JESUCRISTO: ¡EL RESTAURADOR DE TODAS LAS COSAS!

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)jesus_043

 

Texto Guía: Hechos 3:19-21

 

Propósito del Regreso de Jesús a la Tierra:

 

            Pocos cristianos saben que Jesucristo volverá nuevamente a este mundo en persona y visiblemente; y los que no lo saben  creen, más bien, que “partirán” al cielo cuando mueran para encontrarse con Jesús. En nuestro estudio “La Segunda Venida de Cristo“, el cual puede ser suyo si nos lo solicita, explicamos claramente que Cristo volverá a este mundo pronto.

            Lucas, el evangelista, también escribió el libro de los Hechos de los Apóstoles. En el capítulo 3 él explica para qué volverá Jesús al mundo nuevamente. Dice: “A quien (Jesucristo) de cierto es necesario que el cielo reciba HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Verso 21). Sí, Jesucristo, o Jesús, el Cristo (o:“El Ungido”), volverá a este mundo para RESTAURAR TODAS LAS COSAS de que hablaron los profetas del Antiguo Testamento. Esta impresionante revelación dada por Lucas, NO es enseñada por la Iglesia Católica, y algunas iglesias protestantes amilenialistas (a:sin, Millennium: milenio). Lo cierto es que Jesús no viene a llevarnos al cielo como creen muchos, sino más bien para quedarse en la tierra a fin de restaurar todo lo resquebrajado por el pecado de los hombres. Para mayores detalles sobre este punto, solicite el artículo “Las Buenas Noticias de Jesucristo”, El Reino del Mesías, El Reino de Dios: ¿Sabe Ud. qué es?. Son gratis.

 

            Según el prestigioso Diccionario Nuevo Pequeño Larousse, la palabra “restauración” quiere decir: “reparación“, “restablecimiento“, “nueva existencia que se le da a una institución“, y lo más importante, RESTABLECIMIENTO EN EL TRONO DE UNA DINASTÍA CAÍDA.” Esta última definición del diccionario mencionado, nos interesa mucho, pues tiene relación con nuestro estudio, y con las promesas bíblicas. Ya es hora que usted descubra la verdad de lo que Jesús va a restaurar en esta tierra, en ocasión de su Segunda Venida en gloria desde los cielos. Definitivamente restaurar no es destruir, de modo que Cristo no viene a destruir el planeta tierra, sino sólo a los pecadores incorregibles que no lo esperan volver en gloria para salvarlos (Salmo 37:9,10,17,20,22,28,29,34,38,40).

 

El Restablecimiento de la Dinastía Davídica Caída

 

            La Palabra restauración de Hechos 3:21 tiene que ver con el restablecimiento en su trono de un rey derrocado o el restablecimiento de una monarquía suspendida en su trono real. En este caso, la dinastía del rey hebreo, David. El profeta Amós habló de esta futura restauración, diciendo: En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David” (9:


            He aquí una impresionante verdad revelada desde los cielos, y esa es que al volver Jesús al mundo, levantará o restaurará el trono caído de David, el cual fue suspendido por Dios allá por el año 586 a.C. Recordemos que el rey babilónico Nabuconodosor invadió Jerusalén y depuso al rey hebreo de turno Sedequías, matando a sus hijos y desterrando al pueblo a Babilonia. Desde esa fecha, el trono de David, en la persona de su sucesor, Sedequías, se suspendió hasta el día de hoy. Ya van aproximadamente 2,500 años que Israel no tiene un rey Hebreo, ni una monarquía establecida como la de David. Pero esto ya estaba profetizado por Oseas, cuando dijo: Porque por muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio…” (3:4). Sí, POR MUCHOS DÍAS (no, “eternamente), los hebreos estarían sin una monarquía, y consecuentemente, sin ningún rey que los gobierne. Pero nuevamente Dios promete: “No faltará a David un renuevo de justicia…” (Jeremías 33:15,16). Esta promesa significaba que vendría un descendiente de David que tomaría su trono y corona en un futuro. Dios tenía en mente restaurar aquel reino que Él mismo había establecido con David y sus hijos (2 Crónicas 13:5,8). Definitivamente el reino Davídico era el reino de Dios. Dios había escogido a David para que lo representara ante el pueblo y los rigiera con autoridad celestial. Ahora Dios se propone restaurarlo nuevamente con un rey fiel y perfecto que desciende del rey David.

 

El Hombre que tiene Derecho al Trono y Reino de David

 

            El profeta Ezequiel escribió concerniente a la caída del reino davídico con estas palabras enfáticas: Y tú, profano e impío príncipe de Israel (Sedequías), cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad (586 a.C), así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, HASTA QUE VENGA AQUEL CUYO ES EL DERECHO, Y YO SE LO ENTREGARÉ.” (21:25-27). Notemos nuevamente que si bien el reino Davídico fue depuesto, no obstante vendrá un descendiente de David que tendrá el derecho de tomar su tiara, su corona, y su trono nuevamente. Y obsérvese que es Dios mismo quien se lo va a entregar y no algún hombre mortal.

 

            Según el Evangelista Mateo, Jesucristo es el hijo de Abraham e hijo de David (Mateo 1:1). Esto significa que Jesús es el descendiente, según la carne, del rey David. Es claro que Jesucristo es de “sangre azul“, un “hombre noble“, “un Príncipe“, y finalmente, “un Rey“—¡El Rey! Recordemos que Jesús había aceptado su origen real a Pilato, cuando fue acusado por sedición. Sus palabras fueron claras y directas: “…Tú dices que yo soy rey. YO PARA ESTO HE NACIDO…” (Juan 18:37). Pero por otro lado Jesús dijo en otra ocasión que su reino no era de este mundo o era maligna (verso 36). Entonces Jesús no pretendió restaurar el reino en ese momento, sino que lo haría en otra ocasión, para su segunda venida. Su segunda venida acabaría con el presente mundo malo regido por las fuerzas diabólicas cósmicas.

 

            El apóstol Pedro creía que un varón de Dios, descendiente del rey David, regiría  al mundo desde su trono en Israel. Sus palabras son como siguen: Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de SU DESCENDENCIA, EN CUANTO A LA CARNE, LEVANTARÍA AL CRISTO PARA QUE SE SENTASE EN SU TRONO.” (Hechos 2:29,30). Nótese que acá la palabra “Cristo” no es un nombre, sino un título que denota “el ungido (escogido) de Dios” el cual va a ser el futuro rey de Israel. 

 

            Y en la anunciación, el evangelista Lucas registra lo que le dijo el ángel Gabriel a María: Este (Jesús) será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:32,33).   

 

Los Hebreos Regresarán a Israel

 

            Si Jesús reconquistará el depuesto reino de su ancestro David, ello quiere decir que él reinará en Jerusalén, pues esa ciudad fue la capital del reino de David. Jesús afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad del “gran Rey( Léalo en Mateo 5:33-35). También inferimos que Jerusalén estará habitada por los hebreos, pues la profecía dice que Jesús reinará en la casa de Jacob o Israel. Por eso los israelitas estarán reunidos en su tierra para cuando Cristo, su rey, regrese. El profeta Ezequiel pudo escribir con certeza: “Y yo (Jehová) os tomaré de todas las naciones, y los recogeré de todas las tierras, y os traeré A VUESTRO PAÍS.” (Ezequiel 36:24). Y el profeta Oseas añade


lo siguiente: “Después volverán los hijos de Israel y buscarán a Jehová y a David su rey, y temerán a Jehová y a su bondad EN EL FIN DE LOS DÍAS (3:5).

        

                      Muchas personas no entienden el significado del regreso de los hebreos desde muchas naciones a su prístina tierra prometida después de 2,500 años de destierro. Desde Mayo de 1948 d.C ya existe nuevamente el “joven” estado de Israel en su antiguo territorio. Poco a poco la nación judía se va asentando con nuevos inmigrantes hebreos, pese a sus problemas políticos internos y externos. Pero lo importante de esto es que, en el final de los días, los judíos o hebreos regresarán a su tierra desde muchos países (E.U, Rusia, Etiopía, Alemania, Polonia, Argentina, etc) para luego buscar a Dios y a su rey davídico, Jesucristo.

 

            Para ese entonces se cumplirán los dichos de los profetas: He aquí vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo (=hijo) justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.” (Jeremías 23:5). “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio…y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.” (Isaías 32:1,17). “Y dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones…” (Apocalipsis 12:5). “…habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Jehová.” (2 Samuel 32:3). “Y los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15). “Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa (Israel), ha dicho Jehová de los ejércitos…y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.” (Joel 2:26,27).

 

            El apóstol Pablo nos confirma que Israel como nación finalmente será restaurada en una posición privilegiada para la bendición del mundo entero. Si el rechazo temporal de los hebreos significa la bendición de los no hebreos, ¡cuánta más bendición significará para los no hebreos la restauración de los hebreos! La restauración del país, y del reino, significará la máxima bendición de todos los pueblos de la tierra. Dice Pablo: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión (pecado) vino la salvación de los gentiles (no judíos), para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (Romanos 11:11,12). Sin embargo, y pese a las claras promesas de bendición de parte de Dios para los hebreos, los católicos siempre han sostenido que los hebreos han perdido los favores de Dios, por haber “crucificado” a Jesús. ¡Cuán errados están! ¡La Biblia los desmiente fácilmente!

             

¿Cuándo Será Restaurado el Reino o Gobierno de Dios?

 

            La pregunta que se nos viene al pensamiento es: ¿Cuándo se restablecerá el reino de Dios? Pues esa fue la misma pregunta que los apóstoles le hicieron a Jesús hace dos milenios: “…Señor, ¿restaurarás el reino (davídico) a Israel en este tiempo (año 27 d.C)? (Hechos 1:6). En el verso siguiente (7) Jesús les dice que la fecha sólo la sabe Dios. Y en otra ocasión Jesús les dice a sus discípulos que sólo su Padre sabe cuando será “el fin del mundo o Edad Maligna” ( Para mayor información sobre el significado de este tema, solicite el artículo gratuito “El Fin del mundo” a la dirección que aparece al final del presente estudio). 

 

La Iglesia de Dios heredará el Reino Davídico

 

            La Iglesia está llamada a tener un papel protagónico en la restauración del reino davídico en la tierra. Según las Escrituras, los cristianos están llamados a ser co-gobernantes con Cristo en su reino de mil años. En las Escrituras Inspiradas hallamos las siguientes promesas que las iglesias han olvidado. Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria…Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31,34).


 

           En el libro de Apocalipsis 2:26 leemos: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.” Y en el 3:21 leemos: “Al que venciere, le haré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

 

            En Lucas 19:12 Jesús les dice a sus discípulos: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino (davídico)”. Y en Lucas 13:28 .Allí será el llanto y crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” “Yo, pues, os asigno un reino (el de David), como mi Padre me lo asignó a mí.” (Lucas 22:29).

 

            Y también Jesús pronuncia la Parábola de la Diez Minas para enseñar a sus discípulos que tendrán parte en su gobernación mundial, obteniendo el control de ciudades importantes. “Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” (Lucas 19:17).

 

            Como vemos, el Señor exige que seamos fieles a su causa para tener derecho a participar en su gobernación mundial. El apóstol Pedro dirá por su parte: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pedro 1:10,11).

 

            Y a los creyentes pobres, Santiago les dice: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (2:5).

 

            Y Jesús dice también: …Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.” (Lucas 6:20). “Mas buscad el reino de Dios, y estas cosas os serán añadidas.” (Lucas 12:31). Y también Jesús se dirige a los ricos diciendo: “…¡Cuán difícilmente entrarán al reino de Dios los que tienen riquezas!” (Lucas 18:24).

 

            Y en otra ocasión Jesús se vio forzado a decir: “…Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9:62). Aquí Jesús está poniendo como condición el perseverar en la fe para ganar el reino davídico. Y Pablo, por su parte, dice: “…Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos 14:22).

 

            A los efesios Pablo les dice: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” (Efesios 5:5). Y el ladrón de la cruz le pide a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” (Lucas 23:42).

 

            Al Fariseo Nicodemo, Jesús le dice: “…de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:3,5). Y también dijo el Señor: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21).

 

            Como vemos, el reino de Cristo está en todas partes de la Biblia. Es la esperanza central de la Iglesia. De hecho, los teólogos están unánimemente de acuerdo que este es el tema central de las Escrituras. Jesús habló de él desde el mismo inicio de su ministerio (Marcos 1:1,14,15) hasta en el final de él (Hechos 1:3,6,7).

 


            Es un hecho indiscutible que Jesús vino para proclamar el establecimiento del reino. En Lucas 4:43, él había revelado a sus propios seguidores la razón por la cual su Padre le había enviado al mundo hace dos milenios. Él les dijo:

 

            “…es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO.” Sí, la misión de Jesús fue la de proclamar su gobierno mundial, desde el trono del reino de David. Él vino para anunciarlo y confirmarlo. Así lo expresó Pablo cuando dijo: Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, PARA CONFIRMAR LAS PROMESAS HECHAS A LOS PADRES.” (Romanos 15:8).

 

            Es claro que Cristo NO vino a cambiar las promesas de Dios escritas por los profetas del Antiguo Testamento. Y aunque muchos cristianos contemporáneos pretendan decirnos que Dios tiene otro programa para sus escogidos, lo cierto es que Dios no cambia (Malaquías 3:6); y sus promesas antiguas se cumplirán tarde o temprano.

 

            Mientras que esperamos el cumplimiento de sus promesas, la iglesia deberá estar pidiendo y buscando el reino o gobierno mundial de Jesucristo en esta tierra. Jesús mandó a que pidiéramos lo siguiente: Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra…Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia...” (Mateo 6:10,33).

 

Más sobre el Reino en www.elevangeliodelreino.org

 

 

“…IN THE NAME OF THE FATHER, AND THE SON, AND THE HOLY SPIRIT

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There are, among some Christians and secular scholars alike, questions regarding the authenticity regarding the reading of Mat 28:19, popularly known as the “Great Commission”. These questions have arisen due to what may be seen as contradictory evidence in both NT scripture and secular, historical sources that are currently at hand.


Historical sources:


Hebrew Gospel of Matthew:

There are 3 major biblical manuscripts of the Gospel of Matthew that are written in Hebrew:

  • the Shem Tov Matthew;
  • the DuTillet Matthew;
  • the Munster Matthew.

Some scholars have argued that these Hebrew manuscripts may have been descended (without any intervening translation) from ancient Hebrew manuscripts of Matthew, which were used by early Christians in the 1st-2nd century AD., but were nearly extinct by the time of the biblical scholar Jerome. Jerome was born around A.D. 331 and died in 420. He wrote many exegetical and controversial treatises and letters, as well as the renowned Latin Vulgate translation of the Scriptures, from which the King James Version bible was taken.

The Shem Tov Matthew is preserved within a work named Eben Bohen, which was written by a Jewish physician living in Aragon, Spain, named Shem Tov ben Isaac ben Shaprut (Ibn Shaprut), and after whom the manuscript is named. The text of Eben Bohen is preserved in a number of manuscripts, although the manuscript of Matthew that it quotes is lost, if it ever existed independently.


There are some interesting readings in this manuscript, among them
Mat 28:19-20 which simply reads: “Go and teach them to carry out all the things which I have commanded you forever.” Jerome also makes an interesting statement: “Matthew, who is also Levi…composed a gospel…in the Hebrew language and character. Furthermore, the Hebrew itself is preserved to this day in the library at Caesurae which the martyr Pamphilus so diligently collected.” Catalogue of Ecclesiastical Writers Pamphilus, presbyter of Caesarea (c. 3rd C. – martyred, 309AD.), was chief among Catholic Biblical scholars of his generation. He was the friend and teacher of Eusebius, who recorded details of his career in a three-book Vita that has been lost.


Pamphilus, not unlike the humanists of the , devoted his life to searching out and obtaining copies which he collected in the famous library that Jerome was later to use, and established a school for theological study. In the scriptorium, a necessary adjunct to all libraries of antiquity, he oversaw the production of accurate edited copies of Scripture.


The collections of the library suffered during the persecutions under the Emperor Diocletian that started in 303 AD., but was repaired subsequently by bishops of Caesarea. It was noted in the 6th century, but it probably did not long survive the capture of Caesarea by the Saracens in 638, though some historians attribute the destruction to its previous capture by the Persians.


Among the priceless lost treasures in the library, it seems from the above statement that Jerome knew of a copy of the Aramaic (so-called “Hebrew”) text of the Gospel of Matthew. Eusebius refers to the catalogue of the library that he appended to his biography on Pamphilus.


Eusebius of Caesurae: Eusebius Pamphili (c. 260—c. 340AD.) the Bishop of Caesarea and known as “the Father of Church History”, lived in times of rampant doctrinal change, was a Trinitarian, and in later life assisted in the formation of the Nicene Creed. Although he wrote prolifically, his most celebrated work is his Ecclesiastical History, a history of the Church from the apostolic period until his own time. Today it is still the principal work on the history of the Church at that time.


In about 318 AD., the theological views of Arius, a priest of Alexandria, became the subject of controversy because he taught the subordination of the Son to the Father. Eusebius was soon involved. Expelled from Alexandria for heresy, Arius sought and found sympathy at Caesarea, and, in fact, he proclaimed Eusebius as a leading supporter. Eusebius did not fully support either Arius or Alexander, bishop of Alexandria from 313 to 328, whose views appeared to tend toward Sabellianism (a heresy that taught that God was manifested in progressive modes; flesh>spirit). Eusebius wrote to Alexander, claiming that Arius had been misrepresented, and he also urged Arius to return to communion with his bishop. But events were moving fast, and at a strongly anti-Arian synod at Antioch, c. Jan. 325, Eusebius and two of his allies, Theodotus of Laodicea and Narcissus of Neronias in Cilicia, were provisionally excommunicated for Arian views.


When the Council of Nicaea, called by the Roman Emperor Constantine, met later in the year, Eusebius had to explain himself and was exonerated with the explicit approval of the emperor. In the years following the Council of Nicaea, the emperor was bent on achieving unity within the church, and so the supporters of the Nicene Creed [in its extreme form] soon found themselves forced into the position of dissidents. Eusebius took part in the expulsion of Athanasius of Alexandria (335), Marcellus of Ancyra (c. 336), and Eustathius of Antioch (c. 337).


Eusebius inherited from Pamphilus the famous Library at Caesarea, a library that was commenced by Origen (185-254 A.D.). The wording of the statement from the Catalogue of Ecclesiastical Writers by Jerome points to an original Manuscript of Matthew that was still to be seen in the Library at Caesarea. It could have meant that an early copy of Matthew’s Hebrew writing was there, but the phraseology of Jerome appeared to indicate that it was the actual Manuscript written by Matthew himself.


Eusebius quotes many verses in his writings, and
Mat 28:19 is one of them. He never quotes it as it appears today in modern Bibles, but always finishes the verse with the words “in my name”. For example, in Book 3 of his History, Chapter 5, Section 2, which is about the Jewish persecution of early Christians, we read: “But the rest of the apostles, who had been incessantly plotted against with a view to their destruction, and had been driven out of the land of Judea, went unto all nations to preach the Gospel, relying upon the power of Christ, who had said to them, ‘Go ye and make disciples of all the nations in my name’.”


Again, in his Oration in Praise of Emperor Constantine, Chapter 16, Section 8, we read: “What king or prince in any age of the world, what philosopher, legislator or prophet, in civilized or barbarous lands, has attained so great a height of excellence, I say not after death, but while living still, and full of mighty power, as to fill the ears and tongues of all mankind with the praises of his name? Surely none save our only Savior has done this, when, after his victory over death, he spoke the word to his followers, and fulfilled it by the event, saying to them, ‘Go ye and make disciples of all nations in my name’.”


Eusebius’ writings are older than any of the surviving manuscripts of
Mat 28:19 and he was a staunchly orthodox Christian, writing under the direction of Constantine. It is, therefore, easy to believe that Eusebius’ wording was closer to the original text than what we find in the entire NT since the 4th C. A.D. It is much more difficult to believe that Eusebius or someone else changed the text contrary to liturgy; rather, liturgy certainly could have exerted its influence under Constantine to change the original wording to better suit the very politically charged Nicene Creed of 325 A.D., and the liturgy that was based on that Nicene Creed.


Though readings of
Mat 28:19 have not been found in surviving ante-Nicene NT manuscripts and according to the Ante-Nicene Fathers collection of writings [all either Trinitarians or practicing Gnostics]: Ignatius (35-110 A.D.), Irenaeus (130-202 A.D.), Tertullian (155-250 A.D.), Hippolytus (170-245 A.D.), Cyprian (?-258 A.D.), and others, were already quoting the longer version of Mat 28:19 [with the Trinitarian formula] many years before Eusebius quoted a shorter version [without the Trinitarian formula]. So evidence of Eusebius writings must be cited with these in mind.


It still should be noted that the
Mat 28:19 Trinitarian formula only lists together the Father, the Son, and the Holy Spirit. It does not equate them as comprising one God as does the Nicene Creed. The doctrine of the Trinity states that the Father, Son and “Holy Spirit” together make “1 God.” This verse refers to 3, but never says they are “1”. It should be clear that 3 separate things do not make “1 God.” The scholar Morgridge writes: “No passage of Scripture asserts that God is 3. If it be asked what I intend to qualify by the numeral 3, I answer, anything which the reader pleases. There is no Scripture which asserts that God is 3 persons, 3 agents, 3 beings, 3 Gods, 3 spirits, 3 substances, 3 modes, 3 offices, 3 attributes, 3 divinities, 3 infinite minds, 3 somewhat, 3 opposites, or 3 in any sense whatever. The truth of this has been admitted by every Trinitarian whoever wrote or preached on the subject.”


James Moffett’s New Testament Translation, in a footnote on page 64 about Mat 28:19, makes this statement: “It may be that this (Trinitarian) formula, so far as the fullness of its expression is concerned, is a reflection of the (Catholic) liturgical usage established later in the primitive (Catholic) community. It will be remembered that Acts speaks of baptizing ‘in the name of Jesus’, cf.
Acts 1:5.”


The Bible Commentary 1919 page 723, Dr. Peake makes it clear that: “The command to baptize into the threefold name is a late doctrinal expansion. Instead of the words baptizing them in the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Ghost we should probably read simply-‘into my name’.”

 

NT Sources


If
Mat 28:19 is accurate as it stands in modern versions, then there is no explanation for the apparent disobedience of the apostles, since there is not a single occurrence of them baptizing anyone according to that formula. All the records in the NT show that people were baptized “into the name” of the Lord Jesus, just as the text Eusebius was quoting said to do. In other words, the “name of Jesus Christ,” i.e., all that he represents, is the element, or substance, into which people were figuratively “baptized”: “Peter replied, ‘Repent and be baptized, every one of you, in the name of Jesus Christ for the forgiveness of your sins’” Acts 2:38 “They had simply been baptized into the name of the Lord Jesus” Acts 8:16 “So he ordered that they be baptized in the name of Jesus Christ” Acts 10:48 “On hearing this, they were baptized into the name of the Lord Jesus” Acts 19:5


We cannot imagine any reason for the Apostles and others in Acts to disobey a command of the risen Christ. It seems clear from these verses that Christ said to baptize in his name only, and that was what the early Church did.


Also, it is sometimes stated that in order to be baptized into something, that something has to be God, but that reasoning is false, because Scripture states that the Israelites were “baptized into Moses” (
1 Cor. 10:2).


“In the name of”: It is sometimes stated that the Father, Son and spirit have 1 “name,” so they must be 1. It is a basic tenet of Trinitarian doctrine not to “confound the persons” (Athanasian Creed), and it does indeed confound the persons to call all 3 by 1 “name”, especially since no such “name” is ever given in Scripture (“God” is not a name). If the verse were teaching Trinitarian doctrine and mentioned the 3 “persons,” then it should use the word “names”. There is a much better explanation for why “name” is used in the singular.


A study of the culture and language shows that the word “name” stood for “authority.” Examples are very numerous, but space allows only a small selection.
Deu 18:5, 7 speak of serving in the “name” (authority) of the Lord. Deu 18:22 speaks of prophesying in the “name” (authority) of the Lord. In 1 Sam 17:45, David attacked Goliath in the “name” (authority) of the Lord, and he blessed the people in the “name” (authority) of the Lord. In 2 K 2:24, Elisha cursed troublemakers in the “name” (authority) of the Lord. These scriptures are only a small sample, but they are very clear. If the modern versions of Mat 28:19 are correct, then we would still not see this verse as proving the Trinity. Rather, they would be showing the importance of the 3: the Father who is God, the Son (who was given authority by God; Mat 28:18) and the Holy Spirit, which is the gift of God.


Internal Evidence


“Prove all things; hold fast that which is good.”
1 Thess 5:21 In this verse, the Greek word translated as “prove” is dokimazo, and it means: “to test, examine, prove, scrutinize (to see whether a thing is genuine or not), to recognize as genuine after examination, to approve, deem worthy.”


In our efforts to determine which reading of
Mat 28:19 is original, we will submit both renderings to 10 “tests”. In doing so, we hope to be able to recognize the genuine, and expose the spurious.


1. The Test of Context:


When examining the context, we find that today’s Trinitarian wording lacks logical syntax, that is, the true understanding of the verse is obscured by a failure of the varying concepts to harmonize. If, however, we read as follows, the whole context fits together and the progression of the instructions is comprehensible:


All power is given unto me…go therefore…make disciples in my name, teaching them…whatsoever I have commanded …I am with you… (
Mat 28:18-20)


2. The Test of Frequency:


Is the phrase “in the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Spirit” used elsewhere in scripture? Not once.


Did Jesus use the phrase “in my name” on other occasions? Yes, 17 times to be exact, examples are found in
Mat 18:20; Mar 9:37, 39, 41; 16:17; John 14:14, 26; 15:16 & 16:23.


3. The Test of Doctrine:


Is any doctrine or concept of scripture based on an understanding of a threefold name, or of baptism in the threefold name? None whatsoever; is any statement in scripture based on baptism in the name of Jesus? Yes! This is clarified in
1 Cor 1:13:


“Is Christ divided? Was Paul crucified for you? Or were ye baptized in the name of Paul?”


These words, when carefully analyzed, suggest that believers should be baptized in the name of the one who was crucified for them. The Father, in His unfathomable love, gave us His only Son to die in our stead, Jesus later raised to incorruptibility by the Spirit of God. But it is the Lord Jesus himself who was crucified, and therefore in his name believers must be baptized in water.


The Father did not die, nor the Holy Spirit. Scriptures says we have been “buried with him (Jesus) in baptism”. Not with the Father, the Son, and the Holy Spirit (
Rom 6:3-5). According to Mat 28:19 there are 3 names under heaven whereby we must be saved, in opposition to the apostolic declaration that:


“There is no other name (than the name of Jesus Christ of Nazareth) under heaven given among men whereby we must be saved.’
Acts 4:12; cp. Rom 10:9


This, of course, is the same reasoning offered by Paul. Were ye baptized in the name of Paul? Or in the name of the Father, Son, and Holy Spirit, or in any other name that replaces Christ from His position as the sacrificial Lamb and the only name given to us for salvation?


4. The Test of Analogy:


Does any other scripture make reference to baptism in the Triune name? No. Does any other scripture reference baptism in the name of Jesus? Yes! The Father baptized the disciples with the gift of the Holy Spirit, a promise that came according to Jesus “in his name” (
John 14:26). This is because Jesus is the “common denominator” [literally: name] in both water baptism and baptism of the Holy Spirit, as made apparent by the following scriptures:


“Nevertheless I tell you the truth; it is expedient for you that I go away: for if I go not away, the Comforter will not come unto you; but if I depart, I will send him unto you.”
John 16:7

 

“But the Comforter, which is the Holy Ghost, whom the Father will send in my name, he shall teach you all things, and bring all things to your remembrance, whatsoever I have said unto you.” John 14:26; cf. John 7:39

 

“But when they believed Philip preaching the things concerning the kingdom of God, and the name of Jesus Christ, they were baptized, both men and women.” Acts 8:12


Notice that they were baptized as a result of the preaching of the name of Jesus Christ, not the titles “Father, Son and Holy Ghost.” By analogy, we should therefore be baptized in Jesus’ name, because the invoking of his name is the catalyst of understanding that prepares us for the baptism of the Spirit, which is also given in his name. (
Acts 2:38-39, 19:1-5; John 3:3-5)


5. The Test of Consequence:


When we are baptized, do we “put on” the name of the Father, Son and Holy Ghost? No. Do we put on the name of Jesus? Yes. When we are baptized in the name of Jesus Christ, according to all baptismal accounts recorded in scripture, we are quite literally being baptized “into” the name of Jesus Christ.


“For as many of you as have been baptized into Christ have put on Christ.”
Gal 3:27
No mention is made in scripture of any baptism being related to the titles of Father, Son and Holy Ghost. Every actual account mentions a clear connection with the person of Christ, and his atoning sacrifice.


6. The Test of Practice:


Did the disciples, as they were implementing the “Great Commission”, ever once baptize into the Trinity? Never! Did they baptize in the name of Jesus? Always! (
Acts 2:38; 8:16; 10:48; 19:5, etc.) The argument has been made when defending Triune immersion; “I would rather obey Jesus, than to imitate the Apostles.” This kind of reasoning places the Apostles in rebellion, and makes all apostolic baptisms contrary to the word of God.


If all of God’s Word was inspired, and it was, then we should not try to pit one verse against another, but rather seek to reconcile all of God’s Word in proper context, and rightly apply it to our lives.


It is easier to believe that the disciples followed the final instructions of Christ, than to believe that they immediately disobeyed his command.


7. The Test of Significance:


What significance is mentioned in scripture for baptizing believers in the name of the Father, Son and Holy Ghost? None; what significance is conveyed toward being baptized in the name of Jesus? First, scripture teaches that baptism in the name of Jesus is an act of repentance leading to the forgiveness of sins (
Acts 2:38). Second, baptism in his name alone is associated with the promise of God’s Holy Spirit (Acts 2:38, 19:1-5). Third, baptism in the name of Jesus is compared to our personal willingness to be living sacrifices or even die with Christ. (Rom 6:1-4; Col 2:12). Fourth, being baptized into Christ is how we “put on” Christ (Gal 3:27). Fifth, baptism in his name is called the “circumcision of Christ,” and reflects our “putting off” the man of sin, therefore becoming a “new creature in Christ Jesus” (Col 2:11-12; 2 Cor 5:17).


Baptism in the name of Jesus expresses faith in the physical life of Jesus, the crucifixion of the Son of God for our sins, and the remission of sins through his name. Trinitarian baptism seems to express faith in Catholic theology itself.


8. The Test of Parallel Accounts:


Mat 28 is not the sole record in the gospels of the “Great Commission” of the Church. Luke also recorded this event in great detail. In
Lu 24:46-47, he wrote of Jesus speaking in the third person:


“And that repentance and remission of sins should be preached in his name among all nations.”


This passage alone establishes wording that seems to contradict Mat 28:19, where Jesus spoke in the first person, “in my name”. Further, the Gospel of Mark also records another version of the “Great Commission,” using some of the same patterns of speech:


“Go ye…all the world…preach the gospel…every creature …baptized…in my name…”
Mar 16:15-18


Of course, it is not baptism that “in my name” refers to here, but rather the works that the disciples would do. Yet compared to Matthew, the similarity is striking, for neither is baptism explicitly mentioned there, but that disciples should be made “in my name.”


9. The Test of Complimentary Citation:


While there is no text that offers a complimentary citation of Trinitarian baptism, there is a striking resemblance between the actual wording of Mat 28:18-20 and
Rom 1:4-5.


Matthew contains the Commission of Christ to his Apostles, while the Romans account is Paul’s acceptance of his own commission as an apostle.


10. The Test of Principle:


It is written:


“Whatsoever ye do in word or deed, do all in the name of the Lord Jesus…”
Col 3:17


In this principle laid down by Paul, the implication is clear. The word “whatsoever” would of certain necessity include baptism, which is a command involving both word and deed. The traditional wording of Matthew, containing the Trinitarian wording, is clearly not in accordance with the above principle. The shorter wording, without the falsified insertion, follows this principle. This establishes which of the two wordings the contradictory one is. God’s Word does not contradict itself; rather it compliments and completes itself. Paul not only expressed this principle, but he applied it specifically to the topic of baptism.


In
Acts 19:1-6 there is an account concerning the disciples of John who had been baptized under his ministry. Like baptism in Jesus’ name, John’s baptism was one of repentance for the remission of sins (Mar 1:4; Acts 2:38). John’s message, which accompanied his baptism, was that one would come after him, who would “take away the sins of the world” and “baptize with the Holy Spirit.” Paul introduced these disciples to that one person, and applying the above principle re-baptized them:


“When they heard this, they were baptized into the name of the Lord Jesus. And when Paul laid his hands upon them, the Holy Spirit came upon them…”


And so, applying the test of principle to our two readings in
Mat 28:19, we find very strong support for the phrase “in my name”.

UNA LEGIÓN DE 31 MILLONES DE ESTADOUNIDENSES DEPENDEN DE CUPONES PARA COMER

desempleados
El lado oscuro de la vida en uno de los países más ricos del mundo

Es el lado oscuro de la vida en uno de los países más ricos del mundo. En Estados Unidos, quienes dependen de los cupones de comida que entrega “papá Estado” no reciben más que un puñado de dólares.

Pero la mayor crisis económica de las últimas décadas hace que la cifra de necesitados aumente a grandes pasos. Nunca hubo tantos estadounidenses que dependan de este tipo de cupones. Y la tendencia va en aumento.
…Siga leyendo, haciendo click en el título…
 

 

La lista de alimentos de Sean Callebs se asemeja a la de una dieta. “Una porción de cereales, una banana, una taza de té y faltan cuatro largas horas hasta el almuerzo”, se lamenta.

En un experimento que ha tenido gran repercusión en la audiencia, el periodista de la emisora CNN se propuso probar en carne propia cómo se puede vivir de los cupones de comida. O no. Sus experiencias quedan plasmadas en un blog.

Ya hace un mes que intenta vivir gastando un máximo de seis dólares diarios. Casi ha logrado llegar al final, aunque en su página web, este periodista de Louisiana se queja de los permanentes ataques de hambre que lo sobresaltan. Son pocas las veces que pudo comprar verdura y fruta fresca, cuenta.
Aunque de manera transitoria, Callebs corre la misma suerte que uno de cada diez estadounidenses. En septiembre pasado, 31 millones de personas veían su alimentación supeditada a los bonos.

 

“Son las mayores cifras de todos los tiempos”, afirma Ellen Vollinger, directora de FRAC, una organización que hace lobby en Washington en contra del hambre.

“Muchos estadounidenses ya no saben de dónde sacarán su próxima comida”, subraya. El creciente desempleo hace que la demanda de cupones aumente constantemente, pero las necesidades no terminan ahí: cada vez son más los que, a pesar de tener un empleo, dependen de las “food stamps”.

Mucha gente tiene más de un empleo, pero los ingresos no alcanzan. “Muchas familias se saltan comidas para poder pagar el alquiler”, dice Vollinger. “Los padres dejan de comer para poder dar algo a sus hijos y a veces hasta los niños pasan hambre en Estados Unidos. Es una vergüenza”.

Los cupones de comida empezaron a ser repartidos durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy el gobierno ya no reparte cupones impresos, sino en forma de tarjetas electrónicas a las que se les puede cargar cada mes un promedio de 100 dólares por persona.

Desde 2008, el Ministerio de Agricultura evita usar el término cupón de comida. Su título oficial es “Programa de ayuda para complementar la nutrición”.
Pero el plan aún tiene un estigma. “Quienes lo necesitan muchas veces rehúsan pedir ayuda”, comenta la trabajadora social Srindhi Vijaykumar, de la organización DC Hunger Solutions, que promociona los cupones en las calles de Washington. Sobre todo es difícil llegar a los jubilados, inmigrantes y familias obreras, señala.

 

Quien hace uso de los cupones se ve ante ciertas dificultades en el supermercado. Los necesitados cuentan con un promedio de tres dólares por día para hacer compras. Por esa razón se ven obligados muchas veces a hacer recortes en su alimentación.

“La gente sólo compra lo que es barato, se puede conservar bien y llena”, comenta Vijaykumar. El crédito mensual suele consumirse en las primeras dos o tres semanas. “Muchas familias van entonces a los comedores”, dice Vollinger.
No son pocos los que tienen puestas sus esperanzas en el nuevo gobierno de Barack Obama. El plan de estímulo económico de 787.000 millones de dólares promulgado hace una semana por el jefe de la Casa Blanca, permitirá aumentar el gasto en cupones de comida un 13%.

