ALEXAMENOS VENERA A SU DIOS: UN ESTUDIO QUE REFUTA EL SUPUESTO MITO DE CRISTO

ALEXAMENOS VENERA A SU DIOS

 

Dr. Alvaro Pandiani

Iglesia En Marcha.Net

 

¡UN TRATADO QUE ENFRENTA LA TESIS DEL MITO DE CRISTO!

 

No puedo, ni quiero, ni pretendo ser objetivo en esto.

 

El apóstol Pedro advierte en una de sus cartas apostólicas: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Una afirmación clave aparece al final de esta exhortación: la esperanza que HAY en vosotros. Hay una esperanza en nosotros, alentada por la vida, ministerio, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Una esperanza mantenida viva por su obra de salvación consumada al morir en la cruz del gólgota, y por su resurrección de entre los muertos, y que late con la promesa de su regreso, ha cumplirse cuando los tiempos del mundo lleguen a su fin. Por lo tanto, nuestra posición es clara y definida. Ahora yo me apropio de la verdad. Este autor escribe desde una perspectiva bíblica y cristiana, que entiende como cierto que Jesús de Nazaret vivió en la Palestina del siglo I de la Era Cristiana (aunque muchos ya no la llamen cristiana, la civilización sigue basando su calendario en el hecho magnífico del nacimiento de este magnífico ser); que entiende como cierto que Jesús nació de una mujer que no había mantenido relaciones sexuales previamente, y que fue virgen hasta el parto; que entiende como cierto que en el transcurso de su ministerio público, Jesús se vio rodeado de hechos extraordinarios, que contravenían las leyes de la naturaleza, muchos de los cuales fueron provocados por Él mismo, a los que comúnmente llamamos “milagros”; que entiende como cierto que Él tenía ese poder, por ser nada menos que el Eterno Hijo de Dios (así, con mayúscula, para los contras); que entiende como cierto que Él murió crucificado por los romanos, a instancias y por instigación de las autoridades judías de aquel tiempo, y que esa muerte representó el sacrificio expiatorio perfecto y eterno que trajo redención a la humanidad, para que ésta fuera rescatada de su propio extravío y perdición; que entiende como cierto que Jesús, al tercer día de estar muerto, literalmente volvió a la vida por el poder de Dios, ascendió a los cielos, y volverá a este mundo, en la consumación de los tiempos que nos fueron dados, para juzgar a vivos y muertos e instaurar su reino.

 

No deben quedar dudas de nuestra posición. Pues tampoco quedan dudas de la posición contraria de aquellos que niegan, se oponen, pretenden ignorar estas verdades, o procuran convencernos que son mitos, nacidos del mito primordial, Jesús, con argumentos tendenciosos, plagados de opiniones preconcebidas.

 

La tesis de este artículo es, precisamente, que estos infames individuos vierten en sus artículos sobre la existencia histórica de Jesús opiniones preconcebidas, tergiversaciones y mentiras, basadas en prejuicios y odio contra el cristianismo. Lo que brilla por su ausencia es la objetividad.

 

Si hacemos una investigación bibliográfica acerca de la existencia histórica de Jesús de Nazaret, una búsqueda rápida en internet a través de google arroja un gran número de artículos, que al abordar el tema emiten opiniones, supuestamente eruditas o basadas en estudios realizados por entendidos en el tema, acerca de tópicos que se repiten. Dichos tópicos son los reiterados análisis, desde diversas perspectivas, de las fuentes históricas que ofrecen evidencia acerca de la existencia del hombre Jesús. Las fuentes se dividen en bíblicas y extrabíblicas, y éstas últimas en paganas, judías, y cristianas. Vamos a tomar algunas las fuentes extrabíblicas, para comparar los enfoques con que son estudiados. Concretamente en este artículo, dos: Josefo y Tácito. En una tercera entre hablaremos también del Talmud, antes de analizar las fuentes bíblicas.

 

Flavio Josefo 

 

Comenzaremos con el controvertido testimonio flaviano, el pasaje del libro XVIII de las Antigüedades de los Judíos, del historiador judío Flavio Josefo. El texto “oficial” del testimonio flaviano, según la versión de Eusebio de Cesarea, es el siguiente:

 

Por este mismo tiempo, vivió Jesús, hombre sabio, si es que hombre hay que llamarlo, porque realizaba obras portentosas: era maestro de los hombres que recibían gustosamente la verdad y se atrajo no sólo a muchos judíos, sino también a muchos griegos. Este era el Cristo. Habiéndole infringido Pilato el suplicio de la cruz, instigado por nuestros próceres, los que primero lo habían amado no cesaron de amarlo, pues al cabo de tres días nuevamente se les apareció vivo. Los profetas de Dios tenían dichas estas mismas cosas y otras incontables maravillas acerca de él. La tribu de los cristianos, que de él tomó el nombre, todavía no ha desaparecido hasta hoy.

 

Sobre este texto leemos en el artículo Jesús de Nazaret de Teología.com (con formato de Wikipedia, La Enciclopedia Libre [on line]): “La autenticidad del fragmento ha sido objeto de fuerte cuestionamiento filológico e historiográfico; hoy se acepta generalmente, en base a la comparación entre manuscritos y al análisis estilístico, que las referencias tradicionalmente consideradas como evidencia histórica de la existencia de Jesús son interpolaciones posteriores.”

 

Por su parte Frank R. Zindler, en su artículo ¿Existió Jesús? (American Atheist, 1998), de quién se nos dice que era “Antes un profesor de biología y geología… es ahora un escritor de ciencia (y) un miembro de la Asociación americana para el Avance de Ciencia, la Nueva Academia de Ciencia de Nueva York” (es decir, no un especialista en historia ni en arqueología) dice del testimonio flaviano: “Ahora ningún Fariseo leal diría que Jesús había sido el Mesías. Que Josephus podría relatar que Jesús había sido restaurado a la vida » en el tercer día » y no ser convencido por esta pequeña asombrosa información, está fuera de la creencia. Peor aún es el hecho de que la historia de Jesús está intrusa en la narrativa de Josephus y puede ser vista como una interpolación hasta en una traducción inglesa del texto griego”; y más adelante agrega: “La primera persona para mencionar de esta interpolación obviamente falsificada en el texto de la historia de Josephus fue el padre de iglesia Eusebio, en 324 EC. Es bastante probable que Eusebio mismo hiciera algo de la falsificación.” (el sitio advierte que el texto fue traducido electrónicamente del inglés, por lo que puede contener errores gramaticales); (los énfasis son míos).

 

La posición de muchos estudiosos es que el testimonio flaviano es una interpolación cristiana posterior. Es decir, que algún cristiano lo escribió y lo insertó en el texto de Josefo. Pero Zindler, un autor evidentemente ateo y contrario a la fe cristiana, incurre en un error capital al considerar imposible que Josefo hable de la resurrección de Jesús como de un hecho real, y no crea que Jesús sea el Mesías. Si consideramos que Josefo era un judío ortodoxo, que creía que su Dios tenía el poder de resucitar a un muerto (un hecho apriorísticamente considerado imposible por un ateo actual), podía perfectamente creer en la resurrección de Jesús, sin aceptarle como mesías, de la misma manera que no aceptaba como mesías a aquellas personas de quienes el Antiguo Testamento relata que resucitaron (1 Reyes capítulo 17; 2 Reyes capítulos 4 y 13). La afirmación de Zindler sobre lo que Eusebio hizo o no, es indemostrable y gratuita; más objetivo sería decir que es posible que Eusebio hiciera la falsificación (cualquiera podría haberla hecho). La afirmación de Zindler es tendenciosa, y sugiere subliminalmente en sus lectores su propio preconcebido punto de vista.

 

La Enciclopedia Católica (digital) en el artículo Primeros Documentos Históricos sobre Jesucristo dice algo interesante: “todos los códices o manuscritos del trabajo de Josefus contienen el texto en cuestión; para mantener la falsificación de este texto debemos suponer que todas las copias de Josefus estaban en manos de los cristianos, y fueron cambiados de la misma manera.” Esta es una afirmación importante, si bien algo inexacta, pues aparentemente en algunas copias el texto faltaría (lo que no debería asombrarnos en la transmisión de un documento mediante el primitivo procedimiento del copiado a mano, durante siglos). Me parece interesante citar esta afirmación, antes de ir a otro tratamiento del testimonio flaviano, que se encuentra en el artículo Controversia Cristo – Jesús, de Edu Roses. En dicho artículo, junto con la versión “oficial”, se ofrecen tres variantes del texto, que es interesante reproducir.

 

El testimonio sobre Jesús en la versión de Agapio      Por esta época, hubo un hombre sabio llamado Jesús, de buena conducta; sus virtudes fueron reconocidas, y muchos judíos y de otras naciones se hicieron discípulos suyos. Y Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos predicaron su doctrina. Contaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Quizás era el Cristo sobre el que habían dicho cosas prodigiosas los profetas.     Agapio, Historia universal.

 

El testimonio sobre Jesús en la versión de Miguel el Sirio   Por esta misma época, vivió Jesús, hombre sabio, si es que puede llamársele hombre. Porque era autor de obras gloriosas y maestro de verdad. Y muchos entre los judíos y entre las naciones se hicieron discípulos suyos. Se pensaba que era el mesías…  Miguel El Sirio, Crónica.

 

El testimonio sobre Jesús en la versión de San Jerónimo     En esta época vivió Jesús, hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre. Efectivamente, era el autor de hechos admirables y maestro de los que reciben libremente la verdad. Además, muchos, tanto entre los judíos como entre los gentiles, se hicieron discípulos suyos, y se creía que era el Cristo…      San Jerónimo, De viris illustribus.

 

La existencia de diferentes versiones de un documento antiguo debe hacernos pensar que dichas versiones han de ser variantes de un documento único primitivo, y buscar en dichas variantes elementos comunes, que podemos suponer pertenecieron a dicho documento primitivo. En estas cuatro versiones del testimonio flaviano destaca notablemente un elemento común: todos hablan de Jesús, que vivió en determinada época, que fue maestro de la verdad, que hizo discípulos, y que se creía (en palabras de un judío) que era el Mesías. Y aquí le cedemos el comentario final nuevamente al autor de Controversia Cristo – Jesús, quién dice: “La comparación de estas cuatro versiones resulta muy interesante. Da a entender con claridad que el texto primitivo de Josefo era sin duda menos afirmativo en cuanto a la mesianidad de Jesús que lo que da a entender el texto de Eusebio. ¿Es posible reconstruir el texto “auténtico” de Josefo? Algunos lo han intentado. En todo caso, hay que reconocer que Josefo habla ciertamente de Jesús y de su mesianidad, aunque sin comprometerse en este punto de una forma tan personal como sugiere el texto de Eusebio.”

 

Resulta más honesto ofrecer todas las versiones del texto de Josefo, antes que desecharlo de plano, en base a una prejuiciosa sentencia de falsificación. Hay otro pasaje de Josefo que menciona a Jesús, en relación a Santiago (o Jacobo):

 

Anano reunió al Sanedrín de los jueces e hizo comparecer ante ellos a Santiago, el hermano de Jesús, llamado el Cristo, así como a algunos otros; los acusó de haber violado la ley y los entregó a la lapidación. (Antigüedades XX, 20).

 

Sigamos la misma secuencia anterior. En el artículo Jesús de Nazaret de Teología.com, dice: “Esta cita ayuda a datar la muerte de Santiago, hermano de Jesús, en el año 62. El texto del capítulo 20 es filológica e historiográficamente más consistente que el testimonio flaviano; coincide formalmente con el estilo de Josefo, y parece poco probable una interpolación cristiana por la falta de énfasis hagiográfico y la mención de un «hermano de Jesús» (que habría resultado conflictiva para una fe que proclamaba la virginidad de María).” 

 

En el artículo Controversia Cristo – Jesús leemos: “No hay razón alguna para suponer que las palabras “llamado el Cristo” hayan sido añadidas por algún copista cristiano. Semejante apelación entraba perfectamente en las categorías judías y Josefo podía entonces hablar de Jesús llamado el Cristo, sin pronunciarse personalmente sobre esta calificación.”

