HEAVEN-AT-DEATH IS Unbiblical?

 

One of the most deceptive beliefs of modern Christianity is that people go to heaven at the moment of death. The Bible simply does not teach this doctrine, rather the goal is always the kingdom of God which one enters (on earth) through resurrection on the last day (when Jesus comes back). The problem with the heaven-at-death idea is that it stands out in front of the kingdom idea, effectively eclipsing it. One might say, “yeah, that sounds interesting that we will eventually be on earth, but what really matters to me is that I go to heaven when I die.” The heaven hope shifts our focus from this world to another place. Rather than yearning for the day when God sets this world right, we instead fall into an “escapist” mentality, believing that we’ll get taken out of here. After all, “This world is not my home, I’m just a-passing through.” Jesus simply did not talk like this at all. He was concerned about the poor, the outcasts, the lame, the lepers, the afflicted, marginalized, the lost sheep of the house of Israel. He did not promise them that at death they would enter “heavenly glory.” No! Jesus promised that they would inherit the earth, they would possess the very kingdom of God, they would finally gain mercy, comfort, and would be called the children of God. The gospel is good news because God is going to act through Christ on the last day to make everything wrong with the world right. I found the following quote about heaven to be quite encouraging:

Jesus Before Christianity

by Albert Nolan, pages 57-58, 1992

The gospel or good news which Jesus brought to the poor and the oppressed was a prophecy. He prophesied a future event which would be a blessing to the poor. This event was not merely the coming of God’s “kingdom” but the coming of God’s “kingdom” for the poor and the oppressed. “Yours is the kingdom of God” (Lk 6:20).

Jesus’ basic prophecy is contained in those passages of the gospel which we call the beatitudes:

     Blessed are the poor
     because yours is the kingdom of God.
     Blessed are you who are hungry now
     because you shall be satisfied.
     Blessed are you who weep now
     because you shall laugh.
(Lk 6:20-21)

…If great hopes for the future were awakened in the poor by Jesus’ activity, even greater hopes must have been awakened by his prophetic words. But these hopes had originally nothing whatsoever to do with heaven–at least not as a place of happiness and rewards in the after-life. Heaven in the time of Jesus was a synonym for God. The “kingdom” of heaven means the “kingdom” of God. Having rewards or treasures in heaven means being in the good books of God. Literally heaven was the sky, the place where God and all other spirits dwell. All dead people go into sheol, i.e., the underworld or the grave. Even those who believed in rewards and punishments in the after-life (before the general resurrection) pictured this as something that happened in two different departments of sheol. The virtuous were in the bosom of Abraham in sheol, and a great chasm separated them from the wicked, who were in another part of sheol (compare Lk 16:23-26). The Christian belief in heaven originated after the death of Jesus with the idea that he had been taken up into heaven or exalted to the right hand of God.

But the good news of the “kingdom” of God was news about a future state of affairs on earth when the poor would no longer be poor, the hungry would be satisfied and the oppressed would no longer be miserable. To say “Thy kingdom come” is the same as saying “Thy will be done on earth as it is in heaven” (Mt 6:10 par).

LO QUE DIJO KENNETH HAGIN SOBRE LA PROSPERIDAD MATERIAL

 

La Advertencia Olvidada de Kenneth Hagin
por: Lee Grady, editor de Charisma Magazine
traducción: Arturo Perales

Antes de morir en 2003, el respetado padre del movimiento Palabra de Fe corrigió a sus hijos espirituales por haberse ido a los extremos con el mensaje de prosperidad.

El maestro de la biblia carismático, Kenneth Hagin padre, Es considerado el padre del llamado evangelio de prosperidad. El folclórico, auto didacta “papá Hagin” comenzó un movimiento raíz que produjo un seminario Bíblico y una cosecha de famosos predicadores incluyendo a Kenneth Copeland, Jerry Savelle, Charles Capps, Jesse DuPlantis, Creflo Dollar y docenas de otros más –Todos los cuales enseñan que los Cristianos que dan generosamente deben esperar recompensas financieras de este lado del cielo.

Hagin enseñó que Dios no se glorificaba por la pobreza y que los predicadores no debían ser pobres. Pero antes de morir en 2003 y dejar el Centro de Entrenamiento Bíblico Rhema en manos de su hijo, Kenneth Hagin hijo, reunió a muchos de sus colegas en Tulsa para reprenderlos por distorsionar su mensaje. No estaba feliz que algunos de sus seguidores estaban manipulando la Biblia para apoyar lo que él veía como codicia y egoísmo indulgente.