 

Sin embargo, Vollinger estima que el hambre en EE.UU. irá en aumento. “Esta seguramente no será una recesión breve”.

La crisis golpea duro también a la clase media. Según datos del Departamento de Comercio, en diciembre volvió a caer el consumo por sexto mes consecutivo, y la tasa de ahorro aumentó hacia fines de 2008 al 2,9%.

Annie Moncada (63) confiesa que compraba cosas “innecesarias”. Pero su tarjeta de crédito ahora queda guardada. “Ahora en la olla suele haber más a menudo carne picada en vez de bistecs y también ahorro energía en forma más consciente”, dice. Como ella, miles de familias recortan sus gastos y restringen salidas a restaurantes o visitas a la peluquería. El fin de la crisis parece lejos.

¿CÓMO IMPACTÓ LA VIDA DE JESÚS EN EL MUNDO?

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A lo largo de la historia, la influencia que Jesús tuvo en las vidas de las personas nunca ha sido sobrepasada. Ningún otro gran líder ha inspirado tantos cambios positivos en las vidas de sus seguidores. Las personas que encuentran al Cristo resucitado son completamente transformadas. Su punto de vista sobre la vida es alterado para siempre. Permaneciendo verdadero a su fe, ellos no dudan en afrontar la adversidad, persecución y aun la muerte. Muchos consagran sus vidas para servir a otros, minimizando sus propias necesidades y deseos.

Los Cristianos del Primer siglo

Después de la crucifixión de Jesús, sus discípulos se devastaron. Le habían abandonado en el Huerto de Getsemaní para salvar sus vidas. Pero después de que se encontraron con el Cristo resucitado, fueron radicalmente transformados. Repentinamente, estaban dispuestos a dar sus vidas para contar la historia de Jesús al mundo. Muchos fueron torturados y fueron muertos porque proclamaron que Jesús estaba vivo.

Los escépticos y los enemigos fueron también transformados. El hermano menor de Jesús, Santiago, no pensaba que Jesús fue alguien especial. Pero después de que su hermano resucitado se le apareció ante él, Santiago no sólo creyó que Jesús fue Señor, sino que  se convirtió en el líder de la iglesia de Jerusalén y murió como un mártir en 62 dC.

Saulo de Tarso fue el principal perseguidor de los antiguos Cristianos. Él arrastró a las personas para encarcelarlas. Cuando no repudiaron su fe, él fue cómplice en su ejecución. Pero él tuvo un encuentro dramático con el Cristo resucitado en su camino para Damasco y él fue transformado de Saulo, el enemigo de Cristiandad, por Pablo, el propalador principal de su mensaje. Él dejó su posición de prestigio en la sociedad judía, para convertirse en un misionero ambulante que experimentó sufrimientos increíbles para compartir el amor de Cristo a todo lo largo del Imperio Romano.

El gobernador romano Plinio Segundo le escribió en sus Epístolas X96 que los cristianos fueron personas que amaron la verdad a cualquier precio. Aunque él recibió órdenes para torturarlos y ejecutarlos por rehusarse a maldecir a Jesús, él estaba continuamente asombrado e impresionado con sus firmes compromisos “para no hacer ninguna acción taimada, para nunca más cometer cualquier fraude, robo, adulterio, para nunca más falsificar su palabra, para no negar una confianza cuando deberían ser solicitados para entregarla.” Por siglos, los cristianos verdaderos alrededor del mundo han presentado como ejemplos brillantes de los estándares de verdad y amor establecidos por Jesús de Nazaret.

El historiador Philip Schaff describió la influencia abrumadora que Jesús tuvo en la subsiguiente historia y cultura del mundo. “Este Jesús de Nazaret, sin dinero y ejércitos, conquistó más millones que Alejandro, César, Mohama, y Napoleón; Sin ciencia … él derrama más luz en cosas humanas y sagradas que todos los filósofos y todos estudiosos combinados; Sin la elocuencia de escuelas, él habló tales palabras de la vida como nunca fueron habladas antes o desde entonces, y produjeron efectos que descansan más allá del alcance de un orador o poeta; Sin escribir una línea sola, él puso en movimiento más plumas, y temas diversos para más sermones, discursos solemnes, debates, volúmenes aprendidos, obras de arte, y cánticos de alabanza que el ejército entero de los grandes hombres de tiempos antiguos y modernos.”

La Cristiandad del día Moderno

El poder de Cristo no conoce límite de tiempo o espacio. En nuestra propia edad, muchos escépticos han quedado convencidos a fondo lo mismo que sus primer contrapartes del siglo primero. Por ejemplo, Lew Wallace, un famoso general y un genio literario, fue un ateo conocido. Por dos años, Wallace estudió en las bibliotecas líderes de Europa y América, buscando información que por siempre destruiría al Cristianismo. Al escribir el segundo capítulo de un libro esbozando sus discusiones, él repentinamente se encontró de rodillas clamando a Jesús, “Mi Señor y mi Dios.”

Estando enfrentado por la prueba indisputable bien fundada, él ya no pudo negar que Jesucristo era el Hijo de Dios. Más tarde, Lew Wallace escribió el libro Bwn Hur, una de las máximas novelas inglesas alguna vez escritas respectivo al tiempo de Cristo.

De modo semejante, el difunto C.S. Lewis, profesor en la universidad de Oxford en Inglaterra, fue un agnóstico que negó la deidad de Cristo por años. Pero él, también, en honradez intelectual, se sometió a Jesús como su Señor y su Salvador después de estudiar la prueba abrumadora de su historicidad. Sobre los años, él escribió muchos libros para defender los ideales de la Cristiandad, incluyendo a Mera Cristiandad y Las Screwtape Letters.

Muchos otros hombres y mujeres en nuestro siglo han dedicado sus vidas a esparcir el mensaje cristiano, a menudo enfrentando tortura y muerte. Por ejemplo, uno de los líderes cristianos más ampliamente conocido de Rumanía, Richard Wurmbrand, pasó 14 años en prisión y fue repetidamente torturado para liderar la iglesia subterránea bajo el régimen comunista. Aun después de la presión internacional obtuvo su liberación de Rumanía, él continuó recibiendo amenazas de muerte del régimen comunista. Pero estos intentos en la intimidación no le silenciaron. Él se mantuvo públicamente propagando las buenas noticias de Cristo.

De modo semejante, en Corea, Joon Gon Kim, un líder cristiano bien conocido, presenció a su esposa y su padre siendo asesinados ante sus ojos por simpatizadores comunistas de su pueblo. Él mismo fue golpeado sin sentido y dado por muerto. Él sobrevivió la golpiza y le pidió a Dios para que le diera amor por  sus enemigos. Él eventualmente condujo a 30 comunistas a creer en Cristo, incluyendo a la persona responsable por la muerte de sus miembros familiares.

William y Katherine Booth, fundadores del Ejército de Salvación, creyeron que atendiendo a los pobres fue como atender a Cristo mismo. El movimiento que emprendieron enlistó los esfuerzos incansables de personas entusiastas que quisieron hacer una diferencia en el mundo alrededor de ellos.

Todos estos hombres y mujeres cristianos han encontrado realización y alegría en seguir las enseñanzas de Jesús. Fueron transformados cuando conocieron a Cristo y entregaron sus vidas por él. Cada uno de ellos ha hecho un impacto positivo en el mundo. Ellos se dan cuenta que el agnosticismo, el ateísmo, y el humanismo secular no proporcionan las respuestas verdaderas. El Cristianismo es todavía relevante para las necesidades del día de hoy.

Usted también puede tener el deseo de encontrar al Dios vivo y experimentar Su poder transformante. El deseo de Cristo es entrar en su vida y darle una esperanza viva a través de su mensaje del Reino.

¿TIENE SENTIDO LA EXISTENCIA DE LA VIDA Y DE LAS COSAS SIN DIOS?

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El hombre, escribe Loren Eiseley, es el huérfano Cósmico. ¿Él es la única criatura está en el universo que pregunta, “Por Qué?” Otros animales tienen instintos para guiarlos, pero el hombre ha aprendido a hacer preguntas.

¿“ Quién soy?” pregunta él “¿Por qué estoy yo aquí? ¿A dónde voy?” Desde la Iluminación, cuando el hombre moderno arrojó los grilletes de la religión, él ha intentado contestar estas preguntas sin consideración a Dios. Pero las respuestas que han regresado no eran irrisorias, sino oscuridad y terribles. “Usted es el subproducto accidental de la naturaleza, un resultado de la materia, más el tiempo, más el azar. No hay razón para su existencia. Todo lo que usted afronta es muerte.”

El hombre moderno creyó que cuando él se había deshecho de Dios, él se había librado de todo aquello que lo reprimía y lo ahogaba. En lugar de eso, él descubrió que al “matar” a Dios, él sólo había tenido éxito en quedarse él mismo en un huérfano.

Pues si no hay Dios mío, entonces la vida del hombre se vuelve absurda.

Si Dios no existe, entonces ambos, hombre y el universo, están inevitablemente condenados a la muerte. El hombre, como todos los organismos biológicos, deben morir. Sin esperanza de inmortalidad, la vida del hombre conduce sólo a la tumba. Su vida es sólo una chispa en la negrura infinita, una chispa que aparece, se mueve tremulantemente, y muere por siempre. Comparado al infinito desperezo del tiempo, el intervalo de la vida del hombre es sólo un momento infinitesimal; y todavía ésta es toda la vida que él alguna vez conocerá. Por consiguiente, todo el mundo debe venir cara a cara con lo que el teólogo Paul Tillich ha llamado “la amenaza de no ser.” Pues aunque yo sé ahora que existo, que estoy vivo, también sé que algún día yo ya no existiré, que ya no seré, que moriré. Este pensamiento es angustiante y amenazador: Pensar que la persona que llamo “yo mismo” cesará de existir, que no existiré!

Me acuerdo de que lúcidamente la primera vez que mi papá me dijo que algún día moriría. En cierta forma, como un niño, el pensamiento justamente nunca se me había ocurrido. Cuando él me lo dijo, me llené de miedo y tristeza insoportable. Y aunque él intentó repetidamente reconfortarme que esto estaba aún lejos, eso no parecía tener importancia. Si tarde o temprano, el hecho innegable fue que moriría y no sería más, y el pensamiento me abrumó. Eventualmente, como a todos nosotros, crecí para simplemente aceptar el hecho. Todos nosotros aprendemos a estar viviendo con lo inevitable. Pero el entendimiento profundo del niño permanece verdadero. Como el existencialista francés Jean Paul Sartre observó, varias horas o varios años dan lo mismo una vez que usted ha perdido la eternidad.

Si viene tarde o temprano, el prospecto de muerte y la amenaza de no ser es un horror terrible. Conocí a un estudiante una vez quién no sintió esta amenaza. Él dijo que él se había criado en la granja y estaba acostumbrado a ver a los animales naciendo y muriendo. La muerte era para él simplemente algo natural – una parte de la vida, por así decirlo. Estaba intrigado de qué tan diferentes eran nuestras dos perspectivas sobre la muerte y encontré difícil por qué que él sentía la amenaza de no ser. Años más tarde, creo que encontré mi respuesta al leer a Sartre. Sartre observó que la muerte no es amenazadora siempre que la miremos como la muerte del otro, desde un punto de vista de una tercera persona, por así decirlo. Es sólo cuando nosotros lo internalizamos y la vemos la muerte desde la perspectiva de la primera persona– ”: Voy a morir ” – que la amenaza de no ser se convierte en real. Como Sartre señala, muchas personas nunca asumen esta perspectiva de primera persona en medio de la vida; Uno aun puede mirar la propia muerte de uno desde el punto de vista de la tercera persona, como si fuera la muerte de otro o aun de un animal, como lo hizo mi amigo. Pero el significado existencial verdadero de mi muerte sólo puede ser apreciado desde la perspectiva de la primera persona, mientras me doy cuenta de que voy a morir y por siempre dejar de existir.

Y el universo, también, afronta una muerte propia. Los científicos nos dicen que el universo se expande, y las galaxias están creciendo más allá y más allá aparte. Mientras hace eso, se enfría más y más, y su energía se gasta. A la larga todas las estrellas se apagarán, y toda materia colapsará totalmente en estrellas muertas y agujeros negros. No habrá luz en absoluto; No habrá calor; No habrá vida; Sólo los cuerpos de estrellas y galaxias muertas, alguna vez en expansión en la oscuridad interminable y los recesos fríos del espacio – un universo arruinado. Ésta no es ciencia ficción. El universo entero marcha de forma irreversible hacia su tumba. Así, no está sólo la vida de cada persona individual condenada; La raza humana entera está condenada. El universo se está dirigiendo hacia su extinción inevitable – la muerte está escrita a todo lo largo de su estructura. No hay escapada. No hay esperanza.

NINGÚN SIGNIFICADO ÚLTIMO SIN DIOS Y LA INMORTALIDAD

Si cada persona individual pasa de la existencia cuando él muere, entonces qué significado final puede recibir para su vida? ¿Realmente tiene importancia si él alguna vez existió en absoluto? Podría decirse que su vida fue importante porque influenció en otros o afectó el curso de la historia. Pero esto muestra sólo un significado relativo a su vida, no un significado último o final. Su vida puede ser importante relativo a ciertos otros acontecimientos, ¿pero cuál es el significado último de cualquiera de estos acontecimientos? ¿Si todos los acontecimientos son sin sentido, entonces cuál puede ser del significado último de influenciar cualquiera de ellos? Finalmente da lo mismo.

Mírelo de otra perspectiva: Los científicos dicen que el universo se originó en una explosión llamada el “Big Bang” cerca de trece billones años atrás. Suponga que el Big Bang nunca ha ocurrido. Suponga que el universo nunca ha existido. ¿Qué diferencia última haría? El universo está condenado a morir de cualquier manera. Al fin lo mismo da si el universo alguna vez existió o no. Por consiguiente, está sin significado último.

Lo mismo es cierto de la raza humana. El género humano es una raza condenada en un universo moribundo. Ya que la raza humana eventualmente dejará de existir, no hace una diferencia última si alguna vez existió. La humanidad es así no más significativa que un enjambre de mosquitos o una granja de cerdos, pues su fin es todo lo mismo. El mismo proceso cósmico ciego que los expectoró en el primer lugar eventualmente los tragará otra vez.

Y lo mismo es cierto de cada persona individual. Las contribuciones del científico para el avance de conocimiento humano, las investigaciones del doctor para aliviar el dolor y el sufrimiento, los esfuerzos del diplomático para obtener paz en el mundo, los sacrificios de la buena gente en todas partes para mejorar a la raza humana—  todos estos vienen a la nada. Al fin no hacen ni un poquito de diferencia, ni uno pedacito. La vida de cada persona está por consiguiente sin significado último. Y porque nuestras vidas están finalmente sin sentido, las actividades de las que llenamos nuestras vidas están también sin sentido. Las largas horas pasadas estudiando en la universidad, nuestros trabajos, nuestros intereses, nuestras amistades— todos estos son, en el análisis final, completamente sin sentido.

EL SIGNIFICADO DE LA VIDA

Primero, el área del significado. Vimos que sin Dios, la vida no tiene significado. Pero los filósofos continúan viviendo como si la vida tuviese significado. Por ejemplo, Sartre sostuvo la opinión de que uno puede crear significado para su vida por medio de libremente escoger seguir un cierto curso de la acción. Sartre mismo escogió el marxismo.

Ahora esto es completamente inconsistente. Es inconsistente decir que la vida es objetivamente absurda y luego decir que uno puede crear significado para su vida. Si la vida es realmente absurda, entonces el hombre está atrapado en la historia inferior. Intentar crear el significado en la vida representa un salto para la historia superior. Pero Sartre no tiene base para este salto. Sin Dios, no puede haber significado objetivo en la vida. El programa de Sartre es de hecho un ejercicio en el auto engaño. Pues el universo realmente no adquiere significado solamente porque acierto darle uno. Esto es fácil de ver: Pues suponga que doy al universo un significado, y usted le da otro. ¿Quién está en lo correcto? La respuesta, claro está, es ni lo uno ni lo otro. Pues el universo sin Dios permanece objetivamente sin sentido, no importa cuánto lo estimamos. Sartre realmente dice, “Pretendamos que el universo tiene significado.” Y esto es justamente engañarnos a nosotros mismos.

El punto es éste: Si Dios no existe, entonces la vida es objetivamente sin sentido; Pero el hombre no puede vivir consistentemente y felizmente en la seguridad de que la vida está sin sentido; Así que para ser feliz él pretende que la vida se reviste de significado. Pero esto es, claro es, enteramente inconsistente – para sin Dios, el hombre y el universo están sin ningún significado verdadero.

 

¿ ESTÁ USTED SEGURO DE QUE AÚN QUIERE SEGUIR SIENDO UN ATEO?

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¿Están la Fe y la Salud Asociadas?

¿Existe realmente algo por toda la bulla acerca de las conexiones entre la salud y la espiritualidad? ¡Revise la investigación y vea qué están mostrando los estudios! O lea uno de varios libros en el tema.

La Investigación sobre las Conexiones entre la Fe  y la salud

41 % de americanos dicen que han sido curados de una enfermedad o tuvieron su condición significativamente mejorada como resultado de la meditación u oración personal. (Socios Yankelovich, 1998)

Aquellos que asisten a los servicios religiosos al menos una vez  por semana han mostrado tener una más fuerte función del sistema inmunológico comparados con aquellos que son menos asistentes asiduos. (Koenig et al, 1997)

Los pacientes tienen tres veces mejor probabilidad de sobrevivir la cirugía a corazón abierto si dependen de su fe religiosa. (Oxman et al, 1995)

En el momento de dar de alta, los pacientes con fracturas en la cadera que son religiosos caminan por distancias más largas y tienen menos depresión que los pacientes poco religiosos. (Pressman et al, 1990)

Si a los pacientes se les ora,  tienen menos complicaciones cuando son admitidos para un tratamiento de cuidados intensivos. (Byrd, 1988)

Las estadías en el hospital son casi 2 veces 1/2 más largas en pacientes mayores sin una afiliación religiosa, comparados con pacientes ancianos con una afiliación religiosa. El mismo estudio demostró que los adultos mayores tienen menos probabilidad de ser hospitalizados si regularmente asisten a los servicios religiosos. (Koenig y Larson, 1997)

Personas que viven en kibbutzimes religiosos en Israel tuvieron menos enfermedad y una tasa de mortalidad del 50 % inferior que aquellos en los kibbutzim seculares, aún cuando la comunidad secular fue apretadamente unida. (Kark et al, 1996)

Durante un estudio de dos años, 225 personas adultas mayores fueron seguidas después de verse forzadas a moverse de sus casas. Los más religiosamente comprometidos eran el doble de probables para sobrevivir el período de dos años, aun después de controlar el género y el estado de salud. La variable religiosa más influyente fue “la fuerza y el consuelo” derivadas  de la religión. (Zuckerman, 1984)

393 pacientes en una unidad de cuidados del corazón en San Francisco fueron asignados al azar para recibir oración intercesoria de un grupo de oración o estar en un grupo control que no recibió oración. Los pacientes que recibían oración tuvieron más resultados positivos y menos colapsos cardíacos congestivo, menos neumonía, menos intubación, antibióticos, y paro cardíaco. (Byrd, 1988).

En un estudio de 400 hombres se encontró que un compromiso fuertemente religioso reducía los riesgos de la presión alta, aun entre hombres que fumaron (Larson, Koenig, Kaplan, Et Al, 1989).

EL MILAGROSA OLEAGINOSA “SACHA INCHI” DEL PERÚ: UN REGALO DEL CIELO PARA SU SALUD

Para variar un poco y proteger la salud de nuestras visitas, la información del video que aparece abajo es para que usted conozca el descubrimiento del siglo XXI. La Almendra del Sacha Inchi, contiene 48 % de Omega 3, 100 % Natural, 100 % Orgánico y es Peruano.

SUS BENEFICIOS

*Contribuye a fortificar el corazón y a mantener estable la presión arterial.

*Favorece la reducción del nivel del colesterol malo en la sangre y facilita el transporte de nutrientes por todo el organismo.

*Es el alimento funcional ideal para madres gestantes pues favorece el adecuado desarrollo cerebral del feto.

*Favorece el incremento de la agilización de las diferentes funciones cerebrales que se encuentran ligadas a la memoria, inteligencia y el razonamiento.

*Estimula la reducción de colesterol malo en sangre.

*Ayuda a transportar los nutrientes por el torrente sanguíneo y contribuye a mantener el equilibrio del metabolismo.

 

 

 

 

 

 

PAUTAS PARA EVITAR EL CÁNCER

 

cancer1Es valiosa esta información, igual, algunos no lo van a aplicar, pero es mejor que la conozcan:

Años después de estar diciendo a la gente que la quimioterapia es la única manera de tratar y eliminar el cáncer, el Hospital John Hopkins finalmente comenzó a decirnos que hay otra alternativa.

 
CANCER POR JOHN HOPKINS HOSPITAL, USA

1) Cada persona posee células cancerígenas en el cuerpo. Estas células cancerígenas no aparecen en las pruebas estándar hasta que se multiplican en algunos billones. Cuando los doctores dicen a sus pacientes con cáncer que ya no encontraron células de cáncer en sus cuerpos después de tratamiento, esto significa que los exámenes no pueden detectar estas células en su tamaño detectable.

2) Células cancerígenas aparecen entre 6 y hasta más de 10 veces en la vida de una persona.

3) Cuando el sistema inmunológico de una persona es fuerte, este destruye las células cancerígenas y previene su multiplicación y la formación de tumores.

4) Cuando una persona tiene cáncer, esto indica que tiene múltiples deficiencias nutricionales. Esto puede ser genético, ambiental, alimenticio o factores del estilo de vida.

5) Una forma de combatir la múltiple deficiencia nutricional, es cambiando la dieta e incluir suplementos alimenticios que refuercen el sistema inmunológico.

6) Quimioterapia consiste en envenenar células cancerígenas de rápido crecimiento, pero esto implica que se envenenan también cedulas sanas de rápido crecimiento en la medula ósea, tracto intestinal, etc. y pueda causar daño a órganos como el hígado, riñones, corazón, pulmones, etc.

7) La Radiación mientras destruye células cancerígenas, quema, deja cicatrices y daña células sanas, tejido y órganos.

8) Tratamientos iniciales con quimioterapia y radiación frecuentemente reducen el tamaño en tumores. Sin embargo el uso prolongado de quimioterapia y radiación resulta en no más destrucción de tumores.

9) Cuando el organismo se llena de demasiada carga toxica provenientes de quimioterapia y radiación, el sistema inmunológico se ve comprometido o se destruye, por lo tanto la persona puede sucumbir a diferentes tipos de infecciones y complicaciones.

10) Quimioterapia y radiación, puede causar que las células cancerígenas muten, se vuelvan resistentes y su destrucción se dificulte. Cirugía puede también causar que las células cancerígenas se propaguen a otros sitios.

11) Una manera de combatir el cáncer, es dejar que las células cancerígenas se mueran de hambre, al no ser alimentadas con comida que necesitan para su multiplicación.

 LAS CÉLULAS CANCERÍGENAS SE ALIMENTAN DE:

a) El azúcar es alimentadora del cáncer. Cortando el azúcar se corta un importante suplemento alimenticio para el cáncer. Sustitutos del azúcar como NutaSweet, Equal, Spponful, etc. están hechos con Aspartame y este es dañino. Un mejor substituto natural puede ser la miel de abeja, pero en una pequeña cantidad. La sal de mesa contiene químicos que la hacen de color blanco. Una mejor alternativa es la sal de mar.

b) La leche causa que el cuerpo produzca mucosa, especialmente en el tracto gasto-intestinal. Cáncer se alimenta de mucosa. Cortando la leche y sustituyéndola por Leche de Soya sin azúcar, las células cancerígenas comienzan a morir de hambre.

c) Células cancerígenas prosperan en ambientes ácidos. Una dieta basada en carne es alta en acido, lo mejor es comer pescado y algo de pollo que comer carne de res o puerco. La carne también contiene antibióticos, hormonas y parásitos, lo cual es muy dañino, especialmente para gente con cáncer.

d) Una dieta hecha de 80% de vegetales frescos y jugos, granola, semillas, nueces y algo de fruta, ayuda a poner el cuerpo en un ambiente alcalino. El 20% restante puede ser hecho de comida cocinada incluyendo frijoles. El jugo de vegetales frescos proveen enzimas vivas que son rápidamente absorbidas y pueden alcanzar niveles celulares en 15 minutos que nutren y aumentan el crecimiento de células sanas. Para obtener enzimas vivas que construyan células sanas, trata de tomar jugo de vegetales frescos y comer algunos vegetales crudos de 2 a 3 veces al día. Las enzimas se destruyen a temperaturas de 40 grados centígrados.

e) Evita el café, té y chocolate, que contenga alta cafeína. Green tea es una mejor alternativa y tiene propiedades que luchan en contra del cáncer.
Toma agua purificada o de filtro, agua de la llave contiene tóxicos y altos niveles de metal. Agua destilada es acida, evítala.

f) La proteína en la carne es difícil de digerir y requiere muchas enzimas digestivas. Carne sin digerir permanece en el intestino y se pudre convirtiéndose en más residuos tóxicos.

g) Las paredes de células cancerígenas están cubiertas de resistente proteína. Comiendo menos carne se liberan más enzimas que atacan a las paredes de proteína de las células cancerígenas y permite que el cuerpo produzca células que matan a las células con cáncer. Algunos suplementos ayudan a reconstruir el sistema inmunológico (IP6, Essiac, antioxidantes, vitaminas, minerales, EFAs, etc.).

IMPORTANTE
1) Cáncer es una enfermedad de la mente, cuerpo y espíritu. Un espíritu positivo ayuda al enfermo de cáncer a sobrevivir. La ira, el rencor y el resentimiento ponen al cuerpo en un ambiente acido y de tensión. Aprende a tener un espíritu de amor, gratitud y perdón. Aprende a relajarte y a disfrutar de la vida. Aquí la fe religiosa es muy importante.

 

2) Las células de cáncer no prosperan en un ambiente oxigenado. Haciendo ejercicio diario y respirando profundo ayudan a llevar oxigeno al nivel de las células. Terapia de oxigeno es otra manera utilizada para combatir las células de cáncer. John Hopkins Hospital hace las siguientes recomendaciones:

1.-No usar recipientes de plástico en el microondas.

2.- No colocar botellas de agua en el congelador.

3.- No usar envolturas de plástico sobre recipientes en el microondas.
Al calentar el plástico en el microondas o poniéndolo en el congelador, se liberan dioxinas. Las dioxinas son un químico que produce cáncer, especialmente cáncer de seno. Las dioxinas envenenan las células de nuestro cuerpo. Esta información, a su vez, a estado circulando en Walter Reed Army Medical Center.

Recientemente, el Dr. Edwuard Fujimoto, director del programa Wellness en el Hospital Castle, estuvo en un programa de televisión donde explico los riesgos para la salud. El hablo de las dioxinas y lo malas que estas son para nosotros. Dijo que no debemos calentar nuestra comida en el microondas usando recipientes de plástico.

Esto aplica especialmente a los alimentos que contienen grasa. El dijo que la combinación de grasa, alta temperatura y plásticos, liberan dioxinas que van a los alimentos y por ultimo estas entran a nuestro cuerpo.

El recomienda usar recipientes de vidrio, tal como Corning Ware, Pyrex o cerámica para calentar la comida.

También dijo que se obtienen los mismos resultados pero sin la dioxina. Las comidas instantáneas que aparecen en televisión, sopas maruchan o instant, ramen, etc.; deberían de ser removidas de los plásticos contenedores y calentarlos en recipientes de vidrio.

Señalo que el papel no es malo, pero tú no sabes lo que contiene el papel. Lo más recomendable es usar vidrio templado, corning ware, etc. Hace tiempo en algunos restaurantes de comida rápida se sustituyo los contenedores de hielo seco (foam) por papel. La razón es por los problemas de la dioxina.

También señalo, que cubrir los recipientes con plástico tal como Saran, es tan peligroso cuando se colocan sobre los alimentos para ser calentados en el microondas. Las altas temperaturas causan que peligrosas toxinas se derritan del plástico y caigan en la comida. El recomienda usar servilletas de papel en su lugar.

Dr. Luis Fernando Araiza Soto
 

 

MEDICINA BIOLOGICA-HOMOTOXIC OLOGIA
POSTGRADUATE
THE BRITHISH INSTITUTE OF ALTERNATIVE MEDICINE
REGISTRATION No 2546921, LONDON ENGLAND
TEL. 01(33) 36-84-50-36 FAX. 01(33) 36-84-27-82
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BUGAMBILIAS ZAPOPAN,JAL. C.P 45238
 

 

 

IMITACIÓN CELESTIAL

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Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

 

«Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?» (1 Co.14:6).

 

«Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire» (1 Co.14:9).
«Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla» (1 Co. 14:13).

 

«Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho» (1 Co.14:16).

 

«… pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida» (1 Co.14:19).

 

Cabriolas y gruñidos animalescos, gritos y aullidos que parecen haber surgido de la más espantosa y desequilibrada neurosis, fuertes sacudidas o mioclonos manifestados en supina posición, a manera de los que padecen «la enfermedad de las caídas», según las letras del excelso dramaturgo inglés William Shakespeare en su gran obra trágica intitulada «Julio César», utilizadas para señalar con sencillez la epilepsia generalizada o Gran Mal convulsionante. Este es el clásico y patético cuadro que se logra visualizar con bastante regularidad en las congregaciones que se identifican como cristianas pentecostales (para nosotros, neo-pentecostalistas), pero por su naturaleza ensanchadamente torcida, nos es imposible afirmar, menos asegurar, que estén adheridas con certeza, sin temor a equivocarnos, con el fundamento bíblico genuino. A decir verdad, el Espíritu de Dios no está involucrado en ellas sino otro espíritu, uno maligno y pestilente, terrenal y satánico, de pervertida carnalidad y falsa luz, y por demás irrelevante y absurdo para el sirvo verdadero en Cristo, que ha logrado desbordar con locura “carnavalesca” los frágiles y cambiantes corazones de los “creyentes” involucrados que gustan de las experiencias “místico-atmosféricas”, mantenidos de buena gana fieles y sinceros a ese “dios” suyo que la Biblia no revela, sino “uno” concebido distorsionadamente en sus enclenques y marasmáticos espíritus. Un pandemónium de conductas incomprensibles y desfiguradas, de falso esplendor y áurica gloria denigra y mancha la hermosa y sobrenatural experiencia del día del Pentecostés del primer siglo de la actual era (Hech. cap 1, ver por favor).

 

La tendencia pentecostalista moderna que surgió en el siglo XIX, enfatizada con palpable fervor religioso en las sanidades y milagros, en el hablar en lenguas y profetizar, no logra pasar desapercibida en ningún instante en su tremendo parecido con la del montanisto histórico antiguo que fue eyectado en el amanecer de la era cristiana.

 

El llamado neo-pentecostalismo o «moderno montanismo» evolucionó convergiendo en un punto de rusiente y excesiva dinámica corporal que nos lleva a recordar a los bufones cómicos que divertían a los reyes y cortesanos de épocas pasadas con ridículas chocarrerías y deformados gestos. Sombríamente, el neo-pentecostalismo arrastra por escabroso y profundo declive a los que han aceptado su monstruosa y condenable malignidad. Estos actos deformes mencionados son el principal platillo de sus cultos religiosos, donde la Palabra de Dios es tomada como una mohosa pieza literaria ancestral y común, casi olvidada, y si no, poco práctica, y en su mayor parte, mal entendida, “utilizable únicamente si la ocasión lo requiere”, y se entiende tal cosa como “una alternativa secundaria y esporádica para el crecimiento espiritual”.

 

El incontrolado y ardiente “torbellino religioso” evocado del «neo-pentecostalismo carismático», de tan gaseosas e irreales expectativas, atenta informalmente contra el verdadero concepto del «carismtaismo» encontrado en la Palabra de Dios.

 

Después finalizar la era apostólica en el primer siglo de nuestra era, con la muerte del Juan, uno de los discípulos de Cristo, en Efeso, en Asia Menor, en 110 d. C, autor del evangelio que porta su nombre, de tres cartas o epístolas, y del escatológico y esperanzador libro del Apocalipsis, el hablar en lenguas, la profecía y las sanidades milagrosas mermaron hasta desaparecer sin dejar rastro mínimo de su vigencia. Entre los años 160 y 170 d. C. en Frigia, se levanta el montanismo, movimiento “reavidador” y extático, de carácter anti-Dios. Hombres como Eusebio de Cesarea, Epifanio, Hipólito y Orígenes de Alejandría dejaron un importante testimonio histórico de este movimiento herético, incuso se sabe que Tertuliano perteneció a él.

 

Montano, padre de dicho movimiento, bajo el influjo de un trance pseudo carismático (que discrepa del genuino «carisma», de la palabra griega χάρισμα /jarisma/, “presente” o “regalo divino”), junto con dos mujeres, Prisca y Maximila, profetizaban el fin cercano del mundo y que la Jerusalén del glorioso cielo en que habita Jehová el Padre y Dios de Cristo ascendería ya en un lugar especificado. El montanismo se distinguió principalmente por una escatología profética fabulosa. Afirmaba una parusía inminente y llegó asegurar fecha precisa para el retorno de del Mesías, lo que nos hace recordar, como colación, lo que sucedió con inocencia y puerilidad increíble a los pobres Testigos de Jehová en los primeros años del siglo XX, cuando sus errados líderes anunciaban con mentira y desfachatez (hasta ahora) el Armagedón, y con él, el fin de todas las cosas terrenales (¿?).

 

Muchos de los que pertenecieron al antiguo movimiento montanista y a la secta jehovista ruseliana se deshicieron de sus valiosas propiedades y pertenencias, pero Cristo nunca llegó a verse en gloria y poder como se esperaba. El montanismo practicó un hiperascetismo que consistía en martirio y en ayuno. Se prohibieron también comer todos los alimentos que estuvieran húmedos («Legalismo alimentario»). Esta clase de hiperascetismo la Biblia jamás lo incita y usted lo puede corroborar querido y amable lector en su contenido. El herético montanismo logró sobrevivir hasta los últimos años del siglo IV, siendo en Asia y Oriente donde se mantuvo por más tiempo.

 

En la actualidad el viejo montanismo ha sido traspalado, por decir así, en las iglesias de la llamada línea “carismática” (a los católicos, así como a los neo-pentecostalistas, les ha gustado también el conocido “jueguito” místico-mental complacedor que se realiza en una esfera cómoda y aislada de la realidad, tan familiar para los que nos dedicamos a combatir semejante trampa religiosa, astutamente maquinada por el diablo en el pensamiento humano.

 

El ardor emocional incontrolable que se observa en las congregaciones del falso carismatismo es encendido con regularidad en la llama de un precondicionado y propicio ambiente, “configurado” por sus “líderes espirituales” que saben bastante bien como “revolotear” con sincrético e hipnótico engaño las mentes de los enervadas y receptivas “ovejitas”. De este ardor descontrolado, de eufórica sublimación y de reprobable “silueta”, surge un extraño e incongruente “idioma” que carece de alguna afinidad con las lenguas humanas extranjeras, o con las lenguas angélicas citadas por el apóstol Pablo para aplicar la hipérbole en el Nuevo Testamento (véase por favor 1 Co. 13:1). Es un lenguaje incomprensible cristalizado en un aberrante y único sonido salido de un montón de gargantas humanas controladas por un éxtasis análogo al chamánico, y cómo en un pabellón en que habitan solamente hombres y mujeres padecientes del Mal de San Vito, que se caracteriza por movimientos involuntarios, convulsionantes e irregulares, el resultado es con obviedad el esperado: un desastre de titánica magnitud. Los templos donde se desenvuelve tan frenética y descarada conducta más bien parecen “manicomios” eclosionados del pensamiento desarticulado de algún escritor de la contracultural y estrambótica «generación beat». Son congregaciones de mucho auge (por darse rienda a la carne y a las emociones, ¿a quién le dan pan que llore?) donde no se concilia con las palabras que Pablo escribió en la primera carta a los corintios aproximadamente veinte centurias atrás con relación a los dones espirituales sobrenaturales:

 

«Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios. Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz» (1 Co.14:27-33).