 

¿Qué dice el ateo Zindler de este pasaje? Volvamos a su artículo ¿Existió Jesús?, y veamos su opinión sobre este pasaje de Josefo: “Debe ser admitido que este pasaje no se introduce en el texto como lo hace el antes citado. De hecho, esta muy bien integrado en la historia de Josephus. Que ha sido modificada de cualquier fuente que Josephus podría decir (recuerde, aquí también, Josephus no podía haber sido un testigo ocular) es sin embargo sumamente probable. La palabra crucial en este pasaje es el nombre Santiago (Jacob en Griego y hebreo). Es muy posible que este nombre muy común estuviera en el material de la fuente de Josephus. Esto hasta podría haber sido una referencia a Santiago el justo, un personaje del primer siglo que tenemos buena razón para creer que de verdad existió. Habría sido natural relacionarlo con el personaje de Jesús. ¡Es bastante posible que Josephus en realidad se refiere a Santiago » el Hermano del Señor, » y esto haya sido cambiado por copistas cristianos (recuerde que aunque Josephus fuera un judío, su texto ha sido conservado sólo por los Cristianos!)” A Hermano de Jesús » – agregado luego para la buena medida quien fue llamado Cristo.” (los énfasis son míos). Este autor inicia su comentario admitiendo, en apariencia noblemente, que este pasaje de Josefo tiene más solidez en cuanto a una probable autenticidad. Sin embargo, no ceja en su empeño por negar cualquier documento antiguo que pueda ser evidencia de la existencia histórica de Jesús. Comienza otra vez transformando arbitrariamente una posibilidad (la modificación de un documento antiguo) en una suma probabilidad. Nos habla luego de un personaje del primer siglo, Santiago el justo, de quién dice que hay buena razón para creer que de verdad existió. Y aquí uno se pregunta, primero, ¿a quién se refiere?; porque si nosotros buscamos información sobre Santiago (o Jacobo) el justo, nos encontramos con que la bibliografía al respecto llama Santiago (o Jacobo) el justo ¡al hermano de Jesús (podríamos agregar: llamado el Cristo)! Segunda pregunta, ¿por qué dice que de Santiago el justo tenemos buena razón para creer que de verdad existió? ¿Cuál es la evidencia histórica de que Santiago el Justo verdaderamente existió? Si la abrumadora cantidad de documentos y manuscritos del primer siglo que hablan de Jesús no son suficientes para este señor, que pretende convencernos de que Jesús nunca existió, ¿cuál es la evidencia de la existencia de Santiago el justo? ¿No se trata más bien que Santiago el justo no es el centro de una religión histórica y mundialmente extendida, que este individuo quiere negar y atacar a toda costa? Zindler pretende convencernos (sin prueba alguna) de que Josefo en realidad se refiere a un personaje llamado “Santiago el hermano del Señor”, y que un copista cristiano, posteriormente, cambió “hermano del Señor” por “hermano de Jesús”. Ahora, pensemos, ¿qué personaje de la Palestina del siglo primero de la era cristiana puede ser Santiago el hermano del Señor, sino Santiago, el hermano de Jesús de Nazaret?

La estupidez del argumento del ateo Zindler nos exime de más comentarios.

 

Tácito

 

El pasaje clásicamente citado de los Anales de Cornelio Tácito que menciona a Jesús se relaciona con el incendio de Roma por Nerón, y cómo éste culpó a los cristianos y los castigó por tal crimen; dice:

 

Para acabar con este rumor (que atribuía el incendio de Roma al Emperador), Nerón tachó de culpables y castigó con refinados tormentos a esos que eran detestables por sus abominaciones y que la gente llamaba cristianos. Este nombre les viene de Cristo, que había sido entregado al suplicio por el procurador Poncio Pilato durante el principado de Tiberio. Reprimida de momento, esta detestable superstición surgía de nuevo, no sólo en Judea en donde había nacido aquel mal, sino también en Roma en donde desemboca y encuentra numerosa clientela todo lo que hay de más criminal y vergonzoso en el mundo.

 

Nuevamente veamos los comentarios sobre el pasaje, en aquellos artículos que hemos tomado para guiar este ensayo. En Jesús de Nazaret leemos: “Aunque la autenticidad del texto de Tácito no ha sido cuestionada, numerosos autores han indicado que se carece de indicaciones sobre sus fuentes; se ha barajado la posibilidad de que se basara en Plinio (ver infra), o en las confesiones de los propios cristianos frente a la persecución policial. El fragmento aparece en el contexto de una larga diatriba contra los males del gobierno de Nerón, indicando que el interés de Tácito no estaba en el fenómeno cristiano por sí mismo sino en la crítica al emperador.”

 

La Enciclopedia Católica en el artículo mencionado Primeros Documentos Históricos sobre Jesucristo comenta: “El escritor romano confunde a los cristianos con los judíos, considerándolos una secta judía particularmente abyecta; se puede inferir lo poco que había investigado la verdad histórica de los documentos judíos por la credulidad con la que aceptaba las absurdas leyendas y calumnias sobre los orígenes del pueblo Hebreo. (Hist., V, iii, iv).” No agrega otros comentarios ni aclaraciones. Tampoco Edu Roses, al presentar el pasaje. Ahora bien, ¿qué dice el ateo Zindler sobre este pasaje de Tácito? Abunda en comentarios; primero, cita a otro escéptico, G. A. Wells, quién dice en La Evidencia Histórica para Jesús; p.16:

 [Tácito escribió] a la vez cuando los mismos Cristianos habían venido a creer a que Jesús había sufrido bajo Pilatos. Hay tres motivos para sostener que Tácito aquí simplemente repite lo que los Cristianos le habían dicho. ¡Primero, él da a Pilatos un título, procurador [sin decir procurador de qué! FRZ], lo que era corriente sólo desde la segunda mitad del primer siglo. Si él hubiera consultado los archivos que registraban acontecimientos más tempranos, él seguramente habría encontrado a Pilatos allí designado por su título correcto, prefecto. Segundo, Tácito no llama al hombre ejecutado Jesús, sino que usa el título Cristo (el Mesías) como si esto fuera un nombre propio. Pero él difícilmente podría haber encontrado en archivos una declaración como «el Mesías ha sido ejecutado esta mañana». Tercero, hostil al cristianismo como él era, él estuvo seguramente contento de aceptar de los cristianos su propia opinión de que el cristianismo era de origen reciente, ya que las autoridades romanas estaban preparadas para tolerar sólo antiguos cultos. (énfasis mío).

 

El argumento de Wells cae por su propio peso. Según él, para escribir sus Anales, Tácito recurre en este punto a simples entrevistas con los cristianos de su tiempo. La expresión sin decir procurador de qué revela la ignorancia de este escéptico, que basa su argumento en el uso moderno del término procurator (persona facultada por otra para ejecutar una cosa en nombre de ésta. Persona legalmente habilitada ante los tribunales para ejercer la representación de otra en un juicio. Diccionario Salvat).  Desde por lo menos el año 41 después de Cristo, el término procurator se utilizaba para nombrar a los gobernadores de las provincias de tercera clase (como lo era Judea). En 1961 se encontró una inscripción en Cesarea, que denomina a Pilato praefectus. Que la evidencia arqueológica muestre que un Pilato fue gobernador de Judea en tiempos de Jesús, tal como lo dicen los evangelios (punto a favor de la confiabilidad histórica de dichos documentos) no parece importar a estos individuos, que como vimos en el caso de Santiago el justo, están dispuestos a aceptar la existencia de cualquier persona en aquel siglo, menos la de Jesús. Tácito no es el único que llama procurator a Pilato; también lo hace Josefo. Aparentemente, estos historiadores que escriben en la segunda mitad del siglo I, utilizan el título que permitiría a sus lectores entender que se trataba del gobernador de Judea. Toda este ir y venir con los términos praefectus y procurator, no tiene más objetivo que demostrar que lo que Tácito dice surge de información brindada por los cristianos de su época. Wells dice con desparpajo que si Tácito hubiera consultado los archivos habría encontrado el título correcto de Pilato. Pero recordemos que “de la inscripción de Pilato encontrada en Cesarea en 1961, se ha inferido que antes del 41 d.C. a los gobernadores de Judea se los llamaba prefectos oficialmente, pero Tácito le da a Pilato el título de procurador” (Nuevo Diccionario Bíblico. Ediciones Certeza. 1982. Página 1117). Así que en realidad no sabemos si está en lo correcto el escéptico que escribe en la época contemporánea, o Tácito, mucho más próximo en el tiempo a los hechos de los cuales escribe. Además, frente a la acusación de Wells, se levanta otra opinión sobre los métodos de Tácito para escribir historia: “Tácito es riguroso en el empleo de la documentación. Recoge la información que le proporcionan los historiadores anteriores (Aufidio Baso, Cluvio Rufo, Plinio el Viejo, Fabio Rústico y otros), memorias de personajes (las de Agripina, por ejemplo) y testimonios orales; recurrió también a los Acta diuturna populi Romani («Crónicas del pueblo romano»), que constituían una especie de diario oficial de Roma, y a los archivos del senado.” (Artículo Tácito; Wikipedia). León Homo, profesor de la Facultad de Letras de Lyón, en su Nueva Historia de Roma (edición española por Editorial Iberia, Barcelona, 1955), cita a Tácito once veces a lo largo de su obra. Aparentemente, para este erudito francés Tácito es una buena fuente para la historia de Roma. Pero no para aquellos que pretenden negar la historicidad de Jesús de Nazaret; en este punto, por el solo hecho de haber mencionado a Christus, Tácito es atacado.

 

El segundo argumento de Wells para desestimar el pasaje de Tácito como históricamente válido en cuanto a la existencia de Jesús, es que no menciona a Jesús, sino que habla de Christus, como si fuera un nombre propio; dice que difícilmente podría haber encontrado en un archivo que el Mesías había sido ejecutado. La línea de pensamiento de este escéptico es que Tácito no consultó archivos, sino que simplemente habría entrevistado a cristianos, contemporáneos suyos. Es verdad que ya para la segunda mitad del siglo I el término Christus había pasado a ser un nombre propio entre los cristianos: el nombre de su Salvador. Ahora, lo difícil es aventurarnos a decir qué habría encontrado en los archivos del imperio acerca de lo sucedido en Judea. Si Pilato (que sabemos que existió) escribió un cartel que colgó en la cruz sobre Jesús: Jesús Nazareno, Rey de los Judíos, si declaró ante todo el pueblo estar matando al Rey de los Judíos, ¿qué habrá escrito en sus archivos? ¿Qué habrá informado a Roma, y en qué términos? ¿Qué dirían los escépticos de esto? Por supuesto, ya lo sabemos; en su afán por tergiversar, ocultar información y mentir, dirían que Pilato sí existió (la arqueología no les permite decir lo contrario) pero que jamás crucificó a un tal Jesús, ni mandó escribir tal cartel.

 

El tercer argumento de Wells no amerita molestias en contestarlo. Zindler agrega: “Hay más problemas con la historia de Tácito. Tácito mismo nunca más alude a la persecución de Nerón a los Cristianos en cualesquiera de sus escrituras voluminosas, y ningún otro autor Pagano sabe algo del ultraje tampoco. Más significativo, sin embargo, es que los apologistas antiguos cristianos no hicieron uso de la historia en su propaganda – una omisión inconcebible por los partidarios motivados quienes eran eruditos en los trabajos de Tácito. Clemente de Alejandría, quien hizo una profesión de recolectar solamente tales tipos de citas, es ignorante de ninguna persecución de Nerón, y hasta Tertuliano, quien cita mucho de Tácito, no sabe nada de la historia.” (énfasis mío).

 

El ateo Zindler afirma que ningún otro autor pagano sabe algo del ultraje (la persecución de los cristianos por Nerón). Lamentablemente olvida a Suetonio, al cual no menciona en su artículo, quién dice algo similar:

 

Bajo el principado (de Nerón) se dictaron muchas condenas rigurosas y medidas represivas, así como reglamentos nuevos. Se puso freno al lujo; se redujeron los festines públicos a distribuciones de víveres. (Nerón) prohibió que en las tabernas se vendiera ninguna clase de alimento cocido, salvo verduras y legumbres a pesar de que antes se exponían a la venta todo género de viandas; persiguió a los cristianos, linaje de hombres entregados a una superstición nueva y maléfica; prohibió las chanzas a los aurigas, los cuales, amparándose en una tolerancia que venía de tiempo, se arrogaban el derecho de vagabundear por toda la ciudad estafando y robando por vía de entretenimiento…

Vida de Nerón, XVI.

 

El argumento del silencio de los apologistas, cristianos que escribían en defensa de su fe frente a los romanos (fundamentalmente los emperadores, que dictaban los decretos de persecución), es otro recurso pobre. Además de que es difícil pensar en congraciarse con un emperador, recordándole que quién antes ocupó su puesto cometió inconcebibles crímenes contra la humanidad (el incendio de Roma y la acusación contra los cristianos, con la consiguiente persecución), mal podía servir a los intereses de los cristianos utilizar los escritos de alguien (Tácito) que consideraba a los cristianos “detestables por sus abominaciones”, y a la religión cristiana “detestable superstición”. Además, los apologistas no necesitaban, ni tenían por objetivo, demostrar la existencia histórica de Jesús de Nazaret. Yo nunca esperaría encontrar a Tácito citado por los apologistas. Creo que debemos entender que Tácito es atacado, porque ofrece evidencia extrabíblica de la existencia histórica de Jesús, al hablar de un tal Christus, de quién venía el nombre de los cristianos; pero Tácito no era cristiano, ni le simpatizaban los cristianos. No obstante eso, y por el hecho antes mencionado, él, como Josefo, y hasta Suetonio, se ponen en la mira de este infame individuo. En otro artículo titulado Cómo fue creado Jesús, Zindler dice: “Aunque Josefus, [4] Tacitus, [5] Suetonius, [6] y otros autores antiguos a menudo son citados como evidencia para un Jesús histórico, es claro que sus relatos (aún si se pudieran probar auténticos) son derivados, no originales.” (énfasis mío).

 

Es claro que son derivados, no originales; bueno, uno podría poner en duda probablemente toda la literatura del mundo antiguo. Sobre todo si lo que dice no nos conviene, y es innegable el testimonio de los textos acerca de la vida y los hechos de un personaje de la antigüedad, que queremos negar que haya existido. Y si la convergencia de dichos testimonios históricos es irrefutable, siempre queda el recurso de echar dudas sobre la autenticidad de los documentos, y acto seguido manifestar que es imposible probar que sean auténticos.