Aquellos que estaban cerca de Hagin padre dicen que el era muy apasionado acerca de corregir estos abusos antes de morir. De hecho, el escribió un libro crudamente honesto para tratar con esto que le preocupaba. El Toque de Midas fue publicado en el año 2000, un año después de aquella infame reunión en Tulsa.

Muchos ministros Palabra de Fe ignoraron el libro. Pero en la luz de la reciente controversia sobre las doctrinas de prosperidad, sería bueno desempolvarlo y leerlo otra vez.

Aquí pongo algunos de los puntos que Hagin hace en El Toque de Midas:

1. La prosperidad financiera no es una señal de la bendición de Dios. Hagin escribió: “si la riqueza por si sola fuese señal de espiritualidad, entonces los narcotraficantes y capos del crimen serúan gigantes espirituales. La abundancia material puede estar relacionada a las bendiciones de Dios o puede que no tenga nada que ver con las bendiciones de Dios.

2. La gente nunca debiera dar para poder obtener. Hagin fue crítico con aquellos que “tratan de hacer el plato de la ofrenda una especie de maquina tragamonedas”. El denunció aquellos que relacionan el dar con el obtener, especialmente aquellas que dan autos para obtener autos nuevos o que dan trajes para conseguir nuevos trajes. El Escribió “no hay una formula espiritual para sembrar un Ford y cosechar un mercedes”.

3. No es bíblico “nombrar la semilla” en una ofrenda. Hagin se horrorizó por esta práctica, que fuera popularizada en las conferencias de fe de los 1980’s. Los predicadores de fe en ocasiones le dicen a los donantes que cuando ellos den en una ofrenda deben reclamar un beneficio específico para recibir una bendición de vuelta. Hagin rechazó esta idea y dijo que enfocarse en lo que vas a recibir “corrompe la actitud misma de nuestra naturaleza dadora”.

4. El “ciento por uno” no es un concepto bíblico. Hagin hizo las matemáticas de la formula y calculó que si esto fuera cierto “habría cristianos caminando no con billones o trillones de dólares ¡sino con cuatrillones de dólares!” El rechazó la enseñanza popular que el creyente debiera reclamar un retorno monetario especifico.

5. Los predicadores que reclaman tener una unción para romper deudas, no debieran ser confiados. Hagin estaba perplejo por los ministros que prometían “cancelación sobrenatural de deudas” a aquellos que dan ciertas ofrendas. El escribió en El Toque de Midas: “No hay una sola escritura que conozca que valide tal práctica. Me temo que solo es una trampa para recaudar dinero para el predicador, y al final puede convertirse en algo peligroso y destructivo para todos los involucrados”.

(Muchos evangelistas que aparecen en la televisión Cristiana hoy usan esta afirmación falsa. Generalmente insisten que la cancelación de deudas milagrosa ocurrirá solo si la persona “da ahora mismo”, como si la unción para este milagro de repente se evaporara después de la hora del programa. Este reclamo manipulador tiene más que ver con brujería que con la fe cristiana).

Hagin condenó otras chapuzas diseñadas para embaucar las audiencias a que vaciaran sus billeteras. El se encolerizaba especialmente cuando un predicador de radio le decía a su audiencia que llevaría sus oraciones a la tumba vacía de Jesús en Jerusalén para orar por ellas allí –Si los donantes incluían alguna ofrenda de amor especial. “Lo que ese predicador de radio realmente quería era que más personas le mandaran ofrendas” Hagin escribió.

Gracias al resurgimiento de los fraudes de donaciones aberrantes promovidas por los carismáticos americanos, el evangelio de la prosperidad está de nuevo bajo el microscopio de la nación. Es tiempo de repasar aquellas cosas que preocupaban a Hagin para encontrar un balance bíblico.

Hagin le dijo a sus seguidores: “Sobre enfatizar o añadir a lo que la biblia realmente enseña invariablemente hace más daño que bien” Si el hombre que fue pionero en el concepto de prosperidad bíblica sonó el silbato sobre su propio movimiento, ¿no tendría mucho sentido para nosotros hacer caso a su amonestación?

 

EL CRISTIANO Y LAS MIXTURAS

 

  

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

La Adoración del Becerro de Oro

 

 

Idolatría. (Del b. lat. idolatrīa, y este del gr. εδωλολατρεα). f. Adoración que se da a los ídolos. || 2. Amor excesivo y vehemente a alguien o algo. 