 

Pablo da por entendido en esta parte que «uno a la vez y no más de tres en total tendrán que participar». «Dos o tres» (kata duo, gr.), según dos, «ratio». O a lo más (ë to pleiston, gr.). Acusativo adverbial, «o como máximo». Tres (treis, gr.). «Kata» queda por demás entendido aquí. Uno podría preguntarse, si porqué en las iglesias pentecostales no ha habido sujeción a estas sencillas normas divinas, yo contestaría por el excelente y loable engaño y la ignorancia majestuosa y eminente.

 

Pablo escribe, que, al no existir intérprete de lengua extraña en la Iglesia, el que la tenía debería de callar. No era permitido habarla en la congregación: «Y si no hay intérprete» (ean de më ëi diermëneutës, gr.) es claramente una condición de harta importancia. Una ordenanza que tenía que acatarse porque era Dios el que la había estipulado por medio de su apóstol y fiel adorador. «Calle en la iglesia» (sigatö en ekklësiâi, gr.) es una acción lineal en presente imperativo que aclara que no se debe de «hablar en la iglesia» ni tan siquiera una vez.

 

 

La Biblia dice que Dios es un Dios de orden y de paz, no de desorden, «no….de confusión» (ou-katastasias, gr.). Parte de este desorden al que nos referimos es mirado con sostenible frecuencia en las congregaciones neo-pentecostalistas, desorden premeditado al que yo llamo «protocolo extático desorganizado antibíblico». Dios demanda reverencia «ordenada» dentro de la Iglesia de su Hijo Jesucristo, no desastres teatrales y crirquenses, tal como los “atolondrados hermanitos sin Cristo” efectúan en sus congregaciones “evangélicas” y de la “tercera ola”.

 

Al respecto, un autor cristiano escribe con tanta verdad lo siguiente sobre el don de lenguas:

 

«No se trataba de una mera jerigonza o guirigay como las modernas «lenguas», sino de un verdadero lenguaje que podría ser comprendido por uno que estuviera familiarizado con él, como se vio en el gran día del Pentecostés, cuando estaban presentes personas que hablaban diferentes lenguas. En Corinto, donde no existía tal variedad de personas, se precisaba de un intérprete para poder comunicar el contenido de lo expresado a los que no la entendían. Por esto Pablo puso este don en último lugar. Suscitaba el asombro (como ahora), pero hacía poco bien verdadero. Este es el error de los irvingitas y de otros que han intentado reproducir este primitivo don del Espíritu Santo, que fue dado claramente en una situación especial de emergencia y que no tenía el propósito de ayudar o difundir el evangelio entre los hombres».

 

«Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve» (1Co. 13:1-3).

 

Es relevante mencionar que Pablo no desacredita los dones espirituales sobrenaturales en su primera epístola a los corintios, pero sí enfatiza el amor por encima de ellos. Él nos comunica que es totalmente en vano e intrascendente el obrar prodigios y milagros, como el «trasladar montañas» («como para trasladar montanas», höste orë methistamein, gr.) si el amor de Dios, el ágape, el que se cultiva a través de su Santa Palabra y no en falsas experiencias místicas de “célica sprayada”, no existiera en los cristianos. Aún si los dones espirituales sobrenaturales no hubiesen desaparecido, «nada seríamos» sin el amor de Dios («Nada soy», outhen eimi, gr.), vendríamos a ser «un cero a la izquierda, hombres y mujeres simplemente sin nada de valor: «Ya he llegado a ser», «bronce que resuena» (chalkos ëchön, gr.), un pedazo de metal que deja un eco extinguible, que se tira porque no tiene la más mínima utilidad.

 

 

Cuando el Nuevo Testamento concluyó con el libro de Apocalipsis, inspirado por Dios y escrito por Juan el apóstol, la Biblia vino a integrarse con los 66 libros exactos que debería de poseer, según la voluntad divina. Nada más habría de agregarse. Los dones espirituales sobrenaturales como el de hablar en lenguas, el de interpretarlas, o el de profetizar (sin excluir el don de sanidades y milagros) que edificaban y exhortaban, que consolaban y animaban el corazón de la Iglesia (1 Co 14:3) empezaron a declinar hasta desparecer por entero. Ahora el creyente por la gracia de Dios tiene el privilegio de “echar en mano” a la Palabra salvadora y renovadora de la mente, de tener fácil acceso a la indispensable guía espiritual para caminar una vida pura y santa delante de su Creador, para conocer los objetivos y metas de Dios para con él, para mantenerse obediente a sus estatutos y mandatos, y para conocer el testimonio de sus increíbles obras milagrosas.

 

El neo-pentecostalismo, o nuevo montanismo, tendrá que invertir sin excusas sus luxadas y efusivas prioridades religiosas (sin olvidarse además de corregir sus trastocadas doctrinas, como son, entre otras, la doctrina de la supuesta deidad de Cristo, la doctrina pagana de la trinidad, la doctrina platónica de la inmortalidad del alma, etc.), «requiéscat in pace». Tendrá que proceder a dar un giro de 360 grados por su bienestar propio: buscará fundamentarse con esfuerzo en primer lugar en el amor de Dios que requiere para que florezca el conocer los propósitos de Dios por medio de Jesucristo, escudriñar sobre el carácter de cada uno de ellos y entender sin dudas la naturaleza real de ambos, bajo la dirección indiscutible y necesaria de la Biblia para establecerse al fin en la perspectiva idónea del verdadero cristianismo, ante todo. El neo-pentecostalismo tendrá que “divorciarse oficialmente” de ese incierto misticismo de fuga neuronal, salido del lóbulo temporal, de goce extásico conforme a los gurús orientales y de la Nueva Era (New Age), el cual arrulla con pasión enorme y fanático celo, desechando con desdén las veredas de paz y de justicia que llevan con seguridad a la vida eterna.

 

Querido y amable lector: lo dejo con estos versos esperando que le sean de reflexión y bendición, muy intimidados con el asunto tratado en el presente escrito:

 

«Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis…» (2 Co.11:3-4).
«Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro» (Jn. 20:29-30).

 

Amén.

AUNQUE JUSTINO MÁRTIR DEFENDÍA LA PREEXISTENCIA DE CRISTO, ÉL NO CREYÓ EN LA ETERNIDAD DEL HIJO

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Encontramos esto en el Dialogo de Justino Mártir con Trypo, el Judío: “Pero este Vástago (descendencia) que fue verdaderamente dado a luz del Padre, estaba con el Padre antes de todas las criaturas, y el Padre se comunicó con él; Del mismo modo que la Escritura (Proverbios 8:22-31) por Salomón hubo puesto en claro que él, el que Salomón llama la Sabiduría, fue engendrado como un comienzo ANTES de todas Sus criaturas y como Descendencia de Dios… Nosotros (Cristianos) conocemos a (Cristo) que es el primer ser engendrado de Dios, y que está delante de todas las criaturas… Él es el Hijo de Dios y puesto que le llamamos el Hijo, hemos tenido por entendido que él procedió antes de todas las criaturas del Padre por Su poder y su voluntad”. Así Willis B. Shotwell comenta: “El lenguaje aquí es tal que no puede argumentarse que Justino considerase que el Logos sea eterno. Lo más que puede decirse acerca del Logos es que él fue creado antes de cualquier otra cosa”. (La Exégesis Bíblica de Justino Mártir, Londres 1965)

¿SERÁ CIERTO QUE DIOS LIMPIÓ TODA CARNE IMPURA PARA SER CONSUMIDA CON CONFIANZA?

 Por Ingº. Mario A Olcese (Apologista)

 

ecoliUna de las cosas principales que la Biblia nos advierte a todos nosotros, y que usted muy probablemente ha escuchado frecuentemente en su vida, es que no debemos comer grasa animal. Para entender cómo Dios estableció sus normas dietéticas que asegurarían la salud de su pueblo, Él dividió a los animales  en dos categorías: Los “limpios” y los “impuros” .

Estas categorías dietéticas no son típicamente observadas por los cristianos hoy, sino más bien por los judíos practicantes que dependen del Antiguo Testamento como su guía primaria para todo, incluyendo las comidas. No obstante, cuando se trata de seguir las restricciones dietéticas establecidas en el libro de Levítico (capítulos 3 y 7), encontramos que no importa cuál sea nuestra fe, la comida limpia vs. la impura realmente elimina cantidades dañinas de grasa que de otra manera consumiríamos.

La comida considerada “limpia” incluye la vaca, el cordero, el salmón, el pollo, y el pavo. Notablemente estas mismas carnes están en alineación con muchos regímenes de moda pasajera hoy y continúan resultando ser beneficiosas para el cuerpo humano en cantidades moderadas.

Las comidas “impuras” como la carne de cerdo, el cangrejo, las almejas, y el pato son todas conocidas hoy por la ciencia moderna como engordadoras y fuera de la esfera de lo que nuestro cuerpo necesita para permanecer sano y funcional.

Esta clase de régimen es probado en el libro de Daniel que describe la experiencia del profeta cuando él evita comidas “impuras” y alimenta su organismo con carne “limpia” y una miríada de verduras. ¡Este régimen mantuvo a Daniel y a sus compañeros viéndose y sintiéndose mejor que el mismo Rey de Israel!

Siguiendo este viejo régimen judío le puede brindar a usted una nueva perspectiva de vida, completa de salud, elasticidad, y menos riesgos de cáncer y otros males relacionados con el peso.

Creo que es necesario que retomemos las palabras registradas en Hechos 10:13,14 bajo una perspectiva realista y de acuerdo con la ciencia moderna. ¿No será que a Pedro sólo se le mandó a no despreciar a los gentiles bajo la figura de “matar  y comer” todo tipo de carnes de animales inmundos que aparecían dentro del lienzo? ¿Será cierto, por ejemplo, que ya no existe la triquina o la cisticercosis en los cerdos porque Dios todo lo “limpió”? La Realidad ha demostrado reiteradas veces que todavía existen las amenazas de contraer enfermedades peligrosas debido al consumo de alimentos contaminados y mal cocidos.

ARQUEÓLOGOS DESCUBREN UN EDIFICIO GRANDE LLENO CON RELIQUIAS DE LAS ERAS DEL PRIMER Y SEGUNDO TEMPLOS

 

relicswowTeresa Neumann (24 de Febrero, 2009)

“Cuatro impresiones ‘LMLK’ (que indican que los artículos le pertenecieron al rey) fueron descubiertas en agarraderas de jarras grandes usadas para almacenar vino y aceite. Los sellos de dos altos funcionarios llamados Ahimelek ben Amadyahu y Yehokhil ben Shahar, que prestaron servicios en el gobierno, fueron también encontrados”.

(Israel) la autoridad de antigüedades de Israel anunció el lunes el descubrimiento de un edificio grande que data del tiempo del Primer y Segundo Templos durante una excavación en el pueblo de Umm Tuba en la sureña Jerusalén.

Según Haaretz News, los restos arqueológicos incluyen varios cuartos arreglados alrededor de un patio, en donde los investigadores encontraron el horno de cerámica de un alfarero y vasijas de alfarería que datan del octavo siglo A.C. (La foto: La Autoridad de Antigüedades de Israel)

La autoridad de antigüedades notó que el sitio fue destruido junto con Jerusalén y todo Judá durante la conquista babilónica. Los judíos lo ocuparon de nuevo durante el período Hasmoneano (el segundo siglo antes de Cristo y existió por otros doscientos años hasta la destrucción del Segundo Templo.

¿PUEDE ALGUIEN ENCONTRAR LA TRINIDAD EN LA BIBLIA?

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Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Si hay algo que no encontraremos en las Escrituras es a un Dios Trino tal como la cristiandad cree y enseña sin mayor evidencia. No hay ningún texto en las Escrituras que diga que Dios está compuesto de tres personas distintas, Todopoderosas, coeternas y co-sustanciales. Esto no es sorprendente, ya que Dios desde un comienzo se reveló a Su pueblo como un Dios único, sin ninguno como Él (Sal. 83:18). En realidad La Shema de Israel no admite una pluralidad de personas dentro de la Deidad. Su declaración central: “Oye, Israel, El Señor nuestro Dios, El Señor, uno es” difícilmente podría interpretarse de la forma cómo lo hacen los trinitarios, afirmando que uno significa una “unidad compuesta”, pues claramente “Señor”, “Uno”, y “Dios” están en singular (Deut. 6:4).

Además, tres personas distintas en la Deidad supondrían tres voluntades independientes que podrían no converger necesariamente en una. Sin embargo, siendo que Jesús somete su voluntad a la del Padre, esto por si sólo ya prueba que Jesús está sujeto al Padre, y automáticamente se ubica en una posición de subordinación y sumisión. Lo curioso del caso es que en ninguna parte de las Escrituras el Espíritu Santo subordina su voluntad a la del Padre, un detalle que por sí solo nos induciría a pensar que no es una persona con voluntad propia como sí lo es el Hijo.

Los Trinitarios tienen serias dificultades para probar la doctrina de la Trinidad porque no hay ningún texto que hable de un Dios Trino, y menos, que diga que Dios está compuesto por el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Sostener la Trinidad citando Mateo 28:19 es ir más allá de lo que el texto nos dice. Pero reflexionemos por un instante en este texto en cuestión: ¿Realmente este texto de Mateo 28:19 nos dice que Padre, Hijo, y Espíritu Santo son tres personas distintas que hacen un solo Dios? ¡No! ¡Eso está sólo en las mentes de los católicos y  “evangelicatólicos”, por igual.

Por allí hay otros detractores que citan el pasaje de Isaías 6:3 dónde los ángeles del cielo llaman a Yahweh “Santo, Santo, Santo”. Ajá, exclaman…¡aquí está la prueba del Dios Trino porque aquí se dice que Yahweh es tres veces santo! ¿Pero es válida esa conclusión? ¿Podría alguien afirmar una doctrina Trinitaria simplemente porque acá a Yahweh se le santifica tres veces? ¡Por favor! Ahora bien, en Apocalipsis también leemos de un trío de ayes para los moradores de la tierra (Apocalipsis 8:13). ¿Significa esto que los moradores de la tierra están compuestos por tres personas distintas en un solo hombre? ¿Por qué son tres ayes y no dos o cuatro?

Por allí también aparecen otros Trinitarios que se aferran a la Trinidad argumentando que el Padre y el Hijo son uno. Pero en Juan 10:30 Jesús simplemente dice que Su Padre y él son uno, sin mencionar para nada el Espíritu Santo. Estas personas simples y prejuiciadas no entienden que también el esposo y su esposa son UNO, y no obstante eso no implica que sean iguales, de la misma edad, poder y autoridad, pues ya sabemos que la cabeza de la mujer es siempre el hombre, así como Dios siempre lo será de Cristo.  Pero a pesar de esta reflexión lógica, muchos “trinotercos” aún se apoyarán a Juan 10:30 para decirnos: “Miren: ¡Aquí está la prueba de la Trinidad!” …¡Mentira!

También recibo emails de gente que me dice que Jesús es Dios porque su nombre “Emmanuel” quiere decir: “Dios con nosotros”. Esta cándida argumentación se responde diciendo que “Eliú”, el personaje sacado del libro de Job, y supuesto amigo del fiel atribulado, quiere decir, “Dios es él”. ¿Acaso alguno pensaría que Eliú era Dios mismo porque su nombre significa precisamente “Dios es él”? (Job. 32:2-37:24). ¡Vamos, Trinitarios, usen la sustancia gris!

Es sabido que hay varios textos que han sido trastocados o interpolados en las Escrituras canónicas por partidarios del Trinitarismo, como son Tito 2:13, 1 Timoteo 3:16; 1 Juan 5:7; Romanos 9:5, y otros más, para así poder apoyar su doctrina pagana que no logran descubrir directamente y claramente en las Escrituras. Los llamados eruditos bíblicos trinitarios sólo se limitan a filosofar intrincadamente y a especular la Trinidad con explicaciones o definiciones incomprensibles e insondables que ni ellos mismos las pueden entender. Realmente he llegado a la conclusión de que casi todos los textos citados por los Trinitarios para sustentar su dogma católico de la Trinidad, sencillamente no prueban nada, y los pocos contados con los dedos que podrían “probar” algo como Juan 1:1, 1 Tim. 3:16, Romanos 9:5, y algunos otros más por allí, tampoco son convincentes y poderosos para cambiar nuestra postura unitaria.

La doctrina de la Trinidad “cristiana” prácticamente es una herencia de la “trinidad” de Platón, y además, adopta los términos y conceptos de Heráclito, Filón y otros. La influencia del Helenismo dentro de la iglesia cristiana se consolida con los Gnósticos, quienes también presentan a un Cristo divinizado, fantasmal, y por lo tanto, no humano.

El trinitarismo usa términos Griegos como HOMOIOUSIOS, HIPÓSTASIS, KÉNOSIS, PRÓSOPON, EKPOREUSIS, EK, ARKÉ, etc, para poder dar forma a la Trinidad, pero para los indoctos en el Griego, éstas y otras expresiones usadas por los eruditos Trinitarios resultan ser un dolor de cabeza, pues no les ayudan en absoluto a entender plenamente al Dios único. Nos parece muy extraño que Dios haya querido revelarse a los hombres a través de Su Hijo Unigénito, esperando supuestamente que acepten sin titubear Su Deidad Trina, y sabiendo  de antemano que a muchos potenciales creyentes simplemente se le haría difícil entenderla y aceptarla. Definitivamente nadie puede creer en algo que no entiende y que es presentado simplemente como: “el misterio de la Trinidad”.  Yo creo definitivamente que ningún misterio jamás podrá ser aceptado o creído sin vacilación.

Todo parece indicar que pocos Trinitarios están dispuestos a creerle a Jesús cuando dijo que Su Padre es mayor que él y que todos. He aquí sus palabras:

 Juan 10:29: Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”.

Juan 14:28: “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo”. 

Si un individuo es mayor que otro, entonces es claro que ambos no pueden tener la misma edad. Si nuestro Señor Jesucristo dice que su Padre es mayor que él, lo que está diciendo es que el Padre es mayor en tiempo y en rango. El Padre definitivamente es anterior al Hijo, pues éste es engendrado por aquel en algún momento del tiempo. Pero los Trinitarios insisten sin razón alguna que el Hijo tiene la misma edad que Su Padre, es decir, que ambos son eternos (sin principio ni fin de días). Esto, por si solo, resquebraja el concepto natural del vocablo ‘hijo’, que es alguien que procede del Padre.

Algunos han sugerido que en Juan 14:28 Jesús hablaba como hombre, y como tal, era inferior a Dios. Sin embargo, ¿no se supone que todo hombre es inferior a Dios, el Creador? Entonces me vuelvo a preguntar: ¿Qué de nuevo nos estaría revelando Jesús con sus palabras? ¡Nada!…¡salvo, claro, que nos estuviera diciendo que Su Padre es siempre superior a él en rango y en tiempo de existencia! En buena cuenta, Dios el Padre es eterno, y Su Hijo no.

En otra ocasión alguien se dirigió a Jesús llamándole “Maestro bueno”, a lo que él respondió sin tapujos: “¿Por qué me llamáis bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18). Los Trinitarios hacen oídos sordos a estas palabras de Jesús porque él mismo Jesús aquí está negando implícitamente ser el único Dios. De haberlo sido, él no se hubiera quejado de que lo llamen así, porque aquel hombre habría dicho una verdad.

Es cierto, sin embargo, que Jesús le dijo a Felipe: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” en Juan 14:9, y muchos han creído que aquí Jesús  está diciendo que el Padre y él son la misma persona. ¿Pero puede Jesús ser el Hijo y el Padre al mismo tiempo? Es decir, ¿Puede el Hijo ser el mismo Padre? Definitivamente No! En la Biblia el Padre y el Hijo son dos seres distintos y separados, y como ya vimos, uno es mayor que el otro.  No obstante, el Hijo puede ser la viva imagen de Su Padre en lo que respecta a la voluntad, valores, y aspiraciones compartidas entre ambos. Es decir, Jesús reflejó el carácter y la voluntad de Su Padre mientras anduvo por este mundo hace dos milenios. E incluso hoy, muchos jóvenes son el vivo reflejo de sus padres, no en el aspecto físico necesariamente, sino en lo que respecta a sus valores y aspiraciones personas.

Se ha dicho que sólo Dios puede perdonar pecados, y que si Cristo perdonó pecados, entonces él debe ser Dios. No obstante, muchos cristianos parecen haber olvidado que Cristo recibió toda autoridad del Padre, incluso para perdonar pecados (Mateo 28:18). Así como Dios el Padre es el Juez Soberano de todos los vivientes (Heb. 12:23), Él ha conferido a Su Hijo con autoridad para ejercer de juez de vivos y muertos en el día de las cuentas (Hechos 10:42, Juan 5:27). Esto no significa que Jesús es el Padre Yahweh (Dios), sino que Él ejerce una función propia de Dios por encargo Suyo. Entonces, si interpretamos con coherencia las Escrituras, creemos que muchos de los textos presentados por amigos  trinitarios y binitarios se tornarán automáticamente en ineficaces.

Necesitamos volvernos como niños para entender las cosas de Dios. Y es justamente a los niños a quienes el Señor ha revelado verdades que se les ha ocultado a los sabios y entendidos de este mundo (Ver Lucas 10:21:Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”). Y seguramente la doctrina de la Trinidad no sería una de esas complicadas doctrinas que el Señor hubiera revelado a los niños, los cuales, aunque puros e inocentes de mente y de cuerpo, serían incapaces de entender.

ASOCIACIÓN DE VÍCTIMAS DE LA LEGIÓN DE CRISTO Y DEL REGNUM CHRISTI

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Padre Católico Romano corrupto, San Pío Marcial “Inocencio” Maciel

VARIAS TRADUCCIONES DEL DISCUTIDO TEXTO DE TITO 2:13

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Buscando por la bendita esperanza y la aparición de la Gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo.” New American Standard Bible

“Mientras esperamos por la bendita esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y el Salvador, Jesucristo”. La Nueva Versión Standard Revisada

“Buscando por esa bendita esperanza, y la aparición gloriosa del gran Dios, y nuestro Salvador Jesucristo”. La Biblia del Webster

“Buscando por esa bendita esperanza, y la aparición gloriosa del gran Dios y nuestro Salvador Jesucristo” La Versión del Rey Jaime

“Buscando la esperanza bendecida y la aparición de la gloria (la Nota Al Pie: 1) del gran Dios y nuestro Salvador Jesucristo
La nota al pie: (1) O de nuestro gran Dios y Salvador)”. La Versión Estándar Americana

“Buscando la bendita esperanza y la venida de la gloria del gran Dios y nuestro Salvador Jesucristo”. Douay-Rheims

“Esperando la bendita esperanza; a saber, la aparición de la gloria del gran Dios, y de nuestro Salvador Jesucristo”. Oráculos vivientes

“Buscando la esperanza bendita, y la manifestación de la gloria del gran Dios, y nuestro salvador, Jesús el Mesías”. Murdock

“Preparados para darle la bienvenida a la feliz esperanza y la aparición del gran Dios y nuestro Salvador Cristo Jesús”. Rotherham

La primera versión (The New American Standard Bible) de Tito 2:13 presenta a Cristo como el “gran Dios y Salvador”, pero no así las versiones que le siguen. Claro que hay otras versiones que hablan de Cristo como el “gran Dios y Salvador”, pero las disputas sobre cómo debería ser vertido este texto persisten aún hoy.

Nota:

Los eruditos como Buzzard, Norton y Snedeker dicen que Tito 2:13 también se puede traducir “del gran Dios y de nuestro salvador Jesucristo”. Debe ser admitido que la omisión del artículo antes de “salvador” no necesariamente hace que se entienda “Dios” y “salvador” en una misma persona (Speakers Commentary). Algunas versiones como el texto AV; VER; NBI, nota al pie; y la VR, margen) hacen la distinción entre el gran Dios y el salvador.

Comentario de la redacción:

Primero notaremos que el manuscrito Sinaítico se lee “Señor” aquí en lugar de “Dios”. El Nuevo Testamento de Ivan Panin (basado en sus numéricos bíblicos) apoya que esto versículo debería ser traducido “Señor” en lugar de Dios. Así tendríamos: “nuestro Señor y Salvador, Jesucristo”.

Adicionalmente, Pedro usa esta expresión varias veces de Jesús: 2 Ped. 1:11; 2:20; 3:2,18. Así estos dan alguna prueba para la traducción “nuestro Señor y Salvador, Jesucristo”. Aceptando esto como cierto, entonces no hay nada en el verso que habla de Jesús como Dios.

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LAS IGLESIAS NO SON EL REINO DE DIOS

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Hoy en día hay en todo el mundo un número cada vez mayor de denominaciones, organizaciones religiosas, e iglesias de Cristo, las cuales, creemos, sirven y enseñan a adorar a Dios en espíritu y en verdad como Dios quiere, y tienen su bendición y amor. Ellas buscan cumplir su tarea encomendada por el Señor en la medida que comienzan a introducir a sus miembros en la fe de Abraham. Y aunque a veces ellas mismas o sus pastores no conozcan bien la fe de Abraham, ni la verdadera adoración, ni toda la doctrina de Cristo y de los apóstoles, sin embargo, al escudriñar la Biblia con la guía del Espíritu Santo, Dios tiene misericordia de su falta de conocimiento y les permite que sirvan como escuelas primarias en las que los asistentes comienzan a tener una forma de culto en el que se busca a Dios, y en el cual se comienza a enseñar la Palabra y a adorar al Dios de Israel en espíritu y verdad, siempre y cuando no tengan doctrinas contradictorias, y los ancianos y sus discípulos lean las Escrituras sin desviarse de ellas. Esto resultará en que, con la asistencia del Espíritu de Dios, los hermanos irán creciendo poco a poco en dirección al verdadero evangelio. Sin embargo, hemos observado que cuando se llega a la doctrina del Reino de Dios, ahí parecen estancarse en las viejas doctrinas de las iglesias tradicionales, y generalmente pasan por alto esto que fue la principal doctrina y el mensaje central de Cristo Jesús y sin la cual se hace difícil la comprensión de los evangelios. Muchas iglesias piensan que son el Reino de Dios, tanto católicas como protestantes, pero lo hacen porque lo han oído del sacerdote o del pastor y les parece bien y no porque lo hayan contrastado con la Biblia.

Los católicos decididamente están reinando sin Cristo, aparte de todas las atrocidades que enseñan, como las velas a los santos y vírgenes, procesiones en todos los pueblos con paseos del ídolo de turno, estatuas que no ven ni oyen y ante las cuales se doblan y arrodillan, todo lo cual es una adoración profana y que está totalmente prohibida en la Biblia. Dice Deut.5:7-9, así: “NO TENDRAS DIOSES AJENOS DELANTE DE MI. NO HARAS PARA TI ESCULTURA NI IMAGEN ALGUNA DE COSA QUE ESTA ARRIBA EN LOS CIELOS, NI ABAJO EN LA TIERRA, NI EN LAS AGUAS DEBAJO DE LA TIERRA. NO TE INCLINARAS A ELLAS NI LAS SERVIRAS”.

Los católicos celebran misas de difuntos que no existen en la Biblia y enseñan que hay almas en el purgatorio (un lugar desconocido en las Escrituras) a donde dicen que van las almas de los difuntos para purificarse, lo cual no aparece tampoco en las Escrituras, y es por estas misas que obtienen cantidades enormes de los pobres familiares, que queriendo aliviar el dolor de sus muertos, pagan y pagan a ver si el muerto sale del purgatorio. Esto, sabemos, es imposible, porque los muertos están muertos en sus tumbas y no vivos en ningún polígono industrial del cielo, reparador de almas pecadoras: “el purgatorio”. Dice Juan 5:28-29, así: “NO OS ASOMBREIS DE ESTO, PORQUE LLEGARA LA HORA, CUANDO TODOS LOS QUE ESTEN EN LOS SEPULCROS OIRAN SU VOZ. Y LOS QUE HICIERON LO BUENO SALDRAN A RESURRECCION DE VIDA; PERO LOS QUE HICIERON LO MALO A RESURRECCION DE CONDENACION”.

La Biblia enseña que cuando Jesús regrese para resucitar a los muertos, estos estarán en sus sepulcros reposando y no en ningún purgatorio. Ese sitio no existe y las almas son las mismas personas que también mueren y descansan hasta la venida de Cristo cuando serán resucitados, pero los que no son de Cristo seguirán durmiendo mil años más hasta la segunda resurrección. Dice Daniel 12:13: “EN CUANTO A TI, TU IRAS HASTA EL FIN Y REPOSARAS, Y TE LEVANTARAS PARA RECIBIR TU HEREDAD AL FINAL DE LOS DIAS.

Las almas no son eternas como enseñan algunos, ni van al cielo ni a visitar a ningún vecino, porque mueren. Pero gracias a Dios nosotros, los que creemos en las Escrituras, tenemos la esperanza de la resurrección cuando Cristo regrese; Dice Ezequiel 18:4, así: “…..EL ALMA QUE PEQUE, ESA MORIRA”. Este pasaje deja más que clarísimo que las almas no son eternas, ya que algo que puede morir no es eterno, sino pasajero. Esa eternidad nos la dará el Señor cuando regrese. En el libro del Apocalipsis vemos que las almas no reencarnan, ni van a ningún sitio, sino que descansan hasta que el Señor les da nueva vida y resucitan. No se reencarnan en otro cuerpo, sino que reciben de Dios un nuevo cuerpo parecido al anterior, pero dotado de vida eterna y poderes sobrenaturales para poder ser colaboradores de Cristo en su Reino. Apocalipsis 20:4, dice: “….Y VI LAS ALMAS DE LOS DECAPITADOS POR CAUSA DEL TESTIMONIO DE JESUS, Y POR LA PALABRA DE DIOS, LOS QUE NO HABIAN ADORADO A LA BESTIA NI A SU IMAGEN, NI RECIBIERON LA MARCA EN SUS FRENTES NI EN SUS MANOS Y VIVIERON Y REINARON CON CRISTO MIL AÑOS”.

El Papa reina en Roma desde el Vaticano que está considerado una nación, con su bandera propia y poder sobre más de mil millones de condenados fieles que le besan la mano y se inclinan ante él en señal de sumisión y adoración cuando lo visitan, acto que Pedro prohibió a Cornelio cuando quiso postrarse ante él y adorarlo. Así dice Hechos 10:25-26: “…SALIO CORNELIO A RECIBIRLO Y POSTRANDOSE A SUS PIES LO ADORO. PERO PEDRO LO LEVANTO DICIENDO: ¡LEVANTATE, PUES YO MISMO TAMBIEN SOY UN HOMBRE!”. Como vemos, Pedro de ninguna manera permite que Cornelio lo adore, ni que se postre ante él, pues como buen judío, él sabe que es sólo a Dios a quien debemos adorar. Así que vemos que estos papas se hacen pasar por dioses y engañan a los feligreses, mientras les sacan el dinero en sus cultos y festejos idolátricos donde no les hablan de la palabra de vida eterna, sino que les dan sermones mundanos y filosóficos que dejan boquiabiertos a los feligreses, pero no les hablan nada de la segunda venida de Cristo y el Reino de Dios, sin los cuales es imposible que nadie alcance la gracia de Dios y la vida eterna para entrar a la presencia de Dios. Dice Mateo 10:33, así: “Y A CUALQUIERA QUE ME NIEGUE DELANTE DE LOS HOMBRES, YO TAMBIEN LO NEGARE DELANTE DE MI PADRE QUE ESTA EN LOS CIELOS”.

También la Reina de Inglaterra es la cabeza de la iglesia anglicana y muchos han llegado a decir que la Comonwealth era el Reino de Dios, lo cual deben pensar algunos africanos de la Comunidad Europea, ya que vienen como al paraíso y muchos pobrecitos arriesgan y pierden sus vidas con tal de llegar al paraíso europeo, que no lo es, pero que ejerce sobre estos países una imagen del cielo en la tierra, que cautiva la mente y los corazones de los ingenuos a los cuales muchas veces tampoco les importa morir en el intento, con tal de tener una oportunidad de llegar.

Los Protestantes tienen diferentes ideas del reino, algunos creen que el Reino es el cielo, y otros por allí creen que son sus iglesias. Los pentecostales creen que el reino son ellos mismos y sus predicadores. Igual ociurre con el campbelismo (Iglesia de Cristo).

Así que las iglesias cristianas confunden generalmente el Reino de Dios con sus iglesias o denominaciones religiosas, e incluso algunas como “la iglesia universal del reino de Dios”, cuyo líder, Edir Macedo, acepta ahora el aborto como algo bueno y de Dios. Esto, claro está, es totalmente falso, ya que Dios es el dador de la vida y nos manda fructificar y multiplicarnos desde el principio. Él dio a Israel como bendición que sus mujeres tuvieran hijos y que no abortaran a sus bebés, Dice Exodo 23:26, así: “EN TU TIERRA NO HABRA MUJER QUE ABORTE, NI QUE SEA ESTERIL Y ALARGARE EL NUMERO DE SUS DIAS”. La I.U.R.D permite esto para no perder los diezmos de los miles que abortan en esa falsa iglesia. Estos hacen de su iglesia una parte del reino, como un apéndice que pertenece a él, lo cual es totalmente un error, ya que el Reino de Dios no tiene iglesia, sino que a la iglesia el Padre le la placido darle el Reino. Dice Lucas 12:32, así: “NO TEMAIS MANADA PEQUEÑA, PORQUE A VUESTRO PADRE LE HA PLACIDO DAROS EL REINO”.

El Señor nos dará el reino cuando venga, así que la iglesia debe ser como un puente a través del oscuro y tenebroso mundo por el cual las ovejas del Señor lleguen en pequeños rebaños con sus pastores amorosos al Reino, y al llegar a ellos, el Señor las reciba y les de lo que es de ellos, la herencia del Reino. La iglesia debe ser como una balsa sobre la cual atravesamos el este mar agitado (el mundo) y entramos al Reino. Esta es la meta a donde deben dirigir sus pastores o ancianos a las ovejas de Cristo, como barcos santos, pasando juntos las tormentas y las tempestades hasta que el día aclare y la isla prometida aparezca y el Señor baje y establezca su Reino en la tierra.

En las iglesias entran hombres y mujeres de carne y sangre para oír alguna predicación, e incluso entran no creyentes o indecisos, pero al Reino no pueden entrar ni los unos ni los otros. En 1 Corintios 15:50, leemos: “PERO ESTO DIGO, HERMANOS: QUE LA CARNE Y LA SANGRE NO PUEDEN HEREDADR EL REINO DE DIOS, NI LA CORRUPCION HEREDA LA INCORRUPCION”. Al Reino de Dios entran entonces los que conocen al Señor y hacen su voluntad. Dice Mateo 7:21, así: “NO TODO EL QUE ME DICE SEÑOR, SEÑOR, ENTRARA AL REINO DE LOS CIELOS, SINO EL QUE HACE LA VOLUNTAD DE MI PADRE QUE ESTA EN LOS CIELOS”. La iglesia no es el Reino sino que el Reino es algo por lo que el Señor nos mandó que orásemos para que viniese a nosotros. Imaginen por un momento en la oración que Cristo nos enseñó: el Padre nuestro. Si cambiásemos la palabra reino por la palabra iglesia, diría así en Mateo 6:9-10: “…PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE. VENGA TU IGLESIA. EL PAN NUESTRO DE CADA DIA DANOSLO HOY”. Totalmente ridículo, ¿verdad? Pues vamos intentar marcar las diferencias posibles para nuestro buen entendimiento del Reino de Dios, sin el cual será muy difícil leer los evangelios que se refieren constantemente a él, y que significan buenas nuevas, o buenas noticias, pero que el Señor nos dice que son acerca del Reino de Dios y del futuro establecimiento del mismo en la tierra. Es así como él comienza su predicación sobre estas buenas noticias acerca del Reino. Dice Marcos 1:14, así: “DESPUES QUE JUAN FUE ENCARCELADO, JESUS FUE A GALILEA PREDICANDO EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS”.

Así que fijémonos cuál es el Reino del Padre para poder diferenciar éste de la iglesia. El reino de Inglaterra tiene su soberano, el de España también, que es Don Juan Carlos, y así muchos otros países. Y vemos que estos países son monarquías, con un rey, un territorio, un pueblo y leyes. Así que el Reino de Dios es un gobierno monárquico de Dios en la tierra. Esto es lo que constituye básicamente un reino ó monarquía y ese sitio donde se establecería la monarquía es geográficamente hablando Israel, en cuya capital (Jerusalén) una vez fue instalado un Reino, con un Rey David, a quien se le hicieron promesas acerca de su reino el cual sería uno que no tendría fin y en cuyo trono se sentaría el Mesías o el Rey de Israel.

