HAY DOS TRONOS, PERO JESÚS SE SENTARÁ EN EL REINO Y EN EL TRONO DE DAVID, SU PADRE

Muchos creyentes enseñan que el reinado de Cristo es desde el cielo, y que comenzó cuando él ascendió inmortalizado al “reino de los cielos” para sentarse en el trono de Su Padre, a su misma diestra. Sin embargo, las misma Palabra de Dios nos dice que Jesús se sentará también en su propio trono, y no tan sólo en aquel que se sienta Su Padre. He aquí el pasaje clave:

Apocalipsis 3:21: Al que venciere, le daré que se siente conmigo EN MI TRONO, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre EN SU TRONO.

Ahora esta pregunta surge inmediatamente: ¿Y dónde se sentará Jesús en su propio trono?¿En el cielo, en Marte, o en la tierra?

He aquí unos pasajes importantes que nos hablan del reino de David que será restaurado por su hijo, el Señor Jesucristo: 

Isaías 9:7: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre EL TRONO DE DAVID Y SOBRE SU REINO, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”.

Acá, en esta profecía de Isaías, se nos dice que Jesús se sentará en el trono y el reino de DAVID

Lucas 1:32: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará EL TRONO DE DAVID su padre”.

También acá, en Lucas, se nos dice que Jesús recibirá el trono de David su padre. Pero si el trono de David su padre es aquel que está localizado en el cielo, entonces David reinó en el cielo y no en tierra (Jerusalén), y eso nadie me lo creería ni por un segundo. Así que Apocalipsis 3:21 se refiere a un trono que es de Cristo y no del Padre. Además, este pasaje apocalíptico no nos dice nada de que dicho trono del Hijo está en el cielo, al lado del Padre, o en algún otro sitio. En realidad nosotros creemos que estará en el mismo lugar donde se sentó el legendario rey David, en Jerusalén. Y para cumplir esta profecía, Jesús deberá dejar el cielo y venir a la tierra para sentarse en el trono de su padre David en Jerusalén. 

Dice  Jeremías 3:17: En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: TRONO DE JEHOVÁ, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón.

Dice Salmos 122:5: “Porque allá (Jerusalén) están las sillas del juicio, los TRONOS DE LA CASA DE DAVID”.

Dice Mateo 5:35: “No juréis… ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la CIUDAD DEL GRAN REY”.

Así que el trono en que se sentará Jesús será  el suyo, y no el de Su Padre que está en el cielo, el cual es inamovible. Y ese trono en el que se sentará Jesús, y que es suyo, es también llamado “el trono de David”, pues Jesús es su descendiente real, el varón designado por Yahweh y el heredero predicho por los profetas para sentarse en su trono en Jerusalén en su parusía, ocasión en que tomará su corona y su cetro. 

¿Pero entonces por qué se le llama al “trono de David” el “trono de Yahweh” en otros pasajes?¿Es que acaso Yahweh tiene dos tronos, uno en el cielo, y otro en la tierra? No! Lo que sucede es que Jesús había dicho:

Mateo 23:39: “Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE  DEL SEÑOR (Yahweh)”. Así que cuando Jesús venga, vendra en el nombre de Yahweh, y en ese sentido es como si Yahweh mismo viniese en Su Hijo. Por lo tanto podemos decir que el Reino de Cristo, que es el reino de David, es también el reino de Yahweh. ¡Pero esto no quiere decir que el trono de David era el trono del Padre, o que el Padre mismo se sentaba en ese trono con David, lado a lado. Además recordemos que Dios dijo que el cielo es su trono, y la tierra el estrado de sus pies (Isa. 66:1).

Recuerde siempre que hay dos tronos, el del Padre en el cielo, y el de Hijo en la tierra. Este será el mismo en el que se sentó David, su padre, miles de años antes que él.

Este hecho no quiere decir que el Padre no tenga influencia en el reino de Cristo, pues definitivamente lo tendrá y lo bendecirá grandemente. Y no está fuera de lugar recordar que Jesús consideraba todo aquello que le pertenecía como si le perteneciera también a Su Padre y viceversa.

Juan 17:10: “y TODO LO MÍO ES TUYO, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos”.

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