 

En suma, es la negación a ultranza, la negación hasta el delirio; y su método: prejuicios, tergiversaciones y mentiras. Se puede aplicar a estos infames individuos lo que dice un forista identificado como patoace en la página (católica) Es justo y necesario:

 

Si mi objetivo es convencer a una madre de que su hijo es un ladrón, las pruebas que voy a necesitar tienen que ser extraordinariamente claras y convincentes, e incluso las pruebas que convencerían a una persona normal no serán suficientes, pues ese es un hecho que ella no está dispuesta a aceptar en su visión del mundo. Así, por ejemplo, si le presentamos la cinta de una cámara de seguridad donde aparece su hijo asaltando una joyería, ella creará explicaciones que son compatibles con lo que se le presenta, como que la imagen no es clara, que se trata de otra persona que se parece a su hijo o que la policía alteró las cintas para inculparlo.

 

El problema con los ateos es que normalmente insisten en pedir pruebas, pero en realidad no están dispuestos a ser convencidos, como la madre del ladrón. Luego, te piden que construyas un argumento, pero no reconocen las herramientas adecuadas para hacerlo, llegando a negar la posibilidad misma de la existencia del mundo o la posibilidad de conocerlo.

 

Por ejemplo, al hablar acerca de la existencia histórica de NSJC se les muestra que otras figuras históricas, de cuya existencia no se duda, se encuentran mucho menos documentadas, pero como ya han decidido que no hay pruebas suficientes, no dudan en cuestionar la certeza de todos los hechos históricos. En otras palabras, la historia es una víctima que vale la pena sacrificar, con tal de negar a NSJC.

 

Ante ese nivel de convicción, no hay prueba que valga.

 

Entonces, es necesario continuar en la tarea de mostrar que la fe cristiana tiene bases tan firmes, que ningún argumento, negación u oposición puede sacudir siquiera. Eso haremos, más adelante. 

 

Iglesia En Marcha.Net

Si nosotros iniciamos en google una búsqueda de artículos sobre la existencia histórica de Buda, empezará a llamarnos la atención que, poco a poco y conforme van pasando las páginas con los resultados de la búsqueda, se infiltran artículos que hablan de la existencia histórica de Jesucristo. Si hacemos una búsqueda similar acerca de la existencia histórica de Mahoma, encontramos entre los también numerosos resultados una mayor presencia de ensayos sobre la existencia histórica de Jesucristo. Es realmente llamativa la intensidad con que se debate en la red acerca de Jesucristo, su persona, su obra y misión, y sobre si él realmente existió, o no es más que una figura mítica. Pero este solo hecho tiene una importante lectura; entrelíneas, esta presencia permanente de Jesús el Cristo en ensayos, foros, discusiones, estudios, escritos desde todos los enfoques, a favor y en contra, con amor y con odio (ninguno con indiferencia), con pretendida objetividad que se desvanece ante las reacciones viscerales que despierta éste, el personaje más importante de la historia de la humanidad, en estos primeros años del siglo XXI, es evidencia de la importancia insoslayable que tiene Jesús de Nazaret para el hombre y la mujer de hoy, independientemente de credos, razas y nacionalidades. Y es evidencia, indirecta si se quiere, de que el hombre Jesús debe ser un personaje histórico, o para negarlo hay que tener mucho coraje, argumentar en contra de las fuentes extrabíblicas de la historicidad de Cristo con una claridad e imparcialidad inatacables, estar documentado hasta un extremo que hace fruncir el ceño con suspicacia, y convencer a todo el mundo de estar abordando el tema con una objetividad incuestionable. Todo lo cual dista mucho de lo que realmente se puede leer.

 

Si Jesucristo no es un personaje histórico, es entonces un mito, como muchos dicen; pero un mito demasiado bien diseñado, tan perfecto, tan elevado, que amalgama hasta tal punto las aspiraciones y anhelos y necesidades del alma humana, dándoles respuesta definitiva, que se necesita más fe para creer que un/os ser/es humano/s lo crearon, que para creer que el Dios que da sentido al universo que nos rodea lo envió a este mundo. Me gustaría citar, pues creo pertinente hacerlo ahora, lo escrito por Juan Arias en el inicio de su ensayo sobre la existencia de Jesucristo, en BIOGRAFÍAS: JESÚS DE NAZARET (www.cliorevista.wanadoo.es): Jesús es el personaje que mayores transformaciones ha causado en Occidente e incluso en Oriente. Hasta nuestro calendario parte de su fecha de nacimiento, aunque un error de origen haga variar dicha fecha en cuatro o cinco años. Sin este profeta, hoy nuestra civilización sería muy diferente en todos los sentidos: nuestra cultura, nuestra moral, nuestro derecho y nuestra misma fe o agnosticismo. Como ha dicho el ateo escritor José Saramago, Premio Nobel de Literatura, «lo quiera o no, soy culturalmente cristiano». La doctrina de Jesús, filtrada más tarde por la Iglesia, tanto la católica como la ortodoxa o la protestante, ha permeabilizado toda nuestra historia y condicionado nuestras vidas. Si esto es innegable, se imponen las siguientes preguntas: ¿Cómo puede ser que se haya cuestionado la existencia histórica de Jesús? ¿Cabe la posibilidad de que este profeta sea solo un mito y nunca haya existido? ¿Y quién habría creado ese mito?

 

La última de las preguntas formulada en el párrafo citado es la más pertinente de todas. Pues hablamos de la creación de un personaje sublime y excelso, quién desarrolla una obra y entrega unas enseñanzas, que han dado respuestas y orientación al alma humana a través de los siglos. Por supuesto, esto último entra en el plano de la “evidencia” subjetiva, que requiere participar de la experiencia de fe en Lo Trascendente, es decir, Dios, revelado y hecho próximo a nosotros en la persona de Jesucristo. El Jesús de la Biblia es el Hijo de Dios, el Salvador, Dios encarnado, que realizó toda clase de prodigios contrarios a las leyes naturales (milagros), y aún venció a la muerte. Eso no entra ni entrará jamás en la cosmovisión de aquellos que a priori niegan la existencia de un Dios, de lo sobrenatural, y de cualquier realidad más allá de lo visible y tangible por nuestros sentidos. Despojar a Jesús de Nazaret de la atmósfera sobrenatural que rodeó permanentemente su vida y obra, atmósfera sobrenatural que impregnaba su persona y en gran parte emanaba de la misma, siempre según el Nuevo Testamento, es hacerlo desaparecer; es dejar un Jesús desconocido e incognoscible para la historia. De nada sirven los arrebatos de nobleza de quienes pretenden reconocer en él un gran maestro, filósofo, reformador social, etc. Los racionalistas, concientes de su incapacidad para explicar al hombre Jesús, así como del fracaso de su intento por despojarlo de todo lo sobrenatural en su persona y obra, optaron por otro camino. El único camino que les quedaba, embarcados como estaban en lo que llamamos, en la segunda entrega de esta serie, la negación a ultranza, la negación hasta el delirio, acorde a su cosmovisión atea del universo; ese único camino es negar que Jesús haya alguna vez existido. Ese camino, esa opción, fue y es, como dijimos en la primera entrega de esta serie, un disparo certero contra el cristianismo, pues probar que Jesús de Nazaret no existió descoyuntaría el cristianismo, y quitaría sentido a la misma existencia de la Iglesia Cristiana. Acá no podemos decir, como los budistas: La existencia histórica del Buda Sakyamuni es irrelevante dentro del esquema del budismo.

(La prueba delalgodón; asiabudayrollitosprimavera.blogspot.com); o como dijo Jorge Luis Borges: Podemos ser buenos budistas y negar que el Buddha existió. O, mejor dicho, podemos pensar, debemos pensar que no es importante nuestra creencia en lo histórico: lo importante es creer en la Doctrina.» (Siete Noches, ed. Fondo de Cultura Económica, México). Muy conveniente. Para nosotros en cambio, el cristianismo permanece de pie o cae con la verdad de la vida del hombre Jesús, y de su resurrección.

 

Por eso, aunque el racionalismo lleve dos siglos pretendiendo demostrar la inexistencia histórica de Jesucristo (con argumentos cada vez más ridículos y descabellados, como veremos), y la erudición cristiana venga respondiendo punto a punto sus ataques; aunque ésta parezca una discusión crónica, bizantina, de nunca acabar; aunque, como alguien dijo, el Dios cuya existencia la filosofía dice poder demostrar no es capaz de inspirar amor, como el Dios de la Biblia (y tampoco el Jesús despojado de su obra y enseñanzas, el Jesús de arqueólogos e historiadores, es capaz de despertar fe en el corazón humano, como el Jesús de la Biblia); a pesar de todo eso, es preciso abordar el tema, para que el veneno de infames individuos vestidos de seudociencia no perturbe la fe de multitudes que podrían encontrar una revolución en sus vidas, a través del encuentro con Jesús de Nazaret, el hombre histórico, que es a la vez el Cristo de las Escrituras, el Hijo de Dios y Salvador del mundo.

 

Esto me obliga a comenzar con un artículo, aparentemente de origen español, que desafortunadamente algún/os ignorante/s y tendencioso/s compatriota/s de uruguay.indymedia.org reproducen, seguramente porque respalda su particular visión del mundo. El artículo se titula Jesucristo nunca existió. ¡Qué objetividad! ¡Qué apertura al diálogo! ¡Qué disposición a analizar fuentes y contrastar opiniones! El autor, que no se identifica, comienza diciendo: Días antes de las últimas navidades EL PAIS SEMANAL publicaba un extenso, aunque vacío, artículo sobre la existencia histórica de Jesucristo. Es un tema que creíamos superado, pero ante la expectación generada, las «cartas al director» publicadas posteriormente y la rabiosa reacción eclesiástica nos sumergimos en el tema. (Énfasis mío) Como ningún autor se identifica (citan a un tal Emilio Bossi, autor de unos “libritos” sobre la “tesis mitológica”, que tiene su lugar en este artículo, y discutiremos brevemente), llamaremos genéricamente el “Superado” a los responsables de este ensayo. El núcleo central del artículo contiene, entre otros conceptos que trataremos en otra oportunidad, los siguientes pensamientos: Cristna nace de una virgen y está vaticinado en los libros sagrados indios. Su venida le es revelada a la madre de la virgen para dar el nombre de la misma y que se sepa el destino del que ha de venir. Hay un tirano que al enterarse en sueños de tal nacimiento y que le destronará ordena una matanza de los niños nacidos esa noche, el día del nacimiento (en un redil) es adorado por pastores. En fin que resucita muertos, cura leprosos, devuelve vistas y oídos. Un día que se enfadó con sus seguidores se les aparece con el rostro rodeado de tanta luz que estos no pueden resistirlo. A raíz de este hecho le llamaron JEZCUS CRISTNA (nacido de la pura esencia divina). Todo eso ocurría 3.500 años antes de nuestra era. La novena encarnación es como Buda. Fue revelada en sueños a su madre la grandeza del hijo y el carisma que éste tendría entre sus semejantes. Escoge para nacer una casta principesca (como Jesús). La madre de Buda se llamaba Maya o Maïa y le concibió fuera de toda relación sexual. Dotado de gran inteligencia maravilló los doctores con su sabiduría, abandonó el lecho materno para cumplir su misión. Fue tentado varias veces por el demonio pero salió victorioso de ellas. El más celebre de sus discursos fue «El sermón de la montaña», (como el de Jesús), tuvo su discípulo traidor y sus dos discípulos diametralmente opuestos, lo mismo que Pedro y Juan. Después de su muerte se aparece a sus discípulos en forma luminosa con la cabeza rodeada con una aureola. En el budismo se encuentran todas las prácticas religiosas del cristianismo y cuando los misioneros católicos se encontraron por primera vez con los monjes budistas, creyeron en un engaño del diablo. Mitra es el dios redentor de Persia. Llamado también Señor, «nace» en la gruta de una virgen, el mismo día que andando el tiempo «nacerá» Cristo, el 25 de Diciembre, o sea el solsticio de invierno. La madre, como no podía ser menos, permanece virgen después del parto. Se anuncia astrológicamente por una estrella que aparece en el Oriente y unos magos le llevan perfumes, oro y mirra. Muere como Cristo en el equinoccio de primavera y sus penas redimieron a la humanidad. En Egipto también tenían su Dios redentor en Oro (Osirapis o Serapis). Nacido de una virgen en el solsticio de invierno, muerto en el equinoccio de primavera y también resucitado. Tuvo su huida llevado por la virgen Isis en un asno. También Baco (llamado Salvador) nacía en el solsticio de invierno, después de muerto bajaba a los infiernos y resucitaba.

 

Lo que acá dice el Superado es expresado resumidamente por Juan Arias en el artículo citado BIOGRAFÍAS: JESÚS DE NAZARET: la Iglesia se quedó al desnudo para poder verificar la existencia de Jesús y pasó momentos de pánico. Sus enemigos se pusieron enseguida a elaborar la idea de que Jesús no había existido nunca, que se trataba de una creación de una secta disidente del judaísmo calcada de antiguos mitos del paganismo, en los que los grandes personajes también nacían de una virgen y eran perseguidos y ejecutados por el poder tras haber realizado prodigios. (Énfasis mío) Es decir, que no son ideas originales, sino que repite una vez más, conceptos ya expresados previamente por el racionalismo en la llamada “tesis mitológica”. Segundo, es notoria la ausencia de fuentes bibliográficas que refrenden toda la información vertida acerca de los mitos paganos citados. Podría alegarse que las fuentes se dan por sabidas, aunque se nos ocurre que afirmaciones tan contundentes y de tan largo alcance como éstas debieran ser respaldadas adecuadamente. Antes de comenzar a analizar estas aseveraciones, es preciso aclarar que tanto el hinduismo como el budismo constituyen fenómenos sociales y religiosos tan extensos, que es imposible pretender abarcarlos en el presente artículo. Lo que voy a hacer es limitarme a refutar las premisas del Superado, que no solo miente sobre el cristianismo, sino también sobre esas dos religiones, y otras mitologías.