Las Escrituras nos dicen muy claramente que el trono de David es el del Señor; Dice 1 Crónicas 27:5 “…ELIGIO A MI HIJO SALOMON, PARA QUE SE SIENTE EN EL TRONO DEL REINO DE YAHVE SOBRE ISRAEL”. Sabemos que el trono de Dios el Padre está en el Cielo y en él se ha sentado Cristo junto a su Padre. Dice Apocalipsis 3:24, así: “AL VENCEDOR LE CONCEDERE QUE SE SIENTE CONMIGO EN MI TRONO, ASI COMO YO HE VENCIDO Y ME HE SENTADO CON MI PADRE EN SU TRONO”. Ese trono está en Jerusalén y es el trono del gran Rey. Dice Mateo 5:35, así: “…NI POR JERUSALEN, PORQUE ES LA CIUDAD DEL GRAN REY”. Este Rey glorioso es Jesús, que descenderá del cielo a la tierra para establecer su Reino, porque él es el Rey de Reyes y tiene toda la potestad dada por Dios para ello. Apocalipsis 19:16, dice: “EN SU VESTIDURA Y EN SU MUSLO, TIENE ESCRITO ESTE NOMBRE: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”.

También habrá sitios y tronos reservados en Jerusalén para los más fieles, que colaborarán con él en su gobierno mundial. Dice Salmos 132:5, así: “PORQUE ALLI ESTAN LAS SILLAS DEL JUICIO, LOS TRONOS DE LA CASA DE DAVID”. La iglesia de Cristo es una familia donde son acogidos todos los recién nacidos en Cristo para ser perfeccionados por los ancianos (pastores) y diáconos que realizan esta labor, a fin de que sean nutridos del alimento espiritual necesario para crecer con la leche espiritual, que es la palabra de Dios, y así lleguen a ser corderos fuertes que no pueda devorar el enemigo en su primer ataque.

La iglesia entrena a los discípulos para que pongan su mirada en la meta y prediquen el Reino que viene, como lo predicó Jesús, afirmando a sus miembros en la fe y dejándoles claros que la entrada al Reino será a través de sufrimientos y tribulaciones, pero que de todas ellos les librará el Señor. Dice Hechos 14:22, así: “…ES NECESARIO QUE A TRAVES DE MUCHAS TRIBULACIONES ENTREMOS EN EL REINO DE DIOS”. La predicación de los apóstoles y del Señor nunca se basó en construir templos, sino en cuidar de los rebaños para que el enemigo no los arrebate y permanezcan firmes hasta la venida de Señor, que será cuando entremos al Reino. La idea de una iglesia- templo es una copia del funcionamiento religioso israelita al cual habían llegado todos los tradicionalistas calcinados que Jesús condenó y que temblaban ante la idea de ser echados por los romanos de su templo, mientras no reconocían al verdadero Señor del Templo, que les estaba visitando por las calles, encendiendo los corazones de los hombres en una hoguera que llega hasta nuestros días, y les hablaba desde los patios del templo, cumpliendo todas las profecías de las Escrituras, de las cuales ellos creían ser los únicos con capacidad para comprender, pero que Jesús les dijo que esas escrituras en las cuales ellos creían tener la vida, eran las que hablaban de él. Dice Juan 5:39, así: “ESCUDRIÑAD LAS ESCRITURAS, PORQUE A VOSOTROS OS PARECE QUE EN ELLAS TENEIS LA VIDA ETERNA Y ELLAS SON LAS QUE DAN TESTIMONIO DE MI”.

Vamos a escribir un versículo más cambiando de posición la palabra iglesia por reino, ¿vale?, no se rían mucho. SAN MARCOS 9:47 Y SI TU OJO TE ES OCACION DE CAER, SACALO, PORQUE MEJOR TE ES ENTRAR EN LA IGLESIA DE DIOS CON UN OJO, QUE TENIENDO DOS OJOS SER ARROJADO AL INFIERNO.

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NUESTRA SALVACION ES LA ESPERANZA DE ENTRAR AL REINO

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Autor: Gabriel (Cristiano Unitario)

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Todos hemos oído predicaciones acerca de la salvación y a muchos “grandes evangelistas” proclamando la salvación eterna tras una oración de fe. Pero queridos hermanos, vamos a ser realistas y a repasar las Escrituras para comprobar qué es realmente lo que dicen ellas acerca de nuestra salvación y si ésta es algo que recibimos para siempre y que no podemos perder de ninguna manera, ó si es algo gratuito pero que debemos cuidar con temor y temblor.

Yo me inclino a creer que es algo más parecido a lo segundo que a lo primero, por lo cual aconsejaría que todos sigan manteniéndose firmes en la fe, puestos sus ojos en Jesús y llenos de su palabra y muy envueltos en su obra hasta que él regrese, o hasta que nuestro tiempo en este planeta acabe y nos toque descansar hasta su regreso. Porque lo que el Señor nos ha prometido es la vida eterna, y esta promesa es la esperanza más grande y maravillosa que nadie jamás pudo soñar, ya que vamos a ser partícipes de la naturaleza divina. Y ciertamente desde que estamos en Cristo, tenemos una esperanza que antes no teníamos ni remotamente, pero que ahora sí la hemos recibido por la gracia de Dios. Efe. 2:12, dice: “EN AQUEL TIEMPO, ESTABAIS SIN CRISTO, ALEJADOS DE LA CIUDADANIA DE ISRAEL Y AJENOS A LOS PACTOS DE LA PROMESA, SIN ESPERANZA Y SIN DIOS EN EL MUNDO”. Realmente estábamos vacíos, sin Dios y sin ninguna esperanza. Sólo teníamos las mentiras del mundo que no nos conducían a ningún lado. Así que en principio la salvación que recibimos es ser participantes de todas las promesas hechas por Dios a Abraham, que son las promesas a Israel, de las cuales estábamos totalmente excluidos antes de conocer a Cristo y de las cuales ahora podemos aspirar a heredar como miembros de la familia de Dios. Esta no es alguna salvación diferente made in USA que nos promete que “una vez salvos, siempre seremos salvos”.

Pero gracias a Dios que esa no es la salvación de Cristo sino más bien la esperanza (salvación) de Israel, de la cual ahora somos nosotros partícipes. Nosotros, que hemos sido injertados en el buen olivo por la fe, participamos en la carrera hacia la meta que es el Reino. Haciéndolo así podremos entrar por la puerta principal y recibir la salvación que está reservada, por ahora, en los cielos. Pero cuando llegue el momento propicio, Cristo nos la manifestará en su parusía, y no antes. Mientras tanto, ahora tenemos en nuestros corazones la más grande esperanza jamás ofrecida a hombre alguno, ¿Amén? Dice 1 Pedro 1:3, así: “BENDITO EL DIOS Y PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, QUE SEGÚN SU GRAN MISERICORDIA NOS HIZO RENACER PARA UNA ESPERANZA VIVA, POR LA RESURRECCION DE JESUCRISTO DE LOS MUERTOS”.

Así que lo que hemos recibido a través del nuevo nacimiento y de la fe en Cristo Jesús, es una esperanza viva de que si permanecemos en Cristo, no seremos avergonzados, y recibiremos este tesoro que está guardado para nosotros en los cielos, porque Dios que no es ningún mentiroso para engañarnos. Él ha preparado esta vida para nosotros y ha determinado que la recibamos en todo nuestro ser en el siglo venidero, para lo cual ahora Él nos ha dado esta maravillosa esperanza que antes no teníamos en lo más mínimo, pero que ahora ya nos ha sido predicada. Por nuestra fe hemos pasado a ser miembros de esta gloriosa familia de la esperanza. Dice Tito 1:2-3, así: “EN LA ESPERANZA DE LA VIDA ETERNA, DIOS, QUE NO MIENTE, PROMETIO ESTA VIDA, DESDE ANTES DEL PRINCIPIO DE LOS SIGLOS Y A SU DEBIDO TIEMPO MANIFESTO SU PALABRA POR MEDIO DE LA PREDICACION QUE ME FUE ENCOMENDADA POR MANDATO DE DIOS, NUESTRO SALVADOR”. Por lo que nos queda más que probado que esta salvación, que incluye, según hemos estado explicando con anterioridad, la vida eterna y la entrada al Reino, nos será entregada en la parusía de Cristo.

Vemos claramente entonces que el contrato de nuestra salvación ha sido realizado en esperanza. Y siendo éste el elemento principal a través de la cual hemos adquirido esa promesa divina que se encuentra en el paquete de nuestra salvación, que aunque ahora no la vemos, ya que si la viésemos la tendríamos, y ya no sería esperanza, sino un hecho consumado, seguimos esperando con fe y paciencia, por lo cual Dios sigue produciendo por medio de la prueba de nuestra fe, el don de la paciencia, el cual no tenemos por naturaleza y  que necesitamos ejercitar para no salirnos del camino debido a la impaciencia de la carne. Dice Romanos 8:24-25, así: “PORQUE EN ESPERANZA FUIMOS SALVOS; PERO LA ESPERANZA QUE SE VE NO ES ESPERANZA, YA QUE LO QUE ALGUNO VE, ¿PARA QUE ESPERARLO? PERO SI ESPERAMOS LO QUE NO VEMOS, CON PACIENCIA LO AGUARDAMOS”.

La esperanza es real para todos aquellos que hemos creído en Cristo y que nos tranquiliza, porque así como sabemos que nuestro Señor está ahora a la derecha del Padre en el Cielo, así también nuestra esperanza está muy bien guardada en Cristo, y sabemos que cuando él se manifieste, entonces también será manifestada con él nuestra esperanza y nos será entregada en aquel día, porque sabemos que fiel es el que prometió y sabemos bien en quién hemos creído. Dice Colosenses 1:5, así: “A CAUSA DE LA ESPERANZA QUE OS ESTA GUARDADA EN LOS CIELOS. DE ESTA ESPERANZA YA HABEIS OIDO POR LA PALABRA VERDADERA DEL EVANGELIO”.

Vemos que cuando Pablo les habla a los romanos acerca de la llegada del tiempo de la salvación, lo hace indicando que esta es posterior al momento en que nos convertimos a Cristo y creímos por primera vez, por lo cual aparece un lapso de tiempo desde el nuevo nacimiento del espíritu hasta la salvación del alma, que pacientemente espera la llegada de aquel glorioso día de la misma forma en que se espera la hora de un parto, el cual nadie puede adelantar, ni retrasar, porque tiene un tiempo perfecto establecido por Dios. Así también nuestra salvación tiene un tiempo que sólo Dios conoce. Dice Romanos 13:11, así: “Y ESTO, CONOCIENDO EL TIEMPO, QUE ES YA HORA DE LEVANTARNOS DEL SUEÑO, PORQUE AHORA ESTA MAS CERCA DE NOSOTROS NUESTRA SALVACION QUE CUANDO CREIMOS”. Es por esto también que cuando hablamos de la segunda venida de Cristo y del establecimiento del Reino, también lo hacemos de la manera que los primeros discípulos se refrían al evento, como el de una “esperanza bienaventurada”, que es la muy bendecida esperanza que alberga todo cristiano en su corazón, sabiendo que somos coherederos juntamente con Cristo, y con Abraham, y con toda la familia de Dios, de la herencia que el Padre ha dispuesto para nosotros. Dice Tito 2:13, así: “MIENTRAS AGUARDAMOS LA ESPERANZA BIENAVENTURADA Y LA MANIFESTACION GLORIOSA DE NUESTRO GRAN DIOS Y SALVADOR JESUCRISTO”.

En la medida que vamos profundizando en la esperanza, vemos que se nos dice que debemos permanecer en la fe y se nos insista en que no nos movamos de esa esperanza, sino que permanezcamos firmemente cimentados en esta roca de Dios y esperanza de gloria en Cristo. Dice Colosenses 1:23, así: “PERO ES NECESARIO QUE PERMANEZCAIS FUNDADOS Y FIRMES EN LA FE, SIN MOVEROS DE LA ESPERANZA DEL EVANGELIO QUE HABEIS OIDO, EL CUAL SE PREDICA EN TODA LA CREACION QUE ESTA DEBAJO DEL CIELO Y DEL CUAL YO PABLO, FUI HECHO MINISTRO”.

Sabemos que la esperanza es también parte fundamental de la armadura con la cual debemos vestirnos cada día para poder hacer frente a todas las asechanzas del maligno, que tiene propuesto hacernos la vida imposible para que no mantengamos vivo aquello que nos sostiene y vivifica cada día y fracasemos en la lucha. Dice 1 Tesalonicenses 5:8, así: “PERO NOSOTROS QUE SOMOS DEL DIA, SEAMOS SOBRIOS, HABIENDONOS VESTIDO DE LA CORAZA DE LA FE Y DEL AMOR, Y CON LA ESPERANZA DE SALVACION COMO CASCO”. Por eso, más que nunca, ahora debemos guardar este tesoro maravilloso que Dios nos dio, y trabajar con esta esperanza cada día, compartiéndola con otros para que la vida eterna que viene a través suyo se derrame abundantemente, recordando siempre que son tres los elementos más maravillosos que Dios nos dio para hacer su obra y llegar a la meta; y uno de ellos es la esperanza. Dice 1 Corintios 13:13: “AHORA PERMANECEN LA FE, LA ESPERANZA Y EL AMOR, ESTOS TRES; PERO EL MAYOR DE ELLOS ES EL AMOR”.

Que el Señor los bendiga ricamente!

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CUANDO CRISTO SE CONVIRTIÓ EN DIOS

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Descripción del libro

La historia de Jesús es bien conocida, como es la historia de las persecuciones cristianas durante el Imperio Romano. La historia del debate ferviente, la contienda cortés, y los desórdenes cruentos dentro de la comunidad cristiana mientras ella se iba consolidando, sin embargo, es un lado de la historia antigua raras veces descrita.

Richard E. Rubenstein lleva al lector a las calles del Imperio Romano durante el cuarto siglo, cuando un debate desafortunado sobre la divinidad de Jesucristo está siendo peleado. Gobernados por un emperador cristiano, los seguidores de Jesús ya no temen por la supervivencia de su fe monoteísta pero están divididos en dos campos con relación a la dirección de su culto. ¿Es Jesús el Hijo de Dios y por consiguiente no es el mismo Dios? ¿O es Jesús precisamente Dios en la tierra y por consiguiente el mismo Dios Todopoderso? El duro debate es conducido por dos sacerdotes carismáticos. Arrio, un sacerdote y poeta Alejandrino, predica que Jesús, aunque santo, es menos que Dios. Atanasio, un obispo genial y violento, ve cualquier disminución de la divinidad de Jesús como la obra del diablo. Entre ellos está Alejandro, el poderoso Obispo de Alejandría, que debe encontrar una resolución que mantendrá el imperio unido y la fe cristiana viva.

Con cabal investigación histórica, religiosa, y social, Rubenstein lúcidamente recrea uno de los momentos más críticos en la historia de la religión.

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¿PRUEBA ACASO ISAÍAS 6:1-8 QUE DIOS ES TRINO PORQUE LOS ÁNGELES SE DIRIGEN A ÉL COMO “SANTO, SANTO, SANTO? ¿Y A QUIÉN SE DIRIGE DIOS AL DECIR “¿QUIÉN IRÁ POR NOSOTROS”?

Por Ingº. Mario A Olcese

Este pasaje el séquito angelical llama a Yahweh, “Santo, Santo, Santo”, pero esta triple santidad no tiene porqué significar que Yahweh es un Dios Trino. La repetición triple no es única para Dios, sino también para los hombres y bestias. Por ejemplo, en Apocalipsis 8:13 dice, “Ay, ay, ay de los que moran en la tierra”. ¿Significan estas palabras que hay sólo hay 3 personas y/o 3 bestias en la tierra? Creo que hay que ver el simbolismo del número 3 como el equilibrio y la totalidad. El número 3 es la “totalidad”, quizá porque 3 son las dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro. Decir 3 equivale a decir “la totalidad” o “siempre”. Gn 6,10 Mt 26,34 Is 6,3

En Apocalipsis 3:12 Jesús menciona en un solo verso la frase “Mi Dios” cuatro veces. Significa esto que Dios no es tres sino cuatro seres en uno y cinco con él (Jesús)?.

En la Cruz Jesús dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado”? ¿Significa esto que Dios está compuesto por Dos personas divinas y no una, tres, o cuatro? (Mat. 27:46).

Creo que no hay que ser muy simplistas al argumentar o fundamentar una doctrina tan importante como es la Persona de Dios.

En cuanto a qué quiso decir Yahweh al decir “¿quién irá por nosotros?”, creo que esta locución no debe llevarnos a la conclusión errada de que Dios hablaba con sus otros socios divinos (El Hijo y el Espíritu Santo). Aquí muy bien Dios puede estar hablando en una manera que se conoce como “Plural de Majestad”. También Yahweh puede estar perfectamente dirigiéndose a su concilio de ángeles que le sirven y rodean. NO hay razón que nos obligue a pensar que Dios está consultando a sus otros dos supuestos “asociados divinos”.

http://www.apologista.blog.ca

¿QUIÉN ES JESÚS?

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Una Súplica Para Un Retorno a la Creencia en Jesús, El Mesías

Un estudio para Promover la Restauración de la Fe Bíblica

Por
Anthony F. Buzzard M.A. (Oxon)

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres,

Jesucristo hombre”

(1 Timoteo 2:5)

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Contenido

El Monoteísmo del Antiguo Testamento Confirmado por Jesús y Pablo

Quién dijo Alguna Vez que el Mesías era Dios?

El Hijo de Dios

El Hijo del Hombre, El Señor a la Diestra de Dios

Jesús No Pretendió Ser Dios

El Lenguaje Judío de Juan

Gloria Antes Que Abraham

El Logos de Juan 1:1

La “Divinidad” de Jesús

En la Forma de Dios

La Cabeza de la Nueva Creación

“La Tierra Habitada por Venir de la Cual Hablamos”

El Antecedente Hebreo al Nuevo Testamento

De Hijo de Dios a Dios el Hijo

El Hombre y el Mensaje Obscurecidos

Lo Que los Eruditos Admiten

Jesús, el Hombre y Mediador

La Confesión de la Iglesia

Notas al Pie de la Página

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Para aquellos que ya están acostumbrados a las opiniones ampliamente sostenidas en casi todas las denominaciones, es probable que les resulte alarmante la sugerencia de que Jesús no es, de acuerdo a la Biblia, “verdadero Dios de verdadero Dios”. No es usualmente conocido que muchos estudiantes de la Biblia durante todas las épocas, no concluyeron que la Escritura describe a Jesús como “Dios” con “D” mayúscula, incluyendo a un considerable número de eruditos contemporáneos

Una diferencia de opinión en semejante asunto fundamental debería retarnos a una investigación de la importante cuestión de la identidad de Jesús. Si nuestra adoración debe ser, como ya la Biblia lo demanda, “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), es claro que nosotros deseásemos entender qué revela la Biblia de Jesús y su relación con el Padre. La Escritura nos advierte que es posible caer en la trampa de creer en “otro Jesús” (2 Corintios 11:49—un otro “Jesús” que el revelado en la Biblia como el Hijo de Dios, el Mesías prometido por los profetas del Antiguo Testamento.

Es un hecho chocante que Jesús nunca se refirió de sí mismo como “Dios”. Igualmente notable es el uso del Nuevo Testamento de la palabra “Dios”- en Griego ho theos- para referirse al Padre únicamente, unas 1350 veces. En contraste definido, Jesús es llamado “dios” sólo en un puñado de textos-tal vez no más de dos.1 ¿Por qué esta diferencia impresionante del uso del Nuevo Testamento, cuando tantos parecen creer que Jesús no es menos “Dios” que Su Padre?

El Monoteísmo del Antiguo Testamento Confirmado por Jesús y Pablo

Puede que Los lectores de la Escritura en este siglo no aprecien fácilmente la fuerza del monoteísmo-creencia en un Dios- que fue el primer fundamento de toda la enseñanza del Antiguo Testamento acerca de Dios. Los Judíos estuvieron preparados para morir por su convicción de que el verdadero Dios era una persona única. Cualquier idea de pluralidad en la Divinidad era rechazada como una peligrosa idolatría. La ley y los profetas insistieron repetidamente que sólo uno era el Dios verdadero, y ninguno pudo haber concebido “distinciones” dentro de la Divinidad una vez que se hubieron comprometido a memorizar textos como los siguientes (citados de la Versión Reina-Valera 1960 de la Biblia):

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio. 6:4).

“No tenemos todos un mismo Padre?¿No nos ha creado un mismo Dios?” (Malaquías

2:10).

“Antes de mí no fue formado Dios, ni lo será después de mí” (Isaías 43:10).

“Porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22).

Porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí” (Isaías 46:9).

Ejemplos de declaraciones estrictamente monoteístas del Antiguo Testamento pueden ser multiplicadas. El hecho importante a observar es que Jesús, como el fundador del cristianismo, confirmó y reforzó la insistencia del Antiguo Testamento de que Dios es uno. De acuerdo con los registros de su enseñanza compilados por Mateo, Marcos, y Lucas, Jesús no dijo nada del todo para alterar la creencia en la absoluta singularidad de Dios. Cuando un escriba (un teólogo) citó las palabras famosas “Dios es uno, y no hay otro fuera de él”, Jesús lo elogió porque él “había respondido sabiamente”, y “no estaba lejos del reino de Dios” (Marcos 12:29-34).

En el informe de Juan sobre el ministerio de Jesús, el mismo Jesús confirmó igualmente su irrestricto monoteísmo de su herencia Judía con palabras que no pueden ser mal entendidas. El habló de Dios, Su Padre, como “el único que sólo es Dios” (Juan 5:44) y “el único Dios verdadero” (Juan 17:3). En todos sus discursos registrados él se refirió a la palabra “Dios” como una única persona. Podemos fácilmente discernir la ortodoxia Judía del Antiguo Testamento de Pablo quien habló de su creencia Cristiana en “un solo Dios, el Padre” (1 Corintios 8:6) y “el único Dios” como distinto de “un mediador entre Dios y los hombres” (1 Timoteo 2:5). Para ambos Jesús y Pablo, Dios era un único ser increado, “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 1:3). Aun después de que Jesús fue exaltado a la diestra del Padre, el Padre es aún, según las propias palabras de Jesús, Su Dios (Apocalipsis 3:12).

Debemos resumir nuestra discusión hasta aquí citando las palabras de L.L Paine, en una ocasión profesor en el Seminario Teológico Bangor:

“El Antiguo Testamento es estrictamente monoteísta. Dios es un Ser personal único. La idea de que una la Trinidad debe encontrarse allí o que incluso debe estar oculta de alguna manera de la vista, es una suposición que tiene una larga vigencia en la teología, pero carece totalmente de fundamento. Los Judíos, como un pueblo bajo sus enseñanzas vinieron a ser unos severos oponentes de todas las tendencias politeístas, y ellos han permanecido resueltos monoteístas hasta este día. En este punto no hay ruptura entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. La tradición monoteísta es continuada. Jesús fue un Judío, entrenado por padres Judíos en las Escrituras del Antiguo Testamento. Su enseñanza fue Judía en el núcleo; un nuevo evangelio realmente, pero no una nueva teología. El declaró que no vino a destruir la ley y los profetas, sino a cumplirlos, y él aceptó como su propia creencia el gran texto del monoteísmo Judío: “Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. Su proclamación concerniente a sí mismo estaba en línea con la profecía del Antiguo Testamento. El fue el ‘Mesías’ del reino prometido, el ‘Hijo del Hombre’ de la esperanza Judía…si él algunas veces preguntó ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? El no dio una respuesta más allá de la implicada aserción de ”Mesianismo” (Una Historia Crítica de la Evolución del Trinitarianismo, 1900, pp. 4,5.)

La fuerza del sentimiento Judío acerca del monoteísmo es ilustrada correctamente por las siguientes citas:

“La creencia que Dios está envuelto de algunas personalidades tal como la creencia Cristiana en la Trinidad, es una separación de la concepción pura de la unidad de Dios. Israel ha rechazado a lo largo de los siglos todo lo que ha estropeado u obscurecido la concepción del monoteísmo puro que ha dado al mundo, y en vez de admitir algún debilitamiento en ella, los Judíos están preparados para andar errantes, a sufrir, a morir”2.

Ezra D. Gifford, en El Dios Verdadero, el Verdadero Cristo, el Verdadero Espíritu Santo, dice: “Los mismos Judíos se resintieron sinceramente por la implicación de que sus Escrituras contenían alguna prueba, o alguna insinuación de la doctrina de la Trinidad ortodoxa, y Jesús y los Judíos nunca se diferenciaron en esta materia, sosteniendo ambos que Dios es sólo Uno, y esta es la más grande verdad revelada al hombre.”3

Si examinamos las enseñanzas registradas de Jesús en Mateo, Marcos y Lucas, recordando que estos documentos representan la comprensión de la iglesia apostólica en los 60-80 d.C., no encontraremos ninguna insinuación de que Jesús creyera ser él mismo una criatura no creada que ha existido desde la eternidad. Mateo y Lucas trazan el origen de Jesús a un especial acto de creación por Dios cuando la concepción del Mesías tomó lugar en el vientre de María. Fue el evento milagroso que marcó el principio-el génesis, u origen de Jesús de Nazaret (Mateo 1:18). Nada se dice del todo de una “eterna filiación”, es decir, que Jesús estuvo vivo como un Hijo antes de su concepción. Esa idea no pertenecía al pensamiento de los escritores bíblicos.

¿Quién Dijo Que El Mesías Era Dios?

La mayor parte de los lectores de la Escritura se acercan a los registros divinos con un buen fundado conjunto de suposiciones. Ellos están inadvertidos del hecho que mucho de lo que entienden acerca de Jesús se deriva de sistemas teológicos inventados por escritores fuera de la Biblia. De esta manera ellos aceptan de buena gana una larga dosis de tradición, mientras van afirmando y creyendo que la Biblia es su sola autoridad.4

La cuestión crucial que debemos contestar es ésta: ¿Sobre qué base declararon tanto la iglesia primitiva y Jesús que él (Jesús) era realmente el Mesías prometido? La respuesta es clara. Fue por medio de afirmar que él había cumplido perfectamente el rol que había sido predicho sobre el Mesías en el Antiguo Testamento. Tuvo que ser demostrado que él encajó con las “especificaciones” desplegadas para el Mesías en la profecía Hebrea. Mateo, particularmente, se deleita en citar el Antiguo Testamento conforme era cumplido en los hechos de la vida y experiencia de Jesús (Mateo 1:23; 2:6,15, etc). Pero Marcos, Lucas, Juan, y Pedro (en los primeros capítulos de los Hechos) igualmente insisten que Jesús encaja exactamente en la descripción del Antiguo Testamento acerca del Mesías. Pablo pasó mucho de su ministerio demostrando a partir de las Escrituras Hebreas que Jesús era el prometido Cristo (Hechos 28:23). A menos que la identidad de Jesús pueda ser igualada con la descripción sobre él en el Antiguo Testamento, no habrá una buena razón para creer que su afirmación sobre su mesianismo era verdad!.

Es esencial preguntar, por lo tanto, si el Antiguo Testamento sugiere en algún lugar que el Mesías iba a ser “Dios co-igual” un segundo ser no creado que abandona una existencia eterna en el cielo para hacerse hombre. Si no dice nada como esto (y recordando que el Antiguo Testamento tiene que ver aún con detalles al minuto acerca de la venida del Mesías) tendremos que tratar como sospechosas las afirmaciones de cualquiera que diga que Jesús es ambos el Mesías y una segunda persona no creada de la Divinidad, reclamando el título “Dios” en el sentido pleno.

¿Qué retrato del Mesías es dibujado por las Escrituras Hebreas? Cuando los Cristianos del Nuevo Testamento buscan probar la afirmación de Jesús acerca de su destino mesiánico, a ellos les encanta citar apasionadamente Deuteronomio 18:18:

“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú (Moisés); y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.” Ambos Pedro (Hechos 3:22) y Esteban (Hechos 7:37) usaron este texto principal para mostrar que Jesús era “el profeta prometido” (Juan 6:14), cuyo origen sería en una familia israelita y cuya función sería similar a la de aquella de Moisés. En Jesús, Dios levantó el Mesías, el largamente prometido vocero divino, el Salvador de Israel y del mundo. En palabras de Pedro: “Dios levantó a su siervo y lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad” (Hechos 3:26).

Otro texto clásico Mesiánico prometió que “un hijo le nacerá a Israel” (Isaías 9:6), la “simiente de una mujer” (Génesis 3:15), un descendiente de Abraham (Gálatas 3:16), y un descendiente de la casa real de David (2 Samuel 7:14-16; Isaías 11:1). El será el gobernante nacido en Belén (Mateo 2:6; Miqueas 5:2). De sus varios títulos uno será “dios fuerte” y otro, “padre eterno”(Isaías 9.6). Es en este único texto donde podrá parecer que se le coloca al Mesías dentro de la categoría de los seres no creados, sin embargo, el lector sensitivo de la Escritura estará advertido que a un texto único no se le debería permitir deponer la insistencia del Antiguo Testamento de que sólo una persona es el verdadero Dios. No debería olvidarse que los oráculos secretos fueron entregados a los Judíos, ninguno de los cuales pensó que un título divino dado al Rey mesiánico significaba que él era un miembro de un divinidad eterna, ahora compuesta repentina y misteriosamente de dos personas, en contradicción a toda aquella herencia que Israel defendió. El “poderoso Dios” de Isaías 9:6 es definido por el destacado Léxico Hebreo como “héroe divino, reflejando la majestad divina.” La misma autoridad registra que la palabra “dios” usada por Isaías es aplicada en otra parte en la escritura a “hombres de poder y rango”, así como a ángeles. En lo que se refiere por “padre eterno”, el título fue entendido por los Judíos como “el padre de la era venidera (Mesiánica).”5 Era ampliamente conocido que una figura humana podía ser “padre para los habitantes de Judá y Jerusalén” (Isaías 22:21).

En el Salmo 45 el Rey Mesiánico “ideal” es nombrado como “dios”, pero no hay necesidad, sea como sea, de asumir, por consiguiente, que se ha comprometido el monoteísmo Judío. La palabra (en este caso elohim) fue aplicada no sólo al único Dios sino también a “representantes divinos, en lugares sagrados o como proyectando majestad divina y poder” (Léxico Hebreo e Inglés del Antiguo Testamento por Brown, Driver, y Briggs, pp.42,43). El Salmista, y el escritor de los Hebreos quienes la citaron (Hebreos 1:8) estuvieron concientes del uso especializado de la palabra “dios” para describir al Rey Mesiánico y añadir inmediatamente que el Dios del Mesías le ha concedido sus privilegios reales (Salmo 45:7).

Aún el frecuentemente citado texto de Miqueas 5:2 acerca de los orígenes del Mesías no requiere de ningún tipo de preexistencia eterna literal. En el mismo libro una expresión similar fecha las promesas hechas a Jacob desde “tiempos antiguos” (Miqueas 7:20). Ciertamente las promesas del Mesías fueron dadas desde tiempos tempranos en la historia del hombre (Génesis 3:15: cp. Génesis 49:10; Números 24:17-19).

El Hijo de Dios

La fuente de la muy prolongada confusión acerca de la identidad de Jesús es la suposición extraída de años de pensamiento tradicional de que el título “Hijo de Dios” debe significar en las Escrituras un ser no creado, el miembro de una Divinidad. Esa noción no tiene ninguna posibilidad de ser encontrada en las Escrituras. Es un testimonio al poder del adoctrinamiento teológico que hace que esta idea subsista tan tercamente. En la Biblia “Hijo de Dios” es una alternativa y virtualmente un título sinónimo para el Mesías. Así Juan dedica su evangelio completo a un tema dominante, que creamos y comprendamos que “Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios” (Juan 20:31). La base para igualar estos títulos se encuentra en un pasaje favorito del Antiguo Testamento en el Salmo 2:

“Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido” a quien ha puesto como Rey de Jerusalén (v.6) y de quién él dice: “Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones” (v.7,8). Jesús no vacila en aplicar todo el Salmo a su persona, y lo ve como una predicción de su futura gobernación y de sus seguidores sobre las naciones (Apocalipsis 2:26,27).6

Pedro hace la misma ecuación de Mesías e Hijo de Dios, cuando por revelación divina afirma su creencia en Jesús: “Tú eres el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

El sumo sacerdote le pregunta a Jesús:

“Eres tú el Cristo (Mesías), el Hijo del Bendito?” (Marcos 14:61).

Natanael comprende que el Hijo de Dios no es otro que el Rey de Israel (Juan 1:49), el Mesías (v. 41), “aquel de quien Moisés escribió en la ley y también en los profetas” (v.45; cp. Deuteronomio 18:15-18).

El título “Hijo de Dios” es aplicado también en la Escritura a los ángeles (Job 1:6; 2:1; 38:7; Génesis 6:2,4; Salmo 29:1; 89:6; Daniel 3:25), a Adán (Lucas 3:38), a la nación de Israel (Éxodo 4:22); a los reyes de Israel como representando a Dios, y en el Nuevo Testamento a los Cristianos (Juan 1:12). En vano buscaremos para hallar alguna aplicación de este título a un ser no creado, un miembro de la eterna Divinidad. Esta concepto está simplemente ausente de la idea bíblica de la filiación divina.

Lucas sabe muy bien que la filiación divina de Jesús se deriva de su concepción en el vientre de una virgen; él no sabe nada del todo sobre algún origen eterno:

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá (María) con su sombra; por lo cual también el santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

El Salmista ha atribuido la filiación Mesiánica a un momento definitivo de tiempo—“hoy” (Salmo 2:7)-en la ocasión de su nombramiento para la dominación del mundo. Pablo encuentra una aplicación adicional del Salmo 2 en la resurrección de Jesús (Romanos 1:4).

Aquí están claramente expuestas por las Escrituras las ideas bíblicas de la filiación de Jesús, las cuales Jesús reconoció como la Palabra de Dios. Esta filiación debe ser fechada desde la concepción de Jesús, su resurrección, o desde su nombramiento para ser Rey. La opinión de Lucas sobre su filiación concuerda exactamente con la esperanza en el nacimiento del Mesías de una mujer, una descendiente de Adán, Abraham, y David (Mateo 1.1; Lucas 3:38). Los textos que hemos examinado no contienen información de una preexistencia personal del Hijo en la eternidad.

El Hijo del Hombre, El Señor a la Diestra de Dios

El título “Hijo del Hombre” fue usado frecuentemente por Jesús para referirse a sí mismo. Como “Hijo de Dios”, él está estrechamente asociado con su Mesianismo; tanto que cuando Jesús afirmó solemnemente que él es el Mesías, el Hijo de Dios, agrega en el mismo momento que el sumo sacerdote vería “el Hijo del Hombre” sentado a la diestra del poder y viniendo con las nubes del cielo” (Marcos 14:61,62). El título “Hijo de Hombre” está más plenamente descrito en Daniel 7:13,14, donde una figura humana (“un Hijo de Hombre”) recibe el derecho para el dominio mundial del Padre. El paralelo con Salmo 2 es obvio, así como la conexión estrecha con el Salmo 110, donde David se refiere a su “Señor” (El Mesías) que se sentará a la diestra (del Padre) hasta que tome su oficio como gobernador mundial y “reine en medio de sus enemigos” (Salmo 110:2; cp. Mateo 22:42-45). El Hijo del Hombre tiene igualmente una clara conexión Mesiánica en el Salmo 80:17: “Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el Hijo del Hombre que para ti afirmaste”.

Es significativo que los escritores del Nuevo Testamento pongan muchísimo énfasis en el Salmo 110, citándolo unas 18 veces y aplicándolo a Jesús, quien había sido exaltado por aquel tiempo como Señor Mesiánico a la inmortalidad a la mano derecha del Padre exactamente como el Salmista lo previó. Nuevamente debemos reconocer que la eterna filiación es ajena a todos los títulos descriptivos del Mesías. Estos hechos alarmantes deberían conducir a los estudiantes de la Biblia de todas partes a comparar lo que se les ha enseñado acerca de Jesús con el Jesús presentado por la Escritura. Parecería que un hijo eterno no haría juego con la cuenta bíblica del Mesías. Al optar por un Jesús que es un ser eterno que pasa a través de una vida temporal en la tierra, muchos parecen, por así decirlo, haber “obtenido el hombre equivocado”.

Jesús No Pretendió Ser Dios

En el evangelio de Juan la identidad de Jesús es un tema fundamental. Juan escribió, como nos dice él, con un propósito principal: convencer a sus lectores que Jesús es “el Mesías”, el Hijo de Dios” (20:31). De acuerdo a Juan, Jesús distinguió cuidadosamente su persona con la del Padre quien es “el único Dios verdadero” (17:3; cp. 5:44, 6:27). Si estamos por buscar en el registro de Juan una prueba de que Jesús es Dios “co-igual”, en el sentido trinitario, estaremos descubriendo algo que Juan no se propuso, y en vista de su herencia Judía, no lo hubiera comprendido!

