NUEVO BLOG “RETORNO AL PARAÍSO”

NUEVO BLOG “RETORNO AL PARAÍSO

 

 

 

Como ya se habrán podido dar cuenta ustedes, mis distinguidos visitantes, los temas que más he publicado en mis blogs son: EL UNITARISMO y EL REINO DE DIOS. Estos dos temas están desperdigados en todos mis blogs, por lo que he creído conveniente separarlos en dos blogs distintos para que ambos temas sean ubicados más fácilmente.

 

Si desean leer únicamente sobre el Unitarismo, pueden hacer clic en el siguiente enlace:

 

www.unitario.bloghostal.com

 

Si desean leer únicamente sobre el evangelio del Reino, pueden hacer clic en el siguiente enlace:

 

www.retornoalparaiso.blogspot.com

 

Espero que ambos blogs sean de su agrado.

 

Su Servidor,

 

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

¿SON REALES SATANÁS Y LOS DEMONIOS?

 

 

 

¡Una Refutación Contundente a la Tesis Cristadelfiana del diablo como la Personificación del pecado!

 

 

Por Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

 

“La concepción más extendida en Occidente es la judeo-cristiana, según la cual, los demonios son espíritus del mal con la potestad de poseer a los seres humanos. Para el cristianismo, en particular, los demonios son espíritus inmundos, vale decir, esbirros de Satanás, príncipe de este mundo y enemigo declarado de Dios y sus ángeles, cuya morada es el regnum caelorum [reino de los cielos]. Se le identifica con el Ángel caído, que se rebeló contra Dios”. Tomado de Wikipedia.

Satanás latín satâna, arameo שטנא shatán (‘adversario, enemigo, acusador’).

Probablemente el nombre proviene de la traducción griega del término bíblico hebreo ha-shatán, entidad mencionada como un espía errante de Dios sobre la Tierra.

La raíz shtn significa ‘impedir’, ‘hostigar’, ‘oponerse’, y el sentido primario de shatán es simplemente ‘enemigo’, ‘adversario’ (1Sam 29, 4; 1Re 5, 18; 1Re 11, 14-25). Tomado de Wikipedia.

El sustantivo Satanás, significa «adversario» (véanse Job 2:1-7; Zac. 3:1, 2). Es el más elevado de los seres caídos. Es el rey del reino de las tinieblas. En las Escrituras se le dan varios calificativos que describen su carácter: Diablo, Dragón, el Maligno, el príncipe de este siglo, el príncipe de la potestad del aire. . .su fin será en el lago de fuego (Ap.20:10).

Los demonios: Son los ángeles, ahora caídos, que se rebelaron contra Dios y siguieron a Lucifer. Un número indeterminado de ellos ha sido retenido en prisión y será suelto durante la tribulación final (Ap. cap. 9). Evidentemente, los demonios tendrán un papel importante en las actividades de satánicas de los postreros tiempos (véase Ap. 16:13, 14; 18:2).

Para que el lector logre comprender con facilidad y sin torpeza el presente artículo, nos hemos visto obligados, por la necesidad de la circunstancia, ante que todo, de explicar ciertos detalles que consideramos importantes para esta causa o propósito. Ahora, empecemos, pues:

La importancia de los símbolos:

Los símbolos se encuentran desde épocas ancestrales en las culturas del mundo, sin excepción. Se utilizan en nuestra sociedad para mostrarnos, por medio de ideas abstractas, o imágenes, algo concreto, haciéndolo prácticamente comprensible. Los símbolos nos muestran como conducirnos adecuadamente. Los vemos en las señales de tránsito; existen además en los aviones, en los negocios, en las cercas de las casas, en las escuelas, en las carreteras, en terrenos que ofrecen peligro, ejemplo en áreas en que hay trasformadores de alta tensión, en partes elevadas y con poca protección a las caídas, en las botellas de veneno, de álcalis y ácidos, etc. También el exceso vano de palabras, o sea, el retorismo, sale sobrando por medio de los símbolos. Los símbolo son parte de las figuras de dicción que tienen como finalidad el aclarar algo, mas no nublarlo en confusión.