 

 

Comencemos entonces con lo que el Superado afirma de Krishna. Él dice que:

 

1) Cristna nace de una virgen y está vaticinado en los libros sagrados indios.

2) Su venida le es revelada a la madre de la virgen para dar el nombre de la misma y que se sepa el destino del que ha de venir.

3) Hay un tirano que al enterarse en sueños de tal nacimiento y que le destronará ordena una matanza de los niños nacidos esa noche.

4) El día del nacimiento (en un redil) es adorado por pastores.

5) En fin que resucita muertos, cura leprosos, devuelve vistas y oídos. Un día que se enfadó con sus seguidores se les aparece con el rostro rodeado de tanta luz que estos no pueden resistirlo.

6) A raíz de este hecho le llamaron JEZCUS CRISTNA (nacido de la pura esencia divina). Todo eso ocurría 3.500 años antes de nuestra era.

Este resumen de la carrera de Krishna está artera e intencionadamente alterado para que se parezca a lo que los evangelios narran respecto a Jesús, con el fin de inducirnos a creer, dado que lo ubica hace 3500 años, que la historia de Jesucristo está burdamente copiada de la de este dios hindú. Si buscamos algo de información sobre Krishna en la red, encontramos de inmediato un artículo interesante en la Enciclopedia Libre, Wikipedia, que dice:

Resumen de la historia de Krishna.

Este resumen deriva del Mahabhárata (y del Hari Vamsa Parva), un agregado de él.

Nacimiento e infancia

 

Krishna pertenecía a la familia real de Mathura. Como su tío el rey Kamsa fue avisado por el sabio Nárada Muni de que moriría en manos de un hijo de su hermana la princesa Devaki con su esposo Vasudev (un noble de la corte), Kamsa la encarceló y uno por uno fue matando a todos los hijos que nacieron de ella.

 

Krishna fue el octavo hijo —ahora existe un templo (Krishna-janma-bhumi) donde los hindúes creen que estaba la celda del rey Kamsa—, pero su padre lo sacó milagrosamente de la celda y lo llevó hasta Vrindavan (a 10 Km.), donde lo reemplazó subrepticiamente durante el sueño por un bebé de sexo femenino que acababa de alumbrar una mujer del pueblo, Yashodá. Regresó a la celda donde la niña recién nacida fue asesinada (como los siete bebés anteriores). 

 

Aquí ya encontramos sendas diferencias con lo dicho por el Superado. Este párrafo podemos contrastarlo con lo escrito en los puntos 1 y 3, y quizás con el 2. En cuanto al punto 1, Krishna nace de una virgen que ya tuvo siete hijos; interesante. Tal vez el Superado pretenda que dicha virgen, de nombre Devaki, siguió siendo virgen luego de ocho partos, tratando así de establecer un paralelismo con la Virgen María, de la que una rama de la Iglesia afirma que permaneció virgen luego del parto de Jesús (por lo menos un parto, y no ocho). Pero dicha perpetua virginidad no está enseñada en la Biblia (es más, ni se menciona). Creo que en este punto debemos separar entre lo que la Biblia enseña, base fundamental de la doctrina cristiana, y aquellas cosas que se agregaron al edificio doctrinal y teológico cristiano al correr de los siglos. Tal distinción deberá tenerse presente al analizar cada punto en cuestión. Entonces, Krishna no nació de ninguna virgen, perpetua o no. En cuanto a que su nacimiento había sido profetizado, es un punto que carece de valor; ningún creador de mitos dejaría de anunciar mediante profecías más o menos claras la venida/nacimiento/llegada de su mesías/héroe/dios, para destacar por ese medio el carácter especial de su personaje. No puede pretenderse, si se quiere ser intelectualmente honesto, que el hecho de que el nacimiento de Cristo fue anunciado, se haya copiado del anuncio del nacimiento de Krishna. En cuanto al punto 3, el tirano no era un rey usurpador, como Herodes el Grande (personaje incuestionablemente histórico, cuya existencia ha sido refrendada por la arqueología), que alarmado por el probable cumplimiento de una profecía de varios siglos de antigüedad (el nacimiento de un legítimo heredero al trono) manda matar a los niños nacidos más o menos en ese tiempo. El tirano es el tío de Krishna, al que un “sabio” le anuncia que uno de sus sobrinos le matará (no simplemente destronará), por lo que va matando uno a uno a los hijos de su hermana. Hay más en esta historia de Krishna. El artículo de Wikipedia sigue diciendo: Para sustraerlo de la muerte, fue ocultado en la región de Vrindávan, donde pasó su niñez y su adolescencia en medio de pastores y pastoras, una de las cuales, Rādhā, tuvo amores con él. Otra vez, hay una diferencia sustancial con lo dicho por el Superado en el punto 4, con la intención de arrojar descrédito sobre la historia del nacimiento de Jesús. Indudablemente, nadie puede afirmar que la adoración de los pastores al niño Jesús se parezca a lo que pasó con Krishna, que pasó su infancia entre pastores y pastoras, y hasta llegó a formar pareja con una de ellas. Digamos de paso que en comunidades dedicadas a tareas rurales, entre las cuales está la cría de ganado, no es tan raro o poco común encontrar pastores y pastoras. También aquí el Superado nos miente, y tuerce los relatos de la leyenda, para sus propios fines. Sobre el punto 5, no hay una palabra en este resumen, por lo que sería lícito esperar que el Superado aporte otras fuentes; aunque no cambiarían nada, pues se daría el mismo caso que con el punto 2. Y en cuanto al punto 6, volvamos al artículo, que recoge múltiples nombres de Krishna:

 

Otros nombres de Krishna

Chakra Dhari: el sostenedor del disco (chakra).

Guiri Dhari: ‘sostenedor de colina (giri)’, cuando Krishna era un niño prepúber, levantó la colina de Góvardhan para proteger a sus paisanos de la lluvia y la inundación enviada por el semidiós Indra.

Guiri Góvardhan Dhari. ‘sostenedor de la colina de Goverdhan’.

Gopal: ‘protector de vacas’.

Gópi Nath: ‘señor de las gopis’.

Govinda: el que da placer a las vacas (go).

Hari: ‘amarillo’, ‘verde’, ‘verdoso’, ‘pálido’, ‘marrón rojizo’, ‘castaño claro’, ‘bayo’ (en caso de caballos) o —si proviniera de hri— ‘el que quita (la maldad o el amor de sus devotos)’. En el caso del mantra Hare Krishna, este hare se refiere más probablemente a Harâ, Radha, la energía erótica del dios. (Un creyente hinduista protestó a Wikipedia esta interpretación; fue su única objeción a este artículo que estamos citando como fuente de información).

Hrisikésh (jrishika: ‘sentidos’, isha: ‘amo’): el amo de los sentidos (de las demás personas).

Iadu-nándan: el placer de la dinastía del rey Iadu.

Ioguéshwar (yoga: ‘religión’; íshvara: ‘controlador’, ‘amo’): ‘amo de los yoguis’.

Jagannātha o Jagannāth (jagat: ‘mundo’, nātha: ‘amo’) señor del universo.

Késhava (kesha: ‘cabello’): ‘de cabellos largos’.

Mádhava: ‘de la primavera’.

Partha-sárathi (sárathi: ‘auriga’; partha: ‘descendiente de (el rey) Prithu’): ‘auriga de Arjuna’ durante la guerra de Kurukshetra. Enseña a su amigo su deber (dharma) en el Bhagavad Guita.

Vásudev: hijo de Vasudev.

En suma, por ningún lado aparece JEZCUS CRISTNA; podemos comprobar que este último punto no es más que un pueril intento del Superado de hacernos creer que el nombre JESÚS CRISTO es copiado de un nombre de Krishna.

Buda

Sigamos con Buda, de quién el Superado dice que:

1) La novena encarnación es como Buda.

2) Fue revelada en sueños a su madre la grandeza del hijo y el carisma que éste tendría entre sus semejantes.

3) Escoge para nacer una casta principesca (como Jesús).

4) La madre de Buda se llamaba Maya o Maïa y le concibió fuera de toda relación sexual.

5) Dotado de gran inteligencia maravilló los doctores con su sabiduría.

6) Abandonó el lecho materno para cumplir su misión.

7) Fue tentado varias veces por el demonio pero salió victorioso de ellas.

8) El más celebre de sus discursos fue «El sermón de la montaña», (como el de Jesús).

9) Tuvo su discípulo traidor y sus dos discípulos diametralmente opuestos, lo mismo que Pedro y Juan.

10) Después de su muerte se aparece a sus discípulos en forma luminosa con la cabeza rodeada con una aureola.

11) En el budismo se encuentran todas las prácticas religiosas del cristianismo y cuando los misioneros católicos se encontraron por primera vez con los monjes budistas, creyeron en un engaño del diablo.

 

Aquí se repite otra vez la alteración de hechos considerados históricos (aunque ya vimos que a los budistas mucho no les importa la historicidad de Buda) acerca de este personaje de la antigüedad, que indudablemente también dejó una marca en el mundo (si es que existió, porque como estamos dudando de todo…). En cuanto al punto 1, se refiere a la encarnación de Vishnú, uno de los dioses de la Trimurti (tres formas) de la religión hindú, conformada por Brahmâ (dios creador), Vishnú (dios preservador), Shiva (dios destructor), que habrían surgido de un huevo cósmico, o habrían tenido otros orígenes, según diversos mitos. Llama la atención que el Superado no nos haya presentado la Trimurti hindú como el origen de la Trinidad cristiana. Hace pensar que, o no se dio cuenta, o vio las diferencias entre un triteísmo (tres dioses) inserto en un politeísmo formidable, que cuenta millones de dioses, en el caso del hinduismo, y una doctrina cristiana, la Trinidad, definida en su forma más simple como Un Dios En Tres Personas, que preserva celosamente el monoteísmo antiguo testamentario del judaísmo; por no hablar de la diferencia sustancial entre un triteísmo de funciones u operaciones: creación (Brahmâ), preservación (Vishnú), destrucción (Shiva), frente a la Trinidad cristiana que nos presenta en el único Dios al Padre, Creador, el Hijo, Salvador, y el Espíritu Santo, el Otro que viene al irse Cristo, para hacer Dios morada en sus seguidores. Vio la diferencia, digo, y no quiso meterse; aunque yo creo que en realidad no se dio cuenta, porque no le importa mentir flagrantemente en todo los demás.

 

En cuanto a la encarnación de Vishnú, en la religión hindú se habla de varias encarnaciones de este dios, así como de Shiva (no de Brahmâ); el mismo Superado afirma que Buda fue la novena encarnación del dios. En el artículo (1) La vida de Buda (www.bujinkandolo.com.ar/religiones) leemos: la mayor parte de las tradiciones budistas sostiene que Buda no fue sino la última encarnación en una serie de vidas recogidas en diversas historias edificantes. Sobre esta supuesta encarnación de Vishnú en Buda, no hay una palabra en otras tres biografías, disponibles en la red: (2) Buda [Siddharta Gautama], http://www.biografíasyvidas.com; (3) Una biografía corta del Buda Shakyamuni, http://www.acharia.org; (4) La Vida de Buda, por Lama Ole Nidal, http://www.oshogulaab.com. Aunque sí se menciona como un avatar (encarnación terrestre de un dios) de tipo bodhisátvico (del sánscrito satua: bondad) en el artículo Avatar de Wikipedia.

 

Acerca de la doctrina de la Encarnación desde un punto de vista cristiano, leemos en el Nuevo Diccionario Bíblico: ¿De dónde surgió la creencia de la iglesia primitiva de que Jesús de Nazaret era Dios encarnado? Tomando como base la suposición de que no surgió de lo que Jesús mismo dijo e hizo, sino que se originó posteriormente, se ha tratado de buscar su origen en especulaciones judías sobre un Mesías sobrehumano y preexistente, o en los mitos politeístas sobre dioses-redentores, característicos de las religiones de misterios helenísticas y los cultos gnósticos. Pero actualmente se reconoce ampliamente que estos intentos han fracasado; en parte debido a que las diferencias entre estas fantasías judías y gentiles y la cristología del NT han resultado ser invariablemente más sustanciales y profundas que sus superficiales semejanzas; y en parte porque se ha demostrado que en los dichos innegables del Jesús histórico en los evangelios sinópticos hay una virtual afirmación de deidad, y que una virtual aceptación de esta afirmación resultó ser fundamental para la fe y el culto de la iglesia palestina primitiva, como lo evidencian los primeros capítulos de Hechos (cuya historicidad sustancial rara vez se disputa en la actualidad). (Ediciones Certeza. 1982. Página 423). (Énfasis mío)

 

Siguiendo en este tema y destacando las diferencias entre las fantasías (en este caso hinduistas) y la cristología del NT, realmente contrasta con esas múltiples encarnaciones de estos dioses hindúes (hasta diez en el caso de Vishnú; ocho en el caso de Shiva), la única encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo, una sola vez, para ofrecer el sacrificio perfecto, suficiente y definitivo para la redención de la raza humana. El asunto de la encarnación vendrá a colación otra vez, cuando hablemos de unos de los principales arquetipos religiosos: la esperanza puesta en un Libertador, Salvador, Redentor, la promesa de cuya venida es tan antigua como la humanidad.