Por otra parte, tendríamos que admitir que Juan introduce una marcada nueva figura Mesiánica que contradice el Antiguo Testamento y depone la propia insistencia de Juan (y Jesús) de que sólo el Padre es verdadero Dios (Juan 5:44, 17:3). Semejante notoria auto-contradicción es difícilmente probable.

Ya es tiempo suficiente para que le permitamos a Jesús establecer el registro correctamente. En los informes de Mateo, Marcos, y Lucas se nos dice que explícitamente Jesús se suscribió al monoteísmo estricto del Antiguo Testamento (Marcos 12:32-34). Por lo tanto, ¿acaso él, de acuerdo a Juan, confunde el asunto afirmando ser Dios después de todo? La respuesta es dada claramente en Juan 10:34-36 donde Jesús definió su condición en términos de los representantes humanos de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús dio este informe de sí mismo como explicación de lo que significa ser “uno con el Padre” (10:30). Es una unidad en función por la cual el Hijo representa perfectamente al Padre. Ese es exactamente el ideal del Antiguo Testamento de la filiación, el cual ha sido imperfectamente realizado en los gobernantes de Israel, pero encontrará su cumplimiento perfecto en el Mesías, el Rey escogido de Dios.

El argumento en Juan 10:29-38 es como sigue: Jesús comenzó por afirmar que él y el Padre eran “uno”. Fue una unidad de compañerismo y función la cual en otra ocasión él deseó también para la relación de sus discípulos con él y el Padre (Juan 17:11,22). Los judíos entendieron que Jesús estaba pretendiendo la igualdad con Dios. Esto le dio una oportunidad a Jesús para explicarse. Lo que él estaba realmente pretendiendo, así dice él, era ser “Hijo de Dios” (v.36), un reconocido sinónimo para Mesías. La pretensión para la filiación no fue irrazonable, sostuvo Jesús, en vista del hecho bien conocido que aun los representantes imperfectos de Dios han sido nombrados por él en el Antiguo Testamento como “dioses” (Salmo 82:6). Lejos de demostrar alguna pretensión para una eterna filiación, él compara su oficio y función con aquella de los jueces. Se consideró a sí mismo el representante de Dios por excelencia ya que él fue únicamente el Hijo de Dios, el único y solo Mesías sobrenaturalmente concebido, y el objeto de toda profecía del Antiguo Testamento. No hay absolutamente nada, sin embargo, en el registro de Jesús de sí mismo que interfiera con el monoteísmo del Antiguo Testamento o que requiera una reescritura del texto sagrado en Deuteronomio 6:4. La propia comprensión de Jesús está estrictamente dentro de los límites impuestos por la revelación autoritativa de Dios en la Escritura. De otra manera su pretensión de ser el Mesías hubiera sido nula. Las Escrituras hubieran sido invalidadas.

El Lenguaje Judío de Juan

Puesto que Jesús expresamente negó que él era Dios en Juan 10:34-36, sería muy necio pensar que él se contradijo a sí mismo en otra parte. El Evangelio de Juan debería ser examinado con ciertos principios axiomáticos firmemente en mente. Jesús es distinto del “único Dios verdadero” (Juan 17:3). El Padre únicamente es Dios (5:44). Juan desea que sus lectores entiendan que todo lo que él escribe contribuye a la única gran verdad de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (20:31). Jesús mismo dice, como hemos visto, que el término “dios” puede ser usado para un ser humano que representa a Dios, pero ciertamente ello no implica que sea una “Deidad co-igual”. La propia auto designación de Jesús es claramente la de “Hijo de Dios” (Juan 19:36). En Juan 10:24,25 Jesús les dijo “claramente” que él era el Mesías, pero ellos no lo creyeron.

Jesús declara frecuentemente que él ha sido “enviado por Dios”. Lo que el lector promedio oye en esta frase no es del todo lo que Juan quiso significar. Juan el Bautista fue también “enviado por Dios”, lo que no significa que él preexistió a su nacimiento (Juan 1:6). Los profetas en general son “enviados” por Dios (Jueces 6:8; Miqueas 6:4), y los mismos discípulos han de ser “enviados” como fue “enviado” Jesús (Juan 17:18). “Viniendo del cielo” no requiere que signifique descender de una previa vida, más aún, que “la carne de Jesús que es el pan que descendió del cielo” bajó literalmente del cielo (Juan 6:50,51). Nicodemo reconoció que Jesús había “venido de Dios” (Juan 3:2), pero no pensó de él como preexistente. Ni tampoco el pueblo Judío cuando ellos hablaron del profeta “que había de venir al mundo” (Juan 6:14; cp. Deuteronomio 18:15-18), quisieron decir que él estaba vivo antes de su nacimiento. Santiago puede decir que “toda buena dádiva desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Santiago 1:17). “Desciende del cielo” es la misma manera gráfica de Jesús y los Judíos de describir el origen divino, el cual ciertamente perteneció a Jesús a través de la virgen María.

Las declaraciones de “preexistencia” en Juan (Juan 3:13; 6:62) están conectadas con el Hijo del Hombre, que significa ‘ser humano’. Lo máximo que puede ser probado de estos versículos es que Jesús era un ser humano vivo en el cielo antes de que naciera en la tierra! Este tipo de explicación es innecesaria, sin embargo, una vez que notamos que Daniel vio al Hijo del Hombre 600 años antes en visión sentado a la diestra del Padre, es una posición que ganó Jesús, dice el Nuevo Testamento, por su resurrección y ascensión. Como Mesías, Jesús se vio a sí mismo en el rol de uno que sería después exaltado al cielo, pues éste, de acuerdo a la visión inspirada de Daniel, era el destino del Mesías anterior a su segunda venida en gloria. Jesús realmente preexiste a su futuro retorno a la tierra. Todo esto había sido visto por adelantado por Daniel antes del nacimiento del Mesías. Así Jesús esperó ascender a la diestra del Padre donde él había sido visto en visión como un ser humano exaltado-Hijo del Hombre (Juan 6.62). Decir que Jesús estaba en realidad en el trono de su Padre en el cielo como un ser humano antes de su nacimiento en Belén es mal entender a ambos Juan y Daniel. Jesús tuvo que nacer antes que pudiera tener lugar algo predicho sobre él en el Antiguo Testamento!

Gloria Antes Que Abraham

Jesús halla su propia historia escrita en las Escrituras Hebreas (Lucas 24:27). El rol del Mesías estaba claramente esbozado allí. Nada en el registro divino ha sugerido que el monoteísmo del Antiguo Testamento sería radicalmente interrumpido por la aparición del Mesías. Un montón de evidencia apoyará la proposición de que los apóstoles nunca por un momento cuestionaron la absoluta singularidad o unicidad de Dios, o que la aparición de Jesús creó algún problema teorético acerca del monoteísmo. Es por lo tanto destructor de la unidad de la Biblia el sugerir que en uno o dos textos en Juan, Jesús trastocó su propia declaración de fe de que el Padre era “el único Dios verdadero” (17:3), o que él se transportó lejos fuera de la categoría de un ser humano hablando de una existencia consciente desde la eternidad. Desde luego que su oración por la gloria que tuvo antes que comenzara el mundo (17:5) puede fácilmente ser entendida como un deseo por la gloria que ha sido preparada para él en el plan del Padre. La gloria que Jesús deseó para los discípulos ha sido también “dada” (Juan 17:22), pero ellos aún no la han recibido.7

Era típico en el pensamiento Judío que cualquier cosa de suprema importancia en el propósito de Dios—Moisés, la ley, arrepentimiento, el Reino de Dios, y el Mesías—hayan “existido” con Dios desde la eternidad. En esta veta Juan puede hablar de la crucifixión como habiendo “ocurrido” antes de la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8). Pedro, escribiendo tarde en el primer siglo, aún conoce de la “preexistencia” de Jesús sólo como una existencia en el preconocimiento de Dios (1 Pedro 1:20). Sus sermones en los primeros capítulos de los Hechos reflejan exactamente la misma opinión.

Pero. ¿Qué del texto favorito probatorio en Juan 8:58 de que Jesús existió antes que Abraham?¿Acaso Jesús después de todo confunde todo diciendo por un lado que el Padre sólo es el único Dios verdadero” (17:3, 5:44)- y que él mismo no es Dios, sino el Hijo de Dios (Juan 10:36)-y por otro lado que él, Jesús, es también un ser no creado?¿Acaso él define su rango dentro de las categorías reconocibles del Antiguo Testamento (Juan 10:36; Salmo 82:6; 2:7) sólo para plantear un acertijo insoluble diciendo que él ha estado vivo antes del nacimiento de Abraham?¿Es acaso el problema Trinitario el que debe erigirse debido a un simple texto de Juan?

¿No sería más sabio leer Juan 8:58 a la luz de la declaración posterior de Jesús en 10:36, y en el resto de la Escritura?

En la atmósfera completamente Judía que penetra el Evangelio de Juan es muy natural pensar que Jesús hablara en términos que fueron corrientes entre aquellos entrenados en la tradición Rabínica. En un contexto Judío, el sostener “preexistencia” no significa que uno está afirmando ser una criatura increada! No obstante, sí implica que uno tiene significación absoluta en el plan divino. Jesús es verdaderamente la razón central para la creación. Pero la singular actividad creativa de Dios y su plan para la salvación no fueron manifestados en un único ser creado, el Hijo, hasta que Jesús nació. La persona de Jesús se originó cuando la propia expresión de Dios tomó forma en un ser humano (Juan 1:14).8

Es un hecho bien reconocido que las conversaciones entre Jesús y los Judíos fueron frecuentemente antagónicas. En Juan 8:57 Jesús de hecho no dijo, como los Judíos parecieron entender, que él había visto a Abraham, sino que Abraham se regocijó de ver el día del Señor (v.56). El Patriarca estaba esperando levantarse en la resurrección en el último día (Juan 11:24; Mateo 8:11) y tomar parte en el Reino Mesiánico. Jesús estaba afirmando su superioridad sobre Abraham, pero, ¿en qué sentido?

Como el “Cordero de Dios” él había sido “crucificado antes de la fundación del mundo” (Apocalipsis 13:8; 1 Pedro 1:20)-no, por supuesto, literalmente, pero en el plan de Dios. De esta manera también Jesús ‘era’ antes que Abraham. Así Abraham pudo mirar adelante hacia la venida del Mesías y su Reino. El Mesías y el Reino entonces ‘preexistieron’ en el sentido que ellos fueron vistos por Abraham a través de los ojos de la fe.9

La expresión ‘yo soy’ en Juan 8:58 positivamente no significa ‘yo soy Dios’. No es, como frecuentemente se ha alegado, el nombre divino de Éxodo 3:14, donde Jehová declaró: “Yo soy el que soy (el único auto existente—‘ego eimi o ohn’). En ninguna parte Jesús pretendió ese título. La correcta traducción de ‘ego eimi’ en Juan 8:58 es ‘Yo soy él’, p.e., el prometido Mesías (Cristo)(cp. La misma expresión es en Juan 4:26, “Yo soy (el Mesías), el que habla contigo”.).10 Antes que naciera Abraham Jesús fue ‘preconocido’ (cp. 1 Pedro 1:20). Jesús hace acá la estupenda reclamación de la absoluta trascendencia en el propósito de Dios.

El Logos en Juan 1:1

No hay otra razón, que la fuerza del hábito, para entender que la “Palabra” en Juan 1:1 significa una segunda persona divina, antes del nacimiento de Jesús.11 Una personificación similar de la sabiduría en Proverbios 8:22,30 y Lucas 11:49 no significa que “ella” es una segunda persona. No hay una forma posible de acomodar una “segunda persona divina” en la deidad revelada como Juan y Jesús la entendieron. El Padre permanece, como siempre ha sido, “el único Dios verdadero” (17:3) “el que solo es Dios (5:44). Leyendo el término “Logos” (“Palabra”) en una perspectiva del Antiguo Testamento entenderemos que es la actividad de Dios en la creación, su orden dador de vida por medio del cual todas las cosas vinieron a existir (Salmo 33:6-12). La Palabra de Dios es el poder por el cual Sus propósitos adelantan (Isaías 55:11). Si nosotros la tomamos prestado de otra parte en el Nuevo Testamento deberemos igualar la Palabra con el mensaje creador de salvación, el evangelio. Este es el significado a lo largo del Nuevo Testamento (Mateo 13:19; Gálatas 6:6, etc ).

Es este complejo de ideas el que va a formar el significado del Logos, la “Palabra”. Por medio de él (Logos) todas las cosas fueron hechas, y nada fue hecho sin él” (Juan 1:3). En Juan 1:14 la palabra se materializa en un ser humano real teniendo un origen divino en su concepción sobrenatural. Desde este momento, en “el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4), el único Dios se expresa a sí mismo en una nueva creación, la imagen de la creación original en Adán. La concepción y el nacimiento de Jesús marcan una nueva fase sin precedente del propósito de Dios en la historia. Como el segundo Adán, Jesús arma la escena para el programa completo de la salvación. El abre el camino a la inmortalidad. En él el propósito de Dios es finalmente revelado en un ser humano (Hebreos 1:1). Todo esto no significa, sin embargo, que Jesús renunció a una vida por otra. Eso hubiera perturbado seriamente el paralelo con Adán quien fue también “Hijo de Dios” por la creación directa (Lucas 3:38). También estropearía el monoteísmo puro revelado a todo lo largo de las Escrituras las cuales “no pueden ser quebrantadas” (Juan 10:35). Antes, Dios comienza a hablarnos en el primer siglo D.C. en un Nuevo Hijo, su última Palabra al mundo (Hebreos 1:1). Es la noción de un Hijo eternamente existente la que desbarata tan violentamente el esquema bíblico, desafiando el monoteísmo y amenazando la humanidad real de Jesús (1 Juan 4:2; 2 Juan 7).

Esta comprensión de Jesús en el Evangelio de Juan pondrá a Juan en armonía con sus compañeros apóstoles, y el monoteísmo del Antiguo Testamento será preservado intacto. Los hechos de la historia de la iglesia muestran que el monoteísmo irrestricto de las Escrituras Hebreas, fue pronto, después de los tiempos del Nuevo Testamento, abandonado bajo la influencia de distintas ideas Griegas. Al mismo tiempo el marco predeterminado para el Mesianismo fue olvidado, y con él la realidad del Reino Mesiánico futuro. El resultado fue años de conflicto aún no resueltos sobre cómo una segunda persona divina preexistente pudo ser combinada con un ser plenamente humano en un solo individuo. El concepto de la preexistencia literal para el Mesías es la idea intrusa, la parte del acertijo Cristológico que no encaja. Sin él emerge una clara figura de Jesús dentro de los términos de la revelación Hebrea y las enseñanzas de los apóstoles. Dios, el Padre, permanece verdaderamente como el único Dios verdadero, el único quien sólo es Dios (17:3; 5:44) y la singularidad de Jesús con su Padre está basada en una unidad de función representado por uno quien es verdaderamente el Hijo, como la Biblia en todas partes, además, entiende ese término (10:36). Si el Cristianismo debe ser revivido y unificado deberá serlo sobre la base de creer en Jesús, el Mesías de la Biblia, no estropeado por las especulaciones extraviadas de los Griegos quienes manifestaron muy poca simpatía por el mundo Hebreo en donde nació el Cristianismo.

La “Divinidad” de Jesús

Decir que Jesús no es Dios no es negar que él está excepcionalmente investido con la naturaleza divina. La Divinidad es, por así decirlo, “innato” en él en virtud de su concepción única bajo la influencia del Espíritu Santo, como también por el Espíritu que mora en él en medida plena (Juan 3:34). Pablo reconoce que la “plenitud de la deidad moraba en él” (Colosenses 1:19; 2:9). Viendo al hombre Jesús vemos a gloria del Padre (Juan 1:14). Vemos que Dios mismo estaba “en el Mesías reconciliando al mundo consigo mismo” (2 Corintios 5:19). El Hijo de Dios es, por consiguiente el pináculo de la creación de Dios, la expresión plena del carácter divino en un ser humano. Sin embargo la gloria del Padre fue manifestada, en un mucho menor grado, en Adán (Salmo 8:5; cp. Génesis 1:26), en Jesús la voluntad del Padre es plenamente explicada (Juan 1:18).

Nada de lo que Pablo dice acerca de Jesús lo saca de la categoría de un ser humano. La presencia de Dios que moró en el templo no convirtió al templo en Dios! Raramente es observado que un alto grado de “divinidad” es atribuida por Pablo también al Cristiano13 que tiene el espíritu del Mesías morando en él (Efesios 3:19). Así como “Dios estaba en Cristo” (2 Corintios 5:19), así también Cristo estaba “en Pablo” (Gálatas 2:20), y él ora para que los Cristianos sean “llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 1:23; 3:19). Pedro habla de los fieles como teniendo la “naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). Lo que es cierto de los Cristianos es cierto en un más alto grado de Jesús quien es el “precursor” que lleva a otros a través del proceso de la salvación después que él mismo hubo “completado la trayectoria” exitosamente (Hebreos 2:10).

En la Forma de Dios

A pesar de la masiva evidencia del Nuevo Testamento mostrando que los apóstoles siempre distinguieron a Jesús del único Dios, el Padre” (1 Corintios 8:6), muchos confiadamente encuentran la opinión tradicional de Jesús como una segunda criatura increada, plenamente Dios, en Filipenses 2:5-11. Es algo de una paradoja que el escritor sobre Cristología en el Diccionario de la Iglesia Apostólica pueda decir que “Pablo nunca le da a Cristo el nombre o descripción de ‘Dios,’” pero no obstante encuentre en Filipenses 2 una descripción de la “pre-vida” eterna de Cristo en el cielo.14

Un reciente y muy aclamado estudio de la visión bíblica sobre Jesús—Christology in the Making, por James Dunn—nos alerta del peligro de leer en las palabras de Pablo las conclusiones de la generación posterior de teólogos, los “padres” de la iglesia Griega en los siglos siguientes a la culminación de los escritos del Nuevo Testamento. La tendencia de buscar en la Escritura lo que ya creemos, es natural, ya que ninguno de nosotros puede fácilmente encarar la amenazante posibilidad de que nuestra comprensión ”recibida”, no coincida con la Biblia. (El problema es aún más agudo si estamos envueltos en enseñar o predicar la Biblia.)

Sin embargo, ¿no estamos demandando de Pablo más de lo que a él le sería posible dar por medio de pedirle que nos presente, en unas pocas frases breves, con otro ser eterno distinto que el Padre? Esto amenazaría tan obviamente el estricto monoteísmo que él expresa tan claramente en todos los demás lugares (1 Corintios 8:6; Efesios 4:6; 1 Timoteo 2:5). También aumentaría la totalidad del problema trinitario el cual Pablo, como brillante teólogo que era, ignora completamente.

Mirando de nuevo a Filipenses 2, debemos formular la pregunta si Pablo en estos versos ha hecho realmente lo que sería su única referencia de Jesús como habiendo estado vivo antes de su nacimiento. El contexto de su comentario lo muestran urgiendo a los santos a ser humildes. Se ha preguntado frecuentemente si es de alguna manera probable que él hubiera forzado esta lección por medio de pedir a sus lectores a adoptar esta estructura de mente de uno que, habiendo sido Dios eternamente, tomó la decisión de ser hombre. Podría ser también difícil para Pablo referirse al preexistente Jesús como Jesús el Mesías, leyendo hacia atrás a la eternidad el nombre y oficio que él recibió en su nacimiento en Belén.

Pablo puede ser comprendido fácilmente en Filipenses 2 en los términos de un tema favorito: La Cristología de Adán. Fue Adán quien era a la imagen de Dios como el Hijo de Dios (Génesis 1:26; Lucas 3:38). Mientras que Jesús, el segundo Adán (1 Corintios 15:45) era también en la forma de Dios (las dos palabras “imagen” y “forma” pueden ser intercambiadas).15

No obstante, mientras Adán, bajo la influencia de Satán, ambicionó la igualdad con Dios (“seréis como Dios”-Génesis 3:5), Jesús no. Sin embargo él tuvo todo el derecho al oficio divino puesto que él era el Mesías que reflejaba la presencia divina, pero él no se consideró igual a Dios como algo a “que aferrarse”. En vez de eso él renunció a todos los privilegios, rechazando la oferta de Satán de poderío sobre los reinos mundiales (Mateo 4:8-10), y se comportó a lo largo de su vida como un siervo, aun al punto de ir a una muerte de criminal en la cruz.

En respuesta a esta vida de humildad Dios ahora ha exaltado a Jesús al rango de Señor Mesías a la diestra del Padre, tal como el Salmo 110 lo predijo. Pablo no dice que Jesús estaba re-obteniendo una posición que temporalmente había renunciado. Él parece más bien haber ganado su oficio exaltado por primera vez después de su resurrección. Sin embargo él había sido toda su vida el Mesías, su posición fue públicamente confirmada cuando él fue “hecho ambos Señor y Mesías” por medio de ser levantado de la muerte (Hechos 2:36; Romanos 1:4). Si leemos el registro de Pablo sobre la vida de Jesús de esta manera como una descripción continua de su auto negación, se notará un estrecho paralelo con otro de sus comentarios en la carrera de Jesús. “Siendo rico, se hizo pobre por amor a vosotros” (2 corintios 8:9). Mientras que Adán había caído, Jesús voluntariamente “bajó”.

La lectura tradicional del pasaje de Filipenses 2 depende casi enteramente de comprender la condición de Jesús “en la forma de Dios” como una referencia a una vida preexistente en el cielo. Las traducciones han hecho mucho por reforzar esta opinión. El verbo “era” en la frase “era en la forma de Dios” ocurre frecuentemente en el Nuevo Testamento y de ningún modo acarrea el sentido de “existiendo en la eternidad”, sin embargo algunas versiones tratan de forzar ese significado en él. En 1 Corintios 11:7, Pablo dice que un hombre no debería cubrirse la cabeza ya que él es a la imagen y gloria de Dios. El verbo aquí no es diferente al de “era” que describe a Jesús como en la forma de Dios. Si el hombre ordinario es la imagen y gloria de Dios, cuánto mucho más Jesús, quien es el representante humano perfecto de Dios en quien residen todos los atributos de la naturaleza divina (Colosenses 2:9). La intención de Pablo en Filipenses 2 no es introducir el vasto tema de un ser divino eterno que se hizo hombre, sino enseñar una sencilla lección de humildad. Debemos de tener la misma actitud que Jesús, pensar como él lo hizo. Pero no se nos está pidiendo imaginarnos a nosotros mismos como seres divinos eternos por allí rendidos a la divinidad con el fin de venir a la tierra como hombres.

No es ampliamente conocido que muchos han tenido serias reservas de leer Filipenses 2 como una declaración acerca de la preexistencia. Un Antiguo profesor de Teología escribió en 1923: “Pablo está rogando a los Filipenses a cesar las disensiones, y obrar con humildad unos con otros. En 2 Corintios 8:9 él está rogando a sus lectores a ser generosos en dar limosnas. Es cuestionado si no sería muy natural para él hacer cumplir estas dos simples lecciones morales por medio de hacer menciones casuales ( y es la única mención que él hace alguna vez) al enorme problema del modo de la encarnación. Y es considerado por muchos que sus apelaciones simples tendrían más efecto si él se hubiera dirigido al ejemplo inspirador de la humildad de Cristo y su auto sacrificio en su vida humana, como en 2 Corintios 10:1: “‘Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo’.” El autor de estos comentarios, A.H. McNeile, 16, sugiere la siguiente paráfrasis. “Aunque Jesús fue durante toda su vida divino, sin embargo, él no lo creyó un privilegio de mantenerlo a toda costa y ser tratado como una igualdad con Dios, pero por su propio acuerdo se vació a sí mismo enteramente a la voluntad de Dios y en consecuencia recibió la más alta exaltación.

Cabeza de la Nueva Creación

El paralelo entre Adán y Jesús forma la base del pensamiento de Pablo acerca del Mesías. Cristo posee la misma conexión con la nueva creación, la iglesia, así como Adán la tuvo con la creación que comenzó en Génesis. Comenzando con Jesús, la humanidad hace un nuevo comienzo. En Jesús como un hombre representativo, el nuevo Adán, la sociedad comienza de nuevo todo. Esta correspondencia es perturbada seriamente si Jesús después de todo no se origina como un hombre. Así como Adán es creado como un “Hijo de Dios” (Lucas 3:38), así la concepción de Jesús lo constituye a él “Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Ciertamente Adán es de la tierra (1 Corintios 15:47) mientras que Jesús es el “hombre del cielo”-No viniendo del cielo en su nacimiento, sino según Pablo, en su segunda venida para resucitar a los fieles muertos (1 Corintios 15:45f). Hasta este punto vemos el defecto en las ideas tradicionales acerca de la preexistencia. La marcha de Cristo del cielo a la tierra se centra en la mente de Pablo en la Parousía (segunda venida). En el pensamiento tardío, el centro del interés fue transferido a su nacimiento. Así, curiosamente, el esquema tradicional mira hacia tras en la historia, mientras que la Biblia nos orienta primeramente hacia la venida futura del Mesías en gloria.

Es como la cabeza de la nueva creación y el centro del propósito cósmico como Pablo describe a Jesús en Colosenses 1. Su intención es mostrar la posición suprema que Jesús ha ganado a través de la resurrección y su preeminencia en el nuevo orden, como contraria a las afirmaciones de sistemas rivales de religión por las cuales los Colosenses estaban siendo amenazados. Todas las autoridades fueron creadas “en Cristo” (Colosenses 1:16). De modo que Jesús afirmó también: “Todo poder en el cielo y en la tierra es mío” (Mateo 28:18). “Todas las cosas” aquí significan para Pablo la inteligente creación animada consistente de “tronos, dominios, gobernadores o autoridades,”que fueron creados “en Cristo”, “a través de Cristo” (no “por”)y “para Cristo.” Es su Reino que Pablo tenía en mente (Colosenses 1:13). Jesús es el primogénito de cada criatura así como el primogénito de los muertos (vs. ,15,18).17 El término “primogénito” designa a Jesús como miembro principal del nuevo orden creado, así como su fuente, una posición que él alcanzó por medio de ser el primero en recibir inmortalidad a través de la resurrección. Juan, en Revelación 3:14, llama similarmente a Jesús: “El principio de la creación de Dios”, que muy naturalmente quiere decir que él mismo fue parte de la creación. Aquel “primogénito” designa en la Biblia a aquel que tiene el oficio supremo, y puede ser demostrado en el Salmo 89:27 donde el “primogénito”, el Mesías, es el más grande de los Reyes de la tierra, uno elegido como David del pueblo y exaltado (Salmo 89:19). Nuevamente Pablo ha desarrollado los conceptos mesiánicos ya bien establecidos por las Escrituras Hebreas.

En ninguna de las declaraciones de Pablo estamos obligados a encontrar un “segundo ser divino eterno.” Él nos presenta más bien con el glorificado segundo Adán, ahora erigido al oficio divino para el cual el hombre fue originalmente creado (Génesis 1:26, Salmo 8). Jesús ahora representa a la raza humana como la Cabeza del nuevo orden de la humanidad. El intercede por nosotros como Sumo Sacerdote en el templo celestial (Hebreos 8:1). Atribuyendo tales elevados títulos al ascendido señor, no hay razón para pensar que Pablo haya violado su propio claro monoteísmo en 1 Corintios 8:6:” Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, y un sólo Señor, Jesucristo”. Nada en Colosenses 1 nos fuerza a creer que Pablo, sin advertirnos, se ha separado de la comunión de Mateo, Marcos, Lucas, Pedro, y Juan y que se ha desviado del monoteísmo absoluto el cual él expuso tan clara y cuidadosamente en todas partes (1 Timoteo 2:5; Efesios 4:8), y el cual estuvo profundamente incrustado en su entero antecedente teológico.

La Tierra Habitada por Venir de la cual hablamos

El escritor a los Hebreos pone particular énfasis en la humanidad de Jesús. Él estuvo tentado en todos los puntos como nosotros lo estamos y aún así sin pecado (Hebreos 4:15). Dios hizo originalmente los siglos a través del hijo (no “por el hijo”), con su destino a la vista (Hebreos 1:2). Después de comunicarse con nosotros en diferentes formas y en diferentes tiempos a través de portavoces en el pasado, finalmente Dios ahora nos ha hablado en uno que es verdaderamente Hijo (Hebreos 1:2). El escritor no quiso decir al declararnos (lo que Jesús no supo-Marcos 10:6) de que Jesús fue el agente activo en la creación del Génesis. Fue Dios quien descansó el séptimo día, después de completar su obra ( Hebreos 4:4,10).18 Es Dios, también, quién aún introducirá al Hijo dentro de la “tierra habitada del futuro: Cuando él nuevamente introduce al hijo en el mundo” (Hebreos 1:6).19

Cuando el Mesías sea reintroducido en el mundo, un número de importantes afirmaciones sobre él, se convertirán en historia. Primeramente, el trono del Mesías será establecido (Hebreos 1:8). (Compare, “Cuando el Hijo del Hombre, venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria” —Mateo 25:31)20. Como representante de la majestad divina del Padre, el título mesiánico “dios” le será aplicado a Jesús, así como una vez le fuera dado a los jueces de Israel) quienes simbolizaron al Juez supremo de Israel, el Mesías (Salmo 82:6). Otra profecía del salmo 102:25 será también cumplida en el Reino venidero del Mesías. Los fundamentos de la nueva tierra y los nuevos cielos serán colocados como Isaías (51:16 y 65:17) lo previó. Hebreos 1:10 puede ser fácilmente leído incorrectamente como queriendo significar que el Señor Mesías era el responsable de la creación del Génesis. Sin embargo, esto pasa por alto la cita que el autor hace de los LXX del enteramente mesiánico Salmo 102. Además, él declara específicamente que sus series de verdades acerca del Hijo se refieren al tiempo cuando él es “nuevamente traído” a la tierra (Hebreos 1:6). Y en Hebreos 2:5 nos dice nuevamente que es la tierra (Hebreos 1:6). Y en Hebreos 2:5 nos dice nuevamente que es la “tierra habitada del futuro” de la cual él está hablando en el capítulo 1. Se le debe permitir al escritor proveer su propio comentario. Su interés es con el Reino Mesiánico, no con la creación del Génesis. A causa de que no compartimos la visión mesiánica del Nuevo Testamento como debiéramos, nuestra tendencia es ver hacia atrás en vez de hacia adelante. Debemos armonizarnos con la perspectiva profundamente mesiánica de toda la Biblia.21

El Antecedente Hebreo al Nuevo Testamento

Será útil por la vía del resumen y para orientarnos al pensamiento del mundo de los autores del nuevo Testamento, establecer los principales pasajes de las Escrituras Hebreas de donde se derivaron su unificada comprensión de la persona de Cristo. En ninguna parte puede demostrarse que el Mesías sería un ser no creado, un hecho que nos causaría mirar fuera de la Biblia para hallar la fuente de semejante concepto revolucionario.

El propósito original para el hombre, hecho a la imagen y gloria de Dios, fue la de ejercer dominio sobre la tierra (Génesis 1:26;Salmo 8). Ese ideal nunca se pierde más allá de nuestra capacidad de recuperarlo, porque el salmista habla de la “gloria” con la que el hombre ha sido (potencialmente) coronado de modo que “todas las cosas le sean sujetas bajo sus pies” (Salmo 8:5,6. Como el plan divino lo revela, se hace claro que la prometida “simiente de la mujer” es la que revertirá el desastre causado por Satanás (Génesis 3:15) será un descendiente de David (2 Samuel 7:13-16). Él llamará a Dios su Padre (2 Samuel 7:14) y será nombrado como el Hijo de Dios, el Mesías, a quien Dios confía la gobernación de la tierra (Salmo 2). Antes de ocupar su oficio real, no obstante, el Mesías debe sentarse al lado derecho del padre y llevar el título de “Señor”(Salmo 110:1). Como Hijo de Hombre, hombre representativo, él tomará su lugar en el cielo antes de recibir de Dios autoridad para administrar un imperio Universal (Daniel 2:44; 7:14; Hechos 3:20,21). Habiendo en su primera venida sufrido por los pecados de la gente (Isaías 53: Salmo 22), él está por venir nuevamente como el primogénito de Dios, el soberano de los reyes de la tierra (Salmo 89:27), prefigurado por David quien fue también elegido de entre el pueblo (Salmo 89:19,20).

Como el segundo Moisés, el Mesías se levantará en Israel (Deuteronomio 18:18), derivando su filiación divina a un nacimiento sobrenatural de una virgen (Isaías 7:14; Lucas 1:35), y siendo confirmado como Hijo de Dios a través de su resurrección de los muertos (Romanos 1:14). Como Sumo sacerdote, el Mesías sirve ahora a su pueblo desde el cielo (Hebreos (:1) y espera el tiempo de la restauración de todas las cosas (Hechos 3:21), cuando él sea destinado a ser reintroducido a la tierra como Rey de Reyes, la figura divina del Salmo 45 (Hebreos 1: 6-8). En aquel tiempo, en la nueva era del Reino, él regirá con sus discípulos (Mateo 19:28, Lucas 22:28-30; 1 Corintios 6:2; 2 Timoteo 2:12; Revelación 2:26, 3:21; Revelación 20:4). Como Adán encabeza la creación original de los seres humanos en la tierra, así Jesús es la cabeza creadora del Nuevo Orden de la humanidad, en quien los ideales de la raza humana se cumplirán (Hebreos 2: 7).

Dentro de este marco Mesiánico, la persona y obra de Jesús pueden ser explicadas en términos comprendidos por los apóstoles. El propósito de ellos aún cuando presenten la más “avanzada Cristología” es proclamar la creencia en Jesús como Mesías e Hijo de Dios ( Juan 20:31), quien es el centro de todo el propósito de Dios en la historia (Juan 1:14). Sin embargo, Jesús está obviamente coordinado en una muy íntima manera con su Padre, este último permanece como “el único Dios verdadero” del monoteísmo bíblico (Juan 17:3). Jesús así representa la presencia del único Dios, su Padre. En el hombre Jesús, Emmanuel, el único Dios está presente con nosotros (Juan 14:9). 22

De Hijo de Dios a Dios el Hijo

Hemos buscado el Jesús de la Biblia por medio de reunir las varias hebras de los datos revelados en los registros inspirados. La figura que emerge es diferente de la figura presentada por el Cristianismo tradicional en la que la persona de Cristo que hemos descrito no complica el primer principio de la fe bíblica, a saber, creer en uno quien sólo es verdadera y absolutamente Dios (Juan 17:3; 5:44).

Es fácil ver como el Mesías bíblico vino a ser “Dios el Hijo” de los teólogos post-bíblicos. Eso fue posible solamente cuando el mesianismo esencial de la Biblia fue gradualmente suprimido. El término “Hijo de Dios,” que en la Escritura es un título puramente mesiánico que describe la gloria del hombre en relación íntima con el Padre, fue desde el segundo siglo mal entendido y reaplicado a la parte divina de un eterno Dios / hombre. Al mismo tiempo, la designación”Hijo del Hombre”, nada menos que un título del Mesías como hombre representante, fue hecha para referirse a su naturaleza humana. De este modo ambos títulos, hijo de Dios e Hijo del Hombre fueron desalojados de su sentido Mesiánico y sus significados bíblicos se perdieron. Mientras que la evidencia del Antiguo Testamento fue ampliamente rechazada- así como la evidencia de los Evangelios Sinópticos, Hechos, Pedro, Santiago, y Juan en el Libro de Revelación—una serie de versículos en el Evangelio de Juan y dos o tres en las Epístolas de Pablo fueron reinterpretados para acomodar la nueva idea de que Jesús era el segundo miembro de una trinidad eterna, co-igual e inherentemente Dios. Ese Jesús, sin embargo, es escasamente el Jesús de los documentos bíblicos. Él es el otro Jesús (2 Corintios 11:4).