 En el Antiguo Testamento se describe una y otra vez  la apostasía constante de Israel contra Dios. Esta apostasía era regularmente una mezcla de paganismo religioso con la búsqueda de Jehová. Después de su salida por mano de Dios  del país de Egipto, Israel no desaprobó  por entero la adoración del Dios bíblico pero la mezcló con  los cultos de las naciones de su alrededor. En el Ex.cap. 32  se muestra que Israel fundió un becerro de oro para venerarlo: 

 “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse” (Ex.32:1-6). 

Según los textos anteriores,  aun Aarón se hizo cómplice de la idolatría de ellos, a pesar de haber sido consagrado antes ya, junto a sus hijos Nadab y Abiú, como un sacerdote y servidor de Dios en el tabernáculo de reunión, en el altar del santuario (Ex. 28:43): 

“Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote” (Ex.28:1-3).  

Dios demandó con celo a Israel para que le adorara solo a él. Ningún ídolo debería ser hecho por mano alguna para ser idolatrado. La adoración a “dioses ajenos” fue prohibida terminantemente por Jehová (Ex.20:1-5), so advertencia de fuerte y pavoroso juicio como resultado de la desobediencia (Ex.22:20).  

Es muy importante hacer notar un detalle aquí: 

“Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová” (Ex.32:5).  

Con una asombrosa y segura convicción de la veracidad del poder de Dios y de su existencia cuando fue testigo de la liberación de Israel de la nación egipcia, de haber visto la gloria y la manifestación sobrenatural de Dios en la cumbre del Sinaí, de haber escuchado en el monte santo con gran claridad la potente voz del Creador desde del cielo, y habiendo conocido sus santos mandamientos entre los que estaba prohibido cualquier clase de idolatría, la adoración de dioses extraños (Ex.cap.20), Aarón con impulsiva osadía,  sin temor e indiferencia, pareciera equiparar con tanta ecuanimidad en sus palabras al ídolo de fundición con el Todopoderoso Jehová de los Ejércitos. Este tipo de becerro, así como el toro  sagrado, eran comunes en los ritos paganos de la fertilidad. En medio de una mixtura pagana-celestial, sincrético desastre, Jehová recibe una alborotada fiesta de parte del pueblo de Israel (Ex.32:17-18): al día siguiente, los israelitas madrugan para ofrecer holocaustos y ofrendas de paz, sentándose a comer, a beber y a regocijarse (“a jugar”, Ex.32:6).   

En esos momentos, el pueblo se desenfrenó extasiado carnalmente festejando y adorando al mismo tiempo al Dios Eterno como al becerro de oro perecedero. Esta clase de arrebato incontrolable ritualista era posible verlo además en los cultos de las naciones gentiles y alejadas del Dios bíblico, ejemplo, en el babilónico, donde los sacerdotes se desnudaban con frenesí en un trance desquiciado. Es claro que Aarón no acepta su responsabilidad de haber consentido al pueblo para  la fabricación del becerro de oro para que fuese adorado (Ex.32:5, 8), y la justificación, como vemos casi siempre a pesar del error, no se hizo esperar:  

“Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? Y respondió Aarón: No se enoje mi Señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido” (Ex.32:21-23).  

El pueblo de Israel adoró a Jehová en todo el transcurso de su historia veterotestamentaria, pero también adoraron a los ídolos inertes y profanos que no “ven, ni oyen, ni hablan, ni caminan” (Sal.115), creyendo que Dios en esta religiosa y ambigua búsqueda aprobaría su denigrante y abominable  práctica. Estaban muy equivocados.  

Más adelante, en otro lugar, la mixtura religiosa de parte de Israel es notable. Desde la salida de  Egipto hasta su asentamiento en la tierra de Canaán, Israel, por voluntad propia,  fue sometido a la idolatría de los pueblos vecinos cananeos.  Esto vino a exacerbarse  por causa de los matrimonios mixtos que se dieron entre ellos y que  llegaron a ser de una influencia maligna para Israel; ejemplo tenemos de lo último, con el rey Salomón (1 R. 11:1-13), y con el rey Acab (1 R.16:30-33).  

Para Israel, no era nada diferente adorar una imagen tallada de cualquier material que al Rey Jehová. Las cadenas del paganismo continuaban aprisionando sus corazones, incapacitándolos para entender el mandato que decía: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás. . .” (Ex.20:3-5).   