En todo tiempo, la Biblia ha sido sometida con arbitrariedad por voluntad humana a distintas maneras de interpretación que rompen con su congruencia, dándole una dirección desordenada y desequilibrada. Las figuras literarias, en general, deben interpretarse en el ambiente del libro que se lee, como un escritor teológico lo ha sugerido. Comenta, que estas figuras “deberán interpretarse de manera normal, natural y llana, sin espiritualizase, ni alegorizarse”.

Por falta de una correcta sistematización teológica, muchos teólogos y estudiosos, como en el caso de los “idealistas”, entienden mal los sucesos históricos que en ella hay, dándole una conceptualización subjetiva que esconde su realidad literal. Niegan cualquier cumplimiento de la historia que se encuentre en la Biblia. Su sistema hermenéutica de alegorización descarta su historicidad sin establecerse un control adecuado y firme de interpretación.

En el evangelio según San Marcos, capítulo cinco, leemos:

“Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas.

Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban” (Mr.5:1-20).

En el capítulo cinco del evangelio de San Marcos se relata la historia de un hombre poseído por poderosas entes externas de maldad, es decir, por demonios. Se deberá tomar en cuenta, que este relato no es ni una alegoría ni tampoco una parábola. Es un relato bien detallado un hombre de Dios llamado Marcos. El contenido de los textos apunta a un suceso histórico y verídico. Si alguien tiene pensado que esto no fue un acontecimiento real en el pasado, inferiría que el ministerio de Jesucristo no dejaría de ser tan solo una fantástica y quimérica leyenda.

Los cristadelfianos sostienen con frágiles y débiles argumentos que Satanás y los demonios son una representación simbólica o alegórica del pecado que existe en el hombre y que lo empuja a realizar un harto número de iniquidades y detracciones que injurian el carácter inmaculado de Dios. No cabe duda que existen varios puntos razonables y convincentes, sin olvidarnos de decir, con base bíblica, en contra de esta postura doctrinal extraña del concepto verdadero y literal de la persona del diablo.

La narración en Marcos cinco refiere que había un hombre poseído por una “legión” de demonios que le obligaba a morar en los sepulcros y el cual era imposible sujetarlo físicamente y con seguridad por “terceros” para protegerlo contra el daño que se auto infligía con piedras; los grillos y cadenas que se le colocaban, eran desechos con suma facilidad como si fueran “delgadas cuerdas de papel”. Es evidente que los seres humanos no poseen una fuerza tal para efectuar “soberana” cosa; había algo más allí, y era, por supuesto, el poder supra humano de los demonios que habitaban dentro de él (“legión”), dándole una poder desmedido e increíble al hombre atormentado. Como comentamos, dice la historia que el endemoniado fue atado en muchas ocasiones (gr. “pollakis dedesthai), con grilletes (“pedais”) en pies y manos, pero sin un esperado éxito.

Alguien podría decir que se trataba de un ser humano completamente loco y que su estado le confería una fuerza descomunal para deshacer sus fortísimas ataduras, porque sabemos las personas desquiciadas y violentas en una condición psíquica desbordada pudieran desarrollar una gran pero limitada fuerza que sería controlable de algún modo (fármacos antipsicóticos, camisas de fuerza, electrochoque). Es cierto que las personas endemoniadas podrán presentar alteraciones mentales que las hacen ver como si sufrieran alguna psicosis muy severa, pero no todos aquellos individuos que estén padeciendo una determinada clase de locura tendrían que estar necesariamente endemoniados. La Biblia hace una notable separación entre un individuo “lunático” de uno que está “endemoniado”:

“Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, «los endemoniados», «lunáticos» y paralíticos; y los sanó” (Mt. 4:24).