 

Sobre el punto 2, leemos en la biografía (1): Dice la leyenda que su madre, Mahamaya, poco antes de dar a luz soñó que un hermoso elefante blanco se introducía en su matriz. La biografía (3) dice brevemente: Según la tradición, estaba predestinado a ser un emperador o un gran maestro. Sobre este punto no tenemos más nada que agregar, salvo lo escrito en la biografía (1), en la que leemos: Todos los relatos que han llegado hasta la actualidad sobre la vida de Buda fueron escritos muchos años después de su muerte por discípulos proclives a la idealización de su maestro. Por supuesto, esto también podría aplicarse a los escritos sobre la vida de Jesucristo, ya que en este terreno no es dable invocar la inspiración del Espíritu Santo para la redacción de las Sagradas Escrituras, ni ningún otro auxilio sobrenatural. Los relatos de los anuncios del nacimiento de un ser portentoso impresionan como inexorablemente vinculados a las características superlativas de dicho ser, y podrían entrar dentro del arquetipo religioso constituido por la esperanza de un Redentor. Que nos digan que los anuncios del nacimiento de Cristo y las características que tendría, surgen de algo similar en el caso de Buda, es forzar malintencionadamente un vínculo entre la historia de Buda y la creación del “mito” Jesús, absolutamente innecesario y prescindible. Algo similar pasa con el punto 3. El punto 4 es otro intento pueril de inducirnos a creer el argumento de la copia. La semejanza fonética del nombre de la madre de Buda, Maya (Mahamaya, según la biografía 1), con el nombre de la madre de Jesús, María, desaparece cuando recordamos que Mariam es la forma helenizada del hebreo Miriam, nombre por lo demás muy común en la Palestina de entonces. Pensar que podríamos tragarnos que los “creadores” del “mito” Jesús, que derrotó a todas las religiones del mundo grecorromano, Egipto y Oriente Medio, tenían tan poca imaginación que debieron copiar el nombre de la madre de Buda para la madre de Jesús, es un insulto para nuestra inteligencia. Ninguna de las biografías menciona algún milagro especial que posibilitó la concepción de Buda, ni tampoco que Mahamaya fuera virgen al momento de nacer su hijo. El punto 5 alude a la visita de Jesús al templo de Jerusalén a la edad de 12 años, y su charla con los doctores de la ley, los que según el Evangelio de San Lucas se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas (2:47). En las biografías que estamos manejando, se dice de Buda: Vagó como mendigo por el norte de la India, donde recibió las enseñanzas de algunos famosos maestros brahmanes, los cuales pronto agotaron su capacidad para enseñarle (1); Aprendió de los mejores maestros de la época, cubriendo las áreas del materialismo, nihilismo, trascendentalismo y existencialismo el rápidamente superó a sus sucesivos maestros, pero sentía que no se aproximaba a su meta (4). (Esto después que empezó a buscar la iluminación, a la edad de 29 años). Por lo tanto, lo que dice el Superado en el punto 5 también es una artera tergiversación. El punto 6 carece de sentido. En el punto 7 hay una notable similitud entre la búsqueda de la verdad por Buda bajo la higuera de Bodhgaya, y la experiencia de Jesús luego de sus cuarenta días de ayuno en el desierto. Pero en este caso las biografías que manejamos no coinciden en el tiempo que Buda pasó bajo la higuera; una dice que fue una semana (4), mientras que otra le asigna 49 días (3). Las otras dos solo refieren que la iluminación llegó “durante la noche”. En cuanto al punto 8, las biografías afirman que el más célebre discurso de Buda fue La Puesta en Movimiento de la Rueda de la Verdad o Dharma, (el DHAMMACAKKAPPAVATTANA-SUTTA). (2) (3) La Vida de Buda (1) dice que: Este sermón, cuyo texto se conserva, contiene la esencia del budismo y muchos eruditos lo consideran comparable, por el tono de su altura moral e importancia histórica, al Sermón de la Montaña de Jesucristo. (Énfasis mío). Así que en este punto el Superado miente flagrantemente. Sobre el punto 9 leemos en (1): Su primo y discípulo Devadatta quiso vengarse de él al ver frustrada su ambición de heredar el liderazgo de la sangha (comunidad monástica), planeando primero su asesinato y provocando, más tarde, un cisma en la sangha que duró poco tiempo. En (2) dice: Tras escapar de un intento de asesinato a manos de su primo Devadatta, acontecido ocho años antes de su muerte, Buda enfermó de disentería. No hay otra referencia. Lo que se relata acerca de Devadatta, primo de Buda (discípulo suyo según una de las biografías que manejamos) no tiene ni punto de comparación con la traición de Judas Iscariote, que entregó a su maestro a las autoridades nacionales judías que buscaban su muerte, impulsado por sórdidas motivaciones que aún no se esclarecen del todo. El punto 10 parece referirse más bien al arte pictórico cristiano de los primeros siglos, el cual una vez que decidió pasar por alto el Segundo Mandamiento de la Biblia, rodeó de aureolas luminosas las cabezas de Cristo y los santos; no hay referencias bíblicas a este tipo de aureolas en las apariciones de Cristo resucitado; y, recordemos, de Buda no se dice que haya resucitado, y en ninguna de las biografías manejadas habla de apariciones luego de su muerte. El punto 11 es insólito. Solo puede afirmar tal cosa quién desconoce tanto el culto cristiano como las prácticas religiosas budistas.

 

En suma, las mentiras que el Superado escribe (¡y publica!) en relación a Buda, con el fin de echar tierra sobre las enseñanzas acerca de la historicidad de Jesucristo, descienden al nivel de lo vergonzoso.

 

Mitra

En tercer lugar, debemos considerar a Mitra, un dios cuya religión fue rival del cristianismo en los primeros siglos de la Iglesia, y que hasta el día de hoy es uno de los caballitos de batalla más preferidos por los racionalistas, que desean negar la historicidad de Jesucristo. De Mitra el Superado dice:

1) Mitra es el dios redentor de Persia.

2) Llamado también Señor, «nace» en la gruta de una virgen, el mismo día que andando el tiempo «nacerá» Cristo, el 25 de Diciembre, o sea el solsticio de invierno.

3) La madre, como no podía ser menos, permanece virgen después del parto.

4) Se anuncia astrológicamente por una estrella que aparece en el Oriente y unos magos le llevan perfumes, oro y mirra.

5) Muere como Cristo en el equinoccio de primavera y sus penas redimieron a la humanidad.

Poco es lo que se puede decir de estas afirmaciones del Superado, además de que son todas erróneas, fruto de una falta de investigación bibliográfica, o del ánimo que ya le hemos comprobado de mentir para desvirtuar al cristianismo. El punto 1 es quizás el único que se aproxima a la verdad, aunque debemos hacer una precisión. En el artículo Mitraísmo de Wikipedia leemos: Mitra es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el segundo milenio adC. En los Avesta iranios es un dios benéfico, colaborador de Ahura Mazda, y recibe el sobrenombre de “juez de las almas”. En el artículo Mitra de Wikipedia dice: Según datos del Museo de Londres, Mitra era el dios de la luz solar, de origen persa que fue adoptado en el imperio romano. El culto se organizaba en sociedades secretas, exclusivamente masculinas. Era muy popular en ambientes militares. Obligaba a la honestidad, pureza y coraje entre sus adeptos. El supuesto carácter salvador del mitraísmo está basado en un extraño mito acerca del sacrifico del toro divino por parte de Mitra. En el artículo referido en primer lugar leemos:

Relato mítico

Según el relato que ha podido reconstruirse a partir de las imágenes de los mitreos y los escasos testimonios escritos, el dios Mitra nació cerca de un manantial sagrado, bajo un árbol sagrado, de una roca (la petra generatrix; Mitra es llamado de petra natus). Esto enlaza con las tradiciones armenias de la cueva de Meher (Mitra). En el momento de su nacimiento llevaba el gorro frigio, una antorcha y un cuchillo. Fue adorado por pastores poco después de su nacimiento. Bebió agua del manantial sagrado. Con su cuchillo, cortó el fruto del árbol sagrado, y con las hojas de ese árbol confeccionó su ropa.

Encontró al toro primordial cuando pastaba en las montañas. Lo agarró por los cuernos y lo montó, pero, en su galope salvaje, la bestia lo hizo desmontar. Sin embargo, Mitra siguió aferrado a sus cuernos, y el toro lo arrastró durante mucho tiempo, hasta que el animal quedó exhausto. El dios lo agarró entonces por sus patas traseras, y lo cargó sobre sus hombros. Lo llevó, vivo, soportando muchos padecimientos, hasta su cueva. Este viaje de Mitra con el toro sobre sus hombros se denomina transitus.

Cuando Mitra llegó a la cueva, un cuervo enviado por el Sol le avisó de que debía realizar el sacrificio, y el dios, sujetando al toro, le clavó el cuchillo en el flanco. De la columna vertebral del toro salió trigo, y vino de su sangre. Su semen, recogido y purificado por la luna, produjo animales útiles para el hombre. Llegaron entonces el perro, que se alimentó del grano, el escorpión, que aferró los testículos del toro con sus pinzas, y la serpiente.

En el mismo artículo se ofrece una lista de semejanzas con el cristianismo, a saber:

Tras su nacimiento, Mitra fue adorado por pastores.

El transitus (viaje de Mitra con el toro sobre los hombros) recuerda al Vía Crucis del relato evangélico.

El mitraísmo era una religión de salvación: el sacrificio de Mitra tiene como finalidad la redención del género humano.

Mitra recibía los apelativos de La Luz, La Verdad y El Buen Pastor.

El banquete ritual de los fieles de Mitra tiene similitudes con la eucaristía cristiana.

El día sagrado del mitraísmo era el domingo.

El nacimiento de Mitra se celebraba el 25 de diciembre.

Los atributos del pater -máximo nivel de iniciación en el mitraísmo- eran el gorro frigio, la vara y el anillo, muy similares a la mitra, el báculo y el anillo de los obispos cristianos.

El punto 2 comienza con una aseveración que carece de relevancia. Si bien no encontré en los artículos consultados que Mitra recibiera el calificativo de Señor, no sería notable en absoluto que para los creyentes en este dios, Mitra fuera su Señor. Es una tontería pensar que hay en esto una copia del mitraísmo por parte del cristianismo. En todo caso, el cristianismo sería una copia del judaísmo. De hecho, el cristianismo se inició como una secta judía que progresivamente se desvinculó del judaísmo; una secta que tomó del hebreo el Adonai (Señor) y lo aplicó, en su forma griega Kyrios, a Jesús. Vimos en el artículo citado que Mitra habría nacido de una roca; allí dice que Mitra es llamado de petra natus (el nacido de la roca). En otro lugar leemos: El mito no obligaba en forma absoluta a honrar a Mitra en un antro cubierto, pues no se lo representa saliendo de una caverna sino emergiendo de un peñasco. Es muy probable que el antro, como lugar de culto, haya sido anterior al mito que cuenta el nacimiento de Mitra, cualquiera sea, por lo demás, el sentido de este mito: ya se haya dicho que Mitra nació de la piedra porque sus fieles lo evocaban en la caverna, o bien porque la luz aparece primero en la cumbre de los montes cuando surge el día (Los Misterios Paganos y el misterio cristiano; Alfred Loisy. En http://www.meta-religion.com). (Énfasis mío) Así que no habría ninguna “gruta de la virgen” (ni gruta, ni virgen); y es dudoso que se hable de una madre en el Mitra persa (sí en el Mitra védico de la India, aunque en este caso es una deidad, a veces masculina, a veces femenina, según las diferentes versiones, que habría tenido entre siete y treinta y un hijos; así que de virginidad posterior al parto… ni hablar). Según un artículo también aparecido en la página Metareligión, Mitra, ¿antecedente del cristianismo o culto plagiado. En la religión mazdeísta (creada por Zaratustra) ya se habla de un diluvio universal, de un arca en la que se salvaron una pareja de animales de cada especie y una familia. Se entroniza una Santísima Trinidad compuesta por los dioses Ahura Mazda, Mitra y la diosa Anahita, esposa de Ahura Mazda y madre de Mitra. (Énfasis mío) Este es un artículo que, basta leerlo superficialmente para darse cuenta de lo tendencioso que es, al equiparar exactamente una gran cantidad de características del cristianismo con el mitraísmo. Sigue diciendo su autor José Luis García: Según el Avesta (escrituras sagradas del mazdeísmo, supuestamente de autoría de Zoroastro), Mitra nació en una gruta el día 25 de diciembre. Una luz resplandeciente situada sobre la gruta despertó a unos pastores que fueron a adorarle. Unos magos, enterados por las estrellas de su nacimiento, fueron a obsequiarle ofrendas. Ahora bien, en otro lugar leemos que la supuesta Madre de Mitra según el Avesta (en palabras de García), la diosa Anahita era la Diosa de la fecundidad. Los guerreros pedían a la diosa que les ayudara en la batalla. Es venerada por héroes y antihéroes. Posiblemente de origen mesopotámico, su culto fue importante con Artajerjes II, y las estatuas y los templos fueron construidos en su honor durante el Imperio Persa. Cierto culto ha existido después en el Asia Menor. En el Avesta es llamada Ardvi Sura Anahita (“Húmeda, Fuerte, Incontaminable”); esto parece ser una unificación de lo que originariamente fueron dos deidades originales. En Grecia, Anahita fue identificada con Atenea y Ártemis (Religión Persa; http://www.iespana.es/chaman/Persas.php). Me sigue faltando el asunto de la virginidad perpetua de esta señora. En cuanto al Avesta, leemos en el artículo El Avesta de Metareligión: El Avesta no es obra de un autor único (Zoroastro), sino que en realidad se trata de una obra incompleta y dispar, cuya redacción debió de extenderse a lo largo de varios siglos. El libro comprende 21 tratados y tal como lo conservamos hoy representa, como máximo, una cuarta parte de la obra primitiva. Ésta fue transmitida oralmente durante siglos: entre los años 200 y 400 de nuestra era.