El Hombre y el Mensaje Obscurecidos

Con la pérdida del significado bíblico del término Mesías prosiguió una pérdida paralela del significado del reino Mesiánico el cual es el centro de toda la enseñanza de Jesús y el corazón del evangelio (Lucas 4:43; Hechos 8:12;28:23,31). La esperanza para el establecimiento del reino del Mesías en una tierra renovada, que es el tema de toda la profecía del antiguo Testamento que Jesús vino a confirmar (Romanos 15:8), fue reemplazada por la esperanza del “cielo para cuando tú mueras”; y una gran porción de propaganda convenció (y continúa convenciendo) a un público ignorante de que Jesús nunca creyó en nada tan “terreno”, político, o “no espiritual” como el Reino de Dios en la tierra. El resultado de los cambios radicales que gradualmente trastocaron las perspectivas de la iglesia (comenzando tan temprano como el siglo segundo) ha sido una pérdida del mensaje central de Jesús-el evangelio acerca del Reino de Dios (Lucas 4:43; Hechos 8:12; 28:23,30,31)- así como un mal entendimiento acerca de quién es él. Las iglesias se les ha dejado en algunos apremios explicando cómo por un lado Jesús era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías, mientras que se supone que han rechazado al mismo tiempo las promesas del Antiguo Testamento de que el Mesías viene a gobernar la tierra! La teoría adelantada usualmente es que Jesús mantuvo el Antiguo Testamento en tanto que enseñara un ideal ético de amor, pero que rechazó la visión del profeta de una intervención catastrófica divina en la historia que conduciría a una renovación de la sociedad en la tierra bajo el Reino de Dios.23 En pocas palabras, se supone que Jesús ha afirmado ser el Mesías, pero al mismo tiempo ha eliminado toda esperanza para la restauración de la teocracia que sus antepasados anhelaron.

No hay duda del todo de que los fieles en Israel estaban realmente mirando hacia delante al arribo del Mesías para gobernar en la tierra, pero Jesús, como ha sido largamente sostenido, se separo de tales “crudas” expectativas.24 La cuestión en cuanto al porqué los Judíos esperaban un concreto imperio Mesiánico en la tierra es evitada silenciosamente. Si fuera cuestionada, la respuesta hubiera tenido que ser obviamente que las Escrituras del Antiguo Testamento lo predijeron en cada detalle.

Las iglesias van a tener que llegar a la comprensión de que ellas no están jugando limpio con la Biblia permitiendo sólo el primer acto del drama divino- la parte que concierne al sufriente y moribundo Mesías-en tanto que descartan el segundo acto. El futuro arribo del Mesías como Rey triunfante, el enviado de Dios para crear una efectiva y duradera paz en la tierra. La resurrección y ascensión de Jesús y su presente sesión al lado derecho del Padre son sólo parte del triunfo del Hijo de Dios, como lo entiende el Nuevo Testamento.

Un serio y fundamental error refuerza las formas tradicionales del pensamiento acerca del rol de Jesús en la historia. Este tiene que ver con la función política-teocrática del Mesías que es el principal ingrediente del Mesianismo. Hasta ahora, se ha hecho todo el esfuerzo para sostener la creencia, contraria a las declaraciones más sencillas de la Escritura, que las promesas de Jesús a la iglesia de gobernar con él en el futuro Reino Mesiánico (Mateo 19:28; Lucas 22:28-30) deben ser aplicadas a la presente era. Lo que continúa siendo pasado por alto es que será “cuando Cristo venga en su gloria” al final de la edad presente (Mateo 25:31), “en la nueva era cuando tome su oficio de Rey” (Mateo 19:28), que la iglesia reinará con él. Para que no debiera haber duda en lo más mínimo, el coro de seres divinos cantan acerca de la iglesia, “y nos has redimido de toda nación, y nos has hecho para Dios reyes y sacerdotes destinados a reinar en la tierra” (Apocalipsis 5:10). El Mesianismo puro del Salmo 2 permanece tan fuerte como siempre en Apocalipsis 2:26 y 3:21, y estas son las muy propias palabras de Jesús a la iglesia (Apocalipsis 1:1; 22:16). El Jesús de las Escrituras no es otro que el Mesías de la profecía del Antiguo Testamento y la literatura apocalíptica.

Hay una necesidad urgente para los asistentes a la iglesia de que se involucren ellos mismos en la investigación personal de las Escrituras desencadenados por éste o aquél credo, que de tan buena gana ahora se han aceptado “por la fe”. Deberemos de ser lo suficientemente honestos para admitir que las opiniones mayoritarias no son automáticamente las correctas, y que la tradición, aceptada sin ninguna previa critica, puede haber ido lejos sepultando la fe original tal y como Jesús y los apóstoles la enseñaron. Puede ser que nosotros debiéramos de tomar seriamente la observación del canónigo H.L. Goudge cuando escribió sobre el desastre que aconteció “cuando las mentes Griegas y Romanas vinieron a dominar a la iglesia en lugar de la mente Hebrea.” Fue “un desastre en doctrina y práctica”, de acuerdo al canónigo Goudge “del cual la Iglesia nunca se ha recuperado.” 25 La recuperación puede sólo comenzar cuando se tome la debida atención de la advertencia solemne de Juan de “que no hay tan grande falsedad como la negación del Mesianismo de Jesús (1 Juan 2:22).26 Jesús debe ser proclamado como Mesías, con todo eso que el término altamente colorido significa en su marco bíblico.

Lo Que Los Eruditos Admiten

En un artículo sobre “Predicando a Cristo”(Diccionario de Cristo y los Apóstoles, Vol.II, p.394), James Danny dice: “Es ocioso decir que Jesús es el Cristo, si nosotros no sabemos quién o qué es Jesús. No tiene sentido decir que una persona desconocida está a la mano derecha de Dios, exaltada y soberana; los más fervorosos hombres creyeron que Dios les había dado un Príncipe y Salvador en esta exaltación, y tuvieron más ganas de saber todo lo que es posible de él.

Esta buena declaración es seguida por otra observación valiosa de que “no hay predicación de Cristo que no repose sobre la base en donde se apoyó la predicación de los apóstoles.” ¿Qué predicaron entonces Jesús y los apóstoles? “Una de las maneras en las que Jesús describió su absoluta importancia para la verdadera religión fue ésta: El se consideró a sí mismo como el Mesías. El rol Mesiánico era uno que podría ser cumplido por una sola persona, y él mismo era la persona en cuestión; él y no otro era el Cristo.” Todo esto es excelente, pero los pensamientos que siguen comienzan a revelar un disgusto acerca del Mesianismo de Cristo, a pesar de las protestas en contra. “Pero es el Cristo una concepción que nosotros en otra época hubiéramos podido usar para algún propósito? Únicamente—debe responderse— si empleamos el término con mucha extensión”. James Denny parece no estar advertido que está a punto de socavar el Mesianismo bíblico de Jesús, puesto que Jesús no puede ser separado de su oficio Mesiánico, para obscurecer su identidad. El continúa diciendo: “Es seguro que para aquellos que primero vinieron a creer en Jesús como el Cristo, el nombre fue mucho más categórico de que lo que es para nosotros; y tuvo una forma y color que ya no tiene más.” Pero esto debe implicar que hemos perdido de vista lo que significa creer que Jesús es el Mesías. Denny da la impresión de que estamos ahora en libertad de inventar nuestra propia idea del Mesianismo, desatendiendo la definición bíblica que se hace de él.

Fue, sin embargo, precisamente esta tendencia que trajo el desastre a la iglesia poco después de la muerte de los apóstoles. La iglesia comenzó a crear su propia concepción sobre el Mesías, y al hacerlo así perdió contacto con el Jesús de la Biblia. Denny dice que el término Mesías “tuvo expectativas conectadas con dicha palabra las cuales para nosotros ya perdieron su vitalidad que una vez tuvieron”. Exactamente; ¿pero, por qué han perdido su significado, sino es porque hemos cesado de creer lo que la Biblia nos dice acerca del Mesías? “En particular”, dice Denny, las asociaciones “escatológicas” 27 del término Mesías no tienen para nosotros la importancia que ellas tuvieron para los primeros creyentes. En la enseñanza de Jesús estas asociaciones se agruparon alrededor del título Hijo del Hombre…el cual es usado como sinónimo con el de Cristo…nada fue más característico del Cristianismo primitivo que la segunda venida de Jesús en el carácter de Cristo. Fue la verdadera esencia de lo que la iglesia primitiva quiso decir por esperanza…o nuestra perspectiva en el futuro es diferente que la de ellos.”

En qué autoridad es diferente ésta? Uno seguramente no puede poner a un lado uno de los rasgos más característicos del Cristianismo de la Biblia y continuar llamando la misma fe, lo restante.28 Es esta partida sutil de la esperanza característica de la iglesia primitiva que debería señalarnos la diferencia riesgosa entre lo que llamamos cristianismo y lo que los apóstoles entendieron por ese nombre. No tiene sentido decir que somos Cristianos si hemos abandonado la característica esencial de la concepción del Nuevo Testamento sobre el Mesías en quien afirmamos creer.

Denny es sospechoso con razón de una tendencia entre los eruditos de “suponer tácitamente que es un error creer en Cristo como lo creyeron aquellos que primero predicaron de él. Semejante crítica hace su tarea de conformar la personalidad de Jesús exactamente como las nuestras y su conciencia exactamente como pueden ser las nuestras.” (énfasis mío)

Este es precisamente nuestro problema, pero también lo es de Denny, quien admite que “nuestra perspectiva en el futuro es diferente de las de los apóstoles.’” Pero la perspectiva de ellos del futuro estaba basada sobre su comprensión central de Jesús el Mesías, el gobernante del futuro Reino de Dios cuyo poder fue manifestado como anticipo en el ministerio de Jesús. ¿Por cuál posible lógica podemos renunciar a la esperanza que fue “la característica esencial del Cristianismo Apostólico” y aun así pretender ser Cristianos? En esta auto contradicción descansa el gran fracaso de las iglesias de permanecer fieles a Jesús como el Mesías. Hemos preferido nuestra propia perspectiva y nuestra propia opinión del Mesianismo; y hemos sentido correcto atar a nuestra propia concepción, el nombre de Jesús. ¿ No hemos creado así “otro Jesús” según a la imagen de nuestros corazones gentílicos?

Una lectura de obras clásicas sobre Cristología revelan algunas notables admisiones que estimularán al lector a conducir una pesquisa por la verdad acerca de Jesús. En un artículo sobre el Hijo de Dios, William Sanday, una vez profesor de teología en Oxford, hace la pregunta si hay algunos textos en los cuatro evangelios que podrían conducirnos a la idea de Jesús como el “preexistente Hijo de Dios”. El concluye que todas las afirmaciones acerca de Jesús en Mateo, Marcos, y Lucas se refieren a la vida de Cristo en la tierra. No hay ni una simple referencia de que hubiese sido el Hijo de Dios antes de su nacimiento. Si examinamos el Evangelio de Juan “tenemos que observar alguna cosa anormal en las expresiones que están libres de ambigüedad. Tal vez no haya ninguna.” (Diccionario Hastings de la Biblia, Vol. IV, p.576, énfasis mío).

Aquí, entonces, está la declaración de un destacado experto en el sentido de que no hay una simple referencia de Jesús en todos los cuatro evangelios como siendo el Hijo de Dios antes de su nacimiento. Sin embargo permanece un hecho de que las iglesias enseñan la filiación eterna de Jesús como un indispensable dogma básico de la fe.

Se le ha dejado adivinando al profesor Sanday del porqué Mateo, Marcos, y Lucas no saben nada acerca de la preexistencia de Jesús: “Es probable que los escritores no hayan reflexionado del todo sobre la materia, y no transcriban una porción de la enseñanza del Señor sobre el tema” (ibid., p.577). Cuando Sanday recurre a las epístolas, él sólo puede conjeturar que podría haber una referencia a un Hijo pre-existente (Hijo pre-humano celestial) en Hebreos 1:1-3, pero de ningún modo necesariamente.

Sobre Colosenses 1:15 él dice: “La idea destacada en la palabra ‘primogénito’ es aquella referida a los derechos legales del primogénito, su precedencia sobre todos los que son nacidos después de él”. El agrega que “parece equivocado concluir con la idea de prioridad (en el tiempo) también”. El finaliza sus comentarios citando al teólogo alemán diciendo como que “del Antiguo Testamento y del Rabinismo no hay camino hacia a divinidad de Cristo” (p.e. que él es Dios). El profesor Wernle sostuvo que el título Hijo de Dios es estrictamente Judío y que el nuevo paso de Hijo de Dios a Dios el Hijo fue tomado sobre terreno gentílico (pagano) a través de ideas vagas traídas por los convertidos al paganismo” (Ibid., p.577).

Declaraciones de este tipo muestran en qué terreno inestable está construido todo el edificio de la “filiación preexistente.” La posibilidad debe ser encarada honestamente, que las afirmaciones dogmáticas acerca de Jesús que datan de tiempos post bíblicos dependen de su propia autoridad en lugar de los apóstoles. El derrotero más sabio es tomar nuestra posición sobre las afirmaciones dogmáticas de la Escritura (La Biblia) misma y de reconocer con Jesús que “la vida eterna (vida en la Era Venidera) consiste en esto: Que podamos conocer al Padre como el único Dios verdadero, y a Jesús el Mesías a quién El envió” (Juan 17:3).

Jesús, El Hombre y Mediador

El Jesús presentado por los apóstoles no es “Dios el Hijo.” Este título no aparece en ningún lugar en la Biblia. Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías, cuyo origen debe ser trazado en su milagrosa concepción (Lucas 1:35). El único Dios de las Escrituras sigue siendo en el Nuevo Testamento como el Creador Dios de Israel. Jesús “hombre” (1 Timoteo 2:5), media entre el único Dios, el Padre, y la humanidad. Este Jesús puede salvar “perpetuamente” (Hebreos 7:25). Cualquier otro Jesús debe ser evitado como una engañosa falsificación-y es muy fácil “recibirlo” (2 Corintios 11:4).

La Confesión de la Iglesia

La iglesia que Jesús fundó está basada sobre la confesión central de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (Mateo 16:16). Esta confesión es seriamente distorsionada cuando al aparecer un nuevo significado éste es adherido al término “Hijo de Dios”. Semejante distorsión que ya ha ocurrido debiera ser evidente a los estudiantes de historia de la teología. Sus efectos están con nosotros hasta hoy. Lo que se necesita rápido es un retorno a la confesión fundamental de Pedro, quien, en presencia de Jesús (Mateo 16:16), y los judíos (Hechos 2:3), y al final de su ministerio declaró que Jesús es el Mesías de Israel, el Salvador del mundo, preconocido en los consejos de Dios pero manifestado en estos últimos tiempos (1 Pedro 1:20). El estupendo hecho del Mesianismo de Jesús es comprendido sólo por la revelación divina (Mateo 16:17).

La figura fundamental del Cristianismo debe ser presentada dentro del marco Hebreo-bíblico. Es allí que descubrimos al Jesús real e histórico quien es también el Jesús de la fe. Fuera de ese marco nosotros inventamos a “otro Jesús” porque sus títulos bíblicos descriptivos han perdido ya sus significados originales. (2 Corintios 11:4).

Cuando los títulos de Jesús son investidos con un nuevo significado no bíblico, es claro que éstos ya no comunican su identidad conforme a la verdad. Cuando esto ocurre la fe cristiana es puesta en peligro. Nuestra tarea, por lo tanto, debe ser proclamar a Jesús como el Mesías de la visión de los profetas, y debemos dar a entender por Mesías e Hijo de Dios lo que Jesús y el Nuevo Testamento dan a entender por estos términos. La Iglesia puede pretender ser la depositaria del auténtico Cristianismo sólo cuando ella hable en armonía con los apóstoles y le diga al mundo quién es Jesús.

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Notas al Pie de la Página

1.- Bultman, por ejemplo, en ensayos filosóficos y teológicos, p.276, afirma que Juan 20:28 es la única instancia segura en el Nuevo Testamento del título “dios” como siendo aplicado a Jesús. Muchos concordarán que Hebreos 1:18 es la segunda instancia clara.

2.- Rabí J.B. Hurtz

3.- Ezra D Gifford, el verdadero Dios, el verdadero Cristo, y el verdadero Espíritu Santo.

4.- Estoy en deuda con F.F Bruce por la siguiente observación aguda: “La gente que se adhiere a sola scriptura (como ellos creen frecuentemente se adhieren de hecho a una escuela tradicional de interpretación sola scriptura. Los protestantes evangélicos pueden ser tan siervos de la tradición como los Católicos Romanos o Griegos Ortodoxos Cristianos; solo que ellos no se dan cuenta que es ‘tradición’ (de Correspondencia).

5.- Así los Judíos interpretaron la expresión Hebrea cuando ellos tradujeron sus Escrituras al Griego.

6.- Una debilidad de la mayoría de los sistemas teológicos es la negativa de ver en las afirmaciones atribuidas a Jesús en Revelación las mismas palabras del Maestro. Cuando la Cristología de la Revelación es dejada de lado, las pretensiones de Jesús en el libro (1:1) son negadas y resultan en una distorsionada Cristología.

7.- En algunos escritos Judíos la preexistencia es atribuida al esperado Mesías, pero sólo en común con otras cosas venerables y personas, tal como el Tabernáculo, la ley, la Ciudad de Jerusalén, el mismo dador de la ley Moisés, el pueblo de Israel (Ottley, Doctrina de la encarnación, p.59.

8.- Compare G.B Caird, El Desarrollo de la doctrina de Cristo en el Nuevo Testamento, p.79: “Los Judíos habían creído sólo en la PRE-existencia de una personificación; La Sabiduría era una personificación, también de un atributo divino o de un propósito Divino, pero nunca una persona. Ni el cuarto Evangelio ni Hebreos jamás hablan de una palabra eterna o de la sabiduría de Dios en términos que nos obligan a considerarla como persona.”

9.- Así H.H.Wendt, D.D., comentando sobre Juan 8:58, dice: “La vida temprana de Jesús fue predeterminada y preconocida por Dios antes del tiempo de Abraham” (La Enseñanza de Jesús, Vol.II, p.176).

10.-Compare a Edwin Freed en JTS, 33, 1982,p.163: “En Juan 8:24 ‘ego eimi’(‘Yo soy’) debe ser entendido como una referencia al Mesianismo de Jesús…. ‘Si ustedes no creen que yo soy él, moriréis en vuestros pecados.’”

11.-Vea la nota al pié N.8.

12.-Compare a James Dunn, Cristología en vías de Formación, p.243, discutiendo sobre Juan 1:1-14. “La conclusión que parece emerger de nuestro análisis… es aquella que sólo con el verso 14 podemos hablar de un Logos personal…..el punto es obscurecido por el hecho que tenemos que traducir el logos masculino como él’..pero si en vez de eso nosotros traducimos logos como “la expresión de Dios”., se tornaría más claro que el poema no intenta necesariamente que el logos en los versos 1-13 sea imaginado por nuestra parte como un ser personal divino.”

13.-Suponiéndolo que él está correctamente bautizado, plenamente instruido, y activo de acuerdo a la Verdad de la Escritura. El lector debería estar prevenido de que las ideas contemporáneas de lo que significa ser un Cristiano pueda que no correspondan a una definición Bíblica. Mateo 7:21 provee la más incómoda advertencia del nuevo testamento.

14.-Vol. I, p.194.

15.-Ver particularmente C.H Talbert, “El Problema de la preexistencia en Filipenses 2:6-11,” JBL, 86, (1967) pp. 141-153. También G. Howard, “Filipenses 2:6-11 y el Cristo Humano, ”CBQ40(1978) pp. 368-87.

16.-La Enseñanza del Nuevo Testamento a la luz de San Pablo, pp.65, 66.

17.-En Colosenses 1:17, muchos traductores son menos cautelosos que la NASB que sabiamente relega para el margen la implicancia que Jesús “existió antes de” todas las cosas. Es suficiente decir, con Pablo, que él es “antes” que todas las cosas, queriendo decir que él es el supremo en el mundo creado, no que él literalmente sea el primero en el tiempo en ser creado, ó existiendo eternamente. En Juan 1:15,30 un entusiasmo similar para la preexistencia es mostrado por aquellas traducciones que no nos permiten ver que el verso puede muy bien ser traducido: “El que viene después de mí ha tomado una posición enfrente de mí porque él tuvo absoluta prioridad sobre mí.” (Vea los comentarios por Raymond Brown en las series de la Biblia Anchor, y por Westcott.)

18.-El Nuevo Testamento es muy claro sobre Dios el Padre como el creador en Génesis 1:1; Hechos 7:50; 14:15; 17:24, Revelación 4:11, 10:6; 14:7; Marcos 10:6,13:19.

19.-Compare el Comentario de Tyndale sobre Hebreos por Tomás Hewitt (1960), p.56: “La traducción es por lo tanto, ‘y cuando él nuevamente introduce el primogénito en el mundo.’ ”.

20.-Ver también Mateo 19:28; Lucas 22:28-30; y Revelación 2:26;3:21; y 5:10, que con otros muchos textos prevé el establecimiento en la tierra del Reino Mesiánico cuando Cristo regrese.

21.-Para información adicional de cómo el escritor de los Hebreos usa Salmos 102 en Hebreos 1:10, ver F.F Bruce, Epístola a los Hebreos, pp. 21-23.

22.-Juan 20:28 describe y nombra a Jesús como “Mi señor y Mi Dios”. Ambos títulos son atribuidos al Mesías en el antiguo testamento (Salmo 45:6,11; 110:1).Todo el propósito es presentar a Jesús como el Mesías (Juan 20:31).

23.-Jesús nunca negó que la teocracia predilecta sería un día establecida por él como Mesías. La pérdida de la verdad del futuro Reino Mesiánico envolvió también la pérdida del futuro co-reinado de Jesús y la iglesia fiel. Así el objetivo del Cristianismo desapareció.

24.-Hallado tanto en los salmos de Salomón como en el Salmo 2 del antiguo Testamento, etc.

25.-El llamado de los Judíos, en los ensayos coleccionados sobre el Judaísmo y Cristianismo.

26.-Las cartas del Nuevo Testamento parafraseadas por J.W.C Wand, D.D

27.-P.e., teniendo que hacer con los eventos que ocurrirán en el final de la edad.

28.-De la misma manera las doctrinas Cristianas de Dios y el hombre y la salvación son: “completamente insostenibles sin la existencia de Satanás,”Michael Green, Yo creo en la Caída de Satanás, pub. Eerdman’s, 1981, p.20

EL SALMO 89 Y EL FUTURO REINADO GLORIOSO DEL MESÍAS

abuzz1Por Sir. Anthony F. Buzzard

La promesa de la futura grandeza para el descendiente de David, declarada en el pacto, sostuvo a los fieles durante las horas más oscuras de la nación. El Salmo 89 celebra una confianza indomable en el propósito de Dios de que el curso de la historia está siendo dirigido por la estrella polar de la paz divina que vendrá bajo el reinado del Mesías. Así el Salmista ensaya el compromiso del Todopoderoso:

Hice pacto con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, Y edificaré tu trono por todas las generaciones. Selah Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Jehová, Tu verdad también en la congregación de los santos. Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados? Dios temible en la gran congregación de los santos, Y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él. Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, Y tu fidelidad te rodea. Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas. Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte; Con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos. Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; El mundo y su plenitud, tú lo fundaste. El norte y el sur, tú los creaste; El Tabor y el Hermón cantarán en tu nombre. Tuyo es el brazo potente; Fuerte es tu mano, exaltada tu diestra. Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; Misericordia y verdad van delante de tu rostro. Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro. En tu nombre se alegrará todo el día, Y en tu justicia será enaltecido. Porque tú eres la gloria de su potencia, Y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder. Porque Jehová es nuestro escudo, Y nuestro rey es el Santo de Israel. Entonces hablaste en visión a tu santo, Y dijiste: He puesto el socorro sobre uno que es poderoso; He exaltado a un escogido de mi pueblo. Hallé a David mi siervo; Lo ungí con mi santa unción. Mi mano estará siempre con él, Mi brazo también lo fortalecerá. No lo sorprenderá el enemigo, Ni hijo de iniquidad lo quebrantará; Sino que quebrantaré delante de él a sus enemigos, Y heriré a los que le aborrecen. Mi verdad y mi misericordia estarán con él, Y en mi nombre será exaltado su poder. Asimismo pondré su mano sobre el mar, Y sobre los ríos su diestra. El me clamará: Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación. Yo también le pondré por primogénito, El más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia, Y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, Y su trono como los días de los cielos. Si dejaren sus hijos mi ley, Y no anduvieren en mis juicios, Si profanaren mis estatutos, Y no guardaren mis mandamientos, Entonces castigaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, Ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, Y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, Y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, Y como un testigo fiel en el cielo. Selah (Sal. 89:3-37).

De nuevo, tenemos la autoridad del Apóstol para aplicar estas palabras a Jesús. En la búsqueda del ideal Mesiánico, Dios el Padre ha comenzado a rescatar a creyentes del régimen opresivo del Diablo:

El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo… El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación… y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. (Colosenses 1:13, 15, 18).

La sublime esperanza nacional de Israel, la cual Jesús, como Judío, habría compartido, y que Pablo, como modelo del cristianismo apostólico específicamente dijo que endosó, miró hacia adelante a la aparición del hombre de estado y de la paz mundial autorizado divinamente en este Salmo descrita en bosquejo por el Sal 72. El Salmo setenta y dos no se cita directamente en el Nuevo Testamento, pero la función del rey descrito en el Salmo es exactamente aquella demandada por Jesús. El retrato idílico de un mundo armonioso va mucho más allá de cualquier cosa alguna vez realizada bajo Salomón. La extensión del Reino es Mundial, y su duración, para siempre. Puede aplicarse solamente a una época más allá del momento crucial en la historia cuando, en las palabras del Apocalipsis del Nuevo Testamento, “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo” (Revelación 11:15). El trono del gobierno ideal será fundado sobre los principios espirituales de la justicia, la única base sana de gobierno, como muchos coincidirían. La semilla de la justicia lleva fruto cuando toda la opresión acaba y cuando el refrigerio viene a la tierra bajo la influencia de una nueva cultura instituida por el Mesías. Eventualmente todas las naciones verán las ventajas del gobierno de Dios a través de su hijo.

Es por esta condición feliz en la tierra que Jesús, cuyo corazón fue movido por el sufrimiento, vio por todas partes, y nos urgió a orar “Venga Tu reino… en la tierra” (Mateo 6:10). Participar en ese reino era el deseo supremo de los creyentes: “buscad primero el reino de Dios” (Mateo 6:33). Los así llamados Salmos Mesiánicos son algunos de los muchos pasajes alentadores de la Escritura que aseguran al mundo un resultado maravilloso más allá del día del juicio, cuando el Mesías tomará a los fieles para asistirle en la supervisión del nuevo mundo. El elemento de juicio y de tragedia no debe ser pasado por alto. Los que se oponen a Cristo se les rehusará la entrada en el Reino. Se requiere un cierto estándar de conducta de aquellos que esperan entrar en el Reino cuando venga: “si vuestra justicia no fuere mayor a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20). La descalificación debido a ciertas prácticas no éticas, no arrepentidas, amenazó aun a miembros de la comunidad de la iglesia. Pablo, como Jesús, insiste en los estándares cristianos para la salvación:

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9, 10).

LA PROMESA DE DIOS CON DAVID Y SU REINO

rey-davidPor Sir. Anthony F. Buzzard

Jesús, como es bien sabido, creyó de Sí Mismo que era la figura central en el drama del mundo, el agente legal designado del solo Dios, heredero al trono de David y ordenado para tomar su lugar como soberano en el Reino de Dios.

Los términos del pacto de Dios con el célebre monarca de Israel, el rey David, aparecen en 2 Samuel 7 y 1 Crónicas 17. De esta declaración central del propósito de Dios, Israel derivó su esperanza inextinguible de un futuro brillante. El texto de la versión de Samuel es como sigue:

Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo. Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David (2 Sam 7:1-17).

Los términos del plan de Dios para David e Israel son claros. David no será aquel que construirá el templo. Más bien, Dios construirá una dinastía para David. Hay una bendición para la nación también. Un lugar de seguridad permanente será provisto para Israel. Se asocia a esa promesa la garantía de un rey que gobierne como sucesor de David para siempre. El informe paralelo en 1 Crónicas 17 omite la referencia a una reprimenda apropiada para el descendiente inmediato de David, Salomón. La versión posterior del pacto pone así un mayor énfasis en el objeto final de la promesa —el Mesías. De él se dice: “sino que lo confirmaré en mi casa y en mi reino eternamente, y su trono será firme para siempre” (1 Crón. 17:14). El Nuevo Testamento, citando un verso de 2 de Samuel 7, reconoce a ambos, Jesús y a los cristianos, como los hijos e hijas Mesiánicos a quienes las promesas del pacto se aplican: “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:17, 18, citando 2 Sam. 7:14).

La garantía de la conclusión del pacto —un trono por siempre— por siempre resume la esperanza nacional de Israel y provee la base del Evangelio Cristiano sobre el Reino según lo proclamado por Jesús. Lo más apropiadamente posible el término “Mesías” o “Rey Ungido” se convirtió en el título para el rey previsto de la línea de David que presidiría en el templo y el Reino de Dios. Es la esencia de la creencia Cristiana que el Jesús histórico, nacido en Belén, es la persona acerca de quien los documentos inspirados habían hablado.

Es importante no perder la propia definición que da la Biblia del Reino. Significa el reinado sobre el trono permanentemente seguro del gobernante final, que representará a Dios en el reino Davídico como el soberano del Reino de Dios en la tierra. El Mesías o el Hijo de Dios debe ser el gobernante en el Reino de Dios (1 Crón. 17:14). Debemos acentuar que el plan divino tiene que hacer con “un lugar para Israel” (2 Sam. 7:10), un trono y un reino. Ninguno de estos términos se les debe permitir deslizarse lejos de nuestro asimiento. Estas son palabras con significados normales, naturales. Tienen que hacer con un imperio en la tierra y un rey que gobierna en Jerusalén. Son exactamente los términos empleados por Gabriel en Lucas 1:32, 33 que retoman los hilos del drama divino por medio de señalar hacia atrás al pacto Davídico, y hacia delante a la llegada del imperio Davídico —un nuevo orden mundial que reemplazará nuestro actual sistema por siempre.

El nacimiento de Jesús, como la figura dominante en el esquema divino, era de hecho la prueba de que Dios, su Padre, estaba trabajando en el mundo de acuerdo a las promesas hechas con el pueblo elegido. Gabriel habla a María y al mundo con palabras fuertemente evocadoras de 2 Samuel 7:

II Samuel 7:12-14
El [El Hijo de David] edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo”.

Lucas 1:32, 33
“Y será [Jesús] grande y será llamado el Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará en la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin”.

El libro de Crónicas reconoce el pacto real como la sustancia de las provisiones de Dios con su pueblo. Un rey de Judá aboga al reino norteño separado de Israel: “¿Acaso no saben que Yahweh, el Dios de Israel, dio el reino de Israel para siempre a David, a él y a sus hijos, comprometiéndose para siempre? Y ahora ustedes quieren dominar el reino de Yahweh, que está en manos de los hijos de David” (2 Crón. 13:5, 8). Es importante que se recuerde que el gobierno de David sobre Israel es llamado el Reino de Dios. El Reino, debe observarse, no es un Reino en los corazones de los hijos de David. Está en sus manos, bajo su control, pues gobiernan como vice regentes de Yahweh. Mirando retrospectivamente a la revelación que él había recibido por medio de Natán, David reflexionó sobre el pacto con estas palabras:

Y de entre todos mis hijos, pues Yavé me ha dado muchos hijos, eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Yavé sobre Israel. Y él me dijo: Tu hijo Salomón edificará mi Casa y mis patios; porque le he escogido a él por hijo mío, y yo seré para él padre” (I Crón. 28:5, 6).

El éxito de Salomón dependió de su obediencia fiel. Como es bien sabido, él falló en la prueba al igual que muchos de sus descendientes de la línea real. La permanencia final del trono, sin embargo, fue asegurada por el compromiso divino jurado a David:

Por amor a David, tu servidor,
no apartes la cara de tu ungido.
El Señor se lo juró a David,
verdad de la que no se desdecirá:
“Del fruto de tus entrañas
pondré a alguien en tu trono.
Si tus hijos guardaren mi alianza
y mis testimonios que les he enseñado,
también sus hijos para siempre
se sentarán en tu trono”.
Y el Señor escogió a Sion,
quiso que fuera su residencia:”
Aquí está mi descanso para siempre,
en ella moraré, pues yo lo quise.
Sus graneros los bendeciré
y a sus pobres los saciaré de pan.
De gloria revestiré a sus sacerdotes
y sus fieles gritarán de júbilo.
Allí haré brotar un cuerno para David,
allí pondré una lámpara para mi ungido.
Cubriré de vergüenza a sus enemigos
mientras sobre él brillará su diadema”.
(Sal. 132:10-18).

Tan impresionado estaba el rey David por la provisión de Dios para el futuro de su familia real y de la esperanza que esto proporcionaba al mundo que él dedicó sus últimas palabras a una celebración del Mesías y de Su gobierno mundial. Citamos la versión de estas palabras inspiradas sugeridas por Keil y Delitzsch en su comentario en II Samuel 23:1-6:

Estas son las últimas palabras de David:
«Oráculo de David, hijo de Jesé,
oráculo del hombre puesto en alto,
del ungido del Dios de Jacob,
del cantor de los salmos de Israel.
El Espíritu de Yavé habla por mí,
su palabra está en mi lengua.
El Dios de Israel ha hablado,
la Roca de Israel me ha dicho:
«El justo que gobierne a los hombres
y los gobierne en el temor a Dios
es como la luz de la mañana cuando sale el sol,
como mañana sin nubes,
que hace brillar el pasto del campo después de la lluvia.
Sí, así es mi familia ante Dios,
que hizo conmigo una alianza eterna,
en todo ordenada y segura.
¿No hará él que germinen mis esperanzas
y todos mis deseos?
Pero los malvados son espinas del desierto…

En estos temas Jesús construyó su concepto del reino Mesiánico.

El último triunfo del reino Davídico fue previsto también por los otros profetas de Israel. Isaías escribió en el octavo siglo del “Príncipe de Paz” y de su “gobierno de paz en el trono de David y sobre su reino” (Isa. 9:6, 7). La promesa del pacto señaló a un cumplimiento final. La profecía anunciaba que el Mesías que viene “establecería y mantendría [el reino] con justicia y rectitud desde allí en adelante [es decir, el futuro Mesiánico] y por siempre” (Isa. 9:7). El proyecto entero estuvo sujeto a tener un resultado exitoso. Fue suscrito por el Señor Dios Mismo cuyo celo lo lograría.

El plan de Dios para Israel presentado en el pacto se había ocupado “del futuro distante” (2 Sam. 7:19). Un cumplimiento completo en el reinado de Salomón es por tanto imposible. Una frase poco advertida de la respuesta de David a la información proporcionada con Natán merece un comentario. De las palabras de un escrito de una teóloga australiana sobre el pacto Davídico, seleccionamos este extracto importante:

El tenor de la oración de David en 2 Samuel 7:18-29 indica que David comprendió bien el significado del pacto en los términos más amplios de las promesas divinas y de su efecto sobre la humanidad en su totalidad… desconcertante en el verso 19 es el wezot torat ha’adam hebreo (literalmente “y ésta es la ley del hombre” — necesita ser comprendido que torah es una palabra con una gama amplia de significados, básicamente tiene un sentido de la “guía”, “dirección” más bien que de insinuaciones legales completas como nuestra palabra “ley”)… W.C. Kaiser ha demostrado claramente que el verso 19b debe ser tomado como declaración, y que la frase Hebrea se refirió a servicios para introducir o para resumir (como aquí) un sistema de instrucciones divinas. Por “ésta”, se están refiriendo a las promesas de la primera mitad del capítulo, mientras que por “ley del hombre”, están incluidas sus implicaciones para el futuro, hasta donde David lo entendía. La expresión hebrea curiosa, “ley del hombre”, se ha demostrado tener paralelos en la misma frase acadia terit nishe que lleva un significado de un “oráculo funesto para el hombre”. Lo que es transmitido por el término acadio es la noción de una expresión por la que el destino de la humanidad está controlado o regulado. Tal concepto encaja con el contexto de Samuel admirablemente y con más que una cierta probabilidad Kaiser sugiere que el sentido que debe darse a 2 Samuel 7:19b es “ésta es la carta por la cual la humanidad será dirigida”. Es decir, en el oráculo que le ha sido entregado, David acertadamente ve que están envueltos el futuro y el destino de la raza humana. Las promesas a David se han basado sobre la amplia historia de los conceptos del pacto cuando, desde la creación hacia adelante, han cubierto el propósito divino para el desarrollo humano, y David había visto las completas conexiones del pacto que el oráculo de Natán ha ofrecido.