La Biblia no menciona que el hombre posea o pueda desarrollar poderes sobrenaturales como el de la “adivinación” y que procede sin duda de Satanás. La Biblia relata de una joven que tenía un “espíritu de adivinación” y que Pablo exorcizó en el Nombre de Jesucristo:

«Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía “espíritu de adivinación”, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora” (Hech.16:16-18).

Note que Pablo no se dirigió directamente a la joven para reprenderla, sino al espíritu o demonio que cargaba, mandándole a salir de ella. Despojada ya del impío y bruno ente que la dominaba, habilitándola para “adivinar”, la reacción no se hizo esperar: hay protestas de parte de los amos de la joven esclava que les daba a ganar mucho dinero en esa condenable situación, y Pablo y compañía son prendidos a causa de ellos, acusados delante de las autoridades, para ser azotados con varas y encerrados en la cárcel:

“Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades; y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad” (Hech.16:19-23).
“Pero había en la sinagoga de ellos un hombre “con espíritu inmundo”, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios” (Mr.1:23-24).

Con indiscutible y pasmosa literalidad, el texto habla que “había un hombre con un espíritu inmundo”. El comentario al texto griego del Nuevo Testamento de A.T. Robertson, dice lo siguiente en apoyo a lo anterior:

“Con espíritu inmundo» (gr. “en neumati akathartöi”). Este empleo de “en”, con, es común en la LXX, como en el hebreo “be”, pero también aparece en los papiros. Es el mismo modismo que «en Cristo», «en el Señor», tan comunes en Pablo. . . El espíritu inmundo estaba en el hombre y el hombre en el espíritu inmundo, un hombre bajo el poder del espíritu inmundo. . . Espíritu inmundo se emplea como sinónimo de «demonio» (“daimonion”). . . Por lo general, la posesión demoníaca iba acompañada de enfermedades físicas o mentales. . .”

Regresando al capítulo cinco del evangelio de San Marcos nos percatamos que el endemoniado ha visto de lejos al Señor Jesucristo, y sin haberle conocido antes, corre, llega, se le aproxima, y arrodillándosele, lo llama, con asombro, por su nombre:

“Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes”.

La pregunta es, ¿cómo es qué este turbado hombre sabía qué la persona qué estaba delante de él era con seguridad el Hijo del Altísimo Dios? Sencillamente porque no era dicha persona la que declaraba esta verdad sino el demonio que en su interior moraba.

Los evangelios enseñan que Jesús en el inicio de su ministerio terrenal, mandaba “silenciar”, “callar” a los demonios porque sabían precisamente quien era. Cristo evitaba con autoridad que interfirieran en su ministerio. Vemos esto:

“Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba «hablar» a los demonios, porque le conocían” (Mr.1:32-34).

No cabe duda que el pecado en el hombre viene a formar parte de él como cosa natural a causa de la caída de los primeros padres en el Huerto del Edén (Gn. cap. 3). A pesar de haber sido justificado en la Sangre de Cristo y en un vivir conforme la Palabra de Dios, es posible que el creyente sincero pueda retroceder para caminar las mismas sendas mundanas que una vez recorrió, porque su naturaleza depravada no ha sido abolida sino sujetada en un momento dado de su vida, como buen cristiano, a la obediencia que demandan los divinos estatutos. Por esta razón, el creyente deberá fortalecerse en la Palabra de Dios y resistir en grande fe los delicados y sensuales ofrecimientos de su mente engañosa, del mundo, y del astuto e incansable hacedor de desatinos llamado Satanás. De no ser así, el resultado sería por ley espiritual muy desastroso y trágico (Por favor, lean los textos, es importante para que se entienda bien el escrito presente):

“Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta. Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 P.2:15-22).