Y en Wikipedia: El Avesta es una colección de textos sagrados de la antigua Persia, pertenecientes a la religión zoroastriana y redactadas en avéstico. El Avesta conservado hasta nuestros días es una colección de textos litúrgicos que apenas alcanza la cuarta parte del Avesta completo, tal y como fue compilado en época sasánida.

Sobre la confiabilidad de las escrituras zoroastrianas en su forma actual, no emitimos pues, comentarios; y ya vimos que tampoco dicen todo lo que los tendenciosos afirman que dicen. Y aunque les pique en cierto lugar a los contra, las Sagradas Escrituras de la Biblia son de una confiabilidad histórica mayor.

Por lo tanto, el punto 3 del Superado es, a todas luces, una estúpida mentira malintencionada.

En cuanto al 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo, es bien sabido que la verdadera fecha de la Natividad es desconocida; el Nuevo Testamento no ofrece ninguna noción de la fecha exacta. La celebración de la navidad el 25 de diciembre es instituida en el siglo IV por la Iglesia de Roma. En el artículo homónimo del Diccionario de Historia de la Iglesia (Editorial Caribe, Colombia, 1989; págs. 771-2) leemos: No existe evidencia histórica con autoridad referente al día o mes de nacimiento de Cristo. El 25 de diciembre era la fecha de un festival pagano de los romanos. Este fue inaugurado el año 274 como nacimiento del sol invicto que al comenzar el solsticio de invierno otra vez comienza a mostrar una luz que va en aumento. Aproximadamente antes de 336 la iglesia de Roma, incapaz de eliminar este festival pagano, lo espiritualizó como la fiesta de la Natividad del Sol de Justicia.

El punto 4 es similar a lo discutido en relación a los anuncios de nacimiento, en el caso de los nacimientos de Krishna y Buda. El punto 5 merece una aclaración. Pone en el tapete algo que yo había entendido hace algunos años respecto a Mitra, ese dios mitológico cuya religión había sido dura competidora del cristianismo durante sus primeros 3 siglos: que Mitra había muerto y resucitado. Me resultó interesante encontrar, al profundizar un poco en los mitos acerca de este dios, que no había sido él el muerto, sino que él (Mitra), ¡sacrifica un toro! Supuestamente, es un toro “primordial”, del cual mana sangre, trigo y semen. Alfred Loisy dice en su libro, citado en http://www.meta-religion.com: La tradición avéstica retuvo la leyenda del toro inmolado en el origen del mundo, del cual surgieron las plantas; su simiente recogida y purificada por la luna dio nacimiento a las especies de animales útiles; su alma, elevada hasta los dioses, se había convertido en genio protector de los ganados. Éste es el toro al cual mató Mitra, y sin duda se honraba también anticipadamente a éste con el sacrificio del toro divino que, según la creencia avéstica, debe tener lugar al final de los tiempos por obra de Saoshiant: la grasa de este toro, mezclada con la savia del haoma blanco, será un brebaje de inmortalidad para los elegidos. Éste es el sacrificio de Mitra, que según los contras, los reaccionarios anticristianos, es equiparable al sacrificio de Jesucristo en la cruz; sacrificio al que llegó como resultado de un proceso judicial fraudulento (acorde a las cosas humanas) pero perfectamente encuadrable en el mundo real, y al que se entregó voluntariamente para cargar con los pecados de la humanidad, y traer así redención al género humano.

Este es otro ejemplo de la negación a ultranza, la negación hasta el delirio. Y lo digo sin que me importen (y realmente no me importan) los grados académicos ostentados por quienes propugnan tales interpretaciones de la historia.

Pero hay más sobre el mitraísmo. Repasemos algo interesante escrito en uno de los artículos que hemos citado:

La información existente sobre el mitraísmo (bastante fragmentaria) se refiere a su práctica durante el Bajo Imperio Romano. Era una religión mistérica, de tipo iniciático, basada en la transmisión oral y ritual de iniciado a iniciado, y no en un cuerpo de escrituras sagradas, por lo que la documentación escrita concerniente al mitraísmo es prácticamente inexistente. El estudio de esta religión se ha basado sobre todo en la iconografía que decoraba los mitreos. (Mitraísmo; Wikipedia).

No se dice que los manuscritos más antiguos de la religión mitraica son del s. VII, salvo menciones que se hace a la misma, que se remontan al s. II. Por el contrario, los manuscritos más antiguos del cristianismo están fechados en el s. II. No se dice que ya san Justino en el s. II se quejaba de que los mitraístas copiaban el ritual cristiano de la eucaristía. (Objeciones al artículo anteriormente citado, enviadas por un lector)

Fue un culto al dios solar Mitra que floreció en Roma y en otras partes del Imperio Romano en los siglos II y III DC (¡después de Cristo!). No se conoce ningún texto sagrado de esta religión, por lo cual lo poco que se sabe de ella proviene de hallazgos arqueológicos o de indicios aislados. (Cristo y Mitra; Daniel Iglesias Grèzes; http://www.feyrazon.org/DanMitra.htm) (Énfasis míos).

Se dice que el mitraísmo se expandió por el Imperio Romano fundamentalmente por la adhesión a este culto por parte de los soldados romanos (particularmente legionarios que habían servido a Roma en las fronteras orientales del Imperio). Era una religión no exclusivista, en el sentido de que un adorador de Mitra podía adorar otros dioses; pero era una religión exclusivamente masculina: las mujeres no tenían entrada a su culto. No existen escrituras sagradas con las enseñanzas del mitraismo, como ya se dijo, y lo que se sabe de esta religión, sus relatos, sus valores, sus mitos, es extraído de los íconos, pinturas y bajorrelieves encontrados en los mitreos (lugares de adoración). Desde que empecé a leer sobre esta religión me llamó la atención este hecho. Las referencias más tempranas al mitraísmo son del siglo I antes de Cristo, en menciones de Plutarco acerca de ritos practicados por piratas de Cilicia; inscripciones de soldados romanos de la guarnición de Carnuntum, en Panonia Superior, y una mención de la tauroctonía (el sacrificio del toro por Mitra) en la Tebaida de Estacio, en el siglo I dC; y el registro arqueológico de este culto, procedente de Roma y otras partes del Imperio, a partir del siglo II dC. Es de hacer notar que las menciones del siglo II dC proceden de escritores cristianos (Justino, Tertuliano) quienes condenan las prácticas del mitraísmo, y a los que se critica por ser no ser imparciales (eran apologistas cristianos; ¿cómo iban a ser imparciales?). Resulta aún más interesante si se piensa que la reconstrucción del mito de Mitra y de las creencias del mitraísmo se hace a partir de la iconografía, a la sombra de una cultura cristiana ya establecida por siglos, por lo que uno se pregunta: en el caldero religioso que era el Imperio Romano de los primeros siglos después de Cristo, ¿cuál fue el sentido en que realmente fluyeron las semejanzas entre ambas religiones? ¿Del mitraísmo al cristianismo, o en sentido inverso? En otras palabras, ¿quién copió a quién? ¿Puede plantearse que Mitra es un mito del cual Cristo tomó forma, cuando lo que se sabe de Mitra se interpreta a partir de pinturas y bajorrelieves, ya en plena era cristiana, y los rasgos más distintivos del mitraísmo surgen entre sus adeptos del Imperio Romano, cuando ya el cristianismo diseminaba sus doctrinas desde Palestina hasta España y desde el norte de África hasta por lo menos la Galia? En uno de los artículos citados, Mitra de Wikipedia, leemos: De acuerdo a lo que argumentan algunos autores cristianos, los textos más antiguos encontrados acerca del mitraísmo datan del siglo II, siendo tardíos respecto a los del Nuevo Testamento, por lo que la hipótesis de que los relatos evangélicos fueron copiados de los del mitraísmo no tendría fundamento historiográfico. Sostienen que mientras no se encuentren documentos “mitraístas” más antiguos, los existentes hasta el momento sugieren que el mitraísmo adoptó algunos de los mitos del cristianismo mientras coexistieron. Así que ésta no es una idea peregrina, sino que otros autores cristianos ya la han planteado. La interpretación del mito de Mitra a la sombra de la cultura cristiana puede llegar a conclusiones llamativas, como la de Alfred Loisy, teólogo católico disidente citado dos veces en este artículo, quién después de un análisis argumental de tipo religioso sobre la supuesta “eucaristía” mitraica, concluye que el toro es Mitra mismo que se autoinmola: el pan y el brebaje sagrados eran la substancia del toro, del toro místico y divino que era Mitra… El toro no ha dejado de ser la víctima perpetua sobre la que reposa el equilibrio del mundo y la salvación de los hombres; no ha dejado de ser y, en cierta medida, será hasta el fin Mitra mismo. Por esto los alimentos que salieron de él, el pan proveniente del trigo, la bebida sagrada, también producto de una planta, están penetrados de una virtud divina; son un alimento y una bebida de inmortalidad. Son la substancia del toro, la substancia de Mitra. La semejanza con elementos cristianos es notable: el banquete sagrado del que participan los iniciados (pan y agua o vino, según Justino); una víctima sacrificada por la salvación de los hombres; la víctima es en definitiva el mismo dios; el alimento y la bebida del banquete sagrado, proporcionan inmortalidad (o vida eterna, semejanza más tenue, aplicable a algunas ramas del cristianismo). La conclusión no deja de ser interesante, amén de insólita: para lograr la equiparación con Jesús, que se ofreció a sí mismo en sacrificio, Mitra termina siendo, en definitiva, algo así como un dios esquizofrénico, que se desdobla para inmolarse (y también depresivo, ya que se suicida).

En resumen, acerca de Mitra y el mitraísmo, comparto las conclusiones del teólogo católico Daniel Martínez, quién en su artículo citado Cristo y Mitra dice:

El resto de las supuestas semejanzas entre mitraísmo y cristianismo cabe en alguna de estas tres categorías:

1.      Semejanzas inexistentes (frutos de la imaginación de algún autor).

En este rubro podríamos ubicar la supuesta utilización en los banquetes sagrados “mitranos” de las palabras de Jesús en la Última Cena (la institución de la eucaristía). Este desvarío se puede encontrar en algunos de los muchos sitios web anticristianos que recurren a la “hipótesis mitológico-mitrana”.

1.      Semejanzas como resultado de desarrollos independientes (frutos de la universal tendencia religiosa del ser humano).

En este rubro podríamos ubicar la existencia en ambos cultos de procesos de iniciación (muy diferentes entre sí), de ritos de purificación con agua (con significados muy diferentes), de sacrificios o banquetes rituales (la Santa Misa es un sacrificio-banquete sumamente diferente de los respectivos ritos “mitranos”), etc.

1.      Semejanzas como resultado de influencias en sentido inverso (es decir, del cristianismo al mitraísmo).

En este rubro podríamos ubicar la adoración de los pastores y de los magos en el nacimiento de Mitra. No incluyo aquí el supuesto nacimiento de Mitra de una virgen sólo porque, según mis modestas investigaciones, Mitra no nació de una virgen sino de una roca (!!).

Osiris y Baco

Las afirmaciones acerca de estos dos dioses de la mitología egipcia (Osiris) y griega (Dioniso o Baco) son breves, y cabe extendernos en algunos detalles más, aunque no mucho. Sobre Osiris, el Superado dice:

1) En Egipto también tenían su Dios redentor en Oro (Osirapis o Serapis).

2) Nacido de una virgen en el solsticio de invierno, muerto en el equinoccio de primavera y también resucitado.

3) Tuvo su huida llevado por la virgen Isis en un asno.

En el artículo Dioniso, de Wikipedia, leemos afirmaciones de Martin A. Larson (1977), en La historia de orígenes cristianos, págs. 37-38: Osiris fue el primer salvador y toda las soteriologías de la región tomaron prestada de esta religión, directa o indirectamente, incluyendo el Mitraísmo y el Cristianismo, desde una influencia osiríaca-dionisíaca. Aunque esto ya se hace molesto, veamos un acercamiento a la leyenda de Osiris, a ver qué hay de cierto en esto de que la historia de Cristo como Redentor toma elementos del mito de Osiris. En La Historia de Osiris, de Francisco López (www.egiptología.org), puede leerse: con el tiempo Osiris se convirtió en el Rey de Egipto. En aquellos tiempos la humanidad vivía en estado salvaje, practicando el canibalismo, y fue Osiris quien enseñó a su pueblo a cultivar los campos, aprovechando las inundaciones anuales del Nilo, y cómo segar y recoger la cosecha para alimentarse. También les enseñó como sembrar vides y obtener vino (de ahí la asociación griega con Dionisio) y la forma de fabricar cerveza a partir del cultivo de cebada. Pero no sólo enseñó al pueblo cómo alimentarse y cultivar sino que le dio leyes con las que regirse en paz, la música y la alegría y les instruyó en el respeto a los dioses. En este texto, la figura de Osiris parece más un personaje civilizador, que un salvador. Una nota agregada a este párrafo, en el artículo citado nos informa que es Diódoro de Sicilia quién afirma que Osiris les quitó a los hombres la costumbre de comerse unos a otros. Por otra parte en los Textos de las Pirámides aparece el denominado “himno caníbal”, en el que el rey se alimenta del cuerpo de los dioses, y que posiblemente esté basado en costumbres caníbales de tiempos mucho más antiguos. Osiris inventó el cultivo y eso fue lo que hizo que los hombres abandonasen el canibalismo ante la posibilidad de un alimento nuevo. Este enfoque de la figura de Osiris más como civilizador que como Redentor, aparece también en Wikipedia; en el artículo Osiris leemos: Osiris fue un héroe cultural, rey mítico, fundador de la nación egipcia, que enseñó a los hombres la civilización, las leyes, la agricultura y cómo adorar a los dioses. Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot. La última aseveración impresiona más que como la muerte de un dios encarnado, como la apoteosis (divinización) de un hombre, considerado héroe, glorificado y elevado al sitial de un dios. Sin embargo, el mito de Osiris presenta su nacimiento como el de un dios. Sobre las fuentes de este mito, es necesario tener en cuenta que No existe una reconstrucción exacta de toda la leyenda, salvo el “Tratado de Isis y Osiris” de Plutarco, relato helenizado de la tradición popular. Son textos sueltos e inscripciones los que permiten reconstruir la leyenda casi por completo. No obstante existen grandes diferencias entre la versión de los Textos de las Pirámides , que podríamos considerar como la más egipcia, y la obra de Plutarco, posiblemente debido a que Plutarco trató de dar una visión más helenizada del mito, y como el mismo dice “eliminando de él todo lo que pudiese haber de inútil y superfluo”, por resultar absurdos o incomprensibles en el mundo griego (nota al artículo La Historia de Osiris).