En el segundo libro de los Reyes el pueblo escogido de Dios, Israel, teniendo “un pie metido completamente en el hoyo y otro puesto a medias en el altar” temían a Jehová pero con simultaneidad honraban y sacrificaban a los ídolos muertos conforme la costumbre de las naciones paganas:   

“Temían a Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos. Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados” (2 R.17:32-33).  

Hoy en día, no es nada extraño o raro que en las Iglesias de Cristo continúen con semejante “hacer mixturado”. Es cierto que no se adora ni se honra en sus templos a ídolos de madera, ni de piedra, ni tampoco de concreto como lo hacen abiertamente y con descaro los apóstalas de la Iglesia Católica Romanista, pero sí otras formas del mundo moderno que poseen requisitos convincentes para ser “ídolos”.   

Los “ídolos modernos” que han surgido del mundo,  también han invadido con éxito pasmoso por la sutil maestría del diablo, qué por algo es el padre de mentira, en las Iglesias cristianas profesantes.  Entre estos están los ídolos de la música mundana, como el “ídolo de rock”, el del “regatón”, el   “ídolo del mariachi”; también está el de la “danza moderna”, el del “teatro”, ¡hasta está el del “circo”!, con payasos, luces y humos, del mismo modo que se ve en el negocio del “espectáculo debe continuar”. “Ídolos de las multitudes que se hacen llamar creyentes, como son un sin número de artistas musicales que le cantan a un Dios indefinido (Nada de teología oímos en sus emotivos cantos: ¿Cómo quieren alcanzar a los perdidos entonces?) y comediantes seudo cristianos” que encubiertamente se han escabullido  entre el pueblo de Dios para destruir el espíritu bien dispuesto de muchos creyentes. Tenemos el caso de Dante Gebel, quien no deja de hacer de la Sagrada Palabra una total irrisión y burla con sus religiosos y oscuros “chistoretes” de mal gusto y que ofenden a Dios; los mismos pastores de la súper fe y de la doctrina de la prosperidad, vg. Cash Luna, Benny Hinn, y el resto de la prole profana y perversa  que promocionan el mismo camino de condenación y muerte en la Iglesias, buscados con avidez para ser idolatrados por las ovejas engañadas, aunque proclamen mentiras y gruesas blasfemias, por su carisma, presentación y elocuencia, han sido cambiados y amados por la verdad bíblica del Dios que es Bendito para siempre y que aborrece su mover  con todo su justo y límpido corazón.   

El problema radica fundamentalmente en la no conversión de tantos que creen y declaran  que sí son convertidos por razón del engaño al que están sometidos, por la ignorancia de las Escrituras (mucha veces hemos insistido de la pasividad y el desinterés por las Escrituras de parte de los creyentes desnutridos en el espíritu; recordad lo que dijo el profetas Oseas: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”, Os. 4:6.), Escrituras que advierten con énfasis cuantioso sobre semejantes formas idolátricas y sobre el engaño religioso de los postreros tiempos (1 Tim 4:1, Mr. 13. 5, 6; Lc. 21:8; Mt. 24:4, 5; 2 P. 2:1-3), por seguir atascados en las misma condición mundana y pantanosa que una vez amaron, y que siguen amando, por lo que se pude ver evidentemente sin la menor duda.     

Por desgracia, esto tendría que dar principio inexorablemente en momento dado porque la Palabra de Dios así lo profetiza de  forma categórica. Dios continúa probando a su pueblo, y los que no den “la talla”, porque no todo son de él, serán excluidos de las  hermosas bendiciones del futuro Reino de Dios en la Tierra:  

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Stg. 1:12).   

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt.7:21).  

Paradójicamente, la Iglesia de Cristo reniega de la idolatría abierta que practican los católicos romanistas, mientras ellos, pero en otra forma, idolatran las formas del mundo que han incursionado dentro de los templos, dando como producto un sincretismo caótico y contradictorio que los hace peligrar espiritualmente con mucha seriedad,  pudiendo comprometer por la eternidad su salvación al haberla tomado por poco.

 

Para terminar, los dejo con este  texto sencillo pero del que podrá hacerse una reflexión de provecho de lo que hemos comentado. Y conste que va dirigido a los verdaderos cristianos como una exhortación:   

“Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.” (1 Jn.5:21).  

Dios les bendiga siempre. 

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