Las implicaciones de esta comunicación divina extraordinaria concedida a David son de gran envergadura. Ellas proporcionan una vista en perspectiva del resultado de la historia humana. El futuro de la humanidad se enlaza con el futuro de la casa real de David. De esa familia emergerá un Mesías hombre de Estado competente para solucionar los problemas insuperables del mundo. El pacto concedido a David es nada menos que una carta divina que autoriza al Mesías y a sus asociados a gobernar el mundo. La historia está marchando a esa meta inevitable. Ignorada por los historiadores, los filósofos y los antropólogos y descuidada por los teólogos, esta información preciosa ilumina la última historia de Jesús y de los cristianos primitivos. Ayuda a explicar el celo apasionado con el cual difundieron las Buenas Noticias. Se vieron como participantes en la empresa más grande concebida alguna vez por el hombre —o más bien concebida por Dios. Convencidos de las afirmaciones de Jesús, los Cristianos se alinearon con el Mesías y su mensaje. Sabiendo que Jesús fue designado divinamente para gobernar el mundo y que estaba invitándoles a que compartieran esa autoridad con El se vieron como una clase de quinta columna en un sistema mundial hostil. Su estatus verdadero no era reconocido, mientras trabajaban en el servicio de un rey ausente, anticipando el derrocamiento de los actuales gobiernos en la reaparición del Mesías.

Un paralelo parcial es proporcionado por los movimientos conspiradores en secreto en nuestro día, los cuales han sido denunciados por haber estado envueltos en planes para una toma de posesión del mundo. Es importante agregar inmediatamente que Jesús no era un paladín clandestino con motivos oscuros. Sus métodos eran completamente pacíficos y Su mensaje público. Sobre todo El era el canal elegido de la bendición para todos los que creyeron en El. La mayoría de los que oyeron su agenda, sin embargo, no aceptó sus afirmaciones. Era inevitable, por lo tanto, que Jesús reuniera alrededor de El un número pequeño de discípulos íntimos que llegaron a estar cada vez más versados con el programa Mesiánico para el desarrollo del mundo a través de los siervos elegidos de Dios. Este cuadro de líderes creyentes formó una guardia anticipada del Reino de Dios, el cual un día sería manifestado en Jerusalén, de acuerdo al pacto-esperanza de la restauración del Reino. Debido a que tan pocos aceptaron a Jesús y su agenda Mesiánica (“estrecho es el camino que conduce a la vida [en el reino] y pocos son los que le hallan”, Mateo 7:14), se dice en el Nuevo Testamento que aquellos que lo encontraron están en la posesión de un secreto divino precioso, un tesoro inestimable, para el cual no hay sacrificio demasiado grande (Mateo 13:44-46). El secreto era su comprensión del plan del Reino de Dios, y su meta era calificar para la vida en la edad venidera del Reino y de una cita como co-regente con el Mesías. E incluso si el mundo hostil los pusiera a la muerte, reaparecerían inmortalizados en la resurrección. Las puertas del Hades, inclusive, no prevalecerían contra ellos.

Las autoridades Romanas vieron a Jesús como una amenaza política potencial. No eran inconscientes de las implicaciones del Mesianismo. Sus peores miedos, sin embargo, no fueron justificados. Jesús no organizó ninguna revolución y no hizo ningún movimiento político. Cuando sus seguidores menos instruidos procuraron hacerle rey allí, entonces Jesús prontamente se fue solo a una montaña (Juan 6:15). El tiempo no había llegado para que El accediera al trono. Sin embargo, El era candidato de Dios a la oficina real. Jesús sabía tan bien como sus partidarios que el papel de Mesías era liberar a Israel de la opresión extranjera (Lucas 24:21).4 El también sabía que el sendero a la victoria era la crucifixión, la resurrección, la ascensión y un período de ausencia a la diestra del Padre. El tiempo para una asunción abierta del poder mundial no está todavía maduro.

EL PACTO DEL ETERNO CON EL PATRIARCA ABRAHAM, EL PADRE DE LOS FIELES

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Anthony F. Buzzard

El Patriarca Abraham: Su mismo nombre lo nomina como un padre fundador. Las letras de apertura de su nombre sugieren primacía y fundamento, como el principio del alfabeto. “Ab” es el hebreo para padre y Abraham significa “padre de una multitud” (Génesis 17:4, 5). Abraham demostró una fe ejemplar en Dios, una obediencia incuestionable, al responder al llamado divino para salir de su país nativo y viajar a una tierra desconocida que Dios le mostraría. Veinticuatro años más tarde, por una confirmación solemne del pacto divino, la tierra de Canaán le fue prometida a ambos, a él y a sus descendientes, y en un sentido especial, a su Descendiente, en el singular: “y te daré a ti y a tu simiente después de ti la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua” (Génesis 17:8). El comentario de Pablo ilumina la promesa: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas y a su simiente. No dice ‘y a las simientes’, como si hablase de muchos, sino como de uno, ‘y a su simiente’, la cual es Cristo” (Gálatas 3:16).

Los términos de este pacto con Abraham requieren escrutinio minucioso, puesto que forman el fundamento de la historia bíblica entera del rescate y tienen implicaciones trascendentales para el futuro del mundo. El pacto Abrahámico, que Jesús vino a reconfirmar (Rom 15:8), proporciona una guía imprescindible del significado del Cristianismo del Nuevo Testamento, un anteproyecto para el plan en curso de Dios. No sería ninguna exageración decir que el fracaso de captar los términos de los arreglos de Dios con Abraham, es la raíz de la confusión masiva que existe ahora en las mentes de los asistentes a las iglesias en relación a todo el propósito de la fe cristiana. Las palabras solemnes de Dios a Abraham fueron repetidas en varias ocasiones. La promesa funciona como un hilo de rosca dorado través de la narrativa del Génesis:

“Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y el oriente y el occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre… levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti te la daré” (Génesis 13:14-17).

“En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra” (Génesis 15:18).

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti y tu descendencia después de ti en sus generaciones por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.” (Génesis 17:7, 8).

Una primera lección en el estudio de la Biblia, quizás la llave para un entendimiento de la Escritura, es reconocer que estas promesas divinas todavía, hasta el día de hoy, siguen estando incumplidas. En el pasado, es verdad, ellas habían sido realizadas parcialmente en la historia de Israel. Como promesas de cosas todavía por venir, ellas son la base de la esperanza cristiana y el informe para la ansiosa expectativa de los Cristianos primitivos que hicieron frente al martirio en vez de abandonar su visión de una herencia dichosa sin fin, basada en la promesa a Abraham confirmada en Cristo.

Los Cristianos primitivos eran, sin embargo, acuciosos para señalar que Abraham nunca recibió la tierra prometida:

“Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le
prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después
de él, cuando él aún no tenía hijos” (Hechos 7:5).

Todos éstos [los héroes de la fe, incluyendo a Abraham] murieron sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra… y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido (Heb. 11:13, 39).

Jesús era un adherente comprometido a la creencia en el destino del fiel para ganar la posesión de la tierra como le fue prometido originalmente a Abraham: “Bienaventurados son los mansos porque ellos recibirán la tierra [o el mundo] por heredad” (Mateo 5:5).

La esencia del drama divino siendo consumada en la tierra es expuesta por el escritor a los hebreos, elogiando a Abraham por su fe en el plan:

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa” (Heb. 11:8, 9).

Es de la tensión extraordinaria creada por el no-cumplimiento de esta promesa divina que el Nuevo Testamento deriva su entusiasmo contagioso, mientras se filtra hacia el magnífico dénouement del plan divino. Abraham vivió en la tierra prometida, pero nunca obtuvo la posesión de ella. Allí reside la fascinación de la Biblia y el desafío de la fe. Se mantiene el entusiasmo mientras cada día nos conduce un paso más cerca a la reaparición de esos héroes de la fe (y de todos los creyentes subsiguientes) para lograr, por la resurrección de los muertos, su premio (Heb. 11:35). Como el escritor a los hebreos observó, que los patriarcas “murieron sin haber recibido las promesas” (Heb. 11:13, 39). El Nuevo Testamento enseña que nuestra esperanza es su esperanza y que su tierra es nuestra tierra también. La tierra pertenece a Jesús, y él la compartirá con sus seguidores, los cuales son coherederos de la tierra prometida (Gál. 3:19; Rom. 8:17; II Tim. 2:12).

Las referencias importantes en Génesis al descendiente de Abraham, su “simiente” (Génesis 13:15; 15:18; 17:8), recuerda a la “simiente” prometida a Eva (Génesis 3:15). En El el desastre causado por la serpiente sería invertido. Como hemos visto, Pablo reconoció que el gran descendiente no era otro que el Mesías mismo (“a su simiente, la cual es Cristo”, Gál. 3:16), el Libertador esperado desde hace mucho tiempo de Israel y del mundo entero (Juan 1:49; 4:42). A Jesús le fue asignada la tarea de deshacer el caos ocasionado por Satanás. A través de Jesús el estatus divino del hombre como representante de Dios en la tierra sería restaurado. Por El los poderes del mal serían derrotados para siempre (Colosenses 2:15). Juan el Apóstol describió el papel del Mesías sucintamente: “el Hijo de Dios apareció por esta razón: para deshacer las obras del Diablo” (I Juan 3:8). Jesús definió cómo sería logrado ese trabajo cuando él declaró el propósito para su misión: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el Evangelio del Reino de Dios; porque para esto he sido enviado” (Lucas 4:43). Éste sigue siendo el propósito de la iglesia hasta el regreso de Cristo para tomar posesión de las riendas del gobierno mundial (Mateo 24:14).

El mensaje que vino a Abraham contiene todos los elementos esenciales del plan divino y por lo tanto de toda la Biblia. Las promesas hechas al “padre de los fieles” proporcionan la base imprescindible para una correcta comprensión del cristianismo apostólico. Están en la raíz de todo lo que Jesús enseñó. Inculcado en el pensamiento de Jesús, de su meditación profunda en la Biblia hebrea, estaba el concepto siguiente del propósito de Dios para el mundo: Un descendiente prometido a Eva, más adelante nombrado el Mesías o el rey ungido (Cristo), surgirá de la familia de Abraham, y él conseguirá la posesión de la tierra de Palestina y del mundo por siempre. Abraham, como el creyente prototípico, también gozará de esta herencia prometida, aunque durante el transcurso de su vida él no había heredado nada. La permanencia de la bendición divina destinada para Abraham, inmediatamente plantea la cuestión de la inmortalidad. ¿Porque cuál es el punto de una herencia sin fin para Abraham a menos que su vida pueda prolongarse indefinidamente para gozarla? Abraham murió y durmió con sus padres. Una herencia eterna puede tener sentido, por lo tanto, sólo si Abraham puede ser traído a la vida otra vez. Enfrentamos aquí la necesidad absoluta de la resurrección de los muertos en el esquema divino.

Las generaciones pasan y los descendientes de Abraham, de Isaac y de Jacob crecen en la nación de Israel (Exod. 1:1-7). Saliendo de su esclavitud terrible en Egipto (Exod. 14; 15), la gente vaga en el desierto, dirigida por Moisés (Exod. 16-40), y entran en la tierra prometida bajo Josué (Jos. 1-24). ¿Puede ser esto por fin el cumplimiento de la promesa a Abraham? Claramente no en su forma final, porque Abraham, a quien el regalo de la tierra le fue concedido, ha estado hace mucho sepultado y el Descendiente prometido, el gran Libertador, todavía no ha aparecido. El mensaje persiste a través de los siglos como la luz guiadora de la nación de Israel. Lejos de llegar a ser oscuro en la medida que pasa el tiempo, gana claridad notable en la vida del rey querido de Israel, David, hijo de Isaí. Mientras que Dios obró en la carrera de este celebrado Salmista, profeta, y monarca, el mensaje recibió un nuevo ímpetu, proyectando las esperanzas de los fieles hacia el nacimiento de Jesús, el Mesías, y mucho más allá hacia el Reino prometido de la paz.

JESÚS, EL HEREDERO DEL TRONO DE DAVID

jesus_000Por Sir. Anthony F. Buzzard

El ministerio de Jesús estuvo informado por las Escrituras Hebreas en las cuales El había sido instruido desde su niñez temprana. Como creyente en el Dios de Israel, y de su revelación divina a través de los profetas, él compartió el deseo vivo de la gente judía para el gran día de la liberación de poderes extranjeros y el regreso de los Israelitas a la tierra prometida. Es un error fatal de interpretación divorciar el lenguaje del reino del Nuevo Testamento, de sus raíces en el Antiguo Testamento y de la historia de Israel. La gloria del gobierno de David y de Salomón proporcionó el modelo para un imperio Israelita mucho mayor del futuro. Puesto que fue creído que Jesús era el heredero distinguido a ese trono Davídico (Lucas 1:32, 33), los siguientes textos del Antiguo Testamento, que contienen una referencia directa o implicada al trono de David, construyen un puente entre la herencia real de Jesús y la esperanza cristiana:

“A David y sobre su descendencia y sobre su casa y sobre su trono habrá perpetuamente paz de parte de Jehová” (1 Reyes 2:33).

El señor ha jurado a David… trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre Israel y Judá, de Dan a Beerseba” (2 Sam. 3:9, 10).

Y se sentó Salomón en el trono de David su padre y su reino fue firme en gran manera (1 Reyes 2:12).

El trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová. Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón (1 Reyes 2:45, 46).

El señor vive, que me ha establecido y me ha puesto en el trono de David mi padre (1 Reyes 2:24).

El trono de David significa naturalmente el asiento gubernamental de la dinastía de David en Jerusalén. De importancia crítica es el hecho de que el mismo trono se puede también llamar el trono del reino del Señor, la última frase que es equivalente al Reino de Dios. Esto significa que el rey de Israel, que gobierna en Jerusalén, es embajador elegido de Dios en la tierra. Él preside el Reino de Dios mientras que administra el reino Davídico en Palestina. Así era que Israel miraba hacia adelante al Mesías previsto, el rey ideal de la línea de David, que representa perfectamente al único Dios. El Reino de David, que es también el reino de Dios, está en la tierra, y debe en última instancia ser administrado por el agente comisionado de Dios, el último soberano de la casa real de David que gobierna desde Jerusalén. El término reino de Dios se arraiga en el convenio divino hecho con David. El acoplamiento crucial entre el reino de Israel y el Reino de Dios se encuentra en un número de pasajes clave dominantes del Antiguo Testamento:

Entonces Salomón se sentó en el trono del Señor como rey en lugar de David a su padre; y él prosperó y todo el Israel lo obedeció (1 Crón. 29:23).

Dios ha elegido a mi hijo Salomón para sentarse en el trono del reino del Señor sobre Israel (1 Crón. 28:5).

Vosotros tratáis de resistir al reino del Señor en mano de los hijos de David (2 Crón. 13:8).

Pero yo [Dios] lo confirmaré [Salomón] en mi casa y en mi reino eternamente, y su trono será firme para siempre (1 Crón. 17:14).

Los reyes de Israel estaban profundamente enterados de su posición como gobernantes de Dios. En 1 Reyes 2:24 Salomón entiende que su reinado es por nombramiento divino: “el señor vive, que me ha establecido y me fijó en el trono de David mi padre.”

Cuando la reina de Saba visitó el reino magnífico de Salomón ella también entendía el significado de la frase Reino de Dios. En su entusiasmo sobre la exaltada posición de Salomón y el destino de Israel en el plan divino, ella declaró: “Bendito sea el Señor tu Dios el cual se ha agradado de ti, para ponerte sobre su trono como rey para el Señor tu Dios; por cuanto tu Dios amó a Israel para afirmarlo perpetuamente, por eso te ha puesto por rey sobre ellos, para que hagas juicio y justicia” (2 Crón. 9:8).

La misma declaración, según lo registrado en el verso paralelo en Reyes (1 Reyes 10:9), habla del trono de Israel confirmando nuevamente que el Reino de Israel es también el Reino de Dios. El mismo verso indica también la función ideal del rey. Es “hacer juicio y justicia” —exactamente el ideal puesto delante de todos los seguidores de Cristo, cuya meta es tener éxito donde Adán falló y recuperar la realeza perdida por él.

El Reino de Dios, entonces, es un imperio gobernado por el rey de Israel entronizado en Jerusalén. Esta definición lanzará un diluvio de luz sobre lo que quiso dar a entender Jesús por las Buenas Noticias sobre el Reino de Dios. La frase hebrea “Reino del Señor” reaparece en Revelación 11:15, donde, al toque de la séptima trompeta, el presente poder político de los estados es transferido al “reino de nuestro Señor y de su Cristo.”

Un examen del trabajo de los profetas de Israel revela su fe inamovible en una era que viene de justicia y de paz para toda la humanidad. El profeta Isaías expresó la visión y la intención de Dios para Israel y el mundo cuando él habló del mensaje de uno “quien anuncia paz y trae buenas noticias de felicidad, que anuncia la salvación, y dice a Sion [Jerusalén], ‘Tu Dios reina!’” (Isa. 52:7). En medio de escenas de tribulación y de juicio el Reino de Dios aparecería, y el reinado del Señor sería establecido en la tierra en la persona del Rey de Israel que viene, el Mesías. Tal es la esperanza suprema de los profetas de Israel cuyo mensaje Jesús hizo suyo mientras que él convocaba a sus paisanos al arrepentimiento en vista del gran día. Lo esencial del Evangelio de Jesús era que el umbral del gran futuro había sido alcanzado. Las promesas hechas a los padres fundadores de Israel serían realizadas por fin.

Nuestra tarea ahora es llegar a estar informados en mayor detalle con los arreglos divinos que Israel pretendió como su herencia única y sobre los cuales Jesús construyó su mensaje salvador acerca del Reino. El Evangelio cristiano no se puede entender fuera de sus lazos en la Biblia Hebrea (véase Gál. 3:8; Rom. 1:1, 2; 15:8; 16:25, 26).

http://www.restorationfellowship.org
http://www.elevangeliodelreino.org
http://www.apologista.blogdiario.com

TESTIMONIOS DE ERUDITOS QUE EXPLICAN EL MOTIVO DEL ABANDONO DEL EVANGELIO DEL REINO EN LAS IGLESIAS Y EN LOS CÍRCULOS CRISTIANOS

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Con relación a la enseñanza bíblica acerca del destino del hombre, los conceptos bíblicos originales han sido substituidos con ideas del Helenismo y el Gnosticismo:

“La esperanza de la iglesia primitiva giró alrededor de la resurrección del Ultimo Día. Es ésta la que primero llama a los muertos a la vida eterna (1 Cor. 15; Fil. 3:21). Esta resurrección le ocurre al hombre y no sólo al cuerpo. Pablo habla de la resurrección, no “del cuerpo” sino “de los muertos”. Este entendimiento de la resurrección implícitamente comprende a la muerte que afecta a todo el hombre …Así [En la enseñanza tradicional Cristiana] los conceptos Bíblicos originales han sido reemplazados por ideas del dualismo Gnóstico Helenístico. La idea del Nuevo Testamento de la resurrección que afecta a todo el hombre ha tenido que dejar paso a la inmortalidad del alma. El Ultimo Día también pierde su significado, porque las almas han recibido todo lo que es decisivamente importante mucho antes de esto. La tensión escatológica [mirar hacia el futuro] no es ya fuertemente dirigida para el día de la Venida de Jesús. La diferencia entre ésta y la Esperanza del Nuevo Testamento es grandísima”… Paul Althaus. The Theology of Martin Luther, pp. 413, 414.

La enseñanza cristiana fue transformada. Las esperanzas mesiánicas pasaron al olvido. a noción del Reino de Dios en tierra desaparecida. La inmortalidad en la muerte tomó el lugar de la resurrección en el Reino en la tierra:

Como todos los conceptos el significado de los términos religiosos varía con una experiencia cambiante y una visión del mundo también cambiante. Trasplantada dentro de un punto de vista Griego del mundo, inevitablemente la enseñanza cristiana fue modificada – ciertamente transformada. Las preguntas que nunca habían sido preguntadas entraron en el primer plano y las presuposiciones Judías tendieron a desaparecer. Especialmente las esperanzas Mesiánicas fueron olvidadas o transferidas a una esfera trascendente más allá de la muerte. Cuando el imperio se convirtió en Cristiano en el cuarto siglo, la noción de un Reino de Cristo en tierra a ser introducido por una gran lucha casi desapareció, quedando sólo como la fe de grupos oscuros. La inmortalidad —la concepción filosófica— tomó el lugar de la resurrección del cuerpo. No obstante, lo último continúa por su presencia en las fuentes primarias, pero no ya no es un factor determinante, dado que su presuposición —el Reino Mesiánico en tierra— ha sido obscurecido. Así como el fondo es cambiado de Judío a Griego, así son cambiadas las concepciones religiosas fundamentales…Nosotros tenemos así una combinación peculiar —las doctrinas religiosas de la Biblia atraviesan corriendo las formas de una filosofía foránea. . G.W. Knox, D.D., LL.D, profesor de filosofía y de la historia de la religión, Union Theological Seminary, New York, Encyclopedia Britannica, 11th ed., Vol. 6, p. 284.

Nuestros credos nos enseñan a pensar en los términos Gentiles en contra del Nuevo Testamento:

El parentesco primario del Nuevo Testamento no está con el ambiente Gentil, sino más bien con la herencia y el amiente Judío…Nosotros somos a menudo guiados por nuestras credos y teologías tradicionales a pensar en términos de los conceptos Gentiles y especialmente Griegos. Sabemos que no después del segundo siglo empezó el esfuerzo sistemático de los Apologistas a demostrar que la fe Cristiana perfeccionó lo mejor de la filosofía Griega…Un estudio cuidadoso del Nuevo Testamento debe bloquear cualquier tendencia a considerar el Nuevo Testamento como un grupo de documentos expresivos de la mente Gentil. El parentesco de este libro es primordialmente y abrumadoramente con el Judaísmo y el Antiguo Testamento…El Nuevo Testamento habla siempre de desaprobación y usualmente con ruda denunciación de las filosofías y cultos Gentiles. Está concuerda esencialmente con la acusación Judía del mundo pagano…La Iglesia moderna a menudo entiende mal su relación con el Antiguo Testamento e Israel, y a menudo se inclina para preferir la actitud Griega al punto de vista del Nuevo Testamento. . F.V. Filson. The New Testament Against Its Environment, pp. 26, 27, 43.

El Nuevo Testamento permanece básicamente Judío, no Griego — aunque Griego en su lenguaje…y puede ser entendido sólo de la posición ventajosa histórica del Judaísmo modificado que proveyó a la iglesia primitiva de su terminología y todo su marco de pensamiento.. F.C. Grant. Ancient Judaism and the New Testament, p. 133.

La Cristiandad Original estaba sumergida bajo la cultura Greco-Romana que resultó en una perversión de la fe original:

Aunque la forma aguda de la secularización del Cristianismo en gnosticismo fue rechazada, no obstante la Iglesia…continuó perdiendo cada vez más su carácter primitivo y a estar conformado a su ambiente en la cultura Greco-Romana. El proceso fue adelantado por los Apologistas [voceros Para la Fe en el Segundo Siglo], pareció sufrir una chequeo en la influencia de Ireneo, pero fue estimulado en la escuela de teologia Alejandriana …Este desarrollo causó la transformación definitiva de la regla de fe en el compendio de un sistema filosófico Griego…Nosotros no podemos asumir que la fe, tal como fue entregada a los santos, fue adecuadamente y finalmente expresada en estas formas intelectuales Greco-Romanas…Que la fe fue expresada en el dogma eclesiástico siempre sin obscuridad o distorsión no puede ser sostenido…Que el organismo Cristiano no pudo escapar de ser afectado por, y adaptado a sí mismo a, su ambiente Greco-Romano, debe ser admitido; Que esta acción y reacción no fueron sólo necesarias sino una condición de progreso puede ser conjeturado…Esto, sin embargo, no excluye el franco reconocimiento del hecho de que hubo características del genio especulativo Griego y rasgos característicos prácticos Romanos no del todo armoniosas con el carácter distintivo del Evangelio, de modo que hubo perversión en medio del progreso en el subsiguiente desarrollo —la sal como condimiento perdió una cierta cantidad de su sabor. La metafísica y las Doctrinas Griegas representaron y expresaron mal el Evangelio.. A.E. Garvie, “Christianity,” Encyclopedia of Religion and Ethics, 1910, Vol. 3, p. 588.

La influencia de la filosofía Griega en la teología Cristiana primitiva es demasiado obvia para ser cuestionada.. .P. Fisher, History of Christian Doctrine, T&T Clark, 1908, p. 32.

Los cristianos no comprenden el significado de “Mesías” ni el punto de vista de Su Reino:

Los Cristianos mayormente han perdido el sentido de la función Mesiánica de Jesús. Y mayormente han perdido el punto de vista Mesiánico. El nombre Griego “Christos” quiere decir “el ungido” y es la traducción literal del Hebreo “Mashiach” —el Mesías…Los Cristianos que piensan o hablan de Cristo casi olvidan la palabra semítica y las ideas que el nombre traduce; De hecho se olvidan de que Jesús es primordialmente el Mesías. La sola idea de la función mesiánica de Jesús ha pasado de sus mentes. Habiendo perdido el sentido original de la palabra “Cristo,” muchos cristianos también han perdido el punto de vista Mesiánico, es decir., la expectativa del futuro divino, la orientación hacia lo que viene en la tierra como el desenlace de la era presente de la historia.. Lev Gillet, citado por Hugh Schonfield en The Politics of God, pp. 50, 51.

“El cielo” no es lo que Jesús les prometió a Sus seguidores, sin embargo, los cristianos hoy constantemente dicen que lo es:

William Strawson, un tutor en la teología sistemática y de la filosofía de la religión, hizo un estudio detallado de Jesús y la Vida Futura y dedicó páginas 23 para un examen de la palabra “cielo” en Mateo, Marcos y Lucas. Él concluyó:

En pocas, si ninguna instancia del uso de la palabra “cielo”, hay allí algún paralelo con su uso moderno. Los registros del evangelio de la vida y enseñanza de nuestro Señor no hablan de ir al cielo, como el creyente moderno lo manifiesta tan naturalmente. Más bien el énfasis está en aquello que baja al hombre “celestialmente”…Nuestra forma moderna de hablar de la vida con Dios como que es vida “en el cielo” no es la forma que los evangelios hablan de la materia. Especialmente no hay allí ninguna sugerencia de que Jesús les ofrece a sus discípulos la certeza de “cielo” después de esta vida. p. 38.

El cielo como la morada futura de los creyentes es [una concepción] conspicua por su ausencia del pensamiento de San Pablo. La segunda venida es siempre del cielo igual que en la primera (1 Tes. 1:10) y en la última (Fil. 3:20) de las cartas de Pablo…Probablemente él da por entendido que los creyentes tendrán su lugar en un Reino terrenal Mesiánico que él no cree necesario mencionarlo. “Heaven,” Dictionary of the Apostolic Church, Vol. I, p. 531.

Jesús no estaba pensando en un cielo allende incoloro y divino, sino que lo imaginó para a Sí Mismo como un estado de cosas que existen en esta tierra —aunque por supuesto en una tierra transformada— y en Su propio territorio. W. Bousset, Jesus, London: Williams and Norgate, 1906, p. 82.

Ocurrió Un desastre cuando, después de la muerte de los Apóstoles, el elemento Judío en el Cristianismo original fue expulsado a favor de una Nueva religión Gentil:

La creación de la religión Cristiana necesariamente involucró una retirada de la enseñanza de Moisés, los Profetas y Jesús, que cada vez más se convirtió en una completa derrota… Como un Cristiano Protestante escribió: “El gran pueblo de la elección de Dios [los Judíos] fueron pronto los menos adecuadamente representados en la Iglesia Católica. Esto fue un desastre para la Iglesia misma. Quiso decir que la iglesia como un todo falló en entender el Antiguo Testamento y que la mente Griega y la mente Romana a su vez, en lugar de la mente Hebrea, vinieron a dominar su punto de vista: De ese desastre la iglesia nunca se ha recuperado ya sea en doctrina o en práctica…Si hoy otra gran era de evangelización debe emerger, necesitamos a los Judíos otra vez…el Cristianismo es una síntesis de Judaísmo y paganismo. Como tal, es una corrupción de tanto significado como la antigua deserción Israelita que matizó su religión con los cultos de los cananeos. Por consiguiente, no es para los Judíos abrazar el Cristianismo ortodoxo, sino para los Cristianos, si es que ellos son Israelitas verdaderamente como el pueblo de Dios, para que revisen y purifiquen sus creencias, y para que recapturen lo que básicamente ellos tienen en común con los Judíos, el punto de vista Mesiánico.. H.J. Schonfield, The Politics of God, pp. 98, 99, que cita a Canon Goudge, Essays on Judaism and Christianity.

¿Sobre qué base deberíamos negar que Jesús compartió las creencias Judías?

A muchos de nosotros nos gusta pensar que Jesús negó las creencias Judías acerca de la revelación sobrenatural y el privilegio exclusivo, porque nuestras mentes están tan profundamente influenciadas por la manera de ver filosófica. ¿Pero tenemos nosotros algún derecho para dar por supuesto que El supo de la falsedad de la creencia Judía? ¿Era falsa? ¿Tenemos derecho nosotros dar por sentado que, porque un universalismo no Judío basado en los modos filosóficos de pensamiento del siglo veintiuno nos atrae, debe por consiguiente ser la pura verdad y la voluntad divina? Seguramente debemos buscar alguna prueba. Pero no hay prueba en los Evangelios… y Sus discípulos creyeron tan firmemente en el valor exclusivo de la religión Judía después de Su resurrección como antes.. H.D. Hamilton, The People of God, Vol. I, p. 260.

El sistema Cristiano completo, ambos Católico y Protestante, son defectuosos por la mezcla de la Biblia con las ideas Griegas Foráneas:

Nuestra posición es que la reinterpretación de la teología Bíblica en términos de los filósofos Griegos ha sido ambas, extendida a todo lo largo de los siglos, y destructiva en todas partes para la esencia de la fe Cristiana…siempre ha habido Judíos que trataron de llegar a un acuerdo con el mundo Gentil, y eso ha significado con el tiempo la muerte de Judaísmo por todo eso. Hubo Cristianos desde el principio que han buscado hacer esto…Ni la teología Católica ni la Protestante se basan en la teología Bíblica. En cada caso tenemos una dominación de la teología Cristiana por el pensamiento Griego. N.H. Snaith, The Distinctive Ideas of the Old Testament, London: Epworth Press, 1955, pp. 187, 188.

La Iglesia como está desarrollada, fue envenenada por los elementos del Gnosticismo después de los tiempos de la Biblia:

¿Quién puede sostener que la Iglesia alguna vez venció a la doctrina Gnóstica de las dos naturalezas o el Docetismo Valentiniano? Aun los posteriores concilios de la Iglesia que discutieron los problemas Cristológicos en definiciones complicadas, apenas inteligibles hoy en día, no lograron hacer esto; La unidad de laIglesia se fue a pique precisamente en esto.. Kurt Rudolph, Gnosis: The Nature and History of Gnosticism, Harper and Row, 1983, p. 372.

Mientras que los Protestantes afirman que la Biblia es su autoridad, ellos, de hecho, han aceptado una versión del Cristianismo de influencia Griega que abandona la Biblia:

La diferencia es obvia entre los patrones mentales del Nuevo Testamento y la mayor parte de nuestro acostumbrado pensamiento Cristiano…La explicación de este contraste recae sobre el hecho de que el pensamiento Cristiano histórico a este respecto, como en otros, ha sido Griego en vez de Hebreo. Afirmando que se basa en la Escritura, de hecho éste ha renunciado completamente a muchos armazones del pensamiento bíblico y más bien ha aceptado las contrapartes Griegas.. H.E. Fosdick, A Guide to Understanding the Bible, Harper Bros., 1938, p. 93.

La Iglesia dice una cosa y hace otra:

La Iglesia usualmente en la práctica (cualquier cosa que puede haber afirmado estar haciendo en teoría) no ha basado su Cristología [la comprensión de quién es Jesús] exclusivamente en el testimonio del Nuevo Testamento. Maurice Wiles, The Remaking of Christian Doctrine, London: SCM Press, 1974, pp. 54, 55.

Del segundo siglo una nueva forma de Cristianismo comenzaba a reemplazar a la fe de la Biblia:

El Cristianismo Gentil desarrollado del tipo que comenzaba a tomar forma hacia fines del primer siglo tiene poco que ver con Jesús o la fe de la primera generación. Es una nueva religión desarrollada para reemplazar a la fe original.. Don Cupitt, The Debate About Christ, p. 69.

El término esencialmente político del Reino de Dios, el tema central de Jesús, ha estado deformado en la Iglesia y en los círculos académicos:

Para que el Reino de Dios haya resultado en la crucifixión de Jesús, debe haber conllevado connotaciones políticas que las autoridades gobernantes en Jerusalén consideraron peligrosas. Asombroso como puede parecer, con todo, ni en la iglesia ni en los círculos académicos le habían asignado al Reino de Dios el significado político que su derivación y consecuencias requieren. El debate erudito mayormente ha ignorado algunas dimensiones políticas palpables del reino.. R.D. Kaylor, Jesus the Prophet, His Vision of the Kingdom on Earth, Westminster/John Knox Press, 1994, p. 70.

Los síntomas del malestar de la teología Cristiana se ven claramente cuando algunos evangelistas contemporáneos declaran con confianza que las enseñanzas de Jesús no son realmente el corazón esencial de la condición de la fe:

Muchas personas hoy piensan que la esencia del Cristianismo es las enseñanzas de Jesús, pero eso no es así. Si usted lee las cartas del Apóstol Pablo, las cuales constituyen la mayoría del Nuevo Testamento, usted verá que casi nada se dice acerca de las enseñanzas de Jesús. A todo lo largo del resto de Nuevo Testamento, hay poca referencia a las enseñanzas de Jesús, y en el Credo de los Apóstoles, el credo Cristiano más universalmente sostenido, no hay referencia a las enseñanzas de Jesús. No hay también referencia al ejemplo de Jesús. Sólo dos días en la vida de Jesús son mencionados —el día de Su nacimiento y el día de Su muerte. El Cristianismo no se centra en las enseñanzas de Jesús, sino en la persona de Jesús como Dios encarnado que vino al mundo para tomar sobre sí nuestra culpabilidad y morir en nuestro lugar. (D.J. Kennedy, “How I Know Jesus Is God,” Truths that Transform, Nov. 1989.)

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EL REINO DE DIOS CON RELACIÓN A LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

jesus_077Por Sir. Anthony F. Buzzard

La urgente exigencia de Jesús a “arrepentirse y creer en las Buenas Nuevas del Reino” (seguramente un excelente punto para comenzar la predicación del Evangelio) implica una comprensión cabal de la frase “el reino de Dios”. Mientras la frase principal de Jesús queda poco clara para muchos, esto ha causado que los evangélicos pasen por alto toda referencia al Reino de Dios en su definición del Evangelio, y definirlo únicamente como la muerte, sepultura y resurrección de Jesús. Es costumbre apelar a las palabras de Pablo en 1 Corintios 15:1-11 para esto:

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente [literalmente: “entre las primeras”, NASV margen] he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce.

Una llave importante para comprender la excelente declaración de Pablo acerca de su Mensaje del Evangelio se halla en la pequeña frase “en protois, entre las cosas de primera importancia” (1 Cor. 15:3). El punto en cuestión en la carta Corintia fue la resurrección de Jesús, la cual algunos de los Corintios comenzaban a dudar —”¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos?” (1 Cor. 15:12). En respuesta a esta crisis particular de creencia, Pablo le recuerda a su audiencia que la muerte y la resurrección de Jesús son absolutamente de significancia fundamental en el Evangelio Cristiano. Sin la muerte de Jesús para ganar el perdón para todos nosotros, y sin Su retorno de la muerte a la vida a través de la resurrección, no puede haber esperanza de salvación en el Reino venidero. El Evangelio del Reino es anulado si, de hecho, Jesús no ha resucitado de entre los muertos.