Sobre el punto 2, el nacimiento de Osiris de una mujer virgen, otra vez tenemos problemas, pues el artículo citado nos informa que Osiris era hijo de Nut (la diosa griega Rea), hija de Ra; Nut habría tenido sus hijos de Thot (el Hermes griego) según Plutarco, o de Geb (el Cronos griego) según Diódoro de Sicilia. Osiris y sus cuatro hermanos habrían nacido en los últimos cinco días del año, por lo que habría nacido en el solsticio de invierno del hemisferio norte. Pero ya advertimos que la fecha del nacimiento de Cristo celebrada en la actualidad (25 de diciembre) es una fecha fijada arbitrariamente para sustituir la festividad pagana del Sol Invicto, desconociéndose la fecha exacta. Aquí, nuevamente, debemos separar entre lo que la Biblia enseña, base fundamental de la doctrina cristiana, y aquellas cosas que se agregaron al edificio doctrinal y teológico cristiano al correr de los siglos. Osiris habría muerto, asesinado a traición por su hermano Seth, quién lo odiaba por su poder y popularidad; el crimen se habría perpetrado el día 17 del mes de Athyr, mes que comenzaba aproximadamente el 28 de octubre de nuestro calendario, cuando ya había pasado el equinoccio de otoño del hemisferio norte (no el de primavera), según el artículo citado La Historia de Osiris. El punto 3 también es otra afirmación que ni siquiera se corresponde con la leyenda. Isis, hermana y esposa de Osiris, buscó el cofre en el que estaba el cuerpo muerto de su esposo, encontrándolo en Byblos, en la costa de Fenicia, y lo llevó de regreso a Egipto en un barco: Los reyes ofrecieron a Isis los mejores regalos que podía imaginar, pero ella sólo pidió una cosa: el gran pilar de tamarisco que sujetaba el palacio y todo lo que en él estuviese contenido. Cuando se lo ofrecieron Isis lo abrió, sin ningún esfuerzo, y tomó el cofre, devolviendo el pilar al Rey cubierto por una fina tela ungida en esencias y flores. Este trozo de madera se mantuvo en Byblos como el pilar que una vez albergó el cuerpo de un dios, y como tal, fue largamente venerado. Cuando Isis recogió el cofre que contenía el cuerpo difunto de su marido, se estremeció, dejándose caer sobre él y de ella emergió un lamento tan profundamente agudo que el más pequeño de los hijos del rey quedó como muerto en ese mismo instante. Isis cargó el cofre en un barco ofrecido por el rey y partió hacia Egipto en compañía del mayor de los hijos del rey.

Sobre Baco (o Dioniso para los griegos), el artículo del Superado dice:

1) También Baco (llamado Salvador) nacía en el solsticio de invierno.

2) después de muerto bajaba a los infiernos y resucitaba.

Hasta de este personaje del legendario grecorromano antiguo se pretende que el cristianismo tomó elementos para “armar el mito” de Jesús. No encontré que a Baco se le llamara Salvador, entre trece nombre aplicados a este dios griego en el artículo Dioniso de Wikipedia; el que más se asemejaría sería Eleuterio, “el libertador” (también aplicado a Eros). El asunto del solsticio de invierno no lo vamos a discutir nuevamente. El punto 2 también es falso. El mito de Dioniso es multiforme, y entre sus muchos aspectos contenía la siguiente creencia: De acuerdo con la tradición, Dioniso moría cada invierno y renacía en la primavera. Para sus adeptos, este renacimiento cíclico, acompañado de la renovación estacional de los frutos de la tierra, encarnaba la promesa de la resurrección de los muertos (Mythologia – Dioniso; http://www.mythologia.bravepages.com). La historia de su descenso al infierno no tiene comparación con el “descenso a las partes más bajas de la tierra” de Jesús entre su muerte y resurrección. Baco descendió por Lerna al Tártaro, donde sobornó a Perséfone con el regalo de un mirto para que dejase en libertad a su madre difunta, Sémele, quien ascendió con él al templo de Artemis en Trecen (Mitos y leyendas ancestrales, Naturaleza y Hechos de Dioniso; http://www.temakel.com); en otro lugar leemos: antes de ascender a los cielos quiso el dios bajar al Hades para buscar a su madre (Dioniso; es.wordpress.com/tag/mitología).

Pero además de lo que el Superado dice de Baco, me gustaría para terminar traer a colación supuestos paralelismos entre el culto a Dioniso y el cristianismo, según el artículo de Wikipedia: 1) ambos nacidos de mujer mortal, engendrados por un dios; 2) volvieron de entre los muertos; 3) transformaron el agua en vino; 4) Dioniso era una deidad comúnmente percibida dentro de sus seguidores. Reservé para este momento la información general con que los artículos mencionados comienzan hablando de Baco:

Dioniso (en griego Διώνυσος Diônysos o Διόνυσος Dionysos) es el dios tracio del vino, representando no sólo su poder tóxico sino también sus influencias sociales y beneficiosas. Es considerado promotor de la civilización, legislador y amante de la paz, así como dios protector de la agricultura y el teatro. (Dioniso; Wikipedia).

Dios del vino y la vegetación, el cual enseñó a los mortales cómo cultivar la vid y cómo hacer vino (Mythologia – Dioniso; http://www.mythologia.bravepages.com).

Dioniso, también conocido como Baco es identificado como el dios de la viña, el vino y el delirio místico (y de las borracheras) (Dioniso; es.wordpress.com/tag/mitología).

El dios del vino, el éxtasis y la exuberancia… Dios errante, generador de danzas frenéticas y la fiesta divina (Mitos y leyendas ancestrales, Naturaleza y Hechos de Dioniso; http://www.temakel.com/).

Pensemos, ¿el dios del vino, de la vegetación, del delirio, de las borracheras, de las danzas frenéticas, etc., habría sido usado para tomar elementos en la creación del mito Jesús? ¿Puede la inteligencia de mitógrafos que se ocupan solo de la leyenda, sin prestar atención, aparentemente, a la elevada enseñanza moral y espiritual de la doctrina cristiana, pretender honestamente que la fe cuya influencia marcó y marca aún, en forma innegable, la civilización occidental, tomó elementos del mito de este dios borracho y cruel? Acerca de Baco leemos: Cuando llego al Eufrates se le opuso el rey de Damasco al que desolló vivo… Luego Dioniso volvió a Europa pasando por Frigia, donde su abuela Rea le purificó de los muchos asesinatos que había cometido durante su locura y le inició en sus misterios… Como a Penteo, rey de Tebas, le desagradaba el aspecto disoluto de Dioniso, lo arrestó, juntamente con todas sus Ménades, pero enloqueció… En Orcómenos las tres hijas de Minia, llamadas Alcítor, Leucipe y Arsipe, o Aristipe, o Arsínoe, se negaron a participar en las orgías, aunque les invitó personalmente Dioniso, que se les apareció en la forma de una muchacha. Luego cambió de forma y se transformó sucesivamente en león, un toro, y una pantera, y las enloqueció (Mitos y leyendas ancestrales, Naturaleza y Hechos de Dioniso; http://www.temakel.com). Veinte siglos de cristianismo, una fe de indudable y actual presencia global, ¿pudo haber tomado aspectos de su historia primordial de un dios griego inexistente? Que el evangelio diga que Jesús convirtió el agua en vino, ¿obliga a vincularlo con Baco, el dios del vino? Que el evangelio diga que el Espíritu de Dios engendró milagrosamente a Jesús en el vientre de una mujer virgen, ¿obliga a vincularlo a Baco, que según la mitología grecorromana fue concebido por la relación de una mujer humana con Zeus, un dios carnal, mujeriego y vil? ¿Por qué no vincular a Jesús con Hércules, entonces? ¿Cómo comparar la muerte única de Jesucristo, en un único sacrificio perfecto, y su resurrección única al tercer día, con un dios de fantasía que cada año muere cuando las hojas de los árboles caen, y tres meses más tarde resucita, cuando los prados florecen? ¿Baco es percibido dentro de sus adoradores? Pero, ¿se puede aceptar que alguien tomó la idea del poder tóxico del vino, y la transformó en el Poder Redentor del Espíritu de Cristo en el creyente?

Los argumentos disparatados de los ateos, los racionalistas, los contras, sus tergiversaciones, sus mentiras flagrantes, escapan a todo comentario.

La Gran Broma

Una variante de la idea contenida en la “tesis mitológica” es que la figura de Jesús fue construida a través de una interpretación de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento. Es decir, parece que según estos individuos, los primitivos cristianos dijeron: ¿qué dicen las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías? Bien, inventemos a un hombre que las haya cumplido todas, y en base a las mismas construyamos la historia de la vida de este hombre. Este artero argumento pretende negar la evidencia de la actividad sobrenatural de Dios, implícita en la profecía cumplida, planteando que dichas profecías fueron cumplidas intencionalmente, o más bien que intencionalmente se inventó un personaje que sí las cumplió (proposición también nada original).

Uno podría comenzar preguntándose qué motivaría a aquellos oscuros primeros cristianos del siglo I a actuar así. Conformar una secta disidente del judaísmo, para ser odiados y perseguidos por sus compatriotas los judíos, ser despreciados y luego perseguidos por los romanos, sin perspectivas de ganar, por pertenecer a dicha secta, ni riquezas, ni prestigio, ni poder, ni siquiera tranquilidad, sin tampoco obtener un mejor lugar en el ignoto mundo de ultratumba, todo por creer en un personaje legendario, que sabían falso, pues ellos mismos se lo estaban inventando.

Un personaje legendario por el que muchos murieron. Por ejemplo el apóstol Pablo, del que muchos críticos dicen que fue el creador del cristianismo tal como lo conocemos, por la doctrina asentada en sus epístolas. Se hace necesario entonces plantear que Pablo no murió decapitado por su fe, o aún que tampoco Pablo existió (y algunos lo hacen), o aceptar que él es el autor de la Gran Broma de la humanidad. Aceptar que el apóstol Pablo dijo: voy a crear un mesías para todos, y a morir por mi creación, para que el mundo entero se trague mi Gran Broma, por los siglos de los siglos, amén.

¡Por favor! 

 

 

 

Iglesia En Marcha.Net

 

La imagen de un dibujo con una inscripción, descubierto en 1856 en la pared de una habitación usada por guardias romanos, en las ruinas de los palacios imperiales. Según la Enciclopedia Ilustrada de Historia de la Iglesia (Vila, Santamaría, Editorial Clie, Barcelona, España, 1979), esta inscripción dataría del siglo II después de Cristo: de una cruz en forma de T pende un asno; frente a ella, un hombre con los brazos abiertos la contempla; una inscripción griega dice alexamenos sebete theon (alexamenos venera a su dios). Según la Enciclopedia citada, se trataba de una pintada popular (hoy diríamos un graffiti); sería una sátira, una burla de los soldados romanos dirigida a un compañero de armas cristiano. Constituiría por lo tanto una muy temprana forma de burla de los paganos contra la fe de los cristianos, como seguramente existieron muchas otras. El apóstol Pedro refiere en su segunda epístola la actividad de incrédulos que se burlaban de la demora para el prometido regreso de Cristo (3:3-5). Pero la burla contra el desconocido Alexamenos es refinadamente cruel, pues deforma la figura más venerada por los cristianos, la del Dios-Hombre crucificado, asemejándolo a un asno.

 

Siempre a lo largo de la historia la burla formó parte de la oposición que los cristianos debieron enfrentar por predicar el evangelio de Jesucristo, o por el simple hecho de intentar vivir su fe. En los tiempos del ignoto Alexamenos, la oposición al cristianismo se volvía periódicamente violenta, llegando a la persecución organizada por parte del estado; persecuciones que nos han legado, como preciosa herencia espiritual, las historias de legiones de mártires que prefirieron la muerte, antes que renegar de su fe en Jesús.