La cuestión es, si el pecado es un estado inherente en la humanidad caída en general, teniéndose en cuenta lo que afirman los cristadelfianos, que el diablo es una representación alegórica del pecado, ¿cómo es posible que Cristo, si esto es verdad, mande repetidamente a ese “pecado” a salir de aquel garadeno indomable como si fuera una ser consciente e inteligente, es decir, una persona (a propósito, se dirige el Señor en «segunda persona») ¿Acaso, cuando fue expulsado por Cristo ese “pecado”, al que llaman “demonios” o “Satanás” los cristadelfianos, vino a ser aquel hombre de conducta bizarra una persona instantáneamente “pura” y “sin mancha” en lo absoluto? Pregunto, otra vez: ¿Dejó de ser una persona pecadora por siempre este hombre castigado por un mal deliberado?

Al parecer, los cristadelfianos no se han detenido a analizar con muy conciente seriedad este delicado asunto, aceptando con increíble conformismo la creencia dislocada de que Satanás, el diablo, es tan solo un símbolo de la maldad humana. La Biblia, desafortunadamente para ellos, no concuerda con su  idea o pensar.

La Biblia sostiene que el cristiano continuará llevando en sí mismo una naturaleza pecadora, aun a pesar de ser una «nueva criatura» en Cristo (2 Co. 5:17). El cristiano fiel, apegado a los mandamientos de Dios, dejará de ser un agente que lleva la semilla del pecado en el momento que sea perfeccionado en la resurrección de los muertos, o en la transformación de los vivos en «el día de Jesucristo», en la segunda venida del Señor al mundo (1 Ts. cap. 4; 1 Co. cap. 15). Pablo resuelve con inteligencia y facilidad la inherencia del pecado en el hombre convertido a Cristo:

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado” (Ro.7:14-25).

Y en 1 de Juan:

“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Jn.1:10).

“Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región” (Mr.5:10).

En esta parte del suceso histórico, según este último versículo, el demonio que moraba en el hombre le “rogaba”, le “suplicaba” al Señor “para que no lo enviase fuera de aquella región”. Aunque Marcos no lo especifica, Lucas menciona que era el “abismo” el lugar donde el demonio, o los demonios con mucho temor, rogaban al Señor para que no los enviase:

“Y le rogaban que no los mandase ir al abismo” (Lc.8:31).

En el comentario al texto griego de A.T. Robertson, se habla de lo qué significa efectivamente este lugar tan terrorífico:

“Al Abismo” (“eis tën abusson”). Una palabra antigua e infrecuente, aunque común en la LXX, de “a”, privativo y “bathüs” (profundo). Por ello lugar sin fondo (súplase “chöra”). El profundo mar de Génesis 1:2; 7:11. El receptáculo común de los muertos en Romano 10:7. y especialmente la morada de los demonios, como aquí y en Apocalipsis 9:1-11; 11:7; 17:8; 20:1, 3″.

En la epístola de Judas se refiere a este “abismo” como un lugar de “prisiones eternas”, en el “que los ángeles caídos que no guardaron su dignidad” y encarcelados en las más oscuras de las tinieblas esperan el día de fatal juicio:

“Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día. . .” (Jud.1:6).

¿Suena qué sea esto una alegoría o un simbolismo? Se requiere estar muy insensible en el discernimiento espiritual para no darse cuenta uno de esta verdad tan literal y contundente. Lo que argumentamos rompe con bastantes pruebas la irrazonable  teoría cristadelfina que refuta la verdadera doctrina de la persona de Satanás y de sus entidades malignas e inteligentes.

¿Una pregunta tan sencilla y simple? ¿Cuál es la explicación qué dan los cristadelfianos de los demonios que han sido expulsados del hombre para ir a posesionarse en los cerdos que pastaban en esos momentos de portento y asombro? ¿Dejó el “pecado” al gadareno para instalase ahora en estos burdos y sucios animales? ¿O era en realidad demonios literales que fueron expulsados por el Señor Jesucristo para dar testimonio del poder Dios, por amor y misericordia, a un hombre que era atormentado por esos seres invisibles repulsivos y conscientes?

Creo yo, que la respuesta, es muy sencilla y racional.

El problema de Ap. 20:2.

“Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. . . ” (Ap.20:2).