Sin embargo, es un error sostener la opinión, a partir de este texto, de que los hechos acerca de la muerte y resurrección de Jesús formaron la totalidad del Mensaje del Evangelio. Pablo es cuidadoso para decir que estos hechos centrales fueron predicados “entre las cosas de primera importancia”. Éste, sin embargo, no fue su Evangelio completo. Hubo otras cosas también, de igual importancia en el Evangelio, a saber, el anuncio acerca del Reino de Dios. Recordamos que Jesús había proclamado el Reino de Dios como el Evangelio mucho antes de que él hablara de Su muerte y su resurrección, un hecho que prueba que el Reino de Dios no es un sinónimo para la muerte y la resurrección de Cristo (Lucas 4:43; cp. Lucas 18:31-34). Como una destacada autoridad observa:

Ni Romanos 1:1-3 ni 1 Cor. 15:1-4 quieren decir que sean la completa declaración de lo que Pablo entendió por el Evangelio. Podemos ver esto del hecho que la muerte de Jesús no es mencionada en Romanos 1:1ff… El Evangelio de Pablo es idéntico con el que Jesús Mismo predicó durante Su vida terrenal. Cristo Mismo prácticamente quien habla en el Evangelio presentado por Pablo. Pablo no se está refiriendo [en Romanos 16:25] a su Evangelio añadido a la predicación del Señor resucitado. Él enfatiza el acuerdo de su predicación con aquel del Jesús terrenal. Por lo tanto su “proclamación de Jesucristo” sólo puede significar el mensaje que Jesucristo proclamó.

Es evidente que Pablo no estaba en 1 Corintios 15 directamente ocupándose del tema del Reino de Dios como un acontecimiento futuro que coincide con el regreso de Jesús. Los Corintios ya habían aceptado esa creencia como parte del Evangelio de salvación. Así Pablo está apto para elucubrar sobre la ya entendida doctrina del Reino sólo algunos versos más adelante. Habiendo recién mencionado la futura venida de Jesús (1 Cor. 15:23), él habla del Reino sobre el cual Jesús presidirá en Su venida (1 Cor. 15:25-27). Ese Reino, debería ser cuidadosamente notado, es el Reino que la “carne y sangre” no puede heredar, porque “lo perecedero no puede heredar lo imperecedero (1 Cor. 15:50). Para entrar en el Reino de Dios, los cristianos deben ser llamados de la muerte en la última trompeta y ser cambiados, en un abrir y cerrar de ojos, en personas inmortales (1 Cor. 15:51, 52). Estos versos confirman, otra vez, el hecho de que el Reino de Dios hereda el poder en la Segunda Venida. Siguiendo a Jesús, Pablo habla de entrar o heredar el Reino en el futuro.

El Reino tiene un lugar principal en el mensaje del Evangelio del Nuevo Testamento, en adición, por supuesto, a la predicación igualmente esencial de la muerte y la resurrección del Salvador. Es un serio mal uso de la Biblia poner 1 Corintios 15:1-4 en conflicto con la evidencia masiva para la importancia central del Reino de Dios en la pre y pro proclamación de la resurrección. Otra vez debemos enfatizar la importancia de Hechos 8:12 (resonado en Hechos 19:8; 28:23, 31) como la comprensiva declaración resumida de Lucas acerca del Mensaje de Evangelio: “Cuando creyeron a Felipe que predicaba las Buenas Nuevas acerca del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (vea también a Mat. 13:19; Lucas 8:12). “El reino de Dios” da el “marco” a toda la escritura de Lucas. Para él, y para la iglesia del Nuevo Testamento, fue la frase por excelencia para denotar la restauración de la tierra bajo el reinado del Mesías, así como también para expresar la urgente necesidad presente para los conversos de prepararse para el alto honor de gobernar con el Mesías.

La sustitución de la palabra “cielo” por Reino de Dios es un principal factor contribuyente en una pérdida de la claridad acerca del Evangelio de Jesús. Cuando el lenguaje de Jesús es abandonado, el daño, en términos de la pérdida de la mente de Jesús, es incalculable. Semejante pérdida, trágicamente, ha sido característica de la historia del desarrollo de la idea cristiana central —”el Evangelio del Reino y las cosas concernientes a Jesús”.

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LAS DEFINICIONES MÁS COMUNES DEL EVANGELIO

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Por Sir. Anthony F. Buzzard

Una definición del Evangelio fue ofrecida por la Conferencia Lausanne sobre Evangelismo en 1974 habla del perdón de los pecados a través de la muerte de Jesús, de Su resurrección y de Su reinado presente en el cielo. No dice nada, sin embargo, acerca del Reino de Dios como la meta del creyente cristiano. La dimensión futura de salvación, tan conspicuo en el Nuevo Testamento, está ausente. Esta ausencia del Reino parece cortar por la mitad el Mensaje de Evangelio, desnudándolo de su fuerte énfasis en el Plan de Dios para enviar a Su Hijo de regreso a la tierra para reinar con Sus seguidores en el gobierno Mesiánico prometido por los profetas:

Evangelizar es esparcir las buenas noticias de que Jesucristo murió por nuestros pecados, y que fue levantado de los muertos según las Escrituras, y que como Señor reinante El ofrece ahora el perdón de los pecados y el don libertador del Espíritu a todo el que se arrepienta y crea.

Esta definición carece del característico “componente” central futuro del “reino” de la Biblia. Proponemos que la declaración podría ser enmendada como sigue:

Evangelizar es esparcir las Buenas Nuevas de que Dios ha planificado, como la meta de la historia, y para la reafirmación de Su soberanía en la tierra, el establecimiento del Reino de Dios cuando Jesús regrese; que Jesús ahora ofrece el perdón y la nueva vida a través de Su muerte y resurrección a todos aquellos que se arrepienten y creen en el Mensaje (Mar. 1:14, 15), la promesa del Espíritu para aquellos que le obedecen (Hechos 5:32), y una invitación para todos los que respondan a las Buenas Nuevas del Reino y el nombre de Jesucristo (Hechos 8:12) para prepararse para los puestos de responsabilidad con Jesús en el Reino venidero.

Una Supresión de la Información

Hay una ausencia marcada de la frase “reino de Dios” en los lugares donde nosotros más esperaríamos que ésta fuese hallada. Un líder prominente del movimiento ecuménico, quien prestó servicio como Secretario General Asociado del Concilio Mundial de Iglesias, observa que el Reino de Dios fue el tema central de la predicación de Jesús como lo encontramos en el Nuevo Testamento…Y sin embargo no puede decirse que haya sido el tema central en las grandes tradiciones clásicas de la Cristiandad. No es mencionado en el Credo de los Apóstoles. El Credo Niceno dice de Cristo que “su reino no tendrá fin”, pero no emplea la frase el Reino de Dios. Las principales tradiciones que resultaron de la Reforma han hablado de “predicar el evangelio,” o de “predicar a Cristo,” pero rara vez de “predicar el Reino”.

Un tratado reciente publicado por la Asociación evangelística de Billy Graham lleva el título, “¿Qué es el Evangelio?”. El escritor no hace referencia al “evangelio del Reino”, pero nos dice que el Evangelio es “el Evangelio de Dios”, “el Evangelio de Cristo”, “el Evangelio de nuestra Salvación”, y “el Evangelio de la Paz”. También se hace mención de la frase “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) pero, asombrosamente, la frase explicativa y aclaradora que surge en el siguiente verso se omite completamente. Pablo aquí define el “evangelio de la gracia de Dios” como “la proclamación del Reino” (Hechos 20:25).

Un patrón constante que presenta “el Evangelio” citando textos sólo de Romanos y Juan (con la adición de algunas otras referencias a las cartas de Pablo) pueden verse en veintenas de tratados que ofrecen la “salvación”. Las “cuatro leyes espirituales” usadas extensamente aconsejan a sus lectores a “comenzar con Juan”, y no hacen ninguna referencia al Evangelio acerca del Reino.

El Internacional Standard Bible Dictionary discute el término “evangelio,” y explica que se refiere al Mensaje que Cristo y Sus Apóstoles anunciaron. El Evangelio es el instrumento a través del cual el Espíritu Santo opera. Luego señala que en algunos lugares es designado “el evangelio de Dios” (Marcos 1:14; Rom. 1:1; 1 Tes. 2:2, 9; 1 Tim. 1:11). En otros es designado “el evangelio de Cristo” (Mar. 1:1; Rom 1:16; 15:19; 1 Cor. 9:12, 18; Gál. 1:7). En otro es designado “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24); En otro “el evangelio de paz” (Efe. 6:15); “El evangelio de vuestra salvación” (Efe. 1:13); Y aún otro “el evangelio glorioso” (2 Cor. 4:4, AV).

A pesar de que el Evangelio está directamente relacionado con el término Reino, como “las Buenas Nuevas del Reino de Dios”, en algunos veinte lugares en Mateo, Marcos, y Lucas, así como también por implicación en veitenas de versos a todo lo largo del Nuevo Testamento donde aparece la palabra “evangelio” o “Mensaje” (“Palabra”), el diccionario omite completamente decirnos sobre la frase “evangelio del Reino”. Este silencio extraordinario acerca del Reino de Dios es característico de mucho de lo que es conocido como el evangelismo Cristiano.

Es razonable preguntar por qué el Reino de Dios aparece tan poco en el evangelismo moderno. La respuesta debe encontrarse en un prolongado hincapié puesto en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, que data desde Calvino y Lutero. Una ofensa inconsciente en el Jesús Judío Mesiánico causó que estos dos líderes protestantes expresen una preferencia curiosa para el Evangelio de Juan sobre los otros tres Evangelios. Lutero, al escribir el prólogo para su traducción del Nuevo Testamento (1522), indicó: “El evangelio de Juan es el único Evangelio que es delicadamente sensible a lo que es la esencia del Evangelio, y debe Ser ampliamente preferido sobre los otros tres y acomodado en un nivel más alto”. Él fue seguido por Calvino en esta opinión. Calvino aun se aventuró a sugerir un orden diferente para Mateo, Marcos, Lucas y Juan, haciendo a Juan la introducción ideal a sus tres colegas reporteros de la vida de Jesús:

La doctrina que nos señala el poder y el beneficio del Cristo venidero, son mucho más claramente exhibidos por Juan que por los [sinópticos]. Los tres anteriores [Evangelios sinópticos] exhiben el cuerpo [de Cristo]…pero Juan exhibe su alma. En este relato yo estoy acostumbrado a decir que este Evangelio es una llave para abrir la puerta para entender el resto… Leyendo [los cuatro Evangelios] en un orden diferente sería ventajoso, es decir, que cuando nosotros deseamos leer en Mateo y en otros que Cristo nos fue dado por el Padre, nosotros debemos aprender primero de Juan el propósito para que el cual él fue manifestado.

Los Cristianos deben despertar al hecho de que sus varios sistemas tradicionales, que afirman estar basados en la Escritura, no los ha servido bien. La Escritura en ninguna parte dice que el Evangelio de Juan debe ser preferido sobre el de Mateo, Marcos y Lucas. Tampoco enseña que Jesús predicó un Mensaje Judío hasta la cruz; después de lo cual Pablo llevó un Mensaje de la gracia a los gentiles. La Nueva Biblia Scofield, leída por millones, dice que una “fuerte coloración legal y Judía debe esperarse hasta la cruz”.

Estamos en el quid del problema que este libro trata de abordar. Una falsa división y distinción está siendo creada por la así llamada escuela “dispensacionalista”. Las enseñanzas de Jesús no quedan en el centro del esquema de salvación propuesta por los dispensacionalistas. John Walvoord dice que el Sermón de la Montaña:

No trata de la salvación, sino del carácter y la conducta de aquellos que le pertenecen a Cristo… Que es adecuado para dirigir a un incrédulo a la salvación en Cristo no es expresamente la intención de este mensaje…El Sermón del Monte, como un todo, no es una verdad de la iglesia precisamente…no está dirigida a delinear la justificación por la fe o el evangelio de la salvación.

Más bien ambiguamente él añade que no debería ser relegado a una “verdad sin importancia”.

Las palabras de Jesús en el Sermón de Monte apenas podrían expresar más claramente que la obediencia a sus enseñanzas son de hecho la base de la salvación: “Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos [es decir., ser salvo]” (Mat. 5:20). “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos sino él que hace la voluntad de Mi Padre…” (Mat. 7:21). Jesús prosigue a decir que aquellos que fracasan en ganar la salvación son aquellos que dejan de obedecer Sus palabras (Mat. 7:24-27). ¿Y es esto, según las palabras de Walvoord, “no la verdad de la iglesia precisamente”?

Hasta que las iglesias renuncien al desprecio de la enseñanza de Jesús implicada en sus diversos sistemas, no podremos tener esperanza para la unidad. Debemos adherirnos al gran tema central del Evangelio del Reino, el cual expresa el genio de la fe Cristiana y nos acerca al corazón de Jesús. La diferencia de L.S. Chafer trazada entre lo que algunos etiquetan como las enseñanzas “Legales” de Jesús y el mensaje de gracia de Pablo nos parece que es totalmente equivocada:

Bajo las condiciones fijadas en las enseñanzas del reino, a la vida se entra por una fidelidad personal (Mat. 5:28-29; 18:8)…[Lucas 13:24] abre con las palabras, “Esforzaos para entrar por la puerta angosta”. La palabra esforzaos es una traducción de agonidzomai, la cual quiere decir “agonizar”. Sugiere el máximo gasto de fuerza del atleta en el certamen. Tal es la condición humana que caracteriza a todos los pasajes del reino que ofrecen la entrada en la vida. [Pero] a un cambio abrupto nos enfrentamos después de volver al Evangelio de Juan, el cual fue escrito para anunciar el nuevo mensaje de la gracia, el cual es, que la vida eterna puede obtenerse a través de creer. Ninguna de las dos palabras de la Escritura expresa más vívidamente la gran relación caracterizante en la ley y la gracia que agonizar y creer. La gracia es el despliegue del hecho de que uno ha agonizado en nuestro lugar, y la vida es “a través de Su Nombre,” no por algún grado de mérito y fidelidad humana.

Mientras el dispensacionalismo defiende la autoridad y la integridad de la Escritura, éste procede a dividir a los Apóstoles unos contra otros, convirtiendo a Juan y a Pablo en los rivales de Jesús. Hace al Evangelio del Reino de Jesús, por medio del cual la salvación debe ser buscada, sólo de interés histórico, puesto que el Mensaje fue cambiado, de acuerdo a la teoría, en la cruz. Simplemente no es verdad que la creencia sea una nueva idea en el Evangelio de Juan y en Pablo. Creer en el Evangelio del Reino de Dios es la plataforma de la presentación de Jesús del Mensaje salvador en Mateo, Marcos, Lucas y Juan (Juan se refiere constantemente a la “Palabra” y a “las palabras” de Jesús), y Pablo igualmente traza toda la sana fe a la creencia en el “mensaje de Mesías” (Rom. 10:17).

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ABIERTA OPOSICIÓN HACIA EL JESÚS MESIÁNICO

anthony_buzzard1Por Sir Anthony F. Buzzard

La asociación del Reino de Dios con una intervención divina espectacular que conduce al establecimiento de un nuevo orden mundial ha resultado ser una vergüenza para mucha de la teología de los pasados 1600 años. Varias técnicas han sido utilizadas para eliminar de la enseñanza de Jesús esta noción central del Reino de Dios como un gobierno verdadero a ser impuesto en nuestro mundo. Sin embargo, el punto de vista de los profetas, el cual Jesús vino a confirmar (Rom. 15:8), es inequívocamente claro. Y hay amplia evidencia en el Nuevo Testamento para demostrar que Jesús compartió con Sus contemporáneos la esperanza por un Reino “exterior” real en el cual El y Sus seguidores disfrutarían de posiciones de autoridad. Qué, por ejemplo, pudo ser más explícito que la promesa del Salvador para los cristianos fieles:

Para aquellos que resulten ser victoriosos, y se mantengan trabajando para Mi hasta el fin, les daré la autoridad sobre los paganos, la cual a Mí Mismo me ha sido dada por Mi Padre, para gobernarlos con cetro de hierro y hacerlos pedazos como objetos de barro…Aquellos que resulten ser victoriosos les permitiré compartir Mi trono, tal como yo fui victorioso y tomé Mi lugar con Mi Padre en Su trono (Rev. 2:26; 3:21, Biblia Jerusalén)

Estas seguridades fueron dadas a la Iglesia como el “mensaje del Hijo de Dios, el testigo fiel y verdadero” (Rev. 2:18; 3:14). Estas proceden directamente de Jesús a Su Iglesia. Como es bien conocido, reflejan exactamente la esperanza Judía (y Cristiana del Nuevo Testamento) para el dominio mundial bajo el Mesías prometido y Su pueblo fiel, lo mismo que Daniel había predicho. En el mismo libro encontramos un coro angélico que cantan de las maravillas de Plan de Dios. Su himno es en alabanza del Mesías, el ejecutivo del Plan divino:

Tu eres digno para tomar el rollo y romper los sellos, porque Tu fuiste sacrificado, y con Tu sangre compraste hombres para Dios de cada raza, lengua, pueblo y nación y los has hecho una línea de reyes y sacerdotes para servir a nuestro Dios y gobernar el mundo (Rev. 5:9, 10., Biblia Jerusalén)

La tendencia a querer colapsar estas declaraciones simples y darles menos “ofensiva” es aparente en la literatura cristiana contemporánea, pero debe superarse conscientemente. Para hacer a Jesús más “religioso” y menos politiquero, muchos han tratado de pensar sólo acerca de un “reinado” presente de la iglesia o un “reinado” de Cristo “en el corazón”, pero esto no es evidentemente lo que estos textos del Reino dicen. La autoridad prometida para el creyente será concedida sólo después de que él se haya vuelto victorioso a través de las pruebas de la vida presente. Él compartirá el Reino con Jesús en la resurrección (futura), tal como Jesús ganó Su posición de autoridad en el trono del Padre sólo en Su resurrección.

Los comentaristas en estos pasajes frecuentemente tratan de mantener a distancia tales promesas. Parecen querer distanciarse de cualquier cosa muy “Judía”, aun algunas veces etiquetando estos textos bíblicos como “anticristianos”. En lo referente al Salmo 2 que habla de la conquista del mundo por el Mesías, un comentarista escribió:

El Salmo 2 no puede ser estrictamente considerado como que se refiere a Jesús, en parte porque el establecimiento del rey en la colina sagrada de Sion no tendría relevancia en Su caso; en parte porque la concepción de Su función como el destructor de Sus enemigos en pedazos es anticristiana.

El problema con esta clase de razonamiento es que contradice la enseñanza del Nuevo Testamento. El Salmo 2 reaparece en el libro de Apocalipsis que describe la futura venida de Cristo para gobernar en el Reino. Pablo también advirtió de un día de la ira divina en la cual

El Señor será revelado en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos (2 Tes. 1:7-10).

Pablo meramente reitera el mensaje de Isaías acerca del Día del Señor en el cual los hombres “entrarán en la roca y se esconderán en el polvo por el terror del Señor y por el esplendor de Su majestad…cuando El se levanta para hacer a la tierra temblar” (Isa. 2:10, 19). El despedazamiento de los enemigos impenitentes del Mesías es tanto una doctrina del Nuevo como del Antiguo Testamento. San Juan Bautista, quien predicó el Mensaje exactamente igual del Reino de Dios, les advirtió a los fariseos que escapen de la ira venidera” (Lucas 3:7). La carga de de la predicación del Evangelio de Juan fue que un día el Mesías “recogería el trigo en Su granero, pero quemaría la paja desmenuzada con fuego inextinguible” (Lucas 3:17). Lucas comenta que con estas duras palabras, Juan “estaba predicando el Evangelio al pueblo” (Lucas 3:18). Mateo informa que ambos, Jesús y Juan, proclamaron el mismo Mensaje del Reino: “Arrepentíos, pues el Reino de los Cielos [o de Dios] está a la mano” (Mat. 3:2; 4:17)

Otra forma de evitar este material incómodo es clasificarlo en categorías como que pertenece a un género de literatura conocido como “apocalíptico”, como si clasificándolo se le podría hacer menos ofensivo. La enseñanza de Jesús, puesta como está dentro del marco del libro de Daniel, es verdaderamente Cristiana apocalíptica. Incluye, junto con todas sus garantías de la gracia y la misericordia de Dios, una descripción de una intervención divina catastrófica, que introduce una nueva era y un nuevo gobierno en la tierra. El libro de Apocalipsis viene a nosotros como la revelación concedida a Cristo por Dios (Rev.1:1, 2). No es menos una reflexión de la mente de Jesús que cualquier otro de Sus dichos registrados en el Nuevo Testamento. Si para algunos la promesa de “poder sobre las naciones” para los seguidores de Jesús parece demasiado política, puede ser porque la naturaleza del Reino de Dios no ha sido captada. Lo que es político no es por lo tanto necesariamente no espiritual. Los hábitos de pensamiento profundamente incrustados por mucho tiempo han causado que nosotros pensemos que las cosas “espirituales” están divorciadas de las estructuras políticas reales que funcionan en la tierra. El punto de vista Hebreo que Jesús compartió, sin embargo, no funciona en esos términos dualísticos. Por consiguiente, nosotros tampoco debemos pensar así, si deseamos en verdad estar conectados con el Jesús histórico y resucitado.

Jesús más antes había hablado en la última cena de Su intención de compartir la autoridad con Sus discípulos en el Reino. Él les aseguró un lugar de honor como ministros de estado en un nuevo gobierno. Éste, de hecho, fue el punto esencial del Nuevo Pacto, que refleja un tema hallado también en el pacto mediado por Moisés que fue también centrado en la adquisición de la realeza en el Reino del Mesías (Exod. 19:5, 6)

Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel. (Lucas 22:28-30).

Precisamente la misma recompensa política había sido ofrecida a los Apóstoles en una anterior ocasión, con una nota especial del tiempo cuando el gobierno Mesiánico heredaría el poder: ” Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mat. 19:28).

Barreras formidables han sido levantadas durante siglos en contra de nuestro asimiento del concepto fundamental presentado a nosotros por Jesús en Sus “Buenas Nuevas acerca del Reino de Dios”. A través de la remoción del Reino de su contexto bíblico, pudo ser posible “reinterpretarlo” (¡una forma sofisticada de abandonar el significado original!) y sustituirlo con nuestro más aceptable “reino en los corazones de hombres”. Así, una nueva versión del Evangelio de Jesús ha reemplazado Su Mensaje original. El nombre de Jesús ha sido añadido a nuestras “buenas causas”, mientras que las Buenas Nuevas acerca del Reino, entendido como Jesús lo quiso decir, ha sido descartada mayormente.

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¿CÓMO ENTENDER LA “PRESENCIA” DEL REINO EN ESTA ERA MALIGNA?

a-buzzard4Por Sir Anthony F. Buzzard

Mientras el Reino es explícitamente un acontecimiento futuro en el Nuevo Testamento, hay algunos versos que presentan, en otro sentido, el Reino como activo en el ministerio de Jesús. Una seria distorsión de la enseñanza de Jesús ha ocurrido cuando los textos minoritarios son usados, para la exclusión de la mayoría, para hacer a Jesús el maestro de un Reino presente “en el corazón”.

De principio a fin el registro de Marcos del ministerio Jesús hace al Reino un acontecimiento que está “a la mano” (Mar. 1:14, 15) pero todavía no presente. Al final del Evangelio de Marcos, el discípulo José de Arimatea estaba todavía esperando “el Reino de Dios” (Marcos 15:43). Mateo y Lucas, sin embargo, mientras que presentan exactamente el mismo cuadro de un Reino aún por venir, ocasionalmente miran el Reino en una luz diferente. Mateo y Lucas registran a Jesús que dice: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mat. 12:28; Lucas 11:20). Obviamente la llegada de la restauración mundial del Reino Davídico en Jerusalén no puede ser el significado del vocablo “reino” en estos versículos. No obstante, puesto que la mente hebrea “capta la totalidad de una idea “el Reino de Dios” puede algunas veces ser extendido para referirse al poder del Reino futuro desatado en el presente. Ese poder del Espíritu, o el poder del Reino, fue manifestado como señal de la Mesiandad de Jesús, y el mismo poder es ofrecido a los Cristianos como una prima o garantía de su herencia futura del Reino (2 Cor. 1:22; 5:5; Efe. 1:14).

Hay otra explicación posible para la expresión inusual traducida “ha venido sobre ustedes”. El mismo verbo recurre en 1 Tesalonicenses 2:16 en conexión con la ira de Dios que ha venido sobre los Judíos. Pablo realmente creyó que el juicio de Dios estaba todavía en el futuro como “la ira venidera” (1 Tes. 1:10). Lo que Pablo pudo haber querido decir es que los Judíos estaban destinados a la ira (futura) de Dios. De la misma forma que Jesús pudo haber implicado que aquellos a los cuales los demonios les fueron expulsados están “destinados para el Reino”.

Hay otro sentido en el cual puede decirse que el Reino está presente. El Reino de Dios estaba desde el comienzo asociado con el personal que forjaría la elite gobernante (los elegidos) en el Reino. Israel fue Hijo de Dios y primogénito (Exo. 4:22), y como tal constituyeron una familia real: “Ustedes me serán un Reino de sacerdotes” (Exo. 19:5, 6), una asignación que formó la base del pacto. El Nuevo Testamento enseña que este honor de realeza potencial es ahora ofrecido para la Iglesia. Jesús “nos ha hecho un Reino, sacerdotes para Su Dios y Padre” (Rev. 1:6). Así bien puede ser que cuando Mateo registra a Jesús que dice “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mat. 11:12), el significado es que la familia real está siendo maltratada por los gobernantes hostiles de los sistemas malignos presentes. Una referencia similar a la presencia del Reino en su persona real es encontrada en Lucas 17:20, 21 donde Jesús desvía la atención de los fariseos fuera del Reino futuro en un esfuerzo para obligarles a ver que el Reino de Dios, en la persona de su monarca, está de pie justo en su presencia —”está entre vosotros ” (Lucas 17:21).

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EL DISPENSACIONALISMO ES UNA AMENAZA PARA EL EVANGELIO DEL REINO

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Por Sir. Anthony F. Buzzard

Para las escuelas de teología comprometidas a la creencia en la palabra autoritativa de la Escritura, hay otras formas de evadir el Evangelio del Reino. Una tradición popular del Evangelio ha erigido un esquema por el cual el Evangelio del Reino no es específicamente el Evangelio de la salvación para ser ofrecido ahora a los creyentes potenciales. Es un sistema conocido como “dispensacionalismo”. Todos los estudiantes de la Biblia reconocen que Dios destinó diferentes acomodamientos o “dispensaciones” para los diferentes períodos de la historia. La dispensación Mosaica, por ejemplo, hizo distintas exigencias en los fieles de aquellas requeridas bajo el Evangelio del Nuevo Testamento. Pero el “dispensacionalismo” va más lejos. Sostiene que el Evangelio del Reino fue predicado por Jesús sólo a los judíos, hasta que ellos rehusaron la oferta del Reino; después de lo cual un Evangelio diferente, el Evangelio de la gracia, fue introducido por Pablo. La teoría sostiene luego que el Evangelio del Reino será reinstalado siete años antes del regreso de Cristo, un tiempo cuando, de acuerdo también con el dispensacionalismo, la Iglesia habrá sido removida de la tierra por el así llamado “rapto pretribulacional” .

El sistema dispensacionalista ha sido impuesto a la fuerza en el texto de la Escritura en los intereses de una teoría ajena a la Biblia. Como hemos señalado, Lucas hizo todo lo posible para demostrar que el Evangelio de Pablo no era diferente al de Jesús. Ambos hombres predicaron el Evangelio acerca del Reino. Pablo, en contra del dispensacionalismo, no supo nada de una diferencia entre “el Evangelio de la gracia” (Hechos 20:24) y “predicando el Reino” (Hechos 20:25). Él deliberadamente los iguala. Como dice F.F. Bruce: “es evidente de una comparación de Hechos 20:24 con el siguiente verso que la predicación del Evangelio de la gracia es idéntica con la proclamación del Reino” Esta prueba incontrovertible es rotundamente contradicha por el dispensacionalismo contemporáneo. Dr. Erwin Lutzer, de Radio Moody Church Ministries, afirma: “creo que el evangelio del reino es diferente al evangelio de la gracia de Dios… el evangelio de la gracia de Dios no tiene nada que ver con el Reino per se”. Pero esta confusión del único Evangelio de la salvación fue aprendida de la tradición no examinada, no de la Biblia. Por medio de presentar “dos formas del Evangelio,” los dispensacionalistas han inventado una muy desafortunada distinción que no existe en el texto bíblico.

El dispensacionalismo formalmente cancela el Evangelio como Jesús lo predicó. ¿Pudo la iglesia haber sufrido un mayor desastre que este acortamiento sistemático del propio Evangelio de Jesús que El predicaba? A.C. Gaebelein fue un exponente destacado de la teoría del “evangelio dividido”. En lo referente a las palabras de Jesús en Mateo 24:14, “Este Evangelio del Reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones,” él escribió:

La predicación que es mencionada es aquella del Evangelio del Reino, pero ese Evangelio no es ahora predicado, pues predicamos el Evangelio de la gracia…Con la lapidación de Esteban la predicación del Evangelio del Reino cesó. Otro Evangelio fue predicado. El Señor se lo dio al gran Apóstol. Y Pablo llama a este Evangelio “mi Evangelio”. Es el Evangelio de la Gracia gratuita de Dios para quienes crean, el evangelio de la Gloria de Dios…Ahora, durante el tiempo en que el Reino fue predicado como que estaba a la mano, el Evangelio de gracia no se oyó, y durante el tiempo en que el evangelio de gracia es predicado, el Evangelio del Reino no es predicado.

Por este extraordinario disparate exegético, el Evangelio Cristiano del Reino fue descartado de la corte —descartado como suspendido, y decretado inaceptable para el tiempo actual. La situación parecería demandar un arrepentimiento profundo y el restablecimiento del Evangelio completo de Jesús en el corazón de evangelismo. ¿Puede haber tal cosa como una evangelización que no sostiene en el más alto honor y énfasis el mismo Evangelio anunciado por Jesús y ordenado por la Gran Comisión hasta el fin de la era? Si Pablo hubiera predicado de hecho, como Gaebelein dice, “otro Evangelio”, él se habría puesto bajo su propia maldición (Gál. 1:8, 9). Él habría estado violando las instrucciones de Jesús de que Sus enseñanzas debían ir al mundo entero.

El artículo sobre “el Evangelio” en el Diccionario de la Biblia de Unger representa la misma tendencia común dispensacionalista de desviarse del Evangelio como Jesús lo predicó. Esta clase de pensamiento acerca del Evangelio y de la salvación ha tenido una inmensa influencia, particularmente en América, pero sus efectos son sentidos a todo lo largo del mundo evangélico:

Las formas del Evangelio a ser diferenciadas. Muchos maestros de la Biblia hacen una distinción en lo siguiente:

(1) El Evangelio del Reino. Las Buenas Nuevas de que el propósito de Dios es establecer un reino terrenal de un intermediario en el cumplimiento del pacto Davídico (2 Sam. 7:16). Dos proclamaciones del evangelio del reino son mencionadas, una, pasada, comenzando con el ministerio de San Juan Bautista, llevado a cabo por nuestro Señor y Sus discípulos, y que termina con el rechazo Judío del Mesías. La otra predicación es aún futura (Mat. 24:14) durante la gran tribulación, y que presagia el Segundo Advenimiento del rey.

(2) El Evangelio de Gracia de Dios. Las Buenas Nuevas de la muerte, sepultura y la resurrección de Cristo como fue provista por nuestro Señor y predicado por Sus discípulos (1 Cor. 15:1-4).

La trágica supresión del Evangelio del Reino es evidente en la Nueva Biblia de Referencia de Scofield en Revelación 14:6. El sistema de la definición del Evangelio descrito en esta nota ha afectado la totalidad de la presentación evangélica de la salvación, aun donde Scofield no está específicamente reconocido. Scofield empieza por definir el Evangelio salvador como el Evangelio de la gracia de Dios, el cual, él sostiene, está recluido a los hechos acerca de la muerte y la resurrección de Jesús. Scofield luego procede a hablar de “otro aspecto de las buenas noticias”, el “evangelio del Reino”. Somos informados de que Cristo predicó este Evangelio del Reino en Su primera venida, y “será proclamado durante la gran tribulación”. Scofield así descarta el Evangelio del Reino del mensaje presente de salvación manifestando que el Evangelio Cristiano se trata ahora sólo de la muerte expiatoria de Jesús y Su resurrección. De esta manera Jesús es cortado de Su propio Evangelio que El predicó. Bien podemos observar que el truco maestro de Satanás es separar a Jesús de Su enseñanza. Uno puede proclamar a “Jesus” con toda seriedad, ¿pero puede el Jesús verdadero ser dado a conocer aparte de Su Evangelio y enseñanza completa? Jesús supo bien el peligro que representaba predicar la “fe en Jesús” sin realmente informarle al público acerca de las “palabras de Jesús”. Sólo aquellos cuya fe está fundada en la roca sólida de la enseñanza /evangelio de Jesús están en tierra sólida (Mat. 7:24-27; Mar. 8:35-38; y ver todo el Evangelio de Juan con su constante insistencia en la palabra /palabras / enseñanza de Jesús).

La incertidumbre acerca del Evangelio Cristiano no es sorprendente cuando semejante evidente lectura errónea de la Biblia se forja en un sistema con una influencia masiva en los púlpitos y en la literatura Cristiana. Seguramente las palabras de Pablo en Hechos 20:24, 25 deberían descartar la distinción artificial propuesta por el Diccionario de la Biblia y la Biblia de Scofield. Pablo evocó su carrera y reparó en que él había “terminado su carrera, el ministerio que recibí del Señor Jesús para dar testimonio solemnemente del Evangelio de la gracia de Dios para todos ustedes entre quienes pasé predicando el Reino”. Claramente no hay diferencia entre el Evangelio de la gracia y el Evangelio del Reino. Es cierto, claro está, que Jesús inicialmente no predicó Su resurrección como parte del Evangelio. La muerte y la resurrección de Jesús fueron más tarde elementos críticos en la proclamación de Pablo. Ellos, sin embargo, no reemplazaron la predicación del Reino, el cual permaneció tanto como el corazón de Evangelio de Pablo tal como había sido el centro del propio Mensaje de Jesús.

Cuando Jesús se embarcó en su intensiva campaña evangelizadora en Galilea aproximadamente el de 27 dC, él convocó a Su audiencia para un cambio de parecer radical basado en la creencia nacional de que Dios iba a conducir el Reino mundial prometido por Daniel y todos los profetas. La creencia inteligente en la promesa del Reino es el primer paso del discípulo, acoplado con un viraje importante en U en el estilo de vida. De este modo los hombres y las mujeres se pueden poner en línea ellos mismos con el gran propósito de Dios para la tierra.

La naturaleza de la actividad de Jesús fue aquel de un heraldo haciendo un anuncio público en nombre del único Dios de Israel. El empuje del Mensaje fue que cada individuo debería emprender una redirección radical de su vida ante la certeza del Reino venidero de Dios. Esto fue, y aún lo es, la esencia del Evangelio Cristiano. ¿Cómo puede ser de otra forma, cuando es el mensaje del Evangelio que viene de los labios de Cristo Mismo?

Es cuestión de sentido común reconocer que usando la frase “reino de Dios” Jesús habría evocado en las mentes de Su audiencia, empapados como estaban en la esperanza nacional de Israel, un gobierno mundial divino en tierra, con su capital en Jerusalén. Esto es lo que el Reino de Dios ciertamente habría significado para Sus contemporáneos. Las escrituras de los profetas, las cuales Jesús como judío reconoció como la Palabra de Dios divinamente autorizada, habían unánimemente prometido la llegada de una nueva era de paz y prosperidad. El Reino ideal dominaría por siempre. El pueblo de Dios sería victorioso en una tierra renovada. La paz se extendería a lo largo del globo.

Así, anunciar la llegada del Reino involucró ambos una amenaza y una promesa. Para aquellos que respondieron al Mensaje creyéndolo, y consecuentemente reordenando sus vidas, había una promesa de un lugar en las glorias del gobierno divino futuro. Para el resto, el Reino amenazaría destrucción, cuando Dios ejecute juicio en cualquiera no hallado digno de entrar en el Reino cuando éste llegue. Este tema gobierna todo el Nuevo Testamento. En la luz de este concepto primario, la enseñanza de Jesús llega a ser comprensible. Es una exhortación para ganar la inmortalidad en el Reino futuro y escapar de la destrucción y de la exclusión del Reino.

Los sistemas tradicionales de la predicación del Evangelio son ensillados con el destino no bíblico del creyente descrito como “el cielo”. ¡El pacto Abrahamico, que subyace en el Evangelio del Reino Cristiano, es entonces aplicado sólo a los Judíos! Pero son los Cristianos quienes, según Jesús, están destinados a “heredar la tierra” (Mat. 5:5) y el Reino.

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