad de personas en la Divinidad. El significado de la forma plural, donde es usado, es más bien para indicar la pluralidad y la totalidad de los atributos divinos que existen en la única Persona del Único Dios. Sobre esta Verdad central una senda de retorno a la fe de Nuevo Testamento puede ser forjada. Si esto debería parecer difícil, quizá nos debieran recordar las palabras del teólogo anglicano, John Burnaby, quien admite que la doctrina de la Trinidad “puede o no puede ser justificable en sí misma… y en todo caso no puede reclamar una validez final”.[9] Ojalá que los exponentes acuciadores del Trinitarianismo hubiesen hecho caso a esas palabras!

    Las palabras del profesor Harvard y el historiador, Fagginer Auer, son informativos:

    El Trinitarianismo del Cuarto siglo no reflejó exactamente la enseñanza Cristiana primitiva referente a la naturaleza de Dios; fue, al contrario, una desviación de esta enseñanza. Se desarrolló en contra de la constante oposición unitaria y nunca fue totalmente victoriosa. El dogma de la Trinidad debe su existencia a la especulación abstracta de parte de una minoría de eruditos.[10]

    Los comentarios de Maurice Wiles nos deberían advertir en contra de reclamar una cosa y hacer otra: “La iglesia usualmente en la práctica (lo que fuere que puede haber reclamado estar haciendo en teoría) no ha basado su Cristología exclusivamente en el testimonio del Nuevo Testamento”.[11]

    En otra conexión, aquella de nuestra comprensión de la naturaleza del hombre, Harry Emerson Fosdick dice:

    La diferencia es obvia entre los patrones mentales del Nuevo Testamento y la mayor parte de nuestro acostumbrado pensamiento Cristiano…La explicación de este contraste recae sobre el hecho de que el pensamiento Cristiano histórico a este respecto, como en otros, ha sido Griego en vez de Hebreo. Afirmando estar fundados en la Escritura, ha rendido completamente, de hecho, muchos marcos de pensamiento bíblicos y ha aceptado las contrapartes Griegas en lugar de aquellos de corte Hebreo”.[12]

    Debe ser la tarea de cada buscador de la Verdad, que toma en serio las advertencias del Nuevo Testamento de que la adoración dirigida a Dios dentro del molde de la filosofía Griega en vez de en el Espíritu y la Verdad de la Escritura es en vano, verificar su credo a la luz de la Biblia (Mat. 15:9). La adquisición de la comprensión basada exclusivamente en el Nuevo Testamento, sin la interferencia de las posteriores tradiciones que forman el corazón de la doctrina de la Iglesia Católica Romana (y las revisiones protestantes de esa doctrina), será el mejor seguro en contra de la tragedia suprema de decepción “en ese Día”, cuando Jesús dirá a muchos: “no sé de dónde eres”. Aquellos a los que se les dirigió estas palabras afirmarán que han sido enseñados por Jesús y que han comido y han bebido en su presencia. Esto sólo puede querer decir que ellos habían creído que eran Cristianos (Mat. 7:22; Lucas 13:24-28) pero que habían sido trágicamente inducidos al error.

    ——————————————————————————–

    [1] La teoría de que esta predicación fue cumplida por Noé pierde el punto. Cristo es el tema en 1 Ped- 3:19. Los espíritus fueron desobedientes en el tiempo de Noé, luego encarcelados y más tarde abordados por Cristo después de su resurrección. Cp. el comentario de Henry Alford: “Debe ser evidente a cada erudito imparcial de cuán foránea es semejante interpretación [i.e, que Noé predicó a los espíritus] del significado simple de las palabras y las cláusulas” (Testamento Griego).

    [2] Ver versículo 28.

    [3] La VRJ es poco clara, puesto que omite las palabras “aquellos (ángeles )”.

    [4] Estos comentarios no están dirigidos a descartar otras explicaciones. Lo que está propuesto parece ser la lectura más natural de la evidencia, y es echado para atrás por muchos exponentes, e.g., Alford, Driver, etc. “Bnay Elohim” quiere decir ángeles en todas sus ocurrencias en la Biblia Hebrea.

    [5] La VRJ también puede estar en lo correcto.

    [6] El demonio habla como uno de una clase de demonios.

    [7] Satanás es identificado como la serpiente del paraíso terrenal en Rev. 20:2.

    [8] La idea de que los fieles difuntos son ahora totalmente “espíritus”, o “almas” en el cielo, no se halla en la Biblia. Los demonios son espíritus vivos en el cosmos. El humanos muertos están todos sepultados en la tierra donde “no saben nada” (Ecl. 9:5). Por consiguiente sería peligroso asociarse uno mismo con sistemas de teología que aprueban cualquier forma de contacto o dependencia en “espíritus” o “santos” en el cielo. María misma es incluida en los muertos que esperan la resurrección cuando Jesús regrese (1 Cor. 15:23; cp. Juan 11:24).

    [9] La Creencia de la Cristiandad, p. 196.

    [10] Las Conferencias del Instituto Lowell, Boston, 1933.

    [11] La Reconstrucción de la Doctrina Cristiana, pp. 54, 55.

    [12] Guía para Entender la Biblia, Harper Bros., 1938 p. 93, énfasis añadido.

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