 

Mirando desde un punto de vista bíblico y teológico, podríamos decir que el Gran Enemigo de Dios y adversario de los hombres ha instigado, en todas las épocas, el odio hacia los seguidores de Cristo, portadores del único mensaje capaz de salvar al género humano. Odio que ha cristalizado en la persecución a muerte de los cristianos, siempre que se pudo, cuando las circunstancias nacionales y culturales de una sociedad humana organizada propiciaron que se tolerase (y quizás hasta se disfrutase) el asesinato de inocentes, tenidos por enemigos públicos a causa de sus creencias. Y cuando no se pudo, ese odio tomó la forma de la burla, el menosprecio, el descrédito y el desprestigio del cristianismo en general, de su mensaje, y de sus individuos representantes.

 

En esta serie de artículos nos hemos acercado a lo que exponen aquellos que pretenden desacreditar el cristianismo, volverlo obsoleto y no digno de ser tenido en cuenta, mediante el recurso de negar la existencia histórica de Jesús de Nazaret. Pero nos hemos aproximado apenas a sus ideas, a sus argumentos, y a sus ocultas intenciones y prejuicios. Analizar a fondo y refutar todo lo que en el mundo se habla (y escribe) contra la existencia histórica de Jesucristo, no es posible hacerlo en unos pocos artículos, sino que demandaría escribir varios libros. Como contrapartida, refutar todo lo que en el mundo se habla, se escribe y se escribió, como evidencia de la existencia histórica de Jesucristo, y de su naturaleza divina, a estos enemigos de la fe les llevaría varias vidas.

 

Hace meses tratamos también en un artículo, el disparate del presunto hallazgo de la tumba de Jesús, otra estrategia comercial para ganar dinero a expensas de la castigada figura de Jesús de Nazaret. Como El Código Da Vinci; como los libros del pseudo investigador Michael Baigent; como los de la supuestamente erudita Acharya, quién no tiene el coraje de dar su verdadero nombre, y de cuya objetividad e imparcialidad podemos hacernos una clara idea por la siguiente declaración suya, hecha en un reportaje acerca de su libro La Conspiración de Cristo: “Verdaderamente yo espero que sea el fin de la era cristiana. El fraude, el engaño, la carnicería general y el robo causados por esta invención son totalmente espantosos.” (www.cibernous.com/perifericos/entrevistas/acharya).

 

Ahora, hemos sabido también de un italiano, llamado Luigi Cascioli, que pretende enjuiciar a la Iglesia Católica en su conjunto, a la que acusa de fraude, afirmando que la Iglesia lleva adelante desde hace veinte siglos un gran engaño con la figura de Jesús de Nazaret, inexistente en la realidad. Un ex seminarista, nos dicen. Un individuo que por alguna razón se volcó hacia una oposición violenta contra la Iglesia Católica; que enceguecido por el odio, a juzgar por las evidencias, llevó su oposición a los estrados judiciales, y habiendo sido rechazado dos veces, prosiguió su causa con convicción delirante (¿propia de un perturbado mental?), hasta hallar eco en la Corte Europea de Derechos Humanos.

 

Y acá nos preguntamos, la Corte Europea de Derechos Humanos, ¿tiene autoridad para juzgar si la Iglesia Católica (y el cristianismo en general) tiene razón o no al depositar su fe en Jesucristo? Una Corte compuesta de hombres falibles, algunos de los cuales pueden ser ateos, racionalistas, adeptos a otras religiones (y por lo tanto no imparciales), y alguno de los cuales puede ser también un perturbado mental, ¿decidirá acerca de la fe que alienta el corazón de más de dos mil millones de seres humanos?

 

Que ridículo.

 

Imaginemos que alguno de los hombres (o mujeres) llamados a juzgar tal cosa fuera quién escribió las siguientes joyas del pensamiento humano, en el artículo El Mito de Jesús, publicado en la página “cultural” Luz + Luz (www.luzmasluz.ORG/TEMAS/mito_jesus)

 

JOYA 1: Esa fábula se cree por autoengaño, por ignorancia, por infamia, por angustia o por miedo, si no por todas y cada una de estas cosas a la vez. Y es a ese amasijo de infamias, operando como una sola fuerza ciega, a lo que, para avalar ese estado de enajenación en que cae la persona o grupo de personas que se inclinan a identificarse con él (con el amasijo ese), se ha inventado lo de: en esto se cree por fe. Y ese autoengaño patológico de carácter alienante o de locura, es lo que en realidad constituye eso que, para justificar y explicar lo insólito dentro del campo de las fantasías mágico-religiosas, han dado en llamar fe. En términos sencillos: otro gran disparate.

 

JOYA 2: En lo que respecta al mundo judío, en el que el fantasioso engaño ubica el nacimiento, aparición y muerte del tal Jesús, allí siempre se ha estado, y en eso se sigue todavía, a la espera de un salvador, de un enviado, de un cristo, que es la palabra griega con que se dice Mesías, de su dios egoísta criminal, vengativo y sanguinario Jehová, Javeh, Elí, etc., que se ponga al frente de imaginarios ejércitos celestiales de ángeles guerreros que destruirán sin piedad y con fuego a sus enemigos e impondrán la hegemonía de los judíos. Del mitológico invento terminó por apropiarse, como de todo en esa época, el mismo Imperio Romano, igual a como hace hoy el imperialismo norteamericano, que según la leyenda lo mató, pero que, como la historia la escribe el ganador y no el derrotado, se ha creado la otra leyenda, como obra de las mercenarios del imperio, que aún perdura y por la que han muertos asesinados tantos millones de seres humanos por los cristianos, sobre todo por los sectarios seguidores del catolicismo, a quienes en saña criminal los disidentes protestantes siempre han querido igualar y hasta superar, que si, desde la época del estafador Pablo de Tarso, a quien se atribuye la creación de la religión cristiana, hasta el día actual se reparten por años los muertos, se tiene que a cada año le correspondería poco más de 150 mil muertos asesinados anualmente.

 

JOYA 3: Como los mitos se nutren de hechos reales, distorsionados, embellecidos o disfrazados, lo que sí se sabe es que los grupos de fanáticos que clamaban y preparaban la llegada de Cristo se dedicaban a la celebración de orgías, pues eran practicantes del amor en grupo o colectivo, estimulado por el consumo masivo de los llamados tés de hongos divinos, como sucede con el denominado amanita muscaria, de efectos alucinógenos fulminantes, de hachís y del té de campana, entre muchos otros productos alucinógenos.

 

JOYA 4: De sus virtudes y su pureza absoluta se encargó el Evangelio de Mateo de desmentirlas poniendo en boca del mismo dios-Jesús y luego cristo, o bien padre, hijo y espíritu santo, aquellas expresiones que lo igualan con un lumpen de la más baja ralea, al decir en el Art. 11 versículos 18 y 19: Vino Juan -se supone que el Bautista- que no comía, no bebía ni veía mujeres, y le decían endemoniado; vengo yo, que bebo vino, como una barrica según dice San Jerónimo en su Vulgata, que como igual que un barril sin fondo y que me rodeo de alegres mujeres, y me acusan de bebedor, de comelón y mujeriego.

 

…¿?

 

Realmente, al leer este artículo llegué a pensar si el autor, que tampoco se identifica, no estaría borracho al escribirlo; o bajo los efectos de alguno de esos hongos alucinógenos que menciona. La irreverencia con que está escrito, que llega a constituir un grotesco encadenamientos de blasfemias, la ordinariez de las expresiones, la ignorancia y absoluta falta de capacidad para interpretar correctamente situaciones sencillas del Nuevo Testamento, o la manera artera y malintencionada con que tergiversa dichas situaciones, son insólitas. El artículo parece la obra de un adolescente al que solo le interesa en esta vida sobarse los granos de la cara, jugar con la computadora, masturbarse, y lograr que una chica linda lo mire. ¿Pero al decir esto no deberé pedir perdón a los adolescentes, aún a los más inmaduros y estúpidos? Esta clase de artículo, grosero, falto de tacto, y además pésimamente escrito, no calificaría para publicarse en ninguna revista medianamente seria. Pero, como ya dijimos en la primera entrega de esta breve serie, internet es una gran bolsa, en la que hay mezclada mucha basura.

 

¿Y qué, si alguno de los hombres, o mujeres, de la Corte Europea de Derechos Humanos, que deberán juzgar la causa de Luigi Cascioli contra la Iglesia Católica, comparte alguno de los pensamientos del despreciable sujeto que escribió el artículo comentado?

 

Ahora bien, ¿con qué nos quedamos? ¿Qué enriquecerá más nuestras vidas y mejorará nuestro mundo? ¿El amor predicado por Jesús, el amor aún a los enemigos, el amor que llega al sacrificio de uno mismo? ¿O el odio violento, el desprecio, la delirante y codigodavinchesca obsesión por demostrar que lo más excelso que nos legó la historia humana no es más que un engaño, una “conspiración”?

 

Tal vez antes de terminar debamos aproximarnos a lo que hay de cierto en las afirmaciones de estos infames individuos, que tanto veneno echan sobre la verdad histórica de nuestra fe con sus prejuicios, tergiversaciones y mentiras. Hay un mandamiento paulino muy simple y escueto, pero que abarca una enorme cantidad de situaciones de la vida, en que potencialmente podemos errar de medio a medio, echando a perder el testimonio de la fe que decimos profesar: no deis lugar al diablo (Efesios 4:27). En otras palabras, y en el contexto del tema tal como lo hemos enfocado en este ensayo, no dar (los cristianos) lugar a que el Gran Enemigo de Dios y adversario de los seres humanos tenga la oportunidad de instigar la burla, el menosprecio, el descrédito y el desprestigio del cristianismo en general, de su mensaje, y de sus individuos representantes. Porque eso mismo es lo que ha hecho el cristianismo, casi desde sus albores; es parte de la historia de nuestra fe. Cuando estas personas hablan de el fraude, el engaño, la carnicería general y el robo; cuando hablan de la celebración de orgías (y tantas formas de inmoralidad sexual entre hombres y mujeres “de Iglesia”); aún cuando leemos afirmaciones que a priori nos parecen tan disparatadas, como que desde la época de Pablo de Tarso hasta el día actual, los cristianos habrían asesinado 150 mil personas por año (pensemos en la intolerancia religiosa practicada por la Iglesia Cristiana desde las postrimerías del Imperio Romano; en las Cruzadas; en la Santa Inquisición), debemos inevitablemente aceptar que los cristianos, a lo largo de los siglos, hemos errado el camino una y otra vez, apartándonos de la senda trazada tan claramente por Cristo.

 

En el nombre de Cristo se ha robado a los pueblos, se ha explotado a los débiles, se han discriminado grupos humanos; en el nombre de Cristo se ha reprimido, torturado y asesinado personas que sustentaban creencias diferentes. La falibilidad y debilidad moral humana, la naturaleza ruin, pecaminosa y despreciable de muchos de los que han profesado ser cristianos, son tan flagrantes que han dado lugar al desprestigio, el rechazo y el odio hacia el cristianismo. Los cristianos deberíamos pensar seriamente en eso. En el nombre de Cristo se han violado una y otra vez los mandamientos de Cristo. Y cuando no se pudo hacer en el nombre de Cristo, se cometieron (y cometen) pecados iguales o peores, cubiertos por el manto de la más pétrea hipocresía.

 

Es verdad, los pecados de los cristianos no exculpan a quienes, odiando al cristianismo, se vuelven contra Cristo, considerándolo otra cosa, o directamente tratando de erradicarlo de la historia como personaje real, que existió en un tiempo y lugar definidos. Pero si aquellos no son exculpados, ¿nosotros sí? ¿En nombre de qué? Recordemos que es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (1 Pedro 4:17).

 

Los cristianos deberíamos pensar muy seriamente en eso.

 

Tenemos el privilegio de ser llamados a presentarnos como testigos ante el mundo de la verdad, la pureza, el amor y la gloria de Jesucristo, el único en quién hay salvación eterna para el género humano. Como cristianos, tenemos un pasado de veinte siglos que no nos condena, pero que obstaculiza y entorpece nuestra tarea, nuestra misión. Mucho, muchísimo bien ha sido hecho por los cristianos a lo largo de los siglos, y en la actualidad. Pero también mucho mal ha sido hecho por malos cristianos, pseudo cristianos, o cristianos extraviados en un fanatismo irracional.

 

La oportunidad que nos ofrece la generación actual es la de obrar, individual y colectivamente, como verdaderos seguidores de Cristo; como cristianos que predican y practican el amor, en un mundo de odio y crueldad; el amor sin distinción de ningún tipo, en un mundo que segrega y discrimina; la pureza moral en todos sus aspectos, en un mundo degenerado y moralmente corrompido; la verdad, en un mundo de mentiras, hipocresía y oscuridad; el perdón, en un mundo de intolerancia, rencor y venganza.

 

Ya sé, esto termina como un sermón. Es cierto. Es que la noción de que la cristiandad ha quedado en deuda con el mundo, a lo largo de la historia, por sus malas acciones, deja la impresión de que queda aún mucho trabajo por hacer. Y no cualquier trabajo, sino (y nada menos que) la obra del Señor Jesús, luz de un mundo en tinieblas. Tal vez, en última instancia el asunto sea individual: ser un auténtico cristiano. Y si es necesario padecer, sea burla, desprecio, odio o violencia, padecerlo como cristiano; es decir, como verdadero cristiano, que ha puesto su corazón en hacer las cosas bien, tal como Cristo en verdad enseñó.

 

Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, ladrón o malhechor, o por entrometerse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello (1 Pedro 4:15,16).

 

Y recuerde: no le crea a los infames individuos que en su racionalismo, y/o en su odio, niegan a Cristo. La fe cristiana tiene bases muy firmes, que veinte siglos de barbaridades, cometidas dentro y dichas afuera, no han podido ni podrán mover jamás.

 

Dr. Alvaro Pandiani

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