Los cristadelfianos le han dado al texto una explicación alegórica únicamente desvirtuando la racionalidad de su sentido literal. El siguiente comentario de un teólogo de gran reputación, desfavorece con gravedad la mala interpretación que han hecho del contenido del presente texto apocalíptico:

“Y prendió al dragón” (“kai ekráteisen toi drákonta): “El verbo «prendió» (“ekráteisen”) es el aoristo indicativo, voz activa de “kratéo”, que significa «ejercer poder». El aoristo tiene aquí una función dramática. El modo indicativo señala la realidad de la acción. El citado verbo destaca el hecho que Satanás es apresado. El ángel celestial se apodera de él. Obsérvese los sustantivos que el apóstol usa para describir al maligno: «dragón», por su carácter repulsivo; «serpiente antigua», por su relación con el huerto del Edén y su sutileza en la tentación (véase 2 Co.11:13); «diablo», porque es calumniador por excelencia (Jn.8:44); y «Satanás», porque es el adversario de Dios y el acusador de los redimidos (véase Zac. 3:1, 2)”.

“También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas. . .” (Ap.13:3).

Aquí el «dragón», el diablo, se describe como «Grande» (“megas”, gr.). Satanás ha sido la más excelsa de las criaturas hechas por Dios, por lo tanto, su obra de maldad en la tierra es sideralmente gigantesca, y desde un principio, mucho antes de la fundación del mundo, ha resistido con vehemencia la voluntad divina. El color «escarlata» (“pyrrós”, gr.) en el «dragón», denota ira, furor, sangre y muerte. El color rojo simboliza que “Satanás es homicida desde el principio” (Jn. 8:44), y el primer homicidio incitado por él lo vemos en el libro del Génesis, con Caín y Abel (Gn. cap. 4). Guerras y asesinatos en masa, han sido instigados por el inmisericorde Satanás. El color escarlata, presenta a Satanás como un ser sediento de sangre. El «dragón» representa al diablo como un monstruo, una bestia, un ser detestable y deformado. El «dragón» como símbolo de Satanás, representa nada menos que su carácter animalesco y salvaje, «una distorsión de la creación», como dice el Dr. Evis L. Carballosa.

El vocablo «dragón» fue tomado del Antiguo Testamento (véase Is.27:1; 51:9). Está relacionado con el «leviatán» o monstruo marino gigantesco. El «dragón» y el «leviatán» representan las formas más perversas y abigarradas del mal.

En ese mismo texto se describe al «dragón» con «siete cabezas». Las «cabezas» representan naciones, gobiernos, reinos, reinados. Estas «siete cabezas» que están en el «dragón» son “siete imperios gentiles mundiales” bajo el dominio de Satanás y son, lo seis primeros, el egipcio, el asirio, el babilónico, el medo persa, el greco macedonio, y el romano. El último, el “séptimo”, es uno escatológico y que presidirá el Anticristo bajo la autoridad y el poder del diablo, que lo regirá en las más densas tinieblas terrenales:

“Y la bestia (el Anticristo) que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Ap.13:2).

Cada uno de los diez cuernos del «dragón» o del diablo, representan una nación o reino que habrán de coalicionares para formar un solo reino o súper imperio mundial y futuro el cual gobernará el Anticristo. Pero detrás del telón, estará el diablo manipulándolo a voluntad propia como a una insignificante y vil marioneta de hilos para recibir a través de este agente humano, el «hijo de perdición» (ver 2 Ts. cap. 2), adoración por los que habitarán la tierra en ese entonces:

«. . . y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (Ap.13:4).

Vimos, pues, que el «dragón» es un simbolismo nítido que nos lleva a comprender la naturaleza de la persona del diablo, que es asesina, perversa e impía. Nada bueno hay en ella. Ese es el estado natural corrompido de Satanás.

