“CONOCIENDO A DIOS, O MÁS BIEN, SIENDO CONOCIDOS POR DIOS” (Gálatas 4:9)

Por Ingº Mario A Olcese 

Conociendo a Dios y a Su Hijo

Todos los buenos y fieles cristianos entienden que la vida eterna está supeditada al conocimiento de Dios y de Su Hijo, tal como lo leemos en Juan 17:3: “Y esta es la vida eterna: que te CONOZCAN a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. y comprenden que la gente se condenará por falta de este conocimiento, tal como le ocurrió al pueblo de Dios.  “Mi pueblo FUE DESTRUIDO, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6). En el caso del pueblo hebreo, su castigo se debió a que se olvidó los mandamientos de Dios. Es como si los hubiesen desconocido por completo, ignorándolos sin temor alguno. Se volvieron como los paganos idólatras que no conocen a Dios.

Dice Efesios 4:17, así: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo”

El conocimiento es fundamental para la salvación, porque dejamos de ser ignorantes o sin entendimiento de los malos caminos por donde anduvimos en nuestra vida pasada, los cuales, ahora sabemos perfectamente, conducen irremediablemente a la perdición. El mundo, por su ignorancia, y por la dureza de su corazón, no entienden esto y les parece locura. Dice 1 Corintios 1:21: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la LOCURA de la predicación”.

Es necesario conocer la voluntad de Dios y ponerla siempre en acción

Conocer a Dios es saber la voluntad de Dios para ponerla en práctica, y así lo hace saber Pablo cuando escribió a los colosenses, diciendo: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su VOLUNTAD en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9).

También en la carta a los Hebreos leemos lo mismo: “(Dios) os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su VOLUNTAD, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hebreos 13:21).

El mundo está cautivo a la voluntad del diablo

Sin duda alguna, el que no hace la voluntad de Dios está haciendo la voluntad del diablo. Esto queda claramente establecido en este pasaje de la carta de Pablo a Timoteo: “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. (2 Timoteo 2:24-26). De modo que la única manera de escapar del lazo del diablo y dejar de estar sometidos a su voluntad es conociendo la verdad que viene de Dios por Cristo.

¿Nos conoce Dios a nosotros?

El otro aspecto del conocimiento es saber si Dios nos conoce a nosotros, tal como lo dice Pablo a los Gálatas (4:9). Nosotros podemos decir que conocemos a Dios, ¿pero nos conoce él a nosotros realmente? Y esto es importante, puesto que debemos ser conocidos por Dios, o mejor dicho, reconocidos por él, ya que Dios, por ser Omnisciente, todo lo sabe o conoce. Sí, mis amigos, nosotros podemos creer que conocemos a Dios, ¿pero será que él igualmente nos conoce a nosotros, o más bien, nos reconoce como suyos?

Debemos preocuparnos en averiguar si Dios nos reconoce a nosotros como que somos de él. Este conocimiento de Dios de nosotros tiene ese sentido precisamente. Un ejemplo de esto es José y sus hermanos en Egipto. La Biblia cuenta lo siguiente: “José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron” (Génesis 42:8). En realidad José conoció a sus hermanos aún antes de terminar en Egipto, e igualmente sus hermanos a él, sin embargo, este conocimiento de José tiene que ver con el reconocimiento de que todos eran hermanos. José y sus hermanos finalmente se reconocieron como hermanos e hijos de Jacob.

En Exodo 2:23-25 leemos otro caso semejante: “Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios”. Dios había desconocido a su pueblo por su eventual desobediencia, pero una vez que el pueblo clamaba por Él, él los reconoció como su pueblo nuevamente y procedió a escucharlos.

Cuando la Biblia dice que Dios conoce a los suyos, tiene el significado de reconocer a los que son suyos verdaderamente. En  Amós 3:1,2, leemos algo interesante:  “Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así: A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades”.

Es evidente que este conocimiento tiene que ver con el reconocimiento de Dios de que sólo Israel es su pueblo, y que sólo ellos son de él. Es imposible creer que este conocimiento signifique literalmente que Dios sólo sabe de la existencia de Israel como grupo humano, y de ninguno más. Sin duda Dios conoce a todos los pueblos, y naciones y tribus, pero sólo conoce, o mejor dicho, reconoce como suyo a Israel.

Igual podemos decir que la aparición de Cristo ante algunos de sus discípulos en el camino a Emaús. Dice Lucas 24:15,16,31, así: Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Aquí nuevamente conocer es reconocer, en este caso, los discípulos reconocieron que el que caminaba con ellos era su Señor y Salvador.

Hay un conocimiento que tiene que ver con una relación íntima, como la de un Padre con su Hijo o la de un esposo con su esposa. Un ejemplo lo tenemos en Mateo 1:25, donde leemos: “Pero no la CONOCIÓ (José a María) hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”. Este conocimiento, sin duda, se refiere a una relación íntima entre personas.

Dios conoce o reconoce a sus hijos adptivos

Gálatas 4:4-11 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!  Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.

Evidentemente “siendo conocidos por Dios” significa que tenemos una relación muy íntima con Dios, al ser hechos hijos Suyos, por la cual podemos llamarle “Abba Padre”, no siendo ya esclavos, sino verdaderamente hijos adoptivos de Dios, y coherederos con Cristo de su reino celestial que se establecerá en la tierra cuando él regrese en gloria.

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