Por otro lado, en un paralelismo comparable, pero opuesto y negativo, la persona de Cristo muestra su carácter mesiánico por medio de figuras de dicción. Ejemplo tenemos:

Cristo como «el pan de vida», porque ofrece alimento espiritual (Jn.6:35, 41, 48, 51); como «la luz del mundo» (Jn.8:12), porque da entendimiento para salvación; como «la puerta de las ovejas» (Jn.10: 7, 9) porque por medio de Cristo se logrará entrar al reino de Dios en la tierra en el futuro (véase además Jn. 10:4, 14; 11:25; 14:6; 15:1, 5).

«El príncipe de la potestad del aire»:

“. . . en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. . . ” (Ef. 2:2).

Este concepto del diablo, como «príncipe de la potestad del aire», tampoco se ajusta, ni corresponde, con la idea de que el diablo es una representación alegórica o simbólica del pecado del hombre. No existe ninguna relación entre una cosa y otra. Ajenas y distantes son, sin discusiones que valgan la pena.

“Al príncipe de la potestad del aire” (“tou archonta tës exousais tou aeros”). En la antigüedad “aër” se utilizaba para señalar la atmósfera más baja y densa, y “aithër” para la más elevada y enrarecida, términos relacionados donde habita invisible Satanás y su sarta de demonios engañadores. Pablo, en el capítulo seis de la carta a los efesios le nombra a este “escondrijo” espiritual «lugares celestiales»:

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad «en las regiones celestes»” (Ef.6:12).

Es importante hacer saber que en griego no hay un término para «huestes» (“ta neumatika tës ponërias”: «huestes espirituales de maldad»). Posiblemente el texto se refiera a «los espirituales de maldad». “Ponëria”, de “ponëros”, que significa “depravación” (Mt. 22:18; 1 Co. 5:8). «En las regiones», o «celestiales» (“en tois epouraniois”), es sin objeción la esfera o dimensión ignota en la que maquinan sus fechorías y maldades el diablo y sus sumisos esclavos sin jamás desistir ni descansar.

“No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí” (Jn.14:30).

Cristo afirmó que Satanás es «el príncipe de este mundo» y que ninguna influencia negativa de este depravado ente de la oscuridad fue capaz de afectarlo un momento dado de su vida, ni en su ministerio terrenal (Mt.4:1-11). Si Cristo no poseía la naturaleza pecadora que nosotros tenemos, es extraño que haya sido tentado a pecar sin una causa aparente, porque si aprobamos la teoría cristadelfiana que Satanás representa el pecado de los hombres, sería entonces imposible concebir cómo Cristo fue “tentado”, porque cada uno de los seres humanos, por causa de la propia “concupiscencia”, es «seducido y atraído» a la práctica inicua. Cristo carecía de este problema. No creo que los cristadelfianos tengan una justificación racionalizada para el caso (véase Stg. 1:13-15). Lo que sí queda pero bien claro, es que necesariamente hubo “algo”, mejor dicho, “alguien”, lógicamente externo, que lo instigó a la “caída” a “pecar”, por medio de la “tentación”, y como sabemos, fracasó rotundamente. Las palabras, salen sobrando.

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser «tentado» por el diablo” (Mt. 4:1).

“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:3-4).

La misma sucia y engañadora táctica que usó el diablo con Cristo, fue aplicada en el Edén paradisíaco. Puros y sin mancha, la primera pareja humana, fue seducida por la «Serpiente», el «diablo» y «Satanás», cayendo en condenación por efecto de sus brunas y mortales pretensiones. De ese modo se adjudicaron el pecado que pasaría a la humanidad en general y que la llevó a ofender a Dios, por esta razón, en tantas detracciones, maldades y tenebrosas depravaciones.

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda «alrededor» buscando a quien devorar. . .” (1 P. 5:8).

Así como Cristo es presentando como «el León de la Tribu de Judá» (Ap. 5:5). El diablo (” diabolos”) es presentado como un «león rugiente» (“hös öruomenos leön”). Como un animal de caza que busca la presa más fácil, el diablo asecha al creyente débil para abalanzarse y destruirlo, para «devorarlo» (“katapiein”), estando a su “alrededor” (“peripatei”), a semejanza de los filósofos que enseñaban cuando deambulaban alrededor, de un lugar a otro.

Dios les bendiga siempre.

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LA DESTRUCCIÓN DE DAMASCO

LA DESTRUCCIÓN DE DAMASCO

 

Damasco, la ciudad capital de Siria, es una de las más antiguas ciudades en existencia. Las 1.67 millones de personas que habitan la ciudad más grande de Siria hoy están asentadas sobre una riqueza de historia, reclama su origen en Sem, hijo de Noé. Habitantes como Abraham y el Apóstol Pablo fueron una vez residentes. Aunque regida con el paso del tiempo por una plétora de tribus e imperios, la historia de la ciudad persevera en una cadena inquebrantable hasta el día de hoy. Y, sin embargo,  la Biblia dice que Damasco finalmente vendrá un final rápido, devastador y permanente.

Isaías 17:1-14 contiene a un oráculo en contra de Damasco. En términos no inciertos el verso 1 dice: “He aquí que Damasco dejará de ser ciudad, y será montón de ruinas”. 

¿Quién causará la desolación a la ciudad? Será Israel. Verso 9 afirma: “En aquel día sus ciudades fortificadas serán como los frutos que quedan en los renuevos y en las ramas, los cuales fueron dejados a causa de los hijos de Israel; y habrá desolación. 

La Biblia aun dice cuán rápidamente y durante qué tiempo del día ocurrirá esto. El verso 14, dice: Al tiempo de la tarde, he aquí la turbación, pero antes de la mañana el enemigo ya no existe

El profeta Jeremías reitera esta profecía Jeremías 49:23-27. Versos 26 y 27 dicen, Por tanto, sus jóvenes caerán en sus plazas, y todos los hombres de guerra morirán en aquel día, ha dicho Jehová de los ejércitos. Y haré encender fuego en el muro de Damasco, y consumirá las casas de Ben-adad.

¿Qué arma Israelí hecho por el hombre podría causar que una ciudad sea completamente aniquilada en menos que veinticuatro horas? En esta edad y día modernos la respuesta es bien conocida – una cabeza nuclear. ¿Por qué Israel tendría que usar un arma de último recurso en la ciudad de Damasco? La respuesta es supervivencia. Cuando los Estados Unidos usaron la bomba atómica en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, debió obtener a la fuerza un fin para el conflicto cruento de la II Guerra Mundial. Israel verá que no tiene alternativa militar sino sólo usar tal arma para el mismo propósito – para impedir su aniquilación.

El Primer Ministro Israelí Ehud Olmert reiteró este punto cuando él declaró en agosto del 2008 que Israel no se contendría haciendo frente a los ataques renovados en el norte Israel por las armas suministras a Hizbollah por los sirios diseñadas  para apuntarle a los civiles.” Ya no habrá una situación de pelea distante, donde las urbes continúan con su vida como siempre. La guerra alcanzará a las ciudades y a las casas de ciudadanos israelís y el objetivo de nuestro enemigo será apuntarle al frente doméstico,” explicó él. En ese momento, “nos veremos forzados a traer un fin a las hostilidades rápidamente, al menor costo posible, usando nuestra ventaja comparativa” que es “herramientas y capacidades macizas que durante la Segunda Guerra Libanesa se detuvo de utilizar, porque la oposición era a una organización de terror, no a un estado” (” Olmert: Ninguna tropiezo contra Hizbullah ” por Roni Sofer, Y Net News, agosto. 19, 2008, http://www.ynetnews.com/articles/0,7340, L 3584938,00.htmlhttp://click.icptrack.com/icp/relay.php).

Incluso los líderes  israelíes que apoyan la “política de aplacamiento” saben que cuando sus ciudadanos son atacados en sus muy propias ciudades, se verán obligados a que Israel use sus “capacidades masivas” para terminar el conflicto rápidamente. La Biblia pronostica que este guión en efecto ocurrirá, y la larga historia larga de Damasco terminará